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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 78]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 78]]></description>
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      <title><![CDATA[Ante una cesta de higos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cesta-higos_1_1203114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/57c6ea61-ce27-41cb-84db-25b6b9edcdf5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ante una cesta de higos"></p><p>  </p><p><strong>Ante una cesta de higos</strong></p><p>Hay mucho que decir ante una cesta de higos</p><p>y ante el detalle de poner encima,</p><p>como quien los protege de una indebida sobreexposición</p><p>–a la calima o a la bulliciosa</p><p>glotonería de las moscas–,</p><p>unas hojas que guardan el perfume del árbol</p><p>y conservan el gesto de agonía de sus múltiples manos</p><p>al cabo de sus ramas retorcidas.</p><p>(La higuera y sus achaques de gigantón envejecido.)</p><p>En esas manos he creído ver</p><p>la actitud de quien abre las suyas para dar.</p><p>(¿Qué voz pone un gigante cuando reparte golosinas?)</p><p>Tomad, éste es el fruto</p><p>que viene de la tierra y se destila</p><p>en los largos, recónditos conductos de la savia</p><p>hasta ocupar su sitio, como una estrella fija,</p><p>en la copa extendida bajo el cielo de agosto;</p><p>tomad, este es el don de la amistad,</p><p>el que congrega a muchos bajo un toldo</p><p>pespunteado de destellos</p><p>e infunde en los reunidos un ánimo de fiesta.</p><p>Compartid este fruto con los pájaros,</p><p>con la tierra que absorbe la pulpa descompuesta,</p><p>con los resplandecientes</p><p>insectos que componen su dimensión sonora.</p><p>Que vuestra vida se acompase al ciclo</p><p>de lo que se desborda hasta agotarse.</p><p>(Aquí el gigante tose, como para ordenar sus pensamientos.)</p><p>Que la muerte, esa sombra, sólo sea</p><p>la pérdida parcial de lo que pesa y cae.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es poeta. Sus últimos libros, </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://laisladesiltola.es/coleccion/arrecifes/nosotros-los-de-entonces/" target="_blank">Nosotros los de entonces</a><em> (La Isla de Siltolá, 2015)</em><em> y </em><a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/efemera_3549" target="_blank">Efémera</a> <em>(Takara, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El extraño negocio de vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/extrano-negocio-vivir_1_1145768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da3e9001-c28f-413b-acce-9625f4902eb2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El extraño negocio de vivir"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>La vida negociableLuis LanderoTusquetsBarcelona2017</strong><em>La vida negociable</em></p><p>“Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles”. Así comienza la nueva novela de <strong>Luis Landero</strong>, donde su protagonista, Hugo Bayo, imaginando dirigirse a un auditorio fiel de <em>pelucandos</em>, nos cuenta su vida y sus andanzas desde que, cuando era un adolescente y apenas sabía nada del mundo de los mayores, ni tenía conciencia del bien ni del mal, su madre le hizo una confidencia que marcará su destino.</p><p>Detrás de esta confidencia, de este secreto, Hugo, descubre las mentiras y las falsedades que envuelven el mundo de los adultos. Hijo de un ama de casa y de un administrador de fincas, en apariencia bastante convencionales, “ella tan viva y tan menuda, el tal lento y tan enorme” encuentra, en la vida de sus padres misterios que desconoce y que le llevaran a convertirse en un canalla. Primero, el afán por castigar a su madre, por lo que, piensa, les ha engañado de modo atroz a su padre y a él, descubriendo que le produce un goce inquietante dominarla, torturarla con indirectas y reafirmar así su poder sobre ella. Después, la revelación de su padre y el chantaje a ambos.</p><p>Hugo es un ser solitario, sin amigos. Las únicas relaciones con gente de su edad se limitan a Marco, con quien mantiene un vínculo morboso de superioridad y abuso, y con Leo, la extraña y estrambótica hija de un ex campeón de lucha libre y de una vidente, que terminará por ser su compañera de vida. Cuando conoce a Olivia y se enamora, o al menos cree enamorase, es cuando repara en su condición de chantajista y se ve apremiado por un afán de purificación. Hasta ese momento siempre había dado por supuesto que su conducta era la apropiada, que sus padres se lo merecían, y se ve a sí mismo tal y como es —y como le ve el sorprendido lector—: “Un depravado, un rufián y un perfecto y pequeño canalla”. Pero lejos de redimirse, el granuja que lleva dentro le conduce al crimen y a la mentira y al alejamiento de sus padres.</p><p>Sin saber qué hacer con su vida, se alista voluntario en el servicio militar, donde sin oficio ni estudio alguno, es destinado como aprendiz de barbero, profesión que determinará su futuro en su posterior vuelta a la vida civil, por la habilidad innata que demuestra con el peine, la tijera, la navaja y la maquinilla, como si llevase toda la vida en el oficio. En el cuartel conoce a la coronela “una mujerona guapa, con mucha abundancia de todo”, y con la disculpa de acicalarla, se convierte en su amante.</p><p>Con Leo, mantiene —y mantendrá— una compleja relación de amor-odio y violencia, de ni contigo ni sin ti, en la que no pueden vivir juntos pero tampoco el uno sin el otro, mezcla de alma torturada, amor, orgullo, rabia y fatalidad. “Quizá eso no era amor, o a lo mejor sí, o a saber lo que era. Pero una fuerza fatal, irresistible, me arrastraba hacia ella”.</p><p>Hugo Bayo, pícaro moderno y genio incomprendido, convencido de que ha venido al mundo a triunfar por sus dotes innatas para ser artista, famoso, estrella de cine, catedrático, aventurero, empresario de éxito y un sinfín más de profesiones, es condenado por el destino a ser peluquero, oficio que no quiere pero para el que demuestra unas dotes inusuales. En un instante, ve la historia entera de su vida: a sus padres jóvenes y felices, al niño inocente que fue, al joven de ojos pérfidos y alma de diablo en que se convirtió después y así, descubre que buscar y encontrar a su madre es el próximo proyecto grande de su vida, aunque como veremos, tampoco le traerá la paz ni la redención.</p><p><em>La vida negociable</em> es una novela grandiosa, repleta de reflexiones sobre la vida, el amor, las relaciones entre padres e hijos, el aprendizaje, las decisiones que calladamente vamos tomando y nos conducen por un camino u otro y donde todo puede justificarse, disculparse, aceptarse… “Mira, Huguito —le dice su padre cuando le confiesa su pecado—, en la vida todo es negociable, y también con Dios, digo yo, se podrá negociar. Hay que aprender a convivir con el mal y en este negocio mío y que pronto será tuyo, piensa, como yo lo pensé en su día, que si no lo haces tú, otro lo hará por ti, de modo que con tu virtud no evitas el mal; al contrario, aceptándolo, puedes paliarlo en parte, contenerlo, hacerlo más venial y más humano, y ese a su modo, es un servicio que le prestas a Dios, que todo lo ve. Por otra parte, Dios es misericordioso y comprende las flaquezas humanas, y si eres de por sí caritativo y buen cristiano, con una cosas remedias la otra”. En definitiva, habla de la complejidad de la vida y del extraño negocio de vivir: “No entendía que la vida pudiese ser tan irrisoria, tan fea, tan trivial, y a la vez tan dramática, tan misteriosa y llena de belleza…”.</p><p>Luis Landero es <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/10/la_vida_negociable_luis_landero_60950_1821.html" target="_blank">un maestro de la palabra</a>, no en vano está considerado uno de los grandes de la literatura española contemporánea, domina a la perfección la técnica narrativa. En esta novela, combinando hábilmente diferentes niveles de lenguaje y oralidad con pasajes líricos de gran belleza, construye una obra rotunda en la que mezcla la comedia y el drama, la épica y el folletín, lo trascendente y lo banal. Simplemente imprescindible.</p><p>Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Se Licenció en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Fue Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa en 1990, con <em>Juegos de la edad tardía</em>. Otras obras suyas son <em>Caballeros de fortuna</em> (1994), <em>El mágico aprendiz</em> (1998), <em>El guitarrista</em> (2002), <em>Hoy, Júpiter</em> (2007),<em> Retrato de un hombre inmadur</em>o (2010), <em>Absolución</em> (2012), <em>El balcón en invierno </em>(2014 Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Publicó, además, un ensayo, <em>Entre líneas:</em> <em>el cuento o la vida</em> (2000) y numerosas piezas cortas agrupadas en <em>¿Cómo le corto el pelo,</em> <em>caballero?</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Inmaculada Marroquín]]></author>
