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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 41]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-41/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 41]]></description>
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      <title><![CDATA["Las raíces aéreas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/raices-aereas_1_1203071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/493e9cd1-55c0-4e19-8061-79b12330dd21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Las raíces aéreas""></p><p>  </p><p>   Javier Bozalongo lee su poema "Las raíces aéreas".</p><p><strong>Las raíces aéreas</strong></p><p>Yo soñé ser avión,</p><p>no pasajero de primera clase,</p><p>piloto o sobrecargo,</p><p>sino ser un avión</p><p>y poderme volar a cualquier parte.</p><p>Con los pies en el aire</p><p>saber que no hay raíz más firme ni profunda</p><p>que aquella que llamamos libertad.</p><p>Aunque ser un avión requiera siempre</p><p>destreza y disciplina,</p><p>vivir de vuelo en vuelo nos enseña</p><p>que en la distancia todo se vuelve diminuto</p><p>y hasta lo que creíste</p><p>de manera fatal irresoluble,</p><p>en su insignificancia</p><p>adquiere un nuevo aspecto.</p><p>Allá arriba es nada todo lo que te envuelve,</p><p>pero luego aterrizas y te asombras</p><p>al descubrir por fin que todo lo importante</p><p>permanece y recobra su dimensión exacta.</p><p><em>*Javier Bozalongo es poeta y director de la Editorial Valparaíso.</em><strong>Javier Bozalongo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Bozalongo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 41]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Despertar el amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/despertar-amor_1_1133548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1c8668c5-bf90-4f98-9157-74a8077d79ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Despertar el amor"></p><p><strong>Ángela Gavilán</strong> y <strong>Elías Domingo</strong> celebran el 20º aniversario de su librería, un centro cultural hoy imprescindible en Aranda del Duero. Nos recomiendan algunos libros que consideran apropiados para contagiar el amor por la lectura. </p><p>  <strong>Poesías completasAntonio MachadoColección AustralMadrid2010</strong><em>Poesías completas</em></p><p>El autor de <em>Soledades </em>y <em>Campos de Castilla </em>sigue siendo un aliado imprescindible para entrar en el mundo de la poesía o para reconciliarse con él si se ha sufrido un alejamiento. En el lenguaje de todos, con la normalidad civil de la persona que acude a su trabajo y paga el traje que le cubre, Machado nos contagia la emoción de las cosas verdaderas: el amor, el paso del tiempo, las ilusiones, el compromiso con la sociedad y la presencia de la muerte en la vida humana.</p><p>  <strong>El águila del imperioSimon ScarrowEdhasaBarcelona2002</strong><em>El águila del imperio</em></p><p>Una invitación a las lecturas con fuerza narrativa. Se trata de la primera entrega de la serie protagonizada por Marco Licinio Cato, quien en Roma obtiene la libertad a cambio de enrolarse en la legión. Tras una primera campaña en Germania, viaja a las islas británicas, tierra de brujas habitada por salvajes. De la mano del rudo centurión Lucio Cornelio Marco, iniciará una emocionante y divertida carrera militar. La segunda legión augusta, por entonces al mando de Vespasiano, será testigo de sus primeras hazañas.</p><p><strong>El cielo de LimaJuan Gómez BárcenaEditorial Salto de PáginaMadrid2014</strong><em>El cielo de Lima</em></p><p>  </p><p>Es uno de los autores jóvenes que más nos han interesado en los últimos años. Juan Gómez Bárcena escribe un fascinante relato histórico recreando un episodio singular: dos muchachos peruanos establecieron relación con el poeta <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>, fingiendo ser una muchacha llamada Georgina Hübner. La invención de esta musa literaria acabó enamorando de verdad a Juan Ramón, hasta el punto de que hubo que preparar una muerte tan sentida como ficticia. Imaginación, conocimiento literario y capacidad narrativa se funden en este libro.</p><p><strong>Un viejo que leía novelas de amorLuis SepúlvedaTusquetsBarcelona1993</strong><em>Un viejo que leía novelas de amor</em></p><p>Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor —"del verdadero, del que hace sufrir"— que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez.</p><p><strong>SedaAlessandro BariccoAnagramaBarcelona1997</strong><em>Seda</em></p><p>Alessandro Baricco presentaba la edición italiana de <em>Seda, </em>que tuvo un éxito extraordinario en su país, con estas palabras: "Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla".</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Todo Libro en la calle Isilla, 3, de Aranda de Duero (Burgos), y en su página web.</em><strong>Todo Libro </strong><a href="http://www.todo-libro.com" target="_blank">página web.</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Todo Libro]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Los diablos azules número 41]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Todos somos Anarcoma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anarcoma_1_1133544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/049982be-0f19-4e1d-91cb-12f61b194a26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos somos Anarcoma"></p><p>Hubo un mundo de color en un tiempo blanquinegro. Nos lo cuenta <strong>Nazario </strong>en <em>La vida cotidiana del dibujante underground</em> (Anagrama), una autobiografía a calzón quitado, sin taparrabos ni orejeras. Desde sus primeras páginas elude la infancia, aunque no falten alusiones varias al colegio de Isla Cristina, a los juegos callejeros del Condado, entre su Castilleja del Campo natal y el Carrión materno. En cambio, en esta primera entrega de sus memorias, apenas aborda su inicial adiós a Sevilla, que reserva para un segundo volumen de recuerdos. No obstante, nos sumerge en aquellos años jóvenes de gris franquismo que viraba a <em>kistch </em>democrático, la contracultura de este país en el que, paradójicamente, el mayor antisistema era el propio régimen que le gobernaba, hortera y faltón, asesino y canalla.</p><p>Centrada fundamentalmente en su etapa barcelonesa, Nazario brinda un breve aperitivo andaluz, cuando entonces se reprimía la homosexualidad que hoy se normaliza incluso en el ámbito rural. La vida progre en Sevilla, por entonces, según nos cuenta Nazario Luque Vera, quedaba entre los descampados que hubo por detrás de la Cruz del Campo hasta las escalinatas del Archivo de Indias de Sevilla, donde se arracimaban melenudos y petardos, litronas y utopías, de la mano de los Smash o el Teatro Estudio Lebrijano, con la banda sonora de Fresa y Nata, el programa de radio que<strong> Joaquín Salvador </strong>urgía con los discos que llegaban hasta la base de Morón, la localidad sevillana donde llegó a ejercer como maestro de escuela: andando el tiempo, el mismísimo <strong>Lou Reed </strong>escogería un dibujo suyo para ilustrar de gratis la portada de <em>Take No Prisioners</em>. El pleito por los derechos duró varios años y Nazario terminó ganándolo a cambio de cuatro millones de pesetas.</p><p><strong>De Don Juanito El Supermacho hasta Anarcoma</strong></p><p>En Sevilla, por entonces, ni demasiado cerca ni demasiado lejos de los estudios de <strong>Gabi </strong>o de <strong>Sancha </strong>como formidables mentideros del momento, rulaban <strong>Gonzalo García Pelayo</strong> y lo que iba a ser Imán, <strong>Lole</strong> y <strong>Manuel</strong>, <strong>Antonio Castro</strong>, <strong>Pepe Benavides</strong> o <strong>Marcos Mantero</strong>. Por los vericuetos de aquella ciudad tapiada por el muro de la calle Torneo nos lleva el autor de la mano de amigos suyos como <strong>María Antonia</strong> y <strong>Juan Moyano</strong>, hasta La Cuadra primitiva de <strong>Francisco Lira</strong> o los paraderos de aquella homosexualidad diversa en la que también, como en España toda, cabía por entonces la caspa o la maravilla, entre la calle Goya, los jardines de Murillo o el Prado de San Sebastián.