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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 55]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-55/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 55]]></description>
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      <title><![CDATA[Yo pensé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pense_1_1203088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d06f78bf-c824-4c9f-9449-4d4dfb98bfc9_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Yo pensé"></p><p>  </p><p>   Belén Núñez recita su poema.</p><p>Yo pensé</p><p>que nos habíamos encontrado.</p><p>Que era difusa tu luz pero plena.</p><p>Que no estrangulabas las palabras.</p><p>Que no derrochabas mi corazón.</p><p>Y ahora he visto la semilla que me has dejado,</p><p>los días bajos, sin luminarias en mis ojos…</p><p>Observo tu transparencia…</p><p>tan menos auténtica como la mayoría que quieren el</p><p>declinar de las llaves.</p><p>Utilizándonos a los poetas</p><p>en la hipocresía de tu zona de confort.</p><p>Y yo que iba abriendo puentes,</p><p>estrechando lazos,</p><p>sucumbiendo a una belleza efímera y</p><p>ruidosa de mentira.</p><p>Me encontré contigo, una sombra cualquiera,</p><p>porque siempre,</p><p>dices adiós.</p><p><em>*Belén Núñez es poeta. Su último libro, </em><strong>Belén Núñez </strong>Letras habladas<em> (Fundación Aparejadores, 2010). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Belén Núñez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nacionalidad literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nacionalidad-literaria_1_1137730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08890f6e-4ac2-458a-9506-1fb7524f4c30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nacionalidad literaria"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>Cada mes, el Instituto Cervantes de Mánchester organiza una sesión del club de lectura. Autores como <strong>Borges </strong>o <strong>Gabriel García Márquez</strong>, cuando en el club hemos puesto voz a sus escritos, han vuelto a emocionar al público asistente.</p><p>Este año, visitaremos a <strong>Samantha Scwheblin</strong> (<em>La respiración cavernaria</em>), en marzo; nos reencontraremos con<strong> </strong>Gabriel García Márquez (<em>Sólo vine a hablar por teléfono</em>) y <strong>Claudia Piñeiro</strong> (<em>Con las manos atadas</em>), en abril; viajaremos al universo Borges, en junio y julio (<em>El jardín de senderos que se bifurcan</em>, <em>La casa de Asterión, Los dos reyes y los dos laberintos</em> y <em>El hilo de la fábula)</em>; y, para finalizar, antes de la llegada de las vacaciones de verano, tendremos ocasión de releer a <strong>Patricio Pron</strong><strong> </strong>(El cerco<em>) </em>y, de nuevo, al gran <em>Gabo</em>, Gabriel García Márquez <em>(La luz es como el agua</em><em>). </em></p><p>En estas sesiones, se comparten ideas y opiniones acerca de estos libros españoles y latinoamericanos. Libros elegidos por su capacidad de hacernos reflexionar, de inducirnos a pensar sobre el sentido de las palabras y, en muchas ocasiones, de la vida misma. ¿Qué esperamos de un libro cuando empezamos a adentrarnos en sus textos? ¿Qué esperamos del autor? ¿Quizás una solución a nuestros miedos? ¿Una respuesta a nuestras dudas? ¿Acaso recibir una caricia reconfortante? En cada caso, la lectura nos guía y nos da la respuesta.</p><p>Importante: en estas sesiones la diferencia cultural no importa. Es indiferente que seas del Reino Unido, de Polonia o de Tailandia. La nacionalidad es la literatura y la ciudadanía la otorga el simple hecho de amar los libros y de ser seres humanos.</p><p>Para ver fechas y precios se puede acceder a nuestra página del centro en <a href="http://manchester.cervantes.es/es/cultura_espanol/cultura_espanol.htm" target="_blank">la sección de cultura</a>. Ahí podrás encontrar la información que necesitas y, si aun así te quedas con  dudas, siempre puedes enviar un email a <strong>cenman@cervantes.es</strong>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene Lezertua (Instituto Cervantes de Mánchester)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nacionalidad literaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Educación en la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/educacion-memoria_1_1137725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/53acbb46-a823-49c2-82b5-4deeb8a7144f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educación en la memoria"></p><p><strong>Isabel Simón</strong> y <strong>Pilar Pérez</strong>, dos de las responsables de la librería La Libre de Barrio, de Leganés (Madrid), recomiendan algunos de los títulos favoritos de su fondo.</p><p>______________________________</p><p>  <strong>No encuentro mi cara en el espejoFulgencio ArgüellesAcantiladoBarcelona2014</strong><em>No encuentro mi cara en el espejo</em></p><p>  </p><p>María Casta y su hijo adolescente Edipio se defienden del azote de una tormenta inclemente que se produce el mismo día en que muere el anciano cura Lubencio. Varios acontecimientos, como la llegada del nuevo cura, la aparición del primer armario con luna o el anuncio del comienzo de la Guerra Civil, determinan la vida del pequeño pueblo minero de Peñafonte, aislado del mundo y ahogado por la humedad de una lluvia incesante. Una extraordinaria novela en la que se entreveran la amistad, la desesperanza, el tedio, las preguntas que nos inquietan y los espejos que nos mienten.</p><p>  <strong>Nosotras que perdimos la pazLlum QuiñoneroFocaBarcelona2005</strong><em>Nosotras que perdimos la paz</em></p><p>  </p><p>Se nos cuenta la historia, con sus propias voces, de cuatro mujeres que vivieron los momentos más terribles de la Guerra Civil y la posguerra del lado de los que la perdieron. Historias de cárcel y exilio, de combate, de arrojo, de amores perdidos y encontrados, de dolor y lucha, de madres en medio de una guerra cuyas tragedias y miserias han sido ensordecidas por décadas de franquismo y exilio interior. El libro se acompaña de un DVD con el reportaje de<strong> Llum Quiñonero</strong><em> Mujeres del 36</em>, de La Noche Temática de La2, que rescata la historia de estas y otras mujeres que quedaron del lado de los que perdieron la paz.</p><p>  <strong>La rosa azul acabadaPablo GuerreroMara EdicionesMadrid2015</strong><em>La rosa azul acabada</em></p><p>  </p><p><strong>Pablo Guerrero</strong> ha escrito un libro humano donde sentirse acogido, un libro semejante a un pacto de hospitalidad. Un refugio en la montaña contra la tormenta implacable. Un territorio natural para el que quiera hacerlo propio. Cantautor, poeta, su obra se presenta como un latido que acompasa el ritmo de lo que vive. El poema como el tejido donde todos somos necesarios, como el espejo donde se mira, rosa acabada, el futuro que es ahora.</p><p>  <strong>Dejadnos aprender. Reflexiones sobre la pedagogía libertariaManuel Rodríguez, TxeluEdiciones VolapükGuadalajara2015</strong><em>Dejadnos aprender. Reflexiones sobre la pedagogía libertaria</em></p><p><em>Txelu</em></p><p>  </p><p>Este libro nos ofrece un análisis actual y pragmático sobre el papel que tiene y puede tener la escuela, estatal o privada, el profesorado, los proyectos educativos antiautoritarios… Desgrana los problemas que afectan al sistema educativo, que no son pocos, procurando soluciones bajo una óptica libertaria. Recoge las inquietudes del autor, que se dedica a la enseñanza, y otras formuladas en colectivo por su implicación en grupos y asambleas por una enseñanza antiautoritaria, en torno a la sutil formación del individuo pretendido por el Sistema, amoldado por los valores imperantes del consumismo, el individualismo, la competencia, la sumisión…</p><p><em>*Puedes encontrar La Libre de Barrio en la calle de Villaverde, 4, en Leganés (Madrid), o en su página web. </em><strong>La Libre de Barrio</strong><a href="http://lalibredebarrio.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Isabel Simón / Pilar Pérez (La Libre de Barrio)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Educación en la memoria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil española,Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Literatura española,Documentales,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Canal': El ruido del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/canal-ruido-mundo_1_1137723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/970f7349-092e-4b79-b9c1-6b2933b67697_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Canal': El ruido del mundo"></p><p><strong>CanalJavier FernándezHiperiónMadrid2016</strong><em>Canal</em></p><p>  </p><p>“La primera vez que escribí sobre Miguel fue veinte años después de su muerte.” Así empieza el poema-fragmento 56 del libro <em>Canal</em>. Su autor <strong>Javier Fernández</strong>, que cuando murió su hermano tenía tres años, creció y vivió en esa memoria, y luego estuvo reescribiendo el libro otros veinte años. Reescribiéndolo y corrigiéndolo, hasta ganar <a href="http://www.eldiadecordoba.es/ocio/Fernandez-Premio-Poesia-Ricardo-Molina_0_977602550.html" target="_blank">el premio de poesía Ciudad de Córdoba Ricardo Molina</a> y ser publicado por Hiperión en 2016.</p><p>No es un libro de poesía al uso. Es una especie de narración segmentada, por piezas o indicios, que van completando el hecho, los hechos. Un puzle del que, una vez terminado de leer, se llega a comprender su alcance. Un hecho escueto, la muerte de un niño de casi seis años ahogado en un canal, suceso que trastoca la familia, que afecta a las relaciones de pareja, a las relaciones madre-hija-hijo y padre-hija-hijo. <em>Canal</em> retrata la repercusión cercana y media que el hecho trae consigo y radiografía a un grupo social cordobés de los años setenta  en sus convicciones, vicios, reacciones, dependencias… Radiografía también psicológica y onírica, pues los sueños acompañan e iluminan lo narrado.</p><p>El libro atrapa desde el comienzo, porque dosifica los datos de la historia, contada no solo por la voz del autor, sino transcrita según la visión y el recuerdo de una serie de voces –familiares y externas— que van aportando datos, complementarios y hasta contrapuestos, al modo de los círculos concéntricos formados en el agua al arrojar una piedra. A lo largo de sus 60 poemas-fragmentos y en la coda final de 6 páginas se alternan diferentes tiempos verbales que hacen oscilar la narración del presente real al pasado, mientras que el pasado se narra también a veces llevándolo hasta el presente.</p><p>El ritmo no es el que tradicionalmente se aplica a la poesía, aquí el texto vehicula su propio ritmo, pero sobre todo importan otros parámetros, como son la concisión, el distanciamiento personal y temporal, la renuncia a lo sentimental y el uso de un lenguaje depurado, no sólo en sus elementos aislados, sino sobre todo en las relaciones –nuevas –que establecen las palabras para crear otros modos de significación.</p><p>"Cuando murió, yo tenía tres años./ Me volví callado e introvertido. A/ veces, me ocultaba en las sombras,/ me hacía invisible. Escuchaba el/ ruido del mundo. Deseaba siempre/ que viniese alguien y se sentara a/ mi lado" (pág. 15). Como afirma <strong>Pablo García Baena</strong> en la contraportada, la obra posee “una gran carga dramática que emociona desde la desnudez”. El apunte psicológico, junto a los sueños de cada miembro de la familia, ensanchan y trascienden los límites de la realidad, sueños cuya temática-objeto apuntan, desde lo material, a otras significaciones: como en “Coda”, la casa de la infancia y sus transformaciones puede simbolizar la familia.</p><p>Es una poesía, quizá, que se acerca o recrea el lenguaje cinematográfico, entre documental y película, porque ofrece diferentes visiones, encuadres y aportaciones al lector para que este, esta, completen o compongan su propia historia. Puede a veces resultar difícil para el <em>mundillo</em> poético enfrentarse a posiciones y estéticas que vienen a contradecir sus presupuestos, como en este caso. Para <em>entrar</em> en una nueva estética hay que renunciar a la propia, leer el libro en actitud acogedora y aceptar cada propuesta en lo que tiene de renovación. Es esta una obra, un libro que viene a renovar la tradición y a enriquecer el canon; en suma, a hacer historia. Felicitémonos, pues.</p><p><em>*Juana Castro es poeta. Su último libro, una nueva edición de </em><strong>Juana Castro</strong><a href="http://www.torremozas.com/epages/ea0701.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/ea0701/Products/CT0106" target="_blank">No temerás</a><em> (Torremozas, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juana Castro]]></author>
