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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 65]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-65/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 65]]></description>
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      <title><![CDATA[Fantasía autoeditada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasia-autoeditada_1_1140915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a510bb2-996e-4f6e-ba78-5bbf43424293_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fantasía autoeditada"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>El club de lectura Mardeleva de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) se fundó hace seis años por un grupo de alumnos del Centro de Educación de Adultos de esta localidad gaditana. Coordinado por la profesora<strong> Ifigenia Bueno Berdell</strong>, actualmente está formado por 15 mujeres. Nos presentan su última lectura. </p><p>  <strong>El sendero de los mundosToni GallegoIlustraciones de Yaiza RodríguezAutoeditado2016</strong><em>El sendero de los mundos</em></p><p>  </p><p>Huyendo, bajo un lluvioso cielo nocturno que truena con furia, el pequeño Aaron es perseguido por un desconocido, y arrastrado a un mundo donde todo lo imaginable es posible. De allí regresa con una piedra negra, un extraño símbolo en el pecho y la promesa de que volverán a por él. Años después, poco antes del prometido encuentro, sus allegados comienzan a verse afectados por la realidad que un día él vio. Y no serán los únicos. Extraños seres capaces de mimetizar la conducta humana comienzan a cruzar la línea entre los dos mundos, y no parecen tener buenas intenciones. Comprendiendo que su única opción es descubrir la verdad, Aaron deberá volver a cruzar la línea y dejar atrás su humanidad.</p><p>Este es <a href="https://www.amazon.es/sendero-los-mundos-Toni-Gallego-ebook/dp/B01F6E1TYA/ref=cm_cr_arp_d_pdt_img_top?ie=UTF8" target="_blank">el primer libro</a> de lo que será una trilogía. Es una novela río, es decir, que la historia tiene varias tramas independientes, con varios protagonistas que se van entrecruzando dentro de una historia principal. El libro contiene cinco ilustraciones realizadas por la misma diseñadora que hizo la portada, <strong>Yaiza Rodríguez</strong>.</p><p>En este libro de acción y fantasía podemos observar una trama compleja, pero bien diseñada, con personajes variopintos de la categoría manga-<em>shone</em><em> </em>con grandes dosis de acción, que no dejan de sorprendente en cada momento, porque van contando la historia desde su punto de vista. Su autor, el sanluqueño <strong>Toni Gallego</strong>, nos invita a adentrarnos en el mundo de Aaron, que solo busca encontrar la razón de lo sucedido aunque le cueste su vida en el mundo real. Con él, comprobamos desde el otro lado del cristal cómo todos los que lo rodean se verán afectados por sus vivencias. Es una lectura dirigida a jóvenes, pero que también es buena para adultos, que sorprende por la fantasía de cada capítulo que te invita a continuar hasta devorar el libro.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ifigenia Bueno (Club de lectura Mardeleva)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fantasía autoeditada]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Una añada de novela española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anada-novela-espanola_1_1140913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e48ef6e9-912c-450d-b1cb-01b7b4171eb3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una añada de novela española"></p><p><strong>Damiana Martínez Tudela</strong>, responsable de la Librería Faro de Totana (Murcia), recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>Derecho naturalIgnacio Martínez de PisónSeix BarralBarcelona2017</strong><em>Derecho natural</em></p><p>  </p><p>Al tiempo que pasa de la infancia a la edad adulta en una España en pleno proceso de apertura tras la Transición, en el interior de Ángel, el protagonista de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/03/31/ignacio_martinez_pison_las_familias_conflictivas_dan_mucho_juego_literario_63253_1026.html" target="_blank">Derecho natural</a>, late la imperiosa necesidad de dotar de sentido a las cosas, de encontrar un orden, dado que su familia ha sido un modelo de inestabilidad y desorden. El padre, errático actor de películas de serie B e imitador de <strong>Demis Roussos</strong>, tiene una irrefrenable tendencia a la huida. Sus apariciones y desapariciones estelares dejan huellas invisibles pero indelebles en cada uno de sus cuatro hijos. La madre, por su parte, es una mujer enamorada que, harta de creer en él, tendrá que hacer esfuerzos sobrehumanos para tomar las riendas de su propia vida en una España que aún no ha despertado del todo del franquismo. A través de la voz conciliadora de Ángel, que estudiará Derecho y buscará una reconciliación con el padre, nos asomamos a la Barcelona de los años setenta y al Madrid de los ochenta.</p><p>  <strong>El monarca de las sombrasJavier CercasRandom HouseBarcelona2017</strong><em>El monarca de las sombras</em></p><p>  </p><p>Ésta es la novela que <strong>Javier Cercas</strong> se había estado preparando para escribir desde que quiso ser novelista. O desde antes. <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/04/21/javier_cercas_monarca_las_sombras_64081_1821.html" target="_blank"><em>El monarca de las sombras</em></a><em> </em>narra la búsqueda del rastro perdido de un muchacho casi anónimo que peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia. Se llamaba<strong> Manuel Mena</strong> y en 1936, al estallar la Guerra Civil, se incorporó al ejército de <strong>Franco</strong>; dos años después murió combatiendo en la batalla del Ebro, y durante décadas se convirtió en el héroe oficial de su familia. Era tío abuelo de Javier Cercas, quien siempre se negó a indagar en su historia, hasta que se sintió obligado a hacerlo.</p><p>  <strong>Todo esto te daréDolores RedondoPlanetaBarcelona2016</strong><em>Todo esto te daré</em></p><p>  </p><p>En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Álvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para reconocer el cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Álvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que esa no es la primera muerte de su entorno que se ha enmascarado como accidental.</p><p>  <strong>PatriaFernando AramburuTusquetsBarcelona2016</strong><em>Patria</em></p><p>  </p><p>El retablo definitivo sobre más de 30 años de la vida en Euskadi bajo el terrorismo. El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes?</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Faro en la calle José Antonio Requena, 4, en Totana (Murcia). </em><strong>Librería Faro </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Damiana Martínez Tudela (Librería Faro)]]></author>
