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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 21]]></title>
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      <title><![CDATA[‘Aquí vivió’, junto a Isaac Rosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vivio-isaac-rosa_1_1127572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3beefa30-5d63-47f3-a27d-3658e5e5151d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Aquí vivió’, junto a Isaac Rosa"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong>Como ya explicamos <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/27/farandula_marta_sanz_50310_1821.html" target="_blank">en una ocasión anterior</a>, el club de lectura de Casa del Libro de Gran Vía (Madrid) surge en 2012 a cargo de la librera <strong>Marisa Mayoral</strong>, y desde noviembre de 2014 lo coordina <strong>Abril G. de Enterría</strong>. Cada mes proponemos un libro (habitualmente novela o compilación de relatos, aunque estamos introduciendo nuevos géneros) y tratamos de que en la tertulia nos acompañe el autor o, en su defecto, el editor, traductor o alguna persona relacionada de alguna manera con la obra elegida. </p><p>El club se reúne, de forma habitual, el último o penúltimo lunes de cada mes, en horario de siete a nueve de la tarde, en la sala de actividades de la tercera planta de nuestra librería de Gran Vía, 29. Los encuentros son abiertos y gratuitos y suelen participar entre 15 y 20 lectores, en su mayoría mujeres, que son quienes dotan de contenido los encuentros y dan sentido a la existencia de esta actividad en nuestra librería. El objetivo de estas tertulias es compartir las impresiones que nos generan las obras elegidas, tratando de profundizar en el análisis de las mismas y relacionándolas con el mundo que nos rodea y las vivencias de quienes participan en los encuentros.</p><p><strong>Aquí vivió. Historia de un desahucio</strong><strong>Isaac Rosa y Cristina BuenoNube de TintaMadrid2016</strong></p><p>En nuestro encuentro de la semana pasada tuvimos la oportunidad de comentar con <strong>Isaac Rosa</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/13/aqui_vivio_isaac_rosa_cristina_bueno_49663_1821.html" target="_blank"> Aquí vivió. Historia de un desahucio</a>, un cómic ilustrado por <strong>Cristina Bueno</strong>, que aporta una buena dosis de luz sobre un tema tan oscuro como es el de los desahucios y la problemática de vivienda en general. Isaac Rosa es autor de un par de cuentos publicados en prensa en torno al drama de los desahucios, pero en esta ocasión ha querido presentarlo en forma de cómic por los recursos que ofrece este género y que fuimos desgranando a lo largo de la tertulia. </p><p>Comenzamos hablando de las alegrías que ha proporcionado este libro a sus autores, entre las que cabe destacar la oportunidad de generar debates en torno a la problemática de vivienda tanto en tertulias literarias como en colectivos de activistas, familias e institutos; pues, gracias a que está presentado en forma de cómic, el texto resulta accesible y atractivo para jóvenes y adultos. Isaac nos explicó que con este libro pretendía ir más allá de las imágenes de desahucios que han mostrado los medios de comunicación en los últimos años, tratando de recuperar otra mirada sobre la problemática de la vivienda y, sobre todo, mostrar el trabajo de activistas y afectados.</p><p>Hablamos de la línea de dibujo empleada, que juega con las luces y las sombras a través de un dibujo amable y luminoso, y de la importancia para el autor de presentar una ficción donde se evite lo previsible; pues esta historia no es una crónica en forma de cómic sino una historia de ficción que se basa en muchas historias reales, con la que pretende acercar el problema de la vivienda a los lectores. Isaac nos explicó el proceso de construcción e ilustración de la historia, en el cual fue reduciendo el texto con cada revisión del guión con el fin de dar un mayor protagonismo a las imágenes (que sugieren un buen número de contenidos implícitos). Para su elaboración consultó a un destacado autor de cómic, Antonio Altarriba, que le facilitó algunos de sus detalladísimos guiones que permitieron a Rosa tanto definir el tratamiento que quería dar a su historia como elaborar su propio guión técnico, en el que la paginación resulta fundamental (la vuelta de hoja, el número de viñetas que nos vamos a encontrar, etc.), tratando de buscar en todo momento la concordancia entre el texto y la ilustración y haciendo uso de los recursos que ofrece el cómic a un escritor. Nuestros lectores ciegos, <strong>Alberto</strong> y <strong>Elena</strong>, destacaron la calidad del guión que el autor les facilitó amablemente, guión que les permitió acceder a la obra e imaginar las ilustraciones con detalle, eliminando las barreras que supone a lectores como ellos una publicación basada en la ilustración.</p><p>Isaac compartió con los lectores sus reflexiones en torno a si hablar de cómic (o incluso de tebeo) o de novela gráfica. Así, aunque hay autores que apuestan por entender el cómic como la presentación de historias más o menos largas en forma de capítulos y la novela gráfica como una historia completa recogida de principio a fin en un solo volumen; Rosa entiende la novela gráfica como el texto de carácter intimista presentado en primera persona, por lo que en su caso prefiere hablar de cómic, que es el género al que se acercó desde su infancia y que ha querido recuperar en <em>Aquí vivió</em>.</p><p>Su lectura nos permitió reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor y acercarnos al trabajo que realizan quienes participan en la lucha contra los desahucios a través de colectivos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y otros grupos de vivienda, que actúan a nivel local para evitar que miles de familias pierdan su casa ante la situación de crisis que vivimos. La acción de estos colectivos de vivienda va más allá, como vimos en la conversación con Isaac, puesto que no se limita a parar los desahucios en el momento en que éstos van a producirse, sino que ejercen una importante labor de asesoramiento a las familias, negociación con las entidades bancarias y la Administración, búsqueda de alternativas habitacionales a través de la recuperación de bloques de viviendas vacías de la SAREB y otras entidades financieras y, sobre todo, generan un espacio de apoyo mutuo que permite recuperar la confianza y la autoestima de las afectadas, empoderándolas para la defensa del derecho humano y constitucional de disponer de una vivienda digna en la que cobijarse. Esto se aprecia bien en el cómic, especialmente en momentos como el de la actuación de las protagonistas en el momento en que van a reclamar al director de la oficina bancaria por el desahucio de <strong>Carmen</strong>, y este empoderamiento de sus protagonistas (afectadas y activistas) es el que lleva a Isaac afirmar con rotundidad que <em>Aquí vivió</em> es un cómic de superhéroes. Un cómic de superhéroes con el que el autor tiene como objetivo que los lectores participen en los grupos de vivienda de su entorno y de esa manera puedan conocer esta realidad de primera mano.</p><p>Hablamos del funcionamiento asambleario de estos grupos de vivienda y lo hicimos en un espacio, el de nuestra tertulia, que para alegría del autor (y espero que de los presentes) se convirtió sin querer en una asamblea improvisada en la que cada componente del grupo aportaba su visión de la realidad y aplaudía o criticaba con sus comentarios tanto <em>Aquí vivió</em> como la realidad en la que se basa la historia. Pudimos hablar de las dificultades con las que se encuentran las personas afectadas por el problema de vivienda, los activistas y el resto de la sociedad que participa en mayor o menor medida en esta lucha. Explicamos los objetivos, métodos y resultados de la denominada Obra Social de la PAH, dedicada a okupar (término ya admitido con esta grafía en la última edición del Diccionario de la Lengua Española) bloques de viviendas vacías con el fin de dotar de una alternativa habitacional a las afectadas por desahucios y ejercer de esta manera presión sobre los principales responsables de su situación para que ofrezcan a las familias la garantía de soluciones estables ante su problema. Reflexionamos sobre las dos peticiones básicas de estos grupos de vivienda en los casos de desahucio de viviendas hipotecadas por imposibilidad de impago: la dación en pago (liberación de la deuda con la recuperación de la vivienda por parte de la entidad crediticia) y el alquiler social (ofrecimiento de una solución habitacional a través de un alquiler asumible por las familias desahuciadas, a ser posible en la misma vivienda para permitir que las familias mantengan el arraigo). Y hablamos también de otras problemáticas relacionadas con la vivienda, más allá de las consecuencias inmediatas de un desahucio (punta visible de un inmenso iceberg) y del largo proceso que lo precede, como la dificultad que tienen los jóvenes para emanciparse, la vuelta de adultos al hogar de sus progenitores (a veces incluso familias completas que se ven obligadas a instalarse en la casa de los abuelos), las dificultades de acceso a la vivienda cuando se rompe la unidad familiar por divorcio o separación, la existencia de cláusulas suelo y otras condiciones hipotecarias que sumadas a una situación de crisis y aumento del paro hacen que una buena parte de las familias dediquen una parte ingente de sus salarios o subsidios al pago de la hipoteca, el elevado precio del alquiler en comparación con otros países de nuestro entorno, el aumento del endeudamiento por las soluciones de refinanciación ofrecidas por los bancos, o la dificultad de hacer frente al pago de los suministros básicos (luz, agua, calefacción) incluso entre aquellos que cuentan con una vivienda en propiedad o un alquiler de renta antigua y que han visto notablemente reducidos sus ingresos salariales o de pensión ante un encarecimiento de la vida. Y también dejamos lugar a la reflexión en torno a la criminalización de la pobreza y a la ligereza con la que se están produciendo los desahucios, fruto de la aplicación de un proceso mecánico sin atender a la problemática social y a las consecuencias que el acto de aplicar la ley sin miramientos tiene sobre las personas afectadas (suicidios, soledad, anteposición del valor de la propiedad sobre el bienestar de las personas, etc).</p><p>Conversamos sobre la solidaridad que despertó la visibilización de los desahucios en nuestro país, donde muchas personas no directamente afectadas se han sumado a los colectivos que luchan por el problema de vivienda, pero Isaac llamó nuestra atención al explicarnos una de sus repercusiones a nivel internacional: el apadrinamiento de familias desahuciadas por parte de familias noruegas, que comenzó con <a href="http://www.20minutos.es/noticia/1428808/0/desahuciada/ayuda/familia-noruega/" target="_blank">el caso de Azucena</a>. Así, la España que apadrinaba niños de otros continentes en situación de pobreza, se convertía en la principal beneficiaria de una nueva forma de apadrinamiento, esta vez procedente de nuestros vecinos del norte. Por supuesto, esta repercusión no se quedó ahí, pues en otros muchos países de Europa como Italia o Bélgica fueron surgiendo grupos de vivienda, "stop desahucios", a raíz de los cuales se han realizado encuentros internacionales de activistas y afectados para tratar de coordinar el trabajo que desempeñan y aprender los unos de los otros. Y hablamos también de las protagonistas del libro, que son en su mayoría mujeres porque en los casos de defensa de la vivienda éstas también adoptan un papel protagonista.</p><p>Ante la pregunta de uno de los participantes en la tertulia, reflexionamos en torno a los logros alcanzados por estos grupos de vivienda y su repercusión en las políticas ejercidas por nuestros gobernantes. Encontramos que, más allá de la paralización de desahucios, las protestas y acciones en contra de los desahucios y por el derecho a la vivienda que se han mantenido a lo largo de la última década (recordemos que la PAH surge en 2008, cuando ya estaban activos en nuestro país otros colectivos agrupados en movimientos sociales como V de Vivienda), se han puesto en marcha medidas ciudadanas como llevar al Congreso la Iniciativa Legislativa Popular sobre por la dación en pago, que fue desestimada en 2013 pero dio lugar a nuevas ILP de carácter autonómico y leyes en Cataluña, Andalucía, Canarias, Navarra y Euskadi (todas ellas suspendidas cautelarmente por el Tribunal Constitucional, en defensa de la propiedad privada, a petición del Gobierno Central) o la creación de la Oficina de Intermediación Hipotecaria con la que el Ayuntamiento de Madrid pretende ayudar a resolver esta problemática de las familias; pero también sentencias judiciales como la del Tribunal Supremo que declara nulas las conocidas como cláusulas suelo de las hipotecas (cuya retroactividad anterior a 2013 está a la espera de sentencia en firme por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea) o el informe de la Cámara de Cuentas de Madrid acerca de la ilegalidad que supuso la venta de viviendas protegidas a las entidades conocidas como "fondos buitre". Además, Isaac nos recordó que la primera oleada de desahucios afectó especialmente a la población inmigrante, así como las reacciones de gobiernos como el de Ecuador que pusieron en marcha oficinas de atención a los afectados y no permitieron que la deuda contraída por sus compatriotas recayera sobre los familiares en el país de origen.