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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 46]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-46/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 46]]></description>
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      <title><![CDATA[Las prisas del instante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/prisas-instante_1_1203076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3a292caa-92bd-4031-9037-ddcf8dcbdae5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las prisas del instante"></p><p>    </p><p>  </p><p><strong>Las prisas de instante</strong></p><p>Tenía razón el tiempo en llevar su afán</p><p>en instalarse donde le pareciera</p><p>y en tener sus rituales y hostilidades.</p><p>Ahora entiendo sus tardanzas y balbuceos</p><p>y su prontitud para los aciertos,</p><p>de esta terquedad de fijar unas cuantas palabras en un extremo de la infancia</p><p>y otras tantas en un rincón de esta calle ronca</p><p>que se parece tanto a la vida, llena de sorpresas y de silencios.</p><p>Por eso perdóname por tantas deshoras.</p><p>por convocarte en noches de rencores y presagios</p><p>por amontonar en la misma gaveta ruinas y asuntos cotidianos</p><p>entre el cansancio de los días y la terca música de los silencios.</p><p>Tenía razón el tiempo en llevar su ritmo</p><p>y la vida en tener sus afanes</p><p>para quedarse acá</p><p>con todas las prisas del instante.</p><p>Por eso perdóname por estas premuras</p><p>por no saber la gramática y las palabras de una lengua olvidada</p><p>por haber perdido libretas, las llaves</p><p>y la vieja canción de exactos compases y cenizas</p><p>como si en el afán del tiempo</p><p>cada día, sin importar la hora,</p><p>se extraviaran los sueños.</p><p><em>*Federico Díaz-Granados es autor del libro 'Prisas del instante' (Visor, Madrid, 2015).</em><strong>Federico Díaz-Granados</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/las-prisas-del-instante.html" target="_blank">Prisas del instante' </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Federico Díaz-Granados]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Literatura latinoamericana,Poesía,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Transpoética', de Leo Zelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/transpoetica-leo-zelada_1_1134740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7ad4788a-19c2-4b89-9883-3a983629ad67_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="'Transpoética', de Leo Zelada"></p><p><strong>TranspoéticaLeo ZeladaVaso RotoEspaña2016</strong><em>Transpoética</em></p><p>En este poemario, <strong>Leo Zelada</strong> confronta en su lírica rebelde y atrevida, sin tapujos, la ontología de su ser poético, sujeto de una búsqueda existencial perenne, como la que le hizo concluir a <strong>Carl Jung</strong> que cada ser humano es una pregunta dirigida al mundo y que él debía aportar su propia respuesta. Y he aquí el dinamismo pasional y la belleza estética de la respuesta de ese gran talento literario que es el peruano-madrileño <strong>Braulio Rubén Tupaj Amaru Grajeda Fuentes </strong>(Lima, Perú, 1970), mejor conocido por su seudónimo Leo Zelada.</p><p>Dialoga a través de cuatro apartados con el misterio que posee, desde el <em>Bing Bang</em> de las constelaciones, las aureolas, los universos de un espacio de cielo, con el silencio a gritos de un libro de <strong>Pessoa</strong> y sus heterónimos, el escarabajo de <strong>Kafka</strong>, las <em>Ruinas circulares</em> de <strong>Borges</strong>. <em>Transpoética</em> supera la metapoética por ese trascendentalismo absurdo que, con referentes clásicos como <strong>Afrodita</strong>, el <strong>Prometeo Desencadenado</strong>, <strong>Ataraxia</strong>, <strong>Ítaca</strong>, existe en el domicilio íntimo, hogareño, del sentimiento y el lenguaje de la post-globalización, post-historicidad, trans-modernismo.</p><p>Configura una sincera y destructurada poesía de la conciencia que se trata de explicar, sin ningún tipo de inhibición, a sí misma, como lo explaya en el poema “Breve explicación de la poética a un hombre cualquiera”: “Un poeta es un mendigo de metáforas”, “Un poeta se devasta cuando ama, pero no puede evitarlo, es como el murciélago que ansía tocar la luz, a pesar de hacerlo quedar ciego”, “Un poeta, querido amigo, puede ser un hombre cualquiera,/ pero no cualquier hombre puede ser un poeta”. Además de la complicidad del amigo, del lector , y de reconocidos escritores como <strong>Bolaño</strong> y otros que expresaron esta búsqueda, estas preocupaciones, ese autoanálisis y crítica auténtica.</p><p>Y, antes de comentar la cuarta parte, cabe señalar que este poemario surge como un ejemplo de esa libertad existencialista que caracteriza a la poesía y su bohemia, ejercida hasta la enésima potencia en estas décadas del siglo XXI, por cuanto aquí se hacen presentes no solo el verso libre de los poetas <strong>Kahn</strong> y <strong>Laforgue</strong>, revelándose contra las restricciones de la métrica y la rima y toda otra forma fija establecida por el canon o la preceptiva poética, el decorado del neobarroco, sino también con todo tipo de estructura desde la prosa poética, el minimalismo, el micro-poema, el poema largo, y todos, con su forma rítmica peculiar, profundidad de fondo, con la fuerza de un mensaje expresivo original, transgresor, más allá de las morales, moralejas e hipocresías, y que llega al fondo de quien lo recrea con su lectura, su reacción, su propio amor y muerte, que de ningún modo puede permanecer indiferente.</p><p>A pesar de que esté acompañado por <strong>Pessoa</strong>, <strong>Borges</strong>, Bolaño,<strong> Lorca</strong>, <strong>Vallejo</strong>, <strong>Lope de Vega</strong>, <strong>Alonso Quijano</strong>, <strong>Beaudelaire</strong>, <strong>Quevedo</strong> o <strong>Cervantes</strong>, a quienes cita en sus versos, Leo Zelada los actualiza atrevidamente con un descaro sin compromisos, con la belleza de la independencia renovadora al “tocar con mis manos la belleza oculta de la página en blanco”, siendo la poesía su única patria. Se define como el “poeta que besa la noche”, a quien el silencio le pertenece, “Porque cuando Ustedes se acojonan de miedo ante el relámpago, yo encuentro en el trueno, el esplendor de la poesía”. Afirma con una llaneza impresionante “La poesía es mi puta forma de ver el mundo”. Luego de esos poemas largos de la última sección titulados “Dark Poetry”,  “Underground Poet”, concluye su poemario con “Transpoética” , “resaca maldita” que nos apunta a la connotación de un tipo de poesía y poetas, pero que –en definitiva- como toda poesía nos lleva “Hasta sentir el frenesí azul. / Hasta alcanzar las estrellas en peldaños de plata. / Hasta convertir el insomnio en una autopista de palabras durante la noche. / Hasta contemplar otra vez el mundo con sorpresa. / Hasta ser la poesía misma, polvo interestelar, / hijo de la madre tierra, poesía hecha carne.”</p><p>Compartimos obras en la prestigiosa editorial que ha publicado este poemario más reciente de Leo Zelada, la Editorial Vaso Roto, con presencia universal, en España y México, y que honra con sus colecciones a los distinguidos autores que las integran.</p><p><em>*Luis Alberto Ambroggio es poeta.</em><strong>Luis Alberto Ambroggio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Alberto Ambroggio]]></author>
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      <title><![CDATA['La espía', de Paulo Coelho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espia-paulo-coelho_1_1134736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7e9bc0ce-f9c0-4b14-a9f9-7e31d2723ccc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La espía', de Paulo Coelho"></p><p><strong>La espíaPaulo CoelhoTraducción de Ana Belén CostasPlanetaBarcelona2016</strong><em>La espía</em></p><p>La novela que nos ocupa bien podría considerarse un ejemplo de aquello que la crítica literaria <strong>Linda Hutcheon</strong> dio en llamar “metaficción historiográfica” para referirse a ciertas obras del repertorio posmoderno, de no ser por la intención de este libro que no es irónica o paródica, sino vindicatoria. <strong>Coelho </strong>admite, eso sí, que se ha tomado libertades con algunas situaciones y diálogos, dada la carencia de evidencia documental, pero en esencia se ciñe a lo que se puede saber, hasta ahora, por fuentes históricas más o menos fiables (no faltan los testimonios sesgados o comprometidos por intereses políticos o personales) del destino de la mujer que ha pasado a la historia con el nombre de <strong>Mata Hari</strong>, la holandesa acusada de espía por el gobierno francés durante la Gran Guerra y fusilada en consecuencia. Coelho construye con este material una novela breve y de estilo económico, usando distintos puntos de vista, como el de su abogado defensor durante el juicio que la llevó al pelotón de fusilamiento.</p><p>Cabe, sin embargo, preguntarse por qué el autor decide ocuparse con una historia, de naturaleza  más bien legendaria, que ha sido tratada en múltiples ocasiones, tema de libros y de varias películas, interpretada por actrices tan famosas como <strong>Greta Garbo</strong> o<strong> Jeanne Moreau</strong>. La respuesta quizá se halle en la proclividad de Coelho a escoger mujeres como protagonistas, a quienes la sociedad, de alguna manera, ha mancillado o explotado, y enmarcar sus vidas en el curso de la emancipación femenina, lo cual es, por supuesto, políticamente correcto y loable. El caso de Mata Hari, o <strong>Margaretha Geertruida Zelle</strong> (su verdadero nombre) es, no obstante, algo más ambiguo, según los datos que se conocen, y puede hacer deslizarse la pluma del escritor por terrenos en los que la creatividad puede transformarse en ideología.</p><p>La vida de Margaretha Zelle fue, ciertamente, dramática, de lo que atestigua el interés que siempre despertó en la imaginación popular y en el arte, desde antes de su condena y ejecución. Coelho empieza su novela con la muerte de Mata Hari, sus últimos momentos, y la dignidad con que enfrentó al pelotón. De allí procede a desvelar el pasado de su heroína, desde su matrimonio con un oficial holandés hasta sus últimos intentos de pedir clemencia y confiar al papel sus sentimientos en los días y meses previos a su trágico final.