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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 94]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-94/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 94]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Rumiante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rumiante_1_1203135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb0057c7-6fc9-4111-9d90-eca53520b980_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rumiante"></p><p>  </p><p><strong>Rumiante</strong></p><p>En la sequía</p><p>masco mis huesos</p><p>y en primavera,</p><p>ante las fauces,</p><p>la yerba fina.</p><p>Vivo en peligro.</p><p>En la abundancia</p><p>y en la sequía,</p><p>mascan mis sueños</p><p>la yerba fresca,</p><p>la yerba fina</p><p>y mi esqueleto</p><p>la pesadilla.</p><p>  De<em> Rumiantes y fieras</em> (2017)</p><p><em>*Antonio Deltoro (México, 1947) es poeta. Su último, </em><strong>Antonio Deltoro</strong><a href="https://www.edicionesera.com.mx/buscar/poesia/rumiantes-y-fieras-info" target="_blank">Rumiantes y fieras</a><em> (Era, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Deltoro]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Quién es el androide?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/androide_1_1150197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cfe74507-e142-4f76-be87-3a3469bc5700_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién es el androide?"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?Philip K. DickTraducción de Miguel AntónPrólogo de Nacho VigalondoMinotauroBarcelona2017</strong><em>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?</em></p><p>  </p><p>A lo largo de la historia el ser humano ha sabido cruzar umbrales insospechados. La curiosidad, la necesidad de darle respuesta a los por qué y los cómo y el deseo de superar desafíos ha guiado sus pasos a espacios donde la admiración provocada por los logros obtenidos solo se ha visto ensombrecida por el estremecimiento al percibir su incapacidad para establecer límites a su ambición. Tal vez por eso al terminar de leer esta obra de <strong>Philip K. Dick</strong>, que fue publicada por primera vez en 1968, resulte inevitable aseverar que la complejidad ha sido y será siempre una característica inherente de la naturaleza humana.</p><p>La deshumanización, la pérdida de identidad como individuo, la necesidad innata de tener fe en algo o alguien superior, el uso de máquinas para evadir la realidad y el temor de que la tecnología supere a la humanidad son los hilos conductores de esta historia. Una novela de ciencia ficción en la que las especulaciones del escritor sobre la repercusión de los avances tecnológicos en el futuro de la humanidad a día de hoy resultan bastante reconocibles.</p><p>La novela tiene como personaje principal a Deckard, un caza recompensas cuya misión consiste en eliminar androides rebeldes. Fabricados para satisfacer las necesidades de los humanos que se establecieron en otros planetas tras la Guerra Mundial Terminal, un grupo de androides se aventura a poner punto final a las condiciones esclavistas a las que son sometidos en las colonias. Deckard sobrevive sin problemas dándoles caza hasta que topa con una versión que le despierta un dilema moral al momento de terminar con ellos. La apariencia humana, el apego hacia la vida y las inquietudes intelectuales que demuestran lo obligan a cuestionar la validez ética de su trabajo.</p><p>La historia, que dura un día, se desarrolla en un escenario devastado. La tierra ya no es lo que era. Apenas cuenta con habitantes y casi todos los animales se han extinguido. La mayoría de la población, alentada por los gobiernos, ha emigrado a otros planetas y unos cuantos de los pocos que han quedado viven en un medio inhóspito cuya única herencia es la degeneración que les provocó la lluvia radioactiva. Enfermedades o déficits intelectuales que les impiden superar el test para poder viajar a las colonias que se crearon en otros planetas y que supondría el fin de esa existencia decadente que les ha tocado vivir.</p><p>Un programa de televisión que se emite las veinticuatro horas del día y una caja de empatía que los conecta con Mercer, una suerte de Dios, son las dos válvulas de escape con las que cuentan los que se quedaron. Las máquinas se han convertido en las únicas opciones para combatir el aislamiento social y para apaciguar esa necesidad innata de convivir y compartir con otros congéneres.</p><p>Con una escritura sencilla Dick logra generar en el lector no solo el temor a perder la capacidad de discernir lo real de lo artificial si no también la certeza de que nos estamos encaminando a edificar un futuro sobre lo superficial: individuos que dependen de máquinas para existir y máquinas que tienen sueños e ilusiones propios del ser humano. El mundo al revés. Un planteamiento complejo a la vez que cercano que suscita dudas existenciales sobre varias temáticas a medida que se avanza en la lectura y que al llegar a la última página te obliga a desembocar una vez más en el interrogante ¿Qué nos hace humanos?</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tati Jurado]]></author>
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      <title><![CDATA[Pasan los años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasan-anos_1_1150190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5752c6e3-16f2-458f-b320-ed03005e49fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasan los años"></p><p><em>Paco Goyanes, de la librería Cálamo, en Zaragoza, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________</p><p>Pasaron la Navidad, el fin de año y los Reyes Magos. Ya hemos todos recibido miles, millones, de buenos deseos para el 2018 de gente a la que ni conocemos y, lo que es peor, contagiados por el virus buenista también hemos esparcido los mismos deseos a diestra y siniestra. Por fin pasó el tiempo de la felicidad universal y nos sumergimos en el de las rebajas…</p><p>Un pequeño grupo de amigos de hace muchos años pasamos la Nochevieja en un aislado y hermoso pueblito de montaña. Nos sentamos en la mesa de la cocina el 30 por la mañana y nos levantamos el 1 al mediodía, nuestro maravilloso plan de siempre. Esperando las campanadas mi querida compañera del alma tuvo la muy literaria ocurrencia de proponer que cada uno recordara en voz alta el momento más feliz de su vida. Demoledora consecuencia: todos llorando a moco tendido. Y no porque nuestras existencias hubieran sido un desastre, no, más bien por lo contrario, por haber vivido muchos momentos hermosos.</p><p>Si eres joven el momento más feliz de tu vida siempre está por llegar, es el de mañana. En cambio, si ya estás en la categoría de "persona madura" los recuerdos se amontonan, empiezas a vivir tanto en el presente como en el pasado. El pasado no debería de aparcarse como esos coches que casi nunca se usan y llenan las calles de nuestras ciudades afeándolas y dificultando el buen discurrir. El pasado debería de servirnos de guía, de acicate, de enseñanza.</p><p>  </p><p><a href="https://pol-len.cat/llibres/espana-error-de-sistema/" target="_blank">España: error de sistema</a><em><strong> </strong></em>(Pollen, 2017), obra de <strong>Marc Femenia</strong> con prólogos de <strong>Ignacio Escolar</strong> y <strong>Miguel Brieva</strong>, debería de ser un libro de lectura y <em>visión </em>obligada. Nace de la indignación del autor ante la supuesta necesidad de los recortes sociales mientras el despilfarro del dinero público en ladrillos y obras faraónicas ha sido y sigue siendo escandaloso. Nuestra querida España tiene un presente que nace de un pasado de aúpa.</p><p>Del pasado vuelve George Smiley, el genial personaje de <strong>John Le Carré</strong> protagonista de su nueva y muy recomendable novela, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-legado-de-los-espias/262269" target="_blank">El legado de los espías</a><em><strong> </strong></em>(Planeta, 2017).</p><p>  </p><p>Y el pasado es también el fondo de unas de las mejores novelas que se publicaron en año pasado, <a href="http://sextopiso.es/esp/item/364/kanada" target="_blank"><em>Kanada</em></a><em> </em>(Sexto Piso, 2017), obra de <strong>Juan Gómez Bárcena</strong>. Si te gusta la literatura en mayúsculas, esa que exige tanto como da, no dejes de leerla.</p><p>Aprovechamos la ocasión para hacer público el fallo de los XVII Premios Cálamo, que coinciden en esta edición de 2017 con el 35 aniversario de la librería. El Premio Cálamo Libro del año 2017,elegido por votación de los lectores, es para <em>Vestidas para un baile en la nieve</em>, obra de <strong>Monika Zgustova</strong> editada por Galaxia Gutenberg. Un libro en el que laten la esperanza, la belleza y el ansia de libertad. En sus páginas escuchamos,  tan conmovidos como admirados,  las voces de unas mujeres extraordinarias a las que el poder absoluto nunca arrancó su fe en la humanidad.</p><p>  El Premio Cálamo Otra Mirada 2017 se otorga <em>ex aequo</em> a las obras <em>Conjunto vacío, </em>de <strong>Verónica Gerber Bicecci</strong>, editada por Pepitas de Calabaza, y <em>Kanada, </em>de Juan Gómez Bárcena, publicada por Sexto Piso. <em>Conjunto vacío</em>, primera novela de Gerber Bicecci, es una historia construida con una dura e infinita belleza; un relato en el que la escritura va de la saturación al vacío, y en el que la prosa experimenta un viaje que parte de la normalidad y se mueve hacia la extrañeza. <em>Kanada </em>comienza donde la mayoría de las novelas de la Segunda Guerra Mundial terminan: con el fin del conflicto. Porque en 1945 se interrumpen las matanzas, pero se inicia otra tragedia: el imposible regreso a casa de millones de supervivientes. El protagonista de <em>Kanada </em>lo ha perdido todo. Sólo le queda su antigua residencia, un improvisado refugio en el que acabará encerrándose para protegerse de una amenaza indefinida.</p><p>  El Premio Cálamo Extraordinario 2017 se concede a la novela <em>Perros que duermen, </em>obra de <strong>Juan Madrid,</strong> publicada por Alianza Editorial. Una extraordinaria novela sobre un pasado que nunca acaba de cerrarse, y extraordinario autor que a lo largo de muchos años ha construido un <em>corpus</em> imprescindible en la literatura española contemporánea.</p><p>  <em>La gala de entrega de los XVII Premios Cálamo se celebrará el viernes 23 de febrero de 2018 a las 21.30 horas en el Teatro Principal de Zaragoza (información y reservas en Librería Cálamo). Previamente los autores premiados realizarán una lectura pública de su obra a las 19 horas  en el Teatro Principal de Zaragoza (entrada libre hasta completar aforo).</em></p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cálamo en la Plaza de San Francisco, 4, de Zaragoza, o en su página web.