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    <title><![CDATA[infoLibre - EL CUARTO DE MÁQUINAS]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - EL CUARTO DE MÁQUINAS]]></description>
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      <title><![CDATA[De Cannes, ratas nadadoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/cannes-ratas-nadadoras-plantilla-mental-propone-chatgpt_129_2192009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Cannes, ratas voladoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT"></p><p>El<strong> festival de Cannes</strong> arranca este año sin la apabullante presencia de los grandes estudios hollywoodienses en una apuesta por el cine de autor. Por el Boulevard de la Croisette desfilarán<strong> Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi, Rodrigo Sorogoyen o Los Javis</strong>, poseedores todos ellos de una mirada única que me recuerda algo que es importante no perder de vista en estos tiempos: <strong>la diferencia entre una obra de arte y un producto</strong>. El festival recupera esa vieja (y romántica) reliquia de la autoría, la convicción de que una mirada propia importa.</p><p>Me pregunto qué aprenderá la inteligencia artificial del cóctel de lo cotidiano, lo popular y lo extravagante que propone Almodóvar, o del acercamiento visceral de Sorogoyen a sus personajes, la metaficción de Los Javis o de las disyuntivas morales de Farhadi. La gran inteligencia que de todo aprende y todo simplifica hasta hacerlo fácilmente reproducible va camino de convertirse en una <a href="https://www.nytimes.com/2024/11/01/magazine/ai-hollywood-movies-cgi.html" target="_blank">herramienta imprescindible de los estudios cinematográficos</a>. </p><p>No discuto que sea útil, o eficiente, por usar su propio lenguaje. <strong>Lo que sí discuto es su integración en el proceso creativo</strong>: en el cinematográfico, pero también en los demás. No me preocupa (por ahora) si la máquina va a reemplazarnos, pero me aterra pensar en el tipo de películas, escritura, pensamientos o criterios que va a volver más probables. </p><p>En la redacción de un diario se ve fácilmente dónde puede ser una ayuda: acorta el tiempo de la búsqueda de fuentes fiables, ordena materiales, aligera tareas mecánicas… pero, al igual que en otros procesos creativos, corremos el riesgo de que esa ayuda se convierta en plantilla. Si medios distintos, con sus lectores distintos y sus voces necesariamente distintas, empiezan a apoyarse en la misma prótesis verbal, acabarán sonando inevitablemente de forma parecida, limando el relieve editorial.</p><p>Fuera de las redacciones se dibuja también la tentación de una herramienta que responde a tu duda exacta, por mal enfocada o falta de contexto que esta sea: te ordena la respuesta, te propone una estructura razonable, pule tus dudas y limpia tus torpezas. Nada grave. Nada escandaloso… pero el camino se va estrechando a cada paso y se va acercando a la misma plantilla que resuelve las dudas de otros. Con todas nuestras peticiones de ayuda la máquina va confeccionando plantillas de respuesta que nos sirvan a todos. Que nos igualen a todos.</p><p>Supongo que por eso tuvo algo de involuntario símbolo el episodio de <strong>Fernando Clavijo preguntando a la IA si las improbables ratas a bordo del </strong><em><strong>MV Hondius</strong></em><strong> podrían alcanzar la costa a nado</strong>. Además de regalarnos algunas chanzas para rellenar metraje televisivo y redes sociales, se convirtió en la constatación de la confianza súbita que depositamos en la primera pantalla que confirma exactamente lo que uno desea creer. <a href="https://www.infolibre.es/politica/ratas-clavijo-aranceles-trump-consecuencias-riesgos-ia-politica_1_2191462.html"  >Este aprendizaje sí que no tiene ninguna gracia.</a></p><p>La cuestión no pasa por desconfiar de la IA en su totalidad. Habrá que aprender a usarla sin pagar el peaje de acabar pedaleando a rueda de sus plantillas. Qué partes del trabajo queremos aligerar sin restarse a nuestro proceso cognitivo el aprendizaje que necesariamente tendríamos sin la ligereza de la máquina. Qué zonas del juicio, del proceso creativo, deben seguir siendo un poco lentas… y qué formas del lenguaje queremos mantener fuera del proceso. </p><p><strong>En Cannes siguen llamando autor al que conserva una voz más reconocible</strong>. Puede que la palabra les suene anticuada, pero es valiosa. Las obras no se distinguen por lo que dicen, ni siquiera por cómo