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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 66]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-66/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 66]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Si mi hija tuviese nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-hija-tuviese-nombre_1_1203103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77c7861d-427a-46d8-8bdb-362e79ca424a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si mi hija tuviese nombre"></p><p>  </p><p>   <strong>Si mi hija tuviese nombre</strong></p><p>  </p><p><em>Sí, detrás, entre las cosas que no valen.</em></p><p>Luisa Castro</p><p>Si mi hija tuviese nombre</p><p>contaría doscientos seis huesos maltratados</p><p>por cada minuto de silencio.</p><p>Si mi hija tuviese nombre</p><p>vería mujeres pariendo reyes en los cinco idiomas oficiales,</p><p>en las esquinas más sucias de toda España,</p><p>hombres con barrigas llenas y dientes podridos</p><p>que engullen gritos grandes como puños,</p><p>que tejen el mundo como arañas,</p><p>un orden antiguo en el que mi historia choca por fuerza con la suya.</p><p>Si te dejaran tener nombre</p><p>verías cómo nos crecen hilos de baba</p><p>desde los dientes, desde las manos,</p><p>bajo el vestido, en todo el cuerpo.</p><p>Viviríamos entre las fauces</p><p>de hombres-araña que mastican nuestra carne,</p><p>que mastican impacientes nuestra historia</p><p>con una voracidad que no se sacia.</p><p>Si te dejaran tener nombre, hija mía,</p><p>verías mujeres como yo,</p><p>mujeres como tú,</p><p>enseñando las heridas de tantos hilos en torno al cuello</p><p>siempre en los cinco idiomas oficiales,</p><p>siempre en las mismas y sucias esquinas,</p><p>allí entre las cosas que no valen.</p><p><em>*Ángelo Néstore es escritor, traductor y editor. Su último libro es </em><strong>Ángelo Néstore</strong><a href="http://bandaaparteeditores.com/libros/adan-nada-drama-transgenero" target="_blank">Adán o nada</a><em> (Bandaàparte Editores, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángelo Néstore]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Si mi hija tuviese nombre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Corto, concentrado, intenso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corto-concentrado-intenso_1_1141272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>Lo reconozco, estoy muy ocupado y cada día me falta tiempo. Tal vez por eso, me aficioné a leer cuentos, literatura breve, microrrelatos. Empecé con ellos porque no me exigían demasiada concentración, ni recogimiento. Leía en el autobús, a salto de mata, en cualquier lugar o momento, perdido en salas de espera.</p><p>Fue en los primeros meses del 2014 cuando me enteré que la asociación Muchocuento organizaría un club de lectura en el centro cívico de mi barrio, en Córdoba, y no dudé en apuntarme. Si no recuerdo mal, nuestro primer encuentro fue en marzo de ese año. Allí nos presentamos los seleccionados, hablamos de nuestras preferencias literarias y de por qué nos habíamos interesado, precisamente, por ese club de lectura. Estábamos en mayoría los que optamos decididamente por esas lecturas y dos o tres personas rebotadas que no habían logrado plaza en otros clubes de lectura más orientados a diferentes tipos de novelas. Arrancamos nuestra experiencia con los <em>Cuentos completos</em>, de <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, menudo comienzo.</p><p>En cuanto a la dinámica de funcionamiento del club tenemos todo el mes para leer el libro que nuestras coordinadoras <strong>Rosa </strong>y <strong>Cecilia </strong>seleccionan y nos proponen. La nómina de autores que llevamos leídos es de categoría. Entre los escritores internacionales nos recreamos con:<strong> Alejo Carpentier</strong>, <strong>Julio Cortázar</strong>,<strong> Guillermo Arriaga, Leonardo Padura, Mario Vargas Llosa</strong>. Destacados autores nacionales también han pasado por nuestras manos: <strong>Juan José Millás Max Aub, Rosa Regás, Eloy Tizón, Sara Mesa, Cristina Fernández Cubas, Manuel Moya</strong>. Y no descuidamos tampoco a los autores locales como: <strong>Francisco Antonio Carrasco, Antonio Luis Ginés, Fernando Molero, José Castillejo, Pedro Tébar, Julio Velasco</strong>… Como se ve, nuestras coordinadoras han tocado todos los palos, siempre según la disponibilidad de fondos de la biblioteca.  La categoría literaria, el nivel y los premios de los autores seleccionados nos han permitido disfrutar y crecer en nuestro club de lectura.</p><p>En el tiempo que llevamos asistiendo, apenas hemos tenido un par de bajas de personas inscritas inicialmente y, eso sí, incorporaciones cada año de una lista de espera de aspirantes a ingresar (tenemos limitación por el aforo de la sala en que nos reunimos). Nos hemos ido conociendo y reconociendo en nuestros gustos literarios. Leemos con entrega, profundidad y profesionalidad el libro de cada mes. Todos llevamos una libreta en la que anotamos nuestras impresiones, comentarios, críticas, sugerencias, frases…y las ponemos en común.</p><p>Cuando nos encontramos mensualmente vamos exponiendo por turno esas opiniones y comentarios. Los demás apostillan, confirman o contradicen al interviniente cuando termina su exposición. Todo es muy fluido, dinámico y enriquecedor. Nadie permanece pasivo, todos intervenimos y la hora y media en que nos reunimos se nos queda corta. En la mayoría de los casos solemos coincidir en nuestras apreciaciones, en los relatos preferidos, en el juicio que nos mereció el libro.</p><p>Al final de cada exposición incluso damos una puntuación al libro que leímos ese mes lo que sirve de referencia y contraste a las responsables del club y les facilita su labor de prospección de autores y estilos para la elección de escritores y títulos en el futuro.</p><p>Las dos características que nos distinguen del resto de clubes de lectura de nuestra ciudad son las que quiero destacar a continuación. Por una parte es el único dedicado al cuento, a la literatura breve, al microrrelato. Ya hablé de que algunos de nuestros componentes llegaron rebotados por no poder acceder a un grupo de novela; pues bien, salvo en un caso, todos han permanecido, han descubierto y cada vez disfrutan más de este tipo de literatura que, algunos de ellos minusvaloraban cuando se incorporaron. Los que ya la conocíamos hemos profundizado en ella, estamos desentrañando las claves de este género, adentrándonos en su complejidad. Personalmente, aquellas lecturas rápidas, superficiales que hacía han cambiado, ahora leo y releo las historias, me involucro en ellas y me dejo retar por el desafío que muchas de ellas y sus autores nos proponen a los lectores.</p><p>La segunda seña de identidad de nuestro club de lectura es la frecuencia con que acuden los propios autores de las obras elegidas a departir con nosotros. Nuestras coordinadoras van alternando autores, de forma que a lo largo de la temporada pasan por el club tres o cuatro escritores. Esa es la gran diferencia con los otros grupos donde sólo esporádica, muy esporádicamente, una vez al año, pueden contar con la presencia de un autor. La presencia entre nosotros de los autores nos supone un plus de interés y perfeccionamiento en nuestras lecturas y comentarios. En esas sesiones es cuando el tiempo se nos queda aún más corto. Los autores nos manifiestan, por un lado su sorpresa por el interés con que leímos su obra, cómo la desmenuzamos, por nuestras opiniones y comentarios. Y por otra parte nos reconocen que tanta pregunta, tanto interés les hace sentirse encantados, sí, pero también sometidos a una especie de tercer grado por la cantidad y el empuje de nuestras intervenciones.</p><p>Termino ya estas líneas en las que he querido describir y caracterizar nuestro club de lectura, subrayando su excepcionalidad en contraste con los demás de nuestra ciudad. Y sobre todo nuestra creciente pasión por la lectura de un género, hoy de moda, pero al que muchos llegamos cuando no se le reconocía la importancia y fuerza que ahora sí disfruta.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Olmedo Serrano (Muchocuento)]]></author>
      <media:title><![CDATA[Corto, concentrado, intenso]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Ensayo y error]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ensayo-error_1_1141271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5752c6e3-16f2-458f-b320-ed03005e49fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ensayo y error"></p><p><strong>Francisco Goyanes</strong>, responsable de la Librería Cálamo de Zaragoza, recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>Vuelve el ensayo. Bueno, nunca se ha ido, pero cierto es que la tendencia escapista de la humanidad nos lleva a menudo hacia lo fácil e intrascendente. Claro que tenemos derecho al ocio, pero convendrás conmigo que muchas veces perdemos el tiempo de manera miserable viendo en la tele series absurdas, películas rancias tipo <em>Torrente </em>o leyendo algunas pseudonovelas que no merecerían haber sido jamás impresas.</p><p>No me voy a poner divino, que yo mismo soy un indolente casi profesional con una fuerte tendencia a la vagancia y al disfrute de conocimientos absurdos e inútiles amén de espectáculos detestables tipo encuentros futbolísticos de tercer o cuarto nivel.</p><p>El ensayo ha vuelto. Qué gusto leer textos con sentido, de esos que te aportan algo,que te ayudan a entender el mundo en el que vives y también, por qué no, a olvidarte un poco de él al menos un ratito.</p><p>Recomendamos:</p><p><em><strong>La España del maquis (1936-1965)</strong></em>, de <strong>Jose Antonio Vidal Castaño</strong> (<strong>Punto de Vista Editores, Madrid, 2016). </strong></p><p><strong>En femenino singular</strong><strong>, de </strong><strong>Mercedes de Francisco</strong> (<strong>Gramma, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 2016).</strong></p><p><em><strong>15 M. Un movimiento político para democratizar la sociedad</strong></em>, de <strong>Cristina Monge</strong> (<strong>Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2017).</strong></p><p><em><strong>La</strong></em> <strong>gran aventura humana. Pasado, presente y futuro del mono desnudo</strong>, <strong>de</strong> <strong>Miguel Brieva</strong> (<strong>Reservoir Books, Barcelona, 2017). </strong></p><p>  </p><p> Portada de La gran aventura humana, de Miguel Brieva.</p><p>Se escribe y se edita ensayo. Mucho, o más que antes. Se han diversificado las edades, el género y los orígenes tanto de los ensayistas como de sus lectores. Incluso se compra y se lee, de nuevo, ensayo escrito en el estado español. ¿A qué se debe esta efervescencia? Para algunos es una moda formal, que tiene que ver con la rivalidad entre géneros literarios. Pero quizá se trata de algo más. ¿Nos preocupa la realidad? ¿Bajo cuáles de sus aspectos? ¿Se está dado un nuevo combate del pensamiento? ¿El ensayo como denuncia o confirmación de lo existente? En los años cincuenta se hizo famoso un artículo de <strong>Adorno </strong>titulado “El ensayo como forma”. ¿En qué medida es el ensayo, hoy, algo más?</p><p>Y además... recomendamos una novela.  </p><p><strong>ClavículaMarta SanzAnagramaBarcelona2017</strong><em>Clavícula</em></p><p>  </p><p>Recomendar cualquier libro de <strong>Marta Sanz</strong> es apostar sobre seguro. Su literatura es, además de divertida e inteligente, totalmente adictiva. En <em><strong>Clavícula</strong></em> habla del dolor propio y ajeno, de la hipocondría, de los médicos y los pacientes, de la salud y la enfermedad.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Cálamo en la Plaza San Francisco, 4 y 5, de Zaragoza o en su página web.</em><strong>librería Cálamo</strong><a href="http://www.calamo.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Goyanes (Librería Cálamo)]]></author>
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      <title><![CDATA[La perplejidad de vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/perplejidad-vivir_1_1141269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a0d28952-1133-4dda-827c-e93efa0e450f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La perplejidad de vivir"></p><p><strong>Trabajos forzadosOswaldo MuñozLeteraduraValencia2017</strong><em>Trabajos forzados</em></p><p>  </p><p><strong>Oswaldo Muñoz</strong> escribía para expresar la perplejidad de vivir. Ahora, seis años después de su muerte, la editorial valenciana Leteradura publica su primer libro: <em>Trabajos forzados</em>. Es un ramillete de los aforismos que, siguiendo el consejo de su maestro <strong>Gilles Deleuze</strong>, iba anotando. Estos textos –unos feroces, otros tiernos, algunos humorísticos— confirman tanto la extensión y profundidad de su cultura como la inquietud y rebeldía de su pensamiento.</p><p>Nació en Valencia en 1954, en el seno de una familia ilustrada, europeísta y republicana, y allí le conocí, cuando los dos empezábamos a dejar atrás la adolescencia y compartíamos la repulsión por el franquismo y la sed por los libros y las películas procedentes de allende las fronteras celtibéricas. Oswaldo Muñoz, amigo de los poetas <strong>Leopoldo Panero</strong> y <strong>Eduardo Hervás</strong> y del cineasta <strong>Antonio Maenza</strong>, era uno de los jóvenes <em>malditos</em> más fascinantes de la ciudad del Turia en aquellos años postreros del régimen oprobioso.</p><p>Volví a tratarle a comienzos de los años noventa, en París. Él se había exiliado allí como consecuencia de no recuerdo muy bien qué oscuro episodio, y yo era el nuevo corresponsal en Francia de <em>El País</em>. Oswaldo Muñoz colaboraría en las <a href="http://elpais.com/autor/oswaldo_munoz/a" target="_blank">páginas culturales de ese diario</a> desde entonces y hasta su muerte —en París, <em>bien sûr—</em> en 2011<em>.</em></p><p>París le sentaba muy bien. Allí pasó 35 de los 57 años de su existencia y allí dejó viuda e hija. En la capital francesa se sentía “un español completo”, precisamente por el hecho de estar ausente de España, según cuenta en <em>Trabajos forzados</em>. Aunque también echara de menos cierto ruido de sus años valencianos: el de las olas al romper en la orilla y retirarse, un vaivén que, según dice en otro de los aforismos, le producía paz. Una paz solo perturbada por la tentación de sumergirse en el mar para buscar el cofre del tesoro de algún capitán pirata.