</p><p>Hasta allí nos lleva su mirada, cuando los automovilistas noctámbulos examinaban la carne fresca de dichos paraderos, hoy tan de ley y orden: “Los conductores daban vueltas lentamente acercándose a los paseantes, junto a los que paraban si eran de su agrado. El paseante subía al coche si el tipo le gustaba y le ofrecía confianza, o exigía que el hombre bajara para poder verlo mejor y decidirse más tarde. Algunos paseantes ya conocían bien el terreno y sabían de agujeros practicados en tapias dentro de los que poder ocultarse, rincones apartados o matorrales. No tardé en convertirme en un experto y fui conociendo poco a poco a algunos conductores y a muchos de los paseantes; era un avezado conocedor de todos los vericuetos de los alrededores. Aquellas tapias llenas de agujeros tras las cuales se amontonaban los escombros y la basura se convertirían en el escenario perfecto para algunas de las aventuras de mi personaje de cómic Don Juanito el Supermacho”.</p><p>Se torea como se es: sus peripecias vitales afloran en sus viñetas. Desde el bar Postigo de Sevilla al bar Kike de Barcelona, Nazario va trenzando su vida con su obra, desde el día en que descubrió la revista norteamericana <em>MAD </em>en un quiosco trianero, hasta sus primeras publicaciones en <em>El Rrollo Enmascarado</em>, <em>Star</em>, <em>El Víbora </em>o la revista francesa <em>Zinc</em>: “Yo no quería publicar cómics gays en revistas para gays. Cuando empecé a publicar en <em>El Víbora</em> no pasó nada, salvo que las ventas se multiplicaron”, afirma Nazario, admirador de <strong>Tom de Finlandia </strong>pero que no suele frecuentar en demasía la lectura de cómics.</p><p>Así nació su más célebre personaje, Anarcoma, un detective de los bajos fondos, mitad <strong>Humprey Bogart</strong>, mitad <strong>Lauren Bacall</strong>, al que resucitará en una nueva entrega tras haber colgado las viñetas por los lienzos: “Tras el fracaso comercial de <em>Turandot</em>, decidí dedicarme a la pintura porque me pagaban mucho por los cuadros. Me convertí en pintor y dejé de ser dibujante, lo mismo que antes había dejado de ser guitarrista”.</p><p>Desde <em>San Reprimonio</em> a <em>Ali Babá y los cuarenta maricones </em>o su exquisita versión de <em>Salomé</em>, de <strong>Oscar Wilde</strong>, Nazario tuvo tiempo y arrojo para convertirse en uno de los principales iconos de la contracultura patria.</p><p>Ocaña, en el reino de los chulos</p><p>Su libro está escrito con el mismo desparpajo que su biografía real, la que se amigó con <strong>Pepichek</strong>, <strong>Onliyú</strong>, <strong>Ana Briongos</strong>, <strong>Alberto Cardín</strong>, <strong>Marta Sentís</strong> o <strong>Montesol</strong>. Y con <strong>Camilo </strong>y con <strong>Ocaña</strong>, aquel pintor de Cantillana que cantaba coplas en los cementerios de su retrato intermitente y al que terminó dedicándole otro cantable eterno <strong>Carlos Cano</strong>: “Dios nos libre de la clase media”, entona eternamente el cantautor granadino en memoria de aquel que ardió como un sol después de quemar Las Ramblas.</p><p>“En algún escrito –narra Nazario— Ocaña definía sus actuaciones como 'Chou, exhibicionismo y cachondeo' y consideraba el primer disfraz de su vida su aparición acompañado de Camilo, frente a la terraza del Café de la Ópera, vestido con un roquete blanco de monaguillo, con unas alas de plumas blancas y una corona de flores en la frente. Esta <em>performance </em>iba acompañada de caballetes, lienzos y pinceles y ambos se entregaron con entusiasmo a mostrar sus cualidades pictóricas. Por primera vez explotaba de forma daliniana su desparpajo exhibicionista para llamar la atención sobre su otra gran pasión, la pintura. A partir de entonces, para el gran público ambas pasiones irán encadenadas y revueltas, quedando a veces la pintura, a su pesar, oculta bajo el <em>show</em>, el exhibicionismo y el cachondeo. Cuando quiso dar marcha atrás, para su gran desesperación, el concepto Ocaña/travesti desplazaba y casi anulaba al de Ocaña/pintor”.</p><p>Las circunstancias de su muerte –días después de que ardiese bajo su disfraz de sol en una fiesta estival de Cantillana— las narra Nazario casi de forma hilarante, aunque atribuye su inesperada muerte a la falta de defensas que terminaron por afectar seriamente a su hígado Por entonces, en 1984, no existía todavía el acrónimo VIH. Como catarsis, luto y homenaje, Nazario creó <em>La gloriosa asunción de Ocaña al reino de los chulos</em>. </p><p>Discípulo de Diego el del Gastor</p><p>Nazario, en este memorial recién publicado por Anagrama, huye de lo obvio, de sucedidos que ya ha contado antes o que ha repetido incansablemente ante los reporteros que acudían a preguntarle cómo llegó a Barcelona. Anarcoma flirtea aquí con <strong>Jean Genet </strong>y <strong>Rainer María Rilke</strong> o su admirado <strong>Copi</strong>, entre canciones de <strong>Sisa </strong>y lluvia dorada en Zeleste. Hay mucha Barcelona en esta remembranza, como no podía ser de otra manera, pero cómo gusta ese mestizaje andaluz que lleva hasta el mercado de Sant Feliú la arena de Playa Antilla, las coplas de <strong>Quintero, León y Quiroga</strong>, las putas de la Alameda de Hércules o las bailaoras de Cádiz, entre el toque a uña pelá de su amigo <strong>Diego el del Gastor </strong>que perfeccionó su toque.</p><p>“Yo estuve ocho años tocando la guitarra, hasta que dejé de hacerlo, se la regalé a Sisa y no he vuelto a coger ninguna –me cuenta—. Tuve el honor de conocer a <strong>Juan Talega</strong>, a <strong>Fernanda </strong>y <strong>Bernarda</strong>. Luego, apareció <strong>Camarón de la Isla </strong>y el flamenco dejó de interesarme. Comprendo que tenía una voz prodigiosa pero aquello ya no me gustaba, lo mismo que no me gustaba<strong> Antonio Mairena</strong>, ni sus discípulos, <strong>El Lebrijano</strong> o <strong>José Menese</strong>, porque no lograban emocionarme.”</p><p>¿Y <strong>Paco de Lucía</strong>? “Tampoco. A mí me gustaba <strong>Niño Ricardo</strong> y algunos guitarristas de Jerez, como <strong>Morao</strong>”.</p><p>Tres días en la cárcel</p><p>Desconfíen de las apariencias. Más allá de los aparentes cotilleos en la relación entre <strong>Pilar Tomás</strong>, <strong>Javier Mariscal </strong>o<strong> Miquel Barceló</strong>, en su adiós al colegio, en sus ocasionales escarceos con mujeres y en la descarnada y tierna descripción de su propia querencia con <strong>Alejandro Molina</strong>, hasta su ausencia, no pareciera que existe trascendencia, pero es falso.</p><p>Nazario usa la trivialidad para retratar un tiempo y un país, que diría <strong>Raimon</strong>, tan alejado de su estética, aunque sí estuviera próximo a <strong>Lluis Llach</strong>. Por aquí asoman los punkis y la antisiquiatría de <strong>Ana Seró</strong>, las teorías de <strong>Wilhelm Reich</strong>, los paraísos artificiales y el cuartel de invierno de la gastronomía, la sombra de la muerte, el sexo y su renuncia, el movimiento libertario. También la cárcel, como aquella temporada que pasó en La Modelo con Ocaña, cuando parte de la compañía de Els Joglars también estaba a la sombra tras el estreno de <em>La torna</em> y el grito de guerra era “presos a la calle, comunes también”, como el eslogan que la COPEL, la Coordinadora de Presos en Lucha, esgrimía desde el tejado de sus motines: “Apenas estuvimos tres días en la cárcel pero Ocaña conocía a todos los presos. Hubiera sido heroico que fuera por motivos políticos pero no. Ni siquiera nos aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes, la gandula. Sencillamente, tuvimos un rifirrafe con la policía local porque nos dio por salir travestidos a la calle y uno de los agentes era novato”.</p><p>A Nazario le interesa escribir bien y procura hacerlo. Su libro se lee con el mismo desparpajo con el que fue escrito. Toda una hoja de ruta, por lo tanto, no solo para escudriñar a su persona y a sus personajes, sino para comprobar cuánto hay de uno y de otros en nosotros mismos. En el fondo, todos somos Anarcoma, pero alguna vez quisimos ser Nazario.</p><p><em>*Juan José Téllez es escritor. Su último libro, </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-paco-de-lucia-el-hijo-de-la-portuguesa/190548" target="_blank">Paco de Lucía. El hijo de la portuguesa</a><em> (Planeta, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Téllez]]></author>
