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    <title><![CDATA[infoLibre - En clave de Fa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - En clave de Fa]]></description>
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      <title><![CDATA[8M: feliz nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/8m-feliz_129_2158021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee522e6b-d00f-4811-8e55-b6cfc5cd13c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="8M: feliz nada"></p><p>Ocurrió en una fecha concreta y en un lugar preciso, pero pudo haber sido en cualquier momento y en cualquier sitio. Acto institucional y breve encuentro entre participantes antes de que dé comienzo el evento. Un pequeño grupo de hombres de más de 60 años con cargos importantes, por un lado. Por otro, un grupo de mujeres en torno a 50 años también con cargos importantes. Presentaciones por aquí y por allá. Comentario de uno de ellos a una de ellas: “Entonces, tú eres la chica de negocio, ¿verdad?”. Respuesta a la altura de las circunstancias; es decir, cortante: <strong>“No soy la chica de negocio, soy la directora de negocio”.</strong> Cri, cri, cri: silencio en la sala. Siguiente comentario de otro de ellos tras saber que una de las mujeres es directora de negocio y otra, CEO: “Ya decía yo que estas dos tenían pinta de ser listas; debe de ser por las gafas”. Sonrisas congeladas, comentarios entre ellas. Minutos después, cinco de los hombres importantes están hablando con la directora de una empresa en un corrillo. De pronto, los cinco hombres caminan hacia la puerta sin más explicación, <strong>la directora se queda sola.</strong></p><p>Esto sucede en 2026, en plena ola reaccionaria contra el feminismo; o sea, contra las mujeres. ¿Se imaginan una ola reaccionaria contra los hombres? Cri, cri, cri. </p><p><strong>Me he fumado un único puro en mi vida.</strong> Les voy a contar en qué circunstancias. Era directora adjunta de un gran medio de comunicación y tenía que asistir a un evento internacional donde iba a ser nombrada con un importante cargo en una organización mundial. Días antes de coger el vuelo, recibí una invitación del embajador español en el país en cuestión para asistir a un “almuerzo privado” en su residencia junto a ciertos miembros de la nobleza (española). Lo primero que pensé es: “¿Qué pinto yo ahí? No voy”. Luego, no con poco esfuerzo, opté por ocupar mi espacio y confirmé que asistiría. Cuando llegué a la casa del embajador, allí estaban los miembros de la nobleza con sus respectivas señoras (porque no había miembros femeninos de la nobleza con sus respectivos señores) y el embajador con la suya. Yo iba sin pareja. <strong>Ya en los aperitivos empecé a divertirme:</strong> los hombres tendían a hablar entre ellos y las mujeres, entre ellas. Pero yo era la invitada a aquella comida, la agasajada, y ellos (los señores importantes) no sabían qué hacer conmigo ni de qué hablar, así que había una cierta tensión en el ambiente. La comida se desarrolló de forma más equilibrada porque el protocolo manda y mi posición (central) en la gran mesa de aquella residencia privada facilitaba que, sobre todo ellos, pudieran preguntarme y hablar conmigo. Y llegó la sobremesa, momentazo. Las mujeres se disponían a salir al jardín a tomar el té y era evidente que los señores no iban a tomar el té con ellas. Yo veía la situación que se estaba desencadenando y esperaba divertida a ver qué <em>hacían</em> conmigo. Entonces el embajador me preguntó qué quería hacer: si salir a tomar el té con ellas o quedarme con ellos. Y en un aparte, de manera discreta, le dije que dado que la invitación la había cursado él, yo imaginaba que querría hablar de algo conmigo y que, por tanto, estaba encantada de compartir la sobremesa con los señores, que para ese momento ya estaban bebiendo whisky. Así que caminé con él hacia la pérgola <em>masculina. </em>Allí té no había y café tampoco. <strong>Pedí un Macallan (sin hielo). Y, como ellos, me fumé un puro</strong>. Ellos hicieron como si yo fuese <em>uno</em> más y, a partir de ahí, pudimos comenzar a hablar los señores de la nobleza, el embajador y yo. </p><p>Es decir, para mantener una conversación de <em>negocios</em> con unos señores importantes, una mujer importante a la que ellos habían invitado tuvo que adoptar un rol digamos que masculino (por el puro, no por el whisky, que sigo disfrutando de cuando en cuando) para que ellos se sintieran más o menos cómodos. </p><p>Esta anécdota sucedió hace ya unos años, antes del Mee Too que todo lo cambió. Pero a la vista de los acontecimientos actuales, no me cabe la menor duda de que situaciones como esta siguen produciéndose. Es más, cualquiera que participe en la vida con una cierta mirada de género (digo mal, porque la mirada de género o se tiene o no se tiene) podrá comprobar, por ejemplo, en los <strong>comentarios a las noticias de los distintos medios de comunicación </strong>(de izquierdas o supuestamente de izquierdas) cómo cuando son hombres quienes firman artículos, las respuestas suelen ir por dos caminos: abrir debate sobre lo que el firmante ha expuesto o <strong>reforzar las tesis de lo expuesto por la vía del aplauso.</strong> Cuando son mujeres las que firmamos artículos, también hay dos caminos en las contestaciones, pero son distintos en peso y formulación. Algunos intentan también abrir debate, pero la mayoría se centran en corregir nuestras formulaciones, matizar nuestras palabras y <em><strong>ayudarnos</strong></em><strong> a entender que estamos equivocada</strong>s explicándonos qué es lo que teníamos que haber dicho o cómo teníamos que haberlo hecho.</p><p>No voy a abundar aquí en el <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/violencia-politica-desata-aleccionar-mujeres-redes-calles-parlamentos_1_2157182.html" target="_blank">castigo infame e impune que están recibiendo las mujeres</a> que se exponen públicamente con sus opiniones y sus posicionamientos. Ni sobre la<strong> inexplicable pasividad de la justicia y de las instituciones públicas para proteger a estas mujeres </strong>que dan la cara por todas; es decir, por los derechos de todos, nosotras y vosotros. Estos hechos merecen poca opinión, pero sí mucha reflexión y más acción. Para empezar, sobre la manera en la que esto se aborda, que empieza a ser muy similar al patrón con el que se informa de la violencia machista: una sucesión de casos y titulares que acaba convertida en paisaje cotidiano. </p><p>Voy a ser muy honesta: estoy escribiendo este texto sobre la marcha, cuando ya es 8M. Me he despertado a las siete de la mañana y he caído en la cuenta de que no había escrito nada. No sería importante si no fuera porque soy una de las dos únicas mujeres que dirigen un medio generalista de ámbito estatal (la otra es Laura Riestra, al frente de <em>El HuffPost)</em>. Y porque mi compromiso feminista es firme y presumo de dirigir medios en los que se trabaja con perspectiva de género. Precisamente por todo ello, <strong>este artículo es un síntoma: </strong>si el 8M vuelve a pillarnos escribiendo contrarreloj es porque aún estamos peleando por algo tan básico como que la igualdad y nuestros derechos sean mucho más que un hueco en la agenda. Así de duro, así de cierto. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 11:17:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <title><![CDATA[¿Quién necesita democracia teniendo un Mundial de fútbol (y muchos señores)?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/necesita-democracia-teniendo-mundial-futbol-senores_129_2118022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee522e6b-d00f-4811-8e55-b6cfc5cd13c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién necesita democracia teniendo un Mundial de fútbol (y muchos señores)?"></p><p>Del <strong>fútbol</strong> sólo me interesan las <strong>relaciones políticas que construye</strong>, sus motivaciones y la traducción de estas a la afición, o sea, a la sociedad. Por eso, entre el magma de noticias que nos sacude en los últimos tiempos –y que constituye en sí mismo una doctrina del <em>shock</em> perfectamente articulada–, se me quedó en la trastienda mental la entrega de un llamativo premio a Donald Trump el 5 de diciembre, en Washington. </p><p>La FIFA se sacó de la manga un “premio de la paz” y se lo entregó al presidente estadounidense coincidiendo con el sorteo del <strong>Mundial de 2026.</strong> El máximo representante del organismo futbolístico, <strong>Gianni Infantino,</strong> sonreía y, a falta de Nobel, Trump recibía triunfal el reconocimiento. Ni jurado, ni bases públicas, ni necesidad de explicaciones. ¿Para qué, si el mensaje era el gesto mismo? El fútbol más poderoso del planeta, a los pies del poder político que le garantiza el negocio; y, a cambio de millones, legitimidad envuelta en un lazo.</p><p>Ese premio no nace por una<strong> súbita vocación pacifista de la FIFA.</strong> Nace porque el fútbol, hace mucho tiempo, entendió que su verdadera fuerza está en lo que el juego produce: nación, identidad, pertenencia, obediencia. Y por eso el poder autoritario ha ido históricamente tras esa fuerza como quien busca una llave maestra. </p><p>A lo largo del último siglo, la extrema derecha —con uniforme o con traje— ha usado el deporte como acelerador identitario, económico y emocional. El <strong>fútbol-empresa</strong>, por su parte, ha aprendido que los gobiernos autoritarios son mucho más útiles que las democracias con todos sus periodistas, jueces, fiscales y ciudadanía. </p><p>El <strong>fascismo italiano</strong> convirtió el Mundial de 1934 en escaparate del régimen. El Estado controló federación, relato y puesta en escena porque Mussolini sabía bien lo que hacía: un torneo era mucho más que una simple competición deportiva, era una ceremonia de obediencia colectiva con trascendencia internacional. La victoria fue exhibida como prueba de fuerza nacional. Posiblemente fue la primera gran demostración del fútbol como política de masas.</p><p>Años después, la junta militar argentina organizaría el Mundial de 1978 mientras seguían operativos los centros clandestinos de detención. Una sencilla manera de proyectar modernidad al exterior y <strong>fabricar unidad interna entre desapariciones y terror.