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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 12]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-12/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 12]]></description>
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      <title><![CDATA[De puertas para afuera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/puertas-afuera_1_1125101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/54cb8199-ad9f-4a53-a1e8-9b55227ae5bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De puertas para afuera"></p><p><em>Los responsables de la Librería Méndez (Madrid), recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses. </em></p><p> <strong>Manual para mujeres de la limpieza</strong><strong>Lucia BerlinAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p><strong>Lucia Berlin</strong>, autora norteamericana nacida en 1934 y completamente desconocida hasta ahora, tuvo una vida durísima. A los 32 años tenía en su haber tres matrimonios deshechos, cuatro hijos a su cargo y un alcoholismo contra el que lucharía hasta el fin de sus días. Todo esto unido a gravísimos problemas de salud como una escoliosis doble. Para salir adelante aceptó todo tipo de trabajos como limpiadora, ayudante de enfermería en la sala de urgencias de un hospital, etc,etc.</p><p>Todo ello lo refleja en sus cuentos de manera brillante y desde un punto de vista muy vital, cercano y a veces tremendamente divertido. Ella misma apunto en algún momento: "No me importa contarle a la gente cosas terribles si puedo hacerlas divertidas". Este es, sin ninguna duda, el libro revelación de la temporada y de imprescindible lectura.</p><p><strong>Ante todo no hagas dañoHenry MarshSalamandraMadrid2016</strong><em>Ante todo no hagas daño</em></p><p><strong>Marsh</strong>, uno de lo más eminentes cirujanos del Reino Unido, nos cuenta en este valiente libro sus experiencias sobre una de las especialidades médicas más fascinantes que existen. De sus delicadas manos dependen los cerebros de sus pacientes por lo que un fallo puede dejar a una persona en silla de ruedas o recuperar la visión.</p><p>Una confesión personal que nos acerca con gran sabiduría y compasión a los sentimientos de alguien que podría considerarse un dios pero que no desea otra cosa que curar a seres humanos. Muchas veces lo consigue, pero cuando algún fallo lo impide se siente enormemente desdichado. Todos los casos que cuenta en el libro están  narrados con una gran naturalidad y muchas veces con sentido del humor por lo que su lectura resulta enormemente agradable a pesar de su crudeza.</p><p><strong>Nora WebsterColm TóibínLumenBarcelona2016</strong><em>Nora Webster</em></p><p>En la nueva novela de <strong>Tóibín </strong>parece que no sucede gran cosa. La vida transcurre sin grandes acontecimientos en un pueblo cercano a Dublín durante los graves disturbios de Belfast y Londonderry de finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Sin embargo, la vida de Nora Webster cambia por completo al perder a Maurice, el amor de su vida. Viuda y con escasos recursos económicos, utiliza su inteligencia para mantener a sus cuatro hijos y recuperar su autoestima estudiando música y leyendo. Los sentimientos encontrados de Nora son el gran argumento de esta preciosa novela llena de compasión y ternura.</p><p> <strong>La última posada</strong><strong>Imre KertészAcantiladoBarcelona2016</strong></p><p>Sirva esta recomendación como homenaje a unos de los más grandes escritores europeos de las últimas décadas. En su último libro, <strong>Kertész </strong>aborda el proceso de creación desde una situación extrema, ya que un escritor gravemente enfermo intenta escribir un testimonio de sus experiencias desde la dignidad en circunstancias tan adversas. Un libro de despedida de un autor que hizo de la escritura su única justificación de la existencia.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Méndez en el número 18 de la Calle Mayor de Madrid. </em></p><p><strong>Librería Méndez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Méndez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De puertas para afuera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘España 2030’, de Martín Carretero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espana-2030-martin-carretero_1_1125095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/43648d39-b75a-4ea1-8a5b-82b7e1492595_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘España 2030’, de Martín Carretero"></p><p><strong>España 2030: gobernar el futuro</strong><strong>José Moisés Martín CarreteroDeusto Bilbao2016</strong></p><p><strong>José Moisés Martín Carretero</strong>, profesor de la Universidad Camilo José Cela, es miembro de la consultoría de estrategia y operaciones Red2Red y de Several iniciatives, cofundador de Economistas Frente a la Crisis y colaborador de Agenda Pública, dependiente del medio digital eldiario.es. Su libro <em>España 2030: gobernar el futuro</em> hace balance del desarrollo alcanzado en nuestro país, y propone un itinerario a recorrer, para responder a una pregunta clave para la economía española: ¿cómo crecer?</p><p>El prólogo de <strong>Eduardo Madina</strong> introduce el libro, que, en tono optimista, analiza y aporta datos sobre los ámbitos más relevantes de nuestra economía, y de aquellos sobre los que inciden de manera más directa la innovación y el desarrollo. El autor, partiendo de las fortalezas y debilidades que caracterizan a nuestro país, transciende los aspectos meramente económicos, para ofrecer, en línea con las propuestas europeas, soluciones a los retos que España puede asumir a medio y largo plazo, es decir, en el horizonte de la Europa de 2020, 2030 y 2050.</p><p>Desde un modelo socialdemócrata, la justicia social sólo es posible con el progreso económico, pero éste acontece en un marco de fuerzas y tensiones a nivel global. Así pues, España debe jugar su opción de progreso en ese marco y con los instrumentos adecuados. Los escenarios globales vienen definidos fundamentalmente por el progreso tecnológico y por los condicionantes que comporta la sociedad de la información y del conocimiento. Por tanto, para que nuestro país ocupe el lugar que le corresponde en este espacio global, es obligado que encaje mejor sus instituciones en el juego europeo y que sepa apostar por la innovación en el terreno de la economía del conocimiento y la innovación. Además, España debe hacer frente a diversos retos cruciales como la inversión de la pirámide social, la pérdida de talento, la crisis de sus instituciones públicas, etc.</p><p>La filosofía política que guía las propuestas de Martín Carretero parece inspirarse en la teoría de <strong>Manuel Castell</strong> sobre la sociedad de la información. Desde su confianza en las puertas que abre el progreso técnico, trata de resolver una contradicción fundamental: la distancia entre economía fundamentada en la información y polis. Una distancia que, como los centros de decisión, aumenta hacia el abismo con los procesos de globalización. </p><p>Parece claro que las aspiraciones ilustradas están siendo barridas y que a las libertades individuales y políticas nacidas bajo el signo de la revolución francesa no les sientan bien las calculadas bridas de la revolución industrial. Bridas con las que nuestro siglo, extendiendo <em>científicamente </em>su alcance, dirige voluntades y ciñe mercados, servicios y producción. La Red, el instrumento más potente que jamás haya construido la historia, permite, a cada vez menos actores, organismos e instituciones globales, controlar las tendencias inversoras, los flujos de capital y la monitorización de todo tipo de procesos, así como la provisión de cualquier servicio en cualquier punto del globo. La relación entre capital, desarrollo de las fuerzas productivas e historia se vuelve con ello cada vez más estrecha. Demasiado, casi asfixiante. El control de las relaciones sociales, la ingeniería del <em>management</em>, la dependencia de la política de la experticia <em>científica </em>deja poco juego a la ilusionada libertad.</p><p>Ante esa asfixia, Martín Carretero plantea posibles alternativas de apertura, aquellas a las que la socialdemocracia puede optar en el marco de esta determinación global. No hay otra posibilidad para ella que la de apoyar y gestionar el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco de la 4ª revolución industrial, profundizando en los mecanismos de participación que sus cauces comunicativos ofrecen. Estos, siempre parciales y atomizados, aminoran las expectativas en el horizonte ilustrado de la libertad y la democracia. </p><p>Pero quizá no sea demasiado tarde, y los Estados y el sector público —tal como piensa el autor— puedan aún ser actores de peso en este proceso, por más que el despliegue efectuado por el capital privado durante estas dos décadas apenas haya dejado hueco. </p><p>La propuesta de <em>España 2030</em>, gobernar el futuro, parte del análisis de las tendencias y de los posibles escenarios globales de futuro para, haciendo hincapié en el Estado y las instituciones públicas como agentes directores del progreso económico y social, aportar estrategias a cada uno de los grandes retos con los que se encuentra nuestro país. </p><p>En la primera parte del libro se analizan dichas tendencias y escenarios: población mundial creciente, desequilibrios demográficos, reequilibrio económico de los emergentes y los países desarrollados, perspectiva de progreso tecnológico (procesamiento de la información, inteligencia artificial y