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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 69]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-69/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 69]]></description>
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      <title><![CDATA[Taxidermia en Belgrado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/taxidermia-belgrado_1_1142149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ec31434a-5563-4529-a826-47878a7e0e7e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Taxidermia en Belgrado"></p><p>En la Biblioteca José Hierro del Instituto Cervantes de Belgrado, el último jueves de cada mes tiene lugar su club de lectura. De forma alterna, en cada ocasión se lee a un autor o una autora de España e Hispanoamérica (<strong>Laura Restrepo, Carmen Martín Gaite, Jenn Díaz, Roncagliolo, Benedetti, García Lorca</strong>…). Acuden de forma regular un grupo de personas con ganas de “destripar” los libros propuestos y tratar de conocer un poco más la esencia de nuestra cultura.</p><p>  </p><p>La propuesta de los títulos parte del bibliotecario o de cualquiera de los participantes. Es increíble observar cómo algunas de las personas que acuden cambian el horario de trabajo o adaptan su horario de conciliación familiar para poder acudir al Club de Lectura.</p><p>Esta semana hemos tenido el honor y la oportunidad de contar con <strong>Mercedes Cebrián</strong>, cuyo libro <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-nueva-taxidermia/ES0102293" target="_blank">La nueva taxidermia</a> fue el escogido para su lectura el mes pasado. Su presencia se debió a la invitación recibida por la Asociación Krokodil y la Acción Cultural Española que convocan a escritores de todo el mundo a realizar una estancia de producción literaria de un mes en Belgrado. Desde la biblioteca le propusimos la idea de celebrar el club de lectura con ella y aceptó encantada.</p><p>Durante dos horas se habló de su libro, de sus inquietudes personales, del panorama de la literatura de mujeres en la actualidad y de otros muchos temas que fueron surgiendo a lo largo de la entrañable velada.</p><p>Creo que fue un enriquecimiento mutuo, tanto para las personas que integran el club de lectura como para la propia autora que pudo comprobar in situ el interés que por la cultura española e hispanoamericana, y en especial por su literatura, existe en los Balcanes, y más concretamente en Serbia. Como dato interesante, decir que en los últimos años el número de libros de literatura escrita en español que han sido traducidos al serbio ha crecido de forma vertiginosa, tratando siempre la biblioteca del Instituto Cervantes de Belgrado de contar con un ejemplar de cada título.</p><p>En la página web de la <a href="http://belgrado.cervantes.es/es/biblioteca_espanol/club_lectura.htm" target="_blank">biblioteca del centro</a> se actualizan de forma periódica los datos del club de lectura de cada mes. Muchos de los integrantes de este club participan además con regularidad en el <a href="http://clubvirtualdelectura.cervantes.es/#!/" target="_blank">club virtual de lectura</a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>que se coordina desde la sede central en Madrid y en el que cada sesión cuenta como moderadores, con diferentes bibliotecarios de los más de 70 centros que se encuentran repartidos por el mundo.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jose Ignacio López-Gay Lucio-Villegas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Taxidermia en Belgrado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Quien busca, encuentra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/busca-encuentra_1_1142145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>José Seoane</strong>, responsable de la Librería Clarión de Valencia, recomienda algunos de los títulos favoritos.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>Tras las huellas de HeródotoAntonio PenadésAlmuzaraCórdoba2015</strong><em>Tras las huellas de Heródoto</em></p><p>  </p><p>Atípico libro de viajes en donde el autor reproduce el recorrido realizado por  <em>el padre de la historia</em> hace tres mil años entre Halicarnaso y Bizancio. Imprescindible para quien quiera conocer algo de lo que pasó y así entender algo de lo que está pasando. El viaje interior tanto del autor como del protagonista es parte fundamental de este primer volumen. </p><p><strong>El viento sobre el lagoMila VillanuevaLasturaOcaña (Toledo)2017</strong><em>El viento sobre el lago</em></p><p>  </p><p>Poemario a contracorriente basado en la tradición milenaria del I Ching, el milenario oráculo chino. Está compuesto por sesenta y cuatro poemas en los que se puede sentir la conexión entre la naturaleza, nuestras circunstancias y nuestra propia esencia. Si buscamos terapia emocional, los versos de <strong>Mila Villanueva</strong> son fundamentales. </p><p><strong>O el toro te mata a tiJason WebsterTraducción de Olga López Jorge</strong><em>O el toro te mata a ti</em></p><p><strong>SargantanaValencia2017</strong></p><p>  </p><p>Primera traducción al español de esta serie policiaca de gran éxito en el mundo anglosajón. El nacimiento del personaje Max Cámara y el inicio de sus investigaciones en la ciudad de Valencia a buen seguro dejaran al lector absorto hasta la última línea y con ganas de seguir disfrutando de nuevos enredos. Gran visión la  de Editorial Sargantana al traer a España una serie que incomprensiblemente este país no tenía oportunidad de conocer en nuestro idioma.</p><p>  <strong>Tras la última sombra rojaJosep Boix CisnerosAutoedición</strong><em>Tras la última sombra roja</em></p><p>La verosimilitud de la historia que nos cuenta <strong>Josep Boix</strong> sitúa <a href="https://www.amazon.es/Tras-%C3%BAltima-sombra-roja-Cisneros-ebook/dp/B01JEWPUFE" target="_blank">su novela</a> a caballo entre el reportaje y la novela negra. No hay tal simbiosis, es pura ficción, todo ha salido del magín del joven y talentoso autor después de documentarse arduamente sobre la situación en Uganda, donde transcurre su historia. Ese es uno de los méritos de Boix, que con su prosa directa, sencilla y a la vez que altamente elaborada hace verosímil una ficción que está tan alejada de nuestro mundo que (por puro desconocimiento) tomamos por una historia real. Lo más lamentable del asunto es que las historias reales que suceden a diario en esa parte del mundo son todavía más terroríficas.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Clarión en la calle José Mª de Haro, 51, de Valencia, o en su página de Facebook. </em><strong>librería Clarión</strong><a href="https://www.facebook.com/clarionlibrosymas/" target="_blank">página de Facebook</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Seoane (Librería Clarión)]]></author>
      <media:title><![CDATA[Quien busca, encuentra]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Novela,Poesía,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Cuál es tu color favorito?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/color-favorito_1_1142140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/feddcc29-7e72-461c-afcb-272fa3c67f4e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuál es tu color favorito?"></p><p><strong>Los colores de nuestros recuerdosMichel PastoureauTraducción de Laura Salas RodríguezPeriféricaMadrid2017</strong><em>Los colores de nuestros recuerdos</em></p><p>  </p><p>Vivimos rodeados de colores, los colores nos señalan los caminos correctos, las líneas de mapas que nos llevan de un lugar a otro de la ciudad, indican el luto o la alegría, el carácter, el día de fiesta en el calendario, el líder de una competición ciclista, los contendientes de un partido de fútbol. Los colores ofrecen seriedad y divertimento; los colores proponen la reflexión sobre la vida y la historia. <strong>Michel Pastoureau</strong> es historiador, especialista en colores, imágenes y símbolos, y escribió <a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=198" target="_blank">un delicioso libro</a> que Periférica ha publicado recientemente con traducción de <strong>Laura Salas Rodríguez</strong>. El libro es una pequeña joya de recuerdo, introspección y ternura. Pastoureau destila conocimiento y pedagogía, a través de reseñas, anotaciones, breves ensayos sobre sencillos ámbitos de nuestro alrededor (el vestido, la vida cotidiana, las artes y las letras, el deporte, el mito y la simbología, la palabra) nos conduce por el camino de nuestras convenciones y nuestras creencias, de la memoria y la historia.</p><p>Humildes preguntas resueltas con historia —los colores de un maillot, el azul de los pantalones tejanos y el azul de la bandera francesa, el semáforo, el uniforme del árbitro, las casillas del ajedrez, el gato negro y Caperucita Roja— abren paso a temas más complejos mostrados con gran sencillez, como la persistencia del blanco y negro, la nomenclatura de los colores en nuestras diversas culturas (ahora y antes), el daltonismo, las elucubraciones de <strong>Wittgenstein </strong>o los emblemas de la heráldica.</p><p>Hay presupuestos que Pastoureau viene a confirmarnos: que moda y deporte han sido dos de los campos que más se han identificado con el ascenso y diversidad del color, así como que el blanco y negro, o el gris, es color de adultos, y los brillantes y chillones serán colores de los niños. Pero hay mucho más, con Pastoureau paseamos por el Montmartre de principios de los años cincuenta y la campiña veraniega de Normandía, por las abigarradas estaciones de metro y la gris Europa más allá del muro de los años setenta. Allí, en todos los paisajes, encontraremos explicaciones al color, ya sea el color imaginado que la memoria modificó, o el simbolismo del color, ya sea el color del aviso, el norte del progreso  o el peso de la industria. Puede el lector descubrir el orden nada aleatorio de las cajas de lápices de su infancia (y descubrir su entronque con <strong>Aristóteles</strong>), degustar la diferencia entre decir “castaño” y decir “marrón”, discutir con el autor y consigo mismo sobre el beis, chocar con adjetivos imposibles o disfrutar de la imaginación del publicista para inventar nombres para los colores de la lencería.