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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 101]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 101]]></description>
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      <title><![CDATA[Un rastro entre la niebla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rastro-niebla_1_1203141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/67027246-68d7-43f3-8262-1da2afb4f3c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un rastro entre la niebla"></p><p>  </p><p> <strong>Un rastro entre la niebla</strong></p><p>No hay quien no lo comprenda en carne propia:</p><p>nos ignoran los días, desconocen</p><p>que seamos gente buscándose</p><p>en un lugar, en una vida, un nombre.</p><p>Pasan los años, pasa gente</p><p>queriéndonos contar su historia</p><p>para dejar un rastro entre la niebla.</p><p>La imagen se repite en cada esquina.</p><p>En cada cruce de caminos,</p><p>con palabras que buscan</p><p>su propia melodía,</p><p>un contador de historias</p><p>le pone voz a sus silencios.</p><p><em>*Diego de la Torre (El Rinconcillo de la Caliza, Albanchez de Mágina, Jaén, 1974) es poeta. Su último libro, </em><strong>Diego de la Torre</strong>Carreteras cortadas<em> (2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Diego de la Torre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lectores unidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lectores-unidos_1_1156353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d4ced16b-79bb-42fe-93c4-b5a3d22a06b9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lectores unidos"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>  <em>“Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”.</em></p><p>Proverbio árabe</p><p>Un club lo forman un grupo de personas que disfrutan leyendo, comparten sus experiencias y sus impresiones en torno a un texto literario. ¡Qué mejor forma de pasarlo bien, formarse y entablar diálogo!</p><p>El club de lectura para adultos de la Biblioteca Lope de Vega de Tres Cantos (Madrid) comenzó su andadura con un programa piloto de tres meses, en turno de mañana, allá por 2010. El éxito fue tal, que en este momento contamos con tres clubes de 25 personas cada uno, dos en turno de tarde y uno por la mañana, que se reúnen una vez al mes durante nueve meses. Esta actividad se ha convertido en una de las señas de identidad de la Biblioteca Lope de Vega, manteniendo una alta participación y compromiso por parte de los participantes. Durante todos estos años la demanda ha superado a la oferta, por ello se han formado otros dos clubes gestionados por los usuarios que no han conseguido plaza y que leen y analizan los mismos libros.</p><p>Las lecturas elegidas para el club de lectura intentan ofrecer un abanico variado y heterogéneo combinando autores clásicos y contemporáneos. También se homenajea a autores consagrados o clásicos literarios en aniversarios destacados. En esta edición hemos seleccionado, <em>Cumbres borrascosas</em> de <strong>Emily Brönte</strong> en el bicentenario de su nacimiento. Otras lecturas de este curso son, <em>La ciudad de los prodigios</em> de <strong>Eduardo Mendoza</strong>, <em>Pedro Páramo</em> de <strong>Juan Rulfo</strong> o <em>Canción dulce </em>de<strong> Leila Slimani.</strong></p><p>Las sesiones del club se complementan con visitas literarias y culturales o actividades relacionadas con alguna de las obras leídas. Durante estos años nos han acompañado <strong>Andrés Neuman</strong>, <strong>Belén Gopegui</strong>, <strong>Luis García Montero</strong>, <strong>Marta Sanz</strong>, <strong>Jesús Carrasco</strong> o nuestra última cita, el dramaturgo <strong>Juan Mayorga.</strong> Hemos realizado lecturas dramatizadas, proyecciones cinematográficas, visita a exposiciones, asistencia a representaciones teatrales, rutas literarias... Y disponemos de <a href="https://clubdelecturatc.wordpress.com/" target="_blank">un blog</a> donde ofrecemos información complementaria a las sesiones.</p><p>Durante este curso hemos puesto en marcha sesiones trimestrales abiertas sin necesidad de inscripción, donde se prestan alrededor de 60 ejemplares de una misma obra. <em>El río que nos lleva,</em> de <strong>José Luis Sampedro</strong>, inauguró esta actividad.</p><p>La organización, planificación, elección de obras literarias y eventos del club de lectura se hace desde la Biblioteca Lope de Vega, con la complicidad imprescindible del coordinador de los mismos, <strong>Carmelo Hernando</strong>. Hace unos años tuvimos la necesidad de crecer y pusimos en marcha un club de lectura en inglés. En 2014 nació el English Reading Group, en el que se analizan relatos cortos y novelas en este idioma que cada vez nos es más familiar. El formato ha ido cambiando durante estos años adaptándolo a las necesidades y sugerencias de los lectores. En este momento ofertamos dos turnos al año de cuatro meses cada uno coordinado por una estupenda <em>nativa</em>, <strong>Joanne Wilkinson</strong>.</p><p>Siempre quisimos tener un club de lectura en nuestra biblioteca, y no nos cabe la menor duda de que potenciar el gusto por la lectura activa y crear puntos de encuentro entre lectores que enriquezcan la experiencia individual son fines de cualquier biblioteca. ¡Invitamos a los lectores a que los prueben, seguro que os gustan!</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Biblioteca Lope de Vega (Tres Cantos)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lectores unidos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Libros,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mitos fundacionales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mitos-fundacionales_1_1156349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdd1f8b-c040-4bc3-934a-8d87a42fd646_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mitos fundacionales"></p><p><em>Jesús García Sánchez, librero de la madrileña librería Visor, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_______________________ </p><p><strong>OrdesaManuel VilasAlfaguaraMadrid2018</strong><em>Ordesa</em></p><p>  </p><p>Realidad y ficción se mezclan en esta novela escrita con una voz valiente y transgresora que nos cuenta una historia verídica, difícil, en la que todos podemos reconocernos. Desde el desgarro a veces, y siempre desde la emoción, <strong>Vilas </strong>nos habla de todo aquello que nos hace seres vulnerables, de la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando no parece posible, cuando casi todo lo que nos unía a los demás ha desaparecido o lo hemos roto. Es entonces cuando el amor y cierto distanciamiento —también el que nos permite la ironía— puede salvarnos.</p><p>  <strong>MalandarEduardo MendicuttiTusquetsBarcelona2018</strong><em>Malandar</em></p><p>  </p><p>Toni, Miguel y Elena se conocen y se hacen amigos desde que los tres tienen ocho años. Miguel empieza a ir con Antonio y Elena a la playa, al parque, al cine… Poco a poco, Toni y Miguel van descubriendo una especial relación entre ambos, pero también se confiesan que les gusta Elena, aunque les gusta "de otra manera". Cuando los tres han cumplido 12 años, con pocas semanas de diferencia, Toni y Miguel hacen un primer viaje en barca y caminan hasta la punta de Malandar, un lugar prácticamente virgen en el que fantasean con la idea de construirse una casa. Estos viajes se van a repetir a lo largo de sesenta años, a pesar de que las vidas de Toni y Miguel sigan caminos muy dispares.