<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 11]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-11/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 11]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Millás a la fuga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/millas-fuga_1_1124814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/31babd00-4ccd-4bbb-ac1d-5ac72b470b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Millás a la fuga"></p><p>No es una novedad que, a <strong>Juan José Millás</strong> (Valencia, 1946), eso de la realidad no le va mucho. No es lo suyo, vaya. O digamos que solo lo es si ha pasado previamente por<strong> los filtros de la alucinación y el extrañamiento</strong> que son propios a todas sus obras, desde los artículos en prensa a las novelas. En los primeros, retuerce aquello que se identifica como realidad (o algo tan asociado a la objetividad como una fotografía periodística) hasta que parece algo inventado. En las segundas, las situaciones más estrafalarias son presentadas con tanta naturalidad que no pueden ser sino creíbles. </p><p>En <strong>su nueva novela, Desde la sombra</strong><em>Desde la sombra</em> (Seix Barral), va un paso más allá. En lo de huir de una realidad difícilmente soportable, y en lo de hacer verosímil lo increíble. Damián Lobo, el protagonista de esta novela de lectura fugaz, está caminando por un mercadillo de antigüedades de un centro comercial cuando se ve impelido a cometer un pequeño robo. Huyendo del guardia de seguridad, <strong>acaba escondido dentro de un armario</strong>. Ese armario es transportado a una casa (no se puede desmontar, es demasiado antiguo) con el fugitivo dentro. En esa casa vive una familia: él, ella, y una hija adolescente. Él, en lugar de escapar de allí en el primero momento de descuido de estos, se queda en el armario. Más bien, un paso más allá del armario, porque habita en el amplio vestidor que ha quedado condenado por el armatoste de madera, cuyo fondo utiliza como falsa puerta. Y decide ayudar a los habitantes de la casa (sobre todo a ella, Lucía), dirigiendo sus pasos desde su calidad de presencia fantasmal. </p><p>"El interés por el armario es una cuestión meramente autobiográfica: <strong>en mi casa había un armario gigantesco en la habitación de mis padres</strong>. No veías el fondo. Imaginaba que si tiraba una piedra nunca la escucharía. Era un sitio por el que podías viajar", cuenta el escritor. Describe esos muebles gigantescos que quizás tenga ya el lector en la cabeza: un armatoste de altura humana —la altura, quizás, de los años cincuenta, en torno a 1,60 metros—, un fondo de tres pares de zapatos y una anchura que se medía en cuerpos. "Un armario de tres cuerpos. Esa expresión a mí me impresionaba mucho porque está cargada de biología", continúa, "<strong>Esos armarios parecía que tenían algo orgánico</strong>". A esa fascinación por el armario de sus padres, que se refleja en la temática de algunos de sus primeros cuentos, ayudaba el hecho de que se relacionara con él casi siempre en estado febril. Como todos los niños, cuando enfermaba era excepcionalmente trasladado a la cama materna. Allí, desde la fiebre —como aquel niño de <em>El mundo </em>(Premio Planeta de 2007), su novela más autobiográfica— la realidad parecía un espejismo. Los actos de Damián responden a un deseo infantil o a un impulso voyerista? "A ambos. Aunque no estoy tan seguro de que el voyerismo sea una cosa ajena a la infancia, aunque creo que con la madurez se perfecciona". En sus textos, de alguna manera, lo sigue siendo. </p><p>¿De qué se esconde Damián cuando decide que su sitio está en el armario de Lucía? "<strong>Se esconde evidentemente de su propia existencia</strong>. Tiene problemas de conexión con la realidad y se esconde de eso". Damián es un tipo aparentemente gris. Su empresa, en la que trabajaba desde los 18, cambió de dueño hace no mucho y, mientras se sucedían los cambios, él cruzaba los dedos para que no le despidieran. Le despidieron. No se le conoce más vida que esa. La llegada sorpresiva al corazón de esa vida que mira desde lejos —un poco a la manera de <a href="http://elpais.com/diario/2007/04/29/opinion/1177797604_850215.html" target="_blank"><em>La vida de los otros</em></a> (2007), aquella película de Florian Henckel en la que un espía de la Stasi sigue de cerca la vida de una pareja de artistas— le permite encontrar una nueva respuesta a la eterna pregunta: ¿quién soy? Su huida de la realidad se acaba convirtiendo en un encuentro irremediable consigo mismo. "Es difícil. La fuga de uno mismo es muy difícil. <strong>Una de las formas de fugarse es escribir sobre ello</strong>. Pero no todo el mundo tiene ese privilegio", bromea el autor. </p><p>Hemos dicho que Damián es aparentemente gris. Porque hay una característica interna del personaje que es decididamente colorista. Damián no piensa en forma de monólogo interior, como hace todo el mundo desde el siglo pasado. <strong>Él piensa en forma de entrevista televisada en prime time</strong><em>prime time</em>. Mientras camina, mientras toma un té, mientras espera en las sombras del armario familiar, Damián es interrogado por el famoso presentador Sergio O'Kane (famoso, por supuesto, solo en su cabeza) ante un público entusiasmado que ha acudido al plató (imaginario) y unos cuantos millones de espectadores que le observan en sus casas. "Es <strong>una variante no clásica del monólogo interior</strong>", explica, pero también una crítica a la concepción de la fama como un valor en sí mismo, y no como un accidente inesperado. "Hace muchos años, se nos hacía muy raro aquellos primeros niños a los que les preguntábamos ‘¿qué quieres ser de mayor?’ y nos respondían ‘Famoso’. Ahora ya no nos extraña, porque vivimos en una cultura en la que ser famoso es algo posible sin que nada lo respalde, y además es una ambición muy generalizada", critica. Lo que hace O'Kane es, además, clara telebasura. Hasta el punto de que, para abordar ciertos asuntos, Damián le abandona y pide ser entrevistado por un periodista serio, un también imaginario Iñaki Gabilondo. </p><p>Tras la comicidad de ambas situaciones (un tipo atrapado en un armario, un <em>talk show</em> inexistente) se esconde <strong>un fondo turbio, inquietante</strong>. El armario que Lucía recupera en aquel mercadillo de antigüedades es su propio armario de infancia. Lo reconoce porque, en un costado, están las marcas de la altura de su hermano mellizo y ella a distintas edades. Hasta la muerte de él. Entonces las marcas se interrumpen. La presencia fantasmal de Damián es inevitablemente asociada a su hermano por Lucía, lo que comienza a sentar un tono lúgubre. Pero si uno se pone en la piel de ella, ya es imposible evitar un escalofrío. <strong>Un extraño acechando en el armario, objetos que cambian de lugar sin que se sepa por qué</strong>. Esto es una película de terror. ¿Es buscado? "¡Claro!", exclama el escritor divertido. Insiste en que Damián solo quiere ayudar. Aunque acabe controlando como marionetas a la familia. </p><p>El domingo, Millás <a href="http://cadenaser.com/programa/2016/04/01/hoy_por_hoy/1459506413_639193.html" target="_blank">hablaba de la novela en la Cadena Ser</a>. Para ello, le metieron en un armario, a lo que accedió para revuelo de los periodistas. Al final de la entrevista, se resistía a salir. "No quiero volver a la realidad", decía. ¿Qué haría falta para que salir del refugio de la imaginación no fuera tan duro? "Que cambiara la situación política, el fin de los paraísos fiscales, que se atenuaran las diferencias construidas durante la crisis... Que la vida fuera normal, y no está anormalidad en la que estamos". </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8cb3ae7b-5471-487f-b010-4507a0f1df7c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/31babd00-4ccd-4bbb-ac1d-5ac72b470b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="77196" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/31babd00-4ccd-4bbb-ac1d-5ac72b470b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="77196" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Millás a la fuga]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/31babd00-4ccd-4bbb-ac1d-5ac72b470b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Juan José Millás,Narrativa,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘A pesar de sus ojos’, de Javier Egea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pesar-ojos-javier-egea_1_1124808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/289111df-62e4-407f-b68f-e3a878c641b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘A pesar de sus ojos’, de Javier Egea"></p><p><strong>A pesar de sus ojos. Antología poética 1969-1999</strong><strong>Javier EgeaEsdrújulaGranada2016 </strong></p><p>La tarea de un poeta es muchas veces,  quizá las mejores, poner en manos del lector una soledad  en llamas. Una soledad que, anotándose sobre las páginas y aun habitada por la contradicción, consigue escribir no pocas certezas de nosotros mismos y se vuelve así multitud, llamarada imparable en la retina, una feroz hoguera que nos acompaña largo tiempo. Y esa es la fuerza de la poesía de <strong>Javier Egea</strong>: recordarnos siempre (y más en este ahora marcado por el culto al individualismo), que vivimos aferrados a un falso "yo",  nunca autosuficiente sino pura ficción tejida por un inconsciente de clase, por ello definitivamente desgajado, y que si algo somos es, en realidad, multitud fragmentada.