<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 62]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-62/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 62]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[La situación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/situacion_1_1203100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22dfef02-fbac-4f11-afc9-91d29dc86fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La situación"></p><p>  </p><p>   <strong>La situación</strong></p><p>En todo pensamiento se esconde una tiniebla,</p><p>como en toda emoción una sombra de duda.</p><p>En todas las verdades hay un mármol que tiembla</p><p>y en todas las mentiras un fuego de penumbra.</p><p>De lo poco que somos, gran parte es de un fantasma.</p><p>Nuestro deseo gobierna su industria de espejismos.</p><p>La memoria más nuestra también es de la nada.</p><p>La conciencia, en secreto, blande un puñal en vilo.</p><p>El pasado divaga entre estatuas de humo.</p><p>El presente parece una ilusión en fuga.</p><p>Allá en el porvenir hay siempre algún reducto</p><p>en que ensoñar la trama de estos sueños a oscuras.</p><p>La noche está callada como el eco del miedo.</p><p>Las sílabas se juntan en busca de un sentido.</p><p>Nuestra historia la escribe con su cálamo el viento.</p><p>Y este huir de nosotros, del tiempo y del destino...</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro, </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[3393c67f-d233-41e1-bf56-1cb316a350d0]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/22dfef02-fbac-4f11-afc9-91d29dc86fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="60041" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/22dfef02-fbac-4f11-afc9-91d29dc86fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="60041" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La situación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/22dfef02-fbac-4f11-afc9-91d29dc86fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En cuerpo y espíritu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuerpo-espiritu_1_1140048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d53c7d8a-abfa-4bcb-9e73-ef7735333660_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En cuerpo y espíritu"></p><p><strong>Susana Borja</strong> responsable de la Librería Urbana Vergeles de Granada, nos recomienda algunos de sus libros favoritos más recientes (y no tanto).</p><p>__________________________</p><p>  <strong>Aventuras ibéricasIan GibsonEdiciones BBarcelona2017</strong><em>Aventuras ibéricas</em></p><p>  </p><p>Coincidiendo con el 60 aniversario de su llegada a España, Ian Gibson emprende la aventura de recorrer y analizar algunos de los lugares clave de nuestra geografía para comprender el espíritu, la cultura y la realidad que nos rodea. Desde los escenarios del Quijote hasta la frontera con Portugal, desde la sección de restos íberos del Museo Arqueológico hasta la Granada de Lorca, el prestigioso hispanista reflexiona con su característica ironía sobre temas que van desde la desmemoria histórica hasta la costumbre nacional de hablar a voces en los bares, al tiempo que rescata recuerdos y anécdotas de esta historia de amor, no exenta de críticas, con España.</p><p>  <strong>La carneRosa MonteroAlfaguaraMadrid2016</strong><em>La carne</em></p><p>  </p><p>Una noche de ópera, Soledad contrata a un gigoló para que la acompañe a la función y así poder dar celos a un examante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación inquietante, volcánica y tal vez peligrosa. Ella tiene 60 años; el gigoló,32. Desde el humor, pero también desde la rabia y la desesperación de quien se rebela contra los estragos del tiempo, el relato de la vida de Soledad se entreteje con las historias de los escritores malditos de la exposición que está organizando para la Biblioteca Nacional.</p><p>  <strong>Las ventanas del cieloGonzalo GinerPlanetaBarcelona2017</strong><em>Las ventanas del cielo</em></p><p>  </p><p>En la Edad Media hubo quien levantó catedrales de piedra para hacer de ellas la casa de Dios, pero fueron los maestros vidrieros quienes las convirtieron en auténticos sagrarios de color y luz. Siglo XV, Hugo de Covarrubias decide renunciar al destino que su padre, un mercader de lanas, le ha marcado. Su decisión hace que abandone Burgos, pero también a Berenguela, su íntima amiga, y a su ambicioso hermanastro Damián, que ansía hacerse con la empresa familiar. Pero todo cambia al descubrir que su padre está siendo traicionado. Se ve obligado a huir para salvar la vida embarcándose en un ballenero vasco, en el que conoce a Azerwan, un fascinante hombre que se define como contador de leyendas y con quien compartirá en África un prometedor negocio de venta de sal.</p><p>  <strong>El corazón heladoAlmudena GrandesTusquetsBarcelona2007</strong><em>El corazón helado</em></p><p>  </p><p>El día de su muerte, Julio Carrión, poderoso hombre de negocios deja a sus hijos una sustanciosa herencia con muchos oscuros de su pasado y de su experiencia en la Guerra Civil y la División Azul. En su entierro, en febrero de 2005, su hijo Álvaro, desvinculado de los negocios familiares, se sorprende de la presencia de una mujer joven desconocida que parece delatar aspectos ocultos de la vida de su padre. Raquel Fernández Perea es hija y nieta de exiliados en Francia y lo sabe todo sobre la vida de sus padres y abuelos. Para ella sólo una historia permanece sin aclarar; la de una tarde que acompañó a su abuelo a visitar a unos desconocidos con los que intuyó existía una deuda pendiente. Álvaro y Raquel están condenados a encontrarse.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Urbana Vergeles en la calle Primavera, 23 (Plaza Fontiveros), de Granada y en su página de Facebook.</em><strong>Librería Urbana Vergeles</strong><a href="https://www.facebook.com/LibreriaUrbanaVergeles/" target="_blank">página de Facebook</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[4bb48fd0-3e02-4675-bf03-bcd29863d564]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Susana Borja (Librería Urbana Vergeles)]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d53c7d8a-abfa-4bcb-9e73-ef7735333660_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="127410" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d53c7d8a-abfa-4bcb-9e73-ef7735333660_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="127410" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[En cuerpo y espíritu]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d53c7d8a-abfa-4bcb-9e73-ef7735333660_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miradas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/miradas_1_1140044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c12448c-33a9-4ad3-a167-b6f9350e94e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miradas"></p><p><strong>Mirar de reojoSergio García ClementeCuadernos del VigíaGranada2017</strong><em>Mirar de reojo</em></p><p>  </p><p>Las líneas de situación de <strong>Sergio García Clemente</strong> son conocidas; con su primera entrega aforística <em>Dar que pensar </em>logró el I Premio Internacional José Bergamín de Aforismos. El certamen argumentaba con fuerza su logro principal: dar a conocer una voz emergente que apenas tenía unos pasos de prometedor recorrido y poemas dispersos en revistas. El premio además dio un toque de atención a algunos especialistas del género, como <strong>Manuel Neila</strong> y <strong>José Luis Trullo </strong>que mostraron el trabajo del escritor en sus antologías.</p><p>No hace mucho la Fundación Mapfre Guanarteme conmemoraba el Día de las Letras Canarias con la edición de un libro dedicado a dos jóvenes creadores: <strong>Ramiro Rosón Mesa</strong> y <strong>Sergio García Clemente</strong>, de quien se recuperaba un muestrario de breves titulado <em>Ángulo muerto.</em> Así que el autor canario en plena ebullición es ya aplicado oficiantes de la nueva hornada.</p><p>Su último trabajo, <em>Mirar de reojo</em> arranca desde una cota destacada. Dejo el rastro inaugural de los tres primeros destellos: “Basta un gesto sensual de la vida para que la tristeza nos sea infiel”, “Cuida las cenizas de tu amor: son las semillas del siguiente”; “Todos somos de carne y hueso, excepto el prójimo”. Teselas así parecen contradecir el título; quien escribe no mira de reojo, con retina declinante y ángulos muertos, sino con la profundidad del mediodía y la lucidez del encuentro con el asombro.</p><p>La provincia cromática del aforismo lleva a menudo un contrapeso de solemnidad que ralentiza el paso; lo sabe bien uno de los aforistas centrales del ahora breve, <strong>Ramón Eder </strong>que deja en la contracubierta la siguiente impresión: “Irónicos, desengañados y lúcidos, los aforismos de <em>Mirar de reojo</em> son certeros y dan que pensar. En este libro hay aforismos memorables (…) 'cuando un imbécil te da la espalda te ofrece su mejor cara”. Un juicio que comparto y que no resulta hiperbólico en su definición porque Sergio García Clemente hace del género un expresión intensa de las cualidades de convivencia de nuestro tiempo y  las dota de un carácter narrativo y coloquial.</p><p>Al cabo, una de las justificaciones más reiteradas de la literatura sintética actual es atribuir al aforismo capacidad para leer de modo fragmentario una realidad ambivalente y discontinua que mezcla un panorama ecléctico. En el buen aforismo encontramos una singular conjunción de autobiografía velada, certezas cardinales y restos varios de ceniza y cal sobre esperanzas ilusiones y sueños. La experiencia concreta se trasciende para transformarse en estado anímico y en emoción; para distanciarse, Sergio García Clemente recurre a los verbos en plural: hace de su voz un nosotros consentido que añade el contrapeso de la experiencia común. La emoción se objetiva y los hechos se visualizan desde la distancia: “El amor es el mejor lazarillo para nuestra ceguera”, “Detrás de ciertas sonrisas adivinamos los escombros”, “Para algunos tan solo somos el escenario ideal de sus monólogos”…</p><p>Otras veces recurre a la ironía y aliña con sus dedos frescos la masa moldeable de la percepción: “La habilidad más importante de un escritor es utilizar bien la papelera”, “De la luz solo veo sus sombras”, “Tener que darle una buena noticia a un cretino te estropea el día”. De esta forma, la mirada interior se aleja de los espejos del narcisismo para mostrar los rasgos de un sujeto común que es paradigma de normalidad.</p><p><em> Mirar de reojo </em>nos presenta la vertiente interior de un cultivador maduro, que pugna por aprender las claves del ser con una objetivación verbal concisa y con un innegable punto de poesía que no menoscaba los procedimientos expresivos del aforismo. En su fondo argumental se mezclan sentimiento e intuición, un registro lleno de frescor natural que hace del lenguaje representación y símbolo, gozo lector.</p><p><em>*José Luis Morante es poeta, crítico literario y autor de la antología </em><strong>José Luis Morante </strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/205--re-generacion-antologia-de-poesia-espanola-2000-2015.html" target="_blank">Re-generación</a><em> (Valparaíso Ediciones, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e255b149-6c71-4b65-9b07-65a60105cf80]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6c12448c-33a9-4ad3-a167-b6f9350e94e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50248" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6c12448c-33a9-4ad3-a167-b6f9350e94e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50248" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Miradas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6c12448c-33a9-4ad3-a167-b6f9350e94e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor como resistencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dolor-resistencia_1_1140042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d51cc6e-1150-4a29-af62-dd80590b32c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dolor como resistencia"></p><p><strong>Los habitadosPiedad BonnettVisorMadrid2017</strong><em>Los habitados</em></p><p>  </p><p>Emerge la poesía de <strong>Piedad Bonnett</strong> de la noche como un grito que no espera su eco. Un bramido salido de una intimidad que se ahoga lentamente a través de una serie de poemas de tiempo y memoria, también de miedo y fragilidad, en definitiva, de resistencia ante una oscuridad que todo lo emboza hasta el ahogamiento, convirtiendo al lenguaje en un paño hosco que intenta amparar el dolor que surge de la pérdida.