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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 81]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-81/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 81]]></description>
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      <title><![CDATA[Poli bueno, poli malo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poli-bueno-poli-malo_1_1146585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7aa90bf-5559-42ee-80d0-899401078017_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poli bueno, poli malo"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>La sirena de GibraltarLeandro PérezPlanetaBarcelona2017</strong><em>La sirena de Gibraltar</em></p><p>  </p><p>Hasta que no aparece muerta en el Manzanares, Juan Torca no cae en la cuenta de que la mujer rescatada de sus aguas con hormigón en sus piernas –Rebecca Cruz–, tiene relación con él. Días antes rechazó el encargo de asesinar a dos prostitutas gibraltareñas. Y una de ellas, debía aparecer precisamente en el Manzanares. La otra tendría que morir en aguas del Peñón. Desde que se topa con el rescate del primer cuerpo, Torca se empeña –como si en ello le fuera la vida– en buscar al asesino para evitar así, la segunda muerte. Porque está claro que su cliente encontró quien le hiciera el trabajito.</p><p>Con esta presentación tan atractiva nos engancha <strong>Leandro Pérez</strong> para que sigamos los pasos de Torca. No sabemos muy bien de su pasado, pero el autor da pistas sobre la oscuridad del mismo. Ha estado en muchas batallas con muertos a sus espaldas y la limpieza de sus actos no está precisamente garantizada. ¿Es un asesino, mercenario, mata con argumentos? En esta novela eso no importa tanto, como los intentos de que Torca nos caiga bien. Su ambigüedad desconcierta para bien y para mal (desconozco cómo lo pinta en la primera novela de la saga, <em>Las cuatro torres,</em> que precede a <em>La sirena de Gibraltar</em> con este personaje como protagonista).</p><p>El lector tendrá que decidir cuánto le gusta el tal Torca, pero es cierto que la ambigüedad es buena carta de presentación para atraparte. Si sumamos a sus "compadres", compañeros de fatigas del pasado igual de oscuro, Leandro Pérez se hace a las primeras de cambio con los que somos curiosos. ¿Quiénes son? ¿Qué fue lo que compartieron para que esté garantizada la lealtad entre los miembros del grupo?</p><p>Lean, analicen y <em>compren</em> si quieren, como diría la campaña de publicidad que quiere que nos llevemos a casa el producto. Leandro Pérez nos presenta la oferta y el recorrido de Torca para atrapar al responsable de la macabra muerte mientras tiene que vérselas con su propio hijo. Rodrigo es policía –de los <em>buenos</em>–, también investiga la muerte y no tiene muy claro, hasta qué punto su padre está <em>metido </em>en el asunto.</p><p>Sorprende la implicación de Torca. No para hasta que da con la hermana de la asesinada, que podría ser la segunda ahogada con hormigón en las piernas. Cuando la encuentra será su sombra. No cuadra mucho la personalidad de Torca con su actitud paternal. Será el juego –por esta y otras cuestiones– del autor para que decidamos si es un <em>vaquero</em> tan malo como aparenta.</p><p>En todo caso, es cierto que el ritmo es bueno. Rápido. Como sus diálogos. Me encantan las frases cortas cuando se usan de forma adecuada con el fin de generar esa agilidad que Leandro Pérez persigue y consigue. En realidad, la novela se ventila en cuestión de horas con nervio de <em>thriller</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>y un fondo negro. Un aderezo que suma ingredientes para entretener de manera acertada.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Poli bueno, poli malo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Encuentros entre libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/encuentros-libros_1_1146580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d5098f7-c084-499f-adf3-1ba1aba3988a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Encuentros entre libros"></p><p><em>El Centro Cultural Blanquerna abrió sus puertas en Madrid, en 1993. Desde los inicios, su misión se ha centrado en la difusión de la cultura catalana en la capital del Estado. Sus programas han facilitado el conocimiento de la realidad histórica y cultural de Cataluña, en un marco de diálogo, entente y reconocimiento con otras lenguas y culturas de España, a las cuales el espacio del Centro ha acogido. El 2016, su denominación pasó a ser Centre Cultural-Librería Blanquerna (CCLB). La nueva marca quiere enfatizar la ensambladura e interrelación de las partes del binomio (centro y librería) en la acción del Gobierno de la Generalitat en Madrid, respecto de la realidad cultural de Cataluña.Estas son sus recomendaciones. </em><a href="http://delegaciomadrid.gencat.cat/ca/inici/" target="_blank"><strong>Centro Cultural Blanquerna</strong></a></p><p>________________________</p><p>  <strong>El dia que va morir David BowieSebastià PortellLa breu ediciónsBarcelona2016</strong><em>El dia que va morir David Bowie</em></p><p>  </p><p>De corte puramente posmoderno y con temáticas que combinan la lengua viva y el problema de una cruda realidad, a veces grotesca, <strong>Portell</strong> consigue enmarcar en esta pequeña joya un collage construido a partir de piezas de un joven y desorientado protagonista. De un modo u otro, el joven escritor isleño refleja en una breve pero intensa novela de un mundo que baraja las altas y bajas pasiones y en el que intentamos encajar a pesar de las circunstancias. ¿Dónde estabas tú el día en que murió <strong>David Bowie</strong>? </p><p><strong>Tantes Mudes / Tantas mudasMireia CalafellPerifèric poesía / Stendhal BooksL'Hospitalet de Llobregat2017</strong><em>Tantes Mudes / Tantas mudas</em></p><p>  </p><p>De la poesía de juventud a la consolidación de un talento poético evidente, <strong>Mireia Calafell</strong> regresa al valle de los versos con una obra de madurez a partir de la polisemia y la conjugación amorosa. <em>Tantes mudes </em>parte de una metáfora matriz que combina las diferentes acepciones de la palabra muda en tres categorías gramaticales correspondientes a las tres partes de esta intensa obra poética que nos invita a recorrer el género, la circunstancia y aquellos sentimientos que creíamos perdidos, pero no pudimos olvidar.</p><p>  <strong>Coses aparentment intranscendents i altres contes / Cosas aparentemente intrascendentes y otros cuentosPere CaldersNórdicaMadrid2017</strong><em>Coses aparentment intranscendents i altres contes / Cosas aparentemente intrascendentes y otros cuentos</em></p><p>  </p><p>A caballo entre vanguardia, posguerra y posmodernidad, la importancia del humor en la narrativa breve de <strong>Calders</strong> pone una vez más en relieve la importancia de la literatura comparada en el ámbito nacional a través de temas como la muerte o situaciones absurdas inscritas en un lenguaje cotidiano, y que tiene el sarcasmo como elemento vehicular. Esta maravillosa antología ilustrada por Nórdica destaca por la profunda carga de humor y la cordialidad a través de un tono lírico y a la vez natural que, de algún modo, recupera a uno de los pioneros del realismo mágico en Cataluña.</p><p>  <strong>Tirant lo Blanch (Ed. Il.lustrada) / Tirante el Blanco (Ed. Ilustrada)Joanot MartorellAdaptación de Josep Vicent Miralles Ilustraciones de Paula BonetLlibres de la DrassanaValència2017</strong><em>Tirant lo Blanch (Ed. Il.lustrada)</em><em>Tirante el Blanco (Ed. Ilustrada</em></p><p>  </p><p><strong>Paula Bonet</strong> introduce el género de caballería en el de la novela gráfica de un modo retro y fresco a la vez, abriendo un portal hacia el pasado del caballero bretón <em>Tirant</em>, protagonista de uno de los clásicos más relevantes de la literatura catalana medieval e universal. Esta versión, adaptada por <strong>Vicent Miralles</strong> e ilustrada por Bonet, representa el verdadero hilo rojo entre los clásicos y su importancia en la literatura de la posmodernidad.</p><p><em>*Puedes encontrar el Centre Cultural-Librería Blanquerna (CCLB) en la calle de Alcalá, 44, de Madrid o en su página web. </em><strong>Centre Cultural-Librería Blanquerna (CCLB)</strong><a href="http://delegaciomadrid.gencat.cat/es/centre_cultural_llibreria_blanquerna/centre_cultural/activitats/cicles-centre-cultural/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Centre Cultural-Librería Blanquerna (CCLB).]]></author>
