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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 82]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-82/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 82]]></description>
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      <title><![CDATA[Lo imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/imposible_1_1203120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c677e44c-ba29-4ece-af96-d1462469e3ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo imposible"></p><p>  </p><p> <strong>Lo imposible</strong></p><p>Por odio de lo fácil detesto la aventura.</p><p>¿Qué mayor aventura que abrir una ventana,</p><p>mirar pasar las nubes mientras pasa la tarde,</p><p>acariciar tu pelo, acostarse temprano,</p><p>escuchar una voz que canta en otro siglo?</p><p>Por odio de lo fácil. Déjame que sonría</p><p>ante tantos que anhelan lo que jamás les falta.</p><p>No se pisa dos veces en el mismo lugar.</p><p>Nadie abraza dos veces a la misma persona.</p><p>No se detiene nunca la nave que nos lleva,</p><p>incansable da vueltas en su viaje estelar.</p><p>Mírame: ya soy otro. Y te sigo queriendo</p><p>a ti que ya no eres quien ayer sonreía.</p><p>Cuatro estaciones tiene el tren en que viajamos</p><p>Y en ninguna nos dejan detenernos.</p><p>Por odio de lo fácil detesto la aventura.</p><p>¿Qué mayor aventura que mirarte a los ojos</p><p>y ver que en ellos juntas mi dicha y una lágrima?</p><p>¿Qué mayor aventura que no saber si quiera</p><p>si el día de mañana seguiremos con vida?</p><p>Aspiro a lo imposible: a la monotonía.</p><p><em>*José Luis García Martín es poeta, crítico literario y profesor de la Universidad de Oviedo. Su último libro, </em><strong>José Luis García Martín</strong><a href="https://improntaeditorial.wordpress.com/2017/08/15/ciudades-de-autor-jose-luis-garcia-martin/" target="_blank">Ciudades de autor</a><em> (Impronta, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis García Martín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo imposible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['La amiga estupenda', 6,5]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amiga-estupenda-6-5_1_1146865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c3bc37fb-ebd9-41ee-a56b-a264a14068f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La amiga estupenda', 6,5"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>  </p><p>El club de lectura de la biblioteca pública Adolfo Suárez, en Ceuta, comienza su andadura en el año 2005 con 15 miembros, algunos de los cuales siguen asistiendo en la actualidad a las reuniones. Apuntan los participantes de nuestro club que dos son los pilares que lo sustentan. Uno, es la diversidad de lecturas que se proponen, de manera que nos acercamos a obras que de otro modo nunca contemplaríamos. Y, por otro lado, vemos que hay tantas lecturas, tantos puntos de vista de una misma obra como lectores.</p><p>La primera obra que leímos fue <em>Esperando a los bárbaros</em>, de <strong>J.M. Coetzee</strong>, y una de las últimas <em>La amiga estupenda</em>, de <strong>Elena Ferrante</strong>. A veces al final de la reunión, y como divertimento, puntuamos de 1 a 10 la obra leída. Así lo hemos hecho con esta última, obteniendo una nota media de 6,5 puntos, y aunque ha habido opiniones encontradas, en general, podemos decir que ha gustado.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosa Ramón García]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La amiga estupenda', 6,5]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Libros,Literatura,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Más allá de octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/octubre_1_1146861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d98267bd-4ab2-4dfe-bc4f-88d73e89f23c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de octubre"></p><p><strong>María Peñuela</strong>, de la librería El Foro de Izquierda Abierta, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________ </p><p><strong>Cartas desde la revolución bolcheviqueJacques SadoulTurnerMadrid2017</strong><em>Cartas desde la revolución bolchevique</em></p><p>  </p><p>Entre octubre de 1917 y mayo de 1918, <strong>Jacques Sadoul</strong>, diplomático francés enviado a Petrogrado (San Petersburgo) en misión técnica, asiste a los acontecimientos de la revolución bolchevique y comparte cada día impresiones y negociaciones con <strong>Lenin</strong>, <strong>Trotski </strong>y los miembros del nuevo poder revolucionario. Sus cartas enviadas a Francia dan cuenta del día a día en las calles, y también de las tensas relaciones entre las potencias, que dudan entre apoyar al nuevo poder de los sóviets o mantener sus políticas conservadoras e imperialistas.</p><p>  <strong>Mejor la ausenciaEdurne PortelaGalaxia GutenbergBarcelona2017</strong><em>Mejor la ausencia</em></p><p>Crecer siempre implica alguna forma de violencia, contra uno mismo o contra aquellos que quieren imponer su autoridad. Cuando además la vida trascurre en un pueblo de la margen izquierda del Nervión durante los años 80 y 90, y todo es heroína, paro, detritus medioambiental, cuando en las calles silban cada semana las pelotas de goma y los gases lacrimógenos y las paredes están llenas de consignas asesinas, la violencia no es sólo un problema personal. <em>Mejor la ausencia</em> nos presenta una familia destruida, atravesada por la violencia de su entorno. Amaia, la pequeña de cuatro hermanos, narra ese entorno brutal desde su mirada de niña y adolescente. Compartimos con ella su miedo, su perplejidad, su rabia, ante un padre que hiere, una madre que se esconde, tres hermanos que, como ella, sólo buscan salir adelante.</p><p><strong>La libertad es una batalla constante. Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimientoAngela DavisCapitán SwingMadrid2017</strong><em>La libertad es una batalla constante. Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento</em></p><p>En este amplio y brillante conjunto de ensayos, la reconocida y erudita activista <strong>Angela Davis</strong> expone las conexiones entre las luchas contra la violencia estatal y la opresión a lo largo de la historia y en todo el mundo, nos lleva de vuelta a la historia de los fundadores de la lucha revolucionaria y antirracista, pero también nos lleva hacia la posibilidad de la solidaridad y lucha interseccionales. Davis reúne en sus siempre lúcidas palabras nuestra historia y el futuro más prometedor de la libertad, haciendo hincapié en el papel que el pueblo puede y debe jugar. Teniendo en cuenta lo ocurrido en Ferguson recientemente y la continua agresión israelí al pueblo palestino, sus palabras resuenan hoy más que nunca.</p><p><strong>Para parar las aguas del olvidoPaco Ignacio TaiboDrácenaMadrid2017</strong><em>Para parar las aguas del olvido</em></p><p>Se recuperan estas memorias editadas por Júcar en 1982, que son mucho más que las memorias de infancia y juventud de Paco Ignacio Taibo I, pues lo son también las de sus amigos: <strong>Ángel González, Manuel Lombardero</strong> o <strong>Carlos Bousoño</strong>, protagonistas con el autor de este recorrido por el Oviedo de la posguerra. Pero más allá de la enorme curiosidad por estos personajes decisivos en nuestra historia literaria reciente, para parar las aguas del olvido son la vívida estampa de aquel Oviedo de las cartillas de racionamiento y de los himnos altisonantes, al punto de que se podría afirmar que, por su acierto en la condensación de escenas, para parar las aguas del olvido son las memorias de toda una generación: la de los niños de la guerra.</p><p><em>*Puedes encontrar El Foro en la calle Ribera de Curtidores, 37, de Madrid.</em><strong>El Foro</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Peñuela (El Foro de Izquierda Abierta)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Más allá de octubre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Influjo lunar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/influjo-lunar_1_1146860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c0618b29-8f27-4915-9573-d788e9229042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Influjo lunar"></p><p><em>Nuestra colaboradora Carmen Peire acaba de publicar el libro de relatos </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017). Recogemos el relato “Influjo lunar” en cuatro entregas de las que ahora publicamos la segunda.