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      <title><![CDATA[La noticia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noticia_1_1133536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a7457d2d-52f9-4f84-a80b-d2ca6bfaddc9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La noticia"></p><p><em>(Inicia Luis García Montero)</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p>El periodista <strong>Jesús Maraña</strong> dejó el coche en el garaje de San Bernardo. El sol había decidido dar una sorpresa a finales de noviembre y caía sobre Madrid con una amabilidad extraña. No está mal, pensó Jesús, una canción de primavera en medio del otoño largo. Se agradecen las ayudas que devuelven una vitalidad íntima cuando el cansancio se empeña en deshojar hasta las últimas ilusiones. Las ventanas, los semáforos, los coches, los escaparates, las cafeterías y los zapatos de los caminantes se atreven a brillar de otra manera.</p><p>Han sido meses duros en los que el trabajo se apoderó del reloj hasta los últimos rincones. De todos los relojes, es mejor afirmar: el reloj de pulsera, el reloj de la redacción, el reloj de los libros, de la casa, del dormitorio. Del periódico a la televisión, de la llamada de teléfono a la comida con el personaje de turno –a ver si dice algo y es capaz de iluminar las zonas oscuras del vértigo—, la situación política no había dejado un momento de respiro.</p><p>Las crisis del PSOE, los juicios por corrupción, la investidura de <strong>Rajoy</strong>, la puesta en marcha del nuevo Gobierno, partidos que se hacen y se deshacen, cada día llegaba el capítulo folletinesco de una realidad que iba con la lengua fuera y a la que resultaba difícil seguir. Opinar con seriedad cuesta demasiado trabajo. Yo no sé si España tiene arreglo, pero a ti te va a costar la vida, le había lanzado en tono de broma su mujer, mientras comentaban un encontronazo televisivo con <strong>Eduardo Inda</strong>.</p><p>La verdad es que hay trabajos en los que no se puede utilizar la rutina como estrategia de defensa. Por mucho que uno conozca las reglas del juego, aunque llueva sobre mojado y las cartas estén sobre la mesa, es difícil mantener la serenidad cuando se vive lo que se vive, se sabe lo que se sabe y se oye lo que se oye. Alguna vez el periodista Jesús Maraña ha caído en la tentación de plantearse sus participaciones en el circo semanal de los despropósitos tertulianos. Pero pasado el fuego, después de una butaca, una copa de pacharán y la relectura nocturna de un libro de <strong>Albert Camus</strong>, comprende que no se puede abandonar ninguna trinchera y que la dignidad de un país depende del estado de su prensa. Ni la renuncia, ni las torres de marfil son una salida.</p><p>Tampoco el encabronamiento. Por eso conviene descansar, recuperar la serenidad o por lo menos conseguir esa calma agitada del voluntario de la objetividad que permite no entrar en banderías, no buscar el aplauso fácil, no vengarse, no mentir. Aunque la gente busque señores que estén en posesión de la verdad o fieras a las que insultar por sus argumentos disparatados, la ética de este oficio descansa en la modesta pretensión de no mentir. Y para eso hay que parar de vez en cuando. Sí, hacía falta levantar el pie del acelerador. Y ya, sin excusas, sin trampas. Tal vez unas pequeñas vacaciones, la posibilidad de aprovechar el puente, unos días de viaje con la familia y alejado del ordenador. Las niñas lo iban a agradecer.</p><p>—Y yo el primero, porque si no voy a empezar a creer en fantasmas— pensó Jesús, alterado todavía por la dichosa llamada de teléfono.</p><p>El sol imprevisto de la mañana pareció darle la razón. Salió del garaje a la vida. Camino del periódico, el breve paseo por la calle Fuencarral se convirtió en un adelanto de la felicidad. El rumor de los coches tenía incluso un aletear de pájaro entre las ruedas y las novelas brillaban en el escaparate de la Casa del Libro con la alegría del aire luminoso. A ver qué novelas me compro para el puente, se preguntó Jesús Maraña. Lo importante, desde luego, es no caer en la tentación de llevarse un título de actualidad, ni escándalos, dioses, jueces, reyes o tribunos. Tal vez <strong>Valle-Inclán</strong>, <strong>Baroja</strong>, <strong>Trigo</strong>… Subió las escaleras y entró en la redacción. También la luz de la calle caía sobre los ordenadores del infoLibre. Los teclados celebraban la alegría igual que los árboles y los cuerpos. Saludó, hola, qué buen día hace, luego resolvemos, ¿qué tal ayer el estreno de la película?, ¿hablaste por fin con <strong>Pedro Sánchez</strong>?, ¿y con <strong>Errejón</strong>?, levantó la mano para felicitar a <strong>Clara</strong>, muy bien <em>Los diablos azules de hoy</em>, y se dirigió al despacho. Vio el sobre mientras se quitaba la chaqueta.</p><p>Leyó cuatro veces la carta, una, dos, tres, cuatro, pasó de la incredulidad a la inquietud y de la curiosidad a la excitación. Antes de leer la carta por quinta vez, llamó por teléfono a <strong>Manolo Rico</strong>:</p><p>—Oye, Manolo, voy a tu despacho. No te lo vas a creer.</p><p><em>(Sigue Benjamín Prado)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p>—Mira, Jesús, a estas alturas de nuestras vidas, yo me lo creo ya todo y no confío en nadie —dijo el director—. Lo primero, porque la realidad no es de fiar; lo segundo, porque ya sabes cuál es el primer mandamiento de nuestra profesión: si tu madre te dice que te quiere, no lo descartes, pero verifícalo.</p><p>—No, pero es que esto no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas, ni con la realidad, ni con el periodismo.</p><p>—Has tenido un sueño…</p><p>—Tampoco.</p><p>—Eres millonario: te tocó la lotería.</p><p>—Sigo siendo igual de pobre, así que olvídate de pedirme un préstamo. No, lo que ha pasado es algo sin gran importancia, pero aun así muy sorprendente, una de esas coincidencias que te dejan estupefacto.</p><p>—Vaya, si hay que explicarlo con un adjetivo de cinco sílabas, es que debe haber sido algo grande.</p><p>—Júzgalo tú mismo. Cuando pasé por casa, hice lo que hago siempre, ya me conoces: ir mirando la hora obsesivamente en todos los relojes, los de pared, el de mesa, los despertadores de la alcoba, el del horno y el de la nevera, el del móvil, el del ordenador… Ya me conoces, siempre obsesionado con que el tiempo no se me eche encima.</p><p>—La gente puntual es quisquillosa.</p><p>—Cuando fui a salir, me di cuenta de que todos marchaban bien, menos el mío, que estaba parado. “Se le habrá gastado la pila”, me dije. Así que lo dejé en la mesa de despacho, para llevarlo mañana a la joyería de la esquina, y me puse otro que tenía en un cajón, una antigualla de la época en que estaba en la Universidad.</p><p>—Ha llovido mucho de eso.