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      <title><![CDATA[Influjo lunar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/influjo-lunar_1_1146579.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c0618b29-8f27-4915-9573-d788e9229042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Influjo lunar"></p><p><em>Nuestra colaboradora Carmen Peire acaba de publicar el libro de relatos </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017). Recogemos el relato “Influjo lunar” en cuatro entregas de las que ahora publicamos la segunda.</em></p><p>________________________</p><p>  <strong>Magia</strong></p><p>Machaca entre dos piedras la tierra rojiza y el polvo que extrae lo ensaliva para que tome consistencia. La cueva está cerca del mar y los hombres han ido a buscar alimento mientras ellas se encargan del fuego y de la magia, de preservar el lugar frente a los malos espíritus. Últimamente los niños nacen con el cuello largo, les cuesta mantener la cabeza. El benjamín del clan tiene la mirada perdida y está más caliente de lo que debería. El dios del fuego se ha apoderado de él y han de pintarle trazos rojos en la frente, en las mejillas, por el pecho. La mujer sabia que representa a la luna en la tribu empieza a marcar con el pulgar la cara del niño. Del cielo está cayendo el agua que alimenta la tierra y la mujerluna mira al techo y a las paredes que cobijan. Una sombra se proyecta sobre los relieves, contempla su mano y de nuevo la pared. Súbitamente se impregna la palma de rojo y la estampa. Más o menos coincide, su visión ha sido certera. Llama entonces a la madre del niño enfermo: dame tu mano, dice, y la embadurna tras buscar un sitio donde pueda ponerla. Las dos contemplan, satisfechas, su obra, y la mujerluna afirma con la cabeza. Ahora está segura, las manos  protegerán al niño. Vuelve a mirar las paredes y se fija en ellas de otra manera. Coge el resto de pasta roja y dibuja una larga línea en arco y se aleja y se pone en cuclillas y luego de pie y se rasca la cabeza y ve otra parte que puede ser… y lo aprovecha y aquí un músculo y un cuerno y las patas y dibuja y retrocede y está sudando y la respiración se agita,  de nuevo en cuclillas  y se acerca y lo huele y aquí una panza y rellena y siente que vive en la pared y se aleja y se acerca y así continúa hasta que agota la pintura. De pie, ante su obra, recupera su pulso normal, sonríe y estira los brazos, mira a la madre del niño enfermo. Vivirá, le dice, y algún día llegará a ser cazador de bisontes.</p><p>  <strong>Poder</strong></p><p>Es la hora. Enheduanna termina el poema para la ceremonia en honor a la diosa Innana. La arcilla se moldea entre sus manos, el punzón va marcando la escritura y la tablilla será entregada a su padre el Rey. Aunque él la lea, todos los babilonios sabrán que es de la gran sacerdotisa. Un poema especial tras las últimas luchas intestinas y el complot que la desterró a ella del templo y a su padre del trono. Luego vino el ejército fiel y la restauración. Y ahora, la fiesta en honor de la diosa. Por eso se esfuerza en que los versos no sean tan tristes como los del  destierro: <em>yo, la que alguna vez se sentó triunfante, fui arrojada del santuario… </em>Ahora vuelve a estar donde le corresponde: <em>ha regresado a su lugar, el corazón de Innana se restaura.</em> <em>La sacerdotisa está vestida en hermosas túnicas, en femenina belleza, como en la luz de la ascendente luna… </em></p><p>Date prisa, Enheduanna, el rey Sargón espera. Desde la azotea del templo se ven las barcas de pesca que bajan por el río hasta llegar al Golfo, sombreadas por la luna llena que ocupa su lugar en el cielo. Y allá abajo la avenida de las Procesiones, esa vía paralela al río por la que tendrás que llegar hasta palacio. Piensas en lo que te ocurrió, en el destierro, destrozada tu vestimenta y rapada tu melena. Son tus manos las que cosían las túnicas de tu cuerpo y cuidaban el pelo con aceites de palma y oliva. Todo lo destrozaron, arrastrándote por el fango del Éufrates donde jugabas cuando niña; fuiste arrojada al lugar de los leprosos, tú, la sacerdotisa, la que tenía potestad para nombrar y destituir, la que podía escoger hombres para yacer una sola noche. ¿Recuerdas a qué sabe el destierro? Un sabor metálico en la boca, polvo en el cuerpo, sexo hecho ceniza.</p><p>Pero ahora es momento de alegría, solo queda vestirse para la ocasión: el gorro cónico sobre el pelo, la diadema de plata con los colgantes sobre la frente y la túnica roja encima del vestido blanco. Los pendientes de lapislázuli, las pulseras cubriendo el antebrazo hasta el codo y el gran collar de las sacerdotisas con el emblema de la diosa. El olor a azahar envuelve tu cuerpo. Ya estás preparada. La ceremonia de restauración ha comenzado. </p><p><strong>Revelación</strong></p><p>Viajaré hacia la muerte con un odre lleno de palabras. En la eternidad tendré tiempo de vaciarlo por si llego a entender lo que en vida me fue negado, pese a formar parte de las trece doncellas que sirvieron a la reina, trece fases lunares que han regido el tiempo, aunque todo está a punto de cambiar. Ésta será la última odisea y el rey, cuando vuelva, acabará con nosotras de la manera más feroz, descuartizadas y esparcidas para no dejar rastro. Y por más que piense en cómo se ha llegado a esto, no logro entenderlo. Cierto que también van a morir los pretendientes al trono,  merecido lo tienen por conspirar. Pero, ¿y nosotras? ¿Acaso no hemos servido fielmente a Penélope? Fue la reina quien nos mandó yacer con los invitados para conocer sus intenciones.</p><p>Antes de eso, intuyendo mi destino, emprendí el viaje en busca de respuestas. Llegué al monte Liqueo, donde ninguna figura proyecta su sombra, por si era ésta la que me impedía entender lo que estaba ocurriendo; me deslicé entre gigantes de cien manos que guardaban a los titanes; consumí alucinógenos en busca de una revelación y cuando parecía estar cerca de ella, se desvaneció. Vuelta a empezar como el telar de la reina, hacer durante el día, deshacer después. Y ahora, desde el puerto, viendo atracar los barcos en un atardecer luminoso y con viento, un viento que pega la túnica sagrada como una segunda piel, espero la llegada del hombre que nos dará muerte. Tal vez la eternidad  sirva para ir desgranando poco a poco, a través de las palabras que viajarán conmigo, cómo la astucia y el engaño vencieron, cómo la flecha que atravesó el asta de las trece hachas, las trece doncellas, las trece fases lunares, va a cambiar para siempre la historia.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tu casa ahora es la celeste...]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/casa-ahora-celeste_1_1146577.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8b79e3c7-db20-4ec9-89f2-972c6bb156b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tu casa ahora es la celeste..."></p><p>Tu casa ahora es la celeste,</p><p>El cielo desplomado bajo el agua,</p><p>Casa del padre que apenas ha sido,</p><p>Sólo un puñado de reflejos</p><p>Traídos y llevados por el aire,</p><p>Todo el cielo amansado,</p><p>Por encima y por debajo del cielo,</p><p>Tu imagen en las olas que se vierten,</p><p>Todo el mar en silencio,</p><p>Las olas deshojadas, sin volumen,</p><p>Todo el mar sin sabor,</p><p>Entero, ignorándose.</p><p>Enséñame la luz,</p><p>Enséñame el valor de la luz, tú, que no sabes.</p><p>  De<em> Lugares que fueron tu rostro </em>(Bruguera, 2008)</p><p><em>*José Carlos Cataño es escritor. Su último libro, </em><strong>José Carlos Cataño</strong><a href="http://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mediana/1784-la-vida-figurada.html" target="_blank">La vida figurada</a><em> (Renacimiento, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Carlos Cataño]]></author>
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      <title><![CDATA[Versos lejos del centro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/versos-lejos-centro_1_1146573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2253e6e4-bfea-4689-84c2-d10c29fec80e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Versos lejos del centro"></p><p><strong>La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015)Edición de Vicente Luis MoraVaso RotoMadrid2016</strong><em>La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015)</em></p><p>  </p><p>De entre el marasmo de publicaciones poéticas rutilantes y el fulgor de los jóvenes maestros de las redes sociales, no podíamos dejar de citar este enjundioso volumen, <em>La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015)</em>, editado por <strong>Vicente Luis Mora</strong> (Córdoba, 1970), autor prolífico que ya ha transitado por el camino del ensayo y la reflexión teórica en obras como <em>Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual</em> (Bartleby, 2006), y el más reciente <em>El sujeto boscoso. Tipologías subjetivas de la poesía española contemporánea entre el espejo y la notredad (1978-2015)</em> (Iberoamericana-Vervuert, 2016), el cual recibió el I Premio Internacional de Investigación Literaria Ángel González, entre otros textos interesantes e importantes que podríamos destacar aquí. Otros premios le avalan. Además, Mora es un excelente poeta que posee lugar propio en su generación, y su poética bien podría situarse en algunas de las diferentes franjas aquí representadas. Hay de todo en <em>La cuarta persona del plural</em>, y de calidad. Vicente Luis Mora argumenta el criterio de la excelencia como el que le movido (p. 68 y ss.): "He aquí la cuestión clave, la madre del cordero; cómo determinar los criterios de excelencia literarios; algo que siempre se suele considerar inviable, sobre todo cuando no se intenta" (<em>ibíd</em>.). La labor de Mora, por consiguiente, no puede ser más encomiable. Así que el vivero de la poesía española de las últimas décadas que muestra esta antología no responde necesariamente a cánones oficiales ni a listas de más vendidos, si bien hay autores muy leídos, seguidos y celebrados, tratándose de una apuesta que, por lo demás, también atiende a otras lenguas del Estado como el catalán, el vasco y el gallego.