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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 47]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-47/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 47]]></description>
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      <title><![CDATA["Canción de un año nuevo que poco bueno augura"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cancion-ano-nuevo-bueno-augura_1_1203077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b525e4b6-8085-4445-ab41-568d89c67a74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Canción de un año nuevo que poco bueno augura""></p><p>  </p><p>   Francisco Castaño lee su poema.</p><p>  </p><p><strong>Canción de un año nuevo que poco bueno augura</strong></p><p>Por si al dos mil que empieza diecisiete,</p><p>Le diera por cumplir lo que promete</p><p>Y por fin estallara la Tercera</p><p>Guerra Mundial, o se rompiera España:</p><p>Cojamos una digna borrachera</p><p>Para el filo esquivar de la guadaña</p><p>Y liberarnos de cualquier bandera</p><p>Y de los males que tal trapo entraña.</p><p>Por si azar tan aciago se cumpliera,</p><p>Del clásico sigamos el consejo:</p><p>Cosechemos, sin tópicos, el día</p><p>—No hay un modo mejor de hacerse viejo—</p><p>Y, como en el aserto machadiano,</p><p>Mientras sigamos siendo todavía,</p><p>No dejemos pasar el tiempo en vano,</p><p>Que el gozo y la amistad, como el diamante,</p><p>Se pueden convertir en un instante</p><p>En ceniza que el viento desparrama.</p><p>No cedamos al miedo ni al chantaje,</p><p>Ni dejemos de amar a quien nos ama.</p><p>Y si inmunes no somos al ultraje</p><p>Del tiempo, que el sentido del humor,</p><p>Y una cierta ironía autoindulgente</p><p>Haga un lugar ameno del presente,</p><p>Que es el cualquier fugaz tiempo mejor.</p><p><em>*Francisco Castaño es poeta y autor de </em><strong>Francisco Castaño</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/primer-adios-del-fauno-detail" target="_blank">Primer adiós de fauno </a><em>(Hiperión, 2010). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Castaño]]></author>
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      <title><![CDATA[Fin de año con Rosa Montero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ano-rosa-montero_1_1135034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5ca87ba-9bc0-4af5-a6d2-8d0ffa4eceaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fin de año con Rosa Montero"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>_________________________</p><p><strong>Rosa Montero</strong> ya viene siendo una asidua de las tertulias de la librería de Javier. Cada cierto tiempo acude al club de lectura de la librería para presentar sus últimas novelas. Como así ha sido con su última obra, <em>La carne</em>, llegando a colapsar la Sala de Tapices del Círculo de Contribuyentes.</p><p>Habló sobre el origen de la obra, mantuvo una divertida charla con los asistentes y firmó muchos libros. En el acto hubo una presentación de la sociedad protectora de animales Help3A, para concienciar de la adopción como mejor medida para tener un animal en casa, y, para acabar el encuentro, una brillante actuación de <strong>Isabel Guantes</strong>, pianista, y <strong>Alba Nahlax</strong>, cantante alcalaína, que nos deleitaron con un pequeño concierto de navidad.</p><p>Los escritores que nos visitarán en este recién comenzado año son <strong>Luis García Montero</strong>,<strong> Dolores Redondo</strong>, <strong>Marcos Chicot</strong>, <strong>Arsenio Lope Huerta</strong>, <strong>Óscar Santos Payán</strong>, <strong>Miguel Ángel Parra</strong>, <strong>David Cantero</strong>, <strong>Luis Landero</strong>, <strong>Ana Alcolea</strong>, <strong>Jorge Edwards</strong> y <strong>Joaquín Berges</strong>.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería de Javier en Ramón y Cajal, 10, en Alcalá de Henares (Madrid) o en su página web. Para más información sobre el club de lectura de la librería, puedes escribir a javier@lalibreriadejavier.com.</em><strong>librería de Javier</strong><a href="http://www.lalibreriadejavier.com" target="_blank">su página web</a><a href="//mailto:javier@lalibreriadejavier.com" target="_blank">javier@lalibreriadejavier.com</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería de Javier]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Novela,Los diablos azules número 47]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['El humor de Borges', de Roberto Alifano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/humor-borges-roberto-alifano_1_1135028.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cebf6e09-aa6e-423d-a7de-f0e7c7ac0e92_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El humor de Borges', de Roberto Alifano"></p><p><strong>El humor de BorgesRoberto AlifanoSevillaRenacimiento2016</strong><em>El humor de Borges</em></p><p><strong>Roberto Alifano</strong></p><p> fue secretario de <strong>Jorge Luis Borges</strong> durante los diez últimos años de su vida y es autor de varios libros de conversaciones con el escritor bonaerense (entre ellos, <em>Borges, biografía verbal</em>, de 1988); con él tradujo las <em>Fábulas </em>de <strong>Robert Louis Stevenson</strong> y los poemas de <strong>Hermann Hesse</strong>, como recuerda en el prólogo <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong>. En julio de 1984, Roberto nos llevó a la casa de Borges en Buenos Aires y nos presentó a <strong>Luis García Montero </strong>y a mí como dos jóvenes –entonces lo éramos— poetas andaluces. El autor de <em>El Aleph </em>respondió: “Yo no soy joven y no sé si alguna vez he sido poeta”. Después de leer <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/1452-el-humor-de-borges.html?search_query=humor&results=39" target="_blank">El humor de Borges</a> me resulta menos chocante esa frase tan rotunda que nos dejó sin habla entonces. Y es que, ante los frecuentes elogios que se le dedican, Borges insiste una y otra vez en que él no tiene una obra literaria: habla de borradores, de textos dispersos, incluso de plagios (“Si yo tengo un mérito es el de saber plagiar… El secreto es saber hacerlo”). Como mucho, se considera un buen lector y atribuye a la sensatez de la academia sueca el hecho de que no le concedieran nunca el Nobel. Cuando lo recibió <strong>Gabriel García Márquez</strong>, Borges declaró que <em>Cien años de soledad</em> le parecía una gran novela, aunque “tal vez con cincuenta años hubiéramos tenido bastante”.