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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 26]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-26/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 26]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Hijos de Sedna’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hijos-sedna_1_1128850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9e99cf95-66e0-4700-9a89-29a7bf927b6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Hijos de Sedna’"></p><p><strong>Hijos de Sedna</strong></p><p><strong>VV. AA. Prosa Inmortal y EpiskaiaMadrid2016</strong></p><p>Contemplen el planeta Tierra. Esquilmado, superpoblado, al límite de sus fuerzas. Imaginen que no viven en una Tierra que se encamina hacia eso, sino que ya están obligados a compartir todos sus metros cuadrados con demasiada gente, la contaminación ha llegado a niveles irrecuperables y tanto los bienes como el futuro empiezan a escasear. Estamos todavía a principios del siglo XXI. </p><p>De repente, una luz. Un grupo de científicos detecta con un telescopio infrarrojo un planeta potencialmente habitable, en órbita alrededor de una gigante roja llamada Saranik, a una distancia alcanzable con la tecnología existente. Se envían sondas espaciales que confirman la presencia de aire respirable y posiblemente de vida en el planeta. Y se toma una decisión sin precedentes en la historia de la humanidad: tratar de colonizarlo. El planeta se llama Sedna, y el viaje durará 580 años que los colonos —científicos, militares, obreros— pasarán sumidos en el profundo sueño de la criogenización.</p><p>A partir de esta premisa, la microeditorial <a href="http://www.prosainmortal.es/" target="_blank">Prosa Inmortal</a> y la revista literaria <a href="http://episkaia.org/" target="_blank">Episkaia</a> han unido sus fuerzas para editar por sí mismos <a href="http://www.prosainmortal.es/producto/hijos-de-sedna-version-impresa/" target="_blank"><em>Hijos de Sedna</em></a>, una antología de 14 autores y 195 páginas cuyo hilo conductor son los primeros 100 años de colonización del planeta. Un ejercicio de experimentación indie cuyos jóvenes editores juegan con la ciencia-ficción utilizando un amplio abanico de registros lingüísticos, sazonándolo todo con una buena dosis de humor. El libro está ilustrado con unos preciosos mapas de la ilustradora <strong>Adara Sánchez</strong>; una versión en formato póster viene incluida de regalo. La ilustración de cubierta es de <strong>Juan García</strong>.</p><p>El volumen es protagonista dentro de la propia historia: un manual de propaganda del Gobierno Planetario en forma de guía sociológica que a su vez ha sido intervenida en la cadena de distribución por un grupo revolucionario. Así, “las más ofensivas de sus historias han sido sustituidas por los relatos de la gente que forma Sedna”. </p><p>“El espacio no es vacío”, arranca el primer relato introductorio, firmado por <strong>Francisco Serrano</strong>, autor y editor de Prosa Inmortal junto con <strong>John Tones</strong> y <strong>Elisabeth Falomir</strong>. La gigantesca nave, que alberga en sus bodegas miles de vidas en estado de semimuerte, debe alcanzar su destino cueste lo que cueste. Y con una frenética y violenta narración, Serrano dibuja el mito fundacional de la colonia: el aterrizaje fallido de la piloto Deandra Alwanih. Esta heroína, la primera de la historia de Sedna, es un símbolo del impulso más ciego y suicida del ser humano. Ese que nos lleva a ignorar todos los instintos de supervivencia individual, y que conduce a la especie humana a sacrificarse por imponer en el otro lado de la galaxia sus sueños, sus conflictos, su crueldad y sus afanes de dominación. Y si para ello hace falta destruir un ecosistema preexistente y alterar genéticamente a la población para adaptarla, sea.</p><p>Destacan una divertidísima crónica de <strong>Santi Pagés</strong>, cuyo periodista recorre las zonas rurales del continente principal para documentar las costumbres religiosas de sus comunidades más remotas,  y un relato de <strong>Antonio Castaño</strong>, autor y editor de Episkaia junto con <strong>Clara Morales</strong>, en el que un <em>hippie</em> artesano resulta ser un agente del Gobierno enviado para desestabilizar un sistema económico local que ha logrado reducir las jornadas laborales a tres horas.</p><p><em>Hijos de Sedna </em>es un mosaico de estilos e historias en el que tienen cabida tanto una enigmática bruja rural que obtiene sus ingredientes de un negocio familiar de sangre menstrual como un pueblo pesquero utópico que ha alcanzado la jornada laboral de tres horas gracias a la completa automatización de los procesos de trabajo. Muestra un mundo en el que la biotecnología ha avanzado tanto que permite a los poderosos rozar la inmortalidad, pero cuyo Gobierno abandona a su suerte a los colonos periféricos, que deben enfrentarse a un ecosistema hostil sin recursos. Es un compendio de supersticiones, complots políticos, revueltas y pacificaciones violentas que, fragmento a fragmento, construye para el lector una realidad tan compleja como las propias vidas que pueblan el planeta. </p><p>Una obra que nos recuerda que, aunque estemos condenados a cometer los mismos errores una y otra vez, siempre podremos hacernos con un pedazo de tierra deshabitada y reproducir nuestros corruptos y fallidos sistemas de poder en otro lado.</p><p><em>*Laura Rivas es periodista. </em><strong>Laura Rivas</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laura Rivas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Diccionario enciclopédico de la vieja escuela’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diccionario-enciclopedico-vieja-escuela_1_1128849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cab780ea-f2f9-4a22-b03e-3277cf8b3010_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Diccionario enciclopédico de la vieja escuela’"></p><p><strong>Diccionario enciclopédico de la vieja escuela </strong></p><p><strong>Javier Pérez AndújarTusquetsBarcelona2016</strong></p><p>Recuerdo que, cuando era niño, en las tardes tórridas del sur, una vez agotado cualquier divertimento doméstico posible –inalcanzables, para complicar la situación, las piscinas públicas o privadas con tarifas propias de jeques árabes, los primitivos videojuegos o el esparcimiento al aire libre por razones meteorológicas obvias—, uno de mis pasatiempos preferidos en aquel tiempo infinito y abstracto consistía en coger un diccionario, mejor enciclopédico, y abandonarme al azar de sus páginas para bañarme en las playas de Borneo o refrescarme contemplando el paisaje lunar e islandés de los campos de géiseres. Este juego infantil e inocente, valga el pleonasmo, es el que en cierto sentido nos propone <strong>Javier Pérez Andújar</strong> con su último libro, tanto en el fondo como en la forma; y no solo a aquellos que nos educamos en esa vieja escuela a la que se alude en el título y que matábamos las horas más vivas de nuestra infancia buscando nombres imposibles y destinos improbables.</p><p>Como reza el título de este volumen, efectivamente estamos ante un diccionario en toda regla, con su orden alfabético, con sus entradas en negrita, con sus referencias a otros artículos y con una descripción de la realidad muy particular —¿qué significan si no las palabras definidas en un diccionario?—. Este original formato puede llegar a descolocar a los habituales de la literatura del de Sant Adrià del Besòs, pero no los defraudará, porque en cada una de las entradas que componen este libro se encuentra a Pérez Andújar en estado puro y, diríamos, de gracia. </p><p>El material del que está hecho este diccionario enciclopédico procede de textos publicados anteriormente por el autor catalán en prensa o en blogs, más algunos inéditos creados expresamente para la ocasión. Supongo que todo lo escrito para ser leído con fecha de caducidad deja un regusto extraño en el escritor y una carpeta en el ordenador con olor a cementerio. Habitualmente esos textos sueltos suelen recopilarse en volúmenes más o menos acartonados con un título que intenta, aunque no siempre lo consiga, proporcionar unidad a las motivaciones dispersas del devenir de esta modalidad de escritura a salto de mata. Sin embargo, Pérez Andújar ha decidido darle vida a todos esos cadáveres de su ordenador bajo la estructura de un supuesto diccionario que, por una parte, proporciona coherencia y originalidad al conjunto y además, como ya apuntamos antes, trata de mostrar una visión muy personal de la realidad. </p><p>El universo retratado en este <em>Diccionario enciclopédico de la vieja escuela</em> se compone fundamentalmente de cine —espectacular la entrada titulada <em>King Kong—</em>, de música —“Te lo digo por Radio Futura, que es la vieja lengua que utilizamos los amantes de mi quinta” (p. 433)—, de una ideología escorada a la izquierda, de literatura por supuesto, pero sobre todo de cómics. No he hecho un cálculo, ni siquiera aproximado, pero tengo la impresión de que, al menos, un cincuenta por ciento de las páginas de este diccionario tienen que ver, por activa o por pasiva, con el mundo del tebeo. En este sentido, hay que señalar la carga sentimental, casi nostálgica, que para toda una generación —esa vieja escuela del título— significan estos cuadernos, pero destaca especialmente el esfuerzo de Pérez Andújar por dignificarlos, por otorgarles el lugar que se merecen dentro del mundo de la cultura. Estoy seguro de que el escritor catalán estaría totalmente de acuerdo el cierre del pequeño ensayo de <strong>José María Conget</strong>, otro gran especialista y degustador de cómics, La aventura estética de los tebeos: “el tebeo no es un arte alternativo: es un arte”, porque en definitiva gran parte de las entradas dedicadas al cómic en este libro se empeñan en demostrarlo. </p><p>Como ya se ha indicado, tras la escritura de este particular diccionario existe una voluntad de mostrar una visión del mundo que aquí se concreta en una moral ciudadana, en una ética política, basada en una tradición muy marcada, la de la izquierda clásica, la de aquellos que siguen pensando, no sin razón, en la actualidad de la lucha de clases, si no como motor de la historia, sí como constatación de un hecho que la ideología neoliberal predominante ha tratado de borrar flagrantemente de la conciencia de los que más la sufren. De aquella vieja escuela política, siempre enfrente de la moral nacionalcatólica de los años de plomo de la dictadura y de sus ramalazos posteriores en el periodo democrático, Pérez Andújar hace bandera en este libro, pero no desde la añoranza, no desde la perspectiva del abuelo Cebolleta —véase Vázquez 2 (p. 429)— que narra sus batallitas mirando por encima del hombro la abulia del presente, no desde el tópico de la vieja guardia izquierdista que defiende que cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos en cuanto a la movilización social se refiere, sino con la piel erizada al contempla las plazas públicas otra vez rebosantes de juventud reivindicando la tradición utópica de la izquierda. </p><p>Hasta aquí, todo muy <em>diccionario enciclopédico</em>, aunque no todo tan <em>de la vieja escuela</em>. Afortunadamente en un solo aspecto difiere del marco genérico del que se ha servido el autor para ordenar el material disperso en el tiempo digital de su oficio de escritor. Me refiero a que Pérez Andújar ha optado por su prosa de siempre, tan personal, en vez de adaptar el conjunto al estilo frío, aséptico, racional y, a veces, algo anticuado del "Dícese de…", "En Argentina…", "Acción y efecto de…" propio de un diccionario al uso. Por muy interesantes que resulten las entradas, esa manera de narrar cansaría al lector, igual que me fatigaban los diccionarios que consultaba de niño en mitad del aburrimiento veraniego. Ojalá entonces me hubiese encontrado con una enciclopedia tan amena con esta, tan juguetona con los significados y los significantes, tan rica en dilogías y en analogías fonéticas, tan digresiva pero tan <em>ringkomposition</em>, tan furiosamente tierna y enamorada; en definitiva, tan Pérez Andújar y tan poco Salvat, Espasa o Larousse.