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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 14]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 14]]></description>
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      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes: “El novelista no es un notario, sino un embaucador”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-novelista-no-notario-embaucador_1_1125654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes: “El novelista no es un notario, sino un embaucador”"></p><p>No es que estuviera dedicándose a otra cosa. Han pasado casi nueve años desde que <a href="http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com.es/" target="_blank">Felipe Benítez Reyes </a>(Rota, Cádiz, 1960) se hizo con el premio Nadal con su anterior novelas, <em>Mercado de espejismos</em>. Desde entonces ha cultivado el relato (<em>Oficios estelares</em>, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2013/05/22/un_anuario_perplejidad_3965_1026.html" target="_blank"><em>Cada cual y lo extraño</em></a>), la poesía (<em>Las identidades</em>) y el ensayo (<em>Bazar de ingenios</em>). Podría parecer que hace tiempo que no frecuenta el género narrativo por excelencia, pero no se dejen engañar. Lleva años tirando de la tanza en la que picó Antonio, el protagonista y narrador de la novela que llegó el jueves a las librerías. </p><p>O quizás picó el escritor. El caso es que Benítez Reyes lleva años desenredando la historia de Antonio, un "buscavidas" —el término es del autor, y no podría haber uno más adecuado— con el que comparte origen: el pueblo marinero de Rota. Sus calles son mucho más que el paisaje de fondo. La cercanía de la base militar norteamericana, entre otras cosas, será uno de los elementos que determinen la vida del pícaro. O al menos una de ellas. Porque vidas no le faltan a Antonio —y <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/15/el_azar_viceversa_47929_1821.html" target="_blank">aquí puedes leer un adelanto</a>—. Benítez Reyes (que responde a este cuestionario por correo electrónico) las recoge todas en un largo monólogo tan popular como literario. <strong>Pregunta. No volvía a la novela desde 2007, cuando ganó el premio Nadal. ¿Por qué ese descanso, y por qué el regreso?</strong></p><p><strong>Respuesta.</strong> En realidad, en cuanto a novela, ha habido un paréntesis de publicación, pero no de dedicación. En el intermedio, además, he publicado un libro de relatos y otro de poemas. Entre cosa y cosa, esta novela me ha ocupado los últimos siete años. Con abandonos, incluso con enmiendas a la totalidad, a la búsqueda del tono que creía adecuado y de la consistencia que pretendía dar a la historia, que requería unos equilibrios complicados entre memoria y ficción, entre reflexión y peripecia, entre diversas épocas de la vida del protagonista, que a la vez es el narrador. Es el libro que más tiempo me ha ocupado de todos los que he escrito. </p><p><strong>P. ¿Por qué esta historia sí le exigía la extensión y la forma de una novela?</strong></p><p><strong>R.</strong> Eso es algo que nunca se sabe del todo, pero hay que hacerse la ilusión de que lo sabes a la perfección. En mi caso, las novelas, como mera ocurrencia inicial, parten de una anécdota minúscula, de un levísimo fogonazo. Incluso de una simple frase. Ves el cabo de un hilo y de pronto intuyes que podrías tirar de ese hilo, hasta rebobinar el carrete en otro sitio. A veces calculas mal y el hilo es más corto de lo que pensabas. O más largo, depende. En este caso, me dio por creer que había hilo suficiente, y por eso me dediqué a tirar de él. Ha sido, en cualquier caso, un proceso muy laborioso, aunque en esto la laboriosidad no es garantía de nada. </p><p><strong>P. ¿Qué ha encontrado en la escritura de relatos durante este tiempo?</strong></p><p><strong>R.</strong> Me gusta escribir relatos. Procuro que los míos estén basados en la intensidad y en la extrañeza. En dos o tres folios tienes por una parte que acotar y por otra parte aspiras a expandir. Que el lenguaje sea muy sólido, y muy precisos los detalles, y que la historia reverbere. Ese contraste. Lo firme y lo etéreo, digamos. En cierto modo, el relato afortunado es el que empieza cuando acaba. La historia que continúa en la conciencia o en la imaginación del lector. </p><p><strong>P. Hay quien sigue sosteniendo —Alberto Olmos, por ejemplo, lo ha dicho recientemente, después de publicar justamente un libro de cuentos— que el relato es un género menor. ¿Qué respondería?</strong><a href="http://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/78239-alberto-olmos-el-cuento-es-un-genero-menor-hasta-un-bachiller-esta-capacitado-para-escribir-uno" target="_blank">Alberto Olmos, por ejemplo, lo ha dicho recientemente</a></p><p><strong>R.</strong> Pues no sé. Supongo que, al menos en principio, dependerá de qué novela y de qué relato. Es posible que no haya géneros mayores y géneros menores, sino escritores mayores o menores. Un cuento de <strong>Borges</strong>, de <strong>Arreola </strong>o de <strong>Ribeyro </strong>no creo que valga menos que una novela de <strong>García Márquez</strong>, de <strong>Arlt </strong>o de <strong>Ibargüengoitia</strong>, por ceñirme a ejemplos ultramarinos. No estoy convencido de que menos sea más, pero tampoco de que sea menos de lo que es. Es posible que las cosas no tengan valor por contraste, sino por sí mismas.</p><p><strong>P. Hay elementos de la novela que tienen ecos en sus dos libros de relato anteriores. Pienso en los tebeos de superhéroes, los cines de adolescencia, las antigüedades, los pueblos costeros… </strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, y también en algunas novelas anteriores. En la última lectura que hice de esta novela, ya en galeradas, me di cuenta de que tiene algo de corolario de todas mis tentativas narrativas anteriores. Una especie de compendio. De confluencia de tonos, motivos y procedimientos.</p><p><strong>P. ¿En qué momento se le apareció el personaje de Antonio, Antoñito…? Porque da la impresión de ser un encuentro más que una construcción. </strong></p><p><strong>R.</strong> Supongo que una mezcla de ambas cosas. Cuando concibes un personaje que va a hablar en primera persona no sólo tienes que atribuirle una historia, unas anécdotas, sino también una conciencia. En gran medida, ese era el reto: construir una conciencia, un pensamiento que diese coherencia a un determinado comportamiento. En la vida, las desconexiones entre las convicciones y las acciones son inevitables, pero en una novela suelen resultar intolerables.</p><p><strong>P. El autor aparece como mero copista de las memorias de Antonio. ¿Por qué eligió esa estrategia narrativa?</strong></p><p><strong>R.</strong> Un ardid como cualquier otro, supongo. Quise hacer una narración que mezclase la artificiosidad del estilo con un tono de oralidad. Que el texto, a pesar de estar muy escrito, sonase como un monólogo conversacional.</p><p><strong>P. Otro gaditano especialmente interesado en el habla popular del sur, Eduardo Mendicutti, ha elegido esa construcción en novelas como Una mala noche la tiene cualquiera. ¿Qué posibilidades tiene este tipo de monólogo?</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/04/los_travestis_que_hicieron_podemos_45833_1821.html" target="_blank">Eduardo Mendicutti</a><em>Una mala noche la tiene cualquiera</em></p><p><strong>R.</strong> No estoy tan cerca del habla popular como Mendicutti en algunas de sus novelas. Eso él lo hace magistralmente, porque aparte de una prosa muy buena tiene un oído infalible, al igual que otro gaditano, Fernando Quiñones. Me temo que mi búsqueda del espejismo de la oralidad está más en el tono que en la transcripción exacta del habla.</p><p><strong>P. La geografía de la infancia del protagonista, así como ciertos modos de hablar, son un fantasma constante a lo largo del texto. ¿Estamos ante una cierta construcción autobiográfica?</strong></p><p><strong>R.</strong> En broma, pero a la vez muy en serio, suelo decir que mis novelas son tan autobiográficas como el <em>Drácula </em>de <strong>Bram Stoker</strong>. No me interesa contar mi vida, sino imaginar una vida que tenga que ver lo menos posible con la mía, porque no me tienta la confesionalidad. Hay cosas allí que por supuesto he vivido, he pensado o he sentido, pero en las novelas las transformo hasta convertirlas en experiencias ajenas. Digamos que no me disfrazo con las ropas de mis personajes, sino que en cualquier casos les presto un paraguas o un abrigo.</p><p><strong>P. ¿Qué elementos del relato de Antonio ha recogido (es un decir) de la calle? ¿Alguna anécdota, algún personaje…?</strong></p><p><strong>R. </strong>Lo que te decía: las realidades las transformo a capricho y conveniencia, en función del propósito del relato. Al fin y al cabo, el novelista no es un notario, sino un embaucador.</p><p><strong>P. Uno de los rasgos principales del personaje es su procedencia. ¿En qué medida condiciona su personalidad y su destino? ¿Podría ser Antonio de otro lugar?</strong></p><p><strong>R.</strong> El haber nacido y crecido en Rota, mi pueblo, le condiciona, claro está, en especial por la presencia de la base militar norteamericana, que tiene mucho protagonismo en la primera parte de la novela. Por diversos motivos, eso incide de manera determinante en el rumbo de su vida. De haber nacido en Chipiona, por ejemplo, a apenas 15 kilómetros de aquí, su vida hubiese sido sin duda alguna muy distinta. En este caso, el escenario es también un personaje central.</p><p><strong>P. Antonio se define como “buscavidas” y podría ser un pícaro del siglo XX. ¿Cómo trasladar al presente esta figura?</strong></p><p><strong>R.</strong> Al menesteroso la vida suele condenarlo a la condición de buscavidas. Eso es invariable en cualquier época histórica y en cualquier lugar del planeta, y me temo que con mal arreglo en el futuro. Si es que no vamos a peor y de aquí a poco resulte imposible incluso aspirar a ser un buscavidas.</p><p><strong>P. ¿En qué medida afecta el contexto político —del franquismo a la actualidad— a sus aventuras? Antonio parece haber construido un mundo paralelo a la realidad, y bastante sólido. </strong></p><p><strong>R.