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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 8]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-8/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 8]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Si te comes un limón sin hacer muecas’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-comes-limon-muecas_1_1124075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3213445a-dc1b-4e90-952c-550e584dc7dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Si te comes un limón sin hacer muecas’"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>Corrían malos tiempos cuando iniciábamos nuestra aventura en este proyecto,  crear un club de lectura en un pueblo de la provincia almeriense, Huércal-Overa, y  reunir a un grupo de personas con inquietudes similares y con ganas de llevar adelante nuestras ilusiones. Pues bien, nos estamos remitiendo a fechas ya lejanas, como la primavera de 2008, cuando surgió la idea de formar este club, que a pesar de algunos obstáculos salió hacia adelante y hoy, en el año 2016, se mantiene con un grupo estable de lectores, en concreto 22, llenos de entusiasmo e ilusión que se reúnen en la biblioteca municipal Gabriel Espinar. </p><p>Los coordinadores del proyecto, el bibliotecario municipal <strong>Diego Gómez Rosell </strong>y el profesor de Literatura <strong>Pedro M. Domene</strong>, propusieron una primera lectura que, sin duda, no dejaría indiferente a nadie, <em>El niño con el pijama de rayas</em> del irlandés <strong>John Boyne</strong>. Sorpresivamente, convocó a una docena de amantes de la lectura que sentaría las bases del club, que no ha dejado de crecer hasta la actualidad. El club está formado por un grupo muy heterogéneo de amantes a la lectura: amas de casa, jubilados, profesionales de la sanidad, maestros y profesores, que comparten su visión de libro propuesto.</p><p>Nuestras reuniones quedaron fijadas para los últimos jueves de cada mes, pero a lo largo del tiempo, esta convocatoria ha ido cambiando según las necesidades de nuestros amigos lectores y, alternativamente, nos vemos los martes.</p><p>Aunque lo que leemos con más frecuencia es narrativa, novela y cuento, también hacemos nuestros pinitos con el teatro, la poesía y el ensayo. Hemos adquirido, desde el principio, una estrecha relación en la lectura de los clásicos: <em>Don Quijote de la Mancha</em>, <em>Madame Bobary</em>, <em>Fortunata y Jacinta</em>, <em>La Montaña Mágica</em>, <em>Cien años de soledad</em>, que reafirman nuestra voluntad de incorporar al club en el maravilloso mundo de la Literatura Universal.</p><p>La literatura contemporánea tampoco se queda excluida, y hemos leído autores como: <strong>Cela</strong>, <strong>Delibes</strong>, <strong>Martínez de Pisón</strong>, <strong>Ruiz Zafón</strong>, <strong>Pérez-Reverte</strong>, <strong>Gioconda  Belli</strong>, <strong>Vázquez Figueroa y</strong><strong>Saramago</strong>, entre otros.</p><p>Desde el club hemos propiciado otras alternativas relacionadas con nuestra actividad lectora, encuentros con algunos de los autores leídos: <strong>Miguel Sanfeliu</strong>, <strong>Miguel Ángel Muñoz</strong>, <strong>Bianca Aparicio</strong>, <strong>Francisco Carrasco</strong>, <strong>Dionisia García</strong>;  rutas literarias en nuestra geografía cercana: <strong>Azorín </strong>y Monóvar, <strong>Miguel Hernández</strong> y Orihuela, Machado y Baeza, <strong>Federico García Lorc</strong><strong>a</strong> y Granada, <strong>Washington Irving</strong> y la Alhambra; así como diversos  encuentros provinciales con otros clubes de lectura.</p><p>Desde <a href="http://clubdelecturahuercalovera.blogspot.com.es/" target="_blank">el blog</a> de nuestro club, compartimos mes a mes las propuestas realizadas para que otros aficionados puedan asomarse a este maravilloso mundo del lector. Nuestra última lectura ha sido Si te comes un limón sin hacer muecas, de Sergi Pàmies. <strong>Si te comes un limón sin hacer muecasSergi PàmiesAnagramaBarcelona2007</strong></p><p><em>Si te comes un limón sin hacer muecas</em></p><p>Los veinte cuentos que componen el libro combinan situaciones cotidianas y fantásticas que profundizan en emociones comunes con las que resulta muy fácil identificarse. El amor no correspondido, la desconfianza, las dependencias familiares, el exceso de soledad o de compañía y los deseos insatisfechos son algunos de los elementos que caracterizan este libro. Con una mirada irónica, incisiva y contenida, Pàmies retrata las servidumbres de unos personajes vulnerables, esclavos de unas circunstancias que, al igual que los limones, tienen el contradictorio poder de ser ácidas y refrescantes al mismo tiempo. El barcelonés desarrolla en estos cuentos y en pocas frases la inquietud, la explosión y el absurdo. Con algunos de estos relatos consigue crear un mundo habitable para el lector y ofrece una visión particular de la vida. </p><p>Estos cuentos propiciaron en los miembros del club de lectura una viva discusión, así como una aguda reflexión sobre la vida y sus variados matices.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Ángeles Pérez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Un campo de batalla antes de la batalla’, de Juan Manuel Muñoz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/campo-batalla-batalla-juan-manuel-munoz_1_1124068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a703f178-54d0-4a00-99db-ef95f7caa9cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Un campo de batalla antes de la batalla’, de Juan Manuel Muñoz"></p><p><strong>Un campo de batalla antes de la batalla</strong><strong>Juan Manuel Muñoz AguirreDevenirMadrid2015</strong></p><p><strong>Juan Manuel Muñoz Aguirre </strong></p><p>(Madrid, 1959) es sin duda uno de los poetas más interesantes de su generación, si bien su trayectoria lo ha situado siempre en los márgenes de la misma, por no decir directamente fuera. La poesía hace poco ruido y para muchos lectores de poesía ni siquiera cuenta como nombre, pero para los que le seguimos desde hace décadas nos alegramos enormemente de que haya conseguido el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2015, y la editorial Devenir haya publicado <em>Un campo de batalla antes de la batalla</em>, su última entrega. Hay que decir que su producción no es ciertamente extensa, pero sí muy intensa, y que se compone de tres poemarios más: <em>Omnia</em> (1986), <em>Adiós, dijo el duende</em> (1991), y <em>Hacia el viaje</em> (2006). Estos tres volúmenes, hoy agotados, junto al que aquí reseñamos, se merecen una edición compiladora que los ponga en el mercado y los vuelva accesibles a los lectores.</p><p>Como en sus anteriores libros de poesía, <em>Un campo de batalla antes de la batalla</em> es un sólido poemario que extiende una particular sintaxis —la discursividad señalada, entre otros, recientemente por <strong>Carlos Alcorta— </strong>mezclada con una mirada lírica donde el extrañamiento y las asociaciones nos acercan un mundo de extraordinaria fuerza poética en el que penetramos como a través de un espejo. Una vez al otro lado, nos arrastra. Por ejemplo, con la sugerencia, tantas veces —y tan bien— empleada, de "Ventanas bajas", cuando un personaje difuminado aguarda en el ángulo oscuro, observando con avidez un cuerpo bello con el que se ha vivido una relación amorosa, pasional, a pesar de que "la belleza es inútil". Lo dice una voz que ama y venera la belleza, no sólo física, sino también ambiental, creando densidad que se corta como con un cuchillo en el aire: "La habitación, / en un extremo de la casa, / con la cama deshecha / y la ropa tirada por el suelo / de cualquier modo, / podría ser la misma" (pág. 12). Las atmósferas en <em>Un campo de batalla antes de la batalla</em> poseen una intensidad poco común en la poesía española contemporánea, fruto de una condensación en la que se van superponiendo ideas y conceptos, sensaciones y, sobre todo, impresiones, de manera desordenada y caótica, pero convenientemente estructurados en la forma poemática, dotando a esas impresiones de un vigor inusitado, por su espontaneidad, como si de la realidad brotaran esos retazos líricos que nos invaden, pues ¿qué es la poesía si no un fugaz destello en medio de la cotidianidad más aplastante, una luz que nos saca por momentos de lo que nos aburre, y nos recuerda que hay algo más, un misterio por descubrir, como un <em>déjà vu</em>?</p><p><em>Un campo de batalla antes de la batalla </em>es una recreación ambiental de escenarios intensos en los que la emoción se palpa. No de escenas emocionantes, sino de poesía canalizada en emoción… Secuencias recortadas, perfiles, sesgos. "Tricheuse", que en francés quiere decir "mentirosa", lo explica bien a partir de una relación misteriosa —se entiende que amorosa— donde la dialéctica Eros/Tánatos marca ese espacio agonal de dos que se aman hasta la muerte, que buscan en el otro a sí mismos, y que agotan todas las posibilidades. De esa tensión dramática surge el título del libro, y esa escena apenas esbozada, simplemente nominada, marca la dirección de esas atmósferas que apuntamos: un campo de batalla es un lugar donde van a suceder muchas cosas, muchas cosas horrorosas, pero es justo antes, en ese momento de calma pero también de preparación para la muerte, cuando el autor nos presenta la escena, donde el autor nos sitúa. Ahí los amantes saben que van a morir, va a suceder "la pequeña muerte", como en francés se nombra al orgasmo, Georges Bataille <em>dixit</em>. Así se resume este título y el poema, pero sin duda que el libro ofrece mucho más, un gran libro de un gran autor que los lectores de poesía en España esperábamos ansiosamente, y que hoy celebramos con gran alegría. Los amantes de la poesía estamos de enhorabuena porque Juan Manuel Muñoz Aguirre nos ha regalado otra entrega de su quehacer poético.</p><p><strong>Tricheuse</strong></p><p>Fue así: primero llegaron los pájaros,</p><p>como nubes a ras de suelo;</p><p>detrás, los barcos,</p><p>cabeceando</p><p>como animales extinguidos.</p><p>El mar hervía</p><p>y yo estaba allí, en pie,</p><p>inmortal, destructivo,</p><p>atento al sueño</p><p>en el que tú</p><p>ibas en busca de mi muerte.</p><p>Ibas de sueño en sueño,</p><p>de muerte en muerte,</p><p>como una madre</p><p>que recorriera</p><p>un campo de batalla</p><p>antes de la batalla.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta. Su último libro es 'Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española' (Bartleby, 2014).