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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 52]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-52/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 52]]></description>
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      <title><![CDATA[La casa poema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/casa-poema_1_1203084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b1faeb6-d56f-4cd8-92ee-f91d6677d9dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La casa poema"></p><p>  </p><p>    Ioana Gruia lee "La casa poema". </p><p>  </p><p><strong>La casa poema</strong></p><p>Me gustaría que habitaras este poema</p><p>como habitas mi vientre,</p><p>que fuera para ti una casa.</p><p>Que la poesía fuera tu refugio.</p><p>Tu madre</p><p>habla todas las lenguas</p><p>con acento extranjero</p><p>y sabe</p><p>que siempre hay algo de intemperie en los refugios,</p><p>una fragilidad que te hará fuerte.</p><p>Enciendo para ti la casa poema.</p><p>En los inviernos que conocerás,</p><p>ojalá te proteja y te caliente.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, El expediente Albertina (Castalia/Edhasa, 2016). #dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}   </em><strong>Ioana Gruia</strong><a href="http://www.ioanagruia.com/el-expediente-albertina/" target="_blank">El expediente Albertina</a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['El silencio de la ciudad blanca': Intriga en Vitoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/silencio-ciudad-blanca-intriga-vitoria_1_1136736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22c5dcb0-7178-424a-bca7-8498c75a1c9b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El silencio de la ciudad blanca': Intriga en Vitoria"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>_________________________</p><p>Siempre resulta interesante leer alguna novela negra o policiaca en los clubes de lectura; más aún si da pie a debatir sobre varios temas interesantes, como es el caso de <em>El silencio de la ciudad blanca</em>, de <strong>Eva García Sáenz de Urturi</strong>, una novela que estamos leyendo en los clubes de lectura de la biblioteca pública Almudena Grandes de <a href="http://www.azuqueca.es/" target="_blank">Azuqueca de Henares</a> (Guadalajara) este curso y que nos está gustando mucho. Tanto, que estamos planteando un posible viaje a Vitoria, para descubrir y disfrutar con nuestros propios ojos algunos de los rincones retratados (casi podríamos decir fotografiados, dado la riqueza de detalles y la maravillosa ambientación de la novela) por la autora en la obra.</p><p>  </p><p>Sáenz de Urturi plantea una novela negra que empieza casi por el final: lo primero que sabemos del <em>Kraken </em>(apodo de Unai López de Ayala, investigador del caso en el que se centrará la obra) en el prólogo es que le acaban de dar un tiro. A partir de ese gancho tan lleno de preguntas e incógnitas (y que hace imposible que no te enganches a la trama), se nos cuenta la historia ya ordenada cronológicamente, de manera que el lector va descubriendo la serie de avatares que nos llevan a ese desenlace esbozado en el comienzo de la novela. Una serie de avatares muy interesantes y que han dado para que en los clubes de lectura hablemos de muchas cuestiones, como el vínculo incomparable que se establece entre los gemelos, la maldad de ciertas mentes, la crueldad sin límites de algunos, la culpabilidad, el honor, la ética profesional, la venganza y el perdón.</p><p>Pero a la trama policíaca en sí hay que sumar otras dos subtramas no menos interesantes: por un lado, la que protagonizan el doctor Álvaro Urbina, Blanca Díaz de Atoñana y el marido de esta, Javier Ortiz de Zárate, en los años setenta; y, por otro lado, la que nos va dando cuenta de la vida privada de los investigadores del caso. La primera subtrama (que vuelve a romper el discurrir cronológico de la investigación policial, lo que hace añade un nuevo componente de intriga al misterio central) ha dado mucho de qué hablar en las reuniones del club y nos ha permitido reflexionar sobre el amor, la violencia de género, los matrimonios infelices, la infidelidad, la venganza, las salidas desesperadas, el placer de lo prohibido o el respeto a los compromisos adquiridos.</p><p>La segunda subtrama nos permite ahondar en las personalidades de los investigadores implicados en el caso, lo que suma humanidad a la trama meramente policíaca. ¡Y menuda humanidad! Los pasados (y, hasta cierto punto, los presentes) de estos investigadores también dan para hablar en las sesiones largo y tendido, pues todos tienen un gran trauma que les ha moldeado el carácter hasta ser lo que son o del que aún no han sabido hallar la salida. Además, esta subtrama nos permite conocer al abuelo de Unai, un personaje entrañable donde los haya, profundamente humano y del que se pueden sacar unas cuantas lecciones pedagógicas y de vida.</p><p>Además de la intriga en sí, el ritmo que la autora da a la novela, su resolución y el desarrollo de ese camino que nos conduce a la verdad, nos ha encantado la ambientación de la obra. Quienes sí han visitado Vitoria han vuelto a reencontrarse con algunos de sus rincones, retratados con fidelidad y detallismo; y quienes no la han visitado nunca casi sienten que lo han hecho, acompañadas por la precisa y certera pluma de Eva García Sáenz de Urturi.</p><p>En definitiva, <em>El silencio de la ciudad blanca</em> es una novela que mezcla historia y tradiciones, magníficas descripciones de Vitoria, intriga y misterio, asesinatos y un montón de temas interesantes sobre los que reflexionar; una novela que no ha decepcionado a nadie y que, por lo tanto, recomendamos sin dudar.</p><p><em>*Puedes contactar con los clubes de lectura de la biblioteca municipal de Azuqueca de Henares (Guadalajara) en la propia biblioteca, en la avenida de Francisco Vives, 3, o a través de su correo electrónico (biblioteca@azuqueca.net). </em><strong>Azuqueca de Henares</strong><strong>biblioteca@azuqueca.net</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Ortiz]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El silencio de la ciudad blanca': Intriga en Vitoria]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Joyas ocultas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/joyas-ocultas_1_1136717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ae07c0a4-0824-4a20-9b48-3afb393098a2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joyas ocultas"></p><p>María Macchia y Pino Maio, libreros de Enclave de Libros (Madrid), recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses.</p><p><em><strong>__________________________</strong></em></p><p><strong>A Werber Schroeter, que no le temía a la muertePhilippe AzouryShangrilaSantander2016</strong><em>A Werber Schroeter, que no le temía a la muerte</em></p><p>  </p><p>Setenta y cuatro párrafos radiantes sobre <strong>Werner Schroeter</strong>, el cineasta inclasificable del Nuevo Cine Alemán. Exploración de una filmografía íntegra, es decir, de una sensibilidad. <a href="http://shangrilaediciones.com/pages/bakery/trayectos-minor-7-152.php" target="_blank">Narración </a>de una relación personal con Schroeter y una relación amorosa, rigurosa y aguda, con su obra. <strong>Philippe Azoury</strong> va más allá de lo visible y firma en este libro una vivisección a cielo abierto y un retrato en penumbras, íntimo y pudoroso, del hacedor de uno de los mundos de imágenes más enigmáticas del cine.</p><p>  <strong>Exit. Ideologías de la crisisTomasz KoniczEnclaveMadrid2017</strong><em>Exit. Ideologías de la crisis</em></p><p>  </p><p>Directo y riguroso, <a href="http://enclavedelibros.blogspot.com.es/p/exit-ideologias-de-la-crisis-tomasz.html" target="_blank">el autor analiza</a> la desmaterialización financiera y la producción en cadena de burbujas especulativas alimentadas por el crédito; la lucha neo-imperialista de Eurasia y Occidente por las esferas de influencia y las materias primas; las nuevas políticas de inmigración; el fenómeno de las maras en Centroamérica; la escalada de la crisis global de los refugiados; el imaginario exterminador de los videojuegos de nueva generación; la forma perversamente capitalista del Estado Islámico; las causas y horizontes del conflicto ucraniano; el nuevo imperialismo de crisis y exclusión de la periferia, y el cariz religioso y fetichista del ocaso del capitalismo.