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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 51]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-51/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 51]]></description>
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      <title><![CDATA[Estrella fugaz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estrella-fugaz_1_1203082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e17df974-1922-4d98-91c5-2387c03d1972_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estrella fugaz"></p><p>  </p><p>   El poeta Leopoldo Castilla lee "Estrella fugaz".</p><p>  <strong>Estrella fugaz</strong></p><p>Una mota de polvo raya la atmósfera</p><p>y el hombre</p><p>ve caer una estrella.</p><p>Un fenómeno producido</p><p>por la ionización del aire</p><p>y por el observador que padece</p><p>el don de la inmensidad.</p><p>También él, como esa partícula,</p><p>viajó por los cometas,</p><p>perdió masa,</p><p>brilló como nadie</p><p>y descendió,</p><p>lleno de distancias,</p><p>sobre el planeta.</p><p>En el trayecto</p><p>curvó el espacio</p><p>con la sensación de su existencia,</p><p>y estuvo antes y después</p><p>en este mismo ser</p><p>que ahora pide un deseo.</p><p>Para siempre, pide.</p><p>Y la estrella desaparece en él</p><p>y él</p><p>en la tierra.</p><p><em>*Leopoldo Castilla es poeta. Su último libro en España es la antología </em><strong>Leopoldo Castilla</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/era-el-unico-planeta-que-cantaba.html" target="_blank">Era el único planeta que cantaba</a><em> (Visor, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leopoldo Castilla]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Estrella fugaz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 51]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Almudena Grandes en Tokio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/almudena-grandes-tokio_1_1136368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/41c3f4aa-b42d-4c8a-a1de-a2ebbbbe7fa9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Almudena Grandes en Tokio"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong></p><p>_____________________</p><p>La Biblioteca Federico García Lorca del Instituto Cervantes de Tokio celebra cada mes una sesión de su club de lectura. En la última, la del día 21 de enero, comentamos la novela <em>Atlas de geografía humana</em>, de <strong>Almudena Grandes</strong>, y tuvimos la suerte de poder contar con su presencia en la sala y con su participación activa en el debate. Los lectores, en su mayoría japoneses (japonesas, a decir verdad) tuvieron oportunidad de intercambiar puntos de vista con la autora y conocer más en profundidad su trayectoria literaria.</p><p>Durante la tertulia, fue muy interesante comprobar cómo, a pesar de las diferencias culturales, las lectoras japonesas se sentían muy identificadas con los problemas, las inquietudes y las ilusiones manifestadas por las cuatro protagonistas españolas de la obra: Fran, Rosa, Marisa y Ana. Algo muy parecido ocurrió en la sesión que cerró el año 2016, dedicada también a otra escritora española, <strong>Carme Riera</strong>. En esa ocasión comentábamos <em>Cuestión de amor propio</em>, una novela corta que invita a comparar culturas y puntos de vista en torno al amor y las relaciones de pareja.</p><p>En la biblioteca de Tokio, además de fomentar el intercambio intercultural y el conocimiento de la literatura que se escribe en España y en América Latina, intentamos promover las traducciones de nuestra literatura al japonés, en colaboración con la oficina comercial de la Embajada de España. De hecho, entre los miembros de nuestro grupo hay traductoras con varios títulos publicados en Japón. Las sesiones programadas para el primer cuatrimestre de 2017, además de la ya comentada, son las dedicadas a <strong>Carlos Fuentes</strong> (<em>Aura</em>) en febrero, <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> (<em>Cuentos</em>) en marzo y <strong>Alejandro Zambra</strong> (<em>Bonsái</em>) en abril. Como se ve, intentamos mantener siempre un equilibrio entre autores y autoras de España y de América.</p><p>Toda la información acerca de nuestro grupo de lectura, nuestra programación y nuestros comentarios, están disponibles en <a href="http://es.palabras.jp" target="_blank">el blog del centro</a> (en la pestaña correspondiente a la biblioteca). Son muchas las bibliotecas de la red de Institutos Cervantes que organizan grupos de lectura en el mundo. Desde España, cualquier lector interesado puede participar en el <a href="http://clubvirtualdelectura.cervantes.es" target="_blank">club virtual de lectura</a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>que coordina nuestra sede central en Madrid, con la colaboración de bibliotecarios que realizan su labor en diferentes partes del mundo.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Carrión]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Almudena Grandes en Tokio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 51]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Ciberadaptados': Hipervínculos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ciberadaptados-hipervinculos_1_1136364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/aebc30d1-1b25-4867-bd54-2f3770c341d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ciberadaptados': Hipervínculos"></p><p><strong>CiberadaptadosAntonio Manillala Huerta GrandeMadrid2016</strong><em>Ciberadaptados</em></p><p>Consumimos un presente de pobladores digitales y pensamiento líquido. La cronología en red ha transformado la realidad virtual en el espacio cotidiano más tangible. <strong>Antonio Manilla</strong>, definidor de un empeño literario plural que alienta una constante búsqueda en géneros como la poesía, las ficciones narrativas y la columna de actualidad, profundiza en <em>Ciberadaptados </em>en un núcleo indagatorio que mira hacia el futuro con las previsibles mutaciones que sufrirá el espectro social a causa de las tecnologías audiovisuales y la informatización.</p><p>La breve entrada de <strong>Avelino Fierro</strong> abre los ojos del escepticismo y mira el estar prepotente de la red con el ceño fruncido. El seísmo de Internet origina un trasvase de placas cuyos efectos secundarios todavía están por definirse. Por tanto, la mirada de Antonio Manilla puede aportar un poco de claridad por su penetración rigurosa en el hilo de causas y efectos que siembra en la civilización actual el uso continuo del lenguaje binario.</p><p>Una de las razones más evidentes de la sociedad digital es la globalización y el afán de uniformidad que difunden los contenidos. La onda expansiva extiende modelos que se implantan en una geografía sin fronteras. Es lo que <strong>Juan Goytisolo </strong>denominó “el efecto Bizancio”. Aunque la terminología no se ajuste bien a la intrahistoria del devenir histórico: en Bizancio no hubo uniformidad sino sincretismo de la herencia de Grecia, Roma, y sobre todo fortalecimiento del imperio como cruce de rutas comerciales frente al expansionismo musulmán. Antonio Manilla usa la expresión para denunciar la homogeneización activa de la red, un hábito que borra diferencias, genera conformismo y labora en pos de un estado sin gobierno visible, inabarcable y ubicuo, que parece sentarse en las fronteras entre el sujeto y la nada.</p><p>En ese lugar, la cultura cobra un nuevo sentido que trasciende las actividades de cultivo del intelecto. Lo cultural ahora engloba una polisemia difusa; como escribe el ensayista, reparte una especie de compota igualitaria que se basa en el tándem “expansión y rapidez” y difunde una nueva metodología de funcionamiento en cuanto a producción, distribución y consumo. Si el libro es un producto dirigido a la abstracción, a los conceptos y al pensamiento metódico, el ciberespacio es senda de un conocimiento multimodal, que integra contenidos heterogéneos y volanderos, pero capaz de reformar nuestros hábitos intelectuales, ya que cada vez más lo virtual sugiere un entorno más atractivo que la realidad. Además, como plataforma de servicios, la red permite una actualización permanente, un ahora de incesantes novedades. De esta situación de no estatismo deriva una continua interacción que crea un espejismo de ubicuidad.