</em><strong>Juan Carlos Abril</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Espectros del capitalismo’, de Arundhati Roy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espectros-capitalismo-arundhati-roy_1_1124063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11bed638-04ce-4a05-9cd2-e7d1c83d1497_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Espectros del capitalismo’, de Arundhati Roy"></p><p><strong>Espectros del capitalismo</strong><strong>Arundhati RoyCapitán SwingMadrid2015</strong></p><p>No es infrecuente que el oficio de escribir y el activismo político se junten en la misma persona, algunas veces para bien, como cuando la escritura se ve enriquecida por un conocimiento directo del ejercicio político o de las condiciones sociales de los más desfavorecidos, y otras veces para detrimento de la escritura, como cuando las obras de arte se transforman en panfletos y arengas sin savia vital. La lectura del libro de <strong>Arundhati Roy</strong> que ocupa estas líneas produce una sensación a medio camino entre ambas posibilidades, pero no tanto por el texto en sí, cuyo contenido podrán debatir a conciencia quienes conocen la situación de su país, la India, sino por la renovada constatación de una vocación perdida. </p><p>Como se sabe, Roy publicó un libro hermoso y controvertido que la impulsó a la fama internacional, <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/pn_392" target="_blank"><em>El dios de las pequeñas cosas</em></a>(Anagrama, 2000), del que se vendieron millones, un cuadro vívido de la India más tradicional y su confrontación con el mundo moderno, enhebrado en la historia de una familia de Kerala, estado con el que la autora tiene vínculos ella misma. Pero luego la escritora se dedicó al activismo y a escribir ensayos de contenido político, y no ha vuelto a escribir ficción, para decepción de sus admiradores literarios, pero deleite, me imagino, de sus lectores de vena más social. Si el ensayismo comprometido ha sido responsable del abandono de la imaginación es difícil decirlo, aunque supongo que la insistencia de la autora india en la urgencia de los temas que trata en sus libros explica en parte su decisión. Cabe afirmar, sin embargo, que pone en su labor ensayística una pasión literaria hermanada con la que desplegó en su novela, si bien dicha pasión le ha valido en algunas ocasiones la acusación de histerismo o de exageración. Fuera como fuere, <em>El espectro del capitalismo </em>no solo alza la voz, sino que lo hace con datos y documentación exhaustivos. Otra cosa es la interpretación o de dichos datos y las conclusiones que deriva de los mismos. En ocasiones es probable que la pasión se sobreponga al razonamiento, pero esto concuerda con la afirmación de la propia autora de que la acusación de histerismo argumentativo o expresivo no es casual, pues ella es y quiere ser histérica, dada la importancia de los hechos comentados. Hechos en los que abundan la injusticia, la corrupción y hasta el genocidio. </p><p>La imagen que propalan los medios de la India coincide con lo que alguna vez afirmara el escritor y político indio <strong>Shashi Tahroor —</strong>otro buen ejemplo del maridaje entre ficción y activismo, si bien desde un punto de vista más moderado—, en el sentido de que de la India se puede afirmar cualquier cosa y también la contraria. Riqueza monumental coincide con pobreza extrema, modernidad capaz de mandar una nave a Marte con un tradicionalismo que se resiste a abandonar un sistema de castas que, en principio, la constitución ha abolido. El crecimiento económico de la India tras el inicio de políticas de liberalización en los noventa, sin embargo, se ha celebrado por doquier como uno de los logros más exitosos de los países en desarrollo. La democracia más populosa del mundo ha crecido a un ritmo sostenido durante los últimos veintitantos años, lo que ha resultado en una expansión considerable de la clase media. Esta imagen, no obstante, nos recuerda la autora de este libro, es no solo incompleta, sino hasta falaz, basada en criterios de desarrollo que ignoran el destino de una mayoría de la población, cuando no oculta adrede crímenes y explotación. </p><p>Un cuarto de la riqueza del país está concentrada en algo así como cien familias en posesión de conglomerados que incluyen negocios en toda rama de actividad económica, desde la agricultura a las telecomunicaciones, sin olvidar el sector de los servicios que es en buena parte responsable del crecimiento mencionado. Lo que no se sabe o se calla es que el desarrollo ha supuesto entre otras cosas el despojamiento de tierras de poblaciones minoritarias sin capacidad de respuesta, como no fuera la lucha armada que libran algunos grupos maoístas o las protestas de los desposeídos, que no pocas veces acaban con muertos. Lo que es mejor barrer bajo la refulgente alfombra del capitalismo triunfante es que el desarrollo económico ha causado desastres ecológicos cuyas consecuencias se seguirán sintiendo por generaciones, ha significado cientos de miles de muertes y se ha cimentado en una corrupción rampante que afecta a todos los estratos de la sociedad, una colusión insana entre política y empresa que no para mientes en consideraciones sociales, ecológicas o democráticas. Y esta corrupción implica a todos los principales partidos, como el del Congreso o el BJP, el primero de raigambre socialista —al menos en principio-—y el segundo, hinduista, hoy en el gobierno. Y este desarrollo no ha venido aparejado siempre de modernización de las costumbres, sino que ha incitado una reversión religiosa de carácter hinduista y nacionalista, que promueve una identificación de la nación con su pasado ancestral, en una versión simplista que es análoga a la que muestran los fundamentalismos islámicos o evangelistas, con similares peligros y despropósitos. </p><p>Nadie ejemplifica mejor este panorama que el actual primer ministro de la India, <strong>Narendra Modi</strong>, un hinduista casto y astuto, asociado a la matanza de miles de musulmanes mientras era la autoridad principal del estado de Gujarat, la que habría tolerado, o incluso instigado, y a la vez un fanático promotor del libre mercado y las inversiones favorables, libre, esto es, para quienes tienen acceso a su red de privilegiados, y favorables por sus tratos sesgados, con exenciones fiscales y favoritismos políticos. El libro de Roy fue escrito antes de la victoria de Modi y no acertó a predecir el futuro: según ella, una gran coalición gobernaría de nuevo la India y todo seguiría igual. Pero los resultados para el hinduista BJP fueron apabullantes, por lo que Modi puede gobernar en solitario e impulsar sus planes de liberalización capitalista e hinduización del país. Y ahora, a quien le fuera prohibida la entrada a los Estados Unidos de América por su implicación en la antedicha masacre, es recibido con honores por todos los jefes de estado del mundo. </p><p>Mientras tanto, miles de pueblos siguen siendo evacuados, con muertes incluidas, para dejar libre paso a las empresas mineras, constructoras o industriales, comunidades enteras tienen que refugiarse en la selva y resistir como pueden, leyes siguen siendo aceptadas para conceder más poderes al estado, el ejército y la policía en su labor de guardianes del capitalismo, opositores políticos terminan con sus huesos en la cárcel, donde la tortura es habitual, medios de comunicación siguen en manos de conglomerados económicos de inmenso poder y aquellos que se atreven a adelantar críticas a esta situación se ven a menudo asaltados sin razón por una ley al servicio de los poderosos o ahogados financieramente y un cuarto de millón de agricultores cometen suicidio sofocados por las deudas y la falta de perspectivas. Roy habla de todo esto y mucho más, y su crítica se extiende incluso a la labor caritativa de ONG financiadas por el gran capital para lavar su imagen y controlar cualquier proceso de resistencia dentro de cauces sacramentados por los mismos, concediendo incluso generosas becas educativas para estudiar en el extranjero y volver como pulidos representantes del mismo capitalismo que les ayudó y que desean perpetuar. Y la justicia, en lugar de corregir esta situación insostenible, se convierte en derechos humanos o en cuotas para los grupos desfavorecidos de las castas más bajas, muchas de las cuales se pelean ahora para ser consideradas como tales, dados los beneficios parciales que reporta el hacerlo.</p><p>Uno de los temas más controversiales que toca el libro es el de Kashmir, aquel pedazo de paraíso terrenal devenido infierno por las disputas territoriales, la guerra y la opresión militar, y que ha sido motivo ya de tres guerras con Pakistán. Medio millón de soldados del ejército indio ocupan el estado de Janmu Kashmir, donde operan con impunidad y arrestan y asesinan cuando estiman que el estado indio está en peligro. Pero en las circunstancias de crispación neurótica en que se encuentra el mundo por el terrorismo islámico, y Kashmir en particular, por la sediciosa influencia de Pakistán, cualquier crítica al Estado indio se concibe como traición y al perpetrador como enemigo de la patria, lo que ha resultado en ejecuciones extrajudiciales y el descubrimiento de entierros masivos cuya presencia se quiere ocultar. En este contexto es que Roy critica la ejecución "legal" de <strong>Afzal Guru</strong>, a quien se acusó de haber estado implicado en el asalto al parlamento indio del 2001, tras un juicio lleno de irregularidades y en el que el acusado tuvo poca o nula ayuda judicial. Una ejecución que solo serviría para inflamar aún más los ánimos en una región explosiva, donde los enfrentamientos entre la población y el ejército son frecuentes. Nuestra autora ha llegado a sugerir que Kashmir tendría que poder decidir su destino libremente, sugerencia que ha sido recibida con indignación en su país, para cuya clase política y el ciudadano común dicha posibilidad es anatema y herejía máximas. </p><p>No cabe duda que Arundhati Roy pone el dedo en muchas llagas supurantes del Estado indio, corrigiendo la imagen estereotipada que tenemos en general los occidentales de dicho país como un ejemplo de liberalismo económico exitoso o de repositorio de sabiduría espiritual pasiva, y aun cuando los detalles se le escapen al lector común, pues suponen el conocimiento de eventos que han pasado desapercibidos a la prensa internacional, la esencia permanece, y no es otra que el carácter destructivo de un capitalismo sin frenos y encabalgado en la corrupción, donde las víctimas son siempre las mismas, los destituidos de la tierra, los parias, los invisibles, los intocables. Tal vez hubiera favorecido al tenor del libro, que es en verdad un tanto chillante, la presentación de alternativas que muestren lo que es posible cuando la voluntad política se dirige en la dirección correcta, como en el Estado indio de Kerala, donde sucesivos gobiernos de izquierda han logrado desterrar el analfabetismo y han instituido un sistema de salud efectivo, sin desatender a las necesidades del mercado y de la integración económica. En este sentido, el libro ofrece una imagen un tanto ladeada e inocente, como cuando se aboca al caso de Kashmir, donde las variables político-militares son muchas y en extremo peligrosas, dada la potencia nuclear de India y Pakistán, y el rol que indudablemente juega la expansión del fundamentalismo terrorista. Un Kashmir independiente no es solo impensable, sino un peligro para la comunidad internacional en estos momentos, sin que esto, por supuesto, justifique la actuación opresiva del ejército indio. Pero como la misma Roy afirma, en cierto tipo de cuestiones, es mejor parecer histérico que complaciente, por lo que libros como el suyo son necesarios y hasta urgentes. Algo en lo que a todas luces está de acuerdo el lector español, pues ha permitido a este libro quemante llegar a la segunda edición, a pesar de tratar de una India lejana y desconocida.