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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 58]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-58/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 58]]></description>
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      <title><![CDATA[Inercias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/inercias_1_1203093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3db369c7-079f-48f6-94dd-7a905906769f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inercias"></p><p>  </p><p><strong>inercias</strong></p><p><em>Ser libre no es un don, es una reconquista.</em></p><p>Chantal Maillard</p><p> No tuvo la primavera que aprender</p><p>a suceder al invierno. Transcurrió,</p><p>inercia de toda vida.</p><p>La naturaleza impulsa</p><p>el tránsito de las cosas,</p><p>supo la semilla que había de emerger,</p><p>convertirse en árbol en flor en planta,</p><p>palpitarse en aquello.</p><p>Esa misma certeza anhelo,</p><p>saber hacia qué vacío desprenderme,</p><p>soltarme como hoja caduca de otoño,</p><p>sin resistencia sin juicio sin duda</p><p>transformarme en esa versión de mí</p><p>a la que yo misma precedo,</p><p>abandonarme en otro cuerpo distinto</p><p>en ese gesto natural de lo que nunca</p><p>hubo de ser temido.</p><p>  </p><p>    </p><p><strong>lo más cerca que jamás estaré de tu olvido</strong></p><p>Me duele la levedad de tu nombre en mis labios,</p><p>la ausencia de peso con que el aire de mi boca</p><p>evoca tu espina, el tiempo verbal en el que te palpito;</p><p>en pasado todos somos</p><p>como luz que ciega al ojo</p><p>durante unos segundos.</p><p>Duele que tu nombre sea esto en la memoria,</p><p>un nombre común expropiado por el tiempo,</p><p>un dolor datado, tenerte envasada al vacío,</p><p>congelada la finitud . Coagulando el calendario</p><p>se me deshace sin permiso el duelo</p><p>y revienta las membranas del futuro.</p><p><em>*Marina Carretero Gómez es poeta. Su último libro, </em><strong>Marina Carretero</strong><strong>Gómez </strong><a href="http://www.sabinaeditorial.com/catalogo/escombros-de-marina-carretero-gomez/" target="_blank">Escombros</a> <em>(Sabina Editorial, Madrid, 2016).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marina Carretero Gómez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Qué hay tras el telón?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hay-telon_1_1138759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c26561e0-1ff3-4ad0-9878-8b3834d977a8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hay tras el telón?"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong></p><p>___________________________________</p><p>Una de las últimas tertulias de nuestro club de lectura de la Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, se dedicó a tratar un nuevo género para nosotros: el teatro. Lo hicimos a partir de la lectura de <em>Los buitres (o la muerte de los amantes)</em>, de <strong>Carles Harillo Magnet</strong>.</p><p>Carles Harillo, autor y director teatral y cinematográfico, se ha formado tanto en interpretación como en dirección de cine y guión. Es guionista y director, entre otros, del cortometraje <em>El mal menor</em> —inspirado en el cuento de <strong>Horacio Quiroga</strong> <em>La gallina degollada—</em>, que resultó ganador de los premios SGAE Nueva Autoría 2012 (Festival de Sitges) al mejor guión y la mejor dirección. Entre sus largometrajes destaca <em>Clara_Solange (con mujeres al fondo)</em> —sobre <em>Las criadas</em> de <strong>Jean Genet—</strong>; y entre sus espectáculos y montajes teatrales más recientes cabe mencionar <em>Canciones de carne</em> —un musical protagonizado por <strong>Rosalinda Galán</strong> sobre la artista <strong>María Jiménez—</strong>, <em>Síndrome de Spears</em> —uno de los textos del homenaje al teatro radiado <em>Tres segundos—</em>, la codirección de la ácida comedia <em>Smartphones</em> —basada en el teatro del absurdo, con texto de <strong>Emilio Williams</strong>— y <a href="http://www.edicionesantigona.com/index.php/es/colecciones/teatro/los-buitres" target="_blank">Los buitres</a>, que ha sido representada en Madrid y Avilés entre septiembre de 2015 y marzo de 2016.</p><p>  </p><p><em>Los buitres</em> es el primer texto teatral de Carles que ha sido publicado, una apuesta personal de <strong>Conchita Piña</strong>, autora del poemario <em>Lo que nunca contó Isabella Más</em> y directora de proyectos de la editorial independiente Antígona. Esta editorial, especializada en teatro contemporáneo y en cuyo catálogo reserva un espacio a otras temáticas como la filosofía y la crítica literaria, se ha convertido en uno de los principales referentes en la publicación de teatro. El texto de Carles Harillo está prologado por <strong>Zoilo Carrillo</strong>, también autor y director de cine y teatro, ayudante de dirección de <em>Los buitres</em> y codirector de <em>Smartphones</em>, obra que actualmente dirige en solitario en sus representaciones en México.</p><p>La obra nos presenta un escenario oscuro y decadente que va a la par con los rasgos de sus protagonistas: una pareja que celebra sus diez años de matrimonio desde un estado de desolación, daño y violencia que vuelcan sobre el mundo que les rodea. Aunque intuimos que no siempre han sido así, el Hombre y la Mujer son ahora unos personajes que se alimentan de la carroña y se regodean del mal que ejercen continuamente sobre los demás y sobre sí mismos. Inspirada en el poema de <strong>Charles Baudelaire</strong> <em>La muerte de los amantes</em> de <em>Las flores del mal</em>, <em>Los buitres</em> es una paráfrasis de <em>La danza de la muerte</em> del sueco <strong>August Strindberg</strong>.</p><p>Nos encontramos con una trama aparentemente sencilla pero muy bien construida, que nos va deparando sorpresas tanto en los hechos que se nos van relatando como en la definición de unos personajes bien perfilados que nos van mostrando sus matices a medida que avanza la obra, mientras nos dejan la sensación de querer saber más, de tratar de explicarnos cómo han llegado a este estado y cuál será su final.</p><p>Pese a que una lectura superficial de la obra puede hacernos pensar que se trata una historia alejada de nuestra realidad, el autor nos invita a reflexionar en torno a conceptos como el odio, la culpa, la autoestima, la violencia y otras muchas emociones y actitudes de las que nuestros buitres son, como bien dice Zoilo Carrillo en el prólogo, un reflejo, un espejo en el que mirarnos. Porque, quizá —y afortunadamente—, no experimentamos todo lo anterior en el mismo grado que los protagonistas, pero estoy segura de que podemos reconocerlo en nuestro entorno y en nosotros mismos.</p><p>En la tertulia que mantuvimos en diciembre contamos con la participación del autor, la actriz y gestora cultural <strong>Josi Cortés</strong> —que encarna el personaje de la criada en la presentación de <em>Los buitres—</em> e <strong>Isaac Juncos</strong> y Conchita Piña, editores de Ediciones Antígona.</p><p>La conversación, animada e interesante, giró en torno al proceso de escritura, representación y publicación de la obra. Carles compartió con nosotros el lugar que ha ocupado <em>Los buitres</em> en su carrera profesional y su experiencia vital, cuyo texto original escribió en catalán al finalizar sus estudios de interpretación (cuando tenía 23 o 24 años), y cómo tras estudiar cine y venirse a vivir a Madrid descubrió espacios como La casa de la portera o La pensión de las pulgas, que van más allá de la representación y dan lugar a la inmersión del espectador en lo representado. Nos explicó que aunque Barcelona se ha abierto más en los últimos años, hace siete no existían estos espacios más que en Madrid y su descubrimiento le llevó a iniciar el proyecto de dirigir la puesta en escena del texto. Hablamos, entonces, de la vigencia del texto y los temas tratados -donde se propone al lector reflexionar sobre el lado más oscuro y horrible del ser humano-, y de cómo la incertidumbre del joven Carles al escribirla se había convertido, con el paso de los años, en un hecho, en algo ya vivido. Nos habló del proceso de traducción de la obra (con adaptación del título incluida) y del trabajo con los actores y las adaptaciones que éste propició y enriquecieron el texto.</p><p>Conchita Piña nos explicó que Antígona pretende, con sus publicaciones, saltar la barrera del entorno profesional y que se hable de las obras como un texto literario más allá de su representación. En su caso, llevan 10 años editando teatro y consideran que se puede y se debe vivir de la actividad que realizan, aunque se trate de un género literario minoritario. En este sentido, Josi explicó que su faceta de gestión de la comunicación también resulta viable, pero que el trabajo de actores y actrices es más inseguro e inestable y no todos tienen las mismas oportunidades. Nos explicaron que el mundo cultural es complicado y que por eso es importante diversificar —prueba de ello es el trabajo de Carles, que combina guión con dirección, teatro con cine, etc.— y que incluso a veces se hace necesario recurrir a alternativas de trabajo en otros sectores durante una temporada. Los lectores hablaron de la sensación generalizada de que en estos tiempos, pese a la crisis económica, parece que el teatro está viviendo un momento de auge y revitalización pues a menudo se agotan las entradas de las representaciones programadas. Josi nos explicó que esto se debe a la importancia de la rentabilidad, pues la producción de teatro resulta cara y a menudo es difícil contar con la inversión necesaria para mantener una obra en cartel el tiempo suficiente. Conchita nos habló del auge de las salas <em>off</em> —salas de microteatro, y espacios como Microteatro Por Dinero, que van más allá del circuito comercial—, que cuentan con un cuerpo más amplio de espectadores y llegan a un público más joven. En su opinión, deberían revisarse las condiciones de estas salas, que permiten una mayor experimentación artística. Además, nos habló de la importancia del teatro contemporáneo y de la labor que hacen en ese sentido proyectos enfocados a los institutos como el de La Joven Compañía.</p><p>Uno de los participantes en la tertulia planteó la idea de comprender el texto teatral como una partitura y sugirió que sería interesante conocer el resultado de su representación en las manos de otro director. El autor habló de la importancia de la interpretación del lector, así como de que el texto es inamovible en el fondo pero está sujeto a toda una serie de posibles adaptaciones en buena parte de su contenido. Debatimos en torno a las diferencias entre la autoría y la dirección, así como sobre las versiones de obras clásicas que a través de la visión del director y sus aportaciones consiguen llegar a nuevos públicos. Se planteó también la dicotomía de la subordinación a la ética o la estética al escribir una obra de teatro, a lo que Carles respondió que dependerá de la obra concreta, pues en ambos casos se trata de herramientas de trabajo, pero la ventaja del teatro es que permite conjugar los conflictos y resolverlos de muy diversas formas.</p><p>Comentamos diferentes aspectos de la experiencia lectora de teatro a partir de nuestra experiencia con <em>Los buitres</em>: la idea de maldad y dureza que este texto nos ha transmitido, cómo el teatro —a diferencia de la narrativa— no describe todo lo que sucede y deja así un espacio mayor a la imaginación del lector, la utilización de un tema atemporal como los de las obras clásicas o contemporáneas pero que ya son consideradas clásicas —aquí hablamos de <em>Luces de bohemia</em> y <em>Doña Rosita la soltera</em>, entre otras—- y la importancia de lo que aporta el texto escrito al permitir al lector decidir el tiempo y el lugar que asigna a la lectura y suponer un espacio de encuentro con uno mismo —intimidad que no suele darse al ver la obra representada—.