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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 98]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-98/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 98]]></description>
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      <title><![CDATA[Manténgase a la espera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mantengase-espera_1_1203139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e65e1501-9778-4085-af1f-5a0dd1ca555b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manténgase a la espera"></p><p>  </p><p>   <strong>Manténgase a la espera</strong></p><p>Ya no hay sueños que recordar</p><p>ni memorias que perseguir,</p><p>los días se desmoronan conforme suceden</p><p>y sólo la noticia y lo extraño cobra sentido</p><p>más allá de su verdad o mentira.</p><p>Nos hemos convertido en protagonistas de lo ajeno,</p><p>en dueños de una espera que permanece</p><p>junto a la sirena de una fábrica abandonada.</p><p>Hay demasiada soledad sin intimidad, demasiadas</p><p>respuestas sin preguntas…</p><p>Todo va demasiado rápido</p><p>en un tiempo devorado por lo inmediato</p><p>que hace infinita la distancia</p><p>para convertirla en razón de ser.</p><p>Hoy la distancia no es el olvido,</p><p>y ese es el problema...</p><p>No se puede levantar una vida</p><p>con fragmentos de realidad que no siempre</p><p>son verdad,</p><p>ni vivir un amor con palabras</p><p>que significan algo diferente</p><p>a cada lado del momento.</p><p>Manténgase a la espera, nos dicen…</p><p><em>*Miguel Lorente es profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada, médico forense y experto en violencia de género. </em><strong>Miguel Lorente</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Lorente]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manténgase a la espera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La ruta del hereje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ruta-hereje_1_1151370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/659a79e3-151b-4715-a38e-f244faf8cc09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ruta del hereje"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>Cada libro guarda un viaje en su interior y cada lector es un viajero en potencia cuando aborda el libro. A veces los viajes son internos, por nuestro ser más profundo y en cambio otras veces recorremos la geografía de un paisaje o el costumbrismo de algún lugar cuando leemos. Es por ello que los clubes de nuestra localidad, Sanlúcar la Mayor (Sevilla), hemos unido la literatura y los viajes para enriquecer aún más si cabe nuestra experiencia lectora, visitando nuevos territorios o conociendo ciudades desde un punto de vista más literario y cultural. Además de visitar espacios vinculados con escritores o con historias leídas tratamos de disfrutar de todo lo que vamos encontrando, el paisaje, los monumentos, la gastronomía, la gente y la cultura del lugar.</p><p>Tenemos varias reglas no escritas que fortalecen la experiencia. Preferimos viajar en autobús porque nos permite movernos a nuestro ritmo y entrar en ambiente desde el principio. Además el viaje se hace más interesante y animado al compartir todos a la vez una canción, una entrevista, un documental, lecturas relacionadas o cualquier aportación de los viajeros. Aprovechamos un fin de semana o un puente para que sea compatible con nuestras actividades laborales y preferimos el mes de octubre porque el cuerpo y el espíritu ya se han sobrepuesto a la anarquía veraniega  y todavía solemos gozar de un excelente tiempo. Procuramos que sólo viajemos lectores de los clubes ya que se trata de una actividad literaria que complementa la lectura y fortalece la convivencia entre los miembros.   Por último, siempre intentamos que el precio sea asequible para cualquier bolsillo, por eso el alojamiento es en albergues, casas rurales u hostales económicos.</p><p>El primero de nuestros viajes fue en 2010 y surgió paradójicamente tras la muerte de <strong>Miguel Delibes</strong> en marzo de ese mismo año. Para homenajear al excelente novelista vallisoletano y miembro de la Real Academia Española, emprendimos la lectura de su última gran obra, <em>El hereje</em>, publicada en 1998 y que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa.</p><p>Mientras leíamos la novela descubrimos que existía la llamada Ruta del hereje, una visita guiada por Valladolid siguiendo las huellas de <strong>Cipriano Salcedo</strong>, personaje literario protagonista de la historia en la que Delibes traza con mano maestra un vivísimo retrato de su ciudad en la época de <strong>Carlos V</strong>, de sus gentes, sus costumbres y sus paisajes.</p><p>Tomamos la idea pero quisimos hacer nuestra ruta particular extendiendo el viaje no sólo a la ciudad sino también a otros lugares de alrededor. Tuvimos la suerte de contar con una vallisoletana entre las lectoras que nos ayudó con la organización y también disfrutamos de un magnífico guía en la figura de su hermano, historiador, experto en arte y  bibliotecario, residente en Valladolid. Dedicamos bastante tiempo a organizar esta <em>aventura</em>, muchas gestiones y no pocos inconvenientes al ser la mayoría mujeres no acostumbradas a viajar solas y obligadas a justificar el <em>abandono</em> de la pareja y los hijos durante unos días. Sin embargo nunca nos faltó la ilusión y pudimos alcanzar nuestro objetivo.</p><p>El grupo lo formábamos 21 personas, 19 mujeres y dos hombres. Como suele pasar en muchas actividades la presencia femenina es abrumadora aunque nos parece más enriquecedor que el club sea mixto. No sabíamos cómo iba a resultar la experiencia, pues el grupo era muy heterogéneo en edades (de treinta y tantos a sesenta y tantos años), en niveles educativos, ideologías y personalidades. No éramos un grupo de amigos, sino un conjunto de lectores cuya vinculación había nacido en la biblioteca. Sin embargo desde que nos subimos al autobús comenzamos a disfrutar como cuando éramos niños en aquellos viajes de fin de curso. A pesar de las muchas horas de camino (hay más de 600 km. de distancia) el viaje no se hizo largo gracias a  la alegría que derrochábamos por todo lo que compartíamos: el cambio del paisaje, los comentarios sobre la novela, unos dulces, el reparto de las habitaciones, datos curiosos sobre Delibes, un juego divertido donde todos participamos y la fraternidad  que iba creciendo durante aquella hermosa travesía.</p><p>Más allá de contar detalladamente las actividades y visitas que realizamos durante el fin de semana quiero destacar con nombre propio los lugares significativos y algunas anécdotas.</p><p>  </p><p> En Urueña, que no llega a los 200 habitantes, recorrimos entusiasmados las 11  librerías, con nombres tan atractivos como Librería-Enoteca Museo del Vino, El rincón escrito, La boutique del cuento… , y  los comercios de productos típicos como la cecina, el queso  o el vino. Compramos de todo para compartir con los que dejamos en el  sur pedacitos de este pequeño mundo del norte. También visitamos el CENTRO e-LEA Miguel Delibes. Considerado como el corazón de la Villa del Libro es un centro para la promoción del libro y de la cultura que incluye una biblioteca especializada, talleres, sala de exposiciones y un pequeño jardín. Al final de la visita nos obsequiaron con la publicación <em>El asfalto y el bálago</em>, de <strong>Joaquín Díaz</strong>, folklorista que ha cedido al municipio sus colecciones de grabados de trajes, pliegos de cordel e instrumentos musicales para ser expuestos.</p><p>  </p><p>   </p><p>La vuelta fue más relajada y silenciosa. Conversaciones serenas, soledades que asimilaban los intensos y emocionados momentos vividos, algunos durmientes… Si existe una palabra que puede definir este viaje es <em>sinergia</em>, la energía más allá de las uniones individuales. Y es que lo vivimos todo con mucho entusiasmo, una enorme capacidad de disfrutar de la cultura y un  gran espíritu solidario que hizo fácil la convivencia. Recomiendo a todos los clubes de lectura que prueben esta maravillosa experiencia del viaje literario.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Las memorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorias_1_1151363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8544fb09-1544-475a-8ae7-2778fffb495d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las memorias"></p><p><strong>Almudena</strong> y <strong>Paco</strong>, libreros de la Llibreria Ramon Llull, en Valencia, recomiendan algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>  <strong>El trabajo culturalLuciano BianciardiTraducción de Miguel Ros González</strong><em>El trabajo cultural</em></p><p><strong>Errata NaturaeMadrid2017</strong></p><p>  </p><p>Estamos en una pequeña ciudad de la Toscana, tras el fascismo y la II Guerra Mundial. Italia está dejando de ser una nación pobre, rural aún, para convertirse en una gran potencia industrial. Pero no sólo crece la industria, también "el trabajo cultural". El dinero ya no escasea e incluso en la provincia nacen por doquier asociaciones culturales, clubes de cine o de lectura, conferencias y recitales… La ciudad crece y la vida se parece cada vez más a la de una gran metrópoli. Jóvenes escritores y profesores, bibliotecarios y periodistas se reúnen en los cafés para analizar las consecuencias políticas de la guerra mientras escriben "la obra definitiva". Irónico e irreverente, el narrador de esta magnífica novela pinta un divertido y también corrosivo panorama de la época.</p><p>  <strong>La memoria del cuerpoPatricia AlmarceguiFórcolaMadrid2017</strong><em>La memoria del cuerpo</em></p><p>  </p><p>En estas memorias ficticias asistimos como testigos a una vida entregada a la danza, y participamos de las experiencias más íntimas, preciosistas y dolorosas de su protagonista. Con el telón de fondo de la ciudad del Neva, sus palacios, teatros y avenidas, se suceden sus reflexiones sobre la ambición y la competitividad; la fama y el sacrificio; el abandono del país de origen por motivos profesionales y culturales; las relaciones personales truncadas por una profesión absorbente; el placer y el deseo; y, sobre todo, ese tema innombrable para las mujeres: la decadencia del cuerpo por el paso del tiempo. El tiempo: 2cuando nuestra vida pasa sin más, es una pura nada, y de pronto sólo lo sentimos a él".</p><p>  <strong>Lo que está y no se usa nos fulminaráPatricio PronRandom HouseBarcelona2018</strong><em>Lo que está y no se usa nos fulminará</em></p><p>  </p><p>Dos escritores se ponen de acuerdo para escribir la "autobiografía" del otro y una lectora se obsesiona con ambos o solo con uno de ellos. Un hombre redacta mentalmente su perfil de Tinder mientras una niña le habla de la muerte y los horribles secretos que se cuentan las cosas. El "gran poeta chileno" destroza una habitación de hotel en Alemania y ofrece a su interlocutor una lección de vida. Un escritor llamado "Patricio Pron" contrata a un puñado de actores para que "hagan de Patricio Pron", con los resultados catastróficos que eran de esperar.</p><p>  <strong>La escala de los mapasBelén GopeguiRandom HouseBarcelona2018 (Edición especial 25 aniversario)</strong><em>La escala de los mapas</em></p><p>  </p><p>La escala de los mapas es la historia del miedo a ser amado y su metáfora, pero es también una reflexión sobre la diferencia entre las cosas que ocurren en el espacio y aquellas otras que suceden en el tiempo. Escrita en un lenguaje renovador, participa de cierta concepción de la literatura como arma blanca capaz de hacer una hendidura en el aire, en los movimientos, en nuestra percepción del mundo.</p><p><em>*Puedes encontrar la Llibreria Ramon Llull en la calle Corona, 5, de Valencia o en su página web. </em><strong>Llibreria Ramon Llull</strong><a href="http://www.llibreriaramonllull.com/" target="_blank">su página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Llibreria Ramon Llull]]></author>
