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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 10]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 10]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Niños enamorados’, de Mariano Peyrou]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ninos-enamorados-mariano-peyrou_1_1124546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fdecc969-166a-4729-92f1-90c4f530f862_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Niños enamorados’, de Mariano Peyrou"></p><p><strong>Niños enamorados</strong><strong>Mariano PeyrouPre-TextosValencia2015</strong></p><p><strong>Mariano Peyrou</strong> (Buenos Aires, 1971, aunque afincado en Madrid desde 1976) ha dado a los lectores de poesía posiblemente su mejor libro hasta el momento, lo cual ya era un reto, tratándose de uno de los poetas que mejores y más interesantes entregas nos había regalado en los últimos años, con títulos como <em>La sal</em> (2005) o <em>Estudio de lo visible</em> (2007), entre otros. Su labor no sólo como poeta, sino como narrador, se complementa con el volumen de relatos <em>La tristeza de las fiestas</em> (2014) y la novela <em>De los otros</em> (2016), sin contar sus innumerables y atractivas traducciones. A finales de 2015 se publicó <em>Niños enamorados</em>, siempre en la editorial Pre-Textos, impresionante poemario y muy recomendable.</p><p><em>Niños enamorados</em> comprende sólo 15 poemas, pero se trata de textos extensos que, además, poseen una intensidad inusitada en la poesía hispánica contemporánea. La materia discursiva que los caracteriza se halla transida de una fuerte sustancia verbal, imaginística y simbólica, sin desdeñar cualquier tipo de conexión semántica, fonética o sintáctica que sea afín a la producción de sentido. Por eso dice en un momento determinado que "El amor es una estructura lingüística" (p. 46), en el poema "El ideal" (pp. 45-48), quizás una de las composiciones más logradas de todo el volumen, por su rigor formal y su fuerte carga pervasiva. Sí, ese podría ser el origen a considerar, pero la proyección es mucho mayor, descontrolada y en continua expansión. <em>Niños enamorados</em> salta hacia el otro —la otredad dialógica, bajtiniana en toda su amplitud— y ahí es donde se pierde la referencia, donde se deja de poseer para —por el contrario— compartir, para vivir en el otro, fin práctico de cualquier punto de partida teórico.</p><p>Por eso varios poemas tienen títulos que aluden a esta visión platónica, digámoslo con la filosofía clásica: "Teoría" (pp. 28-29), donde esta relación dialéctica y gestáltica se hace cuerpo: "Ése es el juego maravilloso: que / parezca un símbolo, haz que nos arrastre / con la estrategia de un símbolo" (p. 28), llevando esa dinámica lúdica a convertirse en el propio mecanismo del intercambio —conocimiento y comunicación—: "(…) Manejamos sólo unos / recipientes opacos donde no hay más / que cierta capacidad para el juego, / y eso no es poco. El texto / no es simbólico, lo que es el simbólico / es el lector" (ibíd.). Más adelante, en el mismo poema, concluye que: "La práctica es posible. La teoría / es utópica o al menos delirante, / y la adoro por eso" (p. 29). La mayoría de los poemas de Mariano Peyrou tienen la virtud de poseer sus propias claves interpretativas ("Siempre un exceso de interpretación", p. 25, como bien dice en "El miedo tranquilo", pp. 23-27), que amplían la concepción poética —no sólo del autor, o del libro— y como todo buen arte se explica a sí mismo, ensayando sus ejes autorreferenciales, explayándose, dejándose llevar por las sugerencias y los caminos que van surgiendo muchas veces de manera sorpresiva.</p><p>"El ideal", antes citado, plantea todo esto desde la correspondencia de lo que se piensa y sucede a través del hilo cognitivo que genera el ser humano. No en vano hay una búsqueda de universalidad en toda la poesía de Mariano Peyrou a sabiendas que es una búsqueda vana, aunque de eso se trata: "(…) Tiene algo limpio: / un movimiento líquido, garantía / de que no me voy a detener / en ningún sitio, de que / buscar y no encontrar, / dejar atrás, / abajo / quemar las sensaciones hasta el humo, / estoy ahí entre las nubes, / lo que se busca es no encontrar, / seguir buscando". Así finaliza este magnífico poema, que "Tiene algo nuevo: desprovisto de / significado, cada uno / pendiente de la reacción / del otro para inferir como se / pueda lo que no se puede / preguntar. (…)" (pp. 46-46). El otro —habría que ponerlo con mayúsculas, el Otro— de nuevo como epítome de todo, como solución donde encontramos lo que no se busca. Ése es el hallazgo, y podríamos ir muy lejos en la exégesis.</p><p>Mariano Peyrou nos ha regalado un libro impresionante que es sin duda uno de los mejores poemarios de los últimos años. Un libro necesario que calificamos como obra maestra. Un poeta imprescindible en el panorama actual.</p><p><strong>La otra vida</strong></p><p>Cada una de sus cartas aviva</p><p>lo que somos y las posibilidades</p><p>del sueño y la demora,</p><p>muestra un espejo donde aparecen</p><p>siglos de infancia condensados en</p><p>la imagen de unos niños enamorados</p><p>tirándose del pelo. No tiene</p><p>nada que ver con mis lecturas</p><p>sobre Giordano Bruno ni con</p><p>la sorprendente humedad de esta</p><p>estación saturada de burbujas,</p><p>recuerdos tibios que van de un lado</p><p>a otro imitando a las luces</p><p>de los coches de una ciudad</p><p>desértica. En otra época se habría</p><p>dicho que las clarinetistas saltaban</p><p>desde los tejados de las casas</p><p>donde apenas ardía un poco de</p><p>leña cada noche y volaban</p><p>un rato en los sueños ajenos</p><p>antes de hacerse polvo contra</p><p>las piedras, recuperando para los</p><p>demás ese trozo de vida que nos</p><p>falta, y se elevaban de nuevo,</p><p>polvo secreto sobre los bosques cercanos,</p><p>y su música sonaba para siempre,</p><p>en los desvanes y en los nietos,</p><p>sigilosa y alegre, cogidos de la mano.</p><p>Nada que ver con las excavaciones</p><p>submarinas ni con el falso mito</p><p>de los bombones envenenados, pero</p><p>ahora es así, pongo la radio</p><p>y oigo lo que habría querido decir antes,</p><p>las oscuras motivaciones de la hierba</p><p>son las nuestras.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta. Su último libro es 'Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española' (Bartleby, 2014).</em><strong>Juan Carlos Abril</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Diario de una vida breve’, de Juan Manuel Silvela Sangro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diario-vida-breve-juan-manuel-silvela-sangro_1_1124541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f11e65c-8153-4127-acb6-7bd327d01e1a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Diario de una vida breve’, de Juan Manuel Silvela Sangro"></p><p><strong>Diario de una vida breve</strong><strong>Juan Manuel Silvela SangroPre-TextosValencia2015</strong></p><p><strong>Juan Manuel Silvela Sangro</strong> (Madrid, 1932-París, 1965) fue un escritor malogrado. Enfermo desde niño por una cardiopatía que se lo llevó a la tumba cuando recién había aprendido cómo vivir una vida plena y solo suya. El joven con el típico "corazón de pato", según le dijo el médico que impidió su entrada en el Servicio Diplomático, nunca llegó a ver publicado este <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1619" target="_blank"><em>Diario de una vida breve</em></a>, ni alcanzó a escribir otra cosa que literatura íntima. Hombre melancólico y tan educado que escribía con un raro pudor los episodios de su corta vida de artista, sus diarios podrían no haber sido más que unos cuadernos que tras su muerte guardarían sus deudos, junto al álbum de fotos familiar, para recordar de vez en cuando al joven talentoso que se había ido antes de tiempo, y acaso las lágrimas fueran inevitables al leer en la entrada del 15 de junio de 1958: "Dios mío: no tengo ninguna prisa por morirme".