</p><p>El libro se titula <em>Los habitados </em>y viene de lograr XIX Premio de Poesía Generación del 27, siendo <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/los-habitados.html" target="_blank">editado en la Colección Visor de Poesía</a>. No es que el pozo de los versos sea demasiado profundo, apenas 50 páginas, pero su oscuridad asusta, envolviendo al lector a base de crujidos, orfandades y noches, pero también de “esperanzas en forma de piano que la vida hace desafinar”. Y es en ese desafinado en donde se sostiene el conjunto, en la imposibilidad de la luz, en la solidez del silencio que todo lo encoge pero que la poeta consigue materializar y moldear a través de la palabra. Palabras que, como desgarrones, prenden en cada verso para armarse como esa resistencia necesaria para sobrevivir, como el salvoconducto que mimetiza el duelo en firmeza, en aquello que se precisa para seguir habitando.</p><p>Porque habitar el dolor es también una forma de resistencia. El recuerdo como punzada permanente que nos hace sentir vivos frente a la ausencia convertida en el filo de un cuchillo. Piedad Bonnett, poeta colombiana, tanto desde su poesía como desde su narrativa, enarbola la práctica literaria como aliento para darle sentido al frontispicio que corona la página web en la que presenta su obra: “Lo oscuro pare luz y eso consuela”. Y eso está, en la búsqueda, en ese haz que aplaque el desasosiego, que haga de los gemidos en esa permanente noche un susurro que calmen a los demonios que jamás serán desterrados de uno mismo. Una búsqueda que deambula por todo este poemario intenso y lacerante, en el que toda esperanza queda cercenada por los comienzos y los finales que aquí se adhieren entre sí en una inesperada continuidad que hace de la cesura el borde de un abismo al que hemos sido condenados.</p><p>Cada texto te obliga a levantar la mirada, a posarla en tu entorno para calibrar cómo la poesía puede balizar desde el otro a tu yo. La poesía como tensiómetro para hablar de nosotros mismos, de nuestras ausencias, y de nuestras derrotas. Todo aquello que vamos perdiendo en el naufragio deriva en nuestro propio ser. Todo aquello que la memoria rescata se convierte en la madera que sujetar, y Piedad Bonnett si algo logra es que sus palabras sean como esos maderos que, de cuando en cuando, tras el desastre, surgen sobre la superficie para ser asidero, aunque quizás sólo lo sean durante unos instantes para, simplemente, prolongar la agonía, pero sí el tiempo suficiente para entender las disonancias de nuestra existencia, aquello que fractura nuestros ecosistemas modificados cada vez más en función de nuestras individualidades, pero que tras el peaje de la existencia se convierten en fractura.</p><p>No es sencillo acurrucarse entre estas líneas, pero sí que cuando se remata el poemario la sensación de superar un trance se vuelve reconfortante. Es cuando la poesía resplandece desde aquello que tiene de enseñanza, de tensar un valor que, como pocos lenguajes, adopta a la hora de sintetizar lo vivido para ser, en un futuro, placebo. Porque siempre habrá noches que nos ahoguen, experiencias insoportables frente a las que nos sintamos derrotados pero en las que al mismo tiempo una digna serenidad recompondrá nuestra figura para afrontar esa entereza que nos debemos como seres inteligentes, como seres capaces en la vida de hacer de la palabra habitación: “Y la vida es chirriante disonancia para los habitados”.</p><p><em>*Ramón Rozas es crítico literario.</em><strong>Ramón Rozas</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[42f0bb66-5278-4698-aaca-affd90cea623]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Rozas]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/9d51cc6e-1150-4a29-af62-dd80590b32c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7495" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/9d51cc6e-1150-4a29-af62-dd80590b32c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7495" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El dolor como resistencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/9d51cc6e-1150-4a29-af62-dd80590b32c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La intrahistoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/intrahistoria_1_1140040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4fbeb550-f383-456a-bdca-05219638a3e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La intrahistoria"></p><p><strong>Nuestra historiaPedro UgartePáginas de EspumaMadrid2016</strong><em>Nuestra historia</em></p><p>  </p><p>En este año, una parte importante de las obras de la literatura del siglo XX pasan a dominio público, entre ellas las de <strong>Miguel de Unamuno</strong>.</p><p>Aunque si ahora recurro al escritor bilbaíno no es por este motivo, sino como creador, así lo recoge el Diccionario de la Academia, del término “intrahistoria”. En su obra <em>En torno al casticismo</em> Unamuno, al término “historia”, definido como “el presente momento histórico, que cristaliza en los libros y registros”, contrapone el de “intrahistoria” que define como “la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana”.</p><p>Y es que después de leído el último libro de relatos de <strong>Pedro Ugarte</strong> (Bilbao, 1963) y teniendo en cuenta el título definitivo del mismo, <em>Nuestra historia</em>, que no fue la primera opción del autor, nos adentramos en las diez piezas que lo integran en la intrahistoria de este principio de siglo XXI, donde sus personajes tienen que aprender a moverse en medio de la crisis económica y de valores que lo está caracterizando.</p><p>Los personajes del escritor bilbaíno son algunos de estos protagonistas de la vida cotidiana y silenciosa de la que hablaba Unamuno. Ya en 1997, al recordarle yo las siguientes reflexiones de Jorge, protagonista de su novela <em>Los cuerpos de las nadadoras</em>, finalista del Premio Herralde de Novela: “Yo necesitaba algo para escribir un cuento. Un cuento por lo menos. Pero para eso tenían que pasarme cosas, muchas cosas, agarrar la realidad por el gaznate y transportarla al papel, como si de una calcomanía se tratara”,  él declaraba: “Uno de los verdaderos descubrimientos del hecho literario supone darse cuenta de que la realidad es literaria en sí misma. […] Al final te das cuenta que la vida es un fenómeno literario en sí mismo” (entrevista publicada en el número 4 –Otoño/Invierno de 1998— de <em>Ficciones. Revista de Letras</em>, pág. 70). Por lo que no le incomoda la etiqueta de escritor realista. Su literatura no sigue la línea de lo fantástico, pero no excluye lo extraordinario.</p><p>Partiendo del fragmento de su relato “El mundo de los cabezas vacías” –incluido en su libro anterior de cuentos, de título homónimo y editado también por Páginas de Espuma— donde el narrador albergaba “la esperanza de publicar algún día mis relatos, e incluso el delirio de que no pasaran desapercibidos” (pág. 25), llegamos a la conclusión de que los relatos de Pedro Ugarte, género por el que siempre ha apostado y como ha declarado en más de una ocasión es con el que se siente más cómodo –en el segundo relato del libro, Verónica justifica uno de sus regalos a su marido porque a él le gustan más los cuentos que las novelas—, difícilmente pueden pasar desapercibidos.</p><p>Si alguien quiere leer un relato técnicamente perfecto en el sentido más canónico, sin lugar a dudas, debe empezar por la lectura de “Enanos en el jardín”, aunque ahora que escribo esto no tengo la certeza de que mi lectura fuese la misma si rompiera el orden decidido por el autor. Pero después de leer “Verónica y sus dones”, huyo de la perfección y querría destacar otros títulos como “Días de mala suerte”, con el que abre el libro y que nos da el tono de los demás relatos: una familia a punto de romperse y que debe renunciar a la vida que han llevado hasta ese momento para afrontar una gran deuda inmobiliaria. En medio de esta situación descubren una “imprevista” felicidad: “Y eso era una pescadilla que se muerde la cola, o un círculo vicioso, o una ley del eterno retorno, pero con niños y con sonrisas y con una imprevista felicidad, que había permanecido escondida en algún rincón de nuestra casa y que ahora asomaba sin querer” (pág. 17-18).</p><p>La felicidad, presente o ausente, es el hilo que va entrelazando cada historia que nos narra Pedro Ugarte, y no es difícil encontrarnos a lo largo de cada relato con una especie de aforismo sobre este tema, entre los que me gustaría destacar el siguiente: “Nada había en ella que tuviera que ver con la felicidad, ni siquiera con la esperanza de que la felicidad fuera posible. Opiniones sobre la felicidad: eso es lo que diferencia a las personas. Algunas personas consideran que no existe. Y otras pensamos que realmente sí existe, solo que en algún otro lugar” (pág. 164). Este fragmento perteneciente a “Opiniones sobre la felicidad” —primera opción para el título— es el relato que cierra el libro y que bien podría incluirse en una antología de terror.</p><p>Aunque todos merecen destacarse, a mí me atrapa especialmente “Voy a hacer una llamada”, donde nos encontramos con el personaje de Edgar que “hacía de cada amigo, compañero, colega, condiscípulo o conocido un peón en el complejo ajedrez de la existencia” (pág. 146). Aunque hay que tener cuidado con adentrarse en su atalaya, que está dominada por su agenda de contactos, porque quizás estés vendiendo tu alma al diablo. Muchos de los textos de Pedro Ugarte siempre nos llevan a una segunda lectura y un gran ejemplo es este relato. Reconozco que estos son con los que más disfruto. En esta misma línea está “Verónica y sus dones”, donde Verónica tiene el don de acertar con el regalo perfecto, pero no conoce la pasión que eso conlleva, así “regalaba libros del Siglo de Oro como regalaba exprimidoras” (pág.26), porque para ella “no existían ninguna de esas cosas inútiles y abstractas que circulan por los libros” (pág. 33). Pero esta incapacidad es la que proporciona a Jorge, su marido, su triunfo al final del relato.</p><p>Para terminar lo voy a hacer con un fragmento del relato “El hombre del cartapacio” —el más extenso de los textos, donde es difícil no vivir intensamente el empequeñecimiento de Jorge, el trabajador que está a punto de perder su puesto de trabajo, y que nos lleva hasta lo absurdo—: “La noche, en la ciudad, es más piadosa: el alumbrado artificial otorga a la realidad un decorado onírico. La luz eléctrica, de noche, convierte la realidad en algo felizmente irreal” (pág. 124). Ugarte, con la luz de su escritura, convierte su realidad en gran literatura “felizmente irreal”.</p><p><em>*María Bueno es crítica literaria.