</p><p>El enaltecimiento de lo epidérmico sobre la hondura y de la velocidad sobre la reflexión que proponen las tecnologías de la información es motivo de censura desde un análisis racional y crea posiciones polarizadas entre ciberadaptados y detractores de la colonización digital. Ha sido un proceso que se ha repetido a lo lago de la historia, desde los tiempos de <strong>Homero</strong> y el paso de la oralidad a la escritura, que continuó a finales de la Edad Media con el paso del manuscrito a la imprenta, y que se renueva ahora entre el papel y el libro electrónico. Cada innovación produce reacciones alérgicas y requiere un periodo de adaptación y un cambio de mentalidad. Cualquier disputa no está libre de contradicciones. El ensayo <em>Ciberadaptados </em>no abre tesis de trinchera. Se aplica en corroborar la transformación social que ha supuesto Internet como elemento presencial del futuro y anota observaciones que garabatean la identidad digital. Antonio Manilla no dogmatiza, porque falta distancia para saber si Internet es una nueva utopía o una versión moderna del <em>mundo feliz</em> de <strong>Aldous Huxley</strong>. Pero está ahí, con la pantalla abierta, y hay que entender, y esa es la mejor virtud de <em>Ciberadaptados</em>, sin desgarros reflexivos, su fundamento y su visión de campo.</p><p><em>*José Luis Morante es profesor de Ciencias Sociales y crítico literario.</em><strong>José Luis Morante</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <title><![CDATA['El grito en el cielo': La furia de Javier Gallego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/grito-cielo-furia-javier-gallego_1_1136360.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/05ab998a-2d40-4800-904f-b5665437498c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El grito en el cielo': La furia de Javier Gallego"></p><p><strong>El grito en el cieloJavier Gallego CrudoArrebato LibrosMadrid2016</strong><em>El grito en el cielo</em></p><p><em>Crudo</em></p><p>Con destellos que llegan hasta las danzas de la muerte medievales, el apocalipsis de san Juan o el ritmo sostenido de <strong>Whitman</strong>, y cercano al desgarrador aullido de <strong>Ginsberg</strong>, <strong>Javier Gallego</strong> ha construido un poemario tan desasosegante, despiadado y brutal que promete dejar al lector sin aliento. Desde un yo desnudo de mundo y de sí, Javier Gallego arremete con furia y plena conciencia contra el fascismo de baja intensidad que nos vive y que conforma nuestros corazones.</p><p>Hacía mucho tiempo que no llegaba a mis manos un libro como <em>El grito en el cielo</em>, con su aspereza, su rabia y su intenso dolor, con tanto horror contenido entre sus páginas para recordarnos lo que constantemente se nos olvida, que hemos convertido este mundo en un infierno con piscina (“es el aullido de los animales carbonizados en un incendio que transforma el paraíso en un infierno con piscina”), y que si es menos infierno para nosotros es sencillamente porque, en el reparto, nos tocó la piscina; así que ya puede seguir todo ardiendo a nuestro alrededor, mientras quede donde podamos vivir al fresco nuestra vida cómplice con este estado de cosas (“es el mundo que se tira por la borda mientras la orquesta interpreta otro vals y los camareros sirven la cena”).</p><p>En efecto, si alguien aún puede dudar de que lo que lee en <a href="http://www.arrebatolibros.com/es/grito-cielo-nuevo-poemario-javier-gallego-crudo/" target="_blank">este libro de poemas</a> no le compete, que avance un poco más, porque Javier Gallego nos acusa, sin tapujos, de formar parte de un pueblo de arrodillados (“tiene este país un murmullo de arena / que le recorre la piel como a un difunto / de tanto dejarse azotar con el cilicio / y un silencio de zulo y muy señor mío (…), un parto que no le nace y una muerte que le vive demasiado”), un pueblo que ha descubierto que no hay vida fuera de la piscina aunque dentro de ella haya que vivir humillados, sojuzgados y serviles (“pero la sangre no llega al río / y el río se le queda dentro / donde el pobre muere ahogado / como un insecto en un charco”), que es lo mismo que decir vivir siendo cómplices de quienes, desde el púlpito o desde el escaño, desde la chequera o la pistola, nos llevan maltratando, explotando, robando, arruinando y destruyendo física y mentalmente desde la noche de los tiempos. Con la novedad de que en estas últimas décadas nos han hecho creer que nosotros también somos ellos, y tal vez, visto el infierno desde la piscina, quién sabe si también tendrán razón en esto.</p><p>Javier al menos así lo denuncia, y en poemas de la altura y belleza de “Nosotros”, así lo confiesa: “Nosotros (…) que no sentimos hambre ni sed de justicia / hasta que no tuvimos que saciar / a la tenia del presidente y el hígado / de un inversor”. En efecto, Javier, nos pasamos de mansos y decidieron no solo quedarse con nuestro trabajo, con nuestros ahorros, también con nuestra casa (“Nosotros / que hemos sido desterrados de nuestras casas / y llamamos hogar a la zona de tránsito”); porque nuestro error, nuestra culpa, ha sido soñar con sus piscinas, con su paraíso, su justicia, con sus bonos del tesoro, con sus créditos personales, y ahora sabemos que piscinas, paraíso, acciones y justicia siempre fueron suyas, y nuestro el hambre, la supervivencia y la oficina del paro, la derrota sin paliativos, en suma, desde que salimos al mercado buscando nuestro primer contrato de trabajo: </p><p>Así cierra Javier Gallego <em>Crudo </em>la primera parte de su último poemario, en medio de la mayor de las desolaciones, para la que no encuentra más lenitivo que mirar dentro, mirarse dentro y rebuscar entre los afectos, el asidero que la vida de fuera —el ser social y colectivo— parece negarle a los despiertos, a los rebeldes, a los que resisten, a los que dicen no desde la neuroguerrilla vigilante y desde su conciencia crítica (“no tienen más arma que su herida / ni más trinchera que su piel”, dice de ellos).</p><p>Y así se abre una segunda parte, que es un relato de pasión, de amor, de promesas suculentas, de sueños posibles donde dos se hacen uno, hueco contra espalda (“o incluso menos de uno / a puntito de no ser / de escondernos en el otro / y de desaparecer”); dos que hallan en el otro sentido completo a la existencia, dos que llegan tan dentro uno del otro que se diluyen en uno y ninguno, en todos y nada, en ahora y lo mismo, hasta el punto de saber que pueden desafiar al destino con tranquilidad, con confianza en el otro (“tan dentro del otro / y tan fuera de nosotros / que nos perdemos de vista / pero nos vemos de veras / y no hacen falta más palabras / para hablar en nuestro idioma”).</p><p>Una tercera parte viene a constatar el fin de esta utopía unitiva de los cuerpos, que a pesar de los avisos contraídos de fragilidad y cuidados mutuos, también se quiebra, y ese Estado soberano hecho de dos, refugio último contra el espanto, también termina naufragando (“Pero nadie puede naufragar por ti / ni salvarte de tu borrasca”), convirtiéndose en un Estado fallido y dejando al poeta ante la sola intemperie de la náusea vital, de la duda ante si merece la pena seguir vivo en un mundo donde el amor ha sido desterrado y donde, todos convertidos en objeto y objetivo del mercado, también hemos perdido la capacidad de relacionarnos como personas con las personas, amar con amor lo que nos ama (“Déjame a solas / con mi sombra / que no tengo hueco / para nada / ni nadie más”).</p><p>Termina Javier este poemario como lo empezó, con un nuevo aullido si cabe aún más estridente, más ensordecedor, donde de nuevo, con la vista alzada sobre el mundo, el poeta hace girar del revés un viejo tocadiscos donde suena “What a wonderful world”, para hacernos partícipes del mensaje diabólico que escondía desde siempre la dulce melodía, “nuestro alto nivel de vida es el resultado de su alto nivel del muerte”, constata con pesadumbre y sin remisión el poeta (“Cae el telón como una guillotina. / Cae el cielo gritando. / Es un maravilloso final”). Tal vez si juntos aprendiéramos esta sencilla canción podríamos empezar, con Javier, con todos vosotros, lectores, a utilizar el agua de la piscina para apagar el infierno.</p><p><em>*Antonio Orihuela es poeta y ensayista. Su último libro, </em><strong>Antonio Orihuela</strong><a href="http://www.udllibros.com/libro-diario_del_cuidado_de_los_enjambre-Y580020006" target="_blank">Diario del cuidado de los enjambres</a><em> (Enclave Libros, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Orihuela]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El grito en el cielo': La furia de Javier Gallego]]></media:title>
