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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 83]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-83/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 83]]></description>
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      <title><![CDATA[Ajax Road (Landscape)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ajax-road-landscape_1_1203121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/561c2d2d-2fd7-4e5f-83c6-84c9bf7e8af7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ajax Road (Landscape)"></p><p>  </p><p><strong>Ajax Road (Landscape)</strong></p><p>Una mujer rubia —que se cortó el pelo a los treinta—</p><p>se sienta en la acera</p><p>y apoya la cabeza en la mano,</p><p>y la mano en el brazo,</p><p>y el brazo en la rodilla,</p><p>y la rodilla en la pierna</p><p>que con disimulo le tiembla,</p><p>y el temblor junto al buzón de correos en el que apoya</p><p>su esperanza.</p><p>Espera una carta. Espera al cartero.</p><p>La mujer rubia —con los treinta cumplidos,</p><p>cuando se cortó el pelo—</p><p>sigue esperando, sigue temblando.</p><p>La miro en la esquina, empatizo con su anhelo.</p><p>Deseo acercarme, sentarme junto a ella,</p><p>esperar yo también una palabra, una respuesta;</p><p>quizá cumplir los treinta y no cortarme el pelo.</p><p>La espera se construye en silencios.</p><p>Nunca pedí palabras que nacieran de la nada,</p><p>sólo palabras capaces de devolver lo que se entrega</p><p>en los sobres de los lunes.</p><p>No voy a cortarme el pelo apoyándome en el temblor.</p><p>Que la espera, la espera, que fue la esperanza,</p><p>se construye en silencios. </p><p>De <em>Destierros </em>(Valparaíso, 2016)</p><p><em>*María Agra-Fagúndez es poeta. Su último libro, </em><strong>María Agra-Fagúndez</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/238-91-destierros.html" target="_blank">Destierros</a><em> (Valparaíso, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Agra-Fagúndez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Contar el cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contar-cuerpo_1_1147137.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9230982-005d-4097-9ce1-3fd749aa783e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contar el cuerpo"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>Como parte de las celebraciones de su 25º aniversario, la asociación feminista <a href="http://nosotrasmismas.org/" target="_blank">Nosotras mismas Chamberí</a> organizó un acto en el Centro Cultural Galileo el pasado lunes 16 de octubre, durante el que se destacó la labor de su taller literario. Al mismo acudieron como invitados los autores <strong>Marta Sanz</strong> (Madrid, 1967) y <strong>Luis García Montero</strong> (Granada, 1958). El taller literario, que tiene lugar los terceros lunes de cada mes, reúne a un grupo de mujeres en torno a una obra elegida la sesión anterior y que analizan juntas para ahondar en su sentido. La actual presidenta de Nosotras mismas, <strong>Sara Díaz Hernández</strong>, agradeció a las sucesivas directoras del taller, <strong>Cristina Santa Ana</strong>, <strong>María Jesús Orbegozo</strong> y <strong>Koro Aramendi</strong> –quienes siempre han realizado su trabajo de forma desinteresada– su labor al frente del mismo.</p><p>Tras unas breves lecturas seleccionadas por una serie de participantes del taller, comenzó un distendido coloquio entre los escritores invitados. Abrió el diálogo la madrileña Marta Sanz, creadora de obras en narrativa como <em>Susana y los viejos</em> (finalista en los premios Nadal 2006); <em>Black, black, black </em>(Anagrama 2010); <em>Farándula </em>(Anagrama, 2015, premio Herralde de Novela) o la recentísima <em>Clavícula </em>(Anagrama, 2017). Autora también de ensayos y poemarios, Sanz explicó las circunstancias que la llevaron a ser escritora. En un ambiente relajado, de cercanía y en tono ameno, refirió algunas anécdotas. Como cuando encontró entre las cosas de su madre el que debe ser uno de sus primeros poemas, que escribiría a los cinco años de edad: "Valentina, tienes nombre de traidora". Al margen de estas escenas de su niñez y adolescencia, tanto Sanz como García Montero explicaron que provienen de familias en las que la poesía y la cultura eran muy apreciadas. En el caso de Sanz, además, su madre y la descripción que hizo del parto de la propia escritora han tenido una gran relevancia en su obra (se puede encontrar ejemplo de ello en <em>Clavícula</em>). "El dolor, el cuerpo", afirmó, "hay que contarlo".</p><p>García Montero, por su parte, señaló que vivimos en un mundo "mercantilizado, del instante, de usar y tirar". Ambos coincidieron en que la literatura es un lugar de resistencia "que nos ayuda a ver debajo de las alfombras" y "exorcizar demonios personales y demonios públicos".</p><p>Tras el coloquio llegó el turno de preguntas. Una asistente de entre el público preguntó si se imaginaban su vida "sin escribir". La respuesta fue casi unánime: no, no se imaginaban de otra manera. Por suerte para nosotros, los lectores.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leticia Vela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Poner distancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poner-distancia_1_1147133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8544fb09-1544-475a-8ae7-2778fffb495d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poner distancia"></p><p><strong>Almudena Amador</strong>, de la librería Ramon Llull de València, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses (y un poco más).</p><p>_________________________</p><p>  <strong>Cierta distancia. Manual de supervivencia para amantes de la literaturaMiguel SanfeliuSilexMadrid2017</strong><em>Cierta distancia.</em><em>Manual de supervivencia para amantes de la literatura</em></p><p>  </p><p>Nos lo explica el autor: "Este es un libro muy personal. Tal vez es lo más cercano a una biografía que escribiré nunca. <strong>Piglia </strong>decía que uno encuentra su vida en los libros que lee, y algo de eso hay en estos textos. Este libro nació como consecuencia de la necesidad que sentí de pronto de explicar lo que para mí era la literatura, el sentimiento de culpa que sentía si no escribía, algo que no me ocurría a mí solo y que no tenía nada que ver con el hecho de haber publicado o no. Uno puede ser escritor sin haber publicado nunca un libro. Ese ha sido mi caso durante muchos años, así que sentía la necesidad de indagar en esa pulsión casi física que le robaba tiempo a mi familia, que condicionaba mis fines de semana, que me tenía cavilando todo el tiempo".</p><p>  <strong>La línea del frenteAixa de la CruzSalto de páginaMadrid2017</strong><em>La línea del frente</em></p><p>  </p><p>Sofía se instala en casa de veraneo de su familia en Laredo para desarrollar su tesis doctoral sobre la figura de Mikel Areilza, un escritor que militó en ETA y se suicidó en el exilio. Desde su terraza se divisa la prisión de El Dueso, en la que cumple condena Jokin, un ex novio de quien se ha vuelto a enamorar por correspondencia. Sofía se va encerrando cada vez más en esa urbanización desierta en temporada baja, mientras desarrolla su tesis. A través a los diarios de un director argentino que trabajaba con Areilza cuando se suicidó, Sofía irá descubriendo que aquello en lo que cree no es más que la proyección de un discurso ficcional: la identidad, el amor romántico, la delgada línea entre el héroe y el terrorista.</p><p>  <strong>KnockemstiffDonald Ray PollockTraducción de Javier CalvoLiteratura Random HouseBarcelona2017</strong><em>Knockemstiff</em></p><p>  </p><p>Bienvenidos a Knockemstiff, Ohio. Una hondonada en mitad de ninguna parte a la que a duras penas se puede otorgar la categoría de pueblo. Un lugar del que parece imposible huir y en el que la fatalidad, la desidia y la incapacidad de reescribir el propio destino parecen transmitirse por vía genética. Una suerte de agujero negro -y real, aunque hoy día está prácticamente despoblado- en el que nunca ocurre nada y en el que, sin embargo, ocurre todo.</p><p>  <strong>RendiciónRay LorigaAlfaguaraMadrid2017</strong><em>Rendición</em></p><p>  </p><p>Han pasado diez largos años desde que estalló la guerra, y el matrimonio sigue sin conocer el paradero de sus hijos, sin saber si su país fue el agresor o el agredido. Fuera cual fuese el origen de la contienda, él, hombre de campo, y ella, su antigua patrona, siguen amándose y sus vidas transcurren sencilla y rutinariamente. Un día un muchacho mudo entra en su propiedad. Al principio lo encierran como a un prisionero, pero acaban por tomarle cierto cariño y, cuando las autoridades comunican que la zona debe ser evacuada y que tienen que poner rumbo a la ciudad transparente, los tres parten juntos. En ese momento el muchacho es bautizado como Julio.</p><p><em>*Puedes visitar la Llibreria Ramon Llull en la calle Corona, 5, de València o en su página web. </em><strong>Llibreria Ramon Llull</strong><a href="http://www.llibreriaramonllull.com/inicio.html" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Almudena Amador (Llibreria Ramon Llull)]]></author>
