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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 53]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-53/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 53]]></description>
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      <title><![CDATA[Pretérito anterior]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/preterito-anterior_1_1203086.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8675559-bad6-4f4f-b068-f52f353bb62c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pretérito anterior"></p><p>  </p><p>   <strong>Pretérito anterior</strong></p><p><em>No te veré morir </em></p><p>(Idea Vilariño, “Ya no será”)</p><p>Y qué seremos ahora el uno para el otro</p><p>sino jirones de recuerdos</p><p>que se deshacen como tela</p><p>cuando el viento los azota</p><p>en la cuerda de tender</p><p>de una azotea</p><p>de la que nos alejamos</p><p>sin mirar atrás</p><p>por miedo a ver</p><p>nuestros harapos</p><p>ondeando contra el cielo</p><p>como estandartes rasgados</p><p>de un ejército vencido</p><p>que se bate en retirada.</p><p>No seremos más</p><p>no volveremos a ser</p><p>no envejeceremos juntos</p><p>no te despertarás</p><p>junto a mí</p><p>cada mañana</p><p>ni cuidaremos de nosotros</p><p>cuando duela</p><p>no habrá un después</p><p>ni un hasta luego</p><p>no nos esperaremos</p><p>por la noche</p><p>ni volveremos nunca</p><p>a acariciarnos</p><p>habremos sido</p><p>para siempre</p><p>los besos largos</p><p>en la cama</p><p>nuestra lectura</p><p>a cuatro manos</p><p>en voz alta</p><p>el lenguaje</p><p>que inventamos</p><p>para amarnos</p><p>nuestra palabra</p><p>secreta</p><p>las madrugadas</p><p>desenredándonos</p><p>las almas</p><p>lo que luchamos</p><p>para echar</p><p>a la tristeza.</p><p>Pero ya nunca más.</p><p>Ya no.</p><p>Sólo quizá</p><p>cuando vayamos a morir</p><p>nos recordemos</p><p>el uno al otro</p><p>una última vez.</p><p>  [<em>Lee aquí la reseña de </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/10/grito_cielo_javier_gallego_crudo_60968_1821.html" target="_blank">aquí </a>El grito en el cielo<em>, de Javier Gallego.</em>]</p><p><em>*Javier Gallego es periodista, director del programa </em><strong>Javier Gallego</strong>Carne cruda<em> y poeta. Su último libro, </em><a href="http://www.arrebatolibros.com/es/producto/grito-cielo-javier-gallego-crudo/" target="_blank">El grito en el cielo</a><em> (Arrebato Libros, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Gallego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pretérito anterior]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Empieza lo malo en Nueva York]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/empieza-malo-nueva-york_1_1137069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8b09829a-59d8-459f-98a9-be53302a4ebb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empieza lo malo en Nueva York"></p><p><em>Así empieza lo malo</em> <em>y lo peor queda atrás. </em></p><p>Shakespeare, <em>Hamlet</em></p><p>Estas son las primeras frases de <a href="http://www.megustaleer.com/libro/asi-empieza-lo-malo/ES0137117" target="_blank">Así empieza lo malo</a>, la última novela del escritor español <strong>Javier Marías.</strong> En ella se cuenta la historia íntima de un matrimonio de muchos años, narrada por su joven testigo cuando éste es ya un hombre plenamente adulto. Juan de Vere encuentra su primer empleo como secretario personal de Eduardo Muriel, un antaño exitoso director de cine, en el Madrid de 1980. Su trabajo le permite entrar en la privacidad de la casa familiar y ser espectador de la misteriosa desdicha conyugal entre Muriel y su esposa Beatriz Noguera.</p><p>"Es un libro sobre el deseo, como uno de los motores más fuertes en la vida de las personas, que a veces lleva a pasar por encima de cualquier lealtad, consideración e incluso respeto en el trato con los demás", afirma el autor sobre su propia obra.</p><p>El crítico <strong>J. M. Pozuelo Yvancos</strong> ha dicho en <em>ABC Cultural</em> que "con Marías ocurre que el lector asiste a lo que no ha conocido, pero que una vez lo lee, cree reconocerlo, porque está en el fondo mismo de lo que siente, imagina o sueña. El lector se autodescubre en la literatura de este novelista verdaderamente único". Y en ese afán de autodescubrimiento convocamos este club de lectura que acaba de comenzar su andadura en la biblioteca del Instituto Cervantes de Nueva York.</p><p><em>*Coordinó esta reunión José Ignacio Callén, profesor del Instituto Cervantes.</em><strong>José Ignacio Callén</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Instituto Cervantes de Nueva York]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Empieza lo malo en Nueva York]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Historia e intimidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/historia-e-intimidad_1_1137061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4ffee783-e54d-496e-b666-db8fe3023557_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia e intimidad"></p><p><strong>Mercedes y Claudio López Blanco</strong>, libreros de Picasso (Granada), recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses.</p><p>____________________</p><p><strong>Velocidad de los jardinesEloy TizónPáginas de EspumaMadrid2017</strong><em>Velocidad de los </em><em>jardines</em></p><p>  </p><p>Con la publicación en 1992 de <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/velocidad-de-los-jardines/" target="_blank">Velocidad de los jardines</a>, que cumple su vigésimo quinto aniversario, nació un libro que ha trascendido a diferentes generaciones como lectura indispensable del cuento contemporáneo. Su autor subrayaba las existencias de unos personajes que se debaten entre la banalidad y el prodigio; constituyen el pretexto para levantar una escritura cargada de sabores y olores, allí donde la memoria de cada cual inventa sus jardines, trafica sensaciones, protagoniza sombras, puesto que en este libro rápido y lento, el lector no encontrará otra velocidad que la que el tiempo impulsa ni viaje más difícil que el regreso a los pupitres. Celebramos la nueva edición de este libro en Páginas de Espuma.</p><p>  <strong>Morir  en primaveraRalf RothmannLibros del AsteroideBarcelona2016</strong><em>Morir  en primavera</em></p><p>  </p><p><strong>Rothmann </strong>rememora el final de la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 1945, cuando el ejército alemán está a punto de sucumbir ante la ofensiva aliada. Los estragos de la guerra son visibles en todo el país. Walter y Friedrich, dos amigos de diecisiete años que trabajan en una vaquería, creen que nunca serán llamados a filas y trazan planes para el futuro. Sin embargo, acabarán siendo reclutados por las tropas nazis y asistirán al caos provocado por la desbandada del ejército alemán.</p><p>Aclamada como una de las obras más importantes de la ficción contemporánea alemana, <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-morir-en-primavera" target="_blank">Morir en primavera</a> es una emocionante novela en la que la inocencia y la culpa, la libertad y el destino, la amistad y el deber, son conjurados en un estilo limpio y contenido.</p><p>  <strong>AVirginia le gustaba VitaPilar BellverEditorial Dos BigotesMadrid2017</strong><em>AVirginia le gustaba </em><em>Vita</em></p><p><a href="http://www.dosbigotes.es/libros/a-virginia-le-gustaba-vita/" target="_blank">A Virginia le gustaba Vita</a> es una historia de amor real y a la vez magistralmente recreada en la imaginación de <strong>Bellver</strong>, que logra que admiremos el apasionado sentido de la libertad que llevó a <strong>Vita </strong>a tratar de conseguir el amor de <strong>Virginia </strong>saltándose todos los convencionalismos y, lo que es más difícil, que podamos colarnos dentro de la compleja mente de Virginia para entender mejor la lucha que mantuvo con sus fantasmas —físicos y mentales— a los que tuvo que vencer antes de aceptar el abrazo de Vita. Y todo dentro del rico marco histórico del periodo de entreguerras, dentro del ambiente transgresor que unió a los miembros del grupo de Bloomsbury y sin olvidar los especiales lazos que se establecieron entre ellas y sus maridos, <strong>Harold Nicolson</strong> y <strong>Leonard Woolf</strong>.</p><p><strong>Nosotros en la nocheHaruf KentLiteratura Random HouseBarcelona</strong><em>Nosotros en la noche</em></p><p><strong>2016</strong></p><p><a href="http://www.megustaleer.com/libro/nosotros-en-la-noche/ES0143485" target="_blank">Nosotros en la noche</a> es una joya escondida: una historia concisa, conmovedora, agridulce pero a la vez inspiradora, con el revelador sentido del humor que solo poseen aquellos que han llegado a una edad en la que poco importa lo que puedan decir los demás.