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor y profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Espectros del capitalismo’, de Arundhati Roy]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Hecho para tirar’, de Serge Latouche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hecho-tirar-serge-latouche_1_1124062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5172bb48-ea12-4deb-9696-442c38d4e7c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Hecho para tirar’, de Serge Latouche"></p><p><strong>Hecho para tirar. La irracionalidad de la obsolescencia programada</strong><strong>Serge LatoucheOctaedroBarcelona2014</strong></p><p>Si alguna vez te has sentido confuso, cabreado y decepcionado porque un objeto tecnológico te ha durado muy poco tiempo sin romperse o estropearse, quizá sea el momento de leer este libro para entender de qué va la obsolescencia programada y concienciarte del problema real que supone. Les sonará más la palabra <em>obsoleto</em>, que es de la misma familia y que aplicamos a los objetos que han quedado anticuados y no se usan en la actualidad por estar desactualizados, pero ¿quién decide o programa esa obsolescencia?</p><p>De eso habla este interesante libro de <strong>Serge Latouche</strong>, profesor emérito de Economía en la Universidad de Paría XI-Orsay que ya publicó los interesantes ensayos <em>La apuesta por el decrecimiento</em>, <em>La sociedad de la abundancia frugal</em> (los dos publicados en la editorial Icaria) o <em>La hora del decrecimiento</em> y <em>Salir de la sociedad de consumo</em> (publicados por Octaedro).</p><p>En este breve e intenso ensayo que critica el capitalismo contemporáneo y la sociedad de consumo (temas centrales en los libros del autor francés), Latouche, habla de la planificación de la obsolescencia como un elemento perverso del capitalismo que introduce a propósito algún defecto programado en los objetos para que tengan una caducidad corta determinada y obligue al consumidor a comprar otro. <strong>Kenneth Galbraith</strong>, economista y profesor de Harvard, ya introdujo la controversia sobre la obsolescencia programada, que para Latouche es un motivo más para condenar y rechazar la actual sociedad de consumo y el sistema productivista: “El punto de partida de la obsolescencia programada es la adicción al crecimiento de nuestro sistema productivo. Nuestra sociedad ha unido su destino a una organización fundada sobre la acumulación ilimitada”. Este ensayo aclara de manera sencilla qué es la obsolescencia (que todos hemos sufrido alguna vez), su origen, su historia y sus límites y consecuencias, además de posibles soluciones.</p><p>Es clave entender según nos cuenta el libro que la rápida caducidad de los objetos tecnológicos es un problema ético también, por parte del productor y del consumidor. Por eso plantea que la forma de cambiar e intentar contribuir a cambiar el sistema productivo  de crecimiento infinito empieza por la concienciación, ya que provoca unos impactos sociales y ambientales enormes. La clave: retrasar la producción de objetos contra el consumismo desmedido. En Amsterdam y otras ciudades europeas se han puesto ya en marcha los <em>coffee-repair</em>, lugares para el encuentro en el que voluntarios te ayudan a reparar los objetos estropeados con el fin de retrasar la necesidad de comprar otro producto. Que las cosas duren más para tener que comprar menos. La colaboración y concienciación podrá evitar que produzcamos mucho más de lo que necesitamos consumir. Y así lo concluye en este breve e iluminador ensayo Serge Latouche: “La construcción de una sociedad de decrecimiento, necesaria si queremos que la humanidad tenga un provenir, implica un cambio radical de nuestras maneras de producir, de consumir y, sobre todo, de pensar. En especial, debemos sustituir la obsolescencia sistemática por la durabilidad, la reparabilidad y el reciclaje programados de los productos con el fin de reducir nuestra huella ecológica y de volver a un nivel sostenible de extracción de los recursos naturales. Así pues, conviene pensar en la transición hacia una prosperidad sin crecimiento y una sociedad de abundancia frugal.”</p><p><em>*Pablo Bonet Ayllón es librero de guardia en la librería Muga de Vallecas (Madrid). </em></p><p><strong>Pablo Bonet Ayllón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank">  </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet Ayllón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Hecho para tirar’, de Serge Latouche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Economía,Ensayo,Libros,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Enseñar Platón en Palestina’, de Carlos Fraenkel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensenar-platon-palestina-carlos-fraenkel_1_1124044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ddc129a-19d4-4fac-a1ac-bd7dddc0ceb1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Enseñar Platón en Palestina’, de Carlos Fraenkel"></p><p><strong>Enseñar Platón en Palestina. Filosofía en un mundo dividido</strong><strong>Carlos FraenkelAriel Barcelona2016</strong></p><p><strong>Platón</strong>, <strong>Aristóteles</strong>, <strong>Spinoza</strong>, <strong>Al-Farabi</strong>, <strong>Abd al-Jabbar</strong>, <strong>Averroes</strong>, <strong>Epicuro</strong>, <strong>Descartes</strong>, <strong>Kant</strong>. En el mejor de los casos, nombres que forman parte de un programa de estudios, autores en el índice de un libro de texto. En el peor, completos desconocidos. Para <strong>Carlos Fraenkel</strong>, profesor de Filosofía en las universidades de Oxford y de McGill, en Montreal, son otra cosa. Estos autores cuyo rostro quizás no se conoce, cuya voz se ha perdido, son, ante todo, herramientas. Herramientas para comprender el mundo, para dilucidar en qué consiste llevar una vida "buena" y cómo debe actuar la sociedad y cada uno de los individuos que la componen para alcanzarla. Herramientas, también, para hacer todo esto desde la diversidad y el desacuerdo. </p><p>"¿Puede resultar útil la fisolofía, fuera de los confines de la academia? ¿Y puede ayudar la filosofía a convertir las tensiones que surgen de la diversidad (cultural, religiosa y así sucesivamente) en lo que propongo llamar 'cultura del debate'?", se plantea Fraenkel en <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-ensenar-platon-en-palestina/205946" target="_blank"><em>Enseñar Platón en Palestina</em></a><em> —</em>un guiño a <a href="http://elpais.com/diario/2004/02/07/babelia/1076115028_850215.html" target="_blank"><em>Leer Lolita en Teherán</em></a>, de <strong>Azar Nafisi—</strong>, con un lenguaje accesible, pedagógico y entretenido. Para comprobarlo, el autor no se queda en el papel. Viaja para impartir seminarios en Palestina, Indonesia, Brasil, en las comunidades judías ortodoxas en Nueva York, en las reservas indias en territorio canadiense. </p><p>Cada una de estas sociedades tiene su propio conflicto, sus <em>puntos calientes</em>. Los alumnos que acuden a su seminario en Al-Quds, la universidad palestina de Jerusalén, tienen que atravesar secciones del muro construido por Israel y superar numerosos controles. Juntos, se plantean si la filosofía puede ser una forma de comunicación entre personas que no comparten creencias religiosas. En la ciudad indonesia de Macasar, Fraenkel se encuentra con alumnos de Estudios Islámicos, y abordan la relación entre islam y democracia en un Estado plurirreligioso en el que conviven musulmanes (credo mayoritario), católicos, protestantes, hinduistas y budistas. En Nueva York, se encuentra con un grupo de judíos hasídicos que ha perdido la fe, aunque sigue dentro de la comunidad, para plantearse la relación entre tradición religiosa y modernidad secular. En Brasil, tienta la experiencia estatal de llevar la filosofía a todos los alumnos de secundaria. En Awkwesasne, una reserva compartida entre Estados Unidos y Canadá, se encuentra con un grupo de mohawks que trata de desligarse de la autoridad colonial mientras construye una identidad propia. </p><p>La labor de Fraenkel —y su mayor logro— es propiciar un debate respetuoso en el seno de todas esas culturas. "Había gran confusión entre lo que está bien y lo que está mal en tiempos de <strong>Sócrates</strong>", explica el profesor a los estudiantes de Al-Quds, recuperando un relato de <strong>Heródoto</strong>: "Los griegos empezaron a cuestionarse sus costumbres después de encontrarse con otras culturas. Esas costumbres, se dieron cuenta, quizá no fueran normas válidas universalmente". Pero no se trata de ejercer una suerte de <em>imperialismo filosófico</em> que cuestionara las creencias de palestinos, indonesios y brasileños comparando sus fallas con los supuestos logros de las sociedades democráticas del primer mundo. Se trata de cuestionar los límites de la tradición para cultivar el pensamiento propio. Y eso también —o sobre todo— vale para el lector.