</em><strong>Librería Cálamo</strong><a href="http://www.calamo.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Paco Goyanes (Cálamo)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[I can't get no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/i-can-t-get-no_1_1150186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/749f449a-a779-43c6-9e68-454b8a59343c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="I can't get no"></p><p><strong>Puntos de no retornoAndrés García CerdánReino de CordeliaMadrid2017</strong><em>Puntos de no retorno</em></p><p>El éxito de una forma de pensar, de actuar, lleva a su fracaso, pues esa forma cambia las condiciones de contorno del sistema, de manera que se necesita otra forma mental distinta para resolver los problemas que la primera ha creado y no puede corregir dentro de sí misma. Se llega a puntos críticos o <a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=227" target="_blank">Puntos de no retorno</a>, tal y como titula <strong>Andrés García Cerdán </strong>(Fuenteálamo, Albacete, 1972) su reciente libro de poemas. Estos puntos críticos suponen pequeños cambios mentales de consecuencias inmensas. El mejor ejemplo fue la Revolución francesa, donde se terminó con la idea del derecho divino de los reyes. Pero otro ejemplo actual son las consecuencias del desastre ecológico y el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono y el calentamiento global. En general, cada etapa es distinta de la anterior y desaparece cuando se alcanza un punto de no retorno, un punto crítico, una cima a partir de la cual solo acontece su declinio.</p><p><em>Puntos de no retorno</em> se estructura sin partes alrededor del tema de la música, la canción y la huella que imprimió para una generación que creyó en el rock y en el sueño que prometía, a veces un sueño de inmortalidad incluso, como pudo ser también la juventud: 2[…] Ha ido el tiempo / colándose en los sueños / como una mala víbora / y aquí están ahora, hechos mierda, / descompuestos de ira y de rencor / a nuestros pies" (de "<em>(I can’t get no) Satisfaction</em>", p. 61). Este poema, "<em>(I can’t get no) Satisfaction</em>", es el más largo del libro, y bien podría resumir el horizonte generacional, al convertirse en una lectura vital después de varias décadas, de verle las orejas al lobo de la madurez, y de reconocer el fracaso en tantas quimeras que nos prometió el sueño americano, la misma idea de progreso, esta sociedad basada en las apariencias, y que sin embargo aún resiste: "Consumamos nuestra futilidad, esta triste / habitación sin ventanas, / en cada golpe de respiración / y en cada poema escrito" (p. 64). Lo hace a través de la poesía, ese único instrumento que, una vez despejadas las dudas y las tinieblas del pasado, todavía resplandece, a pesar de todo.</p><p>Un nihilismo estructural recorre este poema, "esta partida / que, de todas maneras, teníamos perdida / desde el principio" (p. 65), pero también en el final del poema "Barro": "Como era yo también: nada sobre la nada / nada moldeando la nada" (p. 24), y en otras composiciones que podríamos citar, dotando al conjunto de un sabor o regusto agridulce, al estar tocado por la fugacidad del tiempo, sentirnos desposeídos, desamparados como fantasmagorías o "ángeles de nadie" (p. 42) en la inmensidad del universo, en el vacío de nuestra soledad. Una salida a este laberinto intrincado por el que se resuelve la vida, se propone desde ciertas lecciones de presente, como en el poema "Imperfección", en su estrofa final: "La perfección, el círculo no existen. / Existes tú, muy cerca / de todo, y lejos, / en una furtiva aproximación / a los fragmentos vivos de ti mismo, / a las voces que en ti suenan precipitadas" (p. 26).</p><p><em>Puntos de no retorno</em> es una auténtica y punzante lección de cosas necesarias, como la llamada de la naturaleza en "Rebeco" (pp. 47-49) o "Corrientes" (pp. 55-56), la reflexión clásica de "Grecia (Huesos)" (pp. 31-32) o «Alejandro» (pp. 43-44), entre otras vetas temáticas. Un puñado de verdades nos reclaman para aferrarnos a la vida, seguir celebrándola, pero eso sí, con un ojo puesto en el pasado, en nuestras temeridades juveniles, en nuestras osadías y en nuestras ambiciones, ya sin fatuidad. Nunca hay que renunciar a ellas, aunque el tiempo nos devuelva a un lugar desde el que no partimos.</p><p>  <strong>Rebeco</strong></p><p>Vuela el rebeco.</p><p>Por más que las aristas de las rocas</p><p>sean afiladas, en la mañana</p><p>de la imagen se mueve como una exhalación,</p><p>en perfecto equilibrio</p><p>entre la metafísica y el caos.</p><p>A la hora en que todos maldecimos,</p><p>él enarbola su dominio de la montaña.</p><p>Qué le importa nuestro egoísmo</p><p>si es el dueño absoluto de la altura.</p><p>Su efigie se recorta en los peñascos</p><p>más altos, más severos.</p><p>Ni el lobo ni las águilas</p><p>ni el buitre lo intimidan. Es veloz</p><p>en la huida, tan infalible</p><p>que duele. Al filo</p><p>de las quebradas, contra todos</p><p>los límites, se atreve a volar</p><p>y vuela</p><p>más allá de la lógica y consigue</p><p>que los ríos furiosos,</p><p>que los desfiladeros sean solo</p><p>estancias de su reino, íntimamente suyas,</p><p>como la niebla y el helecho suyas.</p><p>En su piel está escrito el vértigo:</p><p>le pertenece.</p><p>Sin arrogancia, preciso</p><p>en su elasticidad y en su belleza,</p><p>traza el animal en el aire</p><p>los claros senderos de la mañana,</p><p>tan luminosos</p><p>que duelen.</p><p>Su no conciencia del peligro</p><p>es el riesgo más puro. En su instinto</p><p>pace ahora este poema</p><p>para decir que no hay pared tan alta</p><p>ni superficie tan resbaladiza</p><p>que no se puedan franquear.</p><p>Lee en sus ojos</p><p>la llamada mortal de lo salvaje.</p><p><em>*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril </strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <title><![CDATA[La extranjera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/extranjera_1_1150184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dbde2e02-b49d-4b67-a9f6-96e74b9d8a51_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extranjera"></p><p><strong>Por qué este mundo. Una biografía de Clarice LispectorBenjamin MoserTraducción de Cristina Sánchez-AndradeSiruelaMadrid2017</strong><em>Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector</em></p><p>  </p><p><em>Porque ya no se trataba de piedad, no era solamente piedad: su corazón se había llenado del peor deseo de vivir.</em></p><p>Clarice Lispector, "Amor"<em>, Lazos de familia</em> (1960)</p><p>  </p><p>Ante un empeño de la magnitud de este que hoy comentamos, solo cabe congratularse, admirarse y darle las gracias al norteamericano <strong>Benjamin Moser</strong> por su empeño en conocer y difundir la obra de <strong>Clarice Lispector</strong>. Cuando en el año 2015 dediqué un capítulo de mi libro, <em>Una espina en la carne</em>, a la escritora brasileña, no pude manejar <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=3482" target="_blank">esta biografía</a>, publicada originalmente en inglés en 2009, lo que lamenté. Hoy me quito otra espina reseñando la reciente y necesaria publicación de Siruela.</p><p>La obra de Moser sigue una estructura sencilla, cronológica como cabía esperar, aunque con necesarias incursiones prospectivas y retrospectivas, que abarca desde los orígenes de la familia de Clarice, judíos ucranianos; su periplo para abandonar un país devastado por la oleada de pogromos que se desencadenó en diciembre de 1918; y su viaje como emigrantes a Brasil. Así como un detallado recorrido por la vida y la obra de la escritora hasta su muerte en 1977, a la edad de 57 años. Oportunamente, el biógrafo inserta algunos capítulos donde explica con detalle la situación política y social de Ucrania y, sobre todo, de Brasil, el país que Clarice consideraba su patria, a pesar de un ceceo que hacía que la considerasen siempre extranjera. También nos informa Moser sobre la situación de Nápoles, Berna o Washington, las ciudades donde Clarice residió junto a su marido, el diplomático <strong>Maury Gurgel Valente</strong>, y en las que se sintió tan incómoda, alejada de sus hermanas, de sus amigos y de su querido país.</p><p>Clarice era una extranjera en el mundo, una extranjera de la realidad, tal y como sucede también en muchas de las protagonistas de sus cuentos y novelas, y a intentar comprender el motivo de esta incomodidad existencial, que se hizo en ella más creciente a medida que cumplía años, se dedica Moser.</p><p>Como sabemos, el objetivo de una biografía es responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién era el/la autobiografiado/a?, ¿quién fue Clarice Lispector? Y Benjamin Moser se esfuerza en responderla, vertebrando su personalidad a partir de un fantasma que coloca en el corazón mismo de la obra y de la vida de la escritora: el sentimiento de culpa por no haber podido salvar a su madre, presuntamente violada por soldados en Ucrania, enferma de sífilis, y que quedó embarazada de Clarice para, según se suponía en la época, salvar con ese embarazo su propia vida. Lo que no consiguió, pues murió cuando la escritora tenía 10 años.</p><p>Ese es el fantasma, la disyuntiva la expone brillantemente su marido en una carta que le escribe tras su divorcio: en Clarice hay una mujer salvaje, la Joana de su primera novela, <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2826" target="_blank">Cerca del corazón salvaje</a>, y una mujer convencional, sencilla, que se expresó en su maternidad, en otras protagonistas de sus cuentos (como Ana, del magnífico relato,"Amor", que teme acercarse a la locura si explora su lado salvaje), y en algunos de los artículos sobre belleza, modales, y otras cuestiones <em>femeninas </em>que escribió para diferentes medios brasileños, como modo de ganarse la vida. Y la tensión entre una mujer y otra, entre la impetuosa Joana y la plácida Lidia marcan su existencia. Aspecto este en el que coincidimos ampliamente.</p><p>Un sentimiento de culpa y una escisión recorren de cabo a rabo su biografía, según Moser, y quizás el biógrafo se exceda en el primer punto y la interpretación sobre el sentimiento de culpa por no poder salvar a la madre cobre demasiado peso como determinante de la vida de la autora, como también lo cobra la insistente atribución a sus orígenes judíos como explicación de su sentimiento místico y de sus juegos de lenguaje, aunque carezco de criterio para juzgar este último aspecto.