lo dicen. Se distinguen por cómo miran el tema. Lo mismo pasa con el periodismo. Si todos empezamos a escribir con la misma plantilla tendremos, además de un problema estilístico, un problema político. La democracia necesita muchas voces y muchas maneras de mirar. No podemos defenderla sólo luchando contra la censura o la desinformación, hay que luchar también contra la comodidad. A veces es ahí donde empieza el criterio: en la incomodidad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 17:55:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Cannes, ratas nadadoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las respuestas de la IA (o el fango con buenos modales)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/respuestas-ia-fango-buenos-modales_129_2188440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las respuestas de la IA (o el fango con buenos modales)"></p><p>Lo inquietante de la humedad no es cuando percibes la sombra en la pared, sino cuando constatas que <strong>se ha infiltrado hasta los cimientos</strong>. En esas estamos, sobrecogidos descubriendo que mientras gobiernos, empresas y redacciones se apresuran a convertir<strong> la inteligencia artificial </strong>en una herramienta útil, hay otra fuerza trabajando por debajo del entusiasmo, anegando la base de cualquier construcción decente que podamos llevar a cabo. <strong>La desinformación</strong> avanza como la humedad, no necesita derribar la casa porque es capaz de extenderse silenciosamente hasta donde se proponga. Durante años <strong>la vimos avanzar sin freno </strong>en las redes sociales, embarrando la conversación con bulos y propaganda, y ahora empieza a filtrarse en un lugar mucho más delicado: <strong>la máquina </strong>a la que cada vez más gente le pide que le explique el mundo.</p><p>Hasta hace bien poco, <strong>los grandes modelos de lenguaje </strong>(LLM, por sus siglas en inglés) como ChatGPT declinaban educadamente contestar a preguntas directas sobre política y otros temas ‘sensibles’. Una prudencia casi enternecedora que <strong>brilla por su ausencia </strong>en la actualidad. Ahora lo inquietante no es que respondan a cuestiones políticas, es que lo hacen con seguridad. No hay duda, ni espacio para ella. Contestan sobre inmigración, sanidad, delincuencia o impuestos <strong>con el mismo aplomo</strong> con el que un tertuliano rebate a su par en <em>prime time</em>. </p><p>Estos modelos de IA no están entrenados en temas de actualidad con información contrastada y ahí es donde la desinformación se ha infiltrado hasta el tuétano. La <a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/may/04/ai-platforms-nigel-farage-prompted-uk-politics-study?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">investigación que recoge esta semana el británico</a><a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/may/04/ai-platforms-nigel-farage-prompted-uk-politics-study?utm_source=chatgpt.com" target="_blank"><em> The Guardian</em></a> lo deja muy claro: la firma Peec AI sometió a un aluvión de preguntas sobre política británica a varios modelos, entre ellos ChatGPT y los resúmenes de IA de Google. Repitió esas preguntas durante semanas y el resultado no deja lugar a dudas: el líder populista <strong>Nigel Farage</strong> y su partido de extrema derecha Reform UK aparecen con una frecuencia muy superior a la esperable, sobre todo en cuestiones como la inmigración y los impuestos municipales. Si este descubrimiento no me hubiera borrado la sonrisa diría que lo más hilarante es que los modelos citan a Facebook más que a ninguna otra fuente, por delante de la BBC o la web del Parlamento británico. Le preguntamos a una máquina por política y la máquina se va a Facebook a buscar la respuesta<strong> entre la propaganda de la extrema derecha</strong>. Poco nos pasa.