</p><p>Louis Waters y Addie Moore llevan gran parte de su vida siendo vecinos en la apacible localidad de Holt, en Colorado. Ambos enviudaron hace años y acaban de franquear las puertas de la vejez, por lo que no han tenido más opción que acostumbrarse a estar solos, sobre todo en las horas más difíciles, después del anochecer. Pero Addie no está dispuesta a conformarse. De la forma más natural, decide hacer una inesperada visita a su vecino: "Me preguntaba si vendrías a pasar las noches conmigo. Y hablar...". Ante tan sorprendente propuesta, Louis no puede hacer otra cosa que acceder.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Picasso en las calles Obispo Hurtado, 5 y 2, y San Marcelino de Champagnac, 2, en Granada. </em><a href="http://www.librerias-picasso.com/nuestras-librerias.php" target="_blank">librería Picasso</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mercedes y Claudio López Blanco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Historia e intimidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Exhumación de la fábula': El orden del sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/exhumacion-fabula-orden-sueno_1_1137054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/33ee86eb-e9ff-432a-9452-2032c1718299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Exhumación de la fábula': El orden del sueño"></p><p><strong>Exhumación de la fábulaJavier BelloPrólogo de Antonia Torres AgüeroSelección de Nicolás LabarcaChamán EdicionesAlbacete2016</strong><em>Exhumación de la fábula</em></p><p>  </p><p>Una de las coordenadas que hacen crecer los proyectos editoriales es la huida de cualquier localismo; el empeño por conseguir una cristalización definida y global. Así lo entienden con lucidez <strong>Pedro Gascón</strong> y <strong>Anaís Toboso</strong> dejando sitio en la colección Chamán ante el fuego al corpus poético de <strong>Javier Bello</strong> (Concepción, Chile, 1972), profesor de Literatura de la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Javier Bello es ya una figura de culto de la literatura chilena. El paisaje de su poesía abre cauces complejos, cuenta con una notable presencia en el entorno cultural hispano y su trayectoria lírica se ha traducido a otros ámbitos lingüísticos.</p><p>El trazo singular del escritor es analizado con excelente perspectiva crítica por <strong>Antonia Torres Agüero</strong>. En el prólogo “Javier Bello o la exégesis de la piedra” resalta la precoz epifanía y acota el recorrido antologado entre 1997 y 2015. Son casi dos décadas de taller representadas por los poemarios <em>El fulgor del vacío</em>, <em>Las Jaulas</em>, <em>Los pobladores del entresueño</em>, <em>letrero de albergue</em>, <em>Espejismo</em>, <em>Estación noche </em>y <em>Los grandes relatos</em>. La muestra apunta con claridad la cercanía a un crisol de estéticas que tienen en común un pensamiento poético de búsqueda. Hay tensión en el lenguaje y un cierto hermetismo verbal que se edifica entreverado de onirismo y temblor existencial.</p><p>En los poemas seleccionados por Nicolás Labarca puede constatarse la interacción del poeta con <strong>Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle</strong> y <strong>Eduardo Anguita</strong>, o su diálogo con <strong>Federico García Lorca, José Lezama Lima </strong>y <strong>César Vallejo</strong>. Una clave que deja la mirada de Antonia Torres Agüero, dada la diversidad del material analizado, es la acotación  en cuatro núcleos argumentales. La ruta del poema cubre la superficie comunitaria de lo social, el reflejo  metaliterario o la reflexión sobre el signo lingüístico, el tema de la identidad como existencia tutelar y transformación interna y, por último, una cuarta senda que interrelaciona poesía y visualidad a partir de la tendencia del escritor a la pintura abstracta y expresionista.</p><p>Poco proclive al ritmo del poema breve y a los cortes versales, Javier Bello emplea un verso expandido, próximo a la prosa poética en su esquema de salmo, que sirve mejor para dar cauce a la conciencia y a sus circunvoluciones meditativas; solo en contadas entregas como <em>Espejismo</em>, editada en 2010, construye estrofas de esquema fijo como la décima. Y naturalmente hay un uso frecuente de los poemas en prosa, que marcan un ritmo y un tono enunciativo oracular. Logra así una expresión repleta de imágenes, con una inclinación natural al ideario surrealista. El poema se adensa, adquiere la formación de lava de un yo diluido que vela lo autobiográfico. El texto acoge el vitalismo de una escritura fragmentaria, tamizada de especulaciones y sugerencias, que desanda la claridad para construir significados.</p><p><a href="http://chamanediciones.es/producto/exhumacion-fabula/" target="_blank"><em>Exhumación de la fábula</em></a><em> </em>esboza un lienzo completo en su evolución y desarrollo. La mirada en conjunto registra una aportación estética contundente, con amplia libertad de vuelo en versos que optan por la asociación inesperada y el efecto sorpresivo, que confían siempre en las posibilidades de revelación de lo intuido.</p><p><strong>*José Luis Morante</strong> es poeta y crítico literario. Ha realizado la selección de la antología <a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/coleccion-valparaiso-de-poesia/205--re-generacion-antologia-de-poesia-espanola-2000-2015.html" target="_blank">Re-generación</a><em> (Valparaíso, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Exhumación de la fábula': El orden del sueño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['O': un título redondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/titulo-redondo_1_1137050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3c42d0e7-b5d4-476e-a2b6-f760f5af2e9d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'O': un título redondo"></p><p><strong>OAlejandro PedregosaCuadernos del vigíaGranada2017</strong><em>O</em></p><p><a href="http://cuadernosdelvigia.com/o-alejandro-pedregosa/" target="_blank">O</a> es un título redondo. <em>O</em> es una exclamación sin hache. Exclamación, signo de interjección sobre la cabeza, es la consecuencia de leer <em>O</em>, tras leer las historias de <em>O</em>. <a href="http://alejandropedregosa.es/" target="_blank"><strong>Alejandro Pedregosa</strong></a><strong> </strong>vuelve al cuento en esta cuidada edición de la granadina <a href="http://cuadernosdelvigia.com" target="_blank">Cuadernos del Vigía</a>, que sigue apostando por armar una selección absoluta con vocación mundial de cuentistas españoles. <em>O</em> sirve también al autor para exponer un juego de títulos. Siempre acompaña un personaje, una referencia, una guía para el lector, un juego de conocimiento y evocación en el nombre de los protagonistas. A un lado el protagonista –el nombre—, al otro el alto concepto. Separados por la “o”. Todos plantean la propuesta disyuntiva que ocasiona una íntima conexión de conceptos. En la antigüedad, y no tan atrás, ese “o” ponía a un lado el título oficial y al otro el que lo hizo conocido pero oficioso. O bien planteaba un segundo miembro aclaratorio. En <em>O</em> se combinan en el primer término del título personajes o nociones del imaginario cultural –de un muy amplio catálogo— con conceptos abstractos y absolutos en el segundo, combinación que propone, desde el inicio, un reto al lector: hallar ambas proposiciones en el relato y descubrir las implicaciones de la mitología de los comunes con la solemnidad conceptual que expone el título de cada cuento.</p><p>En la colección hay dos temas que el autor trabaja con sobriedad, a veces saludable comicidad, casi siempre con ternura. Uno, donde engloba la ayuda, el sacrificio, el compromiso, el cuidado. Personajes que cuidan de otros personajes. Sacrificios y compromisos con el otro. Jacob que cuida de Esaú, La Santa que cura al pastor, <strong>Sócrates </strong>arrepentido cuida al joven ejecutor, Fermín quisiera cuidar de Gretel… en casi todos los cuentos aparece una pareja, una dualidad que son multitud suficiente y se encuentran engarzados en su inicio y en su final.</p><p>El otro tema principal se refleja desde la mayoría de los títulos: triunfa el derrocamiento de las palabras generales, de los altos conceptos: Monarquía, Patriotismo, Vasallaje, que quedan reducidos a la cobardía, la trampa, la locura y el miedo. Tras el “o” disyuntivo aparece el descenso a las realidades cotidianas de la pobreza, la fraternidad, la esclavitud, la represión.