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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 43]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-43/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 43]]></description>
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      <title><![CDATA["Ahora que la noche es una flor carnívora de sombra"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ahora-noche-flor-carnivora-sombra_1_1203072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d97a0ed6-ba75-47ac-93da-cea7bed5480c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Ahora que la noche es una flor carnívora de sombra""></p><p> "Ahora que la noche es una flor carnívora de sombra", un poema de Alí Calderón con música de Tel No Div.</p><p>Ahora que la noche es una flor carnívora de sombra</p><p>y que todo destello en la negrura</p><p>invoca antiguas llagas que humillaron la carne</p><p>ahora que silencio y día son</p><p>la ceniza que me habita estarás</p><p>collar de flores y rasguño</p><p>atemperada</p><p>ignota en otras manos</p><p>Deslazado por el viento y esparcido</p><p>un escándalo descenderá por tu cabello</p><p>Se agitarán tus pendientes al terso ritmo de tu risa</p><p>y ahora será un punto en el tiempo</p><p>plegado para siempre entre nosotros</p><p>Ahora tus tacones de alta aguja inundarán la casa con su eco</p><p>ensayarás el gloss de escarlata tono el escote sport</p><p>las fragancias de discreto dulce</p><p>La distancia será el ahora que se extienda hasta más allá</p><p>de lo tocado por la vista</p><p>y ahora</p><p>mientras me consumo en el aire enrarecido</p><p>y desmaquillas en lento espiral tu rostro</p><p>arde tu desnudez bajo mis párpados</p><p>Ahora que tu nombre está rodeado de polvo y de mutismo</p><p>que no mudarán en carne mis palabras nominándote</p><p>que presagio serás inacabado</p><p>y no habrás de aparecer de pronto si te pienso</p><p>ahora justo ahora</p><p>ahora</p><p>me quiebro</p><p><em>*Alí Calderón es un poeta mexicano. Su último libro, </em><strong>Alí Calderón</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/las-correspondencias.html" target="_blank">Las correspondencias</a><em> (Visor, 2015)</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alí Calderón]]></author>
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      <media:title><![CDATA["Ahora que la noche es una flor carnívora de sombra"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Ensayo sobre la ceguera', de José Saramago]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensayo-ceguera-jose-saramago_1_1134054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ef991e1c-8525-4c40-a3e0-526b0e5e9c35_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ensayo sobre la ceguera', de José Saramago"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>_____________________</p><p>Somos un grupo de padres, madres y profesoras del Colegio Público de Educación Infantil y Primaria Eugenio López y López de Zaragoza. Hace tres años comenzamos esta pequeña aventura de crear un club de lectura en nuestro centro. Hoy podemos decir que la experiencia nos ha resultado de lo más placentera y enriquecedora. Nos reunimos una vez al mes en la Biblioteca de nuestro colegio para compartir las lecturas que de forma aleatoria vamos proponiendo. En este tiempo numerosos autores han pasado por nuestras manos: <strong>Murakami, Saramago, Galeano, Yasmina Kadra, Harper Lee, Hemingway, Luis García Montero, Vargas Llosa, Martínez de Pisón, Almudena Grandes</strong>... Las lecturas nos han permitido crecer, aprender pero sobre todo compartir emociones porque como dice Almudena Grandes “los libros viven, laten, palpitan con su propio corazón” y nosotros con ellos.</p><p>Cada septiembre cuando comienza el curso, nos sentimos deseosos de que llegue el momento de reencontrarnos con las palabras y las historias que otros escribieron y que siempre nos están esperando para poderlas compartir.</p><p>Nuestra propuesta para los lectores de infoLibre es Ensayo sobre la ceguera de Saramago, un libro que nos impactó y nos dejó huella.</p><p>  <strong>Ensayo sobre la cegueraJosé SaramagoDebolsilloMadrid2015</strong></p><p>La novela de Saramago, <em>Ensayo sobre la ceguera</em>, aborda el caos producido por una repentina e intensa plaga de “ceguera blanca” que va afectado de forma paulatina a los habitantes de un lugar indeterminado. Para intentar que la pandemia no se extienda, el Gobierno pondrá a los enfermos en cuarentena, encerrados en un manicomio abandonado.</p><p>A medida que la catástrofe avanza y las autoridades se ven desbordadas, irán empeorando las condiciones de vida de los afectados. La situación acaba derivando en un auténtico drama humano. Pero tan pronto como se resignan a la situación, surgen nuevas formas de organización para intentar combatir el caos. Y entonces aparece el grupo de los ciegos malvados y corruptos que acaban por adueñarse por la fuerza de todos los recursos por los que la mayoría tendrá que pagar un precio demasiado alto. La lucha por la supervivencia en unas condiciones extremas muestra todo el horror, las penurias y las humillaciones a las que pueden someterse los seres humanos.</p><p>La novela está plagada de escenas que se prestan a la reflexión y se aprovecha cualquier situación para retratar la condición humana en un ejercicio encomiable de lucidez. Son escenas que se quedan grabadas en la retina del lector. ¿Cómo olvidar ese momento en el que tres mujeres limpian  la indignación y el desamparo de sus cuerpos y sus almas en una terraza con el agua de lluvia que cae a mares? La narración está escrita con un estilo propio, particular y fuera de lo común. El léxico y la sintaxis compleja llegan a abrumar, la puntuación es escasa y los diálogos no se separan, lo que convierte los párrafos en páginas…</p><p>Saramago ha escrito una novela estremecedora que denuncia la “ceguera mental del mundo en que vivimos”. Toda la humanidad sin ojos para entender el mundo y una sola persona con vista enfrentando el horror, no solo de los que se han quedado sin ojos, sino también fingiendo estar ciega ante la desesperación, la humillación, la falta de humanidad. Una obra maestra. </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Club de lectura Eugenio López y López]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Fronteras abiertas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fronteras-abiertas_1_1134049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab34e505-470b-43a2-9080-52dc267e5fa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fronteras abiertas"></p><p><strong>Cada día es del ladrónTeju ColeAcantliladoBarcelona2016</strong><em>Cada día es del ladrón</em></p><p>Un médico joven regresa a su Lagos natal después de vivir durante quince años en Nueva York. La Nigeria de su infancia ya no existe; en su lugar encuentra una ciudad ganada por el consumismo, el desdén y la globalización. El espíritu del siglo XXI impregna el globo entero y desde Manhattan a Lagos el mundo es una máquina bien engrasada, siempre y cuando se disponga de dinero para pagar.</p><p>  <strong>Las vacacionesStevie SmithAntonio Machado LibrosMadrid</strong><em>Las vacaciones</em></p><p><strong>2016</strong></p><p>En 1949 los ecos de la guerra están empezando a silenciarse, pero aún hay mucho ruido y cosas por hacer. Celia es una mujer sensible, frágil y quijotesca que trabaja en el Ministerio de la posguerra descifrando códigos. Vive en un suburbio de Londres. El humor y la melancolía cruzan por sus reflexiones obsesivas sobre el amor y la amistad.</p><p><strong>El gigante enterradoKazuo IshiguroAnagramaBarcelona2016</strong><em>El gigante enterrado</em></p><p>Inglaterra en la Edad Media. Del paso de los romanos por la isla sólo quedan ruinas, y Arturo y Merlín —amados por unos, odiados por otros— son leyendas del pasado. Entre la bruma todavía habitan ogros, y británicos y sajones conviven en unas tierras yermas, distribuidos en pequeñas aldeas. En una de ellas vive una pareja de ancianos que toma la decisión de partir en busca de su hijo. Éste se marchó hace mucho tiempo, aunque las circunstancias concretas de esa partida no las recuerdan, porque ellos, como el resto de habitantes de la región, han perdido buena parte de la memoria debido a lo que llaman "la niebla".</p><p><strong>The Time of My LifeHadley FreemanBlackie BooksBarcelona2016</strong><em>The Time of My Life</em></p><p>No sabíamos que las películas que nos cambiaron la vida también nos estaban preparando para las luchas de hoy. Un ensayo revelador: <em>Dirty Dancing</em> nos enseñó que sí, las mujeres abortan. <em>La princesa prometida</em> nos enseñó que el amor verdadero no es un cuento de hadas. <em>Cazafantasmas</em> nos enseñó que la amistad masculina no tiene por qué ser inmadura. <em>La chica de rosa</em> nos enseñó que la personalidad no depende del vestido que lleves. <em>Todo en un día</em> nos enseñó que siempre habrá clases sociales. <em>Regreso al futuro</em> nos enseñó que nuestros padres son tan complicados como nosotros.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Antonio Machado en sus locales de la calle Fernando VI, 17 y Marqués de Casa Riera, 2 (Círculo de Bellas Artes), ambos en Madrid, o en su página web. </em><a href="http://machadolibros.com" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aldo García (Librería Antonio Machado)]]></author>
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      <title><![CDATA['El Quijote de Wellesley', de Javier Marías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/quijote-wellesley-javier-marias_1_1134048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/825ecad1-dc07-4c7c-810e-74e54e8aba63_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El Quijote de Wellesley', de Javier Marías"></p><p><strong>El Quijote de WellesleyJavier Marías</strong><em>El Quijote de Wellesley</em></p><p><strong>AlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>Wellesley College es, como saben, una universidad privada femenina estadounidense en Massachusetts. Su lema, "<em>Non Ministrari sed Ministrare"</em> ("No he venido a ser servido, sino a servir"), refleja el espíritu de sus alumnas que desean recibir la mejor educación posible. Entre septiembre y diciembre de 1984, <strong>Javier Marías</strong> trabajó en esta Universidad para impartir a tan selecto auditorio un curso sobre el <em>Quijote</em>. Con las anotaciones, textos y material para dar estas clases se publica, treinta y dos años más tarde, <em>El Quijote de Wellesley</em>, Alfaguara, Barcelona, 2016.</p><p>Este año especial donde se ha conmemorado, con mayor o menor fortuna, el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, nos regala en su punto final esta deliciosa obra de otro gran escritor del que se habla y se hablará durante generaciones de lectores: Javier Marías.</p><p>Una de las más generosas intenciones con las que el autor publica esta clase magistral es “la posibilidad de que algunos lectores o estudiantes españoles de hoy se animen a leer o releer el <em>Quijote</em>”. Del mismo modo y salvando las distancias, confiamos en que esta pequeña reseña sirva para culminar un año cervantino con el deseo de que uno de los regalos que hagamos a quien amamos sea una edición de la vida de <em>Don Quijote de la Mancha</em> o cualquier otro título de tan genial escritor. La lectura de las obras de <strong>Cervantes</strong>, cualquiera que se haga de ellas ya que evidentemente existen gran cantidad de interpretaciones, es en sí misma un regalo.</p><p>Javier Marías nos obsequia en esta publicación con “su lectura particular” del <em>Quijote</em>. Como buen profesor comienza con un programa del curso y destaca los temas que considera más relevantes de la obra. Elabora una temporalización de los contenidos para los dos meses que dura el curso y crea unos apuntes para desmenuzar la obra de los que él mismo confirma que muestran una visión “que no ha variado sustancialmente desde 1984”.  Definitivamente nos encontramos con la planificación y desarrollo de una asignatura, una explicación ejemplar de la obra cumbre de la literatura española.  Un lujo.