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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 99]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-99/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 99]]></description>
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      <title><![CDATA[Mujeres que hablan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mujeres-hablan_1_1154316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a3b173fe-2dd5-4d5d-8041-8de3cb096a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres que hablan"></p><p><strong>Morder la manzana. La revolución será feminista o no seráLeticia DoleraPlanetaBarcelona2018</strong><em>Morder la manzana. La revolución será feminista o no será</em></p><p>"Todo empieza cuando una mujer habla con otra mujer". Las palabras de la activista feminista Mireia Bofill abren <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-morder-la-manzana/265115" target="_blank">Morder la manzana. La revolución será feminista o no será</a> (Planeta), el debut en el mundo de los libros de la actriz, guionista y directora de cine <strong>Leticia Dolera</strong>. La frase resume de forma cristalina el origen y el espíritu del libro. La primera escena (el término no es casual) del volumen se desarrolla en una coctelería del centro de Madrid. Unas amigas, las de la propia Dolera, habla de lo divino y de lo humano en el muy común encadenar de copas. La conversación las lleva hacia terrenos desconocidos: una escena de terror en un taxi que no habían compartido nunca, el masaje de pesadilla que una no se atreve a llamar como lo que fue. Después de la perplejidad y la pena, la conclusión es obvia: el miedo de todas se parece y lo que sucedió aquella vez o aquella otra no dependía de una, que fue torpe o no supo reaccionar o no entendió. Como resumía la autora en <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/02/28/leticia_dolera_los_casos_acoso_no_son_hechos_aislados_forman_parte_sistema_77625_1026.html" target="_blank">una entrevista reciente</a> para este periódico: "O sea, que lo que te pasa es sistémico, es político".</p><p>A partir de ahí, el <em>montaje</em> de <em>Morder la manzana</em> es velocísimo. La cineasta intercala escenas como la descrita, narradas en una primera persona comprometida con la levedad y el humor incluso en los capítulos más duros (los hay), con capítulos dedicados a resolver dudas básicas sobre el feminismo, estrategias para responder a ciertos comentarios machistas o introducciones a pilares de la teoría feminista, como <em>El segundo sexo</em>, de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, o <em>La mística de la feminidad</em>, de <strong>Betty Friedan</strong>. Pero este no es un volumen de teoría feminista (Dolera se limita a resumir y hacer accesibles algunas de las ideas rectoras del feminismo contemporáneo) ni unas memorias (las vivencias de la autora no suponen el grueso del conjunto, y funcionan más como llaves a ciertos conceptos y como espejo de la experiencia de la lectora). <em>Morder la manzana</em> es un panfleto (en el buen sentido del término) ágil, conciso y accesible que tiene la clara vocación de iniciar, sobre todo a las más jóvenes, en el feminismo. </p><p>"Este es el libro que me gustaría haber leído de adolescente", decía, de hecho, su autora en la presentación a medios celebrada el martes. Dolera cuenta con la baza de su popularidad para llegar a su público objetivo: su rostro está en la televisión desde el año 2000 (alguno la recordará aún por sus inicios en <em>Al salir de clase</em>), ha participado como actriz en <em>[REC]3: Génesis</em>, <em>De tu ventana a la mía</em> o <em>La novia</em>, y estrenó en 2015 su ópera prima <em>Requisitos para ser una persona normal</em>. Alguno (alguno que quizás jamás se plantearía comprar un libro como este) podría verlo como un ejercicio de oportunismo. Pero se trata de un ejercicio de activismo y divulgación. O, como ella defiende, "poner [su] granito de arena". La autora no se presenta como experta en feminismo, sino como una mujer que ha leído sobre él y ha reflexionado sobre el machismo en su propia vida y que se ofrece a compartirlo. No es un manual ni pretende serlo. </p><p>Si este libro llegara a sus manos por un golpe de ciencia ficción, la adolescente que fue Leticia Dolera quizás leería por primera vez el nombre de <strong>Olympe de Gouges</strong>, que en 1791 publica la <em>Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana</em>. O el de <strong>Emmeline Pankhurst</strong>, líder del movimiento sufragista británico (y partidaria de la acción directa, un hecho que quizás tampoco conozcan las adultas). Podría preguntarse sobre su propio miedo a no tener novio, reflexionar sobre la influencia de los relatos culturales sobre nuestra concepción del amor o descubrir, asomándose a las conversaciones de Dolera y sus amigas, que se puede practicar y hablar de sexo sin que la consideren a una (o sin considerarse a una misma) una puta. </p><p>Aquellas lectoras más versadas en el feminismo, sin embargo, quizá encuentren algo magros los capítulos dedicados a la historia y conozcan ya los términos sobre los que se esfuerza en arrojar luz la autora. Quizás con algún otro (¿interseccionalidad? ¿sororidad?) se sorprenda. No son ellas las lectoras ideales de Morder la manzana. Pero la adolescente que fueron —o la mujer que no comprendía su propio malestar ante ciertas situaciones, que no se atrevía a comentar ciertos asuntos aparentemente privados con amigas— hubiera agradecido encontrárselo en una estantería. </p><p><em>*Clara Morales es periodista de </em><strong>Clara Morales</strong>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Feminismo,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[No se puede vivir sin libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-vivir-libros_1_1154309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9230982-005d-4097-9ce1-3fd749aa783e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No se puede vivir sin libros"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>El taller de literatura de la Asociación de mujeres de <a href="http://nosotrasmismas.org/" target="_blank">Nosotras Mismas</a> (en el barrio de Chamberí, en Madrid) sigue manteniendo una intensa actividad para fomentar la lectura entre las mujeres de la asociación. Si fue <strong>Günter Grass</strong> el que dijo que “no hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”<em>, </em>en el taller nos hemos propuesto llevar esa mirada a la mujer joven y madura, que entiende los libros como la mejor herramienta para disfrutar de la vida.</p><p>Hace unas semanas, la Asociación Nosotras Mismas celebró un encuentro con la escritora <strong>Marta Sanz</strong>, a partir de su último libro <em>Clavícula</em><em><strong>.</strong></em> Marta es una amiga de la asociación que siempre ha atendido nuestra llamada y ha acudido a las citas que la asociación le ha realizado. Vaya por delante, por tanto, el reconocimiento y admiración hacia una mujer, una escritora, comprometida con la buena literatura y con los retos de su tiempo, una persona especialmente combativa por los derechos de las mujeres y por una sociedad más justa y solidaria.</p><p>Marta nos comentó que su libro <em>Clavícula</em> fue el resultado de sentir un dolor y contarlo. Un dolor físico, sus síntomas y las consecuencias del mismo en el transcurrir de los días. Pero también reflexionar y escribir sobre la larga sombra de sus miedos, que a veces te atrapan de forma incomprensible; incluso las derivas ideológicas que acompañan a las circunstancias de su propia escritura. Marta conversó con nuestras socias, aclaró sus dudas, contestó a sus preguntas y animó a las mujeres a seguir leyendo. Lo cierto es que en el taller de literatura de Nosotras Mismas leemos y releemos, porque como titula este comentario no podemos vivir sin libros. Coincidimos con Marta en las razones de su experiencia vital, en el fuerte impacto del recuerdo de un libro. Y comentando su libro <em>Clavícula, </em>me gusta la reflexión que hizo en un medio de comunicación cuando afirmó “escribo de lo que me duele. Hoy veo con toda claridad que la escritura quiere poner nombre e imponer un protocolo al caos. Al caos de la naturaleza, a la desorganización de esas células dementes que se resisten a morir, y al caos que habita en el orden de ciertas estructuras sociales”<em>. </em>No es fácil, con tan pocas palabras decir tanto, denunciar tanto, aspirar a cambiar tanto.</p><p>La jornada con Marta Sanz resultó agradable y persuasiva. Nos reafirmó en la idea de que un libro es el mejor recurso para disfrutar de la vida, y que necesitamos vivir de sus recuerdos, para que la mirada de la lectura siga siendo hermosa. Marta nos ayudó a seguir amando a los libros, a seguir queriendo a personas como ella que hacen lo posible para que así sea.</p><p><em>*Sara Díaz Hernández es la presidenta de la asociación de mujeres Nosotras Mismas. </em><strong>Sara Díaz Hernández</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Díaz Hernández]]></author>
