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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 64]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-64/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 64]]></description>
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      <title><![CDATA[Defensa de un paisaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/defensa-paisaje_1_1203102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8801ef80-24a8-4d42-a194-626d7d769b31_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defensa de un paisaje"></p><p>  </p><p> <strong>Defensa de un paisaje</strong></p><p>Las formas y las luces de los atardeceres,</p><p>el silencio y las calles que velan lo escondido,</p><p>las esquinas proclives al paso solitario,</p><p>el sueño que esgrimimos como razón de ser</p><p>-los sueños que moldean cambiantes espejismos-,</p><p>la decepción anónima,</p><p>la rosa que lacera</p><p>y la gota de sangre;</p><p>la inercia de mirar el vuelo de los pájaros,</p><p>los hechos trasmutados en memoria,</p><p>las manos que no piden nada a cambio</p><p>y nunca llegan tarde.</p><p>Aquello que perdura cuando cierro los ojos:</p><p>la casa, el pan y el verso que me busca.</p><p>El tiempo que repuebla la ceniza.</p><p>El pacto de vivir.</p><p>  <em>Inédito.</em></p><p><em>*José Luis Morante es poeta y crítico literario. El poema “Defensa de un paisaje”  pertenece al libro </em><strong>José Luis Morante</strong>Pulsaciones<em>, de próxima aparición en Takara Editorial  con prólogo de Rosario Troncoso.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Defensa de un paisaje]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cicatrices]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cicatrices_1_1140631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cicatrices"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.___________________________________</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> es una experiencia literaria que comenzó su andadura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros, pues en ellos se encuentran los grandes sueños que alentaron los seres humanos durante siglos. Retornar a los clásicos, fomentar la lectura y el arte de escribir, son las finalidades de El Libro durmiente (ELD). Nos definimos como una entidad creada sin ánimo de lucro, que se gestiona con recursos propios y no mantiene adscripción política, ideológica ni religiosa. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. ELD se compone por personas interesadas en aprender, con independencia de su formación académica, edad o condición social.</p><p>La actividad cultural de los primeros años se desarrolló adoptando la forma de un Club de Lectura que sigue funcionando en la actualidad y se convoca para debatir acerca de la estructura y contenido de los libros seleccionados. Entre las acciones que realizamos, cabe destacar las encaminadas al fomento de la lectura entre los más jóvenes, ya que ésta constituye uno de los ejes principales de El libro durmiente. Desde el año 2012, se completaron las actividades con la inclusión de los Talleres de Escritura creativa, destinados tanto al aprendizaje de las técnicas básicas que se requieren para escribir correctamente, como a la enseñanza de los recursos que utilizan los escritores en la creación literaria de relatos, novelas, cuentos, ensayos, poesía, artículos, etcétera.</p><p>Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura han dado lugar a la creación de un verdadero Foro Literario, en donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura. De este modo, el Libro durmiente contribuye a fomentar la lectura y el amor por los libros, desvelando los tesoros que estos encierran, a la par que promueve el aprendizaje de una herramienta imprescindible para trasmitir ideas: el dominio del lenguaje y el arte de escribir.</p><p>  <strong>Los buenos amigosUse LahozDestinoBarcelona2016</strong></p><p>Dos pobres diablos, <em>carne de cañón</em>, Sixto y Vicente forjan una amistad que les convierte en hermanos de por vida entre las paredes de un orfanato de Barcelona. El lector sabe que un día u otro se encontrarán después de que agarren la vida por diferentes caminos. Guardan en corazón y alma su drama de infancia aunque no quieran. Cuando se conviertan en adultos nos mostrarán cómo estaban de curadas o no, sus cicatrices. Porque en “Los buenos amigos” hay mucha tristeza y ternura, pero también violencia soterrada: la <em>sangre </em>no se ve pero se presiente con la expresión constante del dolor.</p><p>Me estreno con <strong>Use Lahoz</strong> a través de una historia de vida, que recorre medio siglo –desde finales de los años cincuenta– por los distintos escenarios que pisa la pareja protagonista. Sixto abandona el orfanato para trabajar en el hotel Ritz de Barcelona y Vicente se fuga de la casa común de su infancia por un motivo que el lector tendrá que descubrir. Para entonces, el <em>crack </em>entre los protagonistas ya es un hecho: se preparan para crear su propio mundo como pueden.</p><p>En ese camino tendremos distintos escenarios –rurales y urbanos– gracias a los dos jóvenes y sus respectivos entornos. Y con ellos, la descripción de la pericia o las fórmulas de cada uno para salir adelante con más y menos aciertos, con más y menos picardías, con más y menos maldad. La novela muestra la evolución psicológica de Sixto y Vicente (el afortunado y menos afortunado, esa parece su definición más simple), pero sobre todo la moral. Los errores más criticados son a veces los que más se practican por parte de quienes los denuncian.</p><p>No es que tengamos que <em>elegir</em> entre uno y otro, pero es cierto que el lector se irá formando una opinión sobre sus maneras y fórmulas para enfrentarse a todo y con ella, serán inevitables las críticas destinadas a los protagonistas.</p><p>En mi humilde opinión, aunque las marcas de la infancia no son balde –menos cuando estos dos chicos no conocieron ni por asomo los algodones–, la evolución de Sixto y Vicente toma derroteros nada esperanzadores sobre la condición humana. Era difícil que salieran ilesos de su pasado. Es cierto y aún así, supongo que es ingenuidad o esperanza, me habría gustado que sus comportamientos no cayesen hacia el lado más impresentable.</p><p>Sus miserias saldrán a la luz de manera evidente cuando se produzca el reencuentro. No quiero avanzar más porque se corre el riesgo de desvelar demasiado sobre los derroteros por los que discurrirá la trama, pero genera cierta angustia esejuego del gato y ratón entre ambos. Intuimos que remontar la situación, hacer de esa nueva oportunidad que les da la vida, algo positivo, resolver todo lo que no se dijeron, se hace cada vez más cuesta arriba. Como lectora esperaba la convulsión con ganas y sí, el final es impactante. La expectación generada concluye al nivel que deseaba. Sin duda, lo que más me ha gustado de la novela.</p><p>No obstante, hasta que se produce el cierre de la historia, son muchos los tramos que no me han convencido. Especialmente el dedicado a Lucía, la compañera de Vicente, que de tanto traspiés e indecisión hace de su personaje, una figura poco creíble. El arrojo –cada uno a su manera– lo deja el autor para los varones de la trama que con sus venturas y desventuras, por separado y en común, mostrarán al lector otras temáticas interesantes de la novela: la evolución de un contexto histórico en España, con el amargor de la inmigración interior en el país, el progreso que contribuye a marcar de manera contundente las diferencias entre clases sociales, el despertar y nuevas miras con las que España se dirige e interna en la transición.