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    <title><![CDATA[infoLibre - Fascismo]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Fascismo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No intervención]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/no-intervencion_129_2218991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No intervención"></p><p>El mundo da muchas vueltas, pero hay cosas que se repiten y nos invitan a pensar. El tipógrafo y diseñador gráfico Maurico Amster nació en Polonia, en una ciudad que actualmente pertenece a Ucrania. <strong>Formado en Austria y Alemania, se trasladó a España para huir del nazismo</strong> y participar en la vida cultural de la Segunda República. Diseñó ediciones de Federico García Lorca, César Vallejo o José Ortega y Gasset. Después del golpe de Estado de 1936, mientras las democracias europeas más significativas defendían la política de no intervención, <strong>se sumó al Servicio de Propaganda republicano, colaboró en las operaciones de salvamento del Tesoro Artístico Nacional en un Madrid bombardeado</strong> y participó en el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia. Cuando venció el ejército franquista, ayudado por Rafael Alberti y Pablo Neruda, Amster huyó a Francia, se embarcó en el Winnipeg y llegó a Chile, país donde siguió trabajando en editoriales decisivas para la cultura española del exilio como Zig-Zag o Cruz del Sur.</p><p><strong>Walter Reuter fue un fotógrafo y periodista gráfico nacido en Alemania. También huyó del nazismo</strong> y colaboró con la lucha antifascista española. Dejó un testimonio sobrecogedor sobre una guerra que fue capaz de convertir en violencia la vida del país que lo había acogido con los brazos abiertos. Los rostros, el miedo, las armas, las ilusiones desesperadas, las sangre, las infancias perdidas, los actos de afirmación y las pérdidas, quedaron captadas por su cámara. <strong>Como un exiliado más, después de la victoria franquista, llegó a México</strong>. Su memoria fotográfica se conserva hoy en Cuernavaca.</p><p>Amster puso en marcha durante la Guerra Civil el proyecto de una <strong>Cartilla Escolar Antifascista</strong> en colaboración con el Ministerio de Instrucción Pública y con las fotografías de José Val del Omar y José Calandín.  Para continuar el espíritu de las Misiones Pedagógicas republicanas, se ideó una cartilla en la que los soldados analfabetos aprendieron a leer, escribir y hacer cuentas. En una segunda edición, se sumaron las fotografías de Reuter, configurando un impresionante testimonio activo de la experiencia humana de la guerra y la violencia. Pasados los años, la Cartilla fue elegida por la Biblioteca digital de la Unión Europea como una de las <strong>quince obras más importantes del arte español.</strong></p><p>Gracias al comisariado de Michel Lefebvre, Aku Estebaranz y Juan Manuel Bonet, el Instituto Cervantes puso en marcha una exposición en memoria de la Cartilla Escolar Antifascista que ahora puede verse en Cracovia. <strong>Impresiona el recuerdo de aquella barbarie y la respuesta cultural y pedagógica que supuso</strong> la Cartilla como acto de esperanza en el ser humano. Al hablar con Juan Manuel Bonet, que fue director del Instituto Cervantes y es hoy uno de los mayores especialistas en el arte de vanguardia del siglo XX, recuerdo las dinámicas que invitaron a muchos artistas al compromiso político ante los acontecimientos de un tiempo en el que las <strong>consignas del nazismo, el fascismo y las soberbias económicas antidemocráticas</strong> nos condujeron hacia una guerra mundial.</p><p>Ayer y hoy, <strong>la cultura es inseparable del conflicto</strong>, y uno puede comprobar de qué modo hay artistas que defienden las ilusiones ilustradas y sociales en los momentos más difíciles, mientras otros artistas se suman a los discursos autoritarios de la identidad, posturas que legitiman las formas de tiranía y falsifican el sentido de la democracia hasta desembocar en sistemas tan bárbaros, inhumanos y genocidas como el nazismo. <strong>Ayer y hoy, el mundo da muchas vueltas, pero nos deja lecciones</strong>. Cuando ocurren sucesos bárbaros, cuando se viola el derecho internacional, es tan peligroso apoyar de forma descarada a los asesinos como adoptar políticas de no intervención institucional. Así lo hicieron las democracias europeas ante el golpe de Estado franquista, abriéndole las puertas a las invasiones del ejército de Hitler. La no intervención no evita problemas, sino que conduce a una generalización mundial de la violencia.</p><p><strong>El dolor de ayer debiera ayudarnos a comprender el dolor de hoy</strong> y convertir el pacifismo no en una forma de cerrar los ojos y de justificar la no intervención, sino en un compromiso activo de denuncia institucional contra los actores que justifican el fuego de sus armas y la violación de los derechos humanos. </p><p>No a los genocidios, no a la violencia. <strong>Walter Reuter y Maurico Amsler tienen muchas cosas que contarnos</strong>. Y muchas cosas que aprender en el mundo de hoy.  La palabra hoy aprende muchas cosas de la palabra ayer. El arte nos demuestra que la palabra ayer también puede aprender muchas cosas de la palabra hoy. Por eso es indispensable.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 17:25:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No intervención]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nazismo,Fascismo,República]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Orgullo, otra vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/orgullo-vez_129_2216588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo, otra vez"></p><p>Cada año, desde que recuerdo, cuando llega el Orgullo, surgen dos tipos de críticas que vienen de nuestro lado. Y yo, cada año, las contesto (inútilmente) porque convivo con un bichito que no me permite desentenderme de algunas cuestiones. <strong>Las críticas son de dos tipos:</strong> no hay nada que celebrar porque la consecución de la igualdad legal (especialmente el matrimonio, pero no sólo) es una conquista de corte conservador (con sus correspondientes críticas a los colectivos “institucionalizados”) y <strong>el Orgullo se ha comercializado y no es reivindicativo.</strong> Es difícil responder a estas dos cuestiones de manera breve. Voy a intentarlo.</p><p><strong>1-</strong> ¿Hay que celebrar el matrimonio igualitario? Soy de la opinión de que <strong>las críticas al matrimonio son casi siempre anacrónicas, injustas y poco pensadas.</strong> Tradicionalmente el matrimonio servía, fundamentalmente, para tres cosas: asegurar la descendencia legítima y así transmitir la herencia, es decir, la propiedad privada; apropiarse del trabajo reproductivo y sexual de las mujeres y, por último, naturalizar y privilegiar la heterosexualidad. La lucha de las mujeres ha terminado con la identificación entre las dos primeras cosas y el contrato matrimonial. Ya no hay hijos matrimoniales ni no matrimoniales y la herencia se transmite por igual, sin que el matrimonio tenga importancia. Además, ahora se trata de un contrato civil formalmente igualitario entre hombres y mujeres y es fácilmente anulable. Por último, <strong>con el matrimonio igualitario cayó el privilegio heterosexual.</strong> Esto no quiere decir, obviamente, que se haya acabado con la propiedad privada, la herencia o la apropiación del trabajo y la sexualidad de las mujeres, sino que esto ya no se sustenta en el contrato, sino en la institución familiar, que puede ser matrimonial o no. Y de la que ya sabemos que, además de sustentada en las leyes, se apoya en un entramado emocional y de construcción subjetiva que es más difícil de romper que cualquier contrato.</p><p>Es evidente que cuando el contrato matrimonial dejó de ser útil se ha ido desdibujando y su influencia decayendo. Esto hace que haya ya países europeos en los que hay más parejas que conviven sin casarse que casadas y las familias, en todo caso, han sufrido un proceso de diversificación y ensanchamiento que sólo desde posiciones muy dogmáticas es criticable. <strong>Con el matrimonio se podrían hacer aún más cosas</strong> como permitir que lo puedan contraer más de dos personas o que pueda extenderse a relaciones que no sean sexoafectivas. Pero para que eso ocurra, tiene que haber demanda y activismo en ese sentido. Por ahora no ocurre, pero quién sabe mañana porque <strong>cuando se ensanchan los márgenes… se abre un enorme espacio.</strong></p><p>No creo que la misma gente que nos dice que no hay nada que celebrar en la consecución del matrimonio igualitario dijera eso mismo de la derogación de la prohibición del matrimonio interracial, por ejemplo, o de las leyes que permitieron que las mujeres pudieran conservar sus bienes al casarse o ser iguales ante el divorcio. <strong>No sé por qué razón siempre se exige a los colectivos más débiles ser el faro moral de la izquierda.</strong> Finalmente, creo que el hecho de que el matrimonio igualitario (después de décadas de avances de las mujeres) acabara con el privilegio de la heterosexualidad, que fuera una victoria tan rotunda y tan rápida, tiene mucho que ver con <strong>la reacción familiarista de la extrema derecha en todo el mundo.</strong> Estoy convencida de que no pensaban perder esta batalla de manera tan estrepitosa y tan rápidamente.</p><p><strong>2- </strong>El Orgullo de Madrid, que es estatal por decisión de los colectivos, es <strong>uno de los más reivindicativos del mundo.</strong> Y yo he estado en muchísimos. Sólo puede quejarse de lo contrario quien no ha visitado otros o si lo hace con mala fe. Sólo le ganan aquellos que se producen en condiciones de auténtica represión, como el de Budapest del año pasado. <strong>Es el que deja más espacio a los colectivos y asociaciones reivindicativas y a la política.</strong> Las asociaciones marchan siempre en primer lugar y constituyen el grueso de la manifestación. Después van asociaciones y ONG de derechos humanos. Luego van partidos políticos y, por fin, carrozas, unas asociadas a marcas comerciales y otras no. Cuando la cabecera, que siempre lleva un lema político, y donde marchan activistas y partidos políticos en señal de compromiso, llega al final se lee un manifiesto reivindicativo, político y consensuado. Antes de eso se han leído manifiestos reivindicativos en diversos actos. <strong>Todo esto no existe en la mayoría de los países que celebran orgullos.</strong></p><p><strong>3-</strong> Hay muchos orgullos y todos son necesarios. Los hay críticos, autonómicos, ciudadanos, de pueblo…Hoy estamos, de nuevo, en modo resistencia y, aun así, celebramos. <strong>La oposición reivindicación/celebración a estas alturas no tiene mucho sentido.</strong> No hay nada más político (y necesario) que seguir teniendo ese día para celebrar y echarnos a la calle. Celebrar lo que se ha conseguido, celebrar lo que somos, celebrar la memoria y la genealogía, celebrar que, al ser visibles y orgullosas, vencemos a la injuria, como decía el otro día Didier Eribon. <strong>Al celebrar, reivindicamos, desde la memoria de lo que hemos sido, al futuro de lo que queremos ser.</strong></p><p>Como activista que ha estado muchos años en primera línea, puedo asegurar que <strong>el Orgullo ha sido una herramienta fundamental de la lucha</strong> y que, si no hubiera sido por su masividad e internacionalización, algunas cosas hubieran sido mucho más difíciles. Ignorar ahora el contexto internacional y lo que se está preparando contra las personas LGTBI en todo el mundo, por parte de la extrema derecha, es un suicidio. <strong>La manifestación del Orgullo tiene la capacidad de convertirse en un muro frente al fascismo</strong>, ya lo ha sido en el pasado. Lo fue en Budapest en 2025.</p><p><strong>4-</strong> Las críticas al llamado activismo institucional siempre me han parecido <strong>injustas y un poco elitistas.</strong> Hay muchas maneras de ser activista y todas son necesarias, pero el activismo que trata con las instituciones, que las enfrenta, que negocia y arranca compromisos, que se manifiesta, sigue siendo necesario (no sólo LGTBI+, sino cualquier otro: ambiental, por la sanidad, la educación, los derechos laborales, el feminista etc.). <strong>Convivir con las instituciones es perfectamente compatible con estar en la calle</strong>, en la protesta permanente cuando es necesario y con mantener posturas muy críticas. Véase, por ejemplo, la lucha de los activistas gays contra el SIDA: barricadas y negociaciones a partes iguales. Alguien ha estado negociando con los partidos políticos para que presentaran, y finalmente saliera adelante, la ley que prohíbe con penas de cárcel las terapias de conversión de la semana pasada. Alguien trabaja día a día (y recordemos que los colectivos LGTBI españoles son de los pocos que no pagan sueldos a los activistas que se dedican a ello casi full time) para que salgan adelante medidas y leyes que hoy consideramos imprescindibles y de las que, posiblemente, también se beneficien las y los críticos. Francamente, a no ser que renunciemos a cualquier trato con las instituciones, a cualquier ley o mejora legal, que decidamos vivir sin eso y no usar nunca ninguno de los derechos conseguidos… alguien ha hecho por los demás ese trabajo. <strong>Merece, como poco, respeto.</strong></p><p><strong>5-</strong> Lo anterior está relacionado con cierta romantización de los márgenes en la que a veces caemos. <strong>La relación en política (y en la vida) entre centro y periferia, entre adentro y afuera, es compleja y no lineal.</strong> Los márgenes son lugares de creación y de potencia política, pero también de un enorme sufrimiento que nadie quiere para sí a no ser que tenga una llave de seguridad en el bolsillo para poder entrar en la ciudad cuando la cosa se pone difícil. La mayoría de la gente prefiere estar a cubierto que fuera, a la intemperie. La tensión entre la norma y los márgenes es en parte irresoluble porque cualquier lucha pro-derechos es una lucha por la integración. Sin entrar en debates filosóficos complejos, <strong>la batalla hoy es por ensanchar los márgenes lo más posible y diluir la tensión entre ambos espacios.</strong> Pero creo que hay que tener mucho cuidado con romantizar los márgenes desde posiciones de privilegio. Basta con viajar a países en donde las personas LGTBI están perseguidas o fuertemente discriminadas, donde viven en situación de enorme violencia, de peligro, para reconocer que <strong>la aspiración por vivir en la norma, por ser aceptados, queridos, por tener un trabajo y una vida dignas, es legítima.</strong></p><p><strong>6-</strong> Y por fin la eterna discusión sobre el Orgullo y el capitalismo…, esa hidra de mil cabezas que cuando crees que has cortado una, le crece otra. ¿Qué decir? <strong>Es cierto que el capitalismo lo coopta todo y que desactiva la radicalidad de las luchas.</strong> Cuando Disney incluye a una princesa negra entre sus personajes… ¿eso es una victoria del antirracismo y del derecho a la representación pública y el reconocimiento o es una derrota del anticapitalismo? Seguramente sea ambas cosas, pero es posible también que <strong>la victoria final esté hecha de pequeñas victorias parciales.