extensión de Internet) y las tensiones entre estas tendencias globales y la gestión de los riesgos  globales. </p><p>Martín Carretero, tras el análisis (segunda parte), centra sus soluciones en distintas estrategias que nuestro país puede adoptar a medio plazo para ocupar el lugar que le corresponde en estos escenarios globales. Los grandes problemas dejados al descubierto por la crisis pueden convertirse en oportunidades para el país, naturalmente siempre que contemos con bazas para el juego. </p><p>De este modo, el autor perfila distintas estrategias articuladas desde el Estado y lo público como motor. Estrategias relativas al fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico en el marco de una sociedad de la información y del conocimiento. Para ello, ve como fundamental revalorizar el capital humano que poseemos, poniendo sus activos al día. Una mejor conexión entre educación y el proceso productivo lo haría posible. Su condición: orientar el sistema educativo hacia la formación permanente, la creatividad y la  innovación. Recomendaciones, que por otra parte recorren todas las instituciones europeas. Y para cumplir con las exigencias del ideal de justicia social, propone una estrategia pensada desde la multiculturalidad, para garantizar la cohesión social en nuestro país. Así, frente a la desigualdad, propone la revisión en profundidad de nuestro Estado social para situar los recursos allí donde son necesarios y efectivos a largo plazo. Frente a la crisis de las instituciones del Estado, la reforma del sector público y del propio Estado como el principal instrumento democrático (federalismo). Teniendo claro el papel que las instituciones públicas y su calidad tienen en el crecimiento económico. Además, ve como necesario un salto cualitativo en la "gobernanza en red", para poder mejorar el análisis y la distribución de los recursos. Y por último, en este plano de cohesión, apunta la necesidad de una reforma del liderazgo público, centrada en la formación de los cuerpos directivos de la administración pública. Acaba el libro con "inclusiones y conclusiones", deseando un pacto generacional, una reforma en la formación del capital humano y del marco institucional, y alentando todo esfuerzo en dirección la dirección de ese progreso tecnológico que no olvida el factor humano.</p><p>Pese a no cuestionar algunos aspectos del gerencialismo que se ha impuesto en la reforma de las administraciones públicas y dar excesivo peso al imperativo pragmático, no es poca aportación el mostrar, de manera resumida y clara, las perspectivas posibles para un gobierno futuro de nuestro país. El libro ve la luz justo en el momento oportuno.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Fumando con mis muertos’, de Álvaro Salvador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fumando-muertos-alvaro-salvador_1_1125091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7c44d49c-4aa7-48c0-8c6f-c1d113a3fb15_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Fumando con mis muertos’, de Álvaro Salvador"></p><p><strong>Fumando con mis muertos</strong><strong>Álvaro SalvadorVandaliaSevilla2015</strong></p><p>Decía <strong>Jorge Guillén</strong> que era fácil ser poeta a los 20 años, pero no tanto a los 50 o a los 60. <strong>Álvaro Salvador </strong>acepta ese reto en su libro más reciente, <em>Fumando con mis muertos</em>, muy coherente con los anteriores <em>Ahora, todavía</em> y <em>La canción del outsider</em>, que consolidaban ya su obra de madurez. Todos estos libros —y no olvidamos otros más antiguos como <em>El agua de noviembre</em> o <em>La condición del personaje—</em> responden a la capacidad de vivir el presente o, si se quiere, de pensar la vida a través de la poesía, como escribió <strong>Ángel González</strong> en el prólogo a la primera antología poética de Álvaro Salvador, <em>Suena una música</em>; pensar la vida sin la carga abrumadora de la nostalgia.</p><p><em>Fumando con mis muertos</em> se divide en cinco secciones. La primera de ellas, "La canción de la tierra", aborda cuestiones relacionadas con la ecología desde el recuerdo inicial de una infancia vinculada al campo ("Toda una infancia puente entre horizonte y nube,/ toda una infancia pura más realidad que sueño") o el eco juanramoniano ("Y yo me iré…") de "El linaje de los mirlos", hasta el reconocimiento difícil de "Noviembre de ultramar", pasando por el irónico homenaje a Ángel González en "Imposible discurso a los jóvenes", una parodia del moralismo paternalista que también hace un guiño a ciertos pasajes de "Aullido" de <strong>Allen Ginsberg</strong>: "He visto tantos pavos reales/ abatidos/ por sus propios colores indiscretos,/ tantos incontinentes loros/ fascinados/ por el hipnótico y falso parloteo/ de sus egos inmensos./ He visto a algunos de los mejores poetas de mi generación/ quemarse, diluirse, dispersarse,/ fundirse en la palabrería inconsecuente/ de su propio Narciso…".</p><p>La presencia de autores a los que se cita o se rinde homenaje es muy intensa en este libro de Álvaro Salvador, mucho más que en el resto de su obra poética. Así ocurre en "Fragmentos de Nueva York" (varios poemas de este apartado se publicaron en el libro de <strong>Julio Neira </strong><em>Historia poética de Nueva York</em> <em>en la España contemporánea</em>, 2012). La experiencia de la metrópoli que tanto inspiró a los poetas de la "Edad de plata", desde <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> a <strong>Moreno Villa</strong> y <strong>García Lorca</strong>, y mucho después a <strong>José María Fonollosa</strong> o <strong>José Hierro</strong>, va generando distintos ángulos de visión que abarcan tanto los detalles de la vida cotidiana ("Renacimiento", "Leo House") como los acontecimientos del pasado o la importancia de una mirada poética que se proyecta desde los versículos de Walt Whitman hasta la actualidad ("La espalda de Manhattan se abre ante nosotros./ Ved cómo los vapores navegan por mis versos"). Llama la atención el poema "Contra usura", una reflexión sobre la trayectoria de <strong>Ezra Pound</strong> relacionada con la deriva presente del capitalismo. </p><p>En el apartado "Remordimiento" se halla el poema que da título al libro, "Fumando con mis muertos", que es una doble referencia al pasado: no sólo alude a los que ya no están sino a los viejos hábitos del autor, que dejó de fumar hace muchos años pero vuelve a hacerlo en sueños, con una sombra de culpa, y establece a partir de ahí un diálogo con personas desaparecidas muy cercanas. Esta vena elegíaca también da sentido a "Ocho de marzo", una evocación de la figura materna, por supuesto a "Elegía 2014", centrado en los poetas que fallecieron en los primeros meses de aquel año (<strong>Juan Gelman</strong>, <strong>José Emilio Pacheco</strong>, <strong>Félix Grande,</strong> <strong>Ana María Moix</strong>, <strong>Leopoldo María Panero</strong>), e incluso a "Ciudad negra", testimonio de la relación conflictiva de amor-odio que los granadinos solemos mantener con la ciudad natal: "Ciudad del pasado, de mi pasado,/ ciudad de nuestras lágrimas,/ de los ríos de lágrimas,/ de la sangre que se oculta y que llora".</p><p>Cierto aire de misterio, muy cinematográfico en el fondo, preside la sección "Una mujer espera en el andén", empezando por el poema extenso que lleva ese mismo título y se configura como diálogo sobre una inquietante figura femenina; una atmósfera que continúa en "Canción rara", magnífico homenaje a <strong>Enrique Morente </strong>con García Lorca de fondo, en "La encerrada" y en los poemas del siguiente apartado, "El libro de las artimañas", donde destacan especialmente "La edad de los sueños", "En las noches oscuras" y "SMEG", un poema dedicado al viejo frigorífico que parece quejarse en el silencio nocturno. Como ha escrito <strong>Francisco Díaz de Castro</strong>, "entre el humor sarcástico y vislumbres oníricos, asistimos a la sugestiva representación de una conciencia moral abrumada por la edad —pero muy atenta a la belleza física y al erotismo— de la que el poeta extrae una irónica constatación del deterioro" (<em>Mercurio</em>, 179, marzo de 2016). Esta sección se cierra con un poema en prosa, "Ojos y dientes", que escoge una referencia de <strong>Paul Auster</strong> para constatar con esa ironía ya mencionada la decadencia física (porque a pesar de todo, el protagonista no deja de viajar y la erosión es parecida "a su esfuerzo constante por detener el tiempo"). Queda como final del libro el poema "Jubileo", variación sobre "De vita beata" de <strong>Jaime Gil de Biedma:</strong> "Y a esperar con paciencia/ —y con paz—/ que este sol tan templado y clemente/ se despida una tarde sin viento/ para no volver más". </p><p><em>*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de la Universidad de Málaga. </em><strong>Antonio Jiménez Millán</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Fumando con mis muertos’, de Álvaro Salvador]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Guardar las formas’, de Alberto Olmos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guardar-formas-alberto-olmos_1_1125089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7b7ddcc9-ee4f-45f9-a92a-4395ea5a5f7c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Guardar las formas’, de Alberto Olmos"></p><p><strong>Guardar las formas</strong><strong>Alberto OlmosLiteratura Random HouseMadrid2016</strong></p><p>No ha querido guardar las formas en esta ocasión. Después de ocho novelas, <strong>Alberto Olmos </strong>(Segovia, 1975) ha hecho una incursión en el género del cuento, del relato breve. Dice que muy a su pesar, porque siempre ha considerado el cuento como un género menor, pero que lo necesitaba después de su última novela, <em>Alabanza </em>(Literatura Random House, 2014).