</em><strong>María Bueno</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[5e665c68-5bbe-431d-ae07-b3881dcb328c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Bueno]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4fbeb550-f383-456a-bdca-05219638a3e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="107351" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4fbeb550-f383-456a-bdca-05219638a3e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="107351" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La intrahistoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4fbeb550-f383-456a-bdca-05219638a3e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuarto (interior) propio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuarto-interior-propio_1_1140036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d919f2d8-b68d-4049-bbdf-90dfbd4390e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cuarto (interior) propio"></p><p><strong>Cuarto interiorPilar MañasEspuela de PlataRenacimientoSevilla2016</strong><em>Cuarto interior</em></p><p>  </p><p><strong>Pilar Mañas</strong> dobla cada una de sus historias y las ordena. Sus fragmentos son vidas y literatura que se encuentran y entremezclan, narra sencillamente la complicación del vivir, trasciende con su voz personal lo real. No son relatos comunes, si tuviéramos qué incluirlos en algún género, creo que la definición que da <strong>Cynthia Ozick</strong> en su libro de ensayos reunidos <em>Metáfora y memoria</em> es la oportuna. Nos dice: “Un ensayo es un producto de la imaginación. Si en un ensayo hay información, es solo circunstancial, y si hay una opinión, es necesario desconfiar de ella a largo plazo. Un ensayo genuino no tiene aplicación educativa, polémica ni sociopolítica; es el movimiento de una mente libre que juega. Si bien está escrito en prosa, se halla más cerca en esencia de la poesía que de cualquier otra forma literaria. Al igual que un poema, un ensayo genuino está hecho de lenguaje, de personalidad, de un estado de ánimo, de temperamento, de agallas, de azar”.</p><p><em>Cuarto interior</em> contiene 29 relatos. Ya su título es significativo de lo que se va a contar aquí, es un libro de búsquedas y de miradas, va a ser el espacio para desahogarse del tiempo, éste va a ser  el eje identitario de cada uno de estos ensayos genuinos en donde los humanos perseguimos despacio un lugar donde habitar en soledad, rememorar hechos, relaciones, libros, entre otras cosas.</p><p>Pilar Mañas es doctora en Filología inglesa por la Universidad de Granada. Ha publicado dos novelas <em>Como ángeles de otros</em> (2000) y <em>Mujer en la atalaya</em> (2012),  y tres libros de relatos <em>El salario de seda</em> (1996), <em>La piel del frío</em> (2001) y <em>Cuevas </em>(2007). Es además, autora de las traducciones de <em>Heroínas modernas</em> (2001) y <em>Tú me acariciaste y otros relatos</em> (2001) de <strong>D. H. Lawrence</strong>, de <em>La educación de Óscar Fairfax</em> (2008) de <strong>Louis Auchincloss</strong>. <em>Cuarto interior</em> (2016) es su último libro publicado.</p><p>Sus relatos van desde el esquema clásico que lleva de la infancia a la madurez acercándonos a la historia de las generaciones de la dictadura y que alcanzan la democracia. Son ensayos lúcidos que Pilar nos cuenta de una manera cómplice, en donde sabe muy bien las cosas con las que tropezamos en la vida; tratando temas que no nos son ajenos, sobre todo a las personas que hemos vivido esa época, nos reconocemos, y para el resto son una lección de historia. Son  relatos de resistencia con memoria. La autora nos recuerda cosas que hemos olvidado.  Escritos en primera persona y con un lenguaje preciso, habla de las contradicciones humanas pero ella sabe cómo curar con sus palabras, las hace cicatrizar con su lenguaje filosófico y lírico.</p><p>Desde sus dos primeros cuentos, titulados "Silencios" y "Praga", ya nos sitúa en dos ciudades desde donde elige un lugar para observar y pensar: primero en Santander,  y luego, rn la ciudad del rio Moldava. En ambos aparece ya “el silencio, ausencia de otra voz”: “El silencio aupaba mi fértil imaginación”.  No es pena, no es soledad, solo nos dice que es “ausencia de voz”. Nos pasea por la soledad (e incluso hace sus clasificaciones), que va a estar presente en otros relatos a lo largo del libro. Interesante cómo une las ciudades con la importancia que da al viaje: “para que, por fin, les pase algo, o tal vez para  tener emociones nuevas“, “estoy segura que otros fotogramas me van a permitir viajar a ciudades y parajes… en los que la lluvia, el mar o el frío refrescarán una historia particular”. Continúa a lo largo del libro recorriendo otros lugares, como Grecia en su relato "Eleftheria o la libertad", y también Granada, Madrid, París, el Cairo… Sus relatos son viajes al interior, al exterior, a diferentes y distintas geografías, a lecturas de libros, viajes a la infancia que marcan, y lo hace con un lenguaje ligero pero con equipaje, nos hace bajarnos en distintas paradas con una soledad escogida, sabemos que las mentes poderosas e imaginativas saben de esta intocable soledad. Así cada relato es una estación en donde ella invita y crea espacio para que lo habitemos.</p><p>Parece que la autora, desde su relato número ocho (que lleva, precisamente, el título del libro) encuentra su <em>cuarto interior</em>. Ha construido su habitáculo, ha comenzado, ya deja el exterior para observar desde dentro. Busca y halla un refugio que consiste en hacerse con un lugar para su intimidad, para escribir, para pensar, es un espacio escogido. Es imposible no rememorar los espacios conseguidos por mujeres, como <strong>Virginia Woolf</strong> en <em>Un cuarto propio</em>. Otras escritoras, como <strong>Carmen Martín Gaite </strong>o <strong>Ana María Matute</strong>, han buscado sus lugares privados, espacios cerrados; y desde esa clausura buscada, la persona despliega su vuelo sobre horizontes de tiempos y geografías con el anhelo implícito de construir otros paisajes, como el personaje autobiográfico de Ana María Matute, Adri (Adriana)<em>, </em>que tiene el reconocimiento de un <em>Paraíso inhabitado</em> que le supone ese horizonte añorado que vislumbra desde esa ventana iluminada de su habitación para mirar la calle. <strong>Elena Martín Vivaldi </strong>escribe, precisamente, un poema llamado "Ventanas iluminadas", o ese que crea también Matute en su novela <em>La torre vigía</em>. O la niña de <em>Mujer en la atalaya</em> de Mañas, que observaba desde su ventana a su vecina. Tantos espacios interiores para ver el exterior. Así, los personajes de <em>Entre visillos, Desde la ventana, </em>o el relato "De su ventana a la mía", en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/madres-e-hijas/9788433910257/NH_195" target="_blank"><em>Madres e hijas</em></a><em>, </em>o "el trastero" de su libro <em>El cuarto de atrás</em>, son <em>Fragmentos de interior, </em>utilizando el título de otro libro de Carmen Martín Gaite, y lo explicitan todo.  El último poema de <em>Ficciones para una autobiografía,</em> de <strong>Ángeles Mora</strong>, se titula "El cuarto de afuera", que llama "su reino" al espacio que crea la poeta en "el desván" como refugio de soledad y de intimidad donde también hay "una ventana al campo donde el sol se pasea". Es el rincón del tiempo donde la memoria conversa, reflexiona y busca un interlocutor.</p><p>Pilar Mañas sabe del relato, de su estructura, de su hondura, de una manera suave con "nubosidad variable" y lluvia fina, de una manera serena y conociendo los entresijos saca su voz que se confunde con otras voces, y llega a aparecer la nuestra apropiándose del mensaje de su escritura. Un libro meditado, armonioso, que nos susurra a veces lo que no queremos oír o sí. Podríamos denominarlo como una <em>filosofía metafísica</em> porque van más allá. Son los espacios de mujeres y de hombres. Sus ensayos te tocan y tú les abres.</p><p>El mundo de los libros está presente desde el primer relato, homenaje a <strong>Benito Pérez Galdós. </strong>Le siguen, <strong>Ted Hughes, Silvia Plath, Wislawa Szymborska, Pablo Neruda, John Berger</strong>, entre otros muchos. Su antepenúltimo relato, "Madrid-París y los libros", será su declaración más emotiva. También homenajea al mundo del cine.</p><p>En sus ensayos literarios se aúnan ficción y realidad. Hay crítica y resistencia. Personalidad, identidad y singularidad habitan este <em>Cuarto interior </em>en donde reflexiona e interioriza historias cómplices.</p><p>Pilar Mañas, con la lectura de su escritura y de su experiencia, nos hace pensar, no nos deja otra opción. Anexiona lo subjetivo con lo objetivo, lo reelabora convirtiéndolo en un cuento inédito y genuino. Nos remueve y lo archivamos en nuestra memoria. Y desde su <em>Cuarto interior</em> nos asoma por ventanas que dan a la calle. Con su lenguaje establece y propone un intercambio comunicativo, creando un clima  y la necesidad de libertad.</p><p>La escritora, en el último relato "En voz alta", en su último párrafo, a modo de poética, concluye: "Hace algún tiempo dejé de confundir literatura y vida literaria. Dejé de leer las largas y sesudas entrevistas con los escritores en las revistas y suplementos literarios con lo que la voz es pertinazmente masculina. Y sigo, casi como entonces, escudriñando las últimas publicaciones de escritores y escritoras valientes con la igualdad, modernos y audaces con el lenguaje y la identidad. Con el voluntarismo propio de una resistente me he instalado en el futuro que ha comenzado a respirar con un nuevo pulmón. Gracias, como desde hace tiempo, al feminismo".</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos </a><em>(Valparaíso, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[19a6b5e9-7fb7-4ce7-9582-aa60d3302ff8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d919f2d8-b68d-4049-bbdf-90dfbd4390e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="35809" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d919f2d8-b68d-4049-bbdf-90dfbd4390e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="35809" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un cuarto (interior) propio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d919f2d8-b68d-4049-bbdf-90dfbd4390e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siempre en lunes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lunes_1_1140031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d3cf5f23-c8d5-4664-bbe9-09967de14035_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siempre en lunes"></p><p><em>Este cuento ha sido escrito por algunos alumnos del taller juvenil de la escritora Carmen Peire, que ha iniciado el relato para que ellos lo continuaran. En él participan por orden de aparición Ana Manso, Paloma Caramelo e Inés Herrero, aunque ha sido leído y trabajado también por los compañeros del taller, que pusieron nombre a los protagonistas, corrigieron e intervinieron, en especial Inés Vázquez y Pablo Merlín Tous. Todos llevan tiempo asistiendo al taller, aman los libros y las historias, y  forman parte de la antología juvenil publicada en diciembre de 2016 bajo el título de </em><strong>Carmen Peire</strong><strong>Ana Manso, Paloma Caramelo</strong><strong>Inés Herrero</strong><strong>Inés Vázquez </strong><strong>Pablo Merlín Tous</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/03/habitacion_prohibida_60637_1821.html" target="_blank">La habitación prohibida</a><em>.</em></p><p>___________________________________</p><p><em>(Comienza Carmen Peire.)