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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 71]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-71/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 71]]></description>
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      <title><![CDATA[Memorial de Ayotzinapa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorial-ayotzinapa_1_1203107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/618d8474-6e54-4e67-ba09-a8dfe0d96fc7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memorial de Ayotzinapa"></p><p>  </p><p> Cómo llenar tu soledad, el páramo</p><p>en que descansas tu dolor, sombrío</p><p>el leve tacto de tu mano, honda</p><p>tu imposible costumbre de callar.</p><p>Y yo el rayo, la chispa, la centella,</p><p>el fulgor dispersado que no incendia</p><p>en su loco girar por tu cintura.</p><p>Cómo llenar tu soledad con soles,</p><p>con soleadas palmeras, con manglares;</p><p>una línea de luz, un alto fuego,</p><p>para tu corazón, para tus ojos.</p><p>Cómo llenar tu soledad, no hay modo,</p><p>Si eres tu soledad, en ella brillas</p><p>Y toda tu alegría es tu tristeza.</p><p><em>*Mario Bojórquez es poeta y autor de </em><strong>Mario Bojórquez</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/memorial-de-ayotzinapa.html" target="_blank">Memorial de Ayotzinapa</a><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/memorial-de-ayotzinapa.html" target="_blank"><em> </em></a><em>(Visor, 2016), título al que pertenece este poema. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mario Bojórquez]]></author>
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      <title><![CDATA[La sociedad perfecta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sociedad-perfecta_1_1142714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1ded5e33-b437-4e20-b8a8-079e190cb09b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sociedad perfecta"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>Un mundo felizAldous HuxleyTraducción de Ramón Hernández García</strong><em>Un mundo feliz</em></p><p><strong>Debolsillo​​​​​​​Barcelona​​​​​​​2014</strong></p><p>​​​​​​​ </p><p>El espejo de la felicidad devuelve diferentes reflejos según quien se mire en él. Una palabra sumergida debajo de cada lengua esperando a ser verbalizada. El ideal a ser alcanzado. Un bien preciado, casi una obsesión, cuya tangibilidad es sin duda el motor para seguir caminando, avanzando. Y sin embargo su magnificencia parece caer en la ambigüedad cuando se busca popularizar su significado o cuando se busca producirla en serie por el supuesto bien común como <strong>Aldous Huxley</strong> (1894-1963), escritor, poeta y filósofo inglés supo reflejar con una inteligencia deslumbrantemente irónica en su novela <em>Un mundo feliz</em>.</p><p>Pura ciencia ficción, debieron pensar muchos de los lectores cuando se publicó en 1932. Una catalogación certera a la que muchos otros, al sumarle el calificativo de visionaria, le otorgaron el don de la perpetuidad. No fue la primera publicación del escritor inglés.<em> Limbo</em> (1920),<em> Los escándalos de Crome </em>(1921) o <em>A lo largo del camino</em> (1925), entre otras varias, la precedieron. Poemas, cuentos, novelas y ensayos donde sin duda se deben de haber ido asentando las semillas de la que sería la obra que lo catapultó a la fama. Un reconocimiento que sus obras posteriores supieron preservar.</p><p>La materialización de una sociedad perfecta, ajena a los grandes conflictos que han abierto brechas insondables a lo largo de la historia de la humanidad, es la médula de este viaje terrorífico que llamó y sigue llamando la atención de los lectores por los tiznes premonitorios que se adivinan entre líneas. En una época en la que los totalitarismos se enfrentaban por apropiarse la batuta para dirigir el mundo a la vez que se apostaban todas las cartas al cientificismo como único camino para la evolución, Huxley ideó una sociedad que satiriza estos empeños, disfrazados de buenos deseos, de generar un mundo feliz.</p><p>Tubos de ensayo, incubadoras, láminas de vidrio bajo el ojo atento del microscopio, son las herramientas básicas para lograr el progreso. Sustitutas del vientre materno, dan a luz a los componentes de una sociedad vacunada contra las grandes pasiones, inapetente de interrogantes, gracias a la doma prematura y no violenta de la <em>hipnopedia</em>, el proceso de aprendizaje al que son sometidos en la niñez mediante el sueño. El lavado de cerebro, si simplificamos, es el método elegido para generar individuos donde el valor de la sociedad debe superar al individual sin importar el precio a pagar. Y si esta técnica de manipulación no alcanza siempre se puede recurrir al <em>soma</em>, una droga exclusivamente diseñada para evitar el despertar de la conciencia, para mantener en la inopia cualquier indicio de razonamiento o cuestionamiento.</p><p>Clones que forman una estructura conveniente pues ni siquiera esta sociedad perfecta se libra de los estratos sociales. Diferencias incuestionables para un mundo donde los individuos, aislados de las emociones, son programados para consumir y ser felices con lo que hacen. A menos que se produzca un error en el proceso de fabricación, tal y como le ocurre a Bernard, uno de los protagonistas. Un fallo capaz de lograr una fisura mínima pero suficiente para permitir que se filtren dudas, para que surja el deseo de búsqueda de otras respuestas. Una necesidad que suscitará un encuentro con otra realidad: la salvaje. Un escenario donde el encuentro del sometimiento y la aceptación inducida del destino chocarán con el convencimiento de otras creencias, otros ideales, el influjo de las grandes pasiones y el pensamiento crítico.</p><p><em>Un mundo feliz</em> es una distopía. Una obra reflexiva que pone en jaque no solo las utopías que los diferentes sistemas han buscado implantar sino también las del hombre como individuo. Una novela en la que al leer la última página, para quien sigue creyendo en la posibilidad de un mundo mejor, emerge inevitablemente ese texto de <strong>Eduardo Galeano</strong> basado en la respuesta que dio <strong>Fernando Birri </strong>cuando le preguntaron que era para él la utopía.</p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tati Jurado]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un poco de realidad, un poco de ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/realidad-ficcion_1_1142712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdd1f8b-c040-4bc3-934a-8d87a42fd646_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poco de realidad, un poco de ficción"></p><p><strong>Jesús García Sánchez</strong>, de la editorial y librería Visor de Madrid, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>Al fondo a la izquierdaJesús MarañaPlanetaBarcelona2017</strong><em>Al fondo a la izquierda</em></p><p>  </p><p>La visión de un periodista independiente, el análisis de los movimientos que se han producido en la izquierda española durante los últimos años. En la agitación general de una época confusa y de una pérdida de confianza cívica en las viejas costumbres políticas, los debates internos del PSOE, el nacimiento de Podemos y la autoliquidación de Izquierda Unida han marcado un tiempo de ilusiones y dificultades en el que no ha sido posible todavía crear una alternativa al PP. ¿Todavía?</p><p>  <a href="https://www.infolibre.es/index.php/mod.usuarios/mem.detallesuscripcion" target="_blank">Hazte socio de infoLibre+tintaLibre y llévate Al fondo a la izquierda. Hasta el 30 de junio. </a></p><p><strong>​​​​​​Examen de ingeniosJosé Manuel Caballero BonaldSeix BarralBarcelona2017</strong></p><p><em>Examen de ingenios</em></p><p>El escritor jerezano, uno de los nombres imprescindibles de la narrativa y la poesía de posguerra, desata una vez más el ejercicio de la memoria para formar una galería personal de figuras notables con las que coincidió en la vida. Desde los maestros de la generación del 98 hasta sus compañeros de generación, la prosa de Caballero Bonald dibuja un mapa penetrante de melancolía y conocimiento.</p><p><strong>Incluso la verdad. La historia secreta de 'Lo niego todo'Joaquín Sabina y Benjamín PradoPlanetaBarcelona2017</strong><em>Incluso la verdad. La historia secreta de 'Lo niego todo'</em></p><p>Con su último disco, <strong>Joaquín Sabina</strong> ha añadido a su carrera un capítulo más: la conciencia del paso de los años, el deseo de mantener su vitalismo de siempre cuando el otoño fija nuevos códigos de vida. La colaboración de <strong>Benjamín Prado</strong> en las letras y de <strong>Leiva</strong> en la música han reforzado esta vez el mundo personal de Sabina hasta conseguir un trabajo de mucha calidad en el que se hermanan la ironía y la nostalgia, la lucidez y el sentimentalismo de las buenas canciones. Sabina y Prado cuentan en este libro los secretos de esta navegación.