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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 24]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-24/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 24]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Una madre’, de Alejandro Palomas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/madre-alejandro-palomas_1_1128382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8aa8fa7e-947d-4b79-92d1-f37662542c07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Una madre’, de Alejandro Palomas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>Con ese título y esa portada, <em>Una madre</em> tenía ganado un pedacito de nuestro corazón casi desde antes de empezar a leer. El nombre del autor, <strong>Alejandro Palomas</strong>, también figuraba entre los escritores que dejan poso en los clubes de lectura: habíamos leído hace unos años <em>El alma de la ciudad </em>y las impresiones habían sido, en general, muy buenas. Pero con <em>Una madre</em>, ha acabado de conquistar a las integrantes del club de lectura de la Biblioteca Municipal Almudena Grandes de Azuqueca de Henares.</p><p>Nos ha sorprendido (y enamorado) la mezcla de dramatismo y humor que se mantiene a lo largo de toda la trama. Con la excusa de presentarnos a una familia que está inmersa en los preparativos de la cena de Nochevieja, Palomas nos va desvelando las vivencias de cada uno de sus miembros: Fer, la voz narradora; Amalia, su madre; y Emma y Silvia, sus hermanas; y Eduardo, su tío. Unas experiencias vitales que aportan ese dramatismo del que hablábamos y que, en muchos casos, nos han dejado con un nudo en la garganta (cuando no con la lágrima resbalando mejilla abajo). Pero esa (gran) dosis de dramatismo está matizada por el humor que transmite Amalia. Quizá lo haga sin pretenderlo, pero su forma de encarar la vida, de tratar a sus hijos, las cosas que les pasan, sus ocurrencias... van generando una suerte de humor tierno a lo largo de la novela que suaviza la carga dramática y que, en el fondo, nos hace pensar en lo que ocurre en la vida misma: nuestro pasado y nuestro presente no son más que la combinación de momentos felices y momentos tristes, de risas y de lágrimas.</p><p>Otro de los aspectos que más nos han gustado de la novela ha sido la profunda ternura que destila y la humanidad con la que están tratados todos los personajes. Palomas consigue dibujar a sus personajes con un trazo tan fino que es imposible no empatizar con ellos, sentirlos parte de uno mismo, identificarse con ellos en determinados aspectos e, incluso, tener ganas de invitarlos a cenar a tu mesa la próxima Nochevieja. </p><p>La reflexión sobre la familia, sobre el sostén que brinda al individuo, sobre el cariño y la felicidad (pero también el sufrimiento que puede llegar a ocasionar) que forman parte de sus dinámicas internas, está muy presente en esta novela, como ocurre en otras muchas obras del autor. De hecho, tuvimos la suerte de compartir un encuentro con Alejandro Palomas en el que le preguntamos, precisamente, por su querencia hacia la historias familiares, a lo que él nos respondió que se trata de una cuestión de proximidad y de experiencia: yo no puedo relatar una gran historia de amor, porque nunca la he vivido —nos vino a decir—, pero sí puedo hablar de la familia porque tengo una y es la que me hace seguir en este mundo.</p><p>Esta respuesta nos llevó a preguntarle sobre qué parte de realidad hay en sus novelas, a lo que nos respondió que mucha. Palomas nos contó que extrae muchas anécdotas y rasgos personales de su entorno para tejer tramas y construir personajes, y que todos los personajes tienen algo de su piel.</p><p>Estos personajes tan humanos, esta reflexión sobre la familia y sobre la vida misma y esta trama que se va desvelando a base de viajes al pasado desde el presente que nos ubica en esa Nochevieja se completan con un estilo maravilloso, con un punto poético, aparentemente sencillo pero muy muy trabajado, del que hemos extraído frases para guardar en nuestras libretas de citas. Alejandro Palomas y <em>Una madre</em> han sido para nosotras una de las mejores lecturas del curso y, después de todo lo que hablamos con él en el encuentro, estamos deseando empezar a leer la continuación de esta novela, <em>Un perro</em>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Ortiz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Una madre’, de Alejandro Palomas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viejo que escribe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viejo-escribe_1_1128380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7f698594-7ca9-450f-858b-8c3f91d30a8d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viejo que escribe"></p><p><em>(Inicia el cuento José María Merino)</em><strong>José María Merino</strong></p><p>Se habían trasladado poco tiempo antes a aquella urbanización y tanto Lola como Pablo se sentían muy satisfechos. La casa, de dos plantas, estaba adosada a otras similares, y el conjunto formaba un enorme cuadrado en cuyo interior había dos pistas de tenis, una gran piscina y otros espacios. Además, el colegio de los niños quedaba bastante cerca. </p><p>En el coche, Lola tardaba lo mismo que antes en llegar al hospital. En cuanto a Pablo, sentía la modificación de sus traslados a la oficina como un inefable regalo que le hacía vivir las rutinas diarias con una disposición más jubilosa de lo que era su costumbre: en ir de casa a la estación del tren de cercanías empleaba apenas ocho minutos andando, luego menos de veinte en llegar a su destino, y por fin otros ocho o diez, también andando, en alcanzar el edificio de la compañía. Resultaba así que el haberse alejado del centro de la capital no solo no había complicado su vida, sino todo lo contrario...</p><p>Tardó casi una semana en descubrir a aquel viejo. Había advertido su presencia, pero sin que la percepción se materializase con claridad en su conocimiento. El viejo estaba en la cafetería que remataba el final de la avenida. El día en que racionalizó la difusa visión, pudo comprender en su breve pasar que el viejo se encontraba sentado ante la mesa más cercana a la gran cristalera, con un vaso de líquido ambarino a su lado, y que parecía muy afanado en pulsar el teclado de un ordenador portátil. Le sorprendió como una graciosa casualidad que, a su vuelta del trabajo, nueve horas más tarde, el viejo continuase allí, absorto ante su portátil en la misma actitud ensimismada, de incansable tecleo, y también con un vaso de líquido ambarino a su derecha.</p><p>“Parece que está escribiendo”, pensó.</p><p>En los días sucesivos pudo comprobar que el viejo estaba siempre allí, atareado frente a su ordenador y con el vaso al lado, por la mañana y por la tarde, e incluso por la noche, como llegó a constatar cuando salió de casa con el pretexto de comprar algo en una farmacia que permanecía abierta todo el día, aunque la verdadera razón fuese conocer si persistía a aquellas horas la figura de aquel viejo entregado a su embebida tarea.</p><p>Mas aquella vez la visión no le pareció divertida, sino inquietante. Aquel tipo, bastante calvo, de pelo y barbas blancas, ofrecía una peculiar inmovilidad, y solo por los movimientos de sus manos en el teclado podía suponerse que no se trataba de una de esas estatuas que cierto realismo acaba insertando en algunos espacios cotidianos, pues hasta sus ropas tenían un color oscuro, más mineral que textil.</p><p>Pablo se detuvo durante un rato para observar al afanoso escritor. De repente, el viejo detuvo su tarea, levantó la cabeza y lo miró. Sobre la barba blanca, sus ojos, acompasados a una mueca del rostro severa e inquisitiva, presentaron una singular fijeza penetrante. </p><p>Pablo sintió aquella mirada como una punzada y echó a andar al momento, pero el efecto de los ojos incisivos del viejo, que parecían completar el enigma de su permanente presencia en el café y de su misteriosa tarea ante el teclado, lo había desazonado tanto que le pareció que el panorama de edificios, que en los últimos tiempos se presentaba ante él como el escenario plácido de un acertado cambio de domicilio, modificaba sutilmente su aspecto para ofrecer la ominosa inconsistencia que había acabado mostrándole el entorno de su residencia anterior, y que estructuras y puertas, jardincillos y farolas, sombras y luces, tenían más que ver con la experiencia de los sueños adversos que con la de la vigilia.</p><p><em>(Continúa Jesús Ortega)</em><strong>Jesús Ortega</strong></p><p>A la mañana siguiente, Pablo trató de no pensar en aquel viejo y en su inquietante mirada. Se dijo que debía recuperar la plácida satisfacción de los primeros días, cuando el mundo parecía un soleado abrazo, un mecanismo equilibrado y perfecto en el que cada cosa ocupaba el lugar que le correspondía. Para tranquilizarse se concentró en las recién inauguradas rutinas de la urbanización: el siseo de los aspersores que comenzaban a regar el césped poco antes del amanecer, las toses y explosiones de la vieja moto del repartidor de periódicos, el beso de despedida que Lola le lanzaba con la punta de los dedos desde la ventanilla del coche, el largo timbrazo tímido de la asistenta que venía para encargarse de los niños, el paseo hasta la estación con el primer sol dándole en el rostro, la hilera de casas simétricas y relucientes, las aceras impolutas, las zonas de juegos infantiles a la espera de ser estrenadas.</p><p>Todo parecía en su sitio. Sin embargo, no pudo evitar pensar que su percepción de cuanto le rodeaba se había tintado de un leve desasosiego, de un halo borroso que desenfocaba los contornos. Nada preocupante, se dijo, nada que no pudiera desaparecer al adentrarse en la mañana.</p><p>Para rehuir el encuentro con el viejo decidió dar un rodeo y alcanzar la estación de tren por el lado contrario, orillando la larga avenida arbolada. El cambio de dirección duplicó los minutos del paseo, y esa pequeña alteración en el tiempo pareció afectar a todo el mecanismo. Vislumbró el andén cuando el tren se marchaba y tuvo que esperar casi media hora hasta que apareciese el siguiente. Eso lo hizo llegar tarde a la oficina, y se sorprendió a sí mismo inventando una excusa para hacer frente a las primeras bromas sobre su inusual tardanza. Como no quería contar nada del viejo ni de su íntimo desasosiego, porque le parecía absurdo, se inventó que había tomado uno de los dos coches de la familia y que un atasco lo había obligado a retrasarse. Aquella mentira lo hizo sentir desamparado. Para seguir manteniéndola a lo largo de la jornada, tuvo que mentir varias veces más. Por la tarde, a la salida del trabajo, alguien le pidió ir con él en el coche, y de nuevo volvió a mentir para deshacerse de la molesta compañía. </p><p>En el tren que lo traía de regreso estuvo rumiando sombríamente lo estúpido de su comportamiento. Al echar a andar desde la estación volvió a dar el mismo rodeo, pero debió de extraviarse aún más porque se adentraba por calles desconocidas. Le resultaba extraño que no hubiese nadie en las aceras, solo coches aparcados; apenas algunas ventanas encendidas indicaban algún rastro de vida en los edificios. Un perro cruzó con paso torcido a unos metros de distancia y se le quedó mirando, magullado y acezante, en mitad de la acera, antes de refugiarse entre los coches aparcados. Pablo pensó que el perro acababa de ser atropellado y aquel pensamiento no lo llenó de compasión sino de inquietud. Casi al lado descubrió a un somnoliento vecino que regaba con una manguera las plantas de un arriate; parecía no haber reparado en él ni en el perro, pues miraba con abstraída fijeza el caer del agua. Aún alcanzó a ver a otros vecinos igualmente solitarios y silenciosos, varados en los jardines, como si el tiempo se hubiese detenido en aquella parte del mundo.