</p><p>Hablamos sobre la fuerza de la obra, su principio desgarrador y el final abierto que hace que el argumento sea circular y deja espacio a la incertidumbre frente a la única certeza: el desamparo y la soledad de la sirvienta. Hablamos también de cómo a lo largo del texto se juega continuamente con el enigma y se van descifrando algunos fragmentos a través del diálogo y del absurdo, y comentamos las características de los personajes, la naturaleza cambiante e inquietante de las relaciones que mantienen entre ellos y que vienen siendo así desde hace años, las intenciones de éstos con sus actos —en teatro nunca se sabe si los personajes mienten o dicen la verdad—, el tiempo indeterminado y el escenario de la casa como un no lugar, el desasosiego que reina y la identificación con actitudes morales reprobables. Josi y Carles nos hablaron también de cómo a pesar de lo grotesco, bruto y dramático del texto, durante su representación se producían en ocasiones momentos de risas entre el público que provocaban una sorprendente reacción en cadena de hilaridad.</p><p>Al hilo de esto último, charlamos sobre el alcance del teatro tanto en su función de espejo —que resulta curativa para muchos desórdenes psicológicos, sean a no lo suficientemente significativos como para dar lugar a un diagnóstico-, la búsqueda de sentido y los textos como herramienta para la toma de conciencia de conflictos internos. Hablamos de cómo a menudo salimos "tocados" del teatro —hay dos obras que lo provocan cuya lectura recomiendo: <em>Pedro y el Capitán</em> de <strong>Mario Benedetti </strong>y <em>Cuando deje de llover</em> de <strong>Andrew Bovell—</strong>, y no solo cuando se trata de obras dramáticas sino también ante buenas comedias; pero se planteó la duda de si todo el teatro tiene esos "poderes curativos". Probablemente esto dependerá en buena medida de la temática, la calidad del texto y la puesta en escena.</p><p>Cuando una lectora le preguntó con qué obra empezar a leer a Strindberg, Carles recomendó <em>La señorita Julia</em>, y nos dijo que en ese momento se estaba representando <em>La noche de las tríbadas</em> en el Teatro Pavón. Carles aprovechó para recomendar el ciclo Femenino Plural, y Conchita y otra de las participantes en la tertulia nos invitaron a conocer el teatro leído del Centro Cultural Blanquerna y de la Sala Berlanga. Al pedirles recomendaciones de lectura, Conchita Piña nos invitó a leer <em>Frankenstein</em> de <strong>Mary Shelley</strong> —pues la figura del protagonista, tan conocida, ha sido bastante distorsionada por las interpretaciones cinematográficas—, Carles recurrió a los relatos de <strong>Raymond Carver </strong>y a <em>Cien años de soledad</em> de <strong>Gabriel García Márquez</strong>, y Josi sugirió <em>Ricardo III</em> de <strong>William Shakespeare</strong> —por la vigencia del texto— y <em>100 m2 (el inconveniente)</em> de <strong>Juan Carlos Rubio</strong>.</p><p>Este experimento arriesgado de leer y comentar teatro publicado dio lugar a nuevas experiencias en nuestras lectoras y estoy segura de que animó a más de una a ampliar su abanico de géneros literarios.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <title><![CDATA[Un poco de mar Cantábrico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mar-cantabrico_1_1138752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/719c8b12-f363-4bef-9e04-09050817cbaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poco de mar Cantábrico"></p><p><strong>Concha Quirós</strong><em>, responsable de la Librería Cervantes de Oviedo, recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________</p><p><strong>CadenasXabier LópezHoja de LataGijón2017</strong><em>Cadenas</em></p><p>  </p><p>La asturiana Hoja de Lata edita <a href="http://www.hojadelata.net/tienda/cadenas/" target="_blank">esta novela</a> que se inicia a partir de la anécdota de un escritor que descubre en la playa a una mujer joven que lee una novela suya, tumbada sobre una toalla. A partir de ahí, se establece entre ambos una curiosa e incómoda relación que conduce a un debate sobre la identidad de lo que es o no es hoy una novela y su construcción. El debate nace cuando la lectora invita al escritor a cenar a su casa, acompañada de su marido, también lector suyo.</p><p><strong>Xabier López</strong>, uno de los escritores en lengua gallega más destacados, construye una novela de novelas, envuelta en distintas atmósferas que se traduce en varias historias en las que no faltan ni el humor ni la ironía. El título hace referencia a varias historias encadenadas, en donde todas tienen en común el binomio sumisión/dominación. <em>Cadenas</em> obtuvo el Premio Xerais, el más prestigioso de las letras gallegas, y el Premio Fervenzas Literarias en doble convocatoria: al mejor autor del año y al mejor libro de narrativa para adultos.</p><p>  <strong>Prólogo para una guerraIván RepilaSeix BarralBarcelona2017</strong><em>Prólogo para una guerra</em></p><p>  </p><p>Me gustan las historias en las que analizan a través de sus personajes la evolución tan distinta que podemos llegar a tener ante un mismo conflicto. Es el caso que plantea el escritor vasco <strong>Iván Repila,</strong> que construye <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-prologo-para-una-guerra/239059" target="_blank">una novela</a> sobre dolor, pérdida y las direcciones opuestas, encarnadas a través de dos personajes: Emil, un arquitecto de prestigio, y el Mudo, un solitario que quiere desaparecer.</p><p>Dos personas que no se conocen, no se imaginan, pero comparten un lastre, una carga que condicionará sus vidas y que terminará por cruzar sus caminos en direcciones opuestas. Dos posibles caminos: uno hacia la destrucción (propia y ajena) y el otro hacia la redención. Una lucha entre dos personajes antagónicos, pero también contra sí mismos de manera individual, en la que influye el entorno arquitectónico. Una poderosa novela sobre la distancia entre nuestros anhelos y los rumbos que tomamos. Dos personajes cuyos rumbos contrarios se irán acercando hasta tocarse en algún punto. Todo ello con la arquitectura como telón de fondo y con una mujer que afectará a ambas vidas.</p><p>  <strong>Los huéspedes de pago Sarah WatersTraducción de Jaime Zulaika</strong><em>Los huéspedes de pago </em></p><p><strong>AnagramaBarcelona2017</strong></p><p>Una historia de amor con tintes psicológicos no exenta de suspense que se sitúa en el Londres de los años veinte. <strong>Waters</strong> narra <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/los-huespedes-de-pago/9788433979711/PN_939" target="_blank">en este libro</a> la crónica de una sociedad en pleno proceso de transformación, y nos presenta un retrato costumbrista con toques de comedia,  en el que no faltan ni la historia de un amor prohibido ni el suspense de un crimen inquietante.</p><p>Una historia que tiene como escenario una mansión londinense en la que viven una madre y una hija de clase ata que debido a ciertos problemas económicos deciden alquilar parte de su residencia a unos huéspedes de pago. La llegada de estos inquilinos romperá la rutina y tranquilidad de ambas mujeres, pero les hará descubrir un mundo diferente, en el que se establecen relaciones impensables que llevarán a complicidades desconocidas y a peligrosas pasiones con terribles consecuencias.</p><p><strong>Dulceagrio Stephanie DanlerTraducción de María Luz García de la Hoz</strong><em>Dulceagrio </em></p><p><strong>MalpasoBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p><strong>Danler</strong> aprovecha sus vivencias para construir su primera novela, que plantea como un despertar a la vida adulta por parte de la protagonista, una joven veinteañera que llega a la Gran Manzana desde una pequeña ciudad de provincias. Toda su inocencia e inexperiencia vital chocará con una realidad aplastante en el que no faltarán elementos muy atractivos pero muy peligrosos a la vez. Envuelta en amistades que se tornan como triángulo amoroso, cada descubrimiento hará temblar y madurar a esta joven que tiene ciertos toques autobiográficos de la propia escritora.</p><p>Desde su publicación, <em>Dulceagrio</em> se encuentra en la lista de los más vendidos del <em>New York Times</em>. Y es que uno de los valores del libro es reflejar a la perfección las jerarquías de poder en el mundo de la alta gastronomía y el papel que juegan las drogas, el alcohol y los delirios de grandeza entre los chefs.</p><p><strong>Índigo marIgnacio del VallePez de PlataOviedo2017</strong><em>Índigo mar</em></p><p>  </p><p>El escritor asturiano regresa con la que describe como <a href="http://www.editorialpezdeplata.com/indigo-mar.html" target="_blank">su novela más personal</a>, una apuesta de la editorial asturiana <a href="http://www.editorialpezdeplata.com/index.html" target="_blank">Pez de Plata</a>. Vuelven a estar presentes la intriga y los enredos argumentales a los que nos tiene acostumbrados, pero hace una introspección y se enfrenta a los fantasmas de la literatura. Para ello se sirve del protagonista, un escritor que se refugia en una solitaria isla, en lo más duro del invierno, para rematar su próximo relato mientras lo cercan extraños vecinos, sueños perturbadores, una fantasmal pantera y una tormenta perfecta.</p><p>Con ilustraciones de Miguel Navia, la novela contiene una suerte de elementos muy del gusto de <strong>Del Valle</strong>: pasiones, <em>thriller</em>, toques costumbristas, reflexión, sexo, maltrato, mentiras y desamor. Todo ello con continuas referencias literarias. Verdades y mentiras y la búsqueda de una vida que tenga sentido más allá de los libros. Pero esto conlleva enfrentarse a fantasmas y a demonios, a miedos y a finales, quizás, no deseados.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cervantes en la calle Dr. Casal, 9, de Oviedo o en su página web.</em><strong>Librería Cervantes</strong><a href="http://www.cervantes.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Concha Quirós (Librería Cervantes)]]></author>
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      <title><![CDATA[Esos seres que hablan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seres-hablan_1_1138744.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/341671bf-9fce-42ac-9810-aed4f2b1dde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esos seres que hablan"></p><p><strong>¿Qué clase de criaturas somos?</strong></p><p><strong>Noam ChomskyTraducción de Jorge ParedesArielBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p><strong>Noam Chomsky</strong> es sin duda uno de los intelectuales más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, y lo sigue siendo hoy en día, a sus venerables 88 años, sobre todo por sus comentarios sobre política americana e internacional. Se le conoce en primer lugar por su contribución a la lingüística y al cognitivismo científico y filosófico, pero desde muy temprano en su trayectoria intelectual no ha dejado de opinar sobre temas políticos, siempre opuesto a los desmanes de su gobierno, como en la guerra de Vietnam, o a las acciones de otros gobiernos, como la ocupación indonesia de Timor. Últimamente, puede vérsele incluso en Netflix, en el documental llamado <em>Requiem for the American Dream</em>, en el que Chomsky expone con su habitual sequedad expresiva la manera en que la riqueza se ha concentrado en unos pocos en América, dejando a muchos en la pobreza, algo que resonará en estos días incluso con más urgencia, dado el ganador de las últimas elecciones.</p><p>El libro que nos ocupa presenta cuatro conferencias dedicadas a temas que han ejercido la mente de Chomsky desde el principio de su derrotero intelectual. Para entender al ser humano, dada su fundamental diferencia con otros seres biológicos, hay que entender en primer lugar qué cosa es el lenguaje, el que constituye un salto cualitativo en relación con las capacidades de los primates que nos anteceden u otros animales, un salto sobre cuyo origen podemos saber poco, dada la escasez de datos empíricos con que se cuenta, aunque Chomsky especula que podría haber ocurrido por un cambio genético que alterara la capacidad computacional del ser humano, algo así como 100.000 años atrás, o incluso más temprano. ¿Pero qué es exactamente el lenguaje? Chomsky define la que considera la propiedad más básica del lenguaje de esta manera: "Cada lenguaje provee una variedad ilimitada de expresiones estructuradas jerárquicamente que reciben interpretación en dos interfaces, la sensorial-motórica para la externalización y la conceptual-intencional para los procesos mentales".