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    <title><![CDATA[infoLibre - El vídeo de la semana]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/el-video-de-la-semana/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - El vídeo de la semana]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Es mejor eso que morirse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/muy-fan-de/mejor-morirse_1_1187467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f0ac00f-496a-4ae2-8bf9-3649e61b6443_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Es mejor eso que morirse"></p><p>Si alguno de ustedes no sabe con qué voz deliciosa suena la frase que titula este texto, se ha perdido <strong>el mejor sonido de la semana</strong>. A pesar del intenso zumbido de un ambiente contagiado de virus y de malas vibraciones, la voz de una niña ha sonado con toda claridad.</p><p>Tengo pasión por la voz, con ella trabajo. Por ella, cuando enfermó, entré dos veces en un quirófano. A ella le dediqué una novela. <strong>La voz me atrae desde niña</strong>, me fijo en todas, juego en la radio a sacar parecidos sonoros de voces políticas. Las voces me enamoran o me enervan, me hacen reír, me conmueven, me irritan.</p><p>La voz da contexto intencional a nuestros mensajes, es <strong>nuestra banda sonora</strong>, la mejor herramienta para ambientar lo que decimos. Su poder, su capacidad para tocar la fibra de las emociones, lo conocen bien los asesores políticos, los buenos… Y los actores y las actrices de nivel, los <strong>grandes comunicadores</strong>, los buenos maestros, los eficaces vendedores. Y lo usan sin piedad los manipuladores.</p><p>No es directamente proporcional a su belleza la capacidad para conmover, hay <strong>voces preciosas que no dicen nada</strong> y voces no tan guapas que arañan conciencias. Voces imperfectas con ese “no sé qué” que te desarma.</p><p>El valor de la palabra es esencial, pero<strong> hay que saber decirla</strong>. Acompañar la letra de la música vocal. Los que trabajamos con el humor decimos “tirar bien el chiste”, conscientes de que un texto brillante puede ser aniquilado con una mala ejecución.</p><p>La niña que pronunció esa frase que pide mármol para describir <strong>lo que significa ir al cole con mascarilla</strong>… lo hizo todo bien para destacar entre el ruido. Una construcción gramatical perfecta, una entonación inmejorable pero, sobre todo, un mensaje irrefutable: “Es un poquito peor porque no puedes respirar del todo, pero no pasa nada, es mejor eso que morirse” podría responder a casi todo lo que nos escuece de la vida.</p><p>He hecho inventario de cosas importantes y frívolas que nos amargan la existencia y todo lo que se me ocurría le daba la razón a la <strong>diminuta sabia</strong>, me vale lo mismo para la molestia de un reggaetón a todo trapo debajo de mi ventana que para un problema en el trabajo, o para un desengaño amoroso.</p><p>Es que casi todo lo que nos trae de cabeza es mejor que morirse, salvo una cosa: <strong>cuando no queremos vivir</strong>, cuando el sufrimiento convierte la vida en calvario, cuando el dolor lo inunda todo, cuando es tan duro respirar que no vale la pena el esfuerzo. Un desgarro que también sientes en tu piel cuando lo padece alguien a quien quieres bien.</p><p>No recuerdo cuántos años tenía la primera vez que pensé en ello, pero no muchos, fui una niña precoz en lo de darle vueltas a la existencia. Sé que todavía no me había enfrentado al dolor en mayúsculas y ya lo tenía claro.</p><p>Muchos años, muchos duros tragos después, lo tengo más nítido y cristalino que nunca: no quiero que otra voz enmudezca la mía, no necesito ninguna voz que hable por mí en este asunto. Ni por nadie. Yo quiero poder decidir y que todos podamos hacerlo, <strong>yo quiero la libertad </strong>para elegir entre continuar o marcharme cuando vivir sea peor que morirse.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Es mejor eso que morirse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Bastante poco pasa en Cádiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pasa-cadiz_1_1149711.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El mismo favor que le ha hecho el botarate Trump al prejubilado Wolff vendiéndole el libro que quería prohibir, le están haciendo<strong> los corifeos del autodesterrado Puigdemont al glorioso Carnaval de Cádiz por su rasgado de vestiduras </strong>con la chirigota de los verdugos.</p><p>Resulta realmente insólito que haya aun gente que no sepa que<strong> cuanto más ruido haces para prohibir algo, más atraes su atención sobre ello </strong>y, por tanto, más lo haces crecer. Es de primero de sentido común que si quieres despertar la atención sobre algo no tienes más que hacer ruido alrededor.  Creo que hasta los neandertales de Atapuerca cazaban haciendo sonar armas y piedras para atraer a sus presas.</p><p>En pleno siglo XXI hay gente que todavía no lo ha aprendido. Y resulta divertido ver las consecuencias de su ignorancia. El iracundo, incontrolado, infantiloide y, por todo ello, peligrosísimo presidente de los Estados Unidos va a tener que contemplar cómo el libro <em>Fuego y Furia</em> del periodista Michael Wolff <strong>se vende en todo el mundo más que si lo regalaran.</strong> La editorial, que de eso de comunicación y ruido sabe mucho, adelantó tres días la publicación del libro, para pegarla a la jornada de fuego y furia con la que Trump anunció que le molestaba muchísimo y que intentaría prohibirlo. Tres días de ventas y reparto por internet (ya me han llegado dos por correo) que hacen que<strong> el libro vaya a ser lo más vendido del año, circule por todo el mundo para que todo el mundo lo lea</strong> y se haga la idea de Trump que Trump no quiere que tengamos,  y que su autor pueda retirarse con una buena renta gracias a la estulticia desmedida del protagonista de la historia.</p><p>Trump dice que él es un genio. Pero, como dijo Stephen King en su cuenta de Twitter, <strong>un genio jamás diría que lo es</strong>. Por cierto, King se pregunta también por qué demonios querrían los noruegos emigrar a Estados Unidos con los servicios públicos y el nivel de vida que tienen en su país. Pregunta pertinente después de que Trump soltase otra de sus deposiciones en una reunión privada, llamando "países de mierda" a El Salvador o Haití de donde llegan decenas de miles de emigrantes a Estados Unidos, y sugiriendo que le gustaría más que emigraran los noruegos. <strong>¿Por qué no lo hacen?, se preguntaba.</strong></p><p>Es el ganado que tenemos en este tiempo en el que <strong>tanto empeño hemos puesto en darle la vuelta al sistema político</strong>, en echar a los de siempre,  que lo colocamos en manos de personajes así.</p><p>Supongo que Trump no conocerá el Carnaval de Cádiz. Quizá le llegue algo ese año o se entere por Twitter porque <strong>hasta donde sé vuelve a ser protagonista de unas cuantas chirigotas</strong>. No sé si tan sangrantes –con perdón– como la chirigota de "La Familia Verdugo" que tanto parece haber irritado a algunos medios catalanes como Nacional.cat o Nació Digital o no se qué <strong>asociación más de éstas del soberanismo supremacista que han puesto el grito en el cielo</strong>. Con tanta estridencia, que el ruido ha convertido ya a la chirigota y su parodia en estrellas del Carnaval y al propio encuentro carnavalero en más noticia de lo que es habitualmente. Lo cual resulta altamente saludable.</p><p><strong>Porque estamos hablando de humor, de incorrección política, de sátira brutal que no hace prisioneros</strong>. Como pasa cada año con todas las instituciones, con todos los políticos, con todo lo que tenga relevancia social y se le pueda sacar punta.</p><p>Hay que agradecerle al puritanismo independentista catalán el haber puesto a Cádiz y el Carnaval en lo más alto de la atención informativa. <strong>Siempre hay un tonto útil presto a dar cuartelillo al enemigo por la vía del escándalo.</strong> Quizá la diferencia en esta ocasión está en que los del incendio son precisamente medios de información que de espanto deberían estar ya curados. O por lo menos alguna noción de lo que es publicidad deberían tener.</p><p>Aunque, claro, bien visto, seguramente el problema está en que<strong> información y propaganda no son lo mismo</strong>, y que la comunicación de una sola dirección y para un solo cliente limita bastante la capacidad de entender otros mensajes.</p><p>En Cádiz le están muy agradecidos a estos censores que<strong> ni saben ni entienden lo que es el Carnaval.</strong> Pero tampoco creo que se molesten en invitarles y explicárselo.</p><p>¿Cómo van a reaccionar de otra forma que no sea tomarse en serio la chirigota, arrebatarle al humor la inteligencia, <strong>otorgarle trascendencia de realidad sin aristas ni matices</strong>, cuando comulgaron con firme convicción de histórica trascendencia con la marcianada del uno de octubre?</p><p>Marcianada, dicho sea de paso, de la que sus impulsores y responsables –salvo el autodesterrado– han abjurado sin miramientos y en público dejando con las vergüenzas al aire y supongo que los ojos como platos a<strong> quienes se creyeron la milonga que les habían contado.</strong></p><p>En manos de quién estamos. <strong>Cuanta insolvencia entre quienes les sostienen. Bastante poco pasa en Cádiz.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2018 10:19:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Bastante poco pasa en Cádiz]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mira, niño, un maricón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/mira-nino-maricon_1_1149443.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A ver, poner en una cabalgata de Reyes una carroza con una <em>drag queen</em> o una rapera, no parece el modo más natural y eficaz de<strong> luchar por la igualdad de género</strong>, pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras y gritar a los cuatro vientos que es una obscenidad que <strong>roba a los niños su ilusión infantil </strong>en noches como esta. Los dos argumentos –reivindicación e indecencia fuera de sitio– son perfectamente rebatibles y enquistarse en ellos demuestra cierta dosis de<strong> sectarismo y mucha intolerancia</strong>, sobre todo por parte de los vigilantes del sexo correcto que tanto se han escandalizado.</p><p>Lo de colocar reinas en lugar de reyes –no es éste el caso de Vallecas, puesto que la <em>drag </em>va en una de las carrozas, pero sucede en algunas ciudades y se ha propuesto en otras–, es un absurdo muy en la línea de un cierto papanatismo ideológico rampante que confunde su visión del mundo con la realidad: los reyes magos están en el imaginario de los niños como dos hombres barbudos y un lampiño negro que viajan en camello y traen regalos. Cuando estos revisionistas de la tradición alcanzan cacho en la ruleta del poder, <strong>deciden que se acabó el mundo como hasta ahora se veía </strong>y que la realidad es su universo ideológico, y así califican de genocidio la toma de Granada por los Reyes Católicos –sucedió este jueves–, abjuran de las fiestas tradicionales fijadas por santoral y hasta defienden acabar con cosas tan burguesas y antiproletarias como la Navidad, Santa Claus o los Reyes Magos. El mundo ha de girar sobre su universo ideológico y lo demás o no existe o se borra de un plumazo por la vía del decreto o el bando. Sólo así se entiende la proliferación de reinas, diseños, trajes futuristas y hasta iluminaciones abstractas que asolan cabalgatas y decorados en los últimos dos o tres años.</p><p>Pero la realidad es tozuda, y por mucho que año tras año, cabalgata tras cabalgata, se cambien decorados o personajes, los niños siguen yendo a ver a los reyes y es a los reyes a quienes esperan la noche del cinco de enero. De modo que <strong>la revolución no va a llegar por ahí</strong>; algún día se darán cuenta.</p><p>Entre otras cosas, porque es un camino absurdo que denota poca inteligencia. Del mismo modo que no imagina uno que en una fiesta infantil el payaso se ponga a repartir panfletos con sus problemas laborales, una cabalgata de Reyes <strong>no debería convertirse en un escaparate de reivindicación de nada</strong> por muy justa que sea o necesaria que nos parezca.</p><p>Ahora bien, montar el número que algunos han montado por el hecho de que haya una <em>drag queen</em> en uno de estos espectáculos para niños se me antoja <strong>tener muy cortas entendederas</strong> y una visión del mundo tan mutilada como para hacer temer por el futuro de la educación de sus hijos.</p><p>Lo importante son los reyes, y si los hay, y si los niños los ven horas antes de que esté prohibido hacerlo,<strong> ¿qué mal hace o qué vicio divulga poner una reina drag en una cabalgata? </strong><em>drag</em>¿No ha habido toreros, geishas o marcianos? ¿No hemos visto mariposas, osos o cosas que viven en el fondo del mar? ¿Por qué no nos lo tomamos como un juego?</p><p>Yo sugiero a los del escándalo que se den un paseo por el Carnaval de Las Palmas. Allí, el evento anual más celebrado y concurrido es el desfile de <em>drag queen</em>. <strong>Familias enteras con niños, jubilados, adolescentes, matrimonios de edad</strong>… todos atentos y disfrutando de un desfile de vivísimos colores, lleno de <em>drags </em>y fiesta. Hasta se ven grupos de niños elevados en plataformas imposibles y encantados de desfilar disfrazados de <em>drag queen</em>. <strong>Normalización, se llama eso</strong>. Se incorpora el juego del sexo que proponen hombres vestidos de mujer a la liturgia del carnaval con tanta intensidad, que el desfile y el posterior concurso de<em> drags</em> se convierten en los acontecimientos más celebrados de ese tiempo. Es una <strong>realidad social transgresora y reivindicativa</strong> que se incorpora a la fiesta como parte esencial de ella. Normalización, insisto.</p><p>Es en carnaval, sí, y es otro tiempo y otro ánimo, pero<strong> serviría de lección de actitud ante la diferencia</strong>. Porque esa es la misma en la fiesta mundana o en la liturgia tradicional. Ese es el fondo de la cuestión, la actitud. Los padres que se sienten agredidos por la presencia de un hombre vestido de mujer viviendo y mostrando una suerte de diversidad sexual, recibirían, de estar dispuestos a ello, una <strong>lección de tolerancia y civismo</strong> por parte de esos otros que participan en la fiesta y hasta aprovechan para<strong> enseñar a sus hijos que hay otras formas de entender el mundo</strong>.