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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 31]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-31/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 31]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Trayecto en noche cerrada’, de Daniel Bernabé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trayecto-noche-cerrada-daniel-bernabe_1_1130795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/533bede7-a33f-4ab7-bb3d-a2443e75ebee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Trayecto en noche cerrada’, de Daniel Bernabé"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p><strong>Trayecto en noche cerrada</strong></p><p><strong>Daniel BernabéLupercalia La Romana (Alicante)2014</strong></p><p>En esta ocasión, después de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/27/farandula_marta_sanz_50310_1821.html" target="_blank">varias colaboraciones</a> con Los diablos azules, vamos a recuperar uno de los encuentros que mantuvimos el año pasado en nuestro club de lectura, cuando leímos y comentamos con su autor <em>Trayecto en noche cerrada</em>, de <strong>Daniel Bernabé</strong>. Escritor y articulista madrileño, Bernabé es una de esas personas que encuentran difusos los límites entre cultura (literatura, cine, música...), vida cotidiana, factores sociales y compromiso político. Diplomado en Trabajo Social, cuenta con una dilatada experiencia como librero y pelea cada día por desarrollar su oficio de escritor en un entorno que a menudo resulta hostil para las nuevas voces. En este encuentro, uno de los más concurridos y emotivos que hemos tenido, pudimos charlar con un autor novel y comparar sus experiencias con las de autores, editores y traductores de amplia trayectoria que nos han acompañado a lo largo de estos años.</p><p>Los 21 relatos que dan forma a este trayecto nos trasladan a situaciones cotidianas, a temas centrales de la literatura tratados desde el compromiso con quienes sufren —o sufrimos— una crisis como la actual, que no se limita al plano económico y se ve reflejada con un lenguaje crudo, directo, cabreado. Bernabé nos presenta el Madrid que habitamos, que podemos reconocer en sus descripciones impregnadas de las emociones que experimentan sus personajes, y lo hace desde la necesidad de reflejar aspectos que a menudo son obviados u omitidos en las obras literarias contemporáneas. Es precisamente este testimonio que realiza el autor, desde lo personal, lo que me llevó a proponer su lectura.</p><p>A lo largo de estos relatos encontramos numerosas referencias a obras literarias y musicales. En "La lección" el autor hace girar el relato en torno a<em> Mala hierba,</em> de <strong>Pío Baroja</strong>, en una edición antigua que pasa a manos del narrador protagonista de otro de los relatos: "Los últimos días del invierno". En este último se transforma en ficción una sonora acción de protesta que recuerda a la que protagonizó el cuerpo de bomberos de Madrid en la Bolsa, en 2010, durante una huelga de funcionarios públicos. La literatura está muy presente también en "De siete a siete", donde el autor nos recuerda obras como <em>El guardián entre el centeno,</em> de <strong>J.D. Salinger;</strong><em>El halcón maltés,</em> de <strong>Dashiell Hammett</strong>, y<em> Alta fidelidad o 31 canciones</em> de Nick Hornby; o en "Solipsismo", donde la protagonista lee <em>Carta a D.,</em> de <strong>André Gorz</strong> (cuyo verdadero nombre era Gérard Horst), en su intento de recuperar aquello que ha perdido o se ha roto en su relación de pareja. Las referencias musicales van desde <em>World shut your mouth</em>, el primer álbum en solitario de <strong>Julian Cope</strong> hasta <em>Pet sounds</em> de The Beach Boys, pasando por el cantautor estadounidense <strong>Gene Clark</strong> (uno de los fundadores de The Byrds).</p><p>Durante la tertulia, comentamos con Daniel las dificultades con que se encuentra el escritor para desarrollar su oficio en un mundo en el que alcanzar a un público extenso es casi imposible si no es de la mano o con el apadrinamiento de alguna de las grandes editoriales que copan el mercado del libro. Hablamos también del importante papel de la literatura a la hora de reflejar la realidad de los diferentes estratos de la sociedad, en especial de la clase trabajadora, de sus problemas y placeres cotidianos y de la necesidad de dejar constancia de las condiciones sociales y políticas en las que se encuentra el escritor occidental que no pertenece a una clase acomodada.</p><p>Tratamos algunos de los temas universales de la literatura: el amor y la dificultad de describirlo, la importancia de la amistad y el trabajo como contexto. Hablamos de la ausencia de descripciones de la vida cotidiana en buena parte de la literatura actual más comercial, que se da también en numerosos clásicos que han sentado las bases de parte de la producción literaria contemporánea. Nos preguntamos cómo podemos llegar a conocer a los personajes que se nos presentan si no sabemos qué comen, cómo se desplazan o de qué forma les afecta el contexto social en el que se desarrollan. Y hablamos, inevitablemente, de la crisis actual y de cómo esta es negada —omitida, ignorada— por una parte de la literatura, precisamente aquella que alcanza un mayor número de ventas en nuestras librerías.</p><p>A lo largo de la conversación, Daniel hizo referencia a numerosas obras y autores que toma como referentes. Habló de las acertadas descripciones de la realidad que podemos encontrar en obras de ficción como <em>Alta fidelidad,</em> de<strong> Nick Hornby,</strong> y en <em>De qué hablamos cuando hablamos de amor,</em> de <strong>Raymond Carver</strong>, del impacto que generan en el lector relatos como "El tren" y "Parece una tontería" —compilados en <em>Catedral</em>, también de Carver<strong>—</strong>, de la literatura de<strong> Richard Ford</strong> y su novela <em>Canadá</em>... pero también de las aportaciones de autores españoles contemporáneos como <strong>Kiko Amat</strong> y <strong>Miqui Otero</strong>.</p><p><em>*Si quieres más información sobre el club de lectura puedes escribirles a clublector29@gmail.com.</em><strong>clublector29@gmail.com</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Club de lectura Casa del libro]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Colectivo y singular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/colectivo-singular_1_1133555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong> losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>____________________</p><p>La realidad pide muchas veces lo que necesita. Y el club de lectura de la asociación cultural Mucho Cuento, coordinado junto con la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, surgió como consecuencia de una necesidad.</p><p>El tejido de bibliotecas municipales extendido por toda la ciudad, con clubes de lectura en cada una de ellas, abarcando temáticas que podían interesar a los lectores potenciales, ya era muy interesante. Pero Mucho Cuento notó la ausencia de un espacio dedicado al cuento literario, relato corto y microrrelato. Y en marzo del 2014 se puso en marcha algo singular. El primer club de lectura con estas características en la provincia de Córdoba.</p><p>Singular como es la experiencia que se tiene al leer un libro en solitario, reflexionar sobre una propuesta del autor, y llegar a conclusiones a partir de ello. Además los clubes de lectura nos permiten un después. Llegar una tarde a una sala con otras miradas subjetivas, con nuestro libro como soporte, y compartir momentos y opiniones, esperando la respuesta en la reflexión ajena. Lo singular muta a experiencia colectiva, y entonces algo acontece.</p><p>Un libro de cuentos o micros tiene puntos de contacto con este razonamiento. Un relato leído de forma individual provoca una reacción sutil, que desencadena muchas veces una búsqueda de algo más, y eso nos lleva al colectivo del libro, para comparar, para encontrar otro estímulo, para entender. Y hay libros que nos van completando una imagen a medida que leemos sus cuentos, y que lo aprendemos casi por capítulos. Otros, que nos regalan perlas individuales, pero con un tono de fondo, que nos deja ver una idea común.</p><p>Como ejemplo, un micro que muestra este proceso de forma magistral. Habla de un individuo y su relación con el entorno, en este caso el camino es de lo personal a la social. Se titula“ El drama del desencantado” y es de Gabriel García Márquez: </p><p>En nuestro club se han leído autores contemporáneos y cercanos, como <strong>Eloy Tizón</strong> y <strong>Ángel Olgoso</strong>, adelantados a su tiempo, como <strong>Max Aub</strong>, del otro lado del océano en el caso de<strong> Julio Cortázar</strong>, clásicos como <strong>Alejo Carpentier</strong>, y mujeres pioneras como<strong> Carmen Martín Gaite</strong>. También autores cordobeses, que en la mayoría de los casos acudieron al club el día que su libro se ponía sobre la mesa, y esa experiencia cambió al lector, y también al autor. Nos han visitado <strong>Francisco A.Carrasco</strong>, <strong>Pedro Tébar</strong> y <strong>José Castillejo</strong>, entre otros.</p><p>Esta circunstancia repetida todos los meses, de octubre a junio, crea nuevas relaciones, opiniones y afectos que nutren a la asociación, y es algo transversal. Se mezcla con otros proyectos de Mucho Cuento, como los talleres de creación literaria, la presentación de autores y sus libros, los homenajes a los clásicos de este género. Allí  se encuentran alumnos de talleres, amigos lectores, amantes del cuento, en definitiva, un colectivo transgénero. Y esa es otra de las características del cuento: busca un lenguaje con las palabras justas, y se roza con la poesía en lo conciso, con la novela en el desarrollo de algo que pasa, con la música en la perfección del ritmo.</p><p>Quizás el secreto está en el camino, Mucho Cuento lleva desde el 2006 transitando esa vía: de lo singular a lo colectivo, teniendo siempre como meta la buena literatura.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cecilia Silveira y Rosa Galisteo (Mucho Cuento)]]></author>
