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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 28]]></title>
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      <title><![CDATA[‘Poesía completa’, de César Simón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-completa-cesar-simon_1_1129984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d174aef5-68aa-4089-a697-82b3eb10a131_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Poesía completa’, de César Simón"></p><p><strong>Poesía completa</strong><strong>César SimónEdición y prólogo de Vicente GallegoBibliografía de Begoña PozoPre-TextosValencia2016</strong></p><p><strong>César Simón</strong> muere en diciembre de 1997. Con 65 años. Cáncer. Unos meses antes la editorial Pre-Textos había publicado su diario <em>Perros ahorcados</em>, que empieza así: “Es duro el silencio. Mucho más que el ruido. Enloquecedor el ruido; sobrecogedor el silencio. Con los hombres nos enfrenta el primero; con el tiempo y la muerte, el segundo”. Aquel mismo año, Hiperión editaba también uno de sus mejores libros de poemas: <em>El jardín</em>. Y luego ya el silencio. En su caso, sí, sobrecogedor. </p><p>Es cierto que desde entonces han aparecido un par de antologías que recogen su labor poética, publicadas por la Institució Alfons el Magnànim (<em>Palabras en la cumbre</em>, 2002) y la editorial Renacimiento (<em>Una noche en vela</em>, 2006). Y que puntualmente se ha llamado la atención sobre su obra, como en el monográfico de la revista <em>La siesta del lobo</em>. Pero todo ello es cuanto menos anecdótico. El nombre de César Simón ha ido poco a poco erosionándose. Todo canon tiene mucho de antipático y de <em>true believer</em>, esa expresión inglesa para referirse a aquellas personas de pensamiento unidireccional. Sin embargo, los lectores vamos modulando nuestros gustos. Y ahí está el principal <em>exploit</em> o vulnerabilidad del canon, porque lo que antes fue motivo de celebración, la perspectiva histórica puede que lo sitúe en un lugar distinto. </p><p>Enfrentado con el tiempo y la muerte, César Simón se ha convertido poco menos que en un poeta de culto. Olvidado o desconocido para la mayoría, admirado por una <em>bande à part </em>de lectores y autores, a la cabeza de los cuales está sin duda <strong>Vicente Gallego</strong>, responsable de la segunda de las antologías mencionadas anteriormente y, también, de la reciente edición de la <em>Poesía completa</em>, publicada por Pre-Textos en su elegante Biblioteca de Clásicos Contemporáneos. El lugar adecuado para un autor que no debería faltar al hacer balance de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. En especial por dos de sus últimos libros: <em>Extravío y El jardín</em>. Aunque pueden encontrarse poemas memorables en todos sus libros, como el titulado 'La higuera': “Qué profundidad añadiste / al cielo solitario de la vida”. Casi haiku de sólo dos versos incluido originariamente en el volumen <em>Templo sin dioses</em>.</p><p>Uno de mis haikus japoneses preferidos versa sobre una mariposa que se refugia de la lluvia bajo la campana de un templo. Así el agua sobre el metal, sonando para nadie. Y en la oscuridad, los colores de la mariposa: también sordos. Imagino la tormenta con la misma intensidad que aquella otra que aparece en los primeros fotogramas de una película de<strong> Kurosawa</strong>, en la que un leñador y un sacerdote del templo de Kiyomuzi se protegen bajo “la puerta Rasho”; o <em>Rashōmon</em>, título de la película y del primer libro de relatos de <strong>Ryūnosuke Akutagawa</strong>, en el que se basa dicha película (por favor, lean <em>El mago: trece cuentos japoneses</em>, editorial Candaya). Del mismo modo, el haiku de la mariposa está inspirado en otro de <strong>Masaoka Shiki</strong>, que a su vez toma como referente un poema de <strong>Buson </strong>y que, por cierto, inspirará también a <strong>Billy Collins</strong>. Ya se sabe: la tradición y su infinito juego de matrioskas. De hecho, la obra de César Simón se inserta en la mejor tradición elegíaca y meditativa de la poesía española, en la que con diferentes tonalidades y voces estarían, por mencionar algunos nombres más, <strong>Luis Cernuda</strong> y <strong>Francisco Brines</strong>.</p><p>Pero volvamos al leñador y al sacerdote de Kurosawa, a los que no tarda en unirse el conocido ladrón <strong>Tajōmaru</strong> (interpretado por <strong>Toshiro Mifune</strong>). Tres personajes que van más allá de su rol, porque si algo caracteriza la película es su narración coral, en la que  cada personaje añade su propio punto de vista. ¿Pero acaso no es también eso el arte? Porque la literatura tiene punta de peonza. Quiero decir, desde el poema en honor a<strong> Gilgamesh</strong> o las aventuras y desventuras del colérico <strong>Aquiles</strong>, la literatura y en especial la poesía ha girado una y otra vez sobre los mismos temas: el tiempo que huye irreparablemente, el caballo de Troya de las apariencias, las dos caras de esa moneda al aire que es el amor… </p><p>Así que lo importante no es el tema, sino el contexto en el que lo sitúa el artista. <strong>Duchamp</strong> se encuentra un urinario y, por el mero hecho de colocarlo sobre un pedestal, se convierte en una obra de arte. En palabras de <strong>Huidobro</strong>: “El Poeta es un pequeño Dios”. El pintor decide qué o quién sale en su cuadro. Y lo mismo sucede con el poeta. Por lo general, los antiguos maestros japoneses no aparecían en sus haikus. La mariposa de Buson, la rana de <strong>Bashō</strong>, el muñeco de nieve de <strong>Sōkan</strong> son los verdaderos protagonistas. El poeta es un mero testigo. Con la excepción de <strong>Kobayashi Issa</strong>, que consigue dar fe sin renunciar a estar presente en sus poemas. Como en aquél haiku en el que sorprende a dos moscas apareándose y les dice que continúen, que no se preocupen por él, que ya se va. Pocas veces encontramos en la lírica occidental esa capacidad para relatar o describir desde la sencillez. Con la lente de aumento puesta sobre el detalle, lo desnudo, lo casi invisible. Por no mencionar la ausencia total de retórica a la que obliga una estrofa de tan sólo 17 sílabas. </p><p>Me atrevo a afirmar que César Simón es uno de esos extraños casos. Cito del prólogo a esta <em>Poesía completa</em>: “César nunca dejaba de repetir su consigna preferida en cuanto se le brindaba la ocasión: «¡Cuidado con el adjetivo!». En esta advertencia no iba contenida solamente una manera sustancial de entender la literatura, sino también un modo –el suyo singularísimo– de entender la vida. Esta protesta contra el adjetivo estaba señalando una autenticidad humana y literaria que andaba a la búsqueda de lo veraz, de lo sustantivo, de lo desnudo, en todos los órdenes de las cosas”. Lo reitero, cada poeta es una forma de mirar. Por supuesto cambia el punto de vista y cambia también el mundo. ¿Recuerdan el haiku de las moscas al que hacíamos referencia hace unas líneas? Quizá si Issa hubiera nacido en Valencia dos siglos después, su educación y su contexto histórico le habrían llevado a escribir algo parecido a esto: “En las habitaciones más lejanas, / allá, en el fondo del silencio, / se libra una batalla / que son los átomos que sufren”. </p><p>Tal vez hubiese sido más pertinente citar otro texto, como aquel de tan sólo cuatro versos en el que el poeta fija la mirada en 'La sombra de una caña' sobre la arena, que el viento hace que tiemble. Nada más. Pero esta pieza es casi una excepción, porque en la mayoría de sus poemas César Simón no sólo observa, sino que también está presente: interrogando, interrogándose. Y en este sentido resulta del todo significativo 'Conocimiento' (desde su título mismo). Así termina: “Entonces te confiesas: / esto es conocimiento, ningún juicio, / aspirar y espirar discretamente, / mas con los ojos luminosos / y tenebrosos, que contemplan / y saben que contemplan, y que miran / y en la verdad resbalan: apariencias”. </p><p>Un par de apuntes últimos. Primero, no es habitual que un poeta de la altura de <strong>Vicente Gallego</strong> (otra recomendación: <em>Ser el canto</em>, reciente premio Generación del 27) sea tan generoso con la tarea ajena. Y eso le honra. Y segundo, la edición de esta<em> Poesía completa </em>esconde una sorpresa, un libro de poemas que César Simón dejó inédito pero prácticamente acabado y que lleva por título <em>El pretexto y el fervor</em>. Un pretexto más para descubrir o leer con fervor a un poeta que ya era, pero a partir de ahora lo es aún más, imprescindible.</p><p><em>*Josep María Rodríguez es poeta. Su último libro es 'Arquitectura yo' (Visor, 2012). </em></p><p><strong>Josep María Rodríguez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josep M. Rodríguez]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Yeruldelgger, muertos en la estepa’, de Ian Manook]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/yeruldelgger-muertos-estepa-ian-manook_1_1129982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a6a42c5d-a65f-46db-9456-011c4e64e9b9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Yeruldelgger, muertos en la estepa’, de Ian Manook"></p><p><strong>Yeruldelgger. Muertos en la estepa  </strong><strong>Ian Manook Traducción de José Fajardo GonzálezEditorial SalamandraBarcelona2016</strong></p><p>Hacía mucho tiempo que no leía con tanta fascinación una novela negra que produzca las emociones que provoca <em>Yeruldelgger</em>. Los amantes de este género están de enhorabuena, porque hay vida después de<strong> John Connolly</strong>, <strong>Jo Nesbo</strong> y<strong> Pierre Lemaitre </strong>gracias a<strong> Ian Manook</strong> (<strong>Patrick Manoukian</strong> es su verdadero nombre), escritor francés que debutaba en Francia con esta poderosa novela, ganadora de múltiples premios de Polar –nombre con el que se conoce popularmente en el país galo a la novela negra- que nos sitúa en Mongolia en la actualidad, un país inmenso y de inhóspita belleza que lucha por establecer la modernidad (con sus miserias) en una sociedad con milenarias tradiciones.</p><p><strong>Yeruldelgger</strong> es comisario en Ulán Bator, el policía más efectivo del cuerpo aunque completamente atormentado desde que en la investigación de un caso anterior asesinaran a su hija menor, <strong>Kushi</strong>, provocando la locura y huida de su mujer, y la caída en las drogas de su otra hija adolescente, <strong>Saraa</strong>. Solo su intrépida compañera <strong>Oyun</strong>, y su querida amiga, la eficaz forense <strong>Solongo</strong>, parecen acompañar al comisario a su descenso a los infiernos. Yeruldelgger, duro pero sensible, honesto y honorable con los que merecen serlo, pero completamente temperamental y de certidumbres inquebrantables, vive solo para su trabajo, ha olvidado las enseñanzas de los monjes budistas que lo educaron en su juventud y sufre una espiral de autodestrucción y rabia interna que provocan el temor en sus compañeros y entre quienes le rodean.