</p><p>Ojalá fuera una rareza británica y no un ejemplo de una mancha que <strong>se extiende sin hacer ruido</strong> por el subsuelo de nuestro sistema social. Cuando se pregunta a esos grandes modelos lingüísticos por cuestiones políticas y migratorias, parecen inclinarse por información de baja calidad procedente de fuentes abiertas y redes sociales. Es decir, hacia el mismo ecosistema que lleva años recompensando el exceso, la simplificación <strong>y hasta la mentira</strong>. No es un eco lejano que llega desde la pérfida Albión. </p><p>Esta misma semana conocíamos el resultado de una encuesta de 40dB. que recoge que un 42,4% de la población española cree erróneamente que el proceso de regularización extraordinaria impulsado por el Gobierno <a href="https://elpais.com/expres/2026-05-04/la-regularizacion-de-inmigrantes-divide-a-los-espanoles-mas-de-la-mitad-cree-que-afectaria-negativamente-a-los-servicios-publicos.html" target="_blank">otorga de forma directa o automática la nacionalidad española</a>. Podría parecer que no se están contando las cosas como son, algo que seguramente será cierto en según qué periódicos, pero yo me pregunto dónde se está informando esa ruidosa minoría que no lee periódicos. ¿En ChatGPT quizá? Veremos pronto estas aplicaciones en las que los jóvenes preguntan directamente<strong> a su IA de confianza</strong> convertidas en una cloaca de respuestas automatizadas que suenan limpias y razonables, pero están impregnadas del moho de la desinformación.</p><p>Aquí hay una ironía particularmente desagradable. Llevamos meses debatiendo sobre cómo poner la IA al servicio de una mejor educación, mejores diagnósticos y procesos más eficaces,<strong> invirtiendo dinero público</strong> en proyectos llamados a cambiarnos la vida y animando a los trabajadores a que se formen para dar respuesta a un mercado laboral que absorbe todas las competencias relacionadas con esta nueva tecnología… mientras, por pura capilaridad, la desinformación llega al mismo corazón de la máquina. Sin manifiestos rimbombantes que nos pongan en alerta, simplemente <strong>repitiéndose mucho y ante muchos</strong>. </p><p>La IA decide quién sale más en los resultados, a quién menciona primero y qué relato parece plausible. Si entrenas una máquina con fango no obtendrás más que fango con buenos modales. Tal vez sea el momento de empezar a decirlo de otra manera (por si llega mejor a los oídos que pueden hacer algo): <strong>la desinformación </strong>no es un residuo molesto de Internet, es una infraestructura en sí misma y un combustible barato para un sistema que todavía se presenta como neutral. Y ha cambiado el traje de la propaganda por el vestido elegante de la objetividad. </p><p>Cojamos el paño con lejía y preparémonos para limpiar, porque la sombra de la humedad ya es visible en nuestra pared y queda poco para que <strong>se filtre hasta los cimientos</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 17:37:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Educación,Extrema derecha]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Así entra la IA en el Estado (la fórmula de Palantir)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/entra-ia-formula-palantir_129_2184823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así entra la IA en el Estado (la fórmula de Palantir)"></p><p>Hay poderes que no necesitan ocupar el Estado, les basta con encontrar una rendija por la que colarse para colonizar sus sistemas. Esa rendija puede ser la necesidad de ordenar mejor la información, o de herramientas que permitan al propio Estado decidir qué merece prioridad y qué cuestiones pueden quedarse al final de la lista, esperando tiempos mejores. A ese tipo de poderes no les hace falta tomar el palacio, sólo necesitan <strong>hacerse con el control de la puerta</strong>, desde la que son capaces de trabajar con gran éxito para convertirse en imprescindibles.</p><p>En estos últimos días, uno de estos poderes, la megacompañía tecnológica estadounidense Palantir, <strong>ha presentado públicamente su carta de intenciones</strong> en forma de un <a href="https://x.com/PalantirTech/status/2045574398573453312" target="_blank">manifiesto </a>que no tiene desperdicio. Hay que agradecerle que no se haya dejado nada en el tintero en este <a href="https://www.infolibre.es/politica/palantir-hoja-ruta-tecnofascista-vigilancia-militarizacion-duro-servicio-occidente_1_2183100.html" target="_blank">primer programa político de una empresa tecnológica</a>: la deuda moral de la élite de Silicon Valley con la defensa de la nación; la necesidad de mano dura (en forma de software) para que las sociedades democráticas prevalezcan; la mili obligatoria; la supremacía religiosa; el <strong>desprecio al pluralismo</strong>… Ahora ya no queda duda de por dónde van sus tiros y nadie podrá decirnos que no estábamos avisados.