</p><p>Los lectores que viajen hasta Wellesley para recibir desde su sillón de orejas navideño esta lección pasearán por este extraordinario edificio que nos trae al recuerdo una película entrañable, <em>La sonrisa de Mona Lisa,</em> y que completará nuestra lectura. En sus aulas podremos imaginar a Javier Marías, pero también a otros escritores que en ellas ejercieron su profesión, como <strong>Julián Marías</strong>, padre de Javier, <strong>Vladimir Nabokov</strong> o <strong>Jorge Guillén</strong>. De hecho, refiere Javier Marías que “según cuentan las leyendas del lugar, [esta universidad] le inspiró a Nabokov su personaje más célebre, Lolita, a la que, dicho sea de paso, cuesta imaginar muy atenta en un aula”.  Otra gran novela, <em>Lolita</em>, para regalar y ser regalado, una joya de la literatura universal.</p><p>Muchos maestros han hablado de Cervantes. <strong>Francisco Rico</strong>, <strong>Azorín</strong>, <strong>Ortega y Gasset</strong>, <strong>Menéndez Pidal</strong>, <strong>Unamuno</strong>… La lista es larga y el provecho de quien los estudia, infinito. Muchos nos los recuerda Javier Marías a pie de página y la espiral de lectura y aprendizaje se extiende y se transforma en ganas, apetito de leer o releer o volver sobre algún capítulo del <em>Quijote</em>. Así que el primer deseo del autor de esta clase magistral se cumple con creces.</p><p>Cuando terminas <em>El Quijote de Wellesley</em> abres el <em>Quijote</em> de Cervantes. Ahí siguen. Afortunadamente. De nuevo nos encontramos con él, con Don Quijote. Y con Sancho. Con Dulcinea del Toboso. No se escapó Andrés, ni creció ni aprendió. Aunque <em>los libros ardan mal</em>, según nos enseñó Manuel Rivas, de nuevo asistimos a la pira del cura, el señor licenciado, el barbero, la sobrina… Ahí por supuesto Cide Hamete Benengeli. Allí la historia de amor de Dorotea, la tercera del libro. Son los personajes y son los acontecimientos. El baciyelmo para los lectores pero yelmo unamuniano para Don Quijote. Una realidad o varias, una ficción. La vida y la literatura en <em>Don Quijtote de la Mancha</em>. Descendemos como la primera vez a la cueva de Montesinos y velamos sus armas en cualquier castillo o venta, donde ustedes prefieran.</p><p>Un día, también, disfrutaremos con las lecciones acerca de la soberbia obra creada por Javier Marías. La espero anhelante para estudiarla con este corazón tan blanco.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Patria', de Fernando Aramburu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/patria-fernando-aramburu_1_1134046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/62b79109-7ae5-423e-9c18-ba161a6b7251_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Patria', de Fernando Aramburu"></p><p><strong>PatriaFernando AramburuTusquetsBarcelona2016</strong><em>Patria</em></p><p>Más de seiscientas páginas de una prosa depurada, directa, limpia, desgranada en capítulos cortos, para contar o acercarnos a los últimos treinta  y tantos años en Euskadi. Novela que atrapa en las tardes lluviosas de otoño,  acaso por emular el clima del norte, por entender, por acercarnos a algo que a muchos nos ha dolido durante tanto tiempo. Lluvia como la foto de la portada, a través de un cristal, entreviendo la figura humana con paraguas. Lluvia en la novela, presente, transversal, que marca a los personajes, limpia sangre del asfalto, cae sobre el cementerio. Novela que se devora, magníficamente escrita, que atrapa, imán que te impide soltarla.</p><p>La acción se inicia justo cuando ETA declara la paz, el fin de la lucha armada, y una mujer, viuda de un pequeño empresario asesinado por no pagar el impuesto revolucionario, decide volver a su pueblo. Para recuperar. Para volver a ser. Para que el silencio que envolvió aquello, el miedo de otros a no apoyar, se diluya en la lluvia. A sabiendas de. Conseguir que le pidieran perdón. Solo eso. Antes de morir.</p><p>Desde ahí, saltos temporales, <em>flash back</em>, épocas de amistad y de infancia, enrarecimiento, primeras delaciones, pintadas, enemistades, con ese ni hables. Madres, antiguas amigas, ahora enfrentadas por las militancias del hijo. Los hijos, antes amigos, que dejan de serlo.  Personajes enfermos, la muerte presente, siempre. La natural y la otra.</p><p>Ciento veinticinco capítulos cortos y un glosario de euskera o euskara, como prefieran, que tampoco es imprescindible porque a fuerza de golpe, de convivencia y de vida, más o menos todos conocemos. O deberíamos.</p><p>Un narrador omnisciente que sabe más que los personajes pero que narra pegado a ellos, personajes-marionetas de la historia y de la Historia, cada uno en su papel, en su arquetipo, dos familias a lo largo de  veinte años, de una gran amistad que se pierde precisamente por.  Y aparecen unos y otros, y los argumentos y los porqués de los que matan. Los argumentos y los porqués de las víctimas. Y aparecen asesinatos de ETA. Y también las torturas en Intxaurrondo. Todo lo negro. De un lado y de otro. Desde la Transición, no desde antes. Comprender la evolución/involución de los personajes, que el lector los entrevea tras la lluvia, con sus contradicciones. También toma partido. A favor de las víctimas. Del perdón. De la vuelta al abrazo. Carga tintas en el sacerdote, el único personaje que aparece melifluo, hipócrita y blando. Fue lo único que nunca asesinó ETA: a un cura.  Y sabemos que fue así, por otros, por amigos, por lo que nos contaban o veíamos o vivíamos. Lo que pasaba en Euskal Herria. Los personajes de esta novela rezuman vida, están ahí, como si los conocieras, a Xabier, a Arantxa, a Bittori, a Miren, al Txato, el empresario asesinado, a su amigo Joxian.</p><p>Según iba leyendo, no me podía quitar de encima, sobre todo, a un cantante, <strong>Imanol</strong>, más sangrante aun, como lo de <strong>Yoyes</strong>, alguien que fue de ETA y después condenado a muerte por no callar, no mirar hacia otro lado. Por organizar un festival en Oyarzun, en la misma plaza donde mataron a Yoyes, con los cantautores de entonces: <strong>Paco Ibañez, Luis Pastor, Labordeta</strong>…  Los tuvo bien puestos, en aquel momento gran valentía. Y aquello no se perdonó. Y desde entonces la diana, también a él, con su nombre dentro, incluso cuando venía a cantar a Madrid, en el local de CCOO, por ejemplo.</p><p>Y aparece la cobardía como fenómeno social. La cobardía de unos vecinos que no quieren enfrentarse por si acaso, la cobardía de no rebelarse, de callar, de tragar incluso con lo intragable, de dar un abrazo a escondidas y nunca la cara en público, salvo el final, con lo que cierra el libro, con el abrazo público de las dos antiguas amigas.</p><p>Ay, si esta magnífica novela hubiera salido antes, solo para que vascos como Imanol, a quien le negaron su vasquidad, la hubieran leído, se hubieran sentido apoyados y reivindicados desde posiciones cercanas a ellos, sin ser instrumentalizados por unos y otros. Ay, si vascos como él estuvieran vivos y hubieran podido regresar a Euskal Herria, en una situación normalizada, donde nadie les negara el saludo o se cruzaran de calle al verles, donde ya no recibieran insultos ni amenazas.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año </a><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">de Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Patria', de Fernando Aramburu]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ETA,Libros,Literatura española,Novela,Terrorismo,Narrativa,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Vull tot això']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vull-tot-aixo_1_1134043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22385b96-809e-4c56-9822-b00929c55391_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Vull tot això'"></p><p><strong>Vull tot això. 79 desitjos per canviar el mónEdició de Rosa BadiaAngle EditorialBarcelona2016</strong><em>Vull tot això. </em><em>79 desitjos per canviar el món</em></p><p><strong>Jose Agustín Goytisolo</strong></p><p> (Barcelona,1928-1999) es, sin duda, una de las voces imprescindibles de la poesía española contemporánea. Su vasta obra poética, desde un ángulo histórico y con una conciencia solidaria de su condición de hombre, parte de la experiencia personal, y lo privado se convierte a través del poema en experiencia común y adquiere una dimensión colectiva. Goytisolo propone en su poesía un humanismo poético que apuesta por el espacio cívico como centro de la conciencia ética y, en él, la palabra poética, rebelde e inconformista, sutil y reveladora, adquiere consistencia de realidad y nos alienta con la fuerza de su compromiso ético.</p><p>Dice <strong>Eliot </strong>en <em>Función social de la poesía</em> sobre la diferencia entre un escritor meramente excéntrico o insensato y un poeta auténtico: “El primero quizá tenga sentimientos singulares, pero no pueden ser compartidos y por eso son inútiles; el otro descubre nuevas variaciones de la sensibilidad de las cuales los demás pueden apropiarse, y, al expresarlas, está desarrollando y enriqueciendo la lengua que emplea”.</p><p>Goytisolo es un poeta auténtico que se nos hace necesario, que nos acompaña con su tono conversacional, elegíaco e irónico, en esa necesidad de “soñar un mundo al revés”, de transformar una realidad que “nos tiene maniatados”, sabedor que “Nadie está solo”, “que nada ha terminado” y que somos “la fuerza, la única fuerza, oídlo, que llegará, algún día, a edificar un mundo en libertad”. El poeta catalán transforma su experiencia solitaria en una experiencia solidaria, porque reconoce en ello la necesidad de la poesía. “Así es el viejo oficio / del poeta, que comienza / en la idea, en el soplo / sobre el polvo infinito de la memoria, sobre / la experiencia vivida, / la historia, los deseos, / las pasiones del hombre.”</p><p>Diecisiete años después de su desaparición, se publica <a href="http://www.angleeditorial.com/vull-tot-aix-679" target="_blank"><em>Vull tot </em></a><a href="http://www.angleeditorial.com/vull-tot-aix-679" target="_blank"><em>això</em></a><em>. </em> Un homenaje a Goytisolo, porque sabemos como él que “la evocación perdura / no la vida”, y qué mejor manera de evocarlo que ganarle terreno a la muerte, rescatando para la pervivencia, es decir, para la poesía, un libro que parte de uno de sus poemas sobre el deseo del hombre de que otro mundo sea posible.</p><p>Estas palabras de <strong>Rosa Badia</strong>, periodista y editora de <em>Vull tot això</em>, en el prólogo del libro, resumen la esencia del mismo: “Este es un libro para inconformistas utópicos. (…) Para los que creen que este mundo aún se puede cambiar. Como José Agustín Goytisolo, poeta radicalmente libre y radicalmente inconformista. De su grito desgarrado y tierno que es el poema <em>Quiero todo esto</em>, nacieron horas y horas de radio llenas de recuerdos, lamentos y deseos, recogidas ahora en estas páginas”.</p><p>Badia, tras oír al actor <strong>Mario Gas</strong> recitar una tarde en Santander el poema de Goytisolo, se enamoró de sus <em>quieros </em>y formuló un deseo. En septiembre de 2009, en el programa que dirige y presenta, <a href="http://cadenaser.com/emisora/sercat/tot_es_comedia/" target="_blank"><em>Tot és comèdia</em></a><em>,</em> de SER Catalunya, ese deseo empezó a materializarse  y se emitió la primera edición de <em>Quiero todo esto.</em> A partir de ese día, cada sábado, intelectuales, artistas, escritores, periodistas, músicos, ilustradores y actores han sido invitados al programa a parafrasear el poema de Goytisolo, cada semana se suman a los de Goytisolo una lista de deseos que, como los del poeta, quieren cambiar el mundo.  El resultado es <em>Vull tot això</em>. Un libro ilustrado en una preciosa edición de Angle Editorial, que recoge textos en lengua castellana y en lengua catalana y que nace de un quiero, y crece con los quieros, libres e incorformistas, de 79 hombres y mujeres, que han alzado su voz para hacerlo posible. <strong>Ana María Moix, Antonio Muñoz Molina, Arcadi Oliveres, Constantino Romero, Elvira Lindo, Emili Teixidor, Enrique Vila- Matas, Jaume Figueras, Javier Pérez Andújar, Jordi Évole, Lluís Pasqual, Luis García Montero, Muriel Casals, Nancho Novo, Núria Espert, Pilarín Bayés, Sisa, Vicky Peña, Xavi Vidal</strong> o la misma Rosa Badia son algunos de los autores de las paráfrasis que recoge este libro.</p><p>Como el poema del que nace, es un libro solidario, cuyos beneficios irán destinados a la campaña <a href="http://www.capnensensejoguina.com" target="_blank">Cap nen sense joguina </a>que quiere que la Noche de Reyes sea mágica para todos los niños, que cree como el poeta en “Palabras para Julia” que “nuestra dignidad es la de todos.” La infancia es un punto de referencia para la configuración de la propia sentimentalidad, de la identidad y no podemos dejar, como dicen  los versos de Goytisolo “Que <em>les</em> maten la ilusión.”