</p><p><strong>Los habitadosPiedad BonnettVisorMadrid2017</strong><em>Los habitados</em></p><p>  </p><p>La poeta colombiana sufrió una conmoción profunda al vivir el suicidio de su hijo. Era inevitable que un acontecimiento tan radical penetrase en la prosa y en la poesía de una autora que ha unido desde siempre la elaboración cultural y la vida, la conciencia y los sentimientos. La poesía de este libro se adentra en los terrenos indefinibles de la locura, en el vértigo de un mundo que saca sombras ingobernables de los seres humanos al mismo tiempo que les arrebata la autoridad sobre su destino.</p><p><strong>Los días de Jesús en la escuelaJ. M. CoetzeeRandom HouseBarcelona2017</strong><em>Los días de Jesús en la escuela</em></p><p>En este fascinante relato alegórico, <strong>Coetzee</strong> se enfrenta con maestría a las grandes cuestiones sobre la infancia, lo que significa ser padre, la constante batalla entre emoción e intelecto y cómo elegimos vivir nuestra vida. David es un niño que siempre hace preguntas. Simón e Inés, que cuidan de él, intentan responderle de la mejor manera posible. Acaban de instalarse en el pueblo de Estrella para empezar una nueva vida. David ya tiene amigos y su perro Bolívar le hace compañía. Pero, a punto de cumplir siete años, ha llegado el momento de escolarizarlo. Así que lo inscriben en la Academia de Danza. Allí, con sus nuevas zapatillas doradas, aprende a bajar los números del cielo. Pero también descubre algunas cosas terribles que los adultos son capaces de hacer.</p><p><em>*Puedes encontrar Visor Libros en la calle Isaac Peral, 18, de Madrid o en su página web. </em><strong>Visor Libros</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús García Sánchez (Visor)]]></author>
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      <title><![CDATA[Cartas desde el otro lado de la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cartas-lado-historia_1_1142709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ec00842-f6fc-47ef-bf77-b8f835bba467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas desde el otro lado de la historia"></p><p><strong>De corazón y alma (1947-1952)Carmen Laforet y Elena FortúnFundación Banco SantanderMadrid2016</strong><em>De corazón y alma (1947-1952)</em></p><p>  </p><p>Me encantan los epistolarios por dos motivos: uno, porque nos acercan a sus autores de un modo personal y satisfacen el espíritu <em>voyeur</em> que todos llevamos dentro. Es como observar por una mirilla aspectos de la vida privada, hilos, fragmentos que nos llevan a intuir lo que se esconde tras ellos. Son retazos autobiográficos pero no autobiografía. Se aprende más de lo que no dicen, del esfuerzo por mostrar lo mejor de ellos al destinatario que de lo que está escrito. Personajes que admiramos, de los que hemos leído su obra, se nos acercan de otra manera, con debilidades, sin mitificaciones, mostrando inquietudes que en su literatura no habíamos conseguido captar. El segundo motivo es la constatación de estar ante un género en extinción. Nadie podrá leer las cartas intercambiadas de finales del siglo XX y del XXI. Ya no existen. Los <em>mails</em> no son lo mismo. Por norma general se eliminan. Los móviles, los whatsapp o los tuits podrán favorecer el microrrelato y las expresiones breves, pero las cartas desaparecen de nuestra vida. Salvo las del banco para comunicarnos que nos falta dinero en la cuenta.</p><p>De niña leí a Celia y Cuchifritín sin ser consciente de quién era la persona que se escondía tras ellos, <strong>Elena Fortún</strong>. De <strong>Carmen Laforet</strong> leí <em>Nada</em>, como está mandado. Y nada más. Luego fui conociendo retazos de la vida de ambas, del exilio de la primera, de su marido republicano, de su vida en Argentina, de su regreso y soledad. De Laforet su extrañamiento ante la vida, su no encontrar lugar, su papel como madre de familia intentando compaginarlo con la escritura y una primera novela de tanto éxito que la  condicionó el resto de su vida. Ahora creo conocerlas de otra manera, a través de 46 cartas, una correspondencia, la aquí recopilada, que se inicia en 1947, cuando Elena Fortún vivía aún en el exilio bonaerense, a punto de abandonarlo, y finaliza unos meses antes de la muerte de la misma en Barcelona,  donde regresa tras el suicidio de su marido. De esas cuarenta y seis cartas, catorce son de Elena Fortún y que las hijas de Carmen Laforet conservaban. El resto, treinta y dos cartas, son de Carmen Laforet y estaban en posesión de Elena Fortún. Su búsqueda podría considerarse en sí materia novelesca. Veamos.</p><p>Según cuenta <strong>Cristina Cerezales Laforet</strong>, tardaron años en conseguirlas, pese a que, en una de las últimas cartas de Elena Fortún, le decía a Carmen Laforet que dejaría su correspondencia a<strong> Carolina Regidor</strong> para que se las reenviara, esas que hoy, afortunadamente, podemos leer. Carolina Regidor era la hija del primer ilustrador de los cuentos de Elena Fortún, y estuvo con ella al final de su vida. Su nombre no venía en el listín telefónico, con lo que la búsqueda llevó tiempo. Para cuando la familia de Laforet localiza el domicilio de esta mujer, resulta que era ya mayor y se hallaba  en una residencia sin que pudieran averiguar cuál era. Comenzó entonces la llamada telefónica a todas las que había en  Madrid y alrededores.</p><p>Finalmente la encuentran y ella afirma que sí, que las tenía no sabía dónde, que las buscaría para entregárselas, pero en el interregno muere. Pareciendo haber llegado al final de la investigación, el azar se presenta en forma de libro unos días después, en <em>Los mil sueños de Elena Fortún</em> de <strong>Marisol Dorao</strong>, en segunda edición, dato este fundamental, pues la editorial decidió cambiar la primera portada  por la de una foto en la cubierta donde figuraba un escritorio con pertenencias de Elena Fortún, y entre ellas se veía un sobre donde ponía: "Cartas de Carmen Laforet, para entregarle a ella después de mi muerte"<strong>Poe</strong></p><p><strong>Jorge Luis Borges</strong><strong>Norah Borges</strong></p><p><em>.</em></p><p><strong>Lilí Álvarez</strong><em>renuncia </em><em>.</em></p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire </strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El cuerpo pasivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuerpo-pasivo_1_1142708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/be34f8c9-4f49-430a-9042-d2513e7d6444_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuerpo pasivo"></p><p><strong>La vegetarianaHan KangTraducción de Sunme Yoon</strong><em>La vegetariana</em></p><p><strong>:Rata_</strong></p><p><strong>Barcelona2017</strong></p><p>Premio Man Booker Internacional 2016, nueve años después de su publicación en Corea del Sur, la novela de <strong>Han Kang</strong> es una propuesta controvertida e interesante.</p><p>Interesante porque se trata de la historia de una mujer joven y aparentemente insustancial, Yeonghye, hasta que toma la decisión de dejar de comer carne. Una decisión que la llevará progresivamente a la pasividad frente a los otros y frente al mundo, y a una conducta autodestructiva vinculada a un deseo de unión con los árboles y la naturaleza, de disolverse y hacerse una con la tierra.</p><p>El interés de la historia es innegable. Bien llevada a través de tres voces –la del marido, el cuñado y la hermana de la protagonista–, estas cuentan desde sus distintas perspectiva episodios muy bien elegidos, que avanzan en el tiempo y muestran la voluntad inquebrantable y autodestructiva de Yeonghye. La insensibilidad del padre y del marido, la sensualidad que despierta en el cuñado, videoartista, y la personalidad protectora e hiperadaptada de la hermana sirven de contrapunto al silencio incomprendido de la vegetariana, que es interpretada por otros, como les ha sucedido en la historia de la humanidad a las mujeres.</p><p>La prosa es hábil y la traducción –que se me antojó torpe en las primeras páginas, sin que pueda afirmar, obviamente, si se trata de la labor del traductor o de balbuceos del arranque mismo de la novela— se llena de fluidez y soltura muy pronto, ajustando su ritmo al relato.</p><p>¿Por qué he afirmado que se trata, entonces, de una novela controvertida?</p><p>Intentaré explicarlo.</p><p>Los editores han adjuntado al final de la obra una entrevista con la autora en la que se cuenta la mala recepción de <em>La vegetariana</em> en su país. Los críticos la pulverizaron, pero el olfato de <strong>Sunme Yoon</strong>, su traductora, la rescató para nuestro idioma, y la editorial la compró antes incluso de que ganara el Man Booker. Un acierto, sin duda de :Rata_  y de Sunme Yoon.</p><p>En algunas entrevistas  que la autora ofreció en Barcelona para presentar su obra, afirmó que: "Lo interesante es que muchos la ven muy débil [a la protagonista], pero yo la escribí como una mujer fuerte y valiente". La vegetariana, continúa, es una mujer que se separa de la comunidad humana, de la violencia y del canibalismo. Lo hace porque tiene sueños violentos, sus sueños son casi lo único que rompe el silencio de Yeonghye, y cree que podrá dejar de tener esos sueños si deja de comer carne y, finalmente, de comer. La novela, se nos dice, es un canto a la no violencia y, sin embargo, la violencia que ejerce sobre su propio cuerpo Yeonghye es extrema y letal.