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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 95]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-95/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 95]]></description>
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      <title><![CDATA[Moby Dick]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/moby-dick_1_1203136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb055c58-63c6-40f8-9b34-b784461a7a34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Moby Dick"></p><p> <strong>Moby Dick</strong></p><p>¿Por qué nos embarcamos?</p><p>¿por qué abandonamos este refugio y su somnolencia?</p><p>las latas de conserva, la monotonía de los relatos de náufragos…</p><p>Hemos escuchado tantos cada noche y cada mañana</p><p>que aceptamos el naufragio y nos aburre el rescate.</p><p>Anoche por fin se ahogaron dos de ellos. Muertos sin remedio.</p><p>¿Pero, por qué nos embarcamos?</p><p>No tenemos ya nada invisible, por eso no tenemos dios.</p><p>Un dios visible no es dios.</p><p>Mi profesora de arte diría que zarpamos por un contrato estético.</p><p>Repetía la cita de “Diarios indios”</p><p>y se untaba el rostro con lo indescifrable.</p><p>Diría: “entre lo que es y lo que parece decir que no es</p><p>está la obra de arte”.</p><p>Sin embargo en este mar hay ballenas,</p><p>“Moby Dick no es una alegoría”, brama Melville.</p><p>Aquí hay brea, frío, chubasqueros.</p><p>Insomnio, astillas y arpilleras.</p><p>¿Por qué nos embarcamos entonces?</p><p>¿de dónde surge la energía oscura que nos impulsa?</p><p>¿la energía sin luz, sin ayer, sin invisible?</p><p>¿para qué nos embarcamos?</p><p>¿para regresar al destello, al espejismo?</p><p>¿para naufragar de una vez y que el cuento</p><p>hable otra vez, esta noche de nosotros? </p><p>De <em>El sentido infalible de Pierre Menard </em>(2017)</p><p><em>*Miguel Bregovic es el seudónimo poético del periodista Miguel Ángel Hoyos. Su último libro, </em><strong>Miguel Bregovic</strong><a href="http://yalodijocasimiroparker.com/es/novedades/el-sentido-infalible-de-pierre-menard.html" target="_blank">El sentido infalible de Pierre Menard</a><em> (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Bregovic]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Moby Dick]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Más cuchillos que espadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuchillos-espadas_1_1150443.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/edb83534-82d9-4543-b18f-22b0f2abca44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más cuchillos que espadas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p><em>Última frontera</em>, del debutante <strong>Juan Luis Pulido</strong> (jurista y decano de la Facultad de Trabajo en la Universidad de Cádiz), es un el último libro leído por el club de lectura Mardeleva de Sanlúcar de Barrameda. La novela, de 387 páginas, está editado por la Editorial Dalya del vecino San Fernando. Está estructurado en cuatro partes y cada parte consta de varios capítulos todos ellos titulados  y aunque novelado, presenta un gran rigor histórico que hace verosímil toda la novela.</p><p>Tanto el título del libro como la ilustración de la portada nos llevan al universo medieval de una pequeña zona de la Baja Andalucía, que prácticamente se corresponde con parte de la provincia actual de Cádiz, donde las relaciones entre el señor y vasallo era de dependencia mutua y la guerra no se daba en campo abierto, sino que era un continuo sobresalto de cabalgadas que se entrecruzaban entre los pobladores de ambos lados de la frontera, robando, arrasando y cogiendo a las personas como esclavos, canalizando al mercado todos estos productos y personas de la rapiña, que normalizaban el oficio de las armas como su modo de vida. Esta actividad no solo se consideraba de tipo político, sino más bien era una actividad económica, donde al no poderse labrar las tierras en este espacio fronterizo, el negocio era el robo de ganadería y el saqueo del enemigo, cuyos beneficios tenían que repartir con el rey, el señor y los caballeros de las cabalgadas, siendo los peones los que si sobraba algo, se les daba y si no pues a esperar otra expedición.</p><p>  </p><p>El protagonista de la obra es Pedro, un chico huérfano de 14 años, que es recogido en un convento de Córdoba donde al menos tenía comida y paz, pero que a la llamada de don Enrique Yáñez y promesa de mejor vida en la Banda Morisca, decide salir de Córdoba para servir al Señor de Marchena, don<strong> Juan Ponce de León</strong>, y para poblar las tierras de su señorío, cercanas a la frontera de poniente con el Reino de Granada.</p><p>Con el sueño de tener propiedades, tan importantes como disponer de un caballo y de algún esclavo, lo abandona todo para dirigirse con la recua hacia Arcos y de allí a la fortaleza de Aznalmara, que todavía sus ruinas pueden ser observadas entre El Bosque y Benaocaz. Empieza así una vida llena de altibajos y desventuras. Defendía esta fortaleza viviendo como un animal acosado, respirando para vivir un día más, esquivando la muerte cada día,hasta que es hecho esclavo por los moros, y decide convertirse al Islam para sobrevivir, procurando adaptarse a sus leyes y costumbres, viviendo como renegado bajo la fusta del pirata Mansur.</p><p>A partir de la segunda parte, la acción transcurre en el territorio de los <strong>Guzmanes</strong>, administrado con sentido de la unidad, donde la reputación de la estirpe se ve favorecida por las concesiones y privilegios que la dinastía de los <strong>Trastámara </strong>otorgan como prueba de su generosidad a los que tan fielmente les sirven en esta guerra.</p><p>En esta franja hostil se moverá Pedro de Córdoba desde sus inicios, atacando y acosando al enemigo, pasándose de un bando a otro, con largos procesos inquisitoriales, cuando las circunstancias se presentaban y sobreviviendo milagrosamente a los peligros que le acechaban. En la página 353 aparece un perfil que define muy bien al personaje: “La espada era arma propia de caballeros, que la usaban desde zagales, y él, Pedro, el villano, el montaraz, adalid de la frontera y corsario de fortuna, resultaba más peligroso con el cuchillo o la maza…”. No hay que olvidar que estamos a mediados del siglo XV, donde el centro del universo cristiano era Dios, un Dios justiciero y cruel que abandonaba a los suyos a su suerte, y que solamente logran redimirse, en escasos momentos, gracias al amor, que la mayoría de las veces también es desgraciado.</p><p>En esta clave nos sitúa Juan Luis Pulido, en un determinado mundo cultural, donde de una manera arbitraria el ser humano actúa y da forma a una realidad ideológica y de supervivencia. En esta frontera geográfica, cultural y humana, durante siglos se desarrolló un cruel enfrentamiento, no solo bélico, sino de orden sociocultural que fue formando el espíritu de aquellos antepasados que tuvieron que vivir obligatoriamente entre religiones y culturas antagónicas.</p><p>No es un libro de historia, es una novela, pero utiliza un telón de fondo histórico de cinco años de investigación por archivos y bibliotecas, que luego emplea según sus necesidades literarias, bajo un relato de ficción, sustentado en la imaginación y la recreación en un momento concreto de la historia. Pero se intuye que las crónicas cristianas, procesos, etc. que forman parte del relato, están documentados en hechos reales.</p><p>Las componentes del Club de Lectura Mardeleva de Sanlúcarde Barrameda hemos devorado el libro que nos ha hecho avanzar en la acción a través de una prosa perfecta con un dinamismo estilístico emocionante y sorprendente, mientra va describiendo paisajes naturales y físicos a través de rincones de la sierra y mar de la nuestra provincia, que han despertado el deseo en nosotras de volver a visitarlos, eso sí, ahora con una nueva visión, la visión de la historia, que ya sea ficción o realidad lo leído, hay suficientes ejemplos que nos muestran y eso es lo que hemos aprendido, un mundo fronterizo, plagado de aventureros, almogávares, adalides, alfaqueques, nobles, villanos, piratas, tornadizos, arrepentidos, unidos por un destino común, donde la voluntad del poder los encadena a un destino trágico, suavizado a veces por espacios de tiempo corto, en el que el amor, o algo parecido, hace respirar algo de paz al protagonista.