</p><p>En definitiva, además de hablar del cómic y sus particularidades, en esta tertulia tuvimos la oportunidad de tomar conciencia sobre un problema que afecta a una gran parte de nuestra sociedad y que a menudo nos es desconocido en el entorno más cercano por la vergüenza que sigue suponiendo en nuestra sociedad el admitir situaciones de vulnerabilidad como éstas o pedir ayuda. Porque, al fin y al cabo, los 2045 desahucios paralizados a día de hoy por la PAH son solo una pequeñísima parte comparados con los que se han ejecutado en nuestro país a lo largo de los últimos años.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Desahucios,Libros,Literatura,Cómic,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viejo que escribe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viejo-escribe_1_1127571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d0d3568-1d4e-4afb-bdc0-5ecee34bb066_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viejo que escribe"></p><p><em>(Inicia el cuento José María Merino)</em><strong>José María Merino</strong></p><p>Se habían trasladado poco tiempo antes a aquella urbanización y tanto Lola como Pablo se sentían muy satisfechos. La casa, de dos plantas, estaba adosada a otras similares,  y el conjunto formaba un enorme cuadrado en cuyo interior había dos pistas de tenis, una gran piscina y otros espacios. Además, el colegio de los niños quedaba bastante cerca. </p><p>En el coche, Lola tardaba lo mismo que antes en llegar al hospital. En cuanto a  Pablo, sentía la modificación de sus traslados a la oficina como un inefable regalo que le hacía vivir las rutinas diarias con una disposición más jubilosa de lo que era su costumbre: en ir de casa a la estación del tren de cercanías empleaba apenas ocho minutos andando, luego menos de veinte en llegar a su destino, y por fin otros ocho o diez, también andando, en alcanzar el edificio de la compañía. Resultaba así que el haberse alejado del centro de la capital no solo no había complicado su vida, sino todo lo contrario...</p><p>Tardó casi una semana en descubrir a aquel viejo. Había  advertido su presencia, pero sin que la percepción se materializase con claridad en su conocimiento. El viejo estaba en la cafetería que remataba el final de la avenida. El día en que racionalizó la difusa visión, pudo comprender en su breve pasar que el viejo se encontraba sentado ante la mesa más cercana a la gran cristalera, con un vaso de líquido ambarino a su lado, y que parecía muy afanado en pulsar el teclado de un ordenador portátil. Le sorprendió como una graciosa casualidad que, a su vuelta del trabajo,  nueve horas más tarde,  el viejo continuase allí, absorto ante su portátil en la misma actitud ensimismada, de incansable tecleo,  y también con un vaso de líquido ambarino a su derecha.</p><p>“Parece que está escribiendo”, pensó.</p><p>En los días sucesivos pudo comprobar que el viejo estaba siempre allí, atareado frente a su ordenador y con el vaso al lado, por la mañana y por la tarde, e incluso por la noche, como  llegó a constatar cuando salió de casa con el pretexto de comprar algo en una farmacia que permanecía abierta todo el día, aunque la verdadera razón fuese conocer si persistía a  aquellas horas la figura de aquel viejo entregado a su embebida tarea.</p><p>Mas aquella vez la visión no le pareció divertida, sino inquietante. Aquel tipo, bastante calvo, de pelo y barbas blancas,  ofrecía una peculiar inmovilidad, y solo por los movimientos de sus manos en el teclado podía suponerse que no se trataba de una de esas estatuas que cierto realismo acaba insertando en algunos espacios cotidianos, pues hasta sus ropas tenían un color oscuro, más mineral que textil.</p><p>Pablo se detuvo durante un rato para observar al afanoso escritor. De repente, el viejo detuvo su tarea,  levantó la cabeza y lo miró. Sobre la barba blanca, sus ojos, acompasados a una mueca del rostro severa e inquisitiva, presentaron una singular fijeza penetrante.  </p><p>Pablo sintió aquella mirada como una punzada y echó a andar al momento, pero el efecto de los ojos incisivos del viejo, que parecían completar el enigma de su permanente presencia en el café y  de su misteriosa tarea ante el teclado, lo había desazonado tanto que le pareció que el panorama de edificios, que en los últimos tiempos se presentaba ante él como el escenario plácido de un acertado cambio de domicilio, modificaba sutilmente su aspecto para ofrecer la ominosa inconsistencia que había acabado mostrándole el entorno de su residencia anterior, y que estructuras y puertas, jardincillos y farolas,  sombras y luces, tenían más que ver con la experiencia de los sueños adversos que con la de la vigilia.</p><p><em>(Continuará Jesús Ortega)</em></p><p><strong>Jesús Ortega</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José María Merino]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Reyes de Alejandría’, de José Carlos Llop]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reyes-alejandria-jose-carlos-llop_1_1127566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7eb03164-3ff3-4a22-93b3-85dec29a5132_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Reyes de Alejandría’, de José Carlos Llop"></p><p><strong>Reyes de Alejandría</strong><strong>José Carlos LlopAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>La última novela de <strong>José Carlos Llop </strong>(Palma de Mallorca, 1956) es un ejercicio de nostalgia bien entendida, un canto por la generación que fue joven durante los años setenta del siglo pasado. Otro más, sí, pero <a href="http://www.megustaleer.com/libro/reyes-de-alejandria/ES0144264" target="_blank"><em>Reyes de Alejandría</em></a> es diferente, sustancialmente diferente: la mirada se instala en el universo pop y desde allí mira el planeta juventud con un telescopio de lentes forjadas por <strong>Dylan</strong>, <strong>Bowie</strong>, <strong>Frank Zappa</strong>, <strong>Van Morrison</strong>... Y se refleja borrosa y doble, por efecto de la lente, otra de las reencarnaciones de nuestras dos Españas, tan tradicionales como la tortilla de papas. De un lado, esa generación guatequera que había empezado a dejarse  ver en los tiempos del reportajillo cañí aquel del NO-DO sobre el concierto de The Beatles en la Plaza de las Ventas, en 1965; del otro, claro, la del NO-DO. Los adolescentes, míralos qué locos, que se sientan en las gradas y el condescendiente narrador que locuta con gracejo de chulapo piadoso de la obra. ¡Ay!, esas melenitas impropias de un machote como Dios manda.</p><p>Diez años después, esa melenitas ya empezaban a agriar el gesto cañí. Es cuando el narrador, uno de esos “seres heridos”, expulsados del Paraíso de la juventud, quizá cainitas “que llevan su herida en silencio y se reconocen entre sí mientras la esconden”, recuerda desde el eco que dejó la vida en las cosas: “Cuando pienso en aquel tiempo, veo la camisa de flores de <strong>Jimi Hendrix</strong>”.</p><p>Su recorrido, aunque la novela resulta muy medida, es en cierto modo tan errático como los objetos sobre los que posa su mano, las fotos que mira, los libros que de pronto se singularizan en la estantería, el recuerdo de los bares, de las mujeres, tan espeso como el olor del hachís caliente. Algo hay aquí del José Carlos Llop diarista y poeta: del primero, el detallado inventario de una memoria que juguetea con el detalle, aparentemente nimio en ocasiones, siempre común y cotidiano, cargándolo de un sentido de excepcionalidad que dota de hondura a la reflexión. Sí, en cierto modo, esos objetos sobre la mesa del narrador, esa música que suena, esos libros que de pronto destacan su lomo en la fila del estante tienen un sentido único cuando una intención poética como la de Llop los retuerce para darles nueva forma en un mundo de ficción que logra el acierto de parecerse mucho al mundo real de una generación perdida. Quizá cainita, me vuelve a decir el narrador, porque los inocentes desaparecieron en el tiempo de la muerte y del olvido, porque los que ahora sobreviven salvados del Paraíso habrán de soportar la vergüenza de verse reflejados en el espejo deforme de la hegemonía siniestramente pálida que ha vuelto humo, sombra, nada aquel tiempo de revuelta y renacimiento, aquellos sueños perfumados de chocolate y aquella camisa de flores de Jimi Hendrix.</p><p>Bien, nada que no pueda obviar la escritura como forma de exorcismo. Limpieza. Desde el primer párrafo, Llop nos aclara que todo aquello de lo que se dirá en este libro fue y ya no es; no se trata, pues, de un análisis de las causas de estos efectos que ahora vivimos o desvivimos, no es un repaso histórico, ni tampoco un libro de memorias. Es la reconstrucción de un instante perdido en el tiempo, aquel momento en que abrazamos el mundo como recién nacidos a la vida consciente, los años de juventud, gloriosamente atropellados por el ansia de vivir, pero con la marca de una generación que fue decisiva en la ceremonia de la muerte y resurrección de un país que vivía al otro lado del espejo. Ahora, cuando escribe el narrador, tan solo quedan ya en pie de aquellos días luminosos su huella en la memoria de las cosas y la cicatriz en las fachadas de dos ciudades, Palma y Barcelona, que, por entonces, empezaban una furiosa mutación hacia lo moderno.</p><p>El narrador escribe más allá del momento y del espacio históricos que fija el relato: en París y ahora. Pero no recuerda. Simplemente sigue hablando en la noche, perdido en un mar oscuro, al micrófono de una radio, casi lo único que funciona, en un barco abandonado en medio del océano del tiempo, como antaño en los bares de Palma o en las casas medio acomunadas, junto a los cuerpos desnudos de los que creían en la vida nueva. Nada queda ya de todo aquello que fue y ya no es, sino lo que una voz sin freno sigue contando, como si nada hubiera cambiado. La peripecia es poca en <em>Reyes de Alejandría</em>, las voces muchas, poseen al narrador y no dejan que sea testigo, sino médium. Fluye prodigiosamente el ritmo de la escritura, como si la novela estuviese escrita de una larga sentada, medida en sus meandros, precisamente ajustada a la música de un long-play setentero que suena y se encadena y se abre y termina un <em>track </em>y empieza el otro tras solo unos segundos de silencio y...</p><p>El amor, las drogas, la policía secreta, los pisos compartidos, el olvido de los padres, símbolos, a su pesar, de lo que no se quiere volver a recordar por miedo a repetir caminos llenos de polvo, las mujeres-diosas blancas y los amigos. El aprendizaje sentimental sobre hombros de gigantes, <strong>John Donne</strong>, <strong>Ezra Pound</strong>, la vida hermosamente tóxica y la revolución en el bolsillo, la revolución de las flores, claro, faltaría más.</p><p>A vece ocurre que mirándose uno mismo al ombligo descubre que no es tan distinto al de los demás, algún detalle morfológico que nos da certificado de sujeto ilusoriamente único y poco más. Esa es la gran virtud, que no la única, de<em> Reyes de Alejandría</em>, ver en el uno la multiplicidad del sujeto fragmentado postmoderno, mirarse en el espejo para ver que “la propia vida edificada ha hundido sus raíces en lo más profundo de nosotros y allí nacen líquenes, arborescencias, musgos”. Así la escritura arborescente de José Carlos Llop traza en el pantano de la memoria una ruta para comprenderse, comprendiéndonos. Luego va y lo cuenta.