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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 59]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-59/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 59]]></description>
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      <title><![CDATA[Pai meu (Amén, camarada)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pai-meu-amen-camarada_1_1203094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d2ec6430-6900-451a-82d7-7149f651159c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pai meu (Amén, camarada)"></p><p>  </p><p>   <strong>Pai meu(Amén, camarada)</strong></p><p><em>A meu pai, Claudio Rodríguez Rubio</em></p><p>Pai meu que estiveches no cárcere:</p><p>solidario sexa o teu nume,</p><p>veña a nós o teu reino sen reis</p><p>e fágase a túa xenerosa vontade</p><p>aquí na Terra, e nos astros do ceo</p><p>a dos cosmonautas rusos</p><p>nos que ti criches contra todo deus.</p><p>Que o pan noso de cada día</p><p>o poidamos gañar</p><p>coma ti honradamente</p><p>e perdoa que aínda non teñamos feita</p><p>a revolución da conciencia</p><p>que traia paz, xustiza e liberdade</p><p>a este mundo dominado por quen as destrúe.</p><p>O teu exemplo non nos deixará caer na tentación</p><p>do esquecemento ou da indiferenza</p><p>para librarnos do mal por nós mesmos.</p><p>Amén, camarada.</p><p>  Do libro <em>Ámote vermella</em> (Xerais, 2009).</p><p>  </p><p><strong>Padre mío(Amén, camarada)</strong></p><p><em>A mi padre, Claudio Rodríguez Rubio</em></p><p>Padre mío que estuviste en la cárcel:</p><p>solidario sea tu numen,</p><p>venga a nosotros tu reino sin reyes</p><p>y hágase tu generosa voluntad</p><p>aquí en la Tierra, y en los astros del cielo</p><p>la de los cosmonautas rusos</p><p>en los que tú creíste contra todo dios.</p><p>Que el pan nuestro de cada día</p><p>lo podamos ganar</p><p>como tú honradamente</p><p>y perdona que todavía no hayamos hecho</p><p>la revolución de conciencia</p><p>que traiga paz, justicia y libertad</p><p>a este mundo dominado por quien las destruye.</p><p>Tu ejemplo no nos dejará caer en la tentación</p><p>del olvido o de la indiferencia</p><p>para librarnos del mal por nosotros mismos.</p><p>Amén, camarada.</p><p><em>Traducción del gallego al castellano por el autor.</em></p><p><em>*Claudio Rodríguez Fer es poeta. Su último libro, </em><strong>Claudio Rodríguez Fer</strong>Valente vital (Ginebra, Saboya, París)<em> (Universida de Santiago, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Claudio Rodríguez Fer]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura gallega,Poesía,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mucho cuento en Toulouse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuento-toulouse_1_1139101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fcd4962-d435-4456-940a-69f419f167ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mucho cuento en Toulouse"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong></p><p>___________________________________</p><p>El club de lectura de la <a href="http://toulouse.cervantes.es/es/biblioteca_espanol/biblioteca_espanol.htm" target="_blank">biblioteca Manuel Azaña</a> del <a href="http://toulouse.cervantes.es/es/default.shtm" target="_blank">Instituto Cervantes de Toulouse</a> ha dedicado y sigue dedicando sus sesiones a la lectura y comentario exclusivo de cuentos y relatos. Desde su creación en 2008, el club ha apostado por el texto corto (cuentos, relatos, artículos y microrrelatos) por considerarlo el mejor formato para que aquellas personas cuya lengua materna no es el castellano se adentren en la literatura española con el deseo y la curiosidad de todo lector. Además, el hecho de que cada cita mensual esté dedicado a la discusión y puesta en común de opiniones de uno, dos o tres cuentos diferentes, por lo general de un mismo autor, permite que el lector pueda saltarse una sesión e incorporarse a la siguiente sin problemas. Por otra parte, y este aspecto no es baladí, el género corto permite una segunda o tercera lectura, hecho este poco usual cuando se trata de comentar una novela.</p><p>En todos estos años de andadura, hemos dedicado nuestras sesiones a todo tipo de autores: a <strong>Larra</strong>, <strong>Cela</strong>, <strong>Edgar Neville, Carmen Laforet, Javier Marías, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Medardo Fraile</strong> o <strong>Eloy Tizón</strong>. Hemos leído a los grandes cuentistas latinoamericanos: <strong>Borges, Rulfo, Cortázar, Onetti, Roa Bastos, Carpentier, Poniatowska, Vargas Llosa, Luis Sepúlveda</strong>… Y hemos aprovechado la visita al Instituto Cervantes de Toulouse de autores como <strong>Antonio Soler, Carme Riera, Sergi Pàmies</strong>, <strong>Eduardo Berti </strong>o <strong>Almudena Grandes</strong> para leer alguno de sus cuentos.</p><p>En muchos casos para los lectores se trató de repetir el placer de la lectura de unos textos que ya habían sido leídos con anterioridad en francés y que, años más tarde, podían ser descifrados y comentados en la lengua original en la que habían sido escritos.</p><p>En algunas de sus sesiones el club ha tenido el privilegio de contar con la presencia de autores establecidos o de paso en Toulouse: el peruano <strong>Jorge Cuba Luque</strong>, el boliviano <strong>Guillermo Ruiz Plaza</strong> o el ecuatoriano <strong>Huilo Ruales</strong>. La distancia no ha sido un impedimento para que autores como <strong>Juan Pardo Vidal, Federico Guzmán Rubio, Ricardo Sumalavia, Rodrigo Hasbún</strong> o el mismísimo<strong> Isaac Rosa</strong> se prestaran a conversar por videoconferencia con sus lectores tolosanos y a contestar a sus preguntas.</p><p>Por último, cabe recordar que el micro-relato o el relato hiperbreve han tenido cabida en su selección de lecturas. Para comentar este tipo de formato, el club de lectura ha establecido una cita anual con la revista <a href="https://www.grupoanden.com/cuentosparaelanden/" target="_blank"><em>Cuentos para el Andén</em></a>, especialista en la difusión de autores que practican la distancia corta.</p><p>Constancia de todas estas lecturas y tertulias se ha dejado en el <a href="http://toulouselee.blogspot.fr/" target="_blank">blog</a> del club de lectura al que esperamos le quede cuento para rato.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Campillo (Instituto Cervantes de Toulouse)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mucho cuento en Toulouse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Libros,Literatura,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Libros y lucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-lucha_1_1139099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d98267bd-4ab2-4dfe-bc4f-88d73e89f23c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros y lucha"></p><p><strong>María Peñuela</strong>, una de las responsables de la Librería El Foro de Izquierda Abierta, recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>ClavículaMarta SanzAnagramaBarcelona2017</strong><em>Clavícula</em></p><p>  </p><p>La protagonista de este libro, su propia autora, siente un dolor en la clavícula durante un viaje que desata una reflexión sobre el envejecimiento, la menopausia y el malestar social. En una época que invita a la felicidad y al hedonismo, con maquillajes y fármacos para construir la quimera de la eterna juventud, cobra sentido recuperar la experiencia de carne y hueso, enfrentarse a la verdad de la historia. <em>Clavícula </em>acaba siendo una reflexión sobre la escritura, sobre el modo de ordenar el significado de las experiencias. El amor y la capacidad de resistencia son el antídoto de una felicidad mentirosa que nos hace vulnerables.</p><p>  <strong>En las fronteras del prólogo. Ver lo árabe a través de otros ojosPedro Martínez MontávezEditorial CantArabiaMadrid2017</strong><em>En las fronteras del prólogo. Ver lo árabe a través de otros ojos</em></p><p>El maestro de arabistas ha reunido en un volumen todos los prólogos que ha escrito a lo largo de los años para presentar el trabajo de colegas y escritores admirados. Esta reunión de prólogos da una imagen coherente del profesor que ha dedicado su vida a luchar contra los prejuicios con los que suele caricaturizarse el mundo árabe. En estas páginas aflora una referencia minuciosa a los procesos por los que han caminado los estudios árabes e islámicos en España y sus inevitables relaciones con los conflictos políticos y los debates sobre la cultura y la identidad.</p><p><strong>XXVI taller del Fórum de política feminista. Organizaciones feministas ante el cambio generacional y político. 2011-2016Ediciones de Fórum de política feministaMadrid2017</strong><em>XXVI taller del Fórum de política feminista. Organizaciones feministas ante el cambio generacional y político. 2011-2016</em></p><p>Hay feminismo siempre que alguien se alza individual o colectivamente contra alguna injusticia del patriarcado, pero de forma específica hay Movimiento Feminista cuando las mujeres llegan a articular un conjunto coherente y sostenido de reivindicaciones y se organizan para conseguirlas. Este libro habla de movilizaciones en el periodo 2011-2016, las mayores de la historia del feminismo de España, de sus reivindicaciones, y del trabajo objetivo para formularlas e incidir en la sociedad.</p><p>  <strong>Cuando las bestias se disfrazan de hombresCarlos TundidorHuella DigitalZaragoza2015</strong><em>Cuando las bestias se disfrazan de hombres</em></p><p>  </p><p>Este libro es un homenaje a seis poetas republicanos: <strong>Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Gabriel Celaya</strong> y <strong>Marcos Ana</strong>. Contiene relatos e historias a manera de ensayos que protagonizan los poetas elegidos. Se deja testimonio de las penalidades (asesinatos, exilios, cárcel) sufridas por algunos de los nombres más importantes de la poesía española del siglo XX. El autor quiere que los valores representados por ellos sean patrimonio de la España del siglo XXI.