</p><p>Los pormenores de su biografía, el origen modesto de su familia, su estrecha relación con sus hermanas, sus estudios, su trabajo de periodista, su matrimonio y su incomodidad en el papel como mujer de un diplomático (que sin embargo ejerció a la perfección), su maternidad; sus novelas, sus dificultades para publicarlas, su éxito, su compromiso político y la creación de su mito, son examinados aquí desde muy cerca, y el lector tiene constancia de que lo que el hilo conductor que Moser sigue solo expone una parte de la documentación, las entrevistas, las lecturas y el tiempo que ha supuesto para él la elaboración de esta obra.</p><p>Quizás su aporte más interesante sea la ejemplar articulación entre el devenir biográfico de Clarice y la creación de sus ficciones que realiza. Moser establece una íntima relación entre las vicisitudes personales de Lispector y las de sus protagonistas, cuyos sentimientos disecciona la autora en esa particularísima forma suya de contar, prescindiendo casi de la trama o, mejor, como la felicidad lo era para la autora, diseñando una trama clandestina.</p><p>Su admiración hacia <strong>Spinoza </strong>explicaría también para Moser el sentimiento místico de Clarice; sus orígenes judíos (de los que ella nunca alardeó, aunque fue enterrada según ese rito religioso), como ya dijimos; su particularísima búsqueda de la fusión con la naturaleza, que explosiona en esa obra maestra que es <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2299" target="_blank">La pasión según G.H.</a>; la presencia de los animales en su narrativa, en fin, los hitos más significativos del corpus lispectoriano son analizados, a mi entender, con acierto.</p><p>Se presta también atención a la exhaustiva exploración del lenguaje, tan cara la autora, al anhelo de absoluto que la animaba, expresado en esa búsqueda del <em>It</em>, de lo neutro, de la Cosa, siempre inadecuadamente representada por la palabra.</p><p>Pero, además, Clarice Lispector sufría, su angustia asustaba a los psicoanalistas que la acompañaron gran parte de su vida. Su depresión y su insomnio, su tremenda incomodidad con la existencia solo podía sobrellevarlos con el abuso de fármacos y con una vida que se hizo cada vez más solitaria y extravagante. Las opiniones de su amiga <strong>Olga Bonelli</strong>, quien la acompañó hasta su muerte, muestran también la personalidad difícil, arisca y demandante al mismo tiempo, de la escritora. Envejecer, para una mujer alabada constantemente por su belleza, fue una dura prueba que supo mostrar en algunos relatos, más aún cuando un incendio la envejeció a los 46 años, y redujo la movilidad de su mano derecha, haciendo casi ilegible su escritura y privándola prematuramente de su atractivo físico.</p><p>El dolor de Clarice, su dolor primordial, se incrementó cuando debuta la esquizofrenia de su hijo <strong>Pedro</strong>. Curiosa relación entre el amor por la palabra, por los juegos de palabras, por el sentido y el abismo que separa el lenguaje de la cosa que animaba a la madre escritora, y la esquizofrenia del hijo; esquizofrenia donde el malestar con el lenguaje es una característica notable. Lo mismo sucedió con un autor con quien se comparó siempre a la escritora: <strong>James Joyce</strong>. Lo que en Joyce fue deconstrucción de la lengua, exploración y aventura narrativa, se convirtió en psicosis en su hija Lucia. Una interesante transmisión transgeneracional del desapego, de la radical experiencia de inadecuación de la palabra a lo que pretende nombrar, que bien podría ser investigada en ambos casos.</p><p>Como señala el biógrafo, la escritora que más preocupada estuvo por el huevo y la gallina murió de cáncer de ovarios, como si ese órgano clamase en ella desde la infancia. Pero esto son ya fantasías, especulaciones literarias, jugosas asociaciones narrativas.</p><p>Es imposible resumir en unas páginas la ingente información que nos proporciona Benjamin Moser, de ahí que detenga aquí mi reseña, no sin antes recomendar a los lectores que aman la obra de esta escritora singularísima que lean este libro, ya que aportará mayor profundidad a su acercamiento a una autora cuya lectura suscita, como el París de <strong>Vila-Matas</strong>, sugerencias que no se acaban nunca.</p><p>Que ustedes la disfruten.</p><p><em>*Lola López Mondéjar es escritora. Su último libro, </em><strong>Lola López Mondéjar</strong><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&b_coleccion=18&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La extranjera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La poesía que se hace urgente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-urgente_1_1150173.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1360ad5c-ed4d-424a-984b-71dccdef1aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La poesía que se hace urgente"></p><p><strong>A puerta cerradaLuis García MonteroVisorMadrid2017</strong><em>A puerta cerrada</em></p><p>“Los poetas no dan respuestas, pero ofrecen el consejo de la incomodidad. (…) Dueños del vacío (…) parecen decididos a vivir en el territorio fronterizo, vigilante de la conciencia individual”. <strong>Luis García Montero</strong> (Granada, 1958) escribía estas palabras en su ensayo <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-duenos-del-vacio/89483" target="_blank">Los dueños del vacío</a> (Tusquets, 2006). Su poesía durante años ha avalado esta idea. En su último libro,<em> A puerta cerrada</em><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/a-puerta-cerrada.html" target="_blank">A puerta cerrada</a>, publicado por Visor, en su siempre tan cuidada colección Palabra de Honor, encontramos de nuevo una poesía que interpela a la intimidad, que se ofrece como un espacio en el que detenerse para la reflexión, para dialogar con nosotros mismos, con nuestra verdad, lejos de un mundo acelerado y dogmático que necesita restablecer el orden de las cosas: “Yo rompo lo que soy/ para poder estar conmigo mismo”.</p><p>El poeta granadino toma prestado el título del poemario de la obra homónima de <strong>Jean Paul Sartre</strong>, <em>Huis clos</em> en el francés original. Sin embargo, García Montero considera que si “el infierno son los otros”, también nosotros somos ese infierno, y no juzga, ni se deja juzgar por la mirada del otro; busca en su mirada, apacible y vital, tierna y descarnada, para encontrar y salvaguardar aquello que le permita seguir mirando.</p><p>Quizá García Montero se encierra consigo mismo porque sabe que “a costa de no ser o de haber sido,/ los días se hacen fuertes/ en los ojos que miran una puerta cerrada”, pero tras esa puerta cerrada —como ya anunciaba en su anterior libro, <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/baladas-en-la-muerte-de-la-poesia.html" target="_blank"><em>Balada en la muerte de la poesía</em></a><em> </em>(Visor, 2016)—, abre un cuaderno y entendiendo, como siempre lo ha hecho, que la poesía es una forma de resistencia, confiesa: “Dependo de un mal paso/ para no faltar hoy, ni mañana, ni nunca,/ allí donde discuten las miradas anónimas,/ allí donde es urgente la poesía”. Tal vez porque sabe de su hospitalidad, que es llegada y es inicio y es refugio “igual que los poemas que me importan/ en su pregunta está la bienvenida”. O porque intuye que “con su equipaje pobre para viajar contigo,/ más real que el silencio y la carroña,/ incompleta, sin tiempo, mal doblada,/ la poesía te indulta”.</p><p>Los 63 poemas que conforman<em> A puerta cerrada</em> nos hablan desde el desasosiego, y en esa potente voz baja, tan característica del poeta, nos convocan para dialogar sobre la crisis personal que conlleva la intemperie de sentirse abocado a un mundo que grita, “que discute y se ama y se desborda/ con sus reglas ajenas/ en el piso de abajo”, para pensar el miedo —“Es la debilidad lo que nos une. Tener miedo contigo”—, para meditar sobre el paso del tiempo y descubrir que “de pronto los cuerpos han perdido/ su papel de regalo”, para convivir con la nostalgia de lo que fue y “lamentar que se trate de un recuerdo,” o de lo que nunca llegó a ser  —“lo que pasó sin conocer el alba”—, para ponerle palabras a la enfermedad y a la muerte, y saber que “uno empieza a morir en los teléfonos”.</p><p>Luis García Montero analiza y se duele de una sociedad desfigurada por el cinismo, la hipocresía, el mercantilismo y la mentira, y, desde su introspección, busca la luz que le devuelva la esperanza perdida. Y, acogiéndose a la tradición de la fábula y a <strong>Rubén Darío</strong>, lo hace de la mano de la figura de un lobo que recorre el poemario. En los poemas de García Montero, el lobo es la proyección de su indignación, de su cólera, pero también es su interlocutor, su cómplice, su protección ante el deseo de renuncia, su argumento para comprometerse más allá de la queja. Nos advertía el poeta en otro de sus ensayos, <em>Poesía, cuartel de invierno</em> (Hiperión 1987; Seix Barral, 2002): “El poeta es un lobo herido”. Ese lobo sale a un mundo deshumanizado y transforma sus ganas de morder en el deseo de preservar aquello que construye nuestra identidad y que nos hace dignos. Y en ese deseo, sus versos apelan al amor —“Detrás de mí/ no están las caracolas./ Detrás del mar no está la tierra,/ sino el amor donde se escucha el mar”—  y a la memoria —“Puedo pisar la noche sin cortarme./ Si sueño es porque el lobo vigila mi memoria./ No entran las heridas, ni el tiempo equivocado./ Ni el ladrón de recuerdos”—. Ambos, amor y memoria, se erigen en el poemario como actantes del equilibrio necesario para dialogar con la verdad íntima y poder hacerlo, así, con la verdad pública.</p><p><em>A puerta cerrada</em>, escrito entre 2011 y 2017, nos ofrece poemas de una extraordinaria calidad a través de un discurso sereno y profundo, directo y desnudo, que nos arrastra envueltos en imágenes cuya intensidad nos sorprende una vez más. Nos invitan, con su voluntad de incidir en la necesaria transformación de la sociedad, a dialogar con las convicciones y a ser honestos al relacionarnos con nuestra propia conciencia, para volver a legitimarnos como actores que deciden las reglas del juego.</p><p>Tras la lectura de su último libro, descubrimos a un poeta que sigue comprometido con su oficio, escogiendo cada palabra, convencido de la utilidad de la poesía en su lucha por evitar la homologación de las conciencias individuales, en su ofrecerse como territorio de resistencia para pensar otro mundo posible.</p><p>La poesía de Luis García Montero, de nuevo, se nos hace urgente.