</p><p>  <strong>Trilogía del infinitoAngélica LiddellLa Uña RotaSegovia2016</strong><em>Trilogía del infinito</em></p><p>  </p><p>Si tuviéramos que establecer una línea argumental clásica, estaríamos hablando de <a href="http://www.larota.es/cat%C3%A1logo/libros-robados/trilog%C3%ADa-del-infinito" target="_blank">la historia de una mujer</a> que, de la mano de las poetas <strong>Emily Dickinson</strong> y <strong>Sylvia Plath</strong>, o el caníbal y escritor <strong>Issei Sagawa</strong>, desea matarse y matar desde su nacimiento; y libera sus tendencias homicidas, sus auténticos deseos, en la ficción. Así, toda su angustia procede del dilema que se establece entre la palabra y la acción, es decir, entre la poesía y la vida. Porque ¿cómo transformar la violencia real en poética para ponernos en contacto con nuestra verdadera naturaleza? Para <strong>Angélica Liddell</strong>, sólo se puede crear al ser humano destruyéndolo, es decir, quebrantando la ley, y esto se puede hacer, según la autora, mediante la "supermoral" de la poesía.</p><p>  <strong>Perro ladrando en la nieveKenneth KochKriller 71Barcelona2016</strong><em>Perro ladrando en la nieve</em></p><p>  </p><p>Primera traducción al castellano de uno de los popes de la Escuela de New York, el célebre <strong>Kenneth Koch</strong> (o <em>Doctor Fun</em>, según <strong>John Ashbery</strong>). Se trata de una antología bilingüe, prologada por <strong>Jordi Doce</strong> y seleccionada y traducida por <strong>Silvia Galup</strong> y<strong> Aníbal Cristobo </strong>que recoge mucho de lo mejor y más imaginativo de la amplia producción de Koch. Sus obras trasmiten una aguda inteligencia y un placentero estar allí, a punto de comenzar a bailar, que recuerda a Zaratustra. Zaratustra, es decir, <strong>Nietzsche</strong>, vio en la manifestación artística de la danza un recurso estético para describir el espíritu dionisíaco de la ligereza que encarna “un arte bailarín” que puede elevar al hombre hacia lo más alto y que le permite disfrutar de la “libertad sobre las cosas”, Koch (1925-2002) no sólo escribió una gran cantidad de libros de poemas sino también obras de teatro, libretos para óperas contemporáneas, manuales de escritura creativa, óperas, canciones, películas, cómics... además de participar en creaciones de arte visual.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Enclave de Libros en la calle Relatores, 16, de Madrid, y en su blog.</em><strong>Enclave de Libros</strong><a href="http://enclavedelibros.blogspot.com.es/" target="_blank">blog</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enclave de Libros]]></author>
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      <title><![CDATA['La niña alemana': Europa, otra vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nina-alemana-europa-vez_1_1136714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3032f99-7679-4d70-8885-8d2a14581817_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La niña alemana': Europa, otra vez"></p><p><strong>La niña alemanaArmando Lucas CorreaAtria Books Español/Ediciones BNueva York/Barcelona2016</strong><em>La niña alemana</em></p><p>  </p><p>Leer es una forma de entenderse con uno mismo. Leer sobre lo que los demás fueron e hicieron es además una manera de saberse heredero de los valores de una comunidad que se llama llanamente “el ser humano”. Leer es sentirse parte de un proyecto vital que arrancó en una tabla de arcilla. Leer es tener conciencia y convertirla en baluarte y ciudadela de la falsedad.</p><p>Dejé a los pasajeros del trasatlántico <em>Saint Louis</em> regresando a Europa en la novela de <strong>Leonardo Padura</strong>, <em>Herejes</em>.  Y los he reencontrado con nombres y apellidos en <a href="http://www.simonandschuster.com/books/La-nina-alemana-(The-German-Girl-Spanish-edition)/Armando-Lucas-Correa/Atria-Espanol/9781501134449" target="_blank"><em>La niña alemana</em></a><em>,</em> de <strong>Armando Lucas Correa</strong>, en su primera edición de Atria Español.</p><p>En las páginas de Padura, la narración viraba al pasado para conocer mejor la historia del pueblo hebreo. Ahora Lucas Correa nos acerca el olor del salitre del puerto de La Habana con 936 pasajeros alemanes, en su gran mayoría judíos, que intentan desembarcar en 1939 escapando de la violencia que llenó su país, Alemania, que alza una bandera con los tres colores que pintan las vidas de estos ciudadanos de terror, violencia, emblemas y miseria moral: el blanco, negro y rojo no volverán a lucir jamás con belleza para muchas personas que supieron lo que significa pisar la ciudad donde has nacido sintiendo bajo tus pies crujir los cristales rotos.</p><p>Hannah Rosenthal viajaba en ese trasatlántico de lujo con sus padres, Max y Alma, huyendo de su país que ahora los desprecia. Dejando atrás un pasado ostentoso y culto, embarcan con sus pasaportes y unas cuantas maletas dejando atrás posesiones, dignidad y espanto.  El destino es una pequeña isla del Caribe, Cuba, que servirá de puente, de tránsito, para instalarse con sus visados en regla en Estados Unidos o en Canadá.  El día ha llegado: es sábado 27 de mayo de 1939.</p><p>Sólo unas 28 personas pudieron bajar. El mundo lo sabía pero, como susurra Hannah en su pensamiento, “los periódicos no ganan batallas”.  El resto de pasajeros debe regresar a Europa.  Son molestos, son indeseables, son sucios, son muchos de los que van a morir en una guerra que iba a comenzar en tres meses.  Europa se desangró en esta primera herida.</p><p>Hannah y su madre, embarazada, consiguen el permiso para descender del barco.  Su padre se queda arriba, regresa al infierno que esta vez se llamará París. Leo, su amigo, su cómplice, su alma gemela, también permanece en el trasatlántico. La separación, quién sabe, no queremos saber, es más cruel que la muerte temprana.</p><p>Anna vive en Nueva York en 2014. Con 12 años recibe un paquete de La Habana de una tía abuela suya de la que nunca ha oído hablar: Hannah Rosen. Anna también perdió a su padre antes incluso de poder conocerlo, y tener noticias de alguien cercano a él hace que su minúscula familia, ella y su madre varada en el dolor por la temprana desaparición de su esposo, reciban en sus vidas un calor inesperado que las lleva a viajar a Cuba para conocer a esta repentina familia.  El encuentro se convierte en recuerdos, en pasado, en presente. En nombres y apellidos olvidados. En rencor, en tristeza. En cariño e ilusión puestos en la esperanza que significa Anna Rosen o tal vez Rosenthal. Necesitamos saber quiénes somos. No olvidar nuestro nombre. Necesitamos siempre reconciliarnos con nuestro pasado, aunque ello nos lleve toda la vida.</p><p>Leer <em>La niña alemana</em> es conocer el pasado. Pero también es un lastimoso sentir el presente. Europa se embruteció en 1939 y hoy nos horrorizamos con tanta crueldad. Europa se ha congelado hoy y el silencio aturde nuestras conciencias asistentes y espectadoras de imágenes de vergüenza que nos humillan y que producen desconcierto y sonrojo cuando arropamos a nuestros hijos cada noche de cada día de este segundo invierno helado.</p><p>Leer es una forma de conocimiento, social y personal. Leer nos recuerda que tenemos una voz dormida entre los ecos y los rumores que ensordecen el pasado y ensombrecen el presente. Leer para los demás, con voz clara y leer en el silencio de la tarde, a solas, cuando, de nuevo, otro día más ha pasado, sin indignaciones clamorosas de la gente buena pero sabiendo que mañana sólo será lo que los poderosos quieran.  Hoy Europa también duele.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <title><![CDATA['Quienes viven': La lucha contra la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viven-lucha-muerte_1_1136710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16899feb-f3f6-48d8-bc51-9a869334f0aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Quienes viven': La lucha contra la muerte"></p><p><strong>Quienes vivenAnnie Dillard </strong><em>Quienes viven</em></p><p><strong>Sabina EditorialBarcelona2017 </strong></p><p>  </p><p> Portada de Quienes viven, de Annie Dillard.</p><p>Por los caminos salvajes de una naturaleza hermosamente desbordante se adentran carros repletos de enseres tirados por animales. Hombres, mujeres, niños y vacas y caballos se enfrentan a las inclemencias del tiempo y del espacio. Al final del viaje, el recuento de lo perdido. El recuerdo de los entierros improvisados a la sombra de un árbol centenario. No hay tiempo para llorar al niño que al caerse del carro es aplastado por las ruedas de la vida que ha de seguir su viaje hacia una tierra mejor. Así, desde las primeras páginas de <a href="http://www.sabinaeditorial.com/catalogo/quienes-viven-de-annie-dillard/" target="_blank">Quienes viven</a>, se asoma inclemente la muerte, que no sabe sino llevarse a quienes viven.