</p><p>Oswaldo Muñoz nunca fue un dogmático. “Ninguna creencia es irrevocable salvo nuestra fe en poder cambiarla”, afirma en <em>Trabajos forzados</em>. Era más bien “culto, alegre y vital”, como recuerda <strong>Carmen Monteagudo</strong> en su introducción a esta obra. Un tipo capaz de meditar sobre el hecho de que él, bibliófilo apasionado, había conocido a mucha gente buena que jamás había  leído un libro. O de observar que “solo los santos y los locos reparan algo que no han roto”. Y de afirmar que “el acto de pensar es la cosa más difícil del mundo porque es la única ocupación cuyo objeto requiere estar inexorablemente solo”.</p><p><em>Trabajos forzados</em> termina con un homenaje a Allen Ginsberg: “Recobro mi esperanza de hallar un día el canto del pueblo de los Canguros Rojos”. Con ellos andará ahora.</p><p><em>*Javier Valenzuela es periodista y colaborador de </em><strong>Javier Valenzuela</strong>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Europa, peaje para el ser humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/europa-peaje-humano_1_1141268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/12b43404-5afc-4d57-86dd-578990c01153_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa, peaje para el ser humano"></p><p><strong>EuropaCristina Cerrada</strong><em>Europa</em></p><p><strong>Seix BarralBarcelona2017</strong></p><p>Aúllan las fronteras en Europa. Se borran las líneas de los mapas con las lágrimas del dolor y la incomprensión de tantos que se mueven en una huida que nos deja en evidencia al resto, es decir, a aquellos que, a través de las imágenes de los informativos de televisión, de las lecturas de las páginas de prensa o de las voces que nos cuentan desde la radio, asistimos a cómo el éxodo, otro éxodo, define nuestro fracaso como comunidad. Europa, la vieja Europa, la gran dama virtuosa ha quedado al descubierto, enseñando sus pudorosos muslos, frente a lo inmoral de su comportamiento excluyente con el ser humano.</p><p><strong>Cristina Cerrada</strong> pone sus palabras al servicio de esa situación con su novela <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-europa/239061" target="_blank">Europa</a><em>, </em>un relato que habla de esa huida que gestiona el desaliento de miles de personas ante el proceso en el que están inmersas, en el que no hay respuestas ante tantas preguntas, pero sobre todo, en el que la zozobra y el desconcierto sepultan gran parte de lo que somos. La llegada de una familia de un país que podría ser cualquiera de aquellos que vemos convertidos en exportadores de almas a Europa occidental es el origen de este relato en el que asistimos a la complicada integración de los miembros del clan en un espacio diferente. Si algún elemento se verá seriamente afectado, éste será el de los sentimientos de los protagonistas, rehenes de la nueva situación en la que la herida no dejará de supurar para orquestar a una nueva especie de ser humano, repleto de odio, de dolor, de desconfianza, de miedo, de frustración... en definitiva, menos humanos. Caros peajes que todo éxodo ancla en la persona para cambiar las miradas, para poner el dedo en la llaga y aumentar así el dolor frente a lo que está viviendo.</p><p>Heda, la hija protagonista de la novela, es sobre la que la autora pone la mayor parte de la carga dramática. Un lastre que cada vez se hace más pesado, impidiendo una mayor libertad, pero ante todo minimizando las posibilidades de la persona frente al conjunto planteado mediante dos escenarios. El espacio familiar, simbolizado en el deseo de los padres por mantener el concepto de hogar, por armonizar un espacio en el que los hijos puedan sentir la necesidad y el valor de esos lazos; y el profesional, el trabajo en una fábrica en el que todo es sobresalto, en el que las miradas contienen una sensación de rabia en aumento donde todo es duda, al tiempo que aparece contaminado por esa pérdida de confianza en el ser humano. Y de fondo un suceso que todo lo enturbia, que añade la tensión necesaria para entender como la deriva culmina en el caos.</p><p>Para todo esto, Cristina Cerrada hábilmente elige un lenguaje seco, aristado, cortante. Frases breves en las que no se deja espacio para la imaginación o la metáfora, elementos que no tendrían sentido ante lo que se está contando, necesitado el relato de esa precisión quirúrgica para dar la sensación de urgencia, de vidas perecederas en las que la distracción no tiene cabida, ya que tan solo se trata de respirar. Todo esto le concede un vigor a la hora de la narración que marca al lector de cerca en la necesidad de certificar esa nitidez para validar aquello que se le está contando. Para registrar el inevitable dolor que deja este rastro de países sin nombre, de gritos que lentamente se van apagando dentro de esas nuevas vidas que se mantienen en pie sujetas por un fino hilo. Un hilo que más que de resistencia es de reto por la permanencia en un mundo cada vez más inhóspito.</p><p>Nombres propios, situaciones, escenarios… son los títulos de cada uno de los episodios en los que se condensa una historia de sorprendente precisión por ser capaz de contener entre sus líneas tantas voces como silencios para hablarnos, paradójicamente, de una permanente sensación de pesar. Un ahogo en el que este relato puntual parece ser una gota en un océano de lamentos a los que desgraciadamente seguimos permaneciendo demasiado ajenos.</p><p><em>*Ramón Rozas es crítico literario.</em><strong>Ramón Rozas</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Rozas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Refugiados,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es posible una filosofía marxista?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/posible-filosofia-marxista_1_1141265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a0c0e569-d0c4-4e13-b142-b46af5398710_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es posible una filosofía marxista?"></p><p><strong>Ser marxista en filosofíaLouis AlthusserAkalMadrid2017</strong><em>Ser marxista en filosofía</em></p><p>Tal vez parezca un anacronismo traer hoy a colación aquellos escritos en los que <strong>Louis Althusser</strong> en 1976, en pleno debate del Partido Comunista Francés sobre la eliminación de la “dictadura del proletariado”, se planteaba la conquista de los aparatos ideológicos de Estado por los intelectuales, aliados objetivos de la clase obrera. Pero la ausencia de debate sobre el fracaso de la URSS y la crisis de la socialdemocracia europea marcan los límites a una izquierda que oscila entre la impotencia ante la cada vez más lejana “profundización” en la democracia, y la desesperación frente al anhelo utópico de una sociedad más allá del capitalismo globalizado. Incluso hay quien postula una salida anticapitalista que nos saque —no se sabe cómo— fuera del sistema globalizado.</p><p>La obra de Louis Althusser, <a href="http://www.akal.com/libros/Ser-marxista-en-filosofIa/9788446043959" target="_blank">Ser marxista en filosofía</a>, reeditada por Akal y con texto establecido por <strong>G. M. Goshgarian</strong>, es un punto de partida interesante para mirar con perspectiva este debate. En esta obra se plantea el materialismo en oposición a la filosofía idealista, “que trata de la esencia de todo y de su contrario”. Una filosofía que Althusser se dedica a desmontar desde <strong>Platón </strong>a <strong>Lévi-Strauss</strong> pasando por <strong>Kant</strong>, sin olvidar al propio Althusser. El texto recoge en lo fundamental la conferencia impartida en la Universidad de Granada, <em>La transformación de la filosofía</em>. Una conferencia multitudinaria que abarrotó el crucero del viejo Hospital Real e hizo resonar esa primavera de 1976 sus ideas en las filas del Partido Comunista y en otras organizaciones políticas que aún luchaban contra los últimos coletazos del régimen franquista. <strong>Franco </strong>había muerto, pero el “Espíritu del 12 de febrero” de <strong>Arias Navarro</strong>, la tímida reforma —a partir de las “Leyes Fundamentales” del régimen—, fracasada antes de nacer, seguía reprimiendo cualquier manifestación de libertad. Althusser presentó esta conferencia en la creencia de que en España, frente a lo que ocurría en Italia —el “Compromiso Histórico”, por el cual el PCI trataba de buscar consenso con el resto de las fuerzas en torno a las instituciones democráticas para evitar tentaciones autoritarias—, era aún posible una estrategia de más largo alcance. Más allá del “logaritmo amarillo” había estrategia y vida. Una estrategia –tal como afirma Althusser— “que consiste en sitiar desde dentro los aparatos ideológicos, cosa que se puede hacer porque estos no son muy fuertes y, una vez que los aparatos ideológicos han sido ocupados desde dentro, el proletariado está de algún modo en posesión del Estado, por tanto, del poder del Estado… sin haberlo tomado previamente”.</p><p>Por contra, <strong>Paul Boccara</strong>, miembro del Consejo Nacional del PCF, presentaba entonces una teoría sobre la transición al socialismo como consecuencia natural de la evolución del capitalismo, una vez llegado este a la fase monopolista de Estado (CME) en la cual, éste deviene una gigantesca empresa económica. “El pueblo de Francia puede entonces ahorrarse la lucha de clases, para iniciar la transición al socialismo. Basta que resuelva votar por una “democracia avanzada” –ironiza Goshgarian—  para limitar el poder de los monopolios, lo cual será más fácil cuando la contradicción entre las viejas relaciones de producción y el desarrollo desenfrenado de las fuerzas productivas debido al progreso tecnológico pongan al capitalismo monopolista del Estado en crisis”. Esta lógica de “colaboración de clase” se asemejaba a la propuesta de <strong>Kautsky </strong>tras la Primera Guerra Mundial, según la cual el capitalismo había devenido ya un “<em>trust </em>único de Estado” que podría ser transformado en la primera fase del socialismo, mediante una simple transferencia de los títulos de propiedad.</p><p>De este modo, el PCF hacía suya la idea de que el capital <em>sobreacumulado</em> que no encuentra fuerza de trabajo para explotar “se hace ligar por el Estado” del capitalismo monopolista del Estado, que lo emplea en sectores no rentables, particularmente en los “servicios públicos”. Pero la noción de “servicio público” es falaz para Althusser, es una noción ideológica. Las medidas sociales arrancadas por la clase obrera establecen ciertas condiciones para la reproducción de la fuerza de trabajo a cargo del Estado. Es la clase obrera la que financia esos servicios, pagando proporcionalmente más impuestos, directos e indirectos, que los otros. Además, los servicios que financia sirven principalmente a los intereses del capital, y no a los suyos propios o sólo de rebote. En palabras de Althusser, “el error fundamental de 'los muchachos del CME” no reside tanto en creer que una crisis sistémica obligaría a los capitalistas a volverse hacia el Estado y, en consecuencia, a aceptar que su capital derive a sectores no rentables, sino en creer que pueda existir tal límite. En realidad, “no hay barreras absolutas para el capital”. Era la solución del “algoritmo amarillo” de la socialdemocracia, que condenaba a la clase obrera a la pasividad.</p><p>Hoy los Estados se están desmontando, las empresas públicas se han privatizado, y la izquierda, sea radical o no, reivindica el fortalecimiento y la ampliación del sector público (educación, sanidad, pensiones, etc.) y lucha por unas instituciones democráticas. Pero entonces, Althusser no creía en esa vía de profundización en la democracia. Sólo haciéndose con el Estado, podría el proletariado expandir los intereses generales. Desde su punto de vista, la posesión del Estado permite al proletariado ejercer un poder efectivo en su defensa mediante una transformación de las instituciones, de los aparatos ideológicos de Estado (AIE).</p><p>Pero hay una condición previa y necesaria: mantener la lucha de clases en la teoría, inseparable de la dictadura del proletariado. Para ello se debe disponer de un concepto claro de ideología, que permita crear una teoría de las ideologías (a su entender, inexistente en los países del Este y en los partidos comunistas del Oeste). Debe ser una teoría sobre la <em>sobredeterminación</em> que ejerce la superestructura, y para ello hay que analizar ante todo los efectos de los discursos que orientan su formación. A partir de ahí, se pueden clarificar las prácticas reales a las que recubren, en tanto enclavadas en  el seno de una sociedad de clases.</p><p>Para clarificar, hay un discurso clave a desmontar. Un discurso que, no teniendo objeto propio, se ocupa del objeto de toda otra disciplina, para elaborar sus categorías. Dichas categorías son asumidas por los otros discursos y penetran en las prácticas organizadas por los mismos. Se trata de la filosofía. Por eso, la filosofía es la punta de lanza de la lucha de clases en la teoría, en tanto presta a los individuos incluidos en una sociedad de clases sus categorías para imaginarizar y disfrazar la realidad de sus prácticas. No creo que nadie conceda hoy tanta relevancia la filosofía, pero en 1976 tenía sentido el concepto de “formación social”, el de “Estado” que delimita a ésta jurídicamente; y todavía era creíble conceder esa centralidad a una filosofía que, negando su función política, regía sobre las concepciones ideológicas y políticas. La experticia aún no había arruinado el diálogo y la reflexión política.</p><p>Por ese tiempo, retomando posiciones suyas anteriores de los sesenta, Althusser hace autocrítica frente a su teoricismo, y se posiciona como teórico de la <em>no-filosofía</em>. El corte epistemológico es un efecto del idealismo. Tampoco podía existir una filosofía marxista a la manera en que la pensaban los ideólogos del Este (<strong>Luckás</strong>, el más eminente), ignorando el papel que cumple en relación a la ciencia y a las ideologías, ni siguiendo los pasos de la socialdemocracia o de la tradición burguesa. “La filosofía dominante soslaya el hecho de estar dominada por la política y determinada por las ciencias, a las que pone de negación en negación… en un estado de sumisión y de explotación apologética que sirve a valores extracientíficos”. Esa relación de negación es efecto de <em>complicidad con la política de las clases dominantes</em>. Por el contrario, “la filosofía marxista actúa bajo la dependencia de una ideología proletaria y que, por ello, tiene un “vínculo orgánico” con la política”.  