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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 20]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-20/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 20]]></description>
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      <title><![CDATA[Libros y perros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-perros_1_1127316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4d538b41-128d-4255-8e03-fe5ffc3d627e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros y perros"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>Aunque originalmente el nombre de esta librería de Alcalá de Henares fue <strong>Cervantes</strong>, a la hora de crear la página web de comentarios e información literaria se tuvo que optar por ese otro nombre, la librería de Javier, lo que dio lugar a un enclave mucho más personal y diferenciado. <strong>Javier Rodríguez</strong>, el librero que la lleva, es ingeniero de caminos, aunque a los pocos años dejó esta actividad para encaminar su vida a las letras, desde el lado de la trastienda, como librero y lector. La librería regenta un club de lectura que nació en el año 1993, aunque después de un periodo en dique seco se volvió a retomar esta actividad en 2007. Los encuentros se organizan en el Salón de Tapices del Círculo de Contribuyentes, algo así como el Círculo de Bellas Artes de Alcalá de Henares.</p><p>La librería de Javier es una pequeña librería a la manera inglesa, y decorada con una estética de detalles victorianos. Su actividad se basa en la recomendación de obras, teniendo un pequeño espacio para degustar un café durante la charla con el librero. Las recomendaciones son de todo tipo, aunque abundan los autores españoles, y generalmente los libros de narrativa, con autores que suelen visitar la librería y con los cuales se organizan tertulias a la manera de los cafés de antaño. </p><p>La librería de Javier organiza dos sesiones en su club de lectura para este  fin de semana (los días 10 y 11 de junio).</p><p>Por un lado, hay un encuentro con el escritor barcelonés <strong>Alejandro Palomas</strong>. Ya es la cuarta vez que visita este club de lectura. El encuentro está basado en <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-un-perro/207108" target="_blank">su última novela, Un perro</a>, y tiene la peculiaridad de organizarse en una terraza de verano, Gringo Viejo, en pleno centro de la ciudad. El horario de dicho encuentro es de seis de la tarde a diez de la noche el viernes 10 de junio y los asistentes podrán acudir con sus mascotas, conseguir la dedicatoria de sus libros, unas fotos con el autor y sus animales y tomarse unas cervezas a la vez que charlan con Alejandro Palomas. Este encuentro está abierto a todos los que quieran asistir y es totalmente gratuito.</p><p>El sábado tendrá lugar otro encuentro literario, esta vez en la conocida Sala de Tapices de la ciudad de Alcalá de Henares (Plaza de Cervantes, 9), lugar en el que desarrolla su actividad cultural la librería de Javier. El escritor invitado es <strong>Javier Ruiz Martín</strong>, que hablará con los asistentes sobre <a href="http://www.funambulista.net/2016/luisa-de-cervantes-una-vida-imaginada/" target="_blank">su última novela, Luisa de Cervantes</a>, la hermana monja de Miguel de Cervantes que vivió recluida en el convento de las Carmelitas Descalzas. Este acto tendrá lugar a las seis de la tarde del sábado 11 de junio, y se ruega a los asistentes, ante el aforo de la sala, que se inscriban en la librería de Javier. Habrá presentación de la obra, charla con el autor, firma de libros y sesión de fotos. La entrada es libre y gratuita.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería de Javier en la calle Ramón y Cajal, 10, de Alcalá de Henares (Madrid), o </em></p><p><strong>librería de Javier</strong><a href="http://www.lalibreriadejavier.com" target="_blank">en su página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Club de la librería de Javier]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Libros y perros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Novela,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Llegar a cualquier parte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llegar-parte_1_1127314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e39c6eac-271b-4a34-9e11-f53a4c262c86_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llegar a cualquier parte"></p><p><em>(Comienza Eduardo Mendicutti)</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p>Se dará una vuelta por preferente. Aunque la clase preferente en estos trenes de largo recorrido, pero de medio pelo, ya no es lo que era. Desde que, en días laborables, los mayores de sesenta años tienen un descuento del cuarenta por ciento, la clase preferente es como una residencia rodante de ancianos y ancianas sin el menor atractivo. Aunque alguien pique, eso no garantiza nada. Antes, si alguien de preferente picaba, había bastantes posibilidades de que el asunto terminara bien. De todos modos, conviene echar un vistazo. Cuando se está con el agua al cuello, no se pueden descartar oportunidades.</p><p>— Joven, ¿sabe si este tren lleva cafetería?</p><p>— El siguiente vagón, señora.</p><p>Para llegar a preferente, Aurelio debe pasar por cafetería. Allí está la señora que viaja a su lado, en clase turista, y que hace un rato le preguntó por aquel vagón. Esta mañana, en Cádiz, Aurelio sólo tenía cien euros y se ha gastado casi ochenta en el billete a Madrid. A Madrid porque nunca se sabe. Quizás pueda bajar en Sevilla, o en Córdoba, y entonces habrá tirado la mitad del dinero. Es difícil que eso ocurra, sería necesario que alguien que vaya a Sevilla o a Córdoba entrase al trapo, con todas las consecuencias, antes de llegar a su destino. Este tren sólo hace dos paradas intermedias a lo largo de su recorrido: Sevilla Santa Justa y Córdoba. La señora que viaja a su lado está ahora intentando pagar un café con leche y una magdalena con un billete de cincuenta euros. La chica de la cafetería le pregunta si no tiene un billete más pequeño y la señora hurga en su cartera. Aurelio puede ver que la señora sólo lleva billetes de cincuenta, bastantes. Ahí lleva por lo menos quinientos, seiscientos euros. Con eso, Aurelio solucionaría un par de semanas. Quizás en algún momento, a punto de llegar a Sevilla, o a Córdoba, o a Madrid la señora deje la cartera a mano y se descuide.</p><p>El vagón número tres de preferente es el que tiene menos asientos. Hay un gran espacio vacío, quizás para sillas de ruedas, o para alguna camilla, supone Aurelio. Como enseguida se da cuenta de que, salvo los viajeros que comparten mesa al fondo del vagón, el resto viaja en dirección a la marcha, Aurelio decide recorrer los tres vagones de preferente de un tirón y, luego, volver poco a poco, de cara a los pasajeros, fijándose bien en todos. Y en todas, claro. Aurelio sabe perfectamente que muchos y muchas se fijarán en él. Aurelio es guapo. Y sexy.</p><p>— ¿Va en preferente?— le pregunta la azafata, que ya viene de vuelta con el carrito de los periódicos.</p><p>Aurelio dice que sí y le pide un periódico deportivo. El periódico lo deja en un asiento vacío que encuentra en el primer vagón del tren, al fondo, y enseguida se da la vuelta y emprende el regreso muy despacio, buscando la mirada de los pasajeros y pasajeras. Un tipo enchaquetado y encorbatado le sonríe. Aurelio le guiña un ojo. Esa cara le suena. Claro que le suena. Es un político, claro que sí. De derechas, fijo. Aurelio sigue caminando, despacito. Pero vuelve la cabeza y sorprende al tipo que también ha vuelto la cabeza y le sigue con la mirada. Ahí puede haber asunto. Esperará un rato en la cafetería y seguro que el tipo enchaquetado y encorbatado aparece por allí.</p><p>En el segundo vagón de preferente no ve a nadie interesante. Pero en el tercero viaja una señora arregladísima, pintadísima, seguramente operadísima, con un perro minúsculo dentro de una bolsa de Louis Vuitton. La señora mira a Aurelio de arriba abajo. Ahí también puede haber asunto. Aurelio le hace al perro una cucamona y el perro, o perra, protesta con muy poquita energía. La señora regaña a Kiki. El perro o perra se llama Kiki. Seguro que también aparece enseguida, con su dueña, en la cafetería.</p><p>En la cafetería ya no está la señora que viaja a su lado. Aurelio tendrá que medir bien los tiempos. Supone que la señora también va a Madrid, pero quizás no. Aurelio tiene que vigilar bien la cartera de la señora, ahí hay metálico. Bastante. Aurelio decide rápido: volverá a su asiento y seguro que el tipo enchaquetado y la dueña de Kiki asoman el careto en algún momento. Su compañera de viaje le recibe con una sonrisa muy cordial. Lleva el bolso entreabierto y se ve la cartera.