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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 36]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-36/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 36]]></description>
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      <title><![CDATA[‘El cielo de Lima’, de Juan Gómez Bárcena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cielo-lima-juan-gomez-barcena_1_1132199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70082cd4-81ab-49b9-b4d5-68cd6259f229_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El cielo de Lima’, de Juan Gómez Bárcena"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>El club de lectura <a href="https://envigosinparar.com/tag/club-de-lectura/" target="_blank">En Vigo sin parar</a> surgió el pasado mes de marzo a partir de mi blog cultural (del que toma nombre) y del interés de un espacio de <em>coworking</em>, <a href="http://vm17.es/" target="_blank">VM17-Vigo</a>,  por sumar a su oferta cultural y de servicios (exposiciones, tiendas, talleres, etc.) esta actividad. Entusiasta de la literatura y participante habitual en otros clubes de lectura, acogí esta propuesta con mucha ilusión. </p><p>La experiencia está siendo muy gratificante. Aunque llevamos poco tiempo y aún nos queda mucho por crecer, ya hemos conseguido formar un pequeño grupo, unido y cómplice, integrado por personas de trayectorias y edades diferentes pero que tienen en común pasión por la lectura, curiosidad e interés por compartir su experiencia. Sin duda, esta es una de las riquezas de un club de lectura: no es tan importante el libro como todo lo que surge en la conversación; a veces puede que la novela no sea del gusto de todos, pero en la puesta en común el texto se enriquece con los diferentes puntos de vista y se aprecia de otra manera. Al placer de la lectura se une el placer de la tertulia. </p><p>En cada reunión comentamos una novela pero, como es inevitable, unos textos llevan a otros y la elección de cada mes acaba siendo la excusa para traer a nuestra mesa otros libros y autores; por ejemplo, en una de las últimas sesiones comenzamos escuchando unas grabaciones de <strong>García Lorca</strong> al piano y en ocasiones anteriores disfrutamos de poemas de <strong>Dámaso Alonso</strong>, <strong>Ángel González</strong>, <strong>César Vallejo</strong> o <strong>Luis García Montero.</strong></p><p>Como colofón al buen ambiente, acompañamos la charla con té y dulces caseros. Nuestra última reunión ha sido el jueves 27 de octubre y nos acercamos a la obra de <strong>Chimamanda Ngozi Adichie </strong>a través de su primera novela, <em>La flor púrpura</em>.</p><p><strong>El cielo de Lima</strong></p><p><strong>Juan Gómez BárcenaSalto de páginaMadrid2014</strong></p><p>En vez de recomendar el último libro que hemos leído, me gustaría hablar del protagonista de nuestra primera sesión, una obra muy especial para nosotros, que entusiasmó a todos, que recomendamos siempre y que se sigue colando en nuestras charlas: <a href="http://www.saltodepagina.com/libro/el_cielo_de_lima-80/" target="_blank"><em>El cielo de Lima</em></a>, la primera novela de <strong>Juan Gómez Bárcena</strong>. </p><p>La anécdota de la que parte es bien conocida y está documentada: dos jóvenes limeños (uno de los cuales llegaría a ser presidente de Perú) que “son ricos, creen ser poetas, quieren ser <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>” escriben al maestro haciéndose pasar por una joven y cultivada admiradora llamada Georgina Hübner para conseguir un ejemplar autografiado de un poemario. Carta tras carta, el poeta acaba enamorándose y, como indica la estructura de la novela, lo que comienza siendo una comedia, pasa a ser una historia de amor y desemboca en tragedia. </p><p>En el primer capítulo, magistral, ya podemos disfrutar muchas de las virtudes del libro: una prosa cuidada y ágil, el esmero por la palabra precisa que creará y destruirá vida, realidades y esperanzas, un narrador atento al presente y al pasado que hace guiños constantes al lector y una estructura trabajada a base de capítulos muy cortos que aportan mucha velocidad a la lectura: cuando te das cuenta, lo estás devorando. En definitiva, apenas acabado el primer capítulo, cualquier lector sabe que lo que tiene entre manos va a trascender la anécdota. </p><p>La riqueza de perspectivas, temas y matices en la obra favorece la tertulia en un club de lectura, pues hace que cada lector, según su bagaje e intereses, lo haga suyo de manera diferente. Así, algunos se centraron en lo que tiene de novela de formación y se emocionaron con la historia de Carlos, uno de los dos jóvenes que inicia la relación epistolar con Juan Ramón y que acaba por convertirse en el protagonista de la obra; al tiempo que va construyendo la identidad de Georgina, va descubriendo la suya propia, inicialmente sometida a la autoridad de su padre y de su amigo José. Además, en este juego de identidades también vamos conociendo la sociedad de la época, con sus convenciones y conflictos: las tensiones entre la vieja aristocracia y los nuevos ricos, las reivindicaciones de la clase obrera, etc. Sucedió algo curioso durante la reunión: en un momento de la historia, Carlos se encuentra con una joven prostituta que le dice unas palabras en polaco que él no comprende y que se repetirán varias veces; algunos buscamos su traducción, pero otros no y se imaginaron un significado que resultó ser demasiado amable, lo que provocó que se llevaran una gran desilusión cuando lo comentamos. También fue muy interesante el debate sobre si la personalidad final de Carlos era inevitable y sobre algunos puntos enigmáticos (insinuaciones de un escribano que les ayuda, por ejemplo).</p><p>Otros lectores disfrutaron especialmente el juego metaliterario y subrayaron los guiños a otras obras, autores y al libro mismo: esos poetas que quieren ser Juan Ramón Jiménez, conscientes (muy a su pesar) de la mediocridad de sus versos, deciden escribir la novela de Georgina y Juan Ramón y crear la musa perfecta para el poeta de Moguer, la que le inspire su gran obra. Ambas novelas, la que ellos escriben y aquella de la que son personajes, comienzan a construirse y a cruzarse con gran habilidad, sin dejar un cabo suelto. La estructura de <em>El cielo de Lima</em> mereció más de un comentario. </p><p>Además, la novela nos dio pie a hablar del amor y su idealización, de cómo ese juego de máscaras epistolar nos habla también de nuestro tiempo de avatares (aunque ahora todo suceda a un ritmo más rápido, sin miedo a que una rata roa nuestras cartas o una huelga retenga la correspondencia) o de los límites entre realidad y ficción (tan presentes en el debate literario actual). </p><p>La reunión duró casi dos horas, pero podríamos haber estado dos más. <em>El cielo de Lima </em>nos pareció una obra original, bien tejida y excelentemente escrita de la que disfrutar de principio a fin (¡y qué final más redondo!). Esperamos que a los lectores de Los diablos azules les guste tanto como a nosotros.   </p><p><em>*Puedes encontrar el club de lectura En Vigo sin parar en su </em><a href="https://envigosinparar.com/tag/club-de-lectura/" target="_blank">blog</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laura Pérez Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El cielo de Lima’, de Juan Gómez Bárcena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Jane, el zorro & yo’, de Fanny Britt]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jane-zorro-fanny-britt_1_1132189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fd3ea844-739a-4269-a377-d86f2c2f5e34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Jane, el zorro & yo’, de Fanny Britt"></p><p><strong>Jane, el zorro & yo</strong></p><p><strong>Fanny Britt Ilustraciones de Isabelle Arsenault SalamandraBarcelona2016</strong></p><p>En las librerías hay una durísima competencia por el espacio de los expositores, pero el libro ilustrado y el cómic cuentan con una clara ventaja sobre todos los demás. En un primer momento y a vista de pájaro lector, las imágenes se imponen sobre cualquier otra consideración y nos ofrecen una clave para esa necesaria opinión de urgencia con que decidimos si merece la pena llevárnoslo a casa o no. Puede parecer un criterio poco exigente pero, en el cómic, la calidad del dibujo y el acierto de la estructura narrativa que se apoya en la imagen, resultan esenciales para conseguir un producto convincente. No es suficiente un buen texto. Si falla la puesta en escena, importa poco el alcance del relato o el pedigrí de su autor. Será una historia mal contada, es decir, una mala historia.</p><p>En <em>Jane, el zorro & yo</em> percibimos una buena historia desde el principio. <strong>Isabelle Arsenault</strong> y <strong>Fanny Britt</strong> equilibran sabiamente ambos discursos para contarnos la peripecia de una niña sometida a la presión cotidiana por parte de sus compañeros, desde el punto de vista de la víctima y las pequeñas estrategias de que se vale para superar ese trance. Un libro oportuno en un momento en que los informativos parecen más dispuestos que nunca a divulgar este tipo de comportamientos en las aulas con un nombre propio tan joven como “acoso escolar”.</p><p>La indefensión es algo que se induce. El agresor la imparte por insistencia y sus víctimas la aprenden por cansancio; tal como se aprende que el valor de pi no depende de la relación de la circunferencia con su diámetro, sino de la autoridad del profesor de matemáticas. Nos enseñan a respetar la opinión de la mayoría y a deducir el alcance de nuestro valor personal a través de la imagen que otros arrojan de nosotros. La mayoría tiene la razón de su parte por una simple cuestión de número y así lo asumimos por mucho que, desde las páginas de un libro que todos deberíamos haber leído, el poeta israelí <strong>Yehuda Amijai</strong> nos advierta: "Donde tenemos razón, no crecen las flores". Si te encuentras pintadas en los espejos del baño que aluden a tu sobrepeso, a tu olor corporal o a tu incapacidad para hacer amigas, quedan pocas flores con las que pintar de optimismo esos pasillos de instituto que huelen a “leche cortada” o ese invierno que “se eterniza como un invitado grosero”. Con enunciados como estos, que validan el texto por sí solo, avanza la historia en la que seguimos a Hélène, la protagonista, entre su casa y el instituto.