</strong></p><p>Por otra parte… las marcas van y vienen, pero nosotras seguimos ahí. Las mismas marcas que sacaban las banderas arcoíris y forraban sus fachadas de colores, hoy han desaparecido. Y no, esta desaparición no es una victoria del anticapitalismo, sino de <strong>la extrema derecha que pone en riesgo nuestras vidas.</strong> En Budapest, el año pasado, con Orbán amenazando el Orgullo, se manifestaron un millón de personas y no hubo ni una sola carroza. Las marcas no están cuando la cosa se pone fea. Un año después, no está Orbán, pero ya hay carrozas en Budapest. <strong>Las marcas y la comercialización son más un síntoma del mundo en que vivimos que una derrota.</strong></p><p><strong>7-</strong> Termino diciendo que sé, porque he estado ahí, que <strong>organizar esa enorme manifestación y todo lo que conlleva es muy complicado</strong> y que hay cosas que no puedes mover sin que se te caiga todo el entramado. Hoy comparto muchas de las críticas que se le hacen y, si de mí dependiera, quizá intentaría cambiar cosas. Pero también sé que desde fuera es muy fácil decirlo. Es normal estar en desacuerdo con decisiones que toman otros; al fin y al cabo, <strong>los organizadores del Orgullo son organizaciones democráticas con diferentes liderazgos y formas de hacer las cosas.</strong> Es normal discrepar, incluso mucho, de algunas de ellas.</p><p>Pero el Orgullo sigue siendo un día en que salimos a la calle, juntas, para expresar que <strong>ponemos pie en pared ante cualquier retroceso</strong>, que somos muchas y visibles, que sabemos que en gran parte del mundo ser una persona LGTBI+ sigue siendo una condena y que mientras la igualdad, la libertad y la dignidad no lleguen a todas las personas, tenemos que seguir saliendo a reivindicar, y a celebrar también, que <strong>sin nosotras y nosotros no hay democracia ni la posibilidad siquiera de pensar en un mundo mejor.</strong></p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 17:51:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,Matrimonio homosexual,Igualdad,Fascismo,Extrema derecha,Activismo LGTBI]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Plantar cara al fascismo de la toga... y al otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/plantar-cara-fascismo-toga_129_2213822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Plantar cara al fascismo de la toga... y al otro"></p><p>Las cosas no pintan bien. O como ustedes prefieran: las cosas pintan mal. Hace medio siglo que este país dejó demasiados deberes sin cumplir. No progresó adecuadamente, como suele decirse —si no estoy equivocado— en el lenguaje de las aulas. A partir de la muerte de Franco íbamos a atar los perros con longanizas. La República estaba a la vuelta de la esquina. Los golpistas que se habían tirado 40 años haciendo de Drácula con la gente de la derrota iban a saber lo que valía el peine de la represión. No en plan venganza, claro que no: la Justicia de la democracia recién estrenada ya se ocuparía de hacer bien su trabajo. Nada de juicios ilegales como los de la dictadura, que condenaron a cárcel y muerte a tantísima inocencia. Se celebrarían juicios con todas las garantías para los jerifaltes del franquismo. La historia sin embustes sería contada en las escuelas, en las casas que habían vivido tantos años con el miedo en las tripas, en las mesas de los bares, porque <strong>la conversación pública ocuparía el lugar del monólogo o el silencio impuesto por los vencedores</strong>. Muerto el perro, se acabó la rabia. Eso se pensaba. Pero resulta que, antes de que se enfriara el fiambre de la tromboflebitis, llegó la Transición y a la lechera se le hizo añicos el cántaro antes de llegar a la plaza para vender la leche.</p><p>Poner en entredicho la Transición estuvo proscrito la tira de años. Era como mentar a la bicha franquista si la criticabas. Ojo con despertar a la bestia. El acuerdo de las élites estaba claro: que no vuelva el desorden, que nadie quiere otra guerra, que la reconciliación no sería posible si cada cual no cedía al otro su parte de razón. Mucha gente nos preguntábamos qué parte de razón les tocaba a los franquistas. A los franquistas les tocaba la razón de la Justicia. Eso creíamos. Y punto. ¿O es que la democracia iba a ser un poco más de lo mismo que lo que hubo antes? Porque si el perro ha muerto, pero sigue la rabia, qué hemos adelantado con la muerte del perro. Y así durante muchos años. <strong>Criticar la Transición, su demasiada complacencia con los verdugos y una incomprensible vocación imperativa de olvidar a las víctimas, se convirtió casi en un delito</strong>. Así que nos dedicamos a exportar nuestro modelo de Transición a medio mundo. Éramos la hostia, el no va más de los ejemplos transicionales de las dictaduras a las democracias. De repente, todos íbamos a ser amigos de todos, a olvidar viejas rencillas de hermanos agrietados por una herencia maldita, a celebrar la gran fiesta de la reconciliación —como en aquella aventura de Corto Maltés— en los pedruscos mágicos de Stonehenge. Muchos años después leí lo que escribió Avishai Margalit en <em>Ética del recuerdo</em>: antes de la palabra reconciliación hay que colocar la palabra verdad. Y aquí hicimos lo contrario. Todos amigos de todos, aunque el nexo de unión siguieran siendo las mentiras del franquismo.</p><p>Las raíces de la Transición fueron saliendo a la superficie y levantando espacios de sombra que impidieron cada vez más dar algo de luz a la historia. Las leyes de memoria —o mejor: de olvido— llegaron muy pronto: la de la Reforma Política, la de Amnistía, la Constitución… El 23F sellaría el triunfo del miedo a la democracia de verdad. Luego llegaría Felipe González para que la chaqueta de pana se convirtiera en traje principesco, como en los cuentos de hadas, y después Aznar le haría la ola al franquismo ya sin complejos de ninguna clase. <strong>Ni verdad, ni justicia, ni reparación</strong>, como algunos exigíamos y seguimos exigiendo desde que empezamos a pensar que los tiempos podrían ser otros y tan distintos. Y ahora resulta que esos tiempos vuelven a ser los de cuando el perro no se había muerto y se pasaba el rato torturando a quienes defendían la libertad por las calles de un país sombrío hasta las cachas.</p><p><strong>La famosa reconciliación que propugnaban los consensos de la Transición está hecha unos zorros</strong>. Que se lo pregunten a Aznar, a Feijóo, a Abascal, a Díaz Ayuso, a los militares fascistas a los que les gustaría fusilar "a 26 millones de hijos de puta", a los "imparciales" miembros del Tribunal Supremo. O a ese juez, carne de patología clínica obsesiva, Juan Carlos Peinado... Sí, que se lo pregunten a ese <strong>franquismo togado </strong>que está dinamitando la confianza en las instituciones y, en una despiadada connivencia con el PP y Vox, la misma democracia. No olvido, faltaría más, a esa gentuza que, desde su criminal manera de entender la política, orilla el bien común en beneficio de sus bolsillos.</p><p>La Justicia se está convirtiendo en un pozo ciego lleno de mierda. <strong>Muchos miembros de la judicatura aplican las leyes desde una parcialidad que da miedo</strong>. Sus instrucciones y sentencias se parecen cada vez más a lo que fueron los juicios ilegales de la dictadura. Hay muchos jueces y juezas que destrozan las garantías de defensa, que filtran detalles de la instrucción para que sus medios afines sentencien antes de tiempo lo que ni siquiera sabemos si es delito, que convierten un oficio noble, como lo es el de la tercera pata de un Estado de derecho, en un estercolero.</p><p><strong>No sé qué esperamos para salir a las calles exigiendo que las togas no sean las que gobiernen</strong> un país demasiado anclado en los miedos del pasado. Que los jueces no se critiquen entre ellos es una cosa: ya se sabe que existe eso que se suele llamar cultura de la tribu. Además, también sabemos que no todos los jueces son lo mismo y que, dentro de sus posibilidades, algunos aportan una miaja de luz entre tanta oscuridad. Eso es cierto, pero que permanezcamos impasibles ante la impunidad de quienes se aprovechan de su poder casi intocable para convertir la Justicia en el cervantino patio de Monipodio es otra cosa bien distinta.</p><p>Las cosas no pintan bien. O, si ustedes lo prefieren: pintan mal. Pero precisamente por eso hemos de plantarle cara al infortunio. No vale quejarnos y dejar que ese infortunio siga como si nada. Podemos ganarle la batalla a esa tropa que desde la política, la judicatura y los medios instalados sin tregua en la mentira no va a parar de boicotear como sea los avances democráticos. El 23 de julio de 2023 le salió a esa Brunete acorazada el tiro por la culata. Y eso lo vamos a repetir sean cuando sean las próximas elecciones. Digo sean cuando sean. Pero antes y hasta entonces seguiremos <strong>dando caña al fascismo de las togas</strong>. Y al otro. Yo propongo que en las calles. Aunque cada cual puede plantarle cara —desde donde y cuando le sea posible— a ese franquismo que, con toga o sin toga, se ha puesto como nunca a cumplir los deberes puestos por el jefe Aznar: el que pueda hacer, que haga. Pues yo me apunto a esa sugerencia desde mi humilde trinchera en esta columna de <strong>infoLibre</strong>: <strong>quienes podamos hacer algo para pararles los pies a los fascistas, que lo hagamos</strong>. Ahí nos vemos, pues, ¿vale? Ahí nos vemos.</p><p>______________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro, recién publicado, es 'Singapur', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jun 2026 04:01:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Plantar cara al fascismo de la toga... y al otro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Transición democrática,Franquismo,Memoria histórica,Justicia,Fascismo,Tribunal Supremo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Momentos difíciles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/momentos-dificiles_129_2207448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8d1f9ca-6eed-4f9f-9bdf-455542245b9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Momentos difíciles"></p><p>Estoy leyendo un pensamiento escrito que encaja en los momentos actuales: "El dandismo aparece sobre todo en las épocas de transición, cuando la democracia no es aún todopoderosa y la aristocracia sólo en parte está degradada y tambaleante. En la anarquía de esas épocas, <strong>algunos hombres desclasados</strong>, hartos, ociosos, pero todos ricos en fuerza nativa, pueden concebir el proyecto de fundar un nuevo tipo de aristocracia...". "El dandismo es el último destello de heroísmo en las decadencias" (C. Baudelaire, <em>El dandy</em>, 1863).</p><p>Los dandis provienen de sectores trabajadores, pero se apropian de las normas aristocráticas y constituyen parte de la raíz del fascismo. <strong>Se aúpan en clases trabajadoras, incluso humildes e ignorantes, a las que engañan</strong> prometiéndoles que serán admitidas en sociedad o que entrarán en el reino de los cielos, utilizando para ello falsos predicadores evangélicos. Es, en parte, la explicación del <em>trumpismo</em>, que se acompaña de personajes como Marco Rubio —desclasado de origen cubano— y que se extiende por el mundo con un discurso que une a descamisados, a una burguesía venida a menos y a rencorosos que se consideran abandonados.</p><p>Mussolini, Hitler y Franco fueron, sin duda, los máximos líderes que se aprovecharon de esa ideología del rencor, utilizando nacionalismos, purezas de raza, falsas religiones —que prometen cielos a descamisados— y crisis económicas no resueltas por líderes mediocres de las democracias. Trump, Milei y Bolsonaro, entre otros, y en nuestras latitudes Ayuso o Abascal, aparecen como fieles seguidores. Saben que <strong>su discurso demagógico y populista engorda un ejército de seguidores</strong> que, como hooligans, abrazan su falsa religión. "Hay que destruir al contrario por cualquier medio...", vino a decir Tellado, fiel acólito de Feijóo, envueltos ambos en el dilema de presentarse como moderados y, a la vez, contaminarse de ese discurso ultra que creen que les dará votos. Todo vale. Desde asaltar el Capitolio estadounidense, igual que hicieron los bárbaros entrando en Roma, hasta desacreditar el Parlamento y al Ejecutivo legalmente constituido, desvirtuar la función del Senado o utilizar instituciones tan importantes en una democracia como la justicia.</p><p>La mentira es su bandera para convencer o crear dudas en el ciudadano incrédulo. <strong>Saben que las dudas engrosan la abstención que les facilitará una victoria</strong>. ¿Qué quedará después? La nada. El poder que debería ejercer la buena política al servicio del ciudadano será sustituido por el poder de las finanzas, que desean transformar la <em>res publica</em> en una empresa. Primero, los patrios que besen banderas; los sajones antes que los mestizos; el Gobierno de Netanyahu exterminando a los palestinos. Fuera impuestos, que cada cual se las apañe. Los ciudadanos pasarán a ser clientes —o súbditos— obedientes y temerosos. Temerosos ante el peligro del asesinato civil mediante el descrédito social, ante imputaciones nunca probadas; ante la imputación judicial que lleva consigo la culpabilidad antes de ser juzgado, con gran difusión de una prensa regada con dinero público y que actúa como cuarto poder.</p><p>Son momentos muy preocupantes, no sólo por este movimiento ultra que nos asola como una peste, sino también —y esto es más preocupante— por <strong>la parálisis de un mundo que presume de demócrata, culto y con valores</strong>, pero que se limita a mirar por la ventana. La masacre y el genocidio de Gaza, la actual invasión del Líbano por el sionismo, las salvajes guerras fratricidas de Sudán, Siria, antes Libia, Ucrania o tantas otras lindes así lo atestiguan. Un mundo mudo. Las potencias que deberían cortar con firmeza tanta muerte y tantos crímenes juegan al ajedrez esperando que caiga la torre. La nueva Contrarreforma mundial está ganando la partida. Ya se han encargado de desprestigiar o anular los organismos internacionales creados después de la Segunda Guerra Mundial para salvaguardar la paz. Tiene el camino libre, a menos que surja algún movimiento ciudadano que lo impida. Difíciles momentos. EEUU, como imperio en crisis, impone su ley del Oeste: "el que saque primero mata". Europa, sin norte, anda perdida. La Rusia de Putin es capitalista y quiere reconquistar su pasado imperial. China observa: es Confucio y no Aristóteles. Momentos difíciles.