</p><p>Coelho usa también al personaje del abogado defensor para hablar de su caso y de su vida. Margaretha Zelle había nacido en <strong>Leeuwarden</strong>, una ciudad del norte de <strong>Holanda</strong>, en la que incluso ahora no hay mucho que esperar de la vida cotidiana, por lo que a finales del siglo pasado la imagino como una ciudad adormilada, dedicada al comercio y la religión. Muy pronto el infortunio visita la familia y el negocio del padre entra en bancarrota. Poco más tarde sigue el divorcio de sus padres y al poco tiempo muere su madre, por lo que Mata Hari tiene que irse a vivir con parientes y termina en <strong>Leiden</strong>, con uno de ellos. Pierde su virginidad por obra de un director de escuela abusivo, y más tarde estudia para asistente de guardería infantil, pero el director intenta seducirla, por lo que debe interrumpir sus estudios. Su atractivo físico, que muestran las fotos en sepia que poseemos, debió ser a la vez una bendición y una maldición, pues la llevaría a una vida en la que usar sus atributos se convirtió en segunda naturaleza, impelida por la hipocresía de su época.</p><p>Por alguna razón, Margaretha tenía debilidad por los militares, y se casa con un <em>militarote </em>holandés a muy temprana edad, respondiendo a un anuncio de contacto. Se mudan a <strong>Indonesia</strong>, entonces colonia holandesa, y el militar resulta ser una bestia dipsómana, maltratándola y abusando de ella con fantasías perversas. Tras unos años en la colonia, deciden volver a Holanda y separarse. Ya en Indonesia, Margaretha había empezado a estudiar las danzas de aquel país y al volver a Holanda, no sin antes haber sufrido la muerte de un hijo (según la novela de Coelho, envenado por una sirvienta), se va a vivir a <strong>París</strong>, donde se crea una imagen artística y adopta el nombre de Mata Hari, al mismo tiempo que se inventa una historia sobre su pasado, como alguien nacida en Indonesia y dedicada al servicio de <strong>Buda</strong>, de donde nace su conocimiento de danzas orientales.</p><p>Su persona artística resulta ser un éxito, no en poca medida, me atrevo a sugerir, por el contenido erótico de su espectáculo, que consistía en danzar y levantar velo tras velo, hasta mostrar sus virtudes corporales en una medida que en aquellos tiempos no podía sino causar conmoción y atracción mórbida. Su espectáculo se presentaba como arte exótico y conjuró comentarios fervorosos de la crítica. Lo que solo algunos pocos podían saber era que sus danzas no tenían nada que ver con arte oriental alguno y que eran una creación personal, amparada para su recepción positiva en la ignorancia del público europeo.</p><p>En todos aquellos años de éxito, tuvo varios amantes, algunos de ellos gente importante que le regalaban cosas, le procuraban contactos, le daban hospedaje. Coelho percibe todas estas aventuras como la natural expansión vital de una mujer en conquista de su libertad, lo cual es comprensible. Pero omite señalar que también eran actos de cierta imprudencia, por la vulnerabilidad que procuraban, como se hace al final evidente. Tras una vida de tragedia, abusos y maltratos, es fácil comprender que sus actos despierten antes compasión que condena. Pero la misma novela sugiere que no estaban exentos de falta de juicio. Para entonces, Margaretha Zelle se había convertido en una persona habituada a manipular a las personas con su atracción física y su fama, y en cierto momento, cuando va a presentar su espectáculo a<strong> Alemania</strong>, en plena guerra, le ofrecen colaborar con los servicios de espionaje de aquel país, pues ella puede viajar sin mayores restricciones, dada su nacionalidad holandesa. Según la novela de Coelho, ella acepta, solo para ir de inmediato al servicio de espionaje francés, para ofrecerse como doble agente. Lo cual, en principio, es aceptado por el gobierno de <strong>Francia</strong>. Pero es aquí que la historia se vuelve vagarosa y es probable que nunca sepamos lo que realmente pasó.</p><p>Según Mata Hari, lo que refrenda el personaje de la novela, el tipo de información que ella hubiera podido pasar, en cualquier dirección, era trivial, cosas que todo el mundo que hubiera leído los periódicos ya sabría, pero al parecer los servicios de inteligencia alemanes, que sospechaban que Mata Hari les engañaba, mandan información que la inculpa, sabiendo que las autoridades francesas la decodificarían sin problemas y la acusarían de espionaje, como en efecto ocurre.</p><p>Según el abogado que nos presenta Coelho, al que el autor da voz, las autoridades francesas querían mostrar mano dura por su propia ineficacia durante la guerra, pues no tenían prueba alguna que realmente la incriminara. Como dije al principio, Coelho recurre a una voz literaria reivindicatoria, que imagina a Mata Hari como una víctima de una sociedad machista y abusiva para con las mujeres. La novela asume así el perfil de una obra de protesta contra una condena injusta y una ejecución criminal. Todo lo cual es comprensible. Pero los hechos históricos de los que podemos tener noticia son menos acerados que la interpretación de Coelho. Nadie sabrá jamás qué tipo de información se intercambió en los lechos que Margaretha Zelle compartía con personas de uno u otro bando, y cuando los hechos tienen lugar, la guerra había adquirido características monstruosas, con millones de muertos en una contienda absurda, que aniquiló toda una generación de jóvenes a los que asistía solo un patriotismo acicalado por poderes que no sabían lo que hacían.</p><p>Involucrarse en actividades de alto riesgo, como el espionaje, no podía ser algo en lo que nadie incurriera sin saber exactamente lo que hacía. Y, según lo que sabemos, Margaretha no era consciente lo que hacía y pagó las consecuencias por ello. Una mujer hermosa, pero tocada desde la adolescencia por la desgracia, con un talento que en otras épocas le hubiera garantizado una vida con algo cercano a la felicidad, se vio enredada en las lacerantes cuerdas de un conflicto que le superaba y que, probablemente, ni siquiera comprendía del todo. Coelho nos acerca a lo que debió ser su dolor y por ello debemos agradecer su novela. Más allá de la meta-ficción historiográfica o cualquier categoría literaria, siempre queda la imaginación empática y la compasión por una mujer que tendría que haber nacido en otro siglo, en un mundo sin guerras ni espías. Como una mujer libre.</p><p><em>*Frans Van de Broek es escritor.</em><strong>Frans Van de Broek </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Por Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La espía', de Paulo Coelho]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Espionaje,Narrativa,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['La industria de la felicidad', de William Davies]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/industria-felicidad-william-davies_1_1134733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a8b6ae20-fcf2-4ce7-94e3-ebcc5ceae35f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La industria de la felicidad', de William Davies"></p><p><strong>La industria de la felicidadWilliam DaviesTraducción de Antonio Padilla EstebanMalpasoBarcelona2016</strong><em>La industria de la felicidad</em></p><p>La felicidad se ha convertido en un objetivo, más que deseable, irrenunciable. <strong>Slavoj Žižek</strong> apuntó que el disfrute y el placer se han convertido en un imperativo superior a la norma. ¿Quién no quiere ser feliz? La respuesta está en la propia pregunta: ¿de qué hablamos cuando hablamos de felicidad? <strong>William Davies</strong>, sociólogo, economista político y profesor en la Universidad de Londres deshuesa en <em>La industria de la felicidad</em> cómo el concepto ha pasado de la consideración en el ámbito íntimo a la obsesión en la vida pública.</p><p>Filósofos, sociólogos, psicólogos, psiquiatras, publicistas y economistas de mediana trayectoria buscan desde el siglo XVIII el lugar dónde reside la felicidad, obstinados en saber cómo se mide y en alcanzar su comprensión, motivación, generación y decadencia. En muchos de los casos con el fin de poder crear felicidad personalizada, empaquetarla y venderla.</p><p>Davies se remonta al filósofo utilitarista <strong>Jeremy Bentham</strong>, famoso por la creación del panóptico, como el pionero de la búsqueda de la felicidad y adalid de la medida del dolor y el placer, único método a su juicio para alcanzar la necesaria finalidad social de la utilidad de las decisiones y acciones humanas. El esqueleto de Bentham, vestido y coronado por una cabeza de cera adorna un pasillo del University College of London: inquietante. Para Davies, la obra de Bentham abriría, desde la contemporaneidad de la revolución industrial y el auge de la burguesía, una fina ranura por la que se colaría, gota a gota y durante todo el siglo XIX, una tendencia científica empeñada en hacer carrera con la caza del esquivo contenido de la felicidad. Aparatos medidores, fieles balanzas, la correspondencia entre dinero y felicidad, la psicofísica, incipientes aplicaciones tecnológicas, la implicación de la matemática y la estadística, el desdeño de la filosofía y la metafísica, laboratorios que pasan de los pasillos de una facultad austríaca al complejo y enorme laboratorio de las redes sociales, tests, encuestas, y sobre todo el conductismo, forman parte del camino de la exploración del control de la felicidad hasta el siglo XXI.</p><p>Davies presenta los estudios y conclusiones de diversos científicos a lo largo de los últimos dos siglos que engarzan en un discurso que conduce a un muy actual episodio. Por sus páginas pasan <strong>Gustav T. Fechner</strong>, fundador de la piscofísica, que cuantificó la relación entre estímulo físico y sensación; <strong>William S. Jevons</strong> adelantado de la teoría del <em>homo economicus</em>; <strong>Frederick W. Taylor</strong> promotor de la organización científica del trabajo; <strong>Wilhelm M. Wundt</strong> que llevó la psicología al laboratorio experimental; <strong>G. Elton Mayo</strong> quien relacionó la satisfacción del trabajador con su eficiencia productiva; <strong>Hans B. Selye</strong> investigador del estrés y la ansiedad; <strong>John B. Watson</strong> y la psicología conductista; y <strong>Jacob L. Moreno</strong>, padre de la sociometría, entre otros. Pero todos ellos concluyen y quedan relacionados con dos grandes grupos de <em>outsiders</em> del pensamiento central norteamericano de la postguerra que asaltarán el <em>establishment</em>: la Escuela económica de Chicago y la Escuela psiquiátrica de Saint Louis.