      <media:title><![CDATA[Colectivo y singular]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Un verano kurdo’, de Zekine Turkeri]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/verano-kurdo-zekine-turkeri_1_1130787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/38e2a9fb-4e92-41d8-926a-1feda17de183_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Un verano kurdo’, de Zekine Turkeri"></p><p>Kurdistán está dividido entre cuatro diferentes estados. En esa dispersión, los kurdos de Turquía, Irán, Irak y Siria jamás han encontrado respaldo a sus reclamaciones. Por añadidura el crecimiento del ISIS en estos últimos países en los últimos años ha puesto en la diana a este pueblo. Para el Estado Islámico son enemigos prioritarios y lo han demostrado con una guerra destructora que pretende literalmente eliminarlos de la faz de la Tierra.</p><p>La periodista kurda <strong>Zekine Turkeri</strong> decidió pasar un verano en ambas zonas de su Kurdistán, el sirio y el iraquí, precisamente en el peor momento de la ofensiva del terror, cuando el ISIS atacaba más duramente a los rebeldes kurdos. En sus frentes conoció a muchos combatientes, especialmente mujeres, dispuestas a dejarse la vida para frenar a los milicianos del Estado Islámico. Este libro es la memoria viva de esas personas que decidieron dejar atrás todo por defender a su pueblo y, en su pelea por el feminismo, la igualdad y el laicismo, defender también nuestro estilo de vida.</p><p><em>Un verano kurdo</em> está repleto de personajes inolvidables. Para el que esto escribe entre ellos destaca <strong>Ararat</strong>, la francotiradora buena. Esta guerrillera, como otras muchas de estas luchadores kurdas, guarda apartada una bala por si es acorralada por los yihadistas. En verdad conserva dos: una para acabar con su vida, y otra para hacer el mismo favor a alguna compañera. </p><p>Zekine es una mujer que sueña en kurdo pero que raramente ha podido hablar en el idioma de sus padres. Ha escrito un relato tremendamente personal que describe, como decíamos, a unos cuantos personajes femeninos que viven en el más machista de los mundos, como la tiradora Ararat o como <strong>Deniz</strong>, que ha visto morir en la lucha a sus dos hermanas, o como esa mujer yezidí sin nombre que mientra lava sin apenas agua a su embarrado hijo no para de exclamar: "Ojalá mi madre me hubiese parido cordero, están mejor que nosotros".</p><p>Estas mujeres viven y mueren defendiendo su tierra, pero también una sociedad laica en la que la mujer pueda tener un papel protagonista. Precisamente su laicismo y su feminismo les ha granjeado el odio furibundo del ISIS, pero también la enemistad de los principales actores en el conflicto de Oriente Próximo. Sirva como aviso para el lector el hecho de que la palabra <em>morir </em>no es una hipérbole: varias de las protagonistas de estas narraciones cayeron en el frente en ese mismo verano.</p><p>Dice un proverbio nacional que los kurdos no tienen más amigos que las montañas. Este libro muestra la soledad de estos guerrilleros, pero también su entrega y coraje. Lo explica la misma Turkeri en el prólogo: "Debo advertir que un kurdo no elige, intenta vivir lo que le ha tocado. Así que, como pocas veces nos toca elegir, yo esta vez aproveché la ocasión para eliminar buena parte de la tristeza, y elegí más bien contar la parte que tenía una dosis de resistencia, en un sentido amplio. Preferí contar una realidad en la que, a pesar de todo, hay espacio para el humor y la alegría: parte fundamental de la resistencia del pueblo kurdo, de nuestra identidad. Reímos para sobrevivir". Estamos, pues, ante un libro que busca el optimismo, sea en el campo de refugiados de Mahmur cercado por el ISIS, en Qandil con las fuerzas del PKK o cerca del monte Sinyar con las partisanas del YPG.</p><p>En nuestras manos está la posibilidad de evitar que todos los sueños de las combativas mujeres retratadas en este libro no sean como hasta ahora sólo pesadillas. Y que ellas mismas puedan ser gérmenes de un nuevo Oriente Próximo y no sólo abono para esas montañas que tanto aman. Como una vez lo fue Madrid, Kurdistán es ahora el rompeolas de todas las naciones. </p><p>Un verano kurdo<em> </em><a href="https://www.traficantes.net/actividad/%C2%ABun-verano-kurdo-historias-de-resistencia-al-isis-la-ocupacion-y-al-exilio%C2%BB" target="_blank">se presenta el próximo sábado</a><em>, 24 de septiembre, a las 12.30, en la librería Traficantes de Sueños de Madrid (calle Duque de Alba, 13). </em></p><p> <em>*Óscar Menéndez es periodista. </em></p><p><strong>Óscar Menéndez </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Óscar Menéndez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Periodismo,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Cirlot, ser o no ser de un poeta único’, de Antonio Rivero Taravillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cirlot-no-poeta-unico-antonio-rivero-taravillo_1_1130782.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3c160eca-8879-4677-8132-6c33c4270f29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cirlot, ser o no ser de un poeta único’, de Antonio Rivero Taravillo"></p><p><strong>Cirlot, ser o no ser de un poeta único </strong></p><p><strong>Antonio Rivero TaravilloFundación José Manuel LaraSevilla2016</strong></p><p><strong>Juan  Eduardo Cirlot </strong>(1916-1973) fue un poeta raro entre los raros, durante mucho tiempo casi olvidado, ignorado en su época por no militar en ninguna de las corrientes dominantes de la poesía española de posguerra. Hombre complejo y contradictorio, de carácter poco expansivo, pero absolutamente convencido del valor de su poesía radical; de ideología neonazi, más fantástica y estética que real, pero a quien sus dioses germánicos habrían enviado a un campo de concentración si hubieran leído la literatura “degenerada” que escribía; fascinado por el simbolismo ocultista y la mitología nórdica, pero también por el arte de vanguardia, del que fue uno de sus más importantes críticos y divulgadores en la España de la segunda mitad del siglo XX; surrealista, pero fervorosamente católico (cuando se encontró en París con <strong>André Breton</strong>, gritó su fe tomando entre las manos la cruz que llevaba colgada al cuello).</p><p>Durante los años en los que Cirlot estuvo casi relegado en la cultura española a su papel (eso sí, respetadísimo) de crítico y ensayista de arte, siempre fue consciente de que él era esencialmente un poeta, de lírica secreta y arriesgada, cierto. Un francotirador que partía del surrealismo, a pesar de que su relación con los surrealistas españoles no estuvo exenta de conflictos. Muy ligado al grupo Dau al Set, aunque visto a veces con poca simpatía por el resto de sus integrantes. Admirador temprano del postismo y también rechazado por el grupo fundador, cosa que importó bien poco para la sorprendente correspondencia (por lo extraordinariamente sincera y alucinada) que mantendría a lo largo de los años con su amigo <strong>Carlos Edmundo de Ory </strong>y que <strong>Rivero Taravillo</strong> maneja con sabiduría en su estudio. Un raro, un iluminado. </p><p>Cirlot siempre se mantuvo firme en la búsqueda de una expresión lírica experimental y personalísima, sustentada por el juego de los símbolos, el combate entre estructura y azar, una concepción esotérica y cabalística del lenguaje y una estética muy emparentada al serialismo y a la música aleatoria, puede que originada por la seguridad en la idea de que nada es lo que parece, pues habita “debajo de cada cosa, su doble, debajo de cada sonido, su espectro”.</p><p>Es precisamente eso (la ambivalencia vital y estética) la marca Cirlot, desde sus inicios como poeta hasta el fin de sus días. El marido y padre ejemplar, por lo convencional, se enamoraba de los fantasmas cinematográficos de las actrices. El sacrificado trabajador en los sótanos de la librería y editorial Argos y más tarde (y más cómodamente) en la de <strong>Gustavo Gili</strong> fue también el autor de los muy célebres <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=autor&letra=C&id_libro=999" target="_blank"><em>Diccionario de los ismos</em></a> (del que <strong>Saura </strong>llegó a decir, no con poca razón, que muchos se los había inventado) y <em>Diccionario de símbolos</em>, entre más de una treintena de libros de arte, todos los artículos críticos que pudo colocar en revistas españolas e internacionales y colaboraciones de varia naturaleza con artistas plásticos. </p><p>Aquel coleccionista de espadas publicó medio centenar de libros de poemas hasta su muerte, en 1973. Una poesía que poco después reunió <strong>Leopoldo Azancot</strong> para Editora Nacional y más tarde, en 1981, antologó <strong>Clara Janés</strong> para la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra, comenzando con ello una lenta recuperación de su valor como poeta, solo comparable en riesgo y originalidad al de ese otro raro y amigo corresponsal Carlos Edmundo de Ory.</p><p>En definitiva, un ser/no ser de poeta y de hombre, como titula su biógrafo, <strong>Antonio Rivero Taravillo</strong>, esta documentadísima y estupendamente narrada memoria de vida y obra;  <a href="http://fundacionjmlara.es/libros/cirlot-ser-y-no-ser-de-un-poeta-unico/" target="_blank"><em>Cirlot, ser y no ser de un poeta único</em></a> (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2016), que mereció el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías en su última edición.</p><p>Además de la bibliografía de rigor, Rivero Taravillo maneja con gran conocimiento los repertorios de correspondencia y recoge múltiples testimonios escritos aquí y allá u obtenidos en entrevistas con familiares y amigos, que animan el estudio con la vivacidad del hecho encarnado en un personaje novelesco y a todas luces atrapado en el nexo entre dos mundos. Usa con sabiduría el anecdotario del poeta para contar al lector, por medio de la sugerencia y la evocación indirecta, ese extraño ser-no ser del “Guardián del Sur”, como alguna vez se despidió Cirlot por carta de André Breton. Este, a mi juicio, es uno de los no pocos aciertos de un libro concebido a la vez con método de erudito y pulso de narrador de historias, que explota en su momento justo esas serísimas salidas de tono que de vez en cuando se permitía Cirlot. Especialmente memorable me parece la recreación del momento cumbre de aquella discusión con<strong> Néstor Luján</strong> sucedida en la calle, a las puertas de la librería Argos, cuando el poeta, exasperado, zanjó el asunto de la manera más arcaicamente rotunda: retando a Luján a un duelo a espada en el “campo del honor”.