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    <title><![CDATA[infoLibre - El rincón de los lectores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/el-rincon-de-los-lectores/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - El rincón de los lectores]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los jóvenes sí que leen: el 75,3% de la población entre 14 y 24 años lee libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/lectores-superan-primera-vez-espana-65-poblacion_1_1932605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0cd0b87e-b9a2-4730-b096-6092f7b332c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los jóvenes sí que leen: el 75,3% de la población entre 14 y 24 años lee libros"></p><p><strong>La lectura continúa creciendo como actividad de ocio en España </strong>y, por primera vez, el porcentaje de españoles que lee en su tiempo libre supera <strong>el 65%</strong> de la población (65,5%), lo que supone 1,4 puntos más que en 2023. Así se desprende del Barómetro de Hábitos de la Lectura y Compra de Libros en España 2024, presentado este miércoles por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y recogido por EFE, que también<strong> rompe el mito de que los jóvenes no leen</strong>. Y es que el 75,3% de la población entre 14 y 24 años lee libros en su tiempo libre. Además, se mantiene el porcentaje de lectores frecuentes por encima del 50%, lo que supone que más de la mitad de la población lee, al menos, semanalmente. </p><p>En la presentación, el ministro de Cultura,<strong> Ernest Urtasun,</strong> ha destacado que en 2024 la lectura ha crecido entre las mujeres, los jóvenes, los mayores de 65 y la población con estudios primarios: "Los estereotipos y frases hechas no operan en esta estadística". Y con ese escenario, ha subrayado que "reducir la jornada laboral es ganar tiempo de vida y nos da la posibilidad de ganar en cultura".</p><p>En la presentación del estudio el presidente de la FGEE,<strong> Daniel Fernández</strong>, ha señalado que "el libro en España vive un buen momento, no sólo se están vendiendo muchos más ejemplares sino que hemos recuperado y superado las cifras de la gran crisis del libro que llegó en 2010".</p><p>También ha resaltado que, de forma sistemática en los últimos 15 años, las cifras media de lectura han crecido. El porcentaje total de lectores, incluido el cómic es <strong>del 71,8%.</strong> Además,<strong> un 25,2%</strong> leen por motivos de trabajo o estudio.</p><p>"En un país que hace poco más de un siglo tenía un tercio de analfabetos<strong> es un dato buenísimo"</strong>, ha agregado el presidente de la federación aunque ha puntualizado que sigue habiendo un tercio de españoles que no lee nunca y que "estamos lejos" del 80 o 90% de los países más lectores de la UE. El informe constata que desde 2017 el porcentaje de población que lee por ocio se ha incrementado en 5,8 puntos porcentuales, mientras que el de lectores frecuentes subió en 3,5.</p><p>El barómetro desvela que el porcentaje de españoles<strong> que no lee nunca o casi</strong> fue en 2024 del 34,5%, lo que supone el más bajo desde 2017, cuando era del 40,3%.</p><p>Los<strong> lectores ocasionales </strong>(mensuales y trimestrales) suponen el 14,3 % de la población 2,2 puntos más que en 2021 y la cifra más alta desde 2017, cuando era el 12%.</p><p>Y los<strong> lectores frecuentes</strong> se sitúan en el 51,2 %, bajan 8 décimas respecto a 2023 y a los años de pandemia cuando se llegó al punto más alto 52,7% en los años 2020 y 2021.</p><p>Según el barómetro, el perfil del lector tipo en España sería el de una mujer joven con estudios universitarios que vive en ambiente urbano.</p><p>El estudio revela que en 2024 el porcentaje de mujeres que lee en su tiempo libre creció un 3,1%, situándose en el 71,7 % y supera a los hombres en todos los tramos de edad. El porcentaje de hombres lectores por ocio retrocedió levemente, un 0,59%, hasta el 59%.</p><p>También llama la atención el crecimiento experimentado entre la población de mayor edad (más de 65 años).</p><p>Desde 2017 se ha producido un aumento de 10,6 puntos porcentuales en los índices de lectura de esta población, lo que refleja la incorporación a estos tramos de edad de las generaciones de niños que fueron accediendo a la enseñanza y adquirieron el hábito de lector.</p><p>Por nivel de estudios, el 84,4% de la población universitaria se declara lectora. En el último año se ha registrado un incremento de lectores entre la <strong>población con estudios primarios</strong> que pasa de 38,1% al 39,5%.</p><p>En cuánto a la distribución geográfica por comunidades autónomas, prácticamente todas mejoran o mantienen sus índices de lectura en 2024 con respecto a 2023. Seis se encuentran por encima de la media nacional en relación al porcentaje de lectores en tiempo libre: Madrid (72,1 %), País Vasco (69,4%), Cataluña (68,9%), Navarra (68,2%), La Rioja (67,3%) y Galicia (66,2%) mientras que en el extremo opuesto se sitúan Extremadura (56,7%), Canarias (60,5%) y Cantabria (61%).</p><p>La<strong> lectura infantil </strong>continúa siendo mayoritaria, con una tendencia al alza en los hogares con menores de seis años cuyos padres leen libros (un 78% frente al 76% de 2023). El 82,5% de los niños de seis a nueve años lee en su tiempo libre.</p><p>La falta de tiempo sigue siendo el <strong>principal argumento para aquellos que no leen</strong> o lo hacen de manera ocasional, y así lo reconocen cinco de cada diez. El 27% afirma preferir emplear el tiempo libre en otros entretenimientos y el 25% de los no lectores directamente admite que tiene falta de interés por la lectura.</p><p>A diferencia de otros años, el barómetro refleja un crecimiento de los lectores en <strong>formato digital</strong> tras unos años de estancamiento, se incrementa hasta el 31,7% de la población.</p><p>En cuanto a la forma en la que obtuvieron los libros digitales, cerca de 40% afirma que se lo descargó pagando, un incremento de diez puntos respecto a 2017. <strong>El 61,5% se lo bajó gratuitamente de internet </strong>y el 65,9% de los entrevistados para el barómetro afirma que sabe perfectamente cuando la descarga no es legal. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jan 2025 12:41:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los jóvenes sí que leen: el 75,3% de la población entre 14 y 24 años lee libros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El rincón de los lectores,Cultura,Libros]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Paseando por el cementerio o algo más que un poemario colectivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paseando-cementerio-poemario-colectivo_1_1819726.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ba829829-d6f2-4863-a1af-9b05c1e9908d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1012730.jpg" width="889" height="500" alt="“La balada del Río Fresquillo”. Algo más que un poemario colectivo"></p><p><strong>Jesús Urceloy - varios autores</strong></p><p><strong>Editorial Ars Poética (2024)</strong></p><p>Un grupo de 40 poetas y aprendices de poesía –pues la poesía también se aprende a elaborar, y ejemplos de ello tenemos a lo largo de toda la historia–, decidimos hacer este original poemario a partir de la iniciativa que nos propuso nuestro maestro en el Taller de poesía y también poeta<strong> Jesús Urceloy, </strong>que a su vez ha sido el coordinador y editor de la publicación.</p><p>El poemario no es una antología de los poemas de las personas que en él aparecen como autores, sino que interesados en la obra publicada por<strong> Edgar Lee Masters</strong> (Garnett, 1869 - Melrose Park, 1950) <em>Antología de Spoon River</em>, texto importante en la historia de la poesía, quisimos emularla y rendirle un homenaje a nuestro estilo y desde la óptica de nuestro país. En el poemario americano se recogen los epitafios grabados en las tumbas de una localidad del lejano oeste. Nuestra publicación, titulada <a href="https://www.arspoetica.es/libro/la-balada-del-rio-fresquillo_155772/" target="_blank"><em>La balada del río Fresquillo</em></a><em>,</em> recopila lo que los creadores de la obra van escuchando y viendo en un paseo por las tumbas parlantes del Camposanto de un pueblo con características temporales, espaciales y culturales muy distintas al de <strong>Edgar Lee</strong>, Alcaudete de la Vega (Teruel), población bañada por el río Fresquillo. </p><p>Los poemas están escritos en primera persona y en ellos se elimina toda ampulosidad, dejando que aparezca el lenguaje de los pobladores de las tumbas, situadas a veces fuera de las tapias del cementerio, incluso en las cunetas. </p><p>A través de las alegrías y tristezas que manifiestan, desde el poeta que escribe, a través de sus deseos, más o menos secretos y de las pequeñas cosas de sus vidas que acaban siendo importantes, se acerca al lector a la forma de ser de cada uno de los personajes, a la idiosincrasia de ese pequeño pueblo español, inexistente pero muy real.</p><p>Se ha transcrito, por los 40 paseantes repartidos por el cementerio, lo escuchado de 76 de los pobladores del mismo y aledaños: campesinos, maestro, panadera, cartera, alcalde, fusilados y un largo etcétera. El trabajo se ha elaborado en verso libre, en verso pautado y en prosa poética, recogiendo lo escuchado desde las tumbas, incluso el ladrido de alguno de los ocupantes. </p><p>El libro ha sido publicado en la Editorial Ars Poetica<em>. </em>Colección Sola nocte<em>, </em>en abril de este año.</p><p>La publicación, algo más que un poemario colectivo, ya ha sido presentada en algunas librerías de Madrid por varios de sus autores. </p><p><em>* </em><em><strong>Leonardo Aragón Marín</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2024 19:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leonardo Aragón Marín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Paseando por el cementerio o algo más que un poemario colectivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Y si el altruismo (y no la competencia) es el impulso del ser humano?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-altruismo-no-competencia-impulso-humano_1_1517807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a562add3-7aa3-4cda-af91-b2a0547733d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1006486.jpg" width="1655" height="931" alt="Dignos de ser humanos"></p><p><strong>Rutger Bregman</strong></p><p><strong>Anagrama (Madrid, 2021)</strong></p><p><strong>Rutger Bregman</strong> es un joven historiador al que no le cuesta reconocer que aprende de sus propios errores. En este ensayo más de una vez asume que planteamientos defendidos en otros suyos anteriores se ha visto obligado a modificarlos en favor de la coherencia y realismo de los mismos.</p><p>No es un mal punto de partida para enfrentar el asunto de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/dignos-de-ser-humanos/9788433964731/A_562" target="_blank"><em>Dignos de ser humanos</em></a><em>, </em>pues su tesis central es que el altruismo prevalece sobre la ley de la selva. Una tesis que desde <strong>Hobbes </strong>han venido propagando los publicistas del darwinismo social, del hombre lobo para el hombre, de los vicios privados públicas virtudes y últimamente los del gen egoísta. Toda una tropa de vips del pensamiento occidental (pongamos <strong>W. Golding</strong>, <strong>R. Dawkins</strong>, <strong>J. Diamond</strong>, <strong>P. Zimbardo</strong>, <strong>S. Milgram,</strong>…) muy bien considerados por los que mandan. </p><p>Solo por eso es ya muy recomendable el libro de <strong>Bergman</strong>. Por ir en sentido contrario. Aunque para redondear esta tarea no haría estaría mal que evitase la ausencia en su índice de autores de un pionero en el asunto llamado <strong>Kropotkin </strong>(<a href="https://web.archive.org/web/20120413114827/http:/bivir.uacj.mx/LibrosElectronicosLibres/Autores/PedroKropotkin/Kropotkin%2C%20Pedro%20-%20El%20apoyo%20mutuo.pdf" target="_blank"><em>El apoyo mutuo</em></a>, 1902). </p><p>Es muy cierto eso de que "somos entrenados para ver egoísmo en todas partes". Sin duda porque, entre otros muchos teóricos sociales: "Los economistas están siendo adoctrinados en una maqueta de la naturaleza humana que dan por buena hasta tal punto que su propio comportamiento ha comenzado a parecerse a ella… La exposición clase tras clase al modelo capitalista del interés propio parece matar cualquier tendencia pro social de entrada". Poco importa que, para empezar, en muchos grupos animales no rija la rivalidad, grupos en los que, según un <a href="https://ideas.repec.org/p/feb/artefa/00068.html" target="_blank">artículo</a> citado por el autor: "El modelo canónico del egoísmo se viola sistemáticamente".</p><p>Y también me parece clarificador el que –contra Hayek y todos los hobbesianos anteriores y posteriores— sostenga que la guerra y el egoísmo se disparan después de los pueblos cazadores-recolectores, pues en estos pueblos (como <a href="http://aprada.webs.uvigo.es/pdfs/Epilogo_3_enero_2014.pdf" target="_blank">he reflexionado</a> para los aborígenes australianos) el altruismo, no egoísmo, buena vida, empatía, bondad intrínseca humana, esperanza de vida, no guerra, etc. se comprueba se erosionan con el incremento del tamaño del grupo social y la vida sedentaria que propicia la agricultura y luego el mundo industrial. También el auge, declive y ascenso del pro-común colaborativo tendría este punto de inflexión.</p><p>El ensayo de <strong>Bregman </strong>es muy recomendable porque además sus propuestas ocupan nada menos que de los capítulos 13 al 18. Entre las más afortunadas y pragmáticas destaco aquí a modo de ejemplo algunas que se alejan, como defiende su autor, del tan habitual hoy repertorio de autoayuda personal. </p><p>Así potenciar las actividades que no se hacen por dinero (ONG, cuidados, etc.) y un pro-común colaborativo como alternativa al comunismo de Estado del siglo XX. Desmercantilizar, no monetizar, no estropear en muchas actividades (por ejemplo educativas) lo cualitativo por lo cuantitativo (usualmente por medio de incentivos). Favorecer la autogestión de los que hacen el trabajo directo a ser posible en un entorno de pequeña escala y de proximidad (por ejemplo en los cuidados a mayores en su domicilio).Y para la infancia jugar más y competir menos. A escala municipal generalizar presupuestos participativos y a escala nacional un dividendo ciudadano (RBU). A escala global potenciar el contacto entre los diferentes para evitar todo tipo de xenofobias, pues somos más semejantes de lo que nos dicen.</p><p>Por último, me gustaría señalar que quizás a este encomiable ensayo, a favor de la empatía y contra la ley de la selva, y a sus propuestas más que razonables, le falte un eslabón analítico sobre quiénes y por qué trabajan para que rememos al revés. </p><p>Pue si bien el ensayo polemiza, acertadamente, con los autores de cabecera del ideologema del egoísmo (el hombre es un lobo para el hombre) quizás queden en una zona de sombra los intereses de fondo que catapultan a estos autores. Ya que el que tengamos una imagen incorrecta de nosotros mismos como especie, como sostiene <strong>Bregman</strong>, no sería más que una lastimosa prueba de la hegemonía social de aquellos que así detentan por una suerte de ley de la gravedad el poder (político, económico y… cultural).