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ifigenia Bueno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Más cuchillos que espadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/casa_1_1150438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab34e505-470b-43a2-9080-52dc267e5fa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En casa"></p><p><em>Miguel García Sánchez, de la librería Antonio Machado, en Madrid, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________</p><p>  <strong>Antes, desde y después del cubismoMaría Dolores Jiménez BlancoAntonio MachadoMadrid2017</strong><em>Antes, desde y después del cubismo</em></p><p>  </p><p><em>Antes, desde y después del cubismo. Picasso, Gris, Blanchard, Gargallo y González, y vuelta a Picasso estudia la trama del arte contemporáneo que tiene en estos artistas sus ejes principales. La influencia de Picasso, la precisa originalidad de Juan Gris, capaz de dar nueva forma al cubismo y hacer de él un movimiento clásico, su relación con María Blanchard, la creación de la escultura moderna en hierro en la obra de Pablo Gargallo, Julio González y el propio Picasso, son los temas que perfilan esa trama, un momento fundamental para el desarrollo de la historia del arte occidental.  Cambio de siglo, República y exilioJaime BrihuegaAntonio MachadoMadrid2017  Cambio de siglo, República y exilio. Arte del siglo XX en España reúne un conjunto de trabajos en los que se analiza la paradójica trayectoria del arte de nuestro país, el movimiento de los artistas de vanguardia en el interior, la importancia de los que, en el exterior, protagonizan la historia del arte contemporáneo, los cambios habidos con la IIª República y las funestas "consecuencias" de la Guerra Civil y el exilio. Brihuega traza el perfil de una época azarosa y extrema para la historia de nuestras artes visuales y, en general, para nuestra cultura.  Un asombroso inviernoJoan MargaritVisorMadrid2017  Cuando se vive el invierno de la vida, la mirada del poeta contempla no solo el paso del tiempo, sino también el paso de la historia. Los mundos desaparecidos nos obligan a buscar la identidad en la memoria, pero también a tomar conciencia del significado del presente: un asombroso invierno nos habla de esta tensión ética entre el ayer y el hoy cuando el futuro deja de tener peso en las preguntas más personales sobre el tiempo y la historia necesita encontrar su sentido en la memoria.  BeethovenJan SwaffordTraducción de Juan LucasAcantiladoBarcelona2017Beethoven, el genio romántico, hombre atormentado y fascinante capaz de componer las piezas más sublimes, vivió su tiempo con extraordinaria intensidad. Jan Swafford recrea de manera amena y profunda la vida del hombre, del compositor y del genio. Un libro hermoso, convertido ya en una obra de referencia.*Puedes encontrar la Librería Antonio Machado en la Calle de Fernando VI, 17, de Madrid, o en su página web.#dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong>Picasso</strong><strong>Gris</strong><strong>Blanchard</strong><strong>Gargallo </strong><strong>González</strong><strong>Picasso</strong><strong>María Blanchard</strong></p><p><strong>Cambio de siglo, República y exilioJaime BrihuegaAntonio MachadoMadrid2017</strong><em>Cambio de siglo, República y exilio</em></p><p><em>Cambio de siglo, República y exilio</em><em>Arte del siglo XX en España</em><strong>Brihuega </strong></p><p><strong>Un asombroso inviernoJoan MargaritVisorMadrid2017</strong><em>Un asombroso invierno</em></p><p><strong>BeethovenJan SwaffordTraducción de Juan LucasAcantiladoBarcelona2017</strong><em>Beethoven</em></p><p><strong>Beethoven</strong><strong>Jan Swafford</strong></p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Antonio Machado en la Calle de Fernando VI, 17, de Madrid, o en su página web.</em><strong>Librería Antonio Machado</strong><a href="http://www.machadolibros.com/" target="_blank">página web</a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel García Sánchez (Librería Machado)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Bajo el signo de Safo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/signo-safo_1_1150436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ee7a75-e291-4d7e-8d95-2fd255fd698d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bajo el signo de Safo"></p><p><strong>La ética del fragmentoLuis ArtiguePre-TextosValencia2017</strong><em>La ética del fragmento</em></p><p>  </p><p>En 2004 publicó <strong>Aurora Luque</strong> su excelsa traducción de los poemas de <strong>Safo</strong>, proponiendo su involuntaria modernidad debida al estado fragmentario en que sus textos han llegado hasta nosotros. La idea cautivó a <strong>Luis Artigue</strong>, rendido ante la diosa de Lesbos, diosa por el culto que le profesa y del que da cuenta este poemario, <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1790" target="_blank">La ética del fragmento</a>, título expresivo de un poemario brillante y osado. En él se perciben muchos signos de la poética de Artigue: el ritmo disidente, heterodoxo, ajeno a pautas métricas convencionales, el jazz como modelo de ritmo roto, la atracción por lo fragmentario, por más que los poemas propendan a la expansión y la extensión, porque Artigue es pródigo de versos, de ideas y golpes de efecto. Se acoge a la cita de <strong>Jean Cohen</strong>, que ve en Safo la "involuntaria fundadora de un nuevo concepto verso-musical".</p><p>El poemario brota bajo el signo de Safo. La conoció, señala un poema, en un momento delicado de la vida. Leer a Safo supuso un "intercambio de soledades.../ y maneras de soñar". Uno de los poemas pretende ser una de las respuestas emocionales "a la situación irracional / en la que se convirtió mi existencia". La sintonía vital y poética con Safo lleva al poeta de hoy a practicar en un poema el fragmento, "el dinamismo que emana de la incompletud".</p><p>El poemario se ordena en tres secciones. La primera se centra en la poetisa griega, que, en todo caso, recorre transversalmente todo el poemario. Safo impregna la idea misma del poemario, es su razón de ser. Como dice un poema, es presencia que todavía late. Y lo hace desde el verso apasionado de Artigue. La segunda parte se ubica en el loco París de los años veinte, en las mujeres rebeldes, glamurosas, heterodoxas, transgresoras, reencarnaciones de Safo, como <strong>Colette</strong>, <strong>Tamara de Lempicka</strong>, <strong>Djuna Barnes</strong> y un largo etcétera; todas ellas hicieron de la mujer su eje vital y literario. La sección última apunta al "hombre de cristal", el hombre nuevo que armonice con el nuevo tipo de mujer que aquellas representan. No hay espacio para más, porque quiero resaltar la capacidad de Artigue para acompasar la pasión y la lucidez, el conocimiento y el delirio. Debería destacar la brillantez en la adjetivación, los juegos fónicos y verbales, el moderado culturalismo y, finalmente los títulos, siempre sorpresivos y algunos de ellos muy largos, un sello personal, una impronta propia, singular y distintiva. Forman parte de los innumerables efectos-sorpresa que el poeta nos depara.</p><p><em>*José Enrique Martínez es crítico literario y profesor de literatura.</em><strong>José Enrique Martínez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Enrique Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[Aforismos para andar en la niebla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aforismos-andar-niebla_1_1150434.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/100784bd-4c7a-40e7-8f5d-b7370a99a999_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Aforismos para andar en la niebla"></p><p><strong>Andar en la nieblaRicardo de la FuenteCuadernos del VigíaGranada2017</strong><em>Andar en la niebla</em></p><p>  </p><p>El aforismo ha sido hasta ahora un género minoritario que parece verse impulsado por las redes y que va consiguiendo cierto prestigio y notoriedad. Pero es extraño que un libro de aforismos se agote y la editorial tenga que hacer una segunda impresión del mismo, máxime cuando el aforista es un desconocido. Es lo que ha pasado con <strong>Ricardo de la Fuente </strong>(Sacramenia, Segovia 1956) y su libro <a href="http://cuadernosdelvigia.com/andar-en-la-niebla-ricardo-de-la-fuente/" target="_blank"><em>Andar en la niebla</em></a><em>,</em> ganador del IV Premio Internacional José Bergamín de Aforismos y publicado por la editorial Cuadernos del Vigía, convocante del premio. Pero más extraño es aún si tenemos en cuenta que Ricardo de la Fuente era, hasta el momento, un desconocido en la literatura, aunque  sí un científico: catedrático de Sanidad Animal en la facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, con estudios de posdoctorado en Múnich y Cambridge.