</p><p>En las esquirlas del espejo de sus versos ("yo pondré los espejos en el fuego", dejó escrito) descubrimos tres líneas entrecruzadas: el amor y su derrota, la conciencia ideológica y ciudadana que se interroga al desmenuzarse, la pasión vehemente por el oficio de la palabra. Tres hilos que, imprevisible y magistralmente, van a convertir ese poema herido hondamente por la soledad en territorio de comunicación constante, de reconocimiento de nuestras fortalezas y límites. </p><p>Por eso damos la bienvenida a esta nueva antología publicada por la editorial Esdrújula, con selección y prólogo de <strong>Jairo García Jaramillo</strong>, bajo el título de <em>A pesar de sus ojos </em>(tomado de su poema-tango "Noche canalla"). Porque supone una pieza más, y muy necesaria, para el redescubrimiento de la obra de Egea, sobre todo cuando se trata de  acercar su excepcional poesía, de modo iniciático y panorámico, a lectores que la desconocen aún, que así podrán reconocerse en ella y luego acceder a la lectura detenida de  su obra íntegra. La antología es, de otro lado, complemento a la edición que realiza Esdrújula de sus poemarios en<em> e-book</em> y paso previo a  la esperada publicación de la antología personal que Egea dejó anotada en sus diarios como <em>Soledades 1970/1999</em>, proyecto valioso  que permitirá ver la mirada crítica del propio autor sobre su escritura. Y añade también el plus del enlace a <a href="http://javieregea.com/" target="_blank">la página web del autor</a> (gestionada por Open cultura)  para la descarga de varias unidades didácticas  que, a nivel de enseñanza secundaria, profundizan en los poemas.</p><p>El alcance verdadero de la palabra poética de Javier Egea, quien se consideraba a sí mismo "un poeta de la calle" con el esperanzado compromiso de "hacer ficción poética con los materiales de la realidad",  es ahora cuando se nos va desvelando como la de un poeta irrepetible y caleidoscópico a través de los libros que publicó: <em>Serena luz del viento</em> (1974), <em>A boca de parir </em>(1976), <em>Argentina 78</em> (1983), <em>Troppo Mare</em> (1984) ,  <em>Paseo de los tristes</em> (1982), <em>Raro de Luna</em> (1990) y el libro incompleto a su muerte <em>Los sonetos del diente de oro</em>, publicado en 2006. </p><p>Entregas poéticas todas (y nunca más justo nombrarlas así al ser un autor que logró fundir su vida con su poesía) que construyen una voz en muchos aspectos inclasificable y difícil de cuadrar en fronteras generacionales, Todo ello a pesar de, o perfectamente articulado incluso con el destacado papel que tuvo en esa gran apuesta de  regeneración del discurso poético que en los años ochenta protagonizó  junto a los poetas <strong>Luis García Montero</strong> y <strong>Álvaro Salvador</strong> (teorizada en el manifiesto publicado en 1983, <em>La otra sentimentalidad</em>). Surgida bajo tutelaje del profesor <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong> (con su análisis marxista de la literatura) y la reflexión ética de <strong>Machado</strong>, esta senda nueva trataba no simplemente de crear textos literarios donde convivieran emotividad y conciencia social, sino de romper desde dentro el propio engranaje de la poesía para mostrar que la supuesta autonomía de literatura frente a historia es correlato de la también engañosa dialéctica burguesa entre lo privado y lo público.</p><p>Estas y otras coordenadas imprescindibles las detalla en el estupendo prólogo García Jaramillo y anota también sus criterios como antólogo: "ofrecer en confianza al lector su propuesta como un lector más", procurando "mostrar la coherencia de una voz poética única, la vigencia de su compromiso vital y literario" y "que queden representadas armónicamente todas las facetas de su poesía, los variados registros (lo amoroso, lo elegíaco, lo declamatorio, lo satírico), así como sus preferencias métricas (romance, canción, soneto, epigrama)".</p><p>La selección, de cincuenta poemas (los más extensos recogidos parcialmente), hace un recorrido cronológico de su obra, aunque centra especial atención en los tres libros clave y añade  en sección final  algunas reflexiones del poeta sobre su relación con la escritura a modo, como titulan, de "fragmentos de una poética".</p><p>Rescata tres sonetos de <em>Serena luz del viento</em> donde se rastrea la primera voz del poeta: un lenguaje despojado y vitalista, de técnica clásica, con temática amorosa tornada lírica del cuerpo y esbozos de reflexión sobre el proceso creador, con toda esa deriva que denomina la crítica "neorromántica" y de "malditismo bohemio" (que parece asumir   cuando dijo: "Yo accedí a la poesía por esos caminos de marginalidad rebelde")  luego trascendido en análisis del imaginario ideológico. También se recogen  varios poemas de <em>A boca de parir</em> que muestran el uso de la palabra como palanca de cambio social ("Hacia otro mar") y abren su inteligente mirada crítica hacia la propia memoria ("19 de mayo") y de <em>Argentina 78</em>, alegato de estupenda ironía contra las dictaduras americanas bien representado aquí por los versos de "La cena ya dispuesta".</p><p><em>Troppo Mare</em> es decisivo en el viraje de nuestra poesía hacia otra literatura. Egea es ya en este libro, como  decía Juan Carlos Rodríguez, "un poeta situado en un horizonte materialista, un poeta 'otro', que asume una escritura del yo ficcionado",  que pasa examen a su experiencia vital y de conciencia, metaforizada en el paisaje marino. Desgrana en versos memorables ("Extraño tanto mar, raro este cielo", "El asedio tan largo, los pertrechos escasos") un viaje de metamorfosis que, iniciado desde la soledad y la certeza de la derrota, con el equipaje de distancia que dan las más afiladas palabras    (dice en un verso: "Las historias se cuentan con los ojos del frío"), araña un horizonte habitable, quizá la esperanza de lucha compartida que nos llama en  "Leer El Capital".</p><p>Otro viaje, pero desplegando la trama a descifrar de los sentimientos sobre el paisaje urbano, nos espera en los primeros poemas que se recogen de <em>Paseo de los tristes</em>. Allí, cargadas de justa ironía y ritmo, las anotaciones biográficas del libro de cuentas de un amor asediado se vuelven, en palabras de <strong>Ángeles Mora</strong>, "épica de lo cotidiano". Épica que nos toca y nos despierta a otra resistencia vital  en los poemas "Sobre el papel" , "Otro romanticismo" y, sobre todo, en el fragmento final de "Paseo de los tristes", ese poema inolvidable desde el que ya no miraremos andenes y plazas sino con el dolor y la lucidez que sólo dejan "lo bello y terrible".</p><p>Como hermoso e irremediablemente envenenado de verdadera poesía es el Javier Egea que nos habla desde el agua sonámbula, traspasada de surrealismo y fuerza simbólica, que late en <em>Raro de luna</em>. Siete poemas trazan ahora, en soneto nocturno o con la voz erótica y oscura del vampiro (metáfora última de la pérdida de identidad),  el curso de una crecida: la de la marea del inconsciente que finalmente se desborda en uno de los textos  más perturbadores, hipnóticos y magistrales de nuestra poesía, "Raro de luna", del que aquí leemos el primer fragmento. </p><p>Cierran la antología diecinueve poemas no incluidos en libros o inéditos, entre ellos uno de sus<em> Sonetos del diente de oro</em>, las satíricas "Coplas a Carmen Romero", la primera de las "Glosas a Garcilaso", "Benedictus" y su célebre "Poética".</p><p>A la arriesgada tarea de desenmascarar el entramado ideológico de los sentimientos,     el falso utillaje escenográfico que hay detrás del "yo" y la "sinceridad" poética, es a lo que Javier Egea dedicó su escritura, con una intensidad nacida de su indagación en los propios límites vitales y creadores. Esto, junto a su dominio de cualquier musicalidad clásica o popular (vueltas aparente sencillez verbal) y la habilidad con que reelabora  nuestra tradición (conjugando el eco de Machado, <strong>Alberti </strong>y <strong>Lorca</strong>, <strong>Gil de Biedma</strong> y<strong> Ángel González</strong>) o incluso encarna el desarraigo de  <strong>Pavese </strong>y <strong>Pasolini</strong>, nos acaba citando en el espacio más propicio a una conversación íntima: el propio poema.</p><p>Y allí, en cada poema de esos libros donde reinventaba mirada y paisaje de exploración,  provoca  hoy en el lector el mismo deslumbramiento, la misma constatación de cegadora lucidez e ironía contagiosa, la misma libertad en ruptura o cercanía,  la misma extrañeza desolada y desnuda desde la que él eligió escribirlos.</p><p><em>*Trinidad Gan es escritora. Su último libro es 'Papel ceniza' (Valparaiso, 2014).  </em><strong>Trinidad Gan</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c9246271-ea32-4780-b0cf-74a6fbaee34c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/289111df-62e4-407f-b68f-e3a878c641b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="167498" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/289111df-62e4-407f-b68f-e3a878c641b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167498" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘A pesar de sus ojos’, de Javier Egea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/289111df-62e4-407f-b68f-e3a878c641b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Estimado señor M.’, de Herman Koch]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estimado-senor-m-herman-koch_1_1124803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e67227f5-35dc-4ae6-96d1-0cafc2716d6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Estimado señor M.’, de Herman Koch"></p><p><strong>Estimado señor M.