</p><p><em><strong>Albino Prada</strong></em><em> es ensayista e investigador.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jun 2023 19:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Albino Prada]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Y si el altruismo (y no la competencia) es el impulso del ser humano?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El rincón de los lectores,Libros,Ensayo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Estamos en el tiempo de las no-cosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempo-no-cosas_1_1343793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/99393709-b9a6-4ee1-95c9-7f59013f8414_16-9-discover-aspect-ratio_default_1002632.jpg" width="975" height="548" alt="Estamos en el tiempo de las no-cosas"></p><p><strong>Byung-Chul Han</strong></p><p><strong>Taurus (2021)</strong></p><p>Mi particular lectura de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/filosofia/258332-libro-no-cosas-9788430624348" target="_blank">este breve ensayo</a> de un tan mediático filósofo la resumo así: compartiendo sus fundadas prevenciones sobre el mundo digital (lo que él resume como las no—cosas) frente al mundo de lo tangible, discrepo en que lo digital esté, y acabe, saliendo victorioso. </p><p>"Nada es sólido y tangible", afirma <strong>Byung-Chul Han </strong>al comienzo de su ensayo y lo finaliza sosteniendo que "ahora las cosas están casi muertas". Pues bien, creo que para criticar aspectos sustantivos y preocupantes de lo digital no es buena cosa otorgarle tamaña victoria. Creo que las cosas, y las personas que las valoramos, nos resistimos a esa derrota. Me explicaré.</p><p>A lo largo de las páginas de este ensayo uno tiene la sensación de vivir ya dentro de un <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Metaverso" target="_blank">metaverso</a>. Cada uno de nosotros apenas sería ya unos dedos para pulsar y unos ojos para ver la pantalla. Y el mundo apenas un lugar para recibir información y entretenimientos. </p><p>A eso podría llegarse en un futuro no lejano pero, de momento —y como nos recordó la pandemia— necesitamos cosas físicas como vacunas o equipos de respiración para no morir, así como personas para gestionar un gigantesco dispositivo social. Para esto, para muchas otras cosas y para todo lo digital necesitamos energía que sólo es posible con cosas como generadores, molinos, placas, turbinas, transformadores, etc. Y como tras cada sesión de entretenimiento puede sobre venir el hambre necesitamos alimentos que se producen y llegan desde todas partes del mundo. Muchas cosas. Por no hablar del tejado y la vivienda que nos acoge. Cosas. </p><p>Muchas de ellas nos colocan ante dificultades serias si no circulan (por el mar por ejemplo en gigantescos portacontenedores) en caso de una pandemia o de una guerra. Bloqueos de cosas que se pueden convertir en más letales que el <em>big data</em>. Y eso: en una guerra también muchas cosas (por ejemplo, armas) se ponen en primer plano.</p><p>No hablar de todo esto porque en el mundo actual estarían casi muertas me parece una concesión a los anarco capitalistas de Silicon Valley que ni ellos mismos se tomarán en serio. Por más que Amazon haga ya más negocio en la nube que moviendo millones de paquetes (cosas).</p><p>En este ensayo pareciera que ya el <em>homo ludens </em>habría dejado atrás al <em>homo faber</em>: "producimos y consumimos más información que cosas". Afirmación que no es cierta salvo en un sentido: que de forma imparable todas las cosas que necesitamos (aún) están cayendo bajo el control de datos digitalizados para su producción y distribución. O de artilugios (robots) conducidos con una mal denominada <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/inteligencia-artificial-sobrehumana-enigmas-cerebro_1_1247997.html" target="_blank">inteligencia artificial</a>.</p><p>Que en el ocio (ficción, juegos,…), en la información o en cierto tipo de relaciones todo transcurra en el aire (aunque con cosas—aparatos desde el emisor al receptor y con energía consumida), no nos debiera hacer olvidar que en todo lo demás (y son muchas cosas como acabo de recordar) lo digital y el <em>big data</em> lo que hacen es gestionarlas bajo su poder (por ejemplo, publicitario). En esto acierta nuestro filósofo: "Facebook o Google son los nuevos señores feudales… en un capitalismo neoliberal de la vigilancia".</p><p>Capitalismo y poder sobre todas las cosas que necesitamos. Y en este punto modulan la resiliencia, la autodeterminación y una necesaria no subordinación social de forma más que preocupante.</p><p>Pensemos en el teléfono. De estar anclado en el lenguaje oral, en contactos de cercanía, subordinado a la relación personal se ha metamorfoseado en un ping—pong en la pantalla, en mirar, en relaciones al margen del espacio físico. Muchas personas están padeciendo consecuencias poco edificantes de todo eso. </p><p>O pongamos el sentido de la comunidad: de lo real (cerca) a lo virtual (no—lugar). En ambos casos se corroen otras cosas que nos son imprescindibles. Sobre todo en un <em>shock </em>social (pandemia, guerra, desabastecimientos, etc.): la capacidad de auto gestionar entre nosotros lo que estamos dejando en manos de los dueños del<em> big data. </em></p><p>Me temo que del poder sobre las cosas es de lo que no quieren que hablemos los gurús de las no-cosas.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Albino Prada</strong></em><em> es ensayista e investigador.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Oct 2022 19:00:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Albino Prada]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[El rincón de los lectores,Literatura,Tecnología digital]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si seguimos divididos, pereceremos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-seguimos-divididos-pereceremos_1_1322237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4573dd4e-e6c1-4862-ba07-877da63c5a06_16-9-discover-aspect-ratio_default_1002297.jpg" width="517" height="291" alt="Si seguimos divididos, pereceremos"></p><p><strong>Erik Klinenberg</strong></p><p><strong>Capitán Swing (Madrid, 2021)</strong></p><p>Es más que reconfortante confirmar en <a href="https://capitanswing.com/libros/palacios-del-pueblo/" target="_blank" >este ensayo</a> de <strong>Erik Klinenberg </strong>la importancia de algunas cosas físicas, justo ahora que estamos inundados por el solucionismo digital por todas partes. Incluso comprobar que, para algo tan importante como el fortalecimiento o erosión del "pegamento social", las que el autor denomina infraestructuras colectivas (no solo públicas o estatales como se verá) juegan en la dirección del fortalecimiento, mientras que las digitales en no pocos casos favorecen su erosión.</p><p>Quizás habría que precisar que –para quién escribe esta reseña– ese pegamento o cemento social necesario lo es entre los muchos ciudadanos que cada vez más están aislados, segregados, divididos o enfrentados entre sí, mientras que al tiempo no son capaces de identificar sus conflictos con los pocos que los mantienen subordinados con poderosas barreras sociales. Sobra decir que cuando ambas cosas suceden a un tiempo, la hegemonía de la abducción neoliberal es completa.</p><p>Para romper tamaña abducción, este ensayo de <strong>Eric Klinenberg</strong> ofrece jugosas propuestas y casos reales bien documentados. Propuestas basadas en infraestructuras físicas (no virtuales o digitales) que integran a los muchos, que los hacen reconocerse como iguales, con vínculos sólidos de los unos con los otros desarrollando intereses comunes. Y que –al mismo tiempo– identifican sus diferencias radicales con los pocos que venían hegemonizando, sobre la base de sus divisiones internas, el destino del conjunto de la sociedad. Eso: si seguimos divididos pereceremos y solo reconocidos como semejantes tendremos un futuro digno de ese nombre. Lo que en otras ocasiones denominé sociedad decente.</p><p>*</p><p>Antes de entrar en las propuestas constructivas que se fundamentan en este ensayo conviene explicitar dos círculos no virtuosos respecto a los que tomar distancias: la digitalización de la vida social y su monetarización. </p><p>Dos mantras neoliberales en la gestión de la tecnología y la sociedad. En el primer caso porque mientras las interacciones cara a cara que facilitan las infraestructuras colectivas (una biblioteca, un parque) cimientan una sólida vida pública las digitales van justo en el sentido contrario. Un círculo vicioso ya que "Internet se ha convertido para los jóvenes en una infraestructura social fundamental porque los hemos privado injustamente de otros lugares donde establecer vínculos significativos"; porque o bien no existen o bien tienen un precio prohibitivo.</p><p>Siendo así que, una vez capturado por estas tecnologías, la división y el enfrentamiento se multiplican por los <em>"filtros burbuja</em>" que hacen que todo el mundo solo encuentre datos y opiniones que ratifican sus creencias. Internet habría cambiado la manera en que la gente ve y trata a los demás creando enormes distancias sociales, incluso entre amigos. Esas redes sociales digitales [Los medios de comunicación globales (audiovisuales, digitales) tienden a erosionar el espacio público, <strong>Herman, E. y McChesney, R.</strong> (1999): <em>Los medios globales</em>, Cátedra, página 23] no pueden darnos aquello de lo que aquí estamos hablando: espacios físicos comunes donde la gente pueda reunirse, participar y forjar vínculos sociales sólidos.</p><p>La monetización y privatización de todas las necesidades, más la competitividad van de la mano y no solo en el mundo digital. El bum de las piscinas individuales frente a las públicas se recoge en este ensayo con datos abrumadores como un síntoma de corrosión. Y en muchos otros casos el sálvese quien pueda se favorece con un uso excesivo de las infraestructuras públicas, en paralelo a una inversión insuficiente. </p><p>Algo que puede corroer a barrios enteros en procesos de gentrificación elitista (por turismo, nuevos ricos, etc.): "el precio de las casas sube tanto que solo los ricos pueden permitirse vivir allí; las tiendas y los restaurantes se vuelven más exclusivos y empiezan a atraer a determinada clase de clientes". Un fenómeno bien conocido asociado al entorno urbanístico de las conocidas como GAFAM digitales que, por cierto, si dotan de infraestructuras sociales reales (instalaciones de uso común para ocio y consumo) a sus élites de trabajadores.</p><p>*</p><p>Frente a esta corrosión y división de la sociedad las propuestas constructivas de este ensayo tienen un denominador común: son infraestructuras físicas colectivas. Sitios donde nos reunimos con facilidad como bibliotecas, cafés, guarderías, comercios, parques, huertos urbanos, etc. Que bien pueden ser privadas aunque con frecuencia serán públicas; y no siempre estatales sino a veces comunitarias o vecinales. </p><p>Conviene enfatizar que este rasgo de servir de pegamento y de reunión social puede llegar a ser un objetivo prioritario también de otras infraestructuras públicas (por ejemplo energéticas o de transporte) que normalmente no se consideran desde este punto de vista. Porque también "las infraestructuras modernas que nos permiten obtener energía, agua potable, transporte público rápido, comida asequible y estructuras resilientes" debieran gestionarse no por agentes privados centrados en el lucro sino por comunidades vecinales o locales que, de paso, refuerzan así sus vínculos sociales. Una traída de aguas vecinal, un parque solar del edificio, sendas peatonales o apeaderos intermodales del barrio. </p><p>Siendo así que "en muchas ocasiones se pueden reforzar a la vez ambos tipos de infraestructuras", tanto las que el autor llama material como social. Y hace bien en añadir este consejo: "antes de que volvamos a alzar la pala deberíamos saber qué queremos mejorar, que necesitamos proteger y, lo que es más importante, que tipo de sociedad queremos crear".</p><p>Si así hiciésemos la transición energética, hacia una movilidad sostenible o hacia una autonomía alimentaria no estarían al servicio de la privatización y la concentración en grandes redes sino al del impulso de lazos de colaboración entre vecinos. La disyuntiva: decantarse o bien hacia megaproyectos o bien a escala de asociaciones vecinales.  </p><p>*</p><p>Este ensayo concreta su análisis sobre muy variadas infraestructuras colectivas que son esos necesarios lugares de encuentro en los que con facilidad nos reunimos. En todos los casos sobre una premisa básica que remite a la obra de <strong>J. Jacobs</strong> (<a href="https://capitanswing.com/libros/muerte-y-vida-de-las-grandes-ciudades/" target="_blank"><em>Muerte y vida de las grandes ciudades</em></a>): que la escala de la ciudad trabaje en la misma dirección. Ya que, como puso de manifiesto el huracán Sandy en una descomunal Nueva York, "se reveló la sorprendente fragilidad de la infraestructura material y social de una de las áreas metropolitanas más ricas y mejor protegidas del mundo".</p><p>Puede que el ejemplo más sobresaliente sean las bibliotecas: "Las bibliotecas son un único tipo de infraestructura social esencial". Por eso en este ensayo se vuelve a ellas una y otra vez. Son mucho más que libros, lugares de encuentro para niños, mayores y su entorno familiar. Espacios donde se busca cultura y compañía gracias a los clubes de lectura, sesiones de cine, grupos de costura, clases de arte, música o temas de actualidad. Lugares privilegiados para desarrollar talleres relacionados con la ilustración, cómics, dibujo, teatro, etc. Y para que todos aquellos que no tienen espacios o ingresos adecuados para esos fines puedan suplirlos con dignidad.</p><p>Aunque lamentablemente, como bien se documenta y se da la voz de alarma en este ensayo, son espacios para los que "los líderes políticos que se mueven por la lógica del mercado han proclamado que las instituciones como las bibliotecas ya no funcionan, que nos saldría más a cuenta invertir en nuevas tecnologías y confiar nuestro destino a la mano invisible".</p><p>También debemos valorar desde esta perspectiva el tejido social que ayudan a impulsar las guarderías, los centros educativos o de jubilados, o los mercados de abastos cuando se abren a la interacción social de todos sus usuarios y familiares. </p><p>Por no hablar de los parques y jardines cuando su custodia colectiva evita su abandono. Sin olvidar aquellas infraestructuras privadas (como bares, cafeterías, librerías, peluquerías, comercios,…) de barrio que facilitan una relación personal más improbable en grandes superficies comerciales a las que en vez de caminando se accede con automóvil.