</p><p>Una saga coral que se desarrolla a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX en el extremo noroeste de Estados Unidos donde se dirigen las olas migratorias en busca de una tierra prometida. En esa tierra indómita, se entreteje el destino de cuatro familias pioneras junto con los pueblos indígenas, los lummi, skagit y noocksack, en la lucha por la supervivencia. Se forjan los destinos de los protagonistas: John, Ada, Clare, Minta, y demás personajes cuya consistencia es tan precisa que no podemos sino creer que sean personas de carne y hueso. En ese entorno hostil y hermoso a la vez, se unen para hacer frente a la dureza de la vida, forman una comunidad en la que, al principio, no existe el trabajo como lo entendemos hoy, sino la entrega total a las actividades propias de una tribu que procura abastecerse, cubrir las necesidades primarias de sus miembros. Nadie puede ser una mera sombra dentro de una comunidad, los personajes se vuelven tan reales que siguen ahí, incluso después de que aparezca la palabra fin. Sus deseos, sus pensamientos, sus errores, sus dudas y esperanzas, sus cuerpos fuertes, dejan un rastro tras su paso aunque sus vidas no hayan sido otra cosa que un estar dentro de la historia, ocupando un lugar en la comunidad.</p><p>Caprichosa, arbitraria y terriblemente humana, ahí está la muerte: se lleva a niños que enferman, a adultos sanos que trabajan para domesticar la tierra, para talar árboles y dejar pasar el sol, para construir pozos, railes, abrir vías de comunicación, a mujeres jóvenes agotadas por el peso de la carga, a blancos e indígenas, a todos quienes viven. Solo la omnipresencia de la muerte hace posible la comunidad de vivos.</p><p>Y es que tras la trama superficial que narra la épica de un tiempo y un lugar, las aventuras de unas familias insertas dentro de los reveses de la historia y de la naturaleza, aparece la transformación que acarrean los cambios introducidos por el progreso (agua corriente, ferrocarril, electricidad). De repente la crisis del valor oro/plata/dinero (da lo mismo) arrastra la crisis de los ideales de solidaridad y hermandad nunca declarados como tales sino vividos como lo más sencillo dentro de un grupo de seres cuya supervivencia está supeditada a la supervivencia de los demás. En la medida en la que avanza el “bienestar” en el pueblo, en ese momento, el dinero empieza a adquirir la importancia vital que lo convertirá en única religión de nuestro no-tiempo. A lo largo de la epopeya que incluye las distintas historias personales dentro de la comunidad que las reúne (en cuanto hijos de, hermanos de, abuelos de) y en la que interactúan cada uno con su singularidad, pero todos acomunados por la inexorabilidad de la vida y de la muerte, poco a poco el dinero abre su brecha. Así surge la necesidad del poder sobre la existencia del otro, la aparición de personajes siniestros que solo asoman ahí donde surge la posibilidad de enriquecerse a costa de los demás, el desengaño de los ideales, la transformación de las pasiones, el aparecer de las instituciones. Y, sin embargo, la Historia aún no ha terminado, ya que hacia el final aparece un gesto extremadamente humano, el gesto de la única venganza posible, la que no se delega a un Estado/institución sino que recae en la responsabilidad de cada uno.</p><p><strong>Annie Dillard</strong> lleva al lector a infiltrarse en esa comunidad, a formar parte de esa familia cuyos miembros llega a conocer tan bien como para saber el color del vestido que llevan, como para saber cómo suenan sus risas, o cuán profunda es la angustia de sus pesares. Una apasionante historia, contada con lujo de detalles, con descripciones pormenorizadas que, sin embargo, en ningún momento se vuelven pesadas. No sobran páginas, todo lo contrario, entran ganas de seguir leyendo. Y es que la autora maneja brillantemente la narración: despertando la curiosidad del lector, creando pausas naturales, cambiando de escenas en el momento en el que sabemos que va a ocurrir algo, aunque al fin y al cabo lo único que ocurre es la vida.</p><p>Son muchos los estímulos y las reflexiones que despierta la lectura de <em>Quienes viven</em>, desde la relación del hombre con la naturaleza a la aparición del Estado, del dinero y por tanto del poder, al avance del progreso que obliga a la explotación y luego búsqueda de otra tierra a conquistar, a la disolución de la <em>comunidad</em>, etc. Sin embargo, todo ello contado sin nostalgia por ningún tiempo perdido sino mirado con una gran com-pasión con quienes vivimos.</p><p>Rezuma la vida en la belleza de la muerte.</p><p><em>*María Macchia es librera y editora en Enclave de Libros. </em><strong>María Macchia es librera</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Macchia]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Quienes viven': La lucha contra la muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Las luces interiores': El instante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luces-interiores-instante_1_1136706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d006f846-9d4e-4731-b0df-e0b6dde7933a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Las luces interiores': El instante"></p><p><strong>Las luces interioresKarmelo C. IribarrenRenacimientoSevilla2017</strong><em>Las luces interiores</em></p><p>  </p><p> Portada de la segunda edición de Las luces interiores, de Karmelo C. Iribarren.</p><p><strong>Karmelo Iribarren</strong> (San Sebastián, 1959) observa. Detiene el instante y observa. Y es a la luz de su mirada, inteligente y honesta, que nos adentramos en ese instante y la vida se adueña de nosotros.  No en vano, la cita de <strong>Manuel Machado</strong> “Lo precioso/ es el instante/ que se va” es el umbral que nos interna en <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/renacimiento/929-las-luces-interiores.html" target="_blank"><em>Las luces interiores</em></a><em>,</em> en la segunda edición corregida y ampliada, del poemario del donostiarra que acaba de publicar Renacimiento.</p><p><em>La luces interiores </em>le permiten al poeta contemplar la vida y contemplarse a través de ella, y considerarla y considerarse y ofrecernos, a nosotros lectores, la posibilidad de celebrar con él esa vida, que, aunando dureza y ternura, como sus poemas,  a veces, hace que nos preguntemos “dónde se habrá metido”, una vida que es “puta<em>”</em> y “ tiene pocas posibilidades” y, sin embargo, otras “poco a poco va volviendo” al calor de una barra de bar y "una cerveza muy fría"<em>, </em>y “hace que <em>algunas </em>cosas sean escasas a propósito. Para que nos levantemos cada día a buscar más.” Porque son esas <em>luces interiores</em>, que se apagan y se encienden en todo aquello que nos salva de la intemperie, las que nos permiten decirnos, junto al poeta que “es el mundo (...) y es un lugar maravilloso.”</p><p>Los versos de Iribarren, despojados de cualquier elemento sobrante que puedan empañar la diafanidad con la que la vida debe ser percibida, nos alcanzan y nos posibilitan ver la cotidianidad bajo otra luz, la luz que desprenden las cosas que merecen la pena. Los poemas de <em>Las luces interiores —</em>y los de toda su obra poética: <em>La condición urbana</em> (1995),<em> Serie B</em> (1998), <em>Desde el fondo de la barra</em> (1999),<em> La frontera y otros poemas</em> (2000-2005),<em> Ola de frío</em> (2007), <em>Atravesando la noche</em> (2009) y <em>Otra ciudad, otra vida</em> (2011), recogidos en ediciones de su obra completa <em>Seguro que esta historia te suena </em>(2012) o en antologías como <em>La ciudad</em> (2002) o <em>Pequeños incidentes </em>(2017), que acaba de publicar Visor—, toman un tono de conversación casi coloquial. Nos llegan a través de un trato directo y próximo que esconde la dificultad que entraña desnudar el poema hasta dejar solo sus elementos principales, las palabras justas que nos inviten a participar del acto subversivo que para Iribarren debe ser la poesía. Y el poeta donostiarra sabe que, para ello, es necesario recordar, como dijo <strong>Eliot</strong>, que “la poesía no puede darse el lujo de perder su contacto con el cambiante lenguaje de la comunicación común y corriente”.</p><p>Sin métrica definida, los versos, que presentan una rima asonante interna apenas perceptible, a golpe de encabalgamiento consiguen un ritmo muy personal que nos recorre, que consigue aproximar el hallazgo poético al lenguaje conversacional y apelar a nuestras emociones, como una puerta entreabierta con la que “hay que tener mucho cuidado/ suelen ponerse irresistibles”.