</p><p>Antes de sentarse, Aurelio ve, dos asientos detrás del suyo, a una muchacha preciosa que le mira como si acabara de descubrir al hombre de su vida. El chico que va a su lado debe de ser su novio. </p><p>Aurelio no sabe si le gusta más la muchacha o el novio de la muchacha. </p><p><em>(Sigue Beatriz Rodríguez)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Le encantan las parejas guapas, especialmente si ellos son guapos, porque las mujeres que buscan la belleza, las que no se conforman con el sentido del humor, la inteligencia o las manos bonitas, suelen ser más interesantes, más seguras, más hombres. Sin embargo ella tiene esa mirada perdida que denota exceso de diazepam o una vida interior muy pobre. Infinita mirada de decepción, siendo escandalosamente joven. </p><p>Hablan bajito, y si él sube la voz ella le increpa enseguida. Hay cierta actitud de crítica neurótica en el tono de la conversación, aunque ambos arrastran las sílabas con pereza, como si estuvieran convencidos de que no van a entender nada de lo que se están diciendo. El guapo tiene esa pinta de golfo silencioso, capaz de aguantar y callar las inseguridades más encantadoras, seguro que las llama así. Le gusta dominarla en la cama, aunque le gusta más tenerla controlada afectivamente. Esa sumisión no tiene precio, piensa Aurelio. </p><p>Podría planteárselo si bajasen en Córdoba o en Sevilla, pero para llegar a Madrid no le sirven. Estaría encerrado en un cuarto de baño con alguno de los dos antes de pasar por Ciudad Real, y entonces habría desperdiciado todo el trayecto y los 80 euros. Le repugna tener que controlar el deseo, se siente incómodo ante el orden matriarcal que impone la abstinencia como medida de control sobre el macho. Él no está en esa liga. </p><p>También podría utilizar a la pareja bonita para atraer al político, parece más fácil que la dueña de Kiki. Hay que saber cómo hacerlo. Los hombres de derechas son asombrosamente abiertos en estas cuestiones, pues han aprendido que la prudencia, el disimulo y el tabú son los ingredientes fundamentales para engordar deseos. Ser cínico y cursi al mismo tiempo es el alma de la testosterona reaccionara. Fórmulas químicas muy lucrativas, piensa Aurelio mientras lanza otra sonrisa a la azafata, que ha pasado ya dos veces delante de su asiento fingiendo una atención inusual hacia las necesidades de la clase turista.</p><p>Entonces baja la pequeña bolsa de cuero que depositó en el portaequipajes superior y se traslada con ella de nuevo hacia el vagón de preferente, buscando los asientos vacíos que vio de pasada hace unos minutos. Coloca la bolsa en el asiento de ventanilla, y la abre con cuidado. Lleva algo de ropa interior, una camisa limpia y un par de zapatos de vestir, incómodos para viajar, aunque no para los buenos restaurantes. Dentro de uno de ellos está la pitillera que compró en Nueva York. También lleva la caja de música, pero para esta ocasión encuentra la pitillera más apropiada. Mira su reflejo en la cara de plata, la otra es de un cuero marrón muy oscuro. Abre la mesita plegable que tiene frente a él, en el respaldo del asiento de delante, y coloca la pitillera sobre ella mientras juguetea un rato con el encendedor que siempre lleva en el bolsillo derecho del pantalón. Allá vamos. Saca un cigarro. Lo enciende. </p><p><em>(Continúa Juan José Téllez)</em><strong> Juan José Téllez</strong></p><p>Cada día la juventud está más preparada, no cabe duda. La azafata, por ejemplo, debe reunir la nariz de un perfumista o de un bodeguero y el sentido de orientación de los delfines. No tarda treinta segundos en plantarse frente a Aurelio, esta vez sin el gesto cómplice que <strong>Alfred Hitchcock</strong> imprimía a las damiselas de los expresos. Más bien le increpa ahora con cara de Boletín Oficial del Estado: “¿No sabe usted que en los trenes no se fuma?”. El le responde con gesto de sorpresa, como si no hubiera usado el ferrocarril desde la era de los ferrobuses: “Disculpe, señorita”. “Señora —se defiende ella con un feminismo pedestre, de andar por casa y de aguantar muchos piropos de albañiles a su paso por las obras­­— Señora, desde la cuna”.</p><p>El repiqueteo de un teléfono móvil canta segundos fuera. Ella mira hacia donde el guapo que esclaviza a la guapa, que esgrime un <em>aifon </em>de última generación, pulsa la tecla de la llamada entrante y conversa con la contundencia de los empleados de tómbola. La azafata duda entre expulsar al fumador, que tiene un no se qué que le enternece, o recordarle al telefonista que sólo se puede usar dichos artilugios en las plataformas situadas entre vagón y vagón. Sin embargo, la eficaz funcionaria dimite de ambos frentes cuando una voz de tarjeta dorada empieza a lanzar ayes lastimeros desde el servicio.</p><p>El descuidero se vuelve hacia la pareja sadomasoquista de baja intensidad. El nota se levanta, con el portátil en ristre, dando voces, gesticulando como si su interlocutor pudiera verle. Se pierde hacia el otro vagón con la vehemencia de un lancero bengalí que iniciara una carga a sable. Ya no le gusta un pelo. La novia se queda sola pero no parece sola. Le acompaña esa mirada ansiosa que vuelve a clavarse en los ojos de Aurelio, como si le estuviera suplicando huye conmigo hacia un lugar donde pueda jurar que nunca más pasaré hambre; como si le exigiera hazme feliz o hazme el amor de una puta vez, como si le invitara a saltar del vagón en marcha y cruzar la frontera de sus propias vidas.</p><p>— Por favor, caballero, ¿puede usted ayudarme?</p><p>La azafata ha vuelto grupas y reclama a Aurelio que le auxilie como si fuera un trabajo forzoso en justo pago por haber encendido un cigarrillo en un lugar público. Entre él y la joven de la mirada diazepam han pasado ya varios regimientos de ángeles. Se vuelve cabreado por el encanto roto, pero dispuesto a no llamar la atención más de la cuenta: “Lo que usted quiera, señora”. Esta vez ha evitado a conciencia el diminutivo. La expresión le cambia cuando advierte que se trata de ayudar a salir del lavabo a su compañera de asiento, esa dama que seguramente cree que en España sólo existen billetes naranjas y de 140 milímetros de ancho. La puerta del servicio está semicerrada pero por su vano no cabe la anciana. Saca mucho uno de sus brazos, tal que pretendiera que le jalasen y le salvaran de caer por los bloques del Campo del Sur.</p><p>Aurelio intenta tranquilizarla. Le ha dado ya un par de veces al botón automático de la cerradura. Como cuando se atascan las letrinas de La Alameda o del Parque Genovés. No sabe si le molesta más que no haya funcionado de inmediato o que a la azafata ni siquiera le haga falta decirle menudo gilipollas si yo ya lo he probado antes: “¿Ha intentado usted darle a los botones del interior, oiga?”. La devoradora de magdalenas pincha dos o tres veces en ellos, con la misma suerte con que las tragaperras permanecen quietas cuando Aurelio atraganta sus ranuras.</p><p>Kiki llega ladrando con su cadencia bisexual. Su ama taconea detrás de él, se entromete en el grupo, pero con la pericia de un jugador de rugby abandona la melé y persigue al chucho en dirección a preferente. Aurelio decide entonces sacar músculo. Mete su pierna y su brazo derecho por el hueco que le deja la portezuela, a pesar de que le entorpece la maniobra el cuerpo fugitivo de la prisionera del urinario. Hace palanca con todas sus fuerzas y se obra el milagro. La mujer sale al exterior con la misma alegría y la misma angustia que si hubiera podido montarse a tiempo en una de las lanchas salvavidas del Titanic.</p><p>De vuelta al asiento, la recién liberada echa mano al abrigo de su chaquetón y, en lugar de un frasco de sales, saca una petaca con aroma Four Roses. Le pega un lingotazo y lo ofrece a la azafata, que vuelve a ponerse en modo dignidad, eleva la barbilla y le anuncia que está de servicio. Aurelio le acepta el trago, justo cuando la vieja echa de menos su cartera. Aquel cajero de piel cargado de billetes de 50, que tanto le deslumbrase en la cafetería, ha desaparecido. Seguro que se le ha caído dentro del mingitorio, deduce él. Pero —escucha el remoto eco de su padre—­­, seguro no hay nada, salvo la muerte.</p><p>El guapo vuelve con el móvil echando humo. Ahora se parece a <em>El grito </em>de <strong>Edvard Munch</strong>. El político contempla el paisaje con la mirada impenetrable de quien espera a que le preparen un discurso de investidura. Aurelio, en esa nueva encrucijada, se pregunta qué hacer. Quizá daría demasiado el cante si se hiciera el longuis y volviese a por ella. Por un momento, parece que el vagón está lleno de ojos que le vigilan. ¿Qué habría hecho su abuelo, que mangaba carne de bragueta en el matadero?¿Qué haría su papá, que pasó más de una noche en la Prevención cuando le trincaban mangando los hallares a los guiris en las bullas de Semana Santa, las Fiestas Típicas y la Velada de los Ángeles? Jiñarse, hocicar o tirar para adelante. Como los buenos. No le queda otra.</p><p><em>(Lo cierra quien lo empezó, Eduardo Mendicutti)</em></p><p><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p>En el retrete averiado no está la cartera. Alguien, quizás la azafata con ínfulas de señora de toda la vida, ha pegado en la puerta del retrete el correspondiente aviso de “Averiado”, pero, en realidad, averiado solo está el dichoso pestillo, así que Aurelio sabe que si entra y deja la puerta entreabierta no ocurrirá nada incómodo para nadie, ni siquiera si le da un repente y utiliza el váter o el lavabo o el secador de mano.</p><p>De momento, no puede perder ni un segundo en nada de eso. Busca por allí la cartera llena de billetes de cincuenta euros de la señora que viaja a su lado. Pero la cartera no está. Ni siquiera en la papelera rebosante de servilletas de papel mugrientas. A pesar de darle un asco de morir, Aurelio hurga en la papelera, pero nada, la cartera no aparece. No tiene más remedio que lavarse las manos, y le sorprende la voz de falsa señora de toda la vida de la azafata.</p><p>— ¿Es que no ha visto el cartel de “Averiado”?</p><p>— Averiada sólo está la puerta, señora. Déjeme en paz. ¿O es que quiere guerra?</p><p>Aurelio ha pronunciado la palabra “guerra” con un tonillo obsceno que la azafata espanta llamando “imbécil” a aquel pasajero tan maleducado y tan guapo, el bandido, y luego opta por quitarse de en medio porque una señora de toda la vida no puede juguetear con semejantes provocaciones.</p><p>Cuando Aurelio vuelve a su asiento, la muchacha del asiento de atrás le mira a los ojos con esa mirada asfixiada y pedigüeña que, de repente, le da miedo. Al lado de la chica, su novio dormita en una postura que denota tensión, y tiene bien agarrada de la mano a la muchacha. Aurelio comprende que aquella chica está cavilando la mejor forma de escapar. Tiene que olvidarse de la pareja, no tiene él ni cuerpo ni ánimo ni bolsillo para rescatar a muchachas que quizás no estén seguras, la criaturas, de querer que las rescaten.