</strong> En la primera parte de la novela, sobre todo, he intentado reflejar el ambiente de confusión política que podía haber en los últimos años del franquismo, al menos en mi pueblo, cuando los jóvenes andábamos buscando ideales políticos que incluso podían enfocarse en <strong>Mao Zedong</strong>, que por entonces se llamaba Mao Tse Tung. En la novela se llega a constituir una comuna anarquista, bajo la inspiración y las directrices de una especie de réplica municipal de Bakunin. En cuanto al mundo paralelo… me temo que, de una manera o de otra, todos lo son. Hay una parte de nosotros que siempre se mueve en una especie de realidad psicodélica.</p><p><strong>P. El protagonista se siente y se declara gobernado por el azar, arrastrado por fuerzas superiores. Esta sensación de poco poder sobre su vida, ¿está conectada con su procedencia humilde? ¿Están algunos más sometidos a los designios del azar que otros?</strong></p><p><strong>R. </strong>De los caprichos del azar no creo que se libre nadie, nazca rico o nazca pobre. El grado de desvalimiento o de protección varía según las circunstancias de cada cual, por supuesto, pero no creo que nadie se libre del todo de ser una marioneta no sólo en manos de la casualidad, sino en manos de sí mismo, que suele ser lo peligroso. El protagonista se ve obligado a ganarse la vida desde los 13 años, y el hecho de tener que ganarse la vida desde niño conlleva el riesgo de echarse a perder la vida desde niño.</p><p><strong>P. Antonio está preocupado por la capacidad o los límites del hombre para narrarse a sí mismo. Teme no ser fiel a su vida, a la realidad, o que esta sea demasiado caótica como para poder contarla. ¿Compartes esa preocupación? </strong></p><p><strong>R.</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>La memoria personal es siempre un poco engañosa, por no decir que un poco fullera. Cuando hacemos recapitulación de nuestro pasado, es difícil que no resultemos ligeramente delirantes. Hay quien tiende a degradar su pasado, a melodramatizarlo, y hay quien opta por darse la absolución y erigirse su propia estatua, incluso ecuestre. Mi personaje creo que está en un punto intermedio, como tal vez la mayoría de la gente. El relato literario de una vida no es estrictamente el testimonio fiel de una vida, sino su recreación. Una especie de cadáver maquillado y vestido con su traje de los domingos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Hacer fácil lo difícil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/facil-dificil_1_1125645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bdf4dc9d-4634-416e-8a37-e555cf1054e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacer fácil lo difícil"></p><p>En abril cumple un año el primer club de lectura fácil de la biblioteca pública provincial de Córdoba. Un club que desde hace unos meses ha crecido y todos los días de la semana, excepto los jueves, las palabras, las risas y las lecturas llenan el espacio de la sala juvenil de diez a doce de la mañana. Cuatro grupos de personas con síndrome de Down que se reúnen acompañados de dos personas de la asociación y de la biblioteca.</p><p>El proceso ha sido lento y ha necesitado no solo una implicación clara tanto económica como de personal, sino también un esfuerzo por transmitir las posibilidades que esta actividad ofrece a determinados colectivos y animarlos a que la incluyan en sus programas. En el año 2013, nuestra biblioteca orienta el fomento a la lectura hacia grupos que por diversos motivos tuvieran problemas de comprensión lectora y trabaja para la creación de clubes de lectura fácil. Sin embargo, no ha sido hasta el año 2015 cuando, en colaboración con la Asociación Síndrome de Down de Córdoba, se puso en marcha el primer club de estas características, el club Imaginando. <strong>Juan</strong>, <strong>Sergio</strong>, <strong>José Luis</strong>, <strong>David</strong>, <strong>Ángel</strong>, <strong>Raúl</strong> y <strong>Carlos</strong> son los integrantes de este club. Con ellos, con <strong>Pepe Cámara</strong>, profesional del servicio de formación e inserción cocial de la asociación y con <strong>Gloria Martínez</strong> iniciamos una aventura nueva en sus planteamientos, en sus textos y en sus lectores. </p><p>El primer día recibimos a unos chicos que no habían estado nunca en la biblioteca, que miraban con curiosidad cada estante y que esperaban inquietos. Entraron con la timidez del desconocimiento después de dejar, muy cerca, el autobús que los había traído. Esa es su rutina semanal, y cuando ahora los vemos con su andar pausado subir a la sala juvenil van confiados, expectantes, ilusionados. <a href="http://www.lecturafacil.net/es/" target="_blank">Los libros de lectura fácil</a> expresan cualquier mensaje de forma sencilla y clara para que todos podamos entenderlo. Están escritos con una serie de criterios, establecidos en todo el mundo: evitan las metáforas, los conceptos abstractos, las oraciones subordinadas; tienen la letra más grande y más espaciadas, explicaciones al margen de algunas palabras y el texto no se justifica. Como en cualquier club de lectura se lee un libro, pero lo leemos en la reunión, en voz alta, cada uno de ellos una parte y paramos la lectura de vez en cuando. Hay palabras que desmenuzar en su significado más cercano o hay que cambiar las letras escritas por imágenes. También hablar sobre lo leído, contar lo escrito a su manera lenta, recordar nombres y, lo más difícil, desentrañar emociones y sentimientos. En los clubes de lectura fácil la palabra se paladea y la narración establece un vínculo afectivo y emocional.</p><p>Los lectores de nuestro club disfrutan de las aventuras leídas y participan en otras actividades que la biblioteca programa para todos. Así, cuatro de ellos leyeron fragmentos, previamente trasladados a lectura fácil, de la segunda parte del <em>Quijote</em> en la lectura colectiva que se hizo con motivo de Día de la Lectura en Andalucía. También coincidiendo con el Día de las Bibliotecas reunimos a clubes, miembros de la Asociación de Síndrome de Down de Córdoba y público en general para presentar, con el delegado de Cultura, presidente de la asociación y director de la biblioteca, el club Imaginando y mostrar cómo se había desarrollado esta experiencia pionera en Córdoba a través de las palabras de los chicos del club y de un vídeo que resumía su primera lectura.</p><p>En enero de este año se han formado tres clubes más con personas con síndrome de Down y se han incorporado <strong>Gracia Marín</strong>, profesional del servicio de formación e inserción social de la asociación y, por la biblioteca, <strong>Blanca Jiménez</strong>. Sin duda, este interés es una muestra de sus beneficios, aunque lo más satisfactorio es observarlos cuando leen cómo se van adentrando en la historia e inmersos en el texto sonríen, fruncen el ceño, mueven el dedo sobre la línea escrita, se sorprenden por lo que sucede. El club los ha integrado en la comunidad lectora que aprende, conoce, descubre habilidades y, sobre todo, disfruta de historias y momentos que fortalecen las relaciones de todos. Porque leer, además de un placer, es un derecho hay que potenciar la creación de estos clubes de lectura para los grupos de ciudadanos que tienen dificultades para comprender lo que leen.</p><p>Este es el último libro leído.</p><p>  <strong>La llamada de lo salvaje</strong></p><p><strong>Jack LondonAlmadrabaMadrid2006 </strong></p><p>Un clásico de la literatura universal adaptado a la lectura fácil. El protagonista es un perro, <em>Buck</em>, vendido para tirar de un trineo que lleva las cartas a la lejana ciudad de Dawson, en Alaska, donde la fiebre del oro ha atraído a de todo tipo de personas. Las aventuras de <em>Buck</em> con su compañeros de viaje y con los distintos dueños que lo van comprando modifican su condición de animal de compañía y lo acercan a sus orígenes, la vida libre y salvaje en las montañas. Este libro fue el primero elegido por el club entre las cinco novelas que les mostramos, y se leyó muy poco a poco. Con el paréntesis de los meses de verano, no lo terminamos hasta octubre. La lectura se complementó con otras historias relacionadas con lo leído y con actividades que afianzaran la compresión del libro. Así, para recordar cada semana qué había pasado hasta ese momento hicimos unas cartas con las imágenes que conocían y jugábamos con ellas antes de continuar la lectura. También un <em>diccionario</em> de todos los personajes y, al final, entre todos creamos nuestra propia historia de <em>La llamada de lo salvaje</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>que encuadernamos y personalizamos para que tuvieransiempre con ellos al perro que les había acompañado tantos días. Buck ha quedado en estos lectores como un perro valiente y leal y con él han descubierto que les gusta leer.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gloria Martínez Gallego]]></author>
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      <title><![CDATA[‘El último encuentro’, de Sándor Márai]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimo-encuentro-sandor-marai_1_1125640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a44a9691-0166-40c0-bf82-de7642e8503d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El último encuentro’, de Sándor Márai"></p><p>Gracias al club de lectura a veces tenemos la gran suerte de tropezarnos con lecturas sorprendentes, con libros singulares de escritores menos conocidos, pero sí destacados y relevantes. Eso nos ha ocurrido este mes con <em>El último encuentro</em>, de <strong>Sándor Márai </strong>(1900-1989).  Escrito cuando este novelista y periodista húngaro tenía 42 años, de sus páginas emanan sentimientos y pensamientos inherentes al género humano que están por encima de épocas, culturas y geografías. Tal vez las circunstancias vividas por Márai siendo un escritor de gran prestigio en su país y prohibido después por la ocupación soviética, emigrante en diversas ciudades, antifascista y anticomunista, moldearan un espíritu libre y crítico con la sociedad que le tocó vivir, realizando una prosa realista y descarnada que hace plantearse muchas cuestiones y cuestionarse planteamientos aceptados, no dejando al lector indiferente.</p><p>Henrik y Konrád, dos ancianos que habían sido amigos inseparables en su juventud se encuentran después de 41 años sin verse. En ese reencuentro existe una <em>deuda </em>pendiente que uno de los personajes le exige al otro. “Uno se pasa toda la vida preparándose para algo. Primero se enfada. A continuación quiere venganza. Después espera”, piensa Henrik mientras prepara la cita con su amigo. La historia se sitúa a comienzos del siglo XX en Hungría, en un castillo de caza que ha perdido el brillo de otros tiempos y donde vive este general ya retirado. Mientras espera, Henrik rememora su niñez acomodada y segura, su juventud complaciente, su destino heredado y predecible. La amistad de Konrád fue la relación más intensa de su vida pero esta extraordinaria circunstancia es precisamente el desencadenante de la acción en la novela.  