</p><p><em>Guardar las formas </em>es una compilación de doce cuentos que no guarda ni una forma estética ni un hilo conductor. Algunos de ellos son relatos con finales redondos; otros, historias inacabadas para que el lector concluya. Y si algo sí puede guardar cierta forma —aunque veladamente— es la idea de la soledad desde doce distintos puntos de vista. (Dice el INE que en España hay cuatro millones y medio de personas que viven solas, una de cada cuatro... No es de extrañar que la soledad, vivas solo o acompañado, se refleje en cualquier texto escrito estos días en este país).</p><p>En <em>Guardar las formas</em> hay soledad, pero también hay muerte, enfermedad, desesperación y locura. Y muchos símbolos. Una camiseta vieja de un concierto de los Rolling Stones busca contarnos que aunque borremos todas las huellas de nuestro pasado, lo vivido, vivido está. O un contestador de teléfono móvil en el que se oye el silencio durante horas y horas, que nos habla de lo vacías que están nuestras vidas, de cómo buscamos señales en la nada.</p><p>No coges cariño a los protagonistas de los relatos de Olmos. Él no te deja encariñarte, porque cruzan la línea de lo cotidiano, de lo habitual, de lo palpable; y solo te identificas con ellos cuando están muertos —como el autor de la "Carta a una niña de cuatro años (para que la lea cuando alcance los dieciocho)"— o cuando se convierten en asesinos —como el narrador de "VHS", el niño que menos guarda las formas de todo el libro—.</p><p>Los cuentos de Alberto Olmos son doce experimentos, cada uno —individualmente— sí guarda su forma estética, su lenguaje, su ritmo, sus cadencias, y de entre todos, es difícil saber cuál es el estilo real del autor, en cuál se mueve mejor, porque —como en los experimentos— hay una mezcla tan específica y tan medida de elementos que podría parecer un libro de los mejores relatos de autores del siglo XXI español. Pero son eso, doce experimentos, doce maneras de contar, de sumar, de relacionar, con sus fórmulas matemáticas, con sus causas y sus consecuencias. Tercera Ley de Newton, "toda acción tiene su reacción", parece decirnos Olmos, para después apuntillar: "Y luego no digas que no te avisé".</p><p>Y de nuevo esa soledad implícita en la incomprensión: la de ver dos botellas cuando sólo hay una, la del arte del amor como un juego circular sin ataduras,  la de una casa vacía que representa la vida. Vacío, habitaciones desnudas, barrios en silencio, colillas lanzadas por el balcón.</p><p>"Todo va a ser sustituido, verbaliza al fin, y mira hacia el techo y, en voz alta, dice: Todo". Esa es la idea central del relato "La suplantación", el más corto de los cuentos, dos páginas de descripción de lo efímero desde el vacío de la posición horizontal sobre una cama nada placentera. Todo cambia, todo pasa, todo fluye, todo influye... Aunque uno pretenda guardar las formas. </p><p>Dice Alberto Olmos —lo leí el otro día en una entrevista— que a él le da igual lo que reclamen los lectores, que él escribe para gustarle a su novia. Ya se lo habrá dicho ella, pero por si acaso, que esté tranquilo.<em> Guardar las formas </em>son doce razones más para gustar.</p><p><em>*Sara Vítores es periodista. </em><strong>Sara Vítores</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Esa puta tan distinguida’, de Juan Marsé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/puta-distinguida-juan-marse_1_1125088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5ee07fb-42a3-4d59-b784-1146d803d8aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Esa puta tan distinguida’, de Juan Marsé"></p><p><strong>Esa puta tan distinguida</strong><strong>Juan MarséLumenBarcelona2016</strong></p><p>Con los años, <strong>Juan Marsé</strong> se ha vuelto un deslenguado prudente, un melancólico que no se fía de la nostalgia y se refiere al pasado con una mezcla de romanticismo e ironía; alguien que además de tener aún mucho que decir, ya no se calla nada, porque si una vez pasados los ochenta uno todavía se debe morder la lengua, es que algo no funciona. Su nueva novela, <em>Esa puta tan distinguida</em>, es en muchos aspectos un ajuste de cuentas con el pasado de dos países llamados España, uno del que no se podía esperar más que la ignominia y otro en el que se pusieron muchas ilusiones que, en algunos casos, han sido defraudadas; a un lado la época miserable de la dictadura y en el extremo contrario el tiempo de las esperanzas y el cambio, simbolizado por la llegada del PSOE al poder en 1982, que es el momento en que sitúa la acción de esta obra el autor de <em>Últimas tardes con Teresa</em>. Fue entonces, con la subida a los altares de la santa Transición, cuando nos inculcaron esa idea de que el único modo de avanzar era no mirando atrás, porque al futuro sólo se llegaba a través del olvido. O dicho en plata, que el precio de la democracia era la impunidad de los asesinos y sus cómplices, muchos de los cuales, de hecho, pasaron en un abrir y cerrar de ojos de jerarcas de una tiranía a representantes del Estado de derecho, bendecidos por las urnas y jaleados como padres de la Constitución. Algunos que habían sido ministros del régimen criminal, lo fueron de nuevo y se dedicaron a dar clases sobre la convivencia y la libertad, pero ninguno de los compañeros de viaje de los golpistas pagó por sus crímenes, ni siquiera los torturadores. Cuatro décadas más tarde, sigue habiendo una derecha que se niega a condenar la sublevación militar de 1936 y que recibe el apoyo de millones de ciudadanos en cada cita electoral; al juez que quiso pasarle factura a los genocidas lo expulsaron sin contemplaciones de la Audiencia Nacional; las cunetas siguen llenas de muertos republicanos y el Valle de los Caídos continúa en su lugar, con su carnicero sanguinario dentro, y recibe a menudo la visita de un ministro del Interior que alardea de ir allí con frecuencia a meditar. ¿No pedían amnistía y libertad?, preguntan los más cínicos. Pues eso es lo que tuvimos. En Argentina se llamó ley del punto final y aquí reconciliación, pero son la misma cosa.</p><p><em>Esa puta tan distinguida </em>cuenta la historia de un narrador, muy fácil de identificar con el autor de <em>Un día volveré</em> o <em>Noticias felices en aviones de papel</em>, que recibe el encargo de escribir un guion sobre un suceso ocurrido en Barcelona  en 1949, el asesinato de una mujer llamada Carmen Broto, del que ya habló Marsé en<em> Si te dicen que caí</em>. En este caso, se le da el nombre de Carolina Brul y se supone que fue estrangulada con una cinta de celuloide, tal vez a petición propia, en la cabina de proyección del cine Delicias. El director del largometraje va a ser, en pricipio, un viejo comunista que tiene mucho de <strong>Juan Antonio Bardem</strong>, el realizador de <em>Muerte de un ciclista</em>, <em>Calle Mayor</em> o <em>Siete días de enero</em>, y que pretende usar el argumento como simple disculpa para criticar a una sociedad oscura que en muchos aspectos fue cómplice de sus represores, por su miedo, su pereza y su incapacidad para rebelarse; y en cuanto al productor, es la viva imagen de <strong>Andrés Vicente Gómez</strong>, con todo lo que eso significa. Uno y otro son un símbolo de lo que tiene el libro de juego, de reto a un lector que lo va a pasar muy bien tratando de adivinar qué personas se esconden tras los personajes.</p><p>Por supuesto que Marsé aprovecha para ponerle los puntos sobre las íes al mundo del cine español, donde no le ha ido bien ni como autor ni como espectador, lo primero porque ninguna de las adaptaciones que se han hecho de sus novelas le ha dejado buen sabor de boca; lo segundo, porque le horroriza la cantidad de cintas mediocres que han arrasado nuestras salas, antes por el afán propagandístico del nacionalcatolicismo y después a causa del descarado sentido de la oportunidad y el poco talento que caracteriza una gran parte de las comedias más o menos eróticas de los setenta. El narrador cascarrabias de <em>Esa puta tan distinguida</em>, eso sí, reconoce que ni todos ni siempre lo hicieron tan mal.</p><p>El escritor recorrerá un sendero moral característico de los detectives clásicos de la serie negra, ya que si de entrada acepta el trabajo exclusivamente por razones económicas, luego va a encontrar varios motivos para pelear con sus jefes y tratar de convencerlos para que se haga un producto digno, porque según se implica en el proyecto va a combatir por dotarlo de calidad y rigor, dos detalles que a quienes lo financian no parecen importarles mucho. Más bien, están preocupados por asuntos como lograr que el artefacto funcione en la taquilla o que se le dé un papel a cierta joven de la que está encaprichado uno de los inversores que van a poner el dinero. El álter ego de Marsé quiere ser decente, encontrar la verdad y contarla de un modo atractivo, y para lograrlo basa su tarea en una serie de entrevistas con el homicida del cine Delicias, un oscuro individuo llamado Fermín Sicart, que recuerda lo que hizo y cómo lo hizo, pero no por qué. Eso fue lo que declaró tras ser detenido, lo que mantuvo todos los años que pasó en la cárcel y lo que vuelve a confesarle a su interlocutor, que duda si el modo en el que dosifica su memoria no tendrá algo que ver con el hecho de que le cobre por horas. Sin embargo, en su regreso al lugar de los hechos nos va a ofrecer algo muy interesante, que es un dibujo de aquella ciudad asfixiada por los falangistas, los curas y los fanáticos que vivieron como reyes a la sombra del palacio de El Pardo, perturbados como el doctor <strong>Vallejo Nájera</strong>, un psiquiatra y coronel de Infantería que se dedicó a tratar de curarle el socialismo a las personas de izquierdas, a robarles sus hijos para "separar el grano de la paja" y a tratar con electrochoques a sus pacientes, como quien pretende  expulsar al diablo de una mujer o un hombre supuestamente poseídos. Sé de qué habla Marsé, porque estudié muy detenidamente a ese médico para poder escribir <em>Mala gente que camina</em>.