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    <title><![CDATA[infoLibre - EL CUARTO DE MÁQUINAS]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - EL CUARTO DE MÁQUINAS]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El club de los raros (o la militancia de leer el periódico)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/club-raros-militancia-leer-periodico_129_2221179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El club de los raros (o la militancia de leer el periódico)"></p><p>No me considero una persona ingenua, pero estoy empezando a planteármelo. Pensaba que el Mundial de fútbol servía para ordenar un poco el mundo (al menos, para algunos de nosotros). Mal que bien, <strong>durante unas semanas todo se mira a través del mismo rectángulo verde y la coreografía es conocida</strong>: el árbitro pita, el balón rueda, los hinchas cantan, los comentaristas exageran, los seleccionadores envejecen en el plano corto y con el pitido final todos discutimos la misma jugada. Esa conversación común nos iguala, incluso cuando media humanidad finge saber de defensas en bloque bajo o líneas de contención. Suelen ser los mismos que fingen saber de todo lo demás, así que convivimos con ellos con toda la paciencia que nos queda a principios de este julio abrasador.</p><p>Este Mundial me ha recordado que ya nada conserva intacta la ilusión del lenguaje compartido. <strong>Donald Trump</strong>, que no sabe nada de fútbol pero controla la presión tras pérdida mejor que Pep Guardiola, <a href="https://www.infolibre.es/internacional/venta-derechos-llamada-trump-fifa-suma-escandalo-tres-decadas-oscuros-negocios_1_2220703.html" target="_blank">llamó a su amigo Gianni Infantino</a> al término del Estados Unidos - Bosnia para quejarse de la sanción a <strong>Folarin Balogun</strong>, que vio una justísima tarjeta roja. ¿Resultado? La FIFA levantó la sanción y el delantero se vistió de corto para jugar ante Bélgica. De poco sirvieron las protestas de la federación belga, porque Infantino se justificó en la independencia jurídica (el tema de moda) y a correr.</p><p>No traigo aquí mi sorpresa con la politización del fútbol. Soy gallega y del Depor, así que aprendí hace tiempo que en los despachos se juegan muchas competiciones (y dolorosos descensos), aunque en esos despachos no se sude la camiseta. <strong>En el caso de Balogun me parece muy llamativo quién llama y quién tiene el poder suficiente para levantar una sanción</strong>. Y es precisamente aquí donde Donald Trump se coloca entre un hecho y su consecuencia. Borrando la consecuencia, para ser exacta. </p><p>Con la información, con las noticias, está empezando a pasar algo parecido. Antes los periodistas pensábamos que nuestro trabajo estaba en contar el partido. Investigar con rigor, contrastar, titular bien. Algunos pensamos que hoy sigue siendo lo fundamental, pero entre el hecho periodístico y su consecuencia (lectores informados) se ha situado una máquina muy diferente a las anteriores y tiene pinta de que el frágil ecosistema está a punto de romperse. Hasta ahora conocíamos bien a nuestros intermediarios: estaba Google, que ordenaba (siguiendo su propio interés, pero ordenaba); estaba Facebook, que distraía; Twitter, que enfadaba; Discover, una especie de Guadiana que aparecía y desaparecía como una promesa de verano. Los periódicos aprendieron a convivir con ellas y con sus vaivenes en una dependencia incómoda, pero reconocible. Y, finalmente, el lector llegaba al artículo.</p><p>La IA viene a cambiarlo todo y no sólo por las conversaciones con <em>chatbots </em>o agentes de IA. El Instituto Reuters advierte de la inminente <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/news/how-will-ai-reshape-news-2026-forecasts-17-experts-around-world?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">integración en navegadores, móviles o el propio sistema operativo</a>, de forma que tendremos a la máquina viendo la misma pantalla que nosotros y ofreciéndose a resumirlo. Cualquier contenido, resumido en décimas de segundo. Ojo. Si la IA no tuviera un nombre tan bien elegido desconfiaríamos de ella. Inteligencia artificial. Minipunto para Silicon Valley.</p><p><strong>La máquina es una suerte de Donald Trump que ha irrumpido con una llamada absurda y se ha cargado el sistema</strong>. ¿Quién va a ser el raro que se moleste en leer un reportaje fantástico como el que ha escrito Sabela Rodríguez sobre el <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/logramos-gracias-feminismo-10-anos-mujeres-hicieron-rugido-manada_1_2218019.html" target="_blank">décimo aniversario de la violación de La Manada</a>, que lleva detrás investigación, análisis, contexto, fuentes y más fuentes? Puede que pocos, si tienen delante una respuesta sencilla como esta proporcionada por la IA: “A una década de la agresión grupal en los Sanfermines de 2016 en Iruña, el caso de La Manada se consolidó como un punto de inflexión social y político que resignificó el término para visibilizar la masiva respuesta feminista contra la justicia patriarcal. La movilización marcó un cambio cultural sin precedentes al convertir la indignación en un rugido colectivo que arropó a la víctima y exigió cambios estructurales”. Ahí queda esa simpleza. </p><p><strong>La comodidad es un enemigo formidable</strong>. La comodidad hizo millonario a Jeff Bezos cuando millones de personas se dieron cuenta de que es más cómodo comprar libros en Amazon (sin moverse del sofá) que en una librería. Los periódicos hemos dedicado todos nuestros esfuerzos a combatir la mentira y la desinformación, sin darnos cuenta de que el palo en la rueda vendría en forma de facilidad. La IA lo hace todo más fácil, más cómodo… y de ese planteamiento a esta realidad: <a href="https://www.niemanlab.org/2026/06/the-use-of-ai-chatbots-for-news-is-on-the-rise-but-not-everywhere/" target="_blank">una de cada diez personas ya usa </a><a href="https://www.niemanlab.org/2026/06/the-use-of-ai-chatbots-for-news-is-on-the-rise-but-not-everywhere/" target="_blank"><em>chatbots </em></a><a href="https://www.niemanlab.org/2026/06/the-use-of-ai-chatbots-for-news-is-on-the-rise-but-not-everywhere/" target="_blank">para buscar noticias</a> cada semana, según datos de Nieman Lab a partir del informe del Instituto Reuters. Ya han cruzado la puerta cómoda del acceso a noticias y todo hace pensar que es una puerta que van a cruzar más veces.</p><p><strong>La IA tiende a obedecer, contesta a lo que pedimos con el tono que le pedimos.</strong> Al final seremos gente rara los que sigamos entrando en un periódico para leer noticias. No raros en sentido heroico, que estoy hablando de entrar en un periódico antes de tomar el primer café. Raros porque conservaremos una costumbre que para otros estará en desuso. Raros, porque además de saber qué pasa, queremos saber quién lo cuenta y desde dónde.</p><p>Quién sabe si dentro de poco leer un periódico será tan raro como ir al estadio a ver el partido en directo, con tu camiseta y con tu gente. <strong>Una decisión menos cómoda, con algo de pertenencia y mucho de resistencia</strong>. Una sabe que podría verlo resumido, pero prefiere leerlo entero, mirar al campo y abrazarse a los de siempre a celebrar un ascenso. Igual acabamos pareciéndonos a un <a href="https://www.youtube.com/watch?v=kJjznN0qM9s" target="_blank">club de fans de John Boy</a>: pocos, algo raros y fieles a escuchar el mundo de una forma un poco lenta. Y quizá ahí, en esa lentitud un poco rara, siga quedando una forma de resistencia democrática.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 18:24:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El club de los raros (o la militancia de leer el periódico)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fútbol,Inteligencia artificial,Donald Trump,Corrupción]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La IA acelera tanto que el mercado ya pide ayuda al Estado ¡y a China!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/ia-acelera-mercado-pide-ayuda-china_129_2217417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA acelera tanto que el mercado ya pide ayuda al Estado ¡y a China!"></p><p>Hemos estrenado el verano, pero no hay manera de que el verano se materialice. <strong>La actualidad no da tregua y los rigores estivales no se atenúan ni con un mundial de fútbol</strong>. Vale que es uno raro, en territorio poco amigable, pero es que históricamente estos campeonatos acaparan un gran espacio mediático relegando las noticias más duras a espacios menos transitados. El fútbol todo lo matiza, todo lo unifica (para lo bueno y para lo malo). Pues este verano, tampoco. Y menos en la carrera desbocada de la inteligencia artificial. Un día hablamos de soberanía tecnológica; al siguiente, de empresas estadounidenses que quieren componentes chinos; luego irrumpe Europa con su autonomía estratégica mientras intenta asegurarse el acceso a una compañía yanqui para no quedarse fuera de la frontera tecnológica… no hay descanso y t<strong>odo se acelera en un ejercicio de velocidad que sería casi cómico si no fuera porque detrás se están moviendo leyes y dependencias</strong>.</p><p>No hay manera de pararse a reflexionar con calma, a dejar que las decisiones que se van tomando hagan poso… y no estamos acostumbrados a esta sucesión de acontecimientos que viene a romper con lo establecido sin darnos tiempo a respirar. <strong>Tenemos a la Casa Blanca legislando (¡legislando!) para intervenir el mercado de la IA</strong>, a empresas enormes tratando de romper el bloqueo a la tecnología china para poder seguir creciendo al ritmo que marcan los inversores, a Europa pidiendo autonomía y decidiendo contra ella... </p><p>En este país somos de reflexión lenta, de dejar pasar el tiempo que permite analizar desde la distancia. Quién le iba a decir a <strong>Rocío Jurado</strong> que veinte años después de su muerte sería más universal que nunca, que se analizarían sus letras en clave feminista y que sería un icono para una nueva generación de mujeres que no ha escuchado una copla en su vida. <strong>Así somos, necesitamos veinte años</strong> (que dicen que no son nada, pero sabemos que son exactamente eso, veinte años) para analizar con perspectiva, para ver lo que hay detrás de la máscara… Y aquí estamos, tratando de entender qué pasa hoy en un mercado despiadado que sólo quiere crecer y derriba a su paso cualquier norma escrita (o no escrita) con la que ordenamos el mundo.