</p><p>A propósito de las antologías, a modo de defensa del género, no podemos dejar de señalar que son el mejor instrumento para difundir poesía o cualquier otro tipo de literatura. Desde la Antigüedad se han mostrado como la mejor herramienta de divulgación de obras que de otro modo nunca podrían haber sido conocidas. No son solo una selección y un crisol que sería inabarcable de reunir, sino un compendio de apuestas, gustos, influencias, tradiciones, generaciones, estilos, corrientes, autores, géneros, etcétera; sin olvidar que son también una manera de conservar, preservar en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, acercarnos a una antología de poesía de un país americano o centroeuropeo, es un lujo para los lectores avisados, para los estudiantes y para los especialistas. En ese sentido en España han proliferado afortunadamente —de manera quizás acusada, es cierto— las antologías, en muchos casos con textos bilingües, de culturas cercanas o no, y es de agradecer esos esfuerzos editoriales. España, en su tradición editora, necesita revitalizar su canon cada cierto tiempo. Así que la divulgación de otras culturas enriquece nuestro bagaje, y forma parte del intercambio que nos nutre. También las traducciones han mejorado ostensiblemente, y ya casi no se realizan traducciones de lenguas interpuestas. Las antologías, en general, marcan la pauta del tejido cultural y poético de un momento determinado. Son indicativas de lo que se hace o no se hace, de lo que preocupa. Si son antologías más estéticas, o más sociales. O más vanguardistas. O más en la tradición. Por sus antologías los conoceréis.</p><p>Por otro lado, que las antologías vayan conformando el canon es un tópico que no deja de ser cierto. El canon, no obstante, no es algo definitivo, y dependiendo de quién configure o compile la antología, va cambiando. Hay cánones muy poco canónicos y hay antologías que más que selecciones son repertorios o panoramas, por su amplitud o poca definición. Hay también antologías que recogen la poesía de los amiguetes. Hay antologías sin criterio ninguno. Del mismo modo que se están publicando más libros que nunca, también se están publicando más antologías que nunca, y debido a esta cuestión numérica, también es cierto que nunca ha habido tantas malas antologías como hoy día. Pero también nunca ha habido tantas buenas antologías, ya que aunque haya esfuerzos compiladores que buscan la objetividad, se olvidan de que siempre serán parciales. Además, habría que matizar que algunas de las antologías que se han publicado en los últimos años, por la ingente cantidad de poetas que recogen, dejan de cumplir su función principal, que es acotar el territorio de las voces o tendencias, aunque en cualquier caso —y es en serio— todas las aportaciones son estimables. También se podría hacer una antología de las antologías, que en cierto modo son los manuales de texto, aunque el canon que se recoge en estos últimos también cambia. Nada hay eterno, dice la máxima lucreciana. Como ya se ha dicho, hay que tener en cuenta que el panorama editorial es muy amplio, y hay muchos autores que merecen la pena. En cualquier caso una antología siempre es una apuesta estética, y como tal propugna una serie de nombres y propuestas ya sea para lanzarlas o ya sea para refrendarlas. Una antología siempre asume riesgos, y siempre posee errores. Pero también aciertos. Una antología nunca abolirá el azar. Habría que reflexionar con mucha más profundidad sobre la historia de las antologías, al menos en la poesía española contemporánea (no son pocos los estudios que se ocupan de este asunto, desde luego), e ir perfilando las falacias y las perfidias, los escamoteos de nombres y las inclusiones de otros que luego ni publicaron libro. Hacer una antología es complicado, pero mentalmente todos la elaboramos, y cuando leemos a un poeta que nos gusta lo seleccionamos. Grandes y discutidas herramientas, las antologías, y útiles sin duda alguna. ¿Qué harían los antólogos si no existieran las antologías? Y más los poetas, en sus continuas luchas alrededor de capital simbólico y no tan simbólico, ¿ya no se preocuparían por estar incluidos en ellas?</p><p>La lista de los seleccionados en <em>La cuarta persona del plural</em> es muy extensa en el tiempo y los estilos, a saber: <strong>Rikardo Arregi</strong> (traducido por <strong>Gerardo Markuleta</strong> y <strong>Ángel Erro</strong>), <strong>José Ángel Cilleruelo</strong>, <strong>Jesús Aguado</strong>, <strong>Esperanza López Parada</strong>, <strong>Eduardo Moga</strong>,<strong> Jorge Riechmann</strong>, <strong>Vicente Valero</strong>, <strong>Diego Doncel, Ada Salas, Álvaro García, Eduardo García</strong> (que en paz descanse), <strong>Jordi Doce, Antonio Méndez Rubio, Agustín Fernández Mallo, Melcion Mateu</strong> (traducido por él mismo, el propio <strong>Vicente Luis Mora</strong> y <strong>José Luis Rey</strong>), <strong>Mariano Peyrou, Julieta Valero, Pablo García Casado, José Luis Rey, María do Cebreiro</strong> (traducida por ella misma), <strong>Sandra Santana</strong> y Juan <strong>Andrés García Román</strong>.</p><p>La poesía española del siglo XX y parte de lo que va del XXI tiende de un modo u otro a bipolarizarse. Incluso historiográficamente, son varias las tendencias que quieren resumir la historia por dicotomías, desde los culteranos y los conceptistas a la Poesía de la Experiencia y Poesía de la Diferencia. No sé si hay algo de esto en esta antología, más bien se pretende romper con esta inercia taxonómica que reduce por sinécdoque lo que se cuece en el panorama. Del mayor de los seleccionados, Rikardo Arregi (1958) a Juan Andrés García Román, distan 21 años, si las cuentas no me fallan; por eso el arco temporal recoge desde la poesía de la Transición a hoy, ya que cuando aún no había nacido el último de los poetas, el primero se encontraba en edad de publicar. Muy recomendable, en suma, este volumen, no solo por la heterogénea <em>nomina poetarum</em>, sino también por el enjundioso estudio introductorio, dinámico y sin pelos en la lengua, de Vicente Luis Mora, del que nos gustaría extraer esta cita, del apartado "Conclusión": "La consecuencia del panorama sociocultural descrito con anterioridad y de sus inercias históricas es que España, poética y críticamente, lleva un par de décadas de retraso cultural respecto a otras naciones desarrolladas. Hablo en términos generales; por supuesto que hay excelentes poetas y críticos y ensayistas serios y rigurosos, pero <em>no se les ve</em>" (p. 91). Después insiste en el asunto de la poesía/crítica oficial frente a las tendencias oficiosas, como las aquí representadas, que bien podría calificarse como "excéntrica", en el sentido de eludir la oficialidad y recopilar las propuestas de los márgenes, aunque como advertimos al principio, no siempre es así, ya que hay autores muy vendidos también en <em>La cuarta persona del plural</em>.</p><p>Sea como sea, poco más se puede argumentar al respecto excepto recomendar —para todos los lectores avisados— con especial entusiasmo esta antología.</p><p>  </p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Versos lejos del centro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Aquellos días que sacudieron al mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dias-sacudieron-mundo_1_1146571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6040b5d-979c-47a7-9ace-8025d8557da1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquellos días que sacudieron al mundo"></p><p><strong>La venganza de los siervosJulián CasanovaCríticaBarcelona2017</strong><em>La venganza de los siervos</em></p><p>  </p><p>“Es la venganza de los siervos…, el resultado de nuestro pecado original (…). Si Rusia hubiera sido bendecida con una verdadera aristocracia terrateniente, como la de Inglaterra, que tuvo la decencia humana de tratar a los campesinos como personas en vez de como perros… entonces quizá las cosas podrían haber sido diferentes”. Con estas palabras del <strong>Príncipe Lvov</strong>, jefe del Gobierno Provisional de Rusia en 1917, comienza precisamente <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-venganza-de-los-siervos/248078" target="_blank">La venganza de los siervos</a>, el último estudio histórico de <strong>Julián Casanova</strong>, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.