</p><p>Sin embargo, dos años después de su fallecimiento, salen a la luz con prólogo del filósofo <strong>Julián Marías</strong>, para convertirse en uno de los éxitos de la temporada literaria de 1967. Luego el olvido, hasta esta reedición a cargo de <strong>José Muñoz Millares</strong> que nos devuelve a un prosista finísimo y sorprendente desde las primeras anotaciones, escritas a los dieciséis años, hasta el abandono del dietario en 1958.</p><p>Se trata, pues, de un diario juvenil y sin una intención definida de partida, pero que el acierto narrativo del autor va convirtiendo poco a poco en una novela de personaje. Las referencias a la vida cultural de la capital madrileña en la posguerra (la música y el arte de vanguardia, el retorno de <strong>Ortega </strong>y <strong>Gómez de la Serna</strong>) no se tratan sino desde la perspectiva de un adolescente que empieza a descubrir el mundo, con una ingenua sorpresa que aún lo mantiene en la ilusión del desvelamiento de que más allá de las rutinas familiares hay un mar de ideas que él quiere navegar. Y así, con honda penetración de la mirada y la delicadeza de la prosa, la mano del escritor convierte al joven Manolo Silvela en un émulo del <strong>Antonio Azorín</strong> de las <em>Confesiones de un pequeño filósofo</em>.</p><p>Culto y refinado hijo de una familia de la alta sociedad madrileña, Silvela se revela en las páginas de su diario como un pequeño aristócrata del espíritu. Apenas hay levísimas alusiones a la situación social y política, alguna comparación triste con el mundo de las ficciones de <strong>Kafka </strong>y poco más. No ahonda en detalles familiares ni busca profundizar en aspectos concretos de la vida literaria de la triste posguerra. Más allá de su paseo de aprendiz de <em>flâneur</em>, lo que hay en sus diarios es una vida que emerge discreta y pausadamente.</p><p>Los sueños del adolescente en la tarde nubosa del otoño, la lección de Ortega que anota en la entrada del 1 de diciembre de 1949: "La vida humana quizá consiste, en su esencia más íntima, en importarse a sí mismo". Es a partir de aquí cuando el diarista comprende lo que está haciendo en sus cuadernos y a ello se entrega, más seguro de su mano, el joven Silvela que observa la vida alrededor para contarla cuando enciende la lámpara de su habitación antes de dormir y escribe pulcramente: "noche propicia al pensamiento". Siempre de soslayo, el joven no enfrenta la vida, que para él es amable, más que como un paseo lírico, exento de dramatismo, tanto que las alusiones a la muerte de seres queridos se hacen con desapasionada serenidad. </p><p>El Madrid que se muestra en el <em>Diario de una vida breve</em>, es una ciudad casi de ensueño, trozos desvaídos, personajes que a veces parecen salidos de una fiesta campestre en un Combray más humilde. <strong>Proust </strong>y <strong>Azorín</strong>. Los primeros amores. El joven castrado por las buenas maneras y las costumbres de una España rancia. El primer escarceo con una chica y ya piensa en el matrimonio para toda la vida: "el temor a fracasar, la vergüenza de no ser comprendido me paralizan". Es el mismo joven que recorta las greguerías de Ramón que publica el diario <em>Arriba</em>. La vida sentimental o la vida es sentimental, vale un concierto de <strong>Bartók</strong>, una película de <strong>René Clair</strong> o "mirar descansadamente la lejanía", lo que se aloje ese día en su memoria se cuenta luego escueta y certeramente, con imágenes elegantes, pero inesperadas; como esas "flores concretas" del jardín del músico danés <strong>Gunnar Berg</strong>, amigo de la familia, al que visita con frecuencia. Algún verso de <strong>Supervielle </strong>para protestar, no mucho, de esta España de pueblo "viejo y terco", y sigue creciendo la belleza de su prosa poética en las descripciones del paisaje, ampliándose la mirada del artista en cierne que pasea por el mundo y filosofa tímido pero intenso.</p><p>Para conocer la aparición de una leve conciencia política hay que esperar a las anotaciones del año 1954, Silvela ya tiene veintidós años, estudia Derecho sin mucha pasión y ama fraternalmente a Gaby, una quinceañera soñadora. Luego de algunas páginas casi desesperadas sobre sus dificultades en el amor, vendrá el primer noviazgo ─es lo que supone el todavía ingenuo Manolo─ con Inés María; salidas juntos, conversación, acercamientos castos, temerosos. Finalmente aquel inglés medio novio de Inés María se la llevará al altar. Manolo oculta toda emoción y lo cuenta con frialdad meses después de ilusionarse con la joven. El discreto encanto de la burguesía.</p><p>Este <em>Diario de una vida breve</em> no se parece mucho al registro de las reflexiones alocadas de alguien que tiene que explicarse el mundo por escrito para conocerlo; es, por el contrario, el fruto de una muy meditada anotación del transcurso de la vida interior. Y así dice Manolo Silvela en la entrada del 30 de julio de 1956: "Me gustaría decirle esto a alguien. Porque no basta con escribir estas páginas; porque estas páginas no se dirigen a nadie. A nadie que tenga figura y voz y ojos y nombre". Ni siquiera a él mismo, porque empieza a entender que está haciendo literatura, que su diario es la minuciosa construcción de un personaje que cada vez es menos su autor. Su pudor confesional es propio de la mirada distante del escritor sobre su personaje, no la del hombre que se interroga a sí mismo. Poco hay dicho por extenso en estas páginas, alusiones, elusiones significativas, sobreentendidos, apuntes desapasionados, arrebatos ante el paisaje (muy contenidos, huyendo de la cursilería) y los rumores de la noche tras la ventana de su habitación.</p><p>La vida no es lo que pasa fuera, sino lo que pasa dentro cuando Juan Manuel Silvela Sangro cuenta sobre Manolo Silvela. Queda un poso de tristeza leve sobrevolando las páginas de este acomodado paseante en cortes y un Madrid somnoliento, aburrido, pero casi invisible más que como un decorado para las acciones mínimas, cotidianas de un personaje de Proust exiliado en la pacata y pobre meseta franquista.</p><p>Como documento sociológico tiene su interés, desde luego, pero es literatura en estado puro lo que nos ofrece fundamentalmente este <em>Diario de una vida breve</em>. La selección de textos de José Muñoz Millares habrá tenido algo que ver con el montaje narrativo de las entradas del dietario, pero estaba ya ahí la novela de Manolo Silvela, un joven despistado de la alta sociedad de un lejano Madrid, quizá solo de papel.</p><p>Los diarios se acompañan de una nutritiva introducción de Muñoz Millares y de un epílogo donde se recogen las palabras que Julián Marías escribió para su primera publicación en 1967. Ambos ayudan a enmarcar esta sorprendente novela que no quería ser una novela.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de la Universidad de Sevilla. Su último libro públicado es 'La mirada de Orfeo' (Pre-Textos, 2015). </em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Solos’, de Paloma Bravo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/solos-paloma-bravo_1_1124538.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/18b00f84-c1d7-47a2-b811-426f4b50f740_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Solos’, de Paloma Bravo"></p><p><strong>Solos</strong><strong>Paloma BravoAlfabiaBarcelona2016</strong></p><p>Elena y Javi son una pareja en torno a los 40 años que vive una vida cómoda. Elena es el sarcasmo y Javi la apariencia. Ella es abogada y él, cirujano plástico. Están casados por segunda vez con un hijo cada uno del matrimonio anterior. Ella espera un <em>whatsapp</em> de un antiguo amor que nunca llega, "tiene una vida que no aprecia pero que no le espanta" —como dice la narradora omnisciente de esta novela—. A él no le hace falta, se acuesta con otras para seguir sintiéndose pleno porque los 40 es la época en la que da pereza acostarse con tu pareja, cuando los gritos no duelen tanto como los silencios, dónde el <em>whatsapp</em> y la tecnología pueden expresar más —o no y nos lo hemos creído— que una cena entre dos y sus soledades compartidas.