</p><p>Pero la realidad es la que es, y la polémica inútil y vacía se mantiene. No aprendemos. Ni los que aprovechan cualquier circunstancia para demostrarnos su compromiso con su concepto de “progreso” ni los que se convulsionan en cuerpo y alma cuando se le toca el convencional equilibrio de sexos.</p><p>Esos que cuando pasó la carroza de la <em>drag</em> acaso dijeran, “mira niño, un maricón”, herederos ideológicos de quienes supongo que cuando hace unos años desfilaron unas gheisas en Madrid dirían, “mira niño, una puta; japonesa, pero puta”.</p><p>Claro que, visto lo visto este viernes, tuvo la naturaleza la sabia ocurrencia de descargar agua sobre las cabalgatas de forma que ni<em> drags</em>, ni colores, ni barbas postizas ni <em>teletubbies</em>. Lo que recordarán los niños es la cantidad de agua que les cayó encima aquella noche de Reyes del año 2018. No somos nadie.<strong> Y con polémicas de tan corto recorrido, mucho menos</strong>.</p><p>Feliz año nuevo a todos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Mira, niño, un maricón]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Madrid,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política puede ser ingrata. O no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/politica-ingrata-no_1_1149102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Lo de Cataluña es una lección para quienes osamos pontificar sobre el recorrido vital de las cosas de la política.</p><p>Nos equivocamos –al menos este opinador ocasional y alguno más que recuerdo haber leído o escuchado– al valorar como hábil estrategia la decisión de Rajoy de c<strong>onvocar elecciones en Cataluña lo antes posible</strong>; erramos al pensar que el siete evidente que estaba provocando el <em>procés</em> en la economía catalana sería persuasivo para que el independentismo perdiera votos; fallamos al calibrar la capacidad de Arrimadas para aglutinar en una sola opción casi todo <strong>el descontento general con el independentismo</strong>; y hasta oficiamos con el botafumeiro de las coñas y los <em>memes</em> en Internet, el funeral por el cuerpo y el alma del ciudadano Puigdemont.</p><p>Hombre, no me voy a fustigar hasta el punto de atribuirme todos esos errores, pero tampoco me negará el lector, que es observador crítico y si no tiene memoria tira de hemeroteca, que en alguno de esos presupuestos o varios de ellos, nos hemos situados todos en algún momento.</p><p>No es la política una ciencia exacta, porque no siempre un hecho tiene las mismas consecuencias ni una declaración recorre el mismo camino hasta morir en los mismos lugares. Pero los políticos y sus juzgadores hablamos y actuamos como si<strong> todo pudiera a la vez repetirse y empezar de nuevo</strong>, y somos muy dados a construir universos y asentar principios que hasta el soplido del lobo sobre la casa de paja de los cerditos derribaría también sin dificultad.</p><p>A la vista de las primeras reacciones tras lo del jueves en Cataluña, hacemos como aquel viejo anuncio de un flan o un yogur, no recuerdo bien:<strong> repetimos</strong>.</p><p>Ya está el derrotadísimo Rajoy levantando la barrera de que<strong> la debacle de Cataluña es sólo catalana</strong>, y que el estrepitoso corte de mangas que le ha dado allí la ciudadanía al partido del gobierno allí se queda. Ni sus propios votantes han considerado <strong>lo que de positivo pudo haber tenido la aplicación del artículo 155</strong>, y se lo conceden a Ciudadanos de quien además valoran su compromiso y su disposición a partirse la cara contra el independentismo. Como han hecho no pocos votantes socialistas, dicho sea de paso. Los de Rivera, despreciados al comienzo de la campaña, acusados de ser satélite del PP, han terminado <strong>merendándose a los populares </strong>y hasta robándole los donuts a algunos de los del colegio socialista.</p><p>La muy personal estrategia de Rajoy de dejar <strong>que los problemas se pudran o se arreglen solos</strong> le ha salido mal en Cataluña. El problema sigue ahí y, a la luz de los resultados electorales, en el mismo lugar y con la misma fuerza que antes. Más incluso, si se mira con la perspectiva de los resultados<strong> la metedura de pata de la vicepresidenta </strong>diciendo aquello de que el Gobierno había descabezado al independentismo. Se le fue la mano sacando pecho y le mandó un regalo de enorme valor a sus adversarios.</p><p>No aprendemos. Como tampoco Podemos y su marca. <strong>Esperaban reforzarse como bisagra </strong>y puede que lo lleguen a ser, pero mucho menos fuertes. Dicen los analistas que su tibieza o a veces hasta simpatía hacia el independentismo les ha pasado y<strong> les pasará aún más factura</strong>.</p><p>En realidad, tanto sentar cátedra y analizar hechos y nos olvidamos de que desde hace 40 años, con la única excepción de las generales en plena crisis, donde había que apoyarse en lo que fuera para zurrar al poder, este país <strong>ha votado mayoritariamente a opciones moderadas </strong>de centro derecha o de centro izquierda. Y así lo eran y así se presentaban aunque a la hora de gobernar, sobre todo en el caso el PP en la primera etapa de Aznar, lo de la moderación se quedara sólo en los enunciados y las banderas.</p><p>Hoy da la sensación de que en Cataluña la mayoría hasta ahora silenciosa que era contraria a la independencia ha decidido <strong>renovar el viejo esquema de voto </strong>y dar el suyo a una opción moderada. También el independentismo, porque después de todo, el grupo de Puigdemont quiere la secesión pero desde<strong> posiciones políticas también conservadoras</strong>.</p><p>Si en lugar de darle cera y cuestionar la Transición fuéramos capaces de<strong> extraer lecciones de ella</strong> quizá no nos hubiera pillado todo esto a contrapié o contracálculo.</p><p><strong>Rivera lo vio bien y de ahí el éxito de Arrimadas</strong>, incuestionable se mire como se mire y aunque se modere –también el éxito– por la nada desdeñable circunstancia de que los independentistas pueden volver a formar gobierno.</p><p>Tenemos que seguir aprendiendo lecciones y si no vemos cuáles, <strong>mantener la atención en el rastro </strong>que van dejando los que concitan las simpatías y el apoyo popular.</p><p>La política es muy hija de puta, pero<strong> puede ser agradecida </strong>si se le trata de tú a tú con un poco de coherencia, aunque sea en el error,  y alguna idea de futuro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[La política puede ser ingrata. O no]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Independentismo,El vídeo de la semana,21D | Elecciones en Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[#Ayyoyano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/ayyoyano_1_1148807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Cinco mujeres de aspecto elegante y edad de tener nietos mayores parlotean en un distinguido café de Méjico DF. Aporta cada una de ellas a la conversación quejas por lo delicado de su salud y críticas al ser o al hacer de fulanita o menganita o mi nuera o el nieto de mi hijo el pequeño. El diálogo continúa fluido por el cauce habitual de lo difícil que es la vida, lo duro de llegar a esta edad viuda, o las malas artes de la amiga o la vecina para conseguir eso que tiene o le regalan, que en realidad no merece ni ha merecido. <strong>El aire es animado pero el fondo de la conversación está cargado de mala baba y pesimismo.</strong> Hay una que no habla. Estirada e incómoda, permanece en silencio con las manos sujetando un bolsito sobre las rodillas apretadas. Parece mirar al resto de sus compañeras con gesto de fastidio. Niega suavemente con la cabeza mientras se aplica en ir acabando a sorbos cortos con el te que tiene frente a ella. En un momento determinado, se levanta con decisión, lo que hace enmudecer al resto.</p><p>—¿Pues que pasó Herminia?— pregunta una de ellas.</p><p>Como toda respuesta, la tal Herminia mira despacio al resto, y mientras se gira para abandonar el local, dice en voz alta cuatro palabras que salen como si fuera una sola.</p><p><strong>—¡Ayyoyano!</strong></p><p>La anécdota me la contó una buena amiga, artista y viajada, que tequileaba con unos amigos en una mesa contigua, donde todos celebraron la<strong> espontánea dignidad de la dama</strong> que aquella tarde pareció haberse cansado de la inanidad de sus conversaciones diarias frente a una taza de te. Ella, ya no.</p><p>A estas alturas del año, quiere hoy esta columna, partiendo del hecho infame del crimen de Zaragoza cometido “presuntamente” por un tipo que se definió de izquierda y tuvo un día el apoyo y hoy el silencio de Podemos y satélites, ser <strong>un “#ayyoyano” a tragar con la mentira, la incoherencia, la manipulación y la insolvencia intelectual y política</strong> de esta gente que aún hoy pretende enarbolar la bandera de la única izquierda democrática, y van, como sus compis del nacionalismo catalán, arrogándose en representantes únicos del pueblo y dando a los demás lecciones de democracia verdadera.</p><p>Esta <strong>supuesta izquierda alternativa, popular y representativa</strong> que empieza la semana ninguneando la memoria del ciudadano Laínez que murió por llevar unos tirantes rojigualda, a manos de un tipo que ya había dejado tetrapléjico a un guardia en Barcelona, y la termina negando que lo del serbio con los guardias de Teruel deba ser considerado un asesinato: un “fallecimiento” lo llamó Luisa Broto, portavoz de Podemos en el Ayuntamiento de Zaragoza. Esa misma izquierda que ayer viernes, con la sangre de los dos agentes aún fresca, se permitió en tuiter  bromear con la Guardia Civil como hizo el cupero Baños.</p><p>Esa fobia a los uniformes es<strong> un viejo tic de la izquierda más sectaria</strong>, que entiende la Policía como un brazo armado represor del capitalismo; como es también viejo tic la afición a la purga al disidente, o la obsesión por impedir que la crítica interna asome puertas afuera, que salga de casa viento alguno no ya que derribe, sino que pueda despeinar lo más mínimo al líder carismático en su mayestática posición. O la afición a tomar las decisiones en asambleas, que es la forma más manipulable y cobarde de enfrentarse a las propias responsabilidades de actuación.</p><p>Estas son maneras de vivir que contempladas desde una profunda convicción democrática, solidaria, abierta, tolerante y respetuosa con la libertad de expresión, o sea desde una honesta posición de izquierda política, llevan necesariamente a <strong>la desolación y la renuncia</strong> hasta ponerte al borde del “#ayyoyano”.</p><p>En realidad, los tics de todos estos neoizquierdistas de la incapacidad y el sectarismo, esta <strong>izquierda desnortada y letal para su propia denominación de origen</strong>, son ya conocidos por cualquiera que lleve en la militancia democrática unos cuantos años. Y no digo ya en la de aquella izquierda de verdad que se la jugó y pagó cara su lucha democrática durante el franquismo. Sí, ese franquismo donde ahora nos ubican a los que no pensamos como ellos, a los que respetamos la ley y exigimos su cumplimiento. Donde colocan incluso a los que sí saben de verdad lo que fue el franquismo porque combatirlo les costó algo más que una multa o una crítica en un periódico.</p><p>El problema no es ese. El problema es el poder que han sido capaces de conseguir<strong> </strong><strong>mostrándose como no son</strong>, algo que ahora sí se está empezando a ver con más claridad.</p><p>Lo malo es que haya gente aún que se crea la milonga de que esta vieja guardia del comunismo más rancio y predemocrático, estos bolcheviques resucitados que desconocen su propia historia y van de modernos navegando entre lo peor de las redes sociales, es <strong>la verdad de la izquierda democrática de presente y futuro</strong>. Que haya quien sea capaz de identificar izquierda con lo que estos proponen y defienden. Que mantenga la esperanza en que de sus filas salga solución alguna a los problemas colectivos de esta sociedad aún en crisis.</p><p>Mientras, ahí seguirán. <strong>Con apoyos cada vez más menguados pero aún importantes.</strong> Y supongo que manteniendo su exquisito respeto por las opiniones ajenas, como probablemente pueda usted comprobar, amable lector, leyendo unas líneas más abajo. Circunstancia que me permito aprovechar para reiterar que mientras tenga aliento y ganas y no haya sucumbido al quejido de la dama mejicana, seguiré expresando de forma libre en este medio que, por si sirve de pista, sí encarna de verdad los principios democráticos y de libertad de la izquierda en la que sigo creyendo. En la que nos seguimos situando unos cuantos, cada vez menos esperanzados y más cansados.</p><p>A punto del definitivo #ayyoyano, que no obstante no llegará aúnaún. No vayamos a dar gusto a <strong>los enmendadores de principios y conceptos</strong> tan amigos de poner mayúsculas a una verdad que no tienen ni de lejos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[#Ayyoyano]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Asesinatos,Zaragoza,Izquierda,El vídeo de la semana,Podemos,El futuro de la izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/manadas_1_1148330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El <strong>pelotón de ejecución machista </strong>que se hacía llamar <em>La Manada</em> espera en presidios civiles y militares la sentencia por el juicio más mediático de los tiempos recientes.</p><p><em>La Manada</em>, vaya nombrecito. Deben de estar subiéndose por las paredes de las celdas, pensando que en qué hora se les habrá ocurrido la gracia de ponérselo a su grupo salvaje, a la vista del uso que le ha dado la canallesca ahormando con él una <strong>identificación indeleble y muy precisa</strong> de sus andanzas de machos dominantes. Porque como manada en su acepción más animal pasarán a la historia de la infamia.</p><p>Ya dijo su abogado que<strong> muy lúcidos no son</strong>. Más bien “imbéciles” afirmó el de dos de ellos en su alegato final.