</p><p>Alifano recoge en este libro una colección de anécdotas divertidas y de situaciones grotescas relacionadas, sobre todo, con el ambiente familiar de Borges y con el mundo literario bonaerense y argentino, pero también con los sucesivos regímenes políticos que sufrió su país. En estas páginas aparecen <strong>Leopoldo Lugones</strong>, <strong>Arturo Capdevila</strong>, <strong>Macedonio Fernández</strong>, <strong>Manuel Mújica Lainez</strong>, <strong>Oliverio Girondo</strong>, <strong>Silvina Ocampo</strong>, <strong>Adolfo Bioy Casares</strong>, <strong>Alberto Girri </strong>o <strong>Ernesto Sábato</strong> junto a una larga lista de autores menos conocidos que pasan por el temible sarcasmo de Borges, del que no se libra ni él mismo. Son frecuentes los diálogos de este tipo: </p><p>Para marcar diferencias, Borges atribuye el afán de inmortalidad a <strong>Ernesto Sábato </strong>e incluso saca partido humorístico de su mala relación con el autor de <em>Informe sobre ciegos</em> cuando un taxista se niega a cobrarle (“Señor, qué honor es para mí tenerlo como pasajero… Porque, ¿quién no conoce a Ernesto Sabato?”), o cuando un periodista norteamericano le pregunta si conoce al primer escritor argentino que había entrevistado: “Ernesto Sótano”. Claro, afirma Borges, un autor que escribe sobre túneles y tumbas…</p><p>Respecto a la cuestión política, es bien conocida la aversión de Borges hacia el peronismo, que lo apartó de su puesto en la biblioteca municipal del barrio de Almagro para nombrarle “inspector de aves y huevos”, y además llegó a encarcelar a su madre, a su hermana <strong>Norah </strong>y a<strong> Victoria Ocampo</strong>. “Yo sigo creyendo que <strong>Perón </strong>estaba loco, completamente loco; él y su mujer también. (…) Fue peor, quizá, que su marido”, afirma. Esa fobia se proyecta después hacia uno de los integrantes de la nefasta junta militar argentina, <strong>Leopoldo Galtieri</strong>, cuya gran ambición consistía en parecerse a Perón y seguir su camino: según Borges, “es imposible imaginarse una ambición más modesta”. Más de una vez se queja Borges de este régimen militar, al que acusa de “haber perdido toda forma de comportamiento ético”, y considera inaceptable la aventura de la guerra de las Malvinas (a ella se refiere el poema “Juan López y John Ward”, comentado en uno de los capítulos).</p><p>Los diálogos entre Alifano y Borges tratan otros aspectos de la cultura argentina, desde los gauchos (la polémica sobre <em>Martín Fierro</em>) y la dialéctica civilización/ barbarie (<strong>Rosas</strong>, <strong>Sarmiento</strong>) hasta la gastronomía, el fútbol y el tango. Con el tango mantiene Borges una relación de amor-odio: “A mí el tango no me gusta”, dice en un momento, y <strong>Carlos Gardel</strong> le parece un cantante sensiblero que no para de quejarse. Él defiende la milonga y los primeros tangos, no contaminados de sentimentalismo, tal vez los que evoca este gran poema suyo: “… Una canción de gesta se ha perdido/ en sórdidas noticias policiales”.</p><p>No pasan desapercibidos, por supuesto, sus juicios sobre España y su literatura. Madrid le resulta una ciudad provinciana, como de sainete, fácilmente olvidable. En contraste con su maestro reconocido, <strong>Rafael Cansinos-Assens</strong>, da una imagen poco favorable de <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong>, debida en parte a ciertas experiencias que vivió en el café de Pombo (“una especie de dictador, que hablaba mal de todo el mundo”) y en parte a la invención ramoniana de las <em>greguerías</em>, “una forma de pensar en burbujas” que no le agrada; la metáfora, para Borges, debe corresponder a aspiraciones más profundas, no quedarse en “ingeniosas ocurrencias efímeras”. Sin embargo, tanto él como <strong>Bioy Casares </strong>admiran la prosa de Gómez de la Serna y lo sitúan al mismo nivel que <strong>Alfonso Reyes</strong>, aunque Bioy no se ahorra otro dardo: “Ramón pudo escribir en un rato toda la obra de <strong>Oliverio Girondo</strong>”. Borges intenta dejar claro que alguna de sus <em>boutades </em>más conocidas (“Ah, ¿pero es que <strong>Manuel Machado</strong> tenía un hermano?”) deben entenderse en clave de humor. Un humor provocativo, por supuesto. Pero no modifica en absoluto su juicio negativo sobre <strong>Federico García Lorca</strong>, “un andaluz profesional”: en este libro encontramos una descripción muy detallada del encuentro que Borges y otros escritores argentinos –<strong>González Lanuza, Molinari—</strong> tuvieron con el poeta andaluz en el hotel Castelar de Buenos Aires y algunas claves de la escasa simpatía que sintió Borges hacia Lorca. ¿Pura arbitrariedad? Puede que sí.</p><p>Hay otros muchos temas que aparecen en estas conversaciones, desde comentarios sobre textos como “La intrusa” o “Pierre Menard” hasta la relación de Borges con las mujeres, sus enamoramientos (correspondidos o no), su conflictivo matrimonio con <strong>Elsa Astete</strong> y su pintoresca huída del domicilio familiar; también su admiración por escritoras como <strong>Emily Dickinson</strong>, <strong>Virginia Wolf </strong> o <strong>Silvina Ocampo</strong>. Al final, el lector puede creerse o no las valoraciones negativas de Borges sobre su propia obra, pero leerlo es, en cierto modo, una cura de humildad: “Cada uno de esos textos fueron necesarios para mí y, la mayoría, tienen la virtud de haber sido espontáneos (…). Yo me daría por satisfecho si después de mi muerte sobrevivieran unas pocas líneas”.</p><p><em>*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de Literatura. Su útimo libro, </em><strong>Antonio Jiménez Millán</strong><a href="http://www.editorialrenacimiento.com/antologias/1742-ciudades.html" target="_blank">Ciudades </a><em>(Renacimiento, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></author>