</p><p>Con <em>Vull tot això</em> tenemos la oportunidad de unir nuestra voz a la del poeta, y a la de todos aquellos que han participado en este libro y decir, junto a ellos, que no nos conformamos, que no “<em>podemos</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>seguir seguir viviendo así” y que “es una decisión irrevocable.”</p><p>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Vull tot això']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura catalana,Poetas,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Todos estaban vivos', de Javier Bozalongo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estaban-vivos-javier-bozalongo_1_1134039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e5ba3dc9-160c-4ba5-af96-504c4a40f989_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Todos estaban vivos', de Javier Bozalongo"></p><p><strong>Todos estaban vivosJavier BozalongoEsdrújula EdicionesGranada2016</strong><em>Todos estaban vivos</em></p><p>Ya desde la sugerente ilustración de cubierta nos sorprende este libro de relatos, del que el propio autor dice: “Esas cerillas consumidas representan a la perfección lo que aquí se cuenta, que no es otra cosa que el sentimiento de pérdida que produce cualquier ausencia, ya sea narrada como una comedia o como una tragedia, ya sea de manera irónica o involuntariamente triste”. <strong>Javier Bozalongo</strong> (Tarragona, 1961) ha publicado los poemarios <em>Líquida nostalgia</em> (2001), <em>Hasta llegar aquí</em> (2005) y <em>La casa a oscuras</em> (2009), además de las antologías <em>Nunca el silencio</em> (Costa Rica, 2012), <em>Has vuelto a ver luciérnagas</em> (México, 2015) y <em>Las raíces aéreas </em>(Ecuador, 2016). Dirige la colección de poesía Valparaíso Ediciones. <em>Todos estaban vivos</em> es su primer libro de relatos. Comienza con un interesante prólogo, titulado “Una mirada nueva”, por el poeta <strong>Santiago Espinosa, </strong>que confiesa: “Gratamente desconcertado, he terminado estos relatos con una incómoda verdad: es su literatura un laberinto en el que caen los personajes sin remedio, caen los lectores también, y con ellos la tranquilidad de sus certezas”.</p><p>Nos hallamos ante un libro que contiene 26 relatos muy diversos: microrrelatos,  relatos breves, otros más extensos e incluso uno en forma de poema. Está dividido en dos partes significativas, tituladas: “…Uno”, la primera, más personal, “…Y los demás”, la segunda, más social. Así desde esta aparente dicotomía, nos retrata no solo un “yo”, sino un sujeto plural que camina junto a “los demás”, en esta ida que es la vida. Es muy ocurrente y singular que varios de los relatos del volumen, que tenían la posibilidad de haber concluido con un final feliz, acaben con la ironía de la muerte, y que en el último, titulado: “En la mitad del mundo”,  que funciona como coda, pese al acecho evidente de una tragedia, concluya el texto con otra ironía: la de la vida, ya que después de un tremendo terremoto “todos estaban vivos”, frase final que engarza con el título del libro.</p><p>El autor en este compendio de cuentos, cuyo denominador común es la existencia —la familia, la amistad, el amor, el trabajo…— nos descubre una forma amable de ver el mundo donde habita la esperanza junto con los instantes,  las sorpresas, los hallazgos. Todo ello entramado en una arquitectura cuidada de palabras, itinerarios que se asoman y dejan entrever muchos años a su espalda de poeta. Las páginas van entrelazando la fantasía y la realidad, lo maravilloso y lo terrenal. Es un libro de identidades que dibuja y enmarca con la suya propia. No faltan orillas, esquinas, recodos, desfiladeros, hoyos, reversos pero con todos establecen, a través del diálogo, pactos e historias de búsqueda donde hay oportunidades y emociones. Algunos de sus relatos son ejercicios de reflexión que, a veces, nos liberan de los engaños que a menudo nos formamos. Sabe darnos con su ritmo, su escritura elegante y su humanismo pequeñas lecciones de vida que él diluye o intensifica cuando la anécdota lo requiere.</p><p>El paso del tiempo es un tema clave que da identidad al libro, lo refleja su relato “El tiempo de un reloj”. Esta temporalidad del ser humano se simboliza en forma de viaje; así, entre otros, en “Rojo oscuro” —“Tenía muy presente su primer viaje en tren”—, en “El premio” —“Después de consultar los horarios de tren…”, “mis compañeros de viaje, de trabajo gente esperando el tren”, metáfora de ese “transitar”—, relatos donde utiliza un léxico variado referido al tiempo y a su transcurrir, en un selecto juego semántico. Son vidas que pasan, historias que suceden, hechos que ocurren en cualquier escenario que Javier Bozalongo transporta a la literatura. Es un cronista de hallazgos múltiples que funcionan como estaciones en un viaje con varios trayectos, en donde se suben y bajan personas que convierte en personajes y de los que el tiempo es el eje conductor. Y, como dice su autor en los agradecimientos: “Todo es ficción pero nada es mentira”. Cada relato es un viaje por la vida y de fondo la muerte como paradoja de la existencia. Sus personajes, que a veces retrata y otras caricaturiza, son urbanos, de ciudad.</p><p>El humor y la ironía recorren todos los capítulos, en donde algunos de los protagonistas son vulnerables; por eso trata de que en lo cotidiano brille algunas veces lo extraordinario, porque son las pequeñas cosas, los acontecimientos diarios, lo que vivimos sencillamente, lo que nos iguala y humaniza. El autor nos hace cómplices y nos avisa de que debemos estar atentos, vigilantes. Y es que, a veces, nos ocurren o se nos presentan cosas terribles, de las que no podemos sentirnos culpables pero de las que sin embargo, en cierto modo, somos responsables. Así, bajo esa máscara irónica aparece, en algunos cuentos, un tinte existencialista, reflexivo, en donde se rastrea la soledad, el desamor, las horas bajas, el poder, mientras que en otros la sonrisa y la carcajada están servidas.</p><p>Javier Bozalongo con sus palabras nos hace a cada lector un guiño en estas piezas, tal como los músicos hacen siempre en la ciudad donde dan su concierto, o los pintores en sus cuadros. Su mirada nos abre los ojos a otra realidad, porque, como escribe <strong>Santiago Espinosa</strong>: “En cada relato sentimos que un artesano cuidadoso, pesando cada una de sus palabras, construye sus cuentos como cargas de dinamita con la pólvora justa”.</p><p>Tanto la ilustración de cubierta, de <strong>Eva Vázquez</strong>, como la cuidadosa edición de Esdrújula son impecables. Con un lenguaje personal, minucioso, sutil, nos rememora el humor fino de <strong>Ángel González</strong>, la ironía de <strong>Mario Benedetti </strong>y al <strong>Neruda</strong> de las <em>Odas elementales</em>.</p><p>Es una suma de voces donde caben numerosos temas y personajes que dibuja con los juegos del humor, donde lo humano tiene un pulso diferente en cada historia. Sus relatos conversan con los lectores, provocando su lectura, misterio, diversión y entretenimiento, dejándonos siempre encendida la risa aunque la muerte, a veces, se asome. Como dice <strong>Piedad Bonnett</strong> en la contracubierta: “Javier Bozalongo nos acerca, siempre entre el humor negro y la ironía, a la idea de la muerte como paradoja, como ese golpe inesperado y definitivo que es capaz de revelarnos lo que de otro modo tal vez jamás habríamos comprendido”.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/coleccion-aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos</a><em> (Valparaíso, 2016).</em></p><p>   <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Todos estaban vivos', de Javier Bozalongo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La noticia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noticia_1_1134030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb808d0d-a18b-480e-9f7c-181dce51bc65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La noticia"></p><p><em>(Inicia Luis García Montero)</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p>El periodista <strong>Jesús Maraña</strong> dejó el coche en el garaje de San Bernardo. El sol había decidido dar una sorpresa a finales de noviembre y caía sobre Madrid con una amabilidad extraña. No está mal, pensó Jesús, una canción de primavera en medio del otoño largo. Se agradecen las ayudas que devuelven una vitalidad íntima cuando el cansancio se empeña en deshojar hasta las últimas ilusiones. Las ventanas, los semáforos, los coches, los escaparates, las cafeterías y los zapatos de los caminantes se atreven a brillar de otra manera.</p><p>Han sido meses duros en los que el trabajo se apoderó del reloj hasta los últimos rincones. De todos los relojes, es mejor afirmar: el reloj de pulsera, el reloj de la redacción, el reloj de los libros, de la casa, del dormitorio. Del periódico a la televisión, de la llamada de teléfono a la comida con el personaje de turno –a ver si dice algo y es capaz de iluminar las zonas oscuras del vértigo—, la situación política no había dejado un momento de respiro.</p><p>Las crisis del PSOE, los juicios por corrupción, la investidura de <strong>Rajoy</strong>, la puesta en marcha del nuevo Gobierno, partidos que se hacen y se deshacen, cada día llegaba el capítulo folletinesco de una realidad que iba con la lengua fuera y a la que resultaba difícil seguir. Opinar con seriedad cuesta demasiado trabajo. Yo no sé si España tiene arreglo, pero a ti te va a costar la vida, le había lanzado en tono de broma su mujer, mientras comentaban un encontronazo televisivo con <strong>Eduardo Inda</strong>.</p><p>La verdad es que hay trabajos en los que no se puede utilizar la rutina como estrategia de defensa. Por mucho que uno conozca las reglas del juego, aunque llueva sobre mojado y las cartas estén sobre la mesa, es difícil mantener la serenidad cuando se vive lo que se vive, se sabe lo que se sabe y se oye lo que se oye. Alguna vez el periodista Jesús Maraña ha caído en la tentación de plantearse sus participaciones en el circo semanal de los despropósitos tertulianos. Pero pasado el fuego, después de una butaca, una copa de pacharán y la relectura nocturna de un libro de<strong> Albert Camus</strong>, comprende que no se puede abandonar ninguna trinchera y que la dignidad de un país depende del estado de su prensa. Ni la renuncia, ni las torres de marfil son una salida.</p><p>Tampoco el encabronamiento. Por eso conviene descansar, recuperar la serenidad o por lo menos conseguir esa calma agitada del voluntario de la objetividad que permite no entrar en banderías, no buscar el aplauso fácil, no vengarse, no mentir. Aunque la gente busque señores que estén en posesión de la verdad o fieras a las que insultar por sus argumentos disparatados, la ética de este oficio descansa en la modesta pretensión de no mentir. Y para eso hay que parar de vez en cuando. Sí, hacía falta levantar el pie del acelerador. Y ya, sin excusas, sin trampas. Tal vez unas pequeñas vacaciones, la posibilidad de aprovechar el puente, unos días de viaje con la familia y alejado del ordenador. Las niñas lo iban a agradecer.</p><p>—Y yo el primero, porque si no voy a empezar a creer en fantasmas— pensó Jesús, alterado todavía por la dichosa llamada de teléfono.</p><p>El sol imprevisto de la mañana pareció darle la razón. Salió del garaje a la vida. Camino del periódico, el breve paseo por la calle Fuencarral se convirtió en un adelanto de la felicidad. El rumor de los coches tenía incluso un aletear de pájaro entre las ruedas y las novelas brillaban en el escaparate de la Casa del Libro con la alegría del aire luminoso. A ver qué novelas me compro para el puente, se preguntó Jesús Maraña. Lo importante, desde luego, es no caer en la tentación de llevarse un título de actualidad, ni escándalos, dioses, jueces, reyes o tribunos. Tal vez <strong>Valle-Inclán</strong>, <strong>Baroja</strong>, <strong>Trigo</strong>… Subió las escaleras y entró en la redacción. También la luz de la calle caía sobre los ordenadores de infoLibre. Los teclados celebraban la alegría igual que los árboles y los cuerpos. Saludó, hola, qué buen día hace, luego resolvemos, ¿qué tal ayer el estreno de la película?, ¿hablaste por fin con <strong>Pedro Sánchez</strong>?, ¿y con <strong>Errejón</strong>?, levantó la mano para felicitar a <strong>Clara</strong>, muy bien Los diablos azules de hoy, y se dirigió al despacho. Vio el sobre mientras se quitaba la chaqueta.