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      <title><![CDATA['Entre malvados': Razones de la vileza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/malvados-razones-vileza_1_1136357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7f77efdb-a33c-4ed4-a8c5-77035c593221_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Entre malvados': Razones de la vileza"></p><p><strong>Entre malvadosMiguel Ángel MuñozPáginas de EspumaMadrid2016</strong><em>Entre malvados</em></p><p>"Eso es lo que hace la literatura: discute de otra manera" (<strong>Ricardo Piglia</strong>). "Las posibilidades estilísticas del compromiso son incontables" (<strong>Marta Sanz</strong>). Estas dos certezas me sirven para acercarme a <em>Entre malvados</em>, el último y espléndido libro de cuentos de <strong>Miguel Ángel Muñoz</strong>. El libro quema. Tiene apariencia de inofensivo objeto de consumo, pero encierra una furiosa voluntad de decir. Es literatura comprometida: literatura moral. En efecto, se discuten aquí los mismos problemas que discute la sociedad, pero de otra forma, y esa otra forma es la clave de todo. Si Muñoz se dedicase a la psicología, si fuese un investigador científico del comportamiento, un <strong>Philip Zimbardo</strong>, por ejemplo, entonces habría reunido sus estudios sobre la maldad en un ensayo como <em>El efecto Lucifer</em> (Paidós, 2008). Pero es un narrador.</p><p>La pregunta que tal vez se hizo —¿cómo puede una narración discutir sobre la violencia contemporánea?— ha dado lugar a los diez cuentos morales que integran <a href="http://paginasdeespuma.com/clave/entre-malvados/" target="_blank">Entre malvados</a>, cada uno de ellos construido a partir de un diferente planteamiento formal. La pluralidad de voces permite atacar el leitmotiv de la violencia con una enorme riqueza de tonos. Ello no impide una suerte de gradación, un sentido, un determinado orden en la disposición de los cuentos. El libro pide ser leído linealmente, desde el principio hasta el final, para poder apreciar las conexiones entre unos textos y otros, la maleza sutil de ecos y ritornelos. La experiencia lectora se plantea, pues, como un viaje a través de la violencia en sus distintos aspectos, un viaje que apela a la reflexión pero también a la alucinación, desde los horrores cotidianos de la realidad hasta los monstruos arquetípicos del cuento de hadas. Aparecen así la violencia en la escuela, las agresiones infantiles, la guerra, el terrorismo, la violencia de las imágenes servida por la sociedad del espectáculo, distintas modulaciones de coerción social, de violencia psicológica, y una corte de asesinos y criminales de muy diverso pelaje. Sobrevolándolo todo late la cuestión esencial de la imposibilidad de narrar el mal absoluto (la inenarrabilidad de Auschwitz) y una constante inquisición crítica sobre el papel de la cultura y la Ilustración como supuestos factores de progreso moral, como fallidos intentos de liberación del lado oscuro del ser humano.</p><p>En "Somos los malvados", el relato que abre el volumen, asistimos al monólogo desquiciado, entre <strong>Céline </strong>y <strong>Dostoievski</strong>, de una antigua víctima de violencia escolar transmutada en victimario. "Intenta decir Rosebud" presenta a un conmovedor periodista que ha logrado escapar de su secuestro en Siria por parte del ISIS, es decir, que ha regresado del Hades, y de vuelta a casa ya no sabe cómo vivir. En el microrrelato "Modos de pasar la tarde" vemos a un bebé disfrutar con fascinación de su primer espectáculo televisivo de violencia. La fantasmal e inquietante atmósfera de "Pretty girl" sugiere una revisitación del mito de <strong>Gilles de Rais</strong>. "Los nombres" y "Un hombre tranquilo" abordan con delicadeza, con una enorme contención estilística, el tema de los trenes de la muerte del 11 de marzo de 2004, ese Acontecimiento capaz de conmocionar para siempre una vida, y lo hace a partir de dos momentos temporales distintos: justo antes y justo después de que el Acontecimiento suceda. "Los hijos de Manson" es un delicado estuche de horrores contados con frialdad casi clínica: cinco minibiografías a modo de nueva historia universal de la infamia. En ellas van apareciendo, además de <strong>Charles Manson</strong>, epítome de la maldad contemporánea, otros tan sorprendentes como <strong>Arthur Miller</strong> y <strong>Jean Jacques Rousseau</strong>. En "Aguantar el frío" un melancólico agente de policía investiga un asesinato; lo que comienza siendo un <em>thriller</em>, con su cadena de tópicos a los que la narración se aferra como a ritos de paso, se va oscureciendo y adentrándose en una suerte de corazón de las tinieblas, hasta llegar a la turbia cuestión moral que interesa al autor, emparentada con preocupaciones sobre la búsqueda de la verdad afines a <strong>Leonardo Sciascia</strong> y <strong>Fritz Lang</strong>.</p><p>El libro termina con un gran cuento, un memorable cuento de hadas retrofuturista y distópico, "Donde el Borgión se esconda", el más hermoso y complejo de la colección. En un mundo feliz donde impera la racionalidad bajo una curiosa forma de fascismo ilustrado (no existe el desorden social y la gente pasa los placenteros días leyendo a <strong>Voltaire</strong>), hay sin embargo un ritual sagrado que obliga a todos los adolescentes, cuando cumplen cierta edad, a internarse en el bosque de la montaña y tratar de capturar a una ominosa criatura a la que llaman el Borgión. Muchos mueren en el intento, y los que sobreviven regresan contando terroríficas historias que los convierten en adultos y que alimentan sin cesar el mito del monstruo. ¿Qué es el Borgión? El texto es lo suficientemente ambiguo como para permitir interpretaciones encontradas. Yo he creído ver en él una reivindicación de la literatura, de la ficción, de la narración, en tanto que único discurso capaz de restaurar el equilibrio perdido entre la hipertrofia de la Razón y el abandono de lo Imaginario, causa de tantos de nuestros males.</p><p><em>Entre malvados</em> señala caminos de hondura moral y rigor estético por los que bien podría transitar el cuento español contemporáneo.</p><p><em>*Jesús Ortega es escritor.</em><strong>Jesús Ortega</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Ortega]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Entre malvados': Razones de la vileza]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Como nuevo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nuevo_1_1136349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8350bfb4-8223-49d5-84cd-db57da1cbf9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como nuevo"></p><p><em>La librería madrileña Tipos Infames recomienda cuatro de los títulos que más han sorprendido a su equipo en los últimos meses.</em></p><p>__________________</p><p><strong>Teoría del ascensorSergio ChejfecJekyll & JillZaragoza2016</strong><em>Teoría del ascensor</em></p><p>Dice <strong>Enrique Vila-Matas</strong>: “Adicto a <strong>Chejfec</strong>. Me atrae su narrativa en voz baja y el frío trato irónico quer le da a la literatura, a la que sin embargo ama. ¿Es narrador o ensayista? Ahí a veces dudo, como ahora mismo; titubeo bastante, nunca sé qué decir. Pero no importa, después de todo a él le atraen las indecisiones. Con todo, de algo creo estar seguro: en sus textos, poblados de fantasmas tenues y etéreos, acabo siempre de golpe comprendiendo que no pasa nada, pasa sólo que son excepcionales”. </p><p><strong>La uruguayaPedro MairalLibos del AsteroideBarcelona2016</strong><em>La uruguaya</em></p><p>Es una novela inquietante y ferozmente entretenida. Con pulso magistral, <strong>Pedro Mairal</strong> sostiene la intriga en cada una de sus páginas y demuestra, de modo irrefutable, que es uno de los grandes de la literatura argentina contemporánea. En este relato, Lucas Pereyra viaja a Uruguay en barco por el día a buscar dólares. Son tiempos de restricciones cambiarias. Tiene ya arreglado un encuentro secreto en Montevideo, pero sus planes pueden fallar.</p><p>  <strong>Fat City Leonard GardnerTraducción de Rubén Martín GiráldezUnderwoodMadrid2016</strong><em>Fat City </em></p><p>Editada en Estados Unidos en 1969, <em>Fat City</em> supone la única obra publicada de <strong>Leonard Gardner</strong>. <strong>John Huston</strong> la llevó a la pantalla grande tres años más tarde y en nuestro país se tradujo en dos ocasiones, en los años setenta y ochenta. La editorial Underwood <a href="http://underwood.es/producto/fat-city/" target="_blank">recupera la novela</a>, con una nueva revisión y traducción, a modo de ajuste de cuentas para remendar su práctica caída en el olvido. Y es que <em>Fat City</em> es uno de esos libros que inexplicablemente no se quedaron, a pesar de que los lectores que la disfrutaron la recuerdan como una de sus mejores lecturas, y de que reúne todos los atributos para convertirse en una obra de culto.</p><p>  <strong>Años felicesGonzalo TornéAnagramaBarcelona2017</strong><em>Años felices</em></p><p>En algún momento de la segunda mitad del siglo XX, Alfred Montsalvatges, un hombre joven con un profundo corte en la mano, llega a un hospital de Nueva York. Es extranjero, quiere ser escritor, y, a ojos de Jean Rosenbloom, la enfermera que lo atiende, quizá sea justo lo que estaba buscando: un príncipe de cuento. Alfred pronto se convertirá en el centro de un grupo de amigos que ven en él la solución mágica a lo que la vida se resiste a darles: un confidente, un colega, un amor...</p><p>  <strong>Prólogo para una guerraIván RepilaSeix BarralBarcelona2017</strong><em>Prólogo para una guerra</em></p><p>El prestigioso arquitecto Emil Zarco recibe el encargo más importante de su carrera, un ambicioso proyecto urbanístico con el que podrá exponer sus ideas sobre la esencia y el destino de los hombres: somos una larga estirpe que ha de perpetuarse buscando el progreso y la mejora de nuestras capacidades. En la misma ciudad, otro hombre viaja en sentido contrario, pretende la desaparición, la ruptura con una sociedad que no le corresponde. No habla. El Mudo no quiere compañía. Emil y el Mudo están heridos: uno por la pérdida de un hijo y el otro por la imposibilidad de tenerlo. La ciudad es testigo y escenario de su batalla, por una parte contra sus propios demonios y, por otra, por el amor de una mujer.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Tipos Infames en la calle San Joaquín, 3, de Madrid, y en su página web.</em><strong>Tipos Infames</strong><a href="http://www.tiposinfames.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tipos Infames]]></author>
