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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 91]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-91/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 91]]></description>
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      <title><![CDATA[Una alucinación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alucinacion_1_1203131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/aa807cad-7610-47dd-93d8-a29dcaf25542_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una alucinación"></p><p>  </p><p>Entraste en el recinto de lo cuadrado. La paleta metálica, repleta de cemento, golpea en lo cuadrado, precisa de un sonido seco, cortante, duro para alzar lo cuadrado.</p><p>Junto al mar sin esquemas, que practicaba, al fondo, la destrucción hasta el delirio de cualquier forma de geometría, entraste en el recinto de lo cuadrado. Para llegar habías bordeado acantilados como quien coquetea con la muerte. A peso la plomada, a peso el vértigo, a peso tú con ambos.</p><p>Sobre el recuerdo en piedra del ahogado no encontrado jamás, después descubrirías el amor. Vestido azul marino impracticable, conduciéndose exacto por las curvas de un cuerpo, besos sabor salitre, y cerca, entre las grietas de las rocas, un lobo blanco aullando, reclamando otra presa.</p><p>Pero eso fue después. Primero entraste un día en el recinto por excelencia de lo cuadrado. Si existe un lugar quieto será aquél. Visión cuadriculada. Alrededor cuadrado. Lapidación de la contemplación.</p><p>Tú, en cambio, allí, eras la rapidez, guiada, espoleada, por dos ojos muy grandes, que traspasaban de electricidad aquel reino absoluto de lo cuadrado, buscando el hueco, la demolición, la fisura, la ruina en lo cuadrado.</p><p>Aquella puerta negra se te resistía. Algo se abría en ella y todo lo que se abre en una puerta se ha de abrir para ver. Con las manos en círculo, rodeando los círculos de tus dos ojos grandes y redondos, te enfrentaste, de niño, a la razón suprema de todo lo cuadrado. Y allí viviste la alucinación. Experiencia de luz que necesita de la oscuridad.</p><p>Las apariencias pueden engañarnos. Pero el posible engaño de una visión fugaz será más cierto siempre que la verdad más cierta.</p><p>  <em>De </em>Nocturno casi<em> (2014). </em></p><p><em>*Lorenzo Oliván es poeta. Su último libro, </em><strong>Lorenzo Oliván</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1773" target="_blank">Dejar la piel. (Pensamiento y visión) 1986-2016</a><em> (Pre-Textos, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorenzo Oliván]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una alucinación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cerca del 'gore']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cerca-gore_1_1149415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11102faf-a9bc-4524-93dd-cdff501b0190_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cerca del 'gore'"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es </strong></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>IrènePierre LemaitreTraducción de Juan Carlos Durán RomeroAlfaguara2015</strong><em>Irène</em></p><p>  </p><p>Es muy bestia. Terrorífica como el miedo que transmiten los ojos de la mujer de la portada en la edición de bolsillo. Sobrecoge esta barbarie descrita con todo lujo de detalles<strong> </strong>para que el término <em>gore</em> se quede corto. Que <strong>Lemaitre </strong>era capaz de congestionar lo sabía porque lo he constatado con otras de sus novelas, pero la estabilidad de las tripas llegan (y superan) al límite con esta historia tremebunda. Y aunque he llegado a <em>odiarle</em> por su perversidad, Lemaitre se aposenta de nuevo en la parte alta del podio de la novela más negra.</p><p>No conocía todavía al particular comandante de Lemaitre: Camille Verhoeven. Compensa su escasa altura con una mente brillante. La necesitará para adentrarse en el infierno de investigación que cae en sus manos. La estudiada y macabra puesta en escena de la mutilación de dos mujeres hace que el estómago se vuelque boca abajo y haga dudar al lector si continuar adelante, porque temerá que el panorama sea aún más <em>rojo</em>. Pues prepáranse, porque es tan solo un aperitivo.</p><p>El combate de Verhoeven y su equipo será intelectual. Deberán ponerse en la mente de un asesino que recrea de forma <em>artística </em>crímenes atroces que cuentan otras novelas. E insisto –más bien, advierto–, no falta ni un detalle por contar. Lemaitre nos mostrará su enorme capacidad para homenajear a la literatura y describirnos el infinito universo destructivo que cabe en la naturaleza humana más enferma. Esos son los aspectos más interesantes y por los que merece la pena <em>soportar</em> cada una de las vísceras que aparecen destrozadas en estas páginas.</p><p>Es el grueso de la trama, pero Lemaitre tiene recursos de sobra para engordarla aún más con subtramas protagonizadas por algunos compañeros de trabajo (me gusta el fino rico, ya me contarán) y entre ellas, la destacada: la relación de Verhoeven con su mujer, Irène, que está a punto de dar a luz. La sufrida embarazada tendrá que <em>pelear </em>por las escasas horas que la absorbente investigación deja al marido para su vida en común. Tampoco hay que perder de vista al librero especializado en novela negra que entrará de forma indirecta en la investigación, así como al cansino periodista que persigue al policía para intentar robarle algún que otro dato con el que construir jugosos titulares.</p><p>Viajaremos dentro de un<strong> </strong>ambiente opresivo y sombrío que pone a prueba los nervios del comandante, aunque en realidad, como es lógico, son las neuronas y las uñas del lector las que sufren. Si de eso se trata, no tengan reparos:<strong> </strong>van a sufrir mucho y aunque tuerzan el gesto con asco, mucho asco, Lemaitre no les dejará respirar. En eso del ritmo trepidante –y con él, el entretenimiento– es un experto y vuelve a conseguirlo con Irène. Aunque eso sí, creo que el final es previsible. Quiero decir, el lugar hacia el que se enfoca la atención. Ya lo entenderán si llegan hasta la última página, porque lógicamente, esta novela no es para todos los estómagos y sensibilidades.</p><p>Pierre Lemaitre escribe y describe sangriento en <em>Irène</em>. La pregunta es: ¿es necesario, lo pide la historia, se recrea el autor en el morbo? La respuesta es muy personal. Cada persona es un mundo. En mi caso, creo que no todo está justificado, pero si quieres saber lo diábolica que puede ser la materia gris y generar angustia y ansiedad, Lemaitre lo clava. También es verdad que, después de este título de nombre bonito, necesito un descanso de <em>lo negro</em>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libreros,Literatura,Novela,Novela negra,Narrativa,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Ocultas (pero luminosas)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ocultas-luminosas_1_1149411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da1b779b-1d04-490e-9c28-cf1e70fc505c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ocultas (pero luminosas)"></p><p>Desde la <a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">librería madrileña Muga</a> queremos recomendar una serie de buenos libros de editoriales más pequeñas que no van a tener mucha visibilidad en las clásicas listas para el día de Reyes, pero que merecen una oportunidad para esos lectores inquietos que no se conforman con lo que casi todos suelen recomendar. Libros valiosos de editoriales valientes que apuestan por otra literatura y otra manera de editar, con mucho cariño y rescatando y apostando por libros ocultos que merecen ver la luz.</p><p><a href="http://www.contraescritura.com/shop/libros/contexto/yo-le-pinte-el-bigote-a-stalin/" target="_blank">Yo le pinté el bigote a Stalin</a>, editado por Contraescritura, son las memorias de <strong>Erika Riemann</strong>, condenada a diez años de trabajos forzados en la Alemania soviética por pintarle un bigote a un poster de Stalin, con un pintalabios, cuando tenía 14 años. Su relato cronológico impacta por la dureza de la situación pero emociona por la tozudez de la jovencísima Erika, que pese a la injusticia logra aunar fuerzas para agrupar a las mujeres en prisión contra el maltrato, y su descarnada visión de un mundo angustioso en el que perdió parte de su juventud. Es también, por supuesto, una crítica a la opresión soviética de la Alemania Oriental desde el mismo fin de la guerra y de la que no hay demasiados textos que lo cuenten. Un testimonio directo de aquella época oscura de la Historia fundamental para entenderla.