</p><p><a href="http://www.edicionesalfabia.com/libros/solos.php" target="_blank"><em>Solos</em></a><em> </em>(Alfabia, 2016) es un retrato de la incomunicación en la pareja urbana actual. Gente acomodada y con casi todo cumplido, conectados y en apariencia sin tiempo para el vacío, pero claro, con sus miserias cotidianas, sus silencios atronadores y sus falsas apariencias. Esta es una novela sobre el amor roto: con mucho humor, ternura y mala leche, <strong>Paloma Bravo</strong> nos cuenta la historia de esta pareja una noche que montan una fiesta en su casa a la que solo van sus amigos Ana y Tomás, los solteros, la contraposición a la pareja ideal. La autora juega con la crisis emocional de los 40 con un tono provocador, incisivo, humorístico a veces, deja que sus personajes hablen mucho y dialoguen sobre lo que les pasa. Elena, aturdida, triste, vacía ve tambalear su trabajo y su matrimonio, espera lo que no va a llegar, se aferra a una ilusión del pasado. Javi es inconsciente, acaba de acostarse con su exmujer antes de que ésta se vuelva a casar. Se mira siempre en los espejos, parece superficial, egoísta, egocéntrico, porque él desea "una pareja en casa y una vida alternativa fuera". Ana es la gran amiga de Elena, aunque guarda secretos que no le cuenta. Está soltera y disfruta en apariencia de la vida, se tira a un joven de 25 y es admirada por ello. Pero si rascamos en la superficie, algo falla. Tomás es el cuarto elemento de la fiesta, el amigo ideal, el hombre noble que sabe escuchar y que ha logrado casi todo lo que se ha propuesto excepto tener un hijo. Y el arroz se le ha pasado ya. Cada uno en su estilo no encuentra la plenitud. Elena habla con Ana de la posibilidad de volver a tener otra pareja nueva y de la pereza que le da: "Explicarle a un desconocido quién soy y qué me ha hecho serlo. Volver a enseñar mi versión más maquillada, disfrazar mis miedos, esconder mis defectos, contarle mis sueños como si de verdad creyera posible alcanzarlos… Como si todavía estuviera a tiempo". </p><p>Es una fiesta en casa de los protagonistas, y allí todos son sinceros en algún momento, como cuando Elena explica las razones de Javi para no separarse de ella: "Él dice que no gana nada separándose. Que yo le gusto. Que follo como una salvaje. Que quiero a su hijo como una madre. Que soy independiente. Que le pongo bruto. Que le gusta dormir conmigo. Que le divierto cuando estamos con amigos. Que le dejo espacio cuando estamos solos. Que le encanta ver cómo trato a los niños. Que le emociona que el mundo no me sea indiferente…". Y éstas, efectivamente, podrían ser las razones de una pareja de 40 años para seguir queriéndose. <em>Solos</em> emana ternura también, sus diálogos son fluidos, creíbles, como zarpazos de realidad que hacen de equilibrio a las reflexiones de la narradora: "Javi quiere a Elena. La quiere de verdad. Está abrumado, eso sí, por la tristeza infinita de su mujer, esa mujer con la que había aprendido a convivir, a leerse los tiempos, a dejarse espacios. Javi se acerca a ella y le pasa el brazo por el hombro. Hay algo definitivamente roto entre ellos, eso no se puede negar. Como si se miraran desde orillas opuestas, con amor y nostalgia. Con ganas de estar juntos y la certeza de que no podrán volver a estarlo. O no de la misma manera. Alguien tiene que dar el primer paso, pero ninguno sabe cuál es ni dónde encontrarlo". Así, la vida transcurre entre silencios velados e insatisfacciones calladas. Como apostilla Tomás para definir su soltería: "Soy melancólico y creo que el amor perfecto es el que ya no se tiene".</p><p>Quizá la única flaqueza del libro es que los personajes son algo arquetípicos (el cirujano plástico superficial que se acuesta con quien puede; la mujer romántica de buena posición que se asoma al vacío de su vida y busca otras expectativas, —un hombre del pasado que la rescate—; la amiga soltera, libre, irónica y crítica que está con un jovencito de 25 y parece tan feliz; el amigo soltero, profesor que ha logrado todo lo que se propuso excepto la paternidad) aunque el relato quizá lo necesitara, pero en su conjunto es una obra que como una crónica describe estados emocionales de una generación concreta y sus contradicciones, contada de manera divertida y con la que se podrán identificar aquellos que quieran una novela valiente para asomarse al precipicio de los 40 años y las relaciones de pareja.</p><p><em>*Pablo Bonet Ayllón es librero de guardia en la librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89. Madrid). </em><strong>Pablo Bonet Ayllón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Un mal poema ensucia el mundo’, de Joan Margarit]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mal-poema-ensucia-mundo-joan-margarit_1_1124534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/35fa3a46-032a-40df-bf7b-2fc5bc21a6c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Un mal poema ensucia el mundo’, de Joan Margarit"></p><p><strong>Un mal poema ensucia el mundo. Ensayos sobre poesía, 1988-2014</strong><strong>Joan MargaritArpa Barcelona2016 </strong></p><p>"La poesía es el límite último hasta el cual se nos permite avanzar participando de la vida y de las cosas". Esta afirmación de <strong>Joan Margarit</strong> (Sanaüja, Lleida, 1938), en uno de los ensayos que recoge el libro <em>Un mal poema ensucia el mundo</em><em>. Ensayos sobre poesía, 1988-2014</em> que acaba de publicar la editorial Arpa, nos permite intuir el compromiso del poeta con la poesía, de la que entiende que "es esa respuesta del ser humano al continuo ataque de la intemperie donde se desarrolla la vida", y con la vida, con toda la vida, por la que decía el poeta: "Siempre he tenido conciencia de que, para mí, la poesía se extendía". </p><p>Este volumen, la selección de textos y el prólogo del cual ha llevado a cabo <strong>Jordi Gracia</strong>, reúne una serie de ensayos que, paralelamente a su poesía, ha ido escribiendo Margarit, uno de los grandes poetas en lengua catalana, y que nos contagian de su pasión por la lírica, desde el punto de vista del poeta, pero también del lector.</p><p>Muchos son los temas que Margarit va desgranando a través de sus escritos, sin embargo, detrás de todos ellos, podemos vislumbrar ese respeto absoluto por el lector. Nos dice el autor: "Preguntarse para qué sirve la poesía es formular a la vez dos preguntas: para qué les sirve a los lectores la que el poeta escribe, y de qué le sirve a él escribirla. Sin embargo, pienso que la respuesta es única. El poeta necesita escribir poesía por la misma razón que el lector necesita leerla y el conjunto poeta-poema-lector es lo que la define: si falla uno de los tres, la poesía no existe".</p><p>Como lectores de poesía nos reconocemos en esa idea, que nos llevará a otras cuestiones como la necesidad del poeta, imperiosa e inaplazable, de escribir, a la exactitud y la concisión, a la intensidad de la verdad o al sentido común que deben caracterizar todo buen poema. Un poema que, lejos de ensuciar el mundo, contribuya de algún modo a su orden y a su higiene.</p><p>La estructura del libro presenta cuatro apartados. El primero, "Un viaje poético", contiene artículos, prólogos y epílogos de algunos de sus libros —<em>Estació de França</em>, <em>Joana</em>, <em>Cálculo de estructuras</em>, <em>Casa de Misericordia—</em> o sobre otros autores como <strong>Thomas Hardy</strong>, <strong>Joan Vinyoli</strong> o <strong>Gabriel Ferrater</strong>. A través de estas reflexiones, nos permite profundizar en su manera de escribir y de leer poesía.