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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 40]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-40/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 40]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA["Anti antidis-turbios"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anti-antidis-turbios_1_1203070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/354a976a-a59d-499b-aee2-9cf238679163_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Anti antidis-turbios""></p><p>  </p><p>  </p><p><strong>Anti antidis-turbios</strong></p><p>Una pelota de goma en manos de un niño.</p><p>Una pelota de goma en manos de un antidis-turbios.</p><p>Unas esposas de las manos de sus maridos.</p><p>Unas esposas de la mano de un antidis-turbios.</p><p>Una porra manchada en chocolate entrando en tu boca.</p><p>Una porra mojada en sangre tras golpear tu boca…</p><p>en la mano de un antidis-turbios.</p><p>Una pipa de la paz en tus manos echando humo.</p><p>Una pipa echando humo tras ser empuñada por un antidis-turbios.</p><p>  Poema perteneciente al libro <em>Hambriento </em>(Planeta, 2016)</p><p><em>*Nach es rapero y poeta. Su último libro es </em><strong>Nach </strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-hambriento/216992" target="_blank">Hambriento </a><em>(Planeta, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nach]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Música,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Conservar la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conservar-memoria_1_1133259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d98f1e4d-b7c4-436c-904b-293b8f956abe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conservar la memoria"></p><p>La infancia es un paraíso incómodo. Casi todos la añoran –más cuanto más lejos se está de ella- y casi todos la asocian también a un dolor muy particular, una melancolía aguda, una pérdida. La infancia es el terreno desconocido en el que, sospechamos, empezó todo. No es extraño que <strong>El Gran Wyoming</strong>, que un día fue conocido como <strong>José Miguel Monzón</strong>, se quedara atrapado en ella.</p><p>Porque <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-de-rodillas-monzon/212443" target="_blank">¡De rodillas, Monzón!</a>(Planeta) no iba a ser el primer tomo de sus memorias, sino el único. Pero el humorista, presentador y músico cometió el error de empezar por el principio, por los días luminosos pateándose el barrio madrileño de <em>la Prospe</em>, por la extrañeza del pueblo, por la marcialidad de juguete de la OJE, por el misterioso comportamiento de los padres. El niño que fue y que había recuperado en su cabeza se rebeló: no quería crecer. Así que el autor se encogió de hombros y le regaló un libro.</p><p>"Tal vez ese empeño en revivir el pasado tenga que ver con mi conciencia de que estos recuerdos se perderán cuando las sucesivas ingestas etílicas vayan borrando mi memoria", escribe Wyoming en el prólogo. Bromea, pero no. Considera que esta labor, la de poner por escrito la memoria, es una operación de "rescate". Lo que equivale, en la práctica, a tener presente un inevitable agujero negro mental, un tiempo peor en el que la voz de la madre y los juegos estarán todavía más lejanos, o apenas perceptibles. La relación con el recuerdo es siempre conflictiva, y Wyoming, pese a su imagen pública de guasón y despreocupado, no iba a ser menos.</p><p>Quizás sea esto lo que más pueda sorprender al seguidor familiarizado con sus cara más cómica. <em>¡De rodillas, Monzón!</em> no arranca carcajadas, no es un libro de batallitas. "No creo que la ironía y el humor sean cualidades innatas a mi persona, en realidad soy más bien serio, tiendo a trascender y a obsesionarme", confiesa el autor en uno de los capítulos más oscuros. Quizás el espacio interior que le ha brindado la escritura del libro —hasta entonces sus títulos han sido marcadamente políticos, mirando hacia el afuera y no hacia el adentro— haya permitido que aflore este aspecto menos conocido del presentador. No es que el libro sea fúnebre. Es que es difícil que un hombre que se enfrenta al paraíso perdido —a por qué es quién es, a qué podría haber sido distinto— sea hilarante. </p><p>Hay en estas memorias, como en cualquiera, una interesante tensión entre un aspecto público y común del recuerdo y otro íntimo e individual. El autor insiste en el prólogo que sus recuerdos no son "sucesos reales", sino el resultado de un proceso de selección y modificación que su cabeza ha llevado a cabo de manera automática durante décadas. Por tanto, concluye, "son únicos". Esto quiere decir que el mundo que recrea es personal e intransferible, y que quizás no sea compartido ni por aquellos que lo vivieron junto a él. El viaje en bus desde Madrid al pueblo tiene un aire alucinado que hacen de la experiencia algo extraterrestre. La vivencia de la depresión materna, ingresada cada tanto en una institución, no es en absoluto común a los criados en una época en la que la enfermedad mental se consideraba, de tan oculta, inexistente. Pocos serían los niños que echaran una mano en la farmacia familiar, y pocos también los que no recuerden hambre en unos años en los que la miseria, aunque lejana a aquella de la posguerra, era mayoritaria.  </p><p>Pero Wyoming se sabe también buen"testigo" —se lo dijo un espectador tras un concierto con el <strong>Reverendo</strong>—. "La vida me ha permitido observar la realidad con frialdad", dice, capacidad que achaca a haberse ahorrado ser un trabajador asalariado que dedica ocho horas al día —a veces, muchas más— a algo que, en la mayoría de los casos, ni le va ni le viene. Eso, defiende, le ha mantenido "enajenado más tiempo que a la media nacional". Y, como buen testigo, <em>¡De rodillas, Monzón!</em> sirve también para señalar imprecisiones. Hay gente de su quinta, denuncia, "que tergiversa lo vivido según un prisma, diferente al mío, interesado, y llegan a llamar tiempos de extraordinaria placidez a momentos en los que la miseria de los que mandaban impregnaba la vida de todos, y que solo se pueden entender como de paz y armonía en las mentes de los que disfrutaban de privilegios que a los demás se les hurtaban". </p><p>El autor, dotado de la autocrítica necesaria como para no convertir unas memorias en una loa a uno mismo y al metro cuadrado que ocupa en el mundo, no cae en la nostalgia. Si el libro no es un elogio del pasado, sino un testimonio para el futuro, es porque Wyoming ha creado cierta distancia con ese hombre de 60 años que echa la vista atrás. "Lo hubiera escrito aunque no me lo hubieran editado. Lo que uno dice, por los niños", comentaba <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/10/18/el_pequeno_wyoming_56329_1026.html" target="_blank">en la presentación a prensa</a>. <em>¡De rodillas, Monzón!</em> es un intento de conservar la memoria. Y de pasarla al siguiente. </p><p><em>*Clara Morales es periodista de</em><strong>Clara Morales</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>infoLibre.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[El Gran Wyoming,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cruzando el charco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cruzando-charco_1_1133249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1547d24c-00e6-44a8-abec-1a0421e04350_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cruzando el charco"></p><p>Desde Santa Fe, Argentina, <strong>Bibi Fernández </strong>y <strong>Santiago Benvenuti</strong>, responsables de la Librería Ferrovía, nos recomiendan algunos libros de editoriales españolas que les gusta vender.</p><p>  <strong>Cagando lechesHéloïse Guerrier y David SánchezAstiberriBilbao2012</strong><em>Cagando leches</em></p><p>Tener narices, despedirse a la francesa, mojar el churro, salir del armario... El castellano rebosa de esas expresiones populares cuyo significado no tiene mucho o nada que ver con las palabras que las forman, y que se te estampan en la cabeza como postales de colores, vivas y crudas. Tras un primer recopilatorio, <a href="http://astiberri.com/products/con-dos-huevos" target="_blank">Con dos huevos</a> (Astiberri, 2014), que lleva ya tres ediciones, <strong>Héloïse Guerrier</strong> y <strong>David Sánchez</strong> exploran<a href="http://astiberri.com/products/cagando-leches" target="_blank"> una nueva tanda de locuciones </a>surrealistas, desconcertantes y tronchantes.</p><p>  <strong>Los besos en el panAlmudena GrandesTusquetsBarcelona2015</strong><em>Los besos en el pan</em></p><p>  </p><p>Una novela coral, protagonizada por muchas vidas y un barrio de Madrid, nos cuenta una época de crisis en la que se tejen al mismo tiempo la solidaridad y el desamparo, las ilusiones y los fracasos. Los viejos del lugar recuerdan momentos muy difíciles de la historia de España y procuran entregarle esta memoria de la dificultad a una juventud acostumbrada al consumo y la comodidad. La luz de una esperanza brilla en la oscuridad.</p><p>  <strong>AbadesPierre MichonAlfabiaBercelona2010</strong><em>Abades</em></p><p>Situándonos en el año 1000, cuando surgieron las primeras comunidades de benedictinos, esta narración nos invita a recorrer la historia y la cultura de la Edad Media, a través de un mundo lleno de sugerencias, sorpresas e intensidad literaria. Los personajes protagonistas nos acercan a los territorios más profundos de la condición humana.</p><p>  </p><p><strong>Pequeño Diccionario de Cinema Para Mitómanos Amateurs, Miguel Cane Impedimenta2013</strong><em>Pequeño Diccionario de Cinema Para Mitómanos Amateurs, Miguel Cane Impedimenta</em></p><p>No se trata de un manual al uso sobre la historia del cine, sino una colección personal de los mitos que brillaron en las pantallas. La ilustradora <strong>Ana Bustelo</strong> da vida a la memoria cinematográfica de <strong>Miguel Cane</strong> y lo acompaña por su laberinto admirado de curiosidades, anécdotas y leyendas. <strong>Bette Davis</strong>, <strong>Bambi</strong>, <strong>John Wayne</strong>, <strong>Joan Crawford</strong> o <strong>Sharon Tate</strong> vuelven a cobrar una vida singular ante nosotros.</p><p>*Puedes encontrar la <strong>Librería Ferrovía</strong> en la calle 9 de julio, 3137, de Santa Fe (Argentina), o en su <a href="https://www.facebook.com/hablamosdelibros/?hc_ref=PAGES_TIMELINE" target="_blank">página de Facebook</a>. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Ferrovía]]></author>