</em><strong>Carmen Peire</strong></p><p>Por lo único que le gustaba a Javier el lunes era porque podía verla, aunque solo fuera unos minutos y agazapado tras las cortinas de su habitación en el piso compartido con Juan, Ismael y Pedro. No se podía permitir otra cosa. La beca solo daba para pagar el master, lo demás salía de clases particulares y  ayudando los fines de semana en el bar de la familia. Pero era independiente, independiente con ayudas, pero independiente. Y los lunes madrugaba más que el resto de la semana solo por verla, a ella, la única barrendera del distrito. Los demás, todos hombres incapaces de seguir sus pasos cuando ella hacía su trabajo, por el afán y destreza conque trajinaba. Pasaba por su calle a las siete de la mañana, empujando el carro, con los guantes y el mono puestos. Le tocaba los lunes la zona más difícil, aquella en que los jóvenes se concentran en el fin de semana para beber, estar con los amigos y de paso ver si conseguían esa noche acostarse calientes de gresca, alcohol y acompañante. Era la zona donde Javier vivía. A la barrendera le tocaba hacerse con los estragos del fin de semana, papeleras rebosantes, papeles y latas de cerveza en el suelo, cagadas de perro sin recoger, platos de cartón de comida rápida para cuerpos que solo querían empapuzar el estómago y seguir bebiendo. En algún callejón, cerca de las alcantarillas, solía encontrar un montón de botellas vacías, bolsas de plástico y algún condón usado que no quería imaginar cómo, dónde ni con quién.</p><p>Por ella, por la barrendera, Javier madrugaba los lunes más de lo debido, la veía entrar en su calle y salía corriendo para hacerse el encontradizo, de paso saludaba, aunque a ella le pareciera raro, porque nadie, y cuando se dice nadie, es nadie, saluda a una barrendera, aunque limpie la mierda de su distrito.  Quizá algún día podía entablar conversación.  Ya en la calle, daba la vuelta a la manzana, se acercaba al quiosco de la esquina y regresaba a su habitación. Todo lo llevaba en secreto porque ¿a quién podría contar lo que siente? ¿A sus amigos? ¡Qué locura, ni por asomo! Tampoco a Juan, Ismael o Pedro. Una cosa era compartir piso, y otra, confidencias. Se imaginaba además lo que diría Pedro, el más sarcástico de todos: uy, al señorito le gusta una que barre. Claro, así tendrá la habitación recogida porque ahora es una pocilga. Menudo cachondeo se iban a traer. Bastante se reían de él cuando le sorprendieron un domingo por la noche salir a la calle a altas horas, no para tomar copas sino para apiñar botellas, litronas, latas de cerveza desperdigadas, sin atreverse a decir el motivo, mejor que pensaran en su afán ecologista y no para que ella no tuviera tanto trabajo al día siguiente. Aunque siempre había algún bandarra que las desparramaba después de una patada. Por eso dejó de hacerlo.</p><p>De la barrendera le gustaba todo, su cara, su movimiento, su presencia y tamaño, cómo se bamboleaba, las caderas moviéndose al compás del escobón y ese canalillo que a veces asomaba, sobre todo en verano, con la cremallera del mono bajada hasta bien abajo, y ella que se agachaba y Javier que se ponía malo, y sudaba, sudaba como un loco. Era tan poderosa…   A Javier le gustaría atreverse a preguntar su nombre, conversar con ella, verla sonreír y proponerle dar una vuelta o tomar un café. Y todos los lunes se arrepentía de no hacerlo. Eres tonto, se decía, imagínate que la cambian de barrio, que tiene que irse a otro sitio, no vas a saber buscarla. ¿Te atreverías entonces a preguntar por ella a los de la limpieza? Del próximo día no pasa, seguro, el próximo lunes le pregunto, al saludarla, buenos días, frío ¿eh?, yo es que vivo aquí, ¿cómo te llamas? No vaya a ser que un día desaparezca y no sepas ni por quién preguntar.</p><p>Llegó la primavera y el trabajo de los lunes por la mañana aumentó. Venían dos a barrer su zona, ella y otro, con el que parecía reírse, bromear y limpiar. Al menos fue la sensación que tuvo y sintió unos celos tremendos. ¡Cómo le gustaría ser barrendero! Se imaginaba ser su compañero, trabajar a su lado, olerla, aspirar el mismo aire que ella. ¿Cómo haría para abordarla? Ahora puede ser más fácil, pensaba, te paras a hablar con él, preguntas cómo se llama y de paso…  Pero seguía sin atreverse. Y llegó aquel lunes, un lunes que quedaría señalado por encima de los demás. El lunes en que todo iba a cambiar.</p><p><em>(Sigue Ana Manso.)</em><strong>Ana Manso</strong></p><p>Era domingo. Javier se había levantado tarde después de estar hasta las tantas recogiendo en el bar de su familia: había fregado copas, limpiado la barra y barrido innumerables palillos y pelotillas de papel del suelo, porque por lo visto girar la muñeca dos milímetros para encestar en la papelera, era demasiado trabajo para los clientes.</p><p>Cuando llegó a la cocina, Pedro y Juan ya estaban desayunando. Juan le saludó al verle:</p><p>—¿Qué pasa tío? Llegaste tarde anoche, ¿eh? No me digas que mojaste.</p><p>Pedro no dejó pasar la oportunidad y antes de que Javier pudiera contestar le interrumpió:</p><p>—Qué va mojar el ecologista éste. Lo que pasa es que estuvo amamantando focas.</p><p>Los dos se empezaron a reír. Javier suspiró, pero no dijo nada, no quería descubrirse. Al fin y al cabo, cuando barría en el bar de la familia se acordaba de su barrendera, y se la imaginaba a su lado, haciendo lo mismo.  Juan le dio un amistoso puñetazo en el hombro.</p><p>—Venga tío no te enfades, si ya sabes que a nosotros el modo Greenpeace nos parece muy bien, pero tienes que admitir que era un poco triste lo de ponerse a amontonar botellas los domingos por la noche.</p><p>—Bueno, ¿y dónde está Ismael?— dijo Javier cambiando de tema.</p><p>—¿Dónde va a estar?— saltó Pedro— Durmiendo, además el muy cabrón ligó ayer, así que tiene a la tía ahí metida.</p><p>Eso no sorprendió a Javier, Ismael día sí día no, se traía una chica a casa, no sabía cómo, pero el chaval se las llevaba de calle. Javier incluso se planteó pedirle consejo, pero descartó la idea enseguida. Aunque no le contase lo de la barrendera no quería ni imaginar las bromas de "a Javi le gusta una chica" que eso supondría. El resto del desayuno se lo pasó en silencio escuchando a Juan y Pedro cómo repasaban toda la cantera del Real Madrid y se enzarzaban en un intenso debate sobre si el fuera de juego que había pitado el árbitro en el partido de la noche anterior habías sido justo o no. Javier solía participar en la conversación, aunque fuese con breves comentarios, pero ese día ni siquiera los estaba escuchando. Solo podía pensar en una cosa: mañana va a ser  lunes, mañana sí que le hablo, mañana… En su imaginación dibujaba escenas completas sobre cómo se desarrollaría su primera conversación: empezaría siendo amable y educado y, cuando rompiese el hielo, soltaría alguna broma, ella reiría, él le propondría salir a tomar algo  y quizás…</p><p>Estos pensamientos lo acompañaron durante todo el tiempo. Cuando terminó de desayunar se despidió de sus compañeros y se dirigió a casa de Laura, la niña a la que le daba clase de inglés. En realidad, Javier ofrecía clases de matemáticas y ciencias, pero cuando sus padres le contrataron resultó que asistía a un colegio bilingüe donde no daban ciencias sino science, ni matemáticas sino maths, y la pobre chica apenas pasaba de saber decir buenos días, por lo que le pidieron si no le importaba hace un pequeño repaso del idioma "no muy profundo, no te preocupes, es una niña muy lista". Javier acabó yendo dos días por semana a explicarle los verbos irregulares. Uno de ellos, las mañanas de algunos domingos. Planazo.</p><p>Mientras ella los repetía en voz alta, él elucubraba sobre cuál podía ser el nombre de su barrendera; Marta o Julia no le convencían, Carmen era demasiado común. Nunca llegaba al nombre perfecto y entonces se ponía a pensar en su cara, su cuerpo, las cosas de ella que ya conocía, su trabajo y la zona que le habían asignado… eso decía mucho de ella. Seguro que era el centro en su grupo de amigos, la que lideraba y se llevaba bien con todo el mundo. ¿Tímida? No, eso nunca. Su presencia inundaría la sala.</p><p>El día pasó y Javier estaba cada vez más emocionado. Mañana era la definitiva, seguro. Cuando llegó a su casa se puso a estudiar, pero cada vez se concentraba menos. Finalmente, después de una cena con banda sonora de burlas de su "comida para conejos", todo verde, Pedro le dejó tranquilo y Javier se fue a dormir.</p><p><em>(Continúa Paloma Caramelo.)</em><strong>Paloma Caramelo</strong></p><p>Debería haberme ido a dormir antes, piensa Rocío, la barrendera, cuando suena el despertador. Pega unos saltos torpes a la pata coja para ponerse los calcetines y los pantalones y va al baño. Se lava los dientes con agua caliente, el casero aún no se ha dignado a arreglar el grifo. Tiene que hacerlo rápido antes de que el agua empiece a quemar, aunque ya se ha acostumbrado. Después se toma un café de camino a la Central. Sin azúcar.  La voz de su madre diciéndole que debería beberse el café antes de lavarse los dientes le taladra la cabeza. Ella qué sabrá.</p><p>El primer autobús llega casi siempre puntual para recoger a los últimos borrachos y noctámbulos que llegan a casa de día. Saca un chicle de su mochila y se lo da a una chica rubia sentada delante de ella y que farfulla gritos a la amiga que tiene al lado: “Por tu culpa ahora mis padres me van a pillar. Habíamos comprado esos chicles para las dos y le has dado el último a ese chico, sólo porque era guapo y te lo ha pedido. Y ahora yo apesto a vodka. Me van a matar”. La chica coge el chicle que Rocío le ofrece y la abraza. Es verdad que apesta.</p><p>El conductor lo ve todo por el retrovisor y se ríe. Cuando las chicas se bajan y sólo queda ella en el autobús, le sugiere que se acerque a la parte delantera. Ella lo hace. Charlan. Él es muy agradable, tiene cara y formas de profesor de infantil.</p><p>Se baja en su parada. Maldito enero en Madrid, hace frío como para criar osos polares. Oye otra vez la voz de su madre: “Ay, hija, si tú supieras lo que es el frío no te quejarías tanto.  Cuando tu padre y yo vivíamos en...”. Cállate.</p><p>Llega a la Central y se viste de guerra: mono, escoba, botas para escalar la basura. Desde hace unas semanas tiene un compañero nuevo. Cada turno le da las buenas noches, que en este trabajo equivalen a los buenos días, le pasa el cubo y le hace una señal para que vaya delante de él. Las señoritas primero, dice. Rocío no sabe de qué señorita habla. Es un poco charlatán. A ella le marea y a veces piensa que no hay tanta diferencia entre su verborrea y la de los borrachos que se encuentra de vez en cuando por las calles. A su compañero se le va la fuerza de trabajo por la boca.</p><p>Cuando termina el turno, como siempre, vuelve a casa.</p><p>Los lunes son el peor día porque todo apesta a fin de semana. Los buenos propósitos de los ciudadanos se despiertan entonces, y con ellos la responsabilidad. Pero a ella le toca recoger todos los síntomas de su inconsciencia: las colillas y los cascos vacíos, malditos botellones. ¿Qué les cuesta recoger? O ponerlo en  bolsas. O en el contenedor.  Están por todas partes. Restos de cadáveres de la fiesta del día anterior. Los lunes no hay piedad. Rocío supone que tienen más ganas de morirse de cáncer o cirrosis en fin de semana, o fuman tres cigarros en vez de uno para contrarrestar el dolor de verle la cara a su jefe después de dos días de descanso. Incluso su compañero, el que le han asignado en primavera, fuma más los lunes. Como si librase los fines de semana.</p><p>Otra vez oye <em>esa</em> voz: “Hija, haz caso a tu madre, estudia algo, lo que sea, haz como tu hermano”.</p><p>Pero a ella le encanta su libertad.</p><p>El lunes pasado se fue a merendar con el conductor. Hacía tiempo que no merendaba con nadie,  no es muy usual, pero le gustó.  Quedaron en repetirlo al jueves siguiente, después del turno, por el centro. Está bien tener un amigo con el que conversar. A partir de entonces se sienta directamente en la parte delantera del autobús. Se pasa todo el recorrido hablando con él. No se había equivocado, es profesor de primaria. Tal y como están las cosas ahora es mejor ser conductor que profesor, le dice riendo.  Ella se ríe también y después se quedan en silencio durante un rato, los dos mirando hacia el frente hasta que ella le mira de reojo, él sigue sonriendo.</p><p>Ya son varios los días en que han quedado para merendar juntos. Él quiere pagar, ella se niega, pero aprovecha cuando va al baño para hacerlo. Rocío se enfada un poco pero le quita importancia después.