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Poesía soy yo’, antología de mujeres poetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-antologia-mujeres-poetas_1_1128845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f7b28e34-6d3a-4e37-8469-65ab20c40a46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Poesía soy yo’, antología de mujeres poetas"></p><p><strong>Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX</strong></p><p><strong>Edición de Raquel Lanseros y Ana MerinoVisorMadrid2016</strong></p><p>Las antologías de poesía escrita por mujeres que han salido a la luz durante este año parecen apuntar a que la creación poética escrita por ellas durante el siglo XX en nuestro país es ligeramente diferente a como la dibujaba el editor de Visor hace un año durante<a href="http://www.elcultural.com/revista/letras/Chus-Visor-Dicen-que-los-novelistas-son-vanidosos-pero-hay-cada-poeta/36667" target="_blank"> una entrevista en El Cultural</a> que despertó gran polémica [el editor de este mismo volumen afirmó: "[En] todo el siglo XX, no ves ninguna gran poeta, ninguna, comparable a lo que suponen en la novela <strong>Ana María Matute</strong> o <strong>Martín Gaite</strong>"]. </p><p>Hasta la fecha ya son tres los trabajos que se han dedicado a la visibilización de las poetas españolas: la antología (<em>Tras)lúcidas </em>compilada por <strong>Marta López Vilar</strong> en Bartleby, <a href="http://huergayfierro.com/20-con-20/" target="_blank"><em>20 con 20</em></a>, diálogos con poetas españolas actuales de <strong>Rosa García Rayego</strong> y <strong>Marisol Sánchez Gómez </strong>en la editorial Huerga & Fierro y, la más voluminosa de las tres: <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/poesia-soy-yo.html" target="_blank"><em>Poesía soy yo</em></a>, publicada en Visor, que selecciona a ochenta y dos poetas nacidas entre 1886 y 1960, a cargo de <strong>Raquel Lanseros </strong>y <strong>Ana Merino</strong>. No resulta difícil imaginar a raíz de qué se ha producido este <em>boom </em>de antologías, que vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la existencia de una “lógica de compensación”, empleada por<strong> Carmen Conde</strong> en 1954 en su antología <a href="http://hemeroteca.abc.es/cgi-bin/pagina.pdf?fn=exec;command=stamp;path=H:%5Ccran%5Cdata%5Cprensa_pages%5CMadrid%5CABC%5C1955%5C195501%5C19550123%5C55E23-041.xml;id=0000492307" target="_blank"><em>Poesía femenina española viviente</em></a>. Este empuje de la mujer a la esfera cultural no siempre es comprendido de un modo positivo, ya que algunas voces proclaman que estas políticas son precisamente las que resaltan la diferencia entre ambos sexos, cuando lo que se pretenden conseguir es una comprensión más justa. </p><p>En <em>Poesía soy yo</em> nos encontramos con una heterogeneidad y una riqueza francamente deslumbrantes. En ella hay poetas que han desempeñado oficios tan variados como el de profesora, traductora, ministra o piloto de avión, como <strong>María Victoria Atencia;</strong> poetas que fueron precursoras de la lucha feminista en su país como la mexicana <strong>Rosario Castellanos,</strong> poetas que vieron destruida parte de su obra a manos de un familiar como <strong>Alfonsa de la Torre, </strong>poetas cuyos maridos eran también poetas como <strong>Concha Méndez,</strong> poetas que recibieron el Nobel de Literatura como <strong>Gabriela Mistral</strong>, poetas que murieron torturadas y cuyo cuerpo nunca apareció como <strong>Alaíde Foppa</strong> y poetas que decidieron terminar con su vida como <strong>Alejandra Pizarnik</strong>. </p><p>Las mujeres que articulan su voz en este volumen no temen pronunciarse, se saben creadoras y saben que la palabra es, en muchas ocasiones, su única vía para plasmar tanto sus vivencias personales como los hechos históricos que les ha tocado vivir. La sensibilidad es aquello que les permite penetrar capas adentro en el ser humano, y se acercan de forma particular a la mirada de las que son como ellas: mujeres artistas cuya obra ha sido injustamente valorada. Ellas, conocedoras de la tradición, en ciertas ocasiones se expresan a través del soneto y del romancillo, pero en general caminan hacia el versolibrismo, pues hallan en él una libertad que es la que desearían para sus propias vidas. </p><p>“Venus y Diana me han abandonado / y tan sólo Minerva, a mi costado, / me habla, doctamente, de poesía”, proclama <strong>Juana de Ibarbourou</strong>. En contra de lo que un lector potencial podría creer, no vamos a encontrarnos con una explosión de poemas amorosos, aunque también tengan cabida, sino con una vuelta de tuerca, un reglón aparte que caracteriza a todas estas poetas. El tema por excelencia es la lucha, el inconformismo, la búsqueda que puede detenerse porque es flujo de vida e impulso para la escritura. “Vine para algo más que para pasar como sombra”, “Voy a afirmarme en el No, a gritar que vine / henchida de un latido inexpresable”, afirman respectivamente las poetas españolas Concha Méndez y Carmen Conde.  En algunos casos, esta lucha verbal estuvo acompañada de una lucha terrena, la de sus propios países bañados en sangre durante un siglo convulso que vivió al clamor de dos guerras mundiales y otras muchas civiles. Sirvan como ejemplo estos versos de la poeta <strong>Ángela Figuera Aymerich</strong>, que parecen escritos desde la trinchera: “Me llegaste a veces. / Del último bisel de la tragedia, / del borde mismo de la hirviente sima/ venías hasta mí. Me contemplabas / con unos ojos llenos de agua sucia / donde asomaban rostros de cadáveres”. </p><p>En ellas, ser mujer es no adoptar el rol que otros le han impuesto, tal y como lo describe <strong>Julia de Burgos</strong> al comienzo de uno de sus poemas: “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: / un intento de vida; / un juego al escondite con mi ser”. Ser mujer es tener la capacidad de ponerse en la piel del otro y vivir múltiples vidas: “Soy mi padre y mi madre / soy mis hijos / y soy el mundo / soy la vida”, escribe <strong>Idea Vilariño</strong>. Ser mujer es no temer lo que otros pueden decir sobre ti por haber escogido el camino de la creación, como bien sabe <strong>Gloria Fuertes</strong>, que se escudó en el humor para tratar los asuntos más graves: “—Ahí va Gloria la vaga. / —Ahí va la loca de los versos, dicen, / la que nunca hace nada”.</p><p>El cuerpo de la mujer es oficio de silencio, abismo de placer y dolor que vienen a reunirse. Un cuerpo que puede albergar vida dentro de sí, pero no sólo eso. El erotismo atraviesa la escritura de muchas de las poetas que se dan cita en esta antología, y también su contrario: un mordisco que provoca miedo porque a la mujer se le ha educado para que mire con recelo su propio cuerpo, para que no se detenga a descubrirlo, a respetarlo y amarlo. “A veces soy ajena ante mi cuerpo: / paso frente al espejo, / lo saludo como a un desconocido / que no entiendo”, escribe<strong> Julieta Dobles</strong>, aproximándose al desdoblamiento del yo lírico, que se da con total rotundidad en la poeta <strong>Olga Orozco</strong>, autora de versos como: “¿Y quién roe mis labios, despacio y a oscuras, desde mis propios dientes?”. Tras el cuerpo que se escribe, descubrimos la palabra como cuerpo, el lenguaje como tema girando en torno a sí mismo, en poetas trapecistas, que se descuelgan sobre la sílaba como <strong>Cecilia Vicuña</strong> cuando escribe: “Palabra es pala y abra / para que entre la luz”, o en poetas que rozan el hermetismo para alumbrar significados otros. “Siendo cuajo lácteo buscamos quedar / e incubamos pensamientos sólidos en nidos faltos de ropaje”, reclama <strong>Verónica Zondek</strong>. </p><p>Como rezaba en el título de una antología de poesía escrita por mujeres: Ellas tienen la palabra, y no sólo eso, la han tenido y la tendrán en el futuro, pero es necesario que su voz conquiste todos los espacios, para así llegar a convertirse en una posibilidad infinita. </p><p><em>*Gema Palacios es poeta. Su último libro publicado es </em><strong>Gema Palacios</strong><strong> </strong><a href="http://elsastredeapollinaire.blogspot.com.es/2016/05/treinta-y-seis-mujeres-gema-palacios.html" target="_blank">Treinta y seis mujeres</a><em> (El sastre de Apollinaire, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gema Palacios]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Darse’, de Victoria Ocampo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/darse-victoria-ocampo_1_1128844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2af73f1f-6a3e-4887-8dfe-87f2d7306e7e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Darse’, de Victoria Ocampo"></p><p><strong>Darse. Autobiografía y testimonios</strong></p><p><strong> Vitoria OcampoFumdación Banco de SantanderMadrid2016</strong></p><p><em>Darse </em>es el resultado de cuatro años de búsqueda, buceo, y selección del escritor y editor <strong>Carlos Pardo</strong>. 500 páginas que por fin, nos permiten conocer a <strong>Victoria Ocampo</strong>. </p><p>Ahora, después de terminar de leer <em>Darse</em>, escogería a Victoria Ocampo para ir a cenar. <em>Darse </em>es sólo el inicio de una relación. ¿Sabéis ese juego-sueño-deseo de pensar a quién elegirías para ir a cenar, de los vivos o los muertos, de la política o la literatura, de esta época o de hace siglos? Pues después de leer <em>Darse </em>cenaría con Victoria Ocampo. </p><p>Pero con todas ellas. </p><p>Con la niña que necesita cada noche escuchar a su abuela Vitola decirle “hasta mañana, gatita”. </p><p>Con la siempre acompañada por su hermana Angélica “yo delante y ella detrás” en su infancia bonaerense. </p><p>Con la púber que reconoce su primer amor sin palabras y con juegos: “Fue. Pero no pegó”.</p><p>Con la adolescente que entiende la menstruación como “la humillación mensual a plazo fijo”.