</p><p>Junto con Fermín Sicart, la creación más impactante de <em>Esa puta distinguida </em>es la de Felisa, la asistenta del narrador, una mujer que tuvo un comercio en el que se vendían productos cinematográficos de toda clase, desde afiches a programas de mano o revistas especializadas, que lo sabe todo en ese territorio y que juega con su patrón a adivinar de qué película proviene tal o cual diálogo, apostando unas monedas. Es un personaje fantástico, que tiene algo de los graciosos de <strong>Calderón de la Barca </strong>o <strong>Lope de Vega</strong> y también algo de Sancho Panza, entre otras cosas porque es quien hace entrar en razón y poner los pies en el suelo a quienes pierden la perspectiva o se van por las ramas. Algunos de los episodios en los que participa, harán reír a carcajadas al lector y demuestran que ésta es, sin duda, la novela más divertida de Juan Marsé, además de ofrecer  todas las otras cosas que pueden esperarse de él: maestría, inteligencia, un dominio del oficio muy difícil de igualar y un cuidado con el idioma que recuerda a sus inicios como joyero, sólo que cambiando los metales nobles y las piedras preciosas por palabras.</p><p>El fantasma del cine Delicias era una mujer, pero también un país. Y Juan Marsé, con ironía y con destreza, sabe reconstruirlos a los dos en unas cuantas pinceladas, ligeras pero resolutivas, de ésas que únicamente los mejores artistas saben dar, cuando tienen suelta la mano y les apetece entretenerse. En sus páginas vemos un retrato, hecho con cuatro trazos firmes, de lo que éramos y lo que somos, lo que cambió, lo que no fue y lo que se quedó por el camino, de 1949 a 1982 y de ahí hasta nuestros días; porque él no lo dice, pero nosotros entendemos que hay una parte de lo que hoy nos pasa, que proviene de lo que se dejó a medio hacer entonces. Y ese tema aún está por resolver.</p><p><em>*Benjamín Prado es escritor. Su último libro es 'Más que palabras' (Hiperión, 2015).</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Ganas de hablar’, de Eduardo Mendicutti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ganas-hablar-eduardo-mendicutti_1_1125083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80e38d9e-dec5-4f02-9466-350fae4ce7eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ganas de hablar’, de Eduardo Mendicutti"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>El club de lectura de la Librería de Javier comenzó hace nueve años, gracias a unos amigos escritores que se ofrecieron a compartir un rato de charla con los lectores. Sus dos primeros invitados fueron <strong>Jorge Díaz</strong> y <strong>Juan Vilches</strong>. Toda la actividad se llevaba a cabo en una tetería que hubo hace un tiempo situada enfrente de la librería. Después, y debido al crecimiento del grupo de lectores, se pasó a una sala de un restaurante, a la sala de encuentros del museo de la Casa Natal de <strong>Cervantes </strong>y, desde hace ya más de tres años, a la Sala de Tapices del Círculo de Contribuyentes de Alcalá, que viene a ser el Círculo de Bellas Artes de la ciudad. </p><p>Los libros los voy eligiendo yo, tratando de alternar estilos y autores que aporten algo al contenido del libro. La mecánica del club es sencilla: el lector compra un ejemplar de la obra sobre la que vamos a hablar (que generalmente anuncio con al menos dos meses de adelanto, para que dé tiempo a leerla tranquilamente) y con ella van incluidas dos entradas para participar en tal evento. La sala en la que se organiza tiene un aforo de 90 personas, y permite una instalación tanto como de café de artistas como de gran sala para presentaciones, por lo que se pueden organizar actos muy diversos. Contamos con un técnico de megafonía y proyección para aquellos escritores que quieran aportar material adicional. </p><p>La Sala de Tapices está situada en pleno centro de Alcalá de Henares, en la plaza de Cervantes, 9, y es fácil llegar a ella desde cualquier parte de la ciudad o desde Madrid, por tren o autobús, existiendo un aparcamiento a pocos metros de ella. Los últimos encuentros literarios han sido con <strong>Almudena Grandes</strong>, <strong>Alberto Pasamontes</strong> y <strong>Rosa Ribas</strong>. La última tertulia ha sido con <strong>Eduardo Mendicutti </strong>el día 2 de abril, con el que hablarmos sobre su novela <em>Ganas de hablar</em> y que nos presentó <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/04/los_travestis_que_hicieron_podemos_45833_1821.html" target="_blank">su reciente obra Furias divinas (Tusquets, 2016)</a>.</p><p> <strong> Ganas de hablarEduardo MendicuttiTusquetsBarcelona2008</strong><em> </em></p><p><em>Ganas de hablar</em></p><p><a href="http://www.lalibreriadejavier.com/?p=6919" target="_blank"><em>Ganas de hablar</em></a> es una obra singular dentro de la bibliografía de Eduardo Mendicutti, y aún más dentro de la literatura actual española.</p><p><em>Ganas de hablar</em> nos cuenta en un extenso monólogo la vida y obra de Cigala, manicuro del pueblo de La Algaida al que una parte del ayuntamiento propone para poner su nombre en una calle de la localidad. El problema llega cuando al Cigala se le ocurre elegir la calle; nada menos que la Calle del Silencio. Y la mitad de la población se le echa encima al pensar que la calle está dedicada al Cristo del Silencio. Lo cual es una herejía, al menos para Purita Mansero, concejal del consistorio y enemiga acérrima del personaje, y le proponen el cambio por otra de la misma Algaida.</p><p>La obra de Mendicutti no es de fácil digestión para mentes algo cerradas. El tema, que puede levantar susceptibilidades en beatos, es bastante candente. La narración, que está situada en la actualidad, nos pone al día de las libertades alcanzadas y nos refleja las contrariedades de tiempos pasados. La represión, mala prensa y hasta prisión que en otros tiempos era el caldo del colectivo gay, y que en nuestros tiempos se ha asimilado con total normalidad, viene reflejada por este peculiar personaje en toda la extensión de la novela. Su niñez, con la aversión del padre, al que repugna, la situación de la madre, que viste a Cigala con aparejos de niña, sus inclinaciones profesionales desde su juventud y sus inclasificables amistades y aventuras son narradas en primera persona con suma gracia andaluza, proporcionándonos una peculiar y anecdótica biografía de una <em>reinona </em>en tiempos del franquismo. Su presente, cuidando de su tetrapléjica hermana Antonia, ayudado por el travesti Fallon, son el contrapunto amargo de la existencia de este peculiar personaje que exige visibilidad y respeto en el ocaso de su vida.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería de Javier en calle Ramón y Cajal, 10, de Alcalá de Henares (Madrid) y en su página de Facebook. </em><strong>Librería de Javier</strong><a href="https://www.facebook.com/La-librer%C3%ADa-de-Javier-468031795407/?fref=ts" target="_blank">su página de Facebook</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un sol más vivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sol-vivo_1_1125080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cae9ef07-729f-4852-a2fb-ac7c45859b44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un sol más vivo"></p><p>En este mes de abril se cumplen 18 años de la muerte de <strong>Octavio Paz</strong>. Ya hay jóvenes poetas mexicanos para los cuales el autor de <em>Libertad bajo palabra</em> es un miembro de la generación de sus abuelos o bisabuelos, no un contemporáneo, sino un clásico con libros que se leen como material didáctico en el bachillerato. Además, acabamos de celebrar, hace apenas dos años, nacional y oficialmente, el centenario de su nacimiento ¿Cómo ha resistido la obra de Paz este periodo y los diversos actos conmemorativos? Creo que no se ha acartonado y que ha salido de estas pruebas con extraordinario vigor. Les he preguntado a los jóvenes poetas con los que tengo contacto si leen a Paz y qué tanto. En su mayoría me han dicho que sí y que mucho, pero siento que lo hacen de una manera menos obsesiva y apasionada, en todos los sentidos, que los jóvenes poetas de hace 30 o 40 años. Los jóvenes actuales se concentran, sobre todo, en "Piedra de sol" (como lo hacíamos nosotros a su edad) y en algún otro poema extenso, y miran la figura de Octavio Paz en forma más serena.</p><p>A mí su muerte me hizo leerlo mejor y más asiduamente; apreciarlo, si cabe, todavía más, pero, sobre todo, leerlo en forma menos polémica, más íntima, más necesaria, más acompañada por mis tribulaciones y mi biografía. Tengo 68 años y muchos de lector de poesía. Hace aproximadamente dieciocho años leo con singular atención los libros finales de los poetas que admiro. En ellos suelen concentrarse, depuradas por el tiempo y enfrentadas a la muerte, como si fueran una sola, la sabiduría poética y la vital.