</p><p>El historiador, sin embargo, no abandona la relatividad: los nombres de los colores son convenciones, basadas en espectros de luz, en similitudes de apreciación por las que no apostaríamos que sean unívocas. Dice: “Los colores del físico o del químico, pues, no son los del neurólogo o el biólogo. Como tampoco son los del historiador, el sociólogo o el antropólogo”. Pastoureau habla de los colores sin mostrarlos, sin recurrir a los catálogos de pantones, habla sencillamente, con palabras, con la expresión de la cultura sobre los pigmentos, los tintes y las pinturas: “El relativismo cultural se ha vuelto científicamente incorrecto y políticamente sospechoso. O «sí» o «no», nunca «quizá» (…) ya no queda espacio para el matiz, lo relativo, para la ambivalencia”.</p><p>Pastoureau ama el verde. Los europeos prefieren el azul. Hay quien prefiere el amarillo, color apartado, minoritario. Usted prefiere un color, utiliza ese mismo color –u otro— en su indumentaria diaria. Casi nadie prefiere el gris, el beis o el marrón. Elegimos colores, identificamos por colores. Había caramelos masticables de piña envueltos en papeles de color azul, los anillos olímpicos toman unos colores simbólicos que intentan reflejar los continentes, o no… Porque es una convención occidental. “En África, hasta fechas recientes, lo esencial no era saber si un color era rojo, verde, amarillo o azul, sino saber si era seco o húmedo, liso o rugoso, tierno o duro, sordo o sonoro”. Sí, en el África “negra”.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor.</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <title><![CDATA[Dibujos de la esencialidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dibujos-esencialidad_1_1142137.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9101f4b-46ea-4464-8c22-71cf745f9feb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dibujos de la esencialidad"></p><p><strong>Letra y nubeJuan Antonio BernierPre-TextosValencia2017</strong></p><p>  </p><p>Dibujar el silencio de la naturaleza y enhebrar lentamente las cálidas imágenes que el viento describe abrazándose a la luz antes de que anochezca sobre el bosque, cuando se estiran los brazos de la tarde, es una de las virtudes que el poeta <strong>Juan Antonio Bernier</strong> (Córdoba, 1976) consigue en <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1726" target="_blank">Letra y nube</a>, un libro conciso, puro y transparente, donde late el temblor de la auténtica poesía: la que bebe en las fuentes de la esencialidad. Si ya en su primer poemario, <em>Así procede el pájaro</em> (2004), con el que obtuvo el Premio Ojo Crítico, resaltaban las huellas de la naturaleza —el viento, los pájaros, el cielo azul, los árboles—, y en su segundo libro, <em>Árboles con tronco pintado de blanco</em> (2011), la brevedad poética se anudaba a una rotunda intensidad, en este <em>Letra y nube</em> el autor cordobés alcanza una madurez compositiva realmente encomiable, nada común en poetas de su edad.</p><p>El lenguaje sereno de la naturaleza se codifica en términos lumínicos, en símbolos suaves de plasticidad sonora, musical y pictórica, logrando concentrar en poemas sintéticos la visión caleidoscópica de un espacio poético muy bien delimitado, en el que destaca un genuino enfoque lírico, en algunos momentos muy a contracorriente de la poesía hoy de moda en nuestro país. El autor de este poemario consigue fundir la poesía popular, esa que se pierde en la noche de los tiempos, con la más arriesgada en el plano reflexivo, estético y formal,  consiguiendo salir siempre airoso de la empresa, como podemos ver en el poema titulado “Nocturno”: “Oscuramente ardía/ detrás de la alambrada/ la llama anaranjada/ de la refinería”.  Estamos ante un libro hermoso y sugerente. El lector avezado que entra en <em>Letra y nube</em> asiste a un festín de poemas memorables, arraigados en la luz de un universo elástico, absolutamente terso, emocionante, donde los versos son élitros de abeja suspensa en la orilla azul de un tiempo íntimo: “Los juncos congregados,/ el sol en la resina,/ la abeja que gravita/ sobre el lago inclinado”, del poema “Amarillo celeste”.</p><p>Juan Antonio Bernier, con una elegancia original, depura los versos, sintetiza las imágenes conjugando colores, aromas y murmullos, captando el misterio de lo mágico e inasible, a través de conceptos y símbolos genuinos que, en todo momento, remiten a una poesía de alta costura, sublime, magistral, en la línea del <strong>Juan Ramón</strong> más concentrado: “Transformándose en llama,/ la savia que transita/ por la adelfa amarilla:/ la luz es siempre sabia”. No obstante la voz del poeta cordobés tiene su acento propio, original, de un matiz muy distinto a la del Premio Nobel de Moguer. Poesía cristalina, limpia, delicada de un poeta genuino, en su  madurez expresiva, que en este libro de versos ha conseguido destilar un lirismo denso, intemporal.  El lector que se adentre en esta cápsula de luz y esencialidad hallará juncos y abejas, pájaros con el pico siempre azul, nubes como canciones de oro y agua. Aquí se congregan versos emocionantes: “Estrellas convertidas en veleta;/ variaciones genéticas/ del mismo ruiseñor”. Dividido en estancias armónicas, muy pulcras, el poemario rezuma misterio, concisión, y en muchos instantes onírica belleza, como en la pieza titulada “Molino de Rodalquilar”: “Perdiz entre el tomillo…/ oculta en el violeta/ eleva a las esferas/ su estribillo”.  No es fácil hallar un libro así de sugerente, donde los versos manan a cada instante tanta luz sonora, tanta serenidad. Un poemario encendido éste, <em>Letra y nube</em>, que evoca el lirismo del mago Juan Ramón, aquilatando, no obstante, la voz pura de un poeta instalado en la esencialidad.</p><p><em>*Alejandro López Andrada es escritor. Su último libro es una reedición de </em><strong>Alejandro López Andrada</strong><a href="http://www.grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3348&edi=1" target="_blank">El viento derruido</a><em>(Almuzara, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Andrada]]></author>
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      <title><![CDATA[Apocalipsis monetario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/apocalipsis-monetario_1_1142134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b74a280-081c-44dd-adf0-82131025639d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apocalipsis monetario"></p><p><em><strong>Los Mandible. Una familia: 2029-2047</strong></em></p><p><strong>Lionel ShriverTraducción de Daniel Najmías</strong></p><p><strong>AnagramaBarcelona2017</strong></p><p>Una frase atribuida a <strong>Fredric Jameson </strong>que también pudo haber dicho <strong>Slavoj Žižek</strong> afirma que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Mientras tanto, la portada de la edición estadounidense de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/los-mandible/9788433979803/PN_948" target="_blank">Los Mandible. Una familia: 2029-2047</a>, publicada en 2016 por el sello HarperCollins, muestra un billete de cien dólares enmarcado, como un vestigio de otra era que ahora no sirviera más que para objeto de exposición. “In God we trusted” (“En Dios confiábamos”) reza la leyenda al pie del cuadro, relegando así al tiempo pasado el lema nacional de los Estados Unidos, orgullosamente impreso en sus monedas y billetes. Para la novelista <strong>Lionel Shriver</strong>, ganadora del Orange Prize en 2005 por <em>Tenemos que hablar de Kevin</em>, el apocalipsis es monetario o, mejor aún, las finanzas se han convertido en un ámbito apocalíptico, lo que las hace especialmente aptas como material para construir una ficción distópica.</p><p>¿Fin del capitalismo? Más bien agotamiento, extenuación, colapso. No podemos decir en ningún caso que Shriver haya asumido una postura anticapitalista a partir de la cual imaginar alternativas al <em>status quo</em>. No al menos de la manera en que solemos concebirlas. Difícilmente podemos figurarnos a esta autora participando en las protestas de Occupy Wall Street que pedían responsabilidad fiscal al 1% más rico de la población. “Simpatizo con la gente que se cubre las espaldas. Y con quienes han ahorrado para su jubilación y tienen previsto hacerse cargo de sí mismos en lugar de depender de que otros les salven el culo.  Y estas son precisamente las personas que ahora mismo están siendo castigadas”, <a href="http://www.newyorker.com/books/page-turner/lionel-shrivers-american-collapse" target="_blank">confesó en una entrevista concedida a The New Yorker</a>. Lionel Shriver se ha autodefinido en múltiples ocasiones como <em>libertarian, </em>esto es, defensora acérrima de las libertades individuales en materia política, social y económica. Está en contra de cualquier deriva autoritaria de los gobiernos —y por ello denuesta públicamente gran parte de las medidas de <strong>Trump</strong>—, sobre todo en lo relativo a los impuestos y las trabas al libre mercado —lo que le hizo apoyar al Brexit—, y se considera socialmente progresista, pero <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/sep/13/lionel-shrivers-full-speech-i-hope-the-concept-of-cultural-appropriation-is-a-passing-fad" target="_blank">su discurso en el pasado Festival de Escritores de Brisbane</a>, que ridiculizaba el concepto de <em>apropiación cultural,</em> así como las críticas que la habían acusado de reflejar en sus novelas una América meramente “blanca y heterosexual”, causó escozor entre la izquierda. Shriver está orgullosa de ser una “renombrada iconoclasta” y es también desde esa posición desde donde escribe sus novelas.