</p><p>Este autor de más de un centenar de trabajos científicos sobre enfermedades infecciosas y microbiología veterinarias, ha ido recogiendo, más bien diseccionando, aspectos de la realidad hasta  que se presentó al concurso. Y así, el aforismo, género caracterizado por su brevedad, pero que necesita de cierta madurez y experiencia, tiene ahora un nuevo cultivador que se ha movido en este libro entre la observación de la vida y la ciencia, entre la filosofía y el microscopio, y ha  machihembrado ambos aspectos, lo mismo que otros lo han hecho con la poesía y lo han llamado aforema. Aunque en su caso hay algunos de los aforismos que, a mi parecer, rayan el microrrelato: “Era tan dogmático que criticaba a los pájaros por irse por las ramas”, o “Destituyó a la almohada por mala consejera”, o “No salía de sus creencias por miedo a no saber volver”. </p><p>La primera parte del libro, titulada“Virutas"<strong>,</strong> está compuesta de 86 aforismos que, como su nombre indica, juega con sentimientos humanos variados:</p><p>  </p><p>También entre ellos se encuentra el que da título al libro: “Andar en la niebla agudiza la vista”.</p><p>La segunda parte,<strong> </strong>“Pasar páginas”, está compuesto de 66 aforismos relacionados con la pasión por la lectura:</p><p>  </p><p>O estos otros, fuera ya del guiño, que entrañan edad y sabiduría:</p><p>  </p><p>En este apartado, cómo no, se encuentra también la definición sobre el aforismo que da el autor: “Aforista: olfato de cazador, paciencia de pescador”.</p><p>El tercer apartado, “Estar a las dudas”,<strong> </strong>consta de 72 aforismos relacionados con la duda del vivir:</p><p>  </p><p>En algunos la influencia de la profesión está presente:</p><p>  </p><p>El último apartado, “Egometría”, está compuesto de 51 aforismos y suponen una mirada introspectiva, autocrítica y llena de humor, elemento éste presente también, como se puede comprobar, en el resto de los apartados:</p><p>  </p><p>Casi todos son aforismos cortos, como podréis comprobar, de no más de una línea o dos, pero que demuestran haber pensado mucho, haber condensado mucho y haber desechado otros tantos que los que aquí se presentan. Esto es una condensación de pensamiento humano, humorístico y universal, que a mí me ha hecho volver a ellos más de una vez para saborearlos a fondo. He pasado buenos ratos leyéndolos, así que ¡os aproveche!</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aforismos para andar en la niebla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cristales y puertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cristales-puertos_1_1150428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7c4d3d5d-8f67-40f4-8263-34f3c6282526_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De cristales y puertos"></p><p><strong>Cantos de muchos puertosMercedes PintoTorremozasMadrid2017Cristales míosMaría CegarraTorremozasMadrid2017</strong><em>Cantos de muchos puertos</em></p><p><em>Cristales míos</em></p><p>La Editorial Torremozas continúa con su labor de recuperación de obras publicadas a finales del siglo XX por poetas españolas que, en su momento, tuvieron cierta relevancia en el campo cultural nacional y transatlántico, dentro del periodo conocido como Edad de Plata. Pese al olvido al que han sido relegadas muchas de sus protagonistas, recientemente se están llevando a cabo empresas culturales cuyo fin es reivindicar sus voces.</p><p><strong>Fran Garcerá</strong>, especialista en poesía escrita por mujeres en la etapa antes referida, se ocupó en 2016 de la edición de <em>Pez en la tierra</em> (1932), libro de poemas de <strong>Margarita Ferreras</strong> editado por primera vez en la imprenta de <strong>Manuel Altolaguirre</strong> y <strong>Concha Méndez</strong>, y este año ha hecho lo mismo con <em>Canto de muchos puertos</em> (1931), de <strong>Mercedes Pinto</strong>, y con <em>Cristales míos</em> (1935), de <strong>María Cegarra Salcedo</strong>. Se trata, en los casos de Pinto y Cegarra, de dos ediciones en cuyos títulos se entreveran las coordenadas a través de las cuales discurrirán los motivos poéticos cultivados por las autoras. Los prólogos, al contrario de lo que suele ser habitual, no ejercen de paratextos con fines comerciales, sino que son necesarios, en el sentido de que, sin ellos, poco sabríamos de unos nombres que hoy resultan prácticamente desconocidos. Mercedes Pinto se exilió de España durante la dictadura de <strong>Primo de Rivera</strong> (pronunció un discurso titulado “El divorcio como medida higiénica” en la Universidad Central, que generó controversia) y vivió nómada entre diversos países hispanoamericanos; María Cegarra permaneció en La Unión (Murcia) toda su vida, declinando las varias invitaciones que su amiga la escritora <strong>Carmen Conde </strong>le hizo para que se mudara a Madrid con el fin de dejar su trabajo como auxiliar de Física y Química en la Escuela Superior de Trabajo de Cartagena y dedicarse por completo a su carrera literaria.</p><p>El relato de la vida de Mercedes Pinto que nos ofrece Fran Garcerá, acompañado por un anexo fotográfico en el que se establecen algunas redes culturales, es apasionante, y gracias a su lectura es posible hallar las huellas de las vicisitudes que sufrió la poeta a lo largo de los 27 textos que componen el volumen. <em>Canto de muchos puertos</em> es un libro cuyos poemas construyen una biografía física y sentimental. En muchos se indica la ciudad de su escritura, adenda a veces metafórica: “En el Puerto del destino…”, “En el Puerto de una emoción…”, etc., y la mayoría habla del viaje, con un estilo que entronca con la tradición de poetas coetáneas como <strong>Concha Espina</strong>. El poema que abre el libro, “Éxodo”, es un lamento por sus circunstancias particulares, tanto por inestabilidad geográfica como por el fallecimiento de su hijo mayor, o sea, “el viento feroz de la desgracia” para ella. El tono va ganando en optimismo progresivamente. Por ejemplo, “Patria” es un alegato a la valentía por encarar las mudanzas, en detrimento de la queja por alejarse cada vez más de su Canarias natal (“La patria es la que tiende / la mano al caminante”), motivo recurrente que aparece en abundantes poetas, como <strong>Félix Grande</strong>, quien sentenció en <em>Las rubáiyátas de Horacio Martín </em>de manera similar: “yo no he llamado patria más que a ti y al idioma”. Hay poemas algo melodramáticos, como “El emigrante”, con cierta recurrencia a la exclamación, pero también hay piezas ligadas a la métrica clásica muy logradas.</p><p>  </p><p>A <em>Cristales míos</em> lo precede un prólogo de <strong>Ernesto Giménez Caballero</strong> —sorprende que no se indique en la cubierta— en el que habla de su vinculación con La Unión, de su amistad con María Cegarra, y en el que se esbozan los rasgos de los poemas, que clasifica como <em>epigramas clásicos</em>. El libro está compuesto por un conjunto de poemas y aforismos (“La imaginación es el boceto de una ignorancia”) y las, a mi parecer, más interesantes partes “Poemas de laboratorio” y “Otros cristales”, además de un dossier con fotografías de la autora. “Otros cristales” es un anexo que recopila imágenes de poemas manuscritos entre 1932 y 1935, con su correspondiente transcripción. Pertenecen al archivo personal de Carmen Conde, hoy conservado y catalogado en el Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver (Cartagena, Murcia). El valor de la poesía de Cegarra reside en que nos ofrece un código lingüístico muy personal, fruto del esfuerzo por hacer de un léxico tan denotativo como el científico un florilegio de connotaciones que buscan la <em>poiesis</em> y la abstracción (“La química lo afirma; pero se engaña. No existe la saturación”, por ejemplo).