</p><p>En la estación de Sevilla Santa Justa baja la bruja de la perra, o del perro, y se queda unos segundos mirando en dirección al primer vagón de clase turista, justo pasada la cafetería. Aurelio los ve desde su asiento y piensa que seguramente está desperdiciando una excelente oportunidad de aliviar sus agobios de dinero durante unos días, pero el perro o la perra de la bruja parece más necesitado que la propia bruja y eso a Aurelio le da un poco de repelús.</p><p>En la estación de Córdoba se baja el político de derechas, y también se queda mirando unos segundos al primer vagón de clase turista, parece claro que espera que haya suerte y se baje también en Córdoba aquel chulazo tan guapo y tan sexy. Pero el político enseguida se la da vuelta para saludar a un grupito de más políticos de derechas vestidos y peinados todos como <strong>Eduardo Inda</strong>, entre ellos un mozalbete que lleva escrita en la cara y el lenguaje corporal su misión de servirle de descanso del guerrero. Qué pereza, y qué grima, piensa Aurelio.</p><p>Aurelio se tomaría muy a gusto un café. Recuerda que sólo le quedan un billete de veinte euros y unas monedas. Saca las monedas del bolsillo y las cuenta: una moneda de cincuenta céntimos, una moneda de diez céntimos y dos monedas de cinco céntimos. Adivina que no le llegan para un café y no quiere cambiar el billete. Ya se sabe lo que pasa cuando se cambia un billete.También comprende que es un poco precipitado y redundante invitar a la señora de la cartera desaparecida a otro café y más magdalenas, ya se las apañaría él para que al final ella le invitase y, además, podría comprobar si ha perdido o no la cartera. ¿Y si la ha perdido? Le tocaría a Aurelio cambiar el billete para pagar dos cafés y, al menos, otra magdalena. A pesar de eso, cuando ya han pasado Ciudad Real, decide arriesgarse:</p><p>— ¿Quiere un café en la cafetería? Le invito.</p><p>— Gracias, hijo. Ya me lo he tomado. Con una magdalena muy rancia. Y eso que me vendría bien coger fuerzas. Mi hijo y mi nuera me esperan en la estación, pero llevo dos maletas grandísimas y no sé cómo voy a salir con ellas.</p><p>Aurelio vislumbra una posibilidad de algo, no sabe muy bien de qué. Pero una posibilidad.</p><p>— No se preocupe por eso, señora —dice–, yo le ayudo.</p><p>La señora le da las gracias y le dice que va a ser su salvación por segunda vez, y Aurelio comprende que ya la tiene en el bolsillo. Luego, la señora le pregunta si vive en Madrid  y en qué trabaja.</p><p>— Vivo donde puedo, señora —dice Aurelio, y  lo dice de tal modo que sabe que no es necesario añadir más para que la señora lo entienda todo y se compadezca.</p><p>— Pobrecito —dice, en efecto, la señora.</p><p>Así que, cuando el tren llega a Atocha, Aurelio baja las dos maletas de la señora, grandes y pesadas como hormigoneras, y las lleva hasta donde esperan el hijo y la nuera de la buena mujer. El hijo de la señora también va vestido y peinado como Eduardo Inda, y la hija se da un aire a <strong>Cayetana Álvarez de Toledo</strong>. La señora los besa con mucha devoción, como solo una madre puede besar a unos hijos que han llegado a donde ella nunca soñó que pudieran llegar. Luego se vuelve a Aurelio, saca su cartera del fondo del bolso, coge uno de los billetes de cincuenta eros y se lo tiende. Aurelio hace el paripé de resistirse.</p><p>— De ninguna manera, señora —dice—. Ha sido un placer ayudarla.</p><p>La señora insiste sin decir palabra, ante la mirada acalambrada del hijo y la nuera, y Aurelio ya no es capaz de rechazar el billete.</p><p>— Se lo devolveré, señora —balbucea—. Deme su dirección y se lo devolveré.</p><p>— ¡De ninguna manera, mamá! —el hijo salta como la alarma de un coche tanteado por una ganzúa—. Mal está que te pases con las limosnas, pero tu dirección ¡de ninguna manera, mamá!</p><p>Aurelio mira a los ojos al niñato de mierda y sabe lo que tiene que decir y lo que tiene que hacer.</p><p>—  No se admiten limosnas, hijo de puta —dice, y tira el billete a los pies del niñato.</p><p>Luego, se da la vuelta, sube la escalera mecánica, sale de la estación y respira hondo. Un billete de veinte euros, y setenta céntimos en monedas, no dan para mucho. Pero para algo dan. Al menos, para aguantar el tirón con la cabeza alta, seguir intentándolo y llegar de verdad, alguna vez, a cualquier parte. </p><p> <em> </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti / Beatriz Rodríguez / Juan José Téllez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Una paz europea’, de Fruela Fernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paz-europea-fruela-fernandez_1_1127310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/84226138-4845-4e64-8423-2925d5e9945e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Una paz europea’, de Fruela Fernández"></p><p><strong>Una paz europea</strong><strong>Fruela FernándezPre-TextosValencia2016</strong></p><p><strong>Fruela Fernández</strong> (Langreo, 1982) ha publicado su tercer libro de poemas, <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1626" target="_blank"><em>Una paz europea</em></a>, al amparo del Premio Villa de Cox en su edición de 2015. Se trata de un poemario dividido en 15 fragmentos que bien podrían presentarse como poemas en prosa, pero que muestran una disposición formal en la que se alternan cláusulas rítmicas extensas con metros cortos o, simplemente, estructuras libremente ensartadas en una dicción peculiar. Decimos "dicción peculiar" porque el asturiano como lengua está muy presente, y el cruce de las dos lenguas entrecorta por contraste el <em>dictum </em>del poemario, siendo una cosa y la otra al mismo tiempo, otorgándole flexibilidad.</p><p>Tres años después de la publicación de <em>Folk</em>, su anterior poemario también aparecido en Pre-Textos, <em>Una paz europea </em>supone no sólo una suerte de continuación, sino sobre todo una extensión y una línea descrita ya allí que nos habla de una voz que está en proceso de apertura y exploración. A la luz de los<em> cultural studies</em> observamos sin duda una revivificación de ciertas temáticas de índole social, ya sea de denuncia de la actualidad o desde la conciencia de la memoria histórica, sin olvidar una particular preocupación lírica que aparece en pinceladas narrativas ensartadas en un discurso más amplio. La noción de Europa, en sentido goethiano, se postula como marco a partir de la idea de "aldea" o región —en este caso la asturiana—, pues "en los pliegues forman / constelación de aldea" (p. 13). </p><p>La Europa de las regiones está en el fondo, y por eso la figura del abuelo se apodera del relato imprimiendo una personal retroyección a una arcadia que, lejos de ser idílica, nos recuerda al tiempo de la Guerra Civil española (pp. 27-28) o el exilio (pp. 38-39). La figura del abuelo acapara en sí, a lo largo de la cuenca minera «Treinta quilómetros en trescientos años, / como si lleváramos el valle a cuestas.» (p. 11). Y el homenaje a la Guerra Civil aparece de nuevo en "15", la composición que cierra el poemario, con un subtítulo en catalán: "(Plaça del milicià desconegut)" (p. 42). Aunque no deja de haber algún otro retrato de estirpe realista (pp. 18-19) donde aparecen la madre del autor y su abuela: "Pronto el autobús huela a chorizo fresco y a campesino dormido" (ibíd.). </p><p>Pero no dejan de aparecer problemáticas contemporáneas representadas en sirios, libios (p. 41) o kurdos (p. 13) para recordarnos que la paz europea está hecha a base de sangre del resto de pueblos dominados, o a sabiendas de que esos pueblos necesitan una ayuda más allá de la acción humanitaria de las ONG. Por eso dice "No es posible la paz / mientras algún estado / pueda adquirir a otro / por herencia, / cambio, / compra / o donación" (p. 17), y se comprende que "(Y aun así hay paz mientras nos heredan, nos cambian, nos compran, nos donan)" (ibíd.), resaltando las contradicciones de Europa —la que estamos construyendo, hacia la que nos dirigimos— y la modernidad —posmodernidad incluida— que nos ha tocado vivir.</p><p>Contradicción que tiene su crisol en el sujeto poemático, en la propia voz verbal de los poemas, que con la distancia de la tierra propia —las raíces— va adquiriendo perspectiva: "De lejos envejezco / mejor que mi pueblo, // porque no vivo en él puedo serle / amargo / y leal" (pp. 20-21). Europa, en este caso simbolizada por Inglaterra como bien se lee en el poema "12", subtitulado "(El alma inglesa)" (pp. 36-37), en contraposición con Asturias y el valle asturiano: en medio nuestro autor —supongamos— encarna al sujeto poético para hablarnos de nostalgias de vida y quejas sociales como las que se podrían apreciar en <em>Qué verde era mi valle </em>(1941), la inolvidable película de <strong>John Ford,</strong> y que nos recordaría algún fragmento de <em>Una paz europea</em>, como en "11" (pp. 33-35). Fruela Fernández nos ha entregado un libro honesto fruto de una voz en expansión, abierta y madura, y por eso —y otras cuantas cosas más que dejamos para otra ocasión— <em>Una paz europea</em> es un libro importante que queremos recomendar a los lectores.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es profesor de literaturay poeta. Su último libro es </em></p><p><strong>uan Carlos Abril</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby editores, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Una paz europea’, de Fruela Fernández]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Godot sigue sin venir’, de Miguel Albero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/godot-sigue-venir-miguel-albero_1_1127305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3b324dd6-787f-4865-bf85-965db039237e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Godot sigue sin venir’, de Miguel Albero"></p><p><strong>Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera</strong><strong>Miguel AlberoPáginas de espumaMadrid2016</strong></p><p><em>Cada uno desea la espera que no tiene,Apuntándose dichoso a la del prójimoY maldiciendo con saña la que es suya.