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura. </em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La poesía que se hace urgente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Valente: tradición de tradiciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/valente-tradicion-tradiciones_1_1150169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e987746-6005-4685-8707-15fe21862933_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valente: tradición de tradiciones"></p><p><strong>Valente vital (Magreb, Israel, Almería)Claudio Rodríguez Fer, Manuel Fernández Rodríguez y Fernando García LaraUniversidad de Santiago de CompostelaSantiago2017</strong><em>Valente vital (Magreb, Israel, Almería)</em></p><p>Este es el tercer y último volumen de una serie que lleva el título general de <a href="http://www.usc.es/libros/index.php/spic/catalog/book/1095" target="_blank">Valente vital</a>, coordinada por <strong>Claudio Rodríguez Fer</strong>, responsable de la Cátedra que lleva el nombre del poeta en la Universidad de Santiago. En las dos entregas anteriores, publicadas en el 2012 y el 2014, se estudiaba la relación del escritor con Galicia, Madrid, Oxford, Ginebra, Saboya y París, siguiendo los pasos contados de su biografía, mientras que en esta nueva entrega nos acerca a su vinculo con el Magreb, Israel y Almería.</p><p>Me gustaría empezar destacando lo que de singular tiene el presente proyecto, pues los seis artífices de los volúmenes intentan aunar, con buenos resultados, el relato de la vida del autor, la relación de su existencia con la obra literaria y ensayística, con los correspondientes y oportunos análisis (véanse, por ejemplo, los numerosos comentarios sobre <em>Tres lecciones de tinieblas</em>), y su vinculación a diversas tradiciones culturales y literarias. No en balde, Valente vivió, en diversos períodos de tiempo, en Inglaterra, Suiza, Francia y Estados Unidos. Hablaba varias lenguas, podía leer en algunas más, y estaba familiarizado con diversos aspectos no solo de la cultura occidental, sino también de la oriental. Pero, además, a su interés por la literatura se sumaba el conocimiento profundo de la historia del pensamiento; de las artes, en especial de la pintura (tanto el anagrama de la serie, obra de <strong>Tàpies</strong>, como las obras que se reproducen en las cubiertas de los libros, de <strong>María José Santiso</strong>, <strong>Baruj Salinas</strong> y <strong>Lola Valls</strong>, respectivamente, valen como homenaje al poeta), de la música y del urbanismo. Y aunque su obra forme parte, sobre todo, de nuestro sistema literario, de la literatura española, donde ha tenido reconocimiento y presencia, su empeño consistió en desarrollarse e inscribirse en una tradición intercultural, transversal, que incluyera el mundo hispánico, pero también la literatura europea y oriental, tanto clásica como moderna, en la línea de <strong>Guénon</strong>; en la integración, en suma, de distintos saberes.</p><p>Este nuevo volumen está compuesto por tres capítulos. El primero, obra de Rodríguez Fer, se titula “Del Magreb a Israel: Semillas semitas”, quien pone de manifiesto su vinculación con la cábala judía, el sufismo y la tradición mística islámica, que tanto fecundaron su obra, proporcionándole perspectivas nuevas y haciéndola más compleja y sugestiva, pues en ellas aprendió a interrogarse por el lenguaje o por la condición de exiliado. Para Valente, como para <strong>Roberto Bolaño</strong>, por recordar un ejemplo posterior, más reciente, todo escritor —por el mero hecho de serlo— es un  exiliado.</p><p>El trabajo de <strong>Manuel Fernández Rodríguez</strong>, “Las vías de la cábala y el sufismo. Dos movimientos, una quietud”, enlaza en algunos aspectos con el anterior, y podría decirse que en sí mismo es un libro, pues ocupa casi trescientas páginas. Y siendo sobresaliente, a veces me parece que se excede, como cuando se remonta a los orígenes de la cábala para explicar lo que representa en la obra de Valente, lo que resulta a todas luces innecesario. El caso es que nos lo presenta como un escritor –un poeta del pensamiento— propenso a la reflexión sobre el lenguaje (según él, un medio de conocimiento y una práctica para desvelar la realidad, la identidad múltiple, en la línea del <em>Zohar</em>), al análisis crítico de la Historia (la poesía intenta poner de manifiesto lo que la Historia no consigue registrar), y a la defensa y el diálogo con los heterodoxos. Se ocupa de tantos y tan diversos asuntos, todos ellos importantes en la trayectoria de Valente, que solo podemos limitarnos a apuntarlos: la cortedad del decir, o la estética de la retracción; el arte del disimulo; la concepción del libro como objeto, en la estela de la cábala; la poética del silencio, cargado de sentido; la importancia y significado de las figuras angélicas; la soledad como propiciadora de la creación; la relación de la mística con el erotismo; la obligación del intelectual, y Valente lo fue, de remover lo establecido; la lectura en clave judía de clásicos como <strong>Kafka</strong>, <strong>Rimbaud</strong>, y la más forzada, diga lo que diga el gran <strong>Belamich</strong>, de <strong>Lorca</strong>; el exilio como la condición humana llevada al extremo; la idea de la oscuridad como iluminación; la convergencia desde la raíz de las experiencias sufíes y cristianas, místicas y poéticas; y, por último, la idea de la narración como trama sostenida, tejido, y sueño, tal y como la concibieron los primeros románticos alemanes, con <strong>Novalis</strong> a la cabeza, más que como mera trama.</p><p>El libro se cierra con un trabajo que me resulta especialmente emotivo, y que aparece sobriamente titulado “Almería 1985-2000”, obra de <strong>Fernando García Lara</strong>. Aquí se relata con minuciosidad ejemplar cómo llega Valente a la provincia, su descenso al sur, tras habitar ciudades de frío, lluvia y niebla, las relaciones que establece  con sus gentes y paisajes, así como su renovado interés por el cante jondo y su colaboración con varios fotógrafos, en especial con <strong>Manuel Falces</strong>. Pero, además, las fotos que le hizo <strong>Luis Matilla</strong>, en la casa que habitó, proporcionándole toda una simbología de casa alquímica (las estancias, la escalera de caracol, el patio de luces, el sótano con parte de la biblioteca y el terrado con la Alcazaba al fondo), figuran entre las mejores que existen sobre el autor. Pero quizá la mayor aportación de Valente a la cultura de esta provincia, Almería fue para él “la ciudad celeste”, consistió en presentárnosla de manera distinta: a través del cielo, la luz, el desierto, las dunas, la aridez del paisaje del cabo de Gata, pero también del gusto por el buen vivir, junto con la amabilidad, la resignación e indolencia de sus ciudadanos. A lo que habría que añadir que hizo todo lo posible por recuperar la memoria de la ciudad y por la conservación de su privilegiado entorno.</p><p>En suma, en estos trabajos, sobre todo en el segundo de ellos,  podemos reconstruir su bien surtida biblioteca y apreciar sus numerosas lecturas, tras haberla estudiado Fernández Rodríguez. Resulta casi un milagro que haya podido conservarse en buena parte, a pesar de tantos viajes y cambios de domicilio como realiza el poeta. Las constates referencias a los libros consultados nos proporcionan, por último, buenas pistas sobre sus inquietudes e intereses.</p><p>Así las cosas, tengo la impresión de que Valente se muestra más cómodo con el pasado que con el presente, aunque este nunca lo elidiera; buena prueba de ello fueron sus denuncias constantes a propósito del papel de las autoridades españolas desempeñaron ante el drama de la emigración a través del Mediterráneo y del conflicto racista de El Ejido (Almería). O las pendencias que sus artículos desataron, sobre todo durante los últimos años de vida, tanto en la prensa local como en la nacional, y –por último— en su defensa abierta del pueblo palestino. Valente fue, en el ámbito de las relaciones privadas y en sus actuaciones públicas, un gran polemista (José Luis Pardo tachó sus opiniones de <em>valentías</em>), lúcido las más de las veces, pero a menudo también arbitrario y obcecado. Muestra de  ello sería su finalmente torcida amistad con <strong>María Zambrano</strong> y <strong>José-Miguel Ullán</strong>.</p><p>El libro es, en suma, excelente; el trabajo de documentación, impresionante, y los análisis de las situaciones y obras, precisos, si bien algunos anglicismos y galicismos –es <em>pecata minuta</em>, lo sé, chincherías—, o expresiones a la moda del día (el ya –por lo visto— inevitable <em>evento</em>, expresiones como <em>una suerte de</em>..., el uso de <em>puntual</em> por <em>concreto</em>, <em>conformar</em> por <em>componer</em>) tiñen en ocasiones contadas la prosa. Y en este sentido, quizá lo más chocante en los dos primeros trabajos, sea el vano empeño por reducir la condición del gran escritor a autor gallego u orensano (siempre escriben <em>ourensano</em>), llamando la atención que nunca se le considere un escritor español, tras mostrárnoslo universal. No creo que esta reducción le hubiera hecho gracia a Valente, por muy gallego que en algún momento llegara a mostrarse, a menudo entre burlas y veras... Además, se echa de menos un índice de nombres, imprescindible para la consulta ágil de estos volúmenes.</p><p>Pero lo importante, al fin y a la postre, es que este libro, el conjunto de la serie, quizá represente ya el empeño más completo realizado hasta la fecha por presentarnos la vida, la obra y la formación intelectual de uno de esos escritores que empezaron su andadura literaria durante el <em>mediosiglo</em>. Y, además, pone unas sólidas bases y abre nuevas perspectivas para seguir indagando en el estudio de su obra, de su biografía cumplida.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Otro cuento de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuento-navidad_1_1150164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9dfbb88-ed1b-4bd1-9ece-79b3ccf2b881_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otro cuento de Navidad"></p><p><em>(Comienza Manuel Vilas.)</em><strong>Manuel Vilas</strong></p><p>No era un recurso para sentirse menos solo cuando llegaba la noche, en absoluto. Sentía una auténtica fascinación cuando entraba en las páginas web de grandes tiendas que solo vendían por internet. Tenía una gran curiosidad por todas las cosas que el ser humano producía y con las cuales comerciaba a través de sofisticados programas y aplicaciones informáticas. Le fascinaba especialmente Amazon, que consideraba una especie de resumen general de la historia y del mundo. Tal vez el mito de la abundancia inacabable. El mito de El Dorado reinventado. O el mito de la Arcadia. O el mito del Paraíso Terrenal.</p><p>A veces Amazon le defraudaba. Eso ocurría cuando en tiendas de la ciudad encontraba en determinados productos los mismos precios o incluso más baratos que en Amazon. Eso le sumía en un estado de tristeza profunda, y eso le acababa de ocurrir con un pack de agua de colonia para hombre más loción para después del afeitado de Calvin Klein. En las cadenas de Tjmax, en la tienda correspondiente a Iowa City, había encontrado ese pack a 26,99 dólares. El mismo pack estaba en Amazon a 35,99 dólares. Sintió un quebranto especial. Nunca pensó que Amazon le pudiera fallar de esta forma. Era como si le abandonara la mano de su propio padre.