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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 16]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-16/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 16]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Manual para mujeres de la limpieza’, de Lucia Berlin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manual-mujeres-limpieza-lucia-berlin_1_1126212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d996452-95b5-4c2b-af1f-ce9308e4aca6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Manual para mujeres de la limpieza’, de Lucia Berlin"></p><p><strong>Manual para mujeres de la limpieza</strong><strong>Lucia BerlinAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>Se llaman Dolores, Eloise o incluso Lu (eso las que tienen un nombre, muchas de ellas están sin bautizar). Todas comparten rasgos: tienen hijos (dos, cuatro); arrastran matrimonios fracasados; encadenan trabajos como enfermera, limpiadora, profesora; combaten el alcoholismo, el dolor de espalda y los recuerdos de una infancia más que oscura; están obsesionadas con las lavanderías, los ritos católicos y el español. Tienen el mismo humor cáustico y la misma ternura. Son personajes de<strong> Lucia Berlin</strong> (1936-2004), pero todas son también Lucia Berlin. </p><p>A estas alturas de la historia, tan probable es que el lector ignore completamente esa combinación tan sonora de nombre y apellido como que esté harto ya de oírla. Hace un par de años hubiera sido imposible lo segundo. Berlin, que publicó seis libros de cuentos —recogidos en tres volúmenes editados en Estados Unidos entre 1990 y 1999— sufrió el ostracismo sistemático del mundillo literario durante toda su vida, pero ahora ha sido milagrosamente resucitada y alabada por esa misma industria. En 2015, el sello Farrar, Straus & Giroux publicó una compilación de 43 de sus relatos bajo el título de <em>Manual para mujeres de la limpieza</em> (editado en España por Alfaguara). No tardó en tener éxito: <em>The New York Times</em> la incluyó en su lista de los mejores libros de ese año y hasta el momento ha sido editada en otros 18 países. </p><p>Quienes saben —la escritora <strong>Lydia Davis </strong>o su amigo, admirador y editor <strong>Stephen Emerson</strong>, pero también críticos a lo largo y ancho de los medios anglófonos—  señalan el "nervio" de su escritura, su capacidad "natural" para la narración, la sorpresa que producen sus comparaciones y su lírica, la "vitalidad" y el "zarpazo" de su prosa. La comparan sin empacho con <strong>Raymond Carver </strong>y con <strong>Chéjov</strong> —con quien ella misma se comparaba y a quien menciona en el revelador relato "Punto de vista"—. Y, sin embargo, hasta ahora había sido una "escritora para escritores", alejada siempre del gran público. Para quien tome hoy entre sus manos <em>Manual para mujeres de la limpieza</em>, el placer de la lectura igualará a la indignación. ¿Cómo es posible que Berlin muriera sin tener el reconocimiento que merecía? </p><p>Quizás el pulso de su obra y la falta de éxito comercial de sus libros hasta ahora tengan el mismo motivo, como recogía la crítica <strong>Ruth Franklin</strong> en <a href="http://www.nytimes.com/2015/08/16/books/review/a-manual-for-cleaning-women-by-lucia-berlin.html?_r=0" target="_blank">su reseña para </a><a href="http://www.nytimes.com/2015/08/16/books/review/a-manual-for-cleaning-women-by-lucia-berlin.html?_r=0" target="_blank"><em>The New York Times</em></a><em>. </em>Si su escritura es libre, afilada, sorprendente, es porque Berlin vivió siempre en los márgenes, lejos de las páginas de los suplementos culturales y de las casas de edición. Lejos, también, de la preocupación por la crítica. Lejos del juicio. Berlin estaba viviendo: casándose tres veces y divorciándose otras tres, criando cuatro hijos, saliendo y entrando de rehabilitación, haciendo coladas y compras, charlando con mujeres chilenas, mexicanas y neoyorquinas, trabajando hasta la extenuación en trabajos nada intelectuales. Berlin sabía lo que era la vida, la vida de la mayoría. </p><p>Fue la vida el sustrato primordial de su obra, mucho antes de la moda de la autoficción que encumbra a <strong>James Rhodes</strong> o <strong>Karl Ove Knausgård</strong>. Habla uno de sus hijos: "Las historias y los recuerdos de nuestra familia se han ido modelando, adornando poco a poco, hasta el punto de que no siempre sé con certeza qué ocurrió en realidad. Lucia decía que eso no importaba: la historia es lo que cuenta". Como la vida que recoge y refleja, los relatos de Berlin no tienen una temática ni una trama clara; pero, también como la vida, su significado llega de una forma intuitiva, mediante revelaciones en forma de frases cortas y ambiguas, a través de una atmósfera. Ahora bien, recuerda Davis, algunas de sus historias eran completamente inventadas y "uno no podía pensar que la conocía solo por haber leído sus relatos". La realidad era para Berlin un material más de su escritura, un estado con el que negociar. </p><p>En su cuento "Punto de vista" juega con la primera y tercera persona, con el personaje Henrietta y el de la narradora, que podría ser o no Lucia Berlin. Comienza: "Imaginemos 'Tristeza', el cuento de Chéjov, en primera persona. Un anciano explicándonos que su hijo acaba de morir. Nos sentiríamos turbados, incómodos, incluso aburridos (...). La voz imparcial de Chéjov, sin emabrgo, imbuye a ese hombre de dignidad". "Dignidad" no es una palabra menor en su escritura, por la que pasan alcohólicos, madres adolescentes, niñas abusadas, mujeres negras, mujeres trabajadoras, mujeres pobres. Como Henrietta: "Caramba, pensarán, si el narrador cree que hay algo en esta patética criatura sobre lo que merezca la pena escribir, será que lo hay". "En realidad no pasa nada", continúa poco después, "La historia, de hecho, ni siquiera está escrita todavía. Sin embargo, aspiro a que, a fuerza de minuciosidad en el detalle, esta mujer les resulte tan creíble que no puedan evitar compadecerla".</p><p>Como "la historia es lo que cuenta", el lector indignado por el retraso histórico con la escritora puede calmarse con un par de pensamientos tranquilizadores. Primero, un hecho: tiene el libro en sus manos. Segundo, las palabras de Emerson: "Incluso si tenía dudas o ansiedad sobre sus relatos, especialmente justo después de su composición o publicación, sí pienso que ella sabía lo buena que era. Al menos parte del tiempo". Tercero, las palabras de Davis: "Siempre he tenido fe en que los mejores escritores tarde o temprano suben, como la nata montada, y acaban por cosechar el reconocimiento que se les debe". Que haya pasado en esta ocasión, intuyendo la cantidad de autores de primer orden que se mueren de olvido en las estanterías, es casi un milagro. Y debe ser celebrado como tal. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura estadounidense,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Aquí vivió’, de Isaac Rosa y Cristina Bueno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vivio-isaac-rosa-cristina-bueno_1_1126205.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3beefa30-5d63-47f3-a27d-3658e5e5151d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Aquí vivió’, de Isaac Rosa y Cristina Bueno"></p><p>Aún existen personas que desprecian el cómic como género narrativo, porque lo consideran un "arte menor" que no alcanza, ni de lejos, la complejidad especulativa de una novela o un relato largo.</p><p>Ya en su momento, el detallado estudio del lenguaje del cómic realizado por <strong>Umberto Eco</strong> en <em>Apocalípticos e integrados</em> (Lumen, 1968) levantó tantas ampollas que el libro traspasó la frontera de interés de los círculos intelectuales hasta llegar a convertirse en un superventas. Para estas personas el cómic utiliza un lenguaje mermado, incapaz de tratar ningún tema mas allá de la anécdota y, en todo caso, dirigido a lectores poco exigentes, con graves carencias culturales y una pueril inclinación a la fantasía gratuita y la evasión. Suelen concebir una jerarquía piramidal de géneros literarios según la cual la novela ocupa el puesto más alto, después le sigue el relato y en ultimísimo lugar, cómo no, la poesía. Además le adjudican a cada género un determinado lenguaje y unos temas que, según ellos, le son propios, y otros que no; como los nenúfares a la poesía, pero no las centrales nucleares. Es el mismo tipo de <em>software </em>obsoleto y provinciano que actúa en la mente de aquellos que valoran la pintura en función de la técnica empleada, donde el óleo es una disciplina infinitamente superior a la acuarela  que, a su vez, está por encima del dibujo; y, en la misma tónica, la pintura estaría por encima de la ilustración; la literatura por encima del periodismo, etc. En el lenguaje diario de la calle constatamos ese mismo desprecio en expresiones como "Eso es de tebeo", que no sugieren precisamente un alto concepto del objeto a que se refieren, haciendo hincapié en su carácter infantil, absurdo o disparatado sin reparar en que se está tomando una parte por el todo. Este desprecio por aquello que se desconoce, que parece ser uno de los banderines más penosos de la Marca España, no se da precisamente en otros países de nuestro entorno como Francia o Bélgica, donde un autor como <strong>Hergé</strong>, el célebre creador de Tintín, es considerado poco menos que un héroe nacional.</p><p>Lo mejor que se puede descubrir sobre el lenguaje a través de un gran autor es hasta dónde es posible llegar. Los que vivimos con apenas veinte años la explosión del cómic en España durante los primeros años ochenta, y que veníamos de frecuentar el <em>TBO</em>, las historias de El Jabato o el Capitán Trueno, descubrimos un género que incorporaba las más variadas temáticas y que se atrevía con todo. El amplio espectro de autores y propuestas que encontramos en cabeceras como <em>Totem</em>, de la editorial Nueva Frontera, o <em>1984</em>, de <strong>Josep Toutain</strong>, nos hizo reflexionar sobre los verdaderos límites del género, y a muchos nos animó a experimentar caminos nuevos. Para nosotros no era necesario crear un término como <em>novela gráfica</em>, que pretendía dignificar un género que no necesitaba dignificarse, pero no cabe duda que ayudó a que el gran público lo percibiera de una manera más ajustada a su realidad y su potencial.