</em></p><p>________________________</p><p>  <strong>Magia</strong></p><p>Machaca entre dos piedras la tierra rojiza y el polvo que extrae lo ensaliva para que tome consistencia. La cueva está cerca del mar y los hombres han ido a buscar alimento mientras ellas se encargan del fuego y de la magia, de preservar el lugar frente a los malos espíritus. Últimamente los niños nacen con el cuello largo, les cuesta mantener la cabeza. El benjamín del clan tiene la mirada perdida y está más caliente de lo que debería. El dios del fuego se ha apoderado de él y han de pintarle trazos rojos en la frente, en las mejillas, por el pecho. La mujer sabia que representa a la luna en la tribu empieza a marcar con el pulgar la cara del niño. Del cielo está cayendo el agua que alimenta la tierra y la mujerluna mira al techo y a las paredes que cobijan. Una sombra se proyecta sobre los relieves, contempla su mano y de nuevo la pared. Súbitamente se impregna la palma de rojo y la estampa. Más o menos coincide, su visión ha sido certera. Llama entonces a la madre del niño enfermo: dame tu mano, dice, y la embadurna tras buscar un sitio donde pueda ponerla. Las dos contemplan, satisfechas, su obra, y la mujerluna afirma con la cabeza. Ahora está segura, las manos  protegerán al niño. Vuelve a mirar las paredes y se fija en ellas de otra manera. Coge el resto de pasta roja y dibuja una larga línea en arco y se aleja y se pone en cuclillas y luego de pie y se rasca la cabeza y ve otra parte que puede ser… y lo aprovecha y aquí un músculo y un cuerno y las patas y dibuja y retrocede y está sudando y la respiración se agita,  de nuevo en cuclillas  y se acerca y lo huele y aquí una panza y rellena y siente que vive en la pared y se aleja y se acerca y así continúa hasta que agota la pintura. De pie, ante su obra, recupera su pulso normal, sonríe y estira los brazos, mira a la madre del niño enfermo. Vivirá, le dice, y algún día llegará a ser cazador de bisontes.</p><p>  <strong>Poder</strong></p><p>Es la hora. Enheduanna termina el poema para la ceremonia en honor a la diosa Innana. La arcilla se moldea entre sus manos, el punzón va marcando la escritura y la tablilla será entregada a su padre el Rey. Aunque él la lea, todos los babilonios sabrán que es de la gran sacerdotisa. Un poema especial tras las últimas luchas intestinas y el complot que la desterró a ella del templo y a su padre del trono. Luego vino el ejército fiel y la restauración. Y ahora, la fiesta en honor de la diosa. Por eso se esfuerza en que los versos no sean tan tristes como los del  destierro: yo, la que alguna vez se sentó triunfante, fui arrojada del santuario… Ahora vuelve a estar donde le corresponde: ha regresado a su lugar, el corazón de Innana se restaura. La sacerdotisa está vestida en hermosas túnicas, en femenina belleza, como en la luz de la ascendente luna…</p><p>Date prisa, Enheduanna, el rey Sargón espera. Desde la azotea del templo se ven las barcas de pesca que bajan por el río hasta llegar al Golfo, sombreadas por la luna llena que ocupa su lugar en el cielo. Y allá abajo la avenida de las Procesiones, esa vía paralela al río por la que tendrás que llegar hasta palacio. Piensas en lo que te ocurrió, en el destierro, destrozada tu vestimenta y rapada tu melena. Son tus manos las que cosían las túnicas de tu cuerpo y cuidaban el pelo con aceites de palma y oliva. Todo lo destrozaron, arrastrándote por el fango del Éufrates donde jugabas cuando niña; fuiste arrojada al lugar de los leprosos, tú, la sacerdotisa, la que tenía potestad para nombrar y destituir, la que podía escoger hombres para yacer una sola noche. ¿Recuerdas a qué sabe el destierro? Un sabor metálico en la boca, polvo en el cuerpo, sexo hecho ceniza.</p><p>Pero ahora es momento de alegría, solo queda vestirse para la ocasión: el gorro cónico sobre el pelo, la diadema de plata con los colgantes sobre la frente y la túnica roja encima del vestido blanco. Los pendientes de lapislázuli, las pulseras cubriendo el antebrazo hasta el codo y el gran collar de las sacerdotisas con el emblema de la diosa. El olor a azahar envuelve tu cuerpo. Ya estás preparada. La ceremonia de restauración ha comenzado.</p><p>  <strong>Revelación</strong></p><p>Viajaré hacia la muerte con un odre lleno de palabras. En la eternidad tendré tiempo de vaciarlo por si llego a entender lo que en vida me fue negado, pese a formar parte de las trece doncellas que sirvieron a la reina, trece fases lunares que han regido el tiempo, aunque todo está a punto de cambiar. Ésta será la última odisea y el rey, cuando vuelva, acabará con nosotras de la manera más feroz, descuartizadas y esparcidas para no dejar rastro. Y por más que piense en cómo se ha llegado a esto, no logro entenderlo. Cierto que también van a morir los pretendientes al trono,  merecido lo tienen por conspirar. Pero, ¿y nosotras? ¿Acaso no hemos servido fielmente a Penélope? Fue la reina quien nos mandó yacer con los invitados para conocer sus intenciones.</p><p>Antes de eso, intuyendo mi destino, emprendí el viaje en busca de respuestas. Llegué al monte Liqueo, donde ninguna figura proyecta su sombra, por si era ésta la que me impedía entender lo que estaba ocurriendo; me deslicé entre gigantes de cien manos que guardaban a los titanes; consumí alucinógenos en busca de una revelación y cuando parecía estar cerca de ella, se desvaneció. Vuelta a empezar como el telar de la reina, hacer durante el día, deshacer después. Y ahora, desde el puerto, viendo atracar los barcos en un atardecer luminoso y con viento, un viento que pega la túnica sagrada como una segunda piel, espero la llegada del hombre que nos dará muerte. Tal vez la eternidad  sirva para ir desgranando poco a poco, a través de las palabras que viajarán conmigo, cómo la astucia y el engaño vencieron, cómo la flecha que atravesó el asta de las trece hachas, las trece doncellas, las trece fases lunares, va a cambiar para siempre la historia.</p><p><strong>Impostura</strong></p><p>Delante del espejo se cepilla el pelo muy despacio mientras acaricia cada mechón. Aunque desde la estancia no ve el mar, puede oír los ruidos del puerto, las sirenas de barcos que llegan, el aviso de los que zarpan. Ha de darse prisa, dentro de poco saldrá el suyo. Coge unas tijeras. Empieza por la derecha, primero solo las puntas, despacio, con miedo. Poco a poco se  anima, corta más y más, hasta que acaba en algo rápido, rabia, furia, nervio, llanto. Trasquilones, vista borrosa, ahora parece un hombre: corazón de hombre, cuerpo y cerebro de mujer. Una identidad falsa y una vida que comienza. Que deja atrás otra, en la noche, dos días escondida en caminos hasta la ocasión propicia, el robo del jubón con ropa y papeles. Será un hombre, al menos hasta su nuevo destino, hasta que esté lejos, donde la sombra no llegue. Todo antes de aceptar el compromiso pactado de un marido. No está hecha su costilla para eso. A partir de ahora será James, James Barry, identidad usurpada al jubón. ¿El dinero? ¡Qué le importa! Ha robado en casa, sí, y en el camino, a aquel hombre borracho que no se dio ni cuenta. No siente remordimientos. Le han empujado a hacerlo y está decidida a labrar su propio destino.</p><p>El tiempo acecha. Ha de darse prisa. Vuelve a oír las sirenas de los barcos en el puerto. Se quita el vestido, las enaguas, el corpiño. Sobre la cama, la ropa de su nueva identidad. La tela blanca, apretando bien el pecho para que no se note. Un pantalón ancho sujeto con una cuerda, qué gordo era el borracho, con el blusón no se marcan las caderas y las manos  pueden ser las de un zagal. Cuando finaliza, vuelve a mirarse en el espejo y no se reconoce. ¿Hasta cuándo la impostura?</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Manjar en balanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manjar-balanza_1_1146856.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ad95f692-532e-4a77-8d20-951d6e53bdf3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manjar en balanza"></p><p><strong>Pan impuroBlanca MorelRuleta RusaMadrid2017</strong><em>Pan impuro</em></p><p>  </p><p>Acaba de ver la luz <em>Pan impuro</em>, el nuevo poemario de la poeta madrileña <strong>Blanca Morel</strong> publicado bajo el sello editorial de Ruleta Rusa. Ya desde el título la obra anuncia una imagen desconcertante, una desacralización del “pan” como símbolo de alimento espiritual y que nos evoca una reconversión que sólo es posible mediante la palabra y su amplitud de significados.</p><p>La anatomía de <em>Pan impuro</em> está compuesta por 3 secciones<em>: </em>“Migajas”, “Hambre” y “Consagración”; sin embargo, hay un texto que sirve como antesala y que Morel titula “Sobre el poema y otras imprecisiones”. En dicho texto, la autora pone de relieve la detención que el lenguaje poético ejerce sobre la fugacidad de la vida, ya que “la poesía hace que la existencia se detenga antes de proseguir en su incesante huida”. Espejo de signos, raíz de tinta, manjar que evapora la saliva del tiempo, para Morel la poesía es una conciencia atemporal que desacata la tiranía de la realidad.</p><p>La primera sección del libro, “Migajas”<em>,</em> nos remite a un desmoronamiento, a los restos de una unidad antigua (¿el amor?) que evapora su morada. Desde el primer poema, <em>cangrejos podridos</em>, se manifiesta la importancia de lo gustativo: “ahora debo comer el manjar caduco<em>”</em>, sentido que atiende no sólo a la materia sino también a lo inasible, como sucede en el poema <em>gatos y sombreros</em>: “(suponiendo lamo mi vacío)”.  Al avanzar en la lectura, vemos cómo ese sentido del gusto despliega sus matices abarcando lo gastronómico, lo erótico, lo existencial, lo simbólico… El manjar se muestra en balanza mediante imágenes sugerentes e incisivas: “una tarde en la hamburguesería/ bajo nuestra mesa/ el cordero se tendió” (p.21), “lamí tu espalda/ lo que fluye contenido en el movimiento” (p.22), “desapareceré como un perro lamiendo tu mano” (p. 27), “pan impuro comí/ con labios cadáver/ llamo-lamo el excremento” (p. 34).