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      <title><![CDATA[La reina de la casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reina-casa_1_1151358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/46248c28-f69a-4829-abe6-c4a056796e26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reina de la casa"></p><p><em>(Comienza Beatriz Rodríguez.)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Cuando era niña su madre la llamaba reina, por eso Purita nunca se ha dirigido a Martín como "príncipe", sino como "rey", y cuando se separó del padre de Martín pasó al posesivo "mi rey". Martín mi rey duerme con mamá, se ducha con mamá, juega con mamá y ve la tele con mamá. Para su octavo cumpleaños mamá le está preparando una fiesta con dos tartas y una piñata que imita a las auténticas mejicanas y a la que van a venir sus mejores amigos, algunos de sus primos, sus tíos y abuelos y el nuevo novio de Mamá, Leo.</p><p>Martín mi rey piensa que Leo es simpático y que, aunque no es tan fuerte como su padre, juega muy bien al fútbol y siempre le dice que sí a todo.</p><p>El día de su cumpleaños Purita le explica que esa noche Leo va a dormir en casa, pero este no se lo toma demasiado bien. Tal vez deberían haber elegido otro día, comentan Purita y Leo, pero como ya se lo han dicho al niño, es mejor no desdecirse, así entiende que las decisiones de los mayores están por encima de las de los pequeños. Sin embargo, Leo no cree que esto haya sido una decisión de los mayores, sino algo que ha hecho Purita cuando ha creído conveniente.</p><p>Después del cumpleaños los tres están agotados. Como siempre ocurre, muchos padres han tomado la fiesta como una tarde de recreo para ellos, y han abandonado allí a sus hijos como si Purita fuese la canguro del fin de semana, pero gratis. No logra entender cómo algunos padres son tan desprendidos, ella daría lo que fuera por estar cada segundo del día con Martín mi rey.</p><p>Leo ha pasado el suficiente tiempo con Purita y con Martín como para saber la relación tan fuerte que tienen madre e hijo, y  a veces se pregunta si el niño no será ya algo mayor para seguir durmiendo con su madre. Él tuvo un padre autoritario y una madre pusilánime, así que nunca le dejaron meterse en la cama con ellos. Leo piensa en el otro tema que le preocupa mientras desde una esquina del sofá observa cómo Martín mi rey, se desparrama sobre el cuerpo de Purita. A veces a esta le queda una mano libre, y con un poco de lástima, extiende los dedos para acariciar a Leo, que desde la periferia afectiva los roza con el mismo deseo con el que le gustaría estar tocando sus senos o su trasero.</p><p>La noche pasa más o menos tranquila. Leo le ha contado un cuento a Martín mi rey y a este le ha parecido muy divertido cómo el novio de mamá imitaba la voz ronca del lobo, sin embargo para dormir la necesita a ella, más esa noche en la que ya le han explicado que no va a poder irse a su habitación si tiene miedo, como hace habitualmente. Esto le produce un poco de ansiedad, así que Purita se mete en su cama con su hijo hasta que se queda dormido, mientras su novio la espera en el cuarto de al lado.</p><p>Leo piensa en el pobre Martín, siente que le está quitando su espacio, y probablemente el pequeño opina lo mismo de él. Los dos están algo tristes por la situación, pero desean tanto estar con Purita que siempre se muestran contentos y divertidos delante de ella.</p><p>Su novia entra en la habitación y se mete en la cama. El camisón tiene una pequeña lazada en el escote y cuando se lo desabrocha, Leo se excita y le hace el amor sin pensar que tal vez Martín no está todavía dormido. Purita sabe que no hay peligro, por eso se deja hacer y disfruta de tenerlos por fin a los dos bajo el mismo techo.</p><p>Los tres duermen bien, pero por la mañana Leo se despierta con los pucheros de Martín mi rey, que a veces se entrelazan con una risita nerviosa, y no sabe si el niño está triste o está alegre. El ruido proviene del cuarto de baño, la puerta está abierta, así que solo tiene que asomarse para ver a Purita recién salida de la ducha. Está desnuda y tiene la cabeza boca abajo, con una toalla pequeña se seca el pelo mientras Martín mi rey hace pipí sentado y extiende la mano para tocarle a su madre la teta izquierda.</p><p><em>(Sigue Michelle Roche Rodríguez.)</em><strong>Michelle Roche Rodríguez</strong></p><p>La imagen perturba a Leo. Algo como un conato de celos arde en su pecho. ¿No podía el pequeño sátiro esperar a que él saliera de casa para toquetear a su madre? Vuelve al cuarto y se sienta sobre la cama. Lleva los pantalones de la pijama, pero no la camisa. No es un hombre alto y los ruedos le cubren la mitad de los pies. Se fija en esta pequeña imperfección suya mientras se pregunta si Martín mi rey lo hizo a propósito. Es probable que hubiera notado su presencia mirando por el rabillo del ojo hacia la puerta y que hubiera decidido marcar su territorio frente al intruso. Pero no puede estar seguro y le parece una exageración reaccionar de alguna manera ante un gesto de familiaridad como ese. Un rictus de desaprobación se instala en su boca.</p><p>—¿Qué te pasa? —pregunta Purita.</p><p>Acaba de salir del cuarto de baño envuelta en un paño y con un turbante, de paño también, sobre la cabeza.</p><p>Leo no tiene tiempo de responderle alguna evasiva porque de inmediato aparece Martín mi rey corriendo por toda la habitación con las manos extendidas en cruz y haciendo el escándalo de un Boeing 747 cuando acaba de despegar y remonta el vuelo. El niño es fanático de los aviones, al punto de tener flotas enteras de las aerolíneas comerciales, y de reconocer de oído la diferencia entre las aeronaves ligeras, de carga o de pasajeros. Pero no sabe llegar al cielo y se estrella de cabeza contra la almohada que está al lado de Leo. Martín mi rey se ríe a carcajadas y mira la seriedad del novio de su madre con el ojo izquierdo, pues el derecho permanece sepultado en la almohada. Se pregunta por qué le ha quedado esa cara amarrada y le da una pequeña patadita para llamar su atención.</p><p>El gesto le ha hecho menos gracia a Leo que la imagen de la pequeña mano sobre la teta izquierda de su novia. Pero improvisa una sonrisa. Sabe muy bien que no tiene caso reñir al niño en frente de Purita porque ella tiene la costumbre de minimizar las acciones del hijo y desautorizar a Leo. Si antes sintió lástima por Martín porque podía pensar que le estaba quitando su espacio, ahora lo mira con cautela. Es el niño quien le quita el suyo.</p><p>Purita da palmadas en el aire para celebrar la ocurrencia de Martín mi rey y va sentarse entre sus dos amores. La piernita con que el pequeño ha tocado a Leo queda ahora sobre su regazo y ella recuesta la cabeza sobre el hombro de su novio. Leo mira cómo las manos de ella acarician la pierna del otro y siente que hay algo avieso en esa imagen. Una mujer entre dos hombres, aunque uno de ellos sea su hijo. No puede dejar de pensar en que Purita no lleva ropa debajo del paño y que cualquier movimiento brusco con esa pierna inquieta puede dejarla desnuda.</p><p>Leo se levanta como un resorte de la cama. Dice que va a preparar el desayuno. De camino a la cocina piensa en que fue precipitado que pasara la noche allí. Quizá la semana que viene hubiera sido mejor. Es puente del día del padre y Martín mi rey lo pasará con el exesposo de Purita. Se pregunta a quién se le ocurrió celebrar a los padres el día de san José. El pobre anciano no era más que parte del decorado en la historia donde los protagonistas eran el Niño Jesús y su madre. Cuando quiebra el primer huevo contra el sartén sonríe para sus adentros pensando en que Purita es unos meses mayor que él: por lo menos no es un anciano.</p><p>Arriba, la pareja ha terminado de vestirse. Purita peina a Martín mi rey que planea con uno de sus avioncitos de juguete. Como es domingo irán al parque de atracciones. Le han prometido al niño que puede montarse en Las Sillas Voladoras, un carrusel que se eleva mientras hace girar por el aire, en desorden, un montón de sillas. Le asusta un poco la atracción, pero en cuanto Leo la propuso el niño no hizo más que celebrarla. Luego le propondrá a su hijo que monte en un simulador o algo donde no necesite supervisión adulta y ella aprovechará para hablar con Leo. No se le escapa su cambio de humor y cree que lo mejor es que lo conversen.</p><p><em>(Continúa Pilar Adón.)</em><strong>Pilar Adón</strong></p><p>También Leo cree que ha llegado el momento de tener una conversación con ella. Esa dependencia, esa manera de actuar, esa tolerancia extrema… Entenderá que el niño está muy sensible por la separación de los padres. Entenderá cualquier explicación propia de un alumno de primero de psicología, aderezada con algún tecnicismo, en la que se le haga ver que los cambios de residencia, la posible sensación de culpabilidad y, lo más grave de todo, la introducción de una nueva pareja en la esfera del padre o de la madre, son situaciones que pueden alterar la conducta del menor, y más con la edad de mi rey. Leo lo entenderá todo y por eso, para evitar aquel dolor, para evitar cualquier riesgo futuro, propondrá un cambio en la educación de Martín, y que mi rey entre en un centro bilingüe del que ha oído maravillas y que está situado en las afueras. Allí vivirá en un entorno estable, con magníficos profesores, y podrá salir en Semana Santa, en verano y Navidad. Además, ella podrá visitarle cuando quiera. Naturalmente, la entrada no será durante este curso, al fin y al cabo estaban en marzo, sino a partir de septiembre.</p><p>En cualquier caso, tendrían que hacer la matrícula con cierta urgencia porque un lugar tan perfecto como ese se queda enseguida sin plazas. Y estaba seguro de que al padre le parecería bien.</p><p>De todo esto quería hablar con Purita en cuanto pudieran sentarse un rato con calma, sin la presencia avasalladora del niño que, en el coche, de camino al parque de atracciones, se había mostrado especialmente insoportable con sus sonidos de avioncitos que despegan, aterrizan, despegan, y que ya en el <em>parking</em>, después de haberse puesto el abrigo, le había dado otra de sus patadas, con la excusa, esta vez, de ir a atrapar el avión que parecía habérsele escapado de las manos, antes de que cayera al suelo.</p><p>Purita sonrió. Qué maravilla que sus chicos se llevaran tan bien. Podían seguir jugando mientras ella se encargaba de ir a comprar las entradas, y así hablaban de sus cosas. "De sus secretos", fue la expresión exacta. De modo que iban a quedarse solos.</p><p>Martín elevó la mirada para dejarla fija en Leo, mientras Purita se dirigía a las taquillas. Aunque los otros padres y los otros hijos, las parejas que llegaban y descendían de los coches, como acababan de hacer ellos, pensaran que su realidad era la misma, que compartían una idéntica vocación de familia y que había amor y confianza en aquella mirada de niño que se clavaba en los ojos de un adulto, lo cierto era que no existía ni una pizca de cariño, ni siquiera de simpatía, en la expresión de mi rey. Había inteligencia, incluso descaro, pero no afecto.</p><p>Leo se sintió forzado a decir algo:</p><p>—Yo quiero a tu madre —fue lo que se le ocurrió. Y al instante, como si cayera en la cuenta de que estaba hablando con un niño, le guiño un ojo, momento en que se sintió más estúpido aún.