</p><p>La admiración demostrada por el grupo de Chicago -el cual con el tiempo y al abrigo de las políticas de <strong>Reagan</strong> y <strong>Thatcher</strong> darían el salto a la primera plana del pensamiento mundial (y con neoliberalismo sin caducidad hasta la fecha)- por la emocionante psicología competitiva más que por la función benefactora del libre mercado fue iluminada por <strong>Ronald Coase</strong> (guiado por <strong>Hayek </strong>y <strong>Robbins</strong>). <strong>Friedman</strong>, <strong>Stigler</strong>, <strong>Becker </strong>y <strong>Director</strong> fundaron las bases de la economía dominante actual y alumbraron la simpatía por el capitalista, la aceptación alegre del poder de las grandes corporaciones, la preferencia por la desregulación y la exigencia de competitividad. ¿Qué hacer con los individuos apartados, los que no mostraban egoísmo suficiente, el espíritu de lucha necesario? ¿Qué hacer con los fatigados luchadores ejecutivos, con los trabajadores extenuados por la tensión, la depresión, y faltos de compromiso emocional indispensable? Era necesaria una nueva ciencia que vendría impulsada desde la Universidad Washington de San Luis y su influencia en la American Psychiatric Association (APA), promotora del diseño del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) que supuso unos importantes cambios en la autoridad psiquiátrica desde 1970, hasta el punto de convertir comportamientos en enfermedades catalogadas. La aparición de la psicofarmacología y los antidepresivos apuntalarían el progreso, la recuperación de los afectados psicosomáticos. Los trabajadores contentos son más productivos. La infelicidad de los empleados supone unas pérdidas de más de medio billón de dólares para la economía estadounidense. La ciencia de la felicidad promete cuantificar y poner coto al conflicto que suponen tristeza y alienación.</p><p>Buscar los síntomas y los desencadenantes de la felicidad, ser capaces de elaborarla en laboratorio es un empeño que mantiene ocupados a gran cantidad de departamentos y equipos de investigación. Más allá de la opinión de los sujetos sobre su percepción de la felicidad siempre ha tenido mejor cartel buscarla en las respuestas observables, en el comportamiento exento de opinión, aséptico, no contaminado, “naturalmente científico”. Localizar los ingredientes que la provocan, el botón automático que identifique la compra de un producto con una felicidad instantánea parece la búsqueda del Santo Grial del Gran Capital. Los esfuerzos de tantos y tantos investigadores y encuestadores, echados a patadas de las casas décadas atrás por sus preguntas inquisitivas sobre la intimidad, que intentaban a través de la observación de los comportamientos obtener las medidas físicas, psíquicas y sociales que generan la sensación de felicidad, se han visto recompensados, de pronto, con un aluvión de datos que parecen prometer, con la ayuda de la neurociencia, que la obtención de las conclusiones precisas están cerca. Nuestro ánimo y sentimientos se muestran jovialmente en las redes sociales, la información que antes había que sonsacar ahora se manifiesta abiertamente y se ha convertido en una función más de nuestro día a día y de nuestro entorno físico, continuamente monitorizado.</p><p>La vida es un gran laboratorio donde se generan <em>big data</em> a mansalva. Esos <em>big data</em>, con una conveniente ingeniería que acometa la ingente minería de datos precisa, puede poner a disposición de los investigadores esos elementos que subyacen en la felicidad de los individuos y conocer el modo de estimularlos, de componer las necesarias circunstancias para que se prodiguen o en el caso más ansiado, provocar y generar felicidad cuando y donde sea preciso, o tanta y de tal manera que el consumidor (o el Poder) quiera. Estados, el Mercado, la Tecnología, nos animan a abandonar el malestar y disfrutar del momento. Un <em>carpe diem</em> conformista y sin protesta.</p><p>Davies es partícipe de que seamos felices a toda costa. Sí, pero abunda en un aspecto: las sociedades más desiguales, marcadas por valores materialistas y competitivos manifiestan una mayor infelicidad. Quizá el análisis no esté tanto en localizar los resortes secretos del cerebro que liberan las sustancias químicas precisas, ni en el cultivo de una felicidad empaquetada y consumista que se vende por las esquinas de los centros comerciales. Puede ser que para conocer la génesis de la felicidad no haya que recurrir a las respuestas sordas de los sujetos de estudio, observados como ratas de laboratorio en Facebook, ignorantes de que son observados, sino a escuchar a la gente, en un proceso antiguo pero infalible, el del coloquio democrático y empático. Quizá la depresión no es un problema personal, sino político. Quizá la felicidad no es un reto individual sino un objetivo comunitario.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor.</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La industria de la felicidad', de William Davies]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Depresión,Ensayo,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Cartas boca arriba': Escritores a la intemperie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cartas-boca-escritores-intemperie_1_1134729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e03edf67-dc4b-4a1d-ace6-2abce2f2eafd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Cartas boca arriba': Escritores a la intemperie"></p><p><strong>Cartas boca arriba. Correspondencia (1954-2000)Antonio Buero Vallejo y Vicente SotoEd. de Domingo Ródenas de MoyaFundación Banco de SantanderMadrid2016</strong><em>Cartas boca arriba. Correspondencia (1954-2000)</em></p><p>Dos jóvenes aspirantes a escritores, ambos perdedores en la Guerra Civil, coinciden a finales de los años cuarenta en la tertulia literaria del madrileño Café de Lisboa y se hacen amigos: <strong>Antonio Buero Vallejo</strong>, quien había pasado siete años en las cárceles franquistas, aunque su padre había sido asesinado en Paracuellos, y <strong>Vicente Soto</strong>, excombatiente republicano y militante de la FUE. Pero, en 1954, la dificultad para sobrevivir con dignidad empuja a uno de ellos a <strong>Londres</strong>, abocándolo a un exilio económico, y por tanto político. A partir de entonces, al no poder mantener el trato personal, inician una correspondencia que durará casi 50 años. De modo que cuanto ellos perdieron por la falta de contacto humano (“No hablamos nunca. Monologamos, no otra cosa es escribir cartas”, comenta Soto, p. 298), nos llega ahora a nosotros como el testimonio impagable de una amistad, pero también como un valioso retrato de lo que supuso la dictadura para aquellos escritores que no formaron parte del bando vencedor.</p><p>De Buero Vallejo (1916-2000) sabíamos bastantes cosas, pues ha sido uno de los mejores autores dramáticos españoles de la segunda mitad del siglo XX, desde el estreno de <em>Historia de una escalera</em> en 1949, obra con la que obtuvo el premio <strong>Lope de Vega</strong>, mucho antes de que su trayectoria literaria fuera reconocida con el <a href="http://www.cervantesvirtual.com/portales/antonio_buero_vallejo/" target="_blank">Cervantes en 1986</a>. En cambio, de Vicente Soto (1919-2011) sabe mucho menos el lector, aunque los más memoriosos recordarán que ganó el Premio Nadal en 1967 por su novela <em>La zancada</em>. Y, sin embargo, creo que destacó sobre todo como autor de cuentos (a pesar de que el lector español, se lo recuerda Buero en 1967, fuera entonces poco partidario del género), pues como tal no solo obtuvo los premios <strong>Gabriel Miró </strong>(1968), Novelas y cuentos (1973) y Hucha de Oro (1975), sino que también publicó libros notables: <em>Cuentos humildes, vidas humildes</em> (1948), <em>Casicuentos de Londres</em> (1973) y <em>Cuentos del tiempo de nunca acabar</em> (1977); además de figurar en las mejores antologías del género, tales como las de <strong>Francisco García Pavón</strong> (a quien ambos se refieren a menudo con desdén) o la posterior de<strong> José María Merino</strong>. Lo sorprendente es que Vicente Soto se muestre despreciativo con los concursos, quizá por los que no consiguió ganar, entre ellos el Heliodoro, que ya olía a podrido desde su misma convocatoria, aunque se pasó la vida presentándose a premios de cuentos, novela y teatro.</p><p>Estamos, por tanto, ante dos trayectorias vitales y literarias muy distintas. En el caso del narrador, le perjudica "no estar en el juego", en "la infernal rueda literaria española", en palabras de García Pavón, refrendadas por el mismo Buero (pp. 220, 257 y 315). El caso es que una correspondencia tan dilatada como ésta termina por convertirse en un doble autorretrato que va perfilándose conforme transcurre el tiempo. No obstante, esta obra va mucho más allá de las meras impresiones individuales, e incluso familiares, pues nos muestra las aspiraciones de unos escritores que, si bien consiguieron destacar en el ámbito nacional, como fue sobre todo el caso de Buero, en cambio, no cosechó un reconocimiento continuado en la esfera dramática internacional (a pesar de estrenar en el Teatro de Arte de <strong>Moscú </strong>y montar sus obras <strong>Svoboda</strong> o <strong>Wajda</strong>). El mismo Buero, además, tropezó con la censura y se vio envuelto en una agria polémica con <strong>Alfonso Sastre</strong>, a quien llega a tachar de “ínclito farsante” (p. 29). O en el caso más modesto de Vicente Soto, éste nos deja constancia de las dificultades que tuvo a veces para publicar su obra.</p><p>En estas cartas aparecen dos seres humanos con todas sus esperanzas y contradicciones. El dramaturgo la va dando cuenta detallada de la publicación, estrenos, número de representaciones, recaudaciones y éxitos de sus obras, creo que sin el suficiente tacto, y siempre insaciable en sus pretensiones; practica yoga y se muestra interesado por los platillos volantes; le aconseja a Vicente Soto en diversas ocasiones que no regrese a España, pues solo triunfan los españoles que emigran (p. 103); se dice amigo y admirador del teatro de <strong>Arrabal</strong>, no de sus teorías estéticas y dramáticas, con el que después romperá, y del gran <strong>Peter Brook</strong>, mientras que tacha de “escritorzuelo” a <strong>Miguel Ángel Asturias</strong> (p. 150). Pero también sufre manía persecutoria, acentuada con la edad, hasta el punto de dividir el mundo teatral en<em> bueristas</em> y<em> antibueristas</em>; se resiste a viajar al extranjero, declarándose sedentario; o bien se lamenta, a comienzos de los setenta, de falta de capacidad creativa, a la que le siguen insomnios, depresiones y carencia de ganas de vivir, e incluso debe soportar amenazas de muerte durante la Transición.