</p><p>La novela comienza con el encuentro fortuito por parte de una familia nómada del cuerpo de una niña en las estepas mongolas, enterrada extrañamente con su triciclo. A la vez en la capital, aparecen los cuerpos atrozmente mutilados de tres chinos y dos prostitutas que aparentemente no tienen relación con la muerte de la menor, pero poco a poco irán apareciendo los vínculos entre todas los asesinatos, en una red tejida desde las más altas esferas de poder, donde la corrupción y el dinero son las verdaderas motivaciones de los abominables crímenes que acaban sacudiendo hasta sus entrañas, al corrupto cuerpo de policía.</p><p>Una auténtica novela policial con sabor a clásico, que describe y critica la miseria que viven miles de personas en las cloacas de Ulán Bator, una ciudad creciente, construida según los parámetros soviéticos durante la segunda mitad del siglo XX y que, llena de contrastes entre la tradición y la modernidad, mantiene todavía la influencia del poder político y el control económico de sus antiguos ocupantes rusos y chinos, de la emergente Corea y de la explotación capitalista donde los negocios priman por encima de las personas. </p><p>Así describe Manook en boca de Oyun, una parte de Mongolia: “Dejando aparte el nuevo corazón de Ulán Bator y la perfección infinita de las estepas y las montañas, Oyun se preguntaba con frecuencia por qué su bella Mongolia parecía tan en ruinas. Cuando atravesaba los arrabales y los pueblos, siempre se llevaba una impresión extraña, como de abandono resignado. Como si la vida cotidiana de la gente, en aquel país inmenso y magnífico, se hubiera tornado mezquina en un presente raquítico, sin más ambición que sobrevivir al paso de los días. No sabía decir si el interior del país era una obra abandonada o una construcción en descomposición. Y siempre la perseguía esa certeza inquietante de que un pasado  de que un pasado y un futuro sin vida que habían condenado a esa pobre gente a un presente sin ambición, hecho de mínimas esperanzas cotidianas. O de mínimas desesperanzas…”.</p><p>Lo subyugante del libro es la calidad literaria de su autor para narrar con esa pasión y elegancia, emplear con brillantez la ironía –especialmente contra la impunidad de los chinos-, y crear la serie de inolvidables personajes que pueblan sus páginas, como la terca y fiel Oyun, compañera inseparable de Yeruldelgger, que no dudará en arriesgar su vida por su compañero para esclarecer los casos, o la brillante forense Solongo, algo más que una amiga para el protagonista y que deparará intensas sorpresas en su relación a lo largo de la trama. Manook consigue que la potencialidad de todos los personajes femeninos de la novela sea sublime. También el joven <strong>Gantulga</strong>, ayudante extraoficial, pura nobleza y valor,  y por supuesto, <strong>Erdenbat</strong>, su suegro, un personaje imprescindible de la trama, un poderoso canalla hecho a sí mismo que será el antagonista perfecto para Yeruldelgger.</p><p>Manook es capaz de escribir sobre la maldad, la belleza, la amistad y la venganza, la inmensidad de la naturaleza, la miseria de los sentimientos y la violencia atroz con una soltura y precisión asombrosas, con una fuerza poética absolutamente subyugante y con un conocimiento etnográfico de las costumbres mongolas admirable. Los diálogos son parte fundamental del libro, llenos de exclamaciones para acentuar la intensidad de las relaciones, también empleando la ironía como arma para la crítica social. Como este ejemplo, demoledor, del diálogo entre Yeruldelgger y su suegro, Erdenbat en el inicio del capítulo 30 y la descripción del paisaje y momento del protagonista: </p><p>“-Ya no eres el hombre que eras -dijo Erdenbat.</p><p>-Usted tampoco es el que pretende ser -respondió Yeruldelgger.</p><p>-Tal vez, pero todavía soy alguien, mientras que tú, poquito a poco, estás dejando de serlo.</p><p>-…</p><p>-No puedes continuar así, Yeruldelgger. Vas camino de perderlo todo. Te has convertido en un policía viejo, irritable y violento. Golpeas a los testigos, a tu propia hija, disparas a tus informadores, no respetas ninguna jerarquía, sólo investigas para ti sin rendir cuentas a nadie…</p><p>Yeruldelgger se había despertado antes del alba, a la misma hora a la que los pájaros se despiertan para cantar. La escarcha de los bosques húmedos le había irritado la nariz y se le había agarrado a los riñones. Había admirado cómo el alba invisible plateaba la laguna y el horizonte, y cómo se sonrosaba después el cielo tras las brumas azulonas, para inundar al fin el valle con una luz cálida y dorada que hacía humear las orillas alrededor de la yurta. Luego había entrado a prepararse un té salado con mantequilla bien caliente y sacado un taburete bajo la terraza de madera para sentarse de cara a la laguna, a la espera de Erdenbat. Su suegro había aparecido poco después, seguro de que el policía ya lo esperaba”.</p><p>Lean esta tremenda novela negra sobre una Mongolia oculta y déjense atrapar por este inmenso relato y la belleza de su lenguaje, que además de la corrupción y el crimen describe unos valores ancestrales muy intensos, que el propio protagonista necesita recuperar para redimirse. No es solo un potente<em> thriller</em>, sino también una crónica  social y cultural certera sobre un país desconocido. Esperemos que no se nos haga larga la espera y pronto el futuro nos depare más apasionados encuentros con el gran Yeruldelgger, un personaje que quedará para la historia del género negro y que junto a su autor me han recordado las palabras del escritor Jack Kerouac: “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por contar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”.</p><p><em>*Pablo Bonet es librero de guardia en la Librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet</strong><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank"> Librería Muga</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <title><![CDATA[‘La última salida’, de Federico Axat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultima-salida-federico-axat_1_1129981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d6089d9-fd60-4810-bbcf-48eca9cd00d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La última salida’, de Federico Axat"></p><p><strong>La última salidaFederico AxatDestinoBarcelona2016</strong><em>La última salida</em></p><p>Los libros tienen sus cosas.  Las tres últimas novelas que he leído no se parecen en nada y sin embargo se han enlazado de un modo sutil. <strong>Federico Axat</strong> nos sumerge en las frescas aguas veraniegas que tanto necesitamos con <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-ultima-salida/209402" target="_blank">La úl</a><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-ultima-salida/209402" target="_blank"><em>tima salida</em></a>(Destino), donde Ted, el protagonista, un hombre rodeado de una bonita familia, una casa deliciosa, una vida confortable, se nos presenta a punto de pegarse un tiro. Pero llaman insistentemente a la puerta y decide abrir.  A partir de ahí comienza un juego siniestro que mantiene alerta al lector hasta su última página. Otro suicidio romántico con pistola en mano nos traerá también las primeras páginas de <strong>Echeverría</strong>, el primer poeta de Argentina. </p><p><em>Echeverría</em>, como ya dije en otra ocasión, es una gran novela sobre un tipo que nos dejará para siempre el runrún de la eterna cuestión que gira en torno a la utilidad de la literatura. El amor, o su ausencia, que llevará al joven <em>Estebita </em>Echeverría a plantearse la posibilidad de ser un nuevo <strong>Werther</strong>, se llama <strong>Martina</strong>.  Y Martina es el hilo conductor de la última y genial novela de <strong>Rafael Reig</strong>, <em>Señales de humo.  Manual de literatura para caníbales I </em>(Tusquets)<em>. </em>Del título me quedo, ciegamente, con el I, pues eso implica recordar el volumen que se publicó en 2006 y que ahora queda como segunda parte, y estoy deseando que se publique de nuevo para que los lectores puedan seguir leyendo una novela espléndida, divertida, reflexiva, con un punto de vista distinto sobre la historia de nuestra literatura española.</p><p>Martín es profesor de literatura en un instituto público.  Es decir, es una persona privilegiada, pues tiene el mejor trabajo del mundo.  Sólo los que somos profesores conocemos la magia que se produce cuando se cierra la puerta del aula y se abre una novela o una antología poética o una obra de teatro.  Pero Martín ha conseguido algo más: ha viajado en el tiempo y ha conocido a la mujer que recitó al oído la primera jarcha mozárabe.  Transfigurándose en distintos seres paseará sus personalidades desde el origen de la Edad Media hasta la muerte de <strong>Cervantes</strong>. En el camino conocerá la seducción de los juglares, el comienzo de la épica castellana, el amor como único tema de la literatura, pues él sabe que el Cid lleva a cabo toda su empresa y deja crecer sus luengas barbas sólo por su <em>homme</em>, su rey, su querer. <em>Mon homme</em>.  Sin amor no somos nada. <em>Nihil sum</em>.</p><p>Amigo de <strong>Fernando de Rojas</strong>. el protagonista oirá en primera persona el conjuro del hilado de <strong>Celestina</strong> o estará a punto de ser capturado por la Inquisición por su amancebamiento con Martina.  Asistirá a la muerte pública de<strong> Álvaro de Luna</strong> y verá, convertido en el gato de <strong>Lope de Vega</strong>, escribir al viejo Miguel de Cervantes con un vaso de vino al lado.</p><p>“Las emociones tienen una textura narrativa”.  Las mujeres y los hombres estamos destinados a contar.  Las cuevas de Altamira o los pliegos sueltos, los romances de ciego, las comedias de Lope.  El endecasílabo petrarquista y los sonetos de Garcilaso (¿es cierto que a <strong>Garcilaso de la Vega</strong> no le gustaban las mujeres?) y la defensa siempre del arte popular o tradicional.  El desengaño barroco y los melifluos Austrias. </p><p>Y el eco en nuestros días.  Podemos enseñar a nuestros alumnos que “aunque tú no lo sepas, me he inventado tu nombre” podría ser un verso quejumbroso de Garcilaso, que <strong>Gil de Biedma </strong>revolotea al lado de Petrarca o de un romance anónimo, que “se puede quemar un libro pero la risa no desaparecerá”.  