</p><p>—Yo la quería antes que tú.</p><p>—Pero yo la quiero de otra manera. Los adultos se quieren de forma diferente a como quieren los niños. Y tu madre necesita que la quieran como yo. Deberías pensar un poco en ella.</p><p>—Yo la puedo querer de todas las maneras. También como tú.</p><p>—Eso es imposible. —Nunca resulta cómodo sostener la mirada de alguien a quien se sabe que, de una manera u otra, se va a traicionar. Y menos si ese alguien es un niño. Pero Martín no dejaba de mirarle, así que Leo siguió hablando—: No me entiendes.</p><p>—Claro que sí —dijo Martín—. Yo lo entiendo todo.</p><p>Leo tuvo que volver a pensar que era sólo un niño. Mi rey era un crío y él podría reírse en su cara y decirle que se dejara de memeces. Estaba con un niño pequeño que tendría que obedecerle. Pero ahí venía Purita, mostrando las entradas como si acabara de ganar un trofeo, y se giraron los dos hacia ella para observarla. Cada uno a su manera. En posición de ataque.</p><p><em>*Beatriz Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Beatriz Rodríguez </strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cuando-eramos-angeles/206166" target="_blank">Cuando éramos ángeles</a><em> (Seix Barral, 2016).</em></p><p><em>*Michelle Roche Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Michelle Roche Rodríguez</strong><a href="http://musaalas9.es/?product=4829" target="_blank">Gente decente</a><em> (Musa a las 9, 2017).*Pilar Adón es escritora. Su último libro, </em></p><p><strong>Pilar Adón</strong><a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/la-vida-sumergida/" target="_blank">La vida sumergida</a><em> (Galaxia Gutenberg, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Rodríguez | Michelle Roche Rodríguez | Pilar Adón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La reina de la casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'Sangre seca']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-sangre-seca_1_1151354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0bf1aabd-100e-414e-9117-9a51c763862d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 'Sangre seca'"></p><p><strong>Sangre seca.Josep M. RodríguezEpílogo de Joan MargaritHiperiónMadrid2017</strong><em>Sangre seca.</em></p><p>  </p><p>Puede decirse que la poesía española de los últimos 30 años no ha hecho otra cosa que debatirse entre la apuesta decidida por la discursividad comunicativa de raigambre clásica o explorar los caminos diversos del informalismo, la ruptura de la lógica discursiva y la asunción más o menos reticente del repertorio de las viejas vanguardias. Hay incluso quien ha hecho de alguna de estas posiciones extremas su trinchera. Y quizá se olvida que, como ocurre también en otros terrenos, es en las zonas intermedias donde se abre un campo más amplio de experimentación y descubrimientos.</p><p>Buena parte de la andadura poética de <strong>Josep M. Rodríguez</strong> (Súria, Barcelona, 1976) ha consistido en explorar ese terreno intermedio. Su poesía más personal, en efecto, no renuncia al gusto por lo descriptivo y narrativo que caracteriza a la mayoría de los poetas de talante discursivo. Pero esa querencia comunicativa no está reñida, en su caso, con una clara voluntad de poner de manifiesto las discontinuidades del discurso, lo fragmentario y disperso de la experiencia, el carácter caleidoscópico de toda percepción. Sus poemas, por ello, se articulan frecuentemente en destellos, en retazos de discurso que, sin perder del todo el hilo que los une, apuntan más bien a presentarse en su discontinuidad esencial, acogiéndose para ello a ciertas acuñaciones características del moderno discurso literario atomizado: la imagen, la greguería, el aforismo, la cita; siendo el gran acierto de Rodríguez su instinto para combinar estos elementos discontinuos en poemas que aúnan la justeza expresiva, la contención retórica, la perfección constructiva, la inteligencia e incluso un soterrado humor.</p><p><em>Sangre seca</em>, su último poemario, ganador del XXIV Premio de Poesía Ricardo Molina, presenta estas características de modo sobresaliente y puede leerse, por tanto, como un logrado fruto de madurez. Los poemas se presentan como prontuarios de sensaciones y recuerdos –entre ellos, abundantes citas literarias– que se ordenan para construir esa especie de complejo perceptivo-intelectivo en el que suelen traducirse las experiencias. El poeta frecuentemente arrastra al lector en su vertiginoso juego asociativo: la mención de un “jardín con sarampión” anticipa la “temporada de fresas” y el recuerdo de una abuela que las recoge en el bolsillo de su delantal, coronando una cadena de recuerdos infantiles. “Soy un miedo feroz que huye del lobo”, afirma el poeta en una transparente hipálage –el adjetivo “feroz” suele asociarse al lobo– que es también un modo de invitar al lector a sumirse en ese peculiar vértigo de sensaciones trastocadas. Poemas como “Desempleo” muestran que esa técnica impresionista y asociativa es capaz de articular precisos diagnósticos sobre la condición del hombre contemporáneo: “Bebes de la botella de cerveza: / poco a poco te has ido acostumbrando / a esta felicidad / de marca blanca”. Y el lector asiente, no tanto por haberse dejado convencer por el poema como por la evidencia de que este le ha deparado los elementos necesarios para hacerle revivir, paso por paso, la experiencia en él evocada. Pocos poetas brindan esa intensidad.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Su último libro es </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/efemera_3549" target="_blank">Efémera</a><em> (Takara, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'Sangre seca']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Feminidad e inteligencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/feminidad-e-inteligencia_1_1151351.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8362ca72-7866-4a13-86c4-adc97e642a03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminidad e inteligencia"></p><p><strong>¿Quién teme a Thelma y Louise?Mónica DoñaRenacimientoSevilla2017</strong><em>¿Quién teme a Thelma y Louise?</em></p><p>  </p><p>No tengo ninguna duda de que <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/renacimiento/1851-quien-teme-a-thelma-louise.html" target="_blank">¿Quién teme a Thelma y Louise?</a>, el último libro de <strong>Mónica Doña</strong>, pasará a formar parte de la historia reciente de la poesía española. Es más que un buen libro, es un gran libro, de los que marcan un punto de inflexión, en este caso por el excelente tratamiento poético de un tema muy singular, muy plural y muy complejo: la feminidad, sus vivencias, su intimidad, sus apuestas, su inteligencia y sus fracasos. Un tema que por fortuna viene pisando cada vez más fuerte en la última poesía española, y aquí hay que mencionar el ineludible libro <em>Ficciones para una autobiografía</em> de Ángeles Mora, reconocido el año pasado con el Premio de la Crítica y con el Premio Nacional. Un tema que atraviesa de hecho toda la poesía de <strong>Ángeles Mora</strong> y también la de Mónica Doña.</p><p>¿Quién teme a Thelma y Louise? ¿Quién teme a<strong> Virginia Woolf </strong>? A las mujeres, ¿quién o quiénes nos teme(n) y qué es exactamente lo que teme(n)? Las referencias teatrales y cinematográficas condensadas en el título remiten tanto a la obra de <strong>Edward Albee</strong> (1962) como a la película de <strong>Mike Nichols</strong>, protagonizada por los inolvidables <strong>Liz Taylor</strong> y <strong>Richard Burton</strong>, que encarnan, lejos de la idealización edulcorada de las comedias románticas, la ácida autodestrucción de un matrimonio. También remiten, cómo no, a la película de <strong>Ridley Scott</strong>, protagonizada por las también inolvidables <strong>Susan Sarandon</strong> y <strong>Geena Davis</strong>.</p><p>El libro de Mónica Doña se divide en tres partes, cuyos títulos juegan magníficamente con el lenguaje y con el doble sentido. Tiene de hecho la poeta una capacidad sobresaliente para el delicado y frágil equilibrio de la lengua y también para la ironía, algo muy difícil en poesía. "Femenino y singular" agrupa poemas dedicados a varias mujeres célebres, <strong>Juana de Arco</strong>, <strong>Rita Hayworth</strong>, <strong>Billie Holiday</strong>, <strong>Marie Curie</strong>, <strong>Cleopatra</strong>, <strong>Frida Kahlo</strong>, <strong>Santa Teresa</strong> o <strong>Coco Chanel</strong>. Mujeres excepcionales que conocieron también amargas derrotas.</p><p>En la segunda sección, "Tiempo muerto", se pone de manifiesto algo que ya sabíamos, pero no queríamos asumir o no queríamos ni siquiera saber: la intimidad es un territorio donde la felicidad de los cuerpos tiene también un reverso ácido, deslucido, áspero, un territorio que puede transformarse en un abismo. De ahí la pertinencia de la cita de <strong>Callie Khouri</strong>, la guionista de <em>Thelma y Louise</em>, que abre la sección: "No pierdan la cabeza y no perderán la cabeza". Y suena también, de alguna manera, la advertencia de Ángeles Mora: "Y si quieres navegar/ coge, niña/ la aguja de marear". O la de <strong>Gil de Biedma</strong>, que avisaba de que había llegado el tiempo de dar inteligencia en el amor.</p><p>Mucho habría que decir sobre las complicadas relaciones entre el amor y la inteligencia. ¿Qué significa ser inteligente en el amor? ¿Qué significa dar lucidez donde se supone, porque así nos lo han enseñado, que hay que perder la cabeza? ¿Qué lugar ocupa la reflexión en las complejas y convulsas tribulaciones del corazón enamorado? ¿De quién, de quiénes se enamoran las mujeres? Mónica Doña responde, en el magnífico poema "El beso de Klimt": "Se enamoran de un cuadro./ Un bellísimo cuadro/ que lleva un largo siglo en los museos". Pues claro que nos enamoramos de un cuadro, porque esperamos que se cumpla aquel deseo de <strong>Bréton </strong>en <em>L’amour fou</em>: "Le deseo que sea amada con locura". Queremos el amor loco, no el amor lúcido, pero no tenemos más remedio que agarrarnos a la lucidez para construir el amor "al borde del abismo", como acaba este mismo poema. Otro poema extraordinario es "Metamorfosis forzosa (El precio del placer)", donde la mujer toma conciencia de que existe a través del placer, de que el placer le es reconocido y ofrecido, pero no así la completamente verdadera y respetuosa existencia en el pensamiento masculino, en su actitud y en su lengua (a la vez idioma e instrumento de placer): "porque yo nunca he sido/ yo misma por tu lengua/ aunque te hayas bebido/ diez mil veces mis ácidos/ para darme placer,/ mas no el placer/ de la miel susurrada, del hombro que sostiene/ el delicado peso del cariño".</p><p>La tercera sección tiene un título absolutamente espléndido, "Mujeres al cabo", que alude tanto al Cabo de Gata/Ágata y a las protagonistas, mujeres al fin y al cabo. Aquí aparece también, al lado de las ocho mujeres, la figura de <strong>Javier Egea</strong>, a quien se rinde homenaje. Las mujeres son "ocho risueñas fugitivas", igual que fugitivas y con ganas de reír hasta partirse son Thelma y Louise. "Sobre nuestras cabezas/ se escucha el aleteo de las rosas", acaba el libro de Mónica Doña. Sobre nuestro corazón, nuestra emoción y nuestra inteligencia, al acabar estos poemas, se escucha el aleteo de una poesía poderosísima.     </p><p><em>*Ioana Gruia es poeta y profesora de Literatura Comparada.