</p><p>Por su parte, Vicente Soto, quien se define como “un cruce estridente de pequeño burgués y bohemio inhibido” (p. 221), alaba la civilización inglesa, pero está harto del país, y confiesa -casi 10 años después de su llegada a Londres- que sigue con la cabeza en <strong>España</strong>, hasta el punto de que en 1965 admite que se muere de ganas por volver (p. 90); goza de un buen sueldo, el cual le permite incluso comprarse una casa en <strong>Inglaterra</strong>, aunque reconoce que vive aislado, y no tiene ni un amigo verdadero. Asimismo, se pasa la vida quejándose del exceso de trabajo, sin disponer de tiempo para escribir; desprecia a Arturo Barea (“sujeto extraño, escritor, inculto y borracho”, p. 15), y a tenor de las afirmaciones contundentes que formula, parece ignorarlo todo sobre la literatura inglesa del momento, estamos en 1963, cuando estrenan y publican nada menos que <strong>Doris Lessing</strong>, <strong>Philip Larkin</strong>, <strong>John Osborne</strong>, <strong>Arnold Wesker</strong> o <strong>Harold Pinter</strong>, por solo citar unos pocos nombres señeros, al tiempo que elogia al <strong>Pemán</strong> articulista y declara su prevención hacia <strong>Delibes</strong>, aunque luego pondere <em>Cinco horas con Mario</em>. De igual modo, Vicente Soto llega a proyectar un libro de cuentos sobre los exiliados, <em>Lejos del sol</em>, que nunca verá la luz; se declara ferviente admirador de <strong>Thomas Mann</strong>; y se empeña en escribir teatro, quizás emulando a Buero, sin obtener fruto alguno en este género. Lo más curioso, sin embargo, es que destripe alguna novela que no consigue publicar, desmenuzándola en cuentos; o que en otra ocasión, intente convertir un puñado de cuentos en una novela. Por último, duda sobre la modernidad de su obra, pues a veces lo acusan de ser un narrador demasiado tradicional.</p><p>Me temo que ninguno de los dos logra entender lo que supone la música de The Beatles, y ambos se despachan a gusto con la crítica literaria, cuya función no entienden (<strong>Eduardo Haro Tecglen</strong> fue la bestia negra de Buero), amén de con los editores. Por lo demás, se muestran reticentes con los narradores hispanoamericanos del llamado <em>boom</em>, quizá por la mucha atención que se les presta, sin que falten juicios superficiales –por ejemplo- sobre <em>Rayuela</em>, a cargo de Buero (p. 275), aunque reconozcan a un tiempo la calidad de sus mejores representantes; pero también con el <strong>Torrente Ballester</strong> más experimental y con el crítico de teatro. Y, en definitiva, les cabrea que desde fuera del país se considere que el hecho de que sus obras se hagan públicas en la España franquista, los convierta en sospechosos de complicidad con el Régimen.</p><p>Las cartas se ponen boca arriba, pero apenas hay escritor que salga indemne de la publicación de su correspondencia privada, habida cuenta de que el género propicia un cierto destape, en el que los dos pecan de cenizos y susceptibles, aflorando unas veces la chinchería y la vanidad, y otras la envidia, la inseguridad o una ansiedad excesiva. Por otra parte, tanto el prólogo como las introducciones a los distintos apartados del libro, obra de <strong>Domingo Ródenas de Moya</strong>, resultan útiles y atinados, al proporcionarnos los datos necesarios para contextualizar esta amistad epistolar, e incluso se reproducen algunos dibujos que se intercambiaron, o llama la atención sobre aquellos hechos importantes que no se registran. Y, sin embargo, echo de menos un índice de nombres y obras citadas, muy útil para las consultas posteriores del libro.</p><p>Estas cartas cruzadas, en suma, nos permiten entender mejor no solo la trayectoria vital e intelectual de ambos autores, los entresijos de la creación de muchas de sus obras, sino también qué supuso el teatro y la narrativa española durante aquella interminable postguerra en la que los escritores, aquellos que permanecieron en el país y los que tuvieron que irse, por distintas causas, se quedaron a la intemperie. Así pues, como afirma Buero Vallejo, en una frase memorable: “España es, pese a todo, maravillosa; pero es un asco” (p. 61).</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de literatura.</em><strong>Fernando Valls </strong></p><p>   <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Cartas boca arriba': Escritores a la intemperie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Exilio,Literatura española,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un año para redescubrir el 'Quijote']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ano-redescubrir-quijote_1_1134727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0b28f51-d226-40da-b2cf-26b850630a26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un año para redescubrir el 'Quijote'"></p><p><strong>Don Quijote de la ManchaMiguel de Cervantes, Andrés TrapielloDestino2015</strong><em>Don Quijote de la Mancha</em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/tags/temas/los_diablos_azules_numero_13.html" target="_blank">2016 era el año para leer el Quijote</a>, pero cuando se planteó en el club, salieron aquellos que lo habían leído el colegio (¡qué horror!); los que nunca habían pasado de las 40 primeras páginas; los que sólo habían leído el párrafo que tocaba recitar en público el 23 de abril, día del Libro; los que, por principios, no leen los libros que son “obligatorios”. Además, había que contar con las notas a pie de página, el castellano antiguo, las expresiones que no se entienden. Demasiados Quijotes para filólogos. Finalmente, nos decidimos por la versión de <a href="http://elpais.com/elpais/2015/06/11/opinion/1434035664_817192.html" target="_blank">Don Quijote de Mancha </a>revisada en en castellano actual, íntegra y fielmente, por <strong>Andrés Trapiello</strong>. Así, nos pusimos a leer con ganas, curiosidad y, ya puestos, a ver si <em>pillábamos</em> al autor, contrastando el texto con alguna edición más <em>culta</em>, tirando de internet y de adaptaciones.</p><p>Nos entregamos a la lectura y descubrimos:</p><p>-Que Don Quijote no está loco todo el rato y que defiende al débil.</p><p>-Que hay muchas historias dentro de la obra; que no sólo existe un protagonista, pues se trata de una novela polifónica; que algunos prefieren a Sancho, leal a su “señor”; y que el propio Sancho evoluciona con la obra. Además, sus vivencias son actuales.</p><p>-¡Qué poco ocupa la parte dedicada a molinos, aunque parece que es lo único que la gente sabe del <em>Quijote</em>!</p><p>-Esta obra tiene muchas lecturas. Resulta igualmente interesante cómo Cervantes habla de las mujeres, de la ciencia, de la locura…</p><p>-¡La segunda parte es más fluida y divertida!</p><p>-Asimismo, se habla de la libertad como defensa del ser humano. Y los personajes, a través de la palabra, se hacen a sí mismos, con variedad de perspectivas y reflexiones.</p><p>-Descubrimos, también, que Cervantes tiene una inteligencia portentosa y una gran capacidad para la ironía; que es un gran historiador y habla de "moros", cristianos y moriscos, de distintas religiones, “de linajes no disputas”, de esa tensión que se dio durante los siglos XVI y XVII entre cristianos viejos y nuevos. Un mundo de fronteras, de ir y volver, de dudas, inseguridades, de otros escritores, de “cambiar las armas por las letras”.</p><p>-Finalmente, lo más relevante es que nos divertimos; además de reconocer la necesidad de que una obra universal como esta se hiciera, al fin, <em>legible</em> y se adaptase a los nuevos tiempos. Definitivamente, es un libro a recomendar.</p><p><em>*Rufi Velázquez forma parte del club de lectura de la biblioteca de Zamora.</em><strong>Rufi Velázquez </strong></p><p><em>*Consulta el número especial de Los Diablos Azules dedicado a Cervantes haciendo clic aquí. </em><strong> Los Diablos Azules </strong><a href="http://www.infolibre.es/tags/temas/los_diablos_azules_numero_13.html" target="_blank">aquí</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rufi Velázquez de Francisco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un año para redescubrir el 'Quijote']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Miguel de Cervantes,Narrativa,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agendas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/agendas_1_1134714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/830a36f8-ea04-4e78-9544-f5a3b41ce475_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agendas"></p><p>Sobre el escritorio está la nueva agenda. Sus tapas impecables son como el frente de una casa recién construida aún deshabitada. Las líneas en sus páginas sugieren caminos que no se sabe a dónde llevarán. Las fechas en el ángulo superior remiten a sucesos del pasado porque aún no tienen memoria propia: hibernan en espera de que la vida cronometrada se aloje en su blancura.</p><p>Tapas, líneas, fechas suscitan curiosidad, incertidumbres, temores, esperanzas.</p><p>En el cajón del escritorio se acumulan agendas de años anteriores. Tienen las cubiertas maltratadas y las abultan los papeles guardados entre las hojas llenas de números, nombres, direcciones, frases incomprensibles, tachaduras, iniciales, reflexiones, desahogos: “1º. de abril: En resumidas cuentas, no sé cómo resolverlo". “Julio 12: Me dio pena confesar que nunca he sacado un pasaporte": “Octubre 31: Valió la pena”. “Diciembre 11: Otra vez me tocó hacer la lista del intercambio de regalos. ¡Ni modo!”</p><p>De entre las viejas agendas Ella selecciona una al azar. “1999”. La hojea de prisa. Aunque no alcance a leerlas, sabe que las anotaciones en cada página corresponden a momentos de su vida. No logra recordar ninguno en  especial, ni siquiera está segura de que en ese año haya viajado a <strong>Cancún</strong> para la boda de <strong>Lourdes</strong>, su mejor amiga. La anotación inicial en su libreta 2015 podría ser: “Llamar a <strong>Lulú </strong>para felicitarla por el año nuevo”.</p><p>Eugenia retrocede a la primera página. Allí siguen escritos sus propósitos para el año 1999 que hoy considera remotísimo. Pronto verá del mismo modo el 2015 que tiene algunos días de comenzado. Reflexionar sobre la fugacidad del tiempo la incomoda y opta por leer la lista que escribió con muy buena letra y tinta violeta hace 16 años (¡quién lo diría!): “Huir de los recuerdos tristes. Reconciliarme con mi hermana <strong>Carla</strong>. No esperar a que las soluciones me caigan del cielo. No perder el tiempo en reuniones que no me interesan. Pedir que me aumenten el sueldo. Salirme de la casa de mis papás y alquilar mi propio departamento. Poner orden en mis cosas.  Menos tele y más lectura. Aceptarme como soy (subrayado tres veces). Hacer ejercicio, aunque sea en la casa”.</p><p>Esa aclaración le recuerda a <strong>Eugenia</strong> su mala racha del 99 que la obligó a renunciar al gimnasio y sustituir las rutinas bajo supervisión profesional por caminatas en los andadores de la colonia. Recorrerlos a buen paso era grato a pesar del pavimento desigual, los ciclistas en contrasentido, la suciedad de los perros, el desenfado de los menesterosos drogándose en las  bancas, las bolsas negras desbordando basura y la triste imagen de los pepenadores hurgando en ellas.</p><p>Entre ese grupo había una mujer pequeña, musculosa, acompañada de tres perros flacos y largos. Obedientes y fieles, se echaban a los pies de su ama para verla saltar sobre las latas de aluminio con una furia sólo comparable a la del <strong>Arcángel Miguel</strong> en su lucha contra el Maligno.</p><p>Eugenia se pregunta qué habrá sido de ese personaje y del hombre altísimo, con lentes azules, que paseaba a un perrito nervioso. ¿Y la señora que leía ávidamente sin dejar de comer la ensalada de atún que sacaba de un tóper? Por el uniforme blanco se veía que era una de las enfermeras del hospital de rehabilitación vecino del expendio de llantas.