</p><p>Hay algo que, a través de las épocas, de los metros y de la extensión hace de un poema de Paz un poema de Paz; pienso que, más allá de un estilo, es un temperamento siempre en movimiento, gobernado por un ritmo y una actitud valiente que siempre da la cara más allá de la forma del poema; pues en palabras del mismo Paz: "No la vida eterna, sino la eterna vivacidad es lo que importa"… "La verdad original de la vida es su vivacidad y esa vivacidad es consecuencia de ser vida mortal, finita: la vida está tejida de muerte".</p><p>Pese que los poemas de su último libro, <em>Árbol adentro</em>, están escritos por un Paz ya viejo, entre los 62 y 74 años, no pierden ni un ápice del vigor permanente que caracteriza a su obra tanto poética como ensayística. No hay nunca en ellos el monólogo del hombre abrumado, ni la queja de la víctima. Incluso la presencia inminente de la muerte le despierta curiosidad: "Pido / no la iluminación: / abrir los ojos, / mirar, tocar al mundo / con la mirada del sol que se retira". Pero ese sol que se retira no es en él un sol pálido y crepuscular. La sección de este libro que agrupa los poemas dedicados a la muerte se llama "Un sol más vivo". Incluso la noche está vista como tránsito entre la luz y la luz y a la luz de las estrellas, nunca desde el hoyo profundo sin salida; como castigo o como infierno. "Puertas al alba", se podría titular, paradójicamente, la última poesía de Octavio Paz ("Al alba busca su nombre lo naciente"). Paz va del amanecer al mediodía y a la noche, sin pasar por la tarde. <em>Árbol adentro</em>, junto a <em>Pasado en claro</em> y los pocos poemas posteriores a estos libros, que son los que más frecuento, me sumergen en una poesía que se fue haciendo cada vez más humana y hospitalaria, que se fue cargando de tiempo, sin perder ni un ápice su característica vitalidad. </p><p>Octavio Paz hizo grande, con su vida y su obra, su muerte: nos ayudó a bien vivir y leer su última poesía nos ayuda a bien morir. Paz no se quiso perder ese instante, quiso morir como vivió: con los ojos abiertos.</p><p><em>*Antonio Deltoro es escritor. Su último libro es 'Poesía reunida (1979-2o14)' (Visor, 2015). </em></p><p><strong>Antonio Deltoro </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Deltoro]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reclamaciones-sugerencias_1_1125072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/20141b4a-a049-472b-972d-1f717559167a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reclamaciones y sugerencias"></p><p><em>(Comienza Sara Mesa)</em><strong>Sara Mesa</strong></p><p>Está lloviendo el día en que empieza a trabajar en el Ministerio. Las gotas, gruesas, caen con pesadez y lentitud. El aire es tibio y electrizante. Ella piensa que es una contrariedad que llueva justo ese día, para estropearle el peinado, y se lo protege con un pañuelo. En el porche del Edificio Redondo se congrega un grupo de personas, con sus paraguas chorreantes y la ropa húmeda. Ella cruza hasta la puerta sin levantar la vista. Se siente íntimamente orgullosa: el Edificio Redondo siempre le pareció atrayente. Por qué razón ese edificio y no otro es algo en lo que ella no piensa. Quizá por su particularidad arquitectónica —la ausencia de esquinas— o por todo lo que se dijo de él en la prensa —desviación de fondos en el proceso de su construcción, presupuestos trucados—. Sea como sea, el Edificio Redondo le da un aire innovador a su vida. Estará bien trabajar en este sitio, piensa, y mira alrededor mientras lo piensa. Desde el ascensor transparente analiza la estructura central de cristal y de acero, y la miríada de pequeños despachos dispuestos en torno al círculo. Su puesto, al que le conduce un viejo ordenanza, está al final del pasillo de la última planta. Departamento de Reclamaciones y Sugerencias, indica en un rótulo. Se fija en que es un rótulo recién puesto, más blanco que los otros. Alguien ha dejado una cajita de bombones en su mesa, junto a una nota de bienvenida. Sin embargo, el recibimiento general es frío: sólo algunos compañeros se levantan brevemente y le dan la mano con premura. Otros se limitan a alzar la vista, murmuran buenos días y continúan mirando sus pantallas, como hipnotizados. Sin duda, piensa ella, no hay aquí tiempo que perder. Son ésas las palabras que piensa: tiempo que perder, no tiempo a secas. Los teléfonos suenan constantemente. Por el largo pasillo se extiende un rumor de pasos apresurados. Ella se sienta en su sillón a esperar. Aún quedan veinte minutos para la hora de la cita. Está inquieta porque sabe que no hay tiempo que perder, y aquellos son, sin duda, minutos perdidos. Desea estar trabajando como todos los demás, lo antes posible.</p><p>Cuando llega la hora, el jefe de servicio únicamente le dedica unos instantes. Mientras le habla se atusa los rebordes del bigote y mira hacia los lados. Le dice que están muy esperanzados con la creación del nuevo departamento. No sólo los ciudadanos, sino también todas las auditorías de calidad habían insistido en su necesidad, dice. Bastantes ministerios cuentan con departamentos similares; es una cuenta pendiente que ya está saldada. Espera que lleguen muchas reclamaciones. Espera el éxito inmediato. Ahora su responsabilidad —la responsabilidad de ella, matiza— es grande. Pero no debe asustarse. Es posible que al principio se sienta sobrecargada. Probablemente tendrá un buen volumen de trabajo. La gente es cada vez más exigente con los ministerios. Aunque ya no haya muchos motivos reales para quejarse, la gente se queja. Y luego están los pelmazos que siempre quieren dar su opinión, y lo dice así: pelmazos. O aquellos que quieren dejar sugerencias o simplemente hacerse oír. Más adelante contará con ayuda. Emplearán a más personas. Pero para empezar a rodar confían en ella. ¿Conoce los protocolos de actuación? ¿Los ha leído a fondo? Ella se apresura a contestar. Claro que los conoce. El jefe de servicio levanta sus ojos acuosos, enrojecidos, y hace un gesto con la mano que da a entender que no hay mucho más que explicar. A ella le parece un tipo llevadero. Agradece la atención y se encamina otra vez hacia su mesa.</p><p><em>(Sigue Luis García Montero)</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p>Está nevando. Ella mira los copos que caen del cielo con una lentitud hermosa. La luz es mágica e infantil. Se acerca a la ventana, la abre, casi puede meter la cabeza en la nevada. Se siente con derecho a romper la seriedad arenosa de la oficina gracias a la complicidad del cielo blanco. Nieva sobre la ciudad, sobre el Edificio Redondo, sobre la tristeza, sobre los coches aparcados en la acera de enfrente. Cuando empezaron a caer los copos, algunos de sus compañeros se acercaron a la ventana. Un murmullo alteró la rutina burocrática del invierno en el Ministerio, que había resultado la misma rutina del otoño, la misma disciplinada pesadez de la indiferencia y el tiempo que se volcó sobre ella desde la mañana de su llegada. Qué raro, está nevando, dijo Virtudes, después de llamar a María, la rubia que formaba una pandilla de tontas con Julia y Manuela. Sí, de verdad es raro, dijo desde su mesa Antonio, el compañero que se atrevió a regalarle unos bombones de bienvenida el primer día de trabajo y que después no dio un paso más para acercarse. La nieve era tan rara en la ciudad como ella en la oficina, y por eso se puso a imaginar que una bandada de folios y de instancias caía sobre el edificio Redondo, o que una multitud de batas blancas cubría los tejados del Ministerio de Sanidad. Nada tan natural, un poco de imaginación impertinente y batas blancas surgiendo del cielo, miles de folios impreso con las quejas y las sugerencias de la gente dispuesta a protestar, miles de facturas, miles de cigüeñas desorientadas. La nieve era tan rara como ella, así que decidió levantarse, abrir la ventana, meter la cabeza entre la nieve, sentir el frío y esperar a que alguna voz le exigiera que no hiciese más tonterías y que cerrara la nevera antes de que todos los ordenadores se muriesen de pulmonía en vez de morirse de anemia, que es de lo que se mueren los ordenadores. Cierra ya, Rosa, por favor, que no está el tiempo para juegos, gritó Virtudes al minuto y 35 segundos. Lo comprobó en el reloj de la pared, en el reloj que marcaba el tiempo que no debe perderse, el tiempo muerto, el tiempo individual, el tiempo colectivo, el tiempo de los horarios, los desayunos, los cigarros en la puerta, la productividad, los teléfonos y las visitas del jefe. ¿Qué, cómo va eso, se anima el público?, ¿hay sugerencias?, preguntó al día siguiente de su llegada.</p><p>No había encajado bien en la oficina. Tuvo mala suerte. La primera noticia para el jefe fue que un grupo muy numeroso de enfermeras y médicas del Hospital de la Esperanza exigían que se tomaran medidas tajantes e inmediatas contra la actitud del doctor Salvatierra. ¿Quién será este cabrón de Salvatierra?, preguntó ella. Tiene en contra a todas las mujeres del Hospital que dirige, anunció después. El doctor Salvatierra es mi marido, así que cuidado, le informó la dulce Marisa, la gran Marisa, la secretaria del jefe, la compañera más popular del Ministerio, la madre de todas las madres, preocupada de la fortuna familiar, laboral y sentimental de la fauna y flora del Ministerio. Mala suerte, el Departamento de Reclamaciones y Sugerencias se convirtió de pronto en el servicio de delaciones y escándalos propios y daños colaterales y desgracias íntimas y secretos desvelados de forma inoportuna… y qué ha hecho la pobre Marisa para merecer esto y cómo nos va a mirar a la cara. Yo no tengo la culpa, pensó Rosa, pero las lluvias del otoño y los fríos del invierno le cayeron encima. Se convirtió en un insecto raro, un bicho peligroso dentro del microclima de la planta quinta el Edificio Redondo.