</p><p>En <em>Las luces interiores</em>, los poemas, enmarcados en esa austeridad formal, en ese minimalismo alejado de cualquier retórica, nos presentan un yo poético que nos habla en primera persona y, contemplando la vida que discurre a su alrededor, como un renovado <em>flâneur,</em> nos invita a vaciarnos y a reflexionar sobre la trascendencia de lo común. En la poética de Iribarren, los grandes temas —el amor, el paso del tiempo, la nostalgia o el deseo— se desvinculan de las metáforas y se aferran a lo cotidiano. “No somos más/ que el tiempo que nos queda/ caminando hacia el olvido que seremos. (...) El resto literatura./ Lo mejor/ es no pensarlo mucho:/ seguir andando,/ tomar cafés, enamorarse,/ ver la lluvia...”</p><p>En este libro, las composiciones tienen un tono elegíaco más marcado que en el resto de la obra poética de Iribarren, y esas miradas que pueblan el poemario —tras las ventanas de una casa o emergiendo, desdobladas, en las ventanillas de un tren, desde el fondo de un bar, o en la soledad de una ciudad un domingo, que dan un brillo juvenil en algunas mujeres cuando recuerdan que donde terminan empieza el frío—, en las que uno puede asomarse y ver el mundo, sienten el peso de los años y se saben imprescindibles para crear “esa ilusión que llamamos experiencia,/ y que sólo nos sirve,/ en ocasiones/para disimular apenas/ tanta nostalgia de la vida”.</p><p>El instante en los poemas de Karmelo Iribarren se detiene y nos detiene, y nos sucede  como con la mujer de “En el último bar”, que se queda. “Y que pasó/ entonces./ Pasó una mujer./Pero qué pasó./ Que era/ de las que nunca/ terminan de pasar.”</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura. </em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mónica Vidiella]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Las luces interiores': El instante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Pertinaz freelance': Golondrinas robóticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pertinaz-freelance-golondrinas-roboticas_1_1136699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/63e61270-98df-4f88-a60b-bbfbc7d4cdd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Pertinaz freelance': Golondrinas robóticas"></p><p><strong>Pertinaz freelanceSergio C. Fanjul </strong><em>Pertinaz </em></p><p><strong>VisorMadrid2016</strong></p><p>  </p><p><strong>Sergio C. Fanjul</strong> (Oviedo, 1980) pertenece a una nueva hornada de poetas jóvenes que poco a poco van situándose, a golpe de antología, en el mapa poético español. La mayoría de las publicadas en los últimos años insiste en la idea de que una de las características comunes de la poesía más joven es precisamente la ausencia de características comunes, la carencia de un conjunto de rasgos que pueda agruparla en una suerte de generación bien delimitada y diferenciada frente a las anteriores; de hecho, quizá sea ese déficit en concreto su peculiaridad generacional. Cuestiones teóricas o grupales aparte, lo interesante son los poetas y sus versos, uno a uno, y eso que se llama la voz poética.</p><p>En el caso que nos ocupa, con su nuevo poemario <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/pertinaz-freelance.html" target="_blank"><em>Pertinaz freelance</em></a><em>,</em> Sergio C. Fanjul alcanza ese objetivo tan machadiano de diferenciar los ecos de las voces o viceversa. Su poesía es ya reconocible, identificable, diferenciable, personal. Cualquier lector habitual de poesía fácilmente podrá distinguir un Fanjul, igual que en pintura se diferencia un <strong>Goya</strong>, un <strong>Pollock </strong>o un <strong>Hopper</strong>.</p><p>Aunque las señas de identidad de sus maneras poéticas se aprecian algo desvaídas en algunos poemas —"Una habitación con vistas" o "Tarifa de ultratumba", por ejemplo— debido a su cercanía a tradiciones poéticas algo más transitadas, lo que particulariza a la poesía de Sergio C. Fanjul en <em>Pertinaz freelance</em> es su capacidad para hacer convivir sin chirriar tradición y contemporaneidad, pasado y futuro inmediato. O, dicho de otro modo, su habilidad para poner al día los códigos y lugares comunes de la literatura a través de un lenguaje radicalmente actual —frecuentemente en cursiva— que revela una riqueza de fuentes, así como una amplitud de miras desprejuiciada en cuanto a lo que se entiende por cultura –de Japón a Internet, pasando por los videojuegos o el régimen general de autónomos— que no solo contribuyen a singularizar el espacio poético de los Fanjules, sino que además traduce con acierto una sensibilidad y una manera de estar en el mundo que supera de largo los tópicos de la Modernidad.</p><p>Esta postura poética se plantea en numerosas ocasiones desde el desenfado, desde el humor, desde el quiebro de las expectativas del lector, desde la finta irónica. En este sentido, nada es lo que a priori parece: Alicia es esclava del País de las Maravillas de su móvil, las golondrinas de <strong>Bécquer </strong>se han robotizado, el mar ha perdido su encanto y su mitología en favor del <em>smartphone</em>, Moby Dick es un monstruo doméstico compuesto de ácaros y pelos, el corazón no tiene ya razones que la razón no pueda comprender y el sentido de la vida gira alrededor de la existencia o no de wifi. Lo que nuestros usos como lectores obedientes esperan va a descalabrarse por caminos que esquivan el desengaño o el pesimismo por ese tono burlón que apuntábamos. Esto es lo que hay, pero no dramaticemos, parece decirnos Sergio C. Fanjul.</p><p>O sí, porque en este libro poliédrico y versátil, dentro de su discurso irónico, queda un espacio muy destacado para la dimensión política y social, para la denuncia o simplemente para la constatación de que debajo de esta modernidad cibernética y su lenguaje late un veneno que se nos está inoculando sin que nos demos cuenta. Menos mal que el antídoto de la poesía va a aclararnos algunos conceptos básicos. En este sentido, podemos apreciar unas cuantas dimensiones fundamentales. En primer lugar, un nuevo paradigma social y laboral presidido por la degradación que conlleva la precariedad —no por casualidad la palabra <em>freelance</em> aparece constantemente desde el título y se hace referencia aquí y allá a la condición de autónomo como modelo de productividad—. En segundo lugar, la constatación de la muerte de las ideologías y, por consiguiente, de la solidaridad no gubernamental, sustituidas por una moral ombliguista ultraconectada a través del módem y del wifi. Y, finalmente, una nueva manera de relacionarnos con el mundo, consecuencia de lo anterior, vertiginosa y superficial en la línea de lo que <strong>Nicholas G. Carr</strong> apunta en sus trabajos, especialmente en su libro de 2010 <a href="http://elpais.com/diario/2011/01/29/babelia/1296263535_850215.html" target="_blank">Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?</a>. En resumidas cuentas, podemos afirmar que <em>Pertinaz freelance </em>se alinea lírica y críticamente en contra del utopismo tecnológico; además osadamente desde dentro de su propio lenguaje.</p><p>El libro de Sergio C. Fanjul, en su condición poliédrica –ya lo hemos dicho—, posee más perfiles, más matices, más vertientes, que dejaremos descubrir por sí mismo al lector que se anime a entrar en él. Estas pinceladas que aquí dejamos pretenden simplemente apuntar aquellos aspectos más sobresalientes que desvelan a un autor original y valioso dentro del heterogéneo mapa poético más joven. No sabemos cuántos de estos jóvenes alcanzarán una voz propia, cuántos se quedarán por el camino o en medio de él, pero sí podemos afirmar que en <em>Pertinaz freelance </em>ya existe una personalidad lírica suficientemente potente que además abre unas posibilidades de creación poética muy productivas para futuros títulos del autor ovetense.</p><p>Está avisado, lector. Puede ir adquiriendo desde ya sus Fanjules. Esté atento a nuevas exposiciones.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura. </em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Pertinaz freelance': Golondrinas robóticas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Precariedad laboral,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Memoria de la noche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-noche_1_1136694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/51a8f286-6c6b-4f91-950e-aed749c36f19_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria de la noche"></p><p><em>(Comienza Luis Landero.)