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    <title><![CDATA[infoLibre - Verso Libre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Verso Libre]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[El león en invierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/leon-invierno_129_2230209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El León en invierno"></p><p>En el año 1989, joven poeta, tuve la suerte de que el director de teatro<strong> Joaquín Vida</strong>, hermano de mi amigo Juan, me encargase una versión de <em>El león en invierno,</em> de James Goldman. Se había comprometido a estrenarla al año siguiente en el Teatro Infanta Isabel y quería proponerle un texto a Agustín González y María Asquerino para que protagonizasen la famosa historia de amor y guerra que habían vivido Enrique II y Leonor de Aquitania en el siglo XII. </p><p>La necesaria sucesión en el trono de Inglaterra volvió entonces a convocar en las salas familiares del castillo de Chinon todas las viejas heridas sentimentales de un matrimonio, las ambiciones de sus tres hijos y las interferencias del reino de Francia. La vida lo envuelve todo, y todo a la vez, según pasa el tiempo. Felipe II, rey de Francia, era al mismo tiempo enemigo, amigo, hermano de la amante de Enrique II y amante de su hijo mayor, Ricardo I, Corazón de león, un joven asaltado por la fuerza y la intemperie. Sí, todo a la vez.</p><p><strong>Los conflictos que mezclan las vidas personales, las ambiciones y los debates públicos no son nuevos</strong>. Tampoco es nuevo el interés de convertirlo todo en un espectáculo. Pero el amor por el teatro me enseñó que, a diferencia de una civilización del espectáculo, en la que el griterío de las apariencias intenta falsificar la realidad, <strong>el arte dramático procura llegar a la verdad del ser humano, ese mundo que se oculta bajo la prisa de las apariencias</strong>. Se apagan las luces, se abre el telón y sobre la escena pública poco a poco toman cuerpo las miradas individuales dispuestas a entenderse y componer un nosotros. </p><p>Mi relación con el teatro me enseñó que representar no es mentir, sino un deseo de establecer el diálogo íntimo entre cada corazón individual y lo que ocurre en la escena pública. También me enseñó que la responsabilidad de ese diálogo no depende de la espontaneidad. Sólo el conocimiento del oficio, la calma a la hora de tomar decisiones y la humildad que hace falta para limitar las vanidades pueden ayudar a que las cosas salgan bien. Hacen falta muchos ensayos y una buena dirección.</p><p>Las obras de teatro nos llevan al pasado,<strong> nos invitan a hacer memoria para saber hasta qué punto lo que ocurre hoy puede entenderse </strong>si comprendemos sus repeticiones y vínculos humanos con el ayer de la historia. Mis relaciones con actores como José Sacristán, Blanca Portillo o Irene Escolar, y con directores como José Carlos Plaza, Emilio Hernández o Lluís Pascual, intensificaron las lecciones del teatro. Trabajé con ellos para aprender. No hay aplauso público ni estruendo que sustituya el diálogo con la propia conciencia, la vocación y el oficio cuando se habla del ser y del estar. Las palabras pensadas no buscan sólo un impacto inmediato, aunque el oficio de la comunicación necesite facilitar el interés ante lo que ocurre en escena. Buscan un legado de inquietudes, responsabilidades y preguntas que habite nuestro pensamiento cuando salimos a la calle y volvemos a casa.</p><p>Las obras teatrales también me han enseñado que las crispaciones no siempre llegan del león que se acerca al frío de sus problemas. <strong>Muy ruidosas son las hienas desesperadas que necesitan gobernar</strong> y chillan a impulsos de su ansiedad y su impotencia. Al fin de cuentas, como me enseñó Fernando de Rojas cuando versioné <em>La Celestina</em>, la avaricia y el poder del dinero no descansan a la hora de provocar odios. Sobre el dinero no hay amistad, denunció Parmeno en uno de sus diálogos con Sempronio. </p><p>Pero siempre merece la pena, como siglos antes había intentado Prometeo, recuperar el fuego de la esperanza para devolvérselo a los seres humanos. <strong>Tiempo, conciencia, dignidad bajo los aplausos y diálogo entre la mirada del espectador y la escena pública</strong>, lecciones del teatro que necesita la representación política para no convertirse en una farsa de baja calidad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 17:25:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Arte,Artes escénicas,Teatro]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una final que habla español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/final-habla-espanol_129_2226731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una final que habla español"></p><p>Hoy domingo <strong>se hablará español en la final del campeonato del mundo de fútbol</strong>. Los argentinos y los españoles defenderán sus camisetas en el MetLife Stadium, en East Rutherford, Nueva Jersey. Situado a 8 kilómetros al oeste de la ciudad de Nueva York, este campo estará a mucha distancia de la identidad imperial de Donald Trump, un presidente que piensa el mundo como terreno de juego para hacer negocios, no como un planeta compartido en el que respetar la existencia de los demás. Mientras sigue lanzando bulos sobre las elecciones que no gana, mientras desconoce los límites y las tarjetas rojas, mientras desmantela la justicia internacional y el respeto a los derechos humanos, va a tener que soportar un partidazo en el que los dos equipos finalistas hablarán en español, el idioma que ha perseguido en sus dos mandatos presidenciales.</p><p>Cuando le negó el carácter de idioma oficial y borró el español de la página web de la Casa Blanca, no estaba ofendiendo solo a España o a sus vecinos de Latinoamérica. Conviene recordar que 60 millones de estadounidenses son de origen hispano y más de 40 millones tienen el español como lengua materna. Así que su prioridad nacional y sus políticas racistas no solo afectan al Otro, sino que persiguen <strong>una homogeneización identitaria del Yo, una imposición interna que suprima la diversidad</strong>. Así que el deporte, el idioma y la cultura le han jugado una mala pasada a Trump al llevar hasta la final de su Mundial a dos selecciones que tienen el español como lengua materna, y a un país europeo, España, que tiene además un Gobierno con políticas a favor del derecho internacional, de los derechos humanos y que está en contra de los genocidios y las invasiones bélicas. Por si faltara algo, <strong>España ha aprendido a respetar la diversidad lingüística en su propia cultura</strong>. Y la diversidad en contra de las prioridades nacionales del racismo.</p><p>Por si nos faltaba algo, estos días se ha hecho muy popular una foto de 2007, tomada por Joan Monfort, <strong>en la que Messi, estrella del Barcelona, juega con un bebé llamado Lamine Yamal</strong>, de origen marroquí, en un calendario de UNICEF que defendió la solidaridad con los desfavorecidos.</p><p>Perdón por caer en el infantilismo de politizar un partido de fútbol, una estrategia tan usada por las dictaduras de Franco y de Videla. Pero es que <strong>la situación internacional es tan triste, las llamadas al racismo son tan graves y las actitudes de Trump han sido tan agresivas contra el español</strong>, que resulta difícil no desahogarse, no celebrar una final en la que los patriotas españoles van a mirar con buenos ojos la calidad nacional de un moro, mientras <strong>el </strong>imperialismo del presidente norteamericano tendrá que soportar la realidad de un mundo que no habla su idioma. Será el idioma de Cervantes, Borges, Gelman… o de Federico García Lorca, un poeta que advirtió en 1929 sobre los peligros mundiales de una economía dominada por los enjambres de monedas furiosas que dominan Nueva York.</p><p><strong>Yo quiero que esta final la gane España.</strong> El sentimiento de hermandad y el acuerdo no pueden fundarse en la mentira. Con la misma sinceridad que viví a favor de Argentina el partido que enfrentó a mi nación hermana con Inglaterra, viviré hoy la final con el deseo de que gane España. Como nos enseñó Borges en <em>El idioma de los argentinos</em>, <strong>la unidad no supone desconocer la diversidad, olvidar los matices culturales y lingüísticos</strong> que caracterizan a Granada, Madrid, Bogotá, Ciudad de México o Buenos Aires. Así que no puedo pedir a mis amigos escritores argentinos que repitan eso de que gane el mejor. Claudia Piñeiro o Mempo Giardinelli querrán que gane Argentina, como yo querré que gane España. La hermandad no es una mentira, sino un reconocimiento de lo común y de los matices, de lo compartido en el nosotros y de las diferencias individuales.</p><p>Como a Donald Trump le están saliendo muy mal las cosas en Irán y en el interior de su propio país, espero que el fracaso se haga costumbre y no pueda celebrar esta vez una victoria con su amigo Javier Milei. Mejor un adversario como Pedro Sánchez. Pero oye, che, es verdad que, gane quien gane, <strong>va a ser una alegría mundial ver jugar esta noche en el MetLife Stadium de East Rutherford a dos selecciones que hablan español</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 17:25:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Argentina,Fútbol,Donald Trump,Idiomas,Lionel Messi,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El tonto y el idiota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/tonto-idiota_129_2222866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tonto y el idiota"></p><p>La cultura no se reduce a destacar los sentidos del arte y la literatura, lo que ocurre en las paredes de un museo, los escenarios, las pantallas y las páginas de un libro. Necesita también analizar las dinámicas del mundo que habitamos. Tomar conciencia de nuestros sentimientos y nuestras razones es inseparable de la apuesta por la dignidad humana que sostiene desde la ilustración nuestros valores democráticos. <strong>El</strong> <strong>fenómeno de la transformación tecnológica y las redes sociales ha supuesto una nueva oportunidad para el feudalismo</strong>, ya que las supersticiones se mueven por nuestras vidas en forma de bulos y de pseudoperiodismo. El pensamiento democrático tiene motivos serios para estar preocupado. Y es una trampa que el uso masivo y popular de internet sea convertido en argumento contra el pretendido paternalismo de los intelectuales de siempre, dispuestos a distanciarse de las costumbres generalizadas para dar lecciones de alta cultura. La conciencia crítica frente a las nuevas formas de dominio ideológico no supone ninguna forma de paternalismo, sino una <strong>responsabilidad intelectual en defensa de la convivencia democrática.</strong></p><p>Jordi Gracia <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jordi-gracia-izquierda-tecnofascismo-hay-peligro-real-retroceso-epoca-preilustrada_1_2209861.html"  >acaba de publicar</a> el panfleto <em>La izquierda ante el tecnofascismo</em> (Anagrama), decidido a denunciar la situación de unas sociedades en las que el poder económico y los medios controlados de información quieren disponer de las directrices políticas en beneficio de los oligarcas. Asume el tono del panfleto para destacar el compromiso urgente del pensamiento crítico en esta situación. La izquierda democrática no sólo debe superar las críticas de paternalismo, sino que tiene que <strong>aprender a legitimar modelos serios de regulación y control para defender el estado del bienestar</strong>. Y, además, debe ser consciente de lo que ahora se esconde en las viejas banderas de la rebeldía y la libertad. La libertad es hoy ley del más fuerte y las banderas de su rebeldía son un peligro para la paz, el medio ambiente, la igualdad y la fraternidad.