</strong></p><p>En España, el franquismo aprendió pronto a usar también el balón como escaparate internacional: el fútbol ofrecía una España <em>ordenada</em>, ganadora, moderna; el <strong>Real Madrid </strong>funcionó durante años como símbolo internacional de una normalidad que puertas adentro no existía. El uso político del club y de la selección como propaganda de Estado está ampliamente documentado (ver <a href="https://zaguan.unizar.es/record/9464/files/TAZ-TFG-2012-768.pdf" target="_blank">aquí</a> y <a href="https://api.pageplace.de/preview/DT0400.9781040156940_A49277721/preview-9781040156940_A49277721.pdf" target="_blank">aquí</a>).</p><p>En esa primera época, la relación era transparente: dictadura que necesita legitimidad, fútbol como relato nacional. </p><p>Luego llegó la mercantilización y el descubrimiento de que el fútbol no sólo legitimaba Estados: también podía fabricar líderes. Silvio Berlusconi compró el AC Milan en 1986, lo transformó en máquina de títulos y el club se convirtió en un trampolín político. <strong>Forza Italia </strong>no era un nombre cualquiera, era el grito de la grada transformado en partido. El berlusconismo entendió que un equipo ganador es una formidable catapulta de liderazgo.</p><p>En España, el mecanismo Berlusconi tuvo su espejo en <strong>Jesús Gil:</strong> la presidencia del Atlético de Madrid (1987), como plataforma para ganar la alcaldía de Marbella (1991) y fabricar un populismo municipal de plató, basado en espectáculo permanente, mano dura, xenofobia, machismo y clientelismo urbanístico. El GIL gobernó más de una década entre corrupción y abuso de poder hasta la intervención judicial del municipio. Distinta escala, mismo patrón: el fútbol y la tele como fábrica de liderazgo autoritario, con la hinchada convertida en “pueblo” electoral.</p><p>Ruiz-Mateos, en una lógica similar, aunque no idéntica, compró el <strong>Rayo Vallecano</strong> en 1991, en plena resaca de Rumasa y de su guerra judicial con el Estado, y el club le sirvió para recuperar foco público y un capital emocional popular que la política no le daba tan rápido. No buscaba tanto conquistar instituciones como Berlusconi o Gil, sino blindarse y reconstruir un personaje con un escaparate semanal y una identidad de barrio; su presidencia fue breve, pero abrió una larga etapa familiar que muestra cómo el fútbol funcionó entonces como refugio reputacional para empresarios en caída.</p><p>En la Europa del Este postcomunista, la fórmula se replicó con una estética parecida: oligarcas y dirigentes nacional-populistas compraron clubes para construir clientelas, prestigio y poder territorial.</p><p>Eran los prolegómenos de una <strong>alianza futbolística a escala planetaria con el autoritarismo. </strong>Ahora ya no se trata de usar un torneo para hacer propaganda interna o para catapultarse a la política, sino de comprar reputación global. Así nacen los grandes mundiales de la era Infantino.</p><p><strong>Rusia 2018</strong> fue el ensayo general: el Mundial como vitrina de normalidad para un régimen que ya caminaba hacia el autoritarismo agresivo. <strong>Qatar 2022</strong> fue la culminación: un Estado sin libertades democráticas utilizó el torneo para blanquearse pese a denuncias por explotación laboral masiva de migrantes y represión de derechos básicos. <strong>Arabia Saudí 2034</strong> completa el tríptico: candidatura sin rival real, proceso diseñado para que gane el reino y un Mundial convertido en herramienta de lavado internacional de un régimen con un historial de represión feroz.</p><p>La FIFA hace ya tiempo que no actúa como federación deportiva; opera como conglomerado empresarial dependiente de Estados capaces de financiar infraestructuras, garantizar seguridad y silenciar conflictos. <strong>Las autocracias compran el producto</strong> porque les vende exactamente lo que necesitan: prestigio y pertenencia mundial.</p><p>Mientras tanto, la ultraderecha contemporánea europea usa el fútbol como taller nacional de corto y largo alcance. Hungría no lo esconde: <strong>Viktor Orbán</strong> ha convertido el deporte en proyecto político, ha volcado dinero público en academias y estadios, y ha hecho de la <strong>Puskás Akadémia</strong> un símbolo nacionalista de su propio régimen iliberal.</p><p>Y en las gradas de muchos países, grupos ultras normalizan imaginarios xenófobos que acaban contaminando el ecosistema entero.</p><p>En este contexto, el premio a <strong>Trump</strong> es puro continuismo. La FIFA premia a un aliado: Trump es el anfitrión del Mundial 2026, el hombre que garantiza las condiciones de seguridad y negocio del gran escaparate de la Federación. Pero el homenajeado añade un rasgo que lo hace especialmente útil para este hábitat futbolístico: <strong>solo se mueve si hay dinero. </strong>Su política exterior no se basa en la diplomacia, sino en la rentabilidad. El mejor ejemplo y más reciente son las <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/plan-trump-ucrania-paz-gestionada-empresarios-cambio-negocios-millonarios-putin_1_2108505.html" target="_blank">negociaciones del plan de paz para Rusia-Ucrania</a>.</p><p>Infantino blanquea a Trump, y Trump blanquea, a través de ese premio, el método de convertir guerras en operaciones comerciales. Entre medias, a quién le importa <strong>prostituir el término y el concepto de “paz”. </strong></p><p>Por tanto, no es que los ultras hayan entrado en el fútbol; es que el fútbol les ha abierto la puerta de par en par porque le resulta rentable. La novedad no es el flirteo. La novedad es la desvergüenza.</p><p>Pero este sistema no se sostiene sólo por afinidades políticas o económicas. Hay otro elemento en toda esta maquinaria que está muy lejos de ser una novedad, pero sin el cual sería difícil que funcionara tan perfectamente engrasada: el <strong>monopolio masculino del poder. </strong>Casi todos los nombres propios de esta historia (y los que no caben por cuestión de espacio) –Infantino, Trump, Tebas, Florentino, Rubiales, los jeques, los viejos presidentes-caudillo– pertenecen a una cohorte de “hombres fuertes” que se reconocen entre sí, se protegen entre ellos y entienden el fútbol como un coto privado de poder. </p><p>No es solo una cuestión de quién ocupa los cargos –que también–, sino de <strong>qué cultura han construido para mantener sus privilegios: </strong>jerárquica, opaca, de lealtades de clan. Una cultura que se basa exactamente en los mismos principios que cualquier plutocracia… y que el propio patriarcado.</p><p>Por eso, cuando el fútbol deja de ser un espacio exclusivamente masculino, el sistema entero se viene abajo. El <em><strong>caso Rubiales </strong></em>es la evidencia más palpable. Porque la presencia de mujeres introduce marcos –consentimiento, derechos, cuidados, rendición de cuentas, horizontalidad– que esta alianza necesita neutralizar para que sus maniobras y prebendas se mantengan intactas. A ver si se va a colar un rayito de democratización en el búnker... </p><p>Si el fútbol es hoy una autopista cultural para el poder fuerte y los autoritarismos, es también porque ha sido durante demasiado tiempo un <strong>coto masculino sin contrapesos.</strong> Y cualquier disputa democrática real sobre este negocio y sus ramificaciones empieza por ahí: por discutir quién manda, cómo manda y con qué legitimidad. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jan 2026 18:03:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <title><![CDATA[Un rey sin monarquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/rey-monarquia_129_2119479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee522e6b-d00f-4811-8e55-b6cfc5cd13c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un rey sin monarquía"></p><p>No es noticia que el discurso de Navidad del rey suele ser un ejercicio más que notable de funambulismo. No es difícil imaginar a su corte (y a su cohorte) con un montón de papeles sobre la mesa intentando dilucidar cómo hablar de esto sin pisar un callo, o cómo mencionar esto otro sin levantar una ampolla. Pero el de 2025 es, hasta la fecha, el que se lleva la palma. </p><p>Felipe VI ha construido su mensaje alrededor de dos efemérides redondas: los 50 años del inicio de la Transición democrática y los 40 de la entrada de España en las Comunidades Europeas. Democracia y Europa como columnas vertebrales de un relato en el que otro gran aniversario, no precisamente menor, brilla por su ausencia. Ni más ni menos que los <strong>50 años de monarquía parlamentaria</strong>.</p><p>La omisión resulta demasiado evidente como para ser casual. Felipe VI celebra la democracia, pero evita conmemorar la institución que él mismo encabeza; reivindica la Transición, pero sin subrayar el papel de la Corona en ese proceso; apela a la memoria, pero <strong>sin nombrar ni el franquismo ni la dictadura</strong>, las dos palabras que definen con más precisión el régimen que restauró la monarquía y que designó como su sucesor a Juan Carlos I, su padre, que a partir de este 24 de diciembre de 2025 ya puede pasar a la historia como <em>El innombrable.</em></p><p>Precisamente, <em>El innombrable,</em> cuando todavía era sólo un campechano rey, utilizó no pocas veces sus discursos navideños para reivindicar su papel en la Transición y para subrayar la monarquía como pilar del sistema constitucional (ahora que ya no da discursos de Navidad, se pasa a las memorias para seguir haciéndolo). </p><p>Felipe VI mantuvo esa línea en sus primeros años de reinado: en 2015 y en 2018 recordó explícitamente la proclamación de su padre y la continuidad institucional como elementos de estabilidad. Y hasta ahí llegaron las loas. Porque a raíz de la sentencia del <em>caso Noos </em>el emérito pasa de ser un activo simbólico a un problema estructural, y desaparece del discurso navideño. La cuestión es que con él desaparece también la posibilidad de celebrar la monarquía sin abrir un balance incómodo. </p><p>El discurso de este año es la culminación de este proceso. Felipe VI no menciona los 50 años de monarquía porque hacerlo implicaría hablar de su padre. Y hablar de su padre, en 2025, es entrar en un terreno minado. Más aún después de la publicación de las memorias del emérito, en las que no solo elude cualquier revisión crítica de su trayectoria, sino que <strong>expresa sin complejos su cercanía al franquismo</strong>, normalizando una relación con esa dictadura que su hijo evita nombrar de forma directa y explícita (la referencia más clara la hace al hablar de “los extremismos, los radicalismos y populismos”: “ese capítulo de la historia ya lo conocemos [...], tuvo consecuencias funestas”). <strong>Qué oportunidad perdida, por cierto.