</p><p>No estamos hablando de una empresa más de Silicon Valley, sino de una compañía que lleva años creciendo allí donde el poder público se vuelve operativo: seguridad, defensa, sanidad, policía. Hace tiempo que su negocio no consiste sólo en vender software, sino en <strong>ofrecer a los gobiernos su propia fórmula para reunir datos, procesarlos y convertirlos en decisiones</strong>. Ya trabaja con la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU y su responsable de tecnología tiene despacho propio en el Pentágono. Ha extendido sus tentáculos a casi todas las formas perversas de autoridad, como <a href="https://es.wired.com/articulos/ice-y-palantir-desarrollaran-nueva-tecnologia-para-identificar-a-inmigrantes-en-ee-uu" target="_blank">el ICE de Trump</a> o el Ejército de Netanyahu. </p><p>¿Y por qué traigo hoy a Palantir al <a href="https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/" target="_blank">Cuarto de máquinas</a>? Porque <strong>su tecnología con inteligencia artificial ha puesto el ojo en Europa</strong> una vez que ha colonizado el corazón mismo del Estado estadounidense. La puerta de entrada ha sido el Reino Unido, donde ha firmado contratos con el Sistema Nacional de Salud británico, el Ministerio de Defensa, distintos ayuntamientos y cuerpos policiales menores. Y ahora <a href="https://www.theguardian.com/uk-news/2026/apr/22/met-police-talks-palantir-ai-tech-criminal-investigations-automate-intelligence?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">negocia un contrato multimillonario con Scotland Yard</a> que podría darle acceso a datos sensibles de víctimas de delitos en el Reino Unido. </p><p>Palantir ha encontrado ya la rendija por la que colarse en Europa y aquí el problema no es la innovación, es quién <strong>entra en la cocina de las decisiones públicas más importantes</strong>, quién organiza la información con la que se toman las decisiones y cuál es su agenda. Porque ahora, manifiesto mediante, ya sabemos que la tiene. Londres está a un paso de<strong> externalizar una parte importante de sus decisiones estratégicas</strong> y de dejarlas en manos de una compañía fundada por el estratega político e inversor Peter Thiel, uno de los millonarios que financiaron la campaña de Trump.</p><p>Y Thiel, al igual que la empresa que ha fundado,<strong> tampoco esconde sus ideas conspiranoicas</strong>. A la vanguardia del conservadurismo estadounidense, se define como un cristiano ortodoxo y se sabe de él que vive<strong> preocupado por el anticristo y la llegada del Armagedón</strong>, que podría acelerarse por los límites impuestos a la tecnología, las agencias internacionales o el ecologismo. Lleva más de una década en el círculo cercano a Trump y es uno de los impulsores de la carrera de JD Vance. El epítome de la oligarquía tecnológica. Hizo su primera fortuna como cofundador de Paypal y desde ese momento ha sumado miles de millones de dólares a su cuenta invirtiendo en Facebook, SpaceX, OpenAI y otras compañías tecnológicas. En resumen, la mezcla perfecta de dinero, tecnología y buenas relaciones políticas. </p><p>La incursión de la élite de Silicon Valley en el corazón del Estado británico no ha pasado inadvertida en las islas. Seguramente han ayudado los focos mediáticos sobre el manifiesto con las ambiciones reales de Palantir. Esta semana, más de 200.000 personas<strong> han pedido al Gobierno británico que rompa los acuerdos ya firmados</strong>. Algo más que lógico, si se tiene en cuenta que ahora sabemos el tipo de sociedad al que aspira el gigante tecnológico. Hay cesiones que no necesitan de una ley para convertirse en realidad, y parece que cada vez son más los ciudadanos que no están dispuestos a firmar ese contrato.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 17:44:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Servicios inteligencia,Estados Unidos,Europa,Reino Unido]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Trump, China y el nuevo reparto del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/tump-china-nuevo-reparto-mundo_1_2181207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema Juan Antonio gallego Capel"></p><p>Los imperios nunca han empezado con soldados, sino con ambición (y mapas). Alguien quería algo y trazaba una estrategia sobre el papel: elegía puertos, señalaba enclaves y decidía qué terrenos conquistar primero. Después llegaban los comerciantes, las banderas y <strong>el lenguaje con el que toda conquista intenta disfrazarse de civilización</strong>. La carrera de la inteligencia artificial empieza a parecerse cada vez más a eso.