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      <title><![CDATA[El camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/camino_1_1136346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6b08f1d6-1d28-46e6-98af-15a7f61c6290_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El camino"></p><p><em>(Comienza Lara Moreno.)</em><strong>Lara Moreno</strong></p><p>Me levanté con la noticia de la muerte de <strong>Fidel Castro</strong>. Mi padre estaba sentado a la mesa de la cocina y me miró retador cuando entré; parecía que llevara un tiempo esperándome. ¿Te has enterado? Mi padre en camiseta de manga corta, las ventanas de la cocina abiertas, puro otoño húmedo, la carne cuarteada de sus brazos soportando el helor, ajena a él. De qué me tengo que enterar. El café estaba frío, era del día anterior, mis manos torpes, ateridas, incapaces de abrir la cafetera, de resolver aquello. Se ha muerto el viejo cabrón, me dijo. Giré la cabeza para verle la cara: la cara de mi padre burlona, con migas de pan tostado en la barbilla, la quijada sin afeitar, barba rala de dos días. Había satisfacción en sus ojos, casi ya de pez y tan turbios. Sus ínfimos momentos de felicidad. La muerte del viejo cabrón. La muerte de todos los viejos cabrones, hasta que luego ya no quede ninguno. Ya faltan menos, musité, estate tranquilo. No moví los labios. Rellené la cafetera de agua y busqué el bote del café. Me temblaban los dedos. Apenas había ya, ni siquiera para un caldo sucio. Quise dar un golpe en la encimera, uno fuerte que me hiciera daño y que le hiciera daño a él, que lo asustara. En vez de eso me giré para mirarlo de nuevo, abrí la boca y dije, esta vez muy alto, como si llorara: no hay más café. Mi padre, su camiseta blanca sin planchar, la carne fría caída de sus brazos. ¡No hay más café!, repetí. Entonces él, enfrentándome retador desde su puesto de vigilancia, desde su trinchera, me dijo: ¿te has enterado? Se ha muerto el viejo cabrón.</p><p>Después de aquello no volví a entrar en la cocina. Me duché durante quince minutos, quemándome la piel, frotando bien las ingles, las axilas, me vestí elegante, con ropa antigua, un poco de olor a alcanfor, crucé el pasillo, apenas una sombra al pasar por la puerta de la cocina, el viejo cabrón sentado a la mesa celebrando. Bajé a la calle y me alejé del edificio de nuestra casa, crucé la avenida y atravesé el barrio por su parte más oscura, más detenida. Al fondo de la callejuela, en la esquina, estaban los de siempre sentados a la puerta del locutorio. Dos en el suelo y otros dos en sillas de plástico vencidas. Fumaban en silencio pero se miraban de vez en cuando los unos a los otros como si se hablasen mentalmente, pequeños gestos de aprobación. El mayor, gordo y bigotudo, adelantó la barbilla para saludarme. Temprano hoy. Metí las manos en los bolsillos de la chaqueta y apreté los brazos contra mi cuerpo. Sí, vine pronto. El gordo me habló otra vez, ya sin mirarme, no hay nada todavía, no tengo nada. ¿Luego? Saqué las manos de los bolsillos, blancas, las extendí como si ofreciera algo. ¿Cuándo vuelvo? Y ahora fue uno de los más jóvenes el que se dignó hacerme caso, sus ojos rápidos clavados más allá de mis ojos. Negó con la cabeza, dos veces, seco y amenazante, y yo seguí camino, porque el día era largo, bien largo y repetido, aunque hubiera un viejo cabrón menos.</p><p><em>(Sigue Ana Clavel.)</em><strong>Ana Clavel</strong></p><p>El día era largo, pero de pronto dejó de ser repetido. En la banca solitaria del parque adonde me senté un momento antes de retomar el camino de siempre, alguien había olvidado un móvil de buena marca. Miré hacia todos lados sólo para verificar que estaba de suerte. Podía venderlo y sacarle alguna pasta. O podía quedármelo y mandar al diablo a los del locutorio para hacer mis propios negocios. Como fuera me acerqué a un centro comercial adonde había visto un establecimiento que ofrecía servicios de telefonía.</p><p>La fila de atención a clientes era numerosa. Pasaban los minutos, yo tenía tiempo de sobra, pero la gente comenzaba a dar señales de hartazgo. Un hombre a quien le habían regresado por segunda vez un equipo deficiente vociferó con demandarlos. Mientras la chica que lo atendía se alejaba a consultar el caso a un privado, observé aquella especie de ratonera donde nos encontrábamos como conejillos de laboratorio: la luz artificial blanquecina, la escasez de mobiliario, el aire enrarecido contribuían a la sensación de atrapamiento.</p><p>Delante de mí, dos jóvenes platicaban de la noticia del día. Uno de ellos, con espejuelos al estilo <strong>Lennon</strong>, dijo de pronto:</p><p>—Cuando despertó, no podía creerlo: Fidel ya no estaba ahí…</p><p>Su compañero aprobó en medio de una risotada:</p><p>—Como el cuento de <strong>Monterroso</strong>.</p><p>Yo no sabía quién era ese Monterroso o Monterrojo, pero sí que hablaban del mismo viejo cabrón. Estuve a punto de salirme sin que me atendieran. Entonces reparé en la pared lateral más próxima, cubierta en gran medida por un acrílico azul brillante. Era como un ventanal donde se reflejaba en una dimensión cerúlea el espacio del establecimiento todo, con sus varios mostradores y numerosas filas. Ahí estábamos unos y otros, duplicados en ese mundo en azul. Cuando encontré mi propia figura en la superficie plástica, tuve ganas de levantar la mano y saludarme pero no me animé a pasar por loca.</p><p>Comencé a escudriñar aquel mundo paralelo de sombras y fantasmas azulados. Ahí estaba el hombre al que le habían regresado por segunda vez un equipo que a las primeras de cambio, volvía a fallar. De un tono azul subido, aguardaba con enfado que regresara la muchacha del mostrador. También una mujer de traje sastre de muy buenas carnes azules a la que el policía de vigilancia no le quitaba el ojo.</p><p>Por fin regresó la chica de nuestro mostrador. Con desdén le comunicó al cliente que la empresa no se hacía responsable del aparato porque la póliza había vencido un día antes. En respuesta, el hombre del plano azul la tomó del cuello y comenzó a zarandearla. Pero en vez de gritar pidiendo ayuda, la muchacha parecía disfrutarlo y hasta gorjeaba en azul celeste. Confundida, busqué al policía que no le quitaba el ojo a la mujer de buenas carnes, pero ya no sólo la miraba sino que había pasado a la acción y tras acariciarle los senos, le ponía su propia gorra en la cabeza y ella se dejaba tomar fotos con la cámara de su móvil. Por su parte, los jóvenes que habían hablado del viejo cabrón se habían puesto a hacer cabriolas azules en plena sala de espera y varios les hacían corro y les llevaban la cuenta.</p><p>Esto sucedía en la parte más próxima a mi fila, pero más allá había otras extravagancias insólitas, besos entre desconocidos, manoseos, cuchicheos, bofetadas, golpes... Un pandemónium se desataba en aquel ventanal de acrílico azul mientras de este lado del camino la gente continuábamos en nuestros lugares de tedio y hartazgo con toda nuestra gama de colores reales.  Volví a buscar mi figura en aquel mundo tan azul, tan intenso. Me costó trabajo dar conmigo. No podría revelar lo que estaba haciendo.</p><p><em>(Continúa Sandra Lorenzano.)</em><strong>Sandra Lorenzano</strong></p><p>Lo único que puedo decir es que hacía lo que siempre había querido hacer, lo que debía haber hecho mucho tiempo atrás. Te has enterado. Se ha muerto el viejo cabrón. La muerte de todos los viejos cabrones. Hasta que ya no quede ninguno. Azul. Todo. Allí.</p><p>Llegó mi turno en la fila. “Nosotros vendemos teléfonos, no los compramos”, me dijo la chica del mostrador con una estúpida sonrisa a pesar de la zarandeada. Pero si una no necesita hablar con nadie sino tener unos duros en la bolsa, importa poco saber que el nuevo modelo tiene “alcance ilimitado y pantalla táctil”.</p><p>Quizás el gordo lo aceptara a cambio de lo que sabía que yo quería. Otro tipo de pago en especie. Él encontraría dónde venderlo y seguro sacarle más de lo que yo le debía.