</p><p>  <strong>El orden del díaÉric VuillardTusquetsBarcelona2018</strong><em>El orden del día</em></p><p>  </p><p>En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes —entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta— donaron ingentes cantidades a <strong>Hitler </strong>para conseguir la estabilidad que él prometía. Desde ese año, Hitler ideó una estrategia de cara a la comunidad internacional para anexionarse Austria "pacíficamente"; para ello, mientras se ganaba la aquiescencia o el silencio de primeros ministros europeos, mantuvo una guerra psicológica con <strong>Schuschnigg</strong>, el canciller austriaco, hasta que la invasión (un alarde del legendario ejército alemán, que ocultaba graves problemas técnicos) fue un hecho.</p><p>  <strong>La policía celesteBen ClarkVisorMadrid2018</strong><em>La policía celeste</em></p><p>  </p><p>El poeta <strong>Ben Clark</strong> (Ibiza, 1984) ha sido galardonado con el XXI Premio de Poesía Hiperión, el IV Premio de Poesía Joven RNE, y el Premio El Ojo Crítico de Poesía de RNE 2014. Según nos comenta <strong>Enrique Vila-Matas</strong>, "Ben Clark [es un] explorador de abismos. No solo es joven, sino que está vivo, y es un clásico". Con <em>La policía celeste</em>, Ben Clark ha sido galardonado con el XXX Premio Loewe. El jurado destacó que se trata de un "libro de madurez de una persona joven, muy sencillo, muy transparente, traspasado de una sabiduría y de una objetividad ante una realidad".</p><p><em>*Puedes encontrar Visor Libros en la calle Isaac Peral, 18, de Madrid o en su página web.</em><strong>Visor Libros</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús García Sánchez (Librería Visor)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mitos fundacionales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nada es solo lo que es]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nada-es-solo-lo-que-es_1_1156342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ca7f391b-b196-407f-a371-a05ce20c905f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nada es solo lo que es"></p><p><strong>Y nuestros rostros, mi vida, breves, como fotosJohn BergerTraducción de Pilar VázquezIlustraciones de Leticia RuifernándezNórdicaMadrid2017</strong><em>Y nuestros rostros, mi vida, breves, como fotos</em></p><p>“La primera parte trata del tiempo, la segunda parte trata del espacio”, se nos informa de ello nada más abrir el libro. Espacio y tiempo son los grandes temas de la Filosofía y en cierta medida <a href="http://www.nordicalibros.com/y-nuestros-rostros-mi-vida-breves-como-fotos#no-back-button" target="_blank">este es un libro de Filosofía</a>. Aunque solo en cierta medida; la otra medida la da la mirada poética del autor. Una cosmogonía construida desde la mirada de un poeta.</p><p><strong>John Berger</strong> siempre empieza mirando: “Lo visible siempre ha sido y sigue siendo la principal fuente humana de información sobre el mundo”, dice en uno de los párrafos de este libro, y lo que ve es el punto de partida para seguir viendo, para ver más, más hondo y más lejos. Nada es solo lo que es: “En ese momento vi la calle del pueblo como si la estuviera contemplando desde el futuro. Lo que estaba viendo se había transformado en el pasado lejano. El cambio fue lento, tan lento que pareció una quietud”<em>. </em>La realidad, aquello que tenemos delante y detrás y siempre fuera de nosotros, aquello que no somos nosotros y por eso se ofrece a nuestra mirada, es también un código que John Berger analiza, desmenuza, desentraña, un lenguaje que adquiere  sentido cuando alguien lo interpreta. Su escritura avanza como una indagación, paso a paso, desvelando capas de significado que conducen a otras y buscan  la palabra escueta y precisa. Y dubitativa y necesaria.</p><p>Un paisaje campesino, el fenómeno de la emigración, los contornos del cuerpo amado,  el sentido del claroscuro en los cuadros del Caravaggio: “La oscuridad de sus cuadros huele a velas, a melones maduros, a la colada húmeda que espera para ser tendida al día siguiente…lo que ha quedado desterrado, junto con la luz del día , son la distancia y la soledad: dos cosas temidas en los bajos fondos”. Todo lo que es, es algo más; en la escritura de Berger todo lo que existe habla de todo lo existente. Filosofía y poesía son formas de mirar. Su forma de mirar.</p><p>La excelente traducción de <strong>Pilar Vázquez</strong>, el acierto de mantener la versión inglesa de los poemas  que acompañan los textos —¿o son los textos los que acompañan a los poemas?—, los sutiles dibujos de <strong>Leticia Ruifernández</strong>, todo el esmero con el que está editado por Nórdica libros expresa respeto, voluntad de homenaje y diría que añoranza del escritor y el ser humano que fue John Berger.</p><p>Este es un libro sobre el tiempo y el espacio, las dos dimensiones en las que la vida ocurre. Es inclasificable y único. Y bellísimo. Un libro para tener y volver a él de vez en cuando, leer un párrafo, cerrar los ojos y quizás pensar o recordar. Una joya.</p><p><em>*Teresa Aranguren es periodista y escritora. Su último libro es</em><strong>Teresa Aranguren</strong> Contra el olvido. Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948 <em>(Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Aranguren]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un alto en el camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alto-camino_1_1156337.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf430b09-8ea4-43fb-95ac-1f46b727da74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un alto en el camino"></p><p><strong>Seres de un díaAntonio Luis GinésLa isla de SistoláSevilla2017</strong><em>Seres de un día</em></p><p>La publicación de <a href="https://laisladesiltola.es/coleccion/levante/seres-de-un-dia/" target="_blank">Seres de un día</a> supone un alto en el camino dentro de la producción literaria de <strong>Antonio Luis Ginés</strong>. Empleo esa expresión por tres razones: la primera se debe al hecho de que este libro, de cierto cariz teórico, vea la luz cuando su autor cuenta ya con seis libros de poesía, y de que en él se aprecie el afán por compartir una reflexión sobre lo lírico; la segunda, por “alto”, porque se trata de una compilación muy selecta de textos; la tercera, por “en el camino”, puesto que la búsqueda en el momento presente es el <em>leitmotiv </em>principal de este breve pero intenso libro.</p><p>“¡Seres de un día! ¿Qué es uno? ¿Qué no es?”, se preguntaba <strong>Píndaro </strong>en la <em>Pítica VIII</em> (cito la traducción de <strong>Carlos García Gual</strong>). El autor latino sentenciaba en su composición sobre la transitoriedad de la dicha en los individuos. Quizá por ello Ginés insista en que “ahora es nuestro ahora”, y en la importancia del día como unidad temporal en la que se condensa la vida y en la que la atención contemplativa sería la actitud idónea para el discurrir de nuestro tiempo. “¿Estamos preparados para escuchar por encima del murmullo de las sombras?”. Para responder a esa pregunta, se van estableciendo unas coordenadas sensoriales, que predominan frente a lo emocional y que constituyen un fluir de la percepción en virtud de la experiencia.