<strong> Y ahí si hay que darle la razón</strong>. Pero en poco más. Bueno, quizá que son buenos chicos en sus casas y sus padres les quieren, y seguro que también sus novias hasta el San Fermín negro, tras el cual es fácil que no hayan vuelto a aceptar sus regalos de San Valentín. O sí, que hasta se puede dar que les crean y les apoyen en estos momentos difíciles. Tampoco importa demasiado. Lo relevante ahora es que la Justicia diga lo que corresponda en virtud de lo que haya podido quedar demostrado y que<strong> cada cual cargue con su pena o su conciencia</strong>. O, mejor, con las dos.</p><p>Me estrené ese año en Sanfermines de la mano de mi querido y admirado Chapu Apaolaza, que ha escrito una de las más hermosas crónicas que uno puede encontrar sobre el interior de esa fiesta y la experiencia del encierro. Había gente por todas partes,<strong> mareas humanas de blanco y rojo moviéndose en todas direcciones</strong>, pandillas de turistas sin rumbo coincidiendo con familias acicaladas camino de misa o del baile, música en los bares, pelotones de bebedores de cerveza en plástico; fiesta, en fin, en lo que tiene de más sonoro y transgresor. <strong>Había ganas de divertirse y voluntad de compartir</strong>. Recorrer el centro de Pamplona, las calles por donde enfila y vira el encierro, me pareció una <strong>invitación a la vida</strong>. Había respeto, como si los invitados a esta fiesta universal para la que no hace falta reservar plaza, se te abren todas, conocieran la regla no escrita de que disfrutar en grupo es hacerlo<strong> teniendo en consideración los espacios ajenos</strong> y sin cargar al prójimo ni con tu alegría ni con tu pena, ni tu euforia ni tu borrachera. Con algún margen, por supuesto, que la perfección o es inexistente o molesta, pero atendiendo en general a que todos están en lo mismo y ninguno en pasarlo mal.</p><p>Esa ley <em>sanferminera</em> no escrita es una de las primeras particularidades de esta fiesta que llama la atención al visitante. La siguiente es la importancia del toro y la fuerza del encierro.</p><p>Hasta ahora, la manada era lo que recorría el centro de Pamplona desde la Cuesta de Santo Domingo hasta la plaza de toros. El grupo animal alrededor del cual se teje el carácter único de los Sanfermines, cuya entidad pasa necesariamente por esa liturgia mortal y por ello fascinante del encierro de cada mañana. A encierro y entierro sólo les separa una consonante. Y sospecho que la<strong> presencia constante y al mismo tiempo inconsciente de la muerte </strong>es lo que hace que esta cita anual en Pamplona se empache de entusiasmo y celebración festivos: se celebra más la vida cuanto más sobrevuela la muerte. Y se vive con jolgorio general y fiesta multitudinaria.</p><p>Estos tipos de <em>La Manada</em> humana<strong> han invertido el orden</strong>. Han despojado de nobleza al grupo animal que nos procura el secreto placer de jugar con la muerte anticipando la suya propia, le han robado la identidad para convertir la celebración de la vida en un juego de terror. <strong>Han subvertido el sentido de la fiesta </strong>y hasta el valor de la palabra, convirtiendo en abuso y atropello la relación con una adolescente, en pesadilla y robo la noche de una niña que sólo vivía fiesta, por mucho que hayan querido pintarla como un ser maduro y consciente que hasta se dejó robar el móvil, supongo que para agradecerles la consideración que tuvieron con ella brindándole sexo en grupo.</p><p>Asquea hasta escribirlo, qué quieren que les diga.</p><p>Pamplona seguirá siendo la fiesta que contó Hemingway, el encierro seguirá dando carácter a <strong>la más universal de las fiestas del mundo</strong>, y hasta podremos y deberemos seguir discutiendo sobre esta liturgia sangrienta y mortal del toro, que es arte para unos y tortura para otros –me sitúo, obviamente, entre los primeros– pero habrá que empezar a preguntarse si en ésta o cualquier otra celebración común no hemos estado siendo demasiado permeables, excesivamente generosos, <strong>en nombre de la tolerancia festiva o la transgresión</strong>, hacia comportamientos machistas o clasistas que anticipan o dan argumentos para abusos como el que estos días se acaba de juzgar en Pamplona.</p><p>Ante esta innoble subversión de valores, ¿nos preguntamos si no hemos tenido todos en algún momento parte de culpa?</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Manadas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Violaciones,Violencia machista,El vídeo de la semana,Pamplona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trapecistas y payasos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/trapecistas-payasos_1_1148027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El incidente del gorrino, término, señor Mena, que resulta ofensivo para casi todas las personas y los políticos en cualquiera de sus tres acepciones en castellano, nos aproxima al nivel real del <strong>parlamentarismo cutre y salchichero de esta semana </strong>en que, una vez más, casi todos los señores diputados y gestores de gobierno se han pensado que el personal es imbécil.</p><p>El intento de Ciudadanos de poner freno a la<strong> discriminación del llamado cupo vasco</strong>, cuestionada abiertamente también por los presidentes autonómicos del PSOE, y vigilar lo que se hace con los niños en los colegios no sea que alguien estuviera tentado de adoctrinar, ha recibido críticas en distinto grado de todos los demás, según les fuera en la fiesta a cada uno de ellos. <strong>Críticas rayanas en el insulto</strong> cuando no insultos sin matices, como esa gracieta de los gorrinos que tanto celebró la bancada propia del señor Mena.</p><p>Era una buena oportunidad para que sus señorías exhibieran algo de nivel parlamentario, pero de nuevo la han echado a perder.</p><p>Cualquiera que aprecie la frase inteligente, el dardo ingenioso o el “zasca” incontestable, echará de menos algo de todo eso en el presente tiempo parlamentario. Cierto es que la cosa de legislar o gobernar en tiempos duros como lo siguen siendo éstos, no deja mucho sitio al divertimento dialéctico. Pero lo es también que el Parlamento es o <strong>debe ser un escenario de discusión inteligente y libre </strong>en el que la altura política esté no sólo en la propuesta de leyes que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos, sino en la forma de defenderlas o rebatirlas.</p><p>Hubo un tiempo en que el debate parlamentario servía para convencer, en que el que mejor exponía sus puntos de vista se llevaba el gato al agua y hasta era capaz de aportar ideas o propuestas tan difíciles de cuestionar que debían ser aceptadas por el adversario. El espectáculo estaba <strong>en la idea y la palabra</strong>, que son la materia prima del trabajo parlamentario. Y eso que entonces sólo las actas recogían lo que allí se discutía.</p><p>Hoy los parlamentarios tendrían aún más fácil lo de convencer con su ingenio gracias a la existencia de una <strong>comunicación directa e inmediata</strong> que haría llegar a la opinión pública ese argumentario inteligente, lo que comprometería al contrario a aceptarlo o mejorar ante su electorado.</p><p>Pero nada de eso se sustancia en estos tiempos. Algunos parecen intuir el valor de la singularidad en la expresión, pero<strong> no llegan más allá de la bufonada</strong>, como este señor Mena o el indepe Rufián tan amigo de llevarse artilugios a los debates parlamentarios. Otros acuden a recursos insultantes para la inteligencia media de los representados, como los que –con razón o sin ella– acusan a Ciudadanos de oportunismo cuando ese es precisamente el rasgo de carácter más preciso y definido de la actual clase política. Toda, sin excepción, juega al oportunismo, al corto plazo y a la supervivencia propia. Nadie ejerce algo parecido a la <strong>responsabilidad con sus votantes y mucho menos con el Estado</strong> de cuya estructura forman parte. Aquí cada uno mira por lo suyo sin que nadie salte esa barrera. Haría falta valor, criterio e inteligencia, y escasean bastante.</p><p>Lo peor no es que esta sequía de talento complique la cosa pública como lo hacen los mediocres con todo lo que tocan. Lo malo, lo inaceptable, es que se crean que los representados no se enteran de nada.</p><p>Que en el reino del oportunismo alguien acuse al adversario de oportunista es una coña para la ciudadanía. Igual que lo es el que el señor Montoro diga que lo de la feliz resolución para el nacionalismo vasco del asunto del cupo <strong>no tiene nada que ver con la necesidad de apoyo al presupuesto</strong>, o que los socialistas le digan a Rivera que es la media naranja del PP cuando en Andalucía, que yo sepa, exprimen su zumo en beneficio del PSOE.</p><p>En realidad, el parlamentarismo no es sino<strong> reflejo del bajo nivel de la política española</strong>, con una izquierda que ilusionó en sus comienzos y ahora se diluye entre incoherencias y purgas, o apoyó a los nacionalistas en lo que éstos ahora andan dejando atrás, otra izquierda de más solera, menos osada, pero desunida también en sus propias guerras internas, y una derecha lastrada por la corrupción que sigue en el gobierno mirando a otro lado.</p><p>Ha aprovechado muy bien Ciudadanos ese panorama para encontrar su hueco. Sólo ha tenido que ser coherente y poner sobre la mesa cuestiones que desnudan algo que para la gente –que diría Iglesias– es difícil de perdonar: <strong>la componenda y la mentira</strong>. Lo visto y oído esta semana sobre el cupo vasco y la educación en Cataluña han conectado a los de Rivera con muchos votantes de otros partidos que se cansan ya de ver cómo se les trata de ignorantes o desinformados. La cascada de desconsideraciones recibidas probablemente se convierta en votos futuros. Y eso será también responsabilidad de los actores de ese paisaje con figuras desnortadas, los políticos que siguen haciendo y diciendo cosas que <strong>hacen pensar a los votantes que se les minusvalora</strong>.</p><p>Acaso haya que empezar a cambiar el paradigma del circo político y dejar de hablar de payasos para pensar en trapecistas. Lo primero parece un insulto y lo segundo un elogio. Pero en realidad, el payaso es el que es capaz de acercarse al público y humillarse hasta la risa con tal de servir, mientras el trapecista vuela por encima de los otros y cree que no se caerá nunca. Lo dice mi amigo Goyo Jiménez, un tipo lúcido, payaso él, y se lo copio con permiso porque ilumina muy bien el carácter de esta<strong> casta incapaz que cree volar por encima de nosotros </strong>cuando en realidad se la pega en cada movimiento y ni hace gracia ni tiene ingenio ni goza de la categoría humana de poder ser considerados payasos, aunque nos tiente emplear el calificativo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Trapecistas y payasos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Congreso de los Diputados,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De bufones y machismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/bufones-machismo_1_1147757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Estamos tan ocupados <strong>debatiendo sobre la nada y la mentira</strong> que dejamos pasar lo que verdaderamente importa. Es tan espesa la tinta catalana, que emborrona el mapa de la realidad y perdemos señales de aviso mucho más relevantes para el presente y el futuro. Y cuanto más suena, cuanta más pólvora y carga mediática, cuantas más esposas y supuestos muertos en la calle recogemos de la banda de los renegados del independentismo catalán, menos espacio queda para esos datos de realidad que nos avisan de que<strong> algo verdaderamente grave está pasando entre nosotros</strong>.</p><p>Esta semana ha tenido más espacio en los medios el numerito de las esposas de <em>sex shop</em> de don Rufián o la <em>soplagaitez</em> de los muertos en la calle de doña Rovira que el aterrador informe del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que nos avisa de que más de uno de cada cuatro chicos de entre 15 y 29 años<strong> considera la violencia machista una conducta normal</strong> en el seno de la pareja. Lo piensa exactamente el 27,4% de ese colectivo, según el Centro, que es un organismo público vinculado a la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. O sea, que algún criterio sobre jóvenes, sus problemas y sus ideas hay que concederles.</p><p>Pesa aún más esa insólita aventura de la república catalana, que siguen sus actores tratando de disfrazar de política, que el estudio del Barómetro 2017 del <a href="http://adolescenciayjuventud.org/" target="_blank">ProyectoScopio del Centro Reina Sofía</a>. Y se me antoja ese hecho como un<strong> síntoma grave de la pérdida de perspectiva </strong>de una sociedad o al menos de sus medios de comunicación.</p><p>Y eso que en esta semana se ha vuelto a producir un asesinato machista, el de una joven de apenas 20 años, y se está juzgando con gran estrépito mediático a los cinco sujetos que presuntamente violaron a una adolescente en San Fermín. Pero ni por esas centramos el tiro y ponemos el foco en lo que debería preocuparnos de verdad.</p><p>Porque el asunto catalán, divertido y rentable para tertulianos y partidos, no nos define ni afecta como sociedad. Como mucho, informa sobre la<strong> </strong>estulticia de una casta y la ingenuidad de unos cuantos ciudadanos y entrará en el temario futuro de los estudiantes de Políticas. Aparte de las multas a los actores del drama y el parón temporal al crecimiento de la economía,<strong> no tendrá más efectos de futuro</strong>. Como tampoco el recorrido judicial de la manada salvaje cuyo devenir en tribunales está dando grandes alegrías al periodismo amarillo y a los amigos de la polémica estéril. Habrá sentencia, esperemos que justa, aunque no sea muy alentador el hecho de que el tribunal <strong>acepte un informe sobre la vida privada de la víctima</strong>, que manda huevos. Pero la justicia decidirá. Y en el futuro será un caso más de violación por mucho que ahora ocupe inmensos espacios mediáticos.</p><p>Pero el hecho de que más de un 27 por ciento de los jóvenes españoles piense que lo del trato machista en la pareja es normal nos está dando pistas de algo mucho más importante. Algo que va peor de lo que debería.</p><p>El estudio nos muestra que para estos chicos y chicas –la comprensión hacia la violencia es mayor entre ellos– sólo es criticable la agresión física directa, no el trato vejatorio o la agresión verbal. Añade además que dos de cada diez piensan que<strong> se exagera o, atención, ¡se politiza!