</p><p>Porque, efectivamente, en <em>Los Mandible </em>se entrevé, a menudo de manera no tan sutil, una agenda política. Una que arremete contra el intervencionismo de Estado, las medidas proteccionistas y cualquier política económica de corte keynesiano. El Estado de bienestar puede derivar en cualquier momento, parece ser la lección de la novela, en un desastre absoluto. Otra: no podemos confiar en que nadie cuide de nosotros más que nosotros mismos. No es de extrañar que haya quien ha apodado a su autora como <a href="https://www.vox.com/2016/8/2/12163144/lionel-shriver-mandibles-dystopia-review" target="_blank">“la próxima Ayn Rand”.</a></p><p>La excusa para desplegar tales presupuestos es la siguiente: Brooklyn, año 2029, las clases medias tienen que racionar el agua para lavar los platos y comen col a precio de lubina salvaje. La fecha no está elegida al azar, sino que lo que no llegó a suceder del todo en 2008 —la novela habla, por supuesto, de esa crisis como algo que ya es agua pasada, sobre todo después de la Edad de Piedra o Pedrada de 2024— espera al centenario de la Gran Depresión para desatarse. Mientras la economía estadounidense se encamina hacia el desastre, la novela nos va haciendo partícipes de otros cambios simbólicos, pero no del todo menores, que trastornan las ideas que tan bien asentadas tenemos sobre nuestra geopolítica contemporánea: la preeminencia del dólar en el mercado internacional ha dejado paso al báncor, una nueva divisa global respaldada por una coalición de países liderada nada más y nada menos que por <strong>Vladimir Putin</strong>; el inglés ya no es la <em>lingua franca</em> desde que el chino y el español la adelantaran por la derecha, y por primera vez en su historia los Estados Unidos eligen a un presidente nacido en México, cumpliendo así los peores presagios de Donald Trump. Este, Dante Alvarado, es quien siembra la catástrofe al decretar un corralito financiero que cancela la deuda al mismo tiempo que prohíbe a los ciudadanos estadounidenses comerciar con báncores en el extranjero y expropia toda reserva de oro que estos posean.</p><p>El foco, sin embargo, no está puesto (exclusivamente) en lo macroeconómico, por más que Shriver se esfuerce en plasmar aquí todo el conocimiento sobre finanzas adquirido en sus investigaciones para la novela —ella misma reconoce no haberse interesado por estas cuestiones hasta que empezó a percibir sus tintes apocalípticos—, sino que presta una especial atención a lo cotidiano. <em>Los Mandible </em>es, ante todo, una historia familiar, que empieza por mirar de cerca a la familia nuclear —las de Florence y Avery, dos clichés en forma de hermanas, una de ellas hipócritamente progre y la otra ridículamente burguesa— para acabar aglutinando en torno a la escasez al resto de sus miembros. El resultado es una versión futurista y paródica de <em>Las uvas de la ira</em>, en la que el infortunio de la humilde familia Joad, arrancados de su Oklahoma natal por culpa de la tecnificación de los campos, se traslada al estado de Nueva York, donde un antiguo catedrático de Economía, una <em>coach </em>personal, un patriarca ex millonario, una escritora de <em>bestsellers, </em>acompañados de sus hijos, primos y hasta bisnietos, hacen todo lo posible por llegar a la granja de un familiar, donde tendrán, por fin, techo y comida. Los valores de colectividad y justicia social que impregnaban la novela de <strong>Steinbeck </strong>son sustituidos aquí por un individualismo depredador que no permite ningún tipo de comunidad humana más allá del “nido de perversiones” que constituye cualquier familia.</p><p>“Las tramas ambientadas en el futuro tratan de las cosas que asustan en el presente. En realidad, no tratan sobre el futuro. El futuro no es más que el peor monstruo del armario, el gran desconocido”. Shriver pone en boca de uno de sus personajes la clave de lectura de su novela y de cualquier otra ficción prospectiva. Podemos decirlo también con <strong>Stanislaw Lem</strong>, que la sintetizó en esta famosa formulación procedente de <em>Solaris</em>: “No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos”. Espejos que conjuren, como esta distopía, los miedos que acechan en nuestro mundo cotidiano. Que no se pueda comprar pescado fresco, tomar café o vino, ni darse largas duchas calientes, <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/lionel-shriver-escritora-sant-jordi-los-mandible-5988345" target="_blank">según ha declarado la propia autora</a>, haciendo gala de su (y nuestra) prosaica frivolidad. Perder los ahorros de toda una vida. Que la deriva policial del Estado desemboque en una vigilancia absoluta sobre los ciudadanos, de tal manera que estos pierdan por completo su autonomía y, por supuesto, el control sobre sus salarios.</p><p>En 2047, aprendemos en <em>Los Mandible</em>, resulta arcaico leer una novela en la que los personajes vivan en un “vacío económico” y cuyas decisiones estén motivadas únicamente por el amor, por las pasiones o por la mera voluntad propia. En 2047 es imposible pensar en una vida que no esté diseñada en función del dinero, de los vaivenes de la economía mundial y de las tasas impositivas. En 2047 no parece creíble que alguien jamás decida dejar de hacer algo porque cuesta demasiado. En 2047, dicen.</p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía.</em><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apocalipsis monetario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La filología en el tocador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/filologia-tocador_1_1142129.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/85d7ccc5-9ca9-46e7-bedd-c786c17a065d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La filología en el tocador"></p><p><strong>Amor y filología. Correspondencia (1943-1948)María Rosa Lida y Yakov MalkielPrólogo de Francisco RicoEdición y prefacio de Miranda LidaNotas y comentarios de Juan Miguel ValeroAcantiladoBarcelona2017</strong><em>Amor y filología. Correspondencia (1943-1948)</em></p><p>  </p><p><a href="http://www.acantilado.es/catalogo/amor-y-filologia/" target="_blank">Este libro</a> tiene una doble vertiente, pues a la historia de amor entre dos prestigiosos filólogos, con sus dosis de coquetería y erudición, la acompaña un capítulo principal del desarrollo de los estudios literarios durante la segunda mitad del siglo pasado. Por ello, quizá no sea una lectura para todos, ¿acaso alguna lo es?, pero sí sabrán apreciarla, e incluso disfrutarán, aquellos lectores que amen la lengua y la literatura, porque los protagonistas de esta correspondencia son <strong>María Rosa Lida</strong> (1910-1962) y <strong>Yakov Malkiel</strong> (1914-1998), “su idolatrado Yasha“. Ella era argentina pero de una familia procedente del viejo Imperio asutrohúngaro; él ruso; y ambos judíos askenazis y emigrantes, personajes principales del romanismo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, y juntos se reconocen discípulos de <strong>Ramón Menéndez Pidal</strong>, como sus nietos o biznietos espirituales, lo que no impide que ella polemice con el maestro español y se muestre muy severa con los trabajos de otros ilustres hispanistas.</p><p>María Rosa Lida era la menor de tres hermanos. <strong>Emilio</strong>, el mayor, médico de profesión, fue siempre su predilecto; y <strong>Raimundo </strong>fue otro gran filolólogo, profesor en el Colegio de México y en los Estados Unidos. La joven Lida se había formado en la Universidad de Buenos Aires, e ingresado en 1935 en su prestigioso Instituto de Filología, bajo el magisterio de <strong>Amado Alonso</strong>. Pero cuando el peronismo empezó a ponerle todo tipo de trabas a la institución, en 1947 (Perón empezó a gobernar tres años antes), y su maestro tuvo que abandonar la Argentina y aceptar una cátedra en Harvard, ella siguió su estela. Un poco antes, por razones semejantes, había desaparecido también la excelente <em>Revista de Filología Hispánica</em>, que luego pudo continuar su trayectoria en México. El caso es que María Rosa Lida consiguió una beca Rockefeller, y luego, en una época en que la docencia universitaria estaba todavía reservada a los hombres, ejerció como profesora en Stanford y California, en Berkeley, donde conocería en 1948 a quien acabó convirtiéndose en su esposo, tras una ceremonia siguiendo el rito hebreo. Por su parte, Yakov Malkiel fue un romanista nacido en Kiev, en una familia de prósperos comerciantes judíos que emigraron a Alemania en 1921. Estudió el bachillerato en Berlín, en un instituto muy cercano al lugar donde escribo esta reseña, en el barrio de Schöneberg, formándose en la Universidad de la ciudad (antes de la guerra denominada Universidad Friedrich-Wilhelms y hoy Universidad Humboldt), con maestros como <strong>Ernst Gamillscheg, Eduard Norden, Karl Strecker </strong>y <strong>Eugen Mittwoch</strong>, su preferido, hasta que en 1940 emigró a los Estados Unidos, huyendo de las primeras medidas antisemitas de los nacionalsocialistas. El <strong>Dr. S. G. Morley</strong>, su mentor, le abrío las puertas de Berkeley, ocupándose de la historia del léxico español.