</strong></p><p>La contradicción es difícil de ignorar. Mientras el rey construye un relato de democracia sin dictadura, su padre reivindica desde fuera de la institución su vínculo con el régimen anterior. Mientras Felipe VI apela a la convivencia y a la memoria compartida, Juan Carlos I es apartado de la conmemoración del medio siglo de democracia. </p><p>Rememorar los 50 años de la monarquía <strong>habría obligado a confrontar esa tensión.</strong> A explicar qué se celebra exactamente. A asumir que la democracia y la monarquía española nacen de una Transición marcada por silencios, renuncias y una continuidad institucional que hoy pesa. Por eso opta por Europa y la Constitución (cómo no) como refugio narrativo seguro. <strong>La Corona se convierte en un terreno pantanoso para el propio rey.</strong></p><p>Ese desplazamiento explica también el tono del mensaje. El rey adopta un lenguaje inequívocamente democrático —soberanía popular, convivencia, pluralismo—, pero lo hace <strong>para sostener una institución que no se somete al mismo nivel de control democrático que el resto</strong>. Apela, como siempre, a la ejemplaridad de los poderes públicos, pero sin incluir, nuevamente, a la Casa Real en ese marco de exigencia. Se pide confianza sin hablar de transparencia, rendición de cuentas o responsabilidad institucional. Es, además, un discurso plano. Sin aristas. Sin una sola referencia concreta al presente político que obligue a mojarse. No interpela a nadie. No señala conflictos. No incomoda. Se limita a enunciar valores generales y consensos históricos, como si eso bastara para sostener la autoridad institucional. </p><p>Sobre todo, cuando la monarquía llega a esta Navidad tras un año más que complicado, y no sólo por el libro del emérito. Vox le ha dado la espalda a Felipe VI, y Alberto Núñez Feijóo no acudió a la apertura del año judicial presidida por el monarca con la excusa de que asistiría el ya exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. El desplante del líder del PP no lo era tanto con el rey como para escenificar su castigo a Pedro Sánchez, que es lo único que le importa, tenga el coste que tenga. Sin dramatizar esos gestos, sí indican que <strong>la Corona ya no funciona como espacio de consenso indiscutido. </strong>Es una institución más expuesta y más consciente de sus límites.</p><p>En este contexto encaja como un guante la conversión de la <strong>princesa Leonor </strong>en un producto cuidadosamente diseñado. Marketing institucional para compensar la falta de un debate de fondo sobre el papel de la Corona. El mismo objetivo que tiene, al fin y al cabo, el discurso del rey. </p><p>Por eso, el hecho de que Felipe VI celebre la democracia mientras borra a la monarquía es, quizá, la señal más inequívoca de la fragilidad que intenta ocultar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 20:17:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <title><![CDATA[Los porqués del ‘caso Adolfo Suárez’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/porques-caso-adolfo-suarez_129_2117002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee522e6b-d00f-4811-8e55-b6cfc5cd13c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los porqués del ‘caso Adolfo Suárez’"></p><p><strong>infoLibre </strong>ha decidido publicar y dar relevancia editorial a la denuncia interpuesta por una mujer en la que relata haber sido<a href="https://www.infolibre.es/igualdad/mujer-denuncia-haber-sufrido-violencia-sexual-parte-adolfo-suarez-menor_1_2116259.html" target="_blank"> víctima de una sucesión de agresiones sexuales cometidas, según su testimonio, por Adolfo Suárez</a> a principios de los años ochenta y mientras ella era menor. Creo que es importante explicar los porqués de esta decisión:</p><p>La denuncia de Ariadna (nombre ficticio) muestra una violencia sexual continuada cuando ella era menor, con secuelas psicológicas y vitales que se han prolongado durante décadas: depresión, tratamientos largos, problemas de autoestima, revictimización constante al ver homenajes a su presunto agresor, etc.</p><p>Que la acción penal esté prescrita y el presunto agresor haya fallecido <strong>no significa, por tanto, que el daño haya terminado</strong>. La propia víctima explica que “toda su vida” ha estado atravesada por lo ocurrido. </p><p>En resumen, los<strong> tiempos del trauma no tienen por qué coincidir necesariamente con los del Código Penal</strong> (y de hecho la mayor parte de las veces no lo hacen). Por eso es legítimo dar crédito a la voz de una víctima aunque aparezca décadas después.</p><p>Si a cualquier mujer le cuesta denunciar a un jefe o a una pareja, ¿cómo no le iba a costar a una chica de 17 años denunciar a un expresidente del Gobierno, y en un momento en que la violencia sexual era un tabú?</p><p>Por un lado, la denuncia describe una relación atravesada por la <strong>asimetría extrema de poder</strong>: él, uno de los líderes políticos más influyentes del país; ella, una menor de 17 años que lo admira y busca orientación. Por otro, la propia víctima explica el miedo a denunciar, el bloqueo, la incapacidad de nombrar lo ocurrido como violación <strong>hasta que una psicóloga se lo verbaliza como tal décadas después. </strong>Algo habitual<strong> </strong>en las víctimas de violencia sexual y de género, que tardan en hablar por miedo, culpa, vergüenza, dependencia económica, presión social o admiración hacia la figura agresora.</p><p>Ariadna relata también la revictimización constante a la que está sometida: ver al presunto agresor convertido en símbolo de la Transición, un aeropuerto con su nombre, ficciones televisivas que lo ensalzan coincidiendo con los 50 años de la democracia… Todo este contexto convierte el silencio en una <strong>estrategia de supervivencia</strong>, y desde luego no en una demostración de que su relato es falso.</p><p>Desde la lógica de la <strong>justicia restaurativa (pilar del sistema penal en España)</strong>, el foco no es sólo castigar, sino reconocer el daño, devolver la dignidad y abrir vías de reparación (aunque sean simbólicas o civiles) para las víctimas.</p><p>La propia Administración de Justicia define la <a href="https://www.administraciondejusticia.gob.es/justicia-restaurativa" target="_blank"><strong>justicia restaurativa</strong></a> como un conjunto de procesos orientados a lograr una <strong>“adecuada reparación material y moral”</strong> de los perjuicios derivados del delito. </p><p>En el caso de Ariadna, aunque no haya recorrido penal por la prescripción del caso y el fallecimiento del presunto autor, las fuentes jurídicas consultadas por <strong>infoLibre </strong>señalan que <strong>tiene derecho a denunciar y a reclamar una reparación civil,</strong> siempre y cuando los hechos puedan ser acreditados.</p><p>Por tanto, si el propio sistema de justicia español se concibe como restaurativo, debe estar preparado para <strong>acoger relatos tardíos y buscar vías de reparación.</strong></p><p>Cuando hablamos de <strong>franquismo</strong>, asumimos sin problema esta lógica restaurativa, que básicamente pasa por una exigencia de verdad, reconocimiento y reparación moral para las víctimas, y de garantías de no repetición para el resto de la ciudadanía. Es decir, aceptamos que con los crímenes del franquismo se llega tarde penalmente, pero que nunca es tarde para la memoria y la reparación.</p><p>Pero aún lo asumimos de una forma más natural en el caso de los <strong>abusos y agresiones sexuales dentro de la Iglesia.</strong> En este contexto, hay personas que están denunciando hechos sucedidos en los años cincuenta del siglo XX y, por más que hayan pasado décadas y que la mayoría de los agresores hayan fallecido, nadie cuestiona los testimonios de las víctimas. <strong>¿Por qué entonces no aplicar esa misma lógica a la violencia sexual sufrida por una mujer? </strong>¿Dónde está la diferencia? ¿Tal vez en que su presunto agresor fue Adolfo Suárez?</p><p>Tanto en los crímenes de lesa humanidad como en los de violencia sexual, la lógica de fondo es la misma, aunque no sean el mismo tipo de delito: hay violaciones graves de derechos humanos cuyos efectos se prolongan en el tiempo y que <strong>la sociedad tiene el deber de reconocer y reparar, aunque los responsables hayan muerto y aunque sea tarde</strong>.</p><p>En el caso de Ariadna, prescrito y con el supuesto agresor fallecido, su denuncia llega acompañada de informes psicológicos y años de tratamiento público especializado. Eso da densidad probatoria al relato y refuerza el sentido de que la reparación no es un capricho, sino una necesidad. Y <strong>el espacio público y el periodismo son casi el único lugar donde esa reparación moral puede suceder</strong>.</p><p>La denuncia afecta a una figura central de la Transición. Pero la democracia no se fortalece blindando biografías, sino <strong>aceptando que el legado político y las conductas privadas pueden entrar en conflicto</strong>. Los “grandes hombres” también pueden haber ejercido violencia de género o sexual, y ese dato debe formar parte de la evaluación pública de su figura.</p><p>Igual que aceptamos como irrefutables los abusos cometidos dentro de la Iglesia o que revisamos monumentos o nombres de calles vinculados a figuras con pasado represivo, es legítimo cuestionar que el nombre de una persona señalada por violencia sexual contra una menor se mantenga como símbolo incuestionable. Por mucho que estos hechos sucedieran hace 40 años. Y por mucho que esa persona fuera presidente del Gobierno.</p><p>____________</p><p>En definitiva, escuchar a las víctimas décadas después es coherente con una justicia restaurativa y con la memoria democrática, y por tanto con la propia línea editorial de <strong>infoLibre</strong>. No se trata de reescribir la historia, sino de completarla: la Transición es un momento clave en la historia de España, pero esto no implica convertir en intocables a sus protagonistas. <strong>La Transición, y la historia, la escriben también voces de mujeres como Ariadna. </strong></p><p>Si asumimos que el franquismo no podrá darse por cerrado hasta que se reconozca a todas y cada una de sus víctimas, también debemos aceptar que<strong> la violencia sexual no termina hasta que se reconoce a sus supervivientes.</strong> Sea en el caso de la Iglesia o en el de las mujeres que relaten ser víctimas de esa violencia. Aunque hayan pasado cuarenta años. Aunque el agresor esté muerto. Y aunque se llamara Adolfo Suárez.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2025 20:03:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los porqués del ‘caso Adolfo Suárez’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Israel Files’, la arquitectura de la impunidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/israel-files-arquitectura-impunidad_129_2114177.