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      <title><![CDATA['Poesía completa', de Alejandra Pizarnik]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-completa-alejandra-pizarnik_1_1135025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1180506a-05b5-4631-99b1-6117d83fe0de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Poesía completa', de Alejandra Pizarnik"></p><p><strong>Poesía completaAlejandra PizarnikLumenBarcelona2016</strong><em>Poesía completa</em></p><p>La poesía de <strong>Alejandra Pizarnik</strong> (Avellaneda, Argentina, 1936-Buenos Aires, 1972) nunca nos deja indiferentes. La fuerza de su lenguaje poético y su capacidad de subversión nos arrastran como un remolino de ese viento que habita sus poemas, empujándola —“(...) Pero no. Mi infancia/ sólo comprende al viento feroz/ que me aventó al frío/ cuando campanas muertas/ me anunciaron (...)”— o destruyéndola —“El viento me había comido/ parte de la cara y las manos/ Me llamaban ángel harapiento/Yo esperaba”.</p><p>Heredera del surrealismo, una cita de <strong>Rimbaud </strong>abre su primer libro, y de una escritura irracionalista que va de <strong>Lautréamont </strong>al superrealismo de <strong>Breton </strong>pasando por <strong>Mallarmé</strong>, su extremada sensibilidad y el uso de poderosas imágenes dotan a su poesía de una tensión emocional y verbal que nos estremece: “una mirada desde la alcantarilla/puede ser una visión del mundo/la rebelión consiste en mirar una rosa/ hasta pulverizarse los ojos”.</p><p>Alejandra Pizarnik, tras una vida de continuo sufrimiento, con largos periodos de internamiento en centros psiquiátricos y a la que decidió dar fin a la edad de 36 años, ha sido tildada por algunos críticos de escritora maldita. Sin embargo, la magnífica obra poética que nos ha legado debe permitir situarnos a una distancia prudente de esas circunstancias biográficas y sabernos ante una de las voces más potentes de la literatura en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX.</p><p>Lumen ha reeditado el volumen de su <em>Poesía completa</em>, que recoge la obra publicada en vida de la autora —<em>La tierra más ajena</em> (1955), <em>La última inocencia</em> (1956), <em>Las aventuras perdidas</em> (1958), <em>El árbol de Diana</em> (1962), <em>Los trabajos y las noches </em>(1965), <em>Extracción de la piedra de la locura</em> (1968) y <em>El infierno musical</em> (1971)— y los poemas inéditos compilados a partir de manuscritos. Un volumen que, como dice la poeta<strong> Ana Becciu, </strong>traductora y amiga de Pizarnik y encargada de esta edición, “no pretende ser definitivo, en un sentido académico; es solo una compilación, hecha, eso sí, con lealtad a Alejandra Pizarnik, y devoción a su obra, única e irrepetible”.</p><p>Esta <em>Poesía completa</em>, celebrada por sus lectores, permitirá acercarse a la obra de esta gran poeta argentina a aquellos que todavía no han sucumbido a la sensualidad desgarrada de sus versos, a su necesidad de “volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz”, a ese intento suyo de "explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome".</p><p>El conjunto de la obra de Pizarnik manifiesta una preocupación por el lenguaje y la perfección estética. Su voz poética surge como interrogante que se abre ante la imposibilidad de explicar el mundo, de explicarse —“ella se desnuda en el paraíso/ de su memoria/ella desconoce el feroz destino/de sus visiones/ella tiene miedo de no saber nombrar/lo que no existe"— , ante la dificultad de encontrar la palabra precisa —“Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”.</p><p>Al tema de la insuficiencia del lenguaje, perturbador e insistente en toda su obra, debemos añadir el tema del silencio y el de la otredad que van evolucionando junto a este, de manera paulatina: “El poema que no digo,/el que no merezco./Miedo de ser dos/camino del espejo:/alguien en mí dormido/me come y me bebe". La poesía de Alejandra Pizarnik está permanentemente ante el espejo, en búsqueda incansable de sí misma. Porque el espejo refleja la imposibilidad de decir y la imposibilidad de encontrarse, de saberse, porque “más allá de cualquier zona prohibida/ hay un espejo para nuestra triste transparencia”.</p><p>A través de magníficos oxímoron, sinestesias y metáforas impactantes. Alejada de cualquier formalidad métrica, la poeta argentina va desplegando ante nosotros temas como la infancia y la muerte pilares fundamentales sobre los que sustenta su obra poética: “Recuerdo mi niñez/ cuando yo era una anciana /Las flores morían en mis manos/ porque la danza salvaje de la alegría/ les destruía el corazón”. El yo poético, en la desolación de la soledad, exiliado de si mismo se ve arrastrado hacia la fragmentariedad y la destrucción: “Ya no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla”.</p><p>Toda la poesía de Pizarnik parece necesitar responder a una pregunta "¿quién soy?". Acompañémosla en ese viaje al  poema, “el lugar donde todo sucede”.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <title><![CDATA[Ellas son mayoría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/son-mayoria_1_1135015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/719c8b12-f363-4bef-9e04-09050817cbaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ellas son mayoría"></p><p><strong>Cuentos de hadas Angela CarterTraducción de Consuelo Rubio AlcoverImpedimentaMadrid2016</strong><em>Cuentos de hadas </em></p><p>Una antología de cuentos protagonizados por mujeres de la escritora británica que se publican por primera vez en castellano.</p><p>Reivindico los cuentos en nuestra vida también para los mayores, como es el caso, en donde las heroínas son las féminas, y donde además de amor y magia hay sangre, honor y muerte.</p><p>Se trata de una recopilación de relatos breves con influencia de cuentos populares tradicionales. Por eso hay que matizar que de ninguna manera es un libro para niños, ya que abunda la muerte y el sexo, pero siempre con el humor y la diversión por delante. Una extraordinaria edición acompañada de grabados originales en blanco y negro de <strong>Corinna Sargood</strong>.</p><p>  <strong>Últimos testigosSvetlana AlexiévichTraducción de Ioulia Dobrovolskaia y Zahara García GonzálezDebateBarcelona2016</strong><em>Últimos testigos</em></p><p>De la Premio Nobel de Literatura 2015, una obra maestra inédita hasta ahora que recoge el recuerdo de los niños que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, contado desde una perspectiva totalmente distinta a todo lo anterior.</p><p>Un retrato personal y profundamente conmovedor del conflicto para lo que Alexiévich entrevistó a muchos de los huérfanos que habían vivido en los orfanatos tras la guerra en Bielorrusia. El resultado es un emocionante relato de una de las mayores tragedias de la historia.