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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 13]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 13]]></description>
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      <title><![CDATA[Limpiando el ‘Quijote’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/limpiando-quijote_1_1125394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/842115d5-033b-4a28-9ade-f47e37271ee6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Limpiando el ‘Quijote’"></p><p>A <strong>Emilio Pascual</strong> el <em>Quijote </em>le cambió la vida. El niño de nueve años que fue se topó un día con una edición adaptada. El recuerdo es tan fuerte que aún recuerda las ilustraciones del volumen. Ese fue seguramente el germen de su amor por la literatura. Y, de forma más concreta, de su amor por <strong>Cervantes</strong>. </p><p>Su nombre está asociado al del príncipe de los ingenios a través de libros (como <em>L</em><em>a última dedicatoria a Cervantes</em>), conferencias (el centenario le tiene pluriempleado, de una a otra), o incluso la radio, adonde ha llevado la lectura en directo del <em>Quijote </em>(en El ojo crítico de Radio Nacional). Hasta que su amor por el hidalgo y su creador le ha arrastrado, inevitablemente, hasta el final: la edición. </p><p>Junto a <strong>Pollux Hernúñez</strong>, se ha hecho cargo de <a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=182" target="_blank">los dos volúmenes publicados por Reino de Cordelia</a>, con ilustraciones de <strong>Miguel Ángel Martín</strong>. Ambos tenían un propósito, además de aspectos más académicos, como la división del texto en versículos para facilitar la localización de citas, o recuperar la b con las que Cervantes escribía su apellido: que el lector disfrutara de la novela en sí, sin adulteraciones, pero sin verse sepultados o disuadidos por un millar de notas al pie. Su empeño es un eslabón más en la larga cadena de editores del <em>Quijote </em>que se dan el relevo (y la bronca) desde hace más de 400 años. </p><p><strong>Pregunta. ¿Cuáles eran las principales dificultades a la hora de preparar una nueva edición del Quijote?</strong></p><p><strong>Respuesta. </strong>Las que se han encontrado todos los editores. Cuando se dice que el <em>Quijote </em>es muy difícil, no es porque lo sea en sí, sino porque es un texto del siglo XVII, y no hay más que ver una edición de esa época para ver cómo eran. Sin puntos y aparte más que a final de capítulo, con la tipografía de la época, con una ortografía que no existe, que es potestad de los propios editores… Eso es con lo que se encuentra cualquier editor que parta de una edición prínceps. Todo el mundo que edita hoy el Quijote sabe que eso es el abecé, y que es una tarea que sustancialmente ya está hecha. </p><p>Nosotros hemos hecho esta edición consultando las siete primeras ediciones, las cuatro de la primera parte y las tres de la segunda, y otras 15 posteriores, las que han ido poniendo un hito en la edición del Quijote. </p><p><strong>P. Mirando estas ediciones, ¿cuáles eran las carencias que detectaban?</strong></p><p><strong>R.</strong> No son carencias textuales, sino una cuestión de forma. Teniendo en cuenta que, sobre todo la primera parte tiene capítulos larguísimos, es muy difícil encontrar una cita de una línea, y decidimos que había que dar un tratamiento de localización similar al de la Biblia o la<em> Divina comedia</em>. Aunque <strong>Eusebio Aranda</strong> ya propuso versicular el <em>Quijote</em>, nadie lo había hecho aún. Así podemos encontrar citas que se citan mucho, como aquel: “No es un hombre más que otro si no hace más que otro”. </p><p>En cuanto a la parte textual, había que revisar unas cuantas lecturas. Por extraño que parezca, hasta 2005 todavía existía una palabra como <em>lercha</em>: “Oh, malaventurados encantadores, quién os viera a todos ensartados por las agallas como sardinas en <em>lerchas</em>”. Pollux Hernúñez resolvió entonces que eso era un hápax, una palabra que no existe más que una sola vez en toda la historia de la literatura. ¿Qué significa eso? Que hace sospechar que es una errata. Este hápax, <em>lercha</em>, fue resuelto en beneficio de <em>percha</em>. Todavía queda alguna otra, como <em>pantalia</em>, a la que se le había dado la acepción de <em>pantalla</em>, que era difícil de aceptar. Aquí, después de mucha investigación, hemos propuesto <em>fantasía</em>. </p><p><strong>P. Es un problema, entonces, común a todas las ediciones. </strong></p><p><strong>R.</strong> Cualquier editor de la época se daba cuenta de que el <em>Quijote </em>tenía muchas, muchísimas erratas. Los editores posteriores también vieron que había que limpiarlo, había que corregirlo. A finales del siglo XVIII, <strong>Pellicer </strong>ya descubrió que aquella palabra, <em>lercha</em>, no podía ser. Pero <strong>Clemencín</strong>, primer comentarista del <em>Quijote</em>, dijo: “¡Eso es imposible!”. Y ahí empezó la idolatría por la primera edición del <em>Quijote</em>. Hasta el punto de que llegó un momento, sobre todo a mediados del siglo XX, se intentó justificar lo injustificable. Hasta los errores más flagrantes se han editado porque estaba en la prínceps. Era idolatría pura. Hasta que llegó la edición de <strong>Francisco Rico</strong>, que dice: “Vamos a ver, este es un texto cualquiera, como todos los que se editaban en la época”. Y ahí empieza esa labor de intentar subsanar esos errores. </p><p><strong>P. Hay autores que critican que el Quijote ha sido raptado por la Academia, que se ha convertido, más que en una novela de la que disfrutar, un objeto literario, de estudio. En su edición han optado por no abundar en las notas explicativas. </strong></p><p><strong>R.</strong> El texto del <em>Quijote</em>, contra todo lo que se está diciendo por ahí, es un texto sencillo. El propio Cervantes, que sabía ponerse retórico cuando quería, en el <em>Quijote</em> adopta la narración oral. Aquello que decía <strong>Juan de Valdés</strong>: “Escribo como hablo”. Hasta el punto de que hay construcciones sintácticas que un escritor no habría dejado si se hubiera fijado. Al principio del capítulo VI, dice: “Pidió el cura las llaves a la sobrina del aposento”. Todos lo entendemos, pero si lo analizas, ves que no es correcto. Cervantes hacía una literatura nada alambicada. Nada que ver con <strong>Góngora</strong>, que sí había que traducirlo. </p><p>En este <em>Quijote</em>, lo que hemos hecho es poner a pie de página un sinónimo de diccionario, para entendernos, de algunas palabras que no es que sean difíciles, sino que han caído en desuso por el cambio brutal que ha sufrido la sociedad. Nos hemos distanciado enormemente del paisaje rural de don Quijote y Sancho. Y también con algunas fórmulas, como el<em> puesto que</em> por <em>aunque</em>. </p><p><strong>P. Decía que el Quijote es un texto sencillo. Pero hemos visto en estos años diversas ediciones que versionan o adaptan el texto. ¿Qué piensa de esta apuesta?</strong></p><p><strong>R. Andrés Trapiello </strong>ha elevado al texto las notas que estaban a pie de página. Y con algunas curiosidades. “Salpicón las más noches”, por ejemplo. Traducción: “Ropavieja la mayoría de las veces”. Yo la palabra <em>ropavieja </em>no la conocí hasta que no tenía más de 30 años. Entiendo que ciertas frases de época se cambien. Pero si nos ponemos a traducir el vocabulario, diré que es bastante más difícil <em>Tirano banderas</em>, que lo tenemos a la vuelta de la esquina, que el <em>Quijote</em>. </p><p>Es cierto que la argumentación será: “Si fuese tan sencillo no habría que ponerle 4.000 notas”. Yo creo que es un exceso: como todo el mundo lo ha anotado ya, hay que decir lo que es <em>salpicón </em>o lo que es <em>palomino</em>. Porque hay otra traducción, de <strong>De Paula</strong>, que cambia <em>palomino </em>por <em>pollo de paloma</em>. Si <em>palomino </em>no se entiende, y <em>pollo de paloma </em>es más difícil, ¿para qué? El que quiere leer el <em>Quijote</em>, lo entiende perfectamente. Y el que no quiere leerlo, no lo leerá. </p><p><strong>P. Solo 2 de cada 10 españoles han leído el Quijote completo. ¿Por qué parece antipático para la mayoría de los lectores?</strong><a href="http://www.europapress.es/cultura/exposiciones-00131/noticia-40-espanoles-no-leido-capitulo-quijote-porque-no-les-gusta-leer-falta-tiempo-20150707150213.html" target="_blank">2 de cada 10 españoles han leído el Quijote completo</a></p><p><strong>R.</strong> La dificultad de leer el <em>Quijote </em>no es un motivo, es una excusa. Yo recuerdo haber leído con 9 años un <em>Quijote </em>escolar, reducido. No me pasó nada, y no soy más listo que los demás. Luego está el que te guste o no, el que quieras o no. Pero alguien, siendo incluso licenciado, que diga que no ha leído el <em>Quijote </em>porque le parece difícil, pero que con la versión sí ha podido… Hay un proverbio en <em>Las mil y unas noches</em> que dice: “No eches las culpas a las flores si estás acatarrado”. Aunque no estoy en contra de nada, con tal de que el Quijote se difunda. </p><p><strong>P. ¿Cómo se puede recuperar la novela para esos lectores que se han perdido?</strong></p><p><strong>R.</strong> Hay lecturas que están totalmente institucionalizadas en sus países, como <em>La divina comedia</em> o <em>Fausto</em>, que son infinitamente más difíciles. No se le puede echar la culpa al libro, si el libro se enseña mal. Sé que hay profesorado que echa los libros a los niños como los huesos a los perros. Sé perfectamente que el <em>Quijote </em>no se escribió para niños. Pero sé que hay versiones, y sé que yo lo leí de niño y estoy aquí, y al <em>Quijote </em>le debo la mayor parte de lo que soy. Que alguien me diga “Yo leí el <em>Quijote </em>de niño y lo aborrecí toda la vida” me parece muy bien, pero yo leí el <em>Quijote </em>de niño y lo amé toda la vida. Lo que sí puede ocurrir es que hay que saber qué alumnos tienes entre manos y cómo dárselo a leer.</p><p><strong>P. ¿Qué confianza tiene por que la celebración del centenario vaya a renovar el interés de los lectores por Cervantes y su obra?</strong></p><p><strong>R.</strong> Si he de ser pesimista, poca. Pero está bien que se hable. Hay gente que lo oirá por primera vez, por meras razones cronológicas, de edad. Y otros dirán: “Hombre, ¿qué tendrá esto que todo el mundo habla de ello?”. El clásico no surge porque alguien diga: “Este libro es el mejor del mundo”. Un clásico, ya lo decía <strong>Borges</strong>, se hace cuando mucha gente en muchos lugares y muchas épocas distintas llegan a una conclusión, y es "este libro es mío". No porque lo diga un académico o un centenario. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales de libros,Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Miguel’, de Federico Jeanmarie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/miguel-federico-jeanmarie_1_1125388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2f3d5384-14bf-4c85-bde5-b9cd55644bcd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Miguel’, de Federico Jeanmarie"></p><p><strong>Miguel</strong><strong>Federico JeanmarieAnagramaBarcelona2003</strong></p><p><em>Miguel </em>es la autobiografía ficticia de <strong>Cervantes</strong>, un hombre genial, singular, un aventurero de la vida y de las letras y del que siempre se dice que de haber nacido en otra patria, hubiera sido tratado como se merece: como uno de los grandes escritores de la historia de la literatura. <strong>Federico Jeanmarie</strong>, escritor argentino, estudioso de Cervantes y su obra, escribe una biografía del autor del <em>Quijote </em>en la que desde el principio logra transportarte al siglo XVI español. Un texto con un lenguaje de la época, cuidado, exigiendo un lector capaz de darle un sentido crítico y estético. Un lector activo que capte la sagacidad de la novela, entre la fina ironía de Cervantes revelando su vida y el lugar que ocupa un personaje como él en la España de truhanes, buscavidas y malos gobernantes del XVI.</p><p>Federico Jeanmarie escribió después de veinte años de estudio <em>Una lectura del Quijote</em> (Seix-Barral, 2004), un ensayo que lo confirmó como uno de los mejores especialistas y lectores de Cervantes, por eso es tan verosímil <em>Miguel</em>, porque mezcla los datos históricos verdaderos con lo que pudo haber sido el alucinante deambular del propio Cervantes por su propia vida, siempre crítico consigo mismo, siempre atribulado de su propia mala suerte pero con un humor optimista propio de una mente brillantísima.</p><p>Miguel narra la autobiografía de Cervantes cuando con 68 años, intuyendo la muerte cercana, decide escribir a su hija <strong>Isabel</strong>, a la que nunca pudo acercarse demasiado por ser fruto de una relación con una mujer casada, ni tener una relación profunda con ella. Una vida de muchas penurias contada con humor ya desde el primer pliego, donde el escritor expone con humor su propia concepción, ya que su padre era un hombre de ideas fijas, “imbuido como estaba en su ciencia”.</p><p>Tras una niñez de penosos viajes, grandes acontecimientos regios y fascinación por la excéntrica personalidad de su abuelo (el culpable de su afición a los libros por su legado), la andadura de Cervantes transcurre en medio de problemas y dificultades sin cesar: enrevesados amoríos, duelos y huidas, señores que se aprovechan de él, que urgen sus favores, guerras terribles con la Armada Invencible y lúgubres prisiones. Cuando por fin se instala definitivamente en la villa de Madrid, sufre los vaivenes de la vida de escritor, con múltiples penurias económicas y familiares que, sin embargo, no le desaniman a la hora de instruir a su hija con agudas recomendaciones, consejos estéticos, sentencias y pareceres sobre la vida e incluso recetas culinarias. Un manual sobre la vida atribulada de un hombre extraordinario.