</p><p>Dos poetas, Mercedes Pinto, viajera y republicana; María Cegarra, arraigada a su tierra y conservadora, que tienen en común un interés por la poesía, quizá “para ver en la llama la luz, negar la gravedad, y crear para creer”, como decía Cegarra en un texto suyo, en un contexto sociocultural que hacía complicadas las trayectorias literarias de las mujeres. Y, en fin, cabe preguntarse, citando a Cegarra si acaso “¿Es más fuerte el silencio que la voz?”.</p><p><em>*Sofía González Gómez es escritora e investigadora predoctoral en el CCHS-CSIC. </em><strong>Sofía González Gómez </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sofía González Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De cristales y puertos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Feminismo,Poesía,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: la poesía de Rosario Catellanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-poesia-rosario-catellanos_1_1150425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5cbc9018-9bbb-4d5f-a6bd-70f9e5187ed0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: la poesía de Rosario Catellanos"></p><p><strong>Antología poéticaRosario CastellanosPrólogo de José Emilio PachecoSelección de Jesús García SánchezVisorMadrid2017</strong><em>Antología poética</em></p><p>Muchos lectores españoles conocimos a la mexicana <strong>Rosario Castellanos</strong> (1925-1974) gracias a la antología <em>Juegos de inteligencia</em> (Renacimiento, 2011), compilada por <strong>Amalia Bautista</strong>. La que ahora publica Visor, con selección de <strong>Jesús García Sánchez</strong> y precedida por un certero texto de <strong>José Emilio Pacheco</strong> escrito a raíz de la muerte de la poeta, puede considerarse complementaria de la anterior. Coinciden ambas, en efecto, en muy pocos poemas; y puede decirse que la más reciente ofrece una lectura de esta singular poeta mexicana bastante alejada de la que proponía Amalia Bautista: si en esta tenían especial protagonismo los poemas breves de tono conversacional (“Porque éramos amigos y, a ratos nos amábamos, / quizá para añadir otro interés […] / decidimos jugar juegos de inteligencia”), en la de García Sánchez estos prácticamente brillan por su ausencia –desmintiendo, quizá, la reivindicación que Pacheco hace del designio “realista” que gobierna la poesía de su compatriota–, en beneficio de los de carácter reflexivo y filosófico, más largos y complejos, y también por ello más dados a la abstracción o la elevación conceptual y carentes, por tanto, del tono confidencial y la nota de cercanía que sorprendieron en la otra selección.</p><p>En cualquier caso, Rosario Castellanos es una excelente poeta en ambos registros y sería absurdo prescindir de cualquiera de ellos a la hora de caracterizar la intención y alcance de su obra. Es significativo, por ello, que ambas antologías coincidan en incluir “Lamentación de Dido”, un espléndido monólogo en el que se aúnan la maestría de la poeta para incluir precisos detalles circunstanciales  (“De mi  madre […] heredé oficios varios: cardadora de lana, escogedora del fruto que ilustra la estación / y su clima, / despabiladora de lámparas”) y su capacidad para la elevación retórica sostenida por una emoción de noble cuño (“He aquí que al volver ya no me reconozco. Llego a mi casa y la encuentro arrasada por las furias. Ando por los caminos sin más vestidura para cubrirme que el velo arrebatado a la vergüenza…”).</p><p>Cercanos a este monólogo pueden considerarse los dos grandes poemas dramáticos que también incluye la antología de Visor: “Salomé” y “Judith”. Como en el anterior, también en estos las figuras nominales, extraídas de la tradición literaria o bíblica, no son sino trasuntos de una voz intemporal de mujer en la que cabe reconocer, no solo el mundo sentimental de la autora y su lúcida conciencia de desengaño, sino también la imbricación de ese sentimiento en una mucho más amplia conciencia general de desamparo e injusticia, que encuentra en las mujeres su más claro exponente.</p><p>Tal es el peculiar feminismo de esta grandísima poeta que, en “El retorno”, el también señero poema que cierra esta selección, se declara emancipada del peso de la tradición y de las convenciones sociales y religiosas: “Si necesito justificaciones / para estar, para hacer / y sobre todo, para no borrarme / (que sería lo lógico siguiendo las premisas) / habrá que conseguirlas de otro modo”.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://laisladesiltola.es/coleccion/arrecifes/nosotros-los-de-entonces/" target="_blank">Nosotros los de entonces</a><em> (La Isla de Siltolá, 2015) y </em><a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/efemera_3549" target="_blank">Efémera</a><em>(Takara, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: la poesía de Rosario Catellanos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cobardía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cobardia_1_1150422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1ef3d16e-49f7-429a-b25d-aa894590c37a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cobardía"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge tres textos del escritor cordobés Manuel Moyano.</em></p><p>___________________________________ </p><p><strong>Cobardía  </strong></p><p>Multiplicado su poder gracias a la prensa, el asesino hizo publicar un comunicado donde exigía a todos los ciudadanos tatuarse en la frente una flor de lis ―el mismo símbolo que había grabado a navaja sobre la piel de sus catorce víctimas―; quien no acatase tal orden se vería expuesto a su ira. No todos accedimos de buenas a primeras, por supuesto. Sin embargo, tras saberse que sus cuatro siguientes víctimas se contaban entre los remisos a tatuarse la flor, pocos seguimos resistiéndonos. Los forasteros que visitan ahora la ciudad se admiran de ver nuestras frentes extrañamente decoradas. Si nos preguntan el motivo a que obedece tan insólita tradición bajamos la vista, avergonzados, y nos ponemos a hablar del tiempo, o de política, o de cualquier otra minucia que en ese momento se nos pase por la cabeza.</p><p>  <strong>Desmontes y Terraplenes</strong></p><p>Recibe en su casa una invitación de S. M. el Rey para asistir a una cena oficial. Naturalmente, debe de tratarse de un error, puesto que él es un simple oficinista y no guarda la menor relación con la nobleza (su padre, aunque honrado, era un humilde fresador). Sin embargo, tanto su nombre como sus apellidos están escritos de forma bien clara en la tarjeta. Propone a su mujer alquilar trajes de gala y presentarse en el Palacio Real: será divertido ver qué ocurre. El día señalado llegan en taxi y un mayordomo les conduce a presencia del monarca, quien les saluda con afabilidad, como si les hubiera reconocido. Son ubicados ―según establece el protocolo― entre el embajador de Bélgica y el ministro de Comercio. Al principio se sienten cohibidos, pero la oportuna consunción de dos copas de rioja les permite entablar una animada charla con sus vecinos de mesa. Cuando llegan los postres han bebido tanto que el marido, envalentonado, se decide a revelar que son gente común. La mujer, adivinando sus intenciones, le da un puntapié por debajo de la mesa. Esa velada en palacio, que concluye muy tarde, será tan sólo el primero de una serie de afortunados malentendidos. Un año después, mientras jura su cargo como Director General de Desmontes y Terraplenes, el marido aún siente escalofríos al recordar la noche en que, por indiscreción, estuvo a punto de arruinar su carrera política.</p><p>  <strong>La Mano de Dios</strong></p><p>Una parte del cielo se desprendió repentinamente, como un tapiz que se hubiera descolgado, dejando entrever la Nada que se extendía detrás de él (me sorprendió que la Nada fuese de color amarillo). También tuve oportunidad de vislumbrar la Mano de Dios, Quien rápidamente cogió el tapiz de una esquina y lo restituyó a su lugar. Dicen que nadie más en todo el mundo contempló el fenómeno, que ninguna cámara lo registró, pero con eso no lograrán convencerme de que vi una simple aurora boreal. Tampoco me harán creer que he inventado esa alucinación porque no puedo asumir que mi vida sea un completo fracaso.