</p><p>Estaba en Iowa City con una beca del International Writing Program, una beca de tres meses de duración, tres meses en donde los escritores invitados se dedican a escribir y a acudir a eventos relacionados con la literatura. Había treinta escritores más con él. Aunque hablaba inglés (lo aprendió en Manchester trabajando de camarero) era la primera vez que estaba en Estados Unidos.</p><p>Llevaba un cuaderno, una especie de diario, donde anotaba sus pensamientos. Había anotado esto “en mí la pobreza se acerca tanto al sentimiento de desolación como a la necesidad de fornicar, la necesidad de posesión o de placer, de hacer el amor, aunque no sabría concretar más este ansia”.</p><p>La mañana la pasaba explorando todos los departamentos de Amazon.</p><p>Había contratado el servicio prime de Amazon, y lo había conseguido gratis durante los primeros 30 días. El servicio le aseguraba que la entrega de sus pedidos se producía en 48 horas. Pensó: “48 horas de espera y el mundo es mío”.</p><p>Ayer recibió un paquete. Sintió una gran emoción. El cartero de UPS dejó el paquete en la puerta de la casa. Había pedido seis pares de calcetines de invierno y un reloj Casio cuyo diseño le encantaba. Era un pedido modesto. Los calcetines sumaban 9,99 y el reloj 15,99 dólares. Con las tasas se ponía todo en 29 dólares. Le fastidiaba que los impuestos fuesen siempre aparte, eso oscurecía la oferta. Siempre había que añadir unos cuantos dólares, y la alegría de la oferta disminuía, se hacía imprecisa. Pero era tan bonito el paquete de cartón. Una caja solvente. Con su nombre bien claro. Como vivía en una planta baja, el cartero de UPS dejaba el paquete en la misma calle.</p><p>Pensó en los Reyes Magos de Oriente, en su infancia, en sus padres dejando sus regalos en el árbol de Navidad. Sus fallecidos padres. Se acercaba la Navidad, y todos los compañeros escritores regresaban a sus países para pasar esos días con sus familias. Él pidió alargar su estancia, pasar la Navidad allí, solo, en Iowa, en su pequeño apartamento, esperando paquetes de Amazon. Le concedieron la ampliación de la beca, sin ni siquiera preguntarle la razón.</p><p>Había comenzado a nevar. Menos mal que la puerta de su casa tenía un saliente que impediría, llegado el caso, que la nieve cayera encima de sus deseados paquetes.</p><p><em>(Continúa Use Lahoz.)</em><strong>Use Lahoz</strong></p><p>Sin el resto de escritores, la ausencia de sonidos humanos en la residencia de la Iowa City llegaba a resultarle incómodo durante las mañanas. Aun así, experimentar la soledad matutina en la cocina era un placer. El 23 de diciembre, tras dejar la cafetera en el fuego, se acercó a la entrada y abrió la puerta. Suspiró aliviado al ver los nuevos paquetes de UPS. Antes de agacharse, guiado por la luz intensa del amanecer –esos incipientes rayos que le dañaron la vista—, arrugando los ojos observó con agrado la flotante densidad de la nieve que se extendía a sus pies y cubría toda la calzada. Otro día más sin salir de casa, pensó. Otro día más delante del ordenador combatiendo la tentación de Amazon.</p><p>De nuevo en su cuarto, a buen recaudo y con la taza de café llena, abrió los paquetes haciendo uso de unas tijeras (ya no perdía tiempo haciendo fuerza con las manos para romper el plástico): ahí estaban la crema de manos y los auriculares que compró en la madrugada del día 21, cuando se desveló a las tres de la mañana y acudió a Amazon como quien busca compañía, agradeciendo los inventos de la economía 24/7. Probó los auriculares y olió la crema L'Occitane Karité, tan útil en Iowa. Regalos que llegaban por arte de magia. Regalos que venían de la Arcadia por 19,89 dólares. Sin embargo, pronto le sobraron. Era la reciente visión de la nieve la culpable de que aquellos regalos fueran menos poderosos que la memoria. Porque aquella nieve evocaba navidades pasadas, aquellas de la infancia, las que pasó en Monzón, donde la nieve llegaba puntualmente al inicio del invierno y, lejos de retener a los niños en sus casas, los sacaba de ellas incitándoles al esparcimiento. Reaparecieron las noches de Reyes en que se acostaba soñando con los regalos que traerían esos magos que su padre insistía en que venían de oriente. Entonces todo tenía sentido. Así se vio estrenando una guitarra un lejano 6 de enero, fascinado con aquel instrumento (ah, el olor de la madera barnizada, ¡si aún podría reconocerlo!) que habría venido desde tan lejos en las alforjas de vete a saber qué paje o qué camello. Pero hoy, mientras se lleva la taza a los labios, angustiado por algo que no sabe nombrar, se pregunta: ¿cuántas horas extras tuvo que hacer mi padre en la fábrica para traerme aquella guitarra?, ¿en qué momento pediría permiso al patrón para ausentarse?, ¿en el coche de quién acudiría a la capital para adquirirla?</p><p>Para evitar el avance de unos remordimientos que conoce bien, acude a Amazon, pero se obliga a retenerse. Se levanta y, con la taza en la mano, se acerca al pasillo y aprovecha el vacío de la residencia para caminar a la espera de una coartada que engañe al recuerdo. Hay retratos de escritores que disfrutaron de la beca en años pasados (Anne Provoost, John Lanchester, Niccolo Amanitti). Al pasar por delante de la puerta 11 se acuerda de la escritora belga (o flamenca, según puntualizó ella) que llegó a la casa  después que él y que de buenas a primeras se mostró excesivamente simpática, tan cálida, como si el hecho de compartir oficio diera pie a la confianza. Sandrine quiso que él le explicara el funcionamiento de la casa y, sobre todo, en eso insistió hasta tres veces, de la lavadora y la secadora. Y él accedió –con ese inglés macarrónico que aprendió en Manchester—, como accedió a ir a comer con ella al Joseph Steakhouse pese a que no le apetecía gastar dólares. Sandrine había vuelto a Amberes a pasar las navidades con su marido y sus tres hijos. Y él recordó que aquel día, a la vuelta del restaurante, alguien llamó a su puerta. Al abrir, encontró a quien esperaba y no pudo evitar que su mirada se escurriera hacia las manos de ella, que sujetaban un fardo de ropa.</p><p>—Dijiste que pensabas poner una lavadora esta noche, ¿verdad? —preguntó ella.</p><p>—Sí –logró pronunciar él, entrecortado.</p><p>—¿Podrías lavarme esto con tu ropa, por favor?</p><p>—Claro, claro —¿qué podía decir si no?</p><p>—Gracias —dejó caer ella, estirando la palabra con su sonrisa y levantando la mano en señal de adiós.</p><p>Ahora rememora su impresión al desdoblar el bulto y descubrir una camiseta de tirantes, dos calcetines de rayas y las braguitas azules Wild Rose.</p><p>Sandrine volvería el día 31 por la tarde. Antes de irse le había hecho prometer que cenarían juntos la noche de fin de año. Y él, que no quería pasar la noche de fin de año con nadie porque no había noche que odiara más que aquella, y porque había planeado pasarla rastreando ofertas en Amazon —solo, tranquilo, lo más alejado posible de los recuerdos—, había accedido también.</p><p>Antes de volver a la cocina a por más café, buscó el cuaderno donde iba anotando pensamientos, y con cierta prisa garabateó:  “23 diciembre: Nunca sabemos por dónde viene ni qué forma tiene el riesgo, pero aguardamos su regreso como si fuera necesario”. Al cerrarlo, una vez más se le quedó abierto por la primera pagina, en la que dos años atrás había escrito una única entrada que volvió a leer de nuevo: “Cuando odies a alguien con todas tus fuerzas, recuerda que ese alguien también fue niño y también acabará muerto”.</p><p><em>(Continúa Marcos Giralt Torrente.)</em><strong>Marcos Giralt Torrente</strong></p><p>Y, sin embargo, no pudo evitarlo. Ese mismo 23 de diciembre por la tarde, después de almorzar unos espaguetis con tomate, sentado ante el portátil, dejó de mover el cursor arriba y abajo del documento abierto de su novela y, con el alivio de los vencidos, dio un paso más hacia el precipicio y abrió el navegador de internet. Tecleó en Google <em>monzón</em>, tecleó <em>nieve</em>, tecleó <em>guitarra</em>, tecleó <em>colegio</em>, tecleó <em>padres</em> y, en un tiempo incuantificable, que pudo ser largo o breve, acabó donde quería, de vuelta a su jardín particular a través de un laberinto de <em>banners </em>y enlaces. Porque las derrotas sólo se perdonan si son épicas, esta vez no se quedó corto. Fascinado por su color amarillo, compró una estilográfica de la marca Kaewo a pesar de que odiaba escribir con pluma y de que tenía tanta facilidad para perderlas como los mecheros cuando fumaba; compró un recopilatorio de rancheras de <strong>José Alfredo Jiménez</strong> que su padre ponía en su cumpleaños; compró un gorro de piel de conejo parecido a uno que le regalaron en su único viaje a Rusia; compró un facsímil de un grabado romántico alemán de una sirena como el que adornaba la pared de su cuarto en Manchester... Si bien seguían siendo adquisiciones modestas, el dinero desembolsado había sufrido un perceptible incremento. También fue consciente de que esta vez no eran caprichos y útiles fácilmente justificables, a los que daría uso, como los auriculares o las cremas, sino que se trataba de algo así como partículas perdidas de sí mismo que ni siquiera estaba seguro de querer recuperar. Su padre celebrando la finura ruda de un verso como “entró borracho el borracho en la cantina”, el frío y la moqueta insalubre de su cuchitril de Manchester, la profesora rusa de español que se le había ofrecido en su propia casa mientras su marido dormía la borrachera en un sofá, los cuadernos de caligrafía que su madre le hacía rellenar con plumilla para corregir su caligrafía torturada por la dislexia... Pensó, primero, en anular los pedidos —estaba a tiempo— y luego se le ocurrió algo mejor: devolverlos, con excusas diversas, no bien llegaran. Los sacaría de sus cajas cuidadosamente, los tocaría, los haría otra vez suyos y a continuación los reintegraría a sus envoltorios y los remitiría a su origen tras cumplir los perceptivos trámites de devolución. Incluso podía poner a Jose Alfredo en Spotify mientras lo hacía. ¿Como no se le había ocurrido antes? En el resumen general de la historia y del mundo que era internet, podía adquirir casi cualquier cosa y luego devolverla, siempre que eligiera comercios fiables y que no los repitiera en exceso. Como mucho, si la mercancía era voluminosa, tendría que pagar el porte de vuelta. Un mero alquiler que estaba dispuesto a abonar si ello le permitía ser dueño durante unas horas de un <em>flipper </em>electrónico como el que tuvo durante unos meses de 1981. O de un abrigo del ejército suizo que había visto en una tienda del Greenwich Village durante los cinco días que había pasado en Nueva York antes de su vuelo a Iowa. O de una corbata igual a la que lucía <strong>Christopher Merrill</strong>, el director del International Writing Program, en su foto de la página web de la Universidad. Podía hacerse con casi cualquier cosa que añorara de su pasado —las subastas de eBay deparan sorpresas inconcebibles— y con casi cualquier lujo que ambicionara, una <em>pashmina </em>de cachemira, unas gafas de sol de carey...  