</p><p>Esos recuerdos hacen que Eugenia eche de menos su etapa de caminante. Duró unos cuantos meses pero logró progresos notables. Como primera meta eligió el puesto de flores. Recorrer las once cuadras que mediaban entre ese punto y su casa le producía dolor en las rodillas y una especie de mareo. Se sobrepuso a esos malestares y en pocas semanas conquistó un paradero más lejano: el restaurante de cortes argentinos con mesas en la calle donde las parejas, indiferentes al asado de tira, charlaban y bebían vino tinto.</p><p>Ser protagonista de una escena parecida fue su aspiración secreta y lo sigue siendo. Aceptarlo la avergüenza, la ilusiona, la impulsa a volver a los andadores e imponerse distancias más largas: primero a la tienda departamental, después a la Glorieta de la Palma.</p><p>Ese árbol solitario lloroso de dátiles incomibles, traído de quién sabe dónde, está asociada a uno de sus más bellos recuerdos: los paseos con su abuela Gracia contándole de cuando llegó a la <strong>Ciudad de México</strong> y no conocía a nadie más que a su vecina: una gringuita que no hablaba español y todo el tiempo le decía <em>Maidarling </em>a pesar de sus esfuerzos para aclararle que su nombre era<strong> Engracia</strong> y no <em>Maidarling.  </em></p><p>La añoranza de aquellos tiempos en que su abuela <strong>Gracia</strong> vivía le provoca a Eugenia un dolor suave pero lo desecha recordando el primer buen propósito del 99: “Huir de los recuerdos tristes". Aún no ha cumplido con él. Es uno de sus pendientes. Lo saldará en el 2015 y lo anota en su nueva agenda como primer objetivo de un año que sin duda será mejor. Su certeza se origina en el recuerdo de las experiencias vividas en el 2014: el más implacable y cruel de todos los calendarios.</p><p>“Huir de los recuerdos tristes”, murmura dándose golpecitos en la frente, y se concentra en plantear sus nuevas metas. Podrían ser las del 99 que aún no ha realizado. Por ejemplo, alquilar su propio departamento. La realidad se le impone de inmediato: en sus condiciones actuales, con la inseguridad en el trabajo, imposible comprometerse con una renta. Más vale que lo acepte si no quiere convertir en un infierno su condición de hija de familia a los treinta y ocho años. Sin titubeos redacta su segundo propósito: “Ser más comunicativa con mis papás".</p><p>Guiada por la lista escrita hace 16 años sigue adelante. Proponerse la reconciliación con su hermana es inútil. Carla ya no vive, lo más que puede hacer es visitarla en el panteón y decirle, aunque sepa que no obtendrá respuesta, lo mucho que lamenta no haber hablado con ella. La conciencia de la imposibilidad le dicta el tercer objetivo para el 2015: “No dejar nada para mañana".</p><p><em>*Cristina Pacheco es escritora y periodista. Su último libro, El eterno viajero (Océano, México, 2016).</em><strong>Cristina Pacheco</strong><a href="http://oceano.mx/obras/el-eterno-viajero-cristina-pacheco-15078.aspx" target="_blank">El eterno viajero</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Pacheco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Agendas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,México,Narrativa,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Princesas imperfectas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/princesas-imperfectas_1_1134707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da51083b-1398-4d3f-b325-346d2e60f286_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Princesas imperfectas"></p><p><strong>Emocionario. Di lo que sientes Texto Cristina Núñez y Rafael RomeroVarios ilustradoresPalabras aladasMadrid2013</strong><em>Emocionario. Di lo que </em><em>sientes </em></p><p>Se trata de un itinerario que ha sido diseñado para explorar las emociones de cualquier persona, pero especialmente enfocadas en los niños. Son más de 40 estados emocionales que son descritos con sencillez para que los más pequeños aprendan junto a los adultos a identificar qué es lo que realmente siente. Vergüenza ilusión, inseguridad, placer, celos, compasión… son sólo algunas de las emociones que encontraremos en este libro que ofrece a los niños una oportunidad para conocer y dialogar sobre sus sentimientos.</p><p>  </p><p><strong>Así es mi corazónJo WitekEditorial BruñoMadrid2014</strong><em>Así es mi corazón</em></p><p>Un precioso álbum homenaje a las emociones y los sentimientos de los niños, donde podrán reconocerlos en todas sus formas y todos sus colores: alegría, tristeza, calma, enfado, miedo: "Mi corazón es como una casita. Dentro pasan muchas cosas ¡y están todas revueltas! Hay risas ruidosas y días con lluvia, enfados grandotes y ganas de saltar a la pata coja. Hoy voy a abrir la puerta de mi corazón para invitarte a pasar". </p><p><strong>¿Me cuentas una ópera?Nathalie PonsEditorial OniroBarcelona 2014</strong><em>¿Me cuentas una ópera?Nathalie Pons</em></p><p><em>Barcelona 2014</em></p><p>Música, vestuario, escenografía, textos… la ópera es el arte total y detrás de su grandiosidad se esconde la esencia de historias inmortales, exquisitas y fantásticas. Este libro adapta los libretos de las óperas más conocidas para que puedan ser contadas como cuentos. Así nos llega la magia de valientes caballeros, malvadas brujas, nobles aventureros, princesas en peligro y un ingenioso barbero. Las luces se apagan, la orquesta empieza a tocar, se abre el telón… ¡Qué empiece en espectáculo!</p><p>  <strong>Las princesas también se tiran pedosIlan BrenmanEditorial AlgarAlzira2011</strong><em>Las princesas también se tiran pedos</em></p><p>A la pequeña <strong>Laura</strong> le ha surgido una duda muy importante después de una larga discusión en clase sobre<em> Cenicienta</em>. Su amigo <strong>Marcelo</strong> les ha confesado que la famosa y delicada princesa se tiraba muchos pedos. Afortunadamente, el padre de Laura, al que le gustan los libros y las buenas historias, posee el libro secreto de las princesas donde Laura encontrará las respuestas a todas sus preguntas.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Un Mundo Feliz en la avenida de Cervantes, 25, Granada.</em><strong>Un Mundo Feliz</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chris Le Choismier]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Princesas imperfectas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura infantil,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los hijos muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hijos-muertos_1_1134702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0f8deb44-b5e1-462b-92be-7d420fffb198_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los hijos muertos"></p><p><strong>Los hijos muertosAna María MatuteCátedra2016</strong><em>Los hijos muertos</em></p><p>  <strong>José Más</strong><strong> </strong>fue un poeta y un profesor de literatura. Como <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/04/25/ficciones_intimidades_borges_pudoroso_48484_1026.html" target="_blank">Jorge Luis Borges</a> necesitó compaginar su ceguera con el amor a los libros. En sus estudios literarios y en la vida, contó con la ayuda de su mujer <strong>Teresa Mateu</strong>. Cuatro años después de la muerte de José Mas y gracias a la labor de Teresa, se ha publicado en Cátedra su edición crítica de<a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=141776" target="_blank"> Los hijos muertos </a>(1958), la novela con la que <strong>Ana María Matute </strong>ganó el Premio Nacional de Literatura. Buena ocasión para recordar el valor humano, poético y erudito de José Mas y la calidad narrativa de una de las mejores escritoras del siglo XX.</p><p><em>Los hijos muertos</em> es una novela fuerte, conmovedora y admirable que indaga con profundidad el significado social y sentimental de la Guerra Civil. El título fija ya una perspectiva de doble dimensión: el hambre y las esperanzas rotas. <strong>La Tanaya</strong> es una mujer que malvive en la pobreza y que ve a algunos de sus hijos morir por la precariedad de la existencia que soportan. El hambre fue una forma de represión y castigo en los años más duros de la posguerra. Junto a la falta de libertad y a la persecución política, la ausencia de remedios para el hambre -el desamparo absoluto- formó parte de las operaciones de dominio del Régimen. Se impuso la resignación como costumbre.</p><p>Pero el título apunta también a una quiebra generacional y a la pérdida de ilusiones éticas. El pueblo de <strong>Hegroz</strong>, condenado a desaparecer bajo las aguas de un pantano, marca la geografía de la desolación. La decadencia de la familia <strong>Corvo</strong>, caciques arruinados por la quiebra de sus negocios en América, impone una atmósfera de mezquindad que se extiende por la historia, las calles y los personajes. Allí coinciden dos padres de hijos muertos. <strong>Daniel Corvo</strong> es un disidente que vivió el sueño republicano en <strong>Barcelona</strong>. Vuelve derrotado por las armas y la enfermedad a pasar en el bosque de Hegroz los últimos años de su vida. <strong>Diego Herrera</strong> es el responsable de una compañía de presos que participan en el programa de Redención de Penas por el Trabajo. Daniel perdió a su mujer embarazada en un bombardeo franquista sobre Barcelona. El hijo de Diego fue asesinado de manera cruel por un piquete de milicianos que ajustaban cuentas con los golpistas.</p><p>¿Quién eres tú para ir hurgando en la vida de los demás? Eso le pregunta Daniel a <strong>Mónica</strong>, una joven Corvo que necesita también romper. No quiere soportar el lastre de penumbra y rencor que domina a sus mayores. Mónica se ha enamorado de <strong>Miguel</strong>, preso común que trabaja en las obras del pantano, muy joven y poco identificado con la herencia sentimental de sus padres. Diego Herrera comprobará que la confianza puesta en Miguel acaba en un trágico fracaso. Daniel tampoco se decide a ayudar a los jóvenes; la historia que le llega por detrás ya no es la suya.</p><p><em>Los hijos muertos</em> presenta un magnífico testimonio de la ruptura que supuso la Guerra Civil al cortar la articulación entre su pasado y su presente. La anomalía española, nuestra separación del curso normal de la historia europea, se produjo a causa del golpe de Estado de 1936 y de la victoria fascista de 1939. Fue un corte con nosotros mismos. En última instancia, eso es lo que sostiene la desolación de una historia de hijos y padres, en la que no es posible el diálogo generacional porque los personajes están en guerra con su pasado o su futuro. Todos llevan un feto muerto en su estómago.