</p><p>Cada poema de “Migajas” es un bolo alimenticio con distintos alientos y longitudes, a veces palpita la condensación de lo breve y del haiku; otras lo conceptual y lo lúdico, incluso llegamos a ser testigos de una secuencia estructurada como ocurre con <em>primera canción de flores y cuchillos</em> y los dos poemas que le siguen: <em>segunda canción de flores y cuchillos</em> y <em>estribillo</em>, composición que brilla por su delicadeza y acritud.</p><p>En “Hambre”, segunda parte del poemario, se da un giro inesperado tanto en la forma como en el contenido. Cercana a un estilo que colinda más con el ensayo lírico, de pronto la escritura de Morel adquiere la proporción de la prosa poética y se enfila hacia lo reflexivo intentando hallar la relación entre universo y conciencia. Si en <em>Migajas</em> asistíamos al duelo del amor mediante imágenes de ensoñación e ingesta, en <em>Hambre</em> somos testigos del intento por deglutir lo inapresable: la palabra, el deseo, la existencia. La visión que la poeta nos ofrece del mundo parece estar muy cerca de la interpretación emblemática del universo en la que los relieves de la realidad adquieren un carácter jeroglífico, es decir, por ejemplo, que la piedra o el árbol no son sólo entidades sino escritura, y que las palabras “piedra” y “árbol” no son sólo escritura sino entidades, seres en operación binaria. Morel nos lo ofrece de la siguiente manera: “Pero hay un lenguaje antiguo, tan antiguo como el universo que está dentro de las piedras, de las serpientes y las hojas, del fuego y del agua, de la sangre y la tierra. Hay un lenguaje enterrado en nosotros que intenta surgir de cada duda, da cada miedo y liberarse de una sepultura que lo mantiene callado, oculto: el balbuceo oculto del universo que llena los interrogantes”.</p><p><em>Hambre</em> se construye como una sed de autoconocimiento, un manjar que nos da otro matiz de balanza: con la boca ingerimos cosas materiales, el alimento, pero también exhalamos seres impalpables, las palabras.</p><p>La tercera y última parte del libro, “Consagración”, vuelve al verso y nos muestra nuevos niveles de apreciación como lo onírico y lo paisajístico. Morel nos hace partícipes de las capas de los ríos y de los sueños, de lo fluvial y de lo que fluye: “mi carne santifica perpleja esta fiesta/ del despojamiento de mí/ gime la tormenta al retirarse/ del cuerpo del marinero muerto” (p.50). Los guiños a la religión y al canibalismo se dejan ver en imágenes más palpables por su domesticidad: “he preparado guiso de carne/ esperando que vengas a comer/ corazón humano” (p. 48), “la colada sigue dentro de mí/ obstruida estoy de tantos trapos/ la sábana santa de tu cuerpo/ mi vestido de novia/ el camisón de parturienta” (p. 49).</p><p>En “Consagración” vemos la restauración de lo vital mediante el deleite y fusión con paisajes idílicos o con las revelaciones cotidianas que emergen durante la siesta. Ungüentos que enjuagan las suturas del pasado y la vigilia.</p><p>Dentro del corpus de la obra, Morel se hace eco de distintas voces para profundizar los secretos que laten en su discurso; de esta forma, se dan cita autores como <strong>María Zambrano</strong>, <strong>Roland Barthes</strong>, <strong>Marguerite Duras</strong>, <strong>Luis Cernuda </strong>o el <em>I Ching</em>, invitados que se sientan a la mesa a conversar mientras los poemas se sirven.</p><p><em>Pan impuro</em> se nos ofrece como un alimento en donde la carne y la palabra se combinan para mostrarnos el duelo amoroso y la restauración, la problemática del lenguaje y su misterioso hacer. Manjar de signos que muestran su balanza y los matices de los que estamos hechos y a los que aspiramos nombrar. En ese salto de la existencia al nombramiento está la poesía, ese pan del que comemos para convidar a los huéspedes el trigo posible, el fundacional, el puro: el poema, y del que Morel se sirve para transformarnos en comensales y testigos de su banquete ceremonial.</p><p><em>*Óscar Pirot es poeta. Su último libro es </em><strong>Óscar Pirot</strong><a href="http://www.estonoesberlin.com/libros/bestimenta-oscar-pirot/" target="_blank">Bestimenta </a><em>(Esto no es Berlín, 2016).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Óscar Pirot]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manjar en balanza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La emoción de la nieve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/emocion-nieve_1_1146854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/82041dd7-46cf-48a4-a35d-623d5424f990_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La emoción de la nieve"></p><p><strong>El mensajero tardío Leons BriedisEdición bilingüe letón-españolTraducción de Raquel García BarobsTrifaldiMadrid2017</strong><em>El mensajero tardío </em></p><p>  </p><p>No siempre aparece la nieve en el invierno y cae en los lugares más montañosos y gélidos, sino que a veces llega en el silencio y crece en los páramos de la melancolía, donde puede que nadie jamás  llegué a observarla. En la poesía magnífica de <strong>Briedis </strong>la nieve aparece a cada instante, en cada verso, aunque no esté visible ante los ojos del lector y sea un leve susurro que vibra al respirar la luz que subyace en las palabras que él dibuja como si fueran geométricas palomas que el viento diluye antes del oscurecer. “¿Cómo he podido yo,/ la Nieve,/permanecer en reposo tanto tiempo?”, dice el poeta letón  al principio del poemario, en la pieza titulada “El hijo pródigo”, presentando, de entrada, un decorado fantasmal donde se mezclan lo mágico y onírico con lo sagrado y espiritual formando una pasta lírica inquietante.</p><p>La poesía de Briedis está llena de oquedades por las que entra la nieve, o mejor dicho: la emoción de la nieve cayendo suavemente en nuestros ojos sesgados por la luz. “Un cúmulo de mariposas blancas florecieron en el cerezo”, nos dice el poeta en un verso magistral donde uno siento al leerlo la inocencia de quien llega a un país extraño, muy lejano, y de repente lo siente como suyo, pues flota en su atmósfera un halo familiar que el lector reconoce como un objeto íntimo. Conocí a Leons Briedis en persona hace dos años y, de entrada, al tenerlo callado frente a mí me sentí subyugado por la tersa humanidad que había en su mirada, en sus ojos guarecidos bajo el fulgor diamantino de sus gafas que eran como dos líquidas escamas de barbo o de trucha protegiendo la inocencia de un hombre celeste, límpido y feliz, con un baño de amable y tibia timidez. No tardé en sentirlo próximo a mi vida, como si, de algún modo, apareciese, después de muchísimo tiempo sin hallarnos (aunque a él hasta entonces nunca lo había visto), como el viejo y amable maestro de la infancia que en mí, antaño, sembró el amor a espacios líricos, el temblor de los chopos en brazos del  crepúsculo o la voz de la nieve hundiéndose en las ruinas de un  poblado minero en el que jugué de niño a la hora apacible de la anochecida.</p><p>En esta poesía hay mucho de hondura y de pureza, de virginal inocencia y de armonía, aunque también aparezca un desencanto que llega a rozar la prístina amargura que conlleva el dolor de la pérdida de fe: “todos los días cargo con el cuerpo fallecido de mi ángel/ guardián/ para enterrarlo por la noche” (pág. 37). La voz de León Briedis en sus versos busca a Dios y, a la vez, lo rehúye, lo evita, y lo distancia a través de una angustia celeste, vertical, donde caben lo épico y lo religioso, el olor transcendente y sagrado de la vida con la oscura y profana visión de un mundo roto donde la imagen de Cristo rueda insomne como una canica en el suelo de una plaza en la que un niño rompió todas las farolas inaugurando así una oscuridad, aunque minúscula, firme y transcendente. En la línea de lo dicho hay en el libro un poema políticamente muy incorrecto, aunque bellísimo, titulado “Ajedrez”,  que entra el dedo en la llaga feble y ominosa de la religión entendida como armario donde esconder todas las frustraciones, todos los desencantos y los miedos a una nada absoluta que algunos se reinventan edificando templos insolidarios donde la fe camina de puntillas: “<strong>Borges </strong>y Jesucristo/ están jugando al ajedrez/ en la mesa de la alianza dentro del templo/… Jesús provoca el vitoreo de la multitud/ moviendo el peón del Espíritu Santo,/ a lo que Borges/ provocando el abucheo de la multitud/ despeja rápidamente con el alfil de <strong>Homero</strong>” (pág. 31). Hay en muchos poemas de Briedis una pulsión de aire torvo y sombrío, siempre surrealista, que se asemeja a la obra de <strong>Vallejo</strong>, aunque la del poeta letón sea más hermética y quizá menos agreste que la del peruano.</p><p>Tanteando en lo oscuro, en el miedo y el dolor, en la desposesión de la inocencia, en la tierra mordida por un viento mitológico, en el resplandor lejano de unos dioses que no volverán a ser lo que ayer fueron, este libro profundo, genuino y esencial que <a href="http://www.trifaldi.com/home/47-el-mensajero-tardio.html" target="_blank">Trifaldi edita en España</a> por vez primera en su colección Ay del seis, la poesía de Briedis muestra un camino diferente donde no caben ecos o espurias afinidades con otras voces poéticas europeas, algunas de ellas muy cacareadas a nivel nacional e internacional. La poesía de Briedis es hermosamente lúcida, elegante y profunda, herida en su sustancia por una angélica y lírica piedad. Como dije al principio, al hundirme en estos versos, en la voz sublime y genuina de este libro, <em>El mensajero tardío</em>, hallo el temblor de una nieve invisible e intangible que susurra y cae en el silencio añil de mis entrañas abriendo los ángulos de una realidad transfigurada y rota por el frío, donde se agolpan la duda y el misterio.