</p><p>Son sus protagonistas los que hablan conformando con sus palabras una especie de memoria coral de la guerra, original, auténtica y fascinante. Conversaciones con cientos de personas mantenidas entre 1990 y 2012 que giraban en torno al amor, los celos o la infancia.</p><p>  <strong>Las sillitas rojasEdna O' Brien​​​​​​​Traducción de Regina López Muñoz</strong><em>Las sillitas rojas</em></p><p><strong>Errata NaturaeMadrid2016</strong></p><p>La primera novela de <strong>Edna O’Brien</strong> en diez años es un recorrido por Europa desde su Irlanda natal, una historia sobre las miserias de nuestras guerras contemporáneas y sobre la necesidad de rendir cuentas en un mundo en ruinas tras la desolación.</p><p>Pero es también una exploración de los temas de la vida provinciana irlandesa desde la perspectiva de las mujeres, donde se habla de las más profundas oscuridades del hombre, pero se dibuja un camino posible hacia la esperanza. El mal, la mentira y el dolor encarnados en un grupo de personajes fascinantes</p><p>La autora nos habla de las 643 sillitas vacías que representaban a los niños muertos por los francotiradores y la artillería pesada durante el conflicto en Sarajevo.</p><p><strong>Los pescadoresChigozie Obioma​​​​​​​Traducción de Dora Sales Salvador</strong><em>Los pescadores</em></p><p><strong>SiruelaMadrid2016</strong></p><p>​​​​​​​Novela psicológica que indaga en las relaciones familiares y fraternas dentro de una sociedad que respira modernidad pero que aún cree en supersticiones y creencias.</p><p>El escritor nigeriano mezcla elementos del mundo occidental con el mundo nigeriano con todas sus tradiciones, y las contrapone para mostrarnos que hay mucho más de lo que parece en esta narración que se centra en una familia media nigeriana, al frente de la cual está un estricto padre que tiene grandes sueños para sus hijos.</p><p>Una trama situada en la década de los noventa, que se inicia cuando el propio escritor contaba diez años de edad y el país africano estaba gobernado por su décimo presidente. Un recorrido socio-político que va mostrando un país bajo una fuerte represión que ve desaparecer las posibles salidas a su situación.</p><p>Una novela sobre pérdidas de sueños y de esperanza hacia un futuro alentador. De desmoronamientos de amor, de familia, que nos hace mirar hacia atrás, hacia el pasado, para comprender que las personas a las que amamos cambian irremediablemente, a veces, por fuerzas desconocidas.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cervantes en Doctor Casal, 9, en Oviedo, o en su página web.</em><strong>Librería Cervantes</strong><a href="http://www.cervantes.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Concha Quirós (Librería Cervantes)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ellas son mayoría]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Literatura europea,Los diablos azules número 47]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agendas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/agendas_1_1135014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/830a36f8-ea04-4e78-9544-f5a3b41ce475_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agendas"></p><p>Sobre el escritorio está la nueva agenda. Sus tapas impecables son como el frente de una casa recién construida aún deshabitada. Las líneas en sus páginas sugieren caminos que no se sabe a dónde llevarán. Las fechas en el ángulo superior remiten a sucesos del pasado porque aún no tienen memoria propia: hibernan en espera de que la vida cronometrada se aloje en su blancura.</p><p>Tapas, líneas, fechas suscitan curiosidad, incertidumbres, temores, esperanzas.</p><p>En el cajón del escritorio se acumulan agendas de años anteriores. Tienen las cubiertas maltratadas y las abultan los papeles guardados entre las hojas llenas de números, nombres, direcciones, frases incomprensibles, tachaduras, iniciales, reflexiones, desahogos: “1º. de abril: En resumidas cuentas, no sé cómo resolverlo". “Julio 12: Me dio pena confesar que nunca he sacado un pasaporte": “Octubre 31: Valió la pena”. “Diciembre 11: Otra vez me tocó hacer la lista del intercambio de regalos. ¡Ni modo!”</p><p>De entre las viejas agendas Ella selecciona una al azar. “1999”. La hojea de prisa. Aunque no alcance a leerlas, sabe que las anotaciones en cada página corresponden a momentos de su vida. No logra recordar ninguno en  especial, ni siquiera está segura de que en ese año haya viajado a Cancún para la boda de Lourdes, su mejor amiga. La anotación inicial en su libreta 2015 podría ser: “Llamar a Lulú para felicitarla por el año nuevo”.</p><p>Eugenia retrocede a la primera página. Allí siguen escritos sus propósitos para el año 1999 que hoy considera remotísimo. Pronto verá del mismo modo el 2015 que tiene algunos días de comenzado. Reflexionar sobre la fugacidad del tiempo la incomoda y opta por leer la lista que escribió con muy buena letra y tinta violeta hace 16 años (¡quién lo diría!): “Huir de los recuerdos tristes. Reconciliarme con mi hermana Carla. No esperar a que las soluciones me caigan del cielo. No perder el tiempo en reuniones que no me interesan. Pedir que me aumenten el sueldo. Salirme de la casa de mis papás y alquilar mi propio departamento. Poner orden en mis cosas.  Menos tele y más lectura. Aceptarme como soy (subrayado tres veces). Hacer ejercicio, aunque sea en la casa”.</p><p>Esa aclaración le recuerda a Eugenia su mala racha del 99 que la obligó a renunciar al gimnasio y sustituir las rutinas bajo supervisión profesional por caminatas en los andadores de la colonia. Recorrerlos a buen paso era grato a pesar del pavimento desigual, los ciclistas en contrasentido, la suciedad de los perros, el desenfado de los menesterosos drogándose en las  bancas, las bolsas negras desbordando basura y la triste imagen de los pepenadores hurgando en ellas.</p><p>Entre ese grupo había una mujer pequeña, musculosa, acompañada de tres perros flacos y largos. Obedientes y fieles, se echaban a los pies de su ama para verla saltar sobre las latas de aluminio con una furia sólo comparable a la del Arcángel Miguel en su lucha contra el Maligno.</p><p>Eugenia se pregunta qué habrá sido de ese personaje y del hombre altísimo, con lentes azules, que paseaba a un perrito nervioso. ¿Y la señora que leía ávidamente sin dejar de comer la ensalada de atún que sacaba de un tóper? Por el uniforme blanco se veía que era una de las enfermeras del hospital de rehabilitación vecino del expendio de llantas.