</p><p><em>*Puedes encontrar el Foro de Izquierda Abierta en la calle Ribera de Curtidores, 37, de Madrid. </em><strong>Foro de Izquierda Abierta</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Peñuela (Librería El Foro de Izquierda Abierta)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[A este lado del mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lado-mar_1_1139096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9827a917-eff9-4eb8-a2d3-ad20cf2bdb17_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A este lado del mar"></p><p><strong>Tierra sin hombresInma ChacónPlanetaBarcelona2016</strong><em>Tierra sin hombres</em></p><p>  </p><p><strong>Rosalía de Castro </strong>ya habló a la sazón de las <em>viudas de vivos</em> en la Galicia de finales del siglo XIX y principios del XX.</p><p>Cobas es una aldea gallega cercana a Ferrol, situada en un pequeño valle rodeado por montañas majestuosas. Les invito a trasladarse a este lugar de la mano de <strong>Inma Chacón</strong> con una novela cautivadora, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-tierra-sin-hombres/216113" target="_blank">Tierra sin hombres,</a> a través de una prosa que a veces recuerda el ritmo no sé si del océano atlántico o de la más sublime poesía. Un entorno que me llevó a dudar del origen extremeño de Inma Chacón porque sólo un habitante de estas tierras puede hablar así del mar, de la lluvia y del paisaje en el alma de cada personaje.</p><p><em>Tierra sin hombres</em> es una novela que habla de muchas cosas. Es una historia de amor, es una novela que guarda un secreto, es un cuadro de costumbres donde el paisaje, el clima, la lluvia, las meigas, las supersticiones, las maldiciones y juramentos no son solamente el marco para dejarse llevar por la narración sino que forman parte de la esencia misma del homenaje literario que la autora dedica a las viudas de vivos, estas mujeres valientes.</p><p>Llevados por el deseo de medrar, muchos hombres del norte, de Galicia en estas páginas, decidieron “hacer las Américas”. Destinos como Cuba, Chile o Argentina les ofrecían la posibilidad de regresar como indianos ricos aunque la mayoría de ellos sólo volvieron con ilusiones rotas, mentiras, algún licor exótico o abalorios extraños. Este hecho no les impedía partir de nuevo a tierras americanas dejando a sus mujeres e hijos de nuevo solos y en una situación compleja. Muchos de estos hombres no regresaron jamás y sus esposas quedaron en una situación legal complicada pues no eran viudas pero tampoco podían compartir su vida con nadie más. Es una novela donde la espera agarra con fuerza al lector, ese sentimiento que endurece y abruma.</p><p>  </p><p>Rosalía, la <em>leitera</em>, con treinta litros de leche en la cabeza recorre todos los días el camino de ida y vuelta de la aldea al Ferrol para vender la leche, para sacar adelante a sus hijas y la poca tierra que su marido le dejó al emigrar a Argentina. Una mujer valiente con un nombre dedicado, sin duda, a Rosalía de Castro, que quiere lo mejor para sus dos hijas, Elisa y Sabela, tomando decisiones que determinarán el curso de sus vidas. Rosalía va a casar bien a la hija mayor, Elisa, y a la menor, Sabela, la reserva para hacerse cargo de ella cuando sea mayor y para dejarle las tierras, los animales y la casa. Sin mala intención esta sentencia provoca que la vida de las tres mujeres tome caminos que las irán alejando y que encerrarán secretos y juramentos que las mantendrán enfrentadas a través del silencio.</p><p>Al lado de estas mujeres tan valientes viven, cerca o lejos, personajes masculinos que son, sin ninguna duda, hombres buenos. Inma Chacón trata con una bondad que estremece al tío Manuel, el hermano que su esposo trajo de Argentina para siempre, a Cobas, a Elías, a Martín. Hombres que se esfuerzan siempre y que siempre son redimidos por la autora.</p><p>Porque esta novela es también una agitada historia de amor. A veces un amor difícil: <em>“El amor puede sembrar la duda donde creemos que sólo hay certeza”</em>.  A veces un amor que emociona con esos susurros en gallego que sacuden al lector:<em> “Miña vida, miña xoia”</em>.  Frases que duelen y que anegan el alma cautiva: “Me volví loco sin ti”.  “Te quiero más de lo que puedo soportar”.</p><p>En <em>Tierra sin hombres</em>, Inma Chacón nos regala una historia contada a través de emociones y sentimientos.  Este amor que intenta abrirse paso entre las envidias, las murmuraciones de las mujeres en los lavaderos, el nombre de Dios, los celos, los secretos, la espera.  Y todo ello contado con la belleza de los salmos, con la luz y el sol de la esperanza, con la lluvia y la bruma del dolor.</p><p>“E tes corazóns que sufren / longas ausencias mortás, / viudas de vivos e mortos / que ninguén consolará”<em>. </em>Rosalía de Castro.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura Española.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Caer con elegancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caer-elegancia_1_1139094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7c6a9a9-817d-4b59-8612-e214ae6fb1dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caer con elegancia"></p><p><strong>Esperando a Mister BojanglesOlivier BourdeautTraducción de José Antonio Soriano MarcoSalamandraBarcelona2017</strong><em>Esperando a Mister Bojangles</em></p><p>Mr. Bojangles es la canción que el cantante de <em>country </em><strong>Jerry Jeff Walker</strong> escribió en 1968 inspirado por un encuentro con un artista callejero en la prisión de Nueva Orleans. Luego la versionaron tres grandes de la música como<strong> Nina Simone</strong> (que es la versión que escuchan los protagonistas de este libro), <strong>Sammy Davis Jr.</strong> y <strong>Frank Sinatra</strong>. Una parte de la canción dice:</p><p>  </p><p>   </p><p>Y este el título de <a href="http://salamandra.info/libro/esperando-mister-bojangles" target="_blank">esta original novela corta</a> escrita por el francés <strong>Olivier Bourdeaut </strong>que nos cuenta desde los ojos de un niño, narrador protagonista, su vida y la de sus padres, una estrafalaria familia que vive completamente atribulada por la pasión y la personalidad de una madre que vive en una fiesta constante, disfrutando de la vida, de sus pequeños momentos, celebrando cada día y gozando cada momento como una experiencia nueva de la que aprender y ser feliz. Con un lenguaje poético y la música siempre presente, con su casa siempre abierta para celebrar con cualquier excusa aventuras en compañía, con su grulla disfrazada, con su sempiterno amigo el senador, al que apodan<em> la Basura</em> y que siempre les acompaña. Es la historia de una locura maravillosa, que habla sobre esa clase de personas inconfundibles, arrolladoras, mágicas pero terriblemente frágiles, que como un huracán te arrastran en su locura y en su hermosa felicidad.</p><p>La familia celebra una fiesta en su casa casi todos los días, se hablan de usted, tienen un castillo en el sur de España al que se escapan de vez en cuando, el niño falta a las clases y provoca problemas escolares pero ellos viven a su manera, sin importarles las convenciones sociales y el qué dirán, unidos en sus vivencias y en su manera de disfrutar. <em>Carpe diem</em> absoluto.</p><p>  </p><p><em>Esperando a Mister Bojangles</em> es una novela llena de momentos intensos, de escenas surrealistas y de humor que se lee con emoción, pero que también afronta con belleza el final de los sueños y su rotura, y la enfermedad y el vértigo, y la soledad y la incomprensión. El dolor y la locura también acaban apareciendo y como dice la canción de Mr. Bojangles, saltarían tan alto para caer con elegancia, porque la ternura, la devoción y el humor de sus protagonistas brillan  hasta el final.</p><p>  </p><p>Esta es la primera novela de Olivier Bourdeaut, un libro vibrante, original, escrito de manera sencilla que se lee disfrutando y que te hace evocar a aquellos seres únicos que pasan por nuestras vidas y dejan huella para siempre.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet </strong><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">Librería Muga</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La lucidez de Firdaus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lucidez-firdaus_1_1139092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/60d9def4-ab69-4068-ac15-21c7ab0dd635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lucidez de Firdaus"></p><p><strong>Mujer en punto ceroNawal El SaadawiTraducción de Mireia Bofill AbellóCapitán SwingMadrid2017</strong><em>Mujer en punto cero</em></p><p>  </p><p>Hace más de 40 años, la escritora egipcia <strong>Nawal El Saadawi </strong>publicaba una de sus obras más leídas y conocidas, <em>Mujer en punto cero</em>, una breve novela en la que recoge el testimonio de una mujer a la que llama Firdaus y que espera en la cárcel su ejecución en la horca. Autora y protagonista apenas se reunieron unas horas –que El Saadawi reescribió frenéticamente en las semanas posteriores al encuentro—, pero la potencia y clarividencia del relato de Firdaus han dejado una profunda huella en la carrera de esta prolífica activista feminista y escritora.</p><p>Resulta igual de relevante la situación personal de El Saadawi en el momento en el que se gesta <a href="http://capitanswing.com/libros/mujer-en-punto-cero/" target="_blank">Mujer en punto cero</a>. En aquella época, tanto ella como su familia vivían hostigados por el gobierno egipcio después de que viese la luz, en 1972, su ensayo<em> Mujeres y sexo</em>, libro en el que abordaba asuntos tabú como la extirpación del clítoris. El Saadawi, doctora y psiquiatra de profesión, fue destituida como directora de Educación para la Salud y como redactora jefa de la revista <em>Salud</em>. Serían los primeros ataques de un gobierno que terminaría encarcelándola en 1981 en la misma prisión en la que entrevistó a Firdaus y forzando su exilio entre los años noventa y la primera década de este siglo.