</p><p><em>*Alejandro López Andrada es escritor. </em><strong>Alejandro López Andrada</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Andrada]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La emoción de la nieve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura europea,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'Partitura']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-partitura_1_1146850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80edad03-3f28-4cbf-9d52-3e25514de89b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 'Partitura'"></p><p><strong>PartituraGunnar EkelöfEdición bilingüeTraducción de Francisco J. UrizFundación Ortega MuñozBadajoz2017</strong><em>Partitura</em></p><p>  </p><p>De <strong>Gunnar Ekelöf</strong> (1907-1968) se suele decir que es el nombre más representativo de la poesía sueca del siglo XX. En efecto, los modos poéticos que adoptó este escritor severo e independiente, que gozó de pocas prebendas oficiales y tuvo problemas incluso para que el Estado sueco le permitiera simultanear la pensión de invalidez que cobró en sus últimos años, marcados por la enfermedad, y sus ingresos literarios, se ajustan cumplidamente a lo que cualquier estudiante mediano de literatura entendería que fueron los rasgos definitorios de la poesía del pasado siglo: herencia vanguardista y elevación retórica de la voz hasta sumir una especie de tono oracular, ahistórico, revestido de citas literarias prestigiosas. No en vano uno de sus modelos fue <strong>T. S. Eliot</strong>.</p><p>Desde esas premisas, Ekelöf construyó una voz propia, severa y trabajada, que mantuvo hasta prácticamente sus últimos días, marcados ya por la enfermedad. En los “poemas principalmente de 1965-1967” que ocupan la primera de las dos secciones en las que se divide <a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/partitura_7775" target="_blank">Partitura</a>, su primer libro póstumo, pueden apreciarse los rasgos anteriormente destacados: “Estoy en el jardín de Epicuro / Aquí florece el Laurel / Y los altos dioses / están infinitamente lejanos”. Escribe Ekelöf desde una especie de “tierra baldía” donde los referentes culturales apenas logran aportar sentido a un caos metafísico en el que apenas son discernibles ciertas señales de la afectividad humana más elemental: “Para mí es / esta dulce tierna / imagen lo importante / una mujer / mi hija, mi hermana / Mi madre (…) // Si yo hubiese tenido una madre así / me habría mostrado el camino a casa, nunca a Constantinopla / Ahora me muestran los camellos / dónde está ella”.</p><p>Pero quizá lo que impresiona de estos poemas póstumos, transcritos y compilados por la esposa del poeta, es el quiebro que revelan en la segunda de las dos partes de las que se compone. En ese bloque, “escrito y dictado durante la enfermedad”, el poeta renuncia al fondo críptico de su inspiración para entregarse casi sin rebozo a un desesperado diario de superviviente: “Poder vivir, es decir trabajar, tener el tiempo suficiente para volver a los esbozos, este es mi más profundo deseo”, reza el primero de los fragmentos compilados.  Y aunque aún hay lugar en estos precarios apuntes finales para la aparición de criaturas mitológicas (“Un macho cabrío con cabeza humana”) y para la geografía literaria (“Los álamos de Asia / jalonan los ríos”), es significativo que en este agónico último esfuerzo afloren hermosos poemas amorosos (“El momento supremo del amor”) o lacerantes reflexiones sobre el dolor (“¿Quién sabe Algo / sobre el Dolor? / Sólo el Dolor sabe / algo sobre Algo / que es el Dolor…”).  Como una especie de diálogo entre el poeta en pleno dominio de sus facultades y el hombre que ensaya su último grito agónico puede leerse este libro. Que, aun siendo póstumo, puede servir al lector español como elocuente presentación de este importante poeta sueco.</p><p><em>*Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://laisladesiltola.es/coleccion/arrecifes/nosotros-los-de-entonces/" target="_blank">Nosotros los de entonces</a><em> (La Isla de Siltolá, 2015) y </em><a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/efemera_3549" target="_blank">Efémera</a><em>(Takara, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'Partitura']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lo sólido y lo líquido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/solido-liquido_1_1146846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/948e8a27-4cd8-4bc1-8fca-f88acea47b2f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo sólido y lo líquido"></p><p><strong>El año que nevó en ValenciaRafael ChirbesAnagramaBarcelona2017</strong><em>El año que nevó en Valencia</em></p><p>  </p><p>En el 2003, <strong>Rafael Chirbes</strong> publicó en Cuenca, en los inolvidables Cuadernos de la Mangana, editados por el Centro de profesores de la ciudad, <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/el-ano-que-nevo-en-valencia/9788433916167/NCA_2" target="_blank">un exquisito relato</a> de tono rememorativo sobre el despertar de la conciencia durante el paso de la juventud a los comienzos de la madurez. Ahora, con buen criterio, se reedita en la renacida colección <a href="https://www.anagrama-ed.es/coleccion/nuevos-cuadernos-anagrama" target="_blank">Nuevos cuadernos Anagrama</a>.</p><p>La narración no solo tiene interés en sí misma, sino también por su vinculación con “Añoranza de alguna parte”, texto recogido en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/mediterraneos/9788433971784/NH_440" target="_blank"><em>Mediterráneos</em></a> (1997), dado el protagonismo de la ciudad de Valencia y la sensación que tiene allí Chirbes de no pertenecer a ningún sitio, y con la novela <em>Paris-Austerlitz</em> (2016), por las referencias a la capital francesa.</p><p>Se trata, en realidad, de la evocación que un hombre maduro hace de su niñez, de un episodio ocurrido en Valencia durante el invierno de 1956, cuando su tío Pablo celebró el cumpleaños con una fiesta a la que acudió toda la familia, entre ellos el innominado narrador, entonces un niño de seis o siete años, con su madre, ya viuda, quienes acuden desde el inventado pueblo de Bovra. Pronto, ambos abandonarían Valencia para instalarse en La Coruña. Y a pesar de que como veremos evoque otros episodios de su vida, el corazón del relato es esa celebración familiar, durante la cual tiene la sensación de que va a suceder algo significativo.</p><p>El caso es que no consigue precisar las fechas, ni tampoco entender del todo entonces lo que se traían entre manos los mayores. Sí recuerda, en cambio, las sensaciones, la visión de su primera nevada, ciertos olores, la atmósfera de la celebración y los conatos de disputas familiares. Y junto a esa alegría, a las risas de sus parientes, el escándalo —es la palabra que utiliza el narrador— que a veces le producía la conducta de los adultos, a quienes no siempre consigue comprender. Se suma, a ello, la fascinación que siente el niño por sus tíos Juan y Luisa, por las elegantes ropas que usan; o la extrañeza de por qué se hablaba valenciano en el pueblo y castellano en la capital.</p><p>No pesa menos la conciencia de que aquella guerra, de la que tanto hablaban sus parientes, no había concluido aún, pues para el chico tenía que ver con el sufrimiento y la irregularidad (pp. 14 y 22). Así, la narración aparece pespunteada por diversos recuerdos: el paso del fielato; las imágenes de las jardineras de los trenes o de la madre cosiendo; la colonia Maderas de Oriente que usaba ella; el olor del Floïd de los hombres; el primer vermut, con su correspondiente rodaja de limón y el palillo con la aceituna, y los primeros bailes (resulta imposible no relacionar la evocación del pasodoble que baila con su madre, con aquella escena semejante en <em>El Sur</em>, la inolvidable película de <strong>Erice</strong>), los ojos brillantes del pretendiente que ella rechaza; la fascinación por las palabras, por nombres cuyo sentido el niño no acaba de entender; o las extrañas caricias de los mayores, del tío Antonio.</p><p>Se trata, por tanto, de la historia del acceso a la madurez, pues no solo se trasladan a Galicia, sino que el joven narrador viaja por primera vez a París, donde trabaja seis meses limpiando oficinas, acude a las sesiones matinales de los cines o visita los museos, el Marmotan con las ninféas de <strong>Monet</strong>, tal y como hizo el propio autor. Si la estancia en La Coruña hace que olvide Valencia; París, por contra, le parece entonces una ciudad “oscura, húmeda y gris” (p. 18), aunque al fin y a la postre acabe dándose cuenta de que su lugar está junto al Mediterráneo.