</p><p>No me extraña que este volumen haya sido "ideado y orientado" por <strong>Francisco Rico</strong>, pues los que fuimos sus alumnos sabemos de la incondicional devoción que le profesaba a la profesora argentina (léanse las primeras líneas del prólogo), cuyo libro <em>La originalidad artística de 'La Celestina' </em>(1962), consideraba no solo una "obra maestra", como aquí se repite, sino la cumbre de los estudios literarios. Y con semejante devoción, y espero que aprovechamiento, lo leímos entonces los discípulos del profesor Rico, que en este libro utiliza un tono zumbón tan de su gusto como adecuado al caso que se relata.</p><p>La correspondencia empieza en 1943 y concluye en 1948, cuando se casan. Y, en efecto, se lee como una novela de amor a la antigua usanza, con sus juegos, zalamerías y tanteos iniciales, el cauto cortejo, el correspondiente carteo, los intercambios de fotos, el primer encuentro en Cambridge (Mass.) el día de Navidad de 1947, sin que escasee una cierta pedantería e incluso ribetes de cursilería, como suele ocurrir en los ritos privados del amor. Cuando está ya cercana la boda, ella le escribe, con ingenuidad y dulzura: "Tenemos que querernos mucho los dos, y ser buenitos, y comprendernos, y perdonarnos, y vivir limpia y buenamente" (pág. 118). Pero también se desprende de este intercambio epistolar, la idea de un proyecto personal (establecerse y formar una familia) y profesional, cuyo objetivo último era hacer carrera académica en alguna prestigiosa universidad norteamericana.</p><p>Las misivas contienen, además, un autorretrato oblicuo, si se quiere, de ambos personajes, enmascarado entre burlas y veras. En la primera carta, Malkiel (debe pronunciarse acentuando la última sílaba, al contrario de lo que suele hacerse) se dirige a ella llamándola "Estimada profesora", después será "Distinguida amiga", y pronto "Distinguida y querida amiga", "Querida María Rosa" y finalmente "Mi María Rosa". Y la verdad es que resulta algo cargante en sus efusiones amorosas, quizá por la falta de naturalidad. Ella, por su parte, más contenida, encabeza sus cartas con un convencional "Muy señor mío", que se transformará en un poco comprometedor "Amigo Malkiel", pero tras varias denominaciones humorísticas fruto de una mayor complicidad acaba llamándolo "Mi Yasha".</p><p>Por desgracia, el idilio duró poco, pues en 1960 le diagnosticaron a ella un tumor y falleció dos años después, con 52 años. Yakov Malkiel tuvo entonces la entereza de escribir un extenso obituario de su propia esposa en la <em>Romance Philology</em>. Lo curioso de esta historia, por lo que se refiere a la relación privada, es que en los ambientes académicos más cotillas circulaba la idea de que ella fue una <em>malkielida</em>, pues siempre estuvo prendada de su maestro, el sabio y atractivo Amado Alonso, quizá porque Malkiel parecía excesivamente envarado y algo hirsuto. Este epistolario acaba con ese chisme, y así lo reconoce Rico en la hermosa conclusión de su atinado prólogo: "Los desconfiados nos engañábamos: Yasha hizo feliz a la dulce María Rosa".</p><p>No sería justo concluir esta nota sin alabar los diversos prefacios, prólogos y comentarios, así como las utilísimas y excelentes notas de<strong> Juan Miguel Valero</strong>, quien apunta al respecto: "La tarea de anotación, que ha sido morosa y ha necesitado de un gran número de horas de búsquedas y rastreos, revela hasta qué punto MRL manejaba un corpus mental y bibliográfico de gran profundidad, y cómo éste forma parte consustancial de su vida y su escritura, sin que puedan separarse consistentemente". En todos estos materiales, previos y complementarios, se despliegan informaciones e ideas suficientes para que el lector tenga a su disposición algunos de los principales mimbres de lo que fue el romanismo entre la segunda y la sexta década del pasado siglo. Se trata, por tanto, de una edición modélica, plena de sabiduría, de respeto intelectual y de amor a los protagonistas, que es como siempre debería ser, de uno de esos libros dirigidos a la inmensa minoría.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La filología en el tocador]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Literatura en 3D]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/literatura-3d_1_1142125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ffbe2fcd-1c01-41e1-884d-e322e3a9476f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura en 3D"></p><p><strong>Guillermo Arriaga</strong> ha escrito una novela apasionante, en la que empleó más de cinco años de arduo y duro trabajo, pero que la voracidad de sus lectores engulle en cuatro días. Lo comentó, medio en broma, el día que presentó el libro y me pareció el mejor piropo que se le puede dedicar a <a href="http://www.megustaleer.com/libro/el-salvaje/ES0144914" target="_blank">El salvaje</a> (Alfaguara, 2017) o a cualquier novela. Eso es exactamente los que me pasó, me bebí el libro en un suspiro. Estamos hablando de un novelón de casi setecientas páginas que, verdaderamente, crean una gran adicción al relato, de forma que se hace muy difícil encontrar el momento de dejar las aventuras de Juan Guillermo, también apodado <em>Cinco</em>, un chico al que la vida coloca, desde el minuto cero de su existencia, desde el mismo útero materno, frente a la muerte y a la violencia.</p><p>  </p><p>Más que un relato río, que lo es, es un inmenso libro regado por innumerables afluentes que vierten en la corriente  principal, mil y una historias que lo complementan o, simplemente, contribuyen a ahondar en el realismo sucio, o en la espiritualidad mágica, en la que flota el cuento principal y una helada secuela que navega por el fondo. Pienso que <em>El salvaje</em>, como el yin y el yang, las dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias que se encuentran en todas las cosas, es la crónica de dos mundos paralelos, el retrato circular que enfrenta la sofisticada y salvaje megálopolis con la naturaleza desnuda y salvaje, que al final, con la maestría narrativa de Arriaga, convergen en un solo mundo armónico donde todo parece encajar.</p><p>Aunque, ahora que lo he releído para esta presentación, he pensado que también podía tratarse de un puzle literario, en el que su creador elige las piezas para mostrar las partes que quiere resaltar de la narración en un momento preciso. Me asombra la pericia estilística de los saltos en la trama, lo que los críticos llaman narrativa no lineal. No sé como se puede hacer de forma tan natural. Me paraba a pensar en el escritor con su novela perfilada, intentando, y consiguiendo conmover al futuro lector con una nueva sorpresa emocional, estirando o cortando el hilo de la fábula con el que cose las vidas de sus magníficos personajes. Ese dominio del tempo y del curso del relato, ese juego de traer el futuro al momento presente, no es para ocultar el argumento sino para electrizarlo y enganchar al lector. Eso, creo, forma parte del adictivo estilo literario con el que está escrito este texto. Puedo pensar que son los oficios de guionista y director, que tantos éxitos han traído a la biografía de Arriaga, los que le ayudan en la tarea de jugar con el relato al novelista, a la hora de administrar las emociones del lector. Trata lo escrito como si estuviera en una sala de montaje. Es indudable que la suya es una literatura en 3D, que provoca en el lector la ilusión de estar inmerso en una narración tan llena de imágenes que le hacen vivir la historia como si estuviera habitando en las páginas del libro. Pero no es solo eso, con lo admirable y difícil que es, lo que te mete en el libro, sino la minuciosa elaboración emocional de sus personajes que se sustentan en la catadura moral de sus vidas, en el retrato de sus rasgos fisonómicos y, sobre todo, en la precisión lingüística y los modismos, con que el autor de Amores perros,  define clase social, credo, educación y pertenencia a un tiempo y un espacio determinados.</p><p>El lenguaje como fuente de identidad, de localización espacial y temporal en el que transcurre la historia, es de una riqueza tan apabullante, que se convierte en otro de los elementos que te hace vivir en la novela, implicándote como si formaras parte de ella. Para la gente que, como yo, ama México y que ha recibido la generosidad de sus hijos, que tuvo la suerte de tener cuates mexicanos de la misma generación del protagonista, que escuchó en la misma época en el que discurre la acción de la novela, un “no mames, Miguel”, o un “es que no te mides, güey”, en boca de un tipo llamado <strong>Enrique Guzmán</strong>, cantante de los Teen Tops, y que guarda el dulce y burlón acento chilango alojado en el rincón de los placeres, leer los diálogos de <em>El salvaje</em> es un valor añadido a un texto que, aun escrito en arameo, sería emocionante y conmovedor. Como lector no salgo de mi sorpresa al paladear una lengua que es la mía pero que me sabe a nueva. Eso sí, recomiendo fervientemente el uso del diccionario para desentrañar tanta curiosidad idiomática.</p><p>En la novela no se da cuenta de grandes efemérides socio políticas concretas, aunque el texto está impregnado por la democratización de la modernidad y el cambio cultural juvenil que trajo la segunda mitad del siglo pasado y el rock and roll. Sí se rinde tributo generacional y se data la aparición de discos, músicas y músicos que, como todos los elementos de la narración sirven para definir el perfil de los personajes y datar el tiempo. Llevar la música hasta la pertenencia de clase le permite al autor desarrollar sabrosas escenas que dejan huella en el lector —al menos en mí, que me dedico a esto— y que contribuyen a la fijación de la historia en un tiempo y en una cultura determinada.