</p><p>El uso de la vivacidad del acontecimiento sorprendente, trenzado con una escrupulosa labor de estudioso, da una idea de lo a gusto que se encuentra el biógrafo cuando se remanga para ocuparse del montaje narrativo de los materiales, en pos de ese ritmo de relato capaz de hacer sabrosa la lectura de un ensayo. Llega a emocionar, como despidiendo al hermano, en el último capítulo del libro, obviamente titulado “Final”, donde  se replantean casi a modo de sumario algunos de los temas fundamentales de las obsesiones literarias de Cirlot, muy particularmente las evocaciones de personajes cinematográficos femeninos. De ellas nacieron los libros más importantes del poeta: el ciclo de <em>Bromwyn</em>, construido a partir de la obsesión que Cirlot sintió por la actriz <strong>Rosemary Forsyth</strong> tras contemplarla en la pantalla en 1966, interpretando el papel de Bronwyn en el filme de <strong>Franklin M. Shaffner </strong><em>El señor de la guerra</em>; o el largo poema <em>Inger, Permutaciones</em>, publicado a costa del autor en 1971 y escrito en memoria de la actriz estadounidense de origen sueco <strong>Inger Stensland</strong> (<strong>Inger</strong> <strong>Stevens</strong> de nombre artístico).</p><p>Poeta visionario al modo de <strong>Blake</strong>, lo llama Rivero Taravillo, y mucho de eso hay en su obra, que quizá naciera de la fascinación del pequeñoburgués por la locura del santo o del héroe trágico. Para muestra un botón: en un texto crítico sobre la pintura del artista alemán <strong>Mathias Goeritz</strong>, que había estado ligado al régimen nazi, aunque parece que no con mucho entusiasmo, y andaba pasando una temporada en España (o “refugiado”, como prefiere Goeritz) declara Cirlot: “Adoro a los judíos y admiro todavía más al más demente de todos los alemanes, <strong>Adolfo Hitler</strong>”. Un escándalo, incluso para la España del año 1949, cuando Franco intentaba caerles simpático a los aliados que habían ganado la guerra. El texto no fue publicado, por supuesto.</p><p>El mundo medieval, con sus gestas heroicas y su misticismo absoluto, lo cautivaba  y, en cierto modo, buscaba sus desvaídos reflejos en la cultura del siglo XX, aunque sin la ingenuidad de un creyente, acaso con la desesperación de un deseante. Eso y lo que su biógrafo llama la entrega al eterno femenino, tanto en su vida de vigilia, materializado en el amor tranquilo hacia su mujer, <strong>Gloria Valenzuela</strong> (de rostro prerrafaelista, apunta Rivero Taravillo), como en su vida onírica, a través de su transmutación mística en los rostros proyectados en la pantalla de cine que llegarán a convertirse en símbolos metaestéticos en la escritura de Bromwyn e Inger. </p><p>Tampoco es ajena a ese misticismo tan particular la tradición esotérica. Cirlot la estudió a fondo y mantuvo una estrecha relación de amistad con un mago y alquimista barcelonés <strong>José Gifreda</strong>, que contaba con una (por entonces) peligrosa, amén de rara, biblioteca de ocultismo. “El más allá sea sobrenatural o natural, trascendente o inmanente, me apasiona, me llama, me preocupa más que el amor y más que el dinero, más que la gloria y el trabajo intelectual”, le diría en 1955 a Breton en una carta de la que Rivero Taravillo extrae sus más jugosos párrafos. </p><p>Por estos años y en estas idas metido escribió el poeta, a lo que sabemos, su única novela, <em>Nebiros</em>, que narra en monólogo interior las andanzas del diablo por los prostíbulos portuarios y los barrios bajos de una ciudad que bien pudiera ser Barcelona. Intentó publicarla en 1950, pero fue prohibida por la censura franquista, como correspondía, y solo este mismo año 2016 ha salido por fin las librerías <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=autor&letra=C&id_libro=3035" target="_blank">gracias a la editorial  Siruela</a>.</p><p><em>Cirlot, ser y no ser de un poeta único</em> completa el recorrido biográfico con una selección de fotografías y un resumen bibliográfico. Bien armado de datos, pero escrito con intención de hacer disfrutar al lector, no es este un trabajo estrictamente académico. Busca, en cambio, ese justo medio, tan anglosajón, con el que satisfacer al estudioso e interesar al mismo tiempo a quienes lo único que desean es que no les interrumpa el gozo de la lectura una nota a pie de página. Una estupenda forma de celebrar este año el centenario del nacimiento de Juan Eduardo Cirlot, ese raro Guardián del Sur.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura. </em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Cirlot, ser o no ser de un poeta único’, de Antonio Rivero Taravillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El show de Gary’, de Nell Leyshon]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/show-gary-nell-leyshon_1_1130776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c4700031-60b8-4d4c-9eb1-0a3b56317aab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El show de Gary’, de Nell Leyshon"></p><p><strong>El show de Gary</strong></p><p><strong>Nell LeyshonSexto PisoMadrid2016</strong></p><p>En el año 2014 el Gremio de Libreros de Madrid concedió el premio al mejor libro del año a <strong>Nell Leyshon</strong> por <a href="http://sextopiso.mx/tienda/del-color-de-la-leche/" target="_blank"><em>Del color de la leche</em></a>, una novela magistral editada por Sexto Piso. Teniendo la suerte de pertenecer a ese jurado, mi amiga <strong>Miren </strong>de la <a href="http://mujeresycialibreria.blogspot.com.es/" target="_blank">librería Mujeres y Compañía</a> no dejaba de insistirnos en que aquel libro lo merecía. Y tenía mucha razón.</p><p>Nell Leyshon, dramaturga inglesa de gran renombre en su país (fue la primera mujer que escribió para el teatro Shakespeare's Globe de Londres, que llevaba 400 años sin dar cabida a la creatividad femenina) es también una excelente novelista. Su prosa, limpia y afilada como un bisturí en el centro del alma, describía en <em>Del color de la leche</em> la vida de una niña y su familia en una granja británica de casi mediados del siglo XIX. Mary, la protagonista, es una niña analfabeta que nos va contando su historia en primera persona, narrando cómo vive aprisionada en una vida terrible. Ella, con un carácter especial, aprenderá a leer y escribir con la ayuda del único libro a su alcance: la Biblia. Mary escribe su relato con frases cortas, y bajo esa aparente sencillez en su voz narrativa, Leyshon acerca la compleja trama al lector (dejando que este interprete con libertad en muchas ocasiones), con maestría narrativa, definiendo con elegancia a un personaje que emociona y encandila por cómo afronta la dureza de su día a día. Mary tiene quince años, una deformidad física en su pierna y no tiene potestad alguna sobre su vida, atrapada en la cruel sociedad de su tiempo, con un padre tirano que la trata casi como a una esclava para su granja, y el vicario, para el que será obligada a trabajar y que le someterá a lamentables vejaciones.</p><p>Para Nell Leyshon, los personajes marginales son más atractivos y por eso son más habituales en su obra, y de eso trata <a href="http://sextopiso.mx/tienda/el-show-de-gary/" target="_blank"><em>El show de Gary</em></a>, su novela más reciente, también publicada en Sexto Piso (una de las mejores editoriales en la actualidad por la coherencia de su catálogo y los autores que nos descubre) y en la que cuenta a modo de memorias también, la vida de Gary, un buscavidas, un truhán, un ladronzuelo que nos cuenta su vida desde la infancia en las afueras de Londres en torno a la década de los ochenta. Gary comienza contándonos su último robo. Desde ahí, pasa a relatar cómo vive en la actualidad y en sucesivos <em>flashbacks </em>su vida desde su niñez. Gary, narrador omnisciente, crea un juego con el lector, le hace guiños, le marca el ritmo, le habla de tú a tú en algunos momentos de la novela para romper la tensión dramática de todo lo que ha acontecido en su vida. Gary es un niño de ojos azulísimos pero con mirada de adulto desde muy niño. De esos que sufren la violencia diaria de una especie de hogar con sabor a infierno. Vive con su hermana, su hermano y su madre alcohólica, que aprovecha cualquier momento del día para engancharse a la televisión y vivir una constante ensoñación, desatendiendo a sus hijos. Su padre es un ladrón de baja estofa que entra y sale de la cárcel constantemente, violento cuando bebe y, emocionalmente, un tipo lamentable.</p><p>En ese entorno caótico, Gary aprende a sobrevivir con una asombrosa inteligencia natural, con la vivacidad de la calle, del barrio, pero sin poder evitar bordear el mal camino. Una noche, su padre le despierta de madrugada y le dice que le acompañe a una fábrica en un polígono solitario. Esa será la primera y casi única lección de su padre en su vida: como entrar sigilosamente en un lugar y robar todo lo que puedan. Aún así, para Gary será un despertar interno, un placer irresistible, una manera de autoafirmar lo que será su juventud, una vida de pequeños hurtos, de relaciones con delincuentes, de beber alcohol en los pubs londinenses para gastarse todo lo que roba, de peleas con sus hermanos, todo en una época (bajo el thatcherismo en los ochenta) en la que vivir en el extrarradio casi te condenaba a la marginalidad.</p><p>Leyshon conoce perfectamente ese ambiente que describe en la voz de Gary, su manejo de los diálogos (como gran dramaturga) es subyugante y mantiene al lector atrapado en la trama y su resolución. Porque Gary , descarado, provocador, personaje magnético que te caza desde el principio,  un encantador de serpientes con ojos azules que bajará hasta el mismísimo infierno, caerá en el pozo de la heroína y prácticamente acabará con su vida. Amará a otra yonqui como él, pero ella se quedará embarazada y el libro dará un giro brutal. ¿Conseguirá Gary reinventarse y sobrevivirse? ¿Entenderá finalmente qué es lo importante de la vida? Así escribe Leyshon (Gary) en el momento cumbre de la novela: “Necesitábamos este descanso porque veníamos de terminar una parte oscura. Pero te voy a contar una verdad. No hay una sola vida en el mundo que no tenga zonas oscuras. La tuya las tiene. La mía las tiene. Pero no nos vamos a regodear en la oscuridad. Nosotros, tú y yo, tenemos un acuerdo. Y ya sabes que todo termina bien porque estoy aquí paseando por la arena, mi hijo está arriba, el agua me moja los pies y las gaviotas me graznan, desgañitándose a través de esos ávidos picos suyos”.</p><p>Esta es  sobre todo una historia de perdedores que tienen una oportunidad de redención, la historia de un canalla noble y herido que tiene una oportunidad de salvarse y tumbar a sus fantasmas. ¿Lo hará? No se lo pierdan, pasen y lean <em>El show de Gary</em>, una maravillosa novela sobre la capacidad del ser humano de transformarse e intentar vivir la felicidad. Un libro que emociona y divierte, otra gran novela de la maestra Nell Leyshon.