Defensa de la risa y del arte, de la literatura como sentir de un pueblo.  Deseo de contar y pasión por leer o por escuchar. Descubrir a <strong>François Villon</strong>.  “Entre el dolor y la nada yo me quedo con el dolor”.  Disfrutar del poso en <strong>César Vallejo</strong>, en <strong>Kafka</strong> o en <strong>Faulkner</strong>. </p><p>Martín está ahora encerrado en un sanatorio mental.  El profesor que conoció al<strong> Arcipreste de Lázaro</strong> está, según dicen, loco. Es un hecho que no podemos viajar en el tiempo y apenarnos del hambre de Lope.  O quizás sí.  Estoy decidida a coger el primer tren que me lleve a visitar a Martín, aunque digan que sólo es un personaje creado por Rafael Reig. Por cierto, <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/echeverria/9788433998118/NH_564" target="_blank"><em>Echeverría</em></a> (Anagrama) es una novela de <strong>Martín Caparrós</strong>.  Martín es el protagonista de <em>Señales de humo</em>. Y Axat y Caparrós son argentinos.  Señales… ¿sólo de humo?</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de literatura en el IES Juanelo Turriano de Toledo.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Alicia a través del espejo’, de Lewis Carroll]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alicia-traves-espejo-lewis-carroll_1_1129980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/855dd03c-8b34-43d8-bfc6-f5448de611aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Alicia a través del espejo’, de Lewis Carroll"></p><p><strong>Alicia a través del espejo</strong><strong>Lewis CarrollTraducido por Andrés EhrenhausIlustrado por Fernando VicenteNórdica Libros2016</strong></p><p>Que <strong>Lewis Caroll</strong> era un pedófilo de libro es algo que él mismo dejó patente en varios escritos a lo largo de su vida, aun con todas las inhibiciones propias de la época victoriana o quizá precisamente como consecuencia de ellas. Sólo aquellos incapaces de asimilar que el autor de una de las obras más influyentes de la literatura infantil pudiera ser a la vez un pedófilo, consideran la necesidad de ponerlo en duda. Más concretamente, queda claro en algunas cartas donde confiesa haber fotografiado niñas desnudas, lo cual distaba mucho de satisfacer una simple afición por la estética prerrafaelita. Lo cierto es que una mano desconocida, consciente de su verdadero alcance, destruyó tantas como pudo en previsión de un escándalo más que probable. La única que ha sobrevivido, descubierta recientemente en un museo francés, muestra el desnudo frontal de <strong>Lorina Liddell</strong>, hermana mayor de la <strong>Alicia </strong>que inspiró el libro, con una inscripción que atribuye su autoría a Carroll. </p><p>La actitud de <strong>Charles L. Dodgson </strong>(el verdadero nombre del autor), quien era conocido en Oxford con el cruel apodo de<strong> Louise Caroline</strong> por su carácter afeminado, sugiere más la personalidad de una monja lesbiana con el cuerpo y el deseo clausurados bajo el hábito que la del depredador sexual que ejerce el poder sobre los más débiles amparándose en el secretismo de la Iglesia. El escenario más verosímil es que el buen reverendo no pasara del onanismo artístico y consiguiera contener la pedofilia en la frontera de la pederastia a través de algún esforzado mecanismo psicológico de sublimación, transformando lo que claramente era una obsesión sexual reprimida en la estupefaciente rareza literaria que conocemos como  <em>Alicia en el País de las Maravillas </em> y demás secuelas y añadidos. El hombre tenía tanto que sublimar que le dio para más de un libro.</p><p>La primera edición aparece en el año 1865 ilustrada por <strong>John Tenniel</strong>. En esa época se publican también los últimos títulos de <strong>Dickens</strong>. Es la Inglaterra imperial que disfruta o sufre las consecuencias de la revolución industrial que se había iniciado a mediados el siglo XVIII, la Inglaterra de las lacras sociales denunciadas en <em>Oliver Twist </em> o en <em>Tiempos Difíciles</em>, la Inglaterra del trabajo esclavo y la sobreexplotación de los niños en minas, fábricas y talleres, la Inglaterra del descubrimiento de la infancia, concepto desconocido hasta el momento.</p><p>La sociedad británica, arrollada por la locomotora del progreso, languidecía bajo los rigores de un clima que obligaba a quedarse en casa pasando larguísimas tardes sin otra defensa ante el aburrimiento que el té con pastas y la literatura. Se dejaba sentir, además, la pérdida reciente del contacto con lo mágico en un mundo donde la ciencia ordenaba el espectro de lo posible sin fisuras por donde pudieran colarse los conejos blancos de la fantasía. No es extraña la posterior acogida que los ingleses le brindaron al espiritismo y las doctrinas de<em> </em><strong>madame Blavatsky</strong><em>madame</em> o que<strong> Sir Arthur Conan Doyle</strong> creyera en la posibilidad de fotografiar hadas en las márgenes de un arroyo de Cottingley.</p><p>Con todo eso a su favor, el principal acierto de Lewis Carroll fue, quizá, haber conectado con "un rasgo profundo y espiritual de los ingleses, su gusto por el sinsentido" tal como señala el filósofo <strong>Roger Scruton</strong> en <em>England, an Elegy</em> (Inglaterra, una elegía) y su capacidad para cuestionar y someter a la caricatura sus convicciones más profundas manteniendo a la vez el tradicional respeto por "las formas y las dignidades". Pero Carroll, a quién <strong>Harold Bloom </strong>atribuye poco más que una "originalidad convincente" en comparación con otros parodistas del <em>nonsense</em> como <strong>Lear </strong>o<strong> Swinburne</strong>, aporta en<em> A través del Espejo</em> una sorprendente vuelta de tuerca existencialista y muestra una amargura precursora del absurdo kafkiano, más allá de la perplejidad contenida en los juegos lógicos, que trasciende la simple y enloquecida aventura infantil de la primera parte.</p><p>La editorial Nórdica, que cuenta entre sus méritos con el de habernos dado a conocer la obra de<strong> Tomas Tranströmer</strong> mucho antes de que le fuera concedido el Nobel y con una trayectoria envidiable en la edición de libros ilustrados, publica ahora <a href="http://www.nordicalibros.com/alicia-a-traves-del-espejo" target="_blank"><em>Alicia a través de espejo</em></a>, la segunda parte de la aventura cuyo título original es: <em>A través del  espejo y lo que Alicia encontró allí</em>.</p><p>Es más fácil llevarse la mano a la bragueta contemplando las <em>pin-up </em>de <a href="http://www.fernandovicente.es/" target="_blank"><strong>Fernando Vicente</strong></a> que hojeando los tuneados cuerpos de papel cuché en las páginas del <em>Playboy</em>, porque Fernando, nuestro <strong>Alberto Vargas</strong> nacional, tiene tal capacidad para capturar ese festivo y cromático erotismo tan propio de los años cincuenta que resulta imposible escapar a la mirada venérea y la sonrisa encendida de sus chicas. La Alicia de Vicente no es ajena a ese inocente erotismo y se muestra algo mayor, acusando quizá los primeros picores naturales de una adolescencia con la que Lewis Carroll nunca se hubiera atrevido a lidiar. Con un dibujo de gran corrección formal, Fernando, que sin embargo es un ilustrador totalmente autodidacta, realiza un trabajo narrativo-descriptivo a partir de un texto que exige del artista la capacidad de respetar y retratar fielmente cada una de sus alucinantes propuestas visuales. Incluye, además, un discreto homenaje a El Bosco como fuente de todo delirio posterior tal como hiciera<strong> Tenniel</strong> en la primera edición ilustrada. Esta Alicia de Fernando Vicente, con su perfecto manejo de la luz y el color, ha conseguido traer hasta nuestros ojos el asombro inabarcable de las tres dimensiones de la fantasía.</p><p><em>*Toño Benavides es ilustrador y poeta. Su último libro es 'Gran Sur' (Reino de Cordelia, 2014). </em><a href="http://www.tbenavides.com/" target="_blank">Toño Benavides </a><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=156" target="_blank">'Gran Sur' </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Alicia a través del espejo’, de Lewis Carroll]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Cuento de navidad’, de Charles Dickens]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuento-navidad-charles-dickens_1_1129967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/808a35a3-e319-46ce-a5a5-e5f96d08f907_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cuento de navidad’, de Charles Dickens"></p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente </a>es una experiencia literaria que comenzó su andadura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros, pues en ellos se encuentran los grandes sueños que alentaron los seres humanos durante siglos. Retornar a los clásicos, fomentar la lectura y el arte de escribir, son las finalidades de El Libro durmiente (ELD). Nos definimos como una entidad creada sin ánimo de lucro, que se gestiona con recursos propios y no mantiene adscripción política, ideológica ni religiosa. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. ELD se compone por personas interesadas en aprender, con independencia de su formación académica, edad o condición social.</p><p>La actividad cultural de los primeros años se desarrolló adoptando la forma de un Club de Lectura que sigue funcionando en la actualidad y se convoca para debatir acerca de la estructura y contenido de los libros seleccionados. Entre las acciones que realizamos, cabe destacar las encaminadas al fomento de la lectura entre los más jóvenes, ya que ésta constituye uno de los ejes principales de El libro durmiente. Desde el año 2012, se completaron las actividades con la inclusión de los Talleres de Escritura creativa, destinados tanto al aprendizaje de las técnicas básicas que se requieren para escribir correctamente, como a la enseñanza de los recursos que utilizan los escritores en la creación literaria de relatos, novelas, cuentos, ensayos, poesía, artículos, etcétera.</p><p>Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura han dado lugar a la creación de un verdadero Foro Literario, en donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura. De este modo, el Libro durmiente contribuye a fomentar la lectura y el amor por los libros, desvelando los tesoros que estos encierran, a la par que promueve el aprendizaje de una herramienta imprescindible para trasmitir ideas: el dominio del lenguaje y el arte de escribir.