</p><p>Al siguiente lunes el autobús hace como si se hubiera pasado la parada y la deja justo en la puerta de la Central, un poco más arriba de la calle. El conductor no dice nada. Le sonríe y le abre la puerta. Rocío coge el macuto y se despide por dos semanas:</p><p>—Me toca volver a casa de mis padres unos días. Nos vemos a la vuelta si sigo viva—. Se ríe y le choca la mano.</p><p>—Si vuelves viva lo celebraremos.</p><p>Llega a la Central y se va a cambiar. Su compañero está ya preparado y se ofrece a ayudarle con el macuto hacia el vestuario. No sabía que te ibas, le dice. No se lo había contado, ni ganas. Rocío se va a cambiar. Su compañero le guiña un ojo, menudo cretino. Cuando sale del vestuario le dice además que puede llevarla a la estación después del turno. Rocío le contesta que no hace falta.</p><p>—No seas tonta, mujer, deja que te lleve—. Y le vuelve a guiñar un ojo mientras le coge el macuto. Ella se lo arranca de las manos y lo mete en su taquilla.</p><p>Menos mal que tiene unos días de vacaciones. A ver si se olvida de ella y la deja en paz.</p><p><em>(Cerrará Inés Herrero.)</em><strong>Inés Herrero</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bddc2d90-da91-47dc-92bb-ac6c3a05aa91]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire | Ana Manso | Paloma Caramelo]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/d3cf5f23-c8d5-4664-bbe9-09967de14035_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76817" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/d3cf5f23-c8d5-4664-bbe9-09967de14035_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76817" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Siempre en lunes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/d3cf5f23-c8d5-4664-bbe9-09967de14035_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gibrán Khalil, la última máscara de la locura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gibran-khalil-ultima-mascara-locura_1_1140026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/17df2111-9ff9-4227-bd44-904aecebe2d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gibrán Khalil, la última máscara de la locura"></p><p>El loco se cruzó en mi camino en enero de 1997. Eso escribí en la primera página. Fue un regalo de cumpleaños, un regalo con forma de recuerdo borroso. Los libros son a menudo como ese tipo de recuerdos. Da igual su tamaño. Vienen y van de la vida de una, a veces se quedan y otras nunca estuvieron. <strong>Gibrán Khalil</strong> nació en las montañas del Líbano y murió en Nueva York en 1931, un 10 de abril. Entre ambas fechas perdió, por culpa de la tuberculosis, a casi toda su familia, escribió mucho, publicó poco y fue excomulgado de la Iglesia Católica. ¿El motivo? Escribir <em>Espíritus rebeldes</em>. Libro que arde públicamente en el fuego. Arde de verdad, no se trata de ninguna figura retórica. <em>El loco</em> se salvó, quizá, porque no lo entendieron, al menos no en su conjunto. Ese es el poder de la ficción, que te permite esconder para que otros, unos pocos, encuentren.</p><p>Khalil cuenta que un día le robaron sus máscaras y enloqueció. “¡Malditos ladrones!”. Así comienza este pequeño, sencillo y profundo libro; hecho con materias primas, sin conservantes, hacia 1918. Esto último no se nota. Cualquiera de sus cuentos tienen su espacio casi cien años después. Eso siempre ocurre cuando se escribe desde la naturaleza que nos alberga y no desde la que alberga a otros. “En mi locura —escribe— he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos esclavizan”. Es comprensible, por tanto, que sus libros ardieran y a ese resplandor siguiera la excomunión.</p><p>Khalil lo cuestionó todo. En el relato "Las sonámbulas" desnuda a la maternidad de toda bondad y en "El Astrónomo" se ríe de los hombres de ciencia que no utilizan los sentidos para conocer; mientras que en "Los dos ermitaños", embiste al necio conformista desde un empecinado y falso Satanás. De igual manera en el relato "Los dos sabios", como si se tratara de un traje con dos reveses, nos revela la debilidad que a veces sustenta a las creencias humanas. En la fábula "Las tres hormigas", como si de un cuento infantil se tratara, vestido de una aparente y equívoca sencillez, nos alerta sobre la estupidez, advirtiéndonos que absolutamente todo es relativo, que sabemos muy poco sobre aquello que nos rodea. Quizá el cuento más intenso, es aquel en el que un hombre grita a los demás que vengan a ver su Alegría. Nadie acude, y poco a poco, esa Alegría ignorada, se convierte en dolor.</p><p>Cada relato aparece en este libro como la lucha de fuerzas, como si el Bien y el Mal se confundieran, como si todo, al final, fuera intercambiable y confuso. ¿Es esa la locura de la que habla Gibrán Khalil? “Mi apariencia —escribe— no es mas que el traje que visto, un traje cuidadosamente tejido que me protege a mí de tu curiosidad…”. Es posible que su única locura sea precisamente la de dejar su rostro al descubierto, sin máscaras, sin antifaces. “He visto un viejo rostro lleno de arrugas de la nada, y un rostro lozano en el que estaban grabadas todas las cosas”.</p><p>El loco<em> fue publicado en España en 1996 por la editorial Alba y actualmente puede encontrarse en la editorial Traspiés, Valdemar y Akal, entre otras. </em><a href="http://www.traspies.com/cardinales/el-loco/" target="_blank">en la editorial Traspiés</a><span id=" target="></span><a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=816&osCsid=" target="_blank">Valdemar </a><a href="http://www.akal.com/libros/El-profeta-El-loco-El-vagabundo/9788446023524" target="_blank">Akal</a></p><p><em>*Eva Losada es escritora. Su último libro es </em><strong>Eva Losada</strong><a href="http://evalosada.com/el-sol-de-las-contradicciones/" target="_blank">El sol de las contradicciones</a><em> (Alianza, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e50d03d6-9087-494e-ac47-20105248f329]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Losada Casanova]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/17df2111-9ff9-4227-bd44-904aecebe2d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="31732" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/17df2111-9ff9-4227-bd44-904aecebe2d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="31732" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gibrán Khalil, la última máscara de la locura]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/17df2111-9ff9-4227-bd44-904aecebe2d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Glorierías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/glorierias_1_1140011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c815a4b-3d7c-4b43-ae18-b2dcf3b8746d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Glorierías"></p><p><strong>"Glorierías": la influencia de Ramón Gómez de la Serna en la visión poética de Gloria Fuertes</strong><em>Glorierías</em></p><p>Bajo el título de <em>Glorierías, </em>formulado por la propia autora como versión personal a las greguerías del escritor <strong>Ramón Gómez de la Serna </strong>(1888-1963), aparecen sucesivamente en el ámbito editorial —con fines claramente divulgativos y comerciales— una serie de libros póstumos, siendo el primero de ellos <em>Glorierías (para que os enteréis) </em>(2001)<em>,</em> publicado por Torremozas y, por desgracia, ya descatalogada. Le sigue la grabación sonora de <em>Glorierías: la voz y la palabra de Gloria Fuertes </em>(2001), que recupera la participación de nuestra autora el 22 de octubre de 1944 en el 4º Festival Internacional de Trovadores y Juglares de Granollers, y que incluye 22 de sus poesías. <em>365 Glorierías infantiles</em> (2001), así como <em>Glorierías y poesías de animales</em> (2010), suponen otros títulos en esta línea; del mismo modo que unas escogidas «Glorierías» en la parte final de <em>Gloripoemas</em> (2012); a la manera todos ellos de la fórmula poética ideada y popularizada por el autor que nos ocupa. Amén de otras <em>glorierías </em>pacifistas, que podemos encontrar fácilmente en la red, que vienen así a incidir en uno de los grandes y reiterados núcleos temáticos en la obra de <strong>Gloria Fuertes</strong> (1917-1998), bien contraria a las guerras y a favor de la paz universal; y por lo que se le concediera, en consecuencia, en 1986 la Medalla del día Mundial de Cruz Roja, fuera nombrada un año más tarde «Dama de la Paz», así como meritoriamente reconocida Socia de Honor de UNICEF desde 1997.</p><p>Efectivamente, Gloria Fuertes fue gran conocedora y admiradora de la obra del autor vanguardista de principios de siglo XX, y no es otra nuestra intención a través de estas líneas que traer a colación las semblanzas y posible influencia de una poética en otra —al igual que marcar alguna dispar divergencia— entre estas dos grandes figuras de la literatura española contemporánea, más allá de una somera lectura literaria panorámica.</p><p>Desde el punto de vista del interés de la crítica especializada, no va a pasar desapercibido el paralelismo entre ambos escritores; en especial, atendiendo a la ligazón conceptual de sendas visiones y concepciones literarias, pese a haber pertenecido los autores a generaciones bien distintas –nacidos, respectivamente, en 1888 y 1917, recordemos- y de haber vivido y escrito en contextos de postguerra también diferentes; como bien es sabido, Ramón desde el exilio bonaerense y Gloria Fuertes en la Península. Así las cosas, la comparación entre ambos o posible influencia aparece por primera vez en el prólogo del estudioso colombiano <strong>Pablo González Rodas</strong>, en cuya introducción al poemario de la autora <em>Historias de Gloria: amor, humor y desamor </em>de 1980 hace mención a la «insularidad» como uno de los grandes temas recurrentes en la autora:</p><p>  </p><p>Dicho respeto y admiración hacia el creador de las greguerías son puestos igualmente de manifiesto en dos ocasiones por el recientemente fallecido dramaturgo coetáneo y amigo de nuestra autora <strong>Francisco Nieva</strong> quien, en el prefacio a su <em>Mujer de verso en pecho</em> (1995), cita la existencia de una carta enviada por el escritor desde la Argentina y traspapelada por la destinataria:</p><p>  </p><p>Años después, en sus memorias <em>Las cosas como fueron</em>, insiste Nieva en esta idea cuando afirma que «Gloria guardaba una carta de Ramón Gómez de la Serna, donde este mostraba tener mucho aprecio a su condición de musa infantil del arroyo, con dejes de un madrileñismo inconfundible.» (Nieva, 2002: 336). Dada la importancia de este texto, extraviado y publicado posteriormente en la edición manejada de <em>Glorierías (Para que os enteréis) </em>(2001) de Torremozas, nos permitimos transcribirla a continuación; no sólo como punto de partida de nuestro trabajo sino poniendo de relieve, además, tanto la relación y admiración del vanguardista por nuestra autora, como también aquellos rasgos poéticos destacables de sus visiones compartidas, entre los que sobresalen: el madrileñismo, el interés por lo lúdico y la importancia de la singularidad y originalidad del propio estilo.