</p><p>Este libro es una poética, de la cual se imbrica una dimensión metafísica sobre el sentido. ¿Por qué escribimos? (Por una “necesidad”.) ¿Para qué? (“La poesía me protege del exterior”.) ¿Para quién? (“Es muy probable que <strong>Novalis</strong>, <strong>Hölderlin</strong>, <strong>Rilke</strong>, y tantos otros poetas, tuviesen la extraña intuición de que no escribían para nadie sino solo para ellos mismos. Puede que, sin saberlo, estuviesen en el camino correcto para dejarnos un legado excepcional”.) Las preguntas a las que va respondiendo Antonio Luis Ginés son extrapolables a la elucubración sobre nuestra propia conciencia vital. El estilo es pausado, y la colección de fragmentos independientes ejercen de mnemotecnia literaria, con una hibridez genérica que a mi juicio es lo más interesante de la obra. Diario, textos teóricos —destaca su consideración sobre el yo autobiográfico en “Desnudez”—, glosas de citas de <strong>George Steiner</strong>, Novalis y muchos otros.</p><p><em>Seres de un día</em>, en fin, puede leerse, para quien no conozca la producción poética del cordobés, como una puerta de entrada a su bibliografía, y para quien quiera profundizar en ella se erige como lectura imprescindible. El libro es, sobre todo, una sucesión placentera de reflexiones atemporales.</p><p><em>*Sofía González Gómez es poeta. Su último libro, </em><strong>Sofía González Gómez </strong><a href="https://laisladesiltola.es/coleccion/nouvelle/una-playa-de-septiembre/" target="_blank">Una playa de septiembre</a><em> (La isla de Siltolá, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sofía González Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un alto en el camino]]></media:title>
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      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'Diario' de Jules y Edmund de Goncourt]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-diario-jules-edmund-goncourt_1_1156333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1bb507f-4039-45dc-867d-9bb307a4d977_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 'Diario' de Jules y Edmund de Goncourt"></p><p><strong>Diario. Memorias de la vida literaria (1851-1870)Jules y Edmund de GoncourtSelección, edición y traducción de José HavelRenacimientoSevilla2017</strong><em>Diario. Memorias de la vida literaria (1851-1870)</em></p><p>Cuando <strong>Edmond de Goncourt</strong> (1822-1896) tomó la decisión de publicar en vida el diario que había mantenido con su hermano <strong>Jules </strong>(1830-1870) desde 1851 hasta la muerte de este y luego unos años más en solitario, no es seguro que llegara a sospechar que, más allá incluso del conocido premio literario que honra hoy el nombre de los dos hermanos, esta iba ser la gran obra por la que iban a ser recordados.</p><p>Se adelantaban estos diarios, en efecto, a una época en la que el apunte del natural, el testimonio de vida y, por qué no decirlo, la indiscreción desacralizadora iban a gozar de más aprecio que las grandes construcciones retóricas. Los propios diarios lo dejaban ya claro:<em> Salambó</em>, la novela que su contemporáneo <strong>Flaubert </strong>publicó precisamente en esos años, no era más que un “poema bárbaro” con un protagonista que no era, “en el fondo, más que un tenor de ópera”. Por entonces los hermanos ya habían aprendido a caracterizar a personas y libros de ese modo tajante, que los fijaba definitivamente para la posteridad en un gesto no siempre favorecedor. Al influyente crítico <strong>Saint-Beuve</strong>, por ejemplo, lo retratarían como a “un bibliotecario de provincias que viviese a la sombra de un claustro de libros bajo el cual tuviese una bodega de generoso borgoña”.  Y al poeta <strong>Théophile  Gautier</strong>, al que también trataron asiduamente, como al crítico, en las famosas “cenas Magny”, celebradas en el restaurante de ese nombre, lo dejaron lacónicamente caracterizado como “el sultán del epíteto”.</p><p>Pero este aspecto epigramático es solo uno de los muchos alicientes que ofrece la lectura de estos diarios. Hay también en ellos un implacable retrato de los modos y costumbres de un tiempo en el que París era ya palpablemente la avanzadilla y el laboratorio de pruebas de lo que luego se ha llamado la moderna sociedad urbana contemporánea, con sus deslumbrantes novedades y sus preocupantes anticipos. Los Goncourt no se engañaban al respecto: reaccionarios convencidos, a la vez que consumados ejemplos del tipo humano que conocemos como intelectual moderno, dejaron elocuentes testimonios de lo que esperaba al creador bajo un régimen despótico, el de <strong>Napoléon III</strong>, hecho a medida de los deseos e intereses de la alta burguesía; también, de lo que suponía pretender el éxito en un medio literario en el que mandaban los dueños de los periódicos y en el que las prebendas se conseguían en función del respaldo político y social del que gozara el aspirante: poco más o menos lo de hoy. “Toda discusión política equivale a '¡yo soy mejor que usted!”, zanjan en un momento dado, cuando todavía faltaban algunos años para que el atribulado Edmond, después de haber presenciado el rápido declive físico y mental de su hermano, muerto antes de cumplir los 40, atribuyera su prematuro final a “las horas sin descanso pasadas en reestructurar y corregir un fragmento”. Lo cierto es que murió de sífilis. Pero ya se sabe que la literatura no anda nunca demasiado lejos de ciertos males.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://laisladesiltola.es/coleccion/arrecifes/nosotros-los-de-entonces/" target="_blank">Nosotros los de entonces</a><em> (La Isla de Siltolá, 2015) y </em><a href="http://libreria.laisladesiltola.es/libro/efemera_3549" target="_blank">Efémera</a><em> (Takara, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Aquellos días deshojados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dias-deshojados_1_1156327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df5b9219-8a77-448a-8e67-ec6885c95461_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquellos días deshojados"></p><p><strong>Los años de la niebla. Los últimos pastoresAlejandro López AndradaAlmuzaraCórdoba2018</strong><em>Los años de la niebla. </em><em>Los últimos pastores</em></p><p>Los libros de <strong>Alejandro López Andrada</strong> (Villanueva del Duque, 1957) que reúnen su memoria sobre el mundo rural se han convertido, con el paso del tiempo, en un auténtico prodigio lingüístico, y a los lectores nos sirven como el vehículo que recupera y de alguna manera actualiza ese uso impecable del español, textos ricos en su vocabulario que, pasadas unas décadas, nos devuelven la voz nostálgica de quienes vivieron los años de la niebla. Y es así como el autor esboza ese contraste entre lo que hay de siniestro en el mundo que describe, <a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3348&edi=1" target="_blank"><em>El viento derruido</em></a><em> </em>(2017), con los recuerdos del hambre y de la pobreza, el vivo recuento de aquellos días en una época opresiva que solo puede rememorarse con el agrado de los lazos de solidaridad que creaban quienes padecían la más absoluta de las miserias, y devuelta hoy a la memoria como la manera única de sobrevivir a una época que ni siquiera deberíamos haber inventado para la ficción literaria.