</p><p>Un minuto y 35 segundos después de abrir la ventana obedeció a Virtudes y volvió a su pantalla de ordenador. Rosa dedicó media hora a revisar y ordenar quejas y sugerencias sobre el retraso de las citas, el funcionamiento de las urgencias, la falta de camas, el pago de las medicinas, la escasez de médicos y los plazos incomprensibles para las operaciones quirúrgicas graves. Si a la gente se le da la posibilidad de protestar, la gente protesta, ya sea contra las privatizaciones y los recortes del Gobierno, ya sea contra el marido imbécil de la gran Marisa. ¿Y qué culpa tengo yo?, se preguntó Rosa antes de saltar a su correo electrónico. No fue un reencuentro sencillo con la intimidad. Allí esperaba un mensaje raro, tan raro como la nieve que seguía cayendo sobre la la calle y sobre el Edificio Redondo: <em>Hola, sé que te llamas Rosa, te he visto abrir la ventana y sacar la cabeza hace un momento. Yo trabajo en el edificio de enfrente. Soy aficionado a las novelas con historias raras y a los prismáticos</em>. </p><p><em>(Sigue Piedad Bonnett)</em><strong>Piedad Bonnett</strong></p><p>Ahora, mientras espera el autobús sintiendo sobre su cara las ráfagas de un viento implacable, Rosa ha vuelto a pensar en aquel mensaje. ¿Quién sería el bromista? Porque sólo un bromista puede haberle escrito esa tontería. Alguien de su misma oficina, sin duda. Repasa mentalmente los puestos de sus compañeros de trabajo. No cree que haya sido Antonio, que después de tener aquel gesto galante de la caja de bombones no ha intercambiado con ella ni dos palabras. Es un buen chico, y hasta guapo a pesar de sus lentes de miope, pero tan serio y reservado que no lo cree capaz de esa audacia. Aunque con la gente uno siempre puede engañarse. Lo sabe muy bien ella, que después de una relación cibernética de tres meses con un chico residenciado en Canadá, fue descubriendo en él un montón de rasgos psicopáticos. Era tan guapo y tan dulce, y médico, según decía. Pero tanta belleza escondía un alma asquerosa. Ufff, un golpe duro, porque ya empezaba a enamorarse, y hasta una selfie un poquito comprometedora le había enviado. ¿Y si el del mensaje fuera Manolo, el gordo de Autorizaciones? La verdad es que se ve un poco libidinoso y que lo ha pillado mirándole las piernas a Julia, que por cierto usa unas faldas bastante descaradas, pero el mensaje es demasiado sugestivo y fino para venir de alguien que parece tan elemental… Soy aficionado a las novelas con historias raras y a los prismáticos. Allí, al borde de la calle donde la nieve empieza a derretirse y a volverse fango, Rosa sonríe como quien recuerda una picardía. A su mente ha venido la escena de una película de Hitchcok que vio alguna vez en la tele, pero cuyo nombre no recuerda, donde un hombre con una pierna enyesada espía a su vecino con unos binóculos. Pero la sonrisa de repente se le convierte en un gesto contrariado. ¿Y si fuera un mal chiste de una de las chicas, o de todas, y ahora están riéndose de ella en algún bar cercano? ¿O tal vez la dulce venganza de la horrible Marisa, que parece tan mansa y sin duda es una atropelladora como su marido, ese tal Salvatierra? Este pensamiento la perturba de tal modo que siente una ligera náusea. Pero ya está ahí el autobús y Rosa sube y se acomoda en una ventanilla. Desde donde está, puede ver, ya alejándose, la mole iluminada que queda frente al Edificio Redondo, sus innumerables ventanas iluminadas. </p><p>Su madre la ha criticado muchas veces por lo que llama "su negativismo". En sus llamadas siempre le aconseja que se cuide de los peligros de la ciudad, que dé gracias a Dios por su nuevo trabajo, y le pregunta invariablemente si se está alimentando bien. Y luego, como si nada, desliza su taimado "¿Ya tienes amigos?". Sabe bien Rosa lo que quiere indagar su madre, que habría querido verla casada y llena de niños y viviendo en aquel pueblo donde nunca pasa nada. Pero a lo mejor su madre tiene razón, y tal vez ese mensaje no sea una burla sino un guiño de ojos de alguien que la encuentra atractiva y que por eso la ha estado espiando en estas tres semanas. Alguien que ha averiguado su nombre discretamente con un compañero de trabajo, y que se ha decidido a dar un primer paso después de verla asomar por la ventana, mientras la nieve caía sobre su cabeza como en una postal navideña. Cediendo a un impulso, con el corazón acelerado, Rosa llama a su amiga Celia, que a esta hora debe estar ya en casa. En efecto, allá está ya Celia, que contesta con ese tono siempre alegre que tan odioso le resulta a Rosa cuando está en sus días grises. Pero como ahora está felizmente excitada, procede a contarle a su amiga, palabra por palabra, lo que ha leído en el mensaje. Al otro lado de la línea se hace un extraño silencio. Luego la voz de Celia se escucha, pero no ya en el mismo tono eufórico, sino como la de alguien ligeramente asmático: </p><p>— Madre mía. </p><p>— ¿Madre mía qué?—, replica Rosa, impaciente. —¿Qué te extraña? </p><p>— Pues que eso suena a una amenaza, Rosa, ¿no te das cuenta? No es que quiera asustarte, pero eso de un tipo con prismáticos al que le gustan las novelas donde pasan cosas extrañas me suena a asesino en serie. Creo que tendrías que avisar a la policía. </p><p>Aquello le ha caído a Rosa como un baldado de agua fría. Sin duda su amiga ha visto muchas series policiacas, o ha estado leyendo literatura de pacotilla donde tipos siniestros persiguen prostitutas para matarlas. Pero el autobús se acerca ya a su parada, de modo que Rosa le dice que la llama más tarde, cuando llegue a su casa, para que hablen de esto con tranquilidad. Ya en la acera, no resiste volver a mirar su correo en el móvil. Lo abre con el corazón acelerado, como si de pronto la vida le hubiera cambiado por completo, como si ya ella nunca pudiera volver a ser la chica tranquila y un poco resignada a la soledad que era antes de entrar al Edificio Redondo. </p><p><em>(Cierra el relato Jorge Galán) </em><strong> Jorge Galán</strong></p><p>En el correo encuentra la fotografía de cinco muchachos morenos, desnudos, de pie y muy juntos. Lo extraño era que no parecía una foto sacada de una revista electrónica, sino una real, como hecha con la cámara de su teléfono móvil. Bajo la foto había una frase: <em>El mundo es una sombra. ¿Quieres entrar?</em> Días más tarde, recibe otro. Antes ha decidido que no volverá a abrir nada que llegue desde la dirección de su acosador. Lo deja en la bandeja todo el día. Por la noche, lo borra. Pero horas más tarde, en la madrugada, toma su teléfono, revisa la bandeja de correos descartados y lo rescata. Esta vez, la imagen le muestra una chica pelirroja rodeada de los tipos de la fotografía anterior. Los párpados de la mujer han sido oscurecidos. Se encuentra de rodillas, su boca dibuja una mueca que quiere parecer una sonrisa. Viste solo unas bragas de color negro. Están en lo que parece ser el interior de un salón amplio, iluminado por unas lámparas de pie a cada lado de la escena. Por la mañana ya sabe que dejará la oficina, tiene miedo de encontrarse a quien le escribe en un ascensor, o en un pasillo, y que algo suceda. Empieza a buscar un nuevo trabajo y ese mismo día concierta dos entrevistas. No tiene suerte pero sigue intentándolo. Pero sigue en lo suyo. Antes de un mes, encuentra un empleo en un bar. En otras circunstancias jamás hubiera aceptado, pero con tal de marcharse del Edificio Redondo, no lo duda. Además, estará siempre rodeada de personas, lo cual aprecia en esos días. No pasa mucho para que presente su renuncia y deje atrás el edificio Redondo y la ansiedad que le produce saber que tiene un acosador muy cerca, alguien que es capaz de verla a través de la ventana, mientras se asoma para mancharse de sol y de nieve. Por meses, no recibe un correo. Trata de integrarse, de ser normal, de olvidar su negativismo, de socializar con sus compañeros de trabajo, incluso sale con uno de los cocineros, un chico llamado Ernesto, de poco más de treinta años, con quien pasa unos cuantos fines de semana. Todo parece ir bien. Una tarde de domingo, encuentra un nuevo correo de su acosador. El tercero. Lo abre para mirar la imagen de una chica desnuda entre unos perros dorados de raza labrador. Días más tarde, recibe la fotografía de una niña con los dedos llenos de sangre. Luego, un quinto correo, el más sórdido hasta entonces: una chica llena de cardenales y con los labios rotos, vueltos una mancha de sangre fresca. Detrás de la joven hay nieve acumulada sobre unas macetas vacías. Atrás se observa, en la lejanía, el edificio Redondo. La foto ha sido hecha un día de invierno desde una terraza de uno de los edificios aledaños.</p><p>Pasan las semanas. Durante las vacaciones de verano, Celia le pregunta acerca de los correos y el acosador.</p><p>— No recibí ni uno más —miente Rosa—. Desde que me cambié de trabajo, nada.</p><p>— Qué cosa más extraña. ¿Y alguna vez supusiste sobre quién pudiera haber sido el enfermo?</p><p>— Estoy segura que tenía que ver con un tal Salvatierra o su mujer.</p><p>— ¿Y eso quiénes son?</p><p>— Gentuza. Pero ya está. No vale la pena ni acordarse.