</p><p>El libro de Casanova sintetiza, en poco más de 200 páginas, las más importantes investigaciones que sobre la Revolución rusa se han llevado a cabo desde 1991, año de la apertura de los archivos soviéticos. <em>La venganza de los siervos </em>es un volumen ameno y riguroso, ideado con la clara voluntad de transmitir a un público amplio qué sucedió en aquellos años que, parafraseando a John Reed, sacudieron al mundo. Como el propio autor indica al inicio de su ensayo, no existen “explicaciones simples para los grandes acontecimientos”. Se trata de una frase sencilla que, una vez leída resulta obvia, pero que debería repetirse hasta la saciedad. Da igual que nos refiramos a la Revolución rusa o a lo que sucede a nuestro alrededor: no existen explicaciones simples para los grandes acontecimientos. Los historiadores, en ese sentido, cumplen –o deberíamos cumplir– una importante labor social. La clave está en huir, en los análisis históricos, de simplificaciones y maniqueísmos, tarea harto difícil cuando se abordan asuntos impregnados de una alta carga emocional o ideológica, como es el caso que nos ocupa.</p><p>Aunque acontecida hace ahora 100 años, la revolución que condujo a <strong>Lenin</strong> y a los bolcheviques al poder tuvo una repercusión enorme, tanto en Europa como en el mundo, determinando poderosamente la historia del siglo XX. Aquella revolución no sólo representó una esperanza para millones de obreros y trabajadores, no sólo significó una importante amenaza para las élites gobernantes en la Europa del primer tercio del siglo XX; la influencia de las revoluciones rusas ha sido tan potente que la consolidación del Estado del Bienestar tras la Segunda Guerra Mundial no puede entenderse sin considerar la alternativa al capitalismo que representaba el bloque soviético. Su legado es tan duradero que Lenin, el líder bolchevique que logró canalizar la revolución hacia sus intereses, sigue siendo hoy en día una figura polémica.</p><p>Explicar la Revolución rusa (o mejor, las revoluciones rusas) no es tarea sencilla, y menos aún hacerlo en un volumen de reducidas dimensiones. Lo cierto es que Julián Casanova realiza un recorrido muy completo sobre cómo se desmoronó el todopoderoso Imperio ruso, y cómo aquella enorme región acabó convirtiéndose, contradiciendo a la teoría marxista ortodoxa, en el primer país comunista. Aunque <em>La venganza de los siervos</em> tiene como principal foco de atención los sucesos de 1917 (la revolución de febrero, espontánea y popular, y la de octubre, manejada por un reducido grupo de bolcheviques), no olvida explicar concienzudamente las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que propiciaron aquella transformación total de la vida cotidiana de los habitantes del Imperio.</p><p>Casanova analiza el funcionamiento y las contradicciones de la monarquía zarista: cómo<strong> Nicolás II</strong> se negaba una y otra vez a aceptar los cambios que se estaban produciendo en la sociedad rusa. Por un lado, los propios de la modernidad; por otro, los que le demandaban sus súbditos. Él seguía conduciéndose como un autócrata insensible al sufrimiento que la corrupción, el atraso material y los abusos de los terratenientes causaban entre el pueblo ruso.</p><p>Pese a las hambrunas que periódicamente afectaban al campesinado (aproximadamente un 80% de la población) y pese al malestar creciente que expresaban obreros y estudiantes ante lo miserable de sus condiciones de vida, fue la guerra, la Primera Guerra Mundial, la que actuó como el catalizador de la revolución. Casanova explica con solvencia cómo ese malestar social en el que vivía la mayoría del pueblo ruso no fue suficiente para transformar las estructuras políticas del país. Hará falta un devastador conflicto bélico para que la autoridad desaparezca y el Imperio del zar se desmorone, arrastrando consigo no sólo todo lo que encontraba a su paso, sino también a quienes trataban, desde distintas instancias, de evitar males mayores. Pese a los esfuerzos de los liberales y de los sectores revolucionarios más moderados, será absolutamente imposible afrontar al mismo tiempo una revolución interna y una guerra total en el exterior.</p><p>El libro de Casanova cumple con las expectativas. Lejos de tratar la revolución como un proceso lineal con Lenin como uno de sus principales actores, da buena cuenta de todos sus protagonistas; también muestra la complejidad, lo impredecible de aquellos sucesos, cómo lo que finalmente acabó sucediendo podía haberse desarrollado de muy distintas maneras. No rehúye, además, ninguna de las polémicas que siguen orbitando en torno a la revolución, como el papel desempeñado por Lenin en todo el proceso o hasta qué punto el líder bolchevique sentó las bases de un sistema autoritario y antidemocrático que alcanzará su punto más terrible con el gobierno y las purgas de <strong>Stalin</strong>.</p><p><em>La venganza de los siervos</em> es un volumen muy completo, una síntesis acertada y actualizada sobre uno de los acontecimientos trascendentales del siglo XX. Un libro que no olvida, como decíamos, las aportaciones historiográficas más recientes, como el papel desempeñado por las mujeres en el proceso revolucionario y sin las cuales el desmoronamiento de la autocracia zarista no hubiera sido posible. Un volumen de prosa cuidada pensado para traspasar los límites del ámbito estrictamente académico. Una buena oportunidad para conocer de la mano de un gran especialista aquellos días que sacudieron al mundo.</p><p><em>*Alejandro Lillo es Doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Valencia.</em><strong>Alejandro Lillo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Historia,Libros,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[A través del tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/traves-tiempo_1_1146567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0d2d6235-d72f-4002-96b0-c728b7befaf5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A través del tiempo"></p><p><strong>PoesíasSafoTraducción y comentarios de Juan Manuel MacíasLa OficinaMadrid2017</strong><em>Poesías</em></p><p>  </p><p>“Pero yo amo la ternura;.../ mi suerte es esto y la brillante/ ansia de sol y la belleza.” Los versos, escasos y fragmentados, de la poeta griega <strong>Safo</strong>, que han llegado hasta nosotros tras un periplo de más de dos milenios y medio, son un canto, una celebración a la vida. Y más allá del mito de su existencia, de las leyendas forjadas alrededor de su figura, más allá de las afinidades o las animadversiones que haber sido tomada como símbolo de tantas cosas han provocado, la poesía de Safo sigue cautivándonos, apelando a todos nuestros sentidos, nos contagia la intensidad y la fuerza con las que fue escrita.</p><p>Nacida en la isla de Lesbos, que hoy, nos duele en la mirada de los miles de refugiados que huyen del horror de la guerra, la poeta griega propone, ya en el siglo VI a.C., una visión de mundo desde la intimidad, sus versos transitan de lo comunitario al ámbito de lo privado, apelan a “la propia conciencia individual”. Alejándose de la exteriorización, de lo heroico de la poesía épica, del canto a las gestas militares de sus contemporáneos, Safo interioriza la concepción del sentimiento dirigiéndose a otro, generalmente una mujer, y la importancia de esa poesía amorosa intimista que nos regala, reside en la constante reflexión desde y sobre esa intimidad. Desde ese espacio íntimo, Safo irrumpe en la Grecia clásica, descubriendo los símbolos de un imaginario femenino, sensible y pasional, que busca y encuentra la belleza y la intensidad en la naturaleza —“La luna se ha puesto. / Se han puesto las Pléyades. / Media la noche. Pasa la hora. / Y yo duermo sola”—, en el rito —“Aquí, pues, tú, chipriota coronada/ en copas de oro, delicadamente/escáncianos el néctar ya mezclado/ cuando la alegre fiesta” o en la música “Vamos, divina lira/ hazte habladora…”—. </p><p>Biblioteca La Oficina reedita ahora una cuidada edición bilingüe de sus <em>Poesías</em> en la magnífica traducción de <strong>Juan Manuel Macías</strong> que ya publicara hace tiempo DVD ediciones. Macías filólogo, poeta y traductor (Premio 2013 de la Sociedad Griega de Traductores de Literatura) reivindica en el prólogo la obra de Safo más allá de todo lo que su figura ha suscitado. “Hablar de Safo es hablar de las palabras y el resto, los mapas de su vida, sus odios y sus amores, las casualidades de ser mujer y griega, de haber vi­vido en una isla de Asia Menor de afamadas sonoridades y perte­necer a ese colectivo que solemos llamar «los antiguos», todo eso no es más que materia del tiempo y de las nubes”.