</p><p>_____________</p><p><em><strong>Eduardo Vázquez Martul </strong></em><em>es socio de</em><em><strong> infoLibre</strong></em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 04:01:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Vázquez Martul]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Fascismo,ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[León XIV, un papa y sus verdades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/leon-xiv-papa-verdades_129_2205621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/192912f2-291c-48b0-9c34-a86c4ea80e3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="León XIV, un papa y sus verdades"></p><p>Me siento reconfortado escuchando al papa establecer lo que está clarísimo. <strong>El odio presente en el fascismo nada tiene de unión o comunión con la religión católica</strong>. En España esa unión se quiere hacer palpable con organizaciones ultras que presumen de su catolicismo extremo, pero el papa ha sido tan claro como el agua. Cómo podemos entender que un católico de verdad desee el mal y <strong>el castigo hacia niños abandonados, o hacia migrantes que lo único que pretenden es vivir mejor con un trabajo</strong>. O estar en contra del perdón a quien erró en un momento dado. Pero los ultras de este país nos demuestran su odio a ellos a diario con sus medidas políticas fuera de cualquier idea humanística. Poner esto en claro me hace sentir otra vez que el mundo puede ser mejor si alguien despierta de este mal sueño que tenemos en España. Quizá la unión de PSOE y PNV explique que <strong>cierta lógica aún existe en política</strong>, algo que entiendo como la derecha simpática que no deja a nadie atrás, con sus fallos, pero sin eliminar a una gran parte de la sociedad. Esa que algunos desprecian.</p><p>Lo que he visto en Madrid refleja cierta confusión: <strong>muchas personas acuden con entusiasmo a ver a este papa y, supongo, también a escucharle</strong>. Sin embargo, si después <strong>apoyan al fascismo ultra</strong>, incurren en una contradicción difícil de comprender, porque esa postura se sitúa en las antípodas del amor al prójimo y del perdón. A veces me pregunto si, en un mundo tan distinto,<strong> seré yo quien está equivocado</strong>. Pero, bien pensado, el amor no ha cambiado en siglos y sigue expresándose en ese mandato cristiano de amar al prójimo. Por eso, cuando oigo a quienes elogian a León XIV solo por ser el papa y luego manifiestan <strong>un odio heredado de una guerra civil que realmente fracturó España</strong>, percibo la profunda confusión de muchos en este país. Quizá todo arranque, precisamente, de aquella guerra que nos dejó divididos en dos.</p><p>Cuándo nos curaremos de aquello….</p><p>______________</p><p><em><strong>César Moya Villasante </strong></em><em>es socio de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 04:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cesar Moya Villasante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[León XIV, un papa y sus verdades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Idafe Martín, periodista:  “Vox no se hundirá hasta que no deje de interesarle al PP”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/idafe-martin-periodista-vox-no-hundira-no-deje-interesarle-pp_1_2193153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80853046-8708-48d9-b54b-3a67dd02fabb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Idafe Martín, periodista"></p><p><strong>Bélgica </strong>atraviesa una coyuntura política extraña y única: pese al auge del voto ultraderechista, es el país europeo que mejor ha sido capaz de controlarlo. Esta paradoja es posible gracias a muchos factores, pero uno destaca sobre el resto<strong>: la formación de un cordón sanitario hacia la extrema derecha</strong> por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos belgas. Este es el punto de partida del libro que el periodista y durante varios años columnista de <strong>infoLibre,</strong> Idafe Martín<strong> </strong>acaba de autopublicar, <em>Un país sin fachas</em>.</p><p>Martín<strong> </strong>es corresponsal en Bruselas para <em>Clarín</em>. Lleva desde 2004 viviendo en Bélgica y ha sido testigo del cordón sanitario que le ha impuesto el país a la extrema derecha de <strong>Vlaams Belang</strong>, mientras en el resto de Europa le han dejado la puerta abierta. </p><p><strong>Titula el libro </strong><em><strong>Un país sin fachas</strong></em><strong> en referencia a Bélgica, sin embargo, también están viviendo un auge de la extrema derecha ¿por qué ese título?</strong></p><p>Siempre he dicho que vivo en la aldea de Obélix. Cuando en Europa comenzó el auge de la extrema derecha, los países iban cayendo uno detrás de otro. España no fue de los primeros, por eso allí no se hablaba tanto del tema. De hecho, cuando no existía extrema derecha en ningún sitio en Europa, en Flandes iban ya por el 10-15%. Lo que yo veía era que en Bélgica, pese a su auge, había unas condiciones sociopolíticas y culturales que le cerraban la puerta al avance del fascismo, que se resistía a claudicar ante esto.</p><p><strong>¿Cómo se crea un cordón sanitario efectivo a la extrema derecha?</strong></p><p>Es sencillo, aquí con Vlaams Belang no se pacta, no se debate. Se intenta invisibilizarlo. En Bruselas no se sabe quién es el líder de la extrema derecha, no sale en los medios y no le invitan a debates electorales y nada del estilo. Toda la sociedad, incluyendo los servicios secretos, la policía, la justicia, las universidades, los sindicatos y el ejército, trabaja para parar el crecimiento de la extrema derecha. </p><p>Este cordón sanitario se ha reforzado a lo largo de la historia, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y tras episodios como los "años de plomo" y el caso Dutroux, que llevaron a una toma de conciencia sobre la necesidad de proteger la democracia de la extrema derecha. </p><p><strong>¿El libro puede ser un manual de lo que se hizo mal o lo que no se logró en España?</strong></p><p>Los contextos históricos son diferentes. Más bien, es una reflexión sobre lo que se pudo hacer con tiempo y cómo funciona un país que considera que la extrema derecha es una amenaza para el sistema democrático. Creo que en España, pese a la opinión popular, ni se intentó hacer un cordón sanitario. Se pudo hacer en su momento, pero no se hizo. Además creo que por contexto habría sido inviable. PP y PSOE se tendrían que haber puesto de acuerdo y realizar un cordón sanitario a la extrema derecha implica sacrificios que la izquierda española no está dispuesta a asumir. </p><p><strong>¿España ha tratado demasiado bien a la extrema derecha?</strong></p><p>Los medios de comunicación en España no invisibilizaron a Vox cuando se debería haber hecho. Tampoco hay un acuerdo generalizado, como la "Carta de la Democracia" belga, que comprometa a medios, partidos, universidades y sindicatos a mantener un cordón sanitario. Es una realidad que a Vox se le ha impulsado económica y mediáticamente y ahora hay partidos como el PP, a los que le interesa que siga. Vox no se hundirá hasta que no deje de interesarle al PP. Las investigaciones de la corrupción con Disenso son recientes, no se ha empezado a ir a por la formación ultra en serio hasta hace poco y ya es demasiado tarde.</p><p><strong>¿Qué tiene que suceder en España para tener más atado al fascismo?</strong></p><p>La derecha española, a diferencia de la de otros países europeos, no ha sido antifascista. Se necesita un cambio de cultura política donde el antifascismo no sea visto como algo "de rojos". Pero, al final, el cordón sanitario tiene que salir de la derecha, específicamente del PP. Los populares tendrían que poner sobre la mesa que no irán a ningún sitio con Vox, ni siquiera para aprobar leyes o presupuestos.</p><p><strong>Cita en el libro a Martínez-Almeida con una frase: </strong><em><strong>"Seremos fascistas, pero sabemos gobernar"</strong></em><strong>. ¿Qué dice de la cultura política española que eso se pueda decir y no tenga prácticamente consecuencias? </strong></p><p>Almeida lo dice porque sabe que no importa. Es decir, no tiene un poder de oposición negativa contra él. Sería absolutamente demencial que un señor conservador francés, belga, holandés, británico dijera, 'Yo soy fascista’ pero ni como un chiste. No se puede ser demócrata sin ser antifascista. Aunque España no vivió la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial, sí vivió una dictadura de 40 años y esto debería haber generado una mayor conciencia sobre el fascismo. </p><p><strong>La gran pregunta que deja abierta en el libro es si el cordón mediático puede sobrevivir en la era de las redes sociales...</strong></p><p>Los partidos de extrema derecha pensaban que con las redes sociales lo iban a romper, pero no ha ocurrido. La razón es que las redes sociales necesitan alimentarse de contenido político, y si los medios tradicionales no publican sobre ellos, no hay contenido para las redes. Sin embargo, las redes son incontrolables y ahí siempre tendrán un caldo de cultivo. </p><p><strong>El libro termina con una frase de un veterano socialista belga en referencia a este cordón a la ultraderecha: </strong><em><strong>"Durará mientras la gente recuerde por qué se construyó"</strong></em></p><p>El fascismo será siempre una amenaza, por eso no hay que darle cancha. Aplicar un cordón sanitario en el caso español es ya inviable porque la extrema derecha está completamente integrada en el ecosistema. Aún así, todavía se puede combatir.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Idafe Martín, periodista:  “Vox no se hundirá hasta que no deje de interesarle al PP”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Bélgica,España,Política]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[De acosos y persecuciones: un peligro para la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/acosos-persecuciones-peligro-democracia_129_2189847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4bfe2594-0f75-4aae-b1ec-cb0fea460669_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De acosos y persecuciones: un peligro para la democracia"></p><p>El acoso a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por el agitador ultraderechista, Vito Quiles, <strong>que se hace pasar por periodista</strong> y que sigue con credencial en el Congreso de los Diputados, ha generado un gran revuelo mediático y político. Pero este hecho <strong>no es una excepción ni una casualidad:</strong> responde a una estrategia muy bien organizada que defendió el expresidente del Gobierno José María Aznar con su famoso lema de 2023,<strong> "el que pueda hacer que haga",</strong> para conseguir derribar al gobierno de coalición tras las elecciones del 23 de julio del mismo año. Los acosos de este farsante de periodista son<strong> violencia política de manual, financiada por el Partido Popular a través de sus diferentes comunidades autónomas </strong>y ayuntamientos, y camuflada como publicidad institucional.</p><p>Pero este hecho no es nuevo, es una estrategia muy antigua, encaminada a <strong>crear un estado de necesidad que justifique un cambio político mediante un golpe de Estado </strong>o a través de las urnas, aunque todavía no ha habido víctimas mortales como en los años 30. Pero nunca se sabe y no deberíamos jugar con fuego. Tampoco es un hecho aislado, ya que forma parte de la deshumanización del presidente del Ejecutivo: desde el "que te vote Txapote" hasta los insultos habituales de Santiago Abascal a su persona ("mierda", "chulo putas", etc.), pasando por <strong>el grito de "Pedro Sánchez, hijo de puta", </strong>coreado en mítines del PP y Vox, en fiestas patronales o campos de fútbol. Y todo este repertorio siempre se justifica en aras de una supuesta libertad.</p><p>Además, <strong>llevamos tiempo asistiendo al acoso a políticos</strong> como Irene Montero, Pablo Iglesias, Óscar Puente o Mónica García, hijos incluidos, o a periodistas como Antonio Maestre, Rubén Sánchez, Ana Pardo de Vera, Sarah Santaolalla, entre otros muchos.</p><p>Pero, en el marco de esta estrategia, tampoco podemos olvidar el <strong>acoso sistemático a la sede del PSOE desde finales de octubre de 2023</strong>, y aunque ya no salga en los medios de comunicación, continúa todos los días, incluidos domingos, festivos y vacaciones. Afortunadamente, ahora son muchos menos que aquellas hordas que durante mes y medio secuestraron el barrio y convirtieron en una actividad de riesgo hacer cualquier compra o gestión en la calle.</p><p><strong>Sitiados por fascistas y con controles policiales para acceder a las viviendas</strong>, sin poder sacar la basura durante semanas, con el mobiliario urbano arrasado y hogueras de contenedores. Pero actualmente esos individuos faltones y mal educados intimidan a peatones y automóviles, tratando de <strong>imponer sus panfletos y su discurso de odio</strong> ante la pasividad de la policía, que también tolera todos los símbolos fascistas, vulnerando la Ley de Memoria Democrática. </p><p>Y si protestas ante la policía porque han querido meterte en tus pertenencias panfletos fascistas, la policía te contesta airada que vayas a<strong> protestar a la Delegación del Gobierno, porque la culpa de todo esto es del Gobierno</strong>. Y, para colmo, otro agente te dice que si quieres una amonestación de 600 euros o bien que circules. </p><p>Esta es la protección del ciudadano ante los insultos e intimidación de estos energúmenos. Es la misma policía a la que les gritaban los días de ruido y furia:<strong> "Ojalá os hubiera matado a todos la ETA"</strong>. Y luego escribes al delegado del Gobierno, Francisco Martín, y ni te responde. A otros ciudadanos les ha contestado ante las cartas que muchos vecinos, hartos de la situación, han escrito, pero no ha hecho nada para acabar con esta situación. </p><p><strong>De 19.30 a 21.30 horas siguen con consignas y cánticos fascistas</strong>, aparte de todo tipo de insultos amplificados con megáfono, para que los niños de las viviendas próximas sigan cenando con esos gritos tan educativos. Todo un espectáculo muy edificante. <strong>Tampoco hace nada el Ayuntamiento de Madrid por la tranquilidad de sus ciudadanos,</strong> ni la Comunidad de Madrid, porque les encanta la actuación de estos intransigentes y fanáticos: primero, porque critican al Gobierno sistemáticamente, y segundo, porque creen que los van a poder controlar y manipular. No saben que están incubando el huevo de la serpiente. </p><p>¿Alguien tiene dudas, a estas alturas, de que si esta circunstancia <strong>se hubiera dado en Génova ya hubiera acabado hace muchísimo tiempo?