</p><p>—Y tanto… Pero no nos vayamos por las ramas. El caso es que ese reloj, como todos los objetos, tiene su pasado; y por extensión, parte del mío. Me lo regalaron por mi cumpleaños unos compañeros de la facultad. Jóvenes comprometidos de los de aquella época, idealistas, politizados, seguros de que iban a poder luchar por cambiar este mundo injusto, gobernado por usureros… Cierro los ojos y los oigo hablar en las asambleas, escucho nuestras conversaciones interminables, en cualquier bar y hasta la madrugada, sobre filosofía, sobre el marxismo, los sindicatos, el veneno del capital, la revolución…</p><p>—Vamos, unos rojos de manual.</p><p>—Pero no por mucho tiempo, porque después pasó lo que ocurre con una gran parte de las personas, es decir, que con la edad se matizan las posturas y se liman las convicciones. Alguno, de hecho, entró en un partido, ocupó cargos de responsabilidad y pronto empecé a leer y oír declaraciones suyas que, por resumir, le habrían puesto como una furia a él mismo dos décadas antes.</p><p>—De manera que volver a ponerte aquel reloj te ha hecho pensar en todo eso —dijo Manolo, mirando el suyo de reojo, con un primer apunte de impaciencia.</p><p>—En una ráfaga, que es como ese tipo de visiones te pasan por la cabeza. Pero lo extraordinario ocurrió después. En el instante en que pisaba la calle, ¡me llamó por teléfono justo uno de esos antiguos compañeros!</p><p>—Vaya, sí que es una casualidad —concedió el director, con la esperanza de que el relato acabara allí.</p><p>—Si te digo quién es, te llevarás una sorpresa. Si te cuento lo que me ha dicho, no saldrás de tu asombro.</p><p>Jesús le dijo a Manuel de quién se trataba y el otro sacudió la mano en el aire y dejó escapar un silbido. Se trataba de un pez gordo, sin duda.</p><p>—¿Y qué es eso tan sorprendente que te ha dicho?</p><p>—Pues ha sido un discurso que iba absolutamente en dirección contraria a todos los que le hemos visto dar en los medios de comunicación a lo largo de estos años. Dice que lo que está ocurriendo es inaceptable, que el neoliberalismo está arrasando el Estado del bienestar por el que tanto luchamos, que hay que hacer algo para escapar del totalitarismo del dinero, conectar con los jóvenes que ahora parece que se vuelven a interesar por lo que sucede a su alrededor…</p><p>—Pues sí que es una sorpresa. ¿Seguro que se trataba de él? Porque hasta hace dos días ha sostenido justo lo contrario.</p><p>—Te lo puedo asegurar. Quedamos en llamarnos, en tomar un café… Pero luego he caído en algo, al ir a grabar su número en mi teléfono. El suyo, desde el que me ha llamado, es el mismo que tenía en los años ochenta, yo lo sabía de memoria como antes nos sabíamos todos los de la familia, nuestra pareja, los amigos. Ése era el de la casa de sus padres, donde yo he acabado muchas noches, con otros camaradas.</p><p>—Será que conserva esa casa, entonces.</p><p>—Pero, es que hay algo más. El número no tenía prefijo, no llevaba delante el 91, el prefijo de Madrid, como en aquellos tiempos en que se marcaba sólo la cifra de cada abonado si estabas en la misma provincia.</p><p>—¿Estás intentando decirme que te ha llamado desde el pasado? —preguntó Manolo, dejando de mirar con disimulo su ordenador y cambiando la simple educación por verdadero interés.</p><p>“No se me ocurre otra explicación”, oyó que le decía. Se preguntó si, al fin, se había vuelto loco. Pero Jesús, con todo el otoño metido de golpe en su mirada, le dio el sobre que llevaba en la mano.</p><p>—Lee, a ver qué te parece.</p><p><em>(Continuará Javier Valenzuela)</em><strong>Javier Valenzuela</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero  Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La noticia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Periodismo,Narrativa,Los diablos azules número 41]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Materia', de Antonio Hitos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/materia-antonio-hitos_1_1133525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ce0fd1c-d26b-4e93-8cb2-fca12410d4c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Materia', de Antonio Hitos"></p><p><strong>MateriaAntonio HitosAstiberri EdicionesBilbao2016</strong><em>Materia</em></p><p>Según las tres heridas narcisistas expresadas por <strong>Freud</strong>, <strong>Copérnico </strong>demostró que la tierra no es el centro del universo; <strong>Darwin </strong>dejó muy claro que el ser humano solo es un animal con pretensiones y el propio <strong>Freud </strong>se coloca el tercero de la lista (con gran humildad por su parte) para decirnos que el el hombre ni siquiera es dueño de sí mismo.</p><p>Por aquellos días, el jefe de la oficina de patentes de Berna hacía la vista gorda mientras un empleado llamado <strong>Albert Einstein </strong>trazaba las bases para uno de los momentos más desestabilizadores en la historia de la ciencia, el penúltimo ataque frontal contra el ego humano: La Teoría de la Relatividad General. Citando a <strong>Carlo Frabetti</strong>: "Esa deslumbrante revolución científica (consumada por la mecánica cuántica), a la vez que pone en nuestras manos un extraordinario poder, nos enfrenta a una insospechada impotencia intelectual. Einstein, que solía decir 'Si no puedo dibujarlo, no lo entiendo', nos ha legado, paradójicamente, un mapa del mundo indibujable".</p><p><strong>Bertrand Russell</strong> y <strong>Ludwig Wittgenstein</strong> avanzaron lo que <strong>Kurt Gödel</strong> demostraría después: que un sistema lógico convencional, ya sean las matemáticas o el lenguaje, no sirve para estudiarse ni explicarse a sí mismo y “de lo que no se puede hablar, mejor callarse”<em>,</em> abocándonos a un aterrador silencio solipsista.</p><p>A grandes rasgos, podemos entender el siglo XX como el siglo de la incertidumbre, de los límites al conocimiento, de la crítica de la ciencia desde la propia ciencia y de la perplejidad en la que nos han ido sumiendo la diferentes teorías sobre la inconsistencia de ese consenso gratuito y casual que llamamos realidad.</p><p><strong>Antonio Hitos</strong> no es ajeno a todos esos precedentes, pero reacciona como un poeta impulsado a expresar lo que siente, decidido a que nosotros lo sintamos también y nos habla en <a href="http://astiberri.com/products/materia" target="_blank">Materia </a>del mundo en el que realmente vivimos, no del mundo en el que creemos vivir. La poesía es, quizá, el único lenguaje honesto, puesto que incorpora la posibilidad del absurdo como elemento integrador, como recurso imprescindible para no faltar a la verdad, y ésta es la obra de un poeta-dibujante concentrado en trazar como un cirujano los verdaderos contornos de la realidad, ese lugar tan esquivo al que solo se puede llegar a través de la imaginación más calenturienta, con esa actitud tan crítica como exenta de prejuicios que se necesita para percibir el mundo tal como es.</p><p>Al igual que todo buen autor de ciencia ficción, toma la altura necesaria para obtener una visión de conjunto y desciende luego a observar bajo el microscopio todo aquello que solo parecía una anécdota, consciente de la importancia que reviste cada detalle, del tiempo necesario para cada escena, del orden implicado que se oculta bajo el aparente caos.</p><p>Gráfica y conceptualmente, estamos ante un autor en busca de lo esencial, empeñado en desmenuzar los componentes de la realidad hasta llegar a las partículas elementales que la componen, e invariablemente se topará con los límites que la materia le ha puesto al conocimiento, esa  frontera descubierta y dibujada en su momento por<strong> Werner Heisenberg</strong> más allá de la cual solo existe la incertidumbre; ese espacio en el que podemos estar y no estar, ser y no ser de forma simultánea como demostró poco después el afortunado o infortunado (según se mire o no se mire) gato de <strong>Schrödinger</strong>, que vete tú a saber si no sería el mismísimo gato de Cheshire del que nos habla <strong>Lewis Carrol</strong>, apareciendo y desapareciendo en el aire a su antojo para demostrar que la realidad solo es una opinión muy poco fundada.