</strong> Y por si no tuviéramos suficientes elementos para inquietarnos, hay más de un 30 por ciento de los encuestados que cree que el problema<strong> aumenta por culpa de los inmigrantes</strong>.</p><p>O sea, que es relativamente normal, no es tan malo, ha pasado siempre y si crece ahora es por la inmigración. Seguramente semejante conclusión sea más que matizable y puede que hasta exagerada, pero es indiscutible que apunta una tendencia que debería forzarnos a actuar. No ya a reflexionar, no, porque parece inútil irse a la contemplación cuando hay gente joven que se enfrenta así al espanto de la violencia machista, sino a actuar, a tomar medidas, <strong>a forzar decisiones de quienes tienen responsabilidades de poder legislativo y de gobierno</strong>, a tomar conciencia del problema que tenemos y lo que se está moviendo entre nosotros: las generaciones que vienen detrás pueden estar tomando un camino inverso al que el progreso y la conciencia social deberían llevarles.</p><p>Algo va mal, algo estamos haciendo que descuadra la perspectiva con que han de mirar el mundo y las relaciones entre personas. Quizá, por <strong>empezar a mirarnos críticamente el ombligo</strong>, debiéramos empezar por dejar de darle más importancia a la tocata y fuga de un bufón con galones de mariscal que a la pérdida de valores de justicia de la generación de la crisis y el silencio.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[De bufones y machismo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jueces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/jueces_1_1147470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Un juez es acusado veladamente de haber sido<strong> excesivamente benévolo con un sujeto denunciado por maltrato </strong>que a las pocas horas de ser puesto en libertad ha matado a la madre de su hijo. Una jueza es señalada por <strong>supuesta cercanía a un partido tras encarcelar a los miembros de un Gobierno </strong>acusado de un Golpe de Estado incruento. Por una acción similar y estrechamente conectada a la anterior, un juez deja en libertad con fianza a los más altos representantes de una cámara legislativa. Algunos le acusan de <em>blandurrón</em>.  En sede parlamentaria un responsable de policía judicial señala indicios de que<a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/11/07/el_jefe_polical_gurtel_dice_congreso_que_rajoy_recibio_indiciariamente_sobres_caja_del_pp_71632_1012.html" target="_blank"> el mismísimo presidente del Gobierno ha cobrado dinero irregular </a>de su propio partido. Un juez determina la libertad del ex presidente de la Comunidad de Madrid tras reunir una fianza de casi medio millón de euros.</p><p>Asuntos de esta última semana. Otra semana de jueces.</p><p>Jueces que marcan agendas, jueces que agitan la cosa pública con decisiones jurídicas de consecuencias políticas. <strong>Jueces que lo son por vocación de impartir justicia</strong>. Un puñado de jueces que estudió oposiciones durísimas, se abrió paso en pueblos remotos y en juzgados de primera instancia,  para terminar haciendo su trabajo en algunos de los más elevados altares del poder judicial.</p><p><strong>Jueces que deciden sobre nuestro presente y nuestro futuro</strong>, que quitan o dan razones, que administran el orden legal y exigen, requieren y obligan a cualquier ciudadano libre por muy alto que sea su valor en la escala de los otros dos poderes del Estado.</p><p>Jueces estrella, jueces discretos,<strong> jueces que disfrutan del poder o que lo ejercen con altruismo</strong>; jueces que se muestran o se esconden, jueces estrictos, jueces flexibles, jueces oscuros, jueces abiertos.</p><p>Jueces a los que utilizan políticos para que les resuelvan problemas, <strong>jueces que crean problemas a los políticos y entonces son jueces injustos</strong>. Tanto como justos serían si administraran a favor de nuestras tesis o intereses.</p><p>Jueces, jueces, jueces… <strong>¿Y si les dejamos un poquito en paz? </strong>¿Y si respetamos su criterio, entendemos sus necesidades y atendemos a la necesaria serenidad de su oficio? ¿Y si limitamos o hacemos desaparecer el ruido a su alrededor?</p><p>Bastante tienen con ser poco más de diez entre 100.000, que son los jueces a los que tocamos por ciudadano. Que nos corresponden, vamos. <strong>Tocarles, les tocamos bastante otros instrumentos </strong>y otras melodías que no siempre facilitan su trabajo.</p><p>Si creemos en la Justicia, pues <strong>habrá que demostrarlo.</strong></p><p>Tenemos demasiado delicada la piel, demasiado sensible el ánimo, <strong>demasiado armado el arcabuz</strong>. Dejemos que los jueces trabajen y así no sólo será más fácil serenar su juicio, sino puede que hasta agilicemos eso que se llama 'maquinaria judicial' y que en este país nos recuerda cada dos por tres aquella máxima romana de que <strong>nada se parece tanto a la injusticia como la justicia lenta.</strong></p><p>Y quizá también –seguro– la que se quiere y hasta se logra politizar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Nov 2017 10:32:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Jueces]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Justicia,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cárceles y democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/carceles-democracia_1_1147198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Es incómodo, desasosegante, ver a los miembros de un <strong>Gobierno democráticamente elegido entrar en prisión</strong> como hemos visto esta semana. Tan engorroso y turbador como contemplar a la luz de Europa y los taquígrafos del mundo, la enloquecida carrera en busca de un exilio que no llega del que hasta hace nada era su presidente.</p><p><strong>Puigdemont fugado y sus consejeros entre rejas</strong> son tonalidades distintas de una sola melodía, el réquiem por un sueño imposible, el viaje a un infierno para el que se inventaron tantas mentiras que terminaron ellos creyéndose la más gorda: que podrían<strong> </strong>violentar el Estado de derecho<strong> con impunidad y en nombre de la democracia</strong>.</p><p>Y en eso siguen. De hecho han convertido el argumento en el eje de la campaña electoral en la que ya se han metido.</p><p>Elecciones, conviene no olvidarlo, convocadas por el reino del que el independentismo acaba de separarse. Elecciones que no tuvo valor de convocar Puigdemont entre otras cosas por las presiones de un Junqueras que todavía confía en poder ser candidato el 21D.</p><p>Es de agradecer<strong> que asuman como válidas las urnas que lo son de verdad</strong>, pero a la vista de su papel en todo esto, cabe hoy preguntarse si era posible el diálogo con quienes dicen una cosa y a renglón seguido hacen la contraria –“me voy, pero me quedo a las elecciones”– o limitan su capacidad de hacer política a la imposición de sus puntos de vista y <strong>llevan su fundamentalismo hasta la autolesión</strong>. Así parece difícil negociar. Al menos hasta ahora.</p><p>Con todo, lo que probablemente resulte hoy más sorprendente es la reacción a la decisión de la Audiencia Nacional de encarcelar al Gobierno Puigdemont, tan válida, supongo, como la del Tribunal Supremo de dar un margen de una semana a la Mesa del Parlament.</p><p>Resulta embarazoso, puede ser discutible, <strong>y hasta considerarse injusto</strong>, pero afirmar en público y con amplia difusión que es un ataque a la Democracia o la acción represora de un Gobierno antidemocrático es tomar a la opinión pública por imbécil.</p><p>De hecho, la decisión de la jueza Lamela en la Audiencia Nacional es una prueba palpable de que la separación de poderes del Estado democrático funciona. No podría haberse adoptado <strong>una decisión más lesiva políticamente </strong>para los intereses de los constitucionalistas en general y el Gobierno en particular. La cárcel para el último Govern a dos meses de unas elecciones autonómicas es <strong>una baza política impagable para el independentismo</strong>. Eso se le ocurre al que asó la manteca. De aquí al 21 de diciembre, los que quisieron separarse y ahora acuden al redil de ese Estado que dicen no democrático van a <strong>explotar hasta el agotamiento el victimismo</strong> de altura a que puede jugarse con los líderes en la cárcel. ¿Qué mejor prueba de la maldad del adversario? ¿Qué argumento superará la necesidad de liberar del sufrimiento a los presos políticos? Hasta el más simple de los gobernantes o el más torpe de los políticos hubiera preferido evitarse el espectáculo de la cárcel en este momento.</p><p>Pero la Audiencia Nacional ha ido por otro lado. Podrá ponerse en cuestión la decisión de la jueza, podrán considerarse <strong>excesivamente rigurosos sus fundamento</strong>s, podrá –al compararse con la del Supremo– tildarse de desproporcionadamente temerosa su argumentación sobre la posibilidad de repetir delitos o el riesgo de fuga. Podrá. Pero lo que ha hecho es aplicar la ley en el ejercicio de su responsabilidad judicial.</p><p>Ni los consejeros, ni los miembros de la Mesa juzgados por el Supremo ignoraban a qué se arriesgaban. Ya fueron advertidos por los propios letrados del Parlamento y del Gobierno catalán.</p><p>Hay algo más:  la crítica política a la decisión jurídica, no hace sino demostrar el <strong>escaso respeto o conocimiento de lo que es la separación de poderes</strong>, entre algunos de la legión independentista y corifeos. Ejecutivo, legislativo y judicial están para compensar y equilibrar la acción de cada uno de los otros, en particular el poder judicial para marcar al ejecutivo. Si el poder judicial no salta cuando alguno de los otros dos se pasa la ley por el forro es que algo falla en el sistema democrático. Estamos, por tanto, ante una prueba clara de que funciona en España. Se puede criticar la decisión en sí, poner el acento en que en otras ocasiones se ha tardado más en actuar –lo del “gataflorismo” es muy español: si las cosas van mal, malo, y si van bien, peor, <strong>porque es sospechoso</strong>– y hasta se puede pedir al ejecutivo o al legislativo que templen ánimos con las herramientas a su alcance, pero es un error utilizar esta situación para cuestionar el sistema democrático. Un error por desconocimiento de la realidad y por falta de respeto a la mayoría de los ciudadanos que tiene las ideas más claras o que no se deja manipular. Por mucho que se empeñe Pablo Iglesias en tuitear frases para seguirse lapidando,<strong> en España no hay presos políticos</strong>, sino representantes de la ciudadanía que utilizaron su poder para violar las leyes.</p><p>No conviene confundir la salud democrática con la enfermedad propia. Ni errar el tiro.</p><p>Porque mientras estábamos en el <em>procés</em> hoy despeñado, Cataluña se olvidó de la corrupción del tres por ciento o del enriquecimiento del Gran Líder, o de la situación de la Sanidad o de los problemas de la emigración. Y ahora que la torpeza independentista y la ceguera de la izquierda desnortada, encabezada en Cataluña por la señora Colau o el Fachín purgado, <strong>le han dado una victoria política a Rajoy</strong>, estamos pasando por alto que se recorta el gasto en Sanidad y Educación para los próximos presupuestos, o que se sigan acumulando desheredados en la frontera de Melilla o el Mediterráneo se sigue tragando seres humanos.</p><p>A ver si para Navidades empieza a cambiar algo el paisaje, a ver si <strong>las urnas democráticas ponen de verdad las cosas en su sitio </strong>y nos podemos dedicar a contar lo importante, a explicar qué hacen con nuestro dinero, a escuchar qué tienen que contarnos para que el país mejore. Y empiece a trabajarse en Cataluña para curar las heridas provocadas por esta aventura insensata.</p><p>Y si de las urnas vuelve a salir una mayoría independentista, ojalá tenga el<strong> criterio suficiente como para ponerse a hacer política</strong>,  pensar en el futuro sin querer convertirse en héroes y trabajar por lo que quieren ofreciendo alternativas posibles aunque sean a largo plazo. Nada anima al optimismo sobre este particular, pero parece claro que es lo que ahora se necesita. Utilizar eso tan escaso en política, tan grato, como la imaginación y el respeto, como la creación y el diálogo. Y no tratar a los ciudadanos, tan respetables como ellos, tal que si fuéramos gilipollas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[De cárceles y democracia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Porcojonismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/porcojonismo_1_1146906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Ya lo tienen.</p><p>La minoría política que consiguió la mayoría parlamentaria en Cataluña ha puesto al <em>procés</em> un broche tan teatral como lo ha sido todo el recorrido de este viaje a ninguna parte. En realidad, todo muy <em>berlanguiano</em>, muy cutre, muy hispánico, por mucho que el calificativo racial les pueda resultar ofensivo:<strong> son lo más rancio de la España tradicional</strong> de las asonadas y el “por mis cojones”. La ofensa se la hacen ellos a la razón y la propia naturaleza de eso que dicen defender y que se llama democracia.</p><p>Muy bien, <strong>ya tienen su independencia</strong> y, como es lógico, la respuesta del Estado democrático con la toma del control institucional. Como tiene que ser.</p><p>Se les llena la boca de <strong>patriotismo, democracia, diálogo</strong> y todo lo que suene a bondad y tolerancia, y son los que atropellan derechos de los contrarios, dialogan sólo para que el otro se avenga a lo suyo y señalan en carteles a los que no piensan igual para echarlos de los pueblos y marcarles como objetivo.</p><p>Ese <strong>nacionalismo furibundo y supremacista</strong> –quieren irse porque se consideran superiores y no están por repartir con andaluces o extremeños que son pobres, vagos y sucios– cuenta además, y esta semana ha vuelto a verse, con la aquiescencia o el <strong>apoyo cómplice de la más indocumentada y banal izquierda </strong>que ha tenido jamás España, esa que es capaz de llamar zombi a Sartorius por oponerse al <em>procés</em> –lo hizo el tal Urban de Podemos en Twitter– y purga a Carolina Bescansa por recordar que la izquierda es universal y Podemos es marca española. Garzón, pon tus barbas a remojar.