</p><p>Tras ser apartada de su trabajo, la escritora se volcó de lleno en una investigación sobre la salud mental de las mujeres para tratar de vincular “la represión psicológica y corporal con la represión social, política, económica, cultural, religiosa y moral”. Firdaus había sufrido humillaciones en cada uno de esas facetas: de origen humilde, un familiar abusó sexualmente de ella cuando no sabía ni siquiera lo que era el sexo, le practicaron la ablación genital y fue casada a la fuerza con un hombre que le triplicaba en edad. Narrado en primera persona, con una excepcional sensibilidad para entender el mundo que la rodea, el testimonio de Firdaus destila entereza y dignidad. El suyo es un relato común, pero su lucidez resulta inusual.</p><p>En esa tesitura de vejaciones constantes, Firdaus comienza a ejercer la prostitución. El dinero que gana le ofrece la posibilidad de gestionar su tiempo y su vida. Le devuelve parte del poder que le ha arrebatado la sociedad egipcia de mediados del siglo XX. Para ella, la prostitución se convierte en una forma de empoderamiento frente a la esclavitud sexual que era, y continúa siendo para muchas mujeres, el matrimonio. Esta solitaria valentía dejó posos en El Saadawi. En una <a href="http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170324/421132613173/las-mujeres-son-esclavas-de-la-maternidad.html" target="_blank">reciente entrevista en La Vanguardia</a>, la escritora decía: “El cambio no emana de una única batalla, requiere toda una vida. Pero el paso fundamental es cambiarse a una misma, eso te convierte en poderosa”.</p><p>La novela, rechazada en todas las editoriales de Egipto, fue publicada en Beirut, donde muchos otros escritores de la región también pudieron imprimir obras censuradas en sus países de origen. En España, se hicieron varias ediciones entre finales de los ochenta y principios de los noventa hasta ésta, de Capitán Swing, que coincide en el tiempo con la reedición de <em>La cara oculta de</em><em>Eva, la mujer en países árabes</em> en la editorial Kailas.</p><p>Capitán Swing incluye asimismo una introducción de El Saadawi fechada en 2016, en la que evalúa la importancia de <em>Mujer en punto cero</em> después de más de cuatro décadas. “Es normal que Firdaus le cambie la vida a cualquier chica que sepa su historia, pero ¿puede tener el mismo efecto en los chicos? Sí, el número de chicos que afirmaban que su vida había cambiado tras leer la novela era el mismo que de chicas. Hubo quien dijo que las palabras de Firdaus le hicieron replantearse la masculinidad, convirtiéndole en humano y no en hombre”, escribe.</p><p>Aprovecha también la escritora, autora de más de medio centenar de libros traducidos a 40 idiomas, para valorar cómo Firdaus ha cambiado su propia vida. Ambas pagaron –en mayor o menor medida— el coste de haber defendido de su independencia, criterio propio y libertad de expresión. El resto, la férrea sociedad patriarcal, no les ha tolerado poner tantas costumbres (y prejuicios) en cuestión. Esa es la moraleja con la que concluye Firdaus en un desgarrador alegato final: “Yo maté con la verdad, no con una navaja (…). Lo que les da miedo es mi verdad”.</p><p><em>*Saila Marcos es periodista de </em><strong>Saila Marcos</strong>infoLibre <em>y </em>tintaLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura africana,Periodismo,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La mudanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mudanza_1_1139088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9dd3c6b-2a71-454f-848c-b25426556c29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mudanza"></p><p><em>(Comienza Ramón Cote.)</em><strong>Ramón Cote</strong></p><p>Quién iba a creerlo, pero al fin sucedió lo que nadie pensó que pasara: el fantasma se fue con ellos a su nueva casa.</p><p>Carlos y Lucía estaban cansados de vivir en su apartamento. No sólo porque cada vez era más difícil llegar al centro de la ciudad, porque últimamente habían abierto un par de discotecas que no dejaban dormir al vecindario, porque la señal de Internet siempre se caía a los cinco minutos sino además porque ya no podían seguir viviendo con un fantasma. –Creo que es mujer, le dijo Lucía a Carlos cuando descubrió que estaban en desorden sus cepillos y le empezaron a faltar los delineadores de los ojos. –No lo creo, fíjate que le encanta jugar con mi colección de carritos en miniatura, pues cada vez que los voy a organizar los encuentro en un orden distinto al que los había dejado.</p><p>Al principio los pasos a medianoche por los lados de la cocina y las extrañas caídas de los cubiertos los asustaron, pero poco a poco se fueron acostumbrando a su presencia. –Si al final no nos hace daño, y en el peor de los casos hasta puede asustar a los ladrones, le dijo a Lucía cuando ella le señaló alarmada a Carlos el cambio en la nevera de las frutas a la sección de la carne y de la carne a de las frutas. Míralo de este modo: tenemos un vigilante que no se entromete en nuestros asuntos. Pero ya Lucía tenía tomada la determinación.</p><p>Y Carlos nada tuvo que hacer cuando ella le dijo que estaba embarazada. El día que llegó el camión que llevaría todas las cosas a su nuevo apartamento dividió en dos sus vidas. –Aquí empezó todo y aquí terminó todo, dijo Lucía cuando miró por última vez esos sesenta metros cuadrados donde vivieron cinco años-. Es cierto, dijo Carlos, me da tristeza dejarlo, aunque si te confieso ya estaba cansado de vivir en esta zona. Y aquí el único parque para pasear al bebé queda a treinta minutos andando. Así fue que, de común acuerdo antes de cerrar la puerta, dijeron al tiempo: ¡Adiós, fantasma!</p><p><em>(Continúa Ioana Gruia.)</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p>La casa, en un edificio rehabilitado del casco antiguo, tenía un salón luminoso y tres habitaciones que daban a patios interiores amplios y arbolados. Las paredes estaban recién pintadas y se habían hecho reformas completas en el baño y la cocina. El pasillo que unía las estancias se abría a la vista con una claridad reconfortante. Nada de grietas, de pliegues umbríos, de recovecos donde el fantasma, en el improbable caso de que intentara seguirlos, pudiera cobijarse. Calefacción y agua caliente central unidas al encanto de vivir en una zona llena de bares, librerías y cines. Una auténtica joya, exclamó el agente inmobiliario, subrayando cada letra, al enseñarles por primera vez el piso. Lucía salió al balcón y el paisaje de terrazas coquetas y venerables fachadas restauradas acabó por decidirla.</p><p>–¿Y quién va a pagar el alquiler? –le susurró Carlos al oído–. ¿El fantasma abandonado?</p><p>Su mujer frunció los labios e hizo un gesto ligero y apresurado con la mano. Él sabía que era su manera de quitarle importancia a algo y se resignó. Además, ya estaba embarazada y a una mujer embarazada, le había dicho solemnemente su padre, no se le lleva la contraria. Para lo que os haga falta, añadió, contad con nosotros.</p><p>El alquiler costaba más de un tercio de sus sueldos, pero ahora, mientras contemplaban el suave repiqueteo de la lluvia en los cristales Climalit y las luces melancólicas de la ciudad, un paisaje mucho más hospitalario que el enjambre de gasolineras y centros comerciales que asomaba a sus antiguas ventanas, para colmo desvencijadas, pensaban que merecía con creces la pena. A veces se sorprendían recordando al fantasma con algo vagamente parecido a la nostalgia. Si viviera con nosotros, se decía Lucía, podría echar una mano con el bebé. Hacer recados, la comida, ir al supermercado, comprar pañales, para eso la antigua presencia inquietante y sin embargo siempre amigable y discreta habría venido muy bien. Compartió sus pensamientos con Carlos y él le dio la razón, reprochándole además que había sido ella quien había resuelto apartar al fantasma de sus vidas. A partir de entonces un ligero malhumor ensombreció su plácida y expectante rutina de futuros padres. Hasta aquella tarde en la que Lucía se levantó de la siesta casi a la hora de cenar y fue a instalarse con un libro en el sofá, mientras esperaba a que Carlos llegara del trabajo.</p><p>Allí estaba él. Las facciones algo trémulas, los brazos quizá demasiado etéreos y las piernas, cruzadas con despreocupación, moviendo las puntas en un grácil gesto de bailarina. Las manos, lo más llamativo de la presencia a la que Lucía, a pesar de las dudas iniciales, no tardó más de unos segundos en asignar del lado de la masculinidad, parecían pertenecer a un pianista. Estilizadas pero rotundas y desprendiendo fuerza. La mirada invitadora. La sonrisa magnánima y benigna.</p><p>–Siéntate, por favor –dijo–. No debes cansarte.</p><p>La voz envolvente. Un poco ronca y a la vez suave. Lucía obedeció al primer impulso y le pidió disculpas. El fantasma ensanchó la sonrisa e hizo un gesto con la mano. Ligero y apresurado. Idéntico al de ella cuando quería quitar importancia a las cosas, reconoció la chica emocionada.</p><p>–¿Quieres tomar algo?</p><p>La presencia agradeció con un entusiasta ademán afirmativo. Tenía sed. ¿Una cerveza, una copa de vino, un vermú? No, no, protestó demostrando una exquisita consideración, si ella no podía beber alcohol, él tampoco lo haría. Dijo, con la misma voz que a Lucía le pareció deslizante, como si el fantasma patinara con elegancia a través de sus palabras o interpretara una melodía de jazz opiácea y perturbadora, que tomaría una de las infusiones que la futura madre se servía cada tarde para aplacar la comprensible ansiedad de la espera. Y unas pastitas de té, gracias.