</p><p>En lo que se refiere a la escritura, presenta un estilo sencillo, sin artificios, aunque existe cierta irregularidad en la fuerza que transmiten algunos tramos. A veces, lo que nos cuenta y como lo cuenta decae en intensidad narrativa, pero de pronto, el escritor muestra un pico que mejora el contenido que hace renacer el interés que despierta en el lector. La historia sufre una serie de vaivenes internos, como si en momentos puntuales el autor mostrara cierto cansancio.</p><p>Estos <em>buenos</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>amigos nos dejan un color gris en la retina y un sabor desagradable por la tristeza que desprende la historia. Transmite un mensaje que se corresponde con la realidad, pero que no deja de ser desilusionante: la fragilidad de la amistad es un hecho si no se mima y cuida como merece. Siempre corremos el riesgo de que caigan las firmes columnas en las que asentamos sentimientos con todo nuestro corazón.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel (El libro durmiente)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Extrañas aventuras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/extranas-aventuras_1_1140622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab34e505-470b-43a2-9080-52dc267e5fa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Extrañas aventuras"></p><p><strong>Marta Velasco</strong>, responsable de la Librería Antonio Machado de Madrid, recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>La maldición gitana Harry CrewsTraducción de Javier LuciniDirty WorksBarcelona2017</strong><em>La maldición gitana </em></p><p>  </p><p>Marvin Molar nació con piernas de renacuajo (no miden más de 8 cm). Sus brazos de elefante lo compensan: 56 cm de diámetro y tan fuertes que es capaz de mantenerse en equilibrio sobre la punta de un dedo. También es sordo; y mudo. Pero lo peor de todo es que sobre él pesa la maldición gitana: "¡Que encuentres un coño a tu medida!". Y el coño que encuentra es el coño de Hester, que en principio es una chica normal. Ella insiste en mudarse al Fireman’s Gym de Al Molarski donde Marvin lleva viviendo desde que le abandonaron siendo un bebé. Marvin se resiste. Al Molarski también. Los dos boxeadores sonados que viven y entrenan en el gimnasio se asustan ante la idea de una nueva inquilina. Pero lo que Hester desea, Hester lo consigue, y así queda listo el escenario para la catástrofe.</p><p>  <strong>Thoreau. Biografía de un pensador salvajeRobert RichardsonTraducción de Esther Cruz Santaella</strong><em>Thoreau. Biografía de un pensador salvaje</em></p><p><strong>Errata NaturaeMadrid2017</strong></p><p>  </p><p>Se cumplen doscientos años del nacimiento de Henry David Thoreau, un autor que, sin embargo, está más vivo que nunca. Seguramente porque sus escritos se entrelazan a la perfección con muchos de nuestros intereses e inquietudes actuales: el desafío ecológico global, la lucha contra el consumismo injustificado, la legitimidad de la insubordinación ante gobiernos o leyes injustas o la búsqueda de una vida más sencilla y autónoma. Sin embargo, una vez dijo Thoreau: «Mi vida es el poema que me hubiera gustado escribir». Nada más cierto, pues más allá de sus textos, que no dejamos de leer, no cabe duda de que su propia vida fascina por igual a sus incontables lectores.</p><p>  <strong>En busca de New BabylonDominique ScaliTraducción de Luisa LucuixHoja de LataGijón2017</strong><em>En busca de New Babylon</em></p><p>  </p><p>Kansas City, 1877. Tras su fugaz encuentro con el apuesto Teasdale, la joven Pearl Guthrie decide poner rumbo al Oeste en busca del marido ideal. Perryville, 1878. Bill el Ruso, criminal que sueña con fundar New Babylon, una ciudad utópica para todos los olvidados del sueño americano, se topa con Pearl Guthrie, para desgracia de esta. En el territorio sin fin del Oeste norteamericano, estas cuatro almas se cruzan incesantemente, cargadas de pistolas, pepitas de oro, ligueros y un montón de sueños viejos. Un palpitante <em>western</em> de prosa magistral. Una verdadera sorpresa literaria.</p><p>  <strong>Esta canción me recuerda a míJoe PerniceTraducción de Damià AlouBlakie BooksBarcelona2017</strong><em>Esta canción me recuerda a mí</em></p><p>  </p><p><strong>Joe Pernice</strong> nació en Massachusetts un 17 de julio de 1967, y fue escritor de canciones antes que de novelas. Formó la banda Scud Mountain Boys en 1991 y, seis años después, su grupo más emblemático: Pernice Brothers. Un joven músico sin futuro se refugia en una casa familiar en la costa de Cape Cod: quiere superar su fugaz matrimonio y las decepciones de una vida adulta que él aún no entiende. Aquí fuma en el cobertizo, bebe cerveza con personajes delirantes y cuida de su sobrino de dos años pese a que apenas sabe cuidar de sí mismo. Lo paralizan sus miedos pero se mueve gracias a la bicicleta que usaba de pequeño, una bicicleta de color rosa y demasiado enana para un adulto. Entonces, en su peor momento, se cruzará con una misteriosa mujer con muchas más cicatrices que él.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Antonio Machado en la calle Fernando VI, 17, de Madrid, o en su página web.</em><strong>librería Antonio Machado</strong><a href="http://www.machadolibros.com/" target="_blank"> su página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Velasco (Librería Antonio Machado)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Extrañas aventuras]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Del marjal al escenario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/marjal-escenario_1_1140617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ff6d2f3-7e74-42db-ae34-125962db6806_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del marjal al escenario"></p><p><em>La compañía K Producciones se propuso en 2014 una quijotada: hacer una versión teatral de </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/04/19/el_marjal_rafael_chirbes_sube_escenario_63951_1026.html" target="_blank">una versión teatral de </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/04/19/el_marjal_rafael_chirbes_sube_escenario_63951_1026.html" target="_blank">En la orilla</a><em>, la novela de Rafael Chirbes que muestra los cadáveres morales y materiales dejados por la crisis. Lo consiguieron tras nueve versiones, y </em><strong>Rafael Chirbes</strong>En la orilla<em> puede verse en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional hasta el 21 de mayo. ¿Cómo llevar sus más de 400 páginas de prosa torrencial al lenguaje escénico? Ángel Solo, que firma la adaptación junto al también director Adolfo Fernández, lo explica. </em><a href="http://cdn.mcu.es/espectaculo/en-la-orilla/" target="_blank">puede verse en el Teatro Valle-Inclán</a><strong>Ángel Solo</strong><strong> Adolfo Fernández,</strong></p><p>___________________________</p><p>La propuesta parte de Adolfo Fernández, que me invita a participar en el proyecto. Él ya sabía que quería dirigirla y sabía por dónde quería que fuera el recorrido de la pieza. Sabía, por ejemplo, que el marjal tenía que ser un personaje más, o que algunos personajes tenían que estar y que otros que se iban a perder... Básicamente, primero escribimos. No sé si son ocho, diez o quince versiones o semiversiones. Tuvimos mucho material, mucho, a lo mejor para hacer seis horas de representación. Pero claro, teníamos que adecuarlo a la duración normal de una representación, a unos 100 minutos. Iba a ser imposible en cualquier caso aproximarnos a lo vasto de la novela de Chirbes. Nos bastaba con dar una idea, un <em>flash</em>, un retazo de lo que es la novela.