</p><p>En <em>Aquí vivió. </em><em>Historia de un desahucio</em> (en la colección Nube de Tinta, de la editorial Penguin Random House, 2016), con guión de <strong>Isaac Rosa</strong> y dibujos de<strong> Cristina Bueno</strong>, el cómic se revela como un vehículo ideal para acercarse a la actualidad y conocer las consecuencias directas de la crisis que sufrimos desde 2008. Pero también para rescatar la memoria de la tragedia vivida por las víctimas de los desahucios y de las políticas de austericidio llevadas a cabo desde 2011 por el último Gobierno. Esta novela, de la que se adivina un enorme trabajo previo de investigación, combina los atractivos de la intriga con los del drama social o la crónica periodística en un relato ágil y emotivo con protagonistas de carne y hueso que bien podrían ser nuestros propios vecinos. </p><p>Isaac y Cristina han trenzado una historia repartiéndose hábilmente la carga narrativa sin incurrir en redundancias, con un guión que permite mostrar el potencial descriptivo de la imagen y el valor de la elipsis como recurso expresivo cuando se trata de reflejar las emociones de los personajes o el dramatismo de las situaciones. Con un dibujo espontáneo, lírico y con valores gráficos cercanos al bosquejo, Cristina Bueno nos deja ver la historia sin pedanterías ni abusos de estilo. Bajo su aparente sencillez late una especial intuición para llevar a cabo ese tipo de síntesis tan necesario en poesía, donde una palabra de más puede arruinar todo un poema.</p><p>Este libro habrá de realizar un camino de ida y vuelta más allá de lo meramente testimonial como un punto de apoyo moral para todas aquellas personas que han sufrido el drama de los desahucios, a la manera del papel jugado por las diferentes plataformas de apoyo a las víctimas de la estafa inmobiliaria.</p><p>En un país tan aficionado al olvido, <em>Aquí vivió</em>. <em>Historia de un desahucio</em> está destinado a ser algo más que un liviano producto de ocio para una tarde lluviosa, y a través de sus páginas quedará constancia de la lucha y la peripecia vital de aquellos personajes que, de otro modo, hubieran quedado condenados a vivir como fantasmas entre las paredes de las casas de las que fueron desposeídos.</p><p><em>*Toño Benavides es ilustrador. </em><strong>Toño Benavides</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Cómic,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Grietas’, de Santi Fernández Patón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/grietas-santi-fernandez-paton_1_1126203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a441c040-44fd-49a1-aa3b-973b76493d62_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Grietas’, de Santi Fernández Patón"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>En la sede del Centro Andaluz de las Letras hay dos, que coordino yo mismo, que soy técnico superior del centro desde el año 2001. Funcionan desde el año 2010 ininterrumpidamente y hacemos unas 10 sesiones al año. Es decir, leemos al menos diez libros, aunque los lectores son tan activos y se recomiendan tanto otras lecturas, que realmente es incalculable el producto de estas reuniones.</p><p>El club de los miércoles se llama <strong>Juan Huerta</strong>, en honor de uno de sus primeros componentes, que falleció hace unos tres años de manera repentina. Nos dejó bastante conmocionados y no pudimos hacer menos que recordarlo así. Desde el momento se su creación, a iniciativa del propio Centro Andaluz de las Letras, convocamos a los usuarios de esta institución mediante correo electrónico y seleccionamos a 40 lectores, que dividimos en dos grupos de 20. En el de los miércoles quedó con un grupo en el que —cosa rara— abundaban los hombres y había lectores muy avanzados, casi todos con nivel universitario, profesiones liberales o intelectuales (profesores universitarios, empresarios, traductores...). </p><p>Las lecturas las selecciono yo en función de los libros que puedan ser de interés para el grupo, ya que los conozco a todos bastante bien y, aunque el grupo se ha ido renovando con los años con nuevos componentes, hay un núcleo desde el origen de una decena de lectores que llevan ya más de cinco años asistiendo con regularidad. Hemos leído de todo, aunque suele gustar mucho la novela gráfica y la literatura de lenguas o países poco frecuentes, como en <em>Todo se desmorona</em>, de <strong>Chinua Achebe</strong>; <em>La novia de Aquiles</em>, de <strong>Alka Zei</strong>, o <em>Purga </em>de <strong>Sofi Oksanen</strong>. De vez en cuando hacemos sesiones especiales fuera de la sede del Centro en Málaga, donde nos solemos reunir, e incluso hemos hecho ya una ruta literaria por el Madrid de <strong>Galdós </strong>a partir de la lectura de <em>Miau</em>. También solemos invitar a autores locales. En estas ocasiones cambia el formato y el diálogo se establece directamente entre los lectores y el escritor. Suelen ser de las sesiones mejor valoradas también.</p><p><strong>Grietas</strong><strong>Santi Fernández PatónLengua de TrapoMadrid2014</strong></p><p>La última sesión, el pasado 30 de marzo, fue precisamente a partir de <em>Grietas </em>e invitamos a su autor, <strong>Santi Fernández Patón</strong>. La novela, que ganó el último premio Lengua de Trapo, y tiene como trasfondo las movilizaciones del 15-M, cuenta en primera persona la historia de un hombre que se ve en la tesitura de tener que criar a su hijo en solitario desde que nace mientras mantiene relaciones con tres mujeres. Durante dos horas Santi desgranó todos los detalles del libro, desde la técnica de escritura hasta las vicisitudes del premio y la edición, y analizó a los personajes a partir de los comentarios de los asistentes. El libro gustó a unos más y a otros menos. Las cuestiones de género fueron las que más polémica suscitaron. Algunos hombres se vieron identificados con el protagonista, pero las mujeres no sintieron tanta empatía con la historia o los personajes. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Jiménez]]></author>
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      <title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-parece-don-quijote-vuelto_1_1126202.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/67c077b6-a953-408b-8d12-2a881c540276_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es lo que parece o don Quijote ha vuelto"></p><p><em>(Comienza Andrés Trapiello)</em><strong>Andrés Trapiello</strong></p><p>Los alumnos de 2º del colegio Nuestra Señora del Mar, de El Ronquillo, fueron dejando en la mesa del profesor, al entrar en clase, el trabajo de redacción de tema único: “Don Quijote ha vuelto”.</p><p>La idea de los responsables de Educación de la Junta de Andalucía fue esta: para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de <strong>Cervantes</strong>, los alumnos de EGB y Bachillerato debían encontrar entre las gentes de hoy, nacionales o extranjeras, a quien en su opinión encarnara mejor las virtudes, se supone que explicadas por los profesores en clase, de don Quijote de La Mancha. Los trabajos participarían en un concurso cuyo primer premio consistía en un viaje de tres días con los gastos pagados a Argamasilla de Alba y otros lugares quijotescos. </p><p>Como buen cervantino le gustaron todos, en todos encontró algo genuino y los que no le divirtieron por discretos le hicieron sonreír por disparatados. ¿Quiénes eran los nuevos quijotes en opinión de sus alumnos? Había para todos los gustos: el rey <strong>Felipe</strong>, algún que otro político, científicos, voluntarios, cooperantes y activistas de oenegés, <strong>Cristiano Ronaldo</strong> (“por razones humanitarias”, y aquí soltó la carcajada, y también cuando llegó a la parte en la que aparecía <strong>Leo Messi</strong> como Sancho Panza), <strong>Bill Gates</strong> (en este coincidieron cinco o seis) e incluso hubo una alumna, esa que está enamorada en secreto de su profesor, que no dudó en elegirle a él, José Luis Pellitero, si no como nuevo don Quijote, sí como reencarnación de Cervantes, ya que le había oído decir a él en clase que seguramente don Quijote tenía tanto de loco como de cuerdo, pero también que se parecía mucho a Cervantes en lo guasón. No obstante, de todos los trabajos el que sin duda llamó más la atención del profesor fue el de Farouk Abdelhay. No le extrañó, porque lo tenía por uno de los más inteligentes, aunque fuera también uno de los que le alborotaban la clase. Fue el único que había encontrado a don Quijote en El Ronquillo. Pellitero dio las gracias a sus alumnos, celebró el alto nivel de los ejercicios, comentó varios de ellos y anunció que el seleccionado para concursar era el de Farouk. </p><p>Se armó un grandísimo revuelo, con alborotos y parabienes, porque Farouk tenía muchos partidarios, y también se oyeron dos o tres tímidas protestas de algunos envidiosos que no entendían cómo un moro que ni siquiera era capaz de hablar español sin acento fuese el ganador de un trabajo de lengua.</p><p>Al acabar la clase, Farouk, a solas con el profesor, le dijo que no quería concursar. En realidad le dijo que no podía concursar: si llegaba a oídos de su padre que había contado aquello, lo mataba. </p><p>Este era el hecho: un domingo de hacía un año, recién llegados a El Ronquillo, cuando apenas les conocía nadie en el pueblo, a su padre lo sorprendió el guarda de La Solana furtiveando la finca de la marquesa de Ajales, setecientas hectáreas, un tercio de cereal, otro de olivar y otro de monte. Lo llevaba a punta de escopeta al cuartelillo. Al rato se cruzó con ellos Braulio, albañil y muy conocido en el pueblo. Venía de cazar del coto cercano que tenía la Sociedad de Cazadores de El Ronquillo. El guarda le contó lo que pasaba y le mostró triunfal la liebre que había decomisado a aquel hombre. Preguntó Braulio al furtivo si era verdad lo que decía el guarda, y este asintió con la cabeza, y en mal castellano añadió que ponía los lazos por necesidad. El guarda apenas le dejaba hablar y repetía prolijo: “Pues no haber entrado en mi finca, so cabrón; a robar a tu país, que allí bien que os dan por culo y os cortan la mano” (esta parte José Luis Pellitero era partidario de redactarla de otro modo). Braulio, que oía aquello en silencio, dijo al fin: “Mira, Manolo, tú eres un gilipollas (también habría que cambiar esta palabra) si por una liebre montas este escándalo; ¿no te acaba de decir que lo hace por necesidad? Devuélvele la liebre y déjale marchar”. “No me toques los cojones (ídem) y métete en tus cosas”, le respondió el guarda. Discutieron al principio normal y luego a gritos, hasta que Braulio lo apuntó con la escopeta y le dijo que o lo soltaba o le soltaba a él un tiro en la barriga, y que si no iría él mismo a la Guardia Civil a denunciarlo por abuso de autoridad. </p><p>No tuvo otra el guarda que soltarlo, y Karim, padre de Farouk, en cuanto se vieron libres de él, se lo agradeció con lágrimas en los ojos y no consintió que Braulio se fuese sin antes pasar por su casa y conocer a su familia, a su mujer, a su suegra y a sus cinco hijos, la mayor de los cuales, Axa, era entonces una muchacha de 17 años, alta para su edad, bellísima, con unos ojos grandes y negros como aceitunas y una sonrisa que no parecía de este mundo. Braulio, soltero, 37 años, se enamoró de ella desde aquel día y empezó a frecuentar la casa de Karim, y sin que nadie se explicase cómo, pues jamás los vieron hablar ni nadie sospechaba nada, el mismo día en que Axa cumplió los dieciocho Braulio se la llevó a vivir con él. Los padres y hermanos de Braulio dejaron de hablarle y los padres y tíos de Axa amenazaron con raptarla y devolverla a su aldea, donde la habían prometido a un viejo desde que era niña, y si no la matarían.