</p><p>El segundo apartado, "Las razones de los poemas", reúne un conjunto de notas en las que el poeta nos invita a acercarnos a las circunstancias vitales que lo llevan a escribir algunos de sus poemas. La tercera sección presenta las "Nuevas cartas a un joven poeta" que aparecieron en un volumen bajo el mismo título en 2009 y en las que Margarit nos regala una reflexión teórica sobre el hecho poético a través de la intensidad, de la sabiduría, de la inteligencia sentimental —desde la que, afirma, gusta de escribir—, que nos permite establecer un diálogo con algunos de los temas que el concepto <em>poesía </em>conlleva como la inspiración, la necesidad o la tradición, pero también el amor o la soledad. La mirada lúcida del poeta hace que sintamos al leerlo la calidez que él afirma que siente al volver al ejemplar de <em>Cartas a un joven poeta</em> de Rilke.</p><p>Cierra el libro el apartado "Poesía y otras ciencias", en el que se recogen algunas conferencias de Margarit, arquitecto de profesión, que exploran las relaciones entre  la poesía y otras disciplinas, así como una carta, publicada en un homenaje a su amigo y poeta <strong>Luis García Montero</strong>, en la que el poeta catalán le habla del dolor que le produce la incomprensión hacia su lengua materna y le profesa su estima y admiración.</p><p>Y es la admiración, desde la que el esfuerzo destinado a crear es mucho más rentable, uno de los temas que los ensayos de este libro abordan desde la generosidad de Joan Margarit, reconociendo el magisterio de sus predecesores sin los cuales, afirma, "no existiría como poeta". </p><p>"La poesía adquiere una importancia decisiva en la modulación de la intimidad en relación a los valores colectivos". El poeta cree en la intimidad como territorio desde el que construir la identidad del individuo, de ahí el carácter necesario de una poesía capaz de indagar en la realidad de una subjetividad, objetivada, que enlaza la mirada personal individual a la colectiva, convirtiéndose en una común utilidad recíproca entre el individuo y la sociedad. </p><p>Nos dice Joan Margarit: "Intentar escribir un poema es para mí una forma de amar". Y nosotros, tras impregnarnos de esa intensidad moral que trasluce su poesía y, como afirma Jordi Gracia en el prólogo, también su prosa, accedemos a un mundo al cual difícilmente renunciaremos. </p><p><em>*Mònica Vidiella Bartual es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella Bartual</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella Bartual]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Un mal poema ensucia el mundo’, de Joan Margarit]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Ser el canto’, de Vicente Gallego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/canto-vicente-gallego_1_1124531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f6efb44-1ce3-4d8b-8f33-7dfa88ea3f93_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ser el canto’, de Vicente Gallego"></p><p>"¿Cuándo tuvo principio / mi amor por cuanto amo? ¿Fue primero / amar, ser el amor, / fue primero cantar o ser el canto?". Así termina el "Canto I" de <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/ser-el-canto.html" target="_blank"><em>Ser el canto</em></a>(Visor, 2016), el último libro publicado de<strong> Vicente Gallego</strong>, por el que le fue concedido el XVIII Premio de Poesía Generación del 27. Dentro de esa dualidad aparentemente paradójica de cantar y ser a la vez el propio canto se encierra la más honda verdad que el poeta transmite a través de este libro: no hay principio ni final, ni confines o fronteras entre lo que sentimos que somos y la energía unitaria a la que realmente pertenecemos. El gozoso deleite de existir no se logra mediante consecuciones concretas o argucias momentáneas, sino que está en nosotros: reside desde siempre en lo más profundo de nuestra esencia, que es una y hermana con el resto de los seres y con la armonía motriz universal.</p><p>El libro está dividido en cincuenta cantos que se suman los unos a los otros, formando una coral de luz en esta hermosa celebración del yo y de su íntima unidad con el resto de lo creado. No hay lugar para la impostura o la nadería en <em>Ser el canto</em>, están todos sus versos transidos de verdad esencial, la más pura, alejada de ornamentos y abalorios lingüísticos. No necesita Vicente trucos ni estratagemas para introducirnos en la más luminosa belleza, se encuentra su palabra límpida muy por encima de los ardides de ilusionismo lingüístico con los que a veces se pretende reemplazar la poesía. </p><p>Así, la sabiduría intuitiva de Gallego alumbra con emocionante precisión el mundo que rodea al poeta, que no es otra cosa que el reflejo de sí mismo, puesto que es una e indivisible la naturaleza de los seres y los objetos que pueblan la Tierra. Desposeído de toda vanidad, el poeta nombra y abraza el mar, el cielo, el amigo, una hormiga, la noche, los trigales, los pájaros o la propia luz que nos envuelve. Es su palabra un manantial inagotable, pues el agua que de él brota es la misma que mueve la vida en su conjunto.</p><p>Siempre ha sido la poesía de Vicente Gallego rica en imaginería, pródiga en claridad, abundante en hondura. Todos esos rasgos virtuosos que lo caracterizan se dan con profusión en <em>Ser el canto</em>, afianzada y poderosa la voz del poeta. Una voz que todo halla, puesto que nada busca. Que a todas partes llega, porque no pretende salirse de sí misma. </p><p>El binomio luz/oscuridad o día/noche, tan presente en <strong>San Juan de la Cruz</strong> o <strong>Juan de Yepes</strong> (como cada cual prefiera referirse al excelso poeta de Fontiveros), juega un sustancioso papel en la simbología de <em>Ser el canto</em>, que ensalza una noche iluminada en los primeros cantos, para después desembocar en una luz oscura de puro transparente, ya que a veces lo nítido pareciera ser lo más difícil de percibir. Y precisamente a Juan de Yepes está dedicado uno de los poemas más bellos del libro, el "Canto XLVIII", en el que se relata la muerte del gran poeta místico en medio de una atmósfera de delicadeza sosegada. Recrea Gallego con pulcra ternura el momento, poco antes de su muerte,  en que el genio abulense quiso escuchar una vez más el Cantar de los Cantares, exclamando mientras lo oía: "¡Qué preciosas margaritas!". </p><p>Ser el canto es un libro de plenitud vital y depuración formal. Despojado de todo mundano envanecimiento, el poeta vuelve a la infancia de la creación, cuando la razón humana aún no se ha interpuesto entre su percepción y el universo indisoluble. En esa aurora primigenia tiene lugar el canto del poeta, que es a la vez su voz corpórea y su misma esencia. Origen y final son conceptos indistinguibles a la luz de la verdad inicial. Porque quien alumbra poesía es a la vez la propia poesía. Del mismo modo que es difícil adivinar —a no ser que se haga a la lumbre del entendimiento intuitivo— si fue primero cantar, o ser el canto. </p><p><em>*Raquel Lanseros es poeta. Su último libro es 'Las pequeñas espinas son pequeñas' (Hiperión, 2014). </em><strong>Raquel Lanseros</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Lanseros]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Ser el canto’, de Vicente Gallego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘La botella de Bukowski’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/botella-bukowski_1_1124521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a4bbd752-e3a0-44f0-908c-de3697cecb53_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La botella de Bukowski’"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.  </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>La palabra en tanto que expresión de una voz, si no es compartida, no es palabra. Este es uno de los  presupuestos que hace apenas un año llevó a Agapea Granada, dentro de su proyecto <a href="http://www.agapeaescultura.com/" target="_blank">agapeaescultura.com</a>, a promover nuestra ya famosa Hora de Té&Libros.