</p><p>Para Alejandro Pedregosa no es nuevo el arte de contar relatos, relatar cuentos. A sus varias novelas publicadas (<em>A pleno sol</em>, <em>Hotel Mediterráneo</em> y la dupla de la España negra <em>Un mal paso</em> y <em>Un extraño lugar para morir</em>) y sus libros de poesía, hay que sumar que desde hace varios años colabora en periódicos como <em>Ideal, Hoy, Sur, El Correo </em>o<em> El Diario Vasco</em> con una tradicional serie de relatos, habituales de estío. En ellos es frecuente que utilice las referencias culturalistas con cierta socarronería recurriendo tanto a mitos de los ochenta —como la canción del verano— como a culturalismos de a pie, en la sana pretensión de que lo mítico también se encuentra en la sencillez de la cultura popular.</p><p>Técnicamente sus relatos no se sustentan en el juego de la sorpresa sino en el fundamento de remover la conciencia y suscitar la emoción, cosa que el lector siempre agradece, invitado al juego de la inteligencia y la ironía. Los ambientes son cuidados, dibujados con esmero y precisión. El trabajo de minería que exige el cuento, la búsqueda de la intensidad y el rechazo de lo extenso baldío se manifiesta con evidencia, sencillez y sin presión alguna. Acérquense a la galería, entren por los vericuetos del cuento. Disfruten de las reencarnaciones de Don Camilo y Peppone, de Herodes y Jonás, de Mambrú, Electra, Celestina y Patronio. Personajes que proceden de los cuatro puntos cardinales de la memoria literaria, de la tradición bíblica, de la mitología, la filosofía y el cuento infantil. Ellos han obtenido una nueva vida, tres páginas donde poner su nombre y su acervo al servicio de otros, en la piel de personajes del día de hoy. Tres páginas para recuperar su vida marcada por el destino irreversible. Tres páginas para que usted recupere la sonrisa y la confianza en la literatura. Ponga la boca redonda y diga <em>O</em>.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor.</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA['O': un título redondo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['De un tiempo de cerezas': Luis Pastor, "aún vivito y coleando"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempo-cerezas-luis-pastor-vivito-coleando_1_1137048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/23d59f3b-1dab-47f5-847d-ef056f0b8674_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'De un tiempo de cerezas': Luis Pastor, "aún vivito y coleando""></p><p><strong>De un tiempo de cerezasLuis Pastor </strong><em>De un tiempo de cerezas</em></p><p><strong>BartlebyMadrid2016</strong></p><p>Tras veinte discos en el mercado, algunos de ellos en formato disco libro, bien con poemas suyos, bien con poemas de <strong>Saramago </strong>musicados por él, como el que está a punto de salir en España y titulado <em>El viaje del elefante,</em> que le llevó a recorrer con un espectáculo de calle los pueblos portugueses durante dos años; tras más de 40 años recorriendo carreteras, escenarios, locales y bares; tras haber dado a conocer por las redes un largo poema titulado "¿Qué fue de los cantautores?". </p><p><strong>Luis Pastor </strong>(Berzocana, Cáceres,1952) ha publicado hace unos meses su primer libro de poesía en Bartleby Editores<strong>,</strong> con selección y prólogo de <strong>José Manuel Díez</strong> dentro de la colección que dirige el escritor <strong>Manuel Rico</strong>. Estamos, como dice José Manuel Díez, ante la primera obra íntegramente poética de este cantautor. Siguiendo la estela de la bellísima canción de la Comuna de París, "Les temps de cerises", pero también haciendo referencia a los valles de cerezos de su tierra, intenta plasmar en este libro un compendio de infancia, sentimientos y vida.</p><p>  </p><p>El libro está dividido en cuatro partes y un poema introductorio dedicado a sus padres titulado "Yo vengo de un tiempo de cerezas". La primera parte, "Por el río de mi infancia", desgrana los recuerdos de su niñez, de su infancia en el pueblo, de la pobreza de un tiempo alegre y campesino, de un paisaje que entraría en él para no abandonarlo nunca: "Pájaros de encina / anidan en mi salón / y cantan en mi cocina…". </p><p>Poemas todos ellos que recorren y viven Extremadura, que nos acercan a su pasado que en parte también fue nuestro o  de nuestros padres, que nos acercan a una España rural que desaparece a marchas forzadas y que sólo quienes la han vivido saben hasta qué punto se está perdiendo. Este cantautor se considera portuñol, mitad portugués, mitad español, porque Extremadura está cerca de Portugal, porque el folclore se parece, porque los adufes cuadrados se tocan en ambos sitios, porque su “padre musical” fue <strong>José Afonso</strong>, porque José Saramago fue musicado como nadie lo había hecho hasta entonces por este cantante.</p><p>La segunda parte se titula "Sólo sé que el amor"<em> </em>y en ella canta en poemas muy breves, a veces casi como estribillos de canción, diferentes sentimientos donde evoca ternura, llanto o destellos de  vida. La tercera parte,"Compromiso y esperanza",nos acerca al Luis Pastor quizá más conocido, el más combativo, el que reivindica "que el sol no se ponga de noche, que encuentre trabajo el que busca, comida el parado, cariño el amor"<em>, </em>como dice el poema que inicia este capítulo, titulado "Que se abran las calles del alma"<em>. </em>También se encuentran los poemas titulados "Viaje a Tinduf" o "Primero de Mayo"<em>, </em>que dan una idea solo con el título de su contenido.</p><p>La última parte del libro se llama "Músicas del corazón"<em>:</em> poemas dedicados a diferentes artistas, conocidos o amigos o de gran referencia, como <strong>Camarón de la Isla</strong>, <strong>Pablo Guerrero</strong>, <strong>María del Mar Bonet</strong>, <strong>Hilario Camacho, María Pagés, Enrique Morente, Imanol</strong>… así como semblanzas y homenajes a amigos personales como <strong>Eulogio Paz</strong> y <strong>Pilar Manjón</strong>, vallecanos que perdieron a su hizo en los atentados del 11M, o <strong>Rufo</strong>, su amigo del alma durante muchos años.</p><p>La canción de autor y la poesía siempre han ido de la mano. Y este es un libro para seguidores del cantautor que quieran tener una visión certera y complementaria a su faceta musical. Un libro también  para jóvenes que quieran acercarse a él y conocer un trozo de lo que fue en su momento la llamada canción protesta en nuestro país, esa que levantó su voz contra la dictadura, que llenó con ella reuniones, mítines, misas y espacios multitudinarios. Esa que sirvió de acompañamiento a la ilusión de cambiar un país hacia una vida mejor, que cayó en desuso durante la transición y que ahora parece ser que se revitaliza o adquiere de nuevo el lugar que nunca debió perder.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA['De un tiempo de cerezas': Luis Pastor, "aún vivito y coleando"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Cantantes,Poesía,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La resistencia gráfica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/resistencia-grafica_1_1137037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/06f953db-e300-48fa-8ea3-3dd17a374eac_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La resistencia gráfica"></p><p>Es fácil concebir un sueño si se cuenta con la inocencia suficiente. Intentar llevarlo a cabo y mantenerlo vivo periódicamente ya es otra cosa. Para eso hace falta una determinación casi fanática y una especial conexión con el niño que fuimos como un punto de apoyo constante que nos ayude a conservar la ingenuidad, no como un síntoma de esa enfermedad que se cura con el tiempo; sino como la bandera más inteligente de la única resistencia posible. No importa el pretendido alcance de la etiqueta “cómic adulto”. No leemos, escribimos y dibujamos cómics para dar o recibir lecciones de filosofía, aunque esa pueda ser una derivada tan plausible como cualquier otra. Lo hacemos porque no hemos perdido de vista la primera fascinación juvenil por esos mundos de papel grapado, la emoción de acudir al quiosco tras una larga espera mensual y la intriga por el contenido del número siguiente que, por supuesto, no defraudaba nunca.