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Israel Files’, la arquitectura de la impunidad"></p><p>Hay investigaciones periodísticas cuya relevancia reside no tanto en los hechos como en el patrón que dejan al descubierto. Ocurrió con el <em><strong>Cablegate</strong></em>, la filtración de Wikileaks de 2010 de las comunicaciones secretas entre la embajada de EEUU y las del resto del mundo que ponía negro sobre blanco cómo una <a href="https://wikileaks.org/Press-Release-Secret-US-Embassy.html" target="_blank">buena parte de la diplomacia mundial trabajaba al servicio de intereses empresariales</a>. Y vuelve a suceder ahora con <a href="https://www.infolibre.es/suplementos/israel-files/"  ><em><strong>Israel Files,</strong></em></a><em><strong> </strong></em>la investigación de más de dos millones de emails del Ministerio de Justicia israelí que <strong>infoLibre</strong> publica en exclusiva en España*.</p><p>No porque desvele grandes sorpresas (las presiones de Israel a escala planetaria para protegerse del derecho internacional), sino porque documenta con gran precisión <strong>hasta qué punto la defensa de los derechos humanos se ha convertido en un frente de guerra política</strong>. Y, sobre todo, porque refleja cómo con dinero y poder se pueden cambiar las reglas del juego.</p><p>Desde 2009, coincidiendo con el regreso de Benjamin Netanyahu al Gobierno y con la ofensiva sobre Gaza, Israel puso en marcha una maquinaria legal específica para <strong>evitar que se abrieran causas fuera de sus fronteras por crímenes de guerra.</strong> Una unidad dentro del Ministerio de Justicia destinada durante más de una década a anticipar riesgos, cerrar procesos, influir en reformas legislativas ajenas y garantizar que altos cargos políticos y militares pudieran moverse por el mundo con el menor coste jurídico posible. </p><p>La filtración de esos millones de correos electrónicos permite seguir durante al menos diez años una operativa minuciosa, calculada al milímetro para <strong>evitar que los tribunales extranjeros se convirtieran en un problema real para Israel</strong>: contactos con bufetes de abogados extranjeros, análisis de países “objetivo”, vigilancia de Parlamentos, diseño de mensajes políticos, evaluación de viajes, advertencias de seguridad impropias de exmandatarios y más propias de fugitivos. </p><p>No es casual que España figure en esos correos como “objetivo” de Israel. Durante años fue uno de los países europeos que aplicó con mayor amplitud el principio de jurisdicción universal, esa idea –nacida tras la Segunda Guerra Mundial– según la cual hay crímenes tan graves que pueden y deben ser perseguidos con independencia de dónde se hayan cometido. <strong>Genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra.</strong> Delitos que no pertenecen solo a un territorio, sino a la humanidad en su conjunto. </p><p>Dos reformas, <a href="https://elpais.com/elpais/2009/06/25/actualidad/1245917830_850215.html" target="_blank">una con Zapatero en 2009</a> (pactada con el PP) y <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140211_espana_reforma_ley_jurisdiccion_internacional_men" target="_blank">otra con Rajoy en 2014</a> (sólo con los votos del PP) estrangularon la justicia universal en España hasta dejarla en lo que es hoy: <strong>un instrumento raquítico, prácticamente inservible,</strong> que sólo responde ante casos, sobre todo de terrorismo, en los que haya víctimas españolas. Así fue como se pasó de poder juzgar crímenes internacionales sin importar dónde ocurrieran, a sólo poder hacerlo en caso de que la víctima tuviera nacionalidad española o que el responsable estuviera en España (2009) y a eliminar la persecución de delitos como la mutilación genital femenina o archivar muchas causas como la del Tíbet (2014). Por cierto,<strong> la presión de China, EEUU e Israel</strong> fue clave en las modificaciones de 2009, y la de los dos primeros, en la de 2014.</p><p>Pero mientras funcionó en toda su dimensión, en la Audiencia Nacional hubo magistrados que empujaron el límite de lo posible. Desde <strong>Baltasar Garzón</strong>, pionero en la aplicación práctica de ese principio en España con el procesamiento de Pinochet, a jueces como <strong>Santiago Pedraz</strong>, que sostuvo causas emblemáticas (Guatemala, Couso), o <strong>Fernando Andreu</strong>, que abrió en 2009 diligencias contra altos mandos israelíes por el bombardeo de Gaza de julio de 2002. Hasta que los <em>elementos</em> (entiéndanme la ironía) terminaron por asfixiarlas.</p><p>Este ensamblaje jurídico convirtió a España en un lugar incómodo, simplemente porque <strong>abría la puerta a activar investigaciones de ese calado</strong>. Y la mera posibilidad fue más que suficiente para que Israel pusiera a funcionar toda su maquinaria, que pasaba, entre otras cosas, por activar lobbies, presionar sobre reformas o trabajar para que ciertas causas no prosperaran. </p><p>Los documentos muestran hasta qué punto esa sola posibilidad era tomada en serio. En 2009, el mismo día que la Audiencia Nacional archivaba la causa de Andreu contra altos mandos israelíes por un ataque con civiles muertos —incluidos niños y bebés—, <strong>un correo interno israelí se felicitaba por la labor desarrollada con abogados españoles</strong> que, según el mail, contribuyó a influir en Fiscalía y tribunal. Ahí es nada. </p><p>Por eso <em>Israel Files</em> es una seria advertencia. Convertir el derecho en una herramienta para la impunidad es un juego de niños para <strong>Estados con poder (y dinero)</strong>. Lo hacen a través de despachos prestigiosos, con ministerios <em>ad hoc</em>, con redes de contactos, con premios, regalos (me vienen a la cabeza ahora las insistentes invitaciones que recibí durante años de un instituto de innovación israelí, por no hablar de los continuos mensajes de la embajada cada vez que publicábamos una información crítica con Israel) o con estrategias encaminadas al <em>colegueo</em> con fiscales, juristas y expertos. No se trata de defenderse en los tribunales, sino de hacer todo lo que esté en su mano para que esos tribunales (extranjeros) no sean un problema. Y a la vista está que lo acaban logrando.</p><p>(Llegados a este punto es interesante recordar que el mismo principio de jurisdicción universal que hoy combate fue <strong>defendido durante décadas por Israel para perseguir a criminales nazis)</strong>. </p><p>Pero sigamos. Porque lo que todo esto ilustra es que la justicia universal es –era– mucho más que un gesto simbólico, una extravagancia jurídica o una pulsión moralista de jueces díscolos (y progresistas). Abría <strong>una grieta en el muro de la impunidad</strong>. Era una forma de recordar que los crímenes más graves no prescriben en la frontera en la que se han cometido y que la ausencia de voluntad política interna no puede convertirse en inmunidad exterior.</p><p>Que esa herramienta haya sido vaciada de contenido o directamente neutralizada en distintos países europeos, como España, responde a una lógica profunda: <strong>cuando la justicia empieza a molestar a los aliados, deja de ser prioritaria</strong>. Por eso el principio de jurisdicción universal fue ridiculizado en su día como algo ingenuo, <em>buenista</em>, impracticable y, además, provocaba problemas diplomáticos. Cómo no sacrificarlo en nombre del realismo, del equilibrio internacional o de la “responsabilidad”.</p><p><em>Israel Files</em> pone en evidencia algo que intuíamos, pero rara vez podíamos demostrar con esta claridad: <strong>la justicia universal era eficaz precisamente porque generaba miedo al escrutinio</strong>. Porque obligaba a los criminales poderosos a moverse con cautela, a aceptar que el mundo no es completamente opaco. Hoy, con esa puerta casi cerrada, el mensaje que se envía es el opuesto.</p><p>La justicia universal no garantizaba justicia, pero aseguraba algo tan imprescindible como <strong>que la impunidad no fuera automática</strong>. Y eso, como demuestra esta investigación, es exactamente lo que algunos Estados están dispuestos a evitar, cueste lo que cueste.</p><p><em>*’Israel Files’ es una investigación realizada por </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em> junto con la red </em><a href="https://eic.network/" target="_blank"><em>European Investigative Collaborations (EIC)</em></a><em> y basada en documentos confidenciales publicados en el portal de filtraciones </em><a href="https://ddosecrets.com/article/israel-ministry-of-justice" target="_blank"><em>Distributed Denial of Secrets (DDoS)</em></a><em>. </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em> es el único medio español que participa en ella.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 18:33:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Israel Files’, la arquitectura de la impunidad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Teresa Peramato o la gramática del poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/teresa-peramato-gramatica_129_2104587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Teresa Peramato o la gramática del poder"></p><p>Hay decisiones que pueden parecer pequeñas, casi tipográficas. Una vocal aquí, una terminación allá. Y, sin embargo, cuando en una redacción se decide cómo nombrar a una mujer que ocupa un puesto de poder, esa “pequeñez” deja de serlo para convertirse en una acción política. Porque una redacción no solo ordena hechos, <strong>ordena el mundo a través de lo que cuenta y de cómo lo cuenta.</strong> La decisión de <strong>infoLibre</strong> de llamar <em>fiscala</em> a la nueva fiscala general del Estado pertenece a esa familia de gestos que, por modestos que parezcan, intervienen en la arquitectura simbólica de lo real. </p><p>No estamos ante una ocurrencia terminológica, es una toma de posición sobre quién puede ser nombrada, cómo y desde qué lugar de autoridad. Porque la lengua no es un simple almacenamiento de palabras. Es, como diría Pierre Bourdieu, un mercado donde se fija qué registros valen, qué voces cuentan, qué sujetos son reconocibles. Y ese mercado tiene historia y jerarquía: ha funcionado, durante siglos, desde una premisa tácita según la cual el masculino es la norma y el femenino su derivación. </p><p>Las resistencias que se disfrazan de pulcritud lingüística lo hacen generalmente parapetadas tras élites (masculinas) que se perpetúan gracias a las relaciones (masculinas) de poder. La queja contra el uso del femenino profesional suele presentarse como<strong> defensa de una lengua “pura”</strong> –que, por cierto, nunca existió– o como respuesta a las “modas” feministas. Pero a cualquiera que esté en el mundo le cuesta entender que lo que verdaderamente moleste a algunos sea la palabra y no la evidencia que esa palabra trae consigo: que las mujeres han entrado en espacios donde no estaban previstas y donde, a menudo, no son bienvenidas.