</p><p>La épica historia de talento con ecos de garaje, donde un puñado de ingenieros brillantes diseñaban un futuro abierto de par en par se decide hoy en las rondas de inversión y en las conversaciones a puerta cerrada, cerca del despacho oval. Y ahí es donde aparecen los nuevos cartógrafos del imperio. Son los que no compran sólo empresas prometedoras (que también), sino una posición privilegiada en el nuevo orden.</p><p>Si hay que ponerle nombre a estos nuevos cartógrafos, los que deciden dónde y en qué orden se expande el negocio en estos tiempos, debemos empezar por los <strong>grandes fondos de inversión</strong>. Uno de ellos, <strong>SoftBank</strong>, uno de los mayores inversores de tecnología del mundo, ha ido cambiando su discurso desde la retórica de la <em>disrupción</em>* hacia la muy terrenal conversación sobre <a href="https://cincodias.elpais.com/mercados-financieros/2025-12-29/digitalbridge-se-dispara-en-bolsa-tras-conocerse-el-interes-de-softbank-por-una-posible-adquisicion.html" target="_blank">infraestructura, tecnología y centros de datos</a>. En la lógica del dinero están también los gigantes tecnológicos, como <strong>OpenAI</strong>. Este último ya no actúa sólo como laboratorio o fabricante de modelos. Ahora busca capital, socios y despliegue físico para el <strong>megaproyecto Stargate</strong> (un superordenador de inteligencia artificial que desarrolla junto a Microsoft y Oracle) dentro y fuera de EEUU, como si la expansión de la IA se pareciera cada vez más a una mezcla de obra pública y política exterior.</p><p>Un cambio de paisaje importante, porque si una industria necesita esa cantidad ingente de capital, electricidad y protección política quizá sea el momento de dejar de hablar de revolución abierta que persigue el bien común. Llegará el bien común, esperemos que muchos bienes comunes, de la mano de la IA. Pero <strong>la realidad es que existe ya una industria contaminante</strong>, que necesita de poder para poder seguir alimentando la máquina.</p><p>Trump lo ha entendido a la perfección. La inteligencia artificial le ofrece una nueva frontera: grandeza americana, rivalidad con China, industria nacional, hegemonía tecnológica y un puñado de empresas convertidas en guardianes del interés patriótico. En este mercado, el poder político no es un mero observador desde el momento en el <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-05-07/trump-derogara-restricciones-a-chips-tras-debate-sobre-las-normas-de-ia" target="_blank">que la Casa Blanca decide quién vende</a>, quién escala y quién queda varado en la aduana. </p><p>¿Y qué más ha entendido Trump? Que <strong>aquí hay dinero.</strong> Con este panorama, la mayor parte de la inversión mundial está virando de nuevo hacia Silicon Valley (una hegemonía perdida en la última década). Y con este cambio llega la gran ventaja estratégica para las empresas estadounidenses, que según un análisis de la OCDE acapararon en 2025 el 75% de todas las inversiones en IA del mundo. Este mismo febrero Anthropic anunció una recaudación de 30.000 millones de dólares y poco después OpenAI hizo pública <a href="https://cincodias.elpais.com/companias/2026-03-16/openai-negocia-una-joint-venture-con-gigantes-del-capital-privado-de-10000-millones-de-dolares-para-impulsar-el-uso-de-la-ia.html" target="_blank">una ronda de 110.000 millones</a>. </p><p>China cumple con su cometido como competidor real, pero es también una justificación magnífica. Sirve para discutir aranceles, excepciones regulatorias, controles de exportación… y <strong>nuevas alianzas entre el Estado y el capital</strong>. En nombre de la competición estratégica cualquier cesión al poder corporativo se puede vender como necesaria en términos de protección de la economía.</p><p>Ahí está el verdadero reparto del mundo. Los gobiernos que protegen la ruta hacia al futuro se saben en el bando vencedor. Y sólo hay que seguir el rastro del dinero para entender que <strong>esta es la batalla que va a ganar Trump</strong>. Quizá la que más le interese, por los beneficios que promete. La pregunta no es quién inventará el próximo modelo, la próxima aplicación de la IA que nos cambiará la vida. La pregunta es quién está comprando ya en los despachos <strong>el derecho a decidir para qué servirá y quién quedará fuera del mapa</strong>.</p><p>Así han funcionado siempre los imperios. Ahora sólo falta que nos expliquen que es por nuestro bien. </p><p><em>* (¡Qué palabra!, si me dieran un euro cada vez que un gigante tecnológico o un periodista a sueldo de la industria la emplea para tratar de epatar a un público cada vez menos permeable a su cháchara, estaría casi en posición de financiar mi propio proyecto de inteligencia artificial).