</p><p>Como Jordi Gracia alude en sus argumentos a los posibles esclavos involuntarios del sistema y a los nuevos rebeldes de la contrarreforma, la lectura de su libro me ha recordado una distinción en la que he pensado mucho cada vez que necesito discutir sobre las <strong>redes sociales, los tecnooligarcas y las nuevas formas de comunicación</strong>. No es lo mismo un tonto que un idiota. Según el diccionario de la RAE, tonta es la persona falta de razón y de entendimiento. La palabra idiota añade un matiz decisivo en nuestro tiempo: engreído sin fundamento.</p><p>El éxito manipulador de las redes del pensamiento reaccionario puede explicarse por la <strong>manipulación de esclavos involuntarios</strong> que son engañados hasta conseguir que una población vote en contra de sus propios intereses. El pobre que necesita la sanidad pública vota en favor del oligarca que acaba con la sanidad pública para favorecer el negocio de la medicina privada. Ese es un dato llamativo, pero la tontería no basta para explicar la profundidad de las estrategias de un sistema enemigo que nos conoce bien. Hay una apuesta cultural más profunda.</p><p>El neoliberalismo ha desplazado poco a poco las ilusiones colectivas en favor de un individualismo radical. Soy dueño de mis triunfos y responsable de mis fracasos, así que me sobran la política y las vigilancias de un Estado social. En esta lógica, <strong>los oligarcas no piensan sólo en tontos a los que manipular, sino en idiotas engreídos que se conviertan en activistas</strong> de una contrarreforma y olviden en nombre de su hedonismo consumista el conocimiento, la meditación y el estudio, animados por el populismo y la rabia de los insultos. Los engreídos llegan a creerse dueños de sus idioteces y las consumen con avaricia. Basta con pasearse un momento por las redes para ver hasta qué punto están habitadas, más que por tontos que son engañados, por idiotas engreídos que se creen en posesión rabiosa de su verdad. </p><p>Y cuando las redes se presentan como nuevas formas de agrupación dicen una verdad sesgada. No es que acaben con el individualismo en sus nuevas formas de comunicación, es que <strong>convierten los rencores individuales en el argumento prioritario de cualquier reunión</strong>. De ahí el éxito populista de los movimientos reaccionarios que se agrupan en nombre de los rencores personales y no en favor de las ilusiones colectivas. </p><p>No soy intelectual paternalista, sino un <strong>ciudadano preocupado por el mundo</strong> que habita. Por eso aconsejo la lectura de este ensayo de Jordi Gracia: <em>La izquierda ante el tecnofascismo</em>. Que los tontos y los idiotas sigan sin perdonarme. Ya estoy acostumbrado a sus insultos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 17:25:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Democracia,Tecnología digital,Redes sociales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[No intervención]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/no-intervencion_129_2218991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No intervención"></p><p>El mundo da muchas vueltas, pero hay cosas que se repiten y nos invitan a pensar. El tipógrafo y diseñador gráfico Maurico Amster nació en Polonia, en una ciudad que actualmente pertenece a Ucrania. <strong>Formado en Austria y Alemania, se trasladó a España para huir del nazismo</strong> y participar en la vida cultural de la Segunda República. Diseñó ediciones de Federico García Lorca, César Vallejo o José Ortega y Gasset. Después del golpe de Estado de 1936, mientras las democracias europeas más significativas defendían la política de no intervención, <strong>se sumó al Servicio de Propaganda republicano, colaboró en las operaciones de salvamento del Tesoro Artístico Nacional en un Madrid bombardeado</strong> y participó en el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia. Cuando venció el ejército franquista, ayudado por Rafael Alberti y Pablo Neruda, Amster huyó a Francia, se embarcó en el Winnipeg y llegó a Chile, país donde siguió trabajando en editoriales decisivas para la cultura española del exilio como Zig-Zag o Cruz del Sur.</p><p><strong>Walter Reuter fue un fotógrafo y periodista gráfico nacido en Alemania. También huyó del nazismo</strong> y colaboró con la lucha antifascista española. Dejó un testimonio sobrecogedor sobre una guerra que fue capaz de convertir en violencia la vida del país que lo había acogido con los brazos abiertos. Los rostros, el miedo, las armas, las ilusiones desesperadas, las sangre, las infancias perdidas, los actos de afirmación y las pérdidas, quedaron captadas por su cámara. <strong>Como un exiliado más, después de la victoria franquista, llegó a México</strong>. Su memoria fotográfica se conserva hoy en Cuernavaca.</p><p>Amster puso en marcha durante la Guerra Civil el proyecto de una <strong>Cartilla Escolar Antifascista</strong> en colaboración con el Ministerio de Instrucción Pública y con las fotografías de José Val del Omar y José Calandín.  Para continuar el espíritu de las Misiones Pedagógicas republicanas, se ideó una cartilla en la que los soldados analfabetos aprendieron a leer, escribir y hacer cuentas. En una segunda edición, se sumaron las fotografías de Reuter, configurando un impresionante testimonio activo de la experiencia humana de la guerra y la violencia. Pasados los años, la Cartilla fue elegida por la Biblioteca digital de la Unión Europea como una de las <strong>quince obras más importantes del arte español.</strong></p><p>Gracias al comisariado de Michel Lefebvre, Aku Estebaranz y Juan Manuel Bonet, el Instituto Cervantes puso en marcha una exposición en memoria de la Cartilla Escolar Antifascista que ahora puede verse en Cracovia. <strong>Impresiona el recuerdo de aquella barbarie y la respuesta cultural y pedagógica que supuso</strong> la Cartilla como acto de esperanza en el ser humano. Al hablar con Juan Manuel Bonet, que fue director del Instituto Cervantes y es hoy uno de los mayores especialistas en el arte de vanguardia del siglo XX, recuerdo las dinámicas que invitaron a muchos artistas al compromiso político ante los acontecimientos de un tiempo en el que las <strong>consignas del nazismo, el fascismo y las soberbias económicas antidemocráticas</strong> nos condujeron hacia una guerra mundial.</p><p>Ayer y hoy, <strong>la cultura es inseparable del conflicto</strong>, y uno puede comprobar de qué modo hay artistas que defienden las ilusiones ilustradas y sociales en los momentos más difíciles, mientras otros artistas se suman a los discursos autoritarios de la identidad, posturas que legitiman las formas de tiranía y falsifican el sentido de la democracia hasta desembocar en sistemas tan bárbaros, inhumanos y genocidas como el nazismo. <strong>Ayer y hoy, el mundo da muchas vueltas, pero nos deja lecciones</strong>. Cuando ocurren sucesos bárbaros, cuando se viola el derecho internacional, es tan peligroso apoyar de forma descarada a los asesinos como adoptar políticas de no intervención institucional. Así lo hicieron las democracias europeas ante el golpe de Estado franquista, abriéndole las puertas a las invasiones del ejército de Hitler. La no intervención no evita problemas, sino que conduce a una generalización mundial de la violencia.</p><p><strong>El dolor de ayer debiera ayudarnos a comprender el dolor de hoy</strong> y convertir el pacifismo no en una forma de cerrar los ojos y de justificar la no intervención, sino en un compromiso activo de denuncia institucional contra los actores que justifican el fuego de sus armas y la violación de los derechos humanos. </p><p>No a los genocidios, no a la violencia. <strong>Walter Reuter y Maurico Amsler tienen muchas cosas que contarnos</strong>. Y muchas cosas que aprender en el mundo de hoy.  La palabra hoy aprende muchas cosas de la palabra ayer. El arte nos demuestra que la palabra ayer también puede aprender muchas cosas de la palabra hoy. Por eso es indispensable.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 17:25:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Nazismo,Fascismo,República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Holocausto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/holocausto_129_2215247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Holocausto"></p><p>La vida y la historia se esfuerzan en recordarnos que no es posible separar los derechos y los deberes, las experiencias personales y colectivas, el tejido extenso de nuestras realidades. Mientras visito en Skopje, Macedonia, el Museo del Holocausto, me llegan al móvil las fotografías de algunos amigos con camisetas que se solidarizan con el pueblo palestino. Olga Rodríguez, Aitana Sánchez Gijón, Luis Tosar, Alberto San Juan, Juan Diego Botto…, piden la <strong>libertad de Marwan Barghouti</strong>, <strong>miembro del Consejo Legislativo Palestino</strong>, encarcelado en Israel. El dolor de la memoria se funde ahora con el dolor presente.</p><p>Resulta conmovedora la visita al Museo del Holocausto. El amigo que me lleva conoce mi interés por la memoria histórica. El Reino de Bulgaria, aliado de la Alemania nazi, apresó a más de 7.000 judíos. Las fotografías y las vitrinas recuerdan el <strong>sufrimiento de unos seres humanos detenidos y enviados en trenes al campo de concentración de Treblinka</strong> en busca de las cámaras de gas. Los vagones como jaulas de tortura, las maletas cargadas de miedo, los cuerpos convertidos en esqueletos vivientes, las personas asesinadas, los datos que recuerdan el paso de la convivencia al infierno, nos invitan a tomar conciencia de la barbarie. Es estremecedor comprobar hasta qué punto de violencia puede llegar el ser humano cuando las identidades y las autodefensas se convierten en excusas para odiar al otro.</p><p>Generales con uniforme nazi, orgullosos de sí mismos, dan órdenes en nombre de la muerte. Entre tanta miseria, consuela descubrir la presencia de Julio Palencia, un héroe olvidado, un embajador de España en Bulgaria que los nazis calificaron de fanático enemigo de Alemania porque hizo todo lo posible para salvar la vida de los judíos sefardíes. <strong>Más conocida es quizá la historia de Ángel Sanz Briz</strong>, <strong>el ángel de Budapest</strong>, otro diplomático que repartió pasaportes españoles para salvar a 5.000 judíos húngaros. Su ejemplo, como el de <strong>Julio Palencia</strong>, nos permiten mantener la esperanza y pensar que, junto a la degradación extrema de sus odios, los seres humanos pueden representar también la dignidad. Que los nazis consideraran fanáticos enemigos de Alemania a las personas que intentaban evitar los asesinatos de judíos, muchos de ellos nacidos en Alemania, supone una buena prueba del estercolero escondido en la identidad alemana que defendían los nazis.</p><p>Hay episodios históricos que nos ayudan a entender el peligro de los que invocan de forma manipuladora y sin escrúpulos su derecho a defenderse de los demás. <strong>Perseguidos, desplazados de sus casas, encerrados en una fábrica de tabaco, conducidos a la muerte en trenes tortuosos</strong>, miles de personas sufrieron la maldad nazi. Uno sufre al recorrer los pasillos del Museo del Holocausto en Skopje, subir y bajar escaleras, detenerse a mirar fotografías, registros de detenidos, objetos familiares, juguetes de niños, ropa, huellas de la vida bajo la maquinaria imperiosa de la muerte. Muchas escenas cortan la respiración. Muchas complicidades religiosas dispuestas a aceptar el asesinato del otro nos obligan a preguntarnos por las razones de las Iglesias. </p><p>El itinerario conduce a la fundación del Estado de Israel en 1948 y a fotografías de banderas militares con la estrella de David. Y el visitante conmovido que soy yo no puede evitar la imaginación de una <strong>fotografía de Netanyahu colocada junto a Hitler, porque el tejido extenso de la historia une el pasado y el presente</strong>. Y respiro el aire de la vida al salir a las calles de Skopje, me acuerdo de Julio Palencia y Ángel Sanz Briz, busco mi móvil en el bolsillo de la chaqueta y miro las fotografías de mis amigos de la cultura que muestran su solidaridad con Gaza y denuncian el genocidio que Israel está protagonizando en Palestina.