</p><p>Cuando decimos <em>fiscal </em>para un hombre y <em>fiscal </em>para una mujer, no estamos practicando una igualdad pulcra; estamos sosteniendo<strong> la idea de que el masculino es el estándar y el femenino una excepción a tolerar. </strong>Es economía patriarcal del lenguaje para perpetuar un patrón heredado. El masculino genérico no insulta, no grita, no golpea, pero opera con precisión quirúrgica en el arrinconamiento femenino. Cada vez que una profesión se nombra sólo en masculino cuando es ejercida por una mujer, el idioma imprime un mensaje de fondo: esta mujer ocupa un puesto pensado para un hombre.</p><p>Por eso,<strong> decir </strong><em><strong>fiscala </strong></em><strong>corrige algo elemental:</strong> si hay una mujer al frente, el lenguaje debe dejar constancia de que es así. No para encerrarla en el género, sino para reconocer que el género ha sido, históricamente, el muro de entrada. La palabra <em>fiscala</em> rescata a la mujer de un lugar prestado y la saca de la posición de intrusa. Lo que hace es romper una costumbre que el idioma había naturalizado. Y la costumbre, cuando es patriarcal, no es tradición, es disciplina.</p><p>La propuesta de<strong> Teresa Peramato</strong> como fiscala general del Estado se ha producido precisamente, y no por casualidad, un 25N, fecha que cae como una losa del calendario en un momento especialmente turbio. El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres es un recordatorio de que<strong> la violencia tiene raíces culturales, económicas, políticas y simbólicas. También lingüísticas.</strong> Las mujeres siguen siendo asesinadas, agredidas, acosadas, precarizadas, igual que siguen siendo discutidas, tuteladas, desautorizadas. Y cada vez asistimos con menos sorpresa a una especie de normalización del retroceso: se reabre el debate sobre derechos ya conquistados, <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/perla-desideologizacio-n-machismo_129_2103229.html"  >se relativiza la violencia machista</a> llamándola “problema social”, se cuestiona la educación sexual o afectiva, se sugiere que el feminismo “exagera”. La reacción al avance de las mujeres ya ni siquiera se disimula, es parte de ese nuevo <em>espíritu rebelde</em>. </p><p>Programas de radio, ciclos culturales, conferencias universitarias en las que el varón vuelve a ocupar el centro sin <strong>ni siquiera la coartada de la ignorancia. </strong>Y no es algo anecdótico. Cuando no hay mujeres en una mesa, esa mesa manifiesta que la autoridad sigue siendo masculina. Que la conversación <em>seria </em>les<em> </em>pertenece a ellos. La vieja división sexual del conocimiento vestida con un disfraz contemporáneo –ellos piensan el mundo, nosotras lo experimentamos–, y<strong> una pedagogía de la ausencia,</strong> al fin y al cabo. Una violencia persistente que nos relega a la periferia del discurso y con ello desactiva nuestra autoridad social. De ahí que el feminismo haya insistido tanto en la representación, entendiendo representación no como cuota estética, sino como reconocimiento epistemológico.</p><p>Que en la serie <em>Anatomía de un instante</em>, basada en el libro homónimo de Javier Cercas, <a href="https://www.infolibre.es/continuara/anatomia-instante-retrato-cojo-transicion_1_2103875.html"  >la presencia de mujeres sea accesoria</a> es un síntoma de cómo seguimos narrando los momentos fundacionales de la democracia. Un relato de la Transición —del poder, del riesgo, de la Historia— que prescinde de mujeres o las reduce a mero decorado reafirma una idea antigua y peligrosamente vigente: que<strong> lo político, las grandes decisiones, ocurren donde las mujeres no están. </strong></p><p>La cultura es una forma de pedagogía emocional y política, crea un imaginario colectivo y es una poderosa fábrica de sensibilidad. Cuando una obra de esta categoría deja fuera del centro narrativo a las mujeres (aunque algunas sí lo ocuparan en la realidad), contribuye a moldear <strong>quién puede ser entendido como sujeto histórico</strong> y nos deja sin claves para pensar la experiencia femenina como parte de lo importante. No es un elemento menor que esta serie se presentara, además, en el Congreso de los Diputados, con presencia del presidente del Gobierno. </p><p>Sería ingenuo separar todas estas cosas del <strong>ecosistema mediático </strong>que las produce. La escasísima presencia de mujeres directoras de medios es un dato que no debería pasar desapercibido. Porque la dirección de un medio no es un puesto administrativo, es el lugar desde el cual se organiza el sentido público (común, si prefieren). <strong>Quien dirige decide qué es noticia y qué no, desde qué marco interpretativo, con qué léxico. </strong></p><p>En este contexto, la decisión de llamar <em>fiscala </em>a la nueva fiscala general del Estado es coherente y necesaria. No como gesto aislado, sino como parte de un hilo. Un hilo que va <strong>del lenguaje a la representación, de la representación al poder y del poder a la vida material de las mujeres.</strong> Un gesto que dice que la autoridad no tiene género natural, aunque la tradición la haya masculinizado; que la lengua no puede seguir funcionando como notaria de un orden que excluye; que el periodismo, en fin, no es solo relatar lo que ocurre, sino disputar el marco en el que ocurre.</p><p>En tiempos de retroceso, cada gesto cuenta porque cada gesto configura la atmósfera. La atmósfera en la que después se tolera —o no— una mesa sin mujeres. La atmósfera en la que un relato sobre la Transición puede prescindir de nosotras sin que pase nada.</p><p>Hay quien dirá que esto es distraerse en lo secundario. Que decir <em>fiscala </em>no cambia la realidad. Pero es justo al revés:<strong> lo secundario es el método preferido de la dominación,</strong> porque no lo vigilamos. La realidad se compone de capas. El machismo no se sostiene sólo por leyes injustas o violencias explícitas, se sostiene por miles de decisiones diarias que determinan quién aparece, quién habla, quién nombra, quién es nombrada. Cambiar la realidad exige intervenir también en esas capas. Empezar por una palabra no es poco: es hacerlo por el lugar exacto donde el mundo adquiere forma.</p><p>En <strong>infoLibre</strong> diremos <em>fiscala</em> porque es correcto, porque es justo y porque ilumina lo que otros prefieren mantener en penumbra. Y lo diremos sabiendo que cada palabra cuenta no por sí sola, sino por la red de significados que activa. <strong>Nombrar es tomar partido,</strong> y no hay periodismo digno de ese nombre que consienta seguir borrando a la mitad de la sociedad. Las mujeres no somos una nota a pie de página en la historia del poder. Somos parte de él. Y exigimos, también, la gramática que así lo represente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Nov 2025 20:16:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Teresa Peramato o la gramática del poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Fiscalía General Estado,Teresa Peramato,Igualdad,Lengua]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿Batalla política?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/batalla-politica_129_2063349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Batalla política?"></p><p>‘Todos a una’ podría ser el titular que resumiera lo sucedido el domingo con la Vuelta, cuando una <strong>masa pacífica de ciudadanas y ciudadanos</strong> logró que se suspendiera la última etapa de esta competición deportiva con sus protestas contra la participación de un equipo financiado por <strong>Israel </strong>y propiedad de un gran amigo y aliado de Netanyahu, <a href="https://www.infolibre.es/internacional/arabia-rusia-ahora-israel-vuelta-ciclista-ultimo-ejemplo-sportswashing_1_2057934.html" target="_blank">Israel Pro Tech</a>.</p><p>Podría ser, pero no. ‘Todos a una’ es el titular de lo sucedido <strong>un día después, </strong>un lunes de septiembre que podría haber sido, por ejemplo, un jueves de cualquier año desde junio de 2018, cuando Pedro Sánchez ganó la moción de censura que sacó a Mariano Rajoy del Gobierno. Porque de ese tiempo a esta parte<strong> cualquier día es bueno para darle la vuelta a la realidad</strong> y convertirla en ‘su’ realidad, la que ellos prefieran. </p><p>Lo llamativo es que <strong>la realidad acomodaticia</strong> (“hechos alternativos”, los bautizó en 2017 una consejera de Trump, <a href="https://www.cnn.com/2017/01/22/politics/kellyanne-conway-alternative-facts" target="_blank">Kellyanne Conway</a>) de este 15 de septiembre de 2025 es exactamente la misma para PP, Vox, el ministro de Exteriores de Israel y el grueso de los sindicatos policiales.</p><p>Todos ellos han copado informativos de radio y televisión acusando al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de alentar la “violencia” (dos detenidos tras semejante turba violenta –100.000 manifestantes–, 22 agentes con contusiones de distinta consideración). Así, tal cual.</p><p>“Sánchez y sus ministros comunistas incitan a la violencia. La normalización de la violencia política del Gobierno español y sus ministros amenaza todo lo que defendemos”. </p><p>“El presidente y el Gobierno están detrás de los altercados (...). Es violencia política impedir que una competición deportiva termine”.</p><p>El primer entrecomillado es de<strong> Gideon Saar, </strong>ministro de Exteriores de Israel. El segundo, del ínclito líder de la oposición política en España,<strong> Alberto Núñez Feijóo.</strong> Podrían haberse intercambiado los papeles y nadie se habría percatado (salvo por el inglés que, recuerden, el propio Feijóo admitió no saber hablar).</p><p>A ellos, en un coro perfectamente orquestado, se han sumado algunos de los principales <strong>sindicatos policiales</strong>. El Canal 24 Horas de la televisión pública ha dado voz al menos cuatro veces, que yo haya contado, a los portavoces del <strong>SUP </strong>(Sindicato Unificado de Policía) y de <strong>Jucil </strong>(Asociación Profesional Justicia Guardia Civil) cargando contra el ministro de Interior, el delegado del Gobierno en Madrid (calificado como “infame” por la presidenta Ayuso) y contra el Ejecutivo.