<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 19]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-19/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 19]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Gramsci revolucionario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gramsci-revolucionario_1_1127048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b031cbb4-5b04-4bcb-8e94-b5c754dd53fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gramsci revolucionario"></p><p>En el género biográfico, la pretensión del autor lo es todo para poder evaluar, a posteriori, el resultado de su empeño. En<strong> Antonio Gramsci</strong><em>Antonio Gramsci</em><em>, vida de un revolucionario </em>(Capitán Swing, 2015), el escritor <strong>Giuseppe Fiori</strong> reconoce no tener otra ambición que poner “cabeza, piernas y cuerpo” al Gramsci más conocido, el gran intelectual y dirigente político. Una perspectiva humana de un italiano universal que pasó los últimos once años de sus cuarenta y seis vividos en la cárcel.</p><p>Fiori fue sardo como Gramsci y también periodista, probablemente no del mismo tipo, pero son estas dos afinidades que ayudan a entender la profunda  empatía del autor del libro con la persona cuya vida se cuenta. Fue Fiori, también, un hombre de izquierdas, senador durante tres legislaturas (1979-1992) en el grupo de la Sinistra Indipendente, formado por personalidades sociales de relieve elegidas normalmente en las listas del Partido Comunista Italiano (también algunos del Partido Socialista Italiano) y que se constituían como grupo autónomo en el senado italiano. Esta tercera similitud resulta, con toda seguridad, muy determinante en la narración del libro. Primero, porque es evidente que el autor, permitiendo que la vida del personaje hable por sí misma, entiende el valor y el significado de la expresión “compromiso político” en circunstancias dramáticas y  en términos individuales.</p><p>En una de las cartas escritas a su cuñada, <strong>Tatiana Schucht</strong>, Gramsci reconoce sus dudas sobre si el compromiso completo y definitivo con la causa revolucionaria no debiera haber significado una renuncia inequívoca a la vida personal. Una especie de guerrero jedi <em>avant la lettre</em>. Gramsci fue un hombre entregado a la militancia revolucionaria, pero fue también un hombre enamorado, amante padre en la distancia obligada por la prisión, y persona cercana a su familia, a la que no dejó de tener presente hasta el final de sus días. Las dudas que expresaba eran más fruto de la amargura y la soledad que de un deseo sincero de autoexclusión.</p><p>La otra razón que evidencia el compromiso de Fiori con la vida militante remite a la evidencia de la <em>política </em>delicadeza con que se trata una situación histórica compleja y difícil en la vida de Italia y en la constitución misma del Partido Comunista Italiano (PCI). Sobre todo porque los conflictos virulentos que se produjeron entre camaradas, en esos momentos, colocaron a algunos de los iconos del movimiento comunista italiano en posiciones diferentes y confrontadas. Y conviene no perder de vista que estamos ante la traducción de un libro escrito en 1966. Los personajes a los que nos referimos son los dirigentes <strong>Togliatti</strong>, <strong>Terracini</strong>, Gramsci, <strong>Scoccimarro </strong>o <strong>Bordiga</strong>. Incluso el choque con Bordiga y la izquierda sectaria del Partido Comunista en ese momento, así como los debates y purgas en el Partido Comunista Ruso y en la Internacional Comunista, son presentados como disputas ideológicas que deben ser contextualizadas para ser comprendidas. No hay ensañamiento con nadie y se agradece el escaso interés del autor en pontificar usando la vida de Gramsci como excusa.</p><p>Es muy ilustrativo de este cuidado y contención y, al tiempo, de la entereza moral y compromiso de Gramsci, el episodio relativo a la carta que este envía en nombre del Buró Político del PCI al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1926, y que refleja la “irresistible angustia” de los comunistas italianos frente al enconamiento del debate en el seno del partido bolchevique. Gramsci, en lo que se refiere a los contenidos, compartía los criterios de la mayoría del Comité Central, pero recordaba a todos sus obligaciones internacionalistas. Reprochando a la derecha (<strong>Kamenev</strong>, <strong>Zinoviev</strong>, <strong>Trotsky</strong>) sus posiciones, no dejaba de reconocerles su papel de maestros y arrojaba dudas sobre la necesaria contención del Comité Central en la gestión de la crisis. “Porque queremos estar seguros de que la mayoría del Comité Central (…) no pretende abusar de su victoria en la lucha y está dispuesta a evitar las medidas excesivas”. La carta disgustó profundamente a Togliatti.</p><p>Por otra parte, nadie podrá pensar al final de la apasionante y conmovedora lectura de este libro que hemos acompañado a un héroe. No hay glorificación ni voluntad de favorecer esa lectura de la vida narrada. No obstante, es evidente que asistimos al retrato de una persona extraordinaria en una situación histórica extraordinaria. El dibujo de ese contexto histórico, en sus variables más significativas, es relevante para poder entender en toda su plenitud a este Gramsci humano y sufriente cuya vida y compromiso nos resultan —después de leer el libro— tan conmovedoras y admirables.</p><p>Togliatti y otros dirigentes del PCI extendieron la afirmación de que Gramsci había nacido en una familia humilde y campesina. El libro de Fiori fue de los primeros en hacer notar la inexactitud de ese dato. El padre de Nino, <strong>Francesco Gramsci</strong> (también conocido como <em>señor Ciccillo</em>) pertenecía a la típica familia meridional de buena condición que suministra los cuadros intermedios a la burocracia estatal. Su madre había nacido en el seno de una familia media que vivía bien, lo que en la isla de Cerdeña quería decir “una casa, un poco de tierra, lo suficiente para vivir dignamente”.</p><p>Pero las condiciones misérrimas de la vida en la isla y las causas de ésta (la explotación colonial de Cerdeña por el centro y el papel del Estado), tienen una profunda impronta en la formación política de Gramsci y en su apreciación tanto de la llamada “cuestión meridional” en Italia como del papel del campesinado en la revolución proletaria. La idea dominante del socialismo positivista y primitivo fue que la cuestión meridional era la evidencia de una sociedad arcaica y atrasada que solo suponía un lastre para la voluntad revolucionaria de la clase obrera. Frente a esta perspectiva, Gramsci argumentó la necesidad de una política pública integral del Estado italiano para permitir a las zonas más atrasadas de Italia salir del marasmo económico y cultural.</p><p>En relación con las perspectivas de cambio revolucionario, defendió frente a Togliatti en algunos momentos y frente a otros sectores del partido la obligación de la clase obrera italiana (débil, fragmentada y minoritaria) de aliarse con el campesinado para lograr sus objetivos de cambio social. Su idea era la necesidad de una <em>weltanschauung </em>proletaria, una nueva concepción de la vida que pudiera estar en condiciones de sustituir el sentido común precedente, el de las clases dominantes.</p><p>Impresionan los datos de extrema miseria de Cerdeña a finales del siglo XIX. En la leva de 1891 (año de nacimiento de Antonio Gramsci), de 11.632 jóvenes registrados, 7.698 fueron declarados no aptos, y de ellos 2.846 lo fueron por razones de desnutrición severa. Esta situación de extrema pobreza e injusticia se acompañaba de una escasa tradición de organización sindical, política o gremial que tiene como consecuencia una sublimación de otras formas de <em>rebeldía </em>que son sentidas como gestos de heroísmo popular frente a los poderosos: el bandolerismo benigno, el robo o la pillería, explosiones de odio social descontroladas… </p><p>Este es un punto muy interesante de la narración, porque abunda en esa idea de la singularidad de la condición del <em>mezzogiorno </em>y de su encaje creativo en la lucha revolucionaria tal y como se planteaba en la primera década del siglo XX. También ayuda a entender dos cosas diferentes en el conflicto político y social: las condiciones para el surgimiento de determinado tipo de reivindicaciones nacionales y el papel ambiguo que el Estado juega para determinadas poblaciones. En determinadas situaciones, el Estado es pensado como parte del problema y no de las soluciones.</p><p>En este ponerle “cabeza y cuerpo” a Nino, las páginas dedicadas a su paso por el Liceo y después por la universidad, resultan conmovedoras. Gramsci no había salido prácticamente del entorno rural hasta los 18 años en que dio el salto para estudiar en el Liceo Dettori de Cagliari. Era finales de 1908. De sus condiciones de vida puede dar cuenta estas palabras escritas a su padre en febrero de 1909: “Ahora hemos de tocar un punto doloroso: sobre lo del traje no me has escrito nada; y yo, cuando estuve en Ghilarza, iba ya indecente, como tú mismo dijiste… para no hacerte avergonzar no he salido de casa desde hace diez días. Entonces estaba indecente y ahora, que ha pasado un mes y medio y han aumentado las manchas y los rotos, no estoy ya indecente, sino sucio y estropajoso… Si el director me manda el bedel a casa, le digo claramente que no voy a la escuela porque no tengo un traje limpio que ponerme”.