</p><p><strong>*Manuel Moyano</strong> (Córdoba, 1963) reside en Molina de Segura (Murcia). Ha cultivado la narrativa breve, tanto el cuento como el microrrelato (El amigo de Kafka<em>, 2000; </em>El oro celeste<em>, 2003; </em>El experimento Wolberg<em>, 2008; y </em>Teatro de ceniza<em>, 2011), la novela y la literatura de viajes. Sus cuentos y microrrelatos aparecen en las mejores antologías dedicadas al género. Como gestor cultural, organiza el Premio Setenil de narrativa breve. Estos microrrelatos son inéditos.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Moyano]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otro cuento de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuento-navidad_1_1150418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a3add7e8-e468-4e5e-823d-69333f89d608_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otro cuento de Navidad"></p><p><em>(Comienza Manuel Vilas.)</em><strong>Manuel Vilas</strong></p><p>No era un recurso para sentirse menos solo cuando llegaba la noche, en absoluto. Sentía una auténtica fascinación cuando entraba en las páginas web de grandes tiendas que solo vendían por internet. Tenía una gran curiosidad por todas las cosas que el ser humano producía y con las cuales comerciaba a través de sofisticados programas y aplicaciones informáticas. Le fascinaba especialmente Amazon, que consideraba una especie de resumen general de la historia y del mundo. Tal vez el mito de la abundancia inacabable. El mito de El Dorado reinventado. O el mito de la Arcadia. O el mito del Paraíso Terrenal.</p><p>A veces Amazon le defraudaba. Eso ocurría cuando en tiendas de la ciudad encontraba en determinados productos los mismos precios o incluso más baratos que en Amazon. Eso le sumía en un estado de tristeza profunda, y eso le acababa de ocurrir con un pack de agua de colonia para hombre más loción para después del afeitado de Calvin Klein. En las cadenas de Tjmax, en la tienda correspondiente a Iowa City, había encontrado ese pack a 26,99 dólares. El mismo pack estaba en Amazon a 35,99 dólares. Sintió un quebranto especial. Nunca pensó que Amazon le pudiera fallar de esta forma. Era como si le abandonara la mano de su propio padre.</p><p>Estaba en Iowa City con una beca del International Writing Program, una beca de tres meses de duración, tres meses en donde los escritores invitados se dedican a escribir y a acudir a eventos relacionados con la literatura. Había treinta escritores más con él. Aunque hablaba inglés (lo aprendió en Manchester trabajando de camarero) era la primera vez que estaba en Estados Unidos.</p><p>Llevaba un cuaderno, una especie de diario, donde anotaba sus pensamientos. Había anotado esto “en mí la pobreza se acerca tanto al sentimiento de desolación como a la necesidad de fornicar, la necesidad de posesión o de placer, de hacer el amor, aunque no sabría concretar más este ansia”.</p><p>La mañana la pasaba explorando todos los departamentos de Amazon.</p><p>Había contratado el servicio prime de Amazon, y lo había conseguido gratis durante los primeros 30 días. El servicio le aseguraba que la entrega de sus pedidos se producía en 48 horas. Pensó: “48 horas de espera y el mundo es mío”.</p><p>Ayer recibió un paquete. Sintió una gran emoción. El cartero de UPS dejó el paquete en la puerta de la casa. Había pedido seis pares de calcetines de invierno y un reloj Casio cuyo diseño le encantaba. Era un pedido modesto. Los calcetines sumaban 9,99 y el reloj 15,99 dólares. Con las tasas se ponía todo en 29 dólares. Le fastidiaba que los impuestos fuesen siempre aparte, eso oscurecía la oferta. Siempre había que añadir unos cuantos dólares, y la alegría de la oferta disminuía, se hacía imprecisa. Pero era tan bonito el paquete de cartón. Una caja solvente. Con su nombre bien claro. Como vivía en una planta baja, el cartero de UPS dejaba el paquete en la misma calle.</p><p>Pensó en los Reyes Magos de Oriente, en su infancia, en sus padres dejando sus regalos en el árbol de Navidad. Sus fallecidos padres. Se acercaba la Navidad, y todos los compañeros escritores regresaban a sus países para pasar esos días con sus familias. Él pidió alargar su estancia, pasar la Navidad allí, solo, en Iowa, en su pequeño apartamento, esperando paquetes de Amazon. Le concedieron la ampliación de la beca, sin ni siquiera preguntarle la razón.</p><p>Había comenzado a nevar. Menos mal que la puerta de su casa tenía un saliente que impediría, llegado el caso, que la nieve cayera encima de sus deseados paquetes.</p><p><em>(Continúa Use Lahoz.)</em><strong>Use Lahoz</strong></p><p>Sin el resto de escritores, la ausencia de sonidos humanos en la residencia de la Iowa City llegaba a resultarle incómodo durante las mañanas. Aun así, experimentar la soledad matutina en la cocina era un placer. El 23 de diciembre, tras dejar la cafetera en el fuego, se acercó a la entrada y abrió la puerta. Suspiró aliviado al ver los nuevos paquetes de UPS. Antes de agacharse, guiado por la luz intensa del amanecer –esos incipientes rayos que le dañaron la vista—, arrugando los ojos observó con agrado la flotante densidad de la nieve que se extendía a sus pies y cubría toda la calzada. Otro día más sin salir de casa, pensó. Otro día más delante del ordenador combatiendo la tentación de Amazon.</p><p>De nuevo en su cuarto, a buen recaudo y con la taza de café llena, abrió los paquetes haciendo uso de unas tijeras (ya no perdía tiempo haciendo fuerza con las manos para romper el plástico): ahí estaban la crema de manos y los auriculares que compró en la madrugada del día 21, cuando se desveló a las tres de la mañana y acudió a Amazon como quien busca compañía, agradeciendo los inventos de la economía 24/7. Probó los auriculares y olió la crema L'Occitane Karité, tan útil en Iowa. Regalos que llegaban por arte de magia. Regalos que venían de la Arcadia por 19,89 dólares. Sin embargo, pronto le sobraron. Era la reciente visión de la nieve la culpable de que aquellos regalos fueran menos poderosos que la memoria. Porque aquella nieve evocaba navidades pasadas, aquellas de la infancia, las que pasó en Monzón, donde la nieve llegaba puntualmente al inicio del invierno y, lejos de retener a los niños en sus casas, los sacaba de ellas incitándoles al esparcimiento. Reaparecieron las noches de Reyes en que se acostaba soñando con los regalos que traerían esos magos que su padre insistía en que venían de oriente. Entonces todo tenía sentido. Así se vio estrenando una guitarra un lejano 6 de enero, fascinado con aquel instrumento (ah, el olor de la madera barnizada, ¡si aún podría reconocerlo!) que habría venido desde tan lejos en las alforjas de vete a saber qué paje o qué camello. Pero hoy, mientras se lleva la taza a los labios, angustiado por algo que no sabe nombrar, se pregunta: ¿cuántas horas extras tuvo que hacer mi padre en la fábrica para traerme aquella guitarra?, ¿en qué momento pediría permiso al patrón para ausentarse?, ¿en el coche de quién acudiría a la capital para adquirirla?</p><p>Para evitar el avance de unos remordimientos que conoce bien, acude a Amazon, pero se obliga a retenerse. Se levanta y, con la taza en la mano, se acerca al pasillo y aprovecha el vacío de la residencia para caminar a la espera de una coartada que engañe al recuerdo. Hay retratos de escritores que disfrutaron de la beca en años pasados (Anne Provoost, John Lanchester, Niccolo Amanitti). Al pasar por delante de la puerta 11 se acuerda de la escritora belga (o flamenca, según puntualizó ella) que llegó a la casa  después que él y que de buenas a primeras se mostró excesivamente simpática, tan cálida, como si el hecho de compartir oficio diera pie a la confianza. Sandrine quiso que él le explicara el funcionamiento de la casa y, sobre todo, en eso insistió hasta tres veces, de la lavadora y la secadora. Y él accedió –con ese inglés macarrónico que aprendió en Manchester—, como accedió a ir a comer con ella al Joseph Steakhouse pese a que no le apetecía gastar dólares. Sandrine había vuelto a Amberes a pasar las navidades con su marido y sus tres hijos. Y él recordó que aquel día, a la vuelta del restaurante, alguien llamó a su puerta. Al abrir, encontró a quien esperaba y no pudo evitar que su mirada se escurriera hacia las manos de ella, que sujetaban un fardo de ropa.</p><p>—Dijiste que pensabas poner una lavadora esta noche, ¿verdad? —preguntó ella.</p><p>—Sí –logró pronunciar él, entrecortado.