</p><p>Fraenkel tiene una biografía personal que parece propiciar su particular labor de mediador. Crecido entre Alemania y Brasil, y de origen judío aunque escéptico con respecto a su herencia, se ha dedicado al estudio de autores islámicos como Al-Farabi o <strong>Al-Ghazali </strong>y la relación entre razón y fe. Sin embargo, el propósito del libro implica en sí mismo un peligro sobre el cual el autor se pone en guardia: "No se trata en absoluto de que un gran filósofo descienda al nivel de los ciudadanos corrientes para compartir su sabiduría con ellos. Por el contrario: a través de las discusiones me di cuenta de lo estrecho que era mi repertorio de preguntas. (...) La idea, pues, no es que los filósofos nos digan lo que debemos pensar y hacer, sino permitir al mayor número de personas posible adquirir la práctica de la filosofía". Otro de los logros del título es que el lector puede acabar teniendo en igual estima los razonamientos de los alumnos que los del profesor. Pero también es cierto que el formato sigue siendo el mismo: el académico que llega a "azuzar" al caballo noble pero "lento" que es el pueblo (los términos los recoge Fraenkel, pero son de Sócrates). </p><p>Su propuesta —que la filosofía puede, en última instancia, transformar el mundo a través del diálogo— se basa en el falibilismo y la confianza en la "cultura del debate", como expone en la segunda parte del libro, donde reside la base teórica que ha sido introducida amplicamente en los diálogos mantenidos en la primera parte. Sobre el primero, resume: "Según los falibilistas, nunca podemos estar absolutamente seguros de que lo que creemos y valoramos es lo correcto. Al mismo tiempo, los falibilistas afirman la existencia de normas objetivas, en relación con las cuales podemos estar equivocados, y a las cuales podemos acercarnos para examinar críticamente nuestras creencias o valores". Sobre la "cultura del debate", recuerda que "se basa no en la habilidad sofisticada de hacer que la opinión propia prevalezca sobre la de los demás, sino en la habilidad dialéctica de comprometerse en una búsqueda conjunta de la verdad". Algo, por cierto, que queda aún muy lejos de las <em>civilizadas</em> democracias occidentales. </p><p>Habrá quien vea en la empresa de Fraenkel un ejercicio de optimismo que roza la ingenuidad. ¿De verdad puede proporcionar la filosofía una "cultura del debate"? Y, en cualquier caso, ¿puede el debate suavizar, por sí mismo, las fricciones de un mundo gobernado por el fanatismo y el desprecio por las ideas del otro? Esos mismos verán en las dudas de los alumnos de Fraenkel, en sus reticencias y su desconfianza, un síntoma más de inquietud que de esperanza. Otros verán en <em>Enseñar Platón en Palestina</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>un libro luminoso. Quizás unos y otros, después de leerlo, se vean capaces de sentarse a discutirlo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Enseñar Platón en Palestina’, de Carlos Fraenkel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Filosofía,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Diarios’, de Gil de Biedma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diarios-gil-biedma_1_1124039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4103bde4-2554-49c6-9705-e15c6ddecb14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Diarios’, de Gil de Biedma"></p><p>Ahora que  hace 25 años de la muerte de <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>, por su aniversario, se publican estos <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/11/03/jaime_gil_biedma_adios_literatura_40209_1026.html" target="_blank"><em>Diarios 1956-1985</em></a>. Nos entrega el oficio de escribir el día a día, lo cotidiano. Él mismo comentaría que empezó  en este género diarístico, al estilo de la cultura anglosajona que tanto le atraía, para "adiestrarse en la literatura", para "control de sí mismo". La autenticidad y la desnudez íntima que nos ofrece no existía en nuestra cultura, en nuestra sociedad católica, represora (cuando se había escrito de lo intimo y de lo privado se caía en la cursilería, en la vaciedad). La escritura de Gil de Biedma es revolucionaria por este cambio. Va a ser  a través del lenguaje del cuerpo, su sensualidad verbal,  un eje identitario de su poesía, reivindica  y exhibe lo corpóreo como forma de pensar, sentir y vivir. Es un relato donde lo autobiográfico,  por su manera de contar, se convierte en ficción.  Es la historia íntima y social de su vida que con gran maestría y valentía nos ha reunido como si se tratase de una novela por entregas. Eso es lo que hace Gil de Biedma: entregarse, se desnuda ante todos nosotros ("se desnuda en el papel y para así poner en orden sus pensamientos y su vida") pero con profundidad.  Nos contaba él mismo que en las épocas que  dejaba unos días el diario, se perdía, le costaba situarse.</p><p>Jaime Gil de Biedma (1929-1990) es uno de los grandes poetas del siglo XX, perteneciente a la Generación del  50. Aparte de ser poetas fueron los que más trabajaron y buscaron la prosa. Diría <strong>Carlos Barral</strong>: "La prosa es un bien común que sirve para precisar y comunicar".  Su obra poética  está reunida en el libro <em>Las personas de verbo </em>(Seix Barral, 1975 y 1982, y la de 1998, con edición y prólogo de <strong>Carme Riera</strong>, en Lumen), sus ensayos  en <em>El pie de la letra</em> (Crítica, 1980, 1994), su epistolario en <em>El argumento de la obra</em> (Lumen, 2010) y ahora con estos <em>Diarios 1956-1985</em> (edición de <strong>Andreu Jaume</strong>, Lumen, 2015) se complementan para presentar su obra completa.</p><p>En 1974, el autor publicó una parte de su diario de 1956 con el título <em>Diario del artista</em> <em>seriamente enfermo</em>, que sería la tercera parte de la versión íntegra, publicada póstumamente en 1991 con el título <em>Retrato del artista</em>. A éstos textos se le añaden ahora todos los diarios inéditos hasta la fecha. Así contienen desde el  1 de enero de 1956 hasta el 1 de noviembre de 1985. Esta edición, magnífica, de Andreu Jaume se la dedica a <strong>Carmen Balcells</strong> (1930-2015), amiga y agente literaria que murió unos días antes de su publicación y que cumplió con el legado y voluntades que Jaime Gil de Biedma le confío. Comienza con un extenso y espléndido prólogo, en donde  Jaume hace un estudio comentado, minucioso, con rigor, de todos los escritos que contiene, con numerosas  notas aclaratorias. A continuación, todos los <em>Diarios</em>. Le sigue  una cronología desde su nacimiento a su fallecimiento en Barcelona (13 de noviembre de 1929,  8 de enero de 1990), una bibliografía del autor, un índice onomástico y el índice  de las partes de  los <em>Diarios</em>. </p><p>Los <em>Diarios</em>, desde los del 56, los de <em>Moralidades</em>, los del 78, y los del 85, coinciden con su evolución crítica, moral y poética. Es una toma de conciencia en prosa. Gil de Biedma los revisó todos, se plantea su utilidad, cómo le puede servir en su poesía para expresar sentimientos y emociones. </p><p>El diario del 56 coincide con su viaje a Filipinas, y es donde toma conciencia de la sexualidad y de la política. Entonces está escribiendo "Las afueras" y el ensayo sobre <em>Cántico</em>, de <strong>Jorge Guillén</strong>. Su viaje a Oxford le cambia su modo de observar, hace que se desligue de ese poema y  de la poesía de Guillén que tan importante había sido para él. Se encuentra con la literatura inglesa, se reconoce y la adopta.  Su prosa y su crítica es madura, su poesía está en su primera época de juventud. </p><p>El diario de <em>Moralidades</em>, escrito entre 1959 y 1965 (los años que preceden, entre un diario y otro, no dejó testimonios: estuvo convaleciente, leyó mucho y escribió algunos poemas donde su voz se afianza).  Coinciden con la escritura de <em>Compañeros de viaje</em> (1959), con la asistencia, ese mismo año, a Colliure, presentación oficial de su generación, en el vigésimo  aniversario de la muerte de Antonio Machado, y de su segundo libro, <em>Moralidades</em>. Fue la época más importante en su vida privada, social y literaria. Su escritura tiene otro tono, otra intención, en donde la edad ya se nota por su no urgencia, por su claridad. Confirma también, como dice Andreu Jaume, “el minucioso sistema compositivo de Gil de Biedma, de una lentitud tan extrema que resulta en realidad muy poco contemporánea, cada poema tiene varias capas, es transparente, fruto de un trabajo técnico, inventó sus propias formas, poniendo la estructura verbal al servicio de la acción dramática del poema, componiendo una música verbal que suena exactamente a lo que dice, adhiriéndose a la memoria antes de convencer al juicio”. Se consolida su dominio. Cuando acaba “Pandémica  y Celeste”, en 1965, su poema más largo y emblemático, ya declara estar cansado, decepcionado, a punto de tener su crisis más intensa y donde su inspiración se estaba agotando. Este diario se interrumpe, precisamente, ese mismo año. No dejó, tampoco, testimonio de los años posteriores pero su derrumbamiento aparece en su último libro, <em>Poemas póstumos (</em>1968). Ya había logrado su estilo, el monólogo dramático,  aparece claramente su identidad, con su nombre, con el que dialoga, mata y se imagina (“Contra Jaime Gil de Biedma “, “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”, y “De senectute” ). </p><p>En el diario del 78, después de una época de silencio, y con 48 años, con una prosa elegante, técnica, madura y honesta,  declara que no escribe poesía porque no tiene nada que decir ("sé que sé escribir pero no quiero"). Se escribió durante este año pero unas veces pone fechas y otras no.</p><p>Diario de 1985, cuando se le diagnostica el sida. Lo comienza en la clínica de París. Ya había publicado sus ensayos <em>El pie de la letra</em> (1980) y <em>Cuatro cuartetos de T. S. Eliot </em>(1984). Pensaba que podría escribirlo durante su internamiento, pero no pudo (del 21 de octubre al 1 de noviembre).</p><p>Sus <em>Diarios </em>son un proceso creativo de identidad para salir de la rutina diaria. Son la complementariedad de su obra poética. Tienen una escritura en donde se renueva la prosa, la  cuida estéticamente, hay técnica,  lucidez, elegancia,  estilo, identidad. Le sirven para hablar de sexo, de literatura, de política, de la vida. Hablan de lo privado pero en público, los espacios y los personajes son reales. Hay coherencia es esta autobiografía intelectual y moral. Es el testimonio de una vida dedicada a la escritura que Gil de Biedma nos entrega generosamente sabiendo que no era suyo "este tiempo": "Que la vida iba en serio (…)/ Pero  ha pasado el tiempo (…) / envejecer,  morir,/ es el único argumento de la obra". </p><p><em>*Carmen Canet es crítica literaria y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Granada.