</p><p>Los personajes son de una carnosidad palpable, descritos en sus costumbres con tal proximidad que te codeas con ellos en los múltiples escenarios de la novela. Son presencias cuasi físicas que te acompañan en el conocimiento de sus vidas y avatares, alistándote de inmediato en las filas o las fobias que cada uno de ellos te provocan como lector. <em>El salvaje</em> es una historia coral que sucede a lo largo de una década, más o menos, con actores protagónicos y un sin fin de secundarios de lujo, que van creciendo con las vicisitudes que nos cuenta el narrador y protagonista absoluto, el ya mentado Juan Guillermo. Al no ser una novela maniquea, los buenos son buenos con reparos, con sus debilidades y zonas de reproche, pero los malos son verdadera y despiadadamente malos.</p><p>Otro gran hallazgo del libro es la historia paralela de gran peso, que funciona como contrapunto mágico, o como spin-off de la principal, y que hace barruntar que Amaruq, cazador de lobos inuit, es un trasunto de Juan Guillermo. El inuit persigue, más allá de la razón, por los bosques helados del Yukón, al lobo Nujuaqtutuq, reflejo o reverso, de Colmillo otro lobo que, además, es un personaje fundamental del relato. En la contra del libro, y a modo de resumen, se cuenta que “Juan Guillermo promete vengarse de los fanáticos religiosos que provocaron el asesinato de Carlos, su hermano mayor, que a su vez desencadenan las muertes de sus padres y de su abuela”. Esta frase cierra la nota descriptiva de la sinopsis: “Hombre y bestia serán una y la misma cosa: <em>El salvaje</em>”.</p><p>Esta es novela poliédrica, una interesantísima y deliberada suma de estilos literarios que abarcan: la novela de intriga, el libro de carretera, la serie negra, la novela de aventuras, un humanista manual de caza, una guía de respeto a la naturaleza, un canto espiritual del pueblo inuit, un relato de amor a la epopeya humana, un prontuario de curiosidades y sabidurías que aparecen a modo de cuentos independientes. Un sin fin de historias que se entrelazan, como los afluentes de los que hablaba al principio, donde se cuenta la idiosincracia de un país único y de unos seres humanos, verdaderamente humanos, para lo bueno y para lo malo. Una serie de brillantes hallazgos argumentales, pura justicia callejera, contados por un contrahéroe llamado Cinco que consigue escapar y vengarse de todos los pendejos que quieren romperle la madre. Justicia poética.</p><p><em>*Miguel Ríos, músico, presentó esta novela en Madrid.</em><strong>Miguel Ríos</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Literatura en 3D]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-cine-roxy_1_1142123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c3b6b9-df4b-4f04-9c5e-c17b226e2d0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma del cine Roxy"></p><p><em>...ni mis sueños son muy razonables. En uno de ellos me encontraba en Sunset Boulevard, a la sombra de unos árboles, esperando un taxi amarillo para ir a almorzar. No aparecía ningún taxi amarillo, todos los coches que pasaban por allí eran de 1916. Y entonces me dije: "Es inútil que esté aquí de plantón esperando un taxi amarillo, puesto que estoy teniendo un sueño de 1916". Después de esta reflexión, me fui andando hasta el restaurante.</em></p><p>Alfred Hitchcock</p><p><em>El cine según Hitchcock</em>, por François Truffaut</p><p>És quan dormo que hi veig clar.</p><p>J. V. Foix</p><p>—Y a partir de esta escena —dijo el escritor—, en el preciso instante en que el enano cabezudo vestido de boy-scout parpadea nervioso e inicia su escalada político-montserratina hacia las cumbres de la patria con la mochila a la espalda, aclamado por el gentío que le arroja flores y calderilla, entonces es cuando aparece la pierna desnuda y luminosa de Ivy/<strong>Miriam Hopkins</strong> balanceándose al borde del lecho en sostenida sobreimpresión, a lo largo y ancho de toda la secuencia y en todos los planos siguientes, el muslo inmortal de la puta Ivy pendulando en la pantalla y en el subconsciente reprimido del pobre doctor Jekyll como una dulce amenaza venérea o como una romántica pesadilla de felicidad con su liga negra y sus chancros purulentos, perturbando así la clamorosa ascensión patriotera y floral de nuestro Honorable enano parpadeante, hasta que aparece la palabra fin.</p><p>—Estás loco —dijo el director.—Olvídalo, no pienso rodar ninguna de tus calenturas infantiles.</p><p>—¿Calenturas? Te estoy hablando de la patria tan soñada y anhelada.</p><p>—¿Con el doctor Jekyll y el muslo de una puta? No me hagas reír.</p><p>—Tranquilo. Nunca haré nada que pueda darte el menor gusto.</p><p>—Háblame del vagabundo bajo la lluvia, en la posguerra.</p><p>—Entonces concédeme un respiro y bebamos algo.</p><p>Empuñando sendos bolígrafos de punta fina, las caras tapadas con pañuelos negros como si fueran a atracar un banco o asaltar un tren (en realidad no pueden verse el uno al otro), colaboran por última vez el escritor de ficciones y el director de cine en el guión original de una película que no debería rodarse jamás, cuando, en una pausa moderadamente alcohólica, solicitada por el novelista, éste le evoca la época feliz de sus aventuras infantiles con la pandilla en los espesos y ardientes cines de barrio. Programa doble, No-Do y paja, recuerda:</p><p>Aquel tronante gallinero con bancos de madera y el palco lateral izquierdo cuya pringosa barandilla yo cabalgaba y espoleaba en la penumbra plateada, galopando disparando dentro y fuera de la pantalla al mismo tiempo estoy en Arizona con Destry/<strong>James Stewart</strong> y la guapa Frenchie/<strong>Marlene Dietrich</strong> con su peca junto a la boca y suntuosos párpados de seda advierte el peligro en el Saloon y le salva la vida a Destry rieles again interponiéndose entre él y la bala, muriendo en sus brazos vestida de puta del Oeste.</p><p><em>(Continúa Almudena Grandes.)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p>Al llegar a ese punto, el escritor apura su copa, se levanta, anuncia que tiene que ir al baño.</p><p>Allí se mira en el espejo, levanta la cabeza hacia la ventana alta, pequeña, que deja ver un retal del cielo de Barcelona, y se asombra al descubrir la limpieza del azul en las alturas, muy por encima de la compacta nube de contaminación que asfixia las calles de la ciudad. Después, vuelve al espejo. Busca algún detalle, la forma de las cejas, el nacimiento del pelo, un gesto preciso que devuelva a sus ojos algo de luz, el brillo que los iluminaba a los catorce años.</p><p>No se llamaba Vargas. Ha decidido ya bautizarle con ese apellido rotundo, elegante, que evoca al mismo tiempo la delicadeza de los andaluces y la fuerza de los hombres íntegros, pero su verdadero apellido era García. Se llamaba Antonio García, aunque ese dato sólo es importante para él, o más exactamente, para el rostro del adolescente cuyo reflejo acecha en el espejo. Está seguro de que los muchachos del Lincoln Continental aprobarían su elección. Vargas le sienta mejor al personaje, y el director de la película nunca sabrá la verdad, no la entendería.</p><p>Mientras habla con ese cretino, prefiere envolverse en el chubasquero de Juanito Marés, cubrirse la cabeza con su capucha, evocar el mugriento resplandor del gallinero del cine Roxy, la humana pestilencia de los cuerpos sudorosos frente a la divina fascinación de la pantalla, el hogar de todas las diosas de ojos claros, piernas larguísimas, cinturas imposibles, que le salvaron durante un rato, todas las semanas, de la condena de hacerse hombre sobre la costra dura, despiadada, de esa herida purulenta que era la España del segundo año triunfal. Hasta ahí está dispuesto a llegar, ni un paso más. Nunca saldrá con el director del gallinero un domingo de febrero de 1941. Nunca le presentará a esa chica delgada y larguirucha, su piel tan pálida como si se lavara con lejía, que estaba apoyada en la barandilla del entresuelo del Roxy. Nunca le explicará que parecía esperar a otra persona, hasta que él pasó por su lado y le llamó por su nombre.</p><p>—Te estaba esperando. ¿Sabes quién soy?</p><p>Lo sabía y no lo sabía. Sabía que vivía cerca, en una casa baja, despintada, parecida a la suya. Sabía que su padre había perdido la guerra, como casi todos los padres de por allí, y que estaba ausente, muerto quizás, quizás en la cárcel. Sabía que era hija de una mujer avejentada y triste, como casi todas las madres de aquel barrio, que madrugaba mucho y sólo volvía del centro de la ciudad al atardecer. Sabía todo eso y era lo mismo que no saber nada, así que frunció los labios en una mueca escéptica que no consiguió desanimarla.</p><p>—Me llamo Anita. Vivo en la calle Verdi, un poco más arriba de la papelería, y quería hablar contigo porque… —se calló de pronto, miró a su derecha, luego a su izquierda, inclinó por fin la cabeza hacia él como si quisiera besarle y deslizó una pregunta en su oído—. ¿Tú sabes guardar un secreto?</p><p>Aquella pregunta, tan emocionante al menos como un beso, fue la puerta por la que Antonio García entró en su vida.</p><p>—¿Y por qué me cuentas todo esto?</p><p>Sus amigos le esperaban en la puerta del Roxy, muy intrigados por la conversación que sostenía con aquella chica tan pálida, que ya no era una niña pero aún lo parecía, su pecho plano, sus caderas lisas, las piernas llenas de pelos. Al principio, le habría gustado que fuera más guapa para presumir con ellos, habría podido inventarse una historia fabulosa, pero cuando Anita le habló del hombre que dormía en el Lincoln Continental del vertedero, la arruinada carcasa donde él y sus amigos habían jugado a los detectives tantas veces, comprendió que nunca podría inventar una historia mejor.