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      <title><![CDATA[Los palestinos olvidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palestinos-olvidados_1_1140911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9f5b79df-e13a-4e7c-aab8-5002d3eec300_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los palestinos olvidados"></p><p><strong>Ilan Pappé</strong> es un autor más que recomendable, imprescindible para todo aquel que quiera obtener información rigurosa y honesta sobre el tema de Palestina y especialmente sobre los orígenes del llamado conflicto palestino- israelí, aunque el término “conflicto” resulte un tanto engañoso al sugerir cierta simetría entre dos partes enfrentadas. Nada de lo que ocurrió y ocurre en Palestina puede entenderse en términos simétricos de la versión de unos y la versión de otros. La realidad no es cuestión de versiones porque hay versiones que se construyen para ocultarla, negarla, hacerla invisible. En torno a Palestina se tejió una red de silencios, medias verdades y mentiras redondas que es preciso deshacer para poder ver los hechos, los datos, los documentos, los testimonios, que cuentan una historia muy distinta de la historia oficial de Israel y de la versión imperante en Occidente que es la versión israelí. Desmontar esa red y recuperar, rescatar, desvelar la historia real de Palestina es uno de los primeros objetivos de la obra del historiador israelí Ilan Pappé, algunos de cuyos libros, <em>Historia de la Palestina Moderna</em> o <em>La limpieza étnica en Palestina</em> son referentes obligados para todo estudioso del tema.</p><p>  </p><p>La editorial Akal acaba de publicar, traducido al español por <strong>Jaime Blasco Castiñeyra</strong>, una de las más recientes obras de Pappé, <a href="http://www.akal.com/libros/Los-palestinos-olvidados/9788446043997" target="_blank">Los palestinos olvidados</a>, título cargado de sentido ya que se refiere a los palestinos con ciudadanía israelí, o dicho de otro modo aquellos que quedaron dentro de Israel, o dicho de otro modo aquellos que no fueron expulsados de sus tierras y hogares en las operaciones de limpieza étnica llevadas a cabo por milicias del movimiento sionista y por el ejército israelí en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel. Del millón de palestinos que vivía en el territorio de lo que iba a ser Israel quedaron 160.000. “La suya es una historia increíble, la historia de una comunidad que ha conseguido surcar a duras penas las aguas del colonialismo, del chovinismo nacionalista, del fanatismo religioso y de la indiferencia internacional. Es la crónica de un grupo al que no pertenezco pero con el que he vivido la mayor parte de mi vida adulta”,dice en la introducción a su libro Ilan Pappé quien nació en Haifa, una de las pocas ciudades en las que quedó, aunque diezmada —de 80.000 habitantes quedaron apenas 5.000—, una presencia palestina.</p><p>Durante 19 años los palestinos de Israel estuvieron sometidos a régimen militar, toques de queda, zonas cerradas, confiscaciones forzosas, deportaciones, castigos colectivos… un régimen de discriminación y apartheid muy similar a lo que vivirían después, a partir de la guerra de 1967 y la ocupación israelí del resto de Palestina, los habitantes de Cisjordania y Gaza. De esa comunidad palestina, traumatizada, humillada, desposeída, olvidada, habla este libro, de su sufrimiento y de su lucha por sobrevivir como extraños en su propia tierra, en un Estado que los considera “el enemigo interno” y en el que cada cierto tiempo surgen voces como la del actual ministro de exteriores, <strong>Avigdor Lieberman</strong>, que proclaman la conveniencia de expulsar a todos los árabes de Israel.</p><p>Ilan Pappé es israelí y judío, y es, a diferencia de sus vecinos árabes, ciudadano con todos los derechos en Israel, pero hace tiempo que tomó partido en defensa de los derechos palestinos y sobre todo en la denuncia radical de la ideología sionista. Y ha pagado un precio por ello: fue expulsado de su cátedra en la Universidad de Haifa y ahora es profesor de Historia en la Universidad de Exeter, Reino Unido. Ya no vive en Israel.</p><p><em>*Teresa Aranguren es escritora y periodista. Su último libro es </em><strong>Teresa Aranguren</strong>Contra el olvido. Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948<em> (Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Aranguren]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Israel,Libros,Literatura,Palestina,La invasión de Gaza,Los diablos azules número 65]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Unas toallas suaves]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/toallas-suaves_1_1140905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/31adbe9e-ecba-4b1c-aba7-4d0a8f82d1c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unas toallas suaves"></p><p><strong>Por último, el corazónMargaret AtwoodTraducción de Laura FernándezSalamandraBarcelona2016</strong><em>Por último, el corazón</em></p><p>  </p><p>Unas toallas limpias y suaves. Una habitación confortable de hotel. Una cena en un restaurante de manteles blancos y alfombra lujosa. Estas son las razones por las que Stan y Charmaine deciden (aunque en realidad tal vez habría que decir que no tienen más remedio que decidir) entrar en el Proyecto Positrón, anunciado a bombo y platillo por televisión como el supremo remedio a la crisis económica que ha devastado Estados Unidos, dejando a personas como los protagonistas de <a href="http://salamandra.info/libro/ultimo-corazon" target="_blank">la última y magnífica novela</a> de <strong>Margaret Atwood </strong>a tener que dormir en su coche, expuestos a la violencia de los merodeadores, a la pobreza cada vez más extrema y, muy probablemente, a la muerte.</p><p>Atwood es sin duda uno de los grandes nombres de la literatura mundial. Nunca le agradeceré lo bastante a una de mis mejores amigas que hace muchos años me haya hablado de una obra maestra de la escritora canadiense, <a href="http://salamandra.info/libro/cuento-criada" target="_blank">El cuento de la criada,</a> actualmente disponible en librerías a través de la reedición de Salamandra. En aquella novela se presentaba el escalofriante universo distópico de una teocracia puritana que confiscaba los cuerpos femeninos esclavizados (las criadas), a los que prohibía la libre sexualidad y convertía en vientres de alquiler, exclusivos instrumentos de reproducción con la obligación de ceder a sus hijos recién nacidos a otras mujeres, las legítimas esposas de los hombres poderosos del régimen. <em>Por último, el corazón </em>muestra un mundo donde todo está a la venta, la cárcel se transforma en un floreciente negocio, el mercado del sexo y los robots sexuales para clientes ricos funciona como la seda y los habitantes comparten casi todos de manera rigurosamente igualitaria y nivelada el dudoso privilegio de saber que están en permanencia vigilados y de pagar la vivienda y el pleno empleo durante seis meses con la estancia en prisión el resto del año.</p><p>Así que después de una ducha al cabo de mucho tiempo durmiendo apretujados en el coche, Stan y Charmaine escogen sin dudar tener una casa por seis meses, que compartirán con otra pareja sin coincidir jamás, y pasar otros seis meses en la prisión, porque sería inviable dentro del Proyecto Positrón que todo el mundo viviera siempre en libertad. Una vez aceptado el ingreso ya no se puede salir, los contactos con el exterior no existen, y los protagonistas intuyen que deberán entregar algo a cambio de la vivienda a tiempo parcial, las tres comidas al día, las sábanas y las toallas limpias, las tardes de televisión y las canciones de <strong>Doris Day</strong> que suenan a toda hora. El Proyecto Positrón desea para sus habitantes la felicidad obligatoria y les proporciona únicamente música y películas de los años cincuenta. La elección de este imaginario sentimental es muy significativa, y así lo indica la propia Atwood, que señala que los años cincuenta son percibidos como los más felices por los estadounidenses. Se trata de la época en la que se quieren imponer los códigos de representación cinematográfica de una felicidad absoluta, pero también de la época del macartismo. El amor azucarado, sin sufrimiento, dudas ni fisuras (es por eso por lo que tal vez no se oyen los acordes desgarradores del <em>blues </em>o el jazz) y la creencia sin dudas ni fisuras en los líderes, los hábiles ejecutivos despiadados que convierten el Proyecto, presentado como salvador, en un aterrador experimento, donde se trafica con órganos de los prisioneros incómodos eliminados y se diseñan sofisticadas réplicas robots sexuales de las mujeres deseadas e incluso robots que representan a niños con osos de peluche en los brazos para clientes pedófilos. Atwood lleva a cabo en este sentido una perturbadora meditación sobre la muy inquietante realidad de lo posthumano.