</em><strong>Luis Landero</strong></p><p>Ante todo, señor comisario, déjeme decirle que yo también soy un hombre de orden. ¿Que cuál es mi profesión? Soy indigente, señor, que es el oficio más viejo del mundo. Que me perdonen las putas, pero nosotros fuimos antes que ellas. Soy indigente, carezco de trabajo, de techo, de dinero, vivo de la caridad, pero vivo bien y no me quejo. Yo no soy como otros del oficio que siempre están echando pestes de la sociedad y blasfemando contra los políticos, contra los ricos, contra Dios, contra todo. Yo no, yo soy una persona educada y limpia, un hombre de orden, voy todos los domingos a una casa de baños y todas las semanas me pongo ropa limpia. Yo, señor comisario, soy una persona honrada, y me gusta esta vida que llevo.</p><p>¿Que qué hice ayer? Ayer fui a comer a Martínez Campos, donde las Hermanitas de la Caridad. Nos dieron dos croquetas de aperitivo, y luego sopa de fideos con tropezones y dos huevos duros con tomate. De postre, fruta y café. También nos dieron un vaso de vino, y pan a discreción. Allí estuvimos casi hasta las cinco, alternando y escuchando a un coro de voluntarios que vino a cantarnos villancicos de Navidad. Y sí, allí estaba el pobre Lucas, comiendo con un apetito de lobo, quién iba a decir que habrían de matarlo esa misma noche. ¿Y después? Pues después unos cuantos, entre ellos el pobre Lucas, tiramos hacia Argüelles, a la sede de un voluntariado donde reparten ropa y comida, y de paso te reconoce un médico, y si necesitas medicinas, te las dan allí mismo. A mí me dieron una camiseta térmica y dos pares de calcetines gordos de lana. También dos latas, una de caballa y otra de callos, dos molletes de pan, un cartón de leche y un paquete de galletas de coco. Una voluntaria me obsequió además con una cajetilla de Ducados y me regaló su mechero. Para que luego hablen mal de la sociedad.</p><p>¿Que por dónde suelo moverme yo? Verá, señor, a mí no me gusta ir de aquí para allá con un carrito de supermercado o una carretilla, como hacen algunos, el pobre Lucas entre ellos, que andaba siempre con dos maletas a cuestas, a mí me gusta andar libre y ligero, por eso uso esta mochila, con eso me vale, yo no tengo alma de propietario y no soy como esos que se pasan el día a la rebusca en cubos de basura, papeleras y contenedores, y que suelen tener un sitio fijo donde montan el campamento, todo lleno de bultos y de montones de cachivaches, y no se cansan nunca de juntar más y más, a lo mejor así se imaginan que son ricos, los muy gilipollas, con perdón sea dicho. Algunos incluso, al verse con tantos bienes, se hacen sedentarios, y enseguida empiezan a soñar con tener una chabola, y criar gallinas, y sentarse a ver la televisión, sin caer en la cuenta de que en este oficio, si quieres establecerte de verdad, tienes que meterte en el trapicheo de la droga, si no, mejor seguir de nómada, que es lo que yo hago, como un hombre de orden que soy. Yo, con mi mochila, me muevo por toda la ciudad, y conozco a mucha gente, y a muchos del gremio, aunque apenas me trato con ellos, en parte porque soy más bien solitario, y en parte porque a mí la verdad es que mis colegas no acaban de gustarme, siempre tan sucios, tan vociferantes, tan borrachos, tan cínicos. Además, somos muchos, demasiados, y hay demasiada competencia desleal, deberían ustedes hacer una ley para separar el trigo de la paja y regular y dignificar este oficio, que  como ya dije antes es el más antiguo del mundo, con perdón de las putas.</p><p>¿Que qué hicimos luego? Pues verá, señor comisario. Unos, que iban a asar carne en unos desmontes por donde el cementerio de la Almudena, me invitaron a ir con ellos, y luego a dormir en uno de esos bloques que con la crisis se ha quedado a medio construir. Otros decían de ir a dormir a un albergue y cenar allí mismo de bocadillo. Entonces el pobre Lucas, que tiene un entrante muy bueno y muy abrigado en un banco que hay al final de la calle Abascal, preguntó si alguien quería compartirlo con él, para así entre los dos defenderse mejor de esos niñatos que andan al deporte de cazar indigentes. Y la verdad, no sé si alguien se fue o no con él. Yo desde luego no, ni lo tomé en consideración, ya le he dicho que yo soy de por sí solitario y no me gusta hacer parte con nadie de mi soledad y mi buena fortuna.</p><p>¿Que dónde me fui a pasar la noche?</p><p><em>(Continuará Fernando Aramburu.)*Luis Landero es escritor. Su último libro, </em><strong>Fernando Aramburu</strong></p><p><strong>Luis Landero</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a><em> (Tusquets, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Landero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La profundidad del microrrelato]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/profundidad-microrrelato_1_1136690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8310115-8e09-487d-853d-f0847deb045b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La profundidad del microrrelato"></p><p>Hay géneros que en la longeva historia de la literatura parecen recién nacidos. Así sucede con el microrrelato.<a href="http://uneternoygracilbucle.es/gines/web2/biografia-2/" target="_blank"> Ginés Cutillas</a> propone en su ensayo <em>Lo bueno si breve, etc…</em> (Base, 2016) que serían textos de <em>Azul</em>, de <strong>Rubén Darío</strong>, los pioneros del género. Habría mucha tela que cortar en el asunto, mucho que hablar, para llegar a una conclusión de consenso: sí, lo que se llama microrrelato, o <em>micro</em> a secas, tiene sus reglas y muestra una evolución de progresión. Se liberó hace tiempo del cuento –o relato, elijan ustedes— y se separa de géneros semejantes en extensión para tomar entidad taxativa. Pueden achacarlo a la vertiginosa rapidez del momento, a la necesidad de la historia breve, directa y sorprendente. Pero el espíritu epigramático no es novedoso. Triunfa el aforismo, vuelva la greguería, sigan el <em>micro</em>.</p><p>  </p><p> Portada de Vosotros, los muertos, de Ginés S. Cutillas.</p><p>Si el poema es construcción aérea, si las novelas pasables parecen canteras abiertas a la luz del día donde el nervio y la veta quedan a la vista, si las novelas complejas abundan en sus pasillos y galerías que excavan en el pensamiento y la sugestión, el microrrelato es estrecha pero profundísima perforación que busca el chorro petrolífero. Ha pasado el tiempo del microrrelato lindero de la anécdota, del chiste y del embeleco. El microrrelato condensa reflexión en su ficción, deja el paso posterior a la ficción escrita abierto en cruz.</p><p>Ginés Cutillas es uno de los más audaces representantes del género. Su evolución es una muestra de coherencia. Asombró hace siete años con la publicación de <a href="http://cuadernosdelvigia.com/un-koala-en-el-armariogines-s-cutillas/" target="_blank">Un koala en el armario</a> —también en Cuadernos del Vigía, su editorial cabecera en el sur—,  donde se abría una carrera desde el microrrelato amable, insolente, juguetón y zalamero. Le siguió el ensayo antes dicho, <em>Lo bueno si breve, etc…</em> una reflexión fresca sobre el género, que de manera didáctica, directa y eficaz pone puntos claros bajo el epígrafe de “decálogo práctico”. Contiene una completísima bibliografía de <em>micros</em> y sobre <em>micros</em> que seguirá siendo durante mucho tiempo referencial. Ahora publica <a href="http://cuadernosdelvigia.com/vosotros-los-muertos-gines-s-cutillas/" target="_blank">Vosotros, los muertos</a>, un paso más en una trayectoria ejemplar.</p><p>Cualquier escritor vuelca todo su esfuerzo, incluso en la menos brillante de las obras. No tengan esa duda: es el mínimo respeto que debemos a un manojo de papeles escritos. Sin embargo, cuando el escritor se fija unos límites, en el tema o en la forma, su esfuerzo redobla y la admiración crece. Ginés Cutillas se marcó en este volumen un propósito decidido: no solo debía contar historias breves, precisas, sino que además, todas girarían en torno a la muerte. Han sido seis años de trabajo, y el <em>micro</em> exige un continuo buceo para sacar ideas cada día; no permite la relajación que propicia el sostén de las vigas de la novela, la divagación del verso que se deja llevar por su música, no propicia el razonable repertorio del relato menos breve. El autor confiesa que la cantidad inicial cuadriplicó la final: hay sesenta textos trenzados con cuidado, breves hasta la paradójica eternidad de lo fugitivo de una frase, amplios en la concisión de seis párrafos.