Igual sucede con el resto de las <em>filosofías, sólo que estas niegan tener una relación con la política. </em></p><p>El giro hace converger una tradición “desviante” (<strong>Epicuro</strong>, <strong>Maquiavelo</strong>, <strong>Spinoza</strong>, que sí reconocían esa raíz política y anticipaban a <strong>Marx</strong>) con un “materialismo del encuentro” o “aleatorio”, basado en la noción epicúrea de <em>clinamen </em>(trayectoria azarosa de los átomos). El principio del “materialismo aleatorio” supone el agrupamiento de una serie de elementos “cuyas disposiciones internas y cuyo sentido varían en función del cambio de lugar y de rol de estos términos”, pero a partir de ahí puede irrumpir una nueva estructura. Se trata de… elementos que tengan “un origen diferente e independiente” y que, sin embargo, posean la capacidad, comprobable retrospectivamente, de “aunarse para constituir esa estructura (…) ponerse bajo su dependencia y <em>transformarse en sus efectos</em>”. No hay determinismo, hay “encuentro” de elementos causados y sobredeterminados. Ese <em>clinamen</em>, el azar en la conjunción de elementos de todo tipo, puede alcanzar una dimensión política; lo que deja cierto margen a la idea de libertad, dejando la impresión de cierto decisionismo. Pero para que ello suceda, debe haber una cierta liberación de los elementos, fundamentalmente teórica. Recordemos que la teoría trata, entre otras cosas, de poner sobre sus bases materiales las distintas prácticas recubiertas por la ideología.</p><p>La filosofía, como toda práctica, queda oculta por los efectos de su propio discurso. Y aquí viene lo importante, uno de los efectos esenciales de ese discurso es cierto proceso de subjetivación; un efecto fundamental que se transmite al resto de los discursos y que, al incumbir al sujeto, queda a la base de toda ideología.</p><p>Para este punto de conexión entre la generalidad de los discursos y sus prácticas (jurídica, política, religiosa, filosófica, etc.) y el “efecto” sobre la particularidad del individuo que lo encarna, Althusser recurre al psicoanálisis y, en especial, al psicoanálisis de <strong>Jacques Lacan</strong>. De su primera formulación teórica toma la noción de “lo imaginario”, pero encajado en una teoría marxista sobre las relaciones sociales de producción en el marco de las contradicciones de clase, amortiguadas por el Estado - como fuente de alienación. La filosofía es el discurso clave de cohesión ideológica para la dominación de la burguesía, por eso es siempre “filosofía de Estado”.</p><p>La gnoseología, como parte de la filosofía, encubre el conocimiento real al ignorar la dinámica de clases, y la ontología da por sentado “lo que es” sin atisbar la contradicción. Pero el núcleo de toda ideología es el proceso de subjetivación, lo que él denomina “el efecto ideológico fundamental”. Para Althusser ese núcleo comienza con el discurso jurídico burgués. En él se produce una transferencia de la “causalidad estructural”, no en el sentido “expresivo” hegeliano, sino en el marco de una teoría marxista de la contradicción a una causalidad imaginaria, que el sujeto se atribuye a sí mismo, mediante un juego de reconocimiento /desconocimiento. El sujeto se identifica a su nombre; basta que alguien lo llame, para que vuelva se gire y se reconozca: “ese soy yo”. Y en esa operación, puede reconocerse como “culpable” (recordemos <em>la mala fé</em> de <strong>Sartre</strong>) o deslizarse hacia otro reconocimiento en el discurso, que le permita erguirse en toda su estatura y convertirse en amo de su pensar y de sus actos. La primera forma que adquiere ese sujeto- yo en el capitalismo es como sujeto jurídico, es decir como sujeto responsable, o por decirlo de otro modo, como sujeto dueño de sus actos y por tanto responsable de transigir con o infringir el orden de la ley impuesta y atenerse a las consecuencias.</p><p>Se oculta con ello la auténtica realidad de las prácticas sociales, pues el yo, “trabajador”, responsable, libre de hacer o no hacer <em>su </em>trabajo, de hacerlo bien o mal, de elegir ese u otro, de vivir aquí o allí, etc., no posee más realidad que la de ser una ficción derivada de esa categoría de sujeto, sostenida y elaborada a partir de otras categorías  “origen”, “causa”, “permanencia”, “sustancia”, “finalidad”, etc., que ocultan la realidad de esa práctica enmarcada como fuerza de trabajo empleada en determinado sector, sometida como mercancía a un mercado, determinada por el desarrollo de los medios técnicos y de las relaciones sociales de producción. Nada de libertad del individuo “trabajador”. El individuo identificado al señuelo “trabajador” (la matriz de la relación capitalista es la que se entabla como “individuo libre”), está de entrada sometido por las prácticas ligadas a la producción de bienes y mercancías, ley de mercado, de intercambio del valor, de producción de plusvalía, etc. Tampoco cuando el individuo se reconoce, no ya en su nombre propio, sino como “padre de familia”, como “propietario”, como “intelectual”, “filósofo”, o cualquier otro agente reproductor de cualquier práctica ligada a un discurso y acorde al sistema que rige esa formación social corre mejor suerte. Pero este creer en sí mismo como causa es fundamental para la reproducción de toda ideología, pues es desde su raíz que se crea la ficción del sujeto libre. Y esto sucede a partir del lenguaje, a partir del orden simbólico que precede a todo sujeto, y que Althusser recoge de manera peculiar del primer Lacan. A ese Otro del lenguaje, que a Lacan le sirve para enhebrar la palabra emergente del <em>aquí y el ahora</em> con lo que quedó <em>dicho</em> y articuló al sujeto, Althusser lo denomina “Ley de la Cultura” como sistema simbólico inserto y en función de la lucha de clases.</p><p>Los efectos de las categorías de la filosofía, como hemos visto, no son meramente teóricos, pues el sujeto los encarna y los hace suyos. El problema de la propiedad, por ejemplo, desde el discurso jurídico, no aparece como la apropiación de una clase sobre otra, de una clase que se apropia de los medios de producción y emplea el trabajo de otra clase para obtener plusvalía, sino como el derecho a la propiedad por parte del individuo. Un individuo que se cree así libre de comprar o vender la mercancía, sea ésta objeto o su propia fuerza de trabajo. De modo, que es el sujeto, como “yo” investido de dignidad y derechos, quien dispone de la propiedad y tiene o no derecho a ella. Por eso, la ideología, aunque alcance la coherencia a partir de las categorías elaboradas por la filosofía, surge a partir de las prácticas –no sólo de la ciencia- sino de cualquier práctica social al percibirse, sentirse y pensarse no como práctica concreta sometida a un orden social cuya raíz es la explotación de clase, sino como práctica producida por un sujeto libre y responsable de lo que piensa, hace y siente. La filosofía, que es también una práctica, permite, desde su dominio y gracias a sus categorías, unificar las ideologías y establecer un control inmanente, una capa de imaginario en torno al “sujeto libre”, matriz de toda ideología burguesa.</p><p>Ahora bien, el proletariado como clase emergente –afirmaba Althusser— debe asegurar el nuevo modo de producir mediante la “conquista del poder” y necesita también que “esa clase (el proletariado) haya transformado el Estado, el aparato de Estado, para adaptarlo a su explotación y a su particular represión: y esto  no puede hacerse sin una lucha de clases, siempre  muy larga en la economía, en la política y <em>en la ideología</em>”.</p><p>Entonces, ¿cabe una filosofía marxista? Propiamente no. La teoría marxista es inseparable de la “dictadura del proletariado”,  que es la toma del poder del Estado (de los aparatos ideológicos de Estado) como instrumento fundamental para reprimir las prácticas de apropiación y de reproducción de la anterior clase dominante e implantar el nuevo modo de producción, aunque, según el propio Althusser, no necesariamente implique la toma violenta del poder. Como recoge Goshgarian “el Estado de la dictadura del proletariado es un <em>Nichstaat</em>, un 'Estado-no-Estado' (<strong>Engels</strong>, <strong>Lenin</strong>) destinado a su desaparición, y la filosofía que le corresponde es, según Althusser, una filosofía-<em>no-filosofía</em>”. El concepto “dictadura del proletariado”, de tan funesta denominación, constituye la punta de lanza del “antiestalinismo de izquierda” que resumía, a su entender, su intervención político-filosófica de la primera mitad de los años 1960. Era su crítica de las interpretaciones economicistas y humanistas del marxismo.</p><p>No puede haber una filosofía marxista por cuanto no hay aún una toma del poder y, como consecuencia no puede existir una nueva forma de concebir las prácticas sociales, más allá de lo imaginario de la ideología. Solo cabe la negatividad de un desmontaje de la filosofía, de la lógica de las ideologías existente.</p><p>Es evidente que, a estas alturas de la historia, el Estado ya no es Estado tal como era entonces. Permeado como está por las nuevas formas organizativas y por la experticia organizada e impuesta desde las distintas agencias, corporaciones y organismos supranacionales (EU, FMI, BCE...) su conquista, en caso de plantearse, habría de estar orientada más bien hacia estos nuevos centros de poder global, de carácter no estrictamente “político”. Lo mismo puede decirse de los llamados aparatos ideológicos de Estado (sistema educativo, Universidades, centros de investigación, producción cultural, etc.), que están cada vez más estandarizados y globalizados a través de agencias e instituciones supranacionales (OCDE, ONU, UNESCO) y disponen de un lenguaje “científico” común en todo lo referente a lo que podríamos denominar “factor humano”; fuerza de trabajo, asimilada a meros “recursos humanos” en gran medida precarizados, empleables en procesos sin unidad fabril, en vías de robotización, como una fuerza de trabajo globalizada, deslocalizada, temporaria y atomizada y sin más residuo organizativo que el corporativo, como “clase organizada”.  Sin arraigo como clase, sin organicidad, globalizada y casi nómada laboral, sin comunidad estable ni sentido de pertenencia y conectada por intereses puntuales twiteros tan intensos como efímeros, ¿cómo podría verse llamada a la toma del poder?, ¿no tiene más sentido extender mecanismos democráticos allí donde coincidan intereses más generales?</p><p>Por otro lado, la “clase dominante”, en un contexto cambiante de acumulación de capital financiero e inversiones de carácter global, con una correlación de fuerzas en continua mutación en la Red y en el territorio, bajo estructuras agenciarias en alza y políticas en declive, y con un instrumento ultratecnificado de información lábil de consecuencias incalculables, domina acéfala a través de Internet en procesos vertiginosos de carácter colaborativo. ¿Qué significa aquí hacerse con el poder de los AIE? La dictadura de la clase del proletariado y el precariado, ¿qué poder habría de ocupar? Se usan ese tipo de conceptos por ciertos sectores de la izquierda, pero más bien constituyen preguntas, que estoy seguro Althusser se plantearía, y cuya respuesta no se vislumbra por ahora en los debates de la izquierda europea.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <title><![CDATA[Ana Rossetti, siempre reinventándose]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ana-rossetti-reinventandose_1_1141261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/088c7651-2472-410d-9c50-84db302cd324_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana Rossetti, siempre reinventándose"></p><p><strong>Deudas contraídasAna RossettiLa Bella VarsoviaMadrid2016</strong><em>Deudas contraídas</em></p><p>  </p><p><strong>Ana Rossetti</strong> entró como un vendaval en el panorama poético español de los años ochenta desde que publicó aquel ya mítico libro titulado <em>Los devaneos de Erato</em> (Premio Gules de poesía justamente en el año 1980), una mezcla de erotismo y clasicismo desenfadado que hizo estragos en el ambiente de un culturalismo envarado que se iba viniendo abajo por aquellos tiempos. Yo la he admirado y sigo admirando mucho desde entonces. Y no solo por aquel libro sino por todo lo que vino detrás.</p><p>Porque por aquellos años, a pesar de tantas buenas poetas como ya había habido en nuestro país, parece que las mujeres poetas todavía arrastrábamos algunas cintas del <em>corsé </em>que a la fuerza llevaron (aunque algunas lograran eludirlo) las llamadas “poetisas románticas”. O sea, las mujeres que se empeñaron en publicar poesía en el siglo XIX (por cierto, <strong>Rosalía de Castro</strong> nunca llevó corsé alguno). Aunque la lucha de las románticas, abriéndonos el camino, fue desde luego ejemplar.</p><p>La libertad y desenvoltura con que Ana Rossetti entró en el panorama poético de entonces con su ya citado libro <em>Los devaneos de Erato</em> fue un auténtico momento estelar de nuestra poesía y de la poesía escrita por mujeres. Fue el disparo al aire que nos invitaba a iniciar la carrera, a entrar en el juego de hacer versos (que no es un juego, como bien dijo<strong> Gil de Biedma</strong>) libremente, a nuestro modo, sin previas limitaciones ni complejos.</p><p>La trayectoria de Ana Rossetti es larga y una de las características que la representa y que más me llama la atención es la variedad de registros que tiene y la variedad de géneros que ha tratado (poesía, pero también prosa, novela, cuentos, ensayos, artículos, teatro, y ha llegado hasta escribir el libreto de una ópera titulada <em>Secreto enamorado</em>, con música de <strong>Manuel Balboa</strong>, que tras algunas vicisitudes se estrenó en Madrid, en la Sala Olimpia, en 1993).</p><p>Dentro de la poesía, que es de lo que tratamos aquí, digamos que Ana Rossetti ha sabido reinventarse en cada libro. O mejor dicho, ha sabido construir siempre libros con un sentido unitario y una atmósfera particular, una fuerza singular, captando en cada momento la inquietud que la dominaba, dándole voz a una mujer libre y al erotismo que mueve nuestra vida tanto como el corazón. Lo mismo el amor humano que el místico, con su erotismo a flor de piel. O la imaginería infantil, ese territorio donde parece encontrarse tan en su salsa.