</p><p>  </p><p><a href="http://www.dosbigotes.es/libros/la-nueva-mujer/" target="_blank">La nueva mujer</a>, editado por Dos bigotes, recoge diez relatos de diez escritoras estadounidenses del siglo XIX seleccionados con magistral criterio por <strong>Gloria Fortún</strong>. Esta antología, absolutamente deslumbrante, nos descubre a autoras desconocidas aquí, que se labraron una carrera a la sombra del canon masculino, y que fueron la vanguardia del desafío, a través de la escritura, de las convenciones sociales de la época, y que convirtieron su escritura en el símbolo de la lucha que asistió a la eclosión del empoderamiento femenino. Así, por estos impactantes relatos, asistiremos a la batalla de mujeres reclamando su derecho a trabajar, veremos a valientes guerreras indias, forajidas del Oeste, inmigrantes atrevidas y esposas vengativas. Un libro que nos abrirá un nuevo elenco de escritoras impresionantes a las que seguir la pista. Extraordinario.</p><p><a href="http://www.varasekediciones.es/los-rios-salvajes-ramon-j-soria-brena/" target="_blank"><em>Los ríos salvaje</em></a><a href="http://www.varasekediciones.es/los-rios-salvajes-ramon-j-soria-brena/" target="_blank"><em>s</em></a> es el último libro de la colección On the road de Varasek ediciones. Esta colección ofrece textos relacionados con la naturaleza y la libertad (y ambas), y en ella está incluido un libro supremo de <strong>Gary Snyder</strong> titulado <em>La práctica de lo salvaje</em>, un referente en esta literatura. En<em> Los ríos salvajes</em>, el escritor <strong>Ramón J. Soria Breña</strong> (ganador del último Premio Nacional de Novela Ciudad de Salamanca), hace un emocionante e intenso alegato sobre la defensa de los ríos salvajes que quedan en nuestro planeta. Con una prosa hipnótica, el autor reflexiona y te hace partícipe de su pasión por la defensa de los ríos de España, describiendo su importancia para la vida natural y para la vida en general, como lugar de aprendizaje vital, a pie de agua, criticando la contaminación a la que la sociedad parece ser ajena. Un libro profundo y hermoso sobre el agua dulce que aún es vital para la vida humana.</p><p>  </p><p><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1723" target="_blank">O futuro</a> de <strong>Abraham Gragera</strong> es el último premio de poesía otorgado por los libreros de Madrid este año 2017. Editado con el acostumbrado cuidado y calidad que atesora Pre-textos en todas sus ediciones, Gragera disecciona su propia experiencia para llegar a lugares comunes con la visión de un poeta con una voz precisa en el lenguaje, recorriendo su infancia, su familia, sus recuerdos como un universo de vivencias constantes de las que aprender y de las que teje un poemario sin estridencias en el que transforma su propia construcción en algo colectivo. Un libro de poesía de los que dejan huella.</p><p><a href="https://www.akal.com/libro/el-libro-negro-del-ejercito-espanol_35280/" target="_blank">El libro negro del ejército español</a> editado por Akal es el nuevo libro del <strong>Luis Gonzalo Segura</strong>, exteniente,  expulsado del ejército por denunciar la corrupción endogámica de la institución. Este es un pormenorizado ensayo que describe las prácticas mafiosas, acosos, abusos, privilegios anacrónicos, órganos de control cómplices, despilfarros millonarios y lo más grave, una cúpula militar heredada del franquismo cuya negligencia ha costado vidas de soldados españoles y que la propia sociedad española ha decidido ignorar. Un libro valiente, concienzudo y que cualquier lector crítico debería leer, pues es un retrato veraz e independiente de no solo una institución corrompida hasta sus cimientos, sino de una época y una sociedad que sigue mirando para otro lado respecto a lo que verdaderamente ocurre en el Ejército. Indispensable.</p><p>  </p><p><a href="http://www.lahuertagrande.com/publicacion/yonquis-de-las-letras/" target="_blank">Yonquis de las letras</a> es otra de esas misteriosas maravillas a las que nos tiene acostumbrados La huerta grande, en este breve ensayo, el escritor mexicano <strong>Jorge Comensal</strong> disecciona su biografía como lector compulsivo, entre el humor y la erudición, dejando espacio para entender esa “rara enfermedad” de la pulsión por los libros que nos hace devorar y dar sentido a nuestras vidas y que puede provocar alegría pero que muchas veces fue una actividad peligrosa, que incluso llevó a algunos a la locura con ese enganche que produce la lectura. Como dice Comensal en este cautivador libro: “A veces me siento triste de todo menos de los libros”. Y no dejen de leer de esta misma editorial una novela impresionante, <a href="http://www.lahuertagrande.com/publicacion/las-aguas-tranquilas-del-una/" target="_blank">Las aguas tranquilas del Una</a> de <strong>Faruk Sehic</strong>, uno de los mejores libros del año. Imprescindible.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet (Librería Muga)]]></author>
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      <title><![CDATA[24-D]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/24-d_1_1149410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/151d9e1b-11ec-48e8-b05b-b1e889b86370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="24-D"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor Luis Carlos Azuaje.___________________________________24-DElla estornuda. Él le larga su abrigo. Los dos traban una discusión sobre las bondades terapéuticas del cannabis. Ella saca un paquete contentivo de sendos tabacos, cuyo desodorante inunda las narices de él. Ella llueve elogios sobre el último libro de él y considera un insulto la inmundicia de quedar sólo como primer finalista. Increpan a los editores corruptos que se dicen imparciales. Ambos se miran lascivamente. El encuentro ha sido fortuito. Ninguno de los dos planeó verse en esa taberna, a esa hora. Ambos comparten el deseo que tienen de huir de sus casas y el gusto por la aventura. No hay culpa ni remordimientos. Nada igual que el impulso de desobedecer, nada igual que sentirse deseados nuevamente. La pierna de ella tropieza con el mesonero en un intento por acercarla a la de él. Éste, después de una aparatosa caída, logra ponerse de pie. Los comensales de la mesa de al lado echan de menos las bebidas que acaba de arrojar al suelo. Ella pide disculpas que no evitarán en nada el dolor de rodilla y el oprobio del mesonero, quien se marcha renqueando como herido de bala. Él aprovecha el episodio para invitarla a su casa, nadie lo espera a estas horas, afirma, los niños y su esposa debían estar en casa de su suegra disfrutando de unas hallacas en familia. Ella consiente la travesura aunque le inquieta la posibilidad de conseguirse con alguien más. Piden la cuenta y él hace alarde de su poder adquisitivo con una propina generosa que, sin embargo, sólo servirá al mesonero para comprarse un buen ungüento para la rodilla. Deciden irse en el carro de él para no levantar sospechas, a fin de cuentas, la taberna no queda muy lejos de casa. En el camino se deleitan con una entreverada lucha de caricias. Entran corriendo por la puerta de atrás y sin apenas descalzarse se propinan toda clase de mimos para terminar haciendo el amor en el suelo de la sala. Tras largas inspiraciones, los dos, meditabundos, comparten caladas de otro tabaco. Ella va a la cocina a buscar un poco de agua pero la luz sigue apagada. Prefirieron, y con razón, el ambiente de una tiniebla cómplice. Ella, sin embargo, llega sin problemas a la nevera y saca del frízer una rueda de pescado. Él le insiste que está bien de aventuras, que comer pescado un 24 de diciembre ya es demasiado, que se deje de tonterías y que saque el pernil que lleva horas macerando en salsa de ciruelas. Ella, visiblemente molesta, saca de la despensa la pimienta y le rocía al pernil hasta acabar con el frasco. Y recuerda, Agatha, nada de pimienta, dice él, me lo ha prohibido el médico.  En defensa de la digresión o lo que en realidad pasó después de BabelEstá permitido hacerlo cada cuarenta años (la cifra no es exacta) y ya el cupo de las próximas décadas lo ocupó con alevosía Roberto Bolaño. Fue así como me lo contaron: William Blake deshizo la palabra, la acorraló y le clavó una puñalada, la dejó tuerta, por eso guiña el ojo, esa y no otra es la palabra que tenemos, no hay que engañarse, la que dejó tuerta William Blake. Luego vino Lewis Carroll, habló de más, dijo lo que no debía, se le fue la lengua; después dicen que Lautréamont, pero en realidad fue Arthur Rimbaud, él la compactó, la hizo un amasijo de sombras y perplejidades. Luego, James Joyce, quien sólo fue James Joyce, para lo cual usó apenas dos palabras, ninguna con un significado claro, definido. Así hasta llegar a Julio Cortázar, quien se acostó con ella, la sedujo, la eternizó, la llenó de palabras a la palabra. Y Roberto Bolaño, que básicamente no dijo nada, nada importante, pero todos lo leímos con fruición buscando saber por qué la hipnosis. Y desde entonces anda tuerta, inapropiada, maldita, oscura, eterna y vaga, la palabra. Es todo lo que sé.*Luis Carlos Azuaje (Maracay, Venezuela, 1983) es profesor de Lengua y Literatura. Tiene un máster en Filología hispánica (Madrid) y otro en Literatura Latinoamericana (Caracas). Ha sido incluido en antologías como Voces nuevas 2005/2006 (Celarg, Caracas, 2006); Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos (Cuadernos del Vigía, Granada, 2010); y en la Antología del taller literario Los moradores (El perro y la rana, Caracas, 2012). Es colaborador del suplemento cultural Contenido del diario El Periodiquito. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un doctorado en Ciencias Sociales en el IDES y es profesor de español para extranjeros.#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Luis Carlos Azuaje</strong></p><p><strong>24-D</strong></p><p><strong>En defensa de la digresión o lo que en realidad pasó después de Babel</strong></p><p><strong>William Blake</strong><strong>Lewis Carroll</strong><strong>Lautréamont</strong><strong>Arthur Rimbaud</strong><strong>James Joyce</strong><strong>Julio Cortázar</strong><strong>Roberto Bolaño</strong></p><p><em>*</em><strong>Luis Carlos Azuaje</strong><em> (Maracay, Venezuela, 1983) es profesor de Lengua y Literatura. Tiene un máster en Filología hispánica (Madrid) y otro en Literatura Latinoamericana (Caracas). Ha sido incluido en antologías como Voces nuevas 2005/2006 (Celarg, Caracas, 2006); </em><em> (Cuadernos del Vigía, Granada, 2010); y en la Antología del taller literario Los moradores (El perro y la rana, Caracas, 2012). Es colaborador del suplemento cultural </em><em> del diario </em><em>. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un doctorado en Ciencias Sociales en el IDES y es profesor de español para extranjeros.</em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Carlos Azuaje]]></author>
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      <media:title><![CDATA[24-D]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Repostería irresponsable (un cuento navideño)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reposteria-irresponsable-cuento-navideno_1_1149406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Repostería irresponsable (un cuento navideño)"></p><p><em>El escritor Felipe Benítez Reyes acaba de publicar el libro de relatos </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Por regiones fingidas</a><em> (tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor, Interrogante editorial, 2017). Esta es la última entrega del relato “Repostería irresponsable (un cuento navideño)”, que hemos publicado a lo largo de cuatro números</em><em>. </em></p><p>________________________</p><p>Mediada su cincuentena, la señorita Coleridge se aficionó a la repostería y contagió su afición al vecindario, lo que tuvo como consecuencia el que en las fiestas señaladas, e incluso en días anodinos, circulasen por todo Hasting Fields pasteles y tartas, compotas y almíbares, pues se creó entre las señoras una especie de competición tácita en aquel particular.</p><p>El día de Acción de Gracias de 1934 resultó un trasvase continuo de dulces entre los vecinos de aquel pueblo apacible, aunque es una jornada que se recuerda por un detalle bastante más siniestro.</p><p>Había nevado durante la noche. Las bombillas y los adornos de las ramas más bajas del abeto de la plaza Truman Sherman –un prohombre comarcal, fabricante de maquinaria agrícola— desaparecieron a las pocas horas de ser colocados con más esmero que tino por el personal del ayuntamiento, y el comisario Prize, tras calibrar la altura máxima a la que había sido desvalijado el abeto, llegó a la conclusión científica de que el hurto era obra de unos niños. “O de unos enanos”, bromeó el tuerto Brody, que, a pesar de no tener demasiados motivos para hallarse cómodo en este mundo, siempre encontraba ocasión para ensayar chistes. El cielo estaba de un azul tirante y gélido.</p><p>Las señoras iban de aquí para allá, andando cuidadosamente sobre el piso nevado, todas ellas con bandejas, potes y moldes, entusiasmadas con aquel intercambio masivo de dulzura.</p><p>La señora Stevenson llevó un pastel de pacana y canela a la señorita Chester, que a su vez llevó una compota de arándanos a la señora Eliot, que a su vez llevó una tarta de dátiles de Siria al viudo Pemberton Murry. Como no hace falta decir, la señorita Coleridge, pionera del fenómeno, no dudó en hacer alarde de su arte, de modo que llevó un pastel de manzana a la señora Primrose, que padecía de tripas débiles; uno de ciruela a la señora Bartleby, que penaba a causa del estreñimiento; una mermelada de albaricoque y coco a las solteras Brigdeson y un bizcocho de pasas al párroco Heep, que había enviudado dos veces y se había desengañado de los amores terrenales.</p><p>Pero el diablo no duerme.</p><p>Unos tres años atrás llegó a Hasting Fields una dama sureña de piel tostada y labios abocinados, de unos sesenta años de edad, sobre la que no tardó en recaer el fardo de la murmuración. Circulaban leyendas turbias en torno a ella, propagadas a capricho, sobre todo por el señor Campbell, que la apodó la Caníbal, aunque lo cierto es que nadie dudaba a la hora de atribuir los frutos de su imaginación libre a aquella mulata esquiva y pomposa que alquiló la vieja mansión de los O'Reilly, en la colina lindante con el bosque de Capletton, y que se paseaba de mes en mes por el pueblo —siempre en compañía de una anciana sirvienta negra— en una calesa anacrónica y reluciente guiada por un negro de pelo cano y tirada por un potro alazán, aunque la dama jamás ponía un pie en el asfalto.</p><p>A todo el mundo le extrañó, pues, que la intrusa sureña, que se hacía llamar Madame Beaucoup, bajase aquel día festivo al pueblo, descendiera de su calesa y, seguida por su sirvienta achacosa, se dirigiese a la casa del señor Campbell, el jefe de Correos, para obsequiarle una tarta de tres chocolates, típica al parecer de Nueva Orleans.</p><p>El gesto resultaba raro de por sí incluso en aquel ambiente compulsivo de intercambios melosos, pero había que tener en cuenta un detalle que lo hacía más chocante aún, a saber: el señor Campbell, aparte de entusiasta del KKK y detractor de la decimotercera enmienda, era socio de cuota de una agrupación racista con sede oficial en Georgia y se encargaba de repartir los folletos informativos de tal agrupación por la localidad, a pesar de que en más de cien millas a la redonda de Hasting Fields resultara difícil ver a negro alguno, aparte, claro está, de los dos que trajo consigo la forastera, pues ella sólo añadía un 50% de su sangre al recuento de vecinos de color.</p><p>Tras la visita de la mulata, el señor Campbell tardó unos minutos en reaccionar, al ser aquella la menos imaginable de todo el catálogo de sorpresas que la realidad podía reservarle. Al cabo de esos minutos, y a falta de mejor interpretación, decidió tomarse el gesto de Madame Beaucoup, en fin, como una afrenta intolerable, pues era el jefe de Correos persona de humor agrio, lo que le escamoteaba el aprecio de los vecinos de Hasting Fields, que se limitaban a tratarle con una cortesía distante y recelosa.</p><p>Sin pensárselo dos veces, el señor Campbell agarró la tarta de tres chocolates y la colocó en el suelo del porche para que se la comieran los perros vagabundos, las ardillas, las urracas o cualquier menesteroso, pues antes preferiría el señor Campbell morir de fiebres africanas que probar aquello, a pesar de tener él debilidad por el sabor del chocolate, como bien sabía el pastelero O'Flauberty, a quien el jefe de Correos encargaba cada semana un surtido de piezas bañadas en aquel manjar, en especial magdalenas y buñuelos.</p><p>Se dio el caso de que el primero que pasó ante el porche de la casa del señor Campbell no fue perro, ardilla ni urraca, sino el ya mencionado tuerto Brody, que, al ver la tarta sin dueño, dudó de su suerte, que había sido siempre mala, pues no daba crédito a aquel milagro: que la providencia se acordase de él para algo ventajoso. Pero si bien era Brody un ser necesitado, no se contaba entre sus defectos el de la afición al hurto, de modo que llamó a la puerta del señor Campbell. “Llévatela si quieres”, le dijo el jefe de Correos con destemplanza, y Brody no cabía en Brody de satisfacción, hasta el punto de que llegó a pensar que aquello podía ser el principio de un cambio de rumbo en su destino.</p><p>En principio, Brody tuvo la tentación de comerse la tarta, pero lo pensó mejor y decidió vendérsela al pastelero O'Flauberty. Por poco que le diera, tendría para pagarse unos tragos en la taberna de Jefferson Jr., lo que sin duda le reportaría más diversión que el dar cuenta a solas de la tarta providencial. Así que a la pastelería se encaminó el tuerto Brody.</p><p>O'Flauberty le comentó que el negocio andaba muy mal por culpa de la señorita Coleridge, que había inoculado a todas las señoras del pueblo el veneno dulce de la repostería. “No vendo ni una galleta”, le confesó. De todas formas, el pastelero O'Flauberty, que era generoso, le dio un dólar a Brody por la tarta y le añadió de propina un bizcocho de castañas que estaba a punto de revenirse.