</p><p>Pero probablemente lo que más sobrecoge en esta espléndida novela es el impacto que tales condiciones de vida tienen sobre la intimidad. Agradecemos a la gran literatura que nos permita explorar abismos a los que nos daría mucho más que vértigo asomarnos en la vida. La escena más escalofriante de <em>1984 </em>de <strong>George Orwell </strong>sea tal vez el momento en el que Winston Smith, ante la amenaza de una tortura atroz y en un intento de salvarse pide para su amada Julia la misma tortura. Negarse a matar (en sentido literal, no figurado) al amor y la dignidad parecen constituir en <em>Por último</em>,<em> el corazón </em>lujos prohibidos, disponibles para quien pueda permitírselos. Desde luego no Charmaine, recatada para Stan porque fue educada para ser una buena chica y una dulce esposa, y lujuriosa para Max dentro de unos esquemas que reproducen tristemente la vieja y podrida relación entre poder, violencia y sexo. Charmaine, pura dulzura, es a la vez una preciada empleada dentro del Procedimiento, nombre eufemístico para las inyecciones letales a los presos. El sexo, que debería ser un vitalismo rotundo y liberador, no se encamina hacia la plena y real felicidad de los cuerpos, sino al mercado cada vez más delirante de las fantasías a la carta para quienes puedan pagarlas. La afectividad se dinamita desde sus propios cimientos y queda suplantada por una caricaturización azucarada al servicio de la manipulación emocional. De ahí que el título cobre un significado muy concreto: el corazón, el verdadero corazón que aloja también la piel, la dignidad y la inteligencia va en el último lugar, <em>The heart goes last. </em>Y eso da no sólo tristeza, sino puro miedo.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Teoría de la Literatura.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <title><![CDATA[El sentimiento de temporalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sentimiento-temporalidad_1_1140898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a2eabaf-33b0-4afd-85ce-0cb5118733c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sentimiento de temporalidad"></p><p><strong>El viento derruido. La España rural que se desvanece. Alejandro López AndradaCórdobaAlmuzara2017</strong><em>El viento derruido. La España rural que se desvanece. </em></p><p>  </p><p>El sentimiento de la temporalidad está íntimamente ligado a la fugacidad. El presente, instantáneo e inaprensible, deja siempre esa huella que la memoria trata de perdurar. El recuerdo permite recuperar los momentos efímeros en la medida en que uno con el paso de los años los ha ido asumiendo, y en otro sentido cuando se pretende justificar y comprender en esa media distancia una vez alcanzada la razón, y sobre todo si ya somos capaces de entender el valor que se le otorga a ese tiempo transcurrido y entonces justificamos el por qué de ese lejano ayer. El poeta <strong>Antonio Machado</strong> proponía un recuerdo próximo al sueño, casi como una adivinanza que nos permitiera recordar y no despertar. Un libro como <a href="http://www.grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3348&edi=1" target="_blank"><em>El viento derruido</em></a><em> </em>(2017) comparte buena parte de este proceso y reconstruye ese dibujo que configura la realidad de nuestra memoria, y ahora cuando aparece en una segunda edición desde su publicación original en 2004, con la perspectiva del tiempo se viste de largo en una acertada y no menos curiosa revisión que añade a su fondo editorial la cordobesa Almuzara, tras aquellos primeros pasos que despertaron entonces el interés de<strong> Antonio Muñoz Molina</strong> cuando calificaba el libro de auténtica “elegía de la naturaleza y el tiempo”.</p><p>La historia de la literatura española está plagada de tiempos y de recuerdos y en ese devenir del espacio, los años subrayan la relatividad de los mismos, pero es una relatividad que queda detenida porque se quiere hacer un homenaje a la memoria, se privilegia un mundo pasado que el relato convierte en presente y por extensión en perdurable. Su autor, <strong>Alejandro López Andrada</strong> (Villanueva del Duque, Córdoba, 1957), rememora un tiempo pretérito, su evocación serpentea a través de las numerosas incursiones en la memoria colectiva de toda una comarca, y ofrece la visión contextualizada de una época que inexplicablemente empezamos a dejar abandonada en el olvido. Aunque lo mejor, por las páginas de este volumen asoman todo un coro de voces, los sobrevivientes del valle de Los Pedroches, que dejan con sus palabras testimonio y constancia de ese pasado que así se concibe como perdurable.</p><p><strong>Julio Llamazares</strong> escribe que <em>El viento derruido</em> es muchos libros a la vez: un ensayo porque reflexiona en torno a un mundo, casi desaparecido, el rural; una novela porque cuenta historias en las que se entrecruzan muchas vidas que se desarrollan de una manera múltiple; en igual medida, se convierte en un manual de la mejor poesía porque su lenguaje se construye con metáforas, imágenes o se refuerza con exquisitas comparaciones, y ofrece una sonoridad que tiene mucho de música porque el poeta López Andrada engarza numerosas palabras que suenan; y, paralelamente, continua Llamazares, el libro se convierte en una auténtica crónica periodística puesto que se nos relata buena parte de la vida contemporánea desde una exclusiva visión de la geografía de la comarca de Los Pedroches. Leyendo y ahondando, hay mucho más de lo que se pueda vislumbrar en una primera mirada en las 280 páginas y en los nueve capítulos que conforman <em>El viento derruido</em>, es decir, hay una armónica descripción de toda una vida, por lo tanto hay muchas vidas vividas pero, sobre todo, hay mucho de lealtad y de fidelidad a una tierra, mimada por la prosa mágica del escritor cordobés que logra convertir su relato en un texto literario, en una exquisita obra de singular literatura, que con procedimientos narrativos semejantes han entregado sus obras autores como <strong>Juan Goytisolo</strong> y sus <em>Señas de identidad</em>, <strong>Carmen Martín Gaite</strong> y <em>El cuarto de atrás</em> o <strong>Jorge Semprún</strong> y <em>El largo viaje,</em> amparados en sus respectivos materiales por esa proposición silogística que sostiene cómo el hombre necesita de su pasado para comprender el presente.</p><p>Las nubes se tienden frágiles, deshilachadas, escribe Alejandro López Andrada, y de repente todo queda mudo: la sierra, el viento y los pájaros, así el caminante/observador, inmerso en su recuerdo, imagina como antaño, y en tantas ocasiones, las enlutadas siluetas de las lavanderas que vuelven de su labor. Subrayaremos que este libro se convierte en un canto épico a ciertas faenas, a los quehaceres y a las labores desaparecidas por ese viento derruido que no deja nada a su paso: el mundo de los pastores, de los carboneros, de los picapedreros o de los curanderos, protagonistas de muchas de las acciones que se cuentan en estas páginas, portadores, en suma, de un modo de vida tan sencillo como entrañable. La memoria sigue volando libre por las laderas del silencio y el autor, mientras reflexiona amargamente, se pregunta: ¿quién se acordará de quienes viven en el mundo rural cuando desaparezca el testimonio de estas personas? La respuesta resulta muy fácil: esta narración confirma, de alguna manera, el valor de la intimidad del pensamiento del propio autor y de las personas que se han ido asomando a las páginas de su texto, la cordial <strong>Bibiana</strong> y <strong>Digno Sánchez</strong> <em>el Carbonero</em>, <strong>Antonio Barberucho</strong><em>Barberucho</em> o <strong>Francisco Cartones</strong><em>Cartones</em>, entre otros muchos personajes, porque encarando la soledad que envuelve a estos habitantes, esa realidad se torna menos sombría, el tiempo aquilata el silencio y desde una perspectiva tan subjetiva como lírica convierte la palabra escrita en una exuberante muestra de sensaciones.