</p><p>Con la que desde pronto, muy pronto, pidió perdón por estar viva: “Viviendo mi sueño traté de justificar mi vida. Casi diría de hacérmela perdonar”. </p><p>Con la madre de la revista <em>Sur</em>. De la editorial. La madre que amamanta a los ávidos de lectura con las mejores firmas del siglo XX. </p><p>Con la que se pregunta quién es y no encuentra respuesta: “Yo no soy aquello. Lo perecedero que formó parte de mi y ya nada tiene que ver conmigo. Soy lo otro, pero ¿qué?”.</p><p>Con la sombra de su hermana <strong>Silvina </strong>–la mujer de <strong>Bioy Casares</strong>—.</p><p>Con la feminista. La que tiene claro que hay que desterrar el “no me interrumpas” de un hombre. Porque somos iguales. Porque basta ya.</p><p>Con la  “valiente de puro cobarde”.</p><p>Con esa que no soporta a los altoparlantes de la radio, que no te dejan elegir el silencio, la paz, a los que se convierten en “cárceles del ruido”.</p><p>Es soberbia, pija, petulante. Es lista, rápida, envidiable. ¿Quién no querría ir a la ópera con <strong>Stravinsky</strong>, cartearse con <strong>Borges</strong>, vestir de Channel, o mejor, conocer a <strong>Coco</strong>? Ser amiga de <strong>Ortega </strong>y sentir ese baile del que habla Victoria: “Conocerle es como estar delante de una chimenea encendida: uno sigue el baile de las llamas”. Sentir el bálsamo que produce estar con <strong>Gandhi</strong>. Mirar a los ojos a <strong>Tagore </strong>y aprender de él que llegar a  “tener religión interior es la gran aventura de la vida entera”. Explicar el amor pasión, vivirlo y dejar de sentirlo para saber convertirlo en amistad. Ser libre y adúltera. Ser feminista. Viajar por todo el mundo, descubrir Europa, y volver a casa y descansar en la niñez. Responder mal a los mejores intelectuales de su época. Enamorarles. Hasta querer que se suiciden por ti. ¿Quién no quiere tener tiempo para pensar que se siente “<em>afraid of dying and tired of living</em>”, darse un paseo por las iniciales de los hombres de su vida y que cada uno de ellos produzca más dolor o más placer que el anterior?</p><p>Victoria Ocampo, en <em>Darse</em>, es transparente. Se da. Usa la literatura, las cartas, las palabras, para “escapar de las injusticias, de la soledad, de la pena, del aburrimiento”, y nos invita a hacer lo mismo. Se da, también, mostrándonos las personalidades de sus amigos, de esos literatos, de esos intelectuales para los que “el excremento significa la verdad y la rosa la mentira”. </p><p>Leyendo <em>Darse </em>se aprende a querer a Victoria. Y no, no es que quieras cenar con ella, es que te gustaría haber sido ella. Victoria lo dice,  “los muertos a quienes queremos nos habitan”. Leyendo <em>Darse </em>Victoria Ocampo empieza a habitar en ti.</p><p><em>*Sara Vítores es periodista.</em><strong>Sara Vítores</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ensayo sobre la lucidez’, de José Saramago]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensayo-lucidez-jose-saramago_1_1128843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2e24a6b2-2eee-4747-8847-72f69a27600d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ensayo sobre la lucidez’, de José Saramago"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong></p><p>El club de lectura Punto, fundado en 2005, es uno de tres clubes de la biblioteca municipal de Sanlúcar la Mayor, en Sevilla. <strong>Chary Arbolí</strong>, su coordinadora, recomienda su última lectura colectiva:</p><p><strong>Ensayo sobre la lucidezJosé SaramagoAlfaguaraMadrid2004</strong></p><p><em>Ensayo sobre la lucidez</em></p><p>Leer a <strong>Saramago </strong>se ha convertido en una aventura estimulante y revulsiva que genera siempre jugosas tertulias. Desde que el club de lectura Punto comenzó su andadura en 2005, el escritor portugués ha sido uno de los que más hemos leído y que menos indiferencia ha provocado. <em>Ensayo sobre la lucidez</em> (Alfaguara, 2004) es una fábula, según palabras de su propio autor, sobre la actitud de los gobernantes de una ciudad sin nombre que después de unas elecciones democráticas contemplan asombrados un porcentaje muy elevado de votos en blanco. Este hecho significativo es el detonante de la novela, sin embargo la actitud de los políticos está muy lejos de la autocrítica, culpando a los ciudadanos de conspiradores y utilizando los mecanismos del poder para castigarlos. Se trata de una reflexión sobre la democracia, la clase política, la libertad del ciudadano y el papel que juegan los medios de comunicación. La imaginación de Saramago para plantear situaciones complejas y actuaciones extravagantes o absurdas también potencia la imaginación del lector. </p><p>Uno de nuestros objetivos en el club es hacer de la lectura no sólo un instrumento de conocimiento literario sino también una herramienta para el diálogo y el respeto. Precisamente este libro ha generado diversas opiniones, algunas opuestas, y controversias muy interesantes. Para unos monótono, para otros divertido, ponderado o demagógico, crítico o manipulador, a nadie ha dejado indiferente. Lo primero que notamos al leer es la densidad del texto cuya lectura te atrapa de tal modo que no sabes cuándo interrumpirla. Dicen que Saramago no escribe diálogos o los utiliza poco, pero no es cierto. El diálogo existe aunque no está señalizado como tal, los personajes intercalan su conversación en una prosa concentrada y al mismo tiempo diligente. Sin embargo para algunos lectores este hecho les resulta aburrido e incómodo porque se pierden al retomar la lectura. </p><p>Ha sido unánime la visión crítica de Saramago hacia los políticos, tal vez una metáfora de la condición humana. No falta ni sobra su particular ironía que se respira junto a su pesimismo inherente a través de la apretada prosa. Su pérdida de fe en el hombre corre paralela a la esperanza puesta en la unión de los ciudadanos. Tampoco escapa a su particular análisis de la sociedad el sensacionalismo y la manipulación de los medios de comunicación, muy presentes en toda la historia. Existen muchas similitudes con su <em>Ensayo sobre la ceguera</em>: el anonimato de ciudades y personajes, el aislamiento de los presuntos culpables, el “ensayo” , y además el color blanco, símbolo de la paz y la pureza que paradójicamente aparece en ambos libros como un elemento disonante y rebelde. Inquietante fábula, extraña novela, cuento filosófico o reflexión literaria, no hay duda que este ensayo revela la extraordinaria y admirable lucidez de José Saramago.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La selva un poquito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/selva-poquito_1_1128835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/753291bd-1c02-467a-afe8-acdcaeabcff9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La selva un poquito"></p><p><em>(Comienza Rafael Espejo) </em><strong>Rafael Espejo</strong></p><p>El propietario nos explica que ya nadie alquila casas tan grandes. La gente joven no quiere tener hijos, dice, y si los tiene sólo se atreve con uno, dos a lo sumo. Al parecer, el hombre ha dedicado su tiempo a elaborar una teoría sobre cómo será el mundo en un futuro, cuando el presidente y los ministros y los capitostes de la sociedad sean todos hijos únicos. Adiós a la fraternidad, dice, si seguimos así desaparecerá la palabra “hermano”, y eso, por lo que puedo entender, desencadenará un apocalipsis de egolatría. Un año atrás, su mujer había decidido dividir la casa y cobrar así dos alquileres. Una idea nefasta, debe reconocerlo, porque ahora nadie alquila la mitad de abajo, más oscura. Y por la de arriba no pueden cobrar lo que antes pedían por la casa entera.</p><p>Detrás de la cerca de madera vive un viejo que apenas sale, pero el resto del barrio siempre se queda vacío por estas fechas, así que de momento no tenemos que preocuparnos por los vecinos. Parece convencido de estar dándonos una buena noticia. ¿Habrá empezado ya su futuro ególatra?, pienso mientras subimos por una escalera empinada y estrecha. La madera de los peldaños cruje. El casero introduce la llave en la cerradura, la gira y da un puntapié a la puerta. Las paredes necesitan una mano de pintura, pero en la terraza hay una lavadora industrial y la cocina está equipada con lavavajillas, fuegos a gas y un generoso frigorífico. Las camas disponen de sábanas, fundas, mantas, el ajuar completo, nos explica, de una tía de su mujer que nunca se casó.</p><p>—Algodón puro.</p><p>En el patio de entrada, junto al garaje, tenemos un cobertizo lleno de trastos. Por supuesto, somos libres de deshacernos de todo y meter ahí lo que queramos. Nos invita a que echemos un vistazo a solas, él estará fuera fumando.</p><p>—Si os interesa —dice encendiendo un cigarrillo— desde hoy mismo os podéis quedar, tengo aquí otro juego de llaves. Este fin de semana no lo cobro, cortesía de la casa.</p><p>No negaré que a menudo he fantaseado con algo así, y no me refiero sólo a la casa. Lo que necesitamos es un poco de calma. Una temporada tranquila, sin hombres cerca. Y lo que a menudo he imaginado es exactamente esto: una casa de verdad para las dos. Así que tras darle algunas vueltas, pocas y apresuradas, la verdad, me decido. A mediados de septiembre aún hace bueno y todo puede ocurrir, ¿no?</p><p>Por la noche preparo una lista de tareas más o menos urgentes: cambiar las sillas de la salita por las de la cocina, montar la estantería donde ahora está la tele y llamar a un técnico para que instale otra en la habitación de Margot, aprovechar el plástico acolchado de mis cuadros para embalar las láminas de cacerías y angelotes, etc. Cuanto más pienso, más trabajo se me acumula. Al fin, sólo consigo pegar ojo un par de horas, ya de madrugada. Tras el desayuno, Margot sale a jugar al jardín de entrada y al poco vuelve llorando. La abrazo, trato de consolarla. No está herida. Cuando nos tranquilizamos, entiendo que se ha cruzado con el vecino. El viejo le ha ofrecido unas flores y ella se ha asustado. Por lo que entrecuenta, deduzco que el hombre tiene algo en la cara, una especie de mancha. O una cicatriz. No sabe explicármelo. La verdad es que el casero llevaba razón al decir que casi nunca sale, yo aún no lo he visto. Le explico que mostrar temor por alguien con un defecto no es mejor que burlarse de él. Intento imaginarme qué tipo de deformidad ha asustado a Margot, y deduzco que ese debe de ser el motivo de la reclusión del hombre. Al fin y al cabo, le digo, sólo trataba de ser amable con sus nuevas vecinas, ¿no? Mañana mismo le hacemos una visita. Nos presentamos y de paso le aceptas las flores, ¿qué dices? ¿Le preparamos un brownie?