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      <title><![CDATA[Las musas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/musas_1_1147132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/84c41f64-13b7-42d8-8c7b-5423f865ed16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las musas"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge un texto de la escritora </em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><em><strong>Arantza Portabales Santomé.</strong></em></p><p>___________________________________</p><p>No había visto llorar a mi madre hasta el día en que mi padre murió. Hay algo antinatural y sobrecogedor en el llanto de una madre. Uno no sabe cómo consolarla.</p><p>  </p><p>Papá murió un lunes de madrugada. Estiró su mano y agarró la de mi madre tan fuerte que le rompió los veintisiete huesos de su mano. Si le preguntas a mi madre cuál es el sonido de la muerte, te dirá que es muy semejante a un estallido de pajas secas. Ella, como pudo, se liberó de la mano inerte de mi padre. Luego se levantó, se aseó y se vistió de luto riguroso. A mi padre lo velaron en la biblioteca, rodeado de toda su obra: doce novelas, un libro de cuentos y tres ensayos.</p><p>Anochecía cuando llegaron ellas. Altas, hermosas y sutilmente transparentes. Así las recuerdo. La mayor de todas se acercó a darnos el pésame. Mamá, que llevaba toda la vida esperando este momento, levantó su mano sana y le dio un bofetón. “Ahora es solo mío”, dijo. La musas, respetuosas, retrocedieron en silencio. De repente, sus ojos dorados se fijaron unánimemente en mí. Sentí sus voces susurrantes. La menor de todas se me acercó y me miró fijamente a los ojos.</p><p>Fue en ese momento cuando mi madre, totalmente vencida, rompió a llorar.</p><p><em>*Arantza Portabales Santomé (San Sebastián, 1973) es autora del libro de microrrelatos </em><strong>Arantza Portabales Santomé</strong>A Celeste la compré en un rastrillo<em> (Zaera Silvar. Bululú, 2015). Su primera novela, en gallego, titulada </em>Sobrevivindo<em>, resultó ganadora del XV Premio de Novela por entregas de </em>La Voz de Galicia <em>y fue publicada por la editorial Galaxia. En este mismo año de 2017 ha aparecido su segunda novela en gallego, </em>Deixe a súa mensaxe despois do sinal<em>, también en Galaxia, y además ha obtenido el XVIII certamen de Narración Breve de la UNED con el relato "Circular C1: Cuatro Caminos-Embajadores". Con el microrrelato que publicamos ganó el VI Microconcurso de la Microbiblioteca de Barberà del Vallès, especializada en dicho género, cuyo jurado estaba compuesto por Raúl Brasca, Espido Freire y Fernando Clemot.</em><strong>Raúl Brasca</strong><strong>Espido Freire</strong><strong>Fernando Clemot</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arantza Portabales Santomé]]></author>
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      <title><![CDATA[Influjo lunar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/influjo-lunar_1_1147131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c0618b29-8f27-4915-9573-d788e9229042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Influjo lunar"></p><p><em>Nuestra colaboradora Carmen Peire acaba de publicar el libro de relatos </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017). Recogemos el relato “Influjo lunar” en cuatro entregas de las que ahora publicamos la última.</em></p><p>________________________ </p><p><strong>Magia</strong></p><p>Machaca entre dos piedras la tierra rojiza y el polvo que extrae lo ensaliva para que tome consistencia. La cueva está cerca del mar y los hombres han ido a buscar alimento mientras ellas se encargan del fuego y de la magia, de preservar el lugar frente a los malos espíritus. Últimamente los niños nacen con el cuello largo, les cuesta mantener la cabeza. El benjamín del clan tiene la mirada perdida y está más caliente de lo que debería. El dios del fuego se ha apoderado de él y han de pintarle trazos rojos en la frente, en las mejillas, por el pecho. La mujer sabia que representa a la luna en la tribu empieza a marcar con el pulgar la cara del niño. Del cielo está cayendo el agua que alimenta la tierra y la mujerluna mira al techo y a las paredes que cobijan. Una sombra se proyecta sobre los relieves, contempla su mano y de nuevo la pared. Súbitamente se impregna la palma de rojo y la estampa. Más o menos coincide, su visión ha sido certera. Llama entonces a la madre del niño enfermo: dame tu mano, dice, y la embadurna tras buscar un sitio donde pueda ponerla. Las dos contemplan, satisfechas, su obra, y la mujerluna afirma con la cabeza. Ahora está segura, las manos  protegerán al niño. Vuelve a mirar las paredes y se fija en ellas de otra manera. Coge el resto de pasta roja y dibuja una larga línea en arco y se aleja y se pone en cuclillas y luego de pie y se rasca la cabeza y ve otra parte que puede ser… y lo aprovecha y aquí un músculo y un cuerno y las patas y dibuja y retrocede y está sudando y la respiración se agita,  de nuevo en cuclillas  y se acerca y lo huele y aquí una panza y rellena y siente que vive en la pared y se aleja y se acerca y así continúa hasta que agota la pintura. De pie, ante su obra, recupera su pulso normal, sonríe y estira los brazos, mira a la madre del niño enfermo. Vivirá, le dice, y algún día llegará a ser cazador de bisontes.</p><p>  <strong>Poder</strong></p><p>Es la hora. Enheduanna termina el poema para la ceremonia en honor a la diosa Innana. La arcilla se moldea entre sus manos, el punzón va marcando la escritura y la tablilla será entregada a su padre el Rey. Aunque él la lea, todos los babilonios sabrán que es de la gran sacerdotisa. Un poema especial tras las últimas luchas intestinas y el complot que la desterró a ella del templo y a su padre del trono. Luego vino el ejército fiel y la restauración. Y ahora, la fiesta en honor de la diosa. Por eso se esfuerza en que los versos no sean tan tristes como los del  destierro: yo, la que alguna vez se sentó triunfante, fui arrojada del santuario… Ahora vuelve a estar donde le corresponde: ha regresado a su lugar, el corazón de Innana se restaura. La sacerdotisa está vestida en hermosas túnicas, en femenina belleza, como en la luz de la ascendente luna…</p><p>Date prisa, Enheduanna, el rey Sargón espera. Desde la azotea del templo se ven las barcas de pesca que bajan por el río hasta llegar al Golfo, sombreadas por la luna llena que ocupa su lugar en el cielo. Y allá abajo la avenida de las Procesiones, esa vía paralela al río por la que tendrás que llegar hasta palacio. Piensas en lo que te ocurrió, en el destierro, destrozada tu vestimenta y rapada tu melena. Son tus manos las que cosían las túnicas de tu cuerpo y cuidaban el pelo con aceites de palma y oliva. Todo lo destrozaron, arrastrándote por el fango del Éufrates donde jugabas cuando niña; fuiste arrojada al lugar de los leprosos, tú, la sacerdotisa, la que tenía potestad para nombrar y destituir, la que podía escoger hombres para yacer una sola noche. ¿Recuerdas a qué sabe el destierro? Un sabor metálico en la boca, polvo en el cuerpo, sexo hecho ceniza.</p><p>Pero ahora es momento de alegría, solo queda vestirse para la ocasión: el gorro cónico sobre el pelo, la diadema de plata con los colgantes sobre la frente y la túnica roja encima del vestido blanco. Los pendientes de lapislázuli, las pulseras cubriendo el antebrazo hasta el codo y el gran collar de las sacerdotisas con el emblema de la diosa. El olor a azahar envuelve tu cuerpo. Ya estás preparada. La ceremonia de restauración ha comenzado.