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <title><![CDATA[Una democracia impermeable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/democracia-impermeable_1_1151347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/52ee29b7-5a97-423a-8abd-2f009a1d841f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una democracia impermeable"></p><p><strong>El resurgir del pasado en España. Fosas de víctimas y confesiones de verdugosPaloma Aguilar y Leigh A. PayneMadridTaurus2017</strong><em>El resurgir del pasado en España. Fosas de víctimas y confesiones de verdugos</em></p><p>  </p><p>El asunto de la memoria y el olvido de nuestro pasado se ha convertido en motivo de agria controversia política desde hace ya casi dos décadas. Para algunos, la democracia nació con un vicio de origen: el olvido de las víctimas del anti-franquismo y la impunidad de sus verdugos, fruto de un pacto de silencio entre las fuerzas políticas que querían dejar a un lado la disputa sobre la historia. Según este planteamiento, una izquierda débil y timorata, encabezada por el PCE y su política de “reconciliación nacional”, habría aceptado que los crímenes del periodo franquista quedaran impunes. Para otros, en cambio, no hay nada reprochable en la Transición por lo que toca a la memoria. No hubo nada parecido a un pacto de silencio, ya que los historiadores llevaron a cabo su trabajo, publicando numerosas monografías académicas sobre la Guerra Civil y la represión franquista. Quien quisiera saber, no tenía más que asomarse a aquellos textos. En cualquier caso, se añade, haber reabierto políticamente las heridas del pasado habría puesto en peligro la estabilidad del nuevo sistema democrático.</p><p>Lo que subyace a ambas posturas es una cierta visión de la Transición española, una excesivamente crítica y otra demasiado obsequiosa. <strong>Paloma Aguilar</strong>, una de las coautoras <a href="https://www.megustaleer.com/libro/el-resurgir-del-pasado-en-espana/ES0156149" target="_blank">del libro reseñado</a>, lleva desde hace muchos años defendiendo, a través de numerosas publicaciones académicas, una postura más matizada, que la sitúa en tierra de nadie, pues evita tanto la deslegitimación global de la Transición como su sacralización. En <em>El resurgir del pasado en España</em>, escrito junto a <strong>Leigh Payne</strong>, las autoras proporcionan una síntesis extraordinariamente valiosa sobre la evolución del problema de la memoria histórica, haciendo un diagnóstico riguroso a partir de su elemento originario, el pacto de olvido o silencio que se consuma en los primeros años del postfranquismo.</p><p>El capítulo introductorio, de casi 50 páginas de extensión, creo que constituye el texto más acabado que se ha publicado en España sobre la cuestión. Es de lectura obligada. El libro se completa con capítulos más especializados que tratan cuestiones fascinantes y poco conocidas, como las confesiones de verdugos y victimarios de uno y otro bando en la Guerra Civil, o el efecto que han tenido las iniciativas de exhumación de víctimas de la represión en el cuestionamiento del pacto de silencio.</p><p>Aun a riesgo de simplificar mucho, me gustaría presentar el núcleo central de la tesis de Aguilar y Payne y mostrar que la patología política que se trasluce en el debate sobre la memoria no es sino un caso especial de un defecto más general que afecta a la democracia española. Defienden las autoras que en la Transición y en los primeros años de democracia hubo un pacto tácito de olvido con respecto a las cuestiones más divisivas y traumáticas de la historia reciente de España. La clase política, así como buena parte de la sociedad civil, entendieron que abordar esos asuntos suponía un riesgo para la convivencia social y la construcción del nuevo régimen. En la medida en que había un acuerdo amplio sobre la necesidad de dejar el pasado fuera del debate público, el pacto se cumplió sin necesidad de vigilancia alguna. Su manifestación institucional más clara fue la primera Ley aprobada por el Congreso de los Diputados tras las primeras elecciones democráticas de 1977, la Ley de amnistía, que permitió la excarcelación de los últimos presos políticos y reos de terrorismo que quedaban en España y, a la vez, consagró la impunidad de los cuerpos y mandos responsables de la represión franquista. Hubo, en los márgenes, iniciativas en sentido contrario, como algunas exhumaciones de primera hora, pero el hecho de que se llevaran a cabo en la mayor soledad política y sin que los medios de comunicación prestaran apenas atención (con alguna excepción como <em>Interviú</em>) es, de hecho, la mejor confirmación de que el pacto fue efectivo.</p><p>Por descontado, los historiadores continuaron haciendo su trabajo, como no se ha cansado de señalar<strong> Santos Juliá</strong>, pero eso no prueba mucho. Políticamente, el pacto se mantuvo activo incluso mucho tiempo después de que los riesgos para la estabilidad de la democracia hubieran desaparecido. Si no he entendido mal, las autoras no condenan el pacto de olvido como tal, ni creen que se pudiera haber hecho algo muy distinto en un momento tan delicado como fue la Transición. Sin embargo, sí juzgan con severidad el hecho de que a medida que la sociedad española fue evolucionando políticamente, el cambio generacional y cultural no haya conseguido romper las prácticas políticas e institucionales que derivan del pacto de olvido.</p><p>A finales del siglo XX, la generación de los nietos y biznietos de la Guerra Civil, sobre todo en las familias de descendientes del bando republicano, comenzaron a reclamar un mejor conocimiento de lo sucedido en la época franquista, así como las reparaciones debidas a las víctimas del anti-franquismo, las cuales nunca tuvieron reconocimiento institucional por sus padecimientos. Los miedos de la generación de los hijos de la Guerra Civil, la que protagonizó la Transición, se fueron disipando conforme se consolidaba el sistema democrático. De este modo, la visión del pasado se reconfiguró significativamente.  Lo que hasta entonces había formado parte de la normalidad política, la permanencia de decenas de miles de víctimas en fosas comunes, pasó a ser un motivo de vergüenza.</p><p>Las demandas de las nuevas generaciones encontraron una respuesta, tímida y probablemente insuficiente, aunque audaz y rompedora con respecto a lo que se había hecho antes, en la Ley de memoria histórica de 2007 que impulsó el Gobierno de <strong>José Luis Rodríguez Zapatero</strong>. La Ley no ha resuelto el problema de los desenterramientos ni ha conseguido superar las inercias que se arrastraban desde tiempo atrás. Esas inercias son cada vez más anacrónicas. El Estado sigue resistiéndose a establecer una verdad oficial sobre lo ocurrido en España durante la Guerra Civil y, especialmente, durante la orgía represiva de los primeros años de franquismo; sin el establecimiento de una verdad oficial, no puede haber reparación. El sistema judicial continúa manteniéndose al margen: los tribunales españoles han renunciado no sólo a juzgar los crímenes del pasado, sino también a esclarecer los hechos. Los jueces ni siquiera cumplen con la obligación legal de personarse cuando se produce un desenterramiento de huesos. No ha habido iniciativas públicas para encontrar las fosas comunes e identificar los restos, ni se han erigido monumentos en honor de las víctimas del franquismo. Y el Valle de los Caídos permanece como monumento de exaltación franquista.</p><p>Leyendo <em>El resurgir del pasado en España</em>, da la impresión de que nuestro sistema político se ha quedado congelado en el tiempo. La democracia parece impermeable a las demandas que proceden de la sociedad civil. Una mezcla de “tapón generacional”, rigidez institucional y falta de sensibilidad de la derecha política han impedido que se avance en este terreno, hasta el punto de que, como se señala en el libro, España ha recibido varios toques de atención por parte de diversos organismos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos por su falta de atención a las víctimas del franquismo.</p><p>Por desgracia, esta “impermeabilidad” de la democracia española no se observa solamente con respecto a la memoria histórica. Durante los largos años de crisis hemos comprobado la baja capacidad de respuesta del sistema a demandas ciudadanas en asuntos tan variados como los desahucios, el rescate bancario, la estafa de las preferentes, la pobreza energética, la baja fiscalidad que se aplica a las grandes empresas o la precarización de los trabajadores jóvenes. Los estudios de opinión pública revelan niveles de apoyo muy alto a políticas más ambiciosas y solidarias en todas estas cuestiones, sin demasiado resultado práctico. En la encuesta anual a expertos sobre calidad de la democracia que publica la Fundación Alternativas en el <a href="http://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/libros-e-informes/ide" target="_blank">Informe sobre la democracia en España</a>, hay varios ítems en los que los expertos suspenden de forma sistemática a nuestro sistema político: “Los partidos se hacen eco de los problemas e intereses de la gente”, “El acceso de los distintos grupos sociales al poder político es igualitario” y “Los representantes políticos son accesibles a los ciudadanos”. Las bajas puntuaciones medias en estos tres ítems reflejan la “impermeabilidad” de la democracia española. Como muestra el libro imprescindible de Aguilar y Payne, la memoria histórica es uno de esos ámbitos en los que la práctica democrática ha resultado decepcionante. Los deseos de cambio se han visto sistemáticamente frustrados: verdad, reparación y justicia para los represaliados del franquismo sigue siendo un ideal muy alejado de la realidad en España.</p><p><em>*Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid, colaborador de </em><strong>Ignacio Sánchez-Cuenca</strong>infoLibre <em>y ensayista. Su último libro es </em><a href="https://agoractxt.com/product/libro-superioridad-moral-de-la-izquierda" target="_blank">La superioridad moral de la izquierda</a><em> (Lengua de Trapo y CTXT, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Sánchez-Cuenca]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una democracia impermeable]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Memoria histórica,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[À mon seul désir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mon-seul-desir_1_1151331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f4064ec6-196a-4b1c-b969-f888431f34ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="À mon seul désir"></p><p><strong>Cartas a MercedesMiguel EspinosaPresentación de Juan EspinosaNotas de María del Carmen Carrión, Juan Antonio Lucas y Juan EspinosaAlfaquequeMurcia2017</strong><em>Cartas a Mercedes</em></p><p>  </p><p>A los lectores curiosos les habrá llamado la atención la reproducción de una imagen de <strong>Nefertiti</strong>, que aparece en la cubierta de este libro. Decía el escritor <strong>Miguel Espinosa</strong> que su rostro anguloso le recordaba al de <strong>Mercedes Rodríguez</strong>, su musa. Pero lo que me parece significativo es que no escogiera la representación más conocida de la reina egipcia, conservada en el Altes Museum de Berlín, aquella que la historia del arte ha consagrado como una obra maestra, en la que la esposa de <strong>Eknatón </strong>aparece con su corona de habituales colores vivos, si bien con uno de los ojos cegados; sino esta otra versión, quizá más sobria y primitiva, con un misterio distinto del que ahora se le atribuye. Esta segunda pieza, mucho menos conocida, debió de formar parte también del taller de uno de los escultores de la corte que trabajaba para el faraón, descubierto por <strong>Ludwig Borchardt</strong> al comienzo de la segunda década del siglo XX. El caso es que la afición a las artes de Espinosa se muestra, además, en alguna de las postales que le manda, las cuales reproducen obras de <strong>Leonardo</strong>, <strong>Braque </strong>o <strong>Chagall</strong>, probablemente artistas de su gusto, y en las numerosas alusiones a pintores que aparecen en estas cartas, así como en el conjunto de su obra.