</em><strong>Carmen Canet</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El salvaje sueño americano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/salvaje-sueno-americano_1_1124036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d1b7a249-2856-4da2-98ba-68315fb97cb4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El salvaje sueño americano"></p><p><em>El año más violento</em> (<em>A most violent year</em>) es una película estadounidense escrita y dirigida por <strong>J. C. Chandor</strong>. Está protagonizada por <strong>Oscar Isaac</strong> —aunque el personaje de Abel iba a ser interpretado por <strong>Javier Bardem</strong>—, <strong>Jessica Chastain</strong> y <strong>Elyes Gabel</strong>, en el estremecedor papel de Julián. Hasta ahí, los datos <em>wikipédicos</em>. A partir de aquí, quiero presentaros la película a través de una lectura que quizá no sea muy original, pero que desde luego sí es personal.</p><p>El primer adjetivo que se me ocurre para describir este filme es DEMOLEDOR. Voy a intentar explicar por qué sin hacer un <em>spoiler</em>, sin destrozar el argumento, la peripecia, las vicisitudes de una trama que se ajusta a los parámetros del cine negro y también de cierto magnífico cine rodado en Estados Unidos en los setenta. Estoy pensando en <em>Sérpico </em>(1973), protagonizada por <strong>Al Pacino</strong>, <em>Tarde de perros</em> (1975), <em>Network </em>(1976), todas dirigidas por <strong>Sydney Lumet</strong>; <em>La banda de los Grisson</em> (1971), basada en la novela de <strong>James Hadley Chaise  </strong><em>No orchids for Miss Blandish</em>, dirigida por <strong>Robert Aldrich</strong>, responsable de dos clásicos del terror “psicológico” en blanco y negro, <em>¿Qué fue de Baby Jane?</em> (1962) y <em>Canción de cuna para un cadáver</em> (<em>Hush, hush, sweet Charlotte</em>, 1964); en <em>Chinatown </em>(1974), de <strong>Roman Polansky</strong>; las películas de <strong>Arthur Penn</strong> (<em>La noche se mueve</em>, 1975), <strong>Martin Ritt</strong> (<em>La gran esperanza blanca</em>, 1970, sobre el mundo del boxeo), <strong>Frankenheimer </strong>(<em>French Connection II</em>, 1975), <strong>John Schlesinger</strong> (<em>Cowboy de Medianoche</em>, 1969; <em>Maraton Man</em>, 1976), <strong>Alan J. Pakula</strong> (<em>Todos los hombres del presidente</em>, 1976) o <strong>Sydney Pollack</strong> (<em>Los tres días del cóndor</em>, 1975). Dentro de la cultura casi todo está conectado y unas referencias nos terminan llevando a otras, pero cuando afirmo que esta película está vinculada con el tipo de cine que se rodó en Estados Unidos en los setenta, lo digo tanto por una cuestión ética como por una cuestión estética. La caligrafía fílmica y la textura de las películas de los setenta, la manera de rodar, la construcción de los personajes, la selección de los exteriores —la trasera del capitalismo, los callejones— e interiores —un hangar, una barbería—, el modo de articular las tramas, es decir, toda la apuesta formal de estas cintas están indisolublemente vinculadas a un aspecto ideológico: la crítica al sistema que, en alguna de las películas que he mencionado, deja un resquicio para la esperanza y en otras, como ésta que vamos a ver hoy, no. De ahí que el adjetivo elegido sea DEMOLEDOR.</p><p><em>El año más violento </em>se desarrolla en Nueva York en 1981. Durante ese año se produjo una ola atroz de crímenes de los que se da cuenta a través de las noticias que se escuchan por la radio. Chandor, como los grandes, no da puntada sin hilo y en su filme todo está calculado milimétricamente: el frío y los paisajes nevados son un correlato del desvalimiento, la lucha por la vida, las dificultades para sobrevivir en un medio hostil; el año en que se desarrolla la trama, las noticias que se escuchan por la radio, reflejan una violencia, ni gratuita ni casual, sino consecuente con un sistema económico intrínsecamente violento, que no puede generar más que muerte y corrupción. Chandor dibuja lo que el filósofo <strong>Slavoj Zizek</strong> llama violencia sistémica y es quizá más crítico que muchos de los directores de los setenta porque, pese a que estos vivieron el trauma de Vietnam, el <em>Watergate</em>, las mentiras de <strong>Nixon </strong>y de otros presidentes estadounidenses —el material narrativo de muchas de las brillantísimas novelas de <strong>James Ellroy</strong>—, Chandor ha vivido la catástrofe de Lehman Brothers, los fondos buitre, una pudrición aún más radical… También hay otra diferencia que intensifica el valor de la propuesta creativa de <em>El año más violento</em>: las películas de los setenta, a excepción de algunas como <em>Chinatown</em>, que se desarrolla en los años treinta, hablan de acontecimientos de su contemporaneidad; en este sentido, la dirección artística, la ambientación, el atrezo no requieren un gran esfuerzo. Sin embargo, la recreación que se hace en <em>El año más violento</em> del vestuario, el mobiliario, los coches, incluso las máquinas calculadoras, los modelos de gafas y las cajas de cartón es espectacular. Puede que solo el <strong>David Fincher</strong> de <em>Zodiac </em>(2007) esté a la altura de Chandor en lo que se refiere a este tema. En todo caso, creo que Fincher resulta un poco más artificioso, un poco más forzadamente <em>vintage</em>. </p><p>El director no nos engaña: la canción de los títulos de crédito debe ser escuchada atentamente. La vocación crítica, de denuncia, de <em>El año más violento</em> se manifiesta desde el primer segundo de su proyección. No hay paños calientes ni trucos. La canción alude a la inflación, la imposibilidad de manejar la propia vida, la alienación… Habla de las mismas cuestiones de las que hablaban los clásicos del género negro estadounidense: retratar un mundo angelical y rosa, tras el trauma de las guerras mundiales o el <em>crack </em>del 29, a autores como <strong>Hammett</strong>, <strong>James M. Cain</strong>,  <strong>Hadley Chase</strong> o el magnífico<strong> Jim Thompson</strong> (<em>1280 almas</em>) les parecía una opción estética casi inmoral: cuando la realidad se desmorona a tu alrededor, quizá lo más pertinente no es recrear el olor de las flores…</p><p>Sin entrar en detalles de la trama, solo os anticipo que en <em>El año más violento</em> se aborda la falacia del sueño americano, la imposibilidad de ser bueno en una sociedad corrupta, la degradación moral de un personaje que quiere actuar correctamente y no puede; se habla de cómo un hombre se ve obligado a corregir sus creencias más sagradas y a poner en tela de juicio la sacralidad de su propia ideología. De la relación que existe entre moral, economía y política. Incluso entre moral y arte: porque el cine de denuncia de Chandor es en sí mismo una apuesta moral. La historia de un hombre bueno que se corrompe corrompiendo porque así funcionan las cosas y, por detrás de la política, solo encuentra el dinero que sirve para blanquear los delitos que, a su vez, sirven para incrementar los capitales. La ficción fílmica nos facilita el entendimiento de mecanismos económicos que tal vez no comprenderíamos si nos los explicase un experto en la materia. Abel, que no se llama Abel por casualidad, es un latino que ha trabajado duro y con su esfuerzo y su atractivo personal sirve de ejemplo para otros latinos. Abel, como otros latinos triunfadores, expulsa el castellano de su vida cotidiana y solo lo usa cuando hablan con sus empleados, no con su hermano, no con su familia. El inglés es una marca de clase.  La película muestra que para que unos ganen otros tienen que perder, que por un lobo hay cien corderos, que el encanto personal y la seguridad en sí mismo de la que Abel hace alarde a veces no es más que egocentrismo. La  ingenuidad de quien en el fondo no quiere ver lo que sucede a su alrededor: “Anna, ¿por qué hacemos esto?”, le pregunta a su mujer mientras esconden cajas con documentos tal vez comprometedores. Abel a veces parece un predicador que reproduce los eslóganes de un capitalismo de manual: “No puedes rendirte”, le dice a su empleado; “Tienes que creer que tu producto es el mejor. Es el mejor”, sermonea a sus vendedores mientras les instruye en técnicas de ventas que explotan esa honestidad, esas convicciones. Chandor describe implacablemente la lógica del sistema. Abel se ha de volver violento, violento más allá de los límites de la depredación asumidos por el discurso capitalista, si quiere salvar su negocio y prosperar. Empieza a comportarse como el gánster que nunca quiso ser. Porque Abel, pese a su pulsión por actuar limpiamente, ha sido picado por los principios de la ética capitalista: competitividad, individualismo, necesidad de ampliar el negocio, asunción de riesgos, emprendimiento, el estar preparado para soportar la presión, la intolerancia hacia el débil,  la épica del triunfador y del hombre hecho a sí mismo… Todas esas palabras que resuenan también en nuestro presente. Tan peligrosas. Abel lleva su negocio realizando “las prácticas habituales en el sector” y esas prácticas habituales, bajo el disfraz de la cotidianidad, esconden un gusano: eso que por ser tan frecuente ya no se percibe como delito; eso que contaba el escritor <strong>Thomas Mann</strong> en <em>Los Buddembrook</em> (1901) con su disección de una familia de comerciantes en Lübek: la naturalización de la especulación, la trampa, el latrocinio como prácticas inmanentes al éxito. La transformación de la mezquindad y el egoísmo en norma. En ley. </p><p>En una discusión, la mujer de Abel le increpa: “¡Puto señor sueño americano!”