</strong> Ni una semana hubieran dudado. Esa es la diferencia: cómo se trata a los fascistas y acosadores y cómo se trata a los ciudadanos. Esta situación<strong> dice muy poco de la calidad de nuestra democracia</strong> y de los que nos tienen que proteger: jueces, policías y políticos. </p><p>No me extraña que Vito Quiles diga que hay que seguir apretando porque están ganando, ya que sus actuaciones están dando sus frutos. Con sus tácticas de escuadritas fascistas están amedrentando al personal. Todas estas actuaciones forman parte de la misma estrategia perfectamente coordinada: de las protestas de Ferraz a Vito Quiles, de<strong> los insultos generalizados a las declaraciones de políticos del PP y Vox</strong>, de las columnas incendiarias en periódicos a la inacción de policías y jueces. Nada es casualidad ni azar. Y luego nos llevamos las manos a la cabeza porque el 21% de los jóvenes consideran positivamente el franquismo. Hay que cuidar todos los días la democracia, y por parte de todos los servidores públicos. </p><p>_________________</p><p><em><strong>Ana Martínez Rus </strong></em><em>es profesora de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Martínez Rus]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De acosos y persecuciones: un peligro para la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Medios comunicación,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La esperanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/esperanza_129_2183384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b870e78-bb2a-4cac-b9bf-a3c0fe7f3cb9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La esperanza"></p><p><em>"El mal no prevalecerá. Construyamos puentes de paz sin miedo, porque Dios nos ama a todos incondicionalmente”.</em></p><p> (León XIV)</p><p><strong>El mundo a la deriva: Apofis despierta</strong></p><p>La sensación de naufragio inminente es la que prima en estos tiempos enrarecidos. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lo resumió con una imagen que no admite réplica: es como si el mundo fuera un navío a la deriva, sin ninguna institución que oriente el comportamiento civilizatorio de las naciones. La fuerza de los tiranos <strong>parece imponerse a la voluntad de quienes defendemos</strong> los Derechos Humanos. Nos sentimos mayoría, pero una mayoría cohibida ante el acoso y el miedo a las consecuencias de la discrepancia.</p><p>En esta confrontación entre la barbarie y la cordura, quienes apostamos por la civilización nos encontramos huérfanos de la ONU, que Trump y Netanyahu<strong> pretenden dinamitar o anula</strong>r; espectadores impotentes del genocidio de Gaza, de las masacres del Líbano, de una guerra ilegal en Irán. Rehenes de una dinámica de violencia y ruina económica que nos estrangula. Avanzando sin brújula, como zombis, <strong>a la espera de la siguiente locura de quienes se proclaman </strong>—con impunidad pasmosa— defensores de la libertad y la democracia.</p><p>Apenas nos da tiempo de sanar el daño antes de que llegue el siguiente. Somos testigos sobrecogidos de la matanza de inocentes por su raza, <strong>su lugar de nacimiento o su religión</strong>. Y no estallamos de indignación: aceptamos cobardemente la situación, o nos quedamos inermes ante la manipulación permanente de la inmigración por parte de la derecha y la ultraderecha, asumiendo <strong>propuestas claramente xenófobas y racista</strong>s —como la «prioridad nacional» para acceder a ayudas institucionales— más propias del fascismo que amenaza, de nuevo, nuestra convivencia.</p><p>Vivimos bajo el «síndrome del olvido inmediato»: nuestra memoria colectiva es sumamente débil y efímera. Las cifras hablan por sí solas. Según datos del propio Servicio de Inmigración y Aduanas de EE UU, el 8 de enero de 2026 había <strong>68.990 migrantes retenidos</strong> entre el ICE y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, decenas de miles de seres humanos reducidos a estadística y silenciados por el siguiente titular. Europa no es ajena a esta deriva: el Abogado General de la UE ha avalado el <strong>traslado de migrantes a terceros países extracomunitarios</strong> para su internamiento en centros de reclusión, confiando en un respeto a sus derechos que todos sabemos que no será real. </p><p>Nuestra capacidad reflexiva <strong>se anula al ritmo que avanzan los algoritmos</strong> que construyen una inteligencia paralela a la que nos ha dado forma como seres humanos.</p><p>Hannah Arendt nos advirtió de que “<em>la maldad nunca es radical; </em><em><strong>solo es extrema, y puede devastar el mundo entero </strong></em><em>precisamente porque se extiende como un hongo sobre la superficie”,</em> sin profundidad ni dimensión demoníaca alguna. Es exactamente lo que describe este momento. </p><p>Detrás de todo ello están líderes concretos —Trump, Netanyahu, Putin— que ejercen el poder de forma autoritaria, <strong>a los que cabría sumar otros varios</strong> que en el mundo se han unido para dar forma a una recreación actual de <strong>Apofis</strong>, la gran serpiente de la mitología egipcia.</p><p>En el panteón del Antiguo Egipto, <strong>Apofis —también conocida como Apep—</strong> era la encarnación del caos primordial: una serpiente colosal que cada noche amenazaba con devorar la barca solar de Ra e impedir que el amanecer llegara al mundo. Representaba <strong>las fuerzas destructivas que combaten sin descanso</strong> el <em>Ma'at</em>, el principio egipcio de orden, verdad y justicia cósmica. Nunca podía ser destruida definitivamente; solo contenida, conjurada, repelida una y otra vez por la vigilancia y <strong>el esfuerzo colectivo de los dioses y los hombres</strong>. Es una metáfora de una exactitud perturbadora: el mal autoritario no muere, se transforma y regresa. Y solo la acción constante, la memoria viva y la voluntad de resistir pueden evitar que la oscuridad prevalezca.</p><p>Como señaló Umberto Eco, “<em>nuestro deber es desenmascarar el fascismo eterno y señalar con el índice </em><em><strong>cada una de sus nuevas formas, cada día, en cada rincón del mundo”</strong></em><em>.</em> Algo tendremos que hacer para superar esta inercia que nos oprime la garganta hasta dejarnos sin aliento.</p><p>El <a href="https://elpais.com/internacional/2026-04-21/un-informe-de-amnistia-internacional-constata-el-avance-del-autoritarismo-en-el-mundo.html" target="_blank">informe anual</a> de Amnistía Internacional no deja margen a la duda. Netanyahu, Trump y Putin son señalados como «depredadores» de los derechos humanos —«saqueadores brutales a la caza de trofeos injustos»— y como líderes que desplegaron una ofensiva <strong>para lograr el dominio económico y político mediante la destrucción</strong>, la represión y la violencia a escala masiva. Y lo que es peor, según la ONG: las prácticas autoritarias se han intensificado en todo el mundo.</p><p>Los datos que acompañan ese diagnóstico son escalofriantes: <strong>casi el 70% de la población mundial vive hoy bajo regímenes autoritarios</strong> mientras las democracias se debilitan de forma acelerada. En ese contexto, EE UU ha ejecutado extrajudicialmente a <strong>más de 150 personas mediante el bombardeo de lanchas en el Caribe</strong>. Y no pasa nada. Nadie rinde cuentas. Nadie comparece ante ningún tribunal. Tenía razón Martin Luther King cuando advirtió desde su celda de Birmingham que, en el fin, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos.</p><p>Siguiendo el camino trazado <strong>por estos grandes líderes mundiales</strong>, sus acólitos nacionales de la derecha y la ultraderecha dan muestras de la misma falta de moral política. Actitudes que salpicaron de intolerancia la madrileña Puerta del Sol, donde la presidenta de la Comunidad de Madrid acogió desde el balcón del antiguo edificio de la DGS franquista —símbolo no casual— a María Corina Machado, mientras <strong>una multitud dirigía insultos racistas a la presidenta encargada de Venezuela</strong>, Delcy Rodríguez, coreados por el cantante Carlos Baute.</p><p>Esta parafernalia no fue casual. De acuerdo con el <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/2026-01-10/botin-diaspora-venezolana-espana-mas-250-000-votantes-subiendo_4280941/" target="_blank">INE</a>, la población procedente de Venezuela supera ya las <strong>692.000 personas en España</strong>, de las que <strong>más de 268.000 tienen la nacionalidad española</strong> y por tanto derecho a voto en elecciones generales, locales y autonómicas. Solo en Madrid son <strong>72.550 ciudadanos</strong> los que pueden acudir a las urnas. Con las cosas de comer, no se juega.</p><p>Como antítesis a estas acciones, la semana pasada <strong>vivimos un encuentro histórico en Barcelona</strong>. Convocados por Pedro Sánchez, presidentes, alcaldes y líderes progresistas de cuatro continentes reclamaron la <strong>prevalencia de la legalidad internacional y el respeto democrático</strong>: Lula da Silva, Zohran Mamdani —alcalde de Nueva York—, Elly Schlein —secretaria general del Partido Democrático italiano—, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, los mandatarios de Sudáfrica, Uruguay, Irlanda, Lituania, Albania, Cabo Verde y Barbados, y los vicepresidentes de Alemania, Reino Unido, Austria, Ghana y Botsuana.</p><p>En palabras del presidente brasileño<em>: "</em><em><strong>Nadie tiene que tener vergüenza de ser progresista</strong></em><em> o ser de izquierda. Elogié a Pedro porque tuvo la valentía de no permitir que los aviones de guerra de EE UU salieran de aquí para bombardear Irán."</em> </p><p>Tienen razón quienes <strong>han movido ficha para salir de la inercia inmovilista</strong>. Es el primer paso para luchar contra este posfascismo que, con el arma de la desinformación, la manipulación y el negacionismo, pretende acabar con décadas de conquistas democráticas. Recordemos cómo Gramsci advertía: “la crisis <strong>consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer</strong>, y en ese interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. Ese interregno es el que habitamos, ahora. Y por eso la acción no puede esperar.</p><p>Debemos sacudirnos la insensibilidad y hacer frente al ataque a los valores y los derechos humanos que <strong>desarrollan las fuerzas de la ultraderecha</strong>, a las que se suma una derecha inoperante, mimética e incapaz de ofrecer respuestas concretas a los problemas de la sociedad. Es muy cierto que las coaliciones estratégicas internacionales de extrema derecha <strong>suponen un gran riesgo para la democracia</strong>, porque traen nuevos modelos de populismo político y autoritarismo. Por eso es necesario rebelarnos y <strong>apostar por un capitalismo responsable</strong> y redistributivo que haga frente al capitalismo salvaje que nos quiere dominar.</p><p>La reflexión del filósofo Josep Ramoneda sintetiza bien el momento: <strong>¿ha tocado fondo el delirio reaccionario? </strong>Colombia, México, Uruguay y Sudáfrica acompañan a Brasil y España en un encuentro que tiene el valor de una advertencia contra la ola creciente de impunidad antidemocrática.<strong> Se echaba en falta este impulso inicial</strong> y se ha producido. Ahora lo importante es desarrollarlo y extenderlo sin demora.</p><p>Porque la historia nos enseña que los derechos no se conceden: se conquistan. Y que cada generación tiene la obligación<strong> moral de defenderlos contra quienes, disfrazados de libertad, no hacen sino demolerla</strong>. Eduardo Galeano definió la utopía como el horizonte que retrocede cada vez que nos acercamos a él; y concluía: ¿para qué sirve la utopía? Para eso: para caminar. Pues bien, caminemos.</p><p>El tiempo marcará la evolución de los acontecimientos. Tras esta cumbre de Barcelona —histórica por sus participantes, impactante por sus contenidos—, lo que <strong>se dibuja en el ánimo de quienes peleamos por el futuro </strong>es la esperanza: la convicción de que esta solo puede ser una realidad favorable si nos empleamos a fondo en diseñarla a través del respeto a los derechos humanos conseguidos a lo largo de décadas. Esa esperanza activa, colectiva y sin miedo, es la única fuerza capaz de contener a <strong>Apofis</strong> —la gran serpiente del caos— y evitar que implante las tinieblas. Frente a la oscuridad, la única respuesta es continuar encendiendo la luz.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Baltasar Garzón Real </strong></em><em>es jurista y autor, entre otros libros, de</em> '<em>Los disfraces del fascismo' (Planeta).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 17:41:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Baltasar Garzón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La esperanza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Libertad de expresión,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El compromiso intelectual de Malraux frente al fascismo llega al Ateneo de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/ateneo-madrid-recupera-malraux-simbolo-compromiso-intelectual-frente-fascismo_1_2181857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a41db813-ec49-4be8-9d72-bd963a51cfcb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El compromiso intelectual de Malraux frente al fascismo llega al Ateneo de Madrid"></p><p>El Ateneo de Madrid acoge el próximo jueves 30 de abril <a href="https://ateneodemadrid.com/evento/malraux-en-espana-1936-1939-el-compromiso-de-un-intelectual-ante-el-fascismo/" target="_blank">una conferencia centrada en la figura del escritor y político francés André Malraux</a> y su implicación en la Guerra Civil española, bajo el título <em>“Malraux en España (1936-1939): el compromiso de un intelectual ante el fascismo”</em>. El acto, organizado por la Sección ateneísta de Literatura, tendrá lugar a las 19:00 horas en la Sala Ramón y Cajal.</p><p>La sesión propone una <strong>reflexión sobre el papel de los intelectuales en contextos de crisis democrática</strong>, tomando como referencia el posicionamiento activo de Malraux frente al avance del fascismo en Europa durante los años treinta. El autor de <em>La esperanza</em>, profundamente <strong>vinculado a la causa republicana</strong>, no solo narró el conflicto español, sino que participó directamente en él, convirtiéndose en un símbolo del compromiso político y cultural de una parte de la intelectualidad europea de la época.</p><p>La conferencia correrá a cargo de <a href="https://www.infolibre.es/autores/antoni-cistero/"  ><strong>Antoni Cisteró García</strong></a>, un perfil marcado por la interdisciplinariedad: ingeniero químico de formación, licenciado en Filosofía y diplomado en Ciencias Sociales, ha orientado su trayectoria hacia el análisis del contexto social de los acontecimientos históricos. Es autor de ensayos como <em>Confluyendo</em> o <em>Participar hoy</em>, así como de novelas históricas como <em>Campo de esperanza</em> —galardonada con el Premio Film-Historia de la Universidad de Barcelona— e <em>Hijo de la memoria</em>, ambas traducidas al francés. También ha desarrollado una amplia producción en otros géneros, incluyendo teatro y reflexión histórica a través de distintos espacios digitales.</p><p>La presentación del acto estará a cargo de <strong>Ángel Viviente Core</strong>, también escritor y activista en distintas causas cívicas. La cita se enmarca en la programación cultural del Ateneo, una institución histórica que sigue funcionando como espacio de debate y pensamiento crítico en torno a cuestiones políticas, sociales y culturales de relevancia contemporánea. En un contexto europeo en el que resurgen discursos autoritarios, la <strong>recuperación de figuras como André Malraux</strong> invita a repensar el papel de la cultura y la intelectualidad ante los desafíos democráticos actuales.