</strong><strong>Herman KochSalamandraMadrid2016</strong></p><p>Desde el feliz descubrimiento de las dos novelas anteriores del escritor holandés <strong>Herman Koch</strong>, esperábamos con impaciencia su siguiente libro. En su primera novela, <em>La Cena</em>, el escritor abordaba sin ambages una realidad social hipócrita, donde la apariencia, el relativismo moral y la violencia soterrada empapaban el comportamiento de unos personajes en apariencia modélicos, pero que te hacía reflexionar con su ácido y provocador estilo sobre la clase de educación que las sociedades europeas damos a nuestros hijos. Después llegó <em>Casa de verano con piscina</em>, de nuevo un lúcido retrato de las clases acomodadas, donde dos familias comparten verano y falsedades, y se trataban temas como la incomunicación entre generaciones o el sentido de la culpa (anquilosado) en una sociedad aletargada y permisiva en su propia autocomplacencia. ¿Son los inocentes y frágiles tan inocuos como aparentan? ¿Carcome la hipocresía los cimientos de una sociedad? Koch dejaba muchas preguntas incómodas.</p><p>Con <em>Estimado señor M.</em> el autor holandés da otra vuelta de tuerca a las miserias humanas a las que pone a hervir lentamente, por medio de un narrador anónimo (en la primera parte del libro) que teje una red de actos obsesivos, ya que vigila, asedia, controla a un escritor de renombre ya en el epílogo de su carrera literaria, pero que décadas atrás tuvo un éxito arrollador con un libro, <em>Ajuste de cuentas</em>. Este narrador, bordeando la enfermedad mental, está absolutamente decidido a exponer al detalle la vida íntima de M. premeditando lo que parece va a ser una venganza. Koch va tejiendo una historia de suspense, drama, angustia  e ironía en la que cuánto más sabes, más quieres conocer, a través del descarnado perfil psicológico de unos personajes que destilan cinismo pero también inocencia. En la segunda parte del libro, se narra la historia de Herman, un astuto adolescente sobre el que giran las vidas de un grupo de estudiantes y amigos de su misma edad. Sobre todo la de Laura, la aparente perfección encarnada  en la chica guapa del instituto, con la que Herman logra tener una relación cuando ésta deja a su profesor de Historia, Jan Landzaat, con el que mantiene una aventura que no va a terminar muy bien: una noche el profesor acude a la casa de campo donde Laura y Herman disfrutan de la soledad amorosa adolescente, y allí, ante un paisaje completamente nevado, con el coche averiado, Landzaat desaparece para siempre. Esta historia es la que narra el señor M. en <em>Ajuste de cuentas</em>, la obra que lo hizo conocido, y que se basa en el triángulo amoroso protagonizado por Herman, Laura y el profesor. M. escribe la novela dando por claros sospechosos  de la desaparición de Landzaat a la joven pareja, pero entenderemos pronto que M. tiene una personalidad capaz de tergiversar los hechos por lograr el éxito. Y aquí reaparece el narrador que ya sabemos que no es anónimo, que con su obsesión parece querer saber la verdad de aquellos hechos, puesto que si la historia que escribió M. en Ajuste de cuentas fuera falsa, condenaría a dos jóvenes inocentes a un futuro mancillado para siempre por la sombra de la sospecha. Koch avanza con la novela describiendo satíricamente el mundo literario en el que se mueve el señor M. y el final del libro es puro suspense, con cambios de registro y una tensión narrativa única, mezclando intriga, culpa, humor, emoción o inocencia de manera ingeniosa e inteligente. </p><p>Koch envuelve <em>Estimado señor M</em>. con un estilo propio mezcla de extrañeza y suspense, como un mecanismo perfectamente ensamblado en el que iremos encajando las piezas de toda la narración, intuyendo a cada página que algún sobresalto inesperado y más vibrante está por llegar. Lean a Herman Koch y sigan dándole vueltas a sus giros y a esa realidad perversa que describe, haciéndonos preguntarnos de manera perturbadora qué clase de personas somos y qué sociedad hemos construido.</p><p><em>*Pablo Bonet Ayllón es librero de guardia en la librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89. Madrid). </em><strong>Pablo Bonet Ayllón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[dee6254f-274d-4093-aed2-fbebb4f35d23]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet Ayllón]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/e67227f5-35dc-4ae6-96d1-0cafc2716d6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="122392" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/e67227f5-35dc-4ae6-96d1-0cafc2716d6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="122392" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Estimado señor M.’, de Herman Koch]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/e67227f5-35dc-4ae6-96d1-0cafc2716d6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Narrativa,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noche-alfileres-santiago-roncagliolo_1_1124801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d27d43c-f3b8-4674-9f5c-93037494fc9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo"></p><p><strong>La noche de los alfileres</strong><strong>Santiago RoncaglioloAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>La adolescencia es quizá una de las etapas más intensas y azoradas de la vida humana, un período en el que, a tenor de los biólogos y psicólogos del desarrollo, se definen la constitución fisiológica y la personalidad del individuo. No solo el sistema endocrino, sino sistemas de ideas y actitudes están en fluctuación y reacomodación, algo que recoge en parte el propio término que se usa para referirse a esta aturullada fase, que indica padecimiento y hasta enfermedad. No es de extrañar, por tanto, que la adolescencia sea el momento en muchas culturas en el que tienen lugar rituales de iniciación de todo orden, desde los que implican pruebas no exentas de peligro mortal hasta los que involucran actos sexuales extremos o ceremonias que remedan pasajes mitológicos, destinados a dar estabilidad social y psicológica a lo que de otro modo podría derivar en caos psíquico y dispersión vital. </p><p>En nuestras sociedades modernas, sin embargo, muchos rituales y estructuras de apoyo sociales se han desvanecido, o han sido reemplazados por equivalentes prosaicos que más confunden que enaltecen la atolondrada psique del adolescente o por eventos religiosos en los que pocos creen y de poca eficiencia interior. Y, para el caso de los adolescentes varones, en muchas sociedades latinoamericanas, la peruana incluida, en lugar del guerrero o del sacerdote, aparece la figura del macho bruto, cuya iniciación a la adultez pasa por meterle hostias a quien pueda para afirmar su primacía, beber como un cosaco y, si acaso, irse de putas con el papá o los amigos para hacerse hombre hecho y derecho. Y a quienes no pueden o no quieren seguir estos senderos de dudosa vanagloria, no les queda más camino que el aislamiento o la segregación, en la esperanza de que los golpes le caigan al vecino. De varias maneras, los ritos de iniciación y los quehaceres adolescentes reflejan la sociedad en general y la sustentan.</p><p>La literatura peruana —y sin duda la universal también— se ha hecho eco de este fenómeno y, aunque no muchas, no faltan las obras que han elegido el mundo adolescente como tema nodal, sobre todo en la narración. El colegio, en particular, le ha servido al escritor como símbolo del mundo social en el que se inserta, una especie de microcosmos que reflejaría, no sin distorsión o exageración, el macrocosmos que lo hace posible, un lugar en donde varias clases sociales y modos de vida se entrecruzan, confrontan e influencian. El ejemplo que más recordará el lector es la novela de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, <em>La ciudad y los perros</em>, en la que la escuela militar Leoncio Prado le sirve como espejo de una sociedad peruana rasgada por divisiones raciales y de clase e impregnada de valores machistas y de violencia latente o patente. Otra narración que, en un sentido poético, hurga en el mundo adolescente para expresar una visión particular del mundo es <em>La casa de cartón</em>, de <strong>Martín Adán</strong> (<strong>Rafael de la Fuente Benavides</strong>, en su nombre real), centrada más bien en el universo del barrio y de una Lima de comienzos del siglo pasado, que hoy ha desaparecido para siempre. </p><p>La novela de <strong>Santiago Roncagliolo</strong> que es motivo de estas páginas sigue esta línea temática y escoge como escenario de su novela, <em>La noche de los alfileres</em>, el colegio La Inmaculada, una reputada institución de Jesuitas de la capital peruana, y la Lima de los años noventa del siglo pasado, y lo hace con buena soltura narrativa y eficiente dominio del género de intriga. La obra narra un episodio trágico o, si se quiere, tragicómico, en la vida de cuatro estudiantes de cuarto de secundaria, cuya edad ronda la quincena, todos ellos algo marginales y segregados, por distintos motivos. A un grupo inicial de tres, se junta un estudiante medio matón y asocial, que muy pronto se hace líder del mismo, y al que admiran por su talante indiferente y bravucón. La novela se cuenta desde la perspectiva alternada de los cuatro protagonistas, a quienes uno de ellos, muchos años después, ha reunido un poco a la fuerza para grabar su versión de los hechos. Poco a poco se va desvelando lo que constituye un acto de venganza en contra de una odiada profesora que se ha ensañado con los chicos, en particular con el líder, cuya secreta misión es, en realidad, hacerse expulsar de cuanto colegio le acoja, para así ser enviado donde su padre, quien ha dejado la casa familiar y recalado en la selva peruana para reponerse de estrés postraumático causado por su servicio en la zona de emergencia, luchando contra Sendero Luminoso, el grupo maoísta que asoló Perú en los ochenta y principios de los noventa, hasta la captura de su jefe, <strong>Abimael Guzmán</strong>, persona (y movimiento) sobre el que el autor de esta novela ha escrito un libro, <em>La cuarta espada</em>. El terrorismo de Sendero Luminoso y la represión gubernamental fueron también temas de su novela <em>Abril rojo</em>, que le valió el premio Alfaguara y reconocimiento internacional. Manu, el líder, cambia de súbito su comportamiento brutal, pues la profesora de marras le amenaza con hacerle repetir de año antes que expulsarle, algo que los otros descubren va contra las propias reglas del colegio, por lo que Manu resume sus maneras toscas y persigue aún su objetivo con denuedo. Las cosas, sin embargo, se tuercen, y todos enfrentan la perspectiva de la expulsión y del reformatorio, cada cual con su propio trasfondo familiar. Lo que pase después debe averiguarlo el lector a través de los ojos de los cuatro participantes y del pulso narrativo de Roncagliolo.