</p><p>Quiero dejar dicho que la historia me ha fascinado, que la autodestrucción de un ser humano en pro de un ideal, aquí la fusión con la naturaleza, es un acto de heroísmo que nos reconforta y nos inquieta, que perturba –como perturba a su hermana, cuya vida adaptada empieza a parecerle vacía—, pero que hay que someter a una revisión crítica.</p><p>La inadaptación al mundo de Yeonghye es extrema, desde niña sufrió los arrebatos de ira del padre, que seguirá ejerciendo su violencia contra ella al conocer su decisión, pero, tal y como sucede con tantas protagonistas mujeres a lo largo de la historia y de la literatura, su respuesta es una agresión sistemática contra sí misma que, además, atrae a ciertos hombres. El cuñado, fascinado por la personalidad que Yeonghye ha adquirido a sus ojos después de tomar su decisión de no comer carne, casi de no hablar, experimenta algo especialmente interesante:</p><p>  </p><p>El cuerpo sin deseo de Yeonghye se presta a sus manipulaciones artísticas hasta límites pornográficos en una sesión de videoarte, en la que un colega varón rechaza participar cuando el artista le propone penetrar a Yeonghye mientras son filmados; lo rechaza porque él sí tiene subjetividad, sí tiene deseo, tiene vida y límites, y el cuerpo de Yeonghye no los tiene.</p><p>El cuerpo de Yeonghye es una <em>zoé</em> sin <em>bios</em>, en el sentido que le da <strong>Giorgio</strong><strong>Agamben</strong> al término; un cuerpo desnudo, sin proyecto, donde el deseo está ausente, que es fascinante para los hombres en la vieja tradición oriental que ya nos mostrara <strong>Kawabata</strong>, y en la occidental que ejemplificaron <strong>García Márquez</strong> y <strong>Neruda</strong> en sus vidas y en sus obras.</p><p>A los mujeres les ha fascinado la novela, afirma su autora, porque comprenden mejor los sentimientos de la protagonista. Y los comprenden porque ese cuerpo despojado de deseo es la representación del cuerpo ancestral femenino. La belleza de la pasividad que fue cantada por los poetas, deseada por los hombres, admirada en el arte: el cuerpo pasivo de la mujer expuesto a los ojos y a los deseos de los hombres.</p><p>El único deseo de Yeonghye es un deseo de fusión vegetal que, nos parece, se lo imprime su cuñado cuando pinta sobre su piel desnuda flores de colores y ella deja esa noche de tener pesadillas violentas. Una metáfora de la plasticidad de las mujeres, abiertas a la heterodesignación, que nos recuerda la película de <strong>Peter Greneway</strong><em>The pillow book</em> (1996), sobre las sutiles marcas infantiles del deseo.</p><p>Si Yeonghye, estimulada por la energía de sus sueños violentos, hubiese adquirido una aguda conciencia ecológica y luchase por conseguir un mundo que contemplara un mayor equilibrio con la naturaleza, seguramente el interés de la novela hubiese sido menor. Como lo sería si el tema central fuese la crisis de identidad de su hermana, con el perfil del eterno femenino: cuidadora, discreta, esposa fiel y madre y hermana amantísima. Pero la actividad de la mujer no es demasiado interesante para la épica… si no es autodestructiva; a pesar de que Hollywood haya puesto de moda los biopic, las biografías de mujeres valiosas y combativas, la representación de la mujer hegemónica sigue siendo casi siempre la mujer psicopatologizada (recordemos a bote pronto las películas: <em>Herida, Magical girl, Locas de alegría</em>).</p><p>La representación de la mujer como enferma (en <em>La vegetariana</em>, Yeonghye es internada finalmente en un hospital psiquiátrico como aquejada de anorexia; su rebeldía se medicaliza como sucedió con la rebeldía de las histéricas del XIX), es grata al imaginario colectivo, que mantiene el interés anclado en los estereotipos de un pasado-presente en el que la mujer no lucha para transformar el mundo, sino por transformarse ella misma, por inmolarse. Y en esto Han Kang se asemeja más al <strong>Lars Von Triers</strong> de <em>Rompiendo las olas </em>o <em>Bailando en la oscuridad</em>, que a <strong>Kafka</strong>; más al <strong>Tolstoi</strong> de Karenina que al <strong>Melville</strong> de Bartleby. Porque la pasividad de los protagonistas kafkianos, <em>El artista del hambre</em>, o melvilleanos es política, representa el mundo y la lucha contra él, y la negatividad de la mujer representa solo lo femenino-particular. Aunque, tal vez, la autora pretendiese una crítica radical del patriarcado. No sé, y en este no saber, en su cualidad ambivalente, encuentro la bondad de la novela.</p><p>Por último, me gustaría comentar la recepción de la novela, que se ha interpretado como un ejercicio de la libertad de Yeonghye para llevar en su cuerpo, y hasta las últimas consecuencias, sus decisiones. Durante todo el relato se insiste en que no está loca, en que su acto es voluntario, por lo que cabría observar que se desprende de la obra una crítica de la injerencia y del celo de la medicina por salvar la vida de quienes no quieren ya vivir, o una llamada de atención sobre la imposibilidad de salirse de las normas sociales, y el coste de este propósito. Pero, ¿es Yeonghye libre o está sobredeterminada por la ira del padre, por el patriarcado, desde su infancia? Es una niña que ha sido violentada y desubjetivada, que ejerce violencia contra sí misma en un <em>acting </em>continuo, una compulsión a la repetición que la reduce a un solo deseo letal.</p><p>La respuesta no es fácil, entramos en un terreno pantanoso donde demasiadas veces se interpreta como libertad la sobredeterminación inconsciente, cultural, patriarcal. Si bien el derecho sobre el propio cuerpo es inalienable, no siempre el uso que se hace de él responde a la libre elección.</p><p>Lo que me gusta de esta novela es, insisto, su ambivalencia, su versatilidad, sus múltiples y contradictorias posibles lecturas. Aquí sí como el mejor Melville, su capacidad, como decía <strong>Camus</strong> del autor norteamericano, de levantar un mito: la mujer obstinada que defiende su decisión a cualquier precio.</p><p>Lo que no me gusta es que el precio sea demasiado afín al sacrificio, como siempre.</p><p>Pero léanla, discutan sobre ella, pensemos.</p><p><em>*Lola López Mondéjar es escritora. Su último libro, </em><strong>Lola López Mondéjar</strong><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&b_coleccion=18&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El cuerpo pasivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Parar el reloj]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/parar-reloj_1_1142704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eaa85d4c-a670-4f98-aa5a-1c8c411f5da9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Parar el reloj"></p><p><strong>CortázarJesús MarchamaloIlustraciones de Marc ToricesNórdicaMadrid2017</strong><em>Cortázar</em></p><p>  </p><p>El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides." Este conocido proverbio árabe resume perfectamente la fascinación que han ejercido sobre nuestros ojos aquellas construcciones de piedra y contiene, a la vez, una de las más eficaces metáforas sobre el tiempo.</p><p>Sin embargo, tenemos derecho a pensar que el paso del tiempo es una mera ilusión porque los más avezados científicos, en la punta de lanza de las ciencias físicas, lo afirman sin complejos. Aunque, dado que es una ilusión tan persistente que acabará por matarnos, en ocasiones necesitamos adormecer la conciencia con elixires que se interponen entre nosotros y nuestro pensamiento, pero que le sientan muy mal al cuerpo y, de vez en cuando, conviene salir del fondo de la botella para buscar consuelo en alguna otra sustancia metafísica que no dañe tanto el hígado.</p><p>El mundo acabará por arder un día u otro y nosotros con él pero, mucho antes, si le damos el tiempo suficiente, la mente humana habrá caído en tantas contradicciones que en el paisaje de la razón no quedarán más que monstruos. El tiempo no juega a favor de nadie, ni siquiera a favor de los Rolling Stones y, a la larga, hasta los buenos vinos se acaban picando. El tiempo sólo juega a favor del banco y de la muerte. En cuanto a las pirámides, ninguna hipérbole poética evitará que acaben convertidas en inmensas dunas de arena y no sabremos distinguir si son parte del paisaje o la última expresión en el rostro de un hombre que se desvanece.</p><p>  </p><p>Algo tendremos que hacer para sacudirnos, aunque sólo sea por un momento, la condena que nos impone esa enfermedad congénita de la especie, ya que somos criaturas hechas de tiempo y no podemos existir fuera de su dictadura. Para empezar, según advertía <strong>Julio Cortázar</strong>, no debemos permitir bajo ningún concepto que nadie nos regale un reloj y, después, podemos dedicarle el tiempo ganado a leer y contemplar <a href="http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=439&pest=1#pestanas" target="_blank">la biografía del escritor</a> que <strong>Jesús Marchamalo</strong> y <strong>Marc Torices</strong> nos ofrecen bajo el sello de Nórdica.