</p><p>“Y de paso me corta los <em>güevos </em>(habla bien, Farouk, le amonestó el profesor), si llega a oídos de mi padre que he contado esto”. Pero nadie le podría quitar de la cabeza a él, Farouk, que de no haber sido por Braulio a su padre lo hubieran metido en la cárcel y los hubieran deportado a todos. Braulio era un nuevo don Quijote, decía en su redacción, pues había remediado una grandísima injusticia a punto de cometerse, y aunque ahora las cosas anduvieran tan revueltas en su casa, para él Braulio seguía siendo un quijote. Cierto que esa parte de la historia ya no la había metido en su trabajo (dos folios), pero tenía muchas razones para seguir pensando que quien se había arrejuntao (juntado, Farouk, le corrigió el profesor) con su hermana era un gran tipo, por cosas que le había contado de él su hermana, cuando iba a visitarla en secreto, y por cosas de las que él mismo era testigo y que tenían que ver con el contrabando de tabaco. </p><p>De estos últimos negocios, naturalmente, no le dijo una palabra al profesor.</p><p><em>(Continúa Juan Marqués)</em><strong>Juan Marqués</strong></p><p>Algo de don Quijote, en verdad, debía de tener el profesor Pellitero, pues, impresionado por el relato de su alumno, decidió hacer sus propias pesquisas, tratar de enterarse de más, asegurarse de que nadie estaba cometiendo ni sufriendo ningún tipo de agravio o de necesidad. Ante algunos delitos se podía hacer la vista gorda, pensaba Pellitero, pero no ante las injusticias.</p><p>El joven maestro, gran madrugador, tenía para sí que todas las cosas de cierto valor que había hecho en su vida las había hecho antes de las nueve de la mañana, de modo que un martes, cuando apenas empezaba a amanecer, salió por la puerta de su casa y se subió al coche, decidido a merodear por la finca donde vivían Braulio y Axa.</p><p>El cielo se abrió como un libro en cuanto dejó atrás el cartel que decía: “El Ronquillo les da las gracias por su visita”. Era principios de abril. El campo estaba vacío pero radiante. Pocos kilómetros después se cruzó con algunos cazadores en busca de perdices o conejos. Sólo se dejaban ver los pájaros que se sabían a salvo, no codiciados por los cazadores, y ésos se hacían notar con todo el jolgorio y la alegría de la primavera. A la algarabía se unieron las cigarras, los grillos y enseguida el sol, discreto pero en buena forma, majestuoso a su pesar, subiendo.</p><p>Pellitero comenzaba a estar seguro de que se había confundido de desvío cuando se encontró junto a una pequeña casa que respondía con exactitud a la descripción que Farouk le había hecho de la vivienda de su hermana. Era un lugar modesto, amplio pero desangelado, con un huerto, un tendedero y, junto a una hormigonera oxidada y una manguera descolorida, restos de material de construcción acumulado sobre el suelo y apoyado contra una pared, demasiado cerca de la puerta. Todavía era muy temprano y no se veía a nadie.</p><p><em>(Sigue Carlos Marzal)</em><strong>Carlos Marzal</strong></p><p>El profesor Pelliterio, con un punto de intranquilidad y otro de alegría expectante, llamó con los nudillos a la puerta de la casa. Desde pequeño había desarrollado una aversión íntima hacia los timbres, las aldabas y los porteros electrónicos, que le parecían invenciones del diablo, utensilios poco respetables para anunciarse en casa de los demás. Las llamadas de los individuos como Dios manda debían hacerse con los dedos de la mano, y siempre en su justa medida, ni demasiado fuerte ni demasiado flojo, porque en la forma de llamar a las puertas se manifestaba el carácter de la persona. Los jactanciosos aporreaban las viviendas ajenas, y los pusilánimes no se dejaban oír: en cambio, los ciudadanos cabales llamaban de manera musical, con un repiqueteo firme y bien temperado, signo de buena crianza. En los detalles ínfimos —se decía a menudo—, gusta de esconderse la mejor educación.</p><p>Le abrió una muchacha de ojos enormes y oscuros, y nada más ver su sonrisa luminosa supo que era Axa, la hermana de Farouk. Pensó para sus adentros que la habría reconocido en mitad de la multitud en un día de Feria, tan grande era su parecido de familia, sobre todo en lo que tocaba al aura de entusiasmo para con el mundo que los dos emanaban a su alrededor.</p><p>En pocas palabras, Pellitero le hizo saber a Axa el motivo de su visita, y su intención de servir de ayuda, en todo lo que estuviera a su alcance, para beneficiar a la pareja, porque había conocido su aventura por el relato de Farouk. El aprecio que sentía por su alumno, y el rechazo que le provocaban las injusticias —máxime si son sentimentales, y provocadas por historias de amor— lo habían empujado hasta alli. Venía a ponerse a su servicio. La caballerosidad —afirmó, sintiendo crecer en él un impulso mitad quijotesco y mitad sanchopancista— no era un asunto literario, una fábula escondida en los libros, para uso de lectores y ratones de biblioteca, sino una virtud laboral, por así decir. Si lo que aprendemos en las novelas y en los poemas no nos sirve para portarnos mejor con nuestros vecinos, los poemas y las novelas no sirven para nada. Y, nada más acabar la frase, se sintió levitar un palmo por encima del suelo, como si por primera vez en su vida hubiese conciliado en su persona la acción y el pensamiento, la carne y el pescado, las armas y las letras.</p><p>Sorprendió a Pellitero el acicalamiento y cuidado interior de la vivienda, que contrastaba con el destartalado aspecto exterior. Había pocos muebles y objetos en la habitación principal, que era el comedor, el salón y la cocina de la casa, pero todos eran sencillos, adecuados y hermosos. Imaginó que un clásico hubiese podido escribir que las mecedoras de madera, la mesa camilla con faldones, los sillones de orejas y la pequeña estantería blanca con varios trofeos deportivos, fotografías enmarcadas, revistas y algún libro eran cosas honestas, queriendo decir con ello que indicaban la evidencia de que quien vivía entre aquellas cuatro paredes procuraba pasar su existencia en armonía, sin estridencias ni alborotos.</p><p>Al poco, salido de una habitación, apareció Braulio, con un mono gris de trabajo. Aquella mañana no tenía nada que hacer hasta las doce, comentó, mientras invitaba a Pellitero a tomar asiento en una de las mecedoras. Al profesor, el acto de mecerse, ya fuera en solitario, con un buen libro entre las manos, o en compañía de interlocutores, para proceder a una animada charla, se le antojaba uno de los mayores logros de la civilización, en nada inferior al descubrimiento del fuego, o de la rueda, o del jamón de bellota. Cada vez que tenía la oportunidad de sentarse en una mecedora intachable —y por eso disponía de una en su biblioteca— se ensanchaba su espíritu, se le despertaba un humor filosófico y misericordioso, y rebrotaban en él remotos acunamientos de su madre.</p><p>Axa preparó una tetera humeante con el mejor té que Pellitero había probado nunca, hervido con azúcar moreno y abundantes hojas de hierbabuena. </p><p>En un rincón, había un narguile con cortavientos, junto a una bandera del Real Betis Balompié, una mezcla que —en opinión del profesor Pellitero— resumía de una manera doméstica el intrincado concepto de la alianza universal de civilizaciones.</p><p>Las emanaciones salvíficas del té y su exquisito dulzor hicieron que los tres contertulios abrieran sus corazones de manera recíproca. Axa sufría indecibles tormentos de conciencia, porque su familia la había repudiado al incumplir las tradiciones matimoniales. La angustia de Braulio no era inferior: sus padres estaban decepcionados por su comportamiento, y muy coléricos con aquella situación, que ponía de manifiesto unos prejuicios de los que ellos mismos no se creían capaces. Sus amigos ya no frecuentaban su casa, ni siquiera en los días señalados en que el Real Betis procuraba sus epifanías futbolísticas. Lo cierto es que, como dijo aquel —sentenció Braulio—, uno era él y sus circunstancias, y las circunstancias a menudo se empeñaban en arruinarle la vida a él, y a ella, y a todo hijo de vecino.</p><p>De repente, el profesor Pellitero, enardecido por la hospitalidad, por la bebida moruna, y por un cosquilleo cervantesco que sentía brotar en lo más profundo de su sistema límbico, dijo, poniéndose en pie: "Esto, mis queridos Axa y Braulio, lo arreglo yo. Si hay algo que no tolera un lector del Quijote, es que se malogre el amor".</p><p>Allí mismo trazó un plan para llevar a buen puerto todo aquel episodio generado por dos oscurantismo idénticos: el aborígen y el extranjerizante. </p><p>En presencia de Axa y Braulio, apoltronado beatificamente en la mecedora mágica, llamó con el móvil a los padres de ambos, a Farouk, a los dos mejores amigos de Braulio —Luis, el cura de la parroquia de El Divino Salvador, y Mauricio, el entrenador del equipo de futbol sala del pueblo—, y, para que no faltara nadie en el aquel conflicto interdisciplinar, emplazó también a doña Milagros, marquesa de Ajales, y a Licinio, que así se llamba el guarda trabucaire de la finca La Solana. Bajo distintos pretextos, citó a todos al día siguiente en el seminario de Literatura Española del Colegio Nuestra Señora del Mar, no sin antes advertirles de la importancia capital del asunto que allí se trataría.</p><p>De los laberintos ronquilleros se sale con soluciones ronquilleras, concluyó el profesor, antes de despedirse con besos, abrazos y vítores de sus ya para entonces amigos Axa y Braulio. </p><p><em>(Cierra Pedro García Montalvo)</em><strong>Pedro García Montalvo</strong></p><p>Volvió, pues, Pellitero al Ronquillo desde la pequeña casa y el huerto de Axa y Braulio. El resto de la jornada lo dedicó a su trabajo pedagógico en el colegio y, al caer la tarde decidió dar una vuelta en su vieja moto por los campos de alrededor para no pensar en la decisiva reunión del día siguiente. Apagó el móvil para que nadie lo molestara en ese circuito solitario que iba a hacer. El sol era ya apenas un círculo anaranjado que tocaba casi la linde de las tierras andaluzas y el firmamento. Pero se adivinaba en ese poniente una súbita deflagración final hecha a la vez de colores vivos y de tonos graves… Un buen rato después divisó por el camino de tierra a dos jinetes que venían hacia él en la distancia, una imagen que, al principio, tuvo por un ensueño, un espejismo provocado por las luces desvanecientes del atardecer. Eran un don Quijote y un Sancho Panza, a lomos, respectivamente, de un caballo viejo algo más fornido que Rocinante, y un borrico de pelaje grisáceo que debía ser ya uno de los pocos que sobrevivían por la comarca. Al encontrarse, los tres se pararon, y la pareja, algo destartalada en sus disfraces, explicó al profesor que iba a participar como protagonista en un acto festivo nocturno que el vecino pueblo de Torilejo había preparado para conmemorar el susodicho cuarto centenario de la muerte de Cervantes, que se cerraría con unos fuegos artificiales más bien baratos  —el presupuesto municipal no daba para más—, tras el discurso final del alcalde. </p><p>Estuvieron hablando unos minutos porque tenían amigos comunes. Un resplandeciente y vasto ocaso se había esparcido mientras por el cielo, como un inmenso tintero chino que hubiera estallado sobre los confines del mundo. Al despedirse, el fingido don Quijote, quitándose el baciyelmo de la cabeza, se puso repentinamente serio, metiéndose en su papel —por ensayar un poco—, con cara sofocada y cejas alzadas y, aferrándose bien a su lanza de madera, dijo a Pellitero con voz solemne y ronca:</p><p>—Sólo sabe de amores quien conmigo va; y digo que vuestra cuita terminando está.