</p><p>De vuelta a casa discutió con Lola por no saber explicar su tardanza. Después de la cena la hija mayor se hizo un corte en el dedo índice con uno de los cuchillos de la cocina, y brotó tanta sangre y le entró tanto miedo que tuvieron que llevarla a urgencias en uno de los dos coches de la familia, precisamente el mismo que había protagonizado las mentiras de la oficina.</p><p>Por la mañana, Pablo llamó a la compañía para anunciar que tenía unas décimas de fiebre y que no iría a trabajar. Echó a andar por la avenida dispuesto a encontrarse cara a cara con el viejo que tecleaba incansable junto al ventanal de la cafetería. Se le había metido en la cabeza que todo lo que le estaba sucediendo tenía que ver, de un modo insidioso e inexplicable, con el viejo escritor. </p><p><em>(Continúa Manuel Vilas)</em></p><p><strong>Manuel Vilas</strong></p><p>Lola llamó al hospital y explicó que tenía un problema familiar. No tenía guardia, solo consulta y la sustituiría una compañera, recién llegada. Barruntaba con nerviosismo que las cosas se habían complicado de nuevo. Conocía los síntomas. Habían abandonado el centro de Madrid precisamente por Pablo. “Ay, la nueva”, pensó Lola. A Lola empezó a hervirle el cerebro con ideas descontroladas. Su marido, Pablo, ay, ese hombre, hacer ver que aún amas a ese hombre, y seguirlo. Y la nueva, que viene con una docena de másters, y que domina el inglés y el francés, y que está todo el día hablando de Lacan. A ella le iban a explicar lacanadas de esas. Si con Lacan piensa mejorar la vida de los pacientes que pasan por ese hospital lo lleva claro. Y si no, que pruebe con su marido. Sintió pena de sí misma. La alucinación. Su marido. La consulta. La nueva gama de antidepresivos. Ay, coño, hoy venía el visitador médico a mostrarle un nuevo antidepresivo. Mierda, no se puede estar en todo. Esa farmacéutica le hace regalos. La última vez un fin de semana en París. Pero Pablo es el heredero. No se fue a París con él, se fue con Matías. Pensar en Matías, seguir a Pablo. No puedo divorciarme, después de aguantar a este loco quince años y quedarme sin la herencia de su madre, esa nonagenaria que no puede ser eterna y que es dueña de medio Asturias y Cantabria: veinte pisos en Oviedo, cuatro casas en Avilés, y doce apartamentos a pie del Cantábrico. Cincuenta mil euros al mes en arrendamientos. El puto Lacan, que siga él a su marido. Se ha vuelto loco otra vez. Está tomando las pastillas, pero igual no. Ya lo ha hecho otras veces. ¿Tendrá la misma alucinación de siempre o tendrá una nueva? Y qué demonios te importa a ti si es la misma alucinación de siempre o si es una nueva, o es que vas a escribir un artículo para “Psiquiatría hoy”, la revista que edita la Autónoma. Pagan 100 euros por artículo. Y luego invitas a cenar a Matías. O que pague Matías, que le han nombrado jefe de planta en Trauma. Se sabe bien los huesos de tu cuerpo, las manos de Matías. Sigue a Pablo, ojo que no te vea. Y mira que lo de dejar el centro de Madrid por esta urbanización de medio ricos, porque ricos del todo no son. Ricos del todo es la madre de Pablo y su hermano mayor, que controla a su madre de momento, que por eso aguantas tú a Pablo, que si no te hubieras ido con Matías, pero Matías no deja a su mujer, ¿por qué no la deja? Yo no puedo dejar a Pablo, pero Matías por qué no deja a la vieja esa de Avelina, pero cómo puede casarse un hombre con una mujer que se llama Avelina. Cuidado que si se gira hacia atrás te pilla. Pero no se girará. Los trastornos obsesivos compulsivos, a ella le iban a explicar eso, si fue su tesis. Si no tienen cura. No se dará la vuelta porque le gobierna una idea destructiva. Se para. Ojo. Me paro yo. Ahora sí que podría mirar hacia atrás. El que más sufre es él, pobre Pablo. Se cree que está todavía en activo en la empresa, y lo echaron hace dos años. Pero la herencia, la herencia se está acercando; al hermano mayor le acaban de detectar cáncer de páncreas, ese es el peor, el que avanza a la velocidad de la luz y todo será para Pablo, y Pablo está enfermo. Está mirando dentro del bar. Qué estará mirando. Y entonces lo inhabilitaré. Si lo inhabilito ahora, iría todo a mi sobrina, esa bruja, que se lo huele todo. </p><p><em>(Cierra Lola López Mondéjar)</em><strong>Lola López Mondéjar</strong></p><p>Lola se mantiene alejada mientras Pablo se acerca al cristal y, tímidamente, como si temiese interrumpir una tarea en la que estuviera comprometida su vida, lo golpea con los nudillos. Dentro del bar, el viejo que escribe abandona su actitud ensimismada y levanta los ojos hacia él. Se miran. </p><p>¿Quién soy yo?, parece preguntarle Pablo, y sobre todo, ¿cuántos? Lola permanece inmóvil; otra vez esto, se dice, y un destello de esperanza relampaguea en sus ojos de rapaz. Pablo entra en el bar. El líquido ambarino que bebe el viejo tiembla en el vaso cuando se sienta frente a él, moviendo involuntariamente con sus rodillas la mesa.</p><p>— ¿Quién soy yo? Y, sobre todo, ¿cuántos? —interroga Pablo al anciano—. ¿Acabaré atravesando a nado las piscinas de los pequeños burgueses de este barrio ajeno hasta llegar a mi casa vacía, a mi vida vacía? ¿Estoy loco? Esta insatisfacción incurable, esta búsqueda de lo que no sé siquiera si existe, ¿es una prueba de mi locura como quiere Lola que sea? </p><p>El viejo lo mira y no responde. Sus manos manchadas, de dedos artríticos y uñas gruesas, reposan a ambos lados de su portátil como monstruosas patas de araña.</p><p>A su alrededor el tiempo se ha detenido; los pocos clientes del bar parecen estatuas, y el esporádico sonido de las cucharillas al rozar la porcelana de las tazas se repite en un eco infinito, cósmico.</p><p>— ¿Quién soy yo?— insiste Pablo, aunque ya, ni siquiera, intuimos, busca una respuesta.</p><p>Lola irrumpe en el bar, pragmática y atolondrada, y permanece de pie junto a él, incrédula. </p><p>— Ya basta, ¡vámonos de aquí!— le increpa.</p><p>— ¡Espera! —le ordena Pablo con una fuerza que antes no le hubiéramos atribuído.</p><p>— ¡Vámonos!— repite ella— ¿Qué esperas de este hombre?</p><p>—Todo. Lo espero todo.</p><p>El anciano escucha en silencio, interesado, como el espectador atento pendiente del desenlace de la obra.</p><p>— Tu historia con Matías es ridícula— Pablo se ha vuelto hacia Lola, resolutivo y firme. </p><p>— ¿Cómo?</p><p>— Nunca dejará a Avelina, y menos aún lo hará por ti. </p><p>Los labios de Lola tiemblan. ¿Cómo es posible que lo sepa?, alguien del hospital… la propia Avelina. </p><p>El anciano les mira, impertérrito. Algunos clientes han vuelto hacia ellos sus rostros casi inanimados con indiferencia. </p><p>— Vuestro estúpido viaje a París… Eres tan previsible. Tan… interesada. </p><p>— No sé de qué me estás hablando.</p><p>— ¿Ves? Hasta esa respuesta es un triste lugar común. Por dios, Lola, improvisa. Esfuérzate un poco, inventa una buena historia. Échale imaginación. Se trata de amor, Lola, ¡de amor!— Las manos de Pablo han escrito en el aire un signo más expresivo que sus palabras. </p><p>Sorprendida, Lola reconoce en su interior un atisbo de alegría; si Pablo se mostrase siempre así, todavía, aún, podría interesarle. Pero esos periodos de ausencia, esas reiteraciones, esa rutina letal.</p><p>Un camarero joven les pregunta de improviso qué quieren tomar. </p><p>— Creo que necesito un poco de vodka- le pide Pablo.</p><p>— Otro para mí , sin hielo— le copia Lola.</p><p>El camarero hace un gesto de asentimiento y se marcha. La calavera que exhibe, tatuada en el antebrazo, muestra sus dientes largos de cuellos descarnados. A lo lejos se oye el lamento de un perro.</p><p>¿Qué voy a hacer con estos dos?, se pregunta el anciano, cansado. El repertorio se extiende ante él en un relámpago de posibilidades: ¿Un relato coral? ¿Una novela? ¿Abordará una tragedia o una comedia? Una historia fantástica, experimental, delirante, realista, metaliteraria, cómica… La experiencia no le sirve, la experiencia es un lastre abisal que lo confunde, proyectándolo hacia las infinitas posibilidades de su escritura, abortando algo que perdió en el camino y que ya no sabe si regresará. </p><p>Volver a escribir por intuición, se dice a sí mismo nostálgico; por la pasión simple y necesaria de no poder dejar de hacerlo. Bajo su barba blanca, la sonrisa destapa sus labios, jóvenes aún en la expectativa.</p><p>El anciano se ensimisma de nuevo, sus manos regresan al teclado, confiadas, la escritura es un ejercicio muscular, ha repetido a quien haya querido escucharlo, y sus músculos, obedientes, escriben.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José María Merino | Jesús Ortega | Manuel Vilas | Lola López Mondéjar]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Cuando siempre era verano’, de Miguel Pasquau Liaño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/verano-miguel-pasquau-liano_1_1128378.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/543d35ca-edb3-4ae6-87b7-14919886088d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cuando siempre era verano’, de Miguel Pasquau Liaño"></p><p><strong>Cuando siempre era verano</strong><strong>Miguel Pasquau LiañoEdiciones Miguel Sánchez Granada2015</strong></p><p>No estamos muertos, pero casi… Como hormigas o abejas, ajetreadas y empeñadas en las tareas diversas para la mera supervivencia de la colmena, ahí andamos, aunque ni siquiera hemos conseguido defendernos eficazmente de plagas y depredadores. Pero como seres humanos, y ya nos vale que haya que recordar que lo somos, resultamos un auténtico desastre. Constantemente, y casi diría que con denuedo digno de mejor causa, frustramos, malgastamos y arruinamos una tras otra las oportunidades de superar el estadio meramente vegetativo por el que habitualmente deambulamos,  para poder alcanzar el de persona, primera persona, que estamos llamados a ser…  Sabemos a ciencia cierta que venimos al mundo equipados de serie con capacidades, competencias, facultades, talentos y cualidades a las que raramente concedemos una oportunidad. Algo realmente absurdo, y paradójico, y contradictorio; porque cuando lo hacemos, alcanzamos emociones y sentimientos, y hasta una cierta clase de felicidad, en fin, en la que nos gustaría permanecer.</p><p>Algunas películas, algunas músicas, algunos cuadros, algunas novelas, tienen la virtud de ser algo más que eso, que películas, o músicas, o cuadros, o novelas, y hacen las veces de brisa que reanima o aviva cenizas todavía humeantes de aquel fuego original. Me ocurrió, por ejemplo, mientras veía la película <em>El Sur</em>, y en particular durante la secuencia en la que el padre y la niña vestida de primera comunión bailan una emocionante versión del pasodoble <em>En el mundo </em>interpretada con un acordeón. No sé si podría darles razones claras del por qué después de años y años no amaina mi interés por desentrañar hasta la última pincelada del retrato que <strong>Jan Van Eyck</strong> pintó de <strong>Giovanni de Arrigo Arnolfini </strong>y de su esposa, <strong>Jeanne </strong>o <strong>Giovanna Cenami</strong>,<em> Los Arnolfini</em>, que le dicen. Y aquellos de ustedes que adoren la música entenderán cómo escuchando según qué temas, melodías, orquestaciones y silencios haya llegado a la certeza de que, simplemente, no tienen origen humano.