</p><p>Una de las mayores virtudes de la prosa de López Andrada es el amor que demuestra el autor cordobés por su tierra y por las gentes que habitan la comarca de los Pedroches, que rememora, una vez más, convirtiéndose en cronista y hacedor de los hábitos y afanes de <em>Los últimos pastores. Los años de la niebla</em><a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3349&edi=1" target="_blank">Los años de la niebla</a> (2018), en cuyas páginas se presupone existe una cultura popular que busca su lugar en el espacio cotidiano, con esa sencillez que otorga la verdad, sobre todo porque buena parte de nuestra vida se desperdicia en esos detalles que nunca recurrimos a simplificar. Los lectores percibimos cómo López Andrada ha sabido captar los fecundos caminos de la cultura popular para su literatura, como señala y afirma en su prólogo a <em>Los años de la niebla</em> el escritor <strong>José Manuel Caballero Bonald</strong>, y el cordobés lo hace con esa sensibilidad que le han proporcionado sus largos años de continuas vivencias, y por añadidura ser un privilegiado habitante, un curioso espectador de su comarca.</p><p>Las páginas que compondrán el total de la trilogía rural de Alejandro López Andrada se convierten, en definitiva, en esa crónica de un mundo perdido, esa sabia mirada antropológica de una comarca, los Pedroches cordobeses, en un constante deseo de dejar constancia por escrito, y para siempre, de una sociedad del pasado, de los días grises vividos durante una larga posguerra, y de la lucha diaria de la existencia de unos hombres y mujeres que vivieron en plena naturaleza. El recuerdo permite recuperar los momentos efímeros en la medida en que uno los ha asumido en su memoria y en otro sentido, también, se quiere justificar para que solo así comprendamos en la distancia ese tiempo pasado y logremos entender el por qué de ese ayer.</p><p>López Andrada traspasa con <em>Los años de la niebla</em>. <em>Los últimos pastores</em> esa voluntad característica suya de escribir con absoluta honradez para, de una forma sensible y cabal, plasmar la realidad de su espacio geográfico, de su entorno tanto político como social, y dueño de una particular habilidad entregarnos lo mejor de su sabiduría y de sus conocimientos sobre el medio. Y es precisamente con esos<em> últimos pastores,</em> los lugareños y campesinos, con los que el escritor entabla un diálogo continuo porque su convivencia ha sido constante durante años. En este libro reaviva sus recuerdos con la magia de una nueva palabra, indaga en la particularidad tanto de sus grandezas como de sus miserias, en la nimiedad de un cotidiano sobrevivir, y su prosa se traduce como ese juicio severísimo que transforma <em>Los años de la niebla</em> en un documento excepcional que nos otorga la visión de una auténtica labor de campo. El escritor cordobés consigue fundir documento y narración en un solo proyecto para que este testimonio se resuelva en una auténtica muestra de la mejor ficción. Así el lector recrea en estas páginas el mundo y la verdad de un pasado que va más allá de la mera anécdota para convertirse en un relato donde, con un acentuado tono épico y lírico, López Andrada nos ofrece lo mejor de su prosa. A propósito de ese tránsito temporal el autor escribe y afirma, “el tiempo es como una lámina neblinosa posada sobre nuestras almas y nuestros ojos, una lámina gris donde se depositan los recuerdos y los mejores momentos de nuestras vidas, instantes que son triturados son misericordia y regurgitados, luego, por el olvido”. Este es el mensaje que quiere transmitirnos el autor, la noción de ese pasado sostenido en el tiempo, diluido como él mismo afirma, “entre las piedras y los arrugados troncos”, aunque, evidentemente, por sus palabras entrevemos que el futuro no existe en un mundo como el descrito, mientras los días, las semanas y los meses, la suma continuada de los años se derrumba como esos atardeceres amarillentos sobre los lejanos montes.</p><p>Hay abundantes y curiosos aciertos en este libro que corona por su precisión la obra en prosa del narrador cordobés, sobre todo por esa justa y medida interpretación de la vida y las circunstancias de estos hombres y mujeres que realizaron durante buena parte de la<em> intrahistoria</em> española un capítulo significativo de esa inmisericorde labor ancestral casi perdida en la actualidad; otro de sus logros, esa voluntad del autor por asistir a cada una de las explicaciones sobre el arte del pastoreo e integrarse en la narración como un personaje más. Por otra parte, como ya apreciáramos en <em>El viento derruido</em>, este libro se convierte en documento social de sobresaliente magnitud porque con su lectura asistimos, no solamente, a una amplia mirada antropológica sobre diversos temas y testimonios, sino a toda una serie de circunstancias humanas, sociales y de costumbres que incluyen juegos, gastronomía, pucheros acerca del arte del pastoreo: “Aún puedo tocar la densa niebla que cubría a los pastores los días de diciembre— señala el autor—, intento romper la bruma de la historia— afirma nuevamente—, transformar el pasado, recuperar los días antiguos para limar la escasez de los pastores y cubrir su dolor con el bálsamo de la alegría”<em>. </em>O la descripción del mundo laberíntico para sobrevivir a las circunstancias de una España excesivamente dura para algunos sectores de la población, en especial, los habitantes de esta región de Los Pedroches. Otro de los grandes aciertos, esa condición de haber vivido entre estos hombres y mujeres y convertir este relato en una vivencia única que le permite al narrador ser uno más de esta historia, compartir con sus paisanos los infortunios o, tal vez, la nostalgia de ese tiempo pasado, pero al mismo tiempo ejercer de severísimo maestro de unos hechos que forman parte no solo de un espacio geográfico concreto sino que trascienden mucho más allá de sus fronteras y se leen como un hermoso documento que logrará satisfacer la curiosidad a quienes se aproximen a un libro escrito con una prosa culta, medida, ajustada de un poeta que conversa con los protagonistas de su relato, además de sorprendernos con el lenguaje multicolor de la flora, de la fauna y de muchas de las costumbres del lugar.</p><p>Si alguien duda de este homenaje poético a esos hombres que convivieron en contacto con la naturaleza, que dormían en chamizos, soportaban la lluvia, las noches frías, la escarcha de los amaneceres o los cálidos días de intenso calor de los largos veranos cordobeses, solo debe recordar las primeras líneas de <em>Los años de la niebla</em>: “El día que salió de la finca El Fontanar, Rafael Arroyo tenía solo once años y flotaba en sus ojos una película de niebla que le impedía observar con nitidez el paisaje que iba dejando a sus espaldas”. Una auténtica invitación a sumergirse en el silbo de un pastor que cubre los campos de serenidad, de una profunda y sutil melancolía.