<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 25]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-25/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 25]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Existes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/existes_1_1128629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Existes"></p><p>“A Chloe le gustaba Olivia”. Cinco palabras inocentes. Cinco palabras casi vulgares: ese verbo “gustar”, tan desapasionado, y esa construcción, “a X le gusta X”, un tanto coloquial, poco cuidada. Cinco palabras criminales en más de 80 países, toleradas en un puñado de ellos, radicales, desafiantes y libres en todos. Cinco palabras que pueden cambiar una vida. </p><p>Las escribió <strong>Virginia Woolf</strong> –patrona de todas las disidentes de la heterosexualidad— cuando por fin se hizo con una habitación propia, en 1929. “No os sobresaltéis. No os ruboricéis. Admitamos en la intimidad de nuestra propia sociedad que estas cosas ocurren a veces. A veces a las mujeres les gustan las mujeres”, decía, divertida por andar epatando a la audiencia. Era la expresión simple, clara, sin dobleces, de algo que hasta hacía poco no se había contado sino con subterfugios, ambigüedades y disfraces. “A Chloe le gustaba Olivia”, osaba decir Woolf, sin saber (pero quizás sabiendo) que las relaciones entre personas del mismo sexo serían ilegales en el Reino Unido hasta 1969, y que habría que esperar hasta 1999 para que se despenalizaran las relaciones homosexuales por debajo de los 21 años. </p><p>Las palabras relucientes y limpias de Virginia Woolf se alzaban, y se alzan todavía, sobre todo un fango de dobles sentidos, de frases a medias, gestos equívocos, afectos que podían ser… pero también podían no ser.  Durante siglos, una parte sustancial de los lectores, una parte sustancial del mundo, ha transitado esa duda. El deseo de que eso que creía ver, esa amistad especialmente estrecha, ese murmullo, fuera real. El deseo de que se abriera al fin una grieta en el espacio de lo posible. Durante siglos, una parte sustancial del mundo –el 10% según el desactualizado informe <strong>Kinsey</strong>, utilizado por el movimiento gay en los setenta para recordar que “estamos en todas partes”— se ha arrastrado de relato en relato, de libro en libro, buscando una confirmación de su propia existencia. </p><p>El lector disidente –de la raza, de la clase, del género, de la orientación sexual— siempre pasa las páginas con más avidez, por la sencilla razón de que tiene más hambre. El lector disidente recibe, todavía hoy, siempre menos de lo que precisa. Los otros, los que viven dentro de la norma, tienen a su disposición un buen banquete. Aquí y allá hay historias que se parecen a la suya, personajes que podrían ser ellos mismos, besos como los que dan, gestos como los que derrochan sin pensarlo dos veces. Viven en una continua confirmación de su propia identidad. Mientras, los disidentes hacen un enorme ejercicio de empatía. Allí donde ven al otro, eso que ellos no son, ese amor que no es el suyo, intentan verse a sí mismos. Esa suplantación es la única opción posible, pero es también un proceso terriblemente doloroso, porque implica el recuerdo constante de que uno es lo que no debe. Es andar con unos zapatos de otro número mientras se finge que son los adecuados. </p><p>(La escritora <strong>Rebecca Solnit</strong> expresaba de manera brillante en un artículo titulado <a href="http://lithub.com/men-explain-lolita-to-me/" target="_blank">"Los hombres me explican Lolita"</a> el dolor generado por esa continua renuncia a la propia identidad para poder acceder a ciertos relatos. Ella se refería a la que hacen las mujeres, que deben ignorar su experiencia como tales para identificarse con la inmensa mayoría de las obras consideradas canónicas en la literatura universal, en las que los hombres son protagonistas y las mujeres, personajes a su servicio . “Ya lees suficientes libros en los que la gente como tú es sustituible, o sucia, o silenciada, ausente, o inútil, y eso tiene un impacto sobre ti”, escribía, “Porque el arte construye el mundo, porque importa, porque nos construye. O nos rompe”.) </p><p>La estrategia de supervivencia ha sido, en la literatura como fuera de ella, el silencio y la ambigüedad. El disfraz, la metamorfosis, la transmutación, la androginia, el travestismo… son tropos constantes de la literatura queer. Pero hay otro modo de transformación que permite un ocultamiento más sutil, operando solo a medias: uno se desprende de lo que es sin abrazar otra identidad, creando así un vacío, un terreno de nadie, que quizás no sirva como campo de batalla, pero sí como refugio. Lo son los poemas de <strong>Federico García Lorca</strong> y otros escritores de su generación. Lo es la “Gacela del amor imprevisto”: </p><p><em>Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve.</em></p><p>No es, desde luego, una declaración de amor homosexual. Pero en modo alguno es un poema heterosexual, aunque solo sea por la ausencia de marca de género del objeto amoroso, por el uso de referencias corporales deliberadamente ambiguas. Y cuando el heteropatriarcado ha conquistado cada plaza, cada relato, cada expresión de deseo desde <em>Romeo y Julieta</em> hasta <em>50 sombras de Grey</em>, cualquier terreno virgen, por pequeño que sea, es un espacio de libertad. El refugio, sin embargo, sufre con el tiempo su propia metamorfosis: lo que era un lugar habitable se acaba volviendo demasiado estrecho. La ambigüedad es una cruel forma de silencio.</p><p>Por eso los relatos de la disidencia heteropatriarcal han sido siempre cuestión de vida o muerte. <a href="https://books.google.es/books?id=IgOXBgAAQBAJ&pg=PA106&lpg=PA106&dq=sally+seton+clarissa+beso&source=bl&ots=dAs0xpCrIy&sig=I2u4JQF066nJ2YTMCn8fHugGPqc&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiwps2wivTNAhXMmBoKHYulA_EQ6AEISDAF#v=onepage&q=sally%20seton%20clarissa%20beso&f=false" target="_blank">Que Sally Seton bese o no a Clarissa</a> en <em>La señora Dalloway</em>, de nuevo de Virginia Woolf, no es un mero detalle de la trama. Si Sally y Clarissa no se hubieran quedado rezagadas, si Sally no se hubiera detenido a coger una flor, si no hubiera besado a su amiga, el lector <em>queer </em>–ese lector <em>desviado </em>que no recorre los mismos caminos que los lectores <em>rectos</em>— hubiera tenido que prolongar su búsqueda de signos, su debate interno. ¿Son Sally y Clarissa amigas de infancia? ¿O es un romance aplastado por el peso de la sociedad? ¿Eso que siente Clarissa por Sally –y esto se lo pregunta el propio personaje— es o no amor? ¿Esa vibración eléctrica que se enciende cada vez que Seton entra en escena, es deseo? En cada una de esas cuestiones reside otra, definitiva: ¿Existo, existe esto que yo soy? Si Sally y Clarissa no se hubieran besado, ese interrogante hubiera obtenido un dilatorio silencio por respuesta, en el mejor de los casos, y un rotundo <em>no</em>, en el peor. </p><p>La respuesta que regala la escritora a esa parte sustancial del mundo que la mira impaciente, con urgencia, no admite dudas: “Sally se detuvo; cogió una flor; la besó en los labios”. Lo que viene a significar: “Existes”. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[90ee3fca-68ee-4f9c-abf1-b0b37d6904c2]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42153" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42153" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Existes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Libros,Literatura,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educación contra el miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/educacion-miedo_1_1128627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e19543f-1151-4e94-9c5f-2e5a5913e003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educación contra el miedo"></p><p><em>En este especial sobre literatura LGTBI, cedemos en espacio de nuestro club de lectura a la tutoría de atención a la diversidad sexual y de género del IES Duque de Rivas, en Rivas Vaciamadrid (Madrid). Su responsable, José Joaquín Álvarez de la Roza, cuenta cómo abordan la atención a los alumnos y la construcción de una comunidad respetuosa y orgullosa de su diversidad. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em></p><p><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong><em> </em></p><p>Como sabemos, para la mayoría de los jóvenes la adolescencia constituye un periodo difícil por los cambios y tensiones que habitualmente comporta el tránsito hacia la vida adulta. Una etapa especialmente complicada para los estudiantes homosexuales y transexuales, que deberán enfrentar —en la mayor parte de los casos en el silencio más absoluto— el descubrimiento de su condición sexual en entornos dominados por el prejuicio y el miedo.</p><p>Del mismo modo que se reconoce la importancia de nuestro país al contar con una de las legislaciones más avanzadas en protección de derechos LGBTI, también debemos denunciar el déficit democrático y la incongruencia que supone la pervivencia de un anquilosado sistema educativo que niega esta realidad en el ámbito de su competencia.</p><p>A las autoridades educativas hay que recordarles que los adolescentes LGBTI también existen. Y que están hoy tan invisibilizados y desprotegidos como sus iguales de anteriores generaciones. <a href="http://www.elmundo.es/sociedad/2015/12/30/5682ca5322601d8c0f8b4632.html" target="_blank">El suicidio del joven trans Alan</a> y de Diego —un niño de once años que <a href="http://www.elmundo.es/madrid/2016/01/20/569ea93246163fd12b8b4626.html" target="_blank">estudiaba en un colegio religioso</a>— y el incremento durante el último año de agresiones a jóvenes homosexuales son una muestra lacerante de cómo los derechos humanos se vulneran sistemáticamente en ámbitos educativos que señalan protegerlos y promocionarlos.</p><p>Diversas investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) ponen de manifiesto no solo la especial vulnerabilidad con la que viven su condición sexual los adolescentes homosexuales, bisexuales y transexuales, también la de los jóvenes que se atreven a romper con los rígidos roles de género normativos.</p><p>Estos son algunos de los testimonios que hemos podido leer en los citados informes:</p><p>“Sufrí acoso escolar homofóbico desde los 6 a los 17 años. En el instituto pasé los peores años de mi vida”.</p><p>“Recuerdo haber bajado a los baños de chicas y había en una de las puertas: 'Hay que matar a la secta de las lesbianas'. Estaban mis iniciales puestas y las de mi novia”</p><p>“Mi vida fuera de las cuatro paredes de mi cuarto ha sido un infierno; ningún heterosexual es capaz de imaginar lo difícil que es salir a la calle cada día y tener que defender tu orientación con la cabeza bien alta mientras la gente pretende hundirte en lo más hondo. En mi anterior colegio, esas seis horas era una constante batalla de blasfemias contra mí”</p><p>“Durante mucho tiempo quería arrancarme la piel porque tenía un sentimiento profundo de odio hacia mi mismo”</p><p>“El peor momento fue cuando un niño del colegio (12 años), de un grupo que me estaba acosando, dijo: 'Joder, cómo nos pasamos, si yo fuera él, me pegaba un tiro”</p><p>“El profesorado casi siempre se mantenía al margen, y cuando intervenía te hacían sentirte culpable de no saber integrarte en la comunidad educativa”</p><p>“Desgraciadamente voy a un colegio de jesuitas, donde la homofobia se respira todos los días en el ambiente. Especialmente por nuestro tutor, que es cura, que suele dedicar horas enteras alimentando tópicos sobre los homosexuales mediante indirectas”.</p><p>“Me cogieron entre tres personas, cuyos nombres y apellidos recuerdo perfectamente y me pusieron en medio del vestuario y todos los chicos de clase, no todos, algunos, seis u ocho, me empezaron a orinar encima, diciéndome: 'Arturo es mariposo', y a reírse. Pues recuerdo que del escándalo que se formó, de que la gente se estaba riendo y tal, el profesor entró y vio lo que estaba pasando y se fue”.</p><p>“Era una necesidad de liberación absoluta y, entonces, pues yo me imaginaba las mil y una formas de suicidarme”.</p><p>“Y entonces me decía: la única solución que hay para dejar de sufrir es el suicidio. Digo: dejo de sufrir yo y deja de sufrir mi familia, y en el colegio les dejo tranquilos porque no tienen un maricón”.</p><p>La homofobia genera en plenosSiglo XXI, y en un preconizado sistema de libertades, el secuestro emocional de jóvenes que se ven obligados a ocultar su condición sexual. Los adolescentes son gregarios por naturaleza; ninguno quiere sentirse distinto al grupo, y menos por una causa que le puede convertir en chivo expiatorio de la insidia de sus iguales. La orientación sexual y la identidad de género, no son una opción, son una condición. El hostigamiento a los menores homosexuales y transexuales persiste en nuestras escuelas. A veces, mediante el acoso consentido; algunos docentes refieren que esto siempre ha pasado, que son cosas de la edad y que no tiene mayor importancia. En otros casos —habitualmente en colegios de ideario religioso— a través de la negación y demonización identitaria. La homofobia no se elimina mirando hacia otro lado, es necesaria la implicación efectiva de alumnos, familias y profesorado para erradicarla.</p><p>Así lo entendió la comunidad educativa del IES Duque de Rivas, de Rivas Vaciamadrid, que puso en marcha en 2005, con el apoyo expreso de la asociación de madres y padres de alumnos, un proyecto de lucha contra la homofobia en el centro escolar. La tutoría de atención a la diversidad sexual y de género (también llamada tutoría LGBTI+H) nació para dar respuesta a la demanda invisibilizada de adolescentes homosexuales y transexuales, que veían un día sí y otro también su dignidad vilipendiada cada vez que un estudiante denigraba a otro con el consabido insulto. Once años de trabajo han dado sus frutos. El instituto es hoy un referente de innovación educativa en la convivencia, cuenta con distintos reconocimientos como el que le otorgó hace unos meses la Organización de Estados Iberoamericanos por la promoción de los Derechos Humanos, y es, sobre todo, un espacio mucho más seguro para los estudiantes y profesores que deciden expresar su afectividad libremente.