</p><p>Si la Jurado fue durante décadas la reina de la copla y hoy (casi) nadie la percibe de ese modo, con la IA pasa algo parecido pero sin la cortesía del paso del tiempo. Aquí no hay veinte años para revisar el mito, <strong>hay apenas una semana entre un anuncio y su contrario</strong>. La tecnología avanza, su necesidad de financiación se multiplica, los gobiernos reaccionan y la estructura mental con la que lo analizamos se convierte en un vestido de lentejuelas viejo que no se ajusta a un cuerpo nuevo. <strong>Puede que sea vistoso, pero aprieta por todos lados</strong>.</p><p>Hace apenas unos días hablábamos aquí de <strong>cómo España entraba en juego con más de 700 millones para una gigafactoría </strong>o de que EEUU legislaba en nombre de la seguridad nacional. El viejo relato liberal empezó a chirriar cuando las viejas potencias entendieron que esta tecnología estratégica no puede quedar a merced del mercado. Sigue siendo una buena tesis, pero la apisonadora de la actualidad viene dispuesta a reventarla. <strong>Hoy tenemos a Apple (ojo a esto) presionando a Trump para que le dé cobertura política</strong> antes de <a href="https://www.europapress.es/portaltic/gadgets/noticia-apple-busca-permiso-eeuu-comprar-chips-china-cxmt-frenar-subida-precios-20260629132226.html" target="_blank">comprar chips a CXMT</a>, una empresa que aparece en la lista de compañías chinas que el Pentágono ha vinculado al aparato militar del Estado. ¿Y por qué pide Apple un poco de cintura para ella a expensas de la seguridad nacional? Por dinero, claro. Por abaratar sus costes. <strong>Fabricar un iPhone Pro de nueva generación será más caro</strong>, <a href="https://www.wsj.com/tech/personal-tech/apple-iphone-price-increase-e846d737" target="_blank">mucho más caro</a>. La IA, encareciendo directamente el aparato que llevamos en el bolsillo y Apple, símbolo perfecto del capitalismo, mirando a China cuando Washington quiere impulsar sus cadenas de producción internas. <strong>El mundo al revés</strong>.</p><p>Hay algo delicadamente rociero en esta historia, si me permiten ustedes la irreverencia. Estábamos cantando una copla sobre la independencia tecnológica de occidente y llegando al estribillo suben los costes, falta memoria y la gran empresa americana pide a Trump que le deje llamar a la puerta de China. <strong>Como en las coplas de la más grande: el orgullo por un lado y el deseo, por el contrario</strong>.</p><p>Si EEUU no observa el mercado desde la barrera, Europa vive en su propia contradicción. Aprueba un paquete de medidas de <a href="https://digital-strategy.ec.europa.eu/es/policies/eu-tech-sovereignty" target="_blank">soberanía tecnológica</a> mientras la Comisión constata el peso dominante de Amazon y Microsoft en la nube europea. Mientras, <strong>Austria quiere explorar fórmulas para alojar la tecnología de Anthropic</strong>, una vez que la Casa Blanca prohibió el acceso extranjero a sus modelos avanzados. Pragmatismo, desde luego. Pero también una confesión de debilidad. <strong>Europa quiere ser soberana, pero le faltan piezas para lograrlo y se las encarga a empresas extranjeras</strong>, contra las que quiere construir su soberanía. Si esto no es una contradicción, que me lo expliquen.</p><p>Capítulo aparte para <strong>Meta</strong>, siempre dispuesta a vendernos como producto cosas que antes llamábamos comunidad. Cuenta el <em>Financial Times</em> que está acelerando el uso de modelos de lenguaje para <a href="https://www.ft.com/content/39251a31-4a9d-4870-b86c-dc6353d67fdd" target="_blank">revisar contenido y anuncios</a>. No olvidemos que, además de <strong>Facebook</strong> e <strong>Instagram</strong>, Meta es la dueña de <strong>WhatsApp</strong>. Quiere que la IA haga de moderador en sus plataformas, automatizar su control de lo que se dice y cómo se dice. Nos está colando una estafa gigante: <strong>publicaciones que desaparecerán por obra y arte de la IA y moderación que no protege al agredido</strong>.</p><p>Hay algo agotador en este ritmo, pero es apasionante. La velocidad a la que suceden las cosas nos obliga a mirar la realidad con menos comodidad. <strong>No nos sirven las estructuras mentales a las que siempre hemos acudido para analizar el presente</strong>, pero de alguna manera tenemos que separarnos de esta vorágine de contradicciones si queremos entender qué está pasando. <strong>Si la Jurado consiguió que estrofas cantadas hace décadas tengan sentido hoy, la IA afina en la misma nota</strong>: todo sucede ahora, todo exige respuesta inmediata. Y las noticias de hoy envuelven el pescado de mañana… nada nuevo bajo el sol.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 18:14:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Europa,Estados Unidos,Tecnología digital]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La inteligencia artificial necesita al Estado, aunque pocos quieran reconocerlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/inteligencia-artificial-necesita-quieran-reconocerlo_129_2213451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La inteligencia artificial necesita al Estado, aunque pocos quieran reconocerlo"></p><p>Hace poco más de un año que murió Brian Wilson y desde entonces he vuelto varias veces a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=eacses-JhsM" target="_blank"><em>Pet Sounds</em></a>. Lo hago con esa mezcla de gratitud y melancolía que me producen las canciones que han aprendido a envejecer mejor que yo, por esa engañosa apariencia de lo inevitable que conserva el disco. Pareciera que su música siempre hubiera estado ahí, flotando en el aire californiano esperando a que alguien la recogiera.</p><p>Conviene no fiarse demasiado de la belleza. Detrás de aquellos temas míticos había talento, claro, pero también había esfuerzo, tecnología, músicos, horas de grabación y una industria muy compleja. La inspiración y el ritmo de The beach boys necesitaban cables y un presupuesto detrás, y si una escucha con atención puede llegar a percibir el ruido del trabajo ajeno sobre el que descansan unas melodías que parecen caídas del cielo.</p><p>Con la inteligencia artificial pasa algo parecido: nos fascina la respuesta que aparece en la pantalla, ese pequeño milagro de una frase con aparente sentido cuyas palabras se ordenan ante nuestros ojos. Casi magia. <strong>Preguntamos y la máquina responde con una frase de una limpieza casi inquietante</strong>. La parte que vemos es tan cómoda que se come el resto de la historia. No hay forma de escuchar el ruido tras la melodía y es más que evidente que la verdadera historia está detrás (en los grandes centros de datos, la supercomputación, el trabajo periodístico, la red eléctrica… y en los millones que se mueven en este mercado del disparate). Parece ligera porque cabe en una ventana de un chat, pero pesa toneladas.</p><p>España acaba de entrar en la carrera con nada menos que <a href="https://planderecuperacion.gob.es/noticias/gobierno-aprueba-inversion-719-millones-proyecto-gigafactoria-ia-sett-prtr" target="_blank">719 millones de euros para impulsar una gigafactoría</a> de inteligencia artificial. Por si todavía no lo saben, las gigafactorías son centros de datos enormes con el propósito de albergar cientos de miles de GPU (unidades de procesamiento gráfico) que son imprescindibles para entrenar a los grandes modelos de IA. El nombre parece sacado de una historieta, pero describe bien lo que promete: una instalación gigante con chips carísimos, mucho espacio y un gran consumo en refrigeración y conexión. Además de la paciencia administrativa, porque hablamos de dinero público.</p><p>Ahí empieza lo interesante, porque <strong>desde Reagan y Thatcher hemos escuchado la cantinela neoliberalista de que el mercado se regulaba mejor sin interferencia del Estado</strong>, que debía evitar la tentación de intervenir con sus ineficientes regulaciones que lo complican todo con su burocracia. La planificación industrial olía a despilfarro y a señores con carpeta decidiendo mal y tarde, así que cambiamos planificación por palabras más modernas y que sonaban mucho mejor: emprendimiento, talento, innovación… el no va más del neoliberalismo. Cualquier cosa menos permitir que una sociedad decidiera hacia dónde orientar su economía.</p><p>En estas estábamos cuando irrumpe la IA y hoy tenemos a Francia movilizando inversiones enormes en <a href="https://es.euronews.com/business/2026/06/01/softbank-invierte-75000-m-en-centros-de-datos-de-ia-en-francia-crea-miles-de-empleos-cuali" target="_blank">centros de IA</a>; a Europa creando programas de supercomputación y planes de <a href="https://digital-strategy.ec.europa.eu/es/policies/ai-factories" target="_blank">autonomía tecnológica…</a> y a España entrando de lleno con fondos públicos. Llegan tarde, claro. China lleva años pregonando que la IA forma parte de su estrategia nacional y parece evidente el giro mundial, aunque casi nadie lo llama planificación. Lo llamamos resiliencia, que queda mucho mejor. O autonomía estratégica. O transición digital. Nos vale todo lo que parezca nuevo, no vayamos a caer en el viejo vicio de llamar a las cosas por su nombre: el Estado corriendo con parte del riesgo que el mercado no quiere asumir solo.