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    <title><![CDATA[infoLibre - Revolución rusa]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Revolución rusa]]></description>
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      <title><![CDATA[Katixa Agirre vive el amor del doctor Zhivago en los años convulsos de la Unión Soviética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/katixa-agirre-vive-amor-doctor-zhivago-anos-convulsos-union-sovietica_1_1160968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c4748a9e-c89c-43c5-884c-d72485e9240f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Katixa Agirre vive el amor del doctor Zhivago en los años convulsos de la Unión Soviética"></p><p>Corría el año 1956 cuando el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli recibió un manuscrito que <strong>había partido clandestinamente desde la Unión Soviética</strong>. Era <em>Doctor Zhivago</em>, la famosa novela del escritor ruso <a href="https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1958/pasternak-bio.html" target="_blank">Borís Leonídovich Pasternak</a> que –publicada un año después– alcanzaría un éxito mundial.</p><p>Si no hubiera sido por ese viaje secreto por debajo del <strong>telón de acero</strong>, la historia narrada por el poeta ruso nunca hubiera llegado a las manos de la escritora <a href="https://twitter.com/katixagirre?lang=en" target="_blank">Katixa Agirre </a>(Vitoria-Gasteiz, 1981), autora de cuentos, libros infantiles y novelas en euskera. "Lo leí un verano, cuando debía tener unos veintipocos", recuerda Agirre. Y es justamente ese carácter "atemporal" de la novela, que permite disfrutarla tanto a mediados del siglo XX como hoy en día, lo que convierte a <em>Doctor Zhivago</em> en <strong>un verdadero clásico</strong> para la escritora vasca.</p><p>  Este verano, escritores y periodistas <a href="https://www.infolibre.es/tags/secciones/lecturas_infalibles.html" target="_blank">recomiendan un clásico literario</a> a los lectores de infoLibre. Así, la ganadora del Premio 111 Akademia 2015 –que galardona la literatura vasca– ha elegido <em>Doctor Zhivago</em> como la novela ideal para leer estas vacaciones. Para Agirre, la obra de Pasternak tiene "<strong>una historia de amor que es perfecta para el verano</strong>". "Es una novela larga, por lo que debe tenerse tiempo" para leerla, advierte la autora de <em>Atertu arte itxaron </em>(2015), la cual se publicó el año pasado en castellano como <em>Los turistas desganados</em>.</p><p>El romance entre el doctor <strong>Yury Zhivago y Lara</strong> se desenvuelve a través de los largos y peligrosos años que ocuparon <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/03/10/anos_treinta_sender_union_sovietica_62267_1821.html" target="_blank">la primera mitad del siglo pasado en Rusia</a>. Dos guerras mundiales, la <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/revolucion_rusa.html" target="_blank">Revolución de Octubre</a>, y el estalinismo pintan el paisaje que determina el clásico de Pasternak. La historia, por supuesto, no fue del agrado de las autoridades soviéticas. <em>Doctor Zhivago</em> se convirtió entonces en <strong>un arma de la Guerra Fría</strong>. Mientras la URSS prohibía la publicación de la novela, la CIA trabajaba para difundirla dentro del país comunista, tal como revelan <a href="https://www.cia.gov/library/readingroom/collection/doctor-zhivago" target="_blank">documentos oficiales</a> de la agencia estadounidense.  </p><p>Tan solo un año después de la publicación de la novela, Borís Pasternak recibió el <strong>Premio Nobel de Literatura, </strong>aunque las autoridades soviéticas le obligaron a rechazarlo. "Nunca podría escribir algo así. Ves que hay algunas cosas por donde podrías tirar, pero no sería igual", confiesa Agirre.  </p><p>Otro clásico en la lista de la autora de <em>Habitat</em>, pero que todavía no ha visitado, viene también del país ruso: "Me gustaría leer <em><strong>Guerra y paz</strong></em>, de <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/leon_tolstoi.html" target="_blank">León Tolstói</a>", asegura. Hay, además, algunas novelas famosas que no la han atrapado por competo. "Cuando estuve en Cuba quise leer algo de allí para entrar en ambiente, <em><strong>El siglo de las luces</strong></em>, de Alejo Carpentier, pero no pude terminarlo. Era demasiado", relata la autora vasca.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Katixa Agirre vive el amor del doctor Zhivago en los años convulsos de la Unión Soviética]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Rusia,Revolución rusa,Lecturas infalibles]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La mítica revolución que ya no quiere celebrarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/mitica-revolucion-no-quiere-celebrarse_1_1147265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El Octubre Rojo, la Gran Revolución, el 7 de noviembre de nuestro calendario, <strong>ya no se celebra en Rusia</strong>. Hace tiempo que a sus gobernantes, con <strong>Vladimir Putin </strong>a la cabeza, no les interesa ese pasado, antes glorioso, porque no sirve para justificar su presente. Ni siquiera necesitan deformarlo para adaptarlo a sus propios fines. En una conmemoración que divide a Rusia y lo que necesita el pueblo ruso, según Putin, <strong>son fiestas nacionales</strong> que les unan frente a enemigos exteriores. Como la del Día de la Victoria, la gran fiesta nacional actual, que recuerda cada 9 de mayo el final de<strong> la guerra patriótica contra la Alemania nazi</strong>. O la del Día de la Unidad Popular, que ya se celebraba en la Rusia zarista, el 4 de noviembre, memoria recuperada de la liberación de Moscú frente a los invasores polacos en 1616, tan cerca del 7 de noviembre que todavía hay rusos que creen que lo que se conmemora es <strong>la toma del poder por los bolcheviques.