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      <title><![CDATA[Sección de novedades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seccion-novedades_1_1145764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5979f791-3fe2-4e85-b1a9-6b0e05f2fd59_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sección de novedades"></p><p><strong>Mercedes y Claudio López Blanco</strong>, responsables de la librería Picasso de Granada, recomiendan algunos de sus títulos favoritos de la rentrée <em>literaria.</em></p><p>_________________________</p><p>  <strong>Los pacientes del doctor GarcíaAlmudena GrandesTusquetsBarceloba2017</strong><em>Los pacientes del doctor García</em></p><p>  </p><p>Tras la victoria de <strong>Franco</strong>, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. La documentación que lo libró del paredón fue un regalo de su mejor amigo, Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que salvó la vida en 1937. Cree que nunca volverá a verlo, pero en septiembre de 1946, Manuel vuelve del exilio con una misión secreta y peligrosa. Pretende infiltrarse en una organización clandestina, la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich que dirige desde el barrio de Argüelles una mujer alemana y española, nazi y falangista, llamada <strong>Clara Stauffer</strong>.</p><p>  <strong>Berta IslaJavier MaríasAlfaguaraMadrid2017</strong><em>Berta Isla</em></p><p>  </p><p>Muy jóvenes se conocieron Berta Isla y Tomás Nevinson en Madrid, y muy pronta fue su determinación de pasar la vida juntos, sin sospechar que los aguardaba una convivencia intermitente y después una desaparición. Tomás, medio español y medio inglés, es un superdotado para las lenguas y los acentos, y eso hace que, durante sus estudios en Oxford, la Corona ponga sus ojos en él. Un día cualquiera, "un día estúpido" que se podría haber ahorrado, condicionará el resto de su existencia, así como la de su mujer. </p><p><strong>4 3 2 1Paul AusterTraducción de Benito Gómez Ibáñez</strong><em>4 3 2 1</em></p><p><strong>Seix BarralBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p>Una novela magistral sobre el poder del destino llamada a coronar la obra de <strong>Paul Auster</strong>. El único hecho inmutable en la vida de Ferguson es que nació el 3 de marzo de 1947 en Newark, Nueva Jersey. A partir de ese momento, varios caminos se abrirán ante él y le llevarán a vivir cuatro vidas completamente distintas, a crecer y a explorar de formas diferentes el amor, la amistad, la familia, el arte, la política e incluso la muerte, con algunos de los acontecimientos que han marcado la segunda mitad del siglo XX americano como telón de fondo.</p><p>  <strong>Apegos ferocesVivian GornickTraducción de Daniel Ramos SánchezSexto PisoMadrid2017</strong><em>Apegos feroces</em></p><p>  </p><p><strong>Gornick</strong>, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre; el otro, el de Nettie. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Picasso en la calle Obispo Hurtado, 5, de Granada o en su página web. </em><strong>librería Picasso</strong><a href="https://www.librerias-picasso.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mercedes y Claudio López Blanco (Librería Picasso)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Librerías,Libros,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La deshumanización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/deshumanizacion_1_1145759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d0ba3b97-5580-46fa-b68c-5e77d8f6129a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La deshumanización"></p><p><strong>Cartas sirias desde GreciaSameer, Hassan, Liali, Ahmad, Wadah, Abdullah Hammal, Dalal, Braa Ahmad, Ahmed Dibou, Esraa, Ibrahim, Jahina Aisa, Abdulah, Ahmed, Ayad, Abdulkader Chukri, Abdulmejid, Mohamed, Shiar, Ghassan y Ahmed YoosoPrólogo de Sami NaïrCompilación de Cristina Llaràs JordanaTraducciones de Abdullah Sabouni, Ibrahin Ayan, Ahmed Alyousef, Ahmed Yooso, Deyar Sheiko, Sameer y Hassan</strong><em>Cartas sirias desde Grecia</em></p><p><strong>IcariaBarcelona2016</strong></p><p>  </p><p>¿Qué se siente mientras se está "en medio del mar en un pequeño bote de goma, esperando el momento en que se va a hundir y todo habrá acabado"? No puede describirse esta sensación, explica <strong>Hassan Alhomse</strong>.</p><p><em>Cartas sirias desde Grecia</em> recoge varios testimonios estremecedores de refugiados sirios en los campos de Eko, Idomeni y Vasilika. El libro —una admirable iniciativa de la editorial Icaria y cuyas ventas se destinan a los autores de las cartas y a sus traductores— no puede leerse sin un nudo insoportable en la garganta. Se pone rostro, cuerpo, nombre y relato vital a mujeres, hombres y adolescentes que cuentan en un lenguaje sobrio, de cronología exacta y ordenada, hechos terribles. El primer testimonio es de <strong>Sameer</strong>: "Muchos de mis amigos fueron arrestados y asesinados y de muchos de ellos no sabemos nada". "Resultaba extraño pagar por tu muerte", reflexiona <strong>Hassan Alhomse</strong> sobre su viaje por mar desde Turquía. <strong>Liali</strong>, forzada a huir con cuatro niños pequeños sin saber nada del destino de su marido, encarcelado por el ejército, habla de la tranquilidad de su vida anterior y se pregunta si alguna vez volverá a ser feliz. "Guerra y paz, amor y odio, felicidad y sufrimiento, muchas cosas de las que hablar", empieza su relato <strong>Ahmad Alyousef</strong>. <strong>Wadah Maktaby</strong> cuenta cómo estando en la guerra no podía parar de escuchar voces en su cabeza y cómo huyó cargado a hombros con su compañero muerto, secándose "sangre en vez de lágrimas". Su carta acaba así: "Ya llevo un mes en este campamento [Vasilika] y sigo esperando a que la generosidad y la humanidad que alegan tener los europeos lleven a conseguir una solución para que nos saquen de esta pesadilla".</p><p><strong>Abdullah Hammal Sabouni</strong> hace el siguiente relato vital de sí mismo: "Nací en Alepo y crecí allí. Miro mis sueños de niño y veo cómo la catástrofe convirtió nuestros sueños en un infierno. Ahora mi sueño básico es la seguridad y la paz y poder trabajar para conseguir unas mínimas condiciones de vida". <strong>Dalal </strong>recuerda la dimensión de añorada normalidad de su vida de antes de la guerra: "Vivíamos con seguridad y en paz en Siria y acostumbrábamos a salir fuera una vez por semana". El adolescente <strong>Braa Ahmad Kharwof</strong> confiesa: "En Eko intenté suicidarme siete veces y todavía ahora pienso en ello. Pero estoy intentando controlarme y permanecer tranquilo".</p><p>También corta la respiración el relato de <strong>Ahmed Dibou Darwish</strong>: "Salí porque huí de la guerra y porque una bomba cayó en mi casa y yo estaba allí. La bomba me cortó la mano derecha y pequeñas piezas de metralla me tocaron el corazón […]".<strong> Esraa Alabeid</strong>, madre de un bebé y diabética, escribe: "Espero tener un hogar para mí y mi familia, tener trabajo y ganar dinero para vivir en un lugar seguro […] porque realmente estoy totalmente cansada de esta vida".</p><p><strong>Ibrahim Ayan</strong> confiesa: "No sé qué más hacer, y me siento como frente a un muro alto y largo, que incluso me rodea". <strong>Jahina Aisa Amohamd</strong>, con un hijo de seis años que no puede andar ni hablar, se ha quedado sin dinero para comprarle comida. "Salí de Alepo porque mi hijo murió allí por una bomba y mi casa fue destruida también", resume su tragedia <strong>Abdullah Abdulkarim</strong>. "Solo espero proporcionar una vida segura a mis hijos", desea <strong>Ahmed Sheikho</strong>, de 66 años. "Decidí escapar y dejar Siria y salvar a mi familia de la muerte, la perdición y el hambre", escribe <strong>Ayad Al-Gharib</strong>.</p><p>"Tenía una casa en Zamalka […]. Allí murieron cuatro personas de mi familia, mi mujer, mi hija y dos de mis hijos". Es el escalofriante testimonio de <strong>Abdulkader Chukri Jaafar</strong>, que tiene 59 años y una importante discapacidad física. "Al llegar a Grecia sentí mis sueños morir por segunda vez ", apunta el joven <strong>Abdulmejid</strong>. "Cuando el camión llegó a la frontera griega, la policía macedonia nos obligó a pasar por un agujero de la valla, y empezaron a golpearnos muy fuertemente, y nos pegaron a través de la valla", cuenta <strong>Mohamed Alyoussef</strong>. <strong>Shiar Yousef</strong> explica que él y su familia están "buscando un futuro luminoso". <strong>Ghassan Ebrahim</strong>, profesor de matemáticas, viaja con su hija, que "necesita a su madre y a su hermana".</p><p>El libro se cierra con algunos poemas en inglés de <strong>Ahmed Yooso</strong>. "Si estás en la gasolinera de Eko, verás realmente la deshumanización", escribe en uno de sus versos.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literaturas Comparadas. </em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Campos refugiados,Libros,Literatura,Crisis de los refugiados,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Antes de la caída]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caida_1_1145756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c49d976b-3636-429d-b145-a36421225241_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antes de la caída"></p><p><strong>FresasJoseph RothTraducción de Berta Vias-MahouAcantiladoBarcelona2017</strong><em>Fresas</em></p><p>¡Cómo me gustan las fresas! Sobre todo si son de <strong>Joseph Roth</strong> , en traducción de otra escritora, <strong>Berta Vias Mahou </strong>y recién horneadas por la editorial Acantilado.