</p><p><strong>Cuento de navidad</strong><strong>Charles Dickens </strong></p><p>En una de nuestras sesiones tuvo lugar un nuevo encuentro del Club de Lectura, esta vez para discutir sobre <em>Cuento de navidad</em> de <strong>Charles Dickens</strong>, magnífica obra literaria que ya es un clásico que se lee y representa cada navidad. En esta obra se nos presenta al <strong>señor Scrooge</strong>, mezquino comerciante que desprecia cualquier valor humano, recibiendo la visita del espectro de su difunto socio, <strong>Jacob Marley</strong>. El fantasma de Marley dice estar encadenado por las pesadas ataduras que se forjó en vida, por lo cual intenta prevenir de sus errores a su amigo, a fin de que pueda corregir su vida, escapando así al destino nefasto que seguramente le aguarde cuando le llegue la muerte. La sombra del difunto Marley le advierte también de que aún tiene una oportunidad de enmendarse, pues prontamente recibirá la visita de tres fantasmas: el espectro de las navidades pasadas, el de la navidad presente, y finalmente el espíritu de las navidades futuras. Ellos le mostrarán pasajes de su propia vida a fin de que se redima y encauce sus actos en un sentido más humano y altruista.</p><p>Durante la sesión, los miembros del club analizamos la obra, propiciando un debate de ideas y un coloquio final entre todos los asistentes. Algunos ven en el cuento tan solo un canto al espíritu de la navidad. Otros creen que la obra se aprovecha del tópico navideño, creando una atmósfera de bondad demasiado empalagosa, y tal vez falsa, donde se apela a la compasión y al remordimiento para despertar un sentimiento de amor al prójimo. En general, los ponentes se inclinaron a pensar que esta narración pretende imbuir en el lector no solo una actitud respetuosa con la navidad, lo cual es patente, sino además hacerle meditar sobre el sentido de la vida y las consecuencias de sus actos.</p><p>El motor principal de la obra es, para algunos, el miedo del ser humano a enfrentarse con sus circunstancias; miedo a fracasar en la vida, ya sea hundido en la pobreza o por nuestras relaciones humanas;  miedo a sufrir o a ser herido; y miedo a no ser considerado por los demás, lo cual impulsa a buscar la riqueza a toda costa y a encerrarse en sí mismo, aislándose de los demás.</p><p><strong>Ramón Sanchis</strong></p><p>, uno de los miembros del club de lectura, analiza a continuación las técnicas literarias que adornan este <em>Cuento de Navidad</em>: </p><p>Nos hallamos ante un escrito que pertenece al género del relato, escrito en un estilo natural, didáctico, fácil de leer, no excesivamente complicado o pomposo. Es un relato coherente, que muestra una buena continuidad en las escenas que van componiendo la narración, pues se engarzan unas con otras magistralmente. De la coherencia de cada párrafo y de la perfecta relación de las ideas que se van encadenando en las secuencias de párrafos resulta un texto de gran claridad, unidad y belleza.  Es un texto efectivo y adecuado, pues consideramos que logra el propósito que pretende.</p><p>Dickens utiliza un lenguaje esmerado, en donde las palabras se emplean en el momento adecuado, de un modo certero y expresivo. Los verbos introducidos son los más precisos, y los adjetivos califican de un modo convincente y colorista. El texto presenta una lectura elegante, plagada de ritmo y de musicalidad. Elaborado de un modo artesanal, el relato recrea tan bellas imágenes que permiten al lector <em>ver </em>las escenas con los ojos de la imaginación. Así dirá, por ejemplo: "Construido sobre un lúgubre arrecife de rocas hundidas, a eso de una legua de la playa, contra el cual las aguas arremetían y se estrellaban todo el año, había un faro solitario. Grandes masas de algas marinas estaban pegadas a su base, y aves de tormenta —que podían suponerse nacidas del viento, lo mismo que las algas lo parecían de las aguas—, emergían y se deslizaban a su alrededor, como las olas que ellas rozaban ligeramente".</p><p>Las descripciones de los lugares, ya sean campos, aldeas, sus callejas, tiendas y casas, a menudo recrean cuadros plagados de coloridos, aromas y sonidos, que alagan los sentidos. Por ejemplo: "La antigua torre de una iglesia, cuya vieja y ronca campana estaba constantemente atisbando a Scrooge a través de una ventana gótica, se hizo invisible, pero continuaban sonando las horas y los cuartos entre la neblina, con trémulas vibraciones prolongadas, como si sus dientes rechinasen en su helada cabeza, allí, en las alturas".</p><p>Se suma también a la belleza de las descripciones la fuerza de sus metáforas, las cuales dan mayor pujanza expresiva al texto, dibujando recorridos imposibles para la imaginación. Como en este fragmento: "Pero allí también dos hombres que vigilaban el faro habían encendido un fuego, que a través dela arpillera del muro de piedra gruesa, derramaba un rayo de resplandor sobre el tétrico mar. Juntando sus callosas manos sobre la tosca mesa ante la que estaban sentados, se desearon uno al otro felices pascuas alzando su lata de <em>grog</em>, y uno de ellos —el más viejo, también, con toda la cara marcada y dañada por el tiempo duro y cruel, como el figurón de proa de una vieja nave podía estarlo—, púsose a cantar una ruda canción que sonaba como un verdadero temporal".</p><p>En este bello <em>Cuento de navidad</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>un narrador omnisciente, que no se corresponde directamente con ningún personaje que aparece en escena, parece capaz de conocer todo aquello que sucede, tanto en el pasado como en el futuro, e incluso las motivaciones personales, las inquietudes o sensaciones experimentadas por los personajes, llegando a entenderlos mejor que ellos mismos. Como si se tratase de una divinidad capaz de superar la condición humana y de estar en todo momento en cualquier lugar, el narrador omnisciente permite al escritor definir sólidos personajes, cargados de fuerza y realismo. Y esta es la mejor baza que juega el escritor. Como ejemplo, se dirá en el caso del Señor Scrooge: “Estrujaba, retorcía, avasallaba, agarrotaba fuertemente a las personas con quienes trataba. Duro y áspero como un pedernal del que ningún acero había sacado nunca una llama generosa; reservado, introvertido y solitario como una ostra”.</p><p>Pero la descripción de los personajes —tal como ocurre en la vida real—, no se ciñe solamente a la primera impresión causada cuando éstos aparecen en escena por primera vez, sino que Dickens va completando la descripción en pequeñas dosis sucesivas, aportando leves anotaciones que delinean fielmente su figura. De este modo, Dickens le permite decir al Señor Scrooge: “No me siento alegre en Navidad y no puedo permitirme alegrar a los holgazanes…”; añadiendo más adelante el texto: “Si muriesen, sería mejor para ellos, y disminuiría así el exceso de población…”. O bien: “Hasta los perros de los ciegos parecían conocerle; y cuando le divisaban acercarse, arrastraban a sus propietarios hacia portales o callejuelas, y entonces meneaban sus colas como si dijesen: ¡Que no te vea nadie es mejor a que te vea el diablo, amo que discurres en la sombra!".</p><p>Tampoco se circunscriben las descripciones al aspecto físico, sino que dibujan con maestría la psicología del personaje y su mundo interior. Contemplemos, el retrato profundo que hace Dickens del Señor Scrooge: “…Aparentaba más edad, era ya un hombre en la flor de la vida. Su rostro no mostraba aún los rasgos rígidos y crueles de los últimos años, pero ya empezaban a aparecer las señales de avaricia y preocupación. Tenía una mirada ardiente, codiciosa, intranquila, que delataba la pasión que había enraizado en sus ojos y hacia qué lado caería la sombra del árbol que estaba ya creciendo rozagante”.</p><p>Y finalmente hay que señalar que, tal como corresponde a una obra literaria de calidad, el autor intercala sabiamente profundas reflexiones que representan su aporte personal al lector, dando muestras de su valía como ser humano. "Los caminos de los hombres permiten augurar ciertos finales a los que, si perseveráis, os conducirán… Pero si abandonáis los caminos, el final será otro…".</p><p>Bien puede servirnos esta perla que nos deja Dickens como mensaje a retener de su obra: que el destino del hombre no es inamovible, sino que se construye día a día, de modo que, pudiendo cambiar el hombre el camino por el cual transita, puede modificar también su propio final. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marcos Rodes / Ramón Sanchis]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Cuento de navidad’, de Charles Dickens]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Navidad,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Del amor a Roma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amor-roma_1_1129958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/495d0a85-3bb2-4ef8-9dc9-5e874f93e645_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del amor a Roma"></p><p><strong>Mãn</strong><strong>Kim ThuyTraducción de Laura Salas RodríguezPeriférica2016</strong></p><p>Una declaración de amor a Vietnam, a sus tradiciones y a su cultura, especialmente a su gastronomía. <em>Mãn</em>, además de ser el título y el nombre de la protagonista, es una palabra vietnamita que quiere decir “enteramente colmada” o “que no tiene nada más que desear”, o también “a quien se le han concedido todos los deseos”; y ese es, precisamente, lo que encarna el personaje principal. <em><strong>Mãn</strong></em><em> </em>es una joven refugiada a la que su madre quiere proteger casándola con el propietario de un restaurante vietnamita exiliado en Canadá como ella. Mãn ha aprendido a crecer sin sueños, a vivir sin necesitar apenas nada en apariencia. Pero en la cocina, cuando reinterpreta las sencillas recetas de su infancia, su vida cambia y cobra un nuevo sentido.</p><p>La autora teje un auténtico mosaico de emociones entre pasado y presente, en el que perviven la memoria, el amor y esa nostalgia de vivir muy lejos del lugar del que procedemos. Un auténtico himno a la amistad y el amor, a la libertad y la memoria viva, con un tono poético. Una víctima de las tradiciones de su país natal que descubre la libertad a través de la ventana del restaurante desde la que saca sus platos para que otras la disfruten. Los sabores, los aromas y el amor se combinan en esta historia contemporánea de vidas que se susurran, de mujeres que aprenden a sentir entre murmullos y a hacer magia, pero no a disfrutarla.