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura. </em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Reyes de Alejandría’, de José Carlos Llop]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Instrumental’, de James Rhodes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/instrumental-james-rhodes_1_1127565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/39c3dc39-bf9b-4ccf-b6f9-0ad925913524_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Instrumental’, de James Rhodes"></p><p><strong>Instrumental</strong><strong>James RhodesBlackie BooksBarcelona2015</strong></p><p>Si en algún momento de tu vida has conseguido sacar una melodía tocando las teclas de un piano —aunque no supieras qué notas eran—; si un día, de casualidad, hiciste sonar un clarinete, si has disfrutado sintiendo el tacto de las cuerdas de una guitarra. O simplemente, si te gusta cantar. O no, silbar. No, incluso menos… Si en este momento, mientras lees, eres capaz de recordar una canción. O sea, si te gusta la música, es obligatorio que leas <a href="http://www.blackiebooks.org/catalogo/instrumental/123" target="_blank">Instrumental, de James Rhodes</a>. Si no, léelo, y empezarás a disfrutarla. Seguro. </p><p>“Memorias de música, medicina y locura” es el subtítulo del libro, que cuenta exactamente eso, las memorias del autor, desde su niñez hasta un presente de hace dos semanas en las que la música, la medicina y la locura no le han abandonado en ningún momento. Pero <em>Instrumental </em>incluye otras muchas memorias, las más importantes, memorias de dolor y de amor.</p><p><strong>James Rhodes </strong>no es escritor, <em>Instrumental </em>no es literatura. James Rhodes es pianista, y muy bueno. Es sensible, el que más. Es consciente —ahora sí, después de treinta y muchos años— de que la vida merece ser vivida. Es bueno. Fue un poco tonto, fue un poco malo, pero ahora es bueno. Y es muy mal <em>hablao</em>, creo que no hay ni una sola página de <em>Instrumental </em>que no incluya una palabrota.</p><p>A James le violaron, desde los seis años, continuadamente: “Me utilizaron, me follaron, me destrozaron, me manipularon y me violaron desde los seis años. Una y otra vez durante años y años. Y así fue como pasó”. Y así, simple y llanamente, va y te lo cuenta. Esa es la excusa, la finalidad, la confesión y el trauma. La marca a fuego que modela su carácter, que le hace querer morir —suicidarse— hasta en cinco ocasiones. La que duele al lector que se identifica con él, que entiende el absurdo de la búsqueda de la felicidad fuera de uno, que se relaja al comprender que su vida no es tan chunga, que no tiene más remedio que echarse a llorar.</p><p>Algunos lectores lloran por sus hijos, por no saber si les puede estar pasando algo que desconocen. Otros lloran por empatía, porque James se convierte en amigo contando sus traumas; otros, por rabia, por no entender cómo se puede tirar por la borda un salvavidas; y los más, por miedo, porque <em>Instrumental </em>te deja claro que pendemos de un hilo, fino, fino, fino, y que hay que cuidarlo porque se deshilacha a la mínima de cambio.</p><p>Y después de todo eso, la música. “La música clásica me la pone dura”, esa es la primera frase del libro.  “<strong>Bach </strong>me salvó la vida”, “<strong>Scriabin </strong>y <strong>Rajmáninov </strong>fueron el Blur contra el Oasis de la música rusa de finales del siglo XIX”, “Los compositores y la enfermedad mental suelen ir de la mano, como los católicos y el sentimiento de culpa. Sí, <strong>Schumann </strong>estaba un poquito trastornado”. A James le salvó la música, algo universal, emocionante, intangible e inmortal; algo que no tiene efectos secundarios, para lo que no es necesario adquirir un compromiso, ni tener conocimientos previos, ni dinero, “solo cierto tiempo y unos auriculares decentes”.</p><p>Cada capítulo de <em>Instrumental </em>comienza con la descripción de una obra que Rhodes admira, nos cuenta por qué, nos explica un poquito la vida del autor... Y después de introducirnos en esa atmósfera, pasa a relatar unos años más de su desastrosa vida.</p><p><a href="https://play.spotify.com/user/canongate/playlist/5mmEdd2fEpEiejq4lg2jZE" target="_blank"> En Spotify están todas las obras de las que habla</a>, ordenaditas, interpretadas por quien él dice, así que la mejor manera de leer <em>Instrumental </em>es atravesar cada párrafo con la banda sonora que Rhodes nos prescribe.</p><p>James Rhodes se ha convertido en uno de los concertistas de piano más valorados, no solo por su interpretación, sino porque ha conseguido poner a la música en su sitio. En sus conciertos va en vaqueros, zapatillas y camiseta; le gusta que aplaudan entre movimientos; odia a los que se creen que la clásica es sólo para unos pocos; se para a charlar con el auditorio; se hace fotos con los fans como si fuera un cantante de rock. Ama la música y quiere que todos la amemos, está orgulloso de ella y por eso nos la presenta para que todos la admiremos, para que nos enganchemos como él hizo.</p><p>Y llega el final, y cuando le has entendido, cuando te has hecho su amigo, cuando has llorado leyéndole, cuando te has levantado a escuchar otra vez las <em>Variaciones Golberg</em> de Bach, cuando puedes respirar tranquilo porque al final el prota no se suicidó, va y te dice: “No tengo ni idea de si voy a sobrevivir a los próximos años. Desgraciadamente, siempre estoy a dos malas semanas de distancia de un pabellón cerrado”. Y entonces entiendes que así estamos todos. </p><p><em>*Sara Vítores es periodista.</em><strong>Sara Vítores</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Instrumental’, de James Rhodes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Música,Narrativa,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Impolíticos jardines’, de Juan-Ramón Capella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/impoliticos-jardines-juan-ramon-capella_1_1127563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/92ef8d5d-1982-46ab-a860-50dc1fdd853d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Impolíticos jardines’, de Juan-Ramón Capella"></p><p><strong>Impolíticos jardines</strong><strong>Juan-Ramón CapellaTrottaMadrid2016</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/06/17/cervantes_fuera_palacio_51282_1821.html" target="_blank">Lee aquí el ensayo "Cervantes fuera de palacio"</a></p><p>Todas las vidas terminan por la infancia. Cuando la reflexión sobre la propia existencia quiere dibujar un itinerario coherente, necesita ordenar los finales junto a los principios y la vuelta al origen resulta un ejercicio inevitable. Una vez fijada la época de la inocencia, ese mundo apenas intuido en algunas palabras y sensaciones, o en el blanco y negro de algunas fotografías, la melancolía se hace inseparable de la conciencia. Recodar es narrar, contar, hacer cuentas de los pasos de la realidad y el deterioro. La historia hace acto de presencia para dejar su meditación sobre las evocaciones.</p><p>El profesor<strong> Juan-Ramón Capella</strong>, maestro de la filosofía del derecho y del pensamiento alternativo contemporáneo, vuelve a su inocencia y a su pérdida en unos fragmentos de carácter literario reunidos bajo el título “Jardín de infancia o La destrucción de la inocencia”. El recuerdo de la propia infancia como una calculada inercia de pérdidas resulta una buena invitación al cuestionamiento del concepto de <em>progreso</em>, un progreso de doble filo en unas sociedades que han favorecido la producción destructiva y los avances exterminadores. La infancia es el paisaje roto por las hormigoneras, la costumbre desaparecida de los tenderos con un lápiz en la oreja o la memoria de los libros bien encuadernados y con varias cintas para marcar las páginas: “Gran agradecimiento a los editores que colocan una o varias cintas para que sirvan de referencia en los libros bien encuadernados; es el progreso, claro”. Y me gusta que en esta frase use Juan-Ramón Capella el punto y coma, porque eso es otra cosa que está desapareciendo con las prisas de la escritura: el punto y coma.</p><p>Estos fragmentos infantiles, que despiertan en el lector recuerdos pronto convertidos en meditación, forman la última parte <a href="http://www.trotta.es/libros/impoliticos-jardines/9788498796308/" target="_blank">del libro Impolíticos jardines</a>, la última entrega del autor de <a href="http://www.trotta.es/libros/los-ciudadanos-siervos/9788481648034/" target="_blank">Los ciudadanos siervos </a>(1993) o de <a href="http://www.trotta.es/libros/entrada-en-la-barbarie/9788481647792/" target="_blank"><em>Entrada en la barbarie</em></a> (2007). El profesor Capella dice meterse en jardines porque se sale aquí de las normas de la escritura analítica, evitando hablar técnicamente del Estado. Como no puede llamar apolíticos a sus jardines, porque sus ensayos culturales y sus ejercicios de memoria tienen una importante carga de cuestionamiento ideológico, se decide a llamarlos impolíticos, para señalar la diferencia con la metodología habitual.</p><p>En el equipaje intelectual de Juan-Ramón Capella, la melancolía conforma un ámbito precavido, un instinto de vigilancia más que de conservación. Porque no se trata de defender el pasado, sino de desconfiar de los modelos de progreso que suelen imponerse en una realidad capitalista, sobre todo cuando esa realidad se extiende como un tumor sin freno que amenaza con destruirse a sí mismo. Buen lector de <strong>Pasolini</strong>, su melancolía ha asistido a un cambio antropológico por el que muchas costumbres tradicionales fueron sustituidas por una sociedad de consumo homologadora en la avaricia de mercantilizar el deseo y los cuerpos. La mayoría de las novedades pertenecen a un tiempo del usar y tirar.</p><p>Desde esta mirada, los <em>Impolíticos jardines </em>nos hablan de un camino machadiano asfaltado sin necesidad, la muerte de <strong>Walter Benjamin</strong>, el ejercicio de la hipocresía, el silencio y el doblepensar, la peligrosa euforia de la biotecnología y el futuro. Comprobado en los últimos cien años que el progreso tecnológico no ha producido un progreso moral, necesitamos ver el futuro como “un presente que ya no es transición, sino que está detenido en el tiempo”. Un lugar que pertenece al hoy como exigencia ética. </p><p>Los <em>Impolíticos jardines</em> nos hablan también del hermetismo político, los derechos lingüísticos en Cataluña, el poder judicial no independiente, la prohibición del toreo o la implosión de la democracia: “La gobernanza es la forma no democrática de gobierno que sustituye a la representación sin eliminar sus formas”. Dispuesto a no interiorizar la obediencia, Juan-Ramón Capella defiende una apertura alternativa del concepto oficial de democracia: “Ya no se debe identificar intelectualmente la democratización únicamente con los derechos y las libertades: la democratización real es un proceso de igualación, una lucha contra la desigualdad reproducida socialmente”. </p><p>En<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/06/17/cervantes_fuera_palacio_51282_1821.html" target="_blank"> un ensayo recogido en este libro</a> nos presenta a un “<strong>Cervantes </strong>fuera de palacio”. Con este título pasoliniano, analiza la creatividad de un autor que formuló su pensamiento y su literatura fuera de los ámbitos oficiales de su época. Juan-Ramón Capella es un filósofo fuera de palacio. </p><p><em>*Luis García Montero es escritor. Su último libro es </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/11/garcia_lorca_segun_biblioteca_51075_1026.html" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em>(Taurus, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Impolíticos jardines’, de Juan-Ramón Capella]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Macbeth’, de William Shakespeare]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/macbeth-william-shakespeare_1_1127562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9db7cad0-ee72-4856-b602-66dc88d8b7a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Macbeth’, de William Shakespeare"></p><p><strong>Macbeth</strong><strong>William ShakespeareReino de CordeliaMadrid2015</strong></p><p>Probablemente, el estereotipo más extendido entre el común de la gente sobre los principales dramas de <strong>Shakespeare </strong>es que se trata de historias donde se masca la tragedia desde el minuto cero, abundan las cuchilladas en todas direcciones y al final mueren hasta los espectadores de las primeras filas del teatro.</p><p>Así ocurre en <em>Tito Andrónico</em>,<em> Julio César</em>, <em>Hamlet</em>,<em> El rey Lear</em>, <em>Macbeth</em>... y es cierto que en cualquier tragedia digna de tal nombre, no puede faltar ninguno de esos componentes. Sin embargo, <em>Macbeth </em>no es sólo una tragedia, es decir, no es una tragedia como las demás con las que comparte todo el exceso, el esplendor y la hipérbole características del poeta menos inglés de Inglaterra, en palabras de <strong>Borges</strong>, y donde los conflictos humanos se resuelven fatalmente ahogados en un baño de sangre. En <em>Macbeth</em>, el protagonista no es un príncipe escocés llevado a la perdición por su ambiciosa mujer, y narrar la tragedia tampoco es el objetivo de la obra, sólo es la obligada consecuencia de transgredir el orden en que deben sucederse los acontecimientos una vez que se han conocido previamente. En <em>Macbeth </em>el verdadero protagonista es el tiempo, la necesaria forma que toma el tiempo al relatar el destino humano.