</p><p>  </p><p>Las publicaciones de cómics que tuvieron su auge durante la década de los ochenta fueron un reservorio de la poética más transgresora del momento, un vehículo para la infinita combinatoria del relato corto y para la expresión identitaria de toda una generación. Supusieron, para muchos de nosotros, el descubrimiento de un terreno de gran plasticidad para la narración verosímil de lo imposible. Jugaron un papel esencial en la construcción de nuestro mundo, en el camino de la afirmación de la personalidad, en la búsqueda del contraste con los otros y en el aprendizaje del gusto por la variedad y el respeto por la diferencia.</p><p>Las cabeceras de aquel momento como <em>Totem</em>, <em>1984</em>, <em>Comix</em> <em>Internacional,</em> <em>Madriz</em> o <em>El Víbora,</em> que respondían a la expectativa cultural de una generación <em>baby boom</em> tan bulliciosa como prolífica, resistieron hasta donde fue posible dentro de la abortiva realidad económica a la que los padres de la patria nos habían ido conduciendo.</p><p>  </p><p> Unas páginas de la revista La resistencia.</p><p>La primera víctima de toda crisis es la ilusión. Las crisis acaban con la confianza en uno mismo y en los otros. Nos disponen contra el vecino como un competidor intolerable en la lucha por la carroña y en este país de penantes hay una enfermiza inclinación a considerar este tipo de circunstancias como un merecido castigo divino, quizá por haber querido comernos una manzana de más del árbol prohibido y vivir por encima de nuestras posibilidades. En época de vacas flacas, se  alargan las faldas, se cierran los escotes, crecen los anuncios de teleadivinos y los dibujos se caen de los periódicos, de los libros y de los quioscos como pájaros frívolos que no merece la pena alimentar.</p><p>Hay una parte del espectro político cuyos programas están directamente inspirados por la idea de que el país sigue siendo su finca particular y, puestos a recortar, aprovechan siempre para empezar por la cultura, no porque suponga un gasto inasumible en un entorno de crisis económica, sino porque eso les permite rebanar las cabezas de una parte de la población tradicionalmente desafecta hacia sus posturas, además de hipotecar la mente de los más jóvenes para los que, por supuesto, han pensado en un futuro profesional centrado en los servicios (¡cómo está el servicio!) a base de <em>chefs</em> televisivos, camareros y triunfitos, cuando no de turistas forzados a la “movilidad exterior” en palabras de <strong>Fátima Báñez</strong>, ministra de empleo por la gracia de la Virgen del Rocío.</p><p>Recuperar la ilusión es una forma de resistir y en este empeño vuelven a la carga <strong>Ricardo Esteban</strong> y <strong>Juanjo el Rápido</strong> desde su atalaya particular de viñetas y dibujos, compartido por tantos de nosotros, para traernos el penúltimo proyecto editorial en torno al cómic por entregas llamado (no por casualidad) <a href="http://www.dibbuks.es/es/catalogo/la-resistencia-1" target="_blank">La Resistencia</a><em><strong>.</strong></em></p><p>  </p><p> Portada de la revista La resistencia.</p><p>Historias cortas en cada número con formato libro que ronda las cien páginas donde se alterna la presencia de autores como <strong>Juan Berrio, Infame & Co, Miguel B. Núñez, Miguel Ángel Martín, Josep Busquet</strong> y <strong>Javi de Castro, Olaf Ladousse, Chipi</strong> y <strong>Pablo Velarde, Chema García, Manel Cráneo, Fermín Solís, Álex Fito, Ozanam</strong> y <strong>José Luis Ágreda, Carles Jofre</strong> e <strong>Ihrlie Serra, Pablo Auladell, Olga de Castro, Teresa Valero, Miguel Gallardo, Manolo Hidalgo, Juanjo el Rápido, Javier Olivares</strong> o<strong> Santiago Valenzuela</strong>.</p><p>No es la única iniciativa de este tipo en el mercado. Junto con <a href="http://www.dibbuks.es/es/catalogo/la-resistencia-1" target="_blank"><em>La Resistencia</em></a><em>, Tentacles</em><a href="http://www.tentacles.cat/" target="_blank">Tentacles</a><a href="http://www.tentacles.cat/" target="_blank"> </a>y <a href="http://www.lacupula.com/catalogo/voltio-1" target="_blank">Voltio </a>son las de más reciente aparición, pero ahí está <a href="http://www.eljueves.es/" target="_blank">El Jueves</a>, que se mantiene a pesar del viento y las mareas tanto fascistas como monárquicas desde hace cuarenta años, o su escisión digital <a href="http://www.orgulloysatisfaccion.com/" target="_blank"><em>Orgullo y Satisfacción</em></a><em>,</em> <a href="http://www.revistamongolia.com/" target="_blank"><em>Mongolia</em></a><em>, </em>creada en 2012 y <a href="https://www.amaniaco.com/" target="_blank"><em>Amaníaco</em></a><em>, </em>que se publica desde 1991.</p><p>Depende de autores y lectores cambiar la percepción que se tiene del cómic como un divertimento menor y afianzar la idea de que es un medio de comunicación perfectamente válido para un público adulto. Las revistas cumplen su labor de divulgación pero, sobre todo, son un bastión para la resistencia.</p><p><em>*Toño Benavides es poeta e ilustrador.</em><strong>Toño Benavides</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Memoria de la noche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-noche_1_1137032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fcc5b4ed-1491-4c82-a3c0-c745ad85b8ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria de la noche"></p><p><em>(Comienza Luis Landero.)</em><strong>Luis Landero</strong></p><p>Ante todo, señor comisario, déjeme decirle que yo también soy un hombre de orden. ¿Que cuál es mi profesión? Soy indigente, señor, que es el oficio más viejo del mundo. Que me perdonen las putas, pero nosotros fuimos antes que ellas. Soy indigente, carezco de trabajo, de techo, de dinero, vivo de la caridad, pero vivo bien y no me quejo. Yo no soy como otros del oficio que siempre están echando pestes de la sociedad y blasfemando contra los políticos, contra los ricos, contra Dios, contra todo. Yo no, yo soy una persona educada y limpia, un hombre de orden, voy todos los domingos a una casa de baños y todas las semanas me pongo ropa limpia. Yo, señor comisario, soy una persona honrada, y me gusta esta vida que llevo.</p><p>¿Que qué hice ayer? Ayer fui a comer a Martínez Campos, donde las Hermanitas de la Caridad. Nos dieron dos croquetas de aperitivo, y luego sopa de fideos con tropezones y dos huevos duros con tomate. De postre, fruta y café. También nos dieron un vaso de vino, y pan a discreción. Allí estuvimos casi hasta las cinco, alternando y escuchando a un coro de voluntarios que vino a cantarnos villancicos de Navidad. Y sí, allí estaba el pobre Lucas, comiendo con un apetito de lobo, quién iba a decir que habrían de matarlo esa misma noche. ¿Y después? Pues después unos cuantos, entre ellos el pobre Lucas, tiramos hacia Argüelles, a la sede de un voluntariado donde reparten ropa y comida, y de paso te reconoce un médico, y si necesitas medicinas, te las dan allí mismo. A mí me dieron una camiseta térmica y dos pares de calcetines gordos de lana. También dos latas, una de caballa y otra de callos, dos molletes de pan, un cartón de leche y un paquete de galletas de coco. Una voluntaria me obsequió además con una cajetilla de Ducados y me regaló su mechero. Para que luego hablen mal de la sociedad.</p><p>¿Que por dónde suelo moverme yo? Verá, señor, a mí no me gusta ir de aquí para allá con un carrito de supermercado o una carretilla, como hacen algunos, el pobre Lucas entre ellos, que andaba siempre con dos maletas a cuestas, a mí me gusta andar libre y ligero, por eso uso esta mochila, con eso me vale, yo no tengo alma de propietario y no soy como esos que se pasan el día a la rebusca en cubos de basura, papeleras y contenedores, y que suelen tener un sitio fijo donde montan el campamento, todo lleno de bultos y de montones de cachivaches, y no se cansan nunca de juntar más y más, a lo mejor así se imaginan que son ricos, los muy gilipollas, con perdón sea dicho. Algunos incluso, al verse con tantos bienes, se hacen sedentarios, y enseguida empiezan a soñar con tener una chabola, y criar gallinas, y sentarse a ver la televisión, sin caer en la cuenta de que en este oficio, si quieres establecerte de verdad, tienes que meterte en el trapicheo de la droga, si no, mejor seguir de nómada, que es lo que yo hago, como un hombre de orden que soy. Yo, con mi mochila, me muevo por toda la ciudad, y conozco a mucha gente, y a muchos del gremio, aunque apenas me trato con ellos, en parte porque soy más bien solitario, y en parte porque a mí la verdad es que mis colegas no acaban de gustarme, siempre tan sucios, tan vociferantes, tan borrachos, tan cínicos. Además, somos muchos, demasiados, y hay demasiada competencia desleal, deberían ustedes hacer una ley para separar el trigo de la paja y regular y dignificar este oficio, que  como ya dije antes es el más antiguo del mundo, con perdón de las putas.