</p><p>El hombre se había escrito unas cuantas frases de este tipo para recitarlas en la fiesta del pueblo vecino, al margen de los versos impresos que allí les iban a entregar, y aprovechaba para decirlas antes a los que encontraba por el camino aparentando que las repentizaba, y dándoles un sobresalto.</p><p>Los tres rieron, y el falso Sancho aguijó al borrico, que lanzó un breve y acaso alegre rebuzno.</p><p>Luego el profesor volvió la cabeza, y al poco los vio perderse en el esplendoroso y cegador crepúsculo rojinegro que cerraba la tarde sobre el horizonte, y al que siempre, de alguna forma, parecen dirigirse los dos personajes en la novela, en la fábula, en la leyenda y en la realidad.</p><p>Ya de noche, una hora después, Pellitero regresó al pueblo. Volvían a él los fantasmas de la reunión de la mañana siguiente, llena de dificultades para el destino de los dos jóvenes amantes. Nada más entrar, junto a los gallineros, bajo el olmo que marcaban el camino hacia la plaza mayor, se encontró con su alumno Farouk, que, sudoroso y con cara sonriente, le hizo parar junto a él.</p><p>—¡Profesor, estamos buscándole y llamándole desde hace dos horas!</p><p>Cuando se calmó un poco, sin dejar de sonreír, y acompasó su agitada respiración, el muchachillo le contó que las dos familias, la de Braulio y la suya propia, ante la perspectiva de una reunión que podía enturbiar aún más el asunto y darle todavía más difusión obligando a unos o a otros a tomar decisiones extremas, se habían juntado a las cuatro de la tarde en casa de un anciano marroquí, y tras una larguísima conversación, en la que cada grupo puso su mejor voluntad, habían acordado que la pareja se casara por doble rito, saliendo de su situación escandalosa, y vivieran en paz el resto de sus días, dando al pueblo, si fuera posible, unas cuantas criaturillas hispanomagrebíes.</p><p>—Así que me han dicho —concluyó Farouk— que le buscara para que anule la reunión, y para que venga mañana noche a casa de mis padres.</p><p>—¿Mañana noche?</p><p>Farouk le explicó que habría una cena y una fiesta que organizaban los familiares de uno y otro lado, donde se hermanarían todos.</p><p>—Usted será el invitado de honor, sentado junto a Axa y Braulio en medio del banquete.</p><p>—Allí estaré.</p><p>El muchachillo se despidió, y allí mismo, bajo el olmo, Pellitero, caballero en su ahora mansa moto, llamó a todas las personas citadas para decirles que se desconvocaba la reunión en el Colegio, “por haber sobrevenido, inesperadamente, la solución a todo”.</p><p>“Sobrevenido” pensó el profesor, “sí, sobrevenido, como por magia”. Había ocurrido como en esas enrevesadas discusiones de amantes peleados que en un segundo, por virtud del hechizo de su amor, lo olvidan todo y se abrazan volviendo a la plenitud de su sentimiento y de su única y verdadera libertad. Pellitero se quedó allí parado todavía unos momentos, sin saber por qué. Mientras tanto, se había hecho ya noche cerrada sobre el pueblo. Entonces pensó de pronto en el encuentro que había tenido por el camino de tierra y sintió un suave escalofrío: le pareció que don Quijote y Sancho —-¿reales o fantasías suyas del crepúsculo?, ¿actores aficionados o personajes vueltos de la novela como seres de alma, carne y hueso?— se habían adelantado a sus desvelos por la pareja de enamorados, como por magia, en efecto, y, con sólo rozar su azarosa historia en el sendero frente al pueblo, habían deshecho todo el entuerto. Como les ocurría a algunos santos o ermitaños cuando tocaban en su caminar con el paño de su atuendo—incluso sin darse cuenta— a un pobre tullido y lo sanaban al instante. O como cuando un astro errante, al acercarse de improviso a la órbita de un planeta oscuro, lo inundaba de luz y de belleza hasta su mismo centro.</p><p>Sí, la pareja cervantina seguía para siempre su lento paso junto al sueño de la vida.</p><p>Pellitero no dejó de meditar entonces en todas las parejas de amantes que en tierras próximas o lejanas eran perseguidos a causa de su joven pasión. El Hidalgo y su buen escudero aún tenían un largo camino que hacer, muy largo, quizás inacabable.</p><p>El profesor se iba ya cuando le vino, un momento, el recuerdo de los ojos grandes y negros de Axa.</p><p>Sonrió,  pensando que a Cervantes le habría pasado igual. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Trapiello / Juan Marqués / Carlos Marzal / Pedro García Montalvo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No es lo que parece o don Quijote ha vuelto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Tú ya me entiendes’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/entiendes_1_1126201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/73c99713-4bf5-41d7-be19-aae56fec71f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Tú ya me entiendes’"></p><p>Benjamín Prado lee su poema 'Tú ya me entiendes'.</p><p><strong>Tú ya me entiendes</strong></p><p>Las veces que no quiero formar parte de mí.</p><p>Las veces en que todo lo que piensas te engaña.</p><p>Las veces que te das por desaparecida.</p><p>Las veces que sería cualquiera menos yo.</p><p>Las veces en que muerdo la mano que me cura.</p><p>Las veces que seguirte es andar sobre el hielo.</p><p>Las veces que tu nombre da vueltas en mi anillo</p><p>como un tigre enjaulado.</p><p>Las veces que no somos quienes tú y yo creemos.</p><p>Las veces que el orgullo nos tiende una emboscada.</p><p>Las veces que brindamos para romper las copas.</p><p>Las veces en que acaba el cuento y gana el lobo.</p><p>Las veces en que hay sombras que te hablan al oído.</p><p>Las veces en que somos dos francotiradores.</p><p>Las veces que el dolor es lo que dijo Shakespeare:</p><p>la piedra en que se afila la venganza.</p><p>Las veces que preguntas de qué lado se esconde</p><p>lo que te hizo construir el muro.</p><p>Las veces en que olvido que tú serías única</p><p>si no fuera porque lo somos todos.</p><p>Tú ya me entiendes: sabes que esta guerra es mentira,</p><p>que no habrá derrotados,</p><p>que nadie va a caer:</p><p>sólo quiero vencerte</p><p>y después compartir mi victoria contigo.</p><p>De <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/ya-no-es-tarde.html" target="_blank"><em>Ya no es tarde</em></a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>(Visor, 2015)</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Tú ya me entiendes’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Qué es España?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espana_1_1126195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2323074e-7be1-4c3b-a7bc-298b6ffd6d49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es España?"></p><p><em>Los responsables de la Librería Cervantes (Oviedo) recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses.</em></p><p><em> </em> <strong> El temperamento español V.S. PritchettGatopardo</strong><em> </em></p><p><em>El temperamento español </em></p><p><strong>Barcelona2016 </strong></p><p>Este clásico de la literatura de viajes, publicado por primera vez en 1954, resume varias décadas de viajes y estancias del autor en nuestro país, en donde habla de caracteres, paisajes, historias y mitos, mientras recorría distintos lugares de la geografía española.</p><p>De Irún y San Sebastián, pasando por Burgos, Ávila, Madrid, El Escorial, Sevilla y Granada, Almería, Murcia y Valencia, hasta llegar a Tarragona y Barcelona, con citas frecuentes de <strong>Unamuno</strong>, <strong>Galdós</strong>, <strong>Azorín</strong>, <strong>Menéndez Pidal</strong>, <strong>Marañón</strong>, <strong>Santa Teresa</strong>, <strong>Ignacio de Loyola</strong>, <strong>Tirso de Molina</strong> o <strong>Zorrilla</strong>, el viaje de <strong>Pritchett</strong>, alejado de tópicos, es el de un buen conocedor de la historia y la cultura españolas.</p><p>El británico intenta atrapar en cualquier detalle el misterio del alma española que ha frecuentado desde muy joven, con amigos de la izquierda y la derecha, con intelectuales y gente corriente con la que entabla conversación en cualquier café. Con los de dentro y también con los de fuera de sus fronteras, desde Montpellier a San Juan de Luz y Bayona, donde se tropieza con los exiliados. </p><p>V. S. Pritchett recorrió a principios de los años treinta el territorio español. De esa experiencia surgió <em>Marching Spain</em>, que apareció en 1928. Sin embargo, no fue hasta 1954 cuando, siendo ya un escritor consagrado, publicó<em> El temperamento español</em>, una excelente crónica de viaje sobre nuestro país</p><p> <strong>La tierra que pisamos</strong><strong>Jesús CarrascoSeix BarralBarcelona2016</strong></p><p>El escritor extremeño <strong>Jesús Carrasco</strong> nos entusiasmó con su primera novela, <em>Intemperie</em>, y nos hizo fijarnos en un autor novel con un dominio del lenguaje y una riqueza léxica poco usual en la literatura actual. Esperamos ansiosos su siguiente obra. Y hemos de decir que <em>La tierra que pisamos </em>no ha defraudado, en absoluto. En ella, Carrasco vuelve a demostrar que su primera incursión en el mundo literario no fue casual, sino que se trata de un autor por descubrir. </p><p>En esta segunda historia nos adentra en un mundo rural unido al hombre. Hay retazos y contextualización histórica, que se mezclan con la parte humana del relato, como reminiscencias de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil española y el colonialismo europeo de África en el siglo XIX, que dan lustre a ciertos momentos de la novela, pero que no son el eje esencial de la misma.