</p><p><strong>Revelación</strong></p><p>Viajaré hacia la muerte con un odre lleno de palabras. En la eternidad tendré tiempo de vaciarlo por si llego a entender lo que en vida me fue negado, pese a formar parte de las trece doncellas que sirvieron a la reina, trece fases lunares que han regido el tiempo, aunque todo está a punto de cambiar. Ésta será la última odisea y el rey, cuando vuelva, acabará con nosotras de la manera más feroz, descuartizadas y esparcidas para no dejar rastro. Y por más que piense en cómo se ha llegado a esto, no logro entenderlo. Cierto que también van a morir los pretendientes al trono,  merecido lo tienen por conspirar. Pero, ¿y nosotras? ¿Acaso no hemos servido fielmente a Penélope? Fue la reina quien nos mandó yacer con los invitados para conocer sus intenciones.</p><p>Antes de eso, intuyendo mi destino, emprendí el viaje en busca de respuestas. Llegué al monte Liqueo, donde ninguna figura proyecta su sombra, por si era ésta la que me impedía entender lo que estaba ocurriendo; me deslicé entre gigantes de cien manos que guardaban a los titanes; consumí alucinógenos en busca de una revelación y cuando parecía estar cerca de ella, se desvaneció. Vuelta a empezar como el telar de la reina, hacer durante el día, deshacer después. Y ahora, desde el puerto, viendo atracar los barcos en un atardecer luminoso y con viento, un viento que pega la túnica sagrada como una segunda piel, espero la llegada del hombre que nos dará muerte. Tal vez la eternidad  sirva para ir desgranando poco a poco, a través de las palabras que viajarán conmigo, cómo la astucia y el engaño vencieron, cómo la flecha que atravesó el asta de las trece hachas, las trece doncellas, las trece fases lunares, va a cambiar para siempre la historia.</p><p><strong>Impostura</strong></p><p>Delante del espejo se cepilla el pelo muy despacio mientras acaricia cada mechón. Aunque desde la estancia no ve el mar, puede oír los ruidos del puerto, las sirenas de barcos que llegan, el aviso de los que zarpan. Ha de darse prisa, dentro de poco saldrá el suyo. Coge unas tijeras. Empieza por la derecha, primero solo las puntas, despacio, con miedo. Poco a poco se  anima, corta más y más, hasta que acaba en algo rápido, rabia, furia, nervio, llanto. Trasquilones, vista borrosa, ahora parece un hombre: corazón de hombre, cuerpo y cerebro de mujer. Una identidad falsa y una vida que comienza. Que deja atrás otra, en la noche, dos días escondida en caminos hasta la ocasión propicia, el robo del jubón con ropa y papeles. Será un hombre, al menos hasta su nuevo destino, hasta que esté lejos, donde la sombra no llegue. Todo antes de aceptar el compromiso pactado de un marido. No está hecha su costilla para eso. A partir de ahora será James, James Barry, identidad usurpada al jubón. ¿El dinero? ¡Qué le importa! Ha robado en casa, sí, y en el camino, a aquel hombre borracho que no se dio ni cuenta. No siente remordimientos. Le han empujado a hacerlo y está decidida a labrar su propio destino.</p><p>El tiempo acecha. Ha de darse prisa. Vuelve a oír las sirenas de los barcos en el puerto. Se quita el vestido, las enaguas, el corpiño. Sobre la cama, la ropa de su nueva identidad. La tela blanca, apretando bien el pecho para que no se note. Un pantalón ancho sujeto con una cuerda, qué gordo era el borracho, con el blusón no se marcan las caderas y las manos  pueden ser las de un zagal. Cuando finaliza, vuelve a mirarse en el espejo y no se reconoce. ¿Hasta cuándo la impostura?</p><p><strong>Influjo</strong></p><p>Desde la ventana de la biblioteca se divisa la bahía y, al fondo, el puerto. Una gaviota en el alféizar la distrae de sus estudios. Es de día y ya se ve la luna en el cielo, en un par de noches aparecerá en todo su esplendor. A punto de acabar medicina se pregunta  si ha valido de algo el esfuerzo. Ella sola, de las cinco amigas que empezaron, lo ha conseguido. ¿Y después? Quizá pueda ejercer de enfermera o comadrona. Cómo se había retrasado el país, el mundo.  Zigzag permanente, hoy sí, mañana no, piensa mientras mira por la ventana. Quizá consiga vencer la resistencia de su prometido: ahora vale que estudies, tus conocimientos vendrán bien a nuestros hijos, pero en cuanto nos casemos y seas madre, no podrás ejercer, no te van a dejar… ¿Habrá alguna salida?  En ese momento le gustaría terminar con una mano la tesis y con la otra alcanzar el vuelo de las aves en el puerto, sobrevolar las chimeneas de los barcos, atisbar los peces y lanzarse en picado para salir con uno entre los dientes. Nota las bridas que los demás le han ido enganchando para que lleve una calesa preparada, como yegua de tiro. Él también, tras esa capa de comprensión: no es por mí, querida, me gusta cómo eres, es por tu bien, por las dificultades que vas a tener, por nuestros futuros hijos... Es mi vida, mi-vi-da, repite ella despacio. Cómo le gustaría haber nacido antes, o después, pero no a destiempo. Quizá decida no tener hijos. Quizá decida no casarse. Los cambios en la historia son lentos, su tiempo de vida corto.</p><p>Hace calor y la luz trae motas de polvo a las que ve moverse en una danza que termina en la mesa llena de papeles. Ella mueve levemente los pies, un tic nervioso que anuncia un cambio de postura. Junto a los libros hay un recorte de prensa de hace un mes, de este mismo año, 1950, cuando está a punto de acabar su tesis en esa biblioteca impregnada de la luz del mar. Y lee la noticia: “James Barry, el eminente cirujano del ejército británico que llegó a ser ministro de Sanidad en Inglaterra, el primero en realizar una cesárea en África salvando la vida de la madre y el hijo, pionero en métodos de higiene y prevención sanitaria, fue en realidad una mujer. Descubierta su identidad tras su muerte, en 1865, fue enterrado como hombre y con rango militar para evitar el escándalo”.</p><p>Y ahora, un siglo después, al desclasificar los papeles, toda la impostura ha salido a la luz. James Barry, una mujer que engañó a un imperio…Y de golpe se siente así, ráfagas de sombras y lunas ocultas y recursos y disfraces y engaños y astucias; energía y universos habitando en ella, tiempo impregnado de otros tiempos que fueron espacio y pudieron ser y rozaron otros caminos. Sus dedos tamborilean en la mesa, los pies moviéndose con rapidez sobre las puntas arriba abajo arriba abajo y no puede seguir estudiando y sale a la calle y canta, canta hasta el puerto entre barcos y redes y peces y marinos y gaviotas hasta que se hace de noche y la luna brilla, coplas y canciones que salen del alma de otros tiempos en patios de posguerra fría.</p><p><strong>Reflujo</strong></p><p>—Mamá, ¿está la Luna cuando no la vemos?</p><p>—Sí, claro, lo llamamos luna nueva.</p><p>—Yo de mayor quiero ser astronauta.</p><p>La madre la peina con trenzas y sonríe, le gustaría enroscarle sus deseos en el pelo, que no los pierda nunca.</p><p>—¿Las astronautas llevan el pelo largo o corto?</p><p>—No sé, me imagino que de las dos maneras.</p><p>—¿Y en el espacio flotarán las trenzas?</p><p>—Si las llevas fuera del traje espacial, creo que sí.</p><p>—¿Será mejor el pelo corto?</p><p>—Puede, pero para ser astronauta tendrás que resolver antes muchos  problemas.</p><p>—¿Y tú siempre quisiste ser mamá?</p><p>—Quería ser médico.</p><p>—¿Por qué no lo fuiste? </p><p>Deja de peinarla durante unos segundos, la mirada perdida en el espejo, las manos acarician su cabeza.</p><p>—Estate quieta, que me va a salir la trenza torcida.</p><p>—¿Fue porque nací yo?</p><p>—¡Ay!, déjame en paz...</p><p>—¿Qué te pasa, mamá?</p><p>—No me pasa nada.</p><p>—¿Y por qué te has puesto triste?</p><p>—Ya estás peinada, anda, vete a jugar a la calle…  </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Influjo lunar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Contadores de historias... dibujadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contadores-historias-dibujadas_1_1147124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6833f086-2939-40c4-97cd-548b0dc904b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contadores de historias... dibujadas"></p><p><strong>Pinturas de guerraÁngel de la CalleReino de CordeliaMadrid2017</strong><em>Pinturas de guerra</em></p><p>  </p><p>Mi relación con el mundo del cómic —como lectora— ha sido prácticamente inexistente. Sin embargo, he comprado muchos ejemplares para regalárselos a mi compañero de lucha, vida y amor, auténtico experto. Sobre todo en París, donde he visitado las tiendas más prestigiosas del ramo, para adquirir las últimas novedades. En Francia, esta afición tiene una larga trayectoria. Algunos de nuestros mejores autores trabajan allí.