</strong></p><p>Pero más allá de las consideraciones sobre los usos públicos de esa conmemoración, lo que ha cambiado en realidad es la<strong> visión actual sobre las revolucione</strong>s. Durante una buena parte del siglo XX, como nos recuerdan Reinhart Koselleck y David Armitage, la secuencia de grandes revoluciones –la norteamericana, francesa, rusa y china– se vio como “<strong>el hilo escarlata</strong>” de la modernidad. Frente a las memorias destructivas de las guerras civiles, las revoluciones eran momentos esenciales en la liberación progresiva de la humanidad, una idea que ya había surgido en el siglo XVIII.</p><p>Desde 1989, sin embargo, con el derrumbe del comunismo, el triunfo del neoliberalismo y la creciente preocupación por los derechos humanos, resulta ya más difícil ver esas revoluciones, y especialmente la bolchevique en Rusia, sin una conciencia de <strong>la espantosa violencia que las acompañó. </strong>Se sigue hablando de revoluciones, pero, en palabras de Arno Mayer,  como “celebración de revoluciones <strong>esencialmente incruentas</strong> por los derechos humanos, la propiedad privada y el capitalismo de mercado”.</p><p>Lo que ocurre ahora con la revolución rusa ya lo anticipó la celebración del bicentenario de la revolución francesa. Los ecos de <em>La Marsellesa</em>, muy fuertes cien años después de la toma de la Bastilla, con la Exposición Universal de París en 1889, que tuvo como símbolo principal <strong>la inauguración de la Torre Eiffel</strong>, sonaron en el bicentenario ya totalmente revisados por el despertar de una historiografía “contrarrevolucionaria”, que modernizaba el antiguo discurso y representaba la revolución –François Furet fue en eso el maestro–como un acontecimiento totalmente negativo para Francia y el mundo. Se trataba del <strong>primer modelo de desviación “totalitaria” de la historia contemporánea</strong>, porque el terror, desde el jacobinismo al bolchevismo, formaba parte de la ideología revolucionaria. Desde esa posición, como desde la de Putin ahora, la conmemoración carece de sentido, porque sin esas revoluciones, la historia de Francia y de Rusia, al transcurrir por un camino “normal”, de “evolución” gradual, <strong>se hubieran evitado millones de víctimas.</strong></p><p>Pero las diferentes visiones morales sobre el comunismo, su utopía, los sueños y pesadillas que generó, resultan poco útiles para explicar cómo y por qué la revolución estalló en Rusia en febrero de 1917, la caída de la autocracia zarista, la conquista del poder por los bolcheviques y los efectos que todos esos acontecimientos tuvieron en<strong> la configuración del mundo del siglo XX</strong>. Por eso, para los historiadores, <strong>es tiempo de hacer balance</strong>, de recordar al público no especializado el caudal de nuevas historias que comenzaron a aparecer tras el desplome de la Unión Soviética en 1991 y la apertura de archivos.</p><p>Esas nuevas historias han permitido investigar e interpretar con una mejor perspectiva la espiral de conflicto, cambios, sueños, decepciones y violencia que se desató en la Primera Guerra Mundial y continuó después durante los años de la revolución y guerras civiles. Para comprender el complejo escenario cultural y social del imperio ruso, un buen número de historiadores han incorporado<strong> nuevas visiones </strong>sobre identidades de clase, género, nacionales, étnicas y religiosas, que se han sumado a la historia política y social de las revoluciones presente ya desde finales de los años sesenta del pasado siglo.</p><p>El balance historiográfico es diverso, privilegiado, a la altura de<strong> los grandes debates sobre la revolución francesa</strong>, impregnado también de usos políticos desde el presente y de diferentes visiones en torno a las conmemoraciones.</p><p>Las visiones históricas están sujetas a revisión y cambios con el tiempo, porque la historia <strong>no es una mera narración de hechos</strong>, vacía de interpretación, sino un análisis del pasado fundamentado en las pruebas disponibles. Aunque el conocimiento del pasado está limitado por las disputas entre historiadores, por los diferentes puntos de vista, por la tensión entre subjetividad y objetividad, lo que debe siempre evitarse es <strong>buscar los hechos más convenientes </strong>para apoyar las ideas favoritas.</p><p>No situar los hechos en su contexto histórico apropiado conduce a perspectivas ahistóricas y a leer el pasado con los ojos del presente. Si las celebraciones oficiales sirven solo para alimentar relatos míticos, simplificados, para consumo popular, a mayor gloria del poder, es mejor que las batallas y polémicas <strong>queden entre historiadores.</strong></p><p>Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas por los medios de comunicación, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles, entendidas en el contexto en que se produjeron. Planteada de esa forma,<strong> la historia rescata tradiciones inventadas </strong>desde el presente y proporciona lecciones morales.</p><p>Por eso la revolución de 1917 en Rusia puede ser para muchos, hoy, cien años después<strong>, un acontecimiento terminado</strong>, muerto. Para los historiadores, sin embargo, es un buen momento para <strong>aumentar nuestro conocimiento</strong> y nuestra capacidad para comprenderlo. Y difundirlo de tal forma que mucha gente lo entienda. _______</p><p><strong>Julián Casanova</strong>, historiador, es autor de 'La venganza de los siervos. Rusia 1917' (Crítica).</p><p>  </p><p><em>   </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Julián Casanova]]></author>