</p><p>En la frontera entre la música y el canto, la obra de Safo aporta a la lírica de occidente la expresión de una manera de sentir, la creación de ritmos y metros nuevos, especialmente la conocida como estrofa u oda sáfica. Su obra fue<strong> </strong>acogida con entusiasmo desde la antigüedad y ha supuesto para muchos una influencia innegable. A lo largo de los siglos, autores como Platón, que la llamó la <em>décima musa</em>, <strong>Catulo</strong>, <strong>Petrarca</strong>, <strong>Leopardi</strong>, <strong>Hölderlin</strong>, <strong>Byron</strong>, <strong>Rilke</strong>, <strong>Baudelaire, Guillén</strong> o <strong>Szymborska</strong> entre otros, han admirado su obra, considerándola una cumbre indiscutible de la poesía universal.</p><p>La poeta griega escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos. De estos solo quedan algunos fragmentos y solo la “Oda a Afrodita” puede considerarse un poema completo y, pese a ello, nos sigue maravillando esa capacidad de su poesía para sugerir, para invitarnos a la fuerza de su misterio. “Sueño, tú que la negra noche/ frecuentas, siempre que el letargo…/ Dulce dios, de verdad que es asombroso/ librarse del poder del sufrimiento./ Y yo no espero en nada tener parte de los felices…”.</p><p>Las palabras de Safo nos llegan atravesando el tiempo y no dudamos en reconocernos en una voz que, como dijo <strong>Juan Gelman</strong> “alteró las pautas culturales dominantes en materia de sexualidad y de género y cuestionó, tal vez sin proponérselo, una sociedad jerarquizada”. Y hacemos nuestras esas palabras, mirando consternados hacia la isla donde fueron escritas, hacia todos los lugares donde el deseo de poder olvida que “Lo más bello es lo que uno ama”.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <title><![CDATA[El hombre que pudo regresar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hombre-pudo-regresar_1_1146563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6eef0e01-671b-423f-bc85-2c791ee17cd8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que pudo regresar"></p><p><strong>Berta IslaJavier MaríasAlfaguaraMadrid2017</strong><em>Berta Isla</em></p><p>  </p><p>¿Cómo analizar una novela en la que uno de los protagonistas es espía y tiene esposa e hijos, e incluye una intriga que solo en parte se resuelve en el desenlace, sin destripar su misterio? En calidad de lector, los enigmas me importan más bien poco; pues de otra forma, por qué iba a releer ninguna narración que contuviera ese tipo de peripecias. Pero es indudable que a muchos lectores les gusta sorprenderse. Y, sin embargo, a veces son los mismos autores quienes destripan sus obras en las entrevistas de promoción, aunque luego les moleste que los críticos desvelen lo que ellos ya habían desentrañado.</p><p>La novela que hoy nos ocupa alberga ese peligro, por lo que voy a intentar no disgustar a esos lectores. El argumento es sencillo, y a la vez sutil, pues cuenta la historia privada, sentimental y profesional, de una pareja que tras conocerse siendo jóvenes y casarse enamorados, solo consigue <em>convivir a trozos</em>, sin continuidad, debido a la profesión del marido (p. 246). El autor utiliza para ello dos narradores: uno convencional, en tercera persona (no lo había utilizado <strong>Marías</strong> desde <em>El siglo</em>, 1983), en los capítulos I, II, VIII y IX; mientras que en el resto –hasta un total de diez— oímos el testimonio de Berta Isla, la protagonista. Así, las cuitas de la esposa, su existencia, aparecen claramente diferenciadas de las de Tomás Nevison, su marido, que nos llegan a través de los testimonios de ambos narradores. La singularidad de su relación estriba en la escasa convivencia, ya que durante extensos periodos de la vida de él apenas sabrá nada Berta, ni tampoco los lectores.</p><p>Si Berta es Isla, por apellido y situación vital, no menos lo será su marido, cuya pluralidad de nombres, Tomás/Tom/Thomas/David Comer-Fytton, muestra su condición de individuo demediado,  hasta acabar convirtiéndose en un fantasma con una “vida errante y engañosa y dispersa” (p. 506). No en vano, sobre todos estos misterios se construye una trama que conjuga dos velocidades: la lentitud de las cuitas y la aceleración de los sucesos más dramáticos. La narración se sostiene sobre un motivo clásico, cuyo primer cultivador moderno debió de ser <strong>Hawthorne</strong> en el cuento “Wakefield”, una variante significativa del hombre que regresa al hogar suplantando a otro, asunto tratado por Marías en su cuento “La canción de Lord Rendall”, aunque en esta ocasión haya espera, e incluso esperanza, como en <em>La Odisea</em>, pero no se produzca una suplantación (<strong>Luis Mateo Díez </strong>se valió también de este tipo de retorno en un episodio de <em>La ruina del cielo</em>), según ocurre en otras obras a las que se alude en la narración: <em>El coronel Chabert</em>, de <strong>Balzac</strong>, novela de la que se había ocupado en <em>Los enamoramientos</em>; y <em>La mujer de Martin Guerre</em>, de <strong>Janet Lewis</strong>.</p><p>Además, en esta ocasión, las principales referencias son <em>Enrique V</em>, de <strong>Shakespeare</strong>, y el poema “Little Gidding”, el último de los <em>Cuatro cuartetos</em>, de <strong>T. S. Eliot</strong>, sin que falten alusiones a narradores tan distintos como <strong>Dickens</strong>, <strong>Conrad</strong>, <strong>Beckett</strong>, <strong>Ian Fleming</strong> y <strong>Le Carré</strong>. Y siguiendo un procedimiento que en la novela moderna utilizó por primera vez Balzac, Marías recupera dos personajes de <em>Tu rostro mañana</em>: el sabio profesor Peter Wheeler y el antipático e inquietante reclutador de espías Bertram Tupra. No me resisto a comentar que la imagen reiterada de la “ceniza en la manga de un viejo” (pp. 103, 105, 467 y 496), de Eliot, quiso utilizarla <strong>Cunqueiro</strong> como título de una novela varias veces anunciada y nunca concluida, y quizá ni siquiera iniciada.</p><p>La materia narrativa que compone los capítulos aparece separada por blancos. Su extensión oscila entre las 95 páginas del segundo, formado por 11 apartados, y las 19 páginas del décimo capítulo, dividido en solo 3 apartados. Pero la mayoría de ellos, hasta seis capítulos, tiene entre 49 y 60 páginas. Por tanto, la distribución del material, no siendo simétrica, sí mantiene un cierto equilibrio entre las partes.</p><p>La acción tiene lugar en Madrid, Londres y una innominada ciudad de provincias inglesa, abarcando casi tres décadas, de 1965 a 1995. La vivienda familiar, el piso que ocupan Berta y sus hijos, cercana al Palacio de Oriente, es el espacio de la esposa; mientras que Inglaterra se convierte en el entorno propio de Tomás. Son muchos y variados los temas que van surgiendo en la narración: el poder del Estado, el patriotismo, el chantaje, los intereses colectivos y la vida personal, la impunidad, las mentiras y el deseo, la traición, la duplicidad, el engaño y el autoengaño, “el ansia de saber, una maldición y la mayor fuente de desgracias” (p. 271), el miedo, la identidad, el ansia por sobrevivir... Y varios de estos asuntos aparecen marcados por el paso del tiempo, por la insistencia en señalar su transcurrir (pp. 261, 337, 403, 453, 475 y 477), su “negra espalda” (pp. 417 y 475). Así, la significación del curso del tiempo y el protagonismo de los lugares en que acontecen los sucesos resultan a menudo significativos. Si nos detenemos en uno solo de esos temas, el destino, por ejemplo, observamos que en el caso de Tomás, que tiene el don de las lenguas y de la imitación, este aparece trazado en parte, sobre todo desde el momento en que se ve envuelto, durante su estancia en Oxford, en el asesinato de una mujer, condicionando la existencia de sus más cercanos allegados. A partir de entonces, se convierte en un hombre desasosegado, pues se le ha planteado un grave dilema y deberá tomar una importante decisión. Por su parte, Berta desea saber, por lo que no suelta fácilmente su presa cuando conversa con el escurridizo Tomás (por ejemplo, en la p. 299); para ello intenta que le explique por qué ha aceptado ese trabajo, dónde transcurre y en qué consiste.</p><p>Como suele suceder en las novelas de Marías, también en esta se acumulan opiniones que a veces provienen de las expresadas en sus artículos, auténtico semillero de su visión del mundo: la crítica a ciertas modas actuales (pp. 284 y 285) o a la conducta del pueblo (p. 324), la burla de las modas que ha traído el nuevo siglo (p. 421), la progresiva aceleración del mundo (p. 480), el egoísmo de la juventud y su desinterés por el pasado (pp. 491 y 518), por solo aducir unas cuantas, que a algún reseñador con grandes tragaderas le han parecido síntomas de un pensamiento poco moderno.