</p><p>Ahora bien, Chomsky fue quien sentó las bases para una forma nueva de entender el lenguaje, la gramática generativa, que explica la capacidad humana de generar un número infinito de oraciones con un número limitado de elementos léxicos, esto es, la gramática debe tener algún mecanismo recursivo que permita esta operación computacional. Chomsky distingue, a su vez, entre una capacidad generativa débil y fuerte. La primera permite al lenguaje generar oraciones lineares de modo infinito, mientras que la segunda, que considera fundamental, permite al lenguaje generar constituyentes estructurados jerárquicamente. Chomsky distingue también entre los lenguajes externos e internos y considera que el objeto de la sintáctica es el lenguaje interno, la correcta caracterización intencional del procedimiento recursivo interno que es representado en la mente del hablante. Es más, Chomsky puntualiza que la mayor parte del lenguaje tiene lugar en la mente, como diálogo interno, y que la principal función del lenguaje no es la comunicación externalizada, sino el pensamiento. La externalización del lenguaje puede incluso prescindir del sonido, como en el lenguaje de manos. Pero lo que estructura todas estas expresiones es la capacidad lingüística hereditaria.</p><p>Es bien sabido que Chomsky ha sido asociado con cierto cartesianismo idealista, por su énfasis en una Gramática Universal, que es la que permitiría a todo hablante adquirir una lengua en cualquier idioma. Chomsky, empero, no sitúa la gramática o los elementos conceptuales que la constituyen en un reino ideal ajeno al mundo material, sino en la herencia biológica. Todo ser humano aprende su particular idioma con estímulos limitados, lo que haría casi milagroso el aprendizaje de no postularse la presencia de una gramática universal. Le corresponde a la neurología la explicación de los patrones neuronales que expliquen esta capacidad computacional, pero Chomsky sugiere en este libro que tal vez sea necesario un cambio de paradigma en las ciencias que se ocupan del cerebro antes que una explicación satisfactoria pueda ser posible. Pues uno de los asuntos que ocupan buena parte de este sustancioso libro es la filosofía de la ciencia, sobre todo los límites que tiene el conocimiento humano y la forma en que ha avanzado, más allá del sentido común e incluso de la inteligibilidad. En su concepción, los seres humanos, a menos que sean ángeles, tienen una capacidad limitada de acceso cognitivo, pues es su misma limitación la que permite adquirir conocimiento.</p><p>En este contexto, el de las especulaciones epistemológicas, es que se sitúa la distinción chomskiana entre problemas y misterios, y lo que se ha llamado misterianismo. Los problemas caen aún dentro de nuestras capacidades cognitivas y nuestro poder generativo de hipótesis; los misterios, en cambio, no. La ciencia ha avanzado, sin embargo, muchas veces sin poder explicar partes esenciales de sus teorías, como cuando Newton describió las leyes que gobiernan la gravedad sin entender cómo era posible la acción a distancia. De igual modo, recuerda Chomsky, la química pudo avanzar sin ser reducida a la física, hasta que la física cuántica abrió otras posibilidades de comprensión científica. Chomsky sugiere una conexión entre su rechazo de la referencialidad y su misterianismo. Los conceptos atómicos del lenguaje no pueden ser todos relacionados directamente con eventos y propiedades independientes de la mente, lo que no ocurre con los lenguajes animales. Esta característica del pensamiento chomskiano se relaciona a su vez con el naturalismo metodológico de Chomsky y su rechazo del dualismo metodológico. Si bien hay cosas que nuestra propia constitución biológica impide conocer, esto no ha detenido el avance de la ciencia, aun cuando opere con limitaciones. Es probable que dadas otras condiciones naturales de cognición, otros serían los límites epistemológicos. Los seres humanos poseerían lo que llama una facultad de crear ciencia, pero dadas sus limitaciones, Chomsky cree que la investigación científica debiera adoptar un ¨escepticismo mitigado¨, esto es, abandonar la idea de que el universo vaya a ser inteligible a los seres humanos por completo.</p><p>Pero las labores intelectuales de Chomsky no se han circunscrito a la lingüística o la filosofía de la ciencia, como dijimos. Hay una sutil conexión entre sus quehaceres más abstractos y su preocupación política. El ser humano tiene la capacidad innata de producir lenguaje, pero también de desarrollarse en todos los ámbitos de la ciencia y el arte. Obstaculizar tal desarrollo tiene que ser considerado una injusticia y eso es lo que hacen muchos gobiernos al condenar a muchos de sus ciudadanos a la pobreza o al oprimirlos directamente. Chomsky dedica uno de los capítulos de su libro al bien común y recurre para su reflexión a la tradición anarquista. Cree que el esfuerzo de justificación le compete al sistema capitalista en ejercicio, pues han de hacer comprensible al hombre común que se les prive de oportunidades de desarrollo humano. De lo contrario, las instituciones que sostienen un sistema que empobrece y oprime, han de ser desmanteladas y construidas de nuevo, bajo el principio de organizaciones libres que deciden sus objetivos en común. La democracia, tal y como opera hoy en día en su país, favorece a las élites, algo que tiene sus raíces en el propio origen del sistema democrático americano. Chomsky cita a los Padres Fundadores, en el sentido de que se muestran temerosos de que la chusma acceda a cualquier poder decisorio, por lo que se inventa un sistema que los excluya, y que garantice la prevalencia de las élites y la conservación de sus propiedades, algo que sigue ocurriendo hoy en día. Hace referencia a las experiencias anarquistas en España y las muestra como ejemplo de lo que puede alcanzarse desde una organización comunal que no ignora a las bases. Chomsky no se decanta por partido político alguno, al menos en el contexto de este libro, pero deja claro que siempre habrá injusticia donde se ignore el desarrollo natural de los seres humanos. En este sentido, Chomsky continúa una vieja tradición humanista que se centra en el florecimiento humano como principal bien común.</p><p>El libro se presenta como una serie de conferencias desprovistas de lenguaje técnico y accesible al público en general, pero aunque es cierto que Chomsky evita tecnicismos abstrusos me imagino que buena parte del libro le resultará de difícil al lector común, por su constante referencia a otros autores, a teorías planteadas por el autor previamente, a investigaciones de especialistas. Chomsky recorre vastas áreas de conocimiento con pluma segura, lo que deleitará al enterado, pero confundirá, tal vez, a quien se acerque a este libro como primera aproximación al autor. Cierta familiaridad con los temas que preocupan al autor es, por tanto, un requisito que enriquece la lectura de una persona cuya importancia en la historia intelectual de Occidente no puede exagerarse.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esos seres que hablan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Exploraciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/exploraciones_1_1138739.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a4f01953-065e-4ab9-95d2-5b298c3a5b3c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Exploraciones"></p><p><strong>El sol sobre la nieveÁngel Talián</strong><em>El sol sobre la nieve</em></p><p><strong>BalduqueCartagena2017</strong></p><p><strong>Ángel Talián</strong> es una voz fresca y generosa. Tiene un pie en cada uno de los lenguajes poéticos del siglo: la muestra clásica y la poesía del <em>slam</em> y la improvisación. La gruesa vena de la interpretación marca para bien a los poetas y Talián sabe navegar ambos mares porque es actor y es poeta. En su escritura resuenan los ritmos de la poesía dicha y bien recitada, exenta en su último trabajo de las trabazones de la puntuación, y así, deja las palabras y los versos al esfuerzo recompensado que conlleva localizar la voz del poeta a través de su gramática y su exposición de ideas.</p><p><a href="http://www.balduque.es/el-sol-sobre-la-nieve/" target="_blank">El sol sobre la nieve</a> es un libro liminar, por donde se pasa de la poesía de la juventud a la poesía del adulto, amenazada por la decencia que seduce en el camino que lleva a los cuarenta. Se estructura en dos partes bien diferenciadas en el paisaje, el tono, la estructura y el discurso. Diferenciada en los astros y los fenómenos meteorológicos. En la luz y el frío, en el calor y el invierno, en el verano y la oscuridad. La primera parte abre con un “marco”, un pórtico lúcido con un poema expuesto como calcetín reversible, en ida y vuelta. Tales experimentos estaban reservados a la poesía de los límites y a brillantísimas oportunidades carnavalescas (puedo recordar una versión de los “duros antiguos” gaditanos, cantados del revés). Se trata de componer un poema en dos direcciones, que se lea del derecho y del revés. El gran hallazgo de Talián es ubicarlo en una razón mayor, anuncia el viaje de ida y el viaje de vuelta en un avión, porque tal elemento hace exactamente eso: es decir, Talián ubica el hallazgo en la mecánica y cobra mayor sentido la forma que en el sencillo juego del surrealismo o la inventiva gaditana.</p><p>A partir de este pórtico,<em> El sol sobre la nieve</em> se centra en el sol, en un luminoso sol californiano ideal para la vivencia del último viaje, de cuando éramos jóvenes. Pueden hallarse muchos ecos. Todo autor necesita ecos, todo autor es un eslabón más, un relevista que recibe un texto y debe llevarlo, a través de los años, a la siguiente línea, la siguiente generación. Talián ha recibido múltiples relevos de muchas voces de la poesía granadina –desde <strong>D'Ors </strong>a<strong> José Carlos Rosales—</strong>, pero también de los autores de los cincuenta, especialmente de <strong>Gil de Biedma</strong>, creando en muchos casos injertos de versos en los versos que se muestran compactos y poderosos, como relevos bien entregados en una única carrera.</p><p>Talián ficciona el viaje de la juventud, el recorrido por las carreteras del oeste americano, con todas las resonancias culturales que debemos encontrar entre California y Nevada. Los enfermos de los mapas seguimos el itinerario con el Google Maps abierto: aquí San Francisco, allí Yosemite, más acá, cerca del final, Las Vegas. El ritmo se acelera como el viaje del Dodge, cabalgando el grupo de forajidos desde Berkeley al Gran Cañón, 666 millas, mirando el azul y frío Pacífico, <strong>Auster</strong> incógnito, los ríos en catarata de los parques nacionales, moteles de carretera, antiguas ermitas españolas y el mosaico aterrador de las gentes de San Francisco cuando Talián, hábilmente, transforma el <em>Aullido</em> de <strong>Gingsberg</strong> ("He visto a las mentes más maravillosas de mi generación…") en un "Maullido" que se adelanta en el tiempo a la empresa de la postverdad, del trumpismo y de la Norteamérica ombliguista, temerosa y violenta.</p><p>La segunda parte del poemario abandona la juventud en la Costa Oeste para pasar a un paisaje centroeuropeo, nevado, en un largo poema que anda por la ciudad en tanto nieva. A mí los largos paseos siempre me evocan el <em>Paseo de los Tristes</em> de <strong>Javier Egea</strong>. Por eso me gustan los poemas de paseos, de gente que piensa, sufre y ama mientras anda. Porque son esos paseos que conducen de la más sencilla situación cotidiana a la reflexión recóndita. Y además, incluye la hermosa metáfora del viaje de <strong>Shackleton</strong>, en el tiempo de los héroes.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor.</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Exploraciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Poesía teatral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-teatral_1_1138733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b2023ee0-8829-48af-b0ad-d48501a2d049_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poesía teatral"></p><p><strong>Dime 'Lo'Mónica FrancésAmargord EdicionesMadrid2017</strong><em>Dime 'Lo'</em></p><p><em>—Dímelo, Mónica Francés, ¿qué riesgo pretendes afrontar con la publicación de este libro y de qué forma tu experiencia teatral se refleja en él?