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      <title><![CDATA[Armas para el 8M]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/armas-8m_1_1154287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1bc54ae-812c-449e-bf87-5f34d47f3071_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Armas para el 8M"></p><p><em>Miren Elorduy, librera de la madrileña Mujeres y Compañía (un local feminista y especializado en literatura escrita por mujeres), recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________ </p><p><strong>V y V. Violación y venganzaPilar BellverDos BigotesMadrid2017</strong><em>V y V. Violación y venganza</em></p><p>  </p><p>Una novela que trata la mayoría de los asuntos de nuestra lucha feminista desde el inicio de los ochenta para acá, un repaso y un resumen narrativo excepcional.</p><p>  </p><p><strong>El odio que dasAngie ThomasOcéano Gran TravesíaTraducción de Sonia VerjovskyCiudad de México2017</strong><em>El odio que das</em></p><p>  </p><p>Una novela juvenil para todas las edades en la que su protagonista se enfrenta a la violencia y el racismo institucional.</p><p>  </p><p><strong>Educar en el feminismoIria MarañónPlataforma EditorialBarcelona2017</strong><em>Educar en el feminismo</em></p><p>  </p><p>Un libro con recursos educativos para enseñar a las criaturas que las mujeres somos seres humanos con los mismos derechos y obligaciones .</p><p>  <strong>Contra los hijosLina MeruanePenguin Random HouseBarcelona2018</strong><em>Contra los hijos</em></p><p>  </p><p>Un lúcido y amenos ensayo sobre la obligación maternal y la desmitificación del peso social y cultural al respecto.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Mujeres y Compañía en la calle Unión, 4, de Madrid o en su página web.</em><strong>Mujeres y Compañía</strong><a href="http://www.mujeresycialibreria.net/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miren Elorduy (Librería Mujeres y Cía)]]></author>
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      <title><![CDATA[El ascensor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ascensor_1_1154276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1c65f913-b5f9-4220-8870-c3d5ed5be3cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ascensor"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto de esta escritora y editora.</em><strong>Fernando Valls</strong><strong> Gemma Pellicer</strong></p><p>___________________________________</p><p>  <strong>El ascensor</strong></p><p>Me subo al artilugio. Lo tengo claro. Hay ascensores que son como ruletas rusas. Norias chirriantes de feria. Ruedas desbocadas para hámsters. Lanzaderas espaciales que se comportan como lanzadoras de bala. Jaulas destinadas a contener a un ejército de grillos, a cuál más grillado, que estorban como grilletes de mazmorra. Submarinos varados en un banco de arena de aspecto plácido que, justo cuando termina el viaje circular que habían previsto, abren sus fauces para dispararte, escupirte o arrojarte al mundo exterior (al exterior más remoto del mundo) en un alunizaje imposible, mientras luce un sol incrédulo y sopla, por lo demás, una brisa placentera.</p><p>  <em>*Gemma Pellicer (Barcelona, 1972) es licenciada en Filología Hispánica y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja como editora de textos de ficción y cultiva la crítica literaria en la revista </em><strong>Gemma Pellicer</strong>Quimera<em>. Tiene en su haber dos libros de microrrelatos: </em>La danza de las horas<em> (Eclipsados, 2012) y </em>Maleza viva<em> (Jekyll & Jill, 2016), y ha visto recogidas algunas de sus piezas en antologías como </em>Velas al viento <em>(2010) y </em>Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español<em> (2012).  Sus aforismos han sido recogidos en: </em>Aforistas españoles vivos<em> (2015), de José Luis Herrera; </em>Aforismos contantes y sonantes<em> (Antología consultada) (2016), de Manuel Neila, y </em>Bajo el signo de Atenea<em>, de Manuel Neila; </em>Verdad y media<em>, de León Molina, y </em>Concisos<em>, de Mario Pérez Antolín. Asimismo, es coeditora de la antología </em>Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual <em>(2010) y ha prologado y editado una antología con los microrrelatos de la narradora chilena Lilian Elphick, </em>El crujido de la seda<em> (2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gemma Pellicer]]></author>
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      <title><![CDATA[La reina de la casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reina-casa_1_1154271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c3b6b9-df4b-4f04-9c5e-c17b226e2d0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reina de la casa"></p><p><em>(Comienza Beatriz Rodríguez.)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Cuando era niña su madre la llamaba reina, por eso Purita nunca se ha dirigido a Martín como "príncipe", sino como "rey", y cuando se separó del padre de Martín pasó al posesivo "mi rey". Martín mi rey duerme con mamá, se ducha con mamá, juega con mamá y ve la tele con mamá. Para su octavo cumpleaños mamá le está preparando una fiesta con dos tartas y una piñata que imita a las auténticas mejicanas y a la que van a venir sus mejores amigos, algunos de sus primos, sus tíos y abuelos y el nuevo novio de Mamá, Leo.</p><p>Martín mi rey piensa que Leo es simpático y que, aunque no es tan fuerte como su padre, juega muy bien al fútbol y siempre le dice que sí a todo.</p><p>El día de su cumpleaños Purita le explica que esa noche Leo va a dormir en casa, pero este no se lo toma demasiado bien. Tal vez deberían haber elegido otro día, comentan Purita y Leo, pero como ya se lo han dicho al niño, es mejor no desdecirse, así entiende que las decisiones de los mayores están por encima de las de los pequeños. Sin embargo, Leo no cree que esto haya sido una decisión de los mayores, sino algo que ha hecho Purita cuando ha creído conveniente.</p><p>Después del cumpleaños los tres están agotados. Como siempre ocurre, muchos padres han tomado la fiesta como una tarde de recreo para ellos, y han abandonado allí a sus hijos como si Purita fuese la canguro del fin de semana, pero gratis. No logra entender cómo algunos padres son tan desprendidos, ella daría lo que fuera por estar cada segundo del día con Martín mi rey.</p><p>Leo ha pasado el suficiente tiempo con Purita y con Martín como para saber la relación tan fuerte que tienen madre e hijo, y  a veces se pregunta si el niño no será ya algo mayor para seguir durmiendo con su madre. Él tuvo un padre autoritario y una madre pusilánime, así que nunca le dejaron meterse en la cama con ellos. Leo piensa en el otro tema que le preocupa mientras desde una esquina del sofá observa cómo Martín mi rey, se desparrama sobre el cuerpo de Purita. A veces a esta le queda una mano libre, y con un poco de lástima, extiende los dedos para acariciar a Leo, que desde la periferia afectiva los roza con el mismo deseo con el que le gustaría estar tocando sus senos o su trasero.</p><p>La noche pasa más o menos tranquila. Leo le ha contado un cuento a Martín mi rey y a este le ha parecido muy divertido cómo el novio de mamá imitaba la voz ronca del lobo, sin embargo para dormir la necesita a ella, más esa noche en la que ya le han explicado que no va a poder irse a su habitación si tiene miedo, como hace habitualmente. Esto le produce un poco de ansiedad, así que Purita se mete en su cama con su hijo hasta que se queda dormido, mientras su novio la espera en el cuarto de al lado.</p><p>Leo piensa en el pobre Martín, siente que le está quitando su espacio, y probablemente el pequeño opina lo mismo de él. Los dos están algo tristes por la situación, pero desean tanto estar con Purita que siempre se muestran contentos y divertidos delante de ella.</p><p>Su novia entra en la habitación y se mete en la cama. El camisón tiene una pequeña lazada en el escote y cuando se lo desabrocha, Leo se excita y le hace el amor sin pensar que tal vez Martín no está todavía dormido. Purita sabe que no hay peligro, por eso se deja hacer y disfruta de tenerlos por fin a los dos bajo el mismo techo.</p><p>Los tres duermen bien, pero por la mañana Leo se despierta con los pucheros de Martín mi rey, que a veces se entrelazan con una risita nerviosa, y no sabe si el niño está triste o está alegre. El ruido proviene del cuarto de baño, la puerta está abierta, así que solo tiene que asomarse para ver a Purita recién salida de la ducha. Está desnuda y tiene la cabeza boca abajo, con una toalla pequeña se seca el pelo mientras Martín mi rey hace pipí sentado y extiende la mano para tocarle a su madre la teta izquierda.</p><p><em>(Sigue Michelle Roche Rodríguez.)