</p><p>Toda biografía ha de respetar un orden cronológico, por aquello de que el protagonista no muera antes de nacer o lo encontremos comentando detalles de un libro que aún no ha escrito; pero trazar la semblanza de un personaje es literatura con todos sus recursos y sus licencias, una de las cuales siempre ha sido la capacidad de mentir para decir la verdad o variar a conveniencia la flecha del tiempo con el fin de burlar una muerte en todo caso prematura, aunque debemos considerar muy seriamente que, tratándose de Cortázar, ese momento fatídico ocurrido en febrero de 1984 quizá no haya sido más que un leve contratiempo o, como mucho, un episodio reversible por más convincentes que parezcan las lápidas de Montparnasse.</p><p>Segun <strong>Frazer</strong> en <em>La rama dorada</em>, el mago o chamán debe ser el último en creer en sus propios dones; sólo así, desde la conciencia del actor que representa un papel y relata una ficción podrá resultar convincente a ojos de aquellos que sí lo creen. No obstante, la presencia de lo mágico en el escritor franco-argentino, lejos de ser una pose o una técnica para el estímulo de la intuición, permanecía en su forma de ver el mundo desde niño como la condición necesaria para percibir toda su riqueza de caprichoso caleidoscopio, quizá incluso para entenderlo tras el asombro.</p><p>Marc Torices despliega esa magia en un generoso caudal de imágenes de estilo retro-naíf que recuerda el mundo legeriano o el dibujo futurista a veces geométrico, a veces dulce y sinuoso; alternando el color y el blanco y negro para diferenciar los momentos de la narración. Es un dibujo denso y gestual con el que evoca perfectamente el espíritu y la iconografía propias del personaje y al mismo tiempo se complementa con el guion de Marchamalo. Debemos atribuir a ambos el acierto narrativo al inducir la hilaridad, como ocurre en el episodio de la corrección de <em>Paradiso</em> de <strong>Lezama Lima</strong>, o el presagio de la fatalidad expresado en las dos últimas viñetas de la página 51 sobre “la pelea del siglo” entre <strong>Jack Dempsey</strong> y <strong>Luis Ángel Firpo</strong> que bien pudo suponer la declaración de una guerra intercontinental. Decir más sería hurtarle al lector el placer de descubrir estos y otros momentos por sí mismo.</p><p>No es la primera vez que Cortázar aparece como personaje de cómic. Para un escritor, esa circunstancia supone la conquista definitiva de la celebridad mundial, según le había comentado un amigo. Él mismo relataba divertido, en la entrevista de Televisión Española con <strong>Joaquín Soler Serrano</strong>, el extravagante episodio que, se supone, iba protagonizar junto a otros escritores en lucha común con aquel Fantomas azteca tan aficionado a terminar arreglando el mundo a tortas; y cómo finalmente consiguió darle un giro radical al guión para difundir la labor del tribunal <strong>Bertrand Russell</strong> que investigaba la política exterior norteamericana en Vietnam y documentaba el trágico periodo de las dictaduras del cono sur.</p><p>Dado que el tiempo es una ilusión, no debemos descartar la posibilidad de que se presente de nuevo para enmendar la plana a los autores de esta biografía, no por estar en desacuerdo con su trabajo, sino por coherencia y respeto al espíritu cronopio de lo imprevisible.</p><p><em>*Toño Benavides es poet</em><strong>Toño Benavides</strong>a <em>e ilustrador.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Toño Benavides]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Parar el reloj]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Cómic,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Confabulaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/confabulaciones_1_1142699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d976400e-c518-4f0f-93b4-cff20ce6405a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Confabulaciones"></p><p><strong>Cuentos sin hadasCarlos Edmundo de OryEdición de José Manuel García GilCátedraMadrid2017</strong><em>Cuentos sin hadas</em></p><p>  </p><p>Un <em>outsider</em>, es verdad. Pero un raro repleto de polen literario, capaz de fecundar un páramo estéril como la posguerra. Así era <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong>, nacido en Cádiz el 27 de abril de 1923, y fallecido el 11 de noviembre de 2010 en Thezy-Glimont (Francia). Sobre su travesía biográfica han escrito referencias clarificadoras <strong>Jaume Pont, Rafael de Cózar, Félix Grande</strong> y <strong>Jesús Fernández Palacios</strong>. A ellas se suma el quehacer de <strong>José Manuel García Gil</strong> para la edición <a href="https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=141782" target="_blank">Cuentos sin hadas</a>, una mirada crítica donde se focaliza el relato breve, una de las ramas  menos conocidas del frondoso árbol literario.</p><p>El peculiar modo de entender la literatura en la anemia cultural de los años cuarenta tiene como paso inicial la estricta singladura del postismo con <strong>Eduardo Chicharro</strong> y <strong>Silvano Sernesí</strong>. Aquella breve aventura vanguardista será el núcleo germinal de toda la escritura posterior. La revista solo sacó un número, pero fue suficiente para remover el clima estético del momento y para dar a sus impulsores un carácter transgresor y disonante. Aquel amanecer marca un proceso natural, casi biológico en su evolución poética hacia el movimiento introrrealista, ideario que propugnaba un arte que fuera reflejo de la realidad interior del hombre. Más inclinado al poema, el desembarco literario de Carlos Edmundo de Ory en el cuento breve tiene como impulsores a <strong>Ignacio Aldecoa, Ángel Crespo, Rafael Sánchez Ferlosio</strong> y otros autores con los que comparte tertulia en las otoñales tardes de Madrid en los años cuarenta. Pronto abandona España, en 1954, para asentarse en París; no es un asentamiento definitivo, ya que ejercerá como profesor durante un tiempo en Lima, regresará a España y año y medio después si arranca su etapa francesa, primero en Amiens y después en el pequeño municipio de Thézy-Glimont.</p><p>En la personalidad ecléctica e irreverente del escritor la poesía se legitima como bóveda central; no sucede lo mismo con la prosa y sobre todo con el relato que aparece en principio como un lugar de sombra. No era un caso aislado, en los años cincuenta los cuentos no tenían peso editorial y solo deambulaban en las páginas de precarias revistas o mostraban un panorama confuso y apenas cohesionado. Poco a poco se afianza la estética realista de la generación del medio siglo que hace del relato un reflejo de la realidad o un apunte de compromiso social. Entre sus coetáneos el cuento adquiere molde y reconocimiento. También en el trayecto personal de Ory el relato conoce sin pausas una progresiva consolidación. En sus relatos aparecen confrontados lo real y lo imposible; de esta situación en conflicto se elevan sustratos cotidianos en los que irrumpe la imaginación y lo maravilloso. El poeta apuesta por una invención artística que no copia o imita sino que cree en la imaginación y en su capacidad subversiva. Por ella, la realidad resguarda lo poético, el absurdo, la alegoría o el humor.</p><p>Los vínculos del escritor con el cuento son estables desde mediados de los años cuarenta, pero su carta de amanecida en el género, <em>El bosque</em>, un proyecto que no se edita hasta 1952, dentro del catálogo de la colección Hordino, al cuidado de<strong> Carlos Salomón</strong>, poeta vinculado al grupo Proel. Aquel muestrario sirve de apertura a las entregas <em>Kikiriquí-Mangó</em>, <em>Una exhibición peligrosa</em>, <em>El alfabeto griego </em>y <em>Basuras</em>, obras que serían compiladas en 2001 con el título <em>Cuentos sin hadas</em>. Aquel volumen permitía definir una escritura caracterizada por “un irracionalismo que fluctuaba entre lo alucinatorio, lo onírico o lo fantástico puro”.</p><p>Ese aire distinto del relato en Carlos Edmundo de Ory subraya una personalidad singular, siempre antagónica con las convenciones epocales, con una naturaleza que introduce en sus creaciones una insólita modernidad, una sensibilidad hecha misterio, imaginación y símbolo.