</em></p><p><em>—Más bien se trata de un reto: alcanzar una cierta coherencia y profundidad discursiva, hacer además una apuesta por la tradición irracionalista y la vanguardia para intentar merodear la contemporaneidad. Y en ese proceso es importante lo teatral, ya que, para mí, la superficie tanto del poema como de la escena son una suerte de lienzo donde todo lo que asoma dispara posibles sentidos.</em></p><p>  </p><p>Aunque parezca extraño comenzar una reseña (en esta ocasión la del poemario <strong>Dime 'Lo'</strong> recién editado por Amargord Ediciones) con palabras de la propia autora, éstas señalan perfectamente lo que su libro tiene de apuesta por la verbalidad vuelta escenario y por una comunicación directa con el lector ya, desde el mismo título, enunciadas. También nos da claves que enlazan con su trayectoria: <strong>Mónica Francés </strong>(Granada, 1971) ha sido actriz en la compañía de teatro contemporáneo Q-Teatro, dirigida por la dramaturga <strong>Sara Molina</strong> (a quien considera, como nos comenta, compañía fundamental dentro y fuera de la escena y parte de esa tríada que es base de su proceso creativo, formada por el teatro de <strong>Brecht</strong> y la vanguardia, su propio análisis desde la teoría psicoanalítica y el materialismo histórico aprendido de <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>) y crítica teatral para el diario <em>Granada Hoy</em>. También es constante su implicación en ciclos culturales —FEX o Memoria Joven, con <em>performances</em> músico-poeticas—, en la revista <em>Letra Clara,</em> siendo incluida en antologías como <em>Ciudad poética</em> de 2008, <em>Poesía en el jardín 3</em> de 2014 o <em>Todo es poesía en Granada </em>de Esdrújula Ediciones en 2015 y ha publicado dos <em>plaquettes</em>; <em>Área 25</em> y <em>Todo es relato</em> con Asociación del Diente de Oro (2007-2011).</p><p>Este es su primer poemario, que nace de la decantación intensa del texto, de una maduración poética fraguada durante años en los que la autora se ha tomado su tiempo de escritura obviando esa —a veces acechante— compulsividad del autor novel para publicar con el fin de escribir <em>el libro</em> que realmente la leyera. Un libro que fuera una apuesta no sólo vital o estética sino incluso ética, y esto desde el momento en que Mónica Francés asume lo que Juan Carlos Rodríguez llamaba "pensar desde la explotación": un proceso continuo de interrogación de lo que sea el yo, usando el lenguaje como instrumento de análisis del inconsciente ideológico capitalista desde el que escribimos, de (en palabras también del maestro marxista) "esas pulsiones configuradas a través del yo-soy-histórico" y siempre en busca de esa palabra rompedora que él definía como aquella "que sepa mostrar y desvelar todas las contradicciones que nos rodean".</p><p>Poesía, pues, de la búsqueda y de indagación dentro del propio poeta —me vienen a la mente ahora unos versos de <strong>Rafael Cadenas</strong> recién leídos: "¿Quién es ese que dice yo usándote y después te deja solo?"—, pero nunca con tintes de confesionalidad, sino con esa perspectiva más alerta de sospecha ante el propio inconsciente, fruto de su trabajo con aquellas preguntas lanzadas por la escuela de Lacan: ¿Qué hacemos con nuestra condición de seres hablantes y sexuados? ¿Cuáles son las conexiones de la lengua y la cultura con lo simbólico y su potencia creadora, con lo que hace a cada persona particular? ¿Cómo subvertir el molde de sujetos que se nos impone y tomar distancia de los espejismos del superyó capitalista, de la marca del lenguaje del Otro sobre nuestro cuerpo?</p><p>Así, ya al comenzar el libro, nos habla una voz poética que, más que mostrarse, se representa a sí misma sobre la página, diciendo "Voy a echarte mi cuerpo a leer", en un poema que revela una interesante erótica de la lectura y funciona como "teloncillo" (son sus palabras) de apertura, como invocación al lector que redobla el llamamiento del título. También podemos rastrear el bagaje teatral antes citado en la propia estructura que lo organiza en tres partes, tres tiempos, tres actos casi teatrales que se yuxtaponen más que obedecer a una progresión lineal desde el primer poema hasta el estupendo poema de cierre que funcionaría como telón final, pudiendo leerse además ambos textos como poéticas propuestas por la autora. Este uso de un yo teatralizado (que se disuelve en la  escenografía alzada por los versos, que muestra los huecos de una realidad social reinterpretada) tiene siempre un componente espacial y escénico: lo vemos en el poema "El hombre grande", donde descubre el autoengaño de esa brillante utilería de la nada que la sociedad actual nos hace cargar como equipaje, ese "bailar ningún aquí", en palabras que nos recuerdan el irracionalismo de las vanguardias literarias, un revivido surrealismo de las imágenes desplegadas desde la destilación onírica de lo mirado o sentido. Ya que otro eje central del poemario es la mirada (ese búmeran cargado tantas veces de vacío impronunciable), aquí pronunciada en una certera espiral: la poeta se mira y a la vez se deja mirar quieta en el escenario que supone la página, y la mirada del lector sobre lo escrito abre otra mirada ahora ya sobre sí mismo. Escribe: "Te busco en esa mirada, en la forma en que me miras, me busco a mí".</p><p>La sucesión de poemas va creando un ritmo muy personal de escritura. El martilleo de la palabra, el verso entrecortado, los encabalgamientos y la diversidad estrófica consiguen hacer cuerpo, resonando bajo la mirada del lector, el propio lenguaje, y ello no sólo en su aspecto fonético, en la musicalidad que nos deja, sino incluso en el más tangible de la propia grafía: líneas desplazadas, distinto tamaño de letra, uso de cursivas,  toques de poesía visual (hay varias muestras, como el poema "Pancartas al pie del ser y la letra"), configurando con ello otra forma de acentuar la palabra poética, casi una respiración escrita. Todo esto hace que veamos en estos versos de Mónica Francés, junto a la cuidada sonoridad, un alto componente plástico, de cuadro que se nos va formando en la retina, pero un cuadro de técnica puntillista, con diminutos trazos o  golpes de sentido como brochazos más intensos, en juego constante de contraluces, con un uso de la abstracción que (mezclando coordenadas espaciales y temporales, jugando con la ilusión óptica en el poema) nos propone otros vértices de lo cotidiano que distorsionan/alumbran lo real. Así, escribe "como en sus ojos de liebre crudo es el sentido" y entonces un bodegón de fuertes contrastes se nos da a leer en el poema "Habla luz". Los ecos literarios se funden con los de otras disciplinas en referencias escondidas y diversas: como ella confiesa, los títulos de cada epígrafe son citas ocultas de <strong>Lacan</strong>, del cineasta <strong>Pedro Costa</strong> y de <strong>Federico García Lorca</strong> (las únicas citas literales son una falsa de <strong>F</strong>reud y otra verdadera de <strong>Arístides Vargas</strong>), y hay guiños a <strong>Carlo Gesualdo</strong>, a <strong>Werner Herzog</strong>, a los artistas plásticos <strong>Juan Muñoz</strong> y <strong>Javier Pérez</strong>, a <strong>Chantal Maillard </strong>y <strong>Juan Gelman</strong>.</p><p>Se trata pues de un discurso no unívoco, no diáfano. Los poemas exigen trabajo del lector, pero lo hacen porque la poeta confía/se confía a él al entregárnoslos. Se ofrecen para ser releídos, para volver sobre ellos y descubrir a cada lectura los matices y los ecos: por ejemplo, en "Por el camino de las Cantarranas…", la huella narrativa de <strong>Faulkner</strong> nos abre aparentemente un paisaje externo cuando en realidad ese mismo paisaje es el remolino de luces y sombras, las poderosas y sorprendentes imágenes, de un monólogo interior. Pero Mónica Francés es poeta no sólo del adentro sino, sobre todo, una creadora que sabe lo que ese supuesto yo oculta y revela de todos los "afueras". Hay en el libro una presencia constante del compromiso ético y, en un sentido real, político (y aquí vuelve esa tramazón teatral que sustenta su trayectoria). Político con pleno cariz brechtiano, como contestación a esa "ideología dominante" hoy llamada "pensamiento único", y político en cuanto a texto que es "una investigación de los mecanismos de dominación y sometimiento" (y de nuevo traigo palabras del maestro Juan Carlos Rodríguez) y una toma de posición como ciudadana y mujer, lo que vemos especialmente en el poema "Jackpot" donde trabaja el concepto de femineidad, su condición sexual, su aún no resuelta doble explotación. Y hay también compromiso personal con el lenguaje, con todos esos pliegues en los que, desde la palabra, nuestras relaciones con los otros y la sociedad acaban definiéndonos (de ahí la doble lectura social/íntima de poemas como "Hablaré de ella", "Conversemos", "Dime<em> Lo</em>" o el ya citado “Habla luz").</p><p>Ahora es el lector el que debe Decir<em> Lo</em>, a su propia manera, recogiendo esos múltiples sentidos que esconde cada palabra de cada poema. Hasta ver, finalmente, cómo su propio cuerpo se deja leer, bajo otra luz, sobre la página nueva que nos trae Mónica Francés.</p><p><em>*Trinidad Gan es poeta. Su último libro es </em><strong>Trinidad Gan</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/home/103-36-papel-ceniza.html" target="_blank">Papel ceniza</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Unamuno joven, viajero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/unamuno-joven-viajero_1_1138726.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4db11d24-afb3-426b-bfea-603841f215d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unamuno joven, viajero"></p><p><strong>Apuntes de un viaje por Francia, Italia y SuizaMiguel de UnamunoEdición de Pollux HernúñezOportetMadrid2017</strong><em>Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza</em></p><p>  </p><p>Que a estas alturas aparezca un libro nuevo de <strong>Unamuno </strong>(1864-1936) es un acontecimiento literario de primer orden, pero si además tiene el interés que posee este y se nos presenta tan cuidadosamente editado, resulta entonces un lujo poco habitual. El caso es que en 1889, cuando el escritor vasco contaba 25 años y estaba a la espera de sacar unas oposiciones y casarse con su novia de siempre, <strong>Concha Lizárraga</strong>, su tío <strong>Claudio </strong>lo invitó a un viaje en tren por Italia, Suiza y Francia, que duraría un mes y medio, en compañía de su amigo don <strong>Adolfo</strong>. Unamuno irá tomando nota de sus impresiones todos los días, hasta el punto de que acabe componiendo un auténtico diario de viajes, que en 1915 lo tacha de “diario de un joven filólogo“. De haberse publicado entonces hubiera sido su primer libro, pues la novela <em>Paz en la guerra</em> no aparece hasta 1895. Vieron la luz, en cambio, como artículos de prensa, sus impresiones sobre Pompeya, Florencia, Marsella y París. El resto del diario había permanecido inédito hasta ahora. ¿Por qué? Conjetura el prologuista que por su anticlericalismo, pero podría añadirse también que por lo atrabiliario, a veces, de sus juicios, y por sus ideas sobre la patria euskalduna, la raza y el deseo de que los escritores vascos se vinculen a la cultura francesa, más que a la española, ideas cercanas a las de la actual izquierda abertzale. Y, sin embargo, en otros momentos del texto se lamenta de que algunos catalanes no se sientan suficientemente españoles.</p><p>Cuando en 1911 haga balance de su viaje, para el libro de <strong>Gilberto Beccari</strong> (<em>Impresiones italianas de escritores españoles, 1860-1910</em>, ¿fecha?), confiesa: "Más de una vez he pensado publicar aquellas ingenuas y juveniles impresiones de viaje, pero ¡son tan cándidas, tan simples!". Reconoce, además, que en Florencia volvió a sentirse "verdaderamente cristiano, en aquellos días en los que el positivismo más árido y el más duro fenomenalismo hacían estragos en mi alma" (pág. 190). Y en otro texto, ya de 1915, recuerda que cuando escribió el diario "no era sino un joven atiborrado de romanticismo... francés", un "español quisquilloso y receloso". Y si continuamos avanzando en el tiempo, lo describe en 1924 como simplemente el "diario de un nostálgico" (pág. 200 y 202).