</p><p>No hace falta dar una lista de sus publicaciones, pero ciñéndonos a sus libros de poesía citaré algunos, además del ya destacado antes: <em>Dióscuros</em>, <em>Indicios vehementes</em>, <em>Devocionario </em>(Premio Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I), <em>Yesterday </em>y <em>Punto Umbrío</em>. Posteriormente, reunió su poesía en <em>La Ordenación</em> (Fundación José Manuel Lara, 2004), editado por <strong>Paul Viejo</strong>. Después aparecieron <em>Llenar tu nombre</em> (Bartleby, 2008) y el que hoy nos ocupa, <em>Deudas contraídas</em>, que publicó el año pasado La Bella Varsovia, un proyecto editorial al que también quisiera homenajear aquí. Puesto que un día, cada vez más lejano, <strong>Elena Medel</strong>, junto a otros jóvenes poetas, se lanzó al proceloso mar de las editoriales independientes, libres, que ha sabido guiar con el pulso firme y la ambición que la caracteriza, hasta llegar a tener cada vez más presencia, abriendo caminos a jóvenes y valiosos talentos poéticos.</p><p>Desde un principio Ana Rossetti se empeñó en usar la palabra con exquisitez. No porque le guste utilizar vanas, divinas palabras, como el sacristán de la obra de <strong>Valle </strong>utilizó el latín para aturdir y dominar al poblacho, sino porque sabe que son las palabras justas las que nos muestran los múltiples sentidos que encierran y nos abren la mente para llevarnos al significado profundo, a dar sentido a nuestra propia vida.</p><p>Así que en ese aspecto Ana Rossetti pretende ser una auténtica <em>virtuosa </em>de la palabra, no en el sentido moral (que también se le supone, como el valor a los soldados) sino porque aspira a arrancar no sólo la música de las palabras sino conseguir que su discurso poético no se convierta en un lenguaje hermosamente vano (como es más frecuente de lo que parece) sino que las palabras de verdad nos digan cosas, nos hablen con ideas poéticas, ideas que nos ayuden a comprender la vida en sus profundidades.</p><p>Quizá en estas <em>Deudas contraídas</em> su empeño en este sentido ha dado un paso más: este es un libro que se desnuda, poéticamente hablando, de cualquier retórica. Aunque esa desnudez buscada no deje de ser también una retórica, no deje de ser, precisamente, el lenguaje poético que le interesa plantear en este libro. Un lenguaje que va directamente al grano, a la denuncia de un mundo cruel que nos está convirtiendo en cómplices del más horrible desprecio por la dignidad humana.</p><p>Un mundo que retransmite su ferocidad por televisión, y lo vemos como quien ve una película de marcianos, como si no fuese algo que nos atañe directamente, porque no podemos atravesar la pantalla y tocar las heridas. Qué poesía puede contar eso sino estos textos desgarrados que nos ha dejado Ana Rossetti en éste su último libro. (“lo que está frente a mí no es sino la visión virtual de un mundo extraño, y yo no soy sino un clamor más que se une al mundo de farsantes.// O de ingenuos”, nos dice en su poema “Efectos muy personales”. Impresionante su poema “Arrebatadas”: “¿Qué ha sido de nuestras hijas? ¿Dónde están?”. Está dividido en cuatro partes, en la segunda podemos leer: “Y sin embargo la revista está aún doblada por el test '¿Eres verdaderamente romántica?”. Un poema que continúa en el siguiente “Halladas” (en tres partes) también desgarrador.)</p><p>Está claro que en este libro a Ana Rosetti el ritmo de los versos le resultaba insuficiente para expresar el dolor y la angustia que le produce el mundo que estamos construyendo. Ha necesitado de la prosa poética, con aliento contenido, pero vivo, para ponerle voz, para ponerle voz a la miseria, a la guerra, al exilio, a la soledad, a las mujeres desaparecidas, maltratadas, a los desahucios, a las viviendas vacías acumuladas por los bancos, a los que viven en las calles, a la desesperación, a la compraventa de todo... a la tragedia del mundo moderno en un intento de comprometernos o despertar conciencias. Ya lo anuncia en su cita inicial: “El pecado del silencio cuando se debe protestar convierte a los hombres en cobardes”.</p><p>Y no hay denuncia que no aparezca en estos poemas. Porque el mundo sigue en guerra, cada vez con más crueldad, más desprecio de los poderosos por los desamparados, más miseria moral aquí denunciada en todas sus modalidades.</p><p>Ya el primer poema, titulado con el verso clásico de <strong>Virgilio </strong>en la <em>Eneida, </em>“Sunt lacrimae rerum”, le sirve para hablar de lo que nos hace sufrir, nos desconcierta, nos envuelve en nuestras contradicciones. Para comenzar a destapar la podredumbre de nuestro mundo que rezuma dolor, explotación, guerras, crímenes de todas las clases. Y cómo, a pesar de todo, nos sentimos indefensos, pensamos que no tomamos parte, que nuestras manos están limpias. ¿Pero verdaderamente lo están?</p><p>Estamos, nos dice en sus poemas “Principio de la indeterminación”, “Como la liebre paralizada por la inminencia de los faros” o en su “Principio de incertidumbre”: “Que se prolongue el domingo que no acabe nunca (…) que el lunes no tenga lugar, que no exista”. O en “Existencias agotadas”: “No hay nada que hacer…”. Y más adelante afirma: “No saldaremos las deudas pendientes”</p><p>No, parece que no, Ana Rossetti, no saldaremos las <em>Deudas contraídas</em>.</p><p>Y sin embargo, en el poema final, me recuerda a aquel <strong>John Lennon</strong> que sembró las calles de Nueva York de anuncios pacifistas, al John Lennon de “Imagine” o el que nos decía: “La guerra se acaba (si tú quieres)”. Me refiero al poema titulado “Atrévete y sucederá”, lo mismo que imaginas la oscuridad puedes imaginar la luz. Es, como digo, el poema que cierra el libro abriendo una ventana a la luz, a la esperanza: “Por eso atrévete. Apacigua tu mente, ilumina tus ojos, imagina justicia, imagina consuelo, imagina bondad”.</p><p>Ana Rossetti, siempre reinventándose.</p><p><em>*Ángeles Mora es poeta, Premio de la Crítica y Premio Nacional de Poesía por </em><strong>Ángeles Mora</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=poesia&id_genero=1&id_obra=213" target="_blank">Ficciones para una autobiografía</a><em> (Bartleby, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángeles Mora]]></author>
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      <title><![CDATA[Mi identidad aérea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/identidad-aerea_1_1141253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/87a2682b-ad0c-40f6-bbb9-9487504359a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi identidad aérea"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta tercera entrega recoge un texto del escritor gaditano Felipe Benítez Reyes.</em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>___________________________________</p><p>Primero fue el dueño del kiosco de prensa de mi nuevo barrio: “Fui a verle con mis hijos. Es usted un artista”, y me estrechó la mano con las dos suyas. Luego el taxista con acento rumano: “¿Cómo lo hace sin caerse?”. Luego los demás: el panadero, el camarero del restaurante económico, la anciana que todas las tardes da de comer a los pájaros en el Luxemburgo y la muchacha con aspecto de enferma que se me acercó cuando cruzaba el puente.</p><p>Todos dan por hecho que soy el trapecista estelar del Gran Circo de Bruselas, con sede estable en París. No es la identidad que hubiese elegido de poder elegir alguna, pero tampoco es la peor de las posibles.</p><p>La semana pasada, la sobrina del portero de mi edificio me pidió un autógrafo.</p><p>Desde aquel malentendido que inició el kiosquero, no pasa un día sin que el equívoco gane en popularidad. Está visto que la confusión de una sola persona puede dar pie a una confusión generalizada, y más en un barrio como el mío, en el que todo el mundo sabe lo de todo el mundo.</p><p>Una parte de mí, por la fuerza de la irrealidad, es el trapecista del Gran Circo de Bruselas. Incluso he llegado a sentir miedo de caerme algún día del trapecio y ascender al rango de leyenda luctuosa. Una parte de mí que no es mía me susurra que debería hacer testamento.</p><p>Cuando alguien me mira, leo en sus ojos la admiración y sé que me imagina con unos pantalones blancos y con un chalequillo de lentejuelas moradas, dando volteretas en el vacío, y les confieso que he llegado a sentirme orgulloso de mi falsa profesión. Incluso en los días gélidos, me echo a la calle, porque comprendo que me debo a mi público: soy un espejismo. Soy, en fin, el trapecista.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes nació en Rota (Cádiz) en 1960. Su obra poética está recopilada en</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong> Libros de poemas<em> (Visor). Entre sus novelas se cuentan </em>El novio del mundo<em>, </em>El pensamiento de los monstruos<em>, </em>Mercado de espejismos <em>(Premio Nadal) y </em>El azar y viceversa<em>. Sus relatos están recogidos en el libro </em>Oficios estelares<em>, al que siguió </em>Cada cual y lo extraño<em>. Ha obtenido el Premio de la Crítica, el Premio Ateneo de Sevilla de novela, el premio Fundación Loewe de poesía y el Premio Nacional de Literatura, entre otros. Este microrrelato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, de próxima aparición –en edición limitada— en Interrogante Editorial. </em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Interrogante Editorial</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mi identidad aérea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Ataúlfo Argenta, una lección de vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ataulfo-argenta-leccion-vida_1_1141246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/14ccd69e-ad5f-4f7a-b122-40f59ed092ad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ataúlfo Argenta, una lección de vida"></p><p><em>Un niño nacido en 1913 en Castro Urdiales, hijo de un empleado ferroviario y una costurera, supera las barreras de una guerra civil en España, una guerra mundial en Alemania y vivirá  los tiempos difíciles de la dictadura. Cada etapa de la trepidante vida de Ataúlfo Argenta esta llena de obstáculos, que lejos de vencerlo le fortalecen cada vez más, hasta conquistar la gloria. El día de su muerte le buscaban para dirigir la filarmónica de Viena.</em><strong>Ataúlfo Argenta</strong></p><p>A menudo escuché a <strong>Ana Arambarri</strong> hablar de <strong>Juana Pallares</strong>, viuda del director de orquesta Ataúlfo Argenta, con un sentimiento de cariño, de admiración y de tristeza. La amistad entre su madre y Juanita surgió a través de la música y de los conciertos de la Orquesta Nacional a los que asistían cada viernes desde que el Teatro Real reabriera sus puertas como sala sinfónica allá por 1966.</p><p>La familia Argenta confió a Ana Arambarri las 150 cartas escritas por el director a su mujer para que iniciara un trabajo biográfico que era necesario, dada la importancia de la carrera de Argenta. No solo por lo que significó para la música y los artistas españoles, también para rendirle el culto que de algún modo quedó oscurecido por aquella muerte estúpida, en palabras de <strong>Fernando Argenta</strong>, hijo del gran director.</p><p>Estas cartas, escritas a lo largo de su vida para Juana Pallares, marcan el ritmo de <em>Música interrumpida</em> (Galaxia Gutenberg) y le dan un aire de diario. Un <em>diario </em>documentado que recorre capítulos importantes de nuestra historia, a partir del aterrizaje de Argenta con 17 años en el Madrid de <strong>Azaña</strong>, de <strong>Margarita Xirgu</strong> y <strong>Lorca </strong>o del Grupo de los 8, por citar alguno de los movimientos de vanguardia del momento.</p><p>El atractivo de esta biografía, fuera del indiscutible interés musical que suscita, es aún mayor porque se sucede con hechos históricos que nos atañen directamente. Impresiona imaginar a Argenta dirigiendo la Orquesta y Coros Proletarios de Madrid para quince mil personas en la plaza de toros, alternando la <em>Inacabada </em>de <strong>Schubert </strong>o la <em>Revoltosa </em>de <strong>Chapí </strong>con <em>La Internacional </em>y <em>La canción de Thaelmann</em> con letra de <strong>Rafael Alberti</strong>; hecho que poco tiempo después le supondría la cárcel al ser delatado por un músico mediocre y despechado.</p><p>Impresiona también pensar en las 444 bombas que destruyeron Kassel el 22 de octubre de 1943, ciudad alemana donde Argenta fue a perfeccionar sus estudios y donde en aquel momento vivía y trabajaba. Aquella dramática experiencia empujó al artista a marcharse de Kassel junto con su mujer e hijas. El olvido de unas partituras le hizo regresar a la que había sido su casa, pero la encontró reducida a escombros y cenizas. Hasta entonces había 326 teatros líricos en Alemania, en muchos de ellos Argenta había conocido el éxito.</p><p>Su vuelta a la España de la postguerra es un capítulo tremendo en el que el Argenta, una vez más, tuvo que sobreponerse a todo tipo de miserias, intrigas y zancadillas. Pero su talento, que reunía cualidades como constancia, inteligencia, pasión y sobriedad, sumados a un elegante e imponente físico y carisma, le condujeron en la última y más importante etapa de su vida a situarse en primera fila junto a <strong>Karajan</strong>, <strong>Bernstein </strong>o <strong>Celibidache </strong>y entre los herederos para suceder a <strong>Toscanini</strong>, <strong>Furtwängler </strong>y <strong>Ansermet </strong>llegando a dirigir las mejores orquestas de Europa, como la de Berlín.</p><p>En 1954, escribió en una revista cultural junto a firmas como las de <strong>Enrique Franco</strong>, <strong>Federico Sopeña</strong> y <strong>Joaquín Rodrigo</strong>. En su artículo, Argenta comentaba que España vivía de espaldas al mundo en el terreno de la composición, en contraste con la creatividad de los compositores anteriores a la guerra. Terminaba con un lema: renovarse o morir. Las iras del <em>stablishment </em>musical no se hicieron esperar, deseando fulminar al director cuanto antes. No lo consiguieron.