</em><strong>Michelle Roche Rodríguez</strong></p><p>La imagen perturba a Leo. Algo como un conato de celos arde en su pecho. ¿No podía el pequeño sátiro esperar a que él saliera de casa para toquetear a su madre? Vuelve al cuarto y se sienta sobre la cama. Lleva los pantalones de la pijama, pero no la camisa. No es un hombre alto y los ruedos le cubren la mitad de los pies. Se fija en esta pequeña imperfección suya mientras se pregunta si Martín mi rey lo hizo a propósito. Es probable que hubiera notado su presencia mirando por el rabillo del ojo hacia la puerta y que hubiera decidido marcar su territorio frente al intruso. Pero no puede estar seguro y le parece una exageración reaccionar de alguna manera ante un gesto de familiaridad como ese. Un rictus de desaprobación se instala en su boca.</p><p>—¿Qué te pasa? —pregunta Purita.</p><p>Acaba de salir del cuarto de baño envuelta en un paño y con un turbante, de paño también, sobre la cabeza.</p><p>Leo no tiene tiempo de responderle alguna evasiva porque de inmediato aparece Martín mi rey corriendo por toda la habitación con las manos extendidas en cruz y haciendo el escándalo de un Boeing 747 cuando acaba de despegar y remonta el vuelo. El niño es fanático de los aviones, al punto de tener flotas enteras de las aerolíneas comerciales, y de reconocer de oído la diferencia entre las aeronaves ligeras, de carga o de pasajeros. Pero no sabe llegar al cielo y se estrella de cabeza contra la almohada que está al lado de Leo. Martín mi rey se ríe a carcajadas y mira la seriedad del novio de su madre con el ojo izquierdo, pues el derecho permanece sepultado en la almohada. Se pregunta por qué le ha quedado esa cara amarrada y le da una pequeña patadita para llamar su atención.</p><p>El gesto le ha hecho menos gracia a Leo que la imagen de la pequeña mano sobre la teta izquierda de su novia. Pero improvisa una sonrisa. Sabe muy bien que no tiene caso reñir al niño en frente de Purita porque ella tiene la costumbre de minimizar las acciones del hijo y desautorizar a Leo. Si antes sintió lástima por Martín porque podía pensar que le estaba quitando su espacio, ahora lo mira con cautela. Es el niño quien le quita el suyo.</p><p>Purita da palmadas en el aire para celebrar la ocurrencia de Martín mi rey y va sentarse entre sus dos amores. La piernita con que el pequeño ha tocado a Leo queda ahora sobre su regazo y ella recuesta la cabeza sobre el hombro de su novio. Leo mira cómo las manos de ella acarician la pierna del otro y siente que hay algo avieso en esa imagen. Una mujer entre dos hombres, aunque uno de ellos sea su hijo. No puede dejar de pensar en que Purita no lleva ropa debajo del paño y que cualquier movimiento brusco con esa pierna inquieta puede dejarla desnuda.</p><p>Leo se levanta como un resorte de la cama. Dice que va a preparar el desayuno. De camino a la cocina piensa en que fue precipitado que pasara la noche allí. Quizá la semana que viene hubiera sido mejor. Es puente del día del padre y Martín mi rey lo pasará con el exesposo de Purita. Se pregunta a quién se le ocurrió celebrar a los padres el día de san José. El pobre anciano no era más que parte del decorado en la historia donde los protagonistas eran el Niño Jesús y su madre. Cuando quiebra el primer huevo contra el sartén sonríe para sus adentros pensando en que Purita es unos meses mayor que él: por lo menos no es un anciano.</p><p>Arriba, la pareja ha terminado de vestirse. Purita peina a Martín mi rey que planea con uno de sus avioncitos de juguete. Como es domingo irán al parque de atracciones. Le han prometido al niño que puede montarse en Las Sillas Voladoras, un carrusel que se eleva mientras hace girar por el aire, en desorden, un montón de sillas. Le asusta un poco la atracción, pero en cuanto Leo la propuso el niño no hizo más que celebrarla. Luego le propondrá a su hijo que monte en un simulador o algo donde no necesite supervisión adulta y ella aprovechará para hablar con Leo. No se le escapa su cambio de humor y cree que lo mejor es que lo conversen.</p><p><em>(Continúa Pilar Adón.)</em><strong>Pilar Adón</strong></p><p>También Leo cree que ha llegado el momento de tener una conversación con ella. Esa dependencia, esa manera de actuar, esa tolerancia extrema… Entenderá que el niño está muy sensible por la separación de los padres. Entenderá cualquier explicación propia de un alumno de primero de psicología, aderezada con algún tecnicismo, en la que se le haga ver que los cambios de residencia, la posible sensación de culpabilidad y, lo más grave de todo, la introducción de una nueva pareja en la esfera del padre o de la madre, son situaciones que pueden alterar la conducta del menor, y más con la edad de mi rey. Leo lo entenderá todo y por eso, para evitar aquel dolor, para evitar cualquier riesgo futuro, propondrá un cambio en la educación de Martín, y que mi rey entre en un centro bilingüe del que ha oído maravillas y que está situado en las afueras. Allí vivirá en un entorno estable, con magníficos profesores, y podrá salir en Semana Santa, en verano y Navidad. Además, ella podrá visitarle cuando quiera. Naturalmente, la entrada no será durante este curso, al fin y al cabo estaban en marzo, sino a partir de septiembre.</p><p>En cualquier caso, tendrían que hacer la matrícula con cierta urgencia porque un lugar tan perfecto como ese se queda enseguida sin plazas. Y estaba seguro de que al padre le parecería bien.</p><p>De todo esto quería hablar con Purita en cuanto pudieran sentarse un rato con calma, sin la presencia avasalladora del niño que, en el coche, de camino al parque de atracciones, se había mostrado especialmente insoportable con sus sonidos de avioncitos que despegan, aterrizan, despegan, y que ya en el parking, después de haberse puesto el abrigo, le había dado otra de sus patadas, con la excusa, esta vez, de ir a atrapar el avión que parecía habérsele escapado de las manos, antes de que cayera al suelo.</p><p>Purita sonrió. Qué maravilla que sus chicos se llevaran tan bien. Podían seguir jugando mientras ella se encargaba de ir a comprar las entradas, y así hablaban de sus cosas. "De sus secretos", fue la expresión exacta. De modo que iban a quedarse solos.</p><p>Martín elevó la mirada para dejarla fija en Leo, mientras Purita se dirigía a las taquillas. Aunque los otros padres y los otros hijos, las parejas que llegaban y descendían de los coches, como acababan de hacer ellos, pensaran que su realidad era la misma, que compartían una idéntica vocación de familia y que había amor y confianza en aquella mirada de niño que se clavaba en los ojos de un adulto, lo cierto era que no existía ni una pizca de cariño, ni siquiera de simpatía, en la expresión de mi rey. Había inteligencia, incluso descaro, pero no afecto.</p><p>Leo se sintió forzado a decir algo:</p><p>—Yo quiero a tu madre —fue lo que se le ocurrió. Y al instante, como si cayera en la cuenta de que estaba hablando con un niño, le guiño un ojo, momento en que se sintió más estúpido aún.</p><p>—Yo la quería antes que tú.</p><p>—Pero yo la quiero de otra manera. Los adultos se quieren de forma diferente a como quieren los niños. Y tu madre necesita que la quieran como yo. Deberías pensar un poco en ella.</p><p>—Yo la puedo querer de todas las maneras. También como tú.</p><p>—Eso es imposible. —Nunca resulta cómodo sostener la mirada de alguien a quien se sabe que, de una manera u otra, se va a traicionar. Y menos si ese alguien es un niño. Pero Martín no dejaba de mirarle, así que Leo siguió hablando—: No me entiendes.</p><p>—Claro que sí —dijo Martín—. Yo lo entiendo todo.</p><p>Leo tuvo que volver a pensar que era sólo un niño. Mi rey era un crío y él podría reírse en su cara y decirle que se dejara de memeces. Estaba con un niño pequeño que tendría que obedecerle. Pero ahí venía Purita, mostrando las entradas como si acabara de ganar un trofeo, y se giraron los dos hacia ella para observarla. Cada uno a su manera. En posición de ataque.</p><p>(Cierra Almudena Grandes.)</p><p>En el último momento, le dio una entrada a cada uno y se apartó a un lado.</p><p>—Pero… —Leo miró el papelito que tenía en la mano, luego a Purita—. ¿Tú no vas a subir a la noria con nosotros?</p><p>Ella negó despacio con la cabeza sin dejar de sonreír.</p><p>—Es que a veces me mareo en estos cacharros, y hoy tengo la sensación…</p><p>—Lo prometiste, mamá —Martín la miró con una expresión airada impropia de los ocho años que acababa de cumplir, pero se corrigió enseguida—. ¡Lo prometiste! —y en el tono quejoso de su voz, retrocedió hasta los siete—. ¡Lo prometiste, lo prometiste, lo prometiste! —volvió a tener seis, cinco, cuatro años, mientras el llanto crecía al mismo ritmo que las repeticiones—. Tú me lo prometiste —y al conquistar los tres, se tiró al suelo.