</p><p>—¿Podrías lavarme esto con tu ropa, por favor?</p><p>—Claro, claro —¿qué podía decir si no?</p><p>—Gracias —dejó caer ella, estirando la palabra con su sonrisa y levantando la mano en señal de adiós.</p><p>Ahora rememora su impresión al desdoblar el bulto y descubrir una camiseta de tirantes, dos calcetines de rayas y las braguitas azules Wild Rose.</p><p>Sandrine volvería el día 31 por la tarde. Antes de irse le había hecho prometer que cenarían juntos la noche de fin de año. Y él, que no quería pasar la noche de fin de año con nadie porque no había noche que odiara más que aquella, y porque había planeado pasarla rastreando ofertas en Amazon —solo, tranquilo, lo más alejado posible de los recuerdos—, había accedido también.</p><p>Antes de volver a la cocina a por más café, buscó el cuaderno donde iba anotando pensamientos, y con cierta prisa garabateó:  “23 diciembre: Nunca sabemos por dónde viene ni qué forma tiene el riesgo, pero aguardamos su regreso como si fuera necesario”. Al cerrarlo, una vez más se le quedó abierto por la primera pagina, en la que dos años atrás había escrito una única entrada que volvió a leer de nuevo: “Cuando odies a alguien con todas tus fuerzas, recuerda que ese alguien también fue niño y también acabará muerto”.</p><p><em>(Continúa Marcos Giralt Torrente.)</em><strong>Marcos Giralt Torrente</strong></p><p>Y, sin embargo, no pudo evitarlo. Ese mismo 23 de diciembre por la tarde, después de almorzar unos espaguetis con tomate, sentado ante el portátil, dejó de mover el cursor arriba y abajo del documento abierto de su novela y, con el alivio de los vencidos, dio un paso más hacia el precipicio y abrió el navegador de internet. Tecleó en Google monzón, tecleó nieve, tecleó guitarra, tecleó colegio, tecleó padres y, en un tiempo incuantificable, que pudo ser largo o breve, acabó donde quería, de vuelta a su jardín particular a través de un laberinto de banners y enlaces. Porque las derrotas sólo se perdonan si son épicas, esta vez no se quedó corto. Fascinado por su color amarillo, compró una estilográfica de la marca Kaewo a pesar de que odiaba escribir con pluma y de que tenía tanta facilidad para perderlas como los mecheros cuando fumaba; compró un recopilatorio de rancheras de José Alfredo Jiménez que su padre ponía en su cumpleaños; compró un gorro de piel de conejo parecido a uno que le regalaron en su único viaje a Rusia; compró un facsímil de un grabado romántico alemán de una sirena como el que adornaba la pared de su cuarto en Manchester... Si bien seguían siendo adquisiciones modestas, el dinero desembolsado había sufrido un perceptible incremento. También fue consciente de que esta vez no eran caprichos y útiles fácilmente justificables, a los que daría uso, como los auriculares o las cremas, sino que se trataba de algo así como partículas perdidas de sí mismo que ni siquiera estaba seguro de querer recuperar. Su padre celebrando la finura ruda de un verso como “entró borracho el borracho en la cantina”, el frío y la moqueta insalubre de su cuchitril de Manchester, la profesora rusa de español que se le había ofrecido en su propia casa mientras su marido dormía la borrachera en un sofá, los cuadernos de caligrafía que su madre le hacía rellenar con plumilla para corregir su caligrafía torturada por la dislexia... Pensó, primero, en anular los pedidos —estaba a tiempo— y luego se le ocurrió algo mejor: devolverlos, con excusas diversas, no bien llegaran. Los sacaría de sus cajas cuidadosamente, los tocaría, los haría otra vez suyos y a continuación los reintegraría a sus envoltorios y los remitiría a su origen tras cumplir los perceptivos trámites de devolución. Incluso podía poner a Jose Alfredo en Spotify mientras lo hacía. ¿Como no se le había ocurrido antes? En el resumen general de la historia y del mundo que era internet, podía adquirir casi cualquier cosa y luego devolverla, siempre que eligiera comercios fiables y que no los repitiera en exceso. Como mucho, si la mercancía era voluminosa, tendría que pagar el porte de vuelta. Un mero alquiler que estaba dispuesto a abonar si ello le permitía ser dueño durante unas horas de un flipper electrónico como el que tuvo durante unos meses de 1981. O de un abrigo del ejército suizo que había visto en una tienda del Greenwich Village durante los cinco días que había pasado en Nueva York antes de su vuelo a Iowa. O de una corbata igual a la que lucía Christopher Merrill, el director del International Writing Program, en su foto de la página web de la Universidad. Podía hacerse con casi cualquier cosa que añorara de su pasado —las subastas de eBay deparan sorpresas inconcebibles— y con casi cualquier lujo que ambicionara, una pashmina de cachemira, unas gafas de sol de carey...  Incluso explorar posibilidades ignotas de sí mismo. Podía tirar a la basura la ropa interior de Sandrine, sus braguitas azules, sus calcetines rayados y su camiseta de tirantes, comprarle prendas nuevas a su gusto y luego decidir si dárselas o no. Añadiendo pocas cosas más, unas medias, unos zapatos, quizá un vestido, podía fabricar el disfraz de una nueva Sandrine, menos intrusiva, menos natural, más sensual y elusiva. Así, si su amiga de Flandes se lo tomaba a mal, evitaría la prometida cena de fin de año o, si el impávido desconcierto de ella no acababa en enfado, sortearía al menos ese previsible momento tonto en el que, a la entrada de un nuevo año, los cuerpos se unen en un abrazo y es posible que llegue un indeseado beso. O quién sabe, se dijo con desconfianza. Tal vez Sandrine no lamentase la pérdida de la ropa que le había confiado, tal vez considerara divertido su atrevimiento y, juzgándolo una insinuación, entrase en el juego dispuesta a desembarazarse vicariamente de todo lo que él repudiase de ella.</p><p><em>(Cierra Aroa Moreno Durán.)</em><strong>Aroa Moreno Durán</strong></p><p>Sandrine da varios golpes sobre la madera pocos minutos antes de que termine el último día del año. Y la puerta le devuelve un dolor agudo en los nudillos. Es el frío. Apenas acaba de regresar. No se ha llegado a quitar el abrigo, sí los guantes, sí el gorro de lana y se ha atusado el pelo con las manos. Ha abierto una de sus maletas y ha sacado una botella de vino de Hageland que compró el día anterior en el mercado antiguo de la ciudad. Se ha dirigido a ver a su compañero. Mientras se frota los huesos de las manos y comienzan a arderle las yemas de los dedos, la puerta se abre. Y ese hombre que no ha llegado a sacar ni una mano al otro lado del quicio, camina hacia adentro, más allá del resplador fluorescente, tal vez invitándola a pasar, inconsistentemente, dejando que la luz exterior dibuje un sendero sobre la habitación. Sandrine no accede rápidamente a echar a andar detrás de él. Aunque no está dudando, solo intenta que los ojos, que vienen de afuera, puedan calibrar las formas de la oscuridad. Y antes de dar el primer paso, baja la mirada al suelo. Apenas unos metros liberados, un semicírculo limpio por el radio de la propia puerta, pero el resto de la estancia está cubierto por cartones, cajas abiertas, envoltorios deshechos. Sandrine avanza y bajo sus pies empiezan a estallar las burbujas de los papeles de embalaje como pequeñas detonaciones. La pantalla del ordenador ilumina la habitación. Frente a la ventana, con la persiana dejando una estrecha franja abierta, una silla que parece dispuesta al espionaje clava sus cuatro patas entre varias tazas de café vacías. Él se ha sentado sobre la cama. Ha cogido una guitarra y la pone sobre sus rodillas. Pero nadie va a tocar ninguna canción. Acerca su cara a la madera, agarra el mástil con desesperación.</p><p>—Imagino que ya no me esperabas, le dice ella.</p><p>Sandrine quiere disculparse además, porque su equipaje saliendo el último, porque el tráfico en Gilbert Street que parecía no deshacerse, porque la hora de retraso en Bruselas. Pero, finalmente, opta por una frase no premeditada, simple, remisión de lo que habían acordado.</p><p>—He venido a cenar contigo.</p><p>Él desvía la mirada a la mesa, decepcionado. Doblado meticulosamente, un vestido negro bajo un par de zapatos de tacón. El hombre se lleva una mano a la cabeza y levanta los ojos y Sandrine repara en que lleva un gorro de pelo de animal. Puede escuchar cómo la boca de su compañero se abre y cómo los labios hacen un pequeño chasquido antes de pronunciar nada.