</p><p>La tutoría trabaja en tres vertientes:</p><p>• Atención a adolescentes LGBTI y sus familias. Ofrece recursos educativos que ayudan a resolver las dudas que se puedan plantear. Así mismo se facilita, a los estudiantes que lo demanden, información rigurosa, precisa y veraz sobre diversidad sexual y de género. También, herramientas para que aprendan a desarrollar una correcta socialización, a través de un trabajo de acompañamiento y asesoría.</p><p>• Atención al profesorado. Se informa sobre los materiales educativos que pueden utilizar para introducir transversalmente, si lo consideran oportuno, estos contenidos en sus respectivas clases y se les invita a participar en la organización de las actividades de sensibilización programadas a lo largo del curso escolar. Se pone un especial énfasis en el protocolo que se ha de seguir cuando en el aula hay un alumno transexual para que éste se sienta plenamente integrado en la vida del instituto, reconociéndole en todos los actos académicos por su sexo sentido.</p><p>• Campañas de concienciación escolar sobre los perniciosos efectos de la homofobia a edades tan tempranas que permitan eliminar prejuicios y desterrar los comportamientos discriminatorios. Se organizan charlas, talleres y conferencias que se imparten en todos los cursos de un mismo nivel formativo, de acuerdo con el grado de madurez del alumnado y las necesidades detectadas. A través de la página web del instituto se da público conocimiento de las mismas.</p><p>Una charla resultará eficaz si cumple las siguientes premisas:</p><p>• Que sea creíble.</p><p>• Que cubra necesidades detectadas o implícitas.</p><p>• Que genere expectativas de cambio o transformación personal.</p><p>El proyecto educativo trata de dar simplicidad a las actividades que se organizan. Se intenta captar la atención de los estudiantes a través de las llamadas “historias de vida”. Activistas LGBTI y profesionales del ámbito la cultura y de la salud acuden cada curso a la llamada del IES Duque de Rivas para transmitir los valores ciudadanos que promueven la convivencia.</p><p>La educación en la diversidad sexual y de género es la mejor vacuna contra la homofobia y debería introducirse en todas las etapas del currículo escolar, de acuerdo con el nivel de maduración de los propios estudiantes, tal como se hace con otras disciplinas. El prejuicio y el miedo alimentan la sinrazón. Los alumnos llegan, en general, muy prejuiciados a la Educación Secundaria, y ya sabemos que eliminar un prejuicio es mucho más difícil que mover una presa de hormigón. Esta situación evidencia, al menos en parte, que nuestras escuelas no se acomodan con sus planes formativos a las demandas reales de un alumnado que se desarrolla también en ambientes diversos, con nuevos modelos de familia distintos al tradicional, y que exige de la administración educativa el reconocimiento de su especificidad y una especial protección, por ser también los más vulnerables.</p><p>El periodista <strong>Leopoldo Alas Mínguez</strong> decía que “lo peor de todo es el miedo. Nos convierte en cómplices, cobardes y sumisos. El miedo no nos deja vivir”.</p><p>Los profesores tenemos una responsabilidad compartida por lo que hacemos y por lo que dejamos de hacer en nuestras escuelas. Si queremos construir una sociedad más democrática y respetuosa con los hechos diferenciales, se hace necesario tomar clara conciencia de aquellas ideas limitantes que alimentan el prejuicio social y que generan un gran sufrimiento en niños y adolescentes que nada pueden hacer por cambiar su esencia identitaria.</p><p>A partir del próximo curso, el proyecto que sustenta la tutoría LGBTI+H se pondrá en marcha de forma conjunta, y sin el apoyo efectivo de la Consejería de Educación, en siete institutos de la Comunidad de Madrid. Frente a otras consideraciones, romper las cadenas del miedo, dar visibilidad y dignificar la vida de cuantos sufren por su condición sexual nos parece un argumento prioritario en nuestra lucha para acabar con una larga tradición de condena.</p><p><em>*José Joaquín Álvarez de la Roza es tutor de Orientación Sexual en el IES Duque de Rivas (Rivas Vaciamadrid).</em><strong>José Joaquín Álvarez de la Roza</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[cc0dfb3e-251f-4d22-a5e3-d59482eb9f21]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Joaquín Álvarez de la Roza]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6e19543f-1151-4e94-9c5f-2e5a5913e003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41416" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6e19543f-1151-4e94-9c5f-2e5a5913e003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41416" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Educación contra el miedo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6e19543f-1151-4e94-9c5f-2e5a5913e003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación,Educación secundaria,Homofobia,Homosexualidad,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La selva un poquito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/selva-poquito_1_1128616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d952edd-fa26-4bad-a295-e0a153c9360a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La selva un poquito"></p><p><em>(Comienza Rafael Espejo) </em><strong>Rafael Espejo</strong></p><p>El propietario nos explica que ya nadie alquila casas tan grandes. La gente joven no quiere tener hijos, dice, y si los tiene sólo se atreve con uno, dos a lo sumo. Al parecer, el hombre ha dedicado su tiempo a elaborar una teoría sobre cómo será el mundo en un futuro, cuando el presidente y los ministros y los capitostes de la sociedad sean todos hijos únicos. Adiós a la fraternidad, dice, si seguimos así desaparecerá la palabra “hermano”, y eso, por lo que puedo entender, desencadenará un apocalipsis de egolatría. Un año atrás, su mujer había decidido dividir la casa y cobrar así dos alquileres. Una idea nefasta, debe reconocerlo, porque ahora nadie alquila la mitad de abajo, más oscura. Y por la de arriba no pueden cobrar lo que antes pedían por la casa entera.</p><p>Detrás de la cerca de madera vive un viejo que apenas sale, pero el resto del barrio siempre se queda vacío por estas fechas, así que de momento no tenemos que preocuparnos por los vecinos. Parece convencido de estar dándonos una buena noticia. ¿Habrá empezado ya su futuro ególatra?, pienso mientras subimos por una escalera empinada y estrecha. La madera de los peldaños cruje. El casero introduce la llave en la cerradura, la gira y da un puntapié a la puerta. Las paredes necesitan una mano de pintura, pero en la terraza hay una lavadora industrial y la cocina está equipada con lavavajillas, fuegos a gas y un generoso frigorífico. Las camas disponen de sábanas, fundas, mantas, el ajuar completo, nos explica, de una tía de su mujer que nunca se casó.</p><p>—Algodón puro.</p><p>En el patio de entrada, junto al garaje, tenemos un cobertizo lleno de trastos. Por supuesto, somos libres de deshacernos de todo y meter ahí lo que queramos. Nos invita a que echemos un vistazo a solas, él estará fuera fumando.</p><p>—Si os interesa —dice encendiendo un cigarrillo— desde hoy mismo os podéis quedar, tengo aquí otro juego de llaves. Este fin de semana no lo cobro, cortesía de la casa.</p><p>No negaré que a menudo he fantaseado con algo así, y no me refiero sólo a la casa. Lo que necesitamos es un poco de calma. Una temporada tranquila, sin hombres cerca. Y lo que a menudo he imaginado es exactamente esto: una casa de verdad para las dos. Así que tras darle algunas vueltas, pocas y apresuradas, la verdad, me decido. A mediados de septiembre aún hace bueno y todo puede ocurrir, ¿no?</p><p>Por la noche preparo una lista de tareas más o menos urgentes: cambiar las sillas de la salita por las de la cocina, montar la estantería donde ahora está la tele y llamar a un técnico para que instale otra en la habitación de Margot, aprovechar el plástico acolchado de mis cuadros para embalar las láminas de cacerías y angelotes, etc. Cuanto más pienso, más trabajo se me acumula. Al fin, sólo consigo pegar ojo un par de horas, ya de madrugada. Tras el desayuno, Margot sale a jugar al jardín de entrada y al poco vuelve llorando. La abrazo, trato de consolarla. No está herida. Cuando nos tranquilizamos, entiendo que se ha cruzado con el vecino. El viejo le ha ofrecido unas flores y ella se ha asustado. Por lo que entrecuenta, deduzco que el hombre tiene algo en la cara, una especie de mancha. O una cicatriz. No sabe explicármelo. La verdad es que el casero llevaba razón al decir que casi nunca sale, yo aún no lo he visto. Le explico que mostrar temor por alguien con un defecto no es mejor que burlarse de él. Intento imaginarme qué tipo de deformidad ha asustado a Margot, y deduzco que ese debe de ser el motivo de la reclusión del hombre. Al fin y al cabo, le digo, sólo trataba de ser amable con sus nuevas vecinas, ¿no? Mañana mismo le hacemos una visita. Nos presentamos y de paso le aceptas las flores, ¿qué dices? ¿Le preparamos un <em>brownie</em>?</p><p>Creo que a Margot la casa no le parece ni bien ni mal. Quizá son demasiadas emociones para una niña. Primero murió Mara, su perrita, un golpe duro, hace ahora un año. De su padre sólo le he dicho que está de viaje en Brasil, en una competición de caza deportiva, y que tardará en volver. Ante su insistencia, tuve que improvisar algunos animales: antílopes, íbices, impalas, onagros. La psicóloga insistió en que el duelo puede manifestarse de muchas formas. Los niños, me explicó, somatizan las tensiones de los padres. De modo que lo mejor era tenerla ocupada. Y que no la agobiase. Antes de reñirle por lo que sea, me explicó, piensa que lo que vas a hacer se parece bastante a rascarte un sarpullido, no dejará de picarte así, al contrario... En estos casos conviene tener paciencia. Y aclaró que lo decía con conocimiento de causa: ella también criaba sola a su hijo.</p><p>Aprovecho el primer día de colegio para comprar provisiones y algunas herramientas básicas y un poco arbitrarias: un martillo, arandelas metálicas, cola blanca, silicona, clavos. Soy consciente de que debo ponerme al día con algunas tareas que antes delegaba en Philippe.</p><p><em>(Continuará Andrés Navarro)</em><strong>Andrés Navarro</strong></p><p><em>*Rafael Espejo es escritor. Su último libro es </em><strong>Rafael Espejo</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1610" target="_blank">Hierba en los tejados</a><em> (Pre-Textos, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[34c093b8-2db8-4c6b-bd4a-578350aa1fdb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rafael Espejo | Andrés Navarro]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6d952edd-fa26-4bad-a295-e0a153c9360a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="126925" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6d952edd-fa26-4bad-a295-e0a153c9360a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="126925" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La selva un poquito]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6d952edd-fa26-4bad-a295-e0a153c9360a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Una barba para dos’, de Lawrence Schimel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/barba-lawrence-schimel_1_1128612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/41efe968-86ae-4b45-9306-8d505b0423cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Una barba para dos’, de Lawrence Schimel"></p><p><strong>Una barba para dos</strong><strong>Lawrence SchimelDos bigotesMadrid2016</strong></p><p>La aplicación geosocial Grindr, destinada a hombres gais y bisexuales, nació en 2009. El objetivo de esta <em>dating app</em>, o aplicación de citas para móviles, era aprovechar la tecnología GPS para facilitar el encuentro entre dos personas que pudieran sentir atracción mutua. El resultado del encuentro quedaba a elección del usuario: unos minutos en unos servicios públicos, una noche en una habitación ajena, una amistad inquebrantable o un amor para toda la vida... o para unos años, al menos. En 2012, esta aplicación de citas tenía ya cuatro millones de usuarios en 192 países. En enero de 2016, la compañía anunció que vendía el 60% de sus acciones a una empresa china por 93 millones de dólares. En uno de los capítulos de la popular serie estadounidense <em>Broad City</em>, el compañero de piso gay de una de las protagonistas, la más desinhibida, le aconseja dejar de utilizar Grindr para ver genitales masculinos. Grindr no solo se había convertido en un negocio multimillonario, sino que además había dejado de ser terreno ignoto para la cultura contemporánea.</p><p>Por eso extraña, sin embargo, que estas realidades (o cómo el desarrollo tecnológico ha cambiado nuestra manera de interactuar sexual o emocionalmente) no se hayan trasladado a la literatura. Algo así era lo que pretendía <strong>Lawrence Schimel</strong> cuando se puso a escribir <a href="http://www.dosbigotes.es/libros/una-barba-para-dos/" target="_blank"><em>Una barba para dos</em></a> (Dos Bigotes, 2016), una colección de cien microrrelatos eróticos catalogada como caleidoscopio de la cotidianeidad gay en tiempos de Grindr.</p><p>Schimel, escritor de narrativa, poesía y ensayo, así como infatigable traductor, nació en Nueva York en 1971, llegó a España antes del cambio de milenio y lo hizo para quedarse. No es un autor desconocido (de hecho, ya publicó hace dos años un relato en una antología de esta misma editorial, <a href="http://www.dosbigotes.es/libros/lo-que-se-dice/" target="_blank"><em>Lo que no se dice</em></a>), pero sí lo es en nuestro país gran parte de su obra, especialmente su prolífica faceta dedicada a la literatura infantil. En Estados Unidos fue galardonado dos veces con el Lambda Literary Award y la editorial independiente A Midsummer Night's Press le ha encargado la dirección del sello Periscope, cuyo fin es introducir en el mercado editorial angloparlante a autoras mujeres reconocidas en sus países o contextos lingüísticos pero desconocidas para los lectores en inglés, rompiendo las barreras lingüísticas y de género que perviven en el mundo de la edición.</p><p>No es el primer libro que publica en español (Egales editó su poemario <a href="http://www.editorialegales.com/libros/desayuno-en-la-cama/9788488052865/" target="_blank"><em>Desayuno en la cama</em></a> en 2008), pero sí el primero que escribe directamente en la lengua de <strong>Cervantes</strong>. Y lo hace, además de con la devoción que cualquier escritor tiene a su única herramienta de trabajo, con el cuidado y la capacidad reflexiva de alguien que ha sufrido el aprendizaje de una lengua plagada de irregularidades y excepciones a la regla. Así, la reflexión sobre las personas del verbo, el yo, el tú, el nosotros, está latente en todas y cada una de las efímeras historias de este relato plural.