</p><p><em>*Pablo Bonet es librero de guardia en la librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[815c0def-d403-408a-9af8-f6fb27c634e4]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El show de Gary’, de Nell Leyshon]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Los hombres del Norte’, de John Haywood]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hombres-norte-john-haywood_1_1130773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9e30c53-11bf-47ea-b5c9-ad709d67a088_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los hombres del Norte’, de John Haywood"></p><p><strong>Los hombres del Norte</strong></p><p><strong> John HaywoodArielBarcelona2016</strong></p><p>En las aventuras juveniles que devorábamos hace unos lustros había ciertos personajes totémicos: piratas de Mompracem o de las Antillas, forajidos de Sonora, exploradores del Zambeze, cruzados en San Juan de Acre, proscritos ahorcados en York, y por supuesto, vikingos abriendo camino hacia Terranova. Estaban en los comics, las novelas, las películas… La fascinación por estos personajes impulsa al lector, en edad más madura, hacia el interés por discernir la realidad de la ficción, la crudeza histórica de la pasión aventurera. <strong>John Haywood</strong> ha añadido una muesca más al mapa que indaga en la historia vikinga, una cultura oscurecida por la ausencia de fuentes, por los mitos y falsedades que el ardor nacionalista y romántico dejó. Ni los vikingos llevaron cascos con cuernos ni tenían más profesión que el pillaje. <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-hombres-del-norte/211158" target="_blank"><em>Los hombres del Norte</em></a>, editado por Ariel en traducción de <strong>Francisco García Lorenzana</strong>, es un análisis franco y llano, con cierto aire divulgativo, sobre la saga vikinga que comenzó para la historia a finales del siglo VIII de nuestro calendario y duró poco menos de cinco siglos.</p><p>La saga vikinga es el proceso de cristianización que convirtió a los territorios escandinavos, sujetos fuera de la historia en el 700, en reinos feudales totalmente integrados en la cultura europea hacia 1.200. Pero el camino fue largo, duro, sanguinario y apasionante. Haywood estructura el libro conforme a escenarios geográficos. Vikingos de los actuales estados de Dinamarca, Suecia y Noruega rodaron por todo el mundo conocido por los europeos medios de entonces, y algo más allá: rapiña en los reinos británicos, ocupación de las costas normandas, incursiones fluviales por las cuencas mediterráneas, fundación del reino ruso, colonización alrededor del círculo polar ártico, campañas bajo la égida de las cruzadas.</p><p>El libro recorre desde el oeste del Atlántico Norte hasta el Caspio. Cada uno de los pueblos vikingos, a los que vemos conformarse en reinos medievales siglo a siglo, con estirpes dinásticas entrelazadas, se embarcaban ya fuese bajo la capitanía de un <em>jarl</em>, de un incipiente conde o de un aventurero rey, para expandirse por las zonas que les eran favoritas para el saqueo y la colonización. Los daneses ocuparon parte de la Inglaterra actual, fundando el Danelaw y el reino de York, así como las costas normandas, donde su estirpe terminó por convertirse en germen de las dinastías europeas medievales. Atacaron Frisia, combatieron en el Báltico, tomaron París y Ruán, remontaron el Guadalquivir, atacaron las Baleares, Sicilia y creyeron conquistar Roma cuando tomaron Luni, en Liguria. Los noruegos colonizaron Islandia, fundaron los asentamientos de Groenlandia, lucharon entre Escocia e Irlanda, se perpetuaron en las Islas de Man, las Shetland y las Orcadas. Los suecos atravesaron todo el continente europeo a través de las cuencas fluviales rusas y sus descendientes fundaron el reino de los rus, la ciudad de Kiev, alcanzaron Constantinopla y comerciaron en Samarcanda y Bagdad.</p><p>Son muchas las epopeyas que protagonizan vikingos históricos en <em>Los hombres del Norte</em>: <strong>Erik el Rojo</strong><em>el Rojo</em>, <strong>Harald Hadrada</strong>, <strong>Canuto </strong><strong>el Grande</strong>, <strong>Svend </strong><strong>Barba partida</strong>, <strong>Harald </strong><strong>Diente azul</strong>, <strong>Magnus</strong><strong> el Bueno</strong>, <strong>Rollo</strong>, <strong>Harald </strong><strong>Piel gris</strong>, <strong>Olaf Tryggvason</strong>, <strong>Bjorn </strong><strong>Brazo de hierro</strong>, y <strong>Hastein</strong>, <strong>Ivar </strong><strong>Deshuesado</strong> y el legendario <strong>Ragnar Lodbrok</strong>, que la serie de televisión <em>Vikings</em>, producida por <strong>Michael Hirst</strong> ha puesto de moda. De todas las grandes aventuras, reseñamos en este artículo dos: las rutas comerciales varegas que atravesaron Rusia de norte a sur y la colonización de Groenlandia. Fueron empresas épicas que Haywood documenta con sencillez y narra con pasión. Los inquietos vikingos suecos, como se ha dicho, no solo se dedicaron al pillaje. Su intención también residía en la apertura de redes comerciales que cubrían en sus rápidos veleros y que dedicaban al intercambio de productos del Norte (ámbar, pieles, cuero, sogas de piel de foca) por codiciados dírhams, especias, sedas, espadas, vino de Crimea.</p><p>Las principales rutas de Europa Oriental fueron abiertas por el jaganato de los Rus, fundado por los suecos, donde gobernaron el famoso <strong>Rurik </strong>y sus hermanos a mediados del siglo IX. Estas rutas fluviales comenzaban en el Báltico, y atravesaban distintos ríos en dos rutas principales, una al oeste que utilizaba el Dvina Occidental hasta alcanzar el Dniéper, un largo y difícil viaje que podía incluir transporte de barcos y balsas a través de tierra, hasta el Mar negro. Desde allí se alcanzaba el Mar de Mármara por el Bósforo y la mítica Constantinopla. Era la ciudad deseada por los vikingos, cuyas murallas atacaron más de una vez y fueron derrotados. Pero los varegos, los vikingos suecos de Gotland, pudieron atravesar las puertas de Bizancio: desde el 988 se convirtió en costumbre que el emperador bizantino contase con una guardia compuesta por los feroces varegos, temidos guerreros, que progresaron en el control de la Corte durante al menos dos siglos. Sin embargo, había una ruta más delirante: de Staraja Ládoga, a poco más de 100 kilómetros del actual Leningrado, partía una ruta fluvial que recorría el río Vóljov hasta Nóvgorod y de ahí hasta el lago Ilmen y el río Lovat. Se porteaban los barcos hasta el nacimiento del Volga y tras más de tres mil kilómetros se alcanzaba el Mar Caspio, lo que posibilitaba comerciar con el califato abbasí, con capital en Bagdad.</p><p>La otra epopeya sucede a miles de kilómetros. Los noruegos habían colonizado Islandia, sobre todo su costa oeste, a partir de mediados del siglo IX y hacia el 930 la mayoría de la isla habitable había sido ocupada. Se gobernaba en mancomunidad, pero en constante relación con la corona noruega. Expulsado de la comunidad, Erik Thordvaldson, llamado <em>el Rojo</em>, arribó al sur de Groenlandia a finales del siglo X, con intención colonizadora. Fundó tres asentamientos costeros, y se estableció relación con las tribus paleoesquimales ubicadas al norte de la isla. La época climática bajo medieval o periodo cálido facilitó entre el siglo X y XIV una relación comercial de las colonias con Noruega e Islandia. Se supone que fue el hijo de Erik, <strong>Leif</strong>, quien alcanzó Vinlandia (Terranova). Estas colonias nórdicas en Groenlandia nunca alcanzaron un número de habitantes muy alto, quizá cinco mil personas, comerciantes de marfil de morsa, piel de foca, pero con una absoluta carencia de madera y hierro que les hacía depender de los reinos escandinavos. A mediados del siglo XIV las granjas y asentamientos coloniales comenzaron a desparecer. No se sabe si fue el enfriamiento climático o la presión de los pueblos inuit, el caso es que los últimos nórdicos desaparecieron lentamente. </p><p>Las últimas noticias sobre los colonos de Groenlandia se conocieron hacia 1418, cuando fueron saqueados por piratas que esclavizaron a gran parte de sus habitantes y llevaron a berbería. Ciertamente aquellos colonos, al contrario que las tribus inuits de Thule totalmente adaptadas al medio, persisitieron en sus modos de vida escandinavos, y cristianos, europeos. Cada invierno los glaciares avanzaban un poco más. Quizá los más jóvenes se enrolaron en los escasos barcos pesqueros que alcanzaban la costa y abandonaron sus viviendas. Los más viejos se quedaron en sus granjas, hasta que murieron. En 1492 el Papa <strong>Alejandro VI </strong>escribía sobre Groenlandia como una tierra perdida para la cristiandad. El mismo año en que <strong>Cristóbal Colón</strong> iniciaba sus viajes trasatlánticos que llevarían de nuevo a los europeos a Vinlandia. Otra historia, otra aventura.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Su último libro es </em><strong>Alfonso Salazar</strong><a href="https://grupodauro.com/tag/para-tan-largo-viaje/" target="_blank">Para tan largo viaje</a><em> (Dauro, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[“Escena con niños”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escena-ninos_1_1130769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/65cc2f7d-13c8-4d65-8b6c-e80199fc630c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Escena con niños”"></p><p>Ana Merino recita su poema "Escena con niños".</p><p><strong>Escena con niños</strong></p><p>Estalló la rabia, ese sentimiento primitivo</p><p>de espuma pegajosa y amarga.</p><p>La ira soberana entraba por la nariz</p><p>como un aire salado que saturaba los pulmones de los náufragos.</p><p>Estalló la rabia ciega tratando de abrirse paso en la oscuridad del mundo,</p><p>su desesperación era el epígrafe de los desplazados</p><p>que abarrotaban las lanchas llevando en sus brazos</p><p>a sus hijos asustados, rígidos, por los gritos y el frío del mar.</p><p>Esencia de vida arrebatada, instante compartido con un gesto</p><p>en todas las pantallas de un siglo que presume</p><p>de tener el poder de verlo todo al mismo tiempo.</p><p>Infinitas pantallas de plasma, superficies táctiles,</p><p>espejos de luz para asomarnos al abismo de los desesperados</p><p>y ser espectadores, mirones en un anfiteatro sin gradas</p><p>donde los gladiadores son ahora los niños esclavos de las guerras</p><p>que salen a luchar contra las olas.</p><p>Ilusión transparente que reparte sonrisas con las manos,</p><p>el poder de un tiempo cibernético donde los pulgares alzados</p><p>no entienden de clemencia ni saben descifrar el espanto</p><p>de los que escapan del infierno y se vuelven mortales</p><p>ahogados en la playa.</p><p>La muerte ya no era el esqueleto apoyado en su guadaña,</p><p>su imagen medieval dejaba paso a la iconografía</p><p>de los cuerpos vestidos de niñez sobre la arena.</p><p>Poema inédito. </p><p><em>*Ana Merino es poeta. Su último libro publicado es </em></p><p><strong>Ana Merino</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/los-buenos-propositos.html" target="_blank">Los buenos propósitos</a><em> (Visor, 2015). Ha editado, junto a Raquel Lanseros, la antología </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/07/22/poesia_soy_yo_52803_1821.html" target="_blank">Poesía soy yo</a><em> (Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Merino]]></author>