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      <title><![CDATA[La noticia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noticia_1_1133247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88ddbc56-628b-4a63-8aa3-f7ad2b9071d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La noticia"></p><p>(<em>Inicia Luis García Montero)El periodista Jesús Maraña dejó el coche en el garaje de San Bernardo. El sol había decidido dar una sorpresa a finales de noviembre y caía sobre Madrid con una amabilidad extraña. No está mal, pensó Jesús, una canción de primavera en medio del otoño largo. Se agradecen las ayudas que devuelven una vitalidad íntima cuando el cansancio se empeña en deshojar hasta las últimas ilusiones. Las ventanas, los semáforos, los coches, los escaparates, las cafeterías y los zapatos de los caminantes se atreven a brillar de otra manera.Han sido meses duros en los que el trabajo se apoderó del reloj hasta los últimos rincones. De todos los relojes, es mejor afirmar: el reloj de pulsera, el reloj de la redacción, el reloj de los libros, de la casa, del dormitorio. Del periódico a la televisión, de la llamada de teléfono a la comida con el personaje de turno –a ver si dice algo y es capaz de iluminar las zonas oscuras del vértigo—, la situación política no había dejado un momento de respiro.Las crisis del PSOE, los juicios por corrupción, la investidura de Rajoy, la puesta en marcha del nuevo Gobierno, partidos que se hacen y se deshacen, cada día llegaba el capítulo folletinesco de una realidad que iba con la lengua fuera y a la que resultaba difícil seguir. Opinar con seriedad cuesta demasiado trabajo. Yo no sé si España tiene arreglo, pero a ti te va a costar la vida, le había lanzado en tono de broma su mujer, mientras comentaban un encontronazo televisivo con Eduardo Inda.La verdad es que hay trabajos en los que no se puede utilizar la rutina como estrategia de defensa. Por mucho que uno conozca las reglas del juego, aunque llueva sobre mojado y las cartas estén sobre la mesa, es difícil mantener la serenidad cuando se vive lo que se vive, se sabe lo que se sabe y se oye lo que se oye. Alguna vez el periodista Jesús Maraña ha caído en la tentación de plantearse sus participaciones en el circo semanal de los despropósitos tertulianos. Pero pasado el fuego, después de una butaca, una copa de pacharán y la relectura nocturna de un libro de Albert Camus, comprende que no se puede abandonar ninguna trinchera y que la dignidad de un país depende del estado de su prensa. Ni la renuncia, ni las torres de marfil son una salida.Tampoco el encabronamiento. Por eso conviene descansar, recuperar la serenidad o por lo menos conseguir esa calma agitada del voluntario de la objetividad que permite no entrar en banderías, no buscar el aplauso fácil, no vengarse, no mentir. Aunque la gente busque señores que estén en posesión de la verdad o fieras a las que insultar por sus argumentos disparatados, la ética de este oficio descansa en la modesta pretensión de no mentir. Y para eso hay que parar de vez en cuando. Sí, hacía falta levantar el pie del acelerador. Y ya, sin excusas, sin trampas. Tal vez unas pequeñas vacaciones, la posibilidad de aprovechar el puente, unos días de viaje con la familia y alejado del ordenador. Las niñas lo iban a agradecer.—Y yo el primero, porque si no voy a empezar a creer en fantasmas— pensó Jesús, alterado todavía por la dichosa llamada de teléfono.El sol imprevisto de la mañana pareció darle la razón. Salió del garaje a la vida. Camino del periódico, el breve paseo por la calle Fuencarral se convirtió en un adelanto de la felicidad. El rumor de los coches tenía incluso un aletear de pájaro entre las ruedas y las novelas brillaban en el escaparate de la Casa del Libro con la alegría del aire luminoso. A ver qué novelas me compro para el puente, se preguntó Jesús Maraña. Lo importante, desde luego, es no caer en la tentación de llevarse un título de actualidad, ni escándalos, dioses, jueces, reyes o tribunos. Tal vez Valle-Inclán, Baroja, Trigo… Subió las escaleras y entró en la redacción. También la luz de la calle caía sobre los ordenadores del infoLibre. Los teclados celebraban la alegría igual que los árboles y los cuerpos. Saludó, hola, qué buen día hace, luego resolvemos, ¿qué tal ayer el estreno de la película?, ¿hablaste por fin con Pedro Sánchez?, ¿y con Errejón?, levantó la mano para felicitar a Clara, muy bien Los diablos azules de hoy, y se dirigió al despacho. Vio el sobre mientras se quitaba la chaqueta.Leyó cuatro veces la carta, una, dos, tres, cuatro, pasó de la incredulidad a la inquietud y de la curiosidad a la excitación. Antes de leer la carta por quinta vez, llamó por teléfono a Manolo Rico:—Oye, Manolo, voy a tu despacho. No te lo vas a creer.(Continuará Benjamín Prado)*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus, 2016).#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Luis García Montero</strong></p><p><strong>Jesús Maraña</strong></p><p><strong>Rajoy</strong><strong>Eduardo Inda</strong></p><p><strong>Albert Camus</strong></p><p><strong> </strong></p><p><strong>Valle-Inclán, Baroja, Trigo</strong><strong>Pedro Sánchez</strong><strong> Errejón</strong><strong>Clara</strong><em>Los diablos azules</em></p><p><strong>Manolo Rico</strong></p><p><strong>Manolo</strong></p><p><em>ontinuará Benjamín Prado)*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus, 2016).#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca </a><em>(Taurus, 2016).</em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Periodismo,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Tánger desde 'Tangerina']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tanger-tangerina_1_1133245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9f35665-a1ac-477f-b9b4-b5317dfdea7c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tánger desde 'Tangerina'"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>En el<strong> club de lectura Coma</strong>, de Sanlúcar la Mayor,está integrado por 20 personas, que, una vez al mes, desde hace unos ocho años, nos reunimos para compartir las sensaciones que nos produce la lectura de un libro. Al principio se trataba de elegir una publicación, leerla a lo largo del mes, y, después, vernos y comentarla. Es decir, cada uno y por turnos decía lo que le había parecido el libro. A medida que nos íbamos conociendo, fuimos incorporando lo que nos aportaba personalmente y las anécdotas que habían surgido relacionadas con su lectura.</p><p>Poco a poco las reuniones se han hecho más enriquecedoras. Incluso los que llegamos diciendo que el libro no nos ha gustado o no hemos sido capaces de terminarlo, después de la reunión cambiamos de opinión porque el punto de vista de los demás nos ha hecho descubrir cosas que no hemos visto antes.</p><p>También pasamos a tener más actividades, como encuentros con autores, lectura de poesía en voz alta o lecturas dramatizadas de obras de teatro.</p><p>Y llegamos más allá. Después de leer<em> El hereje</em> de <strong>Miguel Delibes</strong> decidimos hacer la ruta de <em>El hereje</em> por Valladolid. Luego seguimos la senda de <strong>Antonio Machado</strong> por Baeza, nos acompañó <strong>Lorca</strong> por Granada, fuimos a conocer la Salamanca de <strong>Carmen Martín Gaite, Unamuno</strong>, <em>El Lazarillo de Tormes</em>, <em>La Celestina</em>..., y así hasta Tánger, cuando hemos leído el  <em>El pan a secas</em> de <strong>Mohamed Chukri. </strong>Pero el viaje surgó también por <em>Tangerina</em> de<strong> Javier Valenzuela</strong>, periodista y colaborador de este diario, que es el libro que yo os quiero recomendar y que nos sirvió de guía durante el viaje. <strong>TangerinaJavier ValenzuelaMartínez RocaBarcelona2015</strong><em>Tangerina</em></p><p>El granadino Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha trabajado durante 30 años en el diario <em>El País,</em> donde ha sido director adjunto en la redacción de Madrid y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. En 2013 fundó la revista tintaLibre, especializada en la crónica y el reportaje. Es autor del blog <a href="http://cronicanegra.blogsinfolibre.es/" target="_blank">Crónica Negra</a><em>, </em>donde nos cuenta las relaciones entre la actualidad y el <em>thriller</em> literario y cinematográfico. Tiene publicados ocho libros periodísticos. Después de haber vivido en distintas ciudades por los cuatro continentes, se define como defensor de las identidades múltiples. Por eso también se considera tangerino de adopción. En febrero de 2015 publica su primera novela <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-tangerina/174725" target="_blank">Tangerina</a>.