</p><p>Les refrescaré la memoria. El SUP fue el sindicato que firmó el acuerdo con la organización ultra <strong>Desokupa </strong>para formar en defensa personal a 30.000 <a href="https://www.infolibre.es/politica/sup-sindicato-policial-origen-progresista-dejo-seducir-ultras-desokupa_1_1856752.html)" target="_blank">agentes de policía</a>. </p><p>Qué decirles de Jucil. Si se dan una vuelta por su perfil de X (Twitter), se harán una pequeña idea al ver quiénes son sus seguidores y cuáles son sus medios de referencia: OkDiario, ElDebate, CrónicaGlobal… </p><p>Les dejo aquí un pantallazo para ahorrarles la sal de frutas, pero sí les diré que este sindicato de<strong> agentes que supuestamente están para protegernos a todas y a todos </strong>se dedica a señalar en sus cuentas sociales a periodistas que no son de su agrado, <a href="https://x.com/JucilInforma/status/1540317200531292160" target="_blank">algunos de este medio que dirijo</a>. </p><p>También ha saltado al ruedo mediático (aunque no al de RTVE) <strong>Jupol</strong>, el sindicato mayoritario de la Policía Nacional que nació en el seno de Jusapol, la organización que en su día tuvo como portavoz a aquel personaje llamado <a href="https://www.publico.es/tag/jandro-lion" target="_blank">Jandro Lion</a><strong> </strong>que pedía el voto a Vox desde su canal de YouTube, entre otras lindezas. </p><p>“Hemos visto lanzamiento de vallas, lanzamiento de objetos y ocupación del trazado por el que iba a transitar La Vuelta en Madrid, algo absolutamente inadmisible y que evidentemente afecta a la propia Vuelta a España, pero también a<strong> la imagen de España y de Madrid internacionalmente”</strong>, ha afirmado su portavoz.  </p><p>Un comentario perfectamente alineado con otro de Feijóo: "La marca España no puede servir a los problemas de corrupción del Gobierno y del presidente del Gobierno"). Y, por supuesto, con las palabras de Ayuso –"Esto va contra La Vuelta ciclista, va contra Madrid, va contra España, con un presidente del Gobierno que ha dicho vosotros tendréis los votos pero yo tengo las antorchas"–, de quien es difícil escoger un solo exabrupto de <strong>la ensaladilla de barbaridades que lleva días regurgitando.</strong></p><p>Este lunes cualquiera de septiembre <strong>sólo ha faltado Trump </strong>señalando a Sánchez como terrorista. Y denle tiempo: cuando termino de escribir este artículo es justo esa hora bruja en la que el ocupante de la Casa Blanca empieza a amenizarnos la tarde con sus <em>boutades</em>. Así que, quién sabe, quizá cuando lean esto el presidente español también habrá recibido lo suyo por el del tupé amarillo.</p><p>Las casualidades no existen. La derecha reaccionaria, que es la que tenemos –y pueden incluir ahí a todos los anteriormente mencionados aunque me quede corta–, <strong>no puede soportar que una protesta cívica acabe consiguiendo su objetivo,</strong> sobre todo si este les retrata. Ocurrió con el 15M; “perroflautas”, “piojosos”, “populistas”, “antisistema”, “vagos”, “radicales” es solo una selección de algunos de los adjetivos que usaron para calificar a quienes protestaron en la Puerta del Sol. ¿Cómo no iba a suceder con una acción contra la participación de Israel en una competición deportiva, si el <strong>lobby sionista</strong> tiene conexiones con más de medio <a href="https://www.infolibre.es/politica/hilos-unen-ultra-derecha-lobby-proisraeli-rendido-diaz-ayuso_1_2000285.html" target="_blank">PP y Vox</a>?</p><p>Esto que les relato aquí es lo que durante todo el día ha sido denominado como <strong>“batalla política”</strong> por la mayoría de medios. En su primera acepción, la RAE define “batalla” como: “Combate o serie de combates de un ejército con otro, o de una armada naval con otra”. Queda claro, pues, que es la segunda acepción a la que debían de referirse: “Acción o conjunto de acciones ofensivas encaminadas a la obtención de un objetivo”. Porque esta “batalla”, una vez más, ha sido <strong>unidireccional</strong> y procedía de un solo flanco. El objetivo no hace falta que se lo explique.</p><p>Eso sí, la victoria cívica de este domingo no va a acallarla esta pretendida “batalla”, por mucho que se empeñen. Los ciudadanos y ciudadanas españoles lo han dejado claro:<strong> los derechos humanos no se pisotean.</strong> El domingo 14 de septiembre de 2025 prendió una semilla. Que brote fuerte y sana solo está en manos de las personas que la sembraron. </p><p><em>*La relatora de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, </em><a href="https://www.infolibre.es/internacional/relatora-onu-palestina-afirma-muertos-gaza-10-veces_1_2063351.html"  ><em>aseguró este lunes</em></a><em> que los palestinos muertos en la guerra de Gaza son muchos más de los 65.000 estimados y que el número real puede ser más de diez veces mayor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Sep 2025 19:00:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Batalla política?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El espejo roto del periodismo patriarcal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/espejo-roto-periodismo-patriarcal_129_2009506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El espejo roto del periodismo patriarcal"></p><p>Hace más de veinte años, Nevenka Fernández<strong> se plantó ante el poder</strong> y su cabeza fue servida en bandeja de plata. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/ponferrada-pueblo-chico-infierno-grande-nevenka-fernandez_1_1874978.html" target="_blank" >Su denuncia por acoso sexual </a>contra Ismael Álvarez, entonces alcalde de Ponferrada por el PP, fue un terremoto político en un país que aún <strong>susurraba la palabra </strong><em><strong>feminismo</strong></em><strong> como si fuera una amenaza. </strong>Era la primera vez que se denunciaba a un político por acoso sexual y lo pagó con creces. El juicio se saldó con una victoria judicial para ella, que quedó pequeña, casi ridícula, en comparación con la magnitud de la derrota social y de la devastación personal que todo el proceso le acarreó: <strong>Nevenka fue humillada y estigmatizada</strong> hasta tal punto que decidió marcharse de España. </p><p>La maquinaria mediática se activó no para protegerla, sino para parasitarla y, de paso, proteger al poder. Como si su valentía, <strong>como si romper el silencio institucional </strong>en un país en el que el acoso laboral y sexual era una norma tácita, <strong>fuera una insolencia inaceptable</strong> y objeto del peor de los castigos. </p><p><a href="https://www.infolibre.es/politica/dimite-conselleiro-mar-xunta-denunciarle-paloma-lago-agresion-sexual_1_2007791.html" target="_blank" >Estos días, una mujer ha denunciado por agresión sexual a otro político</a>: el <strong>conselleiro do Mar de la Xunta de Galicia, Alfonso Villares</strong> (también del PP). Y más de dos décadas después, el eco mediático sigue retumbando en la misma frecuencia patriarcal. <strong>El foco no está en lo que ella dice, sino en lo que él niega. </strong>No en su relato, sino en su nombre*. De nuevo, las alertas éticas ni están ni se las espera. </p><p>En ambos casos, separados por dos décadas, <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/foco-victima-no-agresor-medios-banalizan-violencia-sexual-caso-exconselleiro-xunta_1_2008479.html" target="_blank" >el patrón se repite</a>.<strong> Se examina la historia personal de ella,</strong> sus palabras, sus gestos, como si fueran pruebas forenses. Y demasiados medios, en lugar de actuar como garantes de derechos, se convierten en<strong> replicantes de la peor de las violencias. </strong></p><p>La cobertura que ha recibido esta última denuncia es, además, el síntoma de una enfermedad más profunda. El periodismo, por más que se vista de pluralidad, sigue funcionando con la lógica de un club de caballeros. <strong>El poder mediático no ha cambiado su rostro ni su manera de operar.</strong> Nos hicieron creer durante un brevísimo periodo de tiempo que era posible, que avanzábamos, pero no fue más que un espejismo. Esta misma semana, <a href="https://www.infolibre.es/medios/oughourlian-fulmina-pepa-bueno-pais-visperas-recibir-oferta-inversores-espanoles_1_2007684.html" target="_blank" >Pepa Bueno ha sido destituida al frente de </a><a href="https://www.infolibre.es/medios/oughourlian-fulmina-pepa-bueno-pais-visperas-recibir-oferta-inversores-espanoles_1_2007684.html" target="_blank" ><em>El País</em></a> e<strong> infoLibre es ahora el único medio generalista de ámbito nacional con una mujer directora. </strong><a href="https://www.infolibre.es/medios/despido-pepa-bueno-consolida-retroceso-presencia-femenina-frente-diarios-espana_1_2008249.html" target="_blank" >Un páramo</a>.</p><p>Cuando los medios los dirigen hombres que jamás se han tenido que interrogar sobre su lugar en la estructura de poder, <strong>sucede que las violencias que no les afectan no son noticia. </strong>Que las agendas que no controlan se marginan. Que las voces que cuestionan los cimientos que los sostienen se acallan. La sociedad, las lectoras y lectores, reciben una información deformada.</p><p><strong>La presencia de mujeres feministas en puestos periodísticos de decisión cambia las narrativas</strong> y por eso promueve una transformación social real. No es solo una cuestión de cuotas o de sensibilidad (que también): es, sobre todo, una cuestión de mirada y de perspectiva. <strong>De saber qué preguntas hacer y a quién. </strong>De entender que el acoso, la violencia sexual o la desigualdad no son hechos aislados, sino síntomas estructurales. Que cuando una mujer denuncia, está desafiando no sólo a su agresor, sino a una cultura que la preferiría callada. Y que cuando los medios cubren estos casos como si fueran sucesos o salsa para las tertulias, están tomando partido. <strong>Porque la neutralidad, cuando se trata de violencia, es complicidad.</strong></p><p>Pero en todo este proceso<strong> hay algo más que resistencias y reacción. </strong>Hay también una <strong>renuncia política.</strong> La izquierda que pareció abrazar la agenda feminista ha empezado a asumir el discurso de que “el feminismo ha ido demasiado lejos” (ahora imaginen a alguien diciendo que la lucha contra el racismo ha ido demasiado lejos; o contra la pobreza infantil). Algunas <strong>políticas de igualdad parecen verse como un potencial riesgo electoral,</strong> lo que antes se defendía como una cuestión de justicia ahora es un debate cultural incómodo. Y la consecuencia es demoledora: el andamiaje de derechos conseguidos se vuelve precario y se tambalea. Porque ningún derecho es irreversible y ningún avance es permanente si no se defiende cada día.