</p><p>Si tenéis una tarde libre en este otoño que se avecina, no lo dudéis, este librito de unas 60 páginas os hará disfrutar, os transportará a la infancia de Joseph Roth, a las descripciones del paisaje donde nació con frases como ésta:</p><p>  </p><p>También dedica unas líneas a explicar el porqué del título:</p><p>  </p><p>Roth nos presenta los personajes, la vida en una pequeña ciudad donde nadie tenía papeles porque no hacía falta, donde el conde era amigo del enterrador, donde el padre del protagonista fue encontrado muerto un invierno, borracho, por haberse caído del caballo. El protagonista va contando su vida de aprendiz definiéndose desde el principio como un impostor. Pasa por limpiar zapatos, por trabajar en una barbería, con un sastre, ayudando al sepulturero, y nos habla del conde, que todos los viernes por la mañana arrojaba unas monedas a los pobres que se concentraban a la puerta de su castillo. </p><p>Van pasando por el relato personajes presentes en sus obras, los judíos de la época, los que salieron y se enriquecieron, los que emigraron y no volvieron, como sus hermanos, los que se quedaron y alegraron la vida a los demás, como la mujer del kiosco del parque, donde vendía bebidas y que abría o cerraba en función de si estaba con un hombre o no. O el alcalde, empeñado en tener un monumento importante en la ciudad y buscar algún personaje al que se le pudiera hacer una estatua. O el borrachín del padre del protagonista, que recuerda mucho a <em>La leyenda del santo bebedor,</em> uno de mis libros favoritos de Roth. Es un manuscrito al parecer incompleto, pero que condensa los temas predilectos de Roth y nos dibuja con nostalgia lo que era la vida que estaba a punto de desmoronarse tras la caída del imperio austrohúngaro. Como dice también en este libro:</p><p>  </p><p>Este manuscrito, el de<em> Fresas</em>, era la novela que proyectaba en sus últimos meses y lo ahora publicado son los bosquejos de algunos capítulos.  Joseph Roth  nos ha regalado en sus novelas personajes inolvidables, así como la constatación de las consecuencias que tuvo para el mundo la caída del imperio austrohúngaro y la subida del nazismo al poder. Ahí quedan <em>La marcha Radetsky, Confesiones de un asesino</em>, la mencionada <em>La leyenda del santo bebedor</em>, <em>Judíos errantes, La cripta de los capuchinos, Hotel Savoy, El busto del emperador </em>o la correspondencia entre<strong> Stephan Zweig</strong> y él, bajo el título de <em>Ser amigo mío es funesto</em>. Roth murió alcoholizadoal poco de huir a Francia en 1933 ante el auge del nazismo en Alemania. Como personaje controvertido que fue, también lo fue su entierro, recogido en el prólogo de un libro que, bajo el título de <em>El juicio de la Historia,</em> recoge escritos suyos entre 1920 y 1939 y fue publicado hace unos años por Siglo XXI. En él se narra lo siguiente:</p><p>“Su entierro en el gran cementerio de Thiais, al sudeste del extrarradio de París, según se conoce por las versiones de <strong>David Bronsen</strong> y <strong>Hermann Kesten</strong>, pareció seguir un guion redactado por la propia pluma de Joseph Roth. El mismo día de su muerte hubo una tumultuosa reunión en el café de Tournon para decidir la pertenencia religiosa del difunto. Todos los que le habían oído contar tantas leyendas sobre su vida y milagros se empeñaron en añadir un poco más de confusión a la ya creada. <strong>Pauline Kulka</strong>, judía bautizada, proclamó, como única pariente presente de Roth, que habría funerales católicos porque ese era el deseo del finado. Otros se inclinaron por la presencia de un rabino. Soma Morgenstern y Joseph Gottfarstein  proyectaron rezar ante la tumba la oración fúnebre hebrea.</p><p>  </p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Antes de la caída]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de la existencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diario-existencia_1_1145752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8192bfb1-7bd2-4831-8747-d33cad1d9c34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de la existencia"></p><p><strong>PulsacionesJosé Luis MoranteTakaraSevilla2017</strong><em>Pulsaciones</em></p><p>  </p><p>Una defensa de la poesía personal es lo que hace <strong>José Luis Morante</strong> en esta antología, <em>Pulsaciones</em>, que da cuenta de su quehacer literario. Es un viaje que emprende en 1990 y aún en 2017 continúa, recorre los rincones del yo, de su existencia, es un trayecto hacia el interior desde el exterior, con numerosas paradas. Es un camino hacia adentro del que nos dice: "Mi escritura siempre encuentra una casa de verano, un paisaje con luz". <em>Pulsaciones </em>es una selección propia que el autor ha recopilado de toda su trayectoria poética, es un  muestrario intimista en donde su estado de ánimo a modo de latido toma el pulso a las palabras y las vierte en el folio en blanco. Él sabe de las sílabas de la vida y de la rima libre, de la asonancia y la consonancia del camino.</p><p>El profesor, crítico literario y poeta José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956) tiene varios premios en su haber, ocho poemarios, dos antologías, obras en prosa, una extensa y reconocida labor crítica, además de dos libros de aforismos. Es responsable también del blog Puentes de Papel.</p><p>El prólogo de Rosario Troncoso, nos propone un acercamiento interesante a la obra del poeta; cerrando la antología, a modo de epílogo, unas notas finales del autor. Destacamos la cuidada edición  de la sevillana editorial Takara.</p><p>La poesía de Morante,  con una larga trayectoria, casi tres décadas, tiene un sello personal con una identidad inconfundible,en donde el tiempo es un eje clave: vive los instantes, las horas, los días, los años que la escritura y la lectura le han brindado, agradece su cobijo por los buenos ratos que le procuran. Así, a pesar del paso de la vida, su perfil humano y poético no ha cambiado.</p><p>Entre los poemas que recorren los ocho poemarios más los inéditos que componen esta selección, comentaremos algunos. El primer poema es "Heterónomos", de <em>Rotonda de estatuas </em>(1990): con esta poética abre la antología, y traza con sus versos una división entre "el yo que pienso y otro, el que parezco". En el primero "habita día y noche la intimidad de estas cuatro paredes", y en el segundo "está en la calle de continuo". Son sus refugios. <em>Causas y efectos</em> (1997) va a ser un libro de presencias, autobiográfico. Muy emotivos los poemas "Recuerdo de mi padre", repleto de admiración, y "Homenajes", un manifiesto de reivindicación de las mujeres. En <em>Un país lejano </em>(1998) destacamos dos poemas de la experiencia, "Funcionario poeta" y "Personaje literario". Tiene versos memorables en esta muestra en donde le acompañan las voces y los ecos de poetas que son sus maestros, como el mismo Morante reconoce: <strong>Antonio Machado, Gil de Biedma, Ángel González</strong>, y los contemporáneos, además de amigos, <strong>Joan Margarit, Ángeles Mora</strong> y <strong>Luis García Montero</strong>.</p><p>En este paseo por los poemas que conforman el libro, el poeta comparte sus palabras con una escritura humana, social, muy cercana, que dialoga con nosotros. En los inéditos que cobija con el título de <em>Pulsaciones</em> se vislumbra más la reflexión y el compromiso: el tiempo madura y estremece al poeta, es inevitable. Los impulsos que lanza a ritmo de latidos son terapeúticos, son instantáneas personales. Se deja entrever el escritor aforista, que se balancea entre la filosofía de la vida y la lírica de la literatura. Su poesía intimista se alía con el compromiso ético y estético. Es una constante en donde el amor, la amistad, su vocación docente y su escritura hacen que sea entrañable y próximo. Es un diario de la existencia que nos entrega con  generosidad.</p><p>El paso del tiempo camina por sus poemas con un lenguaje cristalino y pulido en donde se advierte una escritura en la que subyace el oficio de escritor. Ama a las personas y a las cosas. Su faceta de historiador, de crítico también, conviven en sus versos. Es en su modo de contar y expresar donde habita la sencillez con todas las herramientas del conocedor de la tradición literaria, por los contenidos y las formas utilizadas.</p><p>Su poesía parece que se asoma por las ventanas, y observa, pasea por las calles, conversa con las personas para luego regresar  a su casa, ese espacio privado tan necesario para Morante como la necesidad que tiene del contacto humano: en estos dos espacios se desenvuelve su escritura. Los dos mundos, vida y literatura, tienen las pulsaciones de ese ritmo lento que implica la esencia de la verdad, la belleza y el conocimiento.