</p><p>—Nada de esto llegó para el día de Navidad.</p><p>Los zapatos son pequeños, piensa Sandrine. Junto a la ropa, un cuaderno abierto y escrito en el cartón tras la última página: “El tiempo que pasa entre el deseo de posesión y su frustración es el futuro, es el único lugar de las posibilidades”.</p><p><em>*Manuel Vilas es escritor. Su última novela es </em><strong>Manuel Vilas</strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/ordesa/ES0155130" target="_blank">Ordesa</a><em> (Alfaguara, 2018).</em></p><p><em>*Use Lahoz es escritor. Su último libro, </em><strong>Use Lahoz</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-buenos-amigos/217111" target="_blank">Los buenos amigos</a><em> (Destino, 2016).</em></p><p><em>*Marcos Giralt Torrente es escritor. Su último libro, </em><strong>Marcos Giralt Torrente</strong><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/el-final-del-amor/" target="_blank">El final del amor</a><em> (Páginas de Espuma, 2011).</em></p><p><em>*Aroa Moreno Durán es escritora. Su último libro, </em><strong>Aroa Moreno Durán</strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/la-hija-del-comunista-caballo-de-troya-2017-1/ES0152691" target="_blank">La hija del comunista</a><em> (Caballo de Troya, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Vilas | Use Lahoz | Marcos Giralt Torrente | Aroa Moreno Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Otro cuento de Navidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 95]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El culto, para los conventos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/culto-conventos_1_1150407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab3d3e51-7cbd-48d7-83f5-9a4983f5f106_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El culto, para los conventos"></p><p><em>Este texto fue leído con ocasión de la presentación de la reedición de </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-novio-del-mundo/262655" target="_blank">El novio del mundo</a><em>, de Felipe Benítez Reyes, el pasado enero en la librería Alberti de Madrid. </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>_________________</p><p>Hace 20 años era 1998 y Felipe Benítez Reyes escribió un libro que no se acaba nunca. Lo tituló <em>El novio del mundo</em> y con él puso en órbita a un personaje tan hipnótico como agridulce, Walter Arias: algo más que una invención de escritor, algo más que una sombra particular de Felipe, algo más que un delirante que se echa a dormir en Ámsterdan y despierta en Melilla dentro de un camisón de mujer. Walter Arias es el espejo de un viaje infinito y, a la vez, la versión anómala del buen salvaje de <strong>Rousseau </strong>sometido al temblor zahorí de sus pulsiones priápicas. Pero su menaje de desvaríos, su esencia rocambolesca y su pirotecnia sexual tiene un contrapeso enemigo: <strong>Sigmund Freud</strong> y las teorías del psicoanálisis. Algo que no puede interrumpir la alta misión para la que fue comisionado Walter Arias en esta vida: follarse al mundo.</p><p>Este deseo radiante puede llevar a la locura por una acumulación de ambiciones anómalas o irremediablemente al fracaso por embolia. Sobre todo cuando una cabeza llena de vientos se echa a andar movida por una filosofía surrealizante que no tiene posibilidad de acople en la lógica. Walter Arias no es sólo un protagonista de novela, sino un desafío contradictorio arrojado a la cuadrícula de la realidad desde la piñata de la ficción. Walter es un sujeto hecho de retales de su propia memoria inexistente, pero también dibujado con la sospecha de que el sentido común está muy cerca del disparate. Sólo impulsado por una capacidad narrativa como la de Felipe Benítez Reyes, dotada de una combustión irónica que arde en todas direcciones, es posible armar esta biografía desabrochada en 600 páginas, en primera persona y a punto de zozobrar tantas veces que cuando se sale triunfal de la expedición sólo puede ser porque se ha logrado armar una obra inmensa. Así es<em> El novio del mundo</em>. Levantada con el pulso de una escritura que nunca apaga su luz de faro y sostenida por un juego de contrapesos entre la mordacidad y unas ráfagas de lirismo y de humor feroces. Esta novela confecciona una ideología (sí, lo de Walter Arias es ideología seminal) que a veces bordea el código penal con un desparpajo pícaro de <em>playboy </em>de playa rodeado de espetos. Esta novela está muy del lado de lo asombroso.</p><p><em>El novio del mundo</em> es un artefacto tan inflamable y fueraborda que decir que se trata de una novela de culto es congestionar de esoterismos un libro preñado de gracia e inteligencia. El culto, para los conventos. <em>El novio del mundo</em> debería ser lectura obligatoria para los alevines de política y de periodismo, dos oficios donde la primera persona resulta incluso tan tronada como la de Walter Arias en la novela. Porque Walter Arias no es exactamente la feliz invención de un modelo bufo eficaz, sino algo más complejo: la certeza de que cada uno de nosotros somos mitad miseria y mitad maravilla. Eso es lo que hace también de este libro una de las más sugerentes propuestas de la narrativa hispánica de los últimos 30 años. No sólo despliega una serie de lances más o menos esquizos. No sólo espolvorea con inteligencia una ironía y cierta maldad que permite mirar al personaje principal con ternura a pesar de su condición abyecta. <em>El novio del mundo</em> es un desplante y la enorme diversión de escribir sufriendo a cada línea por no ser previsible, con unas herramientas que conviene medir para no parecer volatinero de más, ni arlequinesco. Este Walter Arias, novio de un mundo donde él no cabe, es un ser de fondo complejo en un libro de estructura rotunda. El fabuloso desfile de personajes subarrendados a su vida, de ciudades por las que pasa, de escenas en las que se va dibujando la historia de su fracaso sideral es fastuoso y da claves del linaje literario de Felipe Benítez Reyes: se trata de esos escritores necesarios (y escasos) que saben mirar a lo de afuera para conocerse algo mejor a sí mismos. Y, a la vez, reinventa el esperpento con un kikirikí sardónico y capturando de la vida sus mejores materiales de contrabando.</p><p>Esta es una obra de síntesis. Quiero decir, que es una pieza donde está desplegada la tumultuosa baraja del autor: poeta, novelista, ensayista, columnista, orfebre finísimo del relato breve... Felipe Benítez Reyes es uno de los creadores necesarios de las últimas décadas. Se trata de un escritor que compone su árbol genealógico sin precaución y caminando a solas en la escritura, sin necesidad de complacer ni de dejarse convencer. Lo que hizo Felipe en <em>El novio del mundo</em> es correr el riesgo de escribir lo que quiso en un momento de la historia de España muy <em>walteresco</em>. Por ejemplo: en 1998 nuestro país pide a Gran Bretaña la extradición de <strong>Pinochet </strong>a demanda del entonces juez de la Audiencia Nacional <strong>Baltasar Garzón</strong>. En 1998 la asociación catalana Amics dels Museus presenta 7.300 firmas al Ayuntamiento de Bañolas en contra de la posibilidad de repatriación del Negro de Bañolas, el cadáver embalsamado de un varón bosquimano de la etnia San. En 1998 se cumplieron 100 años del nacimiento de<strong> Federico García Lorca</strong> y de <strong>Vicente Aleixandre</strong>. Y en 1998 España firma el primer texto jurídico internacional en contra de la clonación de embriones humanos. Todo eso sucede en el mismo año en que Felipe publica <em>El novio del mundo</em>, que supone una efeméride literaria principal. También es importante destacar que el año 1998 comenzó en jueves, un día de la semana absurdo y torpe para empezar cualquier cosa.</p><p>La extrañeza que acompaña a Walter Arias, capaz de decirle a una mujer que está con ella no por amor sino por perplejidad, es de algún modo nuestra extrañeza. Este personaje digresivo se va haciendo disparatadamente más veraz según disparata. Incluso por momentos puede ser real. Después de leer <em>El novio del mundo </em>uno camina la vida ya con esa compañía que pide paso cuando menos lo esperas. Yo he conocido a Walter Arias. Todos conocemos a Walter Arias. Tal y como anda este oficio del periodismo lo raro es no tratar varias veces al día con tu Walter Arias de cabecera. No es difícil detectar sus peripecias en gente que conocemos. O que creemos conocer.