</p><p>Si bien la novela discurre con buena dosis de humor e ironía, es en el fondo una tragedia de la que no pueden escapar los personajes, abocados sin remedio a uno de aquellos eventos que definen una vida, lo que al principio consideran una aventura también, pero una aventura malsana, incitada por la matonería, la disfunción psíquica y las circunstancias. La novela es un trasunto a su vez de aquel período de la historia peruana, en el que Sendero Luminoso parecía tener las de ganar, con bombas, apagones, muertos, desaparecidos, toques de queda, el eterno temor de ser despedazado por una explosión o tomado por terrorista, apresado y torturado, y la sensación general de que el país podía colapsar en cualquier momento, sin que las autoridades parecieran poder hacer mucho, como no fuera añadir más violencia a la violencia ilegal de los grupos rebeldes (en plural, pues aparte de Sendero Luminoso también se afanaba por la revolución el MRTA, otro grupo de izquierda). </p><p>La novela refleja también las contradicciones de una sociedad en la que se espera de algunos varones que se porten como machos y de otros se espera poco o nada; criados los unos por padres tradicionales, y los otros por padres progresistas, cuya interpretación de la modernidad pasa por negligir responsabilidades y ocuparse más de sí mismos que de los hijos; los unos casados para siempre, aunque se caiga el cielo, con madres sumisas y católicas, los otros siempre en trance de divorcio; los unos homófobos, los otros tolerantes hasta la indefinición. Como no podía ser menos en una novela de adolescentes peruanos, el sexo es omnipresente y pastoso, más una obsesión que un vehículo de sentimientos amatorios o una expresión de pulsiones naturales, un acto vedado a la mayoría juvenil por una cultura todavía mojiganga, al menos en apariencia, obcecada por el qué dirán. La masturbación durante clases es torcido sustituto de una pareja con la que iniciarse en el arte amatorio, el porno duro es sucedáneo de una buena educación sexual, que enfatiza, esta última, las enfermedades venéreas más que el placer, la visita a las putas es la iniciación que corresponde al macho peruano, como mencioné antes. Y la religión se encarga de administrar las correspondientes dosis de culpa y de torturas de conciencia. </p><p>Quizá lo más conmovedor de la novela sea la exposición de la situación familiar de los chicos del grupo, cada cual con su vía crucis particular. La historia reciente del Perú se cuela en dicha situación de manera dramática, como en el caso de Manu, cuyo padre se ha visto envuelto en actos de guerra que desafiarían la mente más estable, y que casi mata a su hijo confundiéndolo, en su delusión traumática, con un terrorista. Otro chico pierde a su madre durante un apagón, pues necesita de la corriente eléctrica para seguir sobreviviendo a un cáncer que la consume, y su padre se entrega entonces a otra de las obsesiones peruanas, el alcohol. Otro logra el anhelado encuentro sexual, solo para ser descubierto y amenazado por la madre de la enamorada, convertida en amarga madre soltera tras el suicidio de su esposo, y contempla con desánimo la dependencia emocional de sus padres. Otro quisiera hacerse un machote como su padre desea, pero le gana su naturaleza homosexual. A la larga, todos son marcados desfavorablemente por su pasado familiar y el evento que los une para siempre, el único en el que han sobrepasado sus limitaciones y disipado la niebla anodina o tragicómica de su vida. Su pasaje a la adultez ha sido un ritual ridículo y malogrado, si bien no exento de cierto heroísmo, de cierta dignidad.</p><p>La novela de Roncagliolo se lee con facilidad por la ágil manera en que dispone los capítulos y las voces narrativas, dosificando la información de forma hábil y con verbo eficiente, aunque también sin eludir los lugares comunes en ocasiones. Me atrevería a afirmar que el tipo de humor que recorre la novela es muy peruano, y tal vez se le escapen a más de un lector de otras latitudes, como el español, los matices y las referencias implícitas, que podrían haberse explicado en notas breves. Pero es comprensible su ausencia, pues las notas irían en contra del espíritu de esta obra de intriga y rapidez narrativa. El artilugio de la grabación postrera de los hechos me parece, sin embargo, innecesario, pues añade poco o nada a la efectividad de la narración y a los eventos contados. Que todos los personajes pertenezcan a la clase media limeña confiere unidad a la obra, sin duda, pero también la restringe en su ámbito social. La experiencia de un adolescente de las barriadas o pueblos jóvenes de Lima en aquellos años ha de diferir en importantes aspectos de la de un habitante de los barrios más pudientes, y podría haber enriquecido la temática de la novela. Pero estas son objeciones menores, que no desmedran el vigor narrativo de <em>La noche de los alfileres</em>. Dejo al lector averiguar por sí mismo la razón —cuasi ritual o iniciática, se diría— del título de la novela.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor y profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c6fd5fc9-802d-4014-9a89-9bb434f4a6e4]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/9d27d43c-f3b8-4674-9f5c-93037494fc9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="141082" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/9d27d43c-f3b8-4674-9f5c-93037494fc9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="141082" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/9d27d43c-f3b8-4674-9f5c-93037494fc9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Departamento de especulaciones’, de Jenny Offill]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/departamento-especulaciones-jenny-offill_1_1124799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/478647ff-392a-459e-b564-9e3f9141bad0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Departamento de especulaciones’, de Jenny Offill"></p><p><strong>Departamento de especulaciones</strong><strong>Jenny OffillLibros del AsteroideBarcelona2016</strong></p><p><em>Departamento de especulaciones</em> (Libros del Asteroide, 2016), la segunda novela de <strong>Jenny Offill</strong>, es de lectura veloz y digestión lenta. Su argumento es banal (las preocupaciones de una madre, esposa y escritora) y ambicioso (la vida, al fin y al cabo). Su estructura, desmenuzada en párrafos de unas pocas líneas que hacen saltar de un tema a otro sin cesar, es innovadora, pero no vanguardista: el espectador de cine de acción, el de teatro contemporáneo, el lector de poesía, el seriéfilo no se espantará ante semejante ritmo de montaje. Es un libro fragmentado (los recuerdos, las conversaciones y los datos se interrumpen los unos a los otros) pero se lee como si fuera un flujo de conciencia del viejo siglo XX. Incluso su recepción ha sido desconcertante: empezó recibiendo dos críticas no demasiado buenas en <em>The New York Times</em>, acabó siendo uno de los 10 libros recomendados por el diario en 2014, y fue finalista al Premio PEN/Faulkner de Ficción ese mismo año. <em>Departamento de especulaciones</em> es un libro misterioso por las mismas razones por las que lo es su título: porque une lo extraño y lo familiar, o porque revela lo que hay de uno dentro del otro.