</p><p>Leyó cuatro veces la carta, una, dos, tres, cuatro, pasó de la incredulidad a la inquietud y de la curiosidad a la excitación. Antes de leer la carta por quinta vez, llamó por teléfono a <strong>Manolo Rico</strong>:</p><p>—Oye, Manolo, voy a tu despacho. No te lo vas a creer.</p><p><em>(Sigue Benjamín Prado)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p>—Mira, Jesús, a estas alturas de nuestras vidas, yo me lo creo ya todo y no confío en nadie —dijo el director—. Lo primero, porque la realidad no es de fiar; lo segundo, porque ya sabes cuál es el primer mandamiento de nuestra profesión: si tu madre te dice que te quiere, no lo descartes, pero verifícalo.</p><p>—No, pero es que esto no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas, ni con la realidad, ni con el periodismo.</p><p>—Has tenido un sueño…</p><p>—Tampoco.</p><p>—Eres millonario: te tocó la lotería.</p><p>—Sigo siendo igual de pobre, así que olvídate de pedirme un préstamo. No, lo que ha pasado es algo sin gran importancia, pero aun así muy sorprendente, una de esas coincidencias que te dejan estupefacto.</p><p>—Vaya, si hay que explicarlo con un adjetivo de cinco sílabas, es que debe haber sido algo grande.</p><p>—Júzgalo tú mismo. Cuando pasé por casa, hice lo que hago siempre, ya me conoces: ir mirando la hora obsesivamente en todos los relojes, los de pared, el de mesa, los despertadores de la alcoba, el del horno y el de la nevera, el del móvil, el del ordenador… Ya me conoces, siempre obsesionado con que el tiempo no se me eche encima.</p><p>—La gente puntual es quisquillosa.</p><p>—Cuando fui a salir, me di cuenta de que todos marchaban bien, menos el mío, que estaba parado. “Se le habrá gastado la pila”, me dije. Así que lo dejé en la mesa de despacho, para llevarlo mañana a la joyería de la esquina, y me puse otro que tenía en un cajón, una antigualla de la época en que estaba en la Universidad.</p><p>—Ha llovido mucho de eso.</p><p>—Y tanto… Pero no nos vayamos por las ramas. El caso es que ese reloj, como todos los objetos, tiene su pasado; y por extensión, parte del mío. Me lo regalaron por mi cumpleaños unos compañeros de la facultad. Jóvenes comprometidos de los de aquella época, idealistas, politizados, seguros de que iban a poder luchar por cambiar este mundo injusto, gobernado por usureros… Cierro los ojos y los oigo hablar en las asambleas, escucho nuestras conversaciones interminables, en cualquier bar y hasta la madrugada, sobre filosofía, sobre el marxismo, los sindicatos, el veneno del capital, la revolución…</p><p>—Vamos, unos rojos de manual.</p><p>—Pero no por mucho tiempo, porque después pasó lo que ocurre con una gran parte de las personas, es decir, que con la edad se matizan las posturas y se liman las convicciones. Alguno, de hecho, entró en un partido, ocupó cargos de responsabilidad y pronto empecé a leer y oír declaraciones suyas que, por resumir, le habrían puesto como una furia a él mismo dos décadas antes.</p><p>—De manera que volver a ponerte aquel reloj te ha hecho pensar en todo eso —dijo Manolo, mirando el suyo de reojo, con un primer apunte de impaciencia.</p><p>—En una ráfaga, que es como ese tipo de visiones te pasan por la cabeza. Pero lo extraordinario ocurrió después. En el instante en que pisaba la calle, ¡me llamó por teléfono justo uno de esos antiguos compañeros!</p><p>—Vaya, sí que es una casualidad —concedió el director, con la esperanza de que el relato acabara allí.</p><p>—Si te digo quién es, te llevarás una sorpresa. Si te cuento lo que me ha dicho, no saldrás de tu asombro.</p><p>Jesús le dijo a Manuel de quién se trataba y el otro sacudió la mano en el aire y dejó escapar un silbido. Se trataba de un pez gordo, sin duda.</p><p>—¿Y qué es eso tan sorprendente que te ha dicho?</p><p>—Pues ha sido un discurso que iba absolutamente en dirección contraria a todos los que le hemos visto dar en los medios de comunicación a lo largo de estos años. Dice que lo que está ocurriendo es inaceptable, que el neoliberalismo está arrasando el Estado del bienestar por el que tanto luchamos, que hay que hacer algo para escapar del totalitarismo del dinero, conectar con los jóvenes que ahora parece que se vuelven a interesar por lo que sucede a su alrededor…</p><p>—Pues sí que es una sorpresa. ¿Seguro que se trataba de él? Porque hasta hace dos días ha sostenido justo lo contrario.</p><p>—Te lo puedo asegurar. Quedamos en llamarnos, en tomar un café… Pero luego he caído en algo, al ir a grabar su número en mi teléfono. El suyo, desde el que me ha llamado, es el mismo que tenía en los años ochenta, yo lo sabía de memoria como antes nos sabíamos todos los de la familia, nuestra pareja, los amigos. Ése era el de la casa de sus padres, donde yo he acabado muchas noches, con otros camaradas.</p><p>—Será que conserva esa casa, entonces.</p><p>—Pero, es que hay algo más. El número no tenía prefijo, no llevaba delante el 91, el prefijo de Madrid, como en aquellos tiempos en que se marcaba sólo la cifra de cada abonado si estabas en la misma provincia.</p><p>—¿Estás intentando decirme que te ha llamado desde el pasado? —preguntó Manolo, dejando de mirar con disimulo su ordenador y cambiando la simple educación por verdadero interés.</p><p>“No se me ocurre otra explicación”, oyó que le decía. Se preguntó si, al fin, se había vuelto loco. Pero Jesús, con todo el otoño metido de golpe en su mirada, le dio el sobre que llevaba en la mano.</p><p>—Lee, a ver qué te parece.</p><p><em>(Continúa Javier Valenzuela)</em><strong>Javier Valenzuela</strong></p><p>Aunque el papel no había amarilleado, la carta estaba fechada el 12 de marzo de 1986.</p><p>—El día del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN —dijo Rico. Maraña asintió con un ligero cabeceo—. Interesante, muy interesante.</p><p>—Sí. Y lo que resulta aún más misterioso es que el sobre, el sello y la fecha del franqueo sean actuales —añadió Maraña.</p><p>Rico comenzó a leerla.</p><p>—Parece haber sido mecanografiada en una máquina de las anteriores a la existencia de los ordenadores —dijo al cabo de unos instantes—. Hay letras impresas con más fuerza que otras y algunas, por ejemplo la ñ, no están bien alineadas. Quizá fuera escrita con una Hispano-Olivetti Lexicon 80. —Maraña le miró admirativamente.</p><p>Rico llegó al final de la lectura. La carta estaba firmada con bolígrafo azul por el antiguo amigo de Universidad de Maraña, el pez gordo que hoy predicaba que el mejor modo de salir de la crisis era hacer de España “un país competitivo en el mercado global”. A estas alturas todo el mundo sabía lo que eso quería decir: salarios bajos y condiciones laborales precarias, recortes en sanidad, educación y pensiones, beneficios colosales para los bancos y las grandes empresas, licencia a los antidisturbios para que aporrearan sin piedad a los revoltosos. Pero lo curioso era que ese prominente político —si es que, en efecto, él había escrito aquella carta— profetizaba en 1986 su evolución ideológica y moral. Y con amargura.</p><p>La carta arrancaba así: “Querido Jesús, he participado muy activamente en la campaña a favor de la permanencia de nuestro país en la OTAN, pero quiero que sepas que eso no me hace feliz. Siento que es mi primer paso hacia la senectud. Recuerdo que en una de nuestras conversaciones en la Facultad te cité a no recuerdo muy bien qué filósofo que decía que envejecer es traicionar los juegos de la infancia. Y te añadí que el mismo verbo podía aplicarse a traicionar los ideales de nuestra juventud”.</p><p>—¿Qué te parece? —preguntó Maraña. La perplejidad no se le había despintado del rostro.</p><p>Rico tardó en contestar. Sus compañeros en infoLibre solían decir que tenía una cabeza alemana por su apego a los hechos verificables, su razonamiento lógico y una cierta rigidez. Se quitó las gafas, se frotó los ojos y dijo:</p><p>—Es como si tu amigo hubiera empleado un medio de comunicación viejo, una línea telefónica de la década de 1980, para hablarte hace un rato desde el presente. Y al mismo tiempo, ha usado el actual servicio de Correos para hablarte desde el pasado. A través de una carta escrita el día del referéndum sobre la OTAN.</p><p>—Sí –dijo Maraña—. Pero sus dos mensajes son concordantes. En primer lugar, a mi amigo ha terminado por asquearle su papel de esbirro de los dueños del circo español. Y en segundo, ya imaginaba hace 30 años, cuando comenzaba su carrera de renuncias, que eso podía ocurrirle.</p><p>—Pero no podemos utilizarlo, Jesús. No podemos publicar que el hombre que estos días pontifica en la televisión que la izquierda debe sacrificarse una vez más en aras de la razón de Estado, es un tipo atormentado por su felonía.</p><p>—No podemos; la llamada y esta carta son estrictamente personales. —Maraña suspiró— Esto del periodismo es jodido: todo lo que cuentes debe ser verdad, pero no puedes contar todo lo que sabes que es verdadero. Y mientras nosotros intentamos practicar el oficio con arreglo a las buenas viejas reglas, muchos de nuestros colegas sueltan cualquier cosa que les venga bien a ellos o a sus amos.</p><p>—Ya, pero nosotros no vamos a cambiar ahora. Tuvimos la oportunidad de hacerlo en la época en que lo hizo tu amigo y no lo hicimos. Sería de gilipollas levantar la bandera de la rendición ahora que peinamos canas.</p><p>Maraña rió.</p><p>—¿Sabes lo que me ha dicho mi mujer en el desayuno? Que lo más probable es que España no tenga arreglo, pero que yo me estoy dejando la vida en el intento.</p><p>—Eso es que te quiere, Jesús. Quiere que le dures.</p><p>—Sí, ella tiene razón: tendría que cuidarme. Bueno, ¿qué podemos hacer?</p><p>—Lo habitual: llamar por el conducto oficial al político, hablar con él y explorar la posibilidad de que quiera confesarse <em>on the record</em> contigo, conmigo o con alguno de nuestros redactores. Si lo aceptara, tendríamos noticia, una gran noticia. De momento solo tenemos una pista.</p><p>—De acuerdo; pongámonos en marcha.</p><p>Maraña se dirigía a la puerta que comunicaba el despacho de Rico con la redacción, cuando añadió con tinte reflexivo:</p><p>— Tengo ganas de leer las memorias de <strong>John Le Carré</strong>. He visto en una reseña que Le Carré dice que, en nuestros días, dado el control casi absoluto de los medios de comunicación que tienen los poderosos, la ficción es el mejor modo para contar la verdad. De mayor, quiero ser novelista.</p><p>Rico miró hacia Maraña con una sonrisa.</p><p>—Tendrías que ser muy bueno para explicar con alguna verosimilitud lo de esa llamada telefónica desde un número de los años ochenta.</p><p>—¡Uf! Habría que ser <strong>Borges</strong> para explicarlo.</p><p><em>(Cierra el relato Eduardo Mendicutti)</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p>En la sala de redacción, Manolo Rico buscó con la mirada a Clara Morales, pero su mesa estaba vacía. No debía de andar lejos: su cazadora, dejada caer en el respaldo de la silla, y un bloc de notas abierto junto al ordenador indicaban que ya había estado trabajando aquella mañana y lo más probable era que apareciese en cualquier momento. Clara era la redactora jefe de cultura y, por tanto, experta en ficciones, incluidas las más enrevesadas.  Rico se acercó a la mesa y estaba a punto de escribir en la libreta un recado perentorio —“Ven a verme al despacho en cuanto vuelvas, es urgente”, o algo así— cuando vio que Clara se acercaba por el pasillo. Le hizo una seña para que se dirigiese directamente al despacho.</p><p>—Siéntate —le dijo, y él hizo lo propio en una de las sillas que rodeaban la pequeña mesa redonda de reuniones.  Clara no manifestó la menor sorpresa o inquietud, estaba acostumbrada a los imprevistos, aunque también era cierto que, en la vida cultural del país, imprevistos, los justos y nunca realmente jugosos. Manolo Rico la puso al tanto de la situación con una precisión germánica amablemente sobredorada por el estupendo sol mañanero que entraba por la ventana del despacho.</p><p>—Maraña ha recibido, cuando salía de casa, una llamada del pasado. En su móvil ha quedado grabado el número de un teléfono fijo, pero sin el prefijo de la provincia. O sea, la llamada parece haber sido hecha desde un teléfono y a través de una línea de los años ochenta del siglo XX, en concreto el día y el año del referéndum de la OTAN. Jesús identificó enseguida el número y, sin demasiada dificultad, la voz de quien llamaba, que además no tuvo el menor problema en decir su nombre. Luego, ha encontrado en su mesa un sobre con un matasellos de correos absolutamente actual y, dentro del sobre, una carta, en un folio nada envejecido, fechada también el 12 de marzo de 1986 y firmada por la misma persona que había llamado por teléfono. Ahora te diré de quién se trata y quizás te cueste creerlo.  </p><p>Clara no parecía especialmente impresionada y solo dijo:</p><p>—Ya hay pocas cosas que me cueste creer. </p><p>El nombre que pronunció Rico era tan habitual en los periódicos, y tan pintureros, cínicos y fogosos sus jugueteos retóricos con la ideología de izquierdas, que el detalle de haber llamado al director de un periódico desde el pasado no se le antojó a Clara demasiado estrambótico. En cambio, cuando Rico la puso al tanto del contenido de la conversación telefónica y de la carta y de aquella especie de melancolía penitente por lo que el individuo en cuestión reconocía haber sido —el más rojo de todos—, y por lo que  era hoy, un progresista de boquilla dispuesto siempre a justificar y exaltar lo injustificable en un partido de izquierda, o de centro izquierda, o de centro centro, o de lo que fuese, Clara no pudo evitar un parpadeo que se parecía mucho al asombro.</p><p>—Contacta con él —le dijo Rico sin más rodeos— Y convéncele de que se reúna con quien quiera de nosotros, y donde quiera y cuando quiera.</p><p>—Siempre que no sea en el pasado, supongo.</p><p>—Bueno —dijo Rico—, en este oficio nunca hay que suponer nada. </p><p>Clara intentó cumplir con el encargo con prontitud y eficacia, las ficciones enrevesadas le parecían casi siempre banales pero, a veces, eran entretenidas. Encontró sin dificultad el número actual de aquel político que se había actualizado ideológicamente con tanto desparpajo y ahora parecía visitar su pasado con tan versátil lucidez, y la respuesta que recibió fue: “El número marcado está apagado o fuera de cobertura”.</p><p>Marcó enseguida el número que había quedado grabado en el móvil de Maraña y que le pasó Rico, y lo hizo tal cual, sin el prefijo 91 correspondiente a Madrid. Una grabación sorprendentemente cantarina recitó: “El número marcado no existe”. Entonces, volvió a marcarlo, pero ya con el prefijo. Contestó una mujer sin duda joven y desenvuelta.</p><p>—¿Sí? </p><p>Clara dijo el nombre y el apellido del político en cuestión.</p><p>—Lo siento, se ha equivocado —dijo la señora. Pero inmediatamente titubeó— Bueno…</p><p>—¿Sí?</p><p>—¿Se refiere usted al político…?</p><p>—Sí. Tengo este número suyo desde hace algún tiempo.</p><p>—Mucho tiempo me temo, cariño. La familia de ese hombre fue la dueña de este piso hasta que mi padre lo compró a mediados de los noventa. Por lo que se ve, conservamos el número telefónico, no me pregunte por qué. Mi padre murió hace dos años y ahora vivo yo aquí con mi madre.</p><p>—Soy Clara Morales, llamo de un periódico. Quizás su madre recuerde algo que me ayude a encontrar a este señor.</p><p>—Mi madre ya no recuerda nada, cariño —dijo la señora, y Clara sintió como si de pronto el día se nublara. </p><p>A lo largo del día volvió a llamar insistentemente al número que en la agenda de cualquier periodista figuraba como el oficial de aquel versátil, gozoso, apesadumbrado y escurridizo político de un partido de izquierdas, o de centro izquierda, o de centro centro, o de a saber qué. El terminal siempre estaba apagado o fuera de cobertura. Clara siempre dejaba en el contestador el mismo mensaje: decía su nombre, el nombre del medio y el motivo de la llamada, y rogaba que se pusieran en contacto con ella, aunque seguiría insistiendo. Nadie devolvió nunca la llamada.</p><p>A las nueve de la noche, un mensajero atolondrado y mordido por las prisas dejó en la secretaría del periódico un sobre dirigido a Clara Morales. Dentro había un folio amarillento por el tiempo, pero la fecha que encabezaba el mensaje era la de la investidura de Rajoy el 29 de octubre de 2016. El mensaje no lo firmaba nadie, pero el texto, escrito con pluma estilográfica, decía: “En este partido, a casi todos los que tenemos más de 40 años ya no nos reconoce ni la madre que nos parió. Eso sí, la excepción más clamorosa es la lideresa: ella siempre ha sido igual”.</p><p>Cuando Maraña leyó la nota que acababa de pasarle Rico, sólo dijo:</p><p>—Pues vaya noticia.      </p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Luis García Montero </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García </a>Lorca<em> (Taurus, 2016).</em></p><p><em>*Benjamín Prado es escritor. Su último libro, </em><strong>Benjamín Prado</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/libros-hiperion/m%C3%A1s-que-palabras-detail" target="_blank">Más que palabras</a><em> (Hiperión, 2015).</em></p><p><em>*Javier Valenzuela es periodista y escritor. Su último libro es </em><strong>Javier Valenzuela</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-tangerina/174725" target="_blank">Tangerina </a><em>(Martínez Roca, 2015).</em></p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro, </em><strong>Eduardo Mendicutti </strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-furias-divinas/210476" target="_blank">Furias divinas</a><em> (Tusquets, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero / Benjamín Prado / Javier Valenzuela / Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La noticia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Conversaciones con Fredric Jameson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conversaciones-fredric-jameson_1_1134024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26f786ea-6279-4793-8bdb-b50846994167_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conversaciones con Fredric Jameson"></p><p><a href="http://www.amorrortueditores.com/libro.php?p_id_libro=648" target="_blank">Conversaciones sobre marxismo cultural</a>, un libro capaz de renovar el menguado interés por el marxismo en Occidente, consta de un prefacio del compilador y una serie de entrevistas realizadas a <strong>Fredric Jameson</strong> por intelectuales y colaboradores de importantes revistas. Jameson, marxista de primera línea en el país más potente del mundo, fue director de la prestigiosa revista <em>New Left Review</em>. Actualmente promueve el pensamiento dialéctico y la crítica marxista desde la cátedra William A. Lane de literatura comparada y estudios romances de la Universidad de Duke. El trabajo de compilación, ordenación de textos y cuidado de esta edición, de tan jugosas declaraciones, corre a cargo de<strong> Ian Buchanan</strong>, director del <em>Institute for Social Transformation Research</em> de la Universidad de Wollongong, en Australia. El objeto, el enfoque y gran parte de las aportaciones, que nos ofrece este pensador profundamente democrático y revolucionario no han perdido vigencia pese a los grandes cambios ocurridos desde 2006, fecha de su última entrevista.</p><p>Tras algunas consideraciones teóricas sobre el género “entrevista” y el peligro de cristalizar en “opiniones-mercancía”, Jameson pasa revista a diversos ámbitos de su teoría dialéctica sobre el propio marxismo, el capitalismo, la estética o el posmodernismo, tomado este, no como simple “estilo”, sino como una lógica interna al tardocapitalismo. “El  postmodernismo —afirma Jameson— supone la claudicación de la cultura ante la presión del capitalismo organizado”. La primera entrevista, realizada por <strong>Jonathan Culler</strong> de la revista <em>Diacritics, </em>se ocupa del marxismo, de sus posibilidades críticas literarias, de su aporte a la metodología y del tipo de política que se puede derivar de dicha visión.  Las siguientes, de <strong>Paik Nak-chung</strong> y <strong>Sabry Hafez</strong> y sus colegas <strong>Abbas al-Tonsi</strong> y <strong>Mona Abou Senna</strong>, de la Universidad de Georgetown en Qatar y de la Universidad Americana de El Cairo, abordan, desde una óptica marxista, los problemas más vitales de nuestros días, para dejar patente la energía y potencia con que se perciben en esas situaciones “no occidentales”.</p><p>Las alternativas culturales se explican en la entrevista con <strong>Stuart Hall</strong>. La realizada con <strong>Sara Danius</strong> y <strong>Stefan Jonsson</strong> “fija —nos dice Jameson— un programa de tareas inconclusas, que todavía es para mí, unos diez años después, un trabajo en marcha: las ideas de mapeo cognitivo, relato y alegoría.” “En cuanto al posmodernismo y la posmodernidad, no es una sorpresa que sea en el contexto de las artes donde sus cuestiones se repasan más extensamente: en la entrevista con <strong>Anders Stephanson</strong> (para una revista internacional de artes visuales <em>Flash Art</em>) y en la conducida por <strong>Michael Speaks</strong> (para <em>Assamblage</em>, una distinguida revista de arquitectura)”.</p><p>En la amplia entrevista de <strong>Xudong Zhang</strong> se trata más a fondo “la cuestión del marxismo y el posmodernismo, ahora encapsulada en la concepción de los “estudios culturales” como un reconocimiento de la fusión posmoderna de la alta cultura y la cultura de masas, así como al compromiso marxiano con el contexto y la historia”.</p><p>Por último, en la entrevista final con <strong>Sririvas Aravamudan </strong>y <strong>Ranjana Khanna</strong>  —la única casi contemporánea con la publicación del libro (2006)—, se ofrece la oportunidad de contratar la posición de Jameson en los temas tratados en las conversaciones anteriores, al mediar la nueva situación de globalización, “que hoy —afirma Jameson— considero semejante a la posmodernidad o, si se quiere, la otra cara de esta, su aspecto infraestructural”. La existencia de la globalización —con la liberación de nuevas y explosivas fuerzas, la pasmosa nueva claridad con que revela el poder y el capitalismo norteamericano, su demanda de un replanteo productivo de todas las viejas teorías de la “cultura y la sociedad”, e incluso de la propia “civilización occidental”— introduce en nuestros días una apasionante serie de nuevas tareas intelectuales y promueve, en rigor, la reinvención de la vocación del intelectual como tal”.</p><p>El hilo conductor de estas conversaciones es, pues, el papel que puede cumplir el marxismo como fuerza transformadora frente a la producción de una cultura globalizada del tardocapitalismo. Jameson entiende que, a cada etapa, corresponde una determinada matriz textual para producir las formas de verdad que constituyen el núcleo de legitimación: la verdad política, la del arte y la del amor (la ciencia, propuesta también en el esquema de <strong>Alain Badiou</strong>, queda excluida). A las tres fases canónicas del capitalismo; al capitalismo de los Estados-Nación, al imperialismo o capitalismo monopolista y al tardocapitalismo, corresponden tres dominantes en el ámbito de la superestructura: “realismo”, “modernismo” y “posmodernismo”.</p><p>“Esta idea de las etapas del capitalismo —nos dice Jameson— está presente en <strong>Marx</strong>, en los <em>Grundisse</em>, y nos permite forjar una hipótesis con respecto a las transformaciones en la cultura, entendida en un sentido más general, desde la estructura de la psique, las prácticas de la vida cotidiana, el papel de la cultura en la sociedad, hasta las formas artísticas, las teorías filosóficas, etc.” De ahí la importancia de la reformulación del concepto de cultura, a la luz de la dialéctica.</p><p>El marxismo como teoría es más crítica que sistemática. No tenemos, afirma Jameson, un modelo concreto de sociedad, pero sí sabemos lo que se debe <em>corregir</em>. En el Primer Mundo, en un país como EEUU, el más poderoso de la tierra (pero no sólo en él),  hay que consolidar la democracia. Y para ello se hace necesaria una política cultural exterior a la lógica del “posmodernismo”. En el marco de una profundización de la democracia (redefiniéndola y despojándola de su actual vacuidad fetiche), hay que repensar el concepto de cultura y el lugar que ocupa en nuestra sociedad. Para ello, nos propone trazar lo que denomina un “mapeo cognitivo”, que resitúe al marxismo como lo que es: la única teoría capaz de iluminar con su método dialéctico la complejidad del capitalismo global, de otro modo incomprensible. El marxismo es teoría crítica, no imposición de un orden social dogmático. Por su mediación, se trata de alcanzar una democracia real, que se extienda a todos los ámbitos, incluido el económico. Jameson no se opone al mercado, pero sí a su actual lógica capitalista y a la “ideología de mercado” que lo rige y que antepone el interés privado al interés general. La experimentamos en sus efectos, en el avance del corporativismo y la progresiva privatización de nuestros servicios, nuestras instituciones y en la configuración de nuestro espacio físico y social. Por tanto, afirma Jameson, no se trata de la imposición de un modelo determinado de utopía, tan sólo de aspirar a que la colectividad posea un control real sobre dicha sociedad.