</p><p>—Pero, mi rey —Purita se arrodilló a su lado, le acunó como a un bebé, le besó en la cabeza muchas veces—, ¿tú quieres que mamá se ponga enferma? ¿Quieres que me maree, y que vomite, y que nos tengamos que ir a casa? —esa perspectiva, toda una amenaza pese a la empalagosa dulzura que empapaba como un almíbar la voz de la que procedía, devolvió la tranquilidad al niño—. Si yo pudiera, me montaría en la noria con vosotros, ya lo sabes, mi rey, mi amor, mi vida, con lo que yo te quiero… ¡Me encantaría, de verdad!</p><p>En ese instante,  al margen una vez más de cuánto sucede, Leo supo lo que tenía que hacer. Se visualizó perfectamente a sí mismo girando sobre sus talones, contempló su espalda, sus piernas alejándose deprisa de la insoportable escenificación de ese amor malsano que ya había empezado a asfixiarle, a acaparar todo el aire disponible a su alrededor, como si excluirle no fuera bastante. Leo comprendió que lo que tenía que hacer era irse porque, de repente, perder a Purita le pareció un precio razonable a cambio de no volver a ver a su rey en su vida, y sin embargo no se movió del sitio.</p><p>Después se preguntaría muchas veces por qué se quedó. Quizás porque Martín era, al fin y al cabo, un niño de ocho años que sonrió mientras le agarraba de la mano con una expresión de candor auténtico. Quizás, porque al mirar a Purita desde arriba, los muslos tensos por el esfuerzo de levantarse, el canalillo a la vista,  perfectamente enmarcado por el encaje que bordeaba el sujetador, ya no estuvo tan seguro de que perderla fuera un buen negocio. Seguramente, porque siempre tenía miedo de hacer el ridículo y presintió que la huida se lo garantizaba. Después se lo preguntaría muchas veces, pero en aquel momento, apretó la mano del crío con la suya y se puso en la cola de la noria, simplemente.</p><p>Cuando subieron a la cabina, Purita movió enérgicamente la mano en el aire, mientras le pedía a gritos que asegurara bien al rey. Cuando la noria se puso en movimiento volvieron a verla, a escucharla. Cuando llegaron arriba, fueron ellos quienes la saludaron con las manos para que ella les respondiera de la misma manera. Luego dejaron de verla.</p><p>—¿Y mamá? —preguntó su rey al completar la primera vuelta—. ¿Dónde está mamá?</p><p>—Habrá ido a comprar algo —respondió Leo—. Entradas para otra atracción, o palomitas, o algo de beber.</p><p>Pero Purita no volvió. Al bajar de la noria, la buscaron por todas partes y no la encontraron. La llamaron al móvil docenas de veces para escuchar siempre que estaba apagado. Fueron a las oficinas del parque y escucharon en vano su nombre por la megafonía del recinto. Cuando Leo estaba a punto de llamar a la policía, su teléfono vibró.</p><p><em>Hazle una tortilla francesa para cenar,</em> decía el mensaje, <em>y que se acueste pronto. Yo ya no puedo más.</em></p><p>Martín, su rey, lloró un poco en el taxi. Luego, cuando Leo propuso pedir una pizza para cenar en el sofá, viendo una película de Spiderman, llevó su propia bandeja al salón, se comió todo lo que le puso en el plato y se quedó dormido, la cabeza apoyada en el hombro de Leo, sin decir ni mú.</p><p><em>*Beatriz Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Beatriz Rodríguez</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cuando-eramos-angeles/206166" target="_blank">Cuando éramos ángeles</a><em> (Seix Barral, 2016).</em></p><p><em>*Michelle Roche Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Michelle Roche Rodríguez</strong><a href="http://musaalas9.es/?product=4829" target="_blank">Gente decente</a><em> (Musa a las 9, 2017).</em></p><p><em>*Pilar Adón es escritora. Su último libro, </em><strong>Pilar Adón</strong><a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/la-vida-sumergida/" target="_blank">La vida sumergida</a><em>(Galaxia Gutenberg, 2017).*Almudena Grandes es escritora. Su último libro, </em></p><p><strong>Almudena Grandes</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-pacientes-del-doctor-garcia/252790" target="_blank">Los pacientes del doctor García</a><em> (Tusquets, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Rodríguez | Michelle Roche Rodríguez | Pilar Adón | Almudena Grandes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La reina de la casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Círculo cromático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/circulo-cromatico_1_1154250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ff1f3271-cdff-4b26-bc13-4ca90d0b1fe8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Círculo cromático"></p><p><strong>Círculo cromático</strong></p><p>Quizás cuando dijiste azul</p><p>quisiste decir tiempo,</p><p>y por eso me apremian</p><p>tu destino y tu urgencia.</p><p>Quizá cuando dijiste blanco</p><p>quisiste decir frío,</p><p>y por eso me inquietan</p><p>tu pasión y tu ausencia.</p><p>Quizá cuando dijiste rojo</p><p>quisiste decir guerra,</p><p>y por eso me hieren</p><p>tu coraje y tu asombro.</p><p>Quizá cuando dijiste negro</p><p>quisiste decir miedo,</p><p>y por eso me habitan</p><p>tu deseo y tu angustia.</p><p>Quizá cuando dijiste verde</p><p>quisiste decir fin,</p><p>y por eso me faltan</p><p>tu valor y tu risa.</p><p>O dijiste amarillo</p><p>queriendo decir Dios,</p><p>y por eso me niegas.</p><p>  De <em>La espalda de la violinista</em></p><p><em>*Teresa Gómez (Puebla de Don Fadrique, Granada, 1960) es poeta. Su último libro, </em><strong>Teresa Gómez </strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-espalda-de-la-violinista/266739" target="_blank">La espalda de la violinista</a><em> (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Gómez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Literatura-locomoción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/literatura-locomocion_1_1154238.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c98da186-3de9-4ed2-a247-d05e73c231b9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura-locomoción"></p><p><strong>Tranvía 83Fiston Mwanza MujilaTraducción de Rubén Martín GiráldezPepitas de CalabazaLogroño2017</strong><em>Tranvía 83</em></p><p>  </p><p>El sello <a href="http://www.pepitas.net/" target="_blank">Pepitas de Calabaza</a>, que debe su nombre al diálogo con la calabaza de la película <em>Amanece que no es poco</em> y que tiene por lema ser “una editorial con menos proyección que un cinexín”,  ha publicado la primera novela de este escritor, una de las voces africanas que, desde el terreno llamémosle francófono, está teniendo gran repercusión. Con esta primera novela, publicada por primera vez en 2014, ha irrumpido causando la sorpresa en el mundo literario. Ha sido traducida a diversos idiomas y ahora llega al nuestro de la mano de <strong>Rubén Martín Giráldez</strong>.</p><p>Lo que plasma <strong>Fiston Mwanza Mujila</strong> (Lumumbashi, República Democrática del Congo, 1981) es la decadencia de sociedades desestructuradas, donde el dinero fácil, extraído de las minas, va de la mano de la corrupción y de la forma de vida que conlleva. No es tanto el tema que aborda, casi común a muchos de los escritores jóvenes que están irrumpiendo con fuerza en el panorama literario, lo que me llamó la atención, sino, sobre todo, la forma de hacerlo. Él mismo lo llama literatura-locomoción y plasma muy bien esos ambientes que se podrían traspasar a todos los escenarios donde ha existido la fiebre del oro, con buscavidas, prostitutas, generales corruptos, ladrones que roban a ladrones.</p><p>Todo ocurre en una Ciudad-País imaginaria que puede recoger el ambiente de todas las ciudades africanas con la misma problemática, como el mismo Fiston opina. <a href="http://www.pepitas.net/libro/tranvia-83" target="_blank"><em>Tranvía 83</em></a><em> </em>es un local, un antro o garito, bar, prostíbulo, discoteca, centro de negocios, todo al mismo tiempo, por donde pasan los habitantes a gastarse el poco dinero que tienen, en busca de sexo pagado y alcohol. Y donde siempre, siempre, suena la música, un elemento central en la novela, sobre todo el jazz, sobre todo<strong> John Coltrane</strong>. En ese local transcurre toda la historia, lo más importante. La calle, el resto de la Ciudad-País apenas se vislumbra, salvo las minas, custodiadas, abiertas o cerradas según el capricho de un general rebelde, para que todo el mundo las explote:</p><p>  </p><p>En ese ambiente aparece Lucien, aspirante a escritor, en realidad un soñador que cae allí huyendo de la persecución política que sufría en Trans-País. Su <em>alter ego</em>, su compañero, su hermano, quien le acoge nada más llegar es Requiem, acostumbrado a la violencia y a la corrupción, que se mueve como pez en el agua en ella. Dos formas de ver el mundo, contradictorias y complementarias, las dos caras de una misma realidad.