</p><p>En Cagliari conoció a <strong>Raffa Garzia</strong>, su profesor de italiano, que tanta influencia tuvo en él. En su periódico<em> L’Unione Sarda</em> publicó Gramsci su primer artículo periodístico. Terminados sus estudios secundarios, consiguió Gramsci una beca del Colegio Carlo Alberto para estudiar en la Universidad de Turín. Allí comenzó verdaderamente su vida política y su compromiso militante. Nunca terminó sus estudios universitarios. Participó en la formación del Partido Comunista Italiano en 1921, aunque pensaba que la batalla en el Partido Socialista no había terminado y no compartió la deriva sectaria que le imprimió Bordiga desde el comienzo. </p><p>Viajó a Moscú en 1922 donde conoció a <strong>Julia Schucht</strong>, la que sería su compañera, madre de sus dos hijos y el amor que ayudó a Gramsci a darle un sentido adicional a las cosas. La pasión amorosa de Nino puede parecer poco relevante en relación con sus escritos políticos, pero sin la fuerza que esa relación le suministró es difícil discernir qué hubiera ocurrido.</p><p>De su capacidad de análisis y de su escasa voluntad de escribir para satisfacer los cánones dan cuenta muchas referencias. Una de las más celebradas es el famoso artículo que escribió tras la revolución rusa: “La Revolución contra El Capital”, una defensa de un marxismo vivo, no tomado al pie de la letra, y creativo. La conclusión es que si los comunistas rusos hubieran sido dogmáticos —en el sentido canónico de la expresión— nunca hubiera habido revolución en Rusia.</p><p>Hay una cuestión que me gustaría destacar de la obra de Gramsci entre las muchas posibles: su comprensión del fascismo como un fenómeno novedoso y con un potencial de desestructuración para el movimiento obrero enorme. Cuando se produjo la Marcha sobre Roma, encabezada por <strong>Mussolini </strong>en octubre de 1922, y cuando el rey <strong>Vittorio Emmanuelle III</strong> le encarga formar gobierno, Bordiga dirá que es solo un cambio de gobierno un poco movido. Esta incomprensión del fascismo por una parte significativa del movimiento comunista —además de otras razones— alimentó la lógica que llevó al giro del VI Congreso de la Internacional Comunista (1928), en el que se defiende la idea de la dictadura del proletariado como propuesta política para superar la dictadura fascista de la burguesía. Y se declara a la socialdemocracia como enemiga de la clase obrera y se la tilda de socialfascismo. Es el período negro de sectarización y minorización de los partidos comunistas en Europa.</p><p>Según esta propuesta, el fascismo radicalizaría a la clase obrera y a los sectores populares, de manera que la lucha por el socialismo se haría evidente. Esta era la idea de Togliatti y de <strong>Stalin</strong>, claro. Frente a esta tesis, Gramsci defendió la creación de Frentes Populares amplios. Su análisis era que el fascismo desestructuraría las organizaciones populares, sembraría el terror y produciría el deseo de recuperar las libertades civiles y políticas. De manera que la lucha por la democracia se constituía en un estado imprescindible antes de acometer la lucha por el socialismo.</p><p>La creación ulterior de los Frentes Populares le dio la razón demasiado tarde. Pero este episodio no solo fue una disputa ideológica: tuvo repercusiones en su vida carcelaria —algunos compañeros del partido en la cárcel pidieron su expulsión y le hicieron el vacío personal— y agrandó su sensación de soledad. Pero esta prudencia analítica y este voluntad de partir de lo real existente, y no de lo real imaginado, le llevó siempre a considerar que la condición de vanguardia del Partido Comunista debía ser el de acompañar a la clase obrera a salir de su marasmo cultural e ideológico. Por eso lo de no estirar más la pierna de lo que las sábanas están en condiciones de cubrir. </p><p>Gramsci fue detenido en noviembre de 1926 —cuando era diputado y gozaba de inmunidad parlamentaria— y juzgado y condenado en 1928. De ese famoso juicio la triste expresión del fiscal fascista: “Tenemos que impedir que ese cerebro piense durante los próximos veinte años”. Entre tanto, se produjo un extraño suceso, la llegada de una carta escrita por un dirigente del partido, <strong>Graco</strong>, que tuvo un negativo impacto en su condena. El juez que le leyó la carta le hizo saber que “tenía amigos que parecía que deseaban verle en la cárcel por mucho tiempo”. Esta voluntad se le ha atribuido a Togliatti sin pruebas convincentes, aunque Gramsci lo pensó y su compañera Julia lo escribió. En este punto, el libro pasa de largo sin hacer referencia al suceso y a las sospechas. </p><p>Gramsci penó en la cárcel durante 11 años. Sus condiciones de encarcelamiento agravaron hasta lo inhumano su estado de salud. Para cuando salió de la cárcel en dirección a una clínica donde recibir un trato más acorde a su situación, Gramsci había perdido toda la dentadura, padecía la enfermedad de Pott, una arterioesclerosis avanzada y una tuberculosis incipiente. Durante casi diez años había vivido en una celda próxima al cuerpo de guardia de la cárcel. El ruido constante le había producido un trastorno en el sueño con episodios continuados de insomnio que agudizaron su estado de salud y su sufrimiento. Murió el 27 de abril de 1937 de un derrame cerebral producido días antes. Su deseo para cuando expirara la condena era volver a Cerdeña y pasar allí el resto de sus días.</p><p>Nos queda la obra de Gramsci, una obra que sigue haciendo de él un pensador brillante y original que ha suministrado ideas y conceptos que se han convertido en clásicos no solo en la vida política, también en el ámbito de las ciencias sociales. La idea de “sentido común”; la diferencia entre clase dominante y clase dirigente; la diferencia entre guerra de maniobra y guerra de posición; el concepto de hegemonía o de coerción forman parte hoy de nuestro <em>background </em>cultural y político y son una deuda con este autor.</p><p>Para todos y todas aquellas que quieran saber cómo era la cabeza, los hombros y el cuerpo de este gigante del pensamiento político, este es su libro.</p><p><em>*Pedro Chaves es politólogo y asesor político de Izquierda Plural en el Parlamento Europeo.</em><strong>Pedro Chaves</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[574290b9-cc66-4a89-b0c5-4d54228ba0fc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Chaves]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b031cbb4-5b04-4bcb-8e94-b5c754dd53fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="167790" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b031cbb4-5b04-4bcb-8e94-b5c754dd53fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167790" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gramsci revolucionario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b031cbb4-5b04-4bcb-8e94-b5c754dd53fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las trece rosas (de los libros)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trece-rosas-libros_1_1127044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9a23518-077b-4a1b-aeb8-a019079456bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las trece rosas (de los libros)"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>Nuestro club en la biblioteca de <a href="http://www.ayuntamientodemoclin.com/index.php?menu=2&submenu=119" target="_blank">Tiena</a>, población de 1.000 habitantes dependiente del Ayuntamiento de los Pueblos de Moclín (Granada), se formó el 27 de abril de 2012 con el nombre de Las trece rosas. En un principio éramos  trece, y luego se fueron uniendo más lectores: en la actualidad somos quince personas. Este club funciona con una periodicidad bimestral, y solemos hacer seis lecturas anuales, casi todas con lotes  que provienen del  Centro Andaluz de las Letras (CAL). También hacemos algunas lecturas del fondo que tiene Diputación o bien de la  Biblioteca Provincial de Granada. Desde nuestros comienzos, formamos parte de la red andaluza de clubes de lectura del CAL. </p><p><strong>El lápiz del carpintero</strong><strong>Manuel RivasAlfaguaraMadrid1998</strong></p><p>Nuestro último libro ha sido <em>El lápiz del carpintero</em>, de <strong>Manuel Rivas</strong>, que habla de una historia de amor y guerra en el marco de la Guerra Civil española, tema  que nos gusta abordar con frecuencia porque, aunque triste, nos ayuda a no olvidar nuestra historia. </p><p>Las reuniones las comenzamos con la lectura de las partes del libro que más nos han gustado, aportando nuestra visión personal de la obra. Luego pasamos a lo que, digamos, es una tertulia con café incluido, donde hablamos de nuestras experiencias personales, siempre al hilo de la historia que hemos leído. En esta ocasión se contaron historias de nuestros padres, abuelos, tíos, e incluso  de gente del pueblo que gracias al boca a boca han llegado hasta nosotros, aunque estas historias no estén impresas en  papel. Los  sufrimientos  de la Guerra Civil siempre nos hacen reflexionar sobre lo mucho que hemos ganado en cuestión, sobre todo,  de derechos sociales, lo poco que lo valoramos y lo poco que luchamos por no perderlos con lo que nos costó alcanzarlos.</p><p><em>*Encarni Rueda es bibliotecaria de Tiena, del Ayuntamiento de los Pueblos de Moclín (Granada). </em><strong>Encarni Rueda</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bb8f2d70-3bd5-4f64-be36-21f8b8930cd8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Encarni Rueda]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/f9a23518-077b-4a1b-aeb8-a019079456bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="92810" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/f9a23518-077b-4a1b-aeb8-a019079456bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="92810" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las trece rosas (de los libros)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/f9a23518-077b-4a1b-aeb8-a019079456bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil española,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llegar a cualquier parte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llegar-parte_1_1127032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/695de4b6-5612-4172-be90-2b2081a4e0a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llegar a cualquier parte"></p><p><em>(Comienza Eduardo Mendicutti)</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p>Se dará una vuelta por preferente. Aunque la clase preferente en estos trenes de largo recorrido, pero de medio pelo, ya no es lo que era. Desde que, en días laborables, los mayores de sesenta años tienen un descuento del cuarenta por ciento, la clase preferente es como una residencia rodante de ancianos y ancianas sin el menor atractivo. Aunque alguien pique, eso no garantiza nada. Antes, si alguien de preferente picaba, había bastantes posibilidades de que el asunto terminara bien. De todos modos, conviene echar un vistazo. Cuando se está con el agua al cuello, no se pueden descartar oportunidades.