</p><p>El caso es que, salvo la condición de profesores en la Universidad, nada en la peripecia vital o sentimental de <strong>Juan Zaldaña</strong>, el protagonista de <em>Cuando siempre era verano</em>, me resulta próximo o familiar. Ni siquiera su fascinación por la actriz <strong>Irene Jacob</strong>, fascinación que, por cierto, el personaje comparte con el autor. A mí, más de un decenio mayor que ambos, Irene Jacob me recuerda, bien que vagamente, a <strong>Ingrid Bergman</strong> y, más aún, a la hija de ésta, <strong>Isabella Rossellini</strong>. </p><p>Y sin embargo, en cuestión de páginas, lector y lectura nos fusionamos casi mágicamente, diría yo, y así me vi convertido en acompañante, testigo, y confidente, si cabe, de ese Juan que se deja alcanzar por su pasado y desgrana los recuerdos de cuando siempre era verano, del tiempo en que al rompecabezas de la felicidad no le faltaba aún ninguna pieza. He ido más lejos aún: durante la lectura he llegado a suplantar a Juan, a desplazarlo con delicadeza a un lado para así ser yo el que viviera, allí, realmente presente, las emociones que él decía sentir. Me ha ocurrido, por ejemplo y con toda certeza, en un capítulo que Miguel titula “La eternidad a mediodía” y que comienza así.</p><p><em>“Si la eternidad fuerse algo más que una ficción o un anhelo, si fuese algo más que una hipótesis, entonces habría de parecerse a la plaza central de Pinos de Duero a la hora de comer, un día de primeros de agosto y de finales de los sesenta en que tía María Jacinta me mandó ir a comprar un litro de aceite que le hacía falta para aliñar la ensalada y, de camino, una docena de huevos y un kilo de azúcar”. </em></p><p>En ese preciso instante, ya era yo el que salía por la puerta noble de la casona, la que daba directamente a la plaza desolada, sin árboles, ni estatuas, ni jardines, bañada por un sol que caía vertical y a plomo, y que no permitía la tregua de una mínima sombra. Y ya era yo el que compraba en la tienda de Encarnación, y el que, a la vuelta, se detenía una eternidad, unos pocos segundos, frente a la casa y dejaba que los recuerdos del futuro le conmovieran hasta la ternura, la nostalgia o la pena. ¿El motivo, la causa, el móvil del referido encantamiento y de otros muchos? Indudablemente, la mirada y el lenguaje de Miguel.</p><p>La mirada de Miguel es un don. Se tiene o no se tiene: no se adquiere, ni se aprende. No es fácil de explicar, pero digamos que la mirada de Miguel trasciende siempre la apariencia con la que las cosas se presentan y nos engañan. Es, también, una mirada tierna, comprensiva y, a veces un tanto inocente; bien que yo creo que premeditadamente inocente. En cuanto al lenguaje, y con ello me refiero también al estilo, el del Miguel escritor es rico, bello, sereno, pausado –que no lento–, y musical. Es un lenguaje muy influido –qué cosas se me ocurren–, muy influido, digo, por su Úbeda natal. Sí, a mí me parece que si Úbeda deja huella en el visitante ocasional, que la deja, qué no hará con quienes la habitan.</p><p>En fin, casi que mejor lo dejo. Más que por el tiempo consumido, porque no me está gustando un pelo lo que empiezan a pensar de mí, de estos mis extravíos... A veces pasan cosas leyendo una novela. Y por cierto, que a estas alturas creo que todavía no he dicho que <em>Cuando siempre era verano</em> es, me parece, una magnífica novela, primorosamente editada.</p><p><em>*Andrés Sopeña Monsalve es profesor de Derecho y escritor. </em><strong>Andrés Sopeña Monsalve</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Sopeña Monsalve]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Cuando siempre era verano’, de Miguel Pasquau Liaño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mordisco al racismo’, de Salva R. Moya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mordisco-racismo-salva-r-moya_1_1128377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/388487b7-a14d-4593-8299-f336189dcd99_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mordisco al racismo’, de Salva R. Moya"></p><p><strong>Mordisco al racismo</strong></p><p><strong>Salva R. MoyaCírculo RojoAlmería2015</strong></p><p><em>Salva Moya nos demuestra una vez más, pero con una gran originalidad y con un fino análisis, que el fútbol no sólo ofrece metáforas de la vida sino lecciones para ayudarnos a construir un mundo mejor.</em></p><p>John Carlin</p><p><em>Mordisco al racismo</em> es la modélica respuesta de<strong> Dani Alves </strong>al lanzamiento del plátano más famoso del mundo. Ni siquiera es el relato de un partido o de una jugada, es la historia de un signo que ha dado para un libro. La reacción positiva a una acción negativa. Una secuencia desde todos los ángulos: la víctima, el infractor, el árbitro…  aderezada con el análisis de expertos en sociología y psicología deportiva. </p><p>Además, en sus páginas se encuentra una colección de opiniones inéditas de futbolistas y entrenadores representando a todos los equipos de Primera, excepto a uno. Prestigiosos escritores y periodistas como <strong>John Carlin</strong>, <strong>Martí Perarnau</strong>, <strong>Juan Carlos Rivero</strong>, <strong>Enrique Ortego</strong>, <strong>Petón</strong>, <strong>Manolo Oliveros</strong>, <strong>Juan Cruz</strong>…  analizan tanto lo que ocurrió aquel 27 de abril de 2014 como la persistencia de los brotes racistas en los estadios. El gesto de Alves es un pretexto del autor para seguir profundizando en sus estudios académicos sobre la violencia en el deporte. Por este motivo, hay reseñas de otros episodios racistas en el fútbol internacional. </p><p>¿Quieres conocer en profundidad a Dani Alves? ¿Qué pasó con el que tiró el plátano? En un tono coloquial pero con el rigor que caracteriza a sus trabajos anteriores, <strong>Salva R. Moya</strong> vuelve a abordar un tema incómodo y, por desgracia, de gran actualidad. Igualmente, este libro es un <em>marcaje </em>a las instancias del fútbol para que no bajen la guardia y así hacer una causa común dejando a los violentos en fuera de juego. ¡Un gol al racismo!</p><p>El autor se une a esa corriente de grandes pensadores e intelectuales que aman el fútbol pero que también intentan cuidar su esencia, los valores del deporte, en este caso a través de la literatura. Se trata de aportar su granito de arena en la lucha contra los aspectos nocivos que salpican al fútbol (racismo, violencia, xenofobia, sexismo, islamobia,…); delitos de odio que existen en nuestra sociedad y que no son ajenos al fútbol. </p><p>Salva R. Moya lleva una década estudiando la violencia racista en el deporte. Después de su tesis doctoral <em>Racismo en el fútbol profesional. Realidad social y dimensión mediática</em> (2011) pensó que su investigación, una herramienta de consulta para futuros investigadores, no podía quedar en el ámbito académico. De ahí su primer libro <em>Tarjeta negra al Racismo</em> (2013), que es una adaptación literaria de su tesis, <em>cum laude,</em> defendida en Humanidades de la Universidad de Almería. Perseverando en esta línea de investigación, se empeñó en poner en valor sus trabajos anteriores y en 2015 aprovechó la intrahistoria del gesto racista sufrido por Dani Alves, futbolista del F.C. Barcelona, en el Madrigal,  para refrescar y actualizar la temática del racismo en el fútbol. </p><p>A diferencia de sus trabajos anteriores, <em>Mordisco al racismo</em> es un libro más divulgativo, el autor ha tratado de llegar al gran público del fútbol mediante un personaje mediático, con fotografías cedidas por los principales diarios deportivos de nuestro país de gran calidad y con entrevistas de profesionales muy conocidos que despiertan el interés del aficionado en general. No es fácil reunir a más de 50 personajes relacionados con la élite del fútbol (futbolistas, entrenadores, periodistas,…) y Salva R. Moya lo ha conseguido, por el compromiso social de los invitados con la temática que aborda, y porque se ha ganado un cierto prestigio en el mundo del fútbol por la valentía de afrontar un tema incómodo, para muchos tabú, y que él denuncia sin complejos. Por el éxito de sus presentaciones (Madrid, Barcelona, Valencia…) y los últimos premios obtenidos —Mensajero del Juego Limpio, Diputación de Almería (2016); Libro de deportes del año en la II Gala de Círculo Rojo (2016)—, sin duda, este ha calado entre los lectores. Salva R. Moya se plantea una traducción al inglés, dado que en los países anglosajones están muy sensibilizados con estos temas, y puede tener una gran acogida según su prologuista, <strong>Guillem Balagué</strong>, prestigioso periodista español en el Reino Unido.  </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Genovés]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Mordisco al racismo’, de Salva R. Moya]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Racismo,Deportes,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Re-generación. Antología de poesía española’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/re-generacion-antologia-poesia-espanola_1_1128375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d4bbe2b4-035d-4e3c-84ae-47dd9a5bfdb4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Re-generación. Antología de poesía española’"></p><p><strong>Re-generación. Antología de poesía española (2000-2015)</strong></p><p><strong> Edición de José Luis MoranteValparaísoGranada2016 </strong></p><p>Ya desde la imagen de portada  se nos invita a encender una nueva mirada hacia la poesía que llega. Estamos ante una nueva antología de poesía que ya en su mismo título, acertado y significativo, sugerencia del editor y poeta <strong>Javier Bozalongo</strong>, se nos convoca a desdoblar la mirada, a hacerla nueva y múltiple, a volver nuestra lectura a una <em>Re-generación</em>, con la doble connotación que trae esta palabra: señalando la llegada al actual panorama literario de una generación ya distinta y, de otro lado, apuntando a ese concepto  de apuesta intelectual y social de cambio y de renovación.</p><p>Esta antología, repleta de voces jóvenes, de poemas que surgen de múltiples formas de percepción, de identidades diversas, de estilos y de registros, era una labor necesaria  para acercar a los lectores, una visión de conjunto de la poesía que se está escribiendo actualmente, oportuna e imprescindible tarea ahora  que es momento de analizar una realidad social cambiante y discontinua desde la riqueza que pueden aportar otras miradas líricas a nuestra historia literaria. Ésta es la labor de las antologías, dar a conocer en su conjunto a los creadores de una época.  