</p><p><em>Una barba para dos</em>, que en un principio iba a llamarse <em>No apto para heterosexuales</em>, es literatura erótica, pero es a la vez profundamente costumbrista. Nos habla de quiénes somos y cómo nos comportamos en nuestro día a día, desde que suena el despertador por la mañana hasta que ponemos punto y final a nuestras más íntimas odiseas noctámbulas. Madrid es el escenario de muchos de estos relatos, aunque no de todos, pero bien podría serlo cualquier otra urbe donde las aplicaciones de geolocalización definen las fronteras del deseo; donde la soledad busca refugio en el sexo ocasional, abriendo a veces no solo las piernas, sino también el corazón; donde parejas monógamas y abiertas tratan de equilibrar la balanza entre el morbo, sus contratos sexuales y la felicidad.</p><p>La vuelta del estadounidense a la literatura erótica es un regreso a uno de sus campos de batalla. "Muchas veces, la diferencia entre la pornografía y la erótica esconde una cuestión de clase", defendió Schimel recientemente en <a href="http://elasombrario.com/lawrence-schimel-un-escritor-y-traductor-contra-las-mordazas-heterosexistas/" target="_blank">una entrevista en El Asombrario</a>. Las clases privilegiadas no leen pornografía, sino literatura erótica. Lo pornográfico, denostado y desprestigiado, se ubica en otras latitudes de la estratificación social, pero también sexual.</p><p>Así, el erotismo de las sexualidades marginales, de aquello que escapa la norma o la convención, se convierte a lo largo del libro en un desafío a las mordazas heterosexistas que perviven en una sociedad en la que desde hace más de una década es legal la unión en matrimonio de dos personas del mismo sexo.</p><p>El autor, además, acierta hilando los relatos en torno a un elemento común: la preeminencia del morbo. Lo que ocurre no es lo más importante, sino que es la fantasía aquello que excita la imaginación hasta límites insospechados, regalándonos una concatenación de éxtasis literarios capaces de atrapar al lector menos convencido por el género, la temática o sus propios prejuicios. Si algo es universal, si algo compartimos independientemente de nuestra orientación sexual, estrato socioeconómico o formación literaria, eso es el morbo.</p><p><em>Una barba para dos</em> puede convertirse en una de las obras que pongan en cuestión la concepción predominante sobre la literatura erótica y, con fortuna, sobre nuestras propias mordazas literarias (y en algún que otro sentido). En el fondo, un libro como este, un compendio de historias perfectamente reales sobre relaciones gais en tiempos de Grindr, nos habla de la parte más íntima de cada uno de nosotros, que no es el sexo, sino la capacidad de comprender a esa extraña persona desnuda que nos observa al otro lado del espejo.</p><p><em>*Enrique Anarte es periodista. </em><strong>Enrique Anarte</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c3bcf29d-9531-4631-b888-bc433e5d735a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enrique Anarte]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/41efe968-86ae-4b45-9306-8d505b0423cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="101887" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/41efe968-86ae-4b45-9306-8d505b0423cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="101887" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Una barba para dos’, de Lawrence Schimel]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/41efe968-86ae-4b45-9306-8d505b0423cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Libros,Literatura,Literatura erótica,Narrativa,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Conjuros y cantos’, de Sara Torres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conjuros-cantos-sara-torres_1_1128609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a863d17-f9e0-4ddd-b305-ef1eb2eb5701_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Conjuros y cantos’, de Sara Torres"></p><p><strong>Conjuros y cantos</strong></p><p><strong>Sara TorresKriller71Barcelona2016</strong></p><p><strong>Sara Torres </strong>(Gijón, 1991) nos presentaba en su primer poemario, <em>La otra genealogía</em> (Torremozas, 2014), una isla habitada por una comunidad de mujeres, una utopía marcada por las referencias a danzas y ritos ancestrales. Su nuevo libro, <em>Conjuros y cantos</em> (Kriller71, 2016), bien podría ser el texto sagrado de las habitantes de aquel universo. Torres toma prestado el lenguaje tradicional que rodea a la magia y las ceremonias, reutilizándolo para llegar a caminos inexplorados.</p><p>A pesar de esta conexión con las raíces ancestrales de las sociedades, resulta complicado rastrear las huellas de los maestros de la autora gijonesa. No es difícil comprender la causa: la tradición heredada no ofrece muchos referentes para lo no normativo. Incluso la poesía homosexual ha sido, tradicionalmente, poesía en masculino. No es de extrañar, por tanto, que los versos de Torres estén marcados por la constante exploración de nuevos terrenos estilísticos y formales, ya que parten de la difícil pero necesaria creación de una tradición y una mitología propias, separadas de los cánones habituales. Su poesía es de constante descubrimiento y experimentación, abre un nuevo espacio en el que poder comprender su propia sentimentalidad (“Para qué buscarnos en esta lengua con la que no hemos nacido   Blasfemar con esta lengua   Abrir grietas al mundo   insertar objetos por ranuras”).</p><p>Pero queda claro que en este nuevo espacio hay una fuerte conexión con la realidad preexistente. Uno de los mayores aciertos del libro es "Ellos me dijeron...", reflexión sobre las reticencias que aparecen cuando se pasa del concepto abstracto de tolerancia e igualdad a la aplicación real ("puedes contar tu historia aquí    pero no les hables a las niñas // puedes amar a nuestras mujeres   pero sólo durante el verano   y no has de insistir amando a la misma demasiado tiempo"). La isla tampoco es un lugar absolutamente perfecto: están presentes las relaciones abusivas (“no nombres al dragón   vuelve a tu nido ¿no dijiste de tus grilletes oro puro?”), los problemas de autoestima, los celos, la caducidad del deseo (“Todos los ríos del deseo conducen al mar muerto”), la desconfianza, etc. Es decir, ese lugar utópico que creíamos encontrar tiene también sus grietas, es real, es humano.</p><p>La llamativa utilización del hechizo o el poema-conjuro como forma base (“Cúbreme los ojos con las manos / (se repite seis veces en el canto) / Vengo a morir a ti / Como el río al mar”) no es casual: estos ritos tienen fuerza performativa, son recursos para actuar sobre la realidad mediante el lenguaje. Pero el hechizo escrito tiene sólo un poder potencial cuyo desarrollo depende, casi por completo, de su lector o interpretador. Del mismo modo, los versos de <em>Conjuros y cantos</em> triplican su fuerza al tomar forma oral.</p><p>La reflexión sobre el lenguaje, bien como perpetuador de costumbres o como iniciador del cambio, es pilar base de la obra. Ciertos versos nos recuerdan aquellas palabras de <strong>Ángel González</strong> “Cuando un nombre no nombra, y se vacía, / desvanece también, destruye, mata / la realidad que intenta su designio”. Es decir, las palabras tienen el poder de dotar de existencia a aquello que designan, de visibilizar o esconder las realidades (“No me visites   Fingiendo tu inexistencia me mantengo a salvo // No te apelo   Tu cuerpo se borra en mi silencio // Te agitas en la histeria del fantasma   No te señalo   Nadie te ve”). Es precisamente en estas reflexiones donde salta a la vista la profundidad del libro y los conocimientos de su autora, estudiosa de teorías <em>queer </em>y feministas.</p><p>Con<em> Conjuros y cantos </em>Sara Torres se ha consolidado como una de las mayores promesas de la poesía joven española. Conviene seguir la pista de sus próximas entregas.</p><p><em>*Rocío Acebal es poeta. En septiembre publicará su poemario </em></p><p><strong>Rocío Acebal </strong>Memorias del mar. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[4936b25c-e79f-4177-8da0-3c763c5a1e7c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rocío Acebal]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4a863d17-f9e0-4ddd-b305-ef1eb2eb5701_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="424190" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4a863d17-f9e0-4ddd-b305-ef1eb2eb5701_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="424190" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Conjuros y cantos’, de Sara Torres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4a863d17-f9e0-4ddd-b305-ef1eb2eb5701_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Sudor’, de Alberto Fuguet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sudor-alberto-fuguet_1_1128604.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0cdb0946-0183-4df6-9461-760d6ba7c04f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Sudor’, de Alberto Fuguet"></p><p><strong>Sudor</strong><strong>Alberto FuguetLiteratura Random HouseMadrid2016</strong></p><p><em>Sudor </em>es el nuevo libro del escritor chileno <strong>Alberto Fuguet</strong>, en el que se narran las vicisitudes de un editor del grupo Alfaguara de Chile, Alfredo Garzón, <em>Alf</em>,  que relata los calurosos cuatro días de octubre en los que reciben la visita de Rafael Restrepo Carvajal y su hijo, Rafa,  para presentar un libro de fotografías hecho por los dos sobre personajes famosos con los que el padre tuvo contacto. Escrito de manera torrencial, casi con ansia, <em>Sudor </em>es una ácida crónica del mundillo literario chileno en un grupo editorial importante enfocado en la visita de un célebre escritor  (trasunto de <strong>Carlos Fuentes</strong>) y su hijo, fotógrafo, artista bohemio y gay del que el protagonista debe hacerse cargo alterando completamente su vida. </p><p>Pero es también y sobre todo, la descripción de una manera de vivir la sentimentalidad gay de Santiago de Chile, donde el calor ha aparecido precipitadamente en el albor de la primavera y la ciudad bulle de deseo, de salvajes encuentros a través de Grindr —la mayor red social de encuentros gays—,  y donde la ciudad palpita de sudor y deseo alternando con el dulce lamento de un hombre en la crisis de los 40 que no acaba de encontrar su lugar, entre tórridos encuentros a través de las redes sociales y la necesidad de tener un compañero, “un <em>partner</em>”, un socio con el tener la complicidad que no consigue con los jóvenes con los que tiene sexo. “No es que el joven Rafa Restrepo (tenía 24, yo 41) y su delirante paso por Santiago me hayan cambiado la vida (o quizás sí, algo me dice que sí), pero una cosa es indiscutible: antes enfrentaba la vida de otro modo. Antes vegetaba, celebraba internamente el cambio de calendario (un mes menos, un año menos), quería que la vida pasara y no me hiriera. Pero te hieren, hieres, imposible no salir herido.  (…) Buscar algo más que sexo exprés en Grindr es tener la brújula extraviada”. </p><p>Deslumbra el autor chileno a través de un vertiginoso relato lleno de humor corrosivo, de una vigencia plena por todas las referencias a la cultura urbana y tecnológica de una generación que abarca cada vez más personas. Que une y, quizás a la vez, separa. Pues hay una trama de espejos, de personalidades múltiples en el mismo personaje que el escritor fomenta y recrea con el empleo del diálogo como eje de la narración. Divertido, ácido, afilado, brillante y real, así es también el innovador lenguaje de Fuguet, mezcla de <em>spanglish </em>y la jerga chilena de la gente conectada y más a la última. Incluso la sucesión de la primera persona en la que está narrada la primera parte, y la tercera persona que se mezcla con la primera hasta ser casi una voz en el resto del libro nos conducen a un estilo particular de contar, de manera ágil y autorreferencial, los afectos en el mundo gay en la época de las redes sociales y el sexo fácil.</p><p>En <em>Sudor, </em>el sexo es convulsión por lo carnal y explosivo, aunque es efímero y puede dejar heridos, provocando que se mezclen las pulsiones, los goces, las libertades, y en el que la diversión y el drama tienen su cita. Es también una manera de contar de la frivolidad de <em>los sub25</em> —como los denomina Fuguet—, para los que acostarse con un amigo es un gesto cotidiano sin trascendencia, es solo saciar su deseo, pero también una reflexión profunda y hermosa por determinados estados emocionales como describe en la página 64: “Un par de duelos (amigos que se suicidaron, terremotos emocionales, rupturas definitivas), un despido, el acceso a emociones soterradas, el vivir quizá demasiado intensamente una pasión hasta quedar aturdido y a la deriva, propician el ingreso a un mundo frágil, donde nada motiva del todo, donde el insomnio triunfa y el único placer real es dormir y no saber que estás vivo y que tu vida no es precisamente lo que habías planeado. Antes le decían melancolía y ahora depresión, pero quizá no fue ni más ni menos que entender con una claridad aterradora que era el momento.</p><p>La hora de saltar.</p><p>Caída libre.</p><p>Es en momentos como este cuando la gente comete locuras, se autodestruye, aprieta pausa o escribe.</p><p>Yo he decidido escribir.”</p><p>Y Fuguet lo hace, escribe, con humor pero con cierto desencanto, imponiendo un ritmo propio, desaforado, con los diálogos vivaces, efectivos, con riqueza de estilo —mezclando <em>mails </em>y chats de Whatsapp también—. Una jerga que maneja a la perfección, de la que se cuelgan sus personajes, muy bien trazados y que siempre transmiten (magnífico Augusto Puga, escritor rebelde que sigue los consejos de Alf y también su amigo heterosexual recién separado con el que convive) a expensas del protagonista, que vive ese alocado ritmo del mundo gay en Santiago, con sus clichés y su pasión y su ternura y su vacío. Se siente que el escritor chileno conoce perfectamente lo que describe y que se ha divertido escribiendo, con ese humor tan fino y casi tragicómico. No aparecen las mujeres sino de forma testimonial y casi caricaturesca, enfocando la narración en las maneras masculinas de vivir, divertirse y relacionarse con furor pero también con ternura bajo una ciudad, Santiago, que también se convierte en cierta medida en un personaje que concentra los estímulos de todos los protagonistas de la novela, y que el narrador describe y recorre elaborando con sus lugares una especie de guía actual de la capital chilena.