</p><p>Con la serenidad que dan los años, su cercanía y la humanidad que le caracteriza nos ofrece esta selección  de toda su trayectoria poética, y  hace un repaso de más de 25 años de poesía y de compromiso. Sus versos dan prueba de ello: "Adquirí la costumbre/ de prodigar latidos/ como si repartiera recompensas".</p><p><em>*Carmen Canet es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos </a><em>(Valparaíso, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El viaje de doña Susana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viaje-dona-susana_1_1145748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/629f5aee-1a74-46a0-8f94-e0caadcf1751_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viaje de doña Susana"></p><p><em>(Comienza Sergio Ramírez.)</em><strong>Sergio Ramírez</strong></p><p>La trágica noticia que recibió doña Susana Armijo temprano del lunes  en su domicilio del barrio El Erial de Somoto, un pueblo de las montañas en la frontera con Honduras, se iba componiendo por pedazos en su cabeza según entraban acongojados los vecinos, teléfono en mano. Traían mensajes de familiares que habían emigrado a España y vivían en el País Vasco, y todo lo puso más en claro un Whatsapp con la grabación de un breve segmento del informativo de EITB Radio Euskadi.</p><p>Su hijo Misael había perdido la vida la noche del viernes anterior hacia las 21.10 horas al ser arrollado por un tren de cercanías a la altura del Puente de Hierro, en el barrio de Amara de San Sebastián, cuando según testigos presenciales caminaba en medio de la vía.</p><p>La Ertzaintza logró identificarlo gracias a los datos de su teléfono móvil, y también determinó que trabajaba como pinche de cocina en el hospital San Juan de Dios aunque se trataba de un inmigrante sin papeles. El levantamiento del cadáver se produjo a las 22.43 horas y fue conducido a la morgue de Medicina Legal. El accidente obligó a suspender el tráfico ferroviario durante hora y media.</p><p>Por qué Misael iba caminando a esas horas de la noche en una carrilera y hacia donde se dirigía eran asuntos que doña Susana no lograba entender, y si un día llegaba a saberlo no le serviría de nada. Su hijo estaba muerto, lo había matado un tren. Y ella tenía que estar allá con él, en aquel lugar del mundo, y traerlo de regreso para que fuera enterrado en Somoto.</p><p>Sentada en una vieja silla trenzada de filamentos de plástico en la cocina de paredes ahumadas donde horneaba el pan que salía a vender cada madrugada de puerta en puerta, se cubría el rostro con una pequeña toalla listada de colores, pero nadie piense que su espíritu se había derrumbado, o que las lágrimas la ahogaban. Solo tenía cabeza para el viaje.</p><p>La cocina seguía llena de gente pero las noticias se iban haciendo más escasas, y cada vez más repetitivas. Ahora el asunto era otro. Cada quien buscaba disuadirla después que la oyeron decir, atribuyéndolo a un extravío causado por su dolor, que se iba a España: nunca había viajado al extranjero, nunca se había subido a un avión, nunca había atravesado el mar. ¿Y de dónde sacaría el dineral que costaba el pasaje?  ¿Y encima el costo de repatriar el cadáver? Según uno de aquellos mensajes traerlo a Nicaragua no bajaría de cinco mil euros, según se había averiguado. Trasladarlo a una funeraria, la preparación, el ataúd, el embalaje del ataúd, el valor del flete aéreo.</p><p>No tenía ni un real doña Susana. Lo que el hijo había alcanzado a enviarle desde que consiguió trabajo en el hospital, haría de eso seis meses, ella lo había invertido en agregar un cuarto a la casa para cuando él volviera, y aún faltaba ponerle el techo. Pero seguía en su terquedad y las razones en contrario se fueron apagando. La primera que cedió en apoyarla fue su hermana Clarisa. ¿Quién va a negarle a una madre el derecho de ir a buscar a su hijo muerto al fin del mundo si es preciso? Después ya se vería lo de traer el cadáver.</p><p>Y entonces fue como una llamarada la que prendió en Somoto. Salieron los escolares con alcancías a las calles, barrio por barrio, y esas alcancías uno las encontraba también en los mini súperes, en la pizzerías, y al cabo de dos días, al vaciarlas, el total de la recaudación sumaba 17 mil córdobas. El domingo siguiente se organizó una kermesse en el atrio del templo parroquial de Santiago Apóstol que rindió 19.000 córdobas más.</p><p>Con lo cual tenemos ahora a doña Susana entre la multitud de pasajeros que salen de la manga del avión de Iberia que la ha traído a Madrid después de trasbordar en Panamá. Va vestida de negro riguroso, y por todo equipaje lleva un valijín de vinilo obsequio de la agencia de viajes Aeromundo donde su boleto fue comprado en Managua.</p><p><em>(Sigue Almudena Grandes.)</em><strong> Almudena Grandes</strong></p><p>Al filo de la medianoche, doña Susana Armijo ocupó una silla en una hilera de asientos vacíos, frente a uno de los restaurantes de la T4.</p><p>Llevaba siete horas en Madrid y aún no había salido del aeropuerto. En ese plazo, su ánimo había subido y bajado tantas veces como las piernas de un niño pequeño que nunca se cansa de un tobogán. La sensación de triunfo que experimentó al aterrizar había encogido al mismo ritmo que sus pasos mientras avanzaba por aquella terminal inmensa, su altísimo techo de madera sostenido por vigas pintadas de colores vivos, como una catedral profana, hasta burlona. Siguió a los pasajeros de su vuelo sin hacer preguntas hasta el puesto de policía donde tuvo que enseñar el pasaporte. Allí sí preguntó, se enteró de que tenía que coger un tren hasta otro edificio, luego un metro, un autobús o un taxi hasta la dirección de Madrid a la que se dirigiera. Pero yo no vengo a Madrid, señorita, dijo ella, yo tengo que ir a San Sebastián. No se preocupe, la policía sonrió, está muy cerca. Pregunte a cualquiera, yo creo que le conviene coger el metro hasta la Plaza de Castilla y desde allí, en autobús, no tardará ni media hora.</p><p>Doña Susana tenía mucho miedo a la policía española. En Somoto le habían contado que no era fácil entrar en el país, que quizás la harían esperar, que tal vez sospecharían que era una inmigrante ilegal, igual que su hijo. La sonrisa de la agente que miró y selló su pasaporte sin ponerle pegas la desconcertó tanto como su optimismo. Ella no era culta, no había estudiado, pero sabía que la ciudad donde había muerto Misael no estaba a media hora de Madrid. Sin embargo, cuando volvió a tener el pasaporte en la mano, pensó que se había librado con bien y no se atrevió a hacer más preguntas.</p><p>En el tren se acercó a una señora española, más o menos de su edad, que fue mucho menos simpática que la policía, lo justo para deshacer el malentendido. El San Sebastián que estaba a media hora de la plaza de Castilla no era el del País Vasco, sino otro que se apellidaba de los Reyes. Cuando doña Susana le preguntó cómo podría llegar al primero, la señora se encogió de hombros. En autobús, en tren, usted verá…</p><p>Sin equipaje que recoger, la señora Armijo vagó durante horas por los pasillos de la T4. Tenía que pedir ayuda, pero no sabía por dónde empezar. A ratos se sentía animada, confiada en sus fuerzas, porque había llegado a Madrid desde Managua, sin haber montado nunca en avión y sin un céntimo, pero enseguida se venía abajo, porque todo le parecía muy grande y ella demasiado pequeña, una figura de escala diminuta en una realidad nueva, gigantesca. Entonces se sentaba un rato, se animaba de nuevo, volvía a ponerse en pie y buscaba a alguien con pinta de buena persona. Los mejores que encontró eran quienes menos lo parecían.</p><p>Cuando un hombre bien vestido no sólo le dijo que no podía ayudarla, sino que se alejó mascullando que a quién se le ocurría viajar en esas condiciones, escuchó a su espalda una voz joven, de mujer. Gilipollas…, dijo la voz que un instante después se dirigió a ella. ¿Qué le pasa, señora? Doña Susana giró la cabeza muy despacio y se encontró con lo que en Nicaragua habría definido como una pareja de mendigos.</p><p>Él era tirando a rubio y llevaba el pelo muy largo, unos mechones raros, como retorcidos, recogidos en una coleta, y una extraña barba del siglo XIX. Ella llevaba el pelo teñido de verde, los brazos repletos de tatuajes bajo las mangas de una camiseta ceñida. En Managua les habría dado limosna, en Barajas les contó la verdad y descubrió con asombro que los dos estaban muy bien educados. ¿Tiene usted dinero?, le preguntó él, y negó con la cabeza. ¿Y tarjeta de crédito?, la chica obtuvo el mismo resultado. Entonces hablaron entre ellos y decidieron que lo mejor sería que fuera a su embajada. Sacaron sus teléfonos, empezaron a teclear y apuntaron en un papel una dirección y una estación de metro. Pero ahora estará cerrada, claro, dijo ella, ¿y dónde va a dormir? ¿Conoce usted a alguien en Madrid?