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 17:55:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump, China y el nuevo reparto del mundo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Quién paga la fiesta de la IA (y quién cobra la entrada)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/paga-fiesta-ia-cobra_129_2177615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién paga la fiesta de la IA (y quién la cobra)"></p><p>Las grandes transformaciones, los cambios de era, se presentan a menudo como si fueran fiestas. Suena la música, se encienden las luces sobre el escenario y alguien anuncia que nuestras vidas están a punto de cambiar para siempre. Durante un rato, un halo de promesa lo envuelve todo y nos contagia las ganas de celebrar, de bailar al son de la música, de dejarnos llevar… Pero,<strong> inevitablemente, la fiesta termina y llega el momento de pagar la cuenta</strong>.</p><p>La llegada de la inteligencia artificial al sistema de trabajo se está contando así, como una fiesta: una gran celebración de la eficiencia, la reducción de costes, la inmediatez, la rapidez, la simplificación de la vida… si me apuran, de la abundancia. <strong>El anuncio nos dice que trabajaremos menos</strong> (¡albricias!), produciremos más, decidiremos mejor y seremos más eficientes. Suena tan bien que se nos está olvidando que, <strong>como en toda fiesta bien organizada, la cuenta no desaparece, sólo tarda un poco más en llegar</strong>.</p><p>Mientras los tambores anuncian todo lo que la IA hará posible, <strong>el entusiasmo nos hace olvidar los costes</strong>. No me refiero sólo al dinero (que también). Hablo de la presión sobre el trabajo y la pérdida de autonomía. Hablo de la transferencia silenciosa de valor desde muchos actores dispersos (nosotros) hacia muy pocas posiciones de poder. Esa vieja transformación por la que una transformación se presenta como beneficio general mientras sus peajes se abonan entre todos y sus dividendos encuentran rápidamente el camino hacia los mismos bolsillos de siempre.</p><p>Si bien la cuenta todavía no está sobre la mesa, se puede intuir por dónde van los tiros. Una encuesta global recogida recientemente por la publicación tecnológica sin ánimo de lucro Rest of the World muestra que <a href="https://restofworld.org/2026/workers-ai-jobs-concerns/?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">son muchos los trabajadores que desconfían de la capacidad de sus empresas y gobiernos para gestionar de forma justa la transición hacia la IA</a>. No parece miedo a la tecnología, se parece más a la memoria social. </p><p>Podría decirse que han visto demasiadas veces la misma película: siempre son los mismos los que pagan la adaptación (con su esfuerzo, con su tiempo o con la pérdida de sus empleos), pero hay algo revelador en esa desconfianza. La conversación sobre tecnología ha seguido un patrón muy paternalista: la sociedad no entiende bien la innovación, la mira con miedo y se resiste por desconocimiento… Quizá sea cierto que nos falta conocimiento, pero tenemos memoria. </p><p>Conviene recordar cómo funciona el mercado cuando el entusiasmo lo dirigen quienes tienen capital, infraestructura y poder: grandes anuncios de prosperidad compartida, que termina siendo selectivamente repartida. Mientras, en Bruselas, el lenguaje de la semana ha sido otro: la <a href="https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/news/ai-continent-action-plan-delivers-major-milestones" target="_blank">Comisión Europea celebra los avances de su plan para convertir a Europa en el “continente de la IA</a>”, con énfasis en infraestructuras, datos, talento… Es lógico que las instituciones quieran acelerar, la pregunta es hacia dónde y en beneficio de quién.</p><p>En el caso que nos ocupa, las empresas que controlan los centros de datos, la distribución y la relación directa con el usuario parten de una posición incomparable. Cuanto más crezca el modelo, cuanto más se expanda, más ventaja. Y cuanta más ventaja, más les renta. Mientras,<strong> los trabajadores absorben el impacto</strong>: oficios que desaparecen, otros que han de ser reconfigurados en tiempo real, legislación contrarreloj, universidades creando programas formativos en tiempos récord, creadores que ven cómo el valor de lo que producen se diluye en plataformas ajenas, medios que pagan la producción de la información mientras otros se quedan con la atención y el negocio… La escena cambia según el sector, pero el guion se parece bastante.