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      <title><![CDATA[Rosa Montero: “Siempre ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, el sexismo lo ha hecho clandestino”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rosa-montero-habido-mujeres-mayores-amantes-jovenes-sexismo-hecho-clandestino_1_1130766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e2a8b714-704b-47dd-98a2-6a8a440e6698_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosa Montero: “Siempre ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, el sexismo lo ha hecho clandestino”"></p><p>Uno de los momentos más emocionantes para un editor es leer un manuscrito en el que su autor está en total dominio de su oficio, disfrutando de cada instante de escritura. Esa sensación tuve cuando leí <em>La carne</em> de <strong>Rosa Montero</strong>. Una novela que, como su protagonista, no da tregua. Estamos ante una escritura muy personal, ácida y conmovedora a la vez, capaz de situarnos ante los grandes temas —el amor, la locura, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/09/08/a_vejez_gigolos_54429_1026.html" target="_blank">la vejez</a>— a través de las peripecias y los trances de una mujer tan de carne y hueso que olvidamos que está construida con palabras. Es, sin embargo, un libro atípico en la obra de su autora y quisiera empezar la entrevista por ahí.</p><p><strong>Pregunta.       ¿Cómo surgió esta novela? ¿Hubo alguna idea matriz, algún acicate o disparador de toda esta historia?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Hubo la conjunción de un deseo y de una anécdota. Yo no soy muy amante de la literatura autobiográfica y por lo general he escrito novelas sobre realidades en principio muy distantes a la mía: mis protagonistas son una cantante de boleros semianalfabeta, un taxista recién viudo, una sierva de la gleba que se traviste de guerrero en el siglo XII, una androide de combate del siglo XXII.... Sin embargo, llevaba siete u ocho años sintiendo crecer en mi interior el deseo de regresar narrativamente a un mundo cercano al mío, de escribir una novela que sucediera ahora, en Madrid, con personajes de mi edad, más o menos intelectuales y relacionados con el mundo artístico, porque tenía y tengo la convicción de que ya soy lo suficientemente madura en mi literatura como para poder hablar de mi mundo sin hablar de mí, es decir, sin que mi vida empequeñeciera la novela. Y en esas estaba, con ese remusguillo, cuando hará unos tres años un amigo, <strong>Berrocal</strong>, me contó lo que le había sucedido a una conocida suya, que había contratado a un <em>gigolo </em>para que la acompañara a una cena multitudinaria con el fin de darle celos a un examante. Y ahí saltó la chispa.</p><p><strong>P.       Si algo llama poderosamente la atención es la naturalidad y la valentía con la que tratas dos temas espinosos: el sexo de pago en la variante cliente mujer y la marcada diferencia de edad en una pareja cuando la persona mucho más joven es el hombre. ¿Cómo encaraste este doble desafío?</strong></p><p><strong>R</strong>. La verdad es que tú no escoges las novelas que haces, sino que ellas te escogen a ti, de alguna manera te las encuentras, y también te encuentras a los personajes. Quiero decir que yo no me propuse intelectualmente hablar del sexo de pago en la variante mujer ni de las mujeres mayores con chicos jóvenes, ambas cosas salieron con toda naturalidad. En cuanto a lo primero, mi personaje, Soledad, contrata al <em>gigolo </em>solo como acompañante, no desea acostarse con él, pero un suceso violento e inesperado lo desbarata todo y entonces empiezan una relación quizá peligrosa que desde luego ella en principio no quería. O sea, que digamos que lo del sexo nos lo trajeron las casualidades de la vida [ríe]. En cuanto a la diferencia de edad entre ellos, también es algo muy natural. Siempre  ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, recordemos a <strong>George Sand</strong>, o a la mismísima reina <strong>Victoria de Inglaterra</strong>, pese a su puritanismo; es algo muy habitual, repito, sólo que el sexismo dominante ha hecho que se tratara de una realidad clandestina, oculta. Hoy esa realidad empieza a emerger, pero aún sigue siendo objeto del machismo y la mayoría continúan ocultándolo, porque los amantes jóvenes temen que los tachen de oportunistas o de anormales, cosa que desde luego no sucede cuando el mayor es el hombre (salvo en casos de decrepitud evidente, y ni aun así). Pero bueno, lo que quiero decir es que para mí es algo muy normal que salió naturalmente dentro de la novela.</p><p><strong>P.       ¿Por qué crees que estos dos temas espinosos han sido tan poco tratados en la narrativa española?</strong></p><p><strong>R</strong>. Primero porque ha habido muchas menos mujeres escritoras que hombres hasta recientemente, y después porque las mismas mujeres también tenemos prejuicios. Recordemos que se nos educa en el machismo a todos, a hombres y a mujeres. O sea, respondiendo a tu pregunta: por una cuestión de sexismo. Aunque por fortuna la realidad se va normalizando. </p><p><strong>P.       El amor es uno de tus temas recurrentes o uno de tus motivos narrativos de cabecera, pero aquí le das una nueva vuelta de tuerca. Te atreves a ir mucho más allá y a plantear cuestiones incómodas o difíciles para cualquier lector. ¿Cómo consideras a esta novela en el conjunto de tu obra? ¿Qué lugar dirías que ocupa?</strong></p><p><strong>R</strong>. Tengo la sensación de que desde hace un par de libros estoy en mi plenitud literaria. No tengo ni idea de adónde he llegado, tal vez no muy lejos, pero es un lugar fértil para mí. <em>La ridícula idea de no volver a verte</em>, <em>El peso del corazón</em> y <em>La carne</em> los he escrito bailando con las palabras, con una fluidez y una libertad antes no alcanzadas. Y, en concreto, <em>La carne</em> ha estallado en mis dedos, mi corazón y mi cabeza como una supernova. Más que haber escrito la novela, tengo la sensación de haber sido escrita por ella (de hecho aparezco como personaje). Es un libro más grande que yo.</p><p><strong>P.       La pasión carnal es el núcleo central de la trama. Pero la mirada del narrador en tercera persona no es nada inocente. Repasa las dos caras de la tiranía del deseo, la tiranía del sexo: tanto lo que tiene de gozo y libertad, como lo que tiene de peligro. ¿Coincides en esto con el narrador de tu novela?</strong></p><p><strong>R</strong>. Totalmente. Dentro de la enorme libertad con la que he redactado<em> La carne</em> se inscribe ese narrador cínico, burlón, que increpa alguna vez al lector y aparece y desaparece rompiendo normas. Yo soy menos cínica que él y creo que el amor no desemboca siempre en el daño, pero no cabe duda de que el peligro existe, porque el amor-pasión es un invento y el deseo carnal es un abismo que nos puede conducir a la parte más oscura y más herida de nosotros.</p><p><strong>P.       Leo un pasaje: “A cierta edad, plantearse hacer el amor con alguien exigía una planificación y una intendencia tan rigurosas como la campaña de África del general Montgomery”. ¿Qué función cumplen el humor y la ironía en esta novela? Porque son dos ingredientes deliciosos que abundan en todo el libro y eso no es casual. ¿Por qué?</strong></p><p><strong>R</strong>. Me encanta el humor, creo que es una vía de conocimiento y de expresión de la realidad maravillosa porque nos libra de la estupidez de la propia importancia. Uso mucho el humor tanto en mi vida real como en mi narrativa, y en concreto en esta novela es esencial, porque <em>La carne</em> habla de cosas tremendas, de cosas duras y hasta trágicas, pero lo hace con el correctivo, con el consuelo del humor. En cuanto a la ironía, es que la vida es irónica, es decir, contradictorias y paradójica. La vida es un gran chiste, aunque sea a menudo un chiste negro. </p><p><strong>P.       ¿Qué hay de Rosa Montero en esta voz narrativa tan irónica como aguda? </strong></p><p><strong>R</strong>. Está mi visión del mundo, claro, solo que llevada hasta el extremo. Solemos usar las novelas para explorar nuestros extremos del ser.</p><p><strong>P.       Pero además de humor en esta historia también hay mucha rabia y miedo a envejecer. Rabia y miedo de la protagonista Soledad Alegre. ¿Narrar este miedo y esta impotencia también es fue una forma exorcizarlos? ¿Aquí hubo alguna forma de catarsis?</strong></p><p>R. Todos mis libros hablan del miedo a la muerte y al paso del tiempo. Mi narrativa es especialmente existencial. El horror a la vejez (como antesala de la muerte) está desde mi primera novela,<em> La crónica del desamor</em>, que publiqué con 28 años. Así que si escribir de estos temas es una catarsis, se ve que me ha servido de muy poco [ríe]. No creo en el efecto catártico de las novelas. Creo, eso sí, en el efecto estructurante. Sin novelas no podría vivir, son como un esqueleto exógeno que me permite sostenerme en pie. Si no hubiera estado echando palabras en el pozo del miedo a la muerte desde hace años, no sé cómo me las habría arreglado para soportar la existencia. Pero hay que estar alimentando constantemente esa hoguera. Es la guerra, más madera. </p><p><strong>P.       Sin revelar demasiado, el final de la novela es abierto, pero en cualquier caso está muy lejos de cualquier happy end al uso. Es más, se diría que deja un sabor agridulce. ¿Esto fue buscado adrede? ¿Por qué?</strong><em>happy end</em></p><p><strong>R</strong>. Yo creo que Soledad, mi protagonista, termina la novela en bastante mejor situación de la que estaba al comienzo. Hay un instante de redención y de liberación, y su futuro tiene bastante más luz que su pasado. Pero por supuesto que no es un final feliz de cuento de hadas, porque sería irreal. En la vida siempre hay incertidumbre, siempre hay inquietud.  No obstante, me parece que es un final consolador y esperanzador.</p><p><strong>P. La última es una pregunta obligada. ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué será lo próximo de Rosa Montero?