</p><p>Es curioso conocer cómo el autor concibió esta intensa historia, surgida de un hecho tan banal como trabajar junto a unos amigos en un huerto. De la reflexión acerca del hombre y su unión con la tierra a lo largo de los tiempos, nació <em>La tierra que pisamos</em>,  en la que una de sus protagonistas, Eva Holman, esposa de uno de mandos gratificados tras la ocupación, vive apartada en un pueblecito de Extremadura. Dedicada al cuidado de su esposo, impedido a consecuencia de la guerra, ve cómo su vida cambia con la presencia de un hombre, que no habla, que ocupa su propiedad y que terminará por cambiar su vida. Una historia que invita a reflexionar sobre la empatía en situaciones límite, sobre relaciones aparentemente imposibles, que pueden ser la solución para el cambio necesario de nuestras vidas.</p><p><strong>Los besos en el pan</strong><strong>Almudena GrandesTusquetsBarcelona2015 </strong></p><p>La aparición de un libro de la escritora <strong>Almudena Grandes</strong> es, para nuestra librería, un acontecimiento que celebramos. Quizás porque hemos disfrutado de su presencia y hemos conocido a través de sus propias palabras muchas de la historias que rodean a las historias (valga la redundancia) que nos cuenta, y también, quizás porque, y no descubrimos nada a estas alturas, la madrileña es una narradora que relata acontecimientos con los que a menudo nos identificamos, o personas con las que empatizamos o por las que sentimos rechazo, o, simplemente, porque disfrutar de un buen libro es lo que apreciamos cada vez más y sabemos que Almudena es una apuesta segura.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/11/05/almudena_grandes_quot_que_llamamos_crisis_una_guerra_hemos_perdido_quot_40377_1026.html" target="_blank"><em>Los besos en el pan</em></a><em> </em>es una novela coral que cuenta las historias de un grupo de  personas que vive en un mismo barrio céntrico de Madrid: una familia que vuelve de vacaciones y busca la rutina, un divorciado que solloza, una abuela que adelanta la Navidad, una mujer que regresa a sus raíces… Toda una galería de personajes que Grandes utiliza para hablarnos de la solidaridad inesperada, de indignación y de rabia, de ternura, de lucha y tesón. Y de aprendizaje. De nuestros mayores. De los abuelos que enseñaron a sus nietos por qué hay que besar el pan.</p><p><em>Los besos en el pan</em> cuenta un año en la vida de estas gentes que se reparten en tres generaciones, ofreciendo así el contraste del tiempo. En su mayoría pertenecen a las clases medias y populares, con predominio de las figuras femeninas y perfiles que permiten a la autora desarrollar sucesos o situaciones representativas: el hambre infantil en las aulas, el desmantelamiento de la sanidad pública, las estafas bancarias, la tentación yihadista… Todo ello gracias periodistas, policías, emigrantes, adolescentes, amas de casa, desempleados que conforman las historias de esta historia narrada, como es habitual en la autora, de una manera cercana y que atrapa.</p><p><strong>Las sinsombreroTània BallóPlanetaMadrid2016</strong></p><p>Este libro nos acerca a <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/02/23/fies_tus_amigos_hablaran_sus_memorias_45379_1026.html" target="_blank">las mujeres eliminadas de la historia oficial de la Generación del 27</a> —<strong>Ernestina de Champourcín</strong>, <strong>María Teresa León</strong>, <strong>Concha Méndez</strong>, <strong>Maruja Mallo</strong>, <strong>María Zambrano</strong>, <strong>Rosa Chacel</strong>, <strong>Josefina de la Torre </strong>y <strong>Marga Gil Roësset— y</strong> recupera la memoria y los avatares de todas estas  artistas y pensadoras cuyo legado resulta determinante en la historia de nuestro país, al igual que el de sus compañeros pertenecientes a esa generación literaria. </p><p>El título hace referencia a la actitud de sus protagonistas: mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veinte y treinta. Mujeres libres y rompedoras también en sus vidas privadas, apasionadas y apasionantes, que anticiparon, e hicieron posible, a las mujeres de hoy, a pesar del zarpazo de la Guerra Civil que acabó con tantos sueños de libertad e igualdad.</p><p><strong>Tania Balló</strong>, <strong>Manuel Jiménez</strong> y <strong>Serrana Torres</strong> nos cuentan que los nombres de ellas siguen, 89 años después, sin formar parte de la nómina de creadores que les pertenece. Sus creaciones se borraron con disimulo, pero también nos dicen que posiblemente en todos los momentos de su vida las artistas fueron muy conscientes de que la permanencia de su legado artístico iba a ser complicada.</p><p><strong>Tú no eres como otras madresAngelika AschobsdorffErrata Naturae y Periférica</strong><em>Tú no eres como otras madres</em></p><p><strong>Madrid / Cáceres2016</strong></p><p>Un relato real en el que la autora ahonda en la vida de su madre, una mujer diferente, independiente y nada convencional.<strong> Angelika Schrobsdorff</strong> reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista. </p><p>Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente. </p><p>Sin embargo, en la dura prueba del exilio, Else encontrará una realidad nueva y reveladora tras una vida que hasta entonces ha estado enteramente dedicada a las fiestas, los viajes y el amor.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cervantes en la calle Dr. Casal, 9, en Oviedo, o en su </em><strong>Librería Cervantes</strong><a href="http://www.cervantes.com/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Cervantes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es España?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Bailando en la oscuridad’, de Karl Ove Knausgård]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bailando-oscuridad-karl-ove-knausgaard_1_1126192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/115392d9-826b-4e7c-aa7e-ffb1693fd7b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Bailando en la oscuridad’, de Karl Ove Knausgård"></p><p><strong>Bailando en la oscuridad (Mi lucha: 4)</strong><strong>Karl Ove KnausgårdAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Ahí está su vida al completo, diseccionada y expuesta ante nosotros sobre fondo blanco, encerrada en cerca de cuatro mil páginas, dividida en seis volúmenes. Y, sin embargo, no sabemos descifrarla. No nos es posible acceder a ella más que en pequeñas dosis y gracias a la labor de dos traductoras noruega, <strong>Kirsti Baggethun</strong> y <strong>Asunción Lorenzo</strong>, quienes median entre su escritura autobiográfica —paralizada desde 2011, cuando, después de tres años escribiendo a un ritmo vertiginoso, concluyó su saga monumental <em>Mi lucha</em>, de la que ahora se publica la cuarta parte, <em>Bailando en la oscuridad</em>— y nuestra lectura impaciente, que espera cada primavera la llegada de un nuevo tomo.</p><p>Parecería que hubiera sido siempre así, pero esta rutina cíclica apenas lleva un par de años en marcha. En 2012 el primer volumen, <em>La muerte del padre</em>, pasó de puntillas, sin recibir demasiada atención. Hubo que esperar a la publicación en 2014 de <em>Un hombre enamorado</em> para que los focos comenzaran a apuntar hacia <strong>Karl Ove Knausgård</strong>, quien, habiendo sido apadrinado por el más poderoso y feroz de los agentes literarios, <strong>Andrew Wylie</strong>, era ya toda una revelación en los mercados anglosajones y europeos. Se dijo de él que era exhibicionista, polémico y desconsiderado, al mismo tiempo que se alabó el que hubiera transgredido tan atrevidamente los límites de la ficción, <a href="https://newrepublic.com/article/117245/karl-ove-knausgaard-interview-literary-star-struggles-regret" target="_blank">“roto la barrera del sonido de la novela autobiográfica”</a>, reinventado a <strong>Proust </strong>en la Escandinavia del siglo XXI. Fue entonces cuando comenzó la cita anual que convoca a todos los que, hoy por hoy, nos podríamos considerar sus <em>groupies </em>y para quienes Karl Ove se ha convertido en una figura familiar pero, al mismo tiempo, llena de interrogantes. Hemos trazado un esquema de su periplo vital, hemos engarzado sus recuerdos en un eje diacrónico, hemos elaborado, al menos mentalmente, un árbol en el que unir a todos los personajes aparecidos en sus novelas. Y, a pesar de los vaivenes, de la narración convulsa que salta a través de los años para detenerse en remembranzas e iniciar extensas digresiones que jamás parecen llegar a la anécdota de partida, nos siguen quedando multitud de puntos ciegos.</p><p>Si <em>La isla de la infancia </em>llegaba el pasado mayo para inaugurar un espacio del que aún no sabíamos casi nada —la niñez como apertura a un mundo que se irá enrareciendo paulatinamente hasta desembocar en el ambiente tenso, perturbador y crudo de <em>La muerte del padre</em>, donde el periodo explorado es, principalmente, el de la adolescencia—, <em>Bailando en la oscuridad</em> viene a llenar esta semana otro vacío: el que media entre los años de instituto y el Knausgård adulto. Un territorio tambaleante entre dos edades bien delimitadas y dos posiciones en el mundo bien definidas: de un lado, el descubrimiento constante, las posibilidades infinitas para llegar a ser; del otro, la vida adulta, donde la mayor parte de los caminos se han truncado para conformar así una personalidad más o menos firme, más o menos rígida, más o menos estable. Entre medias, la zona gris en que se espera de nosotros que seamos, pero donde no sabemos todavía con certeza quiénes somos. </p><p><em>Bailando en la oscuridad </em>es una novela iniciática como, de alguna manera, lo son todas las de la saga. Después de haber asistido al primer encuentro cara a cara con la muerte, a los primeros pasos en la paternidad y la vida conyugal, a los primeros aprendizajes como niño, aquí las primeras veces se multiplican de tal modo que el autor nos sitúa, ya no en las puertas de algo, sino en pleno tránsito, en la mitad del puente que une ambas etapas. El libro se abre con un rito de paso: Karl Ove se acaba de trasladar desde el hogar familiar en Kristiansand, al sur de Noruega, a Håfjord, un pequeño pueblo de la costa norte del país, donde trabajará ese curso como maestro. Solo tiene 18 años y un sinfín de experiencias por estrenar, embaladas con el resto de las pertenencias que traslada hacia su nueva casa. Es la primera vez que vive solo, su primer trabajo de verdad y también su primer contacto con la literatura. Knausgård ha decidido aprovechar el año fuera para convertirse en escritor y lo que nos muestra son sus primeros tanteos, torpes y a trompicones, en el arte de narrar: el peso asfixiante de las influencias, casi imposibles de disimular en sus propios párrafos; los bloqueos ante la máquina de escribir; la decepción cuando, aquello que a él mismo le parecía sublime, resulta inmaduro y perfectible ante los ojos de los demás.