Así, en sus páginas, descubriremos textos de gran intensidad poética, con riesgo en el lenguaje, lucidez y compromiso, textos donde nos van dejando el testimonio escrito de sus vidas, reivindicaciones e inquietudes de autores tempranos menos conocidos y otros más reconocidos. Y éstos son los protagonistas: <strong>Fernando Valverde</strong>, <strong>Rubén Martín Díaz</strong>,<strong> Pablo Núñez</strong>, <strong>Francisco José Martínez Morán</strong>, <strong>Alejandra Vanessa</strong>,<strong> Javier Vela</strong>, <strong>Verónica Aranda</strong>, <strong>José Alcaraz</strong>, <strong>María Alcantarilla</strong>, <strong>Ben Clark</strong>, <strong>Pablo Fidalgo Lareo</strong>, <strong>Elena Medel</strong>, <strong>Javier Vicedo Alós</strong>, <strong>Constantino Molina Monteagudo</strong>, <strong>Martha Asunción Alonso</strong>, <strong>Aitor Francos</strong>, <strong>Rodrigo Olay</strong>, <strong>Luna Miguel</strong>, <strong>Diego Álvarez Miguel</strong>, <strong>Paula Bozalongo</strong>, <strong>Javier Temprado</strong> <strong>Blanquer</strong>, <strong>Miguel Floriano</strong>, <strong>Elvira Sastre</strong> y <strong>Xaime Martínez</strong>.</p><p>El trabajo de selección, riguroso, y el detallado prólogo corren a cargo del poeta y crítico literario <strong>José Luis Morante</strong>. En esas páginas introductorias nos traza un minucioso recorrido por la trayectoria vital y literaria de cada una de los poetas antologados, aportando con esos “viajes líricos”,  junto a  una biobibliografía de cada uno, la anotación de sus singularidades. Así nos dice Morante: “Ya encauzado el siglo XXI, y dispuesto para un primer recuento generacional sobre la lírica emergente, se constata una evidencia: la profunda conexión entre el momento poético más reciente y la crecida digital. Lírica y tecnología caminan de la mano”.  Y buena parte de este camino es lo que nos abre este libro que se convierte en un catálogo de mapas poéticos abierto, ya que, como sucede siempre en toda antología, no pueden estar recogidas todas las propuestas pero sí una representación de ellas muy interesante y basada en una elección medida  entre  los que ahora conforman nuestro espacio poético.</p><p>Con estas dos citas se abre esta joven antología: “Vienen a lo que vienen. Ellos sí de verdad llegaron para comerse este mundo” (<strong>José Emilio Pacheco</strong>) y “Literatura es diversidad” (<strong>Lêdo Ivo</strong>). Ambas definen magistralmente a este grupo de poetas nacidos entre 1980 y 1995. 24 presencias  en el espacio de quince años, de 2000 a 2015. Con este marco, el libro dibuja un indispensable acercamiento a la poesía más nueva, a los nuevos conceptos de lo literario, y nos permite ver los derroteros por donde va a caminar nuestra palabra lírica más cercana. Todos han crecido y vivido en democracia, en una época de bienestar social que a partir de la crisis de 2008 ha ido en declive. Estos poetas son  universitarios, muy formados,  y con  obras editadas.</p><p>Cada uno está representado con cinco poemas de sus libros publicados y todos aportan textos inéditos también. En ellos vemos a una generación cuyo lenguaje y experiencia vital nos hablan de un ansia de aprendizaje, del coraje necesario para arriesgar, de la difícil aventura de volar. Y esa aventura  cobra forma en muchos de estos autores en palabras que, como aves en vuelo, ellos mismos nos afianzan en algunos de sus versos:</p><p>“-un pájaro es sus alas, un hombre su deseo-” (Javier Vicedo); “Allí donde las alas toman forma,/ (…),/ fueron los territorios para el vuelo” (Constantino Molina Monteagudo); “La intuición de volar/ nunca entendió de alturas/ (…)/ Los pájaros sortean las señales/”, “Los pájaros observan/ y saben que me miras/ (…)/ “Cuando soy casi pájaro (…)/ y los pájaros libres nos regalan mensajes de advertencia” (Paula Bozalongo); “No tengas miedo, un águila te lleva/ en su pico de nuez, lleva tu nombre” (Javier Temprado Blanquer); “Los poetas son esos pájaros que oyen al pasar lo que las/ estatuas dicen”, “Para tener libertad no bastará con la poesía; habrá que/ guardar cada hueso de pájaro en un pequeño frasco/ de cristal” (Aitor Francos).</p><p>Y estos versos son sólo una pequeña muestra en cuatro de los poetas, ya que es muy significativo que todos los demás también en sus poemas nos hablen de alas, metáfora de libertad en el oficio de escribir, en donde fieles a la tradición  aletean por los derroteros de la modernidad, de lo experimental.</p><p>Otra de las temáticas que en cierto modo es hilo del entramado de  <em>Re-generación</em> y que también está presente en los 24 poetas de la antología, dibujando dentro de la diversidad, de gustos, estilos e idearios estéticos distintos, una cierta unidad de contexto, un lugar de condicionamiento común y un espacio lírico e histórico compartido e inconfundible,  es la conciencia del tiempo. Ese sucederse de la palabra y la historia vital en un tiempo concreto, que podemos caracterizarlo con el tema clásico emblemático machadiano y que luego han desarrollado tanto otros poetas, podría servirnos como referencia de aproximación a los antologados, casi como eje de una lectura en la plural identidad de este grupo. Así lo atestiguan en su tono conversacional y testimonial sus versos cuando la temporalidad de estos habitantes del siglo XXI se va desgranando no sólo en la extensión horizontal sobre la página de sus 24 voces sino también en la verticalidad de sombras y luces que pone el transcurso de las 24 horas del día sobre su palabra: desde que amanece y aparece la luz del alba hasta que atardece, se hace de noche y llega la madrugada con su alta oscuridad. </p><p>Sirvan de ejemplos algunos versos recogidos de otros de los poetas seleccionados en la antología: “No te inquietes por coger la rosa,/  pues nunca el tiempo se escapará del todo” (Pablo Núñez); “Con tres hilos de cabeza he tejido mi tiempo” (Elena Medel); “Hay días en que llevo mi ventana hacia la luz cuando/ amanece” (María Alcantarilla); “Oda a la juventud recién cortada”, “por la tarde sin nada en la nevera” (Ben Clark); “atardecer de hierro de provincias”, “sobre esas noches infinitas viendo <em>realities</em>, tocando la/ penumbra (…)” (Xaime Martínez); “Una ciudad bien iluminada por la noche/ nos conducirá a la revolución”, “Hubo después de muchas noches de lluvia/ Una mañana de luz”, “Porque siempre llegamos a la noche/ desde días distintos” (Pablo Fidalgo Lareo); “me imagino haciéndote el amor toda la noche”, “habitantes de la noche. Dices, dices que no soy/ <strong>Catulo</strong>, ni <strong>Gil de Biedma</strong> y mucho menos/ <strong>Ángel González</strong> (…)” (Diego Álvarez Miguel); “Y la noche se nos quedaba escasa” (Rodrigo Olay); “En un cuarto de hotel, la madrugada/ se vierte por las páginas del libro/ como un sueño en la noche” (Rubén Martín Díaz); “A todos los que aquí se han acercado/ -ya fuese por fortuna o por empeño-/ sean perfectamente bienvenidos/ a esta estrecha danza de sílabas./ (…)/ y que la noche es siempre afable, antojadiza,/ (…)/ Todos hemos perdido alguna vez/ el  mar en una lágrima. Bienvenidos/ sean todos, pues” (Miguel Floriano Traseira).</p><p>Esta antología, diseñada con el cuidado y la elegancia que siempre tienen los libros de  Valparaíso Ediciones, supone un  volumen  de referencia para la poesía,  al ofrecernos una abierta y amplia panorámica de autores jóvenes, de textos con sorprendentes afirmaciones, de voces propias que nos hablan del ahora mismo, de lo que les inquieta, de las ciudades, de los escritores que les gustan o de los artistas que les influyen. Una buena parte de ellos comparten además esta tarea poética con la de otros géneros literarios y otras artes,  estos elementos  aportan riqueza al ser reflejados en sus poemas urbanos.</p><p>Encendida la mecha ya sobre las páginas de este poemario, vemos una generación de poetas que llega para quedarse a convivir con nosotros, para darnos lo más nuevo de la poesía actual  a través del desvelo y la pasión que les une en la escritura.</p><p><em>*Carmen Canet es profesora de Literatura.</em><strong>Carmen Canet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ensayos sobre las discordias’, de Hans Magnus Enzensberger]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensayos-discordias-hans-magnus-enzensberger_1_1128371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6ce19cc-7cae-43c7-ae52-d83f10e12fa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ensayos sobre las discordias’, de Hans Magnus Enzensberger"></p><p><strong>Ensayos sobre las discordias</strong></p><p><strong>Hans Magnus EnzensbergerAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Este conjunto de tres artículos —<em>La gran migración, El perdedor radical</em> y <em>La teología olvidada</em>— y <em>Una nota preliminar</em> (2015) hace el número 500 de la Colección Argumentos de la editorial Anagrama. Una colección que comenzó con <em>Detalles</em>, una obra del mismo autor, sobre el cruce de intereses internacionales de Estados Unidos y Alemania y la particular actuación que llevó a la crisis de los misiles en un Berlín aislado por la frontera de la República Democrática Alemana. </p><p><strong>Enzensberger</strong>, pensador emblemático de la intelectualidad alemana del siglo XX, continúa actualmente con vigor su actividad de ensayista. Su condición de poeta y su dominio del castellano le han permitido traducir obras de autores como <strong>César Vallejo</strong> o <strong>Rafael Alberti</strong>. Siempre sensible a los conflictos que generan sufrimiento humano, mostró interés por lo sucedido en la Guerra Civil española. De ahí extrajo claves antropológicas y psicológicas para entender el conflicto, a su entender, más originario: la guerra civil. La siempre terrible lucha entre prójimos. A la base de los principales conflictos actuales ve esa matriz, que convierte al <em>próximo </em>en principal enemigo. Los detonantes son cada vez más irrelevantes. Ya no hay bloques que dirijan las estrategias de los países tercermundistas, ya no existe cobertura política o ideológica que legitime la violencia. Son situaciones internas las que sirven de detonante, muchas veces <em>insignificante</em>, a la violencia. La violencia, tras el deterioro de la función garante de los Estados, se halla extendida como “guerra civil molecular”, no ya en el Tercer Mundo, sino en el seno de las grandes urbes de nuestras sociedades occidentales. Cuando el Estado no se arroga el monopolio de la violencia para garantizar el mínimo de civilización, el conflicto acaba desembocando en barbarie o terror. </p><p><em>La gran migración —</em>que recoge <em>Treinta y tres acotaciones</em>, 1992, y <em>Perspectivas de la guerra civil</em>, 1993— se ocupa de algunas particularidades de la “caza del hombre”, toda vez que la coartada ideológica que la cubría desapareció con el anuncio del fin de la Guerra Fría. Nuevos conflictos en forma de guerra civil se extienden allende la política de bloques (Mogadiscio, Kuwait, y más cerca, terror en Euskadi o Irlanda) o, en forma de guerra civil “molecular”, en los grandes núcleos de población occidental cuando se produce un vacío de defensa institucional. Un país como Alemania “no es habitable cuando cualquier banda de ultras puede atacar impunemente a otras personas en plena calle o incendiar sus viviendas. (…) La distinción entre nacionales y extranjeros resulta irrelevante”. En contraste con este <em>laisser-faire</em>, las protestas contra nucleares o la simple manifestación contra la ampliación del aeropuerto de Frankfurt provocaron por parte del Estado una represión desaforada.