Incluso explorar posibilidades ignotas de sí mismo. Podía tirar a la basura la ropa interior de Sandrine, sus braguitas azules, sus calcetines rayados y su camiseta de tirantes, comprarle prendas nuevas a su gusto y luego decidir si dárselas o no. Añadiendo pocas cosas más, unas medias, unos zapatos, quizá un vestido, podía fabricar el disfraz de una nueva Sandrine, menos intrusiva, menos natural, más sensual y elusiva. Así, si su amiga de Flandes se lo tomaba a mal, evitaría la prometida cena de fin de año o, si el impávido desconcierto de ella no acababa en enfado, sortearía al menos ese previsible momento tonto en el que, a la entrada de un nuevo año, los cuerpos se unen en un abrazo y es posible que llegue un indeseado beso. O quién sabe, se dijo con desconfianza. Tal vez Sandrine no lamentase la pérdida de la ropa que le había confiado, tal vez considerara divertido su atrevimiento y, juzgándolo una insinuación, entrase en el juego dispuesta a desembarazarse vicariamente de todo lo que él repudiase de ella.</p><p><em>(Cerrará Aroa Moreno Durán.)</em><strong>Aroa Moreno Durán</strong></p><p><em>*Manuel Vilas es escritor. Su última novela es </em><strong>Manuel Vilas</strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/ordesa/ES0155130" target="_blank">Ordesa</a><em>(Alfaguara, 2018).</em></p><p><em>*Use Lahoz es escritor. Su último libro, </em><strong>Use Lahoz </strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-buenos-amigos/217111" target="_blank">Los buenos amigos</a><em> (Destino, 2016).</em></p><p><em>*Marcos Giralt Torrente es escritor. Su último libro, </em><strong>Marcos Giralt Torrente</strong><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/el-final-del-amor/" target="_blank">El final del amor</a><em> (Páginas de Espuma, 2011). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Vilas | Use Lahoz | Marcos Giralt Torrente]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Otro cuento de Navidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Desde el flamenco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/flamenco_1_1150162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bdf54700-538e-4dbc-9525-a6e5a5484508_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde el flamenco"></p><p>Decía el maestro <strong>Alfredo Kraus</strong> que los cantantes líricos tenían que aprender de la técnica de la voz flamenca. Con esta generosa y certera declaración rompía el tabú de que el flamenco es una música de inspiración donde la voluntad expresiva era capaz de construir más allá de las cualidades de la voz y ponía el acento en la calidad de la voz como columna vertebral del cante. Hacía el gran tenor estas declaraciones en el marco de la concesión del Premio Nacional de Música 1994 a <strong>Enrique Morente</strong> (en la modalidad de interpretación) y que generó en el mundillo musical una pequeña controversia en la que la propia <strong>Rosa Torres-Pardo</strong> participó como miembro de aquel jurado junto —entre otros— con el que firma esta crónica. Con aquella decisión del jurado se subrayó un fértil camino, ya iniciado en 1993 por <strong>Mauricio Sotelo</strong> y Enrique Morente con el <em>Tenebrae Responsoria</em> inspirado en el <em>Officium Defunctorum</em> de <strong>Tomás Luis de Victoria</strong>.</p><p>Con el concierto <em>Tres por cuatro</em> de Rosa Torres-Pardo, programado dentro del ciclo Fronteras del Centro Nacional de Difusión Musical, las más inquieta y arriesgada de nuestras pianistas y merecido Premio Nacional de Música 2017 compone un interesante <em>collage </em>donde la música clásica de origen tradicional, la música de los compositores contemporáneos y la voz flamenca juegan y se condicionan mutuamente desde la articulación musical que el piano de Rosa Torres-Pardo construye con el más flamenco de los instrumentos musicales, una vez reconocida la preeminencia de la guitarra flamenca. El concierto se abrió con la frescura de las <em>Lorquianas </em>y se cerró con los célebres fragmentos del <em>Amor brujo</em>, ratificando lo que podemos denominar ya como el canon desde el cual debe interpretarse la imborrable obra de <strong>Falla</strong>, sellando así la feliz unión entre música de inspiración popular y flamenco tan querida por don Manuel.</p><p>Pero sin duda lo más atractivo del concierto fueron las obras de <strong>Megías </strong> (<em>Rosa en Alejandría</em>), <strong>Kingswood </strong>(<em>Fernweh</em>) y <strong>Llorca</strong>, donde la tensión entre la libertad compositiva y el timbre flamenco ponen a prueba las fronteras entre géneros, y donde de nuevo se comprueba que la voz flamenca –una vez desprendida de connotaciones folclóricas— se convierte en un instrumento con nuevas sonoridades capaz de habitar un nuevo espacio musical. Obras distintas donde se crean atmósferas distintas y donde cobró especial relevancia el <em>Vals de la bailarina</em> de Ricardo Llorca y al que contribuyó sin duda una briosa <strong>María Toledo</strong>. Fue sin duda una gran noche donde la experimentación de compositores y artistas, la asunción de los riesgos e innovaciones busca y consigue también la implicación de un público entregado que siguió con entusiasmo todo el concierto.  </p><p>La labor de Rosa como artífice, intérprete y maestra de ceremonias del concierto contribuyo a crear un clima de cercanía que facilita una escucha menos rígida y más abierta a las novedades de lo que suele ser habitual entre los aficionados al Auditorio. La excepcional valía de <strong>Rocío Márquez</strong> (ya veterana en las lides con Rosa y con una inteligencia musical fuera de lo común), <strong>Arcángel </strong>(sin duda alguna el más original de los cantaores siempre desde el respeto a la tradición) y María Toledo (una arriesgada todoterreno con una formación musical formidable) subrayan la idoneidad de unas voces flamencas valientes, que se han atrevido en los intrincados caminos de la música contemporánea, pero donde la tradición de la <strong>Niña de los Peines</strong>, <strong>Vallejo</strong>, <strong>Marchena </strong>o Morente opera como escuela y respaldo de una música tradicional que, con iniciativas tan felices como la de Rosa Torres-Pardo, deja de serlo para ser también (como decía el maestro Morente) música y voces de nuestro tiempo.</p><p><em>Artículo escrito con motivo de </em><a href="http://www.auditorionacional.mcu.es/es/programacion/cndm-fronteras-rosa-torres-pardo-artistas-invitados" target="_blank">Tres por cuatro</a><em>, concierto de Rosa Torres-Pardo, piano, celebrado el 13 de enero en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. Artistas invitados: Rocío Márquez (cantaora), Arcángel (cantaor), María Toledo (cantaora y piano).</em></p><p><em>*Agapito Pageo Ruzafa es editor de la revista de flamenco </em><strong>Agapito Pageo Ruzafa</strong>El Canon<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Agapito Pageo Ruzafa]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Lorca entrevisto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lorca-entrevisto_1_1150157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac6afdca-a116-40a4-bf34-9f253569caab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lorca entrevisto"></p><p><em>Acaban de publicarse dos libros que recogen las entrevistas de Federico García Lorca en la prensa de su época: </em><a href="http://malpasoed.com/es/libro/palabra-lorca-declaraciones-entrevistas-completas/" target="_blank">Palabras de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas</a><em> (Malpaso), con edición de Rafael Inglada, la colaboración de Víctor Fernández y prólogo de Christopher Maurer; y </em><a href="http://editorialentornografico.es/tienda/treinta-una-entrevistas-federico-garcia-lorca/" target="_blank">Treinta y una entrevistas a Federico García Lorca</a><em> (Entorno Gráfico Ediciones), con selección, introducción y notas de Andrés Soria Olmedo. </em></p><p>______________________</p><p>La fama de <strong>García Lorca</strong> se sustenta en la presencia simultánea de un factor literario y un factor biográfico. Al lado de la obra, que sigue reclamando el interés de los públicos y lectores más diversos, su asesinato ha adquirido un  valor simbólico duradero, como emblema de las víctimas de la Guerra Civil.</p><p>En ambos sentidos su figura ha alcanzado fama universal. Pero es importante recordar que la fama de Lorca no es en absoluto póstuma. Al contrario, alcanzó en vida una notoriedad continuada y creciente que puede calibrarse por la atención periodística que recibió en los ámbitos local, nacional e internacional. Esta edición quiere ser una muestra representativa de un género de escritura atractivo por juntar resonancias biográficas y autobiográficas, orales y narrativas, con la fuerza de la metonimia —la parte por el todo— resistente a la autoridad de la voz unificadora de la biografía narrada. </p><p>Puesto que no conservamos ningún testimonio radiofónico —aunque sí textos para la radio—, estas entrevistas se encuentran a la mitad del camino en la presencia multiplicada de los <em>mass media</em> en la sociedad, o por lo menos a mitad del camino del auge de la prensa escrita, previa a su vez a la explosión digital. Esto las dota de un cierto aire de época, cuyo síntoma más claro es la convicción de modernidad que respiran.</p><p>  </p><p>En esta selección hay desde textos que podrían considerarse autógrafos, proporcionados al periódico por el propio interesado, como en la aparecida en la revista <em>Blanco y Negro</em> (1933), donde el periodista <strong>Luis Méndez Domínguez</strong> puso en boca de Federico el propio texto de su conferencia-recital sobre Nueva York, hasta conversaciones refundidas, o casos excepcionales como la entrevista de Gar­cía Lorca con <strong>Luis Bagaría </strong>(10 de junio de 1936), donde el entrevistado entrevista a su vez. El agudo libro de <strong>Antonio Elorza</strong>, al mostrar la in­tensidad intelectual que se esconde en el «caricaturista salvaje», una figura creada para sim­bolizar el reverso negativo del orden civilizado, nos permite situar en sus justos tér­minos de complicidad el diálogo que mantienen, jocoso y vagamente unamuniano, en cuyo transcurso afloran, entre bromas y veras, cuestiones metafísicas como el más allá y la felicidad, únicas en el conjunto. El periodista gráfico socialista y pacifista se entiende bien con el poeta que se distancia de las almas «que no ven el torrente de lágrimas que nos rodea, producido por cosas que tienen remedio».