</p><p>¿Que qué hicimos luego? Pues verá, señor comisario. Unos, que iban a asar carne en unos desmontes por donde el cementerio de la Almudena, me invitaron a ir con ellos, y luego a dormir en uno de esos bloques que con la crisis se ha quedado a medio construir. Otros decían de ir a dormir a un albergue y cenar allí mismo de bocadillo. Entonces el pobre Lucas, que tiene un entrante muy bueno y muy abrigado en un banco que hay al final de la calle Abascal, preguntó si alguien quería compartirlo con él, para así entre los dos defenderse mejor de esos niñatos que andan al deporte de cazar indigentes. Y la verdad, no sé si alguien se fue o no con él. Yo desde luego no, ni lo tomé en consideración, ya le he dicho que yo soy de por sí solitario y no me gusta hacer parte con nadie de mi soledad y mi buena fortuna.</p><p>¿Que dónde me fui a pasar la noche?</p><p><em>(Sigue Fernando Aramburu.)</em><strong>Fernando Aramburu</strong></p><p>Pues sí, señor, soy hija de Lucas Estévez y créame que, si no es porque me ha hecho usted venir, no me habría enterado de que está muerto o de que lo han matado. Ni mi madre, que no anda fina de salud, ni yo queremos que nos salpique una gota de este feo asunto. Si necesita usted sospechosos, haga el favor de buscarlos por otros vecindarios. Y no es que me alegre de lo que ha ocurrido. Ni me alegro ni siento pena, y esto usted lo entendería si supiese lo que sufrimos mi madre y yo por culpa de ese hombre cuando aún no era un indigente y vivía con nosotras. En caso de que haya que identificar el cadáver no cuente conmigo. Aún menos con mi madre. No está la mujer para semejantes trotes. Y obligarnos no nos puede usted obligar por muy comisario que sea.</p><p>Sí le puedo contar que va para dos años que no teníamos relación con Lucas Estévez. Al principio lo veíamos bastante. No había otro remedio puesto que él merodeaba a diario por los bares del barrio hasta que me imagino que se le acabó el dinero y mi madre y yo decidimos mudarnos a La Elipa sin decir nada a nadie para que luego no se lo contaran a él. Y de este modo lo perdimos de vista. No estamos ni siquiera en el listín de teléfonos y la verdad es que sí, que nos lo sacamos de encima y él ya no podía tocarnos el timbre por la noche como después que lo echáramos de casa con ayuda de unos parientes, que a lo mejor nos rompía el sueño a las dos o las tres de la madrugada. No le abríamos, pues eso faltaba, pero así y todo mi madre pasó una temporada fatal, de donde yo creo que le viene el problema de nervios que aún la hace sufrir.</p><p>Desde que mi madre y yo nos instalamos en una vivienda de La Elipa sólo he visto a Lucas Estévez dos veces y las dos por casualidad, una yendo yo a mi trabajo y otra cuando volvía del trabajo a casa. En los dos casos, nada más verlo, me aparté. Porque yo por ese hombre, aunque fuera mi padre, no he sentido nunca una pizca de cariño. Y, fíjese, no tanto por el asco que me daba verlo llegar a casa borracho, con un olor insoportable y el pantalón meado, como por el mal vino que tenía, que lo ve usted y puede pensar: joder, qué cara de bueno tiene este pobre señor. Pues no. Tenía la mano ligera. Muy ligera. Piense que si no se respetaba a sí mismo, ¿cómo nos iba a respetar a las demás? Mi madre, por no romper la familia, lo habría aguantado hasta el martirio. Se lo aseguro. No exagero. Pero en cuanto empezó a ponernos la mano encima, dije: hasta aquí, mamá. Vamos a llamar al tío Sergio y a mis primos para que nos ayuden. Y ella: que no, hija, que a lo mejor encuentra trabajo y se calma. ¿Calmarse? Todavía me acuerdo de cuando llevé a mi madre en un taxi a urgencias, que si llegamos una hora más tarde, nos dijo el médico, pierde un ojo.</p><p>Y sí, la última vez que vi a Lucas Estévez fue el viernes pasado por la tarde, pero ya le digo que no hablé con él. Estaba muy cambiado, casi como cheposo. Tardé tanto en reconocerlo que por poco no me da tiempo de cambiar de acera antes de toparme con él. Esto fue en la calle Abascal, hacia las cinco o cinco y media de la tarde, y él iba con dos maletas, donde supongo que lleva sus pertenencias si es que sigue viviendo en la calle, que ni lo sé ni me importa. La barba le llegaba a medio pecho, toda blanca y descuidada, y él tenía una pinta de mendigo y de hombre sucio que me dio vergüenza, de donde se deduce que en esos momentos aún lo sentí como padre. No era un hombre bueno, señor comisario. Era faltón y violento. Y si lo han matado, será por algún lío en el que se haya metido. Ni me alegro ni me apeno. Esto es todo lo que puedo contarle. ¿Le importa que me marche? Es que aún tengo algunos asuntos pendientes.</p><p><em>(Continuará Óscar Esquivias.)</em><strong>Óscar Esquivias</strong></p><p><em>*Luis Landero es escritor. Su último libro, </em><strong>Luis Landero</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a><em> (Tusquets, 2017).</em></p><p><em>*Fernando Aramburu es escritor. Su último libro, Patria (Tusquets, 2016). </em><strong>Fernando Aramburu</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-patria/217001" target="_blank">Patria </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Landero   Fernando Aramburu]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pérdidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/perdidas_1_1137026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/79cf6773-5870-4b19-a1ac-84a7eb13b8e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pérdidas"></p><p>Inexorablemente el ser humano ha ido marcando su existencia con pérdidas. Desde aquella tan lejana del paraíso, pasando por la instauración del monoteísmo en contra de la idea más democrática del politeísmo, o el descalabro que supuso para los románticos la pérdida de los ideales de la Revolución francesa, por poner algunos ejemplos, hasta la pérdida de las colonias o la de las guerras (también para el que las gana) y las identidades de los países. En definitiva, vamos siendo más pérdida que hallazgo, o, al menos, somos seres que evidencian su paso por la vida acusando mucho más lo que se pierde que aquello que, a duras penas, vamos hallando.</p><p>  </p><p>Pero hemos llegado a un punto en el que podemos decir que somos capaces de institucionalizar la pérdida, en una suerte de necesaria actitud para consolidar la idea de que el ser humano avanza gracias a ella, prospera a favor de ir dejando lastre. Perdemos la ilusión, la fuerza, la capacidad de ser frente a la de estar, perdemos lo que queremos y lo que admiramos, aquello que deseábamos y hemos conseguido, perdemos el mito que ha sostenido nuestras grandezas, o el optimismo que es, como todo el mundo sabe, el motor de la vida. Perdemos aquello que soñamos con el simple hecho de despertar, o la identidad con el juego, paradójicamente, de las fronteras. Estamos, por tanto, ante posesiones efímeras de las cosas, e incluso ante verdades que suponíamos imprescindibles y que no son más que pérdida. Y, sin embargo, seguimos teniendo la capacidad de hallar para perder.</p><p>En este sentido, dos libros que hablan de esta curiosa naturaleza del ser desde perspectivas muy similares y en ámbitos muy parecidos. El primero, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/m-train/ES0138184" target="_blank"><em>M Train</em></a><em>,</em> de <strong>Patti Smith,</strong> publicado recientemente por Lumen. El segundo, <a href="https://circulodetiza.es/shop/america/" target="_blank"><em>América</em></a><em>, </em>de <strong>Manuel Vilas</strong>, editado por Círculo de tiza. Ambos asumen esta perspectiva de la pérdida para enmarcar el mundo que nos rodea, para desacralizar elementos que suponemos imprescindibles y, por encima de todo, desmarcarse de la idea de que poseer es poseer siempre.</p><p>En el libro de Patti Smith el recurso salta a la vista desde la primera página: “No es fácil escribir sobre nada”, una nada contestataria que nos va diciendo que todo lo acumulado, con el paso irremediable de la madurez va quedando en vacío, en agónica nada. La perspectiva del que vive, sin duda, se transforma cuando llega a entender que la historia, desde el punto de vista diacrónico, ha ido desechando estructuras que se creían fundamentales, a favor de otras que, por suerte de la conciencia humana (en pro de su supervivencia, quiero decir), se sabían tan fundamentales o más que las anteriores. Pero también lo sincrónico de nuestro comportamiento ha ido olvidando libros, canciones o manifiestos que suponían verdaderos pilares de nuestra educación. En esta “nada” de Patti Smith se encuentra la “nada” del mundo, mi propia y tu propia nada, querido lector, acariciada por la acumulación de hallazgos que han caído en la más absoluta pérdida. Pero también las cafeterías, los amigos, las creencias, mucho más que los objetos, nuestros valores artísticos, el amor, quedan sepultados en algo tan contradictorio como unas memorias. Alguien puede decir "Si hay memoria no hay pérdida". La memoria, en cambio, evidencia que hemos perdido lo perdido. <em>M Train</em> es la prueba irrefutable de lo dicho hasta ahora.