</p><p>—Porque hay que ayudarle. Yo le llevo comida  de vez en cuando, pero si sigue durmiendo ahí le encontrarán, le detendrán… Y es un hombre muy bueno.</p><p>—¿Es tu padre? —se atrevió él.</p><p>—No —y los ojos de Anita huyeron de los suyos—. No es mi padre.</p><p><em>(Continuará Felipe Benítez Reyes.)</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p><em>*Juan Marsé es escritor y uno de los grandes narradores de la literatura española. </em><strong>Juan Marsé</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/coleccion-particular/ES0152560" target="_blank">Colección particular</a><em> (Lumen, 2017) recoge ahora algunos de sus mejores relatos.</em></p><p>*Almudena Grandes es escritora. Su último libro, Los besos en el pan (Tusquets, 2016). </p><p><span id="cke_bm_361C"></span>  </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Marsé | Almudena Grandes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Escritores,Literatura,Literatura española,Juan Marsé,Narrativa,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Gacela del niño muerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gacela-nino-muerto_1_1142122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Gacela del niño muerto</strong></p><p>Todas las tardes en Granada,</p><p>todas las tardes se muere un niño.</p><p>Todas las tardes el agua se sienta</p><p>a conversar con sus amigos.</p><p>Los muertos llevan alas de musgo.</p><p>El viento nublado y el viento limpio</p><p>son dos faisanes que vuelan por las torres</p><p>y el día es un muchacho herido.</p><p>No quedaba en el aire ni una brizna de alondra</p><p>cuando yo te encontré por las grutas del vino.</p><p>No quedaba en la tierra ni una miga de nube</p><p>cuando te ahogabas por el río.</p><p>Un gigante de agua cayó sobre los montes</p><p>y el valle fue rodando con perros y con lirios.</p><p>Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos,</p><p>era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.</p><p><em>*Este poema de Federico García Lorca, perteneciente a </em><strong>Federico García Lorca</strong>Diván del Tamarit<em>, lo leyó Ana Belén en la casa familiar del poeta en la Huerta de San Vicente, Granada.</em><strong> Ana Belén </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Belén | Federico García Lorca]]></author>
      <media:title><![CDATA[Gacela del niño muerto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca,Literatura,Poesía,Ana Belén,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Cuando empecé a escribir me costó crear personajes similares a mí”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/empece-escribir-costo-crear-personajes-similares_1_1142004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/252f8ef8-7c9c-4767-b401-686aa62e0c22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Cuando empecé a escribir me costó crear personajes similares a mí”"></p><p>En 2016 la literatura fantástica y de ciencia ficción ya había investigado toda la galaxia, invitado a extraterrestres a casa, dividido a la Humanidad entre magos y tristes <a href="http://es.harrypotter.wikia.com/wiki/Muggle" target="_blank">muggles</a> y creado un anillo para gobernarlos a todos y atarlos a las tinieblas. Pero no había entregado ningún premio Hugo, el más prestigioso del género, a un autor o autora afroamericana en las más de seis décadas de historia del galardón. Después de haber conseguido la convivencia entre mundos irreales, futuros plagados de heroicos hombres blancos y, en algunas ocasiones, cierto aire conservador, en 2016 los fans de la fantasía otorgaban a <strong>Nora K. Jemisin</strong> el Hugo a la mejor novela, convirtiéndose en la primera escritora negra que triunfaba en la categoría más codiciada.</p><p>Jemisin (Iowa, 1972) presenta ahora en España la novela con la que consiguió el premio, <a href="http://novalibros.com/novedad-editorial/la-quinta-estacion/" target="_blank"><em>La quinta estación</em></a><em> </em>(editada por Nova y traducida por David Tejera), el primer volumen de la trilogía <em>La tierra fragmentada</em>. El segundo tomo, <em>The obelisk gate</em>, ya ha sido publicado en inglés; y el último, <em>The Stone sky</em>, verá la luz en agosto. Ambos, llegarán también a España de la mano de la editorial Nova, después de que Minotauro publicase en 2011 y 2012 los dos primeros libros de su <em>Trilogía de la sucesión</em>. En esta nueva saga, Jemisin narra la historia de la Quietud, un lugar que periódicamente sufre catástrofes medioambientales que arrasan con la civilización. “La base de la novela es la gente afrontando un gran cambio, se trata de una saga épica. Y lo más inevitable, amenazante y el gran problema al que las personas probablemente tengan que enfrentarse es el planeta completo volviéndose contra ellas”, cuenta esta escritora a su paso por Madrid durante la promoción de <em>La quinta estación.</em></p><p>Los habitantes de la Quietud están divididos en varias razas y castas en las que los peor parados son los orogenes, seres de piel oscura que tienen la capacidad de sentir, anticipar y frenar los desastres naturales. En principio, esta habilidad resultaría esencial en un mundo que tiende a la autodestrucción, pero no todos los orogenes saben controlar su poder, lo que implica un riesgo para sus vecinos. Por ello, tienen que demostrar que son dignos de la confianza que el resto recibe por omisión. Jemisin desarrolla la trama a través de tres mujeres orogenes: <strong>Damaya</strong>, una niña cuyos padres venden para que sea entrenada en un lugar conocido como el Fulcro; Sienita, una joven que está recibiendo ya instrucción; y Essun, una mujer en busca de su marido, que ha asesinado a su hijo al descubrir que poseía el don de la orogenia y ha huido con su otra hija.</p><p>Con esta propuesta, la escritora ahonda en cómo funciona el poder y los mecanismos del racismo en las relaciones sociales, a través de un género a menudo tachado de escapista. De hecho, cuando llevaba ya escrita la mitad de primera novela, Jemisin se planteó si no estaba trivializando un asunto tan grave de la vida real <a href="https://www.nytimes.com/2016/08/25/books/n-k-jemisin-on-diversity-in-science-fiction-and-inspiration-from-dreams.html?_r=0" target="_blank">al abordarlo desde un universo metafórico</a>. “La fantasía toma a los personajes y los coloca en diferentes sociedades y situaciones para extraer realmente cómo son los seres humanos”, explica, ya con toda la trilogía terminada y esa duda solventada.</p><p><strong>Una comunidad de lectores más diversa</strong></p><p>Cuando su editor le dijo que había sido la primera autora negra en conseguir el<a href="http://www.thehugoawards.org/about/" target="_blank"> Hugo</a> a la mejor novela –antes que ella, habían sido premiados en otras categorías escritores afroamericanos como <a href="http://elpais.com/diario/2006/03/05/agenda/1141513202_850215.html" target="_blank">Octavia Butler</a> y <a href="http://www.newyorker.com/books/page-turner/samuel-delany-and-the-past-and-future-of-science-fiction" target="_blank">Samuel R. Delany</a>— Jemisin se sorprendió, evidentemente, para mal. “Nos decimos a nosotros mismos que somos más progresistas, los más futuristas, con una visión avanzada, pero no es verdad”, comentó entonces esta escritora que también ejerce como columnista en<strong> </strong><em>The New York Times Book Review</em>. “Hay una gran parte de lectores que son mujeres y negras”, explica, “si ves las estadísticas sobre quiénes consumen ciencia ficción o las audiencias de las series, películas y videojuegos, te das cuenta que hay un 47% de mujeres, un 47% de gente de color... La mayoría de lectores de ciencia ficción que conozco son mujeres, negras y de mediana edad como yo”. Así las cosas, el consejo que lanza Jemisin está claro: “Los autores deberían ser más representativos del público que les está leyendo, simplemente porque esos lectores quieren verse reflejados en las historias que cuentan e incluso los escritores blancos pueden representar a mujeres y gente de color, sólo tienen que aprender a hacerlo bien. Son escritores y se suponen que eso es lo que tienen que hacer”.</p><p>¿Incide esa variedad de los lectores en las historias escritas por los fans? ¿Es el <em>fandom</em> más progresista que las narrativas originales? “En ocasiones sí lo son y en otras, no. Los seguidores de la ciencia ficción no son diferentes de cualquiera en el mundo. Absorbemos las mismas actitudes de la sociedad en la que vivimos. Incluso yo, como mujer negra, cuando empecé a escribir me costó crear personajes similares a mí porque nunca los había visto en la literatura, había crecido leyendo libros sobre nada más que hombres o chicos blancos. Así que, como eso era todo lo que había leído, era también lo que sabía escribir y me resultaba raro probar y poner como una heroína o lo que fuera a alguien como yo. Era extraño incluso verme a mí misma en una ficción. Me llevó mucho tiempo y práctica poder mejorar y cambiar esta situación”, confiesa la autora.</p><p>La ultraderecha contraataca</p><p>Así las cosas, en el universo de la fantasía y la ciencia ficción sucedió algo parecido a la victoria de <strong>Donald Trump</strong> en las elecciones presidenciales de EE UU: cuando pensábamos que íbamos hacia adelante, de repente apareció una realidad que no queríamos ver. En este género literario, los miembros de la nueva ola reaccionaria se bautizaron a sí mismos como los <em>sad puppies</em> y los <em>rabid puppies</em> (los cachorros tristes y los cachorros furiosos, en español), según la radicalidad de sus posturas. Estos grupos empezaron a operar en 2013 para terminar, entre otras cosas, con el multiculturalismo y los intentos de nominaciones paritarias en los premios Hugo. Les favoreció el sistema de votación de estos galardones, ya que para apoyar a los finalistas basta con hacerse miembro de la Worldcon (Convención Mundial de Ciencia Ficción) por 40 dólares, unos 35 euros, y nominar a quien quieras en las 17 categorías del certamen. “Los Hugo confían en un sistema de honor y en la buena fe de sus votantes. Si tú eres deshonesto y no actúas así, entonces el sistema resulta fácil de corromper”, opina Jemisin.