</p><p>A través de los tonos grises con los que Isabelle Arsenault despliega ante nuestros ojos el fondo psicológico de la protagonista, asistimos a la evolución de una adolescente que sabe guarecerse en la lectura como único refugio contra el entorno hostil de las relaciones con sus compañeros y que monta su pequeño cuartel de resistencia, en busca de la empatía, desde las páginas de <strong>Charlotte Brontë </strong>con el personaje de Jane Eyre como apoyo y referente.</p><p>Si el ritmo se hace ágil en una historia que, sólo en apariencia, parece no contarnos nada especial, resulta imposible sustraerse al impacto visual de las páginas en las que las autoras nos trasladan al mundo interior de Hélène o al vértigo en la deformación de la realidad que emerge de su naufragio emocional pintado en blanco y negro. El color aparece discretamente para diferenciar ciertos momentos del relato y establecer un paralelismo con la otra historia, la de <em>Jane Eyre</em>, pero adquiere verdadero valor narrativo hacia el final del libro, cuando se filtra mágicamente desde la ficción de Brontë a la vida real y nuestra protagonista comienza a ver las cosas de otra manera.</p><p>El dibujo y la ilustración se revelan aquí como una poderosa herramienta para captar y comunicarnos esos matices, que constituyen el verdadero motor y fundamento de la historia y que, quizá de otro modo, pasarían inadvertidos. Es, en casos como éste, donde las imágenes sustituyen con éxito a millones de palabras y la poesía, esa esquiva dimensión de la existencia, sólo se deja capturar a punta de lápiz.</p><p><em>*Toño Benavides es ilustrador y poeta. Su último libro es </em><strong>Toño Benavides</strong><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=156" target="_blank">Gran Sur</a><em> (Reino de Cordelia, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Futurismo, dadá, surrealismo’, de Mina Loy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/futurismo-dada-surrealismo-mina-loy_1_1132183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/95186a2a-e58a-4d6e-a7a5-909ab6c9f36f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Futurismo, dadá, surrealismo’, de Mina Loy"></p><p><strong>Futurismo, dadá, surrealismo</strong></p><p><strong>Mina LoyEditado por Ana MuiñaTraducción de Ana GrandalLa Linterna Sorda Madrid2016</strong></p><p>Hubo un tiempo en que las vanguardias literarias y artísticas confluían con los movimientos políticos y sociales revolucionarios. El “cambiar la vida” deseado por <strong>Rimbaud </strong>y el “transformar el mundo” propuesto por <strong>Marx </strong>no solo no eran contradictorios, sino que lo uno sin lo otro era imposible. En aquel tiempo <strong>Tristán Tzara</strong> podía jugar al ajedrez con <strong>Lenin </strong>en un cabaret de Múnich, <strong>André Malraux </strong>formar una escuadrilla de aviación en defensa de la República española y <strong>André Breton</strong> firmar un manifiesto a favor de la insumisión ante la guerra de Argelia.</p><p>La poeta, actriz y pintora londinense<strong> Mina Loy</strong> (1882-1966) estuvo en el corazón mismo de aquellos movimientos –futurismo, dadá, surrealismo— que soñaban con emancipar al ser humano de sus cadenas sociales y mentales y al arte de sus corsés comerciales y académicos. No fue, ni mucho menos, la única mujer con papel protagonista en semejante eclosión. <strong>Gertrude Stein</strong>, <strong>Isadora Duncan</strong>, <strong>Claude Cahun</strong>, <strong>Sophie Taeuber Arp</strong>, <strong>Sonia Delauney</strong>, <strong>Sylvia Beach</strong>, <strong>Djuna Barnes</strong>, <strong>Leonora Carrington </strong>y otras constituyeron la que quizá sea la primera generación completa de animadoras y creadoras culturales de vanguardia con faldas.</p><p>Ahora la editorial La Linterna Sorda <a href="http://www.lalinternasorda.com/Mina.html" target="_blank">publica un libro</a> que recoge algunos de los textos, poemas y diseños de Mina Loy. Con prólogo y edición de<strong> Ana Muiña</strong>, traducción de <strong>Ana Grandal </strong>y abundantes fotografías y dibujos, este libro nos abre la puerta a la fascinante vida y obra de una mujer libre. Mina Loy sostuvo una relación apasionada con el boxeador y poeta dadaísta<strong> Arthur Cravan</strong>, tuvo cuatro hijos de tres hombres diferentes, fue considerada una autora pornográfica por la censura estadounidense y terminó muriendo en el olvido en Colorado.</p><p>Vivió su vida con toda la libertad que le permitía su tiempo y lo teorizó. En un manifiesto feminista que escribió en Florencia en 1914 y se recoge en esta obra, Mina Loy, dirigiéndose a sus congéneres, proclamaba: “Y si de verdad deseáis encontrar vuestro sitio sin menoscabo, sed valientes y comenzad negando ese patético grito de guerra disparatado: la mujer es igual al hombre. Porque no lo es”.  La igualdad de derechos que defendía no era el equivalente a la uniformización de cuerpos y almas. Mina Loy creía que, en vez de intentar mimetizarse con los hombres, las mujeres debían mirar en su interior para encontrar allí una identidad libertadora para ellas y transformadora del conjunto de la humanidad. Así lo exponía en ese manifiesto: “Dejad de mirar a los hombres para averiguar lo que no sois; buscad dentro de vosotras para saber lo que sois”.</p><p>Uno de los problemas de los actuales movimientos progresistas es un relativamente amplio desconocimiento de sus precursores inmediatos, ya no digamos los que se remontan a más de un siglo. El mundo y el deseo de cambiarlo no nacieron cuando lo hicieron los hombres y mujeres que ahora andan por los veinte o treinta años de edad. Es bueno que la editorial <a href="http://www.lalinternasorda.com/" target="_blank">La Linterna Sorda</a> rescate el ejemplo y la memoria de seres tan fascinantes como Mina Loy.</p><p><em>*Javier Valenzuela es periodista y escritor. Su último libro es </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-tangerina/174725" target="_blank">Tangerina </a><em>(MR, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diarios-emilio-renzi-anos-felices_1_1132176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9cfa2c03-eded-474b-b0b8-e39b59a0156b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices’"></p><p><strong>Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices </strong></p><p><strong> Ricardo PigliaAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Hay que decirlo sin rodeos:<strong> Ricardo Piglia</strong> nos está entregando con <em>Los diarios de Emilio Renzi </em>(de los que aún falta un tomo por publicar) una obra maestra, que supone un punto de inflexión insoslayable en la historia de la literatura diarística moderna. </p><p>En el sustancioso capítulo previo que abría el primer volumen de sus diarios, publicados con el subtítulo de <em>Años de formación</em>, ya nos decía que no iban a ser otra cosa sino “una radiografía de su espíritu, de la construcción involuntaria de su espíritu”, elaborados sobre una “multiplicidad de fragmentos insensatos”, una “autobiografía serial” que girará alrededor de la idea de la ilusión que mueve al escritor a asumir la vida como escritura; un mundo fantástico que para sostenerse ha de ser constantemente reforzado por la propia acción de “escribirse” en el mundo. Esto fue lo que llevó a Piglia en aquel lejano 1956 a decidir consignar en sus cuadernos los trozos de su vida real y, quizá, imaginada como “novela privada, como autobiografía futura”.</p><p>La más inmediata de las asociaciones, que el propio Piglia alienta, emparentan estos diarios con la vasta empresa proustiana de <em>En busca del tiempo perdido</em>, pero el genio  del autor de <em>Los diarios de Emilio Renzi </em>se caracteriza por un temperamento estético y una apuesta formal muy distintos a los del de <strong>Marcel Proust</strong>. Si bien es cierto, digámoslo ya, que estos diarios argentinos constituyen una auténtica novela, no lo es al modo de la búsqueda proustiana, como reescritura en los moldes de la ficción de un pasado decantado en espíritu nebuloso que el talento imaginativo del narrador convierte en otra cosa “mejorada”, según el precepto aristotélico para la mímesis artística. Tampoco lo es por lo contrario, la transcripción neta de los miles de páginas manuscritas con las que Piglia ha ido llenando sus cuadernos año tras año. Sí que coinciden las empresas de Proust y Piglia en un punto de partida radical en cuanto a la concepción de lo que queda en nosotros de aquello que fue y ya no es: “Lo que se fija en la memoria no es el contenido del recuerdo, sino su forma”, en palabras del argentino. En nuevo disenso (o quizá no tanto) confesará en el recién publicado segundo volumen de sus diarios, que él vivió en el pasado, pero no lo recuerda. Por esta razón se acerca con la mirada de otro a sus propios cuadernos manuscritos, cosa que en ocasiones marca  con el uso explícito de la tercera persona narrativa, para escribir a través de lo vivido. </p><p>Piglia trabaja sobre sus notas de diario con la herramienta del novelista, selecciona (quizá reescribe) y monta narrativamente los fragmentos siguiendo un plan, que no es del todo ajeno al soplo que hace navegar el presente sobre los mares del tiempo que es todo diario, pues ya se va prefigurando poco a poco, a golpe de intuición y de reflexión, en la escritura primitiva que el joven Ricardo Emilio Piglia Renzi vuelca sobre sus cuadernos de las marcas Triunfo y Congreso.