</p><p>A la invitación que le hizo la chica respondió que por supuesto. Se quedaría a cenar, aunque, se permitió añadir soltando una risita inesperadamente chillona, no era muy exacto decir que se quedaría puesto que después no iría a ninguna otra parte. Aquella era su casa.</p><p>–¿Te imaginas? –acabó de contarle la historia Carlos a su mejor amigo, mejicano. –¡Pinche fantasma cabrón!</p><p><em>(Sigue Luis Bagué Quílez.)</em><strong>Luis Bagué Quílez</strong></p><p>Cuando Lucía sugirió "habrá que ponerle nombre", Carlos estuvo a punto de responder que ya lo tenían decidido: si era niño, Carlos; si era niña, Lucía. Como Carlos era un Carlos de segunda generación, no le hacía mucha gracia la idea de tener a una Lucía bis o a un Carlos III gateando por el pasillo, pero lo había asumido con el estoicismo con el que se aceptan las fatalidades meteorológicas. No obstante, por el gesto de Lucía, entendió que ella estaba hablando de otra cosa. De él. Hasta el momento, él había recibido los apodos sucesivos de Casper, Fantômas y, finalmente, Chopin, habida cuenta de sus manos sinfónicas.</p><p>−¿Y si se lo consultamos? −propuso Carlos.</p><p>−Ya sabes que es muy reservado. Y no me parece de buena educación recordarle ciertas cosas. Imagínate, podría quedar traumatizado de por vida –recalcó Lucía.</p><p>−¿Por qué no lo llamamos Ludwig? Sería nuestro tributo a Beethoven –bromeó Carlos.</p><p>Sin embargo, Lucía no sonrió. El siguiente paso fue buscarle un lugar confortable. El cuarto de invitados era la opción lógica, pero Ludwig mostraba una visible predilección por el sofá, lo que hacía pensar en una pasividad endémica y en un deceso por accidente cardiaco. Por supuesto, se quedó provisionalmente en el sofá. A esas alturas Carlos no solo había dimitido como valedor del huésped perpetuo, sino que había empezado a sospechar de la conducta de Ludwig. Se preguntaba si, de haberlo conocido en otro estado, le habría caído bien. Entretanto, Ludwig se pasaba el día remoloneando por el piso e inventando excusas para echarle una mano a Lucía en las tareas más ingratas. Cuando Carlos abría el periódico descubría con fastidio que alguien había resuelto los crucigramas, el sudoku y el damero maldito. Al poco, una manifestación somática empezó a subrayar con la punta redonda de un Bic rojo las películas que emitían en prime time; todo muy “arte y ensayo”, aunque a Carlos las estepas rusas y los cerezos japoneses le inducían a un coma profundo. Y, cómo no, Ludwig amaba el cine tedioso con la misma desbordante intensidad con la que detestaba el fútbol. Con todo, lo más incómodo eran sus efectos, digamos, domésticos. Alborotaba al vecindario con fosforescencias desesperadas. Revolvía los cajones como si pretendiera hallar petróleo en su interior. Escondía las facturas. Y vaya usted a saber con qué cepillo se limpiaba los dientes. Por no hablar de los ruidos: toda la santa noche de aquí para allá, arrastrando cadenas. Claro que eso no era nada comparado con cuando le daba por ulular.</p><p>Lucía lo disculpaba con una condescendencia infinita: "Tiene frío. Tiene sueño. Tiene miedo. Tiene nostalgia". Pero la gota que colmó el vaso fue cuando comentó, como quien no quiere la cosa: "Podría dormir con nosotros". Aunque Carlos adujo insalvables desajustes horarios, no logró mermar el entusiasmo de una Lucía a la que se le iluminaba el rostro cada vez que mencionaba a la tercera persona. Al final acordaron poner una cama supletoria. Pese a la distancia cautelar, Carlos no pegaba ojo. Se levantaba de madrugada y palpaba las sábanas con aprensión. No en vano, Ludwig era capaz de adaptarse a cualquier espacio. ¿Quién le decía que en ese instante no estaba allí mismo, compartiendo la almohada con ellos? ¿O, peor aún, con ella? Al igual que la multiplicación de dos cantidades negativas ofrece un cómputo positivo, los celos irracionales de Carlos, multiplicados por la irracionalidad de aquel fenómeno paranormal, adquirieron una sorprendente coherencia cartesiana. Fue entonces cuando supo que había que deshacerse del inquilino. Tras un chapuzón en diversos foros esotéricos de Internet y una inmersión a pulmón en Wikipedia −ciberespacios a los que acudía cuando Ludwig no merodeaba por allí, y cuya huella digital borraba de inmediato−, llegó a dos conclusiones inapelables: 1) No había manera humana de desfantasmar a un fantasma, ni siquiera recurriendo al clásico arsenal de rituales y exorcismos. 2) Solo se podía ahuyentar a un fantasma si se le convencía de que allí sobraba. Así que se trataba de hacerle la ultravida imposible a Ludwig.</p><p><em>(Cierra Yolanda Reyes.)</em><strong>Yolanda Reyes</strong></p><p>¿Cómo se le hace la ultravida imposible a un fantasma?, bromeó su amigo mejicano, pero se frenó al ver cómo Carlos se aferraba al vaso, para que la mano dejara de temblarle. Le había pedido que se vieran esa noche, urgentemente, en un bar detrás de su casa y el mejicano le había preguntado en tono sarcástico por la razón de esa <em>blind date.</em> Sin embargo, al verlo, sintió que era evidente que lo del fantasma estaba pasando de castaño a oscuro. Carlos tenía las uñas comidas, como garras, y, quizás por los efectos de la luz, los dedos se le veían más largos. Pero lo más preocupante era verlo con la mirada puesta en un punto fijo.</p><p>—¡Maldito, no te le acerques! –gritó de repente, y la poca gente que quedaba en el bar lo miró como si fuera loco.</p><p>Sin embargo, todos vieron, en la ventana del tercero…</p><p>Una sombra redonda que se movía como una amiba.</p><p>Otra sombra alargada con unos brazos etéreos que apresaban la otra sombra.</p><p>Dos sombras confundidas en un movimiento acompasado.</p><p>–¡Lo ves, <em>los ves </em>? –gimió Carlos. Vengo todas las noches a mirarlos, pero necesitaba que tú, o que alguien más viera.</p><p>–Tienes que echarlo de tu casa–fue el veredicto de su amigo.</p><p><em>En cualquier momento</em>, les habían dicho al ver la ecografía, y les habían dado una lista, como la de útiles escolares, para llevar al hospital cuando <em>llegara la hora</em>. Esas expresiones que antes parecían aterradoras, ahora le sonaban a Carlos como inscripciones en el mundo de <em>todas</em> <em>las familias felices</em>. Lucía se había ido de compras con su madre y él aprovechó para hablar con el fantasma.</p><p>–Tienes que irte –fue lo único que dijo.</p><p>Ludwig estaba dándole cuerda a una cajita de música que había puesto Lucía al lado de la cuna y siguió concentrado en el mecanismo, como si no lo hubiera oído.</p><p>–Que he dicho que te vayas –le gritó con los acordes de <em>Somewhere over the rainbow</em>–. Pídeme lo que quieras, pero lárgate.</p><p>–¿Lo que quiera? ¿Estás seguro? –reaccionó el fantasma.</p><p>–Con tal de que te vayas… –dijo Carlos.</p><p>–Quiero a tu hijo –dijo el fantasma.</p><p>–¡Cómo te atreves! –rugió, y se lanzó sobre lo que creía que era Ludwig, pero solo logró agarrar la cajita de música, con <em>the rainbow, </em>sonando ahora en cámara lenta.</p><p>–Es una forma de decir, hombre; no es para tanto. Por mí, podemos vivir los tres juntos. O bueno, los cuatro. Y compartir a Lucy y al bebé.</p><p>–¡Lucy! ¿Cómo te atreves a decirle Lucy?</p><p>–Es un apodo cariñoso. A ella le gusta que le diga… Lucy… –cantó con una voz cavernosa.</p><p>–Pues le ha llegado a ella la hora de elegir. Se lo diré muy claro: o tú te vas o me voy yo.</p><p>–Yo, de ti, no me pondría tan radical…Nunca se sabe.</p><p>Esa noche empezaron las contracciones y ya no hubo tiempo de hablar. Al comienzo, Carlos controló la respiración y le hizo los masajes a Lucía. Sin embargo, más tarde, él mismo le pidió a Ludwig que ayudara. Por no verla sufrir y además porque ese trabajo de partero no era el fuerte de alguien acostumbrado a mover dos dedos sobre un teclado, fue delegando los masajes en las mágicas manos del fantasma y se dedicó a organizarle la maleta, mientras Lucía rugía y respiraba, y Ludwig le cantaba canciones de cuna en alemán, entre una contracción y otra.</p><p>–Voy a pedir un taxi –dijo Carlos, casi feliz de ser parte de un trabajo en equipo. Esto me habría quedado grande a mí solo, quiso decirle al inquilino, pero se contuvo: ¡tampoco había que sobreactuarse!</p><p>Por ser domingo, y de madrugada, el taxi podía tardar cinco minutos y Carlos les sugirió a Lucía y al fantasma que se adelantaran y fueran bajando la escalera.</p><p>–El balcón, amor –dijo Lucía–. No te olvides de cerrarlo con llave.</p><p>Carlos llegó de tres zancadas al balcón justo cuando Lucía y el fantasma abrían el portón del edificio y, mientras giraba la llavecita oxidada, los vio caminar con pasos lentos entre las sombras de la calle. Ella, con la espalda casi doblada, y <em>é</em>l… solo una manga resplandeciente alrededor de su cintura.</p><p>Por más que trató, después no los vio más, como si se hubieran esfumado.</p><p>–¿El taxi es para usted? –le preguntó el chofer cuando llegó a la puerta del edificio.</p><p>–Para nosotros, sí –contestó Carlos–. ¿Ha visto usted a una mujer embarazada?</p><p>El taxista negó con la cabeza.</p><p>–A esta hora, y con esta niebla, no hay ni un alma por aquí…</p><p>Si acaso, algún fantasma.</p><p><em>*Ramón Cote es escritor. Su último libro,</em><strong>Ramón Cote</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/home/65-24-como-quien-dice-adi%C3%B3s-a-lo-perdido.html" target="_blank"> Como quien dice adiós a lo perdido</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Ioana Gruia</strong><a href="http://www.ioanagruia.com/el-expediente-albertina/" target="_blank">El expediente Albertina</a><em> (Castalia/Edhasa, 2016).</em></p><p><em>*Luis Bagué Quílez es escritor y crítico literario. Su último libro, </em><strong>Luis Bagué Quílez</strong><a href="http://forcolaediciones.com/producto/la-menina-ante-el-espejo/" target="_blank">La menina ante el espejo</a><em> (Fórcola, 2016).