</p><p>La narrativa de Ana María Matute consigue convertir el argumento en una atmósfera sentimental. En la voz de los personajes principales se mezcla por sistema la vida presente con escenas del pasado, recuerdos que informan al lector de la configuración de una experiencia ética. Los sueños amorosos y revolucionarios de Daniel acaban en el páramo, del mismo modo que la historia del joven Miguel, un afortunado del azar en medio de la ruina, desemboca en el hedonismo y en un nihilismo ético incapaz de negociar con la realidad. La elaboración minuciosa del lenguaje y el gusto por la adjetivación y los laberintos sentimentales, con alusiones que van de la ambigüedad calculada a la precisión, sirven para crear la atmósfera desolada que respira la historia de <em>Los hijos muertos</em>.</p><p>A lo largo de su toda obra, una de las claves de Ana María Matute fue la atención a ese momento en el que los niños y las niñas pierden la inocencia al entrar en contacto con una realidad dura. La vida de Hegroz y la Guerra Civil ofrecen muchas oportunidades para que la violencia entre de golpe en ojos condenados a perder la confianza: la caza del lobo, la visión de un asesinato, la pobreza ajena, la muerte de los seres más queridos… La existencia desata así una herida que deja hueca cualquier representación social, ya sean los himnos, las ceremonias o incluso las conversaciones. Este mundo poco optimista y nostálgico de la infancia perdida se adapta de manera estrecha en <em>Los hijos muertos </em>a la historia de la Guerra Civil española, quizá porque esa quiebra formó a Ana María Matute como persona y como mujer. Ella fue una de las primeras escritoras antifranquistas; dio testimonio del odio, la crueldad y el hambre que latían bajo las galas del Régimen. Dentro de la derrota se produjo también una pérdida rotunda de libertad en la vida de las mujeres. <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, otra de las grandes narradoras de posguerra, estudió este lado de la catástrofe en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/usos-amorosos-de-la-postguerra-espanola/9788433900852/A_85" target="_blank">Usos amorosos de la Postguerra española</a> (1987).</p><p>La perspectiva de la mujer y su descubrimiento de la vida protagonizó una de las novelas más conocidas de Ana María Matute, <em>Primera memoria</em> (1959). El reconocimiento del mundo femenino en su dificultad histórica está muy presente también en <em>Los hijos muertos</em>. Un personaje como Isabel, o la madre de Miguel, o<strong> Verónica</strong>, o Mónica, o <strong>Madam Erlanger</strong>, o las mujeres que adecentan las chabolas y siguen a sus maridos presos en las obras del pantano, asumen el proceso histórico especial por el que se feminiza la pobreza, el rencor, la solidaridad, el amor, las ilusiones o el fracaso.</p><p>Teresa Mateu y la editorial Cátedra nos dan una buena oportunidad para recordar en este rincón de lectores a José Mas y a Ana María Matute.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus, 2016).</em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil española,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Realismo ácido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/realismo-acido_1_1134697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6eb4261d-e9a8-4bf1-bde5-b82f1e306b15_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Realismo ácido"></p><p>Podría decirse que <em>La gran ola</em>, de <strong>Daniel Ruiz</strong>, es la última una novela de un autor fuera de serie y, seguramente por eso, ha merecido el XII Premio Tusquets. Octava entrega de <a href="http://www.danielruizgarcia.es/" target="_blank">Daniel Ruiz</a>, <em>La gran ola</em> no solo nos recuerda que estamos otra vez ante ese poderoso narrador de fábulas inquietantes, cuya lectura siempre nos deja turbados y con ganas de pelea. No sólo nos pone entre las manos, otra vez, una adictiva historia armada con precisión de relojero que orienta la lupa hacia el lado oscuro de lo cotidiano (viene siendo una costumbre desde su debut en 1998 con <a href="http://www.danielruizgarcia.es/libros/novelas/chatarra/" target="_blank">Chatarra</a>), sino que nos avisa de que aquí ya hace tiempo que viene oliendo a “fuera de serie”. Aquí la recuperación del realismo literario, más y más notoria con cada nuevo libro de Daniel Ruiz, ha llegado a su punto de cocción perfecto: el filete hecho pero jugoso, sangrante en el centro, que es como tiene sabor.</p><p>Quizá no haga falta precisar que este es un realismo estético muy distinto al de los maestros de la generación del cincuenta, como distinta es esta sociedad <em>neocon</em> y hortera que nos toca padecer, pero lo digo por si acaso. Descarnados, satíricos, pop, ácidos y escritos con un ritmo que fluye a velocidad de telefilme, los relatos de Daniel Ruiz miran donde la literatura “seria” parece no haber querido mirar antes, más ocupada en repetir temas y estilemas confortablemente integrados en una respetable tradición que garantiza respeto al talento y elimina riesgos. En <em>La gran ola</em>, como en su novela anterior,<a href="http://www.elcorreo.com/bizkaia/culturas/libros/201505/30/todo-esta-bien-daniel-20150526190341.html" target="_blank"> Todo está bien</a>, con la que forma una especie de dueto, casi todo es puro riesgo: la elección de los temas, el tono crítico inmisericorde con asuntos que parecen indiscutiblemente “normalizados” en la sociedad contemporánea, las tramas sórdidas que se esconden bajo las luces del éxito, vistas desde una óptica burlona que rasca los barnices y deja al descubierto la secreta labor de la polilla casi a punto de chiste.</p><p>El necesario control que permite que el riesgo lleve al triunfo narrativo lo pone una estructura milimetrada en el planteamiento de la fábula y un estilo preciso y versátil en la escritura, que bebe tanto de las estéticas de representación puramente literarias (destaco sobre todo un raro dominio de los diálogos naturalistas, rápidos y siempre significativos sin parecerlo), como de la crónica periodística (sobre todo en la extraordinariamente efectiva sobriedad en el uso de un lenguaje funcional, en el que rara vez sobra algo y nunca falta nada) y del montaje rítmico propio del relato audiovisual.</p><p>En <em>La gran ola</em>, Daniel Ruiz se mete en las tripas de Monsalves, una empresa modelo del ramo de la droguería, levantada con esfuerzo sobre una humilde tienda familiar por <strong>Luis Monsalves</strong>, viejo fajador que ha dejado a su hijo las riendas del negocio cuando empieza la historia que vamos a leer. ¿Modelo de qué? De empresa pujante que ha saltado a facturación internacional, con instalaciones para fabricación propia de varias líneas de producto, bien organizada en divisiones comerciales y muy preocupada por la aplicación de las nuevas técnicas de gestión de recursos humanos con el razonable objetivo de aumentar las ventas y mejorar beneficios.</p><p>Hasta ahí lo anecdótico, porque <em>La gran ola</em> no es una novela sobre el mundo de la empresa, ni siquiera es una novela sobre el <em>coaching</em> empresarial, es (entre otras cosas, como ocurre siempre en la Literatura, con L así de mayúscula) un retrato de la estupidez soberana que nos hace comer mierda (con perdón) como si fuera un regalado manjar al que no tendremos derecho si no es esforzándonos por ser los más cabrones (con perdón), después de haber conseguido ser los más tontos del barrio (sin perdón).</p><p>La sátira mordaz de esta novela, que supura ácido corrosivo y lo derrama sobre las pulidas tuberías de Monsalves, no es nada facilona, no deriva de fraseos más o menos irónicos, ni de un programa panfletario para interpretar el <em>habitus </em>social, es el efecto del mecanismo que pone en marcha el relato, el cálculo en la construcción de un retrato de la barbarie que anida en las “buenas maneras” para hacerse un hueco por la pasta, por la cara y a empujones. Es una radiografía del armazón de un sistema donde el éxito sólo es éxito económico, hecho de miserias empresariales que crecen como un tumor, devorando no ya la fuerza de trabajo del empleado, sino sus emociones más íntimas, y que únicamente acabará saciado cuando obtenga el poder total sobre la vida de los “productores” de beneficio.</p><p>Y ahí entra en juego <strong>Estabile</strong>, el dios de las bondades del <em>coaching </em>enfocado a la gestión de “recursos (in)humanos”. ¿La meta de este semidiós de las bondades? Conseguir un comercial puro y duro, superhéroe de la cuenta de resultados anuales, hecho de acero poético, feliz, siempre con una sonrisa bien dibujada... O no, cualquier cosa, siempre y cuando el dinero de Monsalves caiga sobre las manos del <em>coach</em> de los milagros. Los comparsas: <strong>Julián Márquez</strong>, en caída libre y agarrándose con las uñas a las paredes mientras se despeña; <strong>Macipe</strong>, el depredador; <strong>Martita Pineda</strong>, la borde sin alma; <strong>Gertru</strong>, que se la come por dentro la rabia ciega; <strong>Riberita</strong>, el superviviente; <strong>Peláez, </strong>el trepa; <strong>Novoa</strong>, el <em>pringao</em>; <strong>Luis Monsalves</strong> hijo, el espectro divino que habita fuera de la selva; sus cónyuges, amantes, hijos, ex lo que sea, sus vicios, sus frustraciones y sus carencias de otras virtudes que no sean las de sobrevivir... Todos bailando al son del gran guiñolista Estabile.</p><p>La trama explora las tripas de ese estómago que devora como alimento las vidas de sus empleados, especialmente las de aquellos que se sienten por encima de los obreros que manufacturan en la fábrica, de los emprendedores de corbata y sueldo de puñetera pena, pero que van a hacerse ricos un día, seguro que sí, sólo hay que aprender el juego, cuyas cartas reparten Estabile y sus colegas: las frases apócrifas de <strong>Gandhi</strong> y <strong>Steve Jobs</strong>, las de ese “filósofo” –dice un halitósico personaje- de los que ya no quedan, <strong>Duchamp</strong>, la musiquita de rollito guay para las buenas vibraciones, las siete aes mágicas: “Ataraxia, Adaptabilidad, Acción, Asertividad, Ambición, Amplitud de miras y Amor”.</p><p>A partir de aquí, Daniel Ruiz compone una obra maestra del realismo ácido, como una canción de <strong>Frank Zappa</strong>, que se emparenta por vía primos lejanos con la narrativa de <strong>Chuck Palahniuk</strong>, pero donde la sabiduría de la gran novela realista española del medio siglo aparece digerida y transformada, puesta a punto para la nueva era de los gurús alimentados por McDonalds.</p><p>La novela camina con un ritmo inexorable hacia ese desastre que solemos llamar hoy “lo cotidiano”, anudando las vidas sin sentido de sus personajes, para construir con ellas un testimonio crítico del nihilismo social imperante, levantado sobre la mentira y la náusea. <em>La gran ola </em>explora sólo un fragmento del muro de desesperanza con el que el pensamiento único ha acabado por cercar los sueños, sin embargo la potencia de la historia empuja la visión ácida más allá de las anécdotas de la trama. Y es que, acabamos por darnos cuenta, en pleno encierro, en la triste rutina carcelaria, que sólo nos dan de comer, con amor y sordidez, frasecitas memorables de <strong>Khalil Gibran</strong>.