</p><p>Con estos mimbres se está tejiendo una realidad política que resucita lo peor de nuestra historia. Esa transición que los urban y compañía <strong>dan por superada y hasta inexistente</strong> –nada hay que guste más a un ignorante que negar la historia cuando no se ajusta a su interés presente– se cimentó en la idea de acabar con las dos españas enterrando en el camino nuestra pertinaz<strong> afección por el guerracivilismo y la intolerancia</strong><em> guerracivilismo</em>, y pasando página a una dictadura que sufrieron unos cuantos abuelos ideológicos de esta tristísima izquierda contemporánea. Nuestra historia común –Cataluña incluida– está llena de <strong>odios feroces y órdagos violentos</strong>.</p><p>Y en eso estamos hoy.</p><p>Cuarenta años después de la Constitución democrática, un grupo de iluminados ha puesto este país contra las cuerdas quebrantando la ley y llevando a un pueblo a la ruina. ¿Y para qué? Para nada. Para que los cabecillas del <em>porcojonismo</em> catalán<strong> terminen en la cárcel acusados de sedición</strong> y la imagen de España y Cataluña se arrastre por los suelos de la aldea global como ejemplo de lo que no debe ser la relación entre pueblos de historia común. La España de siempre, igual que hace 200 años.</p><p>Puede Rufián decir que Franco ha resucitado –que se lo pregunten a quienes sufrieron de verdad el franquismo, no a estos hijos de emigrantes que traicionan su pasado–, pueden las CUP amenazar a disidentes con el músculo entrenado del estalinismo más sórdido del que han aprendido política, puede la burguesía catalana seguir levantando la bandera mentirosa del victimismo, puede Junqueras ponerse de perfil a ver si no le buscan a él los jueces que habrán de encargarse de todo esto, puede la ANC engañar a la gente con ese insólito argumento de que con la independencia y el 155 <strong>podrán considerarse pueblo conquistado</strong> y tendrán el reconocimiento de la ONU (que lo han dicho por escrito, de verdad), pueden cantar misa en Monserrat en catalán y sin intérprete… pueden hacer lo que les venga en gana que es lo que hasta ahora han venido haciendo. Pero nunca, jamás, en la vida tendrán por este camino el trofeo que ambicionan, <strong>nunca por este camino conseguirán ser el Estado</strong> con que han engañado a cientos de miles de personas. Nunca nadie reconocerá su acción más que como un hecho delictivo digno de sanción penal.</p><p>Así estamos y eso tenemos.</p><p>La España ignorante y bronca de siempre.</p><p>La lección aprendida es que el<strong> tradicional victimismo nacionalista</strong>, si se cocina con un poco de <strong>radicalismo antisistema</strong>, algo de interés burgués por mantener estatus y un poco de torpeza centralista de largo recorrido y amplio espectro, puede llevar a situaciones tan críticas y peligrosas como la que estamos viviendo estos días.</p><p>Me pregunto, porque me preguntan, ¿cómo va lo de las listas de espera en Cataluña? ¿Alguien está pendiente del estado de los hospitales, las inversiones públicas o el pulso de la Educación? Ah, no. Eso no toca.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Porcojonismo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Será demasiado tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/sera-tarde_1_1146627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El tosco ignorante que ocupa la presidencia de los Estados Unidos no ha rectificado aún –al menos que uno sepa– aquello que dijo de que <strong>el cambio climático era un invento de los chinos</strong>. Ni siquiera la más que razonable sospecha por la Administración Oceánica de los Estados Unidos de que la acción de los huracanes de este año se ha visto reforzada por el cambio climático, nos regala una rectificación de ese <em>generalote</em> de paisano que hace llorar a la viuda de un militar muerto en una acción de guerra y<strong> echa migas a los portorriqueños</strong> después de afearles que se le coman el presupuesto tras el paso del María por el estado asociado.</p><p>La Historia de la Humanidad está<strong> llena de grandes errores colectivos </strong>fruto de algunas fallas del sistema democrático, sin las cuales éste sería demasiado perfecto para ser real y, por tanto, justo. Infalible sólo es Dios, y tampoco mucho, según se sea de una u otra religión o se hable desde una cultura o una sociedad diferentes.</p><p>Uno de esos errores que necesariamente hay que aceptar es el <strong>encumbramiento de gente como Trump y otros populismos</strong>. Error grave que, sin embargo, tiene solución. Puede ser revocado en las mismas urnas que les auparon. Siempre, por supuesto, que las conserven y no les dé por destruirlas o congelarlas. Frente a la realidad de la imperfección está la de la impermanencia.</p><p>Pero hay un error colectivo, presente desde siempre aunque más difícil de justificar en este tiempo de información global y de muy difícil corrección; <strong>imposible de corregir, en realidad</strong>: nuestra huida de la Naturaleza con todo lo que lleva de incomprensión y rechazo. <strong>Nos hemos vuelto casi insensibles</strong>. Desde luego, como especie, sin el casi.</p><p>No me podré <em>rusoniano</em> reivindicando la vuelta a la Naturaleza ni levantaré la bandera del radicalismo vegano –que me parece muy bien, ojo, pero ni comparto ni veo saludable–, pero conviene que en algún momento <strong>nos detengamos a mirar alrededor</strong> y seamos capaces de contemplar nuestro entorno no urbanita y cómo nos estamos relacionando con él.</p><p><strong>Los montes de Portugal, Galicia o Asturias despoblados a fuego rápido </strong>el pasado fin de semana son un buen escenario. Y aunque llevan décadas de tradición incinerante, parece que es ahora, a la vista de la brutalidad de lo allí vivido, un buen momento para ese vistazo aunque sea figurado, mental, aunque no podamos estar allí para oler y tocar <strong>la desolación y la muerte</strong>.</p><p>Muerte de seres humanos, pero también de vida animal y vegetal que tiene tanto derecho a ocupar la tierra como nosotros aunque no sea capaz de roturarla, cultivarla y repartirla.</p><p>La explotación incontrolada, la industrialización sin criterio, el cultivo turístico capaz de matar la gallina de los huevos de oro con su <strong>miopía insostenible</strong> son origen y muestra a la vez de la insensibilidad ante la Naturaleza. Tan cortos somos que nos cargamos nuestra despensa sin darnos cuenta que la única alternativa al hambre puede llegar a ser la intoxicación.</p><p>Ahora, ante los fuegos del norte, nos echamos las manos a la cabeza, pero llevamos décadas de<strong> maltrato ciudadano, de egoísmo de especie y de pésima gestión política</strong> de lo que de forma tan rimbombante llamamos recursos naturales, que no es otra cosa que lo que nos da y mide nuestra calidad de vida.</p><p>Quien llama terroristas a los que queman los montes acaso debió pensar ya hace años en <strong>gestionarlos con una protección verdaderamente eficaz</strong>, en proponer leyes que castigaran de verdad los atentados contra la Naturaleza, en preservar la riqueza de todos de los que la destruyen para aumentar la suya. Y los negacionistas tirarse del guindo o de la cómoda palmera y romperá con esa visión optimista que ha dado hilo argumental a quienes son incapaces de comprometerse a limitar los daños de nuestra civilización excesiva para poder preservar la tierra del cambio climático.</p><p>Un cambio que está aquí ya, que tiene que ver con la virulencia de los incendios de estos días por el <strong>ambiente seco insólito en estas fecha</strong>s y por el viento arrastrado por la cola del <strong>huracán Ofelia</strong>, anotado junto a otra decena de grandes huracanes de este año mucho más dañinos que nunca precisamente por ese cambio climático ya innegable. Y, lamentablemente, imparable.</p><p>Perdemos el tiempo en intensas y estériles polémicas políticas. Todos caemos en esa trampa de lo que consideramos <strong>trascendente e inmediato</strong>. La mirada a lo urgente nos está apartando de lo importante, que es la tierra. O mejor, la Tierra con mayúsculas, el planeta, su futuro, <strong>su supervivencia, la nuestra</strong>.</p><p>Debe ser que los tiempos de la Naturaleza son más largos y sus espacios inmensos, debe ser que nos falta la perspectiva. Pero como no nos pongamos las pilas, vamos a terminar contándole a nuestros nietos que por aquel arenal en cuesta hubo un día árboles y por el fondo del barranco corría agua clara. Ante sus ojos de estupor <strong>nos arrepentiremos de haber perdido el tiempo</strong>. Pero ya será demasiado tarde.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Será demasiado tarde]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Galicia,Incendios forestales,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De mapas y territorios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/mapas-territorios_1_1146357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>El papel lo resiste todo.</strong> En él se pueden dibujar ensoñaciones imposibles o fijar códigos inviolables, o establecer verdades incontestables. La realidad escrita tiene capacidad para navegar en cualquier mar y llegar con éxito al puerto más recóndito o inaccesible. La abstracción es útil y creadora, y la teoría sienta los fundamentos para una práctica que sin ella nacería desnuda o desprovista de guía. Sin un mapa, el viaje resulta muy difícil, cuando no imposible, pero <strong>conviene no confundir el mapa con el territorio</strong>. O, lo que es lo mismo, la teoría con la práctica, la abstracción con la realidad.</p><p>Esa confusión embarga a demasiadas personas en este tiempo convulso en que hay tal identificación entre mapa y territorio que puedes escuchar en un parlamento vejado por las fuerzas mayoritarias algo tan pintoresco como declararse —lo hizo la señora Gabriel, de la CUP— <strong>"independentista sin fronteras"</strong>, o exigir a un gobierno democrático que cumpla la Constitución que enmarca sus leyes, por parte de quienes la quieren dinamitar, o ver cómo gente inteligente y representativa cree haber cubierto una etapa histórica por el solo hecho de <strong>firmar un papel sin validez.</strong></p><p>Conviene, por tanto, separar bien el trigo de la paja, la teoría de la realidad, la abstracción del hecho y hasta la idea de la acción con el fin de no encontrarse con la sorpresa de que la vida sea algo diferente de lo que queremos e incluso de lo que creemos. De no hacerlo, corremos el riesgo de vivir en una constante frustración o, lo que es más peligroso sobre todo para los demás, tratar de <strong>modificar la realidad imponiendo lo que nosotros queremos</strong> por encima de lo que debe o puede ser.</p><p>España está viviendo una crisis de Estado como no se había vivido <strong>desde el golpe que abrió el camino a la Guerra Civil</strong>. El régimen democrático, que es mucho más que eso que llama la izquierda desnortada <em>Régimen del 78</em>, está sufriendo un ataque preparado y organizado desde hace tiempo y con determinación y estrategias revolucionarias a la búsqueda de una independencia que no quiere el pueblo español y tampoco desea más de la mitad de los catalanes. Un golpe cuyo objetivo es mantener o buscar hegemonías de poder con el telón de fondo de la insolidaridad con el resto de "pueblos" de España. Ni siquiera su considerable apoyo popular le dota de legalidad ni resta puntos a la inmoralidad antidemocrática que supone. <strong>No siempre el apoyo popular</strong>, el impulso de las masas,<strong> es identificable con la justicia democrática.</strong> La historia reciente está llena de ejemplos, incluso con mayorías sociales muy superiores a los porcentajes de apoyo que está teniendo este <em>procès</em> en barrena.</p><p>Ante esta situación resulta sorprendente encontrarse con críticas por parte de personas o grupos no secesionistas, no partidarios de la independencia, por si alguien no me entiende, a quienes desde una ideología esencialmente republicana han apoyado de hecho y de palabra a la Jefatura del Estado que ocupa y representa <strong>el rey Felipe VI</strong>. No lo digo porque tenga alguna reserva ante la expresión libre de opiniones frente a cualquier cosa, sino por quienes sostienen que la Jefatura del Estado no puede gestionar ni el Estado ni sus crisis por el mero hecho de no haber sido ocupada por alguien elegido democráticamente. <strong>Como no ha habido elecciones a rey, no vale lo que haga o diga el rey.</strong></p><p>Pues no. Se puede criticar la acción o las decisiones del rey al frente de su responsabilidad como jefe de Estado, pero descalificarlas o restarles valor e incluso credibilidad democrática por el hecho de partir de una institución predemocrática es no sólo una injusticia, sino <strong>una perfecta estupidez</strong>. Es confundir el mapa con el territorio, dar más valor a la teoría que a la práctica, al principio que a la consecuencia.</p><p>El mundo real es el que es, y <strong>no supone renunciar a los principios</strong> aplicarlos en función de criterios de racionalidad y –lamento que el término esté tan devaluado— de sentido común.</p><p>La fe en la república, su defensa como objetivo democrático, no debe cerrarnos los ojos tanto como para <strong>negar la capacidad y el mérito</strong> a quien ocupa una Jefatura de Estado heredada en una monarquía democrática sujeta a las decisiones y la legalidad de un parlamento democrático.</p><p>Porque cabe preguntarse razonablemente: ¿un presidente de república gestionaría la situación mejor que el rey? ¿Su vinculación a un partido político sería más garantista que la actual dependencia del parlamento? ¿Seguro que un presidente partidario, democráticamente elegido, estaría exento de la corrupción que contamina la política española hoy? ¿Su formación y criterio sería mejor que el del actual monarca? ¿Quién está seguro de eso?</p><p>Repito, no confundamos el mapa con el viaje, con el territorio. En este momento, <strong>o se está con la ley o frente a ella.</strong> Y estar con la ley es, ahora mismo, estar con la Jefatura del Estado a cuyo cargo está el rey Felipe VI. Eso lo tenían claro los cientos de asistentes a la recepción del pasado jueves, republicanos muchos de ellos. Y lo tienen claro –mucho más aún— los millones de españoles para los que la crisis de Cataluña está sirviendo como elemento vertebrador.