</p><p>En <em>Tangerina</em> nos sumergimos en dos historias que suceden en la misma ciudad, Tánger, pero en tiempos diferentes. En la que se desarrolla en el Tánger contemporáneo, vivimos una investigación policíaca que lleva a cabo el protagonista, Sepúlveda, profesor del Instituto Cervantes, cuando un amigo suyo es detenido de forma extraña. En el transcurso de la investigación, Sepúlveda descubrirá conexiones entre los servicios secretos españoles en el norte de África y narcotraficantes reconvertidos en yihadistas. Y, casualmente, una revelación fundamental, familiar, acontecida en el Tánger de los cincuenta.</p><p>En sus pesquisas le ayudará el escritor Mohamed Chukri y su novia Leila, alumna con la que mantiene una relación clandestina. En la historia paralela disfrutamos del Tánger internacional en los años cincuenta, donde viven políticos, espías, ricos herederos europeos, grandes escritores y pintores. Es el tiempo de vino y rosas en Tánger, donde de la mano de sus protagonistas, Olvido, la mujer más bella de Tánger, y Carlos, periodista del <em>Diario España </em>(los padres de Sepúlveda), recorremos los locales de moda de la época.</p><p>Para nuestro viaje nos vino muy bien conocer cómo era el antes y el después de la ciudad. Pudimos contemplar, por ejemplo, las ruinas del <strong>Teatro Cervantes </strong>sabiendo cómo había sido en su esplendor; merendamos en el Minzah viendo fotos de Chukri a la entrada; estuvimos en el Instituto Cervantes contemplando toda la publicación del <em>Diario España; </em>paseamos por el zoco chico y tomamos té en el café Central, imaginándonos desde allí el café Tingis y el hotel Fuentes, cómo <strong>Tennesse Williams</strong> cuando disfrutaba del espectáculo; pudimos ver cómo Chukri vendía cigarrillos a la entrada del Cervantes cuando era chavalito.</p><p>Recomiendo vivamente la lectura de este libro. Cuando empecéis, no podréis dejar de leerlo hasta acabarlo. Su lectura es fácil y amena, mantiene la intriga hasta el final. A muchos os darán ganas de leerlo más de una vez. Y si queréis viajar al norte de África, no dudéis que la mejor guía que tendréis para Tánger será <em>Tangerina</em>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola Montenegro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tánger desde 'Tangerina']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA['Kathleen', de Christopher Morley]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/kathleen-christopher-morley_1_1133230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cfcb1985-e314-4177-b93f-91fe77fd207a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Kathleen', de Christopher Morley"></p><p><strong>KathleenChristopher MorleyPeriféricaMadrid2016</strong><em>Kathleen</em></p><p>Si tuviera que elegir una palabra inglesa sería sin ninguna duda “<em>lovely</em>”, hoy más que nunca. En esta sola palabra quedaría resumida la novela de<a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=186" target="_blank"> </a><a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=186" target="_blank"><strong>Christopher</strong></a><strong> Morley</strong><a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=186" target="_blank">Morley</a><a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=186" target="_blank">, </a><a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=186" target="_blank"><em>Kathleen</em></a>, que nos ha presentado la editorial Periférica: “Encantadora”.</p><p>Mi preciosa novela, de cubierta sugestiva y de rojo brillante e inédita en castellano hasta septiembre de 2016, contenía entre sus páginas una carta al lector, invitándonos, como yo ahora, a leer esta divertida y amable trama donde unos estudiantes de la Universidad de Oxford juegan con la literatura y con la vida.  Nos anima a dejar de lado nuestras tareas para pasar un buen rato, guiados por uno de los fines más lícitos de la literatura: el entretenimiento, la sonrisa y el esparcimiento.</p><p>Christopher Morley (1890-1957), a pesar de ser norteamericano, conocía muy bien la Universidad inglesa de Oxford, pues allí pasó tres años estudiando historia moderna, época que va a servir como marco para esta novela tan especial, <em>Kathleen</em>.  En esta Universidad,  un grupo de estudiantes británicos, junto con un norteamericano, forman un club literario muy particular: los Escorpiones.  Esta sociedad literaria compuesta por ocho miembros ha tomado la decisión de escribir una novela por entregas, donde cada uno de ellos sería el responsable de un capítulo.</p><p>Tras las espaciosas vacaciones de Navidad se reúnen en la habitación de uno de ellos, Kenneth Forbes, encargado de dar comienzo al proyecto presentando esa misma noche el capítulo uno. Con Forbes (o Príapo) nos alojamos en una verdadera habitación oxionense que sólo hemos podido habitar en las películas.  Tras los cristales, la lluvia y el viento ingleses, el té, la chimenea, tostadas de anchoa y cigarrillos, whisky y soda —cuando aún se podían escribir estas palabras sin atentar contra la salud pública—, que prometían, junto con el resto de manjares y licores, una entretenida y ocurrente velada juvenil. Las conversaciones de los muchachos son agudas, inteligentes, plagadas de citas literarias y de alusiones perspicaces e ingeniosas que llevan al lector desde las primeras páginas a sentarse con los estudiantes alrededor de una estufa que aún funciona con carbón.</p><p>Forbes cuenta que para redactar su primer capítulo se ha valido de un hallazgo que servirá de inspiración para su historia. En una librería, olvidada, halló una carta firmada por Kathleen y dirigida a un tal Joe. En ella aparecen nombrados otros personajes como Fred y Charlie. El trato es construir la novela a partir de estos datos, estos personajes y lo que el contenido de la carta sugiere.</p><p>La literatura se mezcla con la vida y el deseo de conocer a la verdadera Kathleen se hace imperioso. En la carta venía la dirección, y viajar hasta el pueblecito inglés y saber cómo es la muchacha que les ha robado el pensamiento y el corazón resulta imprescindible. Así, el día de descanso de Pascua, este grupo de intrépidos Escorpiones ha tomado la única decisión posible: conocer a su heroína.</p><p>A partir de ahí, todo vale. Todo tipo de estratagemas, ardides y artimañas para conseguir ser el primero en hablar con ella crean situaciones cómicas y divertidísimas, con esa prosa inteligente que recorre la novela de principio a fin. Varios puntos de vista con distintos narradores y haciendo cómplice al lector “dejando que eche vistazos a una carta” que sólo conoce un protagonista, por ejemplo. El intrépido norteamericano frente a los sagaces ingleses.</p><p>Entre tanto y en la trama, el autor o el narrador o el enamorado de todos los tiempos nos deleita con frases de amor que deberían ser referencias en la vida y en la literatura: “El joven sufrió (al verla) una de las más severas conmociones del corazón conocidas en la historia de la raza humana”. Asoman los versos de <strong>Pedro Salinas</strong>, “Qué alegría más alta vivir en los pronombres” y de nuevo sabemos que una sonrisa de él o de ella puede justificar que la voz se deba “solo a ti”.</p><p>Literatura y vida. ¿Es Kathleen un personaje de ficción creado por unos avispados estudiantes románticos y soñadores, o es solamente una persona real? Augusto Pérez, don Quijote, <strong>Sophie Calle</strong>. <strong>Unamuno</strong>, <strong>Cervantes</strong>, <strong>Vila-Matas</strong>… Christopher Morley se nos traduce para disfrutar de una novela realmente excepcional.  Qué envidia si aún no la has leído. Qué suerte.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Kathleen', de Christopher Morley]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura estadounidense,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Rapsodia en rojo y negro', de Emilio Ballesteros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rapsodia-rojo-negro-emilio-ballesteros_1_1133229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/077320c5-38b3-41c5-9b55-c986ffdd73c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Rapsodia en rojo y negro', de Emilio Ballesteros"></p><p><strong>Rapsodia en rojo y negroEmilio BallesterosEditorial NazaríGranada2016</strong><em>Rapsodia en rojo y negro</em></p><p><em>Rapsodia en negro y rojo</em></p><p> es la última entrega en la trayectoria literaria de <strong>Emilio Ballesteros </strong>(Albolote, Granada), en donde el oficio de escribir queda patente. Su condición de profesor, poeta, dramaturgo, ensayista, crítico literario y director de la revista de literatura <em>Alhucema</em> se aúnan y dan como resultado este libro por el que, con un tono conversacional, desfilan los más interesantes personajes que vivieron y que nos acercan a la sociedad española de las primeras décadas del siglo XX, en un homenaje a la Generación del 27.