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      <title><![CDATA['Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ejercito-nuevo-modelo-democratico_1_1137721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16313a48-7596-4e7f-a26c-0ecbd0649122_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático"></p><p><strong>Ejército Nuevo ModeloAdam RobertsGigameshBarcelona2016</strong><em>Ejército Nuevo Modelo</em></p><p>  </p><p>En alguna ocasión, la escritora británica <strong>Doris Lessing</strong> dejó dicho que las categorías literarias que escindían las obras en géneros y sub-géneros, y los aislaban, eran artificiales e impedían muchas veces su difusión o apreciación artística, además de su aceptación académica o intelectual. Se refería en particular al dominio de la ciencia ficción, en la que había encontrado un terreno de especulación filosófica mucho más rico y variado, en ocasiones, que el de la propias obras así llamadas filosóficas o de tesis, dadas las premisas metafísicas de su elaboración y la libertad imaginativa de su ejecución (se recordará en este contexto aquel dictado borgiano que estimaba toda metafísica como una rama de la literatura fantástica). Doris Lessing se mostró siempre suspicaz para con toda clasificación de la creatividad en diferentes –ismos. Ella misma había sido clasificada, muy pronto, en la categoría de literatura feminista, hecho que la incomodaba. Para probar la artificialidad de dichas categorías y zafarse de la etiqueta feminista, escribió ella misma cinco novelas de lo que podría llamarse ciencia ficción, lo que confundió a sus seguidores y alarmó a los críticos, muchos de los cuales no pudieron seguirle en dicha fase de su creación.</p><p>La novela que nos ocupa, del escritor también británico <strong>Adam Roberts</strong>, hace buenos estos gestos de desclasificación al incursionar en la literatura de carácter distópico y en la ciencia ficción para ofrecernos una reflexión intensa sobre la democracia llevada a sus últimas consecuencias, el nacionalismo, la guerra y las propiedades emergentes de la tecnología. La novela está escrita como si fuera un reporte que un soldado escribe a un coronel del ejército norteamericano tras su captura, algo de lo que nos vamos enterando en el transcurso de la narración. El soldado pertenece a un nuevo tipo de ejército, llamado Ejército Nuevo Modelo, una referencia irónica al tipo de ejército que el parlamento británico decidió formar en 1645 para mejor enfrentarse a las tropas del rey, en el cual la procedencia no importaba, solo la capacidad del combatiente, por lo que un carnicero podía ser oficial si su habilidad lo sostenía para ello, el tipo de ejército que le dio la victoria a <strong>Cromwell</strong>. En la era tecnológica que describe la novela, el Ejército Nuevo Modelo combina características de este tipo de ejército con el de la guerra de guerrillas, al menos cierto tipo de guerrillas, que se diluyen en la población cuando no se requiere de acciones armadas. Todos los soldados tienen el mismo rango, a diferencia de los ejércitos feudales, como les llama Adam Roberts, que están sujetos a jerarquías que, a la larga, los vuelven inoperantes.</p><p>En los Ejércitos Nuevo Modelo todos tienen derecho a opinar sobre cada acción y derecho a voto, el cual se hace viable por estar todos interconectados a través de sus wikis, terminales que permiten analizar las situaciones de combate y comunicarlas de inmediato, convocar combatientes al instante y votar cuando las circunstancias lo requieren sobre las acciones a tomar. Dada su flexibilidad, estas unidades de combate pueden congregarse al toque de un botón y dispersarse entre la población en cuanto no se necesitan. No están guiadas por fervor patriótico alguno, sin embargo, pues son más bien mercenarias, al servicio de quien les paga mejor. La misma flexibilidad les confiere ventaja sobre los ejércitos feudales, a los que derrotan siempre, con el objetivo de llevarlos a la negociación.</p><p>El protagonista de la novela, de apellido Block, ha formado parte antes del ejército regular, pero lo ha dejado en razón de su estructura jerárquica. Los combatientes de los Ejércitos Nuevo Modelo (hay varios operando en distintos escenarios de guerra y conflictos políticos) han escogido dicha organización por la democracia que las rige, en la cual todos tienen voz y voto directo y porque no quieren vivir como esclavos. Block forma parte de un ejército que lucha del lado de Escocia, quien les contrata, pues ha declarado su independencia, la cual el gobierno central de Gran Bretaña, como era de esperarse, no acepta y está dispuesto a reprimir con violencia. Pero los eventos no le resultan como esperaban a los británicos y sufren derrota tras derrota enfrentando al ejército nuevo, quien con mucho menos personal les avergüenza una y otra vez. Roberts demuestra habilidad narrativa en la descripción de las batallas, y hasta profundidad poética al insertar las reflexiones del protagonista en la narración. Hay elementos de belleza alucinatoria, como un niño al que una bomba ha ocasionado que una llave se inserte en su cráneo y que el narrador vuelve a ver en varias ocasiones cerca suyo, como un espíritu que le acompaña en la batalla y que siente que quiere decirle algo secreto con relación a la guerra misma. Los seres humanos, comprende, gozan de la guerra, se divierten con ella, y por ello la continúan practicando, más allá de lo que la razón pueda dictarles. Muchas escenas de batalla son de una crudeza realista que no dejará de afectar al lector.</p><p>Block, además, es homosexual y se enamora, sin mayores esperanzas, de su compañero de combate, Simic, quien es heterosexual. Durante una de las acciones de guerra les descubre un avión del ejército feudal y lanza una bomba, que mata a Simic. Algunos de los pasajes más conmovedores de la novela son justamente los que se refieren a la manera en que Block vive esta experiencia y cómo la supera, si es que esto es posible después de ver el cuerpo de la persona amada desmembrado por una bomba e incinerado parcialmente, mientras que uno sobrevive por pura suerte. En cierto momento, Block debe dispersarse y ocultarse hasta que se le requiera para una nueva acción y decide hacerlo en la casa de un antiguo novio, quien ya vive con una nueva pareja. El gobierno, por supuesto, considera estos ejércitos de nuevo cuño como grupos terroristas sin soporte moral. A la expareja de Block algo ha de haberle afectado esta descripción desfavorable, porque le aterra la presencia del mismo en su casa, e incluso inicia una felación gratuita hacia Block con el supuesto móvil de calmar sus posibles instintos violentos, lo cual hace que Block deje la casa y se oculte en otra parte.</p><p>En una de las batallas Block es alcanzado por lo que parece ser una bomba –no es claro, pues ha perdido la memoria de los últimos acontecimientos de su vida— y es capturado por los americanos. Estados Unidos se ha involucrado en la guerra de secesión no por solidaridad internacionalista, sino porque en su propio territorio ha surgido uno de estos ejércitos nuevos, demandando independencia para uno de sus Estados, lo que les hace comprender que la derrota de estos ejércitos democráticos y flexibles es una prioridad. Por ello Block es llevado al coronel que es el destinatario del reporte que constituye la novela. El coronel pretende convertirlo en agente de su propio ejército, infiltrándolo en el ejército nuevo que está derrotando al ejército británico, provisto de medios digitales que infectarían el sistema de comunicación de los rebeldes. Pero el genio informático que está encargado de insertar un programa en su cerebro tiene otros planes, o sus planes se le escapan de las manos, lo que deriva en algo más terrorífico e inesperado. Lo que resulta es una especie de Leviatán informático que adquiere conciencia y voluntad propia, las cuales ocupan las páginas finales de la novela, una vez finalizado el reporte. El Ejército Nuevo Modelo adquiere entidad vital emergente de la suma de sus componentes individuales y enrumba en direcciones que el lector debe imaginar.</p><p>El ritmo de la novela es ágil y lleno de acciones bélicas que sorprenderán a quien haya leído otras novelas de guerra por su originalidad. No está exenta, sin embargo, de pasajes meditativos e incluso líricos que desvelan la conciencia del protagonista y conforman una reflexión sobre el sentido de la existencia, el amor, la democracia y la naturaleza de las organizaciones humanas cuando se exploran sus límites y sus posibilidades. A título personal, algunos pasajes me hicieron recordar la difícil tarea que tuvo el ejército peruano cuando se enfrentó a Sendero Luminoso en los años ochenta, una guerrilla que podía desaparecer entre la población en cuanto quisiera, dada su flexibilidad y organización descentralizada. Una película que recomiendo hace esto evidente, <em>La boca del lobo</em>, del director peruano <strong>Lombardi</strong>, en la que un grupo de soldados más bien citadinos se enfrentan a la amenaza de un combatiente invisible, que aparece y desaparece sin dejar rastros, como no fueran muertos y pintadas en las paredes. Adam Roberts, claro está, es más ambicioso en su análisis de la guerra y la sociedad, y postula la posibilidad de propiedades epifenomenales que acaben sobreponiéndose a las voluntades individuales que la constituyen. Un Leviatán que absorba nuestras vidas, interconectado por medios digitales y con propiedades proteicas. En pocas palabras, un ejército invencible que no sabe adónde se dirige pero que sabe cómo ganar, si fuera necesario. Como en su última novela, <em>The thing itself</em>, inspirada en el concepto kantiano del noúmeno, Adam Roberts, en la vena de Doris Lessing, sabe hacer de una narración de ciencia ficción una meditación sobre la condición humana y la naturaleza de las sociedades modernas que estamos construyendo, a menudo sin saber por qué ni hacia dónde, sometidas a una violencia invisible contra la cual podemos poco, como no fuera consentir o crearnos más ilusiones que nos sostengan. Solo por ello, merece ser leída.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. </em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Y portuguesa el alma': Aspirar a ser buenos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/portuguesa-alma-aspirar-buenos_1_1137719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e91931ce-0bc3-4c0f-8953-ecb829d7bc14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Y portuguesa el alma': Aspirar a ser buenos"></p><p><strong>Y portuguesa el almaManuel SalinasEntorno Gráfico EdicionesGranada2016</strong><em>Y portuguesa el alma</em></p><p>  </p><p>Con la cita “Tengo los ojos niños y portuguesa el alma”, de <strong>Lope de Vega</strong>, comienza este libro, cuya parte final,  da título a este poemario: <em>Y portuguesa el alma</em>. Es la última entrega de <strong>Manuel Salinas</strong>, poeta y catedrático de Lengua y Literaturas españolas, nacido en Granada. Ha publicado <em>Edelvira </em>(1975), <em>Los espejos fingidos</em> (1985), <em>Esplendor de la tristeza</em> (1984), <em>Zulo de noviembre</em> (1988), <em>El mar en los hangares</em> (2004) y <em>Viviré del aire</em> (2013). <em>Música hilada</em> recoge lo esencial de los libros enumerados, tras un largo proceso de reflexiva depuración. La revista <em>Abril</em> de Luxemburgo recogió parte de su libro <em>Viviré del aire</em>, que fue publicado posteriormente en Estados Unidos íntegramente (2013), donde fue galardonado como mejor libro en lengua no inglesa. Ha sido colaborador de Radio Nacional de España, director de la colección de poesía Solarium (Papeles de poesía) y de la revista <em>Tanit</em> (Materiales para la Cultura). Actualmente dirige la colección de poesía Puerta del Mar, de la Diputación de Málaga, ciudad donde reside desde 1978.