</p><p>  </p><p>Más adelante, en otro libro póstumo también de nuestro interés –el poemario en formato de álbum ilustrado <em>Garra de la guerra</em> (2002)- se vuelve sobre el paralelismo o acercamiento entre los autores y encontramos, de nuevo, otra de las constantes similitudes en cuanto al humorismo como actitud vital y existencial en sendas obras; esta vez en el epílogo del compilador de dicha antología antibelicista:</p><p>  </p><p>Del mismo modo y más recientemente, <strong>Pilar Monje Margelí,</strong> en su tesis doctoral sobre el lenguaje poético y el humor en Gloria Fuertes, dedica al autor madrileño algunas páginas pero sin profundizar, no obstante, en la influencia o transferencia que pudo tener la creación del particular estilo de Gómez de la Serna en la poética de nuestra autora. Si bien más adelante, analiza cómo las vanguardias prebélicas (<strong>De Chirico, Max Ernst, Picabia, Breton, Tzara</strong> etc. y, cómo no, nuestro Ramón Gómez de la Serna) fueron la clara inspiración en cuanto al aspecto lúdico de la poesía que retoma en sus bases el movimiento postista, llegando incluso a afirmar que el postismo fue una «locura inventada» (Monje Margelí, 2007: 172). Postismo al que la autora -única mujer del grupo y como bien es sabido- se sumara considerándose «aposta postista», declarado en sus propios términos y con sus habituales juegos de palabras en el prólogo de su autoría a <em>Obras Incompletas</em> (Fuertes, 1975: 27). Efectivamente, fue en torno a la revista <em>El pájaro de paja</em> (1950-1954), portadora de nuevas consignas poéticas durante esos años, en que aparecerán nombres tan relevantes como <strong>Ángel Crespo, Celaya, Ory, Cirlot, Labordeta </strong>y nuestra Gloria Fuertes; disgregándose posteriormente el grupo poético en dos corrientes temáticas bien diferenciadas, aunque cultivadas ambas y simultáneamente por la autora:</p><p>  </p><p>Tras este recorrido testimonial sobre la aproximación crítica hacia ambos autores, nos planteamos seguida e ineludiblemente: ¿cuáles serían las coincidencias que han hecho incidir a los especialistas con reiteración en el paralelismo entre estas dos grandes figuras? Y también: ¿en qué convergen y en qué se separarían? Divergencias que serán fruto –inevitablemente- de ese salto generacional que comentábamos más arriba, así como de la melancólica y traumática experiencia del exilio en Gómez de la Serna y, por el contrario, del compromiso con cierta poética social de los años cincuenta por parte de Fuertes.</p><p>En primer lugar, cabría atender a las cuestiones biográficas que comparten: con un mismo origen -ambos madrileños- y concibiendo la capital de España como centro de interés de sus miradas o escenario de sus poéticas; máxime desde el amargo exilio bonaerense de Ramón, reflejado en un título tan locuaz como significativo como sus <em>Nostalgias de Madrid</em> (1956). En palabras del escritor argentino Jorge Luis Borges: Sospecho que nunca estuvo aquí; siempre llevó consigo a su Madrid, como <strong>Joyce </strong>a su Dublín.» (Gómez de la Serna, 2002: 6). Ya lo vimos tanto en el testimonio de Nieva como en la carta enviada a la autora, pero incluso comparten el mismo título y especial inclinación hacia uno de los centros neurálgicos de la ciudad de Madrid más queridos y visitados por ambos: <em>El Rastro El Rastro </em>(1915 y 2006, respectivamente), o como evidencia igualmente el poema de la autora titulado «Puesto del Rastro» (Fuertes, 1975: 66-67). Nos lo menciona también, por su parte, <strong>Antonio A. Gómez Yebra</strong> en una reciente antología: <span id="ftn1"></span><span id="ftn1"></span></p><p>Ambos comparten, pues, un idéntico sentimiento madrileño por el castizo Rastro que se torna, de manera más general, en interés y profundización ontológica por todo lo poético que entrañan los objetos de la vida real y cotidiana, tal como manifiesta del mismo modo la autora en su poema «Las cosas» (1975: 215-216): «¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?/ Como perros las cosas no existen sin el amo.». En una entrevista al estudioso y prologuista González Rodas, lo reconoce así Fuertes:</p><p>  </p><p>Siguiendo con los aspectos biográficos en común, ambos tienen la desgracia de perder a sus madres muy pronto, padeciendo así pues una suerte de orfandad existencial que les hace madurar y forjar desde bien temprano su propia identidad como personas y artistas; relatado, por su parte, en el capítulo 28 de la <em>Automoribundia</em> de Ramón, y como alusión desgarradora en muchos de los poemas de la autora tales como: «la parturienta madre idolatrada» de «Mendigos medievales» (2008: 32) e «Historias de mi madre (Autobio)» (2008: 38); ambos de su <em>Se beben la luz</em> o bien la «Nota autobiográfica» introductoria de <em>Obras incompletas </em>(«A los 15 años se murió mi madre/ se fue cuando más falta me hacía»; Fuertes, 1975: 41); por citar tan sólo algunos extractos.</p><p>En nuestra opinión, este aspecto tiene mucho que ver con el siguiente, que nos interesa especialmente: la singularidad, la independencia, el no querer adscribirse a movimiento alguno, el promulgado por ambos una y otra vez «no encasillamiento». Expresado en otros términos: el bien conocido sintagma de «generación unipersonal» en el caso de Ramón y la «insularidad» deseada, perseguida y esgrimida en tantas ocasiones por la autora. El primero de ellos, la «generación unipersonal de Ramón» -enunciado por primera vez en un artículo de <strong>Fernández Almagro</strong> (1923) y retomado más adelante por <strong>Víctor García de la Concha</strong> (1977: 63)-, es un término recurrente en su biografía en tanto que constante búsqueda de aislamiento, de singularidad y de redundante reivindicación de su propia exégesis: «No tengo generación. No soy de ninguna generación. Tanto he luchado solo, que tengo que hacer esta declaración.» (Gómez Redondo, 1989: 138). Incluso el autor –recordemos-, habiendo abordado a su manera y bajo su particular óptica crítica y estilo todos los movimientos artísticos de vanguardia del primer tercio del siglo XX en <em>Ismos</em> (1931), llega a reivindicar y denominar el suyo propio como «<em>Ramonismo</em>».</p><p>Esta tendencia a lo autobiográfico, a la auto-denominación o auto-referencia a sus nombres en sendas obras es otra de las constantes coincidencias que encontramos en ambos autores. La recurrencia y la obsesión por la autobiografía puede constatarse tanto en los diversos y sucesivos escritos autobiográficos del autor en prosa —<em>Morbideces </em>(1908),<em> El libro mudo (Secretos)</em> (1910),<em> Mi Autobiografía </em>(1923)<em>, Automoribundia </em>(1948)<em>, Cartas a mí mismo </em>(1956) o <em>Nuevas páginas a mí mismo </em>(1957)-; así como en verso, en los numerosísimos poemas titulados «Autobio» de Fuertes. Recuerdos vitales que parten en el caso de ambos precisamente del día de nacimiento: «Nací, o me nacieron –que no sé cómo hay que decirlo en estricta justicia- el día 3 de julio de 1888, a las siete y veinte minutos de la tarde, en Madrid, en la calle Rejas número 5, piso segundo» (Gómez de la Serna, 1998: 65), al igual que en la «Nota autobiográfica», con la que abre la poeta su auto-editada antología <em>Obras Incompletas</em>:</p><p>  </p><p>Se trata de una «coincidencia onomástica», en términos de <strong>Leuci </strong>(2015: 338), que entronca radicalmente con la insularidad -pongamos sólo aquí el ejemplo del «Isla ignorada» de Fuertes, escrito con apenas 17 años- y reivindicación de la figura y discurso en ambos pero de naturaleza bien diferente; pues, tal y como confiesa nuestra autora, su «yoísmo» no es egoísta sino expansivo, ya que responde a su necesidad imperiosa de conectar y comunicar con la Humanidad (Fuertes, 1975: 30). Resulta así, bien diferente por lo tanto, al «yoísmo/ ombligo de orangután» con el que calificó la escritora feminista <strong>Carmen de Burgos</strong> —conocida bajo el pseudónimo de «Colombine»— a un jovencísimo Ramón Gómez de la Serna, quien fuera su compañero sentimental en los inicios de su carrera literaria:</p><p>  </p><p>Por su parte, la autora introduce su propio nombre y/o apellidos reiteradamente en un juego de auto-referencialidad tanto en el título de algunas de su obras como las ya citadas <em>Historia de Gloria (Amor, humor y desamor)</em> (1980) o <em>Glorierías</em> (2001), como en sus composiciones «Carta explicativa de Gloria» (1975: 293), «Luciérnaga Fuertes» (Fuertes, 1975: 354), «Yo en la Gloria» (Fuertes, 1980: 100) o «Productora Gloria Fuertes» (Fuertes, 1995: 130) -por citar tan sólo algunos-, al igual que en uno de sus muchos autoepitafios:</p><p>  </p><p>Incluso llega a disculparse por este hecho en un verso de su poema «De profesión: soltera»: «(Perdonad que me autonombre tanto.)» (Fuertes, 1980: 91). Por lo que, coincidiendo con la argumentación de Leuci:</p><p>  </p><p>Por todo lo dicho anteriormente, es difícil catalogar la producción de ambos autores como pertenecientes a una generación o grupo poético, y los dos trataron de reforzarlo en su obra literaria pues, como la misma autora se encarga de subrayar, «cuando empecé a escribir, niña-adolescente, como no había leído nada, mi primera poesía no tenía influencias» (Fuertes, 1975: 28). Añadiendo más adelante que ni siquiera el paso del tiempo le hizo aceptar influencias externas –«Aunque después, como es lógico, leí y leo poetas, a mí no hay quien me influya, así que, como en 1934, sigo siendo huérfana e independiente» (Fuertes, 1975: 29)– ; estos dos últimos, aspectos que ambos autores se afanan en declarar y subrayar en sus poéticas. Influencias de una tradición literario-cultural que obviamente la autora sí tuvo, tal y como nos recuerda <strong>Emilio Ramón</strong> (2006):</p><p>  </p><p>Esta necesidad de no adscribirse a movimiento alguno, de no reconocer influencias, de «no pertenecer a ningún rebaño» se refleja perfectamente en el poema «Cabra sola» (Fuertes, 1975: 25) o en «Sola como una ostra», en el afán de la artista por aislarse para  trabajar, componer, libar la esencia poética y ofrecernos el hermoso producto:</p><p>  </p><p>Y en Ramón Gómez de la Serna, del mismo modo encontramos ese pliegue y cerrazón en sí mismo físicamente en la creación de sus diversos despachos-torreones o en lo que en otro lugar denominados «la tercera capa de la espiral u obsesión por sí mismo, por la construcción de su personaje» (<strong>Elwes</strong>, 2010: 229-243), que puede verse reflejado en numerosísimas ocasiones de sus escritos autobiográficos. Como muestra, tan un solo botón:</p><p>  </p><p>Autores –ambos, por tanto- de productividad peculiar de difícil categorización, de imposible catalogación, tal y como se afana y empeña en destacar la poeta –una vez más- en el final de su auto-prólogo «Medio siglo de poesía de Gloria Fuertes o vida de mi obra»:</p><p>  </p><p>En este sentido, coincidimos plenamente con Browne cuando afirma, rescatando las palabras de <strong>González Muela</strong>:</p><p>  </p><p>Así pues, tanto Ramón como Gloria emergen como voces nuevas, auténticas, y originales  «en la que se combinan el sarcasmo, la ironía, la denuncia y el humor con la búsqueda de la comunicación, la angustia, el dolor y la soledad.» (González Rodas, 1980: 30). Humorismo, pues, como el otro tuétano esencial que les une, como vía y válvula de escape para huir de lo trágico, frente a la crueldad y el horror de la guerra y postguerra que les tocó vivir a ambos de uno y otro lado del Océano. De ahí, su no encasillamiento, su reivindicación permanente como seres solos y singulares, así como la necesidad de la construcción de su figura o “personaje” en torno a las personas reales, de carne y hueso, como seña especial de identidad, insularidad y personalidad: éstas son las razones del «a ningún rebaño pertenezco» de Fuertes y de la «generación unipersonal» del creador de la greguería, pretendemos argumentar.