</p><p>Tengo que reconocer, que leí, con avidez y grata complacencia, <em>Le jour où j'ai échangé mon père contre deux poissons rouges</em>, escrito por <strong>Neil Gaiman</strong> e ilustrado por <strong>Dave McKean</strong>. Me enamoré de las imágenes y me atrapó la historia, tanto, que cuando más tarde se publicó en español, <em>El día que cambié a mi padre por dos peces de colores,</em> lo volví a comprar y leer, descubriendo nuevos matices. Incluso busqué con insistencia otros títulos del magnífico dúo.</p><p>Sí, es verdad, en la infancia leí algunos tebeos, pero nada reseñable. En mi familia se leían libros de la biblioteca del pueblo, o de la casa del boticario (que tenía más y mejores, según mi padre, incluso alguno que otro prohibido) y de la librería para descambiar que tenía —en el portal de su casa— una maestra republicana expedientada. Allí, por una perra chica y un libro, te prestaba otro.</p><p>Ahora, en mi casa, los libros (ensayo, poesía, novela, arte) son imprescindibles, pero también lo es el cómic. Un auténtico arsenal, capaz de enmudecer al más <em>pintao</em>. Yo, sin embargo, no he comenzado a leerlos con interés hasta hace algunos meses. Reconozco que la ignorancia me llevó a pensar que no merecía la pena perder el tiempo. Tremendo error de mi parte. He leído auténticas maravillas del dibujo y la literatura. Pongo algunos ejemplos: <em>Arrugas</em> y <em>La casa</em> de <strong>Paco Roca</strong>; <em>Maus </em>de <strong>Art Spiegelman</strong>; <em>La araña del olvido</em> de <strong>Enrique Bonet</strong>, entre otros. Tengo que reconocer que es un género muy atractivo, magníficamente realizado y tremendamente comprometido con nuestra historia, nuestros problemas sociales, nuestra vida y la vida de los otros.</p><p>El último que acabo de leer es una auténtica maravilla. Hablo de <a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=221" target="_blank">Pinturas de guerra</a> de <strong>Ángel de la Calle</strong>, publicado en la colección Los tebeos de Cordelia del sello Reino de Cordelia. 300 páginas llenas de arte, imaginación e historias con mayúsculas y con minúsculas. Por momentos emocionantes, por momentos, terribles, por momentos repletas de nombres y personajes que conocemos, sobre todo quienes hemos tenido la gran suerte de leer sus obras, incluso de conocerles personalmente. Son los grandes maestros latinoamericanos de los géneros literarios: poesía, novela, ensayo.</p><p>América Latina, París, España (sobre todo Barcelona), son los escenarios en los que transcurren acontecimientos reales: torturas, intrigas, luchas, utopías, ilusiones truncadas, exilios forzosos, artistas marginados, espionaje, fiestas, clandestinidad, alegría, dolor… En el primer capítulo se cuenta una historia real (que ya contaron otros autores, como por ejemplo <strong>Roberto Bolaño</strong>) que sucede en las veladas de la casona de <strong>Mariana Callejas</strong> y su esposo, el agente de la CIA <strong>Michael Townley</strong>. Y que apuntaba <strong>Bram Stoker</strong> en <em>Drácula</em>. Nada podría hacer pensar que, en los sótanos de la casa de unos magníficos y generosos anfitriones, se escondiese el horror: personas desaparecidas, desnudas, encapuchadas, sometidas a terribles torturas.</p><p>Un comienzo brutal que continúa con la ficción trufada de personas reales que bien podrían haber vivido esas historias, aunque algunos no coincidieran en el tiempo en que se les coloca. Por el escenario del cómic desfilan personajes inolvidables del exilio, del mundo del arte y la cultura en París. Sobre todo latinoamericanos, pero también algún español. Sus rivalidades artístico-literarias, su amistad, su lucha, sus añoranzas, su persecución. La vida puesta en juego, la lucha clandestina y los diferentes puntos de vista de quienes lo vivieron. Contar la misma historia desde el punto de vista de cada una de las personas implicadas, pero sentirla igual y diferente al mismo tiempo, tiene en la base un manejo preciso de las claves narrativas.</p><p><em>Pinturas de guerra</em>, como dice <strong>Paco Ignacio Taibo II</strong> en el prólogo, cuenta “unas historias absolutamente desconocidas que construyen el panorama de una tragedia terrible (y la palabra terrible debería leerse con mayúsculas y repetida al infinito) y la épica de una generación de pintores que cruza las naciones de la América Latina. Los años sesenta, los setenta, los años de la revolución y de los sangrientos golpes militares, los debates sobre la vanguardia estética, los asfixiantes exilios”.</p><p>En resumen, el cómic representa historias personales (que nos sitúan frente al dolor de los pueblos de los que proceden sus protagonistas) porque, según afirma uno de sus personajes, “contar historias sirve para devolvernos la identidad, para decir quiénes somos y fuimos”.</p><p><em>*Nieves Álvarez es escritora.</em><strong>Nieves Álvarez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Contadores de historias... dibujadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Cómic,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Algo así como una simiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/simiente_1_1147122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bc400f5b-71f0-4d58-949b-fe48b1812336_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo así como una simiente"></p><p><strong>La mirada de PerséfoneMaría Regla PrietoRenacimientoSevilla2017</strong><em>La mirada de Perséfone</em></p><p>  </p><p>No es fácil acertar a la hora de encabezar un libro (sea novela, poemario o conjunto de relatos) con una cita. Muchos autores parecen empeñados en desviar nuestra atención hacia algo similar a la vanagloria erudita, o en poner a prueba nuestros conocimientos literarios, filosóficos, históricos, cuando no filológicos o idiomáticos. Por eso quiero empezar agradeciendo a <strong>María Regla Prieto</strong> el acierto de las citas con las que pone pórtico a <em>La mirada de Perséfone</em>, este conjunto riguroso y medido de relatos. <strong>Hermann Hesse</strong>, <strong>Alejandra Pizarnik</strong> y <strong>Gabriela Oneto</strong> trazan un sendero despejado que nos adelanta el carácter de este libro y nos invita a penetrar en él discerniendo, al menos en parte, lo que encontraremos.</p><p>“Se trata –lo dice Oneto con meridiana claridad— de recuperar el lado fértil, profundo, de la mirada de Perséfone”. Se trata, sí, de haber sobrevivido a cualquier tipo de infierno —o de dolor, o de carencia, o desventaja—  y haber sacado una enseñanza, personal pero compartible. Se trata de asumir la experiencia, de comer el grano de la granada ofrecida por Hades, para permitir el crecimiento del fruto. De un fruto. Cualquiera. Un fruto nutricio; dulce o acerbo, pero nutricio.</p><p>Las historias de este libro, disparejas en cuanto a asunto y espacio temporal, esconden también un grano, una semilla, que a veces germina años después, pasando por encima del infortunio, y que otras veces es en sí misma el tema del relato. Hay niños llegados de otras tierras allende los mares, que propagan en la realidad o en los sueños su legado de ojos violeta y pieles parecidas a la canela. Hay secretos guardados en arquetas de marfil que, por un momento, parecen dispuestos a revelarse, germinales. Hay simientes de pasado que han quedado latentes, sin acabar de romper su envoltura, y que alguien intuye a través del ensueño o de la memoria heredada. Hay ancestros que vuelven a contar su historia de amor, de desastre o de música, a través de los sentidos de sus descendientes. Semillas. Lo que no se pierde y que, en ocasiones, sirve al otro, ya en un tiempo futuro: como el  árbol que no da fruto —ni siquiera sombra— a quien lo planta, sino a quien años después busca su cobijo.