</em></p><p><em>*Yolanda Reyes es escritora. Su último libro, </em><strong>Yolanda Reyes </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/que-raro-que-me-llame-federico/CO27514" target="_blank">Qué raro que me llame Federico</a><em> (Alfaguara, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Cote | Ioana Gruia | Luis Bagué Quílez | Yolanda Reyes]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Un personaje fascinante llamado Farinelli]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/personaje-fascinante-llamado-farinelli_1_1139085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9466bc39-d044-4bfe-93fa-d562efc5eabb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un personaje fascinante llamado Farinelli"></p><p><strong>Yo, Farinelli, el capónJesús Ruiz MantillaGalaxia GutenbergBarcelona2017</strong><em>Yo, Farinelli, el capón</em></p><p>  </p><p><strong>Carlo Maria Broschi</strong>, de nombre artístico <em>Farinelli</em>, fue uno de los personajes más importantes de la música europea del siglo XVIII y su estancia en España, que se prolongó durante 20 años, marcó la vida cultural de nuestro país durante los reinados de <strong>Felipe V </strong>y de <strong>Fernando VI</strong>. Cantante <em>castrato</em> de una bellísima voz, hombre ilustrado, gestor y activista cultural, Farinelli se convirtió en una figura genial aclamado por los públicos de media Europa, solicitado por reyes y nobles y respetado por la mayoría de sus colegas. Con estos méritos cualquier observador podría deducir que el artista napolitano da su nombre en nuestro país a calles y plazas, inspira novelas y películas, es objeto de estudio en los museos y su biografía se incluye en los libros de texto del Bachillerato. Nada más lejos de la realidad en un país con una desmemoria histórica tan descomunal, así nos va, donde el periodista y escritor <strong>Jesús Ruiz Mantilla</strong> ha sido el pionero en recrear una vida tan azarosa, apasionante y rica como la del <em>castrato</em> Farinelli (Andria, 1705-Bolonia, 1782), un libro publicado hace una década y reeditado ahora por Galaxia Gutenberg.</p><p>Narrada en primera persona, <em>Yo, Farinelli, el capón</em>, teje una (auto)biografía novelada en la que el cantante evoca, a sus 75 años y desde su retiro en Bolonia, su intensa trayectoria vital y artística. Desde las primeras páginas, donde el cantante aborda las razones de esta confesión postrera, la voz narradora está magnifícamente lograda hasta el punto de que el lector imagina, con absoluta fidelidad y sin esfuerzo, la personalidad de Farinelli: sus anhelos y decepciones, sus miedos, los traumas de aquella castración infantil tras una caída del caballo, la embriaguez de los triunfos en los escenarios… En un castellano con resonancias del lenguaje del siglo XVIII, pero al mismo tiempo adaptado a un lector actual; con una prosa muy bien trabada con los usos y costumbres de los ambientes que recrea (teatros, cortes, posadas, viajes…); y un estilo sólo aparentemente ligero, Mantilla consigue un dominio del personaje y una credibilidad total en el siempre difícil empeño de una biografía novelada en primera persona. “Me convertí en el <em>negro</em> de Farinelli”, declaró el autor con mucha ironía y un punto de verdad literaria durante la reciente presentación del libro en la preciosa Escuela Superior de Canto de Madrid. Así quiso resumir Ruiz Mantilla su inmersión durante años en el personaje y su fascinación por el cantante más famoso del XVIII.</p><p>Con la música siempre en primer plano (óperas, conciertos, arias, ensayos…), <em>Yo, Farinelli, el capón</em> sitúa en el fondo de la narración los paisajes y los paisanajes de unas ciudades europeas que asistían a un impresionante y vertiginoso cambio de época en unos años que ya presagiaban la influencia de la Ilustración y anunciaban el final violento de los absolutismos con la Revolución francesa de 1789. Desde su origen napolitano, el cantante <em>castrato</em> pasea su arte por la barroca y carnal Venecia, por la elegante Múnich, por la fastuosa Viena y por la poderosa Londres, entre otras capitales, para recalar en 1737 en un Madrid todavía muy provinciano y sometido a la impronta francesa de Felipe V, el primer Borbón. Farinelli fue llamado a la Corte española por <strong>Isabel de Farnesio</strong>, segunda mujer del monarca, en un intento de que el angelical canto del <em>castrato </em>rescatara a su regio marido de la depresión y la melancolía que le impedían gobernar y llevar una vida normal. Tal vez suene a fantasía desbordante, pero esa fue la razón principal de la llegada de Farinelli a España.</p><p>Obligado a cantar todos los días las mismas arias para el rey, Farinelli no se conformó con esta cómoda y muy bien retribuida tarea, sino que se propuso agitar la somnolienta vida cultural madrileña con la introducción en nuestro país de la ópera italiana. Ocupó el famoso <em>castrato</em> altos cargos en la Corte, fue el organizador de las fiestas reales en Aranjuez y en La Granja y desplegó, en suma, una descomunal actividad en lo que hoy llamaríamos gestión cultural. Sin embargo y a pesar de su cercanía a los reyes y de su notable poder, todos sus contemporáneos y aquellos que han estudiado su vida, Ruiz Mantilla incluido, coinciden en señalar que Farinelli fue, por encima de todo, una buena persona, alejado del divismo y de los caprichos de otros <em>castrati</em>.  No resulta extraño que estas “voces de mujer encerradas en cuerpos de hombres” sufrieran graves trastornos en su carácter, sus relaciones sexuales y, en definitiva, su comportamiento.</p><p>Aquella costumbre de destruir el tejido testicular a algunos niños en Italia se originó para hacer frente a la prohibición de que las mujeres cantaran en las iglesias. Los pequeños procedían en su mayoría de familias humildes que confiaban en el éxito artístico de sus hijos para salir de la pobreza. De este modo se lograba que los futuros cantantes tuvieran voces que combinaban la ternura infantil con la potencia y fuerza de un adulto. En las décadas de 1720 y 1730, en el apogeo de la moda de estas voces, se ha estimado que más de 4.000 niños de ocho o nueve años fueron castrados anualmente. No fue el caso de Farinelli, perteneciente a una familia noble y aficionada a la música del sur de Italia, que fue castrado a raíz de un accidente.</p><p>La biografía novelada de Farinelli entronca con una de las pasiones personales y uno de los quehaceres profesionales de Jesús Ruiz Mantilla que ha desarrollado la mayor parte de su carrera como periodista cultural en el diario<em> El País</em>. Así pues, este libro sigue a otras obras suyas de tema musical como la novela <em>Preludio</em>, con un pianista como personaje; o el reciente ensayo <em>Contar la música</em>.  Ahora bien el variado registro de este autor y periodista ha abarcado la literatura gastronómica, con <em>Gordo</em> (premio Sent Sovi), o la novela histórica en <em>Ahogada en llamas</em> y <em>Hotel Transición</em>. De cualquier manera, el reto de novelar la vida del <em>castrato</em> más célebre de la Historia demuestra que Ruiz Mantilla apuesta por los retos difíciles apoyado en una fluida forma de narrar y en una sobresaliente erudición. Los amantes de la música y de la historia tienen ahora la posibilidad de disfrutar con la lectura de esta singular e interesantísima biografía novelada.</p><p><em>*Miguel Ángel Villena es periodista de </em><strong>Miguel Ángel Villena</strong>infoLibre <em>y editor de </em>tintaLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un personaje fascinante llamado Farinelli]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Historia,Libros,Literatura,Música,Narrativa,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Marta Sanz: "La queja es una forma de resistencia y de rebeldía"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/marta-sanz-queja-forma-resistencia-rebeldia_1_1139069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c7367dbc-b831-4270-b000-67d5775bcf4c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marta Sanz: "La queja es una forma de resistencia y de rebeldía""></p><p>A <strong>Marta Sanz</strong> (Madrid, 1967) le duele la clavícula y no sabe por qué. Además de buscar diagnóstico en el médico —en un médico, en dos médicos, en tres médicos—, busca diagnóstico en la literatura. Y el resultado es <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/clavicula/9788433998293/NH_581" target="_blank">Clavícula</a><em> </em>(Anagrama), un libro al que no se le puede llamar ni novela, ni autobiografía, ni diario pero que tiene algo de todas esas cosas y que negocia con "el exhibicionismo y el impudor". Son sus palabras, en una cafetería de su barrio y ante una grabadora —un móvil, en realidad—. La misma cafetería y la misma grabadora que le escucharon responder hace meses a un "qué tal" con un sincero "un poco cansada, tengo como una contractura aquí".</p><p>No lo era —¿lo era? <em>Clavícula </em>nunca nos responde—, y aquel dolor se estaba convirtiendo en un relato "híbrido" a veces ensayístico, a veces lírico, a veces desternillante con un humor neurótico a lo Woody Allen o un humor negro a lo Marta Sanz. En un "berbiquí" que busca encontrar "el origen del dolor". "Por segunda vez en mi vida escribo para purgarme", deja dicho sobre el papel, "y le tengo fe a la posibilidad catártica de la escritura". </p><p><strong>Pregunta. En Clavícula dice: "Escribo de lo que me duele'. Hoy veo con toda claridad que la escritura quiere poner nombre e imponer un protocolo al caos". El libro arroja luz sobre sus propias motivaciones, pero hay también zonas de sombra.