</p><p>— Joven, ¿sabe si este tren lleva cafetería?</p><p>— El siguiente vagón, señora.</p><p>Para llegar a preferente, Aurelio debe pasar por cafetería. Allí está la señora que viaja a su lado, en clase turista, y que hace un rato le preguntó por aquel vagón. Esta mañana, en Cádiz, Aurelio sólo tenía cien euros y se ha gastado casi ochenta en el billete a Madrid. A Madrid porque nunca se sabe. Quizás pueda bajar en Sevilla, o en Córdoba, y entonces habrá tirado la mitad del dinero. Es difícil que eso ocurra, sería necesario que alguien que vaya a Sevilla o a Córdoba entrase al trapo, con todas las consecuencias, antes de llegar a su destino. Este tren sólo hace dos paradas intermedias a lo largo de su recorrido: Sevilla Santa Justa y Córdoba. La señora que viaja a su lado está ahora intentando pagar un café con leche y una magdalena con un billete de cincuenta euros. La chica de la cafetería le pregunta si no tiene un billete más pequeño y la señora hurga en su cartera. Aurelio puede ver que la señora sólo lleva billetes de cincuenta, bastantes. Ahí lleva por lo menos quinientos, seiscientos euros. Con eso, Aurelio solucionaría un par de semanas. Quizás en algún momento, a punto de llegar a Sevilla, o a Córdoba, o a Madrid la señora deje la cartera a mano y se descuide.</p><p>El vagón número tres de preferente es el que tiene menos asientos. Hay un gran espacio vacío, quizás para sillas de ruedas, o para alguna camilla, supone Aurelio. Como enseguida se da cuenta de que, salvo los viajeros que comparten mesa al fondo del vagón, el resto viaja en dirección a la marcha, Aurelio decide recorrer los tres vagones de preferente de un tirón y, luego, volver poco a poco, de cara a los pasajeros, fijándose bien en todos. Y en todas, claro. Aurelio sabe perfectamente que muchos y muchas se fijarán en él. Aurelio es guapo. Y sexy.</p><p>— ¿Va en preferente?— le pregunta la azafata, que ya viene de vuelta con el carrito de los periódicos.</p><p>Aurelio dice que sí y le pide un periódico deportivo. El periódico lo deja en un asiento vacío que encuentra en el primer vagón del tren, al fondo, y enseguida se da la vuelta y emprende el regreso muy despacio, buscando la mirada de los pasajeros y pasajeras. Un tipo enchaquetado y encorbatado le sonríe. Aurelio le guiña un ojo. Esa cara le suena. Claro que le suena. Es un político, claro que sí. De derechas, fijo. Aurelio sigue caminando, despacito. Pero vuelve la cabeza y sorprende al tipo que también ha vuelto la cabeza y le sigue con la mirada. Ahí puede haber asunto. Esperará un rato en la cafetería y seguro que el tipo enchaquetado y encorbatado aparece por allí.</p><p>En el segundo vagón de preferente no ve a nadie interesante. Pero en el tercero viaja una señora arregladísima, pintadísima, seguramente operadísima, con un perro minúsculo dentro de una bolsa de Louis Vuitton. La señora mira a Aurelio de arriba abajo. Ahí también puede haber asunto. Aurelio le hace al perro una cucamona y el perro, o perra, protesta con muy poquita energía. La señora regaña a Kiki. El perro o perra se llama Kiki. Seguro que también aparece enseguida, con su dueña, en la cafetería.</p><p>En la cafetería ya no está la señora que viaja a su lado. Aurelio tendrá que medir bien los tiempos. Supone que la señora también va a Madrid, pero quizás no. Aurelio tiene que vigilar bien la cartera de la señora, ahí hay metálico. Bastante. Aurelio decide rápido: volverá a su asiento y seguro que el tipo enchaquetado y la dueña de Kiki asoman el careto en algún momento. Su compañera de viaje le recibe con una sonrisa muy cordial. Lleva el bolso entreabierto y se ve la cartera.</p><p>Antes de sentarse, Aurelio ve, dos asientos detrás del suyo, a una muchacha preciosa que le mira como si acabara de descubrir al hombre de su vida. El chico que va a su lado debe de ser su novio. </p><p>Aurelio no sabe si le gusta más la muchacha o el novio de la muchacha. </p><p><em>(Sigue Beatriz Rodríguez)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Le encantan las parejas guapas, especialmente si ellos son guapos, porque las mujeres que buscan la belleza, las que no se conforman con el sentido del humor, la inteligencia o las manos bonitas, suelen ser más interesantes, más seguras, más hombres. Sin embargo ella tiene esa mirada perdida que denota exceso de diazepam o una vida interior muy pobre. Infinita mirada de decepción, siendo escandalosamente joven. </p><p>Hablan bajito, y si él sube la voz ella le increpa enseguida. Hay cierta actitud de crítica neurótica en el tono de la conversación, aunque ambos arrastran las sílabas con pereza, como si estuvieran convencidos de que no van a entender nada de lo que se están diciendo. El guapo tiene esa pinta de golfo silencioso, capaz de aguantar y callar las inseguridades más encantadoras, seguro que las llama así. Le gusta dominarla en la cama, aunque le gusta más tenerla controlada afectivamente. Esa sumisión no tiene precio, piensa Aurelio. </p><p>Podría planteárselo si bajasen en Córdoba o en Sevilla, pero para llegar a Madrid no le sirven. Estaría encerrado en un cuarto de baño con alguno de los dos antes de pasar por Ciudad Real, y entonces habría desperdiciado todo el trayecto y los 80 euros. Le repugna tener que controlar el deseo, se siente incómodo ante el orden matriarcal que impone la abstinencia como medida de control sobre el macho. Él no está en esa liga. </p><p>También podría utilizar a la pareja bonita para atraer al político, parece más fácil que la dueña de Kiki. Hay que saber cómo hacerlo. Los hombres de derechas son asombrosamente abiertos en estas cuestiones, pues han aprendido que la prudencia, el disimulo y el tabú son los ingredientes fundamentales para engordar deseos. Ser cínico y cursi al mismo tiempo es el alma de la testosterona reaccionara. Fórmulas químicas muy lucrativas, piensa Aurelio mientras lanza otra sonrisa a la azafata, que ha pasado ya dos veces delante de su asiento fingiendo una atención inusual hacia las necesidades de la clase turista.</p><p>Entonces baja la pequeña bolsa de cuero que depositó en el portaequipajes superior y se traslada con ella de nuevo hacia el vagón de preferente, buscando los asientos vacíos que vio de pasada hace unos minutos. Coloca la bolsa en el asiento de ventanilla, y la abre con cuidado. Lleva algo de ropa interior, una camisa limpia y un par de zapatos de vestir, incómodos para viajar, aunque no para los buenos restaurantes. Dentro de uno de ellos está la pitillera que compró en Nueva York. También lleva la caja de música, pero para esta ocasión encuentra la pitillera más apropiada. Mira su reflejo en la cara de plata, la otra es de un cuero marrón muy oscuro. Abre la mesita plegable que tiene frente a él, en el respaldo del asiento de delante, y coloca la pitillera sobre ella mientras juguetea un rato con el encendedor que siempre lleva en el bolsillo derecho del pantalón. Allá vamos. Saca un cigarro. Lo enciende. </p><p><em>(Continúa Juan José Téllez)</em><strong>Juan José Téllez</strong></p><p>Cada día la juventud está más preparada, no cabe duda. La azafata, por ejemplo, debe reunir la nariz de un perfumista o de un bodeguero y el sentido de orientación de los delfines. No tarda treinta segundos en plantarse frente a Aurelio, esta vez sin el gesto cómplice que <strong>Alfred Hitchcock</strong> imprimía a las damiselas de los expresos. Más bien le increpa ahora con cara de Boletín Oficial del Estado: “¿No sabe usted que en los trenes no se fuma?”. El le responde con gesto de sorpresa, como si no hubiera usado el ferrocarril desde la era de los ferrobuses: “Disculpe, señorita”. “Señora —se defiende ella con un feminismo pedestre, de andar por casa y de aguantar muchos piropos de albañiles a su paso por las obras­­— Señora, desde la cuna”.</p><p>El repiqueteo de un teléfono móvil canta segundos fuera. Ella mira hacia donde el guapo que esclaviza a la guapa, que esgrime un <em>aifon </em>de última generación, pulsa la tecla de la llamada entrante y conversa con la contundencia de los empleados de tómbola. La azafata duda entre expulsar al fumador, que tiene un no se qué que le enternece, o recordarle al telefonista que sólo se puede usar dichos artilugios en las plataformas situadas entre vagón y vagón. Sin embargo, la eficaz funcionaria dimite de ambos frentes cuando una voz de tarjeta dorada empieza a lanzar ayes lastimeros desde el servicio.</p><p>El descuidero se vuelve hacia la pareja sadomasoquista de baja intensidad. El nota se levanta, con el portátil en ristre, dando voces, gesticulando como si su interlocutor pudiera verle. Se pierde hacia el otro vagón con la vehemencia de un lancero bengalí que iniciara una carga a sable. Ya no le gusta un pelo. La novia se queda sola pero no parece sola. Le acompaña esa mirada ansiosa que vuelve a clavarse en los ojos de Aurelio, como si le estuviera suplicando huye conmigo hacia un lugar donde pueda jurar que nunca más pasaré hambre; como si le exigiera hazme feliz o hazme el amor de una puta vez, como si le invitara a saltar del vagón en marcha y cruzar la frontera de sus propias vidas.