</p><p>El abuelo, el licenciado <strong>Juan de Cervantes </strong>es un personaje clave en el devenir de Miguel. Lo toma como aprendiz y le lega sus libros antes de morir. Después viajará con su padre hasta Toledo a la edad de doce años, donde asistirá a la boda entre <strong>Felipe II</strong> e <strong>Isabel de Valois</strong>, narrada en un tono casi satírico. Al joven Miguel le asombran las costumbres españolas, le gusta pasear solo y observar a la gente. Pronto se aficiona al juego gracias al novio de su hermana que le enseña “cantidad de triquiñuelas y de pases”, viaja hasta el Madrid de Felipe II que está construyendo El Escorial, en una huida permanente por las deudas que su padre va dejando. Cervantes ya se queja de su suerte desde que tiene dieciocho años. A esa edad le acoge en su escuela el maestro <strong>López de Hoyos</strong>, conoce su primera relación en una “casa de mancebía”, se hace amigo de la joven meretriz y en un desencuentro con su chulo, lo hiere de una puñalada y tiene que huir para no perder la mano. Huye a Levante, se traslada a Roma donde es elegido secretario del cardenal <strong>Aquaviva</strong>, pero cuando éste intenta tener una relación con él de “determinado frote y masajería”, Miguel hace el petate y se enrola junto a su hermano Rodrigo a luchar contra el turco. Cervantes escribe su historia con el humor de un perdedor, parte a Lepanto donde le quedará una mano maltrecha, narrando el estado de los soldados abandonados a su suerte como él mismo en Argel, donde estuvo varios años cautivo aunque intentó escapar hasta en cuatro ocasiones sin suerte. Vuelve por fin a Madrid y nos habla ya de literatura, de <em>La Galatea</em>, la novela pastoril que más aprecia, es maestro y gasta los dineros que recibe por sus obras en tabernas y en su triste familia. Viaja a Portugal sin encontrar fortuna, aunque entiende que debe vivir de su pluma, nace su hija Isabel, concebida con la mujer de un tabernero y marcha a Esquivias donde conoce a una joven dama insulsa, <strong>Catalina</strong>, con la que acaba casado y escribiendo entre aventuras y desventuras su preciado <em>Quijote</em>. Viaja a El Escorial con <strong>El Greco,</strong> del que es amigo. Se hace cargo finalmente de su hija Isabel cuando muere su madre, pero vuelve a alejarse, es preso en Sevilla y después conoce a <strong>Lope de Vega</strong> y a <strong>Quevedo, </strong>a los que presenta su <em>Quijote </em>que, por fin, verá la luz impreso en 1604, con gran éxito e impresión a millares pero sin dineros para el autor. Estas son una parte de todas las disparatadas e intensas andanzas de un escritor irrepetible que encontraremos en <em>Miguel</em>.</p><p>Cuenta Jeanmarie sobre la obra del escritor de Alcalá de Henares, que el gran mérito de Cervantes fue escribir con una materia prima como el lenguaje del siglo XVII, un idioma que todavía no estaba fijado en su grafía. Cervantes escribe en el momento de mayor movilidad de la lengua, sabía que el castellano de su época era una mezcla aún, pero decide mostrarlo. En ese sentido, Cervantes llevó el castellano a su máxima expresión y define esa relación para siempre: el verdadero escritor escribe para sí mismo, está solo en su arte, mientras que el escritor que escribe libros para el público andará siempre con el público en sus inmediaciones, no le quedará otro remedio, se deberá a sus caprichos. El renglón cervantino siempre quiere estar en el siguiente. No puede pararse. Como ocurre con su propia vida. Otro ademán absolutamente moderno es que en todo momento, la escritura de Cervantes preferirá que la imaginación de cada lector complete el hueco descriptivo que deja el texto. Es así en el <em>Quijote </em>y en la mayoría de sus obras. Toda una modernidad narrativa. Y ese es el logro de este libro, acercar en una fabulosa autobiografía la vida de Cervantes y su época a cualquier lector que desee conocer a un hombre extraordinario y su tiempo, con una verosimilitud del relato que lo hace creíble y que juega con la ficción y la realidad, con todo el rigor narrativo pero sin desdeñar las licencias de la ficción. Una novela que parece escrita por el propio Cervantes, el primer escritor moderno de la historia.</p><p><em>*Pablo Bonet Ayllón es librero de guardia en la librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89. Madrid). </em><strong>Pablo Bonet Ayllón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Miguel’, de Federico Jeanmarie]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Miguel de Cervantes’, de Jordi Gracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/miguel-cervantes-jordi-gracia_1_1125383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0d4c3427-9519-49eb-a1db-6ef1f9b89d22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Miguel de Cervantes’, de Jordi Gracia"></p><p><strong>Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía</strong><strong>Jordi GraciaTaurusMadrid2016</strong></p><p>La intención de<strong> Jordi Gracia</strong> a la hora de escribir esta biografía es comprender la perspectiva cervantina, las raíces humanas que facilitaron la invención de una forma literaria capaz de dar cuenta del mundo nuevo: la novela moderna. Se trata, pues, de una biografía con una clara voluntad de definir sucesivamente la creación de la mirada que llamamos <strong>Cervantes</strong>. Para conseguirlo aprovecha el viaje de ida y vuelta que se establece siempre entre la vida y la escritura. No le interesa a Jordi Gracia centrarse de manera dominante y minuciosa en cada uno de los libros escritos por el autor, haciendo un inventario cronológico de obras. Ya existe una cuantiosa bibliografía sobre cada una de sus composiciones. Tampoco pretende entrar en las polémicas desatadas respecto a algunos episodios biográficos, en las que se han sostenido tesis para todos los gustos sobre las costumbres de nuestro escritor. La originalidad de este libro se centra en el deseo de entender la formación de una mirada capaz de configurar en los inicios del siglo XVII el horizonte quijotesco, o mejor, la perspectiva cervantina, la dimensión irónica de la realidad. Biografía y literatura se mezclan porque, aunque Cervantes hable poco en primera persona en sus obras, “la literatura habla siempre de forma compleja e indirecta del yo del escritor”.</p><p>Veamos por un momento la mirada que el propio Cervantes se dirigió a sí mismo en los últimos años de su vida. Nos la dejó en el “Prólogo al lector” de sus <em>Novelas ejemplares </em>(1613). Don Miguel se retrata con rostro aguileño, ojos alegres, las barbas de plata, barbas nostálgicas del color rojizo de su juventud, y los dientes mal condicionados y peor puestos. Sólo le quedan seis. Tiene también perdida la mano izquierda por una herida que puede parecer fea, pero que recibió en la batalla de Lepanto, la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos. Y luego habla de algunos libros descarriados y otros firmados por ese autor que se llama “comúnmente” Miguel de Cervantes Saavedra.</p><p>La emoción que despierta este retrato nace de sus tensiones. Y no es que mezcle extremos de dolencia y de prestigio, de derrota y de dignidad. Es que dentro de cada alusión, ya sea física, biográfica o literaria, reúne a la vez el orgullo y la conciencia negativa, la cara y la cruz, un mundo desdoblado en sentimientos y realidades que parecen incompatibles. Esa es la ironía que resume su mirada hacia el mundo y el carácter de su personaje más famoso, tan loco como cuerdo, tan ridículo como merecedor de respeto.</p><p>No siempre fue así. El ufano autor de <em>La Galatea</em> puede ejercer con seguridad en sí mismo la literatura pastoril y bucólica que había aprendido en el neoplatonismo de su formación humanística. Hermosas páginas de época, en las que no domina todavía la perspectiva cervantina. Como escribe Jordi Gracia: “Los años no han hecho todavía de Cervantes el escritor que ve dos cosas a la vez y en ambas aprecia o rescata sus dosis de verdad y de belleza. Para eso necesita aún desarbolar la arboladura de las teorías y desestabilizar la estabilidad de las ideas recibidas, empezar a fiarse del instinto en la libertad para librarse de la prístina claridad de sus presupuestos”.</p><p>Esa lección la dan los años, y de ahí la importancia de una biografía. Lo que pretende el autor, a pie de calle, es configurar un punto de vista “emplazado en la cabeza del escritor”. Y con esa operación nos encontramos paso a paso, pleito a pleito, lectura a lectura, cautiverio a cautiverio, venta a venta, camino a camino, desilusión a desilusión. Un Cervantes católico y soldado bizarro puede resistir con orgullo las cadenas del enemigo, pero empieza a transformarse por dentro cuando comprueba el vacío de las grandes proclamas y de los aparatos del imperio. Este proceso de desilusión interior puede rastrearse en algunos sonetos como el dedicado a la muerte de <strong>Fernando de Herrera</strong>, o como el que escribe para reírse de la actitud del <strong>Capitán Becerra</strong> y el <strong>Duque de Medina</strong> en el saqueo de Cádiz, o como el que lanza sobre el túmulo de <strong>Felipe II</strong> en la catedral de Sevilla. El aparato acaba en “nada”, una palabra muy preferida por el barroco. Pero aquí la nada no es una negación del mundo en favor de la vida eterna o de la religión, sino una toma de conciencia de la realidad, de la condición de la vida, que ya no se soporta en ideas monolíticas ni en servidumbres absolutas.</p><p>La literatura bucólica buscaba el alma bella como expresión de una subjetividad que quería abrirse camino entre las servidumbres medievales. Pero lo que hace Cervantes supone una desestabilización absoluta: cuando la modernidad permite elegir la propia vida y razonar de acuerdo con una ética surgida de la experiencia real, el personaje elige ser caballero medieval y vivir de acuerdo con una moral que le hace no ya chocar con el mundo, sino estar en dos tiempos a la vez. Esa es la verdadera perturbación que lanza Cervantes contra las verdades inmóviles del viejo mundo y ese es el marco de escritura que le permite crear una novela moderna. Es el marco de la libertad y de la compasión.</p><p>Como ya no se trata de justificar la legitimidad de las creaciones literarias con las lecciones éticas y los sermones, Cervantes necesita contar a través de la configuración de unos personajes bien perfilados, hechos por el autor, pero independientes de cualquier moralina en sus comportamientos, capaces de despertar al mismo tiempo risa y compasión. Como dice Jordi Gracia, si nos centramos en el más conocido de todos: “Cervantes está vistiendo a don Quijote con el estereotipo chistoso del loco delirante y desvistiéndolo a la vez con evidentes muestras de cordura y buen corazón”.</p><p>La perspectiva irónica es una huella importante de la libertad que favorece también la concepción de la novela como un espacio en el que cabe todo, un tronco único del que surgen muchas ramas, esa potencia narrativa que el profesor <strong>José-Carlos Mainer</strong> caracterizó como una escritura desatada. Será desde entonces una seña de identidad del género, pero es también el modo con el que Cervantes consigue rendir tributo a la literatura en la que se había formado al mismo tiempo que la supera. Un atributo más de la ironía conquistada.</p><p>La solvencia de este libro no sólo se debe a la dedicación cervantina de Jordi Gracia en estos años. Es, sobre todo, la consecuencia de un crítico literario que lleva años analizando las novelas y los poemas como parte de la historia del pensamiento. Jordi Gracia es hoy una referencia imprescindible en los estudios sobre cultura española contemporánea. Así lo demuestran sus trabajos sobre <strong>Dionisio Ridruejo</strong>,<strong> José Ortega y Gasset </strong>y otros muchos autores. El crítico literario y el historiador del pensamiento se dan la mano, reúnen una experiencia y una manera de trabajar muy apropiada para definir la configuración del mirar cervantino, es decir, para meternos a los lectores dentro de la cabeza de Cervantes.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de literatura.