</p><p>Este volumen está dispuesto en cuatro partes, una introducción, magistal y rigurosa, que está  perfectamente integrada en el contenido del libro, escrita por <strong>Sara Pujol Russel</strong>. Y tres más donde se incluyen los poemas. La introducción se titula: "Diálogo con la mirada de Manuel Salinas, poeta de la luz". Es una conversación extensa e intensa, una carta que ella dirige al poeta, centrándose en su poesía. Son reflexiones, sensaciones donde comenta minuciosamente los poemas, así dice la profesora <strong>Pujol</strong>: "No pretendo en este diálogo una investigación erudita (…), ni erigirme en guía. Sólo pretendo ofrecerte algunas impresiones". Y esto es lo que hace, transmitirnos su conocimiento y estudio de esta obra. Imprescindible prólogo ya que es parte esencial del libro.</p><p>Los siguientes apartados, con la poesía en sí, comienza con seis poemas bajo el título de "Y portuguesa el alma", que se abre con el poema "Abril es una herida". Este nos revela “Tienen nombre todas las hojas./ Piadosa la verde hierba/ que acoge el deseo de vivir/ en tierra, para mirar el cielo”, y  ya nos da cuenta de la unidad, del tiempo, del ritmo, de la música, y nos recuerda a lo que aspira la palabra en sus versos, “en cada poema la lengua aspira a ser más que a decir”. El otro apartado, denominado "Jardines", contiene tres poemas dedicados a tres amigas pintoras: <strong>Rosaura Álvarez, Marite Martín-Vivaldi</strong> y <strong>Carmen Tischler</strong>. En estos, la pintura, junto con la naturaleza, producen cromatismos aliados con las mejores palabras. Y la última, "Canciones", son veinte poemas donde entrelaza la existencia y la poesía con toda su tradición. Destacan los poemas "La mudanza" y "Nubes de Cyrene". El libro se abre y cierra con dos poemas en prosa, el primero a modo de recordatorio y aviso, con un título significativo, "Del lado de la vida", y el último, "Envío", como una conclusión, finaliza: “Esa luz: aspirar a ser buenos, y no más”.</p><p>Su poesía sugestiva y luminosa tiene un eje identitario, el goce de la vida, el amor, la amistad, con el <em>carpe diem</em> de fondo y  de forma. Reviste su escritura de una novedad que, pese a la herida, a la muerte, a momentos bajos, a instantes tristes, él sabe darle un tono vitalista que matiza la sombra. También es una poesía militante y moral. Nos dice: "Nunca he sido descreído con nada”. Por esto cree en la vida, en lo humano, y envuelve con su palabra todo lo lo cercano, meciendo la ética con la estética, hilvanando, mediante su mano y su alma, con los mejores hilos para que el otro esté a gusto, no cree en lo individual. Traduce en imágenes un lenguaje depurado y hondo, repleto de porvenir, consiguiendo con su verso libre, la función del clásico. Así, tiene versos que parecen terapeúticos donde lo que se hace con amor, bondad e inteligencia, ayuda, se acerca al  aforismo: “Sólo el amor es libre, sólo el amor/ es sabio”, “Sólo el amor hiere, sólo el amor cura”, “La sabiduría es ser bueno”,  entre otros. Así, su poesía destila vida, que elogia con su palabra fresca la de la verdad.</p><p>Su humanismo nos recuerda a lemas tan emblemáticos como “Gracias a la vida”, de <strong>Violeta Parra</strong>, o a “Ganarás la luz”, de <strong>León Felipe</strong>. Manuel Salinas ha sabido con la sabiduría que dan los años sintetizar la vida. Es su poesía una canción donde las pequeñas cosas se convierten en odas elementales, en salutación del optimista, en canto de vida y esperanza, en donde todo pasa y todo queda, porque todos los fuegos son el fuego, así su recorrido vital y literario queda plasmado en esta poética que es su libro, en donde susurran los cánticos de <strong>San Juan de la Cruz </strong>y de <strong>Jorge Guillén</strong>, al igual que pasean <strong>Antonio Machado</strong>, <strong>Rubén Darío</strong>, <strong>Julio Cortázar </strong>y <strong>Pablo Neruda</strong>, entre otros, habitan por la historia de estos poemas que fluyen por aguas transparentes que él entona con su melodía.</p><p>Una cubierta preciosa, ilustración de María Teresa Martín-Vivaldi, al igual que la edición de Entorno Gráfico de Granada.</p><p>Manuel Salinas, en vez de un folio en blanco ha escogido la vida, y en ella se ha puesto a escribir con palabras de luz, acentos de alegría, a ritmo de amistad que une con un canto a la existencia, donde solo cabe el amor al otro. Música, color y naturaleza armonizan. Todo bien medido. Parece un sujeto renacentista de hoy, que busca el verbo acertado con los mejores complementos: la claridad en el día y los sueños de la noche.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y crítica literaria. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos</a><em> (Valparaíso Ediciones, 2016),</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Y portuguesa el alma': Aspirar a ser buenos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['La uruguaya': Crisis de los 40]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/uruguaya-crisis-40_1_1137718.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4bfc189d-2eb4-4f24-aa24-fe6bb4ea4f87_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La uruguaya': Crisis de los 40"></p><p><strong>La uruguayaPedro MairalLibros del AsteroideBarcelona2017</strong><em>La uruguaya</em></p><p>  </p><p><strong>Pedro Mairal</strong>, escritor argentino que nos impactó con su novela <a href="http://elpais.com/diario/2010/10/16/babelia/1287187960_850215.html" target="_blank">Salvatierra</a>, una obra poderosa y poética en la que describía con minuciosidad la vida de una familia marcada por el drama y el arte, vuelve con <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-la-uruguaya" target="_blank">La uruguaya </a>a escribir una novela corta que nos adentra en la vida de un escritor, Lucas Pereyra, de 44 años en plena crisis existencial que escribe una larga carta de amor a su mujer, explicándole, como una confesión descarnada, lo que nunca le había contado, sus sentimientos, su verdad desnuda. Solo al final entenderemos sus motivos, puesto que el protagonista inicia su relato en primera persona contándonos cómo prepara un viaje a Montevideo para recoger un dinero que le adeudan por su trabajo como escritor y no tener que tributar en Buenos Aires. Allí tiene previsto encontrarse con su amante, Guerra, menor que él, con la que todavía no ha logrado consumar su deseo, y lo que se presenta como un apacible viaje para poder al fin, encontrarse con su amada a la que había conocido en otro viaje y cobrar un dinero pendiente, se convertirá en una jornada llena de sorpresas e inconvenientes que le harán reflexionar profundamente respecto a su periplo vital. Mairal nos atrapa desde las primeras líneas,  con su narrativa en apariencia sencilla pero pulida hasta el límite, vibrante e intensa, en una historia intimista de amor y secretos que se lee de un tirón.</p><p><em>La uruguaya</em> refleja una crisis generacional, la que se suele sufrir en torno a los 40 años cuando se han tenido hijos y la relación de pareja se tambalea, por los silencios y sospechas, por las imposturas familiares, por los sueños en común que se separan, por los lugares que uno anhelaba conquistar y se perdieron en el camino. Porque Mairal escribe también sobre la quiebra del paradigma de un tipo de familia clásica y los problemas de la clase media acomodada que va deteriorando sus condiciones, siempre con humor e ironía como en este párrafo en el que describe la fragilidad de ser padre, las renuncias que conlleva y lo que supone:</p><p>  </p><p>El protagonista vive la familia egoístamente en cierta medida como un drama que coarta su libertad,  frustrado, analizando y proponiendo finalmente otros modelos posibles de familia por su propia experiencia. Además la infidelidad, muy reflexionada a través de varios meses preparándola, es un escape a su propia opresión personal, una proyección de placer en medio de la rutina y las obligaciones, y aquí también reflexiona sobre el trabajo precario y las condiciones laborales que llevan a la corrosión del carácter. Mairal mezcla la acción y la intriga con ternura y humor recorriendo sus páginas hasta el imprevisto giro final, dónde las dudas, el temor, los celos o la culpa se apoderan de Pereyra para contarnos en unas últimas páginas memorables el aprendizaje de la derrota y de los peajes de los caprichos, todo narrado en 24 horas. Una novela urbana, redonda y generacional en la que muchos lectores podrán analizarse y sacar conclusiones con una media sonrisa en los labios.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta (</em><strong>Pablo Bonet</strong>Imaginemas<em>, Editorial Adeshoras) y librero de guardia en la Librería Muga. </em><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">Librería Muga</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La uruguaya': Crisis de los 40]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Decisión contra debate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/decision-debate_1_1137706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df599dcf-eabb-48de-a6c8-94fbdedaf69e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Decisión contra debate"></p><p>Sobre un fondo de silencio, desconcierto y olvido, pasada la barbarie más terrible de la historia, <strong>Christian Graf von Krockow</strong> compuso <a href="http://www.tecnos.es/ficha.php?id=3080680" target="_blank">La decisión</a> (Tecnos), una obra ya clásica, como una investigación de doctorado para la universidad de Gotinga. Tres años más tarde, en 1958, la publicó en la misma ciudad.</p><p>Centra su atención en tres autores: <strong>Ernst Jünger</strong>, <strong>Carl Schmitt</strong> y <strong>Martin Heidegger</strong>. Su análisis encuentra un hilo conductor entre los autores en su relación, ciertamente ambigua, con el régimen nacionalsocialista y en el vacío de legitimidad que se produjo antes de la barbarie. Ese hilo no se refiere tanto a la acción cuanto al llamado del momento de la decisión (<em>die Entscheidung)</em>, que da título al libro. Un llamado de intensidad excesiva, que en Jünger aparece como “lucha” (<em>Kampf)</em>, en Schmitt propiamente como “decisión” (<em>Entscheidung)</em> y en Heidegger como “resolución” (<em>Entschlossenheit)</em>.</p><p>Dando por descontada la vigencia académica de Heidegger, Krockow, en el prólogo de la edición alemana de 1990, llama la atención sobre el interés continuado que han suscitado las obras de Jünger y de Schmitt desde los años veinte, tal vez –nos dice— como consecuencia del fracaso de los intelectuales marxistas para analizar la crisis de la modernidad tras la caída del muro. La ausencia de análisis y la urgencia por “hacer algo” ante el devenir de un futuro incierto, han traído  a un primer plano el carácter resolutivo de estos autores y, sobre todo, el decisionismo político de <strong>Carl Schmitt</strong>.</p><p>Las consecuencias de este posicionamiento aún dejan ver la fuerza de la ideología individualista y la fragilidad política de las democracias europeas. Su revitalización ofrece, más que elementos críticos para la razón política, un peligroso aliciente irracional para el abandono del a veces infructuoso debate parlamentario y un incentivo para conductas autoritarias, que buscan “acción decidida” allí donde la praxis se obstruye por un <em>impasse</em> o la complejidad de la deliberación política la ralentiza. Conductas que, según Krockow, alimentan tanto la derecha política como, desde finales del siglo XX, la nueva izquierda fascinada por las propuestas de Schmitt.</p><p>Las raíces del decisionismo son antiguas. Pero a Krockow le interesa analizar las condiciones que lo hicieron posible en el contexto del ascenso del nazismo. La crisis del Estado positivo, la pérdida de legitimidad del Estado de derecho, la idealización y la preeminencia de la subjetividad frente a la crisis política e institucional crearon las condiciones para la acogida entusiasmada de las ideas de Carl Schmitt. Su fórmula del decisionismo la toma de una afirmación de <strong>Thomas Hobbes:</strong> “<em>Autoritas non veritas facit legem</em>”. La autoridad y no la verdad, es la que hace ley.