</p><p>Doña Susana no conocía a nadie en Madrid, pero no dijo que no. Tampoco que sí. Sólo preguntó a sus benefactores si iban a la universidad. Los dos afirmaron con la cabeza y no comprendieron por qué los ojos de aquella señora nicaragüense, tan mayor, tan bajita, se llenaban de lágrimas. A mí me habría gustado que mi Misael fuera a la universidad, les dijo al rato, después de que le trajeran una botella de agua y un donut. Por si tiene hambre, le dijeron antes de despedirse. Cada uno de ellos le dio dos besos, ella además un billete de cinco euros, él un bonometro en el que quedaban tres viajes. No tenemos más, se disculparon, y ella les bendijo antes de dejarles marchar.</p><p>Se bebió el agua, se comió el donut y siguió vagando por el aeropuerto, pensando que el siguiente sería otro día. Hasta que, al filo de las 12, se sentó en aquella silla y se quedó dormida. Cuando despertó, a las tres de la mañana, otra extraña pareja la miraba. Estos eran mayores e iban aparentemente bien vestidos. Estaban limpios, no olían mal, pero los zapatos de la mujer parecían tan deformados por el uso como el cuello roído de la camisa del hombre, y ambos tenían bolsas bajo los ojos, como si hiciera mucho tiempo que no dormían en una cama.</p><p>Doña Susana Armijo tuvo la intuición de que ellos sí eran mendigos, y acertó.</p><p>Acababa de contactar, sin pretenderlo, con la comunidad de indigentes que vive en la T4 del aeropuerto de Barajas.</p><p><em>(Continúa Jorge Franco.)</em><strong>Jorge Franco</strong></p><p>Epifanio era colombiano y ella, María Rosa, salvadoreña, cosa que alegró inmensamente a doña Susana. Gracias a Dios encuentro gente como yo, les dijo, que no habla tan rápido y con esas eses tan raras. En un par de minutos los puso al tanto de su situación y, mientras hablaba, Epifanio y María Rosa se miraban, como si ya conocieran la historia que ella les estaba contando. Volvieron a mirarse, ya con otro gesto, cuando doña Susana recalcó que apenas tenía cinco euros que le habían regalado dos almas caritativas. Epifanio fue claro: una cosa es no saber adónde ir si se tiene dinero y otra muy distinta si no se tiene. Como todo en la vida, complementó María Rosa. También les mostró la dirección de la embajada que le habían anotado los mismos que le dieron la plata. Epifanio miró el papel y dijo, esa es una posibilidad que podría funcionar si mañana, es decir hoy, no fuera sábado. ¿Ya es sábado?, preguntó desconcertada doña Susana. La pareja asintió y doña Susana dijo, Dios bendito, pero si yo salí un jueves, ¿qué pasó entonces con el viernes?</p><p>María Rosa le susurró algo a Epifanio junto a la oreja y él miró el reloj en su muñeca. Ajá, masculló y le preguntó a Susana, ¿ha comido algo? Lo que me dieron en el avión, respondió la señora y añadió, la verdad es que tengo más angustia que hambre. Venga con nosotros, le dijo Epifanio, justo ahora estamos recogiendo lo del desayuno y además el comité podría ayudarla a resolver su lío. Eso sí, aclaró María Rosa, nada de esto a las autoridades, ¿eh? Doña Susana enarcó las cejas y sacudió la cabeza como un pajarito asustado. ¿De qué le estaban hablando? ¿Comité? ¿Autoridades? Epifanio le extendió la mano y le insistió, venga, apúrese, vamos retrasados. Doña Susana los siguió no tanto por gusto sino porque no tenía otra opción.</p><p>Caminaron por pasillos en los que se cruzaron con algún pasajero adormilado o con jóvenes que dormían recostados en los morrales mientras les llegaba el momento de tomar su vuelo. En el trayecto, Epifanio le explicó a doña Susana que a esa hora las tiendas de comida del aeropuerto comenzaban a recibir los alimentos frescos y tiraban los del día anterior, por eso tenían que darse prisa para recuperar la comida antes de que la echaran en las canecas de basura. Pero, ¿ustedes trabajan aquí?, preguntó doña Susana, que no había entendido muy bien la explicación de Epifanio. Vivimos aquí, le dijo María Rosa. Ella y yo somos de la comisión de alimentos, dijo Epifanio y doña Susana entendió menos. ¿Comisión? Cada cosa que decían le parecía más extraña. Sin embargo, silenciosa y resignada, los siguió hasta cada restaurante, cafetería o puesto de comidas donde ya los conocían y les iban llenando las bolsas con los alimentos sobrantes.</p><p>Cargados de quesos, panes, tortas, jamones, verduras y hasta con filetes de pescados y carnes, ingresaron a las desconocidas entrañas de la T4. Doña Susana los siguió aferrada a la camisa de María Rosa, con miedo de quedarse atrás, de perderse, de que se la tragase ese monstruo de pasillos, escaleras y puertas. ¿Para dónde vamos?, les preguntó varias veces, las mismas que le hicieron una señal con el dedo en la boca para que hablara bajito. En un par de ocasiones se cruzaron con otras personas que vestían uniformes de alguna cosa. Doña Susana se quedaba sin aliento, creía que eran autoridades españolas que venían a detenerlos, o tal vez era el permanente miedo a los uniformes que le quedó desde niña, allá en su Nicaragua natal. Sin embargo, con la gente que se cruzaron no intercambiaron saludos ni palabras, y María Rosa y Epifanio avanzaron muy orondos como si fueran funcionarios del aeropuerto.</p><p>En algún punto se detuvieron frente a una puerta grande y sólida. Epifanio dejó las bolsas en el suelo y golpeó con los nudillos como siguiendo el ritmo de una canción. Les abrió una mujer oriental con el pelo canoso y revuelto. <em>Room service</em>, le dijo Epifanio y soltó una carcajada que estalló en el interior de la bodega a la que entraron con los alimentos. La mujer oriental miró a doña Susana con curiosidad y le preguntó a María Rosa, ¿otra más?, pero María Rosa no le respondió.</p><p>La bodega estaba en penumbra aunque tal vez por el olor a comida, o porque seguían una rutina y ya era hora de levantarse, las luces blancas del techo comenzaron a encenderse, una a una, hasta que doña Susana pudo ver las camas improvisadas, los bultos que se removían bajo las mantas, las caras adormiladas de los que todavía no se acostumbraban a la luz. Ella intentó calcular cuántos eran, si quince, si más de veinte, tal vez una treintena. La mujer oriental se alejó con las bolsas, acompañada de otras dos, más jóvenes que ella pero también orientales. Liang es la encargada de la cocina, le dijo María Rosa a doña Susana. ¿Cocina?, ¿ahí?, se preguntó doña Susana mientras más gente, de distintas edades y razas, iba saliendo desde otros rincones.</p><p>Perpleja y con ganas de devolverse a la sala de pasajeros, poco a poco doña Susana fue comprendiendo que los que estaban ahí no habían logrado llegar a su destino. La invadió el terror. Temió que ella no pudiera regresar a Somoto con el cuerpo de su hijo o que ni siquiera lograra salir de esa bodega. Y temió más cuando Epifanio le dijo, espere aquí, póngase cómoda, voy a avisarle a Roca.</p><p><em>(Cerrará Marta Sanz.)</em><strong>Marta Sanz</strong></p><p><em>*Sergio Ramírez es escritor. Su último libro es Sara (Alfaguara, 2015).</em><strong>Sergio Ramírez</strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/sara/ES0139613" target="_blank">Sara </a></p><p><em>*Almudena Grandes es escritora. Su última novela es </em><strong>Almudena Grandes</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-pacientes-del-doctor-garcia/252790" target="_blank">Los pacientes del doctor García</a><em> (Tusquets, 2017).*Jorge Franco es escritor. Su último libro, </em></p><p><strong>Jorge Franco </strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/el-mundo-de-afuera-premio-alfaguara-de-novela-2014/ES0138849" target="_blank">El mundo de afuera</a><em> (Alfaguara, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Ramírez | Almudena Grandes | Jorge Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El viaje de doña Susana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El alma como purgatorio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alma-purgatorio_1_1145741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/30c2271c-83e4-4b49-9127-06084269a3e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El alma como purgatorio"></p><p>La violencia, el matar y morir por "fierro" (revólver en la jerga del sicario, el asesino de Medellín, Colombia), es una flor exuberante, endémica, en el lodazal pestífero de la podre humana. A la germanía del sicario, la de las miserables comunas de la ciudad alta, se la llama "parlache". Y a las novelas que entre 1985 y 1995 retrataron a estos asesinos, novelas donde se habla parlache mientras se mata y se muere, se las denomina "sicarescas", remedando en ese tipo social un tronco común hispano.</p><p>Sin embargo, en <em>La Virgen de los sicarios </em>(Punto de Lectura, 2006, publicada por primera vez en 1994), de Fernando Vallejo, novela de aquella época y de la misma genealogía, la violencia ya no es responsabilidad del sicario, ya no es el mal que hay que erradicar ni la consecuencia ni tampoco la causa del fracaso de un programa de redención civil, patriótico, mansamente ilustrado. La violencia se ha hecho costumbrismo, amuletos supersticiosos o peregrinación a la Virgen de Sabaneta, María Auxiliadora, todos los martes, para obtener protección y tener buena puntería. El exterminio, la venganza aplazada, la instantánea, el disparo caprichoso, el cabal, la ilegítima defensa y a veces la legítima. La violencia se ha desleído en el alma de Colombia y en la del yo narrador, que cubre de palabras desquiciadas e insomnes un incesante reguero de sangre por las calles de Medellín –otras veces "Medallo" o "Metrallo"–, cadáveres sucesivos, cada cual con su disparo, una "señal de ceniza en la frente" o una "pepita de eternidad en el corazón".