</p><p><strong>La mujer de la libreta roja</strong><strong>Antoine LaurainTraducción de Palmira Feixas Guillamet Salamandra2016 </strong></p><p>Una historia de segundas oportunidades, de azar o de destino que protagoniza un banquero reconvertido a regente de una pequeña librería parisina que un día encuentra un bolso de mujer abandonado sobre un cubo de basura y decide devolverlo a su dueña. Pero no hay billetero ni móvil que identifiquen a su dueña, tan sólo una libreta roja llena de anotaciones, pensamientos y recuerdos. La curiosidad le sumerge en su lectura y, como un si de un rompecabezas se tratara, empieza a reconstruir la vida de esa mujer,  amparado por la excusa de hallar alguna pista que le permita localizarla. El diario también es una llave a la intimidad de la enigmática desconocida, lo que ejerce sobre este hombre una irresistible fascinación. Paralelamente, la mujer que ha sufrido un atraco investiga quién puede haber hallado su bolso. De esta manera, los papeles se intercambian. Una historia sencilla que es, además, un canto de amor al auténtico espíritu parisino: el de sus rincones, sus cafés de barrio, sus viejos edificios de patios soleados y sus gentes variopintas. </p><p><strong>SPQR. Una historia de la antigua Roma</strong><strong>Mary BeardTraducción de Silvia FurióCrítica2016</strong></p><p><strong>Mary Beard,</strong> galardonada este  año con el <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/05/25/la_catedratica_cambridge_mary_beard_galardonada_con_princesa_asturias_ciencias_sociales_2016_50219_1012.html" target="_blank">premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales</a>, es una las investigadoras que más han acercado el mundo romano a la sociedad contemporánea a través de libros como su última publicación <em>SPQR</em> (acrónimo de Senātus Populusque Rōmānus), una historia global del Imperio Romano, rigurosa pero muy entretenida. Para conseguir esto, Beard maneja multitud de fuentes directas, desde las cartas de <strong>Cicerón</strong> hasta <strong>Suetonio</strong>, pero también las pintadas electorales de Pompeya o una serie de inscripciones escatológicas en Ostia a través de las que muestra el sentido humor en la antigua Roma. <em>SPQR </em>pone de manifiesto cómo muchas tradiciones de aquel imperio siguen vigentes. Entenderlas, cree la experta británica en antigüedad clásica, nos ayuda a conocer mejor nuestro mundo, ya que mantiene que los romanos fueron los primeros que crearon un mundo globalizado.</p><p>La británica no sólo explora cómo Roma pasó de ser un pueblo insignificante en el centro de Italia a un poder que llegó a controlar el territorio que abarca de España a Siria; sino que también se detiene en qué concepto tenían los romanos de sí mismos y sus logros, y por qué siguen siendo importantes para nosotros. La relevancia actual de la antigua Roma se debe a muchas razones, pero, sobre todo, a que los debates romanos nos han proporcionado un modelo y un lenguaje que siguen definiendo nuestra manera de entender el mundo y reflexionar sobre nosotros mismos. Mary Beard viajará a Oviedo, para recibir el galardón, el próximo mes de octubre. Durante esta estancia ha confirmado ya su visita a nuestra librería, Cervantes, donde departirá con los lectores acerca de este libro.</p><p><strong>La España vacía</strong><strong>Sergio del MolinoTurner2016</strong></p><p>Un ensayo sobre las raíces del desequilibrio entre el campo y la ciudad y sobre cómo afectan a la España de hoy. <strong>Sergio del Molino</strong> realiza un exhaustivo análisis sobre el éxodo rural y desmonta ciertos mitos urbanitas sobre la gente que vive en los pueblos. En solo 20 años, entre 1950 y 1970, el campo español se vació. Las consecuencias de este éxodo marcan el carácter de la España de hoy. Hay dos Españas: una urbana y europea; y otra, interior y despoblada. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía. Este es el punto de partida de este interesante ensayo, que ahonda en la familia, en nuestras raíces y en nuestra forma de vivir. Un desequilibrio que hace tanto daño a la ciudad como al campo.</p><p>Los españoles tradicionalmente hemos sentido desprecio por nuestras zonas interiores, las consideramos un secarral y un erial. El paisaje español se descubre con la Generación del 98. Hasta entonces, hay un enorme complejo de inferioridad y envidia por el paisaje verde francés. Nos sentimos un poco desnudos y miserables por no tener ese país tan húmedo y verde. Y, de hecho, algunos proyectos de<strong> Joaquín Costa</strong> intentaron convertir desiertos en vergeles, crear unas redes de canales para irrigar el desierto y convertirlo en algo fértil. Apreciarlo hoy todavía sigue siendo minoritario y raro. Del Molino viaja por distintos pueblos de España y descubre que vive muy poca gente y que los censos no son acertados. Allí, hay que gente que vive por elección. Pero también hay mucha otra que está atrapada y manifiesta un gran resentimiento hacia el Estado. Llevan allí toda la vida y se sienten abandonados, absolutamente desatendidos.</p><p>[Lee <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/04/18/el_territorio_del_mito_48155_1026.html" target="_blank">aquí </a>el artículo publicado en infoLibre sobre esta publicación]</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Cervantes en la calle Dr. Casal, número 9, en Oviedo, Asturias.</em></p><p><a href="http://www.cervantes.com/" target="_blank">librería Cervantes</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Cervantes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Del amor a Roma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La abuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/abuela_1_1129949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e8427b5-bcf9-49a9-8efa-c842da8b26ce_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="La abuela"></p><p><em>(Comienza Santiago Roncagliolo)</em><strong>Santiago Roncagliolo</strong></p><p>Hay muertos que se niegan a morirse, como si justo antes de llegar al cielo -o al infierno, o a donde vayan los muertos- les diese por remolonear en el camino, por entender mal las señales de tráfico, y finalmente, después de horas perdidos entre carreteras, por tomar el camino de regreso. A la gente indisciplinada no se le debería confiar nada, y menos algo tan serio como su deceso, pero ya sabemos que Dios le da pan al que no tiene dientes, y por eso mismo, también jubila al que no sabe ni dónde cobrar la pensión.</p><p>Mi abuela fue uno de esos muertos irresponsables. Aunque nadie lo habría dicho. El día que la enterramos se veía muy formal, vestida con su traje de terciopelo negro, con el pelo tan blanco que parecía teñido de plata, y maquillada con el mismo cuidado que ponía para las bodas y bautizos de la alta sociedad que tanto le gustaban. Había escogido ella misma un cementerio carísimo, para no pasarse la eternidad rodeada de muertos de hambre y gente sin apellidos. Con tantos cuidados y precauciones por su parte, sus deudos y parientes pensamos que lo tenía todo controlado. </p><p>Y sin embargo, al entierro solo asistimos los cuatro miembros de la familia. Al parecer la abuela, tan amiga de ágapes y cócteles de sociedad, había organizado su última despedida sin pompa ni circunstancia, como un evento más de nuestra rutina doméstica, un desayuno o una merienda. Ni siquiera se habían presentado sus mucamas ni su abogado. Y eso que, como sabía incluso yo a mis 11 años, la gente que más apreciaba a la abuela era la que cobraba regularmente de ella sin tener que aguantar su prepotencia y su mal humor. Sus familiares también vivíamos de su dinero, es verdad, pero los rigores de su compañía, su sarcasmo y su desprecio, convertían nuestra manutención en el mediocre salario por un trabajo duro.</p><p>De vuelta en casa, nuevas señales fueron revelando que la abuela, en realidad, no tenía pensado marcharse. Había organizado ese funeral porque un cuerpo muerto se estropea, y su vanidad le impedía andar maloliente por la casa. Pero no iba a privarse de seguir recibiendo en casa. No perdería su lugar como la <em>socialité</em> más cotizada de la ciudad. Se había pasado la vida labrándose una posición, y no sacrificaría todo eso por un detalle tan vulgar como estar pudriéndose en un cajón a dos metros bajo tierra.</p><p>Comencé a comprenderlo esa misma tarde, al pasar frente a la habitación del abuelo. A fuerza de aguantar a su mujer durante seis décadas, el abuelo llevaba un buen tiempo viviendo tras una neblina mental, incapaz de recordar nuestros nombres o de saber dónde vivía. Aún así, esa tarde mostró una gran seguridad al salir a mi encuentro y gritarme:</p><p>-¡Dile a tu abuela que si quiere hablar conmigo tendrá que venir a buscarme!</p><p>-Abuelo, la abuela está muerta. La enterramos esta mañana.</p><p>-¡Díselo de todos modos!</p><p>Y se encerró dando un portazo.</p><p>Seguí mi camino hacia la cocina, en busca de una magdalena, y al pasar junto al salón, escuche a mis padres hablando:</p><p>-Del patrimonio, no quedan más que deudas -decía mi padre-. Lo siento, cariño, pero tu herencia es un gran agujero fiscal.</p><p>-Si es que mi madre lo hace todo para molestar -respondía mi madre-. Hasta morirse.</p><p>Entendí que la abuela había empleado un truco maestro: al morirse, se ahorraba la pestilencia y transfería sus deudas, pero mantenía su brillo social y su pasatiempo favorito, que era torturar al abuelo. Y todo con un costo mínimo.</p><p>Admiré su inteligencia, pero también sentí miedo. Mucho miedo. Porque si alguien en nuestra casa tenía razones para querer a la abuela muerta -muerta de verdad, digo, muerta del todo, sin dudas ni murmuraciones- ese era precisamente yo.</p><p><em>(Continuará Juan José Millás)</em><strong>Juan José Millás</strong></p><p><em>*Santiago Roncagliolo es escritor y periodista. Su último libro publicado es 'La noche de los alfileres' (Alfaguara).</em><strong>Santiago Roncagliolo</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-noche-de-los-alfileres/ES0144648" target="_blank">'La noche de los alfileres' </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Santiago Roncagliolo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La abuela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-poetas-espanol-siglo-xx-1886-1960_1_1129947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f7b28e34-6d3a-4e37-8469-65ab20c40a46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960)"></p><p><strong>Poesía soy yo. </strong></p><p><strong>Poetas en español del siglo XX (1886-1960)</strong><strong>Raquel Lanseros y Ana Merino (eds.)VisorMadrid2016</strong></p><p>Construir una antología que pretenda ampliar y compensar los límites del canon literario establecido es una labor que en contadas oportunidades se reconoce como debería. En la mayoría de casos, se hace más hincapié en señalar las ausencias que padecen este tipo de trabajos, que en las presencias que incluyen y que proporcionan a quien se adentra en sus páginas, ignoradas perspectivas con las que enriquecer su horizonte literario.