</p><p>Se encontraba con Ernesto, una mañana, desayunando en la terraza de un hotel de playa donde pasaban unos días, cuando halla un nuevo mensaje de correo. Sabe que es otra fotografía, y sabe también que no podrá evitar abrirlo. Lo hace y encuentra la imagen de una mujer sentada sobre el piso, con las piernas abiertas, la cabeza inclinada, y la sombra de un hombre sobre ella. Esa noche, al acostarse, piensa, aterrorizada, que todo ha cambiado. Que no solo ya no le ha molestado la fotografía, que, incluso, la esperaba. Es entonces que se hace la pregunta: ¿qué es lo siguiente? Era poco después de medianoche. Ernesto miraba una serie en su portátil. Ella veía a través de la ventana, hacia la oscuridad del océano. Tiene su móvil en la mano. Escribe: <em>Dime quién eres</em>. Luego de unos minutos, recibe una respuesta: <em>Lo que tú quieras…</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Mesa / Luis García Montero / Piedad Bonnett / Jorga Galán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Reclamaciones y sugerencias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Literatura latinoamericana,Luis García Montero,Narrativa,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Os xitanos cesteiros’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/xitanos-cesteiros_1_1125067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7f38ae77-25fe-4583-a3e9-73a80952e6fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Os xitanos cesteiros’"></p><p>Manuel Rivas recita 'Os xitanos cesteiros'. Música de berimbau de Sol Mariño.</p><p><em>Eran familia. Antonio Camacho Montoya, de 45 años, casado y con ocho hijos. Su sobrino, Antonio Montoya Camacho tenía 16 años. Y 14 años tenía el tercero, Manuel Jiménez Montoya. Vecinos de A Coruña, fueron asesinados el 30 de septiembre de 1936 por una “brigada de la noche”. El crimen nunca fue investigado. Están enterrados en Santa Eulalia de Liáns, cerca del mar. En el límite del cementerio. En tierra de nadie. Eran gitanos, de oficio canasteros.</em> <strong>Os xitanos cesteiros</strong></p><p>Hai un son en Liáns. </p><p>E u é? </p><p>Son os pés que non queren pisar. </p><p>E u é?</p><p>Son as follas que caen </p><p>no oco da guitarra. </p><p>Son os nenos</p><p>que piden un biscallo azul de azahar. </p><p>E u é?</p><p>Son os anxos </p><p>que chían polo buraco das balas,</p><p>polo envés do matar. </p><p>E u é? </p><p>Son as follas a pousar nos nomes,</p><p>a facer un chamizo para os nomes, </p><p>a vendar as mans dos nomes.</p><p>E u é?</p><p>É a brima da brimba na brimbeira. </p><p>E u é?</p><p>O xeito de facer un cesto, un paxe, a patela. </p><p>E u é?</p><p>Os vimbios a cimbrar os rinchos </p><p>dos círculos roubados.</p><p>E u é?</p><p>O son de todo o que os cestos levaron. </p><p>E u é?</p><p>É o andar das nais das cousas</p><p>a apañar </p><p>os círculos primeiros. </p><p>O sol, a lúa, a boca, o froito, </p><p>o pan, a danza. </p><p>O almeiro do cesto.</p><p>E u é? </p><p>E u é a póla do baleiro, </p><p>o niño trenzado da ave do soño.</p><p>O xeito,</p><p>o xeito de facer o cesto. </p><p>Antonio Camacho Montoya</p><p>Antonio Montoya Camacho</p><p>Manuel Jiménez Montoya</p><p>o xeito</p><p>o xeito de facer un cesto</p><p>Jimenez Camacho Manuel Montoya Antonio Camacho Jiménez Camacho Antonio Montoya Montoya Montoya Jiménez Jiménez Camacho Camacho Camacho Antonio Antonio Antonio Manuel Antonio</p><p>Camacho</p><p>Jiménez </p><p>Montoya                      </p><p>E u é?</p><p>Non ha ho</p><p>E u é?</p><p>Non ha ho</p><p>E u é?</p><p>Non </p><p>ha </p><p>ho!</p><p>De <em>A boca da terra </em>(Xerais, 2015)</p><p>Música de berimbau de Sol Mariño</p><p><em>*Manuel Rivas es escritor. Su último libro es 'El último día de terranova' (Alfaguara, 2015).</em></p><p><strong>Manuel Rivas</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/02/05/el_ultimo_dia_terranova_44253_1821.html" target="_blank">El último día de terranova</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Rivas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Os xitanos cesteiros’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Superhéroes con Ñ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/superheroes-n_1_1124963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/98fdcfee-7362-4159-9785-2699e6e58811_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Superhéroes con Ñ"></p><p><em><strong>Toño Benavides</strong></em><em> es un ilustrador conocido ante todo por sus trabajos para prensa y el mundo editorial. Pero en sus inicios fue, como tantos otros de sus colegas, dibujante de cómic, una faceta que comenzó a cultivar en el mundo 'fanzinero' y que ha seguido desarrollando hasta títulos como '</em><a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/09/comic/1299674514.html" target="_blank">El sótano en llamas</a><a href="http://museo.abc.es/exposiciones/2016/02/superheroes-con-n/133435" target="_blank"><em>'</em></a><em>. Con motivo de la exposición '</em><a href="http://museo.abc.es/exposiciones/2016/02/superheroes-con-n/133435" target="_blank"><em>Superhéroes con Ñ</em></a><a href="http://museo.abc.es/exposiciones/2016/02/superheroes-con-n/133435" target="_blank"><em>'</em></a><em> (en el Museo ABC de Madrid hasta el 12 de junio), que recoge el trabajo de distintos autores españoles en una industria eminentemente estadounidense, Benavides vuelve a sumergirse en el género que ha seguido cultivando intensamente como lector. </em></p><p>No resulta sorprendente encontrar en la muestra <em>Superhéroes con Ñ</em> tantos y tan buenos autores entre los dibujantes españoles de cómics, porque España ha sido siempre un país exportador de talento, aunque tradicionalmente, desde el punto de vista del dirigente interior bruto, todo aquello que atañe a la cultura nunca se ha percibido como un producto para la exportación sino para el exilio; sin mencionar algún que otro impulso de empuñar la pistola declarado en un pasado no tan lejano. </p><p>Sin embargo, la figura del superhéroe, ese tipo vestido de trapecista, con los calzoncillos por fuera, marcando paquete y pezones, que parece salido de la pista de un circo instalado en el jardín del manicomio, ha sido siempre un fenómeno sociocultural netamente norteamericano, pese a los notorios antecedentes del <em>Patoruzú</em> argentino de 1928 y el japonés <em>Ogon Bat</em> (<em>Murciélago dorado</em>) aparecido en 1930.</p><p>En un país donde cualquier indicio de asociacionismo obrero era y es visto como un cáncer social favorable al desarrollo del virus comunista, y en el que los empresarios pagaban bandas de pistoleros para reventar las huelgas, los únicos héroes posibles eran el presidente que acertó con el eslogan, "un pollo en cada olla, un coche en cada garaje" y el mafioso que, al término de la <em>ley seca</em>, encontró en el apoyo a los sindicatos la rampa de acceso a la política en busca de negocios de mayor altura. Cabe preguntarse qué sensación de miedo e indefensión puede anidar entre los miembros más desfavorecidos de una sociedad que se organiza sobre relaciones de fuerza más que de negociación y que se reconoce incapaz de organizarse para luchar contra los diversos leviatanes que acosan al hombre de la calle hasta terminar generando, desde el inconsciente colectivo, una serie de justicieros sobrehumanos como única fuerza emancipadora capaz de velar por sus derechos. Unos valedores altruistas en defensa del inocente que luchan contra cualquier amenaza del lado de la ley, pero al margen de la ley.</p><p>En este caldo de cultivo inmediatamente posterior a la crisis del 29, aparecen las primeras publicaciones herederas de los <em>pulp magazines</em> y se considera el personaje de <em>Supermán</em> (1938) como el primer superhéroe de la historia (excepción hecha de los casos mencionados y del <em>Phantom</em> de <strong>Lee Falk </strong>de 1936) por el enorme éxito de público cosechado que consiguió cimentar la industria del <em>comic book</em>.</p><p>A <em>Supermán</em> le siguen <em>Namor</em>, <em>Batman</em>, <em>Antorcha Humana</em>, <em>Flash</em>, <em>Linterna Verde</em>, <em>La Mujer Maravilla</em>, <em>El Capitán América</em>... y un largo etcétera que irá surgiendo a lo largo de diferentes épocas hasta que los personajes, después de pasar por los seriales de televisión, dan el salto a la gran pantalla con todo el apabullante aparato de efectos especiales de que ha hecho gala el cine al presentarnos sus gimnásticas piruetas entre los rascacielos.</p><p>Desde el <em>Supermán</em> de <strong>Richard Donner </strong>en 1978 hasta la reciente <em>Batman vs. Supermán: El amanecer de la justicia</em>, se han sucedido cerca de medio centenar de adaptaciones cinematográficas; así que no está de más recordar que todo ese alarde estupefaciente de luz y sonido comienza con la silueta a contraluz de un dibujante encorvado sobre su mesa, trabajando a destajo, robándole horas al sueño muy lejos de la ovación del público que asiste al gran espectáculo.</p><p>En este sentido debemos destacar la iniciativa del Museo ABC al publicar este  <em>Superhéroes con Ñ</em>,  catálogo de la exposición comisariada por <strong>Julián M. Clemente</strong> (editor de Marvel en España), quien ha reunido este nutrido grupo de dibujantes españoles que han desempeñado su labor para las editoriales norteamericanas a la altura de los mejores artistas del género. La nómina es extensa, desde los pioneros <strong>Rafael López Espí</strong>, <strong>José Luis García López</strong> o <strong>Adolfo Álvarez Buílla</strong>, hasta los más recientes, <strong>David Lafuente</strong> o <strong>Jorge Jiménez</strong>, pasando por los más singulares o menos ortodoxos como <strong>Paco Roca</strong> o <strong>Pere Olivé</strong>. Podemos asomarnos a la cocina del dibujante a través de un amplio muestrario que incluye tanto bocetos como originales. Llama la atención el hecho de que tan solo dos mujeres, <strong>Emma Ríos </strong>y<strong> Natacha Bustos</strong>, figuran entre un total de cuarenta y siete dibujantes, lo cual invita a la reflexión sobre esta "ausencia de género" que, sin duda, no se debe precisamente a la falta de talento. De hecho será difícil encontrar un país con más y mejores ilustradoras que el nuestro.