</p><p>Otra parte del libro es el trabajo de Alf como editor, la inteligencia y olfato que ha de tener para acertar con el libro que edita, cómo busca ideas en cada encuentro cultural, además del  morbo de su intimidad en todos esos actos de presentaciones, festivales  y promociones de libros, con sus sabios y divertidos consejos sobre los autores y el cariño y protección que requieren. Cuenta que no juzga a sus autores, los apoya para que lleguen a sus lectores, y hace también el retrato hilarante de algunos escritores y sus egos como el que describe en la página 210: “La inversión capilar, más su sagaz ojo y su asombrosa capacidad de traicionar a todos los que lo han rodeado y lo siguen rodeando para escribir la gran 'novela abajista' elevó su fama y lo hizo pasar de ser un escritor joven algo experimental y 'sodomizado por los programas creativos americanos' (la <em>nouvelle </em><em>Largo viaje hacia la noche</em>; los cuentos de <em>Ropa usada</em>) a un gracioso y ácido cronista de su tiempo, aunque demasiado ondero y atrapado por la moda y los <em>brandings </em>para ser tomado en serio por la academia y la crítica más resentida”. </p><p>Ondea de fondo en la novela la pulsión generacional entre los más jóvenes y los maduros, dos formas de ver el mundo que se cruzan e interpelen, pero que son al fin y al cabo dos tiempos, dos culturas que se mezclan, que hierven juntas a veces, pero que se repelen en otras. Una novela provocadora e inteligente que también es el relato de un aprendizaje, más allá de los 40, de una manera de vivir la sentimentalidad en un tiempo alborozado por lo fugaz e hipersensible y en el que el deseo y su consecución priman en muchas relaciones humanas. Es <em>Sudor </em>una novela de su tiempo, divertida y aguda, y quizá algo excesiva, que termina con un hermoso epílogo con el que Fuguet cierra el círculo de su extenso relato.</p><p><em>*Pablo Bonet es librero de guardia en la librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89. Madrid). </em><strong>Pablo Bonet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d73ccfed-4d3a-4ded-be5f-cdb53e2768c5]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/0cdb0946-0183-4df6-9461-760d6ba7c04f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="63270" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/0cdb0946-0183-4df6-9461-760d6ba7c04f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="63270" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Sudor’, de Alberto Fuguet]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/0cdb0946-0183-4df6-9461-760d6ba7c04f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libertad y memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libertad-memoria_1_1128602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Mili Hernández, responsable de la librería Berkana (Madrid), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses.</em></p><p><em> </em> <strong>Furias divinasEduardo MendicuttiTusquetsBarcelona2016</strong></p><p><em>Furias divinas</em></p><p><strong>Eduardo Mendicutti</strong> nos vuelve a deleitar en esta nueva novela con su con su estilo desenfadado, su contagioso sentido del  humor y su fina ironía. Escrita en primera persona, son varias las voces que nos ofrecen la mirada del autor sobre la España actual, la de la crisis económica y la de la crisis política. Nos adentra  en  la aventura, algo estrafalaria, de unos personajes que  se involucran  en la inauguración de  un club nocturno donde actuará un grupo de transformistas, quienes   al grito de “¡Sí se puede!” intentarán reventar “la fiesta feliz” de “la casta” local.</p><p><em><strong>El color de los peces azules</strong></em></p><p><strong>Josa FructuosoEgalesMadrid2016</strong></p><p>Esta novela de <strong>Josa Fructuoso</strong> se enmarca en el periodo de la Transición. La autora compone con gran maestría e inteligencia un retrato histórico en el que los movimientos feministas y artísticos del momento tienen un gran protagonismo. En <a href="https://www.libreriaberkana.com/libros/el-color-de-los-peces-azules/978-84-16491-39-1/" target="_blank"><em>El color de los peces azules</em></a> se nos relata también un encuentro, el de  Ari y Myriam, que dará lugar a una larga y bella historia de amor entre ambas.</p><p><em><strong>Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido</strong></em></p><p><strong>Carmen de la GuardiaSílexMadrid2016</strong></p><p><strong>Carmen de la Guardia</strong> ha tenido el acierto de<a href="http://www.silexediciones.com/es/468-victoria-kent-y-louise-crane-en-nueva-york-9788477376187.html" target="_blank"> sacar a la luz una relación</a>, la de una mujer que ocupó un papel relevante durante la Segunda República, <strong>Victoria Kent,</strong> y <strong>Louise Crane</strong>, a quien conoció  en su exilio en Nueva York. Tal relación había quedado oculta en la invisibilidad a la que el franquismo  relegaba  todo lo que escapa a los convencionalismos sociales. Estamos, por tanto, ante un libro que recupera la memoria histórica de una de esas mujeres que no merecieron el olvido. </p><p><em><strong>El guardián de los secretos</strong></em><strong>Óscar Hernández CampanoEgalesMadrid2016</strong></p><p><a href="https://www.libreriaberkana.com/libros/el-guardian-de-los-secretos/978-84-16491-54-4/" target="_blank"> Una novela</a> cuyos protagonista, Miguel y Tico, viven una bella historia de amor en los  tiempos convulsos de la Guerra Civil española. Un texto sobre el sacrificio, el amor generoso,  la memoria,  el destino y sobre los muertos que no descansan. Un libro  conmovedor que envuelve al lector y lo colma de sensaciones, de aromas, sonidos e imágenes, transportándolo a un Mediterráneo sugerente y cálido.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Berkana en la calle Fuencarral, número 62, de Madrid, o en su </em><strong>librería Berkana</strong><a href="https://www.libreriaberkana.com/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[40c5c8b2-2700-458c-93cf-d9973fb37063]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Berkana]]></author>
      <media:title><![CDATA[Libertad y memoria]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Loca del Frente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/loca-frente_1_1128598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08af2e57-3cb4-4d0b-8473-a871650a5baa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Loca del Frente"></p><p>—¿Quiénes son ustedes?</p><p>—Las Yeguas del Apocalipsis.</p><p>Es 22 de octubre de 1988 y en La Chascona, la casa que el Nobel chileno poseía en el barrio santiaguino de Bellavista, el poeta <strong>Raúl Zurita</strong> espera para recoger el Premio <strong>Pablo Neruda</strong>. En medio de la ceremonia irrumpen dos hombres travestidos que, para el desconcierto de todos los asistentes, le entregan al galardonado una corona de espinas. Entre sorprendido y azorado, este la sostiene en la mano, sin atreverse a ponérsela. Son <strong>Francisco Casas</strong> y <strong>Pedro Lemebel</strong>, poeta el primero,<a href="http://ww3.museodelamemoria.cl/exposiciones/arder/" target="_blank"> cronista y narrador el segundo</a>; fletos, colizas, maricones ambos. Los dos únicos miembros de un colectivo que, durante los últimos años del régimen de <strong>Pinochet </strong>y los primeros de la transición democrática, llevó a cabo más de una decena de intervenciones artísticas para denunciar los crímenes de la dictadura, la LGTBfobia, el imperialismo yanqui, para representar las desapariciones y sacar a escena el sida. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=OwD0rLVscTU" target="_blank">Las Yeguas del Apocalipsis</a> fueron apóstoles travestidos, se disfrazaron de bandera chilena, encarnaron a Las Dos Fridas del cuadro y se cubrieron, desnudos, con cal. Intervinieron con sus propios cuerpos —y la inestimable ayuda del disfraz, de los ropajes que encubren pero desenmascaran— en la palestra chilena, construyendo así su propia estela mítica.</p><p>Recordábamos, en este último Orgullo, al activista <strong>Shangay Lily</strong>, fallecido el pasado mes de abril. Olvidábamos, sin embargo, homenajear también a su compañero de lucha Pedro Lemebel, quien, desde el otro lado del Atlántico, lo precedió en esa militancia irreverente y que murió, a causa de un cáncer de laringe, en enero de 2015. Del mismo modo que Shangay sigue dando guerra desde su libro póstumo (<em>Adiós, Chueca</em>), donde insiste en la necesidad de repolitizar el movimiento LGTB y no dejarse embaucar por el <em>gaypitalismo </em>o <em>capitalismo rosa</em> que intenta despojarlo de su carácter reivindicativo, Lemebel vivió toda su vida a la contra: de Pinochet y su gobierno militar, sí, pero también del Partido Comunista y la homófoba izquierda chilena, del neoliberalismo y el modelo homosexual blanco, viril e inofensivo importado desde Estados Unidos.</p><p><em>Mi hombría es aceptarme diferenteSer cobarde es mucho más duroYo no pongo la otra mejillaPongo el culo compañeroY ésa es mi venganza</em></p><p>Tacones altos. Maquillaje. Una hoz y un martillo que surcan la mejilla izquierda, desde la ceja hasta los labios. Aún no han nacido las Yeguas del Apocalipsis pero, desde ese altavoz, Lemebel las está preludiando. Es septiembre de 1986 y la izquierda ha organizado una concentración política en la Estación Mapocho (hoy, un centro cultural). Son años de resistencia, rebeliones populares —el día 7 de ese mismo mes tuvo lugar el atentado fallido contra Augusto Pinochet a manos del Frente Patriótico <strong>Manuel Rodríguez</strong>— y reorganización para afrontar la vuelta a la democracia. En medio del clamor por la unidad de masas, recita el manifiesto “Hablo por mi diferencia”, donde confronta a sus camaradas, al poner al descubierto las contradicciones que anidan en su moral revolucionaria. ¿Qué cabida tienen los maricones, ya no en la dictadura, sino en la utopía socialista? ¿Habrá en la patria libre un espacio, “un pedazo de cielo rojo”, para que vuelen los niños, tantos, que nazcan con una alita rota?</p><p>La única novela que Lemebel publicó en vida —la segunda, al parecer, quedó en el cajón, aunque el autor había hablado con la editorial Planeta para su lanzamiento— es un retrato de la intersección entre estos dos universos subversivos. <em>Tengo miedo torero</em> (Anagrama, 2001) toma su título de un pasodoble, entonado por algunas de las más grandes divas de la canción española (<strong>Marifé de Triana</strong>, <strong>Sara Montiel</strong>, <strong>Marisol</strong>, <strong>Lola Flores</strong>), y remeda, en gran medida, el argumento de una famosa novela argentina de 1976: <em>El beso de la mujer araña</em>, de <strong>Manuel Puig</strong>. Mientras que allí la relación entre dos hombres que encarnan, por un lado, la revolución sexual y, por otro, la militancia política, tenía lugar durante su encierro carcelario, Lemebel sitúa en la convulsa primavera santiaguina del 86 esta historia de amor entre la Loca del Frente (una marica, fantasiosa y cupletera, que puede leerse como trasunto del propio autor) y un joven guerrillero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Los silencios y elusiones que Puig cifraba en forma de puntos suspensivos —la única manera de intuir en su novela los episodios sexuales entre los dos protagonistas— son sustituidos aquí por un sentimentalismo <em>kitsch </em>que estalla en su prosa emperifollada: “Este libro surge de veinte páginas escritas a fines de los ochenta, y que permanecieron por años traspapeladas entre abanicos, medias de encaje y cosméticos que mancharon de rouge la caligrafía romancera de sus letras”. </p><p>El amaneramiento y la política, viene a decirnos el más valiente de los escritores chilenos, no se excluyen mutuamente. Los panfletos, las armas y los explosivos entran a la casa de la Loca del Frente, donde se disimulan entre “flecos, encajes y joropos de tul que envolvían los cajones usados como mobiliario”; en su radio, las consignas revolucionarias se entremezclan con los boleros, e incluso la ejecución de un atentado puede adoptar, dentro de la novela, tintes de melodrama. <em>Tengo miedo torero</em> es una apuesta por la impureza, enseña que su autor enarboló a lo largo de toda su vida al reapropiarse de cada insulto, de cada acusación de frivolidad, de cada censura a lo cursi y afeminado, y al enturbiar, con todos ellos, el terreno serio y gris de lo político.</p><p><em>Podría escribir clarito, podría escribir sin tantos recovecos, sin tanto remolino inútil. Podría escribir casi telegráfico para la globa y para la homologación simétrica de las lenguas arrodilladas al inglés. […] Pude haber escrito como la gente y tener una letra preciosa, clarita, clarita como el agua que corre por los ríos del sur. Pero la urbe me hizo mal, la calle me maltrató, y el sexo con hache me escupió el esfínter. Digo podría, pero sé bien que no pude, me faltó rigurosidad y me ganó la farra, el embrujo sórdido del amor mentido. Y creí como una tonta, como una perra lacia me dejé embaucar por alegorías barrocas y palabreríos que sonaban tan relindos. </em></p><p>(“A modo de sinopsis”. En la antología <em>Poco hombre</em>, Universidad Diego Portales, 2013)</p><p>Antes de debutar como novelista, Pedro Lemebel entrenó su pluma en las calles. Su primer libro, <em>La esquina es mi corazón </em>(1995), reúne una serie de crónicas publicadas a inicios de los años noventa en diversas revistas, en las que comienza a construir una cartografía urbana que irá consolidándose en sus piezas posteriores, muchas de ellas concebidas para ser leídas por la radio y compiladas más tarde en libros como <em>Loco afán </em>(1996), <em>De perlas y cicatrices </em>(1998) o <em>Adiós mariquita linda</em> (2004). La “fantápolis” que perfilan esas narraciones marginales comparte emplazamiento con Santiago, pero rompe con la representación dominante de la ciudad, al desvelar sus rincones más sórdidos y mitificar un imaginario de lo suburbano por el que desfilan pelucas de colores vivos, boas emplumadas y el sida como una plaga que arrasa con todo. Lemebel habla de muchachos que venden droga, de madres prostitutas, de chaperos que apenas piden por sus servicios más que una ducha, comida y cama, de travestis muertas a navajazos sin que a nadie le importe, de señoras bien de la élite cultural cuyas casas albergan centros de tortura de la policía secreta (una historia que más tarde novelaría <strong>Roberto Bolaño</strong> en <em>Nocturno de Chile</em>). Habla, también, de sí mismo. Busca, por medio de la escritura, la manera de decirse y no ocultarse. </p><p>De él dijo el propio Bolaño que era “uno de los mejores escritores de Chile y el mejor poeta de mi generación, aunque no escriba poesía”, además de “uno de los pocos que no buscan la respetabilidad (esa respetabilidad por la que los escritores chilenos pierden el culo) sino la libertad”. A Pedro Lemebel le debemos el coraje de abandonar el armario por el micrófono y los focos para darles voz a quienes no tuvieron, ni hoy tienen, la oportunidad o la valentía suficiente para ostentar su diferencia. Gracias a que él fue libre y no escatimó en florituras, gracias a que renunció a la clandestinidad y escribió con carmín sus proclamas en los muros de la capital chilena, conocemos hoy la otra acera de esa América deslumbrante.