</p><p><em>*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro es </em><strong>Pedro M. Domene</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/de_tierras_pasiones_secreto_las_beguinas_66769_1821.html" target="_blank">El secreto de las </a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/de_tierras_pasiones_secreto_las_beguinas_66769_1821.html" target="_blank">Beguinas</a><em>(Trifaldi, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <title><![CDATA[Última Thule]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultima-thule_1_1156325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e711b8a2-7be4-465b-8c59-b9013ac096a8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Última Thule"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor y traductor madrileño Javier Vela. </em></p><p>___________________________________ </p><p><strong>Última Thule</strong></p><p>Pues bien, he aquí el lugar. Miles de años desconfiando del mito, y el hecho es que aquí estoy, en este non plus ultra de la mente que es su callada antípoda a la par. Cargo marido e hijos y aclaro que el viaje, pese a ello, ha merecido sobradamente la pena. Una carreterilla de provincias conduce a la explanada donde se eleva ahora el mirador (desde el que nada puede contemplarse, claro). A pocos metros del mismo, surge la línea incierta y sinuosa que traza el fin de la Tierra. No existen vallas ni torniquetes de acceso, y si alguien se impacienta no tiene más que cruzar. Seis establecimientos hoteleros encaramados sobre la cornisa procuran toda clase de servicios a peregrinos y expedicionarios. Dicen que en la oficina de turismo un empleado en mangas de camisa mantiene al día el recuento de curiosos, incautos y suicidas que se abismaron hasta salirse del plano, abandonando para siempre este mundo, y ante el que los nativos, que observan dicho límite no como el fin de «algo» sino como el principio de «otra cosa», no dejan de asombrarse. El mérito o la culpa es del alcalde. Sus más leales cartógrafos, recuerda con frecuencia, están ya diseñando nuevos mapas que cambiarán la forma de concebir el orbe (el nombre con que aluden a este enclave es Incipit Terrae). Parece ser no obstante que en la frontera abundan las soflamas en contra y a favor. Entrar en el catastro es un sindiós, y el único periódico que se difunde aquí —un boletín de apenas ocho páginas llamado <em>Alfa y Omega</em>— empieza a ser mordido suavemente por la oruguita del nacionalismo. </p><p><strong>Extraños en un bar</strong></p><p>Si un rato antes alguien me hubiera preguntado, jamás hubiese dicho que, a esas alturas de la noche y la vida, mi colección de chistes y requiebros iba a encontrar en <em>ella</em> tan pésima acogida, o que su refracción a las señales que oblicuamente había estado lanzándole casi desde el principio de la fiesta iba a ser tan tenaz. Yo estaba persuadido sin embargo de que no tardaría en seducirla, de que, a poco que algunos elementos (todos formaban parte de un grupo de estudiantes extranjeros que se expandía por la mitad del local, y al que venía observando con encono desde unas horas antes) cambiasen de lugar, podría ensayar un baile improvisado y acabaría instalándome con éxito en una esquina de su campo visual, hasta que una mirada, una palabra, un leve pisotón, llegado el caso, forzase nuestro encuentro y nos uniera en la oscuridad de aquel bar.</p><p>La perentoria necesidad de fumar —que nos llevó a emerger de ese tugurio donde que nos congregábamos fingiendo divertirnos junto a una muchedumbre infatigable— sirvió taimadamente a nuestro empeño. Cara a cara, por fin, nos embarcamos en una charla obstinada sobre las desventajas del tabaco y otras cuestiones prácticas de no mucho interés, que delataron ciertas discrepancias en cuanto a nuestros hábitos y modelos de vida. Un poco a gritos ambos convinimos en que nos separaba un vasto océano. La charla en sí duró lo que un asalto, apenas diez minutos al cabo de los cuales, ella, ahogando un bostezo, sugirió que nos fuéramos a casa. Miré el reloj y, para mi sorpresa, comprobé que en efecto era más tarde de lo que yo creía. Sin demora cogimos los abrigos y salimos de allí. Nos dimos tanta prisa como nos fue posible, vadeando los vómitos y las impertinencias de una legión de insomnes y borrachos. Con un poco de suerte, convinimos, estaríamos de vuelta antes de que los niños despertaran.</p><p><em>*Javier Vela (Madrid, 1981) es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense. Se dio a conocer como escritor con </em><strong>Javier Vela</strong>La hora del crepúsculo<em> (2004), galardonado con el Premio Adonais, al que le seguirían </em>Tiempo adentro<em> (2006); Imaginario (2009), por el que recibió el Premio Loewe a la Joven Creación; </em>Ofelia y otras lunas<em> (2012), </em>Hotel Origen<em> (2015) y </em>Fábula <em>(2017). Sus microrrelatos han sido recogidos en el libro </em>Pequeñas sediciones<em> (2017). Como traductor, ha vertido al castellano a diversos autores de expresión francesa como Jean Moréas (</em>El viaje de Grecia<em>) y Paul Valéry (</em>Alfabeto<em>). En la actualidad, dirige la Fundación Carlos Edmundo de Ory y colabora en varios medios de comunicación, como el suplemento</em> El Viajero <em>del diario </em>El País<em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Vela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Última Thule]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hamletada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hamletada_1_1156324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/58838edc-5432-4436-89e4-7a81a033e5e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hamletada"></p><p><em>En esta ocasión proponemos un texto de Cristina Morales, incluido en la novela </em>Los combatientes<em> (Caballo de Troya, 2013) para iniciar nuestro cuento colectivo.</em></p><p>__________________________</p><p>Ya no nos acordamos del violador. Ni del violador ni del nazi. Pasaron el casting, engañaron a Sara. Ella dice que a veces se le cuelan prendas como el nazi y el violador, lo dice así, que se le cuelan, que igual que hay locos listos capaces de seguirle la corriente al psiquiatra hay actores listos capaces de aparentar lo que no son en un casting, lo cual tampoco es que sea muy difícil dadas las limitaciones estructurales de cualquier casting, pero sí que es difícil en los castings de Sara Molina, porque Sara, consciente de esas limitaciones, valora cosas rarísimas en los candidatos. Sara valora, por ejemplo, que te quedes pensando. Tú llegas con tu monólogo como yo llegué con un cuento de <strong>Quim Monzó</strong> que estaba en tercera persona y que adapté a primera persona. Iba de una mujer a la que le gusta que los hombres la dominen. Cuando termino Sara me pide que lo repita pero muy nerviosa. Entonces yo me pongo un poco nerviosa, no actuando sino de verdad, me pongo nerviosa porque no sé cómo ponerme nerviosa con ese texto. Miro al suelo, respiro profundo y me desquicio silenciosamente. Tómate el tiempo que necesites, dice Sara, con lo cual me pone más nerviosa todavía, y entonces no lo pensé pero ahora me pregunto si no será una técnica suya para poner nervioso al personal y medir su temple. Seguro que es una técnica suya. Y en esto que de los nervios sonríes y al final, después de un minuto eterno, te arrancas de mala manera y haces de nerviosa moviendo nerviosamente el pie de la pierna que tienes cruzada. A las tres frases de empezar Sara dice vale, gracias, y escribe algo en el papel que tiene delante. Es una técnica seguro, porque la he visto hacerlo más veces en ejercicios de improvisación. Se lo hizo a Ester, una chica que luego se descolgó, el día que trajo un monólogo de <strong>Rodrigo García</strong>. Cuando le pidió aquello de repítelo pero muy triste, tómate el tiempo que necesites, Ester no dejó que terminara la frase y ya estaba con lágrimas en los ojos diciendo “me llega una carta de Alitalia, estimada señora, me llaman por mi nombre y apellido, lo saben todo...”