</p><p>El pastelero apreció las cualidades supremas de la tarta de tres chocolates preparada por Madame Beaucoup, pero sabía que no lograría venderla, pues era cierto que el mercado de pasteles había sido sustituido por el libre trasiego de pasteles, hasta el extremo de que medio pueblo debía de andar empachado a esas alturas. De modo que decidió meter la tarta de tres chocolates en la batidora para hacer una masa y rellenar con ella varias docenas de canastillas, que habrían de coronarse con una guinda al licor de menta blanca y que vendería a diez centavos la pieza, en el caso de que lograra vender alguna.</p><p>El día transcurrió con la normalidad propia de un día anómalo. A la caída de la tarde, aún andaban por la calle algunas señoras que llevaban tartas o bizcochos recién horneados a sus vecinas.</p><p>Cuando llegó la hora del cierre, el pastelero O'Flauberty, que no había tenido que abrir la caja registradora en toda la jornada, envolvió en papel parafinado la bandeja de las canastillas rellenas de masa de chocolate y le dijo a Wallace, su hijo pequeño, que se la llevase al señor Campbell como obsequio, pues el momento histórico que se vivía en Hasting Fields aconsejaba mimar a los buenos clientes.</p><p>El señor Campbell, que era soltero por falta de convicción en la estabilidad de los sentimientos y por tendencia a la avaricia, recibió con satisfacción el regalo del pastelero O'Flauberty. Tras la cena, sentado delante de la chimenea, dio cuenta de no menos de una docena de aquellas canastillas, acompañadas de un vaso de leche templada y de una copa de un orujo casero de arce que comercializaba de tapadillo el ferretero Spoon.</p><p>A la mañana siguiente, a todo el mundo le extrañó que el señor Campbell no abriese la oficina de Correos a las ocho en punto de la mañana, como venía haciendo sin falta desde hacía más de treinta años, sin retrasarse ni siquiera un segundo, pues le gustaba alardear de puntualidad extrema.</p><p>Alertado por algunos vecinos, el comisario Prize acudió con su ayudante al domicilio del señor Campbell, golpeó repetidas veces el portón con la aldaba de bronce que representaba la cabeza de un búfalo y, al no obtener respuesta, se vio obligado a ordenar al susodicho ayudante, apellidado Twain, que forzase la puerta trasera de la casa, que daba a la cocina y que, al final, resultó que estaba abierta.</p><p>Según parece, encontraron al señor Campbell sentado frente a la chimenea apagada, con la bandeja de canastillas de chocolate a su vera, en una mesita de café, y con una copa caída en el regazo. El doctor Johnson calculó que la muerte debió de producirse a medianoche, cálculo que ratificó el doctor Boswell, que, aunque residente en New Jersey, pasaba aquella festividad con sus familiares de Hasting Fields. Ambos médicos llegaron a la conclusión de que el óbito se había producido por una indigestión severa seguida de un aneurisma, y ambos mostraron su extrañeza por el hecho de que el señor Campbell tuviese la lengua hinchada y negra, aunque no se arriesgaron a ofrecer diagnóstico alguno sobre aquel fenómeno. La sugerencia del doctor Boswell de que se le practicase la autopsia en la capital fue desestimada por inútil y engorrosa, tanto por el doctor Johnson como por el comisario Prize, que aún recordaban la pesadilla burocrática que supuso el envío del cuerpo del carpintero Maple al Instituto Forense, donde al final se dictaminó que se había roto la base del cráneo tras caerse de espaldas fulminado por un infarto, y no, como suponían algunos noveleros, asesinado de un culatazo en la nuca por alguno de los muchos cazadores furtivos que infringían todas las leyes posibles en el bosque de Capletton, de propiedad estatal. “Sea como sea, Campbell ya no va a resucitar hasta el día del Juicio”, sentenció el comisario Prize, y los doctores asintieron.</p><p>A la mañana siguiente, en el mismo instante en que partía la comitiva fúnebre hacia el cementerio, la calesa de Madame Beaucoup ponía rumbo a la estación de Middlehoax, hacia la que, antes de amanecer, salió una camioneta con todos sus enseres.</p><p>Del abeto de la plaza Truman Sherman habían vuelto a desaparecer algunas bombillas y adornos.</p><p>En el aire se olía ya la nieve que habría de caer durante toda la noche.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Repostería irresponsable (un cuento navideño)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconstruyendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reconstruyendo_1_1149400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b03503bd-9a24-471a-8736-0c87397a6284_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reconstruyendo"></p><p>La Fundación Huerta de san Antonio nació hace cuatro años promovida por Manuel, Antonio y Nicolás Berlanga con el objetivo de <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/patrimonio/Jaen-Ubeda-san_Lorenzo-patrimonio-cultura_0_507800360.html" target="_blank">conservar la memoria de su abuelo</a>. Desde 2013 se ha convertido en uno de los principales focos culturales de Úbeda llevando a cabo actividades como conferencias, conciertos acústicos, exposiciones, recitales poéticos, teatro y contando con la colaboración de <strong>Antonio Muñoz Molina</strong> o <strong>Joaquín Sabina</strong>. Muchas de estas actividades tienen como escenario <a href="http://www.iglesiasanlorenzoubeda.com/" target="_blank">la iglesia de San Lorenzo</a>, un edificio del siglo XVI que estaba en peligro de desaparecer, en proceso de rehabilitación gracias a la iniciativa de los hermanos Berlanga. La intensa labor cultural de esta asociación ha conseguido, además de organizar eventos como el Festival de la palabra o participar en las jornadas Sabina por aquí, dar una nueva vida al barrio de San Lorenzo de Úbeda.</p><p>En la primavera de 2017 la Fundación Huerta de san Antonio inauguró la <a href="https://www.todostuslibros.com/editorial/fundacion-huerta-de-san-antonio" target="_blank">Colección Juancaballos de Poesía</a>, una magnífica edición de calidad, cuyo diseño es responsabilidad del pintor granadino <strong>Juan Vida</strong>. La colección Juancaballos nace con dos títulos: <em>Ut poesis ut pictura (poemas alrededor de Juan Vida) </em>y <em>Si mal no recuerdo</em>, de <strong>Miguel Ángel Barrera Maturana</strong> y anuncia dos nuevos libros para el comienzo de 2018: <em>Amistad a lo largo</em>, de <strong>Luis García Montero</strong> y <strong>Felipe Benítez Reyes</strong>; y <em>Mensajes en una botella que estoy acabando</em>, de <strong>Andrés Ortiz Tafur</strong>.</p><p>Del libro con el que se inicia la colección, con el título horaciano de <em>Ut poesis ut pictura</em>, podríamos decir que reúne una antología de la mejor poesía contemporánea en torno a los dibujos de Juan Vida. También podríamos decir que no se trata más que de un grupo de viejos amigos que se han juntado para hablar de la vida. Juan Vida es un pintor que decidió alejarse de las modas para escuchar la voz de los cuadros que quería pintar. Hasta llegar a esa orilla, su pintura ha recorrido un camino en el que han influido artistas como <strong>José Guerrero</strong> o <strong>Anselm Kiefer</strong> y en el que ha sido fundamental el trabajo de la memoria. Como diseñador gráfico, a través de sus creaciones podemos conocer gran parte de la vida cultural granadina desde los años setenta hasta la actualidad. Se ha dicho en muchas ocasiones que Juan Vida es un pintor literario: los paisajes industriales, las fábricas abandonadas, las ciudades, los cuerpos, los animales, aviones y coches de sus cuadros y dibujos nos narran una historia. Además, Juan es amigo de poetas y narradores que son un referente en la cultura de este país. Él afirma que ha tenido la fortuna de crecer tutelado por hermanos mayores de los que ha aprendido gran parte de lo que sabe. Hoy Juan es también un hermano mayor para muchos de nosotros. El libro <em>Ut poesis ut pictura</em> es una foto de familia en la que las palabras de esos hermanos abrazan los dibujos de Juan Vida: poemas de <strong>Juan de Loxa</strong>, <strong>Javier Egea</strong>, <strong>José Carlos Rosales</strong>, <strong>Justo Navarro</strong>, Luis García Montero, <strong>Antonio Jiménez Millán</strong>, Felipe Benítez Reyes, <strong>Álvaro Salvador</strong>, Joaquín Sabina, <strong>Ángeles Mora</strong>, <strong>Pere Rovira</strong>, <strong>Luis de la Higuera</strong> y Miguel Ángel Barrera Maturana acompañan cuadros y dibujos que funcionan como marcas o llamadas de atención en la evolución de la pintura de Juan Vida: desde el compromiso social de <em>Obra fechada </em>(1978) o la irrupción de la vida y los colores de <em>Ir</em><em>é</em><em> a Santiago</em> (1982), hasta llegar a su hija <strong>Julia</strong>, protagonista de <em>Estrella de Oriente</em> (2005) y <em>Un cuento chino</em> (2011).</p><p>No hay mejor manera de celebrar la salida de una nueva colección de poesía que brindar entre amigos. Como escribió <strong>Mariano Maresca</strong>, la botella de la poesía no se vacía ni cuando no hay hielo. Deseo a la Fundación Huerta de san Antonio y a la Colección Juancaballos de Poesía una salud de hierro, una rienda corta y un galope largo.