</p><p>Compuesta de 33 capítulos que se presentan cada uno de ellos con un breve resumen previo, a veces con sentencias, a veces con una sola frase, al estilo de los capítulos quijotescos, nos va desgranando con una escritura en apariencia caótica, circular, saltando de un tema a otro, como si fueran solos de saxo dentro del local, los avatares de su protagonista Lucien, caído en desgracia frente el triunfador Requiem, y nos va dejando ver en la evolución del libro, cómo Lucien prospera en su literatura y consigue publicar y cómo Requiem termina siendo defenestrado por sus propios amigos, solo por el interés.</p><p>Mientras, nos habla de prostitutas, del Apocalipsis y pasajes de la Biblia, de la religión de la piedra, de la jungla, del elogio a la tortura, porque antes se torturaba bien, con método y conocimiento de las partes del cuerpo, pero con el tiempo se tortura de cualquier manera, sin haber aprendido el oficio. No deja títere con cabeza. Y el humor negro —perverso, diría yo—, esa capacidad humana de reírse de todo para salir adelante en las situaciones extremas, recorre todo el libro. Un ejemplo:</p><p>  </p><p>Esta novela tiene elementos comunes con otras novelas poscoloniales de la zona llamémosla francófona, con ciertas diferencias de los escritores negros nacidos bajo influencia de colonización anglófona. El humor, el baile, la locura desorbitada y el lugar donde ocurre, o sea, el bar, suelen estar muy presentes en ellas. Solo hace falta leer, por ejemplo, <a href="http://www.alphadecay.org/libro/vaso-roto/" target="_blank"><em>Vaso roto</em></a><em>,</em> del también congoleño Alain Mabanckou, para poder comprobarlo.</p><p>Fiston Mwanza reside en la actualidad en la ciudad austriaca de Graz y  aparece como un escritor obsesionado con la música. En sus obras tiene un papel fundamental el jazz y en sus conversaciones se menciona siempre un saxofón que él mismo asegura que es un sueño recurrente para él. Quizá por ese motivo, explica en una entrevista publicada en <a href="http://afrique.lepoint.fr/culture/fiston-mwanza-mujila-tram-83-une-tentative-de-liberte-et-d-independance-21-08-2014-1860451_2256.php" target="_blank"><em>Le Point</em></a><em> </em>que escribe como si compusiera y que a todos los textos les atribuye un ritmo:</p><p>  </p><p><em>Tranvía 83</em> no es una novela autobiográfica aunque sí transmite la visión que tiene el escritor sobre El Congo y el mundo. Y en él, la visión del intelectual africano: “En un país en el que todo el mundo habla de dólares, es una locura pretender ser escritor”.</p><p>En una entrevista con la Agencia EFE, Fiston Mwanza Mujila comenta que se fijó en varias ciudades mineras muy importantes de su país y también Kinshasa, "donde hay música por todas partes". El escritor indica que para los niños que trabajan en las minas de la República Democrática del Congo "la infancia no existe, está enterrada, son utilizados para llegar a los sitios más difíciles". "Como escritor quería hablar de ello", subraya. Fiston Mwanza Mujila sabe que, en general, en el Congo la gente "hace siempre fiesta, porque no sabe si en el más allá habrá música, por lo que hay que aprovechar el ahora, mientras se está vivo".</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Literatura-locomoción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura africana,Novela,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El temblor voluntario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/temblor-voluntario_1_1154234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10235f29-62b7-4a43-af76-8e1a5c0b9b43_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El temblor voluntario"></p><p><strong>VibratoIsabel MelladoAlfaguaraMadrid2018</strong><em>Vibrato</em></p><p>  </p><p>Bajo el subtítulo de “La música y el resto en 99 compases”, <strong>Isabel Mellado</strong> nos entrega una muy sorprendente primera novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libro/vibrato/ES0156523" target="_blank">Vibrato</a>, que sigue la estela iniciada por su volumen de cuentos <em>El perro que comía silencio</em> (2011), pero en la que da un eminente salto cualitativo en cuanto a técnica y solvencia narrativa. La violinista escritora/escritora violinista consolida su voz sinestésica y un notable talento aforista. De hecho, <em>Vibrato</em> es un texto sensual y estructurado, de principio a fin, en torno a la belleza de lo breve, de lo conciso, de lo esencial. La novela es una síntesis poética de sonidos e imágenes que explora la percepción (olores, sabores, sonidos) como experiencia subjetiva y que privilegia la escucha de una música interior a modo de texto narrativo. Sin duda, es <em>Vibrato</em> una novela depositaria de sabiduría acumulada y de refinada inteligencia constructiva: escrita con metrónomo en tres movimientos cual sinfonía armónica. El título resume a la perfección el significado profundo que busca la novela y es el primer hallazgo poético con el que se topa el lector, pues el vibrato es, en lenguaje musical, un recurso expresivo de desafinación programada, “un temblor voluntario”, que produce belleza.</p><p>La protagonista aparece como un personaje insertado en la inmensidad musical de su universo, que oscila entre la estética de lo sublime y la descripción de las miserias cotidianas. Clara es una niña que se define, desde su nacimiento, como No-Marta; se autocalifica por lo que no es, por los silencios, por los vacíos. Crece en un mundo circundado por la violencia, con un padre alcoholizado a la vez que seductor y poeta y con una madre que entiende la pareja como un cúmulo de peleas y reconciliaciones. Cuando tiene nueve años su padre es declarado desparecido en pleno terror de la dictadura pinochetista (no se dice nunca que el espacio es Chile pero el lector lo sabe al leer sobre un “Septiembre de bombas, tanques, metralletas”) y desde entonces la relación simbiótica con su violín (“jugar con tiempo era mejor aún que jugar con tierra”), con su hermano Raúl y con la calavera Gerundia le permiten sobrevivir ese espacio dramático (“la infancia no nos hizo falta”).</p><p>Berlín es la supuesta salida salvadora hacia una vida presidida por la música, que se convierte en profesión real y permite el sustento. La música es, además, refugio, salvación y antídoto (“La unidad de tiempo, de espacio, que menos hiere, el compás”, “Busco sonidos como andamios”). Pero Berlín será también la llegada al amor tóxico, al encierro claustrofóbico de un matrimonio siniestro, a una vida llena de máscaras y de incomunicación. En un fascinante Berlín postmuro nos adentramos en el micromundo bien retratado de las orquestas (audiciones, ensayos, clases de perfeccionamiento, partituras leídas al revés), de los concertistas que solo viven para y por la música, excéntricos/herméticos personajes para el gran público (“Tal vez exista buena vida, inteligente, más allá de las yemas de los dedos”), y de las intensas emociones que genera la creatividad al límite: miedo, ira, envidia, soberbia. Valga como ejemplo que el robo del violín es para Clara-No-Marta un cataclismo traumático en su pequeño universo de autosecuestro. Berlín también será el espacio de la amistad pura con su compañero el fagotista, de la riqueza intercultural, de los paseos y las acaloradas conversaciones sobre los grandes compositores y de, por fin, el desorden luminoso de la pasión y el deseo.</p><p><em>Vibrato</em> es una novela sobre el dolor y el desarraigo pero estructurada en torno al humor como cosmovisión creadora, con una poética cultivadora de la parodia y del surrealismo que ya habíamos leído en <em>El perro que comía silencio</em> y que parece beber de clásicos gloriosos como Felisberto Hernández (“el cielo estaba pánfilo, descosido, y no había gallos para cicatrizar nada. ¿Qué hará que al cielo no se le caigan las tripas?”, “La luna parecía un pompón de yeso”, “El sol es un monosílabo chapucero abrumado por nube que se divorcian”). La novela se construye en torno a un monólogo interior compuesto por artefactos variados (combina textos híbridos con ilustraciones, desde la voz del violín o las antiguas cartas que su marido Hans Pappe encuentra en los mercadillos callejeros, hasta sus críticas musicales o un poema de Jorge Teiller que la autora recibió en su noveno cumpleaños), el texto es complejo y experimental, el texto a veces desafina, en ocasiones enmudece, inventa notas nuevas (“cuchareármelo”, “megustear”, “desruidar”) pero siempre mantiene un ritmo y un tono coherentes. El texto es partitura.</p><p><em>Vibrato</em> es el mejor concierto que Isabel Mellado ha podido interpretar, la fusión de sus dos lenguajes creativos. De hecho, la violinista se interpreta a sí misma (“un músico, un ventrílocuo de sí mismo”), de la misma manera que la escritora se fotografía para la cubierta del libro y ofrece una lista de reproducción para acompañar la lectura del libro, como un último juego entre realidad y ficción porque “los personajes casi siempre son ficticios, no así la música que escuchan”, que está disponible en <a href="https://open.spotify.com/user/vibratoplaylist" target="_blank">la plataforma de streaming Spotify</a>. <em>Vibrato</em> es, al fin, un juego de espejos, de instrumentos armónicos y bien afinados. Porque la música es salvación y “sin <em>vibrato</em> suena muerto”.