En un tono cordial pero frío comienza un combate sin armas, un duelo de palabras que hace vibrar hasta los muros del viejo castillo. </p><p>Y a través de las palabras vamos conociendo a los personajes, las inquietudes que los atormentan y los ideales que los definen. El sentido profundo de la amistad como pilar fundamental de la vida; la búsqueda de la verdad como único objetivo, a pesar de que la verdad no es absoluta y tiene múltiples apreciaciones; la venganza serena y paciente que se debate entre la traición y la culpa; el poder hacia los otros cuyo dominio acaba en desprecio; la responsabilidad en las acciones personales  que a veces  acarrean consecuencias negativas  que debemos asumir; el bienestar heredado que produce una felicidad confortable difícil de mantener; la aceptación de quiénes somos por encima de nuestro carácter y nuestras circunstancias; la seguridad y la confianza que nos regalan quienes amamos; el valor subjetivo de la lealtad antepuesto a la libertad del otro; las inevitables máscaras que llevamos para no parecer vulnerables y que ocultan nuestro  auténtico yo;  la pasión como verdadero motor de la existencia, como el impulso necesario para  una vida plena.</p><p>A través de un estilo cautivador y personal, con una prosa ágil y costumbrista plagada de bellas y singulares comparaciones, el autor nos transmite también una profunda melancolía no exenta de nostalgia. El ritmo es sosegado y la comunicación entre los personajes va pausando la acción hasta casi detenerla. Sin embargo la pulsión de las palabras y la incertidumbre nos atrapan de tal modo que tenemos que seguir leyendo.  El pasado se transforma en presente y el narrador omnisciente deja de ser protagonista para convertirse en espectador cambiando el tono del relato, como un pintor que plasmara la realidad de un paisaje. </p><p>Aunque los protagonistas son masculinos existe un contrapunto femenino en los personajes de dos mujeres fundamentales que forman parte de la historia: Nini y Krisztina. La primera es discreta y permanece siempre en la sombra, pese a ser un soporte indispensable. La presencia de la segunda es paradójicamente tan importante como su inevitable ausencia. </p><p>Esta singular novela puede parecer a veces un ensayo filosófico, pero incluso las disertaciones contienen pequeños relatos con una fuerza narrativa que atrapa al lector. Y mediante las precisas herramientas de la literatura “todo depende de las palabras, de las que uno dice a su debido tiempo, o de las que calla, o de las que escribe”, Sándor Márai nos cuenta hechos, expresa ideas, confiesa emociones y nos regala esta sencilla y a la vez compleja historia que remueve, agita y cuestiona hasta los más sólidos principios. Aunque para ello tengamos que asimilar lo leído y estar dispuesto a seguir usando las palabras en aras de una apasionante conversación. </p><p><em>*Chary Arbolí es la responsable del club lectura de la biblioteca pública Juan Ramón Jiménez de Sanlúcar la Mayor.</em><strong>Chary Arbolí</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-parece-don-quijote-vuelto_1_1125636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e37237b0-6440-4539-8d95-f80733f3457d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es lo que parece o don Quijote ha vuelto"></p><p><em>(Comienza Andrés Trapiello)</em><strong> Andrés Trapiello</strong></p><p>Los alumnos de 2º del colegio Nuestra Señora del Mar, de El Ronquillo, fueron dejando en la mesa del profesor, al entrar en clase, el trabajo de redacción de tema único: “Don Quijote ha vuelto”.</p><p>La idea de los responsables de Educación de la Junta de Andalucía fue esta: para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de <strong>Cervantes</strong>, los alumnos de EGB y Bachillerato debían encontrar entre las gentes de hoy, nacionales o extranjeras, a quien en su opinión encarnara mejor las virtudes, se supone que explicadas por los profesores en clase, de don Quijote de La Mancha. Los trabajos participarían en un concurso cuyo primer premio consistía en un viaje de tres días con los gastos pagados a Argamasilla de Alba y otros lugares quijotescos. </p><p>Como buen cervantino le gustaron todos, en todos encontró algo genuino y los que no le divirtieron por discretos le hicieron sonreír por disparatados. ¿Quiénes eran los nuevos quijotes en opinión de sus alumnos? Había para todos los gustos: el rey <strong>Felipe</strong>, algún que otro político, científicos, voluntarios, cooperantes y activistas de oenegés, <strong>Cristiano Ronaldo</strong> (“por razones humanitarias”, y aquí soltó la carcajada, y también cuando llegó a la parte en la que aparecía <strong>Leo Messi</strong> como Sancho Panza), <strong>Bill Gates</strong> (en este coincidieron cinco o seis) e incluso hubo una alumna, esa que está enamorada en secreto de su profesor, que no dudó en elegirle a él, José Luis Pellitero, si no como nuevo don Quijote, sí como reencarnación de Cervantes, ya que le había oído decir a él en clase que seguramente don Quijote tenía tanto de loco como de cuerdo, pero también que se parecía mucho a Cervantes en lo guasón. No obstante, de todos los trabajos el que sin duda llamó más la atención del profesor fue el de Farouk Abdelhay. No le extrañó, porque lo tenía por uno de los más inteligentes, aunque fuera también uno de los que le alborotaban la clase. Fue el único que había encontrado a don Quijote en El Ronquillo. Pellitero dio las gracias a sus alumnos, celebró el alto nivel de los ejercicios, comentó varios de ellos y anunció que el seleccionado para concursar era el de Farouk. </p><p>Se armó un grandísimo revuelo, con alborotos y parabienes, porque Farouk tenía muchos partidarios, y también se oyeron dos o tres tímidas protestas de algunos envidiosos que no entendían cómo un moro que ni siquiera era capaz de hablar español sin acento fuese el ganador de un trabajo de lengua.</p><p>Al acabar la clase, Farouk, a solas con el profesor, le dijo que no quería concursar. En realidad le dijo que no podía concursar: si llegaba a oídos de su padre que había contado aquello, lo mataba. </p><p>Este era el hecho: un domingo de hacía un año, recién llegados a El Ronquillo, cuando apenas les conocía nadie en el pueblo, a su padre lo sorprendió el guarda de La Solana furtiveando la finca de la marquesa de Ajales, setecientas hectáreas, un tercio de cereal, otro de olivar y otro de monte. Lo llevaba a punta de escopeta al cuartelillo. Al rato se cruzó con ellos Braulio, albañil y muy conocido en el pueblo. Venía de cazar del coto cercano que tenía la Sociedad de Cazadores de El Ronquillo. El guarda le contó lo que pasaba y le mostró triunfal la liebre que había decomisado a aquel hombre. Preguntó Braulio al furtivo si era verdad lo que decía el guarda, y este asintió con la cabeza, y en mal castellano añadió que ponía los lazos por necesidad. El guarda apenas le dejaba hablar y repetía prolijo: “Pues no haber entrado en mi finca, so cabrón; a robar a tu país, que allí bien que os dan por culo y os cortan la mano” (esta parte José Luis Pellitero era partidario de redactarla de otro modo). Braulio, que oía aquello en silencio, dijo al fin: “Mira, Manolo, tú eres un gilipollas (también habría que cambiar esta palabra) si por una liebre montas este escándalo; ¿no te acaba de decir que lo hace por necesidad? Devuélvele la liebre y déjale marchar”. “No me toques los cojones (ídem) y métete en tus cosas”, le respondió el guarda. Discutieron al principio normal y luego a gritos, hasta que Braulio lo apuntó con la escopeta y le dijo que o lo soltaba o le soltaba a él un tiro en la barriga, y que si no iría él mismo a la Guardia Civil a denunciarlo por abuso de autoridad. </p><p>No tuvo otra el guarda que soltarlo, y Karim, padre de Farouk, en cuanto se vieron libres de él, se lo agradeció con lágrimas en los ojos y no consintió que Braulio se fuese sin antes pasar por su casa y conocer a su familia, a su mujer, a su suegra y a sus cinco hijos, la mayor de los cuales, Axa, era entonces una muchacha de 17 años, alta para su edad, bellísima, con unos ojos grandes y negros como aceitunas y una sonrisa que no parecía de este mundo. Braulio, soltero, 37 años, se enamoró de ella desde aquel día y empezó a frecuentar la casa de Karim, y sin que nadie se explicase cómo, pues jamás los vieron hablar ni nadie sospechaba nada, el mismo día en que Axa cumplió los dieciocho Braulio se la llevó a vivir con él. Los padres y hermanos de Braulio dejaron de hablarle y los padres y tíos de Axa amenazaron con raptarla y devolverla a su aldea, donde la habían prometido a un viejo desde que era niña, y si no la matarían.</p><p>“Y de paso me corta los <em>güevos </em>(habla bien, Farouk, le amonestó el profesor), si llega a oídos de mi padre que he contado esto”. Pero nadie le podría quitar de la cabeza a él, Farouk, que de no haber sido por Braulio a su padre lo hubieran metido en la cárcel y los hubieran deportado a todos. Braulio era un nuevo don Quijote, decía en su redacción, pues había remediado una grandísima injusticia a punto de cometerse, y aunque ahora las cosas anduvieran tan revueltas en su casa, para él Braulio seguía siendo un quijote. Cierto que esa parte de la historia ya no la había metido en su trabajo (dos folios), pero tenía muchas razones para seguir pensando que quien se había arrejuntao (juntado, Farouk, le corrigió el profesor) con su hermana era un gran tipo, por cosas que le había contado de él su hermana, cuando iba a visitarla en secreto, y por cosas de las que él mismo era testigo y que tenían que ver con el contrabando de tabaco. </p><p>De estos últimos negocios, naturalmente, no le dijo una palabra al profesor.</p><p><em>(Continúa Juan Marqués)</em><strong>Juan Marqués</strong></p><p>Algo de don Quijote, en verdad, debía de tener el profesor Pellitero, pues, impresionado por el relato de su alumno, decidió hacer sus propias pesquisas, tratar de enterarse de más, asegurarse de que nadie estaba cometiendo ni sufriendo ningún tipo de agravio o de necesidad. Ante algunos delitos se podía hacer la vista gorda, pensaba Pellitero, pero no ante las injusticias.</p><p>El joven maestro, gran madrugador, tenía para sí que todas las cosas de cierto valor que había hecho en su vida las había hecho antes de las nueve de la mañana, de modo que un martes, cuando apenas empezaba a amanecer, salió por la puerta de su casa y se subió al coche, decidido a merodear por la finca donde vivían Braulio y Axa.