</p><p>La narración esconde dos secretos, pues la madre se casa de nuevo con Leonardo El Canario, quizá esquivando a otro pretendiente; junto con el motivo de la celebración del cumpleaños, en una época en que solo se festejaban los aniversarios de los niños. Se trata, en esencia, de una ficción, aunque el autor se valga de sucesos reales de su propia vida. Al fin y a la postre, este relato se ocupa nada más y nada menos que de aquello que la vida tiene de sólido y de líquido.</p><p>P. S. ¿Por qué no editar un tomito semejante con los cuentos que Chirbes no recogió en libro?</p><p><em>*Fernando Valls es profesor de literatura y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Hacia dónde vas con tanta prisa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vas-prisa_1_1146844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/86a9bf11-381a-4c9c-b9b1-6c9033b17342_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hacia dónde vas con tanta prisa?"></p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-gran-retroceso/248301" target="_blank">El gran retroceso</a> (Seix Barral) recoge una meditación colectiva e internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia. Cuando los problemas internos agitan la política de un país, a veces es muy iluminador colocar las polémicas, las reacciones, los gritos y los deseos en un contexto más amplio. España no es un país diferente a los demás. Y conviene recordarlo antes de tomar postura sobre los acontecimientos.</p><p>En este libro se reúnen muy interesantes artículos de pensadores como <strong>Santiago Alba Rico</strong>, <strong>Zygmunt Bauman</strong>, <strong>Nancy Fraser</strong>, <strong>Donatella della Porta</strong>, <strong>Marina Garcés</strong>, <strong>César Rendueles</strong>, <strong>Bruno Latour</strong> o <strong>Slavoj </strong><strong>Žižek</strong>.</p><p>  </p><p>A Zygmunt Bauman le pido prestadas  dos preguntas que se dirigen a la gente en carrera: ¿de dónde te estás escapando? y ¿hacia dónde vas con tanta prisa? A Slavoj Žižek le acepto un consejo muy oportuno: la urgencia de la situación presente no debería de ninguna manera servir de excusa. La urgencia es el momento de pensar.</p><p>Pensar, por ejemplo, que Cataluña y España son nuestras catástrofes, pero que no se diferencian mucho de esa otra catástrofe que llamamos el mundo. Repito: no somos tan diferentes.</p><p>En la meditación colectiva convocada por <strong>Heinrich Geiselberg</strong>, abundan las cuestiones que necesitan preguntas y respuestas. Cada vez son más los lugares del mundo en los que se rompe o ya no existe el Estado. La globalización económica no ha permitido la correspondiente legalidad institucional de un control democrático. El mercado libre y el neoliberalismo galopante han generado desigualdades y miedos graves, justificados, cercanos, que las democracias tradicionales no están en condiciones de solucionar. Se ha extendido el cultivo de las identidades locales, la xenofobia, el racismo y la fe ciega o transitoria en los demagogos.</p><p>Ahora tiene fortuna la lógica del nosotros somos diferentes, lo que lleva a un enfrentamiento vertiginoso entre el ellos y el nosotros. Los movimientos migratorios no han ido acompañados de una cultura política consolidada que sostenga —frente a la inseguridad y el miedo— el respeto a los derechos humanos y la convivencia democrática. Por un lado, surge la llamada a la Ley y al Orden contra el terror; por otro lado, se desprecian las constituciones y los derechos. Son dos síntomas del capitalismo autoritario y del populismo furioso. Estamos, como denunció <strong>Giorgio Agamben</strong>, en un perpetuo estado de excepción.</p><p>La indignación popular está llena de peligros antidemocráticos, pero es inútil todo análisis que quiera ocultar las muchas razones que tienen los ciudadanos para estar indignados.</p><p>Quizá debemos pensar bien todas estas cuestiones en nombre de la democracia y los derechos humanos. Antes de reaccionar frente a las imágenes repetidas por los televisores, las declaraciones de los líderes y el ondear de las banderas, quizá sea conveniente recordar que la urgencia es el tiempo del pensamiento. También debemos preguntarnos cada uno: ¿de dónde te escapas? y ¿hacia dónde vas corriendo?</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor universitario. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero </strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/baladas-en-la-muerte-de-la-poesia.html" target="_blank">Balada en la muerte de la poesía</a><em> (Visor, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Hacia dónde vas con tanta prisa?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Filosofía,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Julio Rodríguez Puértolas o la literatura como diálogo con el mundo y la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/julio-rodriguez-puertolas-literatura-dialogo-mundo-historia_1_1146839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/943df2d3-7c7d-4616-b992-5471cf74834f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Julio Rodríguez Puértolas o la literatura como diálogo con el mundo y la historia"></p><p>Hace unas semanas murió <strong>Julio Rodríguez Puértolas</strong>. A muchos de ustedes no les dirá, quizás, nada, o poco, su nombre, pero nos ha dejado uno de los baluartes de la crítica literaria social y materialista de la universidad española, discípulo de don <strong>Américo Castro</strong>; profesor en Estados Unido, durante los años sesenta, y catedrático de literatura, luego, en la Universidad Autónoma de Madrid durante los años setenta, ochenta y noventa, hasta su labor emérita en las primeras décadas de este siglo como coordinador y alma de los simposios anuales sobre la cultura durante la II República, que tienen lugar en la UAM cada primavera…</p><p>Fue coautor, junto con<strong> Iris Zavala</strong> y <strong>Blanco Aguinaga</strong>, de la mítica <a href="https://www.akal.com/libro/ha-social-literatura-espanola-2-vols_32088/" target="_blank">Historia social de la literatura española (en lengua castellana)</a>, de Castalia, años más tarde reeditada por Akal, que sacudió los vetustos cimientos positivistas e idealistas de la crítica literaria universitaria de este país durante la Transición y que tanto nos influyó a los jóvenes estudiantes de Filología de entonces, y de generaciones posteriores, a pesar de sufrir el ninguneo y el desprecio ignorante de los poderes constituidos dentro de nuestras mortecinas facultades… Aún recuerdo, cuando salió su primera edición, lo que se decía en las aulas sobre esa extraordinaria obra, descalificándola por ser más sociología e historia social y política que literatura; como si la literatura pudiese ser separada de su mundo material e histórico.</p><p>No entendían esos profesores anclados en el pasado más rancio, o ligados a las viejas costumbres críticas, o vinculados directamente al Régimen, que justamente eso era lo que nos había dado ese manual, y que eso era lo que nos daba Julio Rodríguez Puértolas en las aulas a sus alumnos más inquietos y ávidos de respuestas sensatas y con sentido. No entendían que él, junto con otros pocos francotiradores, entre los que destacaría luego el gran <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/10/24/muere_juan_carlos_rodriguez_maestro_poesia_experiencia_56667_1026.html" target="_blank">también desaparecido lamentablemente</a> no hace mucho, nos estaban dando un marco de referencia sólido y material para la comprensión y la lectura de los textos literarios, más allá del idealismo impresionista, fundamentado este en una subjetividad variable y sospechosa, o de aquel cansino positivismo decaído que no nos daba respuestas adecuadas a las preguntas esenciales que, curiosos por comprender lo que leíamos, nos planteábamos.</p><p>Qué epifanía fue leer los textos fundacionales de nuestra literatura castellana, especialmente los grandes textos del siglo XIV, y principalmente el <em>Libro de buen amor</em>, con él… Qué torrente de sentido, cómo cambiaba todo si considerábamos a esos textos genuinas respuestas a sus mundos y coyunturas históricas concretas… Cómo surgió en mí la certeza entonces de que el <em>Libro del Arcipreste</em> era, sin duda, la protonovela moderna europea, cómo, antes que nadie, <strong>Juan Ruiz</strong> había poetizado el nacimiento mismo de la ciudad burguesa y del capital en Castilla y en Europa entera; cómo era la primera vez que un sujeto libre se expresaba, desde los comunes, literariamente, sin estar sujeto a ningún vínculo de poder social u órgano dominante, al ser él mismo un disidente de su propio órgano, la Iglesia; y cómo expresaba, por eso, el deseo de vivir plenamente y los obstáculos que se oponen a esa vida libre, tanto en el viejo mundo de los señores feudales como en el nuevo mundo de los príncipes del dinero.