</p><p>Se podría leer esta obra como reverso masculino de otra con la que, pese a las diferencias en el tono de la narración y otros tantos elementos estilísticos, comparte bastantes rasgos: <em>Cómo se hace una chica</em>. Al igual que Johanna, la protagonista de la novela de<strong> Caitlin Moran</strong>, Karl Ove da sus primeros pasos en la escritura, además de ganar su primer salario, a través de la crítica musical, escribiendo reseñas sobre discos para un periódico de su región. “Si mis recuerdos estaban amontonados detrás del remolque de mi vida, la música eran las cuerdas que todo lo ataban, manteniéndolo en su sitio”, declara y, efectivamente, las menciones a los grupos y los discos son en ambas novelas un <em>leitmotiv </em>que contribuye a la formación de dos adolescentes, quienes escogen el rock, las borracheras y la obsesión por debutar en el sexo como rasgo definitorio de sus personalidades. </p><p>Se ha dicho de <em>Bailando en la oscuridad </em>que es <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_926" target="_blank">“el episodio más grácil, raudo, bullicioso y eléctrico de la serie”</a>. Por el contrario, podríamos considerarlo, creo, uno de los más sombríos. Bien es cierto que Knausgård no se deleita tanto como otras veces en los pasajes reflexivos ni pretende abarcar un arco temporal demasiado amplio, sino que se limita a contar lo que fue su vida desde los 16 a los 19, enfocando algunos episodios que, en los volúmenes anteriores, apenas estaban esbozados. Todo ello, no cabe duda, contribuye a agilizar la lectura, pero a lo narrado le falta la luminosidad que sí resplandecía en muchas de las páginas de los libros anteriores. Al mismo tiempo que el pueblecito de Håfjord, ubicado dentro del círculo polar ártico, se sume en una larguísima noche que dura varios meses, las experiencias del joven Karl Ove se van contagiando de esa misma oscuridad. Impulsos violentos y autodestructivos, juergas constantes, episodios sexuales catastróficos, aislamiento, soledad y demasiadas noches borradas por el alcohol; el autor se narra aquí sin indulgencia, asumiendo sus errores y torpezas, exorcizando sus culpas por medio de una escritura que opta por la desnudez y la confesión cruda, sin velos ni trabas.</p><p>Sin embargo, a la vez que Knausgård dirige la dureza hacia sí mismo, la narración adopta una mirada compasiva sobre una de sus figuras centrales: el padre. Esa figura temible y autoritaria adquiere en este cuarto tomo un cariz distinto que, si bien no contradice lo relatado en los volúmenes anteriores, sí lo muestra más frágil y menos despótico, capaz de despertar incluso algún tipo de ternura. Por ejemplo, en aquellos diarios que los hijos encuentran tras su muerte, donde registraba las personas a las que había visto y con las que había hablado, las veces que se peleaba y reconciliaba con su mujer, su lucha y rendición constante a la bebida, y en los que hay anotaciones como la siguiente: “K.O. de buen humor”.</p><p>En <em>Bailando en la oscuridad</em> el autor decide prestarle más atención a su madre, un personaje que hasta ahora había permanecido en segundo plano como figura salvadora, definida por mera oposición al padre. Su presencia, no obstante, sigue siendo discreta también aquí, pero el bosquejo que proporciona de su carácter, de su manera de comportarse con los demás, arroja una luz sobre el conjunto que sirve para explicar las vetas de calidez existentes en una autobiografía marcada por el miedo y la desgracia. <strong>Sissel</strong>, la madre, actúa en la novela como la claridad que va asomando hacia el final del invierno, como el calor que va deshelando las nieves árticas, como el optimismo que brilla en el regreso de Karl Ove al sur al final de la novela, con una juventud recién estrenada y unas ganas renovadas de seguir descubriendo quién llegará a ser.</p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía. </em></p><p><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Bailando en la oscuridad’, de Karl Ove Knausgård]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Sicilia paseada’, de Vincenzo Consolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sicilia-paseada-vincenzo-consolo_1_1126189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3b31102a-bf2c-424b-82e7-3ac7c4b93455_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Sicilia paseada’, de Vincenzo Consolo"></p><p><strong>Sicilia paseada</strong><strong>Vincenzo ConsoloTraspiésGranada2016</strong></p><p><strong>Vincenzo Consolo</strong> (1933-2012) es un autor relativamente poco conocido en España, si bien existen obras suyas traducidas principalmente desde los años noventa. <strong>Miguel Ángel Cuevas</strong>, profesor de italiano en la Universidad de Sevilla, nos ofrece una excelente edición, amena y rigurosa al mismo tiempo, y con una serie de notas que hacen que la lectura se convierta en algo más, pues las opciones que se abren son inmensas.</p><p><em>Sicilia paseada </em>es un magnífico librito de apenas 90 páginas. Escrito con una prosa de calidad excepcional, a veces la brevedad se agradece hasta el punto de que este tipo de opúsculos son los que más se leen, por la comodidad de una edición coqueta y pulcra, pero también por lo atractivo del tema. Efectivamente, Sicilia está de moda. Lo está posiblemente desde finales del siglo XIII, cuando se inició el dominio de la isla por los aragoneses. Cuando éstos llegaron, sin embargo, no eran pocos los estratos que ya se habían acumulado desde la Antigüedad remota, sin olvidar la posterior Sicilia barroca: "Sin embargo el barroco no fue solamente el fruto de una coincidencia histórica. Ese estilo fantasioso y abigarrado, retorcido y abundoso es, en la Sicilia de los continuos terremotos naturales, de los infinitos vuelcos históricos, del riesgo cotidiano de la pérdida de la identidad, como una exigencia del alma contra el extravío de la soledad, de lo indistinto, del desierto, contra el vértigo de la nada" (p. 33-34).</p><p>El paseo se realiza en sentido inverso de las agujas del reloj y tiene un carácter eminentemente cultural desde un punto de vista antropológico, ya que la antropología filosófica que entronca con <em>La rama dorada</em> de <strong>Frazer</strong> posee aquí un alto valor: gran parte de los mitos continentales —y universales— tienen su referencia expansiva en la Trinacria, antiguo nombre de la isla. Los mitos que transcurren en ella son innumerables. No muy lejos del municipio de Piazza Armerina, hacia el centro de la isla, donde se halla la capilla Sixtina de los mosaicos, la villa romana del Casale, una joven bella, Perséfone, estaba recogiendo flores cuando Hades emergió del mismo infierno para raptarla. Tras su desaparición, Deméter, su madre, paralizó la vida y Zeus obligó a Hades a devolverla. Ahí comenzó el mito. Si la joven había comido algunos granos de la granada, ya no podría volver, y así fue, no se sabe bien si porque no quería volver o porque la engañaron, pero el caso es que al final tuvieron que llegar a un acuerdo —así nacieron las estaciones, cumpliendo con los ciclos vegetales— para pasar unos meses en el infierno con su marido, y otros con su madre, en la Tierra. En Sicilia, no está mal recordarlo, se encontraba una de las puertas de entrada al infierno, y la bibliografía acerca del azufre viene de perlas, como de hecho Vincenzo Consolo anota convenientemente (p. 57-60). </p><p>Pero qué decir de los extraordinarios apuntes sobre la pesca del atún (p. 79-83): "Se podría repasar la entera civilización mediterránea gracias a la historia de la pesca del atún, así como mediante la historia del comercio de púrpuras y vidrio, de cereales, de aceites, de quesos, de cueros y de lanas, de ceras y de especias; una historia de paz, contrafigura cotidiana y serena de la historia de violencias y de guerras, una historia de intercambio de bienes, de cultura, de apertura de emporios, de migraciones de gentes de un país a otro, de fundaciones de nuevas ciudades" (p. 80-81). Páginas sobre el atún que además nos traen a la mente la espectacular secuencia, a modo de documental, inserta en <em>Stromboli, tierra de Dios</em> (1950), de <strong>Roberto Rossellini</strong>. O la cultura de la miel y la abeja (p. 22-26), o el repaso a los escritores y poetas allí nacidos, a través de sus textos emblemáticos, como por <strong>Luigi Pirandello</strong>, <strong>Salvatore Quasimodo</strong> o <strong>Leonardo Sciascia</strong>, entre otros.</p><p>Este librito es una delicia en todos los sentidos y nos falta espacio para recomendarlo. Nos falta espacio para abarcar todos los temas y las sugerencias, la riqueza que desborda. Decía <strong>Goethe </strong>que hacían falta varias vidas para conocer Sicilia (p. 61). En cualquier caso este libro es un bonito resumen no sólo para los amantes de Italia, y Sicilia en concreto, sino en general para los amantes de los viajes, de las notas reflexivas, de la buena prosa de estirpe borgiana.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de literatura.</em><strong>Juan Carlos Abril </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Dalirium Sonic’, de Karles Torra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dalirium-sonic-karles-torra_1_1126180.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2734b581-e779-4d90-b40d-ca84da678cc8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Dalirium Sonic’, de Karles Torra"></p><p><strong>Dalirium Sonic</strong><strong>Karles TorraLa LluviaBarcelona2016</strong></p><p>Elvis tuvo que quitarse una camisa para regalársela, porque la mirada inquisidora de <strong>Dalí </strong>no le dejó otra opción. Miraba y remiraba la prenda del rockero con la única idea de poseer esa camisa que se convertiría después en uno de sus fetiches. Cuenta el autor de <em>Dalirium Sonic, </em><strong>Karles Torra</strong>, que aquel fue el único encuentro que tuvieron las dos estrellas de la música y la pintura del siglo XX, Elvis Presley y Salvador Dalí, encuentro del que el rockero salió medio desnudo. Cuenta también que dos o tres veces por semana, desde mediados de los años setenta hasta que <strong>Gala </strong>murió, Dalí pasaba la tarde en L’Hostal de Cadaqués, y cuando la banda dejaba de tocar, pedía que sonara Elvis Presley. </p><p>De su pintura, de sus extravagancias, de sus ideas políticas, de su mar Mediterráneo, de todo ese mundo del surrealismo daliniano, algo sabemos, más o menos, pero sabemos. Y <em>Dalirium Sonic</em> nos permite conocer al Salvador Dalí musical. Su relación con la música y con las estrellas de su tiempo, como versa el subtítulo del libro.</p><p>El crítico musical catalán Karles Torra ya había escrito varios artículos sobre la relación de Dalí con el rock y con el jazz, y en <em>Dalirium Sonic</em> nos presenta esas relaciones y muchas otras. Como el Dalí casi adolescente recién llegado a la Residencia de Estudiantes de Madrid, al que <strong>Federico García Lorca</strong> introduce en el mundo del flamenco. Un Dalí que después, junto al poeta, buscaría al “milagroso ángel gitano” por los cafés del barrio chino de Barcelona. O el Dalí que invita a comer a <strong>John Lennon</strong> y <strong>Yoko Ono</strong>, en su luna de miel, en París, justo el día antes de la famosa foto de la pareja desnuda sobre la cama de la habitación 902 del Amsterdam Hilton.