</strong></p><p>R. Pues estoy desarrollando ya mi tercera novela de Bruna Husky, la detective androide de Madrid en el año  2109. Y hablando de finales, se me ha ocurrido uno para esta nueva novela de Bruna que me tiene entusiasmada. Estoy deseando escribir el libro para poder llegar a ese final. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pilar Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Rosa Montero: “Siempre ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, el sexismo lo ha hecho clandestino”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Sexismo,Sexualidad,Tercera edad,Machismo,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una decadencia carnívora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/decadencia-carnivora_1_1130716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/af8b25d6-dccc-480d-ab9e-acfaedcda11c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una decadencia carnívora"></p><p>A lo largo de su décimoquinta novela, <a href="http://www.rosamontero.es/" target="_blank">Rosa Montero</a> nunca se separa de la idea que vertebra todo el relato: la carne, en su acepción más prosaica. No cabría esperar otra cosa de un libro titulado así, pero lo interesante de esta historia es la forma que tiene la autora de posicionarse frente al cuerpo, desde dos puntos de vista contrapuestos: como un producto perecedero que nos encierra en su decadencia (la muerte) y como la materia prima de la pasión (la vida). Y en medio de esa dicotomía, se tambalea su protagonista, Soledad Alegre.</p><p>Los primero que vemos a hacer a Soledad en <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-carne/ES0148616" target="_blank"><em>La carne</em></a> (Alfaguara) es husmear en una web de contactos en busca del acompañante perfecto para una velada en la ópera. Así, aparece Adam: un <em>gigoló</em> de 32 años, ojos color miel y aspecto atlético. Después de sus circunstancias, el narrador la presenta a ella. Soledad aparece desnuda, probándose diferentes vestidos en su casa, sin que ninguno de los estilismos termine de convencerla del todo. Acaba de cumplir 60 años, su atractivo ha empezado a menguar desde no sabe bien cuándo y eso la aterra. </p><p>Pese a lo que pueda parecer, <em>La carne</em> no se trata de una historia erótica ni tampoco de una reflexión sobre la vejez. Hay un poco de ambas cosas, especialmente del paso del tiempo, un elemento constante en la literatura de Rosa Montero. Esa capacidad de generar una atmósfera de ahogo existencial es una de las habilidades de la escritora y periodista, que en obras como <a href="http://www.rosamontero.es/novela-la-hija-del-canibal.html" target="_blank">La hija del caníbal</a> (1997) ya había explorado la confusión mental de enfrentarse al paso de los años. Sin embargo, esta novela tiene más que ver con el cariño y la insatisfacción amorosa. Sobre lo que pasa cuando se intuye el final y la necesidad innata de sentir amor no ha sido satisfecha. </p><p>Montero buscaba crear un personaje extremo al que nunca nadie hubiese querido como ella esperaba. Así, la etapa que acaba de iniciar Soledad simboliza un punto de quiebre en este sentido: hasta la fecha, se había podido granjear numerosos amantes con los que enmascarar la falta de amor. Cabría preguntarse si, alguna vez, alguien quiso a Soledad de esa manera sin que ella se diese cuenta, ensimismada en su propia lástima, destinada, como su nombre, a estar sola. Y aterrada, precisamente, por el hecho de envejecer sin nadie a su lado. A veces, el personaje de Soledad, que le encanta regodearse en sus prejuicios y abusa de la queja, resulta un tanto desquiciante. </p><p>Mientras se desarrolla la trama, la protagonista tiene que poner en marcha una exposición sobre escritores malditos para la Biblioteca Nacional. De esta manera, entre la historia, digamos sentimental, de Soledad y Adam, Montero entreteje pequeñas referencias a personajes históricos, con vidas más o menos trágicas, con los que su protagonista se siente identificada. Es un guiño a una de las debilidades de Montero: las biografías o lo que ella prefiere llamar geografía íntima de las personas. Un género, además, que ha trabajado en numerosos de sus artículos periodísticos a lo largo de su carrera; y también en libros como <a href="http://elpais.com/diario/1995/12/12/cultura/818722806_850215.html" target="_blank">Historia de mujeres</a> (Alfaguara).</p><p>A través de estas anécdotas, que enriquecen notablemente la lectura, Soledad va desnudando su desasosiego frente al amor. En uno de esos pasajes, se pregunta: “Esa obsesión mortal ¿era de verdad amor? ¿Todos los amores eran obsesivos? ¿O quizá las obsesiones se disfrazaban con la apariencia del amor para parecer algo más bello que un simple desequilibrio mental?”. Para ella, el amor siempre termina en el daño. Quizás de sus malas experiencias haya surgido la Soledad que se nos presenta ahora y, por eso, el narrador inicia el relato describiendo su mundo para que el lector sea más indulgente con su carácter. </p><p>En esta etapa vital que afronta Soledad, a todas esas dudas sobre el destino trágico del amor, se suma la imagen de su cuerpo frente al espejo, a las puertas de la tercera edad, con el declive acechando. ¿Cambiará algo tras su experiencia con el <em>gigoló</em>? Puede y eso es lo que tira de la trama: el suspense. La novela se lee como un suspiro porque genera la necesidad de saber si, al final, habrá redención para Soledad. De lo que no hay duda es de que el personaje que ha creado Rosa Montero todavía tiene hambre: de amor, como siempre; y de sexo, mientras lo demás llega. </p><p><em>*Saila Marcos es periodista de </em><strong>Saila Marcos</strong>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una decadencia carnívora]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[La abuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/abuela_1_1130699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cd152431-f37c-4a83-b814-f28afbacd82e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La abuela"></p><p><em>(Comienza Santiago Roncagliolo)</em><strong>Santiago Roncagliolo</strong></p><p>Hay muertos que se niegan a morirse, como si justo antes de llegar al cielo —o al infierno, o a donde vayan los muertos— les diese por remolonear en el camino, por entender mal las señales de tráfico, y finalmente, después de horas perdidos entre carreteras, por tomar el camino de regreso. A la gente indisciplinada no se le debería confiar nada, y menos algo tan serio como su deceso, pero ya sabemos que Dios le da pan al que no tiene dientes, y por eso mismo, también jubila al que no sabe ni dónde cobrar la pensión.</p><p>Mi abuela fue uno de esos muertos irresponsables. Aunque nadie lo habría dicho. El día que la enterramos se veía muy formal, vestida con su traje de terciopelo negro, con el pelo tan blanco que parecía teñido de plata, y maquillada con el mismo cuidado que ponía para las bodas y bautizos de la alta sociedad que tanto le gustaban. Había escogido ella misma un cementerio carísimo, para no pasarse la eternidad rodeada de muertos de hambre y gente sin apellidos. Con tantos cuidados y precauciones por su parte, sus deudos y parientes pensamos que lo tenía todo controlado. </p><p>Y sin embargo, al entierro solo asistimos los cuatro miembros de la familia. Al parecer la abuela, tan amiga de ágapes y cócteles de sociedad, había organizado su última despedida sin pompa ni circunstancia, como un evento más de nuestra rutina doméstica, un desayuno o una merienda. Ni siquiera se habían presentado sus mucamas ni su abogado. Y eso que, como sabía incluso yo a mis 11 años, la gente que más apreciaba a la abuela era la que cobraba regularmente de ella sin tener que aguantar su prepotencia y su mal humor. Sus familiares también vivíamos de su dinero, es verdad, pero los rigores de su compañía, su sarcasmo y su desprecio, convertían nuestra manutención en el mediocre salario por un trabajo duro.</p><p>De vuelta en casa, nuevas señales fueron revelando que la abuela, en realidad, no tenía pensado marcharse. Había organizado ese funeral porque un cuerpo muerto se estropea, y su vanidad le impedía andar maloliente por la casa. Pero no iba a privarse de seguir recibiendo en casa. No perdería su lugar como la socialité más cotizada de la ciudad. Se había pasado la vida labrándose una posición, y no sacrificaría todo eso por un detalle tan vulgar como estar pudriéndose en un cajón a dos metros bajo tierra.</p><p>Comencé a comprenderlo esa misma tarde, al pasar frente a la habitación del abuelo. A fuerza de aguantar a su mujer durante seis décadas, el abuelo llevaba un buen tiempo viviendo tras una neblina mental, incapaz de recordar nuestros nombres o de saber dónde vivía. Aún así, esa tarde mostró una gran seguridad al salir a mi encuentro y gritarme:</p><p>—¡Dile a tu abuela que si quiere hablar conmigo tendrá que venir a buscarme!</p><p>—Abuelo, la abuela está muerta. La enterramos esta mañana.</p><p>—¡Díselo de todos modos!</p><p>Y se encerró dando un portazo.</p><p>Seguí mi camino hacia la cocina, en busca de una magdalena, y al pasar junto al salón, escuche a mis padres hablando:</p><p>—Del patrimonio, no quedan más que deudas —decía mi padre—. Lo siento, cariño, pero tu herencia es un gran agujero fiscal.</p><p>—Si es que mi madre lo hace todo para molestar —respondía mi madre—. Hasta morirse.</p><p>Entendí que la abuela había empleado un truco maestro: al morirse, se ahorraba la pestilencia y transfería sus deudas, pero mantenía su brillo social y su pasatiempo favorito, que era torturar al abuelo. Y todo con un costo mínimo.</p><p>Admiré su inteligencia, pero también sentí miedo. Mucho miedo. Porque si alguien en nuestra casa tenía razones para querer a la abuela muerta —muerta de verdad, digo, muerta del todo, sin dudas ni murmuraciones— ese era precisamente yo.</p><p><em>(Continúa Juan José Millás)</em><strong>Juan José Millás</strong></p><p>Enterramos a la abuela sin bragas. Vestida de arriba abajo, y de punta en blanco, como ha quedado dicho, pero con el sexo al descubierto. Yo me enteré por una discusión que mantuvieron el abuelo y mi madre siete u ocho días después del funeral. La voces, procedentes del salón, fueron subiendo de tono, de modo que abandoné sigilosamente mi dormitorio, avancé como una sombra por el pasillo, y ocupé el “lugar de la escucha” (así lo llamaría años después en mis sesiones de terapia analítica). Situado entre la cocina y el salón, el “lugar de la escucha” era un raro hueco arquitectónico utilizado en su día para guardar el cubo de fregar y otros objetos de limpieza. En un momento dado, mi abuelo dispuso que permaneciera vacío al descubrir —eso fue al menos lo que dijo— que allí reposaba el alma de la casa (el almario, lo llamaba él). Sobra decir que el padre de mamá era animista, lo que me llevó a creer que en cada objeto, por miserable que fuera, alentaba un espíritu. El espíritu de la cuchara, del tenedor, de la tostadora, incluso el espíritu de la taza del váter. Por qué llegó a la conclusión de que el alma de la casa se encontraba en aquel agujero, y no en cualquier otro sitio, constituye un misterio que se llevaría a la tumba. </p><p>Me oculté allí, decía, compartiendo el escaso espacio con el principio vital de la vivienda, y escuché decir al abuelo que había revisado el cajón de la ropa interior de su mujer y que no faltaba ninguna braga.