</p><p>Por un brumoso páramo escocés, Macbeth, barón de Glamis, y su buen amigo Banquo vuelven victoriosos de librar una batalla contra los enemigos del rey Duncan. Tres inquietantes mujeres que son, por supuesto, las parcas griegas que hilan el destino y cumplen excepcionalmente la función del oráculo, les saludan a su paso y les revelan la aparente fortuna de un futuro próximo que les concierne. Según <strong>Albert Einstein</strong>, el tiempo existe para que las cosas no ocurran todas a la vez, y en el momento en que las brujas subvierten ese orden, el presente y el futuro se encuentran y comienza un paradójico drama que sólo puede acabar mal.</p><p>Este <a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=170" target="_blank">Macbeth en edición bilingüe</a>, que ha merecido el primer premio al libro mejor editado del año 2015 y cuya segunda edición acaba de salir esta primavera, reúne cuatro colaboradores de lujo que se han empleado a fondo para ofrecernos un plato de alta cocina editorial sólo para una inmensa minoría de gourmets bibliófilos. La editorial Reino de Cordelia (cuyo nombre es ya una declaración de intenciones)  trata la presente edición con el esmero al que nos tiene acostumbrados y que es marca de la casa en un libro de gran formato magníficamente ilustrado por <strong>Raúl Arias</strong> y con traducción de <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> y <strong>José Fernández Bueno</strong>.</p><p>El poeta Luis Alberto de Cuenca, reciente Premio Nacional de Poesía, buen conocedor del mundo del cómic y conocido yonqui de Shakespeare, quedó emocionalmente vinculado a la obra desde que representó el papel del príncipe Malcolm (hijo mayor del Rey Duncan) a los 15 años  en una función escolar y se ha volcado de forma especial en esta traducción  que, según dice era una de sus "asignaturas pendientes", y lo hace mano a mano con un verdadero experto en la escena isabelina como es José Fernández Bueno.</p><p>Raúl Arias aporta un expresionista y volcánico torrente de imágenes por el que vierte toda la pasión y el exceso propios del bardo inglés. Define formas y figuras utilizando hábilmente el hallazgo casual en la mancha de pintura y nos invita a un poético juego de sugerencias mucho más allá de la simple función anecdótico-descriptiva de la imagen. No desaprovecha ninguno de los momentos estelares que brinda el texto para lucirse y sus imágenes parecen querer superar los límites de la página como si todo el espacio se le quedase pequeño.</p><p><strong>Jesús Egido</strong>, editor de Reino de Cordelia, ha demostrado una especial habilidad para elegir un equipo que no traiciona al autor y nos deja oír todo el explendor de Shakespeare tanto en la traducción como en la parte gráfica. Por la calidad de sus autores, este es un libro editado con verdadera locura y habrá de ser consumido con moderación a riesgo de sufrir algún tipo de afección cerebral aún por describir.</p><p><em>*Toño Benavides es ilustrador. </em><strong>Toño Benavides</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Bellas artes,Libros,Literatura,Literatura europea,Teatro,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Letras con historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/letras-historia_1_1127559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e170d50a-497e-458f-8e63-aefe71b34c9a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Letras con historia"></p><p><em>Philippine, Manuela, Pilar y Lucía, responsables de la libería Los editores (Madrid) recomiendan algunas de las novedades que más les han interesado en los últimos meses. </em> <strong>Recuerde el alma dormidaRafael Álvarez AvelloLa Huerta GrandeMadrid2016</strong></p><p><em>Recuerde el alma dormida</em></p><p>Castilla, siglo XV. En la cabaña del monte donde vive retirado desde hace tres años, un viejo soldado recibe la visita inesperada de una hermosa joven. Trae un encargo para él: que le cuente su historia. A través del diálogo entre estos dos personajes, el autor se adentra en la vida del poeta <strong>Jorge Manrique</strong>, y profundiza en la tormentosa relación que mantuvo con su padre, noble castellano de carácter turbulento, bajo cuyas órdenes luchó en las guerras civiles de los reinados de <strong>Juan II</strong>,<strong> Enrique IV</strong> e <strong>Isabel la Católica</strong>. Pero, ¿cuáles fueron los motivos que llevaron a un guerrero a escribir uno de los poemas más bellos e importantes de la literatura española: <em>Coplas a la muerte de su padre</em>?</p><p>Con un lenguaje evocador, muy cercano a la confidencia,<a href="http://www.lahuertagrande.com/publicacion/recuerde-el-alma-dormida/" target="_blank"> esta novela nos desvela esos motivos</a> que el autor encuentra en todo cuanto rodeó al poeta-soldado y hombre por encima de todo: la frágil relación con su hermano bastardo, sus amores, las intrigas políticas que se urdían a su alrededor, y la fuerte influencia de personajes femeninos como María la alta, la mujer sabia, o Isabel la Católica, heredera ilegítima de extrema feminidad, tantas veces abandonada, pero que cambió la historia de España.</p><p><strong>Mauricio o una víctima del vicio</strong><strong>Felipe Cabrerizo y Santiago AguilarBandaàparteCórdoba2016</strong></p><p>Divertidísimo ensayo novelado escrito al alimón por el binomio <strong>Cabrerizo </strong>y <strong>Aguilar </strong>donde se suceden las vicisitudes de <strong>Enrique Jardiel Poncela</strong> para poner en pie su <a href="http://bandaaparteeditores.com/tienda/ensayo/mauricio-o-una-victima-del-vicio-y-otros-celuloides-rancios-de-enrique-jardel-poncela" target="_blank"><em>Mauricio o una víctima del vicio</em></a> en su desventurado desembarco en un Hollywood adolescente, que comienza a comercializar cintas sonoras como quien camina con zapatos nuevos. Es falso eso que se dice de "segundas partes nunca fueron buenas" cuando pensamos en <em>El padrino</em> y también si apostamos por estos dos autores, que ya se ocuparon de <em>Un bigote para dos</em>, aquella sabrosa película en la que <strong>Tono </strong>y <strong>Miguel Mihura </strong>anduvieron cambiándole los subtítulos a una rancia opereta austriaca en busca de la risa fácil del respetable. Animado por las rivalidades entre cómicos, don Enrique planea su <em>celuloide rancio</em> en la misma línea y <em>Mauricio </em>es el disparatado resultado. Aguilar y Cabrerizo saben sacarle el jugo a una curiosísima y olvidada sección de la vida y obra jardielesca, perfectamente documentada y sin embargo delirante y amena. Es noche de ladrones así que no se la pierdan.</p><p><strong>Últimos días en Collioure, 1939</strong></p><p><strong>Jacques IssorelRenacimientoSevilla2016</strong></p><p>El hispanista francés<strong> Jacques Issorel</strong> <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/index.php?id_product=1338&controller=product&search_query=issorel&results=2" target="_blank">recupera el capítulo perdido </a>de la vida del poeta español <strong>Antonio Machado</strong>. Con una maestría cartesiana y un estilo depurado acompaña al lector por los últimos días del poeta desde su salida de Barcelona en el anonimato de las columnas humanas que huían de una España que ya no sentían suya. Eran los últimos días del invierno de​ 19​39 cuando Machado en compañía de su madre, su hermano José y la mujer de éste se dispusieron ​a​ realizar un viaje sin retorno. Un libro absolutamente necesario para comprender el final del poeta de <em>Campos de Castilla</em>.</p><p><strong>Bajas presiones</strong><strong>Azahara AlonsoTrea​Gijón2016 </strong></p><p>Las nubes se acercan en este libro frágil en la forma y certero en el fondo, a medida que avanzamos en su lectura el cielo se vuelve azul y las nubes se disipan, "ya todo se comprende", en palabras de <strong>Gil de Biedma</strong>. <strong>Azahara Alonso </strong>(Oviedo, 1988) elige <a href="http://www.trea.es/books/bajas-presiones" target="_blank">una colección de aforismos para su primer libro</a>. Los hay brutales como "Dormir es el credo de los ateos", que preside desde el día de su presentación el mostrador de la librería, y de un bello lirismo como "La ciudad triste exige atención y consuelo en los alféizares". La autora pasea, observa, afila el lápiz y se deleita en unas muy particulares disquisiciones. Me gusta recomendar este libro porque disfruté enormemente leyéndolo un lunes al sol del mediodía. Entiendo que quien se lo lleva descubre una belleza singular.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Los editores en el número 5 de la calle Gurtubay, en Madrid, o en su </em><strong>Los editores</strong><a href="http://librerialoseditores.com/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Los editores]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Letras con historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Farabeuf’, en sus cincuenta años (+1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/farabeuf-cincuenta-anos-1_1_1127556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8a0c3ad-aeac-44ee-9da8-49f4a1de1167_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Farabeuf’, en sus cincuenta años (+1)"></p><p>En 2015 se cumplieron los cincuenta años de la aparición, en la editorial mexicana Joaquín Mortiz, de <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/31/actualidad/1451522597_512381.html" target="_blank"><em>Farabeuf o la crónica de un instante</em></a>, primera novela de <strong>Salvador Elizondo</strong> (1932-2006) y obra excéntrica dentro del panorama de la narrativa mexicana y de la novelística en español en general. </p><p>Interesado por la fotografía y el cine, por la pintura, la poesía moderna —con <strong>Mallarmé </strong>y <strong>Ezra Pound</strong> a la cabeza—, por <strong>James Joyce </strong>y por la cultura china y las singularidades de su escritura y caligrafía, Elizondo hace visibles esas afinidades en una novela compleja y ambiciosa que discurre por planos entrecruzados, imbricados mediante sutiles estrategias narrativas y sugerentes analogías. Una extraña ceremonia erótico-quirúrgica en una casa de París, el paseo de dos amantes por una playa y la tortura de un magnicida en la China de comienzos del siglo XX constituyen sus escenarios fundamentales. En medio de ellos, un personaje y una fotografía cobran especial protagonismo a la hora de tejer los hilos que unen las líneas dispares por las que avanza el argumento. El personaje es <strong>Louis Hubert Farabeuf </strong>(1841-1910), cirujano y profesor de Anatomía en la Facultad de Medicina de París y cuya obra más conocida es <em>Manual de técnica quirúrgica</em> (1898) —la sección de este libro dedicada a las amputaciones será una de las referencias fundamentales de la novela—. La fotografía reproduce el suplicio del <em>leng-tch'é</em> o de los cien pedazos, método de tortura chino que data de la época de gobierno de la dinastía manchú y que consiste en el progresivo despedazamiento de la víctima tratando de retardar el momento de su muerte. Elizondo vio esa instantánea en <em>Las lágrimas de Eros</em>, de <strong>George Bataille</strong>, un descubrimiento que según él mismo reconoció fue fundamental para su carrera de escritor y en concreto para la redacción de Farabeuf. </p><p>En las primeras páginas, el doctor Farabeuf llega a una casa situada en el número 3 de la rue de l'Odeon, en París, donde esperan dos mujeres y un hombre. En ese lugar se desarrollará una breve escena donde los aparentemente nimios acontecimientos irán insinuando sentidos enigmáticos. El doctor Farabeuf  ha llegado a la casa para emprender un inquietante ritual con el cuerpo de una de las mujeres como protagonista. La ceremonia tendrá lugar en un cuarto situado al final de un pasillo donde se encuentran las señales de otros ritos idénticos ya ejecutados anteriormente. Casi al inicio también se menciona la existencia de un libro abandonado en la casa donde se encontraban dos cartas: una de ellas “describía un incidente totalmente banal ocurrido en la playa de un balneario lujoso”. Este suceso nos abre las puertas de otro marco novelesco. En él transcurre el paseo por la playa de un hombre y una de las mujeres de la casa de París. Al volver a casa, encuentran un sobre amarillo sobre un mueble, la mujer lo abre y descubre en él la fotografía del suplicio del <em>leng-tch'é</em> tomada por Farabeuf muchos años antes; el cuerpo surcado de regueros de sangre y la expresión extática de la víctima la excitan sexualmente, por lo que se abandona al abrazo del hombre para de inmediato hacer el amor con él.