</p><p>Teníamos clara la idea de que tenía que haber esos dos mundos que ya están en <em>En la orilla</em>: el mundo del presente y el mundo del pasado. Adolfo me propuso la idea de que el presente fuera la línea central, y que ese presente transcurriera en un solo día, desde que se preparan de madrugada para irse a cazar hasta que acaban de nuevo de madrugada. Esos momentos del pasado suceden intercalándose en el mundo real, como <em>flashbacks</em>. La novela está construida a partir del monólogo interior de varios personajes, pero nosotros no podíamos cambiar el punto de vista tan fácilmente, así que optamos por que esos recuerdos partieran fundamentalmente de Esteban [el protagonista, un carpintero cuyo taller creció con la burbuja inmobiliaria y se desinfló con la crisis].</p><p>No teníamos un límite de personajes por cuestiones de producción, pero tampoco queríamos ser demasiado ambiciosos, que bastante ambición era abordar el proyecto. Sabíamos que no íbamos a tener un elenco de 16 actores. Teníamos claro también que sin Esteban no hay novela ni obra de teatro, que Francisco tiene que estar, que Leonor tiene que aparecer, que tiene que aparecer también el padre de Esteban... Al sucederse las versiones, otros personajes fueron desapareciendo. Al principio, por ejemplo, estaban los cuatro amigos: Esteban, Francisco, Justino y Bernal, con esas comidas y esas sobremesas. Llegamos incluso a perfilarlos, tomando copas y jugando a las cartas, que es algo muy nuestro. Se quedaron en tres finalmente por una cuestión de concreción: si eran cuatro, dramatúrgicamente se generaba demasiado ruido sobre escena. Al final, Justino y Bernal acabaron siendo uno. Tiene frases de ambos, pero ​​​el personaje de Justino ha ido ganando peso porque es tan brutal, es una bofetada tan bárbara en la cara su manera de actuar, su falta de escrúpulos y su conciencia súper tranquila...</p><p>  </p><p> Adolfo Fernández y César Sarachu en En la orilla, una adaptación de Rafael Chirbes.</p><p>Otro caso es el personaje de Leonor. Escribimos varias escenas en las que ella estaba presente: no solamente se hablaba de ella, sino que estaba físicamente allí. Pero llegamos luego a la conclusión de que Leonor, en la novela era un fantasma, un recuerdo tanto de Esteban como de Francisco, algo que ya solo existía en sus cabezas. Por eso figuramos el personaje de Leonor como esa aparición, y jugamos con ella: mantiene diálogos con Esteban, o Esteban con ella, que pueden interpretarse como que ella está allí o como que realmente no. </p><p>Lo más difícil fue que en la novela no hay prácticamente diálogo. Los personajes apenas conversan entre sí, o lo hacen según los recuerdos de alguno de ellos. Aquí fuimos más osados (o quizás menos) e intentamos, en la medida de lo posible, sacar los diálogos de lo que había escrito Chirbes. Claro, que inevitablemente hay parte que tienes que hilar y completar para unir esos conceptos; eso sí que tuvimos que escribirlo nosotros. La ventaja es que en el teatro no está solo lo que lees, en este caso lo que escuchas, sino también lo que ves. Jugamos con eso. </p><p>Todo tenía que estar impregnado de esa zona pantanosa, fangosa, oscura que tiene el marco del marjal en la novela de Chirbes. Lo hemos hecho sobre todo a través de la escenografía, la música, los audiovisuales... En contrapartida, todos los personajes hablan muy bien. Eso era también una dificultad: utilizan un lenguaje rico y barroco, y la manera de expresarse no se corresponde necesariamente con el perfil de los personajes. En teatro, eso chirría más, y hemos tenido en algún caso que rebajar ese mundo literario que tenía Chirbes. Y luego también ha tocado defenderlo actoralmente para que un carpintero tenga una frase más elevada de lo que le correspondería y que parezca orgánico.</p><p>Chirbes no participó en el proceso de ninguna manera, aunque Adolfo y él sí se encontraron en unos talleres literarios y él sabía que había algo en marcha. Hemos visto la serie [adaptación de <em>Crematorio</em> para Canal Plus estrenada en 2011], pero no tuvimos contacto con sus guionistas. Aunque <em>En la orilla</em> sea la continuación de <em>Crematorio</em>, nosotros tenemos personajes más terrenales que los que manejaba la serie de televisión. Son pueblo llano, y ahí está la profundidad de esa visión: Chirbes se pregunta cuántos están manchados en el estallido de esa burbuja, y que no es cosa solo de cuatro personas con mucho poder, sino que también afecta a un carpintero de un pequeño taller, y a muchos de sus empleados, que se han dejado llevar por la burbuja.</p><p>Ha pasado el tiempo desde que Chirbes escribió esto, se han estabilizado o estancado algunas cosas, pero todavía estamos dentro de ese <em>tsunami</em> de la crisis que se ha llevado a muchos por delante. Y todavía estamos muchos pendientes del primer bote que pasa o de un chaleco salvavidas que nos sirva. Mi percepción personal es que alguna gente con poder económico y alguna clase política nos está vendiendo que hemos salido de la crisis . Y yo no veo que haya cambiado mucho lo que cuenta Chirbes. Al contrario: vamos conociendo más esos casos de corrupción, y cómo no solo no han parado sino que manchan a otros partidos, a hombres de negocios muy importantes, y cómo tenían extensiones que no hemos visto hasta ahora. Ese conocimiento de cómo se ha fabricado la burbuja y cómo se han gestionado algunas transacciones de la cosa pública tiene una vigencia impresionante. Es triste, ¿no?  </p><p>Declaraciones recogidas por <strong>Clara Morales</strong>. </p><p><em>*</em>En la orilla<em> son Rafael Chirbes (texto), Adolfo Fernández y Ángel Solo (adaptación), Adolfo Fernández (dirección), Emilio Valenzuela (escenografía), Pedro Yagüe (iluminación), Miguel Gil Ruiz (música y sonido), Blanca Añón (vestuario), Sergio Parra (fotos) y Sonia Almarcha, Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, Adolfo Fernández, César Sarachu, Ángel Solo y Yoima Valdés (interpretación). Es una coproducción del Centro Dramático Nacional, K Producciones, La Pavana/Diputación de Valencia y Emilia Yagüe Producciones. </em><strong>Emilio Valenzuela</strong><strong>Pedro Yagüe</strong><strong>Miguel Gil Ruiz </strong><strong>Blanca Añón</strong><strong>Sergio Parra </strong><strong>Sonia Almarcha</strong><strong>Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, </strong><strong>César Sarachu,</strong><strong>Yoima Valdés</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Solo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Teatro,Artes escénicas,Narrativa,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El metro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/metro_1_1140614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eef96b96-b0ed-4d3a-95d3-97d4968cef36_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El metro"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta segunda entrega recoge un texto de la escritora argentina Susana Szwarc.