</p><p>— Por favor, caballero, ¿puede usted ayudarme?</p><p>La azafata ha vuelto grupas y reclama a Aurelio que le auxilie como si fuera un trabajo forzoso en justo pago por haber encendido un cigarrillo en un lugar público. Entre él y la joven de la mirada diazepam han pasado ya varios regimientos de ángeles. Se vuelve cabreado por el encanto roto, pero dispuesto a no llamar la atención más de la cuenta: “Lo que usted quiera, señora”. Esta vez ha evitado a conciencia el diminutivo. La expresión le cambia cuando advierte que se trata de ayudar a salir del lavabo a su compañera de asiento, esa dama que seguramente cree que en España sólo existen billetes naranjas y de 140 milímetros de ancho. La puerta del servicio está semicerrada pero por su vano no cabe la anciana. Saca mucho uno de sus brazos, tal que pretendiera que le jalasen y le salvaran de caer por los bloques del Campo del Sur.</p><p>Aurelio intenta tranquilizarla. Le ha dado ya un par de veces al botón automático de la cerradura. Como cuando se atascan las letrinas de La Alameda o del Parque Genovés. No sabe si le molesta más que no haya funcionado de inmediato o que a la azafata ni siquiera le haga falta decirle menudo gilipollas si yo ya lo he probado antes: “¿Ha intentado usted darle a los botones del interior, oiga?”. La devoradora de magdalenas pincha dos o tres veces en ellos, con la misma suerte con que las tragaperras permanecen quietas cuando Aurelio atraganta sus ranuras.</p><p>Kiki llega ladrando con su cadencia bisexual. Su ama taconea detrás de él, se entromete en el grupo, pero con la pericia de un jugador de rugby abandona la melé y persigue al chucho en dirección a preferente. Aurelio decide entonces sacar músculo. Mete su pierna y su brazo derecho por el hueco que le deja la portezuela, a pesar de que le entorpece la maniobra el cuerpo fugitivo de la prisionera del urinario. Hace palanca con todas sus fuerzas y se obra el milagro. La mujer sale al exterior con la misma alegría y la misma angustia que si hubiera podido montarse a tiempo en una de las lanchas salvavidas del Titanic.</p><p>De vuelta al asiento, la recién liberada echa mano al abrigo de su chaquetón y, en lugar de un frasco de sales, saca una petaca con aroma Four Roses. Le pega un lingotazo y lo ofrece a la azafata, que vuelve a ponerse en modo dignidad, eleva la barbilla y le anuncia que está de servicio. Aurelio le acepta el trago, justo cuando la vieja echa de menos su cartera. Aquel cajero de piel cargado de billetes de 50, que tanto le deslumbrase en la cafetería, ha desaparecido. Seguro que se le ha caído dentro del mingitorio, deduce él. Pero —escucha el remoto eco de su padre—­­, seguro no hay nada, salvo la muerte.</p><p>El guapo vuelve con el móvil echando humo. Ahora se parece a <em>El grito</em> de Edvard Munch. El político contempla el paisaje con la mirada impenetrable de quien espera a que le preparen un discurso de investidura. Aurelio, en esa nueva encrucijada, se pregunta qué hacer. Quizá daría demasiado el cante si se hiciera el longuis y volviese a por ella. Por un momento, parece que el vagón está lleno de ojos que le vigilan. ¿Qué habría hecho su abuelo, que mangaba carne de bragueta en el matadero?¿Qué haría su papá, que pasó más de una noche en la Prevención cuando le trincaban mangando los hallares a los guiris en las bullas de Semana Santa, las Fiestas Típicas y la Velada de los Ángeles? Jiñarse, hocicar o tirar para adelante. Como los buenos. No le queda otra.<em>(Lo cerrará quien lo empezó, Eduardo Mendicutti)</em></p><p><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6a37d848-ab3b-489f-86f2-a8c8ed2263a8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti / Beatriz Rodríguez / Juan José Téllez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/695de4b6-5612-4172-be90-2b2081a4e0a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="208819" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/695de4b6-5612-4172-be90-2b2081a4e0a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="208819" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Llegar a cualquier parte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/695de4b6-5612-4172-be90-2b2081a4e0a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Carrusel’, de Ioana Gruia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carrusel-ioana-gruia_1_1127030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a41c44c-2ea2-4d97-9bf2-02ff3aeceab3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Carrusel’, de Ioana Gruia"></p><p><strong>Carrusel</strong><strong>Ioana GruiaVisorMadrid2016</strong></p><p>Imaginen un bosque nevado. Ahora imaginen, como reza el título de la segunda sección del libro que reseñamos, las "huellas de un animal sobre la nieve". Huellas, claro está, que van a borrarse pronto, porque "no se deja atrapar ni aun en sueños / el íntimo animal escurridizo, / el pájaro de furtivos deseos" (p. 27). La nieve no cubre "las frágiles, aéreas raíces" que son en realidad las ramas desnudas de los árboles: "Así que no me apoyo en algo oculto, / algo que por debajo me sostenga, / algo que no conozca la intemperie" (p. 26). La nieve, en cambio, sí cubre "la tierra exuberante del verano, / las ramas secas, / nuestras huellas" (p. 27). Quizá el rasgo predominante del anterior poemario de <strong>Ioana Gruia</strong>, <em>El sol en la fruta</em> (Renacimiento, 2011), fuese un vitalismo radical y muy reflexionado. </p><p>El pequeño —aclaremos que sólo por su número de páginas— volumen que hoy recomendamos, <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/carrusel.html" target="_blank">Carrusel, distinguido con el XIV Premio Emilio Alarcos</a>, no abandona ni mucho menos esa línea, que más bien matiza y amplía, pero demuestra hasta qué punto la poesía de la autora va ganando en complejidad sin renunciar a cierto clasicismo formal. Ya hable de las epifanías de lo cotidiano, ya del dolor o de la pérdida, por qué no decirlo, estamos ante una escritura que fluye con una suavidad semejante al tacto de la seda. Uno, leyendo a Ioana Gruia, tiende a sospechar que no es precisamente la aspereza el atributo de quienes, como ella, han hecho del saber mirar un hábito.</p><p><em>Carrusel </em>es un libro que se hace más profundo cada vez que se abre y más amplio cada vez que se cierra. Por ello no es fácil reseñarlo en pocas palabras. Por ello también, pues de algún modo teníamos que abordarlo, nos hemos decantado al empezar esta modesta aproximación por una imagen que nos recuerda que la poesía de Ioana Gruia es al mismo tiempo tan leve y tan densa como una corteza, por encima de la cual está la intemperie del mundo, por debajo de la cual, la intemperie de la intimidad. Es casi imposible no pensar que la Bucarest que se nos presenta en la primera sección, la que da título a la obra, esa ciudad en la que "todo seguía igual, pero lejano" (p. 12), pueda ser otra ciudad distinta a Bucarest. Es más imposible todavía no pensar que pueda ser cualquier ciudad. En "Estación abandonada", por ejemplo, hay una suerte de <em>ubi sunt</em> definitivo: "Se trata de un lugar fuera del tiempo. / Ya nadie espera a nadie en ese banco, / pero la espera existe en cada objeto" (p. 19).</p><p>En otro poema ciertamente memorable, "El sueño de <strong>Walter Benjamin</strong>", perteneciente a la tercera sección del libro, titulada "Fisuras", leemos esto: "Hay una herida oculta, / que es a la vez su propia cicatriz: / el hilo misterioso de lo exacto, / el rastro agazapado de un espectro, / sólido y sin embargo transparente: / la solidez que da la ligereza, / sombra que sobrevuela las palabras" (pp. 37-38). Se diría que todo <em>Carrusel </em>es un intento de tirar de ese "hilo misterioso" hasta llegar a lugares que no siempre son inhóspitos, porque la desgracia surge sola, pero sus contrarios han de buscarse. Bien es verdad que hay pasajes (¡nos tememos, ay, que a su manera demasiado familiares!) en los que el horror irrumpe en medio de la alegría cotidiana, como en el inquietante —no se pierdan tampoco esta sobresaliente pieza— "Cadáveres llegaron a la playa", y otros en los que se concluye que "la poesía es confirmar la vida / y el amor, una forma de bondad" (p. 54). "Una forma de bondad", dicho sea de paso, es el título de la cuarta sección del libro.</p><p>Con ella habremos llegado casi al final de un poemario redondo, en opinión de quien esto escribe. Casi al final, no obstante, porque todavía nos quedará una quinta y última sección titulada "La casa poema". Es con mucho la más breve del libro, pues consta sólo de dos composiciones no demasiado extensas. Se centran en la experiencia de la maternidad, pero no sólo. De ella me tendrán que disculpar que no les cite ni un verso, porque ni puedo decir nada más interesante que lo que ahí figura ni se me ocurre otra manera mejor de dejarles con las ganas de buscar este libro y leerlo sin prisas, paladeándolo despacio hasta llegar al delicioso colofón que suponen esos dos poemas. Como tantos otros de Gruia, son del tipo destinado a leerse durante toda la vida.</p><p><em>*Juan García Única es profesor de Literatura. </em></p><p><strong>Juan García Única</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ca829eed-4944-41c5-9555-0d8bea254cc6]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan García Única]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4a41c44c-2ea2-4d97-9bf2-02ff3aeceab3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="33337" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4a41c44c-2ea2-4d97-9bf2-02ff3aeceab3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="33337" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Carrusel’, de Ioana Gruia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4a41c44c-2ea2-4d97-9bf2-02ff3aeceab3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Malabarismos’, de Carmen Canet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/malabarismos-carmen-canet_1_1127025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em><strong>Malabarismos</strong></em><strong>Carmen CanetValparaísoGranada2016</strong></p><p>Antorchas de fuego danzando en el aire, bolas imantadas que giran y vuelven a caer, bastones fluorescentes en un vuelo de diabólicas piruetas, objetos espectaculares que lanzados con maña trazan sus excitantes cascadas y columnas contra el cielo, que parecen cobrar vida con los juegos de muñeca del malabarista. Pero, ¿y si lo que se arroja y recoge con tal destreza a las alturas fueran esas esferas de cristal que son las palabras?