</p><p>O experiencias más recientes como la de los huertos vecinales urbanos, o los talleres de artesanos que transmiten su saber hacer a los más jóvenes, o los espacios de apoyo a ONG y a diversos tipos de asociaciones de voluntariado. Todas ellas actividades que reclaman el tipo de infraestructuras colectivas de las que, con oportunidad y esmero, se ocupa el autor de este más que recomendable ensayo.</p><p><em><strong>Albino Prada</strong></em><em> es ensayista e investigador.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Sep 2022 19:00:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Albino Prada]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Si seguimos divididos, pereceremos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una fuga al pasado o la universalidad de la pérdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fuga-pasado-universalidad-perdida_1_1214933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/163eaf33-2a3a-4690-8404-7552bcc8acb8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1000154.jpg" width="380" height="214" alt="Una fuga al pasado o la universalidad de la pérdida"></p><p><em><strong>Anacronía </strong></em></p><p><strong>Gerardo Rodríguez Salas</strong></p><p><strong>Valparaíso Ediciones (2020)</strong></p><p>Ya desde <a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/home/501-anacronia.html" target="_blank" >el título</a> <strong>Gerardo Rodríguez Salas</strong> nos advierte de que vamos a encontrarnos descolocados en el tiempo; enseguida descubriremos que también en el espacio. Y es que el dolor ocasionado por la pérdida, y todo lo que esa pérdida arrastra y destruye, nos pone al margen de todo tipo de convenciones <span class="highlight" style="--color:white;">—</span>incluso las temporales<span class="highlight" style="--color:white;">—</span> y esa es la certeza de la que nace este libro.</p><p>De hecho, ha necesitado 20 años para reunir el valor que le permitiera mirar de frente a su propia memoria: <em>No conseguí decir que estabas muerto</em>. Es fácil imaginárselo en este tiempo visitado por pesadillas que finalmente le han obligado a encontrar una forma de convivir con ellas, de domesticarlas con sus versos. <strong>Rodríguez Salas </strong>ha puesto “palabras de papel” a esa experiencia. Palabras donde la expresión poética jamás cede a la desesperación porque depura los elementos que conducirían al patetismo a través de un equilibrio perfecto entre ternura y amargura. Un viaje planificado con generosidad, tensión y emoción, pero también con humor. “Una fuga al pasado” que lo transforma a él como escritor y como ser humano, pero también a nosotros, como lectores y como seres humanos.</p><p>Esta distancia le ha permitido una mirada caleidoscópica donde pasado, presente y futuro (o como él diría <em>Ayer</em>, <em>Ausencia</em>, <em>Porvenir</em>) se abrazan para saldar la deuda, para darse sentido mutuamente, para hacerse posibles los unos a los otros. El futuro no será posible sin reescribir el pasado donde el presente había quedado apresado:<em> Y me ahogo en la lluvia de esta noche infinita. </em>Como le ha permitido también construir un puente por donde transitar desde esa tragedia que puso en jaque su vida hasta el presente en el que por fin ha sido capaz de afrontarla y, de alguna manera, conjurarla. Quizá tras este libro valiente, el pasado, por fin, pueda ser pasado<em>. </em></p><p>Tras estos 20 años, <strong>Rodríguez Salas </strong>puede mirar a su memoria con madurez, alejándose del desgarro que le lleva a decir que <em>se derrite la cera en sus oídos</em>. Puede ahora reconocer y aceptar, sin culpa, la belleza que hubo en el pasado, viniendo finalmente a constituir un álbum de recuerdos. <em>¿Cuánta alegría cabe en un retrato?, </em>una reivindicación de la memoria y un homenaje a la vida compartida que en definitiva rescata a su hermano del olvido, trascendiéndolo. Un reencuentro, 20 años más tarde, que le ha permitido construir, por fin, una hermosa despedida.</p><p>Él mismo ha contado a menudo que con la escritura de este libro ha pretendido no sólo exorcizar el dolor, sino dejar que salga la luz a través de la fractura. Para explicarnos lo que quería decir con esto ha usado la bellísima imagen de la técnica japonesa del <em>Kintsukuroi</em>, que repara los fragmentos, no invisibilizando la fractura, sino embelleciéndola con oro.</p><p>La ausencia, asumida por completo desde la cita inicial de <strong>Federico García Lorca</strong>, <em>Porque te has muerto para siempre</em>, se abre paso en los poemas <em>Odisea</em>, el impresionante <em>Palabras de papel </em>y <em>Lobo</em>, donde se nos prepara emocionalmente para lo que vamos a encontrar a continuación.</p><p>En una primera parte, <em>Ayer</em>, por si el título no fuera suficiente, las citas de <strong>Juan Carlos Friebe</strong> y <strong>Javier Egea </strong>ya señalan la ausencia y la memoria. <em>Ayer </em>es, probablemente, la parte más confesional del libro. Despliega un exhaustivo catálogo de situaciones cotidianas (su padre en el telar, ropa dispersa en el terrazo, la contemplación de una fotografía…) interpelando a la memoria, donde trata de reconstruir las claves que le permitan reparar el dolor. Representa la propia asunción poética de la tragedia que delimita su destino. Qué estragos causó la pérdida del hermano muerto en accidente de moto en su vida y la de toda su familia. Todo lo que arrastró con su ausencia: <em>Te anunciaron sirenas /prendiendo la calzada/ que olía a sangre y gasolina.</em></p><p>En la segunda parte del libro, <em>Ausencia</em>, a través del viaje (a Nueva Zelanda, en este caso) como alegoría del distanciamiento y como recurso sanador, <em>el viaje nunca acaba porque nunca te fuiste, </em>hace un primer intento de afrontar su tragedia y su pena.</p><p>No podemos considerarlo una huida. Quizá en un primer momento buscara alejarse de la geografía donde habitaba su dolor en busca de alguna reparación, pero no fue así. Encontró en las antípodas <span class="highlight" style="--color:white;">—</span>la cultura maorí<span class="highlight" style="--color:white;">—</span> los puntos en común del alma humana y pone a dialogar su dolor con el dolor de los demás, su pérdida con la pérdida de los demás. Incluso el silencio en torno al exterminio aborigen puso una luz sobre su mirada a la memoria histórica y el silencio en torno a la guerra civil española <span class="highlight" style="--color:white;">—</span>y la consiguiente posguerra<span class="highlight" style="--color:white;">—</span> documentando así la universalidad de la pérdida, del dolor y de las emociones humanas y reconociendo por tanto su tragedia personal como parte de un sistema universal donde la pérdida es consustancial al género humano: <em>Viniste a este lado de la bruma buscando el infinito.</em></p><p>En la tercera y última parte, <em>Porvenir</em>, encontramos una voz poética reconciliada que recobra sus lugares, los lugares de su infancia, tras haberlos confrontado con la ausencia y el conocimiento de otras culturas. A través de una hermosa cita de<strong> Ángeles Mora</strong>: <em>He vuelto del viaje y sin embargo/ no regresé del todo</em>, nos advierte que su análisis del propio mundo ya estará contaminado, o mejor aún, enriquecido por su experiencia y sus vivencias y que puede mirar su pasado reconciliado de algún modo:</p><p><em>…no hay olvido en el musgo ni rigor en la roca,</em></p><p><em>no bajo los peldaños, ni lloro por tu ausencia,</em></p><p><em>pues soy gota del río cristalino</em></p><p><em>que, fundida en tus dedos, abraza la ciudad.</em></p><p><strong>Rodríguez Salas</strong> bien podría haber construido un relato donde compartir esta historia conmovedora como testimonio personal y subjetivo de su autobiografía a través de un discurso narrativo, como ya hizo en <em>Hijas del sueño </em>con algunos de los episodios de su memoria emocional. Sin embargo, y aunque sin abandonar cierto discurso narrativo perfectamente estructurado, ha preferido visitar, y conducirnos a visitar, los puntos estratégicos de su cartografía vital, a golpes de memoria y convertir cada uno de ellos en un navajazo directo a nuestra propia emoción. De esta manera, consigue interesarnos tanto por la estructura como por cada uno de los elementos que la construyen.</p><p>Su memoria convoca en cada uno de nosotros nuestra propia pérdida. Nos entrega su dolor <span class="highlight" style="--color:white;">—</span>y aún más, sus herramientas de reparación<span class="highlight" style="--color:white;">— </span> para que lo hagamos nuestro.</p><p>Y tal como dialogan las culturas en su libro, dialogan también sus referencias literarias. Así encontramos citas, sobre todo de poetas granadinos, dialogando con citas procedentes de su vasta cultura anglosajona (<strong>Katherine Mansfield</strong>, <strong>Selina Tusitala Marsh </strong>o <strong>Janet Frame</strong>), como no podía ser de otra manera, en un profesor titular de Literatura Inglesa de la Universidad de Granada.</p><p>Así como escuchamos a menudo que una novela es cinematográfica, diría yo que este poemario es cinematográfico. O más bien podríamos decir sensorial<strong> </strong>porque es visual, está lleno de imágenes vívidas que se representan con nitidez ante nosotros a través de los cuidados recursos poéticos que <strong>Rodríguez Salas </strong>despliega, pero también está lleno de sonidos que acompañan la lectura, desde el arrullante sonido del jazz hasta el desasosegante “frenazo en seco”, sabores<strong> </strong>que podemos paladear (<em>sus sandías gigantes</em>) e incluso los olores quedan explícitos (<em>olor a sangre que inunda el cuadro</em>): <em>Busco palabras que te invoquen,/ palabras que… huelan a ti… suenen a ti…sepan a ti.</em></p><p>No podemos cerrar este comentario sin señalar la belleza de la portada. La imagen <em>Falling man</em> del artista londinense <strong>James Wedge</strong> no es sino un poema más del libro que ya anuncia el vértigo <span class="highlight" style="--color:white;">—</span>no es posible el olvido ni la superación total del dolor<span class="highlight" style="--color:white;">—</span> pero también la belleza que su lectura nos dejará: </p><p><em>El recuerdo es la sombra</em></p><p><em>torpemente zurcida a los talones</em></p><p><em>y el olvido la piedra</em></p><p><em>que no termina nunca de caer.</em></p><p><em><strong>Teresa Gómez</strong></em><em> es licenciada en filología hispánica y poeta. Su último libro publicado es "La espalda de la violinista" (2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Dec 2021 05:00:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una fuga al pasado o la universalidad de la pérdida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Coque Malla: "He estado demasiado agarrado al rock and roll"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/coque-malla-he-agarrado-rock-and-roll_1_1150730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Coque Malla</strong> (Madrid, 1969) no aparenta sus ya 48 años. Y no es la primera vez que se dice. Su fama de Peter Pan quizás venga más de los ojos que le miran, que ven aún en él al eterno adolescente de Los Ronaldos, que de los suyos, apenas marcados por la edad. Mientras que algunos tararean todavía "Adiós papá" o "Por las noches", con 33 años de carrera a sus espaldas a él le ha dado tiempo de reinventarse varias veces. Ahora vive una explosión creativa que dura ya casi diez años y que corona con <a href="https://www.coquemalla.es/web/" target="_blank"><em>Irrepetible</em></a><em> </em>(Warner), un <strong>disco en directo</strong> en el que recoge canciones de esta última etapa... y alguna más. </p><p>Pero detrás del disco no hay ninguna nostalgia. O eso asegura el músico: "Fue una decisión más festiva que reflexiva. Es poner en un disco lo que soy, porque el 80% de lo que soy como músico se explica en el escenario, que <strong>es mi hogar</strong>". Comparte la celebración con invitados (y amigos) como <strong>Jorge Drexler, Iván Ferreiro</strong> o <strong>Santi Balmes</strong> (de Love of Lesbian) que se subieron con él al escenario del Nuevo Teatro Alcalá, en Madrid, el 6 de junio de 2017. Y es también, en parte, una manera de desquitarse: su último trabajo, <em>El último hombre en la tierra</em> (2016), no pudo presentarse en directo como él habría querido, con las cuerdas y vientos de sus audaces arreglos originales. Todo esto queda felizmente registrado en <strong>un DVD que acompaña al trabajo</strong>, como si fuera un recuerdo de boda o de un día de vacaciones. </p><p>Así lo ve Malla. "El sitio donde estoy ahora mismo es muy interesante, y no se va a volver a repetir, de ahí entre muchas otras cosas lo de <em>Irrepetible</em>", cuenta a este periódico en una nueva jornada de promoción. Es como cuando estás en un viaje y dices <strong>'Qué momentazo'</strong>, y sacas la cámara y lo grabas porque no quieres que eso se te olvide. Tiene algo de eso". Habla de "energía". La que se da en los conciertos con el público, entre los músicos de la banda. Pero también de la que le llevó a plantearse un cambio de registro en su último disco. Nada de guitarra, teclado, bajo y batería. Decidió tirar de su hermano, <strong>Miguel Malla</strong>, músico de jazz, para vestir sus canciones de <strong>arreglos sinfónicos</strong>. "Eso te obliga a caminar por unos lugares armónicos, melódicos y tímbricos difíciles y nuevos", explica. Y hay orgullo en su voz. </p><p>¿De dónde viene este 'momentazo'? El músico se retrotrae a "10, 15 años atrás". Sí, por ahí ha habido también un desamor, un cambio de vida, algo que muchos llamarían "crisis de los 40". Pero también una especie de revelación musical: "Empiezo a escuchar muchísima más música". Así de sencillo. Apela a una "obligación" laboral semejante a la que tienen los cocineros, cuyo trabajo les exige estar dispuestos a probarlo todo. Para "entender mejor lo que pasa en el paladar", Malla empezó a hacerlo también: ópera, blues de los años veinte, folk, bandas sonoras, un pop que nunca antes había frecuentado... "<strong>He estado demasiado agarrado al rock and roll clásico</strong>", dice, como excusándose, y en seguida: "Que está muy bien y hay gente que se queda toda la vida ahí y hace de eso una carrera, pero yo me solté y empecé a <strong>navegar por otros sitios</strong>. El resultado empieza a dar sus frutos".</p><p><em><strong>Mujeres </strong></em>(2013) fue quizás un punto de inflexión. En él, revisaba algunas de sus (numerosas) canciones de amor a dúo con artistas como Leonor Watling, Ángela Molina, Jeanette o Rebeca Jiménez. "Ahí sí había un concepto más sesudo, había más tela que cortar: quería hablar del conflicto entre hombre y mujer, las dinámicas de las canciones de amor… La figura de la mujer era una obsesión para mí y quería tratarlo".