___________________________________Estoy, ahora, en el metro de Tirso de Molina en Madrid. Escucho una música, la reconozco, busco el vagón. Sí, el niño rumano es el mismo, un poco más alto, y la mujer que lo acompaña –su mamá, supongo— está más arrugada, las canas más grises. Comienzo a seguirlo, por momentos me confundo con la madre. El niño rumano no descansa nunca; temo perderlo porque tuve que saltar del vagón en una estación para ir al sanitario pero veo que la otra mujer también. El niño rumano, que no deja de tocar, nos espera en la puerta de un nuevo metro y seguimos así, digamos, bajo la tierra. Pasan los días, a veces algunos pasajeros nos dan galletas, chicles, caramelos y hasta gaseosas. No nos detenemos nunca, sólo a veces, para tirarnos sobre un asiento completo cada uno. No somos sólo los tres, hay otros. Con el movimiento del vagón nos despertamos.Miro por la ventana, siempre andenes, paredes, carteles. De pronto reconozco una tonada, luego otra, hasta algunas facciones reconozco. Pregunto en qué estación estoy, Callao me dicen.Subamos un momento, les digo al niño rumano y a su madre con una voz que me sorprende, cansadísima y autoritaria a la vez. En la calle parezco ser la única sorprendida: estamos en una esquina de Buenos Aires. Entramos al primer bar.Miro con admiración al niño rumano que, ahora sí, deja su acordeón sobre una silla y pide un café con leche. Ha dado, otra vez, su vuelta al mundo.*La escritora argentina Susana Szwarc cultiva la narrativa y la poesía, con las que ha  recibido diversos premios, como el de la Unesco o el Premio Internacional Julio Cortázar. Entre sus libros de poesía destacan Bailen las estepas (1999) y El ojo de Celan (2014); pero tiene en su haber también las novelas cortas Trenzas (1991) y La muertita o la novela que (2016). Este microrrelato inédito forma parte de su libro, de próxima aparición, Distancia cero.#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong> Gemma Pellicer </strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Susana Szwarc.</strong></p><p><em>*La escritora argentina Susana Szwarc cultiva la narrativa y la poesía, con las que ha  recibido diversos premios, como el de la Unesco o el Premio Internacional Julio Cortázar. Entre sus libros de poesía destacan </em><strong>Susana Szwarc</strong><em> (1999) y </em><em> (2014); pero tiene en su haber también las novelas cortas </em><em> (1991) y </em><em> (2016). Este microrrelato inédito forma parte de su libro, de próxima aparición, </em><em>.</em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Susana Szwarc]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El metro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imagen que transfunde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/imagen-transfunde_1_1140603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0bf1aabd-100e-414e-9117-9a51c763862d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imagen que transfunde"></p><p><strong>Sangre secaJosep M. RodríguezHiperiónMadrid2017</strong><em>Sangre seca</em></p><p>  </p><p>“Cae la nieve/ sobre la realidad, modificándola./ Exactamente igual que mi mirada./No dejo de ser yo/en todo lo que veo.” Cada poeta es una forma de mirar y la mirada de<strong> Josep M. Rodríguez</strong> (Súria, Barcelona, 1976)  nos alcanza a través de poderosísimas imágenes que muestran no solamente aquello que vemos, sino que trascienden la realidad con una fuerza que nos invita a adentrarnos en las profundidades, a desvelar lo inefable, como solo pueden hacer los grandes poetas.</p><p><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/sangre-seca-rodr%C3%ADguez-detail" target="_blank">Sangre seca</a>, que ha recibido el XXIV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba Ricardo Molina y que publica la editorial Hiperión, es un libro en el que, como dice <strong>Joan Margarit</strong> en su epílogo, “la escritura avanza con la misma intensidad en dos ámbitos a la vez, el de la historia personal y el de la colectiva”. Y ahí reside la importancia de la poesía, en esa capacidad de construir la identidad e indagar en una subjetividad que enlace la mirada personal a la mirada global, que nos interpele a modular nuestra intimidad en relación a los valores comunes. Es <em>Sangre seca</em> un poemario intimista, que va de lo individual a lo global, creciendo hacia dentro.</p><p>Josep M. Rodríguez es autor de los poemarios <em>Las deudas del viajero</em> (1998), <em>Frío</em> (2002), <em>La caja negra </em>(<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_de_Poes%C3%ADa_Emilio_Prados" target="_blank">Premio de Poesía Emilio Prados</a>, 2004), <em>Raíz</em> (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_de_Poes%C3%ADa_Emilio_Alarcos" target="_blank">Premio de Poesía Emilio Alarcos</a>, 2008) y <em>Arquitectura yo</em> (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_de_Poes%C3%ADa_Generaci%C3%B3n_del_27" target="_blank">Premio de Poesía Generación del 27</a>, 2012), recogidos todos ellos en la antología <em>Ecosistema</em> (2015). La construcción del yo, la conciencia de lo fugitivo, el desasosiego ante el paso del tiempo —“Me reconozco en lo que está incompleto./ ¿Qué más puedo decir?/ Mi corazón es una cuenta atrás”—, la oscilación entre lo inmediato y lo eterno, la poesía como refugio, como misterio —“Han pasado los años/ y aquel ruido/me ha despertado muchas otras noches: sé que es el mismo tren/ y sé que está más cerca”—,  la fragilidad del amor —“cuando a prendí a nadar/te llevaste la orilla”—, o la contundencia de la muerte —“los recuerdos son olas/siempre vuelven./Y la muerte deshace./ Antes y después”— son algunos de los temas capitales en su poesía y nos golpean de nuevo en los poemas que componen <em>Sangre seca. </em></p><p>Hay un tema, sin embargo, que recorre los versos de este poemario, interpelándonos: la memoria. “Frente al paisaje inmóvil/la memoria es la chica que da vueltas/ esperando al que lanza los cuchillos.” Y la necesidad de ser conscientes de que la memoria es y nos hace vulnerables: “Y el cielo se parece a la memoria,/sabes que sigue ahí a cada instante/aunque su ir/ y venir/ nunca te pertenezca”. Una memoria que devuelve al yo poético a la infancia en maravillosas composiciones como “Material infancia”, “Historia natural” que se nos ofrece en versión bilingüe, “Cada vez más”  o “Preparativos para el viaje”</p><p>Los poemas de <em>Sangre seca</em> son de una gran altura poética, nos hallamos ante la búsqueda, y el logro, de un elevado nivel de precisión, ante una expresión poética muy consciente, concisa, condensada, centrada en el verso corto, en la definición, a veces casi en el aforismo. Josep M. Rodríguez es un poeta con una voz propia muy potente, que de manera magistral encuentra el equilibrio en la fragmentación, en la combinación de los diferentes planos de la realidad, en el extrañamiento, en los espacios en blanco, en las elipsis, en silencios que se cargan de significación en unos versos que nos sorprenden, que nos sugieren, que nos adentran en un mundo heterogéneo e incierto y nos convocan —a nosotros, lectores, artífices también del acto poético— a interpretar, a buscarnos en ese espacio que nos brinda el poema.