</em></p><p>Miguel Albero</p><p>En febrero de este año, bajo el sello de la editorial Páginas de Espuma, se publicó el libro<em> Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera</em><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/godot-sigue-sin-venir-de-miguel-albero/" target="_blank">Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera</a>, que hizo merecedor a <strong>Miguel Albero</strong> del VII Premio Málaga de ensayo. </p><p>Para quienes hayan seguido de cerca la producción literaria de Miguel Albero no debe extrañar el (in)genio del autor en diseccionar intuiciones. Ya nos había tomado de la mano con <em>Instrucciones para fracasar mejor</em> (Abada, 2013) y ahora con este vademécum (que en latín es ir conmigo) nos invita a adentrarnos, junto a él, “por las distintas facetas de la espera, por sus muchos meandros y carreteras secundarias, sin dejar de abordar ningún matiz, para terminar por llegar a algunas conclusiones sobre la misma”  y al final ofrecernos algunas pistas que “puedan ayudar a tolerarla mejor, a domesticarla, en todo caso entenderla”.  Nos afirma “la vida es espera, la espera es mala”, verdad tal que parece avistada por la forma en que <strong>René Ménard </strong>describe la experiencia poética: “algo estaba allí, disimulado en nosotros, y unas palabras lo develan”.</p><p>Mucho tiempo ha pasado desde el Génesis 2,17 cuando Dios provocó el primer enredo, al advertir que aquel árbol era, además, el conocimiento. El resto lo sabemos bien. Las cosas dejaron de ser lo que parecen y nacen los motivos de la poesía: el amor, la muerte, la vida. Entretanto, las palabras maduran del mismo modo, como refiere la filosofía <strong>Tao Te Ching</strong>: “el espacio vacío es donde la vasija es útil”. Así, la espera no es suma de acepciones, sino el gran denominador. Nacemos gracias a una espera y esperamos la muerte. Entre lo uno y lo otro, “Penélope, la espera eres tú”, escribe Miguel.</p><p>Invita a reunirse entre sus páginas a la memoria heredada de <strong>Beckett</strong>, <strong>Homero</strong>, <strong>Machado</strong>, <strong>Calderón de la Barca</strong>, <strong>Ciorán</strong>, <strong>San Agustín</strong>,<strong> Philip Larkin</strong>, <strong>Ángel González</strong>, <strong>Cortázar</strong>, <strong>Eliot</strong>, <strong>Séneca</strong>, <strong>Jaime Sabines</strong>, <strong>Victor Hugo</strong>, <strong>Jules Renard</strong>, <strong>Bertolt Brecht</strong>, <strong>Kavafis</strong>, <strong>Tolstói</strong>, <strong>Kafka</strong>, por nombrar solo algunos de muchos más, para que dialoguen con la espera como un recurso: evaluar las relaciones del poder y la espera, guardar la espera esperanzada, esperar al mesías, sobrevivir a la espera angustiosa, a la espera existencial y a lidiar con las esperas deliberadas.  </p><p>Al terminar el viaje, lo mismo que regresar a las Ítacas, llegarás rico en cuanto has disfrutado y vivido. Godot posiblemente no venga nunca. Pero lo justifico con los siguientes versos de <strong>Miguel Barnet</strong> transcritos en el <em>Vademécum</em>: </p><p><em>Pero no vengas, Porque yo lo que quiero realmente Es esperarte.</em></p><p><em>*Rolando Kattan, hondureño, es poeta. Su último libro es </em></p><p><strong>Rolando Kattan</strong>Animal no identificado<em> (2013).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Roberto Kattan]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Godot sigue sin venir’, de Miguel Albero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Gotas de Sicilia’, de Andrea Camilleri]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gotas-sicilia-andrea-camilleri_1_1127301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2e224d8d-df8b-4f42-a7ee-f17a66663937_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Gotas de Sicilia’, de Andrea Camilleri"></p><p><strong>Andrea Camilleri</strong><strong>Gotas de SiciliaGallo NeroMadrid2016</strong></p><p>Hay escritores conocidos por sus criaturas literarias. <strong>Vázquez Montalbán</strong> irá por siempre unido al nombre de Carvalho, como <strong>Miguel de Cervantes</strong> lo está a Quijote y Sancho o <strong>Conan Doyle</strong> a Sherlock.  Apasionantes binomios, trinomios. También hay criaturas que devoraron a sus padres, como Pinoccio, Alicia o Frankenstein. En todo caso, el éxito de un personaje, si no termina por oscurecer a su autor, pone en umbría el resto de su producción, y por extensión sus fuentes, sus trabajos experimentales, sus caminos menos conocidos. La poesía de <strong>Stevenson </strong>o de <strong>Nabokov </strong>caen bajo la sombra del Doctor Jekyll, John Silver y Lolita. Por eso, aunque <strong>Andrea Camilleri </strong>nos dio a Montalbano, hay más literatura, y mucha más Sicilia, más allá del comisario. <a href="http://www.gallonero.es/gotas-de-sicilia/" target="_blank"><em>Gotas de Sicilia</em></a> es un librito publicado por Gallo Nero, en arriesgada y exitosa traducción de <strong>David Paradela</strong>, que ha sido recientemente publicado en la colección piccola.</p><p>Nacido en Porto Empedocle, 1925 (es decir, entrando en la décima década de vida), Camilleri forma parte de una maravillosa generación de escritores sicilianos. Con él forman una tríada asombrosa el enorme <strong>Leonardo Sciascia</strong> (1921-1989) y el sorprendente <strong>Gesualdo Bufalino</strong> (1920-1996). Camilleri practica una pasión casi prohibida, a la que muchos novelistas ponen mala cara: participar de la novela de género, practicar la saga continuada que fideliza lectores. Por eso no emplea el bisturí de Sciascia ni el vuelo majestuoso de Bufalino. Con ese fin creó a Montalbano —comisario que debe su nombre al maestro Manuel Vázquez Montalbán—, un tipo que vive entre Vigàta y Montelusa, ficticias denominaciones del propio Porto Empedocle y Agrigento, quizá Ragusa. Estas novelas suceden en una cercana época, con móviles, ordenadores, televisiones locales; pero sí, y siempre, en amables <em>trattorias</em> con suculentos menús, personajes con reservado acento siciliano, cordiales cafés de media tarde y señores oscuros que dirigen el tejemaneje de la política y la realidad social.</p><p>Camilleri debe su fama a las aventuras de Montalbano y sobre todo desde que la RAI las llevó a la televisión, cosa que sucede casi anualmente desde 1999, pero tiene predilección por los ires y venires de un Sur que finalmente tomó el tren de la modernidad. Camilleri celebra Sicilia en varios libros memorables donde recoge el choque del progreso con la isla secularmente atrasada, sometida con toda naturalidad a la mafia. En España se ha publicado parte de ese universo siciliano como <em>La Pensión Eva</em> o <em>El movimiento del caballo</em>, y su muy merecida, reconocida y deliciosa <em>La concesión del teléfono</em>.</p><p><em>Gotas de Sicilia</em> fue publicado en Italia, originalmente, en 2001 como una breve colección de relatos que habían ido apareciendo en diversos medios en la década anterior. En ella Camilleri presenta cuentos y argumentos, concebidos algunos en los albores de la literatura camilleriana. Ahora, la publicación de Gallo Nero nos recobra al Camilleri brillante que cosecha Sicilia.</p><p>La colección es tan variada como deliciosa. Comienza con un discurso siciliano, sobre el que el traductor David Paradela trata en la nota final, inevitablemente. Ha afrontado el reto de traducir esa mixtura de dialecto e italiano que muestra el monólogo titulado <em>El tío Cola</em>, "pirsona limpia", donde el autor rememora (jura que es verídico) el discurso en confianza de un jefe mafioso (Nicola <em>Nick </em>Gentile), un tipo cuya vida recuerda a la de Lucky Luciano, pues como este volvió de EEUU a Italia para ayudar a las tropas norteamericanas en su desembarco siciliano y colaboró en la <em>Operación Husky</em>. Resaltamos la gran creación del traductor, el esfuerzo cristalizado en un parlamento vivaz y lustroso.</p><p>Le sigue un relato donde se rememora la infancia en Sicilia y el descubrimiento de la literatura en casa de <em>uzz'Arfredo</em>, un relato trabajado desde la sinceridad y donde se vive el homenaje a los grandes novelistas –<strong>Conrad</strong>, <strong>Maupassant</strong>, <strong>Melville</strong>, <strong>Flaubert</strong>, <strong>Dumas—</strong> que aguardaban a los adolescentes en las bibliotecas de sus mayores y que son la herencia recibida por el propio Camilleri.</p><p><em>El vino gusta a san Caló </em>es una parte revisada de una novela de 1978 (<em>El curso de la cosas</em>) y un fresquísimo panorama de la devoción sureña y el difícil encaje de tradición y religiosidad, tan propio del Mediterráneo. Para muchas personas del Norte, esa convivencia entre costumbre pagana y religiosidad, plasmado sobre todo en las romerías, las procesiones de patrones, y por supuesto en la Semana Santa, es un hermético misterio o una chifladura. Pero quienes vivimos el Sur sabemos que es perfectamente compatible ser del Betis, concejal comunista y cofrade de la Macarena, en una suerte de conjunción ideológica que tiene mucho de alineación planetaria. Esta confluencia, muestra bien Camilleri, no solo puede generar una justificada extrañeza en el juicio del foráneo, sino que exige un continuo equilibrio y desequilibrio entre la religión formal y litúrgica, vertical y correcta, de la Iglesia Católica y el acervo pagano, callejero, social, colectivo y jaranero de la celebración popular. Uno lee el relato y puede sustituir a San Calogero por la Virgen del Rocío o por cualquier cristo de la Andalucía subbética, interior y mítica.</p><p><em>Los primeros comicios</em> es otra parábola sobre la fortaleza de las imágenes religiosas, y sobre cómo un cristo hizo que la candidatura comunista ganase las elecciones en el pueblo de Camilleri en el año 1947. Un ejemplo más de la línea abierta por el anterior relato donde los aparentes choques culturales son balanceos armoniosos, muy alejados del mundo partido en dos y del tono anticomunista de los relatos de <strong>Guareschi </strong>que protagonizaron Don Camilo y el alcalde Peppone.