</p><p><strong>*Ana Pellicer Vázquez</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesora de la Universidad Carlos III de Madrid.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Pellicer Vázquez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El temblor voluntario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una guerra americana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-americana_1_1154203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cae3deb8-8bfd-4c16-a8a8-8006728929eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una guerra americana"></p><p><strong>​​​​​Un libro de mártires americanos ​Joyce Carol OatesTraducción de José Luis López MuñozAlfaguaraMadrid2017</strong><em>Un libro de mártires americanos </em></p><p>Las jóvenes Naomi Voorhees y Dawn Dunphy no pueden ser más distintas. En la última novela de<strong> Joyce Carol Oates,</strong> la primera es la hija de Gus Voorhees, célebre médico que practica abortos por firmes convicciones progresistas en la clínica de una pequeña ciudad de Ohio, y por este motivo es asesinado a tiros a plena luz del día, junto con un voluntario de la clínica, por el padre de Dawn, Luther Dunphy, techador competente y fanático religioso.</p><p><a href="https://www.megustaleer.com/libro/un-libro-de-martires-americanos/ES0153512" target="_blank"><em>Un libro de mártires americanos</em></a><em> </em>es la fascinante historia de dos padres, dos hijas (que tienen también hermanos, pero su peso en la novela es menor que el de sus hermanas), dos madres, Edna Mae Dunphy y Jenna Voorhees y una singularísima abuela, Madelena Kein. Dos familias destrozadas por el asesinato de Voorhees y la posterior pena de muerte impuesta a Dunphy.</p><p>Naomi ha recibido una educación abierta y tolerante, sin embargo acaba siendo una estudiante llena de inseguridad, obsesionada por filmar un archivo que se vuelve interminable sobre la vida y la muerte de su famosísimo padre. La fragilidad de la hija proviene en parte de la perturbadora decisión que su madre, Jenna, toma años después de asesinado su marido, cuando sus hijos son adolescentes. La mujer educada y comprensiva, la perfecta compañera mientras Gus vivía y se convertía paulatinamente en blanco de las amenazas cada vez más virulentas de los antiabortistas, no soporta más ni la trágica ausencia de su marido, ni el recuerdo de las infinitas veces en las que le recomendó prudencia, ni el enorme peso representativo que le toca en los repetidos homenajes a Voorhees, considerado un héroe y un mártir en los círculos progresistas. Un mecanismo parecido de santificación sucede, en el mundo del fanatismo antiabortista, con Dunphy, cuyo crimen es visto como un acto ineludible para salvar la vida de los neonatos.</p><p>Dawn Dunphy es una niña y luego una adolescente menuda, compacta, carente de atractivo pero con una notable fuerza física, desbordante de resentimiento, agredida psicológicamente en la escuela por ser la hija de un padre condenado a muerte y violada en una escena de una estremecedora violencia. La misma violencia que devolverá con creces a los chicos que la agredieron y que la impulsa a convertirse en boxeadora profesional. Las páginas dedicadas al boxeo, en el que Oates es una experta y al que dedicó un ensayo, son un ejemplo de excepcional agilidad narrativa y descriptiva.</p><p>Tanto los retratos de Voorhees y Dunphy como los de Naomi, Dawn, Jenna y Edna Mae (la esposa de Dunphy, una mujer reprimida con el comportamiento de una iluminada religiosa) revelan un conocimiento psicológico a la vez profundo, poderoso y muy sutil. Oates no rehuye las sombras de los personajes luminosos y es maestra en mostrar el desconcierto, la desorientación y la crueldad de los adolescentes. También analiza de manera excepcional las relaciones de familia, entre madres e hijas, padres e hijas, y entre la madre singularísima que es Madelena Kein, la abuela de Naomi, y su hijo Gus. Otro tema especialmente delicado que aborda Oates es la figura de la madre que abandona a sus hijos, bien por una apuesta intelectual incompatible con un matrimonio sofocante (el caso de Madelena), bien por desfallecimiento vital (el caso de Jenna). La figura de Madelena, respetabilísima profesora universitaria, introduce además la relación entre la abuela y la nieta, porque la gran intelectual desenvuelta, que está sola y angustiada por un secreto sobrecogedor, y la chica que se siente profundamente desorientada e infeliz se necesitan con desesperación. De la misma manera que acabarán necesitándose con desesperación Naomi y Dawn.</p><p>Oates ha escrito sin duda una de las grandes novelas contemporáneas, que es al mismo tiempo una exploración valiente, nada maniquea pero tampoco relativista de los comportamientos humanos en situaciones límite, y un fresco de ciertos aspectos de la sociedad americana actual.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura Comparada.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una guerra americana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura estadounidense,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Ni Penélopes ni Medusas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/penelopes-medusas_1_1154183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e17e5ada-36f8-457b-a9b8-1a9b5ba28370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni Penélopes ni Medusas"></p><p>¿Cuáles son los mecanismos que silencian la voz de las mujeres, las ridiculizan y aíslan del poder? <strong>Mary Beard</strong>, catedrática de Clásicas en el Newnham College de Cambridge, aborda las milenarias prácticas del patriarcado —que ya podemos encontrar en los clásicos griegos y romanos— para excluir a las mujeres del espacio público en dos conferencias pronunciadas, en 2014 y 2017 bajo el auspicio del British Museum y la <em>London Review of Books</em>, que componen esta pequeña joya <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-mujeres-y-poder/262488" target="_blank">editada ahora por Crítica</a>.</p><p>La primera, ‘La voz pública de las mujeres’, denuncia que éstas solo tienen voz para hablar de temas <em>de mujeres</em> o para hacerlo en condición de víctimas, que tienen múltiples obstáculos para hacerse oír. Para denunciar estas situaciones a menudo se acude a la misoginia, pero recurrir a ella no es lo mismo que explicarla, solo haciendo esto último podremos combatirla… y la explicación se encuentra, según la autora, en las raíces de nuestra cultura.</p><p>Así, inicia un recorrido desde que Telémaco manda callar a Penélope en la <em>Odisea </em>de <strong>Homero</strong>, primer momento documentado en el que un hombre silencia a una mujer, pasando por la conversión de Ío en vaca por parte de Júpiter para que no pudiera hablar, Lucrecia a la que se le concede la palabra para denunciar a su violador antes de suicidarse o Filomela a quien se cortó la lengua para que no denunciase a su violador… para llegar hasta nuestros días, en los que incluso en un espacio supuestamente democrático como es la Red los machistas quieren hacer enmudecer a las mujeres a través de constantes ataques misóginos, como bien conoce la autora.</p><p>El texto fue escrito y pronunciado en 2014, pero leerlo hoy en pleno auge del movimiento <em>#MeToo</em>, o con nuevos conceptos como el “<em>mansplaining</em>”, toma una luz, relevancia y fuerza que, posiblemente, el auditorio no encontrase en aquel momento.</p><p>En ‘Mujeres en el ejercicio del poder’, la autora pregunta: “¿Cómo hemos aprendido a mirar a las mujeres que ejercen el poder o que tratan de ejercerlo? ¿Cuál es el sustrato cultural que alimenta la misoginia en la política o en los puestos de trabajo y cuáles son sus formas (qué clase de misoginia, a quién o a qué va destinada, qué palabras o imágenes utiliza y con qué efectos)? ¿Cómo y por qué excluyen a las mujeres las definiciones convencionales de “poder” (o lo que es lo mismo, de “conocimiento”, “pericia” y “autoridad”) que llevamos a cuestas?”.</p><p>Beard recuerda como <strong>Theresa May</strong>, <strong>Dilma Rousseff</strong>, <strong>Angela Merkel</strong> o <strong>Hillary Clinton </strong>han sido caracterizadas como figuras de Medusa, la decapitación frente al poder de las mujeres. Uno de los ejemplos más gráficos lo encuentra en la campaña presidencial de 2016 en los Estados Unidos, cuando una representación de <strong>Donald Trump</strong> como triunfante Perseo alzando la cabeza de la decapitada Medusa con los rasgos de Clinton circuló por todo el país en forma de camisetas, bolsos, tazas de café y fundas para portátiles.