</strong><em>Clavícula </em></p><p><strong>Respuesta</strong>. Una amiga mía, escritora también, <strong>Sara Mesa</strong>, que había leído el libro, me escribió para darme sus impresiones: “Es un libro muy autobiográfico, evidentemente, es muy descarnado… Pero yo me quedo con que hay una Marta evanescente que a mí se me escapa y no llego a aprehender. Y eso me gusta”. A mí también. Y pasa que mucha gente, después de leer el libro, me pregunta: “¿Cómo estás?”. Eso me gusta también, porque significa que el libro consigue uno de sus objetivos, que es que el lector apunte hacia la realidad, hacia lo que pasa fuera del texto. Yo siempre digo que estoy bien, que no hay motivos de preocupación, pero que me sigue doliendo la clavícula en tanto en cuanto hay cosas que no han cambiado. No ha cambiado que mi marido esté en el paro, no ha cambiado que yo sigo sobreexplotada y como loca de acá para allá, no ha cambiado que estamos en un mundo absolutamente precario que nos tiene encapsulados en nuestras propias soledades, que estoy viviendo el momento de la menopausia…</p><p>  </p><p><strong>P. Cuando se usa tanto el concepto de autoficción, ¿se siente cómoda utilizando esa etiqueta para este libro?</strong></p><p><strong>R</strong>. Aunque pienso que es verdad que cuando quieres hacer un relato de tipo autobiográfico hay un resorte de la ficción que se puede escapar, en <em>Clavícula </em>no he buscado eso. Lo que he intentado es utilizar el lenguaje para dar cuenta de una experiencia que realmente ha sucedido y que para mí es misteriosa. Este libro surge también del cansancio de las ficciones. Yo me he descubierto sintiéndome deshonesta cuando utilizo las máscaras de la ficción para desnudarme. Entonces decido desnudarme de otra manera: de forma que lo que sería la invención literaria tenga menos que ver con las costuras y las trampas. La invención literaria, más allá de lo fantasioso, está en la capacidad del lenguaje para ser combinado de una manera que ilumine la realidad y que pueda convertir las cosas comunes que nos ocurren a ti y a mí en algo que tenga verdaderamente entidad literaria. <strong>Leïla Slimani</strong>, que ha ganado el Goncourt hace poco, denunciaba que todas las realidades nos las venden con forma de superficie lisa. A mí me gustaría que <em>Clavícula </em>rompiera con un punzón esa superficie lisa y dejara ver lo que hay por debajo.</p><p><strong>P. Escribe: "Yo no puedo darte nada mejor de mí que estas palabras purgantes. Ni Atlántidas ni unicornios ni enanitos saltarines. (...) Todas esas ficciones a mí ya sólo me suenan a mentira". Pero justamente, y en parte a través de la autoficción, parecía que se había renunciado a la verdad. </strong></p><p><strong>R</strong>. Esto es tremendamente delicado. Después de haber pasado por toda una etapa de posmodernidad, hay mucha gente que es muy crítica con respecto a la validez del concepto de verdad. Mientras que hay filósofos, como el francés <strong>Alain Badiou</strong>, que reivindican otra vez el concepto de verdad como horizonte de la filosofía. Porque el hecho de que se haya renunciado al concepto de verdad en la literatura, en la historia, en el periodismo, en la política, quiere decir que ahora estamos en el pasillo de las posverdades y que estamos en un mundo que ha sustituido la sensibilidad por la sensiblería, y la verdad por la verosimilitud, y la carne por la máscara. Yo no me atrevo a hablar de verdad, porque es una noción demasiado teológica, pero cuando escribo, intento utilizar el lenguaje para provocar un efecto de autenticidad. Intento que la literatura introduzca orden en el caos, o al contrario, romper un orden establecido que te parece un corsé civilizatorio y que te constriñe y te castra.</p><p>Creo que hemos abusado del concepto de lo verosímil, heredado de las maneras de relatar, hasta el punto que lo verosímil limita nuestra idea de lo posible. Esto lo contaba hace tiempo <strong>Belén Gopegui</strong>, y yo estoy absolutamente de acuerdo con que hay estructuras retóricas y narrativas que parecen inofensivas pero que están encauzando nuestra forma de pensar y nuestra vida cotidiana. Si tenemos el privilegio de tomar la palabra para generar distintos tipos de relatos, no me parece una tontería generar unos que se rijan por otras normas.</p><p><strong>P. ¿Ha tenido la tentación de concebir Clavícula como un diario? </strong><em>Clavícula </em></p><p><strong>R</strong>. En el fondo, el libro está escrito como un diario en el sentido de que está escrito a medida que pasan las cosas y al final lo que hay es una labor de reordenación de esos materiales para que el texto no tenga un golpe de efecto sorpresivo. Y si la autobiografía tradicionalmente es un formato onanista, vanidoso, ejemplar, en <em>Clavícula </em>es todo lo contrario: se utiliza el género autobiográfico para resaltar el individualismo de una sociedad que nos mantiene encapsulados, muchas veces aislados, que nos hace expresar una atención excesiva al ruido de nuestros cuerpos tanto por dentro —y se generan hipocondrias— como por fuera –y se generan obsesiones cosméticas—.</p><p><strong>P. En el libro se trata tanto el tabú del cuerpo como el tabú del dinero. ¿Había una intencionalidad en abordar esos temas o se fue encontrando con ellos?</strong></p><p><strong>R</strong>. Siempre he sido muy racional en la concepción de mis novelas. Sin embargo, <em>Clavícula</em> es un protocolo que surge de la experiencia del dolor y hay muchas cosas que no son preconcebidas. Me doy cuenta de que el texto se va rompiendo, se va haciendo híbrido: aparece la correspondencia con mi marido, el cuento sobre la droga, el poema sobre la niña que pide dinero en Manila… [textos todos incluidos en el libro.] Esa fractura del cuerpo literario tiene que ver con la fractura del cuerpo real.</p><p>Sí sabía que quería que el cuerpo apareciera en un momento en que las mujeres no estamos en nuestro instante más fotogénico. Es un cuerpo, el de la mujer menopáusica, que ya no es un cuerpo hipersexualizado, atractivo, maternal, y en ese sentido contradice lo que debe ser publicitariamente una mujer. Aquí el cuerpo se ve en muy primer plano, y en ese sentido se deforma y se exhibe en una manera naturalista que no siempre tiene por qué ser agradable. Pero no sabía de antemano que el dinero y la presión laboral iban a tener tantísima fuerza.</p><p><strong>P. ¿Qué tiene el dinero que hace que parezca igual de obsceno o de impúdico hablar de él que hablar de la enfermedad?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es un tabú, y siempre hemos querido impostar una riqueza que no hemos tenido, una vergüenza o una culpa. Tenemos interiorizado el concepto perverso de que la posesión del dinero está en relación directa con la capacidad de trabajo y la inteligencia. Los que confesamos que no tenemos suficiente dinero, o es porque somos perezosos o es porque somos torpes. Y si lo llevamos a las disciplina artística se juntan varios componentes terroríficos: durante mucho tiempo nos hemos creído que la literatura no servía para nada, que el arte no servía para nada, ni para construir valores ni para modificar conductas, solo para jugar; y en una sociedad de mercado, algo que no sirve para nada, ¿por qué va a tener que ser pagado? Eso se junta con el prejuicio de que los escritores somos seres vocacionales y que nos dedicamos a lo que nos gusta. Y si te tienen que pagar por algo será solo por lo que te provoque un sufrimiento desmesurado. Todo es una utilización barata y espuria de una moral al mismo tiempo judeocristiana y capitalista. Cuando yo me abro en canal en <em>Clavícula </em>y hago la vivisección de mi propio y desagradable cuerpo, estoy hablando de muchos asuntos que nos conciernen a todas las víctimas del capitalismo avanzado.</p><p><strong>P. Tampoco está permitido decir que a uno le gustaría trabajar menos.</strong></p><p><strong>R</strong>. No, claro. Y eso genera un tremendo complejo de culpa, sobre todo en las mujeres, que tenemos que demostrar nuestra valía cuatro veces más. Y tenemos que ser perfectas en el trabajo, y en la casa, y en el desempeño del sexo, y en el cuidado de los hijos. Eso genera una ansiedad terrible. La descripción de las patologías también está basada en un molde masculino. Eso hace que haya más hombres que sufren infartos, pero más mujeres que mueren de infartos. Y eso también hace que haya muchas enfermedades femeninas que tiene una raíz física pero que no se sabe lo que son, como la endometriosis, que tarda en diagnosticarse hasta nueve años. Y durante ese tiempo tú eres una ansiosa, eres una loca.</p><p>Una de las reflexiones más importantes del libro es esta: yo me siento enferma y no sé si mi dolor tiene un origen físico o psicológico. En cualquier caso, lo que descubro es que tanto lo uno como lo otro son somatizaciones de una presión social insoportable. Y eso lo digo yo partiendo de una posición de privilegio. Si a mí me pasa eso, ¿qué no le pasará a otra gente que está en peor situación que la mía? Yo reivindico el derecho a la queja, que es una forma de resistencia y de rebeldía. Y ayuda los que no tienen fuerza siquiera para quejarse, de tan debilitados que están por las miserias cotidianas. Me gustó mucho <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/12/04/techo_comida_larga_caida_hacia_desahucio_41665_1026.html" target="_blank">la película Techo y comida</a>, en la que se veía maravillosamente bien cómo una mujer soltera, con un hijo, en paro y desahuciada se iba quedando sin fuerzas, cómo la pobreza es una carga que, en lugar de hacerte estallar y rebelarte, te provoca un abatimiento espantoso y un estado de enfermedad.</p><p><strong>P. En Techo y comida, la protagonista cuenta con el apoyo espontáneo de una vecina a la que sin embargo ella nunca se atreve a pedir nada. En el caso de Rosa, la anciana que murió en un incendio causado por una vela después de que le cortaran la luz, se supo que los vecinos ni siquiera estaban al tanto de su situación. ¿Pedir ayuda se ha convertido en ilegítimo?