</p><p>Luego vino lo que él llama el "cuádruple salto mortal con tirabuzón", ese último disco en el que cambió el paso y en el que materializó esos "otros sonidos, otras emociones" que llevaba mascando casi una década. Hasta allí le había conducido un rebuscar de música en las tiendas de discos, en los servicios de <em>streaming</em>, en Internet. Como si estuviera hambriento. Y, entre todas las voces nuevas que encontró, destaca tres, su Olimpo particular: <strong>Richard Hawley</strong>, <strong>Rufus Wainwright</strong> y "especialmente Divine Comedy con <strong>Neil Hannon</strong>". Los llama "genios" y durante este tiempo ha estudiado minuciosamente su manera de fusionar música sinfónica y pop rock. Este último participa en Irrepetible. Cantan juntos "My beautiful monster" (escrita para <a href="https://www.youtube.com/watch?v=4Rwyo_Rl8O8" target="_blank">Bite</a>, película de terror de Alberto Sciamma) y "Absent friends" (solo en el DVD). Coque Malla sonríe junto a su ídolo. "Para mí fue casi como cantar con Bowie". </p><p>Se le ve diferente sobre escena, esas tres décadas de carrera pesan. Y él lo sabe. ¿Qué le distancia de su yo de hace 20 años? "Hay una diferencia fundamental. Hace 20 años, mi objetivo era conseguir un espectáculo maravilloso sacrificando cualquier cosa, incluso las canciones", explica. Si tenía que trepar o arrojar una guitarra para levantar al público, aunque fuera en detrimento de la música, no dudaba en hacerlo. "Ahora <strong>mi objetivo principal es la música</strong>, la canción. Que emocione, porque ese es el verdadero espectáculo. Y claro, consigues otros efectos. Tienes a la gente paralizada. No saltando, volviéndose loca y sudando como antes. La tienes quieta, muy quieta". ¿Echa de menos ese pico de adrenalina, el ruido, el público enloquecido? Sonríe: "La gente se iba de mis conciertos hace 20 años habiéndoselo pasado pipa, pero a los dos días a lo mejor se les olvidaba. <strong>Ahora se va conmovida</strong>".</p><p>Y no solo en los directos. Cuenta que ahora, ahora que visita otros paisajes musicales, a la hora de <strong>componer </strong>sus manos se mueven de otra forma por el teclado, por el mástil de la guitarra. "Es difícil de explicar", dice, esforzándose "y yo soy poco técnico, además, no sabría decirlo de una forma académica. Pero el caso es que<strong> las manos van por otro camino</strong>. Van buscando —porque al final es lo que hacen, buscar— otro tipo de emoción". Armonías más complejas, estructuras menos rígidas, que "la canción avance, avance, avance" más allá del estrofa-estribillo. </p><p>¿Y ahora, después del salto mortal? "Lo primero, no perder la cabeza y darte cuenta de que lo importante no es tal o cual arreglo, sino hacer buenas canciones, que yo creo que no tienen por qué acabarse nunca". Componer, dice, no es inventar, sino sintonizar con algo. <em>Clac</em>. "Y luego sí voy a intentar ir más allá en la idea de <strong>deconstruir las estructuras clásicas del pop</strong>, o al menos intentarlo. Con mucha prudencia, porque no soy ningún genio, no soy Bowie, no soy Thom Yorke. Pero quiero intentarlo al menos". Y, al sonreír, unas arrugas finísimas le enmarcan los ojos. Como si tuviera exactamente la edad que tiene. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <media:title><![CDATA[Coque Malla: "He estado demasiado agarrado al rock and roll"]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Industria discográfica,Cultura,Conciertos,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inválida en el desierto de mi deseo de vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/invalida-desierto-deseo-vos_1_1203137.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/286bc0a7-525a-453d-8b6f-784d54cd37a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inválida en el desierto de mi deseo de vos"></p><p><strong>Inválida en el desierto de mi deseo de vos</strong></p><p><em>...tan en mí, tan viva en mí, </em></p><p><em>que si me muero a ti te moriría. </em></p><p>Juan Gelman</p><p>Una debería sentarse</p><p>a observar despedidas</p><p>en la estación de autobuses.</p><p>Deducir cuánto han corrido mundo</p><p>aquellas vidas</p><p>por las ruedas gastadas</p><p>y el trajín de maletas.</p><p>Corolarios de besos indolentes,</p><p>muchachos aburridos</p><p>con pistolas de plástico,</p><p>los viajes de trabajo</p><p>del señor de corbata,</p><p>las parejas de sexo contraído,</p><p>estudiantes contando unas monedas</p><p>mientras fuman cigarros,</p><p>la chica del tatuaje</p><p>que saluda a su novio</p><p>con un nombre de tinta</p><p>que le cruza el ombligo.</p><p>Epitafios sin tumbas,</p><p>individuos que mueren</p><p>un poco</p><p>en otros brazos.</p><p>¿Cómo sería despedirnos</p><p>si fuéramos aquellos del andén</p><p>que se saludan?</p><p>¿De qué región vendría cada uno,</p><p>y a qué muslos iría?</p><p>¿Qué peldaño</p><p>de esta vasta escalera</p><p>contaría el adiós?</p><p>Nadie puede escaparse de sí mismo,</p><p>cubrir con su sombrilla</p><p>el entero horizonte</p><p>de la escarcha.</p><p>Por eso voy sola</p><p>a observar a los otros,</p><p>sin mochilas, ni bolso,</p><p>ni equipaje de mano.</p><p>Como quien lleva el amor</p><p>pegado a las costillas</p><p>o cosido al dobladillo</p><p>de la falda. </p><p>De <em>El cielo entre paréntesis </em>(2017)</p><p><em>*Marisa Martínez Pérsico (Buenos Aires, Argentina, 1978) es poeta. Su último libro, </em><strong>Marisa Martínez Pérsico</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/350-128-el-cielo-entre-parentesis.html" target="_blank">El cielo entre paréntesis</a><em> (Valparaíso, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marisa Martínez Pérsico]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Virginia Woolf, después del té]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/virginia-woolf-despues_1_1150705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Virginia Woolf, después del té"></p><p><em>Treinta cuadernos. Entre 1897 y el final de su vida, la escritora Virginia Woolf (Kensington, Middlesex, Inglaterra, 1882-Lewes, Sussex, 1941) llenó treinta cuadernos con sus días. Días repletos de citas y cotilleos, compras y cuentas, descripciones sobre el tiempo y sobre los árboles, breves instantes de lucidez en medio del barullo cotidiano. Un tesoro, no solo para los amantes de la autora de </em>La señora Dalloway<em>, </em>Orlando <em>o </em>Las olas<em>. No solo para los amantes de los diarios, </em>voyeurs <em>ávidos de asomarse a la intimidad más o menos censurada de sus autores. Los cuadernos de Woolf están llenos de historia (las descripciones de los bombardeos durante la Primera Guerra Mundial), de literatura (veloces notas sobre Shakespeare o Dostoievski), de sabiduría (observaciones sobre sus amigos, sobre L., su Leonard, sobre las vanidades de la burguesía). Y, además, sus diarios completos han estado hasta ahora inéditos en España. La editorial Tres hermanas ha recuperado el primero de los cinco volúmenes que editó Anne Olivier Bell, sobrina política de la autora. También editó una versión abreviada en un único tomo. "Se llamó", explica el sello, "</em></p><p><a href="https://treshermanasediciones.tumblr.com/post/169671286621/por-qu%C3%A9-es-una-primicia-en-los-estantes-de" target="_blank">hasta ahora inéditos en España</a>A moment’s liberty, The shorter diary<em> (en español, </em>Diario íntimo<em>), y es la que fue magníficamente traducida a partir de 1992 y hasta 1994 por Justo Navarro, que se hizo cargo del primer volumen de los tres en los que Grijalbo Mondadori fragmentó la obra, y Laura Freixas, que tradujo los otros dos. De </em>The diary of Virginia Woolf<em>, la versión más extensa, que en Tres Hermanas manejamos desde un principio, solo Siruela publicó hace ya algún tiempo uno de los tomos, el que incluía los años entre 1925 y 1930". </em></p><p><a href="http://treshermanas.bigcartel.com/product/el-diario-de-virginia-woolf-volumen-i-1915-1919-edicion-de-anne-olivier-bell" target="_blank">El diario de Virginia Woolf Vol. I (1915-1919)</a><em>, traducido por Olivia de Miguel con prólogo de Inés Martín Rodrigo, lleva por primera vez a los lectores las palabras de aquella escritora que perfilaba sus primeras novelas, </em>Fin de viaje <em>y </em>Noche y día<em>. Recogemos aquí algunos extractos del volumen. </em></p><p><em>______________________</em> </p><p><strong>1915</strong></p><p>Miércoles, 6 de enero</p><p>(...) He pasado la semana escribiendo con absoluto placer, cosa extraña porque siempre tengo la sensación de que no tengo motivos para estar satisfecha de lo que escribo & de que en seis semanas o incluso después de unos días, acabaré por odiarlo. Fui a Londres & pregunté en Grays Inn si alquilaban habitaciones. Había un apartamento disponible; enseguida me imaginé toda suerte de maravilles & pasé a verlo temblando de entusiasmo. Pero era perfecto para una persona e imposible para dos. (...) </p><p><strong>1917</strong></p><p>Lunes, 22 de octubre</p><p>La luna está casi llena & los trenes nocturnos, atestados de gente que se va de Londres. Esta tarde vimos el socavón en Picadilly. Han cortado el tráfico & la gente pasa lentamente por el lugar que los obreros están reparando, aunque ellos parezcan pequeños en comparación con el agujero. Swan & Edgar tienen las ventanas tapadas con arpillera o tablones; se ve a las dependientas que miran por las rendidas desde dentro; no se ve género por ninguna parte, pero "está abierto como siempre", dicen. Los escaparates están rotos aleatoriamente; algunos intactos, unos por aquí y otros por allá. Nuestra Biblioteca de Londres, sin embargo, está de una pieza, & encontramos nuestros libros & volvimos a casa en metro, de pie en todo el trayecto hasta Hammersmith, & ahora acabamos de llegar. (...)</p><p>Jueves, 2 de noviembre</p><p>Presumí tanto de este diario & de la fascinación por llenarlo de la fuente inagotable de Garsington que me avergüenzo de saltarme días; & aún así, como señalo, es la única posibilidad de que este diario sobreviva es esperar a que yo esté de humor para escribir. Por cierto, Ottoline lleva también uno dedicado, sin embargo, a su "vida interior"; eso me hizo pensar que yo no tengo vida interior. (...)</p><p>  <strong>1918</strong></p><p>Martes, 12 de marzo</p><p>Esta página debería estar enteramente dedicada al elogio del buen tiempo. Un curioso efecto de la primavera en las afueras de la ciudad es que por las tardes hay muchos hombres & mujeres que cantan. Nos sentamos con las ventanas abiertas & una señora gorjea unas notas en aparente éxtasis. Aunque se le puede perdonar teniendo en cuenta que... Bueno, aquí van algunos hechos: en Kew, decidí sentarme en un banco a la sombra; vi dos mariposas níspola, y sauces, crocus y escilas: todos con brotes & en flor. La ropa negra parece un paño mortuorio polvoriento; en cuanto a las pieles, causan risa. Nos encontramos en Kew. </p><p>Puedo decir que me han "despedido de The Times". Para que la herida sea aún más amarga, L. tiene dos libros de The nation. Han pasado dos semanas desde mi despido & como resultado estoy escribiendo mi novela a una velocidad asombrosa. Si continúo despedida, la terminaré dentro de uno o dos meses. Es un trabajo muy absorbente. L. y yo nos damos cuenta de que últimamente hemos escrito a una velocidad asombrosa: L. 40.000 palabras & aún no ha tocado el libro en sí; yo he sobrepasado de largo las 10.000. (...)</p><p>Jueves, 18 de abril</p><p>Hay un grave defecto en el plan de trabajo de este diario que establece que debo escribirlo después del té. Cuando la gente viene a tomar el té, no puedo decirles: "Ahora, esperen un minuto mientras escribo unas observaciones sobre ustedes". Luego, se van & es demasiado tarde para escribir. Y así, en el preciso momento en el que destilo pensamientos y descripciones para esta página, tengo la desconcertante sensación de que la página desaparece; los pensamientos yacen desparramados por el suelo y, desde luego, es difícil volver a recogerlos. (...)</p><p>  <strong>1919</strong></p><p>Domingo, (Pascua) 20 de abril</p><p>(...) He sacado este diario & lo he leído como siempre se lee lo que uno ha escrito, con una especie de intensidad culpable. Confieso que su estilo tosco & aleatorio, con frecuencia agramatical & con necesidad apremiante de cambiar algunas palabras, me ha hecho sufrir ligeramente. Intento decirle a cualquiera que lea esto en el futuro que sé escribir mucho mejor, que no le dedique mucho tiempo & que le prohíbo que deje que un hombre le ponga la vista encima. Y dicho esto, puedo añadir un pequeño cumplido en el sentido de que tiene ímpetu & vigor, & a veces da inesperadamente en el clavo. Pero lo que aquí viene al caso es mi creencia de que el hábito de escribir solo para mí misma es una buena práctica. Suelta las ataduras. No importan los fallos ni los tropezones. A la velocidad que voy, tengo que realizar disparos directos e instantáneos sobre mi objetivo, & así dar con las palabras, elegirlas & lanzarlas sin más pausa que la de mojar la pluma en la tinta. Creo que a lo largo del año pasado, se percibe cierta mejora en mi escritura profesional, lo que atribuyo a estos ratos informales después del té. Además. aparece ante mí la sombra de la forma que un diario podría llegar a conseguir. Con el tiempo, yo podría aprender qué hacer con esta materia viva que fluye a la deriva; encontrarle en la ficción otro uso que el que ahora tiene, mucho más consciente & escrupuloso. ¿Cómo me gustaría que fuera mi diario? Un tejido suelto, pero no desaliñado, tan elástico que pueda albergar cualquier cosa que se me ocurra, solemne, ligera o hermosa. Me gustaría que se pareciera a uno de esos hondos escritorios antiguos o a una bolsa grande en los que uno mete un montón de cachivaches sin revisar. Me gustaría volver al cabo de uno o dos años & encontrar que la colección se ha ordenado & refinado & fusionado ella sola, como hacen misteriosamente esos recipientes, que forman un molde, lo bastante transparente como para que reflejar la luz de nuestra vida, & que, sin embargo, sea estable y sereno, compuesto con la distancia de una obra de arte. (...)</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia Woolf]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura inglesa,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Matriarcado e ikurriñas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/matriarcado-e-ikurrinas_1_1150704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b0dbfe2d-2960-4d5e-aa54-33529e16bc8e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matriarcado e ikurriñas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>Años lentosFernando AramburuTusquetsBarcelona2012</strong><em>Años lentos</em></p><p>Cuando me lo prestó mi amiga Ana me dijo en tono confidente: "Te voy a dejar un caramelito". ¡Qué razón tenía! Además de un magnífico libro, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-anos-lentos/88853" target="_blank"><em>Años lentos</em></a><em> </em>es toda una experiencia literaria para saborear despacito: por temática, estructura y un divertido espectáculo de ejercicio metaliterario. Pero no se confíen. Esta historia no da para muchas sonrisas. Tiene los tonos grises (y el sirimiri) de su portada y la palabra "lentos" de su título para que vayamos haciendo boca. Porque lo que cuenta pesa y es un lastre que llevan sus personajes.