</p><p>¿Por qué entrenar nuestras voces para hacerlas más graves y ganar autoridad como hizo <strong>Margaret Thatcher</strong>? ¿Por qué adoptar los códigos masculinos en las formas de vestir como Merkel o Clinton? Si las mujeres no están incluidas en las estructuras del poder, es el poder y no las mujeres lo que debe cambiar. Para ello, sugiere revisar la palabra en sí misma: “Pensar en el poder como un atributo o incluso un verbo ('empoderar'), no como una propiedad”.</p><p>Un libro muy breve pero que contiene una larga historia, la larga historia de la misoginia. “Cuando se trata de silenciar a las mujeres, la cultura occidental ha tenido miles de años de práctica”, pero las mujeres ya han dicho basta. No se lo pierdan.</p><p><em>*Lidia Fernández Montes es miembro del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. </em><strong>Lidia Fernández Montes</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lidia Fernández Montes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ni Penélopes ni Medusas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Historia,Libros,Feminismo,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[No somos robinsones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-robinsones_1_1154161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/abd3d93e-9010-4d5a-b239-180ec419f53c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No somos robinsones"></p><p>Literatura y feminismo no representan una díada inercial o natural. Narrar las experiencias de las mujeres desde voces, plumas y teclados femeninos no constituye una práctica unívoca o necesariamente feminista. Como la científica y filósofa <strong>Donna Haraway </strong>matizara en <em>Ciencia, </em>cyborg<em> y mujeres</em> (1995), la condición subyugada de las mujeres aporta sin duda una “clave visual” tan preciosa como ineludible desde la cual mirar y comprender el mundo. No obstante, nuestros puntos de vista –también literarios– pueden quedar lejos de la óptica feminista, que exige un análisis crítico y situado de las relaciones de poder que tejen nuestras realidades. De igual forma, cabe cuestionarnos qué voces, plumas y teclados navegan los circuitos de la narración en femenino y sobre lo femenino. ¿Quiénes poseen siquiera los medios básicos para (re)conocer(se) y narrar(se)? <strong>Virginia Woolf</strong> creía, sin falta de razón, que una mujer debía disponer de dinero y de <em>un cuarto propio</em> (ahora también “conectado”, como nos recuerda <strong>Remedios Zafra</strong>) que le garantizaran un mínimo margen de libertad para escribir.</p><p>Hoy reconocemos que las mujeres también necesitamos tiempo. A esa <em>habitación propia</em> (1929) y a las <em>tres guineas </em>(1938) que reclamara Woolf habría que añadirle pues <em>un tiempo propio</em>. Porque sabemos que a la mayoría de nosotras el haber nacido y devenido mujeres nos iguala en la carencia de tiempo y el mandato social de los cuidados que acapara tan escaso recurso. La circularidad de los trabajos de cuidados, tan inagotables como agotadores, acaba por colonizar así la energía, las mentes y las vidas de la mayoría de las mujeres en la medida en que la responsabilidad de los mismos no se valora ni comparte. Unos trabajos que vienen a recordarnos además que de ninguna manera existimos como robinsones autosuficientes, sino como seres interdependientes y necesitados de cuidados. Estos trabajos descubren que no todas ni todos somos ese hombre blanco ideado por <strong>Daniel Defoe</strong> en 1719, capaz de sobrevivir durante veintiséis años en una isla antes de comenzar a “explotar” la amistad de un <em>salvaje</em> y las posibilidades de los inventos atesorados en el barco en el que naufragó. Este Robinson es leído como el paradigma de la autonomía y la suficiencia y la encarnación misma de “la independencia viril”, tal y como lo retratara <strong>James Joyce </strong>en el <em>Ulyses</em>. Un Robinson que, más allá de las páginas, encarna así el fundamento radical del <em>homo economicus</em>, individuo modélico de nuestra sociedad de mercado.</p><p>De las experiencias de las mujeres no se desprende tanto tiempo libre ni tanta fingida independencia como narran los clásicos de la literatura escritos y protagonizados por hombres. Además, parece más que probable que la precarización de nuestras condiciones de vida –y para muchas, la extrema pauperización de una existencia ya de por sí empobrecida– ha inflamado las desigualdades en relación a nuestros recursos espaciales, económicos y temporales, condicionando así, cuando no coartando, nuestra dedicación a la literatura en cualquiera de sus experiencias: como autoras y lectoras; como aficionadas o profesionales (más o menos) retribuidas; desde grandes editoriales o auto-editadas, en nuestros cuadernos, márgenes o redes sociales... ¿Quién escribe entonces los relatos de las mujeres? ¿Cómo somos narradas y leídas desde la legitimidad literaria?</p><p>La novelista nigeriana <strong>Chimamanda Ngozi Adichie</strong> alerta sobre la hegemonía cultural y “los peligros del relato único” que ella misma encarnó desde su precoz experiencia como lectora y escritora: “cuando comencé a escribir (…), escribía exactamente el tipo de historias que leía: todos mis personajes eran blancos y de ojos azules, jugaban en la nieve, comían manzanas y conversaban mucho sobre el tiempo”. El descubrimiento de novelistas africanas/os, cuenta Adichie, marcó un punto de inflexión en su vida en la medida en que pudo identificarse con sus relatos y personajes y escribir así no a partir de lo que había leído en libros extranjeros, sino de aquello que observaba en ella misma y su alrededor. Estas historias le permitieron (re)conocer su propia existencia, escapando así del estereotípico relato único de los pueblos –también de las mujeres– que acaba por convertirse en una profecía autocumplida, indigna y discriminatoria. Si trasladamos este ejemplo a la literatura hecha por y sobre mujeres, lo que la experiencia de Adichie expone es, por un lado, que el relato único de las mujeres suele ser un artefacto de la heterodesignación patriarcal que debe ubicarse además en un entramado de relaciones de poder clasistas, racistas, homófobas, tránsfobas y capacitistas que normativizan las prácticas y representaciones literarias y reniegan de la compleja interseccionalidad de nuestras vidas vividas. Pero también, y por otra parte, su experiencia pone en valor la existencia de <em>otras</em> voces e historias de mujeres que ejercen su agencia para (re)crear representaciones diversas en las que mirarse y que, además, estimulan a otras mujeres para contar sus propios relatos, reactivando así una suerte de ciclo inspirador.</p><p>Por tanto, que la relación entre literatura y feminismo no sea inherente no implica que literatura y feminismo no se miren mutuamente desde sus múltiples complicidades. La literatura nos ofrece la oportunidad de narrar la historia cotidiana de las mujeres desde la verdad que tiene la ficción, contemplando –o negando- el mandato de cuidados y a la par reivindicando experiencias poliédricas. Asimismo, la literatura nos permite estirar los límites de nuestra existencia e imaginar nuevas realidades, no necesariamente utópicas. Este es un ejercicio, un arte, de especial significación para las mujeres porque nos alienta a idear las vidas que merecen la pena (y la alegría) ser vividas. También porque nos recuerda que nuestra realidad puede parecerse a la peor de las ficciones, tal y como demuestra la triste vigencia de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/09/22/distopias_sin_fecha_caducidad_69737_1821.html" target="_blank">El cuento de la criada</a>. Quizás por eso las mujeres que leen y escriben sean peligrosas: porque desde la ficción, el ensayo o la crónica fantasean con malas y crudas realidades a combatir y buenas y revolucionarias historias a realizar.</p><p>Tomando prestadas las palabras de la propia Adichie, las (muchas) historias de las mujeres <em>importan</em>. Narrar desde nosotras, sobre nosotras, a nosotras mismas no solo confronta la asfixia y la perversión del relato único forjado históricamente por las artes y las ciencias androcéntricas y patriarcales. Nuestras historias, además, encarnan el potencial de empoderar(nos), humanizar(nos) y dignificar(nos), como también invitan a complejizar ese <em>nosotras</em>, fulminar sus ficticias fronteras para cobijarnos a todas, incluida la multitud de mujeres que habita en cada una. Por eso, literatura y feminismo convergen en una potencia creativa de ida y vuelta en la que el feminismo (in)forma, sitúa y politiza la literatura, mientras la literatura invita al feminismo a experimentar, a recrearse y popularizarse. Como la propia Woolf escribía en su ensayo <em>Pensamientos de paz en un ataque aéreo</em>, “la lucha mental significa pensar a contracorriente, no a favor de ella”. La tensión entre realidad e imaginación en la que feminismo y literatura se encuentran posibilita una jugosa oportunidad para (re)pensarnos a contracorriente y alumbrar las reflexiones y prácticas necesarias para un mundo tan diverso y libre como justo e igualitario.