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 17:25:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Holocausto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Holocausto,Memoria histórica,Adolf Hitler,Benjamin Netanyahu,Alemania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa en el corazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/europa-corazon_129_2211453.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa en el corazón"></p><p><strong>César Vallejo</strong> escribió el poema “España, aparta de mí este cáliz” durante la Guerra Civil española. Con ese título se reunieron después los poemas que el maestro peruano dedicó al drama bélico abierto por el golpe de Estado de 1936. El deseo de que la palabra España deje de significar un sacrificio late ahora en el corazón de muchos españoles heridos por la atmósfera muy crispada de nuestra convivencia. <strong>La economía no va mal, la realidad no es un campo de fuego, pero se impone día a día un relato de odios y enfrentamientos</strong>. Necesitamos encontrar una salida, y quizá sea bueno recordar que César Vallejo escribió su poema sobre España y el cáliz doloroso como un diálogo con los niños del mundo. No vivía la posible derrota como un problema nacional español, sino como un horizonte que afectaba a la política internacional. </p><p>Creo que es una buena estrategia para resistir en esta situación que invita al desánimo. No se trata de un problema solitario español, sino de una <strong>dinámica desatada contra los valores democráticos</strong>. Y la palabra "mundo" adquiere mucho protagonismo. Por eso podemos recordar también el libro de <strong>Pablo Neruda</strong> titulado <em>España en el corazón</em>, y sentir que el amor por España se equivoca hoy cuando se encierra en los límites nacionales. Así que le pido permiso a Neruda para ampliar su título y escribir 'Europa en el corazón', tomando conciencia de la realidad global de la palabra "mundo". <strong>Las derivas nacionalistas de la extrema derecha ponen en riego el papel de Europa</strong> como unidad de valores democráticos, algo que interesa por igual a los viejos mandarines totalitarios y a las nuevas formas de dictadura que nacen de la ambición neoliberal, el capitalismo dispuesto a romper el Estado social para separar la libertad de los compromisos de la igualdad y la fraternidad. Así que la mejor manera de pensar en la Madre España de Vallejo es pedirle permiso a Neruda para vivir hoy con Europa en el corazón.</p><p>Los populismos nacionalistas suponen en la Comunidad Europea una proyección política de la cultura individualista que ha impuesto el neoliberalismo. Frente a la convivencia y las ilusiones colectivas <strong>impera la ley del más fuerte y la lucha por el triunfo de lo mío frente a las responsabilidades compartidas</strong>. Esta es la lógica que le da fuerza al racismo y a las prioridades nacionales contra los derechos humanos y la justicia universal. El cáliz de la crispación española, además de hacerme vivir con España y Europa en el corazón, gracias a Neruda, me devuelve a la poesía de César Vallejo y a su poema titulado “Masa”. <strong>Tanto amor y no poder contra la muerte, fue la queja del poeta peruano</strong> que buscaba en la oscuridad motivos para la esperanza. Escribió la historia de un combatiente muerto en la batalla. A su cadáver se acercó un hombre, y luego dos, y después veinte, cien, mil, quinientos mil, millones de individuos con un ruego común: quédate hermano. Cuando todos los seres humanos de la Tierra llegaron a rodear al individuo muerto, el cadáver se incorporó y se echó a andar.</p><p>La imagen solidaria de Vallejo me ayuda a luchar en mí mismo por una resurrección de la esperanza. <strong>La mejor manera de apartarme del cáliz de las desilusiones</strong> y las renuncias es comprender que no se trata de una batalla española, sino mundial, y que no puedo dejar que los mandatos del individualismo me hagan olvidar el compromiso colectivo con la dignidad de los seres humanos de la tierra. Las prioridades individuales sólo encuentran un buen destino en las ilusiones colectivas. </p><p>Madre España que vive con Europa en el corazón. Cosas de la poesía.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 17:25:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Europa en el corazón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Cultura,Europa,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué estoy haciendo aquí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/haciendo_129_2207959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué estoy haciendo aquí"></p><p>Escribir supone una responsabilidad en relación con la propia conciencia y con el diálogo que se merecen los lectores. Leo las memorias que acaba de publicar Benjamín Prado, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorias-benjamin-prado-haciendo_1_2199546.html"  ><em>Qué estoy haciendo aquí</em></a> (Alfaguara, 2026) y <strong>me emociona recordar, volver a vivir algunos episodios compartidos</strong> a lo largo de una amistad que dura ya 45 años. Carcajadas, risas, sonrisas, lágrimas, llantos, aparecen y desaparecen en las escaleras que suben y bajan por la vida. Nos conocimos por azar en una cafetería de Granada. Benjamín dice que a sus mejores amigos los ha conocidos en los bares, lo cual <strong>habla mucho de nuestras costumbres, y la verdad es que esas han sido nuestras costumbres</strong>. Pero aquel día, en realidad, yo estaba hablando de trabajo con otro escritor en una cafetería de Granada y tomaba un café con leche a media mañana, no una copa a altas horas de la noche, esa noche en cuerpo y alma que tantas veces hemos compartido con Joaquín Sabina, Ángel González, Chus Visor o Almudena. Para decir la verdad, nuestra verdad verdadera, a veces las anécdotas deben acercarse a la ficción y representarnos en un sentido amplio de la existencia, sin someterse a un hecho concreto.</p><p>Más allá de los recuerdos, la lectura me interesa por los <strong>buenos procedimientos literarios con los que Benjamín cuida la elaboración de sus memorias</strong>. Los libros son lo contrario del miedo y de la soledad, escribió en un poema. Salir a escena supone un acto de valentía que necesita cuidados. Escribir recuerdos supone asumir la necesidad de conocerte y de saber quién eres, porque no bastan las respuestas fáciles o simplificadoras. Supone también escribir a cuatro manos, porque <strong>el yo se desdobla en sus sombras para que la conciencia vigile y controle las palabras</strong>. Supone pedir tiempo, huir de la prisa que nos rodea, comprender que la vida no es una mercancía de usar y tirar y que la cultura representa el valor de un pasado que camina hacia nosotros. <strong>Día a día necesitamos un esfuerzo para regresar al futuro, a la ilusión de un futuro</strong>. Escribir memorias, además, supone comprender lo que nos enseñó Gertrude Stein: “Ya no existe un aquí-aquí”. Pasan los años, desaparecen muchas personas, muchas situaciones que conformaban nuestro presente, y debemos asumir que nos envuelve el vacío y que, a falta de la palabra siempre, podemos aspirar a resistir, pero no a ser lo mismo que fuimos. Es algo que se agrava cuando una enfermedad nos amenaza. Sentimos la necesidad de salvar los recuerdos.</p><p>Benjamín va recordando cosas y comprendemos que la vida es un azar, una <strong>sucesión de sorpresas y posibilidades abiertas</strong>, así que necesitamos encontrar las claves que ordenen las curvas de la existencia, el argumento que nos ayude a encajarnos en el relato de nuestra memoria. Detrás del regreso al futuro que implica el amor por sus hijos, detrás de los sentidos del presente que definen sus poderosos sentimientos de amistad, <strong>la clave que ordena la memoria de Benjamín es la vocación literaria</strong>. Su labor como escritor y sus trabajos en periódicos, radios, revistas e instituciones, como un militante y protagonista cultural, le han llevado a establecer con mucha gente relaciones que pasaron de lo profesional a la amistad. Las escenas compartidas con García Márquez, Cela, Vargas Llosa, Ana María Matute, Paul Auster, Javier Marías, Patti Smilth, Felipe Benítez Reyes… cubren unas páginas cargadas de recuerdos notables.</p><p>Pero esos recuerdos cobran sentido en el niño que se aficionó a la literatura mientras su madre veía en la televisión las series basadas en novelas famosas o las obras de <em>Estudio 1</em>. Y se cargan de significación cuando <strong>dos profesores, en un colegio y un instituto, consiguen contagiarle el amor por los libros</strong>, todo lo que cabe en las palabras, el compromiso de la literatura con la vida, que es inseparable de un compromiso con cualquier debate que afecte a la sociedad. En las novelas protagonizadas por Juan Urbano, que envuelven sus tramas con acontecimientos históricos muy conocidos, Benjamín procura asumir las necesidades de la ficción sin caer en las falacias y en las falsificaciones de los hechos. Ese es también el reto que asume en sus propias memorias.</p><p>Como lector, como amigo, como compañero de naufragios y orillas, me pregunto con Benjamín ¿qué estoy haciendo aquí? Y <strong>me respondo a mí mismo que no lo sé del todo</strong>, porque eso nunca se sabe, pero que mi vida encuentra sus mejores significados en el amor por mis hijos, en la vocación literaria y en la suerte de contar con personas que me han acompañado siempre, a lo largo de los años difíciles, sin que mis propios errores hayan supuesto una barrera. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 17:25:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Qué estoy haciendo aquí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[García Lorca está vivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/garcia-lorca-vivo_129_2204313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="García Lorca está vivo"></p><p>La vida en común supone un modo de <strong>celebrar el presente</strong> que nos invita a compartir el pasado. Cuando empecé a vivir con Almudena, su ciudad, su familia, sus recuerdos empezaron a formar parte de mí, porque en un abrazo caben los cuerpos, pero también las ciudades, las familias y los recuerdos. Y el futuro se empeña en decirnos que también está, aunque su presencia no es más que una responsabilidad que debemos imaginar con buena intención. Nunca se sabe cómo van a salir las cosas. Sólo sabemos que saldrán por las puertas que abrimos al juntar el presente y el pasado. El futuro es la apuesta más importante de la memoria.</p><p>Almudena me presentó a su padre viudo, don Manuel, poco después Manolo, con mil historias y mil travesuras, un enamorado de la vida y la poesía. Conocí también a su hermana Luli, a sus hermanos Gonzalo y Manuel, a otra hermana nacida fuera del matrimonio, Esther, y <strong>poco a poco sus casas fueron siendo también las mías</strong>. En nuestro primer viaje a Granada como pareja, ya oficial nuestra relación, yo le dije que iba a presentarle a mi familia, mi padre, mi madre y mis 5 hermanos. Como los viajes compartidos en coche son un modo de hacer kilómetros por las carreteras y por el tiempo, el rumbo se llenó de señales imprevistas. Poco antes de llegar a la ciudad, tomé un desvío que me llevó a Alfacar y Víznar. Después de atravesar los olivares, las curvas, el silencio y las preguntas, ¿pero dónde vamos?, me detuve, dejamos el coche aparcado en la ladera y subimos andando por el monte hasta llegar a un pequeño barranco.</p><p>Le dije que iba a presentar a mi familia, <strong>aquí viven mis muertos</strong>. Le conté a Almudena lo que yo sabía de la represión en Granada durante el golpe de Estado de 1936, los miles de muertos en una ciudad sangrienta y el lugar donde estaban los restos de Federico García Lorca. Allí vivían mis muertos, esas eran mis raíces, y me hizo ilusión vivir con ella el presente y compartir el pasado. Recordé que un 5 de junio de 1976 me había subido a un autobús para ir a Fuente Vaqueros y celebrar el nacimiento del poeta en el primer homenaje público que se le hacía, 40 años después de su ejecución. Recordé las camionetas de la policía armada, los<strong> intentos de prohibir el homenaje</strong>, el miedo, la resistencia de la multitud, la conquista de la libertad. Nos dejaron media hora para la poesía, imaginar un futuro democrático desde el pasado y el presente, y recordé con emoción las palabras de Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Lorca e hijo del alcalde socialista de Granada, también fusilado. Desde un escenario que se abría al porvenir, anunció que después de 40 años de silencio, nos daban media hora de libertad.