</p><p>Volviendo al mito, Perséfone quizá lo supo y asumió el exilio en el inframundo con la esperanza de tales dones. No otra cosa es la primavera, sino el resultado fructífero del entierro, de la oscuridad y del silencio. Y María Regla Prieto glosa en nueve maravillosos relatos esta verdad. Con el pulso firme de quien sabe trazar historias, hallar el tono de las conversaciones en diferentes épocas y dibujar personajes con apenas unos trazos, pero también con el aliento poético de quien ama la palabra y sus complejidades. Poesía, historia y ética vital se entrecruzan en estas páginas, sin que existan discrepancias formales, sin que nada chirríe. Cada relato, una pequeña obra de orfebrería relojera, con los engranajes precisos pero también con el baño de metal precioso de lo poético, se parece a esas sabonetas cuyo primor justificaría la ineficacia pero que, encima, dan la hora puntualmente. Pienso ahora (y ya verá el lector que no exagero) en la belleza de la descripción de un ocaso –la autora prefiere la palabra lubricán— en la desembocadura del Guadalquivir, o en la necesaria acumulación sensorial al referirse a una sanluqueña bodega de manzanilla (nótese que Sanlúcar no es ambientación fortuita, sino otra protagonista de estas historias). Son ejemplos de párrafos perturbadores, que nos cautivan con una envidiable maestría. Como las descripciones más sensuales en “La pasión”, de tintes tan carnales como plásticos (los detalles de la madera, su paulatina metamorfosis hasta tomar la forma del cuerpo amado), o las del fugaz  encuentro erótico en “La maleta de Luna”, dibujado con una pluma delicada pero henchida de lo que podríamos llamar lírica de lo físico… Todo el libro está jalonado de textos así: brillantes apareamientos verbales, adjetivaciones fastuosas o fragantes (los olores acompañan estos relatos como una estela conductora desde la primera página), comparaciones sugestivas… Hay momentos en la lectura en los que una no sabe si el goce proviene de lo que se cuenta o de cómo se cuenta. Ni falta que hace deslindarlo.</p><p>Quiero detenerme también en el tema de la libertad, que asoma a través de algunos de estos relatos. Conoceremos en el libro a Luna, Yahia Fajuri o a Amanda —la coprotagonista de “Koldo”—, que llegan a desprenderse de la carga del dolor o de la sumisión en una segunda oportunidad vital, pero también a otros personajes que encuentran la libertad en la muerte, buscada o no. Evoco nuevamente la imagen de la semilla que crece en la oscuridad y que finalmente estalla, en forma de liberación, de descanso o de entrega. Hay, ya lo he dicho antes, algo de latente en cada relato, un misterio o un deseo que está esperando su revelación, su <em>parusía, </em>y que adivinamos en un vientre preñado, una arqueta cerrada, un sueño premonitorio, un tronco ambarino de cedro o una vieja maleta cerrada. No sé si es una condición ineludible (quizá no, porque es género multiforme y díscolo, y ni precisa ni quiere reglas que lo ciñan en demasía), pero a mí me agrada que el relato guarde dentro de sí esa carga potencial, que explotará antes o después conforme a la mecha que se le aplique, pero que de seguro nos deslumbrará con fuego o con estallido. Al fin y al cabo, un grano, una semilla, con su promesa de eclosión, es una mínima e inofensiva bomba de efecto retardado.</p><p><em>*Josefa Parra es poeta. Su último libro, junto a Yirama Castaño, </em><strong>Josefa Parra</strong><a href="http://www.edicionescorazondemango.com/poemas-de-amor-josefa-parra-yirama-castano/" target="_blank">Poemas de amor</a><em> (Corazón de mango, Colombia, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josefa Parra]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las aventuras de un español dublinés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aventuras-espanol-dublines_1_1147118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/061299ae-b7c7-489c-a070-661eb5348d53_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las aventuras de un español dublinés"></p><p><strong>Aventuras ibéricas. Recorrido, reflexiones e irreverenciasIan GibsonEdiciones BBarcelona2017</strong><em>Aventuras ibéricas. </em><em>Recorrido, reflexiones e irreverencias</em></p><p>  </p><p>En un caluroso mes de julio de 1957, <strong>Ian Gibson</strong> (Dublín, 1939) realizó su primer viaje a estas tierras. Ese calor fue una de las impresiones que han dejado huella en su historia personal, como nos narra en el prólogo a su último libro, <a href="https://www.megustaleer.com/libro/aventuras-ibericas/ES0160022" target="_blank">Aventuras ibéricas</a>: “Caía sobre Pancorbo, donde paramos media hora, un sol de justicia, un sol como jamás había conocido (…). Ancha es, desde luego, Castilla, y, durante la canícula, infernal y calcinada, como otras muchas regiones del país. Habituado como estaba al clima húmedo de Irlanda, donde nada más terminar de llover ya empieza otra vez, donde ni en pleno agosto es posible hacer planes de fin de semana porque el tiempo es siempre imprevisible, Castilla me atrajo poderosamente desde el primer instante por su calor veraniego inmisericorde, sus gigantescas cordilleras, tan hermosas al ir declinando la tarde, y lo descarnado de su suelo, que me imaginaba, con razón, brevemente mitigada en primavera por alfombras de flores multicolores” (p. 16).Y en un caluroso mes de julio granadino, sesenta años después, he terminado de leer este viaje de Gibson a nuestro pasado, a los diferentes presentes del hispanista a lo largo de los años transcurridos y una excursión a la utopía.</p><p>Llevada por la curiosidad he buscado alguna noticia sobre las temperaturas de ese mes de julio de hace sesenta años. Al buscar en Internet el dato, la primera página que he encontrado fue el artículo publicado el 14 de julio, en el periódico <em>ABC</em>, donde destacaban que “las altas temperaturas que se registran este verano han supuesto el insólito hecho de que la ciudad de Málaga haya visto elevarse en un entero el valor máximo absoluto termométrico registrado a lo largo de los primeros treinta años del presente siglo”. Este verano hemos superado ese máximo en diferentes ciudades.</p><p>Un viaje, el del hispanista, a un país del que desconocía todo y del que pronto comprendió que vivía en el silencio del miedo, como nos rememora en el prólogo y, especialmente, en el capítulo sexto, “Aquel año en Granada”,  donde nos traslada a su investigación para la biografía de <strong>Lorca</strong>. Y estas circunstancias siempre me recuerdan los versos de <strong>Eliot</strong>: “Oh alma mía, prepárate para la llegada del extranjero,/ prepárate para aquel que sabe hacer preguntas”.</p><p>A lo largo del libro vamos viajando del presente al pasado, del pasado al presente. Desde un presente, el del Museo Arqueológico restaurado –que, sin duda, merece ser visitado—, convertido en el centro desde el que iniciar los recorridos a las diferentes culturas que nos han convertido en “el país culturalmente más complicado de Occidente” (p. 334). Y así, por ejemplo, un capítulo está dedicado a la cultura ibérica, donde me ha descubierto la existencia de la escultura <em>El beso</em>, encontrada en Osuna (Sevilla) que se puede admirar en la sala 11 –a los que no la conozcáis os animo a buscar la imagen o ir a disfrutarla al Museo porque es bellísima— o la breve descripción de uno de los objetos que se conservan en el museo de Linares, una minúscula estatuilla de Harpócrates, el dios egipcio del silencio, que, como constata a lo largo del libro, ha dejado poca huella en nuestras costumbres.</p><p>Con breves pinceladas, asimismo, nos va describiendo algunas de sus rutinas: “Como sabe el lector, soy de los que abogan por disfrutar las riquezas artísticas y culturales que tenemos a mano, sin estar pensando siempre en aventurarse por territorios lejanos y novedosos. Así que, como vecino de Madrid, me intriga salir en busca de los vestigios arqueológicos de la comarca” (p. 114) y, así, nos ofrece la descripción de los vestigios de la Hispania romana en la Comunidad madrileña, apenas conocidos. Tengo un amigo madrileño que siempre me recuerda que Madrid no sabe aprovechar su riqueza cultural y patrimonial.