</p><p><strong>Volvamos a Nevenka. </strong>No fue hasta que Netflix convirtió su historia en una serie documental que muchos se dieron por enterados. Entonces, los medios que la habían usado y despreciado plegaron velas. Porque <strong>el tiempo obliga a poner algunas cosas en perspectiva</strong> y, en esos momentos, suele salir rentable subirse a ciertas olas, aunque estas dejen un rastro de feminismo. </p><p>Pero ahora que <strong>otra mujer alza la voz contra un político, todo regresa al mismo sitio.</strong> La memoria es selectiva y la ética, voluble. ¿Pueden decirme cuál es el beneficio que obtiene una mujer al enfrentarse a un aparato político, a la violencia simbólica de los medios y a la humillación pública? </p><p>Cada vez que<strong> una mujer denuncia a un hombre con poder, no sólo señala un hecho, señala una estructura. </strong>Y el poder se reordena para callarla, ya sea con la exhibición impúdica de abrazos y aplausos de los colegas de la Xunta –una institución pública– al denunciado o con un periodismo que se ejerce a la contra de su propia razón de ser.</p><p>No, <strong>el feminismo no ha ido demasiado lejos. </strong>Lo que ha ido demasiado lejos es la ostentación cómplice y la<strong> impunidad del silencio disfrazada de periodismo.</strong></p><p><em>*El artículo 681 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal prohíbe la divulgación de la identidad de víctimas de violencia sexual y datos que permitan su identificación directa o indirecta, así como la publicación de imágenes suyas o de sus familiares. Por este motivo, además de por respeto a ella y por decencia periodística, no reproduzco su nombre, aunque gracias a la mala praxis de la mayoría de medios y a la inacción de la justicia, este sea ya de sobra conocido.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Jun 2025 18:00:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El espejo roto del periodismo patriarcal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Feminismo,Nevenka Fernández,Caso Nevenka,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La esperanza no se proclama, se cultiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/esperanza-no-proclama-cultiva_129_2008565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La esperanza no se proclama, se cultiva"></p><p>Hay palabras que el poder desgasta hasta volverlas ruido. <strong>De la </strong><em><strong>libertad</strong></em><strong> prostituida por Ayuso, a la </strong><em><strong>patria</strong></em><strong> manoseada hasta la saciedad</strong>. <em>Esperanza</em> va por el mismo camino. La arrastraron por discursos de campaña, la vaciaron en publicidades de bancos y la usaron de cortina de humo cuando no querían hablar de desigualdad, repetida por quienes gobiernan mal, <strong>sobada por quienes solo gestionan la desesperanza</strong> y exhibida como eslogan por quienes hace tiempo dejaron de escuchar.</p><p>Por eso es esencial regresar a los básicos, a los orígenes, y agarrarse a la esperanza que siempre fue. <strong>La que nace desde abajo, con las uñas rotas, la mirada cansada y las manos ajadas</strong>. La que no se anuncia con pancartas ni <em>hashtags</em> y se cocina a fuego lento. </p><p><strong>Pepe Mujica</strong> —el campesino presidente, el preso guerrillero, el hombre que nunca necesitó corbata para decir verdades— habla de esa esperanza con <strong>Kintto Lucas</strong> en el libro <em>José “Pepe” Mujica. Los laberintos de la vida</em> (Ed. Pensódromo 21). Y lo hace, como él acostumbraba, <strong>sin espectáculo ni artificios</strong>. Mujica y Lucas conversan a lo largo de esas páginas como quien comparte mate en la vereda. Pero debajo de cada anécdota hay política. De la que importa. De la que duele y construye.</p><p>En la persona de Mujica, la esperanza recupera su peso y deja de ser un adorno para volver a ser una herramienta. No la proclama: <strong>la siembra</strong>. Y no lo hace desde una oficina, ni desde un atril, sino desde la cárcel, desde el barro, desde la tierra. </p><p>En estos tiempos de autarquías revestidas de soberanía, de <strong>populismos huecos camuflados de épica</strong>, Mujica recuerda que la esperanza no es un aplauso ni una consigna. Porque para el cambio social no hay atajos, solo hay trabajo, comunidad, memoria. Y esperanza, claro. Pero no como consuelo, sino como instrumento, como <strong>actitud política</strong>, como ética.</p><p>Los <strong>nuevos autoritarismos </strong>ya no se presentan con botas. Llegan con <strong>sonrisas, algoritmos y discursos sobre el “orden”</strong>. Y ante eso hay quienes solo ofrecen gestión, resignación o cálculo reactivo. Mujica no.</p><p>“Gobernar con una visión progresista es <strong>zurcir todos los días, tejer alianzas permanentemente</strong>, tratar de limar las contradicciones más peligrosas…”.</p><p>No hay épica de red social en esa frase. Hay <strong>política de base. </strong>Mujica no cree en salvadores ni en iluminados. Cree en la construcción paciente, en la conversación, en los acuerdos entre diferentes. </p><p>Zurcir. Palabra vieja y poderosa. Mientras otros gritan, él zurce. Habla de remendar, de cuidar el tejido social frente a quienes prefieren destruir para reinar sobre los escombros, el único espacio en el que pueden tener poder. Desde luego, <strong>en el remiendo no hay lugar para batallas culturales o guerras identitarias. </strong></p><p>A diferencia de los populismos de saldo, que gritan por el pueblo pero lo usan como pantalla, <strong>Mujica no le canta a un pueblo abstracto: le habla al vecino</strong>, a la cooperativa, al peón de campo. Lo hace, además, desde el cuerpo vivido, desde la prisión, el destierro, la cosecha, el silencio, el barro. </p><p>“La izquierda no puede olvidarse de embarrarse, porque le teme al barro” (<em>p. 48</em>).</p><p>Y es en ese barro —real, político, humano— donde está la esperanza. <strong>No la que espera milagros, sino la que construye cooperativas</strong>, siembra lechugas o arma una red de cuidados. La esperanza como trabajo, no como fe vacía. Mujica no la idealiza; simplemente, la habita.</p><p>Las <strong>derechas extremas</strong>, sobre todo en tiempos de crisis, venden miedo y luego ofrecen protección. Ellas y el <strong>paternalismo</strong> van de la mano. Y Mujica lo sabe. Por eso insiste en la esperanza colectiva como forma de resistencia. Porque si el miedo paraliza, la esperanza activa. Si el autoritarismo impone, la esperanza propone. Y si se usa la política para dividir, <strong>la esperanza une para resistir</strong>. Esto la convierte en el arma más peligrosa para los que quieren pueblos dóciles, asustados o anestesiados.</p><p>Frente al relato uniforme y vertical del poder, Mujica responde con una mirada plural y horizontal. Y frente al sarcasmo, con ternura: su perra coja, su mate, su dignidad sin alardes. Todo en él grita que <strong>la esperanza no es ingenuidad</strong>, sino radicalidad.</p><p>Mujica proclama la rebeldía como contrapunto al cinismo de esta época. Contra el “todos son iguales”, contra el “nada va a cambiar”. Su esperanza es terquedad, una decisión, una elección vital; nada más lejos del conformismo. Y por eso <strong>esa rebeldía es profundamente esperanzadora</strong>, porque muestra que se puede hacer política con las manos sucias, pero el corazón limpio. Que no todo está perdido si hay quienes, como él hacía, confían en el poder de lo común.</p><p>Por eso, en tiempos de autarquía y ruido, sembrar esperanza <strong>es el acto más subversivo que nos queda</strong>. Porque la esperanza no se proclama. Se cultiva. Con pueblo. Con memoria. Con lucha. Y, si me permiten, también con buen periodismo que ayude a entender para construir desde el conocimiento y el pensamiento crítico.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2025 18:01:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La esperanza no se proclama, se cultiva]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y la redacción volvió a sonar como una redacción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/redaccion-volvio-sonar-redaccion_1_1986124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y la redacción volvió a sonar como una redacción"></p><p>Después de una pandemia, de la erupción de un volcán, del asalto al Capitolio, de los aranceles de Trump, de la muerte del papa... tenemos una nueva fecha para la historia: el 28 de abril de 2025 un apagón eléctrico total en el territorio español ha paralizado el país poco después del mediodía.</p><p><strong>infoLibre</strong> ha podido publicar a duras penas durante el tiempo que ha durado el apagón, gracias a una compañera no periodista que reside en Berlín, Nerea. Las pocas veces que hemos podido contactar con ella, le hemos ido dictando desde Madrid lo que debía publicar. Pero la enorme dificultad con las comunicaciones móviles ha complicado mucho mantener nuestra portada web actualizada.</p><p>En torno a las 15.00 horas hemos conseguido lanzar una crónica bastante completa con la información que había hasta el momento, redactada por la periodista que hemos dejado en la redacción precisamente para este fin, Alba; la crónica se la hemos dictado a Nerea desde el único adoquín del barrio de Tribunal en el que hemos encontrado, a ratos, señal telefónica. En ningún momento hemos sabido si alguien podía siquiera acceder a la portada de <strong>infoLibre</strong>, pero nuestro compromiso con la información y con vosotros, lectores y lectoras (estuvierais o no al otro lado), se ha mantenido intacto, a pesar de las dificultades.</p><p>El apagón me ha cogido en la Ciudad Universitaria de Madrid asistiendo a un congreso de periodismo. Al poco de irnos a negro, alguien me ha escrito un mensaje alertándome de que afectaba a toda la península. Apenas diez minutos antes del apagón, el ministro Óscar López abandonaba el recinto. A su salida, los periodistas le preguntaban por la apertura de auto de procesamiento contra el hermano de Pedro Sánchez. Dónde ha quedado esa noticia apenas media hora después...</p><p>Tras intentar, sin éxito, contactar con la redacción, he tomado el primer taxi que pasaba de camino al periódico y durante el trayecto he podido comprobar cómo los semáforos no funcionaban y la gente se agolpaba en las puertas de los comercios y en las paradas de autobuses. El taxi llevaba conectada la COPE, pero en ese momento no informaba del apagón; solo sonaban cuñas publicitarias, desconozco si era por problemas de transmisión o porque era lo que tocaba en ese momento. Tras pedirle al taxista sintonizar otra emisora, la voz de Javier Casal en el informativo de las 13.00 horas de Cadena SER ha confirmado que el apagón afectaba a toda la península.