</p><p>Txiki, como le llamaba su primo Julen de pequeño, es la voz narradora de esta larga carta dirigida al propio <strong>Aramburu</strong>. Sí, el escritor. Es la <em>gracia </em>y uno de los encantos de esta maravillosa novela donde se alternarán los capítulos de Txiki y sus recuerdos de la infancia, con los "Apuntes" del autor cuando se enfrasca en la construcción de esta novela. Con ellos desarrollará ese original ejercicio metaliterario donde –¡es fantástico!– el lector aprende lo laborioso que es <em>fabricar</em> una buena historia. Pero tampoco faltan oportunidades para sonreír. Nos ofrece la oportunidad de curiosear en las tripas mentales de un escritor. Ya lo verán.</p><p>Pero, ¿qué cuenta <em>Años lentos</em>? Pues una historia triste, sórdida a veces. La madre de Txiki debe dejar a su hijo con su hermana en San Sebastián porque no puede mantenerlo. Hay más críos que alimentar en casa. El pequeño tendrá que amoldarse a un nuevo barrio y a su nueva familia encabezada –y nunca mejor dicho– por su tía Maripuy. Esa mujer que simboliza el <em>par de ovarios </em>–sí, así lo va a entender todo el mundo– del matriarcado vasco. Ella lleva todo para adelante. El pusilánime de Vicente, su marido, no da para más que para trabajar, echarse la siesta y bajar al bar por las tardes. Y por supuesto, desentenderse de todo lo importante y grave que ocurre en su hogar.</p><p>El hijo, Julen, es el joven que escucha obnubilado al cura del barrio. Está eclipsado con los ardorosos mensajes de <em>salvación</em> para la patria vasca. La ingenuidad del personaje ilustrará al lector sobre el camino que muchos siguieron para enrolarse la siniestra vereda que demolió al País Vasco. Esos años de plomo… Eran los sesenta, donde se gestaba la banda terrorista ETA. Qué ilustrativo para los tiempos que vivimos, ese afán de Julen por esconder cual tesoro clandestino su amada ikurriña (la bandera vasca). Esos trozos de tela que tanto dolor causan si se esgrimen contra el otro y cuando su exhibición carece de objetivos sanos.</p><p>Pero esta es solo una pata de <em>Años lentos</em>. También está Mari Nieves, la prima de Txiki que liará una tremenda en casa por su manga ancha en la relación con el género masculino. Todos, quiera o no Vicente, tendrán que apechugar con las consecuencias del comportamiento de la chica.</p><p><em>Años lentos</em> es un retrato costumbrista de la fecha y el lugar donde se desenvuelve esta historia llena de fuerza. Lo que parece distendido no lo es, lo que tiene visos de tragedia se relata con toque irónico e hilarante. Aramburu se desenvuelve aquí como pez en el agua (para troncharse de risa la insoportable fetidez de los pies de Julen o las nueces <em>perversas </em>objeto de juegos de los adolescentes del mundo de Mari Nieves). Por favor, no se lo pierdan. Disfruten de estos pasajes.</p><p>Para este compendio de aciertos Aramburu no necesita de artificios ni ampulosidad en el lenguaje, directo y sencillo como sus personajes. No hace falta esa paja infumable que a veces encontramos en cientos de páginas de literatura. El autor se dedica a contar bien y de manera contundente. Bebiendo además de la narración oral, donde el pequeño Txiki, ahora adulto, relata a Aramburu su pasado utilizando técnicas clásicas del <em>Lazarillo de Tormes</em> y recursos <em>cervantinos</em> desplegados en enunciados del tipo: “y fue de esta manera”, “ocurrió así”…</p><p>Tampoco olvida esos modismos vascos que quienes los sufrimos, acabamos dudando si lo correcto es “habría” o “hubiera”. Es más, bien clarito lo deja cambiando el formato de la letra. Aramburu está en todo…</p><p>Esta es una novela seria. Tremenda. Auténtica. Original. Interesante. Breve; pero lo bueno si breve, es dos veces bueno. Eso dicen, y <em>Años lentos </em>es un buen ejemplo. ¿Para qué más páginas cuando se cuenta tan bien y el lector además aprende y se entretiene? Bravo, señor Aramburu. Mire que me cautivó con <em>Patria</em>, esa novela que tanto está dando que hablar porque hacía falta que alguien contara lo que cuenta como usted lo cuenta. Se lo digo como lectora curiosa, ansiosa por conocer y aprender cada día y sobre todo, como bilbaína de nacimiento. Parece que hoy en día todo se ha dicho y analizado. Pues no. Obras como las suyas hacen falta como el comer.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Matriarcado e ikurriñas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Nueva hornada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nueva-hornada_1_1150695.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4d836e4-2556-4ede-b0af-1565bbcdb142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nueva hornada"></p><p><em>Gonzalo y Alfonso, libreros de Tipos Infames, en Madrid, recomiendan algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________​ </p><p><strong>Los golpesJean MeckertTraducción de Javier Bassas</strong><em>Los golpes</em></p><p><strong>Las AfuerasBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p>Ambientada en el convulso París de los años treinta, <em>Los golpes</em> es la primera novela de <strong>Jean Meckert</strong>, con la que obtuvo el reconocimiento de escritores como <strong>André Gide</strong> y <strong>Raymond Queneau</strong>. Pocas obras como esta han tratado la realidad de las clases trabajadoras o la violencia contra las mujeres con tanta crudeza. Parcialmente autobiográfica, Meckert vierte en este libro la rabia de clase acumulada durante los primeros años de su vida y nos muestra que el lenguaje es un campo de batalla, y que la del escritor también es una lucha por encontrar la palabra justa.</p><p>  <strong>El atlasWilliam T. VollmamTraducción de José Luis Amores</strong><em>El atlas</em></p><p><strong>Pálido FuegoMálaga2018</strong></p><p>  </p><p>Aclamado por la crítica estadounidense como “el novelista contemporáneo más original —y posiblemente también el más fascinante e imaginativo—”, <strong>William T. Vollmann</strong> se ha labrado una justa fama de periodista intrépido dispuesto a viajar hasta los lugares con mayor “ambiente” del planeta. En <em>El atlas</em> —publicado en 1996 y considerado uno de los mejores libros de relatos del siglo XX— utiliza su formidable talento para crear una fabulosa red de cincuenta y tres historias interconectadas, lo que él mismo denomina “un atlas fragmentario del mundo en el que yo pienso”.</p><p>  <strong>AutogolRicardo Silva RomeroLa Navaja SuizaMadrid2018</strong><em>Autogol</em></p><p>  </p><p>1994, Colombia, un país que se ha convertido en sinónimo de narcotráfico y violencia, vive pendiente de su selección de fútbol. El Mundial de Estados Unidos parece devolver la fe a un pueblo que hace mucho tiempo dejó de creer en milagros. Hasta que el jugador con el dorsal número 2, <strong>Andrés Escobar</strong>, marca un gol en propia puerta que desencadena varias tragedias. En el mismo estadio se queda sin voz el comentarista deportivo <strong>Pepe Calderón Tovar</strong>, quien, días después, decide acabar con la vida del defenestrado héroe nacional.</p><p>  <strong>Todos parecían soñarÁngel BonominiPre-TextosValencia2017</strong><em>Todos parecían soñar</em></p><p>  </p><p>La publicación de los cuentos de <strong>Ángel Bonomini</strong> descubre al lector español la fuerza literaria de uno de los grandes cuentistas de la literatura argentina. Escritor modesto, huidizo de la prensa y los actos públicos, consiguió deslumbrar con su fuerza narrativa a <strong>Jorge Luis Borges</strong> y <strong>Adolfo Bioy Casares</strong>. La voz de Bonomini no contaba por contar, entraba en la escritura con la urgencia de decir lo inevitable, aquello que debía ser conocido por lo demás de una forma elegida y precisa.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Tipos Infames en la Calle San Joaquín, 3, de Madrid, o en su página web.</em><strong> Tipos Infames</strong><a href="http://www.tiposinfames.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tipos Infames]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nueva hornada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reina de la casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reina-casa_1_1150693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f710128d-98ec-4cf0-866d-695fbe3e7b78_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reina de la casa"></p><p><em>(Comienza Beatriz Rodríguez.)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Cuando era niña su madre la llamaba reina, por eso Purita nunca se ha dirigido a Martín como "príncipe", sino como "rey", y cuando se separó del padre de Martín pasó al posesivo "mi rey". Martín mi rey duerme con mamá, se ducha con mamá, juega con mamá y ve la tele con mamá. Para su octavo cumpleaños mamá le está preparando una fiesta con dos tartas y una piñata que imita a las auténticas mejicanas y a la que van a venir sus mejores amigos, algunos de sus primos, sus tíos y abuelos y el nuevo novio de Mamá, Leo.</p><p>Martín mi rey piensa que Leo es simpático y que, aunque no es tan fuerte como su padre, juega muy bien al fútbol y siempre le dice que sí a todo.</p><p>El día de su cumpleaños Purita le explica que esa noche Leo va a dormir en casa, pero este no se lo toma demasiado bien. Tal vez deberían haber elegido otro día, comentan Purita y Leo, pero como ya se lo han dicho al niño, es mejor no desdecirse, así entiende que las decisiones de los mayores están por encima de las de los pequeños. Sin embargo, Leo no cree que esto haya sido una decisión de los mayores, sino algo que ha hecho Purita cuando ha creído conveniente.</p><p>Después del cumpleaños los tres están agotados. Como siempre ocurre, muchos padres han tomado la fiesta como una tarde de recreo para ellos, y han abandonado allí a sus hijos como si Purita fuese la canguro del fin de semana, pero gratis. No logra entender cómo algunos padres son tan desprendidos, ella daría lo que fuera por estar cada segundo del día con Martín mi rey.</p><p>Leo ha pasado el suficiente tiempo con Purita y con Martín como para saber la relación tan fuerte que tienen madre e hijo, y  a veces se pregunta si el niño no será ya algo mayor para seguir durmiendo con su madre. Él tuvo un padre autoritario y una madre pusilánime, así que nunca le dejaron meterse en la cama con ellos. Leo piensa en el otro tema que le preocupa mientras desde una esquina del sofá observa cómo Martín mi rey, se desparrama sobre el cuerpo de Purita. A veces a esta le queda una mano libre, y con un poco de lástima, extiende los dedos para acariciar a Leo, que desde la periferia afectiva los roza con el mismo deseo con el que le gustaría estar tocando sus senos o su trasero.</p><p>La noche pasa más o menos tranquila. Leo le ha contado un cuento a Martín mi rey y a este le ha parecido muy divertido cómo el novio de mamá imitaba la voz ronca del lobo, sin embargo para dormir la necesita a ella, más esa noche en la que ya le han explicado que no va a poder irse a su habitación si tiene miedo, como hace habitualmente. Esto le produce un poco de ansiedad, así que Purita se mete en su cama con su hijo hasta que se queda dormido, mientras su novio la espera en el cuarto de al lado.</p><p>Leo piensa en el pobre Martín, siente que le está quitando su espacio, y probablemente el pequeño opina lo mismo de él. Los dos están algo tristes por la situación, pero desean tanto estar con Purita que siempre se muestran contentos y divertidos delante de ella.</p><p>Su novia entra en la habitación y se mete en la cama. El camisón tiene una pequeña lazada en el escote y cuando se lo desabrocha, Leo se excita y le hace el amor sin pensar que tal vez Martín no está todavía dormido. Purita sabe que no hay peligro, por eso se deja hacer y disfruta de tenerlos por fin a los dos bajo el mismo techo.</p><p>Los tres duermen bien, pero por la mañana Leo se despierta con los pucheros de Martín mi rey, que a veces se entrelazan con una risita nerviosa, y no sabe si el niño está triste o está alegre. El ruido proviene del cuarto de baño, la puerta está abierta, así que solo tiene que asomarse para ver a Purita recién salida de la ducha. Está desnuda y tiene la cabeza boca abajo, con una toalla pequeña se seca el pelo mientras Martín mi rey hace pipí sentado y extiende la mano para tocarle a su madre la teta izquierda.</p><p><em>(Seguirá Michelle Roche Rodríguez.)</em><strong>Michelle Roche Rodríguez</strong></p><p><em>*Beatriz Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Beatriz Rodríguez</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cuando-eramos-angeles/206166" target="_blank">Cuando éramos ángeles</a><em> (Seix Barral, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La reina de la casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historiografía para la nueva derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/historiografia-nueva-derecha_1_1150690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/27bc38bd-4ca3-460b-b67a-7d9295258b07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historiografía para la nueva derecha"></p><p><strong>En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negrasStanley G. PayneEspasaMadrid2017</strong><em>En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras</em></p><p>  </p><p>El último premio Ensayo Espasa ha optado por el don de la oportunidad. El libro ganador, <em>En defensa de España</em>, de <strong>Stanley G. Payne</strong>, es un catecismo de buenas prácticas historiográficas para la nueva derecha española. Con el argumento de desmontar leyendas negras y mitos, el hispanista se monta un recorrido por la historia de parte de la península ibérica que insiste en volver a levantar los mitos que terminan por enaltecer el espíritu de lo español, lo castellano, lo monárquico y lo católico. Así que, con la que cae de antiespañolismo, rebeldía periférica, republicanismo y lucha de bandera, ocasión que ni pintada: tres carabelas en su portada no tienen por qué ser presagio de buena singladura.</p><p>Por  partes. Vuelve Payne a enarbolar el concepto de Reconquista, a envolverse en el pendón y la defensa de Castilla, la reserva espiritual de España, y en tanto mantiene para los godos pretéritos el espíritu de españolidad, se lo niega a los musulmanes asimilados, descendientes de norteafricanos —como los sojuzgados por la minoría goda—, que vivieron siete siglos en una misma tierra. Por eso el autor, porque el medievo musulmán no servirá a su propósito, pasa de puntillas. Sigue el previsible elogio de la monarquía hispánica de sus católicas majestades; se levanta en el segundo tercio y pasa imperial por el siglo y medio de Austrias, esos que gobernaban con total consciencia una adición de territorios y sabían que lo que hoy está bajo misma corona, mañana quizá no lo esté; se encuentra augusto en el florecimiento del Imperio, recio honor a los tercios y conquistadores, con debido silencio sobre las rebeldías territoriales; remate de época con salpicón de dos siglos y tanto de Borbones salteados con repúblicas y dictaduras.