</p><p><em>*Ramón Repiso Ruiz es poeta y profesor de literatura. Es autor de, entre otros, </em><strong>Ramón Repiso Ruiz </strong><a href="https://www.edicionesdauro.com/articulo/522-PECADOS-DE-FAMILIA/" target="_blank">Pecados de familia</a><em>(Dauro, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Repiso Ruiz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Reconstruyendo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales de libros,Escritores,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Épica de lo cotidiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/epica-cotidiano_1_1149397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c968f944-0ad7-439f-9dca-e6091ab9fed8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Épica de lo cotidiano"></p><p><strong>El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016Alberto SantamaríaLa Bella VarsoviaMadrid2016</strong><em>El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016</em></p><p>  </p><p>He leído los libros de poemas de <strong>Alberto Santamaría</strong> a medida que iban siendo publicados, salvo el último –ahora anteúltimo–, <em>Yo, chatarra, etcétera</em>, publicado en 2015 por la desaparecida editorial El Gaviero. He tenido por lo tanto que vencer cierta reticencia al leerlos de nuevo en <a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2016/09/el-huesped-esperado-alberto-santamaria.html" target="_blank">El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016</a>: ¿qué sentido tiene publicar, como empieza a ser habitual, la poesía reunida de un autor que apenas pasa de los cuarenta, y que con frecuencia sigue siendo considerado un poeta joven? Afortunadamente para nuestra amistad, he descubierto que a veces esta aventura es útil: desde un punto de vista práctico, la edición de La Bella Varsovia devuelve al mercado libros difíciles de encontrar, algunos, publicados por editoriales que ya no existen; y desde un punto de vista menos práctico, añade a las primeras lecturas las ventajas de seguir la evolución de un estilo y una forma de ver el mundo, y de ganar una perspectiva de conjunto.</p><p>En cuanto a la evolución de la poesía de Alberto Santamaría desde su primer libro, <em>El hombre que salió de la tarta</em>, publicado en 2004 por DVD, es posible observar que ha ampliado el campo de sus referencias explícitas e implícitas, que han pasado a incluir cada vez más poetas españoles; que su poesía ha ganado puntos de vista, pasando de un yo que puede identificarse con el poeta a un yo que presenta a un personaje, o a uno que en realidad tiende a desaparecer en la mirada objetiva de un observador del que se sabe poco, a la manera de <strong>Jean Follain</strong> o <strong>Wallace Stevens</strong>; que se ha hecho esencial, o, como con gran perspicacia ha observado <strong>Vicente Luis Mora</strong>, se ha sublimado.</p><p>Por otra parte, Stevens es una excelente introducción a lo que <em>El huésped esperado</em> permite en términos de perspectiva de conjunto. Efectivamente, la presencia de Wallace Stevens es constante en la poesía de Alberto Santamaría, que en sus libros más recientes todavía titula poemas "Anécdota de la bicicleta" (véase "Anecdote of the jar") o aborda lo sublime de andar por casa en "Quería que no olvidaras la presencia de lo sublime en estas cosas, simplemente" (véase, por ejemplo, "An ordinary evening in New Haven"). La influencia de Stevens también es patente en un rasgo más esencial de la poesía de Alberto Santamaría: el sentido épico de lo cotidiano, y en el mismo sentido, el compromiso con la anécdota, a diferencia de lo que ocurre con otros autores españoles de nuestra generación, que han seguido en esto a otros modelos estadounidenses, como <strong>John Ashbery</strong> y <strong>Mark Strand</strong>, escribiendo poemas en que el relato del poema queda enterrado en un palimpsesto. En los poemas de <em>El huésped esperado</em>, por más vueltas que den, puede seguirse la anécdota de principio a fin, con un sentido narrativo casi aristotélico. Ello pese a que en otros poemas la perspectiva es, por así decir, sincrónica, y no hay lugar para la anécdota al uso, porque todo ocurre de manera simultánea y constituye una instantánea de la mente o la sensibilidad.</p><p>Otra influencia de Stevens, creo, es que el principal recurso poético de Alberto Santamaría es la asociación de conceptos ("Un lugar no es más que su deseo de ser visto", dice en "Estética del cobertizo (o Polipropileno es su nombre)"). Si lo considera de nuevo en términos de evolución, el lector puede apreciar pasos hacia una poesía en la que el ritmo, la rima, la sonoridad, e incluso la disposición en la página cobran (sobre todo el efecto dramático de los cortes de verso, que como lector identifico con Seamus Heaney) importancia creciente. Pero desde luego la principal herramienta de los poemas es esa asociación de la que hablaba, la creación de imágenes del intelecto, la afirmación de nuevas verdades, de realidades nuevas a través de la lengua, por más que al mismo tiempo sospeche de esta.</p><p>El centro de la atención de la poesía de Alberto Santamaría, de la misma manera, es intelectual. Hay en ella una interrogación metafísica constante acerca de la condición de la realidad y de su relación con el lenguaje. Saber qué es real y qué es simulacro, recordar que las palabras son traicioneras, explorar el mapa de lo que se puede decir, es, creo, el tema verdadero de este libro. Pongo como ejemplo unas líneas de "Fe":</p><p>  </p><p>Esto me lleva, finalmente, a lo que es mi verdadero descubrimiento después de leer a Alberto Santamaría desde hace más de diez años. El lector apresurado verá que las citas de <strong>T. S. Eliot</strong>, Wallace Stevens, <strong>Cernuda</strong>, <strong>Gerardo Diego</strong> y <strong>José Hierro</strong> conviven con las de <strong>Sr. Chinarro</strong>, la prensa estadounidense y los Ramones; que <strong>Platón</strong> y <strong>Marx</strong> aparecen con los Hellacopters, <strong>Àngels Barceló</strong> y la película <em>Ópera prima</em>; y, aunque sea especialmente obtuso, encontrará el nombre de <strong>Andy Warhol </strong>y, quizá satisfecho de su perspicacia, dirá: "Ese es un posmoderno". El lector más atento identificará los cambios de perspectiva, la duda metafísica, el recelo frente a las posibilidades del lenguaje, la tendencia de los poemas a decir lo que quieren decir y a ser además una poética, la intertextualidad, la interdisciplinariedad de las referencias a la pintura, la música y el cine… y llegará a la misma conclusión que el primer lector. Ambos seguramente estarán de acuerdo –porque nada une tanto a los españoles como el desprecio a la posmodernidad– en detenerse en este punto. Sin embargo, el sentido de esta <em>Poesía reunida 2004-2016</em> es precisamente obligarnos a reconocer que lo posmoderno, cuando está bien hecho, como en este caso, merece admiración, respeto y reconocimiento.</p><p><em>*Guillermo López Gallego es poeta. Su último libro, </em><strong>Guillermo López Gallego</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1629" target="_blank">Afro</a><em> (Pre-Textos, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Guillermo López Gallego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Épica de lo cotidiano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós al mañana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/adios-manana_1_1149395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c08054b8-2a05-4250-904e-cc477444688d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós al mañana"></p><p><strong>Un asombroso invierno / Un hivern fascinantJoan MargaritVisor / ProaMadrid2017</strong><em>Un asombroso invierno / Un hivern fascinant</em></p><p>  </p><p>Otro catalán universal, el legendario <strong>Joan Manuel Serrat</strong>, nos hizo enamorarnos del llanto eterno que en el Mediterráneo han vertido cien pueblos, de Algeciras a Estambul, para que el mar pintase de azul sus largas noches de invierno. En la letra de su inolvidable canción, el invierno no es una estación del año caracterizada por sus días cortos y sus bajas temperaturas. El invierno es un estado de ánimo, un inevitable impulso que nos lleva a buscar el recogimiento acompañado alrededor del fuego, una insoslayable advertencia. El corazón humano sigue sintiendo miedo del invierno, sigue necesitando consuelo ante el abismo que éste supone, valor para enfrentarlo sin frío en la mirada.</p><p><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/un-asombroso-invierno.html" target="_blank">El asombroso invierno</a> de <strong>Joan Margarit</strong> no es tampoco esa estación del año de intensas heladas y amaneceres blancos. Es un tiempo extenso de pausa y de silencio, en el que “pronto no habrá amapolas”. Un tiempo en que la respiración de la naturaleza se halla suspendida y todo parece dormir. No en vano para muchas culturas antiguas el año comenzaba con la primavera. El invierno, frío furgón de cola, viene a ser el último apeadero, la oportunidad de contemplar el paso del tiempo con la sabiduría del viajero que ya ha hecho parada y posta en todas las estaciones.