</p><p>También este segundo volumen de los diarios, subtitulado ahora <em>Los años felices</em>, se abre con un capítulo introductorio a modo de narración metaliteraria, sintomáticamente titulado “En el bar”, porque quizá es el bar, junto con los distintos apartamentos bonaerenses que ocupa el joven escritor entre 1968 y 1975, el espacio donde más a menudo se convierten en materia literaria y se escriben los acontecimientos vividos que recogen los cuadernos de esta época. Ahí están las claves para entender por qué <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> constituyen un <em>tour de force </em>extraordinario sobre la manera en la que hasta ahora se ha venido concibiendo un diario de escritor, incluso aquellos que, como los de <strong>André Gide</strong> o <strong>Witold Gombrowicz</strong>, se planearon con el fin expreso de ser publicados. Un diario, nos dirá aquí Piglia, no es un ejercicio de confesionalismo, ni un registro más o menos minucioso de la vida de una persona, sino una escritura ordenada desde fuera por “la progresión de los días, los meses y los años”. Sobre este orden natural, Piglia remonta los acontecimientos y las abundantes disgresiones reflexivas en series discontinuas que, como en las novelas policiales, terminan por desvelar en las páginas finales el enigma que da sentido a la trama. </p><p>En el caso de<em> Los años felices</em>, las series son fundamentalmente la vida emocional del autor (sus soledades, sus amores, sus sueños, sus afanes, sus deseos, sus desesperanzas, la escasa e intermitente presencia de la familia), la vida literaria, la vida política y las excelentes reflexiones sobre literatura, entre las que se incluyen aquellas que tratan de la técnica de la propia escritura diarística. Todo ello se enfrenta aquí desde una postura de rechazo al hecho de que la escritura autobiográfica pueda ser en verdad la escritura de un yo personal más fielmente representado que en la ficción novelesca, puesto que lo cierto es que entender como un “yo” único  lo que no son más que las formas múltiples en las que un sujeto se despliega en la vida, no deja de ser sino un simulacro. En paralelo, una escritura autobiográfica no puede dar, entonces, otra cosa que obras de ficción que fingen no serlo.</p><p>Piglia le da la vuelta a la superstición del yo y acaba por ponernos delante de los ojos en estos diarios una novela fragmentaria, en progresión espiral sobre un centro que se expande: el joven Emilio Renzi, que está viviendo. Un Emilio Renzi que ya estaba presente como alter ego del autor en algunas de sus narraciones anteriores y que en <em>Los años felices</em> tiene no poco en común con el Lucien Rubempré de <em>Las ilusiones perdidas</em> de <strong>Balzac</strong>, aunque en la novela diarística de Piglia el fracaso de las ilusiones tiene más que ver con el fin del joven iluso de <em>Los años de formación </em>y la emergencia de la realidad con toda su cruda y gozosa presencia en la madurez de un escritor que consigue, tras la publicación del volumen de cuentos <em>Nombre falso </em>(1975), con la que se cierran los acontecimientos de este volumen, entrar por fin en la “vida de escritor” y ser para los otros y no solo para sí mismo “un escritor”. Un empeño en ocasiones doloroso por el que el protagonista sacrificó las otras vidas posibles que pudo haber elegido vivir y cuyo recuerdo fantaseado le asalta de cuando en cuando con la nostalgia que produce la certeza de que lo que no fue entonces, ya no podrá ser ni ahora ni mañana.</p><p>Piglia ha escrito en esta segunda entrega de sus diarios, con más claridad que en la primera, no un diario propiamente dicho, ni siquiera una novela autobiográfica, sino una especie de “autobiografía conceptual”, que es a la literatura lo que el cine de <strong>Eisenstein </strong>es al cine derivado de la narrativa naturalista: el resultado de un minuciosamente planeado proceso de montaje de los materiales. En ambos creadores, el sentido está en la sintaxis y no en el contenido de los fragmentos en sí mismos. Es por ello que <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> constituyen un relato emocionante y profundo sobre el oficio de vivir, que diría <strong>Pavese</strong>, tantas veces citado en estas páginas, pues lo importante no es lo que le pasa al protagonista, que para el caso es más o menos lo mismo que a cualquiera, detalles de contexto sociohistórico al margen, sino cómo se cuenta la experiencia de vivir; aquí en una escritura diseminada que quizá podría calificarse, con cierto reparo por lo rimbombante de la expresión, como realismo postmoderno.</p><p>El protagonista de estos cuadernos de <em>Los años felices</em> es, lógicamente, Emilio Renzi, o sea Ricardo Piglia visto por el mismo autor como materia de relato y no como yo personal. Los personajes secundarios son sus amantes, sus amigos y los libros, no hay antagonista que obstaculice las acciones del protagonista si no es él mismo, sus dudas, sus desamparos, la urgencia de conseguir sustento para poder vivir esa vida de escritor que eligió quince años atrás y que solo se ve amenazada precisamente por la necesidad de estabilidad económica y sentimental. </p><p>De entre los secundarios, ocupa un lugar especial, por su presencia casi constante en las entradas de este segundo volumen, el también escritor argentino <strong>David Viñas</strong>, maestro de su generación, dicen, pero no de Emilio Renzi que una y otra vez escapa recordando que él viene de <strong>Hemingway</strong>, de<strong> Roberto Arlt</strong> y, aunque esto no lo dice expresamente, de <strong>Borges</strong>, de Pavese, de <strong>Malcolm Lowry</strong>, de <strong>Brecht</strong>, de <strong>Onetti</strong>... O sea, y aquí se encuentra uno de los rasgos de la rara originalidad de la literatura de Ricardo Piglia, de su firme lucha por no sumarse como corifeo a las tendencias en boga en la narrativa argentina de aquel tiempo, sino de apartarse hacia espacios inéditos, entre los que el ensayo-ficción ocupará un lugar central en la articulación de su mirada de escritor sobre el mundo. </p><p>El resto de personajes secundarios pertenecen en su mayoría a la intelectualidad bonaerense de entonces. Aparte quedan las amantes de Renzi, especialmente Julia, su gran amor de estos años, hasta que lo abandona en 1972 y vuelve a su vida la bella y loca Amanda o aparecen la Tristana que huye de las traiciones de su marido o Lola o la dulce Iris, en la que encuentra una paz discontinua hacia 1974, en medio de un ir y venir de mujeres que orbitan alrededor de ese hombre solo, metafísicamente solo, que es el Emilio Renzi.</p><p>El espacio donde suceden los acontecimientos es el Buenos Aires de los años de la autodenominada Revolución Argentina, la dictadura convulsa que se inicia con el golpe de Estado de 1966, la sombra del peronismo, los movimientos guerrilleros, la izquierda desorientada, la emergencia de la primera generación de escritores latinoamericanos <em>post-boom </em>y la eclosión de las culturas pop y las drogas psicodélicas.</p><p>El mundo intelectual, que podría no haber sido más que anécdota personal quizá relevante solo por el talento que desarrollarían andando el tiempo los amigos escritores del protagonista, se convierte gracias a la agudeza crítica de Piglia en una extraordinaria fuente de información sobre la literatura argentina de los primeros setenta, especialmente sobre las generaciones inmediatamente anterior y coetánea de Piglia. Aparecen frecuentemente por las páginas, además del omnipresente Viñas y de los inevitables Borges y Onetti, <strong>Rodolfo Walsh</strong>, <strong>Haroldo Conti</strong>, <strong>Néstor Sánchez y</strong><strong>Manuel Puig</strong>, entre otros. </p><p>La hondura del juicio crítico sobre las primeras novelas de Manuel Puig es especialmente destacable, primero porque Puig, entonces menospreciado por sus contemporáneos, se convertirá en la estrella más rutilante de la narrativa argentina tras el éxito mundial de la adaptación cinematográfica de su novela <em>El beso de la mujer araña</em> y, hoy duerme un injusto sueño de casi olvido. Pero también, porque con Manuel Puig entra el mundo de la cultura de masas en la “narrativa seria” hispana, como si <strong>William Faulkner</strong> se hubiera puesto a escribir guiones para radionovelas y folletines de amor. Las anotaciones de sus encuentros con Viñas y Puig, las conversaciones, los breves pero penetrantes análisis de sus obras, con más detalle las de Puig (a quien en una entrada califica como su “doble”, el actor suplente que en el cine hace las escenas que el protagonista no se atreve a hacer para no ponerse a sí mismo en peligro) denotan una concepción de lo literario que, expuestas en aquellos años, hay que considerar como una rara premonición crítica de las tendencias hoy dominantes.</p><p>Aparece por las páginas de <em>Los años felices e</em>l Renzi traductor, el editor de novelas norteamericanas de serie negra, el redactor de la revista <em>Los libros</em>, el reseñista de las novedades literarias que se publican en Argentina, el conferenciante, el autor de ensayos y de artículos de crítica política, el superviviente que da cursos sobre <strong>Freud </strong>y <strong>Wittgenstein </strong>tanto como sobre Borges o Puig cuando los amigos le consiguen algún hueco en las aulas universitarias. Aparece el Renzi intelectual izquierdista, muy crítico con las ilusiones dogmáticas y el amigo que recibe en casa al guerrillero urbano que esconde la pistola por no crear un ambiente incómodo para la charla. El paseante de Buenos Aires en busca de libros, que siempre encuentra un amigo en las calles con el que echar un rato o ir a cenar, el crítico que trabaja sobre Pavese, sobre los escritos autobiográficos de <strong>Tolstói</strong>, que escribe iluminaciones sobre <strong>Lowry</strong>, Hemingway o el <em>Adán Buenosayres</em> de<strong> Leopoldo Marechal</strong>. El escritor de ficciones que acaba sus quince primeros años de lucha por vivir la “vida de escritor”, y casi se lamenta, con treinta relatos, una <em>nouvelle </em>sobre Roberto Arlt y el fracaso de no haber conseguido cuajar dos novelas que, años después, serán dos de sus grandes logros:<em> Respiración artificial</em> y <em>Plata quemada</em>. Es el Emilio Renzi enamorado, el que huye de formar una familia porque quizá le impediría vivir la vida de escritor por la que pelea infatigable. Es el Emilio Renzi de los encuentros con los amigos en el bar La Paz o el que pasa horas en un café cualquiera escribiendo y el que va cambiando de apartamento según le van las cosas...</p><p>“Las grandes novelas son como las ciudades: lugares cotidianos donde suceden hechos extraordinarios”, dice Piglia, pero también, diría yo, aquellas donde lo cotidiano se vuelve un hecho extraordinario cuando quien escribe lo hace con la ambición de volver del revés la literatura de su tiempo, como aquí hace el propio Piglia en<em> Los años felices</em>. Sabio con los paréntesis, con las discontinuidades, con las digresiones, con la reescritura de la vida, Piglia nos lleva a cerrar con el principio: esto es una obra maestra.