</p><p>Lejos de estructuras narrativas clásicas, Antonio Hitos nos ofrece un fragmento azaroso de la existencia de varios personajes sometidos a los rigores de una eventual invasión extraterrestre de la que no son conscientes, de la misma forma que las cucarachas no pueden acceder a la lógica de las motivaciones humanas y las acciones que de ella se desprenden. Como todo buen relato de ciencia ficción, arroja luz sobre el presente en las tres áreas que organizan el intelecto: ciencia, ética y estética, convocando, una vez más, la persistente extrañeza del escenario en que se desenvuelve eso que llamamos la naturaleza humana.</p><p><em>*Toño Benavides es ilustrador y poeta. Su último libro es </em><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=156" target="_blank">Gran Sur</a><em> (Reino de Cordelia, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Materia', de Antonio Hitos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Cómic,Los diablos azules número 41]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Humanóleo', de Raúl Campoy Guillén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/humanoleo-raul-campoy-guillen_1_1133521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/802db204-944d-45fe-ae09-365aa2ddef54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Humanóleo', de Raúl Campoy Guillén"></p><p><strong>HumanóleoRaúl Campoy GuillénTigres de PapelMadrid2016</strong><em>Humanóleo</em></p><p><strong>Raúl Campoy Guillén</strong></p><p> acaba de publicar con la editorial Tigres de papel su nuevo poemario, <em>Humanóleo</em>. Es un libro que esperaba ilusionado pero a la vez con una cierta dosis de miedo, como bien le comentaba al autor, ya que su anterior libro, <em>Etanol Mortis</em>, había puesto el listón muy alto, y a menudo, después de un gran poemario, muchos autores se vienen abajo o nos dan más de lo mismo. No es el caso. Campoy, en un acto de valentía, da un giro de 180 grados en la forma de escribir sus  poemas, corriendo un riego envidiable en un poeta ya afianzado como él.</p><p>En una pequeña introducción del libro ya nos avisa de lo que nos vamos a encontrar: “He querido romper con el sexismo del lenguaje, romper con las clases sociales de las palabras, hacer más dinámica la gramática, crear nuevos ritmos y formas. He querido globalizar el lenguaje para llegar al real lenguaje de mis sentimientos”. Y, efectivamente, lo consigue. Es un libro cargado de neologismos desde la primera página hasta la última. Pero no se inventa palabras sin sentido con la intención de experimentar una sonoridad. Campoy construye palabras con las ya existentes para poder llegar más lejos y darnos una llave para poder entrar dentro de sus sentimientos.</p><p>Nos encontramos poemas líricos sobre temas comúnmente utilizados por todos los poetas: el amor, desamor, crisis social y personal, drogas… para mostrarnos su mundo, que es el mundo de todos nosotros, pero dándole varias vueltas de tuerca al lenguaje para dejarnos versos como estos a su amada dormida. </p><p>O como estos, a una Europa en crisis de valores. </p><p>En fin, un libro para leer despacio y volver hacia atrás las veces que sea necesario para captar la enorme belleza que nos regala Raúl Campoy en cada uno de sus poemas.</p><p>Mi enhorabuena al autor y también a su editorial, Tigres de Papel, porque el riesgo y  la valentía que han demostrado es lo que hace crecer la poesía.</p><p><em>*Roberto Menéndez Lidón es poeta y editor. </em><strong>Roberto Menéndez Lidón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Roberto Menéndez Lidón]]></author>
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      <title><![CDATA['Musa Décima', de José María Merino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/musa-decima-jose-maria-merino_1_1133515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ce4a42a5-a96f-4470-82c3-04d83b8b78aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Musa Décima', de José María Merino"></p><p><strong>Musa DécimaJosé María MerinoAlfaguaraMadrid2016</strong><em>Musa Décima</em></p><p>En <a href="http://www.megustaleer.com/libro/musa-decima/ES0141515" target="_blank">esta nueva novela</a>, <strong>Merino</strong> utiliza dos historias que suceden paralelas, entrelazándose. Una de ellas transcurre en el siglo XVI, como otra narración suya —<em>Las visiones de Lucrecia</em> (1996), soñadora profética a quien aquí se alude (pág. 319 y 323)—, y la otra en el presente. Se parte de un momento de crisis económica y moral para recordar un pasado remoto, sin que por ello se trate de una novela histórica en sentido estricto. El relato se teje con diferentes mimbres: por un lado, una persona real, la escritora <strong>Oliva Sabuco</strong>, discípula del humanista <strong>Pedro Simón Abril</strong>, formada en la Academia Alcaraceña, a quien <strong>Lope de Vega</strong> consideró la Musa Décima, autora de la<em> Nueva filosofía de la naturaleza del hombre</em> (1587), obra que alcanzó tanto éxito que fue traducida a varias lenguas; y por otro, diversos personajes de ficción, contemporáneos nuestros, los miembros de la familia Ríos y sus allegados más cercanos.</p><p>La novela alude a un personaje del pasado con el fin de ponderarlo y reivindicarlo, pues se trata de una mujer olvidada y maltratada por la historia, ya que su padre le intentó usurpar la autoría de la obra que había compuesto sin que estén del todo claras las razones, pero también a la importancia de un libro <em>benéfico</em> que debería formar parte —según Merino— del canon del ensayo español. En sus páginas, doña Oliva propone una alternativa a la medicina tradicional, lo que ella llama la <em>vera medicina</em>: “El modo de componer el alma con el cuerpo buscando todo lo que engendre alegría y esperanza de bien, y confortando el cerebro con palabras, obras y cosas” (pág. 161). Se trata, en suma, de una medicina más natural, sustentada en la frugalidad, el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza, adelantándose así a las curaciones alternativas, pero también a los tratados sobre los sentimientos y emociones, los afectos, que buscan el equilibrio con la razón, a la lucha contra la pobreza y a una forma de estar en el mundo más epicúrea, según ha apuntado el autor en una entrevista.</p><p>Podría afirmarse que los protagonistas de la historia son tres: Berta, la madre, enferma de cáncer, su hijo Rai Ríos y doña Oliva. Rai es el típico héroe problemático, a la manera que lo entendió <strong>Lukács</strong>. Lo curioso al respecto es que cuando comienza la narración parece que el protagonismo va a recaer sobre Berta y la estudiosa del XVI, doña Oliva; luego pensamos que será Marina, la joven escritora que quiere repetir el éxito literario que alcanzó con su primera novela; pero al fin y a la postre será Rai quien lleve el peso del conjunto de la historia y quien maneje los sucesos, sin que por ello deje de estar presente, en la memoria, tanto su madre como la humanista alcaraceña. Pero, además, desempeñan un cierto papel Raimundo Ríos, el padre, catedrático de Filosofía en la Universidad; Olga, su joven pareja; Yolanda, la hermana de Rai, y Susi, la novia de aquella; así como la joven panameña Euterpe.</p><p>Los mundos en los que transcurren los sucesos son, en suma, el ámbito individual, el privado de la empresa y el público de la Universidad. Hay un par de motivos que recorren toda la trama, plagada de sentimientos como la envidia, la traición, la venganza, la egolatría, el rencor, el plagio y la corrupción, aunque junto a tantos defectos, aparezcan también la virtud de la prudencia y la generosidad: las apropiaciones indebidas, bien sean sentimentales o intelectuales, y las distintas facetas del amor. Respecto a este último aspecto, el abandono del marido tiene su contrapartida en el propósito de venganza del hijo; y por lo que se refiere a la apropiación intelectual, casi todos acaban aprovechándose de la fascinación que siente Berta por doña Oliva, aunque se hayan burlado antes de su interés por la escritora del Siglo de Oro. Así, el catedrático, quien la ha abandonado por Olga, joven alumna, le dedica un ensayo, y lo mismo hace esta; Marina, pareja de Rai, también utiliza el trabajo que Berta le deja en herencia para su nueva novela, con la que consigue un premio, sin rendirle el tributo que merece.