</p><p>Esa media hora se ha multiplicado, han pasado muchas cosas y mucho tiempo, 50 años desde aquel homenaje y más de 30 años de la primera visita con Almudena al barranco de Víznar. Allí hemos recordado muchas veces con otros amigos la ejecución ordenada por los golpistas hace ahora 90 años.<strong> La poesía de Lorca está más viva que nunca</strong>, igual que su figura, y su pasado es presente, nuestro presente, habita las canciones, las películas, los teatros y los libros. La verdad del ser humano encuentra siempre un modo de hacer acto de presencia, levanta su poesía por encima de las guerras, las censuras, las manipulaciones y los tiranos para invitarnos a respetar la vida e imaginar un futuro compartido. </p><p>Hoy no podría repetir, por desgracia, que mis muertos viven en el barranco de Víznar. Allí siguen algunos, pero otros viven ahora en lugares diferentes, sobre todo en dos de mis ciudades. El paso del tiempo, como la poesía, nos hace comprender el valor de la vida a través de la muerte. <strong>Y todo vive en nosotros mientras nosotros vivimos</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 17:25:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[García Lorca está vivo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La propia conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/propia-conciencia_129_2200476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La propia conciencia"></p><p>No basta sólo con tener valores personales y mantener las ideas que uno considera necesarias y respetables. La <strong>propia conciencia</strong> supone también un diálogo con la realidad, con las situaciones cambiantes, fáciles o difíciles, por las que atraviesa la convivencia. Por eso <strong>el estado de ánimo supone un componente decisivo en la ética</strong>. En tiempos de bonanza conviene no quedarse estancado en la soberbia y el triunfalismo, no perder de vista las limitaciones, los problemas o las precariedades que pueden esconderse bajo las sábanas de la felicidad. Y <strong>en tiempos agresivos resulta conveniente no perder el orgullo, no caer en la renuncia o en el desánimo</strong>. El compromiso de la conciencia tiene que ver con un estado de ánimo dispuesto a evitar la renuncia para seguir tomando decisiones personales y participando en las ilusiones colectivas sobre el mundo que habitamos.</p><p>Mi compromiso conmigo mismo es ahora reivindicar la determinación. <strong>Mantener el estado de ánimo es un compromiso con la conciencia</strong>. Es, además, el único modo de no caer en el cinismo, nada importa, todo vale…, ni en el sectarismo, cierro los ojos ante lo que pasa, los míos no son culpables, por supuesto…, ni en la renuncia, esto no tiene arreglo, todos son iguales… Un estado de ánimo activo y seguro de su propia responsabilidad ayuda a comprender las situaciones sin dar por perdidos los valores que se quieren defender.</p><p>Llevamos años en los que el ruido sirve para distraer las discusiones sobre los cimientos de una democracia social. Los interesados en degradar la sanidad pública, la educación pública y los derechos laborales han convertido la libertad en el poder del más fuerte para atacar sin límites las regulaciones de la igualdad. <strong>De ahí que resulte indispensable mantener el debate</strong>, más allá de la crispación y los insultos, en los asuntos decisivos de la democracia social para que el racismo, la violencia, el elitismo y la desigualdad no se transformen en la prioridad nacional.</p><p>La ética democrática empezó a desarrollarse cuando las decisiones personales y colectivas dejaron de ampararse en el mandato de una voluntad divina o nacional. El bien común fue el afán principal de la buena convivencia, por lo que dejó de tener sentido la cultura que buscaba argumentos en el nombre de un Dios o de una Patria. Más allá de las situaciones coyunturales, ahora sufrimos, en los procesos comunicativos, un retorno a la superstición y el fanatismo. Vuelven a hundirnos las conciencias en los lagos del fanatismo. Los estados de ánimo exaltados pierden el sentido de la responsabilidad propia para participar en rencores o indignaciones colectivas.</p><p>Pero esta peligrosa dinámica no sólo afecta a las exaltaciones del fanatismo, aunque sean las más llamativas. También <strong>corremos el peligro contrario, un estado de ánimo que se dé por vencido y que asuma la renuncia</strong>. La democracia española está viviendo un momento en el que los discursos dominantes se basan en las generalizaciones de la corrupción, todos son iguales, esto no tiene arreglo… Hay un descrédito de dos ejes fundamentales: la justicia y el periodismo. La presunción de inocencia, algo que se relacionaba con los delincuentes juzgados, afecta ahora al sistema judicial. La historia vivida, llena de decisiones partidistas, estructuras viciadas y sometimientos ideológicos, nos obliga a esforzarnos para aplicar la presunción de inocencia también a los jueces que juzgan. Los protagonismos y los partidismos hacen mucho daño al crédito judicial, algo imprescindible en las sociedades democráticas. </p><p>Y mucho daño hace el descrédito de la prensa provocado por el <em><strong>pseudoperiodismo</strong></em>. La información es sustituida por una comunicación que se somete con facilidad a las manipulaciones y los fanatismos. Este descrédito generalizado acaba por dañar la democracia, en su raíz más profunda: la política como forma de compromiso cívico. Así que se impone un estado de ánimo roto, que nos invita a encerrarnos en nuestra propia supervivencia. Quedarnos en casa y renunciar a las ilusiones colectivas.</p><p>Ahora, hoy por hoy, la propia conciencia necesita estar con los demás, defender un estado de ánimo que se niegue a la renuncia. La necesidad de la política, su papel en la convivencia y la dignidad social, se ha convertido en esta coyuntura en algo más urgente incluso que los derechos laborales y la defensa de la sanidad y la educación pública. O para concretar: sólo reivindicando la política podremos defender el trabajo digno y la dignidad de lo público.</p><p>La prioridad democrática: un Estado de ánimo fuerte contra el pretendido desmantelamiento del Estado.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 17:25:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La propia conciencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Periodismo,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/cuba_129_2196932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuba"></p><p>El poeta <strong>Rubén Darío</strong> definió el cuello del cisne como un signo de interrogación en un poema dedicado a otro poeta, <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>. Los poetas se preguntan por la vida y las palabras para comprender el valor de los matices que marcan la realidad. Cuando el imperialismo norteamericano amenazaba la cultura en español de América Latina, el cuello del cisne supo utilizar su belleza para preguntar: “¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”. Y no es que Rubén, formado en la poesía de otros idiomas, temiese las posibilidades del bilingüismo, <em>ce n´est pas posible</em>, sino que se negaba a que la cultura de su comunidad fuese invadida y arrasada por una potencia extranjera. Rubén, que se reconocía como hijo de América y nieto de España, heredero de Garcilaso y Quevedo, se negaba a que su lengua acabase por ser extraña en su propia tierra, y convertía las preguntas del cisne en advertencias: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?” o ”¿Callaremos ahora para llorar después?”.</p><p>Rubén Darío escribió su poema en una situación difícil para decirnos que <strong>no puede confundirse una agrupación de naciones con una verdadera comunidad</strong>. Hispanoamérica, o también Iberoamérica, no es una agrupación de naciones, una estructura de acuerdos internacionales o una corporación económica, sino una <strong>comunidad con vínculos culturales y humanos, de sangre y de poesía, nacidos a lo largo de los siglos</strong>. Las apuestas políticas, incluso ante los procesos de independencia, se traicionaban a sí mismas si olvidaban los vínculos profundos de la palabra <em>comunidad</em>. Lo entendió muy bien el profesor <strong>Rafael Altamira</strong>, formado en la Institución Libre de Enseñanza, cuando empezó a reivindicar en los inicios del siglo XX, ya ocurrida la pérdida de las últimas colonias en 1898, una psicología de la civilización española no confundida con el viejo imperialismo, pero inseparable de la fraternidad latinoamericana. El intelectual cubano<strong> Fernando Ortiz</strong>, maestro y amigo de poetas, temió al principio la vuelta a un viejo imperialismo, pero tardó poco en comprender que el peligro para Cuba estaba en una nueva ambición protagonizada por los EE.UU. y afianzó su hermandad con la cultura española como respuesta a los intereses económicos de los bárbaros que querían convertir la isla en el patio trasero de las grandes compañías norteamericanas. Y esa hermandad cultural latina fue la que sostuvo una comunidad representada por <strong>García Lorca</strong>, <strong>Alberti</strong>, <strong>Nicolás Guillén</strong> o <strong>Fernández Retamar</strong>.</p><p>Hacer memoria no significa irse por los cerros de Úbeda, sino tomar conciencia de los significados reales de las situaciones históricas. Y no podemos callarnos para llorar después cuando los bárbaros fieros atacan de nuevo a Cuba con <strong>un bloqueo que maltrata sobre todo a la población cubana, dejándola sin electricidad, sin combustibles y sin unas condiciones dignas de supervivencia</strong>. A golpes sobre la piel cubana, la estrategia se ha preparado para castigar a las empresas españolas, europeas y canadienses, en beneficio de los intereses comerciales norteamericanos. Y la agresión se convierte en una amenaza esperpéntica cuando, después de violar día a día la justicia internacional y el derecho de las naciones, <strong>se denuncia de manera absurda a Raúl Castro por un acontecimiento que sucedió hace 30 años</strong>. Bajo las furias, el mensaje es claro: no nos interesa ningún tipo de negociación interior, porque queremos apoderarnos económicamente de la isla, aunque eso suponga maltratar a la población y cortar cualquier salida propia para sus crisis social y política.</p><p>Es difícil entender que una defensa seria de Cuba no pase por analizar las situaciones actuales de la Revolución. Pero resulta más difícil entender a los que dicen apostar por la democracia y la libertad cubana, por la dignidad cubana, cuando <strong>apoyan un sometimiento inhumano a los bárbaros fieros del Norte</strong> y justifican una agresión que acabe con su independencia nacional y con los vínculos históricos de su sentido de pertenencia y su identidad. Cuba necesita hoy solidaridad activa, apoyo, mucho apoyo económico y cultural contra el bloqueo de los bárbaros, fraternidad europea, iberoamericana, y la esperanza de que el pueblo cubano encuentre por sí mismo una salida digna a esta situación. Las preguntas del Cisne de Rubén Darío navegan una vez más por las venas abiertas de España y América latina. Somos comunidad, que no se olvide.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 17:25:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cuba]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuba,Estados Unidos,Política,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/por-nosotros_129_2193630.