</p><p>—¿Por qué se la ha enterrado sin bragas? —gritó.</p><p>—¡Porque fue una de sus últimas voluntades! —respondió mi madre fuera de sí.</p><p>El abuelo empleaba sus momentos de lucidez, cada vez más raros, en hacer un inventario de todo lo que había dentro de la casa. Lo veías allí, en las profundidades del sillón de orejas, medio deglutido por el mueble, con la mirada perdida dentro de sí, cuando se levantaba de repente urgido por la necesidad imperiosa de contar los interruptores de la vivienda para comprobar que no faltaba ninguno. La electricidad era una de sus obsesiones. Yo heredé su manía, la de inventariar continuamente las cosas para comprobar que al mundo no le falta nada. Por cierto, que en el fondo del “lugar de la escucha” había un interruptor en desuso que en su día alimentó una bombilla de 40 vatios fundida desde hacía siglos.</p><p>Pues bien, había inventariado la ropa interior de su mujer y resultó que no faltaba ninguna braga, de donde dedujo que había sido enterrada sin esa prenda. </p><p>Piénsese en la relación enfermiza de un crío de 11 años con el universo de la lencería. Yo conocía perfectamente las bragas de mamá porque me gustaba hurgar en aquel cajón repleto de aderezos sutiles. Las manoseaba, las olía, en alguna ocasión llegué a ponérmelas… Nunca, sin embargo, se me pasó por la cabeza la idea de hundir mis manos entre la ropa interior de la abuela. Observado con perspectiva, supongo que me habría parecido un trabajo arqueológico. Pero estaba equivocado. Según deduje de la discusión entre mamá y su padre, la abuela usó hasta el final una lencería enormemente provocativa, llena de calados y transparencias. Mi confusión fue enorme. Pero creció al tratar de imaginar por qué una de las últimas voluntades de aquella mujer había sido la de ser enterrada sin bragas. Recuérdese: 11 años, con el sexo empezando a manifestarse en erecciones inauditas.</p><p>—¡Hay que exhumar el cadáver! —decidió mi abuelo de repente.</p><p>Desconocía el significado de exhumar, pero fui a buscarlo enseguida al diccionario y me quedé espantado. </p><p><em>(Continúa Cristina Fernández Cubas)</em><strong> Cristina Fernández Cubas</strong></p><p><em>Exhumar : Desenterrar. Sacar de la tierra algo que está escondido, particularmente restos humanos”.</em></p><p>Entendí que, una vez más, la abuela iba a salirse con la suya y que su muerte no era una muerte de verdad, aquella “muerte del todo” con la que yo ingenuamente había soñado. Y fue como si la pudiera ver en aquel mismo instante dentro de la tumba. No estaba enterrada, sólo escondida. Con la cabeza entre las rodillas, aguantando la risa, esperando el momento de volver, darnos el susto y seguir fastidiándonos el resto de su vida. Porque eso sí lo hacía bien. Fastidiar. Y sorprendernos. Nunca dejaba de sorprendernos. Ni de asustarnos, lo cual era muchísimo peor. El susto empezaba en la cabeza e iba bajando muy despacio hasta llegar a los pies y dejarte tieso sobre el suelo, sin poder moverte, como si de repente te hubieras vuelto paralítico. Algo demasiado parecido a lo que ahora me sucedía a mí. No podía moverme, ni siquiera respirar, únicamente mirar espantado la manchita roja que acaba de descubrir entre la palabra <em>restos </em>y la palabra <em>humanos</em>… Y no era sangre. Si hubiera sido sangre –una simple gotita de sangre— no me habría quedado inmóvil como una estatua y muerto de miedo. Pero no era sangre, sino esmalte. O laca. O como quiera que se llame ese líquido pegajoso que la abuela coleccionaba en botellitas idénticas y guardaba en su tocador junto a limas, tijeritas y palillos de madera de todos los tamaños. Aquello era un aviso, un mensaje, una forma de decirme: “Sabía que vendrías, descastado”. Y encima, para que no quedara la menor duda, la abuela se había esmerado en dejar su firma. Un trocito de uña. Un repugnante trocito de uña teñido de rojo y dejado allí, al descuido, unas líneas más abajo, como si hacerse la manicura sobre un diccionario abierto fuera la cosa más natural del mundo. Cerré el tomo de golpe. Aquello me daba más asco aún que imaginar a la abuela con la lencería que, según decían, le gustaba usar. O, peor aún, sin ella. Tal y como (también según decían) la habían enterrado.</p><p>Ahora ya no podía engañarme. La abuela sabía. Ignoraba cómo lo había adivinado, pero tenía aún muy presente el día en que se puso enferma y mamá me dijo: “Reza por ella, hijo. A los niños les hacen mucho caso en el cielo”. Y ¡vaya si me hicieron caso! Le pedí a Dios, a la Virgen y a los santos que se la llevaran cuanto antes. Una muerte de verdad. Una “muerte del todo”. Con sus joyas, sus vestidos, sus ganas de fastidiar y sus largas uñas de bruja pintadas de rojo. Pero de pronto resultaba que nada era verdad y la abuela <em>volvía</em>. O, a lo peor, ni siquiera hacía falta que volviera porque nunca se fue. Lo entendí de golpe. Con la misma brusquedad con la que había cerrado hacía un momento el diccionario. ¿No era sorprendente que el abuelo hubiera recuperado de un día para otro sus facultades? ¿Que nos reconociera a todos? ¿Que abandonara su estado vegetal y no dejara de impartir órdenes y contraordenes? Y la respuesta no podía ser más sencilla. El espíritu de la abuela hablaba por su boca. Ella estaba <em>allí</em>, dentro de su mente. Liando, enmarañando, confundiendo. Por eso tejía esa asombrosa historia de prendas provocativas y exigía, además, que la sacáramos de la tumba. ¡Genio y figura! ¿Y quién me aseguraba que no había sido el abuelo el autor material de lo que acababa de descubrir junto a la entrada “exhumar” de nuestro diccionario?</p><p>Volví a rezar. Pedí a Dios, a la Virgen y a los santos que se llevaran al abuelo. Tenía claro que estaba matando dos pájaros de un tiro… Y me sentía feliz. Muy feliz.</p><p><em>(Lo cierra Felipe Benítez Reyes)</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>Inesperadamente, todas aquellas deidades decidieron atender mis plegarias malévolas y el abuelo murió a los cuatro meses y pico del entierro de la abuela. Durante ese tiempo, aparte de su repentino afán ordenancista, alardeó a lo grande de su razón recuperada, como si se le hubiera encendido un foco en el pensamiento, hasta el punto de que, a falta de enseres domésticos que inventariar, se dedicó a hacer un catálogo de todas las ideas que se le pasaban por la cabeza, que no eran pocas ni previsibles: “Si el mundo se detuviera durante cinco segundos, todas las pamplinas de <strong>Einstein </strong>quedarían como lo que son: pamplinas”, y cosas de ese estilo y fundamento, contento de haberse sacudido aquellas neblinas que le ofuscaron en vida de la abuela, o al menos de haberlas sustituido por otras. “Cuando vengan los extraterrestres, a ver cómo reacciona la compañía eléctrica”, y así, sacando punta a todo y anotando sus ocurrencias en una libreta, convertido en el evangelista de sí mismo. Es posible, no sé, que el abuelo muriese de eso: de un empacho de lucidez divagatoria, ya que la muerte se vale de cualquier cosa para ir haciendo limpieza de excedentes.</p><p>Muertos mis dos abuelos maternos, mi madre heredó la ruina de ambos. Mi padre le sugirió que renunciase a la herencia, pero ella se empeñó en sacar algún provecho del desastre con la ayuda de un abogado que tenía toda la pinta de un sepulturero y un bigote canoso amarilleado por la nicotina. “Ese abogado es un sinvergüenza y va a meterte en un lío”, le avisaba mi padre con la autoridad de los curtidos en el mundo de las trapisondas legales, ya que él era fiscal.</p><p>Mi madre consiguió vender la casa de los abuelos, aunque, entre cosa y cosa, incluidos los honorarios del abogado fúnebre, no vio de aquello ni una peseta, y no estoy seguro de que al final, tras saldar deudas y pagar impuestos, la operación no le saliese por un pico, como le achacó mi padre en más de una sobremesa en la que yo hubiese querido que el plato me tragase, ya que siempre me desconsoló la violencia civilizada que se regalaban entre ellos.</p><p>“Tenemos que desmontar la casa antes de entregarla”, dispuso mi madre. La mayor parte de las joyas y de los cacharros de plata había volado hacía mucho. Mi madre se empeñó en llevarse algunos muebles un tanto desportillados y de traza barroca que horrorizaban a mi padre, que por aquel entonces tiraba más a las decoraciones racionalistas, así como algunos cuadros con un rebujo de aves exóticas de las Américas y otros con bandoleros gallardos de la serranía de Ronda, de donde era natural el abuelo. Un par de vajillas, algunos jarrones chinos. Y poco más.</p><p>Toda la ropa interior de la abuela se despidió del mundo, junto a la mayor parte de las prendas de su sacrificado esposo, en la fogata que mi padre hizo, dentro de un bidón, en el patinillo. En aquel humo ascendía simbólicamente al infinito, fundidos en una sola entidad abstracta, el espíritu conyugal de ambos, que en vida se esquivaron cuanto pudieron, aunque se condenaron a vivir en una interferencia continua.</p><p>Mientras mi padre quemaba cosas y mi madre indicaba a los de la empresa de mudanzas que tuviesen cuidado de no rayar los muebles, me di un paseo de despedida por la casa desmantelada.</p><p>De repente, al pasar por delante del “lugar de la escucha”, percibí una presencia anómala: algo así como la respiración agónica de una oscuridad invisible (¿?). Un frío repentino me recorrió la espalda y las manos empezaron a sudarme. Me quedé paralizado frente a aquel hueco en el que mi abuelo tuvo el antojo esotérico de localizar el alma de la casa. Cerré los ojos. Noté que algo me envolvía. Oí un susurro en mi nuca: “Nunca dije que me enterrasen sin bragas. Que lo sepas. Esto no va a quedar así ni mucho menos”. En aquel instante, un golpe de viento llevó hasta mí, por la ventana abierta de la cocina, el olor a humo de la fogata. “Y otra cosa, jovencito: la muerte no cambia absolutamente nada, ¿me entiendes? El que manda en este teatrillo sigue siendo el demonio”.