</p><p>Creo que a Margot la casa no le parece ni bien ni mal. Quizá son demasiadas emociones para una niña. Primero murió Mara, su perrita, un golpe duro, hace ahora un año. De su padre sólo le he dicho que está de viaje en Brasil, en una competición de caza deportiva, y que tardará en volver. Ante su insistencia, tuve que improvisar algunos animales: antílopes, íbices, impalas, onagros. La psicóloga insistió en que el duelo puede manifestarse de muchas formas. Los niños, me explicó, somatizan las tensiones de los padres. De modo que lo mejor era tenerla ocupada. Y que no la agobiase. Antes de reñirle por lo que sea, me explicó, piensa que lo que vas a hacer se parece bastante a rascarte un sarpullido, no dejará de picarte así, al contrario... En estos casos conviene tener paciencia. Y aclaró que lo decía con conocimiento de causa: ella también criaba sola a su hijo.</p><p>Aprovecho el primer día de colegio para comprar provisiones y algunas herramientas básicas y un poco arbitrarias: un martillo, arandelas metálicas, cola blanca, silicona, clavos. Soy consciente de que debo ponerme al día con algunas tareas que antes delegaba en Philippe.</p><p><em>(Continúa Andrés Navarro)</em><strong>Andrés Navarro</strong></p><p>Tal vez sea autosugestión, pero noto a Margot más animada. Al terminar las clases, aparece con una compañera, Elena, una niña rubia y enclenque que vive en nuestra misma urbanización. Le pregunto si ha avisado a sus padres de que no va a ir directamente a casa y me enseña su teléfono móvil por toda respuesta. Luego se encierran en el cuarto de Margot y ya no salen hasta la merienda. Las dejo tranquilas. Sobre las ocho acompañamos a Elena unas manzanas más abajo. Su madre, una mujer de mi misma edad y clavada a su hija, parece encantada con la idea de que Elena tenga una nueva amiga. Su marido, encaramado a una escalera, se disculpa por no bajar a saludarnos, la calefacción se ha obstruido y no debería dejarlo más, el frío llegará en cualquier momento. De camino a casa resolvemos visitar al viejo, pero no se ve luz, no parece que haya nadie, y encontramos entonces una excusa perfecta para postergar el protocolo: ni siquiera tocamos el timbre. </p><p>Esa misma noche, al abrir la nevera para preparar unas tortillas, compruebo que faltan huevos: en la bandeja, una de las dos hileras es más corta que la otra. Teniendo en cuenta que suelo comprarlos por docenas, y que sólo cocino para Margot y para mí, resulta cuanto menos dudoso un número de huevos impar.</p><p>La casa está en buen estado, aunque es cierto que se acerca el frío. Así que a la tarea de sacar y organizar la ropa de entretiempo, se suma la de repasar la silicona de las ventanas y las contraventanas. Es increíble lo rápido que cambia el tiempo, como si el otoño durara sólo unos días. También aprovecho el horario escolar para ponerme al día con las traducciones. La mudanza ha retrasado casi todos los trabajos que tenía previsto acabar para finales del verano. Aunque entre el depósito y la primera mensualidad nos hemos quedado casi sin dinero, estoy tranquila. Las chicas de la editorial acostumbran a ser pacientes. Sé que si fuera necesario no me negarían un adelanto.</p><p>Parece que Margot y Elena han hecho buenas migas. Ahora pasan todas las tardes juntas, abstraídas en sus misteriosos juegos en el cuarto de Margot o, como esta tarde, en el cobertizo. Ha sido Elena la que, con voz melosa, me ha pedido permiso para trasladarse allí. </p><p>—De acuerdo, pero tened cuidado. No toquéis nada.</p><p>He dispuesto dos mesas: la rectangular, con el ordenador, un flexo y la foto de familia, mirando al paisaje; y en el rincón, junto a la puerta, la mesa camilla donde irán la impresora y la radio, aunque mientras me organizo se han ido acumulando trastos encima: dos cajas de libros, la colección de piedras de Margot, los diccionarios, el atril, mi anillero en cola de gato… Una montaña. He de reconocer que me cuesta desprenderme de las cosas que me han acompañado durante un tiempo, porque las asocio al estado de ánimo de cuando las usaba. Y todos esos son objetos felices, aunque no del todo necesarios. ¿Para qué quiero tres flexos, por ejemplo? La magdalena de Proust, supongo.</p><p>Estoy pensando en eso cuando veo al viejo por la ventana. Cruza el porche de izquierda a derecha, mirando hacia abajo, exhalando humo muy blanco, y luego de derecha a izquierda sin detenerse, y vuelta a empezar. Imagino un ratón atrapado en una urna de vidrio transparente. La primera vez se da de bruces, tal vez sangra un poco por el hocico, de modo que en lo sucesivo gira sobre sí mismo antes de topar con el cristal, por más que un trozo de queso lo tiente al otro lado. Con unos electrodos azules medirían la actividad neuronal, con unos rojos la temperatura... A la vuelta de ese pensamiento el viejo ha desaparecido.</p><p>Está oscureciendo. Es hora de que las niñas se despidan. Las oigo cuchichear desde la escalera. Me acerco con cuidado hasta la puerta. A través de la madera me llegan sus voces intrigantes y sus risitas. Retrocedo unos peldaños y luego piso fuerte, carraspeo, les grito: ¡Hora de cenar, jovencitas, despedíos hasta mañana!</p><p><em>(Seguirá Rafael Espejo) </em><strong>Rafael Espejo</strong></p><p><em>*Rafael Espejo es escritor. Su último libro es </em><strong>Rafael Espejo</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1610" target="_blank">Hierba en los tejados</a><em>(Pre-Textos, 2015). </em></p><p><em>*Andrés Navarro es escritor. Su último libro es </em><strong>Andrés Navarro</strong><strong>Un huésped panorámico </strong><em> </em><em>(DVD, 2010). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rafael Espejo | Andrés Navarro]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Descubrimientos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/descubrimientos_1_1128832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e41f94f5-e8f6-41ca-8711-0ad5a435a18e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descubrimientos"></p><p><em><strong>Xavier Vidal</strong></em><em>, responsable de la Llibreria Nollegiu (Barcelona), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses.</em></p><p><strong>Juguetes de la Guerra Fría</strong></p><p><strong>Juan Manuel RoblesSeix BarralBarcelona2016</strong></p><p>Primera novela del peruano <strong>Juan Manuel Robles,</strong> que sorprende por la forma y por el fondo. <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-nuevos-juguetes-de-la-guerra-fria-edicion-espanola/209193#soporte/215725" target="_blank">Una novela intensísima</a> que explora nuevas formas de narración sin perder nunca el hilo ni la tensión de una trama bien construida alrededor de la memoria. Un escritor en Nueva York mantiene entrevistas con una mujer a instancias de un exiliado cubano para que le cuente qué es lo que recuerda de su estancia en la escuela donde estudió: la embajada cubana en La Paz (Bolivia). De lo que hemos leído últimamente, la que más nos ha gustado.</p><p><strong>Ciudad en llamasGarth Risk HallbergLiteratura Random HouseMadrid2016</strong></p><p><em>Ciudad en llamas</em></p><p>Cerca de 1.000 páginas echan para atrás a más de uno. Pero estamos seguros que <a href="http://www.megustaleer.com/libro/ciudad-en-llamas/ES0126481" target="_blank">el trabajo de este norteamericano</a> merece la pena un esfuerzo lector que se verá recompensado. Sí, claro, a toda novela de 1.000 páginas siempre le sobran entre 100 y 150 (a algunas les sobran las 1.000). Nueva York, nochevieja de 1976, hasta el apagón de julio de 1977. Una docena de personajes cruzados, un misterio sin resolver, una familia rica y el contraste con la ciudad más punk. Recomendamos la lectura haciendo pausas cada vez que finaliza uno de los siete libros que la componen. No hay tregua literaria y sí la historia convulsa de una ciudad.</p><p><strong>Post mortem </strong><strong>Peter TerrinRaig Verd/Rayo Verde (catalán y castellano)Barcelona2016</strong></p><p>Este flamenco nos dejó boquiabiertos con <em>El vigilante</em>, una novela que nos dejó boquiabiertos, helados y sin respiración de tan claustrofóbica. Ahora, con <a href="http://www.rayoverde.es/catalogo/post-mortem/" target="_blank"><em>Post mortem</em></a>, <strong>Peter Terrin</strong> vuelve a hacerlo poniéndonos en la piel de un padre. Una obra sobre la pérdida de control de nuestras vidas que es, en realidad, lo más común. <strong>La primavera de MunichJordi AmatTusquetsBarcelona2016</strong></p><p><em>La primavera de Munich</em></p><p>Cada libro de<strong> Jordi Amat</strong> es un regalo para el conocimiento. En catalán publicó <em>El llarg procés,</em> donde retrata la historia de la intelectualidad catalana desde 1937 hasta la actualidad y la relación que ha tenido con el poder. En <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/16/el_contubernio_que_unio_oposicion_antifranquista_46490_1821.html" target="_blank"><em>La primavera de Munich</em></a>, este filólogo especializado en biografías traza la historia de cómo la oposición antifranquista —desde moderados a comunistas— celebraron la reunión que el régimen tildó de contubernio de Munich el 5 y 6 de junio de 1962. Amat explica cómo se gestó, cómo transcurrió... y cómo fracasó, aunque sacando lecciones que culminaron 15 años más tarde en la el proceso de Transición democrática. Un libro en el que el autor vuelve a exhibir una dosis de rigor insólita en muchos ensayos y donde siempre queda claro qué es historia y qué es especulación.</p><p><em>*Puedes encontrar la Llibreria Nollegiu en el Carrer Pons i Subirà, 3, en Barcelona o en</em><strong>Llibreria Nollegiu</strong><a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank"> su página web</a><em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Llibreria Nollegiu]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Descubrimientos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La vida en juego”, de Ángel González]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-juego-angel-gonzalez_1_1128829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ae8c730f-e027-48c0-9abc-260be77999ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La vida en juego”, de Ángel González"></p><p>Maribel Verdú recita el poema de Ángel González</p><p>Donde pongo la vida pongo el fuego</p><p>de mi pasión volcada y sin salida.</p><p>Donde tengo el amor, toco la herida.</p><p>Donde pongo la fe, me pongo en juego.</p><p>Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego</p><p>vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.</p><p>Perdida la de ayer, la de hoy perdida,</p><p>no me doy por vencido, y sigo, y juego</p><p>lo que me queda; un resto de esperanza.</p><p>Al siempre va, mantengo mi postura.</p><p>Si sale nunca, la esperanza es muerte.</p><p>Si sale amor, la primavera avanza.</p><p>De <em>Sin esperanza, con convencimiento</em> (1961)</p><p><em>*Ángel González (1925-2008), poeta y autor de obras como </em></p><p><strong>Ángel González </strong>Palabra sobre palabra<em> (1965), </em>Breves acotaciones para una biografía <em>(1971), </em>Deixis en fantasma<em> (1992) y </em>Nada grave<em> (2008). </em></p><p><em>*Maribel Verdú es actriz. Su última película ha sido</em><strong>Maribel Verdú</strong> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/04/28/la_punta_del_iceberg_49019_1026.html" target="_blank">La punta del iceberg</a><em>. Acaba de rodar </em>Abracadabra<em>, nuevo filme de Pablo Berger. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel González | Maribel Verdú]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“La vida en juego”, de Ángel González]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Maribel Verdú,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El malestar en la cultura’, de Sigmund Freud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/malestar-cultura-sigmund-freud_1_1128823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1e188c9-ca94-4883-b493-8a0c0613ac04_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El malestar en la cultura’, de Sigmund Freud"></p><p><em>El malestar en la cultura </em>(Amorrortu), de <strong>Sigmund Freud</strong>, no está dirigida a los especialistas, ni trata de precisar la técnica psicoanalítica o perfilar sus conceptos; sin embargo, su interés teórico y la reflexión ofrecida sobre lo que nos aflige son estimables. La prologa <strong>Jacques André </strong>para la clásica Amorrortu, un psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica de Francia, director del Centro de estudios en psicopatología y psicoanálisis (Paris VII) y de la Petit Bibliothèque de Psychanalyse en Les Presses universitaires de France (PUF). Su participación en la revista <em>ALTER </em>promociona la investigación y las traducciones inéditas de psicoanálisis. Su trabajo en este texto subraya la necesidad de conectar el psicoanálisis con los problemas actuales que se presentan en el campo de las ciencias sociales.</p><p>Freud entregó el manuscrito una semana después del 29 de octubre de 1929, el “Martes negro”. Aquel día se hundió la bolsa neoyorquina, provocando una suerte de hundimiento del mundo. Un mes antes había muerto un hombre clave  para la posible unión entre Austria y Alemania: <strong>Gustav Stresemann</strong>. Pese a que el Tratado de Versalles (1919) prohibió la añorada anexión (<em>Anschluss</em>), Stresemann había conseguido en 1926 el Premio Novel de la Paz, generando expectativas nuevas sobre el acercamiento. Pero su muerte dejó al Volkspartei (Partido del Pueblo) en manos de la derecha más recalcitrante, lo que supuso una fragmentación en el parlamento, que acabó por debilitar mortalmente la maltrecha República de Weimar. </p><p>No es casual que comience esta obra con el análisis de una expresión de <strong>Romain Rolland</strong>. El afamado escritor había recibido de Freud, como cortesía, el manuscrito que le implicaba. Y Rolland respondió con una opinión no muy favorable. A esto se sumó el envío ese verano de los detalles de las biografías que fraguaba<strong> Stefan Zweig</strong>. La suya —la de Freud— entraba en serie con la de <strong>Mesmer </strong>y con la de alguien menos honorable, la de <strong>Mary Baker-Eddy</strong>, una furibunda iluminada que andaba por América y Europa predicando la Christian Science para aglutinar adeptos. Para colmo, <strong>Friderike Zweig</strong>, la compañera del escritor, seguía con intensidad las campañas del “apóstol de la paz”, mientras algunos fieles seguidores iban y venían en busca del Nobel para Freud. Premio este concedido precisamente a Rolland en 1915 “como tributo al<em> elevado idealismo</em> de su producción literaria y a la simpatía y <em>el amor por la verdad</em> con el cual ha descrito diversos tipos de seres humanos”. En fin, un premio a la prédica del “apóstol de la paz” por la unión, la paz y el amor. </p><p>Si a esto sumamos la experiencia de la Gran Guerra, Freud tenía motivos para pensar el lazo social y en las consecuencias de su ruptura. Ruptura, disolución o destrucción vienen de la mano de Thanatos. Aquí propone tres fuentes para ese efecto de “malestar”: el cuerpo, el mundo y la relación con los otros. Esta como fuente principal, e incluso como “destino ineludible”. </p><p>Efectivamente, es la dialéctica de la relación con el otro la que alimenta el malestar en la cultura. Pero “en la cultura” no remite a un particular marco histórico, ni siquiera a los cuerpos retorcidos, al hundimiento del mundo o a la aniquilación de todo lazo provocado por la última guerra. Remite a los aspectos transhistóricos, que convierten al “malestar” en un sufrimiento de desencuentro, de inadecuación estructural. Freud resume aquí gran parte de su teoría en línea con <em>Tótem y tabú </em>y <em>El porvenir de una ilusión</em>, en donde ya había tratado los aspectos subjetivos de la religión como forma de apaciguamiento de esta infelicidad consustancial. </p><p>Pero<em> El malestar</em> es una obra más radical y su análisis más demoledor. Es interesante observar que, pese a la efervescencia de la extrema derecha —nazis, Stahlhelm, Jungdo etc.—, la desesperanza de la izquierda y el callejón sin salida de la inadecuación del hombre a “la cultura”; pese a todo este carácter trágico, su escrito no se presenta en modo alguno como conformismo o nihilismo. La vida hay aceptarla en sus goces y en sus sombras, al margen de la utopía y de toda idealización de lo humano. Pero no por ello, hay que consentir con la injusticia concreta. Se trata pues, de una visión fragmentaria y de una incompletud plenamente actual, reflejada en este importante texto, escrito en un tiempo de incertidumbre cercano a la pesadumbre que invade al nuestro. </p><p>Al hilo de la experiencia cuasi mística de Rolland, en donde habla de fusión y de “sentimiento oceánico”, Freud se plantea una cuestión política de fondo, aunque en el espacioso marco de antropología: ¿cómo es posible la cohesión de masas, y qué fuerzas se oponen a esta “unión” para destruirla y sumir a los individuos en un malestar sin solución? </p><p>La expresión “sentimiento oceánico” venía a ser el origen de la necesidad que tiene el hombre de una dimensión religiosa. Freud desmonta esa ficción y vuelve sobre los pasos, para preguntarse por el origen del pensamiento religioso. No hay tal sustrato sentimental, pero sí una cierta economía libidinal, cuya sede la encuentra en lo que él denomina “Yo del placer” (<em>Lust Ich</em>). Ese sentimiento “oceánico” y esa fusión con el todo, esas ideas sobre la eternidad y la infinitud no son otra cosa que ideaciones hiperbólicas propias de una proyección narcisista de ese estadio. La realidad idealizada se funde con lo que place al sujeto, lo displacentero es rechazado como exterior hostil.</p><p>Freud no cree que el yo sea la instancia evolutiva e independiente, soldada a una conciencia libre postulada  por el humanismo, sino algo más coriáceo, algo del orden de la imagen (ideal) que captura al sujeto alienándolo en series sucesivas de capas de identificaciones. Identificaciones que lo comprometen y lo ligan a los otros; y precisamente, a través de ellas, se vehicula (en cada caso de manera particular) lo que está a la base del malestar: la pulsión de muerte.</p><p>Entonces, hay un determinado lazo social —basado en esta economía narcisista— que une a los individuos y expulsa el objeto a destruir. Pero, ¿cómo? La respuesta era aparentemente simple: la cultura, entendida como la formación de construcciones e instituciones al servicio del programa de mantenimiento del principio del placer, se soporta sobre la base de estas “potentes identificaciones”. Léase religiones, ejército, movimientos liderados o partidos políticos. Eros, capturado en el espejo de Narciso, construye e instituye así lazos afectivos, que sirven a la causa de esta necesaria cohesión social. </p><p><strong>Kant </strong>ya había planteado el problema en su <em>Fundamentación de la metafísica de las costumbres</em>: los animales tienen el instinto para cumplir su programa de satisfacción de la necesidad, pero el hombre está dotado de pensamiento y eso complica las cosas. Cuando Kant plantea el problema de la cultura, mira al cielo buscando el sentido último de ese don celestial. Borra con ello la peculiaridad deseante de cada sujeto. El sujeto, en su relación con los otros, se entiende desde lo universal, en línea con un programa ético perseguidor de fines últimos. Ignora así la dimensión que aporta el lenguaje en ese particular encadenamiento del sujeto a la repetición de ser, <em>fantasmáticamente</em>... criatura de lenguaje: forofo “partidario”, “<em>skin head</em>” o autoinmolable “muyahidín”. </p><p><strong>Darwin </strong>bajó la escala del cielo kantiano a la filogénesis de la especie, y puso otra vez al hombre genérico en la trayectoria animal. Pero Freud ve ahí un hiato, un salto del animal al humano. Ese salto no lo podía explicar la descripción evolutiva darviniana y mucho menos la metafísica. Esto le lleva más en su análisis: ¿por qué el hombre tuvo necesidad de crear la cultura como medio para mantener esa economía del principio del placer? ¿Por qué la búsqueda del placer y la evitación del dolor lleva al hombre a esa otra “evolución” descomunal que es la civilización? El tratamiento de esta cuestión le conduce —con paradas interesantes en el erotismo anal— al análisis de la formación del yo, y a la configuración inicial de los instintos: Eros y Thanatos.</p><p>Freud, adherido a la evolución, la entiende como la conquista por parte de los instintos de nuevos modos para su satisfacción. Pero en esta conquista, han de contar con una resistencia: la inercia al abandono de las viejas formas de descarga. Sobre este modelo evolutivo trata de explicar lo que observa más nítidamente en su consulta: las transformaciones de la pulsión de muerte. Esta es la guía fundamental que encontró en 1920 para la práctica clínica: su localización mediante la palabra y el silencio; y por oposición, las barreras que construye Eros (más frágil y débil) para contenerla. Es mediante Eros que nos distanciamos de la repetición inercial de la muerte y nos elevamos a relaciones cada vez más complejas de la palabra. </p><p>Eros y Thanatos son para Freud una exigencia teórica necesaria para entender la economía y la dinámica del aparato psíquico. Eros imbricado con Thanatos, Eros interponiendo defensas contra la eclosión de Thanatos. Parece un mito milenario. Pero si nos quedamos ahí, no entendemos a Freud.</p><p>Pues bien, la primera barrera que la cultura antepone a la pulsión de muerte es la prohibición del incesto. Una primera detracción de libido a la vida sexual por parte de la cultura. Una prohibición que separa evolutivamente la “horda primitiva” de la primera institución del “Derecho” y de la “Ley”: el totemismo. Freud creía esta versión de la antropología, la que entonces existía. Sin embargo, considera que el peso de la ley, en su forma más elaborada, sólo llega con el monoteísmo, con el judaísmo. </p><p>Las religiones monoteístas introdujeron la dimensión del padre con todo su peso simbólico e imaginario. Simbólico por lo que tiene de deuda, de sometimiento a la ley... De servidumbre voluntaria y obediencia al super-yo. Una instancia psíquica que encuentra su soporte real en las instituciones. Esta obediencia “interna” a la ley sólo es posible con el desenlace del Edipo. La ley marca los límites a la satisfacción, tanto en su transgresión, como en la prohibición, que permite acceder a un terreno libre de tensiones, autorizado. Pero hay un resquicio en este desenlace mediante el cual la pulsión no puede localizar en el exterior un destino para su descarga, sino en el interior a la manera de irredenta culpabilidad y castigo. La neurosis obsesiva da cuenta de este destino para la pulsión thatánica.