</p><p>Argenta, que después de haber conocido el éxito en Alemania, había tenido que empezar a trabajar a su vuelta a España desde abajo, en la plaza de piano, celesta y timbres de la Orquesta Nacional, no había tardado mucho en hacerse con la batuta. Uno de sus muchos méritos, fue el de llevar a esta orquesta al más alto nivel y llevarla fuera de España. Ana Arambarri describe emotivamente aquel primer concierto en París, donde músicos y director consiguieron un éxito que quedaría reflejado en los periódicos de entonces como uno de los momentos más gloriosos de la orquesta que se recuerden. Su triunfo fue el compromiso, la capacidad de trabajo y empatía con los músicos de la orquesta.</p><p>Fundó el festival de Granada y el de Santander, donde se escuchó por primera vez la integral de las <em>Sinfonías </em>de <strong>Beethoven </strong>y <strong>Brahms</strong>. Era el mejor interpretando la música de <strong>Falla</strong>, <strong>Albéniz </strong>y <strong>Granados</strong>, dio a conocer a <strong>Debussy </strong>y <strong>Ravel</strong>, a <strong>Bartok </strong>y <strong>Stravinsky </strong>y las sinfonías de <strong>Mahler</strong>. Difundió la música española e invitó a innumerables intérpretes españoles a sus conciertos por Europa como <strong>Casals</strong>, <strong>Segovia</strong>, <strong>Yepes</strong>, <strong>Iturbi</strong>, <strong>Victoria de los Ángeles</strong>, <strong>Teresa Berganza</strong> o <strong>Alicia de Larrocha</strong>. También dio a conocer la Zarzuela fuera de España. Gracias a Argenta, nuestra música y músicos se abrieron al mundo.</p><p>El día de su muerte, le llamaban para dirigir a la filarmónica de Viena.</p><p>La muerte por inhalación de gases dentro de su coche, en el garaje de su casa de Los Molinos, en compañía de la pianista <strong>Sylvie Mercier</strong>, resulta una absurda ironía del destino. Una muerte dolorosa e injusta, no solo por lo que debió suponer para su familia sino por la gran pérdida que supuso para la música en España. Ana Arambarri denuncia en su libro que después del fastuoso funeral celebrado por el Gobierno, la familia Argenta sufrió el más grande olvido económico, quedando en completo desamparo. La maravillosa mujer que fue Juana Pallares, pilar fundamental de la carrera de Argenta, tuvo que sacar adelante a los cinco hijos del matrimonio ella sola. Las ayudas particulares, como la de la orquesta de la Suisse Romande y la del que había sido su mecenas, el <strong>marqués de Bolarque</strong>, fueron indispensables para esta familia.</p><p>Esta lectura suscita emociones. En una especie de camino a la inversa, y a través de unas cartas nos acercamos del mito al hombre, identificándonos con el ser humano, con sus miedos, sus problemas, mezclados con un deseo casi obsesivo de aprender y perfeccionar. Su ánimo se muestra siempre inasequible al desaliento, con una fuerza que seguramente surge de una convicción profunda de su propia capacidad.</p><p>Por otra parte, los nombres que aparecen a lo largo de las sustanciosas páginas de esta magnífica y bien documentada biografía de Arambarri, elevados por el tiempo a categoría de mitos, se tornan también como seres humanos, a veces por sus debilidades, o simplemente porque algunos de los que les llegamos a tratar y conocer tuvimos ocasión de conocerles y tratarles. <strong>Antonio Fernández-Cid</strong>, <strong>Ricardo Vivó</strong>,<strong> Javier Alfonso</strong>,  miembros del Grupo de los 8 tan relacionados con la Residencia de Estudiantes, donde conocimos a <strong>Rosita García Ascot </strong>y a <strong>Jesús Bal y Gay </strong>a la vuelta de sus exilios y cuando interpretamos su música, la de <strong>Pittaluga</strong>, <strong>Bacarisse</strong>, <strong>Bautista</strong>, <strong>Ernesto </strong>y <strong>Rodolfo Halffter</strong>, la de <strong>Mantecón </strong>o la de <strong>Remacha</strong>, un exiliado interior de por vida en una ferretería de un pueblo de Tudela.</p><p>Esta biografía nos asoma además al mundo de nuestros padres, abuelos, y a los tristes y duros tiempos que vivieron y que nosotros también hemos recibido en herencia. Afortunadamente, cuando surge una persona como Ataúlfo Argenta, la luz se enciende y convierte la pobreza material y espiritual en oro puro. Toda una lección de vida.</p><p><em>*Rosa Torres-Pardo es música.</em><strong>Rosa Torres-Pardo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosa Torres Pardo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Historia,Libros,Literatura,Literatura española,Música,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Álvaro Colomer: "Calla quien tiene algo que ocultar"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alvaro-colomer-calla-ocultar_1_1141232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/916ed819-1f06-47cf-b7bf-50994b40fa5b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Álvaro Colomer: "Calla quien tiene algo que ocultar""></p><p>La última novela de <strong>Álvaro Colomer</strong>, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/aunque-caminen-por-el-valle-de-la-muerte/ES0148296" target="_blank">Aunque caminen por el valle de la muerte</a> (Literatura Random House, 2017) no ha gustado en el ejército español. El escritor y periodista no solo se centra en la batalla de Nayaf  que en abril de 2004 dejó un centenar muertos en esta localidad iraquí cuando un grupo de milicianos atacó la base española Al-Ándalus. Para hacerlo, ha entrevistado a militares estadounidenses, salvadoreños y españoles que formaron parte de aquel suceso. Y los militares nacionales no quedan muy bien parados. Aquí habla de la dificultad de retratar la guerra, de lis límites entre literatura y periodismo... y de las implicaciones políticas de su libro, que señala directamente al Gobierno del Partido Popular, a punto de dejar su puesto. </p><p><strong>Pregunta. Creo que la última novela bélica en español que leí me remite a Arturo Barea y la forja de un rebelde. </strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Yo estoy alucinado también que no haya tradición de literatura bélica. Sí que es verdad que hay toda la guerra civil y que llegamos al punto de <strong>Isaac Rosa</strong>...</p><p><strong>P. Otra maldita novela sobre la Guerra Civil.</strong></p><p>P. Claro, y creo que ya es suficiente. Ahora <strong>Cercas</strong> vuelve al asunto, <strong>Pisón</strong> que rescató las guerras de Marruecos o <strong>Pérez-Reverte</strong> con su gran conocimiento de las armas históricas. Pero, ¿y las  guerras que están fuera de foco? Sobre todo las del siglo XXI...</p><p><strong>P. ¿Tenía intención de situarla en Irak?</strong></p><p><strong>R</strong>. ¡Qué va! Yo con todo esto me puse de casualidad. No iba por este tema, yo. Pero entonces leí una frase de <strong>Unamuno</strong> que decía que el día que desapareciera el servicio militar, desaparecería el patriotismo, igual que el día que apareció la Inquisición desapareció el catolicismo en España. Y yo creo que, más que el patriotismo, en la frase de Unamuno subyace una verdad enorme: la desaparición del servicio militar ha afectado muchísimo a la literatura, porque los escritores ya no conocen la guerra, y no sólo no la conocen: no la comprenden.</p><p><strong>P. ¿Hizo usted la mili?</strong></p><p><strong>R</strong>. No, yo tampoco, por eso lo digo. Como escritor debo esforzarme mucho más para entender de qué estaba hablando. Con la eliminación de la mili (¡Ojo! bien está que desapareciera) pero el aumento de conflictos armados, el periodismo bélico se multiplica. Los corresponsales de guerra, el mismo <strong>John Lee Anderson</strong> <em>en La caída de Bagdad</em>, explica que cuando estalló la invasión todos los periodistas internacionales huyeron de Bagdad a la espera de que se terminara la invasión. Sólo se quedaron la práctica totalidad de periodistas españoles, y sus compatriotas alucinaban con la calidad de las crónicas.</p><p><strong>P. ¿Pero una cosa es el periodismo y la otra la literatura? Trabaja para ambos campos y se nota. Pero el periodismo está en la fase de preproducción y la literatura es el resultado mucho más reposado que la crónica urgente, incluso el reportaje pausado. </strong></p><p><strong>R</strong>. La literatura bélica desaparece porque la guerra queda en manos de los periodistas que son los que pisan el terreno. Los escritores no entienden la guerra: la ven como espectadores en los medios de comunicación pero no se atreven a investigar. Básicamente porque son investigaciones muy caras y peligrosas.</p><p><strong>P. ¿Pero estar sobre el terreno cuando aún está sucediendo no es excesivamente urgente? ¿No se necesita un reposo?</strong></p><p><strong>R</strong>. 10 años me parece un periodo de tiempo suficiente para escribir un libro literario. Es un tema que ya está maduro. Para explicar el mundo militar sólo tenemos a <strong>Lorenzo Silva</strong>, formado en ese mundo y por tanto conocedor de lo que sucede en él. <strong>Javier Marías</strong> publicó una novela, <em>Invasor</em>, y <strong>Basilio Baltasar</strong> escribió <em>Pastoral iraquí</em>. Creo ellos mismos reconocerían que, dentro de su obra, son obras menores y que hablaban de la guerra de una forma que se notaba que no la comprendían.</p><p><strong>P. Pérez-Reverte sí que comprende las guerras.</strong></p><p><strong>R</strong>. Pérez Reverte escribe sobre guerras de otras épocas. Es de los únicos, junto con Lorenzo, que puede comprender las guerras del siglo XXI, porque vivió y sufrió Bosnia y otros conflictos internacionales de primer orden. Salvajes todos ellos. Pero decidió ocupar su faceta literaria, principalmente, en el Siglo de Oro. Y es muy interesante esa época pero perdemos a un posible gran narrador de las guerras del XXI. Quedamos Lorenzo Silva y yo. Y yo sé que mi caso es puntual, que yo no seguiré por esta vía.</p><p><strong>P. Vayamos al libro porque esto se nos irá de madre. ¿Cómo trabajó la investigación?</strong></p><p><strong>R</strong>. Al principio es sencillo. Sólo tienes que ir a un cuartel militar y preguntar a los soldados españoles que trabajan allí: "Oye, cuéntame cosas que te pasaron en Irak o en Afganistán". Es un regalo para los escritores, las historias son brutales.</p><p><strong>R. Yo tuve la suerte de ir a Bosnia, como periodista y por libre, en el año 2000. Cinco años después de los acuerdos de Dayton. Estuve en un cuartel militar durante dos días y los acompañé. Tuve la sensación de que más que acompañar militares, estaba acompañando a una ONG: estaban haciendo funciones de traslado de cisternas de agua a la gente, etc. Una cosa es el ejército que yo conocí, el que gestiona la paz y el rencor, y el otro es el que usted ha conocido.</strong></p><p>  </p><p><strong>R</strong>. No te creas. El ejército que yo he conocido también estaba en este tipo de misión. Los españoles estaban allí en misión de paz y reconstrucción, pero debían defenderse de los que sí estaban en guerra. Cuando llegamos ya se había producido la invasión y sí que había todavía paz, y sí que había habido ataques contra los americanos pero no contra el resto de países: japoneses, salvadoreños... Iban en misión de reconstrucción. El problema es que estalló la guerra civil mientras estábamos en esta situación como si no quisiéramos ser conscientes de ello. Y los americanos ya nos lo advertían: "Habéis venido a repartir caramelos y aquí ahora mismo no les van los dulces".</p><p><strong>P. ¿Y los militares no se lo dijeron a quien correspondía?</strong></p><p><strong>R</strong>. Un alto mando español ya le dijo al ministro <strong>Trillo</strong> que no podíamos ir en misión de paz a unas ciudades que eran auténticos polvorines.</p><p><strong>P. La realidad era diferente de la planificada en el despacho</strong></p><p><strong>R</strong>. Si quieres ver el ejército español en acción de verdad tienes que ir a Afganistán. Aquello sí que era una guerra porque era la guerra apoyada por todo el planeta, todo el mundo estaba de acuerdo.</p><p><strong>P. Fuimos en misión de paz en territorio en guerra.</strong></p><p><strong>R</strong>. No solo eso. Fuimos a Nayaf sin tener en cuenta que esa ciudad es como el Vaticano para los chiíes, y resulta ofensivo para ellos que fuera ocupada por tropas invasoras e infieles. El mando español advirtió a Trillo que no eligiera Nayaf. Formábamos parte de la coalición internacional y pudimos elegir. Un alto mando dijo: "Nayaf no. En cualquier momento explotará. Que se lo queden los americanos". Y le respondieron que eso eran tonterías. Y fueron a Nayaf y lo primero que hicieron fue montar una base militar que bautizaron como Al-Ándalus. ¿Es que somos idiotas? Era muy ofensivo. Y claro, acabó estallando la batalla. No tanto por eso, que es un detalle, aunque  muy significativo del nivel de comprensión del territorio donde vas a instalarte.</p><p><strong>P. ¿La elección de Nayaf es una decisión militar o política?</strong></p><p><strong>R</strong>. Nayaf es una decisión política. Todo son decisiones políticas.</p><p><strong>P. ¿Y el nombre de Al-Ándalus?</strong></p><p><strong>R</strong>. La verdad es que no conseguí saber quién lo puso. Yo sé quién encontró la base, quien le dijo al ejército donde debía instalarse. Un individuo que acabó encarcelado en Abu Ghraib acusado de haber participado en el asesinato de siete agentes del CNI. Sobre quién fue el lumbreras que decidió que llamaran a la base Al-Ándalus no tengo ni idea. En Diwaniya se llamaba Base España. Lo normal. De hecho, un alto mando se quejó: hay un informe muy famoso, el del general <strong>Enrique López de Ayala</strong> explicando al ministro Trillo la imposibilidad de continuar trabajando en Nayaf. Cuando estalló la batalla, los políticos explicaron que no sabían que Nayaf era tan peligroso. El alto mando español respondió que sí lo sabían porque fueron advertidos de viva voz y por escrito. No les hicieron caso.</p><p><strong>P. La política hace caso omiso de los que están en el terreno. Eso es imposible, hombre.</strong></p><p><strong>R</strong>. Hay un libro muy famoso de un general norteamericano que se llama<strong> Wesley K. Clark</strong>, <em>¿Qué ha fallado en Irak?