</p><p>Respecto al anticlericalismo sobran ejemplos, pero baste un par: el Sagrado Corazón, nos dice, es "una estatuilla francesa, cara afeminada, rala barba rubia, ojos azules..."; y pensando en <strong>Rousseau</strong>, reflexiona: "Siempre el clero se divierte en combatir muertos y refutar doctrinas que pasaron, nunca ataca lo vivo, lo presente (...), siempre sin querer comprender lo que es la vida" (pág. 98). Y por lo que se refiere al nacionalismo, en varias ocasiones se preguntará por la patria, por sus raíces, y concluye que una nación es "un conjunto de gente que hablando como piensan se entienden", de ahí que Suiza no le parezca que lo sea, aunque admire su federalismo. Y, sin embargo, cuando concluye el viaje y regresa al País Vasco, se exalta con la patria, la raza ("siento un extraño placer en pertenecer a esta raza enigmática y vigorosa arrinconada en el Pirineo"), la lengua y el carácter (pág. 21, 49, 91, 100 y 145). En fin.</p><p>El objetivo último del periplo había sido visitar la Exposición Universal de París, pero antes de alcanzar su destino se detienen en Barcelona, Marsella, Pisa, Roma, Nápoles, Pompeya, Florencia, Milán, Lucerna y Ginebra, entre otros lugares a los que el viajero les presta menos atención. En suma, el recorrido se compone de dos etapas, y la segunda empieza en la capital francesa; si bien habría que añadir una tercera, con los apuntes en torno al País Vasco que se recogen en el <em>Cuaderno II</em>, destacando su desahogo sobre las opiniones independientes, y contra la miseria moral que supone el "compadrazgo".</p><p>Lo importante es que aquel "viaje de mocedad", como lo llamará, no solo sería para él una experiencia vital extraordinaria, sino que resultaría importante para su formación intelectual, pues le despertará la curiosidad por otras gentes y paisajes, así como por la historia ("con el viaje se me va abriendo un apetito que nunca he tenido, el de estudiar historia"), la cultura y la literatura de aquellos países, animándolo a "seguir llevando memorias, escribiendo el día que tenga algo digno de anotar". Y a pesar de todo ello, llama la atención que no pueda dejar de hacer constantes comparaciones con su tierra, decantándose casi siempre por Bilbao, y añorando a su prometida, cuyas cartas espera con impaciencia, pero también el cuarto habitual de trabajo y los libros.</p><p>Desde el comienzo, se advierte que esas notas podrían ser "cantera para cuando quiera escribir o citar algo de Italia, Suiza o Francia", pues le servirán cuando pierdan las "impurezas de lugar y tiempo", tal y como ocurrirá en los artículos que iría publicando. Así, reflexiona: "la fantasía nada ve en un paisaje hasta que se haya dulcificado la impresión de la realidad". Pero, sobre todo, sorprende la libertad, e incluso el desparpajo, aunque también la escasa sensatez y conocimiento con que opina de las ciudades, de la vida y del arte, e incluso a veces se exalta, como cuando llama a <strong>Calígula </strong>"imbecil", dos veces en la misma página (pág. 45), o afirma que el Apolo de Belvedere le parece un <em>maricón</em>... (pág. 69). Pero es, precisamente, esa dislocada sinceridad (las cosas "le entran" o "no le entran", es la expresión que suele utilizar), lo que convierten en singulares estas páginas, así ocurre –por ejemplo— cuando al comparar Barcelona con Madrid, aquella le parece "la primera población de España", mientras que tacha a la capital de "villorrio" (pág. 18).</p><p>Por todos los lugares que pasa, adquiere la costumbre de comprar la prensa local, y se fija en las mujeres, en su belleza o fealdad, aunque el mayor elogio que les dedica es el de "hermosas". Abomina de lo pintoresco, cuando recorre la hoy denominada Costa Azul; no le gusta la torre de Pisa, pues le parece "una obra de confitería que se cae por haberse derretido en parte"; en Florencia no ve arte alguno en la Capilla de los Médicis, ni tampoco le produce entusiasmo la visita a los Uffizi, aunque tras recorrerla de nuevo, en el viaje de vuelta, rectifique y se entusiasme, ni el Palazzo Pitti, ni aun siquiera el Duomo. De la basílica de San Pedro ("Roma me ha aplastado", afirma), lo que más aprecia es el altar mayor, pero no le impresiona la Capilla Sixtina, mientras que en los Museos Vaticanos le llama la atención un cuadro de <strong>Rafael </strong>en que se representa al Padre Eterno mostrándonos a Adán y Eva. Al visitar el Coliseo, los mártires le parecen unos "santos locos"; y apenas manifiesta aprecio por los jesuitas, pues les reprocha que se burlen del racionalismo y "del darwinismo y [llamen] a los evolucionistas chimpancés"... Pero sigamos: la visita al sepulcro de <strong>Virgilio </strong>lo lleva a confesar que es un autor que "nunca me ha entrado", y cuya poesía tacha de "afeminada" (pág. 56 y 172), y en cambio pondera la obra de <strong>Catulo </strong>(pág. 64). La Scala de Milán le parece "nada", y no se le ocurre en cambio ir a contemplar <em>La cena</em>, de <strong>Leonardo</strong>, ni la Pinacoteca de Brera. Suiza, país de pastores y confiteros, le parece una colonia inglesa plagada de hoteles en manos de explotadores; y una vez en Ginebra, se detiene a meditar ante la estatua de Rousseau, aunque echa de menos la presencia de <strong>Calvino</strong>, y se queja de las pulgas que encuentra en la cama del hospedaje.</p><p>Los mayores elogios, por el contrario, se los lleva la ciudad de Florencia ("tan callada, tan tranquila, tan llena de espíritu burgués que huele a algo vivo"), su comida, la pintura de <strong>Fray Angélico</strong>, o el hermoso panorama de Nápoles que se observa desde San Martino. Milán da la sensación de ser la cabeza de Italia, el centro de la cultura. Y nos confirma que se siente atraído por <strong>Poe </strong>y <strong>Hoffmann </strong>(pág. 131), así como por la poesía de <strong>Leopardi </strong>(pág. 171, 176 y 180). En un momento dado hace un balance de su visita a Italia: "A Nápoles le hallé ardiente, hasta lascivo, lánguido (todo en masculino); a Roma soberbia apabullante, pero fría; a ti, pobre ciudad silenciosa [Florencia], te hallo dulce como los cuadros de Fra Angélico, honda como el sentir del <strong>Dante</strong>, seria como Savonarola // No te despido porque te llevo conmigo" (p. 85). Y, sin embargo, uno de los lugares que más le impresionan, o al menos se refiere a él en numerosas ocasiones, es la estatua de <strong>Giordano Bruno</strong>, en el Campo dei Fiori, de Roma (pág. 43, 72, 74-78, 83 y 112).</p><p>A París reconoce llegar influido por la visión del mundo del naturalismo de <strong>Zola</strong>, aunque también aprecie "la sombra inmensa de <strong>Balzac</strong>" y "el desdén frío de Flaubert" (pág. 129). En cambio, lo decepciona la Torre Eiffel y, en general, la Exposición ("esa estúpida Exposición, el colmo de lo cursi", como cursis le parecerán los balnearios vascos). Le desagrada, en especial, el pabellón español, que le resulta el menos logrado, pero sorprende que ni siquera despertara su curiosidad el gran cuadro de <strong>Gisbert</strong>, <em>La ejecución de Torrijos</em>, que tanto impresionaría a <strong>Juan Marsé</strong> o a <strong>Javier Marías</strong>; lo contrario que el de los Estados Unidos, si bien en las visitas finales se mostrará más benévolo con algunos aspectos de "esta Babilonia", como denomina a la Exposición.</p><p>El caso es que compara París con Roma, Barcelona, e incluso con Guernica, y casi siempre sale perdiendo... Disfruta, en cambio, en el Barrio Latino, "hojeando libros, que es lo que más me distrae, más que leerlos", y en su recorrido por el Louvre. Y lo que le interesa más, junto a Notre Dame y el museo de Cluny, son los alrededores de la ciudad, Versalles. Al final, sintetiza: "París no se ve, se vive. Florencia, Roma, los Alpes se ven, son espectáculo. París no es espectáculo" (p. 114). Así, concluirá, cambiando una vez más su precipitada primera impresión: "ya me siento en París como el pez en el agua y creo que [me] quedaría aquí" (pág. 137).</p><p>El joven Unamuno, que no se muestra en este viaje precisamente contemplativo, tiene ya firmes convicciones, pues insiste en que no le gusta tomar fotografías, ni tampoco comprarlas, porque le parecen "mentira pura" y "no sirven más que para extraviar el recuerdo, encadenar la imaginación y chafar las impresiones". Ahora bien, si una obra de arte –nos dice— pasa la prueba de su vulgarización, en una fotografía, como ocurre con la Torre Eiffel, perdurará para siempre (pág. 31, 73 y 123). Quizá por semejantes razones, defiende que la emoción artística se produce igual contemplando los originales que las copias de las grandes obras (pág. 139). Por lo demás, abomina de las traducciones literarias; le llama la atención que los italianos hayan conservado el gusto de los antiguos romanos por la literatura epigráfica, por las inscripciones y epitafios; no le complace la consigna "Libertad, igualdad y fraternidad", al no comprender el sentido de la libertad y se indigna con el <em>por favor</em> francés: "Toda esa inmensa tontería del francés está retratada en esa fórmula S.V.P. [<em>s´il vous plait</em>]".</p><p>Todo esto ocurre cuando aún no existía el turismo masivo y, sin embargo, observando Roma se lamenta Unamuno: "Hoy eres otra vez pasto de los bárbaros que, guía en mano, vienen a curiosear en ti (...) Pero sobre todas las torturas, has sufrido ¡oh Roma! la más horrible, la más vergonzosa, la más cruel, la que más degrada, has sufrido el tormento de ser descrita miles de veces por toda clase de turistas y poetas" (pág. 77). Por último, habría que señalar que sus comentarios no carecen de humor, como cuando pasa por Plasencia (Lombardía), y afirma que desde hoy será célebre porque él se tomó allí dos vasos de cerveza... Solo unos pocos meses después de finalizar el viaje, moriría su generoso tío. Y en 1891 se casa, y de inmediato obtiene una cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, instalándose a vivir en la ciudad, con lo que su vida se encarrilaría definitivamente.</p><p>No sería justo concluir esta nota, a todas luces excesiva, sin destacar la cuidada presentación y edición del libro, no solo por la tapa dura, el precioso marcapáginas que adopta la forma de la entrada de la Exposición, el mapa del itinerario, la reproducción de una parte del cuaderno y el índice de nombres, sino muy especialmente por el prólogo, los apéndices y las utilísimas notas de <strong>Pollux Hernúñez</strong>, traductor en la Unión Europea, hoy jubilado, y autor de una tesis doctoral dirigida por <strong>Pierre Grimal</strong> en La Sorbona, unas inmejorables credenciales.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Unamuno joven, viajero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Viajes,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La mudanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mudanza_1_1138717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9343a0a9-f054-45fc-81dd-5db73b2c3909_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mudanza"></p><p><em>(Comienza Ramón Cote.) </em><strong>Ramón Cote</strong></p><p>Quién iba a creerlo, pero al fin sucedió lo que nadie pensó que pasara: el fantasma se fue con ellos a su nueva casa.</p><p>Carlos y Lucía estaban cansados de vivir en su apartamento. No sólo porque cada vez era más difícil llegar al centro de la ciudad, porque últimamente habían abierto un par de discotecas que no dejaban dormir al vecindario, porque la señal de Internet siempre se caía a los cinco minutos sino además porque ya no podían seguir viviendo con un fantasma. –Creo que es mujer, le dijo Lucía a Carlos cuando descubrió que estaban en desorden sus cepillos y le empezaron a faltar los delineadores de los ojos. –No lo creo, fíjate que le encanta jugar con mi colección de carritos en miniatura, pues cada vez que los voy a organizar los encuentro en un orden distinto al que los había dejado.