</p><p>Siempre, por supuesto, que no se esté pretendiendo aprovechar esta crisis <strong>para tratar de sacar tajada política</strong> tras el escudo del republicanismo. Como diría el padre primigenio de la actual criatura independentista, el señor Pujol, que ya no citan ni sus más aventajados alumnos del 3 por ciento, ahora no toca. Por muy mediadores o bomberos que se crean.</p><p>Y si no lo ven, que esperen a las urnas cuando llegue el momento. El papel lo resiste todo, pero <strong>el de los votos es muy sensible a la realidad</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[De mapas y territorios]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Felipe VI,Independencia,Independentismo,Monarquía,Futuro de la monarquía,Izquierda Republicana,El vídeo de la semana,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se les fue de las manos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/les-manos_1_1146101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Se empiezan a acojonar. A esa burguesía catalana que se ha mantenido en silencio o de perfil cuando no apoyando el movimiento soberanista, le entran los sudores fríos y se le han puesto de corbata.<strong> Les faltó prudencia y ojo </strong>y ahora les tiemblan las piernas. El <em>procés</em> ha entrado en esa fase de conmociones y agitación que esperaba y se ha trabajado la CUP, que es quien manda en el movimiento independentista.</p><p>El señor Puigdemont, que cree el sinsentido de que se puede<strong> tratar de tú a tú y esperar reciprocidad del jefe del Estado</strong> al que está atacando, pide ya árnica y tira hasta de la Iglesia para que le saque de ésta. Y el jefe oficioso de los servicios secretos catalanes, el controlador Junqueras, no sabe dónde ponerse a la vista de que el paisaje que empieza a dibujarse es <strong>mucho más oscuro d</strong>e lo que él había calculado. Y difícilmente va a sacar él tajada política de todo esto. Ya lo dijo Mas, el pirómano mayor de la aún aventajada autonomía catalana: <strong>“Nunca se atreverán a irse”</strong>. Y se están marchando.</p><p>Imagino que hace ya tiempo que el presidente de La Caixa, Isidoro Fainé y muchos otros grandes empresarios catalanes hablaron con los iluminados capitanes del <em>procés</em> para advertirles de lo que podía pasar. Pero<strong> la euforia y la autoconfianza</strong>, unidas a la evidente indisposición para la acción del Gobierno de Madrid, les llevaron a errar el diagnóstico y creer que <strong>su fuerza y su capacidad de seducción</strong> serían superiores a los temores del dinero, y no les hicieron caso. Ahora la primera desconexión no la hacen los independentistas, sino los dos grandes bancos catalanes hacia esa España que “les roba”. ¿Quién será el siguiente? Quizá cuando esta crónica se publique haya ya otra media docena de compañías que han decidido<strong> separarse de los separatistas por lo que pueda suceder</strong>.</p><p>El partido que representaba los<strong> intereses de la burguesía catalana</strong>, el partido que PSOE y PP utilizaron y alimentaron –en sus más íntimos e inconfesables deseos si era necesario– para poder conseguir mayorías parlamentarias en tiempos difíciles, el partido del<strong> 3 por ciento y la corrupción en Cataluña</strong>, Convergencia i Unió, decidió que entre susto o muerte, era mejor el suicidio previo cambio de la denominación de origen, como si el nombre fuera el único sello de identidad. Todo, con tal de no tener que pasar por los tribunales a explicar lo inexplicable.</p><p>Ahora les dan temblores a quienes callaron durante años y especialmente cuando arrancó este viaje a ninguna parte. <strong>Permitieron hacer y hoy ven que todo se deshace</strong>. Ni siquiera cuando dejaron los herederos de Pujol el destino del partido y de Cataluña en manos de los que querían acabar con su hegemonía y el propio sistema, parecieron alarmados o al menos lo hicieron saber. Salieron de paseo o se plantaron en la playa, no fuera a ser que la cosa fuera bien y ellos se quedaran sin su parte. Mandar siempre, esa es la divisa.</p><p>Pero se equivocaron. Ahora –hace tiempo ya, pero hoy es más evidente– <strong>han quedado en manos de la CUP</strong>. Y, claro, piden ayuda. Los que pueden se van, lo que no, mantienen sus temores y miran alrededor a ver en qué barca se pueden subir o a qué tronco pueden agarrarse.</p><p>Y eso que todavía no hemos entrado en la fase que ya tienen listos los de la CUP a través de sus CDR –comités de defensa del referéndum, las mismas siglas que los comités de defensa de la revolución en Cuba, su modelo social y político–, la<strong> huelga general revolucionaria indefinida</strong> que va a dejar tiritando a la economía y la sociedad catalanas y afectará sin duda a la española. Eso es lo que le espera al <em>procés</em> en este momento por mucha testosterona que muestren en público Puigdemont y su cohorte de independentistas sin programa, de <strong>burgueses despistados </strong>y ahora tiritando, de izquierdistas que aspiran a trazar fronteras que consagren su superioridad sobre los demás españoles. Puede el president decirle al Rey que “así no”, pero hasta él mismo sabe que los suyos empiezan a reprocharle que “así tampoco”.</p><p>Puigdemont<strong> ganó la primera batalla, la de la imagen</strong>, el fin de semana pasado, pero sigue siendo incapaz de soportar la presión del verdadero poder político en Cataluña, y mantiene la ruta fratricida mientras los comités engrasan la calle como herramienta revolucionaria para las próximas semanas. Por eso se saca ahora de la chistera, al tiempo que su jefe de policía declara investigado por sedición junto a los compañeros de Forcadell,<strong> el mantra del diálogo</strong>, que no sólo pretende lavar su imagen sino, sobre todo, ganar tiempo para no declarar la independencia, no sea que en ese momento todo estalle y <strong>sea irreversible</strong>. Y un diálogo internacional, como si el conflicto fuera entre dos países soberanos o entre un ejército de milicianos y sus enemigos coloniales.</p><p>En los momentos difíciles es donde se alcanza a ver la dimensión de cada uno, y si temíamos que <strong>nuestros dirigentes eran más bien limitados</strong>, ahora tenemos la constatación. ¿Quiénes van a dialogar? ¿Un gobierno en Madrid que se ha dejado comer la merienda a un precio tan alto que todavía no somos capaces de medirlo? ¿Unas autoridades catalanas que llevan años trazando un plan sin saber hacia dónde les llevaba?</p><p>A estas alturas la<strong> insolvencia de los actores principales</strong> de esta representación es ya dramática y parece necesario que se aparten. Unos por incapaces de gestionar la crisis desde hace tiempo y otros por incapaces de acatar las leyes de un país democrático, que lo sigue siendo por mucho que ahora renieguen interesadamente mientras asumen la dialéctica <em>cupera</em>. No hablo de equidistancia, no la contemplo, porque no es lo mismo un incapaz que un delincuente, sino constato la certeza de que en ninguno de los dos grandes frentes de esta historia hay no ya talento, sino la más mínima solvencia política. Los únicos coherentes en sus posiciones, los únicos a quienes se puede aplaudir por su determinación y lealtad a sus principios son <strong>Ciudadanos y la CUP</strong>, y tampoco lean aquí equidistancia: a los antisistema les están saliendo las cosas mucho mejor...</p><p>Como escribe Raul del Pozo, somos <strong>un país bonito lleno de gilipollas</strong>. Así nos va. A palos entre nosotros cada cierto tiempo, en una impredecible pero constante sucesión de ciclos históricos.</p><p>Y, aunque parezca mentira, todavía <strong>estamos a tiempo de detener la penúltima</strong>. Mañana domingo otra manifestación en Barcelona hará oír la voz de la disidencia no independentista hasta ahora callada. Esos cientos de miles de catalanes que guardaban silencio no por interés, como los que ahora empiezan a tener miedo, sino por el miedo a ser marcados con una cruz entre los suyos. Como los adolescentes que se rodean de banderas españolas, como los hijos de los guardias civiles. Ahora ya han perdido el miedo, y casi cabe aquí aquello que decía Pablo Iglesias cuando todavía se veía como presidente del Gobierno, “el miedo ha cambiado de bando”.</p><p>Pero a pesar de los intentos del nacionalismo y de las estrategias de la CUP, no es momento de bandos ni de fronteras, sino de<strong> serenar las cosas y pensar en una negociación</strong> que no sea la salvación de los delincuentes, sino el alivio de lo que los de Iglesias llaman “la gente”. El Estado democrático no puede permitir un ataque impune por mucho que se apoye en ciudadanos cabreados que quieren cambio con tantas ganas que se han dejado guiar por ineptos declarados. Debe responder al desafío, pero pensando en abrir en el futuro una puerta a<strong> una negociación sin condiciones ni objetivos</strong> con subrayado en el calendario.</p><p>Diálogo, sí, pero previa renuncia al golpe, <strong>llamada a los ciudadanos a votar y cambio de interlocutores</strong> si fuera posible no sólo en Cataluña. Negociación con perspectiva histórica. No para salir del paso, que es como se ha hecho casi siempre aquí la política.</p><p>Diálogo serio que no sea ese que de boquilla piden hoy las élites catalanas con el insólito e inexplicable apoyo de la izquierda desnortada, cuya única razón y sentido es salvarles el culo del incendio que ellos mismos han prendido con irresponsable entusiasmo.</p><p>Primero el respeto a la ley, y luego la imaginación para <strong>cambiarla si fuera necesario</strong>. Pero no por la fuerza, pero no contra todos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Se les fue de las manos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El vídeo de la semana,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Moraleja, o así]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/moraleja_1_1145815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La imagen de la semana no se ha producido aún, porque la dibujará en tonos de barras rojas y amarillas lo que suceda mañana en Cataluña, y sus perfiles se marcarán con más o menos intensidad según<strong> sea el fragor de lo que se desate en torno a ese referéndum </strong>que el Gobierno dice que no se celebrará y el independentismo piensa celebrar caiga quien caiga.</p><p>De momento, lo que ha caído es la serenidad social y familiar en Cataluña, la confianza de muchos españoles y extranjeros que ni apoyan ni entienden lo que allí está sucediendo, y parte de los patrimonios de impulsores pasados y presentes de votaciones de cartón piedra o<strong> </strong>hucha de chinerío con pretensiones de urna democrática. ¿Qué dirán los observadores internacionales cuando observen que <strong>no hay la más mínima garantía ni formal ni de concepto</strong> en esa liturgia prevista para mañana? ¿Lo sabían antes de emprender el viaje a la Cataluña “ocupada” por el “régimen opresor del 78”?</p><p>Son preguntas retóricas, claro que sí, porque no van a encontrar respuesta. Ni éstas ni ninguna de las que todos nos podemos estar haciendo sobre el futuro político más inmediato. Al menos hasta que pase el domingo y veamos todos qué sucede, en qué quedamos y qué puede empezar a pasar.</p><p>Entretanto, permítame, amable lector, entretener la espera con la historia que me ha contado mi amigo Jaime, que es vecino de un barrio rico en una población cercana a una gran capital, una de esas “ciudades dormitorio”. Tiene el lugar nombre que evoca lección o enseñanza de una fábula o anécdota y en él viven personas de alta renta con cuyos impuestos locales no sólo se conserva y embellece su hermoso barrio, sino que se mejoran las condiciones del resto de la ciudadanía de la localidad. Es lo que se llama<strong> principio de solidaridad</strong>: quien más tiene, más aporta al bien de la comunidad. Y todos satisfechos. ¿Todos? En realidad, no.</p><p>De un tiempo a ésta parte, los habitantes del barrio rico se están empezando a movilizar <strong>cansados de que el resto de la población se beneficie de su mejor situación</strong>. No es que rechacen seguir siendo solidarios, sino que, como ellos mismos explican, no quieren que todo el esfuerzo que realizan para conseguir y mantener sus rentas sea gestionado y canalizado por una corporación municipal que no les tiene a ellos como primera prioridad a la hora de repartir.<strong> Casi como que les roba</strong>. El barrio está plagado de inmigrantes que trabajan en negocios o servicios de las personas de alta renta y éstas han conseguido convencerles de que<strong> si su dinero lo repartieran ellos y no un ayuntamiento</strong> con otras prioridades, todos vivirían mejor. Incluso los hijos de estas familias con posibles, muchachos rebeldes que<strong> cuestionan el orden familiar y hasta el social</strong>, han llegado a la convicción de que la revolución estará más cerca si se hace en un territorio propio en el que los dineros, la industria y los servicios no tengan que repartirse con el resto de habitantes.</p><p>Sostiene mi amigo que el orden natural de las cosas llevará a que en breve este barrio<strong> plantee seriamente su separación del pueblo </strong>al que aún pertenece. Sus habitantes, quienes trabajan para ellos y hasta los hijos díscolos están dispuestos a llevar su determinación hasta el final y, como sucedió con los cantones del XIX, salir a la calle dando vivas al barrio y celebrando esa separación que les hará a ellos más felices porque el dinero se quedará bajo su administración.</p><p>La mayoría que gobierna en el ayuntamiento del que dependen es de un <strong>partido conservador </strong>con cuyas tesis se alinean los vecinos del barrio, pese a lo cual mantienen su deseo de liberarse del engorroso e injusto compromiso de repartir.</p><p>¿Qué puede pasar? De momento, nada, puesto que esa corporación municipal a pesar de la cercanía ideológica no está dispuesta a ceder a la pretensión de los vecinos de alta renta. Y éstos <strong>no cuentan con apoyos externos</strong> suficientes como para seguir adelante con su ilusionante proyecto.</p><p>Sucede sin embargo que, ante la inminencia de elecciones locales, hay encuestas que apuntan a la posibilidad de ascenso de la izquierda en el ayuntamiento. Y los vecinos han puesto en esa posibilidad su esperanza.