</p><p>El cielo se abrió como un libro en cuanto dejó atrás el cartel que decía: “El Ronquillo les da las gracias por su visita”. Era principios de abril. El campo estaba vacío pero radiante. Pocos kilómetros después se cruzó con algunos cazadores en busca de perdices o conejos. Sólo se dejaban ver los pájaros que se sabían a salvo, no codiciados por los cazadores, y ésos se hacían notar con todo el jolgorio y la alegría de la primavera. A la algarabía se unieron las cigarras, los grillos y enseguida el sol, discreto pero en buena forma, majestuoso a su pesar, subiendo.</p><p>Pellitero comenzaba a estar seguro de que se había confundido de desvío cuando se encontró junto a una pequeña casa que respondía con exactitud a la descripción que Farouk le había hecho de la vivienda de su hermana. Era un lugar modesto, amplio pero desangelado, con un huerto, un tendedero y, junto a una hormigonera oxidada y una manguera descolorida, restos de material de construcción acumulado sobre el suelo y apoyado contra una pared, demasiado cerca de la puerta. Todavía era muy temprano y no se veía a nadie.<em>(Continuará Carlos Marzal)</em></p><p><strong>Carlos Marzal</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Trapiello / Juan Marqués]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Las dos hermanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hermanas_1_1125631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/83d58966-52c8-47e9-8b2b-44157a24885b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las dos hermanas"></p><p>Somos una generación afortunada. Muy pocas veces alguien tiene la suerte de asistir al nacimiento de un arte y jamás es consciente de estar haciéndolo. Normalmente se considera un divertimento de feria —“¡Pasen y vean, imágenes en movimiento que emulan la realidad!”— o incluso algo peligroso —“¡Niño deja de jugar con los marcianitos que te vas a quedar tonto!”—. En la gran familia de las artes, los más pequeños tardan en madurar para poder seguir los pasos de sus mayores. Ese es el caso de Cine y Videojuegos. Videojuegos contemplaba a Cine, su hermana mayor, una mujer llena de éxito, reconocimiento y futuro, y era difícil no sentir envidia. Videojuegos había nacido hacía muy poco en un ambiente muy duro, con un pequeño grupo de seguidores que tenían miedo de proclamar que la hermana pequeña de las artes algún día sería la más grande de todas ellas y llenaría de orgullo a su familia. Sin embargo, había alguien que nunca dudó de ella: su hermana mayor Cine. Sus inicios tampoco habían sido fáciles y tuvo que trabajar duro para tener éxito. </p><p>Somos una generación afortunada porque ahora Videojuegos está saliendo de la adolescencia, ofreciéndonos todo su potencial y demostrando que la narrativa cinematográfica puede aplicarse a los videojuegos e incluso ir más allá. Son muchos los que aún miran con recelo a quien afirma que los videojuegos son un arte. Sería ridículo decir que todos los videojuegos son una obra artística, al igual que lo sería decir que todas las películas de cine son arte. Hay productoras a lo largo del mundo que sí se han atrevido a dar el paso hacia un lenguaje más complejo, intentando llegar a sumergir al espectador en mundos maravillosos y haciendo que al abandonarlos no salga de la misma manera que entró. Todas ellas se sirven de la principal herramienta que define a los videojuegos y de la que carece el cine: la interactividad. ¿Quién no ha deseado alguna vez entrar en una película a voz en grito reprendiendo al protagonista por su ridícula decisión? La posibilidad de proyectar nuestra voluntad en una película es algo que siempre hemos deseado, a la vez que hemos lamentado estar a este lado de la pantalla. La hermana Videojuegos nos permite entrar dentro, pulverizando la cuarta pared para poder vivir la aventura sin resignarnos solo a contemplarla.</p><p>Un muy buen ejemplo de esta nueva forma de afrontar la narrativa audiovisual es la productora <a href="https://www.telltalegames.com/" target="_blank">Telltale Games</a>. El modelo de negocio de este estudio es muy sencillo: consiguen los derechos para hacer un videojuego basándose en los más exitosos productos audiovisuales, ya sean series, películas o videojuegos. Tras esto, narran una historia dentro del universo en el que se desarrolla el producto pero haciendo que las decisiones del videojugador sean determinantes para el final de la historia. De esta forma, podemos sumergirnos en el apocalíptico mundo de<em> The walking dead </em>y decidir cómo afrontar esta terrible situación. </p><p>La historia que nos plantea la serie de televisión es muy sencilla: hasta donde estás dispuesto a llegar por sobrevivir. La gran ventaja que nos ofrecen la historias de zombis es que los zombis son el principal problema tan solo al principio. Tras los primeros compases de la historia, nos damos cuenta de que la auténtica amenaza son los humanos que, impulsados por la necesidad de vivir, son capaces de terribles atrocidades. La serie nos pone en la piel de un grupo de supervivientes que tendrá que ir renunciando poco a poco a su humanidad para sobrevivir. Este planteamiento es muy correcto en la narrativa cinematográfica que sigue la serie. El espectador vibra y se sorprende por los hechos que se narran, todo gracias a la empatía que siente por los personajes, sin embargo, las decisiones tomadas por ellos no siempre tienen que coincidir con el criterio del espectador, siendo esto un problema a la hora de tender puentes empáticos. </p><p> Cuidado, spoilers. Espisodio 1 completo del videojuego<em> The walking dead</em>, subitutlado al español.</p><p>El planteamiento del videojuego es distinto. El nombre de nuestro protagonista es Lee. Al principio de la historia vamos detenidos en un coche de policía y el agente que nos está llevando nos pregunta qué hemos hecho. Esa es la primera decisión de otras muchas que irán configurando nuestra historia. El videojuego nos advierte en todo momento que cualquier decisión que tomemos tendrá una repercusión tanto en la historia como, sobre todo, a la hora de decidir cómo es Lee. A los pocos minutos de juego encontramos a una niña abandonada en una casa, sus padres han muerto, tendremos que hacernos cargo de ella y afrontar el aterrador universo de <em>The walking dead</em>. Todos estamos de acuerdo en que acogeríamos y protegeríamos a la niña, la pregunta es: ¿es preferible que la pequeña viva completamente ajena al horror que se está desarrollando?¿Sería mejor modular la información que va recibiendo para que entienda poco a poco lo que está pasando?¿Sobreprotegerla no hará que sea incapaz de valerse por sí misma si nos ocurre algo? Estas preguntas son las que nos rondarán en la cabeza en cada decisión que tengamos que tomar. La desarrolladora es consciente de que quien se asoma a este juego no busca otra cosa que una historia apasionante, por tanto no exige que el videojugador tenga ninguna experiencia previa, haciendo que el control sea increíblemente sencillo. La narrativa del videojuego <em>The walking dead</em> es impecable, sumergiéndonos en una historia que han conseguido hacer nuestra. Creo que sería una lástima no permitir que la hermana pequeña de Cine nos enseñe todo lo que ha aprendido desde que la vimos nacer. </p><p><em>*Pablo Medina es profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.</em><strong>Pablo Medina</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Medina]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Literatura,Videojuegos,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La belleza y el sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/belleza-sistema_1_1125627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da1b779b-1d04-490e-9c28-cf1e70fc505c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La belleza y el sistema"></p><p><strong>La muerte de Ulises</strong><strong>Petros MárkarisTusquetsBarcelona2016</strong></p><p><strong>Petros Márkaris</strong> es el máximo exponente griego de la novela negra mediterránea —una categoría sólo sugerida... pero de la que formarían parte autores como <strong>Vázquez Montalbán</strong>, <strong>Camilleri </strong>o <strong>Izzo</strong>, por citar tres culturas mediterráneas por antonomasia—. Pero Petros Márkaris, después de tantos años relatando las investigaciones del comisario ateniense Kostas Jaritos  no es sólo eso, sino que también es un escritor comprometido con su tiempo. No piensen tanto en un intelectual de los que se codean con el poder y lanzan grandes soflamas en <em>prime-time</em>, más bien nos encontramos con alguien que habla con sus conciudadanos en la parada del autobús y trata de expresar y fortalecer la voz del común a través de sus novelas. Su último libro publicado se titula <em>La muerte de Ulises </em>y toma el nombre de uno de los relatos que incluye. En todos ellos se muestra con claridad las preocupaciones del ciudadano Márkaris: las consecuencias de la crisis económica en las personas, la radicalización de unas clases medias que ven amenazado su estatus y buscan culpables donde no los hay, el ascenso de ideologías xenófobas entre los más perjudicados, el olvido de experiencias históricas no tan lejanas... Nada que no estuviera ya en su trilogía/tetralogía de la crisis o en el libro de ensayos<em> La espada de Damocles</em>, pero refinado y condensado.  Son muchas las cuestiones que suscitan estos relatos —entre los que destaca majestuosamente "Tres días", una pieza genial que conecta diferentes épocas de la historia griega a través de un artificio literario magistral que no se puede desvelar— de total actualidad y que mezcla el drama de la inmigración con la historia de los oprimidos, los desvaríos del poder y la fina ironía del propio Márkaris en boca de su comisario Jaritos.</p><p><strong>Aquí vivió. Historia de un desahucio</strong><strong>Isaac Rosa y Cristina BuenoNube de TintaBarcelona2016</strong></p><p><strong>Isaac Rosa</strong> se adentra en el mundo de los desahucios a través de una novela gráfica impactante en la que la protagonista, Alicia, una niña adolescente que se ha mudado de casa con su madre, revive la historia de los anteriores inquilinos, desahuciados. Alicia encuentra el diario de otra niña llamada como ella y de su misma edad que sufre las consecuencias de un desahucio, por lo que empieza a investigar y a entrar en contacto con las PAH (Plataformas Antidesahucios) y sus asambleas, para darse cuenta de lo que supone este drama en la actual sociedad.