</p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía.</em></p><p><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[2bb9e741-c7fb-4ee4-a133-fcd25895e3d8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/08af2e57-3cb4-4d0b-8473-a871650a5baa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="82283" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/08af2e57-3cb4-4d0b-8473-a871650a5baa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="82283" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Loca del Frente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/08af2e57-3cb4-4d0b-8473-a871650a5baa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Homosexualidad,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Ensueño”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensueno_1_1128597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d036151b-552f-4615-94bb-81c96b5bda46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Ensueño”"></p><p>Elvira Sastre lee su poema "Ensueño".</p><p><strong>"Ensueño" </strong></p><p>El tiempo sucede tranquilo.</p><p>Hay un latido en la alfombra</p><p>que descansa ajeno a su vida:</p><p>responde a cualquier nombre</p><p>que le hable con cariño.</p><p>Me pregunto si habrá respuestas en sus ojos,</p><p>si acaso piensa en quién es,</p><p>si sabrá que en su mirada</p><p>está mi vida completada.</p><p>Yo le hablo</p><p>y en él las horas son días.</p><p>Yo le miro</p><p>y él abre mi camino.</p><p>Él es mi baile y no sé si lo sabe.</p><p>Hay otro latido reposando aquí a mi lado</p><p>que no se llama rutina,</p><p>quizá ensueño se acerque</p><p>más a sus manos pequeñas.</p><p>Puede que no entienda que mi tarde descansa</p><p>cuando ella sueña,</p><p>que me bastan los balcones</p><p>o que me vuelve el sueño tan fácil</p><p>que me cuesta regresar a ese otro lugar.</p><p>Cuando la vida se vuelve tan sencilla</p><p>solo hay que imaginar la lluvia.</p><p>Aquí, el tiempo sucede tranquilo.</p><p>Ellos duermen.</p><p>Y yo imagino la lluvia</p><p>y les dibujo dos rayos en los ojos.</p><p><em>*Elvira Sastre es poeta. Su último libro publicado es </em><a href="http://elvirasastre.net/" target="_blank">Elvira Sastre</a><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/coleccion-valparaiso-de-poesia/197-70-ya-nadie-baila.html" target="_blank">Ya nadie baila</a><em> (Valparaíso, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e074d80b-0771-4b12-9748-69df750d44fc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Elvira Sastre]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d036151b-552f-4615-94bb-81c96b5bda46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="46703" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d036151b-552f-4615-94bb-81c96b5bda46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="46703" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Ensueño”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d036151b-552f-4615-94bb-81c96b5bda46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Elvira Sastre,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Las librerías gais me salvaron la vida”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/librerias-gais-salvaron-vida_1_1128591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d81f56b8-66f3-4fe9-a547-6545f765d24c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Las librerías gais me salvaron la vida”"></p><p>Estas son las fechas más importantes para la librería. Su particular temporada alta, su agosto, casi el motivo de su supervivencia. No es Navidad, ni la vuelta al cole, ni esos días de verano en los que el lector busca "novelas frescas" que llevarse a la playa. Hoy es viernes, vísperas del Orgullo Gay en Madrid y <a href="https://www.libreriaberkana.com/" target="_blank">Berkana</a>, la primera, única y probablemente última librería gay de España, se prepara para su fiesta particular. </p><p><strong>Mili Hernández</strong>, responsable de esta "insensatez" (son sus palabras) que cumple este año los 23, cruza los dedos. No es un momento fácil para nadie, y aún menos para un comercio que se dirige, potencialmente, solo al 10% de la población. En 2011 tuvo que abandonar el amplio local que ocupaba en el número 64 de la calle Fuencarral desde 1993 para habitar el espacio contiguo, mucho más modesto. Adecuado a la era de Amazon. Adecuado también a la era de Google, Grindr y Brenda (aplicaciones para ligar dirigidas a gays y lesbianas), en la que Internet escupe la información que la comunidad LGTB tenía que buscar, a escondidas, en los libros. </p><p>La librera, editora y activista teme por el futuro del proyecto, y está resignada a que nadie parezca dispuesto a continuarlo. Asegura que ya no es necesario, y que, paradójicamente, eso es un signo de liberación y progreso. Sin embargo, la sección de mujeres es aún una tercera parte de la destinada a hombres, y la comunidad transexual está aún muy lejos de encontrar textos que les interpelen. Un par de clientes interrumpen la entrevista. Ambos pasaron por aquí hace un año, ambos vienen buscando otra recomendación de Hernández. Algún libro en el que, al fin, puedan reconocerse, algo de alimento que llevarse a la boca. </p><p><strong>Pregunta. ¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura gay, de literatura LGTBQ? ¿De literatura escrita por autores que forman parte de la comunidad, escrita pensando en gente que forma parte de la comunidad…? </strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Cuando hablamos de literatura LGTBQ, con todo rigor tenemos que hablar de la literatura que se hace a partir de los años setenta, a partir de Stonewall. Stonewall marcó la línea de la lucha por los derechos civiles y de la lucha por la visibilidad en todo, incluyendo la cultura. Hasta entonces había textos —<strong>Truman Capote</strong>, <strong>Virginia Woolf</strong>, <strong>Thomas Mann</strong>…—, pero sus autores no se consideraban ni públicamente homosexuales, ni querían hacer una literatura con un objetivo claro. </p><p><strong>P. ¿Qué ocurrió, entonces, en los setenta?</strong></p><p><strong>R</strong>. Aparecieron una serie de escritores que querían hacer una literatura gay, con una trama homosexual, dirigida a un público gay, con una voz narrativa gay y con una serie de elementos en la obra —como la invisibilidad, el conflicto de salir del armario, las relaciones, el amor…— muy marcadamente gay. Hablamos de <strong>David Leavitt</strong>, <strong>Alan Hollinghurst</strong>… Autores que lo tenían claro, por decirlo así. </p><p><strong>P. ¿Qué pasa entonces con clásicos como Carol, de Patricia Highsmith, editado en 1952? ¿Es literatura gay?</strong><em>Carol</em></p><p><strong>R</strong>. <em>Carol </em>es una de las primeras novelas de esta temática, pero se publicó bajo seudónimo, Claire Morgan, y con otro título, <em>The price of salt</em>. Patricia Highsmith era lesbiana, vivía sus conflictos y lo reflejaba en su literatura, pero en ningún momento pensó lanzar esa obra…</p><p><strong>P. …como un acto político. </strong></p><p><strong>R</strong>. No. Ni Truman Capote, ni <strong>Proust</strong>, ni Virginia Woolf. Bueno, Virginia… No lo hizo desde el punto lésbico, pero sí feminista. Ella sabía que su obra tenía una carga política importante, pero esa es otra historia. </p><p><strong>P. Otra cosa es que ahora sean leídos como un espacio de libertad. </strong></p><p><strong>R</strong>. Claro. Y es verdad que todo esto surge en Estados Unidos. En España había algo ya, estaba la Generación del 27… Claro, <strong>Luis Cernuda</strong> era gay, su obra era muy gay, pero tendríamos que haberle preguntado si tenía una intención concreta con ello. </p><p><strong>P. ¿Y qué intención no tenía él, y sí tenían en los setenta?</strong></p><p><strong>R</strong>. Hay que entenderlo. Mi caso, por ejemplo. Tengo 56 años; cuando tenía 16, España era un país en blanco y negro. Muy gris. Muy gris. Con dos canales de televisión y escasa o ninguna referencia a la homosexualidad en ningún ámbito excepto, volvemos a lo mismo, en cierta literatura, cogida con pinzas y muy oculta, y algo en la universidad. Cuando eres una cría de 16 años que empieza a hacerse preguntas, una intenta responderse a eso a través de los textos. En las librerías, en las bibliotecas. Y cuando no encontrabas ningún texto que pudiera responderte… O si lo sabías ya, "soy homosexual o lesbiana", pero no tienes referentes. Varias generaciones hemos necesitado la cultura para reconstruir nuestra autoestima, bastante dañada por el rechazo, por el sentirse diferente. </p><p><strong>P. Se trataba de tener relatos en los que encontrarse a una misma. </strong></p><p><strong>R</strong>. Claro. "Quiero una historia de amor en la que los personajes sean como yo. Lo quiero. Lo necesito". Porque esta literatura nace de una necesidad. Las editoriales empezaron a aparecer en Estados Unidos, en Inglaterra, y apareció la librería <strong>Oscar Wilde</strong> en Nueva York, que ya no existe. Esta librería nació muy ligada a las revueltas de Stonewall, a esos días convulsos en los que los gays, lesbianas y transexuales dijeron “basta, estamos hartos, tenemos que unirnos y empezar a luchar”. Oscar Wilde ofrecía un espacio que llenaron editoriales y autores. Y así empezó todo. </p><p><strong>P. Y así nacísteis. </strong></p><p><strong>P</strong>. Sí, porque esta librería nace copiando el modelo de Oscar Wilde en Nueva York y de Gay is the word en Londres. Yo viví allí durante muchos años, y estas librerías me salvaron la vida. Fueron el primer sitio que visité cuando llegué a esas ciudades, y sus ensayos y novelas me ayudaron a reconstruirme. Deconstruí esa educación heterosexista que había recibido y volví a construirme como mujer lesbiana. Algunos libros incluso me enseñaron a amar. </p><p>Mili Hernández en la librería Berkana. / <a href="http://www.jearldmoldenhauer.com/libreria-berkana/" target="_blank">JEARLD MOLDENHAUER </a></p><p><strong>P. ¿Cómo surge la idea de abrir Berkana?</strong></p><p><strong>R</strong>. Cuando vuelves a España y dices: “Uy, pero si aquí no hay librería gay, qué voy a hacer con mi vida”. Y un día dije: “¿Por qué no la monto yo?”. Fruto de la inconsciencia de haber vivido tanto tiempo en el extranjero, pensé que estaba chupado. </p><p><strong>P. No era así. </strong></p><p><strong>R</strong>. No. Cuando llegué y empecé a bucear, vi que había muy pocos libros. Estaban nuestros clásicos, nuestra Generación del 27, y <strong>Luis Antonio de Villena</strong>, <strong>Eduardo Mendicutti</strong>, <strong>Terenci Moix</strong>, <strong>Leopoldo Alas</strong>, los ingleses (quien sabía idiomas)… y poco más. De chicas, Virginia Wolf y a leer entre líneas en <strong>Esther Tusquets</strong>, o en <strong>Carmen Martín Gaite</strong> con <a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/nubosidad-variable/9788433914651/CM_134" target="_blank"><em>Nubosidad variable</em></a>. ¿Y dónde estaban los clientes? ¿Dónde estaban los gais y las lesbianas en el 93? No teníamos libros y no teníamos lectores [ríe]. </p><p><strong>P. Es un problema, desde luego. </strong></p><p><strong>R</strong>. Uno de esos problemas lo podíamos solucionar, que era hacer los libros. Yo no soy editora por vocación, yo soy editora por necesidad. Los pocos que entraban por la puerta, pedían referentes, sobre todo las lesbianas que, hartas de leer <em>El bosque de la noche </em>[de <strong>Djuna Barnes</strong>]y <em>El pozo de la soledad </em>[<strong>Radclyffe Hall</strong>], querían historias que acabaran bien. Nos pusimos a traducir a las americanas que hacían novela romántica en ese momento. ¡Pero era lo que querían, lo único que querían eran novelas que acabaran bien! ¡No pedían tanto! Que no tuvieran trauma, que fueran felices, que follaran. </p><p><strong>P. ¿Cómo diseñasteis el catálogo?</strong></p><p><strong>R</strong>. Intentamos que nuestro abanico fuera lo más amplio posible. Editamos a <strong>Monique Wittig</strong>, por ejemplo, y tenemos una colección que es la más potente del ámbito hispanoamericano en teoría <em>queer </em>y estudios de género. Creo que hemos podido hacer la vida un poco más fácil a gays y lesbianas. Hemos publicado obras que no hubieran publicado nunca editoriales generalistas, como <em>Por el culo. Políticas anales </em>[de <strong>Javier Sáez </strong>y <strong>Sejo Carrascosa</strong>]. Entiendo que si esta librería cierra van a desaparecer muchos textos, porque uno solo se arriesga por compromiso. </p><p><strong>P. ¿Qué pasó con los clientes?</strong></p><p><strong>R</strong>. Nos costó tenerlos. A muchos se les hacía difícil hasta entrar por la puerta, y nos lo siguen diciendo. Tardamos seis años en sacarla adelante. Cuando llegó la época buena, invertimos en personal y tecnología, y teníamos una librería puntera y referente para Latinoamérica. Luego llegó la crisis y nos destrozó. </p><p><strong>P. ¿Por qué?</strong></p><p><strong>R</strong>. Amazon, como a todos. Y que ya no se necesitan referentes, porque hoy en día están en todas partes. Tenemos Internet, que ha cambiado la vida por completo a la comunidad.