      <media:title><![CDATA[La mítica revolución que ya no quiere celebrarse]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Revolución rusa]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La desconexión, en 'tintaLibre' de octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/desconexion-tintalibre-octubre_1_1145925.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2662ee7f-d330-40e6-b2b3-5d9f2f7a6296_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desconexión, en 'tintaLibre' de octubre"></p><p>Este mes de octubre tintaLibre, la revista mensual en papel de infoLibre, rebasa una cifra redonda. El jueves día 5 sale a la venta el número 51 con una imagen renovada, pero con las mismas premisas con las que arrancaba en marzo de 2013: un periodismo reposado, de calidad, con firmas consolidadas y nuevas ideas y talentos; un espacio en el que se pueda investigar en profundidad a los poderosos y donde leer a algunos de los mejores cronistas latinoamericanos. La desconexión en un sentido amplio –de España, de la vida, del trabajo y de la ciudad- es el tema escogido para comenzar esta segunda etapa en la que Ramón Reboiras asume la dirección. </p><p>El bloque de portada está compuesto por cuatro artículos y un cómic de Miguel Navia. <em>Catalunya 2067</em> es una crónica en clave de política ficción firmada por Juan Soto Ivars. En ella, imagina una República Catalana en la que un movimiento a favor de la reunificación con España clama por un referéndum. Daniel Salgado repasa en <em>La siempre aplazada buena muerte</em> la situación de la eutanasia 20 años después del suicidio asistido de Ramón Sampedro. En <em>Fuera de cobertura</em> José Manuel Ruiz Blas explica las medidas que ya se han tomado en otros países para respetar el llamado derecho a la desconexión. Por último, Carlos Riscos relata en <em>Un Walden castellano</em> su experiencia alejado de la ciudad. Durante una temporada el autor vivió con lo mínimo imprescindible en una caravana aparcada sobre las estribaciones de la Sierra de Gredos. Las ilustraciones de este número han sido elaboradas por María Herreros.</p><p>  </p><p>Cinco historias integran el bloque de apertura. Ramón Reboiras escribe en <em>Otra vez la lluvia </em>acerca de la secuela de <em>Blade Runner</em> que se estrena a principios de octubre. El Retrovisor de este número está dedicado al escritor Philip K. Dick, autor de la novela <em>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?</em>, en la que se inspiró Ridley Scott para su adaptación cinematográfica. Sobre la premiada y celebrada miniserie de HBO <em>Big little lies</em> escribe Nerea Dolara en un artículo titulado <em>Las mentiras de Nicole Kidman</em>. Fernando Bernal firma <em>Yo, la cámara</em>, un tema que ahonda en el legado de uno de los grandes cineastas del siglo XX: Dziga Vertov. Por su parte, Karmentxu Marín entrevista en esta ocasión a la actriz Verónica Echegui, nominada a los Goya en tres ocasiones, que atraviesa una etapa laboral especialmente intensa. En <em>Cuatro décadas de anarquía en el Reino Unido </em>Oriol Rodríguez recuerda el primer y único disco de los Sex Pistols, <em>Never mind the bollocks</em>, uno de los álbumes más influyentes de la historia del rock.</p><p>La crónica latinoamericana de este número de tintaLibre está dedicada a México. Tras 23 años en activo, el movimiento zapatista participa por primera vez en un proceso electoral. María de Jesús Patricio, mujer indígena y curandera, es la candidata del EZLN a la presidencia mexicana en las elecciones que se celebrarán el próximo año. El autor de este tema titulado <em>Una cura para el zapatismo</em> es el periodista Gustavo Mota. Por otro lado, en este número de octubre Ramón Lobo aborda el debate de las fotografías sobre acontecimientos violentos que se publican en prensa. Los atentados en Las Ramblas de Barcelona han vuelto a reavivar la polémica. Reporteros y fotoperiodistas como Mónica G. Prieto, Manu Brabo, Bru Rovira o Ricardo García Vilanova ofrecen su opinión al respecto.</p><p>Las últimas páginas de la revista están dedicadas a la Revolución de Octubre de 1917. Javier Valenzuela firma <em>Rojas</em>, una crónica sobre las mujeres bolcheviques que participaron en este acontecimiento. El feminismo tuvo gran importancia en los primeros años de la Revolución, cuando se aprobaron medidas como la legalización del divorcio, el aborto o la posibilidad de que los hijos llevasen el apellido materno en lugar del paterno. El Portfolio final, titulado <em>Octubre 1917</em>, incluye una serie de fotografías que muestran el fervor y la agitación que se vivieron durante aquellas semanas en las calles de Moscú o San Petersburgo. Por último, la contraportada está dedicada a uno de los grandes agentes provocadores contemporáneos, Slavoj Zizek, un filósofo que ha conseguido tener la misma audiencia que una estrella de rock.