</p><p>El último escenario es el de la China de finales del siglo XIX y comienzos del XX donde tuvo lugar la que fue conocida como la rebelión de los boxers. Elizondo convierte a Farabeuf en médico integrante de las fuerzas expedicionarias que entre 1900 y 1901 iban a restablecer el dominio extranjero en el país oriental. El 10 de abril de 1905, en la plaza Ta-Tché-Ko de Pekín, era torturado hasta la muerte por el procedimiento del<em> leng-tch'é</em> <strong>Fu Tchu Ki</strong>, asesino del príncipe mongol <strong>Ao Jan Wan </strong>por haberle quitado a su esposa. Elizondo convierte a Farabeuf en el autor de la fotografía que plasma la agonía del supliciado y a este en un boxer que decide acabar con la vida del príncipe por su colaboracionismo con las fuerzas de ocupación. La fotografía constituirá el corazón de la trama. A partir de esta imagen van a ir desarrollándose las diversas líneas argumentales, estableciéndose un constante juego de analogías que resultará clave para tomar conciencia de los significados ocultos del relato. </p><p>Como se lee en una de sus primeras páginas, en la novela se nos narran los sucesos que se mueven en torno a “una cita concertada a través de las edades”, los tiempos y espacios diferentes se irán uniendo gracias a un deslumbrante juego de vasos comunicantes entre elementos opuestos, a una escritura que avanza mediante analogías, ecos y correspondencias para hacer del texto una máquina que produce de manera incesante significaciones sorprendentes. <em>Farabeuf </em>es una narración continuamente enfrentada a su propia imposibilidad, producto de la extrema radicalidad de sus metas: la temporalidad, la identidad, el erotismo, la memoria y la propia escritura son llevadas a sus límites tratando de resolverse en ecuaciones irrealizables. Son numerosos los elementos argumentales y los temas que ilustran hasta qué punto Farabeuf sostiene su trama en el intento de conciliación de categorías opuestas, explorando sus vínculos inéditos, puntos de aproximación inicialmente inverosímiles: pasado/presente, memoria/acto, coito/suplicio, cirugía/tortura, dolor/placer, Oriente/Occidente, cuerpo/lenguaje, buscan encontrarse en un discurso más analógico que narrativo, más conjetural que afirmativo. </p><p>Frente a estos desafíos, el discurso novelesco se sostendrá en la reescritura incesante de esas escenas para intentar desvelar el sentido que guardan y, así, la propia construcción de la ficción será parte sustancial del argumento, siempre detectado en el momento presente de su fabricación. Sin embargo, el objetivo último vendría dado por una búsqueda más extrema: la de un espacio siempre esquivo, un centro vacío e inalcanzable por el que el relato continuamente merodea. El texto se abre y cierra con la misma pregunta: “¿Recuerdas?”. En las casi doscientas páginas que median entre una pregunta y otra se abrirá ese espacio congelado y vacío del instante indescifrable, y el argumento no será sino el intento de enunciar una respuesta imposible a tal interrogante.</p><p>A ese lugar inabordable parece apuntar el cuerpo, eje central del relato: el cuerpo del supliciado y el cuerpo de esa mujer en la casa de París que ansía sentir en su piel las sensaciones extremas que el gesto de la víctima insinúa. El cuerpo en <em>Farabeuf </em>es entonces página carnal, epidermis marcada con las incisiones y trazos de las cuchillas, el escalpelo y el bisturí quirúrgicos, o las estacas de bambú al clavarse en la carne durante el <em>leng-tch'é</em>, o a través de las sacudidas del cuerpo durante el coito; y es también escritura que dibuja un signo indescifrable, un garabato, a través de una imagen inolvidable que promete el éxtasis y la muerte mediante una pose que escribe el deseo. Ese es el instante que <em>Farabeuf </em> busca narrar, pero solo la inminencia de ese acontecimiento parece mostrarse abordable a través de la escritura. </p><p><em>Farabeuf o la crónica de un instante</em> ha tenido dos ediciones españolas, una primera en la Editorial Montesinos, en 1981, y<a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=141481" target="_blank"> otra más reciente, en el 2000</a>, de la editorial Cátedra. Pero sigue siendo una novela desconocida —Elizondo siempre se quejó de que tenía más interpretaciones académicas que lectores—, de ahí que su cincuenta aniversario pasara desapercibido en España. Este mismo año, el Colegio Nacional de México ha publicado una bellísima edición en una caja con tres volúmenes que cerraba los homenajes por sus cincuenta años celebrados en su país de origen. La novela apareció en medio de esa década dorada de la narrativa latinoamericana: los años de aquel estallido literario que nos trajo títulos inolvidables pero que también enterró otros que hubieran merecido estar en primera línea. </p><p><em>*Eduardo Becerra es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid. </em><strong>Eduardo Becerra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Becerra]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[“El instante, la vida”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/instante-vida_1_1127555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/42565af5-65f2-4a2b-bfe3-e2a842351776_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“El instante, la vida”"></p><p>La poeta Roxana Méndez recita "El instante, la vida". </p><p><strong>El instante, la vida</strong></p><p>He tenido una buena vida:</p><p>una guerra de diez años</p><p>y tres terremotos</p><p>que echaron abajo la ciudad</p><p>y cumplieron la profecía</p><p>de la abuela,</p><p>quien meses antes</p><p>nos había anunciado</p><p>la destrucción terrible</p><p>con una voz que era la misma</p><p>con la que nos contaba</p><p>los dulces cuentos</p><p>donde todo era del color</p><p>de las avellanas secas.</p><p>Pero he tenido una buena vida,</p><p>apacible, sentada</p><p>a la mesa en el patio,</p><p>o escondida</p><p>entre los sacos de maíz,</p><p>a la espera de que las detonaciones</p><p>cesaran, de que las voces</p><p>cesaran, protegida en la oscuridad</p><p>donde el mosquito</p><p>era un murmullo</p><p>que me hacía dormir.</p><p>El mosquito cuya picadura</p><p>no causaba la muerte.</p><p>Pero he tenido una vida buena,</p><p>un amor verdadero y brillante</p><p>como oro que ha adquirido</p><p>la forma de un broche,</p><p>un búho de grandes ojos blancos,</p><p>prendido siempre</p><p>bajo mi blusa, y por ello</p><p>una gota de sangre</p><p>es lo que queda</p><p>del pasado, una gota</p><p>suspendida</p><p>como un planeta frío.</p><p>Pero he tenido una buena vida,</p><p>una vida donde la guerra</p><p>y el amor</p><p>han durado</p><p>los mismos años.</p><p>Una donde la muerte</p><p>me ha visitado poco,</p><p>y donde he visto el mundo</p><p>y he escuchado</p><p>los sonidos de las grandes</p><p>aguas y los enormes</p><p>valles, donde los cascos</p><p>del caballo criollo</p><p>y el venado me muestran</p><p>su extraña diferencia.</p><p>He visto y olvidado</p><p>lo que he visto</p><p>y vuelto a asombrarme</p><p>con lo que había sido</p><p>asombro una vez.</p><p>No me quejo.</p><p>Las aguas siguen</p><p>abrazando mis pies,</p><p>aferradas con toda su tibieza</p><p>a la brevedad que poseo.</p><p><em>*Roxana Méndez (El Salvador, 1979) es poeta. Su último libro es </em><strong>Roxana Méndez </strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/coleccion-valparaiso-de-poesia-digital/18-02-el-cielo-en-la-ventana-digital-.html" target="_blank">El cielo en la ventana</a><em> (Valparaíso, 2012).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Roxana Méndez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El final de la Feria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/final-feria_1_1127534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/06b81e5a-4221-4a27-96b6-74f12a625fb2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El final de la Feria"></p><p>Cada uno cuenta la Feria del Libro según le va. Y a mí me gusta la Feria. Y la música y el baile. Por supuesto, los libros. Como conservo mi infancia caribeña, me gusta nadar, zambullirme en el paseo de coches del Retiro y dar brazadas entre casetas, libros y hojas. Entre marcapáginas y folletos de novedades editoriales. Oler el papel,  ir de espaldas, a contracorriente, dejarme chocar con la caseta de información, o la de las actividades infantiles, o con la gente. Tirarme de cabeza, quedar sepultada en libros, como el tío Gilito cuando se bañaba en billetes de dólar. Sé que a muchos la Feria no les gusta, unos porque no leen, otros porque la consideran muy del vulgo, poco elitista,  y más en primavera, con la saturación de pólenes, qué molestia, siempre lleno de gente. Pues una se toma un antihistamínico, se queda grogui y va dando tumbos, que es más divertido eso, bucear en casetas un poco drogada. Yo lo hago y te das cuenta de que el mundo tiene otro color, que el mundo está ahí, encerrado en esas páginas que no puedo comprar porque no llega para todo y tengo que abandonar la compulsión para hacerme listas ordenadas, pasearme al principio y luego, al final de la feria, o a mediados de la misma, decidir.</p><p>Me gusta la Feria en días de diario, primera hora de la mañana o de la tarde, poca gente, tranquilidad para charlar con los libreros o editores, dejar que te aconsejen, pero no mucho, porque las cervicales crujen con las medusas-libros a la espalda, dentro de la mochila.</p><p>Y además de ir en día de diario, que es como ir a nadar a la piscina a la hora de comer porque tienes un carril para ti sola, tengo mis casetas preferidas. Sobre todo las editoriales independientes y las librerías pequeñas, que hacen el esfuerzo de estar ahí, atendiendo peticiones. No, para ti no es nadar a mariposa, menos braza, más crol o espalda. Y los que saben de mis gustos me informan de ese libro que acaba de salir, te va a encantar. Y así voy encontrándome con <strong>Viviana</strong>, la especialista en literaturas africanas de Traficantes de Sueños, nadamos juntas cuando coincidimos. En invierno y en verano. Y <strong>Alberto</strong>, de la  Méndez, o <strong>Igor</strong>, de Muga, o los Tipos Infames o Lola, mi querida <strong>Lola Larumbe</strong>, de la Alberti. </p><p>Me gusta la feria por lo que tiene de independiente. Como me gusta nadar sin monitor, sin clases, a mi ritmo, el tiempo que quiero y como quiero, el día y la hora que me da la gana. Y por eso me gusta rebuscar en las editoriales independientes, en las ínfimas diría yo, que apenas tienen hueco en las librerías, que es difícil hallar sus libros a diario, como cada vez es más difícil encontrar cangrejos de arena en la playa, peces de orilla, lombrices para  pesca e incluso conchas.  Habitar la literatura, el riesgo.  Así que compro para todo el año. Nado entre Bartleby, Demipage (siempre juntos en la feria) y me llevo el libro de poemas de <strong>Luis Pastor</strong>, <em>De un tiempo de cerezas</em>. Paso por Periférica y me llevo <em>Tú no eres como otras madres</em>, de <strong>Angelika Schrobsdorff</strong>; paso por Visor y me llevo el último de <strong>García Montero</strong>, <em>Balada en la muerte de la poesía</em>. En Páginas de Espuma compro <em>Calila e Dimna</em>, edición de<strong> José María Merino </strong>y el último tomo de los<em> Cuentos de Chéjov</em>, edición <strong>Paul Viejo</strong>. Me gusta también Menoscuarto,  sección  cuento, por ser cuentista de toda la vida, y me llevo el último de <strong>Pepe Cervera</strong>,  Alguien debería escribir un libro sobre <strong>Alejandro Sawa</strong>. De la Editorial Baile del Sol compro <em>El retrato de Irene</em>, de <strong>Alena Collar</strong>. A  mis alumnos del taller juvenil les paseo por la colección compactos de Anagrama (más baratos) para que se lleven <em>La conjura de los necios</em>, de<strong> John Kennedy Toole</strong>, ya por la 50º edición.  También les llevo a Debolsillo y Alianza Editorial, donde cae  un clásico, <em>El guardián entre el centeno</em>, de <strong>Salinger</strong>. También les recomiendo <em>Andarás perdido por el mundo</em>, de <strong>Oscar Esquivias</strong>, porque el cuento <em>El chino de Cuatroca </em>les encantó cuando lo leímos. </p><p>Y caen más libros  africanos. Encuentro en Acantilado, <em>Tres mujeres fuertes</em>, de <strong>Marie Ndiaye</strong>, premio Goncourt 2009; <em>Las que aguardan</em>, de <strong>Fatou Diome</strong>, editorial El Aleph y El Cobre; <em>Condiciones nerviosas </em>de <strong>Tsitsi Dangarembga</strong>, en Nadhari Narrativa;<em> El libro de los secretos</em>, de<strong> Boubacar Boris Diop</strong>, editorial Almuzara y <em>Un grano de trigo</em> del eternamente nominado a premio Nobel <strong>Ngugi wa Thiong'o,</strong> en ediciones Zanzíbar.