. Anna, la esposa, y uno de los empleados, Julián, son los contrapuntos de Abel. Ella está completamente dentro, Julián completamente fuera. Anna y Julián nos permiten percatarnos de las sombras de Abel. De sus contradicciones. Anna es hija de un empresario mafioso y cree que su marido es distinto de su padre: “Mi marido es un hombre honrado”, dice ella. Pero Anna no finge como Abel ser honesta ni buena. Carece de ciertos escrúpulos y, en ese sentido, es más digna. No le importa llevar una pistola para proteger a su familia. Anna no es una rubia tonta. Es una <em>femme fatale</em> convertida en madre de familia del capitalismo. Una contable que “actúa como la hija de un mafioso de Brooklyn” y sabe que el sueño americano es falso porque ha nacido dentro, muy dentro de él. “No te va a gustar si me meto yo…”, le advierte Anna, interpretada por una excelente Jesicca Chastain, a Oscar Isaac, el actor que da vida a Abel. </p><p>“Les he dicho que su padre estaba cuidando de nosotras ahí fuera”, le dice Anna a Abel refiriéndose a sus hijas. La idea de protección se relaciona con la seguridad en un entorno hostil a consecuencia de la supuesta libertad económica. El grumo seguridad-libertad, que  define el neoliberalismo y la ideología neo-con, se hace especialmente pastoso en <em>El año más violento</em>. La seguridad se consigue redoblando la violencia. Se establece un paralelismo y una gradación: el capitalismo paternalista de los padres fundadores deriva en el capitalismo sin paliativos de los especuladores actuales. Incluso de los que lavan sus caritas con agua y con jabón practicando una supuesta filantropía. Este filme también apunta hacia la imposibilidad de ese capitalismo filantrópico que está de moda. Hacia la paradoja que esconde ese nombre y, en contraposición, hacia la redundancia inmanente al término “capitalismo salvaje”. La necesidad de proteger a la familia se coloca en paralelo a la necesidad de proteger a la empresa, como si las segundas fueran lo primero, familias. Pero ni somos una gran familia, ni vamos en el mismo barco. Sea el caso que sea, la protección pasa por poseer un arma. Como en el antiguo Oeste. Algo muy representativo en un país como Estados Unidos con su Asociación del Rifle y su accesibilidad a todo tipo de armas de fuego. Aprovecho para recomendar el estupendo documental de <strong>Michel Moore</strong>, <em>Bowling for Colombine</em> (2002), centrado en la matanza en un instituto. También recomiendo <em>Tenemos que hablar de Kevin</em> (2003), de la gran escritora estadounidense<strong> Lionel Schriver</strong>. Fue adaptada al cine en 2011. </p><p>El final vuelve a ser DEMOLEDOR. Redondo. No podía ser de otra manera. Las vistas del capitalismo, su magnífico esplendor, se tiñen con la sangre de los débiles. Y Abel consuma su bajada a los infiernos taponando el agujero de bala por el que se está saliendo el combustible de un bidón. El poder simbólico de la imagen es tremendo. Pero no grandilocuente. Cuando hayáis visto la película, lo comprenderéis. </p><p><em>*Marta Sanz es escritora. Su último libro es 'Farándula' (Anagrama, 2015).</em><strong>Marta Sanz</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Sanz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El salvaje sueño americano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Noche y día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noche-dia_1_1124015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb961660-1897-4d6b-a80f-8494adebe6e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Noche y día"></p><p><em>(Comienza Benjamín Prado)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p>El 19 de marzo del año 2016 el sol salió en donde debía y se ocultó allí donde estaba previsto que lo hiciese, exactamente igual que había sucedido desde que el mundo es mundo cada amanecer y cada tarde sobre la Tierra. Y ahí se quedó, inmóvil, estancado, fijo como la mirada de un depredador sobre su presa, dejando medio planeta bajo la luz y otro medio a oscuras. Los calendarios se detuvieron, los relojes ya no tenían nada que medir, el parte meteorológico desapareció de los programas de televisión, nadie volvió a abrir las puertas de sus armarios porque en los lugares en los que vivían después del invierno no vino la primavera ni el verano tuvo fin. La mayor parte de las cosechas se perdieron. Muchas fábricas de ropa, instalación de calefacciones o aires acondicionados y otros muchos productos de temporada se vieron obligadas a cerrar. Algunas ciudades se llenaron de personas que disfrutaban de un verano eterno y en otras la nieve se acumulaba en las plazas y las cunetas de las carreteras. El agua empezó a escasear en unos sitios mientras en otros se desbordaban los ríos. Los viajes a las zonas cálidas se encarecieron hasta transformarse en un lujo sólo al alcance de los más afortunados y pronto hubo que establecer fronteras, desplegar ejércitos, levantar vallas y muros hechos de alambre de espino que contuviesen a los que intentaban pasar al otro lado. No tuvo que transcurrir demasiado tiempo para que los mapas se partiesen en dos, sin más matices, en una mitad habitaban los poderosos, que eran el diez por ciento de la población, y en la otra todos los demás. La guerra era inevitable.</p><p>El hombre del que vamos a hablar en este relato se alegró de que aquel Día del Padre la suerte estuviera de su lado por una vez y al producirse el cataclismo a él le tocara quedar para siempre en la mitad en sombras. Mientras contemplaba aquel cielo sumido en unas tinieblas sin regreso, volvió a acariciar la foto que llevaba en su cartera y se preguntó quiénes serían las tres personas de aquel retrato.</p><p><em>(Continúa Elvira Sastre)</em><strong>Elvira Sastre</strong></p><p>Con sigilo, se acercó a un coche de color negro que estaba aparcado en una calle estrecha. Camuflado en la oscuridad de la ciudad, apenas era visible. Abrió la puerta trasera y se metió en el coche sin soltar la foto de la mano. De pronto, de la parte delantera del coche, que se encontraba totalmente sumida en tinieblas, surgió una voz grave:</p><p>–Francesc Flors, 53 años, director de la agencia de viajes Viaje al estrellato. Es el tipo del peluquín, las ojeras encharcadas y la sonrisa falsa. La Resistencia de las Sombras le acusa de haber incrementado el precio de los viajes en territorio sombrío en un 200%, de haberse enriquecido hasta el hastío con el aumento y de haberse prestado a chantajes por parte del Gobierno del Sol. El 20 de noviembre de 2017, con el alambre de espino impuesto en la frontera por mandato del Gobierno del Sol y la consecuente prohibición por ley de cruzar al otro lado, de acuerdo con nuestras investigaciones Flors realizó un viaje con todo su equipo de ida y vuelta a Las Sombras en jet privado en el que regresó con ingentes cantidades de agua robada. Nos consta que desde diciembre de 2017, Flors, nombrado ahora director de la empresa Agua Bendita por el Gobierno del Sol, se encuentra comercializando esta agua por el doble de su valor real. La resolución de La Resistencia de las Sombras es: muerte de justicia.</p><p>Tras aquella sentencia, la voz hizo una pausa antes de continuar, dejando que la palabra "justicia" rebotara en las puertas y ventanas y se quedara, por un instante, llenando el aire frío de aquel coche negro.</p><p>—Ricardo Santo, 66 años, vicepresidente del Gobierno del Sol y director financiero del Saltimbanqui, banco principal de El Sol. Es el tipo de en medio, el calvo con mirada airada y sonrisa incómoda —por primera vez, la voz se giró hacia nuestro hombre y su tono solemne, por un instante, se quebró—. No sabes la suerte que tienes de ser la persona que se encargue de hacer justicia con estos hijos de puta —la voz se recompuso, volvió a mirar al frente y continuó su exposición—. La Resistencia de Las Sombras le acusa de haberse enriquecido con los ahorros de los habitantes de Las Sombras engañándoles con falsos presupuestos y compras de acciones falsas, prometiéndoles jubilaciones de mentira en El Sol y escondiendo en cuentas ocultas todo el dinero robado. Actualmente, se encuentra en El Sol disfrutando de viajes paradisíacos, estancias en hoteles de lujo y salidas en clubs nocturnos excesivamente caros. La resolución de la Resistencia de las Sombras es: muerte de justicia. </p><p>La voz carraspeó ligeramente antes de continuar con la tercera y última persona que aparecía en la foto.</p><p>—Tita Cabrerá, 67 años, presidenta de Lucero, compañía que gestiona la luz desde el 20 de marzo de 2016, y co-fundadora del Partido del Sol. La Resistencia de Las Sombras la acusa de haber incrementado los costes de luz y gas en un 150% y, por consecuente, de haber cortado la luz a más del 80% de los hogares de Las Sombras por imposibilidad de pago, habiendo dejado bajo condiciones mínimas de supervivencia a la mayoría de la población. Además, La Resistencia de las Sombras tiene pruebas de que el partido político al que pertenece salió elegido de manera ilegal, amañando votos, falseando el programa y chantajeando a la población más pobre para conseguir su apoyo. La resolución de la Resistencia de las Sombras es: muerte de justicia.</p><p>El futuro encargado de ajusticiar a las tres personas de la foto se recompuso en el asiento trasero. Sabía que no iba a ser tarea fácil, pero sentía dentro el ardor del heroísmo. Tenían que hacerlo: por justicia, para demostrarle al Gobierno del Sol que no hay espacio en el mundo para los ladrones ni los estafadores. Tenían que devolver a Las Sombras la luz —y la vida— que les habían robado.