</p><p>Se trata de una historia que se presenta y se desarrolla en una tertulia literaria en un café de Madrid. Allí se reúnen amigos, escritores, toreros, músicos, actores para debatir sobre la vida, la historia, la literatura, los toros, la música, todo lo que representa y viven los ciudadanos de aquella España y de aquellos años que vivieron una época compleja y convulsa, en la que luchó la ya mencionada Generación del 27, denominada por su brillantez intelectual la Edad de Plata, de gran influencia, como sabemos, en la literatura y en todas las generaciones posteriores. Es muy importante el didactismo de este relato largo.</p><p>A modo de lección de historia, y repleto de literatura donde la ficción y la realidad se entremezclan, nos encontramos con unos diálogos y monólogos estructurados en 20 capítulos, cuidadosamente presentados por un camarero entrañable, Emilio —guiño que, como aclara Emilio Ballesteros en la dedicatoria de este libro, está dedicado a su padre, fue camarero en  un bar de Bibrambla, cuando <strong>Lorca</strong> asistía a las tertulias de entonces en Granada— y el torero <strong>Ignacio Sánchez Mejías</strong>, amigo de García Lorca y que, tras su fatídica muerte en los ruedos, Federico inmortalizó en su prodigioso poemario <em>Llanto por Ignacio Sánchez Mejías</em>. Este libro está escrito en tono coloquial, entre estos dos personajes centrales que tienen de fondo una figura que siempre habita en ellos, y que es  Federico García Lorca.</p><p>También habita la muerte, el amor, la tragedia y  la pasión, con un ritmo y una música de rapsodia. Los relatos a modo de piezas independientes están construidos tras una gran investigación que ha realizado Ballesteros sobre los estudiosos de la época, que aparecen citados en la bibliografía que nos detalla al final del libro. Contiene fragmentos literales de algunos personajes, escritos con un tono narrativo y poético. Así de una manera cercana, en tono amistoso, nos presenta el autor esta novela cuyas páginas recorren la música, lo popular, la tragedia y las pasiones humanas. De una manera sencilla nos va contando y fotografiando el ambiente de las tertulias de la época. Con la misma amabilidad que atiende el camarero a sus ilustres clientes, así de amables son las descripciones que hace de estas historias repletas de nostalgia y emociones. Con aire poético y  simbólico,  con un lenguaje rico en metáforas, comparaciones y contrastes.</p><p>Están, por un lado, los monólogos del camarero, un hombre profesional y bueno, con afán de aprender y sobre todo de escuchar, embobado por estos tertulianos. Cuenta, entre otros, sus recuerdos de la visita de <strong>Neruda,</strong> que lleva y presenta al joven<strong> Miguel Hernández</strong>, de la de <strong>Ortega y Gasset</strong>, <strong>Unamuno</strong>, <strong>Gómez de la Serna</strong>, pero sobre todo se emociona con lo que cuentan Federico e Ignacio. Le llaman mucho la atención sus extravagancias, sus ideas vanguardistas. Por otro, están los de Sánchez Mejías, y entre los numerosos temas que trata no faltan las reflexiones sobre el mundo del toro, el arte de morir, el arte de la vida, y sobre el ser humano. Hay dos tipos de letras que se alternan cuando habla el camarero y el torero, una tipografía sencilla la del primero, más singular la del segundo. Todo está medido.</p><p>El tema de la mujer en un mundo de hombres, por la época en la que está situada la novela, tiene un papel secundario. Sin embargo aunque sean pocas, tenemos la presencia en las tertulias de la filósofa <strong>María Zambrano</strong>, de la cantaora <strong>La Argentinita,</strong> y  de <strong>Marcelle Auclair</strong>, mujer de <strong>Jean Prevost</strong>. Se cita a otras como <strong>Pardo Bazán</strong>, <strong>Dulce María Loynaz </strong>y <strong>Margarita Xirgu</strong>.</p><p>Aquí hay constancia de la caricatura de la vida. Nos da las claves de esa época. Nos hace vivir el entusiasmo, el ardor, el bullir de esos años. Nos hace protagonistas, bien de la mano del camarero, bien de la mano de Ignacio. Emilio Ballesteros con su escritura y con sus personajes nos ha rememorado y transportado al Madrid de<em> Luces de bohemia</em> de <strong>Ramón del Valle-Inclán</strong>, a las tertulias de <em>La colmena,</em> de <strong>Camilo José Cela</strong>, a la Barcelona de <strong>Juan Marsé</strong> y de<strong> Eduardo Mendoza</strong>.</p><p>Lo didáctico de este libro es imprescindible, no solo para que el lector adulto recuerde de esta manera tan real nuestra historia y que no caiga en el olvido, sino para que sea un acercamiento para los jóvenes lectores, toda una lección de historia y de vida de los grandes que tanto han influido en nuestra historia actual y que no debemos sino rescatar. Nos representa magistralmente el teatro de la vida, el combate que es esta. Una lucha en rojo y negro, donde la pasión y el drama van de la mano pero envueltas con la caricia de la palabra, con ese sabor amargo que Emilio Ballesteros convierte con su escritura en una ironía sutil que nos hace sonreír.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/coleccion-aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos</a><em> (Valparaíso, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Rapsodia en rojo y negro', de Emilio Ballesteros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Nada', de Carmen Laforet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carmen-laforet_1_1133227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f18c13d9-e7bc-4a28-a8b5-ae0e123e913a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Nada', de Carmen Laforet"></p><p><strong>NadaCarmen Laforet Edición de Ana CabelloCírculo de LectoresBarcelona2016</strong><em>Nada</em></p><p>Situados todavía en pleno auge de la recuperación de la memoria histórica –en ocasiones, una recuperación nostálgica; en otras, justiciera; en otras, crítica y autocrítica—, celebramos que se sitúen en primera línea a testigos privilegiados de la época más en boga y más tematizada literariamente en la novela del siglo XXI: la Guerra Civil, la posguerra y la dictadura franquista.</p><p>Testigos privilegiados porque vivieron desde el centro de la hoguera aquellos tiempos y solo así, reza <strong>Zambrano</strong>, se puede vivir auténticamente la historia, que no es nítida sino curva, cóncava y convexa. Testigos privilegiados porque, además, vivieron su época desde la excentricidad, desde la marginalidad, que convertía a las escritoras-mujeres en observadoras, pero también en testimonios incómodos de una historia callada.</p><p><strong>Carmen Laforet, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite</strong>… y tantos otros nombres que aparecerán en la colección Escritoras de Posguerra, creada por <strong>Ana Cabello</strong> para Círculo de Lectores, configuran las redes de tantas “chicas raras” –el concepto es de Martín Gaite— que saltaron a la palestra de la escritura pública, rescatando de sus cajones manuscritos ocultos, escritos muchas veces a escondidas, en la oscuridad de la noche y cuando las obligaciones morales que la mujer debía asumir en la España franquista estaban ya resueltas.</p><p>Como no podría ser de otro modo, la colección empieza con <em>Nada</em>, la <em>opera prima</em> de Carmen Laforet que se hizo con el Premio Nadal de novela en su primera convocatoria de 1944. En el magnífico cuaderno que acompaña a la edición de la obra narrativa, Cabello desgrana la importancia del galardón en la España de los años cuarenta, la recepción crítica de la obra (con imágenes procedentes de la prensa periódica del momento), así como los informes de censura existentes que autorizaron la obra (regía todavía la Ley de Prensa y Propaganda de 1938, de <strong>Serrano Suñer</strong>, y por tanto la censura era previa a la publicación del libro). El estudio pormenorizado de la editora revela la excepcionalidad de la novela en un panorama narrativo idealista, solo quebrado por la publicación en 1942 de <em>La familia de Pascual Duarte</em> de <strong>Camilo José Cela</strong>; la importancia de la concesión del premio para el posterior aumento del número de escritoras que se atrevieron a saltar de la domesticidad a la esfera de lo público; y la función central de <em>Nada</em> en la trayectoria individual de Carmen Laforet.</p><p>La vigencia de las grandes novelas escritas por mujeres durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta, queda patente por muchas razones que acreditan la necesidad de esta colección editorial. En primer lugar, son testimonios únicos de los interrogantes íntimos de la España intrahistórica. En segundo término, se erigen en huellas indelebles de los esfuerzos de las mujeres creadoras para hallar su espacio en la vía pública, abandonando el lugar de observadora pasiva detrás de los cristales, <em>entre visillos</em>. Y, pues tenemos que terminar esta reseña, porque plantean debates existenciales que afectan a la configuración de la identidad individual, de la relación entre el sujeto particular y el colectivo, o de la posibilidad del ejercicio de la libertad y de su kierkegaardiano mareo. Temas, todos ellos, universales, que hicieron que el lector de 1945 se viera reflejado en las preocupaciones de Andrea en <em>Nada</em> y que siguen trasladando al lector del XXI reflexiones esenciales para la educación de la sensibilidad ciudadana.</p><p><em>*Blanca Ripoll es profesora de Literatura en la Universidad de Barcelona.