</p><p>  </p><p> Portada de América, de Manuel Vilas.</p><p>El libro de Manuel Vilas transita por territorios muy parecidos, no solo porque USA sea el espacio en el que se defienden los dos, sino porque plantea la evolución del mito desde el punto de vista del mitificador. Y lo plantea con la ironía propia del autor, pero también con la dureza que marca la pérdida. Porque, en buena parte de las crónicas que lo forman, mantiene este concepto como indisoluble de los asuntos que, de manera protagonista, van pasando por sus páginas.</p><p>El dolor no solo es frecuentado desde el recuerdo de sus propios mitos, sino también desde lo perdido como conciencia de una identidad, de una naturaleza que el ser humano ha defendido en todo lo largo y ancho de su existencia: pertenecer a algo y a alguien. Es este sentido de pertenencia el que también se cuestiona; y, desde la pérdida, el vértigo que supone encontrarse sin identidad como naturaleza necesaria. <strong>Lou Reed</strong>, <strong>Whalt Whitman</strong>, <strong>Poe</strong>, <strong>Jimi Hendrix</strong> o <strong>David Bowie</strong> son iconos que, de una manera u otra, han marcado nuestras vidas, pero también son el pilar donde sostener el edificio de nuestra identidad. Ellos han desaparecido y, como quiere hacernos entender Vilas, con ellos vamos desapareciendo también.</p><p>Quizá sea que en esta maquinaria humana la única recompensa capaz esté servida en el recipiente de lo perdido y que, por humanos, tengamos que someternos a la dictadura de esta naturaleza sin quejas ni enfados. “Me vacié y empecé de nuevo”, dice Patti Smith. “Todos olvidamos cosas en el tiempo de nuestras vidas”, dice Vilas. La razón de la pérdida puede ser la razón de nuestra evolución como sociedad; porque, al fin y al cabo, la sociedad está formada por individuos perfectamente diseñados para perder.</p><p>Curiosamente saltan a mi escritorio unos versos de <strong>Alfred Tennyson</strong>, poeta representativo de un tremendo sentimiento de pérdida, que dicen: "Aunque mucho se nos fue, mucho nos queda;/ y aunque no tengamos la fuerza que antaño/ movía tierra y cielo, somos esto que somos;/ un igual coraje de corazones heróicos/ que debilitó el tiempo y el destino, mas fuertes en querer/ luchar, hallar, buscar y no rendirnos". A veces, el tiempo que nos separa de nuestros mitos es lo menos importante.</p><p><em>*Javier Lorenzo es poeta.</em><strong>Javier Lorenzo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pérdidas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Escritores,Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 53]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Las otras letras del carnaval de Cádiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/letras-carnaval-cadiz_1_1137017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a852d878-55d8-470b-bfed-4a837017c693_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las otras letras del carnaval de Cádiz"></p><p>Hay un raro lugar en el mundo, donde los poetas no suelen leer la métrica de <strong>Antonio Quilis</strong> y donde cualquiera de ellos renunciaría a un sillón en la Real Academia Española a cambio de un primer premio en un pintoresco concurso provinciano, que tiene lugar en un teatro al que Cádiz llama la Catedral de los Ladrillos Colorados y que lleva el nombre de <strong>Manuel de Falla</strong>, un músico más atraído por el flamenco que por las murgas.</p><p>En la capital gaditana, la palabra <em>autor </em>no tiene el mismo significado que en la SGAE. Allí, buena parte de los autores, al menos de los de otro tiempo, dejaron la escuela diez minutos antes de que los echaran. Y ensayan una suerte de mester de juglaría, pero colectivo, a mogollón, lo que también resulta una <em>jartá </em>de estrambótico si se tiene en cuenta que en Andalucía sólo nos juntamos en la cola del Inem. Pero ahí van esas pandillas que se pasan la vida ensayando, probablemente para huir de la dulce paz del matrimonio, y que terminan dando a luz a sus agrupaciones, en forma de coro, comparsa, chirigota o cuarteto que, otra paradoja, no tiene que estar formado necesariamente por cuatro componentes sino que, como la matemática es creativa, puede serlo de cinco, de tres o de los que sea.</p><p>Ese lugar es Cádiz, donde nada parece lo que es, como advierte uno de los personajes de una narración escrita por <strong>Félix Bayón</strong> para el libro <em>Relatos de don Carnal</em>, que hace años reunió las voces de, entre otros,<strong> Fernando Quiñones</strong>, <strong>Eduardo Mendicutti</strong>, <strong>Felipe Benítez</strong>, <strong>Jesús Maeso</strong>, <strong>José Manuel Benítez Ariza</strong>, <strong>Manuel Jesús Ruíz Torres</strong>, <strong>Rafael Ramírez Escoto,</strong> <strong>Rafael Marín</strong>, <strong>Félix J. Palma</strong> y <strong>Alejandro Luque</strong>. Fue un libro de encargo, que pretendía llenar un cierto vacío, el de la falta de ejemplos narrativos que vinculen el carnaval gaditano con esa otra literatura que no suele salir en sus agrupaciones, salvo para chotearse de ella, y a la que los culturetas llenan de mayúsculas y encendidos elogios.</p><p>Algo fue algo. Por sus páginas cruzaba la murga de Las Manolas por los muelles, o sucedía un sueño hipnótico lleno de arlequines, mientras se barruntaban imposibles orgías o hacían de las suyas aquel registrador de la propiedad, notario, catedrático de derecho mercantil y un teniente de alcalde a los que La Viña toda conocía por el generoso sobrenombre de Las Destrozonas, mientras el mar, más temprano que tarde, se tragaría a Cádiz todo, no tanto como una maldición sino como un destino.</p><p><strong>Entre Quiñones y </strong>Pemán</p><p><strong>Fernando Quiñones </strong>andaba convencido de que faltaba una gran novela sobre el carnaval de Cádiz. Claro que él, que llegó a escribir el repertorio del fallido coro La Atlántida, introdujo el reguero colorista de dicha fiesta entre las páginas de algunas de sus narraciones, desde <em>Las mil noches de Hortensia Romero</em> a <em>El coro a dos voces</em>, pasando por el pasaje veneciano de <em>La canción del pirata</em>, en el que Juan Cantueso compara las tradiciones carnavalescas de dicha ciudad y la capital gaditana: “El zarandeo carnavalesco estaba en todo. Ya eran lo de menos aquellos cortejos, mascaradas y pantomimas por el agua o en tierra y a cualquier hora, con neblinas o lluvias, o sin ellas. Con tanto forastero, ni la Virgen Santa que bajara puede allí aligerar el paso por las calles, ni encontrabas asiento en ningún sitio o, si te descuidas, ni cortezón ni migaja que comer, aun pagando su peso en oro. (...) Pero hasta no verlo con los ojos, no me creí yo que el Nuncio del Papa y los curas tuviesen que ir también de fantoches, llevando su narigón color berenjena o, cuando menos, su mascarilla de careta, porque, si no, quedábanse sin los poquitos que iban a sus misas y sus cosas, ni cumplía nadie con la Iglesia si no los veían a ellos cumpliendo con el Carnaval”.</p><p>Era la misma Venecia carnavalesca que va del Harry’s Bar de <strong>Ernest Hemingway</strong> a la estética de <strong>Stanley Kubrick</strong> en <em>Eyes wide shut</em>  y que hace un par de décadas resucitó más como atracción turística que como tradición de siglos. <strong>Alejo Carpentier </strong>ya la describió en su preciso y prodigioso <em>Concierto barroco</em>: “Entre evanescencias, sordinas, luces ocres y tristezas de moho a la sombra de los puentes abiertos sobre la quietud de los canales; al pie de los cipreses que eran como árboles apenas esbozados; entre grisuras, opalescencias, matices crepusculares, sanguinas apagadas, humos de un azul pastel, había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía, en amarillo naranja y amarillo mandarina, en amarillo canario y en verde rana, en rojo granate, rojo de petirrojo, rojo de cajas chinas, trajes ajedrezados en añil y azafrán, moñas y escarapelas, listados de caramelo y palo de barbería, bicornios y plumajes, tornasol de sedas metido en turbamulta de rasos y cintajos, turquerías y mamarrachos, con tal estrépito de címbalos y matracas, de tambores, panderos y cornetas, que todas las palomas de la ciudad, en su solo vuelo que por segundo ennegreció el firmamento, huyeron hacia orillas lejanas”.