</p><p>La integración de las poblaciones emigrantes no es real, nadie quiere saber cuántos emigrantes hay trabajando de manera ilegal. Pero allí donde hay uno, hay un empresario que se beneficia de ello. Y los más débiles sufren las consecuencias. Nadie pregunta cuál es el color del sultán de Brunei. Los ricos no tienen fronteras ni son inmigrantes. “El capital derriba todas las fronteras nacionales. Por razones tácticas, sabe beneficiarse de móviles patrióticos y raciales, si bien prescinde de ellos en la esfera estratégica, ya que la explotación no admite consideraciones particulares. La libre circulación del capital arrastra forzosamente la de la mano de obra”. En la globalización el dinero electrónico circula sin obstáculos, mientras que los individuos se ven forzados a circular. Cuando se mueven, parecen iniciar una fuga, pero “nadie emigra sin mediar promesa (Tierra Prometida, Arabia feliz, Atlántida, Eldorado, el Nuevo Mundo)”.</p><p>En esa errancia forzada, “la distinción de inmigrantes por razones económicas y persecuciones políticas es anacrónica. La depauperación de continentes enteros, la corrupción, el endeudamiento, la fuga de capitales, la explotación, las catástrofes ecológicas, el fanatismo religioso o la simple incompetencia para alcanzar cuotas aceptables de desarrollo para mantener a las poblaciones, hace fracasar cualquier intento por discernir entre el auténtico peticionario de asilo y el falso”. </p><p>Pese a las amenazas de quienes no creen en la integración, pese a su dificultad, esta es posible. La dificultad estriba en factores de naturaleza antropológica (toda migración provoca conflictos), en situaciones socioeconómicas (sólo se agudizan cuando el paro se hace crónico y estructural). Y a esto hay que añadir el efecto de la progresiva privatización, también de los conflictos. Los Estados se han debilitado  y abandonan la vieja obligación de mantener el monopolio de la violencia para garantizar un mínimo de civilización. De este modo hacen dejación de sus funciones y abandonan a su suerte a las poblaciones más débiles. </p><p>Por otra parte, hay obstáculos por parte de la propia población inmigrada. “La mayor parte de los inmigrantes diferenciaban muy bien entre integración y asimilación. Aceptaron las normas escritas y tácitas de la sociedad que los acogía, aunque durante mucho tiempo se aferraban a su tradición cultural, y a menudo también a su propia lengua y religión. Una actitud de este tipo ya no la podemos esperar hoy en día ni entre las antiguas minorías ni entre los recién inmigrados. Se está renunciando cada vez a más aspectos comunes. La pobreza y la discriminación han llevado a la ideologización de las minorías, básicamente en los Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña y Francia. Los inmigrantes invierten las reglas de juego y se cierran hacia fuera. Cada vez es mayor el número de grupos étnicos que reivindican su 'identidad'. Y no queda demasiado claro a qué se refieren”. Se habla de tribalismo, de “nación negra”, “nación islámica”. </p><p>Los movimientos de inmigrantes y de refugiados como consecuencia de la guerra son en gran medida efecto de haber convertido en “superfluos” no sólo a los individuos, sino a grandes poblaciones, a países, e incluso a continentes enteros como África. La globalización ha supuesto una devaluación del trabajo y ha mundializado el dolor, las imágenes lo han tornado tan cotidiano, que a nadie conmueve. </p><p>Pero conseguir las condiciones mínimas para la integración es posible. “Que todo el mundo pueda decir lo que piensa acerca de las autoridades o de Dios sin tener que exponerse a torturas o amenazas de muerte; que las diferencias de opinión puedan dirimirse en los tribunales y no por la vía de la venganza de sangre; que las mujeres puedan moverse libremente y no estén obligadas a dejarse vender o someterse a la ablación del clítoris; que sea posible cruzar la calle sin morir acribillado por las ráfagas de una soldadesca incontrolada; todo ello no solo es deseable, sino imprescindible. En cualquier parte del mundo hay bastantes personas, probablemente la mayoría, que desean la existencia de tales circunstancias y que están dispuestas a defenderlas allí donde llevan las riendas del poder. Sin exagerar el énfasis, podría afirmarse que se trata del requisito mínimo de la civilización”. Esto vale tanto para el centro como para la periferia. Y puesto que no hay fronteras para el capital, pero sí para los trabajadores devenidos “superfluos”, habrá que tener muy en cuenta que “cuanto más intensamente se defiende y cuanto más se amuralla una civilización frente a una amenaza exterior, menor será lo que finalmente quede por defender. Y en cuanto a los bárbaros, no es necesario que esperemos su llegada: siempre han estado entre nosotros”. </p><p>En el centro de nuestras sociedades, la guerra civil molecular no es ajena a esta caída en lo superfluo de la fuente de todo valor ni a la incapacidad de los Estados para la inclusión de las poblaciones migrantes. Con el nivel “molecular” de la guerra civil, nuevos términos se ponen en uso en nuestras ciudades: <em>mob</em>, <em>hooligans</em>, <em>shoe bomber</em>, <em>unabomber</em>, etc. “Aparecen cada vez más 'hombres del terror' en la pantalla”, cuyas características comunes, acribillen a sus compañeros en un colegio, estallen sus vísceras en un mercado o atenten contra el Pentágono, es la megalomanía, la sed de venganza, el ansia de sangre y el deseo de muerte. </p><p><em>El perdedor radical </em>(2006) es el hilo conductor de todo esto, pues contiene las claves teóricas de su análisis. Desenmascara aquí y trata de demostrar, que “los motivos ideológicos y religiosos de las masacres no son más que una máscara para obsesiones más profundas. El mínimo común denominador del terror es el delirio”. Por último, está <em>La teología olvidada</em>, una parábola extraída de la historia olvidada de la guerra civil en China, la guerra de Taiping. El autor establece un paralelismo entre aquel descarnado conflicto de tintes purificadores y delirantes, que costó veinte millones de muertos, y las nuevas atrocidades del Ejército Islámico. El “Rey Celestial” armó un ejército. “Tras unos años de infatigable agitación, <strong>Hong </strong>había conseguido reunir a su alrededor un ejército, que bautizó con el nombre de Taiping. Con esos 40.000 campesinos pobres, desempleados y desertores del ejército imperial, armó una guerrilla en la provincia”. </p><p>El delirante hermano carnal de Cristo fundó una “Nueva Jerusalén” (en Nankin) y lanzó a la guerra santa. Una vez conquistado el poder, decretó que las reglas de la comunidad debían regirse por la voluntad de Dios. “Se prohibieron el consumo de alcohol, tabaco y opio, todos los juegos de azar, el vendado de los pies femeninos, la adivinación y demás prácticas supersticiosas, la esclavitud, la fornicación, la homosexualidad, el adulterio, la prostitución y la 'idolatría'. Hombres y mujeres sólo podían mostrarse en público rigurosamente separados. Los desertores, traidores y presuntos espías eran ejecutados sin mediar juicio alguno. Las casas de la aristocracia y de los infieles eran expropiadas junto con el resto de sus posesiones”.</p><p>Son las nuevas formas de la violencia. Una violencia protagonizada por diferentes agentes, individuales o colectivos, ambos con rasgos comunes. Son sujetos individuales o bandas, a cuyos integrantes pueden considerarse como “perdedores radicales”: “La misma desesperación por el fracaso propio, la misma búsqueda de chivos expiatorios, la misma pérdida de realidad, el mismo machismo, el mismo sentimiento de superioridad con carácter compensatorio, la fusión de destrucción y autodestrucción y el deseo compulsivo de convertirse, mediante la escalada del terror, en amo de la vida ajena y de la muerte propia”. </p><p>Violencia y migración —los dos objetos de análisis—, cuando no se ponen los medios para la integración y no se llega a aclarar el alcance y los límites del llamado “multiculturalismo”, se unen en la barbarie. Alertando del peligro de mezclar los dos temas, muestra la necesidad de analizar esa ausencia de respuesta ante una población migrante creciente, sobre la que es absurdo diferenciar si huyen de la guerra, de la miseria o simplemente buscan trabajo, pues el deterioro y los conflictos de los países de origen es tal que la causa de su partida es indiscernible. Hay que revisar la noción de multiculturalismo y tener en cuenta que la debilidad de los refugiados, los expone, a veces ante algunos de sus propios congéneres, que ante el desamparo esgrimen la promesa de volver a los orígenes, y tratan de imponer por el terror una teocracia frente a la degradación de Occidente. Por eso es tan peligroso el terrorismo islamista, por ofrecer al desamparo una ficción monolítica y enraizar en el corazón de los que Enzensberger llama los “perdedores radicales”. Sujetos en busca de identidad, que se hallan tanto entre quienes sufren la exclusión por la miseria y el abandono como entre los que han perdido una identidad, que tratan de encontrar en el tribalismo de las bandas ultras o en grupos que ponen por delante su origen racial o nacional como pretexto para destruir al otro y destruirse a sí mismos. En este punto los dos extremos se unen: la reacción ultranacionalista y xenofóbica occidental y el terrorismo del Estado Islámico.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em></p><p><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Ensayos sobre las discordias’, de Hans Magnus Enzensberger]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura europea,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tres hombres invisibles que nos miran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tres-hombres-invisibles-miran_1_1128369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee0dd741-e09a-4a51-bad4-8d475d2f2409_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres hombres invisibles que nos miran"></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tres hombres invisibles que nos miran]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Cultura,Poesía,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Otra memoria, otras ciudades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-ciudades_1_1128365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03704ba4-6063-4b08-8129-8b0320d21a2b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otra memoria, otras ciudades"></p><p><em>Eva Cosculluela, responsable junto a Félix González de la librería Portadores de Sueños (Zaragoza), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses.</em></p><p><em> </em><em> </em></p><p><strong>Supervivientes</strong><strong>Java RosenfarbXordica Zaragoza2016</strong></p><p><strong>Java Rosenfarb </strong>sobrevivió al gueto de Lodtz y a tres campos de concentración, Auschwitz, Sasel y Bergen-Belsen.  En este volumen de relatos, la autora —considerada una de las más importantes en yiddish del siglo XX—habla de cómo el horror no termina con la libertad. Otro horror se instala en las vidas de quienes pasaron por esa experiencia y consiguieron sobrevivir, un horror en forma de culpa, de duelo, de rencor, incluso de locura. <a href="http://xordica.com/titulos_det.php?id=220" target="_blank"><em>Supervivientes </em></a>es un libro conmovedor, y sus relatos, perturbadores e intensos, vuelven a la memoria del lector una vez terminado. Algo necesario para no olvidar la babarie de la que fue capaz el ser humano hace no tanto tiempo.