</p><p>  </p><p>tintaLibre está a la venta a partir del 5 de octubre en quioscos y librerías de toda España. También está disponible a través de su App para su descarga en teléfonos y tabletas de Apple y Android. Si eres socio de infoLibre, ya puedes leer tintaLibre de octubre y todos los números anteriores haciendo clic <a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a>.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Oct 2017 08:40:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[tintaLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Feminismo,Series televisión,Revolución rusa,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La desconexión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/desconexion_1_1147100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2662ee7f-d330-40e6-b2b3-5d9f2f7a6296_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desconexión"></p><p>  </p><p> <em>Reboiras: Otra vez la lluvia, </em>por Ramón Runner Blade <em>Philip K. Dick: Conciencia alteradaLas mentiras de Nicole Kidman, </em></p><p>por Nerea Dolara</p><p><em>Yo, la cámara, </em>por Fernando Bernal</p><p><em>Verónica Echegui: "Ojalá pudiera culpar al karma",</em> por Karmentxu Marín</p><p><em>Cuatro décadas de anarquía en el Reino Unido, por </em>Oriol Rodríguez</p><p><em>Catalunya 2067, </em>por Juan Soto Ivars</p><p><em>La siempre aplazada buena muerte, </em>por Daniel Salgado</p><p><em>Fuera de cobertura,</em> por José Manuel Ruiz Blas</p><p><em>Un Walden castellano, </em>por Carlos Risco</p><p><em>Cómic, desconexión, </em>por Miguel Navia</p><p><em>Una cura para el zapatismo,</em> por Gustavo Mota</p><p><em>Borra esa foto,</em> por Ramón Lobo</p><p><em>Rojas, las mujeres bolcheviques que hicieron la Revolución de 1917,</em> por Javier Valenzuela</p><p><em>Portfolio: Octubre 1917Agente provocador: Slavoj Zizek</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[tintaLibre]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Julián Casanova: "Los bolcheviques no dieron un golpe de Estado, porque no había Estado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/julian-casanova-bolcheviques-no-dieron-golpe-no-habia_1_1140349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/09d51389-d70e-4e5a-ac42-402d2f6f6430_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Julián Casanova: "Los bolcheviques no dieron un golpe de Estado, porque no había Estado""></p><p>Mariya Spiridónova, reflexiona <strong>Julián Casanova</strong>, encarnó en los últimos años de su vida la deriva de la Revolución rusa, de la que <a href="http://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2017/02/01/el_comunismo_siglo_despues_tintalibre_febrero_60541_1042.html" target="_blank">ahora se cumplen cien años</a>. Partidaria de los socialrevolucionarios de izquierdas, se alió a los bolcheviques en contra de parte de sus compañeros y se acabó enfrentando a él por las requisiciones a los campesinos y el trasvase de poder de los sóviets al partido. Detenida por la Checa en 1918, en el umbral del terror, pasó más de veinte años de prisión en prisión —en el transcurso de los cuales se quedó sorda y enloqueció— y fue ajusticiada en 1941. <strong>"La revolución terminó siendo una pesadilla"</strong>, resume Casanova. No en vano, Spiridónova es uno de los personajes que hilan <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-venganza-de-los-siervos/248078" target="_blank"><em>La venganza de los siervos. Rusia, 1917</em></a>(Crítica), su nuevo libro sobre la revuelta que pedía pan y acabaría transformando el orden europeo. </p><p>El volumen, de 195 páginas, escritura narrativa y lectura sencilla, es "una síntesis de muchas obras interesantes que no se podían leer en español", explica el autor. El viaje intelectual al Este de quien hasta ahora ha centrado su obra en la <a href="http://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/2015/11/03/el_legado_azana_anos_despues_39980_1042.html" target="_blank">II República</a>, <a href="http://www.infolibre.es/multimedia/videos/politica/2014/07/17/julian_casanova_guerra_civil.html" target="_blank">la Guerra Civil española </a>y <a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2017/01/24/el_franquismo_que_resistia_morir_60120_1023.html" target="_blank">el franquismo</a>, se debe en parte a un viaje físico: el que le lleva a pasar seis meses al año como profesor en la Central European University de Budapest. Lo que iba a ser una historia comparada de las revoluciones del entorno soviético se convirtió en una compilación sobre la rusa.