</p><p>Recorriendo el infierno alegórico de esta Medellín impía, como <strong>Dante </strong>de la mano de <strong>Virgilio</strong>, girando en círculos repetidos, camina aquí dos veces la misma pareja de enamorados: Fernando y el "Ángel Exterminador", Alexis, un hermoso efebo; y de nuevo Fernando y ahora Wílmar (el asesino de Alexis, su doble), otro bello delincuente juvenil. Vivir es un laberinto sin salida. Dos veces la misma dulce pareja de amantes peregrinos: el que mata y su cómplice; dos veces un gramático a las puertas de la vejez y un pistolero impasible.</p><p>En el hilo narrativo confluyen tres impulsos parciales que se retroalimentan: un  amor extremo, una jerga delictiva y la rutina del crimen: a más asesinatos, más inmersión lingüística; y a más cadáveres y más dominio jergal, más devoción recíproca de la pareja. Mientras mata, Alexis enseña a Fernando el habla callejera; y este la registra a modo de trabajo de campo no solo para adoptarla con rapidez sino para traducirla al lector con ingenioso sarcasmo lexicográfico: "[…] Déjame que la próxima vez saco el fierro'. El fierro es el revólver. Yo al principio creía que era un cuchillo pero no, es un revólver. Ah, y transcribí mal las amadas palabras de mi niño. No dijo 'Yo te lo mato', dijo 'Yo te lo quiebro'. Ellos no conjugan el verbo matar: practican sus sinónimos". Al mismo tiempo, Fernando sermonea a Alexis, o sea, le explica la vida, la estiliza en palabras siguiendo la fórmula quijotesca de imponer una <em>weltanschauung</em> culta a un muchacho estancado en el ruido del punk, los vallenatos, el fútbol y las telenovelas. Pero, al igual que a Alexis y a Wílmar, el yo enunciador también se dirige al lector, a nosotros. Para ello mantiene el mismo registro coloquial que usa con los otros personajes, propiciando un espacio de enorme expresividad donde lo escuchamos más que lo leemos, tal que en la calle, mientras figuradamente paseamos junto a él y sus jóvenes pistoleros. Pero, al mismo tiempo, se aleja de quienes lo rodean cuando hace valer una –digamos– distinguida marginalidad, puesto que Fernando ha vivido tres fracturas vitales: dos épocas enemigas (el pasado dichoso de la infancia y el horrendo presente de la vejez), dos nacionalidades (la expatriación de Colombia y el regreso al país sin sentirse ya colombiano) y dos condiciones socio-culturales antagónicas (la suya, de intelectual cultivado pero residual e incomprendido, y la de las comunas populares, masiva, pero analfabeta y degenerada). Investida por el saber superior que presuntamente le confieren estas experiencias vitales y por la llaneza oral del estilo, emerge un torrente verbal desquiciado, asertivo y maniqueo (de "diatriba" y "discurso unipersonal delirante" lo califica la estudiosa <strong>Aileen El-Kadi</strong>), también a veces francamente humorístico, que va cobrándose impresiones de la ciudad por la que camina (certeras sin duda, descarnadas), para transferirles de inmediato toda suerte de evocaciones, explicaciones y juicios de valor, unas veces impregnados de nostalgia, otras de asco y hastío.</p><p>El problema surge cuando el lector percibe, de un lado, que la primera persona ha cegado cualquier distancia o contraste crítico (otras voces, otros puntos de vista), es decir, cuando percibe que el yo-Fernando ha ocupado por completo el espacio ficcional adueñándose de todos las interpretaciones en juego. Y de otro lado, cuando detecta la anemia racional y moral que debilita el chorro de opiniones y argumentos de ese yo. La impresión que nos acompaña es la de hallarnos ante un intelectual atrabiliario e iracundo que banaliza hasta el sinsentido cualquier amago de examen o valoración acerca de la realidad (Medellín, Colombia, la violencia) y lo que es peor, que acaba por ser cómplice y coautor de los asesinatos de sus amantes mientras se vacía alegremente de toda responsabilidad moral. Nada merece ser pensado ni contado –parece sugerir– porque es sabido que el mundo y la vida humana no son otra cosa que un pudridero. Consignada esta evidencia ineluctable, el pasado, extinguido, se vuelve una ilusa figuración romántica; el presente –como sostenía el <strong>Baroja </strong><em>shopenhaueriano</em>– es algo feo, turbio, doloroso e indomable; y el futuro ha sido cancelado, deglutido por la muerte. "Si uno ve la verdad escueta se pega un tiro".</p><p>Sin embargo, por detrás de tanta desesperanzada lucidez, asoma sin disimulo la hiperbolización del cinismo: a lo mejor mi sufrimiento –el de Fernando– es verdadero; o a lo mejor no lo es tanto –con serlo–, y entonces todo es risible e irónico, como caóticamente intrascendente, una excusa para cobijarse plácidamente en la negación absoluta y en los fuegos artificiales del ultraje y la irreverencia. Es decir, se exaspera el descreimiento de todo para defender un territorio moral inmaculado, dentro de uno mismo, no se sabe cuál, pero desde el que no ser nada más que uno mismo. En este libro se perpetúa la vieja dicotomía civilización/barbarie solo que desplazada e interiorizada por esta subjetivad dogmática: la civilización es la pureza lírica que habita en la niñez, el deseo sexual, la música clásica, el silencio y los perros. Un mundo y un orden previos a todo conflicto, es decir, un mundo sin palabras. Y la barbarie es, sencillamente, todo lo demás, incluso el mismo narrador, la faramalla barroca de las apariencias, el mundo como despojo alegórico. Una dicotomía que se resuelve definitivamente improductiva, ni positivista ni fenomenológica: posmoderna.</p><p>Alguien ha hablado de que la literatura contemporánea nace, en muchos casos, de una profunda negación de la realidad. Acaso lo que haya quedado aquí sea una poética de la abominación, de la abominación de la realidad y de la propia ficción en tanto que artificios del alma contemporánea. Esto no es una novela; el género humano no mereció el verbo y no le fue concedido; y, a lo mejor, las palabras no son —contra el silencio o la música— más que espasmos violentos de una naturaleza hecha de sombras y culpa.</p><p><em>*Eugenio Alemany es profesor de Literatura. </em><strong>Eugenio Alemany</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eugenio Alemany]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El alma como purgatorio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer, tan viejo como la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leer-viejo-vida_1_1145734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3f61c1e5-08d0-4ed0-93b6-41c2571490d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer, tan viejo como la vida"></p><p><em>Este ensayo pertenece a </em><a href="http://forcolaediciones.com/producto/margen-interno/" target="_blank">Margen interno</a><em>, recopilación de ensayos y semblanzas de Juan Malpartida que acaba de editar el sello Fórcola.  ____________________________</em><strong>Juan Malpartida</strong></p><p>La pasión de la lectura tiene su reverso: la lectura de una pasión. No creo que sea exagerado afirmar que la lectura es connatural a todo lo viviente. Sin duda esta afirmación se apoya en una extrapolación del darwinismo, recordando que todo lo que vive está inserto en un medio, de las primeras bacterias, no nucleadas, a las eucariotas, y desde éstas y los primeros microorganismos al resto del mundo vivo actual. La reacción efectuada por un organismo individual (unicelular, en este caso), armado de una pared que le otorga identidad, es un acto de lectura. Todo lo que vive lee, en alguna medida, su contexto. El medio es un contexto, un tejido de relaciones del que forma parte cualquier identidad que pretende permanecer y perpetuarse. La bacteria que reacciona ante un tipo de peligro y se agrupa con otras para defenderse, hace una lectura (sin duda inconsciente, como la mayoría de las lecturas) que unos 3.800 millones de años después adopta, en la especie <em>Homo sapiens, </em>la forma conceptual de "bueno" y "malo". Es evidente que la naturaleza no es un lenguaje en el sentido en que lo es la escritura egipcia, la protocuneiforme sumeria y cretense, y el resto de los sistemas simbólicos modernos. Pero no creo que sea descabellado ver en nuestra escritura silábica y su sintaxis un extremo maravillosamente complejo de la capacidad de todo lo que vive, así sea la prístina reacción ante el medio que he descrito de la bacteria, para otorgar, en función de la acentuación de cualquier identidad viva, significados.