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por nosotros"></p><p>Pensar es dialogar con nuestro sentido de pertenencia. Y lo primero que se aprende al pensar es que el sentido de pertenencia es una suerte en peligro, un patrimonio humano que las desgracias ponen en riesgo para conducirnos al desarraigo y el aislamiento. Desgracias personales o colectivas, pérdidas, pasillos de hospital con un acontecer triste, miserias, migraciones, exilios… son golpes que nos dirigen al desarraigo y a la conversión de la vida en una intemperie. Alejarse de nosotros es también alejarse de uno mismo, y no es que se abandone el yo, sino que ese yo se transforma por necesidad en un individualismo egoísta, en rencor o en la militancia desesperada de supervivientes. Así que es una suerte el sentido de pertenencia y la capacidad de dialogar con él. </p><p>Mi sentido de pertenencia es andaluz, <strong>porque mi vocación poética me llegó de la mano de Federico García Lorca y Rafael Alberti</strong>. Pero tardé poco en mirar hacia Cataluña para encontrarme con Jaime Gil de Biedma, o hacia Europa, donde me esperaban Eliot, Verlaine y Rilke. Convertir el sentido de pertenencia en aislamiento no tiene que ver con el amor a la tierra, sino con la incapacidad de comprender que los deseos del yo se juegan en la capacidad de construir un Nosotros colectivo y que las soluciones a los problemas no están en nuestro cuarto de baño, sino en las apuestas públicas de largo aliento. </p><p>Aprendí el largo aliento y <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/derecha-debate-territorial_129_2149389.html"  >las apuestas de Estado como andaluz</a>. La Andalucía en la que crecí había sido condenada al subdesarrollo y a la pobreza por una política franquista que, en nombre de la patria, condujo la riqueza hacia el norte, al servicio de la industria y las fortunas catalanas y vascas. Como señaló en su poesía Gil de Biedma, las calles de Barcelona se llenaron de andaluces, murcianos y extremeños en busca de una supervivencia humillada. Contra ese falso patriotismo representado y cantado por Fraga Iribarne, milité como estudiante universitario y aspirante a poeta, para celebrar en 1976, hace 50 años, un homenaje a García Lorca en Fuente Vaqueros. <strong>Luchar por Lorca, sacarlo del olvido, era luchar contra Fraga, por Andalucía</strong>, algo inseparable de luchar por un Estado español que se fundase en los derechos democráticos y los compromisos sociales. El problema no estaba sólo en el cacique andaluz, sino en el Estado que trabajaba para sostener los beneficios de las élites. </p><p>Poco después se hizo evidente que luchar por Andalucía, escribir por Andalucía, trabajar por Andalucía y militar por Andalucía era inseparable de las apuestas de Estado. La derecha española intentó llevar a término sus exclusiones, ofreciéndonos un Estatuto de Autonomía distinto a las llamadas comunidades históricas. Para participar en la campaña de la izquierda en favor de un Estatuto de Autonomía pleno, entró en Granada mi maestro Rafael Alberti. Y la ciudad no fue solo la tierra de su viejo amigo García Lorca, sino el lugar en el que los poetas jóvenes habían luchado por consolidar la democracia, defender Andalucía y transformar la educación sentimental heredada del franquismo. Fue una apuesta importante que evidenció su fuerza cuando la poesía joven de Granada, Cádiz, Sevilla o Málaga se convirtió en un referente para toda España. </p><p>Conseguir que el Estatuto de Andalucía tuviese los mismos derechos que el catalán o el gallego no fue una victoria andalucista, sino una afirmación española de igualdad y fraternidad con repercusiones para todo el Estado. Luchar por Andalucía, vivir por Andalucía, escribir por Andalucía, es inseparable de pensar, luchar y vivir por España. </p><p>Pensar es dialogar con el sentido de pertenencia. <strong>Se corre el peligro de confundir los intereses personales con el amor al terruño</strong>. Por eso no me identifico con las ofertas localistas. Por eso creo necesarios los compromisos que unen a Andalucía con España y la Humanidad. La difícil situación que vive el mundo necesita una apuesta colectiva, de largo aliento a la hora de pensar en la palabra Nosotros, como andaluces, españoles y europeos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 17:25:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por nosotros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Andalucía,Nacionalismo,Estatutos Autonomía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las pérdidas deben unir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/perdidas-deben-unir_129_2190090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las pérdidas deben unir"></p><p><strong>Contar, contarse, supone buscarle un sentido a la vida.</strong> Como soy seguidor del <strong>Granada Club de Fútbol y del Real Madrid</strong>, no celebro con mi hija Elisa las victorias del Atleti. No me gusta sentirme como un <strong>hipócrita en las celebraciones</strong> y los abrazos para festejar los aciertos del Cholo Simeone, Griezmann o Koke. <strong>Conocemos nuestras maneras de sentir</strong>, nuestras diferencias. Ella es tan atlética como su madre, o incluso más, porque ha hecho socia a su hija Candela antes de cumplir los 3 meses. A mí me resulta muy <strong>antipático confundir la convivencia</strong> y el respeto con la <strong>mentira</strong>. Sin embargo, distante de algunas victorias que no van conmigo, comparto con toda sinceridad y <strong>hago mías algunas de sus derrotas. </strong>Los <strong>peligros de las pérdidas pueden unir más</strong> que las celebraciones del triunfo.</p><p>Es lo que me pasó el otro día en la semifinal de la Champions cuando <strong>el Arsenal,</strong> ayudado por un árbitro injusto, <strong>eliminó al Atleti</strong>. Me había ido a casa de Elisa para <strong>ver el partido con mi nieta en brazos, </strong>movido más por el deseo de compartir el peligro de una derrota que por las ganas de celebrar la victoria. Lo pasé muy mal cuando Saka aprovechó un despeje de Oblak y disparó a puerta vacía sin que Le Normand y Ruggieri reaccionasen a tiempo. Y sufrí cuando Sorloth o Giuliano no supieron aprovechar las ocasiones rojiblancas. Así que <strong>me alegré de estar con ellas, de tener a mi nieta en brazos</strong> mientras le repetía a mi hija que el fútbol no tiene importancia. Si acaso, es lo más importante de las cosas sin importancia. Para mí es más grave, por ejemplo, que <strong>el campo del Arsenal en Londres se llame Emirates Stadium.</strong> Tampoco me gusta lo de Riyadh Air. Prefiero aplaudir en palabras como Cármenes, Manzanares o Metropolitano.</p><p>Contar, contarse, supone buscarle un sentido a la vida. Después de mi derrota, leí un rato en la cama, apagué la luz. Y <strong>las preocupaciones sobre las cosas importantes impidieron que me quedase dormido.</strong> El peligro de las pérdidas que estamos viviendo debería servir para unirnos a los que creemos en los <strong>espacios públicos no sometidos a la prepotencia del dinero</strong> y de las élites económicas. Las reflexiones sobre los peligros que afectan a la democracia en Europa y sobre la deriva de la derecha hacia un <strong>capitalismo desalmado</strong> se evidencian en la realidad de carne y hueso cuando vemos en España que algunos <strong>gobiernos autonómicos castigan a la sanidad pública</strong> y dejan <strong>sin recursos a la educación</strong> para favorecer las <strong>privatizaciones y convertir los derechos cívicos en un negocio.</strong></p><p>La <strong>izquierda en España tiene diferencias</strong>, sigue a distintos equipos. Unos aspiran a <strong>resistir</strong>, no descender o desaparecer <strong>a costa de que otros no asciendan. </strong>Algunos líderes consideran más importante adquirir <strong>protagonismo </strong>y llamar la atención que defender aquellas causas identificadas con la democracia social. <strong>Se olvidan las palabras en las que nos gusta aplaudir,</strong> los campos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Corremos el peligro de que nuestros terrenos de juego se acaben llamando Nuevo Estadio del Autoritarismo Neoliberal, Cancha del Capitalismo Descarnado, Coliseo del Genocidio o Recinto de la Violencia de Género. Así están las cosas.</p><p>Parece que a <strong>la izquierda no puede unirla en estos momentos el deseo de una victoria.</strong> Pero ganar es evitar la derrota, un compromiso muy importante.  Sería necesario que<strong> se compartieran los peligros de una derrota:</strong> no ya en los posibles avances, sino en la pérdida de lo conseguido, los derechos democráticos, cívicos y laborales. Hay muchos árbitros dispuestos a no pitar penalti cuando se derriba en el área a un hospital o una universidad pública.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 17:25:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las pérdidas deben unir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fútbol,Izquierda,Derecha,PSOE,PP,Sumar,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El deseo de convivir y la barbarie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/deseo-convivir-barbarie_129_2186169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El deseo de convivir y la barbarie"></p><p>A través de situaciones históricas y contextos diferentes todo se repite. Hay un momento en el que los acuerdos se quiebran, la violencia se convierte en un recurso inmediato y los mapas se rompen o se queman. Lo vimos en el siglo XIX con las guerras napoleónicas, en el siglo XX con la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y lo vemos ahora cuando <strong>se desmantela la justicia internacional y las élites del poder bombardean el mundo y generan nuevos genocidios</strong>. Las explicaciones son, desde luego, necesarias. Hay razones económicas, religiosas, nacionalistas, identitarias… Pero si todo se repite, no es sólo porque nos acompañe la violencia a lo largo del tiempo, sino porque detrás de las guerras y las armas, detrás de las causas y los intereses, encontramos siempre una misma razón: <strong>la barbarie estalla cuando el ser humano pierde su responsabilidad de convivir</strong> y busca argumentos para ejercer la violencia. Un asunto de cultura. La defensa universal de los derechos humanos sirve para defender el respeto que merece cualquier persona, pero también para recordarnos que, detrás de cualquier situación, la violencia surge cuando los seres humanos se pierden a sí mismos el respeto, olvidan la necesidad de convivir en paz y corren en busca de las armas y de justificaciones dispuestas a mancharse de sangre.</p><p>Coincido en la Feria del Libro de Buenos Aires con el escritor, ensayista y diplomático <strong>José María Ridao</strong>. Acaba de publicar en Losada, una editorial que llena el presente de recuerdos históricos, una nueva edición de su libro <em>Durero soñando</em>, en el que une, como ocurre a lo largo de toda su vocación intelectual, el ensayo y la creación literaria. </p><p>En la madrugada del 8 de junio de 1525, el pintor Alberto Durero se despertó envuelto por una sobrecogedora pesadilla. Para responder a sus propios sentimientos, <strong>pintó una acuarela titulada </strong><em><strong>Visión de pesadilla</strong></em>, en la que el cielo se descompone en grandes cascadas y golpea una tierra de árboles y casas minúsculas. Artesano minucioso de las imágenes, el pintor deja de ser un artesano perfecto para desplazarse a la creatividad artística que imagina y convive con las imperfecciones temibles del futuro humano. En Nuremberg, después de conocer la situación de la Dieta ante la Reforma y Lutero, sintió un horizonte que sería <strong>marcado por las guerras, las ejecuciones y la barbarie</strong>.</p><p>El libro de José María Ridao une un ensayo, <em>Las indias en el origen de la Reforma</em>, y una obra de teatro relacionada con sus interrogaciones: <em>Durero soñando</em>. Pensar la historia nos lleva a interpretar los relatos que intentan legitimar el poder político sobre los territorios con discursos que heredan mandatos religiosos para convertirlos en mandatos nacionalistas. <strong>Borrar la responsabilidad del ser humano es fácil</strong> cuando se justifica la historia como una voluntad divina o como un mandato nacional. Palabras como Imperio, Nación, Derecho, Dios, Deber, se abren en el cielo para explicar las pesadillas necesarias y los horrores cometidos. Pero si el ser humano se niega a ser sustituido por una voluntad superior, la propia conciencia tiene que convivir con su verdad y responsabilizarse de sus decisiones.