</p><p>Jameson afirma que “el marxismo occidental comenzó a estudiar la cultura y la conciencia en su intento de explicar el fracaso de un movimiento político de masas y, desde luego, también del surgimiento del fascismo”. Pues bien, para articular dialécticamente el concepto de “infraestructura” (globalizada) e “ideología” (cultura, ideología y “conciencia de clase”) retoma el concepto alhusseriano de <em>sobredeterminación</em>, aunque tamizado por la aceptación —a partir del <em>situacionismo</em> de <strong>Sartre</strong>—  de un necesario historicismo. Cada fase tendrá su correlato sobredeterminante en cuanto a la textualidad que nutre las ideologías. Pensar dialécticamente estos conceptos, supone “una suerte de debilitamiento o desmitificación constante de diversos relatos históricos ya instalados, incluidos algunos de los marxistas, como la inevitabilidad del socialismo”.</p><p>En la lógica del “realismo”, la cultura hace frente al capitalismo nacional con un <em>saber </em>sobre qué es el Estado, cuáles sus límites en un horizonte estético de totalidad, etc. El “modernismo” surge como reacción al imperialismo, su estética persigue completar esa totalidad social —percibida con la extensión del imperialismo como inabarcable— para cifrar en ella su esperanza desesperada. <strong>Thomas Mann </strong>sería el prototipo y <strong>Joyce</strong> su última manifestación. Por último, el “posmodernismo” trata de ocultar, tras esa lógica del goce estético de lo fragmentado, la totalidad fáctica del capitalismo. Un capitalismo que no contradice los supuestos de Marx, sino que, muy al contrario, lo revalida por ofrecer sus mecanismos en estado más puro. Esa totalidad del capital es ahora más intensa e interrelacionada que nunca, pero también sistemáticamente sustraída. En nuestra sociedad regiría, por tanto, una lógica posmoderna que genera una fusión de la cultura de masas y la de las élites, para velar la totalidad y dejar ver sólo fragmentación a degustar. Al contrario que sucedía con el modernismo, la cultura posmoderna se produce <em>desde</em> lo económico y no <em>en oposición</em> a  ello. Por ello, frente a las ideologías posmodernas —incluidas en una cultura sistémica, relativamente anónima, en la cual es problemático hablar de clases dominantes<em>—</em>  el marxismo es el único modelo capaz de dar sentido a esa totalidad, para incidir en su transformación. Su tarea  es, pues, la de reflexionar sobre el conjunto de una estructura en continuo proceso de producción de “diferencias”, en el marco económico de un mercado global, que ha colonizado todos los ámbitos con una fuerte componente corporativo y una muy débil articulación política. Esa producción de diferencias —incluidos los movimientos identitarios— no es ajena al mercado.</p><p>“Creo –afirma Jameson— que nadie cuestionará la idea de que el capitalismo tardío postula una igualdad del consumo. Alcance o no esa igualdad de mercado —que me parece irrealista—, quiere no obstante vender sus productos a tantos tipos diferentes de gente como sea posible. Se trata de una especie de mercadotecnia de nicho en la que cada grupo es abordado directamente como una clase específica de consumidores con necesidades específicas, por lo cual, en la situación posmoderna hay, a la vez, un efecto igualador del capitalismo y una reactivación, digamos, de características secundarias”.</p><p>Producir la diferencia ocultando la articulación de la totalidad, esta es la dinámica de la posmodernidad. En cierto modo, trata de multiplicar las diferencias como identidades cerradas a la dialéctica con el todo. Y, justamente, esa totalidad sustraída es la que hay que poner de manifiesto mediante el “mapeo cognitivo”, pues sin “totalidad” no hay política. Y en esto hay que tener en cuenta su interesante observación: “Desde el punto de vista de una solidaridad, la cultura no sería un sustituto de la política; antes bien, significaría una interferencia en ella: Si los diversos subgrupos inventan potentes símbolos culturales de su separación, será mucho más difícil que vuelvan a reunirse”. Políticamente, se entiende.</p><p>En esta dimensión política de la lucha ideológica, los conceptos procedentes de <strong>Freud</strong> son claves para Jameson: “inconsciente”, “represión” y “síntoma”, amplían el objetivo de análisis, y permiten entender cómo se encarna esa ideología paralizante posmoderna. Es precisamente en este punto en el que tal vez haya que hacer alguna objeción al planteamiento de Jameson. “La marca de un éxito dialéctico es la conmoción, la sorpresa y el desbaratamiento de ideas preconcebidas. Podemos vislumbrar la verdad o lo <em>Real</em>, pero entonces se infiltran nuestras ideologías –nuestras ilusiones del mundo, nuestras realizaciones de deseos— y volvemos a quedar al margen de la verdad. En este punto, el psicoanálisis ofrece una buena analogía, al enseñar que el momento de la verdad es algo caprichoso, fugaz y doloroso”, defiende.</p><p>Pero el inconsciente, en Freud y <strong>Lacan</strong>, es un concepto relacionado con el sujeto. El sujeto que habla, que se equivoca o comienza a relatar su sueño “aquí y ahora”, ese sujeto que <em>es</em> en el momento en que la palabra se produce. Solo en ese instante se hace operativo el concepto de inconsciente. Depositada la confianza, la palabra circula en “asociación libre” ante la escucha del analista. En ese instante, sin las estrategias cotidianas de la racionalidad justificadora, abandonada a la confianza, la palabra puede, en su trayecto, producir formaciones del inconsciente en transferencia, e historizar lo que se jugaba fantasmáticamente. Es en ese estrecho marco temporal, el que permite hacer algo con el significante emitido por <em>un saber que no se sabe</em>.</p><p>El sujeto en relación a un supuesto “inconsciente político” en el caso del capitalismo nacional, o el sujeto del “inconsciente geopolítico”, en el del tardocapitalismo, o el “inconsciente religioso” no son discernibles como tal sujeto. La palabra que crea fantasía política como reacción a la contradicción que supone la propia existencia del capitalismo no es, en principio, la verdad (ni estética, ni política, aunque sí sexual) que incumbe al sujeto en su trayectoria de sufrimiento y de fracasos. Esa verdad hay que construirla. Pero la voz creada como <em>fantasía política</em> no es atribuible a nadie en particular. Es rumor escuchado… resonancia ideológica entre los otros. Ese sujeto de la fantasía del “inconsciente político” parece más bien una sustancialización. La palabra que da pie a una lógica inconsciente se sustenta en el goce de un cuerpo determinado, cuya trayectoria biográfica ha marcado la intensidad y la repetición en dicho cuerpo, y no sólo desde el “cuerpo político”. Si se sigue la fenomenología del equívoco, del lapsus, del chiste, de la novela o de la fantasía política, por aquí y acullá, corremos el riesgo de multiplicar esa terminología: inconsciente de la religión, de la política, de la geopolítica, etc.</p><p>Pero esta objeción no impide la legitimidad de Jameson al insistir en vertebrar marxismo y psicoanálisis, pese a que  la liberación del psicoanálisis no sea, necesariamente, una liberación social. No lo es, en el sentido de dar algún paso, por pequeño que sea, hacia un nuevo modo de producción. Ni siquiera supone el inicio de una nueva relación social que prefigure de algún modo una utopía. Y en cuanto a la interpretación, creo que el psicoanálisis se limita simplemente (y no es poco) a seguir el hilo del decir del sujeto, <em>uno por uno</em>, para enhebrar en él los significantes, que articulan la transferencia y el deseo. Los efectos se registran en el propio sujeto, porque es éeste quien primero escucha su propio decir. Y precisamente en ese retorno se hace posible el cambio en la economía libidinal.</p><p>Quizá el concepto de “represión” y el consiguiente de “síntoma” permitan un análisis de más alcance, pues aunque el proceso de represión se produzca en el propio sujeto, la instancia de represión no procede del mismo, sino de lo que Jameson con Sartre llamarían “situación”. Un Estado puede dotarse de unas leyes represivas y afectar así, siempre en relación a la totalidad del sistema capitalista, no a un sujeto particular, sino al conjunto de esa formación social. Es claro que, a unos, la ausencia de libertades públicas les supondrá un mayor coste, incluso la muerte. Mientras que otros verán en esa privación un simple obstáculo. Sea como sea, la represión es una condición que se impone a las relaciones sociales.</p><p>El vivo interés que suscita este texto radica en que estos diálogos problematizan precisamente esa compleja conexión de la “infraestructura” globalizada con la “superestructura”, para intentar comprender sus mecanismos, revisando el concepto enriquecido de “cultura”. Pasar de lo individual a lo colectivo en el horizonte revolucionario de un cambio de modo de producción y de la liberación subsiguiente no puede dejar caer a ese sujeto vivo, que habla desde una perspectiva de clase pero también con un cuerpo irreductible, al lenguaje que goza en el “aquí y ahora” con la palabra. Por eso, Jameson sabe que no basta el <em>desvelamiento</em>, la toma de “conciencia de clase” para alcanzar otra posición como sujeto, y menos como sujeto colectivo.</p><p>Con la producción posmoderna de saberes-mercancía <em>prêt à porter</em>, favorecida por la experticia, se crea colectividad fragmentada, segregada en la diferencia. Se alcanza, además, una identidad tal en el proceso, que desalienta el conocimiento y alienta el relativismo, para acabar vaciando la totalidad de sentido. Sin utopía no hay política posible, afirma Jameson, y la utopía apunta a lo absoluto. Un Absoluto del que, en una entrevista, al final de su libro, el pensador reconoce aceptar como tensionalidad propia. Muchos también la reconocemos como propia: </p><p>No hay mejor distanciamiento. Jameson interroga críticamente su posición y su situación, en el contexto de un país, el más poderoso del mundo, que exporta la cultura al resto del mundo en forma de estilo de vida, envasada, mercantilizada, en una dinámica de ocultación y represión de las posibles respuestas sociales.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Conversaciones con Fredric Jameson]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Filosofía,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La función del mensaje en la última poesía española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/funcion-mensaje-ultima-poesia-espanola_1_1134017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/20cf2e82-2179-48ac-81b0-64a0c756ca66_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La función del mensaje en la última poesía española"></p><p>Muchos de los que dedicamos nuestro tiempo a la crítica literaria o a la creación poética nos hemos preguntado cuáles son los resortes que mueven a la nueva poesía española, qué aspectos de los nuevos poetas son los más reconocidos para que, entre otras cosas, estemos hablando de una generación que acapara lo más alto de las tablas de ventas españolas desde hace ya unos cuantos años.</p><p>Las tiradas enormes de ejemplares de libros de poesía vienen asombrando a poetas y lectores avisados, despertando la curiosidad por un fenómeno de masas que, en torno a la lírica, está llenando salas y abarrotando librerías en la búsqueda de los nuevos y las nuevas poetas de vanguardia. Este fenómeno, que ha olvidado, o desconoce, etapas anteriores para centrarse en el reconocimiento de los nuevos valores, pone de manifiesto una necesidad lectora de los que se adentran por primera vez en el campo de la poesía, una necesidad que es un movimiento hacia delante en el reconocimiento del género a nivel nacional.</p><p>Pero, ¿desde qué elementos podemos abordar la trayectoria de los autores que nos ocupan? ¿Cuáles son los aspectos identificativos de esta tremenda aceptación poética en nuestra sociedad reciente? ¿Qué perspectivas manejan y de qué manera las trabajan para que sean consideradas necesarias por tan nutrido porcentaje de nuevos lectores? Las herramientas utilizadas tienen los mismos usos que el resto de la poesía conocida hasta la fecha, los asuntos que desarrollan no difieren mucho de los desarrollados por la lírica tradicional, pero hay algo poderoso que las sitúa en el centro de referencia de la producción poética nacional.