</p><p>Krockow analiza las condiciones históricas, políticas y filosóficas del “giro popular” del decisionismo con el auge del nazismo. Desmontada la democracia liberal, radicalizadas las organizaciones políticas de izquierda que servían de vehículo de las demandas sociales, relativizado todo conocimiento y desfondado todo suelo y fundamento por el rasero del historicismo, esta autoridad a la que daba prioridad Schmitt no remitía ya al Leviatán capaz de detener el <em>estado de guerra</em>. Muy al contrario, potenciando teóricamente ese <em>estado de guerra</em>, la hacía derivar del carácter <em>resolutivo</em> con que se presentara y del ordenamiento <em>actual </em>al que remitía. “De ello extrajo el fascismo la consecuencia práctica y <strong>Hitler </strong>mostró la utilidad de su uso demagógico”. Krockow ilustra ese “giro popular” con una cita de <em>Mein Kampf</em> de Hitler:</p><p>  </p><p>Se trata de un eco de la teoría política de Schmitt: “La distinción propiamente política es la distinción entre amigo y enemigo… Sólo en una guerra se muestra la agrupación extrema en amigos y enemigos. Desde esta posibilidad extrema alcanza la vida del hombre su tensión específicamente política” (de <em>Der Begriff des Politischen). </em></p><p>El atractivo del decisionismo emanaba en gran parte de la actitud heroica, espoleada con motivo de la Gran Guerra, y reeditada cuando se pretendía sobrepasar la estrecha promesa liberal burguesa de Weimar. Sobre la promesa de una futura grandeza, se articulaba el “vínculo absoluto con <em>el Guía</em>”. Desde ese momento, como afirma Krockow, “toda decisión –en sentido directamente psicoanalítico— queda transferida a él”. Riesgo, decisión, futuro abierto al abismo creador,etcétera, retaban orgullosos y siguen retando al espíritu normativo, exhaustivo y encorsetado de los Estados decadentes. Tomar ese atajo era, y sigue siendo tal como lo muestra el <em>faire semblant</em> de <strong>Trump</strong>, muy tentador.</p><p>Krockow comienza con un análisis histórico. La Reforma, al eliminar a los intermediarios, enfrentó al individuo con Dios dejando tras sí un mundo “como objeto entregado a una voluntad de dominación”. Esta fue condición fundamental para el desarrollo del capitalismo. Al mundo dado a la explotación correspondió la idea de un sujeto libre. Fue <strong>Descartes </strong>quien introdujo esta idea de la “autoconstrucción soberana del hombre”, fue su simplicidad matemática la que impulsó el dominio técnico sobre el mundo. Pero, a la vez, también sembró una duda universal sobre <em>toda autoridad</em>, difícil de clausurar. Fue el inicio de la conciencia moderna, fijada en la certeza de un mundo tecnificado y matematizable, pero desorientada y a la búsqueda de su destino. En oposición al inexorable progreso técnico, la soberanía del individuo vino a ser el motivo central del pensamiento político y social moderno.</p><p>Entonces, ¿en qué fundar la guía para orientar esa supuesta soberanía del sujeto? <strong>Kant </strong>antepuso la razón práctica a la teórica, el deber a la verdad; el derecho a la ciencia. Pero la base sobre la que se fundó esa guía era una razón descarnada, formal. Por más que “la naturaleza humana" (racional])se sustantivara y sirviera de base al derecho natural, el iusnaturalismo ya acusaba aviso de muerte en el formalismo kantiano.</p><p>Krockow ve el decisionismo como producto tanto del fracaso del iusnaturalismo, tras el relativismo historicista, como de la crisis teórica y jurídica del Estado positivo. El historicismo parte del supuesto siguiente: “El hombre no tiene naturaleza sino historia”. No hay esencia que justifique un desarrollo predeterminado de lo humano. Esa falta de fundamento es producto, sobre todo, de la crítica radical de <strong>Marx </strong>y <strong>Kierkegaard</strong>.</p><p>Según Krockow, “el avance fundamental de Marx es remitir el pensamiento, la conciencia y la 'teoría' a la 'praxis”. Pero la praxis —que implica el momento de la decisión— no determina el contenido ni el concepto de lo verdadero y lo falso, no ilumina el camino a recorrer. O si lo hace, es gracias al recurso a una <em>totalidad</em>, que justifica la decisión particular desde la lógica dialéctica. La “realidad” presente, <em>actual</em>, no puede valorarse sino desde esa <em>totalidad</em>. Y ésta, a su vez, reenvía a la exigencia de una fundamentación, de una naturaleza humana que justifique ese despliegue utópico. Esa paradoja no queda resuelta en Marx. El pensamiento, la conciencia, la teoría conducen al instante real de la praxis, a lo particular, pero éste no puede entenderse sino desde una totalidad hipostasiada. La decisión queda pues, en Marx, abocada a lo particular de la acción y pendiente de justificación.</p><p>  </p><p>Pero hay algo más en la mirada historicista. El núcleo del historicismo, según <strong>Friedrich Meinecke</strong>, “consiste en la sustitución de la consideración generalizante de las fuerzas históricas y humanas por una consideración individualizadora”. La historia no puede ser explicada desde afuera, solo podemos “entenderla” desde la espontaneidad presente, solo desde la inmanencia y el proceso de innovación creadora que implica. Ahora bien, con estos planteamientos “se agudiza y extrema el concepto de decisión”. Mientras que para la concepción racionalista sistemática, la misión del hombre era la de “adaptarse a lo que él <em>es</em> ya según la idea. En el historicismo, surge la comprensión de la relatividad de todo lo que le penetra, la condición histórica de todas las normas e ideales”. Pues bien, esa relatividad del historicismo encuentra su expresión más profunda en Kierkegaard.</p><p>Kierkegaard promueve un sentido de la verdad radical. La verdad no procede de la “objetividad”, solo puede ser subjetiva. Pero “dado que la subjetividad absoluta, la <em>interioridad pura</em>, simplemente como lo no objetual, ya no puede ser declarada directamente –pues todo discurso 'sobre' algo, ha de tener su objeto— lo indirecto y la paradoja son los vehículos necesarios para esa expresión”. Así, “Kierkegaard avanza la disolución hasta el límite: 'lo individual es únicamente lo subjetivo de la existencia de cada uno”. La historicidad en esta extrema expresión del individualismo “suprime toda la historia que no puede llegar directamente”. “Somos contemporáneos de Cristo”, decía Kierkegaard. De este modo, en Marx y en Kierkegaard se completa el “giro copernicano” contra toda pretensión esencialista del pensamiento sistemático.</p><p>Esto no impide que siga intentándose. Fue <strong>Hegel </strong>quien acuñó, en el marco de un pensamiento sistemático, el término <em>“Machtstaat</em>” (Estado-poder) y <strong>Erich Kaufmann</strong> quien, poco antes de la Primera Guerra Mundial, desarrolló dicho concepto. “La esencia del Estado”, según Kaufmann, es “despliegue de poder, voluntad de afirmarse e imponerse en la historia” y ello es posible gracias a “la vivificación de energías físicas y morales comunes”. Es la concepción positiva del Estado. Y siguiendo esa lógica afirma: “En la guerra, el Estado se expresa en su auténtico ser, en su más alta función donde su peculiaridad alcanza su completo desarrollo”. Kaufmann lleva hasta el extremo esta concepción, para llegar a barrer paradójicamente cualquier contenido positivo de ese Estado. La esencia del Estado es poder, puro poder. Sin que pueda encontrar justificación en un <em>para qué</em> objeto fundamental de ese poder.</p><p>Lo mismo ocurre con la concepción burguesa del Estado de derecho teorizado por <strong>Hans Kelsen</strong>. Esta concepción del Estado se opone a la del Estado-poder. “Pues en el Estado de derecho el poder debe estar limitado, sujeto e incluso, si es posible, excluido”. “Mandan las leye,s no los hombres… Más exactamente: las leyes no mandan, valen solo como normas, ya no hay en absoluto dominio y simple poder. El que ejerce el poder y el mando obra 'sobre la base de una ley' o “'n nombre de una ley”. En esta concepción subsiste el iusnaturalismo, pero ha degenerado en “cuestiones de procedimiento”. Su origen neokantiano ha determinado la deriva hacia un formalismo sin sustancia. Es la época de <strong>Paul Laband</strong>: “Es derecho lo que es ley. La ley es lo que es dictado en un procedimiento en forma”. “Si con Kaufmann, el Estado de poder quedaba absolutizado, aquí parece desaparecer.” En efecto, con Kelsen, el Estado no es más que un ordenamiento jurídico. En este contexto, si la soberanía es la unión de la voluntad y la norma, “queda claro que Kelsen, en cuanto niega por principio la posibilidad de una unión de voluntad y norma, ser y deber, solo puede resolver el problema del Estado y el derecho por la <em>disolución del Estado en el derecho</em>, pero no puede hacer justicia al problema concreto de la soberanía”.</p><p>De este modo, al caer la justificación y el fundamento, tanto del lado del Estado-poder positivo como del lado formal, la decisión alcanza intensidad y parece deslizarse hacia la “fuerza de las cosas”. La balanza se inclina hacia la “actualidad”, hacia la consideración de “las circunstancias” presentes, dejando ocultos los intereses en juego y al sujeto real de la decisión.</p><p>Deslegitimado tanto el Estado positivo como el Estado de derecho, Schmitt apela al “Estado de excepción” como aquel que se ve impelido a decidir ante la cháchara parlamentaria y la ambición del poder por el poder. En su propuesta, el problema de la soberanía se aleja del ordenamiento, de la constitución y del poder, para quedar disuelto en esa intensidad de la decisión: “La cuestión del sujeto de la decisión política es idéntica a la cuestión de la soberanía”. Y añade: la soberanía no se debe definir  como “el monopolio de la coacción y el dominio, sino como el monopolio de la decisión”. El “derecho a decidir” sería un mitema derivado, centrado en el heroico e hipostasiado sujeto de “la gente” o “el pueblo”.</p><p>Ahora bien, siguiendo la teoría de Schmitt, se pregunta Krockow: “¿Qué puede determinar la decisión en el orden práctico? El actuar 'conforme al estado de cosas”. De nuevo el ocultamiento de los intereses y del sujeto real de la decisión. Porque ese “estado de cosas”, en realidad, llama a la arbitrariedad de la decisión que se está abriendo camino entre bambalinas. La ley (<em>Gesetz)</em>, como reglamentación general, queda devaluada. Lo importante es la medida (<em>Massnahme</em>) que “es excepción y está referida al caso concreto, al caso individual. Por ello la soberanía no se muestra en la legalidad de una legislación ordinaria sino en la posibilidad de recurrir a medidas; en la medida se demuestra “la superioridad existencial sobre la simple normatividad. Quien está autorizado a actuar así es soberano.”</p><p>Pero si la decisión ha alcanzado ese “giro popular”, no es solo por la trayectoria de los cambios en la teoría política del Estado. Hay además una exigencia efervescente entre la población, acompañada de cierta actitud heroica, que no pudo apagar el final de la Gran Guerra y que se detecta en las proclamas, en la literatura espontánea, en los discursos, etc. Y es aquí donde el análisis sobre Ernst Jünger alcanza sentido. Su vinculación con el movimiento <em>Jugend</em> y los <em>Wandervogel</em> es conocida y notoria, y la relación de estos movimientos con el auge del nacional socialismo también.</p><p>Krockow describe los primeros momentos del entusiasmo: “Agosto de 1914 señala, sin duda, un giro del destino, el final de la modernidad y el comienzo de una nueva era que nos sorprende siempre por su extrañeza… la ola de entusiasmo que recorrió la nación, un entusiasmo para el que la Segunda Guerra Mundial no ofrece nada comparable y que sólo se deja describir como embriaguez y delirio, como éxtasis”. Y  “se podría decir que el comienzo de la guerra trajo consigo el triunfo del movimiento <em>Jugend</em>. Muestra que los que parecían marginados y rebeldes eran, en realidad, los representantes de los sentimientos dominantes. Lo que la guerra parecía ofrecer era, sobre todo, un nuevo vínculo, una autoridad, una comunidad decisiva y determinada, precisamente la comunidad que había estado buscando el movimiento <em>Jugend</em>.” Entre aquellos jóvenes estaba Ernst Jürgen, escuchando las proclamas de <strong>Hans Breuer</strong>, líder de los <em>Wandervogel</em>: “El fin al que aspiramos es un renacimiento interior alemán, por el que nos hagamos de nuevo dueños del curso de los tiempos que tan impetuosa y súbitamente nos ha salido al paso”.