</p><p>El teatro sale a escena para ponernos la verdad delante de los ojos con sus representaciones de carne y hueso. Seres humanos en el escenario. La responsabilidad de convivir en paz es un asunto que no puede dejarse en manos de los dioses o los discursos identitarios. <strong>Conviene recordarlo, porque la historia se repite</strong>, y volvemos a vivir una pesadilla que descompone los cielos. Pero no basta con analizar causas políticas o económicas. La responsabilidad es de cada uno de nosotros. Somos nosotros los que apoyamos o denunciamos el momento en el que los seres humanos borran el deseo de convivencia en nombre de un mandato que justifica la barbarie. Las situaciones históricas están ahí, pero no cancelan la responsabilidad de quien dispara un arma. </p><p><strong>José María Ridao estudió la personalidad de Manuel Azaña</strong>, un político y escritor que intentó comprender lo que había pasado en España con una obra de teatro: <em>La velada de Benicarló</em>. Como Azaña, Ridao nos propone a sus lectores un drama y tres palabras: <em>Paz, Piedad, Perdón</em>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 17:25:04 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El deseo de convivir y la barbarie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con los libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/libros_129_2182215.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Con los libros"></p><p>En los vientos de la crispación, los gritos y las descalificaciones políticas, me gusta <strong>celebrar los libros como una forma de rebeldía</strong>. Uno va cumpliendo años, piensa en su vida, mueve sus recuerdos y comprende que las agitaciones espectaculares han sido menos decisivas en mi historia personal que el hecho discreto de sentarme en una butaca junto a una ventana o de encender la luz en una mesita de noche para leer un libro. Las páginas abiertas son un mapa del viaje en el que queremos conquistar nuestra libertad. En los libros se vive con los ojos abiertos, caminamos por las palabras de la vida para llegar a encontrarnos con nosotros mismos.</p><p>Merece la pena descubrir que la rebeldía más profunda tiene <strong>poco que ver con las indignaciones inmediatas</strong> o los discursos prefabricados para tener impactos sin que el corazón y la inteligencia tengan un tiempo necesario de meditación. La lectura es, en primer lugar, un deseo de tiempo propio, un modo de convivir con los relojes y de <strong>negarse a la servidumbre de las prisas</strong>, las agitaciones que nos obligan a olvidarnos de nosotros mismos. Leer las palabras escritas por otros es una buena forma de escucharnos, de entender la vida que nos envuelve, de formarse una idea propia de lo que sentimos al vivir historias de amor o compromisos políticos o sillas y mesas laborales. Buscamos en el callejero de las ilusiones y la obligación aquello que sostiene nuestra verdad.</p><p>Así que los libros son una casa dentro de la casa, en el vagón de un tren, en el asiento de un avión o en las versiones ordenadas e inabarcables del mundo que suponen las librerías y las bibliotecas. <strong>El tiempo de conocerse es inseparable del deseo de saber lo que somos</strong>, de pensar lo que vamos a decir antes de decir lo que pensamos. Un modo de tomarse en serio la libertad, porque la libertad tiene poco que ver con la posibilidad de hacer lo primero que se nos ocurra como si fuésemos cebras asustadas o fieras salvajes en medio de la selva. La libertad supone el derecho a decidir desde nuestra propia conciencia, siendo dueños de nuestras ideas, con la capacidad de <strong>conocer los contextos, las realidades históricas y las consecuencias de lo decidido</strong>. Somos un relato, con planteamientos, nudos y desenlaces. Si queremos no ser esclavos de autores interesados en jugar con nosotros, conviene que aprendamos a habitar las palabras desde nuestras propias conciencias.</p><p>Yo me acostumbré a vivir en la lectura durante unos años de transformación de la vida española que <strong>deseaba encontrar la libertad borrada</strong> por los años de la dictadura. Leer suponía ser rebelde ante las costumbres heredadas y las ideas que determinaban los sentimientos, el amor, el deseo, los derechos y los deberes, las fronteras de la propia identidad. Encontrar tiempo para la propia meditación era también una <strong>manera de reencontrarse con el tiempo</strong>, de buscar el pasado literario que había intentado borrarse con ejecuciones, destierros y olvidos, de afirmar el derecho a ser dueños de un presente capaz de imaginar posibilidades distintas para el futuro. La rebeldía necesitó abrir un libro para tener la vida y el tiempo entre las manos.</p><p>Quizá sea útil, en las costumbres que se viven ahora, volver a <strong>reivindicar los libros y la lectura como una forma de rebeldía</strong>. El autoritarismo encuentra nuevas formas de dominio, dinámicas que llegan a influir en los rincones más íntimos de nuestros domicilios, nuestras opiniones y nuestros sentimientos. Aprender a pensar lo que vamos a decir y comprender el relato de lo que sentimos es el mejor modo de hacernos dueños de nuestro destino, de ser rebeldes ante lo decidido. Contar con nosotros debería ser comprometerse con lo mejor para nuestro bienestar, no preparar las estrategias para movernos como marionetas.</p><p>Tiempo mío. Por eso celebro los libros como una forma de rebeldía.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 17:25:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Con los libros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las razones de la admiración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/razones-admiracion_129_2179166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ec6b033f-a929-4281-b971-60c4f4adfa85_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021843.jpg" width="2448" height="1377" alt="Las razones de la admiración"></p><p>Una de las mejores enseñanzas de la lectura es que nos invita a admirar y a refutar. Las tentaciones del aislamiento o la indiferencia tienen poca autoridad en los ojos del lector, invitado a sentirse parte de un mundo que debe habitar, hacer suyo en la discrepancia, la identificación o el diálogo. Borges fue un maestro a la hora de enseñarnos que la <strong>vigencia de las tradiciones culturales no suponía una entrega a la quietud</strong>, sino un modo de leer el pasado desde el presente, una inclinación a vivir con las necesidades de hoy aquello que fue escrito ayer. De ahí que admirar a un clásico sea darle vida, preguntarle, procurar que el presente sea capaz de interpretar con sus propias necesidades la herencia que recibe. El valor de las tradiciones supone que puedan ser reescritas, no con los intereses de la manipulación, sino con la energía de lo que permanece vivo y es <strong>capaz de acompañar a nuestro mundo en sus cambios</strong> y sus interrogatorios.</p><p>Me parece muy significativa la acción cultural de los que están recordando ahora que el pensador islámico Averroes, nacido en abril de 1126, hace 900 años, pertenece a nuestra cultura y tiene todavía mucho que decirnos. <strong>Entre Córdoba y Marrakech sintió que el sentido de pertenencia no significa el sometimiento a los dogmas y a la negación del otro</strong>. Si autores como Algacel habían sentido interés por argumentar una Refutación de los filósofos racionalistas, Averroes se comprometió en el deseo de refutar esta refutación y establecer desde su cultura un diálogo con Aristóteles, el platonismo y el pensamiento de la Grecia clásica. Esa apuesta fue inseparable de la conciencia de que los sentimientos de la fe no podían negar las argumentaciones de la razón a la hora responder a las preguntas científicas o filosóficas. Al defender la importancia de las ideas, <strong>tampoco quiso sumergirse en un pensamiento abstracto</strong> separado de las experiencias concretas y los contextos. Comprendió, por ejemplo, que están bien las sabidurías de la medicina, pero que se equivocan los médicos anclados en un saber que no estudia cómo reacciona cada cuerpo, cada persona concreta, en una enfermedad o en un remedio.</p><p>Este deseo de no convertir una fe en un dogma hizo que <strong>Averroes fuese valorado más allá de su cultura islámica</strong> y que llegara a formar parte del pensamiento cristiano más libre y de cualquier cultura que quisiera negarse a someter las razones a los mandatos de la fe. Celebrar hoy los 900 años de su nacimiento supone una oportunidad para defender la multiculturalidad en un mundo que vuelve a caer sin escrúpulos en las tentaciones de las identidades cerradas, la negación del diálogo y la conversión de los valores y los sentidos de pertenencia en una excusa para el autoritarismo violento.</p><p>Recordar a Averroes significa también <strong>comprender que la historia está abierta y que la memoria es una forma de compromiso</strong> con el futuro. A la hora del diálogo cultural con Averroes no se trata sólo de recordar que miles de palabras de origen árabe forman parte de la lengua española y que soñamos por las noches con nuestra cabeza apoyada en una almohada y podemos empezar los días con un deseo de sabor a naranja, palabra que viajó por el persa y el árabe hasta llegar al español. Importa recordar que no son préstamos raros. El árabe fue durante siglos una lengua materna del territorio que hoy consideramos nuestro. </p><p>Así que las lenguas y los territorios están en movimiento. A lo largo de los siglos elaboramos sentidos de pertenencia en un idioma, un imperio, una agrupación de feudos y coronas o una nación. <strong>Que la historia esté en movimiento nos da derecho a leer con nuestros ojos las tradiciones</strong>, pero nos compromete también con la obligación de un mundo más justo.</p><p> Averroes: "La interculturalidad es mucho más razonable que la violencia dogmática".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 17:36:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las razones de la admiración]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosario Weiss]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/rosario-weiss_129_2176076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosario Weiss"></p><p>El magnífico libro de Sergio del Molino titulado <em>La hija</em> (Alfaguara, 2026) me hace pasear por el Museo del Prado y por mi propia memoria. Su protagonista, la pintora Rosario Weiss, posible hija de Leocadia Zorrilla y Francisco de Goya, cobra un poder literario admirable desde tres perspectivas: los recuerdos de Juan Antonio Rascón, personaje histórico, su amigo y enamorado, las palabras de un estudioso que navega por los documentos y las emociones de un escritor dispuesto a vivir la historia que ha creado, habitando los cuadros y los sentimientos de su protagonista. <strong>La pulsión literaria envuelve a la figura de Rosario y nos acerca a su situación personal en unos años muy significativos del siglo XIX</strong>. Tuvo que ganarse la vida como retratista en la corte borbónica, después de haber crecido junto a Goya y su madre en el exilio liberal de Burdeos. En su oficio de pintora se juntaron los trazos exactos de una artista que debía captar los rostros sociales de muchos personajes de alta consideración y dominar, al mismo tiempo, las intuiciones de una mirada que buscaba ya la crisis romántica bajo las exactitudes del racionalismo ilustrado, para seguir el camino abierto por los caprichos y las pinturas negras de Goya.