</p><p>Se vale también de otros motivos que ya conocemos por sus obras anteriores: “el estilo del mundo” (pp. 109 y 427), la visión desde la ventana, la “nieve que cae y no cuaja” (pp. 358 y 417), la mano posada en el hombro (pp. 363 y 370), el remedo de la despedida del <em>Persiles</em> (p. 475), las figuritas de los personajes populares, semejantes a las que colecciona el autor (p. 498) o el incesante girar de la rueda del mundo (p. 504)... Si tuviera que destacar una sola escena de la novela, me quedaría con la que transcurre en el museo de cera, durante el encuentro de Tomás con los dos niños. Cuando el relato se acerca a la conclusión, aunque nos queden todavía sesenta páginas, surge un nuevo misterio que se aclara, adquiriendo la trama otra dimensión, lo que hará el deleite de aquellos lectores que disfruten descifrando enigmas.</p><p>Los críticos se han preguntado si acaso esta sería la novela más lograda de Javier Marías desde <em>Tu rostro mañana</em>. A mí me resulta difícil decantarme por una opinión semejante. Baste con decir que se lee con indudable placer e interés, y que he disfrutado tanto con lo que nos cuenta, o se nos oculta, como con la manera de narrarlo, ya se trate de elementos novedosos, aquellos propios de una falsa novela de espías, pues carece de sus habituales peripecias, ya de los motivos que la relacionan con sus narraciones anteriores.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El hombre que pudo regresar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La vida en los límites]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-limites_1_1146559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/002d9977-d6d2-4930-8b85-7036b862b028_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida en los límites"></p><p><em>Este texto fue leído en Bogotá, en la presentación de </em><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/los-habitados.html" target="_blank">Los habitados</a><em> de Piedad Bonnett (Visor, 2017), XIX Premio de Poesía Generación del 27.</em></p><p>___________________</p><p>  </p><p>No es fácil escribir sobre una casa que se mueve. Muy pocos podrían verlo con los ojos abiertos, sabiendo que los muros se derrumban. En estos casos –el lenguaje es también una morada— parece que las palabras se rompieran. Que entre ellas y nosotros se abrieran grietas irreversibles, obligándonos al grito o al silencio. Siguiendo con esta metáfora de la casa, donde <strong>Piedad Bonnett</strong> ha encontrado algunos de sus poemas definitivos, es apenas natural que hoy comprendamos este libro como el lúcido y doloroso desenlace de un movimiento anterior. Entramos en sus habitaciones y escuchamos el eco, como en una mudanza. Poema tras poema recogemos los despojos. No es fácil escribir sobre estas cosas. Se debe encontrar otro lenguaje para merecerlo. Para aquellos que miran la caída y siguen como pueden sobre los bordes de una vida, quedan muy pocas palabras para sostenerse.</p><p>Con <em>Los habitados, </em>el libro que hoy nos reúne y tengo la inmensa responsabilidad de presentar ante ustedes, Piedad Bonnett ha encontrado en los poemas eso que hacía la poesía antes del libro y de nosotros: darle a los hombres y mujeres el estímulo para rodear una ausencia. En la primera parte, que lleva el mismo título del libro, “Los habitados”, los poemas nos conducen por las aguas oscurísimas de los que viven el desasosiego en carne propia, como un diario del vértigo:</p><p>  </p><p>Muchos de estos poemas hacen volar la inteligencia. Solo la poesía podría agrupar estos fragmentos, como el que mira las estrellas distantes pero encuentra en ellas una secreta constelación. En silencio, más cerca de lo que hubiéramos soportado, sentimos el dolor de los que ahora se deslizan en el túnel de la desesperación.</p><p>Nunca había escrito Piedad desde una cercanía tan radical. Parece que entre los poemas y su voz no hubiera espacio para la razón o la ironía, solo podemos deslizarnos lentamente, confundiendo el afuera y el adentro. En los poemas de <em>Los habitados </em>el ruido de la lluvia es el mismo del corazón. Sin embargo, en la densidad de estas atmósferas, entendemos que en los ojos de los habitados se esconde las luz del que ha mirado los abismos. Y comprendemos por ellos que esta materia atormentada también fue el resultado de una estrella, que en ellos grita y se conmueve nuestra propia fragilidad.</p><p>Porque son ellos, los habitados, “a los que mira Dios desde su altura”, nos dice Piedad. Y es verdad que muchos de nuestros libros y sinfonías, de nuestros cuadros o poemas, no hubieran sido posibles sin esta extraña y a veces subversiva lucidez. <strong>Van Gogh</strong>, <strong>Schuman</strong>, <strong>Virginia Woolf</strong>, <strong>José Asunción Silva </strong>o <strong>Paul Celan</strong>, mucho de aquello que llamamos la cultura, es en verdad el trabajo de los habitados. Hombres o mujeres que aún rodeados de voces, encontraron su luz entre la oscuridad. El cielo es un invento de los habitados:</p><p>  </p><p>Piedad Bonnett, como lo he dicho en otra parte, tiene la rara cualidad de acariciar la tristeza. Con cuanta delicadeza nos habla de los perdidos y los solos. Con cuánta ternura rodea en el poema lo que más nos lastima. Alguien tenía que asomarse por nosotros a esta rara alquimia. Mirar en el poema lo que muchos no hubiéramos querido vivir, pero que ha dado a esta voz una sabiduría distinta, la sabiduría del que ha mirado los reversos del dolor: Este libro nos conmueve porque aún en el vacío de las respuestas resiste un corazón “Lo clave es sostenerse en este punto vivo”, nos dice. Porque alguien pudo mirar lo que se marcha sin renunciar a la memoria o perderse en el intento.</p><p>En <em>Lo que no tiene nombre</em> —aquella narración que estamos muy lejos de merecer—, Piedad nos ha recordado que cuando mueren los padres hay una palabra muy antigua para los hijos que los sobreviven. “Huérfanos” los llamamos, que viene del griego “<em>or-phanos</em>”, “sin padres”. Pero cuando mueren los hijos no hay una palabra que pueda nombrar la condición de los padres. No hay nada que pueda poner límites verbales a su dolor. En este libro —el reverso vital de <em>Lo que no tiene</em> <em>nombre</em>, su historia íntima o secreta—, el resultado de aquella carencia expresiva se desplaza del sujeto hacia el mundo. Y por un momento entendemos que en esas circunstancias toda la tierra es un planeta huérfano. Es verdad que los habitados hablan distintos idiomas, pero el vacío que dejan es siempre uno y el mismo.</p><p>Para la segunda parte del libro, “Noticias de casa”, la poeta hace un recorrido por todas las formas de la ausencia. La madre que llega a la habitación del hijo, con la maleta vacía, recoge los cuadernos donde puede “adivinar que hubo una mano”. En otro poema trata de imaginar como fue el “Último instante”, quién pudo ver lo que ella no vio, y sin embargo solo a ella “pertenece”. Afirman los estudiosos que la palabra <em>libertad</em> se entendía en persa como el retorno a la madre. Ahora nos dice Piedad al otro lado de aquel vuelo: “De otro modo/me hubieras tú buscado. /De otro modo/habría yo querido recibirte...”.</p><p>Uno de los rasgos más verdaderos y conmovedores de este libro, de por si tan verdadero y conmovedor, es que nos muestra la lucha silenciosa de dos tiempos. El tiempo progresivo en que vivimos nosotros, tan cómplice del olvido o la indiferencia, y el otro, el de quienes viven la pérdida, girando en espirales a través de las rutinas de una casa. Afuera el sol calienta los cuerpos y los parques, adentro permanecen las sombras. Afuera las familias hacen planes. Pero en la habitación de las Penélopes todos los viernes regresa Telémaco, después de un viaje imposible. “La vida sigue”, les dicen, sin percatarse de la crueldad que esconde esta frase. Sin pensar que la fecha recordada abre en los calendarios un agujero.</p><p>Estos poemas logran quemar el negativo de la memoria, supongo que para siempre. Una vez los leemos sus imágenes nos rondan por días y semanas. Pienso ahora en “Cocina” o “Último instante”, en “Viernes”, o en el poema que da título a esta segunda parte del libro, “Noticias de casa”. No recuerdo muchos poemas, al menos en la escritura reciente, que nos muestren con tanta verdad como la ausencia se desliza en los asuntos cotidianos. Pienso en los poemas de <strong>Donald Hall</strong> o en <strong>Joan Margarit</strong>, pero no en muchos más. En <strong>Juan Gelman</strong>, por ejemplo, la pérdida enfantasma las palabras, como un destierro de lo cotidiano, porque no es fácil permanecer con los ojos abiertos. Hablar como se le habla a una silla vacía.</p><p>Desde una dolorosa paradoja, estos poemas sorprendieron a Piedad cuando su poesía estaba encontrando una serenidad reflexiva. Nunca pasividad, no, solo una distancia nueva. Pero su pacto con la escritura es mucho más necesario y arriesgado, su compromiso con la poesía es el de alguien que ha escrito sus libros con todo el cuerpo. Ahora es cuando la poeta nos muestra la vida que se debate en los límites, no la de quienes duermen o esperan en su casa por las malas noticias, no, la propia vida es la que camina. Para merecer unas palabras que nombraran lo innombrable, para aprender el “Arte de perder”, Piedad debió elegir el camino de la inmersión, escribiendo en el límite entre el silencio y la desgarradura. Incluso de la “total inmersión”, como nos dice <strong>Harold Bloom</strong> de <strong>Elizabeth Bishop</strong>, una poeta tan cercana a los afectos de Piedad y en particular a la Piedad de estos poemas.