</p><p>Un jueves hacia la mitad del mes, nos reunimos a las siete de la tarde alrededor de una buena tetera cuyo contenido variado, exótico, estimulante y aromático, contribuye a relajar las contracturas que este mundo sin sosiego nos obliga a resistir en nuestras espaldas. Y ya con los músculos dispuestos y la mirada también, nos zambullimos en la disección del texto que el mes pasado nos ha acompañado en el autobús o en los últimos momentos de vigilia, antes de ceder ante la llamada de nuestro amigo Morfeo.</p><p><strong>La botella de Bukowski</strong><strong>Rafael Ruiz PleguezuelosTempestasMadrid2016</strong></p><p>Requisito hasta la fecha era que el libro elegido fuera novedad y  editado por el Grupo Planeta, que promocionaba el Club. Sin embargo, los lectores somos avariciosos y no nos conformamos con un solo catálogo. Cogida la confianza del grupo y con ganas de viajar por otras propuestas, el  17 de marzo comentamos <em>La botella de Bukowski</em>, escrita por un autor granaíno, <strong>Rafael Ruiz Pleguezuelos</strong>, que nos acompañó en los laberintos de su obra.</p><p>Una ocasión, en fin, para comprobar que cada vivencia de lo leído es singular y que lo que se oculta tras cada párrafo de una página, y tras cada página de un libro, no es idéntico para cada lector. Cada uno volcamos nuestras experiencias y gustos, esperamos de una manera o de otra, y el hecho de tener la oportunidad de compartir cada una de estas experiencias enriquece lo leído, amplía nuestros gustos y, en definitiva, da intensidad y marca la diferencia en nuestras vidas.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Agapea]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La botella de Bukowski’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Un cambio literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cambio-literario_1_1124516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/36cfa86c-db41-40fc-b891-ffd63ce6ee42_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cambio literario"></p><p><em><strong>María Macchia </strong></em><em>y Pino Maio, libreros de Enclave de Libros (Madrid), recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses.</em><strong>Pino Maio</strong></p><p><strong>La glándula de Ícaro </strong><strong>Anna StarobinetsNevsky ProspectsMadrid</strong></p><p><strong>2015</strong></p><p>En <a href="http://edicionesnevsky.com/products/la-glandula-de-icaro" target="_blank">esta colección de relatos</a>, Anna Starobinets, nos lleva a paisajes reales y mentales sutilmente alterados. Uno de sus principales temas es el cambio y la transformación, los horrores que conllevan, pero también la liberación que pueden aportar. Los relatos nos presentan versiones del mundo en el que vivimos, sutilmente transformadas en algo distinto, o bien nos descubren extraños submundos escondidos bajo una superficie aparentemente normal.</p><p><strong>Eso Inger ChristensenSexto PisoMadrid2015 </strong><em>Eso</em></p><p><em>Eso</em>, como muy pocos textos de la tradición europea, es un poema total; es un camino que nos conduce más allá de las palabras, a un lugar —oscuro y luminoso a la vez— que da sustento a todo, a lo inexplicable y a la razón, al delirio y a los sueños, al miedo y a la valentía, a las ilusiones políticas y a la barbarie, a la belleza y a la imaginación, a la existencia y a la nada; a eso, en definitiva.</p><p><strong>24/7 </strong></p><p><strong>Jonathan Crary ArielBarcelona2015</strong></p><p>Preciso ensayo, que ya desde su título elocuente (24 horas, 7 días a la semana), aborda las devastadoras consecuencias de los procesos productivos del capitalismo del siglo XXI sobre la capacidad de atención del individuo y la sociedad. La fractura entre los ciclos naturales de noche y día, vigilia y sueño, trastorna nuestra capacidad para diferenciar entre unas condiciones de vida privilegiada y las estrategias de control y vigilancia implementadas por el poder.</p><p><strong>Ídolos. ¿La red es libre y democrática? ¡Falso! </strong></p><p><strong>Ippolita EnclaveMadrid2016</strong></p><p>Creemos en una Red libre, democrática, gratuita, transparente, imparcial. Creemos en una Red revolucionaria, capaz de destituir las jerarquías establecidas en pro de una participación amplia, difusa, popular. Creemos en la circulación gratuita de los contenidos en contra del predominio de los cárteles mediáticos y los obsoletos detentores de <em>copyright</em>. Creemos en todo esto, y sin embargo…</p><p>Nada de todo esto es verdad: Red abierta no significa Red libre, pues es propiedad de unos pocos y poderosos amos. Publicar en Red no quiere decir hacer público. La libertad no es gratis, cuesta muchísimo. Y la gratuidad es una trampa que nos lleva a la exposición máxima de sí mismo y de las relaciones personales.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Enclave de Libros en la calle Relatores, 16, de Madrid, y en su blog. </em><strong>Enclave de Libros</strong><a href="http://enclavedelibros.blogspot.com.es/" target="_blank">blog</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enclave de Libros]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reclamaciones-sugerencias_1_1124513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3102124c-c106-4a10-8f8c-c8c56e36691e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reclamaciones y sugerencias"></p><p><em>(Comienza Sara Mesa)</em><strong>Sara Mesa</strong></p><p>Está lloviendo el día en que empieza a trabajar en el Ministerio. Las gotas, gruesas, caen con pesadez y lentitud. El aire es tibio y electrizante. Ella piensa que es una contrariedad que llueva justo ese día, para estropearle el peinado, y se lo protege con un pañuelo. En el porche del Edificio Redondo se congrega un grupo de personas, con sus paraguas chorreantes y la ropa húmeda. Ella cruza hasta la puerta sin levantar la vista. Se siente íntimamente orgullosa: el Edificio Redondo siempre le pareció atrayente. Por qué razón ese edificio y no otro es algo en lo que ella no piensa. Quizá por su particularidad arquitectónica —la ausencia de esquinas— o por todo lo que se dijo de él en la prensa —desviación de fondos en el proceso de su construcción, presupuestos trucados—. Sea como sea, el Edificio Redondo le da un aire innovador a su vida. Estará bien trabajar en este sitio, piensa, y mira alrededor mientras lo piensa. Desde el ascensor transparente analiza la estructura central de cristal y de acero, y la miríada de pequeños despachos dispuestos en torno al círculo. Su puesto, al que le conduce un viejo ordenanza, está al final del pasillo de la última planta. Departamento de Reclamaciones y Sugerencias, indica en un rótulo. Se fija en que es un rótulo recién puesto, más blanco que los otros. Alguien ha dejado una cajita de bombones en su mesa, junto a una nota de bienvenida. Sin embargo, el recibimiento general es frío: sólo algunos compañeros se levantan brevemente y le dan la mano con premura. Otros se limitan a alzar la vista, murmuran buenos días y continúan mirando sus pantallas, como hipnotizados. Sin duda, piensa ella, no hay aquí tiempo que perder. Son ésas las palabras que piensa: tiempo que perder, no tiempo a secas. Los teléfonos suenan constantemente. Por el largo pasillo se extiende un rumor de pasos apresurados. Ella se sienta en su sillón a esperar. Aún quedan veinte minutos para la hora de la cita. Está inquieta porque sabe que no hay tiempo que perder, y aquellos son, sin duda, minutos perdidos. Desea estar trabajando como todos los demás, lo antes posible.