</p><p>¿Francisco de Goya fue su padre? Después de haberla visto crecer en sus casas y de haber estudiado muchos documentos, Sergio del Molino decide que Rosario es hija de Goya, aunque las discusiones de los historiadores y los estudiosos del pintor no lleguen a un acuerdo. ¿Qué más da la biología si vemos a una niña junto a un maestro paterno que la enseña a vivir, dibujar y darle sentido a la imagen de una lectora o de una lechera? La fuerza narrativa de Sergio hace de Rosario la hija indiscutible de Goya, la <strong>muchacha que debió aprender a reafirmarse como artista y como mujer</strong> entre las murmuraciones de la corte y las deudas con su propio pasado, sus amores más sigilosos y sus obras. Al leer <em>La hija</em>, vivimos los matices interiores que suelen esconderse en una fecha, unas citas o unos comentarios superficiales. Y con Rosario sentimos el latido de una España en la que fluyen el absolutismo, el liberalismo, los cortesanos, los salones, los afrancesados, los carlistas, los generales, la necesidad de afirmación de las mujeres libres y algún poeta decidido a identificarse con los piratas.</p><p>Un buen museo es una memoria colectiva en la que uno acaba encontrándose a sí mismo. Ocurre igual con los buenos libros. Leer <em>La hija</em> ha supuesto en mi caso que llueva sobre mojado. <strong>Sergio afirma que Rosario no tuvo descendencia</strong>, pero a Granada llegó un muchacho llamado Adolfo Montero Weiss, crecido en casa de Leocadia, que abrió un taller de instrumentos musicales. José Miguel Barberá señaló en un estudio que este Adolfo, mi tatarabuelo, fue hijo de Rosario, nacido en secreto, en El Escorial, en 1841, mientras la joven pintora argumentaba que se había desplazado hasta allí para copiar cuadros del Greco y Velázquez. La historia familiar me llegó entre murmullos, y no sólo porque los amores de Goya, Leocadia, Rosario y un tal Montero (artista de circo o artesano musical) fuesen pecaminosos, sino porque la vida de ese Adolfo Montero Weiss, en Granada y Almería, se vio <strong>envuelta en turbias escenas de celos con puñaladas, condenas y extrañas amnistías</strong>. Los recuerdos eran poco atractivos para las costumbres conservadoras de mis antepasados, pero el poeta que yo escondía dentro de mi corazón se identificó con una historia que subía por las teclas de los pianos y los órganos desde mi madre Elisa Montero, por las manos de mi abuelo Montero Molina, por la batuta de mi bisabuelo Montero Gallegos hasta llegar al retrato de mi tatarabuelo Montero Weiss, nieto de Goya e hijo de Rosario. Ellos me parecieron más míos que Fernando VII e Isabel II.</p><p>Quizá Adolfo no fue hijo de Rosario, tal vez se trató de uno de los niños que Leocadia y su hijo Guillermo adoptaron para criarlos de forma generosa. Quizá Sergio tiene razón. Pero <strong>la vitalidad de su libro me hace a mí sentir lo mismo que él siente en las discusiones de los historiadores y los especialistas</strong>. Cuando veo un cuadro de Rosario, la siento parte de mi memoria familiar. ¿Qué más da la biología? Yo regreso a la tienda de pianos de mi abuelo, a la casa de mi bisabuelo, pintor, músico y director de la banda municipal de Granada, a los retratos familiares de mi tatarabuelo y a las conversaciones en las que se escapaba un secreto, poco agradable para la gente de bien, pero muy atractivo para la imaginación del niño que fue cumpliendo años junto a Moratín, Larra y Espronceda. </p><p>Entre caprichos, grabados y pinturas negras, <strong>no le caigo bien a los Madrazo</strong>. Creo que mi madre, que tanto me regañó por tantos motivos, se sintió orgullosa de que alojara yo a Rosarito en mi corazón.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 16:39:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Rosario Weiss]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Bellas artes,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El triunfo de los pavos reales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/triunfo-pavos-reales_129_2172446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El triunfo de los pavos reales"></p><p>A Elena Poniatowska le gustaba recordar que Octavio Paz definió la felicidad como <strong>“una sillita al sol”</strong>. Me gusta la definición por lo que tiene de humildad y de conversación con la realidad. Las grandes ambiciones a veces se llenan de engaños y promesas falsas, por lo que <strong>conviene tomar conciencia del diálogo entre el ser y el estar</strong>, los minutos en los que la piel llega a sentir el presente y la necesidad de una existencia calmada. Cuando pienso en una silla al sol y en todo lo que puede reunir esa metáfora, viene enseguida el pintor Juan Vida para contarme cualquier cosa, reírse conmigo y pedir una cerveza. El recuerdo de nuestra amistad a lo largo de los años no sólo se compone de proyectos culturales y compromisos políticos compartidos, sino de diminutivos, de sillitas o sillas al sol en cualquier hueco de las semanas, tardes en la piscina Granada junto a la carretera de la Sierra, baños improvisados en las aguas del río Genil, comidas en un merendero de La Vega y cenas capaces de demostrarnos que, como dijo nuestro amigo Antonio Jiménez Millán, <strong>también existe un sol para nocturnos</strong>. Lo saben algunos restaurantes, su estudio y el cuarto de estar de mi casa. La amistad de Juan tiene que ver con los horarios de trabajo, las borrascas de la vida y las buenas noticias, la ilusión y las limitaciones de lo conseguido, las historias familiares, los hermanos, las novias, las hijas, los días compartidos con Antonio Muñoz Molina o Javier Egea, pero también con las sillas al sol, huecos en los horarios laborales y cielos ontológicos que quisieron unir el ser y el estar, pero sin otra pretensión que la existencia compartida.</p><p>Conocí a Juan en la Librería Teoría, en los últimos años 70, cuando militaba en la Agrupación Gramsci y demostraba su capacidad con los pinceles en cuadros de realismo social. Pintaba obreros a la salida del trabajo o en medio de una comida y policías dispuestos a golpear cualquier manifestación política. Después <strong>tuve la suerte de acompañarlo mientras que modernizaba el diseño y las imágenes de Granada</strong> con otro pintor amigo, Julio Juste. Ya que Juan se ha definido a veces como un artista esquizofrénico, que trabaja de forma rabiosa con las manos para indagar las posibilidades reflexivas, literarias o metafísicas del oficio, me gusta recordarlo en el paso del realismo a la abstracción, del dibujo ambiguo y sugerente a la mancha exacta, paseando por las calles de la ciudad con José Guerrero, Manuel Rivera o Roberto Matta, y discutiendo con las huellas de Robert Motherwell o Willen de Kooning, hasta llegar a su estudio, abrir la puerta y subir las persianas con la intención de encontrarse a sí mismo, de preguntarse por la luz del sol y por la silla que hay frente al lienzo, la silla de la que se levanta para añadir un matiz, una forma o un tono.</p><p>La complicidad vital hace que las horas de trabajo acaben en una <strong>pereza propia de paseantes y gandules</strong> en cualquier ciudad y que el tiempo libre desemboque en la urgencia laboral de una creación dispuesta a transformar el rumbo de la historia. Lo recuerdo en lo alto de un andamio para pintar el techo de un cine de Granada, en la galería de Teresa Alberti en la calle Almirante de Madrid, con el mono de trabajo en sus estudios de la Carrera de la Virgen o de Pinos Genil, componiendo un mundo que es mi mundo, porque a sus cuadros pertenecen muchos de los ríos que yo oigo por las noches, muchas de mis soledades, y también el modo que tengo de mirar o mirarme cuando me siento a escribir y pongo una silla al sol. Juan Vida es Granada, la pintura, la amistad y el coche en el que hemos estado a punto de matarnos en más de una ocasión.</p><p>En la poesía y la pintura, todo lo que se esfuerza por ser natural responde a un conocimiento minucioso de la tradición, una capacidad de admirar las herencias recibidas y muchas horas de trabajo. Juan ha recogido en el libro <em>El triunfo de los pavos reales</em> (Juancaballos Arte, 2025) sus <strong>meditaciones sobre la pintura y los recuerdos más significativos</strong> de una vocación inteligente. Sonrío al leerlo y compruebo una vez más los sedimentos sólidos que hay bajo sus reacciones naturales, bajo la aparente espontaneidad de artista entregado a sus pasiones. Y agradezco que su compañía me haya enseñado a tomarme muy en serio la poesía, pero a no tomarme a mí mismo demasiado en serio, porque el pudor irónico es un equipaje imprescindible para comprender que la felicidad, más allá de las solemnidades, tiene que ver sobre todo con una sillita al sol. El puñetero de Juan Vida ha sacado el título para su libro de unos versos de la “Sonatina” de Rubén Darío: “El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. / Parlanchina, la dueña dice cosas banales, / y vestido de rojo piruetea el bufón”. Gracias a Juan, <strong>me he sentido muchas veces un parlanchín feliz</strong>, pero vigilante, decidido a alejarme de los pavos reales y los bufones.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 17:05:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El triunfo de los pavos reales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Bellas artes,Poesía,Pintura]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[El poeta en la calle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/poeta-calle_129_2169284.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El poeta en la calle"></p><p>La mejor manera de reafirmarse en las propias ideas es bajar a la calle. Los poetas orgullosos de su trabajo sienten la tentación de encerrarse en una torre de marfil para defenderse del mundo, uniformados con su culturalismo o sus creencias. Los uniformes siempre son un modo de resolver dudas y facilitar dogmas seguros de sí mismos. La energía poética de <strong>Rafael Alberti</strong> quedó de manifiesto cuando se convirtió, bajo los huracanes de los años 30, en un poeta en la calle. No sólo quiso escaparse de la torre de marfil para enfrentarse a un mundo bárbaro, sino que necesitó buscar también, en la tradición clásica o en su propia intimidad, el modo de <strong>no encerrarse en el dogmatismo de los panfletos y la consignas</strong>. Al vivir la conciencia <em>De un momento a otro</em>, le preguntó a su memoria, a su vida, a su educación sentimental, las razones de una mirada sobre la historia.</p><p>Después de acompañar a Rafael Alberti a la Europa del Este, yo tuve necesidad de bajar a la calle. Como no me gustó lo que vi en la Praga de los primeros años 80, ni lo que fui comprobando después aquí o allá, y <strong>tampoco quise renunciar a mis ideas anticapitalistas</strong>, decidí convivir con mis sueños, pero en <em>Habitaciones separadas</em>. Así se tituló el libro en el que afronté la necesidad de alejarme del sistema comunista pervertido por el estalinismo y de las ilusiones estafadoras, pero sin romper mi compromiso político. Convivir con los sueños, pero en habitaciones separadas, es propio de la conciencia vigilante. Cuando los sueños se envenenan en su almohada, podemos llamarles la atención desde la nuestra. Y si en nuestra habitación llueven las renuncias y el cinismo, está bien que los sueños adviertan que no es lo mismo defender un ideal que hacerse cómplices de una pesadilla. Mejor que los sueños nos inviten a bajar a la calle.</p><p>Cada cosa en su tiempo. Escribí un poema titulado “Mujeres” para explicarme lo que había sentido en una escena de la vida cotidiana, una de esas escenas que se despiertan con signos de interrogación. El autobús recorría muy de mañana mi ciudad y se detuvo en una parada llena de mujeres que se habían levantado para ir a trabajar. El tiempo de sus cuerpos era el exigido por una ducha, un peine y un horario laboral. Al subir al autobús, dejaron al descubierto la marquesina de la parada. Estaba embellecida por las braguitas, los sujetadores y los cuerpos edulcorados de una campaña de ropa interior. Después de apreciar la belleza, sentí que me resultaba necesario distinguir entre la modelo perfecta de los carteles, elaborada como una propuesta virtual, y la <strong>experiencia de carne y hueso de las mujeres que van al trabajo</strong> y comparten sus vidas con la realidad. Como poeta, elegí los ojos madrugadores de esas mujeres. Estaban llenos de sueño y de sueños.