</p><p>Pienso ahora, después de haber leído <em>Los habitados</em> con una mezcla de conmoción y de gratitud, que existe entre las dos partes del libro una alianza íntima, que hace que cada cual pulse para su lado dejándonos abierta la pregunta. Uno quisiera entregarle estos poemas de Daniel a todo el que camine por un laberinto, poetas y estudiantes, miembros de una generación como la mía que desarmaron su casa para entregarse a una quimera. Decirles que la vida no es propiamente nuestra sino de aquellos que nos sobreviven, las madres y los sobrinos, las novias, que la poesía nos recuerda que no hay nada más hermoso que atravesar la oscuridad, que esperar al desenlace de mañana y de pasado mañana. Estos poemas les mostrarían a ellos, los que ahora tienen miedo, la magnitud de un agujero en la memoria de los otros. Mas de inmediato recordamos los poemas de la primera sección, que le dan título al libro, y comprendemos la lucha de los habitados. Comprendemos sus sombras y sus voces, su incomprendido heroísmo, que sin justificarlos por lo que hicieron o no hicieron, al menos nos cuestionan a todos nosotros. Nos cuestionan y nos despiertan. El premio de la Generación del 27 no solo es la confirmación de una obra auténtica, se de trata del premio para un libro necesario.</p><p>No es fácil escribir sobre una casa que se mueve, ver cómo las paredes se derrumban. Uno quisiera no tener que leer nunca lo que nadie hubiera querido vivir. Pero entonces recordamos que para esto se hizo la poesía, la verdadera poesía, para mostrarnos que los límites son otros. Hay poetas que cavan al interior de un corazón, buscándose, otros nos enseñan a mirar desde alegrías muy distintas. Pero a veces, cuando no hay más motivos y las voces no alcanzan, es la conversación con el poema lo único que la vida tiene para volver a comenzar.</p><p><em>*Santiago Espinosa es crítico literario y poeta. Su último libro, </em><strong>Santiago Espinosa</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/321-122-el-movimiento-de-la-tierra.html" target="_blank">El movimiento de la tierra </a><em>(Valparaíso, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Santiago Espinosa]]></author>
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      <title><![CDATA[Los diálogos de Emilio Lledó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dialogos-emilio-lledo_1_1146555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f1cd4824-3fe5-46fd-88d2-29f269b5f475_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los diálogos de Emilio Lledó"></p><p>Pensar es dialogar con uno mismo. En ese diálogo no suele aparecer una verdad original, ni una ocurrencia inmotivada, sino las consecuencias de un sedimento de lo vivido, de lo aprendido, de lo dudado. Por eso cuando se lee o se escucha a un maestro parece que la conversación nos sale de dentro, que estamos hablando con nosotros mismos. Esa es la experiencia que he tenido al leer <a href="http://www.krkediciones.com/fichaLibro.php?l=1032" target="_blank">Dar razón. Conversaciones</a> (KRK, 2017), el libro en el que <strong>Juan Á. Canal </strong>ha ordenado un numeroso conjunto de entrevistas con<strong> Emilio Lledó</strong>. Los distintos interlocutores buscan las opiniones de Lledó sobre los asuntos que han caracterizado su inquietud: la palabra, la memoria, la educación, la ética y la libertad.</p><p>El diálogo es algo más que una invitación a hablar. Se trata de una manera de entender la verdad y el conocimiento. Educarse es hacerse a uno mismo y en el hacerse uno está el descubrimiento de la alteridad, la manera de prepararse para escuchar al otro como un requisito imprescindible en el dialogar con uno mismo. Los clásicos griegos van siempre en el equipaje del maestro; pero también la poesía, la palabra de <strong>Antonio Machado</strong>: "Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa". O también: "¿Tu verdad? No, la Verdad /, y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela".</p><p>La conversación es por tanto un deseo de estar con uno mismo y con el otro, un deseo de ser y de convivir. Esta imagen del saber no encaja bien con una idea de libertad que se funde en la posibilidad de decir, pero se desentienda del aprendizaje de escuchar. Tampoco con la dinámica de precipitarnos a decir lo que se nos ocurre, antes de pensar bien lo que decimos. La verdad no es algo concedido, revelado. Es algo creado, compartido. Lo máximo que podemos pedir es que nos den razón, que nos muevan a compartir la búsqueda.</p><p>Pero puestos a pensar en el mundo que habitamos hay una imagen que crea inquietud. El individuo solitario, sin memoria y sin preocupación por el futuro, que se limita a vivir en el instante. Se trata del tiempo mercantilizado propio de la sociedad de consumo, el tiempo de un individuo también mercantilizado y sin lejanías. Y la paradoja moderna es que este individuo, hecho puro presente, sólo puede tener una relación lejana con el mundo a través de realidades que le llegan por medio de las redes sociales. Si convivir en el diálogo supone que los individuos con memoria compartan la cercanía del mundo (una interpelación de lo que está ahí), las nuevas formas de comunicación facilitan otra posibilidad: individuos sin memoria, sin lejanías, hablan y deciden sobre un mundo por el contrario lejano y desconocido. Invitaciones a la inexistencia, estas dinámicas empujan a deshacerse en lo ya deshecho, a dejar de ser en lo otro. Y no hay silencio, sino el ruido tumultuoso de la nada, retórica sin poesía, la acumulación de verdades no inventadas en común, sino asumidas en soledad. Supercherías que conforman a su antojo un yo que no es dueño de sí mismo. El súbdito de una democracia oligárquica.</p><p>Ponerse filosófico o poético sólo significa preocuparse por la vida. A Emilio Lledó le gusta repetir una frase del <em>Gorgias</em> platónico: “Déjate de historias y dime de una vez cómo hay que vivir”. Es decir, cómo debemos pensar y hacer la justicia, la educación, la libertad, el amor y la economía.</p><p>La ética es una costumbre de ser, una guarida que nos permite resistir dentro del campo de desplazados y dentro del vértigo de los movimientos migratorios en el que se ha convertido el mundo con la mercantilización de las lejanías. La lectura supone un refugio a campo abierto, un modo de dialogar con uno mismo en presencia del otro. La palabra escrita nos devuelve lo ausente, nos permite sostener el diálogo a través del tiempo, nos hace herederos, nos consolida en la memoria. De nuevo la poesía y la filosofía juntas, en este caso de la mano de <strong>Quevedo</strong>, en la conversación de un retiro habitado por la historia. Es el diálogo con sus doctos libros juntos: "Si no siempre entendidos, siempre abiertos, / enmiendan, o fecundan mis asuntos; / y en músicos callados contrapuntos / al sueño de la vida hablan despiertos". Un diálogo de vivos, palabras vivas que salen de la boca o de los ojos gracias a los libros. Según Lledó, la literatura es el contrapunto de la vida que necesita despertar,  un medio efectivo para romper la monotonía de los discursos imperantes cuantos las sociedades caen en la indiferencia, el dogmatismo o la zafiedad.</p><p>El pensamiento vivo y vinculado de<em> Dar razón</em> parece salir del interior de los lectores. Los maestro convierten su palabra en una cita con nosotros mismos. Y eso es lo que ha hecho Emilio Lledó a lo largo de muchos años en su tarea de escritor y profesor: dar sentido al diálogo, mandar recado con un lugar y una hora para la cita.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/baladas-en-la-muerte-de-la-poesia.html" target="_blank">Balada en la muerte de la poesía</a><em> (Visor, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Periodismo,Filosofía,Emilio Lledó,Los diablos azules número 81]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Emilio Lledó, palabra y vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/emilio-lledo-palabra-vida_1_1146549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3c5f086-f5ac-474e-972d-885b2bce959e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emilio Lledó, palabra y vida"></p><p><em>La editorial KRK acaba de publicar el libro </em><a href="http://www.krkediciones.com/fichaLibro.php?l=1032" target="_blank">Dar razón. Conversaciones</a><em>, una recopilación de entrevistas con el filósofo Emilio Lledó preparado por Juan Á. Canal.Con el permiso de Lledó recogemos para nuestros lectores algunas de sus respuestas a preguntas de Juan Á. Canal, Pedro Cerezo, José Manuel Fajardo, Juan Cruz y Antonio Lucas.</em><strong>Emilio Lledó</strong></p><p><strong> Juan Á. Canal</strong><strong>Pedro Cerezo</strong><strong>José Manuel Fajardo</strong><strong>Juan Cruz</strong><strong>Antonio Lucas</strong></p><p>___________________________</p><p><strong>1.