</p><p>Este difícil juego malabar es el que nos propone <strong>Carmen Canet </strong>en <em>Malabarismos</em>, con el que Valparaíso Ediciones abre su Colección Aforismos, un hermoso volumen por cuyas páginas cruza esa palabra diábolo, esa pequeña llama en equilibrio del lenguaje, ese destello genial, inesperado y magnético que es el buen aforismo.</p><p>Carmen Canet (profesora y crítica literaria, con publicaciones en distintas revistas como <em>Zurgai</em>, <em>Alhucema</em>, <em>Cuadernos del Sur </em>o <em>Álabe</em>) nos ofrece con este libro su primera obra de creación: una entrega de aforismos, lo que no resulta extraño dado que, además de lectora experta en la tradición europea y española de este género cada vez más en boga, es una apasionada del escribir en breve y ha hecho del “pensar a golpes” (como ella dice) una forma de vida. Así, nos confiesa: “Lanzada al aire la idea, el aforista tropieza y recoge vidas sucesivas, incluida la propia”.</p><p>Y si los aforismos son resultado de la experiencia, son un reflejo de las horas vividas, nunca mejor momento para aferrarse a las palabras que un presente de incertidumbres en que el ser humano se ha vuelto sin remedio universo de fragmentos, nunca mejor ocasión para buscar en ese ejercicio de supervivencia que es la escritura, y su alter ego la lectura, el sentido (o mejor, los sentidos posibles) de todos nuestros malabarismos vitales.</p><p>Porque eso es lo que consigue Carmen en estas páginas: con su prosa discontinua, en frases luminosas, evadirnos de la rutina de lo cotidiano, lanzarnos fuera de nuestro horizonte habitual, pero a la vez sumergirnos en las profundidades del yo y del mundo. Y así veremos caminar por ellas al hombre y a la mujer de la calle, con los ojos bien abiertos, a la espera como nosotros del asombro y la verdad, con pasos que se reflejan en los espejos del guiño literario (“Como me gustó que <strong>Juana de Ibarbourou</strong> le dijera a Caronte 'Yo seré un escándalo en tu barca”), del secreto autobiográfico, de los cuartos de la soledad (“Dejar los libros abiertos y los folios extendidos encima de la mesa es el pequeño privilegio de vivir solo”), también de ese edificio en espiral de los sueños.</p><p>A través de todo un ejercicio de sutileza y lucidez, conjugando en sus textos con excelente ritmo el humor, lo humano, lo social y lo poético, nos entrega inteligentes reflexiones como si fueran brasas encendidas en el hogar del pensamiento que, chisporroteantes aún, debemos coger con manos hábiles y rápidas para dibujar con ellas la elíptica de otra visión del mundo.</p><p>La autora, con sus breves líneas, malabarea con el lenguaje para conseguir (son sus palabras) una “aparente levedad profunda”, pero esta elección de la brevedad y de una enunciación de la idea concentrada y precisa no renuncia nunca al impacto emocional en el lector. Mostrando gran variedad de registros, nos deja párrafos donde la ligereza de la gramática, el revelador juego de palabras, la lucidez del escorzo elegido o el justo recurso a la ironía convierten una realidad que ella ha observado con cuidado (y que ha hecho materia de su escritura), en un espectáculo de elegante supervivencia.</p><p>Un espectáculo fascinante en el que el lector puede disfrutar de un juego libre, al azar si quiere, pues, aunque en este caso la autora haya usado una agrupación de los aforismos bajo signo temático (son cuatro partes bajo los epígrafes de vida, amor y amistad, ideas en vuelo y las artes), esta hoja de ruta sólo tiende a orientarnos y permite al que lee sobrepasar los bordes marcados, buscar ángulos alternativos de acercamiento. Así, el aforismo puede volver sobre un mismo asunto una y otra vez pero siempre ensayando un nuevo giro o desplazamiento en el aire de la mirada. Así, lanzadas en alto las palabras, podemos oír cómo silban al entrecruzarse, cómo surge ese brillo súbito que es su esencia justo en el punto del choque entre pensamiento y realidad.</p><p>Pero para recoger ese fugaz chispazo espontáneo ha sido preciso que esta malabarista de la palabra alce una arquitectura lingüística calibrada, que maneje el vuelo de sus ideas con un arte sintético, ingeniosa e incluso humorísticamente, porque quiere trasmitirnos su propio deslumbramiento y llegar a nosotros con verdadero efecto sorpresivo. Y este efecto lo obtiene del buen juego de manos, de la ágil coordinación de imaginación y lenguaje, conformando todo un entramado de asociaciones que van desde el emparejamiento visual de dos imágenes distintas (“La cama es la bandeja del cuerpo”), la inversión de las relaciones lógicas y la asociación libre de conceptos aparentemente contrapuestos (“Por la noche todo se ve más claro”), el incisivo corte hecho en los límites de gramática y sintaxis (“Con lo fácil que es vivir: solo tiene tres fonemas, los otros dos se repiten”), incluso hasta rozar a veces el impactante borde de la greguería o el sinsentido en juegos de palabras donde brilla la poesía ( “La niebla es una anestesia para el paisaje”).</p><p>Con sus aforismos, Carmen Canet nos desvela rasgos inéditos de lo real, nos traduce el mundo desde la sorpresa de una metáfora, pone en nuestras manos el cristal giratorio de una calidez poética intensamente humana, la carga de profundidad de su humor y su compromiso social y, sobre todo, una escritura libre.</p><p>Y, ¿qué es aforismo sino esto? Yo, que no he tratado aquí de definirlo (pues ya dijo <strong>Umberto Eco </strong>que “nada hay menos definible que el aforismo”), sí me atrevo a apuntar, al leer estos <em>Malabarismos</em>, que si algo es el buen aforismo es esta palabra en vuelo que ha trazado Carmen: vemos su movimiento y sus perfiles en el aire de la página y, desde nuestra mirada, se eleva, gira en lo más alto, apunta directamente a nuestro corazón y cae al fin en nuestra imaginación, en nuestra memoria, para repetir allí la magia de sus juegos malabares.</p><p><em>*Trinidad Gan es poeta. Su último libro es 'Papel ceniza' (Valparaíso, 2014). </em><strong>Trinidad Gan</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e437efab-5fde-41e6-bc53-c5ca56d5dfd1]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
      <media:title><![CDATA[‘Malabarismos’, de Carmen Canet]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Juventud todavía’, de Antonio Daganzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juventud-todavia-antonio-daganzo_1_1127021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b89350c4-badc-4795-b356-e5751b85a118_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Juventud todavía’, de Antonio Daganzo"></p><p><strong>Juventud todavía</strong><strong>Antonio DaganzoVitruvioMadrid2015  </strong></p><p><strong>Antonio Daganzo</strong> (Madrid, 1976) ejerce de poeta, narrador, periodista y divulgador cultural y musical. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, regresa al teritorio del poema tras la publicación en 2014 de su primer ensayo divulgativo sobre música, <em>Clásicos a contratiempo</em>.</p><p><strong>Juventud todavía</strong> (Vitruvio, Colección Baños del Carmen) es su quinto poemario. Confirma una evolución temática, tras <em>Mientras viva el doliente</em> (2010) y el tono de celebración de <em>Llamarse por encima de la noche</em> (publicado en 2012 en Chile).</p><p>Considera el poeta que esa de la juventud es una fase de la vida “soñadora implacable de todos los anhelos”. Daganzo descubre lo que otros ya sabemos: que la juventud es finita. Recomienda, en consecuencia, amar lo que es, en lugar de anhelar pasados. <em>Juventud todavía</em> también presenta un aprendizaje de años ya transcurridos y sobre el dolor: “Que yo fui niño enfermo, / y nunca más pisé / los campos florecidos / hasta que me nacieron cicatrices”. </p><p>Son claves para entender el mensaje que nos lanza el autor poemas como "Juventud todavía", que da título al poemario, "El primer verso", "Amigas en otoño" o "Fuera y dentro". En esos versos puede encontrar el lector y la lectora un tono mesurado, entre la sugerencia y la transparencia, que busca respuestas en el encuentro de la edad con los recuerdos, la música y la emoción.</p><p>No falta en esa investigación sobre la juventud —que, para qué engañarse, el poeta ve que se le escapa— el himno. En “Los héroes”, poema final, se afirma sobre el asunto: “… si no cabe remedio/ muramos siendo jóvenes por siempre”. Asumido que la primera madurez concluye, el poeta hace balance y nos propone, a toque de música, uno de los últimos versos del poemario: “Nos queda todavía la esperanza/ de merecer la gloria…”.</p><p>Antonio Daganzo es autor, además del citado, de los poemarios <em>Siendo en ti aire y oscuro</em> (2004), <em>Que en limpidez se encuentre</em> (Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2007), <em>Mientras viva el doliente</em> (Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2010; 2ª edición, 2014; 3ª edición, 2015; reedición en Ecuador a cargo del El Quirófano Ediciones, 2014) y <em>Llamarse por encima de la noche </em>(Ril Editores, 2012), aparecido en Chile.