</p><p>En cuanto al padre imaginario, es la sumisión a lo que Freud llama “autoridad exterior” (<em>äussere Autorität</em>). Se trata de un mandato que funciona sólo en tanto hay una “autoridad exterior”. Aparece como “presencia” que nos intimida y nos recuerda, que si no cumplimos el deseo del Otro, el mandato, vendrá “la retirada del amor”. </p><p>Al afecto que produce el temor a dicho elemento externo, que obliga cuando somos niños pero también cuando se hace presente el padre terrible (no se puede leer el deseo del Otro) lo llama “<em>soziale Angst</em>”. De manera que hay presencia amenazante, directa o indirecta, y con ella, ajuste al mandato. Pero si tal presencia no existe, la prohibición falla, y el sujeto no tiene porqué abandonar el modo de satisfacción adquirido. Evidentemente, el sujeto no tiene consciencia de esta dependencia de la demanda del Otro en la escalada cultural (la de la madre, del maestro o del padre, etc.). </p><p>Fenomenológicamente el padre imaginario puede aparecer de múltiples formas, pero no hay un punto “0” de partida del deseo así constreñido, sino un juego de miradas, de ilusión mediante el cual, el sujeto encuentra el camino para incluirse en la demanda de un otro que le captura fantasmáticamente.</p><p>Este análisis de la dependencia del <em>Lust Ich</em>, del yo primitivo del placer, que sólo reconoce la amenaza exterior y por eso se somete, lleva a Freud al análisis de la unidad imaginaria en las formaciones de masas. Si no hay ley interiorizada, si no hay Super-Yo, no hay individuo, hay autoridad externa e identificación al significante común por miedo a la “pérdida de amor”. La pérdida de amor es la pérdida de lazo, de “masa” para soportar la entrada en el desamparo (<em>Hilflosigkeit</em>). </p><p>La identificación imaginaria al semejante permite no sólo sostenerse como ser deseante en el juego de miradas, en la reflexión de imágenes en espejo, sino que brinda a la pulsión de muerte una localización fuera del “nosotros”, en el exterior en donde se arroja lo displacentero. Un exterior marcado como causa de todo mal, que el discurso localiza: “los gentiles” para la comunidad cristiana a partir de <strong>San Pablo</strong>, “los judíos” para los nazis o “los extranjeros” para el actual ultranacionalismo. Freud analiza cómo solucionan el malestar este tipo de agrupaciones, cohesionadas por identificaciones especulares: simplemente sitúan la pulsión de muerte fuera del campo propio, en esa extimidad tan cercana inconscientemente (el extranjero), pero tan ajena para la conciencia. </p><p>Estas identificaciones imaginarias abren cauces a una economía libidinal sostenida por el narcisismo. Se construye barreras, instituciones, ejércitos atrincherando la satisfacción erótico-narcisista en el campo de “los nuestros”, mientras se eyecta la agresividad (un modo de la pulsión de muerte) contra “los otros”. Y si llega el caso que, por efecto de la rivalidad o el odio, ocurra algo reprochable para los propios, siempre podrá deslizarse la pulsión hacia el otro, tachándole de causante, incitador, o peor aún, de traidor. En definitiva, como en el transitivismo infantil: el otro se convierte en culpable y merecedor del castigo que entraña el acto del propio o los propios. Hay un ejemplo que conocemos bien los españoles: es el “y tú más”. Así, tal como demostraron las pasadas elecciones por ejemplo, el sujeto plenamente identificado a ese significante (las siglas de su partido) en el que se ha alienado, es impermeable a toda crítica. Su consistencia depende de lo excluido. Nada malo le atañe, ni la propia corrupción, pues “lo hacen los otros”, así que nada hay que le interrogue. Cuanto peor para el otro, mejor. Ha exorcizado el malestar. Por tanto, habrá encontrado una causa externa sobre la cargar las tintas. </p><p>*<strong>Sergio Hinojosa</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesor de Filosofía.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El malestar en la cultura’, de Sigmund Freud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Filosofía,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida y poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-poesia_1_1128817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9cf5aa12-38f9-4b16-9576-9dd3955e4263_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida y poesía"></p><p><em>Los Encuentros Literarios de Oviedo de 1987 reunieron a una generación poética, la de posguerra, durante tres días. Un libro recogió entonces, en 1990, esta conjunción de figuras de la literatura española. El editor y escritor Miguel Munárriz lo recupera ahora en una edición no venal bajo el título de </em><strong> Miguel Munárriz </strong>Encuentros con el 50. La voz poética de una generación<em> (Ámbito Cultural, 2016). </em></p><p>Entre los muchos recordatorios vinculados al grupo del 50, no es uno de los menos intensos y eminentes el encuentro que nos preparó<strong> </strong>Miguel Munárriz en Oviedo en 1987, con la Fundación Municipal de Cultura y la inolvidable asociación cultural Tribuna Ciudadana. Yo, con Oviedo, siempre he mantenido una relación amorosa muy especial. He andado mucho por allí, sobre todo con <strong>Ángel González</strong> y <strong>Emilio Alarcos</strong>, y he trasnochado con la debida asiduidad. Me acuerdo muy bien de aquellos viajes de Madrid a Oviedo en un viejo coche medio inválido que tenía Ángel. Solíamos tardar un tiempo incalculable, pero llegábamos en relativo buen estado. Y luego ya teníamos toda la noche por delante, lo que siempre era una magnífica compensación del esfuerzo.</p><p>La posibilidad de reunir al grupo poético del 50 no era tarea fácil, sobre todo porque, aparte de que éramos más o menos buenos amigos, andábamos bastante dispersos. Pero, salvo alguna ausencia de última hora, acudimos todos a la convocatoria de Oviedo: los poetas, los críticos, los comentaristas. El teatro Campoamor era tal vez un escenario de excesiva solemnidad, pero el encuentro no lo fue en absoluto. Cada poeta planteó, sin ninguna clase de guión previo, sus propias experiencias humanas y literarias. Menos mal. Porque de lo que se trataba era de alternar las mesas redondas con las barras de los bares. Y eso lo tuvieron muy en cuenta nuestros cicerones ovetenses: <strong>Miguel</strong>, Emilio Alarcos, <strong>Lola Lucio</strong>, <strong>Juan Benito Argüelles</strong>…</p><p>El desarrollo de los coloquios se recoge admirablemente en este libro, cuya revisión y reedición ha verificado con tan oportuna solvencia Miguel Munárriz. Creo que por ahí se filtra, junto a la diversificación de los juicios personales, el espíritu, el tono general de un grupo de poetas que aportó a la sociedad literaria de aquellos años, como decía Ángel González, una nueva manera de vivir y de beber. Esta afirmación, que suena a ocurrencia banal, es más seria y significativa de lo que parece. Cada uno bebió lo suyo, es cierto, pero en tanto que primeros adolescentes de la posguerra, logramos con rigor satisfactorio trasplantar nuestra experiencia de la vida a sus equivalencias poéticas. Y eso ya era una muy positiva novedad.</p><p><em>*</em><a href="http://www.fcbonald.com/" target="_blank">José Manuel Caballero Bonald </a><em>es poeta, miembro de la Generación del 50. Su último libro publicado es </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-desaprendizajes/191951" target="_blank">Desaprendizajes </a><em>(Seix Barral, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Caballero Bonald]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué fueron los Encuentros con el 50]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/encuentros-50_1_1128815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Los Encuentros Literarios de Oviedo de 1987 reunieron a una generación poética, la de posguerra, durante tres días. Un libro recogió entonces, en 1990, esta conjunción de figuras de la literatura española. El editor y escritor Miguel Munárriz lo recupera ahora en una edición no venal bajo el título de </em><strong>Miguel Munárriz</strong>Encuentros con el 50. La voz poética de una generación<em> (Ámbito Cultural, 2016).  </em></p><p>Los Encuentros con el 50 empezaron a gestarse en el verano de 1985, en Asturias, con <strong>Ángel González</strong> y <strong>José Agustín Goytisolo</strong>. Un año antes, estos dos poetas habían participado en Granada en un encuentro con más miembros de este grupo generacional, organizado por la revista <em>Olvidos de Granada</em>, en el que también participaron novelistas, entre otros, <strong>Juan García Hortelano</strong> y<strong> Juan Marsé</strong>.</p><p>El entusiasmo de Goytisolo al contar los días granadinos, la colaboración que recibiríamos de ambos poetas en los contactos preliminares con los organizadores de Granada, <strong>Luis García Montero </strong>y <strong>Mariano Maresca</strong>, fue la chispa que puso en marcha el motor para comenzar, con el apoyo de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, el Encuentro sobre la Generación Poética Española de  los años 50, que se hizo posible en mayo de 1987. Participaron durante tres días Ángel González, José Agustín Goytisolo, <strong>Carlos Barral</strong>, <strong>Carlos Sahagún</strong>, <strong>José Manuel Caballero Bonald</strong>, <strong>Francisco Brines</strong> y<strong> Claudio Rodríguez</strong>. Con ellos estuvieron críticos, poetas y estudiosos de la talla de <strong>Emilio Alarcos</strong>, <strong>Víctor García de la Concha,</strong> <strong>José Luis García Martín</strong>, <strong>Alejandro Duque Amusco</strong>, <strong>Fanny Rubio</strong>, <strong>José Mª Martínez Cachero</strong> y Luis García Montero, quien pronunció una conferencia en el teatro Campoamor, rodeado de todos los poetas con los que mantuvo a continuación una larga conversación que marcó el tono de los dos días siguientes.</p><p>Cuando supe que <strong>Jaime Gil de Biedma </strong>no podría estar presente organicé <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/07/22/quot_todo_que_habia_esperado_poesia_era_puro_engano_quot_52771_1821.html?previsualizar=1" target="_blank">una entrevista con él en Barcelona, en casa de Carme Riera</a>. El peso de la entrevista con Jaime lo llevó Carme, como experta en la Escuela de Barcelona, y yo ejercí de inexperto ayudante frente a uno de los poetas que, con Ángel González, más admiraba. Jaime fue de una amabilidad y una educación británicas. Al finalizar salimos los dos por Barcelona en una especie de periplo para emular su capítulo “Revista de bares (o apuntes para una prehistoria de la difunta <em>gauche divine</em>)”, recogido en su libro <em>El pie de la letra</em>. “El bar es una estilización urbana de la taberna”, escribe Gil de Biedma en el volumen. Yo debería haber apuntado los nombres de los bares en los que entramos, tomando <em>dry martinis</em> acodados en cada barra, aunque no importan tanto los lugares en los que charlamos de poesía toda la tarde, como las cosas que Jaime me contó, entre ellas un episodio de insomnio que había sufrido hacía unos años en el que, para dormirse, “en lugar de contar ovejitas”, me dijo, “recitaba de memoria los versos del <em>Cántico espiritual</em> de<strong> San Juan de la Cruz</strong>”. “Para ser poeta”, me dijo también un poquito achispado, “hay que pagar un precio muy alto”.