</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Miguel de Cervantes’, de Jordi Gracia]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘La juventud de Cervantes’, de José Manuel Lucía Megías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juventud-cervantes-jose-manuel-lucia-megias_1_1125382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e79e41e0-12ed-4d5f-9577-245ea5baf798_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La juventud de Cervantes’, de José Manuel Lucía Megías"></p><p><strong>L</strong><strong>a juventud de Cervantes. Una vida en construcciónJosé Manuel Lucía MegíasEdafMadrid2016</strong><em>a juventud de Cervantes. Una vida en construcción</em></p><p>«Miguel de Cervantes se fue construyendo a lo largo de toda su vida», leemos en el último capítulo del reciente libro de <strong>José Manuel Lucía Megías</strong>, eminente especialista en <strong>Cervantes</strong>, catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de honor de la Asociación de Cervantistas. «Construir», «construirse» y «construcción» son palabras que se repiten una y otra vez en <em>La juventud de Cervantes</em>, poniendo de manifiesto la intención subrayada en la «Carta dedicatoria al lector»: mostrar que la primera parte de la vida del autor del <em>Quijote</em>, hasta su liberación del cautiverio de Argel en 1580, es, en efecto, una «construcción» muy activa, de acuerdo con la dinámica general de la época, ya que, afirma Lucía Megías, «todo está en construcción durante los Siglos de Oro». Se trata de una continua búsqueda primero por encontrar una posición en el nuevo espacio configurado por los letrados en la corte de <strong>Felipe II</strong> —en estos años, recalca el autor, se elabora la vida a base de escritos, de papeles— y después por labrarse una carrera militar que lo lleva a participar en la célebre batalla de Lepanto. Búsqueda que, a lo largo de su cautiverio en los baños de Argel, es también una construcción, ya que Cervantes proyecta su vida futura en la corte a través de trabajos como el de «<em>passeur</em>» (que ayuda por dinero a otros cautivos ricos a conseguir su libertad). </p><p>El reto del libro, ejemplo de rigor documental y escritura atractiva, consiste en viajar a los orígenes del hombre de carne y hueso, sitúandolo en su época y dando cuenta tanto de la complejidad de su vida como de la recepción de la misma a través de la construcción del Cervantes mito. El investigador repasa y analiza algunos elementos clave de esta elaboración, por ejemplo la casa natal, la cueva de Argel o la leyenda de la visita de <strong>Juan de Austria</strong> que recibe el soldado Cervantes en su lecho de herido después de la batalla de Lepanto. Parte del proceso de mitificación, como se analiza en los primeros dos capítulos, son los falsos retratos del autor del <em>Quijote</em>, «mil rostros para un mito, ningún rostro para un hombre», y las construcciones biográficas a lo largo del tiempo. El tercer capítulo nos presenta a Miguel estudiante, discípulo de López de Hoyos y volcado en una formación práctica, lejos de una educación humanista. Además, subraya Lucía Mejía, la escritura no era una profesión durante los Siglos de Oro. En su magnífico estudio <em>El escritor que compró su propio libro. Para leer el Quijote</em> (Debate, 2003), <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, al analizar la declaración de la hermana de Cervantes sobre éste, «es un hombre que escribe y que trata negocios», afirma que «estaba poniendo a Cervantes en el filo de la nada». Volviendo al libro de Lucía Megías, conocemos también al Miguel de los primeros poemas, que entra en contacto con la <em>Academia </em>del <strong>Duque de Alba</strong> y para quien la escritura será «una carta de presentación» para conseguir un puesto de letrado. </p><p>El cuarto capítulo insiste en la profunda huella que el viaje a Italia deja en el Cervantes escritor, que puede acercarse a la poesía de Petrarca, ya conocida a través de <strong>Garcilaso</strong>, a los textos de <strong>Boiardo</strong>, <strong>Ariosto </strong>o <strong>Sannazaro </strong>y al <em>Decamerón </em>de <strong>Boccacio</strong>. Sin la experiencia italiana, explica el profesor Megías, el joven Cervantes nunca llegaría a ser el enorme escritor Cervantes. Pero la mayor parte de este capítulo está dedicada al Cervantes soldado. Particularmente atractiva es la descripción de la batalla de Lepanto. La alusión al relato del capitán cautivo del capítulo XXXIX de la primera parte del <em>Quijote </em>lleva al investigador a afirmar que «en el relato del capitan cautivo se proyectan los sueños de Cervantes, lo que Cervantes nunca pudo ser en su vida como soldado». También la «mano herida» de la realidad se vuelve, explica Megías, sana en la el mito que el mismo Cervantes se va construyendo, acunando la expresión «manco sano» en el formidable prólogo del <em>Persiles</em>. Quien así habla es el estudiante que recibirá el abrazo y la magnífica respuesta «caminemos en buena conversación lo poco que nos queda de camino». </p><p>El quinto capítulo está consagrado al cautiverio en los baños de Argel y explica de forma muy amena y sugerente el negocio del corso en el Mediterráneo del siglo XVI, la atmósfera de la ciudad de Argel  y las convulsiones de la vida de Cervantes cautivo, que organiza cuatro intentos de fuga hasta que es rescatado por fin en 1580. Muy interesante resulta el análisis de la adopción del segundo apellido, Saavedra, que reúne la dimensión de «cristiano viejo» y su experiencia argelina, transformando a Cervantes en un «hombre de frontera»: «¡Y qué bien le viene a Cervantes, a este 'nuevo' Miguel Cervantes Saavedra esta nueva identidad de 'hombre de frontera'! ¿No es acaso también su obra una 'experiencia literaria de frontera', un estar siempre en el límite de los géneros, del horizonte de expectativas de los lectores de su época?».</p><p>¿Quién fue Miguel de Cervantes joven? ¿Cómo se construyó su juventud? Estando de acuerdo con el autor en que «en este engranaje de identidades, de mitos, soñadores y hombres, el Miguel de Cervantes de carne y hueso merece nuestra atención y nuestro respeto», el libro de José Manuel Lucía Mejía es sin duda una magnífica y fascinante respuesta a estas preguntas.  </p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de literatura comparada.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La juventud de Cervantes’, de José Manuel Lucía Megías]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trabajos-persiles-sigismunda_1_1125376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c91bfd12-a76f-4ca1-b705-b6292da26bf2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’"></p><p><strong>Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia septentrional</strong><strong>. Edición del Cuarto Centenario 1616-2016Miguel de Cervantes SaavedraHiperiónMadrid2016</strong></p><p>Hace diez años traduje y publiqué el libro de <strong>Michael Nerlich</strong> <em>El Persiles descodificado o la "Divina Comedia" de Cervantes</em>, un volumen de 760 páginas que aporta investigaciones, descubrimientos e hipótesis de trabajo fundamentales sobre una obra tan valiosa como desconocida y malinterpretada. </p><p>Los meses dedicados a esa tarea me familiarizaron con el <em>Persiles</em>, uno de los textos menos frecuentados de su autor, pese a que éste lo considerara "el mejor de los que en nuestra lengua se han compuesto", y me hicieron pensar en la posibilidad de reeditarlo e incorporarlo al catálogo de Hiperión al cumplirse su cuarto centenario. Porque, aunque la primera edición madrileña apareció a principios de 1617, <strong>Cervantes</strong> la dejó lista para la imprenta "el diecinueve de abril de mil seiscientos dieciséis años", como consta en su dedicatoria al <strong>conde de Lemos</strong>; es decir, tres días antes de su muerte, de la que conmemoramos ahora dicho centenario.</p><p>La minuciosa relectura del texto cervantino con vistas a su publicación me hizo ver que el castellano en que está escrito apenas necesita notas o aclaraciones; únicamente la ortografía y la puntuación precisaban una modernización que eliminara obstáculos al lector actual y le permitiera concentrarse en la narración sin obstáculos superfluos. La ortografía del siglo XVII no es la de hoy en día (Cervantes escribía con b su apellido) y la puntuación, como sabemos, solía ser más tarea de los cajistas de imprenta que de los propios escritores.</p><p>Así que mi trabajo consistió en modernizar la ortografía y adaptar la puntuación y la partición en párrafos a los usos actuales, añadiendo únicamente unas pocas notas a pie de página para explicar el significado de contados arcaísmos, desconocidos para un lector de hoy. Apenas cincuenta, incluyendo algunos nombres geográficos o mitológicos. </p><p>Porque la idea de esta edición era y es la contraria de la que ha dado origen a esas otras exhaustivamente anotadas en que los profesores se apoderan de los clásicos como si fueran de su propiedad e intercalan tal cantidad de comentarios,  teorías e interpretaciones que resulta difícil seguir el hilo de las historias narradas y más aún pensarlas y juzgarlas por cuenta propia o disentir de las afirmaciones de sus <em>editores</em>. Del <em>Persiles</em> se pueden decir y escribir muchas cosas, y para eso están las revistas filológicas y los libros especializados, pero los lectores tienen derecho a enfrentarse al texto tal como Cervantes nos lo entregó, sin añadidos ni intercalaciones eruditas o académicas. Todos deberíamos tener la posibilidad de disfrutarlo con nuestro mejor saber y entender, sin que nos interrumpan, nos guíen, nos empujen, nos convenzan o nos adoctrinen. Y ése ha sido el resultado final: una edición limpia, fiable, manejable, que se puede leer como lo que es, como una novela "de entretenimiento", que así la calificó su autor. </p><p>El <em>Persiles</em> tiene un ritmo narrativo animadísimo. A los dos protagonistas principales les acompañan un grupo de "secundarios" que varían a lo largo de la narración y aparecen y desaparecen en función de los distintos episodios. Estos son muchos y variados, en un largo viaje que empieza en esas regiones del norte de Europa a las que alude el subtítulo, desciende por mar hasta Lisboa, incorporada entonces a la corona de Castilla, atraviesa la península hasta dar en Cataluña, pasa por la Provenza, cruza el norte de Italia y culmina en Roma, meta de peregrinación y centro neurálgico en que se resuelven todos los enigmas y asuntos pendientes en la narración. La acción es continua y cambiante, está llena de sorpresas y hallazgos, no da pie a que el lector se adormezca con episodios largos o aburridos. Cervantes, maestro en el arte de narrar, orgulloso de ser "el primero que ha novelado en lengua castellana", dosifica las aventuras y los sucesos con un ritmo que hoy consideraríamos "cinematográfico", cambia de paisajes, dosifica "la suspensión" y consigue lo que se propuso: mantener al lector pendiente de su libro a lo largo de sus setenta y siete capítulos.</p><p>Que, además, el libro sea susceptible de segundas y terceras lecturas, de interpretaciones históricas, políticas, religiosas, filosóficas o hermenéuticas, es algo que queda para quienes se dedican a tales tareas. En el <em>Persiles</em> encontrarán campo abonado. Nerlich, con su estudio,  señaló infinidad de temas y caminos aún por transitar. Pero a quienes únicamente pretendan conocer de primera mano esta obra de Cervantes que aún no han leído, o a quienes ya la conozcan y pretendan disfrutar con su relectura, creo que esta nueva edición les resultará útil y cómoda. Y espero que disfruten con ella como su autor lo pretendía de los "regocijados amigos" a los que se la entregó en su despedida.</p><p><em>*Jesús Munárriz es poeta y editor.</em><strong>Jesús Munárriz</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Munárriz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Libros para celebrar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-celebrar_1_1125372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/192ca2dd-27d8-415c-aef0-9763d092560c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros para celebrar"></p><p><em>Los responsables de la Librería Alberti (Madrid), recomiendan dos títulos para acercarse de manera distinta a Miguel de Cervantes.  </em></p><p>Aprovechamos la celebración del IV centenario de la muerte de <strong>Miguel de Cervantes</strong> para hacer un pequeño escaparate con algunas de las muchas novedades que, publicadas al calor de este aniversario, nos pueden acercar tanto a la obra como a la vida del genial autor del <em>Quijote</em>.</p><p><strong>La biblioteca de don Quijote</strong><strong>Edward BakerMarcial PonsMadrid2015</strong></p><p>La historia de don Quijote es la historia de un loco que lee, de un hombre enloquecido por la pasión de la lectura, que pierde cabeza y hacienda por revivir las hazañas y aventuras de los héroes de su biblioteca. El <em>Quijote </em>es, entre otras muchísimas cosas, un libro lleno de libros y una lectura que gira alrededor de la lectura. Dime qué lees y te diré quién eres, es una  útil máxima para conocer a alguien, y puede decirse que una biblioteca es el libro abierto del alma de su propietario. </p><p>Saber qué temas y qué libros, interesaban al hidalgo manchego, es lo que se ha propuesto <strong>Edward Baker</strong> narrar en este libro, una manera de entender  la demencia más literaria y universal.</p><p><strong>Don Quijote de La Mancha (el manga)</strong><strong>Miguel de CervantesHerder Barcelona2016</strong></p><p><em>Don Quijote de la Mancha</em> se ha convertido con el tiempo en un mito literario capaz de trascender las barreras del tiempo y del espacio. El personaje creado por Miguel de Cervantes Saavedra es para muchos símbolo de locura, pero también de idealismo y buena voluntad. Su energía, capaz de atrapar en un mundo de fantasía a todos quienes lo rodean, no solo alcanza a los personajes con los que comparte página; llega, asimismo, a nuevas generaciones de lectores que han acabado viendo molinos de viento donde tan solo había letra impresa.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Alberti en la calle Tutor, 57, de Madrid. </em></p><p><strong>Librería Alberti</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Alberti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Libros para celebrar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Librerías,Libreros,Literatura,Literatura española,Cómic,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Discusiones cervantinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/discusiones-cervantinas_1_1125370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ea4d2037-f1d4-44e6-a632-738722b6bfe5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Discusiones cervantinas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>La Musa de Los Diablos Azules puso en marcha este club de lectura la noche de 21 de abril de 2016 para reunir opiniones sobre la obra maestra de <strong>Miguel de Cervantes</strong> y homenajear la figura del caballero más famoso de los siglos antiguos y de los por venir, el gran don Quijote de la Mancha. Pero está comprobado que es muy difícil poner de acuerdo a la gente en el valor de las cosas y, sobre todo, en la lectura de la historia. La historia pasada es algo que se lee, un club de lectura, por lo que hay tantas interpretaciones como lectores. El ayer es un argumento que no se cierra.