</p><p>Desde el punto de vista de la comunicación es desde donde podemos abordar el análisis de estos poetas, enfocarlo en el prisma histórico de la poesía para acercarnos a la masa madre que hace posible el nuevo fenómeno editorial. Y es desde este punto de vista desde el que podemos situar un análisis de la poesía con perspectiva. En el proceso de comunicación, como es sabido, existen tres elementos que dan forma a la estructura comunicativa vigente: emisor, receptor y mensaje (simplificando mucho los conceptos). Es desde esta estructura desde donde intentaré evidenciar los diferentes caminos de la lírica, apoyando los elementos con movimientos históricos que han llevado a los poetas por la camino de la creación, subrayando los compartimentos que, a partir de ahora, empezaremos a definir.</p><p>La poesía del emisor, como uno de los primeros resortes que vamos a analizar, tiene, como se puede suponer, una característica que la define: la poesía del <em>yo</em>. Es desde esta poesía del <em>yo</em> desde donde podemos entender que buena parte de los y las poetas referencia han imprimido a sus textos el elemento nacido desde la propia conciencia del mundo, tamizado solo por el filtro del propio conocimiento, ensamblado (si se me permite el término) con los materiales nacidos y crecidos desde una experiencia vital comunicable que mantiene viva la llama de la acción poética desde la interiorización de los acontecimientos que se producen alrededor de la sensibilidad poética. La poesía que nace desde esta perspectiva es, sin duda, introspectiva, comunicable en cuanto forma parte del propio desarrollo, y por ende, del desarrollo de los elementos de la sociedad a la que va dirigido. Es el exponente de la poesía, por ejemplo, nacida en el Renacimiento literario, desde la idea mística, <strong>Garcilaso</strong>, con evolución en los poetas introspectivos hasta la llegada, ya en nuestra referencia temporal, de los culturalistas o venecianistas, por situar el movimiento entre los definitorios para el desarrollo de la poesía subsiguiente.</p><p>El caudal comunicativo de esta poesía del emisor es claramente activo, en cuanto que requiere del desarrollo sentimental e intelectual del poeta para interrelacionar lo vivido con el mensaje que surge de esas manifestaciones psicológicas, del despertar a la propia conciencia sentimental. Alguien puede pensar que este asunto está presente en toda la dimensión de la poesía desde los primeros griegos arcaicos, que la acción que surge del <em>yo</em> ha sido elemento común a la voz poética en su conjunto. Pero si nos paramos a analizar podremos ver cómo el argumento nos aporta el espacio en el que, con claridad, hemos situado a esta poesía del <em>yo</em>. El emisor desconoce, por decirlo de algún modo, cuál es la estrategia del mensaje, qué líneas, a no ser las propias del lenguaje, tiene que defender para encauzar sus sentimientos. Tampoco importa demasiado el otro ámbito antes definido, el receptor queda relegado, incluso olvidado, en pos de la relación del yo que piensa con el yo que escribe lo pensado.</p><p>La segunda entidad mayor de la que hablaremos es la descrita desde el ámbito del receptor. La intención comunicativa, según aprendimos, viene condicionada por la existencia de un elemento receptor que reciba el mensaje, que lo identifique y comprenda. Esta comprensión evidencia que el acto comunicativo ha tenido lugar. Pues bien, con el mecanismo descrito podemos empezar a entender que la poesía del receptor puede quedar definida como una flecha que va a para a esta capacidad receptiva que suponemos en nuestros interlocutores, al mismo centro de la conciencia del otro y, si se quiere, de la conciencia colectiva de la masa. Es en este momento donde el mayor acto de comunicación está teniendo lugar, se está llevando a cabo.</p><p>En la poesía de receptor, como se supondrá, el elemento clave de análisis va a ser aquél que surge de un emisor interesado en que su mensaje llegue de la manera más clara a un receptor referencia. Pero no sólo el mensaje en sí, sino un cúmulo de interpretaciones que activen la conciencia del otro para dar valor definitivo, tanto al emisor en su búsqueda de acción, como al mensaje mismo. Alejado del <em>yo</em> al que aludíamos en la primera parte de la tesis, el <em>otro</em> viene a poner su presencia definitiva en el acto de comunicación. La amplificación del mensaje, ya lo dijimos, es la herramienta necesaria para el poeta, la dimensión mayor de su experiencia, la redimensión de un mensaje que nace del yo para hacerse social, para hacerse de otros.</p><p>A nadie le puede extrañar, por tanto, que la poesía social tiene mucho que ver con esta segunda estructura comunicativa. Una poesía social que anuncian ya los griegos y romanos, que llegaría al Barroco en una suerte de poesía sacra y moral, y que descansa en nuestros días en lo que se ha venido en llamar la poesía de la experiencia, que dicta como elemento fundamental la “cotidianización de la poesía”. Es el término <em>experiencia</em> el que nos puede dar las claves de lo dicho hasta ahora. La experiencia responde a un fenómeno de acción personal, sin duda, pero descansa definitivamente en una entidad mucho mayor, en el compromiso de la experiencia por ser comunicada, dicha, compartida con los otros individuos a los que, para que sea, debe hacer suyos en una identificación necesaria desde el punto de vista general.</p><p>Llegados a este punto, cada lector puede intentar definir los movimientos históricos en poesía desde estos dos aspectos descrito hasta ahora. No le será difícil comprender que la estructura comunicativa referida, la más simple posible, tiene suficiente entidad como para identificar de manera clara los aspectos que han promovido los poetas que han desarrollado su labor hasta nuestros días, iniciando así una línea quizá nueva de análisis filológico que descansa en elemento tan necesarios como los descritos hasta ahora.</p><p>Pero en tercer lugar llegamos a uno de los ámbitos que, presumiblemente, carecería de acción suficiente como para ser tratado desde una psicología de análisis literario que hiciera cerrar el desarrollo de nuestro estudio<strong>: </strong>el mensaje. Definidos los dos elemento anteriores, dibujada la línea de acción poética que les da entidad en este artículo, el mensaje parte del espacio de lo etéreo para sedimentarse en el proceso comunicativo, para hacerse necesario a la hora de entender este ajuste de la nueva poesía española. Y no es que este tenga un carácter etéreo, sino que apoya toda su entidad del yo y del otro en el valor exclusivo del mensaje.</p><p>Como se podrá entender por lo dicho, el mensaje sin el concurso de un emisor que lo emita y un receptor que lo haga suyo tiene, evidentemente, un nulo valor por sí mismo. Y es aquí donde podemos situar las características propias de la nueva poesía española: en el uso del mensaje como elemento comunicativo <em>per se</em>, en el mensaje ahormado por un valor aislado del proceso de comunicación, y adaptado a la poesía como método de supuesta salvación del género.</p><p>Por decirlo de una manera clara, estamos ante un fenómeno no descrito antes en la creación literaria, un fenómeno que tiene mucho que ver, como no podía ser de otro modo, con las características de las nuevas sociedades, con las estructuras de globalización y de distribución de juicios y valores sociales, con las herramientas de análisis de los fenómenos de creación de una nueva cultura y sus nuevas demandas.</p><p>Si le damos la dimensión que tiene el mensaje en nuestra época, veremos cómo su fuerza está por encima de la necesidad del receptor, en una línea que viene definida por estrategias encaminadas a hacer que las demandas (a todos los niveles) del otro, sean creadas, condicionadas en términos de la psicología conductista. El arte de hacer desear, de necesitar de manera inmediata, está descrito como una de las características de mensaje publicitario, iniciando un enfoque de atracción del receptor hacia la idea que queremos vender. “El medio es el mensaje”, que diría McLuhan.</p><p>Es curioso cómo, a parte de lo descrito, se ha llegado a producir un fenómeno muy interesante en este manejo de las conciencias. El receptor ha llegado a un grado de implicación tan alto, que ya dicta por sí solo lo que el mensaje debe llegar a decirle. Esta curiosa evolución en los procesos de venta ha conseguido que el nivel de asimilación del mensaje publicitario llegue hasta el punto, magnífico para la publicidad, de que sea demandado fácilmente por el receptor, por la masa de la sociedad de consumo., en el mismo momento en el que el propio mensaje se está creando. El maridaje es, por tanto, perfecto.</p><p>La nueva poesía española se apoya también en estos resortes.</p><p>En primer lugar, un resorte descrito desde el propio mensaje, como aislado del filtro del emisor, más preocupado por decir aquello que el receptor quiere oír, aislado de la necesidad de comunicar sentimientos que no sean los demandados por el otro, en una suerte de acción comunicativa carente de la aparición, del concurso del yo como entidad necesaria. Lo que se dice es, sustancialmente, el elemento que se identifica con un mensaje preparado para activar la demanda y, a su vez, para reflejar las necesidades del otro. Un mensaje que dicta los niveles de emoción necesarios para que la emoción se dé en su justa medida, ni más ni menos que la que se puede admitir en una estructura social que mueve sus pasos hacia el bienestar o la calidad de vida (por hablar en términos de acción política).</p><p>Pero también una poesía trazada desde mecanismos que previamente ha pulsado el lector, mecanismos que no van más allá de lo estipulado por quien se va a acercar a la lectura del poema, aquellos que sean comprensibles y que, fundamentalmente, me identifiquen.</p><p>Imaginamos entonces dónde queda la búsqueda de valores descritos en los procesos de evolución de la literatura, dónde la necesidad de trabajar un poema para, o bien dimensionar nuestra relación con el mundo para acercarlo a la sensibilidad del poeta, o bien abordar la poesía como un movimiento necesario para el avance de las sociedades, para la necesidad de activar conciencias contra cualquiera forma de represión. Lejos, muy lejos.</p><p>Otra de las características que podemos tratar es que buena parte de esta nueva poesía se apoya en la música para completar la base de su acción comunicativa. El mensaje queda pues completado con otro lenguaje que implica una mayor agilidad a la hora de la trasmisión del mismo. Los poetas activan el oído para trabajar un sentido que era ajeno a la propia lectura, que, si echamos la vista atrás, formaba parte de juglares en la Edad Media con el propósito de hacer llegar los asuntos de la sociedad, bien de relaciones amorosas, bien morales o de salud pública, a aquellos que no supieran leer, dotando a la narración de los hechos de una nueva dimensión comunicativa. Si nos agarramos a este último análisis tendremos caudal suficiente para nadar en tan proceloso río, pero, por fuerza de espacio, dejaremos el asunto para otro estudio.</p><p>Y, cómo no, el concurso de las redes sociales como soporte necesario para la acción comunicativa. Las nuevas formas de comunicación a través de estas redes vienen definidas claramente por la necesidad de activar a los llamados “seguidores”, un número infinito de opiniones, no contrastadas en su mayoría, que generan, en sí mismas, sin importar mucho nada más, actitudes sociales ya descritas más arriba. Son mecanismos que provocan reacciones inmediatas, en su mayor parte intuitivas, que dinamizan de manera absoluta los nuevos hábitos de las sociedades cibernéticas. El índice de ventas que se ha llegado a alcanzar de cada uno de los libros de estas nuevas generaciones puede tener su comparativa en la cantidad de entradas de la página web de un <em>youtuber</em> o en los <em>like</em> con los que cuenta una página determinada en las redes. Estamos, entonces, ante una nueva manera de abordar la literatura, no ya solo la poesía, sino cualquier género.