</p><p>No creo que Trump se haya convertido al keynesianismo con coro de gospel en el despacho oval. Creo que lo que ocurre es mucho más prosaico: la IA se ha revelado como una tecnología demasiado potente como para dejarla en manos del mercado. En el caso de Trump, el mercado chino. Afecta a la defensa y a la hegemonía yanqui. Al poder geopolítico, en resumidas cuentas, y por ahí no pasa la Casa Blanca. Poco le importó al poder que la globalización debilitara durante décadas la capacidad de elegir dónde se producía cada cosa: la cadena de suministros se estiró por el planeta buscando mano de obra barata, sin protección laboral… La IA acelera ahora un viaje de vuelta y <strong>los gobiernos intentan recuperar la capacidad de decisión</strong>.</p><p>No me digan que la paradoja política no es notable. Después de años viendo a los mismos tomar decisiones para apartar al Estado en favor del mercado (hola, Quirón), los vemos ahora compitiendo por macrocentros de datos. Esto debería obligarnos a abrir una conversación democrática seria: si vamos a dedicar fondos públicos (estatales o autonómicos), la ciudadanía debería poder decidir sus condiciones: desde quién se beneficia a dónde se instala, qué energía consume o qué dependencias provoca. Y, sobre todo, qué retorno va a tener para una sociedad que aporta los recursos. </p><p>La pregunta de fondo no es anti tecnológica, es democrática. Si la IA necesita recursos e infraestructuras públicos, también necesita control público. El Estado ha entrado en <em>El cuarto de máquinas</em> y algunos prefieren que no se diga en voz alta.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2026 18:14:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La inteligencia artificial necesita al Estado, aunque pocos quieran reconocerlo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Opinión,Gobierno]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La batalla por el mapa español de la inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/batalla-mapa-espanol-inteligencia-artificial_129_2210429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por el mapa español de la inteligencia artificial"></p><p>Quería centrar esta columna en un tema que me inquieta: la <strong>necesidad de apostar por la soberanía digital europea</strong> ante el oligopolio de Silicon Valley, más después del anuncio de Anthropic de <a href="https://www.rtve.es/noticias/20260613/anthropic-suspende-acceso-mejores-modelos-ia-orden-eeuu-uso-extranjero/17113696.shtml" target="_blank">suspender el acceso extranjero a sus modelos de IA</a> más avanzados, para cumplir con una directiva aprobada por la Administración Trump. EEUU no quiere que ciudadanos extranjeros puedan acceder a la tecnología más potente del planeta, porque desea reservarse su posición privilegiada. Cero sorpresa. Los líderes occidentales reunidos en Francia en la cumbre del G7 enarbolaron inmediatamente su discurso de batalla: <a href="https://www.euronews.com/my-europe/2026/06/17/ai-takes-centre-stage-at-g7-as-western-fears-over-us-kill-switch-get-real" target="_blank">soberanía tecnológica europea</a>. Algo habrá que hacer. El caso es qué y cómo.</p><p>En estas estaba cuando ayer mismo me tropecé con un gran titular: el Gobierno invertirá 719 millones de euros en un proyecto español para desarrollar <a href="https://planderecuperacion.gob.es/noticias/gobierno-aprueba-inversion-719-millones-proyecto-gigafactoria-ia-sett-prtr" target="_blank">una gigafactoría de IA</a> que estaría cofinanciada por <a href="https://www.expansion.com/catalunya/2026/06/16/6a304ef1468aebc9668b45ad.html" target="_blank">Telefónica, Banco Santander y ACS</a>. Sin entrar a valorar los compañeros de viaje de esta iniciativa, mientras leía la noticia yo pensaba en el n<strong>uevo mapa de España que se va dibujando a golpe de titulares y anuncios de inversión pública y privada</strong>, que pinta una redistribución territorial del Estado en términos de negocio (y de futuro). Y ahí cambié de idea sobre el tema de esta columna.</p><p>Llevamos meses entretenidos con discusiones sobre ChatGPT, algoritmos y demás detalles que empequeñecen el debate sobre la inteligencia artificial cuando <strong>la cuestión importante es la del territorio</strong>. Se han ido encadenando los anuncios, realizados a bombo y platillo: <a href="https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2026/04/23/aragon-emerge-como-nuevo-polo-europeo-los-centros-datos-2013885.html" target="_blank">Aragón</a> quiere convertirse en la potencia eléctrica; <a href="https://www.elperiodicoextremadura.com/extremadura/2026/03/01/cinco-macrocentros-datos-inversion-25-127406831.html" target="_blank">Extremadura</a> y <a href="https://actualidad.asturias.es/-/ciencia-conf%C3%ADa-en-que-el-centro-de-datos-del-principado-en-el-pozo-san-jorge-atraiga-empresas-del-sector-a-la-comunidad" target="_blank">Asturias</a> piden la revancha de la periferia energética; <a href="https://www.20minutos.es/tecnologia/actualidad/marenostrum-5-superordenador-bsc-ia-ciencia-medicina-cuantica_6974691_0.html" target="_blank">Cataluña</a> apuesta por la ciencia y el conocimiento; <a href="https://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2025/08/12/centro-supercomputacion-galicia-estrenara-centro-datos-2026-albergara-nuevo-ordenador-cuantico-finisterrae-iv/00031754996162554643451.htm" target="_blank">Galicia</a> por la supercomputación; Madrid, Comunidad Valenciana, La Rioja… Miles de millones de euros y hectáreas de suelo industrial prometidos en clave de liderazgo o reindustrialización y resulta que el debate de fondo es cómo se posicionan para el futuro inmediato. </p><p>Durante décadas el foco se puso en cuestiones como <strong>a dónde y cuándo llegaba el AVE</strong>, <strong>dónde se construían fábricas</strong>, <strong>dónde se proyectaban los grandes centros logísticos</strong> y, como consecuencia de todo ello,<strong> dónde se sumaba población y dónde se vaciaba el territorio</strong>. Seguramente el efecto será el mismo, pero el objetivo hoy está en cómo competir para diferenciarse en el mercado de la inteligencia artificial. Mientras Aragón, Madrid y Extremadura (por citar algunos ejemplos) apuestan por localizar en su territorio grandes infraestructuras que atraigan a los gigantes tecnológicos, Cataluña lo hace por las universidades y el talento científico: supercomputación e inversión en <em>startups </em>tecnológicas. No es la única, Galicia y otras comunidades también han entendido que quizá compense más en invertir en el verdadero valor de una revolución tecnológica, que rara vez se sitúa en construir edificios. </p><p><strong>Es pronto para saber quién acierta</strong>. Seguramente en el corto plazo el dinero de las inversiones extranjeras será muy aplaudido. Las cifras espectaculares llegan acompañadas de excavadoras y empleo en el sector de la construcción, que son fáciles de inaugurar y de fotografiar. El conocimiento, por otro lado, está muy devaluado y tiene peor prensa. Además, necesita tiempo y los políticos no lo tienen. Sin embargo, suele dejar una huella más profunda en el tejido económico. La inteligencia artificial está generando una nueva división territorial de España y ambas opciones no son incompatibles, pero tampoco son equivalentes. </p><p>Dentro de 20 años observaremos el mapa y puede que aplaudamos la inversión que llegó al calor de las infraestructuras, a pesar del coste energético y medioambiental. No sabemos qué sociedad juzgará este tiempo, pero quizá sea una capaz de reconocer dónde se instalaron las empresas, se patentaron los avances tecnológicos, se creó empleo de calidad y bien pagado. Y dónde se tomaron las decisiones. Hoy lo que toca es decidir qué parte de España se apunta a construir y cuál invierte en retener y captar el talento. Hay sitio y votantes para las dos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 19:23:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La batalla por el mapa español de la inteligencia artificial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Opinión,Empresas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/vuelta-conocimiento-manos-convirtieron_129_2206349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder"></p><p>Nadie discute que <strong>el conocimiento es poder</strong>. La frase, atribuida al filósofo y político inglés <strong>Francis Bacon</strong> en el siglo XVI, seguramente ponía negro sobre blanco una idea conocida previamente. ¿Qué duda podía caber de que saber algo que otros no saben nos da ventaja? Mucho más tarde, en la Francia inmediatamente posterior al Mayo del 68, <strong>Michel Foucault</strong> le añadió un matiz interesante al debate: <strong>el conocimiento es un instrumento para controlar a las personas si se usa para construir lo que una sociedad considera normal</strong>.</p><p>Con la llegada de<strong> Internet </strong>esa lógica se alteró como se suelen alterar las lógicas de poder: parcialmente. El conocimiento salió de bibliotecas y archivos y entró directamente en nuestra vida a través del ordenador con conexión a la red. Sin embargo, ese espejismo de libre acceso a la información y al conocimiento duró poco, apenas unas décadas. </p><p>En los últimos meses hemos leído que <a href="https://www.infolibre.es/medios/ia-reproduce-medios-desequilibrio-impusieron-plataformas_1_2198664.html" target="_blank">los medios negocian acuerdos</a> con las grandes plataformas de inteligencia artificial para que puedan acceder a sus archivos; Google está desarrollando <a href="https://laboratoriodeperiodismo.org/google-activa-offerwall-para-tratar-de-compensar-a-los-medios-por-la-perdida-de-trafico-causada-por-la-ia/" target="_blank">herramientas para compensar a los medios</a> por la caída del tráfico procedente de su buscador; Europa habla (por fin) de <a href="https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_26_1187" target="_blank">soberanía tecnológica</a> mientras compite por atraer centros de datos y las grandes compañías tecnológicas <a href="https://www.acermetal.es/las-grandes-tecnologicas-estan-invadiendo-el-sector-energetico-para-impulsar-el-auge-de-la-ia/" target="_blank">invierten fortunas en suministros</a> y en mejorar sus infraestructuras… Esta ensalada de titulares puede parecer inconexa, hecha de ingredientes dispares, pero lo cierto es que todos ellos salen del mismo invernadero. Todas esas noticias hablan de lo mismo: <strong>quién controla el acceso al conocimiento</strong>.