</p><p>Esta es la historia de los pueblos que conforman el valle de Los Pedroches, de los lugares de la niñez y de la juventud del autor, del recuerdo amargo de la emigración y el absoluto abandono de la tierra, y por su valor documental significa la recuperación de esa memoria colectiva de otros muchos pueblos de España que vivieron sucesos y acontecimientos semejantes y que, de alguna manera, el paso del tiempo ha legado en una rica transmisión oral que incluye leyendas, canciones, consejas y patrañas. Nuestro sur está poblado de una tradición que autores como Alejandro López Andrada se atreven a presentar en forma de libro, textos que incluyen y proyectan imágenes de todo tipo y recuperan esos temas universales que se convierten en singulares de la mano del escritor cordobés, una particular visión de la naturaleza o el medio rural, de la memoria y del paso del tiempo, de la soledad y del aislamiento, del olvido y de la muerte. Al final, cuando el escritor encara las últimas páginas de su relato, después de invitarnos a un hermoso recorrido por los rincones de su tierra, desentrañando el alma misma de sus moradores, la mirada fija frente a una casa abandonada y derruida, un adjetivo repetido insistentemente a lo largo del texto como un hermoso estribillo, se percibe el alma viva de todo un pasado convertido hoy en desolación, solo entonces el viento le devuelve esa brisa suave que recompone el puzle de todo un pasado: las cigüeñas, las ya abundantes ruinas, las hermosas colinas y los espacios de su tierra, mientras se deja caer una fina lluvia que bendice los rincones de esa memoria que, como el narrador, se resiste al olvido.</p><p><em>*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro, </em><strong>Pedro M. Domene </strong>El secreto de las Beguinas<em> (Trifaldi, Madrid). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El sentimiento de temporalidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 65]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Morir por cualquiera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/morir_1_1140886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77273f8b-ca04-41ec-805f-8325f54c8ac4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Morir por cualquiera"></p><p><strong>BabiloniaYasmina RezaTraducción de Javier Albiñana</strong><em>Babilonia</em></p><p><strong>AnagramaBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p>No se trata de qué estarías dispuesto a hacer por mí.  La respuesta creo que reside en el momento de la vida en el que nos encontremos.  “¿Morirías por mí?”, pregunta <strong>Jim Morrison</strong> a una asustada <strong>Pamela</strong>. “Yo moriría por cualquiera, maldita sea…”, se contesta a sí mismo.</p><p>Nada tiene que ver la sexagenaria Elisabeth con Jim Morrison ni mucho menos con Pamela Courson pero por alguna razón la frase del líder de The Doors me venía constantemente a la cabeza cuando la protagonista de <em>Babilonia</em> toma la decisión que toma, si no por cualquiera sí por un vecino al que a pesar de algún encuentro e incluso alguna confidencia sigue tratando de usted.</p><p><strong>Yasmina Reza</strong> ha publicado en marzo de 2017 <em>Babilonia</em>, en la editorial Anagrama. Es una novela poco convencional donde el punto de vista se diluye y se alterna de modo que lo que se narra resulta no más interesante que cómo se cuenta. “Un día, evocando su paso por la vida, había dicho, de todas formas lo más duro ya ha pasado.” Es de agradecer que requiera una lectura atenta donde la voz mezclada nos mantiene alertas.</p><p>Elisabeth ha cruzado la barrera de los sesenta, su hijo se ha independizado, su madre ha muerto y, sin ningún síntoma aparente, se cierne sobre ella la sombra de la soledad. A pesar de la serena relación con su marido y de su estable trabajo como ingeniera de patentes en el instituto Pasteur, los momentos en la que nos la encontramos en este relato están ubicados en el recuerdo de un antiguo amor, en la evocación de una gran amiga de juventud, en sus alusiones a un pasado con un padre del que poco más queremos conocer. Parece que en su camino apareció la melancolía y que nada del presente la atrae tanto como que la vida anterior ocupe sus desvelos.</p><p>Dos figuras masculinas la escoltan. Por un lado el fotógrafo <strong>Robert Frank</strong> y su libro <em>Los americanos</em> cuyas imágenes la conducen a largas reflexiones. “¿Qué importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en él.” Por otro lado, su vecino Jean-Lino con el que celebró su sesenta y dos cumpleaños en las carreras de caballos de Auteuil. Un día la felicitó por la escalera, digamos que se cayeron bien y eso es todo, eso a veces justifica una decisión que a todas luces va a ser una mala decisión.</p><p>Elisabeth decide celebrar una fiesta de la primavera a la que asistirán algunos de sus amigos, su hermana y su vecino Jean-Lino con su esposa Lydie, el matrimonio Manoscrivi. Lydie es una cantante de jazz aficionada a la que han ido a escuchar alguna vez acompañados de Pierre, el esposo de Elisabeth y que la ayuda ahora con los preparativos de esta fiesta que la hace sentir insegura. Quizás se ha precipitado. Quizás hay personas que prefieren festejar los recuerdos en la monotonía del trabajo y del hogar. Pero las invitaciones están enviadas y deberá comprar algo más de vajilla.</p><p>Como en todas las fiestas en el salón de una casa, las conversaciones fluyen mezcladas con la bebida y las ganas de caer bien. De pronto nos adentramos en las imágenes cinematográficas del cine francés. Se despiertan los diálogos y vienen a la memoria las discusiones de películas como <em>Le Prénom, </em>salvando las distancias, que nos recuerdan esa última fiesta a la que fuimos invitados y sentimos una especie de vergüenza ajena por el compañero de nuestra amiga que, tras varias copas, causa ofensa y sus palabras de burla o escarnio no hacen ninguna gracia aunque a él así se lo parezca. Todos hemos pasado, seguramente, por un momento como este.</p><p>La fiesta termina y todo comienza. Pierre y Elisabeth ya están en su dormitorio intentando descansar de una velada no tan amable cuando suena de nuevo el timbre de su casa.</p><p>Lo que suena en mi salón es <em>Ligth my fire</em> y la sensación de que a veces hacemos o decimos cosas incomprensibles que sólo tienen si acaso un poco de razón porque en este momento moriríamos por cualquiera.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Morir por cualquiera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 65]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Exilium]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/exilium_1_1140881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/99d0dab3-57b3-4e20-a9de-4b503ce9cf71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Exilium"></p><p><strong>Exilium</strong></p><p>A punto de preguntar qué significan</p><p>el exilio y la astucia,</p><p>la conciencia</p><p>discurre.</p><p>Blanca o casi hueca</p><p>en su intención letrada,</p><p>sin ayuda de gente,</p><p>con sus tinieblas diáfanas,</p><p>su militancia</p><p>a favor</p><p>de las cicatrices.</p><p>La elocuencia</p><p>hace el resto:</p><p>cuida del vacío,</p><p>lo arranca de cuajo,</p><p>lo vuelve a fundar.</p><p>Y en esas costras</p><p>estilizadas</p><p>de fervor y excremento</p><p>todavía es posible</p><p>amueblar</p><p>una infancia,</p><p><em>eso</em></p><p>que el lenguaje entierra y sigue vivo en el escándalo</p><p>del mundo.</p><p>Así comienza</p><p>la biografía de las cosas:</p><p>como una histeria luminosa,</p><p>un error impecable,</p><p>de largo aliento.</p><p><em>*María Negroni es escritora y traductora. Sus últimos libros son </em><strong>María Negroni</strong><a href="http://www.vasoroto.com/?lg=es&id=4&cid=1&lid=200" target="_blank">Exilium </a><em>(Vaso Roto, 2016) y </em><a href="http://demipage.com/tienda/product.php?id_product=152" target="_blank">22 cartas extraordinarias</a><em> (Demipage, 2016).  *</em></p><p><strong>Pablo Marín</strong> <em>es cineasta, crítico y traductor, especialmente dedicado al cine experimental. </em><a href="https://vimeo.com/user2758835/about" target="_blank">al cine experimental</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Negroni]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 65]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El contenido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contenido_1_1140874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/119f361a-a101-413e-a467-070abced9d04_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El contenido"></p><p><em>(Inicia Ignacio Martínez de Pisón.)