</p><p><em>*Lina Gálvez es catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Laura Martínez Jiménez doctoranda en Ciencias Sociales por la misma universidad. </em><strong>Lina Gálvez</strong><strong>Laura Martínez Jiménez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lina Gálvez | Laura Martínez Jiménez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No somos robinsones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Feminismo,Los diablos azules número 99]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiempo de feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempo-feminismo_1_1154093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e6a2d321-08b8-4f97-bcd1-e9a55f3f3db9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempo de feminismo"></p><p>Según parece, el feminismo se ha puesto de moda. En principio habría que recibirlo como una magnífica noticia, aunque solo sea porque supone perder menos tiempo explicando su necesidad y por la coherencia ética que conlleva irracionalizar la jerarquía sexual o la cultura del privilegio en sistemas pretendidamente democráticos.</p><p>Corren tiempos en los que, incluso personas que tienen el término “feminazi” o “ideología de género” entre su vocabulario habitual, se declaran feministas. Y, en ese proceso, se está construyendo una suerte de feminismo <em>sensato </em>e inclusivo en oposición a un feminismo radical que denuncia la jerarquía sexual como factor histórico de discriminación, el androcentrismo como ficción de neutralidad y señala al orden patriarcal y neoliberal como origen de la opresión de las mujeres. El feminismo <em>sensato</em>, por el contrario, no cuestiona estos órdenes, o cuestiona solo uno de ambos y asume como natural la mirada androcéntrica. Incluso cuestiona que el sexo sea una categoría determinante en la posición que ocupan las personas en la sociedad o que las mujeres sean el sujeto político del feminismo.</p><p>Así que, lo que en principio es una buena noticia, puede implicar también una colonización y usurpación del objetivo histórico del feminismo para volverlo inocuo o desvirtuarlo hasta convertirlo en otra cosa. Un paraguas que permite incluir todo tipo de reivindicaciones y demandas sin que ello implique emancipación alguna de las mujeres respecto a la opresión histórica a la que han sido y son sometidas.</p><p>El movimiento feminista a escala global está cobrando unas dimensiones desconocidas hasta la fecha. Y la reacción del patriarcado –una parte resituada en el nuevo “feminismo sensato”— no se ha hecho esperar. Frente a la campaña #MeToo, prensa de reconocido prestigio se ha apresurado en dar voz a <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2018/01/14/catherine_deneuve_denuncia_metoo_los_besos_robados_74035_1044.html" target="_blank">un pequeño puñado de mujeres</a> que se muestran muy preocupadas por garantizar la libertad sexual de los varones heterosexuales. Ha de reconocerse que se han buscado un reto sencillo, habida cuenta que la misma ha gozado de excelente salud hasta la fecha. Ignoran, y pretenden que lo hagamos el resto, que el acoso sexual es una práctica normalizada que se ampara en el silencio de las mujeres por vergüenza, cuestionamiento de su palabra o miedo a las represalias. Sabemos que, como reza la conocida máxima aristotélica ,“en la mujer el silencio es un ornato” (<em>La política</em>, edición de del IEP, 1951, p.25). Un ornamento que ha sido un clásico mandato patriarcal que garantiza que unos sean los legítimos portadores de la voz, la autoridad y el poder, mientras ellas han de interiorizar los posibles abusos como una fatalidad individual que les conviene no hacer pública. Por ello, romper ese mandato de silencio, se percibe con estupor y es convenientemente sancionado.</p><p>La reacción frente a la desobediencia del silencio se ha visto secundada incluso por reconocidos literatos del siglo XXI. <strong>Javier Marías</strong> <a href="https://elpais.com/elpais/2018/02/02/eps/1517571327_169234.html" target="_blank">preocupado por “la barra libre”</a> en las denuncias ha tildado de “transacción” no violenta los abusos sexuales denunciados porque conllevan, según sus palabras, “beneficios mutuos”. Llama poderosamente la atención que el ilustre académico, que se declaraba recientemente <a href="https://elpais.com/cultura/2018/02/17/actualidad/1518890902_827965.html" target="_blank">“feminista de siempre”</a>, no diferencie entre beneficio y requisito, voluntad y coacción.</p><p>Ahora, bajo el supuesto estandarte del feminismo, reclaman espacio aquellas posiciones o discursos que, cuando se trata de la explotación sexual y reproductiva de las mujeres, califican la misma como un acto de voluntad. El neoliberalismo y las sociedades de mercado han implantado una nueva forma de racionalidad que sublima el individualismo del libre acuerdo donde, deliberadamente, se ignoran los condicionantes sistémicos que determinan esa supuesta libertad. Ocultan que, para que el consentimiento sea válido ha de ser un acto libre e informado, requiere un yo autónomo no mediado por el abuso de poder, la subordinación y el sometimiento.</p><p>Por ello, el argumento de la libre elección de las mujeres es una auténtica coartada para el patriarcado. No solo falsea la teoría del consentimiento sino que, en la medida que individualiza la decisión, la despolitiza. Para el caso que nos ocupa, niega el componente estructural o sistémico del acoso sexual. Entre otros, la sexualidad patriarcal, la jerarquía sexual y la consideración de las mujeres como objetos sexuales y cuerpos sexualizados para disfrute ajeno. Recurrir al mantra de la voluntad cuando median relaciones de poder no solo elude el contexto de dominación, sino que proyecta un imaginario que responsabiliza a las víctimas de su propia explotación y libera de cualquier responsabilidad a los victimarios. Como señala Ana de Miguel, al igual que el movimiento obrero, el feminismo nunca se ha amparado en la supuesta libre elección de las mujeres para justificar su sometimiento.</p><p>Conviene recordar que el objetivo del feminismo es y ha sido siempre la emancipación colectiva de las mujeres y el reconocimiento de su estatus como sujetos de derechos, no la voluntad individual. En su recorrido, probablemente, ha sido uno de los movimientos menos violentos y más inclusivos de la historia. Lleva décadas denunciando la ficción patriarcal de la heterodesignación de un concepto de “mujer” que desvirtúa la pluralidad existente, la singularidad de cada cual y la existencia de otros factores discriminatorios que, en paralelo al sexo, sofistican la opresión. Pero sin que ello conlleve renunciar a la larga lucha contra la jerarquía sexual y a la identificación de las mujeres como sujeto político del feminismo.</p><p>Sin embargo, parece que cualquiera puede hablar en nombre del feminismo por el mero hecho de declararse como feminista, aunque se asuma un discurso negacionista de la opresión o la jerarquía sexual y se sustituyan los objetivos históricos del feminismo por aquellos que considere más oportunos. Una consideración que, por ejemplo, sería inasumible con una ecologista que negara el cambio climático, un comunista que hiciera lo propio con el conflicto capital-trabajo o un animalista promotor de la tauromaquia. En el marco de la libertad de expresión se puede optar por defender las bondades del cambio climático, de las desigualdades sociales, de la existencia de dios o de la sagrada fiesta nacional. Lo que resulta vana pretensión es que, además, se aspire al carnet de ecologista, comunista, ateo o animalista.</p><p>En este tiempo de feminismo, conviene estar pendiente de la reacción patriarcal en sus diferentes formas y estrategias. La respuesta beligerante, incluso iracunda, frente a la perdida de privilegios suele ser, por desgracia, recurrente. El discurso negacionista de la desigualdad, del patriarcado o de las diferentes violencias que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, es frecuente también. Pero estamos asistiendo a una novedosa estrategia: declararse feminista para desvirtuar la finalidad del feminismo y, de paso, calificar de violentas y opresoras a personas que pertenecen a un movimiento que siempre se caracterizó por su capacidad integradora y su pacifismo. Una suerte de mutación paternalista del clásico revanchismo machista que sigue la senda histórica de descalificar, menospreciar e irracionalizar a las feministas. Nada nuevo.</p><p><em>*Laura Nuño es profesora de Ciencia Política y directora del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos. </em><strong>Laura Nuño</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laura Nuño]]></author>
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