</p><p>Esos recuerdos hacen que Eugenia eche de menos su etapa de caminante. Duró unos cuantos meses pero logró progresos notables. Como primera meta eligió el puesto de flores. Recorrer las once cuadras que mediaban entre ese punto y su casa le producía dolor en las rodillas y una especie de mareo. Se sobrepuso a esos malestares y en pocas semanas conquistó un paradero más lejano: el restaurante de cortes argentinos con mesas en la calle donde las parejas, indiferentes al asado de tira, charlaban y bebían vino tinto.</p><p>Ser protagonista de una escena parecida fue su aspiración secreta y lo sigue siendo. Aceptarlo la avergüenza, la ilusiona, la impulsa a volver a los andadores e imponerse distancias más largas: primero a la tienda departamental, después a la Glorieta de la Palma.</p><p>Ese árbol solitario lloroso de dátiles incomibles, traído de quién sabe dónde, está asociada a uno de sus más bellos recuerdos: los paseos con su abuela Gracia contándole de cuando llegó a la Ciudad de México y no conocía a nadie más que a su vecina: una gringuita que no hablaba español y todo el tiempo le decía Maidarling a pesar de sus esfuerzos para aclararle que su nombre era Engracia y no Maidarling.</p><p>La añoranza de aquellos tiempos en que su abuela Gracia vivía le provoca a Eugenia un dolor suave pero lo desecha recordando el primer buen propósito del 99: “Huir de los recuerdos tristes". Aún no ha cumplido con él. Es uno de sus pendientes. Lo saldará en el 2015 y lo anota en su nueva agenda como primer objetivo de un año que sin duda será mejor. Su certeza se origina en el recuerdo de las experiencias vividas en el 2014: el más implacable y cruel de todos los calendarios.</p><p>“Huir de los recuerdos tristes”, murmura dándose golpecitos en la frente, y se concentra en plantear sus nuevas metas. Podrían ser las del 99 que aún no ha realizado. Por ejemplo, alquilar su propio departamento. La realidad se le impone de inmediato: en sus condiciones actuales, con la inseguridad en el trabajo, imposible comprometerse con una renta. Más vale que lo acepte si no quiere convertir en un infierno su condición de hija de familia a los treinta y ocho años. Sin titubeos redacta su segundo propósito: “Ser más comunicativa con mis papás".</p><p>Guiada por la lista escrita hace 16 años sigue adelante. Proponerse la reconciliación con su hermana es inútil. Carla ya no vive, lo más que puede hacer es visitarla en el panteón y decirle, aunque sepa que no obtendrá respuesta, lo mucho que lamenta no haber hablado con ella. La conciencia de la imposibilidad le dicta el tercer objetivo para el 2015: “No dejar nada para mañana".</p><p>Eugenia relee lo escrito. Es pobre pero no se le ocurre nada más. Su mente está en blanco. Necesita inspirarse. Saca del cajón otra agenda: “2003”. En la primera página encuentra los mismos propósitos que en la anterior. La cierra y toma una distinta: “2005”. Nada nuevo: “Huir de los…”. “Reconciliarme con…”. “No esperar…”. Sigue leyendo hasta llegar a la última línea: “Hacer ejercicio”.</p><p>Por lo que ha visto, Eugenia deduce que en que en las viejas agendas que aún no ha revisado encontrará la misma lista de metas, como si todos los años pasados hubieran sido el mismo. Reitera que este tiene que ser diferente, empezando por “Huir de los recuerdos tristes” y “No dejar nada para mañana”.</p><p><em>*Cristina Pacheco es escritora y periodista. Su último libro, </em><strong>Cristina Pacheco</strong><a href="http://oceano.mx/obras/el-eterno-viajero-cristina-pacheco-15078.aspx" target="_blank">El eterno viajero</a><em> (Océano, México, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Pacheco]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 47]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Fábula']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fabula_1_1134987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b2ad3e7c-22fe-4cd9-b36b-7380fcdb4458_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Fábula'"></p><p><strong>Javier Vela</strong> se enfrenta en su nuevo poemario, <em>Fábula</em>, al "carácter falsario de  la memoria". El ganador del premio Adonais en 2004 por <em>La hora del crepúsculo</em> y del Loewe a la Joven Creación en 2009 por <em>Imaginario</em> se cuestiona ahora los "mitos y creencias que conforman nuestra noción de verdad" en este libro que cierra un ciclo de más de una década. ​​​infoLibre publica un adelanto del libro editado pot la <a href="http://fundacionjmlara.es/" target="_blank">Fundación José Manuel Lara</a> que llega este mes a las librerías. </p><p><strong>Lo real y su doble</strong></p><p>Llevaba tatuada una pluma de pájaro en los brazos, en el canasto providencial de sus brazos, húmedo de tormentas y de vientos de nombre secular, o seco y calcinado, batido por las églogas –y me brindó refugio.</p><p>Sombras como raíces trepidaban bajo su nervadura y había uvas de sueño en el leñoso dédalo de sus manos.</p><p>Repítelo, repítelo, tú a cuyo encuentro acuden como hormigas las tercas prohibiciones del deseo; tú, miedo; tú, frontera.</p><p>Si este poema fuese solo por un instante algo más que un poema, si fuese apenas un árbol, o los anillos de crecimiento de un árbol, nuestra noción del mundo se derrumbaría.</p><p>Pero el amor no basta: haced sitio al amor.</p><p>Seres fecundos en contradicciones, abramos la ventana y arrojemos toda razón por ella, como esos viejos que en la madrugada de la ciudad sonámbula sacan a sus mujeres a bailar.</p><p>Pequeñas sediciones</p><p>hay tanta gente sola</p><p>seria perdida mustia</p><p>emborbonada</p><p>que sueña que sucumbe</p><p>gente que se detiene</p><p>en los semáforos</p><p>y hojea –es un decir–</p><p>revistas de países</p><p>a los que nunca irá</p><p>ánimas solitarias cuerpos solos</p><p>con tedio se masturban y a menudo</p><p>piensan en el pasado</p><p>lejos de ser felices se conforman</p><p>con la mención de la felicidad</p><p>están al día de todas las noticias</p><p>de todas las canciones</p><p>los libros las películas</p><p>son buenos anfitriones y organizan</p><p>cenas con compañeros de trabajo</p><p>en pisos de alquiler</p><p>recogen entre todos</p><p>la mesa</p><p>tristemente</p><p>después vuelven a casa</p><p>y así viven</p><p>todos creen merecer algo mejor</p><p>Retrato de familia</p><p>Tenemos ayes, úlceras, salivas y sudores. Tenemos sangre y sueño y obsesiones que apenas evocamos por un temor atávico a nombrarlas, y renuncias y olvidos.