</em><strong> Ignacio Martínez de Pisón</strong></p><p>Pasaban unos minutos de las nueve de la mañana. El empleado de la estafeta subió desde dentro la persiana y se entretuvo un instante colocando la papelera en su sitio. Cuando rodeó el mostrador para situarse en la sección de recogida de paquetes, había ya una persona esperando. Era un hombre de unos cuarenta años, con la nariz algo torcida y barba de dos días. El empleado ni siquiera le había visto entrar. El otro, sin decir nada, dejó sobre el mostrador el aviso de llegada.</p><p>—Carné de identidad, por favor —dijo el empleado.</p><p>El hombre le mostró el documento sin sacarlo de la cartera. El empleado verificó los datos e hizo con la cabeza un gesto de asentimiento. Se le quedó grabado el nombre: Eladio. Con el papel en la mano buscó entre los sobres y paquetes que se apilaban en las estanterías metálicas. Era una caja rectangular, del tamaño de un horno microondas. Pero pesaba bastante más que un horno microondas. Para llevarla al mostrador tuvo que acomodársela en los antebrazos y sostenerla contra el pecho. Soltó un silbido de admiración, pero el otro ni se inmutó. Pasó después el lector de códigos de barras y le tendió el dispositivo PDA.</p><p>—Una firma —dijo—. Con el puntero.</p><p>El hombre hizo un garabato, cogió la caja y se marchó sin despedirse. El empleado le siguió con la mirada.</p><p>Un cuarto de hora después, Antón Salillas, director de una sucursal del Banco de Santander, apuraba su café con leche ante la barra de la cafetería Las Palomas. Intercambió algún comentario intrascendente con el camarero y se despidió con un movimiento de cabeza. Cuando se disponía a salir, su mirada se detuvo en un cliente que hojeaba un periódico deportivo en una de las mesas próximas a la entrada.</p><p>—¿Eladio? —dijo Antón—. ¿Eres tú?</p><p>El otro se quitó las gafas de vista cansada y le observó con extrañeza. A sus pies tenía una caja rectangular del tamaño de un horno.</p><p>—¿Perdone?</p><p>—¿No eres Eladio? De la facultad... De Económicas...</p><p>—Se equivoca. Lo siento.</p><p>—El novio de Elena. De Elenita Ramos, que tenía un grupo que cantaba canciones en inglés... —insistió Antón con gesto incrédulo.</p><p>—Ya le he dicho que se equivoca —replicó el otro con aspereza—. No sé quién es esa Elenita. No sé de qué me habla. Me confunde con otra persona.</p><p>Antón farfulló unas disculpas y se fue. A través de la cristalera de la cafetería se veían los portales y negocios de la otra acera: una peluquería, una clínica veterinaria, una óptica, una sucursal del Banco de Santander. Si Eladio se hubiera vuelto hacia su izquierda, habría visto a Antón cruzar por el paso de cebra y entrar en la oficina bancaria. Pero nada de lo que ocurría fuera del local despertaba su curiosidad. De hecho, tampoco lo que pasaba en el interior parecía interesarle. Terminó de hojear el periódico y se quitó las gafas. Miró el reloj con propaganda de Coca-Cola que había sobre la máquina de tabaco: faltaban tres minutos para las nueve y media. Dio un trago al vaso de agua mineral y dejó unas monedas sobre el platillo de la cuenta.</p><p>Luego se agachó hacia la caja y arrancó un extremo de la cinta de embalar, lo justo para entreabrir las solapas de cartón y echar un vistazo al contenido. Comprobó con los dedos el envoltorio de burbujas de plástico y cerró otra vez la caja. Esperó hasta que el segundero del reloj de Coca-Cola marcara exactamente las nueve y media. Entonces agarró la caja con ambas manos y salió de la cafetería Las Palomas. Viéndole cruzar por el paso de cebra con la caja en brazos, no parecía tan pesada como cuando el empleado de Correos la había colocado sobre el mostrador.</p><p><em>(Continúa Sara Mesa.)</em><strong>Sara Mesa</strong></p><p>Sin embargo, su manera de cogerla, con sumo cuidado, y el paso tranquilo a pesar de la carga, le daban un aspecto tan extraño, tan inusual como poco, que atraía las miradas de aquellos con los que se cruzaba. No, no tenía una apariencia normal en absoluto.</p><p>Eso, al menos, fue lo que pensó Antón al observarlo desde los ventanales de su despacho. Qué raro, se dijo, y de inmediato supo que la caja –el hecho de que Eladio transportase la caja— tenía que ver, y mucho, con la negación que acababa de hacer –<em>que él no era Eladio</em>— y, sobre todo, con la negación que acababa de hacerle a Elena –a Elenita, a la que nadie, jamás, podría haber olvidado—.</p><p>Era absurdo, sí, no tenía sentido ninguno, pero aun así agarró la chaqueta, masculló una excusa a la cajera que entraba justo entonces en la oficina y salió de nuevo, impulsivo, casi sin pensarlo –sin pensar, desde luego, en el sentido de la persecución que iba a comenzar-.</p><p>Pues podría hablarse sin duda de una <em>persecución</em>. Cómo si no podría catalogarse la carrerita –absurda, también ella— que tuvo que dar para alcanzar a ver, de nuevo, a Eladio con su caja, doblando ahora a su izquierda, hacia la ancha avenida de palmeras, todavía cadencioso, inalterado, como si en efecto la caja no pesara lo más mínimo. Una persecución que empezó así, con la carrerita, para de inmediato frenarse: no es cuestión de que lo descubra a sus espaldas, no tendría excusas que darle, qué hace después de todo un director de banco –¡de una oficina del Santander!— persiguiendo a un ex compañero de facultad cuyo único mérito ya entonces –pues era provinciano y torpe y ni siquiera demasiado agraciado—, cuyo único mérito, se repetía Antón guardando la distancias, fue haber sido el novio de Elenita.</p><p>Ah, Elena, Elenita, cómo podía alguien negarla de esa forma. ¿Qué era lo que había dicho Eladio en Las Palomas? ¿<em>No sé quién es esa Elenita</em>? ¿<em>Esa</em> Elenita? ¿Con ese tono tan despectivo, lo había dicho? ¿<em>Me confunde con otro</em>, había dicho?</p><p>Según avanzaba, Antón se iba sofocando. Una de las cosas que peor toleraba era que lo tomasen por tonto. Y ya no había duda, para él, de que Eladio, ese Eladio desmemoriado –fingidamente desmemoriado, claro— había pretendido reírse de él. Ninguna novedad, después de todo. ¿No era cierto, acaso, que en la facultad también se había reído de él más de una vez? Se le subía todo el calor a las mejillas, a la frente. La ira bombeaba. ¿Por qué tenía que acordarse ahora de todo aquello?</p><p>Se detuvo porque Eladio también se había parado. Con la caja ahora a sus pies, consultaba el móvil. Cinco, seis metros de diferencia como mucho entre hombre y hombre: uno tranquilo, seguro de sí mismo; el otro jadeante, rencoroso. Antón pensó: soy patético, sí, soy lamentable, pero míralo a él, con los vaqueros gastadísimos y anticuados, cargando una vulgar caja de cartón por la calle, y mírame a mí, director de una oficina del Santander, con mi traje impoluto y mis zapatos recién abrillantados. Entonces, mientras lo veía manipular el móvil –tecleaba, sin duda, cualquier nimiedad, pensó—, tuvo que reconocer que, para que la comparación fuese del todo justa, debía conocer el contenido exacto de la caja. Y otra vez le volvió la certidumbre, nítida y cristalina, de que fuese lo que fuese lo que contuviera, tenía relación con la desaparecida Elena.</p><p>Ay, Elenita.</p><p><em>(Seguirá Ernesto Pérez Zúñiga.)</em><strong>Ernesto Pérez Zúñiga</strong></p><p><em>*Ignacio Martínez de Pisón es escritor. Su último libro, </em><strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-derecho-natural/245083" target="_blank">Derecho natural</a><em> (Seix Barral, 2017).</em></p><p><em>*Sara Mesa es escritora. Su último libro, </em><strong>Sara Mesa</strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/un-incendio-invisible/9788433998286/NH_579" target="_blank">Un incendio invisible</a><em> (Anagrama, 2017), reedición revisada de su novela de 2011. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Martínez de Pisón | Sara Mesa]]></author>