</strong>— Creo que la palabra hablada tiene que ver con la vida y la palabra escrita tiene algo que ver con la muerte. Gracias a la palabra escrita, alguien en el futuro dialogará contigo o simplemente la escuchará. Aunque <strong>Platón </strong>acusa de simulacro y eco al lenguaje escrito, parece que, a pesar de las limitaciones que posee la escritura, nos sirve para dialogar. Esa muerte como oralidad se convierte en creación del futuro como memoria y como posibilidad de diálogo. Son, además, dos temporalidades distintas: la temporalidad viva y latiente del lenguaje mientras yo estoy hablando y la temporalidad lenta (cuando leo y releo) y más elaborada, que gana en solidez y en ambigüedad, de la palabra escrita. Y enlazamos con el gran tema de la ética griega: <em>la paideía</em>, la educación. El lenguaje, para la educación griega, es <em>spermata</em> (semillas).</p><p><strong>2.</strong><strong>—</strong> Hay muchos enemigos del diálogo. Lo primero que tenemos que aprender es a dialogar con nosotros mismos. A construir nuestra propia posibilidad de recepción. El descubrimiento de la alteridad es esencial. En el descubrimiento de la <em>philía </em>se intuye el propio<em> ego</em>; en la propia subjetividad está la relación, la tensión con el otro y, por tanto, hay que organizar la solidaridad y la colectividad. <strong>Aristóteles </strong>dice en uno de sus textos que <em>en el fondo nadie querría tener todo si estuviera solo</em>. ¿Cómo autentificar las palabras en una degradación e instrumentalización del lenguaje? No circulando excesivamente por las autopistas de la información que nos asfixian y no nos dejan pensar. Volviendo continuamente al diálogo y evitando lo que yo llamaría los remolinos de la conciencia, que todo lo absorben hacia un mismo centro; manteniéndonos vivos.</p><p><strong>3.</strong>— Confío que no sea irreversible el imperio de la teledemocracia. El imperio de lo que nos viene desde lejos dista mucho del significado original de la democracia, pues el <em>démos</em> entrañaba cercanía, era la presencia, el ámbito en que alguien podía hablar con quien estaba allí al lado mismo; pero si la pretendida democracia no es sino un lenguaje cuajado en otros espacios y a los ciudadanos se les escapa el manejo a que puedan estar siendo sometidos desde aquellos…, podría ir anquilosándose el pensamiento y la comunicación igualitaria, es decir, podría estar destruyéndose desde dentro la democracia misma y su concepto —la capacidad de entender, dialogar e intercambiar criterios y decisiones—. La democracia surgió como un análisis del lenguaje, pero no en abstracto sino muy inmediatamente: surgió como disconformidad con el lenguaje que se recibía, como un descontento con la significación que trivialmente se atribuía a las palabras; por eso tuvo oportunidad y sentido la aparición de la Sofística, interrogándose sobre lo que el otro significaba al decir <em>justo</em> o <em>bueno</em> o, incluso, nombres comunes como <em>mesa</em>, aunque sobre todo inquietaban los términos más abstractos y, por ello, más susceptibles de superchería para embaucar a otros. Por eso hoy resulta necesario atender al funcionamiento mismo de la democracia, lo que a veces denomino democracia oligárquica, imbuida de un desconcertante concepto de liberalismo, más interesado en el dominio de una clase económica y de poder que en la verdadera libertad.</p><p><strong>4.</strong>— Ya que hablo de monstruosidades que estamos viviendo en nuestro tiempo, se me platea un gran interrogante sobre lo que sucede con las grandes masas de refugiados tratando de llegar a países más prósperos y tranquilos donde poder ganarse la vida y, antes incluso, preservarla. Y no sólo me refiero al problema del mal y su génesis, sino a la incomprensible paradoja que se da en su tratamiento informativo: nos bombardean con imágenes impactantes, de pateras en el mar o de hileras humanas que en condiciones míseras se mueven en sus particulares éxodos, pero rara vez se ofrecen estudios y análisis de las causas y los causantes. Parecen complementarse la machacona superficialidad en el regodeo de los medios en algunas escenas, crueles y dramáticas en verdad, o los abrumadores números de miles y millones de expatriados errantes con la ausencia de profundidad en la investigación y el desvelamiento de los auténticos motivos que están provocando ese crimen. La sociedad de la información parece volcada en urdir una lacrimosa reacción de los espectadores o receptores a base de titulares y fotografías estremecedoras mientras enmascara, sospecho que interesadamente, el muy perverso trasfondo de esa tragedia multitudinaria que vacía países.</p><p><strong>5.</strong>— Nuestra democracia está condenada al fracaso si no se plantea y resuelve el problema de la educación. La democracia sólo es posible si se da una liberación individual a través de la educación. En España vivimos catecismizados. Aquí no se enseña a pensar, se dan libros de texto. Y, sin cambiar esto difícilmente va a poder pensarse en ningún otro tipo de cambio más profundo. Y el problema es que se está utilizando el concepto de democracia sin llenarlo de contenido. Tenemos, por un lado, las instituciones democráticas, que son la estructura formal que puede posibilitar esa educación, esa formación de la que hablamos. Al tiempo, la democracia es un contenido, un modo de relación entre los seres que integran una comunidad. Sin ambos elementos la democracia es irreal.</p><p><strong>6.</strong><strong>—</strong> Como estamos en una sociedad tan propensa al espectáculo y con tantos canales de información funcionando al mismo tiempo (cosa que resulta una ventaja, por otro lado) llega un momento en que no se sabe bien lo que nos quieren decir. Los medios son esenciales para la higiene democrática, pero lo importante es saber pensar a partir de ellos. Saber discriminar. Qué duda cabe de que la libertad de expresión es el origen de todo esto que hablamos, pero la libertad de expresión se degrada si sólo sirve para para decir tonterías. Me refiero con esto a aquellos individuos, hombres o mujeres, que tienen la obligación de observar, entender, reflexionar y decidir en asuntos que nos afectan a todos. Esta es una enseñanza esencial de la filosofía, que no es sólo amor a la sabiduría sino amor a las preguntas, a la curiosidad, al asombro. Pero sin dogmatismos, sin grumos mentales.</p><p><strong>7.</strong>— Escuchando las tertulias de radio, por ejemplo, me sorprende la incapacidad de pensar de muchos de los que reflexionan a través del tópico, la frase hecha y el concepto estereotipado. Esto se podría remediar defendiendo en serio la educación. Recuerdo cada día esa intuición tan certera de <strong>Kant</strong>: “El ser humano es lo que la educación hace de él”. Pero en este tiempo nuestro existe también una educación inmovilizadora cada vez más extendida. Es la que tiene que ver con el ámbito de las redes sociales y de los teléfonos móviles. Eso podría conducirnos a una sociedad inmovilizada. Los flashes momentáneos que generan las redes sociales impiden el pensamiento, lo anestesian. Pues pensar es una forma de dotar al individuo de fluidez, de agilidad, de amplitud. Lo opuesto al sedentarismo de los mensajes instantáneos. El mejor reflejo para representar esta idea es el libro y la lectura. Ellos, los libros, ofrecen siempre una posibilidad de diálogo. Pero cada vez hay menos interés por dialogar.</p><p><strong>8.</strong>— La historia no ha muerto, como se ha dicho. Eso sería la muerte del hombre. La historia es el aliento del hombre, de cada individuo y de la colectividad, el respirar hacia el futuro, con proyectos e ideas, es la esencia de la vida y el futuro es lo que permite que exista el pasado, la memoria, la historia. Hay que cultivar la memoria, que es lo que realmente somos. Una de las características de nuestro ser es repetirnos monótonamente un cierto discurso machacón y angustioso y la literatura es la apertura de esa angustia, de esa estrechez, un aire que refresca nuestro posible abotargamiento. Hay informaciones en los medios que aniquilan, que matan, que no crean diálogo; es el cultivo del pensamiento incoherente. En la cultura clásica se luchó por entender, por seguir racionalmente una argumentación, y ahora, supeditados al flash de las imágenes, vivimos el enorme peligro de que el pensamiento no sea coherente, que sea epidérmico e inconsistente. Los medios de comunicación tienen gran responsabilidad ante esto. La defensa sería la lectura, el cultivo del pensamiento abstracto.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero </strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/baladas-en-la-muerte-de-la-poesia.html" target="_blank">Balada en la muerte de la poesía</a><em> (Visor, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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