</p><p>En todo ello, para la creación del “personaje” supusieron de gran relevancia tanto las procaces conferencias de corte marcadamente surrealista (pintado de negro, subido a un trapecio o a lomos de un elefante, imitando el cacareo del gallo al amanecer etc.), que le ocasionaran algún que otro percance al autor —como aquella rememorada intervención sobre el cante jondo en Granada, junto a <strong>Zuloaga </strong>y <strong>Falla</strong>, donde un espectador espontáneo apuntándole con una pistola decía: «¿Qué? ¿le mato ya?» (Gómez de la Serna, 1998: 461-462)— tanto así como las intervenciones de Gloria Fuertes en TVE —<em>Un globo, dos globos, tres globos</em> (1974-1979) o <em>La cometa blanca</em> (1981-1983)—, que sirvieron no sólo para acercar la poesía a los más pequeños sino para instaurar un diferente modelo de mujer en la España de la transición democrática. Dichas intervenciones televisivas y recitales poéticos de Gloria Fuertes mostraban una marcada auto-representación auténtica como mujer bien distinta al patrón femenino mayoritario de la época —más bien masculino, usando habitualmente corbata— y buscaban, como en Ramón, no sólo una cierta hilaridad sino, más importante si cabe, una fuerte dosis de desaliño, espontaneidad, naturalidad y, ciertamente, de familiaridad y humanidad por parte del creador literario:</p><p>  </p><p>Pero, sin duda, el aspecto que más les une es el tratamiento similar del lenguaje: un lenguaje accesible, que llegara a todo el público en pequeñas píldoras poéticas, que son las que nos ofrecen su similar visión del mundo, de los objetos, del milagro prístino de lo cotidiano con un tono entre hilarante, reflexivo, emoción sorpresiva y ternura. Como expresa la misma autora en su poema «Sola en la sala»:</p><p>  </p><p>La metáfora, los juegos metalingüísticos, el acercamiento de imágenes dispares, la repetición de fonemas en bastantes ocasiones —como Gloria Fuertes nos tiene acostumbrados en muchos de sus títulos infantiles tales como <em>Don Pato y Don Pito</em> (1970), <em>La oca loca</em> (1977) o <em>Coleta la poeta</em> (1982), por citar los más célebres— suponen «desde un punto de vista formal, un ensayo continuo con el lenguaje con fines fundamentalmente lúdicos.» (<strong>García-Page</strong>, 1990: 243). No es otra, así pues, la ligazón conceptual que comparten tanto la greguería ramoniana como la <em>gloriería</em> en un constante afán de plasmar las miradas en los lugares y personas ignorados por la poesía de minorías, de huir de lo «oscuro, difícil, cerebral y culto» y de hacer de los dedos unos «muslos creadores» (Fuertes, 1975: 31-32)  —por otra parte, toda una greguería en sí— en el asombroso hallazgo de la imagen del poema para la inmensa mayoría. Dado que componer y crear, en palabras de la autora, suponen:</p><p>  </p><p>Poemas de un solo verso (<em>glorierías</em>) que, al igual que la greguería, busca el atomismo y la fragmentación de la realidad, al mismo tiempo que la quintaesencia poética («<em>la séduction brève</em>», en términos de la especialista ramoniana francesa <strong>Laurie-Anne Laget</strong>) en un juego constante que sobrepasa la conocida y manida fórmula de «humorismo + metáfora = greguería» porque, además, no siempre se producen o apoyan en la colisión o contraste de significantes (<strong>Senabre, Cardona, Hoyle, Nicolás</strong>… cf. Laget, 2012: 311), sino sobre un juego analógico que nos produce la sorpresa, la incongruencia o el humor. Gloria Fuertes consigue así, a través de sus composiciones más breves, hacer de la <em>gloriería</em> una poética broma de la vida a la manera de su admirado Ramón. Pongamos tan sólo algunos ejemplos de la obra de nuestro interés:</p><p>  </p><p>En la misma línea de la <em>greguería-gloriería</em>, el lenguaje llano y cotidiano se reivindica en los muchos poemas que la autora titula «Poética», trasladándonos a la sencillez del verbo para ese público en general, para hacer de la poesía el «pan nuestro de cada día» y de «andar por casa», en expresiones de <strong>Emilio Ramón</strong> (2006). Como muestra, apenas un breve ejemplo de «Pacifista de verdad»: «No matemos al vecino/ invitémoslo a tocino» (Fuertes, 2002: 85). Por todo ello, podemos afirmar que, como la greguería ramoniana, la <em>gloriería</em> es poesía profunda pero sencilla; poesía cotidiana, en definitiva:</p><p>  </p><p>En este sentido, se entiende perfectamente que la mitad de la producción literaria de Gloria Fuertes esté destinada al público infantil, por lo que viene siendo mayormente recordada; hecho coincidente aunque más desconocido en la producción de un joven Ramón Gómez de la Serna, quien publicara los <em>Cuentos de Calleja</em>, «drama para los niños», en 1909; si bien no fuera llevada a las tablas porque <strong>Jacinto Benavente</strong> se «inspirara y aprovechara» de ella para componer su comedia infantil <em>El príncipe que todo lo aprendió en los libros </em>(Gómez de la Serna, 1996: 17). Independientemente de la veracidad de esta anécdota relatada por el autor en sus memorias, lo que aúna genéticamente la greguería con la <em>gloriería</em> es, sin lugar a dudas, no sólo la brevedad sino también la sorpresa de la poeticidad de la imagen significante; todo ello, no lo olvidemos, con una clara intencionalidad lúdica, a la par que filosófica-existencial en su gran mayoría. En definitiva, se trata en el caso de ambas composiciones hermanadas por su brevedad de unas dosis o píldoras poéticas de lo que encierra lo cotidiano, expresado en un lenguaje sencillo para todos los públicos.</p><p>Pese a estos paralelismos, toca apuntar algunas de las grandes divergencias. Fundamentalmente, se refieren al compromiso ético y estético con la realidad que a ambos tocó vivir, y que mucho tiene que ver con los distintos posicionamientos de exilio y periferia en Gómez de la Serna frente a la centralidad desde la que escribe Gloria Fuertes desde la Península; participando activamente esta última en movimientos literarios que han pasado al canon de la poesía social y de cierto compromiso en el contexto de la postguerra española. No es así en el caso de Ramón Gómez de la Serna, pues como bien sabemos soslaya la problemática del conflicto civil, dedicándose hasta el final de sus días al cultivo de la greguería o de los retratos literarios. Igualmente, en su última producción inédita (conservada en los manuscritos de la Universidad de Pittsburg) vemos un creciente interés por lo espiritual en su tratamiento de lo religioso, que recuerda al primer Ramón de <em>Los muertos, las muertas y otras fantasmagorías </em>(1935), en una constante apelación u obsesión ante objetos mortuorios tales como: cementerios, nichos, ataúdes, lápidas, esqueletos, osarios, epitafios etc. Igualmente, otro de los temas recurrentes en Gloria Fuertes en esa auto-referencia onomástica a la que hicimos mención más arriba, tomada con mucha hilaridad en sus diversos «autoepitafios».</p><p>La divergencia mayor la vemos, por tanto, en que el yo creador o la constante recurrencia a lo autobiográfico surgen y nacen en Ramón Gómez de la Serna y Gloria Fuertes de circunstancias y necesidades bien diferentes. Necesidad de reivindicación de su obra y su figura desde el tristísimo exilio por parte de Ramón; de ahí, su insistencia en lo memorístico autobiográfico como a los retratos literarios de personalidades con las que compartió su vida; en especial durante los locos y alegres años de vanguardia, frente al «yoísmo individualista e insular» de Gloria Fuertes, no tanto como «ombligo de orangután» sino como voz personalísima y genuina que quiere ir de lo particular a lo universal, de la desgracia individual o desamor propio a la injusticia global. De ahí igualmente, su constante mirada posada en los marginales y desposeídos, que no encontramos tanto en Gómez de la Serna, bien consciente él de una clase social y estatus perdido, mientras que nuestra autora jamás reniega de sus orígenes humildes –sino todo lo contrario- identificándose, en consecuencia, con los desarrapados, dolientes, solitarios o injustamente tratados. Por todo ello, su obra ha de leerse encarnada en lo humano, en lo tremenda y profundamente humano, tal y como afirma categóricamente en primera persona la autora en su prólogo de <em>Historia de Gloria</em>: «Esto no es un libro, es una mujer» (Fuertes, 1980: 50).</p><p>En definitiva, y coincidiendo con esta afirmación del estudioso prologuista: «Creemos que, así como la poesía española del siglo XX se divide en dos etapas, antes y después de <em>Hijos de la ira</em>, de <strong>Dámaso Alonso</strong>, la poesía femenina española de este siglo se divide también en dos etapas: antes y después de Gloria Fuertes.» (González Rodas, 1980: 28). Lo mismo había ocurrido unas décadas antes con la figura de Gómez de la Serna: rupturista, introductor y elemento bisagra desde la generación algo trasnochada y tremendamente preocupada del 98 a los jóvenes del 27, que pudieron experimentar y jugar con el lenguaje tanto gracias a su influencia y a seguir, por tanto, el modelo del «personaje» procaz, iconoclasta y provocador de Pombo que fue Ramón y que les llevara al grupo artístico de los «putrefactos» en la Residencia de Estudiantes de Madrid, por poner tan sólo algún ejemplo.</p><p>Para acabar el paralelismo, nos gustaría traer a colación una cita de la especialista <strong>María Payeras</strong> de su obra dedicada a tres grandes autoras de la postguerra (<strong>Ángela Figuera, Celia Viñas</strong> y Gloria Fuertes) cuando apunta la excepcionalidad y originalidad de la autora, consciente de no querer entrar en ninguno de los moldes, reivindicando así el consejo que le había dado Ramón Gómez de la Serna en la carta que reprodujimos al principio: «No deje llevarse más que por sí misma.»</p><p>  </p><p>Pose natural y desaliño humorístico con el que igualmente Ramón Gómez de la Serna ha pasado a nuestro canon de las letras, participando ambos de esta máxima vital y poética que encarna la siguiente <em>greguería-gloriería</em>: «Sólo es genial el que no se parece a nadie» (Fuertes, 2001a: 98). En este sentido, queremos afirmar para concluir que, paradójicamente, dicho afán de originalidad y de reivindicación de una voz singular y personalísima es la que nos ha hecho aproximar y hermanar como hilo conductor la monumental obra de estos dos grandes autores españoles del siglo XX, sobre los que no nos cansamos de posar ni nuestra atención ni nuestra mirada.</p><p><em>*Olga Elwes Aguilar es profesoras de la Universidad de Castilla-La Mancha . Este texto se incluirá en el libro </em><strong>Olga Elwes Aguilar</strong>Poesía y posguerra<em> (Editorial Visor, 2017), preparado por la profesora Encarna Alonso Valero dentro del proyecto de I+D "La configuración del patrón poético español tras la Guerra Civil: relaciones literarias, culturales y sociales" (FFI2013-44041-P), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y FEDER.</em><strong> Encarna Alonso Valero</strong>    <span id="ftn1"></span><span id="ftn1"></span></p><p>1. Es una obra interesantísima para nuestro estudio, ya que incluye y reproduce una carta inédita hasta la fecha del propio Ramón, exiliado en Buenos Aires, animándola en su quehacer literario (Fuertes, 2001: pp. 9-10), y que reproducimos seguidamente en el cuerpo de este trabajo. Con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de la poeta, Torremozas acaba de reeditarla (2017), aunque nosotros hemos manejado la edición de 2001.</p><p><span id="ftn2"></span>2. Se trata, más bien, de una recopilación de algunos de sus poemas antibelicistas. Recuperado de: <em>http://es.calameo.com/read/002017881c57221636761</em></p><p><span id="ftn3"></span>3. Textos compilatorios antibelicistas de Gloria Fuertes con ilustraciones de Sean Mackaoui, al que dedicamos una reciente publicación: ELWES AGUILAR, Olga y RAMÓN TORRIJOS, María del Mar (2016).</p><p><span id="ftn4"></span>4. Recuperado de: http://www.tdx.cat/handle/10803/8782</p><p><span id="ftn5"></span>5. Editado este último por la editorial Torremozas, recoge una serie de relatos cortos en torno al Rastro que la autora publicara entre los años 1951 y 1954 en <em>Chicas, la revista de los 17 años,</em> e ilustrados por el genial <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Mingote" target="_blank">Antonio Mingote</a>.