</strong><em>Techo y comida</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/11/15/muere_reus_una_mujer_anos_incendiarse_casa_por_una_vela_que_utilizaba_porque_cortaron_luz_57597_1012.html" target="_blank">murió en un incendio </a></p><p><strong>R</strong>. Desde luego. Por eso a mí me parecía fundamental en este libro hacer una crítica a esa cerrazón individualista que tiene que ver también con la vergüenza y la culpa. Junto con la libertad y con la igualdad, hay que reivindicar la fraternidad. Afianzar esos vínculos fuertes, táctiles, con tu pareja y tu familia y tus amigos, pero también con tus vecinos, con tu comunidad, con la gente con la que tienes afinidades ideológicas o sentimentales. En ese sentido, <em>Clavícula </em>es una historia de amor. Y es, como decía Edurne Portela en La Marea, una “poética de la fragilidad”. Que, en la sociedad en la que vivimos, que tenemos que ser resilientes, estar permanentemente contentos, fuertes, competitivos, es un acto de rebeldía. Siendo libros muy diferentes <em>Clavícula </em>y <em>Farándula</em>, más allá del esdrújulo, en esa concepción se parecen bastante.</p><p><strong>P. También hay un paralelismo claro con La lección de anatomía. Y sin embargo son lecturas muy distintas.</strong><em>La lección de anatomía</em></p><p><strong>R</strong>. Sí, también había esa metáfora del texto como cuerpo y el cuerpo como texto, también se colocaba en el centro de la mirada la feminidad y la voluntad de saber por qué suceden las cosas. En <em>La lección de anatomía</em> se intuye esa desconfianza hacia las ficciones convencionales en la medida en que escribo un texto autobiográfico, pero sigue siendo un relato extenso, en forma de novela de aprendizaje, y es un texto que no se rompe. En <em>Clavícula </em>esa desconfianza se extrema.</p><p><strong>P. Sorprende todavía descubrir en un libro una cuenta minuciosa de ingresos y de gastos. ¿Por qué la literatura se resiste todavía a hablar de trabajo, de dinero, y de las miserias cotidianas en general?</strong></p><p><strong>R</strong>. Durante mucho tiempo se ha considerado que el dominio de la literatura era la vida interior, ese espacio de mariposas que hace del escritor un ser distinto del común de los mortales. Eso para mí es imposible: no se puede hablar de la vida interior, si es que eso existe, desvinculada del exterior. Por eso para mí es importante en lo que escribo que el lector tenga claro qué es lo que hace la gente, porque esos personajes establecen vínculos en la sociedad en la que viven, y uno de los vínculos es el laboral. Y una de las razones que hacen que tú acabes absolutamente desubicada, destrozada o ansiosa es esa presión del mundo del trabajo. Para mí, la literatura forma parte de la realidad tanto como la realidad de la literatura. Y otro modo de ver las cosas, aquí sí, puede ser incluso ideológicamente interesado.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Marta Sanz: "La queja es una forma de resistencia y de rebeldía"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Luz y oscuridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luz-oscuridad_1_1139045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7900572d-f53b-41ce-9556-c9c1a9972c98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luz y oscuridad"></p><p>No sé si <strong>Eva Losada Casanova</strong> es consciente del salto que, según mi modesta opinión, ha dado como escritora, desde <a href="http://www.funambulista.net/2014/en-el-lado-sombrio-del-jardin/" target="_blank"><em>El lado sombrío del jardín</em></a>(Funambulista, 2014), su anterior y primer trabajo publicado, a este que hoy nos ocupa <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4707234&id_col=100500&id_subcol=100501" target="_blank">El sol de las contradicciones</a> (Alianza Editorial, 2017). Seguro que sí, porque en el oficio de comunicar emociones se está muy atento al balance entre lo que se sabe y lo que se espera saber. En nuestros oficios hay señales que te indican cuando estás cerca de poder plasmar lo que sueñas. Quizá el salto lumínico que existe entre los dos títulos citados, y esa habilidad para deslizarse por la escala cromática del relato, tenga que ver con el trabajo y con el aprendizaje, con el talento y la comprensión de la función narrativa, que nos lleva a entender que el lector es el fin primordial de la escritura.</p><p>  </p><p>Como lector —aunque, aviso, académicamente poco cualificado— puedo observar el salto, la evolución estilística hacia la naturalidad narrativa que Eva muestra en esta nueva novela. Un empeño sin tregua por construir la compleja y, sin embargo, común historia de Mar Zheirman, “una escultora que no esculpe, madre de un hijo que no es suyo y al que cuida, a pesar de no sentir el deseo de ser madre”, y de la que escribe: “Los días se sucedían cada vez más vacíos de furia, del rencor que había brotando dentro de ella tan solo parecían querer permanecer la soledad, el pesado abatimiento y una tristeza inmensa que se aferraba a su cuerpo como un bebé hambriento, una tristeza de lluvia fina, pero intensa, una tristeza empeñada que, junto a la lluvia desganada, lo cubría todo”. El personaje de Mar, está sólido y convincentemente construido, como los demás habitantes de esta historia circular, en la que todos parecen girar involucrados en la trama principal, por muy ajenos a ella que parezcan. Mar es una mujer de nuestro tiempo que se ha visto envuelta en la maraña existencial de un tiempo engañoso. Una mujer de solidas convicciones, aunque de una fragilidad emocional también muy contemporánea.</p><p>La novela, construida como si de un juego de cajas chinas se tratara, cuenta con un componente narrativo que le da un gran peso literario. Se trata de su estructura. <em>El sol de las contradicciones </em>no está escrito de forma lineal, lo que contribuye, con gran pericia por parte de la autora, a crear una tensión narrativa de ritmo constante, que en algún momento recuerda, por la forma de dejar los capítulos abiertos el pulso excitante de algunos relatos de misterio. El hilo de la historia —a veces bastante truculenta— que se cuenta en la novela, al perder su linealidad, no solo no rompe la magia del texto, sino que obliga al lector a preguntarse. A estar alerta. Este no es un relato plano y apacible, sino una superficie rugosa y, a veces, escarpada, en el que aparecen algunas de las lacras sociales de nuestro tiempo, que no voy a desvelar aquí porque se trata de que lean el libro. Pero sí quiero resaltar que la poderosa construcción moral de alguno de sus personajes, alumbran este sol de las contradicciones que no es otra cosa, como decía antes, que un relato de ficción que retrata una realidad cruda y problemática, aunque cotidiana. Una realidad tan cotidiana, que hasta tiene su banda sonora referencial. “Cuando ese día llegó, cuando Álvaro se fue, dejó una lavadora puesta y un vinilo de <strong>Tom Waits</strong>. Aquel disco estuvo girando casi cuatro horas, las mismas que ella tardó en darse cuenta de que, ese día, él no volvería a cambiarlo”. La autora ha contado que “The Snake”, el tema de <strong>Al Wilson</strong>, es la canción que podría resumir el espíritu de la novela. Al margen de esta confidencia, se encuentran muchas referencias a la música de los ochenta y los noventa, pegadas a las dudas y vacilaciones de la escultora vocacional y galerista ocasional que es Mar Zheirman.</p><p>Como he dicho antes y si no, lo digo ahora, creo que en la construcción de los personajes está el lado luminoso de la algo oscura literatura de Eva Losada Casanova. La meticulosidad descriptiva y ambiental, la construcción sicológica y emocional de los habitantes de este relato la sitúan en un escalón literario considerable para una autora que publica su segundo libro. Ahí, en la descripción ambiental de los actores, nuestra novel parece una veterana. Lo mismo que denota maestría en el desarrollo de los relatos paralelos que se van incardinando en la historia principal para llegar engarzados al final, al que no se le puede hacer un <em>spoiler</em>.</p><p>Mi personaje favorito, y no solo porque seamos coetáneos, es el del padre de la protagonista, el pintor alemán Mario Zheirman: hombre, artista, espíritu libre… viudo y algo ligón. Vive en Menorca. Mario discute mucho con Mar sobre el proceso creativo y sobre los valores del artista. “Si una escultura o una pintura no son capaces de alterar uno solo de nuestros sentidos —le dice a su hija—, el llamado artista ha fracasado, no ha sido capaz de transformarse en su propia obra, de dejar en ella sus gestos vivos y, en consecuencia, aquello que nos presenta es tan solo un pegote, algo muerto, una mentira. El arte es rabia, serenidad, melancolía o violencia, es todo lo que somos capaces de tener dentro”.</p><p>Sí les puedo adelantar que esta es una historia de pocos y bien definidos personajes. Uno clave es Álvaro Beni, un tipo que pasa la narración inerme, en estado de coma y postración, pero sobre el que pivota la novela. Es el mal o su encarnación. Abandona a Mar y su hijo Mateo, que se convierte en el <em>no hijo</em> de Mar, otro personaje rico con el que atravesamos su infancia, las desventuras de su pubertad y los años inciertos del tránsito a la madurez. Estamos ante un texto tocado por la plusvalía literaria de la metáfora. “La heroína era un vagón estanco, sin puertas de salida, pero con enormes ventanales hacia la dulce irrealidad…”. Brillantes metáforas y frases redondas pueblan este libro escrito con pasión, honestidad y talento.