</p><p>Tierra, cieno, basura, calamidad y muerte.</p><p>Tenemos hambre, deudas, epidemias, pero también amores y entusiasmos y un perro que nos lame las heridas y nos delata al vernos regresar, y esa indigencia gris en que dormimos un sueño adolescente, arrellanados sobre la orquídea del sexo, viendo cómo rebullen los mosquitos en los escombros del atardecer, cuando una mano anónima viene a apagar las luces del pasado y a tomarnos la fiebre.</p><p>Fantasmas familiares, herederos del frío original, sobrevivimos juntos, amamos tercamente y alzamos una copa vacía por el futuro.</p><p>Reímos y lloramos, pero somos los mismos.</p><p>Acampamos como una hueste de enfermos bajo telones húmedos y, a veces, escribimos a la luz de una lámpara lo que otros escribieron a la luz de una vela.</p><p>Somos entre la niebla nuestro propio enemigo,</p><p>vemos mal, somos torpes, fingimos ser filósofos con manos de poetas y urdimos telarañas, metáforas y estrellas para cruzar el río de lo real.</p><p>Un día nos uniremos en la orilla de donde no se vuelve, bajo el auspicio de los centinelas, y pasearemos juntos entre blandas palmeras faraónicas, y compareceremos en fiestas submarinas, y nadie faltará.</p><p>Los últimos rebeldes</p><p>Adormecidos en la inocencia del canto, tengamos hoy tú y yo, lectores de novelas y de libros inútiles sobre nosotros mismos, un recuerdo sincero para<strong> Nancy Cunard</strong>, editora de jóvenes maestros y afanada poeta, pálida descendiente de navieros que fue desheredada por anudar su mano a la de un negro musicante de jazz, y por llevar a orgullo, bajo la piel ebúrnea de sus brazos, su amor a los sedientos, los proscritos, los peregrinos de la libertad, y que su nombre vuele como el polen de palabra en palabra. Que en la pasión del verbo recobremos, a guisa de espejismo, su talento y su ánimo aquejados de vagas adicciones postfreudianas, su belleza de época, su figura enfermiza y arcanamente misericordiosa, su frente ancha y humana, ennoblecida como una piedra en el mar.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Vela]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Fábula']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 47]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Últimos testigos', de Alexiévich]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimos-testigos-alexievich_1_1134982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c02310df-5789-44ba-a347-b663dd9f90f9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Últimos testigos', de Alexiévich"></p><p><em><strong>Últimos testigos</strong></em></p><p><strong>Svetlana Alexiévich</strong></p><p><strong>Traducción de Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González</strong></p><p><strong>Debate</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2016</strong></p><p>Durante la Segunda Guerra Mundial murieron casi 13 millones de niños: en bombardeos, de hambre, asesinados, quemados, de frío o miedo. Muchos otros se quedaron solos: sin padres, parientes, hermanos ni siquiera una casa en la que refugiarse, ya que los nazis reducían a ceniza todos las poblaciones por las que pasaban. Se enfrentaron a la dura posguerra con una madurez sobrevenida cuando todavía no les habían caído los dientes de leche. Sólo en Bielorrusia unos 26.900 niños fueron repartidos en numerosos orfanatos. “¿Un niño que haya sufrido los horrores de la guerra sigue siendo un niño? ¿Quién les devuelve su infancia?”, se preguntaba la Premio Nobel de Literatura de 2015 <a href="http://www.alexievich.info/knigi/LastWit_En.pdf" target="_blank">en el prólogo de la edición en inglés</a> de <em>Últimos testigos</em>. La versión en castellano de este libro que publicaba hace unos meses la editorial Debate no incluye este prólogo, pero sí una idea de <strong>Dostoievski</strong> que resume la intención de<strong> Svetlana Alexiévich</strong>: ninguna revolución justifica las lágrimas de un niño inocente. La otra moraleja del relato tiene que ver con la no repetición: no hay mejor alegato pacifista que los espeluznantes recuerdos de aquellos niños sin infancia. “Ya he cumplido 51 años, tengo mis propios hijos, y, sin embargo, todavía sigo queriendo que venga mamá”, clama una de las entrevistadas.</p><p>Como es habitual en su literatura, Alexiévich utiliza las voces de sus decenas de entrevistados para componer un relato coral. Hurga en las heridas enquistadas de la antigua Unión Soviética sin pretensión historiográfica, pero con el deseo de que las emociones traspasen la época y el lugar en la que ocurrieron. En <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/06/guerra_tiene_rostro_mujer_svetlana_alexievich_49300_1821.html" target="_blank">La guerra no tiene rostro de mujer</a> (Debate) recopiló la biografía de las mujeres combatientes en el Ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial; en <em>Los muchachos de zinc</em> (también Debate) abordó la guerra de Afganistán a partir de los soldados que volvían muertos en ataúdes de elaborados con este material; en <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/07/29/fin_del_homo_sovieticus_svetlana_alexievich_53055_1821.html" target="_blank">El fin del Homo Sovieticus</a> (Acantilado) le tocó el turno a las ilusiones rotas tras el desplome de la Rusia socialista; y en <em>Voces de Chernóbil</em> (Debolsillo) entrevistó a 500 testigos de aquella catástrofe nuclear. <em>Últimos testigos</em> era el último libro publicado por la periodista bielorrusa que quedaba por traducir al castellano. Cada uno de sus proyectos requiere entre cinco y 10 años de trabajo: son horas, o incluso días, de conversación con los entrevistados hasta dar con el recuerdo más elocuente. Hace preguntas a las que muchas personas se enfrentan por primera vez.</p><p>Este volumen podría entenderse como el complementario a <em>La guerra no tiene rostro de mujer</em>. Por la época que aborda, ya que en él recoge el testimonio de un centenar de hombres y mujeres que no superaban los 11 años cuando las tropas de <strong>Hitler</strong> pisaron suelo soviético. Y por la coincidencia de anécdotas espantosas. “En esos dos días todo el pelo se le volvió blanco. (…) Yo acariciaba el pelo de mamá. Tenía miedo. Temía que mamá también se volviera toda blanca”. Algunos de los entrevistados en <em>Últimos testigos</em> son también los hijos de las guerrilleras, que se quedaron en la retaguardia, donde las mujeres también se encargaron de que la economía soviética siguiera funcionando. No obstante, ambos libros difieren en determinados aspectos formales. En el caso de <em>La guerra no tiene rostro de mujer</em>, los relatos se articulaban en orden cronológico. No así en <em>Últimos testigos</em>, quizás porque muchos de los niños, sobre todo los más pequeños, apenas tienen un recuerdo aislado. Y en este último, se echa en falta un prólogo en el que se contextualice la obra.