</p><p><em>(Sigue Luisgé Martín)</em><strong>Luisgé Martín</strong></p><p>Mató primero a Tita Cabrerá porque le habían educado en la vieja escuela, en la de los sicarios caballerosos, y le repugnaba tener que ocuparse de mujeres. Cuando se dedicaba a ello por dinero nunca había aceptado un encargo así, pero ahora sabía que no podía negarse. Trató de pensar que Cabrerá no era una mujer, sino una alimaña. Entró en su casa por la azotea del edificio, cerró las persianas de la casa, pinzó la corriente eléctrica para que el crimen, en las tinieblas, fuera más simbólico, y cuando ella llegó, acompañada de un gigoló semidesnudo que la manoseaba, disparó sobre sus ojos. En contra de lo que imaginaba, no sintió remordimiento, sino una satisfacción extravagante que se parecía mucho a la excitación sexual. Al gigoló le perdonó la vida a cambio de una felación. </p><p>Francesc Flors era un paranoico y tenía un sistema de vigilancia complejo: una red digital de tecnología robótica y un equipo de veinte personas —mercenarios profesionales— rodeando su casa desde los cuatro puntos cardinales. El hombre, embozado en las sombras, tuvo que dedicar seis semanas a atravesar todas esas barreras. Interfirió en las redes de los satélites, excavó pasadizos subterráneos —acostumbrado como estaba a la oscuridad— y envenenó con dardos microscópicos a los guardias de la última línea de vigilancia. Cuando llegó frente a Flors, lo encontró en una piscina grande que había en el sótano de la mansión, nadando desnudo con tres mujeres ciegas que no supieron qué estaba ocurriendo durante la refriga. Él entró a la piscina por la escalerilla de mármol sin quitarse el traje y avanzó caminando hacia Flors mientras éste gritaba pidiendo ayuda a los guardias. Cuando el hombre llegó hasta él y le sujetó por el cuello, Flors le ofreció una fortuna si le perdonaba la vida. El hombre tuvo un instante de vacilación, pero enseguida empujó hacia abajo la cabeza de Flors y la mantuvo hundida hasta que se ahogó. Luego salió de la casa. Las mujeres ciegas nadaban en la piscina sin rumbo, gritando aterradas. </p><p>Llegar hasta Ricardo Santo le resultó aún más difícil. Los asesinatos de Tita Cabrerá y de Francesc Flors habían despertado el pánico terrorista y las medidas de seguridad se habían redoblado alrededor de todos los hombres poderosos. El ejecutor de la Resistencia estudió los movimientos de Santo al milímetro, sobornó a algunos de sus hombres y trató de llegar hasta él de mil maneras, pero ninguna fue eficaz. Al cabo de ocho meses, mientras la división del mundo se hacía más sombría, el ejecutor concibió un plan inverosímil para matar a su última víctima. Le había rondado en los clubs nocturnos a los que acudía casi diariamente, pero la red de vigilancia que había a su alrededor era tan tupida que resultaba imposible cruzarla. Santo nunca atravesaba espacios peligrosos, nunca se quedaba a solas. Nunca salvo de madrugada, cuando se encerraba con alguna de las prostitutas exuberantes en la suite de un hotel, antes de regesar a su casa. El ejecutor comprendió que la única posibilidad de tenerle a su alcance era convertirse en una de esas prostitutas.</p><p>Buscó al mejor cirujano y se hizo una operación de cambio de sexo. Era un hombre todavía joven y siempre había tenido rasgos delicados, de modo que pudo convertirse en una mujer de belleza sensual como las que solía contratar Ricardo Santo para sus noches de amor. Luego le fue siguiendo de club en club y no tardó mucho en conseguir que se fijara en ella. Santo la invitó a una copa de champán en el reservado, custodiado aún por los guardaespaldas, y cuando hubo afilado la lujuria, la llevó a la suite del hotel y se quedó a solas con ella. </p><p>Entonces ocurrió el prodigio. Ella, el antiguo ejecutor, se dejó desnudar, se tumbó en la cama junto al criminal —el vicepresidente del Gobierno del Sol, el director financiero de Saltimbanqui, el hombre que había robado los ahorros de los pobres para poder pagar sus lujos miserables— y sintió, al ser acariciada por sus manos envejecidas, secas, una ternura desolada. </p><p><em>(Cierra Almudena Grandes)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p>El sexo fue trabajoso.</p><p>— Eres una mujer muy... —rara, iba a decir, pero se corrigió a tiempo— especial.</p><p>— Tranquilo, no pasa nada.</p><p>Santo no había logrado mantener la vigorosa erección que abultaba sus pantalones cuando salieron juntos del club nocturno, como si su impecable Hugo Boss hecho a medida fuera, más que una demostración, un verdadero mecanismo de poder. Cuando le dio la espalda para buscar una pastilla azul en el cajón de la mesilla, su amante volvió a experimentar una ternura insólita, porque logró mirarle con ojos de hombre y de mujer al mismo tiempo. En ese momento podría haberle estrangulado con facilidad, o matarle de un golpe seco, certero, con el pesado cenicero de mármol que reposaba en la mesilla que estaba a su lado, pero no lo hizo. Sentía demasiada curiosidad. Estaba muy excitada.</p><p>El género del adjetivo era el correcto porque su excitación no tenía que ver con el cuerpo pesado, blando, de su compañero de cama. Era su propio cuerpo el que la excitaba, la suavidad lujosa de la piel, el temblor rotundo de los pechos redondos, perfectos, la brevedad de la cintura, la elástica tersura de los muslos reflejados hasta el infinito en los espejos que recubrían el techo y las paredes de la suite. Aquella mujer íntima y desconocida ejercía una despiadada seducción sobre su memoria de un cuerpo distinto, provocando una sensación caliente, perturbadora, ajena desde luego al rollo de carne mantecosa que abultó el cogote de Santo cuando se inclinó hacia delante para buscar la dichosa pastillita. La debutante en la que estaba a punto de convertirse no había elegido bien al hombre que pondría fin a su virginidad. No era la primera ni sería la última, pero al recordar al hermoso gigoló de Tita Cabrerá con irremediable nostalgia, comprendió que nada en este mundo está tan sobrevalorado como ese incomparable fruto de la inexperiencia al que llamamos primer amor.</p><p>El sexo fue trabajoso, aunque no desagradable. Santo manejó con mucha delicadeza su cuerpo perfectamente sólido y fue casi tierno a la manera ruda, ejecutiva, de quienes están acostumbrados a imponer su voluntad sobre los demás. Su amante se dio por satisfecha con eso. No había alcanzado el orgasmo pero había sido capaz de intuirlo, de adivinar la magnitud desconocida, oceánica, de una plenitud física que desbordaba su experiencia masculina del placer. He hecho un buen negocio, se dijo mientras su amante volvía a darle la espalda para quedarse dormido casi al instante. Un buen negocio, repitió, mientras se cubría con un edredón de seda color burdeos, equidistantemente lujoso y hortera. Un buen negocio.</p><p>Entonces se fijó en sus manos, grandes pero bonitas, hasta delicadas. Sus dedos largos, elegantes, desembocaban en unas uñas de gel recién esculpidas y sutilmente esmaltadas en un rosa nacarado. Manos de puta de lujo o de señora rica, de esas que nunca friegan, ni cocinan, ni se hacen la cama. Y así, quizás porque su aventura había empezado un Día del Padre, le asaltó la imagen de las manos de su madre, los dedos siempre fríos, la piel siempre áspera, las uñas siempre rotas de limpiar las casas de los ricos, casas donde vivían mujeres con manos tan perfectas como las que sujetaban aquel edredón de color burdeos. </p><p>Su madre había sido una mujer buena. Una mujer fuerte, trabajadora, cariñosa, que cada noche volvía a casa con algo para él, para su hermana, unos caramelos, un bolígrafo, un <em>tupperware </em>auténtico, de marca registrada, con las sobras del pastel o del asado que hubiera servido aquel día a sus patrones. Nunca se lo comía ella. Siempre lo llevaba a casa. Y aunque estaba destrozada de cansancio, se sentaba con ellos en el sofá y les cantaba, les acariciaba hasta que se quedaban dormidos en sus brazos. </p><p>— Aquella mujer era mi madre —resumió en un susurro—, y tú, aparte de impotente, un hijo de la gran puta...</p><p>Lo demás fue muy fácil. Ricardo Santo murió en su cama. La acompañante de su última noche le asfixió, oprimiendo un cojín sobre su rostro mientras dormía, antes de darse a la fuga. La policía, en alerta máxima, nunca logró dar con ella.</p><p>Dos meses más tarde, una mujer joven y guapa, con un tipazo, contactó con la Resistencia de las Sombras para ofrecerse a trabajar en la clandestinidad. No le hicieron mucho caso, porque sus dirigentes estaban demasiado ocupados, elaborando y difundiendo la leyenda de El Ejecutor, el mítico héroe que viajó hacia El Sol para exterminar a los tiranos y nunca regresó. Cuando se dignaron por fin a recibirla, la aceptaron a regañadientes.</p><p>— No las tengo yo todas conmigo respecto a tu experiencia pero, bueno, todo será que no te venga la regla en medio de una misión... —el encargado de su reclutamiento empezó a desgranar las condiciones, le advirtió que no podía quedarse embarazada por lo menos en tres años, y no entendió por qué aquel pedazo de tía fruncía el ceño al escuchar las cantidades que la organización pagaba en concepto de dietas.</p><p>— No me parece justo. Eso es mucho menos de lo que cobran los hombres.</p><p>— Pero ¿qué dices? —¡qué polvo te echaba, maja!—. Te digo yo que no.</p><p>En ese instante empezó a sospechar que convertirse en mujer, aun orgásmica, tal vez no hubiera sido tan buen negocio.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <title><![CDATA[El contubernio que unió a la oposición antifranquista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contubernio-unio-oposicion-antifranquista_1_1124005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7658d41f-a1e2-4629-980f-2b63f2ee2aa9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El contubernio que unió a la oposición antifranquista"></p><p>El diccionario de la RAE define contubernio como “cohabitación ilícita o alianza o liga vituperable” y desde aquel año de 1962 todos los demócratas utilizaron esa palabra como sinónimo de cualquier conspiración contra el franquismo. Hasta tal punto se hizo popular la palabra <em>contubernio </em>que ha pervivido hasta hoy en el lenguaje de los humoristas como un motivo de broma o de chanza a propósito de cualquier actividad contra el orden establecido.</p><p>Fue la prensa franquista la que calificó de ese modo aquel Congreso del Movimiento Europeo al que acudieron un centenar largo de dirigentes de la oposición a la dictadura, tanto procedentes del exilio como del interior de España. Desde monárquicos liberales hasta socialistas participaron en aquella reunión en Múnich que pretendía vincular a España con la Europa democrática y que asustó a <strong>Franco </strong>porque entre los opositores se encontraban algunos “vendepatrias y traidores” que habían renegado de la dictadura y se habían pasado a las filas de la oposición. Destierros, cárceles y pérdidas de empleo fueron las respuestas del franquismo.</p><p>El historiador catalán <strong>Jordi Amat</strong>, un experto en la oposición al franquismo, acaba de publicar <em>La primavera de Múnich. Esperanza y fracaso de una transición democrática</em> (Tusquets) que ganó el prestigioso Premio Comillas de historia, biografías y autobiografías. Fruto de una investigación que se ha prolongado a lo largo de una década, Amat considera que “a través del contubernio de Múnich puede comprenderse el intento de refundación de una tercera España durante la dictadura”. “La cita en la capital bávara”, explica el autor, “significa un ejemplo perdido de dignidad patriótica y un primer paso en la articulación de una oposición unida, salvo los comunistas del PCE, la fuerza más numerosa y organizada de la oposición, que sólo enviaron observadores al congreso de Múnich”.