</p><p>Nos habíamos acostumbrado a relacionar el poder digital con la atención y ganaba aquel que conseguía mantenernos más tiempo pegados a una pantalla, ya fuera leyendo un texto o viendo el enésimo vídeo consecutivo en redes sociales. El premio de ese segundo más ante el móvil o el ordenador decidía quién era el vencedor de esta batalla por la atención. No entraremos a valorar qué clase de atención es esa que te mantiene catatónico haciendo<em> scroll </em>de forma casi involuntaria, saltando de un contenido a otro, de una música a otra, de una noticia falsa a otra….<strong> A nadie le importaba el qué, sólo se premiaba el cuánto</strong>. </p><p>Y en estas estábamos cuando irrumpieron en nuestra vida las múltiples y muy bien publicitadas inteligencias artificiales. Podríamos debatir también sobre la inteligencia de esta tecnología, pero aquí no hay tiempo y lo hicimos con energía en la presentación del <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/tsunami-ia-tintalibre-presenta-numero-junio_1_2202844.html" target="_blank">último número de TintaLibre</a>. El caso es que la IA desplaza ligeramente el foco desde la atención a la interpretación. </p><p>Si antes tus búsquedas en Google obtenían como respuesta un listado de enlaces para solucionar tus dudas (previo pago por aparecer en la primera posición, obviamente), se mantenía aquí la ilusión de la elección entre los distintos enlaces que te proporcionaba el buscador. Podías elegir, comparar… incluso algunos podían construir una respuesta propia en base a distintas fuentes. Hoy, cuando le preguntas a un sistema conversacional, recibes una respuesta directa y clara, una síntesis.</p><p>Parece un cambio pequeño, pero no lo es. La lista de enlaces hace visible el recorrido, mientras que<strong> la respuesta sintetizada que obtenemos de GeminAI o ChatGPT</strong> oculta el camino. La máquina decide qué información consulta, cómo la prioriza y cuál descarta. Es cierto que la selección siempre ha existido: los periódicos seleccionan y jerarquizan, los profesores seleccionan, los editores seleccionan… La gran diferencia está en la escala. </p><p>Por primera vez, una pequeña cantidad de empresas pugnan por convertirse en la puerta de entrada a un conocimiento que ellas no producen. Poca broma. Basta con controlar las herramientas que ordenan y resumen. Y, justo ahora, parece que los archivos periodísticos recuperan su valor, después de años en los que lo que se leía importaba mucho menos que el tiempo que pasábamos ante la pantalla. <strong>Bienvenido sea este regreso a la memoria</strong>, a poner en valor décadas de información verificada que se alza como materia prima imprescindible para las máquinas que difunden conocimiento.</p><p>También es por eso por lo que Europa se pone las pilas, al menos en materia industrial, buscando el control de los centros de datos cuando antes se entretenía con la regulación. Ha comprendido finalmente que <strong>el acceso al conocimiento dependerá también de quién posea la infraestructura capaz de procesarlo</strong>. </p><p>Los que pensaban que el poder detrás de la IA se estaba moviendo para convertirse en creador de conocimiento ya pueden ir dándole una vuelta. Cada vez está más claro que no se trata de eso. La realidad es mucho más primaria, más básica, más cercana a Bacon y Foucault. Están trabajando para <strong>controlar el acceso al conocimiento</strong> y volver a hacerse con un poder que Internet les quitó… temporalmente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 19:14:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Inteligencia artificial,Filosofía,Política,Internet]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La patria (portátil) de Peter Thiel es la Argentina de Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/patria-portatil-peter-thiel-argentina-milei_129_2202732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La patria (portátil) de Peter Thiel es la Argentina de Milei"></p><p>El gran héroe americano nunca fue el profesor Ralph Hinkley con su traje extraordinario. El sueño del país capitalista por antonomasia lo encarnaban hombres hechos a sí mismos, capaces de alcanzar el éxito escalando desde abajo. Ese ideal nunca caló en la España que aplaude a los<strong> herederos del franquismo y su ‘emprendimiento’ </strong>a base de rentas inmobiliarias y vota a <em>isabeles</em> y <em>juanmanueles</em>. Excepciones haylas, como las meigas, pero el gran héroe patrio se peina el flequillo y presume de esforzarse poco y ganar mucho y eso es un hecho.</p><p>Lo que nunca imaginamos es que en la (autoproclamada) <strong>tierra de las oportunidades</strong> iba a producirse un giro hacia el <em>cayetanismo </em>que terminaría entronizando a hombres de grandes ambiciones ejecutadas con dinero ajeno. No se entiende de otra manera el ascenso a la categoría de susurrador de presidentes de un personaje como Peter Thiel. Hijo de <strong>emigrantes alemanes en EEUU</strong>, su biografía arranca de forma prometedora como ejemplo del camino al éxito desde la base, aupado por su esfuerzo y una idea brillante. No le hizo falta. Al más puro estilo ibérico, Thiel descubrió un camino más rápido y menos sacrificado: reunió el dinero de su familia y amigos y abrió con ellos su primer fondo de inversión. Si fuera español, Thiel habría abierto con sus amigos, también hijos de rentistas, su primer restaurante <em>canallita</em>. Hay que reconocer que, en esto, <strong>los estadounidenses siguen teniendo más ojo</strong>.</p><p>Thiel escaló rápido al olimpo de los <em><strong>broligarcas</strong></em>: invirtió en la empresa de Elon Musk y desde ahí añadió importantes nombres a su agenda de contactos donando millones a causas republicanas y acompañando política y financieramente el ascenso de JD Vance. Hoy defiende que la libertad y la democracia ya no son compatibles, así que ha hecho las maletas y ha trasladado a su familia a la Argentina de Milei, donde no ha de preocuparse más por esa cuestión. El <em>Financial Times</em> cuenta que <a href="https://www.ft.com/content/3d7ab893-1842-4c6c-a3d9-26871d79dde4?utm_source=chatgpt.com&syn-25a6b1a6=1" target="_blank">se ha comprado una mansión en Palermo Chico</a> y ha matriculado a sus hijos en un colegio bonaerense, fascinado por el ejercicio libertario del presidente argentino. </p><p>Thiel y Milei se reconocen mutuamente. Se miran y se entienden sin hablar. Son un hombre y un país que se miran a la cara y descubren que llevan mucho tiempo esperándose. Hay algo fabuloso en la escena en la que <strong>un magnate que aboga por la libertad de mercado extrema</strong> se encuentra con el hombre que ha prometido destruir al Estado desde el corazón mismo del Estado. El millonario mide la promesa ideológica del palacio presidencial de Argentina mientras el anfitrión ensaya el viejo papel de territorio disponible para el desembarco del capital tecnológico que busca espacios sin legislación para seguir creciendo y haciendo ricos a los mismos de siempre.</p><p>No me parece casual que Thiel explore los confines australes del planeta en busca de la desregulación que ansía. En esta misma semana, el estado de Florida ha demandado a la OpenAI de Sam Altman por anteponer el beneficio a la seguridad y <a href="https://apnews.com/article/sam-altman-openai-lawsuit-florida-396d70c5a2d9bae7e95a8ee9adaef836" target="_blank">ocultar riesgos serios de ChatGPT</a>, sobre todo para menores, en la que puede ser <strong>la primera gran demanda contra las empresas que hacen dinero con la IA</strong>. Es, quizá, lo que deseaba Milei: una gran campaña jurídica que, sin pretenderlo, convierta a Argentina en el nuevo El Dorado. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 18:10:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La patria (portátil) de Peter Thiel es la Argentina de Milei]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Estados Unidos,Javier Milei]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/papa-maquina-extrana-semana-atea-sintio-interpelada_129_2199870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada"></p><p>En 1968, <strong>Anthony Quinn</strong> se metió en la piel de un pontífice atrapado en una grave crisis política internacional, en la que China, EEUU y la Unión Soviética amenazaban con resolver sus disputas económicas a golpe de guerra nuclear. Pura ciencia ficción, al menos para la crítica del momento. La cobertura que <strong>Fernando Varela</strong> hizo esta semana en <strong>infoLibre</strong> de <a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html" target="_blank">la primera encíclica de León XIV,</a><a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html" target="_blank"><em> Magnifica Humanitas</em></a>, me llevó a <em>Las sandalias del pescador</em> y a las vicisitudes de un papa que se desenvuelve entre bloques enfrentados, crisis internacionales y hombres acostumbrados a manejar el poder. La cinta de Michael Anderson pone el acento en una voz ética que se escucha cuando el mundo parece <strong>haber perdido la capacidad de hablar sin gritar</strong> y algo parecido a eso me resonó con la encíclica de León XIV.