</p><p>Pero se trataba también de hacer justicia histórica: "El único [otro trabajo traducido al español] que es una síntesis, y es mucho más difícil de leer, es la de <strong>Richard Pipes</strong>". Su libro está escrito, en cierta medida, en contestación a su <em>La Revolución rusa</em>, publicada en 1990 y traducida al español <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-revolucion-rusa/ES0144261" target="_blank">hace solo unos meses en Debate</a>. Esta obra es clave en la historiografía liberal sobre 1917, "una visión triunfante frente al fracaso del comunismo, que sostiene que de revolución nada, que aquello fue un golpe de Estado dado por el partido bolchevique, y que en el marxismo estaba ya la semilla de la destrucción". Casanova no está de acuerdo: "Los bolcheviques no dieron un golpe de Estado, porque no había Estado. El poder estaba ahí, en los sóviets". Igual que no lo está con la visión oficial de los prosoviéticos, muy en descrédito. El historiador denuncia la "lectura política" de la revolución que la ha utilizado, a veces saltándose los hechos, para justificar una u otra ideología política. "<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/10/libros_sobre_revolucion_rusa_60929_1821.html" target="_blank">Cuando se conmemora un hecho histórico,</a> se celebra el presente, no el pasado", advierte. </p><p>  </p><p>Él se sitúa en una nueva historiografía desarrollada desde los años setenta que pone el foco, no solo en un partido bolchevique "destinado a conquistar el poder" y a la clase obrera en la que se apoyó para ello, sino también en "los campesinos, las mujeres, los soldados, los marines, los distintos nacionalismos...". Un paradigma que no habla de una única Revolución rusa, sino de un "caleidoscopio" de revoluciones que va desde el estallido de la I Guerra Mundial al final de la guerra civil rusa y la instauración de la "dictadura del proletariado". Dentro de ese análisis, Casanova y otros autores no tienen empacho en reconocer que este fue un "momento de extraordinarias <strong>revoluciones sociales profundas</strong>", surgidas de un "<strong>movimiento popular desde abajo</strong>". Igual que no lo tienen en decir que este mismo proceso genera "una brutalización tal de la política y una politización tal de la guerra que lo que termina habiendo no es una revolución sino una<strong> jerarquía establecida a golpe de armas</strong>".</p><p>Entre los elementos que Casanova destaca en el ensayo está la distinción entre las revoluciones de febrero y de octubre. Aunque la segunda ganó más protagonismo, encumbrada por la historiografía oficial y demonizada por la liberal, es a la primera a la que el autor confiere mayor importancia, porque "es <strong>la que realmente sacude las estructuras y la que es verdaderamente popular</strong>". Son las mujeres, reivindica el autor, las que encienden la mecha que terminará con la caída del autoritarismo de los zares. El 23 de febrero, miles de campesinas, estudiantes y obreras marchan en Petrogrado para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Allí, junto a los empleados de la fábrica Putilov —cuyo comité tuvo gran peso en la Revolución—, comienzan a corear "Pan" en protesta contra el desabastecimiento. Las <em>soldatki</em>, mujeres de soldados, constituyeron igualmente un importante grueso de la protesta. Si hubo 15 millones de hombre movilizados, sus esposas y viudas sumaron 14 millones. Un miembro de la policía escribió entonces que "las madres de familia que estaban extenuadas de soportar de pie largas esperas en las colas de las tiendas" eran "<strong>un almacén de material combustible</strong>". "Esa es la que el partido quiere controlar luego", indica Casanova.</p><p>Cuando el 2 de marzo el zar Nicolás II abdica en favor de su hermano, el Gran Duque Miguel, y este no acepta la corona, la mayor parte de los dirigentes izquierdistas estaba en el exilio y sus organizaciones estaban descompuestas. Las figuras de Lenin y Trotsky serán decisivas en la marcha de la revolución, aunque el historiador se resiste a hacer una historia centrada enlos grandes hombres. "Lenin es un <em>outsider </em>que se monta en un tren en marcha", explica. "Las ideas que ya se manejaban es que <strong>son los sóviets quienes deben tener el poder</strong>. Pero él solo tiene en el horizonte el <strong>pan</strong>, la <strong>tierra </strong>y, para que haya esto, el<strong> final de la guerra</strong>. Él es el único que lo ve claro". Se le debe también que "la fuerza de la revolución popular" vaya más allá de la Asamblea constituyente que iba a instaurar la democracia representativa. Y que se viera enemigos no solo en los Blancos, sino en todo aquel revolucionario que <strong>se opusiera al proyecto bolchevique</strong>. "Lenin es un personaje clave en este proceso, para la parte positiva pero también para la negativa, <strong>que la gente solo carga en Stalin</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/09/stalin_tambien_fue_cruel_con_hija_46166_1821.html" target="_blank">en Stalin</a> porque es más cómodo", critica.</p><p>Y por último está la I Guerra Mundial, desencadenante de las protestas y<a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/11/16/el_dia_dia_revolucion_bolchevique_57707_1026.html" target="_blank"> contexto que marcó duramente su desarrollo</a>. Fue la causante de la hambruna y de los millones de muertos que provoca el levantamiento definitivo contra el zar. Pero también fue la que dio armas a la revolución. Entre febrero y octubre de 1917, <strong>un millón de soldados abandona el frente</strong>. Y lo hacen con su armamento, y van ocupando y colectivizando la tierra que encuentran. Los burgueses se disfrazan de obreros y aquellos cuyas manos delatan su ociosidad tratan de que nadie las vea. La subversión del orden no solo es política y social, sino que es militar y por lo tanto violenta. "El Ejército Rojo <strong>no es una armada popular</strong>", protesta el historiador, "como se ha dicho, sino que está formado por muchos de los mejores oficiales que servían al zar". Cuando Aleksandr Kerenski, primer ministro del Gobierno provisional, marcha en busca de soldados que lo defiendan, no encuentra a nadie. La importancia de la Gran Guerra en la Revolución rusa no convenía ni a los soviéticos, que defendían el levantamiento como un mandato del destino, ni a los liberales, que querían ver en Rusia un caso de crueldad excepcional. Ni lo uno ni lo otro, insiste Casanova. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Julián Casanova: "Los bolcheviques no dieron un golpe de Estado, porque no había Estado"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Historia,Libros,Literatura,Cultura,Revolución rusa]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La Rusia revolucionaria de Chaves Nogales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/rusia-revolucionaria-chaves-nogales_1_1137450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f965064e-17f3-4cb2-b945-1bac79097264_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Rusia revolucionaria de Chaves Nogales"></p><p>Una de las fórmulas con las que el periodismo ejerce disimuladamente la ficción es la reinterpretación de la historia, propicia para el oportunismo al extraer lecciones moralizantes del pasado para arrojarlas a la cara de los adversarios actuales. La relectura histórica es un género sesgado a conveniencia de la doctrina editorial del medio y de los prejuicios dominantes entre sus lectores, a los que se ofrecen paralelismos facilones para refuerzo de sus convicciones. Este subgénero encuentra su medio natural <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/10/libros_sobre_revolucion_rusa_60929_1821.html" target="_blank">en las conmemoraciones</a>. Como ahora con la revolución rusa, iniciada en 1917, que cumple cien años. Toca prepararse pues para un aluvión de artículos, en realidad alegatos con fachada divulgativa, salpicados de presuntos descubrimientos, curiosidades sacadas de lecturas en diagonal y entrecomillados de autores en busca de promoción.</p><p>No obstante, hay alternativas para una <em>aproximación periodística a la revolución rusa</em> –sólo el sintagma mueve al pánico–. A saber: ya hubo, antes que nosotros, reporteros que pisaron el terreno. Y lo mejor es que uno de ellos, <strong>Manuel Chaves Nogales</strong> (Sevilla, 1897-Londres, 1944), legó una producción sobre la Rusia bolchevique que es una vacuna contra el maniqueísmo y la moralización que acompañarán a la efeméride.</p><p>"El millón de comunistas es el millón de hombres que hay en Rusia; el resto es ganado", escribe <a href="http://manuelchavesnogales.info/" target="_blank">Chaves</a> en 1929. Lo hace tras<strong> un mes rascando historias, libreta y bolígrafo en mano</strong>, a antiguos campesinos convertidos en autoridad militar, a comerciantes de postín que ahora son parias rencorosos, a clérigos borrachos, a rescoldos de la burguesía consumidos por el miedo. Pero nada en sus reportaje es monocolor: "Los excesos del comunismo, por muy terribles que a la gente burguesa les parezcan, tendrán siempre un fondo civilizador".</p><p>Ése es Chaves Nogales: un periodista "de pata" –en término de Baroja, que lo oponía al "de mesa", mobiliario de redacción–, que se arremanga y se moja, que se contradice y enmienda siendo <strong>fiel únicamente a un criterio fundado en los hechos</strong>. Así nos bosqueja una Rusia donde ya era ingenuo mantener el tópico occidental según el cual la revolución no era más que una idea sobre el papel de cuatro iluminados que jamás tendría plasmación real. Como nos explica el periodista desde Moscú, Smolensk, Bakú o Tiflis en el friso entre décadas, la subversión ha triunfado sin remedio,<a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/11/16/el_dia_dia_revolucion_bolchevique_57707_1026.html" target="_blank"> el comunismo se ve y se toca</a> y hacen bien los burgueses en temerlo, porque no se detiende ni se detendrá en su objetivo de aniquilarlos.<strong> Ésa es la crónica rusa que nos envía Chaves desde 1929</strong>.</p><p>Políticamente incorrecto –diríamos hoy–, algo autoindulgente con sus prejuicios de liberal pequeñoburgués, desprovisto de ínfulas literarias, <strong>fascinado y a la vez aterrorizado por la encarnación terrenal de la utopía comunista</strong>, sentencioso por momentos pero sujeto a la deontología de la imparcialidad, Chaves lanza sobre el país soviético su mirada de republicano español leído y progresista en cuatro libros: dos reportajes, "La vuelta a Europa en avión. Un pequeñoburgués en la Rusia roja" (1929) y "Lo que ha quedado del imperio de los zares" (1931), y sus novelas con poso real, <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/narrativa/162-la-bolchevique-enamorada-y-otros-relatos.html" target="_blank">La bolchevique enamorada</a> (1930) y <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-el-maestro-juan-martinez-que" target="_blank">El maestro Juan Martínez que estaba allí</a>(1934).</p><p>Es improbable que haya habido otro periodista español que se haya dedicado con tanta fecundidad a la Rusia alumbrada por la revolución, sobre la que acaba componiendo <strong>un retrato imperfecto, inevitablemente inconsistente porque la realidad lo es cuando un mundo se viene abajo y nace otro</strong>. Pero a la vez es un retrato pródigo en contrastes elocuentes, testimonios vivos, apuntes callejeros. La entrevista de cinco horas al anarquista Ramón Casanellas, coautor del asesinato de Eduardo Dato en 1921, deja espacio para inflexiones desenfadadas, como un comentario sobre la Kvas, "esta cerveza agria de los rusos que molesta al paladar y no emborracha". Así escribe Chaves.