</p><p>El libro, dibujado con maestría por <strong>Cristina Bueno</strong> —con predominio de los colores fríos, sobre todo el verde, para dar mayor luminosidad al dibujo—, supone dotar de otra mirada a este tema, homenajeando a toda la gente que con valentía y dignidad se ha organizado para dar apoyo y resistencia a los desahucios, de una manera clara y profunda en la que cualquier lector entenderá las consecuencias que acarrea para cualquier persona tener que abandonar su hogar. Esta novela gráfica describe de manera magistral no solo las experiencias de los desahuciados, sino el recorrido y experiencias de los que tienen que ver con un desahucio, desde el funcionario que entrega la primera notificación, pasando por el director de banca que autoriza un préstamo abusivo, hasta el cerrajero que cambia la cerradura de la casa o el nuevo comprador que adquiere una casa a precio más barato proveniente de un desahucio. </p><p>Un libro valiente y necesario que hará reflexionar a cualquiera, y que quedará en la memoria de aquellos que sufren esta lacra por sus certeras descripciones y por la verdad que encierra cada viñeta y cada palabra. Una novela gráfica imprescindible para conocer el relato de este drama social y el espíritu de lucha de todas esas personas que de manera solidaria, entregan su tiempo y esfuerzo para ayudar a los demás.</p><p><strong>El hijo de César</strong><strong>John WilliamsPàmiesMadrid2016 </strong></p><p><strong>John Williams </strong>es ya un autor imprescindible para Muga. Su novela <em>Stoner</em>, un clásico ya de la literatura sobre la belleza de lo cotidiano; la vida de un hijo de agricultores que se convierte en profesor universitario sin aparentemente alicientes pero que es el retrato sentido y profundo de un perdedor a través de un relato inolvidable. Aquí destacamos su última novela, que aún no estaba publicada en España. Se trata de <em>El hijo de César</em>, de la editorial Pàmies, una extraordinaria novela histórica ambientada en la convulsa Roma del año 44 cuando <strong>Julio César</strong> es asesinado y se establece una encarnizada lucha por el poder. Hermosa novela sobre la fundación de un imperio y que fue merecedora del National Book Award. Una obra maestra.</p><p><strong>El Sistema</strong><strong>Ricardo Menéndez SalmónSeix BarralBarcelona2016</strong></p><p><strong>Ricardo Menéndez Salmón</strong> ha ganado este año el premio Biblioteca Breve que otorga Seix-Barral (sin duda el mejor galardón de los últimos años) con su nuevo libro <em>El Sistema</em>, una fantástica novela distópica ambientada en un futuro no muy lejano donde nuestro planeta se ha convertido en un archipiélago en el que conviven dos fuerzas: los Propios, súbditos de las islas, y los Ajenos, desterrados tras disputas ideológicas y económicas. El protagonista, llamado El Narrador vive aislado en una estación donde vigila la probable aparición de enemigos del orden y poco a poco, empezará a darse cuenta de que no es tan diferente de los que vigila, dudará de sus certezas, convirtiéndose en un hombre peligroso, en un pensador incómodo. Una novela filosófica que habla del miedo al otro en una visión hiperbólica de nuestra realidad actual, que retrata la obsesión del poder por la represión, el silencio cómplice de los que callan o la reivindicación de las humanidades, de la filosofía, la literatura y la memoria como elementos claves de vertebración y cohesión social (y moral) ante el miedo y la opresión. Una gran novela que sitúa a Menéndez Salmón como uno de los escritores más brillantes de la literatura española.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Muga en la Avda. de Pablo Neruda, 89, de Madrid o en su </em><strong>librería Muga</strong><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">blog</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Muga]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Cómic,Narrativa,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Quirón y los otros hombres’, de Rosario Pérez Cabaña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/quiron-hombres-rosario-perez-cabana_1_1125617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a6f701d1-241c-43bc-b92c-aa848a8e527f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Quirón y los otros hombres’, de Rosario Pérez Cabaña"></p><p><strong>Quirón y los otros hombres</strong><strong>Rosario Pérez CabañaEdiciones en HuidaSevilla2016</strong></p><p><em>Quirón y los otros hombres</em> es el tercer poemario de la escritora sevillana <strong>Rosario Pérez Cabaña</strong>. Este es un dato importante, si reparamos en que mediaron siete años entre el primer, <em>Mientras tú cantas</em>, y el segundo título, <em>Mi padre nació en Praga</em>, que publicó también En Huida el año pasado. Esos años de poesía secreta adivino que fueron tiempos de caldero en el que se cocían a fuego lento sabrosas las crudezas y sabias las sustancias que ahora conforman el personalísimo discurso poético de Rosario Pérez Cabaña. Poesía nutritiva, alimento en verso que fascina, fuera de toda norma de escuela o catecismo.</p><p>Este poemario también es un cómplice emocionante, que a la vez pide una valiente implicación sensible del lector. No, ni por oscuro, ni por simple, sino porque es el dialogismo lírico la forma que se articula aquí el discurso y en él también el lector está llamado a nombrarse, a compartir conversación y a desvelarse... Ya se sabe, es siempre por mor del otro que el uno mismo se descubre.</p><p>El libro se estructura en la forma de un canto a cuatro voces, bajo cuatro leves tramas narrativas que doblan el sentido de cada poema, bien se lea como composición autónoma, bien como episodio del relato fragmentario en el que queda inserto por la autora. Estas tramas delicadas organizan el libro en cuatro secciones agrupadas en dos partes bien diferenciadas. </p><p><em>Quirón </em>llena la primera parte al completo, donde la voz del yo lírico, una voz de mujer, se dirige bajo la advocación de <strong>Rubén Darío</strong> y <strong>Borges</strong>,  a un tú casi silencioso. Es el centauro Quirón, una presencia mítica, dual como la pasión y el entendimiento, quien escucha el canto de la mujer. Soberbio ejercicio de revitalización de temas modernistas, pero ya fuera de los estilemas gastados, gracias a la expresión del deseo amoroso a través de una palabra abrasada y en carne viva, poderosa, que eleva a la mujer y hace hablar a la “hermosa bestia”.</p><p><em>Los otros hombres </em>se abre como segunda parte del libro, una vez la bestia mítica tomó carne,  y compila tres secciones: "Mis últimos días con <strong>Carver</strong>", "<strong>Bernhard </strong>y la casa del lago" y, finalmente, "La cama de <strong>Onetti</strong>". El sujeto del poema se transmuta en esta sección, mucho más que un simple cambio de vestido, y se vuelve recibo de otros cantos, tal vez de muerte, siempre de esperanza. </p><p>La primera sección, la dedicada a los últimos días del narrador y poeta norteamericano Raymond Carver, se construye desde una apertura de la voz del yo que articula los poemas a la del propio Carver y a la de su esposa, la también poeta <strong>Tess Gallagher</strong>. Los poemas se construyen como glosas, variaciones o continuaciones a partir de versos de Carver o de Gallagher, y quien habla en el poema se hace uno u otro, en esta hermosísima despedida que arman sus diecinueve poemas.</p><p>"Bernhard y la casa del lago" es una sección menos apegada a una historia de dos y, sin embargo, son dos los que hablan en los poemas. Retorna de nuevo la voz de la mujer sin máscara que le regalen las ficciones de otro y se funde con la voz del impertinente Thomas Bernhard. Nunca la impertinencia fue tan hermosamente honda. Es mayor la indeterminación en estos poemas, una brumosa amargura, un descreimiento, y una fuerza en lo que queda escrito que conmueve hasta los tuétanos.</p><p>Pero será en la sección siguiente, titulada "La cama de Onetti", donde la creciente intensidad de la palabra poética de Rosario Pérez Cabaña llegue hasta sus más oscuras simas: “Me doy nombre / y me susurro y me espanto y me condeno”. Paradójicamente, la condena salva, porque cifra su martirio en el reconocimiento del poder de la literatura para hacer viva la vida (“¿cómo podría convencernos / de que alguna vez llegamos a existir?”). Esa es la gran lección de este último conjunto de poemas, donde dese las ficciones se vuelve a la vida: “...no es tanto lo que pido: / tan solo besar tu pecho / y aferrarme a tus rodillas / como los muertos se aferran a la muerte”. Un poemario de amor a cuatro voces, que camina desde el cielo hasta el infierno y se hace carne de mujer. Porque, al final, este es un libro que solo podría haber escrito una mujer, casi un breviario, un misal del rito del amor crucificado y renacido en la palabra de Rosario.</p><p>Entiéndase que no hablo de nociones abstractas, de eterno femenino, de la mirada androcéntrica, de la poesía de gineceo, de la liberación de los géneros oprimidos. No puedo hablar de eso cuando una voz se hace rosario de voces y se abre al mundo desde la mirada amorosa. El diálogo fecundo con los versos de Darío, de Carver, de Benhard, con la prosa de las novelas de Onetti, que golpea como un mazo el corazón, es el cauce de una poesía donde el “yo” no es ya más tirano, porque el vientre de la poesía se llena y se fecunda de las voces de los otros, de las vidas de los otros. Tanto amor como poemas, uno a uno, en la amargura y en la gloria.</p><p>Esto fue lo que me llevó a comenzar esta reseña señalando un dato que pudiera parecer casi improcedente, por su carácter meramente anecdótico, para una escritura crítica de urgencia como lo es esta: tercer libro, espacio en blanco, lenta maduración del alimento en cada poema, palabra a palabra, enigma apasionante sobre la mesa. ¿Qué fue cocido? </p><p>Pero es que no se puede hacer otra cosa que imaginar cuando el lector se encuentra con este libro —que son dos, el del centauro mítico y el del hombre, ángel caído, transmutado en muchos— que invita a escribir a quien lo lee, a hablarse, a rellenar los huecos consigo mismo y su experiencia de vida, para convertir el uno propio en todo aquello que pudo ocurrir en el espacio en blanco, cuando el agua cocía a fuego lento la vida. Tanto es lo que ofrecen las cuatro tramas, las cuatro voces, la reelaboración de la escritura modernista, de los relatos nada sucios —en un sentido metafísico— de Raymond Carver, del bruscamente apasionante neoexpresionismo airado de Benhard, del paso trágico con que camina la frase de Onetti. Imaginar. Todo lo que se pueda, sí, ante este libro singular por no ser uno, sino la decantada afirmación de la vida llena de nombres propios y una de las formas más bellas que he leído en la que al leer me salvo de la muerte.