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura. </em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Letras viajeras’, de Manuel Rico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/letras-viajeras-manuel-rico_1_1132171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fe61e2b7-8f1e-4ee6-8f64-45ab9650f388_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Letras viajeras’, de Manuel Rico"></p><p><strong>Letras viajeras</strong></p><p><strong> Manuel RicoGadirMadrid 2016</strong></p><p>El poeta, novelista y crítico <strong>Manuel Rico </strong>(Madrid, 1952) abre su libro <em>Letras viajeras </em>con una muy ilustrativa cita del dramaturgo belga <strong>Francis de Croisset</strong>: “La lectura es el modo de viajar de aquellos que no pueden tomar el tren”. Pero el autor de este delicioso, evocador y original libro también podría haberse servido del famoso poema Itaca, del griego <strong>Constantino Cavafis</strong>, que comienza así: “Cuando emprendas tu viaje a Itaca / pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”. En cualquier caso, Manuel Rico ha tenido el acierto de reunir ahora medio centenar de artículos publicados <a href="https://manuelrico.blogspot.com.es/" target="_blank">en su blog </a>en un volumen donde ensalza el valor de la imaginación y de la recreación en los viajes literarios.</p><p>Por las páginas de <em>Letras viajeras</em> desfilan sin orden cronológico ni temático ni argumental escritores y libros muy diversos que Rico recrea en primera persona y a partir de su personal matiz. No obstante y a pesar de esa diversidad, todos los textos elegidos tienen en común su calidad literaria y su capacidad para describir un paisaje, una ciudad o una montaña más allá de su apariencia física. Podría decirse que los escritores elegidos intentan capturar el alma de aquello que ven, tratan de ir más allá de la apariencia para narrar sensaciones y estados de ánimo, buscan en definitiva no solamente viajar en el espacio, sino también en el tiempo. Manuel Rico recuerda, por ello, aquellos viajes que emprendió desde un sillón de orejas en las tardes de verano de su juventud. “Con <strong>Unamuno</strong>”, relata, “olía los bosques de la sierra de la Peña de Francia, en Salamanca; o sentía el bochorno del sol implacable de algún pueblo de Castilla al mediodía o el fresco, oloroso a cuero y a madera, de alguna casa solariega con zaguán en sombra de algún capítulo del libro de <strong>Azorín</strong>; o el frío matinal en la estación de Atocha cuando <strong>Camilo José Cela </strong>se dirigía, al amanecer, al tren de madera que habría de llevarlo a Guadalajara, primera estación de su viaje inmortal”.</p><p>No puede ocultar Manuel Rico en estas aleatorias<em> Letras viajeras</em> su predilección por algunos autores de la Generación de 98, como Unamuno y Azorín, que escribieron mucho y bien sobre la geografía española y, en especial, sobre sus regiones del interior. Tampoco puede esconder el autor su pasión por clásicos de nuestra literatura como <strong>Antonio Machado</strong> (<em>Viajar por Soria</em>),<strong> Juan Goytisolo </strong>(<em>Campos de Níjar</em>) o <strong>Dionisio Ridruejo</strong> (<em>Las tierras segovianas</em>). Ahora bien, también presta atención a escritores de obra más reciente, como <strong>Julio Llamazares </strong>(<em>El Duero</em>), que han convertido la literatura de viajes en literatura con mayúsculas. No faltan, aunque su presencia sea más bien testimonial, algunos autores extranjeros que plasman su interesante mirada ajena sobre nuestro país como dos magníficos viajeros del siglo XIX: el inglés <strong>Richard Ford</strong> o el danés <strong>Christian Andersen</strong>. En este sentido, quizá sean la escasa presencia de escritores foráneos y la abundancia de narraciones sobre Castilla las mayores objeciones que podrían ponerse a este volumen que, en cualquier caso, responde a un criterio de selección subjetivo por parte de Manuel Rico. </p><p>La apuesta de Gadir por publicar literatura de viajes, un género que merecería más atención en nuestro país, obedece a un empeño decidido de su editor,<strong> Javier Santillán</strong>, que en poco más de una década ha situado su sello entre lo más selecto y exquisito del panorama editorial. No en vano recibió en 2009 el premio que otorga el Ministerio de Cultura a la mejor labor editorial de aquel año. Si como suele decirse, el catálogo representa la tarjeta de presentación de un sello, Gadir puede presumir de haber recuperado autores clásicos de la literatura de viajes que pedían a gritos nuevas ediciones (<strong>Vicente Blasco Ibañez</strong>, <strong>Antonio Ferres</strong>, <strong>Rubén Darío</strong>, <strong>Charles Dickens </strong>o <strong>Herman Melville</strong>) o de haber animado a publicar a nombres como el Manuel Rico de estas excelentes<em> Letras viajeras</em>.   </p><p><em>*Miguel Ángel Villena es periodista de </em><strong>Miguel Ángel Villena</strong>infoLibre <em>y editor de </em>tintaLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Letras viajeras’, de Manuel Rico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura española,Viajes,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El bolso de Diana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bolso-diana_1_1132161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3260a2f2-fdab-4997-b29e-ba11178bceaf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bolso de Diana"></p><p><em>(Inicia Carlos Zanón)</em><strong> Carlos Zanón</strong></p><p>Diana volvió del lavabo antes de lo previsto y me vio rebuscando en su bolso. Fingió que no se había dado cuenta o incluso llegué a suponer que no le importaba. Dejó caer la toalla, se puso de rodillas sobre la cama y se mostró desnuda ante mí. Sus rodillas estaban en contacto con mis pies. Pensé en retirarlos pero los mantuve. No tenía el cabello húmedo. Tampoco el cuerpo. Parecía como si, simplemente, hubiera cambiado de idea respecto de la ducha. Diana era bonita. Sus pechos pequeños y erguidos me señalaban. Evitaba mirarme. Fue evidente que se había dado cuenta y que le importaba. Era la mujer a la que había mirado más detenidamente a la cara en toda mi vida pero me resultaba imposible describirla apenas unos minutos después de verla. Gesticulaba todo el rato desfigurando sus facciones de un segundo a otro. Podría aventurarme y decir que cuando estaba serena, sus ojos eran pequeños y negros, fijos y duros como los de un insecto. Su boca y su nariz eran grandes y el pelo siempre despeinado, cayendo sobre los ojos una y otra vez. Podría hacerlo pero es probable que al volver a verla, fuera totalmente distinta. Siempre era la misma debajo de personas distintas.</p><p>—Dame un cigarro.</p><p>Yo estaba sentado en una silla bastante incómoda con los pies levantados y apoyados en la cama. Había empezado a vestirme. Llevaba puesta sin abrochar la camisa y los calzoncillos. Le alcancé el paquete de la mesilla. Las cerillas de la cocina también. Servicio completo.</p><p>—Así que quieres saber.</p><p>—No quiero saber nada.</p><p>—¿Quieres ver si lo guardo ahí?</p><p>—Me da igual que lo tengas ahí. </p><p>—Es tremendo cuando no tienes sitio donde ir, ¿verdad…? Cuando te pillan rebuscando en un bolso, buscando lo que creo que no deberías saber. </p><p>—Soy curioso. Nada más. </p><p>De un modo brusco, cogió el bolso y me lo lanzó al regazo. </p><p>—¿Es el móvil o es lo otro? Porque si fuera el móvil sería más bien patético, ¿no…? Quiero pensar que es lo otro. Sinceramente, creo que no debes ver lo que guardo ahí. </p><p>—¿Por qué?</p><p>—Porque hablarías.</p><p>—No hablaré. Además, ¿a quién podría decir qué? </p><p>—Mira dentro entonces. Te doy permiso. Pero delante de mí, no a escondidas.</p><p>—Me importa una mierda lo que guardes. </p><p>Ahora fui yo quien se permitió lanzar el bolso contra la cama. Le mantuve la mirada. Ella, Diana ya no estaba. A veces, se iba y te dejaba fuera, a la intemperie. Éste era uno de esos momentos. En los que ya te había expulsado, que ya no te quería, que podía no quererte nunca más. </p><p>—¿Por qué no te has duchado?</p><p>—Porque quería fumar antes. He llegado a fumar duchándome. Era todo un hombre antes. Un hombre de verdad.</p><p>—De los que no quedan.</p><p>—¿Por qué no te atreves? </p><p>—Porque si lo encuentro me iré.</p><p>—Y no quieres irte.</p><p>—No.</p><p>—Ya has elegido irte. A mis espaldas, rebuscando. Qué triste, ¿no?</p><p>—Eres un montón de basura. Yo amo ese montón de basura. Eso sí que es triste. </p><p>No contestó. Dio una calada. Otra más. Me miraba y sonreía con esa sonrisa distraída que le debía haber servido en tantas ocasiones. Aquello tenía un tiempo y estábamos en el descuento. Esa certeza me debilitaba. Pensé que también debería debilitarle a ella pero no lo parecía. Disponía el pie sobre el alambre y echaba andar sabiendo que debajo no había nada y, casi con toda seguridad, en el otro extremo de ese alambre no habría nadie sujetando. Pero Diana no se detenía. Todo lo contrario, seguía andando por ese maldito alambre.</p><p><em>(Continuará Berna González Harbour)</em><strong>Berna González Harbour</strong></p><p>*Carlos Zanón es escritor. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Zanón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El bolso de Diana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tiempos necios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempos-necios_1_1132159.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b138e2d5-7a2b-4e78-bcf6-24c65372d9bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempos necios"></p><p><em><strong>Francisco Goyanes</strong></em><em>, responsable de la librería Cálamo (Zaragoza), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses. </em></p><p>¿Hay tiempos necios, somos necios o nos hacen necios?