</p><p>Al principio los pasos a medianoche por los lados de la cocina y las extrañas caídas de los cubiertos los asustaron, pero poco a poco se fueron acostumbrando a su presencia. –Si al final no nos hace daño, y en el peor de los casos hasta puede asustar a los ladrones, le dijo a Lucía cuando ella le señaló alarmada a Carlos el cambio en la nevera de las frutas a la sección de la carne y de la carne a de las frutas. Míralo de este modo: tenemos un vigilante que no se entromete en nuestros asuntos. Pero ya Lucía tenía tomada la determinación.</p><p>Y Carlos nada tuvo que hacer cuando ella le dijo que estaba embarazada. El día que llegó el camión que llevaría todas las cosas a su nuevo apartamento dividió en dos sus vidas. –Aquí empezó todo y aquí terminó todo, dijo Lucía cuando miró por última vez esos sesenta metros cuadrados donde vivieron cinco años-. Es cierto, dijo Carlos, me da tristeza dejarlo, aunque si te confieso ya estaba cansado de vivir en esta zona. Y aquí el único parque para pasear al bebé queda a treinta minutos andando. Así fue que, de común acuerdo antes de cerrar la puerta, dijeron al tiempo: ¡Adiós, fantasma!</p><p><em>(Continúa Ioana Gruia.)</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p>La casa, en un edificio rehabilitado del casco antiguo, tenía un salón luminoso y tres habitaciones que daban a patios interiores amplios y arbolados. Las paredes estaban recién pintadas y se habían hecho reformas completas en el baño y la cocina. El pasillo que unía las estancias se abría a la vista con una claridad reconfortante. Nada de grietas, de pliegues umbríos, de recovecos donde el fantasma, en el improbable caso de que intentara seguirlos, pudiera cobijarse. Calefacción y agua caliente central unidas al encanto de vivir en una zona llena de bares, librerías y cines. Una auténtica joya, exclamó el agente inmobiliario, subrayando cada letra, al enseñarles por primera vez el piso. Lucía salió al balcón y el paisaje de terrazas coquetas y venerables fachadas restauradas acabó por decidirla.</p><p>–¿Y quién va a pagar el alquiler? –le susurró Carlos al oído–. ¿El fantasma abandonado?</p><p>Su mujer frunció los labios e hizo un gesto ligero y apresurado con la mano. Él sabía que era su manera de quitarle importancia a algo y se resignó. Además, ya estaba embarazada y a una mujer embarazada, le había dicho solemnemente su padre, no se le lleva la contraria. Para lo que os haga falta, añadió, contad con nosotros.</p><p>El alquiler costaba más de un tercio de sus sueldos, pero ahora, mientras contemplaban el suave repiqueteo de la lluvia en los cristales Climalit y las luces melancólicas de la ciudad, un paisaje mucho más hospitalario que el enjambre de gasolineras y centros comerciales que asomaba a sus antiguas ventanas, para colmo desvencijadas, pensaban que merecía con creces la pena. A veces se sorprendían recordando al fantasma con algo vagamente parecido a la nostalgia. Si viviera con nosotros, se decía Lucía, podría echar una mano con el bebé. Hacer recados, la comida, ir al supermercado, comprar pañales, para eso la antigua presencia inquietante y sin embargo siempre amigable y discreta habría venido muy bien. Compartió sus pensamientos con Carlos y él le dio la razón, reprochándole además que había sido ella quien había resuelto apartar al fantasma de sus vidas. A partir de entonces un ligero malhumor ensombreció su plácida y expectante rutina de futuros padres. Hasta aquella tarde en la que Lucía se levantó de la siesta casi a la hora de cenar y fue a instalarse con un libro en el sofá, mientras esperaba a que Carlos llegara del trabajo.</p><p>Allí estaba él. Las facciones algo trémulas, los brazos quizá demasiado etéreos y las piernas, cruzadas con despreocupación, moviendo las puntas en un grácil gesto de bailarina. Las manos, lo más llamativo de la presencia a la que Lucía, a pesar de las dudas iniciales, no tardó más de unos segundos en asignar del lado de la masculinidad, parecían pertenecer a un pianista. Estilizadas pero rotundas y desprendiendo fuerza. La mirada invitadora. La sonrisa magnánima y benigna.</p><p>–Siéntate, por favor –dijo–. No debes cansarte.</p><p>La voz envolvente. Un poco ronca y a la vez suave. Lucía obedeció al primer impulso y le pidió disculpas. El fantasma ensanchó la sonrisa e hizo un gesto con la mano. Ligero y apresurado. Idéntico al de ella cuando quería quitar importancia a las cosas, reconoció la chica emocionada.</p><p>–¿Quieres tomar algo?</p><p>La presencia agradeció con un entusiasta ademán afirmativo. Tenía sed. ¿Una cerveza, una copa de vino, un vermú? No, no, protestó demostrando una exquisita consideración, si ella no podía beber alcohol, él tampoco lo haría. Dijo, con la misma voz que a Lucía le pareció deslizante, como si el fantasma patinara con elegancia a través de sus palabras o interpretara una melodía de jazz opiácea y perturbadora, que tomaría una de las infusiones que la futura madre se servía cada tarde para aplacar la comprensible ansiedad de la espera. Y unas pastitas de té, gracias.</p><p>A la invitación que le hizo la chica respondió que por supuesto. Se quedaría a cenar, aunque, se permitió añadir soltando una risita inesperadamente chillona, no era muy exacto decir que se quedaría puesto que después no iría a ninguna otra parte. Aquella era su casa.</p><p>–¿Te imaginas? –acabó de contarle la historia Carlos a su mejor amigo, mejicano. –¡Pinche fantasma cabrón!</p><p><em>(Sigue Luis Bagué Quílez.)</em><strong>Luis Bagué Quílez</strong></p><p>Cuando Lucía sugirió "habrá que ponerle nombre", Carlos estuvo a punto de responder que ya lo tenían decidido: si era niño, Carlos; si era niña, Lucía. Como Carlos era un Carlos de segunda generación, no le hacía mucha gracia la idea de tener a una Lucía bis o a un Carlos III gateando por el pasillo, pero lo había asumido con el estoicismo con el que se aceptan las fatalidades meteorológicas. No obstante, por el gesto de Lucía, entendió que ella estaba hablando de otra cosa. De <em>él</em>. Hasta el momento, <em>él </em>había recibido los apodos sucesivos de Casper, Fantômas y, finalmente, Chopin, habida cuenta de sus manos sinfónicas.</p><p>−¿Y si se lo consultamos? −propuso Carlos.</p><p>−Ya sabes que es muy reservado. Y no me parece de buena educación recordarle ciertas cosas. Imagínate, podría quedar traumatizado <em>de por vida</em> –recalcó Lucía.</p><p>−¿Por qué no lo llamamos Ludwig? Sería nuestro tributo a <strong>Beethoven </strong>–bromeó Carlos.</p><p>Sin embargo, Lucía no sonrió. El siguiente paso fue buscarle un lugar confortable. El cuarto de invitados era la opción lógica, pero Ludwig mostraba una visible predilección por el sofá, lo que hacía pensar en una pasividad endémica y en un deceso por accidente cardiaco. Por supuesto, se quedó provisionalmente en el sofá. A esas alturas Carlos no solo había dimitido como valedor del huésped perpetuo, sino que había empezado a sospechar de la conducta de Ludwig. Se preguntaba si, de haberlo conocido en otro <em>estado</em>, le habría caído bien. Entretanto, Ludwig se pasaba el día remoloneando por el piso e inventando excusas para echarle una mano a Lucía en las tareas más ingratas. Cuando Carlos abría el periódico descubría con fastidio que alguien había resuelto los crucigramas, el sudoku y el damero maldito. Al poco, una manifestación somática empezó a subrayar con la punta redonda de un Bic rojo las películas que emitían en <em>prime time</em>; todo muy “arte y ensayo”, aunque a Carlos las estepas rusas y los cerezos japoneses le inducían a un coma profundo. Y, cómo no, Ludwig amaba el cine tedioso con la misma desbordante intensidad con la que detestaba el fútbol. Con todo, lo más incómodo eran sus efectos, digamos, domésticos. Alborotaba al vecindario con fosforescencias desesperadas. Revolvía los cajones como si pretendiera hallar petróleo en su interior. Escondía las facturas. Y vaya usted a saber con qué cepillo se limpiaba los dientes. Por no hablar de los ruidos: toda la santa noche de aquí para allá, arrastrando cadenas. Claro que eso no era nada comparado con cuando le daba por ulular.</p><p>Lucía lo disculpaba con una condescendencia infinita: "Tiene frío. Tiene sueño. Tiene miedo. Tiene nostalgia". Pero la gota que colmó el vaso fue cuando comentó, como quien no quiere la cosa: "Podría dormir con nosotros". Aunque Carlos adujo insalvables desajustes horarios, no logró mermar el entusiasmo de una Lucía a la que se le iluminaba el rostro cada vez que mencionaba a la tercera persona. Al final acordaron poner una cama supletoria. Pese a la distancia cautelar, Carlos no pegaba ojo. Se levantaba de madrugada y palpaba las sábanas con aprensión. No en vano, Ludwig era capaz de adaptarse a cualquier espacio. ¿Quién le decía que en ese instante no estaba allí mismo, compartiendo la almohada con ellos? ¿O, peor aún, con ella? Al igual que la multiplicación de dos cantidades negativas ofrece un cómputo positivo, los celos irracionales de Carlos, multiplicados por la irracionalidad de aquel fenómeno paranormal, adquirieron una sorprendente coherencia cartesiana. Fue entonces cuando supo que había que deshacerse del inquilino. Tras un chapuzón en diversos foros esotéricos de Internet y una inmersión a pulmón en Wikipedia −ciberespacios a los que acudía cuando Ludwig no merodeaba por allí, y cuya huella digital borraba de inmediato−, llegó a dos conclusiones inapelables: 1) No había manera humana de <em>desfantasmar</em> a un fantasma, ni siquiera recurriendo al clásico arsenal de rituales y exorcismos. 2) Solo se podía ahuyentar a un fantasma si se le convencía de que allí sobraba. Así que se trataba de hacerle la ultravida imposible a Ludwig.</p><p><em>(Cerrará Yolanda Reyes.)</em><strong>Yolanda Reyes</strong></p><p><em>*Ramón Cote es escritor. Su último libro, </em><strong>Ramón Cote</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/home/65-24-como-quien-dice-adi%C3%B3s-a-lo-perdido.html" target="_blank">Como quien dice adiós a lo perdido</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Ioana Gruia</strong><a href="http://www.ioanagruia.com/el-expediente-albertina/" target="_blank">El expediente Albertina </a><em>(Castalia/Edhasa, 2016).*Luis Bagué Quílez es escritor y crítico literario. Su último libro, </em></p><p><strong>Luis Bagué Quílez</strong><a href="http://forcolaediciones.com/producto/la-menina-ante-el-espejo/" target="_blank">La menina ante el espejo</a><em> (Fórcola, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Cote I Ioana Gruia I Luis Bagué Quílez]]></author>
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      <title><![CDATA[La voz de un poeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/voz-poeta_1_1138709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0bf1aabd-100e-414e-9117-9a51c763862d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La voz de un poeta"></p><p>Leer este libro ha significado para mí la constatación de una vieja sospecha, la de que <strong>Josep M. Rodríguez</strong> piensa cada vez más sus poemas desde la propia poesía. No es posible escribir como si uno fuera el primer poeta, como a veces han pretendido las vanguardias, pero <a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/sangre-seca-rodr%C3%ADguez-detail" target="_blank">Sangre seca</a> significa mucho más que no caer en ese antiguo pecado de orgullo: convertir el libro de poemas en un brillante ejercicio de realismo. No se trata de ver, constatar y pasar de largo de la disyuntiva iniciática, sino que este libro muestra una elevación de este reconocimiento realista a la altura de un método que consiste en buscar la propia voz precisamente en esa tradición una vez interiorizada a partir de los parámetros que ha fijado la propia inspiración del poeta primero y su propia experiencia de preciso y amante estudioso de la poesía escrita antes de él que, justo aquí y ahora, le es necesaria. El poema avanza pues con la misma intensidad en los dos territorios a la vez, el de la historia personal y el de la colectiva. Se trata de alejarse de la pretensión del malditismo que busca la propia maldición, ya que no hay más que un camino, el del poema, y por ese transitamos todos en un tiempo que no es aún el de las condenas ni las originalidades. En ese solitario avanzar en la dirección de la certidumbre del peso de la tradición es donde estos poemas encuentran y desenvuelven su razón de ser más profunda y, por tanto, el camino de su propia verdad.