</p><p>Y luego, libros de amigos, cuentistas y no cuentistas, que publican en editoriales, no ya independientes sino mínimas, con gran esfuerzo. Y compro, compro, porque tiene que ser así, porque es la única manera de mantener el afán de otros. Y porque con todos ellos, la lista es muy larga para nombrarla, tengo lo que llamo la comuna literaria, que no la sociedad literaria, un espacio energético donde nos alegramos de corazón de que un libro vaya bien, o al menos cubra gastos, que un amigo publique ese libro que tanto esfuerzo y tantos tumbos le ha costado hasta que por fin alguien se interesa por él.</p><p>La montaña de libros pendientes se acentúa tras la Feria. Menos mal que llega el verano para escalarla. </p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em>(Evohé, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Madrid,Feria del libro,Los diablos azules número 21]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cervantes fuera de palacio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cervantes-fuera-palacio_1_1127485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b537585c-4845-4ac4-9011-0973abf8beb4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cervantes fuera de palacio"></p><p><em>Este texto ha sido extraido del volumen Impolíticos jardines. Ensayos sobre política y cultura (Trotta, 2016). </em><a href="http://www.trotta.es/libros/impoliticos-jardines/9788498796308/" target="_blank">Impolíticos jardines. Ensayos sobre política y cultura</a></p><p>Un autor ignorante de la oceánica bibliografía académica sobre <strong>Miguel de Cervantes</strong>, pues tal es el caso de quien esto escribe, puede ser como elefante en cacharrería. Pero esa ignorancia no debe inducir a la mudez, e impedir a un lector de Cervantes tributarle un modesto homenaje con ocasión del cuarto centenario de la publicación del <em>Quijote</em>, a condición, claro es, de ubicar su reflexión al margen de la especialidad académica de la filología hispánica¹.</p><p>Mis fuentes principales, aparte de las lecturas que señalaré más adelante, son los prólogos que el propio Cervantes les puso a sus obras. Prólogos extraordinariamente importantes, pues en ellos Cervantes adopta la máscara del autor y expresa pensamiento propio, aunque lo encele suficientemente —ya que aparece como autor, esto es, se representa a sí mismo en ese papel— para diversos fines, entre ellos los propiamente literarios. La falta de respeto del mundo del consumismo para con las cosas de la cultura la ejemplifica el que a las <em>Novelas ejemplares</em> distribuidas en el año conmemorativo con la edición del cultísimo diario <em>El País </em>se les ha amputado el importantísimo <em>Prólogo </em>del propio Cervantes.</p><p><strong>Fuera de palacio</strong></p><p>En sus<em> Cartas luteranas</em>², en el capítulo titulado precisamente "Fuera de palacio", <strong>Pier Paolo Pasolini</strong> describe una experiencia personal que desemboca, como tantas veces en él, en una ilustrativa metáfora sociológico-política. Cuenta Pasolini que un atardecer, tras una agotadora jornada veraniega en la sala de montaje con uno de sus filmes, ha ido a la playa de Ostia, una playa popular, cerca de Roma; lleva en la mano una revista "para intelectuales" que se ha leído de cabo a rabo y mira a su alrededor: una multitud plebeya, consumista; parejas pequeño-burguesas con sus hijos, etc. Un entorno completamente distinto del mundo habitual de los intelectuales selectos a quienes acaba de leer en la revista. A Pasolini, antes de la epidemia consumista, le complacía estar entre las sencillas multitudes populares que ahora, en su desnaturalización, le disgustan; pero una vez más se encuentra inmerso en una de ellas simplemente por inercia. Mira la revista que tiene en la mano y reflexiona: "¡Qué distinta de mí es la gente que escribe sobre las mismas cosas que me interesan a mí!" —pues a "esa gente", de gustos "refinados", ni se le pasa por la cabeza irse a bañar a Ostia—. "Pero, ¿dónde está? ¿Dónde vive?". Y la respuesta fulgurante acude a su cabeza: "Vive en palacio".</p><p>"Vivir en palacio", como cosa contrapuesta a "estar en la plaza, abajo, entre la gente" es una antigua metáfora de <strong>Guicciardini</strong>, contemporáneo de <strong>Maquiavelo</strong>, en los principios mismos del mundo del mercado. Pasolini la renueva al señalar la diferencia entre las personas que se ocupan solamente de lo que ocurre "en palacio", esto es, en las esferas del poder (poder político, económico, cultural y, como diría muy propiamente <strong>Pierre Bourdieu</strong>, simbólico), y las personas que "están en la plaza". Las primeras se ocupan del poder, de sus intrigas, de sus alianzas; entran en su tráfico de influencias y ansían, como diría <strong>Hobbes</strong>, conseguir más poder³. Las segundas, las gentes corrientes, padecen el poder de los otros; están excluídas. Y pueden llegar a tener una manera distinta de interpretar el mundo, de vivir y de soñar cómo vivir.</p><p>Hay ciertas semejanzas entre Pasolini y Cervantes: ambos dieron con sus huesos en la cárcel ("donde toda incomodidad tiene su asiento"); ambos son críticos de la sociedad en que viven; ambos son innovadores; ambos tienen sentido del humor pese a que eso no se manifieste en todas sus obras; y también son autores los dos de obras "bizantinas": Cervantes, con el <em>Persiles</em>; Pasolini, con su película <em>Las mil y una noches</em>.</p><p>Pero más allá de estas anacrónicas coincidencias vale la pena preguntarse por la posibilidad de otra más esencial: ¿es Miguel de Cervantes un escritor de <em>fuera de palacio</em>? ¿Se sitúa moralmente Cervantes al margen del poder y de sus negocios? ¿O, como tantos intelectuales, buscó insertarse en el poder y sobre todo hacer las paces con él?</p><p>Algunas dedicatorias que Cervantes incluyó en sus libros pueden inducir a creer que el escritor tiene una filia subjetiva por el palacio; incluso la última dedicatoria, la del <em>Persiles</em>. Sin embargo la vida de Cervantes, su inserción objetiva en el mundo productivo, guarda un intenso parecido con la de los primeros (y posteriores) artistas "libres", como por ejemplo <strong>Mozart</strong>, libre  ya de vínculos de naturaleza feudal como los que todavía ataron a <strong>Beethoven </strong>o a <strong>Haydn</strong>. Sostendré que Cervantes, en el siglo XVI y principios del XVII, anticipa intencionalmente a los artistas "libres" en bastantes rasgos destacables, en esa primera etapa de formación de la división social del trabajo moderna.</p><p>Intelectuales no aristocráticos y división del trabajo</p><p>¿Cómo podía subsistir un intelectual no perteneciente a la casta aristocrática en el mundo de los siglos XVI y XVII? ¿Qué posibilidades quedaban abiertas para quien optara vitalmente entonces por lo que hoy llamamos trabajo intelectual, o artístico?  </p><p>Podía actuar, desde luego, bajo la protección de la Iglesia. Una profesión eclesiástica aseguraba lo necesario para sobrevivir. Y la aprovecharon gentes tan dispares como <strong>Lope de Vega</strong>, funcionario de la Inquisición, o, de modo infinitamente más modesto, <strong>Góngora</strong>; o también, con problemas sin cuento, un renovador radical como <strong>Juan de la Cruz</strong>.</p><p>Se podía contar también con la universidad, en realidad vinculada a los dos grandes poderes, el eclesiástico y el estatal, que se comunicaban en esa institución. Ahí están los casos de <strong>Francisco de Vitoria</strong>, <strong>Luis de León</strong>, <strong>Juan de Ávila</strong>, etc.</p><p>El amparo regio o de algún aristócrata importante podía proporcionar, aún por mucho tiempo, un oficio cortesano privilegiado que permitiera la ocupación artística o que directamente la financiase. <strong>Velázquez </strong>puede servir de ejemplo de la primera situación; <strong>Quevedo</strong>, al servicio del <strong>Duque de Osuna</strong>, de la segunda, y Beethoven, entrado incluso el siglo XIX, de la tercera.</p><p>Quedaba además el oficio de las armas: tales son los casos de <strong>Garcilaso</strong>, de <strong>Aldana</strong>, de <strong>Fernández Andrada</strong> o de <strong>Boscán</strong>. Pero éstos eran capitanes, no humildes soldados. Fuera de eso, únicamente los arquitectos, escultores o los pintores más destacados podían vivir de su arte, con encargos eclesiásticos, estatales o de los muy ricos; los demás, excluidos de las categorías anteriores, tenían que "explotarse a sí mismos" en algún tráfico particular para autofinanciar su actividad creadora.</p><p>El caso de Cervantes</p><p>En el caso de Cervantes las armas quedaron eliminadas, quizá más que por las heridas que ocasionaron su manquedad por el largo cautiverio de Argel, en el que consume su juventud. Hacia los treinta años regresó a España y obtuvo un brevísimo encargo estatal, una misión de agente en Orán que no desemboca en empleo ninguno. Trata luego de vivir de sus comedias sin conseguirlo. Se convierte entonces en comisionado recaudador de impuestos en Andalucía, y en eso y en tratar de negocios se ganará la vida; "escribe y se ocupa de negocios", declarará una hermana suya en Valladolid, ante un magistrado, mucho después; seguramente se desempeñó como un pequeño intermediario o comisionista cuando dejó de ejercer la incómoda ocupación de recaudador de impuestos.</p><p>Aunque Cervantes buscó ocasionalmente la protección de algún poderoso, esa biografía suya, en su nuda verdad, le aparta de los escritores que de algún modo están "en palacio", y se puede decir en cambio que es de los artistas que "están abajo, en la plaza", en la España de su época, también por sus propias opiniones, que veremos después. Pues la ubicación de Miguel de Cervantes en el sistema de la división del trabajo de su tiempo se parece más a la de numerosos amigos suyos <em>poetas </em>(que obviamente no vivían de la poesía: nadie vive de la lírica como no sea urdiendo alabanzas al poder); y está en las antípodas de los intelectuales objetivamente "de palacio" como pudieron serlo paradigmáticamente Velázquez, Lope o Quevedo, situaciones objetivas que por mucho tiempo perdurarán en Europa.</p><p>Sólo muy mayor y explotándose a sí mismo vuelve Cervantes a la palestra literaria con la sucesión fulgurante de las <em>Comedias y entremeses</em>, las <em>Ejemplares</em>, el <em>Quijote</em>, el <em>Viaje del Parnaso</em>, el segundo <em>Quijote </em>y finalmente el <em>Persiles</em>: toda una proeza, pero que no le permite vivir únicamente de la escritura. Es preciso tomar en consideración que si en España el número de lectores siempre ha sido reducido, en la época de Cervantes debía ser incluso bastante escaso, con una población pequeña diezmada además por la peste y las enfermedades. De hecho el mercado del libro era económicamente débil.</p><p>La mayor parte de las dedicatorias formales de Cervantes tienen un destinatario preciso: el <strong>Conde de Lemos</strong> (desde las <em>Comedias y entremeses</em> al <em>Persiles</em>, pasando por las <em>Ejemplares </em>y <em>El ingenioso hidalgo</em>…):  no sólo por la esperanza ilusoria (en el sentido doble de que se hacía ilusiones y de que le hacía ilusión) que albergó Cervantes de <em>situarse </em>con él en Nápoles, ciudad que adoraba; también, y seguramente sobre todo, porque ese poderoso virrey era uno de los poquísimos aficionados a la literatura y entendidos en ella entre la aristocracia de aquel imperio hierático. Pero pese a todas estas dedicatorias <em>palaciegas </em>Miguel de Cervantes nunca llegó a entrar materialmente en palacio. </p><p><em>Afortunadamente</em>, se podría comentar con una punta de cinismo. De hecho, la segunda parte del Quijote lleva antepuesta una afectuosa aprobación eclesiástica del licenciado <strong>Márquez Torres</strong> que viene a opinar lo mismo: éste narra una anécdota, quizá inventada, en la que un caballero francés, de visita al Arzobispo de Toledo, al decírsele que Cervantes es pobre comenta: "Si la necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo".</p><p>Pero ésa es una opinión de alguien "de palacio". Lo equivocado del juicio reside en que la necesidad material no llevó a Cervantes a escribir, sino a dedicarse a los negocios, quitándole tiempo para aquello.