</p><p>Qué necedad…llevo unos cuantos días haciéndome estas tres preguntas a todas horas. Convendrás conmigo en que la historia no es una línea continua: hay tiempos mejores y tiempos peores. Claro que la leemos e  interpretamos desde el presente, desde nuestro presente, no somos neutrales. Tendemos a glorificar nuestro pasado por perro que sea. Así a los que nacimos en medio del franquismo la época de la Transición nos sabe a gloria,  lucha popular y ansias transformadoras. A los que nacieron en lo que solemos llamar democracia, dicho momento histórico les produce hastío, aburrimiento y sensación de chapuza.</p><p>No me gusta nada el presente. ¿Es comprensible que los colombianos hayan votado “no” al proceso de paz tras más de 50 años de guerra? ¿Es entendible que semejante decisión sea tomada tan solo por el 37,28% del censo electoral y por una mayoría de éste del 50,22%? ¿Y qué los civilizados abueletes británicos se dejen asustar por la ultraderecha racista y xenófoba  y manden a tomar por saco la Unión Europea en un plisplás  en un referéndum en el que los jóvenes no participaron no fuera a ser que les dejaran sin cerveza en su pub favorito? ¿Y qué me dices del hispánico “yo te robo, tú me votas y me das mayorías absolutas o cuasi” que hemos patentado para vergüenza nuestra y carcajeo universal?</p><p>Me temo que neciamente seguiré interrogándome a todas horas. Eso sí, leer ayuda, ya lo sabes. Permíteme que te recomiende algunos libros que merecen la pena.</p><p><strong>Alicia Kopf </strong>es de Gerona y su apellido tiene una sonoridad que me recuerda a los mejores vinos de Oporto: soy fan de ellos y es posible que pronto también de ella. <a href="http://www.alphadecay.org/libro/hermano-de-hielo/" target="_blank"><em>Hermano hielo</em></a><em> </em>(Alpha Decay, 2016) <em>—</em>su primera novela— es un texto tan extraño como hermosamente delicado. Publicado inicialmente en catalán (y premiado por los libreros de Barcelona) aparece ahora en lengua española traducido por la propia autora. A descubrir.</p><p>Con <strong>Paco Inclán</strong> te descubres. La editorial Jekyll & Jill  le publica <a href="http://jekyllandjill.com/shop/incertidumbre/" target="_blank"><em>Incertidumbre</em></a>, un libro de ¿relatos? absolutamente genial e hilarante. El autor confiesa que ha vivido todo lo que cuenta, lo que lo hace más alucinante todavía. Si quieres leer algo fresco y divertido ya tienes tu elección.</p><p>El porteño <strong>Eduardo Berti </strong>tiene lo que tienen los buenos escritores latinoamericanos: un genio y un oficio que les permite construir novelas sólidas sobre temas eternos. En <a href="http://impedimenta.es/libros.php/un-padre-extranjero" target="_blank"><em>Un padre extranjero</em></a><em> </em>(Impedimenta, 2016)habla de la figura paterna y de la literatura como construcción total. Bravo.</p><p><a href="http://www.nordicalibros.com/la-partida-de-los-musicos" target="_blank"><em>La partida de los músicos</em></a><em> </em>(Nórdica, 2016), obra del autor sueco <strong>Per Olov Enquist </strong>ymaravillosamente traducida por nuestros amados <strong>Marina Torres</strong> y<strong> Paco J. Uriz</strong>, nos tiene literalmente fascinados. Ambientada en su país a comienzos del siglo XX,  su tema es tan obviamente universal como socialmente denostado: la lucha de clases. Pero sí, existió y existe.</p><p>Y por último un ensayo delicioso de un francés listo como el sólo, <strong>Christophe Galfard</strong>: <em>El universo en tu mano</em>. Un viaje extraordinario a los límites del tiempo y el espacio. Una maravilla. Si sabes de estas cosas te gustará mucho. Si eres un lerdo –mi caso— te entusiasmará.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Cálamo en la Plaza de San Francisco, 4 y 5, 3, en Zaragoza o en su </em><a href="http://www.calamo.com/" target="_blank">página web</a><em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Cálamo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Entrevista sobre el siglo XXI’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/entrevista-siglo-xxi_1_1132156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3f10f00a-8f01-4a85-810b-6f2608950071_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Entrevista sobre el siglo XXI’"></p><p>En la<em> Entrevista sobre el siglo XXI</em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-entrevista-sobre-el-siglo-xxi/210838" target="_blank">Entrevista sobre el siglo XXI</a>(Crítica, 2016), realizada en 1999 por <strong>Antonio Polito</strong>, vicedirector del <em>Corriere della Sera</em>, el historiador <strong>Eric Hobsbawm </strong>analizaba la evolución del capitalismo y sus efectos en el fin del “siglo corto”. Pero también apuntaba en ella las tendencias y líneas de fuerza del capitalismo del siglo XXI. Según Hobsbawm, el “siglo corto” había comenzado en 1914 y habría concluido con la caída de la URSS en 1991. La entrevista no quedaba lejos del acontecimiento. En aquellos momentos, el sentimiento seguía vivo. La guerra había asolado los Balcanes y la antigua Yugoslavia había saltado hecha pedazos ante una Europa paralizada. De sus cenizas surgían las nuevas repúblicas de  Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia. En esta guerra se había vulnerado las reglas de la guerra y de la paz, aquellas que distinguían los conflictos internos de los internacionales, desde el orden instaurado tras la Guerra de los Treinta Años en Europa. El fin de una etapa se cerraba definitivamente con la desaparición de la política de bloques, y ello dejaba huecos a cubrir. Huecos que comenzaban a ocupar ya modelos anteriores en el marco de un nuevo orden del mundo. Ahora, nos decía Hobsbawm, “la gran cuestión del siglo XXI es <em>qué </em>sustituirá efectivamente el viejo sistema de poderes que regía el mundo”. </p><p>Eric Hobsbawm, del “grupo de historiadores comunistas” británico, junto con <strong>Christopher Hill</strong>, <strong>Maurice Dobb</strong>, <strong>Edward P. Thompson</strong>, etcétera, reivindica a <strong>Marx</strong>. “Él comprendió realmente que una fase histórica determinada no es permanente” y “supo analizar los modos en que funciona un sistema social determinado, y los motivos por los cuales ese sistema genera, o no consigue generar, las fuerzas del cambio”. Marx no es recurso anacrónico si se sabe leer. En la larga entrevista, Hobsbawm contesta minuciosamente las preguntas de su interlocutor y da un repaso a los grandes temas conclusos del “siglo corto” y a los que se abren con el nuevo siglo XXI. La desaparición de la URSS, y el retorno a fórmulas previas a la  ocupación rusa; la posibilidad de una guerra mundial, el auge de los nacionalismos, la debilitación de los grandes estados y la convivencia entre estos y aquellas otras sociedades sin estado o con estados en proceso de desintegración; el nuevo orden mundial tras la desaparición de la política de bloques, la idea de progreso en relación con la izquierda. Todos estos temas los analiza, para sugerir posibilidades y retos a conquistar por parte de una izquierda, que debe replantearse su función y objetivos. Pese al tiempo transcurrido, muchas cuestiones aún siguen vigentes.</p><p>Una de las claves para entender su posición quizá sea el cambio de acento en su análisis marxista: “Cuando, tras la Primera Guerra Mundial, se hizo necesario debatir por primera vez sobre las nacionalizaciones –en 1919 y 1920 en Alemania y Austria, humilladas por la derrota— los expertos burgueses se dieron cuenta de que los socialistas no tenían ni idea de cómo proceder. El único modelo de que disponían los socialistas era el propio de la economía de guerra, que desde luego imitaron los socialistas”. Los bolcheviques fueron “los únicos que verdaderamente afirmaron que querían construir una sociedad socialista”. Pero este modelo, a la altura de los años sesenta, dejaba claramente manifiesto su fracaso. Y “este fracaso debilitó al ala socialdemócrata de la izquierda del mismo modo que los cambios sobrevenidos en la economía mundial durante los años setenta, desde el fin de la edad de oro socialdemócrata, debilitaron el ala revolucionaria. (…) El crecimiento de la economía global asestó golpes aún más contundentes a las bases mismas sobre las que descansa el proyecto de la izquierda socialdemócrata, es decir, su capacidad de defender, en el interior de los confines nacionales, su bloque por medio de la redistribución de los ingresos, la gestión de los impuestos y una política macroeconómica favorable al empleo. La combinación de estas dos debilidades determinó la crisis intelectual de la izquierda en la que aún nos hallamos sumidos”. </p><p>El balance sobre la acción de la izquierda revolucionaria y de la socialdemócrata en el “siglo corto” no deja invalidada a la izquierda política, pues lo político es el único instrumento que nos queda. Es verdad que la nueva izquierda surgida en los años setenta, movimiento ecologista, emancipación de la mujer, etc., coexiste con la izquierda clásica, “pero  tiende a ser single issue, es decir, que se concentran en una sola cuestión”. Además, ha cristalizado la idea de la libertad como opción individualista “sin miramientos por sus consecuencias sociales”. Hay pues debilidad política e ideológica. “La política democrática existe porque aún es posible organizar a la gente y hacer que actúe colectivamente, y existirá mientras se consiga hacerlo. Y, sin embargo, cada vez es más difícil para cualquier movimiento político movilizar a la gente, no sólo para los partidos socialistas… Cada vez se hace más difícil interesar a la gente en objetivos colectivos.” “Temo –escribe Hobsbawm— que cuanto más se despolitiza y privatiza la política, tanto más se erosiona el proceso democrático”. </p><p>La apuesta de izquierda pasa por un sí al mercado, pero no por una sociedad de mercado. “Los mercados no hacen discriminaciones ante los gobiernos de derechas como lo hacen en cambio frente a los gobiernos de izquierda.” No es posible evitar ese marco, pero no todo debe entrar en la dinámica del mercado. Además, los retos de la izquierda pasan por una mediación con instrumentos de la globalización. </p><p>Hobsbawm cree que el proceso de globalización ha generado, a donde se ha instaurado, cierto bienestar, pero “En la mayor parte del mundo, para la inmensa mayoría de la humanidad, estos cambios en realidad ni siquiera han comenzado.” Además, este crecimiento, de la riqueza global y del tipo de “felicidad” que aporta, tiene el coste de “la pérdida de normas, sistemas de valores, reglas, expectativas y modelos de vida”. </p><p>En el capitalismo del siglo XXI todo circula libremente, menos los trabajadores. Estos quedan seleccionados, controlados y retenidos en su movilidad al paso de las fronteras de los estados más fuertes. Culturalmente, en este proceso de migración global, al que los jóvenes de los distintos países de la periferia se enfrentan, “prevalece la asimilación no como un ideal, sino como una práctica que les impone el hecho de vivir en una sociedad distinta de la que proceden”. Y “la reacción a estos procesos que tienden a uniformizar los estilos de vida en países como Estados Unidos se manifiesta más bien a través del surgimiento de grupos de identidad  que propagan actitudes y creencias específicas, muchas veces sorprendentes, como el caso de la <em>New Age</em>; es decir, como reacción individual y no como reacción de una comunidad o de una colectividad”. </p><p>Pero tampoco la reacción colectiva es automática. El auge de los nacionalismos en Europa no sólo es un efecto de la globalización. Es necesario que haya alguien que los estimule. Sin el concurso recurrente de quienes quieren resucitarlos no los habría. “Los mitos nacionales constituyen otro problema en el que hay que saber distinguir entre lo que llega desde abajo y lo que se impone desde arriba. (…) En general no forman parte de la memoria histórica ni de una tradición viva… no se trata de algo que el pueblo recuerde espontáneamente: lo recuerda sólo porque hay alguien que se lo recuerda de forma constante. (…) Masada, al decir de los arqueólogos nacionalistas, era el lugar en que 900 judíos resistieron a los romanos hasta el fin, hasta llegar al suicidio colectivo. Este acontecimiento fue transformado en un rito nacional Israel es un excelente ejemplo, pero un excelente ejemplo, porque la arqueología israelí, que al principio estuvo muy politizada, se desentendió deliberadamente de casi todos los demás elementos de la arqueología local para concentrarse en lo que justificaba la fundación de una ideología nacional y patriótica.”</p><p>En cuanto a la situación de la fuerza de trabajo, tampoco la globalización explica totalmente su precariedad. “En la economía capitalista moderna, los seres humanos son precisamente el único factor cuya productividad  no puede ser incrementada fácilmente y cuyos costes tampoco se pueden reducir fácilmente. Por tanto, la presión por eliminarlos de la producción es enorme. Y esta verdad no tiene nada que ver con la competición internacional, sino que es la excusa con la que hoy en día se busca justificar este proceso.” </p><p>Hay además elementos del neoliberalismo que aportan inestabilidad al sistema desde el propio sistema: “Se considera perfectamente posible que los éxitos de la empresa convivan con la inseguridad permanente y con el cambio continuo de sus empleados… Hoy nadie quiere invertir para levantar una empresa que funcionará en el mejor de los casos dentro de diez años y que empezará a dar beneficios dentro de otros diez. La única lógica de inversión que cuenta es la de participar en lo que sea con tal de que produzca un rendimiento inmediato… La cuestión es: ¿hasta qué punto puede funcionar el capitalismo  con este <em>modus operandi</em> de la economía?”. Esta idea puede cundir también en el ámbito científico. “En la revolución biológica y genética (...) ¿también ellos [los científicos] serán engullidos por el sistema con que funciona el mercado financiero? Si esto llegara a ocurrir las consecuencias serían tan transcendentales que ni las podemos imaginar.”</p><p>El crecimiento económico es desigual, “cuanto más aumente la riqueza en el mundo más habrá de disminuir la igualdad, tanto política como jurídica”. Y por ello, hay que analizar cómo se constituye la jerarquía social, no basta una gobernanza técnica, pues esta sólo aumenta la desigualdad. La simbología de la riqueza ha cambiado, la ostentación de su estatus también, pero “yo sigo pensando que en el futuro la riqueza conservará su papel central en la definición de la jerarquía social. No veo aparecer jerarquías alternativas que puedan competir con la disponibilidad de dinero. ¿Los políticos tal vez? (...) Continuarán estando más arriba que los demás, pero un peldaño por debajo de los ricos. ¿El talento artístico? Decididamente contará mucho, entre otras razones porque puede ser traducido en beneficios económicos.” </p><p>Luego pasa revista a su “querida Italia”, a la que le unen lazos afectivos y una parte de su vida intelectual. Una de las interesantes observaciones que hace al respecto, y que nos incumbe, es la siguiente: “El bipartidismo sufre un dilema crucial: no es democrático desde el punto de vista del criterio de representación, pero produce gobiernos eficaces y estables. El verdadero problema no está tanto en el bipartidismo, sino en el exceso de partidos y la debilidad de los polos, ninguno de los cuales es nunca lo bastante fuerte como para imponerse de forma clara”. Esa  Italia, en el marco de una Unión Europea, que “no se concibió para que fuese una democracia”. Y con relación a la debilidad de esa Europa, apunta una razón premonitoria: “Otro obstáculo es el atlantismo visceral de los ingleses. Para todos los demás, Europa es la única elección posible, pero para los ingleses en cambio existe siempre la posibilidad de acercarse al sistema norteamericano e integrarse en él. En el fondo aún no se han decidido.”</p><p>Su entrevista acaba con valoraciones acertadas sobre los movimientos migratorios futuros y sobre aspectos globales como el calentamiento climático. Pese al tiempo transcurrido, su lectura no deja de sugerir cuestiones y esbozar soluciones a los grandes problemas de nuestro ya no tan nuevo siglo.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Entrevista sobre el siglo XXI’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[“El durmiente del valle”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/durmiente-valle_1_1132154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25c35bad-b89c-4527-81d6-eed56dba7521_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="“El durmiente del valle”"></p><p>Pedro Guerra lee el poema "El durmiente del valle", de Arthur Rimbaud, en versión e Luis García Montero.</p><p><strong>El durmiente del valle</strong></p><p>Mediodía. Silencio. Tranquilo el horizonte.</p><p>Por los claros del bosque sigue despacio el río</p><p>y la plata del agua se desnuda sin frío</p><p>bajo un sol orgulloso que ha bajado del monte.</p><p>Mirad ese soldado y el sueño que lo ampara.</p><p>Tiene la boca abierta, la cabellera al viento.</p><p>Sobre la hierba verde descansa un sentimiento</p><p>de luz, como una lágrima que rueda por su cara.</p><p>Los pies en los gladiolos, parece sonreír,</p><p>parece un niño enfermo que teme el porvenir</p><p>y pide que la noche le ofrezca su cuidado.</p><p>El perfume que siente es de flores inciertas.</p><p>Mirad su mundo inmóvil, sus dos manos abiertas</p><p>y dos heridas rojas de bala en el costado.</p><p>Versión del soneto de <strong>Arthur Rimbaud </strong>realizada por<strong> Luis García Montero </strong>para ser musicada por <strong>Pedro Guerra</strong> en el disco <em>Arde Estocolmo</em>.</p><p><em>*Pedro Guerra es músico. Su último disco, </em></p><p><strong>Pedro Guerra</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/04/23/pedro_guerra_desdobla_48655_1026.html" target="_blank">Arde Estocolmo</a><em> (2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Guerra | Arthur Rimbaud | Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“El durmiente del valle”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura europea,Música,Poesía,Los diablos azules número 36]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘De lo poco de la vida’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida_1_1132151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3714dc80-fe57-4ed2-a340-5b57e52c577e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘De lo poco de la vida’"></p><p><strong>Marco Antonio Campos</strong> (Ciudad de México, 1949) es un poeta conocido y reconocido en lengua española. En España ha editado, siempre en la editorial Visor, los poemarios <em>Viernes en Jerusalén</em> (2005, V Premio Casa de América de Poesía Americana), y <em>Dime dónde, en qué país</em> (2010, XXXI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla). <em>De lo poco de vida </em>es su última entrega, y los lectores tenemos la suerte de asistir a una voz madura que, sin renunciar al canto elegiaco, celebra lo que —nos— queda de vida con mirada vitalista, pues aun siendo bastante poco, se vive a ritmo trepidante. Siempre es poco, ciertamente, pero al menos queda la sensación de haberla vivido a tope. Nada de vida libresca, como el mismo autor asegura: "porque / sólo aquello que se vive, sin mira ni propósito literario / (<strong>Cesare Pavese</strong> dixit), puede convertirse en un poema"(pág. 19, de "Libros").</p><p><em>De lo poco de vida</em> posee dos ejes bien definidos que convergen en una sola idea: el nomadismo. Por un lado se halla nuestra propia existencia concebida como nomadismo, vida peregrina y rápida, implícita en el título; y por otro se trata del vagar del poeta por ciudades y países de todo el mundo. Nomadismo que implica no sentirse de ningún sitio pero ser de todos los lugares al mismo tiempo, <em>no man’s land</em> como tópico redimensionado desde una mexicanidad que aparece como motor que espolea el recuerdo, la amistad, el amor y tantas situaciones emotivas por las que circula la vida que, no obstante, no se puede apresar, destinada siempre evadirse, a no permanecer. No en vano su poesía reunida —editada en México en la prestigiosa editorial El Tucán de Virginia en 2007— se titula <em>El forastero en la tierra</em> (1970-2004). Pero una verdad asoma a pesar de nuestra eventualidad, una verdad acaso nómada, recordando el libro de <strong>Guattari </strong>y <strong>Negri</strong>: la poesía como testimonio, como conciencia cívica y lírica de nuestro paso.