</p><p>El epílogo del libro lo fecha Gibson el 5 de febrero de 2017. En esos pocos días del año nuevo ya se podía hacer balance del <em>año Cervantes, que a lo largo de 2016 conmemoraba el cuarto centenario de la muerte del insigne literato, efeméride que enlazaba con la celebración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote durante todo el año anterior. No nos extraña que dedique uno de los capítulos a Cervantes y a su obra cumbre y que el último apartado del mismo lleve como título “¿Celebrando a Cervantes?”, y que su conclusión sea que ha faltado coordinación para que los resultados hubieran estado a la altura de tal conmemoración. No falta en las páginas de “En torno al Quijote” su apuesta por ese lugar de la Mancha, o un acercamiento al episodio del moro Ricote, al que se suele recurrir en los estudios que se acercan a los exiliados republicanos. O la historia de Marcela, que con sus razonamientos, “se anticipa en siglos a los de las feministas” (p. 212).El poco entusiasmo en esta conmemoración, tal vez, haya que buscarlo en uno de nuestros rasgos negativos y es que “en España, según todas las estadísticas, se lee poquísimo… empezando con la novela más famosa del mundo, que irónicamente tiene que ver con la lectura” (p. 379). La base de esta falta de interés por la lectura está en una buena educación, que será el único camino para el cambio: “Para que sea cervantino el país, será necesario, en primer lugar, un gran y duradero pacto nacional sobre la educación, estén quienes estén en el poder. (…) Si España aspira a ser una gran nación, hay que empezar dando la máxima importancia a la educación, algo solo posible si se valora, en todo lo que se merece, la profesión pedagógica” (p. 379).No puede faltar su propuesta, ya recurrente en Gibson, de una República Ibérica o, como la he denominado anteriormente, “una excursión a la utopía”: “Creo que apenas es necesario que vuelva a decir que esta península me parece un minicontinente fascinante, y que sueño, quizás ingenuamente, con el día en que, previo acuerdo con los portugueses, se metamorfosee en República Federal Ibérica” (p. 333). Dos países que deberían estar más conectados —habría que puntualizar que desde el lado español existe un mayor desconocimiento del territorio vecino—, y esta falta de conexión está simbolizada, para Gibson, en que el único tren que une Madrid y Lisboa es un tren nocturno que impide observar el paisaje que tanto nos une.La presentación de esta obra en la última Feria del Libro de Granada, en donde la ciudad quiso regalarnos un clima irlandés –no paró de llover en toda la tarde—, se realizó en el espacio central, una carpa que se monta exclusivamente para la feria y donde el público que acude a ella actúa de manera diferente a los que acuden a otros escenarios. Es un espacio más abierto, por lo que las personas que acuden a él pueden salir y entrar a lo largo de las presentaciones, conferencias, etc. Es un público, a veces, de paso.Durante la presentación, una señora que estaba delante de mí se levantó, pero como no podía consentir que los que estábamos a su alrededor no nos enteráramos de su huida, su salida la acompañó con la declaración: “No puedo, no puedo”. Recuerdo esta anécdota porque, como escribe Gibson en el último capítulo del libro, “España amor, España tristeza”, uno de los rasgos que nos definen es que no solemos “ser buenos escuchantes” y por tanto “la noción de la conversación para aprender no es frecuente” (pág. 340). A veces, el no saber, es no querer. Y es que en ese momento se estaba hablando de una de las asignaturas pendientes de nuestra historia, la recuperación de los restos de tantos españoles que todavía se encuentran en fosas comunes, circunstancia a la que dedica interesantes reflexiones en este libro.Y esta es una de las lacras del país que repasa en este último capítulo. Las demás solo las enumeraré: el ruido, la falta de señalizaciones a lugares y monumentos, la corrupción, el maltrato animal.Aunque algunos no estén totalmente de acuerdo con sus interpretaciones o propuestas, no pueden negar que, aunque ha dejado de ser extranjero, no ha dejado de hacerse preguntas, porque Gibson se siente heredero de los “curiosos impertinentes”, aquellos viajeros extranjeros que desde finales del siglo XVIII se han sentido fascinados por esta parte del mundo, a los que dedica el primer capítulo del libro y cuyas páginas son, sobre todo, un homenaje a Richard Ford. Pero Gibson ha pasado de la fascinación al amor por esta península ibérica y por la “sociabilidad compulsiva de la gente” (p. 338); por eso, estas Aventuras ibéricas son una conversación llena de entusiasmo con nuestra cultura, su cultura y una invitación a que nosotros también nos preguntemos.*María Bueno es crítica literaria.#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Cervantes</strong><em>Quijote</em></p><p><strong>Richard Ford</strong><em>Aventuras ibéricas</em></p><p><em>*María Bueno es crítica literaria.</em><strong>María Bueno</strong></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Bueno Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las aventuras de un español dublinés]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Ian Gibson,Libros,Literatura,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lied, más que sinfonía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lied-sinfonia_1_1147115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/917548b7-1d2c-4466-b747-f91f6f6f2212_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lied, más que sinfonía"></p><p><strong>Adiós a la nocheAndrea BernalLa Isla de SiltoláSevilla2016</strong><em>Adiós a la noche</em></p><p>  </p><p><em>Adiós a la noche</em>, de<strong> Andrea Bernal</strong> (Madrid, 1985), nos ha descubierto —si bien no es su primer poemario— una voz poderosa entregándonos un himno a la noche —a la manera de <strong>Novalis</strong>, que no en vano aparece en la cita inicial—y todo lo que representa su estirpe romántica. Ese es el eje por el que circula este poemario en el que un personaje extremadamente solitario puebla sus páginas con la desesperación de saberse abocado al vacío, de encontrarse o encontrarnos ante el silencio del lenguaje, de no tener ningún consuelo excepto quizás, a veces, la poesía como palabra depurada que nos libra de la mentira del lenguaje cotidiano, su falsa verdad. Como en "XXV": "No hables del péndulo azul, / el cielo narra otro azul inamovible. / Las horas son también / de quien busca una tormenta veloz. / De quien cierra los oídos, / una realidad que duele: / La certeza de todas las mentiras" (p. 38). En <em>Adiós a la noche</em>, como en este poema, hay una actualización de todos los mitos y tópicos románticos, empezando por el gran tema de la noche en el que el ser humano se encuentra ante un abismo, y terminando por el sensible de la flor azul, esa realidad misteriosa que solo anida en nuestros corazones. "Hablo al amor descalzo, / a mi alimento, / a mis noches que atraviesan mi ventana, / en las que a veces creo cierto / que su mano y mi mano no están en la distancia.» (p. 39). Y cómo no, el amor en todas sus dimensiones, pero en especial en su separación, en la soledad que es distancia, en la imposibilidad de encontrar nuestra correspondencia, aunque siempre estemos rebelándonos, porque «quién es capaz de ponerle llaves a la Luna" (<em>ibíd</em>.).</p><p>Pulula por estas páginas un personaje azorado y convulso que no tiene consuelo. La música romántica, lejos de aparecer aquí como una gran sinfonía, es más que nada lied, la canción íntima y frágil, herida en su fugacidad y en su delicadeza, transida por la tragedia de la realidad que nos atraviesa, el vacío de nuestra existencia, que acabamos de descubrir con la madurez, con la juventud rota de un tajo. "Canto porque en ocasiones / tal vez sólo la palabra y la música puedan consolar" (p. 24). La poeta sabe de su íntima realidad hipersensible: "El ruido del agua constante y lúgubre, / y cayeron hacia mí / una / a / una / las estrellas, / como olas que se rompen / duramente contra el pecho" (p. 27). La inmensidad del mar o el océano que no podemos domeñar —como el lenguaje becqueriano— que ya había aparecido anteriormente: "y sabré que la noche fue —más que un océano— una levedad negra contra el infinito" (p. 15). Nuestro vacío, nuestra nimiedad, y la inmensidad de la naturaleza, el universo, el mundo exterior. Por eso <em>Big is not beautiful</em>, y sobre todo su contrario: lo pequeño es hermoso, pues nos sentimos identificados en nuestra transitoriedad. "Sé que ese fue a veces mi único consuelo. / Sé que un verso puede a la vez ser vivo y enterrado" (p. 30).</p><p>Estructurado en fragmentos de un himno o discurso a veces amoroso, este <em>Adiós a la noche</em> nos descubre una voz nítida y sólida para los amantes de la buena poesía y, en general, para los amantes de ese puñado de verdades que la poesía puede arrancar. Todo un descubrimiento.</p><p>  </p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lied, más que sinfonía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Secuencia Pasolini]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/secuencia-pasolini_1_1147111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/770f4d65-d9ab-4871-acb0-12fbce77b229_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Secuencia Pasolini"></p><p><strong>Bach</strong> abre esta herida luminosa, esta primera secuencia en <em>travelling</em> largo.