<a href="http://elpais.com/diario/2006/01/01/eps/1136100407_850215.html" target="_blank"> Series como </a><a href="http://elpais.com/diario/2006/01/01/eps/1136100407_850215.html" target="_blank"><em>The L word</em></a><em> </em>[con un grupo de amigas lesbianas como protagonistas, emitida entre 2004 y 2009] fue una locura, la traíamos de Estados Unidos y causó furor. El matrimonio gay hizo que muchos sacaran a la luz relaciones de años. Todo eso cambió el día a día de la librería. </p><p><strong>P. ¿Realmente ya no es necesario esforzarse en construir referentes?</strong></p><p><strong>R</strong>. Hay generaciones que están creciendo en la plena igualdad de derechos, o al menos en el no tener que esconderse. Las nuevas generaciones no necesitan conocer su historia. Son mucho más libres, y su sexualidad no va unida a una lucha porque no se la cuestionan. Esa necesidad quizás se ha transformado en otra cosa. Como aquí no hemos logrado que las librerías generalistas abran secciones LGTB, cosa que sí pasa en Inglaterra y Estados Unidos, seguimos siendo necesarios. Vete a La casa del libro y no encontrarás el 80% de lo que hay aquí. Mientras continúe la cerrazón de las grandes cadenas, seguiré aquí. Como resisten en Londres, en París, en Berlín y en Milán. No quedamos muchas más, no llegamos a la docena en todo el mundo. </p><p><strong>P. ¿Qué libros siguen aguantando?</strong></p><p><strong>R</strong>. La narrativa. </p><p><strong>P. ¿No demuestra eso que los lectores siguen necesitando relatos que les incluyan?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, pero ahora no los genera solo la literatura. Están en el cine, en la televisión. Otra cosa es que sean buenos referentes, que reflejen realmente la vida de la gente gay. Hay películas que quizás el reflejo que han hecho de las personas gays y lesbianas no es el mejor, pero llegan a la pantalla grande y consiguen ser vistos por la mayoría de la población. Pues cedo. </p><p><strong>P. ¿Por ejemplo?</strong></p><p><strong>R</strong>. <em>Los chicos están bien </em>[2010, en la que <strong>Annette Bening</strong> y <strong>Julianne Moore</strong> interpretan a una pareja]. Las escenas de cama de ellas son pacatas, y las de las parejas heterosexuales son explícitas. A mí me parece que eso es cobardía de Hollywood, claro. Pero le hago otra lectura: gracias a eso, esta película ha llegado a mucha gente que ve que dos mujeres pueden tener hijos por inseminación y afrontar los mismos problemas con ellos, más o menos, que cualquier otra persona. Yo he aceptado hacer concesiones porque nuestro mayor problema ha sido la invisibilidad. Nuestra lucha ha sido salir a la calle, que nos conocieran. </p><p><strong>P. ¿Qué cree que aporta todavía la literaturaa la comunidad, y que no dé otro arte?</strong></p><p><strong>R</strong>. Una relación más íntima, libre y explícita con el relato.  </p><p>En este momento interrumpe <strong>Ignacio</strong>, el jovencísimo sobrino de Hernández, que le ayuda con la tienda. Asegura que "es mentira que una imagen valga más que mil palabras", que en los libros se cuentan historias que él no ve en las películas, y de formas que la televisión nunca trataría, que su autor favorito es Oscar Wilde, que tal ensayo o tal otro tiene mucho éxito, o es muy necesario. Y por un momento parece que no todo está perdido y que a Berkana le quedan muchos y felices años de vida. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[77d48089-2522-40c5-aa65-a82ac385bcd8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d81f56b8-66f3-4fe9-a547-6545f765d24c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="126818" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d81f56b8-66f3-4fe9-a547-6545f765d24c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="126818" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Las librerías gais me salvaron la vida”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d81f56b8-66f3-4fe9-a547-6545f765d24c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Orgullo LGTBI,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todas las novelas no hablaban de mí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novelas-no-hablaban_1_1128583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7b7fbe67-1c72-4693-9d7f-2791ef7a0d97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todas las novelas no hablaban de mí"></p><p>Difícil aceptar la propia identidad ante la inmensidad del silencio sobre diversidad sexual que acompañaba mi tardío despertar en los ochenta. Prácticamente nada en mi entorno cultural me hablaba de mí. Y lo que se aproximaba, aterraba más que reconfortaba. </p><p>Y eso que mis cinco sentidos buscaban desesperada e incansablemente signos de mí en cualquier imagen, en cualquier relato. Apenas en la provocación de la novela erótica encontré esas relaciones entre personas del mismo sexo que me alejaban de la terrible idea de estar solo en el universo. Solo autores capaces de enfrentarse a la sociedad de su tiempo con sus relatos de sexualidades disidentes podían imaginar y describir el contacto homosexual: <strong>Sade</strong>, <strong>Choderlos de Laclos</strong>… La colección La sonrisa vertical fue fundamental, pues, en mi educación sentimental. Y en esa colección apareció un buen día <em>Siete contra Georgia</em>, esa delicia de sarcasmo y protesta que reivindicaba el derecho y el gozo de la sodomía.</p><p>Desde entonces, <strong>Eduardo Mendicutti </strong>se convirtió en un autor imprescindible en mi vida. Su pluma, tan afilada como cercana, reconocible en la cotidianeidad de la España de sus personajes, me ha alimentado, novela tras novela, el orgullo de ser, las <em>Ganas de hablar</em>.</p><p>Más adelante apareció <strong>David Leavitt</strong>. Él me acercaba a hombres y mujeres geográficamente lejanos, del otro lado del Atlántico, pero, para mi sorpresa, emocionalmente muy próximos. Personas con problemas cercanos a los que yo conocía o que podía llegar a conocer sin sentir ninguna extrañeza. En su primer libro, <em>Baile en familia</em>, esa madre que apoya a su hijo gay pero que encuentra su límite al verlo coger la mano de su pareja, se convirtió en la imagen exacta de aceptación con reparos, de ciudadanía de segunda en la que nos encontrábamos incluso los homosexuales más afortunados.</p><p>La valentía de un director de cine con capacidad innata para el desafío, <strong>Rainer Werner Fassbinder</strong>, me condujo al Brest portuario donde conocí a <strong>Genet</strong>. Con él encontré otra forma de ser homosexual. Su literatura me demostró que se puede ser homosexual sin cargar con la obligación de presentarse como un modelo positivo, sin pedir permiso a la sociedad burguesa y normalizadora. Pero también sin estar abocado a un final dramático ejemplarizante. Poco me importaba tenerme que identificar con sus personajes patibularios, o con los chicos de los arroyos pasolinianos. En las páginas de esos autores encontré lo que tanto necesitaba: la belleza convulsa a través de amores entre hombres, de relaciones entre cuerpos iguales.</p><p>En realidad, los amores prohibidos, los espacios marginales y turbios, fueron durante años mucho más comunes que las historias cotidianas. Con frecuencia, esas obras aparecían con la etiqueta de “obra censurada u oculta durante más de 30 años”. Pero es que en los años ochenta la vivencia de una homosexualidad desproblematizada era pura ciencia ficción (tal vez solo el genio de <strong>Pedro Almodóvar </strong>alcanzó a imaginarla). A todos esos autores se unieron las confesiones íntimas de <strong>Roland Barthes</strong> en <em>Incidentes</em>, o las muy inquietantes <em>El cuarto de Giovanni</em>, de <strong>James Baldwin</strong>, <em>Diario de un inocente</em>, de <strong>Tony Duvert</strong>, <em>Le petit galopin de nos corps</em>, de <strong>Yves Navarro</strong> o, más adelante, las turbadoras y destructivas historias de <strong>D</strong><strong>ennis Cooper </strong>(<em>Cacheo</em>, <em>Contacto</em>).</p><p>Abrumadora presencia de autores masculinos con historias de hombres que evidenciaba que la invisibilidad de la homosexualidad masculina no era la peor de las situaciones, y que solo era interrumpida por el lirismo de <strong>Carson McCullers</strong>. La autora estadounidense, sin entrar en derroteros tan manifiestamente sexuales, extraía belleza del aislamiento espiritual de un puñado de inadaptados de la América profunda .</p><p>Según pasaban los años, la literatura que hablaba de mí me ayudaba a vivirme con más seguridad, con menos vergüenza, con más Orgullo. Pero ese aumento de la confianza y la autoestima nunca interrumpió la búsqueda constante de más relatos, de más vidas que me acompañaran, que borraran la sensación de extravagancia a la que la sociedad heterosexista nos seguía avocando,  que me ayudaran a explicarme, a comprenderme o, al menos, a formular las preguntas correctas. Búsqueda que, en buena medida, debía hacerse en capitales europeas o en editoriales iberoamericanas. Por eso estaré siempre agradecido a la editorial Anagrama, que tanta atención dedicó a la diversidad sexual en sus publicaciones. Y, por supuesto, a la apertura, en 1993, de la librería Berkana, así como de su editorial hermana llamada Egales. En buena parte contribuyeron a que la literatura sobre personas, e incluso sobre animales (¿por qué renunciar a las fábulas?) que sienten, aman, tienen sexo como tantas personas teníamos en esa época en secreto, se multiplicó, se hizo accesible, encontró un espacio fácilmente localizable para que yo y otros muchos, miles como yo, no tuviéramos que buscar tan desesperadamente nuestro lugar en el mundo de la narración.</p><p>Sirvan estas líneas, pues, como homenaje a todas y todos los que osaron escribir, publicar, distribuir o vender esos libros que quemaban en las manos y calentaban tan vitalmente el corazón.</p><p><em>*Jesús Generelo es el presidente de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB). </em><strong>Jesús Generelo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[42dcb1d2-4b8a-4e9b-9fd6-0ed76e7b9268]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Generelo]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7b7fbe67-1c72-4693-9d7f-2791ef7a0d97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="137215" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7b7fbe67-1c72-4693-9d7f-2791ef7a0d97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="137215" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Todas las novelas no hablaban de mí]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7b7fbe67-1c72-4693-9d7f-2791ef7a0d97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Libros,Literatura,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura y experiencia (‘queer’)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/literatura-experiencia-queer_1_1128582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/450f0565-ddca-4049-9d2a-db237632ea3b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura y experiencia (‘queer’)"></p><p><a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/01/actualidad/1343820503_396305.html" target="_blank">El escritor Gore Vidal</a> siempre cuestionó que el deseo homosexual fuera una posición que marcase la creatividad y por lo tanto rechazó con sarcasmo la etiqueta “literatura gay”. Por otra parte, escribió una de las primeras novelas sobre la experiencia homosexual en Estados Unidos (<em>La ciudad y el pilar de sal</em>, de 1948); está también detrás de <a href="http://www.ambienteg.com/cine/gay-cinema-ben-hur/" target="_blank">uno de los “subtextos homosexuales”</a> más legendarios de la historia de Hollywood (el de <em>Ben Hur</em>), dio a la sexualidad <em>queer </em>un carácter transgresor (en <em>Myra Breckinridge</em>, una novela inmersa en la contracultura de los sesenta); en lo experiencial, frecuentó círculos homosexuales y vivió con su amante hasta el fin de sus días; ser “un homosexual” no puede haber sido irrelevante en su vida cotidiana aunque sólo haya sido por el esfuerzo que tuvo que hacer para ocultarlo. Si Gore Vidal no es gay, pocos individuos en la historia de la humanidad pueden aspirar a la etiqueta. A no ser, claro, que nuestra idea de lo que significa “gay” y el modo en que “ser gay” afecta la creatividad o la experiencia vital necesiten una reflexión que nos ayude a superar posicionamientos rígidos. </p><p>Vidal no está solo en su rechazo hacia la idea de que exista una literatura gay (y “existir” es un término más problemático que “literatura” o “gay”): en nuestro país escritores que no tienen problemas de armario como <strong>Luisgé Martín</strong>, <strong>Álvaro Pombo</strong> o<strong> José Luis Collado</strong> han justificado una distancia similar frente al término. A menudo esta corriente justifica su posición mediante dos lemas: “no me gustan las etiquetas” (preferido por escritores homosexuales) o el legendario “la literatura no es gay ni heterosexual, es sólo buena o mala” (favorecido por críticos heterosexuales).  Pero también existe gente como <strong>Edmund White</strong>, <strong>Tom Spanbauer</strong>, <strong>Luis Antonio de Villena</strong> o <strong>Eduardo Mendicutti</strong>, que no ven problema alguno en etiquetar y, aunque sus propuestas sean distintas, explicar los términos en que se propone la etiqueta: escritores gais, sugieren, perciben el mundo de una manera que no puede sino colorear la literatura que producen. Etiquetar no es proponer esencias, es llamar a las cosas del mundo; hay que perder el miedo a las etiquetas, devolverles un carácter precario y abierto; las cosas pueden tener más de un nombre y ningún nombre agota lo que la cosa es. Aunque sus libros no sean solo gais (ningún libro es “solo” nada), son, inevitablemente, literatura gay. Algún otro caso como <strong>Jeanette Winterson</strong> se inició promocionando su lado “gay” para, cuando obtuvo éxito comercial, intentar una calculada distancia. Y es cierto que las grandes editoriales prefieren esquivar la etiqueta porque está en su lógica llegar “a todos” y saben que lo gay puede alienar a parte del público, mientras que las editoriales especializadas la abrazan. Al final parece ser que de lo único que hablamos aquí es de posicionamiento en el mercado y de estrategias de venta. No es el único modo en que se puede hablar de literatura.