</p><p>Ahora bien, aquel episodio quedó reducido, con el paso del tiempo, a un desafío aislado a la dictadura. Amat comenta las razones que impidieron que aquella iniciativa europeísta y democrática prosperara en un movimiento social amplio. “En primer lugar”, señala, “la dictadura controlaba totalmente los medios de comunicación y la inmensa mayoría de ciudadanos recibió una información manipulada de la cita de Múnich. De hecho, Franco agitó a las masas en contra de aquel congreso que otorgó el respaldo de la Europa democrática a los opositores. En segundo lugar, el régimen aplicó la represión pura y dura a los participantes en el contubernio y, por último, los reunidos en el llamado contubernio no lograron suficiente respaldo internacional ni en Washington ni en las capitales europeas como para plantear una alternativa democrática y unitaria al franquismo”.</p><p>El autor, Jordi Amat./ ISABEL SOLER</p><p>En definitiva, los esquemas de la Guerra Fría se impusieron una vez más en aquellos años sesenta y a las potencias occidentales les interesó más sostener al general Franco en el poder, como un baluarte anticomunista, antes que aventurarse en la incógnita de una ruptura con el régimen dictatorial. Así las cosas, ese panorama geopolítico de pulso entre el mundo capitalista y el bloque soviético convirtió en un objetivo imposible que los comunistas tomaran parte en el congreso de Múnich. “Sin duda alguna”, aclara Amat, “la presencia del PCE en aquella plataforma hubiera aumentado las posibilidades de la oposición. Junto al veto a los comunistas, la extrema debilidad del PSOE, con <strong>Rodolfo Llopis</strong> a la cabeza, restaron más tarde protagonismo al impulso de Múnich. El resto de fuerzas liberales o democristianas, que representaban dirigentes como <strong>Salvador de Madariaga, Joaquín Satrústegui, Fernando Álvarez de Miranda</strong> o <strong>José María Gil Robles, </strong>cabían en un taxi. En cualquier caso, me ha interesado contar las vidas de los derrotados de esa tradición democrática en la que figuran también líderes como <strong>Dionisio Ridruejo,</strong> que procedía del falangismo, o <strong>Julián Gorkin</strong>, que venía del comunismo”.</p><p>Aquella memoria de una oposición moderada y con corbata, que no ha resultado atractiva para la épica del antifranquismo, se fue borrando. No obstante, algunos de los artífices del contubernio de Múnich ocuparon altos cargos tras la restauración democrática como fue el caso del democristiano Fernando Álvarez de Miranda, presidente del Congreso de los Diputados (1977-1979) y Defensor del Pueblo (1994-1999) o el socialista <strong>José Federico de Carvajal,</strong> presidente del Senado en los años ochenta. En unas jornadas que recordaron en 2012 el 50º aniversario de aquella cita, Álvarez de Miranda, que sufrió un año de destierro en Fuerteventura y uno de los protagonistas que siguen vivos, resumió así la reacción de la dictadura. “Franco temía”, manifestó, “que se reconciliaran los dos bandos de la Guerra Civil porque al régimen le interesaba recordar constantemente el conflicto, que no se borrara el enfrentamiento. Por eso el contubernio de Múnich resultó tan peligroso para el franquismo. No íbamos a derrocar a la dictadura, pero sentamos las bases de la democracia y el europeísmo”. </p><p>Colaborador habitual del diario <em>La Vanguardia</em> y especialista en la historia intelectual española de la segunda mitad del siglo XX con libros como <em>El llarg procés</em>, Jordi Amat no coincide con las versiones que conceden al contubernio de Múnich la categoría del antecedente de los pactos de la Transición e incluso de la Constitución de 1978. “Esa visión blanqueada y dulcificada del contubernio”, concluye el autor con rotundidad, "como una raíz de la Transición, que han proyectado algunos dirigentes de la derecha, como el ministro de Exteriores, <strong>José Manuel García Margallo</strong>, no responde a la realidad. En definitiva, no se trataba de superar las heridas de la guerra y facilitar el reencuentro de España con Europa. La clave auténtica aspiraba a  vincular España con la Europa democrática para acabar con el franquismo y precisamente porque el franquismo lo entendió así represalió a los españoles del interior cuando volvieron a su país”.</p><p>Desde la convicción de que los sucesos históricos pueden explicarse muy bien a través de biografías concretas, Jordi Amat ha dibujado en <em>La primavera de Múnich</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>una galería de personajes de la oposición a la dictadura que contribuye a comprender la lucha de todos aquellos que intentaron derribar la dictadura. “Y que fueron derrotados porque no lo consiguieron”, apostilla Amat.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El contubernio que unió a la oposición antifranquista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Franquismo,Democracia,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Poesía (y Amos Oz)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-amos-oz_1_1123964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdd1f8b-c040-4bc3-934a-8d87a42fd646_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poesía (y Amos Oz)"></p><p><strong>Jesús García Sánchez</strong>, más conocido como Chus Visor, de la librería y la editorial Visor (Madrid), recomienda algunos de los títulos que más le han llamado la atención en los últimos meses.</p><p><strong>Poesías completas (1975-2000)</strong><strong>Carlos SahagúnRenacimientoSevilla2016</strong></p><p>Se trata de la obra de uno de los grandes poetas contemporáneos. Situado en la generación del 50, su poesía unió la meditación lírica y el compromiso cívico. Sus versos contienen una intimidad marcada por la historia y el amor en un lenguaje que trata de manera personal y rigurosa las palabras de todos. <strong>Carlos Sahagún</strong> es un poeta imprescindible para conocer en todos sus matices la poesía española del medio siglo.</p><p> <strong>JudasAmos OzSiruelaMadrid2015</strong><em>Judas</em></p><p>La nueva novela de <strong>Amos Oz</strong> es un testimonio de libertad e inteligencia narrativa. En la ciudad de Jerusalén de los años cincuenta, sitúa una interpretación sobre la figura de Judas que es al mismo tiempo un interrogatorio sobre el cristianismo, la historia y el concepto de traición. ¿Quién decide quién es un traidor? Esa parece la pregunta necesaria. Y se formula aquí con la tensión literaria y la calidad que caracteriza al autor. Merece la pena.</p><p> <strong>Poesía reunida (1979-2014)</strong></p><p><strong>Antonio DeltoroVisorMadrid2015</strong></p><p>Hijo de republicanos españoles exiliados, nació en la Ciudad de México en 1947. Su itinerario poético, iniciado en 1979 con <em>Algarabía inorgánica</em>, ha completado en seis libros una de las obras más importantes de la literatura mexicana contemporánea. Es al mismo tiempo discípulo de <strong>Antonio Machado</strong> y de <strong>Octavio Paz</strong>. La mirada contemplativa, la meditación y la intensidad lírica componen un mundo equilibrado para responder a la hostilidad de un tiempo con prisas. Los lectores de Visor tuvieron ya la posibilidad de leer su última entrega: <em>Los árboles que poblarán el Ártico</em> (colección Palabra de Honor, 2012). Ahora ofrecemos todos sus libros en este volumen de <em>Poesía reunida</em>.</p><p><strong>Un mal poema ensucia el mundo</strong><strong>Joan MargaritArpaBarcelona2016</strong></p><p>El poeta catalán <strong>Joan Margarit</strong> reúne en este volumen, con la ayuda de <strong>Jordi Gracia</strong>, una colección de artículos dedicados a la poesía. Margarit ha conformado una voz coherente y personal en la que se integran sus preocupaciones literarias, sus lecturas y sus debates con la realidad. Estos ensayos facilitan el conocimiento de su obra, una de las más importantes de la lírica reciente en catalán y en español.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Visor en la calle Isaac Peral, 18, de Madrid. Los libros de la editorial están también en su web. </em></p><p><strong>Librería Visor</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank">web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Visor]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Poesía (y Amos Oz)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Contigo’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contigo_1_1123953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7d6b13a-60a7-419e-931e-e625339e805c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Contigo’"></p><p>Raquel Lanseros recita su poema "Contigo".</p><p><strong>Contigo</strong></p><p>Porque no vive el alma entre las cosas</p><p>sino en la acción audaz de descifrarlas,</p><p>yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.</p><p>Mil veces he deseado averiguar quién soy.</p><p>Después de tantos nombres,</p><p>de tanta travesía hacia mi propia brújula,</p><p>podría abrazar la arena durante varios siglos.</p><p>Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.</p><p>No está en mí la verdad, cada segundo</p><p>es un fugaz intento de atrapar lo inasible.</p><p>La verdad no está en nadie, y aún más lejos</p><p>yace de un rey que de cualquier mendigo.</p><p>Si alguien está pensando en perseguirla</p><p>no debe olvidar esto:</p><p>el fuego ha sido siempre presagio de declive</p><p>como la intensidad antesala de olvido.</p><p>Cuando mis ojos vuelvan al origen,</p><p>pido un último don.</p><p>Nada más os reclamo.</p><p>Poned en mi sepulcro las palabras.</p><p>Las que dije mil veces</p><p>y las que habría deseado decir al menos una.</p><p>Guardad en mi costado las palabras. </p><p>Las que usé para amar,</p><p>las que aprendí a lo largo del camino,</p><p>las primeras que oí de labios de mi madre.</p><p>Envolvedme entre ellas sin reparo,</p><p>no temáis por su peso.</p><p>Pero cuidad con mimo la palabra contigo.</p><p>Tratadla con respeto.</p><p>Colocadla</p><p>sobre mi corazón.</p><p>La verdad no está en nadie, pero acaso</p><p>las palabras pudieran engendrarla.</p><p>Quizá entonces aquel a quien dije contigo</p><p>y para quien contigo fue toda su costumbre,</p><p>se acostará a mi lado con ternura,</p><p>juntos en el vacío más sagrado,</p><p>cuando la eternidad toma nuestra medida,</p><p>cuando la eternidad se pronuncia contigo.</p><p><em>*Raquel Lanseros es poeta. Su último libro es 'Las pequeñas espinas son pequeñas' (Hiperión, 2014). </em><strong>Raquel Lanseros</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Lanseros]]></author>
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