</p><p>Se siente más seguro en el análisis del siglo XX. En la II República se dedica a dar estopa a los presidentes elegidos democráticamente –como si sus decisiones no fuesen mucho más legítimas que las que hubiese tomado cualquier Borbón en años anteriores, y posteriores— y a poner en solfa los resultados electorales de 1936 conforme a peregrinos argumentarios del primer franquismo; en la Guerra Civil da por sentado que fue mejor solución la dictadura que la revolución, que Durango y Guernica fueron meros accidentes del frente y que los números de muertos son exagerados; y en la dictadura, si bien creemos que <strong>Franco </strong>no merece un juicio histórico, ni es necesario que lo tenga, sí se le debe al franquismo (al que Payne se empeña en llamarlo pseudofascismo, semifascismo y otros eufemismos), un juicio que no llega y que libros como este vienen a demorar. No por equidistancia, sino por prevalencia. No hay la más leve alusión a la España que se fue al exilio. Ni una España, ni dos Españas, al menos tres. Debe ser que no forma parte de la leyenda negra.</p><p>En la Transición, su momento estelar, Payne se viene arriba, se mete en el libro y protagoniza reuniones históricas en EE.UU. donde se decidirá el futuro de España. Como lo leen. Sigue la deriva con defensa del rey, elogio y lamento de <strong>Torcuato Fernández-Miranda</strong> y lanzamiento de <strong>Suárez </strong>por el centro izquierda y el pozo de la ambición; sobreviene leñazo a la izquierda, revisión de la Transición como un momento de desmovilización política y modelo para el mundo. Por supuesto, todo es culpa del posmodernismo, el igualitarismo, el “buenismo” (cuando pasa <strong>Rodríguez Zapatero</strong>, le da un capón) y este sindiós de corrección política y relativismo de izquierda que define <strong>Trillo Figueroa</strong> como “ideología invisible” (ojo, Trillo el hermano, no el ex ministro). Y para rematar un buen rapapolvo a la memoria histórica (democrática), como si fuese el leviatán que nos conduce al desastre.</p><p>En fin, a buen entendedor y aunque lo disfrace de otra cosa, parece panorama de una eterna Guerra Civil, posiblemente iniciada en la Navas de Tolosa, por la que desfilan las sombras de abencerrajes, beltranejos, comuneros, moriscos, catalanes, afrancesados, carlistas, anarquistas, requetés y etarras. No es de extrañar que el escudo heráldico español esté cuarteado, dividido en tantos símbolos (compárenlo con el recio emblema de Francia, con la poderosa cruz griega de plata, con el águila federal alemán que a veces recuerda al de San Juan pasado por el cómic…). Este escudo solo lo cimenta una dinastía con una flor en su centro. Cosas que seguimos viendo en el siglo XXI.</p><p>Libros como este establecen la nueva propaganda, la adecuada revisión que espera la derecha (la nueva y la vieja derecha demócrata y democratable) para poder enfrentarse a su pasado y justificar sus ancestros ideológicos sin dolor. Es un libro de opinión, muy versada, muy documentada, que bebe de donde conviene, pero no defiende más que una opinión vieja, muy vieja, disfrazada de nueva. La Historia no obliga más que, como en el adagio, aprender del error pasado (cosa que el autor evoca), porque la Historia nos ha demostrado que no hay organización ni estructura que aguante para siempre, ni el Reich, ni la Catalunya triomfant, ni el París de la Comuna, ni la España de Franco —aunque algunas universidades y organizaciones religiosas se empeñen en los contrario—. Tampoco la Historia es llevada por la voluntad de un ser humano, como Payne quiere hacernos creer, ya sea por el designio en lo universal de los Reyes Católicos, por la ciclotimia del primer <strong>Felipe de Borbón</strong>, la ambición de <strong>Godoy</strong>, el calentón de un <strong>Primo de Rivera</strong>, los excesos de don <strong>Niceto Alcalá-Zamora</strong> o la fingida imprevisibilidad del dictador, que en este libro parece un pobre hombre obligado y abúlico, soñador del imperio africano, que tuvo que hacer lo que tuvo que hacer porque no había más remedio y bien justificado queda.</p><p>Todos ellos no son más que monigotes de las circunstancias sociales, económicas y culturales, del contexto internacional, dando igual el nombre del ser humano e importando mucho más su época, donde el apellido fue un accidente. Si a un estudiante de la Alta Austria le hubiesen elogiado su pobre obra pictórica y hubiese accedido a la Academia de Bellas Artes de Viena, quizá nos hubiéramos evitado un dictador llamado <strong>Adolf Hitler</strong> y hubiésemos ganado un mediocre pintor, pero ello no aseguraría que hubiésemos evitado el ascenso del nacionalsocialismo y su traca mortal. Tampoco es plan de echarle la culpa al jurado de acceso a la academia vienesa. Creo que esto me lo contaba un viejo músico francés. Este prurito alérgico de anti materialismo histórico de Payne le lleva a perder el rumbo, centrarse en los nombres de los hombres (y pocas mujeres) que presiden las paredes de los salones de pasos perdidos de la Historia, serios y pétreos en sus retratos de plano medio, y además, dedicarse a la historia ficción del qué hubiera pasado si… si Franco se hubiese levantado el 18 de julio con migraña, si don Niceto hubiese dejado gobernar a <strong>Gil-Robles</strong>, si <strong>Pepe Botella</strong> hubiese caído en gracia, si, si, si, <strong>Sisí</strong> emperatriz.</p><p>Para enjaretar este país, donde muchos de sus ciudadanos han superado desde hace años el rapto y muerte de la madre patria (a manos de la derecha y con ahogo de naftalina, práctica que se llevó por delante los símbolos, las tradiciones y más de medio orgullo histórico) hace falta más que reinventar la Historia, reinterpretarla y empezar a contarnos un cuento nuevo de dónde venimos y adónde vamos. Será un libro de gran éxito (como los de Pío Moa) para poder discutir en la mesa del gran cuñado, pero insiste en el empeño de la revisión, y sin entrar en el fondo de las cuestiones: veamos nuestra historia, relacionada con todos los pueblos que nos rodean, dejémonos de la visión etnicista (incluso la que proviene de los godos, se sustenta en la Iglesia católica y lo empuja una oligarquía imperial sin sentido del ridículo). Quizá lleguemos a la conclusión de que frente a la leyenda negra nos queda levantar la tortilla de patatas y el gazpacho. No es un mal inicio.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. </em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Historiografía para la nueva derecha]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Paisajes, fotografías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paisajes-fotografias_1_1150685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dfaf67f4-e0d2-47f5-88e9-9f60c12bd237_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paisajes, fotografías"></p><p><strong>AvanzarJosep Maria Nogueras</strong><em>Avanzar</em></p><p><strong>La Isla de SiltoláSevilla2017</strong></p><p><strong>TransparentJosep Maria Nogueras</strong><em>Transparent</em></p><p><strong>Pagès EditorsLleida 2017</strong></p><p>  </p><p><strong>Josep Maria Nogueras</strong> (Lleida, 1969) ha publicado libros de poemas en castellano —<em>Ida y vuelta</em> (1997), <em>El tiempo de los árboles </em>(Premio Gerardo Diego, 2004), <em>Quietud </em>(2009)— y en catalán —<em>Tots els camins del vespre </em>(Premi Maria Merçè Marçal, 2008)—. En 2017 ha publicado dos títulos que, a pesar de haber sido escritos en un idioma distinto, mantienen una clara coherencia: <em>Transparent</em> y <em>Avanzar.</em> En catalán y en castellano, el mundo poético de Josep Maria Nogueras es fiel a unas constantes que tienen mucho que ver con la realidad más próxima. El autor de estos libros se dedica también a la fotografía, ha participado en varias exposiciones e incluso tiene una sección en el suplemento dominical del periódico <em>Segre</em>, “El passeig” (“El paseo”), donde profundiza en esa fluida relación entre palabras e imágenes. Yo he visto algunas de sus fotografías, llanuras con niebla o caminos embarrados por la lluvia reciente, torres metálicas, casas a lo lejos.</p><p>Los poemas de Josep Maria Nogueras también suelen abarcar paisajes amplios, aunque a veces se centran en detalles mínimos. El que da título al libro en catalán, “Transparent”, es una afirmación vital: “Crec en la llum d'aquesta música./ Crec en l'àngel que ronda entre els meus llibres,/ entre els rostres i els noms/ de la meva familia/ (…) Crec en la pell daurada de la vida”. Esta declaración de principios se corresponde con una creencia firme en la tierra, en la naturaleza, que ya se podía seguir en libros anteriores (<em>El tiempo de los árboles</em>, <em>Tots els camins del vespre</em>). Los ciclos naturales y su continua renovación son la base de muchos poemas en prosa de <em>Transparent </em>–“El cel”, “La calma”, “Hivern”, “El vent”, “Les ones”, “Terra”, “Veritat”, “Vespres”, “Gener”—, el cuerpo se identifica con la experiencia inmediata de la vida que fluye a través de las raíces, los troncos, las ramas y las hojas de los árboles. Y la contemplación es muy importante a la hora de establecer ese flujo continuo que nos remite, de nuevo, a las fotografías: “Has arribat aquí/ després d'un llarg trajecte/ per camins dins la boira.// Ara ets com una casa gran i neta,/ amb finestres obertes al present,/ a la conquesta de la llum” (“Destí”).</p><p>  </p><p>Las “ventanas abiertas al presente” iluminan determinadas zonas de la realidad. Una <em>estética de lo mínimo </em>se deja ver en los libros más recientes de Josep Maria Nogueras: entre el haiku y el aforismo, se suceden las imágenes como ráfagas de luz: “Va escriure/ la paraula <em>lleugeresa</em>// I a poc a poc/ va alçar el vol” (“Lleuger”). O esta otra: “Llum de ponent./ El regal de saber-se/ ocell de pas” (“En trànsit”). También ocurre en el libro <em>Avanzar</em>: “Arde la leña/ y juego con mis hijos./ Anochecer” (“23 de enero”); y en la misma línea del calendario: “Aún quedan brasas/ de la noche reciente./ Monte nevado” (“6 de febrero”); “Rompe a llover./ Cruzamos los sembrados,/ una cabaña” (“6 de mayo”). En los dos libros juega un papel importante la mirada, título de uno de los poemas de <em>Avanzar</em>: “Somos los ojos limpios de febrero:/ contemplamos la nieve/ como quien memoriza una plegaria”.</p><p>Las tres secciones en las que se divide este libro (“Bendición”, “Lenta luz” –un apartado de poemas en prosa— y “Donde nada se pierde”) tienen muy presentes esos ciclos de la naturaleza que ya observábamos en <em>Transparent</em>, e incluso hay poemas que ofrecen una doble versión en catalán y en castellano, caso de “Ofrena”/ “Ofrenda”, que habla de la rama y las flores de un almendro; hay en <em>Transparent</em> un poema titulado “Benedicció”, como el primer apartado de <em>Avanzar</em>; las afueras de un pueblo aparecen en el poema “Pintura” (<em>Transparent</em>) y en “Estar allí” (<em>Avanzar</em>). El valor del instante se ajusta a la “fiel conformidad con lo visible” nombrada en el poema “Diurno” (<em>Avanzar</em>).</p><p>Se advierte, sin embargo, un matiz diferencial entre los dos libros, y es la mayor presencia de la historia en <em>Transparent</em>; sería más exacto decir la <em>violencia </em>de la historia, porque primero se alude a una fotografía en la que un padre lleva a su hija probablemente herida en un bombardeo (“Fotografia d'un pare i una filla”, que puede referirse a la actualidad de la guerra de Siria tanto como al pasado: la Guerra Civil española), y después al abuelo que pasó por el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer en 1939 (“Argelers”). Quiero terminar con la traducción del que, según mi criterio, es uno de los mejores poemas en prosa de <em>Transparent</em>, “Vespres” (“Atardeceres”):</p><p>  </p><p><em>*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Antonio Jiménez Millán</strong><a href="https://www.editorialrenacimiento.com/antologias/1742-ciudades.html" target="_blank">Ciudades</a><em> (Renacimiento, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></author>
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      <title><![CDATA[Conciencia de la luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conciencia-luz_1_1150677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/55723ebc-633a-49f4-841b-a3d02c20cd94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conciencia de la luz"></p><p><strong>Lo que hace el tiempoYolanda PantinMadridVisor2017</strong><em>Lo que hace el tiempo</em></p><p>  </p><p>La conciencia del paso del tiempo es una de las tres o cuatro obsesiones decisivas en la meditación poética. Pero hay diversos modos de abordar esta conciencia. Quizá lo primero que convenga decir <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/lo-que-hace-el-tiempo.html" target="_blank">del libro</a> de <strong>Yolanda Pantin </strong>es que no se plantea la factura del tiempo como una desolación, un testimonio del proceso degradador de la vida. La poesía se identifica aquí con el tiempo para asumirlo como un camino de elaboración. El movimiento de los relojes, o más precisamente de la luz, alumbra, depura, ordena, borra, elige y pone las cosas en su sitio. La perspectiva sobre el mundo (su historia familiar, su país, su escritura) que adopta Yolanta Pantin es la de una mirada y una inteligencia que descifra la realidad de las cosas puestas en su sitio por el tiempo. Así que el tiempo no es una catástrofe, sino una escritura poética.</p><p><strong>Rafael Arráiz Lucca </strong>definió la poesía de Yolanda Pantin con la fórmula “una premeditada frialdad”. Es un requisito imprescindible para jugar con fuego. Frialdad significa aquí no sólo conciencia del tiempo, sino conciencia de la escritura. Otra voz venezolana, la de <strong>Antonio López Ortega</strong>, al prologar la <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1538" target="_blank"><em>Poesía reunida (1981-2002)</em></a><em> </em>de la autora, señaló lo siguiente: “El afán de calibrar la dimensión del vacío para, por traspuesto, como si quedara una silueta, revelar lo que queda como posesión”. Se trata, pues, de borrar, depurar, prescindir, dialogar con el vacío, pero en la búsqueda de lo que merece quedar, del sedimento que puede considerarse una posesión. La muerte del sujeto anecdótico, según el propio Antonio López Ortega, en busca de una verdad última. Desde ahí, el intervalo, el salto, el diálogo entre el deseo de decir y la sabiduría de callar definen el mundo poético de Yolanda Pantin en una apuesta por la escritura como elección de huellas, de rasgos. Un testimonio seleccionado de la vida propia y de la propia vida.</p><p><em>Lo que hace el tiempo</em> es un libro que dialoga consigo mismo. Si abre su meditación con la conciencia de ir hacia una tarde en la que el sol no hiere, comprende después que hay un charco en el que la tarde aparece como pérdida. Señala lo que puede verse sin olvidar “lo que nunca había visto”. La niña que guarda la memoria de la mujer madura se encuentra con la realidad de la nieta igual que un caballo perdido se sustituye con otro en el ciclo de la vida. La serenidad de la mirada poética no exige transcendencia, promesa de inmortalidad, sino conciencia de la luz, una luz subjetiva, que señala esos momentos de verdad elegida.