</p><p>El otoño más frío de la última década habían dicho en la noticias. No en la isla. De allá las imágenes llegaban tibias, soleadas. ¿Qué estaría haciendo ella? ¿Celebrando también la muerte del viejo? ¿Sería de las que lloraban en la Plaza de la Revolución? ¿O estaría buscando jabón, o verduras, o papel higiénico por las calles más oscuras de La Habana? Preferible caminar veinte o treinta cuadras que estar mañana sin nada. Nadie sabe qué puede suceder sin él. Y se tocan el mentón al decirlo, todos entienden el gesto: el barbón.</p><p>Por lo menos no pasan frío. Ella me agarraba de la mano cuando caminábamos por el malecón. Siempre. “Para que no te lleve el viento”, me decía. Tenía la mano grande y un poco rasposa. La mía se aferraba a la suya. No me hubiera gustado salir volando sin ella.</p><p>Ahora se terminó el café. Hace rato que no la llamo. ¿Para qué? Es caro y la vecina que le prestaba el teléfono se fue de la ciudad. O se murió. No me acuerdo. Y ella que lloraba siempre. “Niña, ¿eres tú? ¿Estás bien?”. Y enseguida las lágrimas. “Bien”, contestaba yo. A secas. Dejé de decir “mamá”. Ella esperaba esa palabra y yo no se la decía. Porque, ¿a quién que viva a 7453 kilómetros (en línea recta) de su mano grande y rasposa le gusta quebrarse? ¿A quién le gusta pensar en cada centímetro de esos kilómetros si tiene que seguir viviendo como si nada? 7453 kilómetros. Me lo repetía todos los días. ¿Y si estoy en Lavapiés me acerco a ella? ¿Y si me paro frente a Atocha? A los seis años, a los siete, a los ocho, soñaba con la muerte del viejo cabrón. De todos los viejos cabrones hasta que ya no quedara ninguno. ¿Qué sabe el gordo de islas y distancias? ¿Qué saben los otros? Me miran desde sus sillas de plástico. Temprano hoy. Que vendan el puñetero móvil y me dejen en paz. Estamos de fiesta.</p><p>No fue el viento. Fue él. Hace veinte años. Ella se quedó en una orilla. Y yo en otra: a 7453 kilómetros. Azul. Todo. “Hierba mala nunca muere”, repetía sentado en la cocina. En camiseta. Y yo no decía nunca mamá. ¡No hay café! La muerte del viejo cabrón. La muerte de todos los viejos cabrones, hasta que no quede ninguno.</p><p>Ya faltan menos, dije o pensé cuando volví a entrar. Ya faltan menos. Estate tranquilo.</p><p><em>(Cierra Antonio Orejudo.)</em><strong>Antonio Orejudo</strong></p><p>Y en el interior de este monólogo interior me encontraba cuando el teléfono móvil empezó a sonar con una musiquita que me resultó familiar, pero que no supe ubicar. Mi padre se sobresaltó.</p><p>—¿De dónde has sacado ese celular?</p><p>—Me lo he encontrado en la calle.</p><p>Mi padre se rio con esas carcajadas que yo tanto odiaba.</p><p>Mientras tanto, el móvil no dejaba de sonar. Miré de reojo quién llamaba, pero era un número oculto.</p><p>—¿No vas a contestar?</p><p>—Es que no es mío. Me lo he encontrado en la calle, te he dicho.</p><p>Mi padre me miró con una de esas miradas de desprecio que yo tanto odiaba y se levantó para contestar él mismo, pero justo cuando iba a apretar el botoncito virtual el teléfono dejó de sonar. Me alegré. Dije:</p><p>—Quizás era el dueño del móvil llamando desde otro teléfono.</p><p>Mi padre entonces reparó en algo en lo que no había pensado, y soltó el móvil como si de pronto quemara.</p><p>—¿Qué vas a hacer con él?</p><p>—Pensaba venderlo. Así podré comprar café, y otras cosas que necesitamos.</p><p>—Bien pensado. Pero antes de venderlo, usémoslo hasta que se bloquee. Puedes llamar a tu madre. Podríamos llamar a alguien allá y que nos contara cómo están las cosas ahora que se ha muerto el viejo cabrón. Llamamos y luego lo vendes.</p><p>—No puedo llamar. Está bloqueado. Además, mamá ya no tiene teléfono.</p><p>—Puedes llamar a una vecina.</p><p>—Tampoco tiene teléfono. O se murió.</p><p>—En la tienda de móviles de la esquina saben desbloquear móviles —propuso mi padre, como si no me hubiera oído.</p><p>—Vale, luego lo haré —le dije para dejar de oír esa voz que tanto odiaba.</p><p>Y entonces el móvil empezó a sonar de nuevo. Número oculto otra vez. La misma musiquita.</p><p>Los dos enmudecimos. Lo mirábamos vibrar como si bailara al son.</p><p>—No contestes —dijo mi padre.</p><p>Decir eso mi padre y lanzarme yo a contestar fue la misma cosa.</p><p>—¡Aló! ¡Dígame! ¿Quién es?</p><p>—Buenas noches. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?</p><p>—Con Ariana. ¿Quién llama?</p><p>—Hola, Ariana. Soy Pablo González de Iruña del programa “El Camino” de Radio María. Te estamos llamando en directo.</p><p>Tapé el auricular y le susurré a mi padre:</p><p>—Un concurso. Radio María, busca la radio.</p><p>Mi padre encendió el aparato, buscó la emisora hasta que reconoció mi voz mientras le explicaba quién era y dónde había encontrado el teléfono.  Me indicaba que después de nuestra conversación, tenía que dejar el teléfono en otro lugar de mi elección, que estuviera muy transitado. Como mi voz se acoplaba, me pidió que me alejara de donde mi padre escuchaba la radio. Me fui a mi cuarto.</p><p>—No sé si has visto alguna vez esta sección. Si aciertas una pregunta, te llegará a tu domicilio un ejemplar de <em>Camino</em>, de Monseñor <strong>Escrivá de Balaguer</strong>, San Josemaría.</p><p>—Sí.</p><p>—La pregunta de hoy es muy fácil, y tiene que ver con una isla del Caribe.</p><p>—Adelante.</p><p>—Dime el nombre de un viejo cabrón cubano.</p><p>Como yo tardaba en contestar, mi padre apareció en mi cuarto, donde yo estaba pensando qué contestar. Y como vi que me hacía gestos para que lo hiciera rápido, respondí.</p><p>—El único viejo cabrón que conozco en la isla es mi padre.</p><p><em>*Lara Moreno es escritora. Su último libro, </em><strong>Lara Moreno</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/piel-de-lobo/ES0128656" target="_blank">Piel de lobo</a><em> (Lumen, 2016).*Ana Clavel es escritora. Su último libro, </em></p><p><strong>Ana Clavel</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/las-ninfas-a-veces-sonrien/MX10841" target="_blank">Las ninfas a veces sonríen</a><em> (Alfaguara, 2013).*Sandra Lorenzano es escritora. Su última novela es </em></p><p><strong>Sandra Lorenzano</strong><a href="http://www.planetadelibros.com.mx/la-estirpe-del-silencio-libro-200687.html" target="_blank">La estirpe del silencio</a><em> (Seix Barral, 2015).</em></p><p><em>*Antonio Orejudo es escritor. En abril publicará </em><strong>Antonio Orejudo</strong>Los cinco y yo<em> en el sello Tusquets. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lara Moreno | Ana Clavel | Sandra Lorenzano | Antonio Orejudo]]></author>
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      <title><![CDATA[Landero, maestro del habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/landero-maestro-habla_1_1136335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49744869-9563-494e-baf7-6842621d0e7c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Landero, maestro del habla"></p><p><strong>La vida negociableLuis LanderoTusquetsBarcelona2017</strong><em>La vida negociable</em></p><p><strong>Luis Landero</strong></p><p> vuelve tras el éxito de <em>El balcón en invierno</em> con <em>La vida negociable</em>, una novela sobre la azarosa y compleja vida de un adolescente que no encuentra su lugar en el mundo y que desarrolla una personalidad desgarradora. Es un libro también sobre la piedad del ser humano y la capacidad de redención, ya sea a través del azar, el amor o la imaginación. Landero vuelve a desplegar sus dotes narrativas a través de un comienzo en el que un secreto inconfesable desata la trama, cuando el protagonista, Hugo Bayo, un chico de unos quince años, recibe una confidencia de su madre que, si en un principio provoca mayor complicidad entre ellos, acabará dando lugar  a la verdadera realidad, el descubrimiento de las mentiras y engaños de los adultos, y la impaciencia del corazón del joven adolescente convertido en un peligroso torbellino de emociones.</p><p>Landero, con esa capacidad suya de mostrar diferentes niveles de lenguaje y oralidad, escribe en primera persona la juventud de Hugo, uniendo la vida de la calle con hermosos pasajes líricos, mezcla de distintos niveles literarios y diferentes lecturas absorbiéndote desde su inicio, como hace en este párrafo, para hablar del silencio: “Y ahora entra en escena el silencio, su majestad el silencio, el que a veces te obliga a decir lo que no quieres y a callarte lo que anhelas decir, el urdidor de equívocos, de esperanzas, de angustias, de culpas, de las más fantásticas sugerencias e hipótesis, espada que hiere y elixir que alivia, cornadas de grillo que a veces son mortales, escaparate y trastienda donde ocultarse o exhibirse, albergue donde descansar y laberinto en el que extraviarse, el comediante de las mil caras, el único capaz de decir lo indecible, el histrión desvergonzado al que no le importa hacer público lo inconfesable sin miedo ni rubor, el mago que convierte lo claro en turbio y lo inescrutable en evidente, el que con más secreta elocuencia nos define, porque tanto o más que por nuestras palabras los demás nos conocen e intuyen por nuestros silencios”.