</p><p>"Escribo para el gran público", advierte en <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-la-vuelta-a-europa-en-avion" target="_blank">La vuelta a Europa en avión</a>. Y ante los lectores de <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mayor/965-lo-que-ha-quedado-del-imperio-de-los-zares.html" target="_blank">Lo que ha quedado del imperio de los zares</a> admite: "No he soñado nunca con que mi información sea completa". <strong>Chaves es periodista: ni salvador, ni héroe, ni testigo, mucho menos teórico o historiador</strong>. Más eficaz que sabio, dice de sí mismo. Es un preguntón con lecturas y olfato que se sirve de una prosa antirretórica, con la única textura de aquello sobre lo que escribe. No en vano, firmó una novela sobre un flamenco, Juan Martínez, sin ser el flamenco su espacio natural; y la biografía de Belmonte sin ser taurino. De modo que, ¿por qué no iba a ir este periodista <em>echao p'alante</em> a la URSS si allí estaba la noticia?</p><p><strong>El purgatorio de los perdedores</strong></p><p>Para leer en este centenario sin pasar por el aro de las analogías forzadas, aquí tenemos a un enviado especial. ¿Qué Rusia nos cuenta Chaves? El periodista comprende que se encuentra en el cruel purgatorio de los perdedores, pero también en el<strong> tubo de ensayo de un empeño civilizador</strong>. Describe cómo la revolución recula en su empeño inicial de erradicar la cultura cristiana, pero también cómo mantiene la radicalidad frente a la clase declinante. "La posición del comunista ante el burgués es indeclinable. Que pague, que sufra, que reviente". Da cuenta del logro revolucionario: "El obrero come bien y come barato. En cuanto a la vivienda, la tiene asegurada por un precio irrisorio". Y al mismo tiempo de su inocultable fracaso: los niños abandonados, el periodismo sometido, la represión, el auge de Stalin, al que Chaves llama "dictador".</p><p>"El obrero de la fábrica vive peor en Moscú que en Berlín, Londres o Nueva York", anota. Y más: "En los diez años desde la revolución, no hay mejoramiento del obrero, sino de la producción". Le seduce en cambio el irredentismo de Trotski, del que deja escrita una frase lapidaria, 11 años antes del piolet de Ramón Mercader: <strong>"Trotsky es de esa clase de hombres que sólo pueden inutilizarse con la muerte</strong>". Le sobra sagacidad a Chaves, que en sus viajes por Europa antes y después de Rusia había entrevisto un olvido de la gran guerra en el que germinaba el monstruo de un nuevo conflicto, que él vería empezar pero no terminar.</p><p>De la prensa de partido a la de empresa</p><p>Las anteriores son citas de <em>La vuelta a Europa en avión</em>, que Chaves escribe para su publicación por entregas en <em>El Heraldo de Madrid</em>. Tras adquirir <strong>un renombre precoz como cazador de historias en Sevilla</strong>, había llegado a Madrid en 1922, convencido de que el tránsito de la prensa de partido a la prensa de empresa, que apareja mayores tiradas e influencia, le permitiría desarrollar con suficiente libertad su vocación. Cautivado por el progreso técnico, el avión le revela una oportunidad: el mundo se ha vuelto abarcable para el periodista convencido de ser pasajero de la historia.</p><p>Así lo ve César González Ruano en 1929, cuando coincide con él en <em>El Heraldo</em>: "El redactor jefe era Manuel Chaves Nogales, de los que mejor hicieron un tipo de reportaje europeo, sensacionalista y siempre escrito con un cierto garbo. Era <strong>gitano, gitano rubiasco muy fuerte, violento, alegre y sin ningún sentimiento moral</strong>". Según González Ruano, ni Chaves ni los de su clase "sabían nada de nada, pero lo hacían todo admirablemente bien" fiados a su "genio intuitivo". Ése es el Chaves, visto con la condescendencia de González Ruano, que parte desde Getafe en un avión de la Deutsche Luft-Hansa para terminar, tras pasar por Francia, Suiza y Alemania, en la inmensidad rusa haciendo reporterismo. ¿No dan ganas de leerlo?</p><p>"Prejuicios burgueses"</p><p>Sus textos permiten descubrir, en segunda lectura, tics de esa moral pequeñoburguesa que el propio autor ha confesado. "<strong>Parece imposible que este pueblo, así diseminado, pueda ser gobernado jamás</strong>", escribe, fastidiado por los "vagos profesionales" nacidos al calor de la revolución. "Únicamente en Sevilla", añade, "hay tantos limpiabotas" como en Moscú, donde por doquier se encuentra "un pueblo mal vestido" y propenso a la inmoralidad. Su juicio sobre la mujer es controvertido. Se descubre ante la abolición de los castigos contra el aborto (1929) y ante la igualdad laboral de ambos sexos. Pero le parece inconcebible el sacrificio, por su condición de "prejuicios burgueses", de los roles tradicionales: "Súbitamente, la mujer rusa se encontraba en la calle, abandonada por el hombre y desprovista de sus más seculares atributos".