</p><p>Yo tenía once años y una idea confusa del significado del verbo <em>exhumar</em>: un verbo con uñas rojas. Yo tenía 11 años y creía en fantasmas. Hoy tengo 58 y creo en muy pocas cosas. Imagino que aquello fue una sugestión infantil, porque no me parece lógico pensar que los fantasmas se limitan a manifestarse a los niños y a despreciar indiscriminadamente a los adultos.</p><p>No puedo creer, ya digo, en fantasmas, pero –qué mala suerte— no tengo más remedio que creer en mi abuela: el pánico que sentí ante su manifestación ultramundana me duró al menos cuatro años, con sus días y —sobre todo— con sus noches.</p><p>Por lo demás, cuando murió mi madre, me aseguré de que fuese al tanatorio completamente vestida. Por si acaso.</p><p><em>*Santiago Roncagliolo es escritor y periodista. Su último libro publicado es </em></p><p><strong>Santiago Roncagliolo </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-noche-de-los-alfileres/ES0144648" target="_blank">La noche de los alfileres</a><em> (Alfaguara, 2016).*Juan José Millás es escritor y periodista. Su último libro es </em></p><p><strong>Juan José Millás</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-desde-la-sombra/209188" target="_blank">Desde la sombra</a><em> (Seix Barral, 2016).*Cristina Fernández Cubas es escritora y periodista. Su último libro es </em></p><p><strong>Cristina Fernández Cubas</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-habitacion-de-nona/195586" target="_blank">La habitación de Nona</a><em> (Tusquets, 2015). *Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro es </em></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Santiago Roncagliolo | Juan José Millás | Cristina Fernández Cubas | Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La abuela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Juan José Millás,Narrativa,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Fiebre y compasión de los metales’, de María Ángeles Pérez López]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fiebre-compasion-metales-maria-angeles-perez-lopez_1_1130697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fbb1f861-05e9-4a28-b9c6-c2d55b32e48e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Fiebre y compasión de los metales’, de María Ángeles Pérez López"></p><p><strong>Fiebre y compasión de los metales </strong></p><p><strong> María Ángeles Pérez LópezVaso RotoMadrid2016</strong></p><p><em>Fiebre y compasión de los metales</em> es fruto de una escritura única, el trabajo de una poeta que es orfebre de la palabra. En sus manos se vuelve dúctil la sintaxis, la materia cobra formas nuevas, es flexible y es sonora; llegan los metales con su filo y abren una brecha en el lenguaje y a través del lenguaje, conquistan el mundo cotidiano. Los protagonistas de estos poemas son precisamente aquellos instrumentos metálicos que invocan al daño, porque está en su naturaleza provocar el desgarro, la incisión, el fragmento. </p><p>Cada uno de los poemas que componen este libro son heridas abiertas que ponen sobre la página un diálogo con otro poeta: <strong>María Ángeles Pérez López </strong>(Valladolid, 1967)no escribe para <strong>Federico García Lorca </strong>sino con Federico, ni para <strong>Nicanor Parra </strong>y <strong>Jorge Luis Borges</strong> sino con/contra ellos. Su voz se rasga en múltiples voces, así como las palabras se descomponen hasta la unidad más pequeña, la sílaba, o acaso, el fonema. Porque las palabras no sólo están, también dicen, toman las riendas de su propio destino, y la poeta, testigo de su fiebre, las acoge en su seno e hilvana un tejido hecho de ritmo, artesanía viva del lenguaje. Como en ese poema, “El yunque”, que golpea en el final: </p><p><em>Las palabras también piden ser vientoQue arrase los paisajes de la usura,También piden ser fuego y tolvanera,Respingo que celebra en su osadíaLa roja ceremonia de vivir.</em></p><p>Las palabras parecen haber sido escogidas no en función de su utilidad, de su semántica, sino más bien atendiendo a su sonoridad, a ese carácter personal que posee cada una de ellas y las distingue del resto. Así: “la palabra naranja es tan redonda / que parece imposible su desgarro (…) / tan redonda que es casi inverosímil: / solsticio que se abraza a su sintaxis”. El alfabeto tiembla de fiebre y compasión. Los metales hacen ruido al chocar contra la superficie de las cosas, componen una música que es rotunda y solemne, como el endecasílabo, que se hace presente una y otra vez. “El hacha silba su canción de acero / y amputa la memoria, el silabario, / la mano en que se escriben las palabras”. Todo el poemario es una lucha perfectamente equilibrada en la que nada ni nadie sale indemne, un duelo metafórico entre el cuerpo humano y la letra hecha cuerpo. Ambos, poeta y poema, se enfrentan solo para juntarse, como unidos en batalla amorosa. Este duelo que se extiende hasta agotar todas sus posibilidades tiene como fin último el conocimiento. Como afirma <strong>Clara Janés</strong> en su ensayo <em>La palabra y el secreto</em> (1999: 19): “La escritura sería trabajar con una ausencia, hacer presente, dar cuerpo a lo que no está ahí, para recorrerlo, para conocerlo; sería un proceso de conocimiento y de autoconocimiento”. </p><p>Mientras la voz poética prosigue su lento avance hacia lo inefable, el lector se ampara en la belleza de las imágenes creadas por María Ángeles Pérez López, para quien la letra es “ese tajo de la vida hacia la vida”, o lo que es lo mismo, una pieza inseparable del vivir. <em>Fiebre y compasión de los metales</em> transcurre por ese sendero espinoso y paradójico en el que es posible observar todos los rostros que comporta el proceso de la escritura. Porque escribir no es siempre, y sobre todo, no cuando se precisa; como nos recuerda la poeta existen “correas que sujetan las palabras / a la rueda inflexible de la boca, / grilletes de decir y no decir”. El significado del silencio, el poder inconmensurable del silencio. Boca que se abre para no decir el grito. </p><p>Ninguna palabra es casual entre las páginas de este poemario, por eso resulta llamativo el poema que lleva por título “Caída de los ángeles”, en el que la poeta se enfrenta cara a cara con el abismo, se mira por dentro para observar sus propias heridas y revisa el pasado: “los mismos huesos rotos en el ángel / que ahora borronea su dolor / pero antes escribió la levedad”. La aspiración a lo leve, al verso que es pájaro y se deja mecer por el viento, esto la impulsa. Y finalmente, como en cada poema, el soplo amable, la caricia en los ojos del lector que eleva por fin la vista del papel y permanece sumido en la escritura de María Ángeles, que no ceja en su empeño y prosigue, con la paciencia del orfebre, hasta conseguir el sonido que es pasión vital pero mesura, pero fiebre: </p><p><em>Flauta de hueso en la que late el canto.</em></p><p><em>*Gema Palacios es poeta. Su último libro publicado es </em><strong>Gema Palacios</strong><a href="http://elsastredeapollinaire.blogspot.com.es/2016/05/treinta-y-seis-mujeres-gema-palacios.html" target="_blank">Treinta y seis mujeres</a><em> (El sastre de Apollinaire, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gema Palacios]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Souvenirs’ de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/souvenirs-verano_1_1130791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdd1f8b-c040-4bc3-934a-8d87a42fd646_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Souvenirs’ de verano"></p><p><em><strong>Jesús García Sánchez</strong></em><em>, más conocido como Chus Visor, de la librería y la editorial Visor (Madrid), recomienda algunos de los títulos que más le han llamado la atención en los últimos meses.</em> </p><p>El otoño está cargado de novedades llenas de interés. Pero también es momento para recordar algunos de los libros que se publicaron antes del verano. No se debe terminar el año sin haber leído:</p><p><strong>La noche de la usina</strong></p><p><strong>Eduardo Sacheri AlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>Esta novela, ganadora del premio Alfaguara 2016, nos cuenta la aventura de un grupo de personas en la Pampa. Bajo la historia reciente de una Argentina entristecida y dispuesta a sobrevivir, alguien estafa a unas personas que deciden no quedarse quietas y <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/05/28/revancha_del_corralito_50339_1026.html" target="_blank">buscan la revancha</a>. El lector agradece un final feliz, dentro de las posibilidades que la verosimilitud ofrece.</p><p><strong>Apóstoles y asesinos</strong></p><p><strong>Antonio Soler Galaxia GutenbergBarcelona2016</strong></p><p>La realidad y la historia son materiales novelescos capaces de conmover al lector, imponiéndose a veces por encima de la mejor fantasía. <strong>Antonio Soler</strong> nos conduce a la Barcelona de las primeras décadas del siglo XX a través de la vida del anarquista <strong>Salvador Seguí</strong>. El oficio del novelista nos ayuda a comprender un tiempo marcado por la violencia. </p><p><strong>Poesía completa (1980-2015)</strong></p><p><strong>Manuel Vilas VisorMadrid2016</strong></p><p>La obra de <strong>Manuel Vilas</strong> ha supuesto en la poesía española un impulso de vitalismo, ruptura de convenciones y capacidad de unir la mirada crítica sobre la realidad con la indagación en los sentimientos más íntimos. Heredero de Baudelaire y de Whitman, Manuel Vilas tiene una de las voces más personales de la lírica actual. Libro imprescindible para los amantes de la poesía.</p><p><strong>El azar y viceversaFelipe Benítez Reyes DestinoBarcelona2016</strong></p><p><em>El azar y viceversa</em></p><p>Se trata de una novela picaresca, en versión contemporánea, donde el humor, la imaginación literaria, la capacidad retratista y la voluntad de crónica reconstruyen la vida de un personaje sentimental, comprometido y disparatado. Sus andanzas por Rota, Cádiz y Sevilla son el hilo para recrear una época de España llena de sueños y de desilusiones. «Ni siquiera podemos sospechar los sitios en que es capaz de esconderse la vida cuando los buscavidas salimos a buscarnos la vida».</p><p><em>* Puedes encontrar la Librería Visor en la calle de Isaac Peral, 18, en Madrid, o en su página web. </em><strong>Librería Visor</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank">su página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Sep 2016 18:06:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Visor]]></author>
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