</p><p>Llegó primero a nuestra reunión un ser muy extraño y muy hablador llamado <strong>Miguel de Unamuno</strong>. Venía a enterrar a don Quijote, afirmaba de manera rotunda que España no necesitaba quijotismo, sino cordura, buenos alimentos, escuelas, reformas políticas, obras hidráulicas y civismo. Alonso Quijano le resultaba mucho más simpático antes de convertirse en don Quijote.</p><p>Este don Miguel alargó tanto su parlamento que tuvo tiempo de sufrir una crisis espiritual y reconocer las virtudes de los locos, los soñadores, los hombres de fe, los seres que no se dedicaban a inventar, que no añoraban el desarrollo de la industria o de la ciencia, cosas propias de Europa, pero no de la austera España. Resultaba mejor pasar el tiempo en quijotadas, concluyo después de pensarse dos veces su conciencia trágica, y acabó sacando del sepulcro al caballero que el mismo había enterrado antes.</p><p>Entró de pronto un borracho, cráneo privilegiado, que dijo llamarse <strong>Rubén Darío</strong>, y que al oír que se hablaba de don Quijote se lanzó al recitado de versos de modo inoportuno. Esto nos dijo:</p><p><em>Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón. Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad... ¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud! ¡Tú, para quien pocas fueron las victorias antiguas y para quien clásicas glorias serían apenas de ley y razón, soportas elogios, memorias, discursos, resistes certámenes, tarjetas, concursos, y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón! Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías, hechas con las cosas de todos los días y con otras que en lo misterioso vi. ¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español! ¡Ruega por nosotros, que necesitamos las mágicas rosas, los sublimes ramos de laurel Pro nobis ora, gran señor. ¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, y antes que tu hermano vago, Segismundo, el pálido Hamlet te ofrece una flor! Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, suplica por nos, pues casi ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios. De tantas tristezas, de dolores tantos de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias, de horribles blasfemias de las Academias, ¡líbranos, Señor! </em></p><p><em>De rudos malsines…</em></p><p>Muy molesto por la interrupción, Miguel de Unamuno increpó a quien le había quitado la palabra y se puso a gritar que sobraban en la cofradía de don Quijote los borrachos, los estetas, los danzarines, los entretenidos por el vicio y la belleza. Rubén contestó con brío y pluma de salvaje, y los dos participantes de nuestro club se enzarzaron en la intimidad de una gresca que dejó hueco para que otros cogiesen la vez y la palabra. “Yo soy yo y mis circuntancias, y si no se salva mi circunstancia no me salvo yo”, dijo un sabiondo llamado<strong> Ortega y Gasset</strong>, que mostró por lo bajo su preocupación por las locuras de don Miguel de Unamuno y se mostró muy partidario de que el otro don Miguel se hubiese reído mucho de las locuras de su personaje. Para vertebrar España hacía falta, nos dijo, tomarse en serio la realidad, hacer la crítica de la nación, ridiculizar el patriotismo hueco como Cervantes criticó el Túmulo de Felipe II o las aventuras de su caballero andante. Se puso a buscar una razón vital.</p><p>Unamuno quiso saltarle al cuello, pero entonce irrumpió otro personaje llamado<strong> Manuel Azaña</strong> e impuso silencio con su grito: “¡Todavía el 98! ¡Todavía la generación del 98! Ahora es el tiempo de la política”, y luego se sentó mientras murmuraba: “¡Hagan ustedes el favor de mantener el orden y la sensatez porque si no se calman es posible que nos echen a todos del club!”. Levantó entonces la mano un poeta muy serio llamado <strong>León Felipe</strong>. Con voz de oráculo, afirmó que daba igual, que sensatos o nerviosos daba igual, que los iban a echar de allí de todas maneras, que estaban vencidos de antemano, y volvió a caer en la debilidad de los versos:</p><p><em>Por la manchega llanurase vuelve a ver la figurade Don Quijote pasar…Y ahora ociosa y abolladava en el rucio la armadura,y va ocioso el caballero,sin peto y sin espaldar…va cargado de amargura…que allá encontró sepulturasu amoroso batallar…va cargado de amargura…que allá «quedó su ventura»en la playa de Barcino, frente al mar…Por la manchega llanurase vuelve a ver la figurade Don Quijote pasar…va cargado de amargura…va, vencido, el caballerode retorno a su lugar.Cuántas veces, Don Quijote,por esa misma llanuraen horas de desalientoasí te miro pasar…y cuántas veces te grito:Hazme un sitio en tu monturay llévame a tu lugar;hazme un sitio en tu monturacaballero derrotado,hazme un sitio en tu monturaque yo también voy cargadode amarguray no puedo batallar.Ponme a la grupa contigo,caballero del honor,ponme a la grupa contigoy llévamea ser contigo pastor.Por la manchega llanurase vuelve a ver la figurade Don Quijote pasar…</em></p><p>Se hizo el silencio. Entonces se sumó al grupo un tal <strong>Francisco Ayala </strong>y se sentó junto a Ortega y Gasset. “Si hay que irse nos vamos”, dijo, “pero con la dignidad de Cervantes, no con la locura de don Quijote”. Y estaba dispuesto a desarrollar una teoría sobre las desgracias de España y a meterse por medio en una vieja discusión entre <strong>Américo Castro </strong>y <strong>Sánchez Albornoz</strong>, cuando dos mujeres llamadas Galatea y Marcela entraron en la sala para decirnos que eso no, que Castro y Albornoz no, que había que cerrar la Biblioteca y que se acababa allí mismo la discusión. “Si queda algo pendiente, ya lo solucionará el profesor <strong>Francisco Rico</strong>”, afirmó Galatea para tranquilidad de los contertulios. Pero no consiguió la paz. “Tienes pinta de pescadera”, le respondió un joven airado de cuyo nombre no queremos acordarnos. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Club de lectura de la Musa Diabólica]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Discusiones cervantinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-parece-don-quijote-vuelto_1_1125369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ca2c8855-f9c9-4834-a6ea-fe42e3fcd2c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es lo que parece o don Quijote ha vuelto"></p><p><em>(Comienza Andrés Trapiello)</em><strong>Andrés Trapiello</strong></p><p>Los alumnos de 2º del colegio Nuestra Señora del Mar, de El Ronquillo, fueron dejando en la mesa del profesor, al entrar en clase, el trabajo de redacción de tema único: “Don Quijote ha vuelto”.</p><p>La idea de los responsables de Educación de la Junta de Andalucía fue esta: para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de <strong>Cervantes</strong>, los alumnos de EGB y Bachillerato debían encontrar entre las gentes de hoy, nacionales o extranjeras, a quien en su opinión encarnara mejor las virtudes, se supone que explicadas por los profesores en clase, de don Quijote de La Mancha. Los trabajos participarían en un concurso cuyo primer premio consistía en un viaje de tres días con los gastos pagados a Argamasilla de Alba y otros lugares quijotescos. </p><p>José Luis Pellitero, que fue uno de los que acogió con entusiasmo la iniciativa de la Consejería, se llevó aquellos trabajos a su casa y esa misma tarde los leyó. </p><p>Como buen cervantino le gustaron todos, en todos encontró algo genuino y los que no le divirtieron por discretos le hicieron sonreír por disparatados. ¿Quiénes eran los nuevos quijotes en opinión de sus alumnos? Había para todos los gustos: el rey <strong>Felipe</strong>, algún que otro político, científicos, voluntarios, cooperantes y activistas de oenegés, <strong>Cristiano Ronaldo</strong> (“por razones humanitarias”, y aquí soltó la carcajada, y también cuando llegó a la parte en la que aparecía <strong>Leo Messi</strong> como Sancho Panza), <strong>Bill Gates</strong> (en este coincidieron cinco o seis) e incluso hubo una alumna, esa que está enamorada en secreto de su profesor, que no dudó en elegirle a él, José Luis Pellitero, si no como nuevo don Quijote, sí como reencarnación de Cervantes, ya que le había oído decir a él en clase que seguramente don Quijote tenía tanto de loco como de cuerdo, pero también que se parecía mucho a Cervantes en lo guasón. No obstante, de todos los trabajos el que sin duda llamó más la atención del profesor fue el de Farouk Abdelhay. No le extrañó, porque lo tenía por uno de los más inteligentes, aunque fuera también uno de los que le alborotaban la clase. Fue el único que había encontrado a don Quijote en El Ronquillo. Pellitero dio las gracias a sus alumnos, celebró el alto nivel de los ejercicios, comentó varios de ellos y anunció que el seleccionado para concursar era el de Farouk. </p><p>Se armó un grandísimo revuelo, con alborotos y parabienes, porque Farouk tenía muchos partidarios, y también se oyeron dos o tres tímidas protestas de algunos envidiosos que no entendían cómo un moro que ni siquiera era capaz de hablar español sin acento fuese el ganador de un trabajo de lengua.</p><p>Al acabar la clase, Farouk, a solas con el profesor, le dijo que no quería concursar. En realidad le dijo que no podía concursar: si llegaba a oídos de su padre que había contado aquello, lo mataba. </p><p>Este era el hecho: un domingo de hacía un año, recién llegados a El Ronquillo, cuando apenas les conocía nadie en el pueblo, a su padre lo sorprendió el guarda de La Solana furtiveando la finca de la marquesa de Ajales, setecientas hectáreas, un tercio de cereal, otro de olivar y otro de monte. Lo llevaba a punta de escopeta al cuartelillo. Al rato se cruzó con ellos Braulio, albañil y muy conocido en el pueblo. Venía de cazar del coto cercano que tenía la Sociedad de Cazadores de El Ronquillo. El guarda le contó lo que pasaba y le mostró triunfal la liebre que había decomisado a aquel hombre. Preguntó Braulio al furtivo si era verdad lo que decía el guarda, y este asintió con la cabeza, y en mal castellano añadió que ponía los lazos por necesidad. El guarda apenas le dejaba hablar y repetía prolijo: “Pues no haber entrado en mi finca, so cabrón; a robar a tu país, que allí bien que os dan por culo y os cortan la mano” (esta parte José Luis Pellitero era partidario de redactarla de otro modo). Braulio, que oía aquello en silencio, dijo al fin: “Mira, Manolo, tú eres un gilipollas (también habría que cambiar esta palabra) si por una liebre montas este escándalo; ¿no te acaba de decir que lo hace por necesidad? Devuélvele la liebre y déjale marchar”. “No me toques los cojones (ídem) y métete en tus cosas”, le respondió el guarda. Discutieron al principio normal y luego a gritos, hasta que Braulio lo apuntó con la escopeta y le dijo que o lo soltaba o le soltaba a él un tiro en la barriga, y que si no iría él mismo a la Guardia Civil a denunciarlo por abuso de autoridad. </p><p>No tuvo otra el guarda que soltarlo, y Karim, padre de Farouk, en cuanto se vieron libres de él, se lo agradeció con lágrimas en los ojos y no consintió que Braulio se fuese sin antes pasar por su casa y conocer a su familia, a su mujer, a su suegra y a sus cinco hijos, la mayor de los cuales, Axa, era entonces una muchacha de 17 años, alta para su edad, bellísima, con unos ojos grandes y negros como aceitunas y una sonrisa que no parecía de este mundo. Braulio, soltero, 37 años, se enamoró de ella desde aquel día y empezó a frecuentar la casa de Karim, y sin que nadie se explicase cómo, pues jamás los vieron hablar ni nadie sospechaba nada, el mismo día en que Axa cumplió los dieciocho Braulio se la llevó a vivir con él. Los padres y hermanos de Braulio dejaron de hablarle y los padres y tíos de Axa amenazaron con raptarla y devolverla a su aldea, donde la habían prometido a un viejo desde que era niña, y si no la matarían.</p><p>“Y de paso me corta los <em>güevos </em>(habla bien, Farouk, le amonestó el profesor), si llega a oídos de mi padre que he contado esto”. Pero nadie le podría quitar de la cabeza a él, Farouk, que de no haber sido por Braulio a su padre lo hubieran metido en la cárcel y los hubieran deportado a todos. Braulio era un nuevo don Quijote, decía en su redacción, pues había remediado una grandísima injusticia a punto de cometerse, y aunque ahora las cosas anduvieran tan revueltas en su casa, para él Braulio seguía siendo un quijote. Cierto que esa parte de la historia ya no la había metido en su trabajo (dos folios), pero tenía muchas razones para seguir pensando que quien se había arrejuntao (juntado, Farouk, le corrigió el profesor) con su hermana era un gran tipo, por cosas que le había contado de él su hermana, cuando iba a visitarla en secreto, y por cosas de las que él mismo era testigo y que tenían que ver con el contrabando de tabaco. </p><p>De estos últimos negocios, naturalmente, no le dijo una palabra al profesor.</p><p><em>(Continuará Juan Marqués)</em><strong>Juan Marqués</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Trapiello]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Narrativa,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Para leer el ‘Quijote’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leer-quijote_1_1125358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f5c582de-e1d1-4cd8-b438-5672185a7af4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para leer el ‘Quijote’"></p><p>Voy a intentar contar algo sobre dos historias. Especialmente cómo y por qué esas dos historias se cruzaron un día y ya no volvieron a separarse nunca. Hasta hoy.