</p><p><em>*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Su último libro es la antología </em><strong>José Luis Morante</strong><a href="https://www.facebook.com/TakaraEditorial/photos/a.1523753047931723.1073741828.1523606561279705/1682785785361781/?type=3&hc_ref=PAGES_TIMELINE" target="_blank">Pulsaciones</a><em> (Takara, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Confabulaciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-cine-roxy_1_1142693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a7457d2d-52f9-4f84-a80b-d2ca6bfaddc9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma del cine Roxy"></p><p><em>...ni mis sueños son muy razonables. En uno de ellos me encontraba en Sunset Boulevard, a la sombra de unos árboles, esperando un taxi amarillo para ir a almorzar. No aparecía ningún taxi amarillo, todos los coches que pasaban por allí eran de 1916. Y entonces me dije: "Es inútil que esté aquí de plantón esperando un taxi amarillo, puesto que estoy teniendo un sueño de 1916". Después de esta reflexión, me fui andando hasta el restaurante.</em></p><p><strong>Alfred Hitchcock</strong></p><p><em>El cine según Hitchcock</em>, por François Truffaut</p><p><em>És quan dormo que hi veig clar.</em></p><p><strong>J. V. Foix</strong></p><p>—Y a partir de esta escena —dijo el escritor—, en el preciso instante en que el enano cabezudo vestido de boy-scout parpadea nervioso e inicia su escalada político-montserratina hacia las cumbres de la patria con la mochila a la espalda, aclamado por el gentío que le arroja flores y calderilla, entonces es cuando aparece la pierna desnuda y luminosa de Ivy/Miriam Hopkins balanceándose al borde del lecho en sostenida sobreimpresión, a lo largo y ancho de toda la secuencia y en todos los planos siguientes, el muslo inmortal de la puta Ivy pendulando en la pantalla y en el subconsciente reprimido del pobre doctor Jekyll como una dulce amenaza venérea o como una romántica pesadilla de felicidad con su liga negra y sus chancros purulentos, perturbando así la clamorosa ascensión patriotera y floral de nuestro Honorable enano parpadeante, hasta que aparece la palabra fin.</p><p>—Estás loco —dijo el director.—Olvídalo, no pienso rodar ninguna de tus calenturas infantiles.</p><p>—¿Calenturas? Te estoy hablando de la patria tan soñada y anhelada.</p><p>—¿Con el doctor Jekyll y el muslo de una puta? No me hagas reír.</p><p>—Tranquilo. Nunca haré nada que pueda darte el menor gusto.</p><p>—Háblame del vagabundo bajo la lluvia, en la posguerra.</p><p>—Entonces concédeme un respiro y bebamos algo.</p><p>Empuñando sendos bolígrafos de punta fina, las caras tapadas con pañuelos negros como si fueran a atracar un banco o asaltar un tren (en realidad no pueden verse el uno al otro), colaboran por última vez el escritor de ficciones y el director de cine en el guión original de una película que no debería rodarse jamás, cuando, en una pausa moderadamente alcohólica, solicitada por el novelista, éste le evoca la época feliz de sus aventuras infantiles con la pandilla en los espesos y ardientes cines de barrio. Programa doble, No-Do y paja, recuerda:</p><p>Aquel tronante gallinero con bancos de madera y el palco lateral izquierdo cuya pringosa barandilla yo cabalgaba y espoleaba en la penumbra plateada, galopando disparando dentro y fuera de la pantalla al mismo tiempo estoy en Arizona con Destry/James Stewart y la guapa Frenchie/Marlene Dietrich con su peca junto a la boca y suntuosos párpados de seda advierte el peligro en el Saloon y le salva la vida a Destry rieles again interponiéndose entre él y la bala, muriendo en sus brazos vestida de puta del Oeste.</p><p><em>(Continúa Almudena Grandes.)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p>Al llegar a ese punto, el escritor apura su copa, se levanta, anuncia que tiene que ir al baño.</p><p>Allí se mira en el espejo, levanta la cabeza hacia la ventana alta, pequeña, que deja ver un retal del cielo de Barcelona, y se asombra al descubrir la limpieza del azul en las alturas, muy por encima de la compacta nube de contaminación que asfixia las calles de la ciudad. Después, vuelve al espejo. Busca algún detalle, la forma de las cejas, el nacimiento del pelo, un gesto preciso que devuelva a sus ojos algo de luz, el brillo que los iluminaba a los catorce años.</p><p>No se llamaba Vargas. Ha decidido ya bautizarle con ese apellido rotundo, elegante, que evoca al mismo tiempo la delicadeza de los andaluces y la fuerza de los hombres íntegros, pero su verdadero apellido era García. Se llamaba Antonio García, aunque ese dato sólo es importante para él, o más exactamente, para el rostro del adolescente cuyo reflejo acecha en el espejo. Está seguro de que los muchachos del Lincoln Continental aprobarían su elección. Vargas le sienta mejor al personaje, y el director de la película nunca sabrá la verdad, no la entendería.</p><p>Mientras habla con ese cretino, prefiere envolverse en el chubasquero de Juanito Marés, cubrirse la cabeza con su capucha, evocar el mugriento resplandor del gallinero del cine Roxy, la humana pestilencia de los cuerpos sudorosos frente a la divina fascinación de la pantalla, el hogar de todas las diosas de ojos claros, piernas larguísimas, cinturas imposibles, que le salvaron durante un rato, todas las semanas, de la condena de hacerse hombre sobre la costra dura, despiadada, de esa herida purulenta que era la España del segundo año triunfal. Hasta ahí está dispuesto a llegar, ni un paso más. Nunca saldrá con el director del gallinero un domingo de febrero de 1941. Nunca le presentará a esa chica delgada y larguirucha, su piel tan pálida como si se lavara con lejía, que estaba apoyada en la barandilla del entresuelo del Roxy. Nunca le explicará que parecía esperar a otra persona, hasta que él pasó por su lado y le llamó por su nombre.</p><p>—Te estaba esperando. ¿Sabes quién soy?</p><p>Lo sabía y no lo sabía. Sabía que vivía cerca, en una casa baja, despintada, parecida a la suya. Sabía que su padre había perdido la guerra, como casi todos los padres de por allí, y que estaba ausente, muerto quizás, quizás en la cárcel. Sabía que era hija de una mujer avejentada y triste, como casi todas las madres de aquel barrio, que madrugaba mucho y sólo volvía del centro de la ciudad al atardecer. Sabía todo eso y era lo mismo que no saber nada, así que frunció los labios en una mueca escéptica que no consiguió desanimarla.</p><p>—Me llamo Anita. Vivo en la calle Verdi, un poco más arriba de la papelería, y quería hablar contigo porque… —se calló de pronto, miró a su derecha, luego a su izquierda, inclinó por fin la cabeza hacia él como si quisiera besarle y deslizó una pregunta en su oído—. ¿Tú sabes guardar un secreto?</p><p>Aquella pregunta, tan emocionante al menos como un beso, fue la puerta por la que Antonio García entró en su vida.</p><p>—¿Y por qué me cuentas todo esto?</p><p>Sus amigos le esperaban en la puerta del Roxy, muy intrigados por la conversación que sostenía con aquella chica tan pálida, que ya no era una niña pero aún lo parecía, su pecho plano, sus caderas lisas, las piernas llenas de pelos. Al principio, le habría gustado que fuera más guapa para presumir con ellos, habría podido inventarse una historia fabulosa, pero cuando Anita le habló del hombre que dormía en el Lincoln Continental del vertedero, la arruinada carcasa donde él y sus amigos habían jugado a los detectives tantas veces, comprendió que nunca podría inventar una historia mejor.</p><p>—Porque hay que ayudarle. Yo le llevo comida  de vez en cuando, pero si sigue durmiendo ahí le encontrarán, le detendrán… Y es un hombre muy bueno.</p><p>—¿Es tu padre? —se atrevió él.</p><p>—No —y los ojos de Anita huyeron de los suyos—. No es mi padre.</p><p><em>(Sigue Felipe Benítez Reyes.)</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>—¡Corten, corten! —gritó el director, haciendo aspavientos de agobio—. Esto se nos está yendo de las manos, escritor ilustre. ¿A qué viene ahora esta ramificación de la historia? ¿Tú crees que los actores salen gratis? A este paso, en la nuestra va a salir más gente que en una de Cecil B. DeMille… Y eres capaz de decirme ahora que quedaría bonito, como efecto simbólico, que la calle Verdi se abriese en dos, como el Mar Rojo. Y que nevara, por supuesto.</p><p>—Es que si no metemos nieve en las escenas principales, la cosa no funcionará. La nieve es el elemento unificador de la historia. Sin nieve no habrá coherencia. La nieve es… la metáfora. El sentido armonizador, digamos, del procés.</p><p>—Olvídate de la nieve. Si por ti fuera, harías que nevara incluso en el gallinero del Roxy.</p><p>—Pues no es mala idea.</p><p>SECUENCIA 89. GALLINERO DEL CINE ROXY. Interior nevado</p><p>Nieva en el gallinero del Roxy. Tintineo de la bisutería de las pajilleras de manos sigilosas, como banda sonora complementaria del bullicio del casino (Never closes) de Mother Gin Sling. Plano de un copo de nieve que cae sobre la gabardina plegada en el regazo de un espectador. Por debajo de la gabardina, el movimiento de metrónomo de una mano. Gene Tierney/Victoria Charteris/Poppy Smith enciende un cigarrillo envuelta en un abrigo de pieles y en ese momento el tintineo de bisutería se acelera…</p><p>—Ya basta, ¿eh? O nos ponemos serios o rodamos una farsa felliniana con el enano patriótico como protagonista, y se acabó. Yo no quiero líos.</p><p>—Pero con nieve.</p><p>— …Aunque a ver quién nos da una subvención como nos riamos del gnomo parpadeante.