</p><p>Una apuesta arriesgada, una resolución estructural de cálculo perfecto, una poética del deseo frustrado, un juego narrativo en el que la perspectiva salta constantemente del dentro al afuera de la conciencia de los personajes sin que el omnisciente narrador aparezca demasiado marcado, una crónica dramatizada, una sátira sutil del absurdo. Aquí huele a “fuera de serie”.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Realismo ácido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Premios y galardones,Narrativa,Los diablos azules número 46]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Daniel Ruiz: "Hoy en día ir a trabajar es un acto violento"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/daniel-ruiz-hoy-dia-trabajar-acto-violento_1_1134691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6870875-21e9-4447-b165-879c8a06f760_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Ruiz: "Hoy en día ir a trabajar es un acto violento""></p><p>Siete de la tarde de un miércoles de invierno en <strong>Sevilla</strong>, <strong>Daniel Ruiz</strong> llega al velador del bar <strong>Mary Reyes</strong>, un clásico popular de <strong>La Puerta de Jerez</strong>, donde habíamos quedado con la poeta <strong>Rosario Pérez Cabaña</strong> para tomar una copa y charlar un rato de su última novela, <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-gran-ola/218678" target="_blank">La gran ola</a>, premiada con el <a href="http://www.efe.com/efe/espana/cultura/daniel-ruiz-garcia-con-la-gran-ola-premio-tusquets-de-novela-2016/10005-3052956" target="_blank">premio Tusquets de Novela</a> este año. Hace frío, pero tenemos encendida a la espalda una de esas flamígeras estufas de gas que templan las terrazas de los bares, así que no se está mal. Daniel Ruiz (Sevilla, 1976) llega del trabajo (hoy los escritores de raza, especialmente los adscritos a la no-escuela sevillana que tanto está dando que hablar, trabajan por partida doble). Habla rápido, como escribe, intenso, sin un ápice de grasa en su discurso, como sus musculadas novelas (así le gusta referirse a su estilo narrativo, donde nada sobra y nada falta) y se toma una cerveza como mandan los cánones del Mary Reyes (yo cometí el error de pedir un tinto, la poeta, más acertada, bebe un blanco), yo le cuento y él me cuenta más.</p><p><em>La gran ola</em> es una novela que atrapa al lector por una oreja y lo arrastra por la calle hasta el aparcamiento más cercano, donde Julián Márquez, uno de sus personajes, dejó el Passat, por si apetece luego un <em>viajito</em> al infierno de positivismo y el triunfo positivo y la positiva vida positiva de Monsalves (no sé si sigue siendo S.L. o ya amplió capital a S.A.). Una novela que, sobre un argumento que relata los bajos fondos del alma de lo comerciales de la muy droguera empresa Monsalves, a punto de ser beatificada por el <em>coaching</em>-gurú <strong>Estabile</strong>, trata, a mi juicio, de esta sociedad de la mentira y la estupidez integradas. Me contesta <a href="http://www.danielruizgarcia.es/" target="_blank">Daniel Ruiz</a>: "Sí, en la novela hay, por una parte, un reflejo de unos tiempos absolutamente frívolos, pero, por otra parte, yo añadiría también, violentos. La novela es una reflexión sobre la violencia y el miedo, que junto a la frivolidad, son las características más notorias de esta época de la postverdad que estamos viviendo: la sublimación de lo emocional para imponer el discurso vacío de la sociedad del espectáculo".</p><p>Si le digo que todos los personajes que componen la novela van cuesta abajo y sin freno, menos Estabile, que es el que aprovecha bien la situación, él continúa: "Hay una cosa que los une a todos, sí, y es que son absolutamente infelices, y también que lo son sin saberlo. Quizá el personaje más consciente de esa infelicidad es <strong>Gertru</strong>, el mismo personaje que la mayoría de los lectores, al final, tiende a salvar y, curiosamente, con el que se identifican, siendo el personaje más ludita, más bestia, más anarquista, que lo que quiere es volar la empresa. Gertru, probablemente sea el único personaje verdaderamente consciente de lo que está pasando, porque todos los demás están asumiendo un discurso ajeno como si fuera propio, aunque, en realidad, se están comiendo toda la mierda que la empresa les echa encima bajo esa especie de mantra, digamos, positivo que les está imponiendo".</p><p>Daniel Ruiz me sigue contando que sí, que no hay un solo personaje en la novela que no sufra y proyecte violencia, a pesar de que ninguno es consciente de su mala leche. "Eso es una cosa que está en el ambiente, una especie de podredumbre ambiental en la que viven los personajes como si fuera propia. Esa es la mala canalización de la violencia, si partimos de la tesis (que mucha gente me contesta) de que hoy en día ir a trabajar es, en sí mismo, un acto violento. Y esa violencia, extremada por la crisis económica, se vuelve aún más dañina. Con lo cual, como decía <strong>Almudena Grandes</strong>, yo creo que con muy buen criterio, ésta es una novela de terror, el terror de la violencia ejercida contra el trabajador, que más que como ciudadano, no ya siquiera como 'consumidor', es tratado simplemente como un ser productivo, rebajado a mera rentabilidad. Ese conflicto he intentado reflejarlo de manera que se note que está presente no sólo en el paisaje laboral, sino también en el doméstico, donde sigue. De manera que las dinámicas laborales absorben la vida entera de los individuos, que en realidad es lo que persigue el mundo del trabajo en el postcapitalismo contemporáneo: tragarse al individuo entero, más allá de sus ocho horas laborales, convirtiendo el trabajo en un motivo de ocupación y preocupación las 24 horas del día, siete días a la semana".</p><p>Esta no es una novela corriente, de las que siguen modas o patrones acomodados, Daniel Ruiz lo sabe, se apasiona comentando cómo, debajo de la trama rápida y dolorosa (como un puñetazo directo a la nariz) de <em>La gran ola</em>, hay un pensamiento crítico en desarrollo de extraordinaria agudeza social. Sin ir más lejos, con su lectura implacable, de la "happymentira" que vende poesía del éxito. Pienso en un personaje, Estabile. "Al final, el criterio de juicio sobre la efectividad de un trabajador es cada vez más emocional, lo que implica un importante grado de subjetividad en estos métodos de evaluar quién es emocionalmente competente y quién no lo es. Desde el momento en el que una empresa mide la idoneidad emocional de un trabajador, está incluyendo unos criterios muy peligrosos, que fundamentalmente van en contra del individuo, de manera que se considerará como persona 'tóxica' dentro de la organización a aquella que sea, en verdad, la persona crítica con esa misma organización. Un asunto que no sólo ha llegado a la manera de gestionar las empresas, sino que se ha colado en todas las capas de la vida que estamos viviendo ahora, con esta sublimación de cualquier cosa que tenga ver con lo emocional, las nuevas líneas del <em>storytelling</em>, de vender a través de las emociones, las microcápsulas esas de la Coca-Cola o del anuncio de la lotería de Navidad... Todo eso lo que esconde es un discurso que pretende que huyamos de lo racional y que, a través de lo emocional, adquiramos nuevos hábitos de consumo o de entrega sin condiciones a la empresa, tanto da".</p><p><strong>PREGUNTA. Con este discurso lo que nos hacen creer es que el único responsable de lo que sucede, bueno o malo, es el individuo, borrando cualquier posibilidad de crítica al funcionamiento del sistema, ¿no? Si te desahucian, por ejemplo, el único culpable de tu desdicha eres tú, que no sabes entender como “positiva” esa “lección para la vida”, etcétera.</strong></p><p><strong>RESPUESTA.</strong> Sí, es lo que cuenta <strong>Byung-Chul Han </strong>en su ensayo <a href="https://www.herdereditorial.com/psicopolitica_1" target="_blank">Psicopolítica </a>(Herder)<em>,</em> donde dice más o menos eso, que hay un objetivo generalizado en el discurso dominante de erradicar lo negativo y él hace la analogía (porque al final esto tiene unos componentes religiosos importantes) entre el sacerdote, que es un curandero para librarte del pecado, y todos esos chamanes que lo que busca con su <em>coaching</em> empresarial es librarte del pecado moderno, eso nebulosamente llamado “la negatividad”, bajo la concreción de que todo aquello que sea entendible como negativo no es productivo y entonces no vale. Lo que pretenden es conseguir plantillas de trabajadores absolutamente positivas, aunque el fin de ese positivismo es conducirte directamente a la bobería, al buenismo, siempre que ese buenismo signifique decir sí a todo lo que manda la empresa, sin ningún tipo de límites, de manera que lo que en realidad se busca no son plantillas felices, sino esclavos.</p><p><strong>P. Quizá eso a donde lleva, cuando revienta tanto “buenismo” frustrado, es a un tipo de violencia proyectada no contra el sistema, sino contra otros individuos, a menudo culpables de nada, pero siempre más débil.</strong></p><p><strong>R. </strong>Claro, esa violencia, que no sólo se expresa en el ámbito de la empresa, sino en todo lo cotidiano: en las relaciones de los niños en los colegios, en el deporte... Yo he tenido alguna experiencia cercana viendo a los padres en los partidos de equipos infantiles de fútbol comportarse como auténticos energúmenos, como <em>hooligans</em> fomentando la competitividad salvaje... Lo mismo en el ámbito de las relaciones entre padres e hijos o en el de la pareja... Digamos que esa violencia se expande a todos los ámbitos de la vida y uno vive con crispación y con miedo. Al fin y al cabo esta crisis de valores, cuya muestra más evidente es la crisis económica, no es en realidad sino una crisis espiritual, una crisis de sentido que genera ese clima de miedo en el que hoy están inmersas nuestras vidas. Yo veo un montón de miedo en todos aquellos que me rodean, miedo a perder el puesto de trabajo, miedo a perder el estatus social; un miedo que se orienta hacia el ejercicio de una violencia loca, como ocurre en la novela con ese padre que le da una hostia al niño y al final lo que está realmente haciendo es proyectar esa violencia reprimida, de tal forma que no es capaz ni de entenderla ni de digerirla, cuando quizá la proyección más lógica de esa violencia que siente dentro es la que pretende Gertru: ponerle una bomba a la empresa.</p><p><strong>P. Eso me lleva a una de las siete “aes” con las que Estabile quiere optimizar el rendimiento del personal de la empresa Monsalves, es la "a" de amor, curiosamente, lo único que no hay en ninguno de los personajes de la novela.</strong></p><p><strong>R.