</p><p>Era el fin de una época, el ocaso de la Alemania agrícola y el advenimiento de una oposición inmanente entre dos tipos de los que habla <strong>Max Scheler</strong>, y que parten el alma burguesa en dos. “Uno que calcula según fines, al que le va todo en la calculabilidad y el dominio de las cosas y solo reconoce como real lo que es medible y calculable… es el burgués como soporte absoluto del desarrollo del mundo moderno”. El otro tipo, surge de la nostalgia de “una época que ya no pueden ofrecer sus mayores: la de la vivencia de nosotros que pone a los individuos en relación directa unos con otros”. “Busca el 'ser' directo y el contacto con el ser… quiere una unión de la inmediatez, de la <em>mirada esencial</em> recíproca e incesante”. Proviene de la “filosofía de la vida” gestada en el romanticismo.</p><p>Ese caldo de cultivo estaba latente en la República de Weimar “un Estado que procede no de una lucha victoriosa, sino del derrumbamiento de todas las fuerzas, la hipoteca de la Paz de Versalles, la inflación, la crisis económica de 1929 y de los radicalismos políticos que surgen con ella y que desacreditan las formas del Estado parlamentario”. Los movimientos sociales se dirigían a un cierto modo del decidir. “A esos círculos que añoraban los viejos vínculos, la falta de ese vínculo les parecía un 'vacío' y es comprensible que 'se agarraran a cualquier salida que se les ofreciera, hasta la más cuestionable, con tal de que prometiera a cualquier precio nuevas autoridades y vínculos”. No es de extrañar que reclamaran y acudieran a la “mano fuerte”. Así, desaparecido el muro protector del Estado autoritario, que contenía al socialismo, la burguesía quedaba obligada a decidir. Y el socialismo radicalizaba sus exigencias de libertad, de igualdad, etc., y las trasladaba del ámbito político al económico. “Era casi inevitable que aquellas capas de la burguesía que se veían cada vez más inseguras y desorientadas dejaran caer el liberalismo como una máscara y se pasaran al campo de una restauración neofeudal: el guía autoritario debía asumir y encubrir la decisión que se imponía”.</p><p>Llevaban además un bagaje heroico derivado de la Gran Guerra, “voluptuosidad de la sangre que pende sobre la guerra como una vela roja de fortuna sobre una galera negra, emparentada sólo con Eros por su impulso sin límites”, escribía Jünger. Y en su obra <em>El trabajador</em> proponía su idea central de “Movilización total”. Así lo recoge Krockow: “La frontera se ha borrado, el soldado se hace 'asalariado de la muerte” y el trabajador se hace soldado dentro de un enorme aparato técnico, en donde su contribución adquiere una significación militar directa.  Este es el sentido de la fórmula de Jünger “movilización total”. “Lucha” y “trabajo”, más allá de su significación ordinaria de medios para conseguir fines, se absolutizan alcanzando un sentido propio como “despliegue de energía por el despliegue de la energía mismo”. Energía que se manifiesta en la decisión como momento culmen. “<em>Que no exista una instancia última que con su decisión autorizada quite al individuo la decisión</em> y la transforme en determinación: he aquí, y no es azar, la protesta de Jünger.”</p><p>Pero si Schmitt naturaliza el Estado de excepción y en ese marco exalta la decisión, y si en el seno de los movimientos sociales, añorantes de una comunidad viva, se encuentra esa centralidad de la subjetividad romántica que toma posesión de la soberanía en la decisión —tal como recogen los escritos de Jürgen—,  la legitimidad última, la presta el pensamiento filosófico de Martin Heidegger.</p><p>El hombre no tiene esencia, es “en-el-mundo”. Pero “ser-en” es una constitución del <em>Dasein</em>. Y en cuanto al “mundo”, este es “un carácter del <em>Dasein</em>”. La verdad no es posible aprehenderla teóricamente, más bien, al ser que somos, al Dasein, le cabe volcarse en la “posibilidad”. Posibilidad siembre abierta, pues “El ser que sale de sí al cuidado de un posible, tiene la tendencia de anular la posibilidad de lo  posible haciéndolo disponible.”  Lo disponible, lo “a la mano” es lo que hay “en el mundo” como posibilidad cerrada, disponible. Si el <em>Dasein</em> reduce su existencia a esas expectativas experimenta la culpa, la inautenticidad. “La cotidianeidad mediocre del cuidado (<em>Sorge)</em> resulta ciega a la posibilidad y reposa en lo simplemente “real”, aunque ese reposo no excluye una prolongada actividad.” Pero todo intento de acomodarse en el regazo apacible de esa realidad está abocado al fracaso. Solo el <em>ser para la muerte</em> abre “la posibilidad de ser no debilitada”. “En la angustia se siente uno extraño… la angustia… recupera al <em>Dasein</em> de su decadente absorberse en el 'mundo'. La confianza cotidiana se derrumba.”</p><p>Ese derrumbe del mundo, en  sus certezas, en sus leyes, en sus costumbres y seguridades, es condición de la autenticidad. Frente a la existencia culpable del “<em>das Man</em>” (el dominio del <em>se </em>impersonal), la autenticidad radica en recuperar la <em>elección</em>. Pero “recuperar la elección significa, sin embargo, <em>hacer esa elección</em>, el decidirse por un <em>poder-ser</em> desde el sí mismo más propio. En el hacer la elección se posibilita el <em>Dasein </em>su auténtico <em>poder-ser</em>”.</p><p>Ese sí mismo más propio nada tiene que ver con lo que ofrece el mundo, sino con una futuridad del ser en su despliegue y advenimiento, en su <em>parusía</em>. “El sentido de la resolución [<em>Entlossenheit</em>] reside en mantener al <em>Dasein</em> en la totalidad de sus posibilidades más propias e irreferibles, libre de la 'caída' en cualquier 'realidad mundana' por y desde el 'adelantarse' a la muerte.”</p><p>Un fundamento metafísico formal vacío de la decisión, que se aleja del mundo, para caer de nuevo en la “actualidad” y en la “fuerza de las cosas”, en las circunstancias candentes de aquella Alemania resentida y humillada por el Tratado de Versalles, pero espoleada por una ola de efervescente heroísmo nacionalista.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Decisión contra debate]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Memoria de la noche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-noche_1_1137704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/252db3a8-037d-4ebd-877f-bb83efc93522_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria de la noche"></p><p><em>(Comienza Luis Landero.)</em><strong>Luis Landero</strong></p><p>Ante todo, señor comisario, déjeme decirle que yo también soy un hombre de orden. ¿Que cuál es mi profesión? Soy indigente, señor, que es el oficio más viejo del mundo. Que me perdonen las putas, pero nosotros fuimos antes que ellas. Soy indigente, carezco de trabajo, de techo, de dinero, vivo de la caridad, pero vivo bien y no me quejo. Yo no soy como otros del oficio que siempre están echando pestes de la sociedad y blasfemando contra los políticos, contra los ricos, contra Dios, contra todo. Yo no, yo soy una persona educada y limpia, un hombre de orden, voy todos los domingos a una casa de baños y todas las semanas me pongo ropa limpia. Yo, señor comisario, soy una persona honrada, y me gusta esta vida que llevo.</p><p>¿Que qué hice ayer? Ayer fui a comer a Martínez Campos, donde las Hermanitas de la Caridad. Nos dieron dos croquetas de aperitivo, y luego sopa de fideos con tropezones y dos huevos duros con tomate. De postre, fruta y café. También nos dieron un vaso de vino, y pan a discreción. Allí estuvimos casi hasta las cinco, alternando y escuchando a un coro de voluntarios que vino a cantarnos villancicos de Navidad. Y sí, allí estaba el pobre Lucas, comiendo con un apetito de lobo, quién iba a decir que habrían de matarlo esa misma noche. ¿Y después? Pues después unos cuantos, entre ellos el pobre Lucas, tiramos hacia Argüelles, a la sede de un voluntariado donde reparten ropa y comida, y de paso te reconoce un médico, y si necesitas medicinas, te las dan allí mismo. A mí me dieron una camiseta térmica y dos pares de calcetines gordos de lana. También dos latas, una de caballa y otra de callos, dos molletes de pan, un cartón de leche y un paquete de galletas de coco. Una voluntaria me obsequió además con una cajetilla de Ducados y me regaló su mechero. Para que luego hablen mal de la sociedad.</p><p>¿Que por dónde suelo moverme yo? Verá, señor, a mí no me gusta ir de aquí para allá con un carrito de supermercado o una carretilla, como hacen algunos, el pobre Lucas entre ellos, que andaba siempre con dos maletas a cuestas, a mí me gusta andar libre y ligero, por eso uso esta mochila, con eso me vale, yo no tengo alma de propietario y no soy como esos que se pasan el día a la rebusca en cubos de basura, papeleras y contenedores, y que suelen tener un sitio fijo donde montan el campamento, todo lleno de bultos y de montones de cachivaches, y no se cansan nunca de juntar más y más, a lo mejor así se imaginan que son ricos, los muy gilipollas, con perdón sea dicho. Algunos incluso, al verse con tantos bienes, se hacen sedentarios, y enseguida empiezan a soñar con tener una chabola, y criar gallinas, y sentarse a ver la televisión, sin caer en la cuenta de que en este oficio, si quieres establecerte de verdad, tienes que meterte en el trapicheo de la droga, si no, mejor seguir de nómada, que es lo que yo hago, como un hombre de orden que soy. Yo, con mi mochila, me muevo por toda la ciudad, y conozco a mucha gente, y a muchos del gremio, aunque apenas me trato con ellos, en parte porque soy más bien solitario, y en parte porque a mí la verdad es que mis colegas no acaban de gustarme, siempre tan sucios, tan vociferantes, tan borrachos, tan cínicos. Además, somos muchos, demasiados, y hay demasiada competencia desleal, deberían ustedes hacer una ley para separar el trigo de la paja y regular y dignificar este oficio, que  como ya dije antes es el más antiguo del mundo, con perdón de las putas.</p><p>¿Que qué hicimos luego? Pues verá, señor comisario. Unos, que iban a asar carne en unos desmontes por donde el cementerio de la Almudena, me invitaron a ir con ellos, y luego a dormir en uno de esos bloques que con la crisis se ha quedado a medio construir. Otros decían de ir a dormir a un albergue y cenar allí mismo de bocadillo. Entonces el pobre Lucas, que tiene un entrante muy bueno y muy abrigado en un banco que hay al final de la calle Abascal, preguntó si alguien quería compartirlo con él, para así entre los dos defenderse mejor de esos niñatos que andan al deporte de cazar indigentes. Y la verdad, no sé si alguien se fue o no con él. Yo desde luego no, ni lo tomé en consideración, ya le he dicho que yo soy de por sí solitario y no me gusta hacer parte con nadie de mi soledad y mi buena fortuna.</p><p>¿Que dónde me fui a pasar la noche?</p><p><em>(Sigue Fernando Aramburu.)</em><strong>Fernando Aramburu</strong></p><p>Pues sí, señor, soy hija de Lucas Estévez y créame que, si no es porque me ha hecho usted venir, no me habría enterado de que está muerto o de que lo han matado. Ni mi madre, que no anda fina de salud, ni yo queremos que nos salpique una gota de este feo asunto. Si necesita usted sospechosos, haga el favor de buscarlos por otros vecindarios. Y no es que me alegre de lo que ha ocurrido. Ni me alegro ni siento pena, y esto usted lo entendería si supiese lo que sufrimos mi madre y yo por culpa de ese hombre cuando aún no era un indigente y vivía con nosotras. En caso de que haya que identificar el cadáver no cuente conmigo. Aún menos con mi madre. No está la mujer para semejantes trotes. Y obligarnos no nos puede usted obligar por muy comisario que sea.</p><p>Sí le puedo contar que va para dos años que no teníamos relación con Lucas Estévez. Al principio lo veíamos bastante. No había otro remedio puesto que él merodeaba a diario por los bares del barrio hasta que me imagino que se le acabó el dinero y mi madre y yo decidimos mudarnos a La Elipa sin decir nada a nadie para que luego no se lo contaran a él. Y de este modo lo perdimos de vista. No estamos ni siquiera en el listín de teléfonos y la verdad es que sí, que nos lo sacamos de encima y él ya no podía tocarnos el timbre por la noche como después que lo echáramos de casa con ayuda de unos parientes, que a lo mejor nos rompía el sueño a las dos o las tres de la madrugada. No le abríamos, pues eso faltaba, pero así y todo mi madre pasó una temporada fatal, de donde yo creo que le viene el problema de nervios que aún la hace sufrir.