</p><p>En 2015 consiguieron un gran impacto gracias a la ayuda de los ultraderechistas de la <a href="http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-11-20/que-es-la-alt-right-la-derecha-radical-que-ha-irrumpido-en-la-casa-blanca_1291915/" target="_blank">alt-right </a>y llegaron a la final una mayoría de autores de su elección, a pesar de la poca calidad de los textos que en ocasiones se entregaron hasta mal escritos. “Si hubieran apoyado a buenos trabajos en la votación, la gente estaría dispuesta a considerarlos; pero su único objetivo era colocar a autores blancos y varones. En todo caso, el público de los Hugo reconoció su mediocridad y votó contra ellos”, explica la escritora. El envite se saldó con cinco categorías desiertas, <a href="https://www.theguardian.com/books/2015/aug/23/no-award-hugo-awards-following-controversy" target="_blank">un hecho sin precedentes</a> desde la creación de los premios en 1955, y el reconocimiento a la mejor novela recayó en el escritor chino <strong>Liu Cixin</strong>. En la siguiente edición, cuando Jemisin ganó el Hugo, los cachorros volvieron a intentarlo, pero sólo consiguieron copar la mitad de los autores propuestos como finalistas. “Los <em>sad puppies</em> y <em>rabid puppies</em> todavía existen, pero ahora con objetivos más grandes. La <em>alt-right</em> estuvo un tiempo practicando, apoderándose de la comunidad de videojuegos, de los cómics y de los libros…. y continuaron el año pasado con las elecciones presidenciales de EE UU. Así que están menos interesados en la ciencia ficción porque… ahora mismo están en el poder”.</p><p><em>Juego de tronos</em>, una nueva esperanza</p><p>En este agridulce contexto, la pregunta sería si, al menos, la gran notoriedad de la saga de<strong> Juego de tronos </strong><em><strong>Juego de tronos</strong></em>(creada por <strong>George R.R. Martin</strong> y llevada a la televisión por<strong> HBO</strong>) ha ampliado el público de la literatura fantástica y de ciencia ficción. “Diría que gracias al éxito de <em>Juego de tronos</em> hay más gente, como guionistas y productores de cine y televisión, interesada y acercándose a mí en busca del próximo <em>Juego de tronos</em>”, confiesa Jemisin escéptica. “De todas formas, esta saga no abre mucho el público para escritores como yo, porque todavía se trata de una ficción situada en una época medieval, centrada en un grupo de gente blanca y en cosas sobre las que yo realmente no escribo”. “No deberíamos quedarnos estancados en la mitología del norte de Europa, ¿qué pasa con la del sur de Europa, la africana, la asiática o la de los nativos americanos? ¿Por qué no empezamos a mirar hacia los mitos de otros grupos de personas? ¿Por qué no creamos algo totalmente nuevo?”, se pregunta. “Eso es lo que yo quería hacer con la trilogía de <em>La tierra fragmentada.</em> No hay elfos ni nada parecido, sino que me inventé una nueva gente mágica porque quería crear algo que no hubiese existido jamás y eso es de lo que es capaz la fantasía.”</p><p><em>*Saila Marcos es periodista de </em><a href="https://twitter.com/sailusticadas" target="_blank">Saila Marcos</a>infoLibre<em> y </em>tintaLibre<em>.</em></p><p>  <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura estadounidense,Novela,Racismo,Narrativa,Los diablos azules número 69]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Damaya, en inviernos remotos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/damaya-inviernos-remotos_1_1142002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/55fdbede-bdb1-42c5-82bc-476ae50848ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Damaya, en inviernos remotos"></p><p><em>Ofrecemos un fragmento de</em><a href="http://novalibros.com/novedad-editorial/la-quinta-estacion/" target="_blank"> La quinta estación</a><em> (Nova), de</em> N. K. Jemisin, novela ganadora del premio Hugo en 2016, un galardón que reconoce las mejores obras de ciencia ficción o fantasía. </p><p>                                                                                                            </p><p>La paja es tan cálida que <strong>Damaya</strong> no quiere salir de ella. En la modorra de la duermevela, piensa que es una manta, como la colcha que su bisabuela le cosió una vez con pedazos de uniformes. Años antes de que muriera, yaya trabajaba de costurera para el ejército de <strong>Brevard</strong> y se quedaba la tela que le sobraba de los arreglos. La manta que hizo para Damaya estaba compuesta por filas serpenteantes de color negro, azul marino, gris pardo, gris y verde, como si se tratara de columnas de hombres desfilando. Pero se la había hecho yaya con sus propias manos, y a Damaya nunca le importó que fuera fea. Siempre olía a limpio y a viejo con un toque a humedad, por lo que era fácil imaginar que aquella paja (que olía a húmedo y estiércol viejo, pero también tenía ese punto afrutado de los hongos) era la manta de yaya. La manta de verdad estaba en la habitación de Damaya, en la cama donde la había dejado. La cama en la que no volvería a dormir jamás.</p><p>Ahora oye voces fuera de aquel montón de paja: otra persona habla con mamá; ambos se acercan. Se escucha el repiqueteo de la madera al abrirse la puerta del granero, y luego entran. Oye otro ruido cuando la puerta se cierra a su paso. Su madre alza la voz y la llama:</p><p>—¿DamaDama?</p><p>Damaya se acurruca con fuerza y aprieta los dientes. Odia ese estúpido mote. Odia la manera delicada y agradable en que su madre lo pronuncia, como si lo dijera con cariño y no fuera una mentira.</p><p>Al ver que Damaya no responde, madre dice:</p><p>—No puede haber salido. Mi marido ha revisado todas las cerraduras del granero.</p><p>—¡Ay! Las cerraduras no sirven con los de su especie.</p><p>Es la voz de un hombre. No es la de su padre, ni la de su hermano mayor, ni tampoco la del líder de la comu, ni la de nadie que conozca. La voz de ese hombre es grave y habla con un acento desconocido para ella: es agudo e intenso, alarga mucho las oes y las aes y acorta el principio y el final de todas las palabras. Suena inteligente. Emite un débil tintineo al andar, tanto que se pregunta si llevará encima un enorme juego de llaves. ¿Será que quizá tiene mucho dinero en los bolsillos? Ha oído que en algunas partes del mundo se usa dinero de metal.</p><p>Al pensar en llaves y dinero, Damaya se acurruca más todavía, porque por supuesto también ha oído a otros niños del creche susurrar acerca de los mercados donde venden niños en ciudades lejanas de piedra biselada. No todos los lugares del mundo son tan civilizados como las Normelat. Se reía al oír aquellos cuchicheos, pero ahora todo es diferente.</p><p>—Aquí —escucha decir al hombre, no demasiado lejos—. Diría que es reciente.</p><p>Madre emite un sonido de asco, y Damaya se siente abochornada cuando repara en que acaban de encontrar el rincón que usa como baño. Ese lugar huele fatal, a pesar de que ha tirado paja encima para cubrirlo cada vez que ha ido.</p><p>—Haciéndolo en el suelo como los animales. No la eduqué para esto.</p><p>—¿Acaso hay baño aquí dentro? —pregunta el comprador de niños, con tono amable y curioso—. ¿Le habéis dado un cubo?</p><p>Madre queda sumida en un silencio prolongado, y al cabo Damaya se da cuenta de que el hombre acaba de llamarle la atención a su madre con aquellas sencillas preguntas. Damaya no está acostumbrada a esas reprimendas. El hombre no ha alzado la voz ni insultado a nadie. Pero su madre permanece allí de pie, estupefacta, como si después de aquellas palabras le hubiera propinado un golpe en la cabeza.</p><p>Una risilla le sube por la garganta, pero logra taparse la boca a tiempo para evitar que se le escape. La habrían oído reírse por ver a su madre avergonzada, y aquel comprador de niños sabría lo mal que se comporta. Pero ¿acaso sería malo? Quizás así les pagara menos a sus padres por ella. Pensar en ello casi hace que se le vuelva a escapar la risilla, porque Damaya odia a sus padres, los odia de verdad, y cualquier cosa que les ocasione sufrimiento haría que se sintiera mejor.</p><p>Luego se muerde la mano, con fuerza, y se odia a sí misma. Se odia porque es normal que madre y padre la vendan si es capaz de pensar algo así.</p><p>Oye pasos cerca.</p><p>—Aquí hace frío —dice el hombre.</p><p>—La habría dejado en la casa si hubiera hecho más frío —responde madre, y Damaya casi vuelve a reírse al escuchar aquel tono defensivo y antipático.</p><p>  </p><p>Pero el comprador de niños no le hace caso a madre. Sus pasos se acercan y son... raros. Damaya puede sesapinar los pasos. Casi nadie puede hacerlo; las cosas grandes como terremotos y eso, sí, pero no algo tan delicado como el roce de un pie contra el suelo. (Siempre ha sabido de esta capacidad, pero hasta hace poco no había reparado en que es una especie de advertencia). Es más difícil percibirlo cuando no está en contacto directo con el suelo. En tal caso se transmitiría a través de la madera del armazón del granero y de los clavos con los que se sujeta. Aun así, a pesar de encontrarse en un piso superior, sabría a qué atenerse. Un latido, otro latido, el paso y luego la reverberación hasta el infinito; un latido y otro latido, un latido y otro latido. Por el contrario, los pasos del comprador de niños no suenan así, no reverberan. No puede sesapinarlos, solo oírlos. Y eso no le había pasado nunca.