</p><p>He podido pagar el taxi porque llevaba algo de dinero en metálico que había sacado para darle la paga a mi hijo menor. O sea, de milagro, y gracias a que mi hijo se niega a tener Bizum (viva el anarquismo adolescente), porque el dinero en efectivo casi desapareció de mi vida cuando se empezó a poder pagar con tarjeta a través del teléfono. Mi hijo se ha quedado sin paga, pero yo he conseguido llegar al periódico.</p><p>Y, ya en la puerta, me he encontrado al grueso de la redacción en la calle, buscando a la desesperada señal telefónica y con caras de desconcierto. Así, la esquina de la calle Larra con Apodaca -y los vecinos de alrededor- han sido testigos, en vivo, de las primeras decisiones periodísticas en <strong>infoLibre </strong>relativas al 'día del cero absoluto': Lara y Marta, a Sol y Atocha para pulsar el estado de las estaciones de metro y tren. Álvaro y Selina, a la Fundación Jiménez Díaz y, de camino, a hablar con comerciantes y a observar el estado del tráfico.</p><p>La segunda decisión ha sido casi simultánea: comprar transistores. Hace años que los periodistas escuchamos la radio a través de nuestros teléfonos móviles, pero este lunes tareas tan cotidianas como esa se han vuelto imposibles. Así que el propio Jesús Maraña ha bajado a comprarlos, agotando las existencias de la ferretería, todo sea dicho.</p><p>El 'día del cero absoluto' ha sido también el día que la radio se volvió a convertir, un siglo después del nacimiento de la principal emisora española, en la única fuente de información posible. Y el día que la redacción volvió a sonar como una redacción. Porque las que ya peinamos canas recordamos, no sin cierta nostalgia, el bullicio que dominaba la sala de redacción de cualquier periódico que se preciara, y hemos sido testigos de cómo este acabó dando paso a las redacciones-muermo, en las que casi no se oye ni el vuelo de una mosca y los periodistas trabajan ensimismados con sus auriculares puestos. Algo bueno tenía que traer el apagón.</p><p>Mientras, a Antonio lo hemos apostado en una esquina a 50 metros de la redacción, a pleno sol, en ese adoquín muy concreto donde, en algunos momentos y durante apenas segundos, se cogía señal móvil. Desde ahí, ronda de llamadas, cuando el precario 3G lo permitía, para intentar hablar con Moncloa y los ministerios afectados. La respuesta antes de las 14.30 horas era tan unánime como frustrante, las pocas veces que se conseguía contactar con alguien: "No sabemos nada".</p><p>Desde esa localización, sólo Antonio podía recibir algunas alertas móviles, y así nos ha llegado el mensaje de la Secretaría de Estado de Comunicación informando de que el presidente del Gobierno se dirigía a la sede de Red Eléctrica, a donde de inmediato hemos enviado a otro periodista, Daniel Lara. A la hora en la que escribo esta crónica (16.30 horas) no hemos conseguido saber si Daniel ha llegado hasta allí o no. No hay manera de hablar con él.</p><p>De Sergio, a quien hemos mandado al aeropuerto, hemos podido saber que se disponía a ir andando hasta que finalmente ha encontrado un taxi libre. Confieso que he llegado a pensar en el secuestro del taxista para disponer de transporte durante el día. El mensaje que le he enviado a Sergio informándole de que hay un bus que va al aeropuerto y que se puede coger en Cibeles sigue atrapado dentro de mi teléfono. Tampoco hemos vuelto a tener noticias suyas desde que salió de la redacción.</p><p>Lara y Marta han regresado de vacío, porque las estaciones de metro y tren ya estaban cerradas y los pasajeros habían sido desalojados. A Lara la hemos mandado a un centro de salud cercano y a una residencia de ancianos. Acaba de regresar. Selina y Álvaro ya están de vuelta, escribiendo su crónica en un portátil. David también prepara ya sus piezas.</p><p>A las 17.00 horas: la única información oficial ha sido el mensaje de Telegram de la Secretaría de Estado a las 14.00, un mensaje de Moncloa a las 15.00 que anunciaba la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional y una rueda de prensa de Red Eléctrica a las 14.30 horas, en la que se ha informado de que se desconocen las causas del apagón, que la tensión eléctrica empezaba a recuperarse en zonas del norte de España y que se calculaba un periodo entre seis y diez horas para recuperar la normalidad. En este instante (17.02 horas), me dice Antonio que Pedro Sánchez va a comparecer en unos 15 minutos.</p><p>Manu acaba de aparecer por el periódico. Él suele teletrabajar y yo no había coincidido con él aún personalmente. “Qué mejor momento para venir a la redacción que cuando ocurre una noticia, ¿no?”. De Marta, que suele trabajar desde el Parlamento, no hemos sabido nada a esta hora.</p><p>A esta hora en la que, por cierto, incluso hemos comido gracias un bar cercano que ha preparado unos bocadillos. Los restaurantes y bares están cerrados o repletos de gente. La mayoría de supermercados, con el cierre echado. Y larguísimas colas en aquellos que estaban abiertos.</p><p>Ahora (17.23 horas) esperamos la comparecencia del presidente del Gobierno e intentamos encontrar soluciones para que cada miembro del equipo regrese a sus casas para intentar seguir trabajando desde allí (aquí las baterías de los ordenadores empiezan a menguar) y publicar lo que Nerea pueda desde Berlín (siempre y cuando alguien logre contactar con ella por teléfono).</p><p>Actualización (17.27 horas): la batería del transistor se ha agotado y la estamos recargando con un ordenador portátil. Jesús Maraña se ha llevado el otro transistor. Cuando se gaste la batería del ordenador, nos quedamos sin radio; o sea, sin noticias. Las últimas son que nueve comunidades autónomas empiezan a recuperar la conectividad.</p><p>Son las 17.49 h y la redacción de <strong>infoLibre</strong> está ya en penumbra. Hago recuento: seguimos sin saber nada de Daniel, Sergio, Sabela y Marta. A mi ordenador le queda un hilo de batería apenas para apurar estas líneas; ya no veo las letras del teclado. Si estás leyendo esto será o bien porque hemos recuperado el suministro eléctrico o bien porque hemos conseguido dictárselo a Nerea y publicar desde Berlín (cosas veredes, Sancho). Aun en estas condiciones, seguimos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Apr 2025 20:45:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Y la redacción volvió a sonar como una redacción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Apagón]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Carta de Virginia P. Alonso a las socias y socios de infoLibre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/carta-virginia-p-alonso-socios-infolibre_129_1972883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a4e2684-842a-4465-836f-114a432a201e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018227.jpg" width="1113" height="626" alt="Carta de Virginia P. Alonso a las socias y socios de infoLibre"></p><p>Este martes pisé por primera vez la redacción de <strong>infoLibre </strong>para instalarme en ella como directora. No te voy a negar que llegué algo nerviosa. Vengo de trabajar mano a mano con un mismo equipo durante casi una década y, aunque mi carrera profesional ha sido de todo menos tranquila, me sigue resultando imponente cruzar la puerta de lo que va a ser mi segunda casa y empezar de cero con un equipo que no conozco.  </p><p><strong>Es un momento muy especial</strong>, tanto que recuerdo todas y cada una de las veces que he llegado de nuevas a un periódico y me he dirigido por primera vez a la redacción. Los periodistas están expectantes y analizan cada una de las palabras que reciben buscando segundas e, incluso, terceras lecturas. Sin embargo, no hay dobleces en lo que les transmití. Y quiero compartir la esencia de mi mensaje también contigo como extensión del ejercicio de transparencia que caracteriza a <strong>infoLibre</strong>:</p><p><em>“Es un privilegio dirigir </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>, un medio que sigo, que me gusta y que creo que tiene unos cimientos sólidos para afrontar los retos que tenemos entre manos, que no son pocos. Por un lado, el ascenso global de la extrema derecha y, en paralelo, una ola de desinformación que lo enturbia todo. Sin embargo, creo que todo esto brinda un abanico de posibilidades inmenso para el buen periodismo. Y que un medio como </em><em><strong>infoLibre </strong></em><em>tiene que poder marcar la diferencia en un momento como este. Sobre todo, porque tenéis los mimbres, la capacidad, la calidad y el criterio para hacerlo. Las señas de identidad de </em><em><strong>infoLibre </strong></em><em>son claras –la investigación como eje, por ejemplo– y vamos a trabajar para reforzarlas y consolidarlas aún más. </em></p><p><em>Más allá del auge de la extrema derecha, nuestro sector vive inmerso en una revolución industrial desde principios de los 2000. Esto obliga a una renovación constante y a una permanente adaptación a una realidad muy cambiante. Ahora mismo, el momento es de una volatilidad extrema, con caídas generalizadas de audiencia en todos los medios derivadas, sobre todo, de la popularización de la IA. Y a esto hay que añadir un cambio de paradigma en las redes sociales. </em><em><strong>infoLibre </strong></em><em>tiene una ventaja competitiva importante: la audiencia no es el parámetro que guía todas las actuaciones en este medio, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría”.</em> </p><p>Tres días después de aterrizar estoy mucho más tranquila. No porque ya haya cogido las riendas –esto lleva su tiempo–, sino porque me he encontrado un equipo comprometido con el único periodismo que para mí tiene sentido: el periodismo crítico, audaz, riguroso y honesto, el que promueve una transformación social y permite transmitir esperanza a quienes nos leéis. Por eso no quiero dejar pasar la oportunidad de dirigirme a ti para <strong>darte las gracias</strong>. Soy muy consciente de que tu apoyo ha sido y es fundamental para sostener este medio y hacer de él lo que es hoy: una referencia del periodismo ético y decente. Estoy dispuesta a dejarme la piel para que lo siga siendo por muchos años más. Ojalá sigas a nuestro lado para que puedas disfrutarlo junto a todo el equipo de <strong>infoLibre</strong>. Lo dicho, gracias, de corazón. Empezamos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Apr 2025 17:34:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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