</p><p>Desde entonces he asumido como disciplina poética acercarme en distintos horarios a las paradas de autobús o bajar hasta las estaciones de metro para <strong>observar a la gente que pasa</strong>, las personas que van al trabajo, o vuelven, o llevan una bolsa de más, o una copa de menos, o la sonrisa de un buen recuerdo, o la soledad de una inquietud que no comparten con nadie. Compruebo que la poesía sobrevive a la mercantilización porque <strong>la intimidad es inseparable de la próxima parada</strong>, de las direcciones y los asuntos públicos, que nunca se quedan en el mismo sitio, aunque lo parezca, porque pretenden meterse en cada intimidad, en cada corazón, y viajar con las personas como si fuesen un equipaje, un asunto propio. Bajar a la calle es la mejor manera de conocer nuestra habitación particular y sólo desde su ventana acabamos viendo lo que pasa en la calle. Somos un viaje de ida y vuelta.</p><p>Son cosas que no olvida la poesía, y que <strong>tampoco debería olvidar la política</strong>, sobre todo en las épocas de crisis, cuando hay buitres empeñados en devorar los avances conseguidos por los seres humanos, avances que hoy se extienden por el mundo en forma de cadáver. Para devorarnos, los buitres necesitan convertir en cadáveres las buenas causas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 19:04:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El poeta en la calle]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Mal tiempo y mala cara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/mal-tiempo-mala-cara_129_2165848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/640574ef-5e97-4acc-8684-58ed4d996d82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Mal tiempo y mala cara"></p><p>¿Qué son las palabras separadas de la vida? Eso se preguntó el poeta mexicano Jaime Sabines, en su libro <a href="https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://palabravirtual.com/sabines/index.php%3Fir%3Dver_poema1.php%26idp%3D28%26pid%3D14184%26t%3DMaltiempo&ved=2ahUKEwiz5Irh8LCTAxW1VaQEHUyXMi4QFnoECBQQAQ&usg=AOvVaw0YlWais5ZgT_RRU3QWncau"  ><em>Maltiempo</em></a> (1972), para responderse que <strong>las palabras pueden llegar a ser naipes, juegos solitarios, pasatiempos mortales</strong>. El enfermo que se engaña a sí mismo para ocultarse la gravedad de una situación ejemplifica bien lo que están haciendo una parte de los responsables políticos de la desinformación a la hora de analizar la realidad que nos envuelve. Juegan sus cartas, confunden los problemas, generan desconfianza, mienten, para no asumir la gravedad de lo que acontece en el mundo. Son pasatiempos mortales. Israel y Estados Unidos provocan un genocidio en Gaza, rompen el derecho internacional, declaran una <a href="https://www.infolibre.es/economia/oriente-medio-adentra-guerra-total-precedentes-suministro-combustibles_1_2165016.html"  >guerra sobre Irán</a>, y cuando la respuesta cívica pretende negarse a la guerra, hay quien dice que los que defienden la paz son los partidarios de que las mujeres soporten un velo en Teherán. Pasatiempo mortal es defender con complicidad machista a un alcalde de tu comunidad, acusado de graves acosos contra una mujer de tu propio partido, para después justificar un bombardeo asesino en nombre de las mujeres iraníes.</p><p>EEUU impone un bloqueo cancelador sobre Cuba para <a href="https://www.infolibre.es/internacional/cuba-critica-eeuu-amenace-aduenarse-pais-le-aplica-duras-sanciones_1_2164054.html"  >hacerle la vida imposible a los cubanos</a>. Se esté de acuerdo o no con el régimen, <strong>es difícil aceptar que un país extranjero amenace, provoque el hambre, el bloqueo, la desprotección</strong>, el deterioro de los servicios mínimos, la falta de electricidad y de gasolina en una existencia cotidiana. Pasatiempo mortal es, por ejemplo, apoyar como patriotas españoles a los EE.UU cuando intentan, según ocurrió en 1898, borrar la presencia española en Cuba, su identidad latina, para convertir el país en el patio trasero de los norteamericanos, un territorio de esclavitud anglosajona, con servicios baratos para los que quieran hacer negocios, jugar en los casinos y pasarse unas vacaciones lujuriosas. </p><p>La prepotencia de los nuevos mandarines está dinamitando el pudor. Ya no da vergüenza pisotear los derechos humanos, la justicia internacional y la convivencia pacífica. Y es muy grave ponerle buena cara a este mal tiempo. Así que <strong>agradezco la tristeza, la inquietud en las palabras y las ojeras en los rostros</strong>. El poeta Jaime Sabines se convirtió en cronista cuando un volcán furioso hizo erupción desde las entrañas y sobre los cielos de Chiapas en marzo y abril de 1982. Miró a los heridos y a los muertos, reconoció la tragedia en los municipios de Chapultenango y Francisco León, sintió por dentro la historia de cada una de las víctimas, pero al final no pudo evitar la inquietud de una pregunta: ¿Por qué se ha de medir la catástrofe por el número de muertos y no por el de sobrevivientes? Las cifras de muertos son terribles en Irán o Palestina, pero lo mismo de terrible es el mundo que quieren imponernos a los sobrevivientes, un futuro sin derecho internacional, dispuesto a los genocidios y dominado por la ley del más fuerte.</p><p>Resulta que defender la paz supone ahora ponerse una camisa simpática, una estrategia electoralista, según los defensores mediáticos y políticos de <em>Donald Netanyahu</em> y <em>Benjamín Trump</em>. Es inevitable que se nos quede mala cara a los que intentamos defender la dignidad humana, el derecho a la vida y la convivencia frente la las identidades cerradas, la prepotencia y la soberbia de los que supeditan el mundo a sus propios negocios. Jaime Sabines escribió el poema <em>Tlatelolco 68</em> para <strong>denunciar la terrible matanza cometida en México</strong>, en la plaza de las Tres Culturas. Empezó por reconocer que “nadie sabe el número exacto de los muertos, ni siquiera los asesinos, ni siquiera el criminal”. Fueron cifras terribles.</p><p>Pero hubo algo más terrible. Lo que se asesinó entonces no fue un conjunto de víctimas: “fue peor, aquí han matado al pueblo”, escribió Sabines, denunciando lo que se quería hacer con un país que consolidaba su democracia y su deseo de convivencia. Y esto es lo que ocurre hoy en el mundo. Junto al dolor sentido ante cada una de las víctimas, hay que ponerle muy mala cara a este mal tiempo que quiere acabar no ya con las personas, sino con la idea de un futuro que camine hacia la democracia social, el derecho internacional y el respeto a la dignidad humana. </p><p>Jaime Sabines nació en la primavera de 1926, en Chiapas, hace ahora 100 años.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 18:30:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <title><![CDATA[Maldito idioma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/maldito-idioma_129_2160620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maldito idioma"></p><p>Después de la<strong> descalificación del idioma español </strong>que ha hecho <strong>Donald Trump,</strong> conviene llamar la atención sobre algunas cosas.</p><p>En primer lugar, me parece importante<strong> valorar la lengua inglesa</strong>, su importancia internacional y la calidad literaria que nos ha regalado a los lectores. Los admiradores de <strong>Shakespeare </strong>hemos encontrado en sus palabras una manera decisiva de preguntarnos, de sentir el amor, la injusticia, el miedo a la muerte y la realidad de los matices humanos a la hora de convivir con los héroes y con nosotros mismos, con la perfección y con las carencias. <strong>La historia es una suma, </strong>un sigue, que no puede olvidarse de las restas y las divisiones. ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? Eso se preguntó <strong>García Lorca </strong>en su <em>Oda a Walt Whitman</em>, cuando buscaba un modo poético de denunciar en<strong> </strong><em><strong>Poeta en Nueva York</strong></em><em> </em>las consecuencias económicas y políticas del <strong>capitalismo norteamericano. </strong>Fue un maestro para Federico el poeta que había paseado y escrito en inglés por las calles de Brooklyn, como Eliot y Auden fueron maestros imprescindibles para la mejor poesía española de posguerra. <strong>La literatura inglesa es una maravilla,</strong> aunque se olviden de ella los que sólo aprenden inglés para situar negocios multinacionales y poco humanos en las ambiciones de la <em>speculation</em>.</p><p>En segundo lugar, las <strong>críticas al idioma español de Donald Trump</strong> no son un ataque a España, o a México, o a Colombia, porque<strong> </strong>el español es un idioma propio de los EEUU. Según los informes del Instituto Cervantes, hay más de <strong>60 millones de ciudadanos americanos de origen hispánico, </strong>de los cuales más de 40 millones mantienen el español como lengua materna. Así que cuando Trump desprecia el español, el idioma "maldito", y lo borra de la página web de la Casa Blanca, y promueve políticas de desprestigio en las escuelas, ataca sobre todo la diversidad de su ciudadanía en nombre de una identidad cerrada. El ataque al español en EEUU es el ejemplo más claro de la deriva neoliberal hacia el <strong>autoritarismo ideológico,</strong> confundiendo la libertad con la ley del más fuerte.</p><p>En tercer lugar, llama la atención que muchos <strong>hablantes hispanos</strong>, que aprendieron a amar a su familia y pedir pan en su idioma materno, muestren <strong>simpatías y apoyos a quien desprestigia el español.</strong> Coinciden en esa traición íntima representantes de la derecha española del PP y Vox, personajes como <strong>Milei </strong>y <strong>Bukele, </strong>cubanos identificados con Miami y <strong>protagonistas hispanos del capitalismo internacional.</strong> Traicionar a Castilla, al castellano, al español, a La Rioja, a Silos, a sus orígenes, a los puertos andaluces que miraron hacia América, a los procesos justos de independencia defendidos en español, no es ningún problema para los tradicionalistas, como tampoco parece problema bombardear hospitales, romper la justicia internacional, matar personas y violar los derechos humanos.<strong> El derecho a la propia lengua es uno de esos derechos.</strong></p><p>En cuarto lugar, es necesario recordar que<strong> Donald Trump sabe lo que hace cuando desprecia el español. </strong>Si en su propio país se trata de una identidad importante, que se opone al deseo homogeneizador de su autoritarismo, en el mundo exterior<strong> el español es el segundo idioma del mundo</strong> junto al hindi, después del chino mandarín. Y cumple un papel decisivo de puente entre Europa y Latinoamérica. Reconocer y respetar el español supone respetar el multiculturalismo y pensar en un mundo que busque en la diversidad de una <strong>ilusión común el camino para la paz y la convivencia.</strong> El valor del español implica al mismo tiempo que Latinoamérica no debe ser un patio trasero de EEUU y que Europa tiene un valor decisivo a la hora de <strong>defender las ilusiones de una democracia social</strong> que no confunda el progreso con la avaricia tecnológica de las élites.</p><p>En quinto lugar, es bueno no olvidar el <strong>calado reaccionario, agresivo, dictatorial, beligerante y genocida</strong> que tienen las declaraciones despreciativas contra un idioma, aunque las diga alguien disfrazado de <strong>payaso populista</strong>. Y en sexto lugar, considero un orgullo que sea <strong>España quien le haya plantado cara, </strong>con voz en español, al peligro totalitario y bélico que hoy representan los invasores norteamericanos, sus redes sociales y sus armas de destrucción masiva. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 18:52:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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