</p><p><em>Sangre seca</em> respeta al lector y respeta a la tradición. Es un poemario culturalista en el que encontramos citas literales o referencias explícitas a autores que han formado parte de la educación sentimental o de la mirada del poeta: <strong>Lorca</strong>, <strong>Eliot</strong>, <strong>Rimbaud</strong>, <strong>Baudelaire</strong>, <strong>Silvia Plath</strong>... Pero como muy dice Margarit<strong> “</strong>colocadas en una relación muy profunda con los propios versos, y que acaba formando parte del poema final”. El autor de <em>Sangre seca</em> parte de una tradición literaria pero sabe que tiene la responsabilidad de construir la tradición en su propia obra a través de su talento poético. Y lo hace.</p><p>Josep M. Rodríguez es sin duda uno de los poetas actuales más sobresalientes y su nuevo libro así lo constata. Para el poeta catalán la poesía es ”sangre seca” y para nosotros, sus lectores, su poesía es también sangre, una sangre que nos transfunde y nos vivifica, que nos ayuda a entender el mundo y a entendernos, a construirlo y a construirnos.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura. </em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Para comprender la economía de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/comprender-economia-hoy_1_1140590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7096eb4a-9ed6-40e6-8a57-536d4b65a48c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para comprender la economía de hoy"></p><p><strong>Cuatro vientos en contra. El porvenir económico de EspañaJordi PalafoxPasado&PresenteBarcelona2016</strong><em>Cuatro vientos en contra. El porvenir económico de España</em></p><p>Durante los años en los que una mayoría de españoles adoraba al becerro de oro, los bancos concedían créditos e hipotecas a mansalva y el ladrillo se adueñaba de las costas y de las grandes ciudades, pocas voces de economistas se alzaron contra aquel disparate que conducía a España irremediablemente hacia el precipicio de una crisis que estalló en 2008 y cuyos efectos perdurarán largo tiempo. En aquella época de principios de este siglo casi nadie pensaba en el medio y el largo plazo mientras la burbuja inmobiliaria no paraba de crecer y crecer amenazando con explotar y convertir en añicos la economía española. Como así ocurrió. Uno de los escasos predicadores en aquel desierto de autocomplacencia y capitalismo salvaje fue <strong>Jordi Palafox</strong>, catedrático de Historia Económica en la Universidad de Valencia e intelectual que siempre mantuvo un compromiso cívico desde una posición de izquierdas.</p><p>Desgraciadamente, la terrible crisis que todavía padecemos y que ha superado los devastadores efectos de la gran depresión de los años veinte del siglo pasado –en especial para los trabajadores y las clases medias- acabó por dar la razón a aquellos que, como Palafox, tuvieron que aguantar calificativos como aguafiestas o insultos como antipatriotas. A modo de declaración de principios, el autor de <a href="http://pasadopresente.com/component/booklibraries/bookdetails/2017-04-10-10-38-58" target="_blank">Cuatro vientos en contra. El porvenir económico de España</a>, afirma en la introducción del libro: “En estas páginas se reivindica la historia, o si se prefiere el largo plazo, para la comprensión del presente, a pesar de la frecuente selección de ejemplos históricos en estos estudios sobre el mundo actual guiada por la pretensión exclusiva de tratar de reforzar puntos de vista previamente establecidos”.</p><p>Quizás en estas actitudes radiquen buena parte de los errores de apreciación de todos aquellos que, o bien no vieron venir la hecatombe desatada desde 2008, o bien ignoraron sus consecuencias o sencillamente se preocuparon únicamente de sus beneficios y de alimentar más sus cuentas corrientes mientras la mayoría de la sociedad sucumbía en el desempleo y la ruina. Así pues, los economistas que apelaron a la historia para interpretar el presente y apuntar las tendencias del futuro fueron habitualmente despreciados por las instituciones y en buena medida incluso ninguneados por un sector de lo que denominamos la sociedad civil.</p><p>Formado en parte en universidades estadounidenses y europeas, el valenciano Jordi Palafox aprendió un estilo literario que lo alejó de la verborrea academicista e incomprensible de muchos de sus colegas y lo acercó a ese género tan poco frecuente en España del ensayo de divulgación, riguroso a la vez que didáctico. Así se explica que <em>Cuatro vientos en contra</em> sea un libro que ofrece un magnífico diagnóstico de una economía mundial cada día más globalizada y un análisis muy certero y documentado de la claves de la crisis en España. Pero este ensayo, prologado por el maestro de historiadores <strong>Josep Fontana</strong>, va mucho más allá y apunta a trazar los posibles caminos, con sus riesgos y ventajas, que puede recorrer la economía española en los próximos años. Autor de varias obras de historia económica (entre ellas un título como<a href="http://elpais.com/diario/1997/12/04/cultura/881190002_850215.html" target="_blank"> España 1808-1996: el desafío de la modernidad</a>, junto con<strong> Juan Pablo Fusi</strong>, que ya se ha convertido en un clásico) Palafox apoya sus argumentaciones en una extensa bibliografía que, sin embargo, no resulta cargante ni erudita, sino apta para cualquier lector interesado.</p><p>Con una visión muy amplia, el autor alerta de las dificultades para España en un mundo globalizado donde los países intermedios, como el nuestro, se ven atrapados a fuego económico cruzado “entre los países más avanzados, en donde se generan las nuevas tecnologías” y las regiones más pobres, “pero con una mano de obra con preparación suficiente para producir o ensamblar a un coste inferior la mayoría de los bienes y servicios conocidos”. Al hilo de esta reflexión en un ensayo que abarca desde los Estados Unidos con tendencias proteccionistas de <strong>Donald Trump</strong> a la expansión del dragón chino, pasando por el ocaso industrial de Occidente, para recalar en la situación española, Palafox analiza a fondo esos cuatro vientos en contra para nuestro país. Dos de ellos vienen de fuera y se refieren a la competitividad de China, primera potencia mundial en el siglo XXI; y a la consolidación de un mercado global asentado en una producción muy segmentada de la mano de las compañías multinacionales. Los otros dos vientos no soplan desde el exterior, sino que se agitan dentro de nuestras fronteras. Estos aires domésticos apuntan, en opinión de Palafox, a “las insuficiencias de formación de la población activa española para enfrentarse a la nueva situación y al conjunto de unas instituciones económicas entendidas como reglas del juego que lastran la eficiencia y el aumento de los empleos de alto valor añadido”.