</em>, donde cuenta que uno de los grandes problemas de esa guerra es que la quisieron hacer los políticos. Los estadounidenses —y los demás, también, contagiados por este comportamiento— decidieron: "Vamos a invadir Irak". En EEUU los militares dijeron a <strong>Dick Cheney</strong>, secretario de defensa, que de acuerdo pero que la guerra la hacían ellos. Y Cheney respondió que no, que "esto de invadir Irak está tirado y ya lo hacemos nosotros". En ese libro se explican las dificultades de los militares americanos para hacer entender a sus políticos que la guerra tenían que planificarla y ejecutarla ellos, que ellos eran los militares y ellos sabían cómo hacer la guerra, mientras los políticos tenían un poco la actitud de "he visto muchas películas, ya lo haré yo".</p><p><strong>P. Y en España pasó lo mismo, pues.</strong></p><p><strong>R</strong>. Yo creo que en España los políticos quisieron imponer su opinión sobre los militares. No es que los militares estuvieran en contra o no de Irak. Pero Trillo y su equipo sí decían: "Mira, esto son cuatro moros, nosotros aquí lo hacemos todo".</p><p><strong>P. Todo esto, contradice la frase que reza: "No puedes dejar la guerra en manos de los militares: siempre decidirán que haya guerra puesto que es su profesión y la necesitan".</strong></p><p><strong>R</strong>. No, no puedes dejarla para que no se sobrepasen. Pero obviamente, si alguien tiene que organizar una guerra deben ser los militares. ¿Alguien cree que Federico Trillo sabe de guerras? ¿O <strong>Cospedal</strong>? ¿O <strong>Chacón</strong>? No tienen ni puta idea.</p><p><strong>P. Leyendo Aunque caminen por el valle de la muerte, cuando se explica la ubicación de la base, tenemos la tentación de esbozar una sonrisa… si no fuera tan dramático. Cuando el joven está en la ventana del hospital, observa y piensa, "estos tíos son gilipollas" porque han puesto la base junto a un edificio de no sé cuántas plantas desde las que los francotiradores pueden dedicarse a disparar contra cualquier persona que se mueva.</strong><em>Aunque caminen por el valle de la muerte</em></p><p><strong>R</strong>. Es que en principio nadie tenía que disparar desde allí. El planteamiento político era: si estamos junto a un hospital mejor que así queda protegido. Pero el de los militares era que la base había sido mal ubicada.  De los iraquíes ni te cuento, tú dirás. Sólo para hacernos una idea: los iraquíes, en Nayaf, tenían una orden: el primer objetivo eran los americanos, el segundo los salvadoreños y el tercero, los españoles, porque consideraban que eran los más flojos.</p><p><strong>P. Hombre, no digas eso, flojos no. Tal vez con menos experiencia.</strong></p><p><strong>R</strong>. A eso me refiero. Somos un país que no vamos a guerras. Para bien o para mal. Nosotros no hacemos guerras. Ahora mismo nos han enviado —lo leía ayer— no sé cuántos guardias civiles para adiestrar soldados en Irak. Es un país que lleva 20 años en guerra, que ahora está luchando contra Estado Islámico, ¿y nosotros les tenemos que enviar militares para que les enseñen cómo se hace la guerra? ¿Estamos de coña? Reconstruir escuelas u hospitales me parece que tiene más sentido.</p><p><strong>P. ¿Y los americanos cómo veían a los españoles?</strong></p><p><strong>R</strong>. Los americanos no entendían que los españoles se hicieran amigos de los insurgentes, de los tíos que después nos atacaron. Los españoles defendían que su estrategia de tender puentes servía para calmar situaciones conflictivas a través de la amistad, porque estaban allí en misión de paz. Los americanos defendían la típica estrategia de toda la vida: al enemigo, ni agua. Pero eso ya son pautas de comportamiento. Y en medio, los salvadoreños también te decían que los españoles iban allí a hacerse amigos de la gente y desde un punto de vista militar no era lógico. Desde un punto de vista político quizás sí, pero desde el militar, nosotros estamos allí defendiendo una base y un territorio, sabemos que hay tíos cabreados con nosotros por todas partes... Pues no puedes hacerte amigo. Debes imponerte. Americanos y salvadoreños flipaban.</p><p><strong>P. En la guerra no hay posibilidad de confraternización según esa teoría.</strong></p><p><strong>R</strong>. Los militares americanos sostienen que los iraquíes quieren lo que quiere todo el mundo: tierra, tranquilidad. Y en esa situación, mientras haya alguien fuerte, con autoridad, todo irá bien. Si demuestras debilidad pierdes autoridad. Los españoles, con su intento de ser comprensivos lo que hacían era dificultarlo todo. Que para el buen rollo ya estaban los médicos, las ONG… pero un soldado tenía que ir de soldado, porque aquello era una invasión.</p><p><strong>P. La batalla de Nayaf se produce justamente en el mes de transición en el que Zapatero ha dicho que abandonarán Irak y Afganistán; con un Gobierno en funciones que no se esperaba perder aquellas elecciones —las estadísticas habían dicho que tenían que ganarlas con mayoría absoluta—. Todo esto está explicado desde la óptica de algunos militares que están allí...</strong></p><p><strong>R</strong>. Allí y con las pies en el suelo. Tocando la realidad.</p><p><strong>P. Entonces, el protagonista de esta novela es en realidad un protagonista ausente. Aquel que no decide ni hace nada provoca efectos colaterales que son la consecuencia de la indecisión del protagonista: el político como responsable.</strong></p><p><strong>R</strong>. Esta es una novela cien por cien política por más que los protagonistas de las páginas sean los militares. Porque he dedicido contarlo desde la perspectiva de los soldados que vivieron las consecuencias de estas indecisiones o malas decisiones políticas. Una mala lectura de la novela puede dar la sensación de que yo estoy criticando el ejército español o americano. Por eso escribí el prólogo, para situar al lector español, y le debo recordar exactamente donde estamos: en un momento político tremendo. Porque aunque el PP aún esté en el gobierno, está en un estado de desidia: han perdido las elecciones, todo el mundo los odia... El problema no fue el 11M, fue la reacción del PP frente del 11M. El 11M habría podido reforzar la idea de que la derecha es más belicista que la izquierda, por ejemplo, pero en vez de eso la manera de gestionar y mentir hizo que se perdiera.</p><p><strong>P. Esa indecisión provoca situaciones realmente patéticas.</strong></p><p><strong>R</strong>. Nadie lo dice directamente pero era muy difícil llamar a Madrid. "Oye, que tenemos que ir a hacer una misión que seguramente sea arriesgada", y desde Madrid respondían que no les agobiasen que ellos estaban de retirada ya que interpretaban como una consecuencia del resultado electoral. Y es justo en ese contexto que estalla la batalla.</p><p><strong>P. Un domingo de ramos.</strong></p><p><strong>R</strong>. Imagínate. Lo primero que hace el alto mando en Nayaf es llamar a Madrid. Evidentemente, en el Ministerio de Defensa siempre hay gente, porque estamos en guerra, pero... <strong>Paul Bremer</strong> en sus memorias <em>Mi año en Irak</em> cuenta que la batalla empieza a las nueve de la mañana y que él, a la una del mediodía llama al embajador español en Irak y le explica que desde Nayaf el destacamento americano no está actuando. El embajador español, a la una del mediodía, le responde que no sabe de qué batalla le está hablando.</p><p><strong>P. De tan surrealista no puede ser verdad. </strong></p><p><strong>R</strong>. Paul Bremer lo cuenta así. Indignado, llama a <strong>Ana Palacio</strong>, ministra de Exteriores, y le dice lo mismo: "Nos están atacando". Y Palacio le responde lo mismo: que no sabe de qué batalla le está hablando. La batalla hacía cinco horas que se había iniciado, y era la más importante del ejército español en los últimos 50 años. Yo creo que Paul Bremer exagera un poco porque decir que en España nadie sabía nada sería muy salvaje. Pero ese hombre acabó muy cabreado con el ejército español.</p><p><strong>P. Pero Estados Unidos y Bush estaban muy contentos con la posición española.</strong></p><p><strong>R</strong>. Por eso no deja de ser significativo que un militar norteamericano que ha visto cómo el presidente español salía en la foto de las Azores escriba unas memorias durísimas en las que dice que los españoles son un atajo de cobardes y que los políticos de nuestro país son unos irresponsables.</p><p><strong>P. Usted no has hecho la mili, por tanto su interés por la guerra, o por esta guerra, es como mínimo sorprendente. </strong></p><p><strong>P</strong>. Sinceramente, mi interés era cero. De hecho, yo después de <em>Los bosques de Upsala</em>, que es una novela muy claustrofóbica, muy cerrada, muy triste... yo quería una novela <em>a cielo abierto</em>. Hace nueve años, quería escribir una novela sobre un mercenario del siglo XXI que volvía a Barcelona porque su hermano había muerto víctima de un asunto de drogas. Él volvía para vengarlo. Una novela algo hollywoodiense. pero me apetecía explorarlo. Como los métodos de trabajo son los que son y yo soy periodista, quería que todo fuera coherente y creíble. Busqué mercenarios. Es difícil, y más aún que accedan a hablar contigo.</p><p><strong>P. Sí, no contestan anuncios habitualmente.</strong></p><p><strong>R</strong>. Están en empresas especializadas en "gestión de la seguridad", como Blackwater. La única manera de acceder a ellos era entrevistarme antes con gente que los ha conocido. Y después pude llegar a alguno. Y fue entonces cuando uno de ellos me dijo: "¿Por qué quieres escribir una ficción si tienes una historia real en la que intervienen mercenarios y españoles?". Y me contó la batalla de Nayaf.</p><p><strong>P. Ahí es donde se activa su curiosidad.</strong></p><p><strong>R</strong>. Empiezo a preguntar algo a familiares de militares y a algún soldado que estuvo en Irak. Nadie quiere contar nada. Llamo al Ministerio para entrevistar a alguien, me dijeron que esta historia no interesaba a nadie y me preguntaban por qué estaba interesado.</p><p><strong>P. Lo típico: el director de comunicación que te dice que tu historia no interesa pero mejor no hurgues en ella. Es como ponerte un caramelo envuelto y decirte que no lo desenvuelvas. </strong></p><p><strong>R</strong>. Abandoné mi proyecto inicial y me puse a investigar. Yo creo que el Ministerio de Defensa ha evitado explicar muchas cosas que pasaron, pero también creo que la población española no ha tenido interés en saberlo.</p><p><strong>P. Bueno, más que interés ha tenido desconocimiento. Estamos hablando de algo que sucede después del 11M y que sucede el mismo día que los hechos de Leganés.</strong></p><p><strong>R</strong>. De acuerdo. Ese día todo estaba centrado en Leganés. Pero la batalla de Nayaf salió en la prensa. Existió.</p><p><strong>P. Ya, pero que yo recuerde no salió nunca como "la gran batalla de Nayaf". Fue un episodio más de los de la guerra de Afganistán o Irak, un ataque terrorista, un encontronazo.</strong></p><p><strong>R</strong>. Gervasio Sánchez estaba en la batalla, estuvo desde las nueve de la mañana, quiso informar…</p><p><strong>P. Cuando Bremer llamaba a España...</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, porque quería entrar en la radio y enviar las fotos, y como no lo podía hacer desde allí, volvió a Bagdad. Y entró en directo en la Cadena Ser, cortaron la programación para que él lo pudiera explicar. Y si escuchas esta grabación —yo no la escuché en su momento, sino después— te das cuenta que él, que es uno de los mejores periodistas de guerra, trató de transmitir la importancia de lo que estaba contando. Nadie preguntó más. Y los españoles tampoco reclamaron explicaciones. Yo he hablado con soldados para esta investigación y lo que te dicen es que cuando llegaron no se encontraron con aplausos ni rechazo, sino indiferencia.</p><p><strong>P. Ocurre en todas las guerras.</strong></p><p><strong>R</strong>. No. A la gente, cuando regresaban de Vietnam, la rechazaban. Pero tú rechazas algo cuando tienes una idea de lo que han hecho –esté o no manipulada— y no te ha gustado. Si tú sales a la calle y preguntas a veinte personas si tenemos soldados en Afganistán, quince no te lo sabrán decir.</p><p><strong>P. ¿Y por qué crees que se produce este fenómeno? </strong></p><p><strong>R</strong>. Yo creo que precisamente se produce porque el Ministerio de Defensa no quiere hablar de estos temas y corta los comunicados. En Francia, el Ministerio de Defensa envía comunicados para que expliquen lo que está pasando en los países donde Francia está implicada en una guerra. Francia no tiene miedo de decir: "Mira, estamos en Siria, y con la última bomba que hemos lanzado hemos matado 200 militantes de Estado Islámico". No tiene miedo porque asume que la población es adulta y comprende que si hemos ido a un sitio de estos pasarán estas cosas, guste o no a la población.</p><p><strong>P. ¿La diferencia está en la experiencia?</strong></p><p><strong>R</strong>. Yo creo que el Ministerio de Defensa —no hablo de ningún color ni de ningún ministro en concreto— tiene en su ADN una idea que viene ya de la época franquista, y es que la gente no quiere saber y no comprende estas cosas: tiene una idea muy infantil de la población. Y como al mismo tiempo los escritores españoles ya no tienen conocimientos bélicos en la cabeza nadie quiere saber nada. Los únicos conocimientos que nos llegan son los de los corresponsales de guerra, y estos han desaparecido aniquilados por la crisis del periodismo. Quedan muy pocos como <strong>Mikel Ayestaran</strong>. ¿Y que nos queda? El Ministerio de Defensa, que como Ministerio que es, falsifica la información, porque que un ministerio de defensa es eso, aquí y en Gabón.</p><p><strong>P. Pero ahora estamos hablando de periodismo, no de literatura.</strong></p><p><strong>R</strong>. Es que es mucho peor. Los  escritores no comprenden lo que pasa, no tienen apoyo económico para poder hacer estas investigaciones, y no tienen apoyo por parte del Gobierno para explicar lo que pasa... A mí alguien del Ministerio de Defensa me llegó a decir —y creo que era una bravuconada— que publicar un libro como éste se podía considerar traición a la patria. Y pregunté: "¿Pero qué traición y qué patria? Yo soy un civil, a mí eso no me afecta". Y me respondieron que de acuerdo que no me afectaba en nada, pero que cosas así <em>quedan</em>.</p><p><strong>P. Hombre, ahora que con la Ley Mordaza te ponen en prisión por una canción...