</p><p>Cuando llega la hora, el jefe de servicio únicamente le dedica unos instantes. Mientras le habla se atusa los rebordes del bigote y mira hacia los lados. Le dice que están muy esperanzados con la creación del nuevo departamento. No sólo los ciudadanos, sino también todas las auditorías de calidad habían insistido en su necesidad, dice. Bastantes ministerios cuentan con departamentos similares; es una cuenta pendiente que ya está saldada. Espera que lleguen muchas reclamaciones. Espera el éxito inmediato. Ahora su responsabilidad —la responsabilidad de ella, matiza— es grande. Pero no debe asustarse. Es posible que al principio se sienta sobrecargada. Probablemente tendrá un buen volumen de trabajo. La gente es cada vez más exigente con los ministerios. Aunque ya no haya muchos motivos reales para quejarse, la gente se queja. Y luego están los pelmazos que siempre quieren dar su opinión, y lo dice así: pelmazos. O aquellos que quieren dejar sugerencias o simplemente hacerse oír. Más adelante contará con ayuda. Emplearán a más personas. Pero para empezar a rodar confían en ella. ¿Conoce los protocolos de actuación? ¿Los ha leído a fondo? Ella se apresura a contestar. Claro que los conoce. El jefe de servicio levanta sus ojos acuosos, enrojecidos, y hace un gesto con la mano que da a entender que no hay mucho más que explicar. A ella le parece un tipo llevadero. Agradece la atención y se encamina otra vez hacia su mesa.</p><p><em>(Sigue Luis García Montero)</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p>Está nevando. Ella mira los copos que caen del cielo con una lentitud hermosa. La luz es mágica e infantil. Se acerca a la ventana, la abre, casi puede meter la cabeza en la nevada. Se siente con derecho a romper la seriedad arenosa de la oficina gracias a la complicidad del cielo blanco. Nieva sobre la ciudad, sobre el Edificio Redondo, sobre la tristeza, sobre los coches aparcados en la acera de enfrente. Cuando empezaron a caer los copos, algunos de sus compañeros se acercaron a la ventana. Un murmullo alteró la rutina burocrática del invierno en el Ministerio, que había resultado la misma rutina del otoño, la misma disciplinada pesadez de la indiferencia y el tiempo que se volcó sobre ella desde la mañana de su llegada. Qué raro, está nevando, dijo Virtudes, después de llamar a María, la rubia que formaba una pandilla de tontas con Julia y Manuela. Sí, de verdad es raro, dijo desde su mesa Antonio, el compañero que se atrevió a regalarle unos bombones de bienvenida el primer día de trabajo y que después no dio un paso más para acercarse. La nieve era tan rara en la ciudad como ella en la oficina, y por eso se puso a imaginar que una bandada de folios y de instancias caía sobre el edificio Redondo, o que una multitud de batas blancas cubría los tejados del Ministerio de Sanidad. Nada tan natural, un poco de imaginación impertinente y batas blancas surgiendo del cielo, miles de folios impreso con las quejas y las sugerencias de la gente dispuesta a protestar, miles de facturas, miles de cigüeñas desorientadas. La nieve era tan rara como ella, así que decidió levantarse, abrir la ventana, meter la cabeza entre la nieve, sentir el frío y esperar a que alguna voz le exigiera que no hiciese más tonterías y que cerrara la nevera antes de que todos los ordenadores se muriesen de pulmonía en vez de morirse de anemia, que es de lo que se mueren los ordenadores. Cierra ya, Rosa, por favor, que no está el tiempo para juegos, gritó Virtudes al minuto y 35 segundos. Lo comprobó en el reloj de la pared, en el reloj que marcaba el tiempo que no debe perderse, el tiempo muerto, el tiempo individual, el tiempo colectivo, el tiempo de los horarios, los desayunos, los cigarros en la puerta, la productividad, los teléfonos y las visitas del jefe. ¿Qué, cómo va eso, se anima el público?, ¿hay sugerencias?, preguntó al día siguiente de su llegada.</p><p>No había encajado bien en la oficina. Tuvo mala suerte. La primera noticia para el jefe fue que un grupo muy numeroso de enfermeras y médicas del Hospital de la Esperanza exigían que se tomaran medidas tajantes e inmediatas contra la actitud del doctor Salvatierra. ¿Quién será este cabrón de Salvatierra?, preguntó ella. Tiene en contra a todas las mujeres del Hospital que dirige, anunció después. El doctor Salvatierra es mi marido, así que cuidado, le informó la dulce Marisa, la gran Marisa, la secretaria del jefe, la compañera más popular del Ministerio, la madre de todas las madres, preocupada de la fortuna familiar, laboral y sentimental de la fauna y flora del Ministerio. Mala suerte, el Departamento de Reclamaciones y Sugerencias se convirtió de pronto en el servicio de delaciones y escándalos propios y daños colaterales y desgracias íntimas y secretos desvelados de forma inoportuna… y qué ha hecho la pobre Marisa para merecer esto y cómo nos va a mirar a la cara. Yo no tengo la culpa, pensó Rosa, pero las lluvias del otoño y los fríos del invierno le cayeron encima. Se convirtió en un insecto raro, un bicho peligroso dentro del microclima de la planta quinta el Edificio Redondo.</p><p>Un minuto y 35 segundos después de abrir la ventana obedeció a Virtudes y volvió a su pantalla de ordenador. Rosa dedicó media hora a revisar y ordenar quejas y sugerencias sobre el retraso de las citas, el funcionamiento de las urgencias, la falta de camas, el pago de las medicinas, la escasez de médicos y los plazos incomprensibles para las operaciones quirúrgicas graves. Si a la gente se le da la posibilidad de protestar, la gente protesta, ya sea contra las privatizaciones y los recortes del Gobierno, ya sea contra el marido imbécil de la gran Marisa.  ¿Y qué culpa tengo yo?, se preguntó Rosa antes de saltar a su correo electrónico. No fue un reencuentro sencillo con la intimidad. Allí esperaba un mensaje raro, tan raro como la nieve que seguía cayendo sobre la la calle y sobre el Edificio Redondo: <em>Hola, sé que te llamas Rosa, te he visto abrir la ventana y sacar la cabeza hace un momento. Yo trabajo en el edificio de enfrente. Soy aficionado a las novelas con historias raras y a los prismáticos</em>.     </p><p><em>(Continuará Piedad Bonnett...)</em><strong>Piedad Bonnett</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Mesa / Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Luis García Montero,Narrativa,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jekyll y Hyde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jekyll-hyde_1_1124508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cef6e677-534f-4050-98a8-41476cd27355_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jekyll y Hyde"></p><p>La fama universal de <strong>Roberto Luis Stevenson</strong> (Edimburgo, 1850-Samoa, 1894), autor de excelentes narraciones y ensayos, se apuntala en <em>La isla de tesoro</em> y en <em>Dr. Jekyll y Mr. Hyde</em>.</p><p><em>Dr. Jekyll y Mr. Hyde</em> es mejor novela cuando ignoramos el final. Para los doscientos cuarenta mil lectores que tuvo durante su primer año de existencia (1886), que se supone que no sabían lo que ahora todos sabemos, el descubrimiento de la estremecedora verdad de la vida del doctor Jekyll debió ser un escalón más arriba en su experiencia con novelas. ¿Cómo sería la emoción de esos privilegiados que, consumidos por la intriga, al fin reciben la revelación: después de tomar la pócima, Jekyll se convierte en Hyde? Como giro del argumento de una novela, es genial. Esos primeros lectores, que no estaban preparados para el golpe, debieron quedar deslumbrados. Nosotros, ya con el dato antes de comenzar la lectura, hemos perdido capacidad de asombro. Aun así disfrutamos ese don sobrenatural que poseía Stevenson, la gracia para contar historias.</p><p>Con el éxito inmediato, Henry Jekyll y Edward Hyde se transformaron en arquetipos. ¿Arquetipos de qué? ¿Del bien y el mal? La caricatura de una idea general es una idea simple: elegante y zarrapastroso, alto y chaparrito, bello y feo, bueno y malo, lo bello es bueno, lo malo es feo, Jekyll y Hyde. Así funciona esta máquina bipolar pero inexacta.</p><p>Inexacta: es cierto que Edward es malo, pero Henry, originalmente, no es bueno, al menos no es el bueno puro para oponer al malo puro, que es Edward. Jekyll es una mezcla y lo sabe: "Yo era las dos naturalezas que peleaban en el campo de mi conciencia". Precisamente lo que quiere el doctor Jekyll es separar esas dos naturalezas. Y con ingenuidad sueña con cambios redentores para la humanidad: "La vida podría liberarse de todo lo que fuera indeseable, lo injusto desaparecería... y el justo podría caminar inmutable..., haciendo el bien".