</p><p><em>Musa Décima</em>, siendo una novela realista, no carece de motivos fantásticos, bien sea el de los <em>mundos paralelos</em> en las apariciones de doña Oliva, que junto a Berta se convierten en la conciencia de algunos personajes; o en el encuentro, primero de Marina, y luego de Rai, con la misteriosa Luisa Luján; bien el de la <em>extrañeza</em> –también presente en el pasaje sobre los mendigos que ocupan el centro de Madrid— y los <em>tiempos simultáneos</em>.</p><p>Como suele ser habitual en las narraciones de Merino, nos encontramos con ciertas reflexiones metaliterarias y metalingüísticas, más allá del homenaje a <strong>Cervantes</strong> (por ejemplo, se dice que Oliva actúa en su libro como una doña Quijota),  sobre la autoría y el plagio; y en suma, sobre la actitud de los autores ante el hecho literario, su falta de ética y desmedido afán de medro, y en este terreno la joven novelista, Marina, competiría con la investigadora novel, Olga. Se queja Merino, además, de la entronización de la literatura de puro entretenimiento, con la lectura de libros banales, mostrándose pesimista sobre el futuro de la ficción; y de la apabullante presencia en nuestras calles no solo de anglicismos, sino directamente de voces en inglés. A la vez, reflexiona sobre las distintas leyes que maneja la ficción y la realidad, o sobre cómo contar el pasado: si a la manera de la Historia o con la mayor libertad de la ficción. O se alude al arquetipo –tan español— de la vida como sueño. Por otro lado, dispara contra los premios literarios de las editoriales, la fama póstuma de <strong>Bolaño</strong> y contra las nimiedades que cuenta <strong>Vila-Matas</strong>, sin citarlos. Tampoco salen bien parados los agentes literarios, aquí representados por una tal Chisma, que es nombre y definición; ni siquiera se libra el Premio de la Crítica, que Merino obtuvo hace ya treinta años.</p><p>Para los muy, muy curiosos y amantes del detalle, debo decir que Merino se da el gusto de disentir del profesor <strong>Rico</strong>, del auténtico, no del ficticio, autor de ese gran libro que es <em>El pequeño mundo del hombre</em> (1973), aunque tampoco aparezca citado en nuestra novela, a propósito de la autoría de la<em> Nueva filosofía de la naturaleza del hombre</em>; y vuelve a utilizar la palabra <em>acercanza</em> (pág. 370), por lo que se refiere a la proliferación de mendigos en el centro de Madrid, convertido en una nueva corte de los milagros. E incluso el mismo autor aparece en la trama, definido como “un viejo novelista, cuentista y académico (...) que hablaba con cierta vehemencia”, para señalar algunas carencias de la literatura española actual (pág. 329).</p><p>En el desenlace, ciertos personajes se han convertido en otros, han sufrido experiencias que los han transformado: unos han sido reivindicados, otros han muerto, desaparecieron de la trama varios de ellos, e incluso hay quien tiene que atravesar el Atlántico para encontrar un tipo de vida que consiga satisfacerlo. Y en este sentido el que recorre un camino más tortuoso es Rai, pues si bien en el inicio se nos presenta como un auténtico cabeza de chorlito (caprichoso, guasón, inmaduro y egoísta), con el paso del tiempo parece encontrar su destino, tras haber naufragado en el laberinto de la existencia, aunque lo halle muy lejos de los suyos. Antes, sin embargo, tiene que perder a su madre, reconciliarse con su hermana, intentar vengarse, vender la casa familiar, ser despedido de la empresa en la que trabaja y volver a enamorarse, quizá definitivamente. También evoluciona Yolanda, que de impulsiva y sarcástica pasa a ser comprensiva, quizá por la benéfica influencia de Susi, su pareja. E incluso cambia Marina, aunque en su caso sea para mal. Una parte de los sucesos transcurren en Panamá, un mundo, el hispanoamericano, del que se había ocupado Merino en obras anteriores. Se completa el texto con los dibujos que Rai compone para su <em>novela gráfica</em> (un concepto poco feliz, por lo que presupone de acomplejado), en la que contará la verdadera historia de doña Oliva, en contraposición a la novela de Marina. Pero recuérdese que Merino había incluido ilustraciones en otras obras suyas.</p><p>Como le gusta repetir al autor, la ficción literaria –<em>continua</em>, <em>perpetua</em>, como rezan los títulos de sus ensayos— es uno de los mejores instrumentos de que disponemos para descifrar la realidad, bien sea la presente o la pasada, aunque <em>Musa Décima</em> trate, ante todo, del mundo de hoy, sin que por ello falte un comentario sobre en qué consistió el mayor fracaso de la Transición. Pero lo que ahora importa, sobre todo, es señalar que nuestro autor, a sus 75 años, con una envidiable trayectoria como escritor a sus espaldas, ha escrito una novela mucho más arriesgada, con más recovecos y guiños, que la mayoría de las que publican los narradores jóvenes españoles.</p><p><em>*Fernando Valls es profesor de Literatura y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Musa Décima', de José María Merino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 41]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Poetas del 60']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poetas-60_1_1133508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e3079b9-1c0b-43d8-b75c-d9306058ce4e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Poetas del 60'"></p><p><strong>Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)Francisco Morales Lomas y Alberto Torés GarcíaEl Toro CelesteMálaga2015</strong><em>Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)</em></p><p>La historia de la literatura está cambiando siempre, y mientras el pretérito se encuentre en revisión, el presente y el futuro están —de manera consecuente— en continua transformación. Es posible que muchas categorías que hoy damos por <em>hechas </em>del siglo XIX y XX, por poner como referente los dos siglos inmediatamente anteriores al nuestro, en un tiempo determinado se cuestionen y se retoquen, se ajusten, se desplacen, y se modifiquen. Recordemos lo que terminaron por suponer —en una guerra por el poder de las nuevas generaciones, como no podía ser menos— los poemas mayores de <strong>Góngora </strong>para el 27, los cuales habían estado silenciados durante varios siglos hasta ser rescatados, recuperados y puestos en nueva dirección historiográfica y hermenéutica.</p><p>Con algo menos de distancia —se diría que la suficiente— histórica aunque con no poca perspectiva crítica, y claridad didáctica, los profesores <strong>Francisco Morales Lomas </strong>y <strong>Alberto Torés García</strong> se han dedicado a indagar en los intersticios de la historia literaria más reciente, poniendo al descubierto esta generación entre paréntesis, como el propio subtítulo del volumen indica, o lo que es lo mismo, una promoción silenciada y atrapada —encajada, atenazada— entre los dos grandes montajes editoriales poéticos del franquismo, el Grupo del 50 y los Novísimos, ambos diseñados por <strong>José María Castellet</strong> desde <em>Veinte años de poesía española (1939-1959)</em> (1960), ampliada en <em>Un cuarto de siglo de poesía española (1939-1964)</em> (1965), hasta <em>Nueve novísimos poetas españoles</em> (1970), ensamblados desde Barcelona para establecer "la nueva poesía", esa poesía que venía a establecer aire fresco —a veces no tanto— en lo que había quedado o resurgía tras la Guerra Civil y, posteriormente, hacia el fin de la dictadura. No podemos olvidar que la operación estética que supuso la ola novísima coincidió con el momento de mayor eclosión de demandas democráticas de la sociedad civil, contrastando por razones obvias: a mayor necesidad en la calle, menor respuesta por parte de los poetas. Y partimos de antemano de que la poesía no transforma la sociedad, de acuerdo, pero tampoco le da la espalda. De hecho, la poesía extrae de la realidad su lectura.