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      <title><![CDATA[Carta a Pedro Martínez Montávez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carta-pedro-martinez-montavez_1_1140868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8bff6be4-8944-4f98-9eb8-a55bf9d666ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta a Pedro Martínez Montávez"></p><p>Querido <strong>Pedro</strong>, no sé si te vas a creer que he leído con emoción tu último libro, <a href="http://www.casaarabe.es/eventos-arabes/show/en-las-fronteras-del-prologo-ver-lo-arabe-a-traves-de-otros-ojos" target="_blank"><em>En las fronteras del prólogo</em></a><em> </em>(CantArabia, 2017). Leer con emoción un volumen de reflexiones eruditas y de planteamientos intelectuales, que no pertenece además a la disciplina propia, es un fenómeno extraño. Pero, bien lo sabes, hay tipos de extrañeza que provocan cercanía. Va con el oficio del poeta y del humanista. De pronto he sentido la coherencia íntima de una idea: reunir los prólogos que has escrito a lo largo de tu vida profesional. El resultado es el testimonio de una vocación, el compromiso profesional y humano a la hora de difundir la cultura árabe en España.</p><p>Porque en este libro se juntan el rigor del estudioso con la pasión del humanista que se esfuerza en borrar prejuicios y combatir la ignorancia interesada sobre una parte de la cultura que tiene mucho que ver con nuestra historia y con el conocimiento de nuestro presente. Aquí no sólo está el intelectual, está también el maestro, el maestro de maestros, alguien que deja huellas de su experiencia propia cuando mira por otros ojos y habla de los demás.</p><p>  </p><p>Hace muchos años cayó en mis manos tu <em>Poesía árabe contemporánea </em>(1958). Desde entonces he acudido por diversas razones a libros tuyos como <em>Introducción a la literatura árabe moderna </em>(1985), <em>Literatura árabe de hoy </em>(1990), <em>Al-Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea</em> (1992) o <em>Significado y símbolo de Al-Ándalus </em>(2011). Con tu ayuda he comprendido mejor la poesía de autores como <strong>Adonis</strong>, <strong>Abdel Wahhhab al-Bayati, Nizar Quabbani </strong>y <strong>Mahmud Darwish</strong>. Pese a todas las exageraciones entusiastas que tú mismo señalas, hay bastante verdad en la famosa frase de Quabbani: “Entre los europeos, todos los caminos conducen a Roma. Entre los árabes, todos los caminos conducen a la poesía”. Déjame que arrime el ascua a nuestra sardina.</p><p>Pero, como te digo, en esta reunión de prólogos emociona el empeño vocacional de ir durante muchos años contra un desconocimiento generalizado que con frecuencia se convierte en caricatura. En la época de la comunicación, la ignorancia completa deja de ser un refugio cómodo. Siempre hay datos, noticias, rumores, ruidos de un mundo globalizado. Por eso se pasa del mutismo a la caricatura, de lo olvidado a lo grotesco, y se sustituye la simple realidad borrada por un dibujo reduccionista y despreciador. El mundo árabe ha soportado entre nosotros la condena a esos rincones de la desatención, el desprecio y la farsa. Un siglo XX circular desembocó en el siglo XXI sin superar las dinámicas del colonialismo. La crisis en la identidad árabe, la crisis en el mundo occidental, las nuevas formas de colonialismo y de disidencia han situado de nuevo al “moro” en el centro de muchos debates. Y la caricatura ha sido el mejor recurso del pensamiento reaccionario. Frente a los prejuicios, las manipulaciones y la ignorancia, cobra sentido la voluntad de tu vocación cumplida.</p><p>Eso es lo que he visto en esta reunión de prólogos. El maestro presenta a sus colegas y con su propia experiencia acentúa el sentido del saber, el empeño educativo que une el rigor y el deseo de comunicación. Palabras como <em>firmeza</em> y <em>conocimiento </em>se unen con frecuencia a palabras como <em>ponderación</em> y <em>equidad</em>. Y como no has querido limitarte en la labor de prologuista a resumir las ideas de los autores de los libros, has ido dejando en estas páginas regaladas muchas huellas de tu experiencia y una valoración sucesivas de las diversas situaciones del arabismo en España a través de sus crisis y sus posibles renacimientos.</p><p>Al hablar del trabajo de tus discípulos, personas como <strong>Rosa-Isabel Martínez Lillo</strong>, tu hija, autora del hermoso prólogo de este libro de prólogos, o como <strong>Carmen Ruiz Bravo-Villasante</strong>,<strong> Maribel Lázaro</strong> e <strong>Ignacio Gutiérrez de Terán</strong>, confiesas sentimientos que tienen que ver con el diálogo y la articulación generacional: “Una de las mayores satisfacciones que propicia la labor universitaria es el hecho de poder contribuir a la formación académica y profesional de personas que vienen después de nosotros”. El sentimiento de orgullo al saberse heredero de buenos maestros queda incompleto si el legado no puede dejarse en manos de los más jóvenes. Esa dinámica tiene mucho que ver con lo mejor de nuestro oficio.</p><p>Me gusta repetir que no es lo mismo tener un puesto de trabajo que un oficio. El derecho al trabajo se relaciona con la necesidad de un salario, el dinero que hace falta para llegar a fin de mes y pagar nuestras facturas. En los tiempos que corren, ya es una suerte encontrar trabajo. Pero el verdadero lujo es encontrar un oficio, un ámbito en el que realizarse como persona para convertir nuestra tarea en el primer ámbito de compromiso con la sociedad. Así cobra sentido la palabra vocación.</p><p>Y así se mezclan las horas de estudio con las horas de vida. Otra de las frases que me parecen más significativas de <em>En las fronteras del prólogo</em> tiene que ver con los sedimentos de una labor que ha salido de forma natural de los despachos para pasear por las calles: “Lo  confieso: me gustan las ciudades, y creo que es ésta una forma de amor casi-perfecto”. La memoria de Sevilla, El Cairo, México o Madrid late en cada una de tus palabras y en la manera que tienes de acercarte a los debates sobre el nuevo ensayismo árabe, a las tensiones del Islam o a la creación contemporánea. Detrás de las palabras está la gente, la vida cotidiana, los trabajos y los días, el juego de los niños, los detalles particulares del amor y el desamor, las ilusiones colectivas. Las palabras no son nada en ningún idioma sin la rozadura de la gente y de las comunidades. Ahí permanece el inevitable olor a humanidad de los sustantivos, los adjetivos y los verbos. Es la sintaxis de la historia, el prólogo de cualquier pronunciación.</p><p>Por eso fuiste uno de los maestros que protagonizó el esfuerzo democrático de la Universidad española en tiempos de silencio. Y por eso no es extraño que sientas como tuya la tragedia palestina. Tampoco es extraño que tus lectores, más allá de la ponderación y la equidad exigida por el conocimiento, abramos la puerta a la emoción cuando citas, por ejemplo, estas palabras de <strong>Mahmud Darwish</strong>, publicadas un 15 de mayo, día de la renovación de la fe en la paz y en Palestina: “A pesar del éxito del proyecto sionista en el año 1948, al ocupar la tierra y ahuyentar a la mayoría del pueblo palestino, por la fuerza de las armas y cometiendo grandes y pequeñas matanzas, cambiando los rasgos naturales y demográficos de la tierra, destruyendo 417 aldeas para demostrar que nosotros no habíamos estado nunca aquí, ni habíamos existido, que no tenemos presente, pasado, ni memoria… A pesar de ello, la verdad palestina sigue viva en la búsqueda por los árabes de su identidad y de su existencia en la historia. Sigue viva en el empeño de los pueblos subyugados en liberarse. Y esto es así gracias a nuestra firmeza corporal y cultural, a la conservación de nuestra memoria colectiva y a nuestra dimensión árabe y humana”.