</p><p>Una atea no corre hacia una encíclica con demasiada expectación. Esperaba poco más que una prosa solemne y el tono del que lleva siglos hablando desde un lugar al que hace décadas que no me asomo. Por eso me ha desconcertado encontrarme un texto que <strong>se desprende de la sotana</strong> y apunta a cuestiones terrenales: el trabajo, la guerra, el dinero, el poder… y la persona como límite de la máquina. No esperaba encontrar este punto en común y mucho menos esperaba que el papa acertase más con el foco que la mayoría de los gobiernos.</p><p>Me sorprende que <strong>León XIV</strong> hable como alguien que ha entendido que esta tecnología obliga a nuestra época a mirarse al espejo. El texto se mueve en un terreno muy serio: la dignidad humana, la subordinación del trabajo, la concentración del poder, el uso de la técnica para la guerra… y lo enlaza de forma deliberada con <em>Rerum Novarum</em>, la encíclica con la que la Iglesia abordó la revolución industrial. En este tiempo, León XIV <strong>aborda la IA con una desconfianza bastante explícita</strong> sobre la concentración de poder en pocas manos y la tentación de ceder a la máquina espacios que afectan directamente a la vida (o a la muerte). </p><p>Me resulta casi escandaloso que la voz que pide el desarme de la inteligencia artificial llegue de Roma. Ni de Bruselas ni de Washington. De Roma. El resto siguen con la dicción hueca de la competitividad y el liderazgo, <strong>abducidos por los cantos de sirena del dinero y las grandes tecnológicas</strong>. La sobriedad de las peticiones pontificias tiene algo de extravagancia moral en un paisaje plagado de cobardía política. La concentración del poder de la IA y su uso militar alertan al papa y la pregunta es: ¿por qué no alertan al resto de mandatarios o, al menos, a los más civilizados?</p><p>Esta encíclica no borra de un plumazo la historia de la Iglesia ni sus silencios, que siguen ahí mientras el mundo continúa sufriendo desigualdades obscenas y genocidios que no siempre encuentran en Roma la misma claridad retórica. El texto incorpora<strong> una petición de perdón por la complicidad histórica del Vaticano con la esclavitud</strong>, que llega cuando ya no queda vivo ningún responsable (o, lo que es lo mismo, una de las formas más seguras del arrepentimiento institucional).</p><p>Aun así, el contraste me parece elocuente. Medio mundo mirando, dividido entre el entusiasmo empresarial y la impotencia regulatoria, y llega un sumo pontífice para señalarnos otro horizonte: la degradación del trabajo, la técnica como herramienta de dominio, la persona como límite…</p><p>No sé si esto me va a devolver la fe. Sospecho que no. Una lleva demasiados años instalada en un escepticismo estructural <strong>como para precipitarse a la trascendencia por la vía doctrina</strong>l, pero admito que esta semana ha sido rara. Entre un papa que habla de IA con más claridad que nuestros representantes políticos y el Depor, que ha vuelto a Primera tras ocho años de travesía por el desierto, he tenido <strong>una proximidad extraña a la idea de redención</strong>. Cada cual elige sus milagros verificables. </p><p>No sé tampoco si la Iglesia estará a la altura de lo que ha escrito. Ni si las democracias occidentales, tan complacidas con su lenguaje de modernización,<strong> reaccionarán a tiempo</strong> sin necesidad de que Roma les recuerde que ninguna máquina debería valer más que una persona. Es una cuestión de decencia mínima. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 19:18:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Inteligencia artificial,Roma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Cannes, ratas nadadoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/cannes-ratas-nadadoras-plantilla-mental-propone-chatgpt_129_2192009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Cannes, ratas voladoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT"></p><p>El<strong> festival de Cannes</strong> arranca este año sin la apabullante presencia de los grandes estudios hollywoodienses en una apuesta por el cine de autor. Por el Boulevard de la Croisette desfilarán<strong> Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi, Rodrigo Sorogoyen o Los Javis</strong>, poseedores todos ellos de una mirada única que me recuerda algo que es importante no perder de vista en estos tiempos: <strong>la diferencia entre una obra de arte y un producto</strong>. El festival recupera esa vieja (y romántica) reliquia de la autoría, la convicción de que una mirada propia importa.</p><p>Me pregunto qué aprenderá la inteligencia artificial del cóctel de lo cotidiano, lo popular y lo extravagante que propone Almodóvar, o del acercamiento visceral de Sorogoyen a sus personajes, la metaficción de Los Javis o de las disyuntivas morales de Farhadi. La gran inteligencia que de todo aprende y todo simplifica hasta hacerlo fácilmente reproducible va camino de convertirse en una <a href="https://www.nytimes.com/2024/11/01/magazine/ai-hollywood-movies-cgi.html" target="_blank">herramienta imprescindible de los estudios cinematográficos</a>. </p><p>No discuto que sea útil, o eficiente, por usar su propio lenguaje. <strong>Lo que sí discuto es su integración en el proceso creativo</strong>: en el cinematográfico, pero también en los demás. No me preocupa (por ahora) si la máquina va a reemplazarnos, pero me aterra pensar en el tipo de películas, escritura, pensamientos o criterios que va a volver más probables. </p><p>En la redacción de un diario se ve fácilmente dónde puede ser una ayuda: acorta el tiempo de la búsqueda de fuentes fiables, ordena materiales, aligera tareas mecánicas… pero, al igual que en otros procesos creativos, corremos el riesgo de que esa ayuda se convierta en plantilla. Si medios distintos, con sus lectores distintos y sus voces necesariamente distintas, empiezan a apoyarse en la misma prótesis verbal, acabarán sonando inevitablemente de forma parecida, limando el relieve editorial.</p><p>Fuera de las redacciones se dibuja también la tentación de una herramienta que responde a tu duda exacta, por mal enfocada o falta de contexto que esta sea: te ordena la respuesta, te propone una estructura razonable, pule tus dudas y limpia tus torpezas. Nada grave. Nada escandaloso… pero el camino se va estrechando a cada paso y se va acercando a la misma plantilla que resuelve las dudas de otros. Con todas nuestras peticiones de ayuda la máquina va confeccionando plantillas de respuesta que nos sirvan a todos. Que nos igualen a todos.</p><p>Supongo que por eso tuvo algo de involuntario símbolo el episodio de <strong>Fernando Clavijo preguntando a la IA si las improbables ratas a bordo del </strong><em><strong>MV Hondius</strong></em><strong> podrían alcanzar la costa a nado</strong>. Además de regalarnos algunas chanzas para rellenar metraje televisivo y redes sociales, se convirtió en la constatación de la confianza súbita que depositamos en la primera pantalla que confirma exactamente lo que uno desea creer. <a href="https://www.infolibre.es/politica/ratas-clavijo-aranceles-trump-consecuencias-riesgos-ia-politica_1_2191462.html"  >Este aprendizaje sí que no tiene ninguna gracia.</a></p><p>La cuestión no pasa por desconfiar de la IA en su totalidad. Habrá que aprender a usarla sin pagar el peaje de acabar pedaleando a rueda de sus plantillas. Qué partes del trabajo queremos aligerar sin restarse a nuestro proceso cognitivo el aprendizaje que necesariamente tendríamos sin la ligereza de la máquina. Qué zonas del juicio, del proceso creativo, deben seguir siendo un poco lentas… y qué formas del lenguaje queremos mantener fuera del proceso. </p><p><strong>En Cannes siguen llamando autor al que conserva una voz más reconocible</strong>. Puede que la palabra les suene anticuada, pero es valiosa. Las obras no se distinguen por lo que dicen, ni siquiera por cómo lo dicen. Se distinguen por cómo miran el tema. Lo mismo pasa con el periodismo. Si todos empezamos a escribir con la misma plantilla tendremos, además de un problema estilístico, un problema político. La democracia necesita muchas voces y muchas maneras de mirar. No podemos defenderla sólo luchando contra la censura o la desinformación, hay que luchar también contra la comodidad. A veces es ahí donde empieza el criterio: en la incomodidad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 17:55:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Cannes, ratas nadadoras y la plantilla mental que nos propone ChatGPT]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Cine,Cannes,Festival de Cannes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las respuestas de la IA (o el fango con buenos modales)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/respuestas-ia-fango-buenos-modales_129_2188440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las respuestas de la IA (o el fango con buenos modales)"></p><p>Lo inquietante de la humedad no es cuando percibes la sombra en la pared, sino cuando constatas que <strong>se ha infiltrado hasta los cimientos</strong>. En esas estamos, sobrecogidos descubriendo que mientras gobiernos, empresas y redacciones se apresuran a convertir<strong> la inteligencia artificial </strong>en una herramienta útil, hay otra fuerza trabajando por debajo del entusiasmo, anegando la base de cualquier construcción decente que podamos llevar a cabo. <strong>La desinformación</strong> avanza como la humedad, no necesita derribar la casa porque es capaz de extenderse silenciosamente hasta donde se proponga. Durante años <strong>la vimos avanzar sin freno </strong>en las redes sociales, embarrando la conversación con bulos y propaganda, y ahora empieza a filtrarse en un lugar mucho más delicado: <strong>la máquina </strong>a la que cada vez más gente le pide que le explique el mundo.