</p><p>Ensayo ponderado, no sectario y respaldado siempre con datos y argumentaciones, el libro escrito por Jordi Palafox se convierte en una obra de referencia para comprender lo que ha pasado en la economía en esta última década de vértigo y, sobre todo, para prever dentro de lo posible las tendencias que marcarán un mundo tan cambiante y tan acelerado tras la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías. Llegados a este punto, Jordi Palafox defiende la validez de la historia económica, una disciplina en la que es uno de los mejores especialistas en España. A modo de refrendo de esta lógica necesidad de apoyarse en el pasado para comprender el presente, Palafox se permite concluir su libro con una cita de <strong>Karl Marx</strong>, “un pensador hoy en desuso a pesar de la lucidez de muchas de sus apreciaciones”, en palabras del autor de <em>Cuatro vientos en contra</em>. La cita extraída de <em>El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</em>, viene como anillo al dedo para explicar los objetivos del libro de Palafox. “Los hombres hacen su propia historia”, escribía Marx, “pero no a su libre arbitrio; no en circunstancias seleccionadas por ellos mismos, sino bajo aquellas ya existentes, dadas y transmitidas del pasado. La tradición de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.</p><p><em>*Miguel Ángel Villena es editor de </em><strong>Miguel Ángel Villena </strong>tintaLibre<em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Ensayo,Historia,Crisis económica,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aventuras fantásticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aventuras-fantasticas_1_1140588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e3b8368-cd91-4d11-8c1d-193fe4a3709a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aventuras fantásticas"></p><p><em>El gran imaginador</em>, la última novela de <strong>Juan Jacinto Muñoz Rengel</strong> (Málaga 1974)  tiene un subtítulo largo: <em>O la fabulosa historia del viajero de los cien nombres. </em>Abunda en la mezcla de historia y género fantástico de sus anteriores novelas, de la que recomiendo también <em>El asesino hipocondríaco, </em>acaso precursora, en cuanto a la mezcla de temáticas y estilo, a la actual.</p><p>¿Cómo  podría clasificar esta novela de casi 500 páginas con un escolio final que hay que leer en un espejo? Es difícil, porque tiene parte de novela histórica sin serlo, parte de novela fantástica, también novela de aventuras y de viajes en la que hay metaliteratura, parte de intriga y sobre todo muchísima documentación para poder escribirla.</p><p>  </p><p>Ambientada en los principios del Renacimiento, nos cuenta la vida y peripecias de Nikolaos Popoulos, nacido en Atenas. El protagonista, con una capacidad de imaginar más allá de lo normal, con una infancia pobre y mísera, con unos padres a los que estorbaba, acosado en la infancia por sus compañeros, se ve arrastrado a un épico viaje en el que conocerá, entre otros personajes reales o de ficción, a legendarios corsarios y a los piratas uscoques, rescatados en el libro. Mantiene amistad con <strong>Cervantes </strong>y se convierte en una especie de alter ego:  Nikolaos Popoulos quiere ser escritor. Y escribe, sobre el papel, en el monasterio de monjes donde lo raptan y lo mantienen de escriba; con la imaginación, cuando está en la cárcel y construye su mundo literario entre paredes. Escribe siempre y nunca consigue el reconocimiento. Todas sus obras se van perdiendo en el devenir de sus aventuras y viajes. O son quemadas. Es, a través de las historias fantásticas y de aventuras que nos propone el autor, un homenaje a todas las personas con afán,  que no pueden dejar de hacer lo que les gusta, que lo hacen bien y no consiguen proyección. En un escritor joven como Juan Jacinto, es también un ejercicio de humildad. Pero es, sobre todo, un homenaje a la literatura y a los grandes clásicos que nos han hecho disfrutar a lo largo de generaciones, como <em>Frankenstein</em>, <em>Drácula</em>, las novelas de aventuras y piratas o el <em>Quijote</em>.</p><p>Quizá lo que más sorprende y atrapa de esta novela es la voz del narrador, un narrador omnisciente pero tan pegado a los personajes que resultan cercanos, que nos arrastra desde el principio, en la primera parte, comenzando en Lepanto y donde nos cuenta cómo se queda manco Cervantes. Es precisamente este personaje de ficción, Popoulos, quien  le salva la vida en la batalla. El segundo momento central en el que aparece Cervantes es Argel. El protagonista se halla entonces en buena posición social y al enterarse de que nuestro escritor está prisionero, se pone en contacto con él, le hace llamar a su casa y empieza así a contarle, dentro de la tradición de la literatura oral, todo lo que había sucedido desde que lo vio en Lepanto. A base de una estructura narrativa compuesta de historias pasadas y viajes hacia adelante en el tiempo, va construyendo la azarosa vida del protagonista y su capacidad de inventar, algunas de cuyas fábulas o historias se supone que son recogidas luego por el manco.</p><p>La primera parte del libro nos cuenta su infancia. Después se adentra en el rapto de unos monjes y  la llegada al monasterio en el monte Athos, donde se dedica a fabricar falsificaciones de reliquias e incunables que luego son  vendidas para beneficio propio de su jefe monje. Posteriormente da entrada en el libro a la llamada Edad Moderna y a la caída de Constantinopla:</p><p>  </p><p>A partir de ahí la historia se desarrolla en el Medio Oriente hasta volver a centrarla en Argel, donde el protagonista se reencuentra con Cervantes. Todas las aventuras van transcurriendo hasta que, casi al final del libro, ya nos sitúa a Cervantes en Roma disfrutando de su nueva libertad. Para quienes nos gusta el <em>Quijote</em>, vemos desfilar a lo largo del libro personajes supuestamente reales que aparecen en él, siguiendo el juego al gran fabulador que fue Cervantes.</p><p>No desmenuzo más para no destripar sus entresijos. En un momento en que impera el realismo en la novela, su intención es ir a contracorriente y hacer literatura fantástica. Y dado los truños que corren en este género, da gusto encontrar una novela bien hecha con la que también se aprende. Como es un libro que tiene un poco de todo, puede ser una lectura familiar para las próximas vacaciones. Pueden leerlo los progenitores y también los hijos jóvenes lectores a los que les gusta la literatura fantástica, o sea, a casi todos. Ni siquiera las escenas más truculentas del libro les asustarán, acostumbrados como están a vampiros, <em>zombies </em>devoradores y películas gore. Lo sé por experiencia.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire </strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aventuras fantásticas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El contenido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contenido_1_1140585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/945889ac-0b9d-47ec-8058-77a4b45592de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El contenido"></p><p><em>(Inicia Ignacio Martínez de Pisón.)</em><strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong></p><p>Pasaban unos minutos de las nueve de la mañana. El empleado de la estafeta subió desde dentro la persiana y se entretuvo un instante colocando la papelera en su sitio. Cuando rodeó el mostrador para situarse en la sección de recogida de paquetes, había ya una persona esperando. Era un hombre de unos cuarenta años, con la nariz algo torcida y barba de dos días. El empleado ni siquiera le había visto entrar. El otro, sin decir nada, dejó sobre el mostrador el aviso de llegada.</p><p>—Carné de identidad, por favor —dijo el empleado.