</p><p>Es cierto que gran parte del trabajo de extrañamiento lo hace el formato elegido por la autora. La narradora de esta historia la cuenta acumulando porciones de prosa que alternan recuerdos muy detallados de momentos aparentemente insignificantes, reflexiones, referencias a teorías científicas, datos curiosos, citas de autores y sentencias sin identificar. Es como si alguien hubiera tratado de reconstruir el diario despedazado de una madre escritora. O como si se hubiera ampliado a una escala gigantesca la línea de pensamiento de alguien, con sus incoherencias, sus asociaciones, sus saltos inexplicables. "Los espacios en blanco",<a href="http://www.theparisreview.org/blog/2014/03/31/how-much-could-be-left-unsaid-an-interview-with-jenny-offill/" target="_blank"> explicaba la autora a The Paris Review</a>, "están pensados para ofrecer un lugar para que el lector pueda introducirse de manera más completa en el texto. La esposa es una narradora que duda y retrocede, y avanza de nuevo”. Lo que se obtiene es algo así como el monólogo interior de Molly Bloom en el <em>Ulises </em>de <strong>James Joyce</strong>, pero despedazado. Algo como esto: </p><p>"Todavía queda mucha vileza en mi corazón. Y yo que pensaba que amar tanto a dos personas iba a enderezarlo. </p><p>Lo que dice la gente del yoga: <em>Nada de esto es trivial, siempre que le prestes la suficiente atención</em>. </p><p>Venga, el fregadero está atascado. Meto la mano en el agua turbia y me pongo a toquetear el desagüe. Cuando vuelvo a sacarla, la mano está cubierta de grasa". </p><p>No es extraño que lo llamativo del formato haya acaparado las críticas y reseñas, inscribiendo la novela en una lista de títulos que habrían utilizado un estilo similar, como <em>Lancha rápida</em>, de <strong>Renata Adler</strong> (Sexto Piso), <em>Noches insomnes</em>, de <strong>Elizabeth Hardwick</strong> (Duomo), o, por seguir añadiendo, <em>4.48 Psicosis</em>, de <strong>Sarah Kane</strong>. Pero <em>Departamento de especulaciones</em> responde también otra genealogía al menos igual de poderosa: la de las narraciones de lo íntimo. No de la intimidad de las grandes pasiones: la intimidad de lo cotidiano que con frecuencia se reserva a las mujeres. Ahí entrarían <em>La señora Dalloway</em>, de <strong>Virginia Woolf</strong>, <em>El despertar</em>, de <strong>Kate Chopin</strong>, o, <a href="http://www.newyorker.com/magazine/2014/03/31/mother-courage-3" target="_blank">dice The New Yorker</a>, las novelas de <strong>Elena Ferrante</strong>. ¿Qué vincula a estas obras tan dispares con la novela de Offill? Todas dan peso (un peso específico, esencial en el relato) a lo que no es <em>literario</em>, a lo que se consideraría accesorio, desde recoger las flores para una fiesta hasta una invasión de chinches. Peso y poesía. Algo así: </p><p>"Justo antes de entrar en clase me doy cuenta de que llevo un pegote de vómito en el pelo. Pegote quizás sea un término exagerado, pero sí, hay algo. Me lavo el pelo en el lavabo. Estoy dando un curso que se titula 'Magia y horror". </p><p>O así: </p><p>"Cuesta creer que el amor haya llegado a parecerme un asunto tan frágil. Una vez, cuando él aún era joven, vi el cuero cabelludo que asomaba a través del pelo y aquello me dio miedo. Pero no era más que un remolino. Ahora se le ve de verdad, y solo siento ternura". </p><p>Es inevitable citar a Woolf, además, cuando nos encontramos ante la historia de una escritora incapaz de escribir, en parte por la tremenda carga de trabajo que le suponen los cuidados, ese agujero negro que traga energía sin parar (a Offill le ocurrió algo similar: entre su primera novela, <em>Last things</em>, y la segunda transcurrieron 15 años). No, la narradora no tiene una habitación propia. Irónicamente, también es más o menos consciente de que todo eso que constituye su vida (las clases, los pañales, las miserias conyugales...) no es un buen material literario. O no lo ha sido hasta ahora: "Mi amor por la niña parecía condenado, irremisiblemente no correspondido. Debería haber canciones que hablasen de esto, pensaba yo, pero si las había, no las conocía". </p><p>Offill juega con la escala de los acontecimientos. No es que las cosas cambien de tamaño, es que cambia la lente con que se miran. Las referencias a herramientas ópticas que acercan o alejan los objetos ("Es una tontería tener un telescopio en la gran ciudad, pero aún así nosotros nos compramos uno") y a distintos sistemas de percepción ("Decías que los antílopes tienen una visión diez veces más potente que la nuestra. Fue al comienzo, o casi. Eso significa que en una noche clara pueden ver los anillos de Saturno") son constantes. Ahí reside el extrañamiento: reconocemos todo lo que ocurre, pero está a otra escala. Para observar lo grande, se le da la vuelta al telescopio: el dolor, la literatura, el Amor con mayúsculas, la mística de la maternidad, todo parece lejano y risible. Lo pequeño, lo superficial (el atasco del fregadero, la compra, pero también el cliché de la infidelidad), se mira con aumentos y acaba teniendo la luz de una estrella, obedeciendo a fuerzas gravitatorias, ocupando un espacio equivalente al Sistema Solar. Hasta el punto de que cada gesto cotidiano parece el símbolo de algo, hasta el punto de que un matrimonio cualquiera solo puede explicarse con citas sobre astronomía. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0541ceae-7c1e-4b29-9e8b-a8c81c4b2842]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/478647ff-392a-459e-b564-9e3f9141bad0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="70623" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/478647ff-392a-459e-b564-9e3f9141bad0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="70623" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Departamento de especulaciones’, de Jenny Offill]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/478647ff-392a-459e-b564-9e3f9141bad0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura estadounidense,Narrativa,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Risa y paz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/risa-paz_1_1124796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fafadd81-0afb-4fdc-a205-d42cd4c32ea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Risa y paz"></p><p>En La Habitación Número Trece coordinamos la programación cultural del hotel Iberostar Las Letras Gran Vía (el mítico Hotel de las Letras). Llevamos un año apostando por una cultura de calidad con literatura, exposiciones (ahora tenemos a <strong>Sabine Finkenauer</strong>, una artista alemana que nos encanta), teatro y cine, sin que por ello temamos pasárnoslo bien: fueron un éxito nuestras dos noches dedicadas a Rusa e Italia, donde hubo buena literatura, mucho humor y fiesta.</p><p>Recomendamos los libros de tres autores que admiramos y nos acompañan este mes.</p><p><strong>La risa caníbal. Humor, pensamiento cínico y poder</strong><strong>Andrés BarbaAlpha DecayBarcelona2016</strong></p><p><strong>Barba</strong>, uno de nuestros mejores novelistas, analiza <a href="http://www.alphadecay.org/libro/la-risa-canibal/" target="_blank">en este ágil ensayo</a> la relación entre el humor y el poder, es decir, la capacidad subversiva del humor y la transgresión en nuestras sociedades, cada vez más censoras... De Chaplin y Hitler a George Bush, “payaso involuntario”, y nuestra sociedad post 11S. Muy actual.</p><p><strong>De los otros</strong></p><p><strong>Mariano PeyrouSexto PisoMadrid2016</strong></p><p>La primera novela del poeta <strong>Mariano Peyrou</strong>, sabia indagación de la seducción y de cómo nos construimos a través de los demás. Novela sobre el arte, su lugar en la sociedad contemporánea y su elitismo, voluntario o no. Tiene algo de dieciochesco (como puede tenerlo Kundera) y mucho de eso que se llamó novela de ideas (es un diálogo un poco "cínico" y un poco "modernista"). Un festín verbal.</p><p><strong>Una paz europeaFruela FernándezPre-TextosValencia2016</strong><em>Una paz europea</em></p><p><a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=3097" target="_blank">Un libro de poemas</a> de uno de los poetas jóvenes de referencia. Un libro político en el que caben su infancia en la cuenca minera asturiana y la precariedad de tantos jóvenes españoles sobrecualificados que emigran para conseguir trabajo, algo así como "de la Erasmus al exilio". Y un libro a la vez calmado y formalmente arriesgado.</p><p><em>*Puedes encontrar La Habitación Número Trece en el Hotel de Las Letras, en el número 11 de la Gran Vía de Madrid. </em><strong>La Habitación Número Trece</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c0c8ed23-a320-4f6b-adc0-938ecd6770a6]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[La Habitación Número Trece]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/fafadd81-0afb-4fdc-a205-d42cd4c32ea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="116285" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/fafadd81-0afb-4fdc-a205-d42cd4c32ea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="116285" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Risa y paz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/fafadd81-0afb-4fdc-a205-d42cd4c32ea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lecturas abiertas, puertas cerradas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lecturas-abiertas-puertas-cerradas_1_1124793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f365591-b01d-40d2-8a04-a54ba633c3f5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lecturas abiertas, puertas cerradas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>  <em> </em></p><p>En ocasiones el azar hace más que todo nuestro empeño. Por azar la educadora del Centro Penitenciario de Córdoba, <strong>Amelia Gómez</strong>, descubrió que nuestra biblioteca ofrecía visitas guiadas a colectivos interesados. Y el azar quiso que fuera <strong>Gloria Martínez</strong>, coordinadora de los clubes de lectura de la biblioteca, quien esa mañana de 2007 los guiara por nuestras instalaciones y les mostrara nuestro valioso fondo. De ahí surgió la creación de un club de lectura que, además de convertirse en un espacio de encuentro para los internos, proporcionando información y creando hábitos de reflexión, análisis, esfuerzo... de forma entretenida, posibilitara la realización de actividades, cursos y talleres alrededor del libro y la cultura. Inicia su andadura este club en enero de 2008 y continúa reuniéndose actualmente cada quince días en la sala de lectura del Módulo 4 y en un aula del sociocultural. A las pocas semanas de empezar, se unió, también por azar, un profesor recién jubilado, <strong>Francisco Paños</strong>, por lo que son dos los clubes de lectura que funcionan desde entonces en el Centro Penitenciario cordobés tutelados por la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba.</p><p>Un club de lectura en este lugar cerrado y vigilado es igual y diferente a los que se forman en cualquier biblioteca. Igual en los libros que se leen y en las rutinas de su funcionamiento: entrega de un ejemplar del mismo título a los lectores del club y reunión para comentar lo leído. Sin embargo, son mayores las diferencias que marcan la falta de libertad, la temporalidad del grupo y los desniveles culturales. Los internos que asisten al club lo hacen por deseo propio, pero en el momento que deciden entrar en un módulo de respeto están obligados a participar en distintos talleres y actividades, algunos son impuestos y otros los pueden elegir: ahí entra el club de lectura. Las especiales circunstancias del lugar son las que caracterizan la inestabilidad temporal del grupo lector.</p><p>En todos los clubes es importante la cohesión que proporciona el hábito del encuentro con las mismas personas y los mismos intereses. Esa complicidad con los compañeros que las muchas horas de conversación van tejiendo. En un Centro Penitenciario, los internos van y vienen, no solo porque vuelven a su vida exterior, lo que es muy satisfactorio, sino porque están en continuo movimiento como cambios de módulos, de asignaciones, ausencias por visitas, por traslados... Cada quince días, cuando entras en el Módulo, no sabes qué internos de los que participaron en la sesión anterior estarán para hablar de la lectura encomendada y, a veces, el grupo de 18 internos se ha reducido a 5. Con la ayuda imprescindible de la educadora de contacto es posible ir cubriendo estas faltas, reiniciando para los recién incorporados las premisas de un club de lectura. Un número importante de internos no han tenido la lectura entre sus aficiones y dejaron la escuela o pasaron de ella en edad temprana. Así, en los últimos meses, hay un interno que aprendió a leer y a escribir en la cárcel y que leyó su primer libro en el club.</p><p>No siempre es posible seleccionar el libro adecuado a los niveles de compresión, aunque tenemos en cuenta sus dificultades y apoyamos con información complementaria o técnicas de compresión lectora. Cuando proyectamos el club de lectura había dos ideas claras e inamovibles: los libros se seleccionarían solo atendiendo a la disponibilidad, a la calidad y a los gustos y se programarían actividades dentro y fuera del recinto de la cárcel. Las lecturas van desde clásicos —<strong>Galdós</strong>, <strong>Balzac</strong>, <strong>Dickens</strong>, <strong>Sthendal</strong>, <strong>Tolstói...— </strong>a autores españoles —<strong>Almudena Grandes</strong>, <strong>Eduardo Mendoza</strong>, <strong>Rafael Chirbes</strong>, <strong>Julio Llamazares</strong>, <strong>Menéndez Salmón</strong>, <strong>Chaves Nogales</strong>...— o de otras literaturas —<strong>García Márquez</strong>, <strong>Vargas Llosa</strong>, <strong>Paul Auster</strong>, <strong>Ian McEwan</strong>, <strong>Le Clézio</strong>, <strong>Abad Faciolince</strong>, <strong>Kapuscinski</strong>, <strong>Albert Camus</strong>, <strong>Junot Díaz</strong>...—. Y aunque leen, sobre todo, novela, también hay teatro, novela gráfica, relatos o reportajes. En las dos horas de reunión siempre hay tiempo para leer alguna poesía en relación con el libro o el autor que comentamos ese día.</p><p>Los dos clubes de lectura han tenido al mismo tiempo como máximo 35 internos, pocos en un centro de más de 1.300, pero han guiado las actividades programadas en la cárcel por el Día del Libro, de la Lectura en Andalucía, de las Bibliotecas, Día de la Mujer o la celebración de la Merced. A su salón de actos han acudido escritores: <strong>Cobos Wilkins</strong>, <strong>Lorenzo Silva</strong>, <strong>Pablo García Casado</strong>, <strong>Antonio Luis Ginés,</strong> <strong>Alejandro López Andrada</strong>... Y se ha hecho teatro, se han realizado talleres de escritura creativa, se ha cantado rap con poemas de la literatura española, se ha homenajeado a escritores: <strong>Antonio Machado</strong>, <strong>Miguel Hernández</strong>, <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>, García Márquez, a algunos que, como ellos, han pasado por una cárcel..., se ha leído colectivamente, se han recitado versos por sus patios y se ha dado voz a los internos que de la lectura han pasado a la escritura.</p><p>Este club se ha incluido como uno más en el grupo de clubes que se reúnen en la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba y como tal participan, siempre que es posible, en sus actividades. Han asistido a reuniones para comentar libros de <strong>Juan José Millás</strong> o Eduardo Mendoza, coincidiendo con la presencia de ambos autores en Córdoba dentro del ciclo Letras Capitales organizado por el Centro Andaluz de las Letras. También en rutas literarias, en teatro leído, en el recorrido que se hace cada mes de mayo por los patios cordobeses leyendo poemas de un autor determinado, en exposiciones, en senderismo literario... Han estado presente en los Encuentros Provinciales de Clubes de Lectura organizados por el Centro Andaluz de las Letras y en el maxiclub Lecturas redondas, creado por la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba, en el que clubes de las bibliotecas municipales cordobesas se convierten cada seis meses en un gran club comentando la misma obra.</p><p>En el año 2011, la labor de la biblioteca en el Centro Penitenciario fue seleccionada para el Encuentro de Experiencias Lectoras, organizado por el Ministerio de Cultura y lo presentamos en Madrid con el nombre de "Lecturas abiertas, puertas cerradas". Los clubes de lectura son un ejercicio de democracia donde, aunque no haya consenso, el diálogo y la tolerancia son imprescindibles para llevar la actividad a cabo. Y la lectura precisa de unas condiciones peculiares, sobre todo de una: tiempo. El tiempo que tanto sobra en los patios y módulos de un centro penitenciario y el tiempo de una etapa en la que leer juntos puede significar aprender a vivir.</p><p>  <strong>La novia de AquilesAlki ZeiEdiciones del Oriente y del MediterráneoMadrid2003</strong><em>La novia de Aquiles</em></p><p>  </p><p>Este es el último libro que hemos comentado con los internos. Eleni, nombre de guerra de Dafni, recuerda desde un tren de atrezo parisino, con la frialdad que enseña el excesivo sufrimiento, distintos episodios vitales marcados por el amor a un héroe clandestino. Novela autobiográfica que ofrece una penetrante visión de lo que fue la resistencia contra los nazis, y de los hombres y mujeres que se dejaron la piel y, en muchos casos, la vida en su lucha por la libertad, sin olvidar las miserias humanas que también corroían el campo de los que luchaban por un mundo mejor, y que, con demasiada frecuencia, desembocaban en el totalitarismo. El libro para los internos que conforman en este momento los dos clubes del Centro Penitenciario tenía algunas dificultades previas: los continuos saltos temporales en la narración, los nombres griegos y el desconocimiento de la historia de Grecia en el siglo XX. Sin embargo, casi todos lo habían leído con creciente interés página a página, lo que permitió un apasionado debate sobre la fidelidad, la lealtad, la guerra, la amistad y las traiciones. También la lucha por nuestra libertad y el desarraigo del exilio. Les gustó como <strong>Alki Zei</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>cuenta la historia sin dramatismos y les sorprendió sentir menos admiración por el héroe, Aquiles, que por Eleni.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[fb80b9f4-8927-405b-a599-414f02212394]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gloria Martínez Gallego]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4f365591-b01d-40d2-8a04-a54ba633c3f5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="194547" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4f365591-b01d-40d2-8a04-a54ba633c3f5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="194547" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lecturas abiertas, puertas cerradas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4f365591-b01d-40d2-8a04-a54ba633c3f5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Córdoba,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defensa de las ‘Rimas’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/defensa-rimas_1_1124791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03beae7f-9366-4119-82be-4df8ddb0e640_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defensa de las ‘Rimas’"></p><p>Las <em>Rimas </em>de <strong>Gustavo Adolfo Bécquer</strong> es un pequeño libro que acompaña en el alma toda la vida. Varios de sus breves poemas forman parte del imaginario colectivo y generaciones van y generaciones vienen y siguen repitiéndolos. Para quienes los leímos desde edad muy temprana, forman parte de nuestra biografía amorosa, y luego, cuando los hemos vuelto a leer, encontramos una y otra vez matices que nos eran ajenos, imprevistas percepciones, la exactitud al dibujar imágenes que parecen indecisas, ese algo dicho como de sesgo. Como si anticipara una gran vertiente de la poesía del siglo XX, Bécquer se valió también en algunas ocasiones del habla coloquial y del áspero prosaísmo.