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 09:22:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El compromiso intelectual de Malraux frente al fascismo llega al Ateneo de Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria histórica,Fascismo,Guerra civil,Guerra Civil española,Segunda República española]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[No confundamos al fascismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/no-confundamos-fascismo_129_2180898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7d318d9c-a7b2-41a0-a821-c3b03df98af1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No confundamos al fascismo"></p><p>Si algo tengo claro en esta vida es lo que significa fascismo porque he vivido en mis carnes, muy cercanas, a Falange y a ETA en otro tiempo. Y <strong>ambas ideologías están claras</strong> y no son nada comparables con una derecha o izquierda.</p><p>El fascismo no es una ideología, es un modo de querer gobernar por aquellos para los que todo es ultra, definición que los aísla a un término que es la <strong>exageración del odio</strong>, palabra que encierra la auténtica verdad de su pensamiento. Sienten odio a todo lo que se mueve, en muchos casos se unen a un catolicismo mal entendido porque así creen blanquear su odio. Y ese odio se refleja en la homo o xenofobia porque su pensamiento está lleno de fobias hacia todo el que piensa distinto a ellos, con el solo objetivo de querer vivir en un mundo aislado uniforme en ideas repartiéndose los beneficios económicos que, al final, es como todos, su único deseo. <strong>Abascal lo muestra cada día</strong>.</p><p>Pero no digamos que son de ultraderecha porque ETA sentía lo mismo y se consideraban de izquierdas. Con la única salvedad que <strong>estos fueron derrotados</strong> y hoy muchos han reconocido su error. Los franquistas no lo hicieron ni lo harán jamás. Pero yo distingo muy bien qué es la derecha y no estoy en contra de ellos, porque tienen un pensamiento conservador y con una economía capitalista con el solo error de no poner puertas a los extremismos que llevan a un desastre económico mundial. Y una vez desaparecido el comunismo estalinista es el único modelo económico de ese capitalismo y no podemos estar contra ello. Pero esto en España no existe, porque <strong>el 90% de la gente que vota al PP está feliz con Vox</strong>, por el problema de un franquismo atado y bien atado usando la patria como su único objetivo, palabra mágica que enreda a muchos jóvenes ignorantes.</p><p>Porque patriota es todo aquel que hace crecer la nación donde trabaja, exclusivamente, pero con honradez. Y eso aísla las fobias.</p><p>Por ello yo mismo podría llegar a votar a la derecha en Francia o en Alemania, donde Merkel lo tuvo muy claro. <strong>Siendo de derechas puso veto a todo lo que oliera a fascismo,</strong> al que conocieron bien; en España eso no es posible y he perdido la esperanza de que algún día ocurra porque tienen comprados a demasiados medios de comunicación y a jueces que todos conocemos capaces de hacer hasta el ridículo y hacer perder la credibilidad a la verdadera Justicia, con mayúsculas... Porque, aludiendo a la actualidad, <strong>la señora Ayuso pone pegas a los acuerdos en Extremadura</strong>, no es porque ella no esté de acuerdo en esa xenofobia, sino porque puede perder algunos votos, su único objetivo en la vida.</p><p>_______________</p><p><em><strong>César Moya </strong></em><em>es socio de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 04:01:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[César Moya]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No confundamos al fascismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Angela Merkel,Alemania,PP,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trece detenidos ligados a un sindicato falangista por daños en la Complutense antes del 8M]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/trece-detenidos-ligados-sindicato-falangista-danos-complutense-8m_1_2168515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1e2a454d-7925-4df4-a83c-91f28938ff4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trece detenidos ligados a un sindicato falangista por daños en la Complutense antes del 8M"></p><p>La <a href="https://www.infolibre.es/temas/policia/"  >Policía Nacional</a> ha detenido a <strong>13 jóvenes de entre 18 y 27 años </strong>ligados al <strong>Sindicato Español Universitario</strong> (SEU) asociado a <strong>Falange Española</strong> por los <strong>actos vandálicos</strong> y daños causados en la <strong>Facultad de Ciencias Políticas y Sociología</strong>, en el Campus de Somosaguas, de la <strong>Universidad Complutense de Madrid</strong>, con motivo de los actos reivindicativos del <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/guerra-hay-patriarcado-madrid-tine-feminismo-8m-paz-igualdad_1_2158112.html"  >8M</a>.</p><p>Los altercados ocurrieron el pasado día 6 cuando alrededor de las 17:30 horas<strong> un grupo de personas irrumpió de forma coordinada a esta facultad</strong> vistiendo ropas oscuras y <strong>ocultando su rostro </strong>con máscaras y prendas de vestir.</p><p>Tras <strong>destrozar cartelería y el mobiliario</strong> que encontraban a su paso, alterando el normal funcionamiento del centro educativo, desplegaron una pancarta en el hall en la que podía leerse<strong> 'Rechaza el feminismo y abraza la feminidad' </strong>junto con el símbolo falangista del yugo y el haz de cinco flechas.</p><p>Entre los destrozos causados, el grupo de vándalos <strong>se ensañó especialmente con la sala</strong> que usan habitualmente las asociaciones estudiantiles para planificar sus actividades en esta facultad.</p><p>La investigación iniciada entonces por la <strong>Brigada Provincial de Información de Madrid</strong> derivó el pasado lunes, según ha dado cuenta este jueves el inspector jefe <strong>Fernando Martín</strong> en rueda de prensa en la <strong>Jefatura Superior de Policía de Madrid</strong>, en la <strong>operación Jauría</strong> y en la detención de 13 jóvenes e identificación de otros seis menores, uno de ellos en calidad de investigado por los hechos.</p><p>A los arrestados, dos de ellos con antecedente, se les acusa de <strong>delitos de desórdenes públicos, daños y delito contra los derechos fundamentales</strong>.</p><p>Por su parte, el delegado del Gobierno en Madrid, <strong>Francisco Martín</strong>, ha querido dejar claro que este relevante golpe a la ultraderecha lanza un mensaje de que <strong>"van a fracasar" </strong>siempre si pretenden romper con la convivencia de la ciudadanía.</p><p>"Ni el odio ni la violencia quedan impunes en las calles de Madrid, les pido que reflexionen y cambien el rumbo porque <strong>la sociedad madrileña se opone al odio</strong>", ha zanjado. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 12:17:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trece detenidos ligados a un sindicato falangista por daños en la Complutense antes del 8M]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Falange Española y de las JONS,Violencia,Fascismo,Igualdad,Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES,Universidades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres en su sitio... El que decidan ellos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mujeres-sitio-decidan_129_2166707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0a0f101e-be2d-44fc-a5a2-a6e33d519f42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres en su sitio... El que decidan ellos"></p><p>El pasado fin de semana, la sociedad española volvió a sufrir —<strong>no siempre con la misma intensidad</strong>— dos nuevos crímenes machistas. Una<strong> mujer de 42 años fue asesinada</strong> a tiros por su expareja en Zaragoza. Con ella, son ya <strong>14 las mujeres asesinadas en lo que va de 2026</strong>. El mismo día, en Alicante, un padre ahorcó a su hija de<strong> tan solo tres años</strong>. Son ya tres menores víctimas de esta violencia en el mismo periodo.</p><p>No es un dato menor que ambos agresores decidieran <strong>quitarse la vida después de cometer los crímenes, y no antes</strong>. En ese gesto final subyace una lógica profundamente arraigada: la de “<strong>poner las cosas en su sitio</strong>” y evitar, al mismo tiempo, las consecuencias de sus actos. No se trata de arrebatos sino de decisiones.</p><p>Asistimos a un repunte de <strong>feminicidios e infanticidios</strong> en el contexto de la violencia de género, acompañado además de una <strong>mayor brutalidad </strong>en su ejecución. Y, aunque resulte <strong>incómodo</strong> decirlo, era esperable. Numerosas voces expertas advierten de un efecto de refuerzo: algunos agresores <strong>encuentran legitimación en los crímenes previos</strong>, en la constatación de que otros han llevado a cabo aquello que ellos fantaseaban. Contar las víctimas <strong>es imprescindible para dimensionar la tragedia</strong>, pero también nos obliga a reflexionar sobre los efectos que esa visibilidad puede generar.</p><p>Sin embargo, lo verdaderamente peligroso es que <strong>el machismo no se alimenta únicamente de dinámicas individuales</strong>. Su verdadera fortaleza es colectiva. Se sostiene, se financia y se reproduce con eficacia. <strong>Como una planta bien enraizada</strong>, apenas necesita cuidados para seguir creciendo: el sustrato —<strong>un sistema heteropatriarcal </strong>profundamente imbricado en lo económico y lo cultural— ya está ahí.</p><p>Se habla, con razón, de<strong> la </strong><em><strong>machosfera</strong></em> y preocupan los<strong> discursos misóginos que circulan entre la juventud</strong>, envueltos en una estética de rebeldía o de supuesto despertar crítico. Inquieta también ver cómo algunas jóvenes <strong>abrazan la </strong><em><strong>femiesfera</strong></em><strong> y sus narrativas</strong> de retorno a lo doméstico, a roles tradicionales y a modelos profundamente desiguales. Todo ello<strong> es grave</strong>. Pero no es lo esencial.</p><p>El problema no es solo el “cómo”, sino el “<strong>para qué</strong>”. Las campañas de descrédito del feminismo —y, por tanto, de<strong> la igualdad como valor democrático</strong>— no son fenómenos aislados. Se articulan desde estrategias culturales, mediáticas y también políticas que están no sólo planificadas sino <strong>muy bien financiadas</strong>. Determinados sectores de la derecha extrema y la extrema derecha impulsan, mediante <strong>la desinformación y el odio</strong>, el desmontaje de los mecanismos que garantizan los derechos fundamentales de las mujeres.</p><p>Y conviene entender que el objetivo<strong> no es solo la igualdad de género</strong> aunque el feminismo sea el principal enemigo a batir. Existe una intensificación de la promoción del odio <strong>hacia personas migrantes</strong>, especialmente si son musulmanas; hacia quienes pertenecen a<strong> minorías religiosas</strong>; hacia las personas racializadas; hacia<strong> el colectivo LGTBI</strong>; hacia quienes viven en la pobreza; hacia las personas con discapacidad o las personas mayores. </p><p>Y quizá <strong>el odio es el fin en sí mismo</strong> y no un efecto colateral de nada. El odio resulta funcional <strong>para quienes necesitan la confrontación</strong> y la deshumanización como base de su proyecto y por lo tanto es una<strong> herramienta política fundamental en los regímenes fascistas</strong>. Por eso, el feminismo se convierte en objetivo prioritario: porque ha demostrado ser <strong>un movimiento sólido, transversal y profundamente igualitario</strong>, capaz de integrar múltiples luchas contra la opresión.</p><p>En apenas unos años, hemos pasado de un machismo que operaba<strong> de forma soterrada </strong>a otro que<strong> se exhibe sin complejos</strong>. Por eso, ya no es extraño que más del doble de los cofrades con <strong>“derecho” a voto</strong> de una pequeña hermandad en Sagunto decidan que las mujeres y niñas que profesan su misma devoción deban dedicarse a otras cosas, y que lo decidan a puerta cerrada, entre aplausos e incluso alguno de ellos con cierto <strong>tono chulesco y desafiante </strong>en la explicación pública de ese posicionamiento. </p><p>Por eso,<strong> no toda la sociedad reacciona con horror</strong> ante cada nuevo asesinato. Crece también el número de quienes<strong> miran hacia otro lado</strong>, relativizan o incluso difunden consignas como <strong>“todas mienten”</strong>, contribuyendo a erosionar la credibilidad de las víctimas y a sostener el sistema que las vulnera.</p><p>El mensaje es claro, aunque no siempre explícito:<strong> las mujeres deben volver a su sitio</strong>.</p><p>Al que ellos decidan.</p><p>Atrás. Y abajo.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Vanessa Casado Caballero </strong></em>es Jurista, Experta en Derechos Humanos y Género e Igualdad de Oportunidades</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 05:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Vanessa Casado Caballero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres en su sitio... El que decidan ellos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Violencia machista,Violencia género,Fascismo,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silicon Valley y el sueño del supremacismo blanco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/silicon-valley-sueno-supremacismo-blanco_129_2161626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/79c18470-2810-4025-94ee-81f2aa07428c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Silicon Valley y el sueño del supremacismo blanco"></p><p>Cuando <strong>Elon Musk</strong> apareció en el escenario de la toma de posesión de <strong>Donald Trump</strong> ejecutando el gesto que algunos comentaristas bautizaron como <strong>saludo romano</strong>, muchos prefirieron leer el momento como el exceso teatral de un millonario sin autocontrol. El filósofo franco-americano Norman Ajari <strong>no comparte esa indulgencia</strong>. En su reciente ensayo <em><strong>Technofascisme</strong></em><em>. Le nouveau rêve de la suprématie blanche</em>, publicado a comienzos de este año, Ajari desarrolla un <strong>argumento incómodo</strong>: lo que estamos presenciando no es la <strong>extravagancia de individuos con demasiado poder</strong>, sino la emergencia de una nueva forma de gobernanza política con base ideológica identificable, infraestructura material concreta y vocación <strong>decididamente transnacional</strong>. <strong>El tecnofascismo, sostiene, no es una metáfora ni un insulto</strong> de combate ni una hipérbole militante. Es una categoría analítica con un contenido preciso.