</p><p>Hugo Bayo cuenta en pasado su vida adolescente, se dice a sí mismo todo el rato que necesita acción y no tanto pensar, pese a estar fabulando sobre las vidas que vivirá de adulto constantemente. Sus relaciones familiares son dolorosas, pues descubre secretos de sus padres que a él le parecen de una bajeza moral infinita, con los que justifica sus acciones, y donde nada es lo que aparenta ser. Es esta una novela que habla sobre las imposturas vitales a la vez que es una novela sobre la iniciación a la problemática de la vida adulta, sobre todo cuando en un momento de la novela la personalidad del chico se quiebra al darse cuenta de su propia vileza, como un fogonazo moral que lo perturba momentáneamente al chantajear a sus padres.</p><p>Vive también el desamor y las dudas, y el encuentro con la muerte y el crimen, en una concatenación vibrante de escenas y momentos perfectamente tejidos por el autor para mantener la acción en todo momento, pero también entremezclando, como es habitual en su narrativa, la capacidad de enarbolar una escritura lírica, casi poética en medio de la acción como estas líneas en las que define la experiencia moral del aprendizaje de la derrota como una lección de la vida: “Y aquí viene la experiencia moral. Cualquiera se hubiera avergonzado de sí mismo y hubiera corrido a implorar el perdón de sus pecados ante todas las instancias humanas y divinas. Pero esa noche yo aprendí algo nuevo de mí. Aprendí que, por muy bajo que uno caiga, mal que bien acaba por amoldarse a su situación. Se mueve y se remueve hasta encontrar una postura más o menos cómoda. Eso es todo. Se adapta al medio. Porque en el oscuro trasmundo de cada individuo solo y desabrigado, la ley de la supervivencia puede más que los imperativos éticos. Por eso esta vez no sentí el menor anhelo de purificación. Al revés, bien aferrado a miseria, aliviado por la penitencia del desprecio que sentía por mí mismo pero con la secreta y heroica convicción de tener por enemigo al mundo, me fui a dormir la mona”.</p><p>Y es esa mezcla de hablas, personajes y lo que da a la novela la impronta del maestro de la escritura que maneja a la perfección su oficio, con sus dosis de humor, erotismo, dolor y alegría, claro. Como la vida misma, la vida, siempre negociable.</p><p>Y como dice Luis Landero en las primeras líneas de <em>La vida negociable</em>: “Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles…”.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga.</em><span id="cke_bm_255C"></span><strong>Pablo Bonet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Landero, maestro del habla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 51]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Jorge Galán en el ruido del otoño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jorge-galan-ruido-otono_1_1136323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e8c1ddf-79e4-4c26-ab73-df3acbb2bc54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Galán en el ruido del otoño"></p><p>La vida del poeta y novelista <strong>Jorge Galán</strong> (San Salvador, 1973) sufrió un cambio brusco con la publicación de su novela <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-noviembre/219293" target="_blank">Noviembre </a>(Tusquets, 2016). La vida en El Salvador no es sencilla, acentúa los problemas comunes de su entorno por culpa de la violencia de las maras, pero Jorge había encontrado un hueco de paz y de imaginación para escribir sus historias. La situación cambió de forma radical cuando apareció un libro conmovedor, a la vez creación narrativa y crónica histórica, sobre el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres dentro de las instalaciones de la Universidad Católica, en una madrugada de noviembre de 1989.</p><p>La crueldad de la guerra civil devoró a un grupo de sacerdotes que habían dejado testimonio cristiano de su ayuda a los desfavorecidos, su apuesta por la justicia y su rechazo a la prepotencia de un poder oscuro. <strong>Ignacio Ellacuría</strong> y sus amigos sufrieron la misma sentencia que monseñor <strong>Romero</strong>. Tras el ruido a sangre fría de las balas, llegó el silencio de la impunidad. La literatura tiene una inevitable vocación de memoria y testimonio, porque las palabras y los recuerdos son el tejido de cualquier comunidad; y Jorge Galán, apenas un adolescente cuando sucedió el crimen, se puso a preguntar, leer y escribir sobre los acontecimientos silenciados. Consiguió incluso que el expresidente <strong>Alfredo Cristiani </strong>le concediese una entrevista de rara e iluminadora sinceridad.</p><p><em>Noviembre</em></p><p> es una novela que reúne la vida cotidiana de una sociedad, la violencia de una guerra y los sedimentos humanos de donde surge la contradicción del crimen y el sacrificio, la obediencia y la rebeldía, la ignorancia y el deseo de saber. En la narración se dan también por primera vez los nombres de los asesinos y se cuentan las maniobras nacionales e internacionales de los poderes interesados para ocultar a los responsables de lo sucedido. Jorge Galán podía haberse cubierto con las artimañas de la ficción, haber cambiado el nombre de los asesinos, utilizando el famoso lema de que cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia. Pero al escribir su relato vivió la historia por dentro y sintió que refugiarse en los parapetos de su miedo suponía una traición humana para los seis sacerdotes y las dos mujeres asesinados el 16 de noviembre de 1989. Decir sus nombres era sobre todo afirmar el respeto y la memoria de las víctimas, recreadas en sus ilusiones y sus miedos con la intimidad de la literatura: <strong>Elba Ramos, Celina Ramos, Ignacio Martín-Baro, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Armando López, Joaquín López </strong>e <strong>Ignacio Ellacuría</strong>. Era también un modo de respetar la dignidad del padre <strong>Tojeira</strong>, obligado entonces a hacerse cargo de la Compañía en medio del dolor, las amenazas y la incertidumbre.</p><p>Cuando se publicó <em>Noviembre</em>, Jorge Galán, amenazado y perseguido, tuvo que abandonar su país. El libro de poemas <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/medianoche-en-el-jardin.html" target="_blank">Medianoche del mundo</a> (Visor, 2016), Premio Casa de América de Poesía, es la crónica íntima de esta experiencia de desarraigo en la que una voz se ve alejada de lo que conforma su sentido de pertenencia y expuesta a una realidad ajena. El sentimiento de pérdida y la falta de identificación con el presente provocan una situación extrema, una rozadura en el ser. La fatalidad, la inutilidad y el vacío aparecen como entraña de la condición humana. Por eso el tono de la poesía de Jorge Galán asume la seriedad metafísica en su sentido más profundo.</p><p>La primera parte del libro de poemas, enlazando con la novela, se titula “La interminable noche de noviembre”. Somos la herencia de los acontecimientos pasados que dejan una sombra interminable. Desde la primera composición, “Habitante”, el lenguaje adquiere una carga negativa: desolación, abandonadas, arrancadas, rota, quebrado, decadencia, maldecido, mancha, serpiente, muerta y varias veces más desolación, son palabras con las que el libro va a convivir. Este primer poema, además, establece una dinámica decisiva para entender la propuesta poética de Jorge Galán: un país se hace individuo, mientras que ese individuo, condenado al exilio, se enfrenta con la totalidad del mundo como ámbito de referencia. De ahí el significado hondo de los primeros versos: “Desolación es mi nombre y el nombre / de lo que me rodea”.</p><p>El poeta cuenta solo con el lenguaje para defenderse y reconstruir su difícil identidad. <em>Media noche del mundo </em>es un libro de cuidadosa elaboración, en el que se unen la claridad de las ideas y los sentimientos con un uso frecuente de las estrategias formales de la poesía. El poder de las imágenes refuerza la crisis y la angustia: “el graznido de los cuervos / cuyos picos rayan la eternidad”; “un barco sin timón en una piscina de diez metros de largo, / eso veo en mi mano, líneas que se borran / como ciudades de barro”; “los días se precipitan como cerdos hacia un acantilado” o también “Oh hermana enorme, loba del color de las azucenas sucias”.</p><p>El uso de la metáfora, la enumeración, el versículo, el ritmo de la canción o los vislumbres irracionales suponen un esfuerzo aceptado para hacer el poema, ejercicio inseparable del rehacerse a uno mismo, del volver a levantar la identidad que ha sufrido la desgarradura. La voluntad cumple así un papel en el conflicto, es una tarea de definición personal: “Quiero mirar atrás hasta encontrarme. /Quiero golpear un alba. /Quiero golpear un instante del alba/ y mancharme de luz los hermosos nudillos destrozados”.