</p><p>El poema "Aquellas cartas" (pág. 25) podría ser un claro ejemplo de ese deambular por el mundo, en este caso Europa a finales del año 72, cuando el poeta, en un viaje iniciático en tren, se escribía cartas entre una estación y otra con su amada de 19 años allá en Ciudad de México. Sin embargo, el final estremecedor del texto anticipa ese "poco de vida" que nos queda, ese otro final de nuestra vida que siempre nos queda cuando vivimos aceleradamente, y todo nos sabe a poco. <em>Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus</em>, huye inexorablemente el tiempo y "parece / que aún oigo la canción del mirlo a la hora del degüello" (ibíd.).</p><p>"De lo poco de vida" (pág. 51-52), la composición homónima del libro, en homenaje a <strong>Bécquer</strong>, del que toma el título por la "Rima LI", también puede ser un magnífico ejemplo de este ir y venir de una voz que escribe desde el pasado, que se replantea "¿dónde poner las palabras que eran tuyas / y decían al repetírtelas lo bello y lo bueno que me eras?" (pág. 51), pero que viene hacia el presente hecha literatura, impresa en la palabra que permanece, igual que el romanticismo decimonónico, redefinido en estos tiempos donde nada es lo que parece. Porque “El después no existe” (pág. 52), la conciencia trágica de no poder apresar nada, ni el pensamiento, y el único argumento que nos queda es el ahora. "No hace mucho comprendí —le digo a Carmen— / que la vejez es la muerte a media muerte. / Me atristo ante lo mucho o / lo poco que viví, sin saber cómo fue / ese mucho o poco" (pág. 33, de "¿Dije esto?"). A veces, por tanto, ese "poco" de vida se puede pensar como un valor de intensidad, otras como un cambio de extensión, pero siempre desde una perspectiva optimista. Porque no hay una sola manera de concebir lo vivido, al margen de frivolidades, más allá de lo inasible de la cotidianidad y la rutina, de ese "reloj de Plaza Mayor que suena a la hora en que no vine" (ibíd.), pues siempre pensamos que nuestro tiempo se ha ido, y que incluso tratando de acaparar todas las oportunidades posibles, también se va.</p><p>Conciencia trágica del tránsito hacia la identidad nómada, como en el poema final en prosa, "Lápida en el aire" (pág. 95), aunando el impulso erotanático que nos guía y que se sabe al mismo tiempo punto de fuga: "Me sentí un forastero dondequiera, y para vivir, para simular que vivía, más pronto que tarde emprendí la aventura o fuga" (ibíd.). Identidad hecha verdad que, aunque mute o no podamos consignarla, guarda una razón escrita en algún sitio, puede que en el aire. "Pudo ser del aire. Pudo ser el aire." (ibíd.). Leer a Marco Antonio Campos nos emociona, y su elegía nos arranca un puñado de verdades, sutilmente tamizada, porque ya se sabe que los suspiros son aire y van al aire.</p><p><strong>Aquellas cartas</strong></p><p>El ayer llega en el hoy que saluda ya el mañana.</p><p>Era fines del ’72. Yo atravesaba en tren</p><p>Europa occidental, o caminaba por saber adónde,</p><p>un sinnúmero de calles, y en cuerpos ondulados</p><p>de jóvenes tenues, o en la delgadez del aire en la rama</p><p>de los castaños, o en reflejos, que creaban imágenes,</p><p>en aguas del Tajo, del Arno o del Danubio, la creía ver,</p><p>y ella lejos, en mí, en Ciudad de México, con sus</p><p>clarísimos 19 años, regresaba en verde o azul, para luego irse</p><p>y regresar e irse en el ayer que hoy llega para hablar mañana.</p><p>Era fines del ‘72, y yo no sabía que el mirlo cantaría para mí</p><p>a la hora del degüello. Ella hablaba de amor en mí, por mí, de mí,</p><p>pidiéndome que le enviara más cartas, que guardaba</p><p>—eso decía— en el color de los geranios sobre los muros</p><p>de su casa en el barrio de San Ángel, sabiéndola diciembre</p><p>que era de otro, pero yo le escribía cartas y cartas</p><p>en el compartimiento del tren de una estación a otra, </p><p>bebiéndome milímetro a milímetro la morenía de su cuerpo</p><p>como si fuera antes, sin saber que la tinta se borraba como</p><p>el color de los geranios en el muro de su casa.</p><p>Pero al evocar ese ayer convertido en un hoy que es ya mañana, </p><p>sin escribir ya cartas entre una estación y otra, me parece</p><p>que aún oigo la canción del mirlo a la hora del degüello.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril </strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘De lo poco de la vida’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Marco Antonio Campos: “La poesía es la historia del alma”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/marco-antonio-campos-poesia-historia-alma_1_1132148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Marco Antonio Campos</strong> (Ciudad de México, 1949) es uno de los nombres fundamentales para comprender la poesía mexicana reciente. Aunque estudió Derecho, la vida le ha llevado a traducir a Baudelaire, a Rimbaud, a Artaud, a Pavese y a Trakl, y no ha abandonado los versos desde su primer poemario, Muertos y disgraces, publicado en 1974. Su editor <strong>Jesús García Sánchez</strong>, más conocido como Chus Visor, aprovecha la publicación de <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/de-lo-poco-de-vida.html" target="_blank"><em>De lo poco de la vida</em></a>, su último libro, para conversar con él sobre la poesía, la melancolía y la tradición.<strong>PREGUNTA. Los poemas de De lo poco de vida están escritos en parte desde “los ojos envejecidos que vieron demasiado”. En la memoria se reúnen con la niebla del tiempo el fue y el no fue. ¿Son estos poemas un esfuerzo por darle un sentido a la vida, por buscar la coherencia entre el ayer y el hoy?</strong></p><p><em>De lo poco de vida</em></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. A menudo, en el curso de mi vida, quise darle sentido a una vida que me parecía oscura y sin sentido y una de las dos vías que encontré fue la escritura: en la poesía pero también en la narrativa, la crónica, los aforismos; la otra fueron los viajes. En muchos de los poemas quise unir imágenes de ayeres remotos, no tan lejanos, o menos recientes, con el hoy vivo, es decir, trataba de fijar instantes de un tiempo que se me escapaba y se me escapa de las manos. El tiempo va corrigiendo en nuestra alma los pasados vividos, y por eso, cuando escribes de experiencias que te ocurrieron en la niñez, en la adolescencia o la juventud, se recobra la emoción vivida, pero es una emoción modificada. El melancólico habita mejor los pasados que le tocaron vivir. Con los años el peso de lo que pudo ser y no fue, lo que pudiste hacer y no hiciste, lo que se perdió o lo que se careció, pesan a veces más que propiamente lo vivido. Pero sí: con estos ojos que han envejecido vi mucho sobre esta tierra a la que se viene sólo una vez. Pero más que una coherencia en el recuerdo sólo hallo una multitud de imágenes desordenadas. Tal vez esas imágenes tengan una mayor coherencia cuando son escritas. Tenía toda la razón <strong>Ernesto Sabato</strong> cuando escribió en una página de <em>Sobre héroes y tumbas </em>que la vida la hacemos en borrador, a diferencia de la escritura que podemos corregirla. </p><p><strong>P. La poesía tiene que negociar con la carencia y la pérdida. Es lo que queda en el aire cuando vuela y se va una bandada de palomas. ¿El poeta contemporáneo trabaja con la conciencia de lo fugitivo?</strong></p><p><strong>R.</strong> Yo creo que la conciencia de lo fugitivo en los poetas ha existido desde siempre. No podría generalizar, pero pondría grandes ejemplos: se halla ya en Eclesiastés, se halla en <strong>Sófocles</strong>, se halla en el romano <strong>Horacio</strong>, se halla asimismo en un poeta persa como <strong>Omar Khayyam</strong>, se halla, en la lengua española, en el inevitable <strong>Jorge Manrique</strong> y en Francia con <strong>François Villon</strong>. En el México prehispánico, de este aire fugaz y fugitivo está poblada la poesía en lengua náhuatl. Quizá el poeta mexicano del siglo XX que más ha insistido en la fugacidad y lo fugitivo de las cosas del mundo sea <strong>José Emilio Pacheco</strong>. Cuando uno ve, por ejemplo, un álbum de fotografías en distintos tiempos, o lee libros que tienen el nombre de la mujer que se amaba o los apuntes o signos antiguos de la lectura, sientes una suerte de ahogo triste, como si te cayera todo lo que se fue y lo que se perdió. Te da la conciencia de que solo estamos de paso, que solo venimos una vez, que todo tiempo fue y es destiempo, es decir, la conciencia de lo fugitivo. </p><p><strong>P. En el mundo sentimental del libro, aparece la poesía desde la adolescencia, en el verano de fuego de 1968. ¿Qué te llevó a la poesía? ¿La tensión política de la injusticia y la represión está en la raíz del sueño poético?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sin duda el 68 ha sido el año donde se me dio el gran punto de quiebre: es la revelación de la vocación y es la primera pero definitiva conciencia política. Hasta cerca de los diecinueve años era un perfecto bueno para nada. Me llevan a escribir la muerte de un gran amigo de adolescencia (era la primera vez que veía la muerte tan inmediata) y la muchacha que amé en ese año. En el primer poema de <em>De lo poco de vida</em> trato de que se integren la iluminación sombría de la muchacha y la llamada de la poesía. En el siglo XX, 1968 tendría su correlato con lo que fue el 1848 en Europa. La irrupción estudiantil de 1968 en México, a diferencia de los múltiples países donde se dio, terminó en tragedia, y los dos siguientes años del gobierno de <strong>Díaz Ordaz</strong> ser joven representaba en momentos casi un delito. Yo estudiaba primero de Derecho, y cuando me inscribí no sabía que iba a ser escritor; quería entrar a la política. Pero al terminar ese año yo ya sabía que mi destino sería literario y que de ninguna manera trabajaría para un Gobierno de asesinos. Lo he cumplido. Mi vida ha sido en las universidades, lo que me ha proporcionado dos cosas de excepción: libertad y tiempo; poder decir políticamente lo que quiera y tener tiempo para andar en el viaje y andar en la literatura. Políticamente no creo haber cambiado; en esos primeros años de concientización política, posteriores al 68, era socialdemócrata y sigo siéndolo; sin embargo, nunca he militado, y me parece que dentro de las equivocaciones que he tenido en la vida, esa decisión ha sido correcta. </p><p><strong>P. La poesía habla, claro, de la vida. Citas a Pavese: solo aquello que se vive sin mira ni propósito literario puede convertirse en poesía. ¿Dónde está el pasaporte para esta frontera?