. A las dos frases Sara la corta para exclamar “¡sexy!”, y sin transición Ester pasa del llanto a la mano en la cadera y ronronea “usted ha volado con nosotros catorce mil quinientas horas, catorce mil quinientas horas de su vida en el aire”, “¡intelectual!”, exclama Sara, y ahí que Ester contrae los hombros, hace el molinillo con las manos y pone acento castellanoleonés: “con nosotros, los psicópatas de Alitalia, y por eso usted merece un premio”. Todos nos estábamos muriendo de risa, Sara incluida. Semanas después, ya sin Ester en el grupo, en una de nuestras sesiones de dramaturgia Sara me diría que el rollo de Ester de dame más dame más, de échame lo que quieras que a mí los leones no me meriendan que la que se merienda a los leones soy yo, no le interesaba nada, no le interesaba nada esa irreflexión. Ester lo que quiere tener delante no es un director, es una máquina lanzapelotas, decía.</p><p>O sea, que a Sara no es fácil que se le cuele alguien que no le gusta, por eso lo de que el violador y el nazi la engañaron no cuela, eso sí que no cuela. Sara valora cosas raras en los candidatos y el violador y el nazi eran excepcionalmente valiosos en ese sentido. A Sara esas cosas le ponen, como ella dice. Este salón me pone, ese abrigo que llevas me pone, esa entrevista a Cioran me pone, esta divagación me pone, esta forma de trabajar no me pone. Y a Sara el violador y el nazi le ponían, hasta que empezamos a no tragarlos.</p><p><em>(Sigue Aixa de la Cruz.)</em><strong>Aixa de la Cruz</strong></p><p>Nos pasó con ellos lo que pasa con la heroína –o eso dicen–, que a la primera te causa vómitos y temblores, pero si repites, te quedas. Te quedas y todo es un sueño del que despiertas con el regusto a sangre de un rifle en la boca. Figuraos el diagrama: un no rotundo; una meseta de entusiasmo; empacho. Así se dibuja nuestra historia con el violador y el nazi. Creo firmemente en los prejuicios porque antes de que me gustaran pensé que parecían dos secretas, de esos que se infiltran en una comuna apestando a pachuli e incienso, que es a lo que huelen los hippies en las películas de Hollywood. Pensé que eran mejores interpretando el soliloquio de Molly Bloom con el que abrimos el ensayo que haciéndose pasar por sí mismos. El violador, sobre todo, me resultó más creíble impostando un falsete y gritando sí dije sí quiero sí que con la cabeza gacha y la glotis a la altura del perdón-por-nacer en la charla que vino tras la lectura dramatizada y en la que nos explicó que no se consideraba feminista sino aliado, que no había leído a <strong>Millet</strong>, ni a <strong>Solnit</strong>, ni a <strong>Husvedt</strong>, ni a <strong>Butler</strong>, ni a ninguna, porque los hombres expolian cuanto estudian, utilizan el conocimiento para someter, y él no quería someter a nadie; él se limitaba a darnos voz, a asegurar que siempre se respetara nuestro <em>suelo </em>–así lo dijo: <em>suelo</em>–; nos guardaba el sitio como un botones, silenciando al hombre que se atreviera a silenciarnos, pero sin opinar.</p><p>Se me quedó la quijada de un Gargantúa e intenté sublevarme, pero el nazi disparó más rápido y luego llegó el bedel, que era muy estricto con la hora de cierre, y nos despedimos como si quien calla otorga. Busqué a Sara con los ojos y me devolvió una sonrisa burlona, medio resignada.</p><p>  Hombres nuevos. Me ponen.</p><p>Sorprende lo fácil que olvidamos aquel episodio y mis malos augurios. Será porque a la semana siguiente Aixa sufrió una crisis de las suyas y se calmó en brazos del nazi, el único que se atrevió a acercarse a ella, de frente, muy despacio, como un domador de leones –es que me educaron en un circo, dijo más tarde para distender la tensión–, esquivando los proyectiles de lapiceros y agujas de tejer que salían de su bolso y exponiéndose al aspersor de lágrimas que se había desatado con la palabra “tiovivo”. Sí, “tiovivo” era un detonante, como más tarde lo fueron “rúcula”, “colibrí” y “tétanos”. Aixa estaba segura de que tres años atrás, en un espectáculo de magia al que acompañó a sus sobrinos, la habían hipnotizado para que ciertas palabras clave le arrebataran el control sobre sí misma, quedando a expensas de los instintos letales que anidaban en su inconsciente.</p><p>Daba mucho miedo presenciar aquellos brotes y el primero nos unió como a víctimas de un atraco o a supervivientes de una guerra mundial. Hermanos de armas. El violador nos llamaba <em>sisters </em>–Sister Sara, Sister Cristina– y así nos parecían fraternales sus palmaditas en el culo. Todo fue consentido mientras nos duró el amor.</p><p><em>(Continuará Víctor Balcells.)</em><strong>Víctor Balcells</strong></p><p><em>*Cristina Morales es escritora. Su último libro, </em><strong>Cristina Morales </strong><a href="https://www.candaya.com/libro/terroristas-modernos/" target="_blank">Terroristas modernos</a><em> (Candaya, 2017).</em></p><p><em>*Aixa de la Cruz es escritora. Su último libro, </em><strong>Aixa de la Cruz</strong><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/la_linea_del_frente-125/" target="_blank">La línea del frente</a><em> (Salto de página, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Morales | Aixa de la Cruz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hamletada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La vida ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-ahora_1_1156323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1814ce1a-7880-49eb-b1d6-7df61f062236_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida ahora"></p><p><em>Publicamos el “Preludio” a </em><a href="http://editorialelhilodeariadna.com.ar/colecciones/libro/55" target="_blank">Dioniso. Eros creador y mística pagana</a> <em>(El hilo de Ariadna, 2016), del escritor argentino Hugo Mujica, recientemente presentado en España.</em></p><p>__________________</p><p>Hay imágenes, algunas pocas, que el tiempo no borra, más bien las pule, les da brillo, las bruñe espejo; son esas de los mitos, las religiones, la tradición, el arte… Íconos en los que todavía  podemos mirarnos, reconocer y proyectar; son las que permanecen  contemporáneas no en las respuestas que dieron a su época sino en las preguntas que formulan a la nuestra, en las respuestas que nos instan a buscar. Imágenes, tan insondables algunas, como la de Dioniso, “el dios venidero”, como <strong>Hölderlin</strong> lo llamó. Dios, según Hefesto, que lo es creando lo que es, revelando la posible fecundidad de sí, las imágenes de la propia imagen que cada uno puede imaginar para y en sí mismo, las que imaginando podemos crear, las que podemos llegar a ser.</p><p>  </p><p>Crear es el verbo y la insistencia de la vida. Soy lo que le está aconteciendo a la vida ahora, en este ahora que ella me acontece a mí; somos su creación si la creamos y la creamos si nos dejamos por ella originar. Dioniso y dionisismo son nombres de un acontecimiento, nombres que albergan una <em>póiesis</em>, una ontología del devenir, o, en palabras más amables, un deseo de ser, una erótica de la creación. Un devenir, una transfiguración, no como futuro temporal sino como un acaecer presente, como un manantial, una fuente, un brotar, ya, aquí. Desde aquí.</p><p>Eso sí, creo que ni siquiera habrá un dios que nos salve si abdicamos ante la idolatría de lo dado y lo que ya se sustantivó, si nos postramos ante el culto de la <em>objetividad</em> con su mito del mundo como <em>cosa hecha</em>, y, consecuentemente, su haber despojado a la existencia de su perenne estado de epifanía. No, no habrá salvación si no nos dejamos arrobar por el asombro de ver surgir desde lo que no es lo que llega a ser, si desterramos de nuestro hacer ese crear y de nuestra mirada el asombro; si no llegamos a amar cuanto vive por la vida misma que en lo vivo se ama. No, ni un dios podrá salvarnos si no lo creamos a él.