</p><p>En cualquier caso, ambas generaciones —aquí por sinécdoque el todo por la parte— ocupan y solapan lo que se movió alrededor, y este estudio y antología, <a href="http://www.eltoroceleste.com/producto/poetas-del-60-una-promocion-entre-parentesis/" target="_blank">Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)</a>, viene precisamente a explicar y poner sobre la mesa a un grupo de poetas imprescindibles, injustamente postergados en los catálogos, repertorios y manuales, para conocer no sólo la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, sino su trasunto y evolución hasta hoy día, las deudas y las herencias, la palabra indispensable de un grupo de poetas que, de un modo u otro, no ocupan el lugar que les corresponde. Estos son: <strong>Francisca Aguirre</strong>, <strong>Carlos Álvarez</strong>,<strong> Rafael Ballesteros</strong>,<strong> Joaquín Benito de Lucas</strong>, <strong>Ángel García López,</strong> <strong>Félix Grande</strong>, <strong>Antonio Hernández, Jesús Hilario Tundidor, Diego Jesús Jiménez, Rafael Pérez Estrada, Manuel Ríos Ruiz, Rafael Soto Vergés, José Miguel Ullán</strong> y <strong>Manuel Vázquez Montalbán </strong>(este es el único que pertenecía a los Novísimos, y se explica por qué se ha recogido aquí). Algunos son muy conocidos, premios nacionales de poesía, premios nacionales de la crítica, etc., otros menos, fallecidos otros en los últimos años en muchos casos, todos presentan una obra de interés y una trayectoria más que digna, revitalizados ahora a partir de esta antología, refrescados a través de una mirada distinta que los sitúa en un lugar preeminente —y no sólo en los resquicios— de nuestras letras recientes. Y por todo ello hay que leerlos.</p><p>Con <em>Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)</em>, además, tenemos acceso a algunos de los poemas que han marcado a los lectores desde su publicación, porque forman parte del bagaje cultural, y hoy en día sin embargo no es fácil acceder a ellos. Así también podríamos recordar aquí otros libros y estudios críticos que se están publicando en estos últimos años, y que proponen de igual modo otras formulaciones taxonómicas y clasificaciones, pero en cualquier caso está claro que este título aporta un importante estudio para revisar el canon de la poesía española, y confirma que este acabará cediendo y se modificará. Se están sentando las bases para una relectura.</p><p>Sea como sea, y con una enjundiosa introducción enmarcada en un amplio estudio crítico sobre la época y los autores, <em>Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)</em> es un libro necesario para comprender la poesía actual y establecer marcos, cuadros y sucesiones en la evolución estética e ideológica de la literatura contemporánea. A los poetas que la integran hay que agradecer su labor entregada a las letras, su valor indiscutible. A los profesores y estudiosos que han recopilado este volumen de casi 600 páginas, agradecerles la dedicación y el trabajo.</p><p>  </p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro,</em><strong>Juan Carlos Abril </strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank"> Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española </a><em>(Bartleby, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <title><![CDATA[Sherezade en el exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sherezade-exilio_1_1133503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/512349cf-3e3a-4dfa-8fd1-d8cafb0c8118_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sherezade en el exilio"></p><p>¡Por fin! se publica en este país una antología con microrrelatos de <strong>José de la Colina </strong>(Santander, 1934), español exiliado y afincado en México. La antología, con el título de uno de sus micros, <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/yo-tambien-soy-sherezade/" target="_blank"><em>Yo también soy Sherezade</em></a><em>, </em> ha visto la luz en la Editorial Menoscuarto, con prólogo y edición del  profesor y crítico literario <strong>Fernando Valls</strong>. Un libro que recoge una pequeña biografía de José de la Colina para acercarnos a este escritor y sus avatares de infancia, pues a él la Guerra Civil le pilló siendo un niño. También hace un repaso de su extensa bibliografía así como de los criterios seguidos para esta edición.</p><p>El libro consta de 64 microrrelatos en los que se van entreverando las distintas <em>metamorfosis,</em> algo muy presente en José de la Colina, quizás por las diferentes metamorfosis y cambios drásticos en su vida, fruto de los avatares sociales y políticos de su época. Así, aparece <em>la metamorfosis</em> según la otra Biblia, según <strong>Miguel de Cervantes</strong> o <strong>Shakespeare</strong>, según <strong>Samuel Butler</strong>, según <strong>Pascal</strong> o <strong>Lewis Carroll</strong>, pero también <em>la metamorfosis</em> contada en el sofá del psicoanalista o según la sección de avisos de un periódico. Otra de las características de esta antología es el haber recogido los microrrelatos que parten de la cultura clásica o la historia; así tenemos, además del que da título a la antología,  <em>Teseo, Orfeo llora a Eurídice, Diógenes, Salomé, Lilith</em>; o bien <em>La Cabeza Parlante, Cervantes, La compañía Trebisonda</em>…  O aquellos influenciados por su afición al cine, tales como <em>La Garbo, La sirena Williams, </em>o<em> Marilyn. </em>Cierra el libro una serie de notas del editor a los microrrelatos y una explicación de la procedencia de los textos, así como un epílogo, a modo también de microrrelato, bajo el título de <em>El reverso del tapiz.</em> Este libro está hecho para disfrutarlo, releer las veces que haga falta y dejarse empapar por el sentido del humor de José de la Colina, algo bastante frecuente en los escritores mexicanos.</p><p>Uno de los microrrelatos que hay en el libro se titula <em>Cuento de las croquetas de huevo, </em>que me da pie para contar cómo se <em>cocinó</em> esta antología<em>. </em>Hace tres años  pasé una temporada en México. Llevaba el correo electrónico de José de la Colina para conseguir una entrevista que saldría en la revista literaria <em>Quimera</em> y, de paso, conseguir autorización para realizar esta antología. Lo conseguí con artes no muy literarias: le llevé un táper con croquetas de pollo. Sabía que para un exiliado español, siendo cántabro, unas croquetas bien hechas eran un argumento irrefutable, como así fue. La entrevista salió y hoy, tres años después, sale la antología de la mano de Fernando Valls en quien José de la Colina depositó su confianza.</p><p>José de la Colina es un escritor (no solo de microrrelatos) que ha ganado todos los premios literarios habidos y por haber en México, entre ellos el Mazatlán de Literatura<strong> </strong>por <em>Libertades imaginarias</em>, el mismo premio que ganaron <strong>Rulfo</strong>, <strong>Octavio Paz </strong>(del que fue muy amigo) o <strong>Arreola</strong>. Una generación de grandes, como José de la Colina. ¿Por qué, entonces, es un desconocido en nuestro país, incluso entre los cuentistas que nos preciamos de indagar y buscar? Lisa y llanamente porque es un escritor del exilio. Es una cortina  opaca que cayó y sigue existiendo debido a nuestra desmemoria histórica, al poco esfuerzo en recoger, reconocer y mimar a los nuestros, aunque no vivan aquí. También le pasó a <strong>Max Aub</strong>. Y a muchos más. Él tiene una teoría para ello, una teoría de hombre sin fronteras: se considera parte de un planeta llamado Extranjía<strong>,</strong> perteneciente a un siglo que ha producido, con todas sus guerras, un número inmenso de exiliados y refugiados que han huido de ellas. Todos los expulsados de distintos lugares del mundo pertenecen a ese planeta, por eso no se siente español ni mexicano y sí un poco de ambas partes, pero sobre todo de Extranjía.