</p><p>El talante intelectual de Cervantes</p><p>Que Cervantes fuera lo que hoy llamamos un intelectual ha sido puesto en duda. "Ingenio lego", se le llamó. Originalmente ser <em>lego </em>denotaba simplemente la carencia de estudios universitarios, pero el tiempo, con su capacidad para cambiar el sentido de las expresiones, junto con la actividad de negociante de Miguel de Cervantes, propició más modernamente la idea de un autor con escasas letras aunque dotado de gran inventiva. Así, Cervantes no podría ser equiparado con los intelectuales <em>auténticos </em>(casi todos "de palacio", como es natural).</p><p>Pese a que los estudios documentados de Cervantes se vienen a reducir a la asistencia a las clases de <strong>López de Hoyos</strong>en Madrid y tal vez, por brevísimo tiempo, a alguna escuela regentada por jesuitas, hay motivos para pensar que frecuentó la universidad de Salamanca o la de Alcalá del modo como cuenta que lo hizo su personaje Tomás Rodaja, el licenciado Vidriera, esto es, como servidor de confianza de algún estudiante rico. Aún hoy se puede ver en la Universidad de Salamanca la disposición espacial de las antiguas aulas: a un lado, la cátedra (un púlpito); debajo, el lugar del lector; en medio, los bancos de los estudiantes, y al fondo, separadas por un breve pasillo, dos bancadas para los criados de los estudiantes, al parecer mayormente aristócratas o eclesiásticos. Eso, si se produjo, pudo alimentar la llama que con López de Hoyos se había encendido. El joven Cervantes, al huir a Roma escapando a una previsible condena por una pendencia, cambió el apellido materno, Cortinas, por el sonoro Saavedra de un pariente —más tarde se convertiría en el soldado Saavedra— probablemente para borrar pistas; y entró al servicio, lo que también significaba estar bajo la protección, del joven <strong>Giulio Acquaviva</strong>, un aristócrata ilustrado de su edad. Eso es un indicio de que era visto por sus contemporáneos como una persona con dotes intelectuales. A Acquaviva le hicieron en seguida cardenal, a los 23 años, lo que tal vez parezca escandaloso hoy, aunque en asuntos de la corte papal ya resulta difícil escandalizarse.</p><p>Para establecer las cualidades intelectuales de Cervantes, más que los estudios, lo relevante es la actitud espiritual y los frutos de su actividad de escritor. Cervantes es plenamente consciente de las formas literarias y de la historia de la literatura. Y entre sus preocupaciones personales en tanto que escritor figura la de plantearse constantemente problemas literarios: Cervantes se complacía en <em>l</em><em>levar más allá</em> los géneros. </p><p>Su primera novela, <em>La Galatea</em>, publicada en 1585, es una novela pastoril en la que se propone ir más allá que la <em>Diana </em>de <strong>Montemayor</strong>. Cervantes ejecuta en ella una operación análoga a la que más tarde realizó Velázquez con su gran innovación iconográfica, tal vez sugerida por la lectura de <em>La Galatea</em>, al presentar un tema mitológico en un escenario realista, como hará Velázquez en <em>La fragua de Vulcano</em>, <em>Las hilanderas </em>o <em>Los borrachos</em>. Cervantes sitúa la acción de <em>La Galatea</em> en un escenario natural (en el sentido de no imaginario), las orillas del Tajo, y sus pastores no son personajes fabulosos sino reales; en la novela hay además, como será corriente en la obra de Cervantes, un coloquio literario en clave pastoril, donde  el personaje de Telesio representa en opinión de los entendidos a <strong>Diego Hurtado de Mendoza</strong>, quien, con Garcilaso, parece haber sido un referente importante para Miguel de Cervantes.</p><p>Y su última novela es también una novela de género; esta vez el intento es llevar más lejos que nunca la novela bizantina, con el <em>Persiles</em> (por no hablar de la parodia del género libro de caballerías en el <em>Quijote</em>).</p><p>Por cierto que la ironía acerca de las citas cultas en el prólogo a la primera parte del <em>Quijote </em>—cuando un interlocutor imaginario le sugiere al autor llenar de citas el libro ayudándose justamente de uno de esos libros de citas y "frases famosas", como hacen aún hoy ciertos doctorandos para amasar notas a pie de página a base de mencionar bibliografía no manejada— lo que hay es un intelectual que está de vuelta —aunque nunca estuvo de ida— de los recursos manidos de los intelectuales, los cuales suelen andar siempre buscando el modo de darse brillo, como si fueran zapatos que hubiera que lustrar. Los dardos más envenenados de ese prólogo van dirigidos al parecer contra Lope de Vega, y el falso <em>Quijote </em>parece responder a ellos.</p><p>Todo eso, sin embargo, al margen de lo evidente: la constelación de citas ocultas, una miríada escandida todo a lo largo del Quijote, manifiesta la dilatada cultura de un escritor nada lego: una cultura hecha suya por la propia inclinación y no como resultado de las palmas académicas.</p><p>Ha de quedar claro, de todos modos, que Cervantes es hijo de su tiempo y comparte alguno de los prejuicios sociales de sus contemporáneos. Por ejemplo, uno que, cambiado, persiste hoy: burlarse de los vizcaínos, de los vascos, por su modo de hablar el castellano, asunto que aparece en su obra en no pocas ocasiones. Que Cervantes es un crítico social no ofrece dudas;  pero tampoco hay que hacer hipérboles sobre ello. A fin de cuentas, con su religiosidad avanzada, erasmista, no dejó de ser un creyente:  se hace terciario franciscano y congregante de los Esclavos del Santísimo Sacramento. Aunque en el "Prólogo" del <em>Persiles </em>se despide de sus amigos esperando encontrarlos "en alguna otra vida", y no en <em>la </em>otra vida.</p><p>Pero estábamos hablando de su consciencia en tanto que intelectual. Y ahí se pueden añadir numerosos elementos de hecho que le sitúan en las antípodas del <em>lego</em>.</p><p>Uno de ellos salva para la historia del teatro español (en el "Prólogo al lector" de sus <em>Comedias y entremeses</em>), la descripción de cómo eran las representaciones de <strong>Lope de Rueda,</strong> cuya importancia no se le escapa y a quien alcanzó a ver siendo muchacho. Informa que Lope de Rueda ejercía la artesanía de fabricar panes de oro —tampoco éste vivía pues sólo de su arte—. Y que todo el atrezo necesario para una representación suya cabía en un costal: unas pocas telas, barbas y pelucas; que el teatro consistía en cuatro bancos en cuadro con unas tablas encima, que el telón de fondo era una manta vieja colgada de una cuerda tendida de lado a lado, tras la cual estaban los músicos "cantando sin guitarra algún romance". Nos muestra pues un teatro que hoy evoca la sobriedad de un<strong> Sanchis Sinisterra</strong>, teatro puro de actores, en las antípodas del espectáculo de tramoya, quizá más circo que teatro, de La Fura dels Baus, que encandila a un progresismo boquiabierto ante la tecnología. Cervantes, en el prólogo con el que andábamos, habla luego de un actor llamado Navarro que amplió el vestuario e inventó tramoyas de ruidos de rayos y truenos, etc. También señala Cervantes que él mismo redujo las comedias a tres actos de cinco que solían tener, e inventó los personajes "morales" (la Esperanza, el Alma, etc.; luego Calderón poblaría sus pesadísimos autos sacramentales con personajes de este tipo); y añade que compuso entre 20 y 30 comedias que se representaron "sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de ninguna otra cosa arrojadiza".</p><p>(El lector, probablemente, habrá sonreído, pues en la cita es de admirar la sabia elipsis cómica: el hiperbólico "pepinos" evita la palabra "huevos" y la palabra "tomates").</p><p>Cervantes legó un magnífico censo de la lírica de su época en <em>El viaje del Parnaso</em>, una obra donde los tercetos encadenados, que tan bien funcionan en la lengua castellana, son vehículo de la mayor ironía literaria interna que conoce nuestra literatura. Esta obra, y en particular su capítulo IV y la <em>adjunta </em>en prosa, es riquísima para comprender la autoconsciencia literaria de Cervantes, que muestra saberse ya un escritor grande pese a la falta de reconocimiento congruente. </p><p>Por otra parte están las ironías sobre las Academias, empezando por la de Argamasilla en el <em>Quijote</em>, que no son desde luego ironías de un <em>lego</em>, sino de alguien completamente consciente del significado cultural de la literatura. Y la iniciación en castellano de un género nuevo, la novela corta, en las ejemplares, que sin falsa modestia reivindica.</p><p>Cervantes hace teatro dentro del teatro en<em> Pedro de Urdemalas</em> y en <em>El retablo de las maravillas</em>. En este orden de cosas, yo valoraría diversamente de cómo viene haciéndolo cierta crítica la presencia de novelas dentro de las novelas, que es un recurso de gran valor literario más que un expediente para engrosar libros como parecen opinar algunos académicos de hoy. Sirve para dejar en suspenso al lector, y atraparle en la pausa en una red más modesta que acaba resultando apasionante. Lo utiliza el propio <strong>Nabokov </strong>en la novela que se ha traducido con el título de <em>La dádiva</em> (cuando hubiera debido llamarse en castellano algo así como <em>El regalito</em> o <em>El regalo envenenado</em>).</p><p>En varias ocasiones habla Cervantes del valor de la literatura de entretenimiento. Su argumento es que para hacer grata la vida se cultivan jardines y se construyen fuentes; así, también, con la misma intención, se escriben los libros. Estamos en las antípodas de la escritura funcional a la ciencia o a la teología. Cervantes no escribe para alabar a Dios, sino para entretener y divertir a las personas (y con toda seguridad para divertirse él mismo).</p><p>El conjunto de sus consideraciones metaliterarias basta para mostrar un escritor que no es en modo alguno un «lego»: no sólo escribe y fabula, sino que tiene opinión propia, innovadora, y sabe ubicarse perfectamente en la historia intelectual de su país.</p><p>De todas las historias de la historia…</p><p>No eran buenos tiempos tampoco entonces en España, que tan pocos ha tenido. Cervantes vivió durante el ominoso reinado de <strong>Felipe II</strong>, con la Inquisición funcionando sin tregua, persiguiendo no sólo a los judíos sino también a erasmistas como él; con empresas bélicas insensatas y costosas que pesaban sobre los hombros del indio americano y el campesinado del reino de Castilla; y, finalmente, en el Madrid de <strong>Felipe III</strong>, desmadrado en la corrupción, anticipo, para que nos hagamos una idea, del Madrid de <strong>Felipe González</strong>.</p><p>El asunto de la “pureza de la sangre”</p><p>Éste es un tema central de la política que incide en la vida social. El proyecto de los <strong>Reyes Católicos</strong> de cohesionar ideológicamente la unión de reinos a través de la fe cristiana, con la proscripción de los judíos salvo que se convirtieran (y sus sucesores combatirán y proscribirán a los moriscos); eso creó a incontables súbditos la obligación de convertirse para no ser expulsados del país, y auspició una sospecha generalizada sobre los falsos conversos o conversos a la fuerza.</p><p>Esa política y la creación de la Inquisición originaron un ambiente gravísimo de delación y sospecha, de interesada soplonería, en toda la sociedad española sin parangón en ninguna otra, pues no eran pocos los que tenían ascendencia judía. El propio <strong>Fernando el Católico</strong> tenía lo que se llamaba "un cuarto de judío", pues una abuela suya pertenecía a esa etnia. Ser acusado de falso converso implicaba caer en manos de la Inquisición, que lo primero que hacía era confiscar los bienes del preso. Por eso aparecieron y se generalizaron prácticas destinadas a guardar las apariencias del <em>no judaísmo</em>, unas prácticas que arraigaron con tal fuerza que subsisten hasta hoy. Así, nosotros y los portugueses llevamos dos apellidos, para poner de manifiesto que ni la ascendencia paterna ni la materna son hebreas; así, la costumbre doméstica de "hacer sábado", reservando para ese día en que la ley judaica prohibe trabajar las grandes labores de limpieza, que se realizan con puertas y ventanas abiertas, a la vista de todos (la costumbre y la expresión han permanecido vivas hasta la entrada de los españoles en el contemporáneo mundo del consumo).</p><p>Desde las primeras líneas del Quijote Cervantes es un crítico social de ese mundo de apariencias: ahí están los duelos y quebrantos —productos porcinos tabú para los hebreos— que el hidalgo Quijano había de zamparse los sábados como todos los cristianos españoles: una ironía sobre la España de la pureza de la sangre que desde luego no pueden apreciar, por falta de información, los escolares que se saben ese párrafo de memoria. Y que pasan por alto la mayoría de los eruditos. (De pasada: "duelos y quebrantos", ¡qué expresión ingeniosa de origen indudablemente popular, como tantas recogidas por Cervantes!).