</strong> Llevas razón, de entre la serie de tópicos en ese pensamiento naíf<em> </em>destaca el amor. En la novela está ese personaje que remata todos sus <em>speechs</em> con un abrazo y eso tiene que ver con lo que hablábamos antes, esa apelación a las emociones, pero con una solución tan prefabricada que es totalmente mentirosa, genera lo contrario de lo que pretende, mucha desconfianza, resulta un embuste, cuando lo cierto es que el único amor del que se habla en toda esta literatura del éxito es el amor a ser más productivo, para así darle más beneficios a la empresa...</p><p>Ese personaje que al final llega a otra de las “aes”, la de ataraxia, pero al final no se sabe si lo que tiene es un derrame o que se le ha ido la pinza o ha entregado la cuchara y ya no puede más con la presión. Hay un doble discurso en ese tipo de literatura positiva que, en verdad, defiende una cosa muy distinta de la que aparentemente dice. Esa constante apelación al pensamiento crítico que uno lee en toda la literatura de autoayuda y motivación, sobre todo en la orientada al mundo de la empresa, siempre bajo la advocación de los nuevos gurús, como<strong> Bill Gates</strong> o <strong>Steve Jobs</strong>, que resalta la importancia de saber decir no, de ser críticos... Todo muy bien formulado, queda muy bonito sobre el papel, pero después cuando ves las prácticas, cómo esos gurús y sus emuladores llevan verdaderamente las ideas grandilocuentes a su terreno, te das cuenta de que están en otra cosa, no quieren cerca nada ni nadie crítico con la organización. Tanta asertividad, tanta resiliencia y otros términos de moda por el estilo, lo que esconden es simplemente una patraña.</p><p><strong>P. Saltemos ahora a otra cosa, si te parece, a tu escritura. A mí la técnica de composición de La gran ola me pareció prodigiosa: perfecta conjunción de alta literatura, convenciones de género, ritmo narrativo de telefilme (lo digo como un acierto, no como una crítica negativa)... Me ha sorprendido especialmente la naturalidad de los diálogos, por lo demás, cargados de información, no hay adornos decorativos, todo es lo que tiene que ser.</strong><em>La gran ola</em></p><p><strong>R. </strong>Cuando me pongo a escribir, mi mayor obsesión es evitar la adiposidad, porque como lector me irrita mucho la “grasa” novelística, aunque hay escritores a los que acudo también precisamente por su maravilloso exceso de grasa. Pero el caso es que a mí como escritor, lo que me gusta es una narrativa muy fibrosa, en la que todo esté orientado hacia la eficacia del relato. Es algo a lo que he llegado con los años, porque al principio me gustaba recrearme en la escritura; ahora, en cambio, busco estructuras muy musculadas y con poco aditamento, por eso los capítulos están muy cerrados.</p><p>Para ello, tengo que hacer una operación de fiscalización previa (si noto algún exceso, lo elimino de inmediato) y otra posterior de poda, en la que voy eliminando todo lo que sea superfluo o que no aporte nada a la trama. Además de eso, hay otro aspecto importantísimo para mí que es el ritmo narrativo, busco una literatura rítmica, cosa que no importó mucho en la novela tradicional, como tampoco en la música clásica, el ritmo que lo ordena todo es cosa del jazz y de músicas posteriores. Para mí la literatura es también eso: la posibilidad de hacer una narrativa rítmica a partir de elementos musicales o matemáticos, que están presentes, por supuesto, en muchos autores modernos y tan distintos como Carpentier, Cortázar o Kerouac. Personalmente, busco ese ritmo por medio de recursos como aliteraciones, repeticiones, el estilo sincopado, el uso combinado de frases cortas y frases largas y, por supuesto, también en la escritura de diálogos ágiles, que permitan leer con avidez. Para mí el mejor halago que pueden hacerme los lectores es que me digan que se han leído la novela de un tirón y que se quedaron con hambre de más. Sí que es un recurso muy de género y de <em>bestseller</em>, pero a mí me interesa, porque con los nuevos hábitos de lectura y la primacía de lo audiovisual, es una forma de conectar con el lector. Yo no soy de esos autores que reniegan de la incorporación de elementos del discurso visual en la literatura.</p><p>Estuve una vez en una de esas reuniones donde se había montado una mesa redonda sobre la influencia de le literatura en el cine y, al día siguiente, otra acerca de la influencia del cine en la literatura. Yo compartía la segunda mesa con <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/03/actualidad/1446543455_208259.html" target="_blank">Carmen Riera</a> y <a href="http://antoniosoler.net/" target="_blank">Antonio Soler</a>. Allí yo planteaba que los tiempos habían cambiado y que la literatura no podía estar ajena a otros discursos como el cinematográfico y que ello no debería ser considerado con menosprecio (hemos vivido tiempos en los que la novela que se dejaba influenciar por lo cinematográfico era calificada como basura). Me pidieron ejemplos y yo puse el de <em>L.A. Confidential</em>, de<strong> James Ellroy</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/04/15/james_ellroy_quot_desprecio_minimalismo_desprecio_nihilismo_desprecio_ironia_quot_31312_1026.html" target="_blank">James Ellroy</a>, que escribe con una narrativa muy cinematográfica, con un ritmo brutal, y me respondieron que eso no era literatura. A mí me parece que defendían una idea de la literatura absolutamente apegada a lo decimonónico, cosa que creo que es un error.</p><p><strong>P.</strong> <strong>En cierto modo, La gran ola, por su manera de enfocar desde la alta literatura temas que sólo habían interesado, a lo que parece, a esa cosa llamada bestseller, me recordaba, aunque de lejos, la mirada literaria de Chuck Palahniuk</strong><em>La gran ola</em><em>bestseller</em>.</p><p><strong>R. </strong>Lo he leído algo, pero a mí se me queda como demasiado moderno. Quizá mi trabajo literario te recuerde al suyo, porque él también se ha acercado a nuevas realidades o a realidades con poca implantación en la literatura, llamemos, “seria”, y  eso me interesa también a mí. Huyo del tópico y busco nuevas formas de expresión del realismo, temas como la política entendida como negocio, en <a href="http://www.diariosur.es/agencias/andalucia/201504/14/daniel-ruiz-inspira-novela-362381.html" target="_blank">Todo está bien</a>, o el asunto de las consultorías de comunicación para las empresas, en <em>La gran ola</em>. Es cierto que son temas que el realismo tradicional no ha tocado como objetos narrativos, pero yo los enfoco desde una postura que podríamos llamar “de resorte”, escribo sobre ellos porque son algo que me inquieta; me salgo así de la idea tradicional de la literatura social. Por esta misma razón, por su acercamiento a las nuevas realidades de lo social, me interesa lo que escriben <strong>Houellebecq </strong>o<strong> Jonathan Franzen</strong>.</p><p><strong>P.</strong> <strong>Al tuyo lo llamaría yo realismo ácido y muy pop.</strong></p><p><strong>R.</strong> Bueno, lo cierto, es que hay nuevos elementos de la vida social que sin duda van a tener contestación en la literatura. Por ejemplo, el tema de internet y las redes sociales, la enorme influencia en la creación de estados de opinión de los <em>youtubers</em>... Yo creo que eso, al final, tiene que entrar en la literatura... De hecho ya ha entrado, pienso que <strong>Franzen</strong> hace algo de eso. Ha sido siempre así, cuando <strong>Proust </strong>introducía el cinematógrafo, aquello llamaba la atención, incluso <strong>Galdós</strong> también incluyó en sus novelas algunos elementos de la naciente sociedad de masas, que a algunos les parecía un sacrilegio. La novela realista tiene que adaptarse a los nuevos fenómenos sociales, incluso antes de que estén consolidados, porque el escritor tiene la necesidad de reaccionar ante lo extraño o de ponerse un poco en lo que está pasando. Si no es así, ya parece que uno está escribiendo casi una novela histórica.</p><p>Por otra parte, la dimensión satírica de mi novela, que tú apuntas, no es algo tan raro en la literatura española, hay muchos elementos en <em>La gran ola</em> de la picaresca del Siglo de Oro; la historia de uno de sus personajes, <strong>Riberita</strong>, es en realidad la misma de <strong>Lázaro de Tormes</strong>, incluso su final reproduce la misma visión moral. Es una tradición, ese gamberrismo de la literatura española, por nuestro propio carácter, supongo. El <em>pequeño Nicolás es una perfecta expresión del pícaro, por ejemplo. En ese sentido, pienso que La gran ola es una novela de pícaros; de hecho, pretendí que la novela tuviera esa maldad insana de la literatura española más característica. En ese sentido, me considero también muy cervantino, porque uno escribe desde la visión del mundo que ha mamado y que, lo quieras o no, siempre está en el ambiente en el que vives. A mí no me saldría una novela de tesis sobre un programa social, no forma parte de mi herencia como escritor, como tampoco me saldría una cosa plúmbea de estilo alemán, aunque hay que reconocer que mi novela tiene un planteamiento bastante oscuro. Coradino Vega me decía el otro día que para él La gran ola tenía más que ver con el planteamiento más pesimista del Guzmán del Alfarache, que con ese humorismo algo más amable del Lazarillo, donde al fin y al cabo hay una cierta redención del personaje. Me parece que sí, que como escritor me sitúo conscientemente dentro de una tradición, absolutamente.  ***Y así las cosas, pedimos otra copa y seguimos charlando. Rosario se suma a la conversación, hasta ahora había permanecido respetuosa con los rituales de la grabadora y los hábitos periodísticos, pero esta no-escuela de escritores sevillanos es una cosa muy de amigos, escriben desde la periferia y quizá están dibujando poco a poco los límites del nuevo centro de la literatura española, nadie se queda sin andar atento a lo que escriben los amigos y sin compartir una cerveza con cualquier pretexto. Otros dos novelistas andan presentes en espíritu, Coradino Vega que salió a colación en la entrevista y Sara Mesa, que presentó en Sevilla esta última novela de Daniel Ruiz hace unos días, comentamos también la labor aglutinante de Estado crítico, el blog de crítica literaria por el que han pasado todos alguna vez... Esas cosas,  charlamos un poco más, sí, pero no mucho, hay que volver a casa a ocuparse de los hijos.*Carlos Serrato es profesor de Literatura.#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Nicolás</strong><em>La gran ola </em><strong>Coradino Vega</strong><em> La gran ola</em><strong> Guzmán del Alfarache</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/02/05/la_escritura_culpable_sara_mesa_44389_1026.html" target="_blank">Sara Mesa</a></p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Serrato </strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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