</p><p>El hombre le mostró el documento sin sacarlo de la cartera. El empleado verificó los datos e hizo con la cabeza un gesto de asentimiento. Se le quedó grabado el nombre: Eladio. Con el papel en la mano buscó entre los sobres y paquetes que se apilaban en las estanterías metálicas. Era una caja rectangular, del tamaño de un horno microondas. Pero pesaba bastante más que un horno microondas. Para llevarla al mostrador tuvo que acomodársela en los antebrazos y sostenerla contra el pecho. Soltó un silbido de admiración, pero el otro ni se inmutó. Pasó después el lector de códigos de barras y le tendió el dispositivo PDA.</p><p>—Una firma —dijo—. Con el puntero.</p><p>El hombre hizo un garabato, cogió la caja y se marchó sin despedirse. El empleado le siguió con la mirada.</p><p>Un cuarto de hora después, Antón Salillas, director de una sucursal del Banco de Santander, apuraba su café con leche ante la barra de la cafetería Las Palomas. Intercambió algún comentario intrascendente con el camarero y se despidió con un movimiento de cabeza. Cuando se disponía a salir, su mirada se detuvo en un cliente que hojeaba un periódico deportivo en una de las mesas próximas a la entrada.</p><p>—¿Eladio? —dijo Antón—. ¿Eres tú?</p><p>El otro se quitó las gafas de vista cansada y le observó con extrañeza. A sus pies tenía una caja rectangular del tamaño de un horno.</p><p>—¿Perdone?</p><p>—¿No eres Eladio? De la facultad... De Económicas...</p><p>—Se equivoca. Lo siento.</p><p>—El novio de Elena. De Elenita Ramos, que tenía un grupo que cantaba canciones en inglés... —insistió Antón con gesto incrédulo.</p><p>—Ya le he dicho que se equivoca —replicó el otro con aspereza—. No sé quién es esa Elenita. No sé de qué me habla. Me confunde con otra persona.</p><p>Antón farfulló unas disculpas y se fue. A través de la cristalera de la cafetería se veían los portales y negocios de la otra acera: una peluquería, una clínica veterinaria, una óptica, una sucursal del Banco de Santander. Si Eladio se hubiera vuelto hacia su izquierda, habría visto a Antón cruzar por el paso de cebra y entrar en la oficina bancaria. Pero nada de lo que ocurría fuera del local despertaba su curiosidad. De hecho, tampoco lo que pasaba en el interior parecía interesarle. Terminó de hojear el periódico y se quitó las gafas. Miró el reloj con propaganda de Coca-Cola que había sobre la máquina de tabaco: faltaban tres minutos para las nueve y media. Dio un trago al vaso de agua mineral y dejó unas monedas sobre el platillo de la cuenta.</p><p>Luego se agachó hacia la caja y arrancó un extremo de la cinta de embalar, lo justo para entreabrir las solapas de cartón y echar un vistazo al contenido. Comprobó con los dedos el envoltorio de burbujas de plástico y cerró otra vez la caja. Esperó hasta que el segundero del reloj de Coca-Cola marcara exactamente las nueve y media. Entonces agarró la caja con ambas manos y salió de la cafetería Las Palomas. Viéndole cruzar por el paso de cebra con la caja en brazos, no parecía tan pesada como cuando el empleado de Correos la había colocado sobre el mostrador.</p><p><em>(Continuará Sara Mesa.)*Ignacio Martínez de Pisón es escritor. Su último libro, </em><strong>Sara Mesa</strong></p><p><strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-derecho-natural/245083" target="_blank">Derecho natural</a><em> (Seix Barral, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Martínez de Pisón]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 64]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿El novelista de qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novelista_1_1140576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8cd83994-76fa-43ab-ac85-528c08986d54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿El novelista de qué?"></p><p><em>“La Transición no fue tan dulce, ni tan tranquila, ni tan admirable como se empeña en contar la versión oficial de una memoria que continúa partida en dos mitades”. Así de claro habla </em><a href="http://sintarima.com/evento/yo-no-voy-a-olvidar-porque-otros-quieran-de-alfons-cervera/" target="_blank">Yo no voy a olvidar porque otros quieran</a><em> (Montesinos, 2017), el nuevo libro de ensayos de Alfons Cervera en el que emprende “un acercamiento crítico a una memoria que ha arrinconado en el lado oscuro de la historia la dignidad de la II República y de quienes la defendieron y la siguen defendiendo a contracorriente y a contratodo”. Entre ellos estaba el novelista Rafael Chirbes, autor de </em><strong>Rafael Chirbes</strong>Crematorio <em>y </em>En la orilla,<em> sobre cuyo compromiso literario escribió Cervera en </em>El correo de Euclides<em> (Fundación Max Aub, 2016) . Publicamos ese texto, recogido ahora en el libro.</em></p><p>_________________________________</p><p><em>entonces, a la orilla </em></p><p><em>del anchuroso mundo me quedo solo y pienso </em></p><p><em>hasta que amor y fama se abisman en la nada</em></p><p>John Keats</p><p>La escritura fuerte, abrupta a ratos porque no hay daño que pueda saldarse con caricias como al lomo de un gato, se alimenta de lo que despreciamos. Al enemigo ni agua. Norma de conducta para que no nos engañen con la razón de las emociones. Las emociones muchas veces, demasiadas veces, son pura trampa. Puentes que interrumpen en vez de comunicar una parte y otra del conflicto. Porque la escritura es un conflicto. O eso o es otra cosa: hacer llorar, por ejemplo. Quien lee, también demasiadas veces, quiere eso mismo: soltar lágrimas como si se tratara de soltar lastre en vez de enfrentarte sin miedo a lo que lees. Hablo de <strong>Rafael Chirbes</strong>, de su escritura, de lo que esa escritura y su vida tenían de común. O de divergencia vivida a degüello. Él mismo lo decía de <strong>Cervantes</strong>. Con qué ganas odiaba a su Quijote. “Nunca, en anteriores ocasiones en que lo había leído, me había dado tanta sensación de desprecio del autor hacia su personaje: un narrador agrio, malhumorado con su protagonista al que considera peligroso payaso”. Lo escribe en unos fragmentos de sus <em>Diarios</em> publicados en la revista turolense <em>Turia</em>.</p><p>Pues eso. Si leemos bien (o regular, pero nunca mal) a Chirbes nos daremos cuenta de que no le gustan los personajes (casi todos los personajes) que salen en sus libros. Aunque él mismo diga que se identifica con los peores. No le hagan mucho caso, al menos en eso. Precisamente los sacaba en sus páginas para mostrárnoslos como Cervantes a Alonso Quijano: haced con ellos lo que queráis, como hacían los próceres romanos con los primeros cristianos en los circos de leones. Pero él se guardaba el desprecio público para quienes han convertido el mundo en un estercolero. No hablo del estercolero de la crisis que nos agota desde hace unos años. Hago aquí un inciso: me entra una risa rabiosa cuando leo eso de que Rafael Chirbes es el novelista de la crisis. Quien dice eso es que no lo ha leído nunca hasta <em>Crematorio</em> y <em>En la orilla</em>. Menudo bagaje lector. Por escaso. Por ridículo. Por hablar sin saber, que por otra parte es una manera muy extendida de intervenir actualmente sobre las cosas. La crisis en sus relatos está desde el principio. Ya en aquella excelente <em>Mimoun</em> la contaba. La huida, dejar atrás “el olor a estiércol”, alejarse de los sitios con la cabezonería de quien considera que el destino es algo inevitable: “Como si no hubiese estado nunca en ninguna parte y, por eso, estuviera condenado a seguir viviendo”.