</p><p>Joan Margarit, con la honestidad poética y personal que lo caracteriza, nos habla en su esclarecedor epílogo —cuya atenta lectura merece verdaderamente la pena— del antes y el después, “esos dos misterios cuya tensión condiciona el pensamiento”. Así, el poeta habla de cómo el invierno ha sustituido el concepto de <em>mañana </em>por olvido, mientras el pasado, cada vez más lejano, se va volviendo a su vez olvido entre la bruma. El poeta y narrador italiano <strong>Erri De Luca</strong>, quien como buen mediterráneo también conoce las largas noches de invierno del Mare Nostrum, afirmó en un poema: “El tiempo es un saboteador. Es por eso que restauro leyendas”. Mucho de restaurador posee también el verso profundo de Margarit, por cuya clara sutileza discurre su propia juventud en la misteriosa isla de Tenerife, los trabajos de amor que todos —cual modernos Hércules— emprendemos para buscar la claridad, la construcción de un destino que acompaña toda infancia, la imposibilidad de escapar de los propios recuerdos, el futuro, el dolor, la carretera, la libertad…</p><p>  </p><p>La experiencia vital de Margarit realiza ese milagro de ser a la vez intransferible y colectiva. Su poesía, limpia y sincera como una confesión, se abre paso con la fuerza de una torrentera para iluminar los lugares más recónditos del alma, ésos que vertebran desde su historia la conciencia de la propia identidad. El poeta, demiurgo a través de las palabras, convoca a su memoria para que comparezca ante sí mismo y ante todos nosotros. Así, frente a nuestros ojos asombrados desfila la Barcelona de su juventud, aquella que “encendía muy pocas luces en las noches pobres de aquel país infame”. Desfila Macbeth, declamando entre pilares de hormigón armado: “el páramo es mi reino”. Desfila la abuela del poeta, una de esas muchas mujeres con coraje que no sabían leer, capaces de enseñarnos “que el amor es claridad y dureza al mismo tiempo”.</p><p>Los recuerdos, afirma Margarit, son “la obra completa de la mente, que arde con la muerte”. Sólo ciertos poetas la salvan en los versos, como <strong>Kavafis</strong> o <strong>Neruda</strong>. No son los únicos maestros que cruzan este asombroso invierno, donde también preside la voz “respetuosa y grave” de <strong>Jorge Manrique</strong> o el majestuoso albatros del poema de <strong>Baudelaire</strong>. Margarit rinde homenaje metapoético a algunas de las voces que conformaron su geografía lírica personal. También a los personajes históricos cuyo valor simbólico lo inspiró y consoló: los guerreros de las Termópilas nos conmueven a través de las palabras del maestro. Nada escapa a su mirada escrutadora y sabia, desde el brillo de una canción hasta el calor de un amigo, desde la luz rojiza de las cuevas de Altamira hasta el dolor inútil del rencor.</p><p><em>Un asombroso invierno</em> es un acto de verdad sin ambages, que brota de manantial profundo, lejos de cualquier fuego de artificio o artilugio verbal trivial concebido para epatar. Joan Margarit concibe la poesía como un ámbito de compromiso con su sinceridad. Como afirma en el epílogo del libro: “Verdad y belleza pueden superponerse, pero la verdad está muchas veces en lugares donde la belleza no tiene nada que hacer. El territorio del arte es sólo aquel donde coinciden”. Quien se adentre en la lectura de los 41 luminosos poemas que –tanto en catalán como en castellano– componen el libro, observará el fulgor de la sabiduría de la antigüedad y el desenfado del conocimiento de la actualidad. Los poemas de Margarit son atemporales e inmanentes como lo es toda poesía imperecedera. Aquella que se atreve a susurrarnos quiénes somos. Quiénes hemos sido. Quiénes seremos cuando nuestra mirada ya no esté presente.</p><p>Desprovisto de falsos artificios, Margarit mira la realidad de frente y no teme nombrarla. Le asiste el valor y la serenidad de quien habla desde la cripta de su propio interior. De quien —desprovisto de deudas— no está obligado a responder más que ante su propia conciencia. De quien ya sabe que la eternidad es la naturaleza del corazón humano, que sigue latiendo con idéntica intensidad a través de los tiempos. De quien conoce  bien “esa edad a la que no podré, nunca más, ni juzgar ni recordar. (…) El asombroso invierno del animal de fondo”.</p><p><em>*Raquel Lanseros es poeta. Su último libro, </em><strong>Raquel Lanseros</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/los-poetas-toman-la-palabra.html" target="_blank">Los poetas toman la palabra</a><em> (Visor, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Lanseros]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós al mañana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Inmersión y rescate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/inmersion-rescate_1_1149394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03903d60-6ad6-4f06-b827-43e173c2fa3d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inmersión y rescate"></p><p><strong>NoirJosé Daniel GarcíaLa Isla de SiltoláSevilla2017</strong><em>Noir</em></p><p>  </p><p><strong>José Daniel García</strong> (Córdoba, 1979) ganó con su primer libro, <em>El sueño del monóxido</em> (DVD, 2006), el Premio Andalucía Joven de Poesía. Su segundo poemario, <em>Coma</em>, obtuvo el premio Hiperión y se publicó en 2008. En 2010 publicó otro excelente libro, <em>Estibador de sombras</em>. Ha sido becario en la Residencia de Estudiantes de 2008 a 2010. El año pasado publicó su primera novela, <em>Fundido a rojo</em>. Este nuevo libro, <em>Noir</em>, viene a completar una de las trayectorias más personales y de mayor originalidad de nuestra poesía. Libro de intensa emoción, pero ceñida a unos versos que no se desbordan y que retienen siempre la fuerza de una experiencia o temporada en el infierno del verbo, Hades al que desciende García y del que regresa, como un Orfeo con cicatrices en llamas. Descenso <em>ad inferos</em>, pues, pero también salida hacia la esperanza y la fe en la vida y el canto. Por eso, el último poema del libro, <em>Escalada libre,</em> afirma:</p><p>  </p><p>Fe de vida vemos en estos poemas, una fe de vida que no está proclamada desde el beato sillón guilleniano, sino desde las cenizas del conocimiento vital y verbal. José Daniel García nos habla de esplín en las provincias, del purgatorio de los poetas que, como el albatros de <strong>Baudelaire</strong>, han de caminar por un ámbito que no es el propicio. Frente a los conformistas, nuestro autor propone una inmersión lúcida y honesta en las profundidades del yo para sacar a flote un galeón y su tesoro. Dice el poema <em>Abisinia era el blanco, ya no</em>, con el recuerdo de <strong>Rimbaud</strong> (poeta clave para comprender al autor):</p><p>  </p><p>No cito en vano este poema, uno de los más brillantes del libro. Si todo poema es una poética, este lo es sin duda: la labor del poeta es sumergirse en los caladeros del idioma, aunque ese idioma sea extranjero, aunque ese idioma sea el que hemos de aprender para hablar con la vida, tan extranjera a veces. Y García se sumerge en el verbo con la intención de salir y llevar vida a la vida. Libros como éste nos hacen recuperar la fe en la poesía, abisinia o no; simplemente, en la poesía con fuerza que nos hunde en los caladeros del ser y el lenguaje para llevarnos a la superficie iluminada. <em>Soy el anzuelo blanco de la muerte</em>: pero somos también pescadores con fuerza, capaces de capturar el tiburón de los malos sueños. <em>Noir </em>no es ni realista ni irracionalista; participa un poco de las dos corrientes, pero se sitúa en un centro propio, en una irradiación de imágenes que subliman la realidad o, por el contrario, la muestran en un espejo convexo. Libro necesario por su honradez moral y estética. Estamos ante uno de los mejores poetas de su generación.</p><p><em>*José Luis Rey es poeta. Su último libro, </em><strong>José Luis Rey</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/la-fruta-de-los-mudos.html" target="_blank">La fruta de los mudos</a><em> (Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Rey]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Inmersión y rescate]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[De viajes y paradas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viajes-paradas_1_1149393.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7bc7334-f190-4441-9ec7-a7af7ab04be8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De viajes y paradas"></p><p><strong>Descrédito de la certezaAna García Negrete</strong><em>Descrédito de la certeza</em></p><p><strong>Septentrión EdicionesSantander2017</strong></p><p>  </p><p>Con una voz cercana y propia la poeta <strong>Ana García Negrete</strong> (Castro-Urdiales, 1961) nos entrega una poesía intimista, emotiva y ética. Tiene ya publicados los poemarios<em>, Algo tendrán que decir las estaciones</em> (2005), <em>Memoria para seguir un rastro</em> (2010), <em>Y dices tu nombre</em> (2015), y este último, <em>Descrédito de la certeza</em>, galardonado con el Premio de Poesía José Luis Hidalgo 2016. Su obra ha sido incluida en varias antologías y también tiene editados estudios sobre crítica literaria.