</p><p>La calidad similar de la prosa del escritor de la ciudad de Hércules y el de la ciudad de las columnas no debe ocultarnos una diferencia esencial entre los carnavales gaditanos y venecianos. En los primeros, el disfraz sirve para esconderse y divertirse en la medida en que se gana en libertad tanto en cuanto se pierda identidad. En los segundos, para exhibirse. Venecia es un escaparate y Cádiz, un espejo cóncavo como aquellos que don <strong>Ramón María del Valle-Inclán</strong> frecuentaba en el Callejón del Gato, que inspiraron sus esperpentos, tres de los cuales agrupó, por cierto, bajo el título de <em>Martes de carnaval</em>.</p><p>El carnaval no tiene por qué ser siempre el mismo, ni la literatura tampoco. Ramón María del Valle-Inclán y José María Pemán brindan dos visiones completamente opuestas del mundo carnavalesco, llevado en ambos casos a la escena del teatro. La visión del carnaval que brinda José María Pemán en <em>La viudita naviera</em> está más sujeta al modelo gaditano y, quizá por ello, al costumbrismo. Enmarcada en el carnaval de 1895, la obra refiere la fallida boda de Candelaria con un capitán mercante, que recibe la orden de zarpar de inmediato hacia Cuba para un embarque de tropas. Allí, fallece. Su viuda empieza a ser cortejada por varios pretendientes, mientras afronta con su cuñada el porvenir de la naviera del difunto. En principio, el carnaval de Pemán parece ser un simple telón de fondo por el que discurren agrupaciones y referencias a la fiesta, salvo por una razón de peso estrictamente estética y que guarda relación con una de las máscaras reales de todo carnaval, la de parada nupcial, la de paisaje para la seducción, que es lo que centra en este caso la mirada del escritor gaditano, lejos de la denuncia social y política que enarbolaba Valle, quizás no sólo por ser de talantes bien distintos –uno era carlista y otro borbónico—, sino por estar escritas en épocas muy diferentes y desde óptimas geográficas yo diría que antípodas.</p><p>No recuerdo que Valle-Inclán haya recibido nunca el homenaje que se merece por parte de los letristas del carnaval gaditano y de todos los carnavales habidos o por haber. Sin embargo, Pemán suele aparecer periódicamente en el repertorio del concurso del Gran Teatro Falla. Ocurrió, por ejemplo, con el coro Batmonos que nos vamos, que resultó ganador del certamen en 1990 y que incluyó, con letra de <strong>Antonio Burgos</strong> y música de <strong>Antonio Martín</strong>, un tango de desagravio a Pemán tras el destrozo sufrido por su busto en el Parque Genovés de Cádiz.</p><p>Los otros autores del carnaval de Cádiz</p><p>Nunca faltaron escritores de vitola culta en el carnaval gaditano. Es el caso frecuente de Burgos, quien se ha asomado con cierta suerte, como autor, al concurso del carnaval gaditano. El propio Fernando Quiñones, en cambio, no tuvo tanta fortuna. Lo intentó con el coro La Atlántida, que no cosechó gran éxito, pero abordó tangencialmente el carnaval en su narrativa, como bien demuestran algunas páginas de <em>Las mil noches de Hortensia Romero</em>. Una de sus últimas entregas la constituyó <em>El coro a dos voces</em>, no se sabe si novela o relato, o ambas cosas, pero con un título traído directamente de las bateas del mercado cualquier domingo de carnaval. En los últimos años, el excelente poeta y narrador <strong>Miguel Ángel García Argüez</strong> ha logrado hacerse, en cambio, con un claro hueco entre los autores del carnaval gaditano, sin que estorbe su mester de clerecía laica en el de juglaría. Ni viceversa.</p><p>Hubo escritores de libro que bebieron del carnaval gaditano. Así, <em>Los cinco destacagados</em>, la sátira del poeta <strong>Rafael Alberti</strong> contra otros tantos dictadores, que publicó <em>Calle del aire</em> en plena Transición, rezuman tanto homenaje al afrocubanismo de <strong>Nicolás Guillén</strong> o Alejo Carpentier, como guiños a los trabalenguas gaditas, del que pudiera ser buena muestra aquel de “Don Juan Tenorio y los que fueron al velatorio” del año 74:</p><p><em>Alfadeina, casquete, fondillo,Tilín, coloquín, del pillín, cebollaza.Compañeri, al ataqui,Afilati el sable, ruanillo,Que está doña Ineti esperando el repaso.</em></p><p>Estos versos no fueron escritos por uno de esos poetas gaditanos que salen en los libros pero que no suelen salir a cantar sus versos por la vía pública. Ni siquiera ese niño ambulante con el que tanto queremos y al que tanto admiramos, cuyo nombre es <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong>, que va disfrazado de postista y que, al pregonar el carnaval de Cádiz en 1983, dejó acuñados sobre la piel de las carnestolendas nuevos aerolitos como el de “Todos estamos enfermos de libertad incurable”, que proclamaba en su célebre "Padre Nuestro Cádiz".</p><p>Otros, como el autor carnavalesco <strong>Juan Carlos Aragón</strong>, han realizado el camino inverso, publicando varios libros de poemas y, a punto de aparecer en la editorial El Paseo, una novela titulada <em>El pasodoble interminable</em>, tras la reciente aparición bajo ese mismo sello de<em> Carne de carnaval</em>, la primera novela del poeta <strong>David Monthiel</strong> que nos presenta una pintoresca distopía, a la manera de <strong>Georges Orwell </strong>o de <strong>Aldous Huxley</strong>, pero en tierras gaditanas. Su pretexto argumental arranca con la desaparición y muerte del guitarrista Antonio Sibón, que pasa por ser el mejor punteao de la historia del carnaval de Cádiz –un <em>picaíto </em>retroalimentado con la comparsa Raza Mora—. El espontáneo detective Bechiarelli, que antes fue vigilante jurado, permanecía ausente de Cádiz desde antes del Bicentenario de la Constitución de 1812 y en estas páginas se encuentra con una ciudad en la que se está terminando de construir el museo del Carnaval y en donde el concurso lo retransmite ya, a escala estatal, Media Cinco, desde el Teatro Bankin Falla. Autores y componentes de comparsas, chirigotas, coros y cuartetos constituyen un<em> star system</em> que desfila por el mismo Cádiz de siempre, desde Vea Murguía a la línea 1 de autobuses que viene de la remota Puerta Tierra hasta orillar en el Río Saja. Los ensayos son vigilados por agentes de seguridad y la Corporación –una supraestructura política, económica y creativa— lo controla todo, entre Hiperión e Hipercádiz o Las Siete Palabras de Haynd y de la Santa Cueva, con mercados de fichajes a la manera del fútbol, entre ninfas y agujas de oro, citas de <strong>Ramón Solís</strong>, <strong>Pedro Romero</strong> o <strong>Julio Caro Baroja</strong>. La narración transcurre a la manera de un repertorio carnavalesco, desde la presentación a los pasodobles, cuplés y popurrís, incluyendo al carnaval chiquito y a través de una geografía humana en la que mandan los bares y una amplia ración de coplas que el propio autor pergeña con estilos diferentes para diferentes agrupaciones cantoras.</p><p>Atención a los protagonistas y los postulantes de esta obra, que figuran en una amplia relación inicial en la que David Monthiel les describe a la manera de los cluedos de <strong>Agatha Christie</strong> y en el que no pueden faltar desde El Macaca, el director de un coro emergente, a Luisfelipe, autor de comparsas críticas y Mérida Labres, autor de comparsas poéticas —adivinen quienes se ocultarán bajo dichos apelativos—, sin que falten los fanáticos de uno y de otro, entre antifaces de oro, mánager o incluso negros de autores carnavalescos. Como forillo de su argumento, lo mismo comparece el mundo clásico, con Telethusa al frente e inmobiliarias que se llaman Baal, hasta <strong>Eduardo de Ory</strong> o las leyendas del carnaval de todos los tiempos, desde <strong>Cañamaque </strong>al <strong>Libi</strong>, desde el <strong>Tío de la Tiza</strong> al <strong>Gome</strong>.</p><p>Los exteriores de esta novela median entre los ensayos de las coplas a las fiestas gastronómicas que preceden y prosiguen al carnaval propiamente dicho. Se trata de una batería de emociones que Bechiarelli evoca con las siguientes palabras, nada más que el Macaca le encargue la búsqueda del <em>punteao </em>desaparecido: “Los ensayos en el salón de actos de un colegio público. El colorista tipo de un coro. El pasacalle de una chirigota camino del Teatro Falla. Un hombre disfrazado de monja meando en una esquina. Una batea vacía. Aquella chica de Torredelcampo, dueña de un sábado de Carnaval. La purpurina. Voces recias cantando hasta romperse. Un camerino del Teatro Falla. La vida breve de una serpentina en el aire. Los jipis acampados en La Caleta. Una lluvia de papelillos recortados de revistas. Un chaparrón el martes de Carnaval. Ay, Carnaval, mi cárcel y mi libertad”. Como diría<strong> Antonio Martín</strong> en la presentación de su comparsa Entre rejas.