</p><p>Ya, un crítico no puede cerrar una reseña diciendo “yo”, ¡qué presunción!, pero, ¿dónde estaba este libro antes de que me leyera? Si se hacen esta pregunta conmigo, perdonarán entonces mi soberbia fingida, entenderán que lo único que pasa es que se “me crece la boca porque te has ido”. Se me ha ido la última palabra del libro, “muerte”, cuando se va con ella el memorial de hambre de vida de Quirón y los otros hombres, se me ha ido y no me queda otra cosa que escribir para no irme yo con ella. Hablar para no morirse, escribirse para vivir. Y es que  si un poema no desencadena otro poema, y si quien lee no se dice cuando lee, ¿para qué sirve la poesía? Igual se lo pregunto otra vez a Rosario Pérez Cabaña, cuando tenga entre las manos su próximo rosario de poemas vivos. Mientras tanto voy a seguir escribiendo mi vida y abro el libro, otra vez, para seguir imaginando lo que le dio impulso: ¿tal vez la misma existencia de la literatura como forma de besar en los labios a la vida? Tal vez. Veremos.</p><p><em>*Carlos Fernández Serrato es profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Fernández Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Fernández Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Quirón y los otros hombres’, de Rosario Pérez Cabaña]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Marienbad eléctrico’, de Enrique Vilas-Matas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/marienbad-electrico-enrique-vilas-matas_1_1125615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6da87903-ad09-4b49-9316-d76312ac0064_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Marienbad eléctrico’, de Enrique Vilas-Matas"></p><p><strong>Marienbad eléctrico</strong><strong>Enrique Vilas-MatasSeix BarralBarcelona2016</strong></p><p>Entenderán que una servidora (limpiadora de suelos durante un tiempo alegre, vale lo mismo para las pescaderas) pueda viajar a Cascais sólo por ver el faro que la enamoró en alguna obra de <strong>Enrique Vila-Matas</strong>.  Y que recuerde y sienta el bravo oleaje del océano, el viento del fin del mundo, los ojos cerrados, cada vez que leo que uno de mis novelistas favoritos ha publicado un nuevo libro.</p><p>Entenderán que si Vila-Matas puede ver a <strong>Rimbaud</strong> en el Puente de las Artes o si es capaz, ante una sensación producida por la inmensidad, de trasladarse a una calle de Dublín y estar al lado de<strong> Samuel Beckett</strong>, teniendo ambos, fíjense, una “revelación infinita”, pueda yo sentarme en una mecedora del Palacio de Cristal en una de las “instalaciones” de <strong>Dominique Gonzalez-Foerster</strong> y releer con pasión a <strong>Bolaño</strong>.  Entenderán que viviendo la literatura, una pueda soñar con que sus males desaparezcan cambiando de nombre como hacía Enderby.</p><p>Porque leyendo a Enrique Vila-Matas se tiene la sensación de que la frontera entre literatura y vida es una línea demasiado imprecisa donde vicariamente transitas poniendo los pies a ambos lados, no siendo plenamente feliz si tu decisión pasa por alojarte en uno de ellos, pobremente.  Esta novela es de nuevo, retomando una cita de su autor, la confesión de “la absoluta fe en el arte”.  <strong>Duchamp</strong> dirá que “el arte es la única forma de actividad por la que el hombre como tal se manifiesta como verdadero individuo” y así vemos, como en el resto de su obra, cómo Vila-Matas nos regala un diálogo directo con los escritores que para él reconocemos sus lectores como imprescindibles: <strong>Margarite Duras</strong>, <strong>Pessoa</strong>, <strong>Perec</strong>, <strong>Bioy Casares</strong>, <strong>Borges</strong>, <strong>Barthes</strong> y un largo etcétera.</p><p>En esta bendita manía del autor de sembrar su texto de citas literarias, también en <em>Marienbad eléctrico </em>(Seix Barral, 2016), reflexiona sobre ello y llega incluso a definir su novela, cuestión que preocupa mucho a la crítica.  ¿Es realmente novela lo que escribe Enrique Vila-Matas? Citas, literatura dentro de la literatura como un juego de <em>matrioskas</em>, retazos de vida de él o de otros a los que admira, indagación más allá de los límites conocidos para revelarnos como Max Estrella en el Callejón del Gato su idea de novela, su idea de arte, de creación, de fundación, de universo.</p><p>Y no es liviano hablar de admiración porque esta novela es, además, ante todo, también, un acto de amor hacia <strong>Dominique Gonzalez-Foerster</strong>, la artista, amiga, escritora sin obra, creadora de espacios y lectora voraz que provoca en el autor precisamente una admiración tal que espera sus encuentros en cualquier ciudad del mundo, pero sobre todo en el café Bonaparte de París,  para disfrutar de esa frontera tan difusa entre la literatura, el arte y la vida.  La evocación de sus “instalaciones” hace que la lectura se ralentice para buscar imágenes de todas ellas y de las ciudades donde su obra se ha expuesto.  Al final el lector entra a formar parte de las habitaciones, consiguiendo otear los abismos y mirar a través de los cristales, incluso hojear los libros que esta artista ha seleccionado en sus exposiciones.</p><p><strong>Paul Auster</strong> en <em>Aquí y ahora</em>, una novela epistolar indispensable, define a su destinatario, <strong>J. M. Coetzee</strong>, el término de la amistad. Y dice lo siguiente: “Las mejores amistades, las más duraderas, se basan en la admiración.  Se admira a alguien por lo que hace, por lo que es, por cómo se las arregla para andar por el mundo”.  He visto esta amistad y esta admiración en <em>Marienbad eléctrico</em>, esta imprescindible novela (o como decidan ustedes llamarla) del genial, divertido y osado Enrique Vila-Matas. Al final, después de todo, es un elogio a la vida y al arte de Dominique Gonzalez-Foerster o DGF, como prefieran. Sólo el café que comparten en el Museo Rodin confirma al lector cómo una amistad sustentada en la admiración te hace crecer, soñar, filmar, recordar, crear, caminar.</p><p>Solamente una vez tuve la suerte de coincidir en Segovia, en el Hay Festival, con EVM.  Varios escritores nos hablaron en una charla-coloquio de “su novela favorita”.  Lo escuché y me divertí con la devoción que le profeso desde que leí su primera página hace ya unos cuantos títulos.  Después he leído con fervor libros tan importantes para mí como <em>El viento ligero en Parma</em> en una preciosa edición de Sexto Piso o <em>Dietario voluble</em> —genial— o <em>Exploradores del abismo</em> –magnífico— o <em>Kassel no invita a la lógica</em> —extraordinario—. </p><p>Entenderán que yo ya admiro a Enrique Vila-Matas.  ¿Habría alguien, por favor, que me lo pudiera presentar? Aquella noche en Segovia, después, en el mismo bar (“venturoso azar”), no me atreví a molestarlo.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de literatura.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Marienbad eléctrico’, de Enrique Vilas-Matas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Cinco esquinas’, de Mario Vargas Llosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cinco-esquinas-mario-vargas-llosa_1_1125609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5263b7c7-8746-4e17-a17c-af5b9a096c3d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cinco esquinas’, de Mario Vargas Llosa"></p><p><strong>Cinco esquinas</strong><strong>Mario Vargas LlosaAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>Una de las ideas matrices del afamado <em>boom</em> latinoamericano, y de otras literaturas de donde procede la idea o a las que influyó, fue la de aspirar a la novela total, una obra cuyo contenido y estructura imitara de forma analógica la realidad o que constituyera un universo autónomo, provisto de distintos niveles de existencia y en el que la condición humana se viera retratada en todas su dimensiones. La forma más usual de este paradigma estético es la novela en la que múltiples personajes representan los diversos estratos en que la sociedad se divide, desde la burguesía hasta el proletariado, la marginación o la miseria. Suelen reflejarse también distintas formas de poder o de su carencia, ocupaciones varias, culturas disímiles, hasta geografías dispersas, cuando no países diferentes. Se trata de una aspiración trunca, por supuesto, debido a obvias razones epistemológicas, ya que es imposible reproducir la complejidad de lo real de forma verbal, pero la idea ha inspirado muchas novelas y vino aparejada a menudo con posturas políticas o preocupaciones éticas, sobre todo en el sentido de conllevar una denuncia de una sociedad injusta u opresiva. </p><p><strong>Mario Vargas Llosa</strong> ha escrito algunas de sus mejores novelas con esta idea matriz (y motriz, si se quiere) en la cabeza, como <em>Conversación en La Catedral</em> o <em>La casa verde</em>, extraordinarios ejercicios de construcción narrativa, en las que al rigor estilístico se le une el ardor político, inspiradas también por su convicción juvenil de que la literatura podría contribuir a transformar la realidad que se patentiza en la novela, o, para decirlo en sus palabras, de que la literatura es fuego, capaz de arder en la conciencia del lector y de la sociedad. Dicha convicción se ha atemperado con los años, como también la fuerza directriz de la noción de la novela total, pero no del todo, y si algo es persistente en la obra de este autor es su interés por la política, hechos que demuestra la nueva novela que acaba de publicar a sus ya venerables ochenta años, <em>Cinco esquinas</em>. </p><p>Con esta novela el autor vuelve a su país de origen, y más específicamente a Lima, que le sirviera de escenario para varias de sus obras anteriores. Recordará el lector aficionado a su novelística el famoso comienzo de <em>Conversación en La Catedral</em>, en el que la contemplación desganada de una ciudad gris y sucia incitan al personaje principal a preguntarse en qué momento se jodió el Perú, cuya capital muestra en su fealdad y caos el espíritu de una nación mal gobernada por dictadores y caudillos de corrupta calaña. Si nos atenemos a lo que expresa esta nueva novela, el Perú ha seguido jodido por muchas décadas más desde aquella pregunta melancólica, pues el tema se centra en los años del gobierno de <strong>Fujimori</strong> y de su tristemente célebre jefe del servicio de inteligencia, <strong>Montesinos</strong>, ambos