</p><p>A veces parecía su escritura una escritura de ciencia ficción. Y eso que siempre fue considerado un escritor realista. No sé qué es eso. Las etiquetas no las necesita quien escribe, obedecen seguramente a otras necesidades que no son las suyas. Digo ciencia ficción de la misma manera que podría decir <strong>—</strong>salvando algunos detalles propios de una y otro<strong>—</strong> <strong>Franz Kafka</strong>. La capacidad de adivinar lo que vendría luego y el augurio de que a lo mejor era para siempre. Como rozarte con un ramito de perejil la palma de la mano y saber la mujer experta que tu vida iba a ser esto o aquello y que no te rieras porque entonces el hechizo se desbarataba. Escribir de lo que todavía no existe, como si en vez de la pluma o el ordenador usaras una rama de perejil para no fallar en las predicciones. “El poeta más grande… se coloca allí donde el futuro se vuelve presente”, escribía <strong>Walt Whitman</strong>. Lo leía Chirbes, al poeta máximo. Lo leía todo este escritor que aprendía de los otros lo mejor para lo suyo. Leía y escribía. Sin parar, una cosa y la otra. Y en el medio de los dos oficios, otro igual de raro: el de recomendar lo que había leído. Para quien no lo sepa: recomendaba Chirbes un libro, le hacías caso porque nunca te estafaba, y a los pocos días (a los muy pocos días) te sometía a un examen de lectura. La energía de la buena escritura para contar lo que ni siquiera sabe quien escribe. Por eso, entre otras mil razones, admiraba a <strong>Galdós</strong>: “Ésa es la literatura buena, la que te está contando su tiempo (el del autor) y a la vez lo que está pasando hoy”.</p><p>Había para él mucha buena literatura. Pero la más era la de Galdós. El XIX de muchos sitios, no sólo el español. El francés. El ruso. De ahí salen él y lo que escribe. Y lo va haciendo a su manera, sin que esa fijación suponga un obstáculo a la hora de convertir en suyo lo que descubrió en otros mucho tiempo después. Por eso lo que decía al principio acerca de la crisis: lo de Chirbes sucede después, nunca antes ni en el instante mismo en que está sucediendo. Eso lo distingue del resto, de ese realismo a ratos vergonzante, de esa prosa plana, sin raspaduras, que prolifera por el territorio de las modas. Digo que lo leía todo. Pero casi nadie habla de los libros que de muy joven lo alimentaban y lo iban convirtiendo en el lector compulsivo que luego sería. Las novelas baratas que se vendían en los quioscos de su pueblo, las que se cambiaban por otras cuando ya las habías leído, esas cien páginas escritas por auténticos trabajadores a destajo de la literatura. No hace mucho encontré en una de <strong>Silver Kane</strong>, algo que me llevó al mundo literario de Chirbes: “Esa historia tiene muchas cosas malas, y la más mala de todas es que es cierta”. ¿Les suena? Lo escribió Silver Kane en una novelita del Oeste: <em>La noche de los ahorcados</em>.</p><p>Las historias de Chirbes. Las que no presentan ninguna hendidura por la que escapar, como el protagonista de <em>Mimoun</em> escapa de las llamas en que se han convertido las casas que no eran refugio de sus habitantes sino abismo al que se precipitan sin remedio. Las primeras novelas, eso sí, tenían un cierto gusto a poesía. Hay quien habla de que algunas de esas novelas son en realidad largos poemas en prosa, como está hecha mucha de la poesía imprescindible. Pero a Chirbes no le gustaba el lirismo en las novelas, él era más de la escuela <em>hard boiled</em>, de la de no dar respiro, de la de bregar con las sombras más que con la luminosidad de los paisajes de dentro y de fuera de los personajes. Miren si no en qué se convierte esa luz mediterránea que “brilla” en <em>Crematorio</em> y <em>En la orilla</em>: la ciénaga que llena el alma corrupta de un tiempo devastado por la corrupción. A qué huele lo que se pudre. A qué sabe. Y al lado de esto mismo, la mayor de las corrupciones en las que toda su obra insiste, sin que falte en una sola de sus páginas: las traiciones. Aquí la mayor presencia entre las muchas que llenan sus novelas. El mayor daño, el dolor insoportable: la conversión de la lealtad en un pastoso grumo de carroña. No sé si hay alguna de sus novelas donde no aparezca la traición. Lo que fuimos y lo que somos, en lo que nos convierte la codicia, el acomodo a los tiempos de la euforia, la nobleza hecha jirones de desfachatez y de insolencia en la mirada y los gestos de quienes han cambiado los sueños por el engorde —como si fueran cerdos— de sus cuentas corrientes.</p><p>¡Cuántos ejemplos! Lo repito ahora, otra vez: el escritor de la crisis: ¿de qué crisis? La capacidad para traicionar lo que antes amamos, lo que fuimos en un momento de nuestras vidas: ahí, por otro ejemplo y muy antiguo, <em>La buena letra</em>, una de sus novelas que más quiero. El preso republicano <strong>—</strong>condenado a muerte en primera instancia<strong>—</strong> que se hace rico cuando sale de la cárcel, que se junta con quien golpeó desde el falangismo victorioso a su propia familia. La traición de Antonio con la ayuda de una <em>femme fatale</em> que parece surgida, precisamente, de una de aquellas <em>hard boiled</em> que antes les contaba. Y las reflexiones de Ana, la mujer rota que se niega a claudicar: “Esos recuerdos eran como los ladrillos de la casa que nos habíamos esforzado en construir y que, ahora, de repente, se desmoronaba dejándonos otra vez a la intemperie”. La intemperie. Otra característica de la obra narrativa de Rafael Chirbes. Sin concesiones a la galería. Sin la inútil poesía de las emociones. Un artefacto que te deja sin el aire que necesitas para respirar. Sin cobijo. Sólo la borrasca que te espera cuando sales del libro. Nada en calma. Y Ana, la esposa Ana, la madre Ana, la cuñada Ana, haciendo verdad —con su relato mostrado como excepción y anomalía— lo que escribía el propio Chirbes de Galdós: “Los pobres no tienen historia en las historias contadas por los ricos”. Porque ésa es otra: en la parte de acá de las traiciones sigue pugnando en su lucha por la memoria de quienes lo perdieron todo, la guerra y todo, el compromiso de no claudicar, de seguir en la brecha del recuerdo, de no negar que aunque “la derrota es un hecho” <strong>—</strong>como escribía <strong>Max Aub</strong> en <em>Campo de los almendros</em> y Chirbes lo cuenta en <em>El novelista perplejo</em><strong>—</strong> lo que nos queda de aquella derrota <strong>—</strong>de todas las derrotas<strong>—</strong> es la necesidad de seguir escribiendo, de seguir contando historias. Y también, como él mismo escribía en sus <em>Diarios</em>, “seguir contándole la vida a alguien”. La vida, aunque sea sin colores. Lo que llena las novelas y los otros libros de Rafael Chirbes. La cosa aquella del poeta grande a que aludía Whitman. “La literatura buena”, que Chirbes veía en Galdós y en tantos otros de sus escritores necesarios. Hay que leer a Chirbes, el novelista de la crisis.</p><p>¿El novelista de qué...?</p><p><em>*Alfons Cervera es escritor y periodista. Su último libro, </em><strong>Alfons Cervera</strong><a href="http://sintarima.com/evento/yo-no-voy-a-olvidar-porque-otros-quieran-de-alfons-cervera/" target="_blank">Yo no voy a olvidar porque otros quieran</a><em> (Montesinos, 2017)</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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