</p><p>Esta correspondencia, en la que apenas solo oímos la voz de Espinosa, aunque alguna vez reproduce los comentarios de Mercedes, se nos presenta dividida en tres épocas: 1956-1972, 1973-1976 y 1977-1981; la primera, por tanto, es mucho más extensa que las otras dos partes. Sin embargo, habría que recordar, para una mejor comprensión de estas cartas, que quizá las fechas clave en la trayectoria vital e intelectual de Espinosa sean 1954, cuando conoce a Mercedes Rodríguez; 1963, al casarse esta con <strong>Francisco Guerrero Sáez</strong>, momento en que el intercambio epistolar se interrumpe cinco meses; 1972, en que fallece la madre del autor, propiciando unas emocionantes reflexiones (p. 389 en adelante); 1974, cuando padece un infarto y se publica su gran obra, <em>Escuela de mandarines</em>, obteniendo el Premio Ciudad de Barcelona, y sufre lo que él considera una gran ofensa, tras pedirle el favor a Guerrero de que le cambie medio millón de pesetas en divisas, sin que este le haga caso alguno (p. 405 en adelante, 548, 631 y 637); y, por último, durante los primeros años de la Transición, como consecuencia de los sucesos relatados en <em>Tríbada</em>, al recobrar la relación con Mercedes, muy deteriorada hasta entonces.</p><p>Estas cartas y tarjetas postales, se trata de 408 misivas compuestas para la exclusiva lectura de los dos interesados (p. 323), resultan imprescindibles tanto para entender la vida de Espinosa, su atípica relación con Mercedes, los problemas pecuniarios que siempre tuvo (véase, por ejemplo, las pp. 131 y 132); como para comprender mejor su formación cultural, su querencia por la música y la pintura, y en especial sus narraciones, sobre las que tantas pistas nos proporciona esta correspondencia. Espinosa le pide que rompa algunas de estas cartas, tras leerlas, mientras que otras, por su dureza ni siquiera se atreve a mandárselas, como ocurre con la 328. Por otra parte, el escritor es consciente de que “solo en la total independencia económica puedo hallar la total libertad que preciso para pensar y amarte sobre todas las cosas” (p. 262). De la lectura de esta correspondencia se desprende, además, una poética tan atípica como compleja, que adoptará forma literaria en sus narraciones. Así, por ejemplo, la necesaria adecuación de la materia formal a la expresión artística (p. 49); o la firme convicción de que la verdadera literatura no debe ser literaria (p. 379).</p><p>Por tanto, las fases de la relación podrían ser: una inicial, en la que Espinosa se muestra fascinado por la personalidad de Mercedes, hasta la empalagosa mitificación, convirtiéndola en musa y consejera, ante la cual su racionalismo se quiebra, mientras que él se siente como un nuevo Orestes hostigado por las Furias. Una segunda etapa de desilusión, en la que tanto ella como su marido, diplomático, se convierten en los representantes por excelencia de la dictadura, del fascismo, de <em>la fea burguesía</em>, mientras que él se siente como un santo. Y, por último, los años de reconciliación, en la que Espinosa –ahora reencarnado en un gigante— reconoce sus exageraciones (había comparado al matrimonio Guerrero Rodríguez nada menos que con <strong>Eichmann </strong>y <strong>Magda Goebbels</strong>) y decide nombrarla albacea de su obra, cediéndole los derechos.</p><p>Las cartas, por tanto, podrían leerse como la historia de dos obsesiones: primero, por el amor de Mercedes, que para él encarna la belleza y la sabiduría (“no te amo por voluntad de ninguna especie, sino por fatalidad. Te amo como escribo”, p. 247), pero también por la posición social que ocupa su marido, como agregado en las embajadas de Bélgica y Holanda. La foto de 1957, reproducida en la p. 19, en la que aparecen los tres muy jóvenes se comenta en un par de ocasiones en estas cartas. De esa misma fecha hay una en la que Espinosa le reprocha a Mercedes que se haya entregado a Guerrero. Pero creo que, al fin y a la postre, no es esto lo sustantivo, sino el empeño por hacer una ambiciosa obra literaria, de pensamiento (algunas de estas cartas son auténticos microensayos, como la 360, o la 376, en la que traza la evolución del franquismo, a través de dos de sus ministros más representativos, <strong>Solís Ruiz</strong> y <strong>Martín Villa</strong>), que estuviera al margen de modas y capillas, unos libros ─tan feroces como lúcidos─ contra la Tiranía (lo escribe con mayúscula), el poder de la burguesía, el desvelamiento de su lenguaje y costumbres, sin que por ello deje de recurrir Espinosa a personas influyentes como <strong>Fraga Iribarne</strong>, <strong>Enrique Tierno Galván</strong> o ─a otro nivel─ al crítico <strong>Rafael Conte</strong>. Para Espinosa, “la burguesía […] habita la irrealidad total; por consiguiente encarna lo demoníaco, cuyos atributos son el tedio, el vacío, la mímica, la trivialidad, la arrogancia, etc.” (p. 603). Se trata, por tanto, de una <em>sociedad mímica </em>o<em> demoníaca</em> (“el rostro de Satanás […] está en la Dictadura”, p. 593), la cual podría relacionarse con lo que años después denominó Bauman “sociedad líquida” (pp. 454 y 455).</p><p>El estilo y los temas tratados, las obsesiones de Espinosa, corren paralelos a los de sus narraciones, en las que prima el pensamiento, lo aforístico, el empeño por definir y aclarar los conceptos que emplea, y la idea de que en la prosa fascista solo hay sintaxis (p. 493). Pero además ya está presente la visión acerada de la conducta humana, la denuncia del gusto burgués por lo inmediato y superficial, aquello que Espinosa llama <em>la</em> <em>inmediatez</em> y <em>la</em> <em>exterioridad</em>. No en vano, se muestra propenso a utilizar <em>palabros</em> y expresiones poco afortunadas, tales como: “pavorizar”, “momentos eternales”, “reuniones mundanales”, “confortativo” o “victimado”, por solo citar unas pocas (pp. 478, 485, 597, 661, 664, 672).</p><p>En las cartas aparecen innumerables citas y referencias culturales, literarias, e incluso se transcriben poemas completos, con un gusto especial por las latinas. Así, critica la poesía de <strong>Pedro Salinas</strong>, desprecia las obras de <strong>Cela </strong>(“un mal escritor”) y <em>Agata, ojo de gato</em>, que cita mal, de <strong>Caballero Bonald</strong> (pp. 537 y 546), recoge uno de los <em>Sonetos a Helena</em>, de <strong>Ronsard</strong>, cita a <strong>Thomas Mann</strong>, a <strong>Menéndez Pelayo</strong>, <strong>Horacio</strong>, <strong>Catulo</strong>, <strong>Plutarco</strong>, <strong>Goethe</strong>, <strong>Lucano</strong>, <strong>Stefan Zweig</strong>… Espinosa, como el enamorado romántico que es, a veces siente celos, pero le confiesa que le gustaría ser para ella <strong>Bach</strong>, <strong>Aristóteles</strong>, <strong>Cervantes </strong>o <strong>Mozart</strong>; mientras que compara a Mercedes con la música de este, con la ternura de Cervantes y con la dignidad de <strong>Holbein</strong>. La trata de “amor mío”, “pequeña”, “niña Atenea” (véase cómo la heleniza, p. 86), “pulgoncito”, “<em>puella</em>”, “corazón”, “chatilla” y otros apelativos semejantes de este mismo jaez. Así, por ejemplo, le comenta en una carta de 1959: “Si ayer te llamé Clara Luz, Azenaia, Ojos Glaucos y Ponderada, hoy te llamo Paz y Diálogo”.</p><p>Las útiles notas, en vez de incrustarse en el texto, deberían haberse colocado al pie. Además, se echa de menos alguna que otra identificación de los personajes y hechos a los que se alude: ¿quién es el <strong>Ollero </strong>de la carta 99, el editor Carlos Ollero? ¿Esa Pamela de Saint-Martín que los editores señalan como ficticia, acaso no podría tratarse de la escritora <strong>Carmela de Saint-Martin</strong>? (p. 238) ¿Los “famosos cursillos” a los que se refiere, son acaso los Cursillos de Cristiandad? (p. 250) ¿Quién es ese <strong>Menchaca </strong>con quien firma, y cobra, un contrato para la edición de <em>Escuela de mandarines</em>, que nunca cumplirá? (p. 325) ¿Quizá se trate del marino y escritor Antonio Menchaca (1921-2002), que compartió la cárcel con <strong>Tierno Galván</strong>? El “tal Conde” (p. 458) no puede ser otro que <strong>Francisco Javier Conde</strong>, autor de una <em>Teoría del caudillaje</em>. Y, por último, el llamado aquí Ramón Masoliver se corresponde con el traductor, periodista y crítico literario de <em>La Vanguardia</em> <strong>Juan Ramón Masoliver</strong>, uno de sus mayores valedores.</p><p>La muerte le llegó pronto a Espinosa, en 1982, con 56 años, pero ya desde 1960 ─con solo 34─ empezó a pensar que no le quedaba mucha vida, algo que irá repitiendo en el futuro en diversas ocasiones. Nos dejó una obra maestra, la novela de 1974 (“muchas de sus páginas ─se pavonea Espinosa─ solamente las podría igualar <strong>Aristófanes</strong>, Plutarco, <strong>Dante</strong>, <strong>Rabelais </strong>o Cervantes”, p. 659), y dos narraciones muy notables: <em>Tríbada</em> (1987), cuya primera parte compara con <em>Werther</em>, con los actos 20 y 21 de <em>La Celestina</em>, y con algunos trozos de <strong>Proust </strong>y <strong>Kafka</strong>, explicando por qué (p. 679 y 680), y <em>La fea burguesía</em> (1990). <strong>Berlanga </strong>mostró interés por llevar al cine <em>Escuela de mandarines</em>, e incluso llegó a encargarle el guión a <strong>Azcona</strong>, pero este opinó que había encontrado grandes dificultades para llevarlo a cabo. A comienzos de este año ha muerto, por cierto, Mercedes Rodríguez.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[À mon seul désir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Desorden babilónico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/desorden-babilonico_1_1151329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24e763f7-3f6d-4313-b5b3-c6b49d1f2d49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desorden babilónico"></p><p><a href="http://www.trotta.es/libros/babel/9788498796995/" target="_blank">Babel. Conversaciones con Ezio Mauro</a> (Trotta, 2017) contiene la jugosa conversación entre <strong>Zygmunt Bauman</strong> y <strong>Ezio Mauro</strong> sobre el diagnóstico y las posibles alternativas a partir de la última gran crisis. Ezio Mauro fue director del periódico italiano <em>La Repubblica </em>durante más de dos décadas, y fue él quien, siguiendo la línea del fundador <strong>Scalfari</strong>, hizo de este periódico un instrumento para ayudar a aquella izquierda de los setenta —depositaria ante los más débiles de méritos, oportunidades e igualdad— a “salir de la coraza del comunismo y encontrarse con la cultura de la democracia liberal”. Mauro se retiró de la dirección de <em>La</em><em>Repubblica</em> en 2016, pero aún sigue activo. En diciembre de 2017 presentó su nuevo libro, aún no traducido, <em>L'anno del ferro e del fuoco, </em>un reportaje novelado sobre la Revolución de Octubre. Y el fallecido Zygmunt Bauman es, como todo el mundo sabe, quien nos propuso el sugerente y productivo concepto de “modernidad líquida”, cuya potencia ha dejado al descubierto la disolución de todas las expectativas de la izquierda clásica.