</p><p>Este paseo por la relación de Dalí con la música se cierra con tres entrevistas, "Tres visiones sobre Salvador Dalí: el genio en vivo y en directo". La primera de ellas a <strong>Joan Illa Morell</strong>, el <em>Quijote del Happening</em>, quien nos presenta a un Dalí enamorado de la música clásica, apasionado por las sardanas y fiel seguidor de los Grateful Dead. Surrealismo en estado puro. La segunda, en la que <strong>Eliseu Huertas Coll</strong> compara a Dalí con <strong>Jimi Hendrix</strong>, y  no duda en mostrarlo como fuente de inspiración de músicos como<strong> Frank Zappa</strong>. Dice Eliseu que el tema que transporta directamente a Salvador Dalí es "<a href="//www.youtube.com/watch?v=gL5eYvIQPNY" target="_blank">Dalí’s Car</a>", de la banda californiana Captain Beefheart (recomiendo que lo escuchen). Y la última entrevista, al músico <strong>Pau Riba</strong>, autor de temas por los que Dalí sentía auténtica devoción, padre de la canción "Daliniana flor":</p><p><em>“Si em volguéssiu dar una flor, DalíDaliàcia hauria de serI la daliniana flor fóra per miDàlia Gal.la entre les flors”</em></p><p>Sus encuentros con Lennon, su pasión por <strong>Wagner</strong>, su admirado <strong>Bowie</strong>, su afición al jazz, sus conversaciones con<strong> Alice Cooper</strong>... Su forma de definir los géneros: el rock como “el perfume más dionisiaco del mundo”, o el jazz como uno de sus grandes amores, “fantástica anti-artística música y objeto industrial”; pero además el modo en el que fueron cambiando esas relaciones del pintor con los propios músicos, pasando de ser él quien adoraba a ser el adorado. Los creadores que cayeron a sus pies, a los pies de su arte, y le dedicaron versos, canciones o discos enteros. </p><p>Todo eso, con citas, con exactitud en los datos, con referencias a pasajes de canciones, y con cariño y empatía —porque hay momentos en los que leyendo a Torras, te parece que él mismo es otro surrealista Dalí—, todo eso, es <em>Dalirium Sonic</em>. </p><p><em>*Sara Vítores es periodista.</em><strong>Sara Vítores</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Dalirium Sonic’, de Karles Torra]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cómo pensar la dictadura militar argentina desde la ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pensar-dictadura-militar-argentina-ficcion_1_1126175.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8f94d9bd-2a9d-412f-8cbb-2544b78fecad_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Cómo pensar la dictadura militar argentina desde la ficción"></p><p>Entre el 21 de abril y el 9 de mayo  se desarrolló  la 42ª Feria del Libro de Buenos Aires, en cuyo marco tuvo lugar la mesa de debate “Ficción y dictadura. A cuarenta años del golpe militar”, de la que participaron <strong>Horacio González</strong>, con su novela <em>Redacciones cautivas;</em><strong>Elsa Osorio</strong>, con su novela <em>A veinte años, Luz, </em>y <strong>Luisa Valenzuela</strong> con el libro <em>Cambio de armas y otros cuentos políticos</em>. La consigna fue, a partir de los tres títulos de los escritores convocados,  ponernos a pensar las categorías “ficción” y “dictadura” durante los cuarenta años que transcurrieron desde el golpe militar de 1976.</p><p>Cuando me invitaron a coordinar la mesa me planteé cuál iba a ser el orden de la presentación. No dudé, debía ser cronológico, era importante seguir el hilo de la tragedia, desovillarlo.  Entonces, nos referimos primero al libro que se escribió en plena dictadura militar y aun antes. <em>Cambio de armas y otros cuentos políticos</em>,  de Luisa Valenzuela, incluye el cuento “Aquí pasan cosas raras”, escrito antes de la dictadura, en 1974, y que refleja “la paranoia reinante” en la época de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Paranoia que, convengamos, tenía una base cierta. La Triple A significó, para los argentinos, el comienzo del terrorismo de Estado, fue una organización paramilitar concebida en 1974 para amedrentar y asesinar a los militantes marxistas y peronistas que reivindicaban la lucha armada como método revolucionario. La primera víctima de la Triple A fue el diputado del peronismo revolucionario <strong>Rodolfo Ortega Peña</strong>, defensor de presos políticos.</p><p>El libro de Luisa Valenzuela reúne también cuentos escritos durante la dictadura.  “Los censores”, su cuento más antologado mundialmente y que recién pudo publicarse en la Argentina en 1983,  muestra cómo el poder corroe y cómo el protagonista se va deslizando desde su motivación inicial —convertirse en censor para detectar una carta que él mismo escribió—, hasta considerar su trabajo de censor como “una verdadera labor patria”, donde la “devoción al trabajo”, ejecutar sin cuestionarse el acto de censura a repetición e identificarse con su tarea lo llevan a convertirse en verdugo de sí mismo. </p><p>En 1979, radicada en Nueva York, Luisa Valenzuela pudo llevar los cuentos del libro <em>Cambio de armas </em>a editores norteamericanos y mexicanos, que lo publicaron en 1982. En la Argentina, recién se editó en 2004. La crítica literaria argentina también tuvo sus dilaciones, y así lo subraya Luisa en el prólogo del libro, donde dice: “Le llevó años a la crítica argentina aceptar el espejo que la ficción brinda para poder vernos en los tiempos del horror. Sobre todo en el caso de la ficción escrita por mujeres”. </p><p>“Cuarta versión”, por su parte, es un relato que con sus voces múltiples y fragmentadas cuenta la historia de amor entre un embajador que en tiempos de razias, desapariciones y torturas brinda refugio a perseguidos y una actriz que va introduciendo asilados a la embajada. El amor de a dos, ese amor excluyente que deja fuera al mundo y al sufrimiento de los otros, no es el amor de esta historia en el que los amantes salen transformados, y no es casual, entonces, que al final se escuche la detonación de “un único disparo” a partir del cual la historia puede ser nuevamente contada. </p><p>“La palabra asesino” y “Ceremonias del rechazo” son narraciones donde las protagonistas intuyen lo siniestro, la violencia de la que son capaces sus parejas y ponen en acto un “borrón y cuenta nueva”  que les permite dar el salto, abandonar la posición de heroína romántica o víctima hacia la renovación y la vida, pariéndose a sí mismas en el grito que libera o en una ceremonia del adiós.</p><p>Luisa Valenzuela dijo que se debe escribir con el cuerpo, que el proceso de creación es un proceso de descubrimiento en el que hay que poner todo en juego.  Sus protagonistas  son mujeres que ponen el cuerpo, un cuerpo sexual que desea y es deseado, para descubrirse a sí mismas. Pero puede tratarse, además,  de un cuerpo expropiado por el acto de la tortura, cuestión que con muchos matices se trata en “De noche soy tu caballo”, “Cambio de armas” y “Simetrías”.</p><p>“Cambio de armas”, cuento emblemático y perturbador que brinda nombre al libro, es la historia de dos enemigos, la historia del apropiador y torturador y su víctima, una mujer sin recuerdos, sin memoria,  anestesiada a base de pastillas suministradas regularmente por el captor hasta el momento final, el de la revelación, cuando la memoria surge del cuerpo torturado como si se disipara una neblina. Y es entonces, cuando las armas se reacomodan y  la ejecución que la narración ha puesto en suspenso acontece. ¿No es eso lo que pretende la literatura o lo que la literatura sigue intentando, cuarenta años después, un “cambio de armas”?</p><p>Desde la década del sesenta del siglo que pasó, Luisa Valenzuela explora el tema del poder y cómo el poder político, el poder cultural, el poder patriarcal atraviesa la historia e impacta en los cuerpos y en las subjetividades, trastornando todo el tejido social. Podríamos decir que de esto tratan también las novelas de Elsa Osorio y Horacio González. Porque escribir sobre la violencia política convierte lo literario en metaliterario, en una reflexión más o menos encubierta sobre el origen, la consumación y las consecuencias  del poder. </p><p>Y  sobre las consecuencias de la dictadura se articula <em>A veinte años, Luz</em>, la novela de Elsa Osorio que ya desde el título nos advierte acerca de una iluminación. Elsa comenzó a escribirla en 1996, obsesionada con la idea de qué sucedería “con un chico apropiado durante la dictadura a quien nadie [buscara]”.  Se trata de una novela anticipatoria. Luz, el personaje que busca su identidad, no está basado en una persona real, pero el mismo año en que se publicó el libro en España, a fines de 1998, se dio el caso de la primera hija de desaparecidos que buscó  (sin ser buscada) y encontró su verdadera identidad. El libro que abrió caminos en Europa, Hispanoamérica, Brasil, los Estados Unidos, Japón, Indonesia, China, no se detiene: “Tomó diversos ropajes: lectura radiofónica en Alemania, ballet y teatro en Francia y en Italia, manual para enseñar español en los países nórdicos”. Traducida a cerca  de 16 idiomas, con medio millón de ejemplares vendidos,  ¿no da cuenta ese derrotero de la conmoción que produjo, en el mundo, la historia de los chicos apropiados durante la dictadura? </p><p>Bajo la vigencia de la Ley del Punto Final, ley que pretendió poner término a los juicios que se habían iniciado contra los militares represores de la dictadura, y en plena época neoliberal,  no había editor dispuesto a publicar el libro de Elsa Osorio en la Argentina, por lo que  la novela fue editada primero en México, y Mondadori hizo llegar ejemplares a nuestro país. Volvemos a plantearnos el tema de las dilaciones, tanto de las editoriales argentinas, como de  la  crítica con estos libros, ya que evidentemente en épocas de la dictadura era imposible publicarlos, pero tampoco fue fácil encontrar editores dispuestos en los primeros tiempos de la democracia. En esta novela, Luz explora su drama individual y a través del encuentro con su padre, que no sabía de su existencia, y de  la investigación que la guía víctimas y victimarios, verdugos, cómplices y testigos, devela una historia no clausurada que reactualiza el pasado en la carne viva de sus protagonistas. </p><p>¿Es posible pensar la dictadura argentina en tiempo pasado? ¿No en carne viva? <em>Redacciones cautivas</em>, el libro de Horacio González, responde por la negativa. Su protagonista Joseph Albergare, enfrenta el dilema: “¿Cómo sobrevivir en los estanques embargados de nuestra memoria?”