</p><p>Hasta hace bien poco, <strong>los grandes modelos de lenguaje </strong>(LLM, por sus siglas en inglés) como ChatGPT declinaban educadamente contestar a preguntas directas sobre política y otros temas ‘sensibles’. Una prudencia casi enternecedora que <strong>brilla por su ausencia </strong>en la actualidad. Ahora lo inquietante no es que respondan a cuestiones políticas, es que lo hacen con seguridad. No hay duda, ni espacio para ella. Contestan sobre inmigración, sanidad, delincuencia o impuestos <strong>con el mismo aplomo</strong> con el que un tertuliano rebate a su par en <em>prime time</em>. </p><p>Estos modelos de IA no están entrenados en temas de actualidad con información contrastada y ahí es donde la desinformación se ha infiltrado hasta el tuétano. La <a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/may/04/ai-platforms-nigel-farage-prompted-uk-politics-study?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">investigación que recoge esta semana el británico</a><a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/may/04/ai-platforms-nigel-farage-prompted-uk-politics-study?utm_source=chatgpt.com" target="_blank"><em> The Guardian</em></a> lo deja muy claro: la firma Peec AI sometió a un aluvión de preguntas sobre política británica a varios modelos, entre ellos ChatGPT y los resúmenes de IA de Google. Repitió esas preguntas durante semanas y el resultado no deja lugar a dudas: el líder populista <strong>Nigel Farage</strong> y su partido de extrema derecha Reform UK aparecen con una frecuencia muy superior a la esperable, sobre todo en cuestiones como la inmigración y los impuestos municipales. Si este descubrimiento no me hubiera borrado la sonrisa diría que lo más hilarante es que los modelos citan a Facebook más que a ninguna otra fuente, por delante de la BBC o la web del Parlamento británico. Le preguntamos a una máquina por política y la máquina se va a Facebook a buscar la respuesta<strong> entre la propaganda de la extrema derecha</strong>. Poco nos pasa.</p><p>Ojalá fuera una rareza británica y no un ejemplo de una mancha que <strong>se extiende sin hacer ruido</strong> por el subsuelo de nuestro sistema social. Cuando se pregunta a esos grandes modelos lingüísticos por cuestiones políticas y migratorias, parecen inclinarse por información de baja calidad procedente de fuentes abiertas y redes sociales. Es decir, hacia el mismo ecosistema que lleva años recompensando el exceso, la simplificación <strong>y hasta la mentira</strong>. No es un eco lejano que llega desde la pérfida Albión. </p><p>Esta misma semana conocíamos el resultado de una encuesta de 40dB. que recoge que un 42,4% de la población española cree erróneamente que el proceso de regularización extraordinaria impulsado por el Gobierno <a href="https://elpais.com/expres/2026-05-04/la-regularizacion-de-inmigrantes-divide-a-los-espanoles-mas-de-la-mitad-cree-que-afectaria-negativamente-a-los-servicios-publicos.html" target="_blank">otorga de forma directa o automática la nacionalidad española</a>. Podría parecer que no se están contando las cosas como son, algo que seguramente será cierto en según qué periódicos, pero yo me pregunto dónde se está informando esa ruidosa minoría que no lee periódicos. ¿En ChatGPT quizá? Veremos pronto estas aplicaciones en las que los jóvenes preguntan directamente<strong> a su IA de confianza</strong> convertidas en una cloaca de respuestas automatizadas que suenan limpias y razonables, pero están impregnadas del moho de la desinformación.</p><p>Aquí hay una ironía particularmente desagradable. Llevamos meses debatiendo sobre cómo poner la IA al servicio de una mejor educación, mejores diagnósticos y procesos más eficaces,<strong> invirtiendo dinero público</strong> en proyectos llamados a cambiarnos la vida y animando a los trabajadores a que se formen para dar respuesta a un mercado laboral que absorbe todas las competencias relacionadas con esta nueva tecnología… mientras, por pura capilaridad, la desinformación llega al mismo corazón de la máquina. Sin manifiestos rimbombantes que nos pongan en alerta, simplemente <strong>repitiéndose mucho y ante muchos</strong>. </p><p>La IA decide quién sale más en los resultados, a quién menciona primero y qué relato parece plausible. Si entrenas una máquina con fango no obtendrás más que fango con buenos modales. Tal vez sea el momento de empezar a decirlo de otra manera (por si llega mejor a los oídos que pueden hacer algo): <strong>la desinformación </strong>no es un residuo molesto de Internet, es una infraestructura en sí misma y un combustible barato para un sistema que todavía se presenta como neutral. Y ha cambiado el traje de la propaganda por el vestido elegante de la objetividad. </p><p>Cojamos el paño con lejía y preparémonos para limpiar, porque la sombra de la humedad ya es visible en nuestra pared y queda poco para que <strong>se filtre hasta los cimientos</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 17:37:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las respuestas de la IA (o el fango con buenos modales)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Educación,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así entra la IA en el Estado (la fórmula de Palantir)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/entra-ia-formula-palantir_129_2184823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así entra la IA en el Estado (la fórmula de Palantir)"></p><p>Hay poderes que no necesitan ocupar el Estado, les basta con encontrar una rendija por la que colarse para colonizar sus sistemas. Esa rendija puede ser la necesidad de ordenar mejor la información, o de herramientas que permitan al propio Estado decidir qué merece prioridad y qué cuestiones pueden quedarse al final de la lista, esperando tiempos mejores. A ese tipo de poderes no les hace falta tomar el palacio, sólo necesitan <strong>hacerse con el control de la puerta</strong>, desde la que son capaces de trabajar con gran éxito para convertirse en imprescindibles.</p><p>En estos últimos días, uno de estos poderes, la megacompañía tecnológica estadounidense Palantir, <strong>ha presentado públicamente su carta de intenciones</strong> en forma de un <a href="https://x.com/PalantirTech/status/2045574398573453312" target="_blank">manifiesto </a>que no tiene desperdicio. Hay que agradecerle que no se haya dejado nada en el tintero en este <a href="https://www.infolibre.es/politica/palantir-hoja-ruta-tecnofascista-vigilancia-militarizacion-duro-servicio-occidente_1_2183100.html" target="_blank">primer programa político de una empresa tecnológica</a>: la deuda moral de la élite de Silicon Valley con la defensa de la nación; la necesidad de mano dura (en forma de software) para que las sociedades democráticas prevalezcan; la mili obligatoria; la supremacía religiosa; el <strong>desprecio al pluralismo</strong>… Ahora ya no queda duda de por dónde van sus tiros y nadie podrá decirnos que no estábamos avisados.</p><p>No estamos hablando de una empresa más de Silicon Valley, sino de una compañía que lleva años creciendo allí donde el poder público se vuelve operativo: seguridad, defensa, sanidad, policía. Hace tiempo que su negocio no consiste sólo en vender software, sino en <strong>ofrecer a los gobiernos su propia fórmula para reunir datos, procesarlos y convertirlos en decisiones</strong>. Ya trabaja con la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU y su responsable de tecnología tiene despacho propio en el Pentágono. Ha extendido sus tentáculos a casi todas las formas perversas de autoridad, como <a href="https://es.wired.com/articulos/ice-y-palantir-desarrollaran-nueva-tecnologia-para-identificar-a-inmigrantes-en-ee-uu" target="_blank">el ICE de Trump</a> o el Ejército de Netanyahu. </p><p>¿Y por qué traigo hoy a Palantir al <a href="https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/" target="_blank">Cuarto de máquinas</a>? Porque <strong>su tecnología con inteligencia artificial ha puesto el ojo en Europa</strong> una vez que ha colonizado el corazón mismo del Estado estadounidense. La puerta de entrada ha sido el Reino Unido, donde ha firmado contratos con el Sistema Nacional de Salud británico, el Ministerio de Defensa, distintos ayuntamientos y cuerpos policiales menores. Y ahora <a href="https://www.theguardian.com/uk-news/2026/apr/22/met-police-talks-palantir-ai-tech-criminal-investigations-automate-intelligence?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">negocia un contrato multimillonario con Scotland Yard</a> que podría darle acceso a datos sensibles de víctimas de delitos en el Reino Unido. </p><p>Palantir ha encontrado ya la rendija por la que colarse en Europa y aquí el problema no es la innovación, es quién <strong>entra en la cocina de las decisiones públicas más importantes</strong>, quién organiza la información con la que se toman las decisiones y cuál es su agenda. Porque ahora, manifiesto mediante, ya sabemos que la tiene. Londres está a un paso de<strong> externalizar una parte importante de sus decisiones estratégicas</strong> y de dejarlas en manos de una compañía fundada por el estratega político e inversor Peter Thiel, uno de los millonarios que financiaron la campaña de Trump.</p><p>Y Thiel, al igual que la empresa que ha fundado,<strong> tampoco esconde sus ideas conspiranoicas</strong>. A la vanguardia del conservadurismo estadounidense, se define como un cristiano ortodoxo y se sabe de él que vive<strong> preocupado por el anticristo y la llegada del Armagedón</strong>, que podría acelerarse por los límites impuestos a la tecnología, las agencias internacionales o el ecologismo. Lleva más de una década en el círculo cercano a Trump y es uno de los impulsores de la carrera de JD Vance. El epítome de la oligarquía tecnológica. Hizo su primera fortuna como cofundador de Paypal y desde ese momento ha sumado miles de millones de dólares a su cuenta invirtiendo en Facebook, SpaceX, OpenAI y otras compañías tecnológicas. En resumen, la mezcla perfecta de dinero, tecnología y buenas relaciones políticas. </p><p>La incursión de la élite de Silicon Valley en el corazón del Estado británico no ha pasado inadvertida en las islas. Seguramente han ayudado los focos mediáticos sobre el manifiesto con las ambiciones reales de Palantir. Esta semana, más de 200.000 personas<strong> han pedido al Gobierno británico que rompa los acuerdos ya firmados</strong>. Algo más que lógico, si se tiene en cuenta que ahora sabemos el tipo de sociedad al que aspira el gigante tecnológico. Hay cesiones que no necesitan de una ley para convertirse en realidad, y parece que cada vez son más los ciudadanos que no están dispuestos a firmar ese contrato.