</p><p>Un nuevo desorden babilónico, que la crisis ha destapado, se extiende y penetra como un ejército invasor. “Todo el entramado material, institucional e intelectual de la construcción democrática, que Occidente se había dado durante la tregua de la posguerra: gobiernos, parlamentos, cuerpos intermedios, sujetos sociales, antagonismos, <em>welfare state</em>, partidos y movimientos nacionales, internacionales, continentales cae para perderse en un pasado sin memoria”. Pues la memoria queda, como dice Mauro, solo “como <em>vintage,</em> para comprar y consumir y no como punto de referencia y confrontación”.</p><p>  </p><p>La crisis ha arrasado estos fundamentos sin proyecto alguno, sin cabeza visible, como una “fuerza autónoma”, afirma Mauro. Y reflexionando sobre el porvenir, añade: “Como si, una vez sepultadas felizmente las ideologías, no supiésemos mirarnos hacia dentro y hacia adelante todos juntos. Superado cuanto servía para organizar el 'conjunto' –las grandes culturas políticas, los partidos, los canales de discusión—, el espacio donde razonar y discutir con los demás se ha restringido y el discurso político se ha atrofiado”. Bauman ofrece entonces un análisis sobre la debacle de los estados soberanos y sus instituciones. Y Mauro incide en el abandono de las antiguas y clásicas funciones del Estado: “el desorden económico-financiero se ha propagado sin obstáculos al encontrar las puertas de la democracia abiertas y desquiciadas… Yo, ciudadano, sacrifico cuotas de mi libertad, y tú Estado, me das raciones crecientes de seguridad que para mí valen más; ese cambio, digo, se ha bloqueado. Al Estado ya no le interesan más cuotas en venta porque la Bolsa del poder hace <em>fixing </em>en otra parte, en los espacios impersonales de los flujos… tampoco el poder público tiene certezas ni tutelas que ofrecer e intercambiar, porque no puede garantizar lo que vende ya que el gobierno está agotado y fuera de control”. “Hasta hace algún decenio –afirma Bauman— la soberanía política de un estado territorial se consideraba que estaba sólidamente sustentada en su autonomía económica, militar y cultural, pero ninguna de ellas es hoy imaginable”. “Ya no usamos la política, desconfiamos de las instituciones que nos hemos dado, dudamos incluso de la democracia que parecía la única religión posible, y destinada según algunos a convertirse en universal tras la fuga de las falsas divinidades  que habíamos creado en el siglo XX”, contesta Ezio Mauro.</p><p>¿Dónde encontrar indicios de aquello que pueda ofrecernos libertad y seguridad cuando el Estado agoniza? Los tiempos del capital fijo, “invertido en pesados, macizos, no transferibles edificios y maquinaria industrial”, son ya historia. Ahora estamos desarmados frente a “unos inversores sumamente móviles, fluctuantes, caprichosos, inquietos e imprevisibles, constantemente a la caza de mejores y más altos beneficios y dispuestos a volar donde la publicidad deje entrever fugaces oportunidades favorables…”. El capital financiero especulativo ha ganado la partida al capitalismo clásico territorial. Y las condiciones del proletariado que le sustentaba, así como las organizaciones que regulaban sus demandas frente a las exigencias del capital, también son ya historia. Y, ¿qué hay de aquello que daba continuidad a la lucha obrera?, se pregunta irónicamente Bauman. “¿Los sindicatos?, ¿las huelgas? Solo se conseguirían más fábricas (concepto ya casi anacrónico) cerradas y más talleres abandonados por los propietarios del capital, ofendidos por la falta de hospitalidad, por las arrogantes pretensiones de la militancia y de los incontrolables sujetos locales”. A esto, hay que añadir la estrategia del miedo: “Todo lo que se mueve, principalmente entre las fronteras (inmigrados, capitales finacieros, globalización, contaminaciones culturales, cosmopolitismo, instituciones supranacionales) atemoriza y asusta a quien está fijo y atado porque se le aparece como fuera de su alcance, de su control, sin gobierno, y determina un extrañamiento de lugar, de tiempo, de identidad”.</p><p>En este contexto, Mauro reivindica el periodismo como letra de referencia. “La revolución espacial provocada por la globalización, junto a la revolución tecnológica, han originado el desfondamiento de la moderna espacialidad –espacio nacional, social, político— desmaterializando la soberanía popular y la soberanía pública, haciendo casi imposible cualquier verificación de los vínculos de representación. El sistema fantasmagórico de los <em>media</em> anima el nuevo espacio común sin organizarlo, sin poderle dar una dimensión política. Es lo que tú [Bauman] llamas Pandemonio. Como en Babel, las lenguas se persiguen y apelotonan, las noticias se autosustituyen antes de producir una idea”. Frente a este desorden, que carece de auténtica opinión pública, y sustituye las ideas por las percepciones –casi siempre autocomplacientes—, Mauro ve el periódico (en papel o en <em>web</em>) como ese medio capaz de desmontar un hecho; así “muestra las piezas que lo componen, lo completa añadiendo voces, testimonios, fotografías, ideas y, al final, hasta incluye un comentario. No para convertir o ganarse al lector, porque un periódico ni es un predicador ni es un partido, sino para conducir al lector, mediante este recorrido organizado, a captar la dinámica de un hecho, a entender qué es lo que lo mueve y, sobre todo, a formarse su propia opinión”.</p><p>La salida no puede ser otra que la del diálogo capaz de afianzar el bien más preciado que hemos alcanzado y que, ahora, parece diluirse en un flujo de signos sin significados. Ese bien es la democracia. La revolución tecnológica ha conectado todos los puntos hasta convertir en unidad el mundo. Pero esa “unidad” sustituye los valores compartidos por el consumo en común, banalizando y simplificando conceptos claves. Además, existe el riesgo “que esta <em>unidad del mundo</em> implique un enorme incremento del odio recíproco y una especie de <em>irritabilidad universal</em>, como observa <strong>Pankaj Mishra</strong>”. Nuestro “multiculturalismo superficial” no previene de ese mal, pues es más bien “una débil fascinación por la diversidad, simples flirteos con todo aquello que aparece como exótico en un sistema que reconoce la legitimidad de culturas diversas a la nuestra, pero que ignora o rechaza cuanto de sagrado y no negociable existe en esas culturas”.</p><p>Así, esa globalidad, esa red de redes que une al mundo, es como la vieja hacha, lo mismo corta leños que cabezas dependiendo de quién maneje el mango. La responsabilidad no podemos ni debemos evitarla. Esa red no trae, por el mero flujo de información, la democracia, tal como se demostró en la primavera árabe. Facebook y Twitter no sirvieron tanto para organizar la rebelión cuanto para localizar, identificar y detener a los sublevados. Aunque hay que admitir que por la red circula cierta esperanza, de momento lábil y fugaz, reflejo de una “corriente de generosidad” que Bauman ve en el creciente alcance y peso de los “bienes comunes” (<em>commons</em>), “una expansión animada por el “espíritu comunitario” del dar y el compartir, una cooperación impulsada por la participación en causas comunes y no por el provecho personal y promocional de uno mismo”. Pero esa corriente es flujo ocasional y no alcanza a organizar una existencia estable, que cree lazo social. Las instituciones no saben escuchar lo que ahí circula, tampoco son capaces de articular la opinión pública, común y razonable, que seguramente existe en Europa sobre los grandes temas que nos acucian. Así, la red como el hacha puede cortar leños y ser germen del bien mayor que nos sostiene, ahora de manera muy precaria: la democracia.</p><p>Sostener la democracia pero en un horizonte distinto. Pues la sociedad que despunta con la globalización tiene rasgos comunes con las sociedades más primitivas, como afirmaba <strong>Joshua Meyrowitz:</strong> “La ausencia de confines, tanto en la caza como en la recolección, como en las sociedades electrónicas, nos llevan a muchos sorprendes paralelismos”. Por esta razón, ni el diálogo necesario ni la democracia resultante podrán ser los mismos que hasta ahora.</p><p>“Así pues, preguntémonos: ¿hasta dónde es abierto y disputable el espacio de nuestro horizonte? Las soluciones de la técnica, el pensamiento dominante, el déficit de la autonomía política, la simplificación inducida por la velocidad, son elementos de la modernidad que parecen llevarnos a un gran e invisible embudo, en dirección obligada, o al menos recomendada, y en cualquier caso con muy escasas alternativas… En tiempo, en algún régimen, había que defender la autonomía del individuo frente a la totalidad invasiva del sistema que lo anulaba. Hoy hay que dar un valor a la soledad del individuo particular, hacerla inteligente, consciente: también en este caso autónoma, si bien, mediante un proceso inverso. Conservar la capacidad de elegir significa mantener abiertas las diversas opciones, esto es, el espacio de acción, de acción política”.</p><p>“Sea como fuere –afirma Bauman— sigo repitiendo que entre los vehículos disponibles para recorrer este camino está el diálogo serio basado en la buena voluntad (informal, abierto, cooperativo, por citar de nuevo los calificativos de <strong>Richard Sennett</strong>), que busque la comprensión recíproca y el beneficio mutuo, que merezca la máxima confianza, aunque desde luego, ni absoluta ni incondicional. Un diálogo de este tipo no es una tarea fácil ni tampoco, preciso es decirlo, divertido; requiere una sólida y constante determinación, capaz de resistir los repetidos y también muy negativos resultados, un fuerte sentido del objetivo final, gran habilidad, y la disponibilidad a admitir los propios errores junto con el arduo y laborioso deber de repararlos; y sobre todo, mucha calma, equilibrio y paciencia”.</p><p>Así, en pocas y sustanciosas páginas, transcurre el diálogo, en el que se desgrana la realidad actual -ese desorden babélico generado— para intentar ofrecer un diagnóstico, a veces coincidente, otras con matices distintos, e intentar abordar posibles aunque no demasiado alentadoras salidas.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 98]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La poesía de Angelina Gatell]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-angelina-gatell_1_1151324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2e47ef69-d547-4f5b-ad49-fb7f2c980254_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La poesía de Angelina Gatell"></p><p>Con el riesgo de simplificación que conlleva toda tarea clasificatoria, la poesía de <strong>Angelina Gatell</strong> puede fácilmente adscribirse a dos ciclos creativos diferentes, marcados por circunstancias vitales radicalmente distintas y cuya comparación permite sacar a la luz los cambios operados en su poética desde su primer libro (<em>Poema del soldado</em>, 1954) hasta el que cierra su segunda época, o por lo menos el más central de la misma (<em>Cenizas en los labios</em>, 2011). El primer ciclo dura algo más de tres lustros y acaba con la publicación de <em>Las claudicaciones</em> en 1969, dando paso a un largo silencio creativo que sólo se reanudará ya entrados los años ochenta, y a un todavía más dilatado silencio editorial que no se romperá hasta el año 2001. La segunda etapa a la que nos referimos arrancaría con la obra poética escrita a partir de los años ochenta, a partir de su libro <em>Los espacios vacíos</em>, y se extendería hasta el ya citado <em>Cenizas en los labios</em>. No estoy tan seguro de que su obra posterior (<em>La veu perduda</em>, <em>La oscura voz del cisne</em>, <em>El tiempo y las campanas</em>), aunque sean indudables las concomitancias, la temática y, muchas veces, las formas líricas, debería corresponder a este segundo ciclo creativo o, tal vez, son ya los primeros pasos hacia un tercera época de corte más intimista y confesional, en la que ella se habría encontrado trabajando hasta el final de su vida.