</p><p>  </p><p>No somos el único animal con capacidad simbólica, y se puede hablar con propiedad de la inteligencia animal y vegetal, pero somos el animal que ha convertido el símbolo y el desciframiento del medio en una cultura, en el sentido de que la transmitimos de unos a otros a través de nuestra convivencia (no a través de los genes). No heredamos lo sabido, aunque en alguna medida lo que hemos hecho culturalmente ha influido en nuestra naturaleza. El desarrollo de la capacidad verbal ha sido favorecido por la evolución porque ha sido positivo para la supervivencia de individuos y colectividades. Algunos antropólogos han visto en este desarrollo una de las posibles causas del predominio del <em>Homo sapiens </em>sobre el <em>Neanderthal </em>(que en alguna medida sobrevive en nuestros genes). Quien puede hablar, tiene posibilidades de transmitir conocimientos cruciales a la hora de encontrar comida, referirse a sucesos pasados o inminentes, refugiarse u organizar una batida.</p><p>Hablar es leer (comprender determinadas manifestaciones como significativas); y entender el habla es leer los sonidos, una ristra seguida de sílabas maravillosamente articulada, que inconscientemente separamos. La pasión de leer ya estaba implícita en la pasión de hablar, que es la de comprender lo que decimos. A diferencia del resto del mundo animal, el hombre, al hablar, lee lo que dice. ¿No es acaso este bucle el de la cultura humana? Por el acto de leer (no visual, mental) lo que digo, desembocamos, como especie, en la sintaxis. Y debido al significado de este bucle, nos salimos, en alguna medida, de la naturaleza. Ciertamente, no nos salimos del mundo, porque ese acto de lec- tura es un pliegue, no exento de misterio que, al autorreflejarse, se abre como conciencia de sí. La pasión de leer, cuyo motor es el impulso de comprender, si bien se apoya en la totalidad de lo vivo –quiero decir, que hay una compleja deriva evolutiva que lo explica– es la que nos define como humanos. Nada más racional que nuestro lenguaje; nada más sentimental.</p><p>Pero leer es también distraerse. Cuentan que un monje se distrajo en el campo oyendo cantar a los pájaros, y cuando volvió al convento no lo reconocieron. El instante de la distracción (como un viajero a una velocidad cercana a la de la luz en la teoría de la relatividad) se había medido, muros adentro, por años. En <em>Las mil y una noches</em>, Sherezade sostiene su vida distrayendo a su amenazante rey con cuentos. ¿Cómo no ver en ese rey una encarnación terrible del tiempo? La lectura es una operación metafórica, un puente que nos lleva al otro lado; pero por muy lejos que nos lleve nunca nos aleja de nosotros mismos. Aunque, ¿qué significa "nosotros mismos"? Bajo la curva invisible de ese arco fluye un secreto que nunca podrá ser revelado del todo salvo por las formas que adopta el cuerpo metafórico de la narración: el poema, el érase una vez, el otro tiempo donde "<em>Si je me souviens bien, ma vie était un festin où s’ouvraient tous les coeurs</em>" (<strong>Rimbaud</strong>). Gracias al arco que tiende la lectura dentro de nosotros mismos, salimos de la cueva del yo y su ogro de un solo ojo. Leer es un acto que nos descubre aquello que <strong>Antonio Machado</strong> nombró como "la esencial heterogeneidad del ser". ¿No comienza toda la diversidad de la vida con la traducción de un código (a través del ARN) que nunca es idéntico a su origen? En el origen de la vida hay un traductor, un mediador de lo vivo a lo vivo, una alteración que desemboca en el apasionado e inacabable alterne que significa vivir, hablar, leer.</p><p><em>*Juan Malpartida es escritor. Su último libro es </em><strong>Juan Malpartida</strong><a href="http://forcolaediciones.com/producto/margen-interno/" target="_blank">Margen interno</a><em> (Fórcola, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Malpartida]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 78]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La narrativa breve de Juan Marsé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/narrativa-breve-juan-marse_1_1145723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cc2bbd91-8abf-4bff-b14e-d3d64f42f272_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La narrativa breve de Juan Marsé"></p><p><a href="https://www.megustaleer.com/libro/coleccion-particular/ES0152560" target="_blank">Colección particular</a> (Lumen) no es, en rigor, una <em>antología</em> de los cuentos y novelas cortas de <strong>Juan Marsé</strong>, sino tal como anticipa el título una <em>colección particular</em> escogida por el autor, compuesta por textos de distinta naturaleza, cuya principal novedad estriba en que aparezcan revisados y en la inclusión de un inédito, aunque se trate del esquema para un guion de cine que ni siquiera llegó a entregar, por desavenencias con el director <strong>Fernando Trueba</strong>. El título, además, podría entenderse como un homenaje a <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>, con quien Marsé mantuvo una estrecha amistad, cuya <em>Colección particular</em> (1969), su primera recopilación de poemas, escritos entre 1955 y 1967, apareció en Seix Barral. La denominación proviene también de una de las narraciones, inédita en libro, aunque tampoco resulté improbable que deseara distanciarse explícitamente del concepto de <em>antología</em>, la cual suele hacerse con criterios fundamentados en la historia literaria y en la calidad o representatividad de las piezas escogidas, frente a la <em>colección particular </em>que podría entenderse como una elección más personal, e incluso subjetiva y caprichosa.</p><p>El conjunto aparece dividido en tres partes, a las que sigue una útil “Nota sobre los textos”, donde se nos recuerda los principales datos bibliográficos de las narraciones. En la primera se recoge tres de los cuentos del libro <em>Teniente Bravo</em> (1987), del cuarto relato ya se había prescindido en las ediciones de 1997 y 2000, en Plaza&Janés y Lumen, el cual es el único volumen de narraciones breves que ha publicado, junto con un útil apéndice que incluye dos documentos relacionados con estas piezas. La segunda parte está compuesta por otros cinco relatos, con la particularidad de que uno de ellos, “Noticias felices en aviones de papel” (2014), fue publicado como una novela corta independiente. Y, por último, en la tercera se recoge una narración que apareció por entregas en <em>El País</em>, “Colección particular”, y el citado guion, que en mi opinión desentona en este conjunto.</p><p>  </p><p>El libro <em>Teniente Bravo</em> ha gozado siempre de una gran aceptación, pero quizá haya sufrido el inconveniente de haber aparecido muy tarde en la trayectoria del autor, un caso semejante al de <strong>Juan Eduardo Zúñiga</strong> y <strong>Rafael Sánchez Ferlosio</strong>, cuyos primeros libros de cuentos, <em>Largo noviembre de Madrid</em> (1980) y <em>El geco. Cuentos y fragmentos</em> (2005) son tardíos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que los principales volúmenes de relatos de los miembros de su generación, y de los autores aledaños, se publican entre 1958 (<em>Cabeza rapada</em>, de <strong>Jesús Fernández Santos</strong>) y 1967 (<em>Gente de Madrid</em>, de<strong> Juan García Hortelano</strong>), y entre ambos libros aparecen obras del calibre de <em>El corazón y otros frutos amargos </em>(1959), de <strong>Ignacio Aldecoa</strong>; <em>La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco y otros cuentos</em><strong>Francisco Franco</strong> (1960), de <strong>Max Aub</strong>; <em>Las ataduras </em>(1960), de <strong>Carmen Martín Gaite</strong>; <em>Historias de la Artámila</em> (1961), de <strong>Ana María Matute</strong>; <em>Nunca llegarás a nada</em> (1961), de <strong>Juan Benet</strong>; <em>Cuentos republicanos</em> (1961), de <strong>Francisco García Pavón</strong>; <em>Viejas historias de Castilla la Vieja</em> (1964), de <strong>Miguel Delibes</strong>; <em>Las noches lúgubres</em> (1964), de <strong>Alfonso Sastre</strong>; y <em>Los conspiradores</em> (1964), de <strong>Daniel Sueiro</strong>.</p><p>En suma, el primer y único libro de cuentos de Marsé le llega al lector durante la Transición, junto a los de una generación posterior, aunque no menos brillante, formada por <strong>Luis Mateo Díez</strong>, <strong>José María Merino</strong>, <strong>Cristina Fernández Cubas</strong>, <strong>Esther Tusquets</strong>, <strong>Juan José Millás</strong>,<strong> Álvaro Pombo</strong>, <strong>Enrique Vila-Matas</strong>, <strong>Javier Marías</strong>, e incluso los más jóvenes <strong>Antonio Muñoz Molina</strong> e <strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong>. Por eso quedó Marsé fuera de las antologías de cuentos más relevantes, empezando por las tres distintas ediciones de la clásica recopilación de García Pavón.</p><p>Algunos de los relatos son fruto asimismo del encargo, para formar parte de volúmenes tan artificiales como <em>Fin de milenio</em> (1990) y <em>Cuentos de la isla del tesoro</em> (1994), recopilaciones que pasaron con más pena que gloria, y otros producto de la espontánea creación del autor, como ocurre con “Teniente Bravo” y en “Historias de detectives”, quizá los mejores cuentos de Marsé, a los que añadiría la excelente novela corta <em>Noticias felices en aviones de papel</em>.