hoy encarcelados por diversos crímenes, entre los que se cuenta uno de los mayores latrocinios de la historia del Perú: se dice que el dinero acumulado por Montesinos, por ejemplo, alcanzó la exorbitante suma de mil millones de dólares, en parte mal habidos por tratos con el narcotráfico. Quizá la ciudad de Lima no sea tan horrible hoy como en aquellos años de la <em>Conversación</em>, dado el crecimiento económico sostenido del país y su modernización de las últimas décadas, pero los problemas sociales persisten, y al momento de escribir estas líneas se decide el nuevo presidente del Perú con la hija de Fujimori liderando los sondeos. </p><p>Si en algo persiste la idea de totalidad en esta narración es en la distribución económica y social de los protagonistas de la misma, desde el minero multimillonario al artista caído en desgracia, pasando por la figura del propio Montesinos, aquí referido como <em>El Doctor</em>, y de los periodistas de prensa amarilla que tuvieron un rol importante en la legitimación del régimen fujimontesinista, aunque el espectro vital de la novela sea más modesto que el de sus obras más monumentales antes mencionadas. La trama gira en buena parte en torno al periodismo de escándalos, aquel que utiliza revelaciones de la vida íntima de personas conocidas para hundirlas personal o políticamente. Dichos medios fueron utilizados por el régimen para dañar la imagen de quienes se le oponían, y para satisfacer la morbosa curiosidad de un público adormecido por la dictadura, la necesidad de sobrevivir tras el desbarajuste económico y el terrorismo estatal y de los grupos rebeldes. El director de uno de aquellos pasquines, al servicio también de El Doctor, decide chantajear a uno de los hombres más poderosos del país, un minero, quien se niega a su demanda, con lo que el director decide publicar unas fotos comprometidas que le desprestigian y ponen su matrimonio en peligro. Tras ello, el director de la revista desaparece y es encontrado más tarde masacrado en circunstancias sospechosas. Entretanto, un artista caído en desgracia, que sobrevive a duras penas con achaques y demencia incipiente, sigue escribiendo cartas en protesta por el trato cruel que le había dispensado el susodicho director en su revista <em>Destapes</em>, lo que resultó en su expulsión del programa de televisión en el que trabajaba y en su ulterior marginalización. Más tarde, este personaje es usado por el régimen para justificar el asesinato anterior, bajo presión y amenaza. </p><p>Otra parte importante de la novela se dedica al despertar sexual de dos mujeres de edad media, esposas del minero y de su abogado, todos amigos personales, que descubren su bisexualidad de forma casual, y la exploran con discreción y entusiasmo, fugándose con excusas a veces a aquella meca de la burguesía peruana, Miami, para disfrutar sin peligro de su amistad devenida amatoria. El tono general de la novela es el de un <em>thriller</em>, con elementos de novela negra y policial, con la situación social y política ingiriendo en la vida de todos los personajes de una manera u otra desde el principio. Las amantes mencionadas, por ejemplo, se ven forzadas a dormir en la misma cama a raíz del toque de queda que se ha impuesto en la ciudad debido a la violencia política y que duró años, lo que da ocasión al deslice de manos que resulta en su nuevo decurso amoroso. Y, por supuesto, el soporte de la trama y el trasfondo argumentativo es la extendida corrupción, que llegó a niveles grotescos y hasta tragicómicos en aquellos años. Resulta sorprendente que Vargas Llosa no recurriera al escándalo de los videos que grababa Montesinos de sus transacciones ilegales con políticos y personas importantes, de los que se hicieron miles, si mal no recuerdo. De todas formas, El Doctor aparece retratado como un personaje maquiavélico, un psicópata manipulador y astuto, capaz de asesinato y extorsión, generoso con quien se muestra leal, implacable con quien le traiciona y con sus enemigos. Todos estos hilos narrativos son entrelazados con la acostumbrada habilidad de Vargas Llosa, quien es experto en la creación de aquello que solía llamar él mismo "vasos comunicantes", esto es, historias que aparecen, desaparecen y reaparecen a discreción en los diálogos y la narrativa, sin que el lector, que ha sido guiado con mano segura, pueda confundirse al respecto. </p><p>Quizá valga la pena recordar que Vargas Llosa mismo fue candidato a la presidencia en las elecciones que resultaron en la victoria del <em>tsunami</em> Fujimori, después del desastroso primer gobierno de <strong>Alan García</strong>, que llevó al país a la ruina y al borde del abismo. Esta historia la cuenta el propio Vargas Llosa en su libro de memorias <em>El pez en el agua</em>. En abril de 1992 el ingeniero Fujimori se da a sí mismo un golpe de estado, con la anuencia del estamento militar, para disolver el parlamento y gobernar sin obstáculos, ocasión que aprovecha Montesinos para coger las riendas del poder y hacerse, en efecto, el hombre más poderoso del Perú. Aparte de su libro de memorias, esta es la primera vez que Vargas Llosa trata en libro de este período de la historia peruana, y lo hace con buen ritmo narrativo y verbo límpido, pero no sin que amerite también algunas objeciones. </p><p>En primer lugar, en los diálogos y las descripciones no son raros los clichés y los lugares comunes, que eran más cuidadosamente evitados en sus obras previas. El diminutivo aparece por todas partes, hasta donde menos se lo espera, como el delincuente que se encuentra el minero a su breve paso por la cárcel y que le pide que le masturbe. Refiriéndose a su pene o pichula (en peruano), le dice que la tiene "muertita". La verdad, lo último que me imagino que un forajido de esos diría es precisamente esto, lo que afecta la credibilidad de la escena. </p><p>Que el cliché se inmiscuya en las frases es algo tolerable y hasta esperado en una narración de este tipo. Más grave es que lo haga en el diseño de los personajes y la asignación de roles en el entramado social, que resulta un tanto acartonado en este caso. Quizá esa sea la intención de la novela, el crear caracteres que se han identificado con sus propios estereotipos, pero, ¿por qué son los personajes de la alta burguesía favorecidos con características más bien positivas, como la honestidad, la liberalidad en materia sexual, hasta la nobleza de espíritu, mientras que los periodistas amarillos o el artista son más bien despreciables o insignificantes? Es verdad que los amigos millonarios también son mostrados como capaces de la infidelidad, la hipocresía y la mentira, pero a la larga son retratados en posesión de virtudes superiores a los de su contrapartes, y, huelga decirlo, son blancos y de origen europeo. El valor de una novela no se puede establecer por su estricta referencia a la realidad, sin duda, pero el conocimiento personal de la burguesía de mi país me obliga a mencionar el hecho de que no pocos de sus miembros son gente arrogante, petulante y racista, que vive de espaldas a su país y al mundo mestizo e indígena que constituye la mayoría de la nación, algo que el propio Vargas Llosa ha criticado en algunas de sus otras obras. De otro lado, el comportamiento de estos personajes es casi infantil, hasta ridículo. En esta novela se los ve usando diminutivos a menudo, como dije, como víctimas de las circunstancias, aunque adalides de la libertad que tanto precia Vargas Llosa, entregados a la satisfacción de sus fantasías, además de a hacer más dinero y aliarse con el gran capital extranjero, al parecer. A decir verdad, resultan un tanto antipáticos, así expuestos. En lo que respecta a la trama general, el autor se vale de un yugoslavo mafioso —lo que puede ser considerado otro estereotipo— para escenificar el comienzo del chantaje, que luego desaparece sin dejar trazas. Su aparición es un tanto <em>ad-hoc</em> y podría haberse eliminado con facilidad. </p><p>Luego, el erotismo, que Vargas Llosa ha explorado con acierto en novelas recientes, como <em>Travesuras de la niña mala</em>, o en la muy anterior, <em>Elogio de la madrastra</em>, aparece aquí algo pálido y soso, hasta irreal, descrito sin creatividad. Ignoro cómo besan otras personas, pero hasta donde puedo acordarme jamás he <em>sorbido la saliva</em> a nadie, o <em>los juguitos</em> de mujer alguna, como dice Vargas Llosa en esta novela. Cuando una de las amantes-amigas empieza a excitarse por el <em>cunnilingus</em> que le practica su amiga "sentía ascender el calor por su cuerpo y un temblorcito —de nuevo el diminutivo— corría por sus muslos, su vientre y llegaba hasta su cabeza". Y como este, varios pasajes que hubiera sido mejor dejar aludidos antes que descritos con poca gracia. La periodista que trabaja con el director de <em>Destapes</em>, por el contrario, carece de experiencias sexuales o es tan fea que nadie se fijaría en ella. Los bajos fondos de la cárcel son, como podía esperarse, perversos. </p><p>Con todo, la novela es de lectura ágil y entretenida, y retoma en cierto modo temas que siempre han agitado la mente del autor. El periodismo como tal se redime al final de la novela, en su función de cuarto poder de la democracia, exponiendo la corrupción y al servicio de la objetividad y la libertad. Hasta los millonarios dejan atrás el ocultamiento, para entregarse, tal vez, a un arreglo no convencional de sus apetitos sexuales. Lejos de la novela total, si bien con tenues remanencias de la misma, <em>Cinco esquinas </em>es una novela bien escrita, como todo lo que hace Vargas Llosa, pero menor en su producción. El escritor ha criticado con incisiva certeza la civilización del espectáculo, en la que se privilegia la superficialidad sobre la hondura estética o el pensamiento crítico. El periodismo amarillo cae ciertamente en la categoría de medios que explotan las tendencias más insubstanciales del ser humano. El arte de la novela, empero, también puede verse afectado por las fuerzas que hacen dicha civilización posible, una de las cuales es sin duda la comercialización excesiva del arte. <em>Cinco esquinas</em> no es parte de dicha civilización y antes bien, la crítica. Pero hubiera ganado mucho con una mejor caracterización de los personajes y la sociedad que retrata en sus páginas. </p><p><em>*Frans Van den Broek es escritor.</em><strong>Frans Van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Canción de despedida’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cancion-despedida_1_1125634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a051dbe1-6a8c-454f-a122-dd647f7957de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Canción de despedida’"></p><p>Paula Bozalongo lee su poema 'Canción de despedida'.