</p><p>Todos los textos interpelan al lector: es la gran virtud del microrrelato, su tendencia –tan necesaria— a la elipsis favorece que la reflexión posterior del lector, ese momento que comienza tras el punto final, se expanda cuando el lector comienza a escribir imaginariamente sus preguntas, sus respuestas, sus corolarios, sus moralejas propias, su aprendizaje intelectual, cuando la conexión empática con el autor definitivamente cuaja. El efecto de la ficción se extiende multiplicando la palabra escrita, ocupando todo el espacio en blanco que deja en la página el microrrelato con interrogantes, guiones de respuestas, conversaciones definitorias del lector consigo mismo en una medida muy superior a la que cualquier género literario pueda deparar. La novela busca esos espacios de reflexión entre capítulos, a veces al borde un precipicio al que el siguiente capítulo tiende un puente. La poesía localiza esos espacios del lector consigo mismo en las cesuras. Al pie de cada microrrelato de <em>Vosotros, los muertos</em> hay un espacio en blanco, amplio, para sacar conclusiones.</p><p>No solo la muerte evocada desde el título, como una declaración de exclusión necesaria, es el hilo argumental. Hay muerte, y vista desde todos los ángulos —fuera de cuerpo, dentro de ataúd, simbólica, surreal, cruda—, pero hay también un fondo, como en los buenos platos, que hace referencia a la pareja, y sobre todo, a la familia, esa versión 2.0 del apareamiento. Y todo ello se desenvuelve con un desasosegante deje en el paladar del lector, una sensación constante de inquietud, conflicto y fantasmagoría. A veces miedo, a veces ternura. Con <em>Vosotros, los muertos</em> Ginés Cutillas labra el futuro del microrrelato.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor.</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La profundidad del microrrelato]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mercantilización y avaricia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mercantilizacion-avaricia_1_1136687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/794e9d1a-1167-4e27-9e30-3632fa9a714f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mercantilización y avaricia"></p><p><em>Extraemos algunas citas del libro de Juan Torres, Economía para no dejarse engañar por los economistas (Deusto, 2016)._______________________________________</em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-economia-para-no-dejarse-enganar-por-los-economistas/220229" target="_blank">Economía para no dejarse engañar por los economistas</a></p><p><strong>1.-</strong> Desde hace tiempo, expertos de la Organización Mundial de la Salud han denunciado numerosas veces que hay muchos pueblos, sobre todo en el Sudeste Asiático, en donde el 90 por ciento de su población sólo tiene un riñón porque el otro lo ha vendido a tramas organizadas para que sea trasplantado a personas pudientes de los países ricos.</p><p><strong>2.-</strong> Según un estudio de los sindicatos austríacos, existen entre quince mil y veinte mil <em>lobbies </em>en Bruselas, que se gastan más de 3.000 millones de euros en influenciar a sus dirigentes. La gran mayoría de ellos son empleados de las grandes empresas financieras y de las corporaciones multinacionales (el 68 por ciento), y sólo una minoría (un 1 por ciento) representa a sindicatos y asociaciones de ciudadanos.</p><p>  </p><p><strong>3.-</strong> Más de 800 millones de personas pasan hambre, y unas 40.000 personas mueren todos los días por esa causa; unos 2.200 millones de personas carecen de servicios mejorados de saneamiento, y unos mil millones no tienen acceso a fuentes de agua potable; entre 2.000 y 2.500 millones de personas en el mundo no disponen de suficiente atención sanitaria; cada año mueren 500.000 mujeres durante el embarazo o el parto por falta de atención suficiente; alrededor de 800 millones de adultos son analfabetos; unos opacas que incluso ha habido que crear un término específico para referirse a ellas, la  1.000 millones de personas no tienen vivienda digna…, y podríamos seguir dando este tipo de datos hasta llenar dos o tres páginas.</p><p><strong>4.-</strong> Oímos constantemente que no hay dinero para pagar todo lo que puede evitar esas carencias, pero, a partir de los datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI), se calcula que el volumen total de transacciones financieras que se realizan en el mundo alcanzaron en 2015 la estratosférica cifra de 9.765 billones (millones de millones) de dólares al año (sólo en Estados Unidos la cifra es de 14 billones de dólares diarios).</p><p><strong>5.-</strong> La verdad es que la mayoría de los economistas nos recuerdan a aquellos viejos curas que trataban de salvar las almas de sus fieles hablándoles en un latín que nadie entendía. Y eso que la economía, en su sentido más primigenio y auténtico, es sencillamente lo que tiene que ver con lo más cercano a la gente común y corriente.</p><p><strong>6.-</strong> Tratar igual a los desiguales es posiblemente la primera y más grande causa de injusticia. Ocurre entonces lo que comentaba irónicamente <strong>Anatole France</strong>: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir balo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.</p><p><strong>7.-</strong>  Sencillamente, no somos como la caricatura del ser humano que la teoría económica ha inventado para poder encajar las piezas del modelo de competencia perfecta. Y lo mismo ocurre con las empresas: desde hace muchos años se ha podido comprobar que la mayoría de ellas actúan guiadas por objetivos diferentes a la maximización del beneficio, como aumentar su poder de mercado, crecer en tamaño, incrementar las ventas, elevar su cotización en bolsa o subir la retribución de sus directivos, entre otros.</p><p><strong>8.-</strong> En Europa, por ejemplo, en materia de consumo predomina el criterio de la seguridad (antes de sacar al mercado un producto hay que demostrar que no produce daño), mientras que en Estados Unidos domina el de la libertad (las empresas pueden vender algo siempre sin necesidad de demostrar previamente sus efectos, aunque asumirían una alta responsabilidad si con posterioridad se demuestra que han actuado irresponsablemente). Los efectos de ambas modalidades de regulación son bastante claros: cada año enferman en Estados Unidos 48 millones de personas por ingestión de alimentos contaminados y mueren unas tres mil personas por esa causa, frente a sólo 70.000 enfermos y 93 muertes en la Unión Europea por las mismas razones.</p><p><strong>9.-</strong> Los bancos ha desarrollado tanto este tipo de operaciones opacas que incluso ha habido que crear un término específico para referirse a ellas, la “banca en la sombra”. Con esta expresión se hace referencia a todo el conjunto de operaciones bancarias que quedan fuera de su funcionamiento reglado y que llevan a cabo para garantizar que los recursos de sus grandes clientes queden fuera del control de las haciendas públicas o de las autoridades y organismos reguladores internacionales.</p><p><strong>10.-</strong> Se ha producido una concentración gigantesca del ingreso y la riqueza… Un estudio reciente ha vuelto a mostrar la dimensión impresionante que ha tenido y tiene este proceso en Estados Unidos: desde 1979 hasta 2007, el 1 por ciento más rico se llevó el 53,9 por ciento del total del aumento de los ingresos, y entre el 2009 y 2013, el 85,1 por ciento. Gracias ha esta impresionante concentración de la renta que se viene produciendo en los últimos treinta o cuarenta años, los grupos de mayor ingreso disponen de masas ingentes de ahorro que nutren los flujos financieros, y, dentro de ellos preferentemente los especulativos, ya que le resultan mucho más rentables en conjunto.</p><p><em>*Juan Torres es economista y profesor de Economía. Su último libro, Economía para no dejarse engañar por los economistas (Deusto, 2016). </em><strong>Juan Torres</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-economia-para-no-dejarse-enganar-por-los-economistas/220229" target="_blank">Economía para no dejarse engañar por los economistas</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Torres]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mercantilización y avaricia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Economía,Libros,Los diablos azules número 52]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA["El capitalismo fabrica el sufrimiento y necesitamos vivir del amor"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/capitalismo-fabrica-sufrimiento-necesitamos-vivir-amor_1_1136677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2990ee28-e026-43d4-99b7-889670c00222_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""El capitalismo fabrica el sufrimiento y necesitamos vivir del amor""></p><p><em>Si uno se pregunta cuál es el opuesto de la poesía, sería posible que se respondiera "la economía". La asociación de esta ciencia social con lo inhumano, lo frío, e incluso lo despiadado se ha agudizado con los duros años de la crisis y el panorama que esta deja. Pero ni el poeta Luis García Montero (Granada, 1958) ni el economista Juan Torres (Granada, 1954) lo tienen tan claro. Con el libro </em><a href="http://www.juantorreslopez.com/datos-personales/" target="_blank">Juan Torres</a><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-economia-para-no-dejarse-enganar-por-los-economistas/220229" target="_blank">Economía para no dejarse engañar por los economistas</a><em>, firmado por el segundo, como pretexto, deciden encontrarse en un no tan improbable terreno común. </em></p><p>__________________________________</p><p><strong>Luis García Montero.