</p><p>En <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/poesia-soy-yo.html" target="_blank"><em>Poesía soy yo</em></a>, <strong>Raquel Lanseros</strong> y <strong>Ana Merino</strong> proponen 82 autoras hispanoamericanas nacidas desde finales del siglo XIX hasta el año 1960, para ofrecer un repertorio heterogéneo de estilos y tendencias desde las distintas culturas hispanohablantes. De esta forma, además del amplio arco temporal de 74 años que abarca la antología, Lanseros y Merino, también poetas, consiguen triunfar sobre las fronteras nacionales que recogen, difuminándolas a favor de un distinto mapa literario. Elaboran para las autoras seleccionadas un espacio nuevo, una geografía propia donde sus poemas pueden dialogar del mismo modo que en la realidad de su momento histórico. No es desconocida la relación amistosa que compartió la chilena<strong> Gabriela Mistral </strong>con la española <strong>Carmen Conde </strong>y este volumen vuelve a unirlas en el papel como ellas mismas lo hicieron en la vida. Este conjunto de voces, de miradas y de trayectorias vitales diversas que comulgan en un mismo lugar permiten al lector no solo descubrir sus poéticas, sino indagar sobre el mundo y el individuo desde nuevas perspectivas.</p><p>Esta selección consciente de poetas devuelve a la actualidad voces en su mayoría relegadas a un segundo plano durante años como <strong>Delmira Agustini</strong>, <strong>Juana de Ibarbourou</strong>, <strong>Lucía Sánchez Saornil</strong>, <strong>Concha Méndez</strong>, <strong>Josefina de la Torre</strong>, <strong>Julia de Burgos</strong>, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/02/10/rosa_chacel_una_gran_escritora_busca_lectores_44613_1026.html" target="_blank">Rosa Chacel</a>, <strong>Gioconda Belli</strong>, <strong>Ernestina de Champourcin</strong>, <strong>Josefina Plá</strong>, <strong>Concha Lagos</strong>, <strong>Susana March</strong>, <strong>Rosario Castellanos</strong> o <strong>Eunice Odio</strong>. También a otras prácticamente desconocidas en nuestro país: <strong>Claudia Lars</strong>, <strong>Yolanda Bedregal</strong>, <strong>Idea Vilariño</strong>, <strong>Amanda Berenguer</strong>, <strong>Blanca Varela</strong>, <strong>Ángela Valle</strong>, <strong>Fina García Marruz</strong>, <strong>Alaíde Foppa</strong>, <strong>Lydia Dávila</strong>,<strong> Nancy Morejón</strong>, <strong>Julieta Dobles</strong>, <strong>Elsa Cross </strong>o <strong>Marisa Di Giorgio</strong>. Muchas de ellas siguen elaborando una sólida obra, como son los casos de<strong> María Victoria Atencia</strong>, <strong>Angelina Gatell</strong>, <strong>Ida Vitale</strong>, <strong>Claribel Alegría</strong>, <strong>Dionisia García</strong>, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/05/08/la_rae_elige_clara_janes_para_ocupar_silla_la_institucion_32400_1026.html" target="_blank">Clara Janés</a>, <strong>Renée Ferrer</strong>, <strong>Juana Castro</strong>, <strong>Verónica Zondek</strong>, <strong>Pureza Canelo</strong>, <strong>Ana Rossetti</strong>, <strong>Isla Correyero</strong>,<strong> Ana Istarú</strong> o <strong>Blanca Andreu</strong>. Pero esta antología no trata de precisar solo un número determinado de autoras con el fin de presentar una lista, como sabemos en estos casos, siempre subjetiva e incompleta. Lo que sus antólogas pretenden es dar a conocer a una serie de poetas, cuyo compromiso con su obra y con la literatura fue y es indiscutible.</p><p>“Aún no hace mucho tiempo, / cuando el mundo era vidrio del color de la dicha, no un puñado de arena, / te mirabas en alguien igual que en un espejo que te embellecía.”, clama otra de las poetas antologizada, la argentina<strong> Olga Orozco</strong>. Efectivamente, todos los poemas incluidos, llenos de una fuerza y una curiosidad inagotables, otorgan al lector, como decíamos, la oportunidad de contemplarse desde paradigmas literarios singulares que de otra forma sería muy difícil que coincidieran en un mismo lugar. Temas universales como la acogida de la muerte, la constatación del amor y la sexualidad o el paso inevitable del tiempo, coinciden en sus versos. También, la incansable lucha que llevaron a cabo para configurarse un espacio como mujeres en el ámbito de lo público: “Yo soy como la loba. Ando sola y me río / Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío / Donde quiera que sea, que yo tengo una mano / que sabe trabajar y un cerebro que es sano”, escribiría al respecto<strong> Alfonsina Storni</strong>. Asimismo, la denuncia social conforma espíritus tan enérgicos como el de <strong>Ángela Figuera Aymerich</strong> y sus poemas, publicados en torno a los años cincuenta del pasado siglo, pueden aplicarse al mundo que vivimos hoy: “No quiero / que la tierra se parta en porciones, / que en el mar se establezcan dominios, / que en el aire se agiten banderas, / que en los trajes se pongan señales”. </p><p>Este grito incansable entronca con su búsqueda humana, que lleva a muchas de ellas hasta la divinidad: “Señor, la que hiciste a tu imagen está sola. / Ha perdido el rumbo y su boca que ha comido de tu cuerpo / su boca que ha bebido de tu sangre está muda”. Si en estas palabras de la poeta dominicana<strong> Soledad Álvarez</strong>, Dios se vuelve pregunta y respuesta insatisfecha, otras autoras como la española <strong>Juana Castro</strong> vuelven sus ojos hacia el reconocimiento de su genealogía femenina: “Pero el cuerpo esta savia / venida de mi madre de mi abuela / me explota aquí en las sienes / en el sol y en la sangre”.</p><p>En definitiva, nos encontramos ante una antología clave para la preservación de algunas de las voces más significativas del ámbito hispanoamericano del último siglo, que consigue aunar no solo las singularidades de unas autoras que lograron y logran abrirse camino en el ámbito de lo literario, sino que ensambla en una misma entidad geografía, tiempo y espacio vital a través de sus obras.<em> Poesía soy yo</em>, se erige como herramienta de recuperación fundamental para estimular nuevas lecturas y líneas de estudio de su poesía, a favor de un panorama más completo y enriquecedor del mapa canónico de la literatura.</p><p><em>*Fran Garcerá es investigador en formación del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Su última publicación es la edición e introducción del libro Pez en la tierra de la poeta Margarita Ferreras (Torremozas, 2016).</em></p><p><strong>Fran Garcerá </strong><a href="http://www.torremozas.com/Pez-en-la-tierra" target="_blank"><strong>Pez en la tierra de la poeta Margarita Ferreras</strong></a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fran Garcerá]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“El corazón perplejo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corazon-perplejo_1_1129945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2880a9b5-97ac-48a7-a4ac-38351cddc2c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“El corazón perplejo”"></p><p><strong>"El corazón perplejo"</strong></p><p>Desventurado corazón perplejo,</p><p>inconsecuente corazón, </p><p>no dudes.</p><p>No tiembles nunca más por lo que sabes,</p><p>no temas nunca más por lo que has visto.</p><p>Calamitoso corazón, </p><p>alienta. </p><p>Aprende en este ahora </p><p>el pálpito que vuelve con lo eterno, </p><p>para latir conforme en valentía.</p><p>Los números del mundo están cifrados</p><p>en la clave de un sol tan rutilante</p><p>que te ciega los ojos si calculas. </p><p>Ciégate en esperanza, </p><p>errátil corazón,</p><p>suma los números.</p><p>Un orden en su imán te está esperando.</p><p>Desde el final del tiempo se levanta</p><p>un ácido perfume de hojas muertas.</p><p>Respíralo y respira su secreto.</p><p>Abre de par en par tu incertidumbre.</p><p>No permitas </p><p>que encuentre domicilio la tibieza,</p><p>ni que este inescrutable amor oscuro</p><p>cometa el gran pecado de estar triste.</p><p>Acógete a ti mismo en tus entrañas</p><p>con tu abrazo más fuerte,</p><p>tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,</p><p>gobierna tu ocasión de madurez. </p><p>Insiste una vez más,</p><p>aspira en estas rosas</p><p>su pútrido fermento enamorado.</p><p>En este desvarío de tu voz</p><p>se desnuda el enigma, transparece</p><p>la recompensa intacta de estar siendo.</p><p>Aquí estamos tú y yo,</p><p>altivo corazón, </p><p>en desbandada.</p><p>A fuerza de caer, desvanecidos.</p><p>Y a fuerza de cantar, </p><p>enajenados.</p><p><em>*Carlos Marzal es poeta y autor de 'El corazón perplejo' (Tusquets, 2015).</em><strong>Carlos Marzal </strong><a href="http://www.planetadelibros.com.ar/el-corazon-perplejo-libro-131229.html" target="_blank"> 'El corazón perplejo'</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Marzal]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“El corazón perplejo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura caníbal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/literatura-canibal_1_1129943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Si afirmo en este artículo que el autor de<em> Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-senales-de-humo/212620" target="_blank">Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I</a>(Tusquets, 2016) es un intelectual, corro el riesgo de que mi amigo <strong>Rafael Reig</strong> se enfade conmigo. No importa que en sus palabras se note la presencia bien consolidada de historiadores, filólogos y filósofos, desde <strong>Petrarca</strong> a <strong>Foucault</strong>. La palabra intelectual no está bien vista en el mundo de esta literatura caníbal.</p><p>Por eso voy a empezar diciendo que el autor de <em>Señales de humo</em> es un lector apasionado. En el principio de todo está el lector, una figura que tiene después la posibilidad de desdoblarse en otras figuras como las de alumno, profesor, crítico literario o escritor. Pero el mundo de los libros queda hueco si bajo las creaciones, los temarios, las aulas y los folios en blanco no late la energía de un lector.