</p><p><strong>Amigas en otoño</strong></p><p>Queridas esperanzas:</p><p>cuántas tardes,</p><p>cuántas tardes habladas sin sus noches</p><p>nos han visto inventar</p><p>los absurdos más bellos.</p><p>Y el mayor fue aquel junio</p><p>que desnudó su altura antes de hora</p><p>para quemarnos el estío</p><p>con toda la imposible luz</p><p>del corazón.</p><p>Cómo llegó el sosiego,</p><p>amigas quizá amadas</p><p>que volvisteis un árbol cada abrazo,</p><p>que bajasteis los ojos,</p><p>sabias, nobles,</p><p>ante la ingenuidad de mi osadía,</p><p>que me quisisteis vuestro amigo.</p><p>Sabed que en el inicio del otoño,</p><p>aquí, tan de repente,</p><p>donde la plenitud calla y se dora</p><p>como el verdor insomne de un secreto,</p><p>vislumbro la grandeza que dejasteis en mí</p><p>y os doy las gracias.</p><p><em>*Juan B. Berga es analista político y lector de poesía. </em><strong>Juan B. Berga</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ede3f41b-70f3-4ba5-b73b-95f9b0f2f9eb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan B. Berga]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b89350c4-badc-4795-b356-e5751b85a118_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="38854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b89350c4-badc-4795-b356-e5751b85a118_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="38854" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Juventud todavía’, de Antonio Daganzo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b89350c4-badc-4795-b356-e5751b85a118_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cazador-historias-eduardo-galeano_1_1127019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7cab7a9b-c042-4b59-8dc8-750a30a03de7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano"></p><p><strong>El cazador de historias</strong><strong>Eduardo GaleanoSiglo XXIMadrid2016</strong></p><p>“Las palabras caminan latiendo”, dice <strong>Galeano </strong>en su libro póstumo <em>El cazador de historias</em> y así es: un año después de su muerte, sus palabras, y en ellas las de aquellos a quienes siempre dio voz, llegan hasta nosotros, latiendo, y latiéndonos.</p><p>La editorial Siglo XXI ha publicado este libro en una cuidada edición que, como nos explica <strong>Carlos E. Díaz</strong> en la nota del editor, Eduardo Galeano había cerrado antes de morir hasta el último detalle. La única decisión que tomaron los editores fue integrar en este volumen algunas historias que el escritor había dejado escritas, puesto que antes de morir estaba trabajando en una nueva obra.  </p><p>El libro está dividido en cuatro partes: "Molinos de tiempo", "Los cuentos cuentan", "Prontuario" y "Quise, quiero, quisiera". La primera incluye textos en los que reconocemos temática y formalmente al Galeano más característico. Una prosa concisa y contundente que nos habla de la identidad y la memoria; de la guerra y la paz; del fútbol; de los oficios; de las cuestiones de género; del placer y del amor. En la sección "Los cuentos cuentan" se agrupan textos que relatan vivencias de su exilio, de su época de cuentacuentos o anécdotas relacionadas con sus anteriores obras. "Prontuario", la tercera parte del libro, es la más personal, y nos ofrece  un Galeano íntimo que nos habla de sus motivos para escribir. La ultima sección del libro recibe su nombre del  poema navajo que escogió para cerrarlo "Quise, quiero, quisiera". Los textos que la componen hablan de la muerte y se nos brindan como un legado de quien se sabe cercano a ella.</p><p>El título del libro <em>El cazador de historias </em>define la esencia del escritor uruguayo que siempre se sintió como tal. “Soy un cazador de historias, un escuchador de voces”, dijo en una ocasión y de nuevo nos sentamos cerca de su voz y nos dejamos llevar por aquel “Érase una vez” que nos abraza y nos mece, pero que también nos remueve y nos empuja a levantarnos. Porque, como explica en uno de los textos que conforman el libro: “Diría que escribo intentando que seamos más fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados”.  </p><p>Galeano ha sido uno escritor comprometido en la literatura y en la vida. Desde la publicación de <em>Las venas abiertas de América Latina</em> (1971), su obra más conocida y que fue prohibida por las dictaduras militares de Uruguay, Brasil, Chile y Argentina, sus libros —la trilogía <em>Memoria del fuego</em>, integrada por <em>Los nacimientos</em> (1982), <em>Las caras y las máscaras</em> (1984) y<em> El siglo del viento</em> (1986); <em>El libro de los abrazos</em> (1989), <em>Las palabras andantes</em> (1993), <em>El fútbol a sol y sombra </em>(1995), <em>Bocas del tiempo </em>(2004), <em>Espejos </em>(2008),<em> Los hijos de los días </em>(2011) o <em>Mujeres </em>(2015) entre otros— han mantenido la firme voluntad de reivindicar a todos aquellos a quienes la historia ha querido silenciar. </p><p>En este legado póstumo, moviéndose en las fronteras de los géneros, ha seguido buscando, y encontrando, esas palabras que deben existir para hablarnos de un mundo que viaja y “que lleva más náufragos que navegantes”, y de esta manera ser fiel a su vocación de cuentacuentos, como nos explica en "Huellas", el texto que abre el libro: “El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran”. </p><p>"Por qué escribo/1", uno de los tres textos que bajo este título encontramos en la sección "Prontuario", narra lo que Galeano llama su primer desafío en la tarea de escribir, y explica que, tras haber convivido con los mineros del pueblo de Llallagua en Bolivia, estos, la noche de su despedida, le dijeron que les contara cómo era la mar. Él, consciente de que aquellos hombres, condenados a la miseria y a una muerte temprana, nunca la verían, sintió la responsabilidades de llevársela, "de encontrar palabras que fuesen capaces de mojarlos". Ese desafío, "a partir de la certeza de que escribir, para algo, sirve" lo ha llevado hasta este libro, en el que una vez más sus palabras son capaces de mojarnos.       </p><p>Galeano ya no está pero sus palabras aún caminan latiendo. Y latiéndonos.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[2fa25ac2-1287-40c2-9d3d-ec825d821eb9]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7cab7a9b-c042-4b59-8dc8-750a30a03de7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="156924" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7cab7a9b-c042-4b59-8dc8-750a30a03de7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="156924" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7cab7a9b-c042-4b59-8dc8-750a30a03de7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Eduardo Galeano,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Katu zaharrek”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/katu-zaharrek_1_1127016.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/de752a12-1531-4a0f-a6e2-47d99f114421_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Katu zaharrek”"></p><p>Bernardo Atxaga recita su poema "Katu zaharrek".</p><p><strong>"Katu zaharrek"</strong></p><p>Katu zaharrek gogoan hartzen dituzte batzuetan</p><p>mundu honetatik azkar, azkarregi, joan zirenak,</p><p>eta arratsaldeko eguzkiaren azken printza lagun,</p><p>fantasietan hasten dira, pentsaketan, egia ote den,</p><p>ba ote duen inolako oinarri materialik leiendak,</p><p>katuek bat-bi-hiru-lau (bat-bi-hiru-lau, bat-bi-hiru-lau)</p><p>bost-sei-zazpi (bost-sei-zazpi) bizitza dituztela,</p><p>eta irabazi, irabazi egingo diotela heriotzari, aurrera!</p><p>Zazpi aldiz, zazpi eta huts, eta gero gerokoak.</p><p>Oi arratsaldeko azken eguzki printzaren hutsala,</p><p>mundu honetatik azkar, azkarregi, joaten zarena,</p><p>zurekin eramanez fantasiak eta pentsamendu arinak!</p><p>Ilun da, ilargia da, izarrak dira, eta katu zaharrak</p><p>ahaztu ditu bat-bi-hiru-lau (bat-bi-hiru-lau, bat-bi-hiru-lau),</p><p>bost-sei-zazpi (bost-sei-zazpi) bizitza direlakoak,</p><p>eta badoa sastraka artean txori bila, eta horra hor txoria,</p><p>eta jauzi, jauzi egiten du aurrera, eta kito, bat eta huts.</p><p>Etorkizuna ez da gauza segurua, hau ez da paradisua.</p><p><strong>"Los gatos viejos"</strong></p><p>Los gatos viejos se acuerdan a veces</p><p>de los que se han ido demasiado pronto</p><p>de este mundo, y se ponen a pensar, a fantasear,</p><p>al calor del último rayo de sol de la tarde,</p><p>sobre si tendrá o no alguna base material</p><p>la leyenda que habla de las uno, dos, tres, </p><p>cuatro, cinco, seis, siete vidas del gato, es decir,</p><p>lo de que le ganan a la muerte siete veces,</p><p>siete a cero, triunfo total, y luego ya se verá,</p><p>en cualquier caso siete vidas no están mal.</p><p>¡Oh, efímero rayo de sol, rayo último</p><p>que enseguida te vas, que enseguida pasas</p><p>llevándote las fantasías y las ideas ligeras!</p><p>Es la oscuridad, es la luna, son las estrellas,</p><p>y el gato viejo se ha olvidado ya de la leyenda</p><p>de que quizás tenga, quizás pueda tener</p><p>una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete vidas,</p><p>y marcha por el matorral en busca de pájaros,</p><p>y ahí está el pájaro, y el gato viejo da un salto</p><p>y se acabó, uno a cero, esto no es el paraíso.