</p><p><strong>Adiós al porvenir</strong></p><p><strong> Manuel Azaña Ilustraciones de Manuel FloresMedia VacaValencia2016</strong></p><p>En 1939, <strong>Azaña </strong>se exilia en Francia tras perder la guerra. Nada más llegar a Collonges-sous-Salève, a la casa que había alquilado su cuñado <strong>Rivas Cherif</strong> meses antes, escribe una larga carta a  su amigo y jurista <strong>Ángel Ossorio</strong> contándole como fueron esos últimos días de la Segunda República. La editorial Media Vaca <a href="http://www.mediavaca.com/index.php/en/autores/escritores/296-adios-al-porvenir" target="_blank">publica esta valiosa crónica</a> en un volumen ilustrado donde el artista <strong>Manuel Flores</strong>, con un guiño continuo al texto del presidente, lo coloca recibiendo palos por todas partes como si fuera un personaje de los títeres de cachiporra. Quienes le atizan con palos, bastones e incluso armas son los miembros de <em>la otra Generación del 27</em>, humoristas que se alinearon con el franquismo —<strong>Tono</strong>, <strong>Jardiel Poncela</strong>, <strong>Edgar Neville</strong>, <strong>Mihura</strong>...— y de los que habla el editor en un instructivo prólogo-epílogo.</p><p><strong>Las transiciones Vicente ValeroPeriféricaCáceres2016</strong></p><p><em>Las transiciones</em></p><p>El escritor<strong> Viente Valero</strong> tiene el don de convertir episodios aparentemente irrelevantes, de los que podrían ocurrirle a cualquier persona en cualquier momento, en historias hermosas  de un alto valor literario. Nos deslumbró con <em>Los extraños</em>, su primera incursión en la prosa de ficción; siguió demostrando su calidad en <em>El arte de la fuga</em>; y nos trae ahora otra excelente novela, <a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=182" target="_blank"><em>Las transiciones</em></a>. </p><p>La transición de una dictadura a la democracia sirve de escenario <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/13/ninos_transicion_51153_1026.html" target="_blank">para acompañar otra transición</a>, la de la juventud a la madurez de los cuatro hombres que se reencuentran, tras años sin verse, en el funeral del amigo. Los recuerdos de una amistad tan intensa como sólo puede serla cuando se es adolescente, cuando los cambios vitales se comparten en grupo y se cree que nada podrá destruirla, vienen a mezclarse con un presente que muestra en qué se convirtió cada uno de ellos.</p><p><strong>Tea Rooms. Mujeres obreras Luisa CarnésHoja de LataGijón2016</strong></p><p><em>Tea Rooms. Mujeres obreras</em></p><p>Si las mujeres de la Generación del 27 son las grandes olvidadas de la historia, <strong>Luisa Carnés</strong> lo es todavía más. Su nombre nunca se encuentra entre quienes se citan al hacer referencia a su generación —<strong>María Teresa León</strong>, <strong>Maruja Mallo</strong>, <strong>Concha Méndez</strong>...—, pero su obra demuestra que es una escritora muy interesante que merece ser recordada. <a href="http://www.hojadelata.net/tienda/tea-rooms-mujeres-obreras/" target="_blank"><em>Tea Rooms</em></a> es una novela donde Carnés<a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/02/la_oda_las_obreras_luisa_carnes_50553_1026.html" target="_blank"> vuelca su propia experiencia laboral </a>en la España pobre y mugrienta de los años veinte, donde las mujeres tenían que hacer cualquier cosa por llevar unas pesetas a casa. La protagonista, una joven que entra a trabajar en un refinado salón de té, cuenta desde detrás del mostrador la miseria y las penurias de ella y de sus compañeras de trabajo, de cómo deben someterse a los caprichos del jefe y a sus estrictas normas, mientras sueñan con la vida de quienes se sientan a tomar pasteles y exigen una sonrisa mientras les sirven.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Portadores de Sueños en la calle Jerónimo Blancas, 4, de Zaragoza, o en su </em><strong>Portadores de Sueños</strong><a href="http://www.losportadoresdesuenos.com/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Portadores de Sueños]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Otra memoria, otras ciudades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nueva-lucha-clases-slavoj-zizek_1_1128362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cc43a024-c200-4628-adaa-084310c4ffd3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek"></p><p><strong>Slavoj Žižek</strong> ha sentado a Europa frente a sí misma y la ha zarandeado. Parece que la presencia de miles de personas  apiñadas más allá de sus fronteras no ha sido suficiente aviso, parece que los atentados islamofascistas que irrumpen en los espacios de cotidianeidad europea, en la placentera vida corriente de algunos europeos, no es bastante. Acierta el filósofo esloveno en la apertura de <a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/la-nueva-lucha-de-clases/9788433964014/A_498" target="_blank"><em>La nueva lucha de clases</em></a><em> —</em>subtitulado <em>Los refugiados y el terror</em> y editado por Anagrama recientemente— cuando parte de las conocidas cinco fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. La Unión Europea persiste entre la segunda y la cuarta fase, según qué países, según qué ministros, políticos, medios de comunicación o sesudos tertulianos escuchemos. </p><p>Hay europeos que siguen entre la ira y el miedo, hay otros que prefieren negociar, aunque sea a costa de engordar las arcas turcas que a su vez servirán para luchar contra los kurdos, que luchan contra el DAESH, que es uno de los motivos fundamentales del éxodo sirio, y vuelta a empezar. Algunos han entrado en depresión y no encuentran salida. Muy pocos alcanzan el estadio de la aceptación y resuelven que deben mirar, observar, trazar planes, puentes, salidas. Žižek está entre esos últimos, aquellos que ya han pasado —o se saltaron— las fases de negación del problema, la declaración de ira del racismo, la negociación sin camino y la depresión exánime.</p><p>El inmovilismo europeo no reside solo en los intereses ciertos del <em>establishment</em> que encuentra en la explotación del próximo y medio Oriente un negocio más, ni en el miedo y parálisis de los movimientos antimigratorios que amenazan con encaramarse al poder, sobre todo, en los países septentrionales. El inmovilismo no es fruto de los discursos populistas de esa derecha que emplaza a las clases populares europeas a una ilusoria lucha contra el inmigrante que ocupa sus imaginarios puestos de trabajo, sus imaginarios recursos públicos educativos y sanitarios, su imaginario lugar en la escala social de su imaginaria nación. </p><p>El inmovilismo europeo reside también en el equivocado análisis que realiza la izquierda, que se escuda en las prácticas solidarias para calmar sus conciencias y se autoflagela con el látigo del legado europeo de igualdad y libertad. Žižek enumera diversos tabúes que esta izquierda debe superar: empezando por la idea de que el Islam sea una resistencia eficaz al capitalismo, pues basta echar un vistazo a la muy adelantada adaptación de los países del Golfo a este sistema económico, sintonizado perfectamente con el Islam. Sigue con el tabú la extendida idea progresista de que “todo enemigo es alguien con una historia que no hemos escuchado”, con el mantra de que el emancipador legado europeo es imperialista, racista, que la defensa del modo de vida europeo es protofascista. Sin embargo, es desde ese mismo legado desde donde se puede hacer la crítica: hermosa paradoja. </p><p>Son los laicos izquierdistas quienes terminan tolerando a los extremistas católicos y musulmanes. Žižek avisa: no debemos confundir la crítica al Islam con la islamofobia, como no debe confundirse el respeto a la libertad religiosa con la permisividad de la presencia religiosa en la vida pública hasta el punto de que condicione las decisiones que nos afectan a todos; y el Islam puede ser respetuoso con la creencia privada pero es nada tolerante con la manifestación pública disidente. La historia europea es una historia de liberación de la sociedad civil del peso judeocristiano en la cultura y la vida pública. La Ilustración, aunque Žižek no lo diga, fue el punto de partida de un laicismo que durante dos siglos ha forjado la conciencia de Europa. La misma conciencia que ahora le lleva a un círculo vicioso y relativista.</p><p>Tal y como los fundamentalistas no se toleran entre ellos —islamofobia y eurofobia son las dos caras de la misma moneda—, en el teatro de las potencias enfrentadas la lucha no va en serio. Los Estados Unidos y Rusia no hacen lo que dicen que deben hacer, como no lo hacen turcos, saudíes, israelíes… Hay tantas divisiones dentro del Islam militante y fanático entre suníes y chiíes como los hay entre las potencias del otro lado del choque de civilizaciones. Hay un reparto de intereses que ocasiona que un exiguo ejército en una franja del mundo esencialmente desértica, rodeada de ejércitos curtidos y voluminosos, resista sin problema. Hay algo de pantomima, de sospecha.</p><p>En<em> La nueva lucha de clases</em>,<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/27/la_nueva_lucha_clases_slavoj_ek_50287_1821.html" target="_blank"> Žižek se explica con meridiana claridad</a>. Expone con sencillez el efecto del capitalismo global y del neocolonialismo económico y sus efectos en los países africanos y asiáticos, la irrupción de nuevos modelos de explotación que tanto se parecen a los modelos esclavistas y que recorren todo el mundo del capitalismo global desde Shanghái a Dubái, pasando por ciertos barrios y polígonos industriales del primer mundo.</p><p>El éxodo de refugiados hacia Europa tiene mucho que ver con el deseo de una vida mejor. Toda esperanza de mejorar de vida tiene sentido en la lucha de clases. Ante un mundo cambiante, que puede tener las grandes migraciones como futuro; en un planeta que puede tener los nuevos climas, la escasez de agua y de energía como hábitat, cabe preguntarse si el capitalismo es el hecho de naturaleza humana que nos dicen que es, o si tal vez no se trata de un modelo de reproducción indefinida. Habla Žižek de cuatro grandes antagonismos: la amenaza de la catástrofe ecológica, el fracaso de la propiedad privada (que excluye el “capital cognitivo” y la infraestructura compartida), los nuevos descubrimientos biogenéticos y las nuevas formas de <em>apartheid</em> —nuevas esclavitudes en suburbios—. En definitiva, la brecha entre <em>Excluidos</em> e <em>Incluidos</em>, brecha que puede abrirse sin fondo con la profundización en la privatización de la sustancia compartida de nuestro ser social, camino de la autodestrucción.