</p><p>Qué decir de su cautivadora lectura del Romancero tradicional, con sus héroes perdidos en el tránsito de dos mundos, o de <em>La Celestina</em>, la primera obra estrictamente nihilista de la literatura castellana y, tal vez, europea; o esa estimulante lectura del episodio de la bella Marcela en <em>Don Quijote</em>… Y, más tarde, el completo desentrañamiento del <strong>Galdós </strong>más lúcido y cervantino, o del <strong>Clarín </strong>más cortante, y cómo la novela se puede convertir en un vehículo esclarecedor del mundo que habitamos…</p><p>En fin, son tantos los recuerdos que se me acumulan. No en vano, Julio Rodríguez Puértolas, además de mi maestro, con el tiempo se convirtió en mi amigo; y junto con otros discípulos que llegaron también a ser sus amigos, de las generaciones que sucedieron a la mía —la primera que tuvo la suerte de recibirlo en los albores de los años setenta, en el mejor periodo, acaso, de la universidad española, por su dinamismo y las esperanzas que se concitaban en los campus universitarios de entonces, tan diferentes a los de ahora—, junto con ellos, junto a <strong>David Becerra Mayor</strong>, por citar a uno de los jóvenes críticos universitarios más prometedores, de la última generación de alumnos suyos, o junto a <strong>César de Vicente Hernando</strong>, <strong>Raquel Arias</strong>, <strong>Alicia Martínez </strong>o <strong>Carolina Fernández Cordero</strong>, de las generaciones intermedias, reivindico su figura y su magna obra.</p><p>En mi caso, además, más allá de la labor crítica, su magisterio me hizo replantearme de arriba abajo mi propia escritura literaria, me obligó a preguntarme en serio por qué escribo, qué escribo y para qué escribo, pero también, y esto es esencial, desde qué posición escribo y si soy plenamente consciente de esa posición desde la que escribo.</p><p>Así, pues, tanto al maestro como al amigo, muchos lo echamos ya de menos, pero asimismo invitamos a todos los lectores y estudiantes de filología inquietos y curiosos a que se acerquen a su obra y a su legado, pues no les defraudará y les abrirá un nuevo modo de entender la literatura como respuesta material y política, en sentido estricto, al mundo del que nace y surge, no como por magia desligada, sino como diálogo esclarecedor y problemático.</p><p><em>*Matías Escalera Cordero es profesor y escritor. Su último libro, </em><strong>Matías Escalera Cordero</strong><a href="http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com.es/2016/09/6-poemas-del-amor-de-los-amos-y-del.html" target="_blank">Del amor (de los amos) y del poder (de los esclavos)</a><em> (Amargord, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Matías Escalera Cordero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Julio Rodríguez Puértolas o la literatura como diálogo con el mundo y la historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Obituario,Los diablos azules número 82]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Morales: "Los 'terroristas modernos' son los Estados"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cristina-morales-terroristas-modernos-son-estados_1_1146834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6bc706b2-0513-489e-844e-204c0ee85736_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Morales: "Los 'terroristas modernos' son los Estados""></p><p><strong>Cristina Morales</strong> (Granada, 1985) es ya una de las voces más interesantes y arriesgadas de la narrativa española. En <em>Los combatientes</em> (Caballo de Troya) seguía a los integrantes de un ficticio (o no) grupo de teatro universitario, en cuyo encendido discurso político de izquierdas<a href="http://www.eldiario.es/politica/Falange-trampa-literaria-Cristina-Morales_0_148385330.html" target="_blank"> colaba fragmentos de uno de Ramiro Ledesma</a>. En <a href="http://www.elcultural.com/revista/letras/Malas-palabras/36103" target="_blank"><em>Malas palabras</em></a>(Lumen), imaginaba el diario personal que hubiera escrito Santa Teresa (o Teresa de Cepeda y Ahumada, según quién) mientras componía su <em>Libro de la vida</em> bajo la atenta vigilancia de la Iglesia. En <a href="http://www.candaya.com/producto/terroristas-modernos/" target="_blank">Terroristas modernos </a>(Candaya) retrata a los participantes de la llamada Conspiración del triángulo, que en 1816 se propuso asesinar a <strong>Fernando VII</strong> para proclamar de nuevo la Constitución de 1812. </p><p>Con motivo de la presentación de este último en Barcelona, <strong>Xavier Vidal</strong>, de la librería Nollegiu, conversa con ella sobre el rechazo a la autoridad que trasminan sus novelas, sobre el nacimiento del Estado burgués en la Modernidad... y sobre cómo contarlo. </p><p><strong>Pregunta. </strong>En <em>Los combatientes</em>, en <em>Malas Palabras</em>, en <em>Terroristas modernos</em>… hablas desde diferentes perspectivas sobre la autoridad y de la resistencia a la autoridad.  ¿La autoridad es necesaria o no?</p><p><strong>Respuesta</strong>. Un buen amigo dice que el concepto de autoridad se había pervertido porque, para los clásicos, la <em>autoritas </em>era una cosa necesaria. Una persona con autoridad era aquella de la que se podía aprender. Algunas autoras, como <strong>Arendt </strong>y <strong>Sontag, </strong>recuperan y reivindican que la autoridad es algo más que aquello que se entiende en el lenguaje cotidiano. La autoridad es necesaria porque siempre habrá alguien que sabe más que tú y uno debe estar dispuesto a que ese otro le enseñe y estar dispuesto a aprender y no pensarse que uno lo sabe todo.</p><p><strong>P. Esto es lo que dice la tesis doctoral, sí, pero…</strong></p><p><strong>R</strong>. Pero yo no hago una tesis doctoral, sino que estoy en ese otro lugar del lenguaje cotidiano, de cómo vivimos la autoridad hoy en día o cómo la vivo yo o mi entorno, que es sobre lo que puedo escribir. Esa autoridad que yo vivo no es la de <strong>Hannah Arendt</strong>, ni la que representa que la autoridad es alguien que sabe más que tú, y tú por lo tanto debes tener en esa autoridad un referente. El concepto, por lo tanto, que yo manejo es el concepto de <em>autoridad </em>de la calle, el cotidiano. O sea, autoridad es aquel que es capaz de ejercer dominio sobre ti, al que tú le debes obediencia.</p><p>  </p><p><strong>P. ¿Por ejemplo?</strong></p><p><strong>R</strong>. Un ejemplo muy claro puede ser la policía: es una autoridad. Pero también puede ser autoridad alguien sin necesidad de que la ley lo denomine como tal, aunque me parece que recientemente hubo <a href="https://politica.elpais.com/politica/2015/03/29/actualidad/1427652834_998426.html" target="_blank">una modificación legal</a>, para convertir a los profesores, a los maestros –de primaria, no tiene por qué ser los de la universidad— en autoridad.</p><p><strong>P. Pero la autoridad a la que te refieres tú es la autoridad pública, y la autoridad pública tiene una connotación jurídica que si un señor policía me pone a mí una denuncia, contra su palabra yo solo puedo refutar hechos o pruebas, porque su palabra siempre valdrá más que la mía.</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, siempre. Yo me refiero a esa, claro, pero también a esa otra autoridad carismática, que no necesariamente tiene que venir dada por la ley. En los libros que tú has mencionado yo me concentro más en la autoridad pública, la que viene legitimada por la ley o por el estado o por el confesor de Santa Teresa, autoridad eclesiástica.</p><p><strong>P. Entonces, esa autoridad que manejas en los tres libros es una autoridad pública que continuamente está discutida por tus personajes, porque se entiende que tu autoridad pública no está ejerciendo el papel de autoridad pública que le corresponde, lo está pervirtiendo.</strong></p><p><strong>R</strong>. Esto sería un punto de vista, pero para mí… Claro, yo no te diré que la autoridad no sea necesaria, te diré que si los personajes de la novela confrontan esta autoridad no es para decirle: “Autoridad, usted se está portando mal, ejerza su poder tal y como la ley se lo exige”, sino que contestará su propia existencia, dirá “¿En razón a qué usted me pone a mí una multa?” o “¿En razón a qué usted me chifla por la calle y tengo que bajar la cabeza?”. En razón a qué. Bueno, y se le dirá: “En razón a qué hay una ley promulgada en un parlamento que nos representa a todos, que lo hemos votado”, y yo diré que para mí ese parlamento no está legitimado, que para mí esto era como un lema del 15-M, “No nos representan”. Y dirán: “No nos representan estos, o no nos representan bien”, y yo digo: “¡No nos representan nunca!”. ¡Nunca! ¡No nos van a representar nunca! Quiero decir que en la mística de la representación, que haya un señor que en función de la ley electoral y esta historia sabe lo que es lo mejor para mí… esto para mí es una ficción. ¡Esto sí que es una ficción, y no las novelas que yo escribo!</p><p><strong>P. Acabo con el tema de la autoridad. La autoridad no se da, la autoridad viene ejercida y se entiende que se gana, ¿no? ¿Estaríamos de acuerdo en eso?</strong></p><p><strong>R</strong>. No. Es evidente que la autoridad, que tú bien has dicho, viene determinada por la ley. O sea, yo consigo mi plaza de oposición de municipal, de policía, y soy una autoridad, y ya puedo ser un maltratador o un torturador que no me la tengo que ganar. Sí, pero esta es la autoridad que se da, por decirlo de alguna manera. Del modo que tú dices “No nos representan” y es porque entiendes que esa autoridad que se ha dado a una determinada gente para que nos representen nos parece mediocre. Es una autoridad dada, no es una autoridad ganada, y por lo tanto, no es respetada. Entonces, la crisis de representación que se expresa a través del 15-M, se manifiesta por los casos de corrupción, mediocridad, falta de preparación en la gente que nos debe representar, y por lo tanto el <em>gap </em>entre autoridad dada y autoridad respetada al final debe ser el origen de esta crisis.