</p><p>Desde que mi madre y yo nos instalamos en una vivienda de La Elipa sólo he visto a Lucas Estévez dos veces y las dos por casualidad, una yendo yo a mi trabajo y otra cuando volvía del trabajo a casa. En los dos casos, nada más verlo, me aparté. Porque yo por ese hombre, aunque fuera mi padre, no he sentido nunca una pizca de cariño. Y, fíjese, no tanto por el asco que me daba verlo llegar a casa borracho, con un olor insoportable y el pantalón meado, como por el mal vino que tenía, que lo ve usted y puede pensar: joder, qué cara de bueno tiene este pobre señor. Pues no. Tenía la mano ligera. Muy ligera. Piense que si no se respetaba a sí mismo, ¿cómo nos iba a respetar a las demás? Mi madre, por no romper la familia, lo habría aguantado hasta el martirio. Se lo aseguro. No exagero. Pero en cuanto empezó a ponernos la mano encima, dije: hasta aquí, mamá. Vamos a llamar al tío Sergio y a mis primos para que nos ayuden. Y ella: que no, hija, que a lo mejor encuentra trabajo y se calma. ¿Calmarse? Todavía me acuerdo de cuando llevé a mi madre en un taxi a urgencias, que si llegamos una hora más tarde, nos dijo el médico, pierde un ojo.</p><p>Y sí, la última vez que vi a Lucas Estévez fue el viernes pasado por la tarde, pero ya le digo que no hablé con él. Estaba muy cambiado, casi como cheposo. Tardé tanto en reconocerlo que por poco no me da tiempo de cambiar de acera antes de toparme con él. Esto fue en la calle Abascal, hacia las cinco o cinco y media de la tarde, y él iba con dos maletas, donde supongo que lleva sus pertenencias si es que sigue viviendo en la calle, que ni lo sé ni me importa. La barba le llegaba a medio pecho, toda blanca y descuidada, y él tenía una pinta de mendigo y de hombre sucio que me dio vergüenza, de donde se deduce que en esos momentos aún lo sentí como padre. No era un hombre bueno, señor comisario. Era faltón y violento. Y si lo han matado, será por algún lío en el que se haya metido. Ni me alegro ni me apeno. Esto es todo lo que puedo contarle. ¿Le importa que me marche? Es que aún tengo algunos asuntos pendientes.</p><p><em>(Continúa Óscar Esquivias.)</em><strong>Óscar Esquivias</strong></p><p>No sé si comió con más avidez que otros días, no me fijé, la verdad; yo sólo le digo que las croquetas se las guardó en el abrigo, así que tanta hambre no tendría, digo yo. Lo sé bien porque yo misma le vi esconderlas cuando llegó a su mesa: las retiró de la bandeja y, sin envolverlas en una servilleta ni nada, las dejó caer en el bolsillo. No se crea que es algo que me extraña: muchos lo hacen, sobre todo con el pan, que luego reparten con los gorriones o las palomas. Yo no me enfado por estas cosas (cuando empecé sí, pero ya no), me refiero a que no les reprocho que se lleven de extranjis comida fuera, pero sí que sean desaseados, y por eso reñí a Lucas, debo reconocerlo. Bueno, reñir, reñir, no es la palabra. Le reproché su falta de higiene, no otra cosa. Allí, en el comedor, no sólo les damos de comer, sino que nos preocupamos por su dignidad como personas, por que no se abandonen, usted me entiende.</p><p>No, no, en público no. Las faltas privadas deben reprenderse privadamente, eso nos aconsejaba nuestro fundador, san Vicente de Paúl. Fue después de los villancicos, cuando salía. Le llamé aparte y le dije: "Lucas, tunante, he visto lo que has hecho y no me gusta nada". Y entonces, señor comisario, me miró a los ojos (Lucas nunca te miraba a la cara) y le brotaron unos lagrimones, en silencio. Entonces le pedí perdón y le pregunté si le pasaba algo, porque nunca le había visto así. "¿Qué sabe usted?", me dijo asustado, y se puso a temblar, y yo no entendía nada. Estos hombres nos conocen muy bien y ninguno nos tiene miedo, así que le señalé la mancha del abrigo y le respondí: "Llevas ahí dos croquetas de bacalao, ¿qué más tendría que saber?", y entonces él se repuso, se sorbió los mocos, sonrió y dijo: "Son para los gatitos, sor, no se enfade".</p><p>Sí, ellos nos suelen tratar de usted y nosotras a ellos de tú. No sé por qué lo hacemos así, pero es lo natural, la verdad es que nunca había reparado en ello. A las voluntarias más jóvenes quizá las tutean, pero a mí no, y tampoco dicen mi nombre, siempre "sor", será por la edad. Bueno, y a escondidas sé que me llaman La Coronela; a mí ahora me hace gracia el mote (antes, no) y a veces, cuando entro en el comedor, imito el son de una corneta militar y luego digo: "¡Firmes!", y alguno responde: "¡A sus órdenes!". Pero no Lucas, él jamás participaba en las bromas y, desde luego, siempre me trataba de usted y con respeto.</p><p>No, no era especialmente educado. Tampoco maleducado. Era más bien hosco, desconfiado, a veces irritable, como casi todos los que vienen por aquí. Nos agradecen mucho lo que les damos, pero a la vez siempre están descontentos y esperan un poco más.</p><p>Pues sobre todo dinero, claro. Pero también un vaso extra de vino, o comida para llevar a la calle, o un billete de autobús para no sé dónde, o una tarjeta telefónica, o un rato de charla, y rara vez les damos lo que piden, ni siquiera conversación, porque allí siempre hay mil cosas que hacer y alguno es verdaderamente absorbente y obsesivo. No era el caso de Lucas. No recuerdo que nunca nos exigiera nada. Venía, comía, pasaba al servicio y se iba. Usaba las palabras justas y sólo si estaba muy contento, lo que era raro, nos contaba algo de su vida, pero nunca nada demasiado íntimo.</p><p>Desde hace cuatro meses, más o menos. Antes creo que anduvo por el distrito de Tetuán y que acudía al comedor de la Orden de Malta, y antes de eso, no sé. No puedo decirle mucho más, él no era muy comunicativo y aquí, allí, no interrogamos a nadie, sólo hacemos el bien.</p><p>Oh, no se ofenda, no lo he dicho con desprecio. Usted interroga maravillosamente, hace preguntas muy inteligentes y, por supuesto, pienso que la policía es una institución benefactora. Discúlpeme usted si ha entendido otra cosa, señor comisario.</p><p>Pues sí, me parece recordar que Lucas decía que tenía familia, creo que una mujer, una hija y un gato, que era al que más echaba de menos. El animalito se llamaba Evaristo, como mi padre, por eso me acuerdo del nombre. Pero quizá lo de su familia sea mentira, incluso lo del gato Evaristo. La gente que vive en la calle es muy fantasiosa. No mienten por maldad, sino por costumbre, a veces por enfermedad mental, o estimulados por el alcohol. Es un poco como tratar con niños. Unos niños que nos duran poco, son raros los que aguantan mucho tiempo esa vida. Él decía que llevaba dos años así, a la intemperie, dando tumbos, así que era de los veteranos. Bueno, qué le voy a contar, usted sabe mejor que yo cómo es ese mundo, señor comisario.</p><p>En una de las maletas llevaba la trompeta, claro. Lucas tocaba por las calles, sobre todo a las puertas de las iglesias y de los bingos. Iba de la iglesia de Santa Teresa a la de Nuestra Señora de los Ángeles, y luego a la de San Cristóbal. Presumía de haber sido solista en la Orquesta Nacional, en los tiempos de Frühbeck de Burgos, pero seguramente eso también se lo inventaba. Yo un día lo oí en la calle por casualidad y tocaba Suspiros de España bastante mal, la verdad. Pero algo de música debía de haber estudiado porque cuando le reprochaba el descuido de sus barbazas, él me respondía que las llevaba como Brahms.</p><p>No, no, este sí existe. Es un compositor. Barbudo, sí. Del siglo XIX.</p><p>Be de Barcelona, erre de Roma, a de Ávila, hache de horchata, eme de Málaga, ese de Sevilla.</p><p>Los nombres de los bingos no los recuerdo, creo que frecuentaba uno cerca de Cuatro Caminos. Sé que a veces las clientas le pedían que cuidara sus perros mientras jugaban unas partidas y que él se quedaba a la puerta, agarrando las correas de los chuchos. Luego, cuando salían, si habían recibido algún premio, le daban grandes propinas.</p><p>En la otra maleta no tengo ni idea de qué podía llevar. Ya le he dicho que nosotras no preguntamos nada.</p><p>A usted. Buenos días.</p><p><em>(Cierra el relato Marta Sanz.)</em><strong>Marta Sanz</strong></p><p>Que no, Iturribide, que no. No hay motivo ninguno para alarmarse. Están todos más perdidos que un elefante en una cacharrería. La única que me ha parecido un poquito más peligrosa es la sor de los cojones. Una pedante. No va y se pone a deletrearme la tía el nombre de un músico de esos que no conoce ni Dios. Y qué vocabulario. Que si el Lucas era “hosco, desconfiado, irritable”. Hasta me lo apunté en la libreta. Seguro que la monja –más fea que Picio por cierto— no era profesora de religión. Ni de gimnasia, porque por debajo del hábito se le adivinaba un cuerpo de perro espantoso… ¿No te he contado yo nunca, Iturribide, el trauma que tengo yo con las monjitas? Es ver a una e imaginármela en pelota picada por debajo de las sayas o de lo que lleven las tías esas. Que no, Iturribide, que no me tienes que denunciar a los de la brigada contra el vicio. Que no es para tanto, solo una afición. Una manía, Iturribide. Además fui al psicólogo y me dijo que estaba un poquito enfermo, pero que no era cosa de preocupar. Un trauma infantil por las collejas que me daban las cuervas de mi cole que tenían una mala hostia que no te quiero ni contar. Pero ésta no, ésta era muy fina, con mucho vocabulario, ésta seguro que era la de lengua. O la de Historia de la música. ¿A ti también te obligaron a tocar la flauta, Iturribide? Joder, con la flauta. Por cierto, el Lucas tocaba la trompeta, pero eso te lo hilo más tarde que, si no, me pierdo. Sigo con la monjita, que tiene tela, porque ésta, además de dar de comer al hambriento y de beber al sediento, ésta seguro que tiene ínfulas solidarias. Como la monja de la tele. La nacionalista, hay que joderse, una monja nacionalista que sale en un anuncio y “le pide a Dios y a todo Dios”. Qué simpática. Que, no Iturribide, que no me pierdo, que voy al lío. Tienes que tranquilizarte. Pues nada, con la monja el Lucas casi estuvo a punto de cagarla. Se le puso a llorar y, claro, la monja se mosqueó porque ella solo quería regañarle porque le había visto meterse unas cocretas en el bolsillo. Hay que ser cutre y guarro. Como si el Lucas con lo que le pagábamos no pudiese ir a comer de menú cuando le saliese de las pelotas. Pues, nada, la monjita se coscó de lo de las cocretas y le dio el alto, y el Lucas casi se desmorona: “Qué sabe usted, qué sabe usted”, va y le pregunta a la monja. Si ya te decía yo que el Lucas era un blando y que había que quitárselo de en medio. Lo pilla por banda la monja dos días y le canta el Lucas hasta la Traviatta, que seguro que es de otro compositor con nombre raro. Y la monja seguro que sabe cómo se deletrea. A saber y ganar mandaba yo a la monja de los cojones. Hasta sabía que el Lucas antes andaba por Tetuán. No, no, no, Iturribide, no te asustes, que la monja no sabe nada de lo de la comisaria. No, no tiene ni puñetera idea de que allí captamos de confite al Lucas. Que no, Iturribide que no, que no hace falta que nos la carguemos. No seas tan bestia: la tía es fea, pero, vamos de ahí a matarla. Sí, yo sigo con mi fino sentido del humor y tú más cagao que nunca. Y espero que sepas, Iturribide, que en este negocio se puede ser de todo menos cagao. ¿Lo sabes, verdad? No me vayas a meter a mí tú ahora en un lío, en un compromiso. Cuidadito, colega. Te cuento lo bueno a ver si te tranquilizas un poco. Si no, apúntate a yoga, macho, que estás muy pesao. “Muy hosco, desconfiado, irritable”. ¿Has visto que rápido aprendo?, ¿que no te hace gracia? Pues te jodes. Y, si no, no haber metido la patita…  En fin, Iturribide, que te vas a quedar helao: el Lucas era un hijo de puta que pegaba a su mujer. Su hija lo odia. Y en esa familia podríamos encontrar a un montón de gente para cargarle el muerto: el tío Sergio, la nena que está bastante resentidita, la mujer maltratada que seguro que le tenía ganas. Por ahí tenemos una vía de escape muy buena, además de que, desde luego, nadie va a echar en falta al desgraciado del Lucas. Sí, sí, ya… A mí antes me daba un poquito de pena, pero ahora, si quieres que te sea sincero, sabiendo las hostias que le metía a su santa, ya no me da tanta penita. A una mujer no se la toca. Una mujer es sagrada. Y encima ponerle la mano encima a la madre de tus hijos. Se me pasó la pena de golpe. Al principio, eso de tenernos que quitar de en medio al Lucas porque tú te diste cuenta de que él estaba al loro cuando estábamos haciendo el reparto de nuestras mordiditas, pues no sé, Iturribide, me pareció por tu parte mucha susceptibilidad… Lo entendí, Iturribide, lo entendí, pero me dio un poco de pena, para que vamos a engañarnos. Ahora ya no. Desde luego, el Lucas algo se olía. Y no lo digo solo por la llantina con la monjita sino porque, en la declaración del primer testigo, otro tirao, también bastante pedante por cierto, estaba el tío obsesionado con las putas y que si el oficio más viejo del mundo no era el de las putas, que si el oficio más viejo era el suyo, el de los indigentes, “el oficio de indigente”, si es que los dejas tres días en la calle sueltos y, entre el morapio y las heladas, se les escarcha el cerebro… Pues, nada, este “indigente” me contó que aquella noche el Lucas no quería dormir solo, que ofreció su sitio en el hueco del cajero de un banco o algo así, porque decía que le daban miedo los muchachos que queman a los mendigos. Sí, eso es lo que le daba miedo al Lucas. Fijo que sí. Y unos cojones. En fin, Iturribide, que asunto arreglao. Que al muerto nadie lo va a echar de menos y que, en última instancia –la monja me ha pegado algo—, tenía un montón de enemigos a los que poderles cargar el muerto: su familia, el gato, los niñatos esos que dan calorcito a los pobres, el “indigente” que dice que viaja ligero de equipaje y que si es nómada y no sé qué hostias más… Porque ése lo que tenía era envidia de las posesiones del Lucas. Además es un pelota. Al principio, hasta pensé en captarlo para sustituir al Lucas, pero me cayó muy gordo el tío. Incluso podemos incriminar a algún amante de la música —¿melómanos los llaman?