</p><p>La primera historia es la de <strong>Miguel de Cervantes</strong>, un nombre y un solo apellido. Años después, sin que sepamos por qué, se añadió el apellido Saavedra, tal como aparece en la portada de la primera edición del <em>Quijote</em>, la que lleva la fecha de 1605.</p><p>Quedan aún miles de puntos oscuros en la historia de Cervantes. Pero a nosotros nos interesa resaltar esta cuestión de los apellidos porque en el XVII obviamente los apellidos suponían la clave ideológica para mantener el orden simbólico y de poder en una sociedad tan vertical, tan jerarquizada de arriba abajo, como era la España de la época. Las sociedades verticales o nobiliarias se mantienen, entre otras cosas, gracias a esa presencia brutal, esa imagen frontal del linaje que legitima al de arriba para poner su pie sobre los de abajo. Los apellidos son, evidentemente, la <em>memoria del pasado</em>. Y esa memoria “viva” del pasado es el eje que sostiene todo el edificio de los linajes, del mundo de los ancestros. La sangre hereditaria que vampiriza a los demás para perpetuar la existencia de condes, duques, marqueses, reyes, etc. (y además todo sacralizado). La memoria del pasado es, pues, fundamental en el XVII, y sin embargo el <em>Quijote </em>se escribe desde una perspectiva completamente distinta y nueva: no desde la <em>memoria del pasado</em> sino desde la <em>memoria del presente</em>.</p><p>O, al menos, esa es la cuestión básica que pretendo plantear aquí.</p><p>Claro que hay más cuestiones en esta historia. De los primeros años de Cervantes sabemos muy poco, y desde luego nada que permitiera augurarle una “carrera literaria”. Sabemos, sí, que la mala suerte le acompañó siempre. ¿Qué más sabemos? Que con veinte años huyó de la península a Italia por haber herido a un tal Segura en un duelo. La orden de detención implicaba cortarle la mano derecha a Cervantes. Nada menos. Cuatro años después lo encontramos enrolado en los famosos Tercios que constituían la columna vertebral del Imperio hispánico y luchando contra los turcos en Lepanto. Allí perdió el uso de la mano izquierda. ¿No es un espejo borgiano? Huye para que no le corten la mano derecha y en Lepanto pierde el uso de la mano izquierda. A mí siempre me ha fascinado esa imagen fantástica (en cualquier sentido) que, repito, parece de <strong>Borges</strong>: salva la mano derecha pero pierde el uso de la izquierda. Cinco años de soldado fueron muchos años y Cervantes siempre se sintió orgulloso de ese “oficio profesional” del que continuamente alardeó.</p><p>Luego otros cinco años largos cautivo en Argel. ¿Qué fue Cervantes en aquel nido de piratas? Sólo pudo ser una “cosa con precio”, y con un precio elevado además. El resto son suposiciones y nebulosas. Es liberado con 33 años y como se le niega el “paso a Indias”, ingresa en el otro gran <em>Aparato </em>nuevo (junto con el Ejército profesional) del nuevo Estado: es decir, ingresa en la Burocracia estatal como recaudador de Hacienda. Casi 15 años recorriendo Andalucía de parte a parte. Como la alta nobleza, la auténtica “sangre azul” no <em>pechaba</em>, es decir, no pagaba impuestos, Cervantes se las tuvo que ver con los ricos, con los campesinos y con la Iglesia. Fue excomulgado y estuvo en la cárcel. La mala suerte le seguía persiguiendo y Hacienda le estuvo pidiendo cuentas durante algún tiempo más. No debió quedarle un buen recuerdo andaluz puesto que Cervantes impide que don Quijote pase de Sierra Morena. Literariamente lo “despeña” en Despeñaperros. No sé si fui muy afortunado al escribir esta frase, pero vale como ejemplo plástico. </p><p>¿Qué hace Cervantes entre 1598, el año en que se supone que ya está libre de la cárcel sevillana y en el que escribe el fabuloso soneto <em>Al túmulo de Felipe II</em>  —“honra principal de mis escritos”, nos dice él— y 1603 en que se presenta en la Corte de Valladolid para reunirse con su familia compuesta exclusivamente de mujeres? Lo único que podemos decir es que se buscó la vida, esa frase tan española, en pequeños y dudosos negocios, que siempre debieron salirle mal pues llegó a la Corte arruinado y viviendo de alquiler en una casa de vecinos. Y otra vez la mala suerte: en la puerta de esa casa es asesinado una noche el caballero navarro <strong>Ezpeleta</strong>. El jefe de la policía vallisoletana durante unos días encerró como acusados a Cervantes y su familia femenina: su mujer, <strong>Catalina de Palacios y Salazar</strong>, sus dos hermanas (<strong>Andrea </strong>y <strong>Magdalena</strong>), su hija natural, su sobrina, su prima… Lo que me fascina es el interrogatorio policial y la respuesta de la hermana Andrea. Cuando se le pregunta quién es Cervantes su hermana apenas puede balbucear: <em>Es un hombre que escribe y que trata negocios</em>.</p><p><em>Un hombre que escribe</em>… Como de los negocios ya hemos hablado es ahora cuando nuestra historia cervantina se cruza inesperadamente con la otra historia, la del <em>Quijote</em>. En un interrogatorio policial. También nosotros podemos actuar de detectives a través de algunas preguntas. Primera: ¿qué significaba ser escritor en el XVII? Evidentemente en el XVII ser “escritor” era un <em>ornatus </em>más en las casas de los ricos, los nobles o la alta Iglesia. La poesía era el punto más alto de ese <em>ornatus</em>, de ese decorado palaciego; era igual que “la mitra de un obispo”, como nos dice literalmente don Quijote en el segundo libro. El mecenazgo o la protección cortesana resultaba, pues, algo decisivo para los literatos. Por el contrario, ser escritor sin más, ser un escritor solitario, ni era un oficio reconocido ni tenía el menor valor social. Y eso aunque la literatura se considerara un arte liberal y no mecánica, como la pintura o la medicina donde había que pringarse mucho las manos. Y aquí lo increíble: Cervantes, entre los 57 y los 58 años, intenta iniciar (o reiniciar) su carrera de escritor en solitario, sin la menor protección y sin el menor apoyo. ¿Cómo fueron posibles estos diez años últimos de su vida —aproximadamente hasta los 70— en los que Cervantes intenta ganar dinero y fama como escritor solitario? Quizá sea este asombro el que quisiera transmitir ahora. <strong>Shakespeare </strong>estaba protegido no sólo por algún gran noble sino por su propia empresa teatral; <strong>Lope de Vega</strong> estuvo protegido también por el teatro, pero muy en especial por la alta nobleza y por la Iglesia (pese a su dudosa vida como sacerdote). Pero ¿por quién estaba protegido Cervantes? Absolutamente por nadie, salvo por la <em>memoria del presente</em>, ese matiz básico que habíamos señalado al principio. La nueva realidad presente era la aparición del primer mercado capitalista; la aparición, pues, del espacio público y del público; la consolidación, en fin, de la Imprenta como “negocio de masas”, con sus libreros y editores. </p><p>O de otro modo y para decirlo drásticamente: ha aparecido la lectura laica; ha aparecido la lectura como nueva forma de entender la vida, la lectura solitaria o la lectura en común. Y por eso Cervantes nos dirá que lee hasta los papeles rotos tirados en la calle. </p><p>Los materiales que utilizó Cervantes eran las dos mejores salidas que había para que su libro se vendiera en el mercado. La imprenta era ya un comercio como cualquier otro. Y lo mejor que encontró Cervantes fueron dos géneros que se vendían como rosquillas. Quiero decir las caballerías y las vidas cotidianas de la picaresca. Las caballerías habían perdido su aura de dignidad y las leía todo el mundo. Eran un género interclasista, eran una literatura de “masas”. Pero a la vez a lo largo del siglo XVI había aparecido un tema literario inesperado y que también leía todo el mundo. Este nuevo tema inesperado era la vida cotidiana, el nuevo tiempo del reloj y del salario; del sexo y del hambre; la vida de los pobres en la ciudad que se han convertido en un problema social básico. Esas vidas son las que se venden. La gente ahora se aburre leyendo las vidas de los nobles, que sólo eran hazañas guerreras y se aburren leyendo las vidas de los santos, que sólo eran hagiografías o milagros. Lo dice muy bien en el <em>Quijote </em>Palomeque el zurdo (el ventero): a él y a sus segadores les aburren hasta las vidas del Gran Capitán o de García de Paredes (que es un falso guerrero histórico). Lo único que les divierte son los libros de caballerías, que les “quitan canas”, como a la gente de ciudad lo único que le divertía eran las picardías de la picaresca. La vida común y cotidiana se ha impuesto en los libros. Es lo que la gente quiere leer. Y ahí es donde precisamente radicaba el secreto que estaba buscando Cervantes. Un libro que se leyera por todos y en cualquier parte. Un libro que se vendiera suficientemente como para que su editor le pagara el dinero que estaba necesitando. Por eso Cervantes intenta mezclar las cosas, las caballerías y la vida cotidiana para conseguir un éxito como el del <strong>Guzmán</strong>. Pero tiene un problema. Lleva veinte años de silencio y el público se ha olvidado de sus comienzos literarios. </p><p>Aunque el problema del tiempo presenta factores más importantes literariamente hablando. Cervantes nos va a contar una historia estrafalaria y absurda, y sin embargo necesita que todos nos la creamos como verdad. Por eso la <em>memoria del presente</em> vuelve a ser decisiva. “No ha mucho tiempo que vivía…”, nos indica en el famoso principio del primer Quijote. Es decir, nos indica que va a contar una vida que pasó ayer mismo, que aún se recuerda en la Mancha y que por tanto debemos creérnosla como verdad, por muy alucinatoria que parezca. </p><p>Claro que Sancho ampliará aún más la cuestión en el capítulo V de la segunda parte al afirmar que en la nueva época ya no cuenta la <em>memoria del pasado</em> sino, como venimos diciendo, la<em> memoria del presente</em>. Y le pone a su mujer un ejemplo clarísimo. Este ejemplo: cuando él sea gobernador y tenga el poder, todo el mundo se olvidará de que antes habían sido meros labradores y destripaterrones.</p><p>Como esta afirmación rompía toda la tradición nobiliaria establecida, Cervantes se cuida las espaldas y llama a esta capítulo apócrifo, falso, porque evidentemente esa lectura de Sancho implica una nueva lectura del mundo. Y Cervantes no quiere meterse en problemas. Sólo quiere que su libro sea un libro de burlas y de entretenimiento para que la gente se divierta. Esa es en apariencia la lectura que Cervantes propone y la que perdurará durante casi un par de siglos: el <em>Quijote </em>como un libro de burlas.</p><p>II</p><p>Ahora bien, ¿qué es lo que leemos nosotros en los dos libros del Quijote? O más aún: ¿quiénes son Sancho, Dulcinea y don Quijote?</p><p>Don Quijote es obviamente aquel pobre hidalgo pobre que gracias a la lectura descubre que puede ser otra cosa, que tiene raíz de hidalgo y que allí, en su casa, están arrumbadas las armas de sus bisabuelos, aquella clase de los hidalgos medievales, de un mundo que alguna vez estuvo ordenado por el código caballeresco y por la sacralización feudal. Ahora, con la aparición del primer capitalismo, esa clase social y su mundo están desapareciendo y el hidalgo decide revivirlo. Limpia las armas, le pone un nombre a su rocín, <em>Rocinante </em>(rocín antes, pero ahora antes que ninguno), se hace armar caballero y sale a arreglar el desorden del mundo según el código caballeresco. Trata de darle un sentido al mundo y a su vida, acompañado de Sancho. Mucho ojo: saca su nombre (don Quijote) de su apellido, porque, como decíamos, en el XVII sin apellido no eras nadie, y a la vez se busca lo único que le falta: una dama. Como la única mujer en la que se había fijado cuando adolescente había sido una muchacha del Toboso, Aldonza Lorenzo —que nunca le hizo caso— ahora la convierte en  Dulcinea. Es decir, don Quijote se crea su mundo para a partir de ahí leer el mundo. En realidad nadie lee, escribe o vive en el vacío. Y a raíz de ahí, a través de esa imagen con que Cervantes construye a don Quijote, resulta curioso comprobar cómo cualquier escritor, cualquier novelista, ha seguido siempre el mismo procedimiento: ha pretendido crear un mundo a partir de su propia concepción del mundo. </p><p>Don Quijote lo que hace es enfrentar su sentido del mundo al nuevo sentido del mundo establecido. Pero, ¿cómo lo hace? Dando dos pasos atrás y un paso adelante. Dos pasos atrás porque vuelve al mundo de sus abuelos, recupera una memoria perdida y en ese aspecto parece olvidar el presente. Pero no lo olvida en absoluto. Muy al contrario, el nuevo presente (la nueva <em>memoria del presente</em>) es lo que le permite dar el salto hacia delante. El nuevo presente, donde ya está el primer capitalismo, necesita la libertad y don Quijote se encuentra con la libertad y la asume como nadie. Decide elegir su propia vida, como indicábamos, y darle un sentido libre a su vida. Por eso nos fascina. Por esa metamorfosis, por ese paso de pobre hidalgo pobre a caballero libre, a individuo libre, diríamos hoy. Claro que es una libertad brumosa, trucada: lo que nosotros vendemos al capital no es nuestro trabajo, es nuestra fuerza de trabajo, o sea, nuestra vida. Pero con ello (a la vez que se crea el sueño real de la libertad sin explotación) la libertad ha aparecido y de esa libertad se aprovecha don Quijote para elegir su propia vida libre; y de eso se aprovecha Cervantes para intentar ser el primer escritor libre. Claro que libre en sus límites: Cervantes sabe de sobra que su libertad depende del mercado y de ahí que en el primer libro, en el capítulo IX, compre su propio libro en el mercado de Toledo. Pero mucho ojo: lo compra (en vez de encontrarlo mágicamente como ocurría en el <em>Amadís </em>y en los demás libros de caballerías), lo compra, digo, en un momento cumbre de