</p><p>—Podríamos pedir una subvención no para la película, sino para las máquinas de nieve. La nieve como hecho diferencial.</p><p>—Como sigas con la copla de la nieve, abandono.</p><p>—¿De verdad? Pues ahí tenemos otro guión: El director que se perdió en la nieve.</p><p>SECUENCIA 95. LIBRERÍA-PAPELERÍA. Interior mañana.</p><p>Entre los libros que los tres matachines falangistas tiraron al suelo, varios fueron a parar al vano de la escalera y se quedaron allí, sin rescatar. A la mañana siguiente, Vargas –que, como ha quedado dicho, no sabe leer, y que esa noche ha soñado con el escote sudoroso de la viuda— recoge del suelo un tratado de teosofía, otro de quiromancia –profusamente ilustrado— y un folleto de la UGT. Se pone a hojear este último, como quien examina un jeroglífico, aunque sabe de qué va porque reconoce el logotipo de la organización. Saliendo de su hermetismo, le comenta a la viuda Estevet —que acaba de bajar con un tazón de café para su inquietante huésped— que su padre fue enlace sindical en una fábrica textil en Badalona. La viuda le dice que se quede con el folleto. Él dice “bah”, y lo coloca en la pila de las revistas atrasadas.</p><p>—¿Y tú crees que a alguien va a interesarle que el padre de Vargas fuese sindicalista en Badalona, oh dilecto de las musas narrativas?</p><p>—Bueno, no sé, peor sería que entrase en la librería el padre de Jordi Pujol gritando de euforia: “¡He tenido un hijo!”, como quien anuncia el nacimiento de un mesías. Aunque por ahí no iría descaminado…</p><p>—Mira, o nos centramos en algo o yo abandono.</p><p>—Pues centrémonos en la nieve…</p><p><em>(Cierra Benjamín Prado.)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p>El Lincoln Continental no tendría por qué haber estado allí. No era un coche al que estuviera acostumbrada aquella ciudad. Ni tampoco debería de nevar en esa época del año. Pero, sobre todo, el hombre que dormía en su interior tendría que haber estado en otra parte, o haber tenido la intuición de abandonar su escondite, la mañana en que los dos muchachos falangistas, que merodeaban por el barrio en busca de cualquier desdichado al que humillar, decidieron seguir a Anita desde su casa de la calle Verdi hasta el desguace, quién sabe si por simple diversión, porque querían asustarla o porque sospechaban algo: a fin de cuentas, eran los años de plomo, los alimentos escaseaban en las casas de los pobres y no era habitual ver a una joven de aquel tipo caminando por las aceras con un paquete de comida en las manos. No podían imaginar que él iba también tras sus pasos y que, según aventuraba el peligro que corrían tanto la chica como el fugitivo al que ayudaba, y a medida que la situación tomaba un aire irreal, una temperatura de melodrama, justo de esa manera en que algunos hechos parecen mentira a la vez que suceden, Antonio García era cada vez más Antonio Vargas, hasta el punto de que pareció notar que sus músculos se endurecían, aunque tal vez fuera a causa de la tensión, el miedo o las dos cosas a la vez.</p><p>Vio a Anita golpear una de las ventanillas de aquel magnífico automóvil en el que tantas veces habían perseguido sus amigos y él a bandas de forajidos o escapado de los gánsters que les disparaban una lluvia de balas con sus metralletas de tambor, los bellos subfusiles Thompson que los matasietes de <strong>John Dillinger</strong> o <strong>Al Capone</strong> llamaban <em>Tommy Gun</em>, <em>El helicóptero</em> o <em>La máquina de escribir de Chicago</em>. En un abrir y cerrar de ojos, se desencadenó el infierno.</p><p>Los dos chulos de camisa azul saltaron sobre ella, sin mediar palabra, uno la giró violentamente, tirándole hacia atrás del brazo, y el otro le cruzó la cara de un revés. Antonio García sintió miedo y le dieron ganas de correr, pero Antonio Vargas apretó el paso y los puños.</p><p>El hombre que se ocultaba en el Lincoln trató de salir de su guarida, pero uno de los asaltantes lo encañonó con su pistola Astra 300 y, cuando levantó las manos, le golpeó con ella.</p><p>—Vaya, vaya, mira lo que tenemos aquí. ¿Qué crees tú que es, camarada?</p><p>—Yo diría que es un rojo que trata de meterse bajo tierra, igual que una rata.</p><p>—Pero no uno cualquiera, yo lo conozco. ¿A que sí, capitán? ¿Viva la República?</p><p>El segundo falangista dio una violenta patada al hombre, que se dobló igual que una estatua que se partiera por la mitad.</p><p>—¡Dejadlo! ¡Canallas! ¡No le hagáis daño! —gritó Anita, a la vez que se arrojaba sobre uno de los miserables, que la derribó de otra bofetada.</p><p>—¿Ah, sí? Con que dejadlo, ¿eh? ¿Y tú quién eres? ¿Su mujer? No, demasiado joven —dijo, mientras la sujetaba por el pelo—. ¿Su hija? Eso es, ¿a que he acertado?</p><p>—No la toques —pudo llegar a decir el hombre, con un hilo de voz, antes de recibir un rodillazo en el estómago.</p><p>—¿Qué no la toque? ¿Has oído eso, camarada? Dice que no la toque. Vale, vale, pues entonces no lo haré… A menos que ella me lo pida. ¿Te apetece, rubia? Contesta, ¿se te ha comido la lengua el gato? ¿Te apetece que nos divirtamos un poco contigo o prefieres que me enfade y le pegue un tiro en la cabeza a tu padre? Elige: tú o él.</p><p>El falangista la apoyó contra el coche y con las dos manos le abrió la blusa, igual que si descorriese de manera bestial unas cortinas. El hombre intentó levantarse, pero el otro pistolero le puso la Astra en la sien. Anita lloraba, pero no se movía. Le arrancó también el sujetador.</p><p>—No está mal del todo, la sarnosa esta —dijo, mirando de reojo a su compinche, a la vez que se bajaba la cremallera de los pantalones—. Y ahora, te vas a arrodillar y vas a enseñarme lo que sabes hacer con esa boca de puta. Seguro que te excita hacerlo con tu padre delante, ¿verdad?</p><p>Vargas se alegró tanto de que hubiese nevado. Porque eso hizo que saliera a pasear con el paraguas que usó para golpear con todas sus fuerzas la mano que sujetaba el arma. La vio caer al suelo y después se vio y escuchó a sí mismo, desde los ojos y oídos asombrados de García, su otro yo, decir: “Eso era por el padre de Ana, y esto es por el mío”, y a continuación golpear de nuevo con fiereza, esta vez en la sien del falangista, que salió despedido hacia atrás, se estrelló con la carrocería y quedó tendido en el suelo. El hombre al que habían llamado capitán rodó sobre el hielo con una agilidad inesperada y se hizo con la Astra. No pasó lo que sucede en las películas, no hubo ningún diálogo, simplemente, disparó a la rodilla del joven, que se desplomó y empezó a aullar de dolor. Al retorcerse, se iba formando a su alrededor, en la nieve, la figura de un ángel del mal, de una alimaña herida.</p><p>—Subid al coche —dijo el capitán—. Llevo meses trabajando en él, he conseguido que funcione –añadió, y para demostrarlo, puso en marcha el motor. Luego, sacó una cuerda del maletero, ató a los dos falangistas y les tapó la boca con una mordaza. Tardarían horas en encontrarlos.</p><p>Unas horas después, cruzaron la frontera. Y durante todo el viaje, se sintió avergonzado por no poder borrar de su mente la imagen de Anita medio desnuda, el modo en que sus pechos se movieron cuando aquel miserable que nunca iba a volver a andar con la chulería que gastan los de su clase le tiró de su hermosa melena rubia. Los espectadores intuyeron que iba a besarla, pero el objetivo se cerró sobre esa imagen, hasta dejar la pantalla a oscuras.</p><p>—Bueno, reconozco que no es una mala historia –dijo el director—. Quién sabe si llegará un día en que alguien pueda filmarla. Y después de apagar la luz de la sala, le puso un brazo sobre los hombros y salieron del cine.</p><p><em>*Juan Marsé es escritor y uno de los grandes narradores de la literatura española. </em><strong>Juan Marsé</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/coleccion-particular/ES0152560" target="_blank">Colección particular</a><em> (Lumen, 2017) recoge ahora algunos de sus mejores relatos.</em></p><p><em>*Almudena Grandes es escritora. Su último libro, </em><strong>Almudena Grandes</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-besos-en-el-pan/204105" target="_blank">Los besos en el pan</a><em> (Tusquets, 2016).</em></p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro, </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Por regiones fingidas</a><em> (Interrrogante Editorial, 2017).*Benjamín Prado es escritor. Su último, </em></p><p><strong>Benjamín Prado</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-incluso-la-verdad/250026" target="_blank">Incluso la verdad</a><em> (Planeta, 2017), junto a Joaquín Sabina. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Marsé | Almudena Grandes | Felipe Benítez Reyes | Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Breve tratado sobre la culpa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/breve-tratado-culpa_1_1142680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/770f4d65-d9ab-4871-acb0-12fbce77b229_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Breve tratado sobre la culpa"></p><p>Los primeros recuerdos traumáticos de mi educación católica están ligados al sentimiento de culpa, una culpa que se convertía en el argumento necesario para entender al ser humano. Su asunción era, por tanto, una suerte de vacuna, un ansiolítico para el niño que no paraba de jugar, y, por extensión, para las cosas que me rodeaban y que, desde ese mismo instante, adquirirían un tono sepia que ha ido acompañando mi educación sentimental.