</p><p>La diferencia con el fascismo histórico no es de grado, sino de estructura. El del siglo XX precisaba <strong>partido de masas y Estado nacional como instrumentos de conquista del poder</strong>. El tecnofascismo del nuevo milenio prescinde de ambos. Su base organizativa <strong>es la empresa y el CEO sustituye al líder político clásico</strong> como figura de autoridad absoluta, con mando total sobre trabajadores y amplios recursos sin control externo. No necesita <strong>ganar elecciones</strong> ni gobernar un territorio. Aspira al dominio de <strong>sistemas y flujos</strong> sobre los que descansa la vida social, y es precisamente su escala global lo que lo hace más adaptable que cualquier organización partidaria. <strong>Mientras que el Rassemblement National (RN), la Alternative für Deutschland (AfD) o Vox </strong>compiten dentro de las reglas democráticas, aunque busquen erosionarlas desde dentro, las plataformas tecnológicas operan en una dimensión donde las fronteras estatales resultan intrascendentes.</p><p>La genealogía de este movimiento no es tan reciente como podría aparentar. <strong>Ya en 1995</strong>, Peter Thiel y David Sacks publicaron <em>The Diversity Myth</em>, un texto que <strong>cuestionaba frontalmente el multiculturalismo en las universidades americanas</strong> y preparaba el terreno para el surgimiento de un elitismo explícitamente favorable a las clases dominantes de ascendencia europea. Ese mismo año circulaba <em><strong>The Bell Curve</strong></em><strong>, de Charles Murray y Richard Herrnstein</strong>, ensayo pseudocientífico que postulaba diferencias genéticas de inteligencia entre poblaciones según su origen racial. Los dos textos conforman la matriz ideológica y racial del supremacismo tecnológico occidental. En 2011, <strong>Thiel fue más lejos y publicó </strong><em><strong>The End of the Future</strong></em>, sosteniendo que solo los hombres blancos podían sacar a la humanidad del estado salvaje de naturaleza. No es casualidad que tanto él como Musk crecieran en la Sudáfrica del apartheid.</p><p>La manifestación más concreta de esta cosmovisión se llama<strong> Palantir</strong>. La empresa de vigilancia fundada por Thiel presenta sus productos y servicios como<strong> herramientas pretendidamente neutras de apoyo a la toma de decisiones</strong>. El consejero delegado, <strong>Alex Karp</strong>, empleó un término más explícito y perturbador, señalando que los programas informáticos de la compañía sirven para modelar <em><strong>kill chains</strong></em> o cadenas que facilitan la ejecución letal de objetivos. Palantir equipa a las <strong>fuerzas israelíes desplegadas en Gaza</strong> e Irán, al ICE, milicia urbana de Trump, y a la policía fronteriza federal de Estados Unidos, a los servicios de inteligencia interior de Francia y a numerosas corporaciones del CAC40. Se trata del único fabricante de <em>software</em> que toma partido —y cobra— en guerras, deportaciones masivas y operaciones de espionaje interior al mismo tiempo, en continentes distintos, <strong>sin someterse a ningún control democrático</strong>.</p><p>Sería un error cómodo clasificar el tecnofascismo como un <strong>fenómeno eminentemente americano</strong> a observar desde la distancia. Sin embargo,<strong> la penetración en Europa es ya profunda y activa</strong>. Las fuerzas armadas de la OTAN integran esos sistemas en el dispositivo <strong>militar aliado</strong> y la inteligencia interior de varios gobiernos europeos depende de ellos. Cuando Musk interviene públicamente en <strong>apoyo de la AfD alemana, de Marine Le Pen o de formaciones ultraderechistas</strong> en el Reino Unido y también en el Estado español, no está dando rienda suelta a los <strong>caprichos de un multimillonario aburrido</strong>, sino ejecutando con plena coherencia una estrategia de penetración hegemónica que <strong>utiliza X como vector de difusión</strong> de un ideario donde el Occidente <strong>blanco </strong>ostenta, en palabras de Ajari, el "<strong>monopolio natural sobre el futuro</strong>". El conglomerado empresarial-tecnológico y la plataforma digital son dos caras de una misma ofensiva.</p><p>Frente a la escala de la amenaza, Ajari recupera el concepto de <strong>"intercommunalism"</strong>, desarrollado por Huey P. Newton y los <strong>Panteras Negras</strong> en los años sesenta y setenta del pasado siglo. La propuesta es la solidaridad activa y transnacional entre comunidades oprimidas como <strong>respuesta política adecuada frente a poderes que no reconocen fronteras ni límites</strong>. El Estado-nación ya no es el marco suficiente para articular una resistencia efectiva. La pregunta que el trabajo deja abierta —y a la que los movimientos democráticos europeos <strong>todavía no han respondido</strong>— es si existe una capacidad real de construir esas cooperaciones transfronterizas antes de que el <strong>ente-empresa</strong> complete el proceso de sustitución de la<strong> forma-Estado</strong>. Designar y llamar a lo que ocurre con precisión es el primer paso. El tecnofascismo <strong>tiene nombre, tiene historia, tiene estrategia y tiene recursos e infraestructura</strong>. Ya nadie puede alegar que no lo vio venir.</p><p>__________________</p><p><em><strong>David Alvarado </strong></em><em>es doctor en Ciencia Política, profesor universitario, periodista y consultor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 05:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Alvarado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Silicon Valley y el sueño del supremacismo blanco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Elon Musk,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La maldad de lo banal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/maldad-banal_129_2163223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Sabemos bastante, con <strong>Hannah Arendt, </strong>acerca de la<strong> "banalidad del mal"</strong>, pero sabemos quizás menos sobre la <strong>"maldad de lo banal"</strong>; es decir, sobre la banalidad como causa del mal o, al menos, como su sustrato o condición de posibilidad. No solo hay crímenes ejecutados burocráticamente por personas corrientes y vulgares, sino que <strong>el propio dominio de lo banal prepara el terreno</strong> para esos crímenes. </p><p>El<strong> capitalismo neoliberal digitalizado y fascistoide</strong> triunfa como imperio de lo banal. <strong>El mundo se ha banalizado; al mundo lo han banalizado. </strong>Todo es griterío y cacofonías sin límites en las ceremonias del espectáculo ruidoso que incluye los sonidos de las máquinas de guerra. Y aquí, ninguna utopía igualitaria —y libertaria de verdad— es audible. </p><p>La maldad no irrumpe de golpe ni desde lo excepcional, sino que<strong> se incuba en lo cotidiano, </strong>en ciclos largos de naturalización trivial del espanto. Todas las viejas y nuevas expresiones de la crueldad requieren de una permisividad social previa. <strong>El miedo ahora se vuelve deseable</strong> frente a la angustia existencial difusa generada por el mismo neoliberalismo. Las sociedades atemorizadas eligen siempre lo peor: populismo punitivo y cultura del castigo.  Ya no se buscan causas ni responsables, sino culpables débiles.</p><p>La antigua<strong> rebeldía ética de las izquierdas,</strong> nacida de la indignación, es reemplazada por falsas rebeldías reaccionarias guiadas por el resentimiento y el deseo de venganza. Muchas de las izquierdas, sin utopías, copian a las<strong> derechas eufóricas</strong> que no solo proponen<strong> soluciones fáciles a problemas complejos, </strong>sino que inventan problemas donde no los hay.</p><p>La tragedia contemporánea es la estabilización de un<strong> sentido común antiutópico</strong> en masas caprichosas, banales y sumisas que desean y exigen vigilancia y castigo. Esto no se soluciona con la alternancia electoral ni seduciendo a las masas que ya dieron el paso hacia el abismo. La situación no cambia en esencia si accede al poder algún partido o coalición "progresista". Estamos dentro de<strong> una "onda larga" de ofensiva reaccionaria</strong> que apuesta por un cambio refundacional del régimen político, no por simples cambios de gobierno. Es el fin de una época y de sus utopías liberales y socialistas. </p><p>La aceptación de la derrota presente, en esta onda larga, es el primer paso para imaginar una victoria futura. <strong>Queda la posibilidad </strong>—cuya probabilidad desconocemos—<strong> de prefigurar y experimentar, </strong>aquí y ahora,<strong> formas de vida nuevas,</strong> desde una ética y unas prácticas de resistencia política y resiliencia ecológica. Es decir, iniciar, desde un pesimismo activo, la lenta reinvención de un mundo no banal y no atemorizado, sin la mediación del espectáculo ruidoso. <strong>Un mundo silencioso reconstruido </strong>a partir de un<strong> amplio repliegue o deserción de masas </strong>que se atreva a experimentar con un nuevo dibujo civilizatorio y con la reinvención, también, de la misma idea de emancipación. </p><p>__________________</p><p><em><strong>Adolfo Estrella</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:01:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Adolfo Estrella]]></author>
      <media:title><![CDATA[La maldad de lo banal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fascismo,ultraderecha,Extrema derecha,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sofá, palomitas y masacres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/sofa-palomitas-masacres_129_2152552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En el siglo XXI, la conciencia, si alguna vez existió, está en serio peligro de extinción, como la mariposa monarca <em>(Danaus plexippus),</em> el oso polar <em>(Ursus maritimus)</em> o el <em>Abies pinsapo</em>. <strong>Detrás de todo ello se encuentra la mano del hombre, </strong>cada día menos <em>homo</em> y menos <em>sapiens,</em> como demuestra la evidente regresión evolutiva de la humanidad en manos de antropoides como Trump, Netanyahu, Milei o Abascal. La imagen de un simio descubriendo el poder aniquilador de una quijada <em>(2001 una odisea en el espacio)</em> acude a la mente cada vez que aparece en pantalla alguno de los susodichos u otros de la misma ralea extremista.</p><p>Una de las mutaciones experimentadas por el ser “humano”, para compensar la merma de conciencia, es la <strong>consolidación del estómago</strong> como órgano <strong>capaz de engullir comida sin inmutarse</strong> a la vez que consume imágenes y sonidos de <strong>genocidios, masacres y asesinatos, </strong>sean de venezolanos sin juicio o de mujeres a manos de machos. La comida basura puede provocar ardores; la muerte y la sangre provocan cada vez más indiferencia. Entre risas, siempre <strong>hay alguien que zapea para huir de Gaza o Ucrania </strong>y buscar fútbol, toros, concursos o cualquier entretenimiento de poca o ninguna exigencia intelectual.</p><p>En un tiempo donde el llamado<strong> buenismo es perseguido</strong> y se eleva al poder de los estados a psicópatas sin entrañas, el ser humano asume el riesgo de la autodestrucción como el designio de un dios en cuyo nombre unas minorías sojuzgan a la inmensa mayoría. Cuando<strong> la ley de la selva </strong>sustituye a la civilización, <strong>el sufrimiento y la muerte son la única opción</strong> para los débiles, para quienes hacen del buenismo la pauta de convivencia social. Ha sucedido muchas veces a lo largo de la Historia y en ello estamos hoy, esperando sin esperanza a que el apocalipsis televisado entre en nuestros hogares de forma irremediable.</p><p>Tras siglos o milenios de lucha por la dignidad se ha ido logrando un<strong> cierto bienestar</strong>, en el llamado primer mundo o mundo desarrollado,<strong> que en cuestión de un par de lustros ha casi desaparecido.</strong> Hay cosas que la razón no comprende, como el hecho de que la Argentina haya elegido a un híbrido de bufón y sádico para joder la vida a la ciudadanía retrotrayendo sus condiciones vitales y laborales a la lejana época de los faraones; o que<strong> el exterminio del pueblo palestino</strong> haya sido ejecutado por el gobierno israelí como reedición del padecimiento del pueblo judío a manos del nazismo (víctimas convertidas en verdugos); o que el faro de<strong> la democracia mundial haya virado hacia el fascismo</strong> que siempre lo habitó.</p><p>Noticias de <strong>muerte y destrucción</strong>, imágenes de horror e inhumanidad,<strong> ocupan la actualidad mediática, </strong>circulan en las redes sociales y son parte de las charlas habituales en un<strong> caos ordenado</strong> donde compiten con la indecencia inmobiliaria, la codicia desmesurada del mercado, la inmoralidad energética, la corrupción política y empresarial, el deterioro intencionado de los servicios públicos y el<strong> apoyo a su privatización, </strong>la persecución de colectivos minoritarios y otras desgracias que convierten la vida en un <strong>infierno cotidiano.</strong></p><p>De forma inexplicable, <strong>las generaciones más amenazadas por el demencial panorama practican el </strong><em><strong>carpe diem</strong></em><strong> </strong>rindiendo culto al cuerpo en peluquerías, manicuras, gimnasios, cirugías estéticas y otras industrias desvalijadoras donde disipan los escuálidos salarios en los ávidos altares de la impostura y el postureo. Digamos que es la generación del sofá, la del móvil organizando sus misántropas vidas, la que pide palomitas a Just eat para ver las desgracias ajenas con el convencimiento de gozar de inmunidad. La que vota a su verdugo.</p><p>__________</p><p><em><strong>Verónica Barcina</strong></em><em> es socia de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 05:00:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Verónica Barcina]]></author>