</strong> Aunque sea raro, he leído tu libro con ojos de poeta. Quizás sea que me interesa como poeta acercarme a la realidad, quizá sea que como ciudadano me gustaría que los números de los economistas no olviden la parte de poesía, de vínculo con el corazón humano, que tienen sus cuentas. Quizá es también que me ha llamado la atención el título de tu libro. Siempre digo que el trabajo de un poeta es preguntarse qué estamos diciendo cuando decimos "soy yo". En tu libro ha advertido una pregunta latente: ¿Qué digo cuando digo "soy economista"? ¿Es así?</p><p><strong>Juan Torres.</strong> Creo que sí. Tengo la impresión de que cada vez es más necesario aclarar qué se es realmente cuando alguien dice "soy economista". Si lo dice un médico parece claro que se refiere a alguien que va a tratar de curarte, lo pueda conseguir o no. Y lo mismo pasa por lo general con la mayoría de las profesiones, desde la de un bombero a un ingeniero electrónico... Pero un economista puede hacerte un roto, un descosido o un buen zurzido y lo cierto es que la gente no suele saber de antemano lo que le va a ocurrir cuando un economista le dice lo que se debe hacer. Lo que he tratado de hacer es proporcionar los elementos de juicio que permiten que la gente sepa qué puede resolverle o qué puede estroperarle de su vida un economista cuando le habla.</p><p><strong>L.G.M. </strong>Quizá por eso hay algunas palabras que son decisivas. La mirada de los seres humanos es siempre una cuestión de palabras. ¿Es la palabra <em>depende</em> una de las más importantes de tu libro?</p><p><strong>J. T.</strong> Sin duda. Es lo primero que les digo a mis alumnos. Prácticamente cualquier pregunta que nos hagamos en materia económica tiene como respuesta, debe tener como respuesta, el <em>depende</em>. Porque, efectivamente, las respuestas dependen de cómo queramos que se resuelva la consecuencia distributiva que lleva consigo cada una de las posibles. Y también porque casi con toda seguridad dependan de las hipótesis de partida que asumamos (que no son indiferentes a lo anterior, lógicamente).</p><p><strong>L. G. M.</strong> Preguntarse qué digo cuando digo "soy yo", supone una puesta en duda de las esencias, los dogmas y las leyes objetivas en todo lo que tiene que ver con la historia. La subjetividad se produce. He repetido muchas veces como poeta, al indagar en la raíz de los sentimientos, una frase de <strong>Carlos Marx</strong>: "La producción no produce un objeto como sujeto, sino un sujeto para el objeto". Tú citas esa frase en tu libro. ¿La economía produce una manera determinada de subjetividad o de cultura? ¿Los economistas neoliberales son conscientes de eso y buscan la extensión de una determinada cultura?</p><p><strong>J. T. </strong>Estoy seguro de que es así. No puede serlo de otro modo. ¿Cómo no va a producir una subjetividad determinada o una cultura el hecho de que una parte de nuestras vidas, y por tanto nuestra vida como tal, se haya convertido en una mercancía? Los neoliberales lo sabían y por eso <strong>Margaret Thatcher</strong> decía con toda sabiduría que lo importante no es la economía, lo prioritario —decía— es cambiar el corazón, el alma. No se puede entender lo que está pasando en los últimos cuarenta años, las políticas neoliberales, sin entender el cambio cultural y de subjetividad, civilizatorio, antropológico, que se ha conseguido impulsar e imponer.</p><p><strong>L. G. M.</strong> La cultura de una economía de mercado rotunda, sin límites éticos, tiende a la mercantilización del todo. ¿Acabamos los seres humanos convertidos en una mercancía? ¿Podemos llegar a autoconcebirnos como mercancía?</p><p><strong>J. T.</strong> La primera pregunta tiene como respuesta un sí claro. Pero tengo dudas sobre la segunda pregunta. ¿Nos autoconcebimos como mercancía? Ya no lo sé con seguridad. Creo que se produce una especie de distorsión cognitiva sobre nuestra propia expresión humana. ¿Cómo nos vemos, o cómo han conseguido que nos veamos? No sé contestar con seguridad. Sí creo que han logrado que nos "ensimismemos" (no sé si esta palabra existe), que nos veamos como átomos, como individuos ("No hay sociedad, hay individuos", de nuevo Tatcher), que no seamos capaces de percibir que lo que nos sucede le sucede también a quien tenemos a nuestro lado, justo para que no nos unamos, para que no descubramos que sufrimos problemas comunes, para que no busquemos al otro o a la otra y para que no necesitemos su presencia y su contacto, su ayuda. Nos han convencido de que no tenemos empleo porque no tenemos empleabilidad, porque no hemos invertido lo suficiente en nosotros mismos... y no porque hay determinadas políticas que lo provocan y que, por tanto, son las que hay que cambiar, no actuando individualmente sino colectivamente. Por eso el neoliberalismo es, sobre todo, soledad, diferencia, silencio, incomunicación.</p><p><strong>L. G. M.</strong> ¿Y el tiempo? Tengo la impresión de que vivimos en un tiempo de usar y tirar. Se pierde la memoria, se practica el olvido, se exalta el instante, triunfan los sentimientos adánicos, los líderes se presentan como los únicos inventores de un mundo nuevo, se pierde el compromiso con el futuro sostenible del mundo. ¿Es posible mercantilizar el concepto del tiempo hasta convertirlo en un objeto de usar y tirar?</p><p><strong>J. T.</strong> Acabo de publicar un artículo sobre este asunto en el que recuerdo la tesis de la sociedad del espectáculo de <strong>Guy Debord</strong>. Nos han convertido la existencia en un espectáculo que en realidad es una relación social enajenada que nos lleva a vivir en un estado de falsedad sin réplica y sin futuro posible, en un constante presente. El tiempo, como transcurso sobre el que los seres humanos podemos actuar para transformar las condiciones de nuestra existencia ha desparecido.</p><p><strong>L. G. M.</strong> Considero que la literatura es uno de los mayores refugios contra la mercantilización del ser humano y de la ideo del tiempo. La dimensión narrativa, la poesía como memoria, mantiene el peso de la historia en nuestra conciencia. Eso está relacionado también con el peso de la ética y de la compasión a la hora de comprender que el otro no es un objeto de usar y tirar. ¿Te ha ayudado la literatura en tu trabajo? ¿Forman parte de tu formación como economista las lecturas de novelas, libros de poemas, el gusto por el teatro o el cine?</p><p><strong>J. T.</strong> La literatura también se ha mercantilizado y nos llevaría lejos el debate de si ha sido para bien o para mal. Pero llevas razón en que, con independencia de ello, la narración, la memoria que se escribe o se canta, el testimonio de la vida sentida que es la literatura es una fuente, también, de conocimiento, o  una referencia inexcusable para que éste sea auténtico, lo que equivale a decir, creo yo, humano. Yo, desgraciadamente para mí, no he podido ser un buen lector de literatura porque he tenido que leer mucha información profesional y, además, dedicarle tiempo a escribir. Pero, al menos, siempre me ha gustado dejar testimonio precisamente de que la literatura es un refugio, por utilizar tu término que me parece tan apropiado. En mi manual de economía (<a href="http://www.edicionespiramide.es/libro.php?id=1719937" target="_blank"><em>Economía Política</em></a><em>,</em> Pirámide, 2015) que es donde posiblemente he plasmado mejor lo que sé (que es poco) cada capítulo comienza con una cita literaria, de <strong>Mutis</strong>, <strong>Ana María Matute, Luis Sepúlveda, Joseph Conrad, Cervantes, Neruda</strong>... Vienen tan a propósito de los farragosos asuntos económicos de los que trato que algunas personas me han asegurado que yo me inventaba las citas, de tan ajustadas como resultan. Pero no es verdad, son completamente fieles, literales. El capítulo en el que explico cómo es la actividad económica, cómo funciona la distribución y qué problemas provoca, lo empiezo con un párrafo de <em>La torre vigía</em> en el que Ana María Matute habla del reparto de los muslos y alones entre muchachos que "opinaban de muy distinta manera sobre la equidad requerida en estos casos y por tal motivo sus divergencias subían rápidamente de tono y llegaban a límites peligrosos". Y el último capítulo, dedicado a las políticas económicas contemporáneas, comienza con una cita de <em>La ciudad de los prodigios, de</em> <strong>Eduardo Mendoza</strong>: "Cada uno puede sustentar la teoría económica que más le plazca, dijo, pero lo que hay que hacer es lo que hay que hacer". No lo dice el economista, es la vida plasmada en las novelas o en la poesía.