</p><p>Quizá el extremo opuesto pueda percibirse en la entrevista con <strong>Rodolfo Gil Benumeya</strong> (1931), quien se empeña en atarlo a una hipotética esencia granadina o andaluza de la que el poeta huye a cada pre­gunta. Pero aquí el resultado es una declaración extraordinaria, en la que pesa más el género («perseguidos») que las especies concretas: «Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpáti­ca de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío..., del morisco, que todos llevamos dentro». De modo análogo, en la entrevista con Bagaría, tras deplorar que se perdiera «una civilización admirable» constata con trágica amargura que en Granada «se agita actualmente la peor burguesía de España». El escándalo ante el presente prevalece sobre la  añoranza de un pasado idílico.</p><p>El espacio de la difusión y la recepción pública del medio influye en el tono y el rumbo de las declaraciones. Las entrevistas suelen ser más respetuosas con lo que se espera de él en los diarios de las capitales que en los de provincias, donde se permite mayores libertades (en<em> La Mañana</em> de León (1933) adopta una «pose» de provocación vanguardista que no se repite más: el teatro actual es «un teatro hecho por puercos y para puercos»).</p><p>Al repetirse obligadamente muchas preguntas, la diversidad de situaciones da lugar a que de las palabras del poeta se deduzcan, además de datos meramente informativos, secuencias de actitudes ante sí mismo, ante el arte y ante la sociedad que el lector puede sorprender en momentos sucesivos, con la nitidez y el secreto último de las fotografías.</p><p>En las manifestaciones autobiográficas sorprende la repetición de la infancia y de lo rural como elementos básicos de una vida que se presenta a sí misma como literatura, sometida a parámetros que pueden extenderse a la obra. (1935: «Toda mi infancia es pueblo. Pastores, campos, cielo, soledad»). Junto al recato y a la oferta de una imagen construida con rasgos estéticos, son propias de esa vertiente las pequeñas inexactitudes vanidosas, que siempre celan o estilizan hechos auténticos. Un apartado especial es el de los proyectos y especulaciones sobre su obra futura en poesía y teatro (diversos títulos posibles para el libro que trajo de Nueva York, <em>El Público</em>). Esto tiene que ver menos con el gusto por fantasear que con un laboratorio creativo ca­racterizado por ser reacio a la publicación, por confiar más bien en la memoria o en la representación y por proyectarse literalmente hacia formas siempre renovadas. (...)</p><p>Otra secuencia la constituyen las entrevistas dadas a propósito de obras concretas, a raíz de los estrenos, con interesantes comentarios cobre el carácter de los personajes (Mariana, Doña Rosita) y muy a menudo sobre aspectos formales del espectáculo (papel de la música en <em>Perlimplín</em>, mezcla de verso y  prosa en <em>Bodas</em>, […], ritmo y claridad en <em>La Zapatera</em>, los coros en <em>Yerma</em>). Poseen el encanto de comprobar cómo se esfuerza siempre por transmitir su noción del tono que las piezas deben dar en escena, como un compositor que dirigiese un concierto de su música, y con una seguridad creciente.</p><p>Por último, donde la sucesión de las entrevistas  resulta impagable es en lo relativo a tres aspectos profundamente conectados entre sí: la poética, la estética teatral y el compromiso social y político, cuyas líneas de progreso se muestran en todos sus matices.</p><p>Siguen los meandros de la historia y un cami­no de maduración personales, en poesía desde el amparo en la poética gongorina hasta la más duradera «vuelta a la inspiración» y la «manera espiritualista» cimentada en 1928. Al teatro lo lleva el afán de comunicación, y su práctica a la sensibilización hacia los problemas sociales. La estética teatral se asienta sobre dos pilares de igual resistencia: «Hacer arte. Pero arte al alcance de todo el mundo».</p><p>El pedagogo teatral que se perfila a comienzos de los treinta dispone de un excelente banco de pruebas en La Barraca, experimento si­multáneo de repertorio, montajes, organización teatral y público. Este último aspecto, el del pú­blico, va siendo objeto de una apasionada dis­criminación positiva por parte del poeta, cercana al populismo de izquierdas de los años treinta. Al mismo tiempo se desarrolla, en sentido negativo, un rechazo cada vez más radical de la burguesía como público, aunque en el terreno del compromiso político y social Lorca diferencia su disposición personal, cada vez más cercana a la causa popular, de su actitud artística, que sigue una disciplina más lenta y cautelosa.</p><p>La primera reacción importante a la pregunta de si el arte y la política deben mantenerse separados (1933), encierra una convicción íntima: «El artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo: tres fuertes voces: la VOZ de la muerte, con todos sus presagios, la VOZ del amor y la VOZ del arte». En 1936 dirá a Bagaría: «Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte  puro, arte por el arte mismo». En los tres años que median entre ambas declaraciones asistimos a los sondeos de Lorca en busca de una fórmula que le permita conciliar sus exigencias formales y poéticas con la impregnación de los problemas sociales.</p><p>En todos los registros que hemos recorrido la voz del poeta surge del modo más vivo posible con un efecto indudable de inmediatez. Leídas al tanto de cada circunstancia, las entrevistas van desplegando una biografía paralela que se diferencia de la biografía narrada y dotada de explicaciones causales, donde se han encajado todas las piezas, por su carácter discontinuo, sujeto a contradicciones, a veladuras, tentativas y arrepentimientos. Lorca entrevisto, vivo.</p><p><em>*Andrés Soria Olmedo es Catedrático de Literatura Española. </em><strong>Andrés Soria Olmedo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Soria Olmedo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 94]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA["Como no me he preocu­pado de nacer, no me preocupo de morir"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-he-preocu-pado-nacer-no-preocupo-morir_1_1150148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3095754a-7b77-4f9b-82c5-596437483d49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Como no me he preocu­pado de nacer, no me preocupo de morir""></p><p><em>Acaban de publicarse dos libros que recogen las entrevistas de Federico García Lorca en la prensa de su época: </em><a href="http://malpasoed.com/es/libro/palabra-lorca-declaraciones-entrevistas-completas/" target="_blank">Palabras de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas</a><em> (Malpaso), con edición de Rafael Inglada, la colaboración de Víctor Fernández y prólogo de Christopher Maurer; y </em><a href="http://editorialentornografico.es/tienda/treinta-una-entrevistas-federico-garcia-lorca/" target="_blank">Treinta y una entrevistas a Federico García Lorca</a><em> (Entorno Gráfico Ediciones), con selección, introducción y notas de Andrés Soria Olmedo. Presentamos una significativa entrevista del periodista y humorista gráfico Luis Bagaría a Federico García Lorca realizada poco antes del comienzo de la Guerra Civil española.</em></p><p>______________________</p><p><strong>Diálogos de un caricaturista salvaje1</strong></p><p>FEDERICO GARCÍA LORCA HABLA SOBRE LA RIQUEZA POÉTICA Y VITAL MAYOR DE ESPAÑA. — REIVINDICACIÓN INTELECTUAL DEL TOREO. —LAS DIFERENCIAS DEL CAN­TO GITANO Y DEL FLAMENCO. —EL ARTE POR EL ARTE Y EL ARTE POR EL PUEBLO.</p><p>Nuestro gran <strong>Bagaría </strong>se ha constituido en caricaturista salvaje, como él dice, y se ha lanzado a recorrer recorrer en todas direcciones la enmarañada, casi impenetrable, selva española. Su valor desmedido y  la aguda y bien templada arma de sus lápices que esgrime le harán salir de esta aventura arriesgadísima con la misma buena fortuna que le acompañó en tantas otras suyas. Ahí es nada atreverse, lápiz y pluma en ristre —pues Bagaría se nos ha vuelto escritor, y estupendo escritor—, a escudriñar este intrincado espíritu español de nuestros días en las personas que mejor lo representan. Poetas, escritores, músicos, hombres de ciencia, políticos, han de ir desfilando a través de estos diálogos de Bagaría y entregando a la vez  su secreto, lo más entrañado de su personalidad, a nuestros lectores. Entregándolo por más que intenten recatarlo, pues nada ni nadie será invulnerable a los certeros blancos del gran dibujante.</p><p>Empiezo, lector, los diálogos de este salvaje y seguro servidor dialogando con el fuerte y sutil poeta García Lorca.</p><p>Que, por el dios Sol, mis rugidos no molesten a los oídos del lector, pues así como los toreros al retirarse se cortan la coleta, yo, cortándome las plumas, sa­bría retirarme a tiempo.</p><p>—Tú que has dado categoría lírica a la cala­baza de <strong>Gil Robles</strong> y has visto el búho de <strong>Unamuno </strong>y el perro sin amo de <strong>Baroja</strong>, ¿me quieres decir el sentido que tiene el caracol en el paisaje puro de tu obra?</p><p>  </p><p>—Amigo Federico, me preguntas el porqué de esa predilección por los caracoles de mis dibujos. Pues muy sencillo: para mí el caracol tiene un recuerdo sentimental de mi vida. Una vez, estando dibujando, se acercó mi madre, y al contemplar mis garabatos me dijo: «Hijo mío, me moriré sin poder comprender cómo te puedes ganar la vida haciendo caracoles.» Desde entonces yo a mis dibujos les bauticé así. Aquí tienes saciada la curiosidad.</p><p>Poeta García Lorca, sutil y profundo, pues tu ver­so tenue y bello, verso con alas de acero bien templa­do, horada la entraña de la tierra: ¿crees tú, poeta, en el arte por el arte? O, en caso contrario, ¿el arte debe ponerse al servicio de un pueblo para llorar con él cuando llora y reír cuando este pueblo ríe?</p><p>—A tu pregunta, grande y tierno Bagaría, tengo que decir que este concepto del arte es una cosa que sería cruel si no fuera, afortuna­damente, cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo.</p><p>En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas. Particularmente, yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás. Por eso llamé a las puertas del teatro y al teatro consagro toda mi sensibilidad.</p><p>— ¿Crees tú que al engendrar la poesía se produce un acercamiento hacia un futuro más allá, o al con­trario, hace que se alejen más los sueños de la otra vida?