</p><p><strong>P. Cuando lo describes en el caso de Santa Teresa en Malas palabras, ese monólogo, lo escribes porque entiendes que la autoridad eclesiástica dice “No, usted tiene que hacer esto”, pero Santa Teresa dice otra cosa. En Los combatientes… tienes unos personajes que entienden que el sistema no funciona. Y en este caso, un terrorista en el poder —como es el título de la novela—, un señor que se carga la Constitución de Cádiz e implanta un sistema absolutista de nuevo, volviendo al régimen anterior, cuando la Constitución de Cádiz era lo más democrático que se había hecho en España. La misma discusión en los tres libros: hay una autoridad pública pero no me gusta cómo se ejerce.</strong><em>Malas palabras</em><em>Los combatientes</em></p><p><strong>P</strong>. Entiendo lo que me dices, y puntualizo la primera reflexión que me has hecho. Dices que hay una autoridad pública pero no me gusta cómo se ejerce. Claro, yo no puedo compartir ese punto de vista, te hablo desde un lugar libertario, o sea, donde yo no pongo en cuestión cómo se ejerce la autoridad –si se puede ejercer mejor o peor, si se puede controlar mejor o peor, si se puede depurar la corrupción o no— sino que yo parto de la base de que esa autoridad no debe existir, y de que siempre va a ser corrupta, no va a haber mecanismos de control que la limpien. Va a ser ilegítima siempre, ya la apruebe el parlamento más limpio del mundo, que no existe. Un parlamento limpio no existe, porque el parlamento ya es una institución de dominio, no de representación.</p><p>Lo que tampoco creo es que la crisis actual venga provocada por una crisis de la representación, porque me parece que si fuera así, esa representación se habría visto resquebrajada y no, se ha visto reforzada. A la vista está que después del 15-M vuelve a ganar las elecciones Rajoy, y que hay nuevos partidos políticos que han entrado en el parlamento: está Ciudadanos, está Podemos… La crisis de representación no la veo. Creo que se han reforzado los mecanismos para que haya nuevos partidos políticos que vuelvan a arrogarse el derecho a representarnos. Que a mí, desde luego, considero que no me representa ninguno, pero ninguno que haya ahora ni que esté por inventar.</p><p><strong>P. Discutámoslo a partir de las novelas.</strong></p><p><strong>R</strong>. En <em>Terroristas modernos </em>–voy a empezar por la última—pareciera que yo, por el hecho de que retrato a unos personajes que quieren matar al rey y reinstaurar la Constitución del 1812, pareciera que a mí me despierta simpatía la Constitución de 1812. No es así. Esto me lo preguntó una chica en la presentación, un miembro del público, me decía: “Parece, Cristina, que escribieras de algo que te desagrada, ¿no? Estos personajes, que eran unos románticos, que querían reinstaurar la Constitución de Cádiz…”. Y yo digo pues sí, efectivamente, me parece que escribir, que crear desde el desagrado es poderoso. Me parece que es el mejor lugar desde el que ejercer la crítica. ¿Por qué no voy a ponerme yo en la piel del desgraciadito de Diego Laso que se ha creído que la nación española es libre e independiente y no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona? Me lo sé de memoria, el artículo 2 de la Pepa. Para mí es un ejercicio teatral, el de ponerme en esa voz con la que para nada me identifico –me puedo identificar en otras cosas de Diego Laso—, pero también porque me permite hablar de lo que me disgusta desde dentro. Es más, me permite hablar desde una perspectiva libertaria, que en ese momento no existía pero yo la poseo, sobre el año 1816. Del mismo modo que en Santa Teresa, que en <em>Malas palabras, </em>yo me puse a hablar desde un punto de vista feminista sobre el siglo XVI, el año 1540 y tantos. Ahí es donde yo encuentro mi motivación como escritora, no en hacer una obra enciclopédica y preciosista de traer a la actualidad una época del pasado.</p><p><strong>P. Tú haces al revés, llevas la actualidad al pasado, para hacer una mirada desde hoy de lo que sucedía en ese pasado o para introducir en ese pasado –mejor dicho— una mirada que nadie ha hecho.</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, porque de hecho la historia que tenemos y cómo la hemos estudiado ya está escrita con un tipo de mirada, con una mirada hegemónica.</p><p><strong>P. La historia la escriben los vencedores.</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, o sea, no estoy descubriendo nada nuevo.</p><p><strong>P. Los vencedores, y no las vencedoras, además.</strong></p><p><strong>R</strong>. Además. Gracias por la puntualización. O sea que no me parece nada estrambótico el hecho de querer desmentir un punto de vista sobre las cosas, o por lo menos, confrontarlo porque no hay historia neutra. No la hay.</p><p><strong>P. Pero en los manuales de historia…</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, nos quieren vender la historia como científica, se presume. Pero ya somos mayorcitos para darnos cuenta de que podemos revisar la historia. Además, da la casualidad de que curiosamente con <em>Malas palabras</em> nadie me dijo que era una novela histórica, nadie. Con <em>Terroristas modernos </em>sí.</p><p><strong>P. Tal vez porque Malas palabras es un monólogo de Santa Teresa hablando de ella y de una perspectiva mucho más abstracta de la vida. Y en cambio, en Terroristas modernos, ¿no hay una intención de escribir de forma realista utilizando como excusa la Conspiración del triángulo y el Madrid de 1816? Es decir, ¿el tema no es una excusa para hacer una novela de 1816?</strong><em>Malas palabras</em><em>Terroristas modernos, ¿</em></p><p><strong>R</strong>. Claro, es una excusa.</p><p><strong>P. ¿Y la intención? No hay novela sin intención. ¿La Conspiración es la chispa y la intención es lo que comentábamos antes?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, arrojar un punto de vista crítico sobre estos hechos en concreto, y sobre todo sobre la formación del Estado español. Porque es precisamente en esta época cuando aquí, en España, hay una crisis –como si ahora no la tuviéramos—, pero en el tránsito del régimen feudal al Estado. Antes era un reino y ahora se está convirtiendo en la nación española, de súbditos a ciudadanos, y toda esta chufla de la Revolución francesa. Ha habido un cambio revolucionario en Francia y por extensión a los países del entorno, y antes en América. Mi intención es cuestionar la bondad de este tránsito de estado feudal al estado liberal burgués, porque –dime tú si me equivoco— a mí me han enseñado que la Revolución francesa fue una cosa estupenda.</p><p><strong>P. Claro, es el cambio del Antiguo régimen al Estado moderno.</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, nos dicen que hemos pasado a ser ciudadanos, que ya se puede votar, en ese momento surge el sufragio censatario, que ya podía haber movilidad social, que no existían los gremios… Empieza a llegar el capitalismo, empieza a fraguarse en esta época. Entonces quería hacer una mirada crítica sobre este tránsito, y decir que no me parece para nada que haya habido progreso, una visión crítica de eso de que con el rey se estaba muy mal y con los diputados en las cortes se estaba muy bien, y eran los libertadores de la patria, ¿no? Para nada.</p><p><strong>P. Esto a principios del siglo XX Lampedusa lo describió muy bien, en eso que alguien llama el gatopardismo: todo cambia para que no cambie nada.</strong><em>gatopardismo</em></p><p><strong>R</strong>. Yo no estoy inventando nada nuevo. Lo que sí que echo en falta es una visión crítica en España al respecto. Yo no estoy al tanto de todo ni he leído todos los ensayos posibles, pero vi grandes fastos hacia la Pepa cuando fue el bicentenario en 2012, o el bicentenario del Levantamiento, de la guerra contra el francés en 2008. Esos fastos eran… “La nación en armas”, “El pueblo unido”… En ese momento era el Madrid de <strong>Esperanza Aguirre</strong>, Fernando VII hecho un monigote y los liberales abanderando la libertad. Yo en ese momento estaba empezando a escribir la novela y esto a mí me sobrecogió, y me decía “¿Cómo es posible que no haya una versión crítica de lo que hace el estado liberal burgués, que es en el que estamos todavía?”. Los cimientos ideológicos del sistema político no han variado desde entonces. Mi intención era ir a la raíz de donde estamos ahora.</p><p><strong>P. Me gusta mucho el título de Terroristas modernos. Al final, la gente, esto del terrorismo lo tiene asociado a una palabra no moderna, sino contemporánea. Es una palabra que es como si la hubiéramos inventado hace 50 años en España en el caso de ETA, pero moderno es anterior que contemporáneo.