</p><p>  </p><p>En cualquier caso, hay que decir que nos encontramos ante una obra poética de sonora unidad, en la que no cabe esperar cambios abruptos en la temática de los poemas o planteamientos estéticos radicalmente diferentes, ni siquiera cuando contrastamos las dos etapas. Los asuntos poéticos se dejan atribuir con bastante comodidad a los predominantes en su generación literaria, tanto en obras de juventud como de madurez. Si podemos advertir resonancias comunes en <em>Ancia</em>, de <strong>Blas de Otero</strong>, y en el primer periodo poético de Angelina, no es menos cierto que las hay entre <em>Entreguerras</em>, de <strong>Caballero-Bonald</strong> <em>y Cenizas en los labios</em>. La poesía de posguerra y, de manera más central, la generación del 50 es una síntesis entre la difícil herencia de la generación del 27 y la recuperación de los valores modernos previos a la vanguardia. Este complicado equilibrio se manifiesta en una tensión entre lo individual y lo colectivo, entre el individuo fragmentado por una realidad externa y adversa (la de la posguerra) y el individuo fragmentario como sujeto artístico, herencia directa del romanticismo y que determina este aspecto de la modernidad. Si esta tensión es, en mayor o menor grado, observable en la mayoría de los poetas de esta generación, todavía se hace más marcada en la poesía escrita por mujeres de esos mismos años. Con frecuencia, el conflicto se resuelve en renuncia o claudicación, resultado que abre la puerta a desarrollos poéticos más intimistas.</p><p>El que hemos dado en llamar primer periodo creativo comienza en la Valencia de los años cincuenta, con la publicación de <em>Poema del soldado</em> (1954) que había obtenido el Premio Alfons el Magnànim –conocido como Premio Valencia de Poesía— ese mismo año. El libro entronca en temas y en estilo con la corriente rehumanizadora de la época, dentro de ese primer vagido existencial que tuvo la poesía española después de acabada la guerra, antes de seguir derroteros de carácter más social o vitalista. El tono es decididamente neorromántico –esta es, por otro lado, una característica unitaria de su poesía, aunque se irá modulando con el tiempo— y creemos advertir cierto acento modernista no solamente en la proliferación de alejandrinos sino también en la textura de las imágenes:</p><p>  </p><p>Con <em>Esa oscura palabra</em> (1963), se afianza esta tendencia existencial pero da paso a una encrucijada en la que se encuentra con la poesía social y el tema de la mujer como sujeto de la historia, encrucijada que acusa resonancias noventayochistas –tanto en los temas como en la estética—. Por otro lado, ya vemos una clara sintonía con otras poéticas de escritoras del momento (<strong>Ángela Figuera</strong>, <strong>Carmen Conde</strong>). El tono modernista persiste en algunos casos pero se ha debilitado en favor de un lenguaje poético más asertivo, más depurado, y más directo. Hay un avance notable en el dominio del endecasílabo, y un tono que se va haciendo más personal y que reconoceremos en su obra futura:</p><p>  </p><p>Estamos ya en el principio de la madurez poética y en la irrupción de elementos que encontraremos desarrollados en su último libro de este ciclo, y en su corpus literario posterior. Su obra <em>Las claudicaciones</em> (1969) no sólo cierra la etapa cronológicamente, sino que sintetiza lo que <strong>Eduardo Moga</strong> (<em>Lecturas nómadas</em>, 2007) llama "dos corrientes". Síntesis, en efecto, de lo existencial y de lo social en su poesía, este libro representa, o mejor será decir, culmina esa tensión entre esos dos mundos a los que hemos aludido antes: lo personal y lo colectivo como expresión de una unidad escindida sin solución de continuidad, que aboca a la renuncia y a la claudicación para encontrar su lugar en el mundo ("Llorar sobre las piedras, / sobre la tierra condenada, / sobre el rumor delgado de la hierba, / sobre la carne helada de los sueños. / Llorar hasta apagarnos / definitivamente, / hasta integrarnos en la sombra, / hasta sumirnos / en el silencio mineral que busca / el espacio del hombre"). El tono de derrota de la obra se compensa con metros más ágiles: empleo abundante del eneasílabo –usado "con musicalidad y fortuna", en palabras de <strong>Gerardo Diego</strong>—, además del uso frecuente de versos de siete y ocho sílabas, que alternan con otros poemas en verso libre. Poemas de un acendrado lirismo, con imágenes poderosas y seguras, hacen que ese tono de claudicación se traduzca en un lenguaje poético decidido, unificador de todo el libro. Nos cuesta ya reconocer el eco modernista que aparecía en los dos poemarios anteriores, en favor de una textura poética más realista que será claramente definitoria de la poética de su segundo periodo creativo.</p><p>Este desplazamiento formal tiene más consecuencias. No sólo está contribuyendo a afianzar la voz poética de la autora, sino que está operando un cambio en la crítica de la tradición noventayochista, desde la visión trágico-existencial de <strong>Unamuno </strong>(más presente en <em>Esa oscura palabra</em>) a una aproximación más social e histórica como algo vivido, lo que la acerca mucho más a <strong>Machado</strong>. Si en aquel libro, en el poema encabezado por una cita de Unamuno, se habla de "un pueblo triste, mutilado, absorto", en el poema expresamente dedicado al autor vasco, que forma parte de <em>Las claudicaciones</em>, se habla de <em>el país devastado por la afrenta</em>. Los motivos del 98 aún son frecuentes, pero hay una modulación en el punto de vista, en la crítica de la tradición, que opera en el mismo sentido que la síntesis de las dos corrientes antes mencionadas; no como elementos excluyentes sino complementarios: lo social se incorpora a lo existencial –o, como señala Moga, ambos ejes se atraviesan—. La presencia de Machado es notable en algunos poemas ("Los sueños", "Castilla", "Como los ríos"), en fondo y forma, en línea con ese giro hacia el realismo al que hemos aludido. Y esta elección, si se quiere, estética será de alguna manera el punto de partida de su etapa posterior. Porque <em>Las claudicaciones</em> no deja de ser, no obstante su tono afirmativo y escasamente nihilista, un libro de renuncia como su propio nombre indica. No en vano, su publicación precederá a un largo periodo de silencio.</p><p>Durante la década de los setenta, hay una producción esporádica que se recogerá en la antología retrospectiva de su obra poética (1950-2000), titulada <em>Desde el olvido</em> y elaborada por ella misma. Fue publicada en 2001 en un volumen conjunto que incluye el poemario <em>Los espacios vacíos</em>. Este fue escrito hacia mediados de los años ochenta, obteniendo una ayuda para la creación literaria que otorgaba el Ministerio de Cultura. Aquí empieza su segundo ciclo creativo, no sólo por razones cronológicas, sino por la consistencia de una poética que, sin dejar de ser el resultado de su evolución previa, se afirma en la conciencia del tiempo como solución a esa tensión entre lo personal y lo colectivo arrastrada desde el comienzo de su obra literaria. Si Machado está presente en <em>Las claudicaciones</em> en ciertos temas, en el intimismo del paisaje, en los sueños y en el tiempo detenido, a partir de <em>Los espacios vacíos</em> lo está también en la temporalidad, en el tiempo acumulado. Por así decirlo, su poesía gana una dimensión que antes era menos prominente. Pero vayamos sobre esto con más detenimiento.</p><p>La idea de tiempo como duración en la poesía de Machado hunde sus raíces en el concepto de <em>durée</em> de la filosofía de <strong>Henri Bergson</strong> –como ha señalado con frecuencia la crítica—, que entiende la temporalidad como una suerte de idealismo subjetivo inherente al ser humano y, sustancialmente, como tiempo vivido, acumulado. Las cosas <em>lo son </em>en el tiempo, y por lo tanto en la memoria. Esto lleva asimismo a conclusiones de carácter teórico sobre el propio concepto de modernidad. La conciencia del tiempo es precisamente lo que permite a la modernidad tener <em>evidencia</em> de sí misma, y por lo tanto la dota de un fuerte dinamismo crítico hacia la tradición. ¿Es plausible que esta visión del mundo llegue, más o menos modulada, a la poesía de Angelina Gatell en este segundo periodo creativo? Pienso que sí, no de manera directa pero ciertamente a través del concepto de tiempo machadiano, autor en el que ella ve –como hemos apuntado antes— una referencia crítica más cercana a la poesía de testimonio, mayor capacitada para esa difícil síntesis de lo existencial y lo social, que a duras penas encontrara en Unamuno. Antonio Machado era para Angelina un autor de obligada referencia, no solamente literaria sino también ética, como manifestó a lo largo de su vida y de su obra y atestiguan frecuentes citas del poeta.</p><p>  </p><p>En otro poema de este mismo libro dice:</p><p>  </p><p>Los espacios vacíos son precisamente los huecos que el tiempo, a través del ejercicio de la memoria, llena con ese concepto de duración; en otras palabras, lo que revela su razón más esencial, en tanto testimonio vivido. Esto naturalmente entronca con la temática de la generación del 50, en lo que tiene de poesía de testimonio (no por casualidad, la capacidad de testimonio es uno de los cinco criterios que utiliza <strong>De Luis</strong> en su antología <em>Poesía social</em> de 1965 para caracterizar el género como tal). Y afianza la palabra en el tiempo como garantía de la existencia, lo cual es otro concepto netamente machadiano.</p><p>En su prólogo al libro que sigue,<strong> Manuel Rico</strong> ha señalado el entronque de la poesía de madurez de la autora con Antonio Machado, subrayando asimismo la naturaleza de ese "tiempo convertido en lenguaje". La presencia del poeta sevillano se hace manifiesta en <em>Noticia del tiempo</em> (2004), una colección de cien sonetos escritos en un largo espacio que se remonta hasta 1948, en su mayoría evocaciones y recuerdos, cuyos poemas más modernos insisten en el concepto de <em>durée</em> y donde los sueños y la soledad son asimismo lugares comunes. En uno de los sonetos, parafraseando a <strong>Cernuda </strong>—otro gran poeta de la memoria—, dice:</p><p>  </p><p>El soneto a la <em>Pietà </em>de <strong>Miguel Ángel</strong> es también una muestra diáfana de este concepto de tiempo. El mármol de la estatua no es piedra, es "materia viva, temblor que fluye hora tras hora hacia la eternidad de su accidente". Y en otro soneto en alejandrinos, dedicado a las fosas del franquismo, habla de los caídos como guardianes de la memoria de otro tiempo, amenazada tanto por el olvido como por el silencio. La conciencia del tiempo es a la vez claridad y refugio, afirmación individual y tribuna para ejercer esa crítica de la tradición inherente a lo <em>moderno</em>: en otro soneto dedicado precisamente a Antonio Machado le dice: "Al pie del olmo seco te convoco / fría de Soria y fría de tristeza". El diálogo entre endecasílabos –los de Gatell y los del poeta, en su soneto de referencia— viene forzosamente a nuestra memoria cuando se leen los versos de este poema.