</p><p>—Esta pregunta insólita y difícil nace de la aguda preocupación metafísica que llena tu vida y que solo los que te conocen comprenden. La creación poética es un misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre. Se oyen voces no se sabe dónde, y es inútil preocu­parse de dónde vienen. Como no me he preocu­pado de nacer, no me preocupo de morir. Escu­cho a la Naturaleza y al hombre con asombro, y copio lo que me enseñan sin pedantería y sin dar a las cosas un sentido que no sé si lo tienen. Ni el poeta ni nadie tiene la clave y el secreto del mundo. Quiero ser bueno. Sé que la poesía eleva y, siendo bueno, con el asno y con el filó­sofo, creo firmemente que si hay un más allá tendré la agradable sorpresa de encontrarme en él. Pero el dolor del hombre y la injusticia cons­tante que mana del mundo, y mi propio cuerpo y mi propio pensamiento, me evitan trasladar mi casa a las estrellas.</p><p>— ¿No crees, poeta, que solo la felicidad radica en la niebla de una borrachera, borrachera de labios de mujer, de vino, de bello paisaje, y que al ser coleccio­nista de momentos de intensidad se crean momentos de eternidad, aunque la eternidad no existiera y tu­viera que aprender de nosotros?</p><p>—Yo no sé, Bagaría, en qué consiste la felici­dad. Si voy a creer el texto que estudié, en el Instituto, del inefable catedrático <strong>Ortí y Lara</strong>, la felicidad no se puede hallar más que en el cielo; pero si el hombre ha inventado la eterni­dad, creo que hay en el mundo hechos y cosas que son dignos de ella y, por su belleza y tras­cendencia, modelos absolutos para un orden permanente. ¿Por qué me preguntas estas cosas? Tú lo que quieres es que nos encontremos en el otro mundo y sigamos nuestra conversa­ción bajo el techo de un prodigioso café de mú­sica con alas, risa y eterna cerveza inefable. Bagaría: no temas; ten la seguridad que nos en­contraremos.</p><p>—Te extrañarás, poeta, de las preguntas de este caricaturista salvaje. Soy como sabes, un ser con mu­chas plumas y pocas creencias, salvaje con dolorida materia; y piensa, poeta, que todo este equipaje trá­gico del vivir floreció en un verso que balbucieron los labios de mis padres. ¿No crees que tenía más razón <strong>Calderón de la Barca</strong> cuando decía:</p><p>pues el delito mayor</p><p>del hombre es haber nacido,</p><p>que el optimismo de <strong>Muñoz Seca</strong>?</p><p>—Tus preguntas no me extrañan nada. Eres un verdadero poeta que en todo momento po­nes la llaga en el dedo. Te contesto con verda­dera sinceridad, con simpleza, y si no acierto, si balbuceo, solo es por ignorancia.</p><p>Las plumas de tu salvajismo son plumas de ángel y detrás del tambor que lleva el ritmo de tu danza macabra hay una lira rosa de las que pintaron los primitivos italianos. El optimismo es propio de las almas que tienen una sola di­mensión; de las que no ven el torrente de lágri­mas que nos rodea, producido por cosas que tienen remedio.</p><p>—Sensible y humano poeta Lorca: sigamos ha­blando de cosas del más allá. Soy repetidor del mis­mo tema, porque también el tema se repite él mismo. A los creyentes que creen en una futura vida, ¿les puede alegrar encontrarse en un país de almas que no tengan labios carnales para poder besar? ¿No es mejor el silencio de la nada?</p><p>—Bonísimo y atormentado Bagaría: ¿no sa­bes que la Iglesia habla de la resurrección de la carne como el gran premio a sus fieles? El pro­feta Isaías lo dice en un versículo tremendo: «Se regocijarán en el Señor los huesos abatidos.» Y yo vi en el cementerio de San Martín una lápida en una tumba ya vacía, lápida que colgaba como un diente de vieja del muro destrozado, que decía así: «Aquí espera la resurrección de la carne D. Micaela Gómez.» Una idea se expre­sa y es posible porque tenemos cabeza y mano. Las criaturas no quieren ser sombras.</p><p>— ¿Tú crees que fue un momento acertado devol­ver las llaves de tu tierra granadina?</p><p>—Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astrono­mía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad po­bre, acobardada; a una «tierra del chavico» donde se agita actualmente la peor burguesía de España</p><p>— ¿No crees, Federico, que la patria no es nada, que las fronteras están llamadas a desaparecer? ¿Por qué un español malo tiene que ser más hermano nuestro que un chino bueno?</p><p>—Yo soy español integral, y me sería imposi­ble vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la mé­dula; pero antes que esto soy hombre del mun­do y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.</p><p>Amigo Bagaría, no siempre los interviuvadores van a preguntar. Creo que también tienen derecho los interviuvados. ¿A qué responde esta ansia, esta sed de más allá que te persigue? ¿Tienes verdaderamente deseos de sobrevivirte? ¿No crees que esto está ya resuelto y que el hombre no puede hacer nada con fe o sin ella?</p><p>—Conformes, desgraciadamente conformes. Y yo soy en el fondo un descreído hambriento de creer. Es tan trágicamente doloroso el desaparecer para siempre. ¡Salud, labios de mujer, vaso del buen vino que supiste hacer olvidar la trágica verdad; paisaje, luz que hiciste olvidar la sombra! En el trágico fin, solo desearía una perduración: que mi cuerpo fuera ente­rrado en una huerta; que, por lo menos, mi más allá fuese un más allá de abono.</p><p>— ¿Me quieres decir por qué tienen cara de rana todos los políticos que caricaturizas?</p><p>—Porque la mayoría vive en las charcas.</p><p>— ¿En qué prado corta <strong>Romanones </strong>las inefa­bles margaritas de su nariz?</p><p>—Querido poeta: aludes a una de las cosas que llegan más al fondo de mi alma. ¡Nariz de Romano­nes, excelsa nariz! La de Cyrano era una nariz des­aparecida al lado de la nariz de mis amores. <strong>Rostand </strong>gozó menos que yo con la mía. ¡Oh <em>panneaux</em> para mis visiones decorativas! Mis margaritas se fueron cuando las entregaron en una solitaria estación cami­no de Fontainebleau.</p><p>—Nunca te habrán preguntado, porque ya no es moda, cuál es tu flor preferida. Como yo ahora he estudiado el lenguaje de las flores te pregunto: ¿cuál es la flor que prefieres? ¿Te la has puesto alguna vez en la solapa?</p><p>—Querido amigo, ¿es que piensas dar conferencias como <strong>García Sanchiz</strong> para preguntar esas cosas?</p><p>—¡¡Dios me libre!! No aspiro a tocar mal el violoncelo. ¿A qué responde, querido Bagaría, el sentimiento humano que imprimes a los ani­males que pintas?</p><p>—Querido Lorca: según los católicos, los animales no tienen alma; tan solo algunos animales enchufis­tas, como el perro de San Roque, el cerdo de San Antón, el gallo de San Pedro y el palomo de la divi­na carpintería; y yo he mirado de dar humanidad a los animales sin padrinos, dignificarlos con mi lápiz, para que sirvan de contraste con los hombres de ani­malidad pura. Querido Lorca: te voy a preguntar por las dos cosas que creo tienen más valor en España: el canto gitano y el toreo. Al canto gitano, el único defecto que lo encuentro es que en sus versos se acuerdan de la madre; y al padre, que lo parta un rayo. Y eso me parece una injusticia. Bromas aparte, creo que este canto es el gran valor de nuestra tierra.</p><p>—Muy poca gente conoce el canto gitano, porque lo que se da frecuentemente en los ta­blados es el llamado flamenco, que es una dege­neración de aquél. No cabe en este diálogo de­cir nada, porque sería demasiado extenso y poco periodístico. En cuanto a lo que tú dices, con gracia, de que los gitanos solo se acuerdan de su madre, tienes cierta razón, ya que ellos viven un régimen de matriarcado, y los padres no son tales padres, sino que son siempre y viven como hijos de sus madres. De todos modos, hay en la poesía popular gitana admirables poemas dedi­cados al sentimiento paternal, pero son los me­nos. El otro gran tema porque me preguntas, el toreo, es probablemente la riqueza poética y vi­tal mayor de España, increíblemente desaprove­chada por los escritores y artistas, debido prin­cipalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo; es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y sus mejores bilis. Es el único sitio donde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza. ¿Qué sería de la primavera española, de nuestra sangre y de nues­tra lengua, si dejaran de sonar los clarines dra­máticos de la corrida? Por temperamento y por gusto poético, soy profundo admirador de Belmonte.</p><p>— ¿Qué poetas te gustan más de la actualidad es­pañola?</p><p>—Hay dos maestros: <strong>Antonio Machado</strong> y <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>. El primero, en un plano puro de serenidad y perfección poética; poeta humano y celeste, evadido ya de toda lucha, dueño absoluto de su prodigioso mundo inte­rior. El segundo, gran poeta, turbado por una terrible exaltación de su yo, lacerado por la rea­lidad que lo circunda, increíblemente mordido por cosas insignificantes, con los oídos puestos en el mundo, verdaderamente enemigo de su maravillosa y única alma de poeta.</p><p>Adiós, Bagaría. Cuando te vuelvas a tus cho­zas con las flores, las fieras y los torrentes, diles a tus compañeros salvajes que no se fíen de via­jes de ida y vuelta reducidos y que no vengan a nuestras ciudades; a las fieras que tú has pinta­do con ternura franciscana, que no tengan un momento de locura y se hagan animales domés­ticos; y a las flores, que no galleen demasiado su hermosura, porque les pondrán esposas y las harán vivir sobre los vientos corrompidos de los muertos.</p><p>—Tienes razón, poeta. Vuelvo a mi selva, a rugir con mis rugidos más amables que las bellas palabras de los amigos, que a veces son blasfemias en baja voz. </p><p><em>—Bagaría, 1936.</em></p><p>   <span id="ftn1"></span>1. Publicada en <em>El Sol</em><strong>,</strong> Madrid, 10 junio 1936. Reproducida en M. Laffranque, «Nouveaux textes...”, <em>cit.,</em> <em>OC</em> III, pp. 680-685 y <em>Prosa </em>pp. 634-639, cuyo texto seguimos.</p><p><span id="ftn2"></span>2.  El periodista y humorista gráfico Luis Bagaría abrió con esta entrevista una serie de tres «Diálogos de un caricaturista salvaje»; los siguientes fueron con <strong>A. Rodríguez Castelao</strong> y <strong>G. Aloma</strong>r (cf. A. Elorza, <em>Luis Bagaría, el humor y la política,</em> <em>op.cit.</em>). Por parte de Lorca se conserva una carta a <strong>Adolfo Salazar</strong>, crítico musical de <em>El Sol</em> y amigo, datable a principios de junio, donde le ruega quitar de la entrevista una pregunta y una respuesta «sobre el fascio y el comunismo que me parece indiscreta en este preciso momento, y además está ya contestada antes». García Lorca, Federico. <em>Epistolario completo </em>cit.  pp. 823-824. (<em>Trece de nieve,</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>núms. 1-2, segunda época, diciembre 1976, pp. 51-54).</p><p>3. Alusión a la despedida de Romanones y la reina, en la estación de El Escorial, el 15 de abril de 1931, con rumbo a Fontainebleau, para donde había salido el rey la víspera.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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