</p><p>El desencanto que Jaime Gil manifiesta en la entrevista es desolador pero al mismo tiempo es el retrato de un hombre lúcido que sabe, a los 58 años, que “La vida iba en serio”.  Hay un momento en que hablamos de que desde 1970 está dejando de escribir, de que ha cerrado su ciclo poético y él dice: “Es necesaria una sensualidad verbal, un dejarse llevar por las palabras que de joven, quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. Las palabras tienen que fascinarte, tienes que tener una sensualidad verbal que te empuje”. Y ante la pregunta de Carme Riera sobre si se había decepcionado más de la poesía que de la vida, responde: “¡Ah! Bueno, de la vida ya estaba decepcionado”. </p><p>Los Encuentros con el 50 tuvieron afortunadamente un capítulo final, que es la publicación de un libro [<em>Encuentros con el 50. La voz de una generación</em> (Ámbito Cultural, 2016)]que recoge con fidelidad todo lo que los poetas invitados contaron sobre generaciones, amistad, política, antologías, revistas literarias… Hoy, con motivo del 75 aniversario de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, hemos podido recuperar, en edición no venal, un documento para estudiosos de este grupo poético con el que se cierra un ciclo en la historia de la poesía española.</p><p><em>*Miguel Munárriz es escritor, editor y periodista. Es el responsable de la publicación de </em><strong>Miguel Munárriz</strong><strong>Encuentros con el 50. La voz de una generación </strong><em>(Ámbito Cultural, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Munárriz]]></author>
      <media:title><![CDATA[Qué fueron los Encuentros con el 50]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 26]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[“Todo lo que yo había esperado de la poesía era puro engaño”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/habia-esperado-poesia-puro-engano_1_1128814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11e9e19d-cb3e-4e83-b307-64bd05e4aa1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Todo lo que yo había esperado de la poesía era puro engaño”"></p><p><em>Entrevista publicada en </em>Encuentros con el 50. La voz poética de una generación (Ámbito Cultural, 2016)<em>, una edición de Miguel Munárriz que recupera el volumen editado tras los Encuentros Literarios de Oviedo, que reunieron a la Generación del 50 y a sus estudiosos durante tres días de 1987.  </em><strong>Miguel Munárriz</strong></p><p>Un conversación con <strong>Carme Riera</strong> y Miguel Munárriz. Barcelona, 1987. </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/11/03/jaime_gil_biedma_adios_literatura_40209_1026.html" target="_blank"><strong>Jaime Gil de Biedma</strong></a> llegó puntual a la cita. Las cinco de la tarde en casa de Carme Riera. Los focos y la cámara de televisión aguardaban tan solo la orden para comenzar a grabar. Nos sentamos los tres y le pedimos a Jaime que comenzara él leyendo un fragmento de uno de los poemas clave de su producción: “Pandémica y celeste”.</p><p><em>(…) Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmoquien me tira del cuerpo hacia otros cuerposa ser posible jóvenes:Yo persigo también el dulce amor,el tierno amor para dormir al ladoy que alegre mi cama al despertarse,cercano como un pájaro.¡Si yo no puedo desnudarme nunca,si jamás he podido entrar en unos brazossin sentir -aunque sea nada más que un momento-igual deslumbramiento que a los veinte años!Para saber de amor, para aprenderle,haber estado solo es necesario.Y es necesario en cuatrocientas noches-con cuatrocientos cuerpos diferentes-haber hecho el amor. Que sus misterios,como dijo el poeta, son del alma,pero un cuerpo es el libro en que se leen (…)</em></p><p><strong>Carme Riera</strong>. Es una poema precioso, yo creo que no solo tuyo, sino de toda tu generación, incluso de la poesía contemporánea. Tú ya sabes que un amigo mío ligaba con ese poema grabado en el magnetófono de su coche.</p><p><strong>Jaime Gil de Biedma</strong>. Es un ligue larguísimo, porque el poema tiene 93 versos, es un poema de los pocos en que yo me equivoqué en el cálculo de versos que iba a tener.</p><p><strong>Riera</strong>. ¿Por qué? ¿Es mayor de lo que tú habías pensado?</p><p><strong>Respuesta</strong>. Sí, yo había calculado como diez versos menos, es la única vez que me ha ocurrido que el poema se fue, es decir, quizá es que en el último movimiento se me descompuso en dos, o en dos secciones, y entonces se alargó.</p><p><strong>Pregunta</strong>. Es que este amigo lo fragmentaba y decía que le servía lo mismo para una jovencita, incluso para una señora madura o para un señor.</p><p><strong>Respuesta</strong>. Quizá lo empiece a utilizar yo. Hablando de esto, recuerdo como pesadillesco, una noche hace 10 o 15 años en casa de <strong>Julián Mateos</strong> que me invitó a tomar una copa. La casa de Julián Mateos, como la de casi todos los actores de cine, era una casa de techo bajo y exigua, y totalmente cubierta de fotografías de Julián Mateos. Y entonces, me dice: “Ya verás lo que te voy a poner”. Me puso un <em>cassette </em>en donde él leía, muy mal por cierto —porque la gente tiene la manía de que la poesía hay que leerla despacio—, donde él leía “Pandémica y celeste”, y llegó un comento en el que realmente se me produjo un colapso alcohólico, de cansancio, de asco de mí mismo, de asco de Julián Mateos en aquella casa llena de fotografías suyas, con su voz recitando un poema mío…</p><p><strong>P.</strong> ¿Tardaste mucho en escribir “Pandémica…”?</p><p><strong>R.</strong> Sí, empecé mientras estaba leyendo a <strong>Catulo </strong>en julio del 63. Recuerdo que después, a la vuelta de vacaciones en noviembre, hice un poema de ejercicio. Lo que yo quería hacer también —en “Pandémica” quería muchas cosas al mismo tiempo— era una enumeración muy larga, y para ensayar hice una traducción del famoso pasaje de <em>Los cuadernos de Malte</em>, de <strong>Rilke1</strong>, ese de: “Una poesía, un verso en el sentimiento, un verso es una experiencia, hay que haber vivido junto a las parturientas, haber bajado por los ríos…”. Hice una traducción de eso e hice otra —esta me quedó muy bien y la he publicado— de un poema de <strong>Auden</strong>. La hice para afianzarme la mano en las enumeraciones pero la segunda mitad fue más difícil, no se terminó hasta marzo del 64. Cuando lo concluí me pareció que realmente había cerrado un libro.</p><p><strong>P. </strong>Y es en cierto modo verdad, casi cierra <em>Moralidades</em>.</p><p><strong>R.</strong> Sí, y además es que después de “Pandémica y celeste” he escrito muy poco.</p><p><strong>P.</strong> Es un poema de la experiencia amorosa, porque tú has escrito poemas eróticos pero muy pocos pomas de amor.</p><p><strong>R.</strong> Es una poema sobre la experiencia amorosa y tenía una finalidad práctica, que era justificar mis infidelidades. Lo que ocurre es que esa finalidad práctica me dio, sin yo haberlo imaginado ni haberlo previsto, una entrada maravillosa en el poema, que es un poema de amor a partir de una infidelidad, un poema sobre la fidelidad a partir de la infidelidad, que es lo todos hemos vivido en nuestra vida.</p><p><strong>P. </strong>¿Iba dedicado a alguien?</p><p><strong>R.</strong> Iba dedicado  mi amante en aquella época.</p><p><strong>P.</strong> ¿Y le gustó?</p><p><strong>R.</strong> No convenció.</p><p><strong>P.</strong> De todos modos, en vez de poesía amorosa, lo que parece ser el centro temático de tu obra es la poesía que inventa una identidad.</p><p><strong>R. </strong>Sí, pero eso fue también casual, como casi todo es en poesía. Casual, pero que luego meditas sobre ello y organizas mejor. Allá por el año 56 yo tenía la costumbre, después de un día de mucho trabajo en la oficina, de sentarme a la máquina y hacer algo de escritura automática, para vaciarme. De esos ejercicios de escritura automática en máquina hay dos que se convirtieron en poema, uno es “Aunque sea un instante” y otro es “Idilio en el café”. Ahora, al revisar al cabo de meses eso que luego fue “Idilio en el café”, ese magma, me di cuenta de que había levemente apuntada una situación, unos personajes y una voz específica dentro de la situación. Entonces lo escribí, es decir, que el primer monólogo dramático lo escribí sin saber qué era. Un año más tarde leí el libro de <strong>Langbaum</strong><strong> </strong>y lo vi mucho más claro. El personaje que hablaba en mis poemas durante casi todo el tiempo que yo escribí, era un personaje afín a mí en clase social, en cultura, en sensibilidad, pero que yo no identificaba conmigo. Por ejemplo, en un poema como “Barcelona ja no es bona” estoy hablando de un vástago de la burguesía industrial catalana de principios de siglo, que son gente que conocía muy bien, y conozco muy bien —si es que quedan— porque he ido al colegio con ellos. Ahora, la identificación de ese personaje clave en mis poemas conmigo mismo, yo creo que se empieza a producir con “Ribera de los alisos”, continúa con “Pandémica y celeste” y ya, se cierra con un bucle, al escribir “Contra Jaime Gil de Biedma” y “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”.</p><p><strong>P.</strong> ¿Y el “Intento formular mi experiencia de la guerra civil” también ayuda, ¿o no?</p><p><strong>R.</strong> Sí, pero mucho menos, porque ese es un poema escrito muy fríamente y donde lo que estaba pendiente era mostrar el absoluto desfase entre lo que fue la guerra y cómo yo la viví.</p><p><strong>P.</strong> Es entonces, a partir de ese año 1956, cuando notas, como tú dices en “Razones y sinrazones de una servidumbre”, cómo se va urdiendo ese otro personaje.</p><p><strong>R.</strong> Sí, era un personaje parecido a mí. Por ejemplo, era de parecida clase social, con la misma educación, con una sensibilidad de burgués civilizado, pero yo no lo veía como una réplica. Eso es un proceso lento de incorporación en que ese personaje que se parece a mí se va convirtiendo, finalmente, en Jaime Gil de Biedma. Tú me has recordado “Intento formular mi experiencia…” pero eso empieza en el 62, que es cuando escribo”Ribera de los alisos”…</p><p><strong>P.</strong> … que es anterior a “Intento formular…”.</p><p><strong>R.