</p><p>La tendencia de <strong>Borges </strong>a la falsa biografía, a la investigación de hechos fantásticos o irrelevantes con la aplicación de las más depuradas y científicas técnicas, parece apadrinar la <em>Hipótesis sobre la desaparición de Antonio Patò</em>, relato que fecundaría el libro <em>La desaparición de Antonio Patò</em> (Mondadori, 2000). Camilleri cita por segunda vez a Sciascia y trata un hecho intrascendente con la seriedad de un historiador para, cómicamente, deshacerse de las explicaciones más sencillas y dejar arrinconada la navaja de <strong>Ockham</strong>. De nuevo Viernes Santo, de nuevo la expresión popular preñada de afanes aparentemente religiosos deviene en asuntos más terrenales que divinos. Fascinante la explicación de la arquitectura teatral, su sagaz vinculación con <strong>Escher </strong>y la escalera de Penrose.</p><p>El sencillo microcuento <em>El sombrero y la boina</em> es de un nítido simbolismo que insiste en la resignación y entrega de los serviles hacia los poderosos, como sucede ante los bancos y la mafia, y finalmente, <em>Andanzas de un lunario</em> presenta las vicisitudes de la prensa tradicionalista y antropológica de la época fascista, de cómo el <em>Almanacco per il popolo siciliano</em> derivó en el <em>Lunario siciliano</em> "periódico literario atento a los valores y las aportaciones isleñas". No exento de cierto humor y guasa, Camilleri entrelaza el espíritu de toda la colección de relatos, de estas gotas sicilianas, en una frase que hace manifiesto el contraste Norte-Sur que ha inspirado la muestra: "Es hora de repudiar la mitología del Norte que redime al Sur", aforismo apuntado al hilo de la propuesta del periodista <strong>Telesio Interlandi </strong>(quien posteriormente "caería en la aberración antisemita") de que los italianos le den la vuelta al mapa, queden los Alpes en la base y tenga por cielo el Mediterráneo. Esto es, arriba Sicilia.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Recientemente ha participado en </em><strong>Alfonso Salazar</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/06/soy_mas_series_49331_1821.html" target="_blank">Yo soy más de series</a><em> (Esdrújula, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Gotas de Sicilia’, de Andrea Camilleri]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Novela negra,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sentido-vida-general-trabajo-particular_1_1127293.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/95290201-7e20-411f-b07d-665cb292a6a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular’"></p><p><strong>Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular</strong><strong>Yun Sun LimetErrata naturaeMadrid2016</strong></p><p>Un mal necesario. Un castigo divino. Una actividad que dignifica nuestra existencia, o que la enturbia. Una ocupación inevitable. Un alivio. Múltiples definiciones en torno a una sola palabra: <em>trabajo</em>. Percibido como una carga cuando se tiene en exceso, anhelado cuando se pierde, estimulante para algunos, insoportable para otros tantos. En condiciones que se consideran ideales, le dedicamos un tercio de nuestro tiempo diario; sin embargo, pese al papel protagónico que le otorgamos en nuestras vidas, rara vez reflexionamos sobre él a fondo. “Uno lo hace por costumbre y para no pensar”. Así le explica Colin a Chloé —los protagonistas de la disparatada pero lúcida novela de <strong>Boris Vian</strong>, <em>La espuma de los días</em>— por qué tanta gente acepta, sin cuestionarlo, el dogma de que el trabajo es bueno, sagrado, lo mejor que hay, en lugar de pensar en cómo librarse de esta obligación. Basta con una interrupción de la cotidianidad, un desvío de la costumbre, para que la maquinaria del pensamiento eche a andar y nos lleve a parajes todavía no explorados. Para <strong>Yun Sun Limet</strong>, el detonante de toda una serie de reflexiones en torno al trabajo fue la enfermedad que la condenó a pasar una larga estancia en el hospital. La quietud impuesta la llevó a replantearse ese elemento tan presente en su vida que, hasta el momento de su total ausencia, había pasado prácticamente inadvertido.</p><p><a href="http://erratanaturae.com/libro/sobre-el-sentido-de-la-vida-en-general-y-del-trabajo-en-particular/" target="_blank"><em>Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular</em></a> tiene título de tratado, pero no hay en él ni pizca de exhaustividad. La erudición de Limet —quien, además de escribiendo, ha pasado sus días editando las obras de otros y estudiando en profundidad a autores como <strong>Jacques Derrida </strong>y <strong>Maurice Blanchot</strong>— aparece destilada en los correos electrónicos que, durante el tiempo que dura su ingreso, les escribe a tres de sus amigos; entreverada con sus pensamientos más íntimos, con sus miedos e inquietudes ante la gravedad de su estado. No pretende ser sistemática  ni panfletaria en sus alegatos, no quiere persuadir, tan solo conversar. Atisbar, quizá, en el intercambio con los otros ciertas cuestiones que la enfermedad ha tornado súbitamente importantes. ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo ser libre? ¿Cómo alcanzar la felicidad? ¿Es posible hacerlo? Y, sobre todo, ¿qué papel juega el trabajo en esta búsqueda? ¿Por qué una actividad por medio de la cual nos ganamos la vida contribuye también a que la perdamos?</p><p><strong>Rose</strong>, <strong>Grégoire </strong>y <strong>Madeleine</strong>, los destinatarios de estas treinta y nueve cartas, no son dentro del libro más que vacíos, huecos entre una misiva y otra por los que, de vez en cuando, se intuye alguna pregunta, se cuela el eco de alguno de sus comentarios. No sabemos apenas nada sobre estos tres interlocutores, pero a través de ellos sí vamos conociendo a la autora; esta utiliza la singularidad de la relación epistolar que mantiene con cada uno para definirse poliédricamente. Por medio de Rose accedemos a su versión más vulnerable, que expresa dolor, sufrimiento, nostalgia, que mira el mundo como si fuera a serle arrebatado y teme que así sea, pero que también teoriza sobre el tiempo que el trabajo le ha robado a la vida y las contradicciones que esta terrible constatación le generan. La correspondencia con Grégoire ahonda en esa vertiente teórica: carta a carta, la estudiosa Yun Sun Limet va hilvanando, como quien imparte la lección, una historia del trabajo que comienza en la maldición lanzada sobre Adán y Eva (“ganarás el pan con el sudor de tu frente”, Génesis 3:19) y llega hasta la pesadilla burocrática vivida y narrada por <strong>Kafka</strong>, una figura que le sirve para esbozar, aun de pasada, la intrincada relación del escritor con su trabajo. Mientras tanto, los correos a Madeleine son escasos, pero indispensables para llevar a tierra las reflexiones anteriores. Élise, la hermana de esta amiga, ha perdido su empleo, y Limet le escribe para expresar sus condolencias, enmarcando su desgracia en un drama aún mayor: aquel que supone habernos convertido en recursos humanos en pos del beneficio económico, la despersonalización e intercambiabilidad a la que estamos sometidos dentro del mundo laboral. </p><p>Lo personal, lo teórico y lo —terriblemente— real coexisten, pues, en este puñado de páginas. Tres dimensiones que se entretejen para hacer frente a un único miedo: la muerte como horizonte tangible para la enferma. Allí, al borde de un tiempo que se considera demasiado corto y cuyo fin se teme, se extrañan las horas desperdiciadas en un trabajo que, si bien quiere colmar las necesidades materiales, no satisface las verdaderamente esenciales, no responde a la búsqueda de un sentido. </p><p>El gesto de Limet no responde a la rebeldía indolente y oblomovista que podemos encontrar en los diarios de <a href="http://www.pepitas.net/autor/i%C3%B1aki-uriarte" target="_blank">autores como </a><strong>Iñaki Uriarte</strong> —rentista confeso que se jacta de haber cumplido al menos una promesa en su vida: no volver a levantarse a las ocho de la mañana— o <strong>Mario Levrero</strong> —cuya adicción a los juegos de ordenador le lleva a dormitar hasta pasado el mediodía y postergar indefinidamente cualquier tipo de obligación cotidiana—; tampoco es la suya una propuesta programática en contra de la servidumbre asalariada, como lo fueron <em>El derecho a la pereza</em> de <strong>Paul Lafargue</strong> o, más recientemente, <em>La abolición del trabajo </em>de <strong>Bob Black</strong>. De su escritura, por el contrario, brotan interrogantes, anidan en ella contradicciones no resueltas que hacen bascular a la autora entre posturas enfrentadas. “Todas esas horas consagradas a otros, en beneficio de otros, que tanto he lamentado durante mis tristes noches de hospital, frente a los sin duda pocos años que me quedan por vivir, frente a esos instantes arañados, esos intersticios consagrados a la escritura, finalmente eran necesarias. Ya no las echo en falta. Ellas han hecho posible la escritura de este texto. Hacen posible también la escritura”.</p><p>Vano consuelo es, quizá, pensar que el ocio —escribir, jugar, llevar a cabo cualquier actividad libremente elegida— solo puede surgir de la confrontación con el negocio (cuando, en realidad, este último surge de su negación: <em>nec-otium</em>, el no-ocio). Más sencillo, sí, que imaginar un mundo no diseñado en función del trabajo, un universo invertido en el que los instantes lúdicos no deban abrirse camino entre las rendijas previstas por el sistema laboral, sino que impregnen por completo nuestro tiempo. Porque finalmente de lo que estamos hablando es de él: un bien inmaterial que vamos regalando, dejándonos robar, sin percatarnos de su pérdida hasta que el agotamiento es inminente. “Nadie volverá a recorrer tus años, nadie te entregará a ti mismo; la marcha de tu existencia proseguirá sin remontar o interrumpir su curso; no hará ruido, no te advertirá de su rapidez; transcurrirá silenciosa”, advierte <strong>Séneca </strong>en <em>De brevitate vitae</em>. Yun Sun Limet le sirve de altavoz para sus advertencias: que el tiempo (y el trabajo) pasen con estruendo, que voceen, que hagan ruido. Que no seamos capaces, ni en un solo momento, de pasar por alto su marcha incesante.