</p><p>Así que, en el fondo, <em>Señales de humo</em> es un homenaje conflictivo a la literatura, o mejor, un homenaje a la literatura que no niega sus conflictos, a la literatura que se entiende a sí misma como espacio de conflictos. La historia de <strong>Martín Belinchón</strong>, que vive viajes en el tiempo y convierte sus delirios en un medio de transporte a lo largo de la historia de la literatura, supone la novela del lector o de la experiencia de la lectura. Para que se produzca el hecho literario es imprescindible que los libros se habiten, se vivan como cosa propia. Y eso es lo que hace Martín con las jarchas, el<em> Libro de Buen Amor</em>, <em>La Celestina</em> o el <em>Quijote</em>.</p><p><strong>Quevedo</strong> vivió en permanente conversación con los difuntos. Nosotros, como lectores, también: “La lectura se convierte así en una experiencia, un acto que modifica a quien lee y en igual medida modifica lo escrito, como en el caso de la imitatio. Los libros nos cambian y nuestra lectura cambia los libros, por más que en este triste siglo pocos consigan prolongar esta relación apasionada con los libros más allá de la primera juventud, cuando, como hacían mis estudiantes de Manoteras, uno lee como si le fuera la vida en ello”. Esta es la razón que sostiene la mirada personal que Rafael Reig ejerce en su manual para caníbales.</p><p>El lector Martín Belinchón es a la vez el estudiante que escucha a <strong>Fernando Lázaro Carreter </strong>o a <strong>Francisco Rico</strong>, el profesor que da clase en un instituto de Manoteras y la voz narrativa de <em>Señales de humo</em>. Estas señales nos conducen a vivir por dentro el amor y el vino de los juglares, los justificados cuernos de<strong> Lázaro de Tormes</strong> o la vitalidad accidentada y emocionante de <strong>Lope de Vega</strong>. Habitar las vidas de otros, además de un ámbito de conocimiento exterior, no deja de ser un modo de indagar en nosotros mismos. De ahí el significado dialéctico de las relaciones entre el autor y el lector. Martín cita a <strong>Flaubert</strong>: “Cada notario lleva consigo las ruinas de un poeta”. Y acto seguido nos recuerda el sentido último de la lectura como ejercicio de conocimiento personal: “¿Quién no transporta dentro de sí mismo las ruinas de otro hombre? El que se encuentra en secreto con su amante, el que le niega el préstamo a un amigo, el que traiciona a quien le ayudó, el que no es capaz de renunciar a ver el partido por la tele para escuchar a su hijo; todos vamos cargados con los tristes restos de otro derribado por nuestra mano: el marido ejemplar, el amigo fiel, el compañero leal, el padre cariñoso. Todos tuvimos sueños y seguimos viviendo, cargados con los trozos, los añicos, las virutas, los pecios del que se fue a pique, hundido dentro de nosotros, en el fondo del abismo”.</p><p>Leer supone habitar libros, heredar experiencias, devorar historias y reconocer al otro que va junto a nosotros. Las opiniones de Martín Belinchón están justificadas porque son parte de sus derechos de lector, pero pueden ser muy discutibles para otros lectores. Dibujada una guerra entre poetas juglares y poetas italianizantes, entre el pueblo y la élite, Petrarca y <strong>Garcilaso</strong> son tratados con una crueldad maniática. Petrarca no es más que un poeta que oculta dentro de sí las ruinas de un notario y Garcilaso es su interesado heredero. Está fuera de lugar que nos pongamos a discutir con Martín Belinchón sobre el concepto de subjetividad que se formó en el humanismo para compararlo ideológicamente con el sentido de la servidumbre medieval, con la razón ilustrada o con el narcisismo consumista del individuo neoliberal. Podemos hasta consentirle que transforme el vasallaje feudal del Cid en una historia de amor. Cada letraherido tiene sus manías y Martín Belinchón puede utilizar las obsesiones que quiera al dibujar las trincheras entre el pueblo y el poder. Cada lector reescribe la historia de la literatura.  Belinchón traza puentes conmovedores para caminar desde<strong> Villon</strong> y Lope de Vega a <strong>César Vallejo</strong>.</p><p>Más que discutir estos detalles con Martín, prefiero pedirle permiso a Rafael Reig para encasquetarle el calificativo de intelectual. En una sociedad tan mediática como ésta en la que vivimos, conviene a veces dar la cara por algunas palabras desacreditadas. Cuando la zafiedad de la telebasura consigue que la gente opine con los instintos bajos, participando de corrientes de opinión mediáticas y sin ser ni siquiera dueña de sus propias palabras, quizás esté bien ponerse en la piel de la persona que dice lo que piensa después de pensar mucho en lo que va a decir. Ya sé que tiene sus riesgos, porque la palabra intelectual se ha convertido con frecuencia en la manera de definir a los cortesanos que se limitan a repetir con desfachatez en tertulias y periódicos aquello que conviene santificar. Pero, en cualquier caso, todo tiene sus riesgos. El propio Martín Belinchón tiene que aclarar algunas cosas al defender la forma en la que entiende la literatura del pueblo: “La cultura pop, que no es lo mismo que popular, sino lo contrario, dirigida al pueblo y fabricada por los poderosos, se ha vuelto en cambio ligera, refrescante y seductora”. Es cierto, el populismo actual está manipulado por las cadenas de televisión y se ha convertido en una de las formas de control más útiles para el poder. Su tarea principal es borrar la experiencia de la explotación.</p><p>Pues si Martín Belinchón tiene que rescatar de la actualidad populista el concepto de lo popular, yo me arriesgo a rescatar de la ceremonia académica la palabra intelectual para calificar a personas como Rafael Reig, autores capaces de escribir para caníbales después de haber leído a <strong>Rodrigo Cota</strong>, <strong>Carlos Marx</strong>, <strong>Rolland Barthes </strong>o <strong>Martín González de Cellorigo</strong>. Merece la pena dejarse acompañar por una conciencia crítica. Frente al populismo y la pedantería, las disidencias de <em>Señales de humo</em> están llenas de humor, sabiduría, capacidad narrativa e inteligencia. Rafael Reig es un intelectual. </p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus). </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
      <media:title><![CDATA[La literatura caníbal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 28]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Reig: “Es más divertido leer al Arcipreste de Hita que el Marca”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rafael-reig-divertido-leer-arcipreste-hita-marca_1_1129941.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9f3d510e-4c7c-4839-a2bb-88cfe282db7b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rafael Reig: “Es más divertido leer al Arcipreste de Hita que el Marca”"></p><p>Como lector y admirador confeso del <a href="http://www.elcultural.com/revista/letras/Manual-de-literatura-para-canibales/17554" target="_blank"><em>Manual de literatura para caníbales</em></a> que apareció en 2006, me diste una alegría cuando me propusiste una precuela que abarcara desde la Edad Media hasta el Siglo de Oro. La sorpresa es que has escrito un relato más apasionado y contagioso que el anterior, y a la vez con muchísima sabiduría. </p><p><strong>PREGUNTA: </strong>¿Qué le dirías a un lector medio que cree que las obras clásicas no le hablan a él, o que son mera arqueología? </p><p><strong>RESPUESTA: </strong>Que se está perdiendo algo. Un clásico es un libro que habla al que le lo lee, en cualquier época, un libro del que tenemos que apropiarnos y leerlo como si estuviera dirigido a nosotros. La gente se preocupa mucho por comer algo sano, reducir el consumo de alimentos demasiado procesados o tener una dieta equilibrada, pero luego lee cualquier cosa. Leer sólo las novedades es como alimentarse sólo de chuches y bollería industrial. Así te salen michelines en la inteligencia, un flotador de grasa alrededor del alma, obesidad mórbida en tu forma de razonar. Para mantenerse sano hay que incluir elementos de toda la pirámide lectora en tu dieta: el solomillo de los clásicos, la fruta fresca de la poesía antigua, las legumbres de los griegos y latinos, y alguna vez las golosinas de las novedades. </p><p><strong>P: </strong>Los viajes en el tiempo en el delirio quijotesco del protagonista, encerrado en el sanatorio, ¿son para entender la novedad de lo que supusieron algunas obras, o para demostrar que el <em>Poema de Mío Cid</em>, <strong>Villon</strong> o <em>La Celestina </em>son nuestros contemporáneos?</p><p><strong>R: </strong>Para ambas cosas. Por un lado no debemos perpetrar “romanos con reloj de pulsera”. Hay quien lee una cosa medieval y acaba preocupado por la escasa sensibilidad ecológica del <strong>Cid Campeador</strong>. Menuda idiotez. Leer a <strong>Chaucer</strong> convencido de que es igual que nosotros es de mentecatos: la literatura está precisamente para esa gran aventura que es situarse en el punto de vista de otro, incluso de una cultura que es otra. Nada hay más emocionante que ver el mundo desde los ojos de alguien que creía que la tierra era plana y que existía el demonio, por ejemplo. Los lectores más simples son las personas más simples: incapaces de aceptar que los demás piensan de otra manera. Creen que en el fondo todos piensan y quieren lo mismo que ellos, aunque digan lo contrario por conveniencia o para discutir. Por fortuna, la vida real es mucho más complicada y leer nos ayuda a ver al otro desde su propio punto de vista. Un libro es una ventana que da a otro mundo, a una época distinta, a un ser humano diferente. Por otra parte, esa ventana también nos refleja, porque la posibilidad de ver desde otros ojos, nos ayuda a comprendernos, a vernos desde fuera. Los clásicos nos devuelven la mirada y nos empujan así a saber quiénes somos. </p><p><strong>P: </strong>La novela homenajea ente otros al <strong>Lazarillo</strong> en un divertidísimo capítulo. A tu juicio, ¿qué tiene esa historia, de un escaso centenar de páginas, para considerarla la primera novela moderna?</p><p><strong>R: </strong>Resuelve el problema que está en el origen de la novela moderna: cómo contar una vida humana. No la de un santo o un héroe, sino la de cualquiera de nosotros. De eso tratan las novelas y es Lázaro quien nos enseña cómo contarnos a nosotros mismos quiénes somos. Lázaro escoge un punto, el caso, que se convierte en el vértice de una pirámide. ¿Por qué Lazaro hace lo que hace, es decir, consiente que su mujer se acueste con el arcipreste, mira para otro lado y pone la mano? Porque toda su vida, esa pirámide que se va ampliando hacia el pasado, conduce a esa situación, la hace inevitable: es lo que la sociedad de su época le ha enseñado. Ha estado con un hidalgo y sabe qué es el honor en realidad, ha estado con un vendedor de bulas y sabe qué es la fe, etc. En cada uno de nuestros actos, en cada caso desde el que nos vemos, está implicada toda nuestra vida y el conjunto de la sociedad, ésa es la genialidad absoluta del invento de <strong>Lázaro de Tormes</strong>. Nos enseña a conocernos, a contarnos, a pasarnos a limpio. </p><p><strong>P:</strong> Toda narración necesita un antagonista, o un conflicto contra él. Aquí lo serían los clérigos, los petrarquistas, los culteranos… Pero <strong>Petrarca </strong>¿no fue también un adelantado a su tiempo, un modelo de éxito que dejó honda huella?