</p><p>No siempre hace falta que desaparezca un empleo para que empeore una vida. Basta con que la experiencia pierda valor. En los medios, la operación se ve con más claridad: las redacciones siguen asumiendo los costes más caros y menos vistosos de la información: investigar, contrastar, proteger fuentes, responder legalmente sobre lo publicado. Mientras, alrededor de nuestro trabajo crecen sistemas que prometen formas más cómodas (y baratas) para acceder al conocimiento. </p><p>Y no se trata sólo de una factura laboral o informativa. Los grandes gigantes en el negocio de la IA se resisten a facilitar información sobre el consumo de agua y energía de sus centros de datos. También ahí asoma otra verdad menos glamurosa que la propaganda: <strong>la IA no es una nube blanca y limpia, es una industria pesada con costes físicos, territoriales y ambientales muy concretos</strong>. </p><p>La legitimidad de la inteligencia artificial no dependerá sólo de lo que sea capaz de hacer, dependerá de nuestra capacidad de mirar en la dirección correcta. Si nos piden adaptarnos como si fuera una obligación moral, exijamos saber a beneficio de quién. Habrá que vigilar a quienes controlan la infraestructura, habrá que pedir responsabilidades a las empresas que privatizan los beneficios y habrá que exigir a los poderes públicos algo más que entusiasmo y estrategia: reglas, supervisión, transparencia, protección del trabajo y defensa activa del interés general.</p><p>La tecnología no reparte beneficios por sí misma. Eso lo hacen las reglas que se establecen a su alrededor. Y cuando las reglas se escriben mal, o se dejan escribir a los de siempre, <strong>la cuenta acaba sobre la mesa de todos y en la caja de unos pocos</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 18:54:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Quién paga la fiesta de la IA (y quién cobra la entrada)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/salvadores-venian-rescatar-periodismo-terminaron-copiandolo_129_2173808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo"></p><p>Hay una escena que comienza a repetirse en este tiempo. Quizá les suene. Una empresa tecnológica entra en la conversación con un anuncio grandilocuente en forma de promesa grande y luminosa, casi moral: viene a arreglar un problema que los demás no han sabido (no hemos sabido) resolver.</p><p>Llegan con esa <strong>solemnidad mesiánica</strong> que tanto gusta en Silicon Valley y sus sucursales ideológicas: hablan de eficiencia, de innovación, de acceso, de soluciones. Donde otros ven un problema complejo, ellas ven oportunidades. Donde el periodismo reclama recursos, tiempo, independencia y oficio, ellas prometen atajos. ¿Les suena?</p><p>Y después de los fuegos artificiales pasa algo más viejo que el hilo negro: apartas la cortina del discurso y detrás <strong>no hay solución, hay extracción</strong>.</p><p>¿Y por qué nos tienden una y otra vez la misma trampa? Porque es casi imposible que el trabajo de desmontar esas promesas acapare la notoriedad que sí se consigue con sus anuncios. A no ser que el propio periodismo ponga pie en pared, que es exactamente lo que acaba de ocurrir con el caso de <strong>Nota</strong>, una empresa estadounidense que, usando Inteligencia Artificial, se presentaba como la solución definitiva a los llamados “<em>news deserts</em>”, esos territorios donde el cierre de medios locales ha dejado a la ciudadanía más desinformada y más sola. </p><p>Para esas comunidades desatendidas informativamente, la empresa prometía generar artículos a partir de notas de prensa e información institucional, con el apoyo de herramientas de IA. Lanzó once webs disfrazándolas de buenas causas: cobertura bilingüe, herramientas cívicas… y <strong>acabó cerrándolas cuando el periodismo de verdad hizo su trabajo</strong>. Sendas investigaciones del <a href="https://www.axios.com/local/richmond/2026/04/03/nota-ai-news-sites-shut-down-plagiarism" target="_blank">medio local Axios Richmond</a> y el <a href="https://www.poynter.org/ethics-trust/2026/nota-news-local-outlets-ai-plagiarism/" target="_blank">Instituto Poynter</a> descubrieron decenas de citas, frases y fotografías plagiadas de casi una treintena de medios locales y del trabajo de medio centenar de periodistas. Al final, Nota se convirtió en ejemplo de la paradoja perfecta (y terrible): se proclamó reparadora del vacío informativo y lo rellenó, en parte, con el trabajo de los que realmente estaban informando.