</p><p>Tampoco hay referencias geográficas, más allá de las que incluyen los testimonios, lo que refuerza la vocación universal del libro. Son recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, un mural sentimental y colectivo de un determinado trauma, pero en todas las contiendas siempre hay niños que padecen los mismos sufrimientos: la desorientación, el miedo, la espantosa soledad de un huérfano en medio del horror. Es el gran valor del trabajo de Alexiévich: nos habla de emociones. “En vez de infancia, tengo la guerra”, cuenta <strong>Vasia Jarevski</strong>. Tenía cuatro años cuando los nazis llegaron a su pueblo.</p><p><em>*Saila Marcos es periodista de </em><a href="https://twitter.com/sailusticadas" target="_blank">Saila Marcos </a>infoLibre<em> y </em>tintaLibre<em>.</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Últimos testigos', de Alexiévich]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra,Infancia,Libros,Literatura,Periodismo,Premios Nobel,Los diablos azules número 47]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[David Vann: "Cuando los personajes explotan, nos vemos a nosotros mismos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/david-vann-personajes-explotan-vemos_1_1134981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8b8df6e7-35a0-45f2-9320-004ea173aaa2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Vann: "Cuando los personajes explotan, nos vemos a nosotros mismos""></p><p><strong>David Vann</strong> acaba de publicar <em>Acuario </em>(en castellano<a href="http://www.megustaleer.com/libro/acuario/ES0139316" target="_blank"> en Literatura Random House</a>, en catalán<a href="http://periscopi.cat/antipoda/item/l-aquari" target="_blank"> en Edicions del Periscopi</a>). Nacido en Alaska, vive alrededor del mundo, fundamentalmente viaja en barco y solo “descansa” 6 semanas al año en Nueva Zelanda en una casa aislada que compró hace unos años y en otoño en Inglaterra donde imparte algunas clases. Las novelas y crónicas de este norteamericano (<a href="http://www.megustaleer.com/libro/goat-mountain/ES0115676" target="_blank"><em>Goat Mountain,</em></a><em> Tierra, Cocodrilo, Caribou Island</em><a href="http://www.megustaleer.com/libro/tierra/ES0115133" target="_blank">Tierra</a><a href="http://www.megustaleer.com/libro/cocodrilo/ES0115675" target="_blank">Cocodrilo</a><a href="http://www.megustaleer.com/libro/caribou-island/ES0106813" target="_blank">Caribou Island</a>) no dejan indiferente. Conmueven y resucitan en el lector preguntas de uno mismo que habíamos dejado aparcadas u olvidadas en alguna parte. Como demostró en <a href="http://edicionesalfabia.com/libros/sukkwan-island#" target="_blank">Sukkwan Island</a>, <em>nouvelle </em>en la que fabulaba sobre el suicidio de su padre y que <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/david-vann-afronta-suicidio-padre-sukkwan-island-598827" target="_blank">se convirtió en todo un fenómeno</a>, es un especialista en escribir sobre conflictos entre personas. Y especialmente entre personas que se quieren y no deberían hacerse daño. En <em>Acuario </em>ha vuelto a hacerlo.</p><p><strong>PREGUNTA. ¿Por qué eligió el acuario como escenario principal? ¿Cuál es su significado?</strong></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. Cuando yo tenía 12 años, la edad de Caitlin, mi casa estaba llena de peceras, y a mí eso me encantaba. Me pasaba los fines de semana limpiándolas, y cuando llegaba la noche siempre observaba los peces. Y noté ciertos aspectos de la vida humana y de nuestro comportamiento en esos peces. ¡Los peces están tan especializados…! Por cada tic humano, singularidad o rareza que tengamos, habrá un pez que ha hecho esto toda su vida.</p><p><strong>P. ¿Y esta afición por los peces le viene de tan lejos?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sobre todo después del suicidio de mi padre observar los peces fue una actividad que me tranquilizaba, era como un refugio. Es bastante similar a cómo Caitlin lo usa en el libro. Cada día, al salir del colegio, va al acuario público, que es como un refugio para ella: mira los peces y piensa en la vida adulta y en la suya propia. Y entonces aparece un hombre mayor y ambos empiezan a hablar sobre los peces, pero en realidad están hablando de sí mismos. El acuario es un escenario agradable y cerrado, como si fuera una obra de teatro, donde puedes mirar los peces y reflexionar sobre el comportamiento humano.</p><p><strong>P. Es decir, que este libro lo tenía planificado desde hacía tiempo…</strong></p><p><strong>R</strong>. No lo había previsto. Escribo de forma muy inconsciente, sin ningún esquema previo, así que no tenía ni idea de sobre qué trataría el libro. Pero esta es la primera novela que he escrito de la que, ya desde que estaba terminando el libro anterior, me iban llegando <em>flashes </em>y momentos: hay una niña y un hombre viejo en un acuario, y él será muy importante para ella, y hay peces.</p><p><strong>P. ¿Y estos flashes tienen algo que ver con su familia como en la mayoría de sus obras?</strong><em>flashes </em></p><p><strong>R</strong>. También es el primer libro que escribo que no trata sobre mi familia, que no es una tragedia, que está ambientado en una ciudad… Es muy diferente a los anteriores. Lo que lo hizo fácil de escribir fue la familiaridad con los peces y el acuario. Tiene lugar en una ciudad, pero todo Seattle es descrito como si hubiera vuelto a un estado natural, como si estuviera bajo el agua. Caitlin ve Seattle como una estrella de mar, con sus dedos; y las luces encima de ella, que son aviones que pasan por el cielo, las ve como si fueran de peces abisales. Ve su piso como si fuera un acuario, y el cine como si fuera una cueva submarina, con los palcos por encima, y la cortina de plancton que ondea.</p><p><strong>P. La naturaleza es uno de los elementos más presentes en sus novelas. La naturaleza más salvaje, la más temida, pero a la vez, a la que más respeta.