</p><p>La crítica de la pureza de la sangre aparece en otras obras de Cervantes: desde luego, es central en la lógica teatral de esa joya que es <em>El retablo de las maravillas</em>, o en <em>La elección de los alcaldes de Daganzo</em>. Es la crítica de una sociedad en la que el mérito o el demérito no se juzgan en virtud de la valía personal o de las obras, sino por un criterio derivado de la lógica de la institución feudal. Tampoco en esto hemos avanzado mucho, pues hoy el mérito y el demérito se miden en función del mercado y de su servidora la publicidad, del tanto tienes tanto vales.</p><p>La sospecha de alguna raíz judaica en el propio Cervantes la alimentan, más que anularla, desde el oficio paterno hasta el poco fundamentado documento de pureza que, a petición suya desde Roma, le facilita su padre: un apaño picaresco y no un certificado de pureza en regla. O el hecho de que no insistiera en "pasar a América", lo cual habría exigido una prueba de pureza de sangre con todas las de la ley. Además, un ascendiente suyo fue un converso al servicio de la Inquisición… Cervantes no era precisamente un cristiano viejo, pero tampoco parece sentirse preocupado por su propia estirpe. Lo que critica es la ficción atenazante y peligrosa en que, a diferencia por ejemplo de la Italia que bien conoce, vive la sociedad española</p><p>El <em>Quijote </em>para niños (incidentalmente) y para mayores</p><p>No se debe dar el <em>Quijote </em>a los niños, ni hacer de él ediciones <em>para niños</em> que traicionan inevitablemente el valor de la obra al deslizarse sobre su superficie: es mejor hablar con realismo, en cambio, de la dificultad de leer a un autor de hace cuatro siglos, porque el lenguaje ha cambiado aunque siga siendo el mismo, y sobre todo porque ha cambiado el mundo. Los <em>quijotes </em>para niños, o como libros para aprender a leer —padecí uno de ellos—, pueden crear en sus lectores un prejuicio contra la obra de Cervantes en vez de curiosidad por ella (esas publicaciones manifiestan un necio chovinismo patriótico burdamente nacionalista; ni siquiera a los franceses, por ejemplo, se les ocurre hacer ediciones <em>para niños</em> de <strong>Rabelais</strong>). A los escolares se les puede recomendar con provecho<em> El coloquio de los perros</em>, <em>Rinconete y Cortadillo</em> o <em>El licenciado Vidriera</em>. Y para evitar un chovinismo cervantino también se les puede recomendar <em>El lazarillo</em>, <em>El Buscón</em> o <em>Guzmán de Alfarache</em>, que la literatura española del siglo XVII da para mucho y los jóvenes españoles, gracias a los pedagogos y a los ministros o consejeros de Educación, no lo saben.</p><p>Tal vez convenga mencionar ahora unos pocos libros que pueden ayudar a leer con gusto a Miguel de Cervantes a pesar de la distancia temporal y los cambios culturales: yo mencionaría los de <strong>Rosa Rossi</strong>, sobre todo <em>Escuchar a Cervantes</em>; el excelente libro sobre el <em>Quijote </em> de <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, y el de <strong>Francisco Márquez Villanueva</strong>, <em>Cervantes en letra viva</em>.</p><p>Hay que entender que si Cervantes ridiculizó la supervivencia del feudalismo (eso decía <strong>Joaquín Maurín </strong>en un artículo de 1930, disparatado por demás), hoy lo equivalente sería ridiculizar el apogeo del capitalismo. Quizá así los niños no malentendieran a Cervantes desde el principio.</p><p>En mi opinión, sin embargo, y pese a que <em>La Galatea</em> y el <em>Persiles </em>bastarían para situar a Cervantes en un lugar destacadísimo de la historia de la literatura española, hay que decir las cosas claramente: quienes más pueden disfrutar hoy estas obras son… los especialistas en historia literaria o en filología hispánica, más que los lectores no especializados como pueda serlo yo mismo. Y ello, creo yo (aunque podría estar equivocado) porque el género de la novela pastoril es poco apto para la crítica social (aunque sí sirve para la crítica literaria) y la novela bizantina, fantástica, en la práctica la excluye por completo. Y es justamente la crítica, e incluso más precisamente la buena calibración de la crítica social y literaria, lo que constituye una de las razones de la perennidad de Cervantes: es un escritor equilibrado, el que más en la literatura española.</p><p>El Cervantes sobresaliente es el del <em>Quijote</em>, sobre todo en su segunda parte; el de las <em>Ejemplares </em>(especialmente con <em>Rinconete y Cortadillo</em>, y más: <em>El licenciado Vidriera</em> y, por encima de todo, <em>El coloquio de los perros</em>); el de los entremeses teatrales (<em>Retablo</em>); el de ciertos poemas, como el <em>Viaje del Parnaso</em> y "Al túmulo de Felipe II en Sevilla";  el de algunos escritos, como sobre todo sus prólogos, algunos de ellos rebosantes de humor. Mientras que hay un Cervantes notable: el de <em>La Galatea</em>, el del <em>Persiles</em>, el de algunas obras teatrales.</p><p>Es como dos escritores en uno: uno de ellos es un autor excelente, que por sus obras tendría un lugar asegurado en la historia de la literatura española al lado de los grandes. Pero el otro Cervantes es un escritor enorme, magnífico, de los más grandes de la literatura universal. Aunque este juicio mío, maniqueo, sobre los <em>dos </em>Cervantes debe ser atemperado porque en realidad no sé cómo se podía leer en mil seiscientos y pico una novela bizantina como el <em>Persiles</em>, de la que se hicieron en la época varias ediciones.</p><p>Muy probablemente la coexistencia de los <em>dos </em>escritores (siguiendo con el maniqueísmo) en la misma persona, y hasta el final de su vida, se deba a que Cervantes nunca pudo dedicarse por entero, sola y exclusivamente, a su trabajo intelectual, a su trabajo de escritor; o incluso a que durante algún tiempo trató de escribir para vivir (obras de teatro). Muy cerca tenemos el caso de una persona que hubiera podido ser un grandísimo escritor, <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>, y que se quedó en escritor muy valioso precisamente porque escribía para ganarse la vida. Eso es posible hoy —aunque con grandes costes—; en los siglos XVI y XVII, no.</p><p>Volviendo a Cervantes, siempre resultará sorprendente que un autor con tan aguda consciencia técnica del carácter artístico de su obra presente diferencias tan acusadas: la segunda parte del <em>Quijote </em>y al mismo tiempo una novela bizantina como el <em>Persiles</em>; o la diferencia entre un entremés como el<em> Retablo</em>, un acierto completo, total, y sus comedias dramáticas; o el soso final feliz de la trama de <em>La fuerza de la sangre</em>, para mí un enigma, pues en cambio el planteamiento de esta novela ejemplar es increíblemente moderno: evoca hoy al mejor <strong>Stevenson</strong>, al mejor <strong>Conrad</strong>, o al <strong>Stendhal </strong>de las <em>Crónicas italianas.</em></p><p>Cuando despliega la ironía, esto es, en su papel de crítico social, o siquiera literario, Cervantes resulta incomparable, lo cual no es el caso si el género (la novela bizantina, por ejemplo) no facilita ese despliegue sino que más bien tiende a impedirlo. También cuando no escribe para vivir, sino para defender su obra literaria, como en la segunda parte del <em>Quijote</em>.</p><p>Menosprecio de Corte, menosprecio de palacio</p><p>En varias ocasiones aparece Cervantes, pese a haber buscado infructuosamente una colocación cortesana (que era entonces algo así como hoy trabajar en las universidades), en actitud muy distante y crítica respecto de la corte y lo cortesano.</p><p>Mencionaré, ante todo, el soneto "Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla", al que calificó nada menos que de "honra principal de mis escritos" (y lo es no por su valor literario, sino por su valor político), en el que de una forma oblicua, llena de sorna, de retranca, pone en solfa el exceso escenográfico con que se tributa al difunto rey. </p><p>En el mismo sentido van unas líneas del final de <em>El licenciado Vidriera</em> que suenan como de la <em>Epístola moral a Fabio</em> aunque son más directas:  "¡Oh, Corte, que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos encogidos, sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!". Esto es: la Corte promueve a truhanes desvergonzados y a pretendientes atrevidos. <em>Nihil novum sub sole</em>.</p><p>Y tenemos, finalmente, el último chiste de Miguel de Cervantes, todavía válido hoy, que aparece en uno de sus textos más impresionantes, el prólogo del <em>Persiles</em>, escrito pocos días antes de su muerte y consciente de que la guadaña le ronda muy de cerca. Allí cuenta que cabalgando en su mula camino de Madrid, junto con otras personas —los viajeros se juntaban en grupos para protegerse mutuamente—, son alcanzados tras mucho esfuerzo, pues sus cabalgaduras van ligeras, por una persona que resulta ser un estudiante. Persona que, nada más llegar hasta ellos, les pregunta: "¿Vuesas mercedes van a alcanzar algún oficio o prebenda a la Corte, pues allí está su ilustrísima de Toledo y su Majestad, ni más ni menos, según la priesa con que caminan…?".</p><p>Basta pensar en lo que sucede hoy tras cada vuelco electoral, con millares de pretendientes, profesores e intelectuales, sedientos de promoción y de beneficios, que vuelan a Madrid, donde está el Poder, para comprender que Cervantes sigue siendo actual por la agudeza de su mirada sociológica.</p><p>Y es verdad que en sus últimos años Cervantes casi logró trabajar como escritor en el sentido moderno de la división del trabajo, pues el público acogió muy bien el <em>Quijote</em>. Fue leído por las personas, aún escasas, que podían leer como lo hacen los lectores modernos, y obtuvo de ellos reconocimiento. Miguel de Cervantes jamás entró en palacio, sino que permaneció siempre abajo, en la plaza. ¡Cuán distinto era de tantas personas que se interesan por las mismas cosas que le interesaban a él!</p><p>_______________________</p><p>. Intervención en un curso sobre la obra de Cervantes, en la Universidad de Almería, dirigido por Juan Carlos Rodríguez en julio de 2005. Dedicado a <strong>Alejandro Nieto</strong>. Bellver de Cerdanya, julio de 2005. Revisado en 2015.</p><p>. Pier Paolo Pasolini,<em> Cartas luteranas</em> (1979), trad. cast. Trotta, Madrid, 1997.</p><p>. Vid. C. B. Macpherson, La teoría política del individualismo posesivo, trad. cast. Trotta, Madrid, 2005.</p><p>. Quien le llama "nuestro caro" y "amado discípulo" al incluir dos poemas del joven Cervantes en un libro suyo.</p><p>. Felipe II había ordenado prenderle por herir a otra persona en un duelo.</p><p>. "...por motivos que no debieron de ser exclusivamente religiosos", escribe Jean Canavaggio.</p><p>. Nabokov, autor de un disparatado libro sobre la obra de Cervantes, inserta en <em>La dádiva</em> una biografía de <strong>Chernichevski</strong>, antepasado ideológico de los bolcheviques pero también de los liberales rusos como el propio Nabokov, que no tiene desperdicio.</p><p>. Pero no <strong>Juan Goytisolo</strong>, uno de los mayores escritores contemporáneos en lengua castellana. En la nota sobre esta expresión en el Quijote de la RAE, edición excelente por lo demás dirigida por <strong>Francisco Rico</strong>, hay en mi opinión un error. Se supone allí que los duelos y quebrantos eran un plato que no rompía la abstinencia que en Castilla se observaba los sábados. Pero, si no rompía la abstinencia cristiana, ¿por qué quebrantos? En cambio con el tocino se quebrantaba con dolor (duelos) el <em>sabbath </em>hebreo.</p><p>. Y ya que estamos en eso de las lecturas de los jóvenes, en el inicio de la afición por la lectura, conviene recordar también a autores como <strong>Stevenson</strong>, Conrad, Stendhal o <strong>Poe</strong>, por no hablar de <strong>E. M. Remarque</strong> y <strong>Primo Levi</strong>. </p><p>. Rosa Rossi, <em>Escuchar a Cervantes </em>(Ámbito, Valladolid, 1987) y <em>Tras las huellas de Cervantes </em>(Trotta, Madrid, 1997); Juan Carlos Rodríguez, <em>El escritor que compró su propio libro. Para leer el Quijote </em>(Debate, Barcelona, 2003), y Francisco Márquez Villanueva, <em>Cervantes en letra viva </em>(Reverso, Barcelona, 2005).</p><p><em>*Juan-Ramón Capella es filósofo y jurista. </em><strong>Juan-Ramón Capella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan-Ramón Capella]]></author>
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