suspense narrativo: lo compra para saber cómo termina la lucha entre don Quijote y el vizcaíno (el vizcaíno pierde porque su mula de alquiler es peor incluso que <em>Rocinante</em>) y para saber el resto de la vida de don Quijote. Cervantes compra, pues, el manuscrito para conocer qué pasa luego, inventándose el suspense y animando así al lector a querer saber más y también a seguir leyendo y comprando el libro. No obstante Cervantes no sabe muy bien lo que se está inventando y tiene miedo de que contar una vida “en largo” (la de don Quijote y Sancho) aburra a los lectores. Y por eso, al llegar a Sierra Morena, hace prácticamente que don Quijote desaparezca hasta que lo volvemos a ver enjaulado como una fiera. Y así Cervantes rellena la última parte del primer libro con historias de diversos tipos pastoriles o de cautivos, etc., las famosas “ensaladas” como se decía en la época. Esto es, mezclar muchas cosas en un mismo plato para que los lectores no se aburrieran con una sola historia, con un solo sabor. Pero este miedo cervantino curiosamente se transmuta en el miedo de don Quijote, caballero aún en aprobación, pues todavía no está en escrito. De ahí que el miedo de don Quijote a tener miedo sea el verdadero protagonista del primer libro: tiene miedo ante los pícaros que mantean a Sancho en la Venta y se excusa luego diciendo que las tapias de la Venta eran muy altas, pero se le olvida decir que la puerta estaba abierta desde que Sancho había salido; tiene miedo ante la procesión nocturna del traslado del muerto, aunque se sobreponga y ataque a aquellos fantasmas nocherniegos y así el propio Sancho se reconcilia con él y a la luz de las antorchas nocturnas lo llama “el caballero de la Triste Figura”, el nuevo nombre. Tiene miedo ante el ruido nocturno de los batanes, el artilugio de madera donde se estiraban las telas con el agua del río a fuerza de golpes, un ruido que hace que Sancho se “cague de miedo” —es literal— y al día siguiente se ría (Sancho) del miedo que “hemos tenido”, un “hemos” que hace que don Quijote se indigne al máximo; tiene miedo, finalmente, de la Santa Hermandad, o sea, de la policía rural del Estado, cuando libera a los presos o galeotes —que son de la Corona— y se refugia en Sierra Morena, aunque explicite a Sancho que no es por miedo sino para hacer penitencia por Dulcinea, como Amadís la hizo con el nombre de Beltenebros en la Peña Pobre por su dama (en verdad don Quijote es declarado “delincuente”y la policía rural intenta detenerlo en el capítulo XLV de la primera parte). Pero, en realidad, en el primer Quijote, si el miedo real o el miedo a tener miedo es el protagonista para el caballero, de hecho Dulcinea apenas pinta nada en este primer libro. En este primer libro lo que cuenta es la lectura del mundo de don Quijote como caballero en aprobación, que supone una lectura dual, una lectura doble o alegórica del mundo: para su código caballeresco es obvio que los encantadores pueden cambiar las apariencias de las cosas, aunque no su sustancia; y por eso pueden transformar la apariencia de los gigantes en apariencia de molinos de viento y pueden cambiar la apariencia de dos ejércitos en apariencia de dos rebaños de ovejas. Y por eso también el yo de Cervantes tiene que estar continuamente apareciendo en este primer libro para explicarnos las cosas. En el segundo Quijote, por el contrario, la cuestión ya no se planteará así. El yo de Cervantes se difumina casi por completo y la objetividad de la narración se impone porque para don Quijote ahora todas las cosas son verdad, sencillamente porque todo está en escrito: ya no verá las ventas como castillos, pagará con dinero cuando haya que pagar y creerá en la verdad de su propia mirada, tocando y viendo las cosas. Si todo está escrito, todo tiene que ser verdad. Y en efecto lo tiene todo: Sancho, Rocinante, sus armas, sus aventuras, su vida libre… ¿Qué le falta? </p><p>Evidentemente Dulcinea, que también tiene que ser verdad. Por eso en esta tercera salida, en este segundo libro, no salen al azar o a la aventura, sino que van directamente al Toboso, pues don Quijote quiere comprobar la verdad de Dulcinea. Y ahí empieza el verdadero hilo conductor del segundo libro, diríamos su otra forma de miedo: si Dulcinea no es verdad, todo el resto de su mundo se derrumbaría. Y empieza el problema de cómo ver a Dulcinea, real y carnalmente, si Dulcinea no existe.</p><p>III</p><p>Y quizá convendría hacer aquí un breve excurso: en el primer Quijote la sensorialidad de la escritura es completa. Cervantes comienza contándonos lo que el hidalgo come, cómo viste, su cotidianidad diaria. Pero la sexualidad no existe salvo en un caso: Cervantes sí hace un fabuloso juego de espejos entre la imposible sexualidad de <em>Rocinante </em>y la imposible sexualidad de Don Quijote. El capítulo de los yangüeses y/o gallegos de la primera parte nos muestra a un Rocinante “entero” que se despabila al oler a las yeguas y que intenta comunicar su necesidad con “las señoras jacas”. Y el matiz es definitivo: Rocinante es un caballo “entero”, no castrado, porque Cervantes nos quiere acentuar con ello que el pobre rocín seguía siendo, como las armas herrumbrosas, un caballo “de guerra”, no de labranza. Un nuevo símbolo desgastado de una clase en decadencia. Pero la sexualidad de Rocinante servirá para trasladarnos a la escena “de cama” entre Don Quijote y Maritornes. El brillo de la ironía cervantina resulta aquí destellante, pues Rocinante se acerca a las yeguas luciéndose como galán o como escribe Cervantes en filigrana: “con un trotico algo picadillo”. Que las yeguas lo coceen —pues tienen más ganas de pacer que de lo otro— es algo tan lógico como la paliza que recibe luego don Quijote en la venta al “equivocarse” con Maritornes, uno de los personajes más entrañables del primer libro. </p><p>En cambio, en el segundo libro la perspectiva varía: la necesidad de ver real y carnalmente a Dulcinea hace que Don Quijote, en el palacio de los Duques, tema incluso que se le despierten sus “deseos”. Y no se trata sólo de Altisidora. Hasta Cide Hamete se ríe ante la posibilidad de ver cogidos de la mano a doña Rodríguez y nuestro caballero, aproximándose de noche y a oscuras al lecho del dormitorio de Don Quijote.</p><p>Pero el problema de la Dulcinea “auténtica” es para Sancho, que se convierte así en el verdadero coprotagonista del libro: ¿cómo encontrar una Dulcinea a la que Don Quijote pueda ver y tocar realmente? Lógicamente Sancho no tiene más que una solución: utiliza ahora él mismo la mirada dual o alegórica, la mirada del hechizo, esa mirada que sabe que sigue latiendo en el inconsciente de Don Quijote. Y así soluciona Sancho el asunto: ve a tres labradoras montadas en tres pollinos o pollinas y decide que una de ellas ha de ser Dulcinea. Así convence a Don Quijote (que está deseando convencerse) de que una de ellas es Dulcinea y Don Quijote se acerca a ella: la chica se asusta o se enfada cuando Don Quijote le habla, incluso se cae de la burra o el burro y vuelve a montarse por la grupa haciendo cabriolas. Pero Sancho ya ha convencido a Don Quijote: aunque haya olido a ajos y a sudor, aquella muchacha es Dulcinea sólo que encantada, y las otras dos eran sus damas, magníficamente vestidas y con magníficas monturas. “Y que yo no haya visto eso, Sancho”, responde lastimeramente Don Quijote, que ya antes le había indicado a Sancho: “Ya te he dicho que no he visto a Dulcinea en todos los días de mi vida”. El problema del tiempo/espacio (carnales ambos) de Dulcinea se convierte así en crucial. Pero el hecho es que, aunque hechizada, Don Quijote ya ha visto a Dulcinea y puede continuar su camino. Volverá a verla, y de nuevo hechizada, en el sueño real, diurno o nocturno, de la Cueva de Montesinos, otra historia decisiva en torno al tiempo de la novela.</p><p>Así, en la Cueva, Don Quijote “ve” en efecto que sus pulsiones de vida (el deseo por Dulcinea en cualquier sentido) se configuran de hecho, “cobran forma”, a través de las imágenes de su inconsciente ideológico caballeresco: Montesinos, Durandarte, el palacio de cristal, la figura de Dulcinea desde lejos y su doncella “desde cerca”… Los sueños no son sólo deseos reprimidos sino configuración de deseos. Y eso —ya lo señaló Freud— desde el esclavista Libro de Artemidoro. <em>Id est</em>, también los sueños tienen su “radical historicidad”.</p><p>¿Qué otra cosa hay en el segundo libro? El contraste entre la riqueza,  la pobreza y la nobleza. Por eso, en las bodas de Camacho, Sancho dice que los linajes ya no cuentan en el mundo, que lo que cuenta es el tener y el no tener. Y enseguida nos encontramos con la nobleza, los Duques aragoneses arruinados pero prepotentes. Y la imagen de Dulcinea continúa. Es la duquesa la que ahora pregunta a Don Quijote si es verdad que no ha visto a Dulcinea en todos los días de su vida. Son los duques los que organizan una farsa teatral al aire libre para indicar cómo se debe desencantar Dulcinea. Es decir, gracias a los más de trescientos azotes que debe darse Sancho. Fijémonos con todo en que esos sádicos duques no se ríen reprimiendo a Don Quijote y a Sancho, sino al contrario, reforzándoles su subjetividad. Sancho será gobernador —aunque al final se escape— y Don Quijote se siente real y verdaderamente caballero tanto ante los duques y las damas como ante sí mismo. Pero lo radical sigue siendo que si al principio del segundo libro sólo le faltaba Dulcinea para que su mundo fuera completo y verdadero, ahora, al final de este libro, tras la derrota de Barcelona, ya no tiene armas y sólo le queda Dulcinea. </p><p>Aunque sin duda la importancia decisiva de Dulcinea se hace más evidente aún en el trauma que supone el descubrimiento del libro de Avellaneda en el capítulo LIX de esta segunda parte. Como sin duda se recuerda, cuando los dos jóvenes caballeros de la habitación de al lado hablan en la venta del “falso Quijote”, del libro de Avellaneda. Don Quijote —que los oye— se queda mudo de asombro pero sólo “estalla” al escuchar que el otro Quijote se ha desenamorado de Dulcinea. Ese es el instante en el que sobreviene el desquiciamiento de nuestro caballero: él jamás podría desenamorarse de Dulcinea porque Dulcinea es —literalmente— la última verdad que necesita alcanzar en su vida. Dado que ni para él (ni para Cervantes) ningún libro puede ser “falso”no queda más que una explicación posible. Usurpando su nombre, alguien ha vivido una vida que no es la suya. Sencillamente le han robado la vida (como en el Prólogo a este segundo volumen Cervantes dirá que Avellaneda le ha intentado robar la fama y el dinero). Con plena lógica, la cuestión del Avellaneda se torna así obsesiva. Tanto que en Barcelona, cuando Don Quijote entra en la imprenta (el lugar en que se imprimen libros) lo hace como si fuera la entrada en “su” cielo —quiere ver y tocar materialmente cómo se compone un libro, ya que su vida está “en escrito”, ya que su vida es un libro— y sin embargo sale de esa imprenta como si saliera del Infierno, sufriendo su mayor dolor. Pues ha comprobado que allí también se está componiendo el Avellaneda. Y del infierno supuestamente real nos habla la “falsa muerta” Altisidora, en la breve segunda visita —forzada— de Sancho y don Quijote al palacio de los Duques. Curiosamente Cervantes no se olvida de anotarnos que, en el umbral del infierno, Altisidora ha visto —lo cuenta ella— a los diablos destrozando a patadas, como en un juego, las páginas de un libro diabólico: el Avellaneda. Y por supuesto el hallazgo más genial: cuando Cervantes “arranca” del Avellaneda a uno de sus protagonistas básicos, a D. Álvaro Tarfe, y lo convierte en persona “real” dentro de su novela. En el mesón, D. Álvaro jurará en privado y en público (ante el alcalde, como en un acta notarial) que este Sancho y este Don Quijote son los “verdaderos” y no los falsos que él había conocido en sus otras andanzas caballerescas. Y digo que ese procedimiento es genial, porque el hecho de arrancar a un personaje de un libro para trasladarlo como persona real a otro libro, confirmará la verdad de la literatura (ya lo estaba haciendo Cervantes con el juego de espejos entre la primera y la segunda parte); una verdad que es la que retomarán decisivamente <strong>Fielding </strong>y <strong>Sterne </strong>para consolidar la novela (escribiendo “al modo de Cervantes”) ante la burguesía  británica del XVIII. No deja de ser sintomático, a la vez, que <strong>Stendhal </strong>y <strong>Flaubert </strong>dijeran siempre que su vocación de escritores la habían descubierto leyendo el <em>Quijote </em>desde niños. Pero volvamos a lo nuestro.</p><p>Si Avellaneda es la otra obsesión del final de la segunda parte, evidentemente Dulcinea, repito, constituye su verdadero hilo narrativo pues ahora —tras la derrota en las playas de Barcelona— ella es lo único que le queda a nuestro caballero, ya que ha jurado abandonar las armas. </p><p>Por eso hasta se pelea con Sancho para que Sancho se azote y Dulcinea se desencante. Pero llegan al pueblo —pensando en hacerse pastores— y de pronto se oye la voz de unos muchachos que dicen: “No la has de ver en todos los días de tu vida”. Y llega una liebre temblando y perseguida por los cazadores y Don Quijote piensa que es Dulcinea y que ya no la encontrará nunca. Por eso Don Quijote enferma de melancolía, por la pesadumbre de haber sido vencido y no haber podido desencantar a Dulcinea. Por eso renuncia a las caballerías, nos da su nombre de hidalgo (Alonso Quijano el Bueno: ahí ya no aparece el Don que ha sido “transgresor” en los dos libros) y “dio su espíritu”, o como añade Cervantes con una ironía literal magnífica: “Quiero decir que se murió”. Curiosamente, acordándose del Avellaneda.