</p><p>Sólo es decisivo el conocimiento que nos interpela y fija nuestros vínculos. El itinerario de tu larga vocación vivida se encarna bien en la imagen del viejo profesor que a los 84 años busca todos los días varios periódicos árabes para estar informado y conocer desde dentro unos puntos de vista que suelen ocultarse o perderse en la visión de las agencias occidentales. Alguna vez me has comentado que la gente se llevaría una sorpresa si supiese que los periódicos árabes hablan de fútbol igual que la prensa española, que las noticias de allí siguen los resultados del Madrid y el Barcelona. Hay, claro está, otras informaciones, pero la anécdota sirve para romper la caricatura de un mundo  que –en sus defectos y en sus virtudes— está más cerca de nosotros de lo que se tiende a pensar por obra y culpa de las manipulaciones o los prejuicios.</p><p>Querido Pedro, este libro de prólogos te define como lo que eres: un maestro de filólogos e historiadores, un humanista que ha hecho de su trabajo un modo de enfrentarse a cualquier tipo de barbarie humana a través de las razones del corazón y de los sentimientos de la razón.</p><p>Con esta carta te envío una vez más mi admiración y mi abrazo.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Carta a Pedro Martínez Montávez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 65]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Palestina era así: la mirada integral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palestina-mirada-integral_1_1140866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81a3d6cb-998d-4b5b-90b3-54c546f4e197_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palestina era así: la mirada integral"></p><p><em>Publicamos un capítulo del último libro de Pedro Martínez Montávez, maestro del arabismo español contemporáneo, titulado </em><strong>Pedro Martínez Montávez</strong><a href="http://www.casaarabe.es/eventos-arabes/show/en-las-fronteras-del-prologo-ver-lo-arabe-a-traves-de-otros-ojos" target="_blank">En las fronteras del prólogo. Ver lo árabe a través de otros ojos</a><em> (CantArabia, 2017). El volumen recopila prólogos redactados por el autor entre 1972 y 2015. Este acompañaba a </em>Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948 <em>(Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2015), de Teresa Aranguren, Sandra Barrilaro, Johnny Mansour y Bichara Khader.</em><strong>Teresa Aranguren, Sandra Barrilaro, Johnny Mansour</strong><strong>Bichara Khader</strong></p><p>___________________________________</p><p>La historia de la cuestión palestina está plagada de olvidos, engaños, falsedades, hipocresías y tergiversaciones, llena de sobresaltos, paradojas, contradicciones y sorpresas, aparte los continuos dramas y tragedias que la sacuden. Esto ha contribuido largo tiempo, y en muchísimos aspectos y dimensiones, para que haya sido más bien una especie de “anti-historia”, una imitación burlesca de la misma, una pseudohistoria que no se parecía casi en nada a lo ocurrido en realidad, una historia casi fraudulenta. Tal situación se prolongó durante décadas, y ha costado enormes esfuerzos empezar a salir de ella: así empezó a ocurrir hace poco más de medio siglo. Antes de  seguir adelante, me voy a permitir una aclaración y un inciso: he utilizado al comienzo de este texto el término “plagada” con toda intención y en su primer y propio significado, porque lo que ocurría al historiar la cuestión palestina era y constituía justamente eso, una auténtica plaga, una desgracia pública, una calamidad, manteniendo también con ello, y en máximo grado, su connotación etimológica  original de “llaga”.</p><p>Quizá ese hecho resultaba en España aún más inexplicable que en otros países, y para ejemplificarlo así voy a recurrir a lo que me cae más cerca y conozco más directamente, a mi propia experiencia personal. Yo cursé en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, durante la primera mitad de la década de los cincuenta del siglo pasado, dos especialidades, licenciándome en la sección de Historia (1955) y en la de Filología Semítica (1956). Durante mis estudios, nadie —que yo recuerde— hizo la menor referencia a la cuestión palestina, y estoy aludiendo en concreto al propio profesorado competente. Obviamente, en el plan de estudios  de  la  sección  de  Historia  figuraban  asignaturas  que se ocupaban de la época contemporánea, y hasta en la de Semíticas había una que se titulaba justamente así: <em>Historia del islam contemporáneo</em>. Pues bien, ninguna mención del tema palestino. El plan de estudios de esa misma sección recogía otra asignatura, de contenido genérico, denominada <em>Historia del pueblo de Israel</em>. No recuerdo si en ella alguien pudo hacer alguna referencia al singular acontecimiento que había tenido lugar el año 1948: la fundación  del Estado de ese mismo nombre. En tierra palestina, como se sabe.</p><p>Todo eso ocurría en la primera y principal universidad española, en un país en el que se repetía la contumaz letanía de las “fraternales relaciones hispano-árabes”, cuyo régimen alardeaba de prácticas “políticas proárabes”, y cuyo Gobierno tardaría aún muchos años en establecer relaciones diplomáticas con ese Estado de nuevo cuño fundado en 1948. Y todo esto que cuento no descubre sin embargo nada nuevo, sino que resulta uno de tantos datos corroborativos de algo que conocemos bien, y cuyos graves efectos y consecuencias sufrimos desde antiguo: en este país tan especial, en España, la política, la sociedad y la cultura no suelen seguir caminos convergentes. ¡Y cómo se nota y se echa de menos!</p><p>Yo empecé a oir hablar de Palestina y de palestinos durante mi estancia en Egipto entre comienzos de 1957 y mediados de 1962, a todo lo extenso y lo intenso de mi experiencia cairí. Fue también hacia 1958 o 1959 cuando <strong>Mercedes</strong>, mi mujer, y yo viajamos a tierras palestinas, que formaban parte por entonces del reino hachemí de Jordania. El hecho palestino fue una de las tantas novedades reveladoras que empezaron a abrírseme, y que contribuyeron decisivamente para que mi propia vida, y no sólo mi actividad profesional de arabista, fueran orientándose hacia dimensiones hasta entonces desconocidas por completo para mí, y encaminándose por sendas que me resultaban hasta ese momento inaccesibles. Ahora, muchos años después, puedo y debo reconocer, con absoluta serenidad, objetividad y ponderación, que ha valido la pena que así ocurriera. Mi vinculación a la palestinidad, por consiguiente, empezó entonces, y no ha hecho sino crecer, desarrollarse y diversificarse hasta ahora, manteniéndose siempre, y reafirmándose, mi compromiso intelectual y humano con ese pueblo y con la defensa de sus justos derechos y aspiraciones.</p><p>No quiero seguir por este camino de evocación personal, pero tampoco renuncio a proporcionar otro dato testimonial pertinente, por lo que tiene también de enormemente significativo en relación con todo lo que hasta ahora he suscitado. Sería hacia el año 1967 cuando empecé a preparar, con la excelente colaboración de mi buen amigo el poeta palestino <strong>Mahmud Sobh</strong>, llegado a Madrid desde Damasco para ampliar estudios y doctorarse, una extensa antología de la novísima poesía palestina llamada “de resistencia”. Acababa de aparecer el revelador libro de <strong>Gassán Kanafani</strong>, en lengua árabe, sobre el tema, y algún que otro trabajo sobre la materia de otros autores de la misma área lingüística. Ultimado nuestro original, emprendimos la grata tarea de buscar quien lo editara. El tema, como digo, constituía una novedad absoluta en el panorama literario occidental, y no sólo en el español. Nuestra antología era el primer libro en lengua europea sobre la materia. Solo quiero añadir un dato: nos “perdieron”  en varias editoriales —alguna de ellas conocida como de tendencia y vocación “progresistas”— el ejemplar que habíamos dejado. En conclusión: pudo publicarse, el año 1969, merced a la ayuda que nos prestó una institución creada por entonces, y mantenida por un mecenas de origen tunecino, que se llamaba Casa Hispano-Árabe. Tales cosas seguían pasando en este país tan “arabófilo”... </p><p>__________</p><p>Si he empezado como lo he hecho no ha sido solamente porque los hechos que he expuesto ejemplifican a la perfección el fenómeno que denunciaba: la deliberada decapitación —de “cortar la cabeza”— y el implacable desarraigo —de “cortar de raíz”— que la cuestión palestina en concreto, y cualquier cosa que tuviera que ver con Palestina en general, han sufrido durante mucho, muchísimo tiempo. Intencionadamente, a propósito, la cuestión palestina carecía de orígenes, de antecedentes, de comienzos, o estos se tenían por tan nimios e insignificantes que se podía prescindir de ellos, porque eran superfluos, no aclaraban ni contribuían a explicar lo que había ocurrido después. La historia de la cuestión palestina está llena de ultrajes a la verdad y de crímenes contra la memoria. Es decir, está llena —“plagada”— de delitos contra la humanidad.