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 17:44:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Así entra la IA en el Estado (la fórmula de Palantir)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Servicios inteligencia,Estados Unidos,Europa,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, China y el nuevo reparto del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/tump-china-nuevo-reparto-mundo_1_2181207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema Juan Antonio gallego Capel"></p><p>Los imperios nunca han empezado con soldados, sino con ambición (y mapas). Alguien quería algo y trazaba una estrategia sobre el papel: elegía puertos, señalaba enclaves y decidía qué terrenos conquistar primero. Después llegaban los comerciantes, las banderas y <strong>el lenguaje con el que toda conquista intenta disfrazarse de civilización</strong>. La carrera de la inteligencia artificial empieza a parecerse cada vez más a eso.</p><p>La épica historia de talento con ecos de garaje, donde un puñado de ingenieros brillantes diseñaban un futuro abierto de par en par se decide hoy en las rondas de inversión y en las conversaciones a puerta cerrada, cerca del despacho oval. Y ahí es donde aparecen los nuevos cartógrafos del imperio. Son los que no compran sólo empresas prometedoras (que también), sino una posición privilegiada en el nuevo orden.</p><p>Si hay que ponerle nombre a estos nuevos cartógrafos, los que deciden dónde y en qué orden se expande el negocio en estos tiempos, debemos empezar por los <strong>grandes fondos de inversión</strong>. Uno de ellos, <strong>SoftBank</strong>, uno de los mayores inversores de tecnología del mundo, ha ido cambiando su discurso desde la retórica de la <em>disrupción</em>* hacia la muy terrenal conversación sobre <a href="https://cincodias.elpais.com/mercados-financieros/2025-12-29/digitalbridge-se-dispara-en-bolsa-tras-conocerse-el-interes-de-softbank-por-una-posible-adquisicion.html" target="_blank">infraestructura, tecnología y centros de datos</a>. En la lógica del dinero están también los gigantes tecnológicos, como <strong>OpenAI</strong>. Este último ya no actúa sólo como laboratorio o fabricante de modelos. Ahora busca capital, socios y despliegue físico para el <strong>megaproyecto Stargate</strong> (un superordenador de inteligencia artificial que desarrolla junto a Microsoft y Oracle) dentro y fuera de EEUU, como si la expansión de la IA se pareciera cada vez más a una mezcla de obra pública y política exterior.</p><p>Un cambio de paisaje importante, porque si una industria necesita esa cantidad ingente de capital, electricidad y protección política quizá sea el momento de dejar de hablar de revolución abierta que persigue el bien común. Llegará el bien común, esperemos que muchos bienes comunes, de la mano de la IA. Pero <strong>la realidad es que existe ya una industria contaminante</strong>, que necesita de poder para poder seguir alimentando la máquina.</p><p>Trump lo ha entendido a la perfección. La inteligencia artificial le ofrece una nueva frontera: grandeza americana, rivalidad con China, industria nacional, hegemonía tecnológica y un puñado de empresas convertidas en guardianes del interés patriótico. En este mercado, el poder político no es un mero observador desde el momento en el <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-05-07/trump-derogara-restricciones-a-chips-tras-debate-sobre-las-normas-de-ia" target="_blank">que la Casa Blanca decide quién vende</a>, quién escala y quién queda varado en la aduana. </p><p>¿Y qué más ha entendido Trump? Que <strong>aquí hay dinero.</strong> Con este panorama, la mayor parte de la inversión mundial está virando de nuevo hacia Silicon Valley (una hegemonía perdida en la última década). Y con este cambio llega la gran ventaja estratégica para las empresas estadounidenses, que según un análisis de la OCDE acapararon en 2025 el 75% de todas las inversiones en IA del mundo. Este mismo febrero Anthropic anunció una recaudación de 30.000 millones de dólares y poco después OpenAI hizo pública <a href="https://cincodias.elpais.com/companias/2026-03-16/openai-negocia-una-joint-venture-con-gigantes-del-capital-privado-de-10000-millones-de-dolares-para-impulsar-el-uso-de-la-ia.html" target="_blank">una ronda de 110.000 millones</a>. </p><p>China cumple con su cometido como competidor real, pero es también una justificación magnífica. Sirve para discutir aranceles, excepciones regulatorias, controles de exportación… y <strong>nuevas alianzas entre el Estado y el capital</strong>. En nombre de la competición estratégica cualquier cesión al poder corporativo se puede vender como necesaria en términos de protección de la economía.</p><p>Ahí está el verdadero reparto del mundo. Los gobiernos que protegen la ruta hacia al futuro se saben en el bando vencedor. Y sólo hay que seguir el rastro del dinero para entender que <strong>esta es la batalla que va a ganar Trump</strong>. Quizá la que más le interese, por los beneficios que promete. La pregunta no es quién inventará el próximo modelo, la próxima aplicación de la IA que nos cambiará la vida. La pregunta es quién está comprando ya en los despachos <strong>el derecho a decidir para qué servirá y quién quedará fuera del mapa</strong>.</p><p>Así han funcionado siempre los imperios. Ahora sólo falta que nos expliquen que es por nuestro bien. </p><p><em>* (¡Qué palabra!, si me dieran un euro cada vez que un gigante tecnológico o un periodista a sueldo de la industria la emplea para tratar de epatar a un público cada vez menos permeable a su cháchara, estaría casi en posición de financiar mi propio proyecto de inteligencia artificial).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 17:55:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump, China y el nuevo reparto del mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién paga la fiesta de la IA (y quién cobra la entrada)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/paga-fiesta-ia-cobra_129_2177615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién paga la fiesta de la IA (y quién la cobra)"></p><p>Las grandes transformaciones, los cambios de era, se presentan a menudo como si fueran fiestas. Suena la música, se encienden las luces sobre el escenario y alguien anuncia que nuestras vidas están a punto de cambiar para siempre. Durante un rato, un halo de promesa lo envuelve todo y nos contagia las ganas de celebrar, de bailar al son de la música, de dejarnos llevar… Pero,<strong> inevitablemente, la fiesta termina y llega el momento de pagar la cuenta</strong>.</p><p>La llegada de la inteligencia artificial al sistema de trabajo se está contando así, como una fiesta: una gran celebración de la eficiencia, la reducción de costes, la inmediatez, la rapidez, la simplificación de la vida… si me apuran, de la abundancia. <strong>El anuncio nos dice que trabajaremos menos</strong> (¡albricias!), produciremos más, decidiremos mejor y seremos más eficientes. Suena tan bien que se nos está olvidando que, <strong>como en toda fiesta bien organizada, la cuenta no desaparece, sólo tarda un poco más en llegar</strong>.</p><p>Mientras los tambores anuncian todo lo que la IA hará posible, <strong>el entusiasmo nos hace olvidar los costes</strong>. No me refiero sólo al dinero (que también). Hablo de la presión sobre el trabajo y la pérdida de autonomía. Hablo de la transferencia silenciosa de valor desde muchos actores dispersos (nosotros) hacia muy pocas posiciones de poder. Esa vieja transformación por la que una transformación se presenta como beneficio general mientras sus peajes se abonan entre todos y sus dividendos encuentran rápidamente el camino hacia los mismos bolsillos de siempre.</p><p>Si bien la cuenta todavía no está sobre la mesa, se puede intuir por dónde van los tiros. Una encuesta global recogida recientemente por la publicación tecnológica sin ánimo de lucro Rest of the World muestra que <a href="https://restofworld.org/2026/workers-ai-jobs-concerns/?utm_source=chatgpt.com" target="_blank">son muchos los trabajadores que desconfían de la capacidad de sus empresas y gobiernos para gestionar de forma justa la transición hacia la IA</a>. No parece miedo a la tecnología, se parece más a la memoria social. </p><p>Podría decirse que han visto demasiadas veces la misma película: siempre son los mismos los que pagan la adaptación (con su esfuerzo, con su tiempo o con la pérdida de sus empleos), pero hay algo revelador en esa desconfianza. La conversación sobre tecnología ha seguido un patrón muy paternalista: la sociedad no entiende bien la innovación, la mira con miedo y se resiste por desconocimiento… Quizá sea cierto que nos falta conocimiento, pero tenemos memoria. </p><p>Conviene recordar cómo funciona el mercado cuando el entusiasmo lo dirigen quienes tienen capital, infraestructura y poder: grandes anuncios de prosperidad compartida, que termina siendo selectivamente repartida. Mientras, en Bruselas, el lenguaje de la semana ha sido otro: la <a href="https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/news/ai-continent-action-plan-delivers-major-milestones" target="_blank">Comisión Europea celebra los avances de su plan para convertir a Europa en el “continente de la IA</a>”, con énfasis en infraestructuras, datos, talento… Es lógico que las instituciones quieran acelerar, la pregunta es hacia dónde y en beneficio de quién.