</strong></p><p><strong>R</strong>. En todas mis novelas me fijo en el paisaje natural y, a medida que voy trabajando en su descripción, voy llegando a la historia, a los personajes, a los temas, a la visión de cómo será el libro. En este volví a mis intereses tempranos: los peces, el acuario, y transformar la ciudad en un entorno natural. No pienso demasiado en esta elección, pero fue natural, fácil, algo con lo que me encontraba muy a gusto.</p><p><strong>P. En sus libros, siempre aparece gente construyendo cosas. En Acuario, el abuelo construye una casa para la familia, en Sukkwan Island también hay una escena donde los personajes construyen una cabaña…</strong><em>Acuario, </em><em>Sukkwan Island</em></p><p><strong>R</strong>. ¡Es verdad, nunca había caído en ello! De hecho, el abuelo compra una casa ya hecha pero la redecora, la hace mucho más acogedora. Tiene la intención de hacer de ella un hogar para su hija y su nieta, como regalo para poder volver a ser parte de la familia. No me había dado cuenta, ¡nunca había pensado en esta conexión! Por esto me gusta hacer <em>book tours </em>y entrevistas, porque descubro cosas de mis libros. Los escribo, los empiezo a entender cuando estoy llegando al final y después voy descubriendo cosas cuando me entrevistan.</p><p><strong>P. Descubre cosas del libro en las que no había pensado. </strong></p><p><strong>R</strong>. Por ejemplo, cuando ideé <em>Acuario </em>no se me ocurrió que estaba escribiendo un cuento de Navidad. Fueron los periodistas los que me lo hicieron notar: “Todo pasa justo a tiempo, ahora que es Navidad, una familia que se reencuentra y se perdona.” Y yo nunca había tenido la intención de hacer un cuento de Navidad, pero la verdad es que lo es. Incluso van a comprar un abeto, porque se acercan las festividades, y aparecen tópicos cristianos como el perdón y la reunión de la familia.</p><p><strong>P. Hay quien dice que este libro es un cuento de hadas. Se hace difícil, sin embargo, decir quién es el personaje principal: Caitlin, el abuelo, la madre… Y luego te das cuenta que la protagonista es la madre, y que el libro trata sobre la capacidad de perdonar de los humanos. Sobre todo, de la capacidad del abuelo para pedir perdón, y la incapacidad de Sheri para otorgarlo. </strong></p><p><strong>R</strong>. Este libro es extraño, porque es el primer personaje masculino positivo que he escrito. En todos mis libros he sido muy crítico con los hombres y la violencia masculina. Pero tanto Steve como el abuelo son buenos, y quieren que la familia se reúna. De hecho, la violencia que aparece en <em>Acuario</em> es psicológica, y es cuando Sheri está intentando que su hija reviva su vida y su sufrimiento, porque quiere que la comprenda. Es como una tragedia griega, aunque sin final trágico. Pero lo es. Porque la madre la está forzando a pasar por lo mismo que pasó ella. Y lo hace por la rabia que le provoca su padre, porque la abandonó, y todas las consecuencias que esto causó: cómo su madre fue abandonada por su marido y murió sin él a su lado.</p><p><strong>P. Decía que no habla de su familia en el libro, pero sí que habla del perdón, que en su caso es un debate interno permanente en su vida y en sus novelas. </strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, yo también sentí rabia contra mi padre durante muchos años, porque se suicidó y nos abandonó. Me costó 35 años perdonarlo. Yo empatizo con Sheri, entiendo por qué no puede dejar que el abuelo vuelva con la familia y por qué es tan dura con su hija.  Ella quiere a Caitlin y nunca querría hacerle daño. Pero se deja cegar por la rabia y esto hace que se comporte de forma terrible con su hija, aunque la quiere más que nada en el mundo y haría cualquier cosa para protegerla. Esto es lo que me interesa cuando escribo obras dramáticas: ver que los personajes están fuera de control, guiados por sus experiencias pasadas, intentando buscarles sentido, y siendo incapaces de controlar lo que les sucede en el presente.</p><p><strong>P. ¿Poco cuento de hadas, entonces y más tragedia griega?</strong></p><p><strong>R</strong>. Buenos, hay algún elemento. Por ejemplo, la escena donde Steve intenta asustar a las chicas en el bosque con un muñeco de nieve… Y tienes razón, los tres personajes son muy importantes: Caitlin es la protagonista, y su madre es la antagonista; pero el abuelo había tenido un papel muy importante previamente, pues había sido el antagonista de Sheri. Es él quien originó todos los problemas, pero también es él quien intenta solucionarlo todo, intenta dar una vuelta a su rol dentro de la historia.</p><p><strong>P. Todos los personajes son importantes. </strong></p><p><strong>R</strong>. Las novelas, normalmente, tienen más personajes. Las mías son extrañas, son lo que llamaríamos una <em>nouvelle, </em>que no es ni una novela ni un relato breve. Es como una historia corta, por el lenguaje y el ritmo, y se centra en la acción dramática primaria: hay dos personajes, Caitlin y Sheri, que están forcejeando la una con la otra, y no nos movemos de aquí. No hay ningún momento en que no las veamos, no hay capítulos alternados donde se explique la historia de alguien más, como una novela normalmente hace.</p><p><strong>P. También es una tónica en sus libros. Pocos personajes de una intensidad extraordinaria.</strong></p><p><strong>R</strong>. En <em>Acuario, </em>dos protagonistas y tres personajes secundarios. En mi libro anterior, <em>Goat Mountain, </em>hay también solo dos personajes secundarios. Así que creo que están más cerca de ser una obra de teatro o un relato breve, y la idea es que tengan una intensidad tal que el lector no se pueda tomar un descanso, que tenga que estar pendiente siempre del conflicto central, no puede haber pausas. Es un poco como si los personajes fueran ollas a presión y en cualquier momento pudieran explotar. Cuando lo hacen, nos vemos a nosotros mismos, con todo lo bueno y lo malo que tenemos. Así es como funcionan las tragedias griegas.</p><p><em>*Xavier Vidal es responsable de la Llibreria Nollegiu de Barcelona. *Aina Soley es periodista. </em><strong>Xavier Vidal</strong><a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank">Llibreria Nollegiu</a></p><p><strong>Aina Soley</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Vidal | Aina Soley]]></author>
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