</p><p>Y ahora sube por la escalerilla, hacia el altillo donde ella está acurrucada entre la paja.</p><p>—Vaya —dice nada más subir—. Aquí arriba hace más calor.</p><p>—¡DamaDama! —Ahora su madre parece enfadada—. ¡Baja de ahí!</p><p>Damaya se acurruca con más fuerza debajo de la paja y se queda en silencio. Los pasos del comprador de niños se escuchan cada vez más cerca.</p><p>—No tengas miedo —dice, con su voz característica. Está más cerca. Siente cómo la reverberación de su voz pasa de la madera al suelo y luego a la roca, para luego volver en sentido contrario. Más cerca—. Vengo a ayudarte, Damaya Lomocurtido.</p><p>Otra cosa que odia: su apellido al uso. No tiene el lomo curtido para nada, ni tampoco su madre. Lo único que significa eso de "lomocurtido" es que sus antepasados femeninos tuvieron la suerte de que las aceptaran en una comu, pero no la capacidad de lograr una plaza segura en ella. Su hermano<strong> Chaga </strong>le dijo una vez para molestarla que los Lomocurtido, al igual que los comubundos, eran los primeros en sufrir las consecuencias cuando las cosas se ponían difíciles. Luego se había reído, como si aquello fuera gracioso. Como si no fuera verdad. Pero claro, Chaga es un Resistente, como padre. A cualquier comu le gusta tenerlos cerca, con independencia de lo difíciles que se pongan las cosas, por si hay una hambruna o enfermedades o cosas de esas.</p><p>Los pasos del hombre se detienen justo delante de la pila de paja.</p><p>—No tengas miedo —repite, ahora con más ternura. Madre sigue abajo, en el suelo, y es probable que no pueda oírlo—. No permitiré que tu madre te haga daño.</p><p>Damaya inspira.</p><p>No es tonta. El hombre es un comprador de niños, y los compradores de niños hacen cosas terribles. Pero después de oírle decir eso, y también porque una parte de ella está cansada de tener miedo y enfadarse, se estira. Sale del sedoso y cálido montón y se sienta, mientras observa a aquel hombre a través de sus rizos y del sucio forraje.</p><p>Tiene un aspecto igual de extraño que su voz, y no es de ningún lugar que se encuentre cerca de Palela. Su piel es casi blanca, pálida como el hueso, tanto que a la luz del sol parece que podría convertirse en humo y desaparecer en el aire. Tiene el pelo largo y liso, lo que, unido a su piel, podría indicar su naturaleza ártica, aunque eso no encaja con su color: negro azabache, como el color de la tierra que rodea a un viejo estallido. Los habitantes de las Costeras orientales tienen el pelo así de oscuro, aunque más rizado en lugar de liso. También tienen la piel negra a juego con él. Además es grande, más alto y ancho de hombros que padre. Los hombros grandes de padre dan paso a un pecho amplio y una gran barriga; pero en el caso de este hombre, todo parece estrecharse. Toda la figura del extraño parece más delgada y esbelta de lo que debería. No encaja en ninguna raza.</p><p>Pero lo que más le llama la atención a Damaya son los ojos de aquel comprador de niños. Son blancos, o casi. Ve la blancura de sus ojos, y luego un disco de un color ligeramente gris que casi no se distingue de ese blanco, ni de cerca. A la luz tenue del granero tiene las pupilas grandes, y son sobrecogedoras entre tanta ausencia de color. Ha oído hablar sobre ojos como aquellos, los llaman geliris en las historias y en el litoacervo. No abundan, y siempre son un mal presagio.</p><p>Pero en ese momento el comprador de niños sonríe a Damaya. Esta no se lo piensa dos veces y le devuelve la sonrisa. Deposita en él su confianza de inmediato. Sabe que no debería, pero lo hace.</p><p>—Pues aquí estás —dice, en voz baja para que madre no lo oiga—. DamaDama Lomocurtido, ¿no es así?</p><p>—Damaya a secas —responde, casi sin pensar.</p><p>El hombre inclina la cabeza con elegancia y le tiende una mano.</p><p>—De acuerdo. Entonces, ¿te vienes con nosotros, Damaya? Damaya no se mueve, y él no la coge. Se queda quieto, inerte como la piedra, ofreciéndole la mano sin obligarla. Respira hasta diez veces. Veinte. Sabe que va a tener que ir con él, pero quiere que él piense que es por elección propia. Luego, coge la mano y permite que la levante. No deja de sostenerle la mano mientras ella se sacude toda la paja que es capaz, y luego tira de ella para acercarla un poco.</p><p>—Un momento. —¿Mmm?</p><p>Pero el comprador de niños ya le ha puesto la otra mano dtrás de la cabeza y con dos dedos aprieta en la base de su cráneo, con una presteza y habilidad tales que no le da tiempo a sobresaltarse. El hombre cierra los ojos un momento y tiembla de manera casi imperceptible. Después suspira y la suelta.</p><p>—El trabajo es lo primero —dice, con tono enigmático. Ella se toca la nuca, confundida y notando aún la presión de los dedos de aquel hombre—. Ahora volvamos abajo.</p><p>—¿Qué has hecho?</p><p>—No es más que una especie de pequeño ritual. Algo que servirá para que sea más sencillo encontrarte si te pierdes alguna vez. —Ella no sabe a qué se refiere—. Venga, tengo que decirle a tu madre que te vienes conmigo.</p><p>Así que es verdad. Damaya se muerde el labio, y el hombre se da la vuelta y se dirige hacia la escalerilla. Ella lo sigue, uno o dos pasos detrás.</p><p>—Pues ya está —dice el comprador de niños cuando se acercan a madre en el piso de abajo. Madre suspira cuando la ve, quizá por el enfado—. ¿Sería tan amable de prepararle la maleta? Una o dos mudas de ropa, algo de comida para el viaje y un abrigo, y nos pondremos en camino.</p><p>Madre se acerca, sorprendida. —Regalamos su abrigo.</p><p>—¿Lo habéis regalado? ¿En invierno?</p><p>Habla con tranquilidad, pero de repente madre parece enfadada.</p><p>—Tiene un primo que lo necesitaba. Aquí no tenemos armarios llenos de ropa bonita para regalar. Y... —Madre duda y mira a Damaya. Damaya le esquiva la mirada. No quiere saber si madre se arrepiente de haber regalado el abrigo. No quiere enterarse de si su madre no se arrepiente.</p><p>—Y ha oído que los orogenes sienten menos frío que el resto de las personas —añade el hombre, compungido—. Es un mito. Doy por hecho que ha visto a su hija pasar frío en algún momento.</p><p>—Esto... —Madre parece nerviosa—. Sí, pero pensaba que...</p><p>Que Damaya fingía. Eso era lo que le había dicho el día en que llegó a casa procedente del creche y cuando la instalaban en el granero. Madre estaba enfadada y con los ojos llenos de lágrimas, y padre estaba sentado en silencio y apretaba los labios. Damaya lo había ocultado, afirmó su madre, les había ocultado todo y había fingido ser una niña cuando en realidad era un monstruo y, como tal, les había mentido. Madre siempre supo que había algo extraño en su hija, siempre había sido una mentirosa...</p><p>El hombre niega con la cabeza.</p><p>—Sea como fuere, va a necesitar algo de protección contra el frío. Hará más calor a medida que nos acerquemos a las Ecuatoriales, pero tenemos semanas de camino por delante antes de llegar.</p><p>Madre aprieta la mandíbula.</p><p>—Así que de verdad la va a llevar a Yumenes...</p><p>—Claro que... —El hombre la mira—. Vaya. —Luego mira a Damaya. Ambos miran a Damaya, que siente cómo aquellos ojos se clavan en ella. Se retuerce—. Pensaba que había venido a matar a su hija y, aun así, hizo que el líder de la comu me mandara llamar.</p><p>Madre se pone tensa.</p><p>—No. No es eso, no quería... —Estira las manos, que le cuelgan en los costados. Luego inclina la cabeza, como si se arrepintiera, aunque Damaya sabe que es mentira. Madre no se arrepiente de nada de lo que ha hecho. Si ese fuera el caso, ¿por qué hacerlo?</p><p>—La gente normal no se puede hacer cargo de... niños como ella —responde madre, en voz muy baja. Le lanza una mirada rápida a Damaya—. Casi mata a un niño en la escuela. Tenemos otro hijo y vecinos y... —En ese momento parece coger confianza y levanta la cabeza—. Y es lo que debe hacer todo ciudadano responsable, ¿o no?</p><p>—Cierto, no le falta razón. Su sacrificio servirá para crear un mundo mejor.</p><p>Aquello suena a elogio. Es una frase hecha. No así el tono. Damaya vuelve a mirar al hombre, confundida, porque los compradores de niños no matan niños. Eso no tendría sentido. Y ¿a qué viene eso de las Ecuatoriales? Ese lugar está muy lejos hacia el sur.</p><p>El comprador de niños mira a Damaya y, de alguna manera, es consciente de su confusión. Esboza un gesto tranquilizador, algo que debería ser imposible con esos ojos aterradores.</p><p>—A Yumenes —les dice el hombre a madre y a Damaya—. Sí, todavía es joven, así que la voy a llevar al Fulcro. Allí le enseñarán a controlar su maldición. Su sacrificio también servirá para crear un mundo mejor.</p><p>Damaya vuelve a mirarlo, como si en ese momento se hubiera dado cuenta de lo equivocada que estaba. Madre no había vendido a Damaya. Tanto ella como padre la habían regalado. Y no es que madre la odiara; en realidad, le tenía miedo. ¿Acaso hay diferencia? Quizá. Damaya no sabe cómo sentirse al respecto ahora que acaba de descubrir todo eso.</p><p>Y el hombre... está claro que no es un comprador de niños. Es un...</p><p>—¿Eres un Guardián? —pregunta Damaya, para confirmar lo que ya sabe. Él sonríe. Ella no sabía que los Guardianes fueran así. Se los imaginaba altos, de mirada férrea y cargados de armas y conocimientos arcanos. Bueno, alto sí que es.</p><p>—Lo soy —responde, y le coge la mano. Le gusta mucho tocar a la gente, piensa ella—. Soy tu Guardián.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[N. K. Jemisin]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Damaya, en inviernos remotos]]></media:title>
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