</p><p>Veo, a tus espaldas, sobre las verdes ramas mezcladas de los árboles de tu juventud, agitarse fieras las banderas revolucionarias contra una aurora de luz que casi ciega. Al fondo se desenvuelve en blanco y negro un paisaje de cicatrices, aquel que trazan las naves oscuras de las fábricas, los tendales donde las camisas blancas de los obreros airean su rabia, los trenes cargados de maletas emigrantes vacías de futuro, la ahora desenmascarada maquinaria de la explotación y el miedo.</p><p>Te acercas hacía mí, paseante de los extrarradios. Allí es donde las ciudades conservan sus últimos pliegues de campo abierto y aún se sueña posible el sentarse sobre la hierba soleada. Allí pareces rebuscar, entre el vertedero de botellas sucias de nuestro tiempo, algún destello de conocimiento, para escribir sobre esos muros derrumbados la dignidad que florece terca en el escombro, la justa rebeldía y grito de los desocupados, la belleza hiriente de los <em>ragazzi</em> que nos salpican el agua de su pobreza como en un juego de inocentes risas animales.</p><p>Llevas los ojos abiertos, las retinas golpeadas por el mundo-ruido que te rodea. Y a cada paso los vas abriendo más, porque sabes que “la inocencia es una culpa”. Y puedo oírte en mi memoria repitiendo <em>“io so i nomi dei responsabili…”</em> o diciéndome que llevas “una rabia negra de poesía en el pecho”. Y me lanzas sin rubor ni falsas máscaras tu coraje (“Escandalizar es un derecho y ser escandalizado un placer”, “El sexo es siempre político”, “En mi pasaporte yo escribo simplemente: escritor”, “Parece a veces que odio y sin embargo escribo versos llenos de amor preciso”), mientras yo te miro arrojar en apuesta tenaz tu chaqueta burguesa a un río de celuloide y palabras (tu espalda de hombre de brazos fuertes parece flotar ahora en aguas de la noche, del deseo) y tratar siempre de seguir leyendo la mirada intensa de la vida en los que se te cruzan.</p><p>Desde tus ojos la vida camina hacia nosotros en una larga secuencia de verdad y supervivencia, y el humo de los paisajes desmoronados parece disiparse. Pero siempre la presencia de esa niebla cercándote. Y tú en constante zafarte de ese acoso, acuchillando la niebla con las voces de los protagonistas de la historia verdadera, con el incontestable rostro de lo humano que, desde la pantalla, desde las páginas, nos mira de frente.</p><p>Igual que ahora, pasados los años, me mira, me interpela tu absurda muerte, el golpear de contraventanas que se cierran, los ecos de la frenada de un coche, este lento y último <em>travelling</em> nocturno.</p><p>Contemplo cómo da marcha atrás un vehículo. Las ráfagas de sus faros alumbran en su retroceso los galpones casi desechos, una ventana encendida aún en la que un hombre se pone rápido la camisa tras el momento del sexo, los árboles podados de noviembre con su pequeño brillo de luna casi difuminada. Esa luna antigua era tan cuerpo de poema, mas ahora la poesía parece tan solo un borrón sobre la página oscura de la noche, ya lo advertiste: “¿Que por qué ya no escribo poemas? Porque he perdido el destinatario. No veo con quién dialogar utilizando esa sinceridad típica de la poesía, que llega incluso a ser cruel… La poesía necesita que haya una sociedad (es decir, un destinatario ideal) capaz de dialogar con el pobre poeta. En Italia no existe tal sociedad. Existe aún un buen pueblo simpático (especialmente allí donde no llegan los periódicos ni la televisión) y una pequeña élite de burgueses cultos y desesperados…”.</p><p>En la oscuridad que va ganando el fondo la niebla se ha instalado de nuevo a tus espaldas, te invade sin remedio, impregna este último paseo por Roma. Se va deshilachando ahora desde un cielo negro, goteando su baba oscura sobre los suburbios de la ciudad, sobre su eternidad de oro vaticano, sobre su presente de parlante veneno global en las pantallas, de trajeada delincuencia armada de talonario y desprecio.</p><p>La muerte asomada tras tus hombros, caminas esta noche hacia mí con ojos que se abren hacia adentro, que vuelcan su pupila en el recuerdo buscando el refugio de los cantos antiguos de los camaradas, un abrigo en las voces ausentes de tu madre y tu hermano, en aquel país sin llanto de las primaveras de la infancia. Pero esa música amada te llega manchada por el chasquido insistente de las ruedas que se acercan, que te derriban, que quiebran el paisaje de tu abierto corazón.</p><p>Tú, sobre la arena ennegrecida por el gasóleo, desde la flor que dibuja al derramarse tu sangre, quizá estés soñando ahora con los añorados campos, con las calles vibrantes del atrevido amor y la vivificante rebeldía. Deseando tal vez que alguno de nosotros te alce con sus manos del suelo y sea de nuevo tu cómplice en el camino, alguien al que decirle de nuevo:</p><p>  </p><p>Por eso, hoy hago en tu nombre un gesto obsceno a los vecinos que miran y sonríen, que luego se dan la vuelta y cierran sus contraventanas al estallido del crimen<em>.</em></p><p>Y entro en tu mirada y tu memoria mientras todo funde a negro.</p><p><em>*Trinidad Gan es poeta. Su último libro, </em><strong>Trinidad Gan</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/home/103-36-papel-ceniza.html" target="_blank">Papel ceniza</a><em> (Valparaíso, 2014). </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Secuencia Pasolini]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Literatura,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tiempo de lo vivible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempo-vivible_1_1147097.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a0414970-bfb7-4f14-a36e-b2ccebc87957_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un tiempo de lo vivible"></p><p><strong>Marina Garcés</strong> propone una <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/nueva-ilustracion-radical/9788433916143/NCA_4" target="_blank">Nueva ilustración radical</a> (Anagrama, 2017). Si entendemos la ilustración como un concepto dinámico, resulta legítimo heredar de pensadores como <strong>Diderot</strong> o <strong>Rousseau</strong> su voluntad de autovigilancia y, al mismo tiempo, de intervención en la realidad. Un saber orgulloso, generador de certezas inmutables, tiende a santificar errores. Los pensadores más precavidos ante el orgullo social del viejo saber hicieron bien en dudar de unas intervenciones que se convertían con facilidad en cómplices de los poderes establecidos. Pero ocurre que las sospechas, convocadas como norma única, acaban siendo las mejores aliadas de esos poderes. Ayudan a imponer el humor cinismo o la renuncia, santifican el <em>nada se pude hacer</em>, <em>siempre es todo lo mismo</em>. Las ideas y las esperanzas son así cenizas, quemados disfraces de la mentira.</p><p>  </p><p>El pensamiento contemporáneo más significativo ha puesto en duda la Verdad como un valor admisible. <strong>Nietzsche</strong>, <strong>Marx</strong>, <strong>Freud</strong>, <strong>Foucault</strong>, el feminismo y la mirada anticolonial han denunciado desde distintas perspectivas la dinámica de dominio ideológico que se esconde en la consagración de la Verdad. No faltan motivos. El problema es que esta perspectiva de la sospecha implacable nos condujo poco a poco a un proceso de autorreferencialidad intelectual en el que el pensamiento ha acabado en un constante discutir consigo mismo. Y casi hemos renunciado a una posible intervención eficaz sobre la realidad. Este es el resultado último de la pérdida de confianza.</p><p>Utilizo mi caso como síntoma. Me he formado como profesor universitario en la voluntad de sospecha. Creo en la radical historicidad de la literatura. Sé que los poetas han hablado a lo largo de los siglos en nombre de la verdad mientras reproducían mentalidades pertenecientes al dominio político y cultural. Por eso siento una íntima contradicción cada vez que salgo a la calle y llevo una pancarta exigiendo “Verdad, Justicia y Reparación” en nombre de las víctimas de las dictaduras o de las democracias mentirosas. ¿Pero es que existe la Verdad? ¿Y la Justicia? Bueno, si quiero seguir saliendo a la calle, me conviene devolverle el crédito a posibles acuerdos sobre lo que es justo o injusto. La conciencia conforma así una identidad que merece el nombre sintético de<em> verdad</em>, no con carácter esencialista, pero sí como creación de marcos de comportamiento, diálogo y exigencia.