</p><p>Estas páginas, como una rapsodia o un canon musical, repiten unos pocos temas que dialogan, se entrelazan, contrastan y mestizan: <em>abrirse</em>, <em>devenir</em>, <em>surgir</em>, <em>crear</em>… y, como siempre, la palabra <em>vida</em>, la palabra y su reclamo. También, y no menos  <em>destruir</em> y <em>morir</em>, esas otras formas de abrir, ese otro vivificar. Un ritmo, un repiqueteo, que llama, que intenta despertar, encantar, esa hondura que es nuestra dimensión más abismal, allí donde no somos, allí desde donde podemos crearnos, ser la pluralidad que pulsamos por ser, dar carne a lo que nos busca para ser.</p><p>Como ninguno de mis libros, y menos que ellos, este es un libro técnico, erudito… A la palabra <em>logos</em>, ya pronunciada por <strong>Homero</strong>, derivada del verbo <em>légein</em>, se la suele traducir como <em>contar</em>, portadora de una doble acepción: contar como enumerar –cuando cuenta, por ejemplo, las ocas que salieron del mar, en su <em>Odisea</em>— y como narrar: <em>contar</em> como se <em>cuenta</em> un <em>cuento</em>. Yo aquí, simplemente, doy cuenta, cuento, mi <em>synousía</em>, diría con los griegos, mi <em>ser-con</em> Dioniso, mi experiencia de él, mi convivirlo en el hacer creador, en la creación de mi obra y, congénitamente, de la que va siendo mi vida... Se los cuento mientras me lo cuento a mí…</p><p><em>*Hugo Mujica es poeta y ensayista. Su libro, </em><a href="http://editorialelhilodeariadna.com.ar/colecciones/libro/55" target="_blank">Dioniso. Eros creador y mística pagana</a> <em>(El hilo de Ariadna, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Hugo Mujica]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vida ahora]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La buena memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/buena-memoria_1_1156322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7d34fb98-0b48-4b2c-8a79-8d02d12fac01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La buena memoria"></p><p>Cuando hablamos de memoria algo hay en juego. La justicia con las víctimas de la dictadura franquista, en primer lugar, que han sido víctimas también, de otra forma, de los apaños políticos de las últimas décadas. Esas víctimas sobraban en el juego político oficial. Hablamos también de la conciencia ciudadana, empobrecida por los silencios y las tergiversaciones sobre un pasado ya no tan reciente. El manto de silencio se ha visto complementado y reforzado por <em>la mala memoria</em>. Hemos asistido, y seguimos asistiendo, a la lucha entre memorias. El recuerdo está seleccionado, interferido y gestionado por los distintos intereses sociales y por las rivalidades políticas. Las memorias luchan entre ellas. La lucha es su ecosistema.</p><p>En ese combate la <em>buena memoria</em> tropieza con diversos obstáculos y lleva muchas veces las de perder.</p><p>  </p><p>Primero, porque sus adversarios son muy poderosos. El bipartidismo se instaló desde el comienzo en una alianza tácita para aplacar las turbulencias del recuerdo. La derecha encarnada por el Partido Popular, por su parte, ha hecho suyos los fortines de la memoria franquista. La buena memoria no ha tenido poder, y es bien sabido que la <em>memoria sin poder</em> está acorralada.</p><p>Segundo, porque las historias de perdedores, en este caso quienes perdieron la guerra y se vieron sometidos durante cuatro décadas, no suscitan entusiasmo ni adhesiones. A nadie le gusta perder.</p><p>Tercero, porque, si bien es cierto que en los años noventa del siglo XX fue creciendo el interés por la historia reciente, y también la movilización para desenterrar a los fusilados, no lo es menos que en las últimas décadas se ha asentado una conciencia histórica débil. La cultura de la memoria ha de dialogar con una cultura que mantiene vínculos livianos con el pasado.</p><p>Todo esto no ha disuadido a <strong>Alfons Cervera</strong>, que nos invita de nuevo a viajar con él a territorios pretéritos en los que algo se nos perdió.</p><p>Su nueva novela, <a href="http://www.pieldezapa.com/home/3008-la-noche-en-que-los-beatles-llegaron-a-barcelona-9788416995585.html" target="_blank"><em>La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona</em></a><em> </em>(Piel de Zapa, 2018), nos trae viejos conocidos: el pueblo de Los Yesares en el último período del franquismo, el Cine Musical, la Terraza Tropical con sus bailes veraniegos y el fondo musical de Los Taburos. Allí encontramos a una generación joven, de mirada atenta y curiosa, a la que Cervera retrata con comprensión y ternura, descubriéndonos sus inquietudes y esperanzas.</p><p>La historia es la de dos jóvenes que deciden ir a Barcelona para asistir al concierto de los Beatles, anunciado para el 3 de julio de 1965 en La Monumental. No ocurren muchas cosas. La más decisiva es que, al llegar a Barcelona, los dos amigos, accidentalmente, caen en manos de la policía. Uno de ellos es encerrado en los calabozos de la Jefatura Superior de Policía de la Via Laietana.</p><p>A partir de ahí, el absurdo y el horror de la tortura, que va y viene a lo largo del relato. El encarnizamiento con un joven que se pregunta por qué le está ocurriendo eso, cuando no tiene nada que ocultar y, por lo tanto, nada puede confesar. Alfons Cervera nos sumerge en el universo de la tortura, no solo como un medio para obtener información y desmontar las estructuras clandestinas, sino también como un eficaz recurso para intimidar a quienes se ven tentados de sumarse a las organizaciones antifranquistas.</p><p>Me pregunto por qué se ha prestado tan poca atención a la tortura, o así me lo parece, uno de los rasgos más significativos del régimen de <strong>Franco</strong>. Es llamativo el silencio de los torturados, que algo tiene que ver con una encomiable discreción y, quizá, con el deseo de dejar atrás episodios traumáticos que marcan para siempre.</p><p>El autor avanza, con un estilo muy personal, con una escritura rápida pero muy cuidada, a través de movimientos envolventes progresivos, aplicando una <em>estrategia de la aproximación indirecta</em>, con pinceladas que sugieren más de lo que explicitan. Como lector, me resulta gratificante que no nos dé todo mascado, que nos deje una parte de la tarea.</p><p>De vez en cuando, como quien no quiere la cosa, desliza algunas frases enjundiosas donde desgrana aspectos destacados del <em>programa de su escritura</em>. Ahí están, desperdigadas en el texto, apenas apuntadas. Se rebela contra los llamamientos a la reconciliación antes de haber establecido la verdad de los hechos. “La reconciliación –escribe– debería situarse al final del trayecto, no al principio”. No al precio del silencio o de la ignorancia de lo que pasó. No es admisible que se nos exija el olvido, como si fuera “mejor que la memoria para convivir en paz”.</p><p>La ficción no puede sustituir al trabajo historiográfico. No está sujeta a criterios metodológicos estrictos. Lo que se le pide es que lo que cuenta sea <em>representativo de la realidad</em>, aunque no sea <em>exactamente fiel</em> a los hechos históricos. Por eso tiene razón Cervera cuando se refiere a “los detalles que a veces se inventa la memoria. No podemos recordarlo todo. Y aún menos lo que no hemos vivido”. “Lo que no se cuenta –añade– acabamos olvidándolo o lo convertimos en leyenda”. “Lo que se olvida es como si no hubiera existido. Por eso escribo”, concluye.