</p><p>6. «Ya tenía a mi madre en el sepulcro, ya tenía madre en la muerte, ya la muerte era mi madre. […] Mientras me dedicaba a estas cosas tenía bien fijo lo que no quería ser, y esta concepción negativa y prescindidora [<em>sic</em>.] de la propia vida tiene más importancia que el saber precisar la ambición que se tenga. Lo que más me ha valido para no equivocarme y no emborronarme, es mantener en mí lo que no he estado dispuesto a ser. » (Gómez de la Serna, 1998: 253).</p><p><span id="ftn7"></span>7. Sería interesante abordar la relación afectiva con su madre con más profundidad en otro lugar, ya que en una estrofa de «Desentrenamiento», incluido en este mismo poemario, confiesa la voz poética: «A altas horas del día/ se me suele aparecer/ ¡mi madre!/ (señora la cual no se hizo querer por servidora [en vida.])» (Fuertes, 1975: 356).</p><p><span id="ftn8"></span>8. Recuperado de: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero32/gfuertes.html</p><p><span id="ftn9"></span>9. Véase, como ejemplo, el magnífico catálogo en torno al despacho de la calle de Velázquez número 6, con texto de Juan Manuel Bonet: <em>Ramón en su torreón </em>(2002), Madrid, Fundación Wellington.</p><p><span id="ftn10"></span>10. Recuperados de <a href="http://www.torremozas.com/Glorierias-Para-que-os-entereis" target="_blank">http://www.torremozas.com/Glorierias-Para-que-os-entereis</a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>y de Fuertes, 2001a: la edición que nos ocupa.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[596a125a-c83a-46cd-a751-0ee818ab0cb7]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Olga Elwes Aguilar]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4c815a4b-3d7c-4b43-ae18-b2dcf3b8746d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="38046" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4c815a4b-3d7c-4b43-ae18-b2dcf3b8746d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="38046" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Glorierías]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4c815a4b-3d7c-4b43-ae18-b2dcf3b8746d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gloria Fuertes se hace mayor a los 100 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gloria-fuertes-mayor-100-anos_1_1140005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a6922b20-758c-4fc2-962c-85aab05c7036_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gloria Fuertes se hace mayor a los 100 años"></p><p>“A algunos poetas los pasa lo mismo que a los niños de dos años: son muy buenos, pero no se les entiende nada”, escribe <strong>Gloria Fuertes</strong> (1917-1998) en uno de los textos incluidos en una obra monumental recién publicada para celebrar su centenario, <a href="http://www.blackiebooks.org/catalogo/el-libro-de-gloria-fuertes/" target="_blank">El libro de Gloria Fuertes</a>, que es justo lo que dice su subtítulo, una antología de poemas y un repaso de su vida hecho sin ahorrar esfuerzos y con el trabajo respetuoso y magnífico de <strong>Jorge de Cascante</strong>, que ha reunido en este volumen poemas de la creadora madrileña, fotos de todas sus épocas, esbozos biográficos, una colección de anécdotas que en la mayoría de los casos no tienen precio y hasta un cómic de Carmen Segovia. Para quien quiera entrar por una puerta grande en el mundo de la autora de <em>Ni tiro, ni veneno, ni navaja</em>, esta es la llave. Otros dos títulos que también salen al mercado para conmemorar la onomástica de esta famosa desconocida, <a href="http://www.nordicalibros.com/geografia-humana-y-otros-poemas" target="_blank">Geografía humana y otros poemas</a>, editado por Nórdica, y <a href="http://www.megustaleer.com/libro/me-crece-la-barba/ES0151691" target="_blank">Me crece la barba</a>, que sale en el sello Reservoir Books, coinciden en la tarea de recuperar la cara más olvidada de esta mujer que, en cierto sentido, fue devorada por su personaje televisivo y se quedó escondida en una de sus vertientes más llamativas, la de heroína de los niños, divulgadora de ripios que acostumbraran sus pequeños oídos a los ritmos de la poesía.</p><p>  </p><p>Confieso que yo no tuve gran interés en ella hasta que una tarde, en Barcelona, el maestro <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> me hizo ver lo equivocado que estaba. A la mañana siguiente, me fui a la librería Laye, a comprar la selección de los poemas de Gloria Fuertes que él mismo había preparado en 1964 para la colección Colliure, <em>Que estás en la tierra</em><em>. </em>No lo encontré, pero tampoco me rendí, y al día siguiente, al regresar a Madrid, compré en la Cuesta de Moyano sus <em>Obras incompletas</em>, publicadas por la editorial Cátedra, con una dedicatoria manuscrita suya: “A <strong>Mauca</strong>, mi vida en verso, para que se entretenga. Besitos. Gloria Fuertes, 76”. No sé por qué se desharía de ese tomo la persona a la que se lo firmó, pero ella o quienes lo hiciesen cometieron un error: leí sin detenerme su producción para adultos, por llamarla de algún modo, y encontré auténticas joyas en esos libros a los que, ya de entrada, ella sabía poner nombres extraordinarios: <em>Aconsejo beber hilo, Poeta de guardia, Todo asusta</em>, el citado <em>Ni tiro, ni veneno, ni navaja</em> o hasta la muestra de poemas aparecidos en diferentes revistas que llamó <em>Todas las noches me suicido un poco</em>. No había duda, tenía entre las manos a una escritora magnífica, original, con una voz reconocible, sin duda excesiva, pero con tal cantidad de aciertos que ya entonces me pareció muy injusto el lugar en el que se la había colocado y que con tanto arte define en el final de “Yo, en un monte de olivos”, uno de los poemas que forman parte de <em>Geografía humana</em>: “¡No puedo más!... Me levanto y dicen: / —Ahí va Gloria la vaga. / —Ahí va la loca de los versos, dicen, / la que nunca hace nada”.</p><p>Lo anterior deja ver claro que bajo aquella careta de simpatía, descaro y optimismo que vendía en los medios de comunicación, había otra persona, más triste, más sola, algo dolida por la poca atención que se le dedicaba a su obra más seria y que le añadía a esa herida la sospecha de que todo lo que ya es de por sí difícil, empeora en un mundo machista y entregado a lo superficial. Lo resume muy bien otro poema de <em>El libro de Gloria Fuertes</em>: “Parezco loca / aunque no lo estoy, / no parezco poeta / aunque lo estoy. / Parece que vengo / la verdad es que voy. / Me duele, / no estoy buena, / sólo lo soy”.</p><p>  </p><p>Su estilo merodeó en algún momento el postismo, y de hecho tuvo una relación más o menos amorosa con el gran apóstol de ese movimiento, <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong>, y de esa etapa conservó el atrevimiento, las ganas de jugar con las palabras. Pero su trabajo también tenía otras cosas, por ejemplo un fuerte contenido social, nada raro en una hija de perdedores, gente humilde, tal y como nos recuerda Jorge de Cascante: su padre era portero en La Gota de Leche, una casa de beneficencia para madres pobres, y su madre costurera y también limpiadora en el semanario <em>Lecturas</em>, que entonces era una revista cultural —de hecho, ella publicó allí sus primeros versos, dejándolos una noche sobre la mesa del director—. Al quedar huérfana, entró a trabajar en Talleres Iglesias, una fábrica de armas para la República, que fue bombardeada en la Guerra Civil; después, fue secretaria en el Ministerio de Información y Turismo, hasta que consiguió colocarse como bibliotecaria. Y su obra, lógicamente, reflejó aquel mundo donde a los que no tenían casi nada, tampoco les quedaba más alternativa que denunciarlo. “¡Hago versos, señores!”, que podemos encontrar en <em>Me crece la barba</em>: “Hago versos, señores, hago versos, / pero no me gusta que me llamen poetisa, / me gusta el vino como a los albañiles / y tengo una asistenta que habla sola. / Este mundo resulta divertido, / pasan cosas, señores, que no expongo, / se dan casos, aunque nunca se dan casas / a los pobres (…) / Sigue habiendo solteras con su perro, / sigue habiendo casados con querida, / a los déspotas duros nadie les dice nada, / y leemos que hay muertos y pasamos la hoja, / y nos pisan el cuello y nadie se levanta, / y nos odia la gente y decimos: ¡la vida! / Esto pasa, señores, y yo debo decirlo”.</p><p>  </p><p><em>El libro de Gloria Fuertes</em> recoge muchos episodios que hablan de uno de sus rasgos más recordados, su sentido del humor, por ejemplo cuando en una entrevista le preguntaron cómo pudo superar la muerte de su gran amor, la profesora norteamericana <strong>Phyllis Turnbull</strong>, que fue su pareja durante décadas: “Fui al Metro a matarme, pero al sacar el billete ligué, y en lugar de tirarme al tren, me tiré a la taquillera”. Pero eso era de cara a la galería, en sus adentros, los que se dejan entrever en su poesía de aquella época, la que forma su libro <em>Sola en la sala</em>, el dolor y el abandono se hacen patentes: “Me pasé nueve meses / con la lágrima puesta y subí al cielo. / Improvisé unos versos / expresivos, brillantes / —como siempre fueron los ojos de los niños—. / Como siempre, desperté. / Volví en ti”. O este otro, en forma de aforismo: “Se bebe para olvidar una cosa / y se olvida todo menos esa cosa”. O un tercero en el que merodea ese mismo asunto, el del impulso destructivo: “¿Cómo creéis que estoy? / Desolada sin sol / en tinieblas con cierta claridad / arañada sin arañas / muy madura para no sé qué. / He ahí el dilema: ¿Seguir? ¿No seguir?”. Aunque quizá el que mejor describa su estado depresivo sea “Interior con mariposa muerta”, presente tanto en <em>El libro de Gloria Fuertes </em>como en <em>Me crece la barba</em>: “Interior con mariposa muerta en el sofá. / Oxidadas tengo las bisagras de mis ojos / de tanto llanto llano; / se me van empequeñeciendo estas niñas / que ayer me miraban alegres / desde el fondo del espejo; / desde el fondo de la botella / me miran taciturnas / las pasadas horas felices. / ¡No me basta el pasado! / ¡No quiero que se pase! / Y el pasado me pisa y me posa / y al final me posee, como una amante religiosa. / También había un ángel inocente / saltando a la comba con una culebra. / Todo esto acabo de verlo / en el fondo del fondo / de la botella”.</p><p>Estos tres libros de la interesantísima poeta que fue Gloria Fuertes demuestran de sobra que se equivocó Mauca, fuese quien fuese, o se equivocaron sus herederos, al librarse de su ejemplar de <em>Obras incompletas</em>, mientras que dio en el clavo Jaime Gil de Biedma al incitarme a que la leyese. Tiene calidad, tiene emoción, tiene cosas que decir. Que algunos no quisieran escucharla fue un error. Que casi todos la diesen de lado en los últimos momentos, por desgracia, es ley de vida. Ya lo dijo ella en otro de los poemas que se recuperan en <em>Geografía humana</em>: “Era una mujer fuerte y dulce. / Llegó a ser famosa, / tenía muchos amigos / pero siempre estaba sola. / (¡Anda, si era yo!)”.</p><p>  </p><p><em>*Benjamín Prado es escritor. Su último libro, </em><strong>Benjamín Prado</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/libros-hiperion/m%C3%A1s-que-palabras-detail" target="_blank">Más que palabras</a><em> (Hiperión, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[375b649e-e383-4185-aae7-e2ef45fdd5f2]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a6922b20-758c-4fc2-962c-85aab05c7036_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="198911" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a6922b20-758c-4fc2-962c-85aab05c7036_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="198911" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gloria Fuertes se hace mayor a los 100 años]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a6922b20-758c-4fc2-962c-85aab05c7036_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 62]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