</p><p>Un antiguo dicho hopi dice: "Nosotros somos aquellos a los que estábamos esperando". Para Žižek, es la respuesta adecuada a los intelectuales de izquierda que esperan un nuevo agente revolucionario externo (un desastre ecológico que despierte a las multitudes). Esa esperanza no es una señal divina del destino marcada en la izquierda, sino la constatación de que no va a venir nadie a hacer el trabajo que nos compete. El texto de Žižek analiza una escena en movimiento: el deseo emancipador que hace un año recorría Europa y refería la lucha de clases insistía en la solidaridad global con los explotados y oprimidos, de dentro y de fuera. Ese discruso ha sido suplantado por una cuestión liberal-cultural de tolerancia y solidaridad, de comprensión de culturas diferentes, de temor paranoico y de lucha contra el terror en un "espíritu permanente de emergencia". Al final, las víctimas de los ataques terroristas serán los refugiados, y los vencedores los partidarios de la guerra total: los racistas antimigración europeos y su reverso islamofascista.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Su último libro es </em><strong>Alfonso Salazar</strong><a href="https://grupodauro.com/tag/para-tan-largo-viaje/" target="_blank">Para tan largo viaje </a><em>(Dauro, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Literatura,Literatura europea,Crisis de los refugiados,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Canción de la mujer sin edad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cancion-mujer-edad_1_1128356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e5407362-f08b-4fb0-97bb-78b4e395402f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Canción de la mujer sin edad”"></p><p>Gema Palacios lee su poema "Canción de la mujer sin edad".</p><p><strong>“Canción de la mujer sin edad” </strong></p><p><em>A todas las mujeres que han sido silenciadasa lo largo de la Historia.</em></p><p>Las mujeres de platos en los labios</p><p>         cruzan la carretera por el lado de la sombra</p><p>    Sus cuerpos sin fecha no atienden</p><p>a las preguntas mudas de los conductores</p><p>        toman el asfalto cuando cruje el día</p><p>y retienen en sus iris las últimas luces</p><p>              No esperan a nadie salvo a sí mismas</p><p>     no se encogen    no se acobardan</p><p>                  no hacen del frío su lenguaje</p><p>     hace tiempo abandonaron el asombro</p><p>          los aluviones de deseo  la risa y la derrota</p><p>Las mujeres de platos en los labios</p><p>        escarban la tierra hasta hallar sus raíces</p><p>                                    y besarlas</p><p>              contemplan la montaña</p><p>su enclave solemne</p><p>     arábigo </p><p>                   su patria mustia de animal con grietas</p><p>           No necesitan recordar las vocales de sus apellidos</p><p>     porque nunca supieron de apellidos</p><p>Las mujeres de platos en los labios</p><p>             retienen la silueta de sus hijas vivas</p><p>                  y lloran    serenas    con los ojos muy abiertos.</p><p>Del libro <a href="http://elsastredeapollinaire.blogspot.com.es/2016/05/treinta-y-seis-mujeres-gema-palacios.html" target="_blank">Treinta y seis mujeres</a> </p><p>(El sastre de Apollinaire, 2016)</p><p><em>*Gema Palacios es poeta. Su último libro publicado es </em></p><p><strong>Gema Palacios</strong><a href="http://elsastredeapollinaire.blogspot.com.es/2016/05/treinta-y-seis-mujeres-gema-palacios.html" target="_blank">Treinta y seis mujeres</a><em> (El sastre de Apollinaire, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gema Palacios]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 24]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la carta enviada por Funes el memorioso a don Lorenzo de Miranda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carta-enviada-funes-memorioso-don-lorenzo-miranda_1_1128350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/43bfc956-47a8-4729-8bb3-8a9e55bd3eed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la carta enviada por Funes el memorioso a don Lorenzo de Miranda"></p><p>Señor:</p><p>Lorenzo de Miranda</p><p>Castillo o Casa</p><p>Del Caballero del Verde Gabán</p><p>Vivo de inquilino en las páginas de un libro, como usted vive en las suyas. Me asedia la memoria como a otros los asedia la locura. Por ejemplo, y es algo que he compartido con un escritor que desde su avanzada y progresiva ceguera razonó sobre mi debilidad por la memoria llamándome <em>el memorioso</em>, me apasiona la historia o la leyenda de Ciro, el rey persa que sabía uno a uno el nombre de los innumerables miembros de su soldadesca, como me atraen como imán otros datos sin importancia, de tan precaria trascendencia para la olvidadiza humanidad.</p><p>La leyenda sobre mis portentos memoriosos se los debo, pues, a ese escritor que vivía en la admiración de que un hombre corriente, y se incluía en tan gregario racimo, no pudiera ver sino lo grueso de los objetos, sus formas evidentes y que yo, Ireneo Funes, hijo de una mujer cuyo oficio doméstico era planchar ropas ajenas e hijo de un padre de oficios variopintos y hasta inventados, pudiera, donde todos ven un pan, casi adivinar el movimiento propio del trigal del que proviene. Algo así como ver las partes y no engañarse únicamente con el todo.</p><p>Pero no estoy, a pesar de ese don, dotado para ser crítico de arte o cosa parecida. Aunque sepa que el córtex prefrontal dorsolateral izquierdo es la parte del cerebro humano responsable del juicio estético visual, según comprobaciones de un grupo de científicos de su rumorosa España, que realizan sus investigaciones en la Universidad de las Islas Baleares.</p><p>Hoy, un día cualquiera en el que me sé a punto de morir, pues todo indica que mis pulmones se congestionan, he leído, mi hidalgo señor Lorenzo de Miranda, unos versos suyos, unas raras glosas que ya puedo repetir como quien enciende en su cerebro y en su lengua un eco guardado en las gavetas de la memoria.</p><p>Me he decidido a escribirle desde la ficción de mi existencia y desde la aflicción de la misma. Y es que sus glosas —con sus justos cuatro versos— y sus sonetos que tanto entusiasmaron al señor don Quijote hasta hacerlo decir a él, tan docto en letras, que se las estaba viendo con “el mejor poeta del orbe”, esos versos, repito, se entreveran a cada paso con mi vida:</p><p><em>¡Si mi fue tornase a es,sin esperar más será,o viniese el tiempo yade lo que será después.</em></p><p>Esas sesenta y nueve letras bastaron para colmar mi atención. Quisiera el cielo que “mi fue” anclara en lo que soy, sin vivir de prestado en memorias ajenas. Pero estoy condenado a repetir. Puedo repetirle, por ejemplo, uno a uno los diálogos que usted, mi buen señor, tuvo con un caballero andante llamado don Quijote de la Mancha. Y todo lo que tuvo ocurrencia durante su estancia en el Castillo del Caballero del Verde Gabán, su legítimo padre que tropezara e invitara al de la Triste Figura tras oírlo hablar de poesía y de historias remotas de caballería, muchas de ellas entreveradas. Los versos de <strong>Garcilaso de la Vega</strong> dichos por don Quijote en homenaje a Dulcinea del Toboso y su dulce y enfebrecida explicación de la ciencia de la caballería andante, ciencia que contempla conocimientos teológicos, médicos, de aromado herbolario, de astrólogo y tantos otros saberes, me condujeron a verdades que yo solo consigo enumerar.  </p><p>Nunca escribo versos tan finos como los suyos, don Lorenzo, pero los aprendo, que es otra forma, un tanto huera, valga la verdad, de grabarlos en una tarja invisible. Sé que usted afirmaba no querer parecer “de aquellos poetas que cuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden los vomitan” y desde entonces me cuido de decir aún los que otros me prodigan. Me atrevo a decirle don, pues entiendo que esa palabra, descompuesta en cada una de sus letras, quiere decir De Origen Noble. Y lo hago a pesar de sus dieciocho años de edad, según las cuentas de su padre, Caballero del Verde Gabán.</p><p>Mi locura es cartesiana, don Lorenzo, no como la de su bizarro huésped, el “entreverado loco lleno de lúcidos intervalos”. No tan cartesiana quizá como la de Pierre Menard, otra invención de mi creador o, mejor, un <em>alter ego</em> de mi amigo <strong>Borges</strong>, ese poeta nacido en Buenos Aires en el año de 1889, el mismo año en que él, mi padre literario, anunció mi muerte por “congestión pulmonar”.</p><p>Pues bien, ese tal Menard, tuvo vocación de espejero, pues se dedicó a copiar, como un servil espejo, las aventuras narradas por ese historiador árabe de nombre exótico como el Oriente, Cide Hamete Benengeli. Era como si Menard atrajera desde las antípodas una estrella fugaz con un espejo. Pero yo no he muerto, en puridad. Vivo de inquilino en las páginas de un libro, como usted vive en las suyas.</p><p>No me agrada confundir las historias, pero hablando de espejos, esa Dulcinea que le evocaron unas simples y ordinarias tinajas a don Quijote en casa de su generoso padre, de don Diego, tan solo por haber sido torneadas por alfareros del Toboso, esa Dulcinea, repito, se refleja sin permiso en muchos otros cristales.</p><p>No es que ella, la amada evanescente, preguntara como lo hace la madrastra de la  saga infantil a su servil cristal quién es la más bella del universo. Pero bastaba con que su espejo fuera azogado por las fabulaciones conmiserativas de Sancho o por el otro espejo de locura del andante señor de las derrotas, para que apareciera como la más hermosa mujer y la más dulce utopía del levantisco caballero libertario.</p><p>Le envidio haber conocido a don Quijote, un <strong>Cid </strong>en armas, un <strong>Cicerón </strong>en elocuencia, como dice su historiador. De la misma manera envidio el coloquio sostenido por su padre, don Diego de Miranda, con el andariego y estrafalario señor de los caminos, mientras va trocado en el Caballero del Verde Gabán, intercambiando opiniones y creencias.</p><p>Que las palabras del Quijote sobre la poesía lleguen de nuevo a usted, don Lorenzo. Las repito memorizadas del coloquio que tuvo con su padre: la poesía “no ha de ser vendible”, dice en un momento. “No se ha de dejar tratar de los truhanes”, agrega. Y es que su padre, antes de llevar a Sancho y a su amo a las estancias del castillo, le habló con orgullo de hombre generoso e inteligente, de un hijo “embebido” en los reinos de la poesía. También afirmó que “letras sin virtud son perlas en el muladar”.  </p><p>“Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido”, fue la invitación que don Diego le hizo a don Quijote durante la jornada en la que se éste alimenta su olvido, olvido de los apaleamientos sufridos, de los dientes quebrados por el vuelo atinado de una pedrada, de la lluvia de estacas, de las artes encantatorias padecidas en la confrontación con el Caballero de los Espejos.</p><p>Debo decirle a usted, y si pudiera hacerlo a su padre, que Funes no es apócope de Funesto, buen señor. Pero el que sufre tiene memoria, era algo que decía con plena conciencia Cicerón. De otra parte, un escritor francés, <strong>Montaigne</strong>, agregaba para mi desgracia que “saber de memoria no es saber: es tener lo que se ha dado a guardar a la memoria”. Mi pastor, mi guía, mi creador, mi inventor, mi padrastro que tanto admiró las mitologías y las invenciones de <strong>Cervantes</strong>, parece que de alguna manera quería despojarme de algunas libertades.</p><p>De esta manera y a guisa de ejemplo, es como me describe, don Lorenzo, al final de uno de sus agudos relatos: “Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”.</p><p>Conocer detalles y datos, fechas y números, recuerdos y estrellas, vocabularios infinitos, en inglés, en francés, en portugués, en latín, no me da acceso a la poesía. Pero aquello que tanto me ha inquietado de sus versos:</p><p><em>¡Si mi fue tornase a es,sin esperar más será,o viniese el tiempo yade lo que será después...!</em></p><p>a cada tanto vuelve a mí como un ritornelo, como si me rebelara ante mi creador y pudiera pensar más allá de los linderos de una portentosa memoria de archivero.</p><p>Escribirle a usted puede resultar un acto de rebeldía aprendido al de la Triste Figura, como ir galopando por un llano junto al Caballero del Verde Gabán para luego llegar a su casa en procura del tiempo futuro, del tiempo de lo que será después. Vivo de inquilino en las páginas de un libro, como usted vive en las suyas. Pero puedo repetirle, como un estruendoso eco llegado de otra parte: <em>Deus in nobis</em>, Dios está con nosotros.</p><p><em>*Juan Manuel Roca es uno de los maestros de la poesía colombiana. Su último libro es </em><strong>Juan Manuel Roca </strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/biografia-de-nadie.html" target="_blank">Biografía de nadie. Antología personal </a><em>(Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Manuel Roca]]></author>