—, porque la monjita de los cojones me contó que el Lucas tocaba la trompeta en plan músico ambulante y que lo hacía como el culo, que había que taparse las orejas, así que algún amante de la música, muy fino, muy sensible, muy exquisito, en un ataque de ira artística podría habérselo quitárselo de en medio metiéndole la trompeta por salva sea la parte, Iturribide. Hasta podemos cargarle el muerto a la monjita si me apuras…</p><p><em>*Luis Landero es escritor. Su último libro, </em><strong>Luis Landero</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a><em> (Tusquets, 2017).</em></p><p><em>*Fernando Aramburu es escritor. Su último libro, </em><strong>Fernando Aramburu</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-patria/217001" target="_blank">Patria </a><em>(Tusquets, 2016).</em></p><p><em>*Óscar Esquivias es escritor. Su último libro publicado es una edición especial de su trilogía </em><strong>Óscar Esquivias</strong><a href="http://edicionesdelviento.es/libreria/es/viento-abierto/166-inquietud-en-el-paraiso.html" target="_blank">Inquietud en el paraíso</a><em> (Ediciones del viento, 2016). </em></p><p><em>*Marta Sanz es escritora. Su último libro, </em><strong>Marta Sanz</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-eramos-mujeres-jovenes/219231" target="_blank">Éramos mujeres jóvenes</a><em> (Fundación José Manuel Lara, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Landero / Fernando Aramburu / Óscar Esquivias / Marta Sanz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Memoria de la noche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Años treinta: Sender en la Unión Soviética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anos-treinta-sender-union-sovietica_1_1137699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/061d795d-1673-426f-9c5c-74a4d67572af_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Años treinta: Sender en la Unión Soviética"></p><p><em>La editorial Fórcola recupera </em>Madrid-Moscú, Notas 1933-1934<em>, el libro en el que el escritor y periodista Ramón J. Sender contaba su viaje a Rusia hace más de 80 años. Este es un fragmento del prólogo, firmado por el crítico literario José-Carlos Mainer. </em><strong>Ramón J. Sender</strong><strong>José-Carlos Mainer</strong></p><p>_____________________</p><p><strong>El joven insurrecto</strong></p><p>Nacido con su siglo (el 3 de febrero de 1901), Ramón José Antonio Blas Sender Garcés fue contemporáneo estricto, entre otros, de <strong>André Malraux</strong> y <strong>Nazim Hikmet</strong> que vinieron al mundo en ese año; uno antes lo hizo su coterráneo<strong> Luis Buñuel </strong>y otro después, <strong>Rafael Alberti</strong>. Como ellos, Sender encarnó algunos emblemas de la centuria que estrenaba –la audacia y la aventura, el compromiso (y la decepción) del comunismo, la conquista de la independencia moral y la soledad de fondo– y vivió en carne propia las experiencias que el siglo les deparó a manos llenas: guerras y exilio, remoción de las relaciones entre la vida y el arte, una conciencia más aguda de la injusticia y una irreprimible fascinación por la rebeldía. Fueron hijos de una posguerra –la de 1914– que les hizo, a él y a sus compañeros, descontentos y revolucionarios y de otra –la de 1945– que los hizo desengañados y escépticos.</p><p>Sender vio la luz en el campo aragonés y siempre prefirió la fidelidad a los territorios originarios más que a sus abstracciones patrióticas. Tuvo presentes los paisajes de su lugar natal – el Alto Aragón–, que luego reconoció en las tierras del Rif o en las de Nuevo México, igual que Buñuel fue siempre fiel al fragor de los tambores de su Calanda nativa y Alberti a la luz deslumbradora de la bahía gaditana. Había sido también un adolescente díscolo y atrevido que llegó a Zaragoza en 1914 para estudiar cuarto de bachillerato en el Instituto, tras un breve internado en un colegio religioso de Reus y haber hecho los primeros cursos de bachillerato en Tauste, donde dirigía sus trabajos el benévolo capellán de Santa Clara. En 1916, su numerosa familia se trasladó a Caspe –siguiendo siempre el destino administrativo del padre– pero él permaneció en Zaragoza donde se ganó la vida como mancebo de botica: de ese modo obtenía un pequeño salario y una habitación en el establecimiento, a cambio de prestar allí sus servicios y dedicar las mañanas a las clases del Instituto. Hizo lecturas intensas y muy diversas, vinculadas a dos acervos de libros tan típicos de su época como antitéticos en su origen: uno fue la Biblioteca de la Acción Social Católica, que atendía <strong>Jesús Comín Sagüés</strong>, abogado y archivero de rancio abolengo carlista; el otro fue el quiosco del anarquista <strong>Ángel Chueca</strong>, en el céntrico Paseo de la Independencia zaragozano, donde Sender adquiría o leía prensa y folletos revolucionarios. Con el tiempo, recordaría aquellas andanzas en las páginas de su cautivadora <em>Crónica del alba</em>, donde confundió el apellido de Chueca –le llamó Checa– y hasta se atribuyó un mínimo papel en la sublevación ácrata del Cuartel del Carmen (enero de 1920), que fue una idea del enfebrecido quiosquero. Chueca murió en el intento de asalto del cuartel y siete de los soldados que se habían sumado a la intentona, entre los que había un corneta de quince años, fueron fusilados.</p><p>  </p><p>Sender ya no vivía entonces en Zaragoza. Salió de su casa para ir a Madrid en 1918, obtenido el título de bachiller. En la capital volvió a ser mancebo de botica, a las órdenes de don <strong>Toribio Zúñiga</strong>, un farmacéutico bejarano que era impulsor de la revista <em>Béjar en Madrid</em>. Sender ya había logrado publicar algún trabajillo en la prensa aragonesa pero su primer texto político fue un poema dedicado al final de la guerra de 1914, titulado “Paz”, que apareció el 16 de noviembre de 1918, cinco días después del armisticio, en la revista bejarano-madrileña de su principal. Consiguió para sus escritos, sin embargo, otros acomodos más cercanos a sus inquietudes. En el periódico republicano <em>España Nueva</em>, publicó el reportaje ”Cuando caían las hojas. Leiba Bronstein” (25 de mayo de 1919), que es una entrevista ficticia con <strong>León Trotski</strong>. El revolucionario ruso había vivido en España entre el 31 de marzo y el 25 de diciembre de 1916; llegó expulsado por el gobierno francés y las autoridades españolas lo reexpidieron a Estados Unidos cuando pudieron. Es difícil que Sender lo viera personalmente y menos todavía que le oyera contar sus desgracias familiares y advertir entonces su “expresión de venganza inexorable” y comprobar “en su rostro las huellas del viejo cincel oriental, el romanticismo de Cristo”. Escoltado siempre por sus correligionarios, Trotski recibió del país una impresión duradera que recogió un capítulo de sus memorias, donde recuerda su visita al Museo del Prado pero no la taberna de la calle del Espejo donde, al parecer, se confesó al joven Sender. Tampoco el soñador muchacho debía de saber mucho acerca de <strong>Rosa Luxemburgo</strong>, a la que evocó en una encendida melopea de aire modernista, “A Rosa Luxemburgo en el primer aniversario de su inmolación. Prosa rimada” (<em>El País</em>, 19 de junio de 1919). Lo cierto es que la homenajeada había muerto el 15 de enero del mismo año de 1919, en Berlín y a manos de los <em>freikorps</em> que liquidaron salvajemente la revuelta <em>espartaquista</em>. El poema toma como referencia el nombre de la revolucionaria que “fue rosa terciopelo, de color sanguinolento, / de pasión fue rosa como la flor lozana, suave y sutil”. La única comparecencia de la ideología, a vueltas de esas galanterías escasamente revolucionarias, está al final: se recuerda su (falso) aniversario, “mientras nosotros, embriagados por ardiente inquietud, / engrosamos rugiendo el fiero alud, / que amenaza enseñando los dientes en lo alto de la sierra”.</p><p>Aquellos fueron sus primeros contactos con “el fiero alud”, al que otros llamaban “un espectro [que] recorre Europa”, evocando la primera frase del <em>Manifiesto comunista</em> de 1848. Su sombra, o quizá su luz sulfúrea, había de presidir los trabajos de Sender hasta veinte años después, cuando hubo de reconstruirse a sí mismo, perdida una guerra, asesinados por los franquistas su esposa <strong>Amparo Barayón</strong> y su hermano <strong>Manuel Sender</strong>, rotos la fe y los vínculos que le unían al Partido por antonomasia, lejos de su país y en los azarosos inicios de otra nueva guerra mundial.</p><p>El periodismo como actitud</p><p>El periodismo era cosa de jóvenes. Lo había sido desde sus inicios decimonónicos y por eso gozaba de un aura de bohemia y hasta de malditismo, de libertad y atrevimiento, que seguiría reclutando a muchos descontentos, soñadores y ambiciosos. A finales del siglo XIX su ejercicio adquirió un tinte más social y de denuncia, lo que en los inicios del siglo XX fue ya tendencia dominante. No importa mucho si era un género literario (o, mejor, varios géneros) porque era fundamentalmente una actitud: su esencia estaba ligada a la captación vivaz de su tiempo, que cada vez fluía más rápido y cada vez era más intenso. La impresión de transitoriedad inestable se superponía a la esperanza del acontecimiento decisivo: ese era el clima en el que vivían tanto los propensos a la elegía como los partidarios de lo profético. La <em>crónica</em> –un galicismo semántico que fue muy temprano entre nosotros– se afianzó, a finales del XIX, como la percepción más personal de la incertidumbre entre lo duradero y lo mudable. El posterior <em>reportaje</em> nació del culto de la noticia y de aquella otra ansia inagotable de mutaciones históricas. Y de la posibilidad de verlas y contarlas…</p><p>El énfasis de veracidad que buscaban los nuevos medios de comunicación favoreció a este gremio de los profetas sobre el de los elegiacos. Primero fue el telégrafo que difundía lo escrito a la velocidad de luz; luego, el teléfono y, casi a la par, la fotografía y el cinematógrafo que aportaban a la columna escrita la certeza de la imagen. La guerra de 1914-1918 fue –además de otras cosas importantes– el laboratorio que gestó un nuevo estatuto de la noticia, del comentario y del editorial. La <em>instantánea</em> fotográfica cambió la percepción de la realidad al captarla <em>in fieri</em>: en 1925 la nueva cámara Leica impresionaba directamente sobre una cinta cinematográfica de 35mm. que ofrecía espacio para 36 tomas. La literatura sabía ya enfatizar la velocidad y la simultaneidad, las transiciones abruptas o el instante revelador y sus procedimientos inspiraron los de la naciente narración cinematográfica que primaba la sencillez y la verdad del testimonio. Lo habían sabido muy pronto la mayoría de los grandes escritores españoles del momento, que fueron periodistas incluso cuando escribían sus novelas: el <strong>Azorín </strong>de <em>La voluntad</em> y de <em>La ruta de don Quijote</em>; el<strong> Pío Baroja</strong> de <em>Vidas sombrías</em> o de <em>La lucha por la vida</em>; el <strong>Valle-Inclán </strong>de <em>La guerra carlista</em> y, sobre todo, de <em>La medianoche. Visión estelar de un momento de guerra</em>, quizá el texto más autoconsciente del nuevo rumbo de la descripción literaria.