</p><p>Como buen romántico, Bécquer creyó en la inspiración, aspiró al genio y sintió que algo divino tenía dentro de él. Las <em>Rimas </em>están limadas y cuidadas línea por línea y su versificación da la impresión de estar siempre detalladamente trabajada.  Las <em>Rimas </em>son ante todo la historia de una triste aventura amorosa, y tal vez haya en ellas más de una mujer. El amor y el desamor, una vida apegadamente triste y la obsesión de la muerte, son quizá los motivos esenciales de los poemas, en los cuales hay siempre detrás una idea, la cual se desarrolla calculadamente de principio a fin, según la forma y el metro que se utilice.</p><p>A lo largo de las <em>Rimas </em>hay un ambiente sombrío y gris como de fines de otoño y principio de invierno madrileños: nieblas melancólicas, luces pálidas, fuegos fatuos que engañan en las noches, penumbras como de leve sueño. En diversos momentos de su obra hallamos —sentimos— ternuras, tristezas, sueños angustiados, fugaces goces, ironías ácidas. Oímos o vemos repetidos suspiros, besos, miradas, lágrimas. </p><p>Hijo de pintor, Bécquer, fue un notable dibujante y sus poemas a menudo nos parecen trazos hechos también con un lápiz incisivo y exacto. Muchos no dejan de guardar un misterio, en el que Bécquer tanto creyó, y que es un elemento indispensable en la poesía. </p><p>En prosa escribió también leyendas, narraciones, artículos y cartas literarias, donde hallamos también sus preocupaciones esenciales, pero aquello por lo que persiste y persistirá son sus <em>Rimas</em>, y quizá, en especial, por algunas que perviven en el recuerdo de las generaciones, como esas que empiezan con los siguientes versos: "No digáis que agotado su tesoro" (IV), "Del salón en el ángulo oscuro" (VII), "Sabe, si alguna vez tus labios rojos" (XX), "¿Qué es poesía?" (XXI), "Los suspiros son aire y van al aire" (XXXVIII), "Cuando me lo contaron sentí el frío" (LI), "Volverán las oscuras golondrinas" (LIII) y "Esta armazón de huesos y pellejo" (LVII).</p><p>Bécquer nació en Sevilla en 1836, y su vida, poblada de sombras y desdicha, tuvo su fin a causa de la tuberculosis en la ciudad de Madrid en 1870. No hay tal vez un poeta romántico más íntimo en la lengua española que él. Al sentirlo en sus poemas siempre cerca, siempre tan actual, nos parece increíble que hayan pasado cerca de ciento cincuenta años desde su fallecimiento.</p><p><em>*Marco Antonio Campos es poeta y crítico literario.</em><strong>Marco Antonio Campos</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[27b1fc65-e416-4bfd-9793-97267e0e59e8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marco Antonio Campos]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/03beae7f-9366-4119-82be-4df8ddb0e640_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="149349" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/03beae7f-9366-4119-82be-4df8ddb0e640_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="149349" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Defensa de las ‘Rimas’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/03beae7f-9366-4119-82be-4df8ddb0e640_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reclamaciones-sugerencias_1_1124788.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0ad7ab66-6d8e-4883-8f0b-da7477bc012f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reclamaciones y sugerencias"></p><p><em>(Comienza Sara Mesa)</em><strong>Sara Mesa</strong></p><p>Está lloviendo el día en que empieza a trabajar en el Ministerio. Las gotas, gruesas, caen con pesadez y lentitud. El aire es tibio y electrizante. Ella piensa que es una contrariedad que llueva justo ese día, para estropearle el peinado, y se lo protege con un pañuelo. En el porche del Edificio Redondo se congrega un grupo de personas, con sus paraguas chorreantes y la ropa húmeda. Ella cruza hasta la puerta sin levantar la vista. Se siente íntimamente orgullosa: el Edificio Redondo siempre le pareció atrayente. Por qué razón ese edificio y no otro es algo en lo que ella no piensa. Quizá por su particularidad arquitectónica —la ausencia de esquinas— o por todo lo que se dijo de él en la prensa —desviación de fondos en el proceso de su construcción, presupuestos trucados—. Sea como sea, el Edificio Redondo le da un aire innovador a su vida. Estará bien trabajar en este sitio, piensa, y mira alrededor mientras lo piensa. Desde el ascensor transparente analiza la estructura central de cristal y de acero, y la miríada de pequeños despachos dispuestos en torno al círculo. Su puesto, al que le conduce un viejo ordenanza, está al final del pasillo de la última planta. Departamento de Reclamaciones y Sugerencias, indica en un rótulo. Se fija en que es un rótulo recién puesto, más blanco que los otros. Alguien ha dejado una cajita de bombones en su mesa, junto a una nota de bienvenida. Sin embargo, el recibimiento general es frío: sólo algunos compañeros se levantan brevemente y le dan la mano con premura. Otros se limitan a alzar la vista, murmuran buenos días y continúan mirando sus pantallas, como hipnotizados. Sin duda, piensa ella, no hay aquí tiempo que perder. Son ésas las palabras que piensa: tiempo que perder, no tiempo a secas. Los teléfonos suenan constantemente. Por el largo pasillo se extiende un rumor de pasos apresurados. Ella se sienta en su sillón a esperar. Aún quedan veinte minutos para la hora de la cita. Está inquieta porque sabe que no hay tiempo que perder, y aquellos son, sin duda, minutos perdidos. Desea estar trabajando como todos los demás, lo antes posible.</p><p>Cuando llega la hora, el jefe de servicio únicamente le dedica unos instantes. Mientras le habla se atusa los rebordes del bigote y mira hacia los lados. Le dice que están muy esperanzados con la creación del nuevo departamento. No sólo los ciudadanos, sino también todas las auditorías de calidad habían insistido en su necesidad, dice. Bastantes ministerios cuentan con departamentos similares; es una cuenta pendiente que ya está saldada. Espera que lleguen muchas reclamaciones. Espera el éxito inmediato. Ahora su responsabilidad —la responsabilidad de ella, matiza— es grande. Pero no debe asustarse. Es posible que al principio se sienta sobrecargada. Probablemente tendrá un buen volumen de trabajo. La gente es cada vez más exigente con los ministerios. Aunque ya no haya muchos motivos reales para quejarse, la gente se queja. Y luego están los pelmazos que siempre quieren dar su opinión, y lo dice así: pelmazos. O aquellos que quieren dejar sugerencias o simplemente hacerse oír. Más adelante contará con ayuda. Emplearán a más personas. Pero para empezar a rodar confían en ella. ¿Conoce los protocolos de actuación? ¿Los ha leído a fondo? Ella se apresura a contestar. Claro que los conoce. El jefe de servicio levanta sus ojos acuosos, enrojecidos, y hace un gesto con la mano que da a entender que no hay mucho más que explicar. A ella le parece un tipo llevadero. Agradece la atención y se encamina otra vez hacia su mesa.</p><p><em>(Sigue Luis García Montero)</em></p><p><strong>Luis García Montero</strong></p><p>Está nevando. Ella mira los copos que caen del cielo con una lentitud hermosa. La luz es mágica e infantil. Se acerca a la ventana, la abre, casi puede meter la cabeza en la nevada. Se siente con derecho a romper la seriedad arenosa de la oficina gracias a la complicidad del cielo blanco. Nieva sobre la ciudad, sobre el Edificio Redondo, sobre la tristeza, sobre los coches aparcados en la acera de enfrente. Cuando empezaron a caer los copos, algunos de sus compañeros se acercaron a la ventana. Un murmullo alteró la rutina burocrática del invierno en el Ministerio, que había resultado la misma rutina del otoño, la misma disciplinada pesadez de la indiferencia y el tiempo que se volcó sobre ella desde la mañana de su llegada. Qué raro, está nevando, dijo Virtudes, después de llamar a María, la rubia que formaba una pandilla de tontas con Julia y Manuela. Sí, de verdad es raro, dijo desde su mesa Antonio, el compañero que se atrevió a regalarle unos bombones de bienvenida el primer día de trabajo y que después no dio un paso más para acercarse. La nieve era tan rara en la ciudad como ella en la oficina, y por eso se puso a imaginar que una bandada de folios y de instancias caía sobre el edificio Redondo, o que una multitud de batas blancas cubría los tejados del Ministerio de Sanidad. Nada tan natural, un poco de imaginación impertinente y batas blancas surgiendo del cielo, miles de folios impreso con las quejas y las sugerencias de la gente dispuesta a protestar, miles de facturas, miles de cigüeñas desorientadas. La nieve era tan rara como ella, así que decidió levantarse, abrir la ventana, meter la cabeza entre la nieve, sentir el frío y esperar a que alguna voz le exigiera que no hiciese más tonterías y que cerrara la nevera antes de que todos los ordenadores se muriesen de pulmonía en vez de morirse de anemia, que es de lo que se mueren los ordenadores. Cierra ya, Rosa, por favor, que no está el tiempo para juegos, gritó Virtudes al minuto y 35 segundos. Lo comprobó en el reloj de la pared, en el reloj que marcaba el tiempo que no debe perderse, el tiempo muerto, el tiempo individual, el tiempo colectivo, el tiempo de los horarios, los desayunos, los cigarros en la puerta, la productividad, los teléfonos y las visitas del jefe. ¿Qué, cómo va eso, se anima el público?, ¿hay sugerencias?, preguntó al día siguiente de su llegada.