</p><p>Tampoco el criterio de calidad (“sólo hay buena o mala literatura”) agota la idea de la experiencia literaria. El crítico o el académico puede aducir que, por ejemplo, una novela como <em>Cincuenta sombras de Grey</em> no es literatura, pero el caso es que se vende como literatura, se consume como literatura, y más allá de lo inane de su estilo o diseño, produce y refleja fantasías tan urgentes, reales, compartidas o conflictivas como las que encontramos en <strong>Jean Genet</strong> o <strong>Vladimir Nabokov</strong>. La literatura gay existe sin duda como etiqueta de producción y de consumo, y también existe como canal de expresión de un universo fantasmático que no es heterosexual, que representa una experiencia de disidencia y que, además, mira la heterosexualidad desde fuera. Cuando <strong>Edward Albee</strong> estrenó <em>¿Quién teme a Virgina Woolf?</em> hubo protestas desde posiciones críticas identificadas con un heterosexismo militante que acusaban al autor de socavar estratégicamente la institución del matrimonio desde una posición homosexual (era 1962 y la revolución estaba por llegar). Y ciertamente hay algo no heterosexual en el modo en que la obra está escrita, que ha sido objeto de intensa fascinación, de contornos específicos, para públicos y creadores gays a lo largo de las décadas.</p><p>El binarismo homo/hetero es central en el imaginario cultural. Dada la importancia de los modelos heterosexuales en la construcción de nuestros fantasmas, apostar por fantasías o modos de desear alternativos no es cosa baladí. No hablamos simplemente de temática, es también cuestión de mirada, del lugar desde el que se escribe, de la comunicación con un lector que, idealmente, no tiene por qué ser homosexual. Esto no implica que la literatura homosexual sea necesariamente una etiqueta rígida. <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/11/11/el_publico_ante_publico_40673_1026.html" target="_blank">En El público</a>, de <strong>Federico García Lorca</strong>, hay una obra homosexual dentro de una obra de vanguardia que asimila la óptica surrealista (o viceversa: a veces las prioridades del crítico no son las del autor). Que se acepte que “vanguardia” o “surrealismo” son etiquetas útiles para el estudio de la obra pero que se evite situarla en estructuras emocionales homosexuales de los años treinta sólo puede ser resultado de prejuicios. Por otra parte, un significante en una novela puede tener más de un sentido. Las protagonistas femeninas de ciertas obras de <strong>Álvaro Pombo</strong> no están ahí necesariamente porque Pombo sea homosexual, pero dada la prominencia de las identificaciones con modelos femeninos por parte de autores de la tradición homosexual, resulta fructífero leerlas en esos términos y probablemente hay algo que une la experiencia del escritor con su decisión de crear esos personajes y articular sus voces. Aunque sólo el análisis puede proporcionar respuestas, no es lícito descartar la hipótesis de que la decisión de Pombo pueda relacionarse, en cierto modo, con decisiones similares de <strong>Tennessee Williams</strong>, <strong>Todd Haynes</strong>, <strong>Pedro Almodóvar</strong>, <strong>Reiner Werner Fassbinder</strong> (su Petra Von Kant, Maria Braun o Veronika Voss) o <strong>Truman Capote</strong>. O nuestro <strong>Ángel Vázquez,</strong> autor de <a href="http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-angel-vazquez-vida-perra-juanita-narboni-14-04-08/34713/" target="_blank"><em>La vida perra de Juanita Narboni</em></a>, una gran novela sobre una mujer locuaz al borde de un ataque de nervios. Hablar de “literatura gay” es una manera de dar carta de naturaleza a las posibles (plausibles) relaciones entre Pombo y Vázquez en términos de creatividad, es establecer cierta conexión entre ellos a partir de fuentes de inspiración.</p><p>Es verdad que más allá de cuestiones esencialistas, las dificultades para aceptar la etiqueta están implícitas en el propio término “gay”: politizado, reduccionista, que no recoge (ni lo pretende) toda la experiencia más allá de los (también reduccionistas) patrones de la heterosexualidad oficial. Para muchos hoy en día “gay” es sinónimo absoluto de “homosexual”, pero la historia es algo más compleja. La palabra homosexual nace en realidad en el ámbito científico para patologizar prácticas y comportamientos, y pasa, en las últimas décadas del siglo XIX, al ámbito legal y al ámbito cotidiano. Incluso a principios del siglo XX, el ciudadano medio no acababa de entender lo que la palabra implicaba, a pesar de su lugar prominente en la obra de <strong>Sigmund Freud</strong>. En España pasa al registro coloquial a través de la obra de <strong>Gregorio Marañón</strong>, y en los años veinte y treinta se encuentran bromas al respecto en la literatura popular. Pasada la mitad del siglo XX, el término estaba demasiado cargado de patología y negatividad para que quienes se sentían identificados con su contenido pudieran gozar de credibilidad social. Un grupo reducido pero creciente de homosexuales decide darle la vuelta a un término popular (“gay”, que podía tener connotaciones despectivas pero que significa esencialmente “alegre”) para designarse, con el fin de poder identificarse con la idea sin perder dignidad (o humanidad). Había habido otros intentos desde finales del XIX (“uranista”, “epéntico”, “<em>nervous</em>”) pero fue “gay” el que se impuso. “Gay” es por lo tanto una convención, una manera de llamar las cosas que responde a (y depende en exceso de) un discurso de negatividad fóbica. También es una palabra con una agenda de afirmación, politizada y por lo tanto intrínsecamente sospechosa, lo cual justificaría pragmáticamente las reservas de Winterson. Desde el rigor histórico, “gay” es una palabra que sólo es utilizable para hablar de una homosexualidad afirmativa, que intenta escapar de mitologías homófobas y, quizá, contemporánea o posterior al movimiento gay. Por volver a la literatura, el nuevo término crea una matriz de creación, publicación, lectura y percepción. Es algo que se puede ser y genera una experiencia representable sin recurrir a la abyección. Así, Edmund White, <strong>Larry Kramer</strong>, <strong>Andrew Holleran</strong>, Luis Antonio de Villena o Mendicutti serían claramente escritores gays mientras que la etiqueta es mucho más problemática cuando se aplica a Lorca, <strong>Patricia Highsmith</strong>, <strong>Oscar Wilde</strong> o <strong>Jean Genet, </strong>dado que adquiere prominencia en determinadas circunstancias y a partir de cierto momento. </p><p>En este sentido las acusaciones de reduccionismo están plenamente justificadas.  Pero, ¿y si, al menos provisionalmente, llamamos las cosas de otro modo? ¿Y si mantenemos el carácter precario, abierto de la etiqueta, su capacidad de dar un nombre a algo que es sin duda una realidad, y reemplazamos una palabra que en su comunitarismo puede sonar idealista o naif? Dicho de otro modo, ¿y si proponemos un término que permita incluir sin reparos a Highsmith, Lorca, <strong>Cernuda</strong>, James, <strong>Proust</strong>, Gide, Genet, Winterson, Pombo, <strong>Juan Goytisolo</strong> o Vidal al tiempo que White, Mendicutti, <strong>Terenci Moix</strong> o Kramer? El caso es que ese término existe. Desde los años noventa del siglo pasado, las limitaciones de “gay” apuntadas se superan a través del concepto “<em>queer</em>”, que introduce <strong>Teresa de Lauretis</strong> como intento de identificar (etiquetar al fin) modos no heterosexuales de identidad y deseo. Se refiere a identidades que no se ciñen al modelo heteronormativo mayoritario, que no acaban de encajar en las fantasías sobre sexualidad que se promueven por defecto. </p><p>Si hay unos patrones específicos que nos sitúan en determinadas posiciones culturales, hemos de pensar que afectan a todos, y por lo tanto también a los escritores, que tienden a recurrir precisamente a materiales experienciales, culturales y emocionales. Resulta útil ver cómo funciona esta excentricidad cultural desde la evolución de cada individuo en el mar de signos y eslóganes que constituye toda cultura, voces que nos incitan a ser, que nos anuncian los placeres de ser ciertas cosas, que nos prometen la dicha si somos ciertas cosas. Sea cual sea el término, junto a la aquiescencia hacia estas tentaciones e incitaciones, existe una reticencia, un desapego hacia las hipotéticas recompensas que se predican desde el heterosexismo. En ocasiones esta reticencia se gestiona a partir de la represión de lo que uno no debe ser, creando una tensión fascinante entre sentimientos y su plasmación discursiva autorizada y produciendo, por ejemplo, un sistema de códigos que mantengan una relación con realidades creativas sin que el lector pueda sentirse alienado. En este sentido, la literatura de la experiencia <em>queer </em>no tiene por qué tener contenidos explícitamente <em>queer</em>. La poesía de <strong>Vicente Aleixandre</strong> necesitaría atención desde esta perspectiva utilizando marcos que visibilicen (en lugar de ocultar) el significado de su excentricidad, y estudios sobre <strong>Hart Crane</strong> muestran atisbos de una experiencia <em>queer </em>recodificada hasta resultar casi invisible. Otras veces, se ha manifestado como lucha o como trauma, pero también como triunfo: para muchos identificarse con “eso”, con lo abyecto, fue, hasta antes de ayer, una verdadera revolución vital, que ha dado lugar a una voz determinada, con una especificidad literaria que se manifiesta en corrientes sentimentales o estéticas. Conceptos como traición o abyección en la obra de Jean Genet son incomprensibles si no se tiene en cuenta esta lucha, y el análisis de la lucha de Gore Vidal por encontrar un final adecuado para <em>La ciudad y el pilar de sal</em> no se entiende si no entramos a fondo en las dinámicas sobre representación de lo <em>queer </em>en la América de los años cuarenta. </p><p>Quizá la diferencia que implica saberse <em>queer </em>no sea hoy en día tan radical para unos como para otros, pero es cierto que lo fue históricamente, y que todavía hoy el niño <em>queer </em>(y todo niño es, en la formulación freudiana, <em>queer</em>) crece sometido a presiones: sobre todo la presión de “no ser” pero también la de no expresarse. No todo niño <em>queer </em>se convierte en adulto <em>queer </em>(y pocos se convierten en escritores, menos en escritores <em>queer</em>), pero los que lo hacen tienen una experiencia que potencialmente tiene una plasmación narrativa e identitaria. Esta experiencia, que no todos acusan de la misma manera, es, por supuesto, individual. Pero también compartida: existen rasgos comunes al niño proto gay durante el siglo XX. En un ensayo capital para entender la formación de una mirada <em>queer</em>, <em>The queer child</em>, <strong>Kathryn Bond Stockton</strong> habla de la necesidad de “crecer de lado” (“<em>growing sideways</em>”, por oposición al crecimiento vertical que se asigna al proto adulto hetero) asimilando influencias y posiciones que no son las que se le imponen en el ámbito de la sexualidad y las emociones. Dadas las limitaciones de espacio, sugiero algunos ejemplos concretos como intentos de ilustrar cómo esa experiencia gay puede dar lugar a una identidad o un discurso. Cuando <strong>D. A. Miller </strong>reflexiona en su extraordinario ensayo <em>Place for us</em> sobre cómo el musical de Broadway determinó el proceso de conciencia e identidad en los años cincuenta, muchos en otra época, en otro entorno, nos reconocimos en sus reflexiones, en su lucha por ser, muchos constatamos que habla de cosas que hemos pasado y que tienen que ver con definirse frente a la presión de la heterosexualidad: en la España de los setenta quien esto escribe atravesó procesos de asimilación e identificación que conducían a la disidencia sexual desde musicales como <em>Gypsy </em>que son idénticos a los descritos por Miller. Una vez el significante “homosexual” o “gay” circula dentro de una cultura y una vez el significante se presenta como algo poco atractivo, el niño en su evolución hacia cierta madurez tendrá que recurrir a estrategias simbólicas para situarse en ese entramado de injurias descalificaciones e incitación al silencio. Algunos callarán, otros se expresarán en voz alta, a veces ruidosa, en afirmación enfática de la diferencia. </p><p>La cultura gay y el posicionamiento de la voz gay surgen de la tensión entre las ideas que circulan de manera prioritaria en una cultura y las decisiones que el niño que se identifica con esas ideas va tomando. Y puede que para sobrevivir, o simplemente para ser, el niño tenga que aferrarse a ideas que no son tan prioritarias, cuya influencia le hará diferente.  Para el antropólogo <strong>David M. Halperin</strong> esto explica que haya una cultura gay de rasgos internacionales (por mucho que sus referentes sean distintos) que va más allá de la experiencia sexual: tiene que ver con la identidad, con la socialización, con el deseo, con la actitud hacia la normalidad. El niño en los ensayos de Stockton, Miller o Halperin funciona como un receptor de ondas, y los niños proto gais, en su obsesión por sobrevivir un ambiente que puede ser hostil, sintonizan bien con determinadas frecuencias. El musical de Broadway, <strong>Joan Crawford</strong>, <strong>Judy Garland</strong>, Oscar Wilde, pero también, más tarde, <strong>Madonna</strong>, <strong>Pet Shop Boys</strong> o <strong>Xavier Dolan</strong>. Son maneras de gestionar la propia diferencia en el entorno fantasmático.</p><p>Todo escritor consciente de su evolución y de sus sinapsis con la cultura dominante (que incluye configuraciones de la sexualidad y el deseo) tendrá que negociar sus tensiones, su yo frente a lo otro. Y la negociación llevará, a menudo, a las mismas cuestiones, que acaban siendo lugares comunes de esa experiencia <em>queer</em> (y me centro aquí en la experiencia masculina): teatralización, matrocentrismo, identificación con posiciones femeninas (especialmente la diva o la “mujer fuerte”), esnobismo, ironía <em>camp</em>, parodia, énfasis en el estilo, transgresión, rasgos que han explorado quienes tratan de fijar en qué consiste este <em>ethos </em>de la experiencia <em>queer</em>, desde <strong>Richard Dyer</strong> a <strong>Eve Kosofsky Sedgwick</strong>, <strong>Didier Eribon</strong> o <strong>Judith Butler</strong>.