      <media:title><![CDATA[Sofá, palomitas y masacres]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Genocidio,Fascismo,Gaza,ultraderecha,Donald Trump,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/desde-la-casa-roja/ola_129_2145258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4dab3c29-3cf1-4f08-9fa5-1ce3a98a3291_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ola"></p><p>No sé si recuerdan aquella película de <strong>Dennis Gansel</strong> que vimos en 2008. <em>Die Welle</em>, <em>La ola</em>. En un instituto de Alemania, durante la semana de proyectos, un profesor se propone explicar a los alumnos cómo funciona un régimen totalitario <strong>realizando un experimento con el grupo</strong>. La película se basa en un caso real. En la primavera de 1967, <strong>Ron Jones</strong>, que era profesor de Historia en un instituto de Palo Alto, California, instauró en su clase el autoritarismo, lo llamó <em>La tercera ola</em>. Los alumnos <strong>no podían creer cómo había sido posible que Hitler se hiciera con el poder</strong> y cómo aquello transformó a la sociedad alemana. En menos de una semana, aumentó la disciplina y fue aceptada, los chicos y chicas adoptaron un saludo que los diferenciaba del resto del instituto, homogeneizó la estructura social de la clase, abrían el grupo o rechazaban a nuevos miembros, acataron normas absurdas, asumieron que juntos eran más fuertes y la experiencia empezó a irse de las manos: delaciones, complots, borrado de identidades distintas, señalamientos entre chavales que eran amigos desde la infancia. </p><p>He estado en un instituto de Rennes, en la Bretaña francesa. Hay un programa que permite que los alumnos y alumnas saquen simultáneamente el título francés y el español. Me reuní con ellos para <strong>hablar de escritura, de libros y, como siempre, terminamos hablando de otras cosas</strong>. Vimos un pequeño cortometraje juntos que se titulaba <em>Haciendo memoria</em>, con guion y dirección de <strong>Sandra Ruesga</strong>, donde una mujer española llama por teléfono un día a la casa familiar para hablar con sus padres. Quiere saber por qué tienen imágenes domésticas de vídeo en las que aparece la familia <strong>pasando el día en el Valle de los Caídos</strong>. Es que estaba cerca de casa, le responde el padre. ¿No te incomodaba llevarnos a pasear de niños a un lugar donde está enterrado un dictador?, le pregunta Alexandra, a la que, explican, tuvieron que bautizar Alejandra porque la equis no estaba en nuestro santoral. ¿<strong>No te parece falta de libertad</strong> que no os dejaran nombrarme como quisierais?, les pregunta. La madre dice tibiamente: pues sí. </p><p>A los chicos y chicas del Lycee les llamó mucho la atención la conversación, la normalidad con la que el padre y la madre <strong>asumían las normas</strong>. En un momento del corto, la madre, que puede ser mi madre o la tuya o alguna de tantas mujeres que nació en la dictadura, alguna mujer que fue joven en aquella ola, dice: por ahí decían que torturaban a gente. El padre dice: <strong>es que nosotros estábamos trabajando</strong>. Un diálogo que acaba resumiéndose en algo así como es que nosotros queríamos que tuvieseis otros valores, que <strong>no pensaseis en lo que tuvimos que pasar antes</strong>. ¿Y entonces paseábamos bajo el yugo y las flechas? Y se abre una grieta de reconocimiento. Ver esta pieza junto a miradas extranjeras a nuestro país ha sido una experiencia. A mí no me extraña nada de lo que dicen en el cortometraje. Esa llamada podría ser una llamada mía a mi propia casa. Ni siquiera me llamo solo Aroa por las mismas razones que Alexandra. </p><p>La conversación avanzó y uno de los alumnos levantó la mano y preguntó por qué algunos jóvenes ahora <strong>están eligiendo seguir ideas de extrema derecha</strong>. Le respondí que ojalá él pudiera explicármelo mejor de lo que yo lo consigo entender. Me contó que habían estado con algunos compañeros españoles y <strong>les habían hablado del franquismo, reivindicándolo</strong>. </p><p>Algunas amigas y amigos, profesores de distintas asignaturas en institutos de distintas regiones del país, también cuentan que ha vuelto a escucharse a los estudiantes <strong>cantar el </strong><em><strong>Cara al sol</strong></em><strong>, decir “Arriba, España” o ¡Viva Franco!</strong> Resulta chocante que una generación que apenas sabe cómo fueron aquellos tiempos elija –provocación o no, insumisión o decisión– <strong>regresar a los símbolos y a algunas de las ideas</strong> de una dictadura represiva y gris.</p><p>Es más complejo que decir únicamente que <strong>la rebeldía hoy ha cambiado de bando</strong>. La ola es global y no solo pasa en esa franja de edad y no solo en España. La juventud devuelve el mismo reflejo que otras generaciones, solo que nos extraña más. Sienten que la política les falla respondiendo a sus demandas, como si <strong>les hablara en un idioma distinto al suyo</strong>, se ha roto el ascensor social, el futuro se adivina caro y lleno de incertidumbre, sienten que viven peor que sus padres y un nuevo lenguaje entra como una corriente imparable por las pantallas de sus teléfonos con una idea: cuando todo ha sido derrotado, <strong>hay que probar algo nuevo</strong>. </p><p>¿Nuevo?</p><p>¿Derrotado?</p><p>Frente a lo líquido, frente a aquello que ya no se puede apresar, cuando parece que nadie va a salvarles de nada: <strong>conceptos inamovibles, órdenes, grupo, pertenencia, símbolo y mentiras</strong>. La ola. No hay nada que experimentar, solo hay que hablar y escucharse y no dejar que la marea nos borre. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 19:37:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aroa Moreno Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La ola]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Memoria histórica,Fascismo,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La organización ultraderechista Núcleo Nacional se registra como partido político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/organizacion-ultraderechista-nucleo-nacional-registra-partido-politico_1_2144644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6cc79eda-a797-4708-aadd-bef951335e13_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La organización ultraderechista Núcleo Nacional se registra como partido político"></p><p>La organización <strong>Núcleo Nacional</strong>, monitorizada por las fuerzas de seguridad como grupo de ultraderecha juvenil y convocante de <a href="https://www.infolibre.es/politica/delegacion-gobierno-madrid-prohibe-concentracion-ultra-frente-centro-acogida-menores_1_2004883.html"  >algunas protestas contra el PSOE en la calle Ferraz</a> de Madrid, se ha registrado como partido político <strong>bajo la denominación Noviembre Nacional</strong>.</p><p>Con el mismo logo de Núcleo Nacional, esta organización está inscrita en el registro de partidos políticos <strong>desde el pasado 10 de febrero</strong>, con sede en Valladolid. Como presidente, figura <strong>Enrique Lemus</strong> y tiene ámbito nacional. <strong>"Vamos con todo. Ahora sí que sí"</strong>, ha sostenido la organización en su perfil de X, en referencia a su registro como partido político.</p><p>Núcleo Nacional ha participado en manifestaciones como las celebradas contra el PSOE en la <a href="https://www.infolibre.es/politica/miles-personas-concentran-ferraz-acuerdo-psoe-junts_1_1637333.html"  >madrileña calle Ferraz</a> y en redes sociales, con vídeos de sus militantes encapuchados, <strong>difunden teorías asociadas a la ultraderecha</strong>, como la teoría del reemplazo, o piden la expulsión de los inmigrantes hablando de remigración, el término que emplea también Alternativa para Alemania.</p><p>La Guardia Civil abrió en abril de 2025 una investigación sobre esa organización, a raíz de un vídeo en el que se instaba a una "defensa activa" de las calles y "a una <strong>lucha conjunta contra la invasión</strong>" y enviaron un informe a un juzgado de Valladolid señalando que los vídeos contenían mensajes de odio.</p><p>Fuentes de la investigación explicaron a EFE que Núcleo Nacional es uno de los grupos de ultraderecha juvenil que son <strong>monitorizados por los servicios de información</strong> de las fuerzas y cuerpos de seguridad.</p><p>Núcleo Nacional ha convocado además protestas frente a un centro de acogida de menores tutelados en Madrid, o una concentración frente al Congreso donde se <strong>corearon consignas e himnos fascistas</strong> o se insultó al presidente del Gobierno y en la que hubo tres personas detenidas.</p><p>Recientemente, el pasado 28 de enero, cuatro jóvenes vinculados a Núcleo Nacional fueron detenidos en Sant Boi de Llobregat (Barcelona) como presuntos <strong>autores de un delito de odio</strong>, por hacer pintadas contra el islam, los inmigrantes y los partidos de izquierdas y difundirlas después en las redes sociales.</p><p>Su presencia ha provocado críticas, como las del delegado del Gobierno en Madrid, que llamó a <strong>erradicar sus mensajes de odio</strong> cuando protestaron contra los menores no acompañados, del PSOE o de Izquierda Unida, que pidió al Gobierno disolver a esta asociación y la calificó de <strong>"grupúsculo que agrupa a nazis, falangistas y franquistas"</strong>.</p><p>En su web, con fotos de militantes uniformados, encapuchados y con caretas, <strong>reivindican un despertar nacional</strong> y explican que se tapan la cara porque "actualmente ser nacionalsocialista, franquista, nacional sindicalista, fascista o de cualquier pensamiento de tercera posición conlleva todo tipo de males para la vida personal de cada uno, multas y sanciones legales". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 18:16:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La organización ultraderechista Núcleo Nacional se registra como partido político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Fascismo,ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Experiencia y aprendizaje, o por qué vuelve la ultraderecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/experiencia-aprendizaje-vuelve-ultraderecha_129_2140975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3f693a53-8b41-4f76-af99-3232c4e6c243_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Experiencia y aprendizaje, o por qué vuelve la ultraderecha"></p><p>Una de las cuestiones sobre la que no nos detenemos lo suficiente es <strong>por qué aprendemos de algunas experiencias </strong>y por qué no lo hacemos de otras, sobre todo cuando el resultado objetivo es claramente negativo para no repetir, o positivo para intentar volver a hacerlo.</p><p>Y en esto de no aprender de la experiencia dice mucho el regreso de la ultraderecha, cuando tenemos una doble referencia crítica como elemento objetivo que debería llevar a evitar el error de la repetición. Por un lado, está <strong>su llegada en momentos pasados con las mismas promesas populistas que luego no solucionaron nada</strong>, sino que generaron más problemas sociales. Y por otro, la deriva de sus ideas sobre esas circunstancias para generar más conflictos en la sociedad, más violencia e, incluso, una guerra mundial de la que aún seguimos sin recuperarnos.</p><p>La pregunta a la reciente victoria de <strong>José Antonio Kast</strong> en Chile, pero antes de <strong>Javier Milei </strong>en Argentina, de <strong>DJ Trump</strong> en EE.UU., de <strong>Viktor Orban</strong> en Hungría, de <strong>Giorgia Meloni</strong> en Italia, de <strong>Jahir Bolsonaro</strong> en Brasil… y el aumento general de la ultraderecha en todo el planeta, incluyendo en España a Vox y a otros satélites, es por qué si en cada uno de esos países las posiciones ideológicas a las que representan cumplen con la doble referencia de no haber resuelto los problemas sociales que un día los llevaron al poder, y de haber generado más conflictos sociales, más desigualdad, más discriminación y más violencia, vuelven a ganar ahora.</p><p>El análisis podría hacerse de otro modo bajo una pregunta diferente. Por qué los países donde se han desarrollado políticas de izquierda para romper con toda la injusticia social que definía su normalidad, por ejemplo en cuestiones relacionadas con la desigualdad, la exclusión, la violencia contra las mujeres y grupos vulnerables, la promoción de derechos como el matrimonio entre personas del mismo sexo, la interrupción voluntaria del embarazo, <strong>la corrección de la brecha salarial…</strong> no se genera ese apego o identificación con todo lo alcanzado con sus gobiernos y políticas, y porqué la justicia social y el bienestar logrado no actúa como refuerzo para continuar por esa senda y apoyar el proceso y que este pueda culminar. </p><p>El resultado es objetivo, una <strong>doble referencia negativa en la ultraderecha</strong> (no resuelve los problemas que iba a solucionar, y genera más conflictos y violencia), no impide su regreso; y una doble referencia positiva en las políticas progresistas (resuelven muchos de los problemas existentes y generan más bienestar social), no facilita el apoyo para que continúen su desarrollo.</p><p>El análisis es más complejo de lo que un artículo permite, pero creo que, en las circunstancias actuales, con la posibilidad clara de que quienes defienden<strong> la dictadura franquista puedan entrar de nuevo en las instituciones estatales</strong>, pues ya lo han hecho en las autonómicas, merece una reflexión.</p><p>Y son cuatro los elementos clave:</p><p>Por eso no se aprende de la experiencia, o mejor dicho, sí se aprende, pero no se cambia porque es ese conocimiento el que pide volver a las referencias pasadas con la promesa de no repetir los errores ni los resultados negativos. Lo dijo muy gráficamente <strong>Nicolas Sarkozy</strong> tras la crisis económica capitalista de 2008, <strong>“hay que refundar el capitalismo”</strong>. No planteó acabar con él por todo el daño causado, sino refundarlo para seguir utilizándolo como un instrumento de poder.</p><p>Pero es una <strong>trampa</strong>, porque si se repite el modelo bajo los esquemas de siempre, antes o después, de una forma u otra, se volverán a producir las mismas consecuencias.</p><p>Está claro que en estas circunstancias no basta una política de izquierdas que mejore los problemas sociales y que contribuya a la convivencia y el bienestar, pues <strong>al final esas iniciativas lo que hacen es gestionar el machismo que define el marco conservador</strong>. La izquierda necesita un modelo cultural en el que podamos sentirnos identificados como personas y como sociedad, y eso significa ponerse de acuerdo en muchas cosas para ir avanzando sobre ellas poco a poco, no que cada posición progresista haga su propuesta lo más distante posible para encontrar alrededor de ellas un espacio propio que, al final, <strong>desde el punto de vista práctico</strong>, será de nadie.</p><p>___________________</p><p><em><strong>Miguel Lorente Acosta </strong></em><em>es</em> <em>médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Feb 2026 05:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Lorente Acosta]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Derecha,Democracia,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cancelación, feminismo… y el tiempo que vivimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/cancelacion-feminismo-tiempo-vivimos_129_2142536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cancelación, feminismo…y el tiempo que vivimos"></p><p>Es difícil encontrar más palabras de las ya dichas acerca de los <strong>papeles de Epstein</strong>. Pocas veces he sentido tanto hartazgo y desesperación como en estas semanas. Los papeles de Epstein dejan al descubierto el sistema en su totalidad, cómo funcionan los dueños del mundo: <strong>sexismo, racismo, clasismo, crueldad, maldad</strong>. Y ya no hay casi nada que decir, muchas sentimos un estupor profundo, dolor, una cierta sensación de asfixia que nos impide incluso seguir comentando nada sobre el asunto. El presidente de EE.UU, financieros, ministros, actores, pensadores, autores, rectores de universidad, políticos, hombres de extrema derecha y también de izquierdas… <strong>¿qué tienen en común?</strong> La mayoría son muy ricos, porque hay que serlo para estar cerca del poder, pero hay grandes diferencias de dinero entre ellos. Lo que tienen en común es que son hombres y su consideración de que las mujeres son un objeto a su servicio, su disposición a usarlas. Si alguien se preguntaba qué es el <strong>pacto patriarcal</strong>: es esto. Un hilo que une a los hombres por encima de cualquier otra consideración, por encima del dinero, de la política, de la inteligencia, del origen social: su consideración de las mujeres como cosas y nunca como seres humanos iguales a ellos.