</p><p>Estos y otros muchos siguieron fieles a las dos almas del periodismo. Reflejaron – alguna vez con grandilocuencia– la solemnidad de lo histórico y la inminencia del futuro que se busca cuando el presente es más desapacible. Pero también detectaron la presencia emocional de lo fugitivo y frágil, concreto y vulnerable, al pie de las abstracciones. Y siempre dejaron un hueco, modesto pero trascendente, para retratarse como testigos: para aquel “que estaba allí”, como dijo un título impagable del gran periodista <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>.</p><p>El periodista Sender</p><p>Sender siguió el camino estético de Baroja y Valle-Inclán, sus elegidos, y pronto hizo una carrera periodística de primer orden. En 1924, de regreso de su servicio militar en África como suboficial de complemento, ingresó como “redactor regional” en el periódico <em>El Sol</em>, el diario madrileño que leían en toda España la burguesía liberal y los profesionales y universitarios más virados a la izquierda. Habitualmente escribía de temas aragoneses pero en 1925 alcanzó una gran notoriedad al narrar el desenlace del llamado “crimen de Cuenca”. Los hechos originarios habían ocurrido en 1910 cuando un campesino del pueblo conquense de Ossa de Montiel desapareció sin dejar rastro y las fuerzas del orden (a favor de la histeria local) lograron que otros dos modestos labradores confesaran un asesinato que no habían cometido. Quince años después, <strong>José María Grimaldos</strong>, la presunta víctima, apareció de nuevo y declaró que “un barrunto” le hizo abandonar su pueblo sin advertirlo a nadie. Sender estuvo allí para hablar con unos y otros y recomponer una dramática historia de ignorancia, recelos y fatalismo, que sus cuatro artículos dieron a conocer a toda España. Quince años después, la convertiría en una de sus mejores novelas, <em>El lugar de un hombre</em>, que en su edición de 1939 se tituló <em>El lugar del hombre</em>.</p><p>En 1930 Sender abandonó <em>El Sol</em> que, precisamente en ese año, afrontaba una crisis de importancia en la que se mezclaron dificultades de tesorería (fue un periódico muy influyente pero nunca tuvo buenos números) y la confrontación política de sus accionistas monárquicos y republicanos. Para entonces nuestro escritor ya enviaba sus incisivas “Postales políticas” al diario anarquista barcelonés <em>Solidaridad Obrera</em> y escribía asiduamente para <em>La Libertad</em>, un diario madrileño surgido en 1919 como una escisión izquierdista de <em>El Liberal</em> y que pronto se distinguió por su cercanía al político liberal <strong>Santiago Alba </strong>y su hostilidad a la dictadura de <strong>Primo de Rivera</strong>. En 1925 Alba trajo como accionista al financiero<strong> Juan March</strong> y el diario, aunque perseveró en su línea política progresista, fue más cauto en su trato a la monarquía. Pero 1930 fue, sobre todo, el año de la primera novela de Sender, <em>Imán</em>, que había comenzado tres años antes. Logró el mejor de los relatos que se escribieron sobre la guerra de Marruecos y una de las joyas de la literatura europea sobre el horror colonial, que ya había inspirado las páginas de <strong>Joseph Conrad </strong>y que, algo después, estaría presente en las de<strong> André Malraux </strong>(que publicó en 1930 <em>La voie royale</em>) y <strong>Louis-Ferdinand Céline </strong>(<em>Voyage au bout de la nuit</em>, 1932).</p><p>En 1931 dio a conocer otra novela con visos de reportaje, <em>O.P. (Orden Público)</em>, que utilizaba sus propias (aunque reducidas) experiencias de detenido y preso político. De 1932 fueron otros dos relatos: <em>El verbo se hizo sexo (Teresa de Jesús)</em>, que es una excelente y respetuosa narración histórica a la que su título hace flaco servicio, y <em>Siete domingos rojos</em>, espléndido retablo de la vida de los anarquistas de la FAI en los años de la reciente dictadura. A la fecha, Sender despreciaba el mundo intelectual presuntamente progresista –tan burgués y escalafonado, en el fondo– y exaltaba el mundo de los instintos –siempre más certeros– que hallaba en sus camaradas obreros y campesinos. Creía que la concepción elitista de la cultura estaba tan en ruinas como el capitalismo que la amparaba y en sus mejores artículos (como “La cultura y los hechos económicos”, <em>Orto</em>, 1932) compatibilizaba la emoción libertaria con el análisis propio del materialismo histórico: era, en definitiva, un típico intelectual <em>comprometido</em> de su tiempo.</p><p><em>*José-Carlos Mainer es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>José-Carlos Mainer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José-Carlos Mainer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Años treinta: Sender en la Unión Soviética]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El paleto europeo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paleto-europeo_1_1137698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ff0aea4-0200-4090-b0ca-4aea02f669e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El paleto europeo"></p><p><em>La editorial Fórcola recupera </em><a href="http://forcolaediciones.com/producto/madrid-moscu/" target="_blank">Madrid-Moscú, Notas 1933-1934</a><em>, el libro en el que el escritor y periodista Ramón J. Sender contaba su viaje a Rusia hace más de 80 años. Publicamos uno de sus artículos.___________________________</em></p><p><strong>El paleto europeo. La plaza roja al mediodía</strong></p><p>Ante todo, aquí hace frío todavía. Y estamos entrando en el mes de junio. Es una declaración que hacemos soplándonos las manos. Los diez días que llevo en Moscú han sido de mal tiempo. El cielo, nuboso; ventisca y lluvia. En invierno estas ventanas dobles que hay en todas partes, estos pasillos, cuyos muros tienen hornos con portezuelas de hierro cada dos metros, deben ser insuficientes. Pero el tiempo en la ciudad no es más que un accidente. Nos han dicho que en agosto hace mucho calor. Mucho calor quiere decir aquí veinticinco grados. Hoy hace el tiempo inseguro y friolento de marzo en Madrid. El aspecto de la ciudad es, sin embargo, de primavera. Flores en los almacenes, piernas y brazos de mujer desnudos. Los gorros de astracán, echados hacia atrás; los fuertes gabanes, ociosos y desabrochados. Mis zapatillas de cuero, compradas en el Torgsin —por fin sé lo que es una «zapatilla rusa»—, están perfectamente dispuestas para el frío. A Pío Baroja le irían muy bien para su reúma. Contemplando estas zapatillas no comprendo por qué se las trata en España con desdén. Las zapatillas rusas son excelentes. En España me costarían 15 pesetas. Aquí, 95 kopeks —no llega a un rublo—. Son datos muy importantes para el paleto europeo.</p><p>Como todas las grandes ciudades, Moscú tiene una personalidad concreta. París, por ejemplo, se nos antoja un inmenso café donde la gente habla del espíritu y cuida de no mojar en el vaso los <em>croissants</em>, porque es de mal gusto. Madrid, un patio de vecindad donde los vecinos llevan el alta y baja de las camisas del prójimo, contándolas en el tendedero. Berlín, un gimnasio. Moscú... Moscú es un campamento en pie de guerra. Una ciudad de tres millones y medio de habitantes, donde sólo hay soldados y obreros. No se sabe dónde comienza el uno y termina el otro. Hemos visto por la calle grupos de cien o doscientos obreros con el fusil colgado cantando himnos revolucionarios. Tienen el fusil en su casa, y han ido quizá a hacer ejercicios de tiro. Hemos preguntado si no existe peligro para el Estado en esos fusiles, y nos han contestado que el Estado son ellos mismos.</p><p>—¿Quizá —hemos insistido— todos esos obreros pertenecen al Partido Comunista?</p><p>—No. Unos sí y otros no. Pero eso no importa.</p><p>Hemos visto a los obreros con fusiles. Igual que en octubre de 1917. En las fábricas hay diarios murales donde se extracta muy inteligentemente toda la información internacional sobre imperialismo y peligros de guerra. No sólo en las fábricas, sino en los vestíbulos de los cinematógrafos, hemos encontrado grandes esquemas en colores sobre el funcionamiento de la ametralladora, del fusil ametrallador y de las bombas de mano. Grandes letras blancas sobre trapos rojos llaman la atención del público sobre la conveniencia de estar siempre dispuestos a defender las conquistas de la revolución. Chicos y grandes se agrupan ante esos esquemas y comentan y discuten. El público —ya lo hemos dicho— es siempre proletario. En Moscú no hay más que proletarios. Por otra parte, en los cuarteles sucede lo contrario: hay gráficos con estadísticas de producción industrial muy minuciosas. Y en las fábricas hemos visto a veces soldados trabajando. El obrero y el soldado se confunden constantemente.</p><p>Hay muy pocos automóviles. Calles céntricas, muy concurridas, dan a veces la impresión del Jueves Santo en Madrid —del monárquico y del republicano— sin carruajes. Como aquí el comercio libre no existe, las cooperativas, los almacenes, no necesitan llamar la atención con alegres rótulos ni competir con llamativos escaparates. Por eso la impresión del Jueves Santo es más exacta. La circulación por la ciudad está reglamentada como en las ciudades europeas. Los tranvías y autobuses son muy frecuentes. Los conducen en muchos casos muchachas. El orden para subir y bajar es riguroso. Cerca de las paradas hay casi siempre un guardia del Soviet, sin armas. No hemos visto nunca agentes de circulación más vigilantes y sagaces ni más bien instruidos. Es un espectáculo verlos cambiar de frente sobre sus tacones, hacer movimientos geométricos exactos y ordenar desde su sitio, sin hablar, sin dar un paso, todo el movimiento de un cruce de calles. Son los únicos guardias que hay en Moscú. Nadie ha considerado necesario poner, como en Berlín o en París, un agente por cada veinte ciudadanos.</p><p>Este gran campamento, cuyo fin no se advierte —por todas partes sigue prolongándose la ciudad—, tiene su cuartel general en el centro, como todos. Está en la Plaza Roja, inmensa, rectangular, cerrada a un costado por las murallas pardas y almenadas del Kremlin, flanqueadas por dos altas torres con cúpulas doradas. Los edificios del Kremlin suben sobre las murallas inmensos, encalados, con cúpulas bizantinas pintadas de verde. Cierra la plaza por los lados menores una basílica rojiza, con una perspectiva complicada, toda minaretes, torres y arcos bizantinos. La antiquísima catedral de San Basilio. Frente al Kremlin, varios edificios europeos, de aspecto suntuoso, con el estilo de las grandes avenidas parisienses. Fueron ayer <em>magasins</em> de lujo, casinos de duques y mariscales, joyerías y grandes bancos. Hoy se apilan sobre los mostradores jaspeados, contra los muros, todavía cubiertos de seda floreada, los sacos de harina o de azúcar; los cubren grandes carteles rojos con estadísticas, y quizá los estantes de una biblioteca escolar. Mujeres de rostro duro, muchachas de contornos firmes y ojos acerados, van y vienen, haciendo notas en cuadernos, atendiendo a este o al otro teléfono. Una palabra cruza el espacio en todas direcciones: <em>tovarich</em>, <em>tovarich</em>. Dan, como casi todos los hombres y las mujeres que hemos visto por ahí, la sensación de un olvido total de sí mismos. El ritmo es el mismo ritmo de los días de octubre de 1917.</p><p>Al mediodía, el reloj del Kremlin deja oír su carillón. El carillón toca una música lenta y solemne: <em>La Internacional</em>. Sus notas van a perderse en el rumor de las aguas del Moscova, río ancho y caudaloso que pasa al pie de las murallas del Kremlin por la otra parte, por el norte.</p><p><em>*Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901-San Diego, Estados Unidos, 1982) fue periodista y escritor, autor de novelas como </em><strong>Ramón J. Sender</strong>Réquiem por un campesino español<em> o reportajes como</em> <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-viaje-a-la-aldea-del-crimen" target="_blank">Viaje a la aldea del crimen</a><em>. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón J. Sender]]></author>
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