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      <title><![CDATA[Tres hombres invisibles que nos miran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tres-hombres-invisibles-miran_1_1128343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee0dd741-e09a-4a51-bad4-8d475d2f2409_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres hombres invisibles que nos miran"></p><p>La literatura es como las cordilleras, no sólo está hecha de cumbres, y por eso los lectores interesados en un género o una época no suelen  conformarse con los autores más señalados de cada generación, esos a quienes la crítica y el paso del tiempo les han puesto el cartel de imprescindibles, sino que después de leer a <strong>Federico García Lorca</strong>, <strong>Luis Cernuda</strong> o <strong>Rafael Alberti</strong> suele acercarse a las obras de <strong>Gerardo Diego</strong>,<strong> Pedro Salinas</strong>, <strong>Vicente Aleixandre</strong> o <strong>Dámaso Alonso</strong>, de ahí a las de <strong>Manuel Altolaguirre</strong> o <strong>Emilio Prados</strong>, luego a las de <strong>Concha Méndez</strong> y <strong>Juan Rejano</strong>, después a las de <strong>Ernestina de Champourcin</strong>, <strong>Juan Chabás</strong>, <strong>Rosa Chacel </strong>o <strong>Juan José Domenchina</strong>… Y sólo entonces tiene la impresión de saber qué era la Generación del 27. O por poner otro ejemplo, se hace con las obras de <strong>Ángela Figuera Aymerich</strong> tras acabar las de <strong>José Hierro</strong>, <strong>Gabriel Celaya</strong> y<strong> Blas de Otero</strong> para entender a la del 36. En esa misma línea, hablar de los poetas del 50 nos lleva directamente a <strong>Ángel González</strong>, <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> o<strong> José Ángel Valente</strong>, y si afinamos un poco más, también a <strong>Carlos Barral</strong>, <strong>José Agustín Goytisolo</strong>, <strong>Alfonso Costafreda</strong>, <strong>Gabriel Ferrater</strong> o, más tarde,<strong> Antonio Gamoneda</strong>, que es el último de sus contemporáneos en lograr un reconocimiento de los especialistas y el público, coronado con la obtención del premio Cervantes. Pero también había más en ese grupo y también merece la pena detenerse en el trabajo de tres creadores muy estimables y mucho menos reconocidos, cuya producción completa en verso acaba de aparecer en Sevilla, Valencia y Madrid, en las editoriales Renacimiento, Pre-Textos y Huerga & Fierro: <strong>Carlos Sahagún</strong>,<strong> César Simón</strong> y <strong>Fernando Arrabal</strong>.</p><p>Las <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/index.php?id_product=1182&controller=product&search_query=sahagun&results=3" target="_blank"><em>Poesías completas (1957-2000)</em></a> de Sahagún, descubren a un escritor muy solvente, delicado y preciso, cuyo oscurecimiento sólo puede ser debido más a una voluntad de apartarse, producto de una naturaleza esquiva que, al parecer, lo llevaba a ausentarse, a ser un solitario. Comparte con sus compañeros, y creo que especialmente con Ángel González, la mezcla de pesimismo e ironía que los hizo tan reconocibles y que le iba como anillo al dedo a la España terrible que les tocó vivir en la posguerra: “si estuviera en mis manos, / no salvaría nada de este incendio”, dice en uno de los textos de <em>Primer y último oficio</em>. Ahí o en <em>Estar contigo,</em> sus dos obras quizá más certeras,  se ve claro que estamos ante un escritor de envergadura, que se atreve con el verso blanco y el libre, con la asonancia y la falta de rima, y de todo sale con elegancia y buena mano. ¿Qué pasó para que se apartara del centro del escenario? ¿Por qué abandonó una carrera que había empezado de manera fulgurante, ganando premios tan importantes como el Adonáis y el Boscán, e incluso el Nacional, muchos años más tarde, con la que sería su última obra? Se habla de su carácter difícil, de su tendencia al aislamiento… Puede ser eso o que fuera avasallado por aquel mundo sórdido –una de sus palabras favoritas— de la dictadura en el que se ahogaba, igual que la mayoría: “Que no me digan que esto estaba escrito, / este caer concreto al pie de la abundancia. / Fuera todo distinto, diera todo / menos pena, más gana de abrazarlo, / si al recordarte desde esta colina / uno pudiera ver palomas blancas, justas, / lo clandestino penetrar con alas, / oh, España, en tu orfandad”.</p><p>A un año de su muerte, ocurrida en agosto de 2015, y después de una eternidad lejos de los escaparates, asistiendo muy de vez en cuando a algún acto público y desde hace mucho refugiado en una suerte de invisibilidad elegida, la publicación de este tomo de Renacimiento vuelve a poner al alcance de la mano a un magnífico escritor, capaz de darle “lentitud a la melancolía”, como dice en un poema memorable sobre <strong>César Vallejo</strong> y que está pidiendo a gritos ser leído por los aficionados a la buena poesía, esos a los que parece referirse en este “Quede mi nombre” con aire de epitafio, donde su capacidad para el trazo autobiográfico y la elegía triste quedan más que demostradas: “Que mi reino no sea / la soledad del héroe pensativo, / sino su fortaleza amurallada. / Hallen en ti refugio los días claros, / roto ya por mil flancos / el combatido cerco de la noche. / Y cuando zarpe el último navío / rumbo a la decepción definitiva, / quede mi nombre escrito sobre el agua, / indefenso, esperando / la hora en que tú desciendas suavemente, / sabiendo ya el camino, a recordarme.”</p><p>César Simón es otro poeta que existió “en permanente ausencia”, por decirlo con sus propias palabras, pero al que conviene no dejar de lado. Aunque el autor valenciano, fallecido prematuramente en 1977, ha estado algo más presente en nuestra vida cultural, ya había reunido su obra en los ochenta, sacó algunos tomos en colecciones tan notables como Hiperión o Visor y es una influencia reconocible en jóvenes como <strong>Carlos Marzal </strong>o <strong>Vicente Gallego</strong>, que siempre lo han reivindicado y que encuentran un modelo de humildad serena en ese “hombre cuyo centro se situaba más allá de todo centro”, como dice el segundo en el prólogo a este volumen. Sin embargo, muchos de sus libros eran difíciles de encontrar y de ahí que esta <a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=3169" target="_blank"><em>Poesía completa</em></a> que sale en la hermosa colección de Biblioteca de Clásicos Contemporáneos de Pre-Textos, sea otra estupenda noticia, porque de verdad merecen la pena su buen ojo para encontrar lo excepcional en lo cotidiano y su mirada llena de nostalgia, siempre en la frontera entre la celebración y el desencanto, que se destilan en unos versos llenos de luz, tranquilos, que buscan “lo que no existe, / lo que no es todo, / lo que no es nada, / lo que irradia en silencio / cuando enmudecen todas las canciones”; que a veces tienen cierto aroma místico y siempre dominan el arte de la evocación, hecha de todo aquello que pueden reconstruir a dúo el lenguaje y la memoria, que de verdad merecen la pena. “Nada terrible ocurre en nuestra vida; / mirar el mar no es nada; / y así nos despojamos de lo que no tuvimos. / Rodeados de vida, nunca fuimos la vida; / subimos a los templos, / estuvimos sentados a la mesa / (…) nuestra sombra divaga por detrás de las sombras, / sin embargo”, dice en uno de los textos de <em>Extravío</em>, uno de los platos fuertes de su bibliografía, junto a <em>Precisión de la sombra</em> y <em>El jardín</em>.</p><p>El caso de Fernando Arrabal es diferente, por varios motivos, y entre ellos porque es famoso a causa de su teatro y su presencia siempre llamativa en los medios de comunicación, y porque sigue en activo. Pero su poesía ha ocupado un lugar marginal y la llegada de este <a href="http://huergayfierro.com/credo-quia-confusum/" target="_blank"><em>Credo quia confusum</em></a><em>. Poesía reunida</em>, que ahora trae el catálogo de Huerga & Fierro, demuestra de forma indudable que ese desconocimiento no sólo no era justo, sino que representa un grave error: me atrevo a decir que esta antología está entre lo mejor de toda su producción, con sus toques oníricos, su punto contracultural, su atrevimiento casi surrealista y su dulzura al fondo. Por supuesto, no faltan las provocaciones que tanto lo distinguen, ni el humor afilado que lo caracteriza, pero hay más en este libro, entre otras cosas una inclinación hacia la fábula moral y el relato en miniatura que resultan muy atractivos: “Nunca supe por qué todos la llamaban Filosofía. / Me decía que yo soy el sol y ella la luna, que yo soy el cubo y ella la esfera, que yo soy el oro y ella la plata. / Entonces de todo mi cuerpo salían llamas y de todos los poros de su cuerpo lluvia. / Nos abrazábamos y mis llamas se mezclaban con su lluvia y se formaban infinitos arcoíris a nuestro alrededor.” Son los mejores momentos de este libro, aquellos en los que demuestra que con letras también se puede hacer una pintura abstracta, construir metáforas de la sensualidad: “Puse un compás sobre su vientre y tracé varios círculos, que pasaban a veces por las rodillas, a veces por el ombligo y a veces por el corazón. / Para no olvidarme de su cara la imaginé llena de números. / Luego se puso a llover y ella se colocó de pie y desnuda sobre un caballo. / Yo llevaba las riendas. Llovieron peces que, riendo, se metían entre sus piernas”.</p><p>Carlos Sahagún, César Simón y Fernando Arrabal son, por ese orden, tres miembros descolgados de la Generación del 50 que no deberían quedar fuera de la foto. Es recomendable no dejarlos pasar de largo, ahora que Renacimiento, Pre-Textos y Huerga & Fierro los han vuelto a poner a tiro.</p><p><em>*Benjamín Prado es escritor. Su último libro, </em><strong>Benjamín Prado</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/libros-hiperion/m%C3%A1s-que-palabras-detail" target="_blank">Más que palabras</a><em> (Hiperión, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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