</p><p>He empezado como lo he hecho porque ello me permite subrayar y destacar uno de los valores principales del libro que prologo, resaltar como realmente se merece una de sus características más sobresalientes. En tal sentido, este libro se enfrenta radicalmente, y con gallardía, contención y ecuanimidad, a tanta historiografía intencionadamente desvirtuadora y en gran parte falaz o sencillamente ignorante, que se ha ido acumulando sobre la materia. Este libro se centra precisamente en rescatar y poner de relieve muchos de los comienzos, de los orígenes, de los antecedentes de la cuestión palestina.</p><p>Su contenido corresponde al largo “tiempo anterior”, al decisivo, al que suele mantenerse escondido e ignorado, como proscrito y desterrado; sí, justamente eso, “desterrado”, porque se les quitó la tierra. Es todo el largo periodo transcurrido entre las últimas décadas del siglo XIX y la mitad del siglo XX. Constituye la insólita y cruel paradoja del tiempo que no hubiera transcurrido, en conclusión, del “no-tiempo”. ¿Hay algo más cruel e inhumano que negar el tiempo? Me permito aconsejarle y encarecerle a toda persona que lea este libro —o que lo contemple, porque es un libro que también “entra por los ojos”— que, al leer y contemplar su contenido, esté siempre acompañado de esa idea subyacente fundamental: está recuperando un tiempo, un pasado que se quiso que no hubiera transcurrido, que no hubiera tenido lugar. Ello le proporcionará la explicación principal, y durante mucho tiempo escondida, de la dramática cuestión palestina, de la trágica e irredenta todavía historia contemporánea de este pueblo.</p><p>Este libro es esencialmente un extenso y muy cuantioso conjunto de imágenes, un excepcional álbum  de fotos, cargado de un profundísimo y original —de “origen”— significado. Al ser una colección de imágenes, es también el testimonio, tan silencioso como evidente, de un imaginario. El lector puede comportarse como el espectador de un excepcional documental cinematográfico, una sucesión de imágenes, de encuadres, de momentos, de situaciones, que le resultan tan atractivas como casi totalmente desconocidas, tan nuevas para él como inesperadas y sorprendentes. Precisamente por eso son, ante todo, reveladoras, es decir, le descubren algo que desconocía casi por completo, se lo “revelan”.</p><p>Suele repetirse que una imagen vale más que mil palabras, una de tantas frases felices que explican mucho y proporcionan vías de conocimiento, pero que también, entendidas y aplicadas con abuso, desvirtúan parcialmente los hechos; es certera, sí, pero puede resultar asimismo exagerada y encubridora. Imágenes y palabras valen, por sí mismas, lo que valen, y no tienen por qué funcionar como recíprocamente excluyentes. Por consiguiente, si van juntas, y conjuntadas, mejor.</p><p>Una imagen es siempre, por sí misma, un objeto valioso, pero su valor aumenta si la contemplación no se reduce estrictamente al ejercicio físico de la mirada, es decir, cuando la actividad del “ver físico” se acompaña también con otros dos: el “ver” mental y el “ver” sensitivo. Con esta triple mirada, con esta triple vía de penetración, el objeto contemplado adquiere toda su plenitud, su supremo valor y su significado entero. Me permito rogar, desde estas líneas, que a esta magnífica colección de fotos, de imágenes, se le dedique esa forma de visión, triple y una al tiempo: que ojos, mente y sentimiento se centren y se unifiquen en la mirada; que la mirada sea integral.</p><p>Tal ejercicio de penetración triple y trenzada nos llevará a evocar, por ejemplo, entre otras muchas cosas, que estos seres humanos que nos contemplan fijamente —más fijamente aún que nosotros a ellos— habitaban un país no extenso —poco más de 20.000 km— en donde vivían —sí, “vivían”, en toda la acepción del concepto— algo más de un millón de habitantes. No menciono estas cifras aproximadas con intención cuantitativa y comparatista, sino justamente con el propósito contrario: cualitativo y fundamental. Y nos preguntamos: ¿cómo esa población, más bien limitada en número y en espacio, resultaba tan sorprendentemente variada, diversa, rica y plural en sus manifestaciones, en sus comportamientos, en sus hábitos de vida, en su vestuario, en sus costumbres, en sus múltiples maneras de existir, de sufrir y de gozar? ¿Cómo Palestina podía ser, al tiempo, tan singular y tan plural, tan propia y tan diversa, tan genuina, con tantas genuinidades diferentes? ¿Había necesidad de romper todo esto, de cambiarlo, de destruirlo, para después reconstruirlo, una vez deformado, transformado, expulsado, sustituido? ¿No merecían estas gentes seguir viviendo —eso sí, “viviendo”— como estas imágenes demuestran que vivían? Esta es quizá la pregunta principal, la más dura e incisiva, que nos hacen esos ojos que nos miran fijamente, que no dejan de mirarnos, que seguirán mirándonos hasta cuando hayamos pasado todas las páginas de este libro.</p><p>La gran colección de fotos aquí reunida se realza con la inclusión de unos textos escritos por tres excelentes conocedores de la cuestión palestina, y que se distinguen además por su rigor intelectual y por su alta condición moral. Resultan además textos complementarios entre sí, pues cada uno de sus autores plantea y analiza el tema desde su propia experiencia personal y competencia profesional. Representan asimismo tres modalidades externamente diferenciadas —pero indisoluble y entrañablemente ligadas también—  de vivir y sentir la palestinidad: Bichara Khader<strong> </strong>es un palestino “de fuera”, en el exilio exterior, Johnny Mansour<strong> </strong>es un palestino “de dentro”, y por ello en el exilio interior, y Teresa Aranguren es una española profundamente palestinizada en vida y obra. Con ella y con Bichara mantengo desde hace muchos años no solo una inquebrantable amistad, sino también una vinculación no menos larga e inquebrantable con Palestina y sus gentes. Para mí, redactar estas páginas me proporciona una nueva oportunidad de confirmarles mi amistad, mi solidaridad y mi admiración.</p><p>Me ha permitido también descubrir la sensibilidad y la experiencia profesional de Sandra Barrilaro, que han sido fundamentales para la selección del material fotográfico.</p><p>  __________</p><p>Con frecuencia, cuando escribo o hablo de Palestina, menciono lo que afirmó, hace ya unos cuantos años, uno de los más representativos escritores palestinos contemporáneos, <strong>Rashad Abu-Sháwir</strong>: "La cuestión palestina es más que un problema de fronteras (<em>hudud</em>), un problema de existencia (<em>wuyud</em>)". Ahí está la clave: no se trata de que el pueblo palestino existe, sino que existió, y que seguirá existiendo. Y esa existencia no exige solo una morada, un país, sino que exige también una patria, un Estado así llamado: Palestina. El sucio juego político no puede doblegar la limpia realidad de la existencia, ni puede seguir olvidándola, marginándola, escondiéndola. La existencia no es una máscara ni puede ser enmascarada. Negar la existencia es negar la vida: es decir, una especie de crimen. Que empezó a perpetrarse hace ya bastante más de un siglo, y sigue perpetrándose —de otras maneras, con otros disfraces— todavía. Un crimen que continúa  sin juzgar y sin condena. Esto es lo que recuerdan y afirman estas fotos.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Martínez Montávez]]></author>
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