</p><p>El carácter religioso de las víctimas en el crimen que ha provocado la huida, pero sobre todo el horizonte cultural en la tradición poética del bien y el mal, hace que el mundo bíblico aparezca a lo largo del libro. Está la ciudad de Jericó, están las trompetas de los sacerdotes con el poder de derribar murallas, esas mismas trompetas que son anuncio del juicio final en el Apocalipsis. Y está el número 7, que es el número de los dioses y la invitación a perdonar setenta veces siete. También está el número 6, que es el de los seres humanos, dentro del sigilo de la organización unitaria de un libro compuesto por 36 poemas: el 6 x 6, la multiplicación de la poesía. Pero el tono trágico del libro se vale del recuerdo bíblico para acentuar el sentimiento de fatalidad, porque el Chico de la Cruz Verde asesinado por siete balazos no tendrá tiempo para perdonar y las trompetas que llamen a la resurrección de los muertos se encontrarán con la nada: “ni puede la oración de la madre y la viuda/ resucitar ninguno de los cuerpos que veo”, nos dice el poema titulado “El sonido”.</p><p>El libro señala, por ejemplo, el momento de despedida de una madre, despedida a medias con verdades y con mentiras piadosas, y la dificultad de pisar una existencia nueva, donde “no es simple no desfallecer”. La Navidad vivida en tierra ajena, el recuerdo inevitable de las personas, los olores, los antiguos alimentos y los paisajes cotidianos no hacen más que acentuar el sentimiento de distancia y la falta de pertenencia.</p><p>La tierra que lo acoge no puede fundar de forma repentina un sentido nuevo de identidad. El poeta trasciende en su meditación porque sólo encuentra salida a la hora de entender lo inmediato de una manera más amplia en la relación entre el ser humano y el mundo: “Solo extraviado en la terrible lejanía / pude encontrarme en lo inmediato”. Esta búsqueda tiene también sus consecuencias literarias, cuando la disolución obligada del propio yo en busca de una transcendencia colectiva viaja hacia el pasado o hacia el futuro. La confusión del desarraigo, aquello que no se puede entender, facilita un éxtasis de reafirmación: “Ahora debo seguir”. A mano está la vocación poética. La memoria del lugar perdido se convierte en silueta, territorio casi mágico en el que la propia infancia convive con la bruma para ver que “siete cachorros de lobo corren hacia el patio en penumbra”. Por otro lado, la dimensión histórica de este proceso convierte al poema en heredero de todas las fechas y todos los acontecimientos vividos: </p><p>Este humanismo solidario es el apoyo interior ante el vacío. El apoyo exterior está en la naturaleza, en las montañas, los ríos, los árboles, las animales y en la conciencia de una realidad única que se hace y se deshace diluyendo en el tiempo cualquier identidad individual. La experiencia del poeta le lleva a este convencimiento (“no soy un visitante del mundo / soy el mundo”), porque “comprende a qué sabe la inmensidad, esa región / donde el horizonte y el abismo / no poseen ninguna diferencia”.</p><p>La segunda parte del libro “Geografía” aborda los mismos temas, aunque suele dirigir los poemas a personajes y situaciones más concretas, a la persona que conviven a diario con las noticias de los crímenes y las desapariciones, a la abuela anciana que no puede ver a sus nietos, al padre que conoció desde niños a los asesinos de sus hijos, al padre y la madre a los que exigen por la fuerza una hija de 12 años o al Chico de la Cruz Verde que fue asesinado con “siete balas como siete maldiciones”.</p><p>La intimidad del poeta es la intimidad de su país enfermo de violencia, la intimidad del mundo que se llena de ruidos en una metamorfosis imparable, cargada de muerte y desolación. La poesía rebelde y terca extiende una y otra vez la mano endurecida, busca a tientas el silencio del mundo, el silencio que permita escuchar las lágrimas, los susurros, las oraciones del ser humano en una búsqueda de una imposible dignidad. Pero que la dignidad sea imposible no exime a poesía de su vieja tarea de buscarla en la <em>Medianoche del mundo</em>.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Los diablos azules número 51]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Mamíferos? ¡Saltamontes!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mamiferos-saltamontes_1_1136316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7c891c6-d088-4ae1-900d-d3459d0645fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Mamíferos? ¡Saltamontes!"></p><p>En los últimos años, <strong>Luis Goytisolo</strong> ha publicado en Anagrama dos ensayos que facilitan la comprensión tanto de su obra narrativa anterior como de la más reciente. Se trata de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/naturaleza-de-la-novela/9788433963543/A_452" target="_blank">Naturaleza de la novela</a> (2013) y <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/el-sueno-de-san-luis/9788433963833/A_480" target="_blank">El sueño de San Luis</a> (2015), libros que comparten algunas reflexiones.</p><p><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/coincidencias/9788433998262/NH_577" target="_blank">Coincidencias</a>, la nueva obra, formaría parte del mundo de sus fábulas, aunque en esta ocasión me parece que el estilo y las metáforas se han simplificado, haciéndolas menos automáticas, más accesibles al lector. El conjunto se compone de 63 breves narraciones numeradas que se presentan enmarcadas por dos relatos que hacen la función de citas, presentados como anónimos, aunque podría pensarse que son invención del autor. Las piezas llevan un título breve compuesto en versal, incorporado al texto. Y aunque no son independientes, al relacionarse unas con otras, compartiendo título, personajes y situaciones, se generan series. Así, por ejemplo, las tituladas “Transeúntes” y “Abu” están compuestas por cuatro y tres escenas, respectivamente: la 2, 15, 24 y 35; y la 21, 30 y 53, aunque también aparece una referencia al título de la segunda en la página 116. Se generan, además, otras relaciones, como ocurre entre el relato inicial y el final, el 1 y el 63, donde –primero— el narrador pierde la cartera en un taxi, y –luego— se deja el móvil en otro. Por su parte, un personaje que puede llamarse Loya, Laya, Yoli, Olaya o Yola, reaparece en varios textos, en el papel de secretaria, de hija de familia, trabajando en una galería de arte, enculada en el metro e incluso defecando u orinando sobre su pareja. O la presencia de nombres como Magda y Magdalena, que ya aparecían en <em>Las afueras</em>. En otras ocasiones, los relatos, sin compartir título, se ocupan de los mismos asuntos, según vemos en el 13 y 26, 15 y 45, y 17, 33 y 45. Toda esta red compondría lo que denominamos un <em>ciclo</em> de cuentos y microrrelatos.</p><p>Como sucede en otras muchas obras del autor, está muy presente la obsesión por el dinero, el sexo, la comida, la escatología, la obesidad o los sueños. Materias tratadas, todas ellas, en un tono a menudo zumbón, irónico, y siempre distante. Sin que falten las bromas, algunas de ellas meramente lingüísticas (pág. 71 y 116-117).</p><p>Se trata, en suma, de una obra narrativa coral, en la que Luis Goytisolo a lo largo de las sucesivas escenas, puro costumbrismo –digamos— postmoderno, concede la voz a numerosos personajes de muy distinto pelaje, que nos aturden con su bla, bla, bla, a menudo insustancial, como los delirios propios de una sociedad tan autosatisfecha como enferma. Ninguno de ellos consigue cobrar entidad suficiente, ni se produce a lo largo del relato apenas evolución en su carácter o conducta. Estamos en el reino de la bobaliconería, de eso que ha dado en llamarse el <em>mundo líquido</em>, la <em>posverdad</em>, donde tiene cabida y curso legal toda ocurrencia y justificación, aquello que<strong> Álvaro Pombo</strong> denominó, hace ya varias décadas, la <em>falta de sustancia</em>. Ante estas situaciones que se repiten día tras día en las conversaciones de los bares, en los trayectos en el metro o el autobús y en las paradas del mercado, el autor –paciente y fino testigo— observa, pone el oído y compone sus piezas, que podrían representarse como microteatro, a semejanza de las <em>historias mínimas</em> de<strong> Javier Tomeo</strong>.</p><p>¿Por qué se titula <em>Coincidencias</em>? Quizá porque todos los que toman la voz comparten la estulticia, el egoísmo y la simplonería frecuente en nuestro tiempo. Y, desde luego, no faltan los atributos propios del <em>homo digitalis</em>, tales como los móviles, tabletas, tuits y selfies, así como las referencias a los piercings, el parkour y el balconing, todo ello sin cursiva en el texto. En suma, un mundo plagado de objetos y situaciones —digamos— simbólicas, como las señaladas.