</p><p>El poema que da título al libro alude a una tarde, tiempo de madurez, en el que la luz dibuja los contornos de un jardín. Los árboles, después del paso de los días y las estaciones, ya han alcanzado su altura. Todo aparece ordenado, en su sitio. Desde esta perspectiva se puede mirar con sentido de inventario la infancia, las herencias, el diálogo con la propia familia, el país de los muertos y de los vivos, la soledad, los sueños. Si la escritura dibuja, pinta, como la niña que miraba en su infancia con claridad al mundo, el resultado se acerca más a <strong>Matisse </strong>que al impresionismo de <strong>Monet</strong>. Se trata de una colección de instantes que pretenden superar la impresión para fijarse como claridad de vida.</p><p>La apuesta estética, la sensualidad inteligente y calculada, quiere responder a un vitalismo en el que el existir encuentra siempre motivos de resistencia y autogerminación. Por mal que vayan las cosas en el fragor de la vida y la muerte hay una inercia que saca a los vecinos, vestidos de domingo, a las plazas. Y puede la belleza conquistar los días.</p><p>La depuradísima conciencia de escritura que ha marcado la evolución literaria de Yolanda Pantin parece una respuesta a las conversaciones difíciles con la realidad. Se reúne la abstracción con el testimonio, la elaboración intelectual que se eleva sobre el tiempo con referencias a la actualidad de Venezuela, la soledad del pensamiento con la compañía de nombres propios que forman parte de la vida. Para una poeta como Yolanda Pantin, los cultivos del tiempo tienen que ver con la memoria familiar y con la memoria literaria. La palabra nace del sedimento, de lo que fue abonado. La vida es un cuaderno lleno de borradores que espera con paciencia a que el tiempo ponga las cosas en su sitio. Eso es lo que hace el tiempo, lo que ha hecho el tiempo en el mundo poético de Yolanda Pantin, iniciado en 1981 con <em>Casa o lobo </em>y culminado por ahora con <em>Bellas ficciones </em>(2016) y con este libro que acaba de aparecer y el que se le ha concedido por unanimidad el premio Casa de América.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/a-puerta-cerrada.html" target="_blank">A puerta cerrada</a><em> (Visor, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Conciencia de la luz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Entre Borges y Fernando Quiñones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/borges-fernando-quinones_1_1150667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee211476-3a32-4f0d-8e9e-58fc49e0b1df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre Borges y Fernando Quiñones"></p><p><strong>Palabras mayores. Borges y Quiñones, 25 años de amistadAlejandro LuquePrólogo de Antonio Muñoz MolinaSílexMadrid2017</strong><em>Palabras mayores. Borges y Quiñones, 25 años de amistad</em></p><p>  </p><p>A pocos premios de cuentos se les ha debido de sacar más rentabilidad que al que ganó <strong>Fernando Quiñones</strong> en Buenos Aires, en 1960, organizado por el diario <em>La Nación</em>, de cuyo jurado formaban parte nada menos que <strong>Borges</strong>, <strong>Bioy Casares</strong> y <strong>Eduardo Mallea</strong>, entre otros de menos relieve. A partir de entonces, el exquisito autor de <em>Ficciones</em> convirtió al gaditano en su autor español preferido, uniéndolo en su lista de preferencias —brevísima y arbitraria— a <strong>Rafael Cansinos Assens </strong>y <strong>Jorge Guillén</strong>. El texto que años más tarde le dedicó Borges, apareció como prólogo a <em>El viejo país</em> (1978), se ha reproducido en numerosas ocasiones, aduciéndose una y otra vez como marchamo de calidad de la obra de Quiñones. Pero, además, este galardón al libro que acabó titulándose <em>La gran temporada</em> (1960), junto a los citados elogios, debió de abrirle las puertas de dos prestigiosos sellos editoriales argentinos, en los que acabaría publicando narraciones: Emecé (<em>La guerra, el mar y otros excesos</em>, 1966) y Jorge Álvarez (<em>Historias de la Argentina</em>, 1966).</p><p>Pero sobre la relación que ambos mantuvieron a lo largo de 25 años, y sobre la influencia y presencia de la obra de Borges en la de Quiñones, apenas poco más sabíamos. Y eso es precisamente lo que estudia el periodista, escritor y músico <strong>Alejandro Luque</strong>, proporcionándonos numerosos datos y estableciendo relaciones muy útiles para poder calibrar y entender mejor la obra del autor español. El aquilatado prólogo de <strong>Muñoz Molina</strong> completa y matiza el retrato de un gran narrador oral, con voz propia, pero sobre todo con oído, y escritor de éxito, pero que tuvo que seguir ganándose la vida protagonizando todo tipo de actos, más o menos literarios.</p><p>El libro puede leerse como la historia de una amistad, pero creo que es más cierta la idea de que Quiñones encontró en Borges, siendo ambos tan distintos, una referencia constante, un modelo a seguir. El caso es que reutilizó a su manera, provechosa e inteligente, algunos aspectos de la obra del maestro argentino. Recuérdese, por lo demás, que Quiñones apenas si pudo completar tres cursos de bachillerato, y que fue un escritor autodidacta, a la manera de tantos grandes autores mexicanos, como <strong>Juan José Arreola</strong> o el hispanomexicano <strong>José de la Colina</strong>.</p><p>Aunque soy poco partidario de este tipo de explicaciones, Luque apuesta por que ambos, de orígenes sociales, formación y carácter muy distintos, se complementaban: el uno vivió alejado de la calle, centrado en los libros y en las conversaciones con muy pocos y escogidos amigos, de los que Bioy Casares sería el paradigma; mientras que el otro había vivido más bien enfrascado en los ambientes populares de Cádiz y su provincia. Por tanto, según Luque, ambos se complementaban. Sea como fuere, Borges llamaba a Quiñones <em>Cabrera</em> (por el andaluz <strong>Fernando Luis de Cabrera</strong>, quien fundó en 1573 la ciudad argentina de Córdoba); y este al autor de la <em>Historia universal de la infamia</em>, lo apelaba de <em>maestro</em>, <em>jefe</em>, <em>capitán</em> (también llamaba <em>capitán</em> a <strong>Picasso </strong>y al rey <strong>Juan Carlos</strong>) o <em>Simurg</em> (el pájaro que en la leyenda asiática encarna a todos los pájaros del mundo y, en su caso, a los escritores).</p><p>Quiñones ha contado, dando pábulo a una cierta anécdota convertida en casi leyenda, fomentada por él mismo, que mientras hacía el servicio militar, o sea, hacia 1950, encontró en un saldo de libros, en Cádiz, un ejemplar de <em>Ficciones</em>, en la edición  de Emecé, empezando así su fascinación por el poeta, narrador y ensayista argentino; no en vano, tres de sus cuentos (“Una mejicana bombón”, “Por lo común, hasta la muerte” y “El monedero o Victoria y muerte de la Pepa Montes”) aparecen encabezados por citas de este. Debe recordarse, además, que las primeras ediciones de Borges en España son las de <em>El Aleph</em> y <em>Ficciones</em>, ambas de 1971, en El libro de Bolsillo, de Alianza editorial. Esto es, casi treinta años más tarde que las primeras correspondientes argentinas.</p><p>Quiñones viajó numerosas veces a Buenos Aires, a partir de 1965, cuando estuvo por primera vez, encontrándose siempre con Borges; mientras que el porteño lo convirtió en su principal acompañante durante sus breves estancias en España (“chico para todo”, según <strong>Caballero Bonald</strong>), desde la primera visita a nuestro país en 1963, invitado por el Instituto de Cultura Hispánica, tras obtener el Premio Formentor dos años antes. Ambos fueron a ver entonces a Cansinos Assens, quien moriría el año siguiente. Lo que no logró Quiñones es flamenquizar a Borges, a pesar del empeño que puso en empaparlo del cante. En cambio, él se mostró mucho más permeable al tango.</p><p>El caso es que Fernando Quiñones, 20 años después de su muerte sigue sin ocupar el lugar que le corresponde en la historia de la literatura española, habida cuenta de que su obra como escritor de cuentos y como poeta especialmente, pero sin olvidar alguna de sus novelas, merece ser mejor estudiada y editada. Se echa de menos unas asequibles y cuidadas antologías de poemas y cuentos en alguna colección de clásicos, al cuidado de expertos en la materia. Me parece, en suma, que a Quiñones, a pesar de haberse ocupado de su obra críticos atinados, le ha perjudicado —como a tantos otros autores— la dispersión, y tantas anécdotas y leyendas que han acabado orillando en parte su obra.</p><p>El que este no sea un libro académico, ni falta que hace, no lo exime de la necesidad de que se cite la bibliografía con cuidado, completa. El ensayismo ajeno a la universidad también debería tener en cuenta ciertas normas. Pero lo importante es que este estudio de Alejandro Luque da mucho más de lo que anuncia su título, pues nos proporciona también una visión panorámica de los diversos pormenores tanto de la vida como de la obra de Quiñones, siempre tratados de manera sugestiva, consiguiendo que el libro se lea con placer.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entre Borges y Fernando Quiñones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Cuándo hemos dejado de mitificar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hemos-dejado-mitificar_1_1150665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f13ab04-51f8-4343-9107-a030f81ff67d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuándo hemos dejado de mitificar?"></p><p>Descubrir de qué manera se viene imponiendo lo que algunos han llamado la estandarización de las sociedades hace pensar con incertidumbre en nuestra evolución a corto y medio plazo. En consecuencia, las teorías pesimistas se imponen sobre las más optimistas en el análisis y definición de las conductas de la masa social, análisis que deja caer, entre otras cuestiones, algo que me parece fundamental para un diagnóstico certero del paciente: la pérdida del mito, o la desmitificación como conducta.</p><p>Desde hace más de una década, probablemente situados en la frontera entre siglos, la masa social ha caminado hacia el territorio de una nueva autoafirmación, abanderando una actitud de sociedad vinculada a la búsqueda inmediata de placer, a la proclamación de un período de máxima información diseminado en alienación. Una nueva autoafirmación que genera adoctrinamiento (consciente o inconsciente), consumo desmedido y un fuerte sentimiento de pertenencia, necesarios para formar parte de nuestras sociedades. Hemos destruido valores y hemos creado otros vinculados al nuevo mercado como algo necesario para sentirnos parte y, siendo parte, sentir que avanzamos. Nos bastaría con echar un vistazo a siete minutos de corte publicitario de cualquier cadena de televisión.</p><p>En todo esto, la pérdida del mito es un mecanismo necesario para revisar la actitud de los individuos frente a la ley del mercado, frente a las nuevas estructuras de poder, en definitiva, frente a los nuevos espacios diseñados para la vida.</p><p>Desde el origen de la civilización, el mito ha supuesto una actitud de atención intelectual, un compromiso con la parte subjetiva del individuo, con su capacidad creativa y de análisis de lo que acontece, una prueba para hacer de él el motor necesario para construir con las herramientas de la sensibilidad creadora y, sobre todo, para ponernos a las puertas de lo que somos.</p><p>Por tanto, la sociedad que aprende a desmitificar puede caer en un territorio donde no existan asideros para responder preguntas, construir afirmaciones válidas, proclamar espacios para el análisis. En definitiva, una sociedad que desmitifique puede terminar siendo una sociedad muerta y enterrada.</p><p>Para muestra, las herencias del cine. Uno de los exponentes más reconocibles de nuestro espacio mítico sea quizá la aparición de Drácula y su larga vida encarnado en la figura del vampiro. Desde la publicación de la novela epistolar de <strong>Bram Stoker</strong> hasta nuestros días, la evolución de la figura vampírica ha supuesto un excelente análisis para trabajar la idea de la desmitificación. En el espléndido libro de <strong>Chantal Maillard</strong> <em>La razón estética</em> (Galaxia Gutenberg, 2017), aparece, entre otras muchas afirmaciones muy bien construidas, la idea de esta evolución en dos personajes de ficción adaptados a los tiempos en los que su imagen ha tenido más repercusión, el ya nombrado Drácula de Stoker y el Frankenstein de <strong>Mary Shelley</strong>. Desde la alta burguesía inglesa de principios de siglo XIX hasta la máscara con las que se les ha pintado en la modernidad.</p><p>Es en ese recorrido de la historia del cine donde percibimos los roles con los que se definen los personajes. Desde el Drácula sediento de sangre que, como un criminal, provoca la muerte de las mujeres de su entorno con mordiscos muy cercanos al erotismo, o la aparición del Drácula de <strong>Murnau </strong>en 1922 como una figura desvalida y triste, pasando por la idea de inmortalidad desde el dolor por la muerte de la amada y la condena del vampiro por insultar a Dios (<strong>Coppola</strong>), hasta la proliferación de jóvenes vampiros, ardorosos fenómenos de adolescentes que, lejos de chupar sangre, se alimentan de los animales que cazan, con una fuerte carga de escrúpulo moral en su conducta (Crepúsculo). Lo mismo podríamos decir del <em>Eterno Prometeo</em>.</p><p>Y es que las sociedades han ido preparando espacios donde el amor, la ingenuidad, la inocencia con la que se encubren los personajes vampíricos, la nueva moralidad, son los roles en los que situar cualquier actitud de carácter humano (ahora asistimos a la aparición del muerto viviente con todo lo que esto significa).</p><p>Este adelgazamiento del mito, la micro reducción de su figura por los individuos de nuestro tiempo, ha provocado lo que Chantal Maillard subraya cuando dice: “El camino que se ha recorrido en estas últimas décadas es el inverso al de la formación de una conciencia estética”, o “Este es un momento de retroceso… las iglesias vuelven a poblarse, las creencias se incrementan, la doxa impera por doquier, y en los foros, que ya no son plazas públicas, ya no encontramos ningún <strong>Sócrates </strong>preguntando por el significado de las costumbres”.</p><p>Desde mi punto de vista, lo que podríamos ver como una revisión del mito, una adaptación a los nuevos tiempos, podría ser más bien la desaparición del mismo tal y como vengo diciendo. Los que tengáis hijos pequeños podréis haber visto de qué manera los Pokémon vienen a representar la adaptación de los mitos universales convertidos en un exponente puramente lúdico, pueril, como si la mano de hierro de la educación de nuestro siglo cayera despiadadamente sobre las cabezas de nuestros educandos.</p><p>Los procesos que justifican esta evolución viven dentro de los mismos que están acabando con la necesidad de creación y de concurso de la imaginación, con la supresión de la filosofía, por poner algún ejemplo, del currículo de secundaria, o de los propios ritmos de las ciudades, defendidos para fortalecer, sin el concurso del mito, la aparición de un concepto tremendo para los ritmos de vida: la conveniencia.