. “Mártir de [su] memoria desquiciada”, testigo y víctima, Albergare se define “enfermo, enclaustrado, viejo”. Es un antiguo periodista que cuenta, a 40 años de la dictadura, los tiempos en que pasó de ser director de un periódico a preso político, torturado y, en cautiverio, obligado a escribir bajo seudónimo en una publicación que polemizaba con su propio diario, a su vez intervenido por la dictadura. Sociólogo, investigador, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional Argentina, González hace ficción pero, como dijo en la presentación del libro, intentó una “forma” parecida a la novela, una novela “a la que –subrayó– no llamo así”. Libro que incorpora lo ensayístico,<em> Redacciones cautivas </em> se constituye en una a reflexión sobre la lengua. Examina parte de la historia argentina por medio de los discursos y del pensamiento de sus personajes y se dedica a analizar, por ejemplo, el prólogo de <em>Nunca más </em>(el informa de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas); celebra  la carta de <strong>Rodolfo Walsh</strong> a las Juntas militares;  plantea la heroicidad del héroe guerrillero, o recuerda a quienes pretendieron que, finalizado el conflicto y la dictadura, se  asumiera que “todos los muertos son de todos”. </p><p>En estas historias ficcionales acerca de la dictadura, no se trata de la “banalidad del mal”, de <strong>Hannah Arendt</strong>. Detrás de las acciones de los coroneles de <em>A veinte años, Luz</em>, de los que dirigen los periódicos <em>Creencia </em>y <em>Heraldo </em>en <em>Redacciones cautivas</em>, y detrás del coronel de <em>Cambio de armas</em>, pulsan los instintos, concepciones ideológicas, e incluso los delirios de los que, por ser dueños del poder y de la violencia no admiten discusión, sino acatamiento.  La perversión del poder ilimitado, y no una aséptica “obediencia debida”, es lo que se ponen en evidencia estos textos. </p><p>“Conmemorar es dejar abiertas las heridas, nunca clausuradas”, dice en <em>Redacciones cautivas </em>Albergare, que se confiesa “deudor, como todo hombre, de ciertas muertes y ciertas sobrevidas”, y que reconstruye su historia junto con Lacoste y Ostende, como si fueran “archivos vivientes” que poseen “parte de un saber anónimo”.</p><p>Hoy, el binomio “ficción y dictadura” se enriquece con la literatura producida por los jóvenes hijos de desaparecidos. No parece que se trate de un tema cerrado. Estos libros apuntan a “evitar el olvido”, recordar e ir en contra de los que pretenden, como escribe Luisa Valenzuela,   “escatimarle al mundo la memoria del horror para permitir que el horror un día pueda renacer como nuevo”.  Memoria del horror filtrada por la ficción, sin la pretensión de constituirse en documentos históricos, escritos que producen un tipo de literatura que, como escribe la autora de <em>Cambio de armas</em>, “sigue siendo como el escudo que Palas Atenea le dio a Perseo para poder enfrentar a la Medusa”.</p><p><em>*Irene Chikiar Bauer es escritora.</em></p><p><strong>Irene Chikiar Bauer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene Chikiar Bauer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cómo pensar la dictadura militar argentina desde la ficción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Argentina,Narrativa,Los diablos azules número 16]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Josefina Manresa, la pasión de Miguel Hernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/josefina-manresa-pasion-miguel-hernandez_1_1126119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47d4762d-b6eb-4fd5-b0d6-6c2d2bfd5c58_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Josefina Manresa, la pasión de Miguel Hernández"></p><p>“Mi querida nena”, “mi querida esposa, “mi querida Josefinilla”. Así encabezaba <strong>Miguel Hernández</strong> las decenas de cartas que le escribió a su mujer. Fueron muchas, tantas que su relación se podría considerar básicamente epistolar, ya que apenas convivieron unas semanas después del matrimonio y algunos días de permiso que el poeta tuvo durante la guerra. Se conocieron en 1933, formalizaron el noviazgo en 1934 y se casaron en 1937, pero Miguel pasó la mayor parte del tiempo lejos de casa: de viaje (Madrid, París, Suecia, Rusia…), en el frente y, finalmente, en la cárcel. Sin embargo, él le escribió prácticamente todos los días. Aquella mujer<a href="http://www.poesi.as/mh3411.htm" target="_blank"> casta y sencilla</a>, como los versos que le dedicó el poeta, fue su musa y su gran amor. </p><p>Este año se cumple un siglo del nacimiento de <strong>Josefina Manresa</strong> en Quesada, Jaén, y por ello Ediciones de la Torre acaba de reeditar sus memorias, <a href="http://edicionesdelatorre.com/index.php/biblioteca-de-nuestro-mundo/35-logos/1063-nml35-4" target="_blank"><em>Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández</em></a>, publicadas por primera vez en mayo de 1980. Su editor, <strong>José María de la Torre</strong>, recuerda que cuando salió a la venta la primera edición de la autobiografía, Josefina llegó a firmar “315 ejemplares” durante toda una tarde en la Feria del Libro de Madrid. “Un récord”, asegura, “estuvo firmando todo el tiempo”. </p><p>El valor del relato de Josefina, que en un principio puede resultar incluso ingenuo, reside en los pequeños detalles: la vida cotidiana, los olores, lo que le gustaba comer a Miguel, el apuro que le daba a Josefina no saber cocinar. La viuda de Miguel Hernández rememora cómo su abuela hilvanaba los bajos de los pantalones con el propio hilo de la tela, que la miseria llegó a ser tanta que había un hombre apodado<em> Céntimo</em>, o que nunca pudo quitar las manchas de pus y sangre de la ropa que Miguel llevaba en la cárcel, ya gravemente enfermo de tuberculosis.  </p><p>“El tiempo que pasaron juntos fue suficiente para que ciertos aspectos de la vida de Miguel sólo los pudiera conocer ella”, explica De la Torre, “no hay que olvidar que las biografías de Miguel Hernández han sido siempre escritas por intelectuales y, sobre todo, son muy hagiográficas. Si ves la de <strong>José Luis</strong><strong>Ferris </strong>o la de <strong>Agustín</strong><strong>Sánchez Vidal</strong>, incluso la más crítica, la de <strong>Eutimio Martín</strong>, no dejan de ver al gigante de las letras españolas; mientras que Josefina cuenta detalles muy entrañables, domésticos… Ese tipo de cosas no aparecen más que ahí”. Ese tiempo de convivencia también fue suficiente para engendrar dos hijos: <strong>Manuel Ramón </strong>(que falleció a los 10 meses, en 1938); y <strong>Manuel Miguel</strong>, a quien dedicó las famosas 'Nanas de la cebolla'. </p><p><strong>Preservar el legado del poeta</strong></p><p>Puede que por la aparente sencillez de lo que cuenta, Josefina advierta en el prefacio: “Haber escrito esto, para mí que no soy de la familia de las letras, ha sido un gran trabajo”. Fue una labor de algo más de dos meses, según recuerda su nuera <strong>Lucía Izquierdo</strong>, en la que echaron una mano su hermano Manolo y su hijo Manuel Miguel. “Era muy reservada con su vida íntima”, añade, "pero poseía una memoria prodigiosa", por lo que sus amigos no dejaron nunca de pedirle que se animara a contar su vida. Le ayudó también la necesidad de enmendar muchos de los errores que fue encontrando en publicaciones y biografías del poeta. Josefina no escatima correcciones (y reproches) a quienes han publicado datos falsos o textos sin su autorización. Las críticas son duras y abundantes. En ese prurito por preservar la obra y la memoria del poeta, Josefina subraya que su intención era la publicar lo más selecto de la producción de Miguel —lo que más le satisfacía—, pero que la “gente, sacando de un sitio y de otro, sin ninguna autorización, me quitó el derecho de hacerlo yo cuando fuera conveniente”. </p><p>“El deseo de Josefina era que todo lo relacionado con Miguel Hernández se lo consultaran”, cuenta Izquierdo, “le dolía cuando salían datos erróneos y, además, fueron desapareciendo cosas [del legado del poeta]. Iba mucha gente a casa y le pedían material que ella prestó con mucha confianza y algunas cosas nunca se las devolvieron”. Josefina guardó con sumo cuidado todo lo que le había quedado de Miguel, sobre todo, manuscritos y cartas. En un momento de sus memorias, dice: “Pocos objetos se pueden guardar de Miguel, no tenía nada”. En sus páginas también relata la odisea que supuso conservarlo todo en la durísima posguerra que le tocó vivir: era la viuda de un rojo y los registros de su casa fueron constantes. El legado del poeta de Orihuela llegó a estar escondido dentro de un saco, enterrado en el patio de la casa. “Hasta que llegó la democracia, ni ella ni su hijo pudieron estar tranquilos”, certifica su nuera. </p><p>De aquellos documentos salieron  las más de 300 cartas entre <strong>Vicente Aleixandre</strong> y el poeta alicantino (y más tarde con su viuda) que recientemente fueron publicadas en la editorial Espasa con el título <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/06/18/cartas_quot_miguelillo_quot_hernandez_34197_1026.html" target="_blank">De nobel a novel. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa</a>. Actualmente, los derechos de autor del poeta están gestionados por sus dos nietos, hijos de Manuel Miguel Hernández y Lucía Izquierdo. </p><p>Una mujer tradicional</p><p>Sencilla, tradicional, católica y recatada, hasta los 15 años no tuvo “amigas de salir de paseo”. Algunas de los pensamientos de Josefina cuando era una joven costurera reflejan el clima de recato y beatería de la región: le avergonzaba que Miguel vistiera espardeñas con orgullo; y en un momento de la narración añade: “Era costumbre guardar lo mejor para el marido y a Miguel no le parecía nada bien eso”. Sin embargo, el punto de encuentro entre ella y el poeta fue su vitalidad. “La forma de ser de Josefina encandiló a Miguel. Ella era muy simpática, graciosa y alegre”, recuerda Izquierdo. Con el tiempo, Josefina se hizo más taciturna y reservada. Su vida no fue fácil y se le fueron acumulando motivos para el duelo: su padre, guardia civil, fue asesinado al principio de la guerra; su madre, fallecía días después de su boda con Miguel; y en 1938, moría su primer hijo. </p><p>Después vino el encarcelamiento y la agonía del poeta. Como se habían casado por lo civil, tuvieron que repetir la boda por el rito católico, pocos días antes del fallecimiento del poeta, el 28 de marzo de 1942. La escena que describe Josefina de aquel segundo matrimonio es especialmente dura: Miguel no se podía mover de la cama y la boda se celebró con él tirado en un jergón. “Y así se fue Miguel al otro mundo: con todas sus ilusiones, con todos sus deseos, con toda su honradez y con toda su tristeza que solamente sé yo”, escribe al final de sus memorias. A ella, que <a href="http://elpais.com/diario/1987/02/19/cultura/540687607_850215.html" target="_blank">falleció en 1987</a>, <em>Miguelillo -</em>como le apodaba cariñosamente Vicente Aleixandre- le dejaba escrito versos llenos de emoción: </p><p><em>“No tienes más quehacer que ser hermosa, ni tengo más festejo que mirarte, alrededor girando de tu esfera.”</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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