</p><p>Le emociona la "misión civilizadora" del comunismo "en contra de la barbarie feudal", y se solidariza con su combate cultural contra el Islam, cuyo trato a la mujer juzga aberrante. También se escandaliza –sin aspavientos– ante la "promiscuidad sexual infantil, que a título de ninguna moral, por amplia que sea, puede admitirse". En efecto, los hábitos de los jóvenes criados en la revolución conmocionan a Chaves, e inspiran <em>La bolchevique enamorada </em>(1930), una novela corta sobre la <strong>relación enfermiza entre un vigoroso revolucionario y una mujer madura</strong> que, pese a su adhesión al bolchevismo, no ha logrado purgar de su alma una adolescencia romántica. El drástico lema de la obra, "el amor es un prejuicio burgués", vertebra un relato en el que Chaves evidencia su repugnancia moral ante el desprecio que el nativo revolucionario siente por la "piedad" humana.</p><p>Un fresco irónico sobre el exilio ruso en París</p><p>Ésa es la palabra, "piedad", que elige Chaves para resumir el principal déficit bolchevique. Y es la que él mismo dosifica con sus entrevistados en su segunda serie de reportajes, <em>Lo que ha quedado del imperio de los zares</em> (1931), un fresco cargado de ironía sobre el exilio ruso en París. Chaves narra la historia de una diáspora que incluye al Gran Duque Cirilo, a opositores que aún se engañan con la inminente caída de la URSS, a Kerenski, a generales del Ejército imperial que ahora cuidan los jardines de los ricos de París, al supuesto asesino de Rasputín, a <strong>la "corte de hampones" que pululan por París dándose aires de realeza</strong>... "Es raro tropezarse con un ruso emigrado que ni siquiera sea príncipe", escribe con sarcasmo. También localiza a una autoproclamada hija del zar a la que casi nadie cree, pero a la que le dedica sus buenas páginas. Chaves sabía lo que vendía: el gancho de aquella delirante ciudad de rusos, todos de una estirpe nacida para el triunfo pero derrotada por los perdedores de siempre, dentro del París de la<em> belle époque</em>.</p><p>El ciclo ruso se cierra con <em>El maestro Juan Martínez que estaba allí</em>, reportaje novelado sobre<strong> las vicisitudes de un bailarín flamenco y su compañera, Sole, sorprendidos en Francia por la primera guerra mundial </strong>y atrapados en su huida en una Rusia convulsa (1916) que ni entienden ni los entiende, menos aún tras la caída del zar. Publicado en 1934 en la revista Estampa, Juan Martínez nos descubre <strong>un bolchevismo inclemente en búsqueda de la utopía </strong>de una sociedad sin clases. El pobre bailarín, un superviviente pícaro y cargado de miedos y esperanzas, opera como encarnación de una paradoja desalentadora: el hombre sencillo, aprisionado por una ideología que debía liberarlo.</p><p>Rusia, Alemania, España... y el exilio</p><p>Chaves no pudo ver la evolución soviética en su conjunto, pero lo que tuvo tiempo de conocer no lo invitó a un juicio categórico, pese al terror presenciado. "Yo, que no soy comunista, quisiera saber qué ideología hay actualmente en el mundo capaz de provocar un heroísmo semejante", escribe ante una bolchevique exhausta tras diez años de dedicación revolucionaria. Incluso llega a censurar la pretensión de superioridad de Occidente en terrenos como la libertad de prensa y la dignidad del obrero. <strong>"Los comunistas tienen un concepto más humano que nosotros de la salud del trabajador"</strong>, anota el reportero, que concluye: "Me repugna equiparar el gobierno soviético a cualquier gobierno dictatorial de los países burgueses". Por cierto, en ningún momento se presenta Chaves como espejo de virtudes morales. Ni cuando ilumina algún rasgo apreciable de la revolución se arroga el papel de defensor de los harapientos; ni cuando critica a Lenin –y fue un pionero: André Gide escribió <em>Regreso de la URSS </em>en 1936– cae en la tentación de decirles a los lectores que llevan una venda en los ojos.</p><p>  </p><p>A la postre fue España, no Rusia, lo que aniquiló el optimismo de Chaves. En el 33 había estado en Alemania, donde entrevistó a Goebbels y observó de cerca el huevo de la serpiente. Sus reportajes alemanes, publicados en <em>Ahora</em>, estaban cargados de un oscuro halo premonitorio, que se extendía a Europa y España. En su país continuó ejerciendo como periodista hasta que pudo, noviembre del 36, cuando constató que <strong>su función era ya inviable en una España "ahogada en sangre"</strong>. Azañista convencido, antes de irse fue consciente de que, pese a una convicción democrática que hacía imposible la equidistancia, los dos bandos tenían razones para fusilarlo. El precio de ser políticamente gris en una época de blancos y negros.</p><p>Jamás dejó de buscar historias en las que trabajar: ni en el exilio parisino ni, cuando el avance alemán le aconsejó exiliarse por segunda vez, en su etapa postrera en Londres. Allí escribió entre 1936 y 1937 <em>A sangre y fuego</em>, sus descarnados relatos de la Guerra Civil, que han sido junto a la biografía de Belmonte los artífices de su tardía (y relativa) fama como referente del periodismo moderno. <strong>A Londres ya iba herido por la vida</strong>. "Trabajo mucho, como mal, duermo poco y me abandono".</p><p>Murió a los 47, de una mala peritonitis, el periodista sevillano que cubrió la Rusia roja. Sin la complejidad del trabajo historiográfico, sin la perspectiva que da escribir desde la distancia en espacio y tiempo, sin la suficiencia que permite el enfoque ideológico, el reporterismo de Chaves Nogales en la URSS ofrece en cambio la frescura de la que sólo es capaz el periodismo de un hijo de su tiempo convencido de que la verdad, aunque inalcanzable en su plenitud, existe y está para ser contada.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Munárriz]]></author>
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