</p><p>  </p><p>Josep M. Rodríguez piensa, pues, sus poemas desde la poesía pero dando un paso más del que representa la utilización en la propia obra de la poesía escrita por los poetas anteriores, una operación magistralmente llevada a cabo, por ejemplo, por <strong>Jorge Luis Borges</strong>. La obra de Josep M. Rodríguez y, sobre todo, <em>Sangre seca</em>, es como una renovación del "Lorsque,/.../ le Poète apparaît en ce monde ennuyé", con otra consecuencia menos aparatosa que la de <strong>Baudelaire </strong>pero no menos contundente: el poeta se encuentra <em>en ce monde ennuyé</em> con la poesía escrita hasta entonces, una maravillosa, imprescindible preexistencia, y a partir de ahí teje, a la vez que sus propios poemas, las señales que indican como el libro que va componiendo busca y encuentra su lugar en ese territorio poético previo, que pasa a ser, de alguna manera, el propio. Como tejer una pieza mayoritariamente con una lana pero incorporando de vez en cuando otra madeja distinta que dará otro aire –otro significado–­ al poemario. Esto lo logra, en primer lugar, con citas literales o referencias explícitas estratégicamente escogidas y colocadas en una relación muy profunda con los propios versos, y que acaba formando parte del poema final. Pero estas referencias pueden ser implícitas, a veces apenas un aroma, una lejanísima evocación, tanto que el lector dudará de si no es imaginación suya, como este <strong>Hemingway </strong>de "A este lado del río". Pero esta sutileza forma parte de la fuerza delicada y a la vez implacable de esta poesía: los propios tres capítulos del libro no tienen más título que la cita de dos poetas y un novelista, cuyas palabras, pues, no se usan como título, sino que <em>son </em>estos títulos. Se está ante un poeta que lleva a cabo una búsqueda en la que la originalidad nunca lo es más que por lo que logra aportar a una obra de la que es inseparable, como este <strong>Lorca </strong>que sirve de catapulta para lanzar, cuatro versos después, ese "Los buitres que construyen en tus ojos su nido",  y para tender un invisible puente entre ese poema –"Tumba abierta de un niño"– y  "Material infancia", dieciséis poemas más adelante. Todo esto sin dejar de ser parte de un tratamiento peculiar de la niñez: proustiano pero imponiéndole la concisión y austeridad de la poesía, atravesando medio libro hasta "Preparativos para el viaje", la cumbre de los poemas en torno a ese tema.</p><p>La sutileza a veces aparece bajo la apariencia de una mera descripción hasta que el poema de pronto estalla y extiende sus lágrimas, como ese casi <strong>Dostoyevski </strong>de "Si el lenguaje no existe, todo está permitido". O el casi vulgar final "Que se repita" del poema "Estrella fugaz", ya en ese territorio de las verdades imprevistas que, a veces, parecen tener la voluntad de ser banales, y que acaban siendo sublimes, como de nuevo ocurre en otro verso final, "también el agua sucia apaga el fuego<em>"</em>, o cuando preparar un desayuno es, de repente, <strong>Silvia Plath</strong>, es decir, hablar de la vida y de la muerte. O versos que de pronto evidencian el orden impuesto a golpes por esta poesía, como este "Cae la nieve sobre la realidad, modificándola".</p><p>Para todo esto Josep M. Rodríguez necesita llevar el mismo nivel de precisión a todos los rincones y etapas del poema. A sus primeros esbozos como a sus últimos retoques, tanto por lo que se refiere al fondo  como a la forma, todo a la vez, convirtiendo el poema en un navío con una extraña y heterogénea tripulación que trabaja a la vez y que con frecuencia parece ni conocerse entre sus miembros, para lograr esa travesía de mínima distancia y máxima velocidad que le permite alcanzar ese lugar que sólo conoce el poeta, pero que resulta ser, precisamente, el lugar al que deseaba ser llevada la persona que lee el poema.</p><p>Quiero decir que <em>Sangre seca</em> es un libro de alguien que conoce a fondo su oficio de poeta: como dice en otro de sus finales, la poesía le "ha despertado muchas otras noches" y sabe "que es el mismo tren y que está más cerca".</p><p>Josep M. Rodríguez es un poeta en constante búsqueda expresiva de la forma en ese territorio que nada la distingue del fondo: esto quiere decir también la asunción de una fuerte dosis de inseguridad, la del conocimiento del propio precipicio, puesto que por su borde es por donde ha de caminar el poema. No basta saber que sin riesgo no habrá nunca poesía, sino que hay que tener terror a que esto ocurra. De ahí la obsesión de este poeta por marcar hasta el ritmo de la lectura del poema, eso sí, sin perder nunca su inteligibilidad.</p><p>Un libro en suma de alguien al que como divisa yo pondría ese otro verso suyo que tiene todas las resonancias que quienes lo leemos sepamos y podamos, felices, encontrarle: "Oscuro el corazón y el verso claro".</p><p><em>*Joan Margarit escribió este texto como epílogo al libro </em><strong>Joan Margarit</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/sangre-seca-rodr%C3%ADguez-detail" target="_blank">Sangre seca</a><em> (XXIV Premio Ciudad de Córdoba Ricardo Molina).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joan Margarit]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La voz de un poeta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Proyecto Escritorio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/proyecto-escritorio_1_1138706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccd89ccf-f006-4b3d-a568-8f1ed12d8019_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Proyecto Escritorio"></p><p><em>Este texto forma parte de la introducción de </em><a href="http://cuadernosdelvigia.com/proyecto-escritorio-jesus-ortega-ed/" target="_blank">Proyecto Escritorio</a><em> (Cuadernos del vigía, 2016), que recoge imágenes y reflexiones de 77 autores en español sobre sus espacios de trabajo. </em></p><p>Me interesan los lugares por donde merodea la escritura. Siempre que visito a un escritor amigo procuro hacerme franquear su sanctasantórum, cuando no lo fisgoneo a escondidas como un mirón vicioso. Siento una irrefrenable atracción por estos espacios de intimidad profanada. En las casas-museo de escritores corro a buscar antes que nada las habitaciones propias, y aunque suelen decepcionarme (tienen algo de museo de cera o de animal disecado), no cejo en la persecución del secreto que imagino que contienen. Me refiero al lugar físico, pero también al espacio metafórico donde se generan los procesos creativos. ¿Existirá en algún lado un espacio amigable, un espacio fuente de donde brote feliz la escritura con sólo desearlo? Me pregunto si los lugares donde escribimos son un estado mental o si estamos fatalmente sometidos a la influencia de lo que nos rodea; si escribir sobre cristal o sobre madera dará como resultado escrituras distintas; si abrir la ventana para que entre el ruido de la calle comunicará a lo que escribes todo un manifiesto de impurezas. O aquello que a <strong>Mary McCarthy </strong>le intrigaba a propósito de los espacios de <strong>Elizabeth Bishop</strong>: cómo era posible que su poesía fluyese tan delicada con aquel cuarto de trabajo tan sucio y desordenado y en aquel escritorio más desordenado aún. ¿Por qué nunca lo limpiaba? Quizá para no alterar esa relación misteriosa entre el desorden de su escritorio y la elegante pulcritud de su escritura.</p><p>  </p><p>El origen de <a href="http://proyectoescritoriojesusortega.blogspot.com.es/" target="_blank">Proyecto Escritorio</a> se remonta a un libro que quise escribir sobre <strong>Federico García Lorca</strong> y su casa de verano, y que al final se convirtió en la exposición de fotografías Álbum. Una historia visual de la Huerta de San Vicente. Buscando bibliografía específica a propósito del espacio y los espacios de escritura, comprobé que más allá de los textos clásicos (<strong>Bachelard, Praz, Abrams, Benjamin</strong>) no había apenas nada en castellano, o se hallaba escondido y disperso, y se me ocurrió cubrir en alguna medida ese hueco. Existía, sí, aquel precioso libro casi inencontrable, <em>The Writer's Desk</em>, de la fotógrafa <strong>Jill Krementz</strong>, con imágenes en blanco y negro de grandes autores norteamericanos posando ante sus escritorios. Y también la serie <em>Writers' Rooms</em>, del diario <em>The Guardian</em>, que todavía puede <a href="https://www.theguardian.com/books/series/writersrooms" target="_blank">consultarse en línea</a>. Pensé que podría ser interesante construir otra cosa, algo así como un mapa visual y verbal de poéticas del espacio de autores contemporáneos en lengua española —narradores, poetas, ensayistas, dramaturgos—, un proyecto distinto de los de Krementz y <em>The Guardian</em>, más literario y reflexivo, menos periodístico, en el que textos e imágenes formasen un todo, se concibiesen juntos, significasen juntos.</p><p>Los autores no posarían ante la cámara, sino que desaparecerían para hacer posar a sus escritorios. Ningún fotógrafo ajeno vendría a imponer sus encuadres ni a igualar con su mirada la serie de imágenes; serían los propios autores quienes, a partir de una absoluta libertad de planteamientos, realizasen las fotos de sus espacios físicos o simbólicos de escritura, artísticas o caseras, de cerca o de lejos, en color o en blanco y negro, desde este o aquel punto de vista, en función de lo que quisieran mostrar u ocultar, y cómo, y por qué. Se trataba de proponerles un <em>striptease </em>en toda regla, porque no hay nada más íntimo para un escritor que el lugar donde escribe.</p><p>El proyecto echó a andar en enero de 2012, casi como un juego de extimidades surgido al calor de Facebook. Con muchas dudas sobre la acogida que podría tener, expliqué la idea a unos pocos amigos. Si aceptaban el juego, me enviarían una fotografía de su espacio de trabajo realizada por ellos mismos y, junto con la fotografía, un breve texto, entre el apunte y el microensayo, sobre cualesquiera aspectos relativos a dicho espacio y a su relación con él. Aunque a algunos la proposición les pareció turbadora y rechazable, en general respondieron con tanto entusiasmo que muy pronto me di cuenta de que el proyecto valía la pena y decidí tomármelo en serio.</p><p>Es evidente que, por el lado de la imagen, Proyecto Escritorio contiene una dosis de espectáculo, en un momento en que hay un masivo desplazamiento de la atención pública hacia la intimidad de la vida privada: quien no se exhibe, mira. En el nivel de la recepción, ello permite a los lectores convertirse en espectadores y limitarse a la curiosidad de querer saber "cómo serán" los escritorios de determinados autores que les interesan. Muchos de estos escritorios se muestran aquí por primera vez en público. Se trata de espacios pensados para la vida íntima que de pronto han sufrido la violencia de la exposición pública. Los escritores se han convertido en fotógrafos ocasionales y a la vez en <em>strippers</em>. ¿Esas fotografías <em>amateurs </em>lograrían plasmar de manera ingenua, imperfecta y atractiva una cierta "verdad" de los espacios? ¿O el hecho mismo del tránsito de lo privado a lo público produciría un proceso de museización de la intimidad, con su corolario de asuntos: autenténtico/falso, sincero/insincero, original/retocado?</p><p>Sucedió que los autores empezaron a desarrollar las posibilidades conceptuales del proyecto. Por una parte, ofrecían imágenes esperables, aquellas que se atenían aparentemente a la literalidad de la propuesta (es decir, aquellas mediante las que los autores documentaban de forma más o menos realista los espacios propios, con insistencia en determinados puntos de vista, distancias, encuadres: el escritorio como retablo o como naturaleza muerta). Pero esas imágenes, en principio convencionales, podían resultar enormemente elocuentes y estar llenas de ambigüedades y significaciones, por sí mismas y en relación con los textos que las acompañaban. Sabemos, al menos desde <strong>Susan Sontag</strong>, que las fotografías no reflejan el mundo, sino que lo interpretan. Más que espejo de la realidad, son su huella problemática. Toda fotografía es un relato. Por tanto, convenía preguntarse a qué aludían las imágenes ingenuas e imperfectas de algunos escritorios, qué revelaban o señalaban por debajo de lo aparente. Conforme aumentaban las colaboraciones y el proyecto crecía, las imágenes rechazaban ocupar un lugar secundario o subordinado. Proyecto Escritorio dejó muy pronto de ser un mapa de poéticas del espacio, enriquecido mediante fotografías, y se adentró en una reflexión más amplia y de más calado sobre las relaciones entre un medio artístico y otro.