</p><p><strong>Canción de despedida</strong></p><p>Dejaste de contar</p><p>las cosas que no hacías,</p><p>para que los amigos tampoco preguntasen</p><p>cómo fue.</p><p>No has querido contarles que no fuiste capaz,</p><p>que en el amor falló lo inexplicable,</p><p>el tiempo o el espacio.</p><p>Pero ahora lo sabes.</p><p>Dibujó alguien un plano</p><p>y construyó una vida</p><p>dentro de una ciudad de servilletas,</p><p>volátil, imprecisa,</p><p>como todos los sueños.</p><p>En la comodidad de sus portales</p><p>se olvidó de que todo era mentira.</p><p>Ahora aquella ciudad</p><p>diluye con tu paso las fachadas,</p><p>como si cada lágrima que escondes</p><p>mojara los tejados</p><p>que se han ido cayendo</p><p>como papel o tinta</p><p>con la lluvia.</p><p>Aquellas avenidas centenarias</p><p>parecían de piedra en otro tiempo,</p><p>ahora ves cómo caen,</p><p>cómo los días pierden su refugio</p><p>y el calor de tu cuerpo</p><p>parece insuficiente</p><p>para llamarse hogar,</p><p>y el plomo de los días,</p><p>para llamarse vida.</p><p>Nunca podrás saber</p><p>quién fue más responsable,</p><p>la ciudad construida</p><p>que esconde sus errores</p><p>en terrenos baldíos</p><p>bajo parques o plazas</p><p>negados a la sombra,</p><p>o la tormenta presa</p><p>al fondo de tus ojos</p><p>que arrasó con las calles,</p><p>que lo destruyó todo.</p><p>Tormenta insoportable</p><p>Como un abril con frío.</p><p>En la última lluvia del invierno</p><p>sonaba una canción de despedida.</p><p>De <em>Diciembre y nos besamos</em> (Hiperión, 2014). </p><p><em>*Paula Bozalongo es poeta. </em></p><p><strong>Paula Bozalongo</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2016 10:40:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Paula Bozalongo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 14]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘El corazón de la gacela’, de Mariluz Escribano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corazon-gacela-mariluz-escribano_1_1125612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/34b5f103-6964-477e-9057-cc890aa8e05c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El corazón de la gacela’, de Mariluz Escribano"></p><p><strong>El corazón de la gacela</strong><strong>Mariluz EscribanoValparaísoGranada2015</strong></p><p>Podríamos afirmar, sobre <strong>Mariluz Escribano </strong>(Granada, 1935), que hasta hace pocos años había sido una poeta recogida y reservada. Y utilizo estos términos porque durante mucho tiempo la suya ha sido una poesía que ha permanecido alejada de los cenáculos de la mal calificada notoriedad, pero que ha ido creciendo, macerando, dilatándose, con suma paciencia, con la serenidad precisa como para elaborar un discurso absolutamente propio y extremadamente genuino, en la línea de la afirmación de <strong>Antonio Machado</strong>: “Algunas rimas revelan muchas horas gastadas en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo”.</p><p>Desde el anaquel de su corazón (ese que junto al viento habita una casa sosegada, p. 20), amparada por sus papeles de docente o acunando a los “cinco muchachos” que llegaron entre nanas y besos (p. 65), nuestra autora ha ido incubando estos poemas, silentemente, sin estridencias, con la ágil prestancia de una gacela. Las evocaciones y la sutil huella de las pasadas experiencias han quedado fijadas como una marca, como el surco de un grácil vuelo, de forma permanente en el recuerdo de nuestra poeta que ahora los ofrece desde el altar de una memoria que se universaliza y se hace testimonio ante los ojos de los lectores.</p><p>Escrito desde la madurez (que a veces se representa como decadencia del presente: “porque el tiempo ha borrado la voz de los amigos. / Envejecen las cosas y también las palabras: / ahora me cuesta mucho escribir estos versos”, p. 64, del poema “Envejecen las cosas”) la poesía se convierte en redentora, en salvadora del cotidiano devenir. Junto a bellísimos poemas dedicados a Agustín, el padre que no pudo conocer (y que tanto significa en su poesía), a su madre viuda obligada a exilarse hacia tierras septentrionales (que “es una estampa / sentada en la maleta”, p. 17), a la pérdida de la infancia (“Hoy, cuando es junio en la rosa, / me gustaría habitar / los años de la infancia", p. 57) o a otros pasajes de su existencia, la memoria queda fijada en un poemario que se divide en cinco espacios o capítulos, desde los cuales nuestra autora mantendrá un pulso continuo con la imperiosa necesidad de convocar a la vida, a fin de espantar a la muerte a través de los versos: “El teléfono tiene una mudez de muerte …/… todos han olvidado / que habito entre los vivos …/… Alguien, sin duda, me ha dejado en olvido, / en ese territorio de los desvanes viejos.” (p. 49).</p><p>La decadencia, concebida como pugna entre la muerte y la vida (que no es otra cosa que esa “cotidiana excursión hacia la muerte”, según los versos de <strong>Mario Benedetti</strong>), planteará dicotomías de gran interés, enfrentándose con valentía, al trascurrir de los días, más que acometiendo planteamientos sobre la trascendencia, como queda patente en el poema “Vivo en el tercer piso” (p. 50). Y todo ello, magistralmente hilvanado con la precisa propuesta de quien ha superado miedos y temores, haciendo que muchos de sus poemas, dotados de intensa emotividad, sean tratados y resueltos con gran singularidad.</p><p>Escribano asume el paso del tiempo (un referente imprescindible para entender la poesía de Mariluz) y lo utiliza como mecanismo creacional, recorre los límites del pasado y conforma un altar en forma de poemario construido con la sutil ironía de quien ha superado toda una existencia, conjunto de pasiones y afanes, asuntos domésticos, deseos y desencuentros, para acabar arribando, al fin, con estos hermosos versos: “Deshojadme violetas en los ojos / para que yo no vea la tristeza del viento …/… Devolvedme / la infancia que he perdido / porque quiero marcharme” (p. 35). Conforman, junto a estos otros: “Después de tantas lluvias / y atardeceres lentos, / ahora es tiempo de paz, / de paz y de memoria” (p.9), la esencia de <em>El corazón de la gacela</em>: tiempo de paz y de memoria, tiempo de contemplación del pasado con los ojos de la quietud de quien ha alcanzado las terrazas del sosiego y cuya aspiración es marcharse una vez conciliadas todas sus tempestades interiores —“Cuando surja la luz de primavera, / y las rosas dibujen sonrisas de colores, / escribiré una carta para cinco muchachos –sus hijos-, / contándoles lo mucho que gané con la vida …/… creo que ya he cumplido / mi misión en la tierra” (p. 65-66)—.</p><p>La poesía de Escribano sorprende, desde su primera entrega, por la rigurosidad métrica de sus poemas, tallados con un clasicismo propio de la mejor tradición castellana. Gran conocedora de los mecanismos que desencadenan la creación poética destaca en su escritura una gran profusión de versos heptasílabos y endecasílabos, junto a los alejandrinos del poema “Los niños soldado” (p. 59), encastrados con perfección de orfebre que confieren al texto un ritmo y una ligereza sin igual. A pesar de ser la arquitectura de Mariluz un conjunto minuciosamente concebido, no se estructura la poesía desde la rotundidad de palabras solemnes, bajo el palio de las metáforas o la significación de un dificultoso simbolismo. Por el contrario, goza de un oído poético privilegiado capaz de elevar al mundo lírico y al tono poético aspectos cotidianos de nuestro devenir, utilizando un lenguaje sencillo, inmediato, de corte urbano o civil, creando un espacio escénico donde precisión y claridad se dan la mano, para hacer alarde, con un tono asequible y coloquial, de un mensaje lírico extremadamente sensible y de gran calado. Busca Mariluz, y lo consigue, acercar el poema al lector, su complicidad, quien verá reflejada su propia vida en la cotidianidad de las escenas propuestas por la autora. La originalidad en la poesía de Mariluz Escribano estriba (tal y como concibe la singularidad lírica el profesor sevillano <strong>Manuel Mantero</strong>) en escribir poemas con las palabras de todo el mundo, aunque creando los poemas que no conseguiría escribir todo el mundo. Poesía confesional, dotada en muchos casos de un realismo autobiográfico reconocible, donde el centro del discurso lo componen aspectos y elementos su cotidianidad que son convertidos en símbolos elevados a trascendencia bajo la emoción evocadora del pasado y los recuerdos. Pero Escribano no se detiene en los objetos o experiencias que pudieran ser las propias de cualquier otro ser, sino que las utiliza y las reelabora desde el crisol de la palabra para hacer con ellas testimonio elevado a categoría de símbolo mediante una poesía singularmente precisa, siguiendo la estela de la línea estética del poeta italiano <strong>Paolo Ruffilli</strong>: “He aquí mi sueño de escritor: quitar peso, el mayor posible, a mi escritura... Para pronunciar verdaderamente lo sublime, pienso que es preciso salir del calco, de la huella, de un rastro sutil. Por una ley de lo inversamente proporcional: cuanto más bajo es el tono, tanto más alto es el efecto”. </p><p>Concebido en su etapa de madurez personal —que a veces se representa como decadencia del presente: “Una silla vacía es la amarga certeza / de que una voz termina y se escucha el silencio” (p. 62)— y jalonado de tonalidades melancólicas —“aquel tiempo feliz / que fue la infancia” (p. 53)— el poema resucita de ese aparente ocaso para convertirse en aspiración sublime, en redentor del cotidiano devenir y, en definitiva, en propuesta estética vivificadora. Con esta recopilación poética la granadina, que se exilió en Tierra de Campos, elude ser un mero notario de sus días, un simple registrador de lo inmediato; logra, afortunadamente, trascender de la realidad, siendo capaz de edificar, desde el corazón de una gacela, ahora sosegada por el transcurso de los años, un estandarte, un memorial, que sustente el paso del tiempo. </p><p>Con esta nueva entrega poética, Mariluz Escribano se consolida, definitivamente, como una de las voces líricas de mayor calado y profundidad dentro del actual panorama de las letras andaluzas y españolas.</p><p><em>*José Sarria es crítico literario</em><strong>José Sarria </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2016 08:55:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Sarria]]></author>
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