</p><p>La acción se desarrolla en el  Madrid de las décadas cercanas al fin de siglo pasado, con sus bares y sus drogas, en el auge del imparable desarrollo del mundo del arte y de la moda, en el que la autora se mueve con un envidiable conocimiento del medio, sin caer en la pedantería de las imposturas cultistas y con la naturalidad de quien sabe de qué habla. También aparecen en la trama la Universidad, Bellas Artes, y los barrios bien, donde se encuentran las galerías y los compradores de arte y, ocasionalmente, hace una incursión fugaz y transgresora a la Barcelona vanguardista de la <em>gauche divine</em>. Menorca aparece en el texto como el lugar idílico y balsámico, la casa del padre, el hogar al que volver en busca de consejo y amor filial. La playa preferida del náufrago.</p><p>La literatura, y el oficio de escribir, está en plena captación de fieles y, lo que es mejor, muchos escritores en ciernes se hacen cada día en talleres literarios como La plaza de Poe, donde nuestra escritora ejerce magisterio y en muchos otros en los ella misma ha sido discípula. Se nota en el ambiente, y me alegro de que esta primavera rosada de los concursos de relatos cortos, del auge de la poesía y de presentaciones de libros sin fin esté dando frutos, aunque todavía no sea alimento general. No hay mejor noticia para el desarrollo del ser humano que la afición por la cultura y la desafección por la barbarie. Si en la distópica <em>Fahrenheit 451</em> de <strong>Ray Bradbury</strong> los hombres libro tenían que aprenderse de memoria, para evitar su pérdida, una obra maestra condenada al fuego, llegará un luminoso día en el que podremos contar nuestra propia novela, porque todos seremos contadores de leyendas.</p><p><em>*Miguel Ríos es músico.</em><strong>Miguel Ríos</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Luz y oscuridad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 59]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El dolor al desnudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dolor-desnudo_1_1139039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fe95d674-436b-439d-8ee9-6c6812908f03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dolor al desnudo"></p><p>Como <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/clavicula/9788433998293/NH_581" target="_blank">Clavícula </a>(Anagrama, 2017) no es un libro de suspense, ni la voz narrativa ni la autora, <strong>Marta Sanz</strong>, se enfadarán conmigo si empiezo contando el final: “Hemos pasado por Estocolmo, Helsinki, Tallín, San Petersburgo, pero posiblemente eso es lo de menos”. ¿Lo de menos? Confieso que me ha parecido un final de complicidad terrorífica. La protagonista, su marido y sus padres nunca fueron muy partidarios de convertir el mar en un parque temático gracias a los animadores de un crucero, y quizá hubiesen dado mucho por no llegar a San Petersburgo, sino a Leningrado, cuando todavía era posible configurar el argumento de una vida en las ilusiones colectivas.</p><p>  </p><p>“Como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante”, confesó <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> en “No volveré a ser joven”. Lo recordaba con melancolía seca después de haber descubierto que “envejecer, morir / es el único argumento de la obra”. Borrada la quimera de una conquista posible más allá de la propia vida, queda al desnudo el espectáculo del envejecimiento. La desaparición de un sentido superior nos deja huérfanos, en un desamparo muy semejante a la incomodidad social y al vacío íntimo.</p><p>Mirarse a los ojos en un espejo no es lo mismo que mirarse de cuerpo entero. Enfrentarse a la clavícula es a cierta edad un acto de valentía y una toma de conciencia, una decisión sobre la realidad. El hecho de que las ilusiones colectivas desaparezcan no significa que no haya quimeras que dominen una comunidad. Pese a que la desigualdad aumenta y cuesta mucho tirar del carro, se extiende por las televisiones la invitación a un mundo hedonista, una consigna de felicidad que oculta el dolor y falsifica nuestra relación con el cuerpo gracias a los paradigmas virtuales y a todo tipo de cosméticos, pastillas y cantos de sirenas. Al servicio de los laboratorios farmacéuticos, podremos llegar a los 90 años a pleno rendimiento sexual; en medio de un mundo hambriento, se puede convertir a un cocinero de restaurantes de lujo en héroe de la vida moderna. Toda la estupidez de esta existencia que sufrimos se condensa hoy en el orgasmo de los cocineros. Es el espectáculo del capitalismo avanzado.</p><p>La narradora decide ir contracorriente y escribe “lo que le duele”, hacer exposición pública de su dolor. Y el dolor sirve así para desatar la crisis de la menopausia, para boicotear la literatura curativa en el discurso del bienestar obligatorio y para reivindicar el cuerpo mortal, la experiencia de la carne y hueso, frente al glamour de la publicidad y las realidades virtuales. El dolor nos animaliza, es garrapata que chupa el calcio de los huesos, ratón, gallina,  jilguero enjaulado, y convierte a quien lo sufre en un pollo mojado, algo más bien serio cuando se habita un mundo en el que las alcantarillas esconden cocodrilos. Si la autoficción y la literatura biográfica suelen rozar la vanidad, aquí se produce un impulso contrario, una llamada a las propias miserias.</p><p>A la narradora le “importa más la mueca que el lenguaje que la adecenta”. Este enfrentamiento al desnudo propio y al dolor se hace escritura cuando las ficciones de siempre suenan ya a mentira. No es posible resistirse entonces a la indagación impúdica.</p><p>El dolor se hace escritura para mezclarlo y desordenarlo todo. Se instala en el interior de una obsesión. Hay un mundo que mira por encima del hombro mientras escribimos; nosotros mismos nos miramos por encima del hombro mientras escribimos. Nos mira la ideología, un marido, una mujer, una soledad, una conciencia, un miedo, una precaución… Escribir es una responsabilidad cuando las palabras nos interpelan. El hueco de lo que ocurre contiene un nudo de tensiones. No nos gusta el mundo en el que vivimos, pero no podemos vivir fuera del mundo. No somos hipocondríacos, tenemos derecho a estar enfermos, pero la enfermedad es una culpa, un lujo que no podemos permitirnos. Está bien no ser de esos políticos que viven de la política, está bien alcanzar prestigio en el propio trabajo, pero la dimensión de nuestra tarea tiene un calado político al que no sabemos renunciar y, por si faltaba algo, hemos escogido un trabajo en el que triunfar no significa exactamente acumular dinero. No se puede más, pero tampoco se puede decir no por lo que pueda ocurrir y por lo que supone la incertidumbre del fin de mes y las facturas.</p><p>Desde luego el dolor y la vejez tienen una dimensión social cuando el vértigo de los tiempos, la reforma laboral y las modas tecnológicas nos condenan al paro o nos convierten en viejos prematuros. El vacío social adquiere una dimensión íntima en la mordedura del solitario y el desamparado. La escritura “quiere poner un nombre e imponer un protocolo al caos”, pero la crisis es seria, no hay más que mirarse la varices y la estrías, y resulta incluso posible que las palabras, igual que los consejos, comprendan su propia inutilidad: “¿No estarás exagerando un poco”, “Toma pastillas para dormir. No puedes seguir sin dormir”, “Será la menopausia”, “No te dejes hacer esa prueba en la que te hielan el corazón”… Difícil es también articular el libro desde el desorden del dolor, las páginas fluyen entre capítulos largos, cortos, correos electrónicos, textos recordados, creaciones que se incluyen… La escritura es una complejidad que nos desnuda cuando nos estamos vistiendo y nos viste cuando nos desnudamos. ¿Qué soy? ¿Con quién soy? ¿Qué me duele? ¿Qué es el bienestar?</p><p>La autora dice saber que su estilo tiene la “propensión obtusa de mezclar lo pedante y lo paleto”. Siempre le ha gustado mezclar la vida a flor de calle y la meditación libresca. Pero hay momento de mutación en los que un cuerpo se merece “alta estima y odio simultáneo” y se mezclan en toda su tensión la puta mierda, el acto de cagar, el ácido hialurónico y la criogenización. Momentos del no saber, del resistir. La sorpresa del paleto te deja con la boca abierta, el pedante necesita abrir la boca para hablar. La persona consciente que está contra el mundo, pero no puede separarse del mundo, se plantea hasta qué punto puede protestar,  abrir la boca, qué poder es el que se tiene ante la realidad, esa fatalidad semejante al paso del tiempo y al desnudo de una juventud perdida.</p><p>¿Qué salidas nos quedan? En primer lugar, los pies, las extremidades que nos permiten seguir andando, pasear por los caminos elegidos, ir al trabajo; por otra parte, está el amor, el puñetero amor que acaba ganándole terreno al sexo, el gran amor que necesita verte sonreír, que tira de ti hacia la vida. Es el amor de la pareja, de la familia, de los amigos…, el que nos devuelve a una identidad de ojos abiertos. El dolor no es indignación, ni mala uva de consumidor sin poder adquisitivo. Es desamparo, necesidad de cuidados. Por eso es capaz de tender redes de solidaridad.</p><p>Esta crisis es una crisis muy seria. Es la crisis de una mujer con éxito llena de tristeza. Es la crisis de una mujer en tiempos de feminización de la pobreza. Es la crisis de una mujer a la que le cierran los bares y las ficciones. Es la crisis de una mujer enamorada que acepta la soledad de su destino, pero que no sabe estar sola sin él. Es la crisis de una mujer que se incomoda al verse como una turista occidental, con un cocinero, un banco, un médico y una tienda de cosméticos en la maleta, mientras pasa ante una niña indigente de cuatro años. Es la crisis de la mujer que se monta con su familia en un crucero para llegar a San Petersburgo, un destino tan previsto como imprevisto. Es la crisis de un libro fuerte que nos habla de la vulnerabilidad.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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