</p><p>No trato, con todo, de mantener un tono de crítica excesivamente dañina contra buena parte de la nueva poesía española, aquella de las listas top de ventas, y menos, dotar a este artículo de inquina innecesaria frente a esa manifestación creativa que, según algunos, podría despertar a un mañana fabuloso para la poesía en lengua castellana, tampoco crear territorios hostiles donde se forme una nueva clase social contra cualquier manifestación que haga descansar su discurso en este último supuesto. Tan solo trato de evidenciar un proceso que ha llegado para mover el suelo que veníamos pisando, que ha acaparado buena parte de la producción poética y que se ha llevado, de un plumazo, a la nueva hornada de jóvenes lectores que han llegado a la poesía como una tabla de salvación necesaria. ¿Cuánto tiempo le puede quedar a la tabla para seguir flotando en tan proceloso mar?¿Cuántos de los poetas sobrevivirán al tiempo? ¿Quedará alguno dentro de esas listas canónicas que saltan cada cincuenta años para aportar luz sobre la poesía? No lo sé.</p><p>Lo que puedo decir es que el ritmo de las sociedades, las respuestas que se están fomentando en la cultura social globalizada, el entramado de condicionamientos desde los que parten los comportamientos de hombres y mujeres, hace evidente que los procesos de comunicación nazcan de emisores diseñados para emitir juicios en los que apoyar conductas, mensajes lanzados para convencer más que para vencer, y receptores que consumen dichos mensajes como el nuevo alimento para, en primer lugar, sentirse ajenos ante problemas de calado que no sean los muy cercanos, y, en segundo, digerir pautas de comportamiento que no den más pasos que los que se describan por prescripción de Estado. Poco más o menos. La poesía era una de las salidas posibles para el que intentaba salvarse. Ahora, ¿puede ser un juego más para el penado?</p><p><em>*Javier Lorenzo es poeta y crítico literario. Su último libro, </em><strong>Javier Lorenzo</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/home/67-25-manual-para-resistentes.html" target="_blank">Manual para resistentes</a><em> (Valparaíso, 2014).  </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La función del mensaje en la última poesía española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Industria cultural,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 43]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La edad de las palabras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/edad-palabras_1_1134009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a75237a-81c3-44a9-998c-ec1143348670_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La edad de las palabras"></p><p>"Meter a un poeta en la Academia es como meter un árbol en el Ministerio de Agricultura", dejó escrito <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> en uno de sus más célebres y mordaces aforismos. No en vano, el poeta de Moguer fue el único Premio Nobel de Literatura que declinara la invitación de ingreso en la Real Academia Española. Sin embargo, y desde su fundación a comienzos del siglo XVIII, han sido legión los escritores que, en su condición de cultivadores del lenguaje, han entrado a formar parte de esta institución dedicada, según leemos en sus estatutos, a velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico.</p><p>Pero la RAE no sólo está integrada por filólogos y escritores. Sus miembros encarnan los perfiles más diversos de la sociedad, y abarcan la práctica totalidad de las áreas del conocimiento. Ingenieros, filósofos, científicos, juristas, médicos, historiadores, periodistas y una larga lista de <em>expertos </em>en su ámbito de estudio se dan cita cada jueves en la sede que la Academia tiene desde 1894 en la calle Felipe IV del madrileño barrio de Los Jerónimos. Allí, el pleno formado por los académicos asistentes presenta enmiendas y adiciones al Diccionario. Acto seguido, se examinan las propuestas formuladas por las diversas comisiones de trabajo a las que los académicos han sido asignados. De manera complementaria, además, la Real Academia Española mantiene estrechas filiaciones con las academias nacionales de los restantes veintiún países hispanohablantes, bajo el marco de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Este órgano de colaboración y trabajo conjunto, galardonado en el año 2000 con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, promueve una política lingüística panhispánica desde la consideración de que los ciudadanos de habla española comparten una patria común, su lengua, y un mismo patrimonio, su literatura.</p><p>Los miembros de la Academia son elegidos de por vida por el resto de los académicos y se les conoce como "Inmortales" (quizá por influencia de la Academia francesa, donde los académicos son designados con el mismo apelativo). Cada académico tiene un sillón asignado a su persona y distinguido con una letra del alfabeto, que puede ser mayúscula o minúscula. Aquí hablan tres de ellos:</p><p><strong>Luis Mateo Díez (I). La invención del pasado</strong></p><p>Elegido académico en el año 2000, <strong>Luis Mateo Díez</strong> (Villablino, León, 1942) leyó su discurso de ingreso en mayo de 2001. Premio Nacional de Literatura y de la Crítica por <em>La fuente de la edad</em> (1986) y Premio Nacional de Narrativa por <em>La ruina del cielo</em> (2000), es uno de los narradores contemporáneos más destacados del panorama literario español. A lo largo de su ya extensa obra, el autor leonés ha vuelto incansablemente la vista hacia sus raíces en un intento de reconstruir su propia memoria por medio de la ficción. "La creación de universos imaginarios", señala a este respecto, "supone una aportación fundamental a la lengua a través de lo que llamaríamos la 'palabra narrativa". "Escribo para contar", afirma. "Uso las palabras para contar la vida, para construir con ellas esa otra realidad de lo imaginario." En cuanto a sus <em>tareas </em>como académico, Luis Mateo Díez dice asumir las funciones de un novelista, de un creador: "Participo en las comisiones donde fundamentalmente se repasa el Diccionario, y se estudian las definiciones y acepciones de las palabras. También", añade, "las nuevas incorporaciones. El creador, no lo podemos olvidar, es una suerte de francotirador de la lengua y, como tal, suele tener un peculiar instinto verbal y sintáctico. Tal vez en manos de los creadores está el posible límite de expresividad y libertad de una lengua, y su enriquecimiento". Entre sus palabras predilectas, figuran "melancolía", "imaginación" y "oralidad".</p><p>Inés Fernández-Ordóñez (P). Mujeres académicas</p><p>En 1784, <strong>María Isidra de Guzmán y de la Cerda</strong>, primera mujer doctora por la Universidad de Alcalá, fue admitida en la institución como académica honoraria, pero, aunque pronunció su discurso de agradecimiento, no volvió a comparecer más. Fue probablemente la primera mujer académica del mundo, y no volvió a haber otra hasta la elección como académica de número de <strong>Carmen Conde</strong> en 1978. Más tarde entrarían a formar parte de la institución las escritoras <strong>Elena Quiroga</strong> (1983), <strong>Ana María Matute</strong> (1998), <strong>Soledad Puértolas </strong>(2010) y <strong>Carme Riera</strong> (2013), la historiadora <strong>Carmen Iglesias</strong> (2002), la científica <strong>Margarita Salas </strong>(2003) o la hispanista <strong>Aurora Egido</strong> (2014).</p><p>La filóloga y catedrática de Lengua Española <strong>Inés Fernández-Ordóñez</strong> (Madrid, 1961), quien fue elegida académica en diciembre de 2008 y que ocupa el asiento P mayúscula (que el fallecimiento del poeta asturiano <strong>Ángel González </strong>había dejado vacante), opina que la Academia debe reflejar proporcionalmente la realidad de la sociedad española. "El porcentaje de académicas no responde a la realidad", afirma, "pero también creo que se trata de un problema de relevo generacional. No hay muchas mujeres menores de sesenta años que hayan llegado a ser catedráticas, o que hayan destacado como investigadoras o profesoras universitarias y, si se tiene en cuenta que el ingreso en la Academia tiene lugar habitualmente tras haber culminado una carrera en el ámbito académico o cultural, la nómina entre la que elegir se reduce sensiblemente".</p><p>Fernández-Ordóñez dirige el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER), que consta de novecientas horas de grabaciones de la lengua hablada obtenidas en más de setecientos enclaves rurales de la Península Ibérica, de las que existe una nutrida muestra en la Red (www.uam.es/coser). Su candidatura había sido propuesta y avalada por <strong>José Antonio Pascual</strong>, <strong>Margarita Salas </strong>y<strong> Álvaro Pombo</strong>, en base al grado de excelencia de sus estudios sobre Dialectología actual e histórica del idioma español, así como por sus publicaciones sobre el leísmo, laísmo y loísmo, una de las áreas por las que es más conocida. Al igual que <strong>José María Merino</strong> (ambos fueron elegidos en 2008), tuvo que demorar la toma de posesión de su asiento por razones de trabajo. "El plazo máximo que ofrece la Academia para no perder el derecho de ingreso es de dos años", explica la académica. "Pasado ese plazo, la Academia puede disponer libremente de la plaza". Su discurso de ingreso "combinó la Historia de la Lengua con la Dialectología». Respecto a sus funciones dentro de la Academia, declara: "Intento aportar mi conocimiento de la Historia de la Lengua a través de los testimonios escritos de que disponemos, y siempre en coherencia con mis líneas de investigación". Por último, Fernández-Ordóñez no cree que la lengua avance ni retroceda: "Simplemente, evoluciona". Así, "la labor del filólogo dentro de la Academia debe orientarse a la elaboración de recursos lingüísticos de uso general, como es el caso del Diccionario en red".</p><p>Francisco Brines (X). El largo aprendizaje</p><p><strong>Francisco Brines </strong>(Oliva, Valencia, 1932) es uno de los miembros más representativos de la así llamada Generación poética del 50. Fue nombrado miembro de la Academia en 2001, si bien no tomó posesión de su asiento hasta mayo de 2006. Interpelado acerca de la afirmación de Juan Ramón Jiménez que da comienzo a este reportaje, Brines se muestra escéptico: "El poeta no siempre va por libre", asegura. "Históricamente, ha habido muchos académicos que se desempeñaron como profesores en universidades e institutos, y que por tanto tenían un gran conocimiento teórico sobre su oficio. Basta recordar algunos miembros destacados del 27 o el 98, como <strong>Aleixandre </strong>o <strong>Unamuno"</strong>.</p><p>Brines, que, no en vano, fuera profesor de español en Oxford, cuenta en su haber con los más importantes reconocimientos a su obra y a su trayectoria, como el Premio Adonais, el Fastenrath (que otorga la propia Academia) o el Nacional de Literatura. En sus poemas, de tono intimista y depurada factura, ha ido desgranando su particular imaginario simbólico en torno a temas de resonancia universal, como el amor o el paso del tiempo. Su aportación a la Academia es "modesta", asegura el bardo valenciano con una modestia no menos admirable. "Yo no soy un docente, pero sí creo que la poesía aventura la gramática y la lengua mucho más que cualquier otro género", declara. Afirma Brines que la precisión del lenguaje poético "hace que se rompa la normatividad de la lengua, y da nuevas posibilidades a la palabra. El poeta tiene que defender la ambigüedad", asegura, "jugando con ella para precisar aquello que quiere decir con todos sus matices. Es una experiencia de la palabra y de las normas gramaticales que está al borde de la ruptura o la trasgresión, pero que tiene una razón de ser. Por eso en la Academia siempre ha habido poetas".</p><p>Francisco Brines pertenece a la comisión encomendada al Diccionario Normal, "en cuyas reuniones", desvela, "se ven nuevas acepciones o definiciones, o sencillamente cambios o aportaciones del significado de una palabra, y cada uno expone lo que cree pertinente. La Academia es un lugar de extremada cortesía y de aprendizaje continuo", remarca. "Si tengo que decir algo, lo digo; y si no", concluye, "me limito a escuchar".</p><p><em>*Javier Vela es poeta y director de la Fundación Carlos Edmundo de Ory. Su último libro es </em><strong>Javier Vela</strong><a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=2171" target="_blank">Hotel Origen</a><em> (Pre-Textos, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Vela]]></author>
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