</p><p>El gran libro de esta etapa llega en 2011, y de alguna manera la culmina. <em>Cenizas en los labios</em> (el título es un verso, por cierto, de Machado) es un libro de amor, una elegía en cinco tiempos –como reza el subtítulo— a cinco amores que de una u otra manera se estrellan en el dique de las circunstancias. Pero sobre todo es un ejercicio de memoria, de tiempo vivido. Y en este sentido es una obra profundamente machadiana. Lo temporal deja de ser tema (hay menos referencias al tiempo que en libros anteriores) para convertirse en motor absoluto. Tanto es así que se produce una traslación sinestésica de lo temporal a lo espacial –recordemos lo dicho acerca del significado de los espacios vacíos—: ("Desde un distante / lugar de la memoria");<em> </em>("Yo te esperaba en una esquina / de los años cincuenta"); ("Un espacio de mí que nunca / se llamaría olvido"); ("El tiempo aquel donde nos alojamos")… La voz poética habla desde la duración, rememorando las historias de amor que se frustraron o que no encontraron su desarrollo pleno ("Ni siquiera el amor pudo salvarse") en el contexto adverso de una juventud malograda "en la ciudad que se llamó posguerra" (otro ejemplo de lugar ocupado por un concepto temporal). El tiempo es un lugar de la memoria, y como tal lo vamos descubriendo en la particular geografía amorosa por la que la autora nos conduce. La temporalidad machadiana se asume como una premisa:</p><p>  </p><p>Si lo esencial es el tiempo vivido, las cosas en cuanto tiempo, lo verdadero no es tanto lo sucedido sino lo que pudo alguna vez suceder; es decir, viene dado por lo que la memoria es capaz de asumir, sea en términos positivos o negativos, como lugar del recuerdo. El libro termina con un verso que hace aún más radical esta espacialidad del tiempo, cuando se dirige al amor que sí fue, una vez ausente: "Adiós, amor, adiós. / Espérame en la muerte".</p><p><em>Cenizas en los labios</em> es un libro absolutamente central en la caracterización de la poesía de Angelina Gatell. Corona una evolución poética que incorpora lo social a lo existencial en su primer ciclo, y que transita a una creciente conciencia del tiempo durante el segundo, o podríamos decir se refugia en una duración que sólo descifra la llave de la memoria, que será el gurú absoluto del proceso a través del cual se poetiza la realidad. ¿Resuelve con ello Angelina Gatell esa tensión entre lo individual y lo colectivo que caracteriza la poesía de posguerra? Probablemente no. Pero ese ejercicio de idealismo protege su obra de una caída en el nihilismo, tentación que no vemos apuntada ni siquiera en <em>Las claudicaciones</em>. Como síntesis, no resuelve la contradicción, pero como actitud vital, se revela afirmadora, profundamente testimonial y luminosa. La poética de Machado, aunque desde otros presupuestos y desde una mayor complejidad filosófica, afronta problemas similares.</p><p>Respondamos también a otro aspecto apuntado al comienzo de estas líneas. La poesía de posguerra, ¿cómo resuelve la cuestión de la tradición? A mi modo de ver, lo hace de una manera radicalmente moderna, que responde a esa doble articulación del artista como sujeto de la historia y, a la vez, como individuo que busca recomponer su unidad fragmentada. Si la poesía del conocimiento (<strong>Valente</strong>, <strong>Bousoño</strong>, <strong>Gamoneda</strong>) indaga en la conciencia del sujeto, la poesía testimonial lo hace en la conciencia del tiempo. Del tiempo como memoria y por lo tanto como espacio del individuo, cuya expresión es también duración: la machadiana máxima de poesía como<em> palabra en el tiempo</em>.</p><p>La noción radical de la poesía como ejercicio de memoria permanecerá como una constante en el resto de sus libros, sean atribuibles o no a esta etapa central que culmina con <em>Cenizas en los labios</em>. Si esta línea de interpretación es o no específica de la poesía de Angelina Gatell –y, desde luego, no pretende ser la única posible—, es algo que esta crítica no trata de dilucidar. Para ello será necesario hacer un análisis comparativo con otros autores y autoras de su generación, con los que comparte las mismas preocupaciones poéticas y abundantes rasgos formales y estilísticos. Baste decir que las claves aquí apuntadas permiten una lectura diacrónica de su obra que explica su evolución de modo coherente, y por otro lado desentraña algunos aspectos de la relación que establece su poesía con la tradición.</p><p><em>*Miguel Sánchez Gatell es poeta e hijo de Angelina Gatell. Ha cuidado la edición de </em><strong>Miguel Sánchez Gatell</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/la-voz-perdida-la-veu-perduda.html" target="_blank">La veu perduda/La voz perdida</a> <em>(Visor, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez Gatell]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La poesía de Angelina Gatell]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Una bufanda roja y negra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bufanda-roja-negra_1_1151319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24ffb27b-4031-4261-8c21-0a74ffbc8fd7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una bufanda roja y negra"></p><p><em>La poeta Angelina Gatell (Barcelona, 1926-Madrid, 2017) terminó poco antes de morir el libro </em><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/la-voz-perdida-la-veu-perduda.html" target="_blank">La veu perduda</a><em>. La autora había escrito una extensa obra en español, debido a que abandonó muy joven Cataluña para salvarse con su familia de la represión franquista. Salvador Espriú se lamentó en una ocasión de la voz que había perdido la poesía catalana. Pero al catalán decidió volver la poeta al final de su vida. Su libro ha sido publicado en edición bilingüe por la colección Visor.</em></p><p>___________________</p><p>Una de las escenas más tristes de la literatura transcurre después de la muerte de Héctor en su combate  contra Aquiles. La escena es la súplica del anciano rey Príamo, padre de Héctor, para que Aquiles le permita llevarse el cuerpo de su hijo. Es de una tristeza pura, irremediable, definitiva, como la que me ha acompañado en la lectura del último libro que escribió <strong>Angelina Gatell</strong>. Detrás de ella hay también una guerra, tan trágica como la de Troya, una larga postguerra y una vida de pasión política, entendida como una pasión por la defensa de unas ideas, y por la poesía, que siempre fue su refugio.</p><p>Que una poeta haya nacido en uno u otro lugar no suele ser un dato importante excepto cuando esto, en medio de las circunstancias de su vida, entrañe un conflicto con su lengua materna. Esto puede ser un problema muy serio, para una poeta. La primera noticia de la existencia de un poema no es ni tan solo verbal, pero ahí comienza el misterio de la palabra poética. Se puede tener una –o varias– lenguas de cultura, pero puede ser que ninguna de estas sirva para entrar en ese lugar donde está el poema. Como en los cuentos, se trata de entrar en un lugar sin puertas. Todas estas cuestiones son irrelevantes cuando la lengua materna y la de cultura coinciden. Cuando no es así, la lengua en la que se intenta escribir puede ser una impresionante catedral edificada sobre una cripta inaccesible. Y el poema, fundamental y humilde, está siempre en esa cripta.</p><p>Esta es la tragedia personal de la que habla este libro. Este es el sentido que tiene que sus lectoras y lectores lo primero que encuentren sea las palabras que <strong>Salvador Espriu</strong>, el gran poeta catalán contemporáneo de Angelina, le dice en una carta: "Lástima que por culpa de las circunstancias nuestra lengua haya perdido una voz como la suya".</p><p><em>La veu perduda: La voz perdida</em>. Quizá, a mi modo de ver, el mejor libro de poemas de Angelina Gatell, que tiene además el valor añadido de la brillante y precisa traducción castellana que la propia Angelina no pudo terminar pero que lo ha hecho, con la sabiduría que requería, su hijo, el poeta <strong>Miguel Sánchez Gatell</strong>.</p><p>No recuerdo otro libro de poemas que comience a la vez por el prólogo y el epílogo, pero para la autora es urgente que sepamos que este libro es un principio y un final, que detrás tiene una larga ausencia y ante él la ausencia definitiva. Es este inicio ya sin piedad el que a mí me ha evocado la atmósfera de trágica clásica: una anciana frente al mar tiene frío y mira, no al horizonte del agua sino al horizonte del tiempo. En sus labios la voz perdida. Y tan solo le queda el canto.</p><p>Esa mujer, antes de seguir con el libro, se despide, pero no con las palabras castellanas que a lo largo de su vida han ido conformando la obra de una poeta clave de lo que bajo la brutalidad franquista conocimos como <em>poesía social</em>, sino con las palabras de otro tiempo anterior, el del origen, las palabras de los hijos, de la memoria de los amores y de la amistad, sus palabras en lengua catalana. Es una despedida que no significa desamor a ninguna otra lengua sino una última búsqueda de identidad y de existencia.</p><p>¿Quién mejor que Angelina para tomar el pulso a este momento de revisión de todo cuanto gira alrededor de los viejos conceptos de patria? Las de su generación –y también las de la mía– hemos sido gentes que tuvimos que vivir desde 1939 hasta –aquí querría decir 1977, pero ya no lo sé– en este país bajo una autoridad cuyo punto de vista era el de aquel brigada <em>chusquero</em> que tratando de explicarse a los jóvenes reclutas, les decía: "La patria...¿cómo os lo diría?....¿Verdad que si digo “Francia” os jode? ¡Pues eso es la patria!". He visto a este brigada tantas veces todavía desde 1977, en las pantallas, en los discursos, en las amenazas. Porque entonces, como ahora, mi patria es la de Angelina, la dura y sutil anciana, tan llena de sabiduría como el viejo Príamo, esa que ha de comenzar su primer libro en catalán con su epílogo, porque un epílogo es lo que es el libro entero.</p><p>La despedida de una mujer que surgió con una extraña furia no intuida, la fiebre de combatir, de crecer dentro de este "camino gris del orden". O sea dentro del franquismo, la bestia feroz, ante el cual "era vano/ oponer la razón/ o la voz del poema". De la luchadora, pero también de la otra mujer ("L’altra", "La otra"), la que es fruto de un desdoblamiento<em>:</em> "pero me cuesta tanto/ sustituir su nombre por el mío/ y seguir viva..."<em>. </em>La poeta que advierte ("Ciutat de tardor", "Ciudad de otoño"): "quien no ha dejado atrás la voz/···/ nunca podrá entender estas palabras". Ya para siempre abrigada en su bufanda roja y negra.</p><p>El último poema ha sido para mí un emocionante fin de libro puesto que he tenido la fortuna de que me fuera dedicado ("Quan nosaltres callem", "Cuando nosotros callemos"). Aquí se expresa lo que para ella es la misión final de una poesía hecha, ante todo, de pasión, ideas y estilo: hacer llegar</p><p>  </p><p>Una de nuestras grandes luchadoras, la mujer que no quiso, no pudo callarse nunca, pero que siguió cuidando siempre sus ilusiones, nos habla por fin en sus dos lenguas. Lástima que Salvador Espriu no pudiera leer este libro. Nadie podrá ya referirse en Catalunya a la voz de Angelina Gatell como una voz perdida.</p><p><em>*Joan Margarit es poeta. Su último libro, </em><strong>Joan Margarit</strong><a href="https://www.grup62.cat/llibre-un-hivern-fascinant/255732" target="_blank">Un hivern fascinant</a><em>/</em><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/un-asombroso-invierno.html" target="_blank">Un asombroso invierno</a><em> (Proa/Visor, 2017).  </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joan Margarit]]></author>
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