</p><p>De <a href="http://www.atxaga.eus/news/1354711889" target="_blank"><em>Paradisua eta katuak (El paraíso y los gatos)</em></a><em> </em>(Pamiela, 2012). </p><p><em>*Bernardo Atxaga es escritor. Su último libro es 'Narp. El caso de Felisa Rodríguez' (CUN, 2015). </em><strong>Bernardo Atxaga</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0945f5d9-e712-456f-b25e-bf84008a5758]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Bernardo Atxaga]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/de752a12-1531-4a0f-a6e2-47d99f114421_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41384" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/de752a12-1531-4a0f-a6e2-47d99f114421_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41384" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Katu zaharrek”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/de752a12-1531-4a0f-a6e2-47d99f114421_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los olvidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/olvidados_1_1127014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6278b7d8-3ee1-4da1-a0d4-42a0b058773d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los olvidados"></p><p><em>Los responsables de la libería La Mínima (Rincón de la Victoria, Málaga) recomiendan algunas de las novedades que más les han interesado. </em></p><p><strong>La ley del menor</strong><strong>Ian McEwanAnagramaBarcelona2016</strong></p><p><strong>Ian McEwan</strong> nos sumerge desde las primeras páginas en la vida de una jueza de familia en Londres donde, paralelamente a su trabajo de dictar sentencias en muchos de los casos difíciles de resolver, también nos acerca a una mujer sin hijos, cercana a los 60, que dedica todo su tiempo y energía a su trabajo y que se enfrenta al hundimiento inminente de su matrimonio.</p><p>Poco a poco  vamos conociendo tanto el perfil laboral como el personal de la protagonista, que se encuentra con un caso de negación de transfusión de sangre de un joven, rozando los 18 años, testigo de Jehová. Es ahí donde la novela se adentra en los dilemas éticos y las responsabilidades morales, y en el lugar donde la justicia y la fe pueden llegar a unirse o repelerse como polos opuestos de un imán; todo ello escrito con gran sutileza y muy buen ritmo que hacen de esta novela una auténtica gozada.</p><p><strong>Las sinsombrero</strong><strong>Tània BallóEspasaMadrid2016</strong></p><p>Se trata de un libro maravilloso que nos va llevar a conocer desde una perspectiva muy especial  <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/02/23/fies_tus_amigos_hablaran_sus_memorias_45379_1026.html" target="_blank">a las mujeres de la Generación del 27</a>. Mujeres como <strong>Teresa León</strong>, <strong>Maruja Mallo</strong>, <strong>María Zambrano</strong>, <strong>Rosa Chacel </strong>o <strong>Josefina de la Torre</strong>, entre otras. Todas ellas rompieron con los estereotipos de mujer de la época y decidieron despojarse del sombrero  de una forma metafórica y real, como prenda que les estaba congestionando las ideas de la misma manera que un corsé comprimía sus cuerpos. Mujeres que lucharon con valentía, coraje, inteligencia y determinación por los derechos de la mujer en una España en el que su papel no existía fuera del de esposa o madre.</p><p><strong>El campeón ha vuelto</strong><strong>J.R. Moehringer DuomoBarcelona 2016</strong></p><p>Novela corta del autor de <em>Open </em>y <em>El bar de las grandes esperanzas</em> (Duomo, 2014 y 2015). En este último libro escrito como reportaje periodístico novelado  nos cuenta la búsqueda de <strong>Bob Satterfield</strong>, leyenda del boxeo en los años 50 desaparecido sin dejar ningún rastro . Con esta excusa <strong>Moehringer </strong>nos lleva  a la búsqueda de Satterfield hasta llegar a alguien que vive en la calle y que se hacía llamar Campeón y decía ser el propio Bob.  Poco a poco nos va a ir desgranado la historia de este hombre, lo va  ir despojando   capa a capa hasta descubrirnos algo de su propio pasado que tiene que ver con el valor, con el deporte y con una búsqueda. Pero, ¿será realmente Bob Satterfield quién se esconde tras esa misteriosa identidad?</p><p><strong>Te quiero (casi siempre) </strong><strong>Anna LlenasEspasaMadrid2016</strong></p><p>Por último, vamos con un cuento infantil, ya que para nosotros esta sección de nuestra librería es bastante importante y tratamos de cuidarla con cariño y esmero… tal como se merece. Hemos elegido <em>Te quiero (casi siempre)</em>. Lolo y Rita son un bicho bola y una luciérnaga respectivamente, ¿qué podrían tener en común?, en principio nada, ya que son muy distintos pero gracias a este libro originalmente ilustrado vamos a poder aprender que aceptar la diversidad no siempre es fácil pero que lo que nos hace ser diferentes en muchas ocasiones nos puede ayudar a comprendernos mejor. Un libro para niños y menos niños en el que terminaremos con una sonrisa en la cara y algo  muy importante aprendido.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería La Mínima en el Paseo Marítimo, 137, de Rincón de la victoria (Málaga), o en su </em><strong>librería La Mínima</strong><a href="http://www.librerialaminima.es/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[fd7bd578-b3bc-4b9e-a501-2070240cdc78]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería La Mínima]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6278b7d8-3ee1-4da1-a0d4-42a0b058773d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="122648" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6278b7d8-3ee1-4da1-a0d4-42a0b058773d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="122648" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los olvidados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6278b7d8-3ee1-4da1-a0d4-42a0b058773d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquí están los libros. Que pasen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-pasen_1_1127008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1d692970-f99f-4efb-94b0-b7f99bd66574_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquí están los libros. Que pasen"></p><p>Los lectores sentimos una huella de pudor al hablar de los libros en público. Obligados a defender el valor y la utilidad social de la lectura, lo primero que sentimos es que nuestra relación con los libros supone en realidad un placer privado. Así que resulta inevitable sentir el resquemor íntimo de la impostura.</p><p>Pero se trata de un pudor que merece la pena vencer. Hay mucha gente que habla de forma repetida sobre la utilidad pública del deporte, o de una determinada opción política, o de la importancia de la buena alimentación, o de la conveniencia de protegerse de los rayos de sol, o de las propiedades del agua de mar. Está muy bien, cada cual tiene su afán, y yo estoy cada vez más convencido de la importancia y utilidad pública de ese placer privado que es la lectura.</p><p>Defender el libro implica considerar el hecho de la lectura como el eje y la raíz de las humanidades. Evitemos conflictos falsos. No tengo ninguna duda de que es un mentecato y un peligroso reaccionario quien desprecia la ciencia o la técnica. Los aportes científicos y los avances técnicos dignifican la vida humana, hacen habitable este mundo, siempre que sean destinados —claro está— a dignificar la vida humana y a hacer más habitable este mundo.</p><p>La historia del siglo XX nos ha demostrado con especial empeño que la razón práctica alberga su lado oscuro y que los avances científicos y técnicos pueden estar programados para aniquilar la vida, degradar el planeta y configurar una versión industrial del mal y de la muerte. Por eso me parece también decisivo tener muy en cuenta las humanidades dentro del saber democrático, la formación de una conciencia humana dispuesta a utilizar la ciencia y la técnica sin cortar las raíces de la dignidad. Recuerdo dos versos de <strong>Federico García Lorca</strong> pertenecientes al poema “La aurora” de <em>Poeta en Nueva York</em>: “la luz es sepultada por cadenas y ruidos / en impúdico reto de ciencia sin raíces”. En 1929, bajo la crisis de Wall Street, el poeta observó cómo un enjambre de monedas furiosas devoraba el corazón del futuro. La mercantilización descarnada del saber dejaba a la ciencia sin raíces, rompía el acuerdo por el que todo avance técnico o científico debía ir acompañado de un avance ético.</p><p><strong>Edward Said</strong>, el admirable filólogo norteamericano de origen palestino, ha escrito mucho sobre la importancia que encierra la lectura, el suceder modesto de la lectura, como ejercicio de emancipación. En un libro titulado <em>Humanismo y crítica democrática</em> (Debate, 2008) defendió que la lectura supone una forma de emancipación no porque nos ayude a evadirnos, sino porque nos aleja del reduccionismo, el cinismo y la indiferencia. Pensemos el sentido radical que adquieren en el mundo de hoy estas palabras. Se utiliza a menudo el adjetivo radical para provocar temor sobre algunos comportamientos o palabras. Si ahora hay algo que merece el calificativo social de radical es la “normalidad” atosigante de una inercia creada por el reduccionismo, el cinismo y la indiferencia, tres amenazas profundas en el saber de una sociedad democrática.</p><p>Existen demasiados medios de control de las opiniones, generación de pensamientos dominantes y creación de realidades virtuales como para no temer el efecto manipulador que implica la homologación de las conciencias. Después del fracaso de las grandes utopías y del efecto reduccionista de los fundamentalismos, existen también muchas coartadas para caer en el cinismo del todo vale, nada importa, yo voy a lo mío, tú a lo tuyo y el último que cierre la puerta. El reduccionismo y el cinismo son caminos que conducen a la indiferencia. Nada tiene valor, nada tiene remedio, no soy responsable de nada. Es muy fácil dentro de esta lógica desentenderse del mundo.</p><p>Eward Said presenta la lectura como un modesto acto de emancipación ante estos peligros. Y es que el lector no mira como un ser pasivo, sino como una persona que entra en un espacio público, un espacio publicado, para vivir una experiencia colectiva desde su propia historia personal. El poeta catalán <strong>Joan Margarit</strong> suele matizar que los lectores no se parecen al espectador de un conciento, sino al músico que interpreta con su arte la partitura elaborada por un compositor. Al leer vivimos los sentimientos y las razones que un escritor ha puesto en sus palabras o en la ficción de un protagonista. Cuando sucede el hecho de la lectura, ocurre un proceso de convivencia: el amor, el miedo, la ilusión, la tristeza, la vida del otro, de los otros, pasan a formar parte de nuestra propia vida. Somos, pensamos y sentimos nuestro amor, nuestro miedo, nuestra ilusión o nuestra tristeza. ¿Quíen no ha odiado a Juanito Santa Cruz por portarse de tan mala manera con Fortunata? ¿Quién no ha sentido la fatalidad del destino al leer algunos poemas de <strong>Rubén Darío</strong> o de Federico García Lorca?