</p><p>Aunque ya que hablamos de finales —y estamos en el final— quisiera sólo recordar otro final del <em>Quijote </em>que suele olvidarse. Cuando tras la desastrosa aventura del barco encantado, al borde del Ebro, Don Quijote se desespera y nos dice: “Todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más”.</p><p>Ese impresionante “yo no puedo más” nos lleva directamente a la pluma de Cide Hamete, que es la última que habla en el libro (porque es la única dueña del tiempo/espacio de Don Quijote). Únicamente a partir de esa pluma colgada en la pared —y que nos manda callar— podríamos quizá seguir hablando del <em>Quijote </em>en su lucha por dar sentido a un mundo que jamás lo ha tenido.</p><p>El mundo sólo puede tener “historia”, sólo puede tener sentidos: y así surgió el tiempo (los tiempos múltiples) de la novela. Imagino que la aparición de esta escritura/ lectura laica es tan básica como la pregunta que en el segundo libro, en el capítulo II, se hace Sancho, “espantado”, ante Sansón Carrasco: ¿cómo pudo saber, el historiador que las escribió, las cosas que les habían sucedido a Sancho y a Don Quijote si ellos estaban “a solas”? O la no menos magnífica pregunta de Don Quijote, también ante el que luego será su rencoroso enemigo vengativo, el propio Sansón Carrasco, a propósito de si el libro va a continuar, de si promete el autor “segunda parte”. ¡Y ya está en ella! Estas dos cuestiones claves sobre la verdad literaria constituyen evidentemente la deuda más decisiva que Cervantes dejó en herencia a todos los escritores que vinieron después.</p><p>Y a los que nos hemos dedicado a leerlo para comprender de qué hablamos cuando hablamos de literatura.</p><p><em>*Juan Carlos Rodríguez es catedrático de Literatura en la Universidad de Granada. </em></p><p><strong>Juan Carlos Rodríguez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Para leer el ‘Quijote’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cervantes 2116]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cervantes-2116_1_1125344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccedfce4-1749-4f3e-a0b6-331549504fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cervantes 2116"></p><p>Álvaro Tato recita una versión adaptada del discurso de la edad de oro, en el <em>Quijote</em>.</p><p><em>"En la edad de oro se ignoraban las palabras 'tuyo' y 'mío'. En la edad de oro todas las cosas eran comunes, a nadie le era necesario otro trabajo que levantar la mano y tomar el fruto de los árboles. Las claras fuentes y corrientes ríos ofrecían sabrosas y transparentes aguas. Todo era amistad, todo era concordia, todo era paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida".  </em></p><p><em>  </em></p><p>Discurso de la edad de oro, en el <em>Quijote</em>, adaptado por Álvaro Tato. </p><p>En un lugar del planeta de cuyo nombre no quiero acordarme, hace cien años se declaró el virus de la cervantina. La inmensa mayoría de los terrícolas de aquel lejano 2016 no había leído a <strong>Cervantes</strong>, aunque se festejaba la efemérides con derroche presupuestario. En aquel siglo XXI aún no existía la paz mundial, aún no se había producido un diálogo activo y fructífero entre religiones y sociedades que diera lugar a la alianza serena y legítima de la que hoy gozamos. Eran tiempos precervantinos.</p><p>Las fuentes difieren acerca del origen del virus que cambió todo. Quizá algún hueso exhumado del Príncipe de los Ingenios transmitió efluvios a estudiosos desprotegidos. Quizá la obra de teatro <em>Cervantina</em> contagió al público en su gira internacional. O quizá fueron las palabras de Cervantes; en sus páginas, la gente del 2016 pudo encontrar respuestas a los problemas del mundo: la defensa de la libertad, el derecho de inventarse a uno mismo y de tolerar la existencia del otro, la risa como modalidad del pensamiento, el humor como dique de la tragedia y como transformador de la conciencia. </p><p>Los personajes cervantinos (desde los perros del <em>Coloquio</em> hasta Preciosa, la gitanilla; desde los caballeros pícaros de <em>La ilustre fregon</em>a hasta la joven vestida de hombre que encuentra Sancho en su ronda por Barataria; desde el licenciado Vidriera hasta el hidalgo Quijano) tienen su propia voz, crean su propio camino, defienden sus verdades y escuchan las ajenas. En las Novelas ejemplares, los entremeses, las novelas y las obras teatrales cervantinas hay vida, muerte, amor, deseo, celos, violencia, ternura, traición, y una mirada que sobrevuela: la de un humanista lleno de imaginación y curiosidad que nos invita al ejercicio del libre albedrío. Cada cual es artífice de su propia ventura, dice don Quijote. </p><p>Cervantes, humorista humanista, es un puro clásico, es decir: un hilo de presente que atraviesa las épocas. Quizá por eso el siglo XXI lo consideró su contemporáneo retrofuturista. El virus de la cervantina se propagó sin control. Los ejemplares se agotaron en todas las librerías. Los debates culturales coparon los medios de masas. Por fin, los estadistas fueron infectados; pronto el ser humano volvió al corazón de la política. Lo demás es nuestra historia. </p><p>Hoy, en pleno siglo XXII, las palabras de ese maestro de la vida no tienen patria. Puras o traducidas, son palabras vivas que invitan a ser respondidas por quien las escucha para reír, llorar y compartir los conflictos de unos personajes que deciden su destino, es decir, que nos miran a los ojos y nos preguntan sobre nuestra propia libertad. El polvo, la caspa, el elitismo cultural, los elogios baladíes y los desprecios ignorantes quedaron en el siglo pasado. Cervantes ya es mundial, urgente y necesario. Hoy, veintitrés de abril de 2116, celebramos los quinientos años de su muerte de forma cervantina: releyéndolo. </p><p><em>*</em><a href="http://www.alvarotato.com" target="_blank">Álvaro Tato</a><em> es poeta, dramaturgo y director literario de la compañía </em><a href="http://www.ronlala.com" target="_blank">Ron Lalá</a><em>, actualmente en gira internacional con sus obras 'Cervantina' y 'En un lugar del Quijote', en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Tato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cervantes 2116]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Teatro,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al túmulo del Rey Felipe II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tumulo-rey-felipe-ii_1_1125307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cbae19b0-deb1-46c2-8829-0887f1bfd0f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al túmulo del Rey Felipe II"></p><p>Maribel Verdú recita un soneto de Miguel de Cervantes.</p><p><strong>Al Túmulo del Rey Felipe II,</strong></p><p>de Miguel de Cervantes</p><p>¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza</p><p>y que diera un doblón por describilla!</p><p>Porque ¿a quién no sorprende y maravilla</p><p>esta máquina insigne, esta riqueza?</p><p>"Por Jesucristo vivo, cada pieza</p><p>vale más de un millón, y que es mancilla</p><p>que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,</p><p>Roma triunfante en ánimo y nobleza.</p><p>"Apostaré que el ánima del muerto,</p><p>por gozar este sitio, hoy ha dejado</p><p>la gloria donde vive eternamente".</p><p>Esto oyó un valentón y dijo: "Es cierto</p><p>cuanto dice voacé, señor soldado,</p><p>y el que dijere lo contrario miente".</p><p>Y luego, in continente,</p><p>caló el chapeo, requirió la espada,</p><p>miró al soslayo, fuese y no hubo nada.</p><p><em>*Maribel Verdú es actriz. Su última película, 'La punta del iceberg', se estrena en el Festival de Málaga y llega a los cines el 29 de abril. </em></p><p><strong>Maribel Verdú</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel de Cervantes / Maribel Verdú]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Al túmulo del Rey Felipe II]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Maribel Verdú,Poesía,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un homenaje en busca de patrocinio privado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/homenaje-busca-patrocinio-privado_1_1125304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8bfd4d9-e46c-4317-9b9f-913c628dbb7a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un homenaje en busca de patrocinio privado"></p><p>Tanto la RAE como el Instituto Cervantes ya habían avisado: los trabajos de la comisión ejecutiva creada para decidir y organizar los fastos del IV Centenario de la muerte de <strong>Cervantes </strong>iban con retraso. Cerrando 2015, el Gobierno anunció apenas 60 proyectos. Las críticas se intensificaron cuando el pasado 5 de enero el primer ministro británico, <strong>David Cameron</strong>, anunciaba en los principales medios de comunicación de todo el mundo las diferentes actividades que se iban a llevar a cabo para conmemorar los 400 años de la muerte de <strong>William Shakespeare</strong>. El programa <em>Shakespeare lives</em>, entendido como una cuestión de Estado, propone un total de 500 actividades, con amplia presencia internacional. </p><p>Semanas más tarde, el 9 de febrero, el Gobierno español hacía lo propio con el aniversario cervantino: 229 actividades, la mayoría de ellas programadas a partir del 23 de abril (coincidiendo con la entrega del Premio Cervantes a <strong>Fernando del Paso</strong>), de las cuales, 60 fueron aprobadas esa misma mañana. En el acto de presentación, el secretario de Estado de Cultura, <strong>José María Lasalle</strong>, recalcó que se trataba de un proyecto “vivo” —además de calificarlo como <em>work in progress—</em>, lo que significa que hasta la puesta de largo de la efeméride, la comisión estaría abierta a nuevas propuestas y, sobre todo, a la inversión privada, que pretendía motivar poniendo en marcha importantes exenciones fiscales para todas aquellas instituciones que quieran participar en la cita. Hasta la fecha, se han sumado 40 empresas, según una información de El Confidencial, ya que desde el Ministerio de Cultura aseguran no poder cuantificar la cifra, debido a que cada institución convocante gestiona las colaboraciones por su cuenta. </p><p>Así las cosas, el Centenario se ha estructurado en cinco bloques de actividades diferentes (culturales, de investigación, de promoción nacional e internacional, de desarrollo del turismo cultural y relacionadas con el patrimonio y legado) con propuestas como exposiciones y congresos, ciclos de cine, recursos digitales y promoción de la obra cervantina a través de RTVE. Hasta que arranquen con fuerza los fastos, para abrir boca, hay dos biografías imprescindibles sobre el célebre escritor. La primera, de reciente aparición, la ha escrito <strong>Jordi Gracia</strong>, con el título <em>Cervantes, la conquista de la ironía</em> (Taurus), y en ella intenta introducirse en la mente del artífice de la novela moderna; la otra, <em>Cervantes visto por un historiador</em> (Espasa), de <strong>Manuel Fernández Álvarez</strong>, salió a la venta en 2005. </p><p>De todas los actos previstos, a la espera de que la Comisión anuncie definitivamente el número total de actividades, estos son algunos de los más destacados:</p><p><strong>Exposiciones</strong></p><p>Artes escénicas</p><p>Actos internacionales</p><p>Recursos digitales</p><p>Divulgación de la obra cervantina</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un homenaje en busca de patrocinio privado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Los diablos azules número 13]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El caballero de la triste figura cabalga solitario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caballero-triste-figura-cabalga-solitario_1_1125295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e14e813-fff3-4657-bbe3-87353d719d69_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El caballero de la triste figura cabalga solitario"></p><p>“A ver, Clavileño, el caballo de madera que el Quijote monta junto con el aterrado Sancho para vencer al gigante Malambruno, como acabamos de leer, ¿a quién os recuerda?”, pregunta <strong>Alicia</strong>, la profesora de Lengua y Literatura. Varias voces entre la veintena de adolescentes que asisten a su clase responden casi al unísono “al caballo de Troya”. “Muy bien”, afirma ella con entusiasmo, intentando por todos los medios arrancar a los chavales del letargo de la última clase de un viernes de un invierno casi primaveral, en el Instituto de Enseñanza Superior Valdebernardo, de Madrid. </p><p>Recurre a numerosos juegos y referencias para intentar atraer la atención de unos chicos cuyos tics nerviosos con las piernas, los coqueteos infantiles con bolitas de papel incluidos, o el interminable bostezo existencial denotan dificultades para concentrarse y un cierto desinterés. </p><p>Aun así, sus esfuerzos se ven recompensados con la participación activa de otro grupo dentro de la clase, más crítico, provocador en ocasiones. Van a leer el poema de <strong>Gabriel Celaya </strong>dedicado a Sancho Panza. Ella pregunta si han traído el libro. Hay varios que no, así que se vuelve hacia un joven embutido en una camiseta de Motorhead, <strong>Jonás</strong>, que se atropella leyendo los versos: <em>“Los señoritos Quijano siguen viviendo del cuento,/ y tú, Sancho, les toleras y hasta les sigues el sueño/…/ Cabalgando en tus espaldas se las dan de caballeros/ y tú, pueblo, les aguantas…”.