</strong><em>Terroristas modernos. </em></p><p><strong>R</strong>. Muy anterior, y la palabra “terrorista” o “terrorismo” aparece por primera vez en 1793, en el diccionario de la Academia francesa, para referirse al que era afín al régimen del terror que en ese momento era la Convención y <strong>Robespierre</strong>. El 1793 la Convención ya había sido tumbada, habían llegado los girondinos, ya habían cortado la cabeza a Robespierre, si no me equivoco, y entonces claro, hablaban despectivamente de un terrorista como aquel sistema que era una purga sistemática, no sé cuánto asesinato hubo en Francia. Y la consigna que gritamos e las manifestaciones, “El único terrorista es el Estado capitalista”, no es una bravuconada de los antisistema. Igual toda esta gente, cuando nosotros lo gritamos en las manifestaciones, no tiene ni idea de la definición del Diccionario de la Academia francesa, pero es que tienen el diccionario de su parte. Y modernos, porque es entonces, en la Modernidad, cuando nace la palabra “terrorista”. Y finalmente, como colofón, “terroristas modernos”, que son los Estados. Los <em>terroristas modernos</em> son los Estados.</p><p>Obviamente, y ahora vuelvo a lo que te dije al principio, igual que con la autoridad me refiero a la autoridad de la calle, no me quiero yo poner aquí de erudita y decir que todo el mundo tiene que saber que en el año 1793… De modo que yo simplemente era consciente de que la lectura actual puede traer a la mente el yihadismo, o ETA, o mis colegas de aquí de Sants que los han acusado de terroristas por publicar un fanzine anarquista que se llama <em>Contra la democracia. </em>Igual yo aspiro a que sea una reflexión, ¿no?</p><p><strong>P. A principios del siglo XX, Weber fue el que dijo que el Estado era el único legitimado para el uso legítimo de la violencia. Una cosa era cómo se definía en el 1793 el terror, y luego cómo el uso de las palabras se legitiman. Como ‘terror’ es una palabra que suena terrible, pues cambiémosle y hablemos de ‘uso legítimo de la violencia’. Y el uso ilegítimo es el que se transforma automáticamente en terrorismo.</strong></p><p><strong>R</strong>. Esa es una vuelta de tuerca estupenda. El terrorista es primero el Estado, pero un siglo después Weber escribe que vale, que el Estado es violento y lo sabemos, pero que es violento con razón, es violento porque necesita mantener el orden. La autoridad va siempre por delante, es la captadora de cualquier manifestación crítica. “Vale, en algún momento fuimos terroristas, pero es por algo”, y aquí se acabó el problema. “Ahora los terroristas sois vosotros.” Esto es impresionante ¿no? Cómo primero el terrorista es el Estado y después… Es el Estado que acusa de terroristas a aquellos que lo atacan a él. Se nos puede decir muy fácilmente que el régimen del terror era el de Robespierre y que hoy en día no vivimos en un régimen del terror, que no hay una guillotina aquí en la plaza Osca. Pero es que no la ponen porque no hace falta.</p><p><strong>P. Porque hemos encontrado otros métodos…</strong></p><p><strong>R</strong>. Efectivamente. De aniquilamiento y, si no, de alienación, de convertirnos en productores, consumidores, capaces de mantener a flote el estado de las cosas.</p><p><strong>P. Lo que se demuestra es lo que decíamos al principio, que la historia al final la escribe el poder. Y la concepción, o creación o adjudicación de determinadas palabras con connotaciones peyorativas la construye el poder.</strong></p><p><strong>R</strong>. Con <em>terrorismo </em>es muy evidente. Y ahora claro, como vivimos en la época del terrorismo, es muy fácil ser terrorista. La chica esta tuitera: apologeta del terrorismo. Vamos, es que… También esto demuestra nerviosismo por parte del Estado: cuando todos son terroristas, cuando todos están contra él… Podemos ver que algo se tambalea, hay inseguridad, cosa que a mí no me consuela, pero…</p><p><strong>P. Hemos hablado mucho de Terroristas modernos pero yo no puedo evitar preguntarte por las cuestiones formales, que son las que a mí, más allá de las reflexiones que hacíamos ahora, son las que me han interesado más de la novela. Porque al final, la literatura no es explicar una historia, sino la manera como la explicas. Pero lo que tú has contado es una historia que no estaba novelada, entonces…</strong><em>Terroristas modernos </em></p><p><strong>R</strong>. No había caído en que esta no la ha contado nadie.</p><p><strong>P. Te planteas la Conspiración del triángulo a partir de una conversación entre militares y encuentras una tesis sobre el tema escrita en los setenta por María del Pilar Ramos Rodríguez. Tú construyes una novela, y para construir esta novela adoptas una intención formal, un determinado lenguaje y un determinado estilo que dista mucho de lo habitual...</strong></p><p><strong>R</strong>. El tema me apasionó tanto y, además, en ese momento yo estaba estudiando Ciencias Políticas, a Weber… Me apasionó tanto que me lancé a escribir sin una idea previa de cómo iba a ser el estilo.  Y me lancé a escribir como me gusta a mí leer. Cuando yo empecé a escribirla hace 10 años, yo estaba leyendo <em>La ciudad y los perros</em>, <em>El lobo estepario</em>, terminaba de leer <em>Cien años de soledad</em>… estaba leyendo las obras maestras para mí, para un escritor.</p><p><strong>P. Por lo tanto, tú no eres de esas que dicen “Cuando estoy escribiendo, no leo”, que a mí me parece una gilipollez…</strong></p><p><strong>R</strong>. No, para nada, yo leo siempre. Además, como me documento siempre, me pongo a leer libros de la época. Curiosamente, de esta, un tercio de la novela es una fiesta, y esta fiesta como la quería mantener durante 60 páginas, quería que fuera un fiestón y que el lector lo pasara bien. Me documenté con <em>El lobo estepario, </em>que no sé si recuerdas que hay un momento, en una parte de la novela, que es una fiesta clandestina muy surrealista y con imágenes muy psicodélicas. Entonces yo me lancé a escribir en un estado un poco virginal de diversión. Yo vengo aquí a divertirme, a ponerme cachonda, a que haya pelea… Venía a crear vida, un poco a lo doctor Frankenstein. La novela ya es larga, tiene 400 páginas, pero yo decía “En una semana ellos intentan cambiar el mundo, intentan cambiar de país”, y finalmente lo que ocurre es un cambio muy personal en los personajes. En Catalina Castillejo se ve el tránsito, se ve en Diego Laso, se ve quizá en los músicos que es la primera oportunidad que les dan de tocar en el teatro, en los poetas que en las fiestas de las capitales por primera vez podrán leer sus poemas, en el público porque fuera están censurados…</p><p><strong>P. Y cuando tienes todo esto, me interesa mucho que utilices este diálogo indirecto, en el párrafo…</strong></p><p><strong>R</strong>. A veces no hay indirecto, a veces hablan…</p><p><strong>P. Digámoslo de otra manera. Este diálogo desordenado, pero que cuando terminas de leer el párrafo tienes clarísimo quién ha dicho qué, cómo lo ha dicho, y esta sensación de Woody Allen, de escena donde está todo, las conversaciones interrumpidas, conversaciones seguidas, gente que se interpone, el ruido de fondo… Construir la escena debe ser muy complicado.</strong></p><p><strong>R</strong>. No era lo más complicado, para nada. Me alegra esto que me dices, que ves un trabajo y algo de pericia, pero para mí eso no era lo más complicado, porque esto estaba alimentado por mi deseo de fiesta, de bullicio, de gente… Para mí lo más difícil era dar a conocer la intriga, van haciendo aliados, poco a poco se van produciendo delaciones… El mantenimiento de la intriga, ir poco a poco, no chafarla. Esto que se ve poco en la novela, que es un hilo, como una corriente continua, pero que no es lo que más aflora, porque como tú bien dices la Conspiración es una excusa. Sin embargo, para mí sobre esta excusa se construía todo, y en este pequeño (o gran) juego de detectives que era la Conspiración, no la podía cagar. Yo pensaba que precisamente este secreto era lo que luego me permitía a mí ser una vocinglera con todo lo demás. Porque todo el mundo habla todo el tiempo de todo menos de la Conspiración. Luego sí, por supuesto, se habla también de la Conspiración, pero la mayoría de las cosas que le pasan a los conspiradores son de la cotidianidad, son ajenas a lo conspirativo, o tienen que ver con el dinero que cogen de la Conspiración, porque ellos no están hablando de cuándo se van a reunir y con qué secreto, y las decisiones que se tienen que tomar…</p><p><strong>P. Todo va transcurriendo con una inmensa normalidad.</strong></p><p><strong>R</strong>. Exacto.</p><p><strong>P. Y aparte con las relaciones personales de los unos con los otros…</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, sí. Mira, has dado en la clave. Para mí, lo más importante era qué tipo de relaciones personales fomentaba la conspiración.</p><p><strong>P. Al final, esto de las conspiraciones… Es una palabra que depende de cómo se utilice, tiene cierta erótica. Pero —igual tiene relación con aquello que decías antes de que tú por la Pepa no sentías ninguna sintonía— los personajes que van saliendo al final me parecen de una extrema ingenuidad.</strong></p><p><strong>R</strong>. Ay, sí, pobrecitos. Bueno, que están ahí por la pasta, finalmente. Algunos son conspiradores porque se lo creen, pero otros son mercenarios. Aunque están hermanados, algunos de ellos son muy cínicos y otros son muy románticos. Y claro, están ahí porque va llegando pasta, que era mucha pasta. Y esto sí que es verdad, esto no me lo invento, había mucha pasta.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Vidal]]></author>
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