</p><p>Esa misma culpa ha condicionado buena parte de los movimientos de los seres humanos, porque su historia ha ido acompañada por los efectos del aguijonazo propinado con descaro por los adoctrinamientos y las creencias. Desde los primeros culpables sobre la tierra hasta los días que hoy vivimos, nos hemos aprovisionado de un gran número de actitudes que han tenido como causa el concurso de la culpa y, por extensión, los valores morales descritos por eso que llamamos “fe”.</p><p>Pero, por encima de esa, existe otra sobre la que me quiero detener. Porque a pesar de los innumerables descubrimientos científicos, la propia evolución como descripción del avance, la caída del comunismo, el viaje a la Luna o la muerte de dios pregonada por <strong>Nietzsche</strong>, hemos ido distanciándonos de la culpabilidad de las religiones para entrar de lleno en la culpabilidad que inoculan las sociedades.</p><p>Recuerdo a <strong>Pasolini </strong>describiendo una sociedad culpable de los fascismos que, según decía, había transmitido ese mismo sentimiento a sus hijos, los había educado alargando así esa tremenda sensación de desamparo, amplificando su estado de seres culpables de la historia. Y lo recuerdo porque ese mismo argumento, sacado de las páginas de su libro <a href="http://www.trotta.es/libros/cartas-luteranas/9788498791464/" target="_blank">Cartas luteranas</a> (publicado en castellano por la editorial Trotta, en una segunda edición de 2010), podría servirnos para analizar nuestra historia más próxima, las sociedades posindustriales y eminentemente consumistas, las de nuestros hijos, analizando así de qué manera estamos gestando un mundo a la medida de una burguesía que ha acabado definitivamente con el sistema de clases y que, de manera notoria, lo ha generado empujado únicamente por su propio bienestar.</p><p>¿Y cuál ha sido el fruto nacido del árbol de esta sociedad burguesa? La sociedad tecnológica, último eslabón en la cadena de la evolución, aislada de las culpabilidades históricas. La misma que sostiene una cultura (hablo en sentido general) que está en trance de olvidar los tiempos pasados, como si no fuéramos conscientes de que previamente al consumismo y la tecnología hemos vivido revoluciones que han situado al individuo en el centro de la acción, la palabra en la fuerza de la opinión y la respuesta, la mano de obra en el compromiso con la riqueza, también el humanismo.</p><p>Quizá porque todos estos conceptos han sido olvidados, es por lo que las nuevas generaciones, los educadores, nosotros mismos, estamos educando, no con el sentimiento de culpa que describía Pasolini y que, en el tiempo de nuestros padres, tendría todo el sentido del mundo, sino con una culpa no asimilada suficientemente, una culpa enmarañada en el seno de una sociedad burguesa que se constituía como centro fundamental de cualquier movimiento de nuestra generación (hablo de los que rondamos los 50 años). La manera de enfrentarnos a las cosas ha hecho que seamos incapaces de tener una pedagogía que tenga en cuenta todos estos asuntos, y, por supuesto, de transmitirla a las nuevas generaciones.</p><p>La naturaleza de los procesos históricos nos tenía que haber llevado a asumir un compromiso de culpabilidad heredada, el compromiso de nuestros padres por levantar un país cuyas características principales eran la hambruna y el miedo. La caída del franquismo hizo posible que ellos mismos reivindicaran una sociedad, asolada por un profundo sentimiento de culpa, de nuevas posibilidades, de trabajo, libertades y bienestar. Y es aquí donde, de manera inconsciente, cortaron ese proceso de asimilación construyéndonos sociedades donde el conformismo social y político, la calidad de vida puesta al servicio de nuestras adolescencias, nos hizo como somos.</p><p>¿Pero son nuestros padres absolutamente responsables de ello? Seguramente no, porque nadie esta libre de creer que, como también decía Pasolini, el peor mal es la pobreza, generando así sociedades en las que se destierra la cultura de las clases pobres por sociedades dominantes alejadas de la pobreza; sociedades que llama “capitalistas”. Un proceso natural, seguramente.</p><p>Somos nosotros los que estamos, por decirlo de algún modo, sublevados ante la culpa heredada para descargar esa sublevación en nuestros hijos. Y aquí el concurso de la sociedad tecnológica ha servido como instrumento para propiciar, <em>grosso modo</em>, el espacio del conformismo, de la inacción frente a los acontecimientos que deberíamos haber heredado y trasladado, como condición necesaria, a las nuevas generaciones. Hemos hecho confortable el mundo con muy pocos elementos: el consumismo y la tecnología.</p><p>¿Y qué solución nos queda? Muy poca para nuestra generación. Pero podemos empezar a pensar que nuestros hijos vivirán una sociedad postecnológica que, esta vez sí, estará marcada por un sentimiento de culpa, de la misma naturaleza que los descritos anteriormente, que llegue a asimilar la necesidad de acabar con la era tecnológica para inaugurar un nuevo movimiento social culpable de su proceso histórico más inmediato. Acabar con los “fascismos” de la tecnología para crear un nuevo mundo de libertades. O no.</p><p>Nuestra culpa de padres —parafraseando a Pasolini— quedará reducidas a creer que la historia no es ni puede ser más que la historia del consumismo y la tecnología. Tan solo esto vas a heredar, hijo mío.</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es poeta. Su último libro, </em><strong>Javier Lorenzo Candel</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia-digital-/68--manual-para-resistentes-digital-.html" target="_blank">Manual para resistentes</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Breve tratado sobre la culpa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La seducción de la serpiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seduccion-serpiente_1_1142673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6a737436-c453-4280-8d9c-29967f8edcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La seducción de la serpiente"></p><p><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/fantasia-lumpen/" target="_blank"><em>Fantasía </em></a><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/fantasia-lumpen/" target="_blank"><em>lumpen</em></a>, el nuevo libro de cuentos de <strong>Javier Sáez de Ibarra,</strong> consta de tres partes tituladas de desiguales dimensiones, pues la primera (“Fantasías”) se compone de diecinueve relatos, la segunda (“Rendijas”) de siete y la tercera (“Capitalismos”) de un solo texto, que parece hallarse más cerca del artículo divulgativo sobre historia política y económica, del alegato o la perorata, en suma, que del relato de ficción. Se trata de uno de esos libros en los que los paratextos resultan sustanciales, pues rinden al máximo, ya que en ellos se anticipa buena parte del sentido del conjunto. Debemos tener en cuenta, por tanto, la significativa ilustración de la cubierta, obra de <strong>Jorge Cano</strong>; los dos lemas iniciales; el colofón y las dedicatorias, sobre todo la dirigida a <strong>Reyes Mate</strong>, en el cuento “El negro”. Claro que todo esto apenas supone nada si luego la calidad de los textos no se corresponde con las exigencias necesarias.</p><p>  </p><p>Creo que lo mejor del libro consiste en lo que tiene de <em>fantasía</em>, no ya temática, sino compositiva, lingüística, de cómo el autor se vale de la sátira, de la ironía y del humor, de diversos juegos con las grafías (el mejor ejemplo de ello es “Entre mensajes”, donde contrapone los anuncios publicitarios de la televisión a la vida real), con el lenguaje, y poder mostrarnos así los desmanes del capitalismo, al tiempo que desenmascara el lenguaje paternalista del neoliberalismo, con “lo sostenible” a la cabeza. De ahí por tanto su título, cuyo sentido puede apreciarse, por ejemplo, en cuentos como “Pedir de verdad” y “El patrón del deseo”.</p><p>Más que <em>rendijas</em>, lo que nos presenta Sáez de Ibarra, y no solo en la segunda parte, son <em>huecos</em>, y hasta abismos, auténticas <em>hendiduras</em> de la condición humana: la injusticia, la humillación, el egoísmo, las consecuencias de las huelgas (“Todo el que hace huelga tiene razón. Siempre. Pero la razón no mueve el mundo. Sino lo contrario”, afirma el narrador de “La gran huelga” en la página 92, un relato compuesto de versículos en gran parte); en suma, la explotación. Así las cosas, la denuncia resulta más efectiva cuanto más sutil y compleja, siempre que aparezca de manera oblicua, ya sea en forma metafórica o alegórica; no cuando se muestra demasiado explícita. Ese hombre sin rostro y con las manos en alto, despojado de sustancia, de atributos, que aparece en la cubierta (se le alude en el texto final, en la página 207), puede ser la víctima propiciatoria de estas narraciones, en un momento de la historia en que –como se afirma en uno de los cuentos— “el capitalismo ya se había merendado el rock, el pop, el punk, lo no figurativo y hasta la mierda de artista” (pág. 27).