</p><p>No hemos reparado lo suficiente en lo que supone la iniciativa de haber creado un espacio como el Museo ABC,  pensado para albergar el fondo gráfico de la colección ABC y que ha llevado a cabo un sinfín de actividades vinculadas a la promoción del mundo del dibujo y la ilustración desde que comenzó su andadura hace ya cinco años. Esta es una de las mejores ocasiones para visitarlo. Esperamos muchas más.</p><p><em>*</em><a href="http://www.tbenavides.com/" target="_blank">Toño Benavides</a><em> es ilustrador y poeta. Su último libro es '</em><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=156" target="_blank">Gran Sur</a><em>' (Reino de Cordelia, 2014).  </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Superhéroes con Ñ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ferias y exposiciones,Cómic,Los diablos azules número 12]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘El azar y viceversa’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/azar-viceversa_1_1124924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e33f96cf-6538-47a1-9a76-a0d2bf35b62b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El azar y viceversa’"></p><p><em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></em><em> y el protagonista de su nueva novela comparten paisaje: Rota. Ambos pasan su infancia en el pueblo gaditano, que se convierte en el espacio fundacional de sus biografías. </em>infoLibre<em> ofrece en exclusiva un adelanto de 'El azar y viceversa' (Destino), en las librerías a partir del 28 de abril. El autor de 'Cada cual y lo extraño', 'Las identidades' y 'Vidas improbables' sigue los pasos de Antonio Jesús Escribano Rangel, un buscavidas que "conocerá los caprichos de la buenaventura y de las adversidades, las quimeras cumplidas y los ensueños malogrados, la deriva y el rumbo". Como telón de fondo, la España sombría del franquismo, los años inciertos de la Transición, y el presente, tiempo "de oportunistas disfrazados de redentores", en palabras del escritor. </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a></p><p>(…) Mi padre nunca se sacó el carnet de conducir, pero fantaseaba con comprarse algún día un Dodge Dart de color rojo y tenía recortada la página de una revista en la que se anunciaba un Dodge Dart de color azul. El día en que se lo llevó por delante la leucemia, la casa se nos llenó de allegados y de susurros reverenciales, como si hablasen delante de un dormido. Por falta de experiencia fúnebre, yo no sabía qué hacer, y conservo en la memoria un detalle chocante: el ataúd tenía la misma tonalidad y el mismo brillo que nuestro mueble bar. </p><p>Mi madre, Herminia Rangel Riquelme, montó al poco de casarse una mercería a la que bautizó El Dedal de Oro, imagino que para sugerir el prestigio de las cosas que fulguran, pero no pudo resistir la competencia de El Hilo de Holanda y acabó echando el cierre cuando las cuentas sólo podían escribirse en rojo de sangre, igual que los créditos de las películas de vampiros, lo que tuvo como consecuencia el que durante años nuestra casa fuese un almacén de mercadurías inertes, pues abrías cualquier cajón y te lo encontrabas repleto de carretes de hilo, de muestrarios de botonaduras y de alfileres de novia. Poco a poco, aquellos enseres fueron desapareciendo, en parte porque mi madre cosió durante un tiempo para la calle y en parte porque los regalaba a quien se los pidiese, ya que ella fue muy de dar lo que pudiera, incluida ella misma.</p><p>A los pocos meses del cierre de El Dedal de Oro, el 25 de enero de 1958, en el 3º izquierda del número 14 de la calle Progreso, en Rota, provincia de Cádiz, a las cinco y diez de la madrugada, nací yo, Antonio Jesús Escribano Rangel. En mayo de 1962, mi madre tuvo una niña medio muerta que murió a la edad de cuatro días.</p><p>Mi padre, como he dicho, se distraía en revelarme los secretos a voces de la mar: la matemática prestidigitadora de las mareas y sus supeditaciones a los ciclos lunares, el nombre de los peces del fondo abisal y la localización de los principales arrecifes coralinos, la epopeya de las grandes batallas navales y de los naufragios más aparatosos. Muchos domingos nos íbamos a la playa, nos sentábamos en la arena seca o en los bloques del muelle, entre los pescadores de caña de bambú, y me ilustraba sobre cosas invisibles, ocultas bajo la superficie del agua o diluidas en la bruma de la historia de la humanidad. “Parece un monstruo líquido, pero es un fenómeno mecánico”, me decía, orgulloso de ovillar tan finamente sus percepciones, que acerté a interpretar mucho más tarde, pues por entonces me limitaba a memorizar aquellas frases para mí del todo herméticas, por mucho que él me las glosara, empeñado en que aprendiese. Me regaló ediciones infantiles de las aventuras de Simbad y de las malquerencias de la ballena Moby Dick, aparte de biografías ilustradas de Hernán Cortés y de Magallanes, y con aquello viajé por el tiempo, por el mundo, por la historia colectiva y por los quimerismos. Él tenía los siete tomos azules de la Enciclopedia Espasa, que compró a plazos en un momento de optimismo ante la sabiduría concreta, y de ella se valía para dar autoridad a sus disquisiciones: la evolución de los aperos de pesca desde los fenicios —o por ahí— hasta nuestros días, la extensión de cada océano o la biografía intrépida de los almirantes. Tenía también un lunario perpetuo, pues le gustaba estar al corriente de ese tipo de cosas. (Cuando Armstrong pisó la luna con su traje de robot medio sonámbulo y medio acrobático, mi padre, desde su butaca de moribundo, comentó: “Parece que está andando por el fondo de la mar”.)</p><p>Tendría yo cuatro o cinco años cuando mi madre, que era hija única, se quedó huérfana y heredó el derecho a arriendo del negocio de mi abuelo, que enviudó muy joven y que murió de viejo doliéndose de su soledad: un puesto de pescadería en el mercado de abastos. Intentó traspasarlo por lo que quisieran darle, al gustarle poco aquello, que al fin y al cabo era una morgue, pero, ante la falta de postulantes, acabó regentándolo ella, con lo cual se estableció en nuestra familia una especie de simetría: mi padre hablaba de la mar y mi madre vendía los cadáveres de la mar.</p><p>Ella entretenía el ensueño de descender de un tronco familiar aristocrático, de una rama tronchada de linajes principales de la provincia, por tener sus dos apellidos resonancias ilustres: Rangel, originario de un señorío luso lindante con Extremadura, con descendientes asentados en Sanlúcar de Barrameda al servicio de la casa ducal de Medina Sidonia y emparentados en el XIX con un segundón de la casa marquesal de Benamejí, y Riquelme, prestigiado por un regidor de hidalguía probada en la chancillería de Jerez de la Frontera en el siglo XVII y criador de caballos cartujanos para suministro de las casas reales de media Europa, aunque no me haga usted mucho caso en los detalles de este particular, como nadie se lo hacía a ella, ya que el hablar de los delirios ajenos conduce de por sí a la imprecisión, sin duda porque los delirios resultan imprecisos incluso para quienes los sustentan, y mi madre liaba a veces la cadena de su estirpe. Lo más raro de todo es que mi bisabuelo materno iba por el pueblo halando de un borriquillo y pregonando la verdura de la huerta de la que era colono, y que mi abuelo, como le dije, era pescadero, de manera que mucha maña y mucha prisa tuvieron que darse los Rangel en precipitarse a la sima de la escala social, por no hablar de los Riquelme. Entre las leyendas familiares que alimentaba mi madre, destellaba con la luz de los seres mitológicos la figura de una tatarabuela suya, por la parte de los Riquelme, que había tenido cortijos y una bodega de moscatel y de anisados, hasta que se casó con un calavera bonito de Bornos, amigo de la elegancia y de la noche, que dilapidó a pulso la hacienda de nuestra antepasada. Aquel medio dandy rural fue, según ella, el culpable de la caída de la noble casa de los Riquelme, al menos en su ramificación roteña, pues había enjambres de Riquelme por el mundo que refulgían de prestigio social, de distinción y de activos y pasivos saneados, y mi madre nunca perdió la esperanza de que alguno de aquellos parientes, por fidelidad al linaje, la invitase algún día a una boda o al menos a un bautizo. Ella, en fin, se vivificaba el ánimo y su afán de mundanismo con aquellas mixtificaciones, pero el caso fue que acabó vendiendo pargos y jureles frescos de la bahía en el puesto número 7 del mercado de abastos, siempre adornada ella con sus pendientes de oro y con su pulsera de oro con monedas de oro, que más parecía una emperatriz que jugaba a ser pescadera en una mascarada en los jardines de Versalles que una pescadera que jugaba a su modo a fingirse emperatriz, hasta el punto de que una vez se dejó engatusar por el vendedor ambulante de una empresa dedicada a la venta de escudos de armas: le encargó los de sus dos apellidos y a las pocas semanas llegaron por correo los blasones enmarcados. El de los Rangel tenía cinco flores de lis. El de los Riquelme, un casco de plata sostenido por un brazo de plata, en campo de gules. Los colgó en el salón. “De ahí venimos nosotros. No lo olvides”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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