</strong></p><p><strong>R</strong>. Es que yo creo que tenían más temor a una ficción que a un ensayo. Fíjate que cuando en Defensa en Madrid me dijeron que no, exploré entonces por otra parte. Escribí a El Salvador y allí su Ministerio de Defensa no me puso ningún impedimento. Estaban orgullosos de poder explicar su participación en la batalla. Todo fueron facilidades. En Estados Unidos es verdad que durante los primeros días me pusieron una persona al lado que iba a todas partes conmigo, y escuchaba todas las entrevistas. Hubo un punto en que me dijo que se iba porque ya veía que lo que a mí me interesaba no suponía ningún peligro para la seguridad nacional, y me dejó solo y con los soldados. Porque yo sólo quería saber sobre aquella batalla, y para ellos esto era un asunto transparente del que estaban orgullosos. En cambio, el Ministerio de España te juro que parecía que estuviera pidiendo el código para enviar armas nucleares.</p><p><strong>P. La diferencia entonces, está en explicar aquello de lo que estás orgulloso. Si el papel de las tropas españolas hubiera sido como el de Salvador... ¿Quieres decir que el Ministerio de Defensa no habría informado? Los Ministerios de defensa aquí, en Estados Unidos, El Salvador y en Gabón informan de todo lo que se puedan colgar una medalla —y la medalla es el máximo exponente de la tarea de un soldado—.</strong></p><p><strong>R</strong>. Se calla no sólo quien no está orgulloso de lo que ha hecho, sino quien tiene algo que ocultar. Es un dogma periodístico.</p><p><strong>P. Pero terminó hablando con militares españoles.</strong></p><p><strong>R</strong>. Yo soy un tipo muy educado, y siempre que me invitan a un lugar me presento con un regalo. Entonces, para entrar bien en el Ministerio de Defensa organicé Libros para las tropas, que no lo recordarás pero es algo que hice allá por el 2008. Contacté con muchas editoriales y les pedí libros en <em>stock</em>, que con el Ministerio de Defensa haríamos paquetes y los enviaríamos a las bases militares españolas que no tenían bibliotecas y así tendrían los chicos cosas para leer. Carmen Chacón me invitó a Afganistán a inaugurar una de estas bibliotecas. Una vez ya tenía hecho esto, y ya tenía un poco abiertas algunas puertas del Ministerio, les dije "quiero escribir sobre ello", y todas las puertas se cerraron de golpe.</p><p><strong>P. ¡Ah, amigo! Estos viajes sirven para conocer gente de carne y hueso.</strong></p><p><strong>R</strong>. Cuando volví de los viajes, volví al Ministerio y les dije que ya había hablado con los otros dos Ministerios y que el español quedaba muy mal. Yo iba a escribir la novela de todos modos y si no me daban su versión quedarían muy mal. Yo no tenía, ni he tenido, la intención de dejar mal el ejército español, a mí ni fu ni fa. Más fa que fu, tal vez, porque es mi ejército, y antes de dejarlo mal, pues quería tratar de buscar justificaciones. Fue entonces cuando vieron que yo iba en serio, y me dieron algunas entrevistas, muy controladas, en los cuarteles desde donde salieron los soldados; y cuando digo que estaban muy controladas quiero decir que iba con una persona, un tío, y hablaba casi todo el tiempo él. Hubo un momento que le dije: "¿Usted no está aquí para controlar? Pues deje hablar a los soldados y controle lo que dicen".</p><p><strong>P. ¿Y con eso hubo suficiente?</strong></p><p><strong>R</strong>. Fue como un dominó. Con estos encuentros y con un par de soldados que contacté por otras vías se iban reenviando los <em>e-mails</em> y me iban pasando contactos de otros soldados, y yo contactaba, siempre bajo mano. Su identidad no está amenazada porque esto es una novela, no hay nombres propios, y me contaron la versión española de abajo, no la de arriba. También es verdad que conseguí entrevistar a algunos altos mandos del ejército español, que me dieron su versión y no coincidía mucho con la de los demás, pero sí me dan algunos datos que son importantes a la hora de comprenderlo todo. Y con esto ya compuse toda la historia.</p><p><strong>P. ¿Cuál ha sido la reacción de la gente con la que te vas entrevistó después de leer la novela? Primero: los americanos.</strong></p><p><strong>R</strong>. Aún no lo han leído porque mi principal contacto está convencido de que la han de traducir al inglés para que él la pueda leer. Hoy por hoy ha pedido una copia en inglés que aún no le ha llegado.</p><p><strong>P. El Salvador.</strong></p><p>R. La tienen, está enviada, pero aún no he recibido una respuesta. No sé si es que el correo aún no les ha llegado —hace quince días de todo eso—, o si es que la han leído y no quieren reaccionar...</p><p><strong>P. ¿Y el Ministerio de Defensa español?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sé de tres políticos que han llamado a la editorial pidiendo que les envíen la novela, no se la han comprado. Y eso me ha dejado helado.</p><p><strong>P. ¿Está insinuando que los políticos no leen?</strong></p><p><strong>R</strong>. Estoy insinuando que no compran los libros, los cabrones. ¡Y esto es peor! A mí que se la lean o no me da igual, pero que llamen a la editorial y digan: "Soy un ministro, envíame el libro, que me lo merezco". Sé que el Departamento de Comunicación del Ministerio de Defensa está totalmente al día de todo, y sé que se fastidiaron —y lo encuentro normal— por el tratamiento que hicieron los medios de comunicación sobre el enfoque de la novela. Lo que me he encontrado en los medios es que la opinión que tiene el periodista sobre el ejército o sobre España me la coloca a mí, y comprendo que en Defensa se hayan cabreado por algunas cosas. Insisto en todas partes en que esta novela tiene intencionalidad política, no militar. Que los responsables del desastre del despliegue militar y su gestión militar son los políticos. Y que las víctimas fueron los soldados y la imagen del ejército.</p><p><strong>P. ¿Los mandos militares han dicho algo?</strong></p><p><strong>R</strong>. Los mandos no han reaccionado.</p><p><strong>P. ¿Y los soldados?</strong></p><p><strong>R</strong>. Recibí un montón de correos diciendo que era un "hijo de puta", un "catalán de mierda" y que "el ejército español también es el mío ". Yo les he respondido a todos: "Lean el libro y después volvemos a hablar", y ninguno me ha vuelto a decir nada.</p><p><em>*Xavier Vidal es el responsable de la librería Nollegiu de Barcelona. </em><strong>Xavier Vidal</strong><a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank">librería Nollegiu</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Vidal]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Álvaro Colomer: "Calla quien tiene algo que ocultar"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cindy Sherman: el disfraz es el desnudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cindy-sherman-disfraz-desnudo_1_1141225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9a976da-96cb-45de-b03e-8d10d6b92de0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cindy Sherman: el disfraz es el desnudo"></p><p><em>Publicamos un texto que Marta Sanz sobre la fotógrafa y directora de cine Cindy Sherman leído en el ciclo Retratos y ficciones literarias celebrado en el CaixaForum de Sevilla el pasado abril. La escritora reflexiona sobre sus propias inquietudes artísticas._______________________________</em><strong>Cindy Sherman l</strong><a href="http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/en/-/cl-retratos-y-ficciones-literarias" target="_blank">Retratos y ficciones literarias</a><strong>. </strong></p><p><strong>1</strong>. Voy a analizar fugazmente la propuesta de Cindy Sherman en conversación con lo que, en este momento, son mis propias inquietudes como escritora. Creo que es lo más honesto que puedo hacer, porque no soy una académica ni una profesional especializada. Soy una mujer que escribe y que lee y que disfruta reflexionando sobre la cultura en el sentido más amplio del término. Así que comenzaré con una declaración de principios y seguiré con un fragmento de mi historia familiar, porque a medida que pasan los años y acumulo lecturas –también escrituras no precisamente de propiedad—, desconfío más de los rutinarios artificios de algunas ficciones –no de todas—, de su mecánica celeste y sus oquedades, y soy más partidaria del impudor del <em>selfie. </em>Algunos <em>selfies</em>, algunos libros manifiestamente autobiográficos, también las fotos de Sherman, escapan de la pornografía o de la inanidad de las vidas compartidas en Facebook —quizá altamente literaria y preñada de matices semánticos—, por el efecto depurador de la conciencia del lenguaje.</p><p><strong>2.</strong> Reflexiono sobre las representaciones de la pipa de <strong>Magritte;</strong> sé que una pipa pintada no es una pipa, pero también es una pipa se ponga como se ponga René Magritte; opto por una de ellas, pero mi elección está diciendo que lo que hoy más me interesa es la pipa en sí. Su realidad. Sus contornos y posición en el mundo. La mala voluntad de quienes pretenden desdibujarla con las brumas y nebulosas de lenguajes artísticos que, en lugar de ayudarnos a ver, emborronan los nítidos perfiles. “Andamos faltos de realidades”, escriben <strong>Alice Munro</strong> y <strong>Marguerite Yourcenar</strong>. Sí, andamos. Andamos faltos de ágoras públicas, de vínculos fuertes, de amores vividos sin cristales interpuestos. Estamos hartos de Tisbe y Píramo, del amor a través del muro. De <em>Matrix</em>. De <em>Meetic</em>. De la celosía.</p><p><strong>3</strong>. Sin embargo, no conviene confundir la necesidad de realidad con la selección del realismo como única alternativa estética: la contractura de los códigos artísticos, sus contorsiones, los excesos barrocos y las superposiciones a veces apuntan hacia ese territorio que está fuera del lenguaje y de sus círculos viciosos; a veces el regodeo en la imagen y los jugueteos semánticos nos expulsan del texto para que el receptor se fije en lo externo a la palabra como enrejado, como jaula; para que se fije en ese magma del que surgen y al que regresan los discursos: en el fragor volcánico de las realidades. En ese gesto artístico hay algo profundamente moral. Sherman, pese a todas sus contorsiones y metamorfosis paródicas, se coloca a pie de calle y su gusto infantil por el disfraz la ha convertido, inevitablemente, en una artista política que hace del reciclaje y de la reinterpretación un procedimiento original y subversivo.</p><p><strong>4</strong>. Mi búsqueda de la desnudez hoy no se relaciona tanto con la elección de un estilo anoréxico, con el desiderátum juanramoniano de “intelijencia dame el nombre exacto de las cosas”, como con el hecho de no superponer personajes fingidos o situaciones imaginadas al relato de una cruda realidad donde el <em>yo</em>, más allá de mitificaciones artísticas, bohemias o literarias, somos todos. También las escritoras somos mujeres de una infinita vulgaridad. Las fotógrafas. No estamos iluminadas por un halo luminiscente o por el aura de un polvillo de pan de oro. En este momento yo necesito decir en carne viva, y activo el material autobiográfico como expresión de lo común. A través del material autobiográfico pretendo establecer un vínculo con la comunidad: las oposiciones entre los individuos y sus comunidades son casi siempre una falacia de la mercadotecnia, una falacia que hace del artista fetiche y personaje abusando de lo selecto y lo exclusivo. Esta imposibilidad de escapar de nuestro contexto también es palpable cuando los individuos se sienten únicos y experimentan los límites de su libertad en entornos hostiles; entonces se rebelan —o no— contra los parámetros que constriñen su libertad a través de la acción política o artística. Por eso, porque no somos únicas ni tan especiales, ni estamos tocadas por el dedo de los dioses o las diosas, porque tenemos cosas en común, creo que mi imaginaria conversación con las fotografías de Cindy Sherman puede ser fértil. Somos mujeres que tomamos la palabra e iniciamos una acción que tiene mucho que ver con el hecho de contradecir.</p><p><strong>5</strong>. Sherman y yo operamos narrativa y descriptivamente en una misma dirección, pero en dos sentidos opuestos: para ambas el disfraz es el desnudo, pero ella se empeña en subrayar la máscara –la civilización, lo aprendido, lo impostado— y yo me empeño en mirar en primer plano la piel como texto permeable a las vivencias. Sobre el cuerpo se dibuja el rastro de todos los disfraces que nos hemos ido poniendo sobre el cuerpo para amoldarnos a las convenciones: a la idea de lo que debe ser una mujer. También nos vestimos para protegernos del frío. De la soledad o la intemperie. Porque no somos la mujer, somos mujeres. En plural. Perseguimos <em>desencializarnos</em> para liberarnos. La <em>desencialización</em> pasa por la deconstrucción de todos los tópicos femeninos habitualmente emanados de miradas patriarcales: ése es el lado político que creo compartir con Cindy Sherman. Ese lado político y el sentido del humor que tal vez nos lleva a reconocer en clave auto-paródica que, como dice <strong>Adrianne Rich</strong>, aún necesitamos para hablarnos el lenguaje del opresor. Lo tenemos instalado en la cadena de ADN y en el oscuro occipucio. En la carne, la materia y la biología. Lo más sensato es que mientras buscamos nuestras propias palabras, nos aprovechemos de todo lo aprendido y le demos la vuelta como a los calcetines con tomates y nos fotografiemos disfrazadas de Judith <em>decapitadoras</em> con la cabeza de Holofernes en la mano. Con colores vivos y los pliegues de la vestimenta tan marcados como en las esculturas grecorromanas.</p><p><strong>6</strong>. Como necesito decir en carne viva –igual que una desgarrada cantante de boleros— puedo seguir esta charla comentando que mi madre estudió en un colegio de monjas de Madrid. Era la hija de un empleado del banco de España que contaba con agilidad los billetes, procedía de un pueblo de Segovia y había sido cocinero en la retaguardia del frente Nacional en la batalla del Ebro. Mi abuelo se casó con una mujer, espigada y de nariz aguileña, que se ponía mantilla para celebrar en la iglesia las fiestas de guardar. Se parecía a las mujeres de <strong>Julio Romero de Torres</strong>. De pequeña le encantaba el cuento de <em>Blancanieves y los siete enanitos</em> con ilustraciones de <strong>Disney</strong>. También leyó vidas de santos ilustradas, <em>Corazón, Mujercitas</em> y <em>La cabaña del Tío Tom</em><em><strong> </strong></em>de<strong> Harriet Beecher Stowe</strong>. Su padre leía en voz alta poemas de <strong>Gabriel y Galán</strong>. Cuando creció un poco, a mi madre empezaron a gustarle <em>Parrish</em>, la <strong>Gene Tierney</strong> de <em>Que el cielo la juzgue</em>, el rock and roll y el <strong>Dúo Dinámico</strong>. Los guateques. Estudió para ser ATS y fisioterapeuta, y sus estudios le despertaron ciertas admiraciones por el gremio sanitario. Quizá un lejano recuerdo de <strong>Florence Nightingale </strong>y mucha alegría de vivir tras el visionado de<strong> </strong><em>Las chicas de la cruz roja</em>. Leyó <em>La montaña mágica</em> y <em>Cuerpos y almas</em><em><strong> </strong></em>de <strong>Maxence van der Meersch</strong> y novelas rosas de la colección La novela Ideal que costaban tres pesetas: <em>La extraña boda de Glori Dunn</em><em><strong> </strong></em>firmada por <strong>Sylvia Visconti, </strong>y otras obras de <strong>Carola Soler, Laura de Cominges </strong>o<strong> Esperanza Neyra.