</em><strong>Blanca Ripoll</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Blanca Ripoll]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El auge de los robots', de Martin Ford]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/auge-robots-martin-ford_1_1133225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eb576a3f-279d-42ba-8430-64cf97c56727_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El auge de los robots', de Martin Ford"></p><p><strong>El auge de los robotsMartin FordPaidósBarcelona2016</strong></p><p>En tiempos lejanos el inventor del ajedrez mostró su invención a un rey. Satisfecho por tal creación el rey le ofreció que pidiera cualquier cosa que quisiese. El inventor pidió solamente un grano de trigo en la primera casilla del tablero, dos en la segunda, cuatro en la tercera, y así sucesivamente, doblando la cantidad de granos hasta cubrir el tablero. Al mandamás le pareció una petición idiota, más que absurda, y ordenó al tesorero del granero real que liquidase la cuenta. No había suficiente grano en el reino para cubrir aquella apuesta. En realidad solo se cubriría con 22 años de las cosechas mundiales actuales. En este problema matemático subyace una constante multiplicación, la misma que señala la Ley de Moore. Esta ley marca que cada dos años se duplica el número de transistores en un microprocesador, es decir, los ordenadores se hacen más poderosos y por extensión se abaratan en la misma proporción. Una computadora el año que viene costará la mitad y dentro de dos años será obsoleta. Este es uno de tantos fundamentos en los que se basa <strong>Martin Ford </strong>para analizar con experta visión cómo afecta a la vida presente ─ y afectará a la futura─ esta progresión robótica en <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-auge-de-los-robots/213876" target="_blank">El auge de los robots,</a> publicado por Paidós.</p><p>El libro se introduce con conflictos económicos actuales: el que se da entre productividad y compensación salarial, la caída de las rentas del trabajo y el crecimiento del beneficio de las empresas en el PIB, el hundimiento de la clase media, el aumento de la desigualdad y el impacto asimétrico de la tecnología, ese que hace que se reduzcan los salarios en el sector económico que aplica los avances tecnológicos y en consecuencia encarece al sector que no los aplica ─o que no puede aplicarlos, como le sucede a gran parte del sector cultural y la artesanía, por ejemplo─. Ford, desde un discurso que no abandona los principios del capitalismo, habla de la recuperación fantasma estadounidense que ha procurado que la economía vuelva a respirar aunque mantenga unas tasas de desempleo semejantes a la época anterior a la crisis, un argumento también repetido en España: una recuperación sin empleo, lo que achaca el autor a un impacto cada vez mayor de la robotización que muchos economistas no tienen en cuenta.</p><p>No solo peligran empleos repetitivos cuyas funciones puede asumir un robot ─no pensemos solo en funciones físicas de carga y descarga, pensemos en recopilación de datos o los innovadores algoritmos que suspenden la necesidad de personal para el análisis y la interpretación─, sino casi cualquier empleo. Las novedades que conllevan experimentos de inteligencia artificial general como Watson de IBM —heredero de Deep Blue, el vencedor de Kasparov— son impresionantes. Watson ha pasado de ganar <em>Jeopardy</em> ─el famoso concurso de televisión que requiere un amplio conocimiento, cierta ironía, desparpajo, tratamiento de la ambigüedad en el lenguaje, uso de juegos de palabras y metáforas─ a estrenarse en el campo de la medicina y el diagnóstico clínico. Hay robots que redactan noticias sobre fútbol en Internet porque otros robots han recabado información de la realidad porque hay robots observando un partido de fútbol y anotan los goles, fueras de juego, dorsales de cambios, tiempo transcurrido, tarjetas, patadas, kilómetros recorridos... Hay algoritmos artistas que experimentan con la pintura, sin que el ojo humano pueda distinguir lo que fue obra del robot y lo que fue obra del <em>humán</em> programador. Muy pronto el mejor bróker de Wall Street será un robot.  Hal 2000 está a la vuelta de la esquina.</p><p>Ford expone el riesgo del tecnofeudalismo ─que ilustró por ejemplo la película <em>Elysium</em> de <strong>Blomkamp</strong>─, la irrupción de la nanotecnología, la migración virtual  y el servicio deslocalizado de trabajadores virtuales o el retorno de empresas totalmente robotizadas a sus lugares de origen, cercanas al consumidor final. La última frontera se encuentra en la educación y la sanidad, espacios reticentes a una robotización liberal: ¿Puede un robot juzgar a un doctorando? ¿Puede diagnosticar y tratar un cáncer tal y como analiza una tomografía? Pero sí pueden encargarse de nuestros ancianos ─otra referencia fílmica: <em>Robot & Frank</em>, de <strong>Schreier</strong>─ o, con mayor claridad: Conteste, lector, ¿no han robotizado aún la farmacia de la esquina de su calle?</p><p>En el horizonte muy cercano hay un nuevo paradigma económico: ¿Podremos continuamente enviar a formar (y re-formar) a los trabajadores que, cada vez, se encuentran con mayor rapidez desactualizados? ¿Podrán seguir el ritmo de la Ley de Moore? La robótica se expande, la trampa de la pobreza se establece, el trabajo escasea, los salarios menguan. En un medio plazo las clases medias consumirán el total de sus rentas, y una economía no se sostendrá vendiendo solo a los ricos: ningún rico comprará mil coches diarios ni cenará cien veces una noche. ¿Quién comprará cuando no haya quien trabaje ni cobre un salario? ¿Qué consumen los robots? Nosotros somos el <em>cyborg</em>. Además, la tragedia de los comunes amenaza el medio ambiente; la explotación racional pero desmedida agota los recursos; los liberales y los tibios relativizan el cambio climático.</p><p>Urge desplazar la carga de tributación del trabajo al capital, ya que las empresas tecnologizadas emplean muy pocos trabajadores. Al fin y al cabo, ¿por qué carga la Seguridad Social –sostenida por las rentas del trabajo─ en solitario con la merecida recompensa de los costes de jubilación y no lo hace el resto de la economía, la cual se ha beneficiado de los trabajadores que ya no lo son?</p><p>Pero Ford busca que la comba del capital siga subiendo y bajando, y como solución recurre a planteamientos de <strong>Friedrich Hayek</strong> ─sí el filósofo y economista neoliberal de la Escuela austríaca─ que propuso el concepto de la Renta Básica, pero por razones muy alejadas a las razones que la izquierda actual expone. Para Hayek, si todo ciudadano cuenta con una renta que gastar, que consumir, el ciclo económico sigue en su círculo virtuoso, la economía robotizada da tiempo libre y el consumo no para. Aquí, recordemos a <em>Wall-E</em>.</p><p>Otros conceptos acuden también en ayuda de la renta básica como el dividendo de ciudadanía que da un dinerillo extra a todos los alasquinos por la explotación del petróleo, o propuestas como la del economista<strong> Noah Smith</strong>: una “cartera diversificada de acciones” para que todo ciudadano que alcance la mayoría de edad reciba un completo <em>pa</em>ck de acciones de empresas para labrarse su futuro, ya no como trabajador, sino como inversor y consumidor.</p><p>El <em>efecto Peltzman</em> es aquel por el cual observamos que el aumento de la seguridad en los equipos de paracaidistas, por ejemplo, no disminuye radicalmente los accidentes de paracaidistas. Porque los paracaidistas arriesgan cada vez más, es decir, la seguridad se convierte en un instrumento de doble filo: la protección genera imprudencia. Este efecto aplicado a una sociedad de rentas básicas provocaría que los ciudadanos fuesen más arriesgados, y el riesgo es la adrenalina del capital. Con red de seguridad se podrían rechazar empleos seguros para embarcarse en buenas ideas de negocio, pero aventureras.</p><p>Martin Ford, del que no tenemos constancia que tenga algo ver con los creadores del FordT, cuenta una anécdota sucedida en los talleres de Ford, cuando comenzaron a aplicarse robots en las plantas de montaje. El ufano presidente de la compañía señaló al representante sindical: “¿Cómo harás para que los robots paguen tus cuotas sindicales”. A lo que contestó el obrero: “¿Cómo harás para que compren tus coches, Henry?”. Y en esas estamos, casi metidos en ese oxímoron que es la ciencia ficción.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Su último libro es </em><strong>Alfonso Salazar </strong><a href="https://grupodauro.com/2014/12/01/para-tan-largo-viaje/" target="_blank">Para tan largo viaje</a><em> (Dauro, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El auge de los robots', de Martin Ford]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desempleo,Empleo,Ensayo,Libros,Literatura,Tecnología digital,Los diablos azules número 40]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El Gran Wyoming: "Ahora los niños son el 'proyecto de vida' de sus padres, están jodidos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gran-wyoming-ahora-ninos-son-proyecto-vida-padres-jodidos_1_1133222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/99933842-3748-430b-9d58-a1b6f6554ffe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Gran Wyoming: "Ahora los niños son el 'proyecto de vida' de sus padres, están jodidos""></p><p><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-de-rodillas-monzon/212443#soporte/212443" target="_blank">¡De rodillas, Monzón!