</em></p><p>Entre las voces críticas que han surgido para denunciar el desinterés de las actuales administraciones públicas por la celebración del IV Centenario de la muerte de <strong>Cervantes</strong>, quizá las más descarnadas son aquellas que vuelven la mirada hacia la enseñanza de la magna obra del manco de Lepanto en los institutos públicos. Una de las reivindicaciones más pertinentes y también más difíciles de poner en práctica pese a su aparente sencillez —recogiendo un sentir muy extendido entre los defensores de la Literatura—, la ha manifestado el poeta y profesor de Filología Clásica  de la Universidad de Salamanca <strong>Juan Antonio González Iglesias</strong>, quien considera que el auténtico homenaje pasaría por recuperar la asignatura de Literatura, independiente de la de Lengua en los grados elemental y medio, pues es a través de la pedagogía como se alienta el amor a la cultura y a los clásicos y se mantiene viva su existencia. Idea que defiende también el cineasta y miembro de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) <strong>Manuel Gutiérrez Aragón</strong> cuando señala que es a través de enseñanzas de los maestros como poco a poco nos vamos adentrando en estas obras.</p><p><strong>Arrinconar a la literatura</strong></p><p>Cuando se les pregunta a estos jóvenes por qué es tan importante Cervantes en la cultura universal, las respuestas se diluyen en afirmaciones vagas. <strong>Jaime</strong> señala que es el mejor escritor de la literatura en español de todos los tiempos. Pero después no sabe explicar por qué. <strong>Sofía</strong> reconoce directamente que no lo sabe. Y <strong>Kevin</strong>, el más contestatario, con una mirada penetrante bajo su pelambrera rosa, afirma retador: “A mí no me gusta el<em> Quijote</em>. No me atrae. No me identifico”. Después, a pesar de cursar el bachillerato de Humanidades, reconoce que no lee demasiados libros. Busca la información y la distracción en Internet. Este airado adolescente, que manifiesta en cada gesto su deseo de independencia, no ha encontrado el camino para llegar a uno de los adalides de la libertad individual, la del soñador loco de La Mancha. Los compañeros que le rodean en los bancos asienten dándole la razón. A este libro de humor y entretenimiento en su época no le ven la gracia. Reconocen que el texto les resulta lejano. ¿Por qué? ¿Habría que encontrar nuevos modos de transmitirlo, más acordes con la realidad que viven estos jóvenes, tan fragmentada por los móviles, el Whatsapp, los tuits y Facebook?</p><p><strong>Eduardo</strong>, profesor de Lengua y Literatura en el instituto Severo Ochoa, en Alcobendas, declara que le parece muy lógico que los chicos reaccionen así, porque “es una lectura muy difícil. Y como a los chicos cada vez les cuesta más leer, pienso que tal vez habría que hacer su lectura obligatoria. <strong>Galdós</strong>, cuando yo era joven, lo leía cualquiera. Ahora es sólo una asignatura de Literatura”. Requiere mucho tiempo y dedicación. Precisamente algo de lo que carecen estos esforzados enseñantes, que lidian más con los problemas que genera la disciplina en las aulas y con la incomprensión de las autoridades pedagógicas que desarrollan planes de estudio de imposible aplicación, que con los textos en sí.</p><p><strong>Benito</strong>, jefe del departamento de Lengua y Literatura en el mismo instituto, insiste en que los estudiantes están más distanciados del texto. “Es una aventura entender un párrafo, hay que concentrarse, y ellos no están dispuestos a hacer el esfuerzo. Son perezosos porque todo lo quieren entender a la primera”. Otro profesor, <strong>Agustín</strong>, recalca que incluso los alumnos a los que les gusta leer sienten que la estética del <em>Quijote </em>está muy alejada de la actual, y “no encuentran un enganche con el<em> Quijote</em>”. Antes, desde muy temprano, se les introducía en la literatura y llegaban al bachillerato y ya les sonaba. Ahora sienten menos curiosidad. Manifiestan incluso rechazo”.</p><p>A estos profesores, esforzados paladines de una causa que parece también perdida, como es la enseñanza de la Literatura, les parece que el problema radica sobre todo en el diseño de los planes de estudio y en la marginación cada vez mayor de todo aquello que no se considere utilitario. Pero también con la sensación de estar maniatados y carecer de autonomía para diseñar la enseñanza que tienen que impartir. “Los profesores carecemos de libertad para tener iniciativa, porque no disponemos de margen, porque todo es utilitario y busca cumplir un currículo”, asevera Benito, “necesitamos espacios de libertad y parece que eso es inimaginable en la actualidad”.</p><p>La situación que sufren, como amantes de las humanidades y de la literatura en particular, ya la anticiparon algunos intelectuales. Uno de los que más claramente ha denunciado la exclusión de las humanidades del universo pedagógico, a través de un perverso proceso de mutilación de todo lo que está ligado a ellas, es <strong>Jordi Llovet</strong>, poco antes de retirarse prematuramente de su cátedra de Teoría de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, en 2008. Lo hizo a través de una obra ácida, divertida y desolada: <em>Adiós a la Universidad: El eclipse de las Humanidades</em>. Como muchos estudiosos han señalado ya, a modo de advertencia, la fama del <em>Quijote </em>se produjo mucho antes en Inglaterra, Francia o Alemania que en nuestro país, muestra de que tal vez España no se merezca a un autor tan grande, inventor de la novela moderna y cuya influencia se puede rastrear en numerosos autores posteriores, desde <strong>Flaubert</strong>, <strong>Dickens</strong> y <strong>Dostoievski</strong> a <strong>Thomas Mann</strong>, <strong>Kafka</strong>, <strong>Foucault</strong> o <strong>Borges</strong>. La mercantilización indiscriminada del poder y la proletarización de la universidad, que tan certeramente diagnostica Llovet, destierran el humanismo de la Universidad, pero el mal alcanza también a la enseñanza secundaria. Eso explica que tan sólo dos de cada 10 españoles manifieste haber leído<em> </em>el<em> Quijote</em>. A pesar de ser Cervantes el autor del libro más editado y traducido de la historia después de la Biblia.</p><p>Isabel, otra profesora, considera que una buena forma de introducir a los chicos en la lectura es a través de adaptaciones, porque se trata de “fomentar la cultura de la lectura”. Antaño, en primaria, los escolares lo leían completo en una adaptación y “lo encontraban ameno, entretenido, les gustaba”. Benito apunta a los cambios en la sociedad, a la invasión de las nuevas tecnologías, una revolución que conduce a una disminución de la lectura. Y recuerda que, efectivamente, antes, en tercero de BUP, se llevaban a cabo lecturas completas, y de ese modo entre un 15% y un 20% “se enganchaba”.</p><p>Marginar la creatividad </p><p>Si la crisis económica de los últimos años ha resultado devastadora en general, en particular para los segmentos más vulnerables pero también para la llamada clase media, dada la endémica desidia de los gobiernos con respecto a la pedagogía, sus efectos han resultado devastadores en la enseñanza pública. Los recortes no sólo han constreñido y generado una enorme inquietud y malestar entre un profesorado ya de por sí poco reconocido en este país. Les han condenado a una difícil supervivencia que se  explicita en el alto índice de enfermedades ligadas al estrés, como la ansiedad y la depresión, cuyo índice, según las estadísticas, crece en este colectivo profesional por encima de los demás. Eso, naturalmente, afecta también a la enseñanza de las humanidades. Al hablar, pues, de Cervantes resulta irremediable referirse también a la situación de este colectivo.</p><p>Según el director del departamento de Lengua y Literatura, los recortes han resultado aniquiladores. Y Eduardo le da la razón cuando explica que el incremento del número de estudiantes por clase así como el del número de clases, que no va aparejado con el incremento de profesorado “apenas  dejan margen para corregir, cuando además el alumnado es cada día más difícil. Los planes son casi de imposible cumplimiento. Hay un intento —tal vez legítimo— de controlar a los profesores. Pero el programa no se puede dar”. A lo que Javier apostilla que ello se debe también a una “idea acumulativa de la cultura. La idea de que la enseñanza debe servir para formar personas ha desparecido”. Ahí se suma <strong>Belén</strong>, la más reciente entre los enseñantes, aseverando que “dada la actual ley de Educación, no hay manera de ampliar el programa con otras iniciativas, no hay tiempo para hacer talleres o imaginar actividades paralelas. Sólo enseñamos conceptos en lugar de formar ciudadanos”. Los profesores se quejan de que en tan sólo dos cursos la materia abarque desde la Edad Media hasta el Romanticismo, con lo que queda un tiempo mínimo para Cervantes.</p><p>Surge pronto el meollo de la cuestión: el perjuicio para la literatura que ha supuesto su desaparición como asignatura independiente y su integración con la de Lengua. “Ha salido perjudicada la literatura, porque ha quedado relegada frente a la lengua. Todo lo relacionado con los aspectos más creativos de la cultura quedan marginados”, sentencia Benito, cuyas opiniones apoya <strong>Nereida</strong>, otra profesora del Severo Ochoa: “Todo lo marcan las pruebas externas, que llevan a incidir más en la lengua”. “Eso” afirma Eduardo, “las pruebas externas condicionan la preparación y nos convierten en academias, porque a los estudiantes lo único que les preocupa es el temario del examen. Así, por ejemplo, Cervantes les preocupa poco porque no entra en el temario. Y no digo que los textos no estén bien elegidos, pero resulta cuando menos chocante que no incluyan a este autor”.</p><p>Ello lleva a que la percepción que de la literatura tienen los estudiantes también esté sesgada por el utilitarismo. Cuando se les pregunta para qué creen que vale responden vagamente que “para expresar sentimientos”, “para conocer cómo vivían en el pasado”, pero “no para ganar dinero”.  Y sin embargo se muestran críticos con la situación actual, manifiestan desacuerdo con la política económica, muestran sensibilidad frente a las desigualdades y aseguran que ellos darían prioridad a “las escuelas, las causas sociales, a los bancos de alimentos y a los refugiados”, como afirman Kevin y Javier en nombre de la mayoría.</p><p>Este árido panorama, que llevará a Benito a exclamar que los profesores “nos estamos convirtiendo en seres tristes” o a Javier a disculparse porque “todo lo que tenemos en la boca es una queja”, no mejora cuando se les pregunta tanto a los chicos como a los profesores por la coordinación entre Cultura y Educación de las diversas  administraciones, de si se han puesto en contacto con ellos, si les han requerido de cara al IV Centenario… El primer gesto es de asombro en todos los interlocutores. “¡Aquí con los recortes que van a darnos nada! ¡Si no tenemos Internet, y a veces falta la tiza! ¡Si la profe no lo hubiera dicho, ni siquiera nos habríamos enterado del centenario!”, resume Jonás el sentir general del grupo.</p><p>Huesos en lugar de actos</p><p>Los reproches cruzados en los medios de comunicación entre el Ministerio de Educación y Cultura, la RAE, el Instituto Cervantes y otras múltiples voces individuales en el campo de la cultura han puesto de manifiesto la desidia del Gobierno y de las distintas administraciones con respecto al IV centenario. El Ayuntamiento de Madrid, por deseo de la anterior regidora, <strong>Ana Botella</strong>, del PP, ni siquiera entró a formar parte de una comisión organizadora que no se constituyó hasta la primavera de 2015. A lo único que se dedicó con ahínco el Consistorio fue a buscar los huesos del escritor en el convento de las Trinitarias de la calle Lope de Vega donde murió Cervantes, en un gesto muy claro del significado que para este partido tiene la cultura. Tras las críticas que le llovieron, finalmente la comisión presentó el pasado mes de febrero una lista de 229 actividades para la conmemoración: exposiciones —la de la Biblioteca Nacional ha dado el pistoletazo de salida—, charlas, conferencias, talleres… El ramillete de fuegos de artificio habitual, sin un objetivo claro más allá del ruido mediático que se pueda obtener y que el tiempo borrará con suma rapidez, salvo honrosas excepciones. </p><p>Y eso a pesar de que las exenciones fiscales llegan a alcanzar el 90% para el patrocinio privado. Un asunto que resulta todavía más sangrante al coincidir con el IV Centenario de la muerte de <strong>Shakespeare</strong>, que ha arrancado con un artículo del propio <strong>Cameron</strong>, y al que Reino Unido se ha entregado con un proyecto que abarca a 140 países y que se plantea unas metas que aseguren la pervivencia del otro gran titán de las letras universales: volcarse en los jóvenes, aprovechar las nuevas tecnologías e incluso convertir su obra en un motor de cambio social en barrios deprimidos.</p><p>Mientras tanto, en nuestro país, en el que parece que la cultura es un enemigo más que el vehículo para el crecimiento de ciudadanos críticos y libres, los esforzados caballeros y damas de la triste figura que luchan en solitario en los centros de enseñanza siguen intentando que la llama de ese conocimiento no se apague.</p><p>Alicia, a punto de terminar la clase, le pide a <strong>Olga</strong>, una muchacha decidida, que recite la <em>Letanía de nuestro señor don Quijote</em> del poeta <strong>Rubén Darío</strong>. Ella arranca con un tono monocorde. La profesora le interrumpe y comenta: “Tienes una voz muy bonita. Creo que lo puedes hacer muy bien si te da la gana. ¿Te da la gana?” Tras carraspear, la voz de la joven se eleva en medio del aula: </p><p><em>“… Por nos intercede, suplica por nos,/ pues casi ya estamos sin savia, sin brote,/ sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,/ sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios”.</em></p><p><em>*Ruth Zauner es periodista, editora y traductora.  </em><strong>Ruth Zauner</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Zauner | tintaLibre]]></author>
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