</p><p>Lo más grave es la deriva del pensamiento negativo que confunde el error con el imposible, una tendencia que tiñe cualquier esfuerzo de emancipación en la fatigada e ingenua pintura de lo inalcanzable. Esta deriva no sólo afecta al cinismo reaccionario que quiere sostener una realidad injusta con su relativismo; también afecta a una parte amplia de las inteligencias progresistas que han renunciado a una alternativa en la que pueda participar el saber humano. Marina Garcés sitúa su propuesta de una nueva ilustración radical en la conciencia de que la condición posmoderna ha sido ya sustituida por un sentido de lo póstumo. No es que se dude de los grandes relatos, es que se vive bajo el sentimiento de que todo está perdido. La democracia, la naturaleza, las instituciones y, por tanto, la ciudadanía asumen la cuenta atrás de un planeta sin futuro.</p><p>Marina Garcés no propone una vuelta a la credulidad. El concepto de posverdad es inasumible en una reflexión seria, no sólo porque sirva para justificar las mentiras coyunturales de la farsa política, sino porque encierra una nostalgia peligrosa: alguna vez hubo un tiempo de la Verdad que hemos perdido. La rebeldía contra la condición póstuma no puede basarse en la vuelta confiada a los poderes patriarcales del pasado. El reto va en dirección contraria, pide respuestas a otra pregunta: ¿cómo podemos rescatar el pensamiento crítico de la cárcel de la autorreferencialidad y la decepción para abrir un rayo de su luz sobre el mundo, una confianza vigilante en las posibilidades intervenir en el hoy y de discutir sobre el mañana? Así que tampoco se trata de renunciar al conflicto para refugiarse en el solucionismo ingenuo del “esto se arregla con más educación”, desconociendo los códigos de la sociedad actual. Se trata, por el contrario, de llevar la voluntad de conocimiento al conflicto de nuestro presente.</p><p>La reivindicación de las humanidades que asume Marina Garcés evita cualquier defensa nostálgica. En este libro se mira al futuro desde una hipótesis inicial: el círculo vicioso y autorreferencial del pensamiento crítico colabora, en realidad, con el proceso de desinstitucionalización de las actividades humanísticas que lleva a cabo el proyecto cognitivo del capitalismo actual. Por eso hay que revisar de manera vigilante un estado intelectual en el que se atienda de nuevo a la relación del saber con la emancipación. La nueva apuesta ilustrada por la emancipación pasa no sólo por evitar cualquier tentación imperialista, sino por intentar una nueva relación entre la cultura humana y la naturaleza, un redescubrimiento de la condición natural del ser humano que salve en una apuesta conjunta la dignidad de los hombres y las mujeres y la dignidad del planeta frente a la degradación actual.</p><p>No cabe, pues, una falsa polémica entre las ciencias y las letras en el saber democrático. “El reto hoy —escribe Marina Garcés, citando a <strong>Klaus Schwab</strong>— es desarrollar un abanico de nuevas tecnologías que fusionan los mundos físico, digital y biológico, de tal manera que implican a todas las disciplinas, economías e industrias”. Este es el camino de la búsqueda, apoderarse de un sentido distinto de la temporalidad, no conformarse con renuncias o con horizontes utópicos, ser capaces de establecer “relaciones significativas entre lo vivido y lo <em>vivible</em>, entre lo que ha pasado, lo que se ha perdido y lo que está por hacer”.</p><p>El compromiso con lo que está por hacer no implica credulidad, pero sí una apuesta por la legitimidad de las convicciones.  Que el espíritu de la Modernidad derivase hacia las formas del capitalismo devorador no implica que estemos obligados a asumir una renuncia definitiva o una condena a muerte de la razón humana. La capacidad crítica contra el poder no debe hacerse cómplice del poder, santificar la parálisis, vestirnos de un luto permanente.</p><p>Miremos, junto a <strong>Antonio Machado</strong>, hacia el brote verde en el olmo seco: algunas hojas verdes le han salido.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/baladas-en-la-muerte-de-la-poesia.html" target="_blank">Balada en la muerte de la poesía</a><em> (Visor, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un tiempo de lo vivible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Filosofía,Los diablos azules número 83]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueva ilustración radical]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nueva-ilustracion-radical_1_1147090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/565a0844-9662-451b-8ed2-3c76225727f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nueva ilustración radical"></p><p><em>Este texto pertenece a </em><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/nueva-ilustracion-radical/9788433916143/NCA_4" target="_blank">Nueva ilustración radical</a><em>, libro de Marina Garcés que acaba de ser publicado en la recuperada colección Nuevos Cuadernos Anagrama. ________________________</em><strong>Marina Garcés</strong></p><p>Si las humanidades tienen que ver con la capacidad de dar forma y sentido, libremente, a la experiencia humana y a su dignidad, tenemos que entender que su crisis está directamente relacionada con la distancia que se ha abierto entre lo que sabemos acerca del mundo y de nosotros, y nuestra capacidad de transformar nuestras condiciones de vida. Hemos constatado históricamente que saber más, tener más educación, más información, etc., no nos hace más libres ni éticamente mejores. Tampoco ha contribuido a forjar unas sociedades más emancipadas. De ahí la profunda desproporción que nos asalta y que hace de nosotros analfabetos ilustrados.</p><p>  </p><p><strong>Foucault</strong>, siguiendo la vía crítica abierta, entre otros por <strong>Nietzsche</strong>, nos enseñó a ver que tras la premisa ilustrada de la emancipación a través de la ciencia y de la educación se articulaban nuevas relaciones de poder. Poder sobre los cuerpos, sobre los códigos de lenguaje, sobre los hábitos y los comportamientos, sobre las estructuras institucionales, sobre los proyectos nacionales… Toda forma de saber conlleva unas relaciones de poder. Esta idea se ha convertido para nosotros en una premisa incuestionable, casi en una obviedad. A partir de ella, podemos analizar, y así lo hacemos a menudo, las relaciones de poder que están inscritas en los conocimientos de nuestro tiempo. Tenemos herramientas muy sofisticadas para la crítica y para examinar los efectos de dominio del conocimiento, sus aplicaciones y transmisión.</p><p>Pero, al mismo tiempo, cuando defendemos las virtudes éticas y políticas del conocimiento y de la educación, su necesidad para la democracia y la justicia, a menudo caemos en argumentos tan banales que ni siquiera los ilustrados del siglo XVIII creían, sin sospechar de sus sombras y perversidades. Como hemos visto antes, ellos ya desconfiaban de la cultura si no iba de la mano de la crítica y la autocrítica.</p><p>Dice la protagonista de la película <em>Una giornata particolare </em>(<strong>Ettore Scola</strong>): “A una mujer inculta se le puede hacer cualquier cosa”. Lo que debemos preguntarnos hoy es cómo y por qué a tanta gente culta hoy se le puede hacer cualquier cosa. Y por qué sociedades tan supuestamente cultas siguen cometiendo tantas atrocidades. Son las preguntas que ya se hacía la teoría crítica en pleno siglo XX, cuando proclamó el fracaso de la cultura: no solo la Europa ilustrada no supo evitar el fascismo y la guerra, sino que el pensamiento crítico y revolucionario (anarquismo, socialismo, comunismo…) tampoco condujo en la práctica a sociedades más emancipadas.</p><p>Nuestro principal problema es, entonces, redefinir los sentidos de la emancipación y su relación con los saberes de nuestro tiempo. ¿Qué saberes y qué prácticas culturales necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor en el conjunto del planeta? Parece una pregunta ingenua, pero cuando las humanidades pierden el vínculo con esta cuestión se convierten en meros conocimientos de textos sobre textos y mueren. Redefinir los sentidos de la emancipación: en eso tienen que consistir las actividades humanísticas si quieren ser algo más que un conjunto de disciplinas en desuso.</p><p><em>*Marina Garcés es profesora de la Universidad de Zaragoza. Entre sus últimos libros están </em><strong>Marina Garcés</strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/nueva-ilustracion-radical/9788433916143/NCA_4" target="_blank">Nueva ilustración radical</a><em> (Anagrama, 2017) y </em><a href="http://www.marinagarces.com/2016/10/fuera-de-clase-textos-de-filosofia-de.html" target="_blank">Fuera de clase</a><em> (Galaxia Gutenberg, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marina Garcés]]></author>
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