</a> es la biografía de infancia y juventud de <strong>El</strong> <strong>Gran Wyoming</strong>. Pero sobre todo son las memorias de un atento observador de su tiempo que tenía mucho empeño en hacer esa crónica de un mundo que ya no existe, pero que está muy cercano en su vida. Dice Wyoming que él ha visto una realidad muy parecida a la que pudo ver el Cid Campeador en esos campos de Castilla, y ha visto también la evolución de la dictadura a la Transición (no tan modélica como quieren hacernos creer que fue) y la psicodelia, la música y la libertad en Amsterdam… y cómo a partir de ahí nada fue igual en su vida. De todo ello y de mucho más, trata esta obra que transcurre entre los años 50 y los 80 del siglo XX. Esta es la conversación que <strong>José Miguel Monzón</strong>, o lo que es lo mismo, <em>El Gran Wyoming</em>, mantiene con su editora, hablando del libro.</p><p><strong>PREGUNTA.</strong><strong>Al empezar tu libro ¡De rodillas, Monzón! haces una declaración de principios donde nos avisas: “Este libro es una maniobra de rescate como las que se llevan ahora a diario en el Mediterráneo. Voy sacando los recuerdos que puedo de mi mente y los meto en estas páginas para darles cobijo antes de que se desvanezcan”. Y luego cuentas también que  te consideras un buen testigo de los tiempos que te han tocado porque siendo un ocioso profesional has podido observar las cosas con detalle.  ¿Por qué te apetecía contar ahora cosas de tu infancia, que no habías contado antes?</strong><em>¡De rodillas, Monzón! </em> </p><p><strong>RESPUESTA.</strong> Tal vez por hablar de un tema que domino. Soy un experto en mi vida; en la de <strong>Unamuno</strong>, menos. Los cambios han sido tan rápidos, tan drásticos y, sobre todo, en algunos campos tan irreversibles que quería contar cómo un fue un mundo anterior ya desaparecido. Cuento en el libro que la memoria es un fenómeno extraño, curioso y personal. Cada uno tiene un recuerdo diferente del mismo hecho. Por alguna razón nunca encontraba crónicas del mundo que yo viví y me propuse hacer un retrato de una España que habité, con mi propia cámara, porque mi fotografía es diferente a otras que he visto. Esa pregunta es fácil de responder en esta era de los móviles en la que puedes encontrarte a una legión de personas haciendo una fotografía de un paisaje a pesar de que saben que la tienen en la postal del chiringuito. Es un afán por retener la sensación propia, por dejar constancia de una vida que no es la que me cuentan. Yo estuve en otro mundo que nadie relata y quiero enseñar ese planeta desconocido. En realidad es un libro de ciencia ficción. Y sí, he estado poco tiempo empleado y mi vida ha pasado en espacios llenos de gente que fumaba, bebía y hablaba. Se caminaba mucho. Las distancias no suponían una barrera y el espacio suponía tiempo para uno, y también para el que iba a tu lado. Se conversa bien caminando. Me he enterado de muchas cosas y, viendo lo que cuentan otros, creo que era más consciente de lo que pasaba, o menos hipócrita, pero sin duda, un buen testigo.</p><p><strong>P. Hacemos esta conversación cuando  ¡De rodillas, Monzón! lleva ya unos días rodando por las librerías de este país. En este tiempo has tenido oportunidad de hablar con gente que ya lo ha leído, sobre todo periodistas. Al escribir el libro estaba en tu empeño hacer una memoria pero también la crónica de un tiempo con muchas referencias sociales, políticas y de entorno con las que muchos lectores se iban a poder sentir identificados. Y sin embargo, cuando te preguntan, a casi todo el mundo le ha sorprendido mucho la historia de tu madre que vivió una terrible depresión y pasaba largas temporadas ingresada en un psiquiátrico, y de la que nunca antes habías hablado. ¿Te esperabas que esto fuera a llamar la atención tanto y por encima de todo lo demás?</strong><em>¡De rodillas, Monzón!</em></p><p><strong>R</strong>. No. Esto era un reto personal, algo que llevaba oculto porque así me lo indicaron en casa. Era otro tiempo en el que esa situación se vivía con un sentimiento parecido a la vergüenza. Yo no lo entendía, los niños creen que el mundo, la vida, es lo que les pasa a ellos. No tienen referencias. Si su padre bebe, el padre es alguien que bebe. Si juega al fútbol, es alguien que juega al fútbol. Recuerdo que mi hija, a los cuatro años entró en mi casa alarmada y dijo algo que me dejo perplejo: “¡Papá, sales en la televisión del padre de una amiga mía!”. Ella creía que todos los padres salían por televisión, pero cada uno en la suya. Pensó que había una extraña intromisión en nuestra vida. Como si tuvieran una foto mía en la mesilla junto a la cama. Yo veía la enfermedad de mi madre como algo normal, pero que tenía que ocultar. He cumplido ese compromiso hasta los 60 años, creo que ya ha prescrito. A los lectores les llama la atención porque piensan que fue un hecho traumático y todo el mundo se identifica con el dolor. Es una sensación que no despierta envidia, sólo comprensión, solidaridad. Por otro lado es un hecho anecdótico, distintivo, algo que diferencia una infancia de otras y por eso lo destacan los periodistas. Digamos que desde su punto de vista “esa es la noticia”.</p><p><strong>P. ¿Qué otras cosas te están sorprendiendo de lo que te cuentan los lectores? Por ejemplo, tus hijos o tus hermanos, si es que lo han leído.R.</strong></p><p> Con mis hermanos he sido muy cauto y apenas salen en el libro. No quería despertar susceptibilidades porque al relatar siempre se juzga y nuestra relación es distante en el tiempo, pero muy buena, siempre ha sido así y no quería que cambiara sin pretenderlo. A mis hijos les ha gustado mucho, para ellos es difícil imaginar que alguna vez fui niño. Cuando ellos lo eran, siempre me vieron como alguien mayor y esa relación se mantiene, me es imposible dejar de cumplir años para incorporarme a su edad. Supongo que les ha sorprendido que alguna vez pensara y sintiera como ellos lo hacían. Me hubiera gustado leer un libro así de mi padre. Descubren cosas que nunca les contaría. Cuando te sientas a escribir lo haces con libertad, hay una parte inconsciente, pero cuando hablas con un hijo, siempre estás, tal vez por desgracia, con las pilas puestas. Siempre existe un filtro porque piensas que no puedes defraudar, maleducar, nunca pierdes la sensación de que eres una referencia, aunque sepas que no te hacen ni puñetero caso.</p><p><strong>P. Vamos a contar un pequeño secreto de la cocina de este libro; cuando empezamos, la idea era hacer un único libro que terminara hoy, con el personaje que eres ahora. Pero empezaste a tirar de memoria y la infancia te pudo. Capítulo a capítulo, el pequeño Monzón se resistía a crecer añadiendo también, capítulo a capítulo, nuevas aventuras. Ahora me alegro mucho de tu empeño tozudo porque el resultado es luminoso y está lleno de tanta emoción como exento de falsa nostalgia. Pero me tenías preocupada, la verdad. ¿Te ha pasado, como decía Rilke, que la infancia es la verdadera patria del hombre, y tú te has encontrado con la tuya escribiendo sobre ella?</strong></p><p><strong>R</strong><strong>.</strong> Claro. La infancia es lo que somos. La gran injusticia de la vida es que pasamos poco tiempo en ella, y en algunas latitudes ni siquiera existe. Cuando crecemos entramos en el mundo de las convenciones, eso que antes llamaban “sentar la cabeza”. Es la libertad lo que se pierde y se sustituye por el uniforme, por el disfraz de lo políticamente correcto, de lo educado, del estereotipo. A mí me da pena ver cómo los niños quieren crecer, ser mayores, porque creen que así serán dueños de sus decisiones. Esa es la trampa. Una vez que uno es mayor, ya lo es para toda la vida. Es así, esas son las reglas del juego y está bien. Una regresión progresiva nos llevaría hasta el útero materno donde se está como en una canoa. Creo que es un hecho incontestable que como en el útero no se está en ningún sitio. Si acaso, en los bares.</p><p><strong>P. Hay en tu libro una evocación cruda, sin bucólicos adornos, de la España rural en el final de los años cincuenta. La vida era durísima, vista con los ojos de un niño de ciudad, de clase media, cuando te tocó ir a vivir al pueblo con tus abuelos. Solo llegar allí ya era una larguísima travesía; la rudeza de los trabajos del campo, la pobreza de las viviendas, sin agua, sin luz (por momentos parecía que estábamos leyendo La vida de Pascual Duarte) y sin embargo no hay resentimiento, ni pena. Por el contrario, el descubrimiento de cómo se cubrían las necesidades más básicas, o cómo se entretenían los niños “haciendo cochinadas” que tú desconocías, resulta un relato tierno y muy divertido. Porque los niños se adaptan a lo que les tocaba vivir. ¿Fue un tiempo de descubrimiento y a la vez tan feliz como parece a pesar de las duras condiciones?</strong><em> La vida de Pascual Duarte</em></p><p><strong>R.</strong> Las condiciones eran duras desde el punto de vista del confort. La tendencia a la comodidad nos hace imposible pensar en el lado positivo de aquella vida. El problema era la necesidad, el hambre, y yo no lo viví, ni fui consciente de ello, en mi casa no se pasaba, ni mucho menos. Pero el paisaje libre de lo material, un mundo donde no había cosas, no hacía peor el entorno, tampoco la vida. Te enseñaban el valor del pan. Se pasaba mucho tiempo frente al fuego. Hay culturas que tienden al minimalismo. Para mí, criado en Madrid, salir con mi abuelo en un carro tirado por un borrico viendo amanecer, y pasar todo el día en el campo, comer unas chuletas hechas sobre ascuas de sarmientos, cuando el fuego estaba prohibido en mi barrio, y volver atardeciendo habiendo estado tan lejos de casa todo un día era una auténtica aventura. Y con un gorro de paja. Para mi abuelo también. El problema era la pobreza. El que tenía lo elemental estaba satisfecho, las ambiciones eran otras. Elementales. Mi abuelo siempre, sin la menor duda, reivindicó aquella vida frente a la de la ciudad. Nunca se quiso venir a vivir con nosotros hasta que la edad se lo impuso, pero estuvo al pie del cañón mientras tuvo fuerzas, sabía que era mucho a lo que renunciaba estando sentado en el sofá de mi casa. Era parte de aquella tierra.