</strong></p><p><strong>R</strong>. Uno debe hablar de sus propias experiencias, o de otra manera, ¿de qué vas a hablar? Me aburren o me duermen los que hacen literatura de literatura, los que hacen poesía del lenguaje, los que llenan sus poemas de arabescos o se la pasan en los juegos verbales. Me interesan fundamentalmente los libros que te ayudan a vivir, esos, como quería <strong>Nietzsche</strong>, que están escritos con la sangre.  Si vas a hablar de la vida debe nacer el poema de una emoción auténtica –dolor o tristeza, angustia o alegría, horror o coraje— y aunque corrijas mucho el poema, la emoción esencial de la primera escritura debe estar allí. Para escribir hay que desliteraturizarse, pero, la verdad, no sé cuántas veces lo he logrado porque uno también al escribir trae toda la carga de lo leído. Es difícil saber dónde está la frontera que separa uno de otro, literatura y vida, pero sí sabemos que hay más o muchas más referencias de esta índole en un poeta que en otro: no hay la misma carga literaria en Horacio que en <strong>Catulo</strong>, en <strong>Góngora </strong>que en <strong>Lope</strong>, en <strong>Jorge Guillén</strong> que en <strong>Neruda</strong>… No puedes decir: voy a hacer tal o cual cosa porque quiero volverlo un poema. Los hechos suceden. La poesía sucede. </p><p><strong>P. En la tradición poética, el cisne ha servido para representar el esteticismo y el búho para encarnar la poesía conceptual. ¿Qué horizonte defiende la poesía del gorrión?</strong></p><p><strong>R</strong>. No solo los gorriones; aparecen en mis poemas a menudo golondrinas y palomas. Los gorriones se me fijaron sobre todo en plazas de España. Nunca pensé en una estética, pero si la hubiera de forma involuntaria, sería acaso la estética de la fugacidad y lo pequeñamente hermoso. Tal vez en esto hubieran estado de acuerdo –lo hicieron a su manera— nuestros amigos <strong>Gelman </strong>y Pacheco.</p><p><strong>P. Son muy importantes en todos tus libros los viajes. Son, además, viajes que se relacionan con huellas literarias. </strong></p><p><strong>R</strong>. Podría decir que hay dos cosas de las que me enorgullezco: de lo que he viajado y de lo que he leído. Vi tanto, pero de todo lo que he visto y leído no sé cuánto quedó en el recuerdo. Tal vez un 80% de lo que he escrito ha sido en viajes. Después, los corrijo hasta que me parece que ya no hay nada por añadirse. Por ejemplo, <em>De lo poco de vida</em> está hecho en su gran mayoría fuera de México. Decía <strong>Alain Borer</strong> que <strong>Rimbaud </strong>escribía como si estuviera caminando, en <em>marche-murmure</em>, en marcha-murmullo. Tal vez yo diría, sin afán de comparaciones, que me ha pasado lo mismo. Escribo como si caminara. </p><p><strong>P. ¿La búsqueda de la identidad hace que el poeta se sienta “forastero” en cualquier parte?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es cierto que en casi todas partes me he sentido un forastero, y en determinados países más o mucho más que en otros, pero el centro del centro ha sido México, y más ahora que el país es una larga herida que tardará mucho en cicatrizar; también es cierto que cuando uno anda por el mundo quiere pasársela lo mejor posible, o si se quiere, lo menos mal posible. Sin embargo, sean buenas o malas experiencias —que igual marcan—, uno sabe que está de paso, que aquello que se vio y vivió tristemente ya no lo tendremos. Lo digo en dos versos del poema “La gran ruta”: “¿Dónde quedó lo que yo anduve? ¿Cómo saber si lo vivido fue?” ¿La identidad? En verdad uno acaba siendo el mismo en todas partes y no sabe, no lo sé aún —lo digo con sinceridad—, quién soy. Lo dijo Sófocles: sólo somos imágenes y sombras. Y sólo imágenes y sombras encuentro cuando miro hacia atrás con los ojos de la memoria.</p><p><strong>P. ¿De ahí la melancolía? En tus poemas el amor se identifica con la melancolía. ¿Es el amor una experiencia que obliga a comprender la pérdida?</strong></p><p><strong>R</strong>. Tenía razón <strong>Borges </strong>al escribir que las mujeres que más nos marcan son las que nos dejan. Es más fácil escribir desde la llaga que causa la pérdida. A cierta altura de la vida, el peso de los recuerdos es como un bulto enorme que se lleva sobre la cabeza y la espalda. Te persiguen esos momentos del pasado, sobre todo los más bellos, que paradójicamente, al recordarlos, te entristecen más, en ocasiones te ahogan. Uno quisiera no pensarlos, pero vuelven quién sabe de dónde. Una cosa me envanece secretamente (tal vez no debería decirlo): en el curso de la vida, las relaciones que me marcaron, siempre fue con mujeres bonitas. </p><p><strong>P. Al hilo de la muerte de Alí Chumacero, aparecen también los nombres de Rubén Bonifáz, Efraín Huerta, Eduardo Lizalde. ¿Qué relación tienes con la tradición poética mexicana?</strong></p><p>R. Respecto a la tradición poética mexicana, cuando escribí durante cinco años la novela sobre <strong>Nezahualcóyotl</strong>, leí toda la poesía prehispánica en lengua náhuatl y maya, claro, en traducciones, que no sé hasta donde son buenas o malas, pero que se leen magníficamente como poemas. Salvo <strong>Sor Juana</strong> y<strong> Luis de Sandoval y Zapata</strong>, conozco muy poco de la poesía de la Colonia, que para <strong>Bonifaz </strong>era un pastiche de la española. Me he leído muy bien la poesía del siglo XIX, porque es mi tarea de estudio en la UNAM. El siglo XIX mexicano es un siglo más de poemas que de poetas, y la antología de José Emilio Pacheco lo demuestra invenciblemente. Del siglo XX, conozco bien hasta la generación de los nacidos en los cincuenta. Sí se ve, con mucho, o diciéndolo coloquialmente, de calle, que la mexicana es la más rica tradición, en número y calidad de toda América, incluyendo a las de otros idiomas: desde los mitos cosmogónicos nahuas hasta los jóvenes que ahora tienen 18 o 20 años y publican e intercambian sus poemas en Internet. </p><p>En cuanto a las relaciones personales me llevé muy bien con los poetas de generaciones anteriores, y con la mayoría hubo más una relación de amistad que de maestro-alumno, salvo con Juan Gelman, que fue como un hermano. La familia de Alí Chumacero fue para mí como una segunda familia. Pero hubo una relación de amistad entrañable con Bonifaz Nuño, el nicaragüense-mexicano <strong>Mejía Sánchez </strong>(que apenas está siendo revalorado en Nicaragua),<strong> Eduardo Lizalde</strong>,<strong> Juan Bañuelos</strong>, <strong>Óscar Oliva</strong>, <strong>Hugo Gutiérrez Vega </strong>y José Emilio Pacheco. Con <strong>Efraín Huerta</strong> y <strong>Jaime Sabines</strong> el trato fue muy cordial pero los vi poco. En la difícil etapa última de su vida aprendí a apreciar mucho a <strong>Tomás Segovia</strong> y a <strong>Alejandro Aura</strong>. De la generación a la que pertenezco, digamos hasta los nacidos en 1951, soy muy buen amigo –aunque los veo escasamente— de <strong>Elva Macías</strong>, <strong>Elsa Cross</strong>,<strong> Jorge Ruiz Dueñas</strong>, <strong>Francisco Hernández</strong>, <strong>Efraín Bartolomé</strong> y <strong>Coral Bracho</strong>. Curiosamente, a los que más trato son a poetas nacidos en la década de los cincuenta.</p><p><strong>P. Le dedicas también un poema a un joven, Alí Calderón. ¿Qué opinión tienes de la nueva poesía mexicana?</strong></p><p><strong>R</strong>. Por desgracia la conozco mal. Eso pasa a menudo a los poetas cuando rebasan los cincuenta años. Sólo se va siguiendo a unos cuantos. Sé que le pasaba eso, entre otros —porque me lo dijeron—, a Alí, a Bonifaz, a Pacheco. Alí Calderón —todo el grupo de Círculo de Poesía— ha sido de una enorme generosidad conmigo, así como el grupo de amigos que ellos han hecho en España, Colombia, Ecuador, Bolivia y Argentina. Estos jóvenes parecen un torbellino por el mundo que arrebata todo. Conmigo, han divulgado no solo lo que escribo, sino que han sido muy afectuosos como personas. <strong>Luis García Montero</strong> me comentaba que también se sentía muy contento de lo bien que lo tratan. </p><p><strong>P. Como poeta, entablas relación con autores como el peruano Antonio Cisneros o el colombiano Juan Manuel Roca. También hay autores españoles sobre los que escribes, como Claudio Rodríguez. ¿Se da hoy un diálogo entre los distintos países de la lengua? </strong></p><p>R. Hay tres poetas no mexicanos de nuestra lengua que he sentido como hermanos y que son a la vez poetas fuera de serie: Antonio Cisneros, Juan Manuel Roca y Luis García Montero. Aún me duele la muerte de Cisneros. Gelman ya no quiso, pese a las invitaciones, ir a Lima. “¿Para qué?”, me decía sinceramente, “si ya no veré a Toño”. A <strong>Claudio Rodríguez</strong> lo vi un par de veces y le hice una entrevista que me gusta mucho. Me parece el mejor poeta español de la segunda mitad de siglo. Empecé hace tiempo un ensayo sobre su obra poética, pero los viajes me lo interrumpieron. Se lo debo. De los españoles hay dos poetas admirables que son también personas entrañables con los que me entiendo muy bien: <strong>Joan Margarit</strong> y Luis García Montero. </p><p>Creo que los encuentros de poesía, la facilidad para viajar y las redes sociales ayudan mucho a un vivo intercambio de poetas de muchos países, sobre todo en las nuevas generaciones. Yo, te confieso, me siento a menudo muy cansado de eso. </p><p><strong>P. García Montero dice que la poesía es la capital de un idioma sin centros. ¿Estás de acuerdo?</strong></p><p>R. Es muy bella la definición de Luis, pero cada uno va creando la suya. Para mí la poesía es la historia del alma o, de otra manera, es como alguien que está en una casa y ve simultáneamente al jardín y al interior de ella.  </p><p><em>*Jesús García Sánchez es editor del sello Visor. </em><strong>Jesús García Sánchez</strong><a href="http://www.visor-libros.com/" target="_blank">Visor</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús García Sánchez]]></author>
      <media:title><![CDATA[Marco Antonio Campos: “La poesía es la historia del alma”]]></media:title>
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