</p><p>Podemos reconsiderar cómo llamamos las plasmaciones de esta excentricidad, y queda dicho que llamarlo “literatura gay” puede no ser lo más oportuno. Pero resulta innegable que creamos desde una posición, que esa posición está marcada, entre otras cosas por el género, que nuestra experiencia dentro del entramado de género en una cultura es parte central de nuestras vidas y que, por supuesto da lugar a temas y estilos en la práctica artística que son compatibles con otras corrientes. Por volver a lo dicho, si se puede hablar de “literatura surrealista”, al fin y al cabo un movimiento generado a partir de un cambio de perspectiva hacia las implicaciones de la realidad, ciertamente podemos llamar “literatura homosexual/gay/<em>queer</em>” a los textos que reconocen ciertas corrientes culturales y emocionales que divergen de mitologías y promesas de la visión ortodoxa basada en la heterosexualidad.</p><p><em>*Alberto Mira es escritor y profesor de estudios cinematográficos. Es autor de libros como Miradas insumisas (Egales, 2008), De Sodoma a Chueca (Egales, 2004) </em><strong>Alberto Mira</strong><a href="http://www.editorialegales.com/libros/miradas-insumisas/9788488052513/" target="_blank">Miradas insumisas</a><a href="http://www.editorialegales.com/libros/de-sodoma-a-chueca/8495346656/" target="_blank">De Sodoma a Chueca</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c6f283cc-91d6-4116-85b6-41cd9f5fa872]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Mira]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/450f0565-ddca-4049-9d2a-db237632ea3b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76689" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/450f0565-ddca-4049-9d2a-db237632ea3b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76689" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Literatura y experiencia (‘queer’)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/450f0565-ddca-4049-9d2a-db237632ea3b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Actuaciones musicales,Cine,Escritores,Homosexualidad,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orgullo Gay, Orgullo de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/orgullo-gay-orgullo_1_1128581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96600e89-447d-4f52-ad51-e93900d4eafb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo Gay, Orgullo de todos"></p><p>En vísperas de la semana del Orgullo Gay de este año, la selección española de fútbol se pegó un batacazo monumental y decisivo, así que, pese al glorioso historial de la selección durante sus penúltimas competiciones, merecedor de fervorosa gratitud, en este momento cuesta un poquito de trabajo estar orgullosos de La Roja. También en esas vísperas del Orgullo, los rojos de toda la vida y algunos movedizos rojos de nuevo cuño no lograron el 20D lo que nos prometieron, de modo que también fervorosa gratitud al rojerío entusiasta y peleón, pero no es fácil, en estos días más bien depresivos, llevar el pecho henchido de orgullo postelectoral. Así pues, visto lo visto, el único orgullo unánime y habitable que nos sigue quedando ahora mismo es el Orgullo Gay.</p><p>Orgullo Gay a diestra y siniestra, arriba y abajo, dentro y fuera, por delante y por detrás. Orgullo Gay de todos y para todos. Porque el Orgullo Gay ha ido quemando etapas desde <a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2015/08/21/la_redada_policial_que_desemboco_orgullo_gay_36750_1621.html" target="_blank">las revueltas de Stonewall</a> la noche del 28 de junio de 1969 hasta los últimos días de junio y primero de julio de este año. Siempre reivindicativo, primero tuvo que ser un Orgullo desafiante contra la persecución, la marginación y la discriminación; después, un Orgullo contra la tolerancia, porque se tolera lo que no se acaba de aceptar; luego, un Orgullo por las conquistas legales para la igualdad de derechos, y ahora, un Orgullo para celebrar sin cautelas de ningún tipo —ideológicas, sociales, familiares, laborales, culturales, literarias, artísticas, estéticas— todo el camino tan luchado y para resistir en una lucha que aún no ha terminado, que no podemos dar por terminada. Ahora, en el Orgullo Gay tenemos que coincidir todos, no sólo el colectivo LGTBI, también el colectivo heterosexual.</p><p>Hace unas semanas, la ciudad de Orlando padeció una masacre en una discoteca gay. Ante una atrocidad homófoba de ese calibre, ante un crimen de odio de esas dimensiones, siempre es previsible un clamor de indignación y solidaridad. Pero en un país como España, en una ciudad como Madrid, es constante todavía el goteo de agresiones homófobas que no siempre reciben el repudio político y social que es imprescindible y urgente. Frente a esta situación, es más necesaria que nunca la explosión de de visibilidad, de alegría, de insumisión, de diversión, de desparrame que es siempre la manifestación y el desfile del Orgullo Gay. Porque toda esa exhibición despampanante —tampoco me importa llamarla exhibicionismo— es también, en su conjunto, un acto político. Porque no solo es política la tenacidad reivindicativa, también lo es la insumisión frente a la “respetabilidad” impuesta y frente al discurso castrador de la moderación,  la ruptura de todos los códigos de lo políticamente correcto, la defensa del placer indócil que no le hace daño a nadie, la invitación a todos a incorporarse a la fiesta. Porque todo el camino hacia la celebración que los miembros del colectivo LGTBI hemos recorrido ya, y el que aún nos queda por recorrer, no podemos recorrerlo solos. Tenemos que contar también no sólo con el respeto, sino con el entusiasmo de los heterosexuales que saben que una sociedad no puede estar orgullosa de sí misma si no lo está también de la igualdad legal y real de sus gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales.</p><p>Este año, el Orgullo de Madrid estuvo dedicado a celebrar especialmente la bisexualidad. Alguien dijo alguna vez que todos somos bisexuales. A estas alturas de mi vida, me apunto con entusiasmo a la teoría. Más que nada, por lo que aún pueda caer. A lo mejor, coincidiendo con todas las celebraciones que irán llegando, año tras año, del  Orgullo Gay, del Orgullo de todos. </p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro publicado es </em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/04/los_travestis_que_hicieron_podemos_45833_1821.html" target="_blank">Furias divinas</a><em> (Tusquets, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[9e06fb63-dc6b-4d7c-ae13-0452894ef5bb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/96600e89-447d-4f52-ad51-e93900d4eafb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="236788" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/96600e89-447d-4f52-ad51-e93900d4eafb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="236788" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Orgullo Gay, Orgullo de todos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/96600e89-447d-4f52-ad51-e93900d4eafb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Literatura,Literatura española,Orgullo LGTBI,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Imágenes en fuga de esplendor y tristeza’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/imagenes-fuga-esplendor-tristeza_1_1128607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96c5d9c4-490e-486f-a6af-b430d50c9b01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Imágenes en fuga de esplendor y tristeza’"></p><p><strong>Imágenes en fuga de esplendor y tristeza</strong></p><p><strong>Luis Antonio de VillenaVisorMadrid2016</strong></p><p><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/imagenes-en-fuga-de-esplendor-y-tristeza.html" target="_blank"><em>Imágenes en fuga de esplendor y tristeza</em></a><em> </em>no es un libro más de <strong>Luis Antonio de Villena</strong>, sino una cala, o profundización en un <em>ciclo</em> —por establecer algún tipo de taxonomía— que comenzó con <em>La prosa del mundo</em> (2007), continuó con <em>Proyecto para excavar una villa romana en el páramo</em> (2011), y que tiene ahora esta extraordinaria tercera entrega. Pero a falta de una ulterior cala, podríamos subrayar que no se trata, en cualquier caso, de partes de un mismo volumen sino que nos referimos a una particular discursividad que viene fraguándose en décadas anteriores, decantándose y perfeccionándose, y que cada vez se plantea como una superación o vuelta de tuerca a un estilo muy personal. Así, la voz de Luis Antonio de Villena posee marcas que nos hablan de ciertos rasgos que la caracterizan a través de los años, y esparcidos en sus diferentes obras.</p><p>Estos rasgos podrían detectarse desde libros muy tempranos, pero centrándonos en este ciclo, diríamos que hay una indiferenciación buscada entre la poesía y la prosa. El propio autor, en su ya habitual "nota al final" de sus libros, suele facilitarnos algunas indicaciones de cómo se ha desarrollado el libro, las fechas, o algún otro elemento útil para la hermeneusis o intencionalidad que suelen ser bastante interesantes: "Me gusta mezclar altos y bajos niveles lingüísticos y buscar un poema con versos largos y ritmos nuevos, que admitan los sonidos de quiebros y encabalgamientos y no sólo lo sonidos —rimas— de cada fin versal. No hay poesía sin sonoridad y pasión, pero la estricta métrica tradicional resulta abusada y monocorde, incluso sin rimas consonantes. Busco territorios nuevos en la sonoridad versicular, aunque sé que muchos no quieren permitirlo. Pero eso nada importa" (pp. 236-237). Podríamos decirlo nosotros de otro modo pero no mejor, ya que este aspecto sonoro que el propio autor resalta, nos parece muy destacado del conjunto de la escritura villeniana. Y hablamos de escritura como un todo, una estructura en la que la prosa es un tejido donde se escancia la poesía, una manera de verter una prosodia —de amoldar— que se va derramando por las historias, cláusulas y giros, cortes y continuaciones. Es sin duda este rasgo muy definidor de la particular manera de ritmar de Luis Antonio de Villena, y llama poderosamente la atención en el conjunto de su obra, apreciable en artículos y relatos también. Se pone en evidencia así la tesis de que un escritor no se divide en compartimentos estancos, sino que reparte su arte con estilo, y que este lo define hasta el punto que es el que le dicta cómo enmarcar los géneros, y no al contrario. El estilo hace el género, por tanto.</p><p>Dicho esto, y basten estas breves palabras como acercamiento admirativo a las más de doscientas páginas de estas <em>Imágenes en fuga de esplendor y tristeza</em>, Luis Antonio de Villena se sumerge en un particular laberinto verbal e imaginístico que mezcla culturalismo y realismo a la vez. Es torrencial su expresión, abre muchos canales, navega por extraños lugares, deriva hacia donde menos se espera… Los textos son, como bien reza el título del libro, "imágenes" en su mayoría, y algunos vienen ilustrados con una foto que representa bien al personaje del que se habla o bien algún muchacho. La voz verbal está guiada por un "fotógrafo", que pensamos —y no es mera suposición— que en muchas ocasiones <em>coincide</em> con el propio autor de los textos… La miscelánea va desde recuerdos familiares y sentimentales, "Tío Mario" (pp. 40-41) o "Papá y mamá, 1955" (pp. 124-125), hasta historias de la vida crápula madrileña o de cualquier otro lugar del mundo, "Tino" (pp. 24-25), entre otros (con un particular énfasis en el mundo de la homosexualidad y, esta vez, de  la pornografía…), y en general marginados por cualquier tipo de condición. O los retratos de personajes históricos, como "<strong>Pu Yi</strong>" (pp. 34-35), o "<strong>Felipe III</strong>, Hispaniarum Rex" (pp.217-218), por citar sólo algunos. Sin olvidar todas esas reflexiones que vienen intercaladas ya en los textos, pero que a veces se encarnan en un solo "texto" como en el magnífico "Poder, ambición" (pp. 38-39). Mucho podríamos, en este sentido, hablar de la particular lectura del Poder que realiza Luis Antonio de Villena en estas <em>Imágenes en fuga de esplendor y tristeza</em>, y que completan una suerte de trilogía foucaultiana, paralela a los libros que comentamos al inicio, de este ciclo, y que van desde la prosa del mundo, la arqueología del saber, y ahora esta microfísica del poder sintetizada en cada una de las "imágenes", fotografías o no, virtuales o no, que analizan y detallan, con la grandeza de la poesía, algunos de estos aspectos.</p><p>Basten, por tanto, estas breves palabras para recomendar esta nueva entrega villeniana. Sus lectores le estamos agradecidos.</p><p><strong>"Papá y mamá. 1955"</strong></p><p>No recuerdo dónde era. Íbamos a algún cóctel.</p><p>Esa elegancia que dices, ahora hasta a mí me</p><p>suena rara. La estola de zorro, el sombrerito…</p><p>No, el matrimonio ya no funcionaba, pero como</p><p>yo era joven creía en el futuro. Se dice así. No sabes</p><p>en qué futuro, pero en el futuro. Y veía casi</p><p>como inmutable esa vida que ha cambiado tantísimo.</p><p>Quedo casi yo sola de todo ello. Y el futuro nunca</p><p>fue lo que, de algún modo esperabas, sino siempre</p><p>algo distinto. Acaso eso sea su cualidad. Mira, me</p><p>faltaron muchas cosas de las que quise, pero tuve</p><p>también otras muchas que no había imaginado…</p><p>Viajes lejanos, amigos extravagantes, mundos</p><p>muy refinados. Y no, no me olvidé de tu padre.</p><p>El primer amor nunca se olvida. Pero me cuesta mucho</p><p>perdonar que me engañara. Y es extraño. Con él</p><p>tal vez hubiera vivido peor que sin él. Ahora, cariño,</p><p>lo contemplo todo de muy lejos ya. Me lamento, gozo,</p><p>y nunca me arrepiento. Pero ¿dónde está?</p><p>Leí aquella novela que me dejaste: Toda pasión apagada.</p><p>Es cierto. No queda nada. Y una se aferra al todo. Sé</p><p>que otros pensáis otras cosas. Yo amo la vida. La amé</p><p>(pese a tantos desengaños). Claro, volvería a vivir, sin duda.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0c0ec9fd-d057-482f-a3dc-b66c09a7b6bc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Jul 2016 16:27:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/96c5d9c4-490e-486f-a6af-b430d50c9b01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="34661" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/96c5d9c4-490e-486f-a6af-b430d50c9b01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="34661" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Imágenes en fuga de esplendor y tristeza’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/96c5d9c4-490e-486f-a6af-b430d50c9b01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