</p><p>Hace falta mucha generosidad para emprender la redacción de un libro como este, sujeto a cada paso –así lo imagino– a la fuerte tensión de la creación en carne viva.</p><p><em>*Eugenio del Río es escritor y editor de www.pensamientocritico.org.</em><strong>Eugenio del Río</strong><a href="http://www.pensamientocritico.org/" target="_blank">www.pensamientocritico.org</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eugenio del Río]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Memoria histórica,Narrativa,Los diablos azules número 101]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Alfons Cervera por Alfons Cervera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alfons-cervera-alfons-cervera_1_1156318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/beb53bb4-4e26-4a16-9479-b0379e9763d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alfons Cervera por Alfons Cervera"></p><p><em>Alfons Cervera, que acaba de publicar </em><a href="http://www.pieldezapa.com/home/3008-la-noche-en-que-los-beatles-llegaron-a-barcelona-9788416995585.html" target="_blank">La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona</a><em> (Piel de Zapa, 2018), cuenta con un entrevistador de primera fila: el propio Alfons Cervera. Desde su refugio en Gestalgar (Valencia), el escritor se autoentrevista sobre su último libro, un relato sobre la represión del franquismo de los sesenta desde los calabozos de la comisaría de Via Laietana. _________________</em></p><p><strong>Pregunta. ¿Se ha convertido para ti algo parecido a una obsesión escribir sobre lo que se llama memoria histórica?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. No todas las obsesiones son malas. En todo caso, escribo lo que escribo porque me gusta escribir de eso y no de otra cosa (al menos, de momento). La memoria y el olvido van juntos, ya no a distancia como antes, sino a un paso una del otro. Hay quien escribe para que cunda, entre quienes leen, el olvido. Y otros, como es mi caso, que llenamos nuestras novelas con ese tiempo devastado por la dictadura franquista sobre el que pesan no sé cuántas toneladas de silencio, de olvido… y de un cinismo revisionista que aterra. Y hablando de las obsesiones, hay una que tampoco me quito de encima, ni cuando duermo: escribir bien y si es posible cada día mejor.</p><p><strong>P. En esa línea memorialista, nunca hablas de la Guerra Civil. Cargas las tintas en la Transición… y no precisamente para echarle cohetes de fiesta a su paso.</strong></p><p><strong>R</strong>. Es que, sobre todo, me interesan —como materia para mis relatos— la dictadura franquista y la Transición. No son lo mismo, claro que no son lo mismo. Pero soy de quienes piensan que este último periodo fue un tiempo de demasiadas renuncias por parte de la izquierda, de cambiar memoria por olvido. Pero aquí he de hacer alguna puntualización. Muchos de los déficits que le achacamos a esa Transición —y aún más si hablamos de memoria democrática— le corresponden al PSOE. No sé cuánto más se pudo hacer en aquellos primeros años de frágil democracia (todavía lo es), pero estoy convencido de que los sucesivos gobiernos de <strong>Felipe González</strong> de 1982 a 1996 pudieron hacer bastante más para que los tiempos de ahora no fueran tan parecidos en algunas cosas a los de la dictadura. Y digo parecidos, insisto, no iguales. Y otro detalle: lo que más me molesta de la Transición es que defiendan a machamartillo su carácter de <em>tranquila</em>. Bien que lo dijo <strong>Pierre Vilar</strong>: “No fue una calma chicha”. ¿Qué tranquilidad puede haber en un paisaje que se llenó de muertos a destajo? Más de 500 hubo, a manos de ETA, de la policía, de la extrema derecha… Eso del cinismo que antes decía…</p><p><strong>P. En esa misma línea crítica, acabas de publicar tu última novela: La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona. Un título que evoca no solo un concierto sino una época…</strong><em>: La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona</em></p><p><strong>R</strong>. Sí, los Beatles actuaron en la Plaza Monumental de Barcelona el 3 de julio de 1965. Siempre fui un fan insobornable del grupo. Ahora mismo, incluso, los sigo escuchando con la misma devoción de entonces. Pero la novela no es solo el concierto, la música en el escenario de la Monumental. Hay otra música, la de la tortura en los sótanos de la comisaría barcelonesa de Via Laietana. Allí ejercía<a href="https://elpais.com/ccaa/2014/10/27/catalunya/1414444328_866126.html" target="_blank"> el policía Antonio Creix</a>, con una crueldad que traspasaba todos los límites de lo humano. La música de los Beatles y la música de la Bestia. Y como te decía antes sobre la necesidad de escribir decentemente: no veas lo que me costó que el ritmo de ambas músicas no transcurriera en paralelo sino al mismo tiempo, superpuesto uno a otro y viceversa. No sé si lo conseguí, pero ojalá que sí…</p><p><strong>P. Una cuestión personal y no sé si transferible: desde hace muchos años vives en Gestalgar, tu pequeño pueblo de las montañas valencianas. Cosa rara, por la soledad y otros frutos amargos, que decía Aldecoa cuando hablaba del corazón…</strong></p><p><strong>R</strong>. Pues sí, un pueblo pequeño. Y tan pequeño. Aunque censados seamos unas 600 personas, solemos vivir habitualmente unas 300. Pero a eso yo no lo llamo soledad. Es una elección para disfrutar de lo mejor que podemos disfrutar en un tiempo dominado por las prisas. Sí, el tiempo aquí es todo nuestro, lo distribuimos a nuestro único antojo, sin interferencias. Eso sí, hay que huir de ese absurdo elogio del ruralismo que hoy está tan de moda cuando quien habla o mira es el urbanita. No resulta fácil vivir en según qué sitios tan apartados de todo. Pero está el lado bueno de esa especie de <em>aislamiento</em>. Me gusta poco andar en grupo, sea ese grupo del gremio que sea, incluido también el literario. Cada vez me cuesta más salir de Gestalgar, aunque viaje mucho, sobre todo a Francia, para estar con la gente que lee mis novelas, que por suerte es bastante… Pero eso: cada vez me siento más a gusto viviendo en el monte.</p><p><strong>R. Otra pregunta que muchas veces te habrán hecho antes de ahora, sobre tu lealtad editorial: en Montesinos, sello también responsable de Piel de Zapa, llevas desde tu primera novela en 1984…</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, una pregunta que se repite con mucha frecuencia. Me apunto a lo que decía <strong>Rafael Chirbes</strong> cuando hablaba de “especulación editorial” para afirmarse en su negativa a dejar Anagrama. Como dices, llevo desde el principio en Montesinos y ahí voy a seguir hasta que los dos aguantemos. Yo estoy estupendamente con <strong>Miguel Riera</strong> y <strong>Elisa-Núria Cabot</strong>: son mi familia desde hace la tira de años, más de 30. No sabría publicar en otro sitio. En tiempos de traiciones e imposturas como los que vivimos, la lealtad ha de valorarse como una especie moral protegida. Y yo aporto lo que puedo a ese compromiso de preservación.</p><p><em>*Alfons Cervera acaba de publicar </em><strong>Alfons Cervera</strong><a href="http://www.pieldezapa.com/home/3008-la-noche-en-que-los-beatles-llegaron-a-barcelona-9788416995585.html" target="_blank">La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona</a><em> (Piel de Zapa, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Alfons Cervera por Alfons Cervera]]></media:title>
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