</p><p><strong>P. Hay en el relato unos personajes secundarios muy entrañables: tu abuelo, que coleccionaba y leía ejemplares del diario ABC atrasados, los vecinos, los clientes de la farmacia. Me gusta mucho esa rectitud de principios de tu abuela,  que se comportaba siguiendo el refranero español, o tu abuelo, que te enseñaba las faenas y el lenguaje del campo, tan lejano de un niño de ciudad. ¿Qué importancia tuvo en tu formación la influencia de esos abuelos?</strong><em>ABC</em></p><p><strong>R. </strong>Desde luego fue una educación complementaria. Por un lado, mi abuela, debido a la enfermedad de mi madre, era la que me arropaba por las noches y me contaba lo que debía ser, cómo debía ser, los principios de la honradez elemental. Por otro, el contacto con el medio rural me desposeyó de mucha tontería. Me educó en la austeridad. Nunca he sido caprichoso. Creo que debo a mis abuelos, que llevaron una vida tan recta, tan firme, la implantación de los principios fundamentales de la educación. Nunca renunciaron a sus principios. No tenían necesidad. Sólo conocieron una vida. Ahora un individuo puede ser varias personas a lo largo de su vida. Lo llaman la evolución lógica, yo lo llamo mamoneo. Era un mundo sin notarios. Los tratos se hacían con un apretón de manos y la palabra, en ese medio, era fundamental. Desde ese punto de vista, si levantamos la mirada hacia nuestros próceres, los guardianes de la patria de ahora, sólo podemos sentir una inmensa náusea. Vivimos en un mundo donde la bondad, por ejemplo, no tiene el menor valor de mercado. Se confunde cada vez más con la estupidez, vamos mal. Ayer entrevisté en el programa a <strong>Federico Mayor Zaragoza</strong> y me decía: “Hemos dado 23.000 millones a un banco y no somos capaces de apartar 200 para solucionar el problema de los refugiados”. También me contó que había hecho un trabajo presentado en Berlín en que pedían una reducción del gasto en armamento del 10%, con el que se solucionaría el problema del desarrollo y la pobreza en el mundo. Ni siquiera lo han dado los periódicos. Todo esto, para muchos, resulta obvio, pero no hay la menor voluntad de cambiar nada. Vamos muy mal. Y sí, claro, es una crisis de valores. Las marcas han ganado la guerra. Estoy plenamente convencido de que la humanidad en su conjunto nunca ha sido tan gilipollas y tan cruel. Ni siquiera en los tiempos en los que rebanaban el gaznate por cualquier tontería.</p><p><strong>P. En la ciudad, tu recorrido por centros escolares y de formación también fue notable. Del sórdido colegio de párvulos pasaste a la libertad del Ramiro de Maeztu,  para volver a la disciplina de los Agustinos. En medio, el Opus, la OJE, el antifranquismo, los grises, y el día que  en la Prospe —tu barrio— sonó el Bring me a little lovin de Los Bravos. Y ya nada fue igual. ¿Recorrer ese pasado te ha reconciliado todavía más con tu pobre padre que tuvo que lidiar con tanto cambio para meterte en cintura?</strong><em>Prospe</em><em>Bring me a little lovin</em></p><p><strong>R.</strong> Una de las cosas que más me admiran de mi padre, y esto enlaza con la pregunta anterior, fue su bondad. El hecho de no coincidir con él en muchas cosas otorga más valor a que siempre estuviera de mi lado, le hace mejor a mis ojos. La verdad es que arrojó la toalla pronto porque ninguno le salimos como él quería, y meter en cintura tanto ganado se volvía una misión imposible. Tuvo que tragar con la circunstancia y lo hizo de la manera más inteligente posible. Cada uno vivía a su manera y adoptó una forma de pensar muy de madre, algo así: “Bueno, son como son, pero son mis hijos y eso es lo más importante”. Nos dejó hacer y nos permitió ser. Además, nos ayudó en todo lo que pudo. Siempre se lo he agradecido.</p><p><strong>P. Una cosa que repites mucho es que ahora los niños son el centro del mundo, y que eso es muy malo para ellos. Los niños son algo extraordinario mientras en tu infancia “los niños eran inevitables”. ¿Qué significaba eso, en el sentido práctico de la vida familiar?</strong></p><p>  <strong>R.</strong> Los adultos, queramos o no, somos tóxicos. Llevamos encima una mochila radiactiva con toda nuestra experiencia. Los niños deben pasar con los mayores el tiempo necesario, nada más, deben tener su mundo propio, su fantasía, lo que nosotros llamamos los juegos, que no son tales, es su vida, la que les toca vivir y que tiene tanta importancia como las acciones <em>trascendentes </em>de los adultos. Ahora, por una cuestión de espacio, de diseño urbanístico, en las ciudades los niños viven recluidos, encerrados, aislados entre adultos. Es una condena que les ha caído por la cara, sin que la merezcan. El viejo dicho “Cierra la puerta que se escapa el gato” se ha sustituido por “Cierra la puerta que se escapa el niño”. Antes las puertas estaban abiertas, los niños entrábamos y salíamos a nuestro antojo. También en los barrios. Ahora los niños son el "proyecto de vida" de sus padres. Están jodidos. Es lo que toca. Su ventana, su calle, es la pantalla del ordenador. Están solos.</p><p><strong>P. Una advertencia a posibles lectores: este no es un libro de humor, aunque te sonrías mucho al ver la manera en que cuentas algunas cosas, ni tampoco es un libro cargado de política como lo eran los dos anteriores. Pero hay mucha reflexión que dejas caer al hilo de tu vida. Dices en un momento: “No creo que la ironía y el humor sean cualidades innatas a mi persona, en realidad soy más bien serio, tiendo a trascender y a obsesionarme. No me tomo las cosas en broma”. Entonces, ¿usas tu propia faceta de humorista, presentador, monologuista… para protegerte?</strong></p><p><strong>R.</strong><em> </em>Pues sí. Y para proteger a los demás. Un ser tan verborreico sólo tiene la opción de ser entretenido o divertido para no convertirse en un torturador. Yo escogí la vía del humor para no terminar siendo marginado por plasta. Decía <strong>Groucho</strong> que si eres capaz de hablar durante mucho tiempo seguido al final siempre te saldrá algo gracioso. Ese es mi caso.</p><p><strong>P. Sigues empeñado en decir que tú no trabajas y por eso tienes tanto tiempo libre. Pero he podido ver que eres una de las personas más ocupadas que conozco. Aparte de afrontar la presentación de un programa diario, El Intermedio, que siguen con fidelidad casi dos millones y medio de personas, tienes un grupo de rock, haces la comida y la organización de tu familia, ayudas a otros músicos, escribes columnas en este mismo periódico, produces documentales y doy fe de que cuando coges el ritmo, eres capaz de escribir con mucha dedicación tus libros. ¿Por qué te escondes en esa coartada de falsa vagancia?</strong><em>El Intermedio</em></p><p><strong>R.</strong><em> </em>No hay contradicción entre lo que uno es y lo que le dejan ser. Si pudiera, no haría. Tiene gracia que seas tú la que lo diga que te has empeñado por una razón profesional en que salga de mi horizontalidad congénita y me ponga a levantar tu empresa. De hecho, esta entrevista que he tenido que escribir me ha llevado media mañana y un esfuerzo impagable. Esa es mi realidad. Otra cuestión es que pueda evitarla, como los accesos de lujuria que son ajenos a uno y responden a la llamada de la selva para evitar la extinción de esta especie absurda, ridícula y prepotente.</p><p><strong>P. Y dicho esto, ¿cómo va el arranque de la segunda parte?</strong></p><p><strong>R.</strong><em> </em>Estamos en ello. No es fácil reinventarse.</p><p><em>*Ángeles Aguilera es editora en Planeta.</em><strong>Ángeles Aguilera</strong></p><p>   <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángeles Aguilera]]></author>