</p><p>Los papeles de Epstein son el patriarcado a lo grande, pero estos días hemos tenido patriarcado para hartarnos: desde <strong>Julio Iglesias</strong> al alcalde de Móstoles y las “pequeñas” noticias cotidianas: mujeres asesinadas por sus parejas, padres que violan a sus hijas, violaciones, niños que desnudan a sus compañeras de clase con herramientas de IA, porno en los móviles de todos los niños del planeta. Puede que acabar con el capitalismo parezca difícil, pero <strong>acabar con el patriarcado lo parece mucho más</strong>, su capacidad para reinventarse, reconfigurarse y para construir subjetividades parece ilimitada. Me pregunté cómo estamos reaccionando las feministas ante uno de los momentos más peligrosos de la historia de esta lucha. Me miré a mí misma, que es algo que siempre hago antes de mirar a otro lado, y lo cierto es que hace tiempo que todas asumimos que estamos sumidas en un momento muy oscuro.</p><p>Nos cancelamos masivamente, nos acallamos, nos despreciamos, nos deshumanizamos… unas a otras. Menos mal que existe el libro de <strong>Antonio Gómez Villar</strong> “<em>Cancelar no es transformar</em>”, porque si no existiera ese libro yo no me atrevería a decir que sí, que existe la cancelación y que es una estrategia nefasta y sin salida.</p><p>Lo que no existe es la cancelación de la que habla con escándalo la derecha. Para cancelar de verdad hay que tener mucho poder. Es casi imposible cancelar del todo a los poderosos: <strong>Julio Iglesias, Plácido Domingo, Woody Allen….</strong> y la miríada de agresores sexuales y pederastas que conocemos cada día. Todas las personas señaladas siguen con sus vidas y es incluso posible que si se les señala como violadores, misóginos o pederastas, la derecha les vote aún más y les ofrezca nuevas y poderosas tribunas para expresarse. Que se demuestra que Woody Allen es un pederasta, pues <strong>Ayuso le contrata</strong>; que un determinado libro es un tratado de misoginia o de racismo, pues lo presentará alguna personalidad de la derecha. No existe la posibilidad de que la izquierda o el feminismo cancelen al verdadero poder. Desde el no-poder se puede hacer, como mucho, un <strong>cierto daño reputacional</strong>, justo y necesario, pero que no hunde a nadie importante.</p><p>Pero sí que existe una cancelación más cercana y muy dañina, y es la que describe Gómez Villar, esa que utilizamos constantemente entre nosotros y nosotras como <strong>estrategia política</strong>. En el feminismo, mi ámbito de trabajo principal se hace muy evidente. Miré mis propias redes, ¿cuándo fue la última vez que compartí o señalé con entusiasmo un artículo, un libro, una opinión de una compañera feminista? Lo he hecho con amigas, nada más. Pasamos sobre las otras como si no existieran, habitamos trincheras cada vez más pequeñas, nuestro horizonte está cada vez más cerca hasta el punto de convertirse en un muro que nos ciega. <strong>Las pequeñas diferencias nos ahogan</strong>.</p><p>En el feminismo siempre ha habido divisiones importantes, siempre ha habido rupturas dolorosas, trincheras, pero siempre ha habido, también, <strong>cuestiones comunes</strong>, como la de la violencia machista, y también solidaridad entre nosotras ante las agresiones y los ataques machistas. Y también una cierta conciencia común de estar del mismo lado que nos impedía despedazarnos. También han existido siempre debates fructíferos, conversaciones inacabables, escuchas atentas, amistades que estaban por encima de las diferencias. Todo eso se ha terminado y las consecuencias son <strong>devastadoras</strong>. Todo es ya una trinchera insalvable y cuando digo “todo” es, literalmente, todo. No compartimos un artículo que nos gusta porque se utiliza una palabra que se ha convertido en un <strong>tabú</strong>, no compartimos una opinión con la que estamos de acuerdo porque la autora dijo una vez algo que fue censurado por otras. No hablamos de un libro que nos parece excelente porque la autora es de otra corriente, de otro partido, de otra opinión, incluso en cuestiones que nada tienen que ver con el libro. <strong>Dejamos sola a cualquier víctima</strong> que no sea estrictamente de las nuestras. </p><p>La cancelación funciona cuando se busca acallar a quien mantiene una opinión diferente, pero también disciplina a quienes no quieren cancelar pero tienen miedo de ser ellas mismas canceladas si citan o si se relacionan con quien no deben. Finalmente ocurre que a veces no citamos a otras autoras <strong>por no hacerles daño</strong>. A mí me ha pasado que he compartido o citado opiniones, artículos o libros con los que estaba de acuerdo, que me gustaban o me parecían importantes, y las propias autoras me han pedido <strong>por privado </strong>que no lo haga porque cada una de nosotras se ha convertido en algo potencialmente contaminante para otras. Todas tenemos miedo de decir una palabra no apropiada, de mencionar a una autora no apropiada, de perder a nuestro público al intentar abrir la mirada un poco más allá. <strong>Se castiga cualquier disenso</strong>, cualquier matización, cualquier opinión original. Tenemos <strong>miedo </strong>de lo que dijimos un día en una charla sin pensar en que podían estar grabando, tenemos miedo de lo que dijimos un día en que no estuvimos finas, cuando nos llamaron para hacernos una entrevista e íbamos en el coche, cuando dimos una opinión sin haberla pensado lo suficiente, cuando alabamos a una persona que después resultó marcada o que resultó ser de este u otro partido…</p><p>Pero va más allá del feminismo, por supuesto. No compartimos artículos de periodistas señalados por los nuestros, aunque nos parezcan excelentes. <strong>Tenemos miedo incluso de dar un “like” inconveniente</strong>. Compartir un artículo, o un libro,  de un escritor vetado entre los tuyos, sean quienes sean los tuyos o las tuyas, tendrá como consecuencia que, en poco tiempo, desaparecerá el grupo más cercano de adscripción y si eres escritora, comunicadora… eso se paga. <strong>Y en el más pequeño ámbito del feminismo, se paga aún más</strong>. En el mejor de los casos se pierden lectoras, pero, en el peor, se pierden carreras profesionales. En realidad, lo que se pierde es la posibilidad de pensar en común y de hacer el feminismo más grande, lo empequeñecemos y lo empobrecemos. </p><p>La mayor victoria del fascismo es haber conseguido imponer un <strong>clima social irrespirable</strong>, repleto de suspicacias, sospechas, silencios, y, en definitiva, odio. Pero un <strong>odio </strong>que no se dirige hacia los auténticos merecedores de ese odio, sino hacia las semejantes, hacia aquellos que están más cerca sin ser lo mismo. Es más sencillo odiar a una compañera que sostiene una opinión diferente de la mía en alguna cuestión que a <strong>Trump</strong>, que está a mil galaxias de donde me encuentro y a quien nunca alcanzará nada de lo que yo haga o diga. En cambio, a mi compañera, a mi colega, con seguridad le va a alcanzar mi silencio, mi desprecio, mi opinión y eso –no vamos a engañarnos– nos produce una sensación de potencia que, en realidad, es completamente <strong>estéril</strong>, además de cruel. Utilizando prácticas de crueldad hemos asumido el marco del fascismo y estoy convencida de que por ahí no podemos ganar.</p><p>No se debería perder de vista que, en la<strong> lucha contra el fascismo</strong>, que es la batalla de este tiempo, marcharemos al lado de muchas de quienes ahora, llevadas por el odio pequeño estamos intentando silenciar. Y antes de que se me acuse… no, no hablo de equidistancia, ni de considerar que se puedan debatir todas las ideas. Tampoco estoy hablando aquí de la unidad de la izquierda, eso ya para otro artículo. Sin embargo, estoy convencida de que <strong>todo el mundo sabe de lo que estoy hablando </strong>porque la mayoría nos estamos ahogando y porque vemos cómo nuestro mundo se empequeñece y empobrece día a día.</p><p>La práctica canceladora da cuenta de una tremenda impotencia política porque ante las dificultades para encontrar una salida auténtica a la <strong>opresión</strong>; ante las dificultades para erosionar o señalar siquiera lo verdaderamente estructural, para hacer frente a la inmensa violencia que sufrimos, buscamos culpables que estén más a nuestro alcance, buscamos hacer daño a modo de victoria pírrica. Quien cancela, quien silencia, quien insulta o desprecia públicamente, quien utiliza <strong>bulos </strong>para ganar un debate, <strong>puede creer que ha ganado una batalla política</strong>, pero yo no veo más que impotencia y rédito para las derechas. No veo qué política, qué sujeto político, qué pensamiento o qué emancipación puede surgir de <strong>prácticas antidemocráticas y fascistas</strong>. Chapotear en el fango, tratar de borrar todo aquello que no nos da la razón, negarnos a considerar o a escuchar, incluso a leer, no libera ni política ni personalmente, produce angustia vital, una sensación de no salida que ahoga. Y en ningún caso va a producir avances concretos, materiales. En todos los años de militancias activas que he vivido no he conocido una oscuridad semejante a la de ahora y no es porque no hayamos vivido momentos oscuros, es porque ahora el aire que respiramos quienes luchamos cada día (y somos muchísimos) contra el<strong> neofascismo</strong> que ya está aquí, está vacío de esperanza, está <strong>contaminado</strong>. Para ganar hay que comenzar abriendo las ventanas, que corra el aire.</p><p>No creo que nada de esto tenga remedio sin una potente <strong>acción colectiva</strong>, sin una catarsis política. No se trata de negar las diferencias ni pensar que es posible <strong>destruir las falsas trincheras con las propias manos</strong>. Yo también tengo mis heridas, mis resentimientos, mis odios… pero los reconozco, los pienso y trato de limpiarme. No se puede hacer mucho, pero se puede resistir, al menos en la conciencia.</p><p>_____________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 20:17:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Igualdad,Democracia,Fascismo]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[El error de creer que derogamos el fascismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/error-creer-derogamos-fascismo_129_2138095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El error de creer que derogamos el fascismo"></p><p>Si pensábamos que otra guerra mundial era imposible, si creímos que el fascismo había sido derrotado para siempre, no fue por ignorancia, sino por <strong>comodidad</strong>. Preferimos contarnos una historia tranquilizadora antes que asumir una verdad incómoda: <strong>el fascismo no desaparece cuando pierde, solo espera mejores condiciones</strong>.</p><p>En España, esta ceguera tiene raíces profundas. <strong>No vivimos una derrota del fascismo, sino una reconversión</strong>. El franquismo murió en la cama y dejó tras de sí una democracia nacida del pacto, no de la ruptura. Aquella Transición fue, en muchos aspectos, un logro histórico, pero también <strong>estableció un silencio estructural que hoy seguimos pagando</strong>. Sin una condena clara, sin una depuración real, sin una pedagogía democrática sostenida, <strong>el autoritarismo quedó latente</strong>, normalizado, incluso legitimado en ciertos espacios.</p><p>Por eso <strong>el avance de la extrema derecha en España no es una anomalía</strong>, sino una consecuencia. No surge de la nada ni es un simple fenómeno importado. Crece en un terreno abonado por la desmemoria, la desigualdad y la banalización del discurso político. Crece cuando se acepta que <strong>cuestionar derechos fundamentales es solo “una opinión”</strong>, cuando se equipara el antifascismo con el extremismo o cuando se presenta el odio como libertad de expresión.</p><p>El fascismo actual ya no necesita declararse como tal. <strong>Le basta con erosionar</strong>. Con poner en duda la violencia machista, con criminalizar la migración, con señalar a periodistas y jueces, con desprestigiar la ciencia, la universidad o la cultura. Le basta con instalar la idea de que la democracia es un obstáculo y no una garantía. En España lo vemos cada día en parlamentos, tertulias y redes sociales, sin ir más lejos, una concejala del <strong>Partido Popular</strong> se persona sin pudor en un acto del <strong>PSOE </strong>con el propósito de <strong>insultar a su líder y presidente del Gobierno </strong>de España, con una naturalidad que debería alarmarnos mucho más.</p><p>Pero sería un error atribuir toda la responsabilidad a quienes lideran estos discursos. El problema es más amplio y más incómodo. <strong>La extrema derecha avanza porque se le ha abierto espacio</strong>. Porque se ha normalizado su presencia institucional en nombre de la gobernabilidad. Porque se ha aceptado su marco de debate. Porque demasiadas veces se ha reaccionado tarde, mal o con miedo a perder votos.</p><p>También hay responsabilidades en <strong>una izquierda que no siempre ha sabido ofrecer respuestas materiales a la frustración social</strong>, en unas élites políticas y económicas cada vez más alejadas de la vida real, y en un ecosistema mediático atrapado entre la polarización, el click fácil y la falsa equidistancia. El resultado es una <strong>sociedad cansada, desinformada y vulnerable a soluciones autoritarias</strong> que prometen orden a cambio de derechos.</p><p>La historia demuestra que el fascismo no necesita mayorías entusiastas. Le basta con la apatía, con la desmovilización y con la idea de que <strong>“no será para tanto”</strong>. Así es como se degrada una democracia: <strong>no de golpe, sino por acumulación de renuncias</strong>. Primero se tolera el discurso, luego el pacto, después el recorte, hasta que lo excepcional se vuelve norma.</p><p>En España, pensar que <strong>“esto no puede pasar aquí”</strong> es una forma de <strong>irresponsabilidad política</strong>. Ya pasó. Y no hace tanto. Para muchas personas, mujeres, migrantes, personas LGTBI, periodistas críticos, el avance autoritario no es una abstracción teórica, sino una <strong>experiencia diaria de señalamiento, precariedad y miedo</strong>.</p><p>Defender la memoria democrática <strong>no es un ejercicio simbólico ni una batalla cultural secundaria</strong>. Es una herramienta de supervivencia democrática.<strong> No se trata de vivir anclados en el pasado</strong>, sino de entender que el pasado no resuelto vuelve, siempre, como amenaza.</p><p>Creer que con la llegada de la democracia derogamos el <strong>fascismo fue el error</strong>. Seguir creyéndolo, hoy, una negligencia.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Juan Antonio Gallego Capel</strong></em> <em>es funcionario de carrera de la Administración de la Región de Murcia, socialista, defensor del Estado federal, laico y republicano.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,Democracia,Política,España]]></media:keywords>
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