</p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía. </em></p><p><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La intriga como una de las bellas artes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/intriga-bellas-artes_1_1127290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/119d1557-9ac7-4723-9302-451a8f622e92_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La intriga como una de las bellas artes"></p><p>Una de las acepciones de la palabra intriga es “gran curiosidad o interés que despierta algo”. La interrogación que se nos abre en la primera página de un libro es como hilo de Ariadna que irá conduciendo la lectura hasta atraparnos en el centro del laberinto. Ya sea el libro un tratado filosófico, un ensayo científico, o una novela policíaca, es la intriga suscitada lo que le hará merecedor de ser leído con placer y provecho. Según eso, todo buen escrito debe tener los ingredientes de una novela de intriga. O mejor, de los relatos. Son impecables en su estructura. El cálculo de la acción, la aparición controlada de indicios, el equilibrio entre la demora de las expectativas o la aceleración de las resoluciones, la sorpresa sin evidenciar el truco, las pistas verdaderas o falsas sin trampear, el cierre perfecto de la trama… es lo que los hace consistentes y veraces. <em>Un extraño viajero</em>, la nueva novela de <strong>Manuel Rico </strong>(Algaida, 2016)<em>, </em>reúne todo esto, lo que la convierte en una novela de suspense, pero es algo más.</p><p>  </p><p>En la primera novela que leí de <strong>Agatha Christie</strong>, había una frase que me impresionó bastante aunque en aquel entonces no pude comprenderla en toda su verdad. Hablaba de la cantidad de vida activa que hay en una gota de agua estancada comparándola con la pretendida tranquilidad de la vida en el campo. Cierto que en la obra de Agatha Christie se habla de odios enconados que se resuelven en el asesinato, como es de esperar en sus novelas, y no es el caso en la novela que nos ocupa; aquí no ocurren grandes dramas en el presente narrativo, aunque se desencadenan una serie de mini conflictos entre la convivencia obligada e insoslayable de un entorno endogámico, que ilustran muy bien la metáfora del agua. Pero sobre todo, hay dramas dormidos que en cualquier momento pueden despertarse.</p><p><em>Un extraño viajero</em>, tiene como principal escenario una casa rural y su motivación se fundamenta en el revulsivo que supone la irrupción de un elemento ajeno en un medio compacto y previsible. Como cuando se perturba la superficie del estanque y afloran lo que se había sedimentado mediante años de quietud. Pero, ¿qué tiene de extraño este personaje y su conducta? El hecho de que un viajero llegue a un hotel no tiene nada de particular, puesto que ese sería su destino previsto. Sin embargo, a partir de ahí se desarrolla toda una trama de sospechas e indagaciones que van revelando un pasado que sigue pesando en la memoria colectiva. Esos secretos y medias verdades que conforman el ambiente enrarecido de las comunidades pequeñas no son sino el coste que hay que pagar para convivir. Mientras todo quede en casa, todo estará bien. No se pueden mantener unas relaciones medianamente pacíficas de vecindad si no se mantiene cerrada la caja de Pandora a base de fingir olvido y rumiar clandestinamente venganzas, a menudo irrealizables.</p><p>Lo que sucede en el pueblo imaginario de Brezo es común a cualquier pueblo del mundo más de lo que se admite, pero si ese pueblo está situado en el territorio español, las historias personales a menudo pasan a formar parte de la Historia con mayúsculas que se nos ha prohibido conocer. Esa doble vertiente la cumple Lucía, la protagonista, cuando inicia las investigaciones sobre su huésped misterioso. Sus razones al principio son estrictamente personales y están centradas en el fotógrafo extranjero que dice llamarse Salko Hamzic. Pero lo que va descubriendo es una historia que trasciende los límites individuales para configurar un amargo episodio histórico. Un episodio nuestro. De pronto, lo que le pasa a Lucía se convierte en lo que nos ha pasado a nosotros como país. Y ahí es, a mi modo de ver, donde radica el interés y la curiosidad que suscita la novela de Manuel Rico. Porque aunque es una obra de ficción, lo que subyace en ella no lo es. Y la novela pasa de ser un entretenimiento a ser un documento necesario. No hay que pensar en el entretenimiento como algo peyorativo: el entretenimiento, como la intriga, es indispensable. El aprendizaje va unido al entretenimiento. Un juguete, si no es entretenido, no puede ser educativo; y un libro, si no te entretiene, si no te divierte, como diría<strong> Teresa de Jesús </strong>y sus coetáneos, no tiene mucho futuro.</p><p>Aunque me he estado refiriendo a la investigación en singular, en realidad en la novela existen diferentes pesquisas. La investigación de un accidente que inicia la Guardia Civil, la de Lucía respecto al fotógrafo extranjero y la que se va desarrollando como consecuencia de la exposición de sus fotografías.</p><p>Me gustan los enigmas porque me atrae el misterio, siempre que el misterio obedezca a las leyes de un universo coherente. Por eso me gusta la investigación. Me tranquiliza encontrar una explicación a las cosas y a los hechos y saber que lo que parece más descabellado puede contener un relato interno más o menos razonable. En este libro, Manuel Rico nos propone su rompecabezas, su misterio, su investigación y su lógica; os animo a leerlo.</p><p>Así como los hechos que subyacen en la novela son ciertos, no todos los personajes que se mueven entre sus páginas son de ficción. Esta inserción de realidad en una novela le otorga un plus de credibilidad a lo que allí se narra. La biografía del escritor <strong>Humphrey Slater</strong> no es menos misteriosa que la de <em>Un extraño viajero,</em> y si hay misterios que suceden en la vida real, qué no puede suceder en la literatura. No pienso añadir nada más al respecto. Os dejo esta incógnita.</p><p>Es difícil hablar sobre una novela cuya característica principal es un misterio por resolver, pero a la vez supone un ejercicio poético donde lo que no dicho adquiere más valor que lo que se dice. Aquí pasa igual: hay que cuidar la información que se escatima y la que se ofrece porque no quisiera hablar en abstracto y sin embargo, cualquier palabra de más puede hacer peligrar la sorpresa lectora. Lo mejor de este tipo de obras es el participar de la ignorancia previa de los personajes para poder compartir sus descubrimientos con el mismo asombro.</p><p>He hablado antes de la mezcla de realidad y ficción por un lado y por otro de mi gusto por los rompecabezas. La vida diaria está lleno de ellos, lo que pasa es que no siempre le ponemos atención. Os pondré unos ejemplos para concluir. Justo antes de iniciar la lectura <em>Un extraño viajero</em> conocí el valiente y conmovedor testimonio de <strong>Francisca Adame</strong>, hija y hermana de presos políticos, o mejor, de esclavos que construyeron el Canal del Bajo Guadalquivir. Francisca, que a la edad de sesenta y pico años aprendió a leer y a escribir, dedicó sus letras recién estrenadas para dar voz a los presos que alzaron los muros del canal. Recorrió los foros de la Memoria Histórica, publicó libros con sus estremecedores romances y hasta su muerte divulgó loa atropellos que vivió en primera línea.</p><p>Por si esto no fuera suficiente coincidencia, el mismo día en que me reuní con <strong>José María Merino</strong> y Manuel Rico para hablar de la presentación de <em>Un extraño viajero</em>, leí la noticia sobre el pantano de Cenajo, en Murcia, y el empeño del Ayuntamiento de Moratalla para que se quite la vergonzosa placa conmemorativa de la inauguración. En el 2014, el pleno municipal de Moratalla acordó que se pidiera su retirada y así lo solicitó a la Confederación Hidrográfica del Segura, sin que hasta la fecha se haya acusado recibo.</p><p>Esta parte silenciada que está empezando a reconstruirse gracias a la Ley de la Memoria Histórica es uno de los mimbres que sostienen <em>Un extraño viajero</em>. Se trata del embalse de Riosequillo. Durante los años 45 y 58 del siglo XX, un destacamento de presos políticos fue obligado a levantar los muros del embalse con el pretexto de redimir condena. Las obras acometidas eran, en muchos casos, una compensación a los terratenientes que apoyaron la sublevación militar.</p><p>Estas y otras piezas dispersas y a menudo ocultas, son las que debemos ir descubriendo, juntando y encajando hasta construir un nuevo mapa de nuestra historia. Todas las aportaciones a esta tarea de recuperación de la verdad son imprescindibles, y es por eso que le doy a Manuel Rico las gracias.</p><p><em>*Ana Rossetti es escritora. Su último libro es </em><strong>Ana Rossetti</strong><a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2016/01/deudas-contraidas-ana-rossetti.html" target="_blank">Deudas contraídas</a><em> (La Bella Varsovia, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Rossetti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La intriga como una de las bellas artes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[“La llibertat”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llibertat_1_1127285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/67a7168e-d02b-4bc4-ba32-198f98cb69f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La llibertat”"></p><p>Joan Margarit recita su poema "La llibertat".</p><p><strong>La llibertat</strong></p><p>La llibertat és la raó de viure,</p><p>dèiem, somniadors, d'estudiants.</p><p>És la raó dels vells, matisem ara,</p><p>la seva única esperança escèptica.</p><p>La llibertat és un estrany viatge.</p><p>Són les places de toros amb cadires</p><p>damunt la sorra en temps d'eleccions.