</p><p>En cuanto a lo físico, se establecen dos contrastes, alto Jekyll y bajito Hyde, diferencia que produce un efecto buscado: cuando Jekyll toma la poción, se convierte en Hyde pero las ropas permanecen y Hyde parece de visita dentro de aquella indumentaria. El otro contraste está en las manos: las de Jekyll son grandes, firmes, blancas, bien parecidas. Las de Hyde son torcidas, nudosas, de una palidez oscura y ensombrecidas por un vello negro.</p><p>Todos —el doctor Lanyon, Enfield y Utterson— coinciden en su incapacidad para describir a Hyde, no por amnesia sino porque el gesto rebasa a las facciones, el gesto es una mueca intimidante que lo hace ver deforme. Todos sienten una repugnancia inexplicable ante él. Lanyon es testigo de la metamorfosis de Jekyll en Hyde y es él, aterrado, quien se lo revela al lector. "La punzada real del relato no está en el descubrimiento de que un hombre es dos hombres, sino en el descubrimiento de que los dos hombres sean un hombre", dice <strong>Chesterton</strong> pasando por alto el antitomismo que subyace en Stevenson: el mal nace del bien, como en las plegarias atendidas que, según <strong>santa Teresa</strong>, provocan más lágrimas –hacen más mal- que las no satisfechas.</p><p>Así el mal aparece con toda su brutalidad —con Hyde golpeando sin piedad, en la calle, a una niña indefensa, con Hyde asesinando a un señor muy respetable—, mientras el bien es borroso y en todo caso equívoco: si no, entonces, ¿por qué alguien supuestamente bueno como Jekyll querrá transformarse, mediante la ingesta del una poción, en un tipo absolutamente malo como Hyde?</p><p>Al contrario de aquellas visiones, las más, en que el mal aparece atractivo en la etapa de la tentación y espantoso después de la trasgresión, aquí la personificación de mal sin mezclas, Hyde, será siempre repugnante a los ojos externos y, siempre, será delicioso según la íntima sensación que Jekyll percibe cuando es Hyde: "Me sentía más joven, más liviano, con el cuerpo más pleno, mientras tanto estaba consciente de una imprudencia mental, una corriente desordenada de imágenes sensuales corriendo como en una carrera en mi fantasía, una solución a las ataduras del deber, una desconocida pero no inocente libertad del alma. Me daba cuenta, al aliento de esta nueva vida, que era más malvado, diez veces más malvado". Aquí es inevitable la misma pregunta pero al revés: ¿de dónde un malo puro como Hyde saca fuerza moral para tomar la poción y reversar a ser el bondadoso doctor Jekyll?</p><p><em>*Darío Jaramillo es escritor. Su último libro publicado es 'Diccionadario' (Pre-Textos, 2014). </em><strong>Darío Jaramillo</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1549" target="_blank">Diccionadario</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Darío Jaramillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jekyll y Hyde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura clásica,Literatura inglesa,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Meditación del tacto’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/meditacion-tacto_1_1124472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/35e466c4-6dce-4eee-b0ea-b98c53d0e6c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Meditación del tacto’"></p><p>Felipe Benítez Reyes lee su poema "Meditación del tacto".</p><p><strong>Meditación del tacto</strong></p><p>La piel que transparenta un alma fría.</p><p>La piel que representa un fuego helado.</p><p>La piel que es la frontera de un callado</p><p>fluir de sangre herida en la que ardía</p><p>el secreto de luz del mediodía</p><p>y el enigma nocturno del pecado.</p><p>La piel acariciada por la aurora.</p><p>La arañada de blanco por la luna.</p><p>La piel que busca piel en su deriva. </p><p>La piel estremecida ante la aurora.</p><p>La piel que se hace luna ante la luna.</p><p>La carne tan valiente y fugitiva.</p><p>(Del libro <em>La misma luna</em>, 2006)</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. En abril publicará 'El azar y viceversa' (Destino, 2016).  #dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}   </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Meditación del tacto’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Poesía,Los diablos azules número 10]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frankenstein]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/frankenstein_1_1124471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eda43713-8c68-4741-a5e3-38a0f455c50f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Frankenstein"></p><p>Mi adolescencia —quizá también mi madurez— estuvo llena de prejuicios y simplificaciones. Ésa es la razón por la que tardé tanto tiempo en leer <em>Frankenstein</em>, que luego, andados los años, acabaría convirtiéndose en uno de mis libros de cabecera: de cabecera del corazón, porque me sigue emocionando y fascinando a partes iguales; y de cabecera profesional, porque mis deudas literarias con él han ido creciendo. Cuando tenía dieciséis o diecisiete años, sin embargo, me daba cierta aprensión gastar mi tiempo leyéndolo: teniendo como tenía tantas lecturas "serias" pendientes, no era razonable dedicar las horas a un libro de terror, de monstruos, de fantasías juveniles. </p><p>Lo leí a los veinte años, vencido por la fuerza de una recomendación insoslayable que me hizo un amigo. Lo he leído luego dos veces más, punteando como un diapasón las épocas de mi vida, el curso de la edad, el envejecimiento. Y siempre me ha parecido, entonces y luego, una maquinaria literaria fascinante: por su simpleza alegórica, por su brutalidad y por su belleza. Probablemente es —junto con otra obra de terror, de monstruos y de fantasías juveniles como <em>El extraño caso del doctor Jeckyl y Mr. Hyde</em>— el libro en el que mejor he encontrado pintadas las oscuridades humanas que tanto me interesan como escritor. </p><p>El monstruo que crea el doctor Frankenstein no tiene nombre. Tiene alma, pero no tiene nombre. Y él, que tantas cosas reclama en la novela, nunca reclama eso. Nunca pide que le den una identidad. Acostumbramos a llamar Frankenstein a esa criatura remendada, pero Víctor Frankentein es su creador, el ambicioso científico que quiere robarle a los dioses el poder de crear vida. </p><p>Esa falta de nombre es la piedra angular de todo lo demás. No tiene historia, no tiene biografía, pero sobre todo no tiene ninguna capacidad para encontrar afecto humano y construirse a sí mismo a través de él. Probablemente nadie ha creado nunca un personaje más abandonado y triste que éste de <strong>Mary Shelley</strong>. Una criatura bondadosa que, al encontrar en el mundo sólo aborrecimiento, se vuelve malvada. Lo dice transparentemente: "Soy malo porque soy desgraciado. ¿Acaso no me odia y rechaza toda la humanidad?". Y justo después, la pregunta que encierra toda la historia de la ética universal: "¿Por qué debería tener compasión de alguien que no la tiene por mí?". </p><p><em>Frankenstein</em> es una novela sobre la compasión. Sobre la dificultad de la bondad del miserable. Leída hoy, y sin voluntad de hacer interpretaciones demagógicas, alumbra algunos de los enredos sociales que tenemos y que comprometen tanto al malvado como al que le abandonó antes. Siempre he creído que algunos de los males de la vida tienen un trazo muy sencillo: Mary Shelley lo dibuja a la perfección, sin floreos. "Soy malo porque soy desgraciado". </p><p>Pero en <em>Frankenstein</em> hay además un aluvión de asuntos mayores. El de la belleza y la fealdad, por ejemplo, que marca la vida de las personas mucho más de lo que solemos aceptar. El de la identidad personal, con nombre o sin él: somos seres remendados emocional y culturalmente, fabricados con retazos de otros. El del aprendizaje y el conocimiento. El de la venganza como motor de vida. Y el gran asunto, el asunto mayúsculo: la muerte, "un estado que temía pero que no entendía", dice el