</p><p>Por ello, estando casi todas estas narraciones estrechamente vinculadas con el mundo, los personajes y los motivos habituales de nuestro autor, podríamos hacer una distinción entre los cuentos que son claros antecedentes de novelas y aquellos otros que comparten su mundo característico. Así, a la primera categoría pertenece “Parabellum” (1977), donde arremete contra el olvido y las componendas de la memoria, apuntando a los poetas de la revista <em>Escorial</em> y a los falangistas arrepentidos (<strong>Pedro Laín Entralgo</strong> y su <em>Descargo de conciencia</em>, <strong>Dionisio Ridruejo</strong> y <strong>Luis Felipe Vivanco</strong>), pues se trata de un primer esbozo de la historia de <em>La muchacha de las bragas de oro</em> (1978). En cambio, en “El pacto”, publicado en la misma fecha, cuestiona los acuerdos a los que se llegaron en la Transición, sus <em>olvidos</em>; mientras que “Historias de detectives”, “El fantasma del cine Roxy” y “Colección particular” comparten el mundo propio de su novelística, anticipándose o prolongándolo. Pienso en <em>Si te dicen que caí</em>, <em>Un día volveré</em>, <em>Ronda del Guinardó</em>, <em>El amante bilingüe</em>, <em>El embrujo de Shanghai</em> y <em>Esa puta tan distinguida</em>, que aquí se reiteran en algunos de sus motivos recurrentes: las <em>aventis</em>, los niños pandilleros, la obsesión por los olores (<em>catipén</em>), la tos pedregosa, los vagabundos, “la gente que se desploma de debilidad, de miedo, de tristeza” (p. 85), sus habituales adjetivos, como <em>herrumbroso</em>, <em>fati</em>, <em>furioso</em>, <em>furtivo</em>, <em>leproso</em>, <em>rabioso</em> o <em>rapiñoso</em>, los chicos con la cabeza rapada, el polvo de reclinatorio en las rodillas de las niñas, los chasquidos de las ligas de las chicas, los viejos mochales, etc. Y claro, las obsesiones y burlas habituales del autor con el Caudillo, los <em>falangios</em> o falangistas, el padre de la patria, <strong>Jordi Pujol</strong> (la realidad ha convertido en benévolos los más acerados juicios de nuestro autor) o el escritor <strong>Baltasar Porcel</strong>; además de su aversión al cine de ideas, la basura televisiva, los intelectuales y a las etiquetas de moda: frente a la dicotomía entre novela urbana y novela social, se decanta con ironía por la <em>novela escalibada</em> (p. 223). Por contra, manifiesta una vez más el gusto por los antifaces, los ventrílocuos y disfraces varios, así como por los cambios de nombre; no en vano, podría decirse que el autor aparece en estas narraciones reencarnado en Juanito Marés, Mingo Roca o Faneca, variantes de sus propios nombres: el familiar y el biológico.</p><p>El cuento que da título a <em>Teniente Bravo </em>es un relato tragicómico sobre el empecinamiento de un militar, el cual queriendo poner a prueba a sus reclutas, acaba humillado; o bien, como un relato oral, un chiste, llega a transformarse en un cuento literario. “El fantasma del cine Roxy” supone un homenaje al cine que prefiere Marsé, sustentado en un ácido diálogo entre el director y el guionista que lo cuestiona, procedimiento que ha utilizado en otras ocasiones para exponer sus ideas. <strong>Serrat </strong>compuso una canción inspirada en este relato. Y en “Historias de detectives” Mingo Roca recuerda un episodio de su infancia, junto a aquella pandilla de <em>trinxas</em> encabezada por Juanito Marés, cuando jugaban a espías y detectives, aunque en esta ocasión, más que <em>salvajes</em>, los jóvenes detectives sean contadores de <em>aventis</em>, persiguiendo a la gente para luego contarse lo que había sucedido e inventarse aquello que les hubiera gustado que ocurriera. En este cuento, en fin, Barcelona aparece como “la ciudad aterida y promiscua”, “lejana y andrajosa” (pp. 50 y 53).</p><p>La segunda parte se inicia con “Parabellum” y “El pacto” los cuentos más antiguos del conjunto, pues ambos datan de 1977, a los que ya me he referido. “La liga roja en el muslo moreno” es un cuento erótico en el que un joven “maníaco sexual”, “un violador sentimental”, tal y como él mismo se define, partidario de lo que denomina “la paja conversatorio” (pp. 190, 192 y 194), aterroriza a una prostituta colándose en su casa, aunque la narración se cierre con una sorpresa. En “El escritor desleído” Marsé narra una pesadilla que se cumple, pues un escritor que no quiere participar en los medios va desapareciendo poco a poco, incluso físicamente, anticipándose a <em>Desmontando a Harry</em>, de <strong>Woody Allen</strong>. Pero, en suma, se trata de una sátira de la televisión, de algunos escritores y artistas mediáticos, como <strong>Cela</strong>, <strong>Sánchez-Dragó</strong> (el “monito presentador“ o el “monito dicharachero”, pp. 222 y 223) y<strong> Antonio Gala</strong>; de los catalanes Baltasar Porcel (paradigma del escritor trepa), <strong>Lluís Llach</strong> (“un cantautor catalán<strong> </strong>con voz de cabra enamorada”, p. 234), o bien el director de cine <strong>Antoni Ribas</strong> y <strong>Mossèn Ballarín</strong>, autor del superventas <em>Mossèn Tronxo </em>(1989); así como de la “prosa psicodélica” de <strong>Julián Ríos</strong> y de pintores como Tàpies.</p><p>Por último, el tema de <em>Noticias felices en aviones de papel</em> es la memoria, “la abeja muerta que pica”, metáfora que proviene del personaje borrachín interpretado por <strong>Walter Brennan</strong> en <em>Tener o no tener </em>(1944), película de <strong>Howard Hawks</strong>, que a su vez es una adaptación de la novela de <strong>Hemingway</strong>. Es, pues, un relato sobre el acceso a la madurez de Bruno, un joven que va conociendo el dolor, la amistad, el sufrimiento y el peso de la historia, pero también la solidaridad y la compasión. No en balde, la progresiva demencia de la anciana señora Pauli, quien en su juventud había padecido la terrible experiencia de la invasión de su país, Polonia, el antisemitismo y la muerte de sus allegados, acaba imponiéndose. Los recuerdos se condensan en las fotos que tiene enmarcadas en su casa, resumiendo su pasado y remitiéndonos a un tiempo de violencia y horror: la de sus padres; la foto con su hermana; la de Michal, su novio polaco boxeador, en 1939; y la de los siete muchachos en el gueto de Varsovia, entre ellos Janek, Michal y Oskar, instantánea que se reproduce en el libro. Tras haber padecido el egoísmo y la degradación de su padre, ahora reconvertido en “un vagabundo pirado, un mangante, un ventrílocuo vendedor de imposturas y patrañas”, el joven Bruno primero lo rechaza porque los había abandonado, mostrándose resentido con los adultos, aunque luego aprenda a apreciarlo; pero también logra distinguir entre los delirios de la anciana, cuanto poseen de auténticos recuerdos vividos, de la misma forma que los lectores acabamos entendiendo el porqué de su extravagante conducta. Por su parte, los chicos de la calle enlazarán pasado y presente, Varsovia y Barcelona. Por tanto, al igual que la señora Pauli nunca pudo desprenderse del balcón de su casa en el gueto de Varsovia, de sus recuerdos, tampoco Marsé consigue olvidarse de su infancia, de aquellos kabileños sin escuela que –nos dice— fuman y sueñan en la calle.</p><p>Los dos textos que componen la tercera parte, “Colección particular” y “Conócete a ti mismo, Fritz”, son los que el autor más ha dudado en incluir, no sin motivo. El primero, cuya acción transcurre “en la Barcelona amedrentada, aplastada y gris de la postguerra” (p. 319), el narrador, el mismo Juan Marsé, recuerda algunos episodios de su vida y anuncia espacios y personajes de <em>Si te dicen que caí</em>, <em>Ronda del Guinardó</em> o <em>El embrujo de Shanghai</em>, como el colegio del Divino Maestro, de la calle del Laurel, donde estudió, o el servicio militar en Ceuta, la librería-trapería de Java, el personaje de Palau, Rosita y las niñas de la Casa de Familia, la señora Concha, conocida como la Betibú, y su marido, el capitán Blay, quien vive como un topo. En esta narración compone un trabalenguas con la palabra <em>salutante</em>, reduciendo al absurdo tanto el patriotismo como el terror de la posguerra (pp. 326-328).</p><p>Marsé empezó su trayectoria como escritor publicando cuentos, que datan de los años cincuenta del pasado siglo. A <strong>Enrique Turpin</strong>, autor de la edición de sus <em>Cuentos completos</em>, le explicó por qué no siguió cultivando el género: “No escribí cuentos, entre otras cosas, porque no los pagaban, o los pagaban mal (...), los editores tampoco se mostraban entusiastas (...), con lo cual me decidí por la novela. Según los editores, el cuento no vendía, y el público también era reacio a ellos”. Y a pesar de todo ello, resulta indudable la importante presencia que tiene en la obra de Marsé tanto el cuento literario como la tradición del relato oral, cuyo mejor ejemplo serían las <em>aventis</em>, o la gestación del cuento “Teniente Bravo”.</p><p><em>*Fernando Valls es profesor de literatura y crítico literario. </em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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