</p><p>No había encajado bien en la oficina. Tuvo mala suerte. La primera noticia para el jefe fue que un grupo muy numeroso de enfermeras y médicas del Hospital de la Esperanza exigían que se tomaran medidas tajantes e inmediatas contra la actitud del doctor Salvatierra. ¿Quién será este cabrón de Salvatierra?, preguntó ella. Tiene en contra a todas las mujeres del Hospital que dirige, anunció después. El doctor Salvatierra es mi marido, así que cuidado, le informó la dulce Marisa, la gran Marisa, la secretaria del jefe, la compañera más popular del Ministerio, la madre de todas las madres, preocupada de la fortuna familiar, laboral y sentimental de la fauna y flora del Ministerio. Mala suerte, el Departamento de Reclamaciones y Sugerencias se convirtió de pronto en el servicio de delaciones y escándalos propios y daños colaterales y desgracias íntimas y secretos desvelados de forma inoportuna… y qué ha hecho la pobre Marisa para merecer esto y cómo nos va a mirar a la cara. Yo no tengo la culpa, pensó Rosa, pero las lluvias del otoño y los fríos del invierno le cayeron encima. Se convirtió en un insecto raro, un bicho peligroso dentro del microclima de la planta quinta el Edificio Redondo.</p><p>Un minuto y 35 segundos después de abrir la ventana obedeció a Virtudes y volvió a su pantalla de ordenador. Rosa dedicó media hora a revisar y ordenar quejas y sugerencias sobre el retraso de las citas, el funcionamiento de las urgencias, la falta de camas, el pago de las medicinas, la escasez de médicos y los plazos incomprensibles para las operaciones quirúrgicas graves. Si a la gente se le da la posibilidad de protestar, la gente protesta, ya sea contra las privatizaciones y los recortes del Gobierno, ya sea contra el marido imbécil de la gran Marisa. ¿Y qué culpa tengo yo?, se preguntó Rosa antes de saltar a su correo electrónico. No fue un reencuentro sencillo con la intimidad. Allí esperaba un mensaje raro, tan raro como la nieve que seguía cayendo sobre la la calle y sobre el Edificio Redondo: <em>Hola, sé que te llamas Rosa, te he visto abrir la ventana y sacar la cabeza hace un momento. Yo trabajo en el edificio de enfrente. Soy aficionado a las novelas con historias raras y a los prismáticos</em>. </p><p><em>(Sigue Piedad Bonnett)</em><strong>Piedad Bonnett</strong></p><p>Ahora, mientras espera el autobús sintiendo sobre su cara las ráfagas de un viento implacable, Rosa ha vuelto a pensar en aquel mensaje. ¿Quién sería el bromista? Porque  sólo un bromista puede haberle escrito esa tontería.  Alguien de su misma oficina, sin duda. Repasa mentalmente los puestos de sus compañeros de trabajo. No cree que haya sido Antonio, que después de tener aquel gesto galante de la caja de bombones no ha intercambiado con ella ni dos palabras.  Es un buen chico, y hasta guapo a pesar de sus lentes de miope, pero tan serio y reservado que no lo cree capaz de esa audacia. Aunque con la gente uno siempre puede engañarse.  Lo sabe muy bien ella, que después de una relación cibernética de tres meses con un chico residenciado en Canadá, fue descubriendo en él un montón de rasgos psicopáticos.  Era tan guapo y tan dulce, y médico, según decía. Pero tanta belleza escondía un alma asquerosa. Ufff, un golpe duro, porque ya empezaba a enamorarse, y hasta una <em>selfie </em>un poquito comprometedora le había enviado. ¿Y si el del mensaje fuera Manolo,  el gordo de Autorizaciones? La verdad es que se ve un poco libidinoso y que lo ha pillado mirándole las piernas a Julia, que por cierto usa unas faldas bastante descaradas, pero el mensaje es demasiado sugestivo y fino para venir de alguien que parece tan elemental… <em>Soy aficionado a las novelas con historias raras y a los prismáticos</em>. Allí, al borde de la calle donde la nieve empieza a derretirse y a volverse fango, Rosa sonríe  como quien recuerda una picardía. A su mente ha venido la escena de una película de Hitchcok que vio alguna vez en la tele, pero cuyo nombre no recuerda, donde un hombre con una pierna enyesada espía a su vecino con unos binóculos. Pero la sonrisa de repente se le convierte en un gesto contrariado. ¿Y si fuera un mal chiste de una de las chicas, o de todas, y ahora están riéndose de ella en algún bar cercano? ¿O tal vez la dulce venganza de la horrible Marisa, que parece tan mansa y sin duda es una atropelladora como su marido, ese tal Salvatierra? Este pensamiento la perturba de tal modo que siente una ligera náusea. Pero ya está ahí el autobús y Rosa sube y se acomoda en una ventanilla. Desde donde está, puede ver, ya alejándose, la mole iluminada que queda frente al Edificio Redondo, sus innumerables ventanas iluminadas. </p><p>Su madre la ha criticado muchas veces por lo que llama "su negativismo". En sus llamadas siempre le aconseja que se cuide de los peligros de la ciudad, que dé gracias a Dios por su nuevo trabajo, y le pregunta invariablemente si se está alimentando bien. Y luego, como si nada, desliza su taimado "¿Ya tienes amigos?". Sabe bien Rosa lo que quiere indagar su madre, que habría querido verla casada y llena de niños y viviendo en aquel pueblo donde nunca pasa nada. Pero a lo mejor su madre tiene razón, y tal vez ese mensaje no sea una burla sino un guiño de ojos de alguien que la encuentra atractiva y que por eso la ha estado espiando en estas tres semanas. Alguien que ha averiguado su nombre discretamente con un compañero de trabajo, y que se ha decidido a dar un primer paso después de verla asomar por la ventana, mientras la nieve caía sobre su cabeza como en una postal navideña. Cediendo a un impulso, con el corazón acelerado,  Rosa llama a su amiga Celia, que a esta hora debe estar ya en casa. En efecto, allá está ya Celia, que contesta con ese tono siempre alegre que tan odioso le resulta a Rosa cuando está en sus días grises. Pero como ahora está felizmente excitada, procede a contarle a su amiga, palabra por palabra, lo que ha leído en el mensaje. Al otro lado de la línea se hace un extraño silencio. Luego la voz de Celia se escucha, pero no ya en el mismo tono eufórico, sino como la de alguien ligeramente asmático: </p><p>— Madre mía. </p><p>— ¿Madre mía qué?—, replica Rosa, impaciente. —¿Qué te extraña? </p><p>— Pues que eso suena a una amenaza, Rosa, ¿no te das cuenta? No es que quiera asustarte, pero eso de un tipo con prismáticos al que le gustan las novelas donde pasan cosas extrañas me suena a asesino en serie. Creo que tendrías que avisar a la policía. </p><p>Aquello le ha caído a Rosa como un baldado de agua fría. Sin duda su amiga ha visto muchas series policiacas, o ha estado leyendo literatura de pacotilla donde tipos siniestros persiguen prostitutas para matarlas. Pero el autobús se acerca ya a su parada, de modo que Rosa le dice que la llama más tarde, cuando llegue a su casa, para que hablen de esto con tranquilidad. Ya en la acera, no resiste volver a mirar su correo en el móvil. Lo abre con el corazón acelerado, como si de pronto la vida le hubiera cambiado por completo, como si ya ella nunca pudiera volver a ser la chica tranquila y un poco resignada a la soledad que era antes de entrar al Edificio Redondo. </p><p><em>(Cerrará el relato Jorge Galán)  </em></p><p><strong> </strong><strong>Jorge Galán</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8d91d20d-e335-4cd8-b63c-33be3fb6d097]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Mesa / Luis García Montero / Piedad Bonnett]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/0ad7ab66-6d8e-4883-8f0b-da7477bc012f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="183670" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/0ad7ab66-6d8e-4883-8f0b-da7477bc012f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="183670" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/0ad7ab66-6d8e-4883-8f0b-da7477bc012f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Verano’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/verano_1_1124786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a28f5ed8-d522-4708-a186-cb7dff5fd2a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Verano’"></p><p>Ajo lee su poema 'Verano'</p><p><strong>Verano</strong></p><p>En la duermevela matinal me sacan de</p><p>quicio todos los ruidos de todas las obras</p><p>que se me cuelan por las ventanas.</p><p>Entonces me arrojo a la vida con mi</p><p>Perrina desde la cama y es al salir al</p><p>balcón dispuesta a gritar que me tienen</p><p>harta cuando me doy cuenta de que no</p><p>tengo grito para tanta esperanza.</p><p>Y levemente amenazo:</p><p>—Vamos a ver, si me siguen molestando</p><p>ustedes a mí, voy a tener que empezar</p><p>a molestarles yo a ustedes…</p><p>Y oye, de repente Madrid se calla, ya no</p><p>se queja la excavadora, ahora ya no tiene</p><p>agallas.</p><p>Soy menuda y menuda soy</p><p><em>*Ajo es micropoetisa, según su propia definición. Acaba de publicar 'La perrina & yo' (Espasa, 2016). </em><strong>Ajo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[19d19556-5cd7-4b98-9790-0f3f7264b9b1]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ajo]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a28f5ed8-d522-4708-a186-cb7dff5fd2a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="133403" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a28f5ed8-d522-4708-a186-cb7dff5fd2a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="133403" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Verano’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a28f5ed8-d522-4708-a186-cb7dff5fd2a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 11]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