</p><p><em>Descrédito de la certeza</em> divide en tres partes el volumen y su autora da cuenta en cada uno de los poemas que lo integran, de historias cuya protagonista es la experiencia, en donde cada texto tiene vida propia y a la vez se complementa con el siguiente, hilvanando así todos los ingredientes imprescindibles para poder recorrer caminos que están escritos con palabras de búsqueda y hallazgo, llenos de silencios que se intuyen y que nos abocan a que la acompañemos durante todo el trayecto. Es una poesía vital y sutil que transita sin hacer ruido.</p><p>En la primera parte, titulada “Fauna y sapiens”, la naturaleza, el compromiso social y la ecología van a ser los temas que ella emprende a través del viaje, en busca de un lugar de identificación: “Encontrarlo, aunque fuera sombrío y ya tarde,/ acaba siendo un deseo/ y una plegaria”. En la segunda parte, “Contornos”, escribe sobre la vida, la memoria, el tiempo y la espera: “Desde el quicio donde asoma/ ves la tierra replegada,/ su cicatriz, el manto sellado que la cubre”; “La vida es real y sigue un curso,/me parece una rara versión de la lectura/ por donde la vida ha retorcido sus umbrales”;  “Y creerás ingenuamente/ que fue así mientras vivías”.  En la tercera parte, “De amor y silencio”, emerge su voz y su conciencia: “Tras el amor nunca falta olvido”; “Mi amor es todo tuyo,/  pegado siempre a tu piel como un vivo tatuaje”. Finaliza con tres poemas, dos de homenaje, “Madre” y “Visita al geriátrico”, y el último muy breve que cierra a modo de telón, titulado “Silencio”.</p><p>Las citas que preceden a las distintas partes y a algunos poemas son memorables y significativas: <strong>Claudio Rodríguez</strong>, <strong>Antonio Gamoneda</strong>, <strong>Ángel González</strong>, <strong>Wislawa Szymborska</strong>, <strong>Blanca Varela</strong>, <strong>María Victoria Atencia </strong>y<strong>Chantal Maillard</strong>, entre otros. Estupendos, también, la edición y diseño de cubierta de esta joven editorial cántabra, <a href="http://www.septentrionediciones.com/poesiacutea.html" target="_blank">Septentrión Ediciones</a>.</p><p>La poesía de Ana García Negrete es la conjunción entre la vida y la palabra, es un camino que traza itinerarios a través de diferentes destinos: Japón, Nueva York, Londres, El Cairo, entre otros, pero que también le lleva a hacer paradas por las estaciones de la vida. Así, se detiene en plazas, se sienta en los bancos de la soledad, del amor y de la existencia: “Ser testigo: leer la soledad y ver sus fauces”; “ Iré contigo a una nueva noche/ si acercas a tu boca mi cabeza”;  “No he venido a esta orilla a mirar el agua,/ me asomo evitando el vértigo y la prisa”). Por eso le esperan andenes repletos de deseos y de realidades, siempre con una escritura medida y comedida: “Aquí las cosas se pautan a sí mismas/ y no parece que haya nada urgente:/ los objetos, los libros, los relojes/ suspenden a menudo su quehacer”.</p><p>Sus historias dictan verdades y quiere darles crédito en un mundo desengañado, invadido por sombras a las que ella trata de quitarles oscuridad, de encender sin deslumbrar y siempre sin hacer ruido, con la certeza de la vida.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos</a><em> (Valparaíso Ediciones, 2016)</em>.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <title><![CDATA[La no mentira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-mentira_1_1149391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7f75ab5d-ef6c-4186-b7a1-a0f868ffec1e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La no mentira"></p><p>La madurez literaria facilita que la capacidad creativa se convierta también en una meditación sobre el sentido de la escritura. Creo que este es el valor de <a href="https://circulodetiza.es/shop/palos-de-ciego/" target="_blank"><em>Palos de ciego</em></a><em> </em>(Círculo de Tiza, 2017), la novela de <strong>David Torres</strong>, un deseo logrado de involucrar a su lector en el proceso de elaboración del libro que tiene entre las manos. El argumento reúne dos historias que en apariencia tienen poco que ver: por una parte, la noticia de que <strong>Stalin</strong> convocó un congreso de 300 folkloristas ciegos de Ucrania para ejecutarlos, molesto por el tono melancólico de sus canciones, poco adecuado para la alegría popular decretada por el realismo socialista; por otra, la evocación de un hermano mayor malogrado, nacido y muerto en un día de 1965 y en una clínica que al cabo de los años se hizo famosa por haber sido un centro de robo de niños, esa costumbre de las élites religiosas y económicas permitida por la impunidad franquista. Lo que empezó con la Guerra Civil como un castigo a las madres rojas, poco acreditadas para dar buena educación a sus descendientes, acabó con los años en un negocio de monjas y ginecólogos, que satisfacían la demanda de padres ricos dispuestos a comprar el hijo que no podían tener.</p><p>  </p><p>La virtud de la novela de David Torres es que de esta unión de las dos historias sale una tercera, el proceso de escritura de <em>Palos de ciego</em>, un libro que en su origen iba a llamarse <em>Borrón </em>y que se fragua a lo largo de más de 20 años entre dudas, investigaciones, apuestas creativas y ejercicios de memoria. El drama de los <em>lirniki</em> y <em>banduristas </em>ucranianos, descubierto en unas memorias polémicas de <strong>Shostakóvich</strong>, sólo pudo encarnarse en la literatura de David Torres cuando coincidió en su intimidad con la historia de la muerte de un hermano al que no llegó a conocer y del que heredó su nombre. La intimidad se conforma así en un ámbito que une al mismo tiempo la herida sincera y la impostura, las manipulaciones de la memoria y la historia real, las vidas personales y las experiencia colectivas.</p><p><em>Palos de ciego </em>emociona no sólo por lo bien narradas que están las historias, sino por el protagonismo exigente que adquiere la ética de la escritura. La responsabilidad moral que un autor como David Torres reconoce en su literatura es un motivo de celebración para los lectores que no quieren participar en el carnaval de frivolidades, mentiras, equidistancias y maquillajes políticamente correctos que invade nuestra espuma cultural. <em>Palos de ciego </em>es una buen libro para los interesados en pensar qué es lo que pone en juego un autor con sus ficciones.</p><p>“La memoria no es fiable”, nos dice el libro. También nos cuenta que los sueños se envilecen y llegan a pervertirse de la manera más cruel. Pero ocurre que nuestra identidad depende de la memoria y de los sueños, por lo que la simple renuncia supone una salida en falso. Aunque el agua esté infectada, no se puede vivir sin beber. Somos una ficción inseparable de la realidad, una imaginación nacida de los hechos, y eso nos responsabiliza. La vida puede resultar caótica, pero el arte de contar historias necesita un final, una conclusión, algo que dé sentido a los principios y a los finales. Un buen escritor es alguien que nos emociona cuando descubrimos que las lágrimas de Miguel Strogoff han vencido a la ceguera y al castigo de una espada ardiente. Pero esa emoción pone en juego imaginaciones de la realidad de las que un autor es el primer responsable.</p><p>David Torres nos cuenta su sentido de la responsabilidad al acercarse a los crímenes de Stalin y al envilecimiento de uno de los sueños más hermosos del siglo XX. No se pueden negar los crímenes del dictador, pero tampoco se puede asumir el relato de sus enemigos a la hora de santificar una libertad falsa y llena a su vez de crímenes. No se puede comparar la crueldad de Stalin con la de <strong>Hitler</strong> si la conclusión buscada es identificar la defensa de una raza superior al deseo de igualdad entre todos los seres humanos. Del mismo modo, no se pueden olvidar los crímenes del franquismo, ni la xenofobia de <strong>Churchill</strong>. Un autor es responsable de su conciencia cuando la historia se resuelve en una simplificación interesada de buenos y malos o de recuerdos y olvidos. Mirar la realidad es un compromiso, aunque nos obligue dar palos de ciego entre leyendas, hechos crueles y hermosas posibilidades que no llegaron a existir. La verdad es un concepto tremendo, nos dice David Torres, al que no puede responderse con certezas únicas, sino con la propia honestidad. Un hermano muerto y un congreso no realizado son menos literarios que una hermandad descubierta al cabo de 50 años o una matanza de ciegos tan incapacitados para leer una consigna como para ver los fusiles de sus verdugos. Pero se trata de escribir desde ahí, desde la no mentira, en el deseo de no confundir la ficción con una trampa que oculte la historia real. La buena literatura es la que reconoce que “la impotencia no puede disfrazarse”. Por eso la capacidad creativa se convierte en un ejercicio de meditación sobre el sentido de la escritura.