</p><p>Era esencial procurar que los escritores concibiesen a la vez la imagen y el texto; que imagen y texto no fuesen cada uno por su lado sino que, o bien se refirieran mutuamente uno a otro (a modo de écfrasis, de ilustración o de cualquier otro modo), o bien que juntos hicieran correferencia al espacio externo aludido (el espacio fotografiado, pero también al espacio descrito, narrado, imaginado o recordado). Cada imagen y cada texto debía mostrarse (en el blog, en el libro y tal vez en las paredes de un futuro espacio expositivo) de forma simultánea. Que no se tratase de fotografías comentadas ni de textos ilustrados, sino de otra cosa, una especie de animalillo fantástico compuesto de letras y píxeles, un híbrido para lectoespectadores.</p><p>Si hay algo en común en estos escritorios, en estas imágenes-textos, es la diversidad de enfoques y perspectivas. Exactamente la multiplicidad y la riqueza que puedo encontrar en la literatura actual en lengua española.</p><p>Diría que todos ellos comparten el hecho de que su creatividad, para tensarse y dispararse, necesita estar colocada en algún punto íntimo e intransferible entre el orden y el desorden, entre la limpieza y la acumulación. Los hay quienes, como <strong>Andrés Neuman</strong>, creen que un exceso de objetos alrededor puede provocar interferencias en la escritura, y procuran que no haya libros cerca, pues las bibliotecas los distraen. El poeta <strong>Luis Muñoz</strong> no está muy lejos de esta idea: necesita una tabla limpia, un espacio vacío que sea como una página en blanco. En el otro extremo se sitúa <strong>Óscar Esquivias</strong>, cuyo escritorio madrileño parece un retablo barroco, lleno de fetiches, postales, recuerdos e imágenes de esos santos laicos que son los escritores admirados. Hay los que no necesitan fetiches, pero no desdeñan la compañía de las cosas, como <strong>Juan Malpartida</strong>, que acumula en su escritorio desde figuras chinas de terracota hasta el inevitable tarro de metal lleno de lápices en cuyo fondo se agitan residuos de objetos como capuchones, pinzas o trozos de goma de borrar. Y luego están quienes trabajan sepultados bajo un permanente caos de papeles y cachivaches, como <strong>Clara Obligado</strong>, cuya fotografía revela una deshinibida sinceridad. Y, aunque la pluralidad es la verdadera característica común a todos ellos, creo que podría agruparlos en dos concepciones del espacio: el escritorio que no precisa anclarse en un lugar concreto y el escritorio que necesita aislamiento, protección, encierro. Al primero lo podríamos llamar escritorio mental o escritorio portátil, es un espacio espiritual más que físico, lo lleva el escritor consigo allá adonde vaya, a los cafés, a los bancos de los parques, a los aeropuertos, basta un ordenador, un cuaderno, una servilleta de papel, se le da bien lo fragmentario, el poema, el aforismo, toda clase de géneros breves, aunque también hay novelistas hechos a esta clase trashumante de escritorio. Puede ocupar un espacio específico en la casa, pero mestizo, no del todo diferenciado, carente de fetiches y de rituales, en gustoso contacto con los ruidos exteriores; igual puede parecerse a un escritorio convencional que estar en la cocina o en la cama, y soporta ver desfilar gente alrededor. Los escritorios de la segunda clase se conciben en relación especular y a menudo problemática con la vida. Necesitan construirse y defenderse lejos de la vida para poder cumplir su función de laboratorio donde dedicarse a imaginarla, reelaborarla, escribirla. En este grupo se sitúan los escritorios refugio, los escritorios isla, los escritorios sótano, los escritorios pared, los escritorios santuario, los escritorios mundo, los escritorios lienzo, los escritorios celda... Estos escritorios son más proclives a la reunión de fetiches u objetos personales (aunque no siempre), están anudados a rituales y manías, suelen ser un compendio visual de la personalidad y las obsesiones del escritor. Y hay un tipo de escritorio diferente del resto, el escritorio cuerpo de la dramaturga <strong>Angélica Liddell</strong>.</p><p>Proyecto Escritorio no es una antología. Ni programática ni panorámica. La antología exige seleccionar lo previamente dado, o, en definición precisa de <strong>Claudio Guillén</strong>, la reelaboración por parte de un lector de textos ya existentes mediante su inserción en conjuntos nuevos. Aquí no había textos previos que releer sino una vasta <em>terra ignota</em>. Más bien he actuado de comisario de una curiosa exposición, pensada no para las paredes de un museo sino para las páginas de este libro. Las invitaciones a los escritores fueron haciéndose a veces por azar, a veces por crecimientos rizomáticos. A los escritores que siempre me han interesado, de un lado y otro del océano de la lengua, de generaciones distintas, con poéticas diferentes y encontradas, fui sumando los escritores que el propio proyecto me hacía descubrir. Unos llevaron a otros. Avanzábamos a ciegas. Lanzábamos monedas al aire. Y aunque nunca he tenido la última palabra, sino que han sido los propios autores los que han decidido siempre si querían o no jugar, reconozco un cierto gusto personal en la imagen sincrónica que el proyecto ofrece de nuestra literatura. Por supuesto, me hubiera gustado incluir escritorios de autores a los que admiro y que, por distintas circunstancias, no quisieron o no pudieron estar. Todos ellos son los verdaderos protagonistas y a todos ellos —los publicados en el blog, los publicados en el libro y los que finalmente no han podido estar— quiero darles las gracias. Su generosidad y su complicidad lo han hecho posible: Proyecto Escritorio les pertenece.</p><p><em>*Jesús Ortega es escritor y editor de </em><strong>Jesús Ortega</strong><a href="http://cuadernosdelvigia.com/proyecto-escritorio-jesus-ortega-ed/" target="_blank">Proyecto escritorio</a><em> (Cuadernos del vigía, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Ortega]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Escritorios de escritores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escritorios-escritores_1_1138693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/336c8528-c79a-433d-912d-02fbc634bcbb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escritorios de escritores"></p><p><em>En </em><a href="http://cuadernosdelvigia.com/proyecto-escritorio-jesus-ortega-ed/" target="_blank">Proyecto Escritorio. La escritura y sus espacios</a><em> (nacido como blog y luego publicado en Cuadernos del vigía en 2016), el editor Jesús Ortega reúne imágenes y reflexiones de 77 autores en español sobre sus espacios de trabajo. Recogemos los textos de Fernando Aramburu y Marta Sanz para acercarnos a la intimidad de su trabajo. </em><strong>Jesús Ortega</strong><strong>Fernando Aramburu</strong><strong>Marta Sanz</strong></p><p>  <strong>Fernando Aramburu</strong></p><p>Durante un tiempo lo estuve llamando atril, hasta que me convencí de que cometía una inexactitud. Es un pupitre, vocablo que de costumbre asociamos a las mesas de los escolares. Rara vez compro muebles. La tarea, quizá el placer, de comprarlos compete a la costilla. Así y todo, el pupitre lo compré yo, para mí, y por eso y porque, cuando lo necesito, no me niega la ayuda me siento orgulloso de tenerlo por amigo. Se atribuye a <strong>Nietzsche </strong>la afirmación según la cual quien escribe sentado piensa con el culo. A mi juicio, no deberíamos menospreciar ninguna parte del cuerpo. Un culo perspicaz puede ser francamente útil, quizá más útil que un cerebro. El caso es que el pupitre está pensado para que uno trabaje de pie. Obliga también a escribir a mano. Al menos yo no he hecho todavía la prueba de colocar el ordenador sobre el tablero inclinado. Puede que al cabo de dos o tres horas se me fatiguen las piernas. A cambio, no me duele la espalda ni paso sueño, achaques de los que no siempre estoy libre cuando trabajo sentado. El pupitre lo reservo para las tareas de orfebrería literaria. Me refiero a las correcciones a mano sobre la versión impresa del libro en el que esté ocupado. También a la toma de apuntes, a los resúmenes, a los bosquejos y esquemas; en fin, a esas cosillas que piden un tipo de atención distinto del que pide el ordenador, que es más oficinesco y de venga y dale. El pupitre invita a ser cuidadoso y poeta</p><p>  </p><p> Escritorio de Marta Sanz dentro de Proyecto escritorio.</p><p>  </p><p><strong>Marta Sanz</strong></p><p>1. Al ver mi escritorio desde lejos ―no formo parte de la imagen―, me doy cuenta de que ciertas decisiones no son premeditadas. Probablemente mis ojos, mi maldito fino oído de tuberculosa y mi olfato, traspasan la pantalla del ordenador ―eso que supuestamente estoy escribiendo― y lo ensucian todo. Me concentran dispersándome. Es una maravilla.</p><p>2. No me interesa lo puro. Prefiero una literatura con manchas y churretes. No impido que el ruido de fuera se cuele en la página. Abro. Ventilo. Ensancho la rendija. Pego la oreja. Las voces me repercuten dentro como los graves de los altavoces. Procuro que ese ruido, que se superpone al rumor de mi circulación sanguínea, no quede amortiguado por tapones de goma. Tampoco yo soy el silencio. Es muy importante la historia del vecino. Ojalá la luz filtrada por la cortina me manche el relato. Me lo arruine.</p><p>3. Después, a la hora de dormir, meto la cabeza bajo el edredón. Lo cierro todo. Pero eso sucede en otro cuarto.</p><p>4. Se cuelan en los textos otros libros. Aprendí literatura mirando los cantos de las novelas en las estanterías. Se cuela también el recuerdo de algunas estrellas de cine: <strong>Catherine Deneuve</strong> en <em>Belle de Jour</em>, <strong>Maureen O'Hara</strong>, <strong>Marie Magdalene Dietrich, Marlene</strong>. Postales de un amigo cariñoso que me alimenta los vicios culturales. Un cuadrito de <strong>Caspar David Friedrich</strong>. El accidente de la Gare de Montparnasse: el 22 de octubre de 1895 la locomotora rompe uno de los vanos del edificio y se estrella contra el pavimento. Los retratos de dos abuelas bellas, mis propias fotos infantiles, las imágenes de mi amor y mis amores. La predestinación a escribir cuentos de familia. Los antojos. La disposición de los dientes. La mancha genética.</p><p>5. Sentada frente a la pantalla del ordenador, mis ojos van de lo uterino a lo externo: el filo de dos tabiques tapizados de fotografías muy personales contrasta con el foco de luz que llega de fuera. El tictac de un reloj, invisible desde esta perspectiva de mi escritorio, pauta el ruido de los coches y las conversaciones de quienes pasan caminando calle abajo y calle arriba. Escribo cara a la pared y más allá de los cristales. Es la única manera de escribir. Me parece.</p><p>6. La mancha, la interrupción, la interferencia, el contexto, son el texto. Lo configuran. La mosquita que recorre, imprevistamente, la pared. No soy yo sino todo lo demás. No fui yo quien eligió los detalles del entorno. El entorno produce su telaraña. La telaraña me cubre la cabeza, y se me enreda en el pelo y en los dedos cuando pulso el teclado de mi ordenador.</p><p>7. Un móvil colgante tintinea en la esquina contra el que escribo. Remite tal vez a la dimensión musical de la palabra escrita. Tilín. En contraposición, la mesa es sólida. De oscura madera castellana.</p><p><em>*Fernando Aramburu es escritor. Su último libro, </em><strong>Fernando Aramburu</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-patria/217001" target="_blank">Patria</a> <em>(Tusquets, 2016). *Marta Sanz es escritora. Su último libro, </em></p><p><strong>Marta Sanz</strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/clavicula/9788433998293/NH_581" target="_blank">Clavícula </a><em>(Anagrama, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Aramburu / Marta Sanz]]></author>
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