</p><p>És el perill, de matinada, al metro,</p><p>són els diaris al final del dia.</p><p>La llibertat és fer l'amor als parcs.</p><p>La llibertat és quan comença l'alba</p><p>en un dia de vaga general.</p><p>És morir lliure. Són les guerres mèdiques.</p><p>Les paraules República i Civil.</p><p>Un rei sortint en tren cap a l'exili.</p><p>La llibertat és una llibreria.</p><p>Anar indocumentat. Són les cançons</p><p>de la guerra civil.</p><p>Una forma d'amor, la llibertat.</p><p><em>*Joan Margarit es poeta. Su último libro es </em><strong>Joan Margarit</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/amar-es-donde.html" target="_blank">Amor es dónde</a><em> (Visor, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joan Margarit]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“La llibertat”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las grandes pasiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/grandes-pasiones_1_1127266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/653ccdeb-c94a-4cfc-9e8c-da9a9e0acbaf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las grandes pasiones"></p><p><em>Los responsables de la libería Antonio Machado (Madrid) recomiendan algunas de las novedades que más les han interesado en los últimos meses.</em> <strong>Y eso fue lo que pasóNatalia GinzburgAcantiladoBarcelona2016</strong></p><p><em>Y eso fue lo que pasó</em></p><p>"Durante generaciones y generaciones—observa<strong> Italo Calvino</strong> en el prólogo de esta edición—lo único que han hecho las mujeres de la tierra ha sido esperar y sufrir. Esperaban que alguien las amara, se casara con ellas, las convirtiera en madres, las traicionara. Y lo mismo sucedía con las protagonistas de <strong>Ginzburg</strong>". Publicada en 1947, <a href="http://www.acantilado.es/catalogo/y-eso-fue-lo-que-pas-761.htm" target="_blank"><em>Y eso fue lo que pasó</em></a>, la segunda novela de Natalia Ginzburg, es la historia de un amor desesperado; una confesión, escrita con un lenguaje sencillo y conmovedor, de la desgarradora lucidez de una mujer sola que durante años ha soportado la inﬁdelidad de su marido y cuyos sentimientos, pasiones y esperanzas la abocan a extraviarse inexorablemente.</p><p><strong>El Bosco al desnudo: 500 años de controversia sobre Jheronimus Bosch</strong><strong>Henk BoomAntonio MachadoMadrid2016</strong></p><p>A través de distintas perspectivas, a veces encontradas, se nos da una imagen completa de un artista decisivo. ¿Vidente o alquimista, surrealista o moralista, católico o hereje, holandés o flamenco? Quinientos años después de la muerte de <strong>El Bosco</strong> en 1516 seguimos sin saber quién era Jheronimus Bosch, ni siquiera estamos seguros de su nombre. Y pese a ello, la obra de este mítico pintor sigue despertando admiración y asombro, al tiempo que se suceden las publicaciones de historiadores del arte, novelistas, teólogos, filólogos, psicólogos y filósofos que intentan explicarla. Durante la larga andadura previa a la <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/el-bosco-la-exposicion-del-v-centenario/f049c260-888a-4ff1-8911-b320f587324a" target="_blank">exposición del V Centenario de Bosch en el Museo del Prado de Madrid</a>, <strong>Henk Boom</strong> ha seguido el rastro de todas esas interpretaciones y controversias, y a través de diversas entrevistas y el estudio de archivos nos descubre una extraña historia rodeada de mística y misterio. Una controversia que acompaña a El Bosco desde hace ya cinco siglos.</p><p><strong>En la niebla</strong><strong>Richard Harding DavisArdiciaMadrid2015</strong></p><p>La noche posterior a la gran niebla de 1897, en el club para caballeros más exquisito del mundo, el londinense The Grill, cinco de sus socios tratan de reconstruir con sus respectivos testimonios las piezas de un doble asesinato. Una casa perdida en la bruma, un explorador del continente africano que regresa de entre los muertos, una princesa rusa con un escandaloso pasado y un resolutivo detective de Scotland Yard serán los principales protagonistas del misterioso suceso.</p><p><a href="http://www.ardiciaeditorial.es/libros/1806/" target="_blank"><em>En la niebla</em></a> (1901) es una original novela de detectives en la que el autor, en un ingenioso ejercicio literario adictivo como un rompecabezas, urde con inteligencia una entretenidísima historia que, siguiendo paso a paso cada uno de los meandros de la investigación hasta desembocar en el sorprendente giro final, mantendrá en vilo al lector en todo momento.</p><p><strong>Huérfanos de Dios</strong><strong>Marc BiancarelliArmaeniaMadrid2016</strong></p><p>¿Se puede elaborar un <em>western</em>, un <em>Sin perdón</em>, en Córcega? Decidida a vengar a su hermano, a quien unos sanguinarios bandidos conocidos como los Santa Lucia han arrancado la lengua y desfigurado, Vénérande, una joven campesina de corazón árido, contrata los servicios de LiInfernu, un asesino a sueldo conocido por su salvajismo, y se embarca con él en una sangrienta épica por las montañas de la Córcega del siglo XIX.</p><p>Mientras cabalgan hacia la guarida de los Santa Lucia, L'Infernu relata a su discípula su antigua afiliación al ejercito de los insumisos, un grupo de mercenarios sin religión ni ley prestos a confundir patriotismo y gestas guerreras con el pillaje indiscriminado, que sembraban el terror y el caos en valles escarpados, pueblos diezmados, burdeles inmundos y pantanos infestados.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Antonio Machado en la calle Fernando VI, 17, de Madrid y en su página web.</em><a href="http://www.machadolibros.com/" target="_blank">su página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aldo García]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las grandes pasiones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Librerías,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 20]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una poesía documental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-documental_1_1127263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d1bcb72-0000-421a-bc4e-e40cc05c1be8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una poesía documental"></p><p>Para <strong>Mario Bojórquez</strong>, la poesía actual camina “por senderos que incluyen la perplejidad del pensamiento simultáneo, la velocidad del video digital, la desdoblada e infinita conectividad del hipervínculo”. Cuando leemos esta declaración no podemos dejar de pensar en su propia poética, pues de un libro a otro Mario Bojórquez nos presenta una amplitud de registros líricos; por eso, cuando afirma que los procedimientos de la  poesía actual “encarnan, en lo posible, la velocidad de los procesos tecnológicos al mismo tiempo que solventan una crisis de la identidad”, sabemos que habla de su propia búsqueda.</p><p>En <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/memorial-de-ayotzinapa.html" target="_blank"><em>Memorial de Ayotzinapa</em></a> (Visor, 2016), su más reciente libro, recurre a diversas fuentes documentales: el mito prehispánico del origen del hombre del<em> Manuscrito de 1558</em>, así como la cobertura periodística hecha por el semanario <em>Proceso </em>de los acontecimientos del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, en Iguala (Guerrero), además de los distintos videos que existen de esa noche. En el poema también hace referencia a la llamada “verdad histórica”, versión de los hechos que fuera divulgada por el gobierno federal. Todos estos documentos le permiten reconstruir la noche de los <a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2015/09/24/ayotzinapa_ano_injusticia_38081_1023.html" target="_blank">ataques a los 43 normalistas desaparecidos</a>, alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa. </p><p><strong>Apuntes sobre poesía documental</strong></p><p>En 1973, el poeta norteamericano <strong>Ed Sanders</strong> publica su famoso ensayo<em> Investigative poetry</em>, en el que expone que “el contenido de la historia puede volverse poesía”, pero además hace una descripción de las diferentes técnicas formales de las que puede echar mano un poeta documental. Sanders afirma: “Esta poesía avanza, y en mi opinión, tiene que iniciar el viaje hacia la descripción de la realidad histórica” y más adelante, en relación con “Los cantos” de <strong>Ezra Pound</strong>, dice que “versos de belleza lírica descienden desde un conjunto de datos.” </p><p>Para Sanders, el poeta contemporáneo debe ser un investigador de archivos, cuyos modelos más emblemáticos serán el extenso poema “Paterson” de<strong> Willliam Carlos Williams </strong>y “Los cantos” Ezra Pound, lo que no sólo significa volverse un erudito sino un experto en pesquisas documentales, un curador y un artista del <em>collage</em>, con la capacidad de incorporar el discurso periodístico o la apropiación de textos de las más variadas procedencias. Asimismo, Sanders expone la manera en que este procedimiento documental se debe amalgamar con el “uso de todas las habilidades poéticas, metros y métodos de las últimas cinco o seis generaciones”. </p><p>Todas estas estrategias discursivas deben ir dirigidas a construir poemas o libros de poemas que, además de ser obras de arte verbal, denuncien las políticas o acciones autoritarias, la represión policial o la hipervigilancia de las sociedades capitalistas. Los diferentes procedimientos mencionados por Sanders facilitan la descripción de la realidad histórica, a la vez que se construye una poesía que denuncia y cuestiona la realidad. </p><p>Estos procedimientos documentales se pueden rastrear en la poesía mexicana desde los años setenta; por ejemplo, en “Manuscrito de Tlatelolco” (1978) de José Emilio Pacheco, y actualmente en libros como <em>Memorial de Ayotzinapa</em>, de Mario Bojórquez.