</p><p><strong>R: </strong>Tan honda que murió de éxito. Fue imitado durante tres siglos y al final, antes de leer a Petrarca, todo el mundo había leído a sus imitadores, con lo que perdía todo interés, ya olía a naftalina. De Petrarca hay que rescatar su manera de leer, con pasión y libertad; su búsqueda de una forma de escribir desatada, sin ataduras de género, que en sus cartas se convierte en algo tan sugerente y variado como lo serán luego los ensayos de <strong>Montaigne</strong>; también, a pesar de toda su pedantería, su fe en una cultura orientada hacia la vida, porque Petrarca leía a los clásicos para aprender a vivir con más intensidad su presente. No hay arqueología en él, sino conciencia de que los clásicos tienen algo que decirnos. El ejemplo más resplandeciente es cuando encuentra las cartas privadas de <strong>Cicerón </strong>y, en el acto, se pone a contestarle, como si no le separaran de él siglos, como si fuera su amigo y pudieran comentar el mundo juntos. A mí me gustaría leer así, sin tanto respeto, pero con más pasión. </p><p><strong>P: </strong>A diferencia de él, <a href="http://www.infolibre.es/tags/temas/los_diablos_azules_numero_13.html" target="_blank">Cervantes</a> parece un aspirante a todo, pero sin el reconocimiento anhelado, ¿tal vez por el éxito arrollador de <strong>Lope</strong>, por culpa de la maldita vida literaria? ¿Qué lectura moderna se extrae de ello?<strong> </strong></p><p><strong>R:</strong> Cervantes fue un arribista, un tipo obsesionado por tener éxito, un ambicioso que siempre se consideraba maltratado. Probó todo lo que se puso a su alcance, lo que estaba de moda en cada momento: novela pastoril, relatos picarescos, comedias, novela bizantina, etc. Estaba pendiente de las academias, de los suplementos literarios, de los críticos, de las tendencias, de los premios; escribía mirando de reojo al mundo literario. No era ajeno ni al rencor ni a la envidia. Un día, viejo y cansado, dio un portazo y cerró de golpe esa salida al mundo de las letras, del que debía de estar hasta la coronilla. Y abrió la ventana, esa ventana que da a la vida, y se puso a escribir sin pensar en el éxito ni en las ventas ni en los críticos ni en el prestigio. Entonces fue cuando de verdad escribió algo invulnerable y duradero. Esa es la lección. Y sin embargo el <em>Quijote </em>fue leído como una charlotada, una lectura fácil y para reírse. Y Cervantes murió convencido de que sería su siguiente novela la que por fin daría la campanada. Esa es la lección amarga: hasta el final se comportó como un acreedor, como alguien a quien se le debía algo. </p><p><strong>P: </strong>El final de la novela, ese conmovedor huerto deshecho de Lope de Vega, ¿no es también una reconciliación con Cervantes? Para los que lo hayan olvidado, ¿por qué hay que reivindicar las <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rimas_humanas_y_divinas_del_licenciado_Tom%C3%A9_de_Burguillos" target="_blank"><em>Rimas de Tomé Buguillos</em></a>?</p><p><strong>R: </strong>Lope se convirtió en ese viudo conmovedor, ese tipo que lleva toda la vida peleando con su mujer y, cuando ella se muere, se da cuenta de que la quería mucho más de lo que pensaba.  Tras años de peleas con Cervantes, cuando éste murió, Lope empezó a comprender el valor del<em> Quijote</em>, hasta el punto de que se propuso escribir el equivalente al <em>Quijote</em> en poesía: eso son las <em>Rimas de Tomé Burguillos</em>. Tras siglos de literatura amanerada y escrita para intelectuales, Cervantes y Lope quieren devolver la literatura a la vida, a la gente corriente, a lo que sucede en la calle.<em> El Quijote</em> y las <em>Rimas de Burguillos </em>son el mismo esfuerzo para que la literatura vuelva a decir algo de verdad, en lugar de parecerse cada día más a la filatelia o la numismática, a un entretenimiento para los pocos que entienden de monedas y sellos.</p><p><strong>P: </strong></p><p>Desde las jarchas, como brote lírico puro, hasta los muchos poemas clásicos y modernos (de <strong>Eliot</strong>, <strong>Vallejo</strong>, <strong>Baudelaire</strong>, <strong>Claudio Rodríguez</strong>…) que se enhebran en el relato, estas <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-senales-de-humo/212620" target="_blank"><em>Señales de humo </em></a>son también una antología poética universal. ¿Qué hace un narrador como tú con tanta sabiduría poética? </p><p><strong>R: </strong>La poesía forma parte de la pirámide lectora de la que hablábamos antes. Hay que leer poesía cada día, como hay que tomar una pieza de fruta. A ser posible de alguna fruta desmontable, imagino. Si no tomas fruta, te dará escorbuto. Si no lees poesía, te dará pena de ti mismo. Cuando era niño, aprender de memoria poesías en el colegio era lo habitual, como lo era hacer redacciones, y yo agradezco mucho esa educación. Entonces si tú preguntabas en una fiesta dónde estaba una chica, no era raro que alguien dijera: “Por ahí andará, del salón en el ángulo oscuro”, y otro añadiera: “Esperando la mano de nieve, que debe de ser la de Carlos”. Hacíamos bromas con<strong> Bécquer</strong> como ahora los chavales las hacen con anuncios de la tele. La pérdida es penosa, en mi opinión. </p><p>Yo leo en <em>The Guardian</em> la sección <a href="https://www.theguardian.com/books/series/poemoftheweek" target="_blank">El poema de la semana</a> y no entiendo por qué aquí nunca se hace algo parecido. Cada día es valioso y, si reservas un rato cada día para leer un poema, le das más valor al día, te respetas a ti mismo y recibes a cambio felicidad. Cuando tenía un blog, comentaba cada pocos días un poema o un cuadro y esas entradas sobre <strong>Larkin</strong>, <strong>Ferrater</strong>, <strong>Rembrandt</strong> o <strong>Bacon</strong> multiplicaban el número de visitantes. Sin duda porque lo intentaba hacer siempre con la misma sencillez y pasión, con el mismo cariño con el que le regalaba de joven a un amigo un libro de <strong>César Vallejo</strong> y le decía: “Tú no puedes perderte esto”. Sobra pedantería y falta pasión, que es lo que de verdad contagia las ganas de leer. Por desgracia, cuando lees en la prensa algo sobre cultura, sueles echar algo de menos: la sensación de que el que escribe eso haya recibido algún placer al leer, ver una exposición o escuchar un cuarteto. </p><p><strong>P:</strong> El lector podrá polemizar, además, con cuestiones explosivas que la novela plantea: <em>La invención del amor</em> ¿fue el origen del individualismo y la sociedad mercantilizada o fue al revés? ¿Existe la lucha de clases en la literatura además de entre los escritores? ¿Da la literatura lo mejor de sí sólo cuando tiene en cuenta la cultura popular?</p><p><strong>R: </strong>Siempre he dicho que hay que escribir para decir algo con lo que se pueda no estar de acuerdo. Si escribes para decir algo con lo que no haya más remedio que estar de acuerdo, estás escribiendo sandeces: la lluvia moja, los puñetazos duelen, en invierno hace frío. No sólo eso: es un ademán totalitario, porque anula al interlocutor, ya que no tiene opción. En ese sentido mi novela es “de tesis”, se puede o no estar de acuerdo, pero intenta dialogar con el lector, opinar sobre asuntos discutibles y suscitar otras opiniones. Y sí, creo que el culto al yo es decisivo para crear esta sociedad, frente a la que hay que oponerse, no con otro yo, sino con una primera persona del plural. Son las compañías de móviles y los bancos los que hablan sin parar de la individualidad, de ser uno mismo y esas pamplinas. A mí me parece crucial ser los otros, ser los demás, salir de uno mismo. Sólo eso nos dará una vida más intensa. </p><p>En cuanto a la cultura popular es un asunto sobre el que urge reflexionar, por complejo que sea. O pensamos seriamente en ello o nos rendimos y nos resignamos a que la cultura popular sea el fútbol, la música pop y las películas de Hollywood. A mí me parece espantosa esa sumisa resignación, no creo que podamos condenar a la mayor parte de la humanidad a semejante castigo, a no tener otro entretenimiento que esas bobadas. De eso trata mi libro también: es una insurrección, hay que rebelarse y darse cuenta de que leer al <strong>Arcipreste de Hita</strong> es más divertido que leer el Marca. </p><p><strong>P: </strong>Para acabar, ¿cómo era el<strong> Rafael Reig </strong>que leyó por primera vez los muchos libros y textos que se citan aquí y el que ahora ha armado la novela con todo lo extraído, reelaborado y desarrollado en el libro? ¿Qué ha ganado y qué ha perdido? </p><p><strong>R: </strong>He aprendido tanto que ya no sé vivir sin entusiasmo. Estos años de lecturas y comentarios con amigos me han enseñado a rechazar todo aquello que no pueda hacer con pasión. Con los amigos, al leer, al escribir, tomando copas o jugando al ajedrez, siempre intento estar en lo que hago por completo. Así que procuro no tener pasatiempos tibios y tenues, sino sólo los más intensos: llevar la contraria a los amigos, leer, escribir, coquetear con las señoras, beber, jugar al ajedrez, dibujar, pasear por el monte. Ya no hago cosas porque me gustaría que me gustaran; si algo no me entusiasma, para qué perder el tiempo.  No vale la pena. </p><p>Es una gran pérdida conformarse los placeres tan rudimentarios que nos ofrece el mercado; la novela o la película de moda, ver deportes por la tele, charlar sobre lo mismo que dicen los tertulianos, tomar el sol en la playa, escuchar canciones de moda. Al menos yo todo eso no lo puedo hacer con entusiasmo. He ganado también, confío, un poco de humildad. Ahora pienso que la única definición de cultura es lo que saben los demás. A mí al menos me sucede que siempre pienso que son los demás los cultos, porque saben cosas que de las que no tengo ni idea. Intento ser sencillo y más intenso, para contar mejor lo poco que sé y aprender también eso que los demás saben, la inmensa cultura que me falta.  </p><p><em>*Juan Cerezo es editor de Tusquets. </em><strong>Juan Cerezo </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Cerezo]]></author>
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