</p><p>El arte tiene sentido, las sinfonías de Shostakóvich tienen un sentido. El primer responsable es el autor, desde luego; pero el arte, la literatura, existen porque un receptor habita las obras y colabora en la creación de sentido. Confieso que las huellas biográficas de David Torres en la costa granadina han servido de puente para que habite con emoción su libro, porque yo también he viajado mucho en los expresos a Granada, he pasado mañanas de infancia en el puerto de Motril y en un paraíso de arena, hoy desaparecido, que llamábamos la playa de Las azucenas, y conozco los peñones y el mar de Almuñécar como la palma de mi mano. Aunque, claro, se trata de puentes biográficos, y no me olvido que los escenarios cambian y todos los lectores han tenido una infancia y un lugar en el que encarnar sus nostalgias. A partir de ahí empieza el reto: lo importante es enfrentarse al envilecimiento de los sueños y la fragilidad de la vida con la voluntad de una escritura que no disfrace la impotencia. Eso es lo que hace posible las tres historias en <em>Palos de ciego</em>, un libro inteligente, conmovedor y recomendable.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/a-puerta-cerrada.html" target="_blank">A puerta cerrada</a><em> (Visor, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La no mentira]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Torres: "Este libro fue un conjuro contra las sombras"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/david-torres-libro-conjuro-sombras_1_1149383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88c7ed91-751e-4da2-aeaa-ab075aad318d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Torres: "Este libro fue un conjuro contra las sombras""></p><p><em>En el libro de familia del escritor David Torres Ruiz hay otro David Torres Ruiz. Su hermano mayor, del que recibió el nombre, murió al poco de nacer. Lo hizo en la clínica San Ramón, en Madrid, donde el doctor Eduardo Vela lideró presuntamente una trama de robo de bebés cuyo </em><strong>David Torres Ruiz</strong><a href="http://www.eldiario.es/sociedad/bebes_robados-juicio_0_708679514.html" target="_blank">el doctor Eduardo Vela</a>modus operandi<em> incluía certificar la muerte de un recién nacido que en realidad se entregaba a otra familia. En otro punto de la historia, a primera vista lejano, las purgas de Stalin se cobran la vida de cientos de músicos ciegos. Torres teje los dos hilos en </em><strong>Stalin</strong><a href="https://circulodetiza.es/shop/palos-de-ciego/" target="_blank">Palos de ciego</a><em>, que discute aquí con su editora en Círculo de Tiza, Eva Serrano. </em><strong>Eva Serrano</strong></p><p><strong>Pregunta. Hay dos ejes centrales en esta obra torrencial que se nutren de otros argumentos hasta converger en un relato sobre la pérdida, la búsqueda y la memoria. ¿Qué relación hay entre el drama de los bebés robados en España y el exterminio de los juglares ciegos en tiempos de Stalin?</strong> “<em>Sí, mataron a docenas de Kobzari, pero no hubo ningún congreso de ciegos en Járkov. Mi hermano mayor murió a las pocas horas de venir al mundo, aunque nada me gustaría más que descubrir que sigue vivo en alguna parte. Nunca creí en las hadas”. </em></p><p><strong>Respuesta</strong>. En un sentido estricto, ninguno; en el personal, ambas historias hablan de la incertidumbre, de la incapacidad del conocimiento, de las brumas en que se diluye la vida humana. Llevaba veinte años intentando contar la historia de los <em>kobzari</em> y no pude hacerlo hasta que di con el contrapunto de la muerte de mi hermano en <a href="https://elpais.com/sociedad/2009/02/21/actualidad/1235170802_850215.html" target="_blank">la infame clínica de San Ramón</a>. Escribí el libro haciendo chocar una tiniebla contra otra, intentando que saltara una chispa que me diera luz.</p><p><strong>P. Palos de ciego es un libro cargado de dolor, y sin embargo resulta también consolador en su desgarro. ¿Es la escritura una forma de curación?</strong><em>Palos de ciego</em> <em>”David, hermano, has viajado conmigo durante todas estas páginas, me has acompañado en silencio a lo largo de este libro condenado antes de nacer: he aquí la única vida que puedo darte. David suena a plegaria, a salmo bíblico, a oración por esta herida que no quise curar y que acabó sanando, por todas las heridas que no quisimos olvidar y no olvidaremos nunca… Supe lo que tenía que hacer cuando llegara la hora de poner punto final, las oscuridad del túnel me lo dijo”. </em></p><p><strong>R</strong>. No creo en la literatura como forma de terapia, pero en este libro en particular se produjo una especie de exorcismo. Fue un conjuro contra las sombras, contra las pesadillas de la historia y los demonios de la escritura, pero también un juego de fantasmas, un diálogo con mi hermano muerto, ese bebé que sólo vivió unas horas y del que heredado el nombre.</p><p><strong>P. Cuentas en tu libro que la escritura de Palos de Ciego te ha llevado más de 20 años, y que representa también la frustración de haber sido incapaz de escribir la historia que te ha perseguido durante tanto tiempo. De esa incapacidad ha surgido una novela emocionante que descubre tu madurez narrativa. ¿Consideras que triunfo y fracaso son las dos caras de la misma moneda?</strong><em> Escribo esto porque creo que es la única manera de quitarme de encima un libro que me ha obsesionado durante más de veinte años. … Tuve que admitir mi fracaso”. </em></p><p><strong>R</strong>. Para mí son dos palabras vacías de significado, al menos en cuanto a la literatura se refiere. Creo que Faulkner tenía mucha razón cuando afirmaba que sólo se puede medir a un escritor por su capacidad de fracasar. Dicho de otra manera, de un modo u otro sólo podemos fracasar. Ese es nuestro único horizonte. El triunfo (o el éxito) no está al alcance de nuestras manos y, por tanto, no debe preocuparnos.</p><p><strong>P. Por tu libro desfilan personajes directamente ligados a tu biografía y otros que pertenecen a la Historia con mayúsculas: Stalin, Ajmátova, Shostakovich, Maria Yudina. Todos conviven con otros personajes de ficción, entre los que destaca un niño, un lazarillo de uno de los músicos ciegos exterminados, que sirve de guía también en el desarrollo de la trama. ¿Es la ficción el cemento necesario para amasar los recuerdos que asumimos como reales?</strong> <em>“El hambre como experiencia metafísica, una cadena que une a hombres y mujeres más allá de épocas, razas e idiomas. Un vínculo que hermana el pan con el cuero, los seres humanos con los animales. La interminable posguerra que canceló la infancia de tantos niños. Las fosas anónimas, la tortura, las cárceles, la desesperación, otra vez el miedo. No me costaba mucho la historia de Mijail entre las letras de un alfabeto escrito al revés en un espejo empañado”. </em></p><p><strong>R</strong>. No sólo necesario, sino inevitable. Puesto que nuestra memoria no es un mecanismo perfecto, buena parte de nuestro archivo personal está filtrado de fantasías, de falsos recuerdos de hechos inventados o inconscientemente desfigurados por la simple erosión del tiempo. Sin embargo, como bien sabe cualquier novelista, la ficción tampoco trabaja en el vacío sino que se alimenta del pasado y se fabrica a través de experiencias, traumas y reminiscencias personales.</p><p><strong>P. Para escribir esta obra has llevado a cabo un exhaustivo proceso de investigación. Después de haber leído y buscado tanto, afirmas que sigues sin saber apenas nada. ¿Es esta la única manera de enfrentarse a la escritura?</strong> <strong>¿Es el escritor un ciego que avanza en la oscuridad para llegar a un lugar que desconoce cuando empieza a escribir?</strong> <em>“Cuando empecé a idearlo, 24 años atrás, aún no había publicado un solo libro; ahora tengo unos 15 volúmenes a mis espaldas. Entonces no sabía apenas nada de la historia a la que em enfrentaba; ahora he leído una enorme bibliografía y admito que sigo sin saber apenas nada”. </em></p><p><strong>R</strong>. Sí, creo que sólo merece la pena escribir de aquello que realmente desconocemos, que la literatura que se adentra en<em> terra incognita </em>es la que verdaderamente nos transforma, en la lectura y en la escritura. De ahí el título: <em>Palos de ciego</em>. También <strong>Wittgenstein</strong> corrigió el célebre aforismo con el que cerraba el <em>Tractatus</em>: “De lo que no se puede hablar, hay que callar”. No es cierto; de lo que no se puede hablar, hay que hablar. Y por eso me gusta tanto, no sólo como santo y seña de la escritura, sino también de la exploración, del arte y de la ciencia, esa frase de <strong>Mummery </strong>ante un pico inaccesible en los Alpes: “Cuando todo indica que por un sitio no se puede pasar, hay que pasar. Se trata precisamente de eso”.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Serrano]]></author>
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