</p><p>De lo que se trata en el libro, al fin y a la postre, aquello que en esencia pretende es cuestionar los lemas que lo encabezan. El primero, “Ya no hay clases sociales“, más que un adagio común –no lo ennoblezcamos tanto— se ha convertido en una muletilla sin fundamento alguno. Como tampoco lo tiene el segundo lema: “Nadie pertenece al proletariado”. Y, sin embargo, son los mismos proletarios los que en algún momento renunciaron (¿o los han convencido para que renuncien?) a ese orgullo de clase, que hasta hace unas pocas décadas todavía existía de forma más generalizada. O como afirma el narrador del texto que cierra el libro, con todas las trazas de ser el mismo autor: “El que no es marxista es idiota. O cae en la simplicidad, otra forma de idiotez” (pág. 204). Esos diversos significados que se nos anticipan, se complementan en el colofón, fechado el “Día internacional de la mujer // TRABAJADORA”, que transcribo tal y como aparece en el texto, con la correspondiente separación de líneas y los distintos cuerpos de letra.</p><p>En diversas entrevistas, el autor se ha preguntado si el cuento es un género adecuado para mostrar una visión crítica de la realidad. La respuesta ya la sabemos, pues lo fue en otros momentos de nuestra historia literaria reciente, como en la generación del <em>mediosiglo</em>, de <strong>Ignacio Aldecoa</strong> a <strong>Daniel Sueiro</strong>; sin dejar de serlo hasta el presente, de lo que sería un ejemplo perfecto los relatos de <strong>Roberto Bolaño</strong>. El rencor, sin embargo, no necesariamente es marchamo de calidad literaria, ni tampoco me parece que deba utilizarse la ficción como un arma arrojadiza contra nadie. Ya se hizo durante el franquismo, y ha seguido haciéndose hasta hoy, con resultados ética y estéticamente modestos la mayor parte de las veces (las excepciones podrían ser, aunque haya más, <strong>Juan Eduardo Zúñiga</strong>, <strong>Rafael Chirbes</strong> o <strong>Alfons Cervera</strong>), sin que tampoco consiguiera llegar a aquellos lectores que sus bienintencionadas aspiraciones pretendían.</p><p>Sáez de Ibarra ha querido mostrarnos en este libro algunas de las trágicas situaciones personales y laborales que ha traído consigo la crisis económica, muchas de las cuales ya venían de lejos. Me temo que no siempre sus historias funcionan literariamente, como ocurre por ejemplo en “Las desventuras del joven novio”, “De tal palo”, cuya versión expandida entorpece la narración, o la titulada “Cuento capitalismo”, las cuales chirrían por su obviedad, o porque, con respecto al último relato, donde se presentan cuatro casos, lo discursivo ahoga lo narrativo, al plagar el texto de historia, citas y referencias, de <strong>Marx </strong>al historiador <strong>Fontana</strong>, hoy –por cierto— obsesionado por la identidad catalana. Destacaría, en cambio, relatos como “Pedir de verdad”; “El caballo lejano”, con su excelente final, en una célebre escena de <strong>Nietzsche </strong>en Turín; “Memoria de una iglesia”, en la que dos amigos ocupan un recinto religioso, donde viven de noche; “El vendedor de zapatos”, compuesto mediante acciones simultáneas; “Lazos”, que trancurre en un velatorio en que todo aparece insinuado, y nada resulta del todo claro; o “El negro”, donde la verborrea contrasta con el silencio del negro, que acarrea una historia ancestral de abusos y penalidades.</p><p>En el libro se recogen cuentos muy diferentes, y muy desiguales, que no siempre conviven en armonía, según hemos indicado. El autor —al igual que afirma uno de sus personajes, un escritor: “Mi imaginación se activa a partir de datos originales de la realidad” (pág. 27)— utiliza el delirio, o los sueños, y el diálogo entre sus criaturas, la búsqueda del interlocutor, como el Tomi del primer cuento, o el “amigo Miguel” del último texto. A veces abusa de los coloquialismos, que se pudren a una velocidad supersónica; y reduce las situaciones al absurdo, como ocurre en “Coordinación oficinística o algo” y en “El discurso sostenible”, o las acerca a esa forma española de lo grotesco que es el esperpento.  Tampoco faltan citas culturales explícitas, a <strong>Freud</strong>, <strong>Arthur Miller</strong> y <strong>Tenessee Williams</strong> en “Lo del ejemplo”, o alusiones (a <strong>Dante </strong>en el comienzo de la paradójica historia que se relata en “Un emprendimiento” y a <em>La vida es sueño</em> en “El negro”, por solo recordar unas pocas).</p><p>Sáez de Ibarra es uno de los mejores y más ambiciosos autores de cuentos surgidos en lo que llevamos de siglo. Entre sus libros, <em>Mirar el agua. Cuentos plásticos</em> (2009) sigue siendo mi preferido, del que –por cierto— podría haber formado parte “Lo que la luz construye con las formas, con los cuerpos, el accidente”, título poco afortunado por retorcido. Este nuevo volumen, con sus pros y sus contras, por los nuevos registros que explora y el empeño por contar los hechos de manera diferente, sigue manteniéndolo, sin embargo, en esa privilegiada posición.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La seducción de la serpiente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 71]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El caballo lejano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caballo-lejano_1_1142668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d341359-e9d7-4a16-ae0a-c472ed470c2f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El caballo lejano"></p><p>Cuando estoy enfermo pienso en un caballo lejano.</p><p>Un caballo lejano significa que, si me monto en él, de inmediato estoy ya a sesenta kilómetros.</p><p>Es muy útil un caballo lejano.</p><p>Las veces que he ido a pedir trabajo o que me han entrevistado para uno que, invariablemente, no me han dado, o si me he puesto a reclamar algo más de dinero por un empleo asqueroso, en esas veces, también he montado al caballo lejano.</p><p>Cuando Rosario me abandonó por otro más inteligente y sensible, quise subirme a mi caballo. Pero estaba demasiado lejos y no lo alcanzaba.</p><p>En el despacho de un cualquiera que se esforzaba en que confesase algún fallo, algún vicio secreto, alguna mentira de mi currículum, un cualquiera que no creía en nada, del mismo modo que yo, pero un cualquiera que insistía una y otra vez sádicamente, dolorosamente encima de mí y para el que mis siete papeles que sostenía en su mano eran la nada, entonces me sobrevino el caballo lejano. Su grupa en mi cara. Volteó su cabezota y me miró perezoso como una invitación. A sus ojos profundos no se los engaña. Su cuerpo imponente no me dejaba ver. ¿Te decides?, me dijo. Quita de en medio.</p><p>–¿Perdone?</p><p>Que te quites de en medio que me vas a hacer un lío.</p><p>–No es a usted.</p><p>Soy el caballo lejano, pensó el caballo lejano, mas yo escuché a la perfección sus pensamientos. Vete de aquí, caballo. El caballo lejano había vuelto a colocar su cabeza en línea recta, sin embargo la giraba y volvía ahora a mirarme otra vez con idéntica intención. Que te quites, que te quites, le dije discretamente empujándolo.</p><p>–¡Que te qui!</p><p>–No se mueva, vengo enseguida –me dijo el cualquiera cerca ya de la puerta.</p><p>Le farfullé que sí. Cómo iba a marcharme con el caballo lejano casi encima, el cuerpazo que tiene. Yo empujando, empujando y él sin moverse. No me hagas esto, por favor. Le supliqué, pues si alguna vez la tuve, había perdido mi dote de mando. Sacudió su cabezota, movió las orejas, amagó con pastar sobre la alfombra inexistentes plantas. Le temblaba su hermoso cuello con espasmos de piel. Mi caballo lejano, a ti no te van a hacer nada. Descuida, le dije. Y para que se tranquilizase del todo, le eché los brazos y lo abracé. Apoyé mi cabeza junto a la suya. Olía mal el caballo lejano y estaba caliente; vivo, pensé, es una pieza viva. Esto me produjo una irreprimible lástima por él. Lo agarré aún más fuerte y cabeceaba para librarse de mi abrazo sin la menor violencia. No vas a estar solo, yo te quiero, caballito querido, lo acariciaba arriba y abajo con la palma de la mano como hacen los rancheros del cine. En eso estaba, yo ya más calmado.</p><p>Vinieron, naturalmente, a llevarme; se dejaron el caballo, los tontos.</p><p><em>*Javier Sáez de Ibarra es escritor y autor de </em><strong>Javier Sáez de Ibarra</strong><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/fantasia-lumpen/" target="_blank">Fantasía lumpen</a><em> (Páginas de espuma, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Sáez de Ibarra]]></author>
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