</p><p><strong>Lo inquietante no es el plagio, sino</strong> <strong>el marco mental que lo hace posible</strong>: la idea de que el periodismo es un residuo aprovechable, un yacimiento que expoliar, una cantera de textos, imágenes y preguntas ajenas que alguien puede trocear, empaquetar y redistribuir con una capa de tecnología. Como si la información fuera una materia prima gratuita y no el resultado de llamadas, horas de documentación y archivo, contrastes incómodos, protección de fuentes, conocimiento del terreno y ética de la responsabilidad. </p><p>El problema no se limita a este caso. El sector tecnológico lleva años ensayando la misma coreografía: primero aparece un relato de una solución innovadora, después llega el uso de materia prima ajena para alimentar la máquina. Y, en muy pocos casos, las denuncias. Nada nuevo bajo el sol. Ocurrió con Perplexity, que se presentó como la fórmula definitiva para acceder al conocimiento de forma limpia, útil e inteligente. Poco después, <em>Forbes </em>la acusó de <a href="https://www.forbes.com/sites/randalllane/2024/06/11/why-perplexitys-cynical-theft-represents-everything-that-could-go-wrong-with-ai/" target="_blank">apropiarse de texto e imágenes de un reportaje de investigación</a> exclusivo y la revista <a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"><em>WIRED</em></a><a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"> documentó prácticas de scraping</a> (rastreo de información de forma encubierta). Más tarde llegaron los programas de reparto de ingresos y las palabras de aprecio hacia los editores de medios de comunicación. <strong>Primero, la apropiación. Después, la alianza</strong>.</p><p>La historia se repite con variantes. OpenAI ha firmado acuerdos con multitud de grupos mediáticos, como la agencia de noticias Associated Press, la editora de medios Axel Springer o periódicos como <a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em>Le Monde</em></a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"> o</a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em> El País</em></a>, que se presentan como colaboraciones para explorar los usos beneficiosos de la inteligencia artificial y fortalecer el papel del periodismo en el nuevo entorno. La pregunta ética es pertinente: ¿de verdad podemos llamar ‘alianza con el periodismo’ a un ecosistema que primero se alimenta de la producción periodística y después decide con quién firma y a quién deja fuera?</p><p>Esta dinámica tiene todavía una versión más refinada del mismo impulso de vaciar el periodismo mientras se habla en su nombre, que no pasa por copiar frases, fotografías o párrafos, sino por <strong>emular la función económica del periodismo</strong>. En esta versión encajan como un guante los resúmenes generados por IA de Google: usted le pregunta al buscador y éste le responde directamente a su pregunta sin salir de la plataforma, rompiendo el vínculo entre quien informa y quien lee. Usted lee lo que un periodista ha investigado o escrito, pero no llega a ser consciente del trabajo que hay detrás porque… la atribución se la lleva Google. No es plagio, pero participa de la misma lógica extractiva: usar el fruto del trabajo de otros para retener la atención, el tiempo y el negocio.</p><p><strong>En este contexto, los periodistas sobran (hasta que hacen falta)</strong>. Sobran cuando hay que pagarles, sostener las redacciones, respetar la autoría de los textos y las fotografías, invertir en coberturas o defender judicialmente hasta la última coma de lo publicado. Pero hacen falta (y mucha) cuando se trata de alimentar las máquinas. </p><p>Por eso conviene <strong>desconfiar de los salvadores del periodismo</strong> que no aceptan ninguno de sus deberes y de todos los que hablan de libertad informativa pero no se preocupan por la rendición de cuentas. La tecnología puede (y debe) ayudar. Faltaría más. Puede servir tanto al periodismo como al lector, pero no puede ocupar el lugar de los medios cuando los vacía de su valor económico; no puede llamarse aliada ni puede pedir confianza después de haber confundido innovación con expolio. No necesitamos más salvadores del periodismo. Precisamente ahí empieza nuestro trabajo, cuando termina el discurso de los supuestos salvadores.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:53:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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