</p><p>Hagamos ahora un esfuerzo por recuperarlo, por saber quién es este hombre, este escritor.</p><p>José de la Colina es hijo de un tipógrafo anarquista encargado de la defensa de Santander, ciudad que cayó pronto en manos de los nacionales, según él, porque su padre capitaneaba un ejército con republicanos por un lado, socialistas y comunistas por otro, y anarquistas en medio, todos pegándose entre sí. Su padre desapareció y la familia pensó que había muerto. El Gobierno de la República se encargó de sacar de la ciudad a la mujer y a sus hijos, uno de ellos el pequeño José, y cruzaron el Pirineo. Posteriormente una familia belga los acogió, la madre como criada a la que permitieron convivir con los niños, hasta que un día otro anarquista le informó de que habían visto a su marido en un campo de concentración en Francia. Cogió a los dos pequeños y se fue campo por campo hasta que dio con él. Después, la huida en barco hasta Cuba, donde José de la Colina cuenta que, siendo un niño, vio por primera vez a un negro, “con esos labios rojos y gordotes, ese color de la piel”. Los pasajeros echaban unas monedas desde el barco atracado en el puerto y los cubanos se echaban al mar a recogerlas. Después de Cuba vino Santo Domingo, y por fin, en 1941, México. Estudió en el Colegio España, donde daban clase los exiliados republicanos españoles, fue su escuela y su Universidad. Amigo de <strong>Buñuel</strong>, se presentó al cásting para hacer el papel de protagonista de <em>Los olvidados</em>, pero fue desechado por no tener pinta de indígena. Como él mismo decía, la primera vez que ocurría al revés, ser rechazado por güerito.</p><p>Su primer libro fue<em> Cuentos para vencer a la muerte</em> (1955) en  la colección que Arreola dirigía para dar a conocer a nuevos escritores. Después siguieron  <em>Ven, caballo gris</em> (1959) y <em>La lucha con la pantera (</em>1962), de gran difusión y fama en México<em>. </em>En 1993 sale la primera edición de <em>Buñuel por Buñuel</em>, una serie de conversaciones con el director de cine. Le siguen <em>Tren de historias</em> (1998) y <em>El álbum de Lilith</em> (2000). En el 2002 gana el Premio Mazatlán de Literatura por <em>Libertades imaginarias</em> (2001). En el año 2004 sale una recopilación titulada <em>Traer a cuento, </em>que recoge sus escritos entre 1959 y 2003.  Posteriormente<em> Muertes ejemplares </em>(2004), <em>Zigzag </em>(2005),  <em>Personerío (del siglo XX mexicano)</em> (2005) y <em>Portarrelato</em>s (2007). En el año 2013 gana el premio <strong>Xavier Villaurrutia</strong> por <em>De libertades fantasmas o de la literatura como juego</em>. En España, tal y como cuenta Fernando Valls en el prólogo, aparece en 1971 un relato suyo, "Los viejos"<em>, </em>en <em>Papeles de Son Armadans</em>, revista dirigida por <strong>Camilo José Cela</strong>. Tiene también varios libros de cine<em>: El cine italiano</em> (1962<em>), Miradas al cine</em> (1972), <em>El cine del “Indio” Fernández</em> (1984) y <em>Un arte de fantasmas</em> (2013).</p><p>Por su faceta periodística le fue concedido en el año 1984 el Premio Nacional de Periodismo Cultural.</p><p>Ahora existe la posibilidad de leer esta antología. Aparte de dejarnos imbuir por el sentido de humor y cultura clásica que rezuma toda su obra, recuperaremos un poco de esa memoria del exilio tan desconocida. Gran favor a nuestra vida y a nuestros sentimientos, eso seguro. Y si alguna vez encuentran algo de este escritor, en alguna librería de segunda mano o en algún viaje a México, cómprenlo y si no saben qué hacer con él, pues se lo regalan a algún cuentista. O a cualquier lector que se precie. Disfrutará muchísimo porque todos podemos ser Sherezade.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de </a><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <title><![CDATA[Dos microrrelatos de José de la Colina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/microrrelatos-jose-colina_1_1133498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eeea00b0-f260-42f8-890d-cb8565980af7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos microrrelatos de José de la Colina"></p><p><em>​​​​​​</em> <strong>Marca La Ferrolesa</strong><em>La Ferrolesa</em></p><p>Al enterarse de la muerte del dictador Franco, Ramón Ramago, español antifranquista exiliado por muchos años en México, corrió a su casa a celebrar el tan anhelado acontecimiento, llamó a la familia al comedor, abrazó a la mujer (Rosalía), a los hijos (Benitín y Encarnita), y descorchó la botella de sidra, empezó a abrir con la llave la lata de sardinas guardada también largo tiempo para aquella ocasión, y ya veía el aceite rezumar por los bordes, qué perfume salía, aroma de sardinas gallegas nada menos, las mejores del mundo, y la mujer y los críos cantaban, saltaban, palmoteaban, qué emoción ver la tapa de hojalata enroscándose en torno a la llave, y cuando la lata estaba a medio abrir la mujer y los críos gritaron, Ramón no podía creer a sus ojos, lo que había allí dentro no eran sardinas, sino una miniatura de hombre en uniforme militar de gala, con los tradicionales colores de la bandera española cruzándole el pecho ornamentado de medallas, con un espadín colgado de la faja, y aquel rostro intolerablemente sabido que no podía ser sino el del mismísimo Caudillo Por La Gracia de Dios, la carita de un Franquito sonriente, guiñándole un ojito, y Ramón, pasando del espanto a la furia, tomó un tenedor para clavarlo en el monstruito, que antes de ser tocado saltó de la lata, rebotó dos o tres veces en la mesa, cayó de pies en el suelo y echó a correr, y la familia lo perseguía por toda la casa, pero se metía debajo de las camas, saltaba como en un vuelo y se colgaba de las bombillas de luz y con voz de viejo que imita voz de niño cantaba:</p><p>  Lero lero</p><p>aquí te espero</p><p>comiendo huevo</p><p>con la cuchara</p><p>del cocinero...</p><p>____________</p><p><strong>Un caso difícil</strong></p><p>El caso más difícil en mis veinticinco años de psicoanalista. Me dijo que en aquel sueño se veía entrar por una gran puerta de batientes que se entreabrían y le dije que eso significaba que estaba obsesionado por el sexo femenino, representado por la gran puerta. Me dijo que luego en el sueño se veía caminando por una vereda hacia un claro de un bosque en el que se levantaba un enorme pino absolutamente recto y le dije que el pino significaba el pene e indicaba el temor de ser castrado. Me dijo que en el sueño se veía manejando una gran máquina que daba grandes sacudidas, extenuándolo, y le dije que eso significaba un recuerdo de cuando en su niñez se entregaba al placer solitario, pues las mecánicas sacudidas significaban la masturbación. Finalmente me dijo que en el sueño veía una hermosa mujer que se levantaba las faldas y él sacaba el pene, y me desconcertó y después de meditar mucho el asunto, tuve que decir humildemente que, la verdad, vaya uno a saber qué podría significar eso.</p><p><em>*José de la Colina (Santander, 1934) es escritor y periodista. Vive en México desde 1940.</em><strong>José de la Colina</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José de la Colina]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dos microrrelatos de José de la Colina]]></media:title>
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