</p><p>Poema y memoria </p><p>El poema inicial de<em> Memorial de Ayotzinapa</em>, que da título al volumen, tiene una naturaleza dual. Por una parte, relata el viaje de Quetzalcóatl —símbolo náhuatl de la sabiduría — al inframundo para obtener los huesos preciosos, que habrá de moler y mezclar con su sangre para dar vida a los hombres. Por otra parte, el poema narra un crimen de estado. </p><p>En los primeros fragmentos del poema advertimos cómo el mito prehispánico y “la verdad histórica” se entrelazan. Quetzalcóatl y su nahual, “que no es distinto a él mismo”, son también una dualidad ambigua durante todo el texto, los dos se complementan y contraponen, se intercambian y se modifican, a veces los dos son parte de los 43 surianos (los 43 estudiantes), otras el nahual es el estudiante desollado o el soldado que los somete y los golpea. </p><p>El relato está hecho de forma fragmentaria y empieza <em>in medias res</em>, retrocede y avanza, la señora y el señor del Mictlán están representados por el matrimonio <strong>Abarca </strong>(el presidente municipal de Iguala y su esposa) que “han mandado a sus perros (…) con colmillos de grueso calibre”. Pero también por el procurador de la república, que en el fragmento final del poema va relatando la verdad histórica, construyendo una mentira que intenta ocultar un crimen, a todas luces, perpetuado en complicidad entre las autoridades gubernamentales y el crimen organizado.</p><p>Si bien es cierto que en el poema de Bojórquez el dios Quetzalcóatl logra obtener los huesos preciosos —entre tanta osamenta y fosa clandestina—, este ya no podrá engendrar con ellos a los hombres, la violencia ejercida en el mundo ha creado una discontinuidad en el tiempo ritual; se trastoca y finalmente se pierde: la humanidad está condenada a la no existencia. Los hombres ya no pueden nacer del sacrificio hecho por del dios, ya que la muerte se ha apoderado de todo. </p><p>Si el tiempo ritual se interrumpe, el tiempo histórico adquiere esa naturaleza cíclica del tiempo mítico: de la matanza colonialista en el templo de Tlatelolco, a la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, también en Tlatelolco pero en 1968, y finalmente, la noche de Iguala, con la desaparición y asesinato de los 43 estudiantes en 2014.</p><p><em>Memorial de Ayotzinapa</em> es consistente en la tradición del poema documental mexicano, en él observamos la recuperación y reescritura de los mitos prehispánicos, pero las estrategias de intertextualidad se radicalizan mediante la superposición de discursos y la dislocación temporal que mezcla el tiempo mítico y el tiempo histórico cuyas naturalezas se oponen, además del uso del fragmento y cierto tono del reportaje periodístico, todo esto para cuestionar y poner en duda “la verdad histórica”. </p><p>En cada uno de sus libros, Mario Bojórquez ha hecho patente su necesidad de escudriñar los “diversos caminos de comprensión del mundo” que no quieren ser en sus poemas una simple instantánea del momento, sino “reproducir estados de ánimo, conexiones anímicas con los espacios, la lengua, las costumbres”. En esta ocasión, realiza un cuestionamiento al discurso de la historia oficial, pues a la memoria institucionalizada Bojórquez opone una memoria crítica mediante la incorporación de documentos, asimilados al discurso poético, para crear una memoria crítica que se opone al olvido. </p><p><em>*Mijail Lamas es poeta mexicano. Su último libro es </em><strong>Mijail Lamas</strong>Trevas. Canción del navegante de sí mismo <em>(2013).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mijail Lamas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una poesía documental]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Memorial de Ayotzinapa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorial-ayotzinapa_1_1127261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a8325664-784b-431d-8994-53472e543348_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memorial de Ayotzinapa"></p><p>La poesía es un vehículo que transita entre la realidad esquiva y la concreta imaginación de un mundo más justo y más pleno. Escribir poesía para denotar la velocidad y el vértigo de los acontecimientos cotidianos es, quizá, el mejor ejercicio de análisis de una sociedad inoculada por el crimen y sustentada en su propia historia, la que grabada en la piel es anterior al discurso de sí misma. Quetzalcóatl y su Nahual bajan al inframundo a buscar los huesos preciosos que servirán para que los hombres vivan de nuevo, pero el Señor y la Señora de los infiernos no quieren que se los lleven, les ponen pruebas imposibles y trampas para que desistan en su intento hasta que mueren al caer en un fosa; resucita Quetzalcóatl y le pregunta a su Nahual: “Creo que he muerto, ¿ahora qué haremos?”. El Nahual responde: “Pues como todo ha salido mal, que resulte como sea”. La realidad de la poesía atraviesa tanto el mito encarnado como la fantasmal “verdad histórica” del fiscal de la Nación, verdad o mentira pronunciada con la cansina prosa que consta en autos, donde lo que había de verdadero se ha contaminado por la excesiva realidad de un crimen de Estado. </p><p>Escuchar durante tantos años, día tras día, que han aparecido decenas, cientos, miles de cuerpos sin identificar en fosas, baldíos, cunetas y puentes, encobijados, mutilados, solitarios o en grupo, con mensajes crípticos entre las mafias o con denuncias y amenazas al Gobierno puede degradar el sentimiento de sorpresa que genera la noticia de un crimen recién revelado cuando no se conoce la identidad de la víctima. Pero algo de insoportable dureza ocurre cuando los cuerpos de identificadas personas han desaparecido en un mismo acto donde la policía es el ejecutor principal. Es la policía mexicana un primer anillo de seguridad en torno de la delincuencia a quien le da lo mismo pagar la lealtad de un sicario que la de un agente del Gobierno: el negocio al que se dedican es tan lucrativo que alcanza para pagar a uno y a otro. La nómina que eventualmente debe ser abonada incluye jefes de policía, jueces, diputados, magistrados, gobernadores y secretarios de Estado. En la degradación del sistema de valores republicanos o democráticos, todos se igualan en la corrupción. La política se convierte en un modelo de franquicias donde el que más ofrece, mejor financiamiento recibe en sus campañas.</p><p>El Estado mexicano persigue, detiene, hostiga, asesina y <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2014/11/26/el_enigma_los_estudiantes_magisterio_mexicanos_24443_1022.html" target="_blank">desaparece a un grupo de estudiantes a través de sus corporaciones policiacas</a> en los tres niveles de Gobierno: municipal, estatal y federal con la aparente omisión y permisión del ejército nacional. Los móviles posibles del crimen son diversos, y van desde que la esposa del presidente municipal, y próxima candidata ella misma al puesto que su esposo deja, se siente amenazada por un posible boicot a un acto proselitista; hasta, también, que un quinto autobús secuestrado por los estudiantes, convenientemente desaparecido de las investigaciones oficiales, cargado con dinero o droga, es recuperado por policías y delincuentes con la orden superior del jefe extralegal de plaza. El Estado ejerce el monopolio de la violencia; el Narco-Estado ejerce el monopolio de la violencia electoral y económica; el Narco-Estado-Legítimo ejerce sus “guerras floridas” contra sus tributantes, necesita “flores del corazón para Huitzilopochtli”, víctimas propiciatorias para el aceitado engranaje del crimen; el Narco-Estado-Legítimo-Legal y Ampliado, ha dispuesto todo lo necesario para que su pueblo sea desdichado y viva sometido a los caprichos del gran capital.</p><p>Los dioses han hecho penitencia, se han pinchado con agujas de maguey hasta sangrarse abundantemente, Quetzalcóatl mismo se ha rajado el miembro, con las gotas de su sangre fertilizará los huesos preciosos que han sido molidos en un barreño, de esos huesos volverán los hombres a vivir sobre la tierra, por eso serán llamados “macehuales”, porque por los dioses, por su penitencia, los han regresado con vida a la tierra. Un grupo de expertos extranjeros convocados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha refutado la llamada “verdad histórica” que la Fiscalía se ha empeñado en sostener: “no fueron cremados en el basurero de Cocula”, “no participaron en una disputa entre bandas rivales”, “no parece que estén muertos, parece más bien que siguen ocultos en algún cuartel del ejército”. </p><p>Escribir con la convicción de que la poesía es un diálogo entre personas diversas en su pensamiento, escribir junto con ellas estas temerarias palabras, participar de sus sentimientos al respecto de la biografía de cada uno de los estudiantes y sus familias, intentar un modelo según el cual el año trece de un ciclo es también una forma de renovación de la historia propia, escribir sabiendo con claridad que todo esto que aquí se menciona de algún modo habrá de ser interpretado por mentes más veloces  y acuciosas, saber que la poesía hace mucho ha dejado de ser un discurso sólo consumible por los propios poetas, que la poesía es, cada vez más, un espacio de resistencia y un recurso de discusión de la realidad y un dispositivo de la imaginación creadora de mundos más justos, más plenos. Escribir sabiendo que es siempre más importante trascender el drama personal de vivir una vida ajustada al cuerpo para vivir la vida de los otros semejantes como una vida propia.  Escribir desde una poesía que interviene sobre los estamentos de la realidad circundante, que interroga y que confronta esa realidad revelada a medias, que alumbra sus opacidades, que restaña sus heridas con el azufre y el yodo de sus sonoridades, que vuelve luz lo que se ocultaba detrás de las palabras engañosas. Escribir para dejar memoria de lo vivido.</p><p><em>*Mario Bojórquez es poeta mexicano, autor de </em><strong>Mario Bojórquez</strong>Memorial de Ayotzinapa<em> (Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mario Bojórquez]]></author>
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