monstruo. </p><p>En aquella ya célebre noche de Villa Diodati, Mary Shelley concibió un monstruo que se parece a otro de mis monstruos favoritos: King Kong. Los dos buscan amor. El gorila, de una manera más animal, raptando a una mujer hermosa. El monstruo de Frankenstein, mucho más inteligente y planificador, rogando al doctor que le cree una compañera con la que poder salvar su alma. Jura lealtad y jura misericordia: no volverá a matar a nadie, se apartará a parajes desiertos y vivirá felizmente con su novia monstruosa. Ni uno ni otro consiguen su deseo. No entra en el orden del mundo que las bestias reciban amor. </p><p>El cine ha desvirtuado la imagen del monstruo de Frankenstein. <strong>Boris Karloff</strong>, con tornillos en el cuello y costuras en la piel, se parece poco al que Mary Shelley, mucho más terroríficamente, describió: "Sus miembros eran proporcionados y había elegido rasgos que fueran bellos. ¡Bellos! ¡Dios mío! Su piel amarilla apenas tapaba los músculos y las arterias que cubría. Sus cabellos eran largos y de un negro lustroso, sus dientes de un blanco perla, pero toda esta exuberancia no hacía más que crear un horrible contraste con esos ojos acuosos, del mismo color que las órbitas pálidas en las que estaban insertados, con su piel marchita y sus finos labios ennegrecidos". Es decir, una monstruosidad mucho más abisal, incomprensible e impalpable. Tanto que ningún humano puede contemplarla sin sufrimiento. </p><p>"Todos los hombres odian a los desgraciados", dice el monstruo. La pregunta sigue aquí, hoy: ¿todos los hombres odian a los desgraciados? Es fácil decir que no, que hay seres humanos bondadosos y entregados precisamente al cuidado de los más infelices. Pero Mary Shelley —y yo como su discípulo— cree que es mentira, que todo es cuestión del tamaño de la desventura. A algunos desgraciados sí les odian todos los hombres. </p><p><em>*Luisgé Martín es escritor. Su último libro es 'La vida equivocada' (Anagrama, 2015). </em><strong>Luisgé Martín</strong><a href="http://luisgemartin.es/bibliografia/" target="_blank">La vida equivocada</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luisgé Martín]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Fenómeno Chimamanda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fenomeno-chimamanda_1_1124465.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a865e666-380f-4262-9662-85b4041cf6b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fenómeno Chimamanda"></p><p>Acaba de editarse en Literatura Random  House <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-flor-purpura/ES0068672" target="_blank"><em>La flor púrpura</em></a>, el primer libro  que publicara <strong>Chimamanda Ngozi Adichie</strong> (Nigera, 1977) que, con tres novelas y un libro de relatos, se ha convertido en una escritora con miles de seguidores.  Esta primera novela, escrita en 2003, recibió el Commonwealth Writers Prize for Best First Book y le abrió puertas a las sucesivas, <em>Medio sol amarillo </em>(2007), por la que fue galardonada con el Orange Prize for Fiction, y  la última, <em>Americannah </em>(2013), galardonada también con el Chicago Tribune Heartland  Prize 2013 y el National Books Critics Award.</p><p>Todas ellas han sido publicadas en Random House, así como un libro de relatos magnífico, <em>Algo alrededor de tu cuello</em>, publicado en nuestro país en 2010 y actualmente descatalogado.  Ojalá se vuelva a editar. </p><p>Es, pues, todo un fenómeno literario,  sobre todo si se tiene  en cuenta su juventud, el haber nacido en Nigeria y además, ser mujer.</p><p><em>La flor púrpura</em> (<em>Purple Hibiscus</em> en el título original) parece estar ambientada tras la guerra civil de Nigeria  en uno de sus golpes militares. En ella oímos la voz en primera persona de Kambili, la protagonista, quince años de edad y clase media nigeriana, con un padre de gran prestigio: dueño de un periódico opositor, enfrentado al régimen militar que, sin embargo, ejerce un patriarcado autoritario en su familia, católico fanático que no duda en aplicar severos castigos físicos pese a la generosidad que esgrime  con los demás. A través del relato concentrado de unos hechos  en pocos días, una Semana Santa, la protagonista descubre otra forma de vida cuando visita a su tía Ifeoma, que cultiva hibiscos púrpura (frente a los rojos del hogar paterno), profesora universitaria viuda al frente de sus hijos, los primos de Kambili.</p><p>Para no dejar lugar a dudas sobre las influencias y el sentido de esta novela, Chimamanda empieza con la siguiente frase: "Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano Jaja no fue a comulgar y padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de la estantería". Un claro homenaje a <strong>Chinua Achebe</strong>, considerado el padre de la literatura africana y de su novela más leída en el continente, <em>Todo se desmorona</em>, con la que se inicia la literatura de denuncia sobre la colonización y sus consecuencias.</p><p>A través de la protagonista, la autora consigue entrelazar  una novela de iniciación, la de una joven que despunta a la madurez y al amor, con la situación política del país  y  la estructura patriarcal  que vive.  El premio nobel  <strong>J. M. Coetzee</strong> definió  <em>La flor púrpura</em> como "la conmovedora historia de una niña expuesta demasiado pronto a la intolerancia y a la cara más horrible del Estado de Nigeria".</p><p>Después de esta novela Chimamanda se atrevió, en  <em>Medio sol amarillo</em>, con la novela histórica, donde retrata, a través de unos personajes de clase media y formación universitaria (muy parecidos a su propia familia), lo que supuso la guerra civil de Nigeria y el proceso de reclamación de independencia de Biafra. La última novela, <em>Americannah —</em>que es como llaman en  Nigeria a las africanas que emigran a ese país y que se convierten en los parias de los negros—, retrata con crudeza cómo les cambia la vida al llegar allí y  darse cuenta del color de su piel, algo que, en su continente, no llama  la atención. La propia Chimamanda ha declarado que ella no tuvo conciencia de ser negra hasta que no fue a estudiar a Estados Unidos.</p><p>Su libro de relatos, <em>Algo alrededor de tu cuello</em>, bebe de la rica tradición africana del cuento, pero en este caso de la mezcla con el cuento contemporáneo: no en vano, aparte de estudiar Comunicación y Ciencias Políticas en Filadelfia, ha realizado estudios de escritura creativa en la Universidad John Hopkins de Baltimore y un máster de estudios africanos en Yale. Esta mezcla de tradición/modernidad, esa visión de escritora transterrada, con un pie en África y otro en Occidente, le ha llevado en ese magnífico libro a una experimentación sutil y rompedora, de una profundidad y transgresión al nivel de los grandes cuentistas.</p><p>Ahora bien, no hay que olvidar que, si bien Chimamanda está consiguiendo ser un gran fenómeno literario, es porque ha bebido de fuentes africanas muy importantes, no solo de la gran influencia de Chinua Achebe, sino también de una antecesora africana, <strong>Mariama Bâ </strong>(Senegal 1929-1981), que con una sola novela, <em>Mi carta más larga</em> (1979),  instaura la literatura feminista africana  y  es lectura obligatoria en las escuelas senegalesas. Mariama Bâ publicó esta novela cuando tenía cincuenta y un años, ya casi a las puertas de la muerte, y apenas tuvo tiempo de publicar otro libro en vida, dejando su segunda novela concluida poco antes de fallecer. Ojalá este libro se reedite pronto.  Si alguien encuentra un ejemplar en un rincón de alguna librería, donde a veces hay algo de literaturas africanas,  que se lance a por él y lo lea. No se arrepentirá de descubrirlo.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es '</em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em>' (Evohé, 2014). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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