</p><p>He dejado para el final el asunto del género de estas narraciones. En la contracubierta, por si hubiera dudas, se nos presenta de manera explícita como una novela, y habrá lectores que la lean como tal, pero creo que también podría encararse como un <em>ciclo</em>, como ya se ha dicho. El que aparezca el texto de manera corrida, correlativa, propicia la lectura novelesca; si bien la posible lectura individual de cada una de las 63 secuencias lo acerca a las formas narrativas más breves. Si tuviera que destacar alguna de estas piezas, me quedaría —por ejemplo— con la 41, aunque el valor estribe en el conjunto, en la relación y contraste que se establece entre las situaciones, los personajes y la manera que estos tienen de explicarse y argumentar.</p><p>Si hace unas décadas, el gran<strong> Jesús Lizano</strong> nos veía a todos como <em>mamíferos</em>, el no menos poderoso Luis Goytisolo, en la última narración del libro, nos observa hoy como si fuéramos <em>saltamontes</em>, perdidos en un laberinto. Si hablamos de seres humanos, no parece la mejor de las evoluciones posibles.</p><p><em>*Fernando Valls es profesor de Literatura y crítico literario. </em><strong>Fernando Valls </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Libros para después de una revolución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-despues-revolucion_1_1136312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b49a15cd-f5e8-4a6a-97f3-e49003d8a26f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros para después de una revolución"></p><p>Junto con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la contienda civil española (1936-1939) quizá la Revolución rusa o, mejor dicho, soviética (1917) sea el periodo histórico del siglo XX sobre el que más se ha escrito. Al margen de su indudable trascendencia, que se prolongó durante décadas y afectó a todo el mundo, la Revolución soviética cuenta con todos los ingredientes de pasión e idealismo, de un lado; y de crímenes y tiranías, de otro, para atraer una y otra vez el interés de millones de lectores. Infinidad de sobrecogedoras historias individuales, anónimas y cotidianas se entrecruzan con los grandes acontecimientos protagonizados por <strong>Lenin </strong>y su ejército de disciplinados bolcheviques para convertirse en una materia prima fascinante para la novela, el ensayo o la poesía. Los padres del comunismo, con <strong>Karl Marx</strong> y <strong>Friedrich Engels</strong> a la cabeza, habían previsto que los estallidos revolucionarios se produjeran en países europeos desarrollados. Pero esos pronósticos fallaron y los efectos de la Primera Guerra Mundial facilitaron aquella sublevación de obreros y campesinos en una Rusia semifeudal y sometida al poder despótico de los zares desde hacía siglos.</p><p>Por todo ello, la percha del centenario de aquella revolución, que se cumple a lo largo de este año, ha motivado una avalancha editorial para recapitular sobre aquellos <em>Diez días que estremecieron al mundo</em> (Capitán Swing y Nórdica, disponible en mayo), título de una obra clásica del reportaje histórico firmada por el norteamericano <strong>John Reed</strong> y libro imprescindible para comprender aquella revolución. Al hilo de los clásicos no se puede olvidar <em>Doctor Zhivago</em>, la monumental novela de <strong>Boris Pasternak </strong>(Nobel de Literatura en 1958), que logró fama universal al trasladarse a la pantalla bajo la dirección de <strong>David Lean</strong> y con <strong>Omar Sharif</strong> y <strong>Julie Christie</strong> en sus principales papeles. Otro testigo directo de los vertiginosos sucesos de 1917 fue <strong>Jacques Sadoul</strong>, un diplomático francés que compartió aquella aceleración de la historia con <strong>Lenin, Trotski </strong>y otros dirigentes comunistas. Su libro <a href="http://www.turnerlibros.com/book/cartas-desde-la-revolucion-bolchevique.html" target="_blank"><em>Cartas desde la revolución bolchevique</em></a><em> </em>ha sido publicado por Turner. Como espectadores privilegiados de la Revolución soviética encontramos también a dos relevantes autores españoles: el periodista y novelista <strong>Manuel Chaves Nogales </strong>y el político socialista y profesor <strong>Fernando de los Ríos</strong>. Ambos visitaron Rusia en aquella época por razones profesionales. El primero de ellos nos dejó una magistral y agridulce novela, <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-el-maestro-juan-martinez-que" target="_blank">El maestro Juan Martínez que estaba allí</a> (Libros del Asteroide); mientras el segundo reflejó sus impresiones políticas y vitales en <em>Mi viaje a la Rusia sovietista</em> (Alianza) donde mostró su desencanto con una revolución que ya derivaba hacia una dictadura sangrienta.</p><p>Entre los ensayos de referencia que van a llegar a las librerías como novedad o que van a ser reeditados aprovechando la efeméride, podemos citar obras clave como <em>Historia de la Revolución rusa</em><em><strong> </strong></em>(<a href="http://www.pasadopresente.com" target="_blank">Pasado y Presente</a>), de <strong>Neil Faulkner</strong>; <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-tren-de-lenin/230919" target="_blank">El tren de Lenin</a> (Crítica), de <strong>Catherine Merridale</strong>, centrada en el viaje del líder desde Suiza hasta Rusia; o tres obras fundamentales con idéntico título, <a href="http://www.edhasa.com.ar/libro.php?ean=9788435026918&t=La+revoluci%C3%B3n+rusa+1891-1924" target="_blank">La Revolución rusa</a>, a cargo de <strong>Orlando Figes</strong>, uno de los mejores especialistas en el tema (Edhasa); <strong>Roland Pipes</strong>, otro experto de prestigio, en Debate; o <strong>María Teresa Largo Alonso, </strong><a href="http://www.catarata.org/libro/mostrar/id/1209" target="_blank">en Catarata</a>. Desde un enfoque multidisciplinar y novedoso la autora serbia <strong>Mira Milosevich</strong> traza una panorámica de síntesis en <em>Breve historia de la revolución rusa</em>, que editará el sello <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/" target="_blank">Galaxia Gutenberg</a> en marzo. Con una pretensión de abarcar toda la pasada centuria el catedrático <strong>Josep Fontana</strong>, uno de los maestros de los historiadores de nuestro país, publicará<em><strong> </strong></em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-siglo-de-la-revolucion/242763" target="_blank"><em>El siglo de la revolución. Una historia del mundo de 1914 a 2017</em></a> (Crítica).</p><p>No convendría olvidar un ensayo histórico y dos novelas, aparecidos en los últimos tiempos y ambientados en la Rusia contemporánea, que se han convertido con justicia en auténticos éxitos editoriales. Se trata de la magnífica y exhaustiva obra <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-romanov/216174" target="_blank"><em>Los </em></a><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-romanov/216174" target="_blank"><em>Románov</em></a><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-romanov/216174" target="_blank"> </a>(Crítica), <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/10/14/los_romanov_simon_sebag_montefiore_56179_1821.html" target="_blank">de </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/10/14/los_romanov_simon_sebag_montefiore_56179_1821.html" target="_blank"><strong>Simon Sebag Montefiore</strong></a><strong>,</strong> sobre los tres siglos de dominio de esa dinastía de zares; o la estupenda novela de <strong>Emmanuel Carrère</strong>, <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/limonov/9788433978554/PN_825" target="_blank">Limónov </a>(Anagrama), que a través de un personaje extraordinario y real recorre como biografía novelada las últimas décadas de la URSS y de Rusia. Por último, el británico <strong>Julian Barnes</strong> ha novelado con brillantez la relación entre los intelectuales y el régimen de <strong>Stalin </strong>en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-ruido-del-tiempo/9788433979551/PN_924" target="_blank">El ruido del tiempo</a> (Anagrama).  A propósito del dictador georgiano, el historiador <strong>Alan Bullock</strong>, un experto en la época nazi, publica <a href="http://www.kailas.es/catalogo/libros-no-ficcion/hitler-stalin-detail.html" target="_blank">Hitler y Stalin. Vidas paralelas</a>, en la editorial Kailas.</p><p><em>*Miguel Ángel Villena es periodista y editor de </em><strong>Miguel Ángel Villena</strong>tintaLibre<em>. Este artículo ha sido publicado en el número 44 de </em></p><p>tintaLibre<em>, la revista mensual de </em>infoLibre<em>, centrado en </em>El comunismo, un siglo después<em>. Cosulta todos los contenidos aquí. </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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