</strong> Creo que sí. Lo que ocurrió con “Ribera de los alisos” fue también uno de los determinantes de escribir “Pandémica y celeste”. Yo tenía ganas de hacer una larguísima enumeración de recuerdos valiosos para mí, pero yo había concebido el poema como un soliloquio, y cuando llegó el momento de la enumeración me di cuenta de que era falsa porque quien se habla a sí mismo no hace jamás, ni siquiera mentalmente, una enumeración de catorce miembros porque con el primero ya va servido, así que uno de los problemas de “Pandémica y Celeste” era solucionar esa dificultad que había encontrado al escribir “Ribera de los alisos”. De ahí viene la invención, absolutamente apócrifa con el lector, que me permitía tener una libertad grande por ser el lector en los cambios que yo tuviese, no pensar en el oyente. Si tú haces un poema que se supone dirigido a un oyente tienes que tener en cuenta las probables o posibles reacciones del oyente mientras tú le estás hablando. Al ser un lector que no era pasivo, como el conferenciante que duerme a los oyentes, yo los había dormido, había dormido al oyente al darle forma de lector y entonces podía campar libremente haciendo lo que quisiese.</p><p><strong>P.</strong> Podríamos remontarnos a tus orígenes como escritor: ¿Cuándo comienzas a sentir el tirón de la literatura? ¿Cuándo empiezas a escribir?</p><p><strong>R.</strong> Comencé escribiendo muy mal. Eso sí, los poemas me los sé casi todos.</p><p><strong>P. </strong>¿Son los de<em> Las afueras</em>?</p><p><strong>R.</strong> Anteriores.</p><p><strong>P. </strong>Algún soneto…</p><p><strong>R.</strong> Los sonetos me los sé casi todos. Son muy malos y a veces  vuelvo a otros soneto que ni siquiera publiqué y me quedo aterrado, es decir, que yo fui un poeta que maduró muy tarde.</p><p><strong>P.</strong> Con 19 años…</p><p><strong>R.</strong> Sí, pero de los 19 años a los 21 o 23 realmente no queda nada, bueno, quedan algunas cosas de <em>Las afueras</em>, pero eso es lo que pasa siempre con los poemas de extrema juventud y de aprendizaje, que son unos poemas que has manipulado tanto, que has cambiado tanto a lo largo de los años que si te preguntasen “¿y esto qué es?”, dirías “pues no lo sé”, porque he hecho tantas trampas que probablemente si el lector saca algo en limpio lo haría mucho mejor, porque yo recuerdo la historia de su composición, de sus variantes y todo eso, y llega un momento en que la significación del poema se me escapa por completo.</p><p><strong>P.</strong> ¿Terminas de escribir en un momento dado?</p><p><strong>R.</strong> No, en un momento dado, no. Lo que no hay duda es que a partir de 1967 yo escribo muchísimo menos. En la primavera de ese año yo escribo un poema que para mi gusto es el mejor que he escrito en mi vida, que es “No volveré a ser joven”, y después vienen tres años en que no escribo absolutamente nada, solo en dos viajes en avión, estando un poco borracho, hago dos estrofas de “Artes de ser maduro”; ese poema lo termino con bastante trabajo el año 70. Desde 1970 hasta ahora… Al principio y finales del 70 escribí muchísimos menos pero algo escribí. Luego se produjo otro parón y me parece que los últimos poemas están escritos en el año 81 u 82, pero ya es algo esporádico, y no es que haya decidido no escribir poemas, es que el conocimiento de mí mismo <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/11/03/jaime_gil_biedma_adios_literatura_40209_1026.html" target="_blank">me hace pensar que lo más probable es que no los escriba</a>. </p><p><strong>P.</strong> ¿Por qué?</p><p><strong>R.</strong> Verás. Por un lado, porque para ser poeta —y la carencia de eso es algo que para mí es muy notable en todos los poetas que escriben a partir de los cuarenta y tantos, cincuenta años, los poetas mayores, los poetas viejos— es necesaria una sensualidad verbal, un dejarse llevar por las palabras que de joven quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. Las palabras tienen que fascinarte, tienes que tener una sensualidad verbal que te empuje.</p><p><strong>P.</strong> ¿Se parece al amor?</p><p><strong>R. </strong>Sí, se parece mucho a tener esa sensualidad verbal. Lo que ahora yo me considero incapaz de hacer —en los poemas de <em>Moralidades </em>hay mucha sensualidad verbal pero son poemas escritos absolutamente en la forma que describe<strong> Edgar Alan Poe</strong> en <em>The philosophic compositions</em>— son poemas planeados con cartabón y escuadra, planeados hasta el número de versos y los movimientos que deberían tener. Ahora, a partir de cierta edad es difícil aliar esa sensualidad —que es sobre todo instintiva— con una visión fría y mental de lo que quieres hacer. Generalmente, lo que me pasa ahora es que se me ocurren versos, pero no se me ocurren ideas de poemas, o que se  me ocurren idas de poemas que me dejan absolutamente frío.</p><p><strong>R.</strong> Y alguna vez se te ocurre un verso e intentas seguir escribiendo,  tirar de él para sacar un poema, o te sientas con un poema ya previamente en la cabeza.</p><p><strong>R.</strong> Todo es relativo. Antes explicaba la forma de componer poemas que era la más frecuente en mí, pero también he escrito poemas como tú dices en los que un verso tira de los demás. Ahora se me ocurren versos pero no me tiran, y cuando encuentro de repente un verso que me gusta mucho, al cabo de un momento, digo “Si ya lo has escrito de otra forma, pero decías exactamente lo mismo”.</p><p><strong>P.</strong> Entonces, es como si en ese momento se cerrara un ciclo… Tu ciclo poético.</p><p><strong>R.</strong> Yo creo que sí, es decir, es como lo del amor, que decía Carme. Generalmente, en la vida uno no toma la decisión de “No voy a volver a enamorarme nunca más”, sencillamente lo que ocurre…</p><p><strong>P.</strong> A veces, sí.</p><p><strong>R.</strong> Sí.</p><p><strong>P.</strong> Pero no siempre resulta.</p><p><strong>R.</strong> A veces trae buena suerte, sí, pero en realidad uno llega a la conclusión de que ya no se volverá a enamorar, no porque lo decida, sino porque todo le inclina a pensar eso. Yo he llegado a la conclusión de que probablemente no volveré a escribir poemas, porque todo me inclina a pensarlo. Hay otra cosa, además: los poemas que   escribo a partir de 1970 son mucho más breves que los que había escrito antes. ¿Qué quiere decir esto? Que no tengo energía nerviosa, capacidad de concentración mental para escribir un poema extenso y, sobre todo, no tengo las ganas de hacer algo importante que tenía antes.</p><p><strong>P.</strong> Es que tu poesía yo creo que gira en torno a dos crisis. La crisis de la juventud y la crisis de la madurez, y tal vez superada esa crisis última…</p><p><strong>R.</strong> Lo que me ocurrió con la crisis de la madurez, del fin de la juventud, es que me di cuenta de que todo lo que yo había esperado de la poesía era nulo, no existía y era un puro engaño.</p><p><strong>P.</strong> ¿Sí? ¿Y eso o dice un poeta tan importante como tú?</p><p><strong>R.</strong> En el momento de la crisis, que fue una crisis de identidad, de final de la juventud, de poner en cuestión todo lo que ha sido tu vida desde los 18 años, me di cuenta de que el haber hecho unos cuantos poemas que estaban bien no me servía para nada en cuanto a aprecio y estima de mí mismo, que estaba absolutamente en pelota, es decir, perdí la fe en la poesía como actividad que le ayuda a uno mismo a construirse y a llegar a ser. Creo que no fue un proceso formulado ni consciente, al cabo de los años me he dado cuenta de que debí decepcionarme mucho de  la poesía en aquella crisis.</p><p><strong>P.</strong> Pero parece que, más de la poesía, de la vida, ¿no?</p><p><strong>R.</strong> ¡Ah! Bueno, de la vida ya estaba decepcionado.</p><p><strong>P.</strong> Pero en el momento en que los escribías te habrían servido como terapia.</p><p><strong>R.</strong> Bueno, como terapia —y quizá eso hace que sean lo que son—, claramente hay dos poemas escritos justo antes de empezar la crisis y justo después de que hubiera pasado, que son “Contra Jaime Gil de Biedma” y “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”. Son poemas escritos más que nada como escribe un adolescente, lo que pasa es que yo era un hombre de 36 años que ya sabía escribir. Son poemas que no pretenden, como pretenden los de <em>Moralidades</em>, insertarse en ninguna tradición literaria española o europea, son poemas escritos para desahogarme, pero, claro, con un conocimiento de cómo se escribe un poema que a los 18 años no se suele tener.</p><p><strong>________________</strong></p><p><strong>Notas a la entrevista</strong></p><p>1. <em>Los cuadernos de Malte Laurids Brigge</em> (1910), es la única novela del poeta Rainer Maria Rilke escrita mientras vivía en París. De tono autobiográfico, está escrita al modo expresionista. Se dice que inspiró a <strong>Jean-Paul Sartre</strong> para escribir <em>La náusea</em>. Es una novela esencialmente nietzscheana que aborda temas como la búsqueda individual e indaga sobre la vida y la muerte. En <em>Los cuadernos…</em> Rilke escribe párrafos como este que recuerda, como Jaime Gil de Biedma dice, a “Pandémica y Celeste”: “Es necesario tener recuerdo de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a otra; de gritos de parturientas, y, de leves, blancas, durmientes paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes…”. Traducción de <strong>Francisco Ayala</strong>, Buenos Aires, editorial Losada, 1958.</p><p>2. <em>La poesía de la experiencia</em>, Robert Langbaum, editorial Comares, 1996. Langbaum publicó este estudio en 1957. Es una inteligente reflexión sobre el origen de la poesía de la experiencia, además de una descripción histórica sobre el monólogo dramático. Cuando Jaime Gil de Biedma hablaba de este libro en la entrevista no estaba publicado en español.</p><p>3. <em>The philosophic compositions</em> es un ensayo que Edgar Allan Poe publicó por primera vez en la Graham's Magazine de Filadelfia en 1846. Lo que propone Poe es una teoría sobre el método que debería usar todo aquel autor que quiera "escribir bien". Y Poe cuenta el proceso por el que analiza como escribió su poema "El cuervo". Lo que trata de mostrar este ensayo es que una obra de ficción ha de ser escrita solo después de que el autor tenga decidido cuál va a ser su desenlace y cuál el efecto emocional que buscar causar en el lector. Para Poe, la poesía y el cuento son los géneros que mejor se adaptan a este modelo de composición porque pueden ser leídos en una "única sesión”. <em>Filosofía de la composición</em>, traducción de <strong>Julio Cortázar</strong><em>, </em>Alianza Editorial, y en editorial Fontamara, 2007</p><p><em>*Carme Riera es escritora. Su último libro publicado es </em><strong>Carme Riera</strong><a href="http://www.grup62.cat/llibre-les-darreres-paraules-200989.html" target="_blank">Les darreres paraules</a> (Las últimas palabras)<em> (Edicions 62, 2016). </em></p><p>*<em><strong>Miguel Munárriz</strong></em><em> es escritor, editor y periodista. Es el responsable de la publicación de </em><strong>Encuentros con el 50. La voz de una generación </strong><em>(Ámbito Cultural, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carme Riera | Miguel Munárriz]]></author>
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