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      <title><![CDATA[Hitos kilométricos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hitos-kilometricos_1_1133214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2301a523-aeaf-4ec8-bf41-d5ff37d815db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hitos kilométricos"></p><p>Hubo un tiempo en el que los jóvenes estadounidenses querían ser <strong>Jack Kerouac</strong>. O su <em>alter ego</em> Sal Paradise, o cualquier otro personaje de <em>En la carretera</em>. Una novela que llega a las librerías por primera vez el 5 de septiembre de 1957 y pocas semanas después ya cuenta con tres nuevas ediciones. Aunque detrás de ese éxito se escondía también el trabajo del escritor y crítico literario <strong>Malcolm Cowley</strong>, que colaboraba de forma asidua con la editorial Viking Press y que prácticamente obligó a nuestro autor a corregir, retocar y rehacer la narración en varias ocasiones antes de publicarla. Y eso que Jack Kerouac había empezado a redactarla a finales de la década de los cuarenta. Es decir, que tarda alrededor de diez años en concluir la novela que está considerada el paradigma de la escritura vertiginosa, visceral y casi alucinatoria. <strong>Allen Ginsberg</strong> lo llamó "<em>spontaneous bop prosody</em>". De hecho, aquel mismo otoño del 57 se publica en las páginas de <em>Black Mountain Review</em> un artículo en el que el autor <em>beatnik </em>defiende que "hay que escribir sin conciencia, en un semi-trance”… Y "nada de correcciones (excepto obvios errores racionales)".</p><p>El artículo se titula "Fundamentos de la prosa espontánea" y está incluido en el volumen <em>La filosofía de la Generación Beat y otros escritos,</em> que recoge una treintena de textos breves de Jack Kerouac que van desde la reflexión sobre el propio estilo hasta los deportes o la música. Textos que en su momento aparecieron como prefacio a alguno de los libros de sus amigos o en las revistas <em>Playboy</em>, <em>Esquire</em>,<em> Escapade</em>… Se </p><p>trata de piezas en su mayoría inéditas en español. Y las publica ahora Caja Negra (una editorial argentina con buena distribución en España), que cuenta también en su catálogo con otro título de nuestro autor: <em>Viajero solitario</em>. En la autoentrevista que sirve de prólogo a este último, el propio Kerouac define el libro como "una recopilación de algunos artículos publicados y de otros inéditos unidos por un mismo tema: el viaje… Empleo en el ferrocarril y como marinero, montañas, misticismo, lascivia, solipsismo, desenfreno, corridas de toros, drogas, iglesias, museos, calles, una aleación de vida como fue vivida por un libertino orgulloso, educado e indigente que va a ninguna parte. Su alcance y su propósito son sencillamente la poesía, o la descripción natural".</p><p>Me pregunto si estas palabras no podrían servir también para resumir cualquier otra obra de Kerouac. Quizá no cuando menciona los toros (es excepcional el pasaje en el que describe la primera corrida que ve en su vida, que para ser precisos fue una novillada en México), ni tampoco cuando afirma que su libro no es más que una recopilación de artículos. Pero para ser justos, <em>Viajero solitario</em> tampoco parece una recopilación de artículos, sino que se lee como una novela o mejor como unas memorias fragmentadas. Las memorias de Duluoz, otra de las máscaras utilizadas por Kerouac (véase <em>Ángeles de desolación </em>o <em>La vanidad de los Duluoz</em>). No en vano, ficción y realidad, invención y biografía se diluyen con insólita destreza en la prosa de este escritor nacido en Lowell, Massachusetts, a finales del invierno de 1922. Y en dicho sentido resulta revelador el triple decálogo (tricontacálogo) titulado "Credo y técnica de la prosa moderna". Cito uno de sus primeros puntos: "Amar la propia vida". Y después: "Contar la verdadera historia del mundo bajo la forma de un monólogo interior". Y uno más: "Escribir para que el mundo lea y se reconozca en tus propias imágenes".</p><p>Incluido en <em>La filosofía de la Generación Beat y otros escritos</em>, este artículo publicado originariamente en <em>Evergreen Review</em>, en 1959, es el mejor texto que he leído sobre la esencia vital y artística de Kerouac y su banda: Ginsberg, <strong>Gregory Corso</strong>, <strong>Neal Cassady</strong>… Y también <strong>Robert Creeley</strong>, que en las palabras preliminares a este volumen ("Pensando en Jack: Un prefacio") llega a afirmar que "<em>En el camino</em> no era una simple etiqueta o una reflexión sobre viajes al azar sino un necesario estado mental. Seguíamos en el camino porque no existía, al fin, ningún lugar en el que pudiéramos descansar. Siempre sintiendo una creciente presión por la diferencia, por la incapacidad de encontrar relaciones fiables…". De ahí que Dean Moriarty (pseudónimo de Neal Cassidy en la novela <em>En la carretera</em>) sentencie: "La carretera es la vida".</p><p>En 1955, la Fundación Guggenheim concede una beca al fotógrafo <strong>Robert Frank</strong> para que recorra Estados Unidos con su Ford Business Coupe del 50, retratando, capturando lo genuinamente americano. Ese es el origen de <em>Les Américains</em>, un libro publicado en Francia en 1958, y donde se alternan las fotografías con extractos de escritores europeos. Un año después, Groove Press ya preparaba la edición en inglés. Pero en lugar de autores del Viejo Continente, se pensó en Jack Kerouac para que escribiera un texto que acompañase las fotos. Ese texto se incluye también en <em>La filosofía de la Generación Beat y otros escritos</em>: "A quien no le gusten estas fotos no le gusta la poesía, ¿está claro? Y a quien no le gusta la poesía prefiere quedarse en su casa y mirar series de televisión con vaqueros a los que solo toleran los pacientes caballos. Robert Frank, suizo, discreto, amable, con esa camarita que levanta y dispara con una sola mano convirtió la imagen en el poema más triste sobre América y merece por eso un lugar entre los grandes poetas trágicos de la historia. A Robert Frank le dejo ahora este mensaje: uno tiene ojos para algo".</p><p>Después de una declaración así, casi se hace necesario sumergirse en las imágenes en blanco y negro de <em>Los americanos</em> (hay una edición en español publicada por La Fábrica). Aunque puestos a recomendar un libro de fotografías, no se me ocurre ninguno mejor para el tema que nos ocupa que <em>En la carretera. Viajes fotográficos a través de Norteamérica</em>, en el que tras un cuidadoso, trabajado y clarificador texto inicial ("Breve historia del largo camino", de David Campany), encontramos una selección de fotografías de Robert Frank. Como aquella en la que se puede ver a cuatro personas junto a un cadáver cubierto con una manta tras un accidente automovilístico en la mítica Route 66. O la imagen de un coche protegido con una lona clara, entre dos palmeras (en realidad son tres si contamos la sombra que dibuja una de ellas), en Long Beach. El mismo Frank lo explicaría más adelante: "No quería hacer lo que estaba haciendo todo el mundo". Quería huir de lo que consideraba la charlatanería pictórica. La fotografía fácil. "Este proyecto es en esencia un estudio gráfico de una civilización… pero solo en parte se concibe como un documental: uno de sus objetivos es más artístico de lo que implica la palabra <em>documental</em>… Mi idea es observar y registrar lo que un estadounidense naturalizado considera indicativo de los Estados Unidos para retratar el tipo de civilización que nace aquí y se extiende por otros lugares".</p><p>En el fondo, Jack Kerouac y Robert Frank trabajan sobre un mismo tema: Estados Unidos. Vuelvo a <em>Viajero solitario</em>: "Ah, América, tan colosal, tan triste, tan oscura, eres como las hojas de un verano seco que crujen antes de que termine agosto, estás desahuciada, cualquiera que te mira sabe que no te queda nada más que esa desesperación mustia, lóbrega, la certidumbre de la muerte inminente, los sufrimientos de esta vida, las luces de Navidad no van a salvarte ni salvarán a nadie, como tampoco lo harían las luces de Navidad colgadas en agosto en un arbusto seco, por la noche, si es que eso tuviera algún sentido". No es de extrañar que ambos fueran tildados de antiamericanos. Y sin embargo, en 1959 la revista <em>Life </em>les dio doscientos dólares para cubrir los gastos de gasolina y comida en un viaje de ida y vuelta entre Nueva York y Florida. Frank conducía con una mano en el volante y la otra en la cámara. Disparando cuando lo creía conveniente. Kerouac no le perdía de vista: "Una lección para todo escritor… seguir a un fotógrafo y mirar aquello que decide fotografiar… hablo de un gran fotógrafo, de un artista… y cómo lo hace. Resultado: sea lo que sea, son los Estados Unidos. Es la ruta americana y obliga todo el tiempo a que uno abra los ojos".</p><p>Gracias a <em>En la carretera. Viajes fotográficos a través de Norteamérica </em>ahora tenemos la oportunidad no solo de acompañar a Robert Frank en su trayecto, sino también (y eso es quizá lo más interesante) a un selecto grupo de fotógrafos que continuaron aquel proyecto iniciado por el fotógrafo suizo en 1955. De ahí que este libro sea, además de un hermoso recorrido geográfico y vital, una travesía por la historia de la mejor fotografía moderna. Desde las gasolineras de <strong>Ed Ruscha </strong>a las plazas y monumentos de <strong>Lee Friedlander</strong>. Pasando por el esteticismo de <strong>Garry Winogrand</strong>, la energía visual de <strong>Ryan McGinley</strong>, el silencioso colorido de <strong>William Eggleston</strong> o la extrañeza brumosa de <strong>Todd Hido</strong>. Y qué decir de las simetrías urbanas de <strong>Joel Sternfeld</strong>. O de los maravillosos <strong>Stephen Shore</strong> y <strong>Bernard Plossu</strong>. O del resto de fotógrafos que recoge el volumen, como el danés <strong>Jacob Holdt</strong>, que a comienzos de los setenta se pasó cinco años viajando en autostop por Estados Unidos, sin dinero, vendiendo su plasma en bancos de sangre, dos veces a la semana, a cinco dólares la extracción. Todos ellos forman ya parte del camino. Como los hitos kilométricos. Indicándonos la dirección.</p><p><em>*Josep M. Rodríguez es poeta. Su último libro es </em><strong>Josep M. Rodríguez </strong><a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=1678" target="_blank">Ecosistema</a><em> (Pre-Textos, 2015). </em></p><p>__________________________</p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josep M. Rodríguez]]></author>
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