</strong> Mi madre tuvo dos hermanas y un hermano menores que ella. Una de sus hermanas, a quien a última hora de su vida le gustaba mucho <strong>Juan Luis Guerra</strong>, se murió de un linfoma. Antes de que eso sucediese, mi madre había conocido a mi padre en el autobús 37 que hacía la ruta Vallecas-Cuatro Caminos en Madrid. Ahora hace una ruta mucho más larga y el otro día mis padres celebraron sus bodas de oro. Cuando se ennovió con mi padre, mi madre conoció un mundo muy distinto al que frecuentaba: mi abuela paterna había pertenecido al Socorro Rojo, mi abuelo había luchado en el bando republicano hasta que le hirieron, su casa estaba llena de novelas y de zarzuelas, y mi madre empezó a emocionarse con <em>El puñao de Rosas</em>, <em>La corte del Faraón</em> o <em>Las golondrinas</em>, y también con las historias de <em>Fortunata y Jacinta, La Regenta</em>, las novelas de adulterio. Iba con mi padre a los cine-clubs y veían películas de arte y ensayo, que a veces la emocionaban y otras la sacaban de sus casillas, porque le parecían obtusas o pedantes. Durante su embarazo mi madre seguía yendo a misa y se mareaba con el olor del incienso. La militancia de mi padre y el 68 fueron transformando su mundo que se llenó de gentes con vocaciones artísticas y muchas ganas de liberarse de la oscuridad de cuarenta años de represiones sexuales, económicas, de violencias que se sentían en la carne y dentro de la médula. Muchas de esas violencias se relacionaban con el hecho de ser mujer. Por eso mi madre leyó <em>Miedo a volar</em> de <strong>Erica Jong</strong> , profundizó en <strong>Virginia Woolf</strong>, vivió el destape del cine español con una pizca de escándalo en el que confluían la educación nacional-católica y ciertos moralismos que quizá, hoy más que nunca, vuelven a tener sentido.</p><p><strong>7</strong>. Hoy mi madre tiene más de 70 años –no muchos más— y, si tuviera que hacer una indagación sobre quién es ella; si tuviera que aglutinar los fragmentos que la convierten en una mujer armónica y a la vez llena de contradicciones, <em>ensimismada y pródiga</em>, que son los dos adjetivos con los que le dedico mi novela <em>La lección de anatomía</em>, diría que se cuerpo está hecho de su madre que se parecía a las mujeres de Julio Romero de Torres, de las heroínas del tebeo <em>Florita</em>, de <strong>Romy Schneider</strong> y su interpretación de <em>Sissi Emperatriz</em>, de Romy Schneider y su interpretación de<strong> </strong><em>Boccaccio 70</em><strong>,</strong> de <em>Las Meninas</em> de <strong>Velázquez</strong> y la Inmaculadas concepciones de <strong>Murillo</strong>, de las actuaciones de la <strong>Mangano</strong> en las películas de <strong>Pasolini</strong>, de <strong>Anita Eckberg</strong> en la fontana de Trevi y de los andares de pantera de <strong>Ava Gardner</strong> en <em>Mogambo</em>, de lo mona que era <strong>Elena María Tejeiro</strong> y de los papeles desgarrados de <strong>Charo Soriano</strong>, de <strong>Geraldine Chaplin</strong> en las películas de <strong>Saura</strong>, de las azafatas del <em>Un, dos, tres</em> y de aquellas otras chicas que empezaron a estudiar Filosofía y Letras, del pelito corto de <strong>Jean Seberg</strong> y de la inconmensurable belleza de <strong>Virna Lisi</strong>, de los Estudios 1 protagonizados por <strong>Marisa Paredes, Lola Herrera</strong> y <strong>Maite Blasco</strong>, de los seriales radiofónicos, de las monjas que regentaban los estudios de enfermería en la beata Mariana de Jesús, de las milicianas de la guerra civil y de las mujeres excéntricas –mis tías paternas— que fumaban, pintaban y usaban pantalones, de las feministas, las abortistas y las mujeres de rompe y rasga, de <strong>Charo López</strong> en <em>Los gozos y las sombras</em>, de los tersos desnudos mitológicos expuestos en los museos florentinos, de la Colometa de <em>La plaza del diamant</em> y de las Pepi, Luci, Bom, de las fatales, las musas, las madres, las putas, las sumisas, las santas.</p><p><strong>8</strong>. De todo esos esos fragmentos y de algunos otros que quizá yo he ido depositando en la hucha de su carácter. Mis monedas, mis aportaciones: otras lecturas como <strong>Margaret Atwood</strong>, o <strong>Alice Munro</strong>, como <strong>Sara Mesa</strong>, <strong>Alicia Kopf</strong>, <strong>Elena Medel</strong>, <strong>Pilar Adón</strong>, compañeras de viaje más jóvenes… Dentro de mi madre se queda también mi vivencia de las fotos de Cindy Sherman y afloran dudas sobre la igualdad, la libertad y la fraternidad de las mujeres; otros modelos. En mi vientre está mi madre y, en el vientre de mi madre hay un cordón umbilical que la liga con Blancanieves y  las santas que mueren oliendo a alelíes, y otro que la vincula con las mujeres viperinas en cuyo vientre habitan las brujas, las hadas y las lúbricas ninfas que fornicaban con los centauros. Así que mi madre es un ser constituido por mil estereotipos que a su vez están configurados por psicologías complejas, cosidas las unas a las otras, heredadas de la Historia cultural y de las genealogías familiares, una red tupida que hace de nosotras lo que somos. Una red que a veces es tan hermosa como los hilos traslucidos de una tela de araña y a veces tan pegajosa con la secreción de baba donde fenecen las moscas. Somos lo común y lo que nos hace únicas. Creo que de todos es asuntos habla la fotografía de Cindy Sherman: del estereotipo que nos ahoga y del que nos libera, del disfraz y del autorretrato, de la máscara que se queda pegada al rostro. De las personas que son lo que parecen según quien las mire y de las personas que son lo que parecen y algunas otras cosas más. Una red dinámica que va cambiando a medida que los años pasan y mutan las relaciones de poder.</p><p><strong>9.</strong> Hablo de mi historia familiar y sintetizo en una persona, mi madre, el puzle. Actúo centrípetamente. Cindy Sherman con sus retratos mete nuestras identidades –también la suya— dentro de una centrifugadora y nos ofrece por separado versiones estridentes y distintas de los estereotipos culturales y de otras mujeres comunes, que nos configuran. Sherman analiza lo complejo, lo separa en sus partes, lo reinterpreta paródicamente gracias al subrayado lisérgico del color. Y, aunque diga, que sus retratos no son autorretratos no creo que ella sea la única que pueda inhibirse de esa base cultural que a veces nos castra y a veces nos divierte. Porque ella somos también todas nosotras y la cultura, que Cindy refleja en sus fotografías y de la que a su vez forma parte, siempre deja huella. La historia se filtra en la biología, en el cuerpo y en ese cuarto oscuro que algunos llaman vida interior y que, desde mi humilde parecer, deberíamos ventilar lo antes posible.</p><p><strong>10</strong>. Hay en otro punto en el que creo encontrarme con Cindy Sherman: ella hace de los relatos –escritos, filmados, pintados— imágenes; transforma los discursos literarios, religiosos, cotidianos en torno a las mujeres en retratos o performances, en objetos en los que el espectador puede demorarse hasta trepanar las capas más profundas de lo grotesco. En mis libros, otra vez en la misma dirección pero en sentido contrario, utilizo el recurso de la écfrasis: la descripción demorada de imágenes –retratos al óleo, polaroids, fotogramas cinematográficos, álbumes familiares—, de imágenes habitualmente femeninas, del desnudo femenino como fetiche, se movilizan a través del relieve de la escritura –también de su extensión— para indagar en ellas y en mí y en Cindy Sherman y en todas ustedes desde una perspectiva estilística y política. Al fin y al cabo, fotógrafas y escritoras utilizamos técnicas que tienen que ver con la fijación, la acumulación y la repetición que permiten indagar sobre la apariencia y su envés, sobre los delicados hilos de titanio que vinculan el dentro y el fuera, la víscera con la historia, el género con la civilización.</p><p><strong>11</strong>. Sherman, en sus retratos, en la elección y el análisis de sus máscaras, indaga sobre su desnudo y sobre lo que su desnudo comparte con el desnudo de todas nosotras. Lo hace sin dramatismo. Sherman con su risa contraviene otra de las normas morales del arte femenino, interpretado desde una perspectiva masculina: la norma de que las mujeres no tenemos sentido del humor y hemos nacido para sufrir desde el día del parto de nuestra madre hasta el de nuestros propios y obligados partos, desde la preocupación por nuestros cachorros y por nuestros enfermos, desde nuestra atención primorosa al ahorro y a la vida familiar y al cuidado del cuerpo, la dieta, las grasas polisaturadas, la ingesta de verduras, los termómetros, las pomadas hemorroidales, la salud. Algunos creen que la risa de las mujeres es una burla, pero Sherman se ríe con risa estruendosa que se clava en los tímpanos. Es fenomenal: sus poses exageradas, su capacidad actoral, sus narices de pega, sus artificiosas composiciones que probablemente sacan a la luz la antigua y no por ello menos vigente idea <em>beauvoiriana</em> de que el género es una construcción cultural. Los retratos de Cindy Sherman son pura autobiografía colectiva. La expresión no es ni mucho menos un oxímoron.</p><p><strong>12</strong>. Lo que no hace Sherman son auto-ficciones, porque jamás utiliza su propio nombre y sus propios apellidos para dar verosimilitud a composiciones que puedan suspender la credulidad del espectador. No actúa como esos escritores que se inventan un viaje a un país imaginario, pergeñan una rocambolesca aventura y para darle entidad a un desbordamiento imaginativo, a menudo difícil de creer, se erigen en protagonistas de sus narraciones. El documento nacional de identidad y las huellas dactilares de un ser humano de carne y hueso, convertido en personaje, funcionan como aval de la verosimilitud. En las fotografías de Sherman se anula la dramática oposición entre musa y artista, entre el que mira y es mirado: la capacidad de Sherman para cosificarse paródicamente no es castrante, sino profundamente liberadora. En ella se funden sujeto y objeto, ella es una extraña musa travesti y a la vez artista, contempla y es contemplada por debajo de sus capas de tul y de sus brochazos de rímel, reconocible entre lo irreconocible, ella… Un sofisticado impulso autobiográfico impregna un proyecto artístico coherente y sólido. Pese a su resistencia, porque ella dice de su propia obra:</p><p>  </p><p>A partir de esta cita Óscar Colorado Nates en su blog Oscar en fotos comenta atinadamente:</p><p>  </p><p>Por mucho que se empeñe, Sherman no se escapa de la categoría del ser, de los seres, de los seres femeninos a los que lleva retratando desde hace más de cuatro décadas desde la óptica de la crítica cultural. Bajo los ropajes renacentistas, los pelucones, el maquillaje, los postizos, las miradas lánguidas o llenas de determinación, las siliconas para emular otros rostros; bajo el dramático blanco y negro de esas primeras fotografías donde los espectadores reconocemos fragmentos cinematográficos a la vez imprecisos y muy precisos, o bajo los colores intensos y la rigidez de la pose de una pierna demasiado estirada, de los cuerpos descompuestos y violentados de las mujeres; bajo los maniquíes, las muñecas rotas, los torsos desmembrados que dejan ver entre las piernas el hilillo de un tampón que sale de la vagina; bajo las chicas de pósteres desplegables, los clásicos de la pintura, los payasos y las mujeres excesivamente bronceadas o las chicas de aspecto desvalido, la multiplicación de personajes reconocibles y de personas anónimas también reconocibles, bajo la dispersión y el artificio, está la mujer que ha decidido retratarse así: es rubia, guapa y tiene los ojos azules. Cindy Sherman, matrioska, guarda a todas esas mujeres dentro de su tripa, y por debajo de sus mórbidas cáscaras y sus siniestras duplicaciones. Porque el yo somos todas y el disfraz es el desnudo. Y Cindy Sherman se disfraza y se desnuda inmejorablemente bien.</p><p><strong>13. </strong>Yo también me desnudo bastante bien y me parece que el desnudo siempre es barroco, abigarrado, cárnico, fisiológico, cultural, elegíaco, enumerativo… Como las fotografías de Cindy Sherman; sin embargo, hay en un detalle en el que no me parezco nada a la fotógrafa estadounidense: nunca he cobrado cuatro millones de dólares por un libro. No sé fetichizarme con tanta competencia y soy tan moralista en lo que se refiere a las cuestiones de dinero que me cuesta imaginar qué pensaría de mí misma si, como a Cindy Sherman, se me abriese la cueva de Ali Baba y sus tesoros. Sin embargo, estoy aquí con ustedes, hablando de sus obras, feliz y bien remunerada. Ha sido todo un orgullo y un inmenso placer.</p><p><em>*Marta Sanz es escritora. Su último libro, </em><strong>Marta Sanz</strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/clavicula/9788433998293/NH_581" target="_blank">Clavícula </a><em>(Anagrama, 2017). </em>    <span id="ftn1"></span>1. (Cita traducida) Vogel, Carol. "ARTS & LEISURE; Cindy Sherman Unmasked", <em>The New York Times</em>. 19 de febrero de 2012. Disponible <a href="http://http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9803E2D8153FF93AA25751C0A9649D8B63&ref=cindysherman" target="_blank">aquí</a>. </p><p><span id="ftn2"></span>2.  La cita es de <a href="https://oscarenfotos.com/2012/08/18/cindy-sherman-la-nina-de-los-disfraces/" target="_blank">esta página</a>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Sanz]]></author>
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