</p><p>¿Cómo? –le inquiero–. ¿Los vecinos de un barrio rico <strong>van a contar con el apoyo de la izquierda</strong> que se supone defiende intereses contrarios? Sí, me responde, las cosas se han vuelto tan extrañas en la ciudad que la izquierda ha prometido con entusiasmo revolucionario atender las peticiones del barrio.</p><p>Demasiado extrañas, ciertamente. Cuándo se ha visto a la izquierda apoyar los intereses de la clase contra la que se armó su ideología. Imposible.</p><p>Y miro con afectuosa ternura a mi amigo que cree de verdad que una rebelión vecinal de los ricos que no quieren seguir repartiendo con los demás sea apoyada por una izquierda que se supone habría de defender un<strong> reparto justo, equitativo y solidario de la riqueza</strong>.</p><p>Como si una posición así fuera posible en estos tiempos. Qué ingenuo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Moraleja, o así]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Independentismo,Referéndum,El vídeo de la semana,Cataluña ante el 1-O]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De calle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/calle_1_1145525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>“La calle es mía” bramaba don Manuel Fraga Iribarne desde su despacho ministerial ante las movilizaciones de la izquierda recién salida de la clandestinidad y la cárcel en los agitados tiempos de la Transición. <strong>“La calle es nuestra” </strong>presume orgulloso hoy el independentismo catalán acompañado por esta nueva izquierda sin una sola cicatriz en su currículum, que tiene la osadía de llamar <strong>"presos políticos" </strong>a los dirigentes y altos funcionarios empitonados por el Constitucional y <strong>"represión" </strong>a la acción de la policía judicial tras la orden emitida por jueces que aprecian delito en acciones de responsables de la administración catalana.</p><p>Y toman la calle y participan en el acto final de esta<strong> representación tosca y visceral</strong>, que va discurriendo según el orden programado por los propios actores: fecha del referéndum, legislación ilegal sin garantías para quien discrepa, agitación contra el Estado democrático que se defiende frente a los <strong>golpistas presentados como víctimas</strong>, señalamiento de la justicia independiente como brazo armado de un <strong>supuesto Estado opresor</strong> y finalmente movilización callejera para agitar la pacífica rutina ciudadana, asustar a los tibios y, si la cosa sale bien y va a más el estrépito en la calle, forzar a ese Estado que niega derechos a dialogar sobre las condiciones exigidas por los protagonistas del drama.</p><p>Es previsible, por tanto, que sigan las manifestaciones y algaradas, <strong>igual que es previsible que la justicia siga actuando</strong>, y unos y otros se alimenten en el bucle que con tanto acierto había calculado el independentismo. La acción/reacción cada vez más intensa.</p><p>Y más aún cuando la movilización así planificada, y apoyada, sin mucho éxito, pero con entusiasmo prerrevolucionario, por la izquierda no nacionalista tan amiga de registrar la calle como suya, ha sembrado ya cierta inquietud entre esa otra izquierda constitucionalista que se siente incómoda ante la movilización callejera porque<strong> le concede el valor de uso de muchos años de política a pie de calle</strong>, en aquel tiempo en que uno se la jugaba de verdad, no como ahora.</p><p>El referéndum ya parece estar bastante desactivado: no hay papeletas, ni mesas, ni interventores, ni colegios, <strong>ni las más mínimas garantías</strong>. No es que antes hubiera muchas, pero a la vista de la actuación de la Justicia frente a la ilegalidad que de forma consciente se está cometiendo, el frente golpista ya empieza a hacerse cuentas y concluye que lo del 1-O está bastante complicado. Bueno, no todos: Puigdemont parece creerse aún que podrá sacarlo adelante.</p><p>De modo que, con la excepción del presidente y algún que otro despistado que seguro que lo hay, los actores de esta tragicomedia en varios actos<strong> confían en la revuelta callejera como recurso final</strong>. Cuanto más ruido, cuanta más agitación, más inquietud y nervios en el Gobierno y más posibilidades de que se sumen al carro del independentismo voluntades hasta ahora indecisas. Es para ellos hoy la única estrategia posible. De ahí que hayamos visto imágenes tan sorprendentes como la de la presidenta de un poder legislativo azuzando a las masas contra otro poder del Estado, el judicial. Si la calle no responde, el llamado<em> procés</em> entrará en algo parecido a la vía muerta. Por eso se necesita <strong>repintar constantemente el trazo grueso del enemigo común</strong>, por eso se llama a la Guardia Civil que ejerce de herramienta judicial “fuerza de ocupación” y por eso se hurta a la ciudadanía la realidad de que quien está actuando no es un Estado extranjero opresor, sino jueces catalanes, y que todos los actores de este melodrama sabían perfectamente que incumplir la ley y encima ponerse chulos tendría como respuesta la aplicación de las previsibles sanciones.</p><p>Hay mucha más entraña que razón, y se ha desterrado la duda como guía de viaje. Todo está clarísimo y es elemental: el malo es el Estado centralista y<strong> los buenos son los que incumplen las leyes de ese Estado</strong>.</p><p>El viaje programado por el independentismo se va cubriendo etapa a etapa y en ésta final confían en la experiencia de la CUP y los apoyos de la izquierda centralista desnortada –<strong>esa que llama preso político al político preso</strong>– para ganar la calle y salir airosos.</p><p>El límite es el revolucionario octubre, hasta cuya llegada apretarán todo lo que puedan y más aún.</p><p>No es muy difícil imaginar que lo que vendrá después acaso se parezca bastante a lo que se llama técnica y popularmente hacer política. O sea, crear espacios de realidad no virtual en los que moverse para ofrecer a los ciudadanos algo más que un mundo feliz, quizá soluciones a sus problemas y esas cosas menores. Cuando se calle el estrépito de este fallido viaje, llegará el momento de convocar unas elecciones autonómicas y desde el parlamento y el gobierno que salgan de ellas abrir –si se dibujara una mayoría independentista– <strong>un diálogo sin fecha ni meta ni camino inasumibles para el Estado</strong>, con el compromiso de respeto a las reglas y la voluntad de hacer política posible, no revoluciones imposibles.</p><p>Entretanto, seguirá el ruido sin nueces y la propaganda que activa los bajos y daña la razón. E imagino que también la marcha de la llamada máquina judicial aplicando castigos y sanciones a quienes han violado la ley. Esos que cuando les llegue el embargo de cuentas quizá se pregunten si para este viaje hacían falta estas alforjas, en particular sin son ellos quienes las van a llenar de su propio bolsillo. Porque una cosa es tomar la calle para <strong>atemorizar a un poder estatal y destrozar patrimonio público</strong>, y otra muy distinta quedarse en ella para pasar algunos lunes al sol.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[De calle]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Manifestaciones,El vídeo de la semana,Cataluña ante el 1-O]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Supremacistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/supremacistas_1_1145270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Qué simpático podría resultar que un tipo que se está empeñando en dibujar fronteras nos cuente a todos que vivimos en un mundo que las está borrando. Simpático, <strong>si no jugara al supremacismo</strong> ni fuera descaradamente manipulador en su acciones y sus omisiones.</p><p>Ver a Puigdemont en su tele de cabecera, la pública que han puesto al servicio de una parte de los catalanes, asegurar que “un gobierno chapado a la antigua” –en referencia, supongo, al español, o al de la Unión Europea– no se da cuenta de que <strong>vivimos en un mundo que “no tiene fronteras”</strong>, resulta altamente clarificador de la catadura moral y la altura intelectual del personaje, por mucho que aclare que está hablando “en el caso de la comunicación electrónica”.</p><p>Es el ejemplo perfecto del <strong>embudismo militante </strong>–para mí lo ancho, para ti lo estrecho– que practican los independentistas en general, y estos “neoantisistema” de la antigua burguesía catalana en particular. Viene a decirnos que ese gobierno antiguo que no entiende que no hay fronteras electrónicas me está impidiendo a mí que levante las mías físicas. Inmenso.</p><p>La siguiente va a ser acusar de imperialista al gobierno que va a intervenir sus cuentas, esas que nutren y gestionan con el dinero del resto de los ciudadanos de esta España al parecer <strong>simplona y predemocrática</strong>.</p><p><strong>El nacionalismo es una ideología supremacista</strong>, conviene no olvidarlo. Basa su posición y estrategia en su superioridad cultural, cuando no racial o intelectual, y ahí navega y ahí recoge su cosecha. El dibujo de fronteras, más aún en ese mundo que el propio Puigdemont nos recuerda que las está borrando, no es sólo una inútil definición geográfica de diferencia, sino una <strong>salvaguarda de la superioridad </strong>de quienes lo realizan. El discurso independentista está hoy en Cataluña al nivel de aquello del tal Lupiañez de Blanes, que vino a fijar la distancia que hay entre la forma de vivir de los catalanes y el resto de los españoles, comparando a Dinamarca con el Magreb. Se creen superiores y lo exhiben sin pudor. El independentismo se ve tan por encima de los demás, en la calle y en los despachos, que cree que <strong>puede saltarse cualquier ley</strong> que no sea la propia en su camino para obtener la supuesta felicidad individual y colectiva de sus partidarios. Lo peor es que hay cientos de miles de personas que lo entienden así, que siguen pensando que el malo es el sistema democrático constitucional español y que los buenos de la burguesía catalana radicalizada, la izquierda contradictoriamente nacionalista y las legiones de los antisistema, son los pastores que les conducirán a la felicidad absoluta cuando por fin consigan bajar las barreras y vivir en su Arcadia feliz.</p><p>No hay un solo responsable, por supuesto. Ha habido años de <strong>manipulación nacionalista y torpeza del Estado central </strong>que utilizó en beneficio propio el poder de los nacionalismos catalán y vasco para formar gobierno y no supo mantener una relación igualitaria y fluida con él. Pero sí existe un actor principal, ese independentismo tan pagado de sí mismo como para creerse y hacer creer que en nombre de la gran mentira de la patria catalana se puede<strong> pisotear la ley, la democracia y el futuro</strong>, tergiversando la realidad hasta el punto de arrogarse la única representación de la ley, la democracia y el futuro.</p><p>Un independentismo en el que se han hermanado contra natura la amalgama de Junts pel Si y la muchachada de la CUP, tan interesados todos ellos y tan de andar por casa que siguen sin responder a <strong>qué harían con su alianza</strong> cuando consiguieran la independencia, <strong>cómo volverían a la Unión Europea</strong> después de salir automáticamente al abandonar un país miembro, qué le dirían a los agricultores, los empresarios, los ciudadanos que<strong> perderían derechos y ayudas</strong> de esa Unión en la que no estarían, cómo retendrían la<strong> </strong>desinversión general que se produciría al crear el nuevo estado, qué garantías ofrecería a inversores nuevos un régimen nacido del incumplimiento de leyes democráticas, cómo explicarían el <strong>ínfimo valor de su moneda</strong>, la peseta naturalmente, fuera del universo euro, cómo sería su ejército, quién vigilaría sus fronteras, en qué liga jugaría el Barcelona… y tantas y tantas cuestiones abiertas.</p><p>Pero todo eso no importa mientras haya un Estado malo que lanza contra los pacíficos pastores, que ni presionan ni amenazan ni silencian a los disidentes, a toda su artillería mediática y judicial perfectamente organizadas para reprimir derechos históricos. Ante esa situación,<strong> ¿qué más da la historia?</strong> ¿Quién quiere respuestas a la razón si el futuro es la felicidad de la patria luminosa gobernada por seres incorruptibles y sin pasado? ¿Para qué nos vamos a complicar en cálculos que pueden ensombrecer el horizonte si lo que vamos a conseguir es una patria nueva, una bandera propia, un himno y unas brillantes alambradas de frontera? ¿A quién le importa lo que tengamos si seremos todos ciudadanos de la <strong>feliz, justa e igualitaria República Catalana</strong>?</p><p>Porque la razón está de más mientras haya un horizonte que otorgue carta de naturaleza política a la <strong>supremacía cultural, económica y probablemente también racial</strong>. Aunque sea falsa, como todo el proceso. Aunque cueste el futuro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Supremacistas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Independentismo,Referéndum,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Proxenetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/proxenetas_1_1144988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Primero fue la burguesía catalana la que se suicidó poniéndose en manos de la alegre muchachada de la unidad popular. Ahora, la amalgama política surgida de ese matrimonio tan interesado como antinatural, se dirige al sumidero ante el regocijo silencioso de la izquierda republicana que se ve ya<strong> como el pescador que sacará tajada de esta ciénaga revuelta</strong> en que se ha convertido “el procés”.</p><p><strong>Los que robaron durante tantos años a base de comisiones del “tresporciento”</strong> prefirieron echarse en manos de la izquierda en cualquiera de sus opciones, incluso las antidemocráticas, o postdemocráticas si quiere usted una terminología más moderna, con tal de difuminar las posibilidades de terminar en la cárcel. Pero han sido tan torpes que confundieron el globo que les elevaría por encima de la ley con la piedra que les va a hundir bajo su superficie, y van a terminar pisando celda por prevaricación o hasta sedición a juzgar por su disponibilidad a pasarse por la entrepierna cualquier tipo de legislación que les impida su mortal huida hacia ninguna parte.