</p><p>Entre <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>, <strong>Petros Márkaris</strong> y <strong>Eduardo Mendoza</strong>, la novela tiene mucho de parodia de serie negra, pero desde un plano distinto al que <strong>Fernando Macías</strong> ensayó en <em>El asesino de comparsistas</em> y al que ahora imprime una vuelta de tuerca hacia el plano sentimental con <em>Yo me enamoré de ti por culpa de los carnavales</em>. Y si <strong>Antonio Hernández</strong> o <strong>Félix Bayón</strong>, entre otros muchos autores, abordaron el carnaval gaditano como trasunto de la picaresca y de la supervivencia, el marco ha dado para mucho más, como demostró en su día <strong>Rafael Marín</strong> al emplazar en dicha fiesta gaditana la acción de su novela gótica <em>La ciudad enmascarada</em>.</p><p>Cádiz importó de Génova la palabra <em>carnevale</em>, siglos más tarde de que <strong>Antonio de Nebrija</strong> registrara ya dicha palabra en español y mucho después de que el <strong>Arcipreste de Hita</strong> parodiara a los libros de caballerías en su célebre batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma. Esto viene de antiguo y es nómada: <strong>Carlos Cano </strong>ya advirtió que Cádiz se duerme en La Viña y amanece en Grecia. Ese coqueteo entre lo popular y lo culto también se produce en los carnavales americanos, como el de Montevideo, que vive del mestizaje africano de las llamadas y de las parodias <em>made in Cádiz</em>. Una tradición que puede presumirse en algunos poemas de <strong>Mario Benedetti</strong> y en numerosos textos de <strong>Eduardo Galeano</strong>, en algunas canciones de <strong>Jorge Drexler</strong> o en el repertorio de murgas históricas como Araca la cana que, en lunfardo, significa “cuidado con la policía”, una advertencia que tiene tanto de literaria como de carnavalesca.</p><p>Entre Caballero Bonald y Paco Alba</p><p><strong>José Manuel Caballero Bonald</strong>, en sus memorias, ha dejado testimonio sobrado de lo que supone el jolgorio carnavalesco para cualquiera que se adentre en esa ciudad que ya descubriera Pío Baroja, declarado amante de las coplas de Las viejas ricas y al que su sobrino, <strong>Caro Baroja</strong>, dedicara sus estudios carnavalescos; quizás en memoria de aquella novela que el autor de <em>Las inquietudes de Shanti Andía</em> tituló <em>Locuras de carnaval:</em> “En 1776 estaban prohibidos los bailes de máscaras y las exhibiciones de las mismas en Cádiz, pero las mujeres lanzaban cubos de agua desde los balcones a los que pasaban a su alcance, las gentes humildes se dedicaban al fandango y los gitanos a bailar un baile indecentísimo que se llamaba el Manguidoy”, recordaba Caro Baroja a<strong> Francisco Correal </strong>a propósito de los problemas similares que las censuras provocaron en heterodoxias festivas o literarias.</p><p>Para adentrarse en el carnaval que <strong>Armando Palacios Valdés </strong>entrevió en <em>Los majos de Cádiz</em> habrá que ir pertrechado con algunas guías de interés: <em>Coros y chirigotas </em>de<strong> Ramón Solís</strong>, reeditado por Silex; o <em>El habla de Cádiz</em>, de <strong>Pedro Payán</strong>, cuya enésima edición corresponde a Quórum Libros, editorial y librería que fletó <em>El carnaval secuestrado</em>, un ensayo de <strong>Alberto Ramos</strong>, sobrado estudioso de estos asuntos, y la espléndida investigación titulada Cádiz, cuna de dos cantes, obra de <strong>Javier Osuna</strong>. Los interesados en la antropología carnavalesca pueden rastrear ensayos tan variopintos como el que <strong>Ana Barceló </strong>dedicó a los tipos carnavalescos, el análisis del carnaval callejero que realizaron <strong>Abel Aljende</strong> y<strong> Carmen Guerrero</strong> –autores del estudio <em>En la calle nos vemos</em>—o <em>La canción de Cádiz,</em> escrito por <strong>Luis García Gil </strong>y los investigadores <strong>Javier de Castro</strong> y <strong>Alvaro Pérez.</strong></p><p>Otro cantar –nunca mejor dicho— es la libérrima, ligera y divertida novela <em>Ubi sunt, pisha?</em>, de <strong>José Rodríguez Plocia</strong>, escritor con nombre de calle de picardía, con lo que no es de extrañar que sus páginas rebosen gaditanismos en ese carnaval perpetuo que es la vida cotidiana de una ciudad que no es que sea amante de las máscaras sino que la máscara le viene adosada con el ADN, pues, ¿qué otra cosa, sino máscaras y espléndidos disfraces que nos siguen dejando de piedra, son los sarcófagos fenicios que se conservan en el museo provincial gaditano?</p><p>Entre el carnaval vivido de <strong>Rafael de Cózar </strong>al recorrido por la prosa de <strong>Antonio Hernández</strong> se suman otras visiones más jocosas de la fiesta, como ocurriera con la narrativa del autor jerezano <strong>Juan Bonilla </strong>con <em>Nadie conoce a nadie</em>. </p><p>Pero el carnaval es, en sí mismo, literatura, no hay que olvidarlo. Literatura oral, que ha dado ejemplos tan punteros como, en el caso de Cádiz,  el repertorio de coros, cuartetos y chirigotas, con autores tan literariamente impecables como <strong>Antonio Martín</strong>, <strong>Antonio Martinez Ares</strong>, <strong>Jesús Bienvenido</strong>, <strong>José Antonio Vera Luque</strong>, <strong>Antonio Rivas</strong>, <strong>Miguel Romero</strong> –el ex director de <em>El intermedio</em> promovió el célebre Cuarteto de Rota—, <strong>Faly Pastrana</strong>, <strong>Tino Tovar</strong>, <strong>Kike Remolino </strong>o <strong>Germán García Rendón</strong>, entre muchos otros. Por no hablar de los coros que resucitó la transición como Los Dedócratas, La Guillotina o Los camaleones, que acuñaron aquel célebre estribillo a la salud de los antidisturbios que reprimían las primeras manifestaciones de astilleros y que rezaba: “Las balas de goma / dan mal resultado / pelotas nos sobran / a los gaditanos”. Autores como Pedro Romero, los hermanos <strong>Rosado</strong>, <strong>José Luis García Cossío</strong> <em>El Selu</em>, <strong>Manolo Santander </strong>o el <strong>Gómez </strong>dignifican sobradamente, desde otro ángulo lírico, su mester literario. Pero no se trata de una novedad, ni este fenómeno se circunscribe estrictamente a Cádiz.</p><p>Y es que hay un diálogo entre la poesía popular carnavalesca y la otra poesía, la que suele oler a cerrado aunque pueda llegar a volar más lejos. <em>El vaporcito</em> de <strong>Paco Alba</strong>, ¿acaso no está charlando con aquel barquito de vapor de <strong>Fernando Villalón</strong>, que estaba hecho con la idea de que en echándole carbón navegue contra marea? Mientras Rafael Alberti, un amante confeso de los carnavales, escandalizaba a Madrid con una obra de teatro en la que la Virgen se le aparecía a los capitanes sublevados en Jaca a favor de la Segunda República, en Isla Cristina, por las calles, se cantaba otro tanto, como demostraba el coro El empastre musical de 1932.</p><p>  <em>Galán García y Hernándeznunca te olvidaremosy vengaremos tu muerteejecutando en venganzaa Berenguer y Alfonsetey consolidar el nuevo régimen.</em></p><p>Si, como Javier Osuna propone en su libro ya mentado, <strong>Federico García Lorca</strong> se pregunta “Entre italiano y flamenco,/ ¿cómo cantaría Silverio?”, el carnaval le responde, en forma de tango con letra de Paco Rosado y música de Cañamaque:</p><p>  <em>Le nombraron en Cádiz rey del flamencoY en verdad le decimos que no era cuentoDicen los que escucharonLa cabal de SilverioQue en su vida pensaronQue hubiera un cante con más misterio.</em></p><p>Escribía <strong>Bartolomé Llompart </strong>que el carnaval es periodismo cantado. Pero es mucho más: es literatura y teatro, música y estética, alegría y sátira, a caballo entre el caricato, el bufón, el epicentro entre la zafiedad y la más elegante ironía cortesana. Falta una gran novela carnavalesca –Fernando Quiñones tenía razón—, pero los textos que ya existen en el catálogo de nuestra memoria, no sólo brindan una visión exagerada y chusca de la realidad, aunque no siempre la maquillen sino que suelan denunciarla.</p><p><em>*Juan José Téllez es escritor, periodista y presidente del jurado del carnaval de Cádiz 2017.</em><strong>Juan José Téllez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Téllez]]></author>
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