</p><p><strong>L. G. M.</strong> De aquí paso a la importancia de los cuidados. <strong>Kenzaburo Oé</strong> me hizo meditar sobre la relación entre la literatura y los cuidados. Tuvo un hijo con una deficiencia grave y aprendió a cuidar mucho las palabras para entenderse con él. Eso marcó su literatura. Una de las mejores reivindicaciones de la economía alternativa, que está muy presente en tu libro, es la de valorar los cuidados, ese sostén social que no se cuantifica en el PIB. Me interesa este aspecto por una doble cuestión. La desconsideración de los cuidados es uno de los motivos principales de la desigualdad. Y además, pienso que deberíamos ser capaces de fundar un discurso basado no en la ley del más fuerte, sino en el reconocimiento de nuestras debilidades como seres humanos y sujetos sociales. ¿Es posible una economía del amor?</p><p><strong>J. T.</strong> Si la economía es, como yo creo que debe ser, la del <em>oikos, </em>la que nos proporciona el sustento y la que nos permite ser más o menos felices, no puede ser otra que una economía del amor. Vivimos, por el contrario, en una economía de la muerte, lo dice el propio <strong>papa Francisco</strong>: la economía liberal mata. Se crea escasez o desempleo de modo artificial, premeditado. El capitalismo fabrica el sufrimiento y necesitamos vivir del amor.</p><p><strong>L. G. M</strong>. Los poetas utilizaron la metáfora durante mucho tiempo como una operación de audacia para crear un mundo estético abstracto, separado del mundo real. Cada vez me identifico más con un posible camino de vuelta, con la búsqueda de metáforas que ayuden a mirar la realidad de carne y hueso que late bajo las realidades virtuales. ¿Eso es posible en la economía? Sin llegar al trueque primitivo o al simple valor de uso, ¿es posible acercar la economía a lo real, a la producción real de riqueza, limitando el campo infinito de las especulaciones abstractas? En cualquier caso, recuerdo contigo los versos de <strong>Machado</strong>: "sólo el necio / confunde valor y precio".</p><p><strong>J. T. </strong>Es una interesante idea. Tus palabras me hacen preguntarme si el modelo de competencia perfecta, por ejemplo, no es sino una simple metáfora concebida justamente para separarnos del mundo real. La economía convencional es efectivamente una especie de cuento: no es real el <em>homo oeconomicus</em>, ni el mercado de competencia perfecta (en el que la información es perfecta y gratuita para todos los que intervienen en él), los indicadores al uso sólo reflejan una parte de la vida económica, la mayoría de los economistas no aspiran a reflejar la realidad en sus modelos... Sin embargo, se abre paso una concepción de la economía que yo creo que precisamente se caracteriza por tratar de situarse en la epidermis de los seres humanos por decirlo de alguna manera, en su piel, alrededor de los problemas que sufren. Cada vez cuesta menos entender que la economía es lo que tiene que garantizar la vida, el bienestar de la gente, la felicidad.</p><p><strong>L. G. M. </strong>En las ideas dominantes sobre la poesía, las modas tecnocráticas han intentado imponer algunos descréditos: el descrédito de los sentimientos, el descrédito de la política, el descrédito de la voluntad de comunicación y diálogo con los lectores. No sé si eso afecta también a la economía. ¿Hay intereses en hacernos olvidar que la economía es un discurso político, en el que deben tenerse en cuenta los sentimientos humanos y la opinión de la ciudadanía?</p><p><strong>J. T. </strong>Hace tiempo que eso ocurrió. La economía era Economia Política y pasó a ser Economics, un término que de traducirse correctamente debería ser "lo económico", es decir, un mundo neutro, abstracto, aislado, en donde hay seres que en son meros agentes maximizadores, <em>homo oeconomucis</em> pero no<em> homo sapiens</em>, individuos que se limitan a elegir... y, por supuesto, donde no está la política entendida como el espacio común, ni el poder, ni la sociedad, ni los otros. Claro que interesa que eso sea así. La batalla más importante que tenemos por delante es hacer ver a la gente que las cuestiones económicas se resuelven mediante decisiones políticas y que, por tanto, debemos tomarla entre todos. O, dicho de otro modo, lograr que la democracia alcance también a las cuestiones económicas. El camino en el que estamos, sin embargo, es el contrario: para evitarlo lo que están haciendo es justamente desmantelarla.</p><p><strong>L. G. M. </strong>Creo que el primer ámbito de compromiso de un ciudadano es su oficio. Este libro tuyo es un ejemplo de que comprometerse socialmente es darle un valor social a nuestros oficios. ¿Es tan importante saber estar como saber levantarse de una silla o saber bajarse a tiempo de una embarcación trucada? ¿El ser cívico es una decisión sobre el estar?</p><p><strong>J. T. </strong>Yo me salí del barco hace tiempo. He escrito, creo que literalmente hablando, cientos, igual miles de páginas sobre la crisis económica, he analizado lo que ha pasado en la economía mundial y en la española en los últimos decenios, lo que he escrito lo han leído docenas de miles de personas y creo haber influido en lo que ha pasado a mi alrededor con ese pensamiento (tengo en mi despacho la foto de jóvenes del 15M manifestándose levantando en sus manos mi libro <em>Hay alternativas</em>) pero nada de eso tiene el más mínimo valor (¿o tendría que decir precio?) en el ámbito académico. Desde el punto de vista de los parámetros que se usan para valorar la productividad y la excelencia académicas lo que yo hago y escribo no sirve absolutamente para nada. Si fuese un joven empezando la carrera universitaria no tendría futuro ninguno. Yo me bajé del barco porque no me interesa escribir para que nadie me lea y porque creo que, aunque no me valoren nada lo que hago, es más, aunque me penalicen por hacerlo, tiene utilidad social. Por hacer lo que hago tengo que dar más horas de clase (como si eso fuese un castigo), no puedo estar en los tribunales que seleccionan a los catedráticos y dentro de poco seré un marginado en la carrera académica. Pero me compensa hacer estas otras cosas. Para mí, estar aquí donde estoy y hacer esto que hago es un imperativo moral. Y además disfruto haciéndolo.</p><p><strong>L. G. M. </strong>Y unas preguntas finales. Después de leer tu libro, de recordar la situación miserable del mundo, la acumulación de riquezas en manos de una minoría, ¿por qué nos dejamos manipular políticamente? ¿Cómo se comulga con tantas ruedas de molino? ¿Es posible unir los sueños de la poesía a una actitud política que permita tomar decisiones económicas al servicio de las mayorías? ¿Es posible que lo poético deje de ser una algarabía utópica en manos de solitarios, iluminados o profetas? ¿Es posible una poética de lo real?</p><p><strong>J. T. </strong>Desde el momento mismo en que me lo estás preguntando y hablamos de esto ya lo estamos haciendo posible. ¿Cómo se podría haber acabado con la esclavitud sin los primeros esclavos que, ateridos de miedo, no hacían nada más que pensar, tirados en su jergón y sin ni siquiera abrir sus ojos, que ellos no querían ser esclavos? Quizá no hicieron nada más que eso, llorar en silencio sin atreverse a decir en voz alta ni a nadie lo que pensaban. Pero ahí estaba el germen de todo lo que vino después. Quienes dominan el mundo dedican mucho tiempo, recursos y atención a lograr que esa dominación se mantenga. Es normal que consigan que se comulgue con ruedas de molino. Y creo que lo consiguen porque en el otro lado no hay una conciencia semejante de que hay que convertirse en motores del cambio.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus, 2016).</em><strong>Luis García Montero </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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