</p><p>De eso ya se encargarán los tribunales, la justicia, el Estado Democrático más pronto que tarde, y no lo va a impedir ni el estruendo de su estupidez ni esa movilización popular que esperan sea el dique de contención de la respuesta que ya está en marcha. No sonará la calle tanto en Cataluña como para cambiar el rumbo de un proceso de mentira que no sólo le costará a sus impulsores muerte política y patrimonio, sino que ya empieza a salirle caro a todos los catalanes. No hay más que echar un vistazo a los<strong> datos sobre crecimiento económico en Cataluña –congelado- </strong>y a las advertencias de inversores y empresarios (esos que un día estuvieron en el tren de CIU hasta que esa burguesía política cambió de nombre, orientación y novios) sobre el miedo a la falta de garantías legales, para darse cuenta de que esto no es amenazar con que viene el lobo, sino empezar ya a sufrir sus dentelladas.</p><p>Con todo, el esperpento de esta semana en el Parlament, desnaturalizando su sentido, convirtiéndolo en un templo del abuso de poder, tiene algo de positivo: hasta el que no sabe hacer la "o" con un canuto se ha tenido que dar cuenta del talante de esta pandilla independentista. Nunca han querido una consulta democrática porque <strong>nunca han contemplado en sus cálculos políticos la posibilidad de que saliera un "no" </strong>en el referéndum. Las urnas son la excusa, el forzoso trámite en el que hasta ahora escondían su desapego democrático.</p><p>Lo hemos visto esta semana con sus formas y su actitud hacia quienes defendían otras posiciones.  De hecho, quienes en algún momento hemos defendido públicamente la idea de una consulta verdaderamente democrática, pero optando por el "no",  <strong>hemos sido acusados de anticatalanes, antirreferendum, y, por supuesto, antidemocráticos.</strong> La cosa no era votar, sino dar el sí a la intención de unos de librarse de investigaciones, de otros de cumplir sus sueños de gloria y de los “cuperos” que hoy marcan agenda y detentan el poder, de cargarse el sistema, cualquier sistema, por la vía de forzar al Estado a ponerse la soga al cuello.</p><p>La forma en que el e<strong>spíritu estalinista del independentismo más intolerante</strong> ha dominado los debates parlamentarios –ni opción al debate, ni respeto a la oposición, ni garantías, ni estatut, ni dictámenes jurídicos, ni nada de nada- deja bastante clara la idea de democracia de esta tropa. La imagen del Parlamento agredido es tan vergonzosa como la de Tejero entrando en las Cortes.</p><p>Como se ha repetido hasta la saciedad estos días, incluso desde una izquierda que tenía que recordarle a este clan postdemocrático que hubo un franquismo contra el que se luchó desde la diferencia ideológica, <strong>la mayoría en un parlamento no da derecho a imponer a la fuerza a los demás</strong> sus puntos de vista. Eso es una negación no sólo del parlamentarismo sino de la democracia misma.</p><p>Los impulsores de esta impostura de votación popular que es el referéndum del 1 de octubre han prostituido una idea que en este país, y en todo el mundo, ha costado y sigue constando vidas a quienes luchan con valor y determinación por ella, <strong>la de democracia. Han sido sus proxenetas.</strong></p><p>Pero al menos, <strong>los episodios vividos esta semana desnudan su verdadera raza</strong>, su auténtico talante de feroces agresores de cualquier idea que no sea la propia o sirva a sus intereses.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Proxenetas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Independentismo,Referéndum,Derecho a decidir,El vídeo de la semana,Consulta catalana 2014,Cataluña ante el 1-O]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cárcel, miserias y golpe de Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/carcel-miserias-golpe_1_1143545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Discurrió la semana sorteando terremotos y pantanos, con <strong>imágenes para la historia</strong> de este año y acaso de esta década: al trullo el todopoderoso y eterno presidente de la Federación de Fútbol <strong>Villar</strong>, suicidado el en tiempos también intocable<strong> Blesa</strong>, ante cuyo cadáver un coro de mentirosos profesionales se empeña en culpar a tuiter o a sus víctimas de su tristísima decisión de quitarse la vida, como si el aislamiento social en el que había caído se sustanciase en las redes sociales y no entre los suyos, y en Cataluña, apenas unos días después de la constatación de que allí están en plan <strong>golpe de estado</strong>, y cuando el letrado mayor del Parlament se carga la legalidad del “procés”, la fiscalía anticorrupción regala al victimismo nacionalista el impagable argumento de la entrada en sus instituciones de la Guardia Civil…¿no podía haber elegido otro momento?</p><p>La imagen de Villar entre guardias, que simboliza la <strong>caída de un cacique</strong> demasiado osado, bien pudiera ser la de la semana; de Blesa no hay testimonio, pero en nuestro imaginario bien podría asentarse ese instante en el que el banquero <strong>expulsado de la élite</strong> apoya la culata de su rifle contra el suelo y se pega un tiro en el pecho. Ambas, la real y la imaginada, tienen fuerza suficiente como para quedarse para siempre entre nosotros. Pero se me antoja que Cataluña tiene más recorrido: lo de Villar y Blesa no dejan de ser asuntos personales por mucha trascendencia o implicaciones que puedan tener; sin embargo, el golpe de estado catalán va más lejos y <strong>nos toca a todos</strong> más cerca.</p><p>Porque esta semana el independentismo catalán ha dejado claro para quien todavía dudaba de su metodología y propósitos que está en modo golpe de estado sin filtros ni matices. Poco después de que la muy independentista Marta Pascal abriera el grifo de la utilización de términos militares para definir <strong>la “resistencia” del independentismo</strong> frente al Estado opresor, un movimiento político de larguísimo alcance y consecuencias aún por ver ponía en manos de esta “soldadesca” las armas que hasta ahora no tenían.</p><p>A falta de ejército que movilizar contra el poder establecido, los independentistas <strong>han tomado la Policía</strong>, el único cuerpo armado catalán, para ponerla a su servicio. Para poner sus armas y su poder a favor de su opción y en contra de los demás. La Cataluña que no es partidaria de la independencia, se ha quedado sin protección <strong>para ejercer sus derechos</strong> porque el poder político que sale de un parlamento democráticamente elegido, pero deslegitimado por su intento de romper la legalidad vigente, ha decidido que su única fuerza armada se ponga al servicio de una parte de los catalanes.</p><p>El cambio de Albert Batlle, el jefe policial profesional que públicamente defendió que los Mossos de Esquadra no hagan otra cosa que ajustar su acción a la ley, por un <strong>sujeto de perfil sumiso </strong>pero al mismo tiempo vehemente que ha dejado escrito en redes sociales que le damos tanta pena los españoles como la CUP, es mucho más que un cese político y debería llevar a alguna reflexión a los muchos ingenuos que todavía creen que este proceso catalán es un <strong>camino democrático</strong> por la liberación de la opresión española.</p><p>El cambio al frente de los Mossos es el más grave de los movimientos que realiza Puigdemont y su gobierno en su camino suicida <strong>hacia la imposible independencia</strong> y refleja el verdadero cariz de quienes están impulsando todo este <strong>sinsentido</strong>.</p><p>Lo que sería un cambio asumible, lógico en cualquier circunstancia, poner al frente de la policía a<strong> </strong>alguien de más confianza que el que estaba, se torna en <strong>herramienta antidemocrática</strong>, en instrumento de golpe de Estado porque esa confianza se mide no en términos profesionales o de lealtad a una política, sino de sometimiento a una ideología, que no es lo mismo. ¿Aceptaríamos que el gobierno del PP o del PSOE, o de Podemos exigiera militancia en el partido a los miembros de las fuerzas de seguridad o del ejército? Pues eso es lo que ha hecho con su policía el gobierno catalán.</p><p>La decisión refleja además la ciénaga en que se han metido los impulsores del “procés”. Probablemente no tenían otro remedio para seguir adelante que poner la policía a su servicio, ya que de lo contrario deberían tenerla enfrente. Pero al hacerlo no sólo muestran su verdadero talante —“proceso adelante caiga quien caiga, incluso la máscara democrática que nos habíamos puesto”— sino que ponen en verdaderos aprietos a sus propios policías que, evidentemente, <strong>se enfrentarán a complicaciones legales y laborales</strong> si en vez de hacer su función de preservar la ley contribuyen a violentarla como les exigirá su nuevo jefe, Pere Soler, el de las penas en <em>tuiter</em>.</p><p>De momento los independentistas ya tienen a su servicio el poder armado de la policía. Otra cosa será <strong>que los funcionarios acepten</strong> resignados ese papel. Por lo visto hasta ahora, parece que no.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cárcel, miserias y golpe de Estado]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Miguel Blesa,Mossos d'Esquadra,El vídeo de la semana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Negamos la Historia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/negamos-historia_1_1143286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La semana empieza con la insólita<strong> negativa de Carmena a poner la pancarta de Blanco</strong> y acaba con Puigdemont derramando la sangre de los tibios que corre ya por el cauce del <em>procés</em>. Ya quedó escrito aquí hace un par de columnas: el que duda no tiene sitio en el sueño imposible de la República Catalana. El poder presente y presuntamente futuro <strong>no admite medias tintas ni prudentes reservas</strong> por cuestiones de patrimonio entre sus cuadros dirigentes: esto es un sacerdocio que implica renuncia, sacrificio y si es necesario inmolación.</p><p>Como en Podemos, donde el concejal madrileño Zapata ha sido apartado por preferir aportar su dote de sueldo público<strong> </strong>a Ahora Madrid antes que al partido de Iglesias. Y eso no vale. Sobre todo teniendo en cuenta que a AM le entrega menos de lo que debería pagar a Podemos sobre su sueldo. En Podemos <strong>nadie puede quedarse con más de tres veces el salario mínimo interprofesional</strong>, el resto se entrega al partido.</p><p>Y es en Madrid donde esa semana encontramos la verdadera imagen de la semana, que es una “no imagen”, porque se trata de la “no pancarta” de Miguel Angel Blanco.</p><p>No necesitaba Podemos el apoyo indirecto de una<strong> sorprendente, inaceptable e insólita manipulación periodística</strong> que juntaba malévolamente risas de Iglesias y Montero con el minuto de silencio en el Congreso, para que su grupo haya quedado a la altura del betún con su actitud en el homenaje a Miguel Angel Blanco. Con su negativa a la pancarta. A estas alturas me sigo preguntando cuál ha sido la verdadera razón, porque lo de la supuesta igualdad entre víctimas del terrorismo es un argumento que no sólo es débil y cutre,  sino<strong> profundamente ofensivo para las víctimas del terrorismo</strong>.  De no ser una excusa, supongo que el Ayuntamiento que preside Manuela Carmena estará dispuesto a preparar un gran homenaje a todas las víctimas de ETA. Y en particular a los guardias civiles anónimos a los que aludió su portavoz Rita Maestre en una entrevista en la cadena SER para reforzar el argumento de la “igualdad” de doña Manuela. Guardias civiles, conviene recordar, compañeros de esos otros a los que en Alsasua molieron a palos un grupo de presuntos terroristas –es la consideración que les ha otorgado la Justicia– con quienes se solidarizó –los acusados, no los guardias– el grupo político al que pertenecen la señora Maestre y su jefa Carmena.</p><p>Por mucho que pretenda Podemos reescribir la Historia, aquí hubo durante medio siglo un grupo terrorista que<strong> asesinó a más de 800 personas en casi 2.500 atentados</strong>, sembró en la sociedad vasca un miedo y un desasosiego que corrompió las relaciones entre vecinos y hasta familiares y amigos, y que fue alentada y engordada por gente que aún hoy se presenta como pacificadora. <strong>Gente a la que los de Iglesias dan bola y afecto</strong> y que siguen moviéndose alrededor de una organización, ETA, que aún no se ha disuelto.</p><p>Si ETA no mata hoy no es por decisión propia, por  una reflexión interna, por un golpe de lucidez histórica, sino<strong> porque la Justicia, la Guardia Civil y la Policía hicieron su trabajo</strong>, porque en el País Vasco surgió tras el asesinato de Miguel Angel Blanco y la iniciativa de ciudadanos valientes y cansados una <strong>marea de indignación que movilizó la calle</strong>, un movimiento que empezó a hacer frente a los terroristas y sus corifeos en su propio territorio, en la calle, que perdió el miedo a las amenazas. Aquí no hubo una guerra,  <strong>no hubo dos bandos, no hubo “toda clase de víctimas”</strong> como todavía recordaba hace unos días una portavoz del PNV, tan amigos ahora del PP por interés presupuestario. Otegui no es un pacificador, no es un hombre de equilibrio. La Historia es la que es, no la que quieren olvidar o escribir de nuevo.</p><p>El recuerdo a Miguel Angel Blanco no era sólo el homenaje a un joven asesinado con crueldad insoportable después de dos días de secuestro. El recuerdo al concejal del PP –filiación que con toda intención subrayó esta semana Podemos a la menor ocasión– es la<strong> reafirmación de una sociedad democrática </strong>que hace 20 años empezó a caminar hacia el final de la violencia terrorista. No es una celebración de partido, sino de la paz, de Paz con mayúsculas, y de paso el emocionado aplauso y el reconocimiento a todos los que se quedaron en el camino.</p><p>Se lo debemos todos. Absolutamente todos. Incluso los que quieren reescribir la Historia. Incluso los ignorantes y algún que otro miserable.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[¿Negamos la Historia?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[ETA,El vídeo de la semana,Podemos,Ahora Madrid]]></media:keywords>
    </item>
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