</p><p>En el caso que nos ocupa, las empresas que controlan los centros de datos, la distribución y la relación directa con el usuario parten de una posición incomparable. Cuanto más crezca el modelo, cuanto más se expanda, más ventaja. Y cuanta más ventaja, más les renta. Mientras,<strong> los trabajadores absorben el impacto</strong>: oficios que desaparecen, otros que han de ser reconfigurados en tiempo real, legislación contrarreloj, universidades creando programas formativos en tiempos récord, creadores que ven cómo el valor de lo que producen se diluye en plataformas ajenas, medios que pagan la producción de la información mientras otros se quedan con la atención y el negocio… La escena cambia según el sector, pero el guion se parece bastante.</p><p>No siempre hace falta que desaparezca un empleo para que empeore una vida. Basta con que la experiencia pierda valor. En los medios, la operación se ve con más claridad: las redacciones siguen asumiendo los costes más caros y menos vistosos de la información: investigar, contrastar, proteger fuentes, responder legalmente sobre lo publicado. Mientras, alrededor de nuestro trabajo crecen sistemas que prometen formas más cómodas (y baratas) para acceder al conocimiento. </p><p>Y no se trata sólo de una factura laboral o informativa. Los grandes gigantes en el negocio de la IA se resisten a facilitar información sobre el consumo de agua y energía de sus centros de datos. También ahí asoma otra verdad menos glamurosa que la propaganda: <strong>la IA no es una nube blanca y limpia, es una industria pesada con costes físicos, territoriales y ambientales muy concretos</strong>. </p><p>La legitimidad de la inteligencia artificial no dependerá sólo de lo que sea capaz de hacer, dependerá de nuestra capacidad de mirar en la dirección correcta. Si nos piden adaptarnos como si fuera una obligación moral, exijamos saber a beneficio de quién. Habrá que vigilar a quienes controlan la infraestructura, habrá que pedir responsabilidades a las empresas que privatizan los beneficios y habrá que exigir a los poderes públicos algo más que entusiasmo y estrategia: reglas, supervisión, transparencia, protección del trabajo y defensa activa del interés general.</p><p>La tecnología no reparte beneficios por sí misma. Eso lo hacen las reglas que se establecen a su alrededor. Y cuando las reglas se escriben mal, o se dejan escribir a los de siempre, <strong>la cuenta acaba sobre la mesa de todos y en la caja de unos pocos</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 18:54:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Quién paga la fiesta de la IA (y quién cobra la entrada)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/salvadores-venian-rescatar-periodismo-terminaron-copiandolo_129_2173808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo"></p><p>Hay una escena que comienza a repetirse en este tiempo. Quizá les suene. Una empresa tecnológica entra en la conversación con un anuncio grandilocuente en forma de promesa grande y luminosa, casi moral: viene a arreglar un problema que los demás no han sabido (no hemos sabido) resolver.</p><p>Llegan con esa <strong>solemnidad mesiánica</strong> que tanto gusta en Silicon Valley y sus sucursales ideológicas: hablan de eficiencia, de innovación, de acceso, de soluciones. Donde otros ven un problema complejo, ellas ven oportunidades. Donde el periodismo reclama recursos, tiempo, independencia y oficio, ellas prometen atajos. ¿Les suena?</p><p>Y después de los fuegos artificiales pasa algo más viejo que el hilo negro: apartas la cortina del discurso y detrás <strong>no hay solución, hay extracción</strong>.</p><p>¿Y por qué nos tienden una y otra vez la misma trampa? Porque es casi imposible que el trabajo de desmontar esas promesas acapare la notoriedad que sí se consigue con sus anuncios. A no ser que el propio periodismo ponga pie en pared, que es exactamente lo que acaba de ocurrir con el caso de <strong>Nota</strong>, una empresa estadounidense que, usando Inteligencia Artificial, se presentaba como la solución definitiva a los llamados “<em>news deserts</em>”, esos territorios donde el cierre de medios locales ha dejado a la ciudadanía más desinformada y más sola. </p><p>Para esas comunidades desatendidas informativamente, la empresa prometía generar artículos a partir de notas de prensa e información institucional, con el apoyo de herramientas de IA. Lanzó once webs disfrazándolas de buenas causas: cobertura bilingüe, herramientas cívicas… y <strong>acabó cerrándolas cuando el periodismo de verdad hizo su trabajo</strong>. Sendas investigaciones del <a href="https://www.axios.com/local/richmond/2026/04/03/nota-ai-news-sites-shut-down-plagiarism" target="_blank">medio local Axios Richmond</a> y el <a href="https://www.poynter.org/ethics-trust/2026/nota-news-local-outlets-ai-plagiarism/" target="_blank">Instituto Poynter</a> descubrieron decenas de citas, frases y fotografías plagiadas de casi una treintena de medios locales y del trabajo de medio centenar de periodistas. Al final, Nota se convirtió en ejemplo de la paradoja perfecta (y terrible): se proclamó reparadora del vacío informativo y lo rellenó, en parte, con el trabajo de los que realmente estaban informando.</p><p><strong>Lo inquietante no es el plagio, sino</strong> <strong>el marco mental que lo hace posible</strong>: la idea de que el periodismo es un residuo aprovechable, un yacimiento que expoliar, una cantera de textos, imágenes y preguntas ajenas que alguien puede trocear, empaquetar y redistribuir con una capa de tecnología. Como si la información fuera una materia prima gratuita y no el resultado de llamadas, horas de documentación y archivo, contrastes incómodos, protección de fuentes, conocimiento del terreno y ética de la responsabilidad. </p><p>El problema no se limita a este caso. El sector tecnológico lleva años ensayando la misma coreografía: primero aparece un relato de una solución innovadora, después llega el uso de materia prima ajena para alimentar la máquina. Y, en muy pocos casos, las denuncias. Nada nuevo bajo el sol. Ocurrió con Perplexity, que se presentó como la fórmula definitiva para acceder al conocimiento de forma limpia, útil e inteligente. Poco después, <em>Forbes </em>la acusó de <a href="https://www.forbes.com/sites/randalllane/2024/06/11/why-perplexitys-cynical-theft-represents-everything-that-could-go-wrong-with-ai/" target="_blank">apropiarse de texto e imágenes de un reportaje de investigación</a> exclusivo y la revista <a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"><em>WIRED</em></a><a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"> documentó prácticas de scraping</a> (rastreo de información de forma encubierta). Más tarde llegaron los programas de reparto de ingresos y las palabras de aprecio hacia los editores de medios de comunicación. <strong>Primero, la apropiación. Después, la alianza</strong>.</p><p>La historia se repite con variantes. OpenAI ha firmado acuerdos con multitud de grupos mediáticos, como la agencia de noticias Associated Press, la editora de medios Axel Springer o periódicos como <a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em>Le Monde</em></a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"> o</a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em> El País</em></a>, que se presentan como colaboraciones para explorar los usos beneficiosos de la inteligencia artificial y fortalecer el papel del periodismo en el nuevo entorno. La pregunta ética es pertinente: ¿de verdad podemos llamar ‘alianza con el periodismo’ a un ecosistema que primero se alimenta de la producción periodística y después decide con quién firma y a quién deja fuera?</p><p>Esta dinámica tiene todavía una versión más refinada del mismo impulso de vaciar el periodismo mientras se habla en su nombre, que no pasa por copiar frases, fotografías o párrafos, sino por <strong>emular la función económica del periodismo</strong>. En esta versión encajan como un guante los resúmenes generados por IA de Google: usted le pregunta al buscador y éste le responde directamente a su pregunta sin salir de la plataforma, rompiendo el vínculo entre quien informa y quien lee. Usted lee lo que un periodista ha investigado o escrito, pero no llega a ser consciente del trabajo que hay detrás porque… la atribución se la lleva Google. No es plagio, pero participa de la misma lógica extractiva: usar el fruto del trabajo de otros para retener la atención, el tiempo y el negocio.</p><p><strong>En este contexto, los periodistas sobran (hasta que hacen falta)</strong>. Sobran cuando hay que pagarles, sostener las redacciones, respetar la autoría de los textos y las fotografías, invertir en coberturas o defender judicialmente hasta la última coma de lo publicado. Pero hacen falta (y mucha) cuando se trata de alimentar las máquinas. </p><p>Por eso conviene <strong>desconfiar de los salvadores del periodismo</strong> que no aceptan ninguno de sus deberes y de todos los que hablan de libertad informativa pero no se preocupan por la rendición de cuentas. La tecnología puede (y debe) ayudar. Faltaría más. Puede servir tanto al periodismo como al lector, pero no puede ocupar el lugar de los medios cuando los vacía de su valor económico; no puede llamarse aliada ni puede pedir confianza después de haber confundido innovación con expolio. No necesitamos más salvadores del periodismo. Precisamente ahí empieza nuestro trabajo, cuando termina el discurso de los supuestos salvadores.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:53:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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