</p><p>No se me ocurre mejor metáfora del contrato social democrático que la lectura. En un espacio público (el libro), que posibilita el diálogo entre conciencias, alguien (el lector) aprende de sí mismo cuando se pone en el lugar del otro (el autor). Confieso que con la escritura ocurre lo mismo. Un autor aprende mucho de sí mismo cuando se pone en el lugar de los lectores ideales con los que quiere establecer una conversación a través de los libros. La lectura, además, como la escritura, nos permite ponernos en el lugar del otro evitando dejar al otro sin lugar</p><p>Los libros son un lugar hospitalario, algo que los escritores preparan, igual que se prepara una casa o un país, para recibir a los que vienen de fuera. Escribir es cuidar y ser cuidado, elegir las palabras para darse a entender y para entenderse. Leer es un vivir mirándose a los ojos. Los buenos fotógrafos no sólo nos enseñan a mirar el mundo; consiguen que el mundo nos mire a los ojos. Eso es también lo que hacen, lo que nos hacen, algunos libros a lo largo de la vida.</p><p>Un buen lector no se convierte casi nunca en un sabiondo que confunde la cultura con la pedantería. Me atrevo a decirlo así, aunque en la república de los libros es una temeridad fijar pasaportes y licencias de usos correctos. Pero si merece la pena tomarse en serio la experiencia de los libros es porque en su mundo adquieren autoridad algunas de las perspectivas de los seres humanos que forman parte de las más respetables orillas de nuestra condición. Ya me he atrevido a destacar aquí algunas de esas orillas. Llamo ahora la atención sobre tres asuntos que me parecen de vital importancia en el mundo de hoy: la identidad, la idea del tiempo y la imaginación moral como factores decisivos en la educación sentimental de una convivencia democrática.</p><p>La globalización es el tiempo histórico que nos ha tocado vivir. Por lo que se refiere a la cultura, nuestra globalización está produciendo dos situaciones extremas en las sociedades: la identidad fuerte o la soledad del individuo desligado. La identidad fuerte se encarna en fundamentalismos que imponen por encima de la conciencia individual consignas o catecismos de carácter religioso, racial, nacional o político. Son corrientes dogmáticas que te exigen estar siempre al corriente. Evitan el tejido social flexible capaz de integrar y favorecer la convivencia, algo muy necesario en épocas de mezcla entre realidades diferentes. Las identidades fuertes se defienden del mundo abierto con un tiempo sin espera, imponiendo la pureza intolerante de un credo o un pasaporte.</p><p>Ante el peligro de las identidades fuertes considero que resulta muy arriesgado limitarse a negar las identidades. Ese es el otro extremo en el que cae la globalización: la soledad del lobo estepario, del individuo que no se siente ligado a nada, que no siente como suyo el problemas de la gente que pasa hambre en su propio país o el dolor de los que huyen de una guerra y no encuentran refugio ni salida en los espinos de una frontera. Los valores en abstracto no son nada, son palabras huecas que se lleva el viento. Palabras como libertad, compromiso, solidaridad o justicia no son nada sin un tejido que las sostenga, sin un sentido de pertenencia que haga vivir como mío el dolor ajeno. No hay libertad o justicia que no sean la libertad de un nosotros.</p><p>El conocimiento humanístico y la experiencia de la lectura, esa dinámica que nos hace aprender de nosotros mismos al ponernos en el lugar del otro, son decisivos a la hora de generar identidades flexibles, integradoras, dispuestas para comprender todo lo que se comparte, aquello que funda la legitimidad de los actos y las palabras. La historia viene, nos viene, de lejos. El concepto de ciudadano fue una conquista democrática que pretendía asegurar con una abstracción la igualdad de todas las personas ante la ley. Fue una conquista intelectual de identidades flexibles. La ciudadanía sirve para valorar los derechos universales de una identidad humana concreta, no para borrarla. Si pervertimos esta lógica, si de manera inflexible usamos el concepto de ciudadanía para generar desigualdades humanas, estaremos traicionando la legitimidad de nuestros valores. No se puede utilizar el concepto de ciudadano para negar un derecho humano, los derechos que merece un ser humano.</p><p>Nuestra historia viene de lejos. Esa conciencia de lo remoto es el tiempo de la literatura, de la narración, un tiempo con planteamientos, nudos y desenlaces. Se trata de un tiempo compartido que nos vincula a una identidad flexible gracias a la memoria y al conocimiento. El tiempo del consumo y el neoliberalismo fija una concepción muy distinta: el instante, el deseo saciado como imperativo, la mercantilización del usar y tirar.</p><p>Este tiempo de la prisa se une a las identidades fuertes porque el dogmatismo es la prisa de las ideas, la inercia de lo blanco o lo negro, de la falta de matices, del titular recortado y tajante a la hora de consumir la realidad, de reducirla a un pensamiento único. La mercantilización del tiempo es lo contrario del tiempo narrativo de la lectura que nos hace herederos de un saber y nos compromete con el futuro de nuestros herederos. Es ese tiempo que une las tres preguntas del famoso cuadro de <strong>Paul Gauguin</strong>: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?</p><p>Conviene tomarse el hecho de la lectura con un poco de filosofía. <strong>Rousseau</strong> sostuvo en el <em>Emilio</em> que sólo la imaginación moral permite comprender el dolor ajeno. Es la misma idea que esgrime la pedagoga norteamericana <strong>Martha C. Nussbaum </strong>en sus libros <em>Justicia poética</em> (Bello Editor, 1998) y <em>Sin fines de lucro. ¿Por qué la democracia necesita de las humanidades?</em> (Katz, 2010). No duda en defender la importancia de la poesía en los planes de estudio y de vincular los desastres sociales de la ley del más fuerte con la pérdida de valor social sufrida por las humanidades. </p><p>Enseñar es formar. Ante el peligro de acabar utilizando a las personas como objetos de usar y tirar, parece necesario cultivar la imaginación moral suficiente como para ponerse en el lugar del otro, saber que los individuos tienen su propio interior y que merecen respeto en una historia compartida. Sólo la imaginación moral ayuda a entender el dolor ajeno, ayuda a sentir como nuestros los problemas del ser humano.</p><p>Estas son algunas de las cuestiones que entran hoy en juego cuando defendemos el mundo de los libros. No hablamos de un simple entretenimiento, de una moda para quedar bien, de un ritual vacío de contenido. Se trata de afirmarnos en un saber indispensable para la conciencia democrática. Han llegado los libros. Pues que pasen.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor. El 6 de junio publica 'Un lector llamado Federico García Lorca' (Taurus, 2016). </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca'</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ee008cbc-dd54-435c-a688-83783b0a27fc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/1d692970-f99f-4efb-94b0-b7f99bd66574_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="104706" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/1d692970-f99f-4efb-94b0-b7f99bd66574_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="104706" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Aquí están los libros. Que pasen]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/1d692970-f99f-4efb-94b0-b7f99bd66574_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas razones para no leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/razones-no-leer_1_1126727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/74917ea2-729e-49bf-a845-bfa95f1a3f84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunas razones para no leer"></p><p>Hoy aquí, contraviniendo todas las previsiones y ejerciendo de enanita saltarina, mosca cojonera, duendecillo maligno, demonia o Ángela caída, voy a intentar daros algunas razones fundadas para NO leer. Habéis escuchado bien para NO, NO, NO leer. Voy a colocarme al otro lado de ese espejo donde si uno se refleja de noche, alumbrado por una vela, se tropieza con un fantasma. Voy a subir al desván para mostraros el auténtico rostro del angelical Dorian Grey: su cara reconcomida por gusanos y devastadoras arrugas. Ahí va el listado razones por las que, como diría <strong>Amy Winehouse</strong>, NO, NO, NO debéis leer:</p><p>  </p><p><em>*Marta Sanz es escritora. Este texto fue leído en la Feria del Libro de Fuerteventura. </em><strong>Marta Sanz</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[2919128b-1483-4c9f-88a2-15a193751812]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Sanz]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/74917ea2-729e-49bf-a845-bfa95f1a3f84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="94200" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/74917ea2-729e-49bf-a845-bfa95f1a3f84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="94200" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Algunas razones para no leer]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/74917ea2-729e-49bf-a845-bfa95f1a3f84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Marta Sanz,Feria del libro,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