</p><p>La literatura es esto mismo: el punto de vista largo que nunca se queda corto. Y el humor es un punto de vista que tiene la vida. Es lo que advirtió Felipe Benítez Reyes en una novela que no acaba nunca publicada en 1998. Imaginaos a Walter Arias de paseo por Bruselas con alguno de sus frikis habituales y que allí se encuentre a <strong>Puigdemont </strong>delante de la fuentecilla del Maneken Piss. Lo escribo de coña y lo visualizo en serio. Es el poder de los personajes que traspasan la membrana de su misma ficción. (Lo digo por Walter y por Puigdemont.) A mí me dicen que el miércoles es nombrado presidente del Parlament el protagonista de <em>El novio del mundo</em> y me encaramo a la Cibeles para celebrarlo. Un país que guarde sitio en sus instituciones a Walter Arias llegará a la distopía igualmente, pero desde la risa, lo cual parece más benéfico que hacerlo desde la matraca y la arrogancia martirológica de un fugado que le ha cogido gusto a las apariciones marianas por Skype. Walter Arias ya hace tiempo que tomó rumbos <em>pirandellianos</em>. A eso me refiero con que esta novela no se acaba nunca. Es como si Walter hubiese pasado de cara de Bélmez a ser el mismo Cristo redentor. Lo suyo no es ni magia ni superchería, sino el patrón oro de la mejor de las literaturas. De ahí esta insistente devoción. Gracias.</p><p><em>*Antonio Lucas es poeta y periodista. Su último libro, </em><strong>Antonio Lucas </strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/fuera-de-sitio.html" target="_blank">Fuera de sitio</a><em> (Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Lucas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El culto, para los conventos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ordesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ordesa_1_1150404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/162ab641-506b-4785-8c79-ed36160fb16c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ordesa"></p><p><a href="https://www.megustaleer.com/libro/ordesa/ES0155130" target="_blank">Ordesa</a> <em>es la última novela de Manuel Vilas, un viaje a un pasado que ya no está: hacia la España en la que creció, hacia los seres queridos junto a los que creció y que ya no están. Recogemos aquí tres fragmentos del libro</em><strong>Manuel Vilas</strong><em>. ____________________</em></p><p><strong>17</strong></p><p>Yo nací allí, en un pueblo español que se llama Barbastro, en el año de 1962, o eso me dijeron. Debió de ser un gran año, seguro. Albergo serias dudas sobre el hecho de que naciera en el año de 1962. No albergo dudas sobre el lugar en que nací, sino sobre el año. Todo el mundo debería albergar dudas sobre la fecha de su nacimiento, porque esta es la primera verdad heredada, no vista ni sentida ni comprobada, en la que habremos de creer. Tienes que tener fe en que te dicen la verdad, y en que los números que conforman la fecha de tu nacimiento significan algo.</p><p>No eres testigo de tu nacimiento. Lo eres de otras cosas: de tu boda, si te casas. Del nacimiento de tus hijos también eres testigo. No eres, sin embargo, testigo de tu muerte.</p><p>Ni de tu nacimiento ni de tu muerte eres testigo.</p><p>  </p><p>He dudado muchas veces de mi fecha de nacimiento; tal vez la duda proceda del sentido del origen de mi materia corporal y espiritual, o del sentido de la colisión que se produce entre mi cuerpo y el tiempo, y que esa colisión deba tener una fecha. En realidad, una fecha es un nombre. La fecha es el nombre de la colisión. Todo el mundo debería dudar de su fecha de nacimiento. No hay ninguna certeza vivida en esa fecha, y te determina estúpidamente, y tiendes a darle una importancia que no procede de tu propia voluntad sino de pactos sociales anteriores a ti. Pactos que se hicieron mientras tú no estabas en este mundo o estabas sin haber nacido, sin haber colisionado.</p><p>Podría ser víctima de un error, mi madre tenía muy mala memoria. Consigo recordar pocas cosas de la década de los años sesenta. Mis primeros recuerdos ocurren ya en la década de los setenta, a excepción de uno de ellos, que tiene que ocurrir necesariamente en 1966. Es el recuerdo de mi madre embarazada de mi hermano. Tiene que ser un recuerdo anterior al verano de 1966. Es una escena llena de irrealidad. No es un recuerdo fidedigno. Estamos en la cocina y mi madre permanece sentada en una silla, y va vestida casi de un blanco inmaterial, y me dice «aquí está tu hermano» y señala su vientre, y conduce mi mano hasta su vientre, y yo me quedo sorprendido, y luego veo una luz que entra por la galería de la cocina. Una luz que viene desde las estrellas. Miro por la ventana y veo una lejanía llena de dulzura. Este es mi primer recuerdo y no lo entiendo. No sé qué es. Es un recuerdo que intento recuperar constantemente, y lo que recupero es una sensación de paz. Creo que cuando me vaya a morir sentiré lo mismo. (...)</p><p>36</p><p>El envejecimiento es nuestro  futuro. Lo disfrazamos con palabras como «dignidad», «serenidad», «honestidad», «sabiduría», pero cualquier anciano renunciaría a esas palabras con tal de que le quitaras cinco años de encima, o incluso cinco meses. Mi madre no aceptó nunca el envejecimiento. No sé qué clase de viejo seré, y me importa poco. Lo normal es que muera antes de la llegada de la decrepitud. La gente se muere siempre, todos acabamos por morirnos. Todos los fracasados de la tierra, todos los pobres y todos los analfabetos, cobran así su venganza sobre los que acumularon éxitos, poder, conocimiento, cultura y sabiduría.</p><p>El envejecimiento es igualatorio.</p><p>Y es divertido ver ese espectáculo: no tiene contenido moral ni mucho menos religioso, solo es un espectáculo inesperado, muy estimulante y muy fascinante. El mundo y la naturaleza eliminan a los depredadores que, azarosamente, crearon. Nos envuelve el presente, esa rabiosa capacidad del presente para hacernos creer que la vida tiene consistencia. Hay que valorar estos esfuerzos del tiempo presente, su gran afán civilizador. Es lo que tenemos. Tenemos más cosas: almendras,  adoro las almendras.  Y otra cosa aún más inquietante: el aceite de oliva. El aceite de oliva hace que me incline por la exaltación del presente.</p><p>Solo la materia.</p><p>Quiero decir que cada vez que el espectro de mi madre viene a mi memoria, recuerdo el aceite de oliva.</p><p>Puede que fuese la materia orgánica que más relación tuvo con el cuerpo de mi madre. Mi madre siempre estaba cocinando. Si siempre estaba cocinando, ¿en qué cabía pensar?: ¿en harina, en pan, en huevos, en verduras, en hortalizas, en carnes, en arroz, en salsas, en pescados?</p><p>No.</p><p>En aceite de oliva.</p><p>Mi madre vivió siempre rodeada de aceite de oliva.</p><p>Mi madre me transmitió un culto secreto, no verbalizado nunca, al aceite de oliva. Creo que el aceite de oliva es un agujero de gusano, una caída en el tiempo, que me lleva directamente a la vera de mi primer antepasado, que me mira y sabe quién soy. Sabe que necesito amor. Amor de alguien de mi estirpe.</p><p>No sé por qué he tenido que ser tan desdeñoso con el envejecimiento de los seres humanos.</p><p>Cuando sea un viejo decrépito querré que me quieran, y entonces alguien recordará estas palabras mías. Pero una cosa son las palabras en un libro, y otra las palabras de la vida, diré yo.</p><p>Son dos verdades distintas, pero las dos son verdades: la del libro y la de la vida.</p><p>Y juntas fundan una mentira. (...)</p><p><strong>37</strong></p><p>Mi madre bautizó el mundo, lo que no fue nombrado por mi madre me resulta amenazador.</p><p>Mi padre creó el mundo, lo que no fue sancionado por mi padre me resulta inseguro y vacío.</p><p>Como no oiré sus voces nunca más, a veces me niego a entender el español, como si con sus muertes la lengua española hubiera sucumbido y ahora solo fuese una lengua muerta, como el latín.</p><p>No entiendo el español de nadie porque el español de mis padres ya no se oye en el mundo.</p><p>Es una forma de luto.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Vilas]]></author>
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