</p><p>¿Cuándo hemos dejado de mitificar? Quizá en el mismo momento en que los ritmos sociales han puesto de manifiesto la inutilidad del mito, el perfecto estado del ser humano entre sus ruinas.</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es escritor. Su último libro, </em><strong>Javier Lorenzo Candel</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/home/67-25-manual-para-resistentes.html" target="_blank">Manual para resistentes</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuándo hemos dejado de mitificar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,El rincón de los lectores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El otro lado de la luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lado-luna_1_1150660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eb164365-1736-43de-abf8-45bf27b6332f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El otro lado de la luna"></p><p>Normalmente, cuando se analiza una vida, se tiende a enfatizar aquellos grandes momentos que irremediablemente parecen darle forma: los nacimientos, las muertes, las grandes hazañas o las caídas en desgracia son solo algunos de los posibles puntos de referencia que se pueden adoptar. Seguir este rastro de fechas, desperdigadas como migas de pan indicándole el camino al estudioso, ha sido durante mucho tiempo el modo más obvio de estructurar una biografía, género en el que típicamente se concibe la vida como una especie de relato decimonónico, lineal y marcado por grandes hitos, que resulta en una narración redondeada,  perfectamente explicada y firmemente apuntalada por la profusión de fechas y datos.</p><p>Quizás una de las facetas más obviadas de la inaprensible <strong>Virginia Woolf </strong>sea su interés por la escritura biográfica y autobiográfica, que se mantuvo constante durante toda su vida y es, sin duda alguna, clave para entender su arte. Sus novelas no se pueden apreciar del todo si no se tienen en cuenta sus teorías sobre “el arte de la biografía”, como ella lo llamaba, o el rechazo que sentía por la concepción del individuo que se había impuesto en el mundo victoriano; se había criado en una sociedad en la que la muerte de alguien relevante inmediatamente implicaba la aparición de una biografía en dos tomos, amasijo de hojarasca que en lugar de iluminar al individuo lo sepultaba, y que ella no creía que ayudase a difundir más que una sombra tendenciosa y hierática de su personalidad. “Dios mío”, se preguntaba Woolf, “¿cómo se hace para escribir una biografía?”.</p><p>  </p><p>Esta fue la pregunta que se hizo <strong>Lyndall Gordon</strong> al abordar la tarea de escribir su biografía de la inglesa. Y de esta pregunta nació <a href="http://gatopardoediciones.es/libro/virginia-woolf-vida-de-una-escritora/" target="_blank">Virginia Woolf. Vida de una escritora</a>, publicada originalmente en 1984, reeditada por la autora en 2006 y rescatada ahora por Gatopardo ediciones. En este estudio, publicado entre dos de las biografías más conocidas de la inglesa (la de su sobrino <strong>Quentin Bell </strong>en 1972 y la de <strong>Hermione Lee</strong> en 1997), Gordon se aproxima a Woolf dejando a un lado los usos convencionales de la escritura biográfica y optando por una estructura caracterizada por su insistencia no tanto en una secuencia lineal como en un puñado de temas y momentos concretos, que la biógrafa entiende que son clave para comprender la vida de la autora. No se trata, desde luego, de una biografía convencional, y el lector que se aproxime a ella esperando algo similar a lo conseguido por <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/06/argentina_psicologia_una_relacion_patologica_54347_1821.html" target="_blank">Irene Chikiar Bauer</a> en su monumental <a href="https://www.megustaleer.com/libro/virginia-woolf/ES0139619" target="_blank"><em>Virginia Woolf. La vida por escrito</em></a><em> </em>de 2015 se verá decepcionado; la de Gordon es una biografía escrita desde una concepción más woolfiana en la que se da mucho peso a una interpretación muy personal de los escritos de Woolf y de sus amigos y familiares. Este carácter tan personal explica, por ejemplo, el énfasis en instantes que pasan desapercibidos a otros biógrafos, o su interpretación a veces injusta o condescendiente de algunos aspectos de su vida. Baste un ejemplo de esto último: en ese gran romance que mantuvieron Woolf y <strong>Vita Sackville-West Gordon</strong> no ve más que una interrupción caprichosa e infantil de la felicidad heterosexual que Virginia vivió con su marido <strong>Leonard</strong>.</p><p>Es cierto que en aspectos como este se filtra demasiado el sesgo de la biógrafa, pero lo más interesante de este estudio, y lo que lo hace valiosísimo a pesar de sus fallos es su énfasis en el ya mencionado interés por la biografía y la autobiografía de Virginia Woolf. Para ella escribir era vivir, y la ficción y la biografía eran inseparables. En esta interdependencia establecida entre la vida y el arte se reveló el esteticismo de Virginia Woolf, muy cercano al manifestado por <strong>Proust </strong>en su <em>En busca del tiempo perdido</em>: el objetivo último del artista, su verdadero desafío, consiste en transformar la experiencia subjetiva en algo universal y trascendente.</p><p>Virginia Woolf fue siempre una ávida lectora de biografías, y fue precisamente leyéndolas como llegó a la conclusión de que la forma de narrar vidas que se había consolidado en el periodo victoriano no le hacía justicia al individuo; esos tomos dobles, voluminosos, rebosantes de datos y fechas no revelaban al individuo, sino que lo ocultaban y pretendían hacer de su vida un relato sin fisuras. La inglesa llegó a la conclusión de que “la biografía sin costuras es un engaño”, pues ella veía la biografía como un retrato, con todas sus irregularidades y sus sombras, y no como un compendio enciclopédico e infalible de hechos; la memoria y los legados escritos habían de ser filtrados y ordenados por la imaginación para así llegar a la verdad íntima de las personas, a su soledad, a lo más privado.</p><p>Dice Gordon: “Virginia estaba desarrollando una teoría biográfica que había de ser crucial en su evolución como novelista: le interesaban los momentos ocultos y las oscuras experiencias formativas de una vida, en lugar de sus acciones más públicas”. Poco a poco la inglesa fue madurando un proyecto de reforma de la novela y de la biografía. Se acabaron los grandes hombres, se acabaron los grandes eventos: Woolf quería indagar en lo que ella llamaba “vidas oscuras”, las vidas de la gente anónima y humilde, sobre todo mujeres, que no han trascendido, que no se encuentran en las grandes crónicas; vidas que han sobrevivido en cartas y diarios enterrados por el polvo a  los que se consignaban alegrías  y tribulaciones cotidianas. En estos documentos estaba, según Woolf, la verdadera historia de la humanidad. ¿Pero qué era la historia para Virginia Woolf? Como explica Gordon, Virginia Woolf, como mujer y como pacifista, rechazó siempre una historia que ella consideraba arquetípicamente masculina, construida sobre los pilares del patriotismo, de la beligerancia y de la “grandeza”. La guerra, que a ella le tocó vivir por partida doble, era para ella una ficción masculina nociva e indeseable que solo cabía entender como un lapso  en el progreso de la civilización.</p><p>Para entender la idea que Virginia Woolf tiene de la civilización Gordon alude a un relato temprano, “El diario de Joan Martyn”, que consiste en un diario ficticio en el que una mujer relata su vida y da cuenta de cómo las mujeres mantienen la casa a flote cuando los hombres las abandonan por sus guerras y negocios. Las mujeres son las que gestionan las cosechas, las que mantienen a los maleantes fuera, las que garantizan la continuidad del orden y la seguridad en medio de las turbulencias y los sufrimientos de la guerra. Esas casas dirigidas por mujeres, esos reductos de vida, son las bases para reconstruirlo todo cuando la guerra ha terminado; la civilización consiste en una idea de continuidad, en un muro que resista el envite del caos y la muerte, garantizando y perpetuando la  vida.</p><p>Siguiendo la interpretación de Gordon, los soldados y sus generales no merecían para Woolf ningún sitio en las crónicas de la humanidad: no eran más que la manifestación última de la barbarie, un paréntesis en el continuo de la civilización que el artista no podía condonar. El único soldado en la ficción de Woolf, Septimus, le interesa más como hombre roto que como soldado; su locura es la locura del mundo, de la sociedad, que ha deshecho su vida por las veleidades del orgullo y del nacionalismo. Ante este sinsentido el deber del artista es filtrar para la posteridad los valores que merecen preservarse de los que no; las bestias masculinas de la guerra, la patria, la victoria o la derrota no son más que fuegos fatuos, cantos de sirena que empujan a la humanidad contra las rocas. Han de ser cubiertas por un silencio elegíaco y salvador que contrarreste la grandilocuencia envenenada de una brutalidad enemiga de la vida y la civilización.</p><p>  </p><p>La literatura puede, según Virginia Woolf, estructurar un discurso alternativo al de la historia y alcanzar verdades que a esta se le escapan. Mientras que esta última conforma su relato en torno a fechas y sucesos, la otra tiene la capacidad de recrear la vida y darle solidez; en el centro de esa nueva historia alternativa se encontrarían las acciones anónimas y cotidianas de los personajes sin nombre que, en cada época, conviven con los reyes y los guerreros. El proyecto literario de Woolf, concluye Gordon, trata de construir una “contrahistoria del individuo”. Se teje así una obra basada en el paso del tiempo y la experiencia subjetiva, en el interés por la vida doméstica, sobre todo femenina, oculta a las miradas de la historia. Vidas en las que, pese a su humildad, hay algo latente que emerge en momentos de conciencia trascendentes que Woolf denomina “momentos del ser”, y que por un instante le revelan al individuo el tejido mismo de la existencia.</p><p>Gordon enfatiza en este sentido la importancia del diario personal de la autora dentro del conjunto de su obra: escrito de forma paralela a sus grandes novelas, el diario alcanza en muchas ocasiones la luminosidad y agudeza de su mejor ficción. Cuando se sentaba a tomar el té Virginia Woolf escribía y se escribía; los eventos del día, observados a través de una mente cortante como un cuchillo, se mezclaban con estados de ánimo místicos y momentos de clarividencia fijados mediante frases rápidas que a veces rallaban en lo agramatical; esta combinación de grito oracular y sensibilidad para lo prosaico constituye, según Gordon, “su contrahistoria más prolongada, un documento privado de su época”. El diario, uno de los mejores jamás escritos, nació del deseo de preservar la experiencia personal, de fijarla y de transformarla en la materia prima para un futuro texto autobiográfico que, presumiblemente, sería la culminación de su proyecto literario. Su muerte en 1941 truncó la posibilidad de contar hoy con una autobiografía en la que, citando a <strong>Henry James</strong>, se habría intentado atrapar “la sombra en que puede discernirse el detalle de tantas cosas que el relumbrar del día mitiga”: todas esas impresiones, pensamientos y sentimientos  fugaces que quedan atrapados entre las ocurrencias de la vida cotidiana y que el escritor extrae como si de un escultor tallando la piedra se tratase. De ahí, de ese diario cotidiano cuajado de observaciones sobre lo natural y lo humano se habría destilado la esencia de la vida, metamorfoseada de forma definitiva en arte.</p><p>Lo que más interesa a Gordon del diario es cómo este permite aproximarse a la imagen que Woolf tenía de sí misma. Al principio de la biografía Gordon declara que uno de sus objetivos principales al escribir esta biografía es entender a Virginia Woolf desde su propio punto de vista, y no desde el punto de vista del feminismo, de los críticos o de los lectores; el diario es la ventana abierta a través de la cual vemos a la inglesa analizarse y construirse a sí misma, a veces contraponiendo su yo más literario y su yo más frívolo. Que Virginia Woolf era una mujer compleja, polifacética y contradictoria es algo que sabe todo aquel que la haya leído con un mínimo de entrega, y ella misma era consciente de ese cúmulo de identidades en conflicto: “qué extraño tener tantos egos”, decía. Y, en la intimidad de su diario, se reprochaba las palabras que prodigaba inconscientemente, frívolas, alegres, juguetonas y maliciosas en muchas  ocasiones; palabras que a su entender la alejaban de lo que quería ser, de su lado más serio y más trascendente, y la acercaban a lo más mundano y perecedero de su personalidad. Se lamentaba: “Veo a través de lo que estoy diciendo y me detesto; deseo el otro lado de la luna”.</p><p>Su ficción fue siempre un esfuerzo por llegar a esa otra cara lunar: la oscura, la oculta, la que nunca se ve y sin embargo está ahí, esperando al día en que alguien no se deje cegar por la luz argentina del otro lado y se lance a indagar en ella. Siempre en Woolf hubo un esfuerzo por sacar a la luz lo que a nadie le parecía digno de interés, lo que la luz cegadora sumía en penumbra;  y eso mismo es lo que Gordon ha conseguido en esta biografía: reivindicar a una Virginia Woolf que no fuese ni una víctima ni un ídolo, que no fuese una de esas imágenes incompletas y estereotipadas que han seguido dando coletazos recientemente. Recuérdese en este sentido, por ejemplo, a aquella <strong>Nicole Kidman</strong> a una nariz pegada, con el ceño siempre fruncido, siempre en constante pose de genio romántico atormentado.</p><p>A la vista de que en el imaginario colectivo persiste la imagen de una suicida huraña y melancólica parece quedar claro que una biografía como la de Lyndall Gordon, en la que su trabajo y su talento se ponen de relieve, es tan necesaria en 2017 como lo fue en 1984. Hay que reivindicar incesantemente y por todos los medios posibles a aquella mujer enérgica y feliz que no dudaba en afirmar que “nueve de cada diez personas no conocen un solo día al año tan dichoso como el que yo vivo constantemente”; una mujer que, sí, sufrió una enfermedad a la que